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Lo Común, Lo Comunal, Lo Comunitario

El articulo da cuenta de los conceptos de los común, lo comunal y lo comunitario. La importancia y la pertinencia de tal concepto en la comprensión del momento que viven las comunidades en las regiones de Colombia y de América Latina. Apunta a posibilitar un marco conceptual para la investigación sobre la investigación y la innovación que propician la realización de lo comunal.

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Lo Común, Lo Comunal, Lo Comunitario

El articulo da cuenta de los conceptos de los común, lo comunal y lo comunitario. La importancia y la pertinencia de tal concepto en la comprensión del momento que viven las comunidades en las regiones de Colombia y de América Latina. Apunta a posibilitar un marco conceptual para la investigación sobre la investigación y la innovación que propician la realización de lo comunal.

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Lo común, lo comunal, lo comunitario, la comunidad: Apuntes y reflexiones.

Juan J. Plata C. (julio 2018)

“El hecho es que no somos ‛individuos’; aunque cada uno de


nosotras y nosotros es una persona singular, inevitablemente
existimos como nudos o grupos en redes de relaciones. Lo
comunal es el nombre que damos a los entramados y tejidos de
relaciones dentro de los cuales existimos. No hay contradicción
entre la persona singular y lo comunal como el espacio en el que
existimos en la relación.” Arturo Escobar, 2016:250.

A propósito del proyecto “Investigación e Innovación para la realización de lo


comunal”, nos preguntamos por las acepciones de lo común, lo comunitario, lo
comunal, la comunidad. Pues, como bien se sabe, son múltiples las acepciones que se
tejen alrededor de tales palabras. La necesidad de esta aproximación a tales conceptos
emerge de las relaciones problemas que se han formulado en el proyecto de
investigación, en donde se pregunta por la investigación y la innovación que propician
la realización de lo comunal. En esta tensión se problematizan tanto las posibles
aproximaciones a la investigación y a la innovación como a los conceptos de lo
comunal, de lo comunitario de la comunidad. En este escrito nos ocuparemos de lo
último.

El título del libro de Torres “el Retorno a la COMUNIDAD”, me permite llamar la


atención sobre la tensión que tal llamado implica, la tensión que bien plantea Rita
Segato entre dos proyectos históricos. El proyecto histórico de las cosas, del capital y
el proyecto histórico del vínculo, de los lazos entre las personas, de la comunidad. En
sus palabras:

“Dos grandes proyectos históricos que se dirigen a dos metas de felicidad


distintas. El proyecto histórico de las cosas, o sea el proyecto histórico del
capital, que tiene como ideal de felicidad y satisfacción el consumo. Y, el
proyecto histórico de los vínculos, de los lazos entre las personas. Y nosotros

1
todos tenemos un pie en cada uno de ellos (…). El proyecto histórico de las
cosas produce individuos aislados, vulnerables. El proyecto histórico que coloca
sus metas de felicidad en la fiesta, en los vínculos, en las amistades, en la
reciprocidad produce comunidad. Y, en la comunidad los individuos resisten, las
personas tienen protección. El Estado se está mostrando incapaz de proteger a
las personas”1

Esta es la misma tensión que Buber (2013) plantea entre las relaciones Yo-Tú y las
relaciones Yo-Ello. Y que nos ha servido en la MISE para definir la innovación social en
educación como aquella innovación social marcada por las relaciones Yo-Tú que se da
en el ámbito de la educación en su acepción más amplia. En este proceso se ha ido
definiendo como la MISE le apuesta al proyecto histórico del vínculo, del lazo entre las
personas, de la solidaridad. Le queremos apostar a la investigación y la innovación que
propician la realización de lo comunal. Por ello nos preguntamos ¿Cuáles son los
conceptos de comunidad, de lo comunitario, de lo común que se derivan de cada
uno de estos dos proyectos históricos?

Esta pregunta, de alguna manera subyace a las preocupaciones de nuestra agenda de


investigación, iniciada con el proyecto anterior “Fundamentación epistemológica y
pedagógica de la investigación y la docencia para la innovación social en educación”.
Donde claramente se deduce como la investigación y la docencia en la MISE le
apuesta al proyecto histórico de los vínculos, los lazos sociales, la reciprocidad que
propician la producción de comunidad. “En suma, el principal reto de la investigación y
la docencia en innovaciones sociales en educación es el de investigar e innovar para la
vida, el de enseñar y aprender conjuntamente los modos de co-crear conocimientos y
sueños que permitan transformar vidas, crear mundos” (Plata, 2018).

