UNIVERSIDAD DE LAS AMÉRICAS PUEBLA
EQUIPO 4
PSICOTERAPIA BREVE HUMANISTA-EXISTENCIAL
PROFESORA: DRA. NÉLIDA NORMA ASILI PIERUCCI
MATERIA: INTERVENCIONES PSICOLÓGICAS ESPECÍFICAS
INTEGRANTES:
AURORA GUADALUPE SIERRA RODRÍGUEZ
ID 125299
MONSERRAT PATRICIA MARTÍNEZ ESPINOZA
ID 161283
JUAN FRANCISCO MATIENZO LAFFOURCADE
ID 101051
MARISELA NÚÑEZ CINTRÓN
ID 160453
DANIELA RAMOS MORENO
ID 146849
PSICOTERAPIA BREVE HUMANISTA-EXISTENCIAL
ÍNDICE:
INTRODUCCIÓN
ANTECEDENTES
o RAÍCES FILOSÓFICAS DE LA PSICOTERAPIA
HUMANISTA EXISTENCIAL FENOMENOLÓGICA.
TÉCNICAS ASOCIADAS
o POSTULADOS BASICOS DE LA TEORÍA HUMANISTA
o CARL ROGERS
o ENFOQUE CENTRADO EN LA PERSONA
o TEORÍA DE LA PERSONALIDAD DE ROGERS
o PSICOTERAPIA EXISTENCIAL
o PROCESO DE VALORACIÓN
o EJERCÍCIOS
CASO CLÍNICO
CONCLUSIÓN
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
INTRODUCCIÓN
La psicología humanista-existencial se presenta como una “tercera rama”, en respuesta a
lo que algunos percibían como las limitaciones de los enfoques conductista y
psicoanalista hasta entonces dominantes.
El presente documento describe la historia de este enfoque, revela la diversidad y
amplitud de las corrientes que incluye, y los cimientos compartidos por las distintas
teorías y terapéuticas que engloba.
Se expondrá también un caso que se abordó de acuerdo a la técnica de terapia
breve siguiendo el modelo humanista-existencial, con las que se trató a una mujer con
estrés postraumático debido a un peculiar accidente.
ANTECEDENTES
De acuerdo a Navarro, (2008) el paradigma mecanicista propuesto por Newton impregnó
el desarrollo de la ciencia e influenció a teóricos de distintas ramas. Este primer
paradigma abrió paso al desarrollo de los modelos históricos en psicología como los
utilizados por Condillac en el siglo XVIII y posteriormente por los asociacionistas
ingleses Mill y Bain, los alemanes Wundt y Helmholtz. Pavlov y sus seguidores en Rusia
y Watson y sus discípulos en Norteamérica.
Previo y durante el período de ilustración se estaba desarrollando la visión
darwiniana del hombre, una visión que plantea que este organismo no está dominado por
fuerzas externas a él, sino que es autopropulsado, por sus propias metas pero que también
se ajusta al ambiente en el cual vive. Uno de los más exitosos darwinianos de este siglo
XX es Freud con su doctrina psicoanalítica basada en los instintos primitivos como
fuentes primarias de la motivación humana.
En este segundo paradigma en la evolución de las teorías y modelos que tratan de
estudiar y abordar la vida psíquica del hombre, Navarro, (2008) comenta que lo que queda
establecido y predeterminado es que la estructura humana está comandada por fuerzas
ajenas a su voluntad.
Estas dos formas de interpretación son las que predominan en el discurso teórico
de las ciencias humanas, específicamente en los estudiosos de la “psique” humana hasta
mediados del siglo XX. Frente a estas posiciones posteriormente aparecerá una nueva
propuesta, que nace como reacción y contraposición en algunos casos frente a estas
formas de interpretación, consideradas en su momento como mecanicistas, elementaristas
y reduccionistas; de esta manera la psicología humanista va a proponer el siguiente
cuestionamiento: ¿cuál es la mejor forma para abordar este objeto de estudio que es el ser
humano y todas sus dimensiones? (Navarro, 2008).
De acuerdo a Carpintero, H., Mayor, L., y Zalbidea, M.A. (1990) el humanismo
surge como una declaración de profunda insatisfacción con la psicología vigente, a su
entender sumida en un estado de grandes deficiencias por las dos corrientes dominantes
en su seno: el conductismo y el psicoanálisis freudiano. Así se refleja en las primeras
definiciones, provenientes en los propios promotores de este movimiento: La psicología
humanista que puede ser definida como la tercera rama principal del campo general de la
psicología (las otras dos son la psicoanalítica y la conductista y en cuanto tal, se ocupa
primariamente de aquellas capacidades y potencialidades humanas que tienen poco o
ningún sitio sistemático; ya sea en la teoría positivista o conductista, ya sea en la teoría
psicoanalítica clásica: tales, por ejemplo, como el amor, la creatividad, el crecimiento, el
organismo, la gratificación básica de la necesidad, la auto-actualización, los valores
superiores, el ser, el llegar a ser, la espontaneidad, el juego. el humor, la afectividad, la
trascendencia del yo, la objetividad, la autonomía, la responsabilidad, la significación. el
juego limpio, la experiencia trascendental, la salud psicológica y conceptos afines.
La eclosión de la psicología humanista-existencial tiene cabida entre los años
1930 a 1960, siendo precisamente en 1962 cuando se funda la Asociación Americana de
Psicología Humanista (Quitmann, 1989).
Como encuadre histórico cabe mencionar que en la década de los 30, en medio de
la crisis bursátil y la gran depresión, asume la presidencia de Estados Unidos Franklin D.
Roosevelt, quien impulsa su reforma económica llamada “New Deal”, que defendía una
orientación más humanística destinada a favorecer el bienestar social de todos los
ciudadanos porque “consideraba la naturaleza humana como buena y razonable”
(Quitmann,1989, p. 23) logrando así, dirigir el sentimiento social hacia valores más
positivos y un optimismo práctico y humanista que atacó la conciencia que se tenía sobre
las tareas cotidianas y futuras. Este ajuste cultural que se iniciaba en Estados Unidos, se
vio favorecido por la inmigración de europeos durante la época nazi, lo que denotó la
predilección por el arte y la literatura que alentaban a la sociedad a ocuparse más
intensamente de asuntos como el valor y el sentido de vida.
