Albores de La Independencia
Albores de La Independencia
1
PUBLICACIONES
DEL INSTITUTO TECNOLÓGICO Y DE ESTUDIOS
SUPERIORES DE MONTERREY
Serie: Historia
14
EN LOS ALBORES
DE LA INDEPENDENCIA
Las Provincias Internas de Oriente durante la
Insurrección de don Miguel Hidalgo y Costilla
1810-1811
POR
ISIDRO VIZCAYA CANALES
MONTERREY
1976
Primera edición: 1976
Derechos reservados
Página
Agradecimientos IX
Nombres modernos de los sitios mencionados. XI
Introducción XIII
CAPITULO I El Gobernador del Nuevo Reino de León .... 1
CAPITULO II Desfile de protagonistas 10
CAPITULO III La falta de recursos 41
CAPITULO IV Expediciones frustradas 56
CAPITULO V Dificultades y alarmas 80
CAPITULO VI Los Insurgentes 97
CAPITULO VII Todo se derrumba 113
CAPITULO VIII La Región más expuesta 132
CAPITULO IX La Falta de Plan Insurgente 144
CAPITULO X Contrarrevolución 161
CAPITULO XI La Vuelta al Antiguo Régimen 184
Epílogo 197
Notas 221
Algunos comentarios sobre las fuentes, en par-
ticular las relacionadas con los aconteci-
mientos de Acatita de Bajan 293
Bibliografía 307
índice Alfabético 315
VII
AGRADECIMIENTOS
IX
NOMBRES MODERNOS DE LOS SITIOS MENCIONADOS
XI
San Cristóbal Hualahuises, N.L,
San Felipe de China, Valle de China, N.L.
San Fernando de Austria Zaragoza, Coah.
San Fernando de Béjar San Antonio, Tex.
San Juan Bautista de Horcasitas
de la Punta de Lampazos Lampazos, N.L.
San Juan Bautista de Río Grande Guerrero, Coah.
San Mateo del Pilón Montemorelos, N.L.
San Miguel Rayones, N.L.
San Miguel de Aguayo de Tlaxcala Bustamante, N.L.
San Pedro Garza García, N.L.
Santa Bárbara Ocampo, Tamps.
Santander, Villa de Jiménez, Tamps.
Santa Rosa, Valle de Múzquiz, Coah.
XII
INTRODUCCIÓN
XIII
INTRODUCCION
y tres años más tarde, el mismo Gálvez recomendó a la Corte la creación
de un nuevo gobierno para las provincias septentrionales. Sin embargo, esta
recomendación no se llevó a cabo hasta el 22 de agosto de 1776, en que se
expidió una real cédula creando la Comandancia General de las Provincias
Internas. La nueva administración comprendía las provincias de Nueva
Vizcaya (los actuales estados de Chihuahua, Durango y sur de Coahuila),
Nuevo México, Sonora (que incluía la moderna Sinaloa), Coahuila, Texas y
las Californias. Esta vasta región quedaba bajo el gobierno político y militar
de un comandante, directamente responsable ante el rey e independiente del
virrey. No obstante, debía informar a este último funcionario todas las
novedades interesantes, para que en caso necesario le pudiera facilitar los
auxilios indispensables.
El primer comandante general lo fue don Teodoro de Croix, caballero
de la Orden Teutónica y sobrino del virrey del mismo apellido. Croix salió
de la ciudad de México el 4 de agosto de 1777, y después de visitar
Querétaro y Zacatecas, llegó a Durango, en donde inició la inspección de su
comandancia, recorriendo Coahuila y Texas, continuando luego a la villa
de Chihuahua, a donde llegó el 12 de marzo de 1778. En esta villa se detuvo
año y medio, pues no salió de allí hasta el 30 de septiembre de 1779. Su
destino era Arizpe en Sonora, población que había sido designada como
capital de la Comandancia, a donde arribó mes y medio después.
Cuatro años permaneció Croix en Arizpe, hasta 1783, cuando salió
para hacerse cargo del virreinato del Perú. Lo sucedió don Felipe de Neve,
quien tomó la posesión de su cargo en agosto de ese año, pero no duró al
frente de la Comandancia General mas que un año, pues murió en el mismo
mes del año siguiente.
La muerte repentina de Neve sin que se hubiera nombrado sucesor,
determinó que se encargara de la Comandancia General el oficial de más
alta graduación que estaba en las Provincias Internas. Este fue don José
Antonio Rengel comandante inspector de presidios. Ese mismo año, la
Audiencia de México, que quedó gobernando la Nueva España a la muerte
del virrey don Matías de Gálvez, dispuso que la Comandancia General
quedara subordinada al virreinato.
En 1785, al hacerse cargo del virreinato de la Nueva España, don Bernar-
do de Gálvez propuso para comandante general a don Jacobo de Ugarte y
Loyola y éste tomó posesión el 20 de abril de 1786. Ese mismo año, el
Nuevo Reino de León y Nuevo Santander fueron incorporados a la Coman-
dancia General y ésta fue dividida en tres distritos militares. El primero
comprendía Texas, Coahuila, Nuevo León, Nuevo Santander y los distritos
de Parras y Saltillo, que hasta entonces habían sido parte de la Nueva
XIV
INTRODUCCIÓN
XV
INTRODUCCIÓN
XVI
INTRODUCCIÓN
XVII
CAPITULO I
saínete, con sus ribetes cómicos y trágicos, pues Fajardo le cobra a Santa
María doscientos pesos que dice perdió y éste niega estuviera jugando en
serio. Apela Fajardo a su honor, contestando Santa María: "Siempre lo
tuve, lo tengo y lo tendré, y en su defensa sabré exterminar mi sangre...
¡Oh, y qué crédulo es vuestra merced! O por mejor decir qué allegado a sus
conveniencias. ¿Para qué eran ya las subdelegaciones y otros iguales arbi-
trios, teniendo vuestra merced en mi persona tan inocente feudatario? ¿Yo
con Fajardo al medn?"H
En definitiva no se sabe si los doscientos pesos que cobraba Fajardo en
1809 son los mismos que exigía cuatro años antes, pues en una de las cartas
Santa María le dice que "... los señores del Venado, a pesar de que vuestra
merced ha dicho, que entre ellos hay quien tiene los dedos tiesos de jurar en
falso, sabrán desmentirle en esta ocasión. "12
Finalmente, en febrero de 1809 estando Santa María en la ciudad de
México, Fajardo dirigió contra él una libranza por los doscientos pesos,
alegando encontrarse con graves urgencias por estar con el peso del juicio
de residencia "de la última subdelegarían."^ La contestación de Santa
María revela plenamente su situación desesperada: "Me ha sido bastante
violento —dice— que no ignorando vuestra merced mis públicos atrasos y
débitos de recomendable preferencia, que existirán hasta que la suene me
proporcione cubrirlos, se halla vuestra merced expuesto a librar contra mi
insolvencia. "14
Existe un apunte escrito personalmente por Santa María, probablemen-
te al ser nombrado gobernador de Nuevo León, con una lista de todos sus
acreedores, ascendiendo la deuda total a casi cuatro mil pesos. En la parte
final consigna el "débito de juego," incluyéndose en este apartado a trece
personas, entre las cuales está don Juan Fajardo con doscientos pesos. La
deuda de juego era aproximadamente de mil cuatrocientos pesos. Sin em-
bargo, es seguro que Santa María debía más de los cuatro mil pesos, pues al
lado del nombre de don Juan Vildózola anotó: "Ignoro lo que resta y podrá
saberse del libro de cuentas de su tienda." Y junto al del marqués de Jalapa
dice: "Es menester preguntar al anterior, si le debo alguna otra cantidad,
con el disimulo correspondiente." Por otro lado, algunos de los acreedores
de Santa María eran increíbles: "Al loco que jugaba en el café de madama
San Juan en Veracruz, diez pesos. A dicha madama San Juan, veinte pesos.
Al marido de la Rosarito Norma, diez pesos. "15
Pero, no eran las deudas el único problema del futuro gobernador.
En noviembre de 1808, estando Santa María en la ciudad de México, don
Isidro José Reltrán, ayudante mayor del Regimiento de San Carlos, le
escribía desde San Luis Potosí quejándose de los muchos quehaceres. "Pues
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
bien sabe usted —decía— que soy el culo del fraile, pues un rato hago de
sargento mayor, otro de ayudante, otro de sargento, otro de cabo y al fin
de mandadero, alcanzando en recompensa lo que usted sabe." Le pregunta-
ba luego a Santa María por su situación y continuaba, "...pues cuan presto
doy a usted de baja, lo doy de alta, y finalmente, si después de haber
sufrido tantas penas, ha alcanzado alguna cosa de su difunto padre, y si su
madrastra*se ha manifestado con alguna piedad hacia usted y su familia. "16
Por alguna causa difícil de aclarar, Santa María tenía entonces dificul-
tades con su jefe inmediato, el teniente coronel don Ramón de Cevallos,
pues a fines de enero de 1809 se dirigía a él diciéndole que había escrito al
capitán don Pedro Arista para que le cobrara la media paga a que tenía
derecho, ya que la otra parte la tenía cedida a favor de su deuda y que
Arista le había contestado, que fue a cobrar, pero le dijeron tener orden de
Cevallos, "de que sin su consentimiento no se me facilitase un medio real. "17
El viaje, ya mencionado, de Santa María a la ciudad de México, se prolon-
gó por bastante tiempo pues ya se encontraba allí en noviembre de 1808 y aún
permanecía a mediados de abril del año siguiente. Es probable que uno de los
motivos del viaje fueran las dificultades que, con relación a la herencia de su
padre, tenía con su madrastra, pero puede haber habido una segunda razón.
Don Pedro Garibay que indudablemente tenía ligas muy estrechas de amistad
con la familia, acababa de convertirse en virrey y es de sospecharse que Santa
María buscara su apoyo para conseguir un empleo más provechoso. Ya de
regreso en la provincia de San Luis Potosí, envía al virrey desde el Real de
Catorce, un memorial exponiendo sus méritos. En éste decía que tenía casi
veinticinco años "de servir a su majestad en la gloriosa carrera de las armas,
desempeñando las funciones de cadete, capitán de fusileros, de granaderos y
sargento mayor." Que se había "hallado en el ejército de operaciones de la isla
de Española, que por espacio de cerca de tres años, y sufriendo miles de
vejaciones, operó contra la parte francesa y en el peligroso ataque del castillo
de Saquesi, después de haber batido con un piquete avanzado la emboscada
enemiga, de cuyo campo extrajo un cañón de diez y seis." Siendo capitán de
granaderos del Regimiento de Nueva España, creyó progresar más aceptando
la sargentía mayor del Regimiento Provincial de Dragones de San Carlos, pero
que esto sólo le había servido para atrasar su carrera. Tenía ya nueve años de
ser sargento mayor y sus méritos lo hacían acreedor a ser distinguido, "que en
caso de crearse, como se anuncia, nuevos empleos militares y suficientes a
proporcionarle, con alguna ventaja, mayor cavidad de ser útil a su profesión,"
no se le olvidara. 18
Es probable que este memorial ni siquiera lo recibiera el virrey Garibay,
pues es del 8 de julio de 1809, y once días después fue sustituido en su puesto
EL GOBERNADOR DEL NUEVO REINO DE LEÓN
8
EL GOBERNADO/? DEL NI/EVO REINO DE LEÓN
DESFILE DE PROTAGONISTAS
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DESFILE DE PROTAGONISTAS
11
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
do con igual comisión del propio ejército, y habiendo salido de Cádiz en un
pequeño barco con cinco hombres de tripulación, sobrevino un temporal
que le obligó a varar en la costa de África, por lo que no pudo continuar la
navegación y volvió al puerto de la salida, en donde permaneció por más
de un año, gravemente enfermo, de resultas de un golpe que recibió en el
pecho el día de la varada. "9
El explorador norteamericano Zebulon Montgomery Pike, quien cono-
ció a don Simón de Herrera en San Antonio de Béjar el año de 1807, ha
dejado unas semblanzas muy idealizadas y pintorescas, tanto de don Simón,
como de don Antonio Cordero y Bustamante, otro de los personajes impor-
tantes por muchos años en el norte de la Nueva España. Cordero era
gobernador de Coahuila desde el año de 1797, pero en 1805 fue nombrado
también gobernador interino de Texas, debido al conflicto de frontera con
los Estados Unidos y por estar gravemente enfermo el gobernador propieta-
rio don Juan Bautista Elguézabal.10 Desde entonces Cordero se estableció en
San Antonio, pero conservando en propiedad también el gobierno de
Coahuila, donde administraron en su ausencia dos gobernadores interinos.H
"Intentaré aquí—dice Pike en su interesante diario— esbozar una débil
semblanza de caracteres de los dos gobernadores que encontramos en San
Antonio, pero se necesitaría la pluma de un maestro para hacer justicia a
sus cualidades sobresalientes.
Don Antonio Cordero tiene unos cinco pies diez pulgadas de estatura,
cincuenta años de edad, tez blanca y ojos azules.^ Usaba el cabello echado
hacia atrás, y en todos los detalles de su comportamiento se veía claramente
que era un soldado. Poseía todavía una excelente constitución y un cuerpo
que parecía ni estar deteriorado por las fatigas de las varias campañas que
había realizado, ni desfigurado por las numerosas heridas recibidas de los
enemigos de su rey. Era uno de los oficiales distinguidos que treinta y cinco
años antes, fue escogido por la Corte de Madrid para disciplinar y organi-
zar a las tropas provinciales, y había sido empleado en todos los varios
reinos y provincias de la Nueva España. Era umversalmente amado y
respetado en los lugares que nosotros exploramos, y cuando lo declaro por
un amplio margen, el hombre más popular de las Provincias Internas, no
arriesgo nada en la afirmación. Hablaba bien el latín y el francés, era
generoso, cortés, valiente y sinceramente fiel a su rey y país. Estas numero-
sas cualidades lo habían llevado al grado de coronel de caballería y gober-
nador de las provincias de Coahuila y Texas. Su residencia usual era Mon-
clova la cual había embellecido grandemente, pero desde que nosotros
tomamos posesión de la Luisiana, se había movido a San Antonio con el fin
de aproximarse a la frontera para estar en condiciones de aplicar el remedio
12
DESFILE DE PROTAGONISTAS
13
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
lejos de corresponder a la realidad.
De don Pedro de Herrera, son pocos los datos que se conocen antes de
su llegada a Nuevo León. Se sabe que fue alcalde mayor de Zimapán,
teniente de granaderos del Regimiento de Infantería de Asturias y subdele-
gado de Aguascalientes, villa de la cual dejó escrita una descripción. 16
Un aspecto que caracterizó el gobierno de los Herrera fue la pugna
constante que mantuvieron contra los dos obispos que coincidieron con su
mandato en la administración de la diócesis. Estos obispos tenían su resi-
dencia en Monterrey, y jurisdicción sobre las cuatro Provincias Internas de
Oriente.
El tercer obispo de la diócesis, don Andrés Ambrosio de Llanos y
Valdez, hizo su arribo a Monterrey el 5 de diciembre de 1792.17 Este tenía
grandes proyectos para transformar la comarca de su gobierno, y muy
particularmente la ciudad de Monterrey. Llegó acompañado de varios arte-
sanos para que instruyeran a la gente de la región en diversos oficios. También
se hizo acompañar por varias personas instruidas para que lo auxiliaran en
su labor pastoral y educativa. Fue fundador del primer hospital que hubo
en Monterrey, el cual puso al cuidado de un médico que con ese propósito
había traído de la ciudad de México. Estableció también el Colegio Semina-
rio de Monterrey, que por muchos años fue la única institución de educa-
ción superior en las cuatro Provincias de Oriente. Inició igualmente la
construcción de varios edificios monumentales en Monterrey, incluyendo la
catedral de su sede.18
Don Simón de Herrera tomó posesión del gobierno del Nuevo Reino de
León apenas dos años cuatro meses después de la llegada del obispo Llanos
y Valdez, y muy pronto empezaron las dificultades entre estos dos persona-
jes. El 19 de octubre de 1795, el obispo le escribía al virrey marqués de
Branciforte, quejándose que había huido de su casa un familiar y el gober-
nador lo había "amparado con un arresto aparente, porque lo mandó poner
en el oficio del cabildo, cuya llave tiene el reo y sale cuando quiere." El
señor obispo usaba la palabra "familiar", como se acostumbraba entonces,
esto es, una persona que estaba a su servicio. Efectivamente se trataba de
un paje llamado don José Manuel Echavarría. En su queja al virrey asevera-
ba que el gobernador amparó a su criado, no para favorecer al reo sino
para mortificarlo a él, "para lo que no pierde ocasión" y terminaba pidien-
do al virrey, ordenara al gobernador "inmediatamente me remita a mi
referido familiar, bien asegurado, porque aunque yo lo he pedido, no lo he
podido conseguir, y a mí me toca calificar si debe o no mantenerse en mi
familia, ni hay motivo para pensar que lo mandaré castigar con crueldad,
por aquello en que se declare culpable."^
14
DESFILE DE PROTAGONISTAS
Los conflictos posteriores de este obispo con don Simón de Herrera van
a determinar que suspenda las obras que había iniciado y le pida al rey el
traslado de la sede de la diócesis a Saltillo.20
Pero más importante para familiarizarse con el carácter y antecedentes
de algunos de los individuos que figurarán prominentemente en los aconte-
cimientos medulares de este relato, es la pugna, no sólo de don Simón de
Herrera sino de su hermano don Pedro, con el siguiente obispo don Primo
Feliciano Marín de Porras.
Este era natural de la villa de Tamarón del arzobispado de Burgos,
capital de Castilla la Vieja, y aunque propuesto por el rey Carlos IV, desde
el 13 de octubre de 1800, para suceder al obispo Llanos y Valdez, no arribó
a Monterrey sino hasta el año de 1803, pues tuvo que esperar la confirma-
ción del nombramiento por el Papa Pío VII, y ya en Nueva España, hacer
viaje hasta Valladolid (hoy Morelia) para ser consagrado, por encontrarse
vacante la sede de México.21
Los escasos datos que existen parecen indicar que el obispo Marín de
Porras era un prelado de vasta ilustración. Fue capellán de honor del rey
Carlos IV, su predicador de número y penitenciario de su real capilla.
Además del latín conocía el griego y el hebreo, y diversos indicios parecen
confirmar que llegó a su sede con una gran biblioteca.22
El año de 1805 el obispo Marín hizo su visita pastoral a la provincia de
Texas, llevando un diario del viaje y tomando la latitud de muchos de los
lugares por donde pasó. Llegó hasta el presidio de Nacogdoches, y habiendo
sido invitado a cruzar la frontera con los Estados Unidos, pasó tres días en
Natchitoches, en donde causó una excelente impresión pues, según informa-
ba al virrey Iturrigaray, hasta los anabaptistas y presbiterianos llevaron a
sus hijos para que los confirmara. El capitán Edward Turner, comandante
de este puesto, escribía a sus superiores que el obispo era "un hombre de
muchas letras y amplía conversación. "23
Un incidente que indica a Marín de Porras como persona de ideas
avanzadas para su época, sucedió en la ciudad de México durante su
estancia en esa población. El barón de Humboldt supo que una escultura
indígena encontrada bajo el pavimento de la plaza mayor en agosto de
1790, había sido transportada por orden del virrey Revilla Gigedo al edifi-
cio de la universidad, pero allí "el ídolo había sido enterrado de nuevo, por
considerar las autoridades universitarias que aquel monumento no debería
ser contemplado por la juventud estudiosa mexicana. El ídolo yacía sepulta-
do en uno de los corredores. Humboldt movió cielo y tierra para poder
conocer esta escultura, pero sus gestiones fueron inútiles hasta que intervino
el obispo nombrado para la diócesis de Monterrey, don Primo Feliciano
15
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Marín de Porras, y por sus ruegos, el rector de la universidad consintió en
que el enorme ídolo" fuera desenterrado. Esta escultura es la que se conoce
como la Coatlicue.24
Muy pronto, después de la llegada del obispo Marín a Monterrey va a
surgir un conflicto entre éste y los hermanos Herrera que dividirá el Nuevo
Reino de León entre parciales de uno y de los otros, motivará interminables
investigaciones, se formarán voluminosos expedientes de acusaciones y con-
tra acusaciones, y finalmente, determinará varios años después que los
Herrera sean desalojados del gobierno de la provincia.
Dos años antes de que llegara el obispo Marín, se presentó una queja
con relación a malos manejos en la caja de la Compañía Volante de la
Punta de Lampazos. La acusación la hacía el teniente don Pedro de Alba
contra el teniente segundo de la compañía don Juan de Castañeda, aunque
todo parece indicar que el gobernador don Simón de Herrera no era ajeno a
esta irregularidad.25
La única compañía veterana del Nuevo Reino de León era la de la
Punta de Lampazos. Esta estaba integrada por cien hombres y su capitán
era el gobernador, pero como la compañía estaba destacada en la villa de
San Juan Bautista de Horcacitas de la Punta de Lampazos, el que normal-
mente la hacía de comandante era el teniente primero. Desde 1788, ocupaba
este puesto don Juan Ignacio Ramón y cuatro años más tarde don Juan de
Castañeda y Quevedo fue designado teniente segundo.26 Estos dos indivi-
duos habían de desempeñar papeles importantes en los acontecimientos que
se avecinaban.
Juan Ignacio Ramón dice ser natural de la villa de Lampazos y nació el
año de 1754.27 Venía de familia de militares que habían contribuido enor-
memente al ensanchamiento del Imperio Español en el norte de la Nueva
España. Juan Ignacio menciona "ser nieto de don Domingo Ramón, capitán
que fue de la compañía presidial de los tejas e hijo de don Antonio Ramón,
alférez de la misma." Sin embargo, los méritos de sus antepasados son
mucho mayores que lo que esta modesta referencia indica. El bisabuelo de
Juan Ignacio, el capitán don Diego Ramón, acompañó al gobernador de
Coahuila, general Alonso de León, en la primera entrada a Texas los años
de 1688-1689. Su abuelo don Domingo, encabezó la expedición que en los
años de 1716-1717 funda las primeras misiones permanentes en la mencio-
nada provincia. 28
Ramón inició su carrera militar como soldado raso en la compañía
presidial de San Antonio de la Bavia en donde ascendió sucesivamente a
cabo y sargento, pasando luego como alférez y comandante a una compañía
de cincuenta hombres que por algún tiempo estuvo destacada en Saltillo.
16
DESFILE DE PROTAGONISTAS
17
EN LOS ALBORES DE L4 INDEPENDENCIA
Santander, coronel Francisco Ixart, a quien tuvo luego que eximir por
razones de enfermedad. Fue comisionado en seguida el capitán don Joaquín
Vidal de Lorca, también de Nuevo Santander, el cual por haber sido
recusado por Castañeda, tampoco realizó la investigación.33
Era muy frecuente poner toda clase de excusas para no realizar este
tipo de comisiones. Las razones verdaderas pueden haber sido múltiples.
Generalmente había que trasladarse a grandes distancias en una época en
que los viajes eran penosos, abandonando por varios meses los deberes
ordinarios, así como intereses particulares. Además, ¿qué objeto tenía crear-
se enemistades en juicios que se prolongarían por años y que a la larga era
probable que nadie fuera castigado?
Es indudable que quien obstaculizaba la investigación era el gobernador
don Simón de Herrera, pues poco después de haber sido recusado Vidal de
Lorca, Calleja le comunicó al virrey Iturrigaray que don Simón le había
mandado un informe "del carácter caviloso del teniente de Alba, acompa-
ñando otro reservado del primer teniente de la Compañía de la Punta, don
Juan Ignacio Ramón, quien sin embargo de ser suegro de Alba, apoya el del
gobernador y desmiente las aserciones de la acusación. "34
No obstante, Calleja, nombró finalmente para hacer la investigación al
nuevo gobernador de Nuevo Santander, don Manuel de Iturbe e Iraeta,
"quien casi por necesidad y a más no poder, como suele decirse, pasó a
practicarla a la insinuada Punta en 23 de julio de 1806." Por lo tanto,
habían transcurrido cinco años desde que se hizo la denuncia, cuando se
llevó a cabo la investigación. Y todo para nada, pues el 12 de agosto, Iturbe
le informó a Calleja, que después de hacer que el teniente de Alba ratificara
su acusación, de tomar su declaración a otros individuos, revisar libros
maestros de caja y libretas y pasar revista de ropa, armas, monturas y
caballos, no habían encontrado ninguna irregularidad.
Pero el señor obispo no estaba dispuesto a dejar que el asunto muriera.
Unos días después de que Iturbe presentó su dictamen, le escribió al virrey
enumerando una larga lista de cargos contra el mismo teniente Castañeda:
"los públicos concubinatos... a ciencia y paciencia de su legitima mujer, las
prisiones y vejaciones que sufrieron los respectivos maridos, aun siendo
soldados, el reprobado manejo de los intereses de su cargo, la resistencia en
satisfacer los derechos parroquiales, el atropellamiento o ultraje de la juris-
dicción eclesiástica por impedir su libre expedito curso" y algunas otras
acusaciones.35 Pero en este momento se empieza a definir contra quiénes se
dirigían realmente los ataques del señor obispo.
El 28 de octubre de 1806, el gobernador interino don Pedro de Herrera,
le comunicó por oficio al capitán de milicias don Ignacio Elizondo que
18
DESFILE DE PROTAGONISTAS
19
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Villarreal, tuvieron, según parece, ocho hijos; cinco hombres y tres mujeres,
de los cuales Ignacio fue el quinto. Otro hermano muy ligado a Ignacio, y
que también figurará en los acontecimientos que se aproximaban, fue José
Nicolás Máximo, conocido comúnmente como José Nicolás o simplemente
Nicolás. Este era dos años menor que Ignacio, pues nació el 19 de enero de
1768.41
El menor de la familia, José María de Jesús, nació el año de 1773 y
poco después de esta fecha, debe aquélla haberse cambiado a Pesquería
Grande, pues en el archivo parroquial de esta villa, existen las actas de
matrimonio de cuatro de los hermanos Elizondo y, exceptuando la de
Nicolás, dicen que son originarios de ese lugar. Dos de ellos contrajeron
matrimonio con hermanas; Ignacio el año de 1787 con doña María Gertru-
dis García y Nicolás con la hermana de ésta doña María de Jesús, el año de
1793.42
Hacia el año de 1798, Ignacio tomó en arrendamiento la hacienda del
Carrizal en la jurisdicción de Lampazos, pues ese año y el siguiente el señor
obispo Llanos y Valdez le prestó una cantidad importante, tanto en ganado
como en efectivo, "para la habilitación de la hacienda del Carrizal" al grado
de que a la muerte del obispo en el año de 1799, Elizondo tenía con él una
deuda de 28,181 pesos 7 reales. Algún tiempo después debe haber arrendado
también la hacienda de El Álamo en la provincia de Coahuila, y desde esas
fechas, tanto él como su hermano Nicolás y varios otros parientes, residie-
ron durante la siguiente década en alguno de estos dos lugares.43
La carrera militar de Elizondo se inicia cuando ya tenía treinta y dos
años, pues el año de 1798 le expidieron un despacho de teniente de caballe-
ría de milicias provinciales para la compañía de Pesquería Grande, que era
la séptima del Nuevo Reino de León.44 pero dos años después el virrey le
confiere el empleo de capitán de dragones provinciales de la Punta de
Lampazos, o sea, para la sexta compañía.45 Sin embargo, Nicolás su
hermano, todavía en el año de 1810, era alférez de la compañía de Pesque-
ría Grande no obstante residir en la hacienda del Carrizal a una distancia
muy grande de esta villa.
No se sabe en qué fecha murió doña María Gertrudis García, primera
esposa de Elizondo, pero a principios del año de 1806, éste contrajo matri-
monio en segundas nupcias con doña María Romana Carrasco, hija del
capitán don Pedro Nolasco Carrasco, quien había sido comandante del
presidio de Río Grande; el 15 de abril, Elizondo legalizó un documento ante
el teniente don Juan de Castañeda, quien era el subdelegado de la villa de
Lampazos, en el cual hace constar "que acaba de tomar estado de matrimo-
nio" con doña María Romana Carrasco "y que atendiendo a la honestidad,
20
DESFILE DE PROTAGONISTAS
21
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
más de sesenta testigos, excediéndose manifiestamente en recibir y agregar
anónimos y proceder por ellos contra todo derecho y fuera de sus faculta-
des." Continuando más adelante, que Molano al "calificar de comprobadas
las injustas exacciones hechas por los señores gobernadores propietario e
interino, de manera que si siguen mandando, serán en lo sucesivo mayores
y menos excusables las vejaciones, cuyas palabras, unidas a los indicados
procedimientos, ofrecen motivo bastante para sospechar de la imparcialidad
y justificación de tal comisionado."
Recomendaba el auditor, que el expediente se mandara a Calleja para
que éste, en nota reservada, le informara al gobernador del Nuevo Reino de
León los cargos que había en su contra y éste se pudiera justificar, y que se
interrogara a Elizondo para que especificara claramente, en cuántas partidas
y en qué fechas había dado a los Herrera los cinco mil pesos que mencio-
naba en su acusación.
También recomendaba se investigara quién había proporcionado a Mo-
lano "los gastos de sus largos viajes y actuaciones, puesto que careciendo de
facultades, como él mismo manifiesta, no lo ha podido hacerlo por sí, ni
tampoco los reclama."^
Esto último se decía indudablemente por existir sospechas muy funda-
das, de que el obispo Marín, no sólo había costeado el viaje de Molano,
sino que era el instigador de Elizondo. Quejas que deben haber llegado a las
más altas autoridades del virreinato directamente de los Herrera o quizá de
Calleja, que según voz pública, los protegía.
Pero en este asunto ya de por sí embrollado, va a surgir una nueva
complicación.
Se ha dicho que Ignacio Elizondo habilitó la hacienda del Carrizal con
un préstamo que obtuvo del señor obispo Llanos y Valdez. A la muerte de
este ilustrísimo señor, en el año de 1799, todavía no había cubierto nada de
esta deuda. No obstante, el 29 de noviembre de 1800, firmó ante don Simón
de Herrera un convenio, por medio del cual aceptaba deber 28,181 pesos 7
reales a los espolios del señor obispo, y se comprometía a pagar, del año de
1803 en adelante, cuando menos siete mil pesos anuales, quedando como
sus fiadores don Nicolás Elizondo y don José Lorenzo García.
Pasaron cinco años y Elizondo no había empezado a pagar la deuda.
Pero el 31 de mayo de 1808, estando éste en Monterrey, el gobernador don
Pedro de Herrera le notificó que no podía salir de la ciudad mientras no
cubriera el total de lo que debía. Elizondo alegó que su deuda no era de
28,000 pesos sino sólo de 24 mil y pico, pero que como no tenía sus papeles
consigo, se le permitiera pasar a su casa para traerlos. Entonces el goberna-
dor consultó con el contador fiscal don José Cayetano Landásurí, con el
22
DESFILE DE PROTAGONISTAS
albacea del señor obispo, licenciado don José Vivero y con los capitulares
del cabildo eclesiástico don Andrés Feliu y Togores, deán de la Catedral y
don Juan Isidro Campos, canónigo de la misma, y éstos estuvieron de
acuerdo en permitir que Elizondo fuera a su hacienda a traer los documen-
tos. Por lo tanto el 11 de junio, don Pedro levantó el arraigo que le había
impuesto y le concedió un mes para presentar los comprobantes.
Pero el 18 de junio, Elizondo le escribió al gobernador desde la hacien-
da de El Álamo diciéndole que el obispo Marín como comisionado del señor
virrey, le había ordenado entregara la hacienda del Carrizal y sus bienes
para el 15 de julio, y por estar ocupado con este asunto, había nombrado
apoderado a su hermano José María para que lo representara en la liquida-
ción de la cuenta que tenía con los espolies del señor Llanos y Valdez.
Como pasaron más de dos meses sin que se presentaran ni Elizondo ni
su hermano, el 18 de agosto, don Pedro pasó un requerimiento al goberna-
dor de Coahuila para que obligara a Elizondo a comparecer en el juzgado
de Monterrey, diciéndole que la Real Audiencia había pedido el expediente
de los espolios del señor obispo "previa la colección de deudas."
Sin embargo, el gobernador del Nuevo Reino de León, sabía desde
varios meses antes, que Elizondo se había cambiado a Coahuila, pues éste
fue citado para declarar en San Luis Potosí sobre la queja que había puesto
contra los Herrera, y como no se presentaba, el 2 de mayo don Pedro le
comunicaba a Calleja: "Supe que el capitán Elizondo, sin conocimiento mío
mudó de domicilio a la provincia de Coahuila con su familia y bienes." Le
decía igualmente que desde el 11 de abril se había dirigido al gobernador de
Coahuila para que obligara a Elizondo a ir a declarar a San Luis Potosí,
pero que no había tenido contestación.50
De momento parece que Elizondo no podía o no quería pagar la
mencionada deuda, pues el 25 de agosto se presentó su hermano don José
María con un solo recibo el cual aparentemente no correspondía a la deuda,
sino a unos diezmos pagados muchos años antes. El gobernador pidió
entonces al contador fiscal que pusiera en orden la cuenta de los espolios del
obispo, pero éste contestó que no lo podía hacer por tener mucho trabajo
pendiente. Entonces ordenó al apoderado de Elizondo que pagara sólo los
24 mil y pico de pesos que decía deber, pero quedando responsable de la
cantidad restante y don José María contestó que no podía liquidar hasta que
no se depurara la cuenta. Por lo tanto el expediente se fue a la Real
Audiencia sin que Elizondo hubiera cubierto su deuda.51
Ahora bien, surge una pregunta interesante: ¿por qué se cambió Eli-
zondo a Coahuila? ¿Sería para no pagar la deuda que tenía pendiente o
para salirse del dominio de los Herrera y Leyva, que lo habían molestado
23
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
antes con exacciones y ahora los tenía de enemigos por la denuncia que
hizo? La contestación parece ser que lo hizo simplemente porque le habían
pedido la hacienda del Carrizal que tenía rentada, y siguió explotando la de El
Álamo que estaba en Coahuila. Además había adquirido una propiedad en
esta provincia.
Hay un incidente que parece aclarar este asunto, lo mismo que el
resultado final de la deuda que Elizondo tenía con los espolies del señor
obispo Llanos y Valdez.
El año de 1809, el comandante general de Provincias Internas, don
Nemesio Salcedo, comisionó a don Tomás Flores administrador de tabacos
de Monclova, para que hiciera una investigación sobre las denuncias que
había habido de contrabando. Más adelante se hará referencia a las infor-
maciones muy interesantes que reunió este comisionado, pero por ahora
sólo se mencionará lo relacionado con Elizondo. El lo. de julio de 1809,
Flores le escribía a Salcedo, desde el valle de Santa Rosa y le decía: "De
tránsito para este valle, por incidencias, tuve noticia que don Ignacio de
Elizondo natural de la provincia del Nuevo Reino de León, se estaba
radicando sobre el río de Sabinas en la hacienda abandonada hace años de
San Juan de Canoas, por compra que hizo a los Guadianas, a quienes
pertenecía, por lo que determiné dirigirme a aquel sitio aun con extravío de
dos o tres leguas del camino real, río abajo, con el fin de examinar a dicho
individuo y habiéndolo verificado, declara que oyó decir, cuando estaba
poseyendo en arrendamiento la hacienda del Carrizal, que el año pasado
por el real de Vallecillo habían pasado algunas cargas de efectos de la
frontera ignorando el destino y a quién pertenecían. Que en dicho año,
hallándose ya en El Álamo, que hasta ahora reconoce en arrendamiento,
llegó de tránsito para la ciudad de Monterrey el barón de Bastrop quien le
vendió unas seis u. ocho varas de indiana fina en dos retazos y cuatro tiras
de tripe de algodón, único que vio llevaba en sus cantinas. Que hallándose
urgido de pagar veintiocho mil pesos de espolias a la clavería de la santa
iglesia Catedral de Monterrey, le faltaban al completo cuatro mil pesos,
para cuyo saldo dio en venta al citado barón (previo ajuste) cien y pico de
mulos y otras tantas reses, de que le otorgó un bueno, pagadero en septiem-
bre del corriente año, que presentó y se le admitió en la clavería. Que las
mulos y reses las llevó dicho barón a San Antonio de Béjar, conduciéndolas
con sirvientes de Elizondo, en clase de aventureros, y que no tuvo embara-
zo en hacer dicha venta, respecto a que sabe de ciencia fija que el referido
barón trata y contrata libremente y que está radicado en la capital de
Texas. "52
En efecto, entre los días 10 de abril y 20 de julio, Elizondo adquirió de
24
DESFILE DE PROTAGONISTAS
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
grande contra el real erario y contra tanto pobre que han llevado y lloran el
abandono de sus familias." Que los reclutas que estaban en Texas que
querían regresar a sus casas, le dejaban a don Simón de Herrera sueldos,
caballos, armas y silla, y que en su lugar se llevaban otros a quienes
vendían lo que aquéllos habían dejado. Que don Simón, su hermano y el
capitán Barrera habían robado a la provincia de Monterrey, pero que la
causa contra ellos no prosperaba porque Calleja era su amigo.
Acusaba también a don Pedro de haber declarado en público "que
nuestro rey Femando VII no es capaz de haberle hablado a Napoleón con
tanto descaro." Y que cuando hubo los acontecimientos en México que
llevaron al arresto del virrey Iturrigaray, había dicho: "Que bacines les
había de faltar ahora a los gachupines y otras cosas, y que todo esto lo
apoyaba su asesor don José' María Letona."
Afirmaba asimismo, que en otras provincias el ganado sin dueño co-
rrespondía al gobierno, pero que en el Nuevo Reino de León se lo apropia-
ban los Herrera. Que a sesenta carneros que se perdieron en el cerro de
Santa Catarina "don Pedro les cayó como lobo y como si fueran propios los
vendió y con su importe, algún espíritu de vino embodegó en su panza."
Por último, decía que la mitad del sueldo de los soldados que estaban
en Texas, se mandaba a sus familias, pero que don Pedro no se los daba.56
Garibay remitió el anónimo a Calleja, pero éste no contestó al virrey
hasta unas tres semanas después de que lo recibió diciendo que los efectos
de contrabando, fueron abundantes y baratos en la última feria de Saltillo,
pero que no había prueba que los Herrera fueran los introductores.57
Después de este anónimo, transcurren varios meses sin incidentes im-
portantes en la causa pendiente contra los Herrera, pero a principios de
1809, Calleja nombró a su asesor, el licenciado don Antonio Frontaura y
Sesma para continuar la investigación. Este llegó a Monterrey el 19 de abril,
y aunque declaró que sus propósitos eran que las diligencias "se concluyan
y finiquiten a la mayor brevedad posible," no pareció darse mucha prisa,
pues al principal testigo acusador, que era don Ignacio Elizondo no lo
interrogó hasta el 13 de mayo.58
El interrogatorio a Elizondo versó casi exclusivamente sobre los cinco
mil pesos que "ya graciosamente ya casi forzado" decía les había dado a los
Herrera. Aunque la declaración es muy larga, pues los cinco mil pesos
mencionados eran el total de varias exacciones en fechas muy diversas, hay
algunos detalles que ilustran gráficamente la actuación arbitraría de los
gobernadores. Parte de la deuda provenía de una partida de muías que le
vendió a don Simón, desde el año de 1799, en tres mil quinientos veintiocho
pesos y de los cuales sólo le pagó mil. Declaró asimismo Elizondo que don
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DESFILE DE PROTAGONISTAS
Pedro de Herrera le había mandado pedir todas las muías de tiro que
tuviera para trasladar al obispo Marín de México a Monterrey, y que él
había mandado ochenta y solamente le regresaron sesenta y dos y que
estimaba el valor de las no devueltas en setecientos veinte pesos. Igualmente
declaró que para librarse de ir a Texas, había dado doscientos pesos a don
Pedro, que sobre ésto podía atestiguar el cabo Guillermo Treviño, que fue
quien los llevó cargando. Interrogado sobre qué explicaciones le había dado
a don Pedro cuando le entregó el dinero, dijo que le había dicho era "para
polvos y puros" y que enseguida empezaron a platicar "sobre asuntos
indiferentes. "59
Concluido este interrogatorio, el licenciado Frontaura no hizo grandes
esfuerzos por continuar la investigación contra los Herrera, antes bien, todo
parece indicar que sus deseos eran regresar lo más pronto posible a San Luis
Potosí de donde era natural, pues el verano de Monterrey debe haberlo
empezado a incomodar. Por lo tanto, el 31 de mayo consiguió un certifica-
do firmado por don Francisco Rafael García, farmacéutico de la Real Botica
del Hospital de Nuestra Señora del Rosario, el cual manifestaba que habién-
dolo reconocido, no le permitía la "dura estación" que permaneciera en
Monterrey "sin que se exponga a perecer; su mal, su temperamento, su
constitución endeble y desmembrada, el clima de esta región, contribuyó a
su accidente filistérico que padece. "6®
Sin embargo, algo debe haber hecho al licenciado Frontaura cambiar de
opinión, pues tres días después de haber sido expedido el certificado ante-
rior, publicó una comunicación pomposa que empezaba: "Yo, el licenciado
don Antonio Frontaura y Sesma, abogado de la Real Audiencia de México,
individuo de su Ilustre y Real Colegio, asesor de la subinspección y coman-
dancia de la Décima Brigada de Milicias, juez comisionado de ella" y en
ésta invitaba a las partes a que presenciaran el acto de juramento.61
Probablemente el licenciado Frontaura decidió quedarse por haber lle-
gado a algún arreglo con don Pedro de Herrera, pues el 6 de junio Elizondo
vuelve a comparecer ante el juez para contestar un cuestionario previamente
preparado, en el cual se trataba de hacer que éste descubriera a qué grado
llegaban sus relaciones con el obispo Marín.
Elizondo confesó que "es cierto que tuvo y tiene estrecha amistad con
el obispo" a quien mantuvo en la hacienda del Carrizal por dos meses, "y
que para ello le dio dicho señor ilustrísimo, mil pesos en reales los que no
quería recibir, y que al partir dicho señor le devolvía el que declara,
quinientos pesos, poco más o menos que había sobrado del gasto, los que
no quiso recibir." Dijo después que en una ocasión fue en compañía del
padre Vital Fernández a visitar al obispo a Candela, donde estaba residien-
27
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
do, pero que no le dio audiencia. Que ésto se debió a un mal entendido por
chismes de un mozo, pero que a los seis o siete meses lo mandó llamar el
señor obispo y "le dio satisfacción de tal desaire." Asimismo, declaró que
cuando se le nombró para ir en la expedición a Texas, fue a ver al obispo,
con quien habló acerca de este nombramiento, que su ilustrísima no había
dicho nada, "pero que después pidió el que declara, una carta de recomen-
dación al secretaría, presbítero don José Díaz de Mendívil, la que firmó el
ilustrísimo señor obispo para el gobernador interino de la provincia de
Coahuila, suplicándole en ella proporcionara que su recomendado hablara
con el señor comandante general." También expuso Elizondo que quien lo
dirigía en la causa, era el provisor del obispado doctor don José León Lobo
Guerrero, pero que esto no era ningún secreto, pues hasta en ese juzgado lo
había contado. Por último, dijo "que los privilegios que le ha concedido el
ilustrísimo señor obispo para su hacienda que está formando en Santa Rosa,
son el que, ínterin se edifica la correspondiente capilla, se le diga misa en un
jacalón, que tenga en ella capellán y que éste haga suyas las obenciones y
emolumentos parroquiales. "62
En los días que siguen a esta declaración de Elizondo, el licenciado
Frontaura interrogó a una serie de testigos, que por sus declaraciones se ve
que fueron seleccionados para favorecer a los Herrera.
Elizondo había dado poder desde el 27 de mayo, a don Antonio
Silverio Verridy para que lo representara "en el litis promovido contra los
señores Herrera y demás sujetos comprendido en él." Pero repentinamente
el licenciado Frontaura acusó a Verridy de haber ultrajado su juzgado por
"falta de subordinación, irrespetuosos procedimientos y cavilosidad," y pi-
dió al gobernador que lo confinara "en el lugar donde sea costumbre
arrestar las personas decentes."
Don Pedro de Herrera le contestó el mismo día manifestando que no
habiendo en la ciudad "más que un cuarto a la entrada de la cárcel pública
que se halla ocupado por el francés Cario Canel, había determinado se le
arrestara en la casa del cabo Tomás María Rores. "63
Este cabo Flores que posteriormente desempeñará un papel importante,
era natural del valle de Santa Rosa en la provincia de Coahuila, y el año de
1975, cuando tenía 23 años de edad, se dio de alta en la Compañía Volante
de la Punta de Lampazos. En 1805 se le reconocieron casi cinco años y
medio de servicios militares prestados antes de su incorporación a dicha
compañía. Era muy bajo de estatura, pues sólo medía cinco pies de altura,
tenía el cabello rubio, era de color blanco y picado de viruela. Aunque
pertenecía a la Compañía de Lampazos residía en Monterrey, ya que era
uno de los incondicionales de los Herrera.64
28
DESFILE DE PROTAGONISTAS
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
de los alcaldes ordinarios ha mostrado el despacho que lo autoriza, y así se
ignora si es delegado de ese superior gobierno o subdelegado, aunque de
oídos sabemos entregó credenciales al gobernador interino, pero como éste
es parte en el expediente, según voces, no consideramos cómo pueda auxi-
liar al comisionado. "68
Al convertirse el arzobispo Lizana en virrey de la Nueva España, el
obispo Marín de Porras consideró había llegado la hora de precipitar el
derrumbe de los Herrera, y el 21 de agosto, sólo un mes después de la
ascención de Lizana, le escribió desde Saltillo una carta muy reservada en
que le exponía todas sus quejas. "Hace como cinco años —decía— el
gobernador de este Nuevo Reino de León, salió descubierto en catorce mil
pesos en la renta del tabaco de la provincia, que extrajo o violenta o
fraudulentamente de mano del administrador con órdenes o pretextos fingi-
dos, que resultan de la causa. A esta razón, por la muerte del gobernador
de Texas, pasó a gobernar aquella provincia- el coronel don Antonio Corde-
ro, gobernador de Monclova. A fuerza de artificios y máquinas hicieron
correr la voz de la güeña con los americanos, que jamás pensaron en ella y
no hicieron movimiento de hostilidad, aun cuando nosotros anticipadamen-
te les provocamos. El artificio tuvo los resultados más felices. Alarmóse el
señor Iturrigaray, se levantaron las milicias del Nuevo León, colonia de
Santander y provincia de Monclova, el inspector de San Luis Potosí, don
Félix Calleja, quedó encargado de dirigir y poner jefes a estas tropas, y en
aquel momento, creyó todo el reino, que los americanos ocuparían todos
estos territorios y amenazarían hasta esa capital.
El sobredicho Calleja, amigo íntimo y compañero antiguo del goberna-
dor Herrera, halló la ocasión más oportuna de salvar a su amigo de la
prisión y pérdida de empleo, en que condena la ley los excesos de aquél, y a
propuesta suya, se le nombró para mandar dichas milicias en Béjar. El señor
virrey estaba bien prevenido a su favor, pues para que no le incomodase el
asunto del descubierto, mandó se difiriese, y a pocos meses que se hallaba
en dicho Béjar, pidió el señor fiscal Barbón, se le completase el reintegro de
la cantidad usurpada, y en cuanto a lo criminal, se suspendiese para lo
sucesivo, en atención a los distinguidos servicios, que en compañía de
Cordero, está haciendo contra los americanos.
Estos, señor excelentísimo, son bien constantes y públicos, pero todos
en perjuicio del rey y del reino. Desde el instante que llegó, fue su única
ocupación el contrabando. El vestuario de la tropa se trajo de los america-
nos, y hasta los sombreros, con notable interés suyo, pues lo ha repartido a
la tropa al precio que él ha querido, y no contento con esto, ha inundado
con él estas provincias, ya por medio de emisarios franceses, sus amigos
30
DESFILE DE PROTAGONISTAS
predilectos, ya por medio de sus conocidos, que han recorrido los más
infelices ranchos, para expender los contrabandos en tanta abundancia que
el año último lo advirtieron y se quejaron amargamente los comerciantes
que acudieron a esta feria del Saltillo, en donde se proveen aquellas tropas,
pues empleándose en ellas anteriormente, sesenta mil pesos por año, no
llegó en el anterior a diez y ocho mil pesos, y esto en efectos que no tienen
los americanos, como jabón, azúcar y todo género de colambre. Además de
esto, ha girado igualmente otro contrabando muy lucrativo, extrayendo de
estas provincias partidas muy numerosas de mulos y caballos, con que se
han enriquecido los americanos, que las necesitaban para su tropa y las
manufacturas de que sacan ,su subsistencia. Creo que de todo esto, estará ya
informado vuestra excelencia por el señor comandante general, que de ello
ha mandado hacer informes secretos, y esto mismo califica más y más la
verdad de cuanto llevo expuesto.
No han parado aquí sus excesos, porque contando con la protección
invariable de su amigo Calleja, ha mortificado de mil modos a la miserable
tropa. Formada la lista de los que habían de concurrir a Béjar, encontraron
un nuevo arbitrio para sus injustas exacciones. El que quería librarse, debía
redimir su vejación con cierto número de caballos o numerario efectivo, y
después de este sacrificio, a muchos se les ha obligado a dejar sus casas e
incorporarse en el servicio militar, cuyo indigno tributo ha continuado su
hermano don Pedro Herrera, teniente gobernador, que se dice injustamente
de esta provincia, pues el señor Iturrigaray quiso que lo fuese el alcalde
ordinario, pero éstos alegaron que aquél tenía que ir a Texas y entre tanto
podría serlo dicho Herrera (para sofocar las quejas de la provincia), y todo
salió falso pues el alcalde se quedó en Monterrey, de donde no ha salido y
Herrera con título aparente y fingido, siguió y sigue de gobernador, sin que
nadie se atreva a reclamar. "69
El obispo informa luego al virrey de la comisión de Molano, cuyos
resultados fueron muy desfavorables a los Herrera, pidiendo éstos se envia-
ra un nuevo comisionado y Calleja "envió un joven inexperto, por no decir
vendido a su autoridad y que le servía de asesor en su empleo de inspec-
tor, " y según le habían informado había "suscitado mil alborotos en la
ciudad de Monterrey."
Más adelante el obispo pedía se hiciera comparecer a don Simón de
Herrera para que respondiera por sus delitos y a su hermano se le declarara
un intruso, permitiéndose inclusive sugerir al virrey, que si a él le parecía
conveniente, nombrara un gobernador interino. Y terminaba el obispo di-
ciendo que también al virrey Iturrigaray lo tenían comprado, por medio de
la esposa de don Simón de Herrera, quien desde que empezó la causa estaba
31
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
residiendo en la ciudad de México. Que al comandante general, "por estar a
más de 400 leguas de distancia de Béjar, se le han ocultado muchas cosas, y
le hicieron creer los rumores de la guerra, en que ha gastado el rey cerca de
un millón de pesos. "70
La animadversión en contra de los Herrera, cegaba al obispo respecto
al peligro norteamericano, pero como se verá más adelante, éste realmente
existía y se había presentado antes de que don Antonio Cordero fuera
enviado a hacerse cargo del gobierno de Texas.
No obstante estar el comandante general tan lejos, las quejas, sobre
todo las relativas al contrabando, le habían estado llegando y como se dijo
anteriormente, a principios de 1809 comisionó a don Tomás Flores, admi-
nistrador de tabacos de Monclova para que hiciera una investigación. Entre
los meses de abril y junio, Flores interrogó un gran número de personas en
San Antonio de Béjar, en el presidio de Río Grande y en las villas de Nava,
San Fernando y Santa Rosa, informando ampliamente al comandante gene-
ral los resultados de estas entrevistas.
De los datos proporcionados por Flores se deduce que el contrabando
era una actividad muy generalizada en las Provincias Internas de Oriente.
Algunos individuos de los pueblos del norte de Coahuila llevaban harina a
Béjar y otros de los puestos militares más avanzados, como el Atascocito y
Nacogdoches y de regreso traían pequeñas cantidades de artículos extranje-
ros, generalmente para el consumo de sus familias.
Pero había personas dedicadas al contrabando en gran escala que
hacían viajes a la Luisiana, llevando dinero en fectivo o caballos y muías,
que se pagaban a muy buen precio. Los artículos que se introducían ilegal-
mente eran principalmente telas: estopillas, bretañas, tripes, cambrayes,
muselinas, panas, terciopelos e indianas. Pero también era común se inclu-
yeran sombreros, listones, loza y botas de montar.
Muchos de los contrabandistas eran gente de Béjar, como Juan José
Menchaca, conocido como "el Borradito," Alejandro Escalera y los herma-
nos Veramendi: Juan Martín, José y Fernando. También se mencionaba a
don Francisco Cortés de Natchitoches. Había asimismo, muchos extranjeros
metidos en este negocio. Algunos de éstos parecían ser gente muy influyente
y se dedicaban al contrabando más o menos abiertamente. Ya se ha mencio-
nado a uno de ellos, el barón de Bastrop. Otro era don Guillermo Barr, que
junto con Samuel Davenport, tenían un rancho cerca de Nacogdoches y
estaban autorizados por el gobierno español para comerciar con las nacio-
nes indias. Los dos venían de los Estados Unidos. Barr se estableció en
Texas en 1794 y Davenport un año después. En 1798, éstos formaron una
compañía y el gobernador de Texas les dio la concesión para comerciar con
32
DESFILE DE PROTAGONISTAS
los indios del oriente de la provincia. Tenían permiso especial para importar
mercancía de la Luisiana, la cual vendían o cambiaban a los indios por
pieles, cueros y ganado. También tenían un contrato para abastecer a los
soldados de la parte oriental de Texas, y el año de 1800 se les comisionó
para distribuir el regalo anual que se daba a los indios de la región. Esta
función se consideraba tan importante, que en 1803, cuando el comandante
general prohibió la exportación de caballos a la Luisiana, la casa de Barr y
Davenport quedó exenta de esta prohibición.71
Entre los que ejercían el contrabando había varios franceses, como
unos apellidados Dubois y Duforest. El primero estuvo algún tiempo en
Monclova "trabajando máquinas de molinos de algodón," probablemente el
primer despepitador que hubo en el país.72 Había otros franceses conocidos
nada más por Francois y Monsieur Fierre. Este último fue posteriormente
panadero en Béjar. También se dedicaron algún tiempo al contrabando,
Miguel Quin, un irlandés carpintero de oficio, y el doctor Federico Zerban.
Este último había emigrado de Natchez en los Estados Unidos, y aunque el
gobernador Cordero le tenía desconfianza, le permitió quedarse en Texas
por la escasez de médicos en la región.73 Varias de las personas interroga-
das por Flores también mencionaron como contrabandista a un tal Panta-
león, que según parece era cubano.
Pero lo más importante de la investigación de Flores, fue el gran
número de funcionarios de la administración española que resultaron impli-
cados en este negocio. Entre éstos estaban los alféreces don Matías Jiménez
del presidio de Río Grande, don José María Uranga habilitado de la compa-
ñía de Aguaverde y don Juan José Elguézabal, habilitado de la compañía del
valle de Santa Rosa. Asimismo, se mencionaba al capitán don Sebastián
Rodríguez que fue comandante de Nacogdoches.
Los habilitados como Uranga y Elguézabal, eran los encargados de
abastecer a la tropa, y para estas fechas, lo estaban haciendo con frecuencia
con artículos de contrabando. Por cierto, que los precios a que se entrega-
ban éstos, era muy altos pues un oficial declaró que el alférez Uranga, le
había cargado la vara de muselina a seis pesos y la de indiana a cuatro, y
Elguézabal le vendió a don José María Urriaga, sacristán de la capilla del
valle de Santa Rosa, "un corte de túnico y una camisa para su mujer" en
noventa pesos.74 Se puede tener una idea de lo alto de estos precios si se
considera que un soldado ganaba veinte pesos mensuales y un alférez
cincuenta. Pero los artículos del país o importados legalmente por Veracruz,
deben haber sido más caros.
Sin embargo, los que principalmente resultaron inodados en el negocio
del contrabando fueron muchos de los oficiales que estaban en Texas, como
33
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
los capitanes de las milicias de Nuevo Santander, don Juan Bautista Casas,
don Juan Echavarría y don Miguel de Arcos, sobre todo don Simón de
Herrera que era el comandante de todos ellos, y su hermano don Jerónimo,
capitán de milicias del Nuevo Reino de León, quien desde hacía varios años
estaba en Texas.75
Los informes recabados por don Tomás Flores y el interés del virrey
Lizana para que se prosiguiese la investigación de todas las irregularidades
que el obispo Marín de Porras señalaba en su carta, llevaron al comandante
general a comisionar al ayudante inspector de presidios, teniente coronel
don Cristóbal Domínguez, para que continuara las diligencias "hasta poner-
las en estado de resolución. "76
El 9 de octubre de 1809 don Nemesio Salcedo escribió al arzobispo
virrey diciéndole que la investigación de Domínguez debía "extenderse a las
provincias de Nuevo León y Nuevo Santander, donde residían diferentes
sujetos de los que pueden declarar en el asunto, como interesados y agra-
viados." También le hacía notar, que la comprobación de los hechos se
hacía más difícil mientras don Simón de Herrera permaneciera en Béjar al
frente de las milicias, lo que en realidad puede entenderse como una suges-
tión para que removiera a don Simón, ya que él no lo podía hacer, pues las
milicias de Nuevo León y Nuevo Santander, aunque destacadas en Texas
que era parte de la Comandancia General, dependían del virreinato. Salcedo
llamaba asimismo la atención del virrey, comunicándole, que notaba había
en Texas un hermano de don Simón ejerciendo funciones de sargento mayor
y un hijo de ayudante. Se refería a don Jerónimo y a Simón de Herrera,
hijo.77
Es muy probable que las quejas del obispo Marín de Porras fueran las
que determinaran finalmente la remoción de los Herrera como gobernadores
del Nuevo Reino de León, pues el 23 de octubre el obispo volvía a escribir
al virrey repitiendo sus acusaciones y sugiriéndole substituir a don Pedro de
Herrera con el teniente coronel don Cristóbal Domínguez. Este no fue el
escogido, pues para nombrarlo se hubiera necesitado la aprobación del
comandante general, pero poco tiempo después los Herrera son desalojados
y reemplazados por don Manuel de Santa María.78
Por otro lado parece que las quejas continuas de un creciente contra-
bando, estaban preocupando seriamente al virrey, pues el 6 de enero de
1810, el auditor don José Melchor de Foncerrada contestaba una consulta
que le había hecho sobre la mejor forma de detener este mal, en la cual
manifestaba que el contrabando era "hijo de dos raíces: una, la vil codicia,
otra, la escasez de artículos necesarios dentro de casa." Explicaba luego que
cuando había estado en Santo Domingo, a pesar de las expediciones permi-
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DESFILE DE PROTAGONISTAS
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
cuando regresó a Monterrey lo denunció al administrador de alcabalas don
José Valera. Este lo estuvo haciendo dar vueltas diciéndole tenía que presen-
tar la denuncia por escrito, hasta que un día lo mandó con un oficio a la
casa del gobernador don Pedro, quien, como ya estaba informado por
Valera de la denuncia, llenó a de la Garza de improperios. Este fue luego
encarcelado, le tomaron declaraciones, lo amenazaron con presidio y "que
le cortarían los dedos y la lengua si no se desdecía de la calumnia" y
firmaba un memorial previamente preparado. "Al gobernador interino
Herrera — declaró de la Garza — le acompañaban como testigos de asisten-
cia unos grandes pájaros conocidos públicamente por sus parciales y agentes
de sus negocios, como lo son don Juan Reina su comensal, don Pedro del
Valle su escribano y apoderado para varios asuntos, y el cabo veterano de
la Compañía de la Punta de Lampazos, Tomás María flores, quien en un
pequeño descanso que dieron a su exposición, por haber estado desde las
ocho de la mañana hasta después de las doce, le estuvo persuadiendo al
exponente a que se desdijera del denuncio y le aseguró que de no hacerlo
sería sumamente castigado, por cuyo miedo e injurias y amenazas de don
Pedro Herrera, recibidas en el acto de la declaración, accedió a firmar todo
cuanto le pusieron delante."^
Otros interrogados por Domínguez fueron don José Valera, el adminis-
trador de alcabalas y su empleado Francisco Barredo, que era el único
guarda de la aduana. A Valera lo puso Domínguez en un verdadero aprieto,
pues en muchos años sólo había detenido dos o tres contrabandos y éstos
eran insignificantes. Valera culpó al guarda Barredo de no haber detenido él
solo un contrabando perteneciente a don Jerónimo Herrera, custodiado por
soldados que durmieron una noche en el Cerro del Topo. En cambio, liberó
un contrabando perteneciente a un capitán Guzmán de Nuevo Santander,
por haber intervenido don Pedro de Herrera, y el guarda Barredo, que lo
había capturado, se quedó sin su gratificación. También relató este último,
que haría unos cuatro años, Joaquín González le había denunciado, que en
la casa de don Alejo Ruvalcaba, el contador de diezmos, se había introdu-
cido un contrabando traído por el francés Pedro Grial y su compañero. Que
cuando él le informó de esto al administrador, éste le había dicho que no
hablase más sobre el asunto "pues estas causas se seguían aun después de
muerto, que era un grandísimo desgraciado Joaquín González a los favores
que recibía del citado Ruvalcaba, delatándole, que por gratitud debía ca-
38
DESFILE DE PROTAGONISTAS
cuenta que todos los individuos de las tropas provinciales de Nuevo León y
Nuevo Santander, luego que declaraban se iban derecho a la casa de don
Simón de Herrera y por lo tanto consideraba las declaraciones sugeridas.
Señalaba también el temor que tenía de que lo recusaran, como lo habían
hecho con don Manuel de Santa María, y pedía instrucciones sobre lo que
debía de hacer en este caso.89
Por su parte, don Simón de Herrera consideraba que se le estaba
persiguiendo injustamente, pues tan pronto como supo que había sido
relevado del gobierno de Nuevo León, le escribió al virrey manifestándole
que el único fundamento de su decreto era que había cumplido su término y
que nunca había tenido noticias de un caso similar "pues por cumplidos que
se hayan hallado hasta ahora los gobernadores nombrados por el rey sólo
han sido relevados por su majestad."*?® Pero el mismo día le escribió
también a don Antonio Coronel diciéndole que quería renunciar al gobierno
de Nuevo León, que sólo le había "originado atrasos" en sus intereses y
carrera e ir a España a luchar contra los franceses.91 Don Simón le decía a
Calleja: "Todo este alboroto vendrá a ser el parto de los montes. Yo como sé
que estoy inocente de las calumnias que puedan haber supuesto, estoy
tranquilo, aunque en el vulgo padece bastante mi reputación. Dios quiera
que el nuevo gobierno confunda el despotismo que tanto reina en esta parte
del globo. "92 Se refería indudablemente al nuevo gobierno que debía resul-
tar de las Cortes que estaban por reunirse y donde habría representantes de
todo el Imperio Español.
Los acontecimientos extraordinarios que se iniciaron por esos días de-
terminaron se suspendieran las investigaciones que se estaban llevando a
cabo sobre el contrabando y otras irregularidades, las cuales nunca se
volvieron a reiniciar.
