0% encontró este documento útil (0 votos)
347 vistas360 páginas

Albores de La Independencia

Recuento de la insurrección independentista en la Provincias internas de Oriente en México
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
347 vistas360 páginas

Albores de La Independencia

Recuento de la insurrección independentista en la Provincias internas de Oriente en México
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA

1
PUBLICACIONES
DEL INSTITUTO TECNOLÓGICO Y DE ESTUDIOS
SUPERIORES DE MONTERREY

Serie: Historia
14

EN LOS ALBORES
DE LA INDEPENDENCIA
Las Provincias Internas de Oriente durante la
Insurrección de don Miguel Hidalgo y Costilla
1810-1811

POR
ISIDRO VIZCAYA CANALES

MONTERREY
1976
Primera edición: 1976

Derechos reservados

(c) 1976, Instituto Tecnológico


y de Estudios Superiores de Monterrey

Impreso y hecho en Monterrey, México.


A Olga Elena, María de los Angeles,
Guillermo Eduardo e Isidro Enrique
ÍNDICE GENERAL

Página

Agradecimientos IX
Nombres modernos de los sitios mencionados. XI
Introducción XIII
CAPITULO I El Gobernador del Nuevo Reino de León .... 1
CAPITULO II Desfile de protagonistas 10
CAPITULO III La falta de recursos 41
CAPITULO IV Expediciones frustradas 56
CAPITULO V Dificultades y alarmas 80
CAPITULO VI Los Insurgentes 97
CAPITULO VII Todo se derrumba 113
CAPITULO VIII La Región más expuesta 132
CAPITULO IX La Falta de Plan Insurgente 144
CAPITULO X Contrarrevolución 161
CAPITULO XI La Vuelta al Antiguo Régimen 184
Epílogo 197
Notas 221
Algunos comentarios sobre las fuentes, en par-
ticular las relacionadas con los aconteci-
mientos de Acatita de Bajan 293
Bibliografía 307
índice Alfabético 315

VII
AGRADECIMIENTOS

La preparación de este trabajo me ha llevado varios años. Durante


todo este tiempo he recibido estímulos constantes de numerosas personas a
quienes doy ahora mi más sincero agradecimiento.
Han leído el manuscrito antes de entregarse a la imprenta: don Eugenio
del Hoyo, encargado de la Biblioteca Cervantina del Instituto Tecnológico y
de Estudios Superiores de Monterrey, el licenciado Artemio Benavides,
director de la biblioteca de la misma Institución, los licenciados Alfonso
Rubio y Rubio, Jesús Montejano y Margarita del Valle de Montejano, así
como mi esposa Olga Elena Engroñat de Vizcaya. A todos ellos debo
valiosas indicaciones para el mejoramiento de la redacción.
Quiero igualmente dar las gracias a don Guillermo Porras Muñoz
quien me recomendó alguna bibliografía fundamental y a varias personas
encargadas de fondos documentales utilizados en este trabajo: a don Israel
Cavazos Garza, antiguo director del Archivo General del Estado de Nuevo
León, a quien debo indicaciones importantes sobre pistas que debía seguir
en el curso de mi investigación, al profesor J. Ignacio Rubio Mañé, director del
Archivo General de la Nación, a don Antonio Pompa y Pompa, director de
la biblioteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia, a la señorita
Carmen Perry de la Academic Library de St. Mary's University y a don
Ángel Rendón, director de la Biblioteca Universitaria Alfonso Reyes.

IX
NOMBRES MODERNOS DE LOS SITIOS MENCIONADOS

La nomenclatura de muchos de los lugares mencionados en este trabajo


ha cambiado con el tiempo. Además, antiguamente era costumbre llamar al
mismo sitio con dos o tres nombres distintos. Es por esto que para facilitar
al lector la identificación de los lugares mencionados, se está incluyendo esa
tabla con la nomenclatura actual.

Aguayo Ciudad Victoria, Tamps.


Álamo de Parras Viesca, Coah.
Béjar San Antonio, Tex.
Boca de Leones, Real de Villaldama, N.L.
Cerro de Santiago Villagrán, Tamps.
Cinco Señores, Villa de Jiménez, Tamps.
Colonia, La Tamaulipas
Croix Casas, Tamps.
Escandón Xicoténcatl, Tamps.
Guajuco Santiago, N.L.
Gualeguas Agualeguas, N.L.
Horcasitas Magiscatzin, Tamps.
Hoyos, Villa de Hidalgo, Tamps.
Labradores, Valle de Galeana, N.L.
Mota, Valle de la General Terán, N.L.
Nuevo Santander Tamaulipas
Patos General Cepeda, Coah.
Pesquería Grande García, N.L.
Pilón, Valle del Montemorelos, N.L.
Presas del Rey Aldama, Tamps.
Punta, La Lampazos, N.L.
Real de Borbón Villagrán, Tamps.
Refugio Matamoros, Tamps.
Revilla Guerrero, Tamps.
Río Blanco Aramberri, N.L.
Río Grande, Presidio de Guerrero, Coah.
San Agustín de Laredo Laredo, Tex.
San Antonio de Béjar San Antonio, Tex.

XI
San Cristóbal Hualahuises, N.L,
San Felipe de China, Valle de China, N.L.
San Fernando de Austria Zaragoza, Coah.
San Fernando de Béjar San Antonio, Tex.
San Juan Bautista de Horcasitas
de la Punta de Lampazos Lampazos, N.L.
San Juan Bautista de Río Grande Guerrero, Coah.
San Mateo del Pilón Montemorelos, N.L.
San Miguel Rayones, N.L.
San Miguel de Aguayo de Tlaxcala Bustamante, N.L.
San Pedro Garza García, N.L.
Santa Bárbara Ocampo, Tamps.
Santander, Villa de Jiménez, Tamps.
Santa Rosa, Valle de Múzquiz, Coah.