Por consecuencia, se hizo evidente el incremento de simpatía por el
existencialismo que en aquel momento se erigía en Europa y de algún modo, quienes
migraban a Estados Unidos traían consigo muchas de las ideas de Kierkegaard,
Heidegger, Buber, Jaspers y Sartre.
De manera paulatina y debido a esta transformación socio-cultural, mentes como
las de Abraham Maslow y Anthony Sutich, envían en 1954, documentos al respecto de
temáticas como la creatividad, el crecimiento, el amor etc., mismos que no eran
precisamente bien contemplados en las revistas de orientación conductista. Cuatro años
después apareció en Inglaterra el libro “Psicología Humanista” de Stephen Cohen.
Posteriormente y durante el año 1961 aparece el primer número del Journal of
Humanistic Psycology, a partir de aquí esta corriente se muestra a la luz pública. Un año
más tarde en Ohio tuvo lugar el primer simposio sobre psicología existencial (Gallego &
Jiménez, 2007, p. 25).
Helmut Quitmann en su libro Psicología Humanística (1989, p. 29) plantea que
ulteriormente y con la presidencia de Abraham Maslow, se fundó la American
Association of Humanistic Psychology, misma que en sus inicios la AAHP se definía de
la siguiente manera:
La psicología humanística puede definirse como la tercera rama fundamental del
campo general de la psicología y como tal trata en primer término de las
capacidades y potenciales humanos que no tienen lugar sistemático ni en la teoría
positivista ni en la conductista, o en la teoría clásica del psicoanálisis.
La psicología humanista-existencial surge entonces en Norteamérica en la década
de los sesenta, orientada a promover una psicología más interesada por los problemas
humanos, que sea: “una ciencia del hombre y para el hombre” (B. Smith, 1969). Michel
Fourcade (1982) la define como: “un acercamiento al hombre y a la experiencia humana
en su globalidad. Un movimiento científico y filosófico que comprende la psicología en
sus dimensiones dinámica y social, basada en una visión holística del hombre,
redescubriendo así formas tradicionales occidentales y orientales de conocimiento”
(Villegas, 1986, p. 11).
El propósito de los primeros humanistas conforme a Gondra, (1986, p. 50), no era
fundar una nueva escuela de psicología teórica, sino el introducir una forma distinta de
hacer psicología que trascendiera las limitaciones del conductismo y el psicoanálisis.
Por su parte, Maslow (1970) considerado de forma general como el inspirador de
este modelo, recuerda que el movimiento de la Psicología humanista “no es obra de un
solo líder o de un gran nombre que lo caracterice, sino de muchas personas”, como Erich
Fromm, Kurt Goldstein, Karen Horney, Gordon Allport y Henry Murray, entre sus
antecesores y Carl Rogers, Rollo May, Gardner Murphy o Erik Erikson, entre sus
contemporáneos; asimismo, es preciso reconocer la influencia o fundamento del
existencialismo en la psicología que aquí se está describiendo. Por esto, según lo plantea
Villegas (1986) cuando se refiere a Abraham Maslow: “Su acercamiento al
existencialismo se produjo, según confesión del mismo (1968), inducido por algunos de
sus colegas, entre ellos: Adrian Van Kaam, Rollo May y James Klee.”
Dentro del pensamiento más específicamente existencial (Villegas, 1986, p. 14)
hay que destacar la presencia de M. Buber y P. Tillich; puede considerarse, a este último,
nacido en Alemania y residente en Estados Unidos, desde 1933, como el verdadero
introductor del existencialismo. Al lado de estos filósofos y teólogos europeos cabe
observar, además, la obra de William Barret (1958) Irrational man: a study in existential
phylosophy, que había sido precedida por unos artículos titulados genéricamente What is
existentialism?, editados posteriormente en forma de libro con el mismo título (Barrett,
1964 retomado por Villegas).
De entre las personalidades más destacadas del existencialismo americano en
relación con la psicología pueden destacarse Rollo May, editor de Existence (1958) y
Adrian Van Kaam, de origen holandés, profesor de la Duquesne University, editor de
Humanitas y de la Review of existential Psychology and Psychiatry.
Carl Rogers por su parte y siendo una de las figuras más representativas de la
psicología humanista-existencial, se apoyó también en ideas de otros autores como por
ejemplo en Buber y su teoría de las relaciones interpersonales, el sentido de la
individualidad de Kierkegaard y el concepto de voluntad positiva de Otto Rank. De entre
sus contemporáneos, Rogers cita también con frecuencia a G. Allport, Rollo May,
Maslow., M. Polanyi, y a L. Whyte (Villegas, 1986, p. 18).
Según Villegas (1986) los principios de la Asociación Americana de Psicología
Humanista, aparecen en el primer número del Journal of Humanistic Psychology, que
cumplía el cometido de emisario oficial de la American Association of Humanistic
Psychology y, además, fueron elaborados por Charlotte Buhler y James Bugental, a modo
de las Cuatro Nobles Verdades de Buda, que se sintetizan en los siguientes puntos:
1. Centrar la atención en la persona que experimenta y, por lo tanto, en la vivencia
como fenómeno primario del estudio del hombre. Tanto las explicaciones teóricas, como
la conducta manifiesta, se consideran subordinadas a la experiencia misma y a su
significado para la persona.
2. Acentuar las cualidades específicamente humanas, tales como la elección, la
creatividad, la valoración y la autorrealización, como opuestas a la concepción de los
seres humanos en términos mecanicistas y reduccionistas.
3. Mantenerse fiel al criterio de significación en la selección de problemas y
procedimientos de investigaciones, en oposición al énfasis primario en la objetividad.
4. Comprometerse con los valores y la dignidad humana e interesarse por el
desarrollo del potencial inherente a cada persona. El punto central de esta visión es la
persona tal como se descubre a sí misma y se relaciona con otras personas o grupos
sociales.
El ideario programático de la Psicología humanista-existencial no se dirigía, pues,
inicialmente contra los aportes del psicoanálisis o del conductismo como métodos de
trabajo, sino contra la autolimitación voluntaria de su objeto al campo de la patología o
de la conducta observable. Lo que proponían los promotores del movimiento para la
Psicología humanista-existencial era, en palabras de Bugental (1967) “una completa
descripción de lo que significa existir como ser humano” (Villegas, 1986, p. 24).