Por otro lado, las acusaciones lanzadas por don Pedro de Herrera
contra don Manuel de Santa María, hicieron que decayeran en éste las
ilusiones que había tenido al recibir el nombramiento de gobernador. A esto
se agregaron otras dificultades, pues por el mismo tiempo escribía a la
Audiencia Gobernadora, acusando a "dos eclesiásticos de jerarquía", que no
hacían "otra cosa que perturbar con palabras y con obras la tranquilidad
pública." Es indudable que se trataba de unos canónigós.93 Santa María
decepcionado, se empezó a quejar con sus amigos, y el 10 de agosto le
escribía don Manuel de Acevedo el intendente de San Luis Potosí, recomen-
dándole tuviera "paciencia en su trabajo," ya que no era el único que tenía
dificultades y que si supiera los problemas que él tenía "se consolaría. "94
El obispo Marín de Porras seguía animando al gobernador y hasta
ayudándole económicamente, pero éste no parece haber recobrado su tran-
39
EN LOS ALBORES DE L4 INDEPENDENCIA
quilidad.95 Unos días después le contestaba a Acevedo, que seguía "disfru-
tando de una vida aciaga." Agregando más adelante que el puesto no era
para su "honrado carácter, opuesto en todo al sistema adoptado y reconcen-
trado en los corazones de estos habitantes, y desde tiempo inmemorial, sin
embargó me esfuerzo cuanto puedo a efecto de conseguir la fugitiva paz
desertara de estos países, en el ínter de saber de mi suerte. "96 Se refería
indudablemente, en esta última frase, a otro motivo de preocupación, el no
haber recibido todavía la confirmación de su nombramiento de gobernador.
Esto es probable se debiera a la situación revuelta que existía en España.97
Las noticias que recibía de San Luis Potosí, tampoco eran para levantarle
el ánimo, sino más bien un presagio de la turbulencia que estallaría pocos
días después. El 12 de agosto de 1810, don Juan Nepomuceno de Nieto le
escribía desde la hacienda de Bocas comunicándole que Calleja había estado
a punto de ser asesinado por su criado, a quien había encontrado en la
puerta de la pieza donde dormía "y sin hablarle palabra le tiró dos puña-
ladas, " pero que no lo había podido herir, y que Calleja "logró agarrarlo de
las mechas y echarlo debajo, hasta que la guardia u ordenanza subió. "98
Es indudable que Santa María no era un hombre de carácter vigoroso,
ni tenía experiencia administrativa ni de mando independiente para actuar
con decisión en los tiempos agitados que le tocó vivir. Pero los problemas
personales y de familia, lo mismo que las dificultades a las que tuvo que
hacer frente tan pronto como se encargó del gobierno del Nuevo Reino de
León, explican, cuando menos en parte, la inseguridad con que actuará en
el momento de hacer decisiones verdaderamente graves.
40
CAPITULO III
LA FALTA DE RECURSOS
41
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Sin embargo, gran parte de este contingente existía sólo en los informes
ya que el ejército estaba formado de dos clases de tropas, las veteranas o de
línea y las milicias provinciales. Las veteranas eran las únicas que estaban
permanentemente sobre las armas y su número, en el centro y sur del país,
apenas pasaba de 7,000 hombres. Había además otros 3,700 de tropas
presidíales distribuidos en pequeñas guarniciones en todo el norte del país,
ocupados siempre en contener las incursiones de los indios bárbaros.
Los cuerpos de tropas milicianas estaban formados por soldados oca-
sionales, pues salvo un pequeño pie veterano de militares profesionales, que
eran costeados permanentemente por el erario, el resto solamente recibían
sueldo en las llamadas "asambleas" anuales que duraban un mes. Estas
reuniones tenían por objeto el adiestramiento, pero en algunas unidades no
se efectuaban con regularidad. Los oficiales y tropa veterana de cada regi-
miento tenían a su cuidado los cuarteles, depósitos de armas, vestuario,
archivo y entrenamiento de los milicianos. La oficialidad que no pertenecía
al pie veterano, era escogida entre la gente próspera de cada región y esto
lo consideraban una distinción. A este respecto observa el doctor Mora que
las milicias provinciales "no hubieran logrado ponerse bajo un pie regular si
la venalidad de muchos virreyes, que lisonjeaban con los grados militares la
vanidad de los mexicanos, no hubiese procurado con mucho empeño vender
aquéllos a precios muy altos." Aun los soldados, sobre todo los de caballe-
ría, se procuraba que fueran "sujetos pudientes" para que aportaran su
propio caballo.3
El Regimiento de Dragones Provinciales de San Carlos, al cual pertene-
ció por muchos años don Manuel de Santa María antes de ser nombrado
gobernador del Nuevo Reino de León, debía tener según el reglamento, 361
hombres en tiempo de paz y 617 en el de guerra,^ pero sólo unos cincuenta
estaban en servicio activo.5 De éstos, cuatro eran oficiales y constituían la
plana mayor veterana: un sargento mayor que durante mucho tiempo lo fue
Santa María, dos ayudantes mayores y un teniente. El resto de los oficiales
cuyo número ascendía a treinta y seis incluyendo los jefes, un coronel y un
teniente coronel, eran personas ocupadas en sus negocios particulares, co-
merciales o de campo, y sólo ocasionalmente dedicaban algún tiempo a las
tareas militares. Esta situación había provocado cierta animadversión de los
oficiales veteranos, quienes por lo común eran personas pobres que vivían
exclusivamente de su sueldo, hacia los milicianos que por su influencia y
dinero los aventajaban en grado. Ya habrá ocasión de ver más adelante
cómo la misma tropa veterana despreciaba a los oficiales milicianos.
Un aspecto que es conveniente destacar tomando otra vez como ejem-
plo el Regimiento de San Carlos, es la edad avanzada de muchos de estos
42
LA FALTA DE RECURSOS
43
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
44
LA FALTA DE RECURSOS
45
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
de Río Grande, la otra, aunque seguía llamándose de Aguaverde ya no
estaba localizada en este lugar, sino en San Fernando de Austria, y lo
mismo sucedía con la de la Bavia, que estaba situada en el valle de Santa
Rosa.19
El número de tropas en Texas al iniciarse la Guerra de Independencia
era relativamente alto. Además de las dos compañías veteranas que normal-
mente guarnecían esta provincia, la de San Antonio de Béjar y la de la
Bahía del Espíritu Santo, se reforzó el año de 1803 con la del Álamo de
Parras y posteriormente con la mitad de la Compañía Volante de Lampazos
y con las milicias provinciales de Nuevo León y Nuevo Santander que ya se
han mencionado. Por lo tanto, en abril de 1810 había 1,013 hombres sobre
las armas en esa provincia, de los cuales 718 estaban en la capital San
Antonio de Béjar y el resto distribuidos en la Bahía del Espíritu Santo, La
Trinidad y Nacogdoches.20
También había en la jurisdicción de la Comandancia General, quince
compañías de milicias provinciales de 69 plazas cada una, y de éstas, ocho
tenían su asiento en Nueva Vizcaya y cuatro en Coahuila.21
Este era el panorama militar en el noreste de la Nueva España, la noche
del 29 de septiembre de 1810 cuando el gobernador Santa María recibió el
oficio de Calleja ordenando el envío de tropas. Pero el gobernador recibió
junto con este comunicado, otro de don Manuel de Acevedo, intendente de
San Luis Potosí, en que le recomendaba "procurara tener concertadas y
unidas todas las personas conocidas y honradas de ese gobierno para su
seguridad y defensa de la religión, de la patria y de los derechos de nuestro
amado soberano, el señor don Fernando VII, y estorbar los papeles anóni-
mos, sediciosos y subversivos que ya empiezan a circular por los emisarios
del cura de Dolores. "22
Es seguro que Santa María no durmió esa noche ya que la actividad
desplegada fue extraordinaria. Inmediatamente organizó guardias de vecinos
que rondaran la ciudad,23 y al día siguiente despachó numerosos oficios
con órdenes y recomendaciones.
Al gobernador de Coahuila don Antonio Cordero, le envió copia del
comunicado en que Calleja le avisaba del principio de la insurrección .24 Al
capitán don Francisco Bruno Barrera le pone un oficio ordenándole fuera
inmediatamente a Saltillo a hacer regresar a todos los oficiales y soldados
que, con licencia, habían ido a aquella villa en donde por esos días se
estaba verificando la feria anual, la cual era famosa en una amplia zona del
país.25
A don Juan Ignacio Ramón comandante de la Punta de Lampazos, le
ordenaba el gobernador que inmediatamente se dirigiera a Monterrey, junto
46
LA FALTA DE RECURSOS
con todos los soldados de la compañía veterana "a excepción de los muy
precisos para el servicio de casa." Que cada hombre llevara dos caballos y
que se dejaran de guarnición en Lampazos treinta hombres de la compañía
de milicias, los cuales empezarían a recibir desde aquel momento un sueldo
diario de dos reales los soldados, tres el cabo y cuatro el sargento. También
le recomendaba el gobernador a don Juan Ignacio, que si hubiera un oficial
de milicias "capaz por su honradez y patriotismo," se le encargara la
autoridad política y militar de aquel lugar y se llevara también a Monterrey
a los otros dos oficiales veteranos, el teniente don Juan de Castañeda y el
alférez don Miguel Serrano. Este último, además de ser oficial de la compa-
ñía presidial era, en aquel momento, el subdelegado de Lampazos o sea la
autoridad política.26
El gobernador comunicaba igualmente la noticia de la insurrección de
Dolores al deán y Cabildo de la Catedral, al licenciado don Fermín de Sada,
cura párroco de El Sagrario y a don Melchor Núñez de Esquivel, adminis-
trador de la Real Renta del Tabaco. A este último le mandaba se abstuviera
de vender pólvora hasta nueva orden, salvo "a personas de conocido
patriotismo. "27 Al deán y Cabildo les rogaba Santa María, que con el
ascendiente que tenían sobre el público, coadyuvaran a evitar la difusión en
la provincia de "las proclamas y papeles seductivos" de los insurgentes.28 Y
al cura de El Sagrario le pedía que no dejara pasar el día sin manifestar "en
la cátedra de la verdad el inaudito atentado y horroroso crimen cometido
por el cura del pueblo de Dolores. "29
También se dirigía el gobernador, el mismo día 30, a los subdelegados
de todos los pueblos de la provincia, ordenándoles "que sin pérdida de
instantes," procedieran "a reunir los corazones por medio de una junta
compuesta de los principales sujetos de la población" para que todos de
acuerdo se dedicaran a evitar la introducción de papeles, cartas y proclamas
de los insurgentes.30
Les incluía Santa María a los subdelegados una proclama dirigida a los
"nobles patricios y fieles vecinos del Nuevo Reino de León" que en su parte
medular decía: "No articulen vuestros labios una expresión que no sea
VIVA LA RELIGIÓN, VIVA EL REY, VIVA LA PATRIA E INTIMA
UNION DE LA ANTIGUA Y NUEVA ESPAÑA Y MUERA AL RIGOR DE
NUESTROS LEALES BRAZOS todo aquel que, degenerado en tan españo-
les sentimientos, se haga acreedor al escarmiento público." El gobernador les
ordenaba a los subdelegados, que de esta proclama se hicieran tres o cuatro
copias y "que se fijaran, después de pregonada por voz de verdugo, en los
parajes públicos y de mayor concurrencia. "31
Santa María adjuntaba a la circular de los subdelegados, otra para los
47
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
curas párrocos de los distintos pueblos, haciéndoles recomendaciones simila-
res a las que hacía al cura de El Sagrario.32 Y una orden perentoria para los
comandantes de las compañías de milicias de cada lugar, que decía: "Inme-
diatamente, y sin que medie la menor morosidad de que hago a vuestra
merced responsable, reunirá vuestra merced y acuartelará, tantos soldados
útiles y de la mayor instrucción, montados, armados y vestidos, según las
proporciones y recursos que puedan adaptarse, haciendo que igualmente, y
a excepción del sargento y cabo menos antiguo, se presenten, y en la misma
conformidad los de las citadas clases, a efecto de que, precedidos de vuestra
merced y de los demás oficiales existentes en esa compañía, emprendan la
marcha con destino a esta capital, conduciendo bastimentos para veinte
días. "3
Se señalaba también a cada población el número de hombres que debía
aportar, variando el número según la importancia de cada una, pues Cade-
reyta debía proporcionar cuarenta y San Pedro sólo ocho. Se exceptuaba de
esta orden a los pueblos de Lampazos, Vallecillo, Boca de Leones y Azanza,
indudablemente por ser los más expuestos a las incursiones de los indios
bárbaros y necesitaban por ello a todos sus hombres para la defensa. Sin
embargo, se recomendaba a los comandantes de estos lugares, que los
miembros de la compañía estuvieran listos y tuvieran a la mano tres
caballos por hombre.34
Con exagerada lentitud fueron llegando las órdenes a las distintas
poblaciones, ya que la distribución se hizo por medio de cordillera. Este
sistema utilizado entonces, consistía en que las circulares expedidas por la
autoridad central seguían una ruta determinada y al llegar éstas a cada
pueblo, la autoridad local las copiaba y firmaba el original, anotando la
fecha y con frecuencia la hora en que se había recibido y cuándo había
salido a la siguiente población, regresando finalmente la circular a su lugar
de origen. En el Nuevo Reino de León había dos rutas de esta clase que
naturalmente tenían como centro a Monterrey. Una ^seguía el siguiente
recorrido: San Pedro, Pesquería Grande, Salinas, Boca de Leones, Lampa-
zos, Vallecillo, Cerralvo y Marín. La otra ruta empezaba en Cadereyta y
continuaba por Pilón, Mota, Linares, Río Blanco, Labradores y Guajuco.
Por lo tanto, poblaciones muy cercanas a Monterrey no recibieron esta serie
de órdenes hasta después de transcurridos muchos días; así, no llegaron a
Marín hasta el 15 de octubre y a Guajuco hasta el 21.
Dos días después de enviada la primera circular, el gobernador mandó
otra a los subdelegados, en la cual su principal recomendación era que
cooperaran con los comandantes militares para conseguir caballos, pues
cada miliciano debía ir dotado de tres. Les pedía hicieran todo lo posible
48
LA FALTA DE RECURSOS
49
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
pedido permiso a Santa María para ir a Matehuala a liquidar ciertas cuentas
y al iniciarse la insurrección, a duras penas pudo escapar de los insurgentes
"en fuerza de no dormir ni comer en cuatro días y noches de extraviar
rumbos," pues había ido a la ciudad de México a llevar mulada.41
El 5 de octubre, Castañeda le escribió desde Saltillo al gobernador
Santa María diciéndole que estaba activando el arreglo de sus negocios por
si urgía su presencia al frente de su compañía "en cuyo caso abandonaría
todo interés por contribuir gustoso a caminar contra esos perversos," pero,
que si las tropas no iban a salir pronto, le convendría atender sus asuntos
por unos días y mientras tanto, podría encargarse de la compañía el tenien-
te de ella, que al fin y al cabo, al salir de San Luis había preguntado a los
señores Calleja y Villamil, que "si debía temer un repentino movimiento" y
le habían contestado "que por ahora serían todas prevenciones. "42
Pero José Lorenzo de la Garza, el teniente de la compañía de Castañeda
que debía encargarse de ella y fue citado por el gobernador el día 6, no
contestó desde Boca de Leones hasta el 13, diciendo que no le habían
entregado la orden hasta ese día por haber andado en la feria de Saltillo
surtiéndose de varias cosas para su familia, pero que tan pronto como
recibió el oficio se había puesto a preparar su equipaje para presentarse en
Monterrey.43
En todos lados eran las mismas dificultades y demoras. El día 6 don
José Antonio Hinojosa escribía desde Cerralvo manifestando que acababa
de llegar a esa villa y no había encontrado la orden; que al pasar por
Monterrey, le había informado el gobernador haber enviado para que
juntara la compañía. Efectivamente, como dicha orden siguió la ruta de la
cordillera no llegó a Cerralvo hasta el día 9. Sin embargo, Hinojosa especi-
ficaba que había mandado mensajeros para que fueran a los distintos
lugares donde vivían los soldados para que se les notificara comparecieran
"con prevención de caballos, armas y bastimentos para el día 9 del presente
sin pretexto ni excusa alguna."^
Hinojosa mostró más eficacia que los otros comandantes. El día 10
mandó a Monterrey treinta y seis milicianos, solamente dos menos de los
que le habían pedido. Estos iban a las órdenes de don Joaquín Cantú, el
único sargento que tenía esa compañía, ya que a Hinojosa, oficial a cuyo
cargo estaba, lo habían retirado de Texas "como inutilizado de poder hacer
el servicio. "45
El día 12, todavía no llegaba esta compañía a Monterrey, y el sargento
Cantú escribía desde el Río de los Guerras que se había demorado por lo
pedregoso del camino, proporcionando una lista de lo que le faltaba a su
gente: 10 escopetas, 13 adargas, 33 lanzas, 19 cartucheras, 30 pistolas y 22
50
LA FALTA DE RECURSOS
machetes.46
Muchos meses después de estos acontecimientos, don Pedro de Herrera,
queriendo atribuir a la pusilanimidad del gobernador Santa María el que las
tropas de Nuevo León no se hubieran mandado a tiempo a engrosar el
ejército de Calleja, afirmaba que para el día 11 de octubre ya había
reunidos en Monterrey 200 hombres de milicias y 35 de la Compañía de la
Punta de Lampazos.47
Esto es indudablemente falso, pues en total se habían pedido 286
hombres a los distintos pueblos, y es seguro que todavía no llegaban los de
Cerralvo, que debía aportar 38, ni los de Linares, Labradores y Río Blanco,
lugares a los que se habían pedido 78. En realidad, parece que el día 11
estaban en Monterrey únicamente el piquete de la propia ciudad y los de
San Pedro, Pesquería Grande, Guajuco y Salinas, en total 154 hombres y
seis oficiales. Había además grandes deficiencias de armamento, porque
según el reglamento cada hombre debía ir equipado con escopeta, un par de
pistolas, sable y lanza y sólo se disponía de 88 escopetas, 50 pistolas, 68
sables y 50 lanzas.48
El obispo de la diócesis don Primo Feliciano Marín de Porras que
estaba en Saltillo, no había dirigido ningún comunicado a sus feligreses con
relación a la insurrección, pero el día 11 don Manuel de Santa María le
escribió diciéndole: "Acaba de denunciarme un celoso patriota cierta procla-
ma sediciosísima remitida a estas provincias por los insurgentes de la villa
de San Miguel el Grande firmada por Aldama y llena del veneno más activo
y adecuado para engañar a los incautos. En ella convidan a un levantamien-
to general a todos los criollos y a tomar las armas, con negra hipocresía, en
defensa de la religión católica, de la patria y de Femando Vil, declarando
guerra a todo gachupín." Terminaba Santa María sugiriéndole al señor
obispo que si lo juzgaba oportuno se sirviera dirigir una circular a todos los
curatos de la diócesis "imponiendo la pena espiritual de excomunión mayor
ipso facto incurrenda contra las personas que propagasen, leyeren, retuvie-
ren y no entregasen tal proclama en el término de seis días, como también
contra los que de hecho o de palabra, difundiesen las especies seductoras
que contiene ésta y cuantas dirijan al mismo fin. "49
Con fecha 15 de octubre, tal y como lo pedía el gobernador, el obispo
Marín hizo circular una carta pastoral condenando el movimiento insurgen-
te y amenazando con suspender a todos los eclesiásticos que en el término
de tres días, no le remitieran las proclamas de los insurgentes que cayeran
en sus manos.50
El día 13 el gobernador expidió órdenes para la marcha del piquete de
soldados veteranos de Lampazos. Este estaba formado de sólo 23 hombres e
51
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
iría al mando del teniente don Juan de Castañeda, aunque parece se cambió
de parecer, pues primero se había decidido fuera a las órdenes de don Juan
Ignacio Ramón.51
Aun habiendo salido de Monterrey esta pequeña fuerza el día que se
expidieron las órdenes, apenas se hubiera podido reunir al ejército de
Calleja. Este, en efecto, abandonó el Campo de La Pila, cerca de San Luis,
el día 27 y en el itinerario para las tropas del Nuevo Reino de León se
especificaban las jornadas que debían hacer diariamente, las cuales fluctua-
ban entre ocho y quince leguas y tardarían trece días para llegar a San
Luis.52
De momento no salieron ni estas tropas. El día 15, el gobernador citó
urgentemente a una Junta de guerra a los capitanes de las milicias que se
habían reunido: don Andrés Mendiola, don José María Sada, don Francisco
Bruno Barrera y don Pedro de Herrera. También estuvieron presentes el
subteniente don José Antonio Leal de León, representando al cuerpo de
subalternos y el teniente don Juan de Castañeda, que actuó como secretario.
El motivo de esta junta fue que el gobernador, para rebatir dos proclamas
de los insurgentes que llegaron a sus manos, preparó otra que hizo fijar en
las esquinas y al día siguiente habían desaparecido todos los ejemplares.
Santa María consideraba que muchas de las gentes de la provincia, que
habían ido a la feria de Saltillo se habían enterado allí "de las sediciosas
proclamas dictadas por los insurgentes," y había peligro de desórdenes, por
lo tanto la Junta tenía por objeto decidir si se enviaban las tropas a San Luis
o se quedaban.
Todos los asistentes a la Junta votaron porque se quedaran y es intere-
sante el parecer del segundo comandante, don Pedro de Herrera, pues
posteriormente para justificarse expondrá opiniones muy distintas. Este dijo:
que "...sin embargo del celo y actividad del señor gobernador," había
tenido la desgracia de que se introdujeran proclamas sediciosas, que su voto
era se suspendiera la salida de las tropas "manteniéndose en esta ciudad
acuarteladas," y que se le avisara al señor comandante, con lo cual conside-
raba no se perjudicaba el servicio del rey, pues mientras llegaba la contesta-
ción se acabarían de reunir las tropas y en ese tiempo se les podía discipli-
nar "por ser la mayor parte reclutas. "53
Ese mismo día Santa María escribió a Calleja, mandándole el acta
levantada en el consejo de guerra y exponiéndole todas las dificultades que
estaba teniendo para reunir las milicias, señalando los pocos recursos con
que contaba la provincia, "mucha parte despoblada a causa de los años
estériles y del temor del alistamiento," que incesantemente había sufrido. Le
decía que la tropa se estaba reuniendo lentamente a causa de las distancias
52
LA FALTA DE RECURSOS
53
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Sin embargo, de Aysa noticiaba principalmente sobre acontecimientos
que estaban sucediendo en regiones más próximas. Informaba que Calleja
había llegado de Bledos a San Luis Potpsí el día 19 a las ocho de la noche y
que su propósito era "alarmar toda la brigada." Que la tarde del día 5 de
octubre había salido el mismo comandante a ponerse al frente de su ejército
el cual se estaba reuniendo en la hacienda de La Pila y que el día 8 habían
llegado al campamento a engrosar el ejército "seis escuadrones de indios
huastecos flecheros, de 200 cada uno. Cada indio con dos carcajes de a 40
flechas cada uno, no obstante varios burros y mulos cargados de jaras."
Que a estos indios los acaudillaban los misioneros. También contaba que
Calleja "anda jovial y da muecas a los soldados, ¿conque irán a ser sacris-
tanes del cura?, y otras chufletas del tenor. "55
Otras noticias de San Luis eran más inquietantes, pues informaban de
los problemas que estaban teniendo para armar el ejército. Una de estas
cartas decía: "Los cañones de palo no sirvieron, pues en la prueba se
quedaron; los de cobre, les echaron la madre de bronce y se unió, por lo
que se inutilizó, pero se insiste hacerlos útiles." También informaba de los
reos de estado que había en la cárcel y en los distintos conventos de la
ciudad y refería que el batallón que la guarnecía estaba sin disciplinas y casi
sin armas, que muchos de sus individuos eran más malos que los presos y
había que vivir con mucha vigilancia y desconfianza. Terminaba el infor-
mante exclamando: "¡Pobres de nosotros si nos llega a faltar dinero para las
pagas!, pues llega el gasto diario a más de diez mil pesos y apenas tenemos
en caja trescientos mil y no hay quien franquee un peso, ni entregándole
plata a un precio ínfimo. "56
Pero algo que debe haber preocupado especialmente al gobernador
Santa María era la situación de su familia pues, según parece, su esposa e
hijos se habían quedado en México arreglando el problema de la herencia de
su padre. El 26 de septiembre doña Rosa le escribía que por la interrupción
del correo se había quedado esa semana sin su carta. "Toda soy una pura
congoja —afirmaba— el Regimiento de la Corona salió esta mañana. El en
que está mi hijo es regular salga y no sé si a él lo llevarán." Se refería a un
hijo del gobernador que era cadete.57
Todas estas dificultades y el hecho de no ser el gobernador Santa María
un hombre de carácter enérgico y de iniciativa, lo llevaron a escribirle a
Calleja el 15 de octubre, el mismo día en que se efectuó la Junta de guerra,
diciéndole que él no había "nacido para mandos políticos aislados y sin
recursos" y le pedía le ordenara se fuera a engrosar las filas de sus tropas y
entregara el mando del Nuevo Reino de León a don Juan Ignacio Ramón,
teniente comandante de la Compañía de La Punta. De éste hacía grandes
54
LA FALTA DE RECURSOS
55
CAPITULO IV
EXPEDICIONES FRUSTRADAS
56
EXPEDICIONES FRUSTRADAS
57
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
El día 21 salieron de San Carlos solamente cuatro compañías de milicias.
La quinta no se había integrado, porque todavía no llegaban los piquetes de
Camargo y Revilla.H Estas compañías iban al mando de los capitanes
Miguel Leal, Juan María Mazoleni, Eufemio Treviño y Juan Fermín de
Juanicotena.12 Al día siguiente llegaron a Cinco Señores y el 23 a Padilla,
reuniéndose ahí con los piquetes de la primera y segunda compañías vetera-
nas, integrándose un contingente de 250 hombres. Ese mismo día don
Joaquín Vidal de Lorca tomó el mando de toda la tropa y dio a conocer
como su ayudante de órdenes al teniente don Antonio Guadalupe Cardo-
na.13
El pequeño ejército emprendió la marcha el día 24 y antes de salir Vidal
le escribió al gobernador diciéndole que a él le constaba lo quebrantada que
estaba su salud, dado que el año de 1808 había tenido que suspender su
curación en la ciudad de México para venirlo a substituir cuando él salió
para Guanajuato.14 Hace luego una larga enumeración de sus dolencias.
"Desde aquel tiempo, —dice— han seguido mis accidentes tomando mayor
cuerpo, de manera que vivo continuamente atormentado sin tener dos días
consecutivos de mediana salud. Va entrar el invierno, en cuya estación se
me agrava cada año más y más el hestérico (sic), que en medio de sus
fuertes acciones hace un embargo intermitente en la claridad y orden de mis
potencias tal, que en esos días no puedo atender con utilidad al cumplimiento
de mis deberes. Por otra parte, las erupciones que en el año de mi curación
se manifestaron del pecho a la espalda, que fue el otro accidente que me
impulsó a solicitar aquel permiso superior, ya me cubre toda la caja del
cuerpo con sus supuraciones que no dejan duda de su grave malignidad. A
todo esto se agrega la continua gonorrea y almorranas que padezco hace
tres años. En esta situación, una dilatada marcha, como es la prevenida
para San Luis, y las fatigas a caballo, que son consiguientes al interesante
objeto de ella, no podré desempeñarla sino arruinando la posibilidad de
restablecerme y quedando inútil hasta acabar con mi vida, y no siendo la
voluntad del soberano que ninguno de los individuos que servimos en sus
reales ejércitos, se emplee estando enfermo en funciones que no puede
soportar sin grave detrimento de su salud, debería yo, en uso de su real
clemencia, manifestar a usted mi actual imposibilidad para el destino prefi-
jado, pero atendiendo a lo importante del asunto que promueve la provi-
dencia antecedente y mis vivos deseos de emplearme en tan urgente ocasión,
estoy resuelto a emprender la marcha, según me lo ha ordenado, hasta
sacrificar mi salud un grado menos de incurable." Termina Vidal informan-
do, que iba a tomar el camino de Santa Bárbara, "así por su mejor piso
para la caballada, que está muy despeada, como por los pastos y aguas. "15
58
EXPEDICIONES FRUSTRADAS
59
EW IOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
vecinos de los pocos que quedaron sin ir al ejército.23
Aunque es posible que Barrenechea exagerara al hablar de batalla, lo
que sí es un hecho es que los insurgentes encabezados por un tal Marín,
entraron a Río Verde el 2 de noviembre. Los informes respecto a su número
son variables; parece eran unos ochocientos, con pocas armas de fuego y la
mayor parte armados con lanzas, hondas, machetes y flechas. Sólo se
quedaron unas horas y se retiraron a un lugar de la sierra llamado La Tinaja
en donde tenían su guarida.24
Tan pronto como Vidal recibió el oficio de Barrenechea celebró una
nueva junta con sus oficiales y la opinión fue proporcionar el auxilio
pedido. Por lo tanto, al día siguiente, 2 de noviembre, Vidal se encaminó
con la mayor parte de la tropa hacia el Valle del Maíz, comunicando a
Calleja su decisión y dejando en Tula más de veinte hombres custodiando la
caballada y el equipaje.25 En el camino, el capitán Vidal recibió otro oficio
del Valle del Maíz en el que Venustiano Barragán y Manuel Antonio Ortiz
de Zarate pedían los auxiliara lo más pronto posible, pues el subdelegado,
que era español, había salido del pueblo para ocultarse de los insurgentes y
los dejó a ellos con el mando de las armas.26 Vidal llegó al Valle del Maíz
al día siguiente.27
60
EXPEDICIONES FRUSTRADAS
dos que se le pedía saldría el día 18.29 Con estras tropas se presentaba la
situación absurda de que estando Río Blanco a unos trescientos kilómetros de
San Luis Potosí, iban a marchar en dirección opuesta más de trescientos kiló-
metros hacia Monterrey, para luego regresar a la primera de estas ciudades.
El 22 de octubre Santa María aún no había recibido contestación de
Calleja a su oficio en que le informaba estaba suspendiendo el envío de la
tropa, pero le vuelve a escribir diciéndole que ya estaban "en estado de útil
servicio tres compañías de a cincuenta hombres cada una y reunidos veinti-
trés hombres de la Compañía Volante de La Punta," y que había dispuesto
salieran para San Luis al mando de don Pedro de Herrera. Que al día
siguiente marcharía la compañía de dicho capitán y en los días sucesivos la
de don Francisco Bruno Barrera y la de don Domingo Castañeda.30
No obstante, el mismo día don Pedro le escribió a Calleja diciéndole,
que "creía correr mañana" a ponerse a su lado, pero que Santa María había
tenido que suspender la marcha porque recibió informes, tanto de Béjar
como del capitán Bustamante, comandante de Laredo, que los comanches
les habían declarado la guerra.31 Efectivamente, el día 13, un crecido
número de indios atacaron en el río de San Marcos en Texas a la guardia
que custodiaba la caballada de una de las compañías de Nuevo Santander;
mataron un sargento y tres soldados, dejaron heridos a otros tres hombres
y se llevaron toda la remuda que consistía de 363 bestias. También se decía
que 152 comanches iban rumbo a Laredo.32
Aunque Calleja había contestado desde el día 18 el oficio de Santa
María en que le comunicaba que de momento estaba suspendiendo el envío
de la tropa, este último no recibió la contestación hasta el 24. En ella le
manifestaba que eran justas las reflexiones que hacía acerca de la seguridad
de su provincia, pero que "la distancia y el estado de sosiego" en que se
hallaba alejaban todo recelo de peligro, que acelerara la marcha de los 250
hombres de milicias y el piquete veterano, y que sin la menor demora,
reuniera, organizara y tuviera listos los 300 hombres que le había prevenido,
pues la insurgencia iba haciendo progresos muy rápidos y sólo podía conte-
nerse reuniendo en San Luis un ejército respetable, que unido al que había
salido de México al mando del conde de la Cadena, y se hallaba en
Querétaro, pudiera "reprimir a los insurgentes y asegurar con su exterminio
el orden público. "33 Ese mismo día Calleja mandó al gobernador de Nuevo
León una breve nota escrita precipitadamente de su puño y letra la cual
decía: "Amigo mío, la patria está en riesgo y exige imperiosamente nuestros
esfuerzos para salvarla, y yo ni quiero ni dudo que Santa María no sea el
primero a auxiliarla, no pierda el tiempo y a marche* forzadas envíeme la
gente que sea posible sin detenerse en nada. Estoy próximo a los enemigos y
61
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
en vísperas de atacarlos y no me pesaría tener a usted aquí y al lado de su
amigo. 34
Es indudable que Calleja veía la situación muy crítica pues también
envió correos con esta orden perentoria: "Los comandantes de tropas de La
Colonia y Nuevo Reino de León que vengan con dirección a San Luis Potosí
a quienes se presente esta orden, apresurarán la marcha cuanto les sea dable
para reunirse a este ejército. "35 No sabía don Félix que ninguno de los dos
contingentes había salido aún.
Santa María contestó el oficio de Calleja el mismo día que lo recibió,
diciéndole que quedaba su "corazón lleno de la mayor pena" pues no le era
posible, sin exponer la provincia, reforzar su expedición. Continuaba expo-
niendo que le tenía manifestado la situación deplorable de la provincia, sus
escasos recursos, la poca gente que se presentaba voluntariamente, la im-
presión que había hecho en su sencillez las proclamas de los insurgentes, las
sospechas muy fundadas de que hubiera partidarios de los rebeldes de
ascendiente popular y el disgusto con que muchos de los reclutados aban-
donaban sus hogares "viendo el llanto de sus familias," lo cual imposibili-
taba la creación de nuevas tropas. El gobernador hacía luego referencia a
las noticias que se habían recibido de la guerra con los indios, especifican-
do, que esto requería más de su atención, pues según opiniones, los bárba-
ros operaban de acuerdo con los insurgentes, porque se había visto "mar-
char considerable número de gandules con caballo de diestro," cosa extraña
en el modo que acostumbraban hacer la guerra.
El gobernador le decía más adelante a Calleja que no había podido
reunir más que cuatro compañías y que iba a compartir sus fuerzas man-
dándole dos, que el piquete de la Compañía Veterana de Lampazos, aunque
corto, era muy útil para las atenciones de Tierra Adentro y "otras muchas
recomendables" por lo tanto, se quedaba en la provincia. También comuni-
caba Santa María, que aunque don Pedro de Herrera había pedido salir con
la tropa, y de hecho le correspondía el mando, lo estaba deteniendo, pues
como él hacía poco que había llegado a la provincia, necesitaba de su
asesoramiento para un mayor acierto en sus órdenes y además para que don
Pedro se encargara del gobierno en caso de un accidente. Terminaba el
gobernador informándole a Calleja, que el día 25 saldrían las dos compa-
ñías al mando de los capitanes Bruno Barrera y José Domingo Castañeda.36
Este último, que seguía en Saltillo, le escribía al gobernador ese mismo
día diciéndole, que estaba mandando doscientas cartucheras y otras tantas
fundas de escopeta que se habían mandado hacer en esa población. Asimis-
mo, le informaba que había ordenado confeccionar doce uniformes para
aquellos soldados de su compañía que los necesitaran. Terminaba diciendo
62
EXPEDICIONES FRUSTRADAS
63
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
de Aysa que le había ofrecido hombres, le manifestaba que los mandara si
eran "de clase útil" e iban bien montados, que a los demás no los necesitaba
pues sólo aumentaban las dificultades. También le pedía escribiera a cuatro-
cientos europeos que le había informado estaban en Cedros, para que se
presentaran, asegurándoles que en su ejército encontrarían "distinción, pro-
tección y seguridad. "44
64
EXPEDICIONES FRUSTRADAS
esas naciones. Sin embargo le decía, que estaba dando cuenta de su peticiór
al comandante general para que determinara lo que fuera conveniente.4í
No obstante esta contestación, Cordero ya había mandado tropas fuera
de su jurisdicción, pues el subdelegado de Real de Catorce le comunicó alar-
mado que el vecindario estaba muy inquieto, debido a la semiparalizaciór
de las minas y el cierre del comercio y le pedía enviara algunas tropas para
mantener el orden. El gobernador de Coahuila accedió a esta peticiór
mandando sesenta milicianos de Saltillo a las órdenes de don Dionisic
Valle, capitán del presidio de la Bavia.49
Pero el 4 de noviembre, el capitán Valle se dirigió a Cordero solici-
tando refuerzos pues le decía que los insurgentes habían entrado a Aguasca-
lientes, que su tropa estaba muy bisoña y que en Catorce solamente podía
contar "con los europeos y algunos vecinos honrados" que apenas llegarían
en total a unos cien hombres. Por lo tanto, no disponía de suficiente gente
para sujetar al pueblo y hacer resistencia a los insurgentes.50
Es por esto que al día siguiente que don Pedro de Herrera llegó a
Saltillo, Cordero se comunicó inmediatamente con él, informándole de la
situación en Real de Catorce y pidiéndole se sirviera reforzar con parte de
sus tropas aquella guarnición y tomara el mando de ese punto, pues queda-
ba dentro de la jurisdicción del virreinato.51 Herrera le contestó al goberna-
dor de Coahuila que tenía órdenes de unirse al ejército de don Félix Calleja,
pero que considerando la importancia de sostener a Catorce, su decisión era
seguir con sus tropas hacia esa población.52 Sin embargo, le pone un oficio
a Calleja justificando su determinación, en el cual le decía que se había
dado cuenta que el señor Cordero contaba con muy pocas fuerzas "para
atender a varios puntos muy interesantes a la defensa de la provincia de su
mando y las del virreinato," que además estaba refugiado en Saltillo "la
mayor parte del comercio de Zacatecas" y clamaba, como era natural, "por
la custodia de sus personas y caudales. "53
El día 7 a las cinco de la tarde, don Pedro recibió un oficio del capitán
Bruno Barrera, quien se había adelantado con las dos compañías de Nuevo
León que salieron primero y ya se encontraba en San Salvador, a la mitad
del camino entre Saltillo y Catorce. Con este oficio se incluía otro de las
autoridades de este real pidiéndole auxilio y Herrera contestó que estaba
dando orden al capitán Barrera para que marchara a esa población.54
Don Pedro mandó el día 8 su compañía y la de Guajardo para que
fueran a dormir a Aguanueva a ocho leguas de Saltillo, pero él no salió
hasta el día siguiente y las alcanzó en este lugar; por lo tanto, no parecía
"correr" mucho, pues había perdido otros cuatro días en Saltillo. En Agua-
nueva recibió otro oficio del capitán Barrera, quien tampoco se había
65
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
movido de San Salvador. Este le adjuntaba dos cartas, una de don Antonio
de Elorza, subdelegado de Matehuala y la otra de don Jacobo María Santos,
el colector de alcabalas de Venado, escrita al primero.55
Santos, cuya carta era del día 6, refería que los insurgentes habían
entrado a la hacienda de Salinas, en donde todavía estaban la noche ante-
rior a las ocho, según le había informado un espía que mandó, que espera-
ba ser sorprendido en cualquier momento y que no tenía más auxilio que
ocho paisanos y unos cuantos indios desarmados, con quienes no podía
contar. Afirmaba también Santos que si tuviera cincuenta hombres de
confianza, ya se hubiera apoderado de la cuadrilla que estaba en Salinas,
pues cada rato recibía noticias de su abandono y descuido, y que le
constaba que no traían entre todos más que cuatro escopetas y los demás
unas lanzas y garrotes. Decía más adelante, que si le dejaban cien soldados
de la tropa veterana, no lograrían los insurgentes penetrar al pueblo. Todas
estas gentes estaban ilusionadas con la tropa veterana que les iba a llegar
del norte, siendo que, tantos los enviados por Cordero de Saltillo como los
de Nuevo León, eran milicianos recién reclutados y sin ninguna experiencia
militar. Por último le hacía notar Santos a Elorza, "que la separación de los
europeos de su domicilio" había fomentado la revolución de la plebe; que,
por lo tanto, debían permanecer unidos en su región.56
El día 10, don Pedro llegó a Tanque Nuevo y al día siguiente nada más
avanzó seis leguas hasta La Ventura por haberse dispersado la caballada de
la tropa, pues se iba arreando una manada muy grande, ya que cada
hombre llevaba dos caballos de reemplazo. Antes de llegar a este último
punto recibió un nuevo oficio de las autoridades de Catorce57 en el cual le
decían que tenían informes que había pasado un correo del comandante
militar de San Luis pidiendo que las tropas que iban bajo su mando
siguieran para aquella ciudad, que no sabían lo que él resolvería, pero que
sin su ayuda tendrían que abandonar la defensa de aquel punto. Le expo-
nían luego los preparativos que habían hecho con este fin, especificando que
no estaban "desprovistos de carnes, harinas y semillas," que tenían "siete
cañoncitos, veinte quintales de pólvora ordinaria y doscientas libras de fina,
cincuenta fusiles" y con tal disposición de ánimo, que con mucha pena
renunciarían a la defensa. Que habían empezado a levantar algunos parape-
tos, pero que los suspendieron hasta saber su respuesta, pues si abandona-
ban el lugar podrían ser útiles al enemigo. Le informaban por último, que
tenían plena confirmación que el ejército insurgente de Zacatecas se dirigía
contra San Luis.58 Herrera les contestó, que el martes a las doce del día
es'taría en La Punta, cerca de Vanegas, y los citaba en ese lugar para discutir
la forma en que los podría ayudar.59
66
EXPEDICIONES FRUSTRADAS
67
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
tío tuvo efecto "por la falta de contribuciones pecuniarias, a que se nega-
ron." Le comunicaba por último que los vecinos de Venado habían llegado
ese día a Matehuala huyendo.65
Herrera le informaba al gobernador de Coahuila que había exhortado a
los subdelegados de Matehuala, Cedral, Venado y los otros pueblos de la
comarca diciéndoles que estaba bien salvaran sus intereses y familias, pero
que se le reunieran los hombres capaces de tomar las armas, pues creía
poder hacer "una gloriosa resistencia." También le decía don Pedro al
coronel Cordero, que sabía que varios habitantes de la comarca estaban
emigrando para Saltillo y que él debía hacerlos "tomar las armas en defensa
de sus personas y caudales." Que si lograba se le unieran los que estaban
huyendo, pensaba situarse en Laguna Seca porque era un lugar adecuado
para atacar a los insurgentes en el campo y evitar se introdujeran a las
Provincias Internas. Pero que si no lograba la cooperación de los que huían,
pensaba abandonarlos e irse a donde el corto número de tropas que estaban
a sus órdenes pudieran "ser útiles a la patria." &>
El día 14 al amanecer, llegaron a la hacienda de Vanegas todas las
autoridades y europeos de Catorce. Ahí se verificó una junta para determi-
nar las medidas que debían tomar. A esta reunión asistieron don Pedro de
Herrera, el subdelegado de Catorce don Julián de Cosío, el capitán don
Dionisio Valle, el alcalde de primer voto de Catorce, don Miguel María
Jiménez, el capitán don Francisco Pereyra, el alcalde de segundo voto don
Juan Sánchez, el capitán don Francisco Bruno Barrera, el diputado de
minería don Andrés Soto, el diputado sustituto y administrador de reales
rentas don Manuel Verdeja, el administrador de correos y vocal de la Junta
Municipal don Lucas Marco y el capitán don José Domingo Castañeda.
Don Pedro de Herrera expuso que él se había puesto de acuerdo con el
señor Cordero para situarse en Catorce y defender aquel punto, pero que
esa defensa no la podía hacer sin el auxilio del vecindario y que ahora
resultaba que todos habían emigrado; por lo tanto, los juntaba para que le
dijeran qué debía hacer con las tropas que mandaba, ya fuera replegarse o
salir al encuentro del enemigo siempre que su tropa no fuera a sacrificarse
inútilmente si el número de los enemigos era demasiado grande.
Oído esto por las autoridades de Catorce le manifestaron que el día 12,
al tener noticias de la calda de San Luis, habían tenido una reunión con los
oficiales de las tropas que habían ido de Coahuila: capitanes Dionisio Valle
y Francisco Pereyra y subtenientes José Cristóbal Rodríguez y José Antonio
Ramos. El propósito de esta Junta fue el llegar a un acuerdo si se hacía "una
defensa vigorosa del real o una honrosa retirada," y que la decisión había
sido abandonarlo en vista de que los insurgentes avanzaban por todas
68
EXPEDICIONES FRUSTRADAS
69
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
de Saltillo a reunirse con los europeos y tropa que ahí hay.
Nosotros Ubres de los temores con que nos veíamos, cercados con la
presencia de dichos individuos (como que eran arbitros de la autoridad y la
fuerza), pues habiendo llegado a nuestras manos unas cartas del señor cura
de Zacatecas y de los padres del Colegio de Guadalupe, en que aseguran
que la causa que se defiende por las armas del cargo de vuestra señoría es la
de la religión, patria y rey, y estando nosotros y todos los habitantes de
este real por la misma, nos hemos resuelto en esta hora a manifestarle, que
sin necesidad la más ligera de armas debe vuestra señoría contar con la
buena disposición de todo este vecindario para admitir y obedecer sus
órdenes. Esto aseguramos a vuestra señoría mediante a lo que con reserva
desde antes de ahora hemos hablado y acreditaremos con la firma de los
principales individuos que recogeremos en una junta que tenemos dispuesto
verificar luego que sea de día, y en el acto mismo que se concluya partici-
paremos a vuestra señoría cuanto resultare de ella, que debe creer no será
otra cosa que confirmar lo que le hacemos presente.
Los que suscribimos éste, somos el cura párroco de este real, bachiller
don Joseph María Semper y don Alejandro Zerratón, antiguo receptor de
alcabalas y en la actualidad subdelegado, por la fuga del propietario don
Julián de Cosío, ambos nos hemos comprometido a mantener el buen orden
y segundad pública, Ínterin que vuestra señoría dispone lo que sea de su
agrado, en el concepto de que a más de la escasez de numeraría con que
nos hemos quedado, lo estamos al mismo tiempo de víveres, y siendo en
este lugar dificultosa su introducción, debemos manifestarle que nos halla-
mos en el mayor conflicto para sostener a este vecindario que, no tiene otro
arbitrio para subsistir que la ocupación de las minas y haciendas de benefi-
cio, pero no habiendo reales suficientes con qué pagarles sus jornales,
quedamos discurriendo el mejor método con que nos debemos manejar,
ínterin que vuestra señoría resuelve lo conveniente. "70
El día 15, al levantarse don Pedro de Herrera se dio cuenta que todos
los europeos habían huido, dejando sus bienes abandonados en la plaza de
Vanegas. Por lo tanto, la tropa tuvo que conducir y custodiar estos bienes y
los siete cañones que habían sacado de Catorce. Esa noche llegó don Pedro
a La Parida.
Al día siguiente se le unieron algunos carros y carretas con familias que
huían de Cedral y Matehuala y fueron a dormir a El Salado. Dice don
Pedro que los soldados iban disgustados porque los europeos habían huido,
dejándoles sus bienes para que ellos los condujeran y que para contentarlos
tuvo que regalarles seis vacas.
Las siguientes jornadas fueron a La Ventura, el Tanque de la Vaca y
70
EXPEDICIONES FRUSTRADAS
Aún antes de que las tropas del Nuevo Reino de León salieran para San
Luis Potosí, ya el gobernador Santa María estaba tratando de reunir nuevos
contingentes. El 26 de octubre se dirigía por cordillera a todos los coman-
dantes de los pueblos ordenándoles que "sin excusa ni pretexto alguno"
mandaran a Monterrey toda la gente útil que hubiera quedado de las
compañías de su mando, exceptuando únicamente a los que con causa
justificada se hubieran regresado. También les decía que procedieran a
filiar a todos los individuos útiles para que a su llegada les pudiera pasar
la revista correspondiente.72
Efectivamente, Santa María tenía el propósito de visitar los pue-
blos, creyendo que con su presencia se aceleraría el reclutamiento. Además
proyectaba formar una serie de compañías urbanas, las cuales no saldrían
fuera de la provincia, pero servirían para la defensa de ésta. Para que lo
supliera en su ausencia, nombró como segundo comandante a don Juan
Ignacio Ramón, sustituyendo a don Pedro de Herrera quien había salido a
campaña.73 Ramón al aceptar este nombramiento manifestaba, que hubiera
preferido se le destinara "al trueno de las escopetas y no al de las plumas,"
pero como soldado estaba resignado a cumplir las órdenes de sus superio-
res. 74
Tan pronto como se rumoró se formarían milicias urbanas, incorporan-
do a todos los hombres útiles, hubo personas que se valieron de distintos
pretextos para excusarse. Don Antonio de la Rigada e Inda hacía saber que
estaba inhabilitado para servir "por los frecuentes y largos vagidos que
padezco desde la enfermedad y muerte de la difunta mi esposa. "75 y don
Antonio María de Aldasoro, quien había aceptado ser capitán de una de las
71
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
compañías urbanas de Monterrey, renunció al poco tiempo, exponiendo
entre otras razones que no lo "acompañaba noción alguna de las evolucio-
nes militares. "76 En cambio, don Valentín Ramón de Ugarte ofrecía sus
servicios y mandaba como constancia de su capacidad el título de alférez de
una de las compañías formadas en España durante la guerra contra la
República Francesa.77 Desde Vallecillo, escribía don Vicente Vedia y Pinto
comunicando que siendo capitán de milicias había pedido su retiro por no
permitirle sus enfermedades continuar en "carrera tan gloriosa" pero que las
circunstancias del día lo hacían ofrecer sus servicios, ya fuera en la clase
que había servido o "en la del último soldado. "78
El gobernador había ordenado que en Cadereyta se formara una com-
pañía de milicias provinciales de cincuenta plazas y dos urbanas de ochenta
cada una, pero Francisco Javier Marichalar, le comunicaba "que formando
las tres compañías, como se quiere, no queda seguramente individuo libre
que pueda ejercer la labranza tan útil y necesaria, pero ni criador de
ganado, y más alistando la gente más pudiente, como lo están verifican-
do.'^
De Pesquería Grande escribía Nepomuceno García, que no había en-
contrado ningún soldado útil para mandar a Monterrey, pues ocho los
habían devuelto, seis no se podían conseguir porque andaban huyendo del
servicio y cuatro estaban enfermos.80
En la región del valle del Pilón y Linares, la mayor parte de la gente
estaba enferma a causa de una epidemia de fiebres tercianas.81 Y desde
Cadereyta se quejaba el alférez Mauricio Tijerina, que los "individuos útiles
y de facultades" se excusaban de servir porque tenían licencia que les había
dado don Pedro de Herrera cuando fue gobernador y que "otros mozos útiles
y de razonable presencia" sólo se presentaban con su persona, haciéndole
ver su pobre situación e insolvencia y los que no estaban en estas condicio-
nes alegaban tener deudos en el servicio, ser hijos de viudas, mozos de
servicio o deber a comerciantes de esa villa.82
Este oficio de Tijerina indignó al gobernador quien le contestó le
admiraba hubiera sujetos que se atrevieran "a decir con el más criminal
egoísmo" que preferían su utilidad personal al servicio del rey pero que la
expresión merecía la indulgencia, ya que la ignorancia podía hacer incurrir
en mayores crímenes, pero que usando del "dulce medio de persuadirles,"
creía se allanarían éstos y mayores obstáculos. Le indicaba igualmente, que
sólo eran válidas las licencias extendidas por enfermedad y que los mozos
de servicio, deudores de comerciantes, también debían ser filiados, no
siendo hijos únicos de viudas o de padres y madres sexagenarios. Que en el
remoto caso de que la compañía provincial saliera fuera de la provincia, los
72
EXPEDICIONES FRUSTRADAS
73
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
tenían un sobrante de éstos que le pudieran proporcionar. En ambos casos
la respuesta fue negativa. El coronel Cordero le contestó que no tenía
arbitrio para disponer de las armas existentes en la Tesorería de Saltillo,
pero que habló con el tesorero y éste le dijo que no había más que ciento
setenta fusiles los cuales se necesitaban para las urgencias que se pudieran
presentar.89 La única noticia optimista que se recibió por estos días fue que
se había firmado la paz con los comanches.90
Decidido el gobernador Santa María a visitar los pueblos del norte de
la provincia para acelerar el reclutamiento, nombró el 6 de noviembre,
como teniente de gobernador para que actuara durante su ausencia a don
José Antonio de la Garza y Guerra, alcalde de primer voto de Monterrey.91
También le ordenó al capitán don Andrés Mendiola pasara a Vallecillo,
Azanza y Boca de Leones a filiar a los "sujetos de regulares proporciones o
al menos que cómodamente puedan soportar la decencia y honor del unifor-
me," para aumentar las compañías de esos lugares hasta el número de
ochenta o cien plazas.92
Santa María probablemente salió de Monterrey, el 11 de noviembre.
Unos días antes de emprender la marcha le escribió al virrey diciéndole que
como el general don Félix Calleja jefe inmediato de las tropas de la provin-
cia, había salido a perseguir a la "abominable turba de bandidos insurgen-
tes, " se estaba dirigiendo a él directamente para exponerle los auxilios que
para su seguridad necesitaba el Nuevo Reino de León.
Le relataba en seguida las dificultades que había tenido para reclutar
gente debido a la continua conscripción que se había hecho en la provincia
durante varios años para reforzar la guarnición de Texas. Que estaba
planeando formar compañías mixtas dé milicias urbanas, pero no tenía
armas con qué surtirlas por lo que le pedía que si aprobaba su plan, le
remitiera algunos fusiles y otras armas al puerto de Soto la Marina.
Se refería luego el gobernador a sus esfuerzos para unir a la gente en
contra de la insurgencia, pero que estos propósitos se veían obstaculizados
por hallarse grabadas en algunas "almas las fascinantes ideas de los tumul-
tuarios, almas de sujetos en quienes debían resplandecer, mucho más que en
otros, las máximas evangélicas." Decía también Santa María, que él carecía
de fuerzas para hacerse respetar y estos individuos tenían "general predomi-
nio en los habitantes." Es casi seguro que el gobernador se refería a algunos
canónigos, pues ya había insistido en esto, incluso antes de que empezara la
insurrección.
También le decía Santa María al virrey que para equipar a las cuatro
compañías que salieron a San Luis Potosí, había tenido que prestar los mil
pesos de su sueldo del cuatrimestre y le sugería la formación de otra
74
EXPEDICIONES FRUSTRADAS
75
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
doy como comandante de las armas. "98 El día 10, Vidal volvió a recibir
una orden similar.
Según él, en las dos ocasiones celebró junta de oficiales, pero como la
revolución estaba cundiendo en los pueblos vecinos al Valle del Maíz, con
peligro de invadir Nuevo Santander, y las órdenes con que había salido
eran la de incorporarse al ejército de Calleja y aún no había recibido
contestación de este jefe al oficio que le puso desde Tula, decidieron esperar
su determinación.99 Sin embargo, los días que estuvo en el Valle del Maíz,
Vidal hizo dos cosas: mandó un espía a que fuera a ver la fuerza que tenían
los insurgentes que estaban en La Tinaja, pero según Vidal, éste no pudo
dar una idea precisa de lo que se le había pedidolOO y también solicitó
refuerzos al capitán Miguel Cortés, a quien el gobernador Iturbe había
destacado en Tula con una pequeña guarnición desde el principio de la
insurrección. 101
Después de estos acontecimientos, Vidal fue acusado de no haber hecho
caso a los mensajes de Cortina porque éste lo quería mandar.102 Cortina
era un capitán de milicias a quien, al encargarlo Calleja de la comandancia
de San Luis Potosí, es probable le haya dado provisionalmente el grado de
teniente coronel, pues con frecuencia se hace referencia a él con este grado.
Ya se ha mencionado el poco respeto que los oficiales veteranos y hasta los
mismos soldados tenían por los oficiales milicianos; por lo tanto, no es de
dudarse que a Vidal le molestara le diera órdenes un capitán de milicias.
Tampoco hay que olvidar aquella carta que le escribió a don Manuel de
Santa María cuando acababa de ser nombrado gobernador del Nuevo Reino
de León en que le decía: "Me alegro también de que hayas dejado de ser
subdito de farolones milicianos. "103 Sea como sea, lo que sí es un hecho es
que Vidal ni siquiera anotó en su diario de operaciones el haber recibido
también tres oficios de don Manuel de Acevedo, intendente de San Luis
Potosí, los cuales son más explícitos que las órdenes escuetas de Cortina. En
el primero, que es del 2 de noviembre, le especifica que Calleja había dado
órdenes de que las tropas pedidas al gobernador de Nuevo Santander,
debían quedarse en San Luis Potosí para la defensa de esa ciudad. Le
informaba igualmente, que los insurgentes habían asaltado parajes inmedia-
tos y que temía se dirigieran a esa población, en donde carecían de suficien-
tes tropas para resistir cualquier ataque. Por último, le pedía que acelerara
su marcha. 104 En el último oficio enviado el día 10 a las siete de la noche,
le vuelve a repetir lo mismo, pero le decía que el peligro había aumentado
porque sabían que el numeroso ejército de triarte, que había entrado a
Zacatecas, se dirigía ahora a San Luis. También le hacía ver, que si se
propagaba la insurrección en los pueblos, no era tan temible como en la
76
EXPEDICIONES FRUSTRADAS
capital que abrigaba "en su seno cuantiosos tesoros, intereses y gran núme-
ro de europeos" que habían emigrado de otros lugares.105
A las ocho y media de la noche de ese mismo día, Cortina le puso a
Vidal su último mensaje. Le exponía que Calleja se había llevado con él
toda la tropa a excepción de unas compañías de infantería creadas reciente-
mente, y que éstas junto con los indios de los pueblos eran las que mante-
nían el orden en la ciudad. Le reiteraba asimismo que el ejército insurgente
había partido de Zacatecas desde el día 7, con dirección a San Luis. Le
volvía a insistir acudiera a marchas forzadas y, que si la ciudad se perdía, él
sería el "responsable en el caso de un mal suceso." Por último, le decía que
dejara cincuenta hombres en el Valle del Maíz, los cuales junto con el
vecindario, podían defender la comarca. 106
Vidal de Lorca, recibió este oficio de Cortina el día 12, y como ese
mismo día había recibido otro del capitán Miguel Cortés informándole que
estaba mandando 150 hombres al Valle del Maíz, ordenó inmediatamente
juntar la caballada y abandonó este lugar como a las ocho de la noche,
yendo a dormir a unas dos leguas de ahí. Por lo tanto, Vidal había estado
nueve días en el Valle del Maíz, pero ahora sí parecía tener prisa, pues al
día siguiente recorrió más de veinte leguas hasta la hacienda de La Angostu-
ra. 107 £] día 14, saijó de este lugar con intenciones de llegar a la hacienda
de Peotillos, pero en La Carbonera tuvo noticias de que los insurgentes se
habían apoderado de San Luis, o sea que no supo de este acontecimiento
hasta tres días después de sucedido, ya que fue en la madrugada del 11 de
noviembre. 108 Vidal siguió, sin embargo, hasta Cerritos de San Juan y
desde ahí despachó un correo a la hacienda de Pozo del Carmen y otro a
Guadal cazar para confirmar la noticia.
Al día siguiente volvieron los dos correos, asegurando que efectivamen-
te se había perdido la ciudad. Según Vidal, decidió avanzar "para imponer-
se más a fondo de la desgraciada ocurrencia" cuando en realidad parece que
sus intenciones eran retirarse hacia Tula, y esa noche la pasó en el paraje
llamado Rincón de Turrubiartes. Ahí se le incorporó el teniente Basilio
Gutiérrez con el tren de carga y la caballada que se había quedado en
Tula. 109 El día 16, cuando iban a emprender la marcha, llegaron dos
soldados que desde este último lugar habían despachado con Calleja. El jefe
realista le mandaba un oficio, fechado el 12 de noviembre en Querétaro,
ordenándole marchara sobre San Luis para que asistiera al comandante
Cortina en la defensa de la ciudad.HO Por lo tanto, Vidal emprendió la
marcha hacia esta población y "a la oración de, la noche," llegó a la
hacienda de Peotillos. Al día siguiente continuó hasta la hacienda de Pozo
del Carmen y ahí supo que dos días antes había entrado a San Luis el
77
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
ejército de Iriarte. Esta ciudad había caído en manos de los insurgentes por
medio de una revuelta interna acaudillada por fray Luis Herrera, lego
juanino que estaba preso, ayudado por fray Juan Villerías otro lego de la
misma orden, pero unos días después entró a San Luis una chusma desorga-
nizada que venía desde Zacatecas al mando de José Rafael Iriarte.Hl
Un personaje que vio la llegada de Vidal a la hacienda del Pozo fue el
inquieto fraile carmelita Gregorio de la Concepción, quien se había unido a
los insurgentes, y dice en sus memorias con su exageración acostumbrada,
que tuvo algún temor "porque como a las cinco de la tarde entró en aquella
hacienda don Joaquín Vidal con más de setecientos veteranos de caballería,
todos muy bien armados y bellos muchachos. "112
Desde esta hacienda, Vidal puso un correo a Calleja. Pensaba que este
general, sabiendo que los insurgentes habían tomado San Luis, marcharía
inmediatamente para recuperar la plaza y ésta sería la oportunidad para
unirse a su ejército. Por lo tanto, permaneció un día en el Pozo del Carmen
y al siguiente avanzó hasta Monte Caldera, a sólo siete leguas de San
Luis. El día 20, mandó al sargento José María Martínezll3 con seis soldados
al real de Los Pozos para ver si podía obtener noticias del ejército de Calleja
y él se situó con el resto de la tropa, en un lugar llamado El Encino.
Estando ahí volvió el sargento Martínez diciendo que no había podido
adquirir ninguna noticia del ejército, que en el real de Los Pozos no había
pasto para la caballada y que en varios ranchillos le habían informado que
venían seiscientos hombres de Iriarte a atacar a Vidal. También dijo Martí-
nez que al pie de la cuesta de Campa, le habían salido dos hombres que
trataron de hacerlo caer en una emboscada y al retirarse, dichos hombres lo
habían acompañado, pues querían parlamentar con el comandante de las
tropas de La Colonia. Al llegar al campamento, salió'Vidal a platicar con
estos individuos, quienes dijeron ir en representación de Iriarte y el princi-
pal de ellos se llamaba Silvestre Barbosa. Este le dijo a Vidal que venía a
invitarlo a unirse a los insurgentes y que entregara a los europeos que iban
con su tropa, que por cada uno de ellos le daría quinientos pesos y mil por
el subdelegado de Guadalcázar, quien también era europeo.H4 Este emisario
le dijo también a Vidal que si no cumplía con estas peticiones, su ejército
sería destruido. Vidal le contestó que consultaría con sus oficiales e inme-
diatamente ordenó que montara la tropa, y ya a caballo, cambió impresio-
nes con los oficiales, quienes acordaron decirles a los enviados insurgentes
que trajeran las peticiones con la firma de su general y entonces podrían
resolver.115 Esta contestación fue con el objeto de ganar tiempo, pues Vidal
ordenó inmediatamente la retirada.
Al día siguiente, al pasar de regreso por la hacienda de Pozo del
78
EXPEDICIONES FRUSTRADAS
Carmen, las tropas de Vidal arrestaron dos soldados, uno del presidio de
Aguaverde y el otro de las milicias de Saltillo. Estos dijeron que habiendo
ido a San Luis escoltando fondos que se mandaron de Saltillo, fueron
sorprendidos por la insurrección y que ahora los había mandado Iriarte a
llevar avío de dicha hacienda. Efectivamente el 24 de octubre, habían salido
200,000 pesos de la caja de Saltillo para San Luis Potosí.H6 Al llegar Vidal
con su tropa a un punto llamado Lagunillas, se le presentó el teniente
Basilio Gutiérrez quien era el oficial que mandaba la retaguardia, con el
mismo emisario insurgente del día anterior. Este le dijo a Vidal que un
capitán y un capellán lo estaban esperando en donde habían estado acampa-
dos un día antes, pero Vidal le contestó que ya no era tiempo para
parlamentar y que su propuesta no era admisible.
