0% encontró este documento útil (0 votos)
111 vistas20 páginas

Conocer, Transformar, Comunicar 209 226

Cap 3 del libro de Washintong Uranga
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Temas abordados

  • tensiones políticas,
  • comunicación y desarrollo,
  • cambio político,
  • espacios de concertación,
  • sustentabilidad,
  • pluralidad,
  • desarrollo sostenible,
  • derechos civiles,
  • nuevas realidades,
  • estrategias de participación
0% encontró este documento útil (0 votos)
111 vistas20 páginas

Conocer, Transformar, Comunicar 209 226

Cap 3 del libro de Washintong Uranga
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Temas abordados

  • tensiones políticas,
  • comunicación y desarrollo,
  • cambio político,
  • espacios de concertación,
  • sustentabilidad,
  • pluralidad,
  • desarrollo sostenible,
  • derechos civiles,
  • nuevas realidades,
  • estrategias de participación

CONOCER,

TRANSFORMAR,
COMUNICAR
n
n

Washington Uranga
Uranga, Washington
Conocer, transformar, comunicar / Washington Uranga. - 1a ed . - Ciudad Autóno-
ma de Buenos Aires : Patria Grande, 2016.
240 p. ; 22,5 x 15,5 cm. - (Comunicación y ciudadanía ; 1)

ISBN 978-950-546-260-5

1. Comunicación Política. I. Título.


CDD 320

Diseño de tapa e interior: Alejandra de Dios

Primera edición: marzo de 2016


ISBN: 978-950-546-260-5

© Cooperativa de Trabajo EDITORA PATRIA GRANDE P.G. y P. Ltda. –2016–


Rivadavia 6374 PB “A”, C1406GLG, Buenos Aires, Argentina.
Tel./Fax (54-11) 4631-6577
E-mail: edpatria@[Link]
[Link]

Queda hecho el depósito que establece la ley 11.723.


Impreso en Argentina. Industria argentina.

Reservados todos los derechos. Queda prohibida, sin la autorización escrita de los
titulares del Copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción
total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la
reprografía y el tratamiento informático.
Capítulo VIII

SIN COMUNICACIÓN NO HAY


POLÍTICAS PÚBLICAS DEMOCRÁTICAS
n
Democracia para mí es permitir el derecho a la conquista
y no permitir sólo el derecho a la protesta.
Luiz Inácio Lula Da Silva

En la segunda mitad del siglo pasado se constituyó un escenario


singular para la comunicación: las investigaciones y los avances rea-
lizados antes en función de objetivos militares se ofrecieron al uso
social por razones de explotación y rentabilidad económica. De esta
manera, las inversiones realizadas hallaron su justificación y el consu-
mo de las llamadas tecnologías de información y comunicación (TIC)
encontraron su razón en el mercado. Pero más allá del hecho econó-
mico, el fenómeno introdujo importantes modificaciones en la vida
cultural, social y política de pueblos y comunidades. También se abrió
el campo a nuevas experiencias y reflexiones sobre el uso de estas tec-
nologías al servicio de los procesos sociales, de la participación y de su
implementación en el diseño y en la ejecución de políticas públicas.
Por otra parte y no en pocos casos los nuevos desarrollos de la comu-
nicación se convirtieron –sin mucho análisis ni criticidad– en uno de
los principales indicadores del desarrollo. Por ejemplo: el número de
televisores por habitante se incorporó entre los criterios necesarios
para medir el grado de desarrollo de un país.