RAÍCES FILOSÓFICAS DE LA PSICOTERAPIA HUMANISTA EXISTENCIAL
FENOMENOLÓGICA
El Humanismo es la ética de la autonomía. Estamos condenados a elegirnos, a ser libres
y decidir nuestra vida. Somos única autoridad sobre nosotros mismos, puede haber otras
(Dios, naturaleza, energía), pero si las hay, no nos exime de hacernos responsables del
camino que tomamos y de las conductas que realizamos. Tenemos responsabilidad aún
sobre nuestro inconsciente (Sánchez, 1998). Se debe respetar la singularidad del cliente,
ya que éste vive subjetivamente, existe un núcleo central estructurado (yo, sí mismo, la
persona) que le hace conceder significado a las cosas, es personal, donde está aún aquello
que nunca fue percibido (Martínez, 1982).
Sören Kierkegaard, padre del Existencialismo, afirma: "lo característico de lo
humano es la experiencia personal" (Sánchez, 1998). El enfoque Existencial se interesa
por la verdad del ser humano. Nada es real hasta que el cliente lo ha vivido, en la
inmediatez de su experiencia (Lebl, 2004). Es sobre todo en la obra de Martin Buber,
donde se funda la Psicología Humanista, este autor destaca que en la relación yo-tu en
tanto "encuentro" es donde se constituye la persona libre. Ante el ser propio aparece el
"yo soy así" cerrado y dogmático, ante yo-tu aparece "el yo soy..." abierto a la posibilidad
(Sánchez, 1998).
A partir de la Fenomenología de Edmund Husserl, se produce un cambio
metodológico en las ciencias. El mundo es lo que se percibe en la experiencia vivida, no
es posible la objetividad; en la base de todo conocimiento está la intuición.
A esto se lo transforma en un método, el de buscar la reducción de la esencia,
poner entre paréntesis todo lo conocido, centrarse en la descripción, excluir de la mente
no sólo cualquier juicio de valor sobre el fenómeno sino también cualquier afirmación
relativa a sus causas (Sánchez, 1998). En la práctica, poner entre paréntesis lo que el
terapeuta es, para poder ayudar al cliente, intentar comprenderlo desde su marco interno
de referencia. Método de la comprensión que abre el camino al cambio del cliente cuando
éste se siente comprendido (Lebl, 2004), si puedo percibir lo que el mundo significa para
mí puedo comprenderme. Husserl se basa en Brentano cuando afirma que en la unidad
indivisible que somos nos expresamos intencionalmente, el único ser capaz de tener
intencionalidad es el ser humano (Sánchez, 1998).
Por lo anterior, puede decirse que la esencia de la Terapia Centrada en la Persona
es una postura filosófica de respeto a la capacidad e independencia del ser humano, es un
rechazo hacia todo aquello que coarta la independencia del sujeto como ser libre. Ningún
ser humano puede ser etiquetado, cada cliente está determinado por las experiencias que
ha tenido o que ha rechazado, por lo tanto es único, no puede entrar dentro de un
diagnóstico clasificatorio. De acuerdo a este nuevo modo de hacer psicoterapia, el ser
humano siempre va a elegir la dirección de su libertad y va a seleccionar para él mismo
los caminos constructivos.
TÉCNICAS
Algunas de las características fundamentales de la teoría humanista son:
1. Muestran un particular afán por centrarse en la persona, su experiencia interior, el
significado que la persona da a sus experiencias.
2. Enfatizan las características distintivas y específicamente humanas como son la
creatividad, autorrealización, decisión, etc.
3. Mantienen el criterio de significación intrínseca a la hora de seleccionar los problemas
a investigar, en contra de un valor inspirado únicamente en el valor de la objetividad.
4. Se comprometen con la dignidad humana y se interesan por el desarrollo pleno del
potencial inherente a cada persona, para ellos la persona es central tal y como esta se
descubre y en relación con otras personas y con otros grupos sociales.
CARL ROGERS Y EL ENFOQUE CENTRADO EN LA PERSONA
Carl Rogers, junto con Abraham Maslow fundó el enfoque humanista en psicología. Su
método terapéutico, la terapia centrada en el cliente, o terapia no directiva, parte de la
hipótesis central de que el individuo posee en sí mismos medios para la auto comprensión
y para el cambio del concepto de sí mismo, de las actitudes y del comportamiento auto
dirigido. (Gimeno y Rosal, 2002)
El terapeuta debe proporcionar las actitudes psicológicas favorables para que el cliente
pueda explotar dichos medios. Dos rasgos principales de la terapia centrada en el cliente
son:
a) La confianza radical en la persona del cliente (paciente).
b) El rechazo al papel directivo del terapeuta.
Para Rogers (2013) el ser humano nace con una tendencia realizadora que, si la
infancia no la estropea, puede dar como resultado una persona plena: abierta a nuevas
experiencias, reflexiva, espontánea y que valora a otros y a sí mismo. La persona
inadaptada tendría rasgos opuestos: cerrada, rígida y despreciativa de sí mismo y de los
demás. Rogers insiste en la importancia que tienen las actitudes y cualidades del terapeuta
para el buen resultado de la terapia; las tres principales son: la empatía, la autenticidad y
la congruencia. (p. 90)
La diferencia con Maslow es que a su proceso de autorrealización lo considera
constante y continuo. Rogers sostiene que la crianza y sobre todo el papel de la madre es
un factor básico para lograr una personalidad adulta.
La psicoterapia de Rogers se centra en la persona, que él llama cliente y no
paciente, porque no es pasivo sino activo y responsable en el proceso de mejorar su vida,
debiendo decidir conscientemente y racionalmente qué está mal y qué debe hacer al
respecto. El terapeuta es como un confidente o consejero que escucha atentamente y
alienta en un plano de igualdad, con una actitud comprensiva, entendiéndolo. A esta
actitud que debe tener terapeuta la denomina “encuentro”. (González, 2008)
Terapia no directiva, también conocida como Terapia centrada en el cliente, que
renombró como Terapia centrada en la persona. Esta es conocida por sus siglas en inglés
PCA “Person-Centered Approach” o enfoque centrado en la persona. Sus teorías abarcan
no sólo las interacciones entre el terapeuta y el cliente, sino que la aplicación de estas es
enfocada a todas las relaciones interpersonales humanas.