Ahí mismo en Lagunillas, Vidal tuvo noticias de que en un rancho
situado a legua y media de distancia, había una carga capturada por los
insurgentes de un convoy que iba de México a Matehuala. Inmediatamente
se dirigió a este lugar acompañado por el capitán Mazoleni, el alférez Pedro
García y treinta soldados, pero ese día no pudieron recoger la carga por
falta de muías en qué cargarla y por habérseles avisado que venían tropas
insurgentes en su persecución. Esto resultó una falsa alarma y al día siguien-
te se recogió la carga. No obstante, el coronel insurgente Francisco Lanza-
gorta había salido de San Luis a Guadalcázar y teniendo noticias que en la
hacienda de Pozo del Carmen se encontraban varios europeos, se dirigió a
este lugar, pero ya las tropas de Nuevo Santander se habían retirado.H7
En la puerta del potrero de Turrubiartes, Vidal capturó siete insurgentes
quienes estaban interceptando los correos realistas, pero poco después los
soltó como había hecho con el enviado Barbosa. También se le presentó un
emisario del comisionado insurgente de Guadalcázar diciéndole entregara a
los europeos que iban con él, así como la carga que había recogido, pero
Vidal le contestó, "que no se le consideraba autorizado para nada de lo que
pedía." El día 28, Vidal estaba de regreso en Tula.HS
Por lo tanto, para fines de noviembre, los dos contingentes de las
Provincias Internas de Oriente, que habían salido en auxilio de la causa
realista en el centro del país, se encontraban de regreso en territorio de las
Provincias Internas: las tropas del Nuevo Reino de León al mando de don
Pedro de Herrera estaban en Aguanueva cerca de Saltillo y las de Nuevo
Santander habían regresado a Tula, dentro de su propia provincia.
79
CAPITULO V
DIFICULTADES Y ALARMAS
80
DIFICULTADES Y ALARMAS
81
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
en las últimas décadas del gobierno español en la América, se había estable-
cido un sistema muy complicado en el manejo de los distintos ingresos, y
todos los funcionarios menores tenían un gran temor de variar las reglas
sobre la recolección y disposición de esos fondos, sin la autorización de la
jurisdicción de Hacienda de la cual dependían, pues hasta al virrey se le
había quitado la superintendencia de la Real Hacienda y no podía autorizar
ningún gasto sin el permiso de los ministros de la Tesorería General.6
Por otro lado, el clero consideraba que ya había contribuido en muchas
ocasiones y con erogaciones considerables para las necesidades de la Coro-
na, y, en el caso particular del Cabildo Eclesiástico de Monterrey, es muy
probable que algunos de los canónigos, quienes simpatizaban con la insu-
rrección, se opusieran a ayudar a la causa contraria.
Unos días después de esta contestación del Cabildo Eclesiástico, el
doctor Lobo Guerrero ponía a disposición del Ayuntamiento ciento cuaren-
ta y cinco pesos, donativo que hacía el clero para el sostenimiento de las
tropas, y decía que era lo único que les permitían sus "cortas rentas. "1
Santa María, desesperado, pidió dinero a la Tesorería de Saltillo pero
el gobernador Cordero le contestó que ésta se había trasladado a Monclova
por órdenes superiores y, por lo tanto, "no había un medio real." Sin
embargo, le decía, mandó su carta al señor obispo y éste había manifestado
que iba a salir para Monterrey, "en donde hasta su camisa" tendría a su
disposición.8
Aunque Cordero recomendaba a Santa María que custodiara las entra-
das a su provincia por las cuestas de Santa Rosa, Pilón y Río Blanco,^ le
informaba que estaba retirando el destacamento de los Muertos, pues las
circunstancias lo obligaban a reunir sus tropas y consideraba que este
destacamento era inútil, ya que nadie podía salir sin pasaporte ni de
Monterrey ni de Saltillo.10 Sin embargo, Santa María no quedó satisfecho
con este razonamiento y mandó reponer el destacamento con tropas de
Nuevo León.11
Santa María también le puso un oficio a don Pedro de Herrera, en el
cual le decía que ya que no se había podido reunir al ejército de Calleja,
regresara inmediatamente con las tropas al Nuevo Reino de León, pues de
ello dependía la vigorosa defensa que estaba resuelto a hacer, en el caso de
ser atacado, como era de esperarse. También le pedía que si era posible,
hiciera a la provincia el servicio de traerse cuatr,o o seis cañones de los que
había sacado de Catorce. 12
Pero don Pedro le contestó que la única razón por la cual se retiró a
Saltillo fue para proteger los intereses del rey y los de las familias de
Catorce, Cedral y Matehuala; que una vez cerca de Saltillo, el coronel
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DIFICULTADES Y ALARMAS
83
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
donar al gobernador dinero para ayudarlo en sus apuros.
Y aunque estas noticias alarmantes resultaron ser falsas, era un hecho
que el Nuevo Reino de León y las provincias vecinas se encontraban en una
situación muy precaria, pues los insurgentes se acercaban y seguían existien-
do las mismas dificultades para ponerlas en estado de defensa.
Santa María había comisionado al capitán Andrés Mendiola y al te-
niente Juan de Castañeda para que reclutaran hombres en los pueblos del
norte de la provincia. Pero a los pocos días, el capitán Mendiola se comuni-
caba desde el real de Vallecillo quejándose del subdelegado don Santiago
Vedia y Pinto quien se había negado a obligar a los vecinos pudientes a
proporcionar caballos para la tropa que estaba por salir si no tenía orden
del gobernador.18 Don José Manuel Flores, subdelegado interino de Boca de
Leones tenía una queja similar pues decía que don Pedro Villarreal no quiso
proporcionar caballos alegando que los que habían dado los vecinos en
ocasiones anteriores, no se los habían pagado.19
El teniente Castañeda se comunicaba desde Lampazos diciendo que iba
a retardar un poco su salida, pues faltaban caballos y necesitaba reparar el
poco armamento que había podido juntar. También informaba que dejaba
sin armas a los que guarnecían ese punto, pero que podían surtirse de
lanzas que mandara hacer el habilitado.20 Por lo tanto, se estaba dejando
totalmente desarmado al punto más importante del Nuevo Reino de León en
la defensa contra las invasiones de los indios bárbaros.
El capitán don José Domingo Ballesteros, encargado de reclutar gente
en los pueblos del sur, le mandaba al gobernador un oficio del Ayuntamien-
to de Lanares en el que éste se oponía a que salieran hombres de esa ciudad,
pues decía que el vecindario de que se componía esa población era muy
corto ya que apenas había unos veinticinco "vecinos honrados", y las armas
de fuego de que disponían no llegaban a diez. Que estas personas se
necesitaban "para sostener el respeto y dominio sobre el demás vecindario,"
que se componía de sirvientes plebeyos, en quienes se advertía "mucha
aplicación a la rapiña, poca subordinación y malos procedimientos. "21
Del norte también le llegaban a Santa María noticias alarmantes. El 21
de noviembre don Manuel Salcedo, gobernador de Texas, le envió un oficio
muy reservado informándole que en el distrito de la Ronda Occidental,
Baton Rouge se había insurreccionado y había declarado su independencia.
A pesar de que Salcedo anotó en la parte superior del oficio: "Para vuestra
merced sólo y quemarla" y vuelve a insistir en el texto, que debía quemarse
para que no se extraviara ya que no convenía que la noticia llegara a los
insurgentes, este documento ha subsistido.22 Lo anterior probablemente
indica el grado de desidia a que había llegado Santa María pues debe
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DIFICULTADES Y ALARMAS
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Justicia, cuyo furor no es de creer se aplaque mientras nosotros no nos
convirtamos, y con actos de verdadera penitencia obliguemos a Dios a que
se apiade de nosotros. "25
Los tlaxcaltecas del Nuevo Reino de León como los de otras regiones,
permanecieron fieles al régimen español. El 20 de noviembre Dionisio Za-
mora escribió al gobernador desde San Miguel Aguayo de Tlaxcala, infor-
mándole que estaba enviando cuarenta y tres individuos, dos menos de los
que se le habían pedido. Decía, sin embargo, que la mayoría de las armas
que llevaban estaban descompuestas "por falta de oficial" en ese lugar, y
terminaba haciendo notar que si alguno de los de ese pueblo se quejaba, lo
hacía sin razón, pues todos los que había mandado eran "voluntarios."^
También algunos miembros del clero, cooperaron firmemente con el
régimen establecido. El subdelegado de Labradores don José Tomás Berlan-
ga, le comunicaba al gobernador, estar enviándole cincuenta pesos para que
le mandara hierro para lanzas, pólvora y plomo. Que este dinero lo había
proporcionado el señor cura don Juan Bautista Valdez, quien había ordena-
do igualmente la fabricación de lanzas para armar los ochenta soldados de
la compañía de ese lugar.27
El 26 de noviembre el gobernador citó a una reunión en su casa a todos
los oficiales antiguos y los recientemente nombrados que estaban en aquel
momento en Monterrey. Asistieron a esta junta don Juan Ignacio Ramón,
don Vicente Vedia y Pinto, don José María Sada, don Juan José de los
Santos, don Andrés Mendiola, don Matías de Sada, don Juan de Castañeda,
don Francisco de Ayarzagoitia, don José Vicente de Cárdenas, don Valentín
Galindo, don Francisco López Portillo y don Valentín de Ugarte.
El objeto de esta reunión, fue pedir a cada uno de los oficiales su
opinión sobre las medidas más adecuadas que se debían tomar para la
defensa de la provincia.28 pero también se aprovechó para nombrar habili-
tado al capitán don Vicente Vedia y Pinto con poder amplio para atraer los
fondos necesarios para surtir y sostener la fuerza armada, "no sólo de los
ramos de Real Hacienda, sino de la clavería de la Catedral. "29 Por lo tanto,
seguían con la esperanza de obtener algún dinero del Cabildo Eclesiástico.
Al día siguiente, el gobernador se dirigió al administrador y al inter-
ventor de la renta del tabaco diciéndoles pusieran a disposición del capitán
Vedia "toda la cantidad de reales que con respecto a la administración de
tabacos, .pólvora y naipes" de su cargo, se pudiera reunir.30 Pero don
Melchor Núñez de Esquivel y don Juan Antonio Múgica, el administrador y
el interventor contestaron, que no podían franquear cantidad alguna de
dinero "sin conocimiento y prevención" de sus respectivos inmediatos jefes
y citaban en su apoyo el artículo 102 de la Real Ordenanza de Intendentes.31
86
DIFICULTADES Y ALARMAS
87
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
de quien, decía al virrey, era un "sujeto recomendable y enteramente opues-
to a las infames ideas de su tumultuario primo." Efectivamente, don Domin-
go Narciso era primo del caudillo insurgente don Ignacio Allende y llevaba
el nombre del padre de este último.38 Don Domingo Narciso nació en
Sodupe del consejo de Güeñez en la provincia de Vizcaya el año de 1770.
Llegó a la capital de la Nueva España cuando tenía doce años, trasladán-
dose poco después a la villa de San Miguel el Grande a la casa de su tío, el
padre de Ignacio. A los veinte años( Domingo Narciso administraba la
hacienda de San José de la Noria, cuyo dueño era don Francisco Antonio de
Alday, vecino de Querétaro.
Cuatro años más tarde, en 1794, se encontraba ya en el valle de la
Mota en el Nuevo Reino de León, dedicado al manejo de sus bienes particu-
lares. Su hermano, don Juan Antonio de Allende y Ayerdi, se había aveci-
nado, tres años antes en San Carlos en la provincia de Nuevo Santander.
El año de 1810 don Domingo Narciso era el teniente subdelegado del
valle de la Mota y en un juicio promovido en su contra por don José
Ignacio de la Garza quien lo acusaba de que lo había golpeado, decía de
don Domingo: "Ha sido siempre muy soberbio y altanero y de natural
intrépido, con el que a todos ultraja y vilipendia, tomándose siempre por su
mano la más cruel venganza, aun por el más leve motivo, sin más auspicio
ni satisfacción que el que le prestan su dinero y sobresalientes fuerzas que la
naturaleza le ha dado." Estas apreciaciones eran confirmadas, aunque con
más suavidad, por don Pedro de Berrio, subdelegado de los valles de San
Mateo del Pilón, Mota y San Felipe de China, en una carta al gobernador
en la cual expresaba que por esta razón se había "sustraído de encargarle en
propiedad la jurisdicción real, la que en el día obtiene, es porque no hay
entre aquellos pocos vecinos a quien conferírsela. "39 Sin embargo, de
Berrio aclaraba que Allende antes había sido teniente subdelegado y no
hubo quejas en su contra. Que ahora las dificultades eran causadas porque
de la Garza y otros estaban siendo azuzados por el padre don Pedro de
Viilarreal de quien se había distanciado Allende, acusándolo de muchas
cosas, entre otras de vivir amancebado, nunca haber explicado un punto de
doctrina en aquella iglesia y que si iba "un pobre de la jurisdicción a
bautizar una criatura, se está todo el día allí con ella, hasta que muy tarde
llega el padre con las cabras y le dice que espere hasta otro día." Por otro
lado, la vida privada de don Domingo Narciso, también era motivo de
escándalo en el valle de la Mota, pues inmediato a su casa había vivido un
don Joseph Francisco González y su esposa doña Anna Josepha Guerra
Cañamar, quienes por ser Allende hombre solo, lo atendieron en todo por
muchos años, pero cuando éstos murieron, su hija doña María Eusequia,
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DIFICULTADES Y ALARMAS
siguió sirviendo a don Domingo Narciso y no se veía bien que una mujer
joven "no de mala presencia," entrara y saliera de la casa de un hombre
solo.40
Desde el principio de la insurrección don Domingo Narciso se mostró
muy activo en favor de la causa realista. El 6 de octubre le escribía al
gobernador que sabría "sin dispensar diligencia alguna, evitar que en mi
jurisdicción se adolezca el achaque de la insurrección, ya sea por los medios
suaves, ya por los severos. "41
Al empezarse a organizar las milicias urbanas, Santa María nombró a
Allende capitán de la Compañía del Pilón, y aseguraba al virrey que se
había prestado gustoso para conducir la carta que le estaba enviando.42
Es indudable que don Domingo Narciso era un hombre muy intrépido,
pues estando ya ocupada por los insurgentes toda la zona que se extendía
desde La Huasteca hasta Zacatecas, fue a la ciudad de México y regresó al
Nuevo Reino de León en un mes. No se ha podido determinar qué ruta
siguió, pero se sabe que el día 8 de diciembre estaba en el valle de la Mota,
pues ese día hizo testamento a favor de'don Domingo Eusebio de Insúnde-
gui; el 26 de diciembre recibió en la ciudad de México doscientos pesos de
don Juan Díaz González para entregarlos en Monterrey a don Pedro Manuel
de Llano y el 11 de enero de 1811 se encontraba de regreso en la Mota, ya
que ese día hizo un nuevo testamento a favor de doña María Eusequia
González. 43
Desgraciadamente se desconoce cuál fue la contestación del virrey a
don Manuel de Santa María. Lo único que se sabe es que ésta es de fecha 25
de diciembre de 1810.44
89
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Una vez terminado el campamento, Herrera se comunicó con el coronel
Cordero para que determinase a quién debía entregarlo, ya que él pensaba
cumplir las órdenes con que había salido del Nuevo Reino de León y tratar
de incorporarse al ejército de Calleja. Cordero se presentó el mismo día
para hacerse cargo del campamento. Don Pedro se dirigió también al
coronel Cordero para que le proporcionara tres mil pesos; decía que ya se le
había acabado una cantidad similar que había conseguido en las Cajas de
Saltillo, cuando llegó por primera vez a esa población y que no podía
acudir a esas Cajas porque se habían cambiado a Monclova. Cordero le
suministró la cantidad pedida.46
El 3 de diciembre don Pedro le escribió a Santa María comunicándole
que iba a hacer lo posible por unirse a Calleja, pues éste había entrado a
Guanajuato y era de esperarse avanzara sobre San Luis; que marcharía por
la hacienda de Potosí, ya que no había pastos ni aguajes por otro rumbo;
que llevaba dos cañones, los únicos que había podido habilitar con cureñas
adecuadas, pues los carpinteros y herreros eran "malos y flojos." También
decía que lo acompañarían como cincuenta europeos.
Herrera informaba asimismo a Santa María que el 13 de noviembre,
cuando iban en marcha para Catorce, el capitán Andrés Guajardo le había
hecho notar la imposibilidad de continuar por estar enfermo y le había
pedido licencia para ir a Matehuala, en donde se hallaba su amigo el doctor
Puglia. Don Pedro afirmaba que la enfermedad de Guajardo era "de purga-
ciones, incordios y llagas," por lo cual creía que su curación sería prolonga-
da, aunque ya la hubiera puesto en ejecución; pero él tenía informes de que
el doctor Puglia no estaba en Matehuala y no sabía a dónde se había ido
Guajardo. Continuaba Herrera exponiendo que aquél se marchó sin dejar al
alférez de su compañía ni papeles ni dinero para los gastos y que el alférez
era tan inepto como él, "aunque nombre de bien." Le pedía don Pedro a
Santa María que mandara al capitán Mendiola para que se encargara de la
compañía de Guajardo, así como doce reemplazos para sustituir a indivi-
duos que habían desertado.47 Santa María contestó que debía buscar al
capitán Guajardo hasta saber su paradero, pues el capitán Mendiola estaba
destinado a recorrer las avenidas de ingreso a la provincia y el capitán Sada
organizaba nuevas compañías.48
Uno de los voluntarios españoles que iban a salir con don Pedro, era
Jusepe de Aysa. Poco después de llegar huyendo a Saltillo, había escrito a
Santa María atribuyendo la caída de San Luis a la tardanza de don Pedro
de Herrera y diciéndole que estaba por salir una partida de guerrilla forma-
da por españoles a combatir a los insurgentes; que aunque había ciento
treinta y un europeos refugiados en Saltillo, sólo se habían alistado cuarenta
90
DIFICULTADES Y ALARMAS
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
señor virrey, don Francisco Javier Venegas, y que esperaba que, tanto aquel
jefe como el mismo Cordero cooperarían eficazmente a la ejecución de este
plan, con la energía y prontitud que convenía para la seguridad de todo el
reino.55 Por lo tanto, don Pedro tuvo que volver a suspender su salida,
hasta que no se recibieran las determinaciones del comandante general para
la realización de estas operaciones.
92
DIFICULTADES Y ALARMAS
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
desertores que mencionaba por su nombre era al cabo Juan José Treviño,
probablemente un individuo con muchos años de servicio y considerado de
absoluta confianza. Ya habrá oportunidad de ver más adelante, la acogida
que le dieron los insurgentes a éste. También decía Vidal a Iturbe, que
había salido de Tula para replegarse a Aguayo.63
El gobernador recibió el oficio de Vidal el día 14, en esta última villa y
según testigos presenciales les dijo: "Ahora sí señores, cada uno vaya por
donde Dios le ayude, somos perdidos; las tropas de Vidal, unas se han
desertado y las otras me pervierten éstas. "64 Esa misma noche el goberna-
dor mandó al alférez José Antonio Fernández con la respuesta al oficio de
Vidal.65 En ella le decía no poder abandonar Tula si no era "con el preciso
objeto de cumplir las órdenes del señor general en jefe del ejército de
operaciones, brigadier don Félix Calleja" y que si ya había salido de esa
villa se regresara.66 El alférez Fernández llegó a Tula el día 16 en la
madrugada y encontró a Vidal todavía ahí.67
Pero desde el día 14, Vidal había vuelto a escribir a Iturbe informán-
dole que había dictado "las más activas providencias de defensa" temiendo
que los desertores, unidos a los insurgentes, intentaran atacarlo. También
decía haber procurado el regreso de los fugitivos y que lo único que se le
había ocurrido, fue enviar al soldado Viviano Núñez, conocido por Parías,
para que los alcanzara y les hiciera ver su error y engaño, ofreciéndoles por
escrito el perdón en nombre del rey, y a Núñez le prometió hacerlo cabo.68
Este soldado tampoco regresó y posteriormente declaró que había al-
canzado a los desertores cerca de la división del insurgente Jiménez, pero
que no los pudo convencer de que regresaran y Jiménez y otros lo arresta-
ron y le dijeron que si seguía desengañando a la tropa, lo pondrían "a la
boca de un cañón", y entonces él, teniendo esperanzas de poderlos conven-
cer, los fue siguiendo hasta Saltillo, "de donde con ardides" logró escapar
con siete de los que habían desertado.69 Toda esta declaración de Núñez es
mentira, y lo que sucedió fue que él mismo se incorporó a los insurgentes.70
No todos estos soldados que desertaban lo hacían para irse con los
insurgentes; algunos simplemente deseaban regresar a sus casas. El 27 de
noviembre, el destacamento que por orden del gobernador Santa María se
había puesto en la boca del Pilón, arrestó a dos soldados de Mier que
pertenecían a la compañía de don Juan Fermín de Juanicotena, quienes
habían desertado en Armadillo de la provincia de San Luis Potosí. Dijeron
haberlo hecho "hostigados de las necesidades que padecían. "71
En el oficio del día 14, Vidal también decía que por informes que le
habían proporcionado varios oficiales, estaba convencido que la mayor
parte de la tropa estaba dispuesta a seguir "la negra huella de los que sin
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DIFICULTADES Y ALARMAS
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
presentaban situaciones opuestas. Mientras en el primero el gobernador
quería que regresaran las tropas de la provincia y el comandante de ellas se
negaba a ello, en el segundo el gobernador quería que siguieran la marcha y
el comandante se quería regresar.
Lo más absurdo de la situación en Nuevo Santander era que Iturbe
insistía en que Vidal volviera a avanzar para reunirse con Calleja, pero no
le proporcionaba caballos en qué montar su tropa, pues le decía que la
remonta la podía conseguir ya fuera por medio de la compra o exigiéndola
a las poblaciones de la provincia en donde la hubiera. De lo cual se quejaba
Vidal, y con razón, que lo primero no lo podía hacer mientras no tuviera
dinero y lo segundo tampoco, si no contaba con la autorización del gober-
nador.76
Para tratar de convencer a éste de la difícil situación en que se encon-
traba con las continuas deserciones y la falta de caballos, Vidal envió al
capitán Juan Fermín de Juanicotena a hablar con el gobernador.77 Precisa-
mente el día 16 que Juanicotena llegó a Aguayo, Iturbe recibió el oficio de
Calleja fechado en Guanajuato el 4 de diciembre en que le decía que por
órdenes del virrey, el coronel Cordero, gobernador de Coahuila, iba a
avanzar con una división a San Luis Potosí para pacificar esa ciudad y la
provincia y que él debía poner a disposición de Cordero los 250 hombres de
milicias que, desde un principio, había ordenado salieran para San Luis, y
todas las tropas tanto veteranas como milicianas que le pudiera proporcio-
nar. Iturbe mandó inmediatamente copia de este oficio a Vidal, agregando
que se mantuviera en Tula o sus inmediaciones, mientras le informaba del
punto en donde debía reunirse con el coronel Cordero.78
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CAPITULO VI
LOS INSURGENTES
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
permaneció poco tiempo en San Luis Potosí y quien se encargó de organizar
la ofensiva hacia el norte fue don José Mariano Jiménez. Este tomó parte,
bajo las órdenes de Allende, en la defensa de Guanajuato y al abandonar
los insurgentes esta ciudad, se retiraron a San Felipe en donde estaba Iriarte
con su ejército. El 26 de noviembre, un día después de la caída de Guana-
juato, hubo una junta en dicha villa, cuyo objeto fue nombrar vicario
general del ejército al bachiller don Pablo José Calvillo. En esta reunión
estuvieron presentes el capitán general don Ignacio Allende, los tenientes
generales don Juan de Aldama, don Mariano Jiménez, don Joaquín de Arias
y don José Rafael de Iriarte, el mariscal de campo don Mariano de Abasólo
y el licenciado Ignacio Aldama, mariscal también, quien además era el
ministro de gracia y justicia.^ Al salir de San Felipe, el ejército hizo alto un
día en la hacienda El Molino, y ahí, a propuesta de él mismo, Jiménez fue
comisionado para atraer a la insurgencia las provincias de Tierra Adentro.
Con este fin se le incorporaron como acompañantes don Juan Bautista
Carrasco, don Luis Gonzaga Mereles y don Luis Malo.5
El día 3 de diciembre Jiménez se encontraba en San Luis Potosí; 6 pero
no se quedó mucho tiempo en esa ciudad, pues ya para el día 6 estaba en
Venado. Desde allí le escribió a don Miguel Flores, intendente puesto por
los insurgentes en San Luis. "Por todo mi tránsito de esta ciudad a este
pueblo, —decía— no he oído otra cosa que quejas contra una multitud de
comisionados del excelentísimo señor teniente general don Rafael Iriarte,
que abusando de la confianza que se hace de ellos, no han sido otra cosa
que unos bandidos, cuyo objeto ha sido solamente robar y saquear indistin-
tamente los bienes de los ultramarinos y de los criollos, dejar a los pueblos
en la mayor miseria y consternar a cuantos individuos hay en ellos. Y como
la mente de los señores excelentísimos, generalísimo y capitán general sea
puntualmente la opuesta a estos procedimientos, prevengo a vuestra señoría
que para evitar todos estos daños mande poner una carta circular en la que
ordene a todos sus jueces subalternos, no admitan ni auxilien a ningún
comisionado que se les presente, a menos de que nr* ^¿a con credencial del
mismo señor capitán general o mía. Y en donde quiera que aparezcan, sean
del grado y condición que fueren, se les suspenderá el paso hasta que
manifiesten dichas credenciales, sin cuyo necesario requisito serán tenidos
por unos intrusos y por tanto castigados severísimamente; sólo habrá excep-
ción con el señor mariscal Ocón que gira con una división por San Luis de
la Paz, Xichú y otros puntos comprensivos en la provincia del mando de
vuestra señoría."7
Don Miguel Flores, quien de mala gana había aceptado el puesto de
intendente,^ desorientado con estas desavenencias entre los jefes insurgen-
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LOS INSURGENTES
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Santander que habían desertado en Tula de las fuerzas del capitán Vidal de
Lorca. Los insurgentes le dieron inmediatamente el grado de teniente coro-
nel al cabo Juan José Treviño, y al soldado Viviano Núñez, quien había
sido enviado por Vidal para traer a los desertores, lo hicieron teniente.14
Al ejército insurgente también se fueron incorporando soldados que
desertaban del campamento de Aguanueva, tanto de las tropas de Coahuila
como de las del Nuevo Reino de León.15 Don Pedro de Herrera, quien
continuamente pedía reemplazos al gobernador Santa María, le decía en
uno de sus oficios: "Los desertores que he tenido todos son de las compa-
ñías que subieron a Catorce, y según indicios, fueron influidos por aquellos
picaros. "16
Jiménez fomentaba estas deserciones escribiendo a todos los oficiales,
especialmente a los criollos, exponiéndoles el propósito de la insurrección e
invitándolos a que se le unieran. Estas exhortaciones las preparaba fray
Juan Salazar, quien era el ministro de gracia y justicia del ejército insur-
gente.l?
El 7 de diciembre, don José Tomás Berlanga, subdelegado de Labrado-
res, le comunicó al gobernador Santa María que tan pronto como supo
había llegado un individuo que venía de Real de Catorce y traía noticias de
los insurgentes, lo hizo se le presentara para interrogarlo. Este informó que
una pequeña partida de insurgentes había entrado a Catorce el día 3, a
quienes pronto se les unió la plebe y trataron de apresar a los europeos pero
sólo encontraron uno, de quien no supo el nombre y únicamente oyó que la
chusma gritaba: "¡Muera cuatro orejas!" Los insurgentes habían repartido
proclamas del cura Hidalgo y él traía una. El subdelegado Berlanga la
recogió para enviársela al gobernador y ésta empezaba: "Amados compa-
triotas, religiosísimos hijos de esta América, el sonoro clarín de la libertad
política ha sonado en vuestros oídos; no lo confundáis con el ruido que
hizo el de la libertad moral, que pretendieron haber escuchado los inicuos
franceses; lejos de vosotros semejantes pensamientos en todo opuestos a la
santísima ley de Jesucristo que profesamos y por lo mismo detestables
y aborrecibles hasta lo sumo." Exponía luego la opresión a que había estado
sujeto el país y la necesidad de recoger a todos los europeos para mandarlos
a su madre patria. En seguida decía de los españoles: "Podemos acusarlos
de impíos, sí, porque ellos han arrancado de sus casas las imágenes ponien-
do en su lugar pinturas indecentes; ellos se presentan en los templos, ya
erizados, ya pelones, con pechos postizos y otras modas indecentes, conta-
minando a nuestros compatriotas; ellos vilipendian el sacerdocio, hablan
con mucha libertad a los ministros del Altísimo y en fin, pueden vender este
precioso reino y cometer las horrorosas intrigas que se han cometido en La
100
LOS INSURGENTES
101
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
el gobierno procuraba la destrucción del reino con el saqueo tan grande que
hacían con el pretexto de tantos donativos y préstamos, sin que el rey
recibiese nada de esto, que ya que tenían casi perdida la España, que no
quisieran perder también este reino, que enteramente no tiraban a otra cosa
que debilitarlo, quitándole las fuerzas y dejándolo expuesto a que cualquier
nación extranjera que viniera se apoderara de él. "23
Fray Carlos Medina, otro franciscano del mismo convento de Río
Blanco se incorporó al ejército de Jiménez. También andaban en este ejérci-
to el mercedario fray Pedro Bustamante, los franciscanos fray Juan Salazar
y fray Bernardo Conde, el carmelita fray Gregorio de la Concepción, el
presbítero Francisco Olmedo24 y el juanino fray Juan Villerías. De este
último se comentaba había ido varias veces a Saltillo en demanda de
limosna y ser además "de muy mala conducta".^
Cuando los caudillos de la insurrección cayeron prisioneros y se les iba
trasladando a Chihuahua, el capitán José Joaquín Ugarte, quien como
muchos de los oficiales de las provincias del norte, no debe haber sido muy
devoto, les preguntó a Allende y a Jiménez, "por qué cargaban con tanto
fraile y clérigo" y aquellos le aseguraron que sin ellos no hubieran podido
mover los pueblos a la revolución.26
102
LOS INSURGENTES
103
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
ce.36 En realidad sucedía que cada español deseaba que el ejército fuera
primero al lugar "en que había tenido su residencia e intereses. "37 De Aysa
también decía a Santa María que, como Cordero debía esperar la aproba-
ción del comandante general, el ejército no saldría hasta Pascua de Naci-
miento o después de ella; por lo tanto, que si había "algún pescadito fresco
para la Noche Buena" les haría mucho provecho. Esta carta la mandaba con
don Juan Crousset y al mismo tiempo se lo recomendaba a Santa Maria. 38
El portador era un arquitecto que muchos años antes había estado en
Monterrey, llevado por el obispo Llanos y Valdez para dirigir las obras que
emprendió.
Don Pedro José Borrego había sido nombrado teniente de la compañía
formada con gente de los valles de Mota y Pilón, de la cual era capitán don
Domingo Narciso de Allende. Con la salida de este último a la ciudad de
México para llevar la carta que el gobernador Santa María mandaba al
virrey, Borrego se quedó encargado de la compañía. Poco tiempo después
de que don Juan Ignacio Ramón pasó por el valle del Pilón, le mandó un
mensaje a Borrego diciéndole que preparara la compañía, y éste la puso
sobre las armas, ordenándole a cada soldado presentarse con bastimentos
para quince días; pero varios de ellos le hicieron ver ser demasiado pobres y
entonces Borrego les proporcionó maíz y piloncillo. Sin embargo, le escribió
al gobernador manifestándole que la compañía se hallaba destituida de
bastimentos, ropa, armas y cabalgaduras y le pedía le diera facultades para
quitar caballos, escopetas y cuanto le pareciera conveniente. También se
quejaba del mucho trabajo, ya que era el receptor de alcabalas de los valles
del Pilón, Mota y China y recomendaba a don Ramón Cantú como hombre
"bien criado," quien podría ayudarlo si se le daba el nombramiento de
alférez de la compañía.39
Santa María le contestó que se reservaba el nombramiento de subte-
niente hasta el regreso del capitán don Domingo Narciso de Allende, y que
no sabía por qué don Juan Ignacio habría ordenado tuviera preparada la
tropa, pues ésta siempre debía estarlo, pero no acuartelada, porque en este
caso, entraría inmediatamente en el goce de sus haberes y se carecía de
numerario .40
Efectivamente Santa María seguía con sus dificultades para conseguir
dinero. El 5 de diciembre supo que, debido a la interrupción de los caminos,
se había regresado la estafeta y en ella venían varias libranzas dirigidas por
el administrador y el interventor de la Real Renta de Tabacos a favor de la
Tesorería General. Inmediatamente se dirigió a estos funcionarios pidiéndo-
les se sacaran de la estafeta las libranzas que se pudieran reducir a efectivo
y mantuvieran estas cantidades en su poder y a disposición del habilitado
104
LOS INSURGENTES
don Vicente Vedia y Pinto, quien las iría recibiendo conforme lo exigieran
"las atenciones de su destino,"41 Pero Núñez de Esquivel y Múgica contes-
taron el mismo día diciendo que su "más estrecha obligación" era dirigir a
la Tesorería General cuantos caudales existieran en su poder, porque así lo
prevenía la ordenanza del ramo y porque nuevamente lo había encargado el
superintendente general, debido a las urgencias de La Península. Además,
tan pronto como se abrió la comunicación con la capital, habían solicitado
a la Tesorería de Saltillo libranzas por 16,919 pesos 1 real, las cuales fueron
endosadas por el administrador a favor de la Tesorería General, y aunque
estas libranzas hubieran vuelto, seguía subsistiendo el endoso y en su
concepto, no podían hacer uso de ellas sin una causa "sumamente extraordi-
naria", en cuyo caso abrirían la correspondencia en presencia del goberna-
dor y pondrían las citadas libranzas a su disposición; pero no estaban
convencidos de que hubiera llegado ese caso y le suplicaban no se abriera la
correspondencia de momento, pues estaban meditando cómo auxiliar al
capitán habilitado, en el caso de acabarse los 16,000 pesos de la libranza
que habían aceptado anteriormente, si para entonces no hubiera llegado la
resolución del virrey.42
El gobernador no debe haber conseguido nada con el administrador y
el interventor, pues el 23 de diciembre le puso un oficio a don Manuel
Royuela el ministro tesorero de las Cajas de Saltillo, quien desde hacía
tiempo se había cambiado a Monclova. Le decía carecer de numerario y
había escrito al virrey, pero como aún no había recibido su contestación, se
veía obligado a pedirle ayuda para pagar la tropa, porque estaba expuesto a
ver con dolor se retiraran a sus casas esa fiel gente, que incesantemente
repetía "las vejaciones de sus abandonadas familias. "43
Royuela contestó cuatro días después, que como se habían puesto
muchos hombres sobre las armas en la provincia de Coahuila, esto originó
gastos exhorbitantes y estando cortada la comunicación con México no
podía librar sobre la Tesorería General; no tenía más que lo indispensable
para pagar el primer situado del año que iba a empezar a las compañías
presidiales y las milicias de la frontera; por lo tanto, no lo podía ayudar.44
A pesar de los esfuerzos del gobernador Santa María para evitar la
entrada de propaganda de los insurgentes al Nuevo Reino de León, ponien-
do guardias en los lugares de acceso a la provincia y ordenando la expul-
sión de toda gente extraña, no lo había podido evitar.
Un don José María de Esnal denunciaba que, estando "en el paraje de
Gualeguas en un fandango," estaba cerca de él un hombre quien le dijo era
de Guadalajara, y preguntándole cuales novedades había por allá, contestó
que muchas, relatándole "que al señor cura del pueblo de los Dolores se le
105
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
había aparecido Nuestra Señora de Guadalupe y le había dicho, que pusiera
reparo a todo el reino porque querían los gachupines entregarlo, y no había
de quedar ni uno de todos ellos."45
Unos días después, el subdelegado de Cadereyta, don Manuel Pérez de
la Carda recibió la denuncia de que en la hacienda de Santa Efigenia
andaban unos barilleros "vendiendo unos versos seductores relativos a la
insurrección fomentada por el malvado cura Hidalgo y sus secuaces." El
subdelegado se trasladó inmediatamente a dicha hacienda y arrestó a tres
individuos, quienes dijeron llamarse José del Carmen Llamas, José Eulogio
Morales y José Nicolás Mercado. El primero era de San Luis Potosí, el
segundo de Parras y el tercero de Guanajuato. Este último era el que
andaba vendiendo los versos pero ya no le quedaba ninguno, sin embargo
sus compañeros dijeron que los sabía de memoria y el subdelegado hizo que
los recitara:
"Primera
Como dueño de la acción
Salí a andar de forastero
Aunque no soy misionero
Pero he andado la misión
Segunda
Con dolor y con ternura
Y pleno conocimiento
Vi el lucido vencimiento
Que fue a hacer el padre cura
Vi la pena y conjetura
Que causaba admiración
Ver en terrible aflicción
El extremoso aparato
De ganar a Guanajuato
Como dueño de la acción
Tercera
Vi caminar vigilante
Sus tropas con arrogancia
Los doce pares de Francia
Mostró ser en lo arrogante
Y en su navegar constante
Dice todo placentero
He de ser firme guerrero
Por Dios y por nuestro rey
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LOS INSURGENTES
y en defensa de la ley
Salí a andar de forastero
Cuarta
En cuantioso relicario
Tras que yo muy bien lo supe
y a María de Guadalupe
Rezándole su rosario
Se ha hecho en su pecho santuario
Devoto y con grande esmero
Cariñoso y placentero
Dice cuando va a rezar
Las Indias he de ganar
Aunque no soy misionero
Quinta
Justicia es darle favor
y no darle es contra ley
Ver cautivo a nuestro rey
Causa grande sinsabor
Pena congoja y dolor
Agonía y gran confusión
Conflictos y admiración
Por eso yo me confundo
y aunque no goce del mundo
Pero he andado la misión '46
Don Juan Ignacio Ramón no llegó a Labradores hasta el día 16. Al día
siguiente le puso dos oficios y una carta al gobernador Santa María. Le
decía que no había entrado por la boca del Pilón por la mucha agua que
ahí había y tampoco siguió derecho a Río Blanco, porque hubiera tenido
que cruzar por algunos pueblos de Nuevo Santander y no le había parecido
bien entrar a esa provincia con tropa armada sin el permiso del gobernador
de ella. Parece increíble que en plena guerra se siguieran guardando ciertos
preceptos establecidos, los cuales no se podían variar como si se estuviera
viviendo en una situación completamente normal. Debido a estas circuns-
tancias, Ramón entró al sur del Nuevo Reino de León por el cañón de Santa
Rosa. En su comunicado al gobernador, le manifestaba que recorrería las
haciendas de Soledad Laja y Albarcones, para terminar en Río Blanco e iba
a escribir a los administradores de las haciendas para informarse si era
cierto los insurgentes estacionados en Matehuala habían sacado doscientos
hombres de dichas haciendas. Le informaba que el general insurgente que
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LOS INSURGENTES
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Ese mismo día Ramón envió con un propio un nuevo oficio al goberna-
dor. Este fue redactado a las doce de la noche, pues según parece acababa
de recibir la contestación de Jiménez, la cual incluyó. "El único móvil de nues-
tras operaciones militares —decía Jiménez— es, ha sido y será mantener inde-
pendiente nuestro patrio suelo, que ha sufrido los conflictos más apurados
desde la pérdida de España, pues ha visto con asombro el horroroso
sacrificio de sus más beneméritos hijos, ordenado por unos hombres, no
sólo desnudos de los nobles sentimientos de honor y gratitud sino, lo que
hace estremecer el alma, olvidados del carácter de lenidad inseparable del
corazón de un cristiano. Testigos irrefragables de esta lamentable verdad
serán siempre México, Puebla, Veracruz, Querétaro y otros varios lugares
que han visto con horror ultrajadas las venerables personas de los ministros
del altar, de los sabios, de los militares y demás clases de brillo, por sólo el
capricho de estos hombres déspotas brutales, y: ¿Usted sabe señor coman-
dante cuál sea el sistema que estos tiranos intentaban establecer con seme-
jante terrorismo?, pues no era otro, que el de después de hacernos viles
esclavos del francés, hacer que la semilla del santo evangelio esparcida en
nuestros corazones por nuestros honrados progenitores y cultivada por los
sagrados ministros de Jesucristo, a expensas de innumerables fatigas y
desvelos, se extinguiera para siempre dejándonos sepultados en el idiotismo
e irreligión. ¡Proyecto diabólico!, que se hubiera efectuado si la providencia
de un Dios todo piedades no hubiera suscitado para sus altos designios al
sapientísimo varón doctor don Miguel Hidalgo." Toda esta demagogia de
exagerada mojigatería era redactada por fray Juan Salazar, aunque después
se justificó en su juicio afirmando, que esos papeles no los mandaban como
él los hacía, pues Jiménez "les añadía o quitaba lo que le parecía a su
secretario, que lo era el capitán Onofre Portugal." La contestación de
Jiménez a Ramón era muy extensa, pero volvía a repetir lo mismo de todas
las proclamas de los insurgentes: que eran los más fieles vasallos de Fernan-
do VII y aspiraban a mantener la independencia de la América, porque "es
la perla más preciosa de su corona y el único patrimonio que le queda a su
desgraciada familia". Decía, por último, que tendría por desgraciado el día
que sus armas chocaran contra las suyas y que la muerte de unos y otros
americanos decidieran una causa calificada como justa por todos los sensa-
tos. Le recomendaba comunicara a su jefe estos particulares, acompañándo-
le copia de la carta, y con esto haría un servicio a la humanidad, pues cada
individuo sabría por quién iba a perder la vida.58
Don Juan Ignacio, al mandar la carta de Jiménez al gobernador, le
decía haber procurado valerse del más favorable arbitrio para no ensangren-
tar más un asunto que realmente se había decidido, pues era irresistible la
110
IOS INSURGENTES
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
contra todas, y a un mismo tiempo, si no era exponer sus armas con una
gente que toda era del partido de los insurgentes; más bien había decidido
usar la prudencia para suavizarla y no perdiera "de atiro el freno de la
obediencia con el rigor, manteniendo en la neutralidad su conservación. "65
El 24 de diciembre, el gobernador Santa María envió al capitán don
José María Sada con veintidós hombres a situarse en el valle de Labrado-
res.66 Y el 2 de enero de 1811 nombró como teniente de gobernador al
alcalde de primer voto don Bernardo Ussel y Guimbarda y ese mismo día o
al siguiente salió de Monterrey al frente de unos ciento cincuenta hombres,
dejando como comandante accidental de las armas al capitán don Vicente
Vedia y Pinto.67 El 8 de enero Santa María se encontraba en el valle del
Pilón.68 Ahí recibió noticias que hicieron derrumbarse todos los esfuerzos
que había hecho por defender su provincia e incluso cambiaron el rumbo de
su propia vida.
112
CAPITULO VII
TODO SE DERRUMBA
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
determinar si lo hizo con el permiso del gobernador Iturbe. El hecho es que
para el 28 de diciembre estaba en esta última villa y desde allí mandó a los
alféreces José Miguel Paredes y Manuel Barberena a buscar caballada,
utilizando para este fin parte de los 11,280 pesos que se habían recogido de
los fielatos desde Tula hasta Aguayo. Pero los caballos parecen haber
estado muy escasos, pues Vidal necesitaba 400 y en veinte días, Paredes y
Barberena apenas pudieron conseguir 147.7
Sin embargo, la falta de caballos no era el único problema de Vidal. El
31 de diciembre recibió un oficio de Iturbe en el cual le insertaba otro de
Cordero previniéndole estuviera el día 4 de enero con 250 hombres en la
estancia de Zamarripa para reunirse con el capitán Várela. Vidal contestó
haciendo ver lo difícil que era cumplir con esta orden, pues decía había que
rebajar de sus tropas: 48 milicianos y 19 veteranos que habían desertado, de
6 a 10 enfermos inútiles y 20 hombres que andaban con 4 oficiales consi-
guiendo caballos y reemplazos para los milicianos.8
Una cosa que resulta incomprensible es la mentalidad de todos estos
militares, sobre todo la del comandante generabdon Nemesio Salcedo, quien
se supone era competente y tenía experiencia, ya que había tomado parte en
varias campañas importantes.9 Teniendo las tropas del campamento de
Aguanueva en las proximidades un ejército insurgente seis o siete veces
mayor, resultaba un absurdo dividir sus fuerzas. Este ejército debía haber
avanzado hacia el sur en lugar de permanecer acampado tanto tiempo. Es
un hecho que la inactividad es uno de los factores que más relajan la
disciplina de las tropas y fomenta las deserciones. Con mucha razón, el
gobernador Santa María le decía a don Pedro de Herrera, cuando éste pedía
enviara reemplazos para los desertores, que éstos irían aumentando "cuanto
más tiempo demoren su salida, pues la proximidad de sus casas es su cebo
que fomenta la deserción. "10
La propia disposición de las tropas de las Provincias Internas era
desatinada; extendidas a todo lo largo de la frontera de éstas con el virreina-
to y tratando de que por ningún lado pisaran los insurgentes lo más mínimo
de su territorio. A principios de enero de 1811, la distribución de estas
tropas era la siguiente: el coronel Cordero estaba en Aguanueva con 700
hombres, mientras Várela avanzaba hacia el sur con otros tantos; en el
Nuevo Reino de León el gobernador salía de Monterrey con 150 hombres,
dejando probablemente 100 en esta plaza; el capitán Sada guardaba la boca
de Santa Rosa con 22 hombres y don Juan Ignacio Ramón estaba en Río
Blanco con menos de cincuenta. En Nuevo Santander, Vidal se había
situado en Aguayo con unos 170 hombres y el gobernador estaba en Croix
con 300.11 Al oeste del campamento de Aguanueva, Melgares parece se
114
TODO SE DERRUMBA
115
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
el jefe de la expedición variara la ruta. Además quería acercarse a Cedral
para comprar bastimentos, pues habían salido sin ellos de Aguanueva.
El día lo. de enero sólo avanzaron cinco leguas y al siguiente día
salieron para el rancho El Canelo; pero a las cuatro de la tarde, antes de
llegar a éste, los alcanzó un correo de Cordero, ordenando a Várela regresa-
se inmediatamente al campamento, haciéndolo responsable si no estaba ahí
al día siguiente, ya que se encontraba amenazado por un numeroso ejército
insurgente. A pesar de esta orden perentoria, las tropas siguieron hasta El
Canelo para dar agua a la caballada en el tanque de ese lugar. El capitán
Macario Borregol? de las milicias de Coahuila, logró capturar ahí una
partida de 59 insurgentes. El capitán de éstos era Rafael Hermosillo,18 el
teniente un soldado de milicias apellidado Pedraza, desertor de la Compañía
de Río Blanco y el sargento y 19 soldados eran desertores de las tropas de
don Joaquín Vidal de Lorca.19
El día 3, Várela retrocedió ocho leguas hasta la estancia de Lobos, y al
día siguiente caminó doce leguas hasta la hacienda de Potosí, pero la mayor
parte de la tropa no llegó a este lugar hasta el otro día, debido al mal
estado de la caballada. El día 6, reunida toda la expedición, sólo se pudie-
ron sacar 107 caballos capaces de caminar y el mismo número de soldados
salió, a las órdenes del capitán Borrego, para Aguanueva. Ese mismo día,
don Pedro de Herrera puso un oficio y una carta reservada al gobernador
Santa María. En el primero hacía ver la situación tan difícil en que se
encontraba y pedía le mandara 300 caballos, aseverando que si Saltillo se
perdía, se perdería también la provincia de su mando. Añadía saber que el
capitán Sada se encontraba cerca, que le ordenara se reuniera con él, pues
no había peligro que el enemigo penetrara por las cuestas que guarnecía, ya
que estaba delante de ellos y si no lograban derrotarlo, sucumbirían las
cuatro Provincias Orientales. Don Pedro le comunicaba a Santa María en la
carta reservada tener fundadas sospechas de que don Juan Ignacio Ramón
era insurgente.20
El día 7 llegó el teniente Timoteo Montañez21 con 60 caballos, y
tomando las yeguas mansas de la hacienda se logró montar 112 hombres,
quienes salieron inmediatamente al mando del capitán de milicias de Río
Grande, un español llamado Félix Rafael de Cevallos.22 Entre éstos iban 12
voluntarios europeos a las órdenes de don Manuel Verdeja y 30 milicianos
del Nuevo Reino de León mandados por el alférez José Antonio Leai.23
Relata don Pedro de Herrera que en la madrugada del día 9 oyó tropel
de caballos en la plaza de la hacienda; saltó inmediatamente de la cama,
abrió el zaguán y se encontró con un soldado de Río Grande, de los que
habían salido con el capitán Borrego. Este buscaba al capitán Várela, y
116
TODO SE DERRUMBA
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Jiménez trató a Cordero con muchas consideraciones y cuando supo había
caído prisionero mandó a fray Juan Salazar "a consolar este desgraciado e
ilustre prisionero." También indultó Jiménez a todos los españoles que
fueron capturados.31 Al entrar Jiménez a Saltillo el Cuerpo Capitular no
salió a recibirlo y esto parece que lo molestó, dando lugar a que fray Juan
Salazar injuríase a los integrantes de esta corporación;32 sm embargo, el día
12 "se solemnizó una misa al Divino Señor Sacramentado con la asistencia
de toda la oficialidad del cuerpo. "33
La defección de las tropas del coronel Cordero y también de las que
Várela mandó en su auxilio, hizo que éste determinara retirarse de la
hacienda de Potosí para bajar por la cuesta de Santa Rosa y dirigirse a
Nuevo Santander a reunirse con el capitán Joaquín Vidal de Lorca. Por lo
tanto, el día que recibió el mensaje de Jiménez, Várela emprendió la marcha
a las nueve de la mañana con la tropa que le quedaba y ese mismo día llegó
al valle de Labradores. Cuenta don Pedro de Herrera que ahí juntó "a los
oficiales del país, exhortándolos a seguir la buena causa y encargándoles
exhortaran a sus compañías lo mismo." Pero que le contestaron "en unos
términos que nada decían, a excepción del capitán don Francisco Bruno
Barrera que decididamente dijo que a él lo que le convenía era irse a su casa
y que su compañía haría lo que le mandaran." Luego hizo don Pedro que la
tropa del Nuevo Reino de León, de la cual quedaban unos 100 hombres, se
juntara en la plaza y los exhortó a que salieran al frente los que lo quisieran
seguir, pero no tuvo respuesta.34
Ese día Várela escribió al gobernador Santa María, dándole la noticia
de los sucesos de Aguanueva. También le decía que eran las nueve de la
noche y aún no aparecía la mayor parte de los hombres; que tenía datos
positivos que esa noche se desertarían la mayoría de los que quedaban, y él
no tenía fuerza para contenerlos, pero tampoco quería a su lado gente de
esa clase. Le manifestaba haber pensado retirarse a la capital del Nuevo
Reino de León para su defensa, mas no lo podía hacer por estar a pie y no
tener la menor confianza en la tropa.35
Al día siguiente, al levantarse los oficiales, se encontraron con la
novedad "de que la guardia, compuesta de tropas veteranas de Coahuila, se
había fugado, lo mismo que la demás de aquella provincia, robando a sus
oficiales europeos y cuantas mulos y caballos pudieron encontrar y recoger
de los situados." También supieron "que la escolta que venía con la artille-
ría, que se conducía a lomo de muía por lo áspero de la sierra, cortó las
reatas y tirando los cañones se llevó las mulos. "36 Ese día don Pedro
recibió un oñcio y una carta reservada de Santa María; contestando los
suyos del día 6. Estos estaban fechados el día 8 en el valle del Pilón y decía,
118
TODO SE DERRUMBA
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
En la tarde llegaron al valle del Pilón, presentándose al gobernador
Santa María, y según don Pedro de Herrera, éste los "recibió con mucha
jactancia, manifestando las grandes disposiciones que había tomado para la
defensa de su provincia, pero en la noche le dijo al teniente don Antonio
Inguanzo que sus tropas estaban en el proyecto de degollarnos". A las
nueve de la noche, estando todos los oficiales juntos, Inguanzo les informó
de lo dicho por Santa María, y el capitán José Domingo Castañeda fue
inmediatamente a ver al gobernador, a quien le preguntó si lo dicho por
Inguanzo era cierto, contestando éste:
—"Castañeda mío, estamos muy mal, mis tropas están en mala disposi-
ción; con la venida de ustedes se han alborotado y así no hay más partido
que tomar que huir esta noche, porque de lo contrario ustedes van a ser
víctimas de su furor."
La respuesta de Castañeda fue que la llegada de ellos no era causa para
que se hubiera maleado la tropa y que dijera francamente si se agregaban a
sus fuerzas para hacer juntos la defensa, a lo que Santa María contestó ya
no era tiempo; que lo único que le quedaba por hacer sería reunir, al día
siguiente temprano, un consejo de guerra para salvar su responsabilidad.
El día 12 —dice don Pedro— tan pronto como se levantó, fue por
encargo de Várela a ver a Santa María para que recibiera a los prisioneros
insurgentes, a lo cual ya se había negado por escrito y de palabra, pero
tampoco lo pudo convencer a pesar de haber insistido en la importancia de
la seguridad de estos reos y que la tropa que los custodiaba hacía cuatro
días, pedía su relevo. Santa María le comunicó a Herrera que "había citado
a toda la oficialidad para un consejo de guerra". Este se verificó un rato
después, y según don Pedro, Santa María hizo una gran arenga, donde
nada dijo, salvo advertir a sus oficiales para que opinaran como él quería, y
el resultado fue que "dichos oficiales votaron el irse a sus casas, suponiendo
la provincia indefensa." El capitán José Domingo Castañeda "se opuso a la
dispersión de las tropas, votando" puesto que "toda la oficialidad quería
irse a sus casas, llevasen las compañías reunidas a sus demarcaciones."
Herrera afirma haber aprobado él este voto "añadiendo, que respecto a que
la mayor parte del armamento era del almacén del rey y que tres compañías
no habían devengado el vestuario, se recogiese uno y otro, en el extraño
caso de no reunirse para la defensa de la provincia, que era lo que debía
hacerse y a lo que habíamos bajado a ella." Los acuerdos de esta junta,
continúa Herrera, no se pusieron por escrito, pues el gobernador estaba
muy de prisa. Dice don Pedro que se fue a su alojamiento "pensando
siempre en la defensa de la provincia, cuya capital Monterrey había aban-
donado el gobernador, desde que supo la proximidad de los insurgentes,"
120
TODO SE DERRUMBA
pero al poco rato volvió a ver a Santa María y le propuso "varios planes
para la defensa de su provincia", pero no accedió a nada, diciéndole:
— "Herrera mío, esto está muy mal."
Como vio que tenía las espuelas puestas y su equipaje liado, le pregun-
tó, ¿para dónde iba? y su contestación fue:
— "No lo digo a nadie. El principal asunto de mi ida es porque anoche
iban a pasar a cuchillo a usted y a sus oficiales."
Continúa don Pedro: "Le inste' para que dijera quienes eran los autores
o quien se lo había dicho para tomar mis medidas también. Lo que me
obligó a decirle cuanto se puede creer. Salí de su casa con (el) pensamiento
de tomar el mando de la provincia, como segundo comandante, pero cuál
fue mi sorpresa al encontrarme en la plaza con todas las tropas montadas,
que corrían por ella y las calles dando gritos. Pregunté a su ayudante don
Juan de Castañeda, que, ¿qué era aquello? quien me dijo:
—No sé más, sino que el gobernador dio la orden para que la tropa se
vaya para donde quisiere."
Castañeda le comunicó igualmente a don Pedro que él también se iba,
pero sin decir su destino, informándole asimismo que los insurgentes presos
andaban revueltos con la tropa.
Herrera justifica su decisión afirmando que "estos hechos y la conside-
ración de la relacionada fuga del gobernador, la del ilustrísimo señor
obispo, desde la capital, la de los europeos y criollos honrados, la citada
dispersión de la tropa, además de la que se había pasado al enemigo, y
advertido que el paisanaje que no estaba adicto a la insurrección se escondía
por los montes de miedo, me hizo variar del pensamiento sobre la toma del
mando, pues no tenía con quien sostenerme. También se me informó que el
general motivo de la dispersión de las tropas, de mis criados y cobardía de
los habitantes de la provincia era por haberse esparcido la voz de que a
todo criollo lo íbamos a esclavizar, poniéndoles un fierro candente en la
cara."
El temor provenía de una proclama preparada por el padre José Anto-
nio Gutiérrez de Lara, nativo de la villa de Revilla en Nuevo Santander y
maestrescuela de la Catedral de Monterrey, la cual se había difundido por
las cuatro Provincias de Oriente. Este clérigo justificaba la insurrección con
los mismos argumentos expuestos en otras proclamas de los insurgentes,
pues en su parte medular decía de los españoles: "Ellos, no hay duda,
cuando conquistaron este Nuevo Mundo, trajeron a él la cristiana religión
que profesamos, las políticas leyes que seguimos y los más artes que
ejercemos, para nuestra felicidad, gobierno y utilidad, sacándole con esto de
las profundas tinieblas en que vivía a la Diana Luz en que vive, pero
121
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
ellos mismos, que traición han traído varias veces, y ahora últimamente
trataban ¡qué dolor! de vendemos al jefe rey de Inglaterra y al mayor
monstruo del mundo, nuestro enemigo Napoleón." Sin embargo, la caracte-
rística que distinguía esta proclama era que terminaba con la frase: "fierros
para mujeres y hombres" e incluía un dibujo de las marcas que les pondrían
"en un cachete" a cada uno de los sexos.40
En vista de esta situación, don Pedro de Herrera decidió continuar su
marcha rumbo a Linares. Los oficiales de sus tropas que lo acompañaron
fueron: el capitán José Domingo Castañeda y los tenientes Simón de Herre-
ra hijo41 y Antonio Inguanzo. Iban también en el mismo grupo, el capitán
don Antonio Borda de la provincia de Coahuila y los de milicias de la
misma provincia, capitán don Manuel de Ibarra y los alféreces Domingo
Marañen y Román de la Garza, asimismo 18 europeos, quienes se habían
agregado a las tropas de don Pedro, entre ellos don Antonio de Elorza,
subdelegado de Matehuala, quien habiéndose retirado a Nuevo Santander,
solicitó allí servir de soldado, pero sabiendo que las tropas que mandaba
Várela iban rumbo a San Luis, se les unió en la hacienda de Potosí.
Cuenta don Pedro, amargado, cómo en el valle del Pilón, los soldados
de la Compañía de Cadereyta le robaron todo el avío de su coche. Este lo
había utilizado para mover la artillería, habiendo dejado el coche en
Saltillo, el cual cayó también en poder de los insurgentes. Toda la tropa,
incluyendo los oficiales, se fueron sin despedir, con excepción de don
Nicolás Elizondo. Huyeron igualmente sus criados, viéndose en la necesi-
dad de ocupar otros, con el salario de dos pesos diarios.42
A las tres de la tarde del mismo día 12 de enero, don Manuel de Santa
María fue a la casa llamada del Estanco Viejo, donde estaban alojados los
insurgentes y "los puso en libertad, mandando que se regresaran con una
corta escolta para su resguardo por el mismo camino que habían traído,"^3
esto es, por el cañón del río Pilón, rumbo a Labradores. Pero estos no
quisieron "pretextando que pudieran ser sorprendidos en algún paraje difi-
cultoso de la Boca. "44 Entonces Santa María les dijo:
—"Hijos míos, ¿están vuestras mercedes conformes de sujetarse a las
órdenes de don Ventura Ramón?''45
A lo que respondieron todos que sí. Luego regresó el gobernador a su
casa, mandó ensillar y salid con destino a Monterrey, aunque primero había
dicho que iba para la Punta de Lampazos.
Al ponerse el sol, don Ventura llevó a los insurgentes a la casa donde
había estado alojado Santa María, aunque parece que desde antes de medio
día no había nadie que los estuviera vigilando, pues una compañía de tlaxcalte-
cas de Boca de Leones, acuartelada en la misma casa del Estanco Viejo, se
122
TODO SE DERRUMBA
había ido desde las once de la mañana y los insurgentes empezaron a vagar por
las calles y a embriagarse.
También comenzaron a meter piedras del río a la casa donde se les
había instalado y revisaron "dos cañoncitos que estaban montados en sus
cureñas a ver si estaban cargados"^ y avocaron "uno para el zaguán de la
casa y el otro al corral. "47 Estos cañoncitos, de los conocidos como
pedreros, los había abandonado el gobernador Santa María, dejando tam-
bién cinco cajones de pólvora en la plaza. "La causa de esta preparación de
los insurgentes era temiendo el asalto de don Domingo de Allende, porque
supieron ellos que dicho señor había dicho era bueno degollarlos. "48
Después de las ocho de la noche, entró don Rafael González de.
Hermosillo, jefe de los insurgentes, a la casa de don José Ignacio Báez de
Benavides y estando presente el bachiller don José María Santa, les dijo
"que si tontito le hacían, daría asalto esa noche en las casas de los señores
europeos. "49 Esto hizo que don José Ignacio fuera a la casa de su primo el
cura del mismo nombre y le platicara todo lo que había visto y oído,
tomando el cura la resolución de encerrar en su casa y custodiar con gente
armada, la pólvora y municiones que había dejado Santa María, "y aún no
había caído en manos de los insurgentes. "50
También avisó el señor cura a don Pedro José Borrego quien había
quedado como subdelegado, "para que éste viera qué medio ponía en que no
hubiera una desgracia."^ Borrego puso entonces un oficio al capitán don
Juan José de los Santos, quien al dispersarse las tropas, era el único que
había quedado con su compañía acampada en el pueblo de Concepción. De
los Santos llegó algún tiempo después y recogió a los insurgentes que "hasta
las once de la noche anduvieron paseando por las calles y casas donde
había vino, "52 y los encerró en la casa que se les había asignado, poniendo
centinelas y diciéndoles "que no tuvieran recelo alguno."^
Aunque el gobernador les había dicho a los insurgentes que podían irse
a reunir con su ejército o esperar a que éste llegar al valle del Pilón, los
habitantes de la localidad querían que salieran lo más pronto posible, pues
temían hubiera desórdenes y sobre todo que asaltaran las casas de los
españoles o hicieran daño a los que hubieran quedado.
Al día siguiente, estando el padre Santa en el Canon de la misa, mandó
al sacristán don Rafael Gil de Leyva "que fuese a avisarle a dos europeos
que asistieron a oírla, que luego que recibieran la bendición, se retiraran
donde no los vieran los insurgentes, no hicieran alguna tropelía con ellos. "54
El problema principal para sacar del valle a los insurgentes era que
muchos de ellos no tenían caballo y no querían irse a pie. Por esta razón, el
subdelegado Borrego se vio obligado a confiscar caballos de los vecinos para
123
EN LCb ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
montarlos. Todavía así, no fue fácil echarlos del pueblo, pues don Ventura
Ramón tuvo dificultades para juntarlos, por andar embriagándose, al grado de
que dos de ellos, llamados Maldonado y Altamira, tuvieron una riña en la que
estuvieron a punto de matarse, teniendo que intervenir el cabo Maximiano
Elizondo para separarlos.