La respuesta a la pregunta arriba formulada no es sencilla. Partamos de la afirmación


de Segato en la que señala como de alguna manera todos tenemos un pie en cada uno
de estos dos proyectos históricos. Situación que hace más difícil asumir una posición
dicotómica, que puede degenerar en posturas esencialistas, o peor aún, maniqueas, de
1
Segato, Rita. 2018 Diálogos con Jorge Gestoso, a propósito de Rumbo a #Clacso 2018, publicada en youtube.
[Link]
NDIwOTEzNw/

2
buenos y malos. En la conjetura inicial del proyecto de investigación se parte de
reconocer la diversidad implicada en la diversidad de devenires humanos que somos,
en la diversidad de arreglos institucionales, en la diversidad de mapas mentales con las
que guiamos la acción. De hecho, este es el propósito central del proyecto, ver cómo
desde tres contextos educativos, territoriales, socio-históricos se adelanta la
investigación y la innovación, y que tanto estas dos actividades de producción y uso de
conocimiento propician la realización de lo comunal. Los programas académicos
considerados para la investigación son: a) La Maestría en Innovaciones Sociales en
Educación (UNIMINUTO), b) Las Pedagogías de la Madre Tierra (UdeA), c) El
Programa de Emprendimiento e Innovación Empresarial (U.T.P). Conjetura que
demanda precisar los conceptos de comunidad, comunitario, comunal, común.

Antes de ocuparnos de estos conceptos una breve consideración epistemológica.


Recogemos dos aforismos de Gregory Bateson (1980), el mapa no es igual al territorio,
y la palabra no es la cosa nombrada. No obstante, nuestro hábitat lo constituye
nuestras palabras (Heidegger), vivimos en y a través de metáforas (Johnson, M. y
Lakoff, G.1980), a partir del lenguajear construimos los consensos que propician la
acción consensuada (Maturana,1991). De ahí la necesidad de las consideraciones
conceptuales que se desarrollan abajo, pero no olvidando que una cosa es el mapa y
otra el territorio, que una cosa es la palabra y otra la cosa nombrada. Que existe una
tensión vital entre pensamiento y vida, entre teoría y práctica, entre el mundo de la
ciencia y el mundo de la vida.

1. El concepto de comunidad.

Dado que la investigación se pregunta por la investigación y la innovación que favorece


la realización de lo comunal, se hace necesario avanzar en una aproximación al
concepto de comunidad. Si bien son relevantes las aproximaciones que se hacen al
concepto desde la perspectiva macrosocial y política como lo hace Anderson (1993) en
su obra Comunidades Imaginadas, centrada en el problema del nacionalismo, como
comunidad política imaginada. La realización de lo comunal se piensa más desde la

3
emergencia y realización en lo local, como lo estudia y documenta Escobar (2016) en
sus estudios y compromiso con las comunidades del Pacífico Colombiano. O como lo
expresan los trabajos de Freire (1971), Fals Borda (1998) y Alfonso Torres (2013)
alrededor de la educación popular y los movimientos sociales.

Para el proyecto se hace necesario contar con un contexto macro, como los de
comunidades nacionales, comunidades gremiales, empresariales, cívicas; otro
asociado al ámbito propio de las actividades de investigación e innovación, como las
comunidades académicas, comunidades de aprendizaje, colegios invisibles; y,
finalmente, uno que nos precise el concepto de lo comunal, de las comunidades, como
comunidades de vecinos, étnicas, comunidades populares, campesinas o populares.