Carl Rogers (2002) dejó el papel de terapeuta frío y rígido del terapeuta pasivo y
obtuvo grandes resultados, mediante esta práctica encontró actitudes que son necesarias
para promover el desarrollo humano, estas son:
a) La congruencia hacia el otro: Esto se refiere a que la persona debe negar lo menos
posible lo que está experimentando al relacionarse con su cliente, es necesario que se dé
cuenta de lo que está pasando en esa relación, no tomar una actitud defensiva, tratar de
estar en contacto consigo mismo para poder expresarse cuando considere que es
significativo para el trabajo que se está haciendo o para su paciente. Roger proponía que
esta actitud que tomara el profesional hacia su cliente, facilitaría su trabajo para que el
paciente se diera cuenta también de su propia experiencia.
b) La consideración Positiva: se refiere a despojarse de los juicios, considerando a las
personas que irán aumentando con mayor conocimiento del otro, cuando el paciente logra
captar esta aceptación, también es capaz de darse cuenta que se le tiene confianza y fe y
así logra sentirse en libertad de ser lo que es.
C) La empatía: se habla de tener la capacidad de ponerse verdaderamente en el lugar de
la otra persona, de visualizar al mundo como la otra persona realmente lo ve, sin perder
la cualidad de uno mismo.
Estas actitudes tienen un doble objetivo, por un lado, el de generar un ambiente
promotor de crecimiento y por otro el de enseñarle al otro a ser así consigo mismo, es
decir, a ser empático, aceptante y congruente consigo mismo. Si este aprendizaje se logra,
va a poder fluir y desarrollarse mucho más; ya que la posibilidad que maneja Rogers es
que nosotros nos hemos detenido en nuestro crecimiento porque hemos tenido que ser
como no somos; hemos tenido que desviar nuestra tendencia natural a satisfacer nuestras
necesidades hacia la complacencia y satisfacción de las necesidades de otros.
De acuerdo a la terapia centrada en el cliente de Cars Rogers, el paciente al sentirse
comprendido y aceptado por el terapeuta, sufre un cambio, es por ello que toda la terapia
humanista se basa en dar al ser humano el valor que tiene, así como la atención y empatía
que requiera. Algunos de estos cambios son:
1. Realiza una relajación de sentimientos, si antes los consideraba como algo remotos,
ahora los hace suyos o los ve como propios y finalmente como infinitas posibilidades que
le permitirán hacer un cambio.
2. Cambia su modo de experimentar de estar muy lejos de la primera experiencia de su
existencia, la acepta como algo que tiene un significado y al final del proceso el cliente
se siente libre y guiado por sus experiencias.
3. Pasa de la incoherencia a la coherencia, desde la ignorancia de sus contradicciones
hasta la comprensión de las mismas y su evitación.
4. Existe un cambio en la relación con sus problemas, que va desde la negación a la
aceptación de sus responsabilidades pasando por la aceptación.
5. Modifica su modo de relacionarse con los demás, se da cuenta de la manera en que
antes evitaba relacionarse y ahora busca establecer relaciones íntimas y estar abierta a
ellas.
6. De antes estar centrado en el pasado, a la actualidad en donde el paciente se centra en
el presente.
TEORÍA DE LA PERSONALIDAD DE ROGERS1
Las proposiciones que están al comienzo de la serie son las más alejadas de la experiencia
del terapeuta y, por lo tanto, las más sospechosas, mientras que las que aparecen hacia el
final se acercan cada vez más al centro de nuestra experiencia.
Rogers quiso comprender y describir el cambio que sufre el paciente cuando se
siente comprendido y aceptado por el terapeuta:
a) Se produce una relajación de los sentimientos: de considerarlos como algo remoto se
reconocen como propios y, finamente como un flujo siempre cambiante.
b) Cambio en el modo de experimentar: de la lejanía con que primero experimenta su
vivencia se pasa a aceptarla como algo que tiene un significado, y al terminar el proceso
el paciente se siente libre y guiado por sus vivencias.
c) Se pasa de la incoherencia a la coherencia: desde la ignorancia de sus contradicciones
hasta la comprensión de las mismas y su evitación.
d) Se produce también un cambio en su relación con los problemas: desde su negación
hasta la conciencia de ser él mismo su responsable, pasando por su aceptación.
e) Cambia igualmente su modo de relacionarse con los demás: desde la evitación a la
búsqueda de relaciones íntimas y de una disposición abierta.
Constantemente, Rogers en su obra "Psicoterapia Centrada en el Cliente", enfatiza que
las emociones, en muchos casos disfuncionales, se manifiestan visceral o
fisiológicamente, pero que estas expresiones emocionales no han sido representadas (o
simbolizadas según sus propias palabras) adecuadamente en la consciencia, ya que su
1
Ver Susan C. Cloninger. (2003) para ser consultadas las características y puedan ser para
mayor análisis.
representación podría suponer un peligro para la propia percepción que se tiene de sí (sí-
mismo) y peligrar con ello la propia autoestima. (González & Garza, 2008)
A través de esta psicoterapia el cliente toma conciencia de tal expresión fisiológica
y puede representarla e integrarla en el conjunto de sus percepciones sobre sí mismo y el
mundo. Rogers describe el proceso de cambio que viven las personas que ingresan a
terapia y describe siete etapas:
1. Fijeza: es el estado que comúnmente es descrito como neurótico.
2. Vivir la experiencia de ser plenamente aceptado: al inicio de la relación terapéutica, el
primer cambio que vive la persona es entrar en un ambiente que no le condiciona, lo que
convierte en innecesarios los patrones de comportamiento que ha desarrollado para
enfrentar al mundo hostil y condicionante en que se desenvuelve cotidianamente.
3. Desarrollo y flujo de la expresión simbólica: la persona en proceso comienza a
desarrollar una expresión verbal más allá de los lugares comunes y que le permita
expresarse con más propiedad conforme a su vivencia.
4. Flexibilización de los constructos y flujo de los sentimientos: se comienzan a cuestionar
los valores y creencias que han llevado a la persona a un estado de permanente
insatisfacción, y se permite ver las cosas de forma distinta. Además, en esta etapa se
advierte una mayor libertad para expresar los sentimientos.
5. Flujo organísmico: la estructura personal del cliente manifiesta una mayor relajación,
los sentimientos son expresados con mayor libertad, las creencias son libremente
cuestionadas y hay una necesidad por explorar nuevas formas de comportamiento.
6. Inicio de la experiencia plena: es la fase de la terapia en que las personas llegan al
"punto de no retorno", donde es posible que abandonen el proceso terapéutico y no
experimenten retrocesos dado que toman conciencia de que son ellas las responsables de
su vivencia y experiencia.