Don Rafael González de Hermosillo y su gente salieron finalmente del
valle del Pilón rumbo a Monterrey, escoltados por el capitán don Juan José de
los Santos y sus soldados. Sin embargo, no habían terminado las dificultades
de éste, pues cuenta que en el camino se encontraron con "el avío de
caballada y mulada pertenecientes a don Vicente Paras"'55 y que ios insurgen-
tes intentaron apropiárselo, pero que él no se los permitió. Por otro lado, los
caballos que había decomisado don Pedro José Borrego debían ir solamente
hasta el Guajuco, y con este objeto acompañó a la expedición un tal Esteban
Lerma, quien debía regresar con ellos, pero no los quisieron devolver. En
Monterrey, el capitán de los Santos entregó los insurgentes al gobernador que
ya se encontraba allí.56
Don Pedro de Herrera y sus acompañantes salieron el día 12 del valle del
Pilón, pasando la noche en Santa Ana y al día siguiente llegaron a Linares. A
Herrera le pareció que los habitantes de esta ciudad, salvo unos cuantos,
estaban mal dispuestos hacia ellos. Dice que se le presentó el sargento
Mariano Vargas "embozado en su capa y con su puro en la boca" y le dijo que
huyera porque 70 insurgentes iban en su alcance. Le preguntó quién se lo
había dicho y dio el nombre de una persona, pero el subdelegado le informó
posteriormente ser éste un saltillero que hacía dos meses había salido de la
población. En este lugar, el cabo Ramón Treviño, originario de Monterrey,
robó a don Pedro tres muías y cincuenta pesos que le había adelantado, pues
era uno de los que se habían ofrecido a acompañarlo ganando dos pesos
diarios.
Los fugitivos salieron de Linares el día 14 y fueron a dormir al rancho de
La Vaca. Pensaban seguir al Real de Borbón, pero tuvieron que cambiar de
ruta pues supieron que su vecindario había apoyado la insurrección, acaudilla-
do por el subdelegado don José Joaquín Benítez. El día 15 llegaron al anochecer
a un paraje conocido como el llano del Tepozán y al día siguiente avanzaron
hasta El Baratillo, distante sólo cinco leguas de San Carlos, y desde allí le
avisaron al gobernador Iturbe, quien se encontraba en este último lugar, de la
pérdida del campamento de Aguanueva.
El día 17 en la mañana llegó al rancho de El Baratillo el capitán Vidal de
Lorca con cuatro compañías; éste iba para San Carlos llamado por el gobema-
124
TODO SE DERRUMBA
dor. Dice don Pedro haber hablado con él para que le informara en qué
estado estaba aquella provincia, respondiendo estar peor que el Nuevo
Reino de León. Los demás oficiales fueron de la misma opinión y le
recomendaron siguiera para Altamira, ya que ellos harían lo mismo. Al
poco rato de haber salido dicha tropa, regresó, pues Vidal había recibido un
oficio del gobernador pidiéndole señalara el lugar más adecuado para reunir
la oficialidad de la provincia, y Vidal contestó el oficio en el mismo jacal
donde estaba alojado don Pedro, indicando la villa de Padilla.
Don Pedro y sus acompañantes continuaron ese mismo día para la
hacienda de Cinco Señores,^? propiedad del capitán José Domingo Castañe-
da. Ahí se quedaron los días 18 y 19, pues Castañeda los detuvo para
juntar toda la remonta y habilitar con caballos a aquéllos que iban mal
montados. El día 19 llegó el gobernador Iturbe a comer a la hacienda y
luego siguió para Padilla.
El día 20, Herrera y sus acompañantes llegaron a Padilla a las ocho de
la mañana. Iturbe les informó que todavía no se efectuaba el consejo de
guerra porque aún no llegaban todos los oficiales. Ese mismo día el grupo
de Herrera siguió hasta cerca del rancho de La Sauceda y al siguiente fueron
a dormir al río de Palomas. El 22 de enero llegaron a la misión del Forlón y
al día siguiente a la hacienda del Pretil. Esta era propiedad de los capitanes
don Juan y don Cayetano Quintero, quienes -habían dado orden "de que a
todos los europeos y americanos honrados que pasasen por sus haciendas se
les franqueasen víveres y cabalgaduras sin estipendio."
El día 24 fueron a dormir a El Cojo, otra hacienda perteneciente a los
Quintero, llegando a Altamira el día 26 a las once de la mañana. Ahí
fueron muy obsequiados por los capitanes Quintero y su hermano el fran-
ciscano fray José, quien era el cura de aquella villa. El día lo. de febrero,
don Pedro y sus acompañantes tomaron una canoa para Pueblo Viejo y el
día 3 salieron a Tampico.58 Cerca de ahí se embarcaron el día 5 en una
piragua y navegando por algunas lagunas llegaron a Tuxpan. En esta
población pidieron al subdelegado caballos y muías para cruzar la sierra
rumbo a Jalapa, informándoles no había. Por lo tanto, se vieron obligados
a esperar la salida de un bergantín, y aunque se embarcaron el día 21,
permanecieron anclados hasta el 2 ,de marzo en que el bergantín pudo
cruzar la barra, llegando a Veracruz al día siguiente a las 10 de la noche.
De esta ciudad salieron a Jalapa, en donde don Pedro le escribió a Calleja,
relatándole todo lo acontecido desde que se recibió su orden para que
marcharan a San Luis las milicias del Nuevo Reino de León.59
Herrera estuvo en Jalapa esperando avío hasta el 16 de marzo, llegando
a la ciudad de México el día 22.60 por Jo tanto, había tardado setenta días
125
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
en llegar del valle del Pilón a esta ciudad. Esto hace más notable la hazaña
de don Domingo Narciso de Allende, quien en un mes fue hasta México y
regresó al Nuevo Reino de León.
126
TODO SE DERRUMBA
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10
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
128
TODO SE DERRUMBA
con su gran persuasión ganó al señor Santa María y a toda su tropa. "75
Esto es una exageración, pues el gobernador de Nuevo León, aunque es
posible no hubiera decidido unirse a los insurgentes, parece no haberle
importado caer prisionero. Además no tenía tropas; a éstas las había licen-
ciado desde el último día que estuvo en el valle del Pilón.76 Según el
teniente don Juan de Castañeda, el gobernador Santa María entregó la
provincia a los mismos insurgentes que había liberado en el Pilón, quienes
acompañados del capitán don Juan José de los Santos "pasaron a intimarle
la rendición en número de cuarenta individuos. "77
Unos días después del viaje de Carrasco a Monterrey, Jiménez también
salió para esa ciudad. Las versiones que han quedado de su llegada y
estancia en ella se deben a fray Gregorio de la Concepción, y aunque sus
diversos relatos son algo confusos, 78 parece que este fraile llegó a Monte-
rrey unos días antes que Jiménez, precisamente para prepararle la entrada.
Cuenta fray Gregorio: "Algunos días después (de la partida de Carrasco de
Saltillo) dispusimos nuestra ida a Monterrey, donde nos recibió el coronel
Carrasco, viniendo éste con muchas personas notables de allí a encontrar-
nos, y entre ellas se hicieron notar cuatro canónigos y uno de estos me echó
una arenga. Llegamos en medio de mil aclamaciones y en esa noche se
iluminó la ciudad y hubo baile donde, para evitar críticas, no concurrí,
pretextando ocupación. Como sólo llevé a mi entrada a los de mi escolta,
que eran ochenta hombres, comencé a disponer la entrada de las tropas y
de mi compañero Jiménez, queriendo que ella fuera solemne y con el
entusiasmo de aquellas gentes todo se ejecutó pronto y bien. "79
Fray Gregorio afirma que Jiménez llegó dos días depsués.80 "Una legua
antes de llegar a Monterrey —dice— le pusieron arcos triunfales, y llegados
a aquella ciudad, el Cabildo Eclesiástico le esperaba en el atrio de la
Catedral y le introdujo en la iglesia bajo palio, teniendo a la puerta un
Santo Cristo, en cuya presencia se arrodilló Jiménez y el mismo cabildo le
roció con agua bendita. Después cantaron el Te Deum y concluido lo
condujeron a pie hasta su casa."^-
Jiménez entró a Monterrey el 26 de enero y ese mismo día expidió una
proclama que se distribuyó por toda la provincia. Esta empezaba: "Nuestro
Señor Dios de los Ejércitos, que tan visiblemente auxilia y protege nuestras
armas americanas, ha permitido en la mañana del día de hoy, se hubiere
dirigido nuestro arribo a esta ciudad, logrando en él la mayor satisfacción
por el gusto y regocijo en que fuimos recibidos por los ilustrísimos señores,
Cabildo Eclesiástico, secular y demás vecindario, quedando prisionero a
discreción don Manuel Santa María. Las tropas que estaban a las órdenes
de este gobernador se han disperado impelidas, de un verdadero patriotismo,
129
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
sin querer oponer sus personas, a las de nuestras tropas, conociendo que en
los imprudentes choques se debilita la amable y oprimida nación americana,
en la fantástica idea de querer conservar los tiranos europeos." Invitaba
luego a todos los habitantes del Nuevo Reino de León a unírsele para
acabar de sacudirse el gobierno español.82
El Cabildo Eclesiástico de Monterrey franqueó a Jiménez 125,000 pesos,
una cantidad bien distinta a los 145 pesos que el clero de la ciudad dio al
gobernador Santa María, cuando se encontraba en apuros. Este dinero
facilitado por el Cabildo Eclesiástico quedaría garantizado con la plata en
masa quitada al tesorero Hoyuela en el presidio de Río Grande, la cual se
trasladaría a Monterrey.83
Hay otro incidente que indica la parcialidad del clero de Monterrey por
la insurgencia. Fray Gregorio de la Concepción declaró en su proceso que
cuando el ejército de Jiménez regresó a Saltillo, él se quedó en Monterrey
por haber estado enfermo, pasando a visitarlo el gobernador de la mitra,
doctor José León Lobo Guerrero, quien le pidió sus títulos de órdenes y
licencias de confesar y predicar y en cosa de una hora se los mandó
refrendados y firmados por él y por el canónigo don José María Gómez de
Castro.84
Dos de los jefes insurgentes contrajeron matrimonio en Monterrey: el
mariscal de campo Francisco de Lanzagorta con doña María Luisa Quijano
y el brigadier don Juan Bautista Carrasco con doña Manuela de Ugartechea.
El ministro celebrante de estos matrimonios fue fray Gregorio de la Concep-
ción. 85 Lanzagorta ya se había querido casar antes en Saltillo, pues fray
Juan Salazar declaró en su proceso, que a esa villa llegó una niña de Real de
Catorce en compañía de su cura, o sea el padre Semper, jovencita que venía
con el propósito de contraer matrimonio con Lanzagorta, y que él le hizo
presente a éste, a Jiménez y al cura "que de ningún modo consideraba lícito
semejante enlace. "86 No se ha podido determinar si la persona con quien se
casó Lanzagorta en Monterrey fue la mencionada niña u otra dama.
Estos matrimonios, dice fray Gregorio, fueron el "motivo por el que se
prolongaron las fiestas y nuestra permanencia se hizo necesaria, no pudien-
do hacer reflejar a Jiménez, que perdíamos el tiempo en aquella inacción,
que no era tiempo de Venus y sus placeres, sino de Marte y con su
actividad: en fin le dije tanto, que no pudo menos de manifestarme ser
cierto lo que yo decía, pero que era preciso también dar gusto a aquellos
oficiales. Desde ese día empezóme a entrar el desaliento, calculando las
consecuencias. "&7
Efectivamente, estando Jiménez en Monterrey, recibió la noticia de la
derrota del cura Hidalgo en la batalla del Puente de Calderón y también
130
TODO SE DERRUMBA
131
CAPITULO VIII
132
LA REGIÓN MAS EXPUESTA
133
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
dirigirse a establecer y fomentar por medio de colonias militares y milicia-
nas la población de Texas, empezándose la colonización por la costa del
Golfo, penetrando por los ríos Grande y Colorado y las bahías del Espíritu
Santo, San Bernardo y Galveston." Se incluía en el proyecto "la erección de
una casa de moneda en Monterrey u otro paraje que pareciese más conve-
niente, " y se mandarían a Texas "gran cantidad de instrumentos de agricul-
tura y de artículos para el comercio con los indios." Para el ejército que
marcharía a Texas, se pedía la incorporación de artesanos que irían con
plaza de soldados. El primer contingente preparado estaba dividido en dos
batallones con un total de quinientos setenta y seis hombres; pero nunca
salió de España, pues estando ya embarcado, fue detenido; primero, por la
guerra contra Inglaterra y posteriormente por la invasión napoleónica de
España.4
Del virreinato, la única ayuda que recibió el comandante general fue el
enviar a Texas cincuenta hombres de la Compañía Volante de Lampazos y
unos setecientos milicianos de Nuevo León y Nuevo Santander.
El año de 1803, en que empezaron las dificultades con los Estados
Unidos, no había en Texas más que dos compañías presidíales cuyo contin-
gente total es probable que no llegara a los doscientos hombres. Ese mismo
año se trasladó a Texas la Compañía Volante de San Carlos de Parras, la
cual instaló su cuartel en la misión abandonada de San Antonio de Valero.5
A mediados de 1805, el comandante general envió al gobernador de Coahuila,
don Antonio Cordero, a hacerse cargo interinamente del gobierno de Texas,
pues el gobernador don Juan Bautista Elguézabal se encontraba moribundo.
Cordero llegó a Béjar el 8 de septiembre con setenta hombres de las
compañías presidíales de Coahuila.6 Por las mismas fechas hizo también su
arribo don Juan Ignacio Ramón con cincuenta soldados de la Compañía de
Lampazos.? El 3 de octubre llegó a Béjar el teniente Pedro López Prieto con
101' milicianos del Nuevo Santander y el 15 de diciembre don Jerónimo
Herrera con cincuenta de Nuevo León.8 Este último era el capitán de la
Octava Compañía de Dragones Provinciales, una de las del valle de Salinas.^
Para mediados del año siguiente, ya había mil soldados en Texas^O y al
hacerse más tensas las relaciones con los norteamericanos, don Simón de
Herrera, el gobernador del Nuevo Reino de León, fue nombrado comandante
de las milicias de Nuevo León y Nuevo Santander que se encontraban en
Texas. Este salió de Monterrey probablemente el 14 de mayo de 1806, pues ese
día se hizo cargo del gobierno de Nuevo León su hermano don Pedro.H Don
Simón llegó a Béjar el 31 de mayo,12 y el 12 de junio salió para la frontera de la
Luisiana.13 Ahí, sin autorización, firmó el 6 de octubre un acuerdo con el
general norteamericano James Wilkinson, en que los americanos se manten-
134
LA REGIÓN MAS EXPUESTA
drían al oriente del Arroyo Hondo y los españoles al occidente del río Sabinas
y que la faja intermedia entre estas dos corrientes se conservaría despoblada
como "terreno neutral" hasta que hubiera un acuerdo entre los respectivos
gobiernos.14 Según Pike, que como se dijo anteriormente, conoció a Cordero
y Herrera en Be jar, el primero tendía a ser belicoso y el segundo fue enviado a
Texas para ayudarlo "por su conocida moderación y tacto," y por haber
llegado a este acuerdo, Cordero lo trató con frialdad por algún tiempo, hasta
que la decisión de Herrera fue elogiada, tanto por el virrey como por el
comandante general. 15 Sin embargo, se ha citado antes una declaración de
don Juan Ignacio Ramón en la cual afirma que Herrera lo envió a provocar a
los norteamericanos. 16 Si esto es cierto, es difícil saber qué fue lo que lo hizo
cambiar de opinión.
Desde estas fechas hasta el principio de la Guerra de Independencia,
siempre se mantuvo en Texas una guarnición más o menos importante, esto es,
unos mil hombres. Pero los jefes que estaban en esta provincia la consideraban
insuficiente y el comandante general solicitaba continuamente la ayuda del
virreinato.17 Sin embargo, no fue hasta principios del año de 1810 que el
virrey Lizana parece haberse preocupado por la situación en la frontera, pues
ordenó poner sobre las armas los regimientos provinciales de dragones de San
Luis y San Carlos, que se les situara en Monterrey y se trasladaran a San Luis
Potosí los de Ja Reina y Nueva Galicia. 18 Ya se estaban preparando en
Monterrey los alojamientos para estos regimientos, los cuales serían el
Hospital Nuevo y el Convento de Capuchinas, edificios que quedaron
inconclusos desde la muerte del señor obispo Llanos y Valdez, cuando se
recibió la orden de la suspensión de estos movimientos de tropas.19
Una de las principales preocupaciones del gobierno español con relación a
Texas era lo despoblado de esta provincia, e inmediatamente después de que la
Luisiana pasó a los Estados Unidos, permitió la inmigración a Texas de
aquellos individuos que habían sido subditos del rey de España; pero
posteriormente se expidió una real orden prohibiendo la admisión de indivi-
duos procedentes de la Luisiana. Don Nemesio Salcedo, que se adelantó a esta
decisión de la Corte, decía que se había visto obligado a prohibir absolutamen-
te la entrada de individuos por sus "calidades, solapadas miras, inmoralidad y
perversas costumbres." Otras de las preocupaciones de Salcedo eran contener
el contrabando e impedir toda comunicación por la costa "hasta el extremo de
mandar no se permita su reconocimiento. "20
También existía el problema de mantener tranquilas a las numerosas
parcialidades indígenas de Texas. Con este objeto se les distribuía "anualmente
en San Antonio de Béjar un regalo compuesto de prendas de vestuario, alguna
pólvora, armas de fuego, tabaco y otros artículos," que cuando la Luisiana
135
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
pertenecía a España se traían dé los almacenes de la intendencia de Nueva
Orleans. Pero al pasar la Luisiana a los Estados Unidos, el comandante general
tuvo que recurrir a otras fuentes para surtirse. Nú lo logró con el Consulado de
Veracruz y entonces se proveyó en la ciudad de México"; pero, al recibir los
indios estos artículos, manifestaron "repugnancia por la diferencia de calidad
de todos los efectos. "21
Don Antonio Cordero, además de estar encargado interinamente del
gobierno de Texas, también fue nombrado segundo de Salcedo por éste mismo
y comandante de las armas de Texas. El primero de estos puestos lo desempeñó
hasta el 8 de noviembre de 1808 en que fue substituido por el teniente coronel
don Manuel María de Salcedo.22
El nuevo gobernador de Texas era sobrino del comandante general y al
tomar posesión de su cargo tenía apenas treinta y dos años de edad, pues nació
en Málaga el año de 1776. Pero, a pesar de su juventud tenía experiencia con
relación a la región que iba a administrar y sus problemas. Su padre, Manuel
Juan de Salcedo, fue el último gobernador español de la Luisiana y al pasar ésta
a los Estados Unidos siguió por algún tiempo de gobernador de la Florida
Occidental. El futuro gobernador de Texas participó muy activamente en la
administración de estas provincias como ayudante de su padre y tomó parte
con el marqués de Casa Calvo en la comisión que fijó los límites después de la
cesión de Luisiana a Francia y se enteró bien de los problemas de fronteras
entre los Estados Unidos y España, tanto los relativos a la Florida Occidental
como a Texas.23
Al llegar Salcedo a Texas, Cordero continuó como comandante de las
armas de esta provincia hasta abril de 1809, en que el comandante general
juzgó "oportuno proporcionarle algún descanso, después de la fatiga que había
tenido, sin embargo de su adelantada edad y achaques." El sustituto de
Cordero fue el brigadier don Bernardo Bonavía, gobernador intendente de
Durango, y el primero regresó entonces a Coahuila en donde seguía siendo el
gobernador propietario.24
Por lo tanto, al iniciarse la Guerra de Independencia, Texas era de las
Provincias Internas, donde había más oficiales de alta graduación: el brigadier
don Bernardo Bonavía era el comandante de las armas, el teniente coronel don
Manuel Salcedo era el gobernador y el teniente coronel don Simón de Herrera
mandaba las milicias del Nuevo Reino de León y de la colonia del Nuevo
Santander. Además también se encontraba en Texas el ayudante inspector,
teniente coronel don Cristóbal Domínguez, quien había andado investigando
las quejas de contrabando.
No se ha podido determinar en qué fecha se recibió en Texas la noticia de
la insurrección de Hidalgo; pero una de las primeras medidas del comandante
136
LA REGIÓN MAS EXPUESTA
137
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
diciembre, en que por orden del comandante general, se lo entregó a Herre-
ra.31
Ese mismo día don Simón le escribió al comandante general diciéndole,
saldría al día siguiente e iba a dejar los cuerpos de caballería provincial del
Nuevo Reino de León y Nuevo Santander a las órdenes de su hermano el
capitán don Jerónimo Herrera, quien ejercía funciones de sargento mayor.32
Sin embargo, don Manuel Salcedo volvió a detener a don Simón, alegando
tener pocos oficiales de quien valerse y que el día 21 de noviembre había
informado al comandante general de la rebelión en la Florida Occidental y aún
no recibía sus instrucciones respecto a estos sucesos.
Pero el día último del año, el comandante general todavía no contestaba
nada respecto a lo ocurrido en la Florida Occidental, ni con relación a un oficio
del gobernador de Texas donde le decía estaba reteniendo a Herrera, y el
primero le reiteraba al segundo, que sólo consentiría a su salida cuando ya no
le quedara ningún otro arbitrio.33
Ese mismo día, don Simón escribió al virrey enviándole copia de toda su
correspondencia sostenida con el comandante general y el gobernador de
Texas diciéndole se comunicaba directamente con él y no por conducto de
Calleja, porque no sabía en dónde se encontraba este jefe y pedía lo empleara
en los destinos que juzgara de mayor riesgo y que ése era el parecer de los
oficiales y tropa de los cinco escuadrones de caballería provincial que
mandaba desde el año de 1806, los cuales por su instrucción, robustez y la
constante guerra que estaban haciendo a las tribus de indios que hostilizaban
esa provincia, los creía muy adecuados para ser empleados contra los
insurgentes.34
Una de las preocupaciones principales de don Manuel Salcedo era la
entrada a su provincia de gente extraña y de papeles sediciosos que la fueran a
agitar. El 27 de octubre escribió al gobernador Santa María que les ordenara a
los comandantes de los puestos fronterizos no dejaran pasar a ninguna persona
que no trajera pasaporte del gobernador de Nuevo León, exceptuando los que
fueran con carga de víveres u otros artículos pertenecientes a comerciantes de
Béjar. Asimismo que aquéllos a quienes se permitiera el paso no llevaran cartas
"fuera de estafeta" y que cuando se presentara el caso, el comandante del
puesto debía recogerlas y remitirlas "bajo cubierta. "35
Al día siguiente, Salcedo informaba a Santa María haber recibido el
mando de las tropas de Texas debido a la partida del brigadier Bonavía y
también que el día 24 había celebrado la paz con todos los capitanes de los
comanches. Le decía hiciera saber esto a los caminantes y demás gente de su
provincia para que vivieran sin zozobra, pues las noticias de la guerra con esos
indios se habían abultado mucho.36
138
LA REGIÓN MAS EXPUESTA
139
EN LOS ALBQMf BE IA INDEPENDENCIA
Luisifna y tratara, de conseguirlas en las provincias próximas de Coahuila,
NtievQ, Leen y Nuevo Santander.45 Es probable que don Nemesio Salcedo
temiera alguna complicación con esta compra de armas en el extranjero,
pepo también demostró un desconocimiento de la situación si pensaba que
éstas podían obtenerse en las provincias vecinas, cuando precisamente la
falta de armas era el principal lamento de todos los gobernadores.
Sin embargo, don Manuel Salcedo no abandonó la idea de comprar
material de guerra en los Estados Unidos, pues al pasar algún tiempo sin
tener noticias de Rossi, nombró a don Apolinar de Masmela como nuevo
agente de compras.46
Rossi no había abandonado su misión. Al encontrar dificultades para
conseguir las armas en los Estados Unidos se embarcó en Nueva Orleans
para Cuba y llegó a La Habana el 13 de enero de 1811. Ahí acudió al
marqués de Someruelos y logró se le proporcionaran algunos artículos de
los almacenes de esa plaza. Sin embargo, se presentaron algunas dificulta-
des, pues las instrucciones del gobernador Salcedo eran que el material de
guerra se desembarcase en la bahía de San Bernardo o algún otro lugar de
las costas de Texas, pero las autoridades de Cuba consideraron esto difícil
"por la falta de prácticos y aun de seguros conocimientos hidrográficos de
aquellos parajes." Se pensó luego enviarlo a Tampico, desechándose tam-
bién esta idea por Hfg falta de auxilios que encontraría la expedición." La
decisión final fue mandar los efectos a Veracruz en la goleta Voladora, pero
a prineipios de marzo todavía no salían de Cuba.^7
POI- SU parte, don Simón de Herrera le escribía a Calleja diciéndole que
4J sabía lo desorganizado de las tropas de Texas; que usara su influencia
para que se les auxiliara.48
El 26 de diciembre, el gobernador de Texas se vio obligado a mandar
cien hombres para reforzar el ejército de don Antonio Cordero en Aguanue-
va.49 ES probable que fuera la Compañía del Álamo de Parras, pues eran
laa únicas tropas de Coahuila que había en Texas. El día 2 de enero de
1811, Salcedo reunió en la plaza de Béjar a los soldados de la guarnición y
les informó que pronto saldrían en una misión muy importante para el Río
Grande.50 Inmediatamente se extendió el rumor de que Salcedo y Herrera
intentaban dejar a Texas indefensa, a merced de los indios y los norteameri-
canos, y para contrarrestar estos rumores, Salcedo publicó, el 6 de enero,
una proclama pidiendo el apoyo de los habitantes de la provincia a la causa
realista.51
La noticia de la defección del campamento de Aguanueva se conoció en
Béjar el 13 de enero. El capitán Sebastián Rodríguez, que años antes había
sido comandante de Nacogdoches, de donde fue despedido, se encontraba
140
LA REGIÓN MAS EXPUESTA
141
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
En la madrugada del 22 de enero de 1811, la mayor parte de las tropas
de la guarnición de Béjar encabezadas por Casas se dirigieron a arrestar a
don Manuel Salcedo y a don Simón de Herrera. Además de Casas, destaca-
ron al frente de estas tropas: los alféreces .Vicente Tarín, Pedro Falcón,
Vicente Flores y Francisco Montelongo y los sargentos Trinidad Pérez,
Miguel de Reina y Pedro Rodríguez, más dos civiles, don Francisco Travie-
so y don Gabino Delgado.59 Por lo tanto, en Béjar no hubo revolución,
sino un simple cuartelazo en que las tropas encabezadas por algunos subal-.
ternos se echaron encima de sus jefes. Parece que el argumento que utiliza-
ron los revoltosos para atraerse a la tropa fue que Salcedo y Herrera
intentaban abandonar Béjar y acampar la tropa entre el arroyo del Cíbolo y
el río Guadalupe, pero antes de salir iban a dar órdenes de que se ejecutara
a los tenientes Antonio Sáenz y Francisco Ignacio Escantilla, quienes estaban
presos.60 Se decía incluso que Salcedo y Herrera iban a huir rumbo a la
Luisiana con los valores y el dinero y que prueba de esto era que, la tarde
del día 21, había salido la esposa de Salcedo y que, tanto en la casa de éste,
como en la de Herrera, todo estaba empaquetado.61
Tan pronto como los rebeldes se apoderaron de Béjar se aprisionó a
todos los españoles, con excepción de José Gabriel Parras, sargento de las
milicias de Nuevo Santander y el maestro barbero Juan Fernández.62 Ade-
más del gobernador y don Simón de Herrera, los oficiales arrestados fueron
los siguientes: don Jerónimo Herrera, capitán de las milicias de Nuevo León,
don Joaquín de ligarte, capitán del presidio de San Fernando, don Juan
Ignacio Arrambide, capitán de la Compañía Volante de Parras, don Francis-
co Pereyra, capitán de milicias de Saltillo, don Juan Martín de Echavarría,
capitán de milicias de Nuevo Santander, don José Goceascoechea, capitán
de las mismas milicias, don Juan de Castañeda, teniente de la Compañía de
Lampazos, don Gregorio Amador, teniente de milicias de Nuevo Santander,
don Miguel Serrano, alférez de la Compañía de Lampazos, don Miguel de
Arcos, capitán de milicias de Nuevo Santander, don José Bernardino Mon-
tero, capitán de las mismas milicias y don Juan José Elguézabal, teniente de
la compañía de Río Grande. Los últimos tres oficiales eran criollos y los
demás españoles.63
Es probable que, cuando menos, don Juan de Castañeda y don Miguel
Serrano, no hayan sido arrestados el 22 de enero, sino unos días después.
Castañeda actuó, casi desde el principio de la insurrección, como ayudante
del gobernador Santa María y al dispersar éste las tropas de Nuevo León en
el valle del Pilón, huyó rumbo a la Punta de Lampazos acompañado de tres
soldados, que tenían sus familias en ese lugar. Según Castañeda, al llegar a
Lampazos, trató de rescatar el equipo y el archivo de la Compañía Volante,
142
LA REGIÓN MAS EXPUESTA
pero el pueblo y los soldados "seducidos por las proclamas de don Juan
Ignacio Ramón" no lo quisieron obedecer. Entonces, acompañado por el
alférez Serrano, que era el subdelegado de esta villa, y dos mozos, se dirigió
a Béjar a incorporarse al resto de la compañía, que estaba en ese lugar,
donde fueron arrestados junto con los demás oficiales.64
Los insurgentes de Béjar también pusieron en libertad a los que estaban
presos. De éstos parece que los más importantes eran los tenientes Antonio
Sáenz y Francisco Ignacio Escamilla.65
El mismo día 22, el teniente Sáenz y don Francisco Travieso salieron
para Nacogdoches a arrestar a los europeos, sobre todo al teniente coronel
Cristóbal Domínguez, 66 quien había sido designado comandante de la fron-
tera; pero éste logró escapar a la Luisiana.67 Unos días después, Casas
mandó al capitán José Agabo de Ayala a la Bahía del Espíritu Santo con la
misma comisión, pues el capitán Luciano García, destacado en este punto,
no había cumplido con el encargo, al dejar escapar al capitán de la compa-
ñía presidial.68
La noche del 12 o la madrugada del 13 de febrero,69 Salcedo, Herrera
y los otros oficiales presos fueron enviados al presidio de Río Grande. Doce
de los prisioneros iban esposados, pero al gobernador y al capitán Arcos se
les encadenó. Parece que ésta fue una venganza del teniente Escamilla, pues
Casas declaró en su juicio que fue el encargado de hacer las esposas, pero
que a la hora de partir faltaban dos y él tuvo que consentir que se asegurase
con cadenas a los que no habían sido esposados, siendo éstos Salcedo y
Arcos. 70 Ya en el camino, el alférez Vicente Flores al mando de la tropa
que escoltaba a los prisioneros, recibió un mensaje de Casas ordenándole,
no permitir que los presos hablaran con nadie y que no debía tardar más de
tres y medio a cuatro días en llegar a Río Grande. Pero Flores dice que él
hizo siete días, considerando lo que sufrían los prisioneros.71
La llegada de estos prisioneros a Coahuila contribuirá a consolidar
planes que ya estaban en proceso de desarrollo.
143
CAPITULO IX
144
LA FALTA DE PLAN INSURGENTE
145
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
tus manos, no te descuides con ellos pues los echarás en una caja con llave
y tomarás tú y tus hermanas y hermanos lo que gusten. A Simonita le darás
un túnico de saya con todos sus amos, tres pares de zapatos que le mando,
o cuatro o seis túnicos, los que quiera hacer, con los rebozos que quiera
tomar y lo demás que le guste, para que reparta ella a sus hermanitas, y
tienes cuidado tú que no se extravíe nada. Te mando un caballo ligero y
otro que mando a Ramón, se lo cuidarás. A Mariquita le mando un pintito
y a Doloríta un sabino y un escuro para Simonita, a Manuel y a Puchito,
que cuanto antes les mandaré unos buenos. A Simonita, si no se ha venido
de Lagos, tu irás a llevarle el túnico de seda u otros dos, y lo demás hasta
que se venga de Lagos, pero le llevas rebozos, medias, bretañas y demás. "10
Pero don Rafael no quería que sus vecinos se dieran cuenta de sus adquisicio-
nes, pues a su comadre, doña María Ignacia Zermeño le escribía: "Te encargo,
si. no estuviera ahí José Antonio, esos tercios que lleva don Antonio Quesada,
que los veas más que los ojos de la cara por ser ajenos, ínter José Antonio los
recibe, para que se los entregue a su dueño. "H
El mismo 4 de febrero, don Rafael escribía a don Ignacio Allende. Le
informaba, que había salido de Guadalajara el 5 de diciembre, a donde había
ido a traer a su hijo Ramón, teniente en un compañía del coronel Miguel
Gómez Portugal. Que llegó a Real de Catorce el día 20 y a los dos días llegó
don Mariano Jiménez, a quien dio a conocer la comisión que él le había dado.
Jiménez lo citó en Matehuála, para donde iba y de esta villa salió para Río
Blanco, luego fue a Labradores, en donde indultó al español don Juan López
Peñeiro y de ahí pasó al pueblo de San Cristóbal y finalmente a Linares. Que
en esta última población había indultado seis europeos y otros tres en el valle
del Pilón. No le decía nada a Allende sobre haber caído prisionero de los
realistas, ni de sus viajes a Monterrey y Saltillo. Pero sí le participaba que le
había conferido el título de capitán a don Juan José Coello y que éste había
embargado una hacienda perteneciente a los padres carmelitas y que él le había
ordenado inmediatamente que levantara el embargo.
Allende le contestó el 13 de febrero, desde Charcas, estaba bien que
Coello hubiera "procedido al secuestro de la hacienda de los carmelitas,"
porque éstos se habían mostrado ingratos a la nación auxiliando a sus
enemigos. También le manifestaba que los esclavos debían quedar libres de sus
amos y que a los americanos deudores de europeos se les absolviera de sus
deudas, a excepción de aquéllos que estuvieran "en proporción para satisfa-
cer. " Que a éstos se les exigiera en calidad de préstamo para las urgencias de
momento. En la posdata de esta carta, Allende le dice a González de
Hermosillo: "Todas las contestaciones, en lo sucesivo, deberá usted dirigirlas a
mí por haber recaído el único mando por dimisión de que ha hecho el señor
146
LA FALTA DE PLAN INSURGENTE
147
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Altamira era la meta a donde se dirigían los que, en las Provincias Inter-
nas de Oriente, huían de los insurgentes. Un personaje que llegó a esta villa
148
LA FALTA DE PLAN INSURGENTE
149
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
llegada a Altamira y Pueblo Viejo era don Juan José de Iriarte, el administra-
dor de Reales Rentas de Nuevo Santander, quien también se había refugiado en
estas villas con parte de la recaudación de esta provincia. Sin embargo, le
preocupaba la suerte de su hijo don José Blas, a quien había encargado "la re-
caudación de caudales de los seis fielatos de la renta del tabaco y otras tantas
receptorías de alcabalas de la cordillera del norte," esto es, Laredo, Revilla,
Mier, Camargo, Reynosa y Refugio. El señor obispo le informó a su llegada a
Altamira, que a su hijo lo había retenido con el dinero "el insolente vecindario"
de Reynosa.2?
El 22 de febrero, don Josef Pérez Rey le escribía desde Camargo a don Juan
José relatándole las peripecias de su hijo. "Don José Blas —decía— después de
haberse demorado en todos los fielatos porción de días en bailes, a que es
demasiado afecto, llegó de regreso a ésta, donde hubiera hecho lo mismo si no
hubiera tenido el aguijón mío para que marchase pronto, no obstante que con
pretextos frivolos demoró uno o dos días. Marchó en fin para Reynosa, bien
advertido de que se fuese de allí pronto y en derechura para San femando, en
atención a que quería hacerlo otra vez para el Refugio, pretextando que le
habían errado allí una certificación. A los ocho días se me fue apareciendo aquí
(causándome su presencia no poco sobresaltó) con la pampliega de que
Lafuente se había mudado con los dineros de la venta, dejándole una libranza
de su monto, asegurándole que mucha más cantidad tenía buena en México en
poder del sujeto contra quien libraba." Sigue contando Pérez Rey, cómo le dijo
a José Blas que si tenía miedo de irse para Altamira se fuera para Béjar, donde
se aseguraba estaba el tesorero de la Real Caja. Que le entregara a éste el
dinero y le pidiera un comprobante de haberlo recibido. No sabía todavía que
al tesorero Royuela lo habían arrestado y despojado de los caudales que
llevaba en el presidio de Río Grande. "Para que saliese de ésta —continúa
Pérez Rey— fue necesario reñirlo, haciéndole presente que sus niñerías habían
de acarrearle a usted su perdición, y en fin se fue ese día, aun sin almorzar ni
llevar cosa alguna para el camino, porque el coraje que hice de ver su morosi-
dad, no me dejó advertirlo.
Y« juzgaba yo que iría llegando a una y otra parte, cuando los que acom-
pañaron de ésta al dicho señor obispo para la citada villa de Reynosa, vinieron
diciendo que aquel vecindario había echádose sobre los caudales, arrestando
a su niño de usted y pasado a dar cuenta de ello al teniente general de los
ejércitos americanos que se hallaba en Monterrey.
El día 14 del ya referido mes, como a las cuatro de la tarde, viniendo mi
hijo político don Manuel de Orive de indultarse, por los temores de ser insul-
tado en sus personas y bienes (como se estaba verificando con los pobres euro-
peos que se acogieron a Laredo y les fue preciso huir de allí, por la entrada en él
150
LA FALTA DE PLAN INSURGENTE
Uno que no logró llegar a Altamira fue don Domingo Narciso de Allende.
Quizá no lo intentó pues tuvo tiempo suficiente, pero es probable que tuviera
otros planes. Era tanta su fama de hombre temerario, que dondequiera que lo
conocían temían fuera a realizar alguna audacia. Se ha mencionado que los
insurgentes liberados por el gobernador Santa María en el valle del Pilón se
empezaron a armar, temiendo un ataque de Allende. El 4 de febrero, el teniente
insurgente José Cipriano Vega, que había entrado al valle de la Mota con unos
cuantos hombres, le pedía refuerzos al teniente coronel Juan José Treviño para
aprehender a don Domingo de Allende y a don Domingo de Insúndegui y
decía: "Reunidos traen consigo veinte armas de fuego, con el fin de hacer vale-
rosa resistencia. El espíritu y brillo de Allende tiene a estos valles de Pilón y
Mota y haciendas de sus inmediaciones tan amedrentadas, que hace muchos
días que no duermen (ni van a) oír misa, de resultas de que ha dicho
públicamente que los ha de degollar. "^
Todo esto era una falsa alarma, pues para estas fechas don Domingo
Narciso ya se encontraba muy lejos. Después de su extraordinario viaje a la
ciudad de México cuando le llevó al virrey el informe del gobernador Santa
María y trajo su contestación, el 11 de enero se encontraba de vuelta en el valle
de la Mota. Ese mismo día o al siguiente, que fue cuando Santa María licenció
a las tropas de Nuevo León, Allende salió huyendo del valle de la Mota y el día
151
5N LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
13 se encontraba ya en los límites de Nuevo Santander. Lo acompañaban los
españoles don José María de Altoloaguirre, don Manuel Vedia, don Domingo
de Insúndegui y don Justo Pastor de Ibarra, así como algunos mozos. Su destino
inmediato era el rancho de San Francisco en la jurisdicción de San Fernando.^O
A medidados de febrero, un tal Antonio Hurguete que se sublevó en San
Fernando "con el título de capitán, "empezó a arrestar a todos los españoles de
la región, incluso a algunos que habían hecho viaje hasta Linares, en donde los
habían indultado los González de Hermosillo. El día 23, las tropas de Burguete
localizaron a Allende, a Insúndegui y a Ibarra en un monte, cerca del rancho
Vigueño, donde se habían escondido, y los empezaron a balacear. Allende
murió inmediatamente, pues le dieron cuatro balazos, Insúndegui quedó muy
mal herido, con un tiro en la cabeza, muriendo, según parece, unos días
después. A don Justo, lo capturaron posteriormente, también herido, pero
logró recuperarse. El bachiller don Joaquín Guzmán de la villa de Cruillas se
quejaba con don Joaquín Benítez, de que se levantaran con el mando "sujetos
de esta naturaleza," indudablemente refiriéndose a Burguete y al cabo José
Antonio García, que ahora se intitulaba alférez. "No hay seguridad -decía- en
cosa alguna, y lo que es más, en lo absoluto se falta a los nuevos
establecimientos del gobierno en que se pretende la reforma de costumbres,
abolir el despotismo, reprimir la maldad y organizar las cosas por medio de la
piedad y justicia. "^
Don Mariano Jiménez trataba de evitar los desórdenes y el desprestigio de
la insurrección, pero no podía estar en todos lados y con frecuencia sus
subalternos no procedían de acuerdo con sus instrucciones. Es probable que
Jiménez haya nombrado al licenciado José María López de Letona, el antiguo
asesor de los Herrera y Leyva, auditor general de su ejército, con el objeto de
proceder en una forma ordenada, sobre todo en lo relativo al embargo de los
bienes de los europeos, pues cada jefecillo insurgente actuaba según su arbitrio
y se había llegado a una situación caótica. El lo. de febrero, el licenciado López
de Letona publicó un bando en el cual manifestaba le habían denunciado que
en muchas casas de Monterrey existían bienes pertenecientes a los españoles
que habían emigrado y que para proceder a la confiscación de éstos, nombraba
al coronel Vicente Villaseñor "sujeto que por su probidad y buena conducta,"
desempeñaría esta tarea "sin causar vejación ni disgusto a persona alguna." Lo
que se embargara debía entregarse al tesorero provisional don Matías de Sada.
El día 11, esta orden se hizo extensiva para que incluyera a Saltillo y se amplió
la comisión del coronel Villaseñor a cualquier lugar del Nuevo Reino de León,
en donde hubiera bienes de ultramarinos para que los reconociera e
inventariara.32
Pero los nombramientos de López de Letona, Villaseñor y Sada ya fueron
152
LA FALTA DE PLAN INSURGENTE
tardíos para poder contrarrestar mucho del desorden. Este había sido
especialmente grave en Saltillo, donde se habían acumulado los bienes de los
españoles de Zacatecas y de los pueblos del norte de la provincia de San Luis
Potosí. Parece, que al entrar los insurgentes a Saltillo, fray Juan Salazar fue
uno de los más activos en confiscar los bienes de los europeos, aunque
posteriormente lo negó en su proceso y le echó la culpa a Lanzagorta, a
Carrasco y al lego Villerías.^ Uno de los que sufrieron pérdidas considerables
fue el capitán don José Domingo Castañeda, quien al principio de la
insurrección había pedido en varias ocasiones permiso al gobernador Santa
María, para seguir comerciando en Saltillo en lugar de trasladarse a Monterrey
a encargarse de la organización de su compañía.3*
Tan pronto como los insurgentes entraron a Saltillo, fray Juan se
comunicó con las autoridades de los pueblos para que detuvieran a los
españoles que hubieran escapado. El 13 de enero, Matías de Hoyos escribía
desde Candela que había capturado a siete españoles a quienes estaba
enviando a Saltillo, con excepción de dos que estaban enfermos y pedía
instrucciones al padre Salazar para que le dijera, qué debía hacer con los
intereses de éstos.^S
No obstante lo tardío de sus nombramientos, López de Letona y
Villaseñor, trataron de corregir algunas de las arbitrariedades. El 29 de enero,
el primero le escribía a don Rafael González de Hermosillo diciéndole que entre
los bienes embargados a don Martín Bengoa se incluyeron 4,000 pesos
pertenecientes a don Benito Pariente, que Jiménez había dado orden que se los
regresaran. Le enfatizaba también formar un riguroso inventario de lo que
hubiera embargado y que no se extraviara nada, porque así lo exigía el honor
de las armas, cuyo objeto no era perjudicar a nadie como lo publicaba el "vul-
go ignorante. "36 El propio Jiménez, le escribía ese mismo día a don Rafael
haciéndole saber que los "vecinos honrados" residentes de pueblos que pudie-
ran ser invadidos por los indios bárbaros, estaban exentos de entregar sus
armas.37 Dos días después se dirigía a Ramón González de Hermosillo orde-
nándole remitiera inmediatamente "sin causarle vejación alguna, "al europeo
don Francisco María Torrea que tenía preso.38
Por su parte, don Vicente Villaseñor, encontrándose en el valle del Pilón
le escribía el 10 de marzo al coronel Mariano Exiquio Acevedo, ^9 quien estaba
en San Carlos, manifestándole haber tenido noticias de que en esa villa había
algunos españoles presos; que él traía la comisión de ponerlos en libertad, pero
le suplicaba lo hiciera él, para evitarle hacer el viaje hasta ese lugar. También le
pedía desembargara la hacienda de Sacramento, situada en la jurisdicción del
Refugio, pues pertenecía a criollo. Le insistía igualmente que el propósito de
Jiménez era no hacer "daño ni perjudicar a los de la nación, ni menos a los
europeos, en especial a los indultados. "40
153
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Acevedo, se dirigía al mismo tiempo a su jefe el brigadier Carrasco
diciéndole existían muchas quejas contra un tal Juan Pérez que había mandado
de comisionado al Refugio, pues quería quitarles las armas y ésta era una villa
que padecía continuamente las invasiones de los indios.*^
154
LA FALTA DE PLAN INSURGENTE
155
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
funcionarios del gobierno, estaban dispuestos a ayudarla solapadamente, en
ningún momento se planeó abiertamente el envío de un ejército para auxiliarla.
Además era un contrasentido que los insurgentes justificaran su movimiento
afirmando continuamente que era para evitar que los españoles entregaran el
país a los franceses, y ellos lo estaban entregando a los norteamericanos, ya
que no hay duda, que si un ejército de éstos hubiera entrado al país, no se
hubiera retirado sin obtener como compensación cuando menos una buena
tajada de su territorio.
Don Ignacio Allende declaró en su proceso que, estando en Saltillo, llegó
un oficial informando que a su salida de Monclova se rumoraba que cerca de
Béjar se hallaban dos mil norteamericanos, "cuya noticia celebraron los
oficiales poco- cautos," pero a él le pareció, si esto era cierto, que detrás de
estos dos mil vendrían cuando menos catorce o quince mil hombres con
intenciones de apoderarse del país, aprovechándose de la revolución en que se
hallaba. Que estando en el puesto de Mesillas, le dijo al coronel don Antonio
Cordero, quien iba como prisionero, que si era cierto lo de los angloamerica-
nos "le parecía lo mejor, solicitar del señor virrey la reunión, para juntos
todos, en defensa del reino, batir a los angloamericanos y no permitir se
apoderase de él ninguna nación extranjera. "^°
Allende llegó a Saltillo el 24 de febrero y unos días después hizo su arribo
el cura Hidalgo. Fray Gregorio de la Concepción, a quien Allende encargó lo
fuera a encontrar, dice que entró a Saltillo como a las tres de la mañana.
Hidalgo ya no tenía ningún mando, y de hecho, acompañaba a los otros
insurgentes como prisionero, pues después de la derrota en el Puente de
Calderón, fue alcanzado en la hacienda de Pabellón por Allende y otros de los
jefes y amenazado "de que se le quitaría la vida si no renunciaba al mando. "57
Por lo tanto, poco después de que Hidalgo llegó a Saltillo hizo una renuncia
formal, y reunidos los principales jefes, nombraron a Allende generalísimo y a
Jiménez capitán general. Para celebrar este acontecimiento hubo una misa de
acción de gracias, corridas de toros, se iluminó la población por tres días y
Allende arengó a la multitud reunida en la plaza de armas y le tiró dinero,
incluyendo las bandejas de plata en que se llevó éste.58
Poco antes de que Allende llegara a Saltillo, Jiménez había encargado a un
nuevo jefe, don Mariano Exiquio Acevedo, la captura de Altamira el único
punto que les quedaba a los realistas en las Provincias Internas de Oriente.
Acevedo fue nombrado, el 16 de febrero, coronel del primer regimiento del
brigadier Juan Bautista Carrasco, y parece que ese mismo día salió de Saltillo
acompañado por una escolta, y con la comisión de levantar tropas para la
realización de la empresa que se le había encomendado.59 Pero no pasó de San
Carlos. En Nuevo Santander, se presentó para los insurgentes una situación
156
LA FALTA DE PLAN INSURGENTE
muy especial.
Se ha mencionado que el primero que apoyó la insurrección en esta
provincia fue don José Joaquín Benítez, quien se rebeló a principios de enero y
poco después fue a ponerse a las órdenes de Jiménez cuando éste estaba en
Monterrey, habiendo obtenido el nombramiento de teniente coronel y el
encargo de sublevar Nuevo Santander. Cuando Benítez regresaba de
Monterrey se encontró en la hacienda de La Vaca, en los límites entre Nuevo
León y Nuevo Santander, al sargento José María Martínez, comisionado por el
gobernador Iturbe para investigar las fuerzas de los insurgentes que estaban en
Linares.6" Benítez y Martínez regresaron juntos a Padilla y ahí, el primero fue
reconocido como jefe de las tropas de Nuevo Santander que se habían
rebelado.61
Parece que Benítez pensaba igual que Juan Ignacio Ramón, esto es, que si
los mismos de la provincia se pasaban a la insurrección, se evitaría que entrara
gente de fuera. Esto va a dar lugar a una serie de conflictos entre Benítez y
otros jefes insurgentes.
El 19 de febrero, al presentarse en la villa de Hoyos el capitán Rafael
Murguía, enviado por el teniente coronel Ramón González de Hermosillo a
recoger dinero, Benítez le puso inmediatamente un oficio. "Atendiendo -decía-
a los generales perjuicios que están ocasionando a esta provincia los
comisionados que por varias partes están introduciéndose en ella, he tenido a
bien circular, con esta fecha, orden a todos los justicias militares y políticos y
fieles de los estancos de la comprensión de este gobierno, para que de ninguna
suerte permitan extraer ni el valor de un medio real, a no ser con visto bueno
mío, y en caso de que no le ejecuten, les hago en un todo responsables, debien-
do, si por fuerza de armas quisieren obligarlos a hacer alguna entrega, ejecutarle,
le, dándome pronto aviso al punto donde me halle, para ver los arbitrios que me
doy para precaver estos desórdenes, pues he visto con dolor, que todo lo que
avanzo con armonía, política y justicia, me lo desfiguran con las acciones de
derrotar con despotismo y libertad, aun los bienes de algunos criollos que se
hallan actualmente con las armas en la mano, defendiendo nuestra justa causa,
resultando por otra parte que los reales y demás enseres que se hallan en esta
provincia y deban en justicia venderse, necesito yo de hacerlo, para auxiliar
con ellos las tropas que tengo en ella misma en favor y defensa de nuestra justa
causa, por lo que antendiendo a la justicia que me asiste, no creo haya ningún
señor comisionado tan falto de consideración, que quiera contra toda justicia
atropellar esta mi superior orden. "62
Este comunicado expone explícitamente, cual era la posición de Benítez e
indudablemente de muchos otros en las Provincias Internas. Unos días antes,
Salvador Gómez de Castro le había negado dinero del fielato de Linares a
Rafael González de Hermosillo.W
157
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Su hijo Ramón se quejaba con don Mariano Jiménez, desde Real de
Borbón, que Benítez se había llevado las tropas de su mando y que él iba a
atacar la villa de Hoyos que estaba resguardada por siete europeos y muchos
criollos.64 Esto último era indudablemente para darse importancia, pues para
estas fechas no había resistencia en ningún lado y los españoles que no habían
sido capturados andaban huyendo.
Algún tiempo después, se presentó un nuevo incidente que determinó a
Benítez mandarle una carta muy dura a don Rafael González de Hermosillo,
reclamándole se hubiera llevado el dinero del estanco de la villa de Hoyos y
algunos bienes del español Gaspar Lores, pues consideraba que éstos debían
haberse vendido en esa villa, ya que no alcanzaban ni para cubrir lo que Lores
debía. "Entre varias cosas -decía- que u§ted se llevó del dicho europeo, fue un
bandolón, que estoy informado aquí lo compraban y no quiso venderlo,
diciendo que iba a enseñarse a tocar. Si usted se dedica a servir a la nación y
necesita reales para pagamiento de sus tropas, por qué no vendió éste y se
quitó de música, que sólo nos importa ahora instruirnos en la que nos
prometen los combates." También le reconvenía que él y otros lo hubieran
querido desprestigiar, y hubiera abierto una carta que le mandaba el brigadier
Carrasco y vociferara por donde pasó que iba a degradarlo.65
La acción de los insurgentes en Nuevo Santander siempre fue muy
indecisa. Mariano Exiquio Acevedo fue el militar de más alta graduación que
enviaron a la provincia y. no parece haber tenido tropas a sus órdenes. El
contingente más importante que había en la región eran las tropas que se
habían volteado contra el gobernador Iturbe y Benítez tenía el dominio sobre
ellas. Los demás jefes insurgentes que entraron a la provincia andaban
acompañados de pequeñas partidas, como los González de Hermosillo, y no se
dedicaban más que a andar haciendo depredaciones que indisponían a los
habitantes contra la insurgencia. El mismo Jiménez parece haber tenido dudas
sobre a quién apoyar, si a Benítez o a Acevedo. Carrasco, con quien Ramón
González de Hermosillo se quejaba de Benítez, le decía parecerle infructuoso
mandar a Jiménez un oficio, pues había visto otro de éste a Benítez donde le
insistía siguiera "con sus tropas hasta Altamira, alabándole mucho sus buenos
modales para conquistar a los soldados." Le decía también, que esto lo hacía a
pesar de los informes de Acevedo y los suyos, y que si a Acevedo, comisionado
por el mismo Jiménez, le ordenaba se regresara, con mucha más razón debía
hacerlo él.66
Mientras seguían los desacuerdos entre los insurgentes, Altamira
permanecía en manos de los realistas, y ahí el gobernador Iturbe se empezaba a
rehacer para emprender la reconquista de Nuevo Santander.
El 28 de febrero, Benítez le comunicaba al coronel Acevedo desde Llera,
158
LA FALTA DE PLAN INSURGENTE
159
12
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
160
CAPITULO X
CONTRARREVOLUCIÓN
161
EN LOS ALBORES DE L4 INDEPENDENCIA
alquiler que no tengan otra clase de armas."^ Ya más avanzada la
insurrección, Díaz de Bustamante se titulaba: "Capitán de la Tercera
Compañía del presidio de Laredo y comandante de las armas de las cinco
villas del norte de la provincia de colonia del Nuevo Santander. "&
Al pasarse a la insurgencia las provincias de Coahuila y Nuevo León, el
señor obispo Marín de Porras y veintidós españoles se refugiaron en
Laredo, y aunque los insurgentes mandaron a don Ramón el título de
coronel, le encargaron embargar los bienes de los españoles y lo estuvieron
llamando para que se presentara a los jefes, probablemente en Monterrey o
Saltillo; éste no hizo caso. Su propósito era retirarse a Bajar con sus fuerzas
y los refugiados para unirse con don Simón de Herrera y don Manuel
Salcedo. Antes de que pudiera llevar a> cabo su proyecto tuvo noticias del
cuartelazo encabezado por don Juan Bautista Casas y supo, más o menos al
mismo tiempo, que el capitán Ignacio Elizondo iba para Laredo con 120
hombres "a aprehender a los europeos y embargar sus intereses." Pero
cuando éste llegó ya el obispo y los españoles habían huido.
Esta breve estancia de Elizondo en Laredo tuvo una relación muy
importante con los acontecimientos que se desarrollarían posteriormente. El
capitán Bustamante relata: "Manifesté mis sentimientos al referido oficial, la
noche que se mantuvo en aquel puesto, y habiéndole impresionado, (nos)
pusimos de acuerdo para averiguar del enemigo e impedir la ruina que
amenazaba." Por lo tanto, fue Díaz de Bustamante quien convenció a
Elizondo de volver al bando realista. En la misma carta, el comandante de
Laredo dice más adelante: "No se pasaron muchos días, cuando se me
presentó el mariscal don Juan Ignacio Aldama, acompañado de un fraile,
que pasaba a la provincia de Texas a tratar asuntos interesantes a la nación.
Me recomendó al teniente general de sus ejércitos para que dejara aquel
punto, amenazándome de muerte si no lo verificaba. "7
Fray Juan Salazar era el más interesado en sacar de Laredo al Capitán
Colorado. Escribió sobre este asunto, tanto a don Pedro de Aranda como a
don Mariano Jiménez. Al primero le decía: "Eí capitán Bustamante tiene
orden de nuestro general para pasar con su compañía a la villa de Saltillo.
Mucho, mucho importa que este hermano desampare este lugar, por tanto,
conviene que sin demora, revoque vuestra merced la comisión que le ha
conferido sobre la distribución de los bienes de los europeos y le mande a
otra, pues valiéndose de la ocasión se le facilita no poner en práctica el
superior orden del jefe, lo que puede inferimos fatales consecuencias."® Y a
Jiménez le manifestaba, que la indiferencia con que ese pueblo veía la
"resolución americana" se debía a la "indecisión del coronel," que para que
hubiera tranquilidad y unión ese sujeto debía estar cerca de Jiménez.^
162
CONTRARREVOLUCIÓN
163
EN LOS ALBOKES DE LA INDEPENDENCIA
de treinta días para acudir por la absolución, previniendo que el soldado o
soldados que le hirieron, se han de presentar con los pies descalzos,
pidiendo antes perdón todos ellos al subdiácono Zambrano. "^
Algún tiempo después, Salcedo solicitó "en debida forma la absolución"
y el obispo le levantó la excomunión,-^ pero volvió a expulsar a Zambrano
de Texas.
Por los días que empezó la insurrección del cura Hidalgo, el
gobernador de Texas tuvo noticias de que Zambrano intentaba volver a su
provincia, y se dirigió a la Audiencia de Guadalajara amenazando con
renunciar si el subdiácono regresaba; también se quejó con el obispo Marín
de Porras y con el brigadier Bonavía, pero este último lo tranquilizó
diciéndole que él evitaría cualquier escándalo si Zambrano volvía a la
provincia. ^
Resulta irónico que, más o menos al mismo tiempo que don Simón de
Herrera patrocinaba la entrada a Texas de don Juan Bautista Casas, quien
encabezará la insurrección, don Manuel Salcedo se oponía al regreso del
subdiácono Zambrano, quien dirigirá la contrarrevolución.
Según Zambrano, algunos de los paisanos y oficiales de la guarnición
de Béjar le pidieron que acaudillara la revolución, pero no aceptó y se retiró
a su hacienda situada a veinte leguas de la capital de Texas.18 Esta finca se
llamaba la Laguna de las Animas y ahí tenía treinta y dos sirvientes y dos
esclavos.19 Igual que otro clérigo contemporáneo, el cura Hidalgo,
Zambrano se interesaba más por las cosas mundanas que las espirituales. El
obispo Marín de Porras decía en una carta de recomendación que
Zambrano había promovido "la agricultura en la siembra de maíz de que
carecía enteramente aquella capital, la de trigo, desconocida hasta su
tiempo, construcción de molinos nunca vistos en aquel país y acopio de
harinas floridas y sanas conque se ha sostenido la tropa y vecindario, con
notoria ventaja de todos ellos y ahorro de los costos que sufrían para
conducirlo de otras provincias."™
La administración de don Juan Bautista Casas fue muy despótica y
arbitraria y pronto se enemistó con la mayoría de los habitantes de Béjar,
incluso los que habían cooperado con él para apresar a Salcedo, Herrera y
demás oficiales. Algunos empezaron a pensar que era preferible volver al
gobierno anterior, pero consideraban la tarea muy difícil, ya que Casas
disponía de las fuerzas y además estaban rodeados de enemigos, pues los
insurgentes dominaban en las provincias vecinas. Fue entonces cuando se les
ocurrió a los contrarrevolucionarios acudir al subdiácono Zambrano que
tenía fama de hombre intrépido. Este se presentó en Béjar en los últimos
164
CONTRARREVOLUCIÓN
165
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Aldama y al padre Salazar desde Laredo,^^ le fue a avisar a este último que
Zambrano y Sáenz andaban alborotando a la tropa, diciéndole que Aldama
y sus acompañantes venían huidos del ejército insurgente y era conveniente
detenerlos. El padre Salazar declaró posteriormente que no quiso "avisar a
Aldama y darle parte a Casas, porque no se formase un tumulto en que
peligraran muchas gentes. "^
En la noche de ese mismo día, cinco de los comprometidos se reunieron
en la casa de Zambrano y resolvieron dar el golpe en seguida, "dirigiéndose
rápidamente a los cuarteles y haciéndose dueños de ellos sin gran dificultad,
así por los afectos que tenían entre las tropas, como por la eficacia de
razones conque supo Zambrano persuadirlas a su partido." Inmediatamente
después, se acordó convocar a los principales vecinos para que se nombrara
una Junta de Gobierno bajo la presidencia de Zambrano. En esta reunión
"todos los vocales presentaron solemne juramento, entre otras cosas de
defender a todo trance los derechos del señor femando VII y los de la
dinastía de la casa de Barbón" y los demás concurrentes juraron obedecer a
la Junta.25
Al amanecer del día siguiente, los miembros de la Junta "se pusieron a
la cabeza de como cuatrocientos hombres de tropa armada," fueron y
despojaron a Casas del gobierno y lo arrestaron.26 Poco después, Sáenz se
presentó con gente armada en la casa donde estaban alojados Aldama y el
padre Salazar, y cuando el primero salió, le dijo que no se alarmara, pues
sólo iban a informar que se había convocado a una junta en donde se
interrogaría al gobernador interino don Juan Bautista Casas para que
contestara ciertas preguntas que el pueblo se hacía y querían que Aldama
presidiera dicha Junta. Al día siguiente era domingo y Sáenz volvió
acompañado por dos miembros de la Junta a llevar a Aldama, para que
asistiera a misa en compañía de este cuerpo.
El día 4 al amanecer, se presentaron una vez más Zambrano, Sáenz y
otras personas en el lugar en donde estaban alojados los emisarios
insurgentes, y después de sacar a los criados a quienes mandaron presos a
los cuarteles, arrestaron a Aldama y al padre Salazar. Ahí en sus cuartos
permanecieron detenidos cinco o seis días y luego fueron trasladados al
cuartel del Álamo de Parras.^? Hubo cuando menos dos intentos de
rescatar a los prisioneros: el primero la noche del día 3 y el segundo,
cuando ya estaban en el Álamo, pero se frustraron. La segunda conspira-
ción fue descubierta por el teniente Escantilla, quien arrestó a cuatro de los
principales conspiradores.^ Estando en prisión, el padre Salazar trató de
cohechar a algunos soldados para que fueran a avisarle a don Mariano
166
CONTRARREVOLUCIÓN
167
•N LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
a misión de este último a los Estados Unidos, debía ser "legalizada con
moderes amplios de la nación," dado que sus pasaportes, uno de Allende y
>tro de Jiménez, no les parecían suficientes para un encargo de tanta
mportancia. Que Al dama no había hecho nada para aquietar los ánimos,
>ues corrían rumores que iba a los Estados Unidos fugitivo, en cambio
3tros decían, que sus insignias mostraban conexión con Francia, país
memigo. Debido a estas dudas, pedían que Jiménez les aclarara una serie de
juntos: Si el propósito de la insurrección era mantener la religión católica y
:onservar el país para Fernando VII y la dinastía de los Borbones. Si los
labitantes de la provincia seguirían regidos por las mismas leyes. Si los
egítimos dueños conservarían sus propiedades. Si la provincia sería
auxiliada con dinero y gente en caso de ser invadida por el enemigo. Si se
:ontinuaría el regalo para las tribus indias. Por último, pedían que estas
seguridades se acreditaran con documentos firmados por el tesorero don
fosé María Gónjez, el licenciado don José Vivero y el cura de Saltillo don
Pedro Fuentes "por ser sujetos de conocida virtud. "31
Muñoz y Galán salieron de Béjar el 8 de marzo, y rodeando el presidio
de Río Grande llegaron a San Fernando el día 13. Aparentemente se
dirigieron a esa villa para ponerse en contacto con el capitán José
Menchaca. Este, aunque ya retirado, había sido nombrado comandante de
ese lugar por los insurgentes, posiblemente por sus méritos en la captura del
tesorero Royuela. En San Fernando, los emisarios de Texas se encontraron
no sólo a Menchaca, sino también a don Ignacio Elizondo y al capitán
Miguel de Arcos. Este último era uno de los prisioneros mandados por
Casas de Béjar al presidio de Río Grande.32 Todo esto parece indicar que la
conspiración urdida por el capitán Bustamante y Elizondo en Laredo, tenía
varias ramificaciones, y es probable que los mismos contrarrevolucionarios
de Béjar estuvieran en contacto con ella. El hecho es, que ya para entonces,
los planes contra los insurgentes se encontraban muy avanzados en
Coahuila.