Conocer, transformar, comunicar n 209


Algunos se deslumbraron, otros desconfiaron. Todos terminaron
rendidos frente a las evidencias del avance tecnológico más allá de
las consideraciones, de diverso orden, que se pudieran hacer frente al
fenómeno. También los teóricos del campo comunicacional –muchos
de ellos encandilados por el avance vertiginoso de las TIC– comenza-
ron a plantear, con distintas perspectivas, que la comunicación es im-
prescindible e insustituible en los procesos de desarrollo. Desde aquel
momento hasta nuestros días se multiplicaron tanto los enfoques teó-
ricos como las experiencias. Algunas más instrumentales y difusio-
nistas en cuanto al uso de las herramientas, y otras más conceptuales,
culturales y políticas. Cada una de ellas basada en distintos modelos
de sociedad que se manifiestan a su vez en diferentes perspectivas so-
bre el desarrollo y en perspectivas comunicacionales diversas.
Desde entonces hasta ahora corrió mucha agua bajo el puente. Casi
todo se experimentó: la comunicación para la salud, las tecnologías de
comunicación para la educación, información para la toma de deci-
siones, el marketing comunicacional, la comunicación en las organi-
zaciones, la comunicación (bien y mal llamada) estratégica. Y podría
seguirse con denominaciones, títulos y ejemplos. Al amparo de la ola
neoliberal aparecieron también los vendedores de espejismos que pro-
metieron solucionar cualquier tipo de problemas o dificultades, sin
importar de qué índole, con supuestas respuestas comunicacionales.
Así planteado, todo podría leerse como comunicación y todo debería
tener una solución comunicacional, desde un problema de relaciones
de pareja hasta una decisión de política pública.

210 n Washington Uranga


Lo público y las políticas públicas

Pero no sólo cambió la perspectiva acerca de la comunicación.


También se modificó la idea de lo público. Apoyada en la concep-
ción del “Estado benefactor” o “Estado de Bienestar”38 surgida tras la
llamada Segunda Guerra Mundial, el Estado pasó a ocupar todo el
espacio de la gestión de lo público, dejando sin margen de posibili-
dades al resto de los actores sociales. La condición de garante se en-
tendió y se confundió con la de único actor y protagonista, relegando
a otras iniciativas.
Vivimos hoy un tiempo de transformaciones en la vida política que
en la Argentina tuvo un bisagra muy importante a partir de la crisis
del 2001. Fue ése el punto de llegada de una serie de cambios produ-
cidos como resultado de la aplicación de las políticas neoliberales de
los noventa (que tienen su antecedente necesario en la dictadura mi-
litar 1976-1983), con la consiguiente retracción del Estado y renuncia
a sus responsabilidades.
Las crisis del 2001 propició también la emergencia en el escenario
político y social de actores hasta ese momento invisibilizados. A la vez
se abrió un gran debate sobre la concepción de lo público y el rol del
Estado. Como ya se señaló, el Estado es parte esencial de lo público
pero no lo agota. Lo público, por lo contrario, tiene que ver con todo
aquello que es atinente a los asuntos de interés común, no importa
cuáles sean los actores que se impliquen o se ocupen. Lo público, en
consecuencia, es responsabilidad de todos los ciudadanos y ciudadanas.

38  Se entiende por tal un modo de organización social capitalista, que supone la responsa-

bilidad del Estado para brindar servicios que garanticen los derechos básicos de las personas

reconocidas por su condición de ciudadanos/as. El concepto se acuñó con posterioridad a la

Segunda Guerra mundial y se puso en crisis con las políticas neoliberales de la década de los

noventa.