7. Fluidez: es la descripción de una persona que funciona plenamente.
PSICOTERAPIA EXISTENCIAL
La psicoterapia existencial-humanista es de interés por la existencia humana y la
responsabilidad ante la misma. El hombre es considerado como un sujeto integrado y
responsable, que se define en la libertad de su accionar. Todo esto lo lleva a una continua
toma de decisiones, que lo compromete y responsabiliza. El existencialismo tiene una
definición positiva del hombre como un ser capaz de auto realizarse y trascender.
Todo terapeuta es existencialista en la medida que puede aprender al paciente en
su realidad y es capaz de brindar comprensión.
De acuerdo al existencialismo entendemos a la psicoterapia como una crisis. El
hombre se encuentra continuamente en crisis, es donde pone en juego su existencia y su
manera de vivirla.
Su importancia para la Psicología (y sus sub-disciplinas tales como el
psicoanálisis, la psicoterapia, etcétera) puede comprenderse más fácilmente enfocándose
sobra la palabra “análisis” y algunas de sus implicaciones. Heidegger hizo notar uno de
los significados de la expresión “análisis” en griego era, “por ejemplo, soltar, liberar a
alguien encadenado por sus cadenas, liberarlo de su cautiverio”. Heidegger creía que
recuperando el sentido griego de la palabra “análisis”, la psicología (y otros) estarían en
libertad para ocuparse de “la actividad liberadora” del análisis. “La actividad liberadora”
de Heidegger ocurría en una multiplicidad de niveles diferentes.
En su análisis, Heidegger empleó sentidos negativos y positivos de la libertad.
Primero, psicólogos, clientes y otros individuos, son “liberados” de sus compromisos
ontológicos sostenidos acríticamente. Segundo, entonces todos están “liberados” para
estar abiertos a la presentación del ser conforme es develada por el Dasein (obtener la
“transformación del modo de ver del oyente y despertar el sentido en el cual las preguntas
deben ser hechas”). (Heideger, 1927, p. 127)
Afirma Heidegger (1927) que el Dasein puede sólo ser libre en el sentido de “la
libertad de elección” porque está primordialmente expuesto a la dimensión libre y abierta
(la apertura) del ser. Heidegger deseaba liberar la psicología (y sus sub-disciplinas
relevantes) de su adherencia a-crítica a la ontología. “La ciencia, en todas partes, hasta un
grado casi increíble, es dogmática, esto es, opera con preconceptos y prejuicios acerca de
los cuales no se ha reflexionado. Hay una gran necesidad de doctores que piensen y no
deseen dejar el campo abierto enteramente a los científicos técnicos”. Es la incapacidad
de la ciencia para reflexionar acerca de sus preconceptos y prejuicios lo que impide que
dé “una respuesta inequívoca y ontológicamente adecuada acerca de la clase de Ser que
pertenece a aquellas entidades que somos nosotros” (Pp. 124-126)
Una vez que se obtiene la respuesta ontológica adecuada provista por Heidegger
(1927), la psicología sería liberada para proseguir sus investigaciones con genuina
transparencia y comprensión de lo que significa ser.
La psicología estaría en la posición de dejar “ser a los entes” libre de
“construcciones dogmáticas” preconcebidas. Igualmente, los psicólogos estarían
liberados de su propensión a adherirse fuerte y honestamente. De este modo, el carácter
“científico” de la psicología tendría una nueva oportunidad de una reflexión crítica acerca
de sí misma. Luego, al nivel de la psicoterapia (psicoanálisis, etc.), la relación terapéutica
se liberaría del peligro de la imposición de marcos teóricos a los pacientes por parte de
los terapeutas.
Heidegger (1927) describió a estos últimos como la clase de personas
responsables que “invaden” al Otro. “En tal solicitud, el Otro puede convertirse en un
dominado y dependiente, aun si esta dominación es tácita y se le oculta”. La intervención
menos sutil del terapeuta, de aconsejar o tomar decisiones por el paciente también sería
automáticamente excluida. Entonces, el terapeuta sería liberado para abrirse a la
mismísima comparecencia del ser a través del paciente. Finalmente, la filosofía de
Heidegger ofrece a los individuos algunos recursos para ganar un autoconocimiento más
auténtico. (p.128)
La manera de conocerse a sí mismo que es esencial y más próxima requiere que
uno se familiarice consigo mismo. Y en verdad, cuando conocerse-uno mismo se pierde,
por mantenerse apartado, escondiéndose en uno mismo o poniéndose un disfraz, estar-
con-uno-con-otro debe seguir sus propias rutas especiales para acercarse a Otros, o aún
“ver a través de ellos”.
La resolución del Dasein hacia sí mismo es lo que primero hace posible dejar a
los Otros que están con él “ser” en su mayor-propia-potencialidad-para-Ser, y co-
descubrir esta potencialidad en la solicitud que se adelanta y libera. Cuando el Dasein es
firme, puede convertirse en la conciencia de Otros. Sólo siendo-sussí-mismos
resueltamente, las personas pueden auténticamente estar entre ellos. Conociéndose
auténticamente a sí mismo, el paciente es “libre de” adoptar acríticamente varios marcos
ontológicos y “libre” de abrirse a lo que quiera que comparezca de uno mismo o a través
de otros. (Heidegger, 1927, Pp.130-132)
PROCESO DE VALORACIÓN
Por proceso de valoración, entendemos los pasos que la persona debe seguir para captar
e interiorizar los valores, y que este proceso de desarrollo valorativo culmine y se traslade
a la conducta del individuo.
Usualmente se utilizan las siguientes vías para la investigación en Psicología
Humanista:
Introspección, a la que son reticentes algunos autores por su carácter subjetivo.
El método fenomenológico, consiste en la descripción y análisis de los fenómenos tal
como aparecen el método experimental, es decir, utilización de las vivencias de las
personas. A esto pueden añadirse otros modos de obtención de datos, por ejemplo, el
análisis biográfico o las historias de vida.
Desde el punto de vista de la piscología humanista ¿Cuál sería el mejor método de estudiar
al hombre como un todo con objetividad, rigurosidad y científicamente?
Heidegger (1927) Afirma que “El sentido común no sería al abordar el estudio del hombre
desde un punto de vista externo sino recurriendo a las descripciones que el sujeto cuenta
de si, o si se quiere usando la subjetividad”. El problema es que los auto informes son
sospechosos y no deben ser considerados científico. Si se aceptan, son tan dignos como
cualquier otra forma de asignar los datos al menos tan validos como cualquier otra fuente
de obtención de estos.