1.1 El concepto de comunidad en las ciencias sociales.

Torres (2013) señala como la comunidad es un campo problemático para la


investigación social. Tanto por su recurrencia en el pensamiento social, como por las
expresiones sociales de resistencia y utopía que se tejen en la práctica y en el mundo
de las ideas. En el texto Torres hace un recorrido por los conceptos de comunidad en la
tradición sociológica moderna (Tommies, 1947; Weber,1944; Simmel, 2002;
Durkheim,1970) y las posiciones controvertidas del liberalismo y el comunitarismo
alrededor de la comunidad. En este libro, Torres, también hace referencia la mirada y
críticas al concepto hechas por sociólogos como Bauman (2003a, 2003b), Toureine
(1997), Lash (2001), Maffesoli (1990), dentro de las controversias entre modernidad y
postmodernidad. Contrasta esta parte del libro con la reivindicación que hace de la
comunidad como modelo de vida y como movimiento en América Latina, que se
expresa en los movimientos indígenas, en las comunidades populares urbanas, en
expresiones como las del movimiento zapatista, entre tantas expresiones de lo
comunitario, como expresión de resistencia y lucha contra la dominación neoliberal y el
extractivismo (Zibechi, 2006).

En el libro de Torres se encuentra implícita la tensión entre los dos proyectos históricos,
el proyecto histórico de las cosas, proyecto del capital, y el proyecto histórico del

4
vínculo, de los lazos entre las personas, de la comunidad del buen vivir. Y, también se
encuentra implícita la tensión entre mapa y territorio, entre nombre y cosa nombrada.
La tensión entre el mundo de la vida y el mundo de la ciencia social. En relación a esta
última tensión, tenemos aquellas aproximaciones al concepto de comunidad desde las
ciencias sociales, en relación con las instituciones y dispositivos socio-técnicos propios
de la sociedad capitalista. Pero, también encontramos aquellas aproximaciones
asociadas a procesos de aprendizaje, de prácticas sociales, de formas de conocer y
vivir.

El concepto de comunidad en las ciencias sociales surge junto con los conceptos que
dichas ciencias desarrollan para pensar lo social. Cono lo señala Giddens (1994) la
ciencia social moderna surge con el capitalismo y surge para dar cuenta de las
instituciones propias de tal momento histórico. Así, el concepto de nación se concibe
como una comunidad imaginada (Anderson,1993), unida alrededor de una lengua, un
territorio, un ideario. En América Latina tal imaginario se construyó sobre la pervivencia
del poder colonial. De tal modo que la nación latinoamericana surge con los imaginarios
de la razón ilustrada, los idearios de la madre patria, con una sola lengua, el castellano,
una sola religión, la católica, una sola raza, la blanca. Pervive así la experiencia
colonial, se da el proceso de descolonización pero con la pervivencia de la colonialidad
del poder, del saber y del ser (Castro-Gómez & Grosfoguel, 2007).

En una perspectiva política el concepto de comunidad será diferente si se le mira desde


la perspectiva del liberalismo, donde prima el imaginario del individuo, o si se le mira
desde las perspectivas del comunitarismo, donde se privilegia la búsqueda de la utopía.
En ambos casos lo que se juega es la manera como se asume la realización de las
aspiraciones de la modernidad, con todas sus contradicciones. Entre ellas las
emergentes de la pretensión homogenizante de los estados nacionales y la pervivencia
y emergencia de grupos étnicos y sociales que se resisten a tales pretensiones. Lo que
pone en el centro de la discusión la problemática de las minorías.

La ciudad moderna, los modernos modos de comunicación y transporte, la


urbanización e industrialización creciente se acompasaron con la emergencia de
nuevas formas de vivir y estar en la ciudad. De la vecindad, del lugar cargado de

5
sentido se pasa a los espacios de los individuos, la anomia y el anonimato como lo
documenta la Escuela de Chicago (Park, R.1999; Wirth, L. 1938). En palabras de Park:

Debido a las oportunidades que otorga a los individuos excepcionales o


anormales, la gran ciudad tiende a mostrar a la vista pública de manera masiva
todos los tipos humanos y rasgos que ordinariamente estarían oscurecidos o
suprimidos en las pequeñas comunidades. La ciudad, en síntesis, ofrece todo lo
bueno y lo malo que hay en la naturaleza humana. Es este hecho, tal vez, más
que cualquiera otro, lo que justifica el punto de vista que la concibe como un
laboratorio en el cual la naturaleza humana y los procesos sociales pueden
estudiarse de forma más conveniente (Park, R. 1915: 612).