Conocer, transformar, comunicar n 211


“Para la democracia lo público es aquello que conviene a todos, de
la misma manera, por su dignidad”, dice José Bernardo Toro. De allí el
sentido de afirmar que “lo público es más amplio y rebasa ampliamen-
te lo estatal, sin que esto signifique desconocer que las instituciones
públicas por excelencia deben ser el Estado y las leyes, precisamente
porque la fortaleza de lo público proviene de su capacidad de sintetizar
y representar los intereses, contradictorios o no, de todos los sectores
de la sociedad”39 (TORO, 2001). Esta diferenciación entre el Estado
y lo público no es apenas una búsqueda de nuevas formas de entender
la sociedad, sino que está íntimamente vinculada a nuevas realidades,
también a otras formas de participación ciudadana en todos los nive-
les y en todos los espacios. “Nuestro despegue del mimetismo entre lo
público y lo estatal ha tenido que ver con las modificaciones experi-
mentadas en planteamientos sociales sobre la economía, las comuni-
caciones, la aplicación de la justicia. No es un mero debate teórico”40
(REY, 2000), asegura el colombiano Germán Rey Rincón.
Siguiendo a Jürgen Habermas, la “esfera pública” se define a partir
de un conjunto de personas privadas que se reúnen para debatir sobre
los asuntos públicos. Lo común se construye en el ámbito de lo pú-
blico como resultado de la acción colectiva, de un intercambio que es
comunicacional en el espacio de la cultura.
De hecho la retirada del Estado y la renuncia a sus responsabili-
dades en los años noventa con graves consecuencias en lo social y en
la calidad de vida de la personas, provocó como resultado positivo (si
bien como efecto o consecuencia no deseada ni prevista) la aparición
de nuevas prácticas y actores que se fueron haciendo cargo de tareas

39  TORO, J.B. (2001); El ciudadano y su papel en la construcción de lo social. BID, Santa Fe.

de Bogotá (Colombia).

40  REY, G. (2000); Medios de comunicación y vida pública. Conferencia dictada en el Encuentro

Latinoamericano del Tercer Sector, Cartagena (Colombia).

212 n Washington Uranga


y funciones con la intención expresa de contribuir a la vigencia de
los derechos sociales, en primer lugar, pero también de los económi-
cos, políticos y culturales. El corolario de ello puede leerse como la
“desmonopolización” del manejo de lo público por parte del Estado.
Ejemplos abundan sobre todo a partir de la acción de los movimien-
tos sociales, de los comedores populares, de los servicios de protec-
ción de derechos de la infancia y de la niñez, de la mayor participa-
ción de las iglesias y grupos confesionales en tareas de promoción y
protección social.
Estos actores recorrieron caminos inéditos, inventaron otra mane-
ra de hacer políticas públicas en diálogo, pero muchas veces en tensión
con el Estado. Los unos y los otros tuvieron que adaptarse a la nueva
situación, hallar formas de dialogar, de negociar, de encontrar con-
sensos en la acción. La comunicación, en sus más diversas formas, se
hizo inevitable. Hubo que inventar y crear en este campo. Pero de la
experiencia surgieron también otras concepciones sobre la participa-
ción, la incidencia y la comunicación y como resultado de ello, nuevas
alternativas de construcción de la política, en general, y de las políticas
públicas en particular.

Replanteos para garantizar derechos

Una consecuencia lógica de lo anteriormente descrito ha sido un


profundo replanteo acerca de las responsabilidades que le caben a los
diferentes actores sociales sobre lo público como escenario y sobre las
acciones que allí se ejecutan, a fin de garantizar la vigencia efectiva de
los derechos de ciudadanos y ciudadanas. Quedó atrás el reduccionis-
mo que limita lo público a lo estatal como si el Estado sintetizara por
sí solo todos los intereses, las atribuciones y la capacidad de acción de
los actores múltiples y diversos que se mueven en la sociedad.