Es conveniente recapitular las andanzas de don Ignacio Elizondo desde
mediados de enero, puesto que es uno de los personajes claves en esta
intriga. El 16 de enero, tomó parte en el presidio de Río Grande, en la
prisión y despojo del tesorero Royuela. Hubo en seguida, una pugna entre
Elizondo y el capitán Menchaca, pues los dos querían ir a conquistar Texas
para la insurgencia. Esto obligó a don Pedro de Aranda a trasladarse a
dicho presidio para mediar en el conflicto. Estando en ese lugar, llegaron las
noticias de que ya Texas se había declarado por la insurrección. Inmediata-
mente después, Elizondo se traslada con 120 hombres a Laredo a confiscar
los bienes de los españoles refugiados en esa villa. La noche que permaneció
168
CONTRARREVOLUCIÓN
169
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Parece que paralela a la conspiración del Capitán Colorado y Elizondo,
se había estado tramando otra en Monclova la cual tenía como cabeza a
don Tomás Flores, el administrador de rentas unidas de Coahuila. Este era
indudablemente un hombre de la confianza del comandante general, pues ya
se ha visto cómo en el año de 1809, le encargó investigar las quejas que
había con relación al contrabando. Hubo un momento en que las dos
conspiraciones se unieron, pero en una carta que Flores le escribió al
comandante general, le manifestaba que los conspiradores de Monclova le
tenían mucha desconfianza a Elizondo y que sólo lo admitieron con la
recomendación de don Manuel Salcedo. Esta carta de Flores tiene por objeto
hacer resaltar los méritos de don Manuel en la conspiración. Según él,
Elizondo estaba muy titubeante y el gobernador de Texas fue quien lo
convenció. "Resolvió —dice— el referido señor don Manuel su existencia en
la hacienda de Elizondo, cosa de tres leguas adelante de Santa Rosa en
calidad de prisionero de guerra, y puedo asegurar más que sólo su respeto e
incesante persuasión pudo mover en algún modo el ánimo de Elizondo (y
otros de sus parciales) en favor de la contrarrevolución."^ Sin embargo,
tampoco esta información puede considerarse de una confianza absoluta.
Don Manuel Salcedo había caído en desgracia con su tío el comandante
general, probablemente porque éste consideraba que su actuación en Texas
había sido muy indecisa y se había dejado sorprender por los revoltosos.
Por lo tanto, fue el único de los participantes en la contrarrevolución que
no fue premiado. A su regreso de Chihuahua a Texas, pasó por Monclova,
donde estuvo con don Tomás Flores, con quien indudablemente se quejó de
la ingratitud de su tío, y Flores escribió a don Nemesio tratando de hacerlo
cambiar de opinión con respecto a don Manuel.
Según don José María Uranga, alférez primero de la Compañía de Río
Grande, cuando don Manuel Salcedo y don Simón de Herrera llegaron
presos a Monclova "ya estaba tratándose en juntas secretas la contrarrevo-
lución."^ Y no sólo esto, sino que los conspiradores estaban bien informa-
dos de todo lo que sucedía en el campo de los insurgentes en Saltillo.
Mandaron incluso dos espías a esta población para asegurarse de que los
caudillos fueran guiados hacia la emboscada que se les estaba preparando.
Estos espías fueron dos personajes ya mencionados anteriormente en este
relato: el barón de Bastrop, aventurero holandés muy influyente en la
frontera y dedicado al contrabando y el capitán Sebastián Rodríguez, quien
fuera comandante del puesto de Nacogdoches de donde fue despedido y
posteriormente estuvo en Aguanueva, de donde logró escapar cuando la
defección de las tropas de este campamento.
El barón de Bastrop iba acompañando a don Manuel Royuela cuando
170
lo asaltaron en el presidio de Río Grande y fue enviado a Saltillo, porque
los insurgentes esperaban obtener de él información con respecto a los
Estados Unidos. Ya en esa villa, logró ganarse la confianza de los jefes
quienes lo invitaban a concurrir a todas sus juntas, y aprovechó esto para
convencer a Allende y a Jiménez de que le dieran órdenes a Aranda para
que mandara ciento cincuenta hombres a Bajan, que los protegieran de un
posible asalto de las tropas realistas que estaban en Parras.
Sebastián Rodríguez llegó a Saltillo después del barón de Bastrop y fue
"con el pretexto de conseguir un indulto en vista de la amistad que antigua-
mente había tenido con Allende y Abasólo. "40
El 17 de marzo, se reunieron en Monclova en la casa de don Tomás
Flores, un grupo de personas entre las cuales destacaban el capitán retirado
don Ignacio Elizondo, el teniente de la Bavia don José de Rábago, a quien
Aranda había nombrado comandante de la capital de Coahuila, el alférez
segundo de la Compañía de Río Grande don Matías Jiménez, el capitán don
Macario Vázquez Borrego, el teniente Rafael del Valle, el sargento Ventura
Ramón, don Vicente Flores, hijo de don Tomás y don Faustino Castellanos.
Ahí se formó una junta de ocho vocales y se acordó dar el golpe esa misma
noche. El plan era posesionarse primero de las tropas y armas que estaban
en el hospital y, después, dirigirse unos al cuartel y otros a hacerse de la
artillería que se hallaba en el patio del palacio, que era donde vivían el
gobernador insurgente mariscal don Pedro de Aranda y el franciscano fray
Carlos Medina.
Aunque Aranda era hombre, de sesenta y tres años, le gustaba mucho
parrandear y nuica se sabía dónde iba a pasar la noche. Y "porque andaba
de fandango por las calles," los conspiradores designaron a Vicente Flores
para que lo siguiera. Acompañaban a Aranda cuatro soldados veteranos
con armas al hombro que le servían de guardia, un grupo de oficiales y un
tal Sierra que «1 mariscal llamaba su can. Como Flores supo que Aranda
intentaba ir harta el Molino de Francia, se incorporó al grupo y empezó a
ofrecerles aguardiante de un frasco que llevaba y a insistirles, sobre todo a
Aranda, para jue bebieran de prisa mientras los entretenía con pláticas y
música, hasta fue logró que el mariscal cayera borracho en una cama de la
casa de don Igiacio de Castro. Algún tiempo después llegó Ignacio Elizondo
acompañado »or diez soldados y como ya todos se habían embriagado,
pudo amarrados con mucha facilidad y llevarlos presos al cuartel, en donde
les puso una guardia. Los conspiradores pasaron en seguida a la casa de
don Tomás Flores para dar parte al comandante general de lo que habían
verificado, y expedir órdenes a los justicias y jueces de las haciendas y
ranchos innediatos diciéndoles lo que debían hacer.
171
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
"Al día siguiente, al aclarar —dice Vicente Flores— todo el vecindario
se puso en movimiento en solicitud de los pelados, para que no fuese
ninguno a dar aviso al Saltillo." Ese mismo día empezaron a llegar los
vecinos de las haciendas y ranchos, quienes ya debían haber tenido noticias
previas de lo que se tramaba. El primero en presentarse fue don Atanasio
Borrego con diez hombres de su servicio armados y luego llegó el alférez
Nicolás Elizondo con otros ocho. Se formó un campamento en El Puer.teci-
to, distante un cuarto de legua de la población, y allí se fue enviando toda
la gente que llegaba.
El día 19 por la mañana se dijo misa en el campamento y después se
regresaron a Monclova todos los oficiales. Al pasar por la casa de don
Tomás Flores, le dejaron un recado para que fuera a la casa del señor cura
Galindo. Hay en seguida un incidente que es difícil interpretar, pero el cual
indica que todavía a estas alturas, había desacuerdo entre los principales
conspiradores. Vicente Flores relata que, cuando iba acompañando a su
padre para la casa del cura, "desde en medio de la plaza advirtieron junta
en la puerta de la casa. Llegaron a ésta y se le dijo al administrador por
Borrego y Elizondo que lo habían llamado porque se iba a formar un
consejo de guerra y nombrar en él el presidente, etc. A lo que les respondió
el administrador que no era tan chiquito para ignorar lo que pretendían,
que el consejo no se los podía impedir que lo formaran allí, pero que
estuvieran seguros de que su casa era del rey y honrada, y que como se las
había franqueado con gusto para la primera junta, así lo haría para cuantas
quisieran formar y les diría todo aquello, que les parecitra que se debía
hacer en las circunstancias presentes, y que si no era en ésta, para ninguna
otra prestaba su voto, que lo excluyeran más antes del lugir que le habían
dado de vocal o secretaría y que hicieran todo lo que les diera gana, y
después, que él sabía lo que había de hacer. Con esto se fusión descabullen-
do de allí el cura, capellán y demás oficiales, y retirándose flores para su
casa, lo vino a alcanzar don Ignacio Elizondo en la plaza, suplicándole que
no se incomodara, que él no pretendía más que su gusto, s que le dijera,
como más instruido, lo que había de ejecutar. A lo que lespondió, que
como hicieran lo que les dijera con su lengua les asegurabí que en poco
errarían, y menos que tuviesen desagrado en nada del señor comandante
general, a quien se le había dado el parte que era de justicia y se le debían
seguir dando todos los demás de cuanto acaeciera, y que dt lo contrario
iban mal, y en ese caso, que no contaran con él para nada, me ahí vería
como hacía para salir bien, si acaso era necesario. "41
Mientras tanto los insurgentes se preparaban en Saltillo para emprender
la marcha hacia el norte. Estando en esa villa, Allende recibió un comunica-
172
CONTRARREVOLUCIÓN
do del virrey dándole a conocer la amnistía u olvido general que las Cortes
de España habían decretado el 15 de octubre de 1810 en favor de todos los
países de ultramar que se hubieran rebelado contra las autoridades españo-
las.42 Sólo hay seguridad de que hayan conocido este documento Hidalgo,
Allende y Jiménez, pues parece lo ocultaron de los demás.43 La decisión fue
no acogerse a él, dándole al virrey la siguiente contestación: "Que en
desempeño de su nombramiento y de la obligación que como a patriotas
americanos les estrecha, no dejarán las armas de la mano hasta no haber
arrancado de las de los opresores la inestimable alhaja de su libertad. Están
resueltos a no entrar en composición alguna si no es que se ponga por base
la libertad de la nación, y el goce de aquellos derechos que el Dios de la
naturaleza concedió a todos los hombres; derechos verdaderamente inalie-
nables, y que deben sostenerse con ríos de sangre si fuese preciso. Han
perecido muchos europeos, y seguiremos hasta el exterminio del último, si
no se trata con seriedad de una racional composición.
El indulta, señor excelentísimo, es para los criminales, no para los
defensores de la patria, y menos para los que son superiores en fuerzas. No
se deje vuestra excelencia alucinar de las efímeras glorias de Calleja: éstos
son unos relámpagos que más ciegan que iluminan; hablamos con quien lo
conoce mejor que nosotros. Nuestras fuerzas en el día son verdaderamente
tales, y no caeremos en los errores de las campañas anteriores: crea vuestra
excelencia firmemente que en el primer reencuentro con Calleja quedará
derrotado para siempre. Toda la nación está en fermento; estos movimien-
tos han despertado a los que yacían en letargo. Los cortesanos que asegura-
ron a vuestra excelencia que uno u otro sólo piensan en la libertad, le
engañan. La conmoción es general, y no tardará México en desengañarse, si
con oportunidad no se previenen los males. Por nuestra parte suspendere-
mos las hostilidades, y no se le quitará la vida a ninguno de los muchos
europeos que están a nuestra disposición, hasta tanto vuestra excelencia se
sirva comunicamos su última resolución. "44
Días antes de salir, Jiménez expidió órdenes para que las poblaciones
vecinas proporcionaran víveres, forrajes y bestias de carga para la numero-
sa comitiva. En Monclova, don Pedro de Aranda convocó al vecindario,
pues éste debía proporcionar doscientas muías de carga y gran cantidad de
víveres. Además quería que se prepararan para recibir a los jefes insurgentes
de la mejor manera posible. Los vecinos ofrecieron cumplir con lo que se les
pedía; pero, quizá, nunca tuvieron intenciones de hacerlo. Lo más probable
es que todos los principales de ellos ya estuvieran enterados de la conspira-
ción contra los insurgentes. Por otra parte, deben haber pensado que éstos
iban de huida, que perderían todo lo que les proporcionaran y quedarían
173
EN LOS ALBORES DE L4 INDEPENDENCIA
mal con las autoridades españolas.45
La salida se fijó para el 16 de marzo, y ese mismo día se celebró una
junta general para designar a los comandantes de las tropas que se queda-
ban en Saltillo. Los escogidos fueron el licenciado don Ignacio López Rayón
y don José María Liceaga.46
Todo el día estuvo saliendo de Saltillo el desordenado tropel: soldados,
arrieros, carretas, muías cargadas de plata y dinero o tirando los cañones y
los carruajes en donde iban los jefes, eclesiásticos y mujeres. La primera
etapa fue hasta la hacienda de Santa María, a donde algunos llegaron desde
las diez de la manaría y otros hasta en la noche.*?
El territorio que iba a cruzar la caravana era muy árido y en gran parte
accidentado. Por lo tanto, la marcha tenía que ser forzosamente lenta y el
agua era escasa. Además, la situación de los insurgentes era sumamente
peligrosa. Su movimiento parecía estar aniquilado, después de las derrotas
de Acúleo, Guanajuato y Puente de Calderón. Calleja se encontraba de
vuelta en San Luis Potosí, preparándose para avanzar hacia el norte y otro
ejército realista estaba en Parras. Por otro lado, aunque el pretendido
propósito de los jefes insurgentes al emprender la marcha hacia el norte era
conseguir armas y el apoyo de los Estados Unidos, a la mayor parte de la
gente de la región debe haberle parecido que iban huyendo, pues, ¿qué
objeto tenía que-para comprar armas y negociar una alianza, todos los jefes
principales abandonaran a sus tropas en Saltillo? Hidalgo declaró en su
proceso que, como iba más bien como prisionero, ignoraba el objeto de la
marcha, pero presumía era "el de hacerse de armas en los Estados Unidos;
pero más el particular de Allende y Jiménez de alzarse con los caudales que
llevaban y dejar frustrados a los que los seguían, pues desde Zacatecas
advirtió en Allende que procuraba deshacerse de la gente antes que engro-
sarla, y se lo advirtió mucho mejor luego que se juntó ccn Jiménez en el
Saltillo, teniendo en prueba de esta presunción que el declarante le dijo allí
que la gente se iba desertando y los dos contestaron que na le hacia. "48 El
mismo Allende confirmó en su proceso que éstos eran sus propósitos;
declaró que pensaba, al llegar a Monclova, dar a conocer el indulto para
que se aprovecharan de él los que quisieran e irse él "con su hijo y algún
otro que hubiera querido seguirlo, llevando consigo un corto principal a los
Estados Unidos para libertarse de este modo. "49 Fray Juan Salazar declaró
que él y el licenciado Aldama tenían los mismos proyectos y que éste le
había dicho "que su fin era solamente buscar la seguridad de su vida en una
potencia extranjera y ocultando hasta su nombre. "50
Pero lo que hacía más vulnerable a los jefes insurgentes era la gran
cantidad de valores que llevaban. Ya se ha visto que en las condiciones
174
CONTRARREVOLUCIÓN
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13
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Esa noche Elizondo mandó unos indios al intérprete Pedro Delgado y
cuatro soldados para que fueran a espiar a los insurgentes, y éstos lo
hicieron con tal sagacidad, que les robaron dos caballos, un asador de carne
que tenían parado en la lumbre y el sarape de uno que estaba tapado con
dos. Regresaron luego a darle parte a Elizondo y le informaron que eran
muchos los que venían, pero que el campo se extendía desde la Punta del
Espinazo hasta La Joya y que toda la noche había estado llegando gente.
También le dijeron los indios a Elizondo "que no por esto tuviera miedo,
que cada un muchacho de sus compañeros tenía para diez de aquéllos, que
estaban shaz (sic)."Como se les dijo que los querían amarrar. El Capitán
Javier y El Comanche respondieron:
—"No está bueno así, es mejor matar, matar y después contar, porque
son muchos y tu gente es poca y se entretienen en amarrar."
Sin embargo, se les convenció de buen modo que era lo más conve-
niente.
Entre las ocho y nueve de la noche, el soldado de Monclova, Pedro
Bernal que iba de correo, se encontró con Joaquín Rodríguez, soldado de su
misma compañía a quien los insurgentes le habían dado el grado de tenien-
te. Este último acompañaba a fray Gregorio de la Concepción, que esa
noche llegó a dormir a La Joya. Bernal se regresó al campamento realista
para informar de esto y lo volvieron a despachar con una carta de Uranga
para Jiménez "en que le decía que ya estaba en Bajón esperándolo con 150
hombres, como había prevenido desde Anaelo." Esa misma noche llegó al
campamento de Jiménez, pero dejó su caballo lejos y cuando le gritaron:
¡Quién vive!, contestó: ¡Nuestra Señora de Guadalupel En esta forma, pudo
introducirse entre los insurgentes y hasta lo invitaron a tomar atole. Plati-
cando con ellos, aprovechó para preguntar por el coronel Cordero y le
dijeron que si no sabía lo habían regresado de Mesillas. Al amanecer,
Bernal se escabulló, y tomando su caballo se presentó con Jiménez como si
acabara de llegar. Este le hizo varias preguntas; una de ellas fue por
Elizondo, pero Bernal contestó que no lo conocía. Jiménez preguntó luego
por Aran da y la contestación fue que salía al día siguiente a encontrarlo.
También preguntó Jiménez qué novedades había por su provincia y Bernal
contestó que los indios habían herido una o dos personas en Santa Rosa.
Jiménez dijo que eso no le importaba, lo que deseaba saber eran noticias
sobre los españoles y Bernal contestó no conocer nada, sólo que lo estaban
esperando "con las calles compuestas y arcos y gente, desde El Puertecito
hasta la puerta de la iglesia.'' Por último, Jiménez preguntó cómo estaban
de agua y la contestación fue que había poca, por lo tanto, convenía que
los coches y gente principal fueran adelante, pues si llegaban todos juntos
176
CONTRARREVOLUCIÓN
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
soldados de la escolta y a los clérigos, y mandarlos a donde estaban
reuniendo a los prisioneros.
Poco después, apareció el quinto coche, y el teniente y el alférez que
desde el principio se habían pasado a los realistas, aseguraron a Elizondo
que ahí venían los generales. Efectivamente, en este coche viajaban Allende,
Jiménez, don Juan Ignacio Ramón, Arias, el hijo de Allende y una mujer.
Vicente Flores los intimó a que rindieran sus armas a nombre del rey. Pero
Allende contestó:
—"¡Eso no, yo no me rindo, primero morir!
Y luego, luego trató de hacer fuego, tirando un pelotazo que erró."
Elizondo ordenó que se arrimara la tropa y los amarraran si no se rendían,
pero los soldados hicieron fuego y mataron al hijo de Allende. En seguida,
salió Arias con una escopeta apuntando a Flores, pero un soldado que lo
vio gritó a éste, disparando Flores y el soldado al mismo tiempo y Arias
cayó mal herido. Tras de éste "salió por la-misma puerta Jiménez, dicién-
dole a Flores que si ése era el recibimiento que se le hacía a un general y
respondió Flores que él no sabía de eso, que hoy se lo preguntaría a su
superior; que lo mejor era que se rindieran de orden del señor comandante
general y a nombre de nuestro soberano Femando VII, a lo que respondió
Jiménez: x
—Pues ¿a dónde está ese señor?
Y le dijo Flores:
—Allí lo verá usted, para allá hemos de ir.
Dijo Jiménez:
—Pues hombre, ciertamente qué buena política tienen con quien anda
trabajando por ustedes y derramando su sangre por la nación. Preguntando
a Flores si era europeo. Dijo:
—No señor.
—¿Hay aquí alguno?
— Tampoco, todos los que hay aquí somos criollos y patricios de
Monclova.
—Pues luego, si yo los ando defendiendo ¿por qué me quieren tratar
ustedes de esta suerte?.
Le dijo Flores:
—Porque como en sus comisiones de usted no se ha visto más de un
engaño general en todo y que no tratan más que de robar y destrozar
cuanto agarran. Es esta la causa que ha movido a todos los que aquí ve
para ver si ustedes los desengañaban o no y saber si era justa su ley de
ustedes, porque como aquéllos no tratan o no quieren se diga que viva
nuestro soberano Fernando VII ni España, sino sólo la América y Nuestra
178
CONTRARREVOLUCIÓN
Señora de Guadalupe, queríamos saber qué motivo tenían ustedes para ello,
pero como han querido ustedes gastar soberbia y hacer armas, es menester
quitarles los tiempos.
Dijo entonces Jiménez:
—No, sino que ustedes son unos tales malcriados que no harán conoci-
da política.
Y estando en esto llegó don Tomás Flores, lo mandó amarrar y que
entrase al coche con los demás. Subieron al herido también y picaron con
ellos para Bajan, mandando otros soldados para guardia en la casa donde
los habían de apear."
En seguida llegó otro coche en el que venía un fraile, 58 un clérigo y los
dos espías mandados por los realistas: el barón de Bastrop y don Sebastián
Rodríguez. Luego siguieron otros cinco coches con gente indudablemente
menos importante, pues no ha quedado registro de quiénes eran. Poco
después se vio venir otro coche, y los soldados que habían andado con los
insurgentes, pero se pasaron a los realistas, dijeron que en él venía el cura
Hidalgo; mas al aproximarse, Elizondo se dio cuenta que no era así. Lo que
pasaba era que Hidalgo se había bajado del coche y montado un caballo
prieto. Al rato, se le vio venir, con otro clérigo al lado y al frente de una
partida de cuarenta soldados, todos de Nuevo Santander y de Nuevo León,
"caminando a son de marcha." Elizondo los dejó pasar y al llegar a donde
estaban don Tomás Flores y su hijo, les intimaron de orden superior y a
nombre de Fernando VII, que no podían pasar de allí con armas "hasta no
saber qué leyes eran las que seguían." Hidalgo intentó sacar una pistola,
pero inmediatamente se le arrimó Vicente Flores, le agarró la mano y le
dijo: "Si piensa usted en hacer armas, es perdido, porque ahorita le hará
fuego la tropa y acabarán con ustedes." Para entonces ya los tenía rodeados
la tropa y apuntaba con sus armas, lo que causó mucha sorpresa a Hidalgo
y al padre y soldados que lo acompañaban. Viendo esto Elizondo y don
Tomás les dijeron "a los soldados, que si querían seguir con el cura que
largaran las armas y los pondrían en la conformidad que estaban aquellos
otros que estaban allí, señalándoles para los pelados que veían amanados."
La mayoría contestó que les dieran órdenes de lo que debían hacer y las
obedecerían. Por lo tanto, se les dejaron las armas y "se les mandó formarse
en ala, enfrente de los que estaban amarrados" lo cual obedecieron. Y a
Hidalgo, al padre que lo acompañaba, los sirvientes de éstos y varios
oficiales que venían con ellos, los desarmaron, los retiraron un poco y se
quedaron con ellos don Tomás Flores, su hijo Vicente, don Manuel Flores,
don Nepomuceno Rábago y diez o doce soldados, para resguardarlos, pero
sin amarrar. Elizondo y los demás soldados y oficiales se fueron a recibir
179
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
otro coche, en el cual venían don Manuel de Santa María, don Francisco
Lanzagorta y otras personas, a quienes también desarmaron. Para entonces,
habían empezado a llegar "pelotones de peladitos, tan seguido, que ya no
daban abasto los cuatro amarradores que había, pero don Antonio Rivas
mandó que les ayudaran otros tres o cuatro." Para las 4 ó 5 de la tarde, se
habían acabado los 300 lazos y se siguió pidiendo cabrestas a los soldados,
y viendo que ya había más de 600 amarrados, decidieron se fueran cuarenta
hombres con los 400 que habían amarrado primero para que les dieran agua
y siguieran con ellos para Monclova.
Poco después, vino un correo de Elizondo a avisarle a don Tomás que
ya se había posesionado de algunos cañones, pero que el teniente Griego a
quien había mandado adelante con cincuenta hombres a posesionarse de
otros cañones, le había mandado decir que los artilleros no querían rendirse
y que iban a hacer fuego; que si habían llegado refuerzos, le mandara cien
hombres. "Inmediatamente mandó don "Tomás que amarrasen a todos los
que estaban allí por sirvientes del cura y del padre, con todo y capitanes,
dejando sólo al cura y padre sin amarrar, y viéndolos ya a todos seguros le
dijo a Rivas y a los pocos que había allí:
—¡Ea muchachos! Prevengan belduques y las lanzas y luego que oigan
allá arriba tiros de cañón, inmediatamente empiezan a echar cabezas abajo
y luego parten unos a Bajan a hacer lo mismo con aquéllos y otros a dar
favor a Elizondo. -
El cura, que vio esto con más miedo que otra cosa, le dijo a don
Tomás:
— Vea usted señor, ¿qué culpa tienen esos pobres ya estando presos?
Y le dijo entonces:
—No hay otro arbitrio; una vez que quieren guerra yo les daré guerra.
El primero que cae es usted y sigo con los demás hasta acabar o que
me acaben a mí.
Viendo esta arrogancia el cura, le dijo:
—¿Es posible, por amor de Dios señor don Tomás, si aun le parece,
que vaya uno de estos oficiales que están aquí y digan de mi parte a esos
que quieren pelear, que se rindan, que ya no remedian nada ellos con hacer
resistencia, que ya estamos todos nosotros perdidos, rendidos y prisioneros.
A esto le dijo don Tomás:
—Que vaya o nunca vaya, a mí lo que me importa es asegurar a
ustedes y los demás que están eri Bajan."
Un tal Solís se ofreció a llevar el mensaje, pero don Tomás no lo dejó
ir por haberlo visto con uniforme de oficial. Entonces otro de los prisione-
ros dijo que él iba, ya que era capitán de aquella compañía de artillería,
180
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pero que se había adelantado por tener sed. Pero apenas había salido este
capitán, cuando Elizondo avisó haber capturado los cañones y que los
indios que andaban con él habían matado dos o tres artilleros.
"Como para cuando esto sucedió, ya terminaba el sol su carrera, se
dispuso" llevar a los prisioneros a Bajan, y al llegar a este lugar se les dio
agua a todos. Ignacio Elizondo trataba de separar a los oficiales para
mandarlos a las casas "subido sobre el bordo del tanque en donde estaba el
cura, a ese tiempo, dijo en alta voz Hidalgo a los pelados que estaban
enfrente de el:
—Griten muchachos, ¡Que viva Femando Séptimo!
Lo hicieron todos, y uno u otro agregaba:
—¡Viva Femando Vil y muera el cura Hidalgo!"
A pesar del éxito logrado por los realistas, su situación era muy difícil
en aquel momento. Había que distribuir el pequeño contingente en guardias
para vigilar a los prisioneros importantes, a las mujeres, los demás cautivos
y al tesoro, así como designar algunos hombres para cuidar la numerosa
caballada y mulada.59 La confusión debe haber sido muy grande esa noche
en Bajan. El alférez Uranga afirmó posteriormente, que cuando los caudales
y demás botín fueron llevados a Monclova "se advirtió algo rebajado, por
el desorden que hubo en la noche anterior. "60 Por más inventarios que
algún tiempo después hizo el tesorero Royuela, nunca se tuvo una idea
sobre a cuánto ascendía el tesoro capturado.61 En esta rebatiña también
participaron algunos de los que iban con los insurgentes, pues parece que el
propósito principal de los realistas fue asegurar a los caudillos y muchos de
la tropa u oficiales de baja graduación, sobre todo si eran de las Provincias
Internas, quedaron libres o se unieron a los aprehensores. El soldado Mauri-
cio González declaró, que un tal Pedro Gómez, conocido como "Cascorbo,"
antiguo monacillo de la Catedral de Monterrey, se unió a los insurgentes en
Saltillo quienes lo hicieron teniente, le dio en Monclova, tres días después
de la emboscada de Bajan, ocho onzas de oro para que se las llevara a su
madre que estaba en Monterrey. Y el soldado José Miguel Gil, que también
fue aprehendido con Gómez en Bajan y luego lo acompañó de regreso a
Monterrey, dijo que éste llevaba ochocientos pesos.62 Naturalmente deben
haber sido los jefes realistas los que se aprovecharon principalmente del
botín, y esto lo supieron las autoridades de México, pero no eran los
tiempos para ser muy exigentes y había que disimular muchas irregularida-
des. Dos años después Calleja, quien ya era virrey, le decía a don Simón de
Herrera, en un oficio en donde le ordenaba reforzar las defensas de Texas:
"Aunque no me persuado haya escasez de numerario en ese destino para
llevar a cabo tan interesante objeto, respecto a que en esas provincias
181
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
quedaron todas las riquezas que se cogieron a los cabecillas de la insurrec-
ción en Acatita de Bajan, cuyo paradero será fácil inquirir por indagaciones
que prudentemente puedan adaptarse.'™
No fue hasta las 9 ó 10 de la noche cuando les empezaron a llegar
refuerzos a los realistas de Bajan.64 Primero 225 hombres al mando del
capitán Pedro Nolasco Carrasco, el suegro de Elizondo y luego otros 200 a
las órdenes del teniente coronel Manuel Salcedo .65
Al día siguiente los jefes, clérigos, frailes y mujeres capturados fueron
llevados a Monclova en los mismos catorce coches que se les habían
quitado, quedando en Bajan veinte oficiales con su respectiva guardia. El
resto de los prisioneros tuvieron que hacer el viaje a pie.66
Así terminó una de las operaciones más exitosas en la historia de la
guerra. En unas cuantas horas, un contingente de menos de cuatrocientos
hombres sin haber sufrido bajas, había apresado 893 personas incluyendo
todos los principales jefes del enemigo. También capturó veintisiete caño-
nes, una gran cantidad de pertrechos de guerra y un inmenso botín.67 Toda
la abigarrada población de la frontera estuvo representada en Bajan; solda-
dos presidíales, milicianos, voluntarios de los pueblos, haciendas y ranchos
de la región, indios de misión, apaches y comanches. Hasta los aventureros
extranjeros tuvieron su representante en el barón de Bastrop. Prácticamente
todos los hombres de la comarca capaces de portar armas deben haber
tomado parte en esta operación, pues si se considera los 400 que estuvieron
en Bajan, el refuerzo de 425 que llegó posteriormente, los que venían con
los insurgentes que se pasaron a los realistas y los que quedaron en Monclo-
va cuando menos para cuidar a los prisioneros que se habían hecho ante-
riormente, fueron más de mil hombres los que se pusieron sobre las armas.
Un contingente considerable para una zona no muy extensa y poco pobla-
da. Pero el capitán Menchaca y sus trescientos lipanes nunca aparecieron.
Los únicos indios que estuvieron en Bajan fueron veinte de la misión de
Peyotes, seis mezcaleros y otros tantos comanches.68 ¿Qué pasó con Men-
chaca? ¿Se arrepintió en el último momento? El año siguiente, un antiguo
oficial realista José Menchaca que intentó una insurrección en Béjar, fue
juzgado por un consejo de guerra que lo declaró culpable y enviado preso a
Chihuahua.69
El mismo 21 de marzo, cuando ocurría la emboscada en Bajan, los
vocales de la junta militar formada el día 17, que habían quedado en
Monclova: el teniente don José de Rábago, el capitán don Macario Vázquez
Borrego, el capitán don Pedro Nolasco Carrasco y el alférez don Matías
Jiménez, se reunieron y acordaron "establecer un gobierno interino mientras
el comandante general comunicaba sus órdenes, a fin de restaurar el gobier-
182
CONTRARREVOLUCIÓN
no español y conservar los derechos del rey Femando." El acuerdo fue que
don Simón de Herrera tomara el mando en jefe de la provincia interinamen-
te hasta conocer la resolución del comandante general o hasta que se
liberase al propietario don Antonio Cordero, y que su segundo fuera el
teniente coronel don Manuel Salcedo. Asimismo se erigió una Junta de
Seguridad Pública con la autoridad provincial, cuyo presidente sería el jefe
de la provincia. Esta Junta quedó integrada por Juan Francisco Montema-
yor, José Macario Vázquez Borrego, José de Rábago, Juan Ignacio de
Arizpe, Matías Jiménez, José Miguel Sánchez, José Miguel de la Garza, José
Melchor Sánchez Navarro, Atanasio Borrego, el bachiller Juan Nepomuceno
de la Peña y Juan Fernando Tijerina, como procurador. 70
De los jefes insurgentes importantes, Iriarte fue el único que escapó de
Bajan. Ya Allende había prevenido a Rayón que si regresaba lo ejecutara,
por lo tanto tan pronto como se presentó en Saltillo, fue juzgado por un
consejo de guerra y condenado a muerte. Según don Carlos María Busta-
mante, ya estando Allende prisionero, Rayón recibió una orden con su
firma para que pusiera a disposición de Elizondo las tropas que estaban a su
mando "porque así convenía." Rayón no obedeció e hizo que la plebe,
capitaneada por don Juan Pablo Anaya, desarmara a las tropas de las
Provincias Internas que habían quedado en Sal tillo. 71
Pero la situación de Rayón era muy riesgosa. Los contrarrevoluciona-
rios estaban- en Monclova, el teniente coronel José Manuel de Ochoa avan-
zaba desde Parras y Calleja se encontraba en San Luis Potosí, por lo tanto,
emprendió la marcha rumbo a Zacatecas. Antes de abandonar Saltillo,
liberó a don Antonio Cordero y a otros españoles que estaban presos.72 El
lo. de abril hubo un encuentro entre Rayón y Ochoa en el Puerto de
Piñones. Los realistas eran poco más de 800 hombres, mientras que los
insurgentes llegaban probablemente a los 3,500 y contaban con más de
veinte piezas de artillería. La batalla duró seis horas, y aunque Ochoa
logró hacer 240 prisioneros y capturar dos cañones, Rayón pudo continuar
su marcha hacia Zacatecas sin ser perseguido. Es probable que Ochoa
considerara que su tarea estaba cumplida, pues las provincias sujetas a la
Comandancia General habían quedado libres de insurgentes. 73
183
CAPITULO XI
184
LA VUELTA AL ANTIGUO RÉGIMEN
185
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
que se estaba realizando, también Texas participaría. El día 26, los miem-
bros de la Junta salieron al frente de 500 hombres rumbo a Laredo. Se
llevaron con ellos a todos aquellos individuos que consideraban sus ene-
migos y de quienes se podía esperar alguna conspiración. Pero poco después
de su llegada a Laredo, Zambrano y los otros integrantes de la Junta reci-
bieron un comunicado de don Simón de Herrera notificándoles, que tanto
Coahuila como Nuevo León, se encontraban libres de rebeldes y que debían
regresar a su provincia para su seguridad, así como para la defensa de la
frontera.^
186
LA VUELTA AL ANTIGUO RÉGIMEN
del rey, enemigos de la patria y del sosiego público. Los militares que
hubieran seguido las banderas enemigas debían presentarse con sus armas y
caballos en el término de quince días y se les conseguiría el indulto del
virrey, a quien se suplicaría les borrara la mala nota que contrajeron como
insurgentes, para que no sirviera "de embarazo en sus ascensos." Todos los
vecinos que tuvieran armas blancas o de fuego, pólvora y balas debían
entregarlas, de lo cual se les daría un recibo para devolverlas una vez que
hubiera pasado la necesidad de ellas. Las patrullas rondarían en la noche
para evitar corrillos en las calles o juntas sospechosas en las casas, y así
considerarían a todas las que se formaran pasado el toque de las nueve. Se
avisaría a todos los europeos que habían huido, que debían regresar, y si en
quince días no habían vuelto a sus casas y abierto sus tiendas podían perder
su vecindad. El procurador también proponía otra serie de puntos de orden
político-administrativo, respecto a la forma en que la Junta debía de fun-
cionar.^
La Junta se instaló el 2 de abril, quedando como presidente don Blas
Gómez de Castro y como vicepresidente don Bernardo Ussel y Guimbarda,
quien era el alcalde ordinario de primer voto y regidor fiel ejecutor. Los
vocales fueron: el canónigo don José Vivero, el administrador de la Real
Aduana don José Valera, don Antonio Silverio Verridy, el capitán don
Francisco Bruno Barrera y el administrador de la Renta del Tabaco don
Melchor Núñez de Esquivel. Este último fue escogido como secretario, y
todo parece indicar que fue el individuo más influyente de este organismo. 10
También se invitó para que fuera vocal al provisor del obispado don
José León Lobo Guerrero, quien había quedado como gobernador de la
mitra con la salida del señor obispo, pero éste no aceptó alegando las
muchas ocupaciones que tenía con el "gobierno de la mitra, provisorato y
personal atención a la educación y aprovechamiento de la juventud" que se
le había confiado.^ El doctor Lobo indudablemente simpatizador de la
insurgencia, fue más sincero que el licenciado Vivero, quien a pesar de
haber andado de agitador desde antes de que empezara la revolución,
aceptó el puesto de vocal de la Junta de Gobierno.
Don José Santiago Villarreal, el gobernador puesto por los insurgentes,
renunció un día antes de instalarse la Junta y el Ayuntamiento le dio las
gracias, recomendando su mérito al virrey "para que su excelencia lo eleve a
los pies del trono a efecto de que su majestad se digne concederle las gracias
y mercedes que sean de su real agrado. '12
La Junta expondría posteriormente que la única fuerza con que contaba
en el momento de su instalación era de "cinco escopetas no muy buenas,
algunas libras de pólvora y veintitrés hombres de lanza del fidelísimo
187
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
pueblo de Guadalupe de Tlaxcala."*-* Sin embargo, fue obedecida en toda
la provincia, aparentemente sin que se haya presentado ningún incidente de
importancia.
El Capitán Colorado había destacado al cabo Pedro López con doce
hombres para que persiguiese a la partida que andaba a las órdenes de don
Rafael González de Hermosillo y éste logró apresarla en Cadereyta.l4 Pero
el 25 de marzo, estando El Capitán Colorado en Candela marchando hacia
Monclova, tuvo noticias de que el sargento de milicias Bartolomé Salinas se
hallaba en las inmediaciones de Cerralvo con la caballada de los señores
Herrera, Zarza y Vedia; al instante mandó un oficio al cabo López orde-
nándole fuera en busca de Salinas, le quitara la caballada y el dinero que
llevaba y rescatara a los europeos si acaso hubiera aprehendido algunos.15
Este sargento de milicias Bartolomé Salinas, a quien los insurgentes
dieron el grado de capitán, había sido comisionado por don Juan Bautista
Carrasco para que juntara caballada, pero el gobernador don José Santiago
Villarreal puso al pie de la orden una anotación para los justicias de la
provincia: que sólo le entregaran a Salinas las bestias "orejanas y de fierros
no conocidos. '16
Salinas quizá presionado por los jefes insurgentes, recogió la caballada
que tenía dueño y el gobernador Villarreal mandó al sargento José Antonio
Hinojosa para ordenarle a Salinas devolviera las bestias a sus propietarios.
Es posible que el gobernador ya supiera que los jefes insurgentes habían
caído prisioneros, o simplemente dio esta orden porque no se le había obede-
cido y siempre trató de evitar que las gentes de la provincia fueran despo-
jadas. El hecho es que el cabo López encontró a Salinas en el lugar llamado
Rancho Viejo y éste verificó la entrega de 120 bestias "sin la menor resisten-
cia y antes sí con toda sumisión y rendimiento." Pero se presentó un
problema, pues Hinojosa y Salinas, siguiendo la orden que habían recibido
del gobernador, querían entregar la caballada a sus dueños, y el cabo López
tenía el propósito de llevarla a Monclova por ser lo ordenado por El
Capitán Colorado. Salinas se quejaba con el gobernador, haberle enseñado
su oficio a López y éste había dicho que el gobernador "no sabía todavía en
el estado que se hallaban las cosas nuevamente determinadas." Todos estos
enredos, es probable los haya causado don Buenaventura de Ibave, un
español que se había agregado a López sin empleo alguno, pero según el
sargento Salinas "no deja ni hablar, "^
Estos fueron los mínimos incidentes que se presentaron para que el
Nuevo Reino de León volviera a someterse al gobierno español. Para
cuando se instaló la Junta de Gobierno, el único lugar en donde quedaban
algunos insurgentes era el sur de la provincia, pues el lego Villerías se
188
LA VUELTA AL ANTIGUO RÉGIMEN
189
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
luntarios de los llamados patriotas. A los tres días de marcha la expedición
llegó a la hacienda de El Cojo y ahí se recibió la noticia de las aprehensiones
de los principales jefes de la insurrección efectuadas en Coahuila y Texas. El
7 de abril, estando Arredondo en la hacienda del Pretil, se presentaron el
bachiller don Rafael de la Garza, cura de la villa de Aguayo y don Gaspar
Lores con un mensaje de las tropas de la provincia que estaban en Aguayo,
informándole haber arrestado al cabecilla insurgente fray Luis de Herrera y
unos cuatrocientos hombres que con él habían entrado a Nuevo Santan-
der.20
Don Félix María Calleja había vuelto el 5 de marzo a San Luis Potosí,
y poco después destacó al coronel Diego García Conde para perseguir una
partida de insurgentes que andaba a las órdenes de fray Luis Herrera e
Ildefonso Blancas. García Conde palió de San Luis el día 14, y el 22 alcanzó
a los insurgentes en el Valle del Maíz derrotándolos completamente. Herrera,
Blancas y unos cuatrocientos hombres que lograron reunírseles, huyeron
hacia Aguayo.2^
En esta población, se habían concentrado unos ochocientos hombres de
la provincia de Nuevo Santander que se habían volteado contra el gober-
nador Iturbe. La situación de éstos debe haber sido muy extraña y desespe-
rada. No eran verdaderos insurgentes y habían abrazado este partido sedu-
cidos por don José Joaquín Benítez y el sargento José María Martínez,
cuando parecía que la rebelión era avasalladora y nada la podía detener.
Ahora se encontraban sin jefes, ya que nunca aceptaron a los caudillos
insurgentes que llegaron a la provincia, recibiendo constantemente noticias
de los descalabros de la insurgencia y que las provincias vecinas habían
vuelto ya al bando realista. Por lo tanto, la llegada de Herrera y Blancas,
deben haberla visto como una magnífica oportunidad para realizar una
acción que los congraciara con el gobierno virreinal.
Entre los individuos que estaban en Aguayo había algunos de los que
habían desertado para unirse al ejército de don Mariano Jiménez y luego
abandonaron también a éste.22 Ahí se encontraban igualmente varios ofi-
ciales de milicias pero los soldados, sobre todo los veteranos, no querían
que ninguno de éstos los mandara. Por esta razón, el día 28 de marzo, hubo
una junta en la casa del teniente don Juan Muñiz a la cual asistieron varios
oficiales y soldados, y en ésta se acordó nombrar como comandante de todos
al sargento José María Martínez.2**
El 6 de abril a las diez de la mañana, las tropas de Nuevo Santander se
echaron encima del lego Herrera y sus seguidores, logrando aprehender más
de cuatrocientos hombres, incluyendo cincuenta y seis oficiales de quienes
los más importantes fueron: el brigadier Ildefonso Blancas, los coroneles
190
LA VUELTA AL ANTIGUO RÉGIMEN
Francisco Martínez, Luís Marín, José María Gallaga, José Igánacio Villa-
señor, fray Cristóbal Ayala, Vicente Villegas e Ignacio Vázquez, los tenien-
tes coroneles Alejo Fernández, fray Alipio Lozada y Rafael Rivera y el
sargento mayor Francisco Treviño.^^
Los contrarevolucionarios avisaron inmediatamente a Calleja sobre este
golpe, diciéndole que no querían estar bajo las órdenes del capitán Vidal de
Lorca y que les mandara otro comandante, pero el correo fue interceptado
por los indios de Tula. También enviaron una comunicación dirigida a don
Manuel de Iturbe, pues no obstante tener noticias de la llegada de Arre-
dondo, no sabían que éste era el nuevo gobernador de la provincia. La
carta que se le mandó a Iturbe, aunque firmada por Martínez, fue preparada
por el teniente Muñiz y don José María de las Casas. Este último, desde
hacía tiempo tenía desavenencias con Vidal de Lorca y convenció a los
soldados de que si éste regresaba los iba a castigar por haber desertado, y
según don Juan Muñiz, el más temeroso era el sargento Martínez, quien
había intentado atacar a Vidal en la hacienda de El Cojo cuando iba de
retirada hacia Altamira. También había algunos que estaban contra Vidal
por estar convencidos de que si hubiera cumplido las órdenes con que salió
al principio de la insurrección y marchado directamente a San Luis Potosí,
la provincia no hubiera sido invadida y se habrían evitado las depredaciones
que sufrió.
Martínez le decía en su carta a Iturbe que se detuviera en Altamira
junto con el capitán Vidal, con el fin de que las tropas se mantuvieran
tranquilas y se evitara "una efusión de sangre que podría correr" si ellos
trataban de avanzar hacia Aguayo. También pedía Martínez que Iturbe le
mandara las tropas que tenía a sus órdenes, para poder resistir al ejército
enemigo que estaba en Río Blanco, el cual era de 2,000 hombres con seis
cañones. 25
Para conducir la carta se comisionaron a don Rafael de la Garza, cura
de Aguayo y a don Gaspar Lores Noriega. Este último era un español que
había sido comerciante, colector de alcabalas y encargado del estanco del
tabaco de la villa de Hoyos, y al huir de los insurgentes fue arrestado en la
hacienda de Santa Engracia por una patida de veinte o treinta hombres. Por
lo tanto, se le sacó de la cárcel para que acompañara al cura en su misión.^
Los comisionados llegaron el 7 de abril como a las doce de la noche a la
hacienda del Pretil donde se encontraba acampado Arredondo. Este escribió
inmediatamente al virrey diciéndole que los desertores de la provincia aca-
baban "de ejecutar la acción más heroica," que le estaba mandando al capi-
tán Joaquín Vidal para que se justificara y que convenía separar también a
Iturbe, aunque en justicia debía decir que, en los pocos días que tenía de
191
14
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
192
LA VUELTA AL ANTIGUO RÉGIMEN
admitido cuarenta y siete. A los restantes los iba a mandar a Veracruz para
que trabajaran en los méganos.
Las tropas de Nuevo Santander volvieron todas a ser realistas y Arre-
dondo hacía grandes elogios de varios de los jefes. Decía q~ue el sargento
Martínez y el capitán José Antonio Guerra siempre se habían "mantenido
firmes en la buena causa," y pedía para el primero algún premio, pues tenía
veintiséis años de servicio. Otros de los recomendados por haber contri-
buido a la captura de los insurgentes eran los tenkntes Juan Muñiz y Miguel
de la Garza, el subteniente retirado don Nicolás Larumbe y el sargento
veterano Lorenzo Garza.^1
193
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
las características de la población de la región. En el centro del país, donde se
inició la rebelión, quienes acudieron principalmente a engrosar sus filas
fueron: indios, peones de las haciendas y las clases desposeídas de las
ciudades. En la frontera, estos elementos no eran proporcionalmente nume-
rosos. La comarca se encontraba poco poblada y los habitantes muy disper-
sos. No había ciudades grandes, ni tampoco muchos indios y en algunas
zonas la población era predominantemente criolla.^ Mucha gente estaba
dedicada a la cría de ganado o a la agricultura en pequeña escala, lo que
hacía que no fuera demasiado grande el número de jornaleros y que tam-
poco hubiera diferencias muy notorias de fortuna.^ No parece haber habido
animadversión para el español, ya que eran muy pocos los que vivían en
esta zona.^4 Es posible también que Ips manifiestos de los insurgentes en los
cuales se enfatizaban las amenazas contra la religión, hayan hecho poco
impacto en una población más bien fría o indiferente en materia religiosa.
De las antiguas Provincias Internas de Oriente saldrán, en la siguiente
generación, muchos de los caudillos y tropas que darán el triunfo al partido
liberal.
Todo esto no quiere decir que los fronterizos estuvieran muy satisfechos
con el gobierno español. Había múltiples motivos de agravio; el servicio
militar forzado en la distante provincia de Texas y una economía ahogada
por el monopolio del comercio de México y Veracruz, eran algunos de los
perjuicios más notorios. El mismo don Simón de Herrera se quejaba del
"despotismo que tanto reina en esta parte del globo. "3*
Pero cuando las gentes de las Provincias Internas conocieron a los insur-
gentes, parece que llegaron a la conclusión de que era preferible el gobierno
anterior. Repentinamente irrumpieron en la región una serie de comisio-
nados acompañados por pequeñas partidas, cuyo único propósito era el
pillaje, y no se veía que anduvieran haciendo nada para consolidar el domi-
nio de la insurgencia. Ya se ha visto cómo don José Joaquín Benítez se
quejaba de que se habían apropiado hasta de los bienes de algunos criollos
que se hallaban "con las armas en la mano. "^ Vicente Flores expone
claramente en Bajan el pensamiento de los fronterizos. Cuando Jiménez le
reclamó por qué los atacaban si ellos eran criollos siendo que los insurgentes
los andaban defendiendo, Flores contestó: "Porque como en sus comisio-
nados de usted no se ha visto más de un engaño general en todo y que no
tratan más que de robar y destrozar cuanto agarran. "^7
Esta posición la confirman otros incidentes. Den José Andrés de Sobre-
villa manifestó que se había unido con veinticinco hombres al Capitán
Colorado cuando éste pasó por Lampazos porque "ya era inaguantable el
desorden de la anarquía de la insurrección."^ . .
194
LA VUELTA AL ANTIGUO RÉGIMEN
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Elizondo y así fue como tomó participio (sic) en la conspiración.
196
EPILOGO
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
servil diciéndole cómo había aparentado conformidad con el desatinado plan
de los insurgentes quienes le habían dado el grado de coronel, pero que
todo había sido para defender "la inocencia de los europeos, sus intereses y
familias." Le manifestaba también que tan pronto como Calleja llegó a San
Luis, hubiera querido haber ido a ponerse a sus plantas "a implorar de su
bondad el perdón de los defectos" en que hubiera incurrido pero que no lo
había podido hacer porque era muy importante su presencia en ese real.^
Zerratón fue miembro de la Junta de Seguridad establecida por los realistas
en Real de Catorce y después de la Independencia fue diputado al Congrego
General.5
Don Nemesio Salcedo, el comandante general, tuvo noticias de los
acontecimientos de Bajan el 28 de marzo por un oficio de don Simón de
Herrera que condujo desde Parras el alférez Gaspar de Ochoa.
Ese mismo día contestó aprobando el nombramiento de don Simón
como gobernador de Coahuila y de don Manuel Salcedo como su segundo.
Este mando debían conservarlo hasta que el coronel don Antonio Cordero
quedara en libertad o el comandante general les diera una nueva orden.
También le indicaba a don Simón, que aun regresando Cordero, debía
permanecer en la provincia de Coahuila.
Don Nemesio decía igualmente que en vista de las amplias facultades
que le había dado su majestad, le concedía interinamente el grado de
teniente coronel al capitán Elizondo "sin perjuicio de las demás gracias que
infaliblemente dispensará al mismo y a todos la real magnificencia." No
debía omitir en los informes los nombres de todos los individuos que se
hubieran distinguido, de los que hubieran muerto en la empresa, los de las
familias que hubieran dejado y los que estuvieran heridos, porque además
de que con toda justicia habían adquirido el timbre de gloriosos defensores
de Dios, del rey y de su patria, eran acreedores a las bendiciones de todos
los buenos.
El comandante general manifestaba asimismo que de los reos de infi-
dencia capturados, se mandaran a Chihuahua a Hidalgo, Allende si se le
hubiere aprehendido, Aldama, Abasólo, Iriarte y al fraile nombrado Sala-
zar. Para conducirlos por la vía del norte, estaba mandando al capitán del
Presidio del Norte don Juan Francisco Granados, con dos oficiales de
confianza y ciento cincuenta hombres de tropa. Los reos debían ir "con las
prisiones más conformes a la seguridad, y al mismo tiempo, que no les falte
ninguno de aquellos auxilios que exige la humanidad cristiana para su trato
y subsistencia en su trasnporte."
También estipulaba don Nemesio las normas que se, debían seguir con
los otros jefes insurgentes que se quedaban en Monclova, las cuales eran
198
EPILOGO
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
licenciados Ramón y Manuel Garcés y José María Chico. La escolta que
condujo a estos prisioneros iba al mando del alférez José Álzate y siguió la
ruta del norte: Monclova, Santa Rosa, los antiguos presidios de La Bavia y
San Vicente, y de este último al Presidio del Norte y Chihuahua.^
En Monclova fusilaron a los coroneles Francisco Mascareñas, Luis
Gonzaga Malo, Ignacio Domínguez y Pedro Navarro, y también al licen-
ciado Ignacio Aldama, a fray Juan Salazar y a don Juan Bautista Casas.^
Los tres últimos fueron trasladados de San Antonio de Béjar a esta villa.
Fray Juan Salazar se quejaba que lo trajeron "atravesado en un caballo,
haciendo jornadas de día entero y parte de la noche... introduciéndolo a los
poblados a vista de todo el mundo, y en Monclova el día domingo, y hora
en que sus habitantes tomaban el fresco de la alameda. "*•*' Juan Bautista
Casas fue fusilado el 3 de agosto de 1811 y fray Juan Salazar el 28 de
octubre.13
El total de insurgentes enviados a Chihuahua fue de treinta; diez y
ocho del grupo original, tres que se agregaron de los tomados prisioneros en
la batalla del Puerto de Piñones y nueve que fueron remitidos posterior-
mente. De todos estos, veintitrés fueron pasados por las armas y siete
condenados a presidio. No entra dentro del plan que comprende este trabajo
reseñar en detalle el juicio y muerte de los principales caudillos de la insu-
rrección, pero sí es conveniente señalar ciertas irregularidades de estas
sentencias, sobre, todo de algunas que tienen relación directa con personas
que figuraron en los acontecimientos relatados. En primer lugar, resulta
extraño que se hayan mandado a Chihuahua tres de los prisioneros tomados
en la batalla del Puerto de Piñones: Jacinto Noroña, Carlos Martínez e
Ignacio Maldonado, pues el grado de éstos era muy bajo; el primero era
capitán, el segundo teniente y el tercero sólo un soldado. También entre los
enviados de Monclova en el segundo grupo iban varios individuos de baja
graduación: el alférez Trinidad Pérez, el capitán Ventura Ramón y un don
José Plácido Monzón, quien parece no haber tenido grado militar, pues sim-
plemente se anotó al lado de su nombre: "rebelde seductor de Coahuila."
Los tres fueron pasados por las armas.•"
Ahora bien, surge la pregunta: ¿En la selección de los individuos que se
castigaron no habría mucho de venganza personal? El año de 1809, cuando
el comandante general designó a don Tomás Flores para que investigara las
quejas relativas al contrabando, uno de los interrogados que aportó muchos
datos e incluso incriminó a los hermanos Herrera y Leyva fue don José
Plácido Monzón.15
Otro de los enviados a Chihuahua en el segundo grupo que salió de
Monclova fue don José Andrés Molano. Este era aquel justicia mayor de la
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EPILOGC
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Ventura Ramón fue llevado preso y fusilado en Chihuahua. También se
menciona un capitán del mismo nombre que, en el año de 1813, andaba
persiguiendo a los insurgentes en Nuevo León.22 gs seguro que existieron
cuando menos dos militares con este nombre, uno en Coahuila y otro en
Nuevo León. Probablemente el de Coahuila, quien asistió a la junta de
Monclova, haya sido el que posteriormente fue enviado a Chihuahua. En
septiembre de 1811, el bachiller don José Manuel Pérez, cura de Laredo, le
escribía a don José Ramón Díaz de Bustamante quejándose de cómo se
había postergado a los buenos patriotas y favorecido a los insurgentes
"empleándolos en los primeros empleos." Más adelante decía: "Sabe vuestra
merced cómo se trató a Ventura Ramón y también presenció su reinciden-
cia. Podría referir muchos acontecimientos de igual condición. En esta
provincia a Nepomuceno Jiménez, vecino de Santander, se le indultó, reinci-
dió, y quedó colgado en un encino. "23
Efectivamente, en las Provincias Internas de Oriente, las autoridades
españolas se concretaron a castigar a los principales cabecillas y con el resto
fueron muy indulgentes. En realidad no podían hacer otra cosa pues se
hubieran echado encima a todo el país. Además no contaban con suficiente
gente para ocupar los puestos claves.
En Nuevo León, la Junta de Gobierno, tan pronto como fue instalada,
ordenó a don José Cristóbal de León que se encargara de la subdelegación
del valle del Pilón.24 Este había andado con los insurgentes y fue comisio-
nado por el brigadier Carrasco para recoger los cañones que había dejado
Santa María en el Pilón. Don José Tomás Ballesteros informaba a la Junta
haber entregado la subdelegación a de León, pero que él la había obtenido
por pluralidad de votos del vecindario debido a su resistencia a las determi-
naciones del gobierno intruso.25 Uno de los primeros actos de León, fue
mandar a Monterrey cuatro insurgentes aprehendidos por don Juan Nepo-
muceno de la Garza.26 Este último, parece que unos días antes había
andado acompañando a Ramón González de Hermosillo.
De los militares de Nuevo León, salvo el gobernador Santa María y
don Juan Ignacio Ramón, ninguno fue castigado y a todos se les conservó
en sus empleos. Ya se ha visto que el capitán Francisco Bruno Barrera fue
uno de los miembros de la Junta de Gobierno. La noche del 3 de julio de
1813 se hizo cargo de la defensa de Monterrey contra un grupo de insurgen-
tes, por estar ausente el comandante militar. Obtuvo su retiro el 28 de
enero de 1814, pero en el año de 1817 al desembarcar don Francisco Javier
Mina en Soto la Marina, Arredondo nombró al capitán Barrera comandante
de las armas de Nuevo León. Ocupó diversos puestos en el Ayuntamiento
de Monterrey, incluso el de alcalde de primer voto durante los años de 1816
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que estaban en Texas, los muertos, desertores, retirados, baldados e inúti-
les. Exigía igualmente se retirara de ese valle al cabo Miguel de Reina por
ser perjudicial. Este había estado en Texas, donde ascendió a sargento y fue
uno de los que soliviantaron a las tropas cuando se voltearon a favor de la
insurgencia y uno de los que hicieron cabeza cuando se arrestó a don
Manuel Salcedo y a don Simón de Herrera. A pesar de todo esto, no sólo
no fue castigado sino que don Simón le concedió licencia para regresar de
paisano a su tierra Río Blanco.34
Los dos capitanes españoles de las compañías de Nuevo León, don
Pedro de Herrera y don José Domingo Castañeda, quienes salieron huyendo
hacia Veracruz y de ahí a la ciudad de México cuando la provincia se pasó
a la insurgencia, parece que no regresaron a Nuevo León. En el año de
1817, Castañeda obtuvo con su retiro el grado de teniente coronel, el goce
de fuero criminal, el uso de uniforme de retirado, y licencia para regresar a
España con su íamilia.35
Las dificultades de don Pedro de Herrera no terminaron con su llegada
a la ciudad de México. Durante su estancia en Jalapa, le escribió a Calleja
relatándole sintéticamente todas sus peripecias desde que salió de Monte-
rrey. Culpaba al gobernador Santa María de no haber marchado a tiempo
para incorporarse al ejército que se estaba formando en San Luis. "Reunidas
las tropas en Monterrey —decía— cada día se le ofrecían varios motivos
para detener su salida, figurándose en su imaginación subvelaciones en
aquella ciudad; por último -conseguí que permitiera mi salida con doscientos
hombres los que, después de tenerlos en el camino, salí yo el día 2 de
noviembre al ponerse el sol, pues aún temía me detuviera." Le manifestaba
don Pedro a Calleja, que su propósito era ir a incorporarse a su ejército.36
Ya en México, 'don Pedro hizo múltiples gestiones para reunirse con
Calleja y cobrar los sueldos que se le debían, diciendo que su propósito
original fue servir sin sueldo, pero que los insurgentes le habían robado casi
todo lo que le pertenecía. No fue hasta el 30 de marzo de 1813 que logró le
pagaran 1,631 pesos, 7 reales y 4 granos, que era lo que le correspondía de
sueldo de retirado.37 Lo más probable es que nunca se le volviera a
emplear. Durante su estancia en la ciudad de México, preparó dos trabajos
muy valiosos: un diario de todo lo ocurrido desde que salió de Monterrey
hasta que llegó a México y un informe sobre el Nuevo Reino de León.38
Algunos de los oficiales menores de Nuevo León que participaron en
los acontecimientos de 1810 y 1811, también dejaron huella de sus activida-
des posteriores. El alférez José Antonio Leal, que salió de la hacienda de
Potosí a reforzar el campamento de Aguanueva y quien aparentemente se
pasó a los insurgentes, unos meses después era otra vez realista. El 4 de
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Espíritu. Santo.46 Tres años después, era capitán de la Compañía Volante
del Álamo de Parras, situada en Béjar,.47 En el año de 1833, el licenciado
Domingo Martínez le escribía al alcalde de Lampazos diciéndole que a los
poseedores de tierra que no cumplieran con el pago exigido por el Estado,
como era el caso de don Juan de Castañeda, el Ayuntamiento podía dispo-
ner de sus tierras.48 Si don Juan todavía vivía en estas fechas, debe haber
tenido entre 70 y 71 años de edad. Su hijo don Francisco también fue oficial
de presidíales y figurará mucho en diversas campañas, sobre todo contra los
indios bárbaros en el primer cuarto de siglo del México independiente.49
En Nuevo Santander, todos los que se habían volteado contra el gober-
nador Iturbe andaban, a fines del año de 1811, incorporados al ejército de
don Joaquín de Arredondo. El soldado Viviano Núñez, enviado por el
capitán Vidal de Lorca a traer a los que habían desertado y quien se unió al
ejército de Jiménez en Matehuala, ahora era sargento de la Segunda Compa-
ñía Volante.50 Un rebelde, del que no queda claro cómo logró acomodarse
al cambio de situación, fue don José Joaquín Benítez; pero después de la
Independencia, fue diputado a la primera Diputación Provincial de Tamau-
lipas.51
Cuando iba en marcha de Altamira hacia Aguayo, don Manuel de
Iturbe recibió orden del virrey de que pasara a hacerse cargo del gobierno
de Colotlán. No obstante, Arredondo que lo había nombrado su segundo, y
que siempre obraba arbitrariamente importándole muy poco las órdenes
superiores, lo retuvo por algún tiempo.52 Ya en su nuevo destino, Iturbe
murió repentinamente de un ataque de apoplegía, mientras andaba persi-
guiendo una partida de insurgentes.53
Quien sufrió un verdadero calvario que duró muchos años fue don
Joaquín Vidal de Lorca. Esto fue debido a que por algún motivo o sin él,
Arredondo le tomó mala voluntad y se valió de la petición que hacía el
sargento José María Martínez en la carta que mandó al gobernador Iturbe
para que detuviera a Vidal de Lorca en Altamira y así mantener tranquilas
a las tropas.54 £1 hecho es que el 25 de noviembre de 1811, a las doce y
cuarto de la noche, Vidal fue arrestado en su casa en Aguayo; todos sus
papeles, tanto en esta villa como en Padilla, le fueron confiscados y se le
abrió un proceso por infidencia. El primer fiscal fue el capitán Francisco
Troncóse del Regimiento de Veracruz y el escribano el cadete Pedro Lemus
del mismo regimiento. Troncoso aparentemente actuó con imparcialidad, y
repentinamente fue despedido por Arredondo acusado de haber sido sobor-
nado por Vidal y también se le abrió una sumaria. El nuevo fiscal fue el
teniente Antonio Crespo, igualmente del Regimiento de Veracruz; el escriba-
no fue el teniente Juan Manuel Martínez de las milicias de Nuevo Santan-
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der. La acusación principal contra Vidal era que no había atacado a los
insurgentes cuando salió con las tropas de la provincia y a esto se debió que
se le hubieran desertado gran parte de ellas y que Nuevo Santander fuera
invadido. Entre fines de noviembre de 1811 y mediados de febrero de 1812,
se examinaron treinta y ocho testigos, la mayor parte de ellos favorables a
Vidal. Y todavía a principios de 1813 declararon otros cuatro más en el
Valle del Maíz. Parece que Arredondo trajo a Vidal preso por los distintos
lugares donde anduvo, hasta que sus familiares en México tuvieron noticias
de la situación en que se encontraba y acudieron al virrey Venegas, quien
ordenó que se le mandara a México, pues la Capitanía General era el único
tribunal que lo podía juzgar. Vidal llegó a México el 25 de julio de 1813 e
inmediatamente se presentó con Calleja, que ya era virrey, y aunque se le
siguió pagando su sueldo, sus dificultades durarían todavía seis años. El
problema principal era que Arredondo sólo mandó un testimonio de la
sumaria, y a pesar de que ésta se le pidió en varias ocasiones no la remitía,
alegando que se podía perder.