Para el caso de nuestra investigación es particularmente relevante tener en cuenta los


procesos de urbanización y migración que se dan en el país, en especial, los asociados
al período de la violencia y los procesos subsiguientes de conflicto armado interno.
Donde el campo migra a la ciudad, se reconfigura en el solar del barrio popular, o en
los terrenos de invasión. El barrio, la cuadra adquieren significados diversos según los
habitantes del lugar. Podemos decir que la ciudad es un reflejo de la polifonía y
diversidad de la nación. Que no obstante vivir más de quinientos años tratando de
imponer una visión única del mundo, ha tenido que reconocer con la Constitución del
91 que nuestra fortaleza es nuestra pluriversidad.

Que la aproximación a la investigación y la innovación en comunidades urbanas puede


hacerse desde una perspectiva propia del funcionalismo, como predominara en los
estudios de los años sesenta, más preocupada de la marginalidad y la anomia que del
desarrollo humano integral o en una perspectiva crítica emancipatoria como se
revindica en las nuevas aproximaciones propias de la ciencia social crítica, el
pensamiento decolonial, la investigación acción participativa heredera de las apuestas
de Fals Borda y Paulo Freire.

1.2 Los conceptos de comunidad en los ámbitos de la investigación e innovación.

6
Los conceptos de comunidad afines a los ámbitos de la investigación y la innovación se
nutren de los aportes de las ciencias sociales. Parten del contexto institucional,
normativo y conceptual desarrollado por estas ciencias en los contextos de
modernidad. Partiendo de las instituciones propias del mundo contemporáneo
asociadas a la provisión de conocimiento en la sociedad. Entre ellas la universidad, que
como señala Fuller (2003) es la innovación social cuyo propósito es la provisión de
conocimiento de validez universal. Naturalmente se refiere Fuller a la universidad
humboldtiana, la universidad de investigación, aquella que se caracteriza hoy según
sus aportes de nuevo conocimiento (premios nobel recibidos, indicadores de impacto y
citación de sus publicaciones, las patentes recibidas, etc.). Concepción de universidad
hoy transida por la tensión entre publicar y no publicar, dadas las presiones por
patentar y gestionar el conocimiento, por promover los spin-offs universitarios, las
aplicaciones de los conocimientos científicos. Lo que ha generado presiones sobre el
modelo de universidad, sobre la concepción de investigación e innovación que se
mueven en los discursos y cursos que van tomando estas instituciones en el siglo XXI.

Gibbons et al. (1994) fue uno de los primeros en señalar esta tensión en las
aproximaciones en uso en la investigación, cuando destacó el transito de la
investigación modo uno a la investigación modo dos. El transito de la investigación
orientada por los principios y valores propios de la universidad humboltiana, dirigida por
la universalidad y el comunalismo en la ciencia, dirigida por la valoración del
conocimiento, ahora orientada por los principios y valores de una investigación dirigida
a la innovación y la agregación de valor, al uso privado, al lucro. El modo uno
disciplinar, basado en la autonomía universitaria y de las comunidades académicas, el
modo dos, o investigación en contextos de aplicación centrada en el usuario y sus
necesidades, lo que modifica los criterios de validación, de algún modo. A los
anteriores se empieza a agregar una nueva mirada a la investigación, el modo tres de
investigación (Acosta, W. 2016). Una investigación centrada en la comunidad, en la
disolución de sus problemas.

Asociado a lo anterior tenemos el concepto de comunidad científica, de colegios


invisibles. Que se ha abordado desde la historia y filosofía de la ciencia, en la

7
perspectiva anglosajona, y desde los estudios de ciencia, tecnología y sociedad en una
perspectiva más iberoamericana. El ámbito de los estudios sociales de la ciencia ya
cuenta con una red de investigadores en el país, son en buena parte unos herederos
del pensamiento latinoamericano de ciencia y tecnología, y de la primera generación de
estudiosos del tema en el país. Siendo parte de los tópicos estudiados los relacionados
con las relaciones entre ciencia y sociedad, entre los modelos tecno-científicos y
desarrollo, la tensión entre innovación e investigación.