Conocer, transformar, comunicar n 213


Las políticas públicas pueden entenderse como el conjunto de de-
cisiones cuyo objetivo es la distribución de determinados bienes y re-
cursos que les corresponden por derecho a los ciudadanos y ciuda-
danas, individuos y grupos. Nos referimos a las políticas públicas de
educación, de salud, de protección del ambiente, etc. Pero al mismo
tiempo se puede asegurar que las políticas públicas son el espacio na-
tural de configuración e implementación de los derechos sociales de
los ciudadanos. Por ese motivo, la construcción de la ciudadanía social
está estrechamente vinculada con las transformaciones y reestructura-
ciones que se producen en dicho ámbito.
Tales políticas públicas demandan un saber particular, es decir, su-
ponen un campo de conocimiento específico. No todos conocen sobre
salud o sobre la situación de la niñez y la adolescencia. Ni siquiera el
Estado, siendo actor principal, reúne por sí mismo todos los saberes
necesarios. Existen muchos actores que aportan de manera diversa y
desde distintas perspectivas al conocimiento de un tema. Por vivencia
cotidiana, por estudio y análisis, por experiencia de gestión. Pero dado
que toda política pública es manifestación y puesta en práctica de una
concepción sobre la sociedad y sobre el modelo de desarrollo que se
quiere alcanzar, el espacio de tales políticas es necesariamente un ám-
bito de diálogo, de intercambio, de debate y también de lucha política.
Las políticas públicas, para que sean genuinamente tales, son el
resultado de la interacción entre el Estado y la sociedad civil. No se
logra la integración social garantizando apenas la “supervivencia” de
las personas, porque la integración social se afirma en el derecho de
todos a vivir dignamente en una sociedad sin excluidos y depende
significativamente de la participación popular en la vida comunitaria
y de un ejercicio pleno de la ciudadanía en el que hombres y mujeres
desarrollen un rol activo.
La ciudadanía activa se construye fundamentalmente a partir de la
decisión política de desarrollarla. Una democracia fuerte necesita de

214 n Washington Uranga


una ciudadanía emancipada de las necesidades materiales y con acceso
fehaciente a los derechos civiles y políticos.
¿Cómo se construye esta ciudanía sin espacios de concertación sus-
tentados en la comunicación? No es posible. Y una buena prueba de
ello es la multiplicación de los consejos asesores y consultivos, de las
mesas de gestión asociada y de distintas prácticas asociativas. Podrá
decirse también que muchas de estas experiencias fracasaron y son
frustrantes. Es verdad. Y la razón fundamental de los fracasos es que
alguna de las partes (o ambas) no comprendieron o no se apropiaron
de estas nuevas formas de relacionamiento basadas en procesos de
comunicación. En algunos casos han sido los representantes del Es-
tado quienes impulsaron los fracasos porque siguen menospreciando
a los actores de la sociedad civil, entendiendo como una concesión o
pérdida de autoridad, dar espacio a miradas diferentes u opiniones
distintas. En otros porque los actores de la sociedad civil se instalan
en el lugar de la queja y son incapaces de hacer aportes al diseño de
las mismas políticas públicas. En la mayoría de los casos porque unos
y otros descreen del diálogo, de la comunicación como sustento de la
construcción colectiva y de la gestión asociada. En estas situaciones,
los espacios de concertación y diálogo no dejan de ser un simulacro y
un pésimo remedo de democracia participativa, una negación de toda
instancia de comunicación.

Participación

Por esta misma razón, la gestión pública animada por el Estado


debe propiciar diseños institucionales que integren los impactos de las
políticas y las acciones, con participación real de todos los sectores in-
volucrados, a partir de un rol activo que convierta a los ciudadanos en
actores y no en destinatarios pasivos o ejecutores sin poder de decisión.