A principios del año de 1819, estando en México don Alejo García
Conde, comandante general de las Provincias Internas de Occidente, Vidal
acudió a él diciéndole que quería continuar el servicio en la jurisdicción de
su mando, y el virrey, conde del Venadito, comisionó al teniente coronel
don José de la Peña para que le tomara declaración a Vidal. Esta tuvo lugar
el 7 de agosto de 1819 y el 21 del mismo mes, el auditor de guerra falló,
que contra Vidal se habían presentado tres informaciones; las dos primeras
por don José María de las Casas, acusándolo de adicto a Napoleón. A
Casas no se le podía tomar en serio porque era "un vago, caviloso, díscolo,
embrollador y amancebado público." La tercera información era sobre la
conducta militar de Vidal, pero los pocos testigos que lo incriminaban
tenían "la tacha de haberse amotinado, abandonando a su jefe y pasádose
a los rebeldes," por lo tanto pedía que el virrey mandara sobreseer el
procedimiento.
Probablemente Arredondo tuvo noticias de que Vidal había podido,
por fin, arreglar sus dificultades, y unos días después mandó desde Monte-
rrey la sumaria que tanto le habían pedido, diciendo que aprovechaba para
su conducción a don Julián de Llano, quien se dirigía a la ciudad de México
para arreglar asuntos particulares.
Todavía al año siguiente, Vidal tuvo un nuevo motivo de queja, y
aunque en este asunto no se menciona a Arredondo, es casi seguro que él
fuera el causante. Resulta, que Vidal pidió su hoja de servicio a Nuevo
Santander y el alférez Francisco de Castañeda, comandante accidental de la
Segunda Compañía, se la mandó extendida el 22 de junio de ese mismo año,
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honor de vuestra señoría ni mío volver sin la satisfacción debida a la
dignidad de mi empleo ni la ili4Stración de mi persona." Exponía luego la
situación que iba a encontrar en Texas: "Territorio amenazado al oriente
por un tropel de bandidos americanos, que no desean más que una coyun-
tura de desavenencia para pretender descaradamente atrepellar el derecho
de gentes, al norte por las naciones indias que incitadas por ellos o conmo-
vidas por la novedad, hostilizan aquellas débiles y desarmadas poblaciones,
y en su capital, renacerá el fuego de la insurrección, acabada pero no
extinguida, pues se hallan paseando por las calles, parte de los principales
motores de ella y todos los secuaces del inicuo Casas. Las cortas siembras,
que precisamente se han de haber hecho por las continuas conmociones y
novedades y las escasas entradas de comestibles de otras provincias necesi-
tadas para sí, la falta de proporción para vestir a las tropas y sus familias y
surtir de lo necesario el regalo de indios, la escasez de caudales y última-
mente el desorden, desenfreno, insubordinación e indisciplina general, con
los ningunos recursos militares que son indispensables y se carece es, señor
comandante general, el cuadro más espantoso que se puede poner ante un
gobernador y magistrado de mi modo de pensar. "68
Don Manuel llegó a Béjar el 10 de septiembre y ocho días después le
volvió a escribir a su tío manifestándole, que aún no recibía el mando de la
provincia, porque no había tenido contestación a la carta que le puso desde
Mapimí. Le decía, ser múltiples los problemas porque todo se había "infrin-
gido y alterado." Que una de las necesidades más urgentes era surtirse para
el regalo que se daba a los indios, el cual estaba completamente exhausto y
éstos empezarían a llegar en noviembre. También se quejaba del ayudante
inspector Domínguez, de quien decía que le había quitado el mando de la
frontera unos días antes de la revolución y no quería -que estuviera en esa
provincia. Es difícil saber, cuáles eran las causas por las que don Manuel
estaba disgustado con Domínguez, pero no debe olvidarse que al iniciarse la
insurrección, este último se encontraba en Texas investigando las quejas
relativas al contrabando. En una parte de su carta, Salcedo dice no querer a
Domínguez en Texas "para evitar tantas disensiones y disturbios como ha
causado y causará." Es probable se refiera a que los oficiales involucrados
en el contrabando estaban molestos con Domínguez.
También señalaba don Manuel el problema de los americanos que
estaban viviendo en Texas; entre ellos, a algunos que fueron expulsados y
habían regresado, los consideraba muy perjudiciales y sugería se les remitie-
ra al presidio de Coyame, pues si se les mandaba a la Luisiana podrían
causar mucho mal.69
El comandante general no contestó las dos cartas de don Manuel hasta
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realistas fueron derrotados. Este encuentro tuvo lugar el 29 de marzo de
1813 y se le conoce como la batalla del Salado o de Rosillo.
El lo. de abril Salcedo rindió la capital de Texas y todo su ejército. La
noche del día 3, Gutiérrez ordenó que Herrera, Salcedo y otros oficiales
fueran llevados a La Bahía, según dijo para embarcarlos a los Estados
Unidos. Iban escoltados por sesenta soldados a las órdenes de un capitán
Antonio Delgado, quienes al llegar al lugar donde fue la batalla de Rosillo
sacaron cuchillo y degollaron a todos los oficiales realistas, dejando los
cuerpos tirados en el campo.76
Hay algunas discrepancias en las distintas versiones que existen respec-
to al número y los nombres de los asesinados; pero parece no haber duda,
que además de Herrera y Salcedo, también murieron las siguientes personas;
el mayor de plaza Jerónimo Herrera, hermano de don Simón, los capitanes
Juan Ignacio Arrambide, Francisco Pereyra, Gregorio Amador, Juan de
Echavarría, José Goceascoechea y José Mateos, así como Antonio López,
persona que no tenía grado militar. Los anteriores eran españoles. Pero
también murieron varios criollos: el capitán Miguel de Arcos y sus dos
hijos, el alférez Francisco y el sargento Luis, todos de Tula en Nuevo
Santander, el capitán José Bernardino Montero de la villa de Hoyos en la
misma provincia y el teniente Juan Caso de Boca de Leones.76
Este bárbaro asesinato instigado por Gutiérrez, además de una procla-
ma nombrándose presidente de una supuesta república de Texas y su go-
bierno arbitrario, indignó al elemento menos maleado del ejército y varios
de los norteamericanos abandonaron la provincia. Otros conspiraron para
derrocarlo y en su lugar nombraron como comandante a José Alvarez de
Toledo, nacido en Cuba, y quien había representado a Santo Domingo en
las Cortes de Cádiz.
Poco antes de estos acontecimientos, las Provincias Internas habían
sido divididas otra vez en dos comandancias y don Simón de Herrera fue
nombrado, el 24 de marzo de 1813, comandante general de las Provincias
Internas de Oriente, que comprendían Coahuila, el Nuevo Reino de León,
Nuevo Santander, Texas y el Bolsón de Mapimí; pero su muerte ocurrió
antes de recibir noticias de este nombramiento.77
Don Joaquín de Arredondo, por esta época, tenía establecido su cuartel
general en el Valle del Maíz, y aunque había recibido repetidas órdenes del
virrey Venegas para que pasara a la sierra de Huachinango a perseguir a los
insurgentes, no lo había obedecido. A principios de 1813, Arredondo tuvo
noticias de la invasión de Texas, y sin que se le hubieran pedido auxilios,
vio en esto una oportunidad para retirarse lo más posible del virrey, y el 20
de marzo salió del Valle del Maíz con su tropa. Estando en Aguayo hacien-
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EPILOGO
do los preparativos para avanzar hacia Texas, supo del asesinato de don
Simón de Herrera y don Manuel Salcedo y emprendió la marcha rumbo a
Laredo. En Agualeguas recibió un comunicado de Calleja, quien acababa de
convertirse en virrey, nombrándolo interinamente comandante general de
las Provincias Internas de Oriente, en substitución de don Simón de Herre-
ra.
Un militar que quedó a las órdenes de Arredondo para la campaña de
Texas, fue el teniente coronel Ignacio Elizondo. Este había sido nombrado
comandante de la frontera de Coahuila por don Antonio Cordero, el gober-
nador de esa provincia, y estuvo reuniendo fuerzas para acudir en auxilio
de Texas. Al quedar bajo las órdenes de Arredondo, tenía ya unos mil
hombres de caballería, y éste le mandó que observara al enemigo pero que
no emprendiera ninguna acción decisiva. No obstante, Elizondo despreció
estas disposiciones marchando hacia Béjar y acampando en el paraje conoci-
do como El Alazán a sólo dos leguas de esta villa. El 19 de junio, mientras
los realistas estaban oyendo misa, Gutiérrez de Lara, que todavía no había
sido destituido, los atacó y les infringió una grave derrota. Elizondo logró
con dificultades huir rumbo al presidio de Río Grande.
Arredondo estuvo casi dos meses en Laredo. Ahí se le fueron uniendo
los dispersos de las tropas de Elizondo y otros que huían de Béjar. También
organizó, instruyó, armó, montó y vistió sus tropas y acopió medios de
transporte y víveres. El 26 de julio emprendió la marcha, y en el paraje
denominado Cañada Verde, a la mitad entre los ríos Nueces y Frío, se le
reunió Elizondo con unos 400 hombres, lo que hizo que su ejército llegara a
poco más de 2,000 hombres con once piezas de artillería.
Los rebeldes que estaban en Béjar tuvieron noticias de la aproximación
de Arredondo y salieron a encontrarlo. El 18 de agosto chocaron a la orilla
del río Medina, con una descubierta de caballería al mando de Elizondo,
que Arredondo había adelantado intencionalmente para atraerlos hacia una
emboscada. Todo se realizó como lo había planeado; Elizondo se retiró
perseguido por los rebeldes y éstos toparon con el grueso del ejército que
había tomado posiciones en un cerrado bosque de encinos. La batalla fue
muy reñida y duró como cuatro horas, pero los rebeldes sufrieron una
aplastante derrota.
Ese mismo día Elizondo entró a Béjar con 200 hombres de caballería y
Arredondo llegó al día siguiente. Ahí, dio orden a Elizondo para que con
500 hombres persiguieran a los fugitivos que huían hacia la frontera de
la Luisiana. La persecución fue muy enérgica y despiadada. El 2 de septiem-
bre, Elizondo informaba desde el campamento de La Trinidad haber man-
dado pasar por las armas a sesenta y un individuos, incluyendo a Antonio
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Delgado, quien dirigió el degüello de don Simón de Herrera y don Manuel
Salcedo. De éste, decía habérsele matado a lanzadas porque opuso resisten-
cia. También proporcionaba los nombres de otras treinta y seis personas a
las que les había perdonado la vida provisionalmente. Entre éstas se incluía
a un José Rossi, muy probablemente el mismo a quien don Manuel Salcedo
había mandado, tres años antes, a los Estados Unidos para conseguir armas.
En la persecución de los fugitivos, Elizondo llegó hasta el río Trinidad
y de regreso acampó a orillas del río Brazos de Dios. Lo acompañaba en
esta expedición el teniente Miguel Serrano, quien antes de la insurrección
había sido alférez de la Compañía Volante de Lampazos y después de los
acontecimientos de Bajan, pasó con el grado superior a la de Laredo.
Estando Elizondo y su primo, el capitán Isidro de la Garza dormidos en la
misma tienda, Serrano entró y atravezó con el sable a los dos. Garza murió
inmediatamente y Elizondo, que quedó gravemente herido, fue llevado en
una camilla hasta la margen del río San Marcos, en donde murió. Serrano
fue arrestado y llegó a Béjar "loco rematado." Posteriormente fue enviado
al hospital de San Hipólito en la ciudad de México.?8
Otro personaje importante en los acontecimientos de 1810 y 1811, cuya
vida posterior también había de ser muy azarosa, fue el subdiácono Juan
Manuel Zambrano.
Después de la contrarrevolución que dirigió en Béjar, estuvo cuatro
meses y veintidós días al mando de la provincia de Texas, hasta que fue
substituido por don Simón de Herrera. El comandante general premió a
Zambrano con el grado de teniente coronel.
Al ser invadida Texas por Gutiérrez de Lara, Zambrano se encontraba
en Nacogdoches con un convoy de sesenta muías cargadas de lana y dinero,
que intentaba llevar a los Estados Unidos, y no sólo perdió todo su carga-
mento, sino que con dificultades logró escapar de los rebeldes. Tuvo igual-
mente que huir de Béjar cuando esta población se rindió. Se incorporó al
ejército de Arredondo y tomó parte en la batalla del río de Medina, en
donde salió herido del brazo izquierdo, el cual le quedó baldado.79
Pero Zambrano siguió tan pendenciero como siempre y pronto cayó de
la gracia de Arredondo. A principios del año de 1814, éste le escribía al
obispo Marín de Porras mandándole copia de una sumaria que le había
formado a Zambrano por un "atentado cometido por él con un infeliz y
benemérito oficial." Le mandaba igualmente, otro proceso que se le había
formado en el presidio de Río Grande y un oficio de don Antonio Cordero,
en el cual aparentemente no hablaba muy bien de Zambrano. También
manifestaba, haber tenido varias quejas del subdiácono, quien quería "abro-
gar por propias cosas ajenas," y terminaba diciendo: "Su altivez y soberbia
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
También estaba Felipe Enrique Neri, barón de Bastrop, uno de los dos
espías que habían guiado a los jefes insurgentes a la emboscada de Bajan.
Este murió en Saltillo el 23 de febrero de 1827, y antes de morir hizo
testamento dejando una inmensa fortuna en tierras en los Estados Unidos y
~en Texas. Otro miembro de este congreso fue Dionisio Elizondo, hijo de
don Nicolás y casado con su prima hermana María Elena, hija de don
Ignacio. 86
Don José María Uranga, otro de los realistas que estuvieron en Bajan,
también fue diputado a la legislatura de Coahuila.87 El año de 1846 todavía
vivía en Monclova.88 Según el doctor José M. de la Fuente murió de cólera
al año siguiente.89
Otro realista de vida muy activa después de la Independencia fue don
Juan José Elguézabal, arrestado con don Manuel Salcedo y don Simón de
Herrera en Béjar y enviado preso con ellos a Monclova y al valle de Santa
Rosa. Tomó parte en la batalla del río de Medina a las órdenes de Arredon-
do. Ya en el México independiente fue gobernador de Coahuila (1834-1835);
estuvo con las fuerzas del general Martín Perfecto Cos, que el año de 1835,
fueron sitiadas por los texanos en San Antonio y el año 1841, tenía el grado
de teniente coronel y todavía andaba luchando contra los indios bárbaros.90
También en Nuevo León hubo algunos antiguos realistas que ocuparon
puestos públicos después de la Independencia. Don José Andrés de Sobrevi-
lla, que acompañó al Capitán Colorado a la captura de la partida de
insurgentes que estaba en Boca de Leones, figura como oficial de la milicia
cívica hasta después del año de 1840 91 y fue diputado local para el período
de 1835 a 1836. Don Bernardo Ussel y Guimbarda, miembro de la Junta de
Gobierno, también fue diputado para el mismo período.92 Don Pedro del
Valle, uno de los allegados de don Pedro de Herrera cuando era goberna-
dor, fue por muchos años secretario del gobierno del Estado de Nuevo
León.
El señor obispo Marín de Porras no pudo regresar a Monterrey hasta
noviembre de 1812; muchas zonas del centro del país se llenaron de guerri-
llas insurgentes, haciendo imposible viajar, si no era bajo la protección de
una fuerte escolta. En carta que el obispo escribió a don Ciríaco González
Carvajal, ministro de gobernación de ultramar, decía haberse refugiado en
México, huyendo de los insurgentes "de quienes, a mi regreso, sufrí tres
combates peligrosos, quedando todo el camino infestado de ellos. "93 El
señor obispo murió el 12 de noviembre de 1815 y fue sepultado en la
sacristía de la Catedral de Monterrey.94
A la muerte del obispo Marín de Porras, el doctor José León Lobo
Guerrero se quedó de gobernador de la mitra, como lo había sido antes,
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EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
hasta terrenos que antes les eran desconocidos. Los indios estaban muy bien
provistos de armamento y municiones por el "inicuo comercio entablado
con los angloamericanos." Los daños ocasionados eran incalculables y los
resentían "desde el humilde pastor hasta el más opulento capitalista."
En otra época se habían adoptado medidas eficaces para mantener a los
indios en paz. Existían presidios y compañías volantes en las fronteras; pero
ahora no sólo no se les pagaban los haberes a los soldados, sino que
carecían de vestuario, armas, caballos, monturas y "víveres para sus basti-
mentos y ropa para su familia." No podía contarse con el auxilio de los
pueblos fronterizos, pues "de ricos y abundantes, que eran de todo género
de frutos y esquilmos," se encontraban ahora en la mayor miseria. Los
bárbaros habían matado a sus vecinos "cautivado sus hijos y mujeres,
robado sus bienes de campo y talado sus sementeras."
En el interior de las provincias, aunque no se sentían directamente estos
males, se habían perjudicado por los vínculos comerciales con los pueblos
afectados, por la falta de lluvias durante cinco años y la decadencia del
comercio debida a la.escasez de moneda.
Decía asimismo Arredondo que las tropas de que disponía en las cuatro
provincias ascendían a 1,712 hombres de las distintas armas, pero las únicas
adecuadas para perseguir a los indios eran las de caballería, de las cuales
sólo contaba con 847 hombres, en lugar de los 1,367 que debían existir, y
que muchos de éstos eran "gente inútil por vieja y cansada, toda desmon-
tada, desarmada, desnuda y muerta de hambre."
También manifestaba que en muchas ocasiones había reclamado fondos
al virrey, pero los que le habían mandado de las intendencias de Durango,
Zacatecas y San Luis Potosí eran cantidades muy pequeñas. Los sueldos de
la tropa ascendían a 490,990 pesos anuales y otros 19,525 pesos de gastos
generales, esto "sin eontar la multitud de pensiones, inválidos, sínodos de
misiones y otros," pero la recaudación total de las cuatro provincias apenas
llegaba a 100,000 pesos, por lo que tenía un déficit de más de 400,000 pesos
anualmente.98
A todos estos males se agregaba la continua acechanza desde el otro
lado de la frontera con la Luisiana. Multitud de aventureros de todas las
razas, esperando el colapso para apoderarse, cuando menos, de la provincia
de Texas.
La Independencia, cuando por fin llegó, no trajo aparejada la solución
de estos problemas. Las incursiones de los bárbaros se prolongarán por
varias décadas, aumentando su frecuencia y destructividad y penetrando
hacia el interior del país a regiones que habían estado libres de este azote
por mucho tiempo. Las antiguas Provincias Internas, ahora convertidas en
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EPILOGO
Estados, tendrán que hacer frente a esta amenaza, valiéndose de sus propios
recursos, sin recibir, la mayor parte del tiempo, ningún auxilio del gobierno
central. Al mismo tiempo, las invasiones de filibusteros serán más frecuen-
tes y aumentará la presión sobre la frontera del norte. Todo esto determi-
nará, que México pierda eventualmente, una extensa porción'de lo que un
día fueron las Provincias Internas.
219
NOTAS
ABREVIATURAS UTILIZADAS
CAPITULO I
1. Félix Calleja al gobernador interino del Nuevo Reino de León, San Luis
Potosí, 22 de septiembre de 1810, AGENL-G, 1810.1. Santa María dice
haber recibido el mensaje de Calleja el 29 de septiembre en la tarde. Manuel
de Santa María a Félix Calleja, Monterrey, lo. de octubre de 1810, ibid.
2. Don Lucas Alamán dice de Santa María: "Aunque nacido en Sevilla,
pasaba por mexicano, por haber venido niño al país." Lucas Alamán,
Historia de México, II, 96. El año de nacimiento se ha estimado porque a
fines de diciembre de 1801 tenía 34 años. "Lista por antigüedad comprensiva
de los oficiales de este reino...," México, 27 de enero de 1802 (se citará en
lo sucesivo: "Lista por antigüedad"), AGN-IG, vol. 2C.
3. Sobre empleos de don Manuel Antonio de Santa María y Escobedo.
Israel Cavazos Garza, "índice de Reales Cédulas relativas a Nuevo León,
1651-1820," Humanitas, 1962, pp. 331-359. Para la noticia de su muerte.
Gaceta del Gobierno de México, 15 de octubre de 1808.
221
NOTAS DEL CAPITULO 1
222
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS I Y II
CAPITULO II
DESFILE DE PROTAGONISTAS
1b
NOTAS DEL CAPÍTULO II
3. Pedro de Herrera a Manuel de Santa María, Monterrey, 30 de junio de
1810, AGENL-G, 1810-1821.
4. Manuel de Santa María a la Real Audiencia Gobernadora, Monterrey, 2
de julio de 1810, ibid.
5. Don Simón de Herrera fue nombrado por el rey gobernador de Nuevo
León el 22 de abril de 1794. [El virrey] a Simón de Herrera, México, 7 de
agosto de 1794, AGN-PI, vol. 15, exp. 26. Tomó posesión de su cargo el 9
de abril de 1795. Carta cordillera enviada a los pueblos, Monterrey, 15 de abril
de 1795, Archivo Municipal de Lampazos, Documentos Diversos, exp. 15
(1796-1799), CD-ITESM. El año de 1799 don Pedro de Herrera fue nombra-
do segundo comandante del Nuevo Reino de León y don Jerónimo Herrera
capitán de la Compañía de Dragones Provinciales del valle de Salinas.
Gaceta de México, 20 de julio de 1799. Don Pedro de Herrera dice en
algunas ocasiones que fue tres veces gobernador interino de Nuevo
León y en otras que fue dos veces. La última ocasión gobernó del 14 de
mayo de 1806 al 25 de abril de 1810. Extracto, AGN-PI, vol. 240, exp. 7.
6. Cavazos Garza, "índice de Reales Cédulas."
7. Esta expedición fue motivada por un conflicto entre España y Portugal
sobre las fronteras entre Brasil y Paraguay. Rafael Altamira y Crevea,
Historia de España y de la Civilización Española, IV, 61.
8. Todos estos incidentes fueron durante la Guerra de Independencia de los
Estados Unidos, pues España declaró la guerra a Inglaterra el año de 1779.
9. Datos biográficos de Herrera. Simón de Herrera al [rey], Monterrey, 19
de agosto de 1799, AGN-PI vol. 193, exp. 3.
10. Juan Bautista Elguézabal a Nemesio Salcedo, San Antonio de Béjar, 7 de
agosto de 1805; Antonio Cordero a Nemesio Salcedo, Monclova, 11 de
agosto de 1805; Nemesio Salcedo a José de Iturrigaray, Chihuahua, 20 de
agosto de 1805, AGN-PI, vol. 239, exp. 20.
11. Los gobernadores que sustituyeron a Cordero en Coahuila fueron don
Juan Ignacio Arizpe y don José Joaquín de Ugarte. Alessio Robles, Coahuila
y Texas en la Época Colonial, p. 615.
12. Don Antonio Cordero nació en Cádiz el año de 1753, por lo tanto,
cuando Pike lo conoció tenía unos 54 años de edad. Francisco R. Almada,
Diccionario de Historia, Geografía y Biografía Chihuahuenses, p. 116.
13. El nombre de la esposa de don Simón era María Josefa Brickdale y
Tres-Sierras. Extracto, AGN-PI, vol. 239, exp. 42.
14. Zebulon M. Pike, The Joumals of Zebulon Montgomery Pike, ed.
Donald Jackson, I, 439-441. Don Victoriano Salado Alvarez publicó una
traducción muy libre de las semblanzas de Cordero y Herrera. Victoriano
Salado Alvarez, "La conjura de Aaron Burr y las primeras tentativas de
224
NOTAS DEL CAPITULO II
conquista de México por los americanos del oeste," Anales del Museo
Nacional de Arqueología, Historia y Etnología, tercera época, tomo I, 1909,
pp. 119-176.
15. Miguel Ramos Arizpe, Memoria sobre el estado de las Provincias
Internas de Oriente presentada a las Cortes de Cádiz, ed. Vito Alessio
Robles, pp. 115-116.
16. Extracto, AGN-PI, vol. 240, exp. 7; Agustín R. González, Historia de
Aguascalientes, pp. 52, 63, 64 y 75.
17. Gaceta de México, 22 de enero de 1793. El historiador David Alberto
Cossío dice, sin citar fuentes, que el obispo Llanos y Valdez llegó a Monte-
rrey el 3 de julio de 1792. Esto es indudablemente un error. David Alberto
Cossío, Historia de Nuevo León, III, 269.
18. Isidro Vizcaya Canales, "Don Andrés Ambrosio de Llanos y Valdez,"
Humanitas, 1973, pp. 457-467.
19. Andrés obispo del Nuevo Reino de León al marqués de Branciforte,
AGN-PI, vol. 143, exp. 19. El nombre del familiar del obispo aparece en el
extracto de una carta de don Simón de Herrera al virrey. Ibid.
20. José Eleuterio González, Apuntes para la historia eclesiástica de las
provincias que formaron el Obispado de Linares, en Obras completas del
doctor José' Eleuterio González, III, 336 y 346.
21. Carlos Pérez-Maldonado, El Obispado, p. 157; González, Apuntes para
la historia eclesiástica? p. 374; Nettie Lee Benson, "Bishop Marín de Porras
and Texas," The Southwestem Historical Quarterly, vol. II, nüm. 1, julio,
1947, p. 3. La fecha en que Marín de Porras fue propuesto por el rey para
el obispado de Linares es la que da Pérez-Maldonado que la tomó de la
inscripción del retrato del obispo que existe en la Catedral de Monterrey. La
señorita Benson da la fecha de 20 de julio de 1801. En el Archivo Municipal
de Monterrey existe un documento incompleto, que además de proporcionar
el lugar de origen del obispo dice: "...hijo legítimo y de legítimo matrimo-
nio de don Rodrigo Marín Miguel y de doña Angela de Porras," AMM,
Protocolos, vols. 27-28 (1806-1815), CD-ITESM.
22. En un informe de Marín de Porras sobre el seminario y el poco interés
que había en su diócesis por la cultura dice: "No hay que pensar, por
ahora, en la enseñanza del griego y el hebreo, porque aun en México, casi
son desconocidos estos idiomas, y a falta de maestro, se vería precisado el
obispo a enseñarles lo poco que sabe de ellos." Primo, obispo del Nuevo
Reino de León a Ciríaco González Carvajal, villa del Saltillo, 10 de septiem-
bre de 1813, Archivo General de Indias, Guadalajara, 561.
23. Benson, "Bishop Marín de Porras."
24. Alejandro de Humboldt, Ensayo político sobre el reino de la Nueva
225
NOTAS DEL CAPITULO U
España, ed. Vito Alessio Robles, I, 79-80.
25. Félix Calleja a José de Iturrigaray, San Luis Potosí, 2 de octubre de
1804, AGN-PI, vol. 175, exp. 1.
26. La fecha en que pasaron a la Compañía de Lampazos está en los
expedientes militares de Ramón y Castañeda. AGN-PI, vol. 193, exp. 3.
27. El expediente militar de Ramón dice que es natural de la villa de la
Punta de Lampazos, pero no se ha localizado el acta de bautismo en el
Archivo Parroquial de Lampazos. El año de nacimiento se ha estimado,
pues el mismo expediente consigna que a fines de diciembre de 1798 tenía 44
años de edad. Expediente Militar, diciembre de 1798, ibid.
28. Se encuentra información muy amplia sobre Diego y Domingo Ramón
en Alessio Robles, Coahuila y Texas en la Época Colonial y Carlos E.
Castañeda, Our Catholic Heritage in Texas.
29. El padre Morfi que acompañó en todo su viaje a don Teodoro de Croix
menciona un solo encuentro con los indios. Este fue el lo. de marzo de 1778
en un paraje llamado puerto de la Tinaja, antes de llegar a San Carlos (hoy
Manuel Benavides, Chih.). Fray Agustín de Morfi, Diario y Derrotero
(1777-1781), eds. Eugenio del Hoyo y Malcolm D. McLean, p. 127.
30. Ramón dice haber salido de Lampazos para Béjar con cincuenta hom-
bres el 17 de agosto de 1805 y también menciona el incidente con Freeman.
Declaración de Juan Ignacio Ramón ante don Cristóbal Domínguez, La
Punta, 23 de marzo de 1810, AGN-IG, vol. 201-A.
31. Datos biográficos de Ramón. Expediente militar; certificado expedido
por "don Mateo Lozano, abogado de la Real Audiencia de México, escriba-
no público y de cabildo de esta ciudad de Monterrey," Monterrey, 9 de
febrero de 1796, AGN-PI, vol. 203, exp. 3.
32. Expediente militar.
33. Antonio Frontaura y Sesma a Félix María Calleja, San Luis Potosí, 12
de marzo de 1808, AGN-IG, vol. 144, exp. 1; Félix Calleja a Joseph de
Iturrigaray, San Luis Potosí, 2 de octubre de 1804, AGN-PI, vol. 175, exp.
1.
34. Ibid.
35. Antonio Frontaura y Sesma a Félix María Calleja, San Luis Potosí, 12
de marzo de 1808, AGN-IG, vol. 144, exp. 1.
36. Sobre la visita al obispo Marín. Declaración de Ignacio Elizondo ante el
licenciado Antonio Frontaura y Sesma, Monterrey, 6 de julio de 1809,
AGN-IG, vol. 201-A.
37. Esta hacienda se encuentra aproximadamente a la mitad del camino
entre Villaldama y Lampazos, casi en el límite con el estado de Coahuila. El
año de 1796 pertenecía a un don Santiago Villarreal, pero no se ha podido
226
NOTAS DEL CAPITULO II
227
NOTAS DEL CAPÍTULO JI
Ignacio, 20 de marzo de 1766, José Nicolás Máximo, 8 de febrero de 1768,
María Bárbara, 25 de diciembre de 1769 y José María de Jesús, 19 de
noviembre de 1773. El nombre del padre está registrado en algunas actas
como José Marcos y en otras simplemente como Marcos de Elizondo. El
nombre de la madre aparece algunas veces como María Josefa y otras como
Anna Josefa de Villarreal. En el acta de José Nicolás Máximo la madre
aparece como Josefa González, probablemente el segundo apellido, el cual
era costumbre usarlo. Archivo Parroquial de Salinas Victoria, Bautismos,
vols. 3 (1756-1772) y 4 (1772-1790). Hubo cuando menos otro hermano que
no se encuentra en este registro. Este se llamaba José Máximo, quien no
debe de confundirse con José Nicolás Máximo, y es probable que fuera el
mayor de la familia, pues en el Archivo Parroquial de villa de García existe
una acta de matrimonio del 20 de enero de 1782, cinco años antes del
casamiento de Ignacio, en que José Máximo contrae matrimonio en segun-
das nupcias con doña Juana Josefa de la Garza y dice que es hijo de Marcos
de Elizondo y Anna Josefa de Villarreal. Archivo Parroquial de villa de
García, Matrimonios, vol. 1; José Máximo murió el 28 de agosto de 1802 en
la hacienda del Carrizal y dejó a Nicolás Elizondo, su hermano, como juez
repartidor de sus bienes y también nombra entre sus testamentarios "al
capitán don Ignacio Elizondo, su hermano." Archivo Municipal de Lampa-
zos, Documentos Diversos, vols, 4-5 (1790-1800), CD-ITESM.
42. Los cuatro hermanos están registrados en las actas de matrimonio con
los siguientes nombres: José Máximo, 20 de enero de 1782 (segundas nup-
cias), José Ignacio, 5 de noviembre de 1787, José Nicolás, 4 de noviembre
de 1793 y José María, 20 de mayo de 1795 (esto es un error, debe ser 1799,
pues el acta tiene el número 94 y sigue correctamente a la 93 que es de 1799
y luego siguen las demás actas con la fecha correcta). El padre está anotado
en todos los casos como Marcos de Elizondo y la madre está inscrita en tres
de las actas como María Josefa de Villarreal y sólo en la de José Máximo
dice Ana Josefa de Villarreal. En tres de las actas dice que el contrayente es
originario de ese valle, exceptuando en la de José Nicolás que dice: "Origi-
nario del valle de Salinas y desde la infancia residente de este valle."
Archivo Parroquial de villa de García, Matrimonios, vols. 1-2 (1780-1809),
CD-ITESM.
43. En el Archivo General del Estado de Nuevo León existe un expediente
sobre la deuda de Elizondo con el obispo Llanos y Valdez y los trámites
legales para su cobro. AGENL-G, 1796. (Se citará en lo sucesivo: Deuda de
Elizondo). En el Archivo Parroquial de Lampazos hay numerosos registros
de nacimientos, matrimonios y defunciones de miembros de la familia
Elizondo, todos residentes de las haciendas de El Álamo y El Carrizal.
228
NOTAS DEL CAPITULO II
229
NOTAS DEL CAPÍTULO íí
Ignacio Elizondo. "Catálogo de las noticias concernientes a la provincia del
del Nuevo Reino de León...," AGN-H, vol. 72, exp. 10 (se citará en lo
sucesivo: "Catálogo de Nuevo León").
55. Castañeda, Our Catholic Heritage, VI, 28; Alessio Robles, Coahuila y
Texas en la Época Colonial, pp. 639-640.
56. Anónimo, AGN-IG, vol. 201-A.
57. Pedro Garibay a Félix María Calleja, México, 15 de noviembre de 1808;
Félix María Calleja a Pedro Garibay, San Luis Potosí, 16 de diciembre de
1808, ibid.
58. Comunicado del licenciado Frontaura, Monterrey, 19 de abril de 1809,
ibid.
59. Declaración de Ignacio Elizondo ante el licenciado Frontaura, Monterrey,
13 de mayo de 1809, ibid.
60. Dictamen de don Francisco Rafael García,, Monterrey, 31 de mayo de
1809, ibid.
61. Comunicado del licenciado Frontaura, Monterrey, 2 de junio de 1809,
•ibid.
62. Declaración de Ignacio Elizondo ante el licenciado Frontaura, Monte-
rrey, 6 de junio de 1809, ibid.
63. Pedro de Herrera a Antonio Frontaura y Sesma, Monterrey, 7 de agosto
de 1809, ibid.
64. Filiación de Tomás María Flores, AGN-PI, vol. 255.
65. Con relación al parentesco de don José Froilán con el padre Mier.
Tomás Mendirichaga y Cueva, "Apellidos de Nuevo León: Mier," Ábside,
XXIII, 3, 1959, p. 260.
66. Declaración de don José Froilán de Mier y Noriega en el juicio contra
Verridy, Monterrey, 17 de julio de 1809; declaración de don José Hermene-
gildo García en el mismo juicio, Monterrey, 18 de julio de 1809, AGN-IG,
vol. 201-A.
67. Juan José Lozano al Cabildo de Monterrey, Monterrey, 16 de agosto de
1809, ibid.
68. El Cabildo de Monterrey al arzobispo virrey, Monterrey, 20 de agosto
de 1809, ibid.
69. El alcalde de Monterrey, el año de 1806, a quien se refería el obispo era
don Francisco Bruno Barrera. Israel Cavazos Garza, El Muy Ilustre Ayunta-
mientc ie Monterrey desde 1596, p. 80.
70. Primo, obispo del Nuevo Reino de León al arzobispo de México y
virrey, Saltillo, 21 de agosto de 1809, The University of Texas Library, W.
B. Stephens Collection, núm. 2048.
71. Odie B. Faulk, The Last Years of Spanish Texas, 1778-1821, pp. -96-97.
230
NOTAS DEL CAPITULO II
231
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS II Y ///
CAPITULO III
LA FALTA DE RECURSOS
1. Félix Calleja al gobernador interino del Nuevo Reino de León, San Luis
Potosí, 22 de septiembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
2. Para determinar el número de tropas que había en la Nueva España .al
iniciarse la Guerra de Independencia se utilizaron varias fuentes: Manuel
Muro, Historia de San Luis Potosí, I, 19-35, que publica los datos para el
año de 1809; Zúñiga y Ontiveros, Calendario Manual; Pedro Estala, El
Viajero Universal, pp. 197-200; Lorenzo de Zavala, Ensayo Histórico de las
Revoluciones de México, I, 28, cita un total de 29,661 hombres antes de
empezar la Guerra de Independencia: 7,083 de tropas veteranas, 3,694 de
presidiales y 18,884 de milicias provinciales; Humboldt, Ensayo Político,
IV, 189, da un total de 32,169 nombres en el año de 1804 para toda la
Nueva España y la Comandancia General, pero sin incluir a Yucatán: 9,919
232
NOTAS DEL CAPITULO III
233
NOTAS DEL CAPITULO III
Vidal de Lorca").
18. "Compañías de Milicias Provinciales de la colonia del Nuevo Santander/'
San Luis Potosí, lo. de noviembre de 1807, AGN-PI, vol. 255.
19. Existe en la sección llamada Ramo Militar del Archivo General del
Estado de Nuevo León un memorial sin título que dice: "es copia del
original" y está fechado en Saltillo el 19 de abril de 1844. Esta copia la
firma José Juan Sánchez. El original, según la copia, está firmado por don
Nemesio Salcedo y fechado en Chihuahua el 16 de junio de 1813. Sin
embargo, este documento fue preparado algunos años antes, probablemente
el año de 1809, pues en una carta que don Bernardo Bonavía, el sucesor de
Salcedo, le escribió al virrey, le dice: "La instrucción que me dejó el señor
don Nemesio Salcedo a su salida del mando de estas provincias es bastante
difusa porque la formó con anticipación y desde que fue nombrado para
relevarle el señor don Benito Pérez."Bernardo Bonavía al virrey, Durango,
18 de febrero de 1814, AGN-PI, vol. 129, exp. 1. No obstante, la instruc-
ción de Salcedo tiene anotaciones marginales poniendo a su sucesor al
corriente de los principales acontecimientos desde que fue preparada. (Se
citará en lo sucesivo: "Instrucción de don Nemesio Salcedo").
20. "Fuerzas en Texas."
21. "Instrucción de don Nemesio Salcedo."
22. Manuel de Acevedo al gobernador del Nuevo Reino de León, San Luis
Potosí, 22 de septiembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
23. Existen dos partes de estas guardias de fecha 4 de octubre; el primero es
del sargento comandante y el segundo de un cabo que dice haberse encon-
trado a don Julián de Arrese de ronda con seis paisanos y a don José Luis
de la Garza con cuatro paisanos, ibid.
24. Manuel de Santa María a Antonio Cordero, Monterrey, 30 de septiem-
bre de 1810, ibid.
25. Manuel de Santa María a Francisco Bruno Barrera, Monterrey, 30 de
septiembre de 1810, ibid.
26. Manuel de Santa María a Juan Ignacio Ramón, Monterrey, 30 de
septiembre de 1810, ibid.
27. Manuel de Santa María al administrador e interventor de la Real Renta
de Tabacos, Monterrey, 30 de septiembre de 1810, ibid.
28. Manuel de Santa María al Muy Ilustre y Venerable Señor Deán y
Cabildo de esta Santa Iglesia Catedral, Monterrey, 30 de septiembre de
1810, ibid.
29. "Oficio pasado al cura del Sagrario de esta Santa Iglesia Catedral;"
Fermín de Sada a Manuel de Santa María, Monterrey, 30 de septiembre de
234
NOTAS DEL CAPITULO III
1810, ibid.
30. Manuel de Santa María a los señores subdelegados de la cordillera
marginal, Monterrey, 30 de septiembre de 1810, ibid.
31. "Proclama que el señor gobernador de la provincia publica a sus
habitantes," Monterrey, 30 de septiembre de 1810, ibid.
32. Manuel de Santa María a los señores curas párrocos de la cordillera
marginal, Monterrey, 30 de septiembre de 1810, ibid.
33. Minuta, Monterrey, 30 de septiembre de 1810; tiene una nota que dice:
"Esta orden se dirigió a cada comandante propietario o accidental de las
compañías milicianas de la provincia," ibid.
34. Existe una lista con el número de hombres que debía aportar cada
población y las que estaban exceptuadas, ibid. El gobernador le dice al
teniente de la compañía de Boca de Leones que esa compañía está exceptua-
da pero que "debe advertir a su gente se hallen listos'y "mantendrán en sus
inmediaciones tres caballos por hombre. "Manuel de Santa María al teniente
de la Compañía del real de Boca de Leones, Monterrey, 6 de octubre de
1810, ibid.
35. Manuel de Santa María a los señores subdelegados del margen, Monte-
rrey, 2 de octubre de 1810, ibid.
36. José Tomás Delgado a Manuel de Santa María, Cadereyta, 2 de octubre
de 1810, ibid.
37. José María Gómez a Manuel de Santa María, Linares, 3 de octubre de
1810, ibid.
38. Pedro de Berrio a Manuel de Santa María, Pilón, 3 de octubre de 1810;
José Cristóbal de León al gobernador político y militar, Pilón, 3 de octubre
de 1810, ibid.
39. Manuel de Santa María a José Tomás Delgado, Monterrey, 3 de octubre
de 1810, ibid.
40. [Santa María] a [Pedro de Berrio], Monterrey, 4 de octubre de 1810,
ibid.
41. José Domingo de Castañeda a Manuel de Santa María, Saltillo, 9 de
junio de 1810; José Domingo de Castañeda a Manuel de Santa María, Poto-
sí, 25 de septiembre de 1810, ibid.
42. José Domingo de Castañeda a Manuel de Santa María, Saltillo, 5 de
octubre de 1810 (dos cartas de la misma fecha), ibid.
43. José Lorenzo de la Garza a Manuel de Santa María, Boca de Leones, 13
de octubre de 1810, ibid.
44. José Antonio Hinojosa a Manuel de Santa María, villa de Cerralvo, 6 de
octubre de 1810, ibid.
45. José Antonio Hinojosa a Manuel de Santa María, villa de Cerralvo, 10
235
NOTAS DEL CAPITULO III
de octubre de 1810, ibid.
46. Joaquín Cantú a Manuel de Santa María, Río de los Guerras, 12 de
octubre de 1810, ibid.
47. "Diario de lo ocurrido a las milicias del Nuevo Reino de León, al mando
de su comandante, el capitán don Pedro de Herrera Leyva, en sus operacio-
nes contra los insurgentes.../'México, 24 de marzo de 1811, AGN-OG, vol.
958 (se citará en lo sucesivo: "Diario de Herrera").
48. "Piquetes de las compañías del Nuevo Reino de León," 11 de octubre de
1810, AGENL-G, 1810.1. Don Pedro de Herrera dice que en los almacenes
de armas había tenido a su cargo 1,000 fusiles, 100 carabinas y 400 espadas
para armar las milicias cuando se pusieran sobre las armas, pero que de los
1,000 fusiles envió 700 a Calleja y 300 al comandante general don Nemesio
Salcedo. No especifica si estos envíos se hicieron al empezar la insurgencia o
antes. "Catálogo de Nuevo León."
49. Manuel de Santa María a Primo Feliciano Marín de Porras, Monterrey,
11 de octubre de 1811, AGENL-G, 1810.1.
50. "Nos el doctor don Primo Feliciano Marín de Porras, por la gracia de
Dios y de la Santa Sede Apostólica...," Saltillo, 15 de octubre de 1810, ibid.
51. Hay dos "órdenes pata la marcha del piquete de La Punta," las dos son
de fecha 13 de octubre de 1810, una dice que irá al mando de don Juan de
Castañeda y la otra de don Juan Ignacio Ramón. En la segunda no se
especifica el número de hombres que formarían el piquete. Ibid.
52. Hay dos pasaportes expedidos por el gobernador Santa María para
comandantes de tropas de Nuevo León que debían ir a San Luis, uno a
favor de don Pedro de Herrera y el otro de don Juan Ignacio Ramón. En los
dos se incluye el mismo itinerario. Ibid.
53. Acta de la Junta de Guerra, Monterrey, 15 de octubre de 1810, ibid.
54. Manuel de Santa María a Félix Calleja, Monterrey, 15 de octubre de
1810, ibid. Don Pedro de Herrera dice que el canónigo a quien se refería
Santa María era el licenciado don José Vivero. "Diario de Herrera."
55. En el Archivo General del Estado de Nuevo León hay bastantes cartas,
no oficiales, que dan noticias de la insurrección desde la provincia de San
Luis Potosí. De estos primeros días hay una de Silvestre Portillo, fechada en
San Luis el 25 de septiembre y otra de Jusepe de Aysa, que no dice de
donde la remite ni tiene fecha pero da noticias de acontecimientos sucedidos
desde el 19 hasta el 26 de septiembre. Hay otra carta de este último fechada
en Cañada Grande el 9 de octubre. AGENL-G, 1810.1 y 1810-1821.
56. Carta a la que probablemente le falta una parte, pues no tiene firma ni
destinatario ni lugar de origen ni fecha, pero que indudablemente fue escrita
en San Luis Potosí por un militar y dirigida aí gobernador Santa María.
236
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS III Y I V
AGENL-G, 1810.1.
57. Rosa a Mi Manuelito, México, 26 de septiembre de 1810, ibid. En una
carta que el arzobispo Lizana la escribió a Santa María le dice: "Agradezco
a usted las expresiones con que me manifiesta su afecto en la carta que me
entregó el cadetito su hijo." Francisco, arzobispo de México a Manuel de
Santa María, AGENL-G, 1810-1821.
58. Manuel de Santa María a Félix María Calleja, Monterrey, 15 de octubre
de 1810, ibid. Esta carta no es minuta ni está escrita por escribano sino del
puño y letra de Santa María, por lo que es posible que no se haya
mandado.
CAPITULO IV
EXPEDICIONES FRUSTRADAS
237
NOTAS DEL CAPITULO IV
cinco veces el gobierno interino de La Colonia sin goce de sueldo." Joaquín
Vidal de Lorca al virrey, México, 5 de julio de 1819, AGN-I, vol. 11, exp.
13. Después de estos acontecimientos se dijo, que en un principio, Vidal de
Lorca se había negado a tomar el mando de la expedición, alegando que
éste le correspondía a Iturbe que era el primer comandante, y que él se
quedaría de gobernador interino, que por esto, Iturbe se había visto obliga-
do a arrestarlo, pero que el arresto había durado poco tiempo. Declaracio-
nes de Juan y Cayetano Quintero y Antonio Rodríguez, "Sumaria Vidal de
Lorca."
8. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Padilla, 12 de
octubre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
9. Manuel de Iturbe e Iraeta al gobernador del Nuevo Reino de León,
AGENL-G, 1810.1.
10. Manuel de Iturbe e Iraeta a Joaquín Vidal de Lorca, San Carlos, 17 de
octubre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
11. Manuel de Iturbe e Iraeta a Joaquín Vidal de Lorca, San Carlos, 25 de
octubre de 1810, ibid.
12. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, villa de Tula, lo.
dé noviembre de 1810, ibid. Por diversos documentos contenidos en la
Sumaria Vidal de Lorca sé han podido saber los nombres de otros oficiales
que tomaron parte en esta expedición y son: los tenientes Basilio Gutiérrez,
Antonio Guadalupe Cardona, Ramón Tena y José María Ruiz y los subte-
nientes o alféreces Manuel Barberena, Pedro García, Ramón de Echávarri o
Chávarri y Miguel Paredes.
13. "Cuerpo Auxiliar de la colonia del Nuevo Santander: Diario de las
operaciones y novedades ocurridas desde el 21 de octubre hasta el 29 de
noviembre del presente año a las tropas veteranas y milicianas...," Tula, 30
de noviembre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13 (se citará en lo sucesivo:
"Diario Vidal de Lorca").
14. Iturbe estaba casado con una hermana del historiador Lucas Alamán
llamada María de la Luz y esta familia era de Guanajuato. Alamán, Histo-
ria, II, 94n.
15. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Padilla, 24 de
octubre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
16. "Diario Vidal de Lorca."
17. Declaración de Juan Quintero, Aguayo, 8 de febrero de 1812, "Sumaria
Vidal de Lorca."
18. Manuel de Iturbe e Iraeta a Joaquín Vidal de Lorca, San Carlos, 25 de
octubre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
19. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, San Roque, 27 de
238
NOTAS DEL CAPITULO IV
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17
NOTAS DEL CAPITULO IV
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NOTAS DEL CAPITULO IV
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NOTAS DEL CAPITULO IV
comandante de las armas americanas, Real de Catorce, 14 de noviembre de
1810, AGENL-RM, 1810.
71. "Diario de Herrera."
72. Manuel de Santa María a señores capitanes y comandantes de milicias
de la cordillera del margen o bien sargentos y cabos, Monterrey, 26 de
octubre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
73. Minuta sin fecha, AGENL-G, 1810-1821.
74. Juan Ignacio Ramón a Manuel de Santa María, Monterrey, 29 de
octubre de 1810, ibid.
75. Manuel Antonio de la Rigada e Inda a Manuel de Santa María, Monte-
rrey, 21 de octubre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
76. Antonio María de Aldasoro a Manuel de Santa María, Monterrey, 21
de noviembre de 1810. ibid.
77. Valentín Ramón de Ugarte al Muy Ilustre Señor Gobernador y Cabildo,
Monterrey, 22 de octubre de 1810, ibid.
78. "Don Vicente Vedia y Pinto, natural de los reinos de Castilla y vecino del
real de Vallecillo ante vuestra señoría...," AGENL-G, 1810-1821.
79. Francisco Javier de Marichalar a Manuel de Santa María, Cadereyta, 28
de octubre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
80. Nepomuceno García a Manuel de Santa María, Pesquería, 29 de octubre
de 1810, ibid.
81. Joseph Domingo Ballestero a Manuel de Santa María, Linares, 3 de
noviembre de 1810, ibid.
82. Mauricio Tijerina a Manuel de Santa María, Cadereyta, 4 de noviembre
de 1810, ibid.
83. [Santa María] a Mauricio Tijerina, Monterrey, 6 de noviembre de
1810, ibid.
84. Se trata del lugar que ahora se llama Ciudad Juárez en el estado de
Chihuahua y que entonces era conocido como el pueblo de Guadalupe del
Paso del Río del Norte.
85. Cordero a Manuel de Santa María, Saltillo, lo de noviembre de 1810,
AGENL-G, 1810.1.
86. Existen dos minutas sin remitente ni destinatario ordenando poner
destacamentos en las bocas de Santa Rosa y del Pilón. Estas fueron induda-
blemente dirigidas a Linares y al valle del Pilón. La primera tiene fecha de 7
de noviembre y la otra no tiene fecha, ibid.
87. José Marcelo Valdez a Manuel de Santa María, Guajuco, 8 de noviem-
bre de 1810. ibid.
88. [Santa María] a José Marcelo Valdez, Monterrey, 9 de noviembre de
1810, ibid.
242
NOTAS DEL CAPITULO IV
243
NOTAS DEL CAPÍTULO IV
107. "Diario Vidal de Lorca". El alférez Miguel Paredes dice anduvieron 26
leguas. Declaración de Miguel Paredes, "Sumaria Vidal de Lorca."
108. Carlos María Bustamante, Cuadro Histórico de la Revolución Mexica-
na, I, 81-83.
109. El alférez Miguel Paredes dice.que estando en Cerritos, las familias dle
rancho confirmaron la caída de San Luis y que Vidal reunió a los oficiales,
quienes "fueron de unánime parecer, debían retirarse a la provincia (Nuevo
Santander) para su resguardo," dirigiéndose al Rincón de Turrubiartes. En
cambio el subteniente Ramón de Echávarri dice se dirigieron a Turrubiartes
para unirse con el teniente Basilio Gutiérrez. Declaraciones de Miguel Pare-
des y Ramón de Echávarri, "Sumaria Vidal de Lorca."
110. Félix Calleja a Joaquín Vidal, Querétaro, 12 de noviembre de 1810,
AGN-I, vol. 11, exp. 13.
111. Don Carlos María Bustamante no dice la fecha en que Iriarte entró a
San Luis. Bustamante, Cuadro Histórico, I, 83. José Rafael Iriarte también
era conocido como Leiton. Jusepe de Aysa le dice en una carta al goberna-
dor Santa María, que Joseph Iriarte "es Rafael Leitona del Venado, hijo
sacrilego de una maja Leitona, quien con él hubo otros hijos e hijas del cura
Iriarte, que estuvo interino en dicho pueblo. Es Rafael de unos 36-a 38
años, guitarrista, sentó plaza en la Corona, de donde salió para cabo
veterano de Dragones de San Carlos, en su creación, protegido de Verdeja,
vino a su tierra y estuvo cuatro o cinco años." [De Aysa] a [Santa Ma-
ría] , Cañada Grande, 16 de octubre de 1810, AGENL-G, 1810-1820. Un
informe del año de 1804 sobre el personal del Regimiento de San Carlos
dice que se concedió licencia absoluta al cabo José Leyton "por enfermo
habitual."Charcas, 30 de junio de 1804, AGN-IG, vol. 351-A.
112. Gregorio Melero y Pina, "Los iniciadores de la Independencia de
México: Fray Gregorio de la Concepción Melero y Pina," ed, por N. León
(se citará en lo sucesivo: "Memorias de fray Gregorio"), El Tiempo, 4 de
junio de 1903. En su proceso fray Gregorio dijo que Vidal traía trescientos
hombres. Manuel Puga y Acal, ed., Fray Gregorio de la Concepción y su
proceso de infidencia (se citará en lo sucesivo: Fray Gregorio, proceso), p. 3.
113. Vidal sólo dice en su diario que despachó un sargento, pero el capitán
Juan Fermín de Juanicotena declaró que fue el sargento José María Martínez.
"Sumaria Vidal de Lorca."
114. Con Vidal sólo iban tres oficiales europeos y parece que éstos eran los
capitanes Juan Fermín de Juanicotena y Juan María Mazoleni y el subtenien-
te Ramón de Echávarri. El subdelegado de Guadalcázar se llamaba Bernardo
de Irigoyena, pero había dejado como interino a Juan de Bollar. Juan de
Bollar el intendente corregidor de esta provincia, Guadalcázar, 10 de no-
244
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS IV y V
CAPITULO V
DIFICULTADES Y ALARMAS
245
NOTAS DEL CAPITULO V
noviembre de 1810, ibid.
10. Cordero a Manuel de Santa María, Saltillo, 17 de noviembre de 1810, ibid.
11. Santa María a Antonio Cordero, Monterrey, 18 de noviembre de 1810,
ibid.
12. Manuel de Santa María a Pedro Herrera, Monterrey, 17 de noviembre
de 1810, AGN-H, vol. 958.
13. Pedro Herrera a Manuel de Santa María, Aguanueva, 21 de noviembre
de 1810, ibid.
14. En carta que don Juan Ignacio Ramón le escribió al gobernador Santa
María le dice: "el cantón o campamento de Aguanueva dista lo menos de
este puesto cuarenta y tantas leguas, en lugar de las diez y seis que a usted
dieron parte había." Juan Ignacio Ramón a Manuel de Santa María, Santa
Ana de Pablillo, 27 de diciembre de 1810, AGENEL-G, 1810-1821.
15. Don Pedro José Borrego era originario de San Juan del Río, Durango y
residía desde hacía muchos años en el valle del Pilón. El 28 de julio de 1794
contrajo matrimonio en Pesquería Grande con María Gertrudis García,
homónima de la primera esposa de Ignacio Elizondo. Archivo Parroquial de
villa de García, Matrimonios, vols. 1-2 (1780-1809), CD-ITESM.
16. Pedro José Borrego a Domingo Narciso de Allende, Pilón, 17 de no-
viembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
17. [Santa María] al Muy Ilustre Venerable Señor Deán y Cabildo del
Nuevo Reino de León, Monterrey, 19 de noviembre de 1810, ibid.
18. Andrés de Mendiola a Manuel de Santa María, real de Vallecillo, 17 de
noviembre de 1810, ibid. Don José Andrés Mendiola era capitán de la lia
Compañía de Dragones Provinciales, la correspondiente a Vallecillo y había
estado de guarnición en Texas. "Dragones Provinciales;" "Catalogo de Nue-
vo León."
19. José Manuel Flores a Manuel de Santa María, Boca de Leones, 18 de
noviembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
20. Juan de Castañeda a Manuel de Santa María, Punta de Lampazos, 18 de
noviembre de 1810, ibid.
21. Joseph Domingo Ballesteros a Manuel de Santa María, Linares, 19 de
noviembre de 1810; Francisco Javier Valdez y otros a José Domingo Balles-
teros, Linares, 19 de noviembre de 1810, ibid. Don José Domingo Balleste-
ros era el capitán de la Quinta Compañía de Dragones Provinciales corres-
pondiente a Linares. Ballesteros había estado de guarnición en Texas y
residía en el valle del Pilón. "Dragones Provinciales;" "Catálogo de nuevo
León."
22. Salcedo a Manuel de Santa María, Béjar, 21 de noviembre de 1810,
AGENL-G, 1810.1.
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NOTAS DEL CAPITULO V
247
NOTAS DEL CAPITULO V
248
NOTAS DEL CAPITULO V
mendi con 300 rancheros bien armados, 50 veteranos y 150 indios flecheros.
Nuestra fuerza total es de 1,014 caballos y 200 infantes." Cuenta asimismo,
que en la batalla de Fresnillo mataron 17 insurgentes. Fresnillo, 28 de
noviembre de 1810, AGENL-RM, 1810. Todo esto es confirmado por la
Carta que el insurgente Justo Rufino Campero escribió a Iriarte, en la cual
dice de los realistas: "Estos traen consigo 1,200 hombres entre soldados
veteranos de Tierra Adentro, todos fusileros, indios comanches y gileños y
rancheros de las haciendas de estas inmediaciones. Han venido al Fresnillo,
reconquistaron aquel real y agregaron el partido a la provincia de Duran-
go." Justo Rufino Campero a José Rafael Iriarte, hacienda de Bañón, 12 de
diciembre de 1810, AGENL-G, 1810.1. También Mariano Suárez escribía a
Iriarte: "Prosigo, pues, hasta acercarme a los lugares rebeldes de Fresnillo,
Sombrerete y Durango, donde está acantonado el resto de los europeos de
aquel rumbo." Mariano Suárez a Rafael Iriarte, Tlaltenango, 8 de diciembre
de 1810, AGENL-RM, 1810. José María de Arrieta decía igualmente a
Iriarte: "Aquel mismo día (28 de noviembre) se me avisa de positivo que el
enemigo con fuerzas respetables y de tropa veterana se hallaba en el Fresni-
llo. " José María de Arrieta a José Rafael Iriarte, Zacatecas, 11 de diciembre
de 1810, ibid.
52. Pedro Herrera a Antonio Cordero, Campamento de Aguanueva, 9 de
diciembre de 1810; Antonio Cordero a Pedro Herrera, Campamento de
Aguanueva, 10 de diciembre de 1810, AGN-OG, vol. 958.
53. Jusepe a Manuel de Santa María, Saltillo, 10 de diciembre de 1810,
AGENL-G, 1810.1.
54. "Diario de Herrera." En carta que don Pedro de Herrera escribió a
Calleja posteriormente dice que la salida se había fijado para el día 12, pero
que el día 11 se recibió el oficio de Calleja. Pedro de Herrera el señor
comandante general del Ejército de Operaciones Contra los Insurgentes,
Jalapa, 13 de marzo de 1811, AGN-OG, vol. 204.
55. "Diario de Herrera," Antonio Cordero a Pedro Herrera, Campamento
de Aguanueva, 12 de diciembre de 1810, AGN-OG, vol. 958.
56. Juan Vicente de Arce a Manuel de Iturbe, hacienda del Pozo de Acuña,
15 de octubre de 1810, AGENL-G, 1810-1821.
57. Manuel de San Ginés a Joaquín Vidal de Lorca, hacienda del Pozo, 30
de noviembre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13. Fray Gregorio de la
Concepción dijo en su proceso, que estando en la hacienda de El Pozo, "el
citado padre fray Manuel de San Ginés llegó mandado por el señor Calleja
a recoger las tropas de Monterrey y colonias de Nuevo Santender, lo que
no pudo verificar por haberse acercado a la hacienda del Pozo un hombre
que llevó noticias (de) que se acercaban los insurgentes de Rio Verde."
249
NOTAS DEL CAPITULO V
250
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS V y VI
71. Dice el oficio que estos soldados eran "de la compañía de Mier o
Camargo," pero como el piquete de Camargo no había llegado cuando
salieron las tropas de Nuevo Santander, es de suponerse eran de Mier. José
Manuel Gómez de Castro a manuel de Santa María, valle de la Mota, 30 de
noviembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
72. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Tula, 14 de
diciembre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
73. Ibid.
74. En su oficio del día 15 Vidal sólo dice: "el adjunto oficio y los dos
papeles sin firma," pero en otro oficio del día 18 aclara: "Los papeles
sediciosos que acompañé a vuestra merced con oficio del 15." Joaquín Vidal
de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Tula, 18 de diciembre de 1810,
AGN-I, vol. 11, exp. 13.
75. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Tula, 15 de
diciembre de 1810, ibid.
76. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Tula, 16 de
diciembre de 1810, ibid.
77. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Tula, 14 de
diciembre de 1810, ibid.
78. Manuel de Iturbe e Iraeta a Joaquín Vidal de Lorca, Aguayo, 16 de
diciembre de 1810, ibid.
CAPITULO VI
LOS INSURGENTES
251
NOTAS DEL CAPITULO VI
en sus memorias: "Luego que el señor Allende perdió a Guanajuato hizo
varios generales, mandándoles por distintos rumbos; a Jiménez lo mandó a
Saltillo." "Memorias de fray Gregorio." El Tiempo. 3 de junio de 1903; don
Juan Aldama dijo en Chihuahua: "Que por sí no ha dado comisión ninguna
a nadie, pero sí ha concurrido a firmar, por mando de Allende, la que se
dio a don José Mariano Jiménez para levantar ejército en la provincia de
San Luis Potosí y conquistar las Provincias Internas.' "Declaración de don
Juan Aldama," en vol. I de Colección de Documentos para la historia de la
Guerra de Independencia de México de 1808 a 1821. ed. por J. E. Hernán-
dez y Davales, p. 69.