La tensión entre investigación e innovación es otra manera de llamar la atención sobre


si debe apostarle el país a la investigación básica o a la investigación aplicada.
Discusión que se ha declarado bizantina. Pues, lo que ocurre con frecuencia es que se
dé lo que Paulo Kreimer citado por Pérez (2016) llamó el “conocimiento aplicable no
aplicado-CANA”, producto de la desarticulación entre el modelo de acumulación
económica y el uso social del conocimiento. Lo que hace necesario preguntarse más
bien por los diseños institucionales para la provisión de conocimiento que el país, las
regiones y las comunidades demandan para su desarrollo. Preguntar, como nos
preguntamos en esta investigación sobre cuáles serían los atributos de la investigación
y la innovación que propician la emergencia de lo comunal.

Una respuesta a tal pregunta en ningún caso es una respuesta sencilla. Pues, si
aceptamos el diagnóstico planteado por Rita Segato, que se recoge al inicio de este
escrito, según el cual todos tenemos un pie en cada uno de los dos proyectos
históricos, el del mundo de las cosas y el del mundo del lazo social, los afectos, lo
comunal, tenemos que reconocer que la investigación y la innovación van a estar
también impregnadas por el sistema de valores de cada una de estas visiones de
mundo. En adición, si tenemos en cuenta lo planteado por Habermas (1982) en
relación con ciencia e interés, habría que considerar la relación de los proyectos
históricos con el interés técnico (ciencias empírico-analíticas), el interés práctico
(ciencias histórico-hermeneúticas) y el interés emancipatorio (ciencias de orientación
crítica), la situación se hace más compleja y demanda ser abordada en su complejidad.

Por lo anterior, la pertinencia de conceptos como los de comunidades de aprendizaje


aplicadas tanto al ámbito empresarial (Nonaka y Takeuchi, 1999) como al educativo

8
(Elboj, C. Et al. 2002), saltan a la vista. Este concepto se aplica a todo tipo de
comunidades de aprendientes en muy diversos contextos (empresas, instituciones
educativas, organizaciones sociales, etc.). Concepto usualmente asociado a
aproximaciones sobre cómo aprendemos y cómo aprendemos con otros, como lo
destacan los aportes del proyecto Zero de Harvard (Gardner, Perkins). Al que podemos
agregar el concepto de comunidades de práctica (Wenger, 2001), comunidades que
emergen del compartir unos propósitos, unos recursos y unas maneras de hacer las
cosas, que emplean un lenguaje común, comparten experiencias y mantienen una
dinámica cooperadora que estimula el rendimiento en términos de aprendizaje y
trabajo.

Estos conceptos y sus aplicaciones tendrán que usarse en contexto. Pues bien
sabemos que el contexto de la investigación y la innovación en organizaciones
productivas difiere de los ámbitos de investigación e innovación asociados a la
disolución de problemas de las organizaciones sociales y las comunidades étnicas,
populares o barriales. De igual manera, estos dos ámbitos son diferentes de los
ámbitos propios de las organizaciones educativas. Pero sin duda, en todos ellos hay
aspectos comunes asociados al modo como aprendemos lo que aprendemos los seres
humanos, y al modo como aprenden las organizaciones que median nuestra vida en
común. Parte del interés de esta investigación es precisamente poder indagar por la
investigación y la innovación que propicia la emergencia de lo comunal en los más
diversos ámbitos de acción.

1.3 Los conceptos de comunidad en la perspectiva decolonial.

Lo comunal como ese lugar en que vivimos en relación (Escobar,2016), difiere según
se trate de espacios propios de la tradición o espacios imaginados en los contextos
propios de la modernidad. Muy a tono con lo que afirma Augé (1998:21)“Todas las
sociedades han vivido en lo imaginario y por lo imaginario”, pero esto no es más que
volver a referirnos a los dos proyectos históricos, el proyecto del mundo de las cosas, el
mundo del capital, del neoliberalismo en su expresión actual y el mundo de los afectos,

9
de los lazos, las solidaridades, el mundo de lo comunal. En el primero el tipo de
relaciones que priman son las relaciones Yo-Eso, signadas por los diferenciales de
poder, la dominación, la explotación tanto de la naturaleza como de los seres humanos,
su expresión es el extractivismo, los epistemicidios, el consumismo. En el segundo
priman las relaciones Yo-Tú, signadas por los afectos, las solidaridades, la emergencia
de lo comunal, como lugar cargado de sentido, su expresión es la resistencia, la
construcción colectiva de proyectos de vida signados por la vida buena y el buen vivir.