Conocer, transformar, comunicar n 215


La democracia real exige la implementación de procedimientos
consensuados para la toma de decisiones que procuren la participa-
ción efectiva de todos los actores sociales. Esta participación tendrá
que dar cuenta de la construcción democrática de la sociedad civil y
de su relación con el Estado.
Muchas propuestas han ido surgiendo acerca de la gestión partici-
pativa y asociada. Como se ha dicho, en nuestro país pero también en
América Latina y el Caribe, se ensayaron con distinto éxito modelos
de presupuesto participativo, gestión asociada y consejos consultivos,
para mencionar tan solo alguno de ellos.
Este estilo de gestión demanda también una relación madura de
todos los actores involucrados, a partir del reconocimiento de los di-
ferentes procesos, de la pluralidad de prácticas y de perspectivas, la
valoración de la diferencia y la promoción de una actitud de apertura
y escucha de las iniciativas.
La participación puede tener diferentes grados, todos ellos váli-
dos. Pero el aporte se hace realmente significativo y eleva la calidad
del proceso cuando no se reduce a una simple consulta de opinión o
a una mera información, sino que involucra la toma de decisiones de
manera compartida a través de prácticas basadas en lo multiactoral y
multisectorial. La sustentabilidad de cualquier estrategia de desarrollo
descansa en el compromiso y la participación activa de los diversos ac-
tores en los procesos de toma de decisiones. La gestión de lo público
hoy requiere de la participación de las partes interesadas en cada una
de las instancias, fortaleciendo el vínculo entre el Estado y la sociedad
civil, y ampliando las oportunidades de cooperación y coordinación.
La participación ciudadana debe contribuir a la resolución creativa
de la problemática social otorgando mayor dinamismo a las políticas
públicas, reorganizándolas en base a las prioridades locales y recupe-
rando sustento dentro de las necesidades de la gente.
Esta participación deberá traducirse, simultáneamente, en proce-

216 n Washington Uranga


so y resultado. Como proceso, involucrando a las comunidades y sus
ciudadanos en las decisiones y programas que los afectan. Como re-
sultado, logrando actores sociales capacitados para desenvolverse con
mayor conocimiento, autonomía y estabilidad. De este modo, a través
de la plena participación ciudadana en el armado e implementación
de sus destinos, se forjará un proceso creciente y continuo de desarro-
llo sostenible.
Vale decir entonces que “al impulsar la participación descentraliza-
da, por medio de procesos de toma de decisiones de abajo hacia arriba
(bottom up), promoviendo canales accesibles de comunicación entre el
Estado y la sociedad civil, se permite a estos últimos participar activa-
mente en la toma de decisiones que afectan sus intereses; rompiendo
así con la apatía política y la anomia que ha caracterizado a la sociedad
civil, para que se torne a tomar su papel sobresaliente en lo público”
(LLANCAR ETCHEVERRY, 2008)41.

Comunicación y políticas públicas

¿Se puede hacer todo esto sin comunicación? Definitivamente no.


La gestión de políticas públicas requiere de la comunicación en tér-
minos integrales. Como proceso de intercambio y diálogo entre los
actores que conforman la escena pública y como necesario instru-
mento de difusión de información. También como estrategia para la
implementación.
Es impensable desarrollar políticas públicas sin acudir al aporte de
la comunicación.

41  LLANCAR ETCHEVERRY, C. (2008); Sociedad civil y participación ciudadana – cómo los ac-

tores se hacen parte de las decisiones. Rev. Interações, Campo Grande, v. 9, n. 2, p. 181-188,

jul./dez. 2008. Recuperado el 28 de enero de 2011.

Conocer, transformar, comunicar n 217


Transitemos este camino de análisis sin ninguna pretensión de
agotar la materia, sino con la sola finalidad de aportar elementos a la
reflexión de un tema complejo.
¿Qué puede aportar la comunicación a la construcción de políticas
públicas?
En primer lugar, información sobre los derechos básicos ciudada-
nos y acceso a las fuentes que garantizan su efectiva puesta en marcha.
Sin perspectiva de derechos, sin que los ciudadanos conozcan en pro-
fundidad qué les corresponde por el solo hecho de su condición ciu-
dadana, cualquier política pública puede verse gravemente restringida
a las experiencias, opiniones y, eventualmente, a los intereses de los
gestores y administradores públicos. La información sobre derechos
permite un ejercicio activo de la ciudadanía y también, la demanda
en función de lo que a cada uno y cada una le corresponde en justicia.
El derecho a la comunicación es un derecho habilitante de otros
derechos, en tanto y en cuanto permite la efectiva vigencia del elenco
de los derechos humanos.
Este ejercicio del derecho a la información y a la comunicación no
puede ser solamente atribución y potestad del Estado. Tampoco ini-
ciativa exclusiva de éste. Todos los actores involucrados, los agentes
del Estado pero también los diferentes actores de la sociedad civil,
tienen la posibilidad y también la responsabilidad de generar proce-
sos informativos y comunicacionales que apuntalen la concreción de
tales derechos.
La información es, al mismo tiempo, insumo fundamental para
la toma adecuada de las decisiones. “Tanto en el Estado como en la
Sociedad Civil debe estar disponible el acceso a la información, y
con ello garantizar que las decisiones que se tomen sean decisiones
participadas”. Porque se puede construir la democracia “no sólo des-
de la institucionalidad política, sino también desde las instituciones
de la sociedad civil. Una sociedad es democrática, no sólo cuando