En el fondo se trata de verificar la experiencia interna, como tales datos privados siendo
personales se necesita creer en ellos para poder trabajarlos sin tener la evidencia de
pueden proporcionar los hechos públicos al poder ser comprobados por todo el mundo.
EJERCÍCIOS2
Ejercicio 1: El Self como proceso; el self y el self ideal.
Para hacerse una idea de la discrepancia entre el self ideal y el self real, realice el siguiente
ejercicio. Escriba una lista de sus defectos o debilidades.
Emplee enunciados completos.
He aquí algunos ejemplos: "Tengo un sobrepeso de cinco kilos." "Soy egoísta,
especialmente con mis libros." "Nunca acabaré de entender los conceptos matemáticos."
Rescriba los mismos enunciados como discrepancias entre su self real y su self ideal.
Por ejemplo: "Mi self ideal pesa cinco kilos menos que yo." "Mi self ideal es generoso,
pues presta e incluso obsequia libros a quien se los pide." "Mi self ideal es un buen
matemático. No es un profesional, per aprende con rapidez y recuerda los conceptos. "
Evalúe estos enunciados. ¿Hay alguno que considere poco realista? ¿Debe modificar
algunas de las metas expresadas en la descripción de su self ideal? De ser así, ¿por qué?
Ejercicio 2: Congruencia e Incongruencia
Esta reflexión puede servirle para tomar conciencia de la naturaleza del self según lo
define Rogers. Además, puede aclarar las ideas en torno a la propia congruencia. La lista
de adjetivos del cuadro 13.1 es una muestra de algunas características de la personalidad.
2
Ver Fadiman, J. y Frager, R. (2001), especialmente capítulo 13, para un análisis de las
técnicas empleadas para proceso terapéutico.
1. Self real. Señale los adjetivos que se apliquen a usted. Estas características reflejan lo
que sabe respecto de sí mismo, con independencia de que alguien más lo defina o no de
dicha manera.
2. Cómo me perciben los demás. Marque sólo las características que, en su opinión, le
atribuyen los demás.
3. Self ideal. Subraye los atributos que mejor lo describan. Recuerde que esta última
columna representa su self ideal, no la efigie de un santo. (Nota: nadie puede conducirse
de acuerdo con estos adjetivos durante todo el tiempo.
Por ejemplo, no hay que comportarse eternamente de manera entusiasta para seleccionar
este adjetivo. Si usted considera que por lo general se conduce de esta forma, marque este
adjetivo.)
Encierre en un círculo los adjetivos en los que advierta inconsistencias entre las columnas.
Dichos adjetivos representan posibles incongruencias en su vida. Poco importa que
encierre muchos adjetivos o unos cuantos. Son pocas las personas que puedan jactarse de
ser completamente congruentes. A partir de este momento, la culminación del ejercicio
dependerá de usted. Es posible trabajar en grupos pequeños a fin de exponer sus
discrepancias internas. Puede escribir acerca de éstas ya sea para uso personal o como
tarea para algún curso.
Ejercicio 3: Construcción del Self Real
De los siguientes adjetivos, construir las frases que contengan el significado del Yo Real,
Como me perciben los demás y cuál sería un Yo Ideal. A través de esta reflexión se logra
hacer un análisis de introspección de una realidad del ser.
Ejercicio 4: El profesional de la terapia centrada en la persona
Lo que sigue es un ejercicio exigente, pues implica la aplicación del método centrado en
el cliente. El propósito no es introducirlo en los rudimentos de la terapia, sino darle una
idea de sus complejas exigencias, las cuales Rogers consideraba como necesarias para
brindar una consulta o terapia efectiva.
1.-Seleccione un compañero con el cual trabajar. Uno de los dos hará el papel del
terapeuta y el otro el del cliente. Se recomienda intercambiar papeles a fin de que se
conozcan ambas posiciones. Para empezar, el cliente relata al terapeuta un incidente
embarazoso de su vida que le resulte difícil exteriorizar. Por ejemplo, algún episodio en
el que mintió o engañó a otra persona, o bien, en el que fue acusado de injusto o grosero.
2.-El que hace las veces de terapeuta debe esforzarse por entender lo que se le comunica,
prestando la atención suficiente como para repetir lo relatado. Repita al cliente, pues, todo
lo que ha escuchado. Lo que se intenta es entender exactamente lo que se dice.
3.-Como terapeuta rogeriano, no se adopta una postura en torno a lo correcto o incorrecto
de la conducta, no se ofrecen consejos y no se lanzan críticas. Se deberá considerar al
cliente como un ser humano, sin importar el contenido de su mensaje. Como observará,
se trata de un ejercicio difícil.
4.-Advierta cuántas veces quiere formular un comentario, cuántas se siente tentado a
emitir un juicio o a sentir compasión y cuántas lo perturba la narración de su cliente. Note
las dificultades que implica mantenerse al tanto de su propia experiencia, no perder el
centro de interés y conservar una actitud positiva, todo ello de manera simultánea.
5.-No pierda de vista las emociones que experimente. Quizá le resulte fácil actuar estas
actitudes; lo verdaderamente difícil es mantener una empatía genuina y una consideración
positiva en esta relación. Invierta los papeles. El terapeuta actuará ahora como el cliente.
6.-Aplique el mismo procedimiento. En su posición de cliente, observe lo que significa
ser escuchado sin convertirse en objeto de juicios.
Ejercicio 5: Escuchar y comprender
Adaptamos este ejercicio del que publicó Rogers en 1952, quien aseguró que era una
forma de evaluar qué tan bien se entiende a otra persona. La próxima vez que discuta con
un compañero, pareja o grupo de amigos, deténgase un momento e instituya esta regla:
“Cada quien enunciará su postura después de repetir acertadamente las ideas o los
sentimientos de quien habló al último y a satisfacción de éste”. Antes de presentar su
punto de vista debe comprender tan bien lo que piensa y siente el otro como para hacer
un resumen. Cuando intente este ejercicio es posible que le parezca difícil. Si logra ver
los puntos de vista del otro, descubrirá que sus propias opiniones cambiaron radicalmente.
Las diferencias se reducen con la comprensión y las que queden, serán más claras para
todos.
Ejercicio 6: Psicodrama; soliloquio
De la dispersión, racionalización, desubicación espacio-temporal, desbordamiento
emocional… a la conexión con el aquí y ahora, con mi mundo interno y mis emociones.