XII
INTRODUCCIÓN

El propósito de este trabajo es relatar lo que sucedió en el noreste de


México durante los primeros seis meses de la Guerra de Independencia, esto
es, desde que el cura don Miguel Hidalgo y Costilla inició la insurrección en
la villa de Dolores hasta la prisión de los primeros caudillos de la insurgen-
cia en Acatita de Bajan.
Los acontecimientos de este medio año en las cuatro antiguas Provin-
cias Internas de Oriente: Coahuila, el Nuevo Reino de León, Nuevo Santan-
der (hoy Tamaulipas) y Texas, están tan entrelazados, que es imposible
tener una idea clara de estos sucesos cuando se intenta describir solamente
lo que sucedió dentro de las fronteras de una de estas entidades.
Es indudable que las Provincias Internas de Oriente constituían una
unidad geográfica y debían haber estado integradas en una unidad adminis-
trativa. Aisladas del resto de la Nueva España por la Sierra Madre Oriental
y separadas de las otras provincias del norte por extensos desiertos y
ásperas montañas, la comunicación era relativamente fácil entre ellas. Pero,
aunque las autoridades superiores españolas se dieron cuenta que era muy
difícil manejar desde la ciudad de México, no sólo las Provincias Internas de
Oriente, sino todo el norte de la Nueva España, no parecen haber tenido
una idea clara de qué regiones podían haberse agrupado en unidades para
una administración más eficiente. Por lo tanto, durante las últimas décadas
de la dominación española, el norte de México va a estar sujeto a una serie
de cambios administrativos, verdaderos experimentos, de los cuales ningu-
no parece haber dado resultados satisfactorios. Como estas modificaciones
son en lo general poco conocidas, es conveniente hacer un relato somero de
ellas.
Antes de la Independencia de México, las regiones situadas más o
menos al norte del Trópico de Cáncer, eran conocidas como las Provincias
Internas. También era común llamarles Tierra Adentro para distinguirlas del
sur del país, al cual se le denominaba Tierra Fuera.
Para mediados del siglo XVIII era evidente que el territorio bajo la
jurisdicción del virrey de la Nueva España, había crecido demasiado para
ser administrado eficientemente desde la ciudad de México. El año de 1765,
el rey Carlos III envió al visitador general don José de Gálvez con instruc-
ciones de inspeccionar y reorganizar la administración de la Nueva España

XIII
INTRODUCCION
y tres años más tarde, el mismo Gálvez recomendó a la Corte la creación
de un nuevo gobierno para las provincias septentrionales. Sin embargo, esta
recomendación no se llevó a cabo hasta el 22 de agosto de 1776, en que se
expidió una real cédula creando la Comandancia General de las Provincias
Internas. La nueva administración comprendía las provincias de Nueva
Vizcaya (los actuales estados de Chihuahua, Durango y sur de Coahuila),
Nuevo México, Sonora (que incluía la moderna Sinaloa), Coahuila, Texas y
las Californias. Esta vasta región quedaba bajo el gobierno político y militar
de un comandante, directamente responsable ante el rey e independiente del
virrey. No obstante, debía informar a este último funcionario todas las
novedades interesantes, para que en caso necesario le pudiera facilitar los
auxilios indispensables.
El primer comandante general lo fue don Teodoro de Croix, caballero
de la Orden Teutónica y sobrino del virrey del mismo apellido. Croix salió
de la ciudad de México el 4 de agosto de 1777, y después de visitar
Querétaro y Zacatecas, llegó a Durango, en donde inició la inspección de su
comandancia, recorriendo Coahuila y Texas, continuando luego a la villa
de Chihuahua, a donde llegó el 12 de marzo de 1778. En esta villa se detuvo
año y medio, pues no salió de allí hasta el 30 de septiembre de 1779. Su
destino era Arizpe en Sonora, población que había sido designada como
capital de la Comandancia, a donde arribó mes y medio después.
Cuatro años permaneció Croix en Arizpe, hasta 1783, cuando salió
para hacerse cargo del virreinato del Perú. Lo sucedió don Felipe de Neve,
quien tomó la posesión de su cargo en agosto de ese año, pero no duró al
frente de la Comandancia General mas que un año, pues murió en el mismo
mes del año siguiente.
La muerte repentina de Neve sin que se hubiera nombrado sucesor,
determinó que se encargara de la Comandancia General el oficial de más
alta graduación que estaba en las Provincias Internas. Este fue don José
Antonio Rengel comandante inspector de presidios. Ese mismo año, la
Audiencia de México, que quedó gobernando la Nueva España a la muerte
del virrey don Matías de Gálvez, dispuso que la Comandancia General
quedara subordinada al virreinato.
En 1785, al hacerse cargo del virreinato de la Nueva España, don Bernar-
do de Gálvez propuso para comandante general a don Jacobo de Ugarte y
Loyola y éste tomó posesión el 20 de abril de 1786. Ese mismo año, el
Nuevo Reino de León y Nuevo Santander fueron incorporados a la Coman-
dancia General y ésta fue dividida en tres distritos militares. El primero
comprendía Texas, Coahuila, Nuevo León, Nuevo Santander y los distritos
de Parras y Saltillo, que hasta entonces habían sido parte de la Nueva

XIV
INTRODUCCIÓN

Vizcaya, y tenía como comandante a don Juan de Ugalde. El segundo


estaba formado por Nuevo México y Nueva Vizcaya, y su comandante era
don José Antonio Rengel. El tercero incluía las provincias de Sonora,
Sinaloa y ambas Californias y estaba bajo las órdenes del comandante
general don Jacobo ligarte y Loyola, de quien los otros oficiales eran
subalternos.
El 3 de diciembre de 1787, el virrey don Manuel Antonio Flores redujo
las Provincias Internas a dos comandancias. La Comandancia de las Provin-
cias Internas de Oriente comprendía Coahuila, Texas, Nuevo León, Nuevo
Santander y los distritos de Parras y Saltillo y tenía como comandante
general a don Juan de Ugalde. Las Provincias Internas de Occidente estaban
integradas por las Californias, Sonora, Sinaloa, Nuevo México y Nueva
Vizcaya y su comandante era don Jacobo de Ugarte y Loyola.
Tres años después, Ugarte fue sustituido por don Pedro de Nava, y
Ugalde por don Ramón de Castro; pero el 24 de noviembre de 1792, se
vuelve a independizar la Comandancia General del virreinato y se fija como
su capital a la villa de Chihuahua. Las provincias que quedaron comprendi-
das bajo su jurisdicción fueron: Nueva Vizcaya, Coahuila, Texas, Nuevo
México, Sonora, Sinaloa y los distritos de Parras y Saltillo, y se nombró
como comandante general a don Pedro de Nava. Nuevo León, Nuevo
Santander y las Californias quedaron, una vez más, sujetos al virreinato.
Nava siguió al frente de la Comandancia General hasta el 4 de noviem-
bre de 1802 en que entregó el mando al brigadier don Nemesio Salcedo y
Salcedo. Todavía el 18 de mayo de 1804, se volvieron a dividir las Provin-
cias Internas en dos Comandancias Generales, como lo habían estado en la
época del virrey Flores, dependiendo ambas del virreinato. Pero esta nueva
disposición no se había llevado a cabo al iniciarse la Guerra de Independen-
cia. Por lo tanto, al sobrevenir este conflicto, las Provincias Internas de
Oriente se encontraban divididas administrativamente, pues Nuevo León y
Nuevo Santander dependían del virreinato, mientras que Coahuila, Texas y
los distritos de Parras y Saltillo se encontraban sujetos a la Comandancia
General.
Además de los constantes cambios administrativos, las Provincias Inter-
nas de Oriente padecían un complicado sistema de jurisdicciones; cada una
de las cuatro provincias tenía su gobernador nombrado por el rey. Los
gobernadores dé Texas y Coahuila estaban sujetos al comandante general y
los de Nuevo León y Nuevo Santander al virrey. De hecho eran pocos los
asuntos que estos dos últimos gobernadores trataban directamente con el
virrey, ya que en lo militar dependían de la Décima Brigada de Milicias con
jefatura en la ciudad de San Luis Potosí y en cuestiones económicas se