218 n Washington Uranga


existen elecciones periódicas, libres e informadas, no sólo cuando el
Estado, a través de sus distintos órganos convoca a los ciudadanos,
sino también cuando los ciudadanos poseen una cultura democrática
en los diversos ámbitos de la vida en sociedad” (LLANCAR ET-
CHEVERRY, 2008)42.
La información debe ser vista en este caso como un insumo fun-
damental para la construcción de procesos democráticos y para la ela-
boración de políticas públicas que respondan a esos intereses. Aún
más que a los resultados, la información le da calidad al ejercicio de
la toma de decisiones y sustenta los procesos comunicacionales que
cargan de sentido a las iniciativas. “Se hace necesario incorporar a las
personas para que participen en procesos de análisis, diálogo y desde
allí conformen su juicio, de tal forma que la legitimidad de la decisión
surge del hecho de haber sido el producto de una deliberación”43. Sin
embargo, no puede demandarse el consenso como única alternativa.
Esto no es siempre posible porque existen opiniones diferentes e in-
tereses contrapuestos. Es la deliberación, el diálogo, el intercambio lo
que da legitimidad a la decisión que, en muchos casos, deberá darse
por la vía del voto y ajustarse a la decisión mayoritaria. Pero en este
último caso el proceso de información y comunicación, habrá permi-
tido que la determinación final sea consecuencia del intercambio de
actores informados, dialogantes y participativos. El resultado que se
logra tiene que ver con la calidad de la decisión y con la calidad mis-
ma de la democracia como estilo de vida y no sólo como mecanismo
institucional para la toma de decisiones.
La información tiene que contemplar también el cumplimiento
de los objetivos y las metas propuestas para las políticas públicas. En
otras palabras: la información tiene que servir como auxilio a la ta-

42  LLANCAR ETCHEVERRY, C. (2008); op. cit.

43  LLANCAR ETCHEVERRY, C. (2008); op. cit.

Conocer, transformar, comunicar n 219


rea de auditoría, vigilancia y si fuese necesario, denuncia respecto del
efectivo cumplimiento de aquello establecido como política pública
para una comunidad.
Existe también un segundo y fundamental aspecto comunicacio-
nal en relación a las políticas públicas: si ellas son el resultado de una
suma de decisiones consensuadas en las que intervienen tanto agen-
tes del Estado como actores de la sociedad civil, requieren de procesos
de comunicación y, más particularmente, de la comunicación pública
comprendida fundamentalmente como “poner en común”.
“La construcción social de lo público requiere pasar del lenguaje
privado al lenguaje colectivo, de los bienes privados a los bienes co-
lectivos, de las perspectivas privadas o corporativas a las perspectivas
de nación y colectivas. Requiere desarrollar en los ciudadanos formas
democráticas de pensar, sentir y actuar: esto es lo que se conoce como
Cultura Democrática44”, continua diciendo Toro45.
Impera una relación cada vez más estrecha entre lo público y lo
comunicable. Los medios de comunicación son actores importantes
en la conformación de lo público. “Los medios son escenarios de re-
presentación de lo social y a la vez lugares de circulación de puntos de
vista, de sistemas más o menos plurales de interpretación. El carácter
de socialización de los medios, en el que se suele insistir tanto, tiene
que ver precisamente con esto: más que transmitir creencias, conoci-
mientos, imágenes, prejuicios (que lo hacen y a veces en gran medida),
los medios de comunicación promueven toda interpretación, vocabu-
larios para leer textos´, como diría C. Geerts”46.
En el mismo sentido, Jesús Martín-Barbero se refiere a la apari-
ción, en la sociedad de masas, “de un nuevo modo de asociación no