Invitación a un espacio de contención en el que se puede estar con uno mismo. Es la
técnica con la que se invita al protagonista (o a un yo auxiliar) a que exprese en voz alta,
como hablando consigo mismo sin que nadie le escuche, sus sentimientos más íntimos,
su confusión, su estado de ánimo y las dificultades que encuentra. Consiste en verbalizar
lo no manifiesto pero que está muy cerca de la consciencia. Con el desarrollo de la escena,
el empleo de otras técnicas y la evolución progresiva del grupo, se trataría de ir
consiguiendo discursos más “inaccesibles”, más lúcidos y comprometidos. El director
puede pedir doblajes que le ayuden a profundizar en el soliloquio. El soliloquio del
protagonista indica al director exactamente dónde se encuentra emocionalmente, sus
ambivalencias, y lo que más le inquieta en el momento presente. Mediante el soliloquio,
el grupo comprende mejor la situación conflictiva del protagonista, y los dobles y yo
auxiliares tendrán una buena base, para su intervención. Es útil usar esta técnica justo
antes del encuentro de dos personajes (por ejemplo, antes de que el hijo abra la puerta de
la habitación donde le espera la madre).
Ejercicio 7: ESPEJO; otra perspectiva sí o sí
Consiste en que uno o más yo auxiliares representan la escena completa (los diálogos, las
reflexiones, la acción, las posturas, el tono…) para que el protagonista la vea desde fuera
y pueda ver algo más, tomar conciencia de lo que está haciendo y diciendo. Otra opción
es representar solo un detalle de la escena, un gesto, un tono de voz, una escultura que ha
moldeado el protagonista. El protagonista puede hacer el doblaje del espejo: doblar a los
personajes que participan en la escena, incluido al yo auxiliar que le está representando a
él mismo. También puede moldear libremente la escena, realizar con ella una escultura,
dirigirse a los personajes y hablarles desde esta nueva posición de afuera. Ayudará al
protagonista a salir de un bloqueo en la representación, a vencer la resistencia, o a
involucrarse más en la dramatización si no lo estaba haciendo suficientemente. A veces
puede convenir que el director pida a los yo auxiliares que al realizar el espejo exageren
la representación. La técnica del espejo es útil incluso tratándose de niños pequeños. Les
puede ayudar a comprender su modo de ser sin palabras ni confrontaciones verbales.
Ejercicio 8: Silla Vacía
Con un acontecimiento la experiencia es más narrativa. El paciente recapitula lo sucedido
y el terapeuta interviene haciendo énfasis en el sentimiento o la emoción que acompaña
la situación descrita, pidiendo paralelamente a la persona que se percate de lo que está
sintiendo. De esta forma, la silla actúa a modo de pantalla, donde el paciente focaliza su
atención y proyecta su percepción del acontecimiento. Él narra y describe lo sucedido,
identifica sus emociones y sentimientos ligados a cada elemento significativo de tal
acontecimiento, expresa y libera profundas tensiones internas, establece contacto, y
finalmente toma conciencia del significado que ha asignado al acontecimiento y del modo
en que éste interfiere en su vida.
En cambio, cuando se trabaja en la silla algún aspecto de la propia personalidad,
la experiencia se vuelve más interactiva y dialogal. El terapeuta dirige la intervención
hacia el momento más intenso emocionalmente para el paciente. El paciente establece
contacto y el terapeuta contribuye a maximizarlo para que ocurra el awareness (darse
cuenta). Cuando en la silla se deposita algún aspecto de la propia personalidad del
paciente, éste tiene la oportunidad de mirarse y examinarse a distancia, “desde fuera”,
logrando una impresión más imparcial de sí mismo. Por lo general, se trabaja con aquel
aspecto negado o rechazado. La mera ubicación física de la proyección, expone ante los
ojos del paciente aquello que no quiere mirar y tanto teme; la persona no únicamente se
sienta en frente, también se comunica con aquel aspecto y empatiza con él.
Y cuando se pone en la silla a una persona significativa en la vida del paciente que puede
no estar disponible por diversas causas, la persona aprende que, si bien, ya no tiene
existencia en la realidad física, esta persona sí existe en la realidad psicológica. El
paciente utiliza su imaginación para rellenar con la presencia de tal persona, el espacio
vacío de la silla. El terapeuta le pide primero que lo describa físicamente para darle fuerza
a tal imagen y presencia, dirige la intervención hacia el momento de mayor intensidad
emocional, detiene el proceso y facilita la toma de contacto. El paciente se comunica
directamente con la persona imaginada en la silla. El terapeuta sigue muy de cerca este
dialogo, haciendo énfasis en el presente, en el sentimiento y en el cuerpo del paciente,
alentando la expresión de emociones, y fortaleciendo el awareness (darse cuenta).
A lo largo de la sesión, existen diversos intercambios de silla. El paciente ocupa tanto la
silla donde se ha sentado en el inicio, como la silla que ocupa la proyección. De este
modo, él podrá sentir la situación, elemento o persona no disponible que ha proyectado
en la silla, y establecer un diálogo. El número de cambios de silla vendrá determinado
por la cantidad de diálogo necesario. En ocasiones bastará con un único cambio; otras,
se precisará de varios intercambios para facilitar la expresión de emociones y
sentimientos.
Una vez de regreso a la silla original, se pide al paciente que cierre los ojos, imagine esa
parte suya proyectada en la silla vacía, la acerque hacia sí mismo y la deposite en algún
lugar de su cuerpo (cada parte guarda un sentido simbólico con las necesidades afectivas
del paciente).
El cierre de la experiencia varía dependiendo del estilo, creatividad y personalidad del
terapeuta. Aun así, es necesario que aquello que se proyecta en la silla (Ej. un aspecto
concreto de la personalidad) se reintegre de alguna manera en la personalidad total o en
la historia de vida del paciente. El objetivo de esta técnica es precisamente la integración.
Al finalizar, el terapeuta añade información respecto al modo en cómo la persona
puede sentirse después de un procedimiento similar, principalmente para no generar
ansiedad innecesaria. Es habitual sentirse raro, triste o extraño los días siguientes a la
sesión.
CASO CLÍNICO
Mimi era una mujer casada de 29 años, con dos hijos, y con siete meses de embarazo. La
mandó a terapia su doctor por síntomas de estrés postraumático – dos meses antes un
avión pequeño había chocado contra su cocina cundo ella y sus hijos estaban en la sala.