XV
INTRODUCCIÓN

entendían con el intendente de esta ciudad. Los gobernadores de Coahuila y


Texas también tenían que tratar múltiples asuntos con este último funciona-
rio pues, aunque dependían de la Comandancia General, igual que Nuevo
León y Nuevo Santander, eran asimismo parte de la intendencia de San Luis
Potosí. En lo religioso, las cuatro Provincias de Oriente estaban sujetas al obis-
pado de Monterrey, pero en lo judicial, Coahuila y Texas dependían de la Au-
diencia de Guadalajara, Nuevo León y Nuevo Santander de la de México. Sin
embargo, donde esta complicación de jurisdicciones llegaba a su máximo, era
en los distritos de Parras y Saltillo, región que también era conocida como el
Bolsón de Mapimí. Tradicionalmente, esta zona había sido parte de la Nueva
Vizcaya, pero al dividirse la Comandancia General, primero en tres partes y
luego en dos, quedaron incorporados a las Provincias de Oriente pero sin
integrarse a ninguna de ellas. En lo religioso, Saltillo dependía del obispado de
Monterrey y Parras del de Durango. Era en Saltillo donde tenían su residencia
las Cajas Reales que cubrían los sueldos de todos los funcionarios y tropas de
las cuatro Provincias de Oriente.
En estas provincias como en todo el resto de la Nueva España, prevalecían
ciertos factores que eran causa de malestar; los principales de éstos tenían
como origen el carácter del gobierno. Todos los gobernadores eran militares, y
desde luego, imprimían a su administración las características propias de su
formación, esto es, un régimen autoritario. En todas ías Provincias de Oriente,
sólo tenían cabildo cuatro poblaciones: Saltillo, Monterrey, Linares y San
Antonio, la capital de Texas. En las demás poblaciones, la autoridad era
ejercida por un subdelegado o teniente de gobernador, nombrado por-este
último funcionario. Aunque es cierto que muchas de las poblaciones eran
demasiado pequeñas y es posible que no hubiera el número suficiente de
personas capacitadas para constituir un cabildo, no hay duda que este tipo de
gobierno municipal podía haberse formado en Parras y Monclova en la
provincia de Coahuila, Cadereyta y el valle del Pilón en el Nuevo Reino de
León y probablemente en varias de las poblaciones del Nuevo Santander.
Otra causa de grave malestar en las Provincias de Oriente era que,
teniendo una costa tan extensa en el Golfo de México, no hubiera ningún
puerto autorizado en la región y todo el comercio tuviera que hacerse por
Veracruz. Como resultado se tenía que en las provincias del norte muchos
artículos esenciales fueran muy caros y escasos, pues había que transportarlos
por tierra a distancias enormes y además pagar una serie de alcabalas cuando
cruzaban de una provincia a otra. La misma causa hacía que los productos
propios de la región tuvieran que venderse a precios ínfimos. Esta situación
había originado un comercio de contrabando bastante intenso con los Estados
Unidos.

XVI
INTRODUCCIÓN

En los últimos años, antes de iniciarse la Guerra de Independencia, otra


causa de mucho desasosiego en las Provincias de Oriente lo fue el reclutamien-
to obligado de muchos de sus habitantes para reforzar la provincia de Texas,
que empezaba a verse amenazada por los norteamericanos.
Un factor muy importante que influyó para separar las Provincias
Internas del virreinato y los cambios administrativos que experimentaron, fue
el acoso constante a que estaban sujetos sus pobladores por las continuas
incursiones de indios bárbaros. Esta situación tenía como origen el hecho de
que en el septentrión de la Nueva España la población era muy escasa y se
encontraba demasiado dispersa. Una protección eficiente de ella hubiera
requerido gastos enormes que la corona española, siempre en apuros económi-
cos, no estaba dispuesta a hacer. Sin embargo, en la última década, antes de
iniciarse la Guerra de Independencia, se había logrado eliminar en gran parte
esta molestia, pero muy pronto surge un nuevo problema. El año de 1803,
Napoleón vendió la Luisiana a los Estados Unidos e inmediatamente aparecie-
ron indicios de que este país aprovecharía la primera oportunidad favorable
para apoderarse de las regiones del norte de la Nueva España y de las Floridas.
La correspondencia del comandante general durante los años anteriores a la
iniciación de la Guerra de Independencia indica que ésta era su principal
preocupación. Las Provincias Internas, prácticamente solas, mantendrán
frente a los bárbaros y los Estados Unidos un equilibrio muy precario. La
Guerra de Independencia determinará su debilitamiento y hará que la balanza
se incline a favor del país del norte.