6. Resolución a la petición de Miguel Aparicio Pérez, Cuartel General
Subalterno de San Luis Potosí, 3 de diciembre de 1810, AGENL-RM, 1810.
7. José Mariano Jiménez al señor intendente, corregidor, brigadier y coman-
dante de las armas de San Luis Potosí, San Sebastián del Venado, 6 de
diciembre de 1810, ibid.
8. Fray Gregorio de la Concepción declaró: "Que sólo sabe dejaron de
intendente a don Miguel Flores contra su voluntad, pues lo pusieron en la
cárcel y la necesidad lo obligó a recibirlo." Puga y Acal, Fray Gregorio,
proceso, p. 18.
9. Miguel Flores a José Rafael de Iriarte, San Luis Potosí, 19 de diciembre
de 1810, AGENL-RM, 1810.
10. José Mariano Jiménez a Ignacio Allende, Charcas, 8 de diciembre de
1810, en vol. II de Colección de Documentos, ed. Hernández y Dávalos, p.
267.
11. Una carta que sólo está firmada Ramón dirigida a Juan Manuel Torres,
Sandia el Grande, 16 de diciembre de 1810; José Trinidad Torres a Ignacio
Ramón, Albarcones, 18 de diciembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
12. Juan Antonio de Soldevilla a Manuel de Santa María, Matéhuala, 2 de
febrero de 1810, AGENL-G, 1810-1821.
13. Ramón a Juan Manuel Torres, Sandia el Grande, 16 de diciembre de
1810, AGENL-G, 1810.1.
14. Fray Gregorio de la Concepción dice que estos soldados desertores se
incorporaron a los insurgentes el día 15 de diciembre, o sea, tres días después
de que huyeron de Tula. También afirma que a Treviño lo hicieron coronel y
menciona en dos ocasiones siempre junto con Treviño, a un teniente Parías,
que era como se conocía al soldado Viviano Nüñez. "Memorias de fray Grego-
rio," El Tiempo, 4 y 5 de junio de 1903; en otros documentos Treviño aparece
como teniente coronel. Licencia concedida al teniente José Cipriano Vega,
Monterrey, 21 de enero de 1811; José Cipriano Vega a Juan José Treviño, Mo-
ta, 4 de febrero de 1811, AGENL-G, 1811.
252
NOTAS DEL CAPITULO VI
254
NOTAS DEL CAPITULO VI
255
18
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS VI Y VU
Ayuntamiento, pp. 79 y 81.
67. Cordillera de Santa María a los subdelegados, Monterrey, 2 de enero de
1811; cordillera a los subdelegados firmada por Bernardo Ussel y Guimbar-
da y Vicente Vedia y Pinto, Monterrey, 7 de enero de 1811, en Lecciones
Orales de Historia de Nuevo León, ed. por José Eleuterio González, pp.
130-132. El número de hombres con que salió Santa María se ha estimado
por lo que dice en un oficio: "Las pocas (tropas) que me acompañan y que
no llegan a 200 hombres, incluso los 22 que al mando de Sada ocupan el
punto de la boca de Santa Rosa." Manuel de Santa María a Pedro Herrera,
valle del Pilón, 8 de enero de 1811, AGN-OG, vol. 958.
68. Ibid.
CAPITULO VII
TODO SE DERRUMBA
256
NOTAS DEL CAPITULO VII
iban a las órdenes de Várela eran 664, incluyendo los voluntarios europeos.
Pedro Herrera a Manuel de Santa María, Campamento en la hacienda del
Potosí, 6 de enero de 1811, AGN-OG, vol. 958.
7. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Aguayo, 28 de
diciembre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13; declaración de Miguel Paredes,
"Sumaria Vidal de Lorca."
8. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Aguayo, 31 de
diciembre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
9. Expedición de Argel y función del 8 de julio; sitio y rendición de Mobila,
siendo comandante del medio batallón de su regimiento e hizo de capitán de
cazadores y de sargento mayor de trinchera; expedición de Panzacola y
Guárico. Archivo General de Simancas, Guerra Moderna 7275 C° 3 f. 7.
Estos datos fueron proporcionados al autor gentilmente por don Guillermo
Porras Muñoz.
10. [Santa María] a [Herrera], Monterrey, 21 de diciembre de[1810],
AGENL-G, 1810.1.
11. Iturbe escribe desde Croix el 28 de diciembre. Manuel de Iturbe e Iraeta
a Manuel de Santa María, Croix, 28 de diciembre de 1810, ibid.
12. El 30 de noviembre .fray José Antonio Iriarte le decía a José Rafael
Iriarte sobre el ejército realista que entró a Fresnillo: "Pero en fin hoy me ha
consolado sabiendo que el ejército eran sólo 1,016 hombres con tres cañones
de artillería, que del Fresnillo regresaron ya a Sombrerete, habiendo hecho
muy poco daño." José Antonio Iriarte a José Rafael Iriarte, Colegio de
Nuestra Señora de Guadalupe, 30 de noviembre de 1810, AGENL-G,
1810-1821.
13. Calleja a Pedro de Oterrena, Campo de la Pila, 20 de octubre de 1810,
AGENL-G, 1810.1.
14. "Diario de Herrera."
15. Pedro de Herrera a Manuel de Santa María, Aguanueva, 24 de diciem-
bre de 1810 (hay un oficio y una carta de la misma fecha), AGENL-G,
1810.1.
16. Antonio Cordero a Manuel de Santa María, Campamento de Aguanue-
va, 25 de diciembre de 1810, ibid.
17. La costumbre de usar sólo uno de los apellidos de personas que tienen
apellido doble hace incierta la identificación, pero es casi seguro que se trata
de Macario Vázquez Borrego.
18. Su nombre completo era Rafael González de Hermosillo.
19. Don Pedro de Herrera dice que toda la partida estaba compuesta por
desertores de Nuevo Santander. Pedro de Herrera a Manuel de Santa
María, Campamento en la hacienda del Potosí, 6 de enero de 1811, AGN-OG,
257
NOTAS DEL CAPITULO Vil
vol. 958. Fray Gregorio dice, con su exageración acostumbrada, que las tropas
de Cordero les tomaron una descubierta de 90 hombres. "Memorias de fray
Gregorio," El Tiempo, 4 de junjo de 1903.
20. Pedro Herrera a Manuel de Santa María, Campamento en la hacienda del
Potosí, 6 de enero de 1811, AGN-OG, vol. 958; "Diario de Herrera."
21. Timoteo Montañez era el teniente de la 13a. Compañía de Dragones
Provinciales del Nuevo Reino de León, situada en Labradores. "Catálogo de
Nuevo León."
22. Don Pedro de Herrera dice que Cevallos era capitán de las milicias de Santa
Rosa. "Diario de Herrera;" en una declaración que Cevallos hizo posterior-
mente dijo ser de las milicias de Río Grande. Declaración de Félix Rafael de
Cevallos, en Fray Gregorio, proceso, ed. por Puga y Acal, pp. 30-31.
23. José Antonio Leal era alférez de la Quinta Compañía de Dragones
Provinciales del Nuevo Reino de León, situada en Linares. Vivía en Cadereyta
y había estado de guarnición en Texas. "Dragones Provinciales."
24. José Mariano Jiménez a Mariano Várela, Campamento General de
Aguanueva, 8 de enero de 1811, AGN-OG, vol. 958.
25. José Mariano Jiménez a María (sic) Leal, Campamento General de
Aguanueva, 8 de enero de" 1811, ibid.
26. Toda la descripción de la expedición de Várela desde la salida de Saltillo,
cuando no se indican otras fuentes, está tomada del "Diario de Herrera."
27. José María Zamora a José María Guillen, Saltillo, 16 de enero de 1811,
AGENL-G, 1811.
28. "Sumaria de fray Juan Salazar," pp. 203 y 205.
29. José Francisco Rivera a José María Guillen, Saltillo, 16 de enero de 1811;
José María Zamora afirma que el ejército insurgente estaba compuesto por
10,000 hombres con 15 cañones y que capturaron otros 6 cañones. José María
Zamora a José María Guillen, Saltillo, 16 de enero de 1811, AGENL-G, 1811;
fray Gregorio de la Concepción declaró que Jiménez tenía de seis a siete mil
hombres. Puga y Acal, Fray Gregorio, proceso, p. 4.
30. José María Zamora a José María Guillen, Saltillo, 16 de enero de 1811,
AGENL-G, 1811.
31. José María Zamora dice que los insurgentes entraron a Saltillo el día 8 de
enero. Ibid; fray Gregorio de la Concepción afirma: "Al otro día (de la
defección de Aguanueva) entramos al Saltillo." "Memorias de fray Gregorio,"
El Tiempo, 5 de junio de 1903; Jiménez señala que Cordero fue capturado por
"un destacamento de veteranos" despachados por él para seguirlo y esto
sucedió en la tarde del mismo día que los insurgentes entraron a Saltillo.
Jiménez a los señores coronel, teniente coronel, subdelegado, cura, alcaldes y
demás vecinos del valle de Matehuala, Cuartel General de Aguanueva, 7 de
258
NOTAS DEL CAPITULO VII
259
NOTAS DEL CAPITULO VII
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NOTAS DEL CAPITULO VII
261
NOTAS DEL CAPITULO VII
tos para la historia del estado de N. León, pp. 218-219; David Alberto
Cossío, Historia de Nuevo León, IV, 101-102.
64. González, Colección de Noticias, pp. 159-213; Cossío, Historia, IV,
53-96.
65. Pedro José Borrego al señor presidente y vocales de la Junta Provincial,
valle del Pilón, 19 de abril de 1811, AGENL-G, 1811.
66. Exposición de José María Uranga, "Prisión de Hidalgo". (Se citará en lo
sucesivo: Exposición de José María Uranga).
67. Instancia de Royuela al rey, Saltillo, ^lo. de diciembre de 1815, en Vito
Alessio Robles, "El Tesorero Manuel Royuela y la Emboscada de Bajan,"
Excélsior, 21 de octubre de 1937 (se citará en lo sucesivo: Instancia de
Royuela).
68. Puga y Acal, Fray Gregorio, proceso, p. 20.
69. [Tomás Flores] a Nemesio Salcedo, Monclova, 14 de septiembre de
1811, AGN-OG, vol. 986.
70. José Menchaca aparece en una lista de los oficiales de las compañías
presidíales. Gaceta de México, 25 de enero de 1800.
71. Instancia de Royuela.
72. Exposición de José María Uranga.
73. Cuando Carrasco salió para Monterrey era coronel, pero poco tiempo
después se refieren a él como brigadier. Esto no es insólito, pues entre los
insurgentes los ascensos eran muy rápidos.
74. José Francisco Rivera a José María Guillen, Saltillo, 16 de enero de
1811, AGENL-G, 1811.
75. "Memorias de fray Gregorio, El Tiempo, 5 de junio de 1903; fray
Gregorio dice que Carrasco salió de Saltillo con 200 hombres, ibid.; en
otras memorias del mismo fraile que transcribe el historiador Vito Alessio
Robles pero que el autor no ha podido consultar, dice que Carrasco llevaba
500 hombres y cuatro piezas de artillería. Vito Alessio Robles, Monterrey
en la Historia y en la Leyenda, p. 186.
76. José Francisco Rivera dice que Carrasco fue a Monterrey como embaja-
dor. José Francisco Rivera a José María Guillen, Saltillo, 16 de enero de
1811, AGENL-G, 1811.
77. Juan de Castañeda a Félix Calleja, Hacienda de Rancho Grande, 4 de
mayo de 1811, AGN-OG, vol. 186, exp. 8.
78. Sus dos memorias distintas y las declaraciones que hizo en su proceso.
79. Alessio Robles, Monterrey, p. 186.
80. "Memorias de fray Gregorio," El Tiempo, 5 de junio de 1903.
81. Puga y Acal, Fray Gregorio, proceso, p. 20.
82. González, Lecciones Orales, pp. 133-134; Israel Cavazos Garza, Nuevo
262
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS VII Y VIII
CAPITULO VIII
263
NOTAS DEL CAPITULO VIH
264
NOTAS DEL CAPITULO VIII
(Wilkinson) un status quo en los terrenos que se cuestionaban, esto es, que
todos los que se comprenden entre los dos puntos de la orilla oriental del
Sabinas y el Arroyo Hondo, quedasen en el propio despueble en que se
hallaban, hasta la final declaración de los respectivos altos gobiernos. De
que me informaron y aprobé' con retardación, dando de todo cuenta muy
circunstanciada a la corte." "Instrucción de don Nemesio Salcedo."
16. Declaración de Juan Ignacio Ramón ante don Cristóbal Domínguez,
Lampazos, 23 de mayo de 1810, AGN-IG, vol. 201-A.
17. El año de 1805 el comandante general pidió al virrey: 600 hombres de
caballería, algunos oficiales de ingenieros y otros de artillería, varios artille-
ros y algunos cañones volantes. Nemesio Salcedo a José de Iturrigaray,
Chihuahua, 23 de diciembre de 1805, AGN-PI, vol. 239, exp. 21.
18. Carlos de Urrutia a Félix Calleja, México, 3 de marzo de 1810; Félix
Calleja a José Ruiz de Aguirre, San Luis Potosí, 10 de marzo de 1810, .
AGENL-G, 1810.1. -
19. Josef Ruiz de Aguirre al gobernador interino del Nuevo Reino de León,
San Luis Potosí, 12 de marzo de 1810; José León Lobo Guerrero a Pedro de
Herrera, Monterrey, 18 de marzo de 1810; José Ruiz de Aguirre al goberna-
dor interino del Nuevo Reino de León, San Luis Potosí, 26 de marzo de
1810, ibid.
20. "Instrucción de don Nemesio Salcedo."
21. Ibid.
22. Antonio Cordero a Nemesio Salcedo, Presidio de Río Grande, 23 de
abril de 1810, AGN-PI, vol. 189, exp. 3.
23. Félix D. Almaraz, Jr., Tragic Cavalier, p. 7n.
24. "Instrucción de don Nemesio Salcedo." Cordero es sustituido el 17 de
abril de 1809. Antonio Cordero a Nemesio Salcedo, Presidio de Río Gran-
de, 23 de abril de 1810, AGN-PI, vol. 189, exp. 3.
25. Almaraz, Tragic Cavalier, p. 101.
26. Ibid., p. 105.
27. Nemesio Salcedo a Simón de Herrera, Chihuahua, 14 de octubre de
1810, AGN-OG, vol. 986.
28. Simón de Herrera a Nemesio Salcedo, San Fernando de Béjar, 26 de
octubre de 1810, ibid.
29. Simón de Herrera a Félix Calleja, Béjar, 28 de octubre de 1810, ibid.
30. Nemesio Salcedo a Simón de Herrera, Chihuahua, 16 de octubre de
1810, AGN-PI, vol. 244, exp. 5.
31. Manuel de Salcedo a Simón de Herrera, San Fernando de Béjar, lo. de
diciembre de 1810, ibid.
32. Simón de Herrera a Nemesio Salcedo, San Fernando de Béjar, lo. de
265
NOTAS DEL CAPITULO VIII
diciembre de 1810, ibid.
33. Manuel de Salcedo a señor comandante de los cuerpos de milicias de la
Colonia y Nuevo León, San Fernando de Béjar, 31 de diciembre de 1810, ibid.
34. Simón de Herrera a Francisco Javier Venegas, San Fernando de Béjar, 31
de diciembre de 1810, ibid.
35. Manuel Salcedo al señor gobernador de la provincia del Nuevo Reino de
León, San Fernando de Béjar, 27 de octubre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
36. Manuel Salcedo al señor gobernador del Nuevo Reino de León, San
Fernando ¿e Béjar, 28 de octubre de 1810, ibid.
37. Manuel de Salcedo a Manuel de Santa María, Béjar, 14 de noviembre de
1810, ibid.
38. El 26 de septiembre de 1810 un grupo de expansionistas americanos
provocaron un levantamiento y proclamaron que el territorio español de la
Florida Occidental era independiente. Un mes después, el 27 de octubre, el
presidente James Madison expidió una proclama anunciando que los Estados
Unidos estaban en posesión de la Florida Occidental y autorizaba su ocupa-
ción por fuerzas americanas. Richard G. Morris, Encyclopedia of American
History, p. 138. Diego Murphy al comandante general, Nueva Orleans, 21
de diciembre de 1810; "Proclama del presidente James Madison," AGN-PI,
vol. 239, exp. 27. "Acta de los vecinos de Baton Rouge, 26 de septiembre de
1810," en vol. II, de Colección de Documentos, ed. por Hernández y
Dávalos, p. 114.
39. Salcedo hace referencia en oficio a don Simón de Herrera, que el 21 de
noviembre dio cuenta al comandante general de las ocurrencias en la Florida
Occidental. Manuel de Salcedo a Simón de Herrera, San Fernando de Béjar,
lo. de diciembre de 1810, AGN-PI, vol. 244, exp. 5.
40. Manuel de Salcedo a Manuel de Santa María, San Fernando de Béjar,
21 de noviembre de 1810 (una carta y dos oficios), AGENL-G, 1810.1.
41. "Instrucción de don Nemesio Salcedo." El año de 1809 el comandante
general envió al virrey una escopeta de las fabricadas en Chihuahua y le
sugería se pusieran otras fábricas en la Nueva España en lugares donde los
materiales y la mano de obra pudieran ser más baratos, pues en Chihuahua
había que pagar cada arma a 30 pesos. Nemesio Salcedo al virrey de Nueva
España, Chihuahua, 26 de marzo de 1809, AGN-PI, vol. 239, exp. 23.
42. Almaraz, Tragic Cavalier, p. 100.
43. Ibid.,pp. 102 y 107.
44. Ibid.,p. 105.
45. Ibid.,pp. 107-108.
46. Ibid., p. 114.
47. José de Rossi a Francisco Javier de Venegas, Habana, 28 de febrero de
266
NOTAS DEL CAPITULO VIII
267
NOTAS DEL CAPÍTULO Vflí
37-39.
63. "Relación que manifiesta las personas que fueron presas en Béjar el 22
de marzo (sic) en la insurrección que promovió en aquélla el capitán don
Juan Casas, "Monclova, 14 de mayo de 1811, [Simón de] Herrera, AGN-OG,
vol. 204; declaraciones de Juan Ángel de Ibarra, José María Sánchez y
Vicente Flores, Sumaria de Juan Bautista Casas, pp. 40-42, 44-47 y 53-57.
64. Don Juan de Castañeda dice: "A ios ocho días de este encierro, a media
noche nos sacaron, habiéndonos echado antes un par de esposas, para el
presidio de Río Grande." En cambio don Manuel Salcedo dice: "A los 22
días de prisión se me envió a Coahuila." Esto indica que Castañeda no fue
arrestado como hasta el 5 de febrero. Juan de Castañeda a Félix María
Calleja, hacienda de Rancho Grande, 4 de mayo de 1811, AGN-OG, vol.
186; Manuel de Salcedo al virrey, San Fernando de Béjar, 3 de junio de
1812, AGN-OG, vol. 986. Don José Andrés dé Sobrevilla a quien el alférez
Serrano dejó como subdelegado de Lampazos, dice que éste le entregó la
subdelegación el 10 de enero, pero Castañeda no puede haber estado en
Lampazos en esa fecha, pues la dispersión de las tropas en el valle del Pilón
fue el día 12. Es posible que Castañeda haya alcanzado a Serrano en el
camino rumbo a Béjar. José Andrés de Sobrevilla a los señores presidente y
vocales de la Junta Gobernadora de esta provincia, AGENL-G, 1811. Otros
que es probable hayan sido arrestados después del 22 de enero, son el
capitán Francisco Pereyra y el teniente Juan José Elguézabal, pues los testigos
José María Sánchez y Juan Ángel de Ibarra no los mencionan. Sumaria de
Juan Bautista Casas, pp. 40-42 y 44-47. El capitán Pereyra acompañó a don
Dionisio Valle a auxiliar a Real de Catorce. Es posible, que tanto él como
Elguézabal hayan estado en el campamento de Aguanueva y escaparan
cuando defeccionaron las tropas.
65. También se menciona entre los liberados al francés Mr. Labarra, a José
Antonio Salcedo, a Francisco Arocha, a Alejandro de Uro y a un tal Parías.
Declaraciones de José Ramírez, José María Sánchez e Isidro de la Garza,
Sumaria de Juan Bautista Casas, pp. 37-44.
66. Declaraciones de José Ramírez y Francisco Travieso, ibid., pp. 37-39 y
58-62.
67. Nemesio Salcedo a Francisco Javier Venegas, Chihuahua, 19 de octubre
de 1811, Gaceta del Gobierno de México, 15 de octubre de 1812; Faulk, The
Last Years, p. 34.
68. Declaración de José Ramírez, Sumaria de Juan Bautista Casas, pp. 37-39;
Juan Bautista Casas a José Mariano Jiménez, San Fernando de Béjar, 4 de
febrero de 1811, en Texas, ed. por Chabot, pp. 80-81. Don José Agabo de
Ayala era el capitán de la Segunda Compañía de Dragones Provinciales del
268
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS VIII y IX
CAPITULO IX
269
NOTAS DEL CAPITULO IX
9. Rafael González de Hermosillo a Ramón González, Saltillo, lo. de febrero
de 1811, ibid.
10. Rafael González de Hermosillo a José Antonio González de Hermosillo,
Linares, 4 de febrero de 1811, ibid.
11. Rafael González de Hermosillo a María Ignacia Zermeño, Linares, 4 de
febrero de 1811, ibid.
12. La carta de González de Hermosillo a Allende es indudablemente una
minuta, pues no tiene ni remitente ni destinatario ni lugar ni fecha, pero en
la contestación de Allende hace referencia a su carta de 4 del presente y está
dirigida a Rafael González de Hermosillo a Linares; Ignacio de Allende a
Rafael González de Hermosillo, Charcas, 13 de febrero de 1811, ibid.
13. Rectificación de Juan Fermín de Juanicotena y declaraciones de Juan
Felipe Sánchez, Cayetano Quintero y José de Jesús García, "Sumaria Vidal
de Lorca."
14. José María Martínez a Rafael González de Hermosillo, hacienda de la
Vaca, 7 de febrero de 1811, AGENL-G, 1811.
15. Declaraciones de Cayetano Quintero y José de Jesús García, "Sumaria
Vidal de Lorca;" el teniente Juan Muñiz dijo que "el sargento José María
Martínez trató en la hacienda de El Cojo de atacar al capitán don Joaquín
Vidal." Declaración de Juan Muñiz, ibid.
16. Juan Bautista Casas le dice a Pedro Antonio de Aguilar, que supo por
un europeo llamado Antonio López, que el obispo y dos canónigos estaban
en Laredo y que le habían dicho iban con dirección a Béjar. Juan Bautista
Casas a Pedro Antonio de Aguilar, San Fernando de Béjar, 31 de enero de
1811, en Texas, ed. por Chabot, pp. 83-84.
17. Ibid.
18. [Ramón Díaz de Bustamante] a Manuel de Iturbe, Monclova, 8 de
abril de 1811, AL.
19. El capitán José Agabo de Ayala, le comunicaba a Juan Bautista Casas
sobre unas cartas dirigidas desde la villa de Mier a un tal Ramírez diciendo
éstas que el obispo se había regresado a La Colonia. José Agabo de Ayala a
Juan Bautista Casas, Bahía, 18 de febrero de 1811, en Texas, ed. por
Chabot, p'. 73.
20. Josef Pérez Rey dice en una carta escrita en Camargo: "los que acompa-
ñaron a dicho señor obispo para la citada villa de Reynosa." Josef Pérez
Rey a Juan José de Iriarte, Camargo, 22 de febrero de 1811, AGENL-G, 1811.
21."'Al ilustre señor obispo le cayeron sobre sus caudales a las inmediacio-
nes de la villa de Laredo, la tropa insolentada de la Tercera Compañía
Volante de la colonia de Nuevo Santander." Juan José de Iriarte a los
señores directores generales vocales de la Junta de Unión de Rentas, Pueblo
270
NOTAS DEL CAPITULO IX
Viejo de Tampico, 21 de febrero de 1811, AGN-I, vol. 143; acta del Cabildo
de la Catedral de Monterrey, en Documentos Históricos, ed. por Pérez-Mal-
donado, pp. 187-188; [el Cabildo Eclesiástico] a José Mariano Jiménez,
[ Monterrey] , 5 de febrero de 1811, ibid., p. 188; el Cabildo Eclesiástico
a Primo Feliciano Marín, Monterrey, 8 de febrero de 1811, ibid., p. 191;
sobre regreso del licenciado Mendivil. José Felipe de la Garza y Guerra
a [el obispo] , Refugio, 29 de febrero de 1811, AGENL-RM, 1812-1820.
22. "Habiéndose ingresado a esta villa de altamira el ilustrísimo señor
obispo del Nuevo Reino de León a las doce de la noche del día 13 del
corriente mes." Juan José de Iriarte a Manuel de Iturbe e Iraeta, Altamira,
14 de febrero de 1811, AGN-I, vol. 143.
23. Juan José de Iriarte a señores directores generales vocales de la Junta de
Unión de Rentas, Pueblo Viejo de Tampico, 16 de febrero de 1811, ibid.
24. El gobernador Iturbe quejándose de unos españoles que habían deserta-
do, yéndose a Pueblo Viejo dice: "Sin otro motivo que la noticia de haberse
presentado el enemigo como a diez y ocho leguas con el fin de atacar a un
corto número de tropas que condujeron algunos caudales y pólvora." Ma-
nuel de Iturbe e Iraeta a Carlos de Urrutia, Altamira, 21 de marzo de 1811,
AGN-I, vol. 131.
25. Juan José de Iriarte a señores directores generales vocales de la Junta de
Unión de Rentas, Pueblo Viejo de Tampico, 21 de febrero de 1811, AGN-I,
vol. 143; en carta de Juan Bautista Casas a Pedro Antonio Aguilar dice que
el obispo iba acompañado por dos canónigos. Como este informe lo obtuvo
Casas cuando su ilustrísima estaba todavía en Laredo, es probable que el
otro canónigo a que se refería fuera el licenciado Mendivil, quien fue
capturado poco después de salir de esta población. Juan Bautista Casas a
Pedro Antonio Aguilar, San Fernando de Béjar, 31 de enero de 1811, en
Texas, ed. por Chabot. p. 83.
26. En una carta el obispo menciona haber cruzado La Huasteca, pues dice:
"cuando iba saliendo de La Huasteca." Primo Obispo del Nuevo Reino de
León al Dean y Cabildo de la Santa Iglesia Catedral de Monterrey, México,
22 de mayo de 1811, en Documentos Históricos, ed. por Pérez-Maldonado,
pp. 197-198.
27. Juan José de Iriarte a Manuel de Iturbe e Iraeta, Altamira, 14 de febrero
de 1811; Juan José de Iriarte a señores directores geenerales vocales de la
Junta de Unión de Rentas, Pueblo Viejo de Tampico, 16 de febrero de 1811;
Juan José de Iriarte a señores directores generales vocales de la Junta de
Unión de Rentas, Pueblo Viejo de Tampico, 21 de febrero de 1811, AGN-I,
vol. 143.
28. Josef Pérez Rey a Juan José de Iriarte, Camargo, 22 de febrero de 1811,
271
19
NOTAS DEL CAPITULO IX
AGENL-G, 1811.
29. José Cipriano Vega a Juan José Treviño, valle de la Mota, 4 de febrero
de 1811, ibid.
30. Reclamación de don Justo Pastor de Ibarra, Archivo Municipal de
Montemorelos, documentos diversos, vols. 16 y 17 (1801-1824), exp. 787
(1811), CD-ITESM.
31. Joaquín Guzmán a Joaquín Benítez, Cruillas, 26 de febrero de 1811;
Francisco Calvan dice en una carta refiriéndose a Insúndegui: "El europeo
que está aquí herido de balazo, queda porque está al morir." Francisco
Calvan a José Mariano Acevedo, Cruillas, 2 de marzo de 1811, AGENL-G,
1811.
32. El bando de López de Letona no tiene lugar de publicación pero dice
"esta dudad" y es de lo. de febrero de 1811, cuando Jiménez todavía estaba
en Monterrey. Por lo tanto, debe haberse publicado en esta población.
Posteriormente se le agregó abajo de la firma de Letona: "Cuartel General
de la villa de Santiago de Saltillo, once de febrero de 1811;" el bando
comisionando a Villaseñor para operar en todo Nuevo León está expedido
en Saltillo el 11 de febrero de 1811. AGENL-G, 1810.1.
33. Félix Cevallos declaró, -que el "padre Solazar, que se decía ministro de
gracia y justicia, en quien advirtió mucha malignidad, pues era el director
del cabecilla Jiménez y corría con todos los intereses usurpados a los
europeos." Declaración de Félix Cevallos, en Fray Gregorio, proceso, ed.
por Puga y Acal, p. 31.
34. "Sumaria de fray Juan Salazar," pp. 206 y 210, José Domingo de
Castañeda a Manuel de Santa María, Saltillo, 5 de octubre de 1810; José
Domingo de Castañeda a Manuel de Santa María, Saltillo, 9 de octubre de
1810; José Domingo de Castañeda a Manuel de Santa María, Saltillo, 14 de
octubre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
35. Matías de Hoyos a fray Juan "de cuyo apellido no me acuerdo,"
Candela, 13 de enero de 1811, en "Sumaria de fray Juan Salazar," pp.
229-230.
36. "Don José María López de Letona, auditor general de los Reales Ejérci-
tos Americanos del Norte, hago saber a usted...," Monterrey, 29 de enero
de 1811, AGENL-G, 1810.1.
37. José Mariano Jiménez a Rafael González de Hermosillo, Monterrey, 29
de enero de 1811, ibid.
38. José Mariano Jiménez a Ramón González de Hermosillo, Monterrey, 31
de enero de 1811, ibid.
39. A este coronel Acevedo le llaman en una cartas José Mariano y en otras
José Antonio, pero parece que su nombre correcto era Mariano Exiquio
272
NOTAS DEL CAPITULO IX
273
NOTAS DEL CAPITULO IX
274
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS IX y X
CAPITULO X
CONTRARREVOLUCIÓN
275
NOTAS DEL CAPITULO X
5. Joseph Ramón Díaz de Bustamante a los señores curas párrocos y seño-
res capitanes y comandantes de las villas del margen, Laredo, 21 de noviem-
bre de 1810, ibid.
6. "Don Ramón Díaz de Bustamante, Capitán de la Tercera Compañía del
Presidio de Laredo...," real de Boca de Leones, 24 de marzo de 1811,
Archivo Municipal de Villaldama, correspondencia y decretos, vols. 2-4
(1785-1820), CD-ITESM.
7. [Bustamante] a Ramón ¡turbe, Monclova, 8 de abril de 1811, AL.
8. Fray Juan Salazar a Pedro de Aranda, Laredo, 20 de febrero de 1811, en
"Sumaria de Fray Juan Salazar," p. 235.
9. Fray Juan Salazar a José Mariano Jiménez, villa de Laredo, 21 de febrero
de 1811, ibid., pp. 235-236.
10. El documento que se ha utilizado como fuente es una minuta en la cual
hay algunas partes tachadas y frases incompletas. Menciona una derrota
que lo animó y se infiere que ésta sea la del Puente de Calderón, pues
Aldama y fray Juan Salazar estuvieron en Laredo el 20 y 21 de febrero, y
por carta de don Josef Pérez Rey citada anteriormente, es un hecho que ya el
día 14, se sabía en Camargo de esta derrota de los insurgentes. Asimismo es
una suposición muy fundada, que el capitán retirado a quien se refiere Díaz
de Bustamante es don José Menchaca, pues sólo anotó las iniciales J.M.
Bustamante a Manuel Iturbe, Monclova, 8 de abril de 1811, AL. En un
escrito preparado el año de 1813 por el padre José Antonio Gutiérrez dé
Lara dice: "Ya el famoso Elizondo se había dejado ver en San Fernando, Río
Grande y Laredo, tratando con los capitanes Menchaca y Bustamante nego-
cios muy reservados." "Recurso de Fuerza,"p. 80.
11. "Sumaria de fray Juan Salazar," p. 225.
12. Juan José Manuel Vicente Zambrano fue bautizado el 12 de abril de
1772 a los ocho días de nacido, por el padre Pedro Fuentes y Fernández.
Sus padres eran Macario Zambrano y Juana Ocón y Trillo. Acta de bautis-
mo, en Texas, ed. por Chabot, p. 121n.
13. Almaraz, Tragic Cavalier, p. 120.
14. Ibid., p. 93.
15. "Vistas estas diligencias sobre la prisión de subdiádono don Juan Manuel
Zambrano...," Primo, Obispo del Nuevo Reino de León, Saltillo, 4 de
octubre de 1809, The University of Texas Library, W. B. Stephens Collec-
tion, num. 2048.
16. Primo, Obispo del Nuevo Reino de León al arzobispo de Nueva Espa-
ña, Monterrey, 27 de noviembre de 1809, ibid.
17. Almaraz, Tragic Cavalier, pp. 97-98.
18. Juan Manuel Zambrano al rey, México, 31 de mayo de 1816, AGN-PI,
276
NOTAS DEL CAPITULO X
vol. 244.
19. Chabot, Texas, p. 121,
20. Carta de recomendación del obispo Marín de Porras, Monterrey, 17 de
octubre de 1815, AGN-PI, vol. 244.
21. Nemesio Salcedo a Francisco Javier Venegas, Chihuahua, 19 de octubre
de 1811, Gaceta del Gobierno de México, 15 de octubre de 1812.
22. "Sumaria de fray Juan Salazar," p. 208.
23. Fray Juan Salazar a Pedro de Aranda, Laredo, 20 de febrero de 1811,
ibid., p. 235.
24. "Sumaria de fray Juan Salazar," p. 209.
25. Nemesio Salcedo a Francisco Javier Venegas, Chihuahua, 19 de octubre
de 1811, Gaceta del Gobierno de México, 15 de octubre de 1812; Juan Ma-
nuel Zambrano y otros al comandante general, Laredo, 3 de abril de 1811,
AGN-PI, vol. 239, exp. 18.
26. Ibid.
27. "Sumaria de fray Juan Salazar," p. 209.
28. Chabot, Texas, p. 26.
29. "Sumaria de fray Juan Salazar," pp. 206-207, 210-212 y 224-225.
30. Junta de Gobierno a Mariano Jiménez, San Fernando de Béjar, 5 de
marzo de 1811; "En la villa de San Fernando de Béjar, capital de la provin-
cia de Nueva Filipinas a seis de marzo de 1811...," AGN-PI, vol. 239, exp
24.
31. Nemesio Salcedo a Francisco Javier Venegas, Chihuahua, 19 de octubre
de 1811, Gaceta del Gobierno de México, 15 de octubre de 1812. Junta de
Gobierno de Béjar a José Mariano Jiménez, San Fernando de Béjar, 5 de
marzo de 1811; "En la villa de San Fernando de Béjar, capital de la provin-
cia de Nueva Filipinas a seis de marzo de 1811...," AGN-PI, vol. 239, exp
24.
32. Garret, Creen Flag, pp. 61-62.
33. Ibid., p. 62.
34. Declaración de don Nicolás Eh'zondo, hacienda del Álamo, 14 de julio
de 1819 e instancia de don Manuel Royuela, en Vito Alessio Robles, "Las
Fantasías del Historiador Bustamante y los Arpegios de Otros Historiadores"
y "El Tesorero Manuel Royuela y la Emboscada de Bajan," Excélsior, 21 y
28 de octubre de 1937.
35. Don Manuel Salcedo dice que estuvieron presos en Béjar 22 días. Como
fueron arrestados el 22 de enero, deben haber salido de esta población el 12
de febrero a media noche o el 13 en la madrugada. En el viaje hicieron siete
días, por lo tanto, es probable hayan llegado a Río Grande el 19 de febrero.
Manuel de Salcedo al [virrey], San Fernando de Béjar, 3 de junio de 1812,
277
NOTAS DEL CAPITULO X
AGN-OG, vol. 986; declaración de Vicente Flores, en Texas, ed. por Cha-
bot, p. 56.
36. Juan de Castañeda a Félix María Calleja, hacienda de Rancho Grande, 4
de mayo de 1811, AGN-OG, vol. 186. En carta que Elizondo y don Simón
de Herrera le escribieron al virrey también dicen que el primero se encontra-
ba en Río Grande cuando llegaron los prisioneros de Béjar. Ignacio Elizondo
y Simón de Herrera a Francisco Javier Venegas, Monclova, 15 de junio de
1811, AGN-PI, vol. 244, exp. 1.
37. Alessio Robles, Coahuila y .Texas en la Época Colonial, p. 640 y "La
Emboscada de Bajan," en Bosquejos Históricos, pp. 233-243; son sobre todo
importantes una serie de 15 artículos que el mismo autor publicó, a fines de
1937 y principios de 1938, en Excelsior de México, El Porvenir de Monte-
rrey y varios otros periódicos.
38. Tomas Flores a Nemesio Salcedo, Monclova, 14 de septiembre de 1811,
AGN-OG, vol. 986. Don Manuel Salcedo le dice al virrey: "Aunque siem-
pre como prisioneros tuvimos nuestras personas libres de las prisiones, que
aquí (Béjar) «os puso la iniquidad, es bien notorio el (mérito) mío, sin
agravio de ninguno, pues como cabeza de todos fueron oídas y obedecidas
mis deliberaciones acordadas con el referido coronel, quien podrá informar
a vuestra excelencia de mis servicios y demás circunstancias." Manuel de
Salcedo al [virrey], Béjar, 3 de junio de 1812, ibid.
39. Exposición de José María Uranga.
40. Vito Alessio Robles, "El Diabólico Espionaje en las Filas Insurgentes,"
Excelsior, 11 de noviembre de 1937. El padre José Antonio Gutiérrez de
Lara dice: "Y es que mi dicha carta condujo a la ruina a los generales
(Allende, Aldama, etc.) lo mismo o más que el barón de Wastof (sic) y don
Sebastián Rodríguez, dos introducidos en el ejército insurgente para su
exterminio." "Recurso de Fuerza," p. 79.
41. Relación que dio don Vicente Flores al Comandante General de lo
acaecido, desde el 17 de marzo hasta el 22 del mismo, en la acción de
Bajan, en "Prisión de Hidalgo." Todo lo relativo a la preparación de la
emboscada de Bajan y los incidentes de ésta, si no se indica otra fuente,
están tomados de este documento. Se citará en lo sucesivo: Relación de
Vicente Flores.
42. La carta en que se incluía el indulto fue mandada por el general José de
la Cruz a Hidalgo. Gaceta del Gobierno de México, 16 de abril de 1811.
43. Pompa y Pompa, ed., Procesos, pp. 227-228; Ignacio López Rayón dice:
"Tenemos noticia de haber llegado al Saltillo papeles del gobierno, pero
ignoramos su contenido, porque fue un misterio que se reveló a pocos."
Ignacio Rayón y José María Liceaga a Félix Calleja, Zacatecas, 22 de abril
278
NOTAS DEL CAPITULO X
279
NOTAS DEL CAPÍTULO X
ed. por García, pp. 99-103; Lista de las tropas que acompañaron a don
Ignacio Elizondo en el Ataque de Bajan, "Prisión de Hidalgo."
57. Se ha repetido con mucha frecuencia que el primero en caer prisionero
fue un fraile mercedario, pues don Simón de Herrera así lo dice en su
informe al comandante general, pero Vicente Flores que estuvo en Bajan
dice que fue un carmelita. Probablemente el error tiene el siguiente origen.
Fray Gregorio de la Concepción dice: "Le supliqué a Elizondo, que por
amor de Dios, no manifestase algunos papeles, pues a más de haberme
cogido con las armas en la mano, tenía yo a los padres del Carmen por mis
mayores enemigos y que sin duda perecería; que se acordara de tantos
favores como yo le había hecho, y me prometió con juramento que no los
daría a la luz y que aun pondría en el parte que el prisionero que había
caído preso había sido un padre de la Merced, y así lo hizo delante de mí."
Simón de Herrera al comandante general, Monclova, 28 de marzo de 1811,
AGN-PI, vol. 239, exp. 24; Relación de Vicente Flores; "Memorias de fray
Gregorio," El Tiempo, 7 de junio de 1903.
58. Vicente Flores dice en su relación que era "un padre carmelita," pero
esto debe ser un error, pues el único carmelita arrestado en Bajan fue fray
Gregorio de la Concepción. Es posible que se trate del mercedario fray
Pedro Bustamante.
59. Todo lo relativo a Bajan de: Relación de Vicente Flores.
60. Exposición de José María Uranga.
61. El año de 1819 don Pedro Simón del Campo declaró que la cantidad
tomada a los insurgentes en Bajan fue "cinco millones de pesos y algo más,"
sin embargo, el cómputo hecho por Royuela arrojó el siguiente resultado:
177,369 pesos, 1 real, 6 granos en efectivo y 716 barras de plata con un
peso de 96,478 marcos, 6 onzas, 12 adarmes, cuyo valor en efectivo es
probable que fuera cerca de un millón de pesos. "Consulta del Tribunal de
Cuentas sobre averiguar el destino que se dio a más de cinco millones de
pesos en la gran presa hecha en Bajan," AGN-PI, vol. 251.
62. "Sobre embargo de los bienes de María Josefa Ajarrista y los de sus
hijos Felicitas y Pedro González, que con algunos efectos de géneros finos y
ropa de uso, por indicios de haber sido adquiridos en la revolución."
AMM, Causas Criminales, vol. XLIII (1811-1813), exp. 739 (1811).
63. [Félix Calleja] a Simón de Herrera, [México], 28 de marzo de 1811,
AGN-PI, vol. 129, exp. 1.
64. Relación de Vicente Flores.
65. Nemesio Salcedo a Simón de Herrera, Chihuahua, 28 de marzo de 1811,
en vol. VI de Documentos, ed. por García, pp. 99-103.
66. Relación de Vicente Flores.
280
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS X Y XI
CAPITULO XI
281
NOTAS DEL CAPITULO XI
1811; José Andrés de Sobrevilla a los señores presidente y vocales de la
[unta Gobernadora de esta provincia, Punta de Lampazos, 16 de mayo de
1811, AGENL-G, 1811.
4. [Díaz de Bustamante] a Manuel Iturbe, Monclova, 8 de abril de 1811,
AL; José Andrés de Sobrevilla a señores presidente y vocales de la Junta de
Gobierno, Monterrey, 19 de abril de 1811, AGENL-G, 1811; Simón de
Herrera a Nemesio Salcedo, Monclova, 28 de marzo de 1811, AGN-PI, vol.
239, exp. 24; Simón de Herrera a Félix Calleja, Monclova, 12 de mayo de
1811, AGN-OG, vol. 204. El doctor José Eleuterio González, basándose en
un informe que el Ayuntamiento de Boca de Leones rindió el año de 1821,
afirma que fueron los vecinos de este real los que aprehendieron a los
insurgentes y que el dinero recogido fue llevado a Monterrey. No es creíble
que los habitantes de un pueblo pequeño hayan arrestado solos a más de
200 insurgentes. Es posible que cooperaran con Díaz de Bustamante. Gonzá-
lez, Colección de Noticias, pp. 227-228.
5. "Don Ramón Díaz de Bustamante, capitán de la Tercera Compañía...,"
real de Boca de Leones, 24 de marzo de 1811, Archivo Municipal de
Villaldama, correspondencia y decretos, vols. 2-4 (1785-1820), CD-ITESM.
6. Actas de la Junta de Seguridad; [Díaz de Bustamante] a Manuel Iturbe,
Monclova, 8 de abril de 1811, AL.
7. Chabot, Texas, p. 27; Juan Manuel Zambrano y otros al comandante
general, Laredo, 3 de abril de 1811, AGN-PI, vol. 239, exp. 18.
8. "Los sacrilegos que abusivamente tomaron...," Monclova, 22 de marzo
de 1811, Archivo Municipal de Villaldama, correspondencia y decretos,
vols. 2-4 (1785-1820), CD-ITESM.
9. "Plan de una Junta Provincial...," Monterrey, 29 de marzo de 1811,
AGENL-G, 1811.
10. González, Lecciones Orales, pp. 134-136.
11. José León Lobo Guerrero al Muy Ilustre Ayuntamiento de la ciudad de
Monterrey, Seminario de Monterrey, 2 de abril de 1811, AGENL-G, 1811.
12. "Como pide el señor síndico procurador...," Monterrey, 10 de abril de
1811, ibid.; Joseph Santiago Villarreal al Muy Ilustre y Venerable Ayunta-
miento de la ciudad de Monterrey, Monterrey, lo. de abril de 1811, AMM,
correspondencia, 1811.
13. Bernardo Ussel y Guimbarda y otros al virrey, Gaceta del Gobierno de
México, lo. de octubre de 1811.
14. Simón de Herrera a Félix Calleja, Monclova, 28 de marzo de 1811,
Gaceta Extraordinaria del Gobierno de México, 25 de abril de 1811.
15. Joseph Ramón Díaz de Bustamante a Pedro López, Candela, 25 de
marzo de 1811, AGENL-G, 1811.
282
NOTAS DEL CAPITULO X.
16. "Don Juan Bautista Carrasco, brigadier de los Ejércitos de América >
comisionado...," Monterrey, 4 de marzo de 1811, íbid.
17. José Antonio de Hinojosa a José Santiago de Villarreal, villa de Cerral-
vo, 30 de marzo de 1811; José Bartolomé Salinas a José Santiago de
Villarreal, Cerralvo, 30 de marzo de 1811; "Yo el cabo Pedro López,
comisionado...," Cerralvo, 30 de marzo de 1811, ibid.
18. Esta carta de Villerías no tiene destinatario, pero el teniente José Timo-
teo Montañez dice en un oficio, que cogió un correo del lego Villerías que
llevaba pliegos para el general que estaba en Saltillo. Juan Villerías, Cuartel
General de Río Blanco, 4 de abril de 1811; José Timoteo Montañez a
Cristóbal de León, Labradores, 13 de abril de 1811, AGENL-G, 1810.1.
19. Bustamante, Cuadro Histórico, I, 255-256; González, Colección de Noti-
cias, pp. 328-329; Joaquín de Arredondo a Francisco Javier Venegas, Pueblo
Viejo, 22 de marzo de 1811, AGN-I, vol. 143, exp. 83.
20. Joaquín de Arredondo al virrey, Campo del Pretil, 7 de abril de 1811,
AGN-I, vol. 143, exp. 59; Manuel de Iturbe e Iraeta a Félix Calleja,
Aguayo, 20 de abril de 1811, AGN-OG, vol. 21.
21. Alamán, Historia, II, 160-162.
22. El cabo Viviano Núñez declaró que logró retirarse de Saltillo con siete
de los que habían desertado. Declaración de Viviano Núñez, "Sumaria
Vidal de Lorca."
23. Según Martínez, asistieron a esta junta: los capitanes José Antonio
Guerra y Gordiano Benavides, los tenientes Juan Muñiz y Miguel de la
Garza, el subteniente Antonio Fernández, los sargentos Pedro Rodríguez y
Cristóbal Villaseñor, los cabos Gordiano Castillo, Bernardo Guerrero y
Carlos Ballí y los soldados Lorenzo Garza e Inocencio Cantú. Pero Antonio
Fernández, Bernardo Guerrero e Inocencio Cantú negaron haber asistido a
la junta y el primero de éstos declaró, que todos los soldados querían que
fuera comandante el capitán José Antonio Guerra, quien no quiso aceptar.
Declaraciones de José María Martínez, Antonio Fernández, Inocencio Cantú
y Bernardo Guerrero, ibid.
24. En la lista que Arredondo mandó al virrey están equivocados los
nombres de José Ignacio Villaseñor y fray Alipio Lozada, pues dice: Ignacio
Villamar y Eligió Lozada. Joaquín de Arredondo a Francisco Javier Venegas,
Campo del Pretil, 7 de abril de 1811, AGN-I, vol. 143; exp. 59.
25. Ibid.; declaraciones de Juan Muñiz, Cristóbal Villaseñor, Lucas Fernán-
dez y José María de las Casas y rectificación de Cristóbal Villaseñor,
"Sumaria Vidal de Lorca."
26. Declaración de Gaspar Lores, ibid.
27. Don Francisco Antonio Cao declaró que el cura de la Garza y Lores
283
MOTAS DEL CAPITULO XI
llegaron al campamento de Arredondo el martes de carnaval como a las
doce de la noche. Esto es un error porque la carta de Arredondo al virrey es
del 7 de abril y dice: "En este momento acaba de llegar a este campo." El 7
de abril fue domingo y además el martes de carnaval no puede caer en el
mes de abril. Declaración de Francisco Antonio Cao, ibid.; Joaquín de
Arredondo a Francisco Javier Venegas, Campo del Pretil, 7 de abril de
1811, AGN-I, 143, exp. 59.
28. Cao dice que llegó a Aguayo al día siguiente como a las ocho de la
mañana. Debe haber salido del Pretil en la madrugada del día 8, pues entre
este punto y Aguayo hay más de 100 kilómetros. Declaración de Francisco
Antonio Cao, "Sumaria Vidal de Lorca."
29. Joaquín de Arredondo a Francisco Javier Venegas, Cuartel General de
Aguayo, 17 de abril de 1811, Gaceta del Gobierno de México, 10 de mayo
de 1811.
30. Manuel de Iturbe e Iraeta a Félix Calleja, Cuartel General de Aguayo,
20 de abril de 1811, AGN-OG, vol. 21.
31. Ibid.; Arredondo recomienda en su oficio a un Miguel de la Guerra.
Debe ser Miguel de la Garza. Joaquín de Arredondo a Francisco Javier
Venegas, Cuartel General de Aguayo, 17 de abril de 1811. Gaceta del
Gobierno de México, 10 de mayo de 1811.
32. Según Navarro y Noriega los elementos integrantes de la población de
la Nueva España el año de 1810 se dividían en: 18% criollos, 60% indios y
22% mestizos. Para las Provincias Internas de Oriente la proporción era:
39% criollos, 20% indios y 41% mestizos. Y en el Nuevo Reino de León:
63% criollos, 5% indios y 32% mestizos. Fernando Navarro y Noriega,
Estado de la población del Reino de Nueva España en el año de 1810, según
los cálculos más probables..." Los pueblos de Nuevo León que el año de
1821 tenían más de la mitad de la población criolla eran: Boca de Leones
61%, Cerralvo 95%, Guajuco 59%, Lampazos 51%, Monterrey 59%, Ma-
rín 79%, Salinas 60%, Santa Catarina 69% y Vallecillo 64%. Isidro Vizca-
ya Canales, "Composición Étnica de la Población de Nuevo León a la
Consumación de la Independencia," Humanitas, num. 10, 1969, pp. 447-450.
33. Se ha llegado a estas conclusiones basándose en datos que se encuentran
en numerosos informes de los municipios de Nuevo León de los años
inmediatamente después de la Independencia. AGENL-Estadística.
34. El año de 1813 el obispo Marín de Porras estimaba* que de los 162,401
habitantes que había en Coahuila, Nuevo León y Nuevo Santander, sólo
102 eran españoles. "Resumen de la población del obispado del Nuevo
Reino de León...," Monterrey, 28 de diciembre de 1813, Archivo General de
Indias, Indiferente General 1525. *
284
NOTAS DEL CAPITULO XI Y EPILOGO
EPILOGO
285
NOTAS DEL EPILOGO
12. "Sumaria de fray Juan Salazar," p. 210.
13. Acta de defunción, en Texas, ed. por Chabot, p. 102. Carta de fray
Juan Salazar al tiempo de su fallecimiento, "Prisión de Hidalgo."
14. Pompa y Pompa, ed., Procesos, pp. 301-302.
15. Tomás Flores a Nemesio Salcedo, San Fernando, 12 de junio de 1809,
AGN-IG, vol. 201-A.
16. Antonio Frontaura y Sesma a Félix María Calleja, San Luis Potosí, 12
de marzo de 1808, AGN-IG, vol. 144.
17. Alessio Robles, Coahuila y Texas en la Época Colonial, p. 632.
18. Don José Bernardo Gutiérrez de Lara menciona que una carta que
mandó a Saltillo fue entregada al señor Letona, quien prometió remitírsela a
Rayón. "J. B. Gutiérrez de Lara to the Mexican Congress. Account of
progress of revolution from beginning," vol. I, The Papers of Mirabeau
Buonaparte Lámar, eds. por Charles Adams Gulick, Jr., y Katherine Elliott,
pp. 4-29.
19. Vito Alessio Robles, Coahuila y Texas desde la consumación de la
Independencia hasta el Tratado de Paz de Guadalupe Hidalgo, I, 207, 388 y
425.
20. El Cabildo Eclesiástico al señor primer jefe de la Independencia del
Imperio Mexicano, Monterrey, 24 de agosto de 1821, en Documentos Histó-
ricos, segunda serie, ed. por Pérez-Maldonado, p. 205.
21. José Andrés Guajardo a la Junta de Gobierno, Monterrey, 18 de julio de
1812, AGENL-RM, 1812-1820.
22. González, Colección de Noticias, pp. 283-302.
23. José Manuel Pérez a José Ramón Díaz de Bustamante, Laredo, 10 de
septiembre de 1811, AL. Según el padre José Antonio Gutiérrez de Lara a
Jiménez lo ejecutaron "sin más motivo que haber éste referido en el campo,
pero en presencia de un chismoso, que el dicho señor Arredondo no había
manifestado los despachos de su gobierno." "Recursos de Fuerzas."
24. José Cristóbal de León a Melchor Núñez de Esquivel, 7 de abril de 1811,
AGENL-G, 1811.
25. Joseph Thomás Ballesteros a Melchor Núñez de Esquivel, Pilón, 8 de
abril de 1811, ibid.
26. José Cristóbal de León a Melchor Núñez de Esquivel, Pilón, 8 de abril
de 1811, ibid.
27. Expediente militar de don Francisco Bruno Barrera, Monterrey, 11 de
abril de 1818, AGN-PI, vol. 244, exp. 34; Cavazos Garza, El Muy Ilustre
Ayuntamiento, pp. 81-87; Cossío, Historia, V, 122-123 y 230.
28. José María Sada a la Junta Gobernadora, Monterrey, 17 de enero de
1812, Gaceta del Gobierno de México, 9 de abril de 1812.
286
NOTAS DEL EPILOGO
287
20
NOTAS DEL EPILOGO
matrimonio, según el orden de Nuestra Santa Madre Iglesia con doña María
de la Luz Guajardo, española, natural de esta villa, viuda en primeras
nupcias del capitán don Francisco de Ayarzagoitia..,," Lampazos, 25 de
mayo de 1816, Archivo Parroquial de Lampazos, informes matrimoniales,
vols. 9-10 (1805-1817), CD-ITESM.
50. Declaración de Viviano Nüñez, "Sumaria Vidal de Lorca."
51. Gabriel Saldívar, Historia Compendiada de Tamaulipas, p. 154.
52. Manuel de Iturbe e Iraeta a Félix Calleja, Cuartel General de Aguayo,
20 de abril de 1811, AGN-OG, vol. 21.
53. Alamán, Historia, III, 496n.
54. Joaquín de Arredondo al virrey, Campo del Pretil, 7 de abril de 1811,
AGN-I, vol. 143, exp. 59.
55. "Sumaria Vidal de Lorca."
56. Simón de Herrera a Nemesio Salcedo, Monclova, 28 de marzo de 1811,
AGN-PI, vol. 239, exp. 24.
57. Bustamante a Manuel Iturbe, Monclova, 8 de abril de 1811, AL.
58. José Manuel Pérez a José Ramón Díaz de Bustamante, Laredo, 10 de
septiembre de 1811, ibid.
59. Manuel de Acevedo a la Junta Gobernadora, San Luis Potosí, 27 de
julio de 1812, AGENL-G, 1812-1813.
60. Don Melchor Núñez de Esquivel le dice a los subdelegados en carta
cordillera, que el día anterior tomó posesión como gobernador político y
militar don Ramón Díaz de Bustamante, disolviéndose la Junta Patriótica,
Monterrey, 12 de marzo de 1813, Archivo Municipal de Lampazos, proto-
colos, ramo civil, etc., exp. 22 (1813). Sobre la muerte de Bustamante.
Cossío, Historia, IV, 175.
61. Proclama, Monterrey, lo. de junio de 1812, AGENL-G, 1810-1821.
62. Chabot, Texas, p. 99; "Sumaria de fray Juan Salazar," p. 225.
63. Bustamante, Cuadro Histórico, I, 199.
64. Ignacio Elizondo a Andrés Sobrevilla, Monclova, 3 de mayo de 1811 y
algunos apuntes agregados, en expediente sobre secuestro y embargo de los
bienes del insurgente Juan Ignacio Ramón, AMM, causas criminales, vol.
XLIII (1811-1813), exp. 737 (1811).
65. Actas de la Junta de Seguridad.
66. Ignacio Elizondo y Simón de Herrera a Francisco Javier Venegas, ciudad
de Monclova, 15 de junio de 1811, AGN-PI, vol. 244, exp. 1.
67. Almaraz, Tragic Cavalier, pp. 123-124.
68. Manuel de Salcedo a Nemesio Salcedo, Mapimí, 14 de agosto de 1811,
AGN-OG, vol. 986.
69: Manuel de Salcedo a Nemesio Salcedo, San Fernando de Béjar, 18 de
288
NOTAS DEL EPILOGO
289
NOTAS DEL EPILOGO
AGENL-G, 1810-1821.
79. Juan Manuel Zambrano al [rey], México, 31 de mayo de 1816, AGN-PI,
vol. 244, exp. 8; Garrett, Creen Flag, pp. 138-151.
80. Joaquín de Arredondo al obispo Marín de Porras, Cuartel General de
Béjar, 13 de enero de 1814. En su contestación el obispo decía: "Tengo las
manos atadas para resolver en el suceso de la casa del billar de esa ciudad
entre el subdiácono, teniente coronel Zambrano y el alférez don Miguel
Pando, sin oírle primero las excusas. .."El obispo a Joaquín de Arredondo,
Monterrey, 16 de febrero de 1814, AGENL, asuntos eclesiásticos, 1804-1823.
81. Diversos documentos en AGN-PI, vol. 244, exp. 8.
82. Chabot, Texas, pp. 124 y 127.
83. Antonio Cordero a Juan Ruiz de Apodaca, Arizpe, 12 de enero de 1817,
AGN-PI, vol. 189, exp. 3; Antonio Cordero a Juan Ruiz de Apodaca,
Arizpe, 20 de agosto de 1817, AGN-PI, vol. 255; Almada, Diccionario, p.
116.
84. Faulk, The Last Years, pp. 34-36.
85. Alessio Robles, Coahuila y Texas desde la consumación, I, 191 y 227;
Almada, Diccionario, p. 559.
86. Alessio Robles, Coahuila y Texas desde la consumación, I, 43, 44n, 227
y 227n. Dionisio Elizondo era originario de Pesquería Grande y contrajo
matrimonio en Lampazos el 25 de febrero de 1816. Residía entonces en la
hacienda de El Álamo. Archivo Parroquial de Lampazos, matrimonios,
vols. 1-3 (1700-1829), CD-ITESM.
87. Alessio Robles, Coahuila y Texas desde la consumación, I, 442.
88. Pike, The Joumals, I, 436n.
89. De la Fuente, Hidalgo Intimo, p. 390.
90. Isidro Vizcaya Canales, La invasión de los indios bárbaros al noreste de
México en los años de 1840 y 1841, pp. 183, 183n, 184 y 185n.
91. Diversos documentos, AGENL-RM.
92. Ricardo Covarrubias, Gobernantes de Nuevo León, 1582-1961, p. 42.
93. Primo, obispo del Nuevo Reino de León a Ciríaco González Carvajal,
villa de Saltillo, 10 de septiembre de 1813, Archivo General de Indias,
Guadalajara 561. En carta que el obispo escribió de Saltillo, anunciaba
llegaría a Monterrey el "viernes inmediato," que hubiera sido el 23 de
octubre, pero es probable se haya demorado algunos días en esa villa.
Primo, obispo del Nuevo Reino de León a los señores de la Junta Goberna-
dora e Ilustre Ayuntamiento de la ciudad de Monterrey, Saltillo, 16 de
octubre de 1812, AMM, correspondencia.
94. Pérez-Maldonado, El Obispado, p. 162.
95. Cossío, Historia, pp. 30 y 61.
290
NOTAS DEL EPILOGO
291
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LAS FUENTES, EN PARTICULAR
LAS RELACIONADAS CON LOS ACONTECIMIENTOS
DE ACATITA DE BAJAN
293
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LAS FUENTES
trabajos que hacen alusión a los acontecimientos de 1810 y 1811, pero entre
los consultados merecen mencionarse: Creen Flag Over Texas de Julia
Kathryn Garrett, Texas In 1811 de Frederick C. Chabpt, The Last "Years of
Spanish Texas, 1778-1821 de Odie B. Faulk, Tragic Cavalier de Félix D.
Almaraz, Jr., que es un estudio de la administración de don Manuel Salce-
do y la obra monumental de Carlos E. Castañeda, Our Catholic Heritage in
Texas, cuyo sexto tomo está dedicado a los sucesos durante la Guerra de
Independencia.
De todos los acontecimientos de las Provincias Internas, es natural que
al que se le ha dado mayor importancia, sobre todo en las historias
generales de México, es a la captura de los primeros caudillos de la Indepen-
dencia en Acatita de Bajan, pero sobre este incidente se han ido perpetuan-
do una serie de errores, que hacen necesario hacer algunas rectificaciones.
El iniciador de estas aberraciones fue don Carlos María Bustamante,
quien con su Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana dice sobre el
origen de la emboscada de Bajan lo siguiente: "El teniente coronel don
Ignacio Elizondo (de fatal memoria), se mostró adicto a la Independencia y
comenzó a trabajar por ella, haciendo que la adoptasen las cuatro Provin-
cias de Oriente que levantó a favor de la causa. Creyóse con este servicio
autorizado, para pretender el grado de teniente general; no pareció bien a
Allende esta demanda sino pretensión desaforada, y no vino en otorgársela.
Tan justa negativa desplació mucho a Elizondo. El obispo de Monterrey que
iba en fuga y a quien fue a alcanzar Elizondo le habló sobre la revolución y
pretendió seducirlo a que volviese al partido español y fácilmente lo consi-
guió: entonces fue cuando concibió el pérfido proyecto de arrestar a Allende
y a los demás generales." (I, 155).
Estas cuantas líneas, redactadas en forma tan curiosa, son el origen de
toda una leyenda. Bustamante muestra un desconocimiento absoluto de lo
que eran las cuatro Provincias de Oriente y habla de ellas como si se tratara
de un municipio. ¿Qué poder o influencia especial tenía Elizondo para
atraer a la insurgencia a las cuatro provincias? Si esto hubiera hecho, bien
merecía el grado de teniente general, pues habría sido el individuo que más
territorio conquistara para el movimiento, y más, cuando se ha visto que
simples cabos como Juan José Treviño de Nuevo Santander y Tomás María
Flores de Nuevo León, cuyo único mérito fue pasarse a los insurgentes con
unos cuantos soldados, obtuvieron inmediatamente el grado de tenientes
coroneles.