En el contexto del pensamiento decolonial se parte de develar y tomar conciencia por la


pervivencia de la colonialidad del poder, del saber y del ser en la matriz cultural de
américa latina (Castro-Gómez & Grosfoguel, 2007). Situación que llama a reconocer y
revindicar el ser en su pluriversidad, a decolonizar el saber a partir de reconocer la
diversidad epistémica, decolonizar el poder, en resistencia contra el extractivismo, el
consumismo y todo tipo de explotación. Lo que se ha visto reflejado tanto en la
emergencia de nuevas perspectivas epistemológicas, pedagógicas e investigativas. Así
mismo en la emergencia de nuevos movimientos sociales, entre ellos los expresados
en los movimientos indígenas y de afrodescendientes, los feminismos y las expresiones
diversas de resistencia popular.

En esta perspectiva tenemos expresiones de lo comunitario centradas en las relaciones


Yo-Tú, en los afectos, la fiesta, las solidaridades. Dentro de esta perspectiva se
promueve una ruptura con las dicotomías y el pensamiento hegemónico. Revindicando
conceptos como el del Buen Vivir que se toma de los movimientos indígenas. De igual
manera empieza a configurarse lo que se ha dado en llamar el sur global, para indicar
la red de relaciones que se tejen alrededor del mundo alrededor de estas posiciones
anti-hegemónicas, decoloniales, en las que se dan apuestas por el postdesarrollo,
contra el extractivismo. Como lo señala Arturo Escobar:

El Buen Vivir hace eco de las ontologías indígenas y subordina los objetivos
económicos a los criterios de la dignidad humana, justicia social y ecología. Las
versiones más sustantivas del BV en los Andes rechazan la idea lineal de
progreso; desplazan la centralidad del conocimiento Occidental, privilegiando la
diversidad de saberes; reconocen el valor intrínseco de los no humanos

10
(biocentrismo); y adoptan una concepción relacional de toda vida. El buen vivir
no es un proyecto político-cultural puramente andino ya que está influenciado
por corrientes críticas del pensamiento occidental y pretende influir en los
debates globales. Los debates sobre la forma que podría tomar en contextos
urbanos modernos y en otras partes del mundo, como Europa, están
empezando. El decrecimiento y el BV podrían ser ‛compañeros de viaje’ en este
empeño. (Escobar, 2026:169)

En nuestra investigación tenemos por propósito profundizar en estas perspectivas y


explorar la manera como inciden en las maneras de abordar la investigación y la
innovación en contextos signados por la presencia de otras epistemes, otras
cosmogonías. Pues, bien sabemos que las comunidades indígenas tienen sus propias
pedagogías, la cultura propia se constituye en núcleo de su matriz pedagógica y
educativa. Aquí la innovación es una vuelta a la tradición. Los saberes propios son el
lugar de enunciación y conocimiento del mundo. Prácticas como la minga de la palabra
son la expresión de tal aproximación vital, de sus modos de ser, sentir y habitar el
mundo. Seguramente deberemos explorar hasta dónde es posible el diálogo
intercultural e inter-epistémico. Sin caer en el extractivismo intelectual.

Quizás uno de los retos más importantes desde la perspectiva del conocimiento es
revisar el tipo de preguntas que nos estamos haciendo en investigación en relación con
el devenir de nuestras instituciones, la cultura y la sociedad. ¿Qué tan pertinentes son
los conocimientos que producimos, circulamos y consumimos? La inteligencia social es
determinante para el Buen Vivir de las regiones y las ciudades. Sin tener en cuenta el
devenir de las instituciones en lo nacional, lo regional y lo local, sin dar cuenta de las
manifestaciones de la cultura y sin las transformaciones adecuadas en el sistema de
educación no es posible permanecer como sociedad viable. La dimensión territorial de
las capacidades de generar, adaptar, transformar y usar conocimiento es crítica. Hoy
es frecuente el uso del concepto de ciudades y regiones de conocimiento, pero a esto
habría que agregar, que ante todo se trata de un conocimiento situado, pertinente,
incorporado e implicado en la cultura local.