XVII
CAPITULO I

EL GOBERNADOR DEL NUEVO REINO DE LEÓN

La tarde del 29 de septiembre de 1810, don Manuel de Santa María,


gobernador del Nuevo Reino de León recibió un comunicado que empezaba:
"Habiéndose manifestado en la villa de San Miguel el Grande y en el pueblo
inmediato de los Dolores una insurrección popular con señales de temible
trascendencia a otros lugares del reino, y conviniendo reunir en esta capital
toda la fuerza que sea posible para impedir sus progresos y sostener el
orden público, prevengo a usted..." Este mensaje, fechado siete días antes
en San Luis Potosí, lo enviaba el brigadier Félix María Calleja, comandante
de la Décima Brigada de Milicias, a la cual pertenecían las tropas de Nuevo
León.l
Por lo tanto, no fue hasta trece días después, que el gobernador de
Nuevo León tuvo noticias de la insurrección iniciada el 16 de septiembre
por el cura don Miguel Hidalgo y Costilla.
Don Manuel de Santa María tenía cuarenta y tres años de edad, y
aunque hacía más de un cuarto de siglo que servía en el ejército, el gobier-
no de Nuevo León del cual había tomado posesión apenas cinco meses
antes, era su primer puesto administrativo.
Nacido en Sevilla el año de 1767, debe haber llegado muy joven a la
Nueva España.2 Su padre, don Manuel Antonio de Santa María y Escobedo
ya se encontraba en el país en 1778. Poco tiempo después, éste era alcalde
de Taxco y, desde 1781 hasta 1808 el año de su muerte, fue juez del Real
Tribunal de la Acordada.3
El futuro gobernador de Nuevo León se inició en la carrera de las
armas en 1784, como cadete en el Regimiento de Infantería Provincial de
México. Al año siguiente pasó al de Dragones de España y posteriormente
siguió con el mismo carácter en el de Infantería de Zamora. El año de 1795
se incorporó, ya como capitán de infantería, al Regimiento de Nueva
España.4 Unos meses después, debido a la guerra con la República Francesa,
los regimientos de Nueva España y México fueron embarcados para La
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Habana.5 Santa María estuvo más tarde, con el ejército de operaciones, que
combatió en la isla de Española, primero contra los franceses y luego contra
los esclavos negros que se habían sublevado.6
El año de 1800, siendo capitán de granaderos del Regimiento de Nueva
España, aceptó pasar como sargento mayor al Regimiento de Dragones de
San Carlos. Esta unidad era uno de los cuerpos de milicias y, aunque según
el reglamento debía estar integrado por 361 hombres, sólo cuatro oficiales y
unos cincuenta soldados estaban en servicio activo, o sea, que eran los
únicos profesionales o veteranos. El resto del complemento, tanto de oficia-
les como de tropa, lo constituían gente que vivía en distintos pueblos de la
provincia de San Luis Potosí, dedicada a sus actividades ordinarias, de
campo o comerciales, y sólo ocasionalmente se le juntaba para pasarle
revista o para que recibiera algún adiestramiento.7
Santa María, que era el oficial veterano de más alta graduación, va a
pasar los siguientes diez años recorriendo distintas regiones de la provincia,
muy probablemente, pasando revista y proporcionando este precario adies-
tramiento a los milicianos de su regimiento. Aunque también paso largas
temporadas en la ciudad de México, excediéndose con frecuencia del permi-
so que se le había concedido.^
La vida del futuro gobernador de Nuevo León durante estos años, debe
haber sido muy tediosa y desesperanzada. En el ejército de la Nueva
España, país que se encontraba en paz, no había oportunidad para realizar
grandes hazañas y los ascensos eran muy lentos. La carrera de las armas
tampoco proporcionaba un desahogo económico, y los miembros del ejérci-
to, salvo aquéllos que tenían fortuna propia, vivían con bastante penuria.
En la correspondencia privada de Santa María se repiten con frecuencia
frases como: "...mi notoria lastimosa suerte..." o "...mi lastimosa situa-
ción... "9
En agosto de 1808, el anciano mariscal don Pedro Garibay, que un mes
después llegaría a ser virrey de la Nueva España, pero que entonces vivía
con igual estrechez que Santa María, le escribía a éste a propósito de un
viajé que la esposa e hijas de Santa María hicieron a la ciudad de México:
He "...ido a ofrecerme a los pies de mi señora doña Rosa y señoritas, las
que hallé hechas mujeres y les deseo colocación ventajosa, como que estimo
a la familia y siento la situación como la mía, por no haber logrado la satis-
facción y complacencia de subvenir a los atrasos que no ignoro. "10
La situación económica de Santa María se había agravado indudable-
mente por su afición a los juegos de azar. Entre los años de 1805 y 1809
tiene un intercambio de correspondencia con un don Juan Francisco Fa-
jando, que fue subdelegado del pueblo de Venado, cuya lectura parece un
EL GOBERNADOR DEL NUEVO REINO DE LEÓN

saínete, con sus ribetes cómicos y trágicos, pues Fajardo le cobra a Santa
María doscientos pesos que dice perdió y éste niega estuviera jugando en
serio. Apela Fajardo a su honor, contestando Santa María: "Siempre lo
tuve, lo tengo y lo tendré, y en su defensa sabré exterminar mi sangre...
¡Oh, y qué crédulo es vuestra merced! O por mejor decir qué allegado a sus
conveniencias. ¿Para qué eran ya las subdelegaciones y otros iguales arbi-
trios, teniendo vuestra merced en mi persona tan inocente feudatario? ¿Yo
con Fajardo al medn?"H
En definitiva no se sabe si los doscientos pesos que cobraba Fajardo en
1809 son los mismos que exigía cuatro años antes, pues en una de las cartas
Santa María le dice que "... los señores del Venado, a pesar de que vuestra
merced ha dicho, que entre ellos hay quien tiene los dedos tiesos de jurar en
falso, sabrán desmentirle en esta ocasión. "12
Finalmente, en febrero de 1809 estando Santa María en la ciudad de
México, Fajardo dirigió contra él una libranza por los doscientos pesos,
alegando encontrarse con graves urgencias por estar con el peso del juicio
de residencia "de la última subdelegarían."^ La contestación de Santa
María revela plenamente su situación desesperada: "Me ha sido bastante
violento —dice— que no ignorando vuestra merced mis públicos atrasos y
débitos de recomendable preferencia, que existirán hasta que la suene me
proporcione cubrirlos, se halla vuestra merced expuesto a librar contra mi
insolvencia. "14
Existe un apunte escrito personalmente por Santa María, probablemen-
te al ser nombrado gobernador de Nuevo León, con una lista de todos sus
acreedores, ascendiendo la deuda total a casi cuatro mil pesos. En la parte
final consigna el "débito de juego," incluyéndose en este apartado a trece
personas, entre las cuales está don Juan Fajardo con doscientos pesos. La
deuda de juego era aproximadamente de mil cuatrocientos pesos. Sin em-
bargo, es seguro que Santa María debía más de los cuatro mil pesos, pues al
lado del nombre de don Juan Vildózola anotó: "Ignoro lo que resta y podrá
saberse del libro de cuentas de su tienda." Y junto al del marqués de Jalapa
dice: "Es menester preguntar al anterior, si le debo alguna otra cantidad,
con el disimulo correspondiente." Por otro lado, algunos de los acreedores
de Santa María eran increíbles: "Al loco que jugaba en el café de madama
San Juan en Veracruz, diez pesos. A dicha madama San Juan, veinte pesos.
Al marido de la Rosarito Norma, diez pesos. "15
Pero, no eran las deudas el único problema del futuro gobernador.
En noviembre de 1808, estando Santa María en la ciudad de México, don
Isidro José Reltrán, ayudante mayor del Regimiento de San Carlos, le
escribía desde San Luis Potosí quejándose de los muchos quehaceres. "Pues
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA

bien sabe usted —decía— que soy el culo del fraile, pues un rato hago de
sargento mayor, otro de ayudante, otro de sargento, otro de cabo y al fin
de mandadero, alcanzando en recompensa lo que usted sabe." Le pregunta-
ba luego a Santa María por su situación y continuaba, "...pues cuan presto
doy a usted de baja, lo doy de alta, y finalmente, si después de haber
sufrido tantas penas, ha alcanzado alguna cosa de su difunto padre, y si su
madrastra*se ha manifestado con alguna piedad hacia usted y su familia. "16
Por alguna causa difícil de aclarar, Santa María tenía entonces dificul-
tades con su jefe inmediato, el teniente coronel don Ramón de Cevallos,
pues a fines de enero de 1809 se dirigía a él diciéndole que había escrito al
capitán don Pedro Arista para que le cobrara la media paga a que tenía
derecho, ya que la otra parte la tenía cedida a favor de su deuda y que
Arista le había contestado, que fue a cobrar, pero le dijeron tener orden de
Cevallos, "de que sin su consentimiento no se me facilitase un medio real. "17
El viaje, ya mencionado, de Santa María a la ciudad de México, se prolon-
gó por bastante tiempo pues ya se encontraba allí en noviembre de 1808 y aún
permanecía a mediados de abril del año siguiente. Es probable que uno de los
motivos del viaje fueran las dificultades que, con relación a la herencia de su
padre, tenía con su madrastra, pero puede haber habido una segunda razón.
Don Pedro Garibay que indudablemente tenía ligas muy estrechas de amistad
con la familia, acababa de convertirse en virrey y es de sospecharse que Santa
María buscara su apoyo para conseguir un empleo más provechoso. Ya de
regreso en la provincia de San Luis Potosí, envía al virrey desde el Real de
Catorce, un memorial exponiendo sus méritos. En éste decía que tenía casi
veinticinco años "de servir a su majestad en la gloriosa carrera de las armas,
desempeñando las funciones de cadete, capitán de fusileros, de granaderos y
sargento mayor." Que se había "hallado en el ejército de operaciones de la isla
de Española, que por espacio de cerca de tres años, y sufriendo miles de
vejaciones, operó contra la parte francesa y en el peligroso ataque del castillo
de Saquesi, después de haber batido con un piquete avanzado la emboscada
enemiga, de cuyo campo extrajo un cañón de diez y seis." Siendo capitán de
granaderos del Regimiento de Nueva España, creyó progresar más aceptando
la sargentía mayor del Regimiento Provincial de Dragones de San Carlos, pero
que esto sólo le había servido para atrasar su carrera. Tenía ya nueve años de
ser sargento mayor y sus méritos lo hacían acreedor a ser distinguido, "que en
caso de crearse, como se anuncia, nuevos empleos militares y suficientes a
proporcionarle, con alguna ventaja, mayor cavidad de ser útil a su profesión,"
no se le olvidara. 18
Es probable que este memorial ni siquiera lo recibiera el virrey Garibay,
pues es del 8 de julio de 1809, y once días después fue sustituido en su puesto
EL GOBERNADOR DEL NUEVO REINO DE LEÓN

por el arzobispo de México don Francisco Javier Lizana.


Es indudable que Santa María siguió insistiendo en obtener una promo-
ción. En el Archivo General de la Nación existe un apunte sin fecha, pero ya de
la época del arzobispo virrey que dice: "Don Manuel Santa María, sargento
mayor de Dragones de San Carlos, suplica a vuestra excelencia ilustrtsima, que
en atención a veinticinco años de buenos servicios que lleva y a los méritos de
su padre el señor capitán de la Acordada, como también de su numerosa fami-
lia, con cuyo sueldo no puede sostenerla, se sirva conferirle interinamente para
el gobierno del Nuevo Reino de León o en su demérito, para el de Nuevo
Santander, de los que ya tiene algunos conocimientos." Termina esta nota con
la siguiente frase: "Esto mismo dice y apoya en un todo el señor comandante de
la Décima Brigada de Milicias. "19 Por lo tanto, Santa María estaba apadrina-
do en sus pretensiones por don Félix María Calleja. Es muy probable que
además de este patrocinio y el de Garibay, contara con otras influencias/ pues
era caballero de la Orden de Santiago y había muchos oficiales de mayor
graduación que no habían logrado ser admitidos a ninguna de las órdenes
militares.
El nombramiento de Santa María como gobernador del Nuevo Reino de
León se debe al virrey Lizana y es de fecha 6 de enero de 1810. En él se
especifica que el puesto es interino "hasta la real aprobación de su majestad" y
que se le ha escogido por convenir "proveer dicho empleo en persona de
carácter, talento, conducta, disposición y conocimientos militares."^ Sin
embargo, no tomaría posesión de su cargo hasta casi cuatro meses después de
su designación, y otra vez, la causa de esta demora fue en gran parte
económica.
El lo. de febrero, Santa María escribía al virrey desde San Luis Potosí
diciéndole que en vista de su nombramiento como gobernador, desde el 6 de
enero se le había dado de baja en su regimiento y quedó sin el disfrute del
sueldo anterior, por lo que le pedía que desde esa fecha se le abonara el sueldo
de gobernador, agregando: "...en atención a los crecidos gastos que tengo que
erogar en mis despachos, conducción mía y de mi familia, se sirva mandar se
me ministren por los ministros de estas cajas, mil pesos a buena cuenta de mis
sueldos, con sólo el descuento de la tercera parte del haber líquido que
corresponde. "21 También pedía al virrey que para ahorrarle los gastos de su
traslado a México, le permitiera hacer el juramento de rigor en San Luis Potosí.
Esto último se le concedió, pues el 14 de febrero el virrey se dirigió a
Calleja diciéndole que "con el objeto de indemnizar a don Manuel de Santa
María de los atrasos que se le seguirían con venir a esta capital a hacer el
juramento de estilo para aposesionarse del empleo de gobernador del Nuevo
Reino de León que le he conferido, he resuelto a solicitud del interesado,
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA

comisionar a vuestra señoría, a efecto de que en sus manos haga el referido


juramento y pueda, sin demora, trasladarse a su destino. "22
Fue distinto con las otras dos peticiones, pues como se trataba de dinero,
el virrey tuvo que consultar a los ministros de la Tesorería General, y éstos
contestaron el 16 de febrero, que Santa María no podía disfrutar el sueldo de
gobernador hasta que no tomara posesión y entretanto sólo podía percibir el
de sargento mayor de Dragones Provinciales de San Carlos, aunque estuviera
dado de baja en dicho cuerpo. Asimismo, que los mil pesos que pedía
prestados sólo se le podrían proporcionar presentando una fianza "a satisfac-
ción de los ministros de San Luis Potosí, porque si fallece, quedará en descu-
bierto la Real Hacienda. "23
Santa María se ve imposibilitado a cumplir con el requisito de la fianza, y
el 28 de febrero escribe al virrey diciéndole que careciendo en San Luis "de
sujeto a propósito, que sin necesidad de ruborizarme, pueda garantizar la satis-
facción de los mil pesos" se veía obligado a rechazarlos, pero que se le había
ocurrido otra idea. Que el virrey dijera el sueldo de que debía disfrutar desde el
6 de enero en que fue nombrado gobernador, y que como hacía dos meses que
no se le cubría, haría un esfuerzo para que el abono de dichos dos meses fuera
suficiente para marchar rápidamente a su gobierno.24
Sin embargo, Santa María hizo cuando menos un intento para conseguir
un préstamo de particulares, escribiendo el 30 de enero a don Juan Antonio de
Soldevilla, hombre pudiente de Matehuala y oficial miliciano del Regimiento
de San Carlos, quien le contestó tres días después, que sentía sobre su corazón
"no tener la gloría de complacerlo," dando como excusa la usual entre comer-
ciantes, que "la reedificación de ésta su casa me ha dejado sin un peso y
semanariamente no me alcanzan las ventas para la raya de la gente que ocupo,
pues está este suelo sumamente escaso de arbitrios y no hay quien compre
medio real. "25
Aunque el 9 de marzo el virrey autorizó se le concedieran dos meses de
sueldo de sargento mayor, la Contaduría General de Real Hacienda de San
Luis Potosí, le entregó tres meses, o sea lo que le correspondía por el período
comprendido entre el 6 de enero y 5 de abril. En total 345 pesos, a razón de 115
pesos mensuales. A éstos se les hizo el descuento acostumbrado de inválidos y
montepío, por tanto, Santa María sólo recibió 325 pesos.26
El engranaje burocrático nunca se ha movido sin dinero, y para lograr el
despacho de su título de gobernador, Santa María tuvo que. hacer una serie de
gastos: "El oficio de gobierno por los derechos y costos del título..., la toma de
razón en el Tribunal de Cuentas..., por un escrito a la Audiencia pidiendo la
gracia de que se le tome el juramento en San Luis Potosí..., las propinas de los
porteros, alabarderos y demás" y muchas otras erogaciones. El total de lo
EL GOBERNADOR DEL NUEVO REINO DE LEÓN