Dado que daría a luz en pocos meses, la terapeuta solo tuvo ocho sesiones para trabajar
con Mimi.
Durante la primera sesión Mimi describió la confusión, el miedo y la impotencia
que sintió durante el evento traumático, y su enojo con el piloto del avión. Varias veces
expresó que “no era justo” que ella ahora tuviera que vivir fuera de su casa mientras la
arreglaban, y que sus hijos y ella hubieran sentido tanto miedo. Dijo que estaba muy
irritable, y no feliz y relajada como antes del evento. La injusticia del evento le hacía
recordarlo una y otra vez. Antes del incidente, Mimi parecía haber sido muy funcional.
El objetivo de la terapia, acordado por la terapeuta con Mimi, fue: (a) aliviar los
síntomas del síndrome de estrés postraumático, y (b) ayudarle a cultivar mayor presencia
personal para que pudiera integrar la experiencia traumática en su vida.
La terapeuta explicó como trabajarían en el aquí y ahora para que Mimi fuera más
consciente de sus pensamientos y patrones de comportamiento que estaban bloqueando
su proceso de curación.
Durante el trabajo, la terapeuta le preguntaba a Mimi cómo se sentía compartiendo
eso con ella, y qué le había costado trabajo compartir, para cultivar la presencia
interpersonal y un sentido de seguridad e intimidad.
Empezaron trabajando con su enojo, que Mimi expresaba con su sentido de
injusticia. Etiquetando las expresiones de injusticia, la terapeuta le ayudo a volverse más
consciente de ello. Le reflejaba lo que ella decía “una vez más, dices que fue muy injusto”.
Pronto Mimi empezó a estar de acuerdo. La terapeuta le enseño la técnica del “Alto”
(Penzel, 2000). Primero, le enseño a respirar con el abdomen, y luego crearon una
visualización de un “lugar seguro” para ella, al que podría ir cuando se encontrara
repitiendo el incidente y sus sentimientos sobre este.
En la siguiente sesión, Mimi reportó haber tenido éxito con la técnica, y que se
sentía mejor. Estaba dejando ir su enojo. La terapeuta decidió explorar su sentido de
injusticia “primero respira hondo unas cuantas veces, y luego pon tu atención dentro de
ti, y has espacio para tu sentimiento de injusticia”. Mimi empezó a llorar y a relatar su
experiencia estando “con” ella, no “enganchada” en ella. Al final de la sesión dijo sentirse
separada de sus sentimientos por primera vez. Pudo pasar de expresar su enojo a
experimentarlo.
En las siguientes sesiones se permitió estar con su terror y sentido de impotencia,
y los cometarios cargados de enojo desaparecieron. Y ahora para disolver sus memorias
traumáticas el terapeuta usó una versión modifica del EMDR (Eye Movement
Desensitization and Reprocessing) desarrollado por Shapiro (1998).
Desde su lugar seguro, le pidió sugirió mirar alrededor de la esquina y ver el
evento solo tanto como quisiera. Y podía verlo como si ella fuera en un tren y las
memorias se movieran rápido. “Es solo una memoria, está en el pasado, y la puedes dejar
ir”. La terapeuta le pidió a Mimi hacer el ejercicio en casa cuatro veces antes de la
siguiente sesión.
A la siguiente sesión Mimi llegó muy relajada y llena de vida, diciendo que el
ejercicio le había ayudado mucho a no engancharse en el incidente. Dijo que ya no la
asaltaban las memorias, y que ya se sentía más ella, dormía bien y estaba menos irritable.
La terapeuta, siendo también existencial, sintió que Mimi tenía dificultades para
aceptar un aspecto crucial de la existencia – que la seguridad personal es una ilusión que
en cualquier momento puede desvanecerse. Cuando esto pasa, el sujeto puede sentirse
“traicionado”. Por ello las siguientes dos sesiones las dedicaron a explorar su renuencia a
aceptar los golpes que da la vida al azar, y la muerte.
La frase de “no es justo” volvió a salir, y Mimi pudo poco a poco sentir y aceptar
su vulnerabilidad ante las incertidumbres de la vida.
La terapeuta vio a Mimi tres semanas después, en la que dijo sentirse muy bien,
haber aprendido mucho sobre sí misma, y sentirse mucho más capaz de lidiar con la vida,
a la que, paradójicamente, ahora veía como mucho más impredecible.
La sesión de seguimiento fue cuatro meses después, y Mimi reportó estar mejor
que antes del incidente, y disfrutar mucho a sus hijos y la vida. Dijo que casi nunca tenía
malas memorias del incidente, pero que si las tenía hacia su ejercicio de EMDR. Se sentía
relajada y contenta.
*Caso sacado de presentación a la APA (Toronto, agosto 2009), por Orah T. Krug,
directora de entrenamiento del Instituto Humanista-Existencial.
CONCLUSIÓN
La psicología humanista-existencial representa un enfoque holístico que enfatiza el
potencial humano, la libertad individual, y la creatividad, buscando el gran valor de cada
persona, promoviendo que el acompañamiento sea personal, atendiendo y adecuándose a
las necesidades individuales, respetando el tiempo y el proceso de cada uno.
Por otra parte, el existencialismo, busca respuestas personales que den sentido a
la existencia, del esfuerzo y del sufrimiento, y reconoce el anhelo espiritual como una
parte esencial de la psique.
El enfoque humanista-existencial, engloba distintos acercamientos terapéuticos,
que tiene en común buscar validar el potencial humano del cliente y facilitar un
autoconocimiento, a base de insights, que lo ayuden a cambiar sus procesos mentales y
comportamientos a otros más sanos, productivos y aspiracionales. Esto puede ser una
experiencia terapéutica que propicie la responsabilidad y madurez favoreciendo el
desarrollo, permitiendo que sea un verdadero proceso de ayuda.
A través de este enfoque Carl Rogers pretende construir un enlace terapéutico:
paciente - terapeuta, logrando mayor contacto con las experiencias y el entorno en el que
la persona se encuentra.
Finalmente, esta terapia pretende llegar a convertir actitudes negativas por
positivas durante el proceso terapéutico, sin un tiempo establecido, ya que el contacto
directo con las sensaciones y el entorno estará de por medio para que el trabajo realizado
este encamino a que paulatinamente existe una trasformación interna psíquica.
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