11
Un aspecto clave en esta perspectiva es el garantizar a las sociedades la capacidad de
pensar por sí mismas (nacional, territorial y local), sin duda, esto requiere estrategias
importantes que propicien la memoria social, la construcción de la identidad y la
preservación de la historia. Los archivos, los museos, todos los mecanismos
generadores de identidad cultural son críticos. No sólo como fuentes de investigación
sino como patrimonio vivo. La educación es crucial en este proceso. Hoy se ha
destacado lo relevante que es para la sociedad reconocer la manera como se enseñan
los más diversos saberes, en particular la historia y la geografía, las ciencias, los
valores, la forma como se recuperan la historia oral, las tradiciones, el devenir de las
instituciones, la manera como se construyen propósitos y habilidades.

2. Lo comunitario, lo comunal, lo común.

No obstante que se ha querido imponer el concepto de una sociedad de individuos, lo


cierto de nuestra condición humana es que tan sólo podemos devenir seres humanos
en relaciones de convivencia con otros seres humanos, en las tres esferas en la que tal
relación usualmente se da, como bien lo expresa Arendt (1993), el mundo de las
labores o de la vida doméstica y las necesidades, el mundo del trabajo o de la inserción
productiva, y el mundo de la vida o del ejercicio de la ciudadanía. Vivencias y
experiencias que están todas marcadas por nuestra capacidad de vivir en el lenguaje,
en las conversaciones con la alteridad. Recordemos como para los romanos los
bárbaros eran todos aquellos que no hablaban su lengua. Algo que sigue en nuestros
imaginarios eurocéntricos cuando persistimos en la dicotomía entre lo salvaje y lo
civilizado. Expresión de raíces culturales inconscientes, no estáticas,
cambiantes…como toda cultura viva, como toda vida siempre en movimiento.

El reconocer la cultura como hogar en movimiento permite destacar ese hecho básico
del lenguajear, devenimos humanos en tanto nos relacionamos con los otros
(Maturana, 1991). Destaca, a la vez, esa característica de la época moderna de
creciente individualización, en la que la identidad se convierte en una situación en
permanente negociación (Giddens, 1995); las relaciones entre generaciones no son

12
otra cosa que la expresión de esto. La familia, el género, la sexualidad, la crianza, el
trabajo, la fiesta: son instituciones y conceptos socialmente construidos. De modo que
si se quiere avanzar en su comprensión hay que replantear la manera simplificada y
hegemónica como a veces se tratan los hechos. Se debe explorar la riqueza y
posibilidades de una epistemología diatópica que permita dar cuenta a la vez de
fenómenos distintos, relacionarlos y tratarlos en su complejidad.

A partir de un pensamiento capaz de asumir el reto de la paradoja de lo social, de


comprender las posibilidades y los límites de la lógica, pero a la vez capaz de
reconocer los retos y las dificultades que entraña el desarrollo de nuevas perspectivas.
Un pensamiento crítico y reflexivo, capaz de tratar con elementos contradictorios, con
imaginación suficiente para no sucumbir ante las dificultades del método. Se trata de
propiciar el abandono del sujeto trascendente del método cartesiano para volver al ser
humano, a la vida, a la referencia autobiográfica. Se busca confrontar la disyuntiva
sobre si hablar en primera persona o en una hipotética tercera persona, impersonal en
aras de una supuesta objetividad. Queremos encontrar la complementariedad entre las
aproximaciones inductivas y deductivas con la abducción, la metáfora y la analogía.

Una comunidad comparte un lenguaje común, es una condición para la construcción de


sentidos y sentires compartidos. Comparte una manera de formular y resolver
problemas, de conocer y estar en el mundo. En suma, comparte una cultura, una
cosmovisión, unas formas de pensar y sentir. En la perspectiva del pensamiento
decolonial hablamos de sentires y vivires compartidos, agrupados en el sentipensar
individual y colectivo. Lo comunal es lo compartido por la comunidad, lo emergente de
ese vivir juntos y compartir lo suficiente, lo propio del mundo de la interacción que
compartimos y vivimos.