desembolsado en diversas dependencias del gobierno en la ciudad de México,


llegó a 269 pesos 1 real.27
Sin embargo, esto no fue todo, pues en la Tesorería de San Luis Potosí
tuvo que pagar "diez pesos por los emolumentos de la contaduría de media
anata, que hoy se aplican a su majestad," y quedó debiendo 1615 pesos 5 reales
5 granos, que era una especie de derecho que pagaba por haber obtenido su
empleo de gobernador. Este adeudo debía cubrirlo "en los cuatro primeros
años de su servicio." Ahora como gobernador, tenía un sueldo de 3,308 pesos
anuales.28
Don Manuel de Santa María hizo el juramento de estilo el 16 de marzo en
San Luis Potosí, como lo había pedido y el encargado de tomárselo fue don
Félix María Calleja. El acta que se levantó dice: "Bajo su palabra de honor y
con la mano puesta a la cruz que trae al pecho, lo otorgó, prometiendo servir
bien y fielmente el expresado empleo. "29
Ya desde el 27 de febrero, Santa María le había escrito a don Pedro de
Herrera, gobernador interino de Nuevo León, diciéndole que pensaba salir de
San Luis el 15 de marzo, y que si era costumbre, le mandara una escolta hasta
esa ciudad. Don Pedro le contesta el 5 de marzo, que se había informado
"sobre el particular, y aunque dicen que sólo es costumbre salgan a Aguanue-
va, más allá del Saltillo, por mi parte quisiera el que el tiempo permitiera le
alcanzara a usted en esa ciudad o a donde le diera la gana. Ahora mismo acabo
de despachar un correo a La Punta, que dista de aquí 60 leguas, y es la única
tropa veterana que tengo a mis órdenes. Luego que lleguen, seguirán por el
camino de Matehuala, según usted me dice, hasta donde le encuentren." Don
Pedro también le decía, que una de las desventajas que había en Monterrey era
la de no haber casa. "El Cabildo, a quien corresponde disponerla no ha
encontrado más que una muy incómoda, particularmente si trae usted la
señora y niñas. Yo también vivo en una pequeñísima, que si a usted le gustare
está a su disposición. "30
No se sabe en qué fecha salió Santa María de San Luis Potosí, ni cuándo
llegó a Monterrey, pero todavía habían de transcurrir cuarenta días después de
su juramento, antes de que tomara posesión. En esa época el viaje normal entre
las dos ciudades tomaba unos trece días, pero es posible que Santa María haya
tardado más, pues el 9 de abril, el capitán José Domingo Castañeda le escribía
desde Saltillo: "Veo por su apreciable de ayer las incomodidades que le ha
hecho pasar el mal avío que le conduce, las que siento sobre mi corazón,
aunque todo podrá estar evitado, si vuestra merced hubiese sido franco en
hablarme en tiempo sobre el particular, pero ya sucedió así por voluntad de
vuestra merced, quien quedará con experiencia suficiente para contar en otra
ocasión con sus amigos. Sin pérdida de momento he mandado le salgan a
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
vuestra merced con dos tiros de mulos en su socorro, que son bastantes
para llegar a ésta."
Por lo tanto, todavía el 9 de abril no llegaba a Saltillo, y es posible que en
esta población se demorara algunos días, pues la misma carta de Castañeda,
mencionada anteriormente, continuaba: "De ninguna manera puedo aprobar
la resolución de vuestra merced de ir a parar a las Casas Reales, tanto porque
me priva de tener la satisfacción de recibirle en la mía, como porque no parece
regular, que siendo amigos demos motivo de que se opine de semejante
medida. Mi casa es tan cómoda como aquélla y cabe bien escolta y demás. Si la
razón es la demora que ha de tener aquí, ésta misma es la que yo reclamo
porque alargo mi satisfacción en que me haga el honor de acompañarme estos
días. "31
El viaje de Santa María desde San Luis a Monterrey déte haber sido
bastante pesado. Poco después de su llegada, don Manuel de Acevedo,
intendente corregidor de San Luis Potosí, le escribía deseándole le fuera bien
"...recuperándose de las incomodidades del camino y de las rumbas del
miserere, que he sentido padeciere vuestra merced y supongo llevaría con
paciencia por haberle experimentado en los días jueves y viernes santos. Ha-
ga vuestra merced progresos en su ínsula Barataría, coma rico pescado, en
nombre de los que carecemos de él por la larga distancia. "32
Don Manuel de Santa María tomó posesión del gobierno del Nuevo Reino
de León el 26 de abril de 1810. El acta, que es del día siguiente, está certificada
por don José Antonio de la Garza y Guerra, alcalde ordinario de primer voto
de la ciudad de Monterrey y dice en su parte esencial: "El día de ayer se
presentó en la sala capitular de esta ciudad el señor don Manuel de Santa
María, caballero del Orden de Santiago, sargento mayor de los Reales
Ejércitos, hallándose juntos y congregados en ella, presidido el expresado
cuerpo por el señor capitán don Pedro de Herrera Leyva, segundo comandante
de estas milicias y gobernador interino. Yo el expresado alcalde ordinario de
primer voto, el de segundo, que lo es don Matías de Sada, el alférez real don
José Joaquín Canales, el regidor fiel ejecutor, don Bernardo Ussely Guimbarda
y el síndico procurador don José Marcos de Arredondo, y exhibió un despacho
del nombramiento que le hizo el excelentísimo e ilustrísimo señor arzobispo de
México, virrey gobernador y capitán general de la Nueva España, de goberna-
dor interino, militar y político de esta provincia del Nuevo Reino de León, en
cuyo obedecimiento se le puso en posesión. "33
Es difícil a tanta distancia saber mucho respecto a la personalidad de
Santa María, pero por algunas de las cartas que recibía se puede tener un
vislumbre de su carácter. El 17 de febrero, don Joaquín Vidal de Lorca,
comandante de la Segunda Compañía Volante del Nuevo Santander, lo

8
EL GOBERNADO/? DEL NI/EVO REINO DE LEÓN

felicitaba por su nuevo empleo. "Celebro —decía— en mi corazón tu


promoción a ese gobierno, de cuya solicitud, como buen reservón, no me
comunicaste nada en México. Y me alegro también de que hayas dejado de ser
subdito de farolones milicianos, con la satisfacción de una buena colocación...
Aquí me tienes en este destino con deseos de verte, lo que pudiera conseguir en
las fiestas de Linares, si vienes a ellas, como lo supongo en tu genio alegre... Si
has traído a madama y niñas, ponme a sus pies, y no te descuides y vaya yo a
ser tu yerno algún día. "34
Estas referencias, de ser Santa María de genio alegre, amante de bromas y
aficionado a las fiestas se repiten en algunas otras cartas. Don Manuel de
Acevedo le decía que su mujer e hijas "...echan menos sus graciosas ocurren-
cias, "35 y el licenciado Juan José de la Garza, canónigo lectoral de la Catedral
de Monterrey, le escribía también de San Luis Potosí, manifestándole "el buen
afecto que le profesaban muchos señores y señoritas, quienes siempre me
preguntan por su buena salud y le apetecen la mejor. "36
Parece que los primeros días de Santa María en el gobierno de Nuevo
León fueron de felicidad y que se prometía mucho de su nuevo puesto, sin
embargo hubo una persona de mayor experiencia que trató de advertirle que
no pensara que las cosas iban a ser fáciles. Inmediatamente después de haber
sido nombrado gobernador, don Pedro Garibay le escribía desde Tacubaya y
le decía: "A los tres días de haber entregado el mando nos vinimos a este pue-
blo a pasar una vida, cual no se disfruta en cuantos virreinatos tiene la Améri-
ca, que todos son esclavitud y aquí santa y apetecible libertad, y sólo cada
ocho días voy a la ciudad a estar en la reja con mi adorada monjita. "37 Se re-
fería el antiguo virrey a una hija de él que era monja.38
Efectivamente, la luna de miel de Santa María con su nuevo empleo
habría de terminar muy pronto.
CAPITULO II