44  El destacado es del autor.

45  TORO, J.B. (2001), op. cit.

46  REY, G. (2006), op. cit.

220 n Washington Uranga


vertical, como el que se forma desde el Estado, y del que hacen par-
te originariamente sólo los que tienen instrucción y propiedad”. Sigue
diciendo el autor hispano colombiano que “la aparición de las masas
urbanas en la escena social, cuya visibilidad remite a la transformación
de la política, que de un asunto de Estado pasa a convertirse en ´es-
fera de la comunidad, la esfera de los asuntos generales del pueblo´”
(MARTÍN-BARBERO, J., s/f )47.
¿Qué aportan los medios a las políticas públicas?
En síntesis podría decirse que los medios:
n brindan opciones de interpretación, alternativas para la com-

prensión de lo social y lo político;


n se constituyen, cuando hay efectiva pluralidad democrática, en

espacios socioculturales de exposición, contrastación y debate


de opiniones;
n promueven (o restringen) la deliberación social y, de este mane-

ra, son activos constructores de agendas públicas;


n pueden permitir y facilitar mediaciones sociales entre la red de

actores que atraviesa la sociedad.


En el marco de la democracia actual, lo público se construye des-
de la sociedad civil y no a la inversa. Subsumido hasta no hace tanto
tiempo en “lo estatal”, lo público comienza apenas ahora a vislum-
brarse en sus particularidades, poniendo en evidencia peculiaridades
que son propias de su autonomía. En este proceso tiene mucho que
ver la comunicación. Si lo público es “lo común, el mundo propio de
todos”, necesariamente ello remite a lo público como aquello que tie-
ne que ser conocido por todos y anunciado al conjunto. El riesgo con-
siste también en que lo público, entendido como lo común, termine
por anular lo que es distinto.

47  MARTÍN-BARBERO, J. (s/f); Transformaciones comunicativas y tecnológicas de lo público.

Disponible en: [Link]/documentos_word/martin_barbero1.doc

Conocer, transformar, comunicar n 221


El reconocimiento de lo común supone también la puesta en evi-
dencia de lo diferente y heterogéneo, porque en ello va el derecho a
la comunicación, que es el derecho a ser visto y oído socialmente. Lo
público no puede ubicarse por encima del reconocimiento de los di-
ferente, porque ello implica lisa y llanamente la desaparición del de-
recho básico del individuo en tanto y en cuanto ciudadano. He aquí
otro desafío comunicacional y cultural en la edificación de políticas
públicas: construir lo común sin perder lo diferente y sin dejar de lado
los rasgos esenciales que generan identidad.
La elaboración de políticas públicas no puede limitarse a los des-
pachos oficiales, a las prioridades decididas exclusivamente por los
administradores públicos o por los técnicos o especialistas, muchos
de los cuales se ufanan de su pretendida asepsia política. Una política
pública democrática, independientemente del área (salud, educación,
seguridad, etc.) debería responder por lo menos a cuatro criterios fun-
damentales.
n Ser multiactoral: mediante la convocatoria a la mayor cantidad

posible (y sin exclusiones de ningún tipo) de actores sociales co-


nocedores y comprometidos con el tema específico.
n Multisectorial: incorporando en el proceso de diseño y toma de

resoluciones a todos los sectores económicos, productivos, socia-


les, culturales, académicos y políticos. Teniendo como única res-
tricción la determinación expresa de cada uno de ellos de aportar
al bien común, no para dejar sus propios intereses de lado pero
sin pretender que el único propósito sea el beneficio propio.
n Plural y diversa: al incluir una convocatoria abierta y dispo-

sición a aceptar las diferentes miradas que también permitan


congregar en la diferencia los distintos intereses en juego para
avanzar hacia los consensos posibles.
n Cultural y políticamente significativa para la vida cotidiana y la

calidad de vida de los ciudadanos.