Un riesgo que siempre correremos es el de mantener distinciones marcadas por la


cultura eurocéntrica, propias de la razón ilustrada, caracterizadas por su etnocentrismo,
por su vocación de sometimiento tanto de la naturaleza como de los otros, los que no
son parte de mis cercanos. Riesgo que se ve reflejado cuando abordamos el problema
de los bienes comunes, los problemas del deterioro ambiental. La profesora Orstom

13
(1990) hace aportes importantes en este debate, destacando la pertinencia de repensar
la acción colectiva alrededor de la gestión de bienes comunes como bosques, lagos,
etc., conceptos hoy en uso en torno a las luchas contra el extractivismo. Conceptos que
también aplica al mundo del conocimiento (Hess y Ostrom,2007).

Lo comunal como ese lugar en que vivimos en relación (Escobar,2016), tiene analogías
con el concepto de Maturana de educación como transformación en la convivencia
(Maturana, 1991), lo que se destacan los autores es el hecho de hacernos cargo de lo
que sucede en la interacción con otros seres humanos. Hecho que también se destaca
en los conceptos de comunidades de práctica (Wenger, 2001) y de comunidades de
aprendizaje (Elboj et al. 2002). Comunidades que tendrán un sentido y un propósito
distinto según sea nuestra visión del proyecto histórico que compartimos, si el del lazo
social o el del mundo de las cosas (Segato, 2018). De estas consideraciones se nutre
nuestro concepto de innovación social en educación:

Podríamos decir que una innovación social en educación es aquella IS

(Innovación Social) que se da en el ámbito educativo en su acepción más

amplia, que cambia vidas, tanto de las personas como de las comunidades,

sean éstas educativas, barriales, étnicas o sociales. Una característica básica de

la innovación social en educación es que se basa en la relación Yo-Tú y no en la

relación Yo-Eso. Por lo que se diferencia de los meros emprendimientos y de las

innovaciones orientadas por los valores y mecanismos de mercado. Tendría que

ser una educación que logre superar la obsolescencia en la educación que

señala Bateson (1980:192), que permita volver a la trama de la vida y superar

los dualismos propios de la modernidad, la separación entre espíritu y

naturaleza, entre hecho y valor, entre mente y cuerpo. (Plata, 2018)

Así, la investigación y la innovación que propicia la realización de lo comunal tendrían


que ser las que se dan dentro de relaciones Yo-Tu, en esa visión compartida de un

14
proyecto histórico basado en los lazos de solidaridad, de convivialidad, de espacios de
comunicación que propician la comunión, la emergencia y la realización de lo comunal.
Lo común, lo compartido, lo cargado de sentido. Sin que esto lleve a los
encerramientos, las exclusiones, la xenofobia, los esencialismos. Pues como lo plantea
Touraine (1997) el gran riesgo de la época presente está dado por la homogenización
que promueve la globalización que se acompasa a la par con procesos de
fundamentalismos locales, perdiéndose en ambos casos la autonomía del sujeto
individual y colectivo.

Epílogo.
Este primer trayecto avanzado en la investigación ha planteado la necesidad de
reformular algunos de los objetivos específicos del proyecto, así como las fuentes de
información. En particular abandonar la referencia a programas académicos
específicos, lo que nos permite en el caso de UNIMINUTO una mirada más centrada en
las experiencias investigativas y las innovaciones que se ha gestado que dan
posibilidad a la realización de lo comunal. Lo anterior tomado en relación con las
especificidades de las investigaciones y las transformaciones vividas por comunidades
étnicas nos parece más adecuado una exploración preliminar que nos permita
identificar experiencias, conceptos y metodologías en uso, así como sus resultados
emergentes. De igual modo en relación con las innovaciones y los emprendimientos
productivos del mundo urbano-empresarial.

Esto nos lleva a profundizar en la construcción del estado del arte, dada la profusa
bibliografía encontrada sobre investigación basada en la comunidad, las experiencias
de innovaciones sociales que se den en los ámbitos educativos y pedagógicos, la
complejidad que tal dinámica encierra, en la relación dialógica entre producción de
conocimiento y las trasformaciones que se dan tanto en las comunidades como entre
los investigadores que toman parte de los procesos. Pero, a la vez nos lleva a
identificar las nuevas fuentes de co-construcción de conocimiento, de diálogo fecundo
tanto con investigadores como con comunidades. Estos serán los retos que se aborden
para el plan de trabajo para el próximo semestre.

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