La versión de Bustamante es la que han repetido casi todos los historia-
dores y algunos de ellos se han encargado de reforzarla. El doctor José
Eleuterio González dice en su Colección de noticias y documentos para la
294
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LAS FUENTES
historia del Estado de Nuevo León: "Don José María Elizondo, hermano del
traidor don Ignacio, a quien yo pregunte' el año de 39, si era cierto que el
obispo había tenido parte en esto, me dijo: que el dicho obispo había salido
de Monterrey con ánimo de embarcarse, desde que se ganó la batalla de
Aguanueva, pero que no llegó ni al Refugio (Matamoros) sino que por ahí de
Camargo se había vuelto, y andaba por los pueblos del norte de la provin-
cia. Que el día que su hermano vino a Pesquería resentido de los generales,
porque no habían atendido su mérito, el obispo que estaba cerca de Salinas
había ido a Pesquería y había pasado la noche en la casa de su hermano
don Ignacio. Que él no sabe de qué hablarían, ni vio a su hermano al día
siguiente, porque al amanecer se había ido el obispo para el rancho de
donde había venido, y su hermano para Monclova." (pp. 228-229).
Por su parte el historiador David Alberto Cossío, sin mencionar ningu-
na fuente, afirma en su compendio de Historia de Nuevo León: "Entre las
tropas del ex-gobemador de Coahuila, dispuestas poco tiempo antes a
combatir a Jiménez en Aguanueva, iba un capitán de Pesquería Grande, hoy
villa de García, muy prestigiado entre los soldados de La Colonia, de
nombre don Ignacio Elizondo, y este jefe, de manera espontánea, se pasó a
las filas de los independientes, como tantos otros.'' Más adelante continúa:
"En Salinas, logró ponerse de acuerdo con el obispo Marín de Porras, que
se ocultaba de los independientes, y oyendo sus insinuaciones y las de otros
europeos, preparóse para consumar su rastrero pensamiento de traicionar a
Hidalgo y a los suyos, "(p. 114).
Hasta hace unos cuarenta años, los únicos que habían puesto en duda
la versión iniciada por don Carlos María Bustamante eran don Lucas
Alamán y don Francisco Bulnes.
Alamán dice en el segundo tomo de su Historia de México; "Era
Elizondo capitán de una compañía presidial, y habiendo tomado parte en la
revolución, se había disgustado después, según se dice, porque no había
sido remunerado como pretendía." (p. 173). Sobre el obispo Marín de
Porras simplemente afirma que "Se fugó y pudo embarcarse." (p. 96).
En cambio, don Francisco Bulnes, que no hizo ninguna investigación
original, pero que conocía muy bien las veleidades de la política en México
hace en La Guerra de Independencia el siguiente comentario: "Yo no creo
que Elizondo haya tenido necesidad del injustificado desaire de Allende para
lanzarse a la traición. Cuando una revolución va para arriba hay multitud
de personas que solicitan sus favores, pero cuando va para abajo a lo que es
peor, cuando la opinión la considera ya muerta, nadie pide a un muerto el
despacho de teniente general." (p. 158).
En la década de los treintas, el historiador Vito Alessio Robles, quien
295
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LAS FUENTES
zonto con el archivo del tesorero don Manuel Royuela, se dedicó con
mucho fervor a tratar de demostrar que Ignacio Elizondo nunca había sido
insurgente. En esta tarea, aportó documentación muy valiosa, hasta enton-
ces desconocida, y expuso sus argumentos en el libro Coahuila y Texas en
la Época Colonial y en diversas publicaciones, de las cuales, las más
importantes, fueron una serie de quince artículos, que a fines de 1937 y
principios de 1938, publicó en el diario Excélsior y en varios periódicos de
provincia.
Algunos historiadores modernos han seguido el punto de vista expuesto
por Alessio Robles; destaca entre ellos don Luis Castillo Ledón en su
Hidalgo, la Vida de un Héroe. Alessio Robles sostiene que Ignacio Elizondo
nunca fue insurgente, que no estuvo en Aguanueva, que no conoció a
Allende, y por lo tanto, no pudo pedirle un ascenso, y que el obispo Marín
de Porras no tuvo ninguna intervención en la planeación de la emboscada
de Bajan, sin embargo, sus pruebas no son totalmente convincentes.
Es increíble que la persona que con más precisión relata, y en unas
cuantas líneas, lo relativo a la contrarrevolución en las Provincias Internas
de Oriente, fue quien primero escribió de estes acontecimientos. Se trata de
fray Servando Teresa de Mier en su obra Historia de la Revolución de
Nueva España, la cual publicó el año de 1813 en Londres, bajo el seudóni-
mo de José Guerra. Fray Servando dice haber obtenido su información de
los diversas partes publicadas en la Gaceta de México, pero también de una
carta larga y detallada de 30 de julio, escrita a Cádiz por un euro-
peo honrado que conozco y había escapado del Nuevo Reino de León
donde estaba casado y otras en fin de personas fidedignas de la provincia de
Coahuila." La carta a que hace referencia, dice el padre Mier, que fue
enviada desde Jalapa. (II, 374-377).
Se pensó que este europeo que escribía desde Jalapa podría haber sido
don Pedro de Herrera, quien al escapar de Nuevo León, rumbo a Altamira,
Tuxpan y Veracruz, estuvo muchos días en Jalapa. Pero no es posible que
haya sido don Pedro el que escribió la carta a que hace referencia el padre
Mier, pues éste llegó a México el 22 de marzo. Sin embargo, es muy
probable que alguna de las personas que iban acompañando a don Pedro se
haya quedado en Jalapa, quien conociendo bien a las gentes de las Provin-
cias Internas, y probablemente manteniendo correspondencia con algunas de
ellas, haya podido obtener la versión que recogió el padre Mier. Este dice
en el libro mencionado: "Elizondo era insurgente y con 120 hombres de su
opinión pasó al presidio de Laredo de la colonia del Nuevo Santander a
prender a los europeos reunidos allí y apoderarse de sus bienes, pero
malogró su viaje, porque noticiosos ellos, se habían fugado y andaban
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al bando realista.
El 17 de febrero, Elizondo estaba otra vez en el presidio de Río Grande,
pues su hermano don Nicolás relata que ese día se entrevistaron con
Royuela. Cuando los oficiales apresados en San Antonio llegaron a este
presidio, que fue probablemente el 19 de febrero, Elizondo todavía se
encontraba allí. Esto lo confirma don Juan de Castañeda quien era uno de
los prisioneros. Antes de esta fecha Elizondo no puede haberse entrevistado
con Allende, pues éste no llegó a Saltillo hasta el 24 de febrero.
Pero es conveniente seguir la ruta de Elizondo en estos días. El mismo
teniente Castañeda cuenta, que al día siguiente de su llegada a Río Grande,
salieron para Monclova, en donde estuvieron cinco días y luego se dirigie-
ron al valle de Santa Rosa y hacienda de Elizondo. De Río Grande (Guerre-
ro, Coah.) a Monclova hay más de 200 kilómetros de distancia y unos 175
de esta última población al valle de Santa Rosa (Múzquiz, Coah.). Por lo
tanto, se requerían cuando menos unos seis días para hacer este recorrido.
Si a éstos se agregan los cinco días que estuvieron en Monclova, no pueden
haber llegado a Santa Rosa hasta el 2 ó 3 de marzo. Ahora bien, aun supo-
niendo que Elizondo hubiera salido para Saltillo a ver a Allende, inmediata-
mente después de dejar a los prisioneros en el valle de Santa Rosa, no dispuso
mas que de diez días para recorrer unos 700 kilómetros, esto es de Santa
Rosa a Saltillo y de regreso hasta San Fernando (Zaragoza, Coah.), pues el
13 de febrero, que llegaron a esta última villa los capitanes Muñoz y Galán
enviados por la Junta de Béjar, encontraron a Elizondo ahí. Si se analiza
todo esto cuidadosamente, se llega a la conclusión de ser muy improbable el
que Elizondo se haya entrevistado con Allende. Por otro lado, ¿qué objeto
tenía que fuera a pedir un ascenso, cuando desde unas tres semanas antes de
la llegada de Allende a Saltillo, ya estaba tramando la contrarrevolución?
Es conveniente mencionar otras dos publicaciones relativas a los acon-
tecimientos de Bajan. Una de ellas es un folleto que divulgó en 1962 el señor
Apolinar Núñez de León titulado Los Andanzas de un Obispo y la Traición
de Bajón. El propósito de este opúsculo es confirmar que el obispo Marín de
Porras fue el inspirador de la emboscada de Bajan y que siguió escondido
en la región cuando los insurgentes la ocuparon. Sin embargo, la única
novedad que aporta es que en el Archivo Parroquial de Salinas existe una
dispensa matrimonial del 18 de febrero de 1811, para el casamiento de un
don Felipe Elizondo con doña María Dolores de Villarreal y otra -del 17 de
diciembre de 1810 para el casamiento de don Manuel Cisneros con Juana
Cantú, y ambas están firmadas por el obispo Marín. La segunda de estas
dispensas no indica nada, salvo que el obispo todavía se encontraba en
Monterrey, pues no había ninguna razón para que hubiera abandonado su
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ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LAS FUENTES
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ALGUNOS COMENTAR/OS SOBRE LAS FUENTES
ción, anduvo acompañando a Calleja en toda su campaña, incluso la batalla
del Puente de Calderón y no estuvo en el norte hasta algunos años después,
cuando fungió como gobernador de Nuevo León por corto tiempo. Además,
no es lógico que don Simón nombrara secretario a un individuo que tenía el
mismo grado que él, pues Villamil también era teniente coronel.
El doctor de la Fuente dice en "El Coronel Elizondo," que los presos
insurgentes entraron a Monclova la tarde del 22 de marzo y en Hidalgo
Intimo expone que fue el día 23 a las diez de la mañana. En ambos relatos,
refiere que los detuvieron en una fragua para ponerles grillos. En "El
Coronel Elizondo" afirma que sólo se los pusieron a Hidalgo, pero en
Hidalgo Intimo dice que también sufrieron esta humillación Allende, Abasó-
lo, Jiménez y Aldama. Relata igualmente que al llegar los prisioneros, "el
vecindario de Monclova, especialmente las señoras, derramaban lágrimas al
contemplar aquel cuadro." (p. 354). En cambio, fray Gregorio de la Con-
cepción, quien era uno de los prisioneros afirma que llegaron a Monclova el
día 22 en la noche y no relata nada de fragua ni de grillos, pero sí dice que
al entrar: "nos empezaron a decir mil dicterios, y hasta los muchachos nos
gritaban: ¡herejes, ladrones, mueran estos picaros y viva el rey! y aun nos
escupieron cuando nos bajaron a la casa que nos tenían prevenida." (El
Tiempo, 10 de junio de 1903).
También relata el doctor de la Fuente con lujo de detalles un baile que
se efectuó en la casa de don Ignacio Castro, quien según él era muy amigo
de don Pedro de Aranda, el gobernador insurgente de Coahuila, y ahí fue
en donde se aprehendió a éste. Vicente Flores, quien fue el designado por
los contrarrevolucionarios para seguir a Aranda no menciona ningún baile.
Por otro lado, Castro no debe haber sido tan amigo de Aranda, pues fue
uno de los vecinos de Monclova que acompañó a don Tomás Flores a
Bajan.
Sobre los acontecimientos de Bajan se han elaborado muchas leyendas;
sin embargo, los únicos documentos auténticos con que se cuenta para la
reconstrucción de la contrarrevolución de Monclova y la captura de los
caudillos insurgentes son: el parte de don Simón de Herrera al comandante
general, una carta de don Benigno Vela al obispo Marín de Porras y una
serie de documentos recopilados el año de 1824 por el presbítero José
Francisco Soberón, cura de Monclova. Todo este material proviene del
bando realista, y desgraciadamente el de los insurgentes es muy escaso,
pues, fuera de lo que declararon en sus procesos, los únicos documentos
confiables de participantes son: una carta bastante breve del licenciado
Manuel Mariano Joseph Garcés y las memorias de fray Gregorio de la
Concepción.
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ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LAS FUENTES
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cuenta que estuvo preso con otros 519 "jefes y oficiales" y que 306 de éstos
fueron fusilados (pp. 500-503). Aunque los insurgentes repartían los grados
militares con mucha liberalidad, no es creíble que casi las dos terceras
partes de los prisioneros tomados en Bajan fueran oficiales. Don Simón de
Herrera informa, en su parte al comandante general, que el total de los
capturados fueron 893.
Todas estas exageraciones y errores muy notorios determinan que no se
pueda confiar en las fuentes que se atribuyen a insurgentes. Esto hace que,
en el caso concreto de los acontecimientos de Bajan, se tengan que recons-
truir los hechos fundamentales con los datos dejados por los realistas. De
todas estas fuentes, la más importante es la relación de Vicente Flores al
comandante general. Es posible que éste haya hecho resaltar su participa-
ción en estos sucesos, pero es el único relato detallado, que además no
consigna errores absurdos y fue preparado inmediatamente después de los
acontecimientos.
Con relación a los aspectos más controvertidos de la conspiración que
llevó a la captura de los primeros caudillos de la Independencia, se puede
llegar a las siguientes conclusiones: Ignacio Elizondo sí fue insurgente, pero
no estuvo en el Campamento de Aguanueva y es muy improbable que se
haya entrevistado con Allende. Quien convenció a Elizondo de volver al
bando realista fue don José Ramón Díaz de Bustamante, comandante de
Laredo, y no el obispo Marín de Porras como se ha repetido con tanta
frecuencia. En esta conspiración tomaron parte las personas más influyentes
de Coahuila, incluso muchas que habían sido insurgentes o cuando menos
pretendieron contemporizar con la rebelión. En la dirección de la propia
emboscada de Acatita de Bajan, don Tomás Flores parece haber sido más
importante que Elizondo.
305
BIBLIOGRAFÍA
ARCHIVOS
307
BIBLIOGRAFÍA
Archivo Parroquial de Salinas Victoria
Bautismos
Archivo Parroquial de Villa de García
Bautismos
Matrimonios
Manuscritos de la Colección Conway, Biblioteca Cervantina, Instituto Tec-
nológico y de Estudios Superiores de Monterrey.
W.B. Stephens Collection, The University of Texas Library.
TESIS
MATERIAL IMPRESO
308
BIBLIOGRAFÍA
310
BIBLIOGRAFÍA
311
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Morris, Richard B. Enciclopedia of American History. Nueva York: Harper
and Row, 1965.
Muro, Manuel. Historia de San Luis Potosí. 3 vols. San Luis Potosí: M.
Esquivel y Cía., 1910.
Navarro García, Luis, José de Calvez y la Comandancia General de las
Provincias Internas. Sevilla: Escuela de Estudios Hispano-Americanos
de Sevilla, 1964.
Las Provincias Internas en el siglo XIX. Sevilla: Escuela de Estu-
dios Hispano-Americanos, 1965.
Navarro y Noriega, Fernando. Estado de la población del Reino de Nueva
España en el año de 1810, según los cálculos más probables formados
por D. Femando Navarro y Noriega con presencia de los mejores datos
que ha adquirido y cita en las advertencias y antecedentes. México:
Juan Bautista de Arizpe, 1820.
Nüñez de León, A. Las Andanzas del Obispo Marín de Porras y la Traición
de Bajan. Monterrey, 1962.
O'Gorman, Edmundo. Historia de las divisiones territoriales de México.
México: Editorial Porrüa, S.A., 1973.
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y comentados, 1596-1811. Monterrey: Impresora Monterrey, S.A., 1947.
Documentos históricos de Nuevo León, anotados y comentados,
segunda serie, 1812-1821. Monterrey, 1948.
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Porras y la emboscada de Bajan." Memorias de la Academia Mexicana
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Pompa y Pompa, Antonio, ed. Procesos inquisitorial y militar seguidos a
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cito y provincia en el Reino de la Nueva España. Madrid, 1786.
Revilla Gigedo, Conde de. Informe sobre misiones, 1793 e Instrucción reser-
vada al marqués de Branciforte, 1794. Editado por José Bravo Ugarte.
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Librería de Manuel Porrúa, 1972.
Zúñiga y Ontiveros, Mariano de. Calendario Manual y Guía de forasteros
en México para el año de 1803.
314
ÍNDICE ALFABÉTICO
315
ÍNDICE ALFABÉTICO
Allende, Domingo Narciso de: 87, Archivo General de la Nación: 5,
88, 89, 104, 123, 126, 151, 299, 303.
152. Argel: 257.
Allende, Ignacio: 88, 98, 99, 102, Arias, Joaquín: 98, 178, 279.
144, 145, 146, 155, 156, 168, Arista, Pedro: 4.
171, 172, 173, 174, 175, 178, Arizpe, Juan Ignacio de: 21, 183,
183, 184, 197, 198, 199, 217, 224.
252, 269, 270, 274, 278, 279, Arizpe, Son.: XIV.
294, 295, 296, 298, 299, 300, Arkansas, río: 133.
301, 302, 305. Armadillo, S.L.P.: 94.
Allende, Indalecio; 178. Arocha, Francisco: 268.
Allende y Ayerdi, Juan Antonio Arrambide, Juan Ignacio: 142, 212.
de: 88. Arredondo, Joaquín de: 160, 189,
Amador, Gregorio: 142, 212. 190, 191, 192, 193, 202, 203,
Amador, Ramón: 67. 206, 207, 208, 212, 213, 214,
América: 9, 82, 100, 110, 132, 178, 215, 216, 217, 218, 283, 284,
208. 286.
América del Sur: 11. Arredondo, José Marcos de: 8.
Anació, Coah.: 176, 240. Arrese, Julián de 234.
Anaya, Juan Pablo: 183. Arríela, José María de: 249, 279.
Andanzas de un Obispo y la Trai- Arroyo Hondo: 133, 135, 211, 265.
ción de Bajan, Las: 300 Arroyo Seco, S.L.P.: 59.
Angostura, La, S.L.P.: 77. Asientos de Ibarra, Ags.: 103.
Anhelo, Coah.: Ver Anaelo, Coah. Atascocito, Tex.: 32.
Aramberri, José: 108. Ayala, Cristóbal: 191.
Aramberri, N.L.: 48, 51, 60, 61, Ayala, José Agabo de: 143, 203,
82, 83, 102, 107, 109, 111, 268, 270.
114, 115, 119, 145, 146, 189, Ayala, José de: 35.
191, 203, 204, 281; compañía Ayarzagoitia, Francisco de: 86,
de milicias, 60, 116. 288.
Arancibia y Hormaegui, Ignacio de: Aysa, José María (Jusepe) de: 53,
217. 54, 60, 64, 90, 91, 103, 104,
Aranda, Pedro de: 108, 109, 127, 236, 244, 248.
128, 162, 168, 169, 171, 173, Azanza, N.L.: 43, 48, 74, 253;
176, 199, 217, 263, 299, 302. compañía de milicias, 44.
Arcos, Francisco de: 212.
Arcos, Luis de: 212. Báez de Benavides, José Ignacio:
Arcos, Miguel de: 34, 36, 37, 142, 123.
143, 168, 212.
316
ÍNDICE ALFABÉTICO
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ÍNDICE ALFABÉTICO
Brazos de Dios, río, Tex.: 214 181, 183, 190, 191, 192, 193,
Brickdale y Tres-Sierras, María 195, 197, 198, 204, 205, 207,
Josefa: 224 213, 215, 221, 236, 237, 240,
Bujanos, José: 147 248, 249, 253, 302
Bulnes, Francisco: 295 Camargo, Tamps.: 58, 59, 149,
Burgos, España: 15 150, 161, 195, 251, 270, 276,
Burguete, Antonio: 152 295
Bustamante, Carlos María: 183, Campa, S.L.P., cuesta: 78
244, 259, 279, 294, 295, 303 Campero, Justo Rufino: 249
Bustamante, José Ramón: Ver Díaz Campo: Pedro Simón del: 280
de Bustamante y Berroterán, Campos, Juan Isidro: 23
José Ramón Canales, José Joaquín: 8
Bustamante, N.L.: 86 Canarias, Islas: 13
Bustamante, Pedro: 102, 280 Candela, Coah.: 19, 27, 153, 185,
188
Caballero, Juan Ángel: 44 Canel, Carlos: 28
Cabildo de Monterrey: Ver Monte- Canelo, El, N.L., rancho: 111, 116,
rrey, Ayuntamiento 119, 145, 197
Cabrera, : 209 Cantú, Inocencio: 283
Cacho, José Jerónimo: 227 Cantú, Joaquín: 50
Cadena, conde de la: 61 Cantú, Juan: 289
Cadereyta, N.L.: XVI, 35, 48, 49, Cantú, Juana: 300
72, 81, 85, 102, 106, 188, 197, Cantú, Ramón: 104
208, 258; compañía de mili- Cañada Grande,. S.L.P., hacienda:
cias, 122 53, 236
Cádiz, España: 12, 13, 224, 296 Cañada Verde, Texas., paraje: 213
Cajas Reales de Saltillo: Ver Salti- Cao, Francisco Antonio: 192, 283,
llo, tesorería 284
California: XIV, XV, 41 "Capitán Colorado:" Ver Díaz de
Calvillo, Pablo José: 98 Bustamante y Berroterán, José
Calzado, Felipe: 35 Ramón
Calleja, Félix María: 1, 5, 7, 17, Capulín, Coah., puerto: 83, 89
18, 21, 22r 23, 26, 30, 31, 39, Carbonera, La, S.L.P.: 77
40, 41, 43, 44, 46, 50, 51, 52, Cárdenas, José Vicente de: 86
53, 54, 56, 57, 59, 60, 61, 62, Cardona, Antonio Guadalupe: 58,
63, 64, 65, 67, 69, 74, 75, 76, 238
77, 78, 82, 83, 90, 91, 92, 93, Carlos III: XIII
94, 95, 96, 97, 99, 102, 103, Carlos IV: 15
109, 113, 115, 125, 127, 137, Carneros, Coah., puerto: 89, 117,
138, 140, 151, 155, 173, 174, 197, 259
318
ÍNDICE ALFABÉTICO
Carrasco, Juan Bautista: 98, 127, 90, 100, 101, 103, 108, 115,
128, 129, 130, 145, 153, 154, 126, 130, 146, 197, 198, 240,
156, 158, 184, 188, 199, 202, 241, 268; Junta de Seguridad,
217, 262, 274 198
Carrasco, María Romana: 20, 229 Cedral, S.L.P.: 67, 68, 70, 82, 83,
Carrasco, Pedro Nolasco: 20, 21, 103, 115, 116, 256
128, 208, 229, 297 Cedros, Zac.: 64, 69, 248
Carrizal, El: Ver San Diego del Cerralvo, N.L.: 48, 50, 51, 188,
Carrizal, N.L. 195, 284
Carroza, La, Coah., paraje: 185, Cerritos de San Juan, S.L.P.: 77,
298 244
Casa Calvo, marqués de: 136, 231 Cevallos, Félix Rafael de: 116, 117,
Casas, José María de las: 191, 207 258, 272
Casas, Juan Bautista: 34, 128, 141, Cevallos, Pedro: 11
142, 143, 149, 162, 164, 165, Cevallos, Ramón de: 4, 222
166, 167, 168, 169, 200, 203, Cíbolo, arroyo, Tex.: 142
208, 210, 270, 271, 298, 299 Cinco Señores: Ver Jiménez,
Casas, Tamps.: 59, 114, 141, 147, Tamps.
148, 257, 289 Cinco Señores, Tamps., hacienda:
Caso, Juan: 212 125
Castañeda, Carlos E.: 294 Cisneros, Manuel: 300
Castañeda, Francisco: 206, 207, Ciudad del Maíz, S.L.P.: 29, 60,
287 75, 76, 77, 190, 207, 212, 233
Castañeda, José Domingo: 7, 8, 44, Ciudad Juárez, Chih.: 73, 242
49, 50, 61, 62, 63, 120, 122, Ciudad Victoria, Tamps.: 94, 95,
125, 153, 204, 240 96, 113, 114, 159, 190, 191,
Castañeda y Quevedo, Juan de: 16, 192, 206, 212, 239, 284
17, 18, 20, 21, 47, 52, 63, 84, Coahuila: XIII, XIV, XV, XVI, 12,
86, 121, 129, 142, 169, 199, 20, 23, 24, 25, 28, 32, 41, 45,
205, 206, 226, 236, 268, 287, 46, 57, 63, 64, 68, 71, 91, 113,
300 122, 133, 136, 140, 143, 148,
Castellanos, Faustino: 171 154, 162, 168, 169, 170, 171,
Castilla la Vieja: 15, 17 185, 186, 190, 193, 198, 199,
Castillo, Gordiano: 283 200, 201, 202, 205, 212, 213,
Castillo Ledón, Luis: 296 215, 216, 224, 226, 227, 256,
Castro, Ignacio de: 171, 302 268, 284, 293, 296, 297, 305;
Castro, Nicolás de: 108, 255 gobernador, 16, 17, 21, 23, 28,
Castro, Ramón de: XV 46, 64, 65, 68, 73, 96, 117,
Catorce, Real de, S.L.P.: 4, 65, 66, 134, 139, 209, 295, 297, 299,
67, 68, 69, 70, 71, 75, 82, 83, 302; tropa, 100, 103, 116, 118,
134, 297
319
ÍNDICE ALFABÉTICO
Coahuila y Texas en la Época Co- 141, 154, 156, 160, 169, 176,
lonial: 296 183, 193, 198, 201, 209, 211,
Coello, Juan José: 146 213, 214, 215, 224, 240, 256,
Cojo, El, Tamps., hacienda: 125, 258, 259, 260, 264, 265, 303
148, 149, 159, 160, 175, 190, Córdoba, Lorenzo: 159
191, 270 Coronel, Antonio: 39
Colección de documentos para la Corte de España, XIV, 11, 12, 135,
historia de la Guerra de Inde- 173
pendencia de México de 1808 Corte de Madrid: Ver Corte de
a 1821: 303 España
Colección de noticias y documen- Cortes de Cádiz: 13, 39, 212
tos para la historia del Estado Cortés, Francisco: 32
de Nuevo León: 293, 294 Cortés, Juan: 36
Colonia, La: Ver Tamaulipas Cortés, Miguel: 76, 77, 93
Colorado, río, límite norte de Te- Cortina Díaz, Toribio: 75, 76, 77,
xas: 17, 133 243
Colorado, río, Tex.: 134 Cos, Martín Perfecto: 216
Colotlán, Jal.: 11, 206 Cosío, Julián de: 67, 68, 69, 70,
Comandancia General: XIV, XV, 241
XVI, 34, 35, 41, 45, 46, 64, Cossío, David Alberto: 126, 127,
133, 137, 154, 183, 215, 232 225, 293, 295, 299
Comas, Las, Tamps.: 192 Covarrubias, Ramón: 21, 229
Con el cura Hidalgo en la Guerra Coyame, Chih.: 210
de Independencia: 304 Crespo, Antonio: 206
Concepción, Gregorio de la: Ver Cristo, José del: 21
Melero y Pina, Gregorio Croix: Ver Casas, Tamps.
Concepción, N.L.: 123 Croix, Teodoro de: XIV, 17, 226
Conchos, río: 275 Crousset, Juan: 104
Conde, Bernardo: 102 Cruillas, Tamps.: 152
Congreso Constituyente del Estado Cruz, José de la: 278
de Coahuila y Texas: 215 Cuadro Histórico de la Revolución
Congreso General: 198 Mexicana: 294, 303
Convento de Capuchinas Monte- Cuarta Compañía de Dragones
rrey, N.L.: 135 Provinciales de Nuevo León:
Cordero y Bustamante, Antonio: Ver Montemorelos, compañía
12, 13, 30, 32, 33, 35, 36, 46, de milicias
63, 64, 65, 66, 68, 71, 73, 74, Cuba: 139, 140, 154, 212
75, 82, 83, 90, 91, 92, 96, 103, Cuerpo de Caballería de la Fron-
104, 113, 114, 115, 116, 117, tera del Nuevo Santander: 43,
118, 119, 134, 135, 136, 140, 233
320
7ND/CE ALFABÉTICO
Chabot, Frederick C.: 289, 294 Domínguez, Cristóbal: 34, 35, 36,
Charcas, S.L.P.: 53, 99, 103, 146 37, 38, 136, 139,143, 209, 210,
Chico, José María: 200 215, 231
Chihuahua: provincia, XIV, 215, Domínguez, Ignacio: 200
242; vüla, XIV, XV, 36, 64, Dubois, ; 33
102, 113, 139, 170, 182, 198, Duforest, : 33
199, 200, 201, 202, 205, 208, Durango: ciudad, XIV, XVI, 137,
209, 217, 234, 252, 266 199, 205, 215, 249, 289; inten-
China, N.L.: 83, 88, 104 dencia, 218; intendente, 136,
Chirrio, Lorenzo: 126 151; provincia, XIV, 249
321
ÍNDICE ALFABÉTICO
Elizondo, María Elena: 216 Parías, Francisco Antonio: 186
Elizondo, María Guadalupe Loreta: Faulk, Odie, B.: 294
227 Federico el Grande: 25
Elizondo, María Rosalía: 227 Feliu y Togores, Andrés: 23
Elizondo, María Rosalía Basilia: 227 Fernández, Alejo: 191
Elizondo, Maximiano: 124 Fernández de Villamil, Bernardo:
Elizondo, Victoriana: 205, 287 50, 301, 302
Elorza, Antonio de: 66, 122 Fernández, José Antonio: 94, 250,
Elosúa, Antonio: 197 283
El Paso: Ver Ciudad Juárez, Chih. Fernández, Juan: 142
Encero, Llano del : 231 Fernández, María Josefa: 287
Encino, El, S.L.P., paraje: 78 Fernández, Vital: 27
Escalera, Alejandro: 32 Fernando VII: 26, 46, 51, 57, 99,
Escamilla, Francisco Ignacio: 142, 101, 110, 137, 166, 168, 177,
143, 165, 166, 167, 267 178, 179, 181, 183, 186, 192
Escanden: Ver Xicoténcatl, Tamps. Flandes: 13
Escoto, : 175 Flores, José Manuel: 84
Esnal, José María de: 105 Flores, Manuel: 179
España: 13, 25, 39, 40, 72, 73, 101, Flores, Manuel Antonio: XV
102, 105, 110, 132, 133, 134, Flores, Miguel: 98, 99, 252
135, 136, 139, 178, 204, 224, Flores, Tomás: 24, 25, 32, 33, 34,
274 128, 170, 171, 172, 175, 179,
Española, Isla de: 2, 4 180, 186, 200, 201, 302, 305
Estados Unidos de América: XVI, Flores, Tomás, María: 28, 38, 126,
XVII, 11, 13, 15, 25, 32, 33, 184, 185, 201, 294
35, 36,128,132,133, 134, 135, Flores, Vicente (alférez de las mili-
136, 139, 140, 155, 165, 167, cias de Texas): 142, 143
168, 171, 174, 189, 211, 212, Flores, Vicente (contrarrevolucio-
214, 216, 224, 231, 263, 266, nario de Monclova): 171, 172,
301, 304 175, 177, 178, 179, 194, 280,
Estanco Viejo, Montémorelos, 302, 303, 305
N.L.: 122 Florida Occidental: 84, 136, 138,
Europa: 132, 133, 139 139, 266
Excélsior: 296 Floridas, Las: XVII
Foncerrada, José Melchor de: 34,
Fajardo, Juan Francisco: 2, 3 36
Falco, Ramón: 36 Forlón, Tamps.: 125
Falcón, Pedro: 142 Francia: 1, 11, 13, 25, 72, 106, 132,
Parías, : 268 133, 136, 168
Parías, Andrés: 184, 281 Francois: 33
322
ÍNDICE ALFABÉTICO
323
ÍNDICE ALFABÉTICO
324
ÍNDICE ALFABÉTICO
325
ÍNDICE ALFABÉTICO
Horcasitas: Ver Magiscatzin, 189-193, 206, 208, 238, 243,
Tamps. 250, 257, 271
Hospital de Nuestra Señora del Ro- Iturbide, Agustín de: 201, 215
sario, Monterrey, N.L.: 27 Iturrigaray, José de: 15, 18, 19, 25,
Hospital Nuevo, Monterrey, N.L.: 26, 30, 31
135 Ixart, Francisco: 18
Hoyos, Matías de: 153
Hoyos, río de: Ver San Antonio, Jalapa, marqués de: 3
río Jalapa, Ver.: 125, 204, 296
Hoyos, villa de: Ver Hidalgo, Jaral, Gto.: 92
Tamps. Jaumave, Tamps.: 95, 145
Huachinango, sierra: 212 Jiménez de Ocón, Mariano: 98, 117
Hualahuises, N.L.: 146 Jiménez, José María: 175
Huasteca, La: 89, 149, 271 Jiménez, José Mariano: 93, 94, 98,
Huerta, José de Jesús: 101, 253 99, 100, 102, 108, 110, 111,
Humboldt, Alejandro de: 15 115, 117, 118, 126-131, 144,
145, 146, 148, 152-159, 162,
Ibarra, Juan Ángel de: 268 165, 167, 168, 171, 173, 174,
Ibarra, Manuel de: 119, 122 176, 178, 179, 184, 190, 193,
Ibave Buenaventura de: 188 194, 195, 199, 201, 206, 217,
Imaz y Altoloaguirre, Andrés de: 252, 255, 258, 259, 263, 272,
149, 297, 299 273, 274, 302, 304
Imperio Español: 16, 39, 132 Jiménez, Juan Nepomuceno: 159,
Inglaterra: 132, 133, 134, 224 202, 274, 286
Inguanzo, Antonio: 115, 120, 122 Jiménez, Matías: 33, 171, 182, 183,
Insúndegui, Domingo Eusebio de: 208
89, 151, 152, 272 Jiménez, Miguel María: 68
Intriago, Isidro: 195 Jiménez, Tamps.: 58,159, 202, 237,
Iriarte, cura: 244 261, 274
triarte, José Antonio: 257 José Antonio, indio: 273
Iriarte, José Blas: 150, 175, 185, Joya, La, Coah.: 176, 177
298 Juanicotena, Juan Fermín de: 58,
Iriarte, José Rafa«l: 69, 76, 78, 79, 94, 96, 147, 244, 245
93, 97, 99, 101, 183, 198, 244, Junta de Unión de Rentas: 299
249, 257
Iriarte, Juan José: 150, 298, 299 Kemper, Samuel: 211
Irigoyena, Bernardo á»; 244
Iturbe e Iraeta, Manuel de: 18, 56, Labarra, .: 268
57, 59, 76, 92-96,114,124,125, Labradores: Ver Galeana, N.L.
147, 148, 149, 154, 157-161, Lafuente, : 150
326
ÍNDICE ALFABÉTICO
327
ÍNDICE ALFABÉTICO
Lozano, Juan José: 29 Marín, Luis: 60, 97, 191, 239, 251
Luísiana: XVII, 11, 12, 25, 32, 33, Marín, Miguel, Rodrigo: 225
36, 132, 133, 134, 135, 136, Marín, N.L.: 48, 284
139, 140, 141, 142, 143, 149, Marroquín, Agustín: 175, 197
209, 210, 213, 218, 231 Martínez, Carlos: 200
Luzgardo, Joaquín: 289 Martínez, Domingo: 206
Martínez, Francisco: 191
Llamas, José del Carmen: 106 Martínez, José María: 78, 147, 148,
Llano del Viejo, Tamps.: 95 149, 157, 160, 175, 190, 191,
Llano, Julián de: 207 192, 193, 206, 244, 270, 283
Llano, Pedro Manuel de: 89 Martínez, Juan Manuel: 206
Llanos y Valdez, Andrés Ambrosio Mascareñas, Francisco: 200
de: 14, 15, 19, 20, 22, 23, 24, Masmela, Apolinar de: 140
104, 135, 225, 228 Matagorda, bahía, Tex.:. 189
Llera, Tamps.: 158 Matamoros, Tamps.: 150,153, 154,
161, 295
Madero, Evaristo: 205 Matehuala, S.L.P.: 6, 7, 50, 66,
Madero, Francisco I.: 205 67, 68, 70, 79, 82, 83, 90, 95,
Madero, José Francisco: 205, 287 99, 101, 103, 107, 108, 115,
Madison, James: 266 117, 122, 146, 197, 206, 304
Madrid, España: 11 Mateos, José: 212
Magee, Augustus William: 211 Mazoleni, Juan María: 58, 79, 147,
Magiscatzin, Tamps.: 160 244
Maíz, Valle del: Ver Ciudad del Medina, Carlos: 102, 109, 171
Maíz, S.L.P. Medina, río, Tex.: 213, 214, 216
Málaga, España: 136 Melero, y Pina, Gregorio: 78, 101,
Maldonado, : 124 102, 128, 129, 130, 155, 156,
Maldonado, Ignacio: 200 175, 176, 177, 197, 205, 244,
Malo, Luis Gonzaga: 98, 200 249, 250, 251, 252, 258, 262,
Manuel Benavides, Chih.: 226 263, 279, 280, 302, 304
Mapimí, Dgo.: 209, 210 Melgares, Facundo: 114, 131, 151,
Marañen, Domingo: 122 154, 195, 259, 273, 304
Marco, Lucas: 68 Menchaca, José: 128,163, 168, 169,
Marichalar, Francisco Javier: 72 182, 262, 276, 297, 298, 299,
Marín de Porras, Primo Feliciano: 304
15, 16, 19, 22, 23, 27, 30, 34, Menchaca, Juan José: 32
39, 51,149,162,163, 164, 175, Mendiola, José Andrés: 52, 74, 84,
185, 214, 216, 225, 240, 284, 86, 90, 119, 203, 246
295, 296, 297, 298, 300, 302, Mereles, Luis Gonzaga: 98
305 Mercado, José Nicolás: 106
328
7ND/CE ALFABÉTICO
329
ÍNDICE ALFABÉTICO
121, 129, 149, 181, 216, 225, Navarro y Noriega, Fernando: 263,
263, 293; colegio seminario, 14; 284
compañía volante, 17; obispo, Nayarit: 11
XVI, 149, 294 Nevé, Felipe de: XIV
Monzón, José Plácido: 199, 200, 201 Nieto, Juan Nepomuceno de : 40,
Mora, José María Luis: 42, 279 232
Morales, José Eulogio: 106 Nolan, Felipe: 63, 367
Morelia, Mich.: 15, 199 Norma, Rosarito: 3
Morelos, Coah.: 205 Noroña, Jacinto: 200
Morfi, Juan Agustín de: 226 Norteamérica: 35
Mota, valle de la: Ver General Te- Nueces, río: 213
rán, N.L. Nuestra Señora de Guadalupe del
Movila: 167, 257 Conchos: 161, 275
Muertos, cuesta de los: 73, 81, 82 Nuestra Señora de Salinas: Ver Sa-
Múgica, Juan Antonio: 86, 105 linas Victoria, N.L.
Muñiz, Juan: 190, 191, 193, 270, Nueva España: XIII, XIV, XVI,
283 XVII, 1, 2, 8, 11, 12, 15, 16,
Muñoz, José María: 37, 167, 168, 17, 25, 30, 41, 43, 46, 47, 88,
300 97, 208, 232, 266, 284
Murguía, Rafael: 157 Nueva Galicia: 269
Murphy, Diego: 139 Nueva Orleans, La.: 136, 139, 140
Múzquiz, Coah.: 24, 28, 32, 33, 35, Nueva Vizcaya: XIV, XV, XVI, 41,
46, 119, 169, 170, 176, 200, 46, 161, 215, 259, 273
205, 216, 258, 300 Nuevo León: XIII, XIV, XV, XVI,
Múzquiz, Miguel: 167, 289 1, 3, 5, 8, 9, 10, 11, 13, 14,
16, 17, 20, 21, 24, 25, 26, 29,
Nacogdoches, Tex.: 15, 32, 33, 35, 34, 35, 39, 40, 41, 42, 43, 44,
46, 132, 140, 143, 170, 209, 45, 47, 48, 54, 56, 57, 60, 74,
211, 214 76, 82, 83, 84, 86, 88, 89, 90,
Naola, Tamps.: 99 95, 97, 99, 102, 105, 107, 111,
Napoleón I: XVII, 26,122, 132,133, 113, 114, 118, 119, 125, 126,
165, 207. 130, 131, 133, 134, 140, 144,
Natchez, Miss.: 33 151, 152, 154, 157, 162, 184,
Natchitoches, La.: 15, 32, 141 186, 188, 193, 201, 202, 203,
Nava, Coah.: 32, 287 204, 205, 208, 212, 216, 224,
Nava, Pedro de: XV 256, 260, 264, 267, 272, 284,
Navarro, coronel: 289 293, 294, 296, 297; Archivo
Navarro García, Luis: 264 General del Estado, 127, 228,
Navarro, Pedro: 200 234, 236, 248, 289, 293; con-
greso, 203; gobernador, 1, 2,
330
ÍNDICE ALFABÉTICO
7, 22, 23, 30, 37, 56, 57, 61, Our Catholic Heritage in Texas: 294
91, 129, 134, 138, 139, 227,
302; Junta de Gobierno, 127, Pabellón, Ags.: 147, 156
186, 187, 188, 202, 203, 208, Pablillo, N.L., hacienda: 109
216, 281, 288, 299; Junta De- Padüla, Tamps.: 57, 58, 93, 125,
partamental, 217; obispo, 271, 147, 148, 157, 159, 193, 206
299; tropas, 30, 34, 39, 43, 44, Palomas, río, Tamps.: 125
46,'^Sl, 52, 62, 65, 66, 67, 71, Pando, Miguel: 289, 290
75, 79; 82, 91, 100, 116, 118, Pantaleón: 33
125, 134, 136, 138. 142, 145, Panuco, río: 299
151, 167, 169, 179, 201, 204, Panuco, Ver.: 148
229, 236, 297 Panzacola: 257
Nuevo México: XIV, XV, 41, 73, Paraguay: 224
133 Paras, Vicente: 124
Nuevo Reino de León: Ver Nuevo Paredes, José Miguel: 114, 147, 238,
León 244, 245, 250
Nuevo Santander: Ver Tamaulipas Parida, La, S.L.P.: 70
Núñez de Esquivel, Melchor: 47, Pariente, Benito: 153
80, 86, 105, 187, 288 Parra : 289
Núñez de León; Apolinar: 300, 301 Parras, Coah.: XVI, 106, 115, 131,
Núñez Parías, Viviano: 94, 100, 151, 154, 171, 174, 175, 183,
206, 250, 252, 283 195, 198, 199, 259, 273; distri-
to, XIV, XV, XVI; milicias, 119
Obras completas del doctor José Parras, compañía volante: Ver San
Eleuterio González: 304 Carlos de Parras
Ocampo, Tamps.: 58, 59 Parras, José Gabriel: 142
Océano Pacífico: 73 Pastor de Ibarra, Justo: 152
Ocón y Trillo, Juana: 276 Patos: Ver General Cepeda, Coah.
Octava Compañía de Dragones Pedraza, : 116
Provinciales del Nuevo Reino Penilla, José Eugenio de la: 97, 101
de León: Ver Salinas Victoria, Península, La: Ver España
compañía de milicias Peña, escaramuza de la: 17
Ochoa, Gaspar de: 154, 198, 259 Peña, José de la Peña: 207
Ochoa, Juan Manuel de: 115, 183, Peña, Juan Nepomuceno de la: 183
197, 259, 260, 281 Peñeiro, Juan López: 146
Olmedo, Francisco: 102 Peotillos, S.L.P.: 77, 92
Orive, Manuel de: 150 Perca, Ignacio: 251
Ortiz de Zarate, Manuel Antonio: Perca, Ramón: 147
60 Pereyra, Anselmo: 248
Oterrena, Pedro de: 63
331
ÍNDICE ALFABÉTICO
Pereyra, Francisco: 68, 142, 212, Pozo del Carmen, S.L.P., hacien-
248, 268 da: 77, 78, 79, 92, 249, 304
Pérez, Benito: 234 Pozos, Los, S.L.P.: 78
Pérez de la Carda, Manuel: 85, 106 Presas del Rey: Ver Aldama, Tamps.
Pérez Calvez, José: 145 Presidio, del Norte: 17, 198, 200
Pérez, Ignacio: 167 Pretil, Tamps., hacienda: 125, 190,
Pérez, José Manuel: 202 191, 283
Pérez, José María: 101, 252 "Prisión de Hidalgo en Acatita de
Pérez, Juan: 154 Bajan:" 303
Pérez-Maldonado, Carlos: 225, 293 Provincias Internas: XIII, XIV, XV,
Pérez Rey, Josef: 150,151, 270, 273, XVI, XVII, 12, 17, 24, 35, 68,
276 79, 83, 91, 113, 114, 133, 136,
Pérez Soto, Andrés: 68, 69 139, 144, 157, 161, 175, 181,
Pérez, Trinidad (sargento en Texas): 183, 194, 212, 218, 219, 252,
142 294, 296, 303, 304
Pérez, Trinidad (alférez de Coahui- Provincias Internas de Occidente:
la): 199, 200 XV, 133, 207, 215
Perú: XIV Provincias Internas de Oriente: XIII,
Pesquería Grande: Ver García, N.L. XV, XVI, 13, 14, 32, 79, 116,
Peyotes, Coah., misión: 182 121, 127, 132, 133, 148, 154,
Pike, Zebulon Montgomery: 12,13, 156, 160, 163, 193, 194, 199,
113, 135, 224, 264 202, 208, 212, 213, 215, 217,
Pila, La, S.L.P., hacienda y cam- 284, 293, 294, 296, 299, 301
pamento: 52, 54 Puebla, Pue.: 110
Pilón, boca, N.L.: 73, 82, 83, 94, Pueblo Viejo, Ver.: 125, 149, 150,
242 160, 189, 271, 299
Pilón, río, N.L: 60, 119, 122 Puente de Calderón, batalla: 130,
Pilón, valle del: Ver Montemore- 151, 154, 156, 163, 174, 189,
los, N.L. 193, 195, 259, 276, 302
Fio VII: 15 Puerteólo, H, Monclova, Coah.:
Plaza, José María: 83 172, 176
Polanco, Manuel: 275 Puerto de Piñones, batalla: 183,
Ponce, : 279 193, 197, 200
Porras, Angela de: 225 Punta del Espinazo, Coah.: 176
Porras, Muñoz, Guillermo: 257 Punta de Venegas, S.L.P.: 66, 67,
Portillo, Silvestre: 53, 236 241
Portugal: 224 Punta, La: Ver Lampazos, N.L.
Portugal, Onofre: 110 Puglia, doctor: 90
Potosí, N.L., hacienda: 60, 90,116,
118, 122, 126, 145, 204
332
ÍNDICE ALFABÉTICO
Querétaro, Qro.: XIV, 61, 77, 88, Real de Borbón: Ver Villagrán,
110 Tamps.
Quesada, Antonio: 146 Real Hacienda: 6, 82, 86, 87
Quijano, María Luisa: 130 Refugio: Ver Matamoros, Tamps.
Quin, Miguel: 33 Regencia, bergantín: 189
Quinta Compañía de Dragones Regimiento de Dragones de Espa-
Provinciales de Nuevo León: ña: 1
Ver Linares, compañía de mi- Regimiento de Dragones de San
licias Carlos: 2, 3, 4, 5, 6, 42, 43,
Quintero, Cayetano: 125, 243, 275 45, 115, 135, 222, 244, 260
Quintero, José: 125 Regimiento de Dragones de San
Quintero, Juan: 125, 243, 250 Luis: 43, 45, 135, 260
Regimiento de Güimar: 11
Rábago, José de: 171, 182, 183, 208 Regimiento de Infantería de Astu-
Rábago, Nepomuceno: 179 rias: 14
Rafaelillo: 154, 273 Regimiento de Infantería de Zamo-
Ramírez, : 270 ra: 1, 11
Ramón, Antonio: 16 Regimiento de Infantería Provincial
Ramón de Burgos, Juan Ignacio: 16, de México: 1
17, 18, 35, 36, 46, 47, 52, 54, Regimiento de la Corona: 54, 244
71, 75, 80, 86, 102, 103, 1Q4, Regimiento de la Reina: 135
107, 108, 109, 110, 111, 114, Regimiento de Nueva España: 1, 2,
115, 116, 119, 131, 134, 135, 4
143, 145, 157, 178, 199, 202, Regimiento de Nueva Galicia: 135
203, 205, 209, 217, 226, 233, Regimiento Fijo de Veracruz: 160,
236, 246, 255, 263, 264 189, 192, 197, 206
Ramón, Diego: 16, 226 Regimiento Provincial de Vallado-
Ramón, Domingo: 16, 226 lid: 231
Ramón, Ventura: 122, 124, 171, Reina, José María: 255
199, 200, 201, 202 Reina, Juan: 38
Ramos, Andrés Florencio: 185 Reina, Miguel de: 142, 204
Ramos de Arizpe, Miguel: 13 Rengel, José Antonio: XIV, XV
Ramos, José Antonio: 68 República Francesa: Ver Francia
Rancho Grande, Zac., hacienda: Revilla Ver Guerrero, Tamps.
205 Revilla Gigedo, conde de: 15
Rancho Viejo, N.L.: 188 Reynosa, Tamps.: 29, 149, 150,
Rayones, N.L.: 119, 260 161, 175, 185, 270, 298
Rayón, Ignacio: Ver López Rayón, Rigada e Inda, Antonio de la: 71
Ignacio Río Blanco: Ver Aramberri, N.L.
Río de la Plata: 11
333
ÍNDICE ALFABÉTICO
Río Grande: 45, 132, 134, 140, 141, Sacramento, Tamps., hacienda: 153
149, 275 Sada, Fermín de: 47, 80
Río Grande, compañía presidial: 64, Sada, José María de: 52, 86, 91,
142, 170, 171 112, 114, 116, 255, 256
Río Grande, presidio: Ver Guerre- Sada, Matías de: 8, 86, 152
ro, Coah. Sáenz, Antonio: 141, 142, 143, 165,
Río Salado, compañía volante: 17 166, 167, 267
Río Verde, S.L.P.: 43, 59, 60, 69, Sagrario, El, Monterrey, N.L.: 47,
97, 233, 239, 249, 251 48, 80
Riul, batalla: 91 Salado Alvarez, Victoriano: 224
Rivas, Antonio: 175, 180 Salado, batalla: 212
Rivera, José Francisco: 256,259, 262 Salado, El, S.L.P.: 70
Rivera, Rafael: 191 Salazar, Juan: 100, 102, 110, 118,
Rodríguez, : 289 130, 153, 155, 162, 163, 165,
Rodríguez, Jesús: 177 166, 174, 198, 200, 208, 263,
Rodríguez Joaquín: 176, 177 272, 273, 276, 301, 303
Rodríguez, José Cristóbal: 68 Salcedo, José Antonio: 268
Rodríguez, Pedro: 142, 283 Salcedo, Manuel Juan de: 136
Rodríguez, Sebastián: 33, 35, 36, Salcedo, Manuel María de: 84, 127,
140, 170, 171, 179, 231, 278 136-143, 162, 163, ,164, 165,
Rojano, José Vicente: 251 167, 169, 170, 182, 183, 193,
Rosa, doña: 2, 54 198, 199, 204, 205, 208, 209,
Rosillo: Ver Salado, batalla 210, 211, 212, 213, 214, 216,
Rossi,, José de: 139, 140, 214 263, 266, 268, 277, 278, 294,
Royuela, Manuel: 105, 127, 128, 298, 301
130, 141, 150, 155, 165, 168, Salcedo y Salcedo, Nemesio: XV,
169, 170, 175, 181, 256, 280, 24, 34, 57, 64, 113, 114, 133,
296, 299, 300 135, 136, 140, 167, 170, 198,
Ruguier, : 36 209, 211, 234, 236, 264, 301
Ruiz de Apodaca, Juan: 207, 237 Salinas, Bartolomé: 188
Ruiz de Larramendi, Pedro: 248, Salinas, S.L.P.: 66, 69, 97
249 Salinas Victoria, N.L.: 19, 43, 48,
Ruiz, José María: 238 51, 75, 81, 131, 184, 228, 284,
Rumayor, José Manuel de: 36 289, 295, 299; archivo parro-
Ruvalcaba, Alejo: 25, 38 quial, 227, 300, 301: compañía
de milicias, 19, 134, 224, 229,
Sabinas, río, Coah.: 24 267
Sabinas, río, Tex.: 133, 135, 211, Saltillo, Coah.: XVI, 7, 8, 15, 16,
263, 265 30, 44, 46, 49, 50, 51, 60, 62,
Sacramento, colonia: 11 63, 64, 65, 66, 68, 69, 70, 71,
334
ÍNDICE ALFABÉTICO
73, 79, 82, 83, 90, 94, 99, 102, San Bernardo, bahía, Tex.: 134,
108, 116, 117, 118, 119, 122, 140, 189
126, 127, 128, 129, 130, 131, San Buenaventura, Coah.: 21, 175,
137, 142, 145, 146, 152, 153, 201
154, 155, 156, 162, 168, 170, San Carlos: Ver Manuel Benavides,
171, 172, 174, 175, 177, 181, Chih.
183, 184, 193, 195, 197, 199, San Carlos de Parras, compañía
201, 209, 216, 234, 240, 248, volante: 17, 46, 134, 140, 142,
252, 258, 259, 260, 262, 272, 206
278, 279, 281, 283, 286, 290, San Carlos, Tamps.: 56, 57, 58,
298, 300, 301, 304; cabildo, 64; 59, 83, 88, 93, 124, 153, 156,
casas • reales, 8: distrito, XIV, 159, 237
XV, XVI; feria, 25, 26, 31, 49, San Cayetano, goleta: 189
50, 52; tesorería, XVI, 74, 81, San Cristóbal: Ver Hualahui-
82, 90, 105, 127, 128, 139 ses, N.L.
Salvatierra, Martín: 126, 127 Sánchez, José Juan: 234, 304
San Agustín de Laredo: Ver Lare- Sánchez, José María: 268
do, Tex. Sánchez, Juan: 68
San Antonio de Béjar: Ver San An- Sánchez, Navarro, José Melchor:
tonio, Tex. 169, 183
San Antonio de Béjar, compañía Sánchez Navarro, José Miguel: 169,
presidia!: 46 183
San Antonio de la Bavia, compa- San Diego del Carrizal, N.L., ha-
ñía presidial: 16, 46, 64, 171; cienda: 19, 20, 22, 23, 24, 27,
presidio, 65, 200 44, 228
San Antonio de Valero, misión: 36, San Felipe de China: Ver China,
134, 264 N.L.
San Antonio, río, N.L. y Tamps.: San Felipe, Gto.: 93, 98
60 San Fernando de Austria: Ver Za-
San Antonio, Tex.: XVI, 12, 24, ragoza, Coah.
30, 31, 32, 33, 34, 36, 38, 46, San Fernando de Béjar: Ver San
49, 61, 128, 132,134, 135, 138, Antonio, Tex.
139, 140, 141, 142, 143, 149, San Fernando, Tamps.: 149, 150,
150, 155, 156, 160, 162, 164, 152
165, 168, 169, 175, 182, 184, San Francisco, Tamps., rancho: 152
185, 193, 195, 200, 205, 206, San Ginés, Manuel de: 92, 93,
209, 210, 211, 213, 214, 215, 249
216, 226, 233, 260, 264, 268, San Hipólito, hospital, México,
270, 273, 278, 279, 289, 297, D.F.: 214
298, 299, 300', 304 San Isidro, N.L., rancho: 115
335
ÍNDICE ALFABÉTICO
San José de la Noria: 88 San Miguel el Grande: Ver San
San Juan, madama: 3 Miguel Allende, Gto.
San Juan Bautista de Horcasitas de San Nicolás, Tamps.: 237
la Punta de Lampazos: Ver San Pablo, goleta: 189
Lampazos, N.L. San Pedro: Ver Garza García, N.L.
San Juan Bautista de Río Grande: San Pedro N.L., hacienda: 99
Ver Guerrero, Coah. San Rafael, N.L., paraje: 115
San Juan de Allende: Ver Allende, San Salvador, Zac.: 65, 66
Coah. Santa Ana, N.L., rancho: 124
San Juan de Canoas: Ver San Juan Santa Bárbara: Ver Ocampo,
de Sabinas, Coah. Tamps.
San Juan de los Lagos, Jal: 144 Santa Catalina, isla: 11
San Juan del Río, Dgo.: 246 Santa Catarina, cerro, N.L.: 26
San Juan de Sabinas, Coah.: 24, 25 Santa Catarina, N.L.: 63, 284
San Lorenzo, Coah., hacienda: 199 Santa Efigenia, N.L., hacienda: 106
San Luis de la Paz, Gto.: 98 Santa Engracia, Tamps., hacienda:
San Luis Potosí: ciudad, XV, 1, 3, 191
4, 5, 6, 7, 8, 9, 23, 27, 29, 30, Santa Gertrudis, Tamps., rancho:
41, 43, 49, 50, 52, 53, 54, 57, 151
58, 61, 62, 63, 66, 67, 68, 69, Santa, José María: 123
71, 74, 75, 76, 77, 78, 79, 80, Santa María, Coah., hacienda: 244
85, 90, 91, 92, 93, 95, 96, 97, Santa María, Manuel de: 1-11, 34,
98, 101, 103, 106, 115, 122, 36, 37, 39-42, 46-54, 60-63,
125, 127, 135, 147, 174, 183, 71, 73, 74, 75, 76, 80, 82-85,
190, 191, 195, 197, 198, 201, 87, 89, 90, 91, 94, 99, 100,
204, 236, 244, 301, 304; Con- 102-105, 107, 112, 114, 115,
taduría General de Real Ha- 116, 118-123, 126-131, 138,
cienda, 6; intendencia, XV, 139, 142, 145, 151, 153, 154,
218; intendente, 8, 39, 46, 75, 155, 169, 174, 180, 186, 193,
76, 98; provincia, 2, 4, 40, 43, 199, 201, 202, 203, 204, 205,
45, 94, 97, 103, 113, 153, 193, 217, 221, 222, 232, 236, 237,
197, 236, 252, 256; tesorería, 7 240, 244, 246, 248, 255, 256,
San Marcos, río, Tex.: 61, 214 260
San Mateo del Pilón: Ver Monte- Santa María y Escobedo, Manuel
morelos, N.L. Antonio de: 1, 221
San Miguel: Ver Rayones, N*L. Santander, villa: Ver Jiménez,
San Miguel Aguayo de Tlaxcala: Tamps.
Ver Bustamante, N.L. Santa Rita de Morelos: Ver More-
San Miguel Allende, Gto.: 1, 51, los, Coah.
59, 88
336
ÍNDICE ALFABÉTICO
Santa Rosa, boca y cuesta, N.L.: Sierra Madre Oriental: XIII, 93, 193
73, 82, 83, 107, 114, 118, 242, Sinaloa: XIV, XV
256 Soberón, José Francisco: 240, 302,
Santa Rosa, valle: Ver Muzquiz, 303
Coah. Sobrevilla, José Andrés de: 184,
Santiago, N.L.: 43, 44, 48, 51, 73, 194, 209, 216, 268
103, 124, 284 Sodupe, España: 88
Santiaguillo, Tamps.: 95 Soldevilla, Juan Antonio de: 6, 99,
Santo Domingo: 34, 212 223
Santos, Jacobo María: 66 Soledad, N.L., hacienda: 107, 108,
Santos, Juan José de los: 44, 86, 111, 115, 119, 255
103, 115, 119, 123, 124, 129, Solís, : 180
203, 253 Solís, Juan Bautista: 289
San Vicente, Coah., presidio: 200 Solís, Manuel Ignacio: 199, 285
Saques!, castillo: 4 Sombrerete, Zac.: 115, 205, 248,
Sauceda, José Antonio: 167 257
Sauceda, La, Tamps., rancho: 125 Someruelos, marqués de: 139, 140
Seguin, José Erasmo: 167 Sonora: XIV, XV, 41, 215, 269, 297
Segunda Compañía de Dragones Soto, Andrés: Ver Pérez Soto,
Provinciales del Nuevo Reino Andrés
de León: Ver Garza García, Soto la Marina, Tamps.: 74, 202,
N.L., compañía de milicias 217
Segunda Compañía Volante de Soto, Manuel de: 203
Nuevo Santander: 8, 57, 206, Suárez, Mariano: 249
207 Supremo Consejo de Regencia: 137
Semper, José María: 69, 70, 101,
130, 155, 197 Tacubaya, D.F.: 9
Séptima Compañía de Dragones Taboada, Manuela: 279
Provinciales del Nuevo Reino Tamarón, España: 15
de León: Ver García, N.L., Tamaulipas: XIII, XIV, XV, XVI, 5,
compañía de milicias 11,18,29,34,38, 39, 41,44,45,
Sepultura, La, Coah., paraje: 115 56, 57, 76, 78, 83, 88, 95, 97,
Serrano, Miguel: 47, 142, 143, 184, 100, 107, 109, 113, 114, 118,
205, 214, 268 121, 122, 133, 140, 141, 145,
Sevilla, España: 1, 221 148, 150, 152, 154, 156, 157,
Sexta Compañía de Dragones Pro- 158, 159, 160, 161, 162, 185,
vinciales del Nuevo Reino de 190, 193, 205, 206, 207, 208,
León: Ver Lampazos, compañía 211, 212, 237, 238, 244, 249,
de milicias 250, 257, 261, 267, 270, 274,
Sierra, : 171 284, 293, 294, 295, 296, 299;
337
ÍNDICE ALFABÉTICO
338
ÍNDICE ALFABETICE
339
fNDÍGE ALFABÉTICO
/iesca, Coah.: 199. 205, 264, 287 Yucatán: 232
/igueño, Tamps., rancho: 152
Mdózola, Juan: 3 Zacatecas: ciudad, XIV, 65, 66, 70,
Villagrán, Tamps.: 124, 148, 158, 76, 77, 78, 89, 91, 101, 103,
189 153, 174, 183, 248; intenden-
Villaldama, N.L.: 36, 37, 48, 50, cia, 218; provincia, 64, 205
74, 75, 80, 84, 122, 185, 201, Zamarripa, S.L.P., rancho: 113,
208, 212, 216, 226, 235, 282, 114
284, 298: compañía de mili- Zambrano, José Darío: 163
cias, 44, 49 Zambrano, José María: 163
ViUamil, Bernardo: Ver Fernández Zambrano, Juan José: 167
de Vülamil, Hernando Zambrano, Juan Manuel: 163, 164,
Villanueva, Juan Antonio: 111 165, 166, 167, 185, 186, 209,
Villarreal, José Santiago: 91, 131, 214,215, 276, 290
187, 188, 195, 226, 227, 263 Zambrano, Macario: 276
Villarreal, María Dolores de : 300 Zamora, Dionisio: 86
Villarreal, María Josefa de: 20, 227, Zamora, José María: 258
228 Zaragoza, Coah.: 32, 46, 142, 168,
Villarreal, Pedro (residente de Boca 276, 300
de Leones): 84 Zarza, Pedro: 25, 188
Villarreal, Pedro (cura del valle de Zerban, Federico: 33
la Mota): 88 Zermeño, María Ignacia: 146
Villaseñor, Cristóbal: 283 Zerratón, Alejandro: 69, 70, 197,
Villaseñor, José Ignacio: 189, 191, 198
192, 283 Zimapán, Hgo.: 14
Villaseñor, Vicente: 152, 153, 272 Zona Neutral: 211
Villegas, Vicente: 191
Villerías, Juan: 78, 101, 102, 117,
153, 188, 195, 203, 281, 283
Vivero, José: 23, 168, 187, 236
Vizcaya, España: 88
Voladora, goleta: 140
Washington, Jorge: 13
Wilkinson, James: 134, 264, 265
Xicoténcatl, Tamps.: 59
Xichú, Gto.: 98
340
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