222 n Washington Uranga


Todos estos componentes demandan de estrategias de comunica-
ción porque, en definitiva, las políticas públicas sólo pueden entender-
se como un proceso de concertación social que es imposible al margen
de la comunicación y sus estrategias.
Por último: ¿cómo participa la comunicación en la implementa-
ción de las políticas públicas?
Toda política pública requiere de estrategias de comunicación,
entendidas como la aplicación adecuada y coherente de medios y
recursos, con la finalidad de generar, en primer lugar, los sentidos
(políticos, sociales y culturales) que le den sustento argumental a la
misma y, en segundo término, de forjar procesos a través de los cua-
les la política pública en cuestión alcance los objetivos y las metas
propuestas, produciendo resultados que modifiquen adecuada y sa-
tisfactoriamente el ámbito de acción sobre el cual se está trabajando
e impacten positivamente en la calidad de vida de los ciudadanos y
ciudadanas involucrados.
América Latina tiene una larga tradición de estrategias de comu-
nicación aplicadas a las políticas públicas. Se destacan las implemen-
tadas en el campo de la salud y de la educación. Pero no son las úni-
cas, aunque sí las más experimentadas. Con éxito variado se intentó
trasladar al campo de las políticas públicas recursos, procedimientos y
técnicas tomadas de la publicidad, del marketing y de la comunicación
y la educación popular.
Quizás lo que debería decirse –y no con la pretensión de ser sincré-
tico o de esquivar la contestación– es que cada situación requiere de
respuestas específicas, adecuadas. Y que cada una de las estrategias que
se implementan es siempre la combinación de diferentes medios y re-
cursos. El criterio que debe prevalecer es, por una parte, el de respetar
la cultura y los lenguajes de la población con la que se está trabajando, y
por otra, el de incorporar activamente a los actores sociales como gene-
radores de mensajes y protagonistas de los procesos comunicacionales.

Conocer, transformar, comunicar n 223


Para lograrlo es imprescindible que las estrategias de comunica-
ción al servicio de políticas públicas se sustenten en análisis situacio-
nales realizados con perspectiva comunicacional. Allí reside gran par-
te de la clave del éxito que se pueda alcanzar.

224 n Washington Uranga


BIBLIOGRAFÍA

ARENDT, H., (1993), La condición humana. Paidós. Barcelona.


HABERMAS, J. (1981), Historia y crítica de la opinión pública. G. Gili.
Barcelona.
LLANCAR ETCHEVERRY, C. (2008); Sociedad civil y participa-
ción ciudadana – cómo los actores se hacen parte de las decisiones. Rev.
Interações, Campo Grande, v. 9, n. 2, p. 181-188, jul./dez. 2008.
SCHMUCLER, H. y MATA, M. (coordinadores), (1992), Política y
comunicación: ¿hay un lugar para la política en la cultura mediática?
Catálogos. Córdoba.
VARGAS CUELLAR, M. (2010); Niveles de participación ciudadana
en las políticas públicas: una propuesta para el estudio de mecanismos
institucionales de participación. Tlatemoani, Revista Académica de
Investigación, No. 2, junio de 2010.
Disponible en:_[Link]
VARGAS, T. y ZAPATA, N. (2010); Enredando prácticas. Comunica-
ción desde las organizaciones sociales. Ed. San Pablo. Buenos Aires.

Conocer, transformar, comunicar n 225


226 n Washington Uranga

También podría gustarte