DESFILE DE PROTAGONISTAS

Tres días después de que el arzobispo virrey nombró a don Manuel de


Santa María gobernador del Nuevo Reino de León, aquél le exponía, en un
comunicado reservado, los motivos que lo llevaron a tomar esta determina-
ción. "Oprimidos —decía— los habitantes del Nuevo Reino de León con las
intrigas, baraterías, contrabandos y otros excesos de los gobernadores pro-
pietario e interino de aquella provincia, don Simón y don Pedro de Herrera,
elevaron sus clamores a esta Superioridad, quien con el justo objeto de
desagraviarlos y de proporcionarles la tranquilidad y buen gobierno que
hace feliz a los pueblos, resolvió separar de el al citado don Simón de
Herrera. "1
El virrey comisionaba también a Santa María para que continuara una
investigación que se estaba llevando a cabo con relación a los delitos de que
se acusaba a los Herrera.2
Pero el 30 de junio de 1810, apenas dos meses después de haber
tomado Santa María posesión del cargo de gobernador, don Pedro de
Herrera le mandó un oficio recusándolo, esto es, inhabilitándolo para con-
tinuar la investigación contra él y su hermano don Simón. En éste le decía
que el principal acusador era el señor obispo de la diócesis, quien "profesa,
con escándalo público, tal encono y aborrecimiento a mi hermano, a mí y a
toda mi familia, cuanta es estrecha la amistad con que ha procurado unirse
a vuestra merced." Aseveraba más adelante, que Santa María se había
lisonjeado "en varias ocasiones de tener a su disposición la renta de su
ilustrísima" y que los hechos habían "comprobado sus palabras, pues a la
luz del claro día y sin recato alguno, han llevado a vuestra merced, los
familiares de su ilustrísima, tres talegas." Terminaba don Pedro diciendo,
que este regalo, ataba las manos a Santa María para no hacer otra cosa que
lo que fuera del agrado del señor obispo, y por consiguiente caía "en uno de
los casos de derecho por el que los jueces están impedidos de ejercer
jurisdicción. "3

10
DESFILE DE PROTAGONISTAS

Dos días después, Santa María se dirigió a la Audiencia, que por


renuncia del arzobispo Lizana como virrey, gobernaba entonces la Nueva
España, eximiéndose de la comisión de investigar las acusaciones existentes
contra los Herrera.4
El Nuevo Reino de León hacía quince años que era un feudo de los
hermanos Herrera. Don Simón de Herrera y Leyva había llegado como
gobernador en el año de 1795, y algún tiempo después aparecieron en la
provincia sus hermanos, don Pedro y don Jerónimo. Pronto resulta don
Pedro segundo comandante de las milicias de la provincia y en las ausencias
de don Simón, actúa, en varias ocasiones, como teniente de gobernador,
esto es, gobernador interino. La última de estas substituciones habían dura-
do cuatro años, pues el año de 1806, debido a una disputa con los Estados
Unidos con relación a la frontera entre la Luisiana y Texas, el gobierno
español envió a esta última provincia unos setecientos hombres de las
milicias provinciales del Nuevo Reino de León y de la colonia del Nuevo
Santander, los cuales fueron puestos a las órdenes del teniente coronel don
Simón de Herrera. Aunque destacado en Texas, éste siguió siendo goberna-
dor propietario de Nuevo León, pero la provincia la manejaba su hermano
don Pedro, como gobernador interino.5
Los Herrera eran canarios, y si don Simón no exagera en una exposi-
ción de méritos que el año de 1799 presentó al rey pidiendo su ascenso a
coronel, su carrera hasta antes de llegar a Nuevo León había sido bastante
distinguida. Relata que se inició en la carrera de las armas como alférez en
el Regimiento de Güimar en la isla de Tenerife, ascendiendo sucesivamente
a teniente y capitán. Pasó luego al Regimiento de Zamora, donde fue alférez
de bandera, subteniente de granaderos, teniente de fusileros y capitán. El
año de 1788 fue nombrado para el gobierno de la frontera de Colotlán y
"comisionado para levantar el cuerpo de dragones provinciales que la guar-
necen y para el arreglo de las misiones del Nayarit." Herrera fue ascendido
a teniente coronel unos días después de que se hizo cargo del gobierno de
Nuevo León.6
Durante su larga carrera militar don Simón participó en varias campañas
importantes. El año de 1776 fue a la América del Sur en la expedición que al
mando de don Pedro Cevallos, conquistó la isla de Santa Catalina, la
colonia de Sacramento en el Río de la Plata y otros puntos fortificados. 7
Estuvo también dos años y medio en el bloqueo de la plaza de Gibraltar, de
donde pasó al ejército de operaciones, "que a las órdenes del excelentísimo
señor don Bernardo de Calvez se formó en el Guaneo, de donde fue
comisionado para conducir pliegos muy importantes" a las cortes de España
y Francia.8 "A muy poco tiempo de haber llegado a Madrid, fue despacha-

11
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
do con igual comisión del propio ejército, y habiendo salido de Cádiz en un
pequeño barco con cinco hombres de tripulación, sobrevino un temporal
que le obligó a varar en la costa de África, por lo que no pudo continuar la
navegación y volvió al puerto de la salida, en donde permaneció por más
de un año, gravemente enfermo, de resultas de un golpe que recibió en el
pecho el día de la varada. "9
El explorador norteamericano Zebulon Montgomery Pike, quien cono-
ció a don Simón de Herrera en San Antonio de Béjar el año de 1807, ha
dejado unas semblanzas muy idealizadas y pintorescas, tanto de don Simón,
como de don Antonio Cordero y Bustamante, otro de los personajes impor-
tantes por muchos años en el norte de la Nueva España. Cordero era
gobernador de Coahuila desde el año de 1797, pero en 1805 fue nombrado
también gobernador interino de Texas, debido al conflicto de frontera con
los Estados Unidos y por estar gravemente enfermo el gobernador propieta-
rio don Juan Bautista Elguézabal.10 Desde entonces Cordero se estableció en
San Antonio, pero conservando en propiedad también el gobierno de
Coahuila, donde administraron en su ausencia dos gobernadores interinos.H
"Intentaré aquí—dice Pike en su interesante diario— esbozar una débil
semblanza de caracteres de los dos gobernadores que encontramos en San
Antonio, pero se necesitaría la pluma de un maestro para hacer justicia a
sus cualidades sobresalientes.
Don Antonio Cordero tiene unos cinco pies diez pulgadas de estatura,
cincuenta años de edad, tez blanca y ojos azules.^ Usaba el cabello echado
hacia atrás, y en todos los detalles de su comportamiento se veía claramente
que era un soldado. Poseía todavía una excelente constitución y un cuerpo
que parecía ni estar deteriorado por las fatigas de las varias campañas que
había realizado, ni desfigurado por las numerosas heridas recibidas de los
enemigos de su rey. Era uno de los oficiales distinguidos que treinta y cinco
años antes, fue escogido por la Corte de Madrid para disciplinar y organi-
zar a las tropas provinciales, y había sido empleado en todos los varios
reinos y provincias de la Nueva España. Era umversalmente amado y
respetado en los lugares que nosotros exploramos, y cuando lo declaro por
un amplio margen, el hombre más popular de las Provincias Internas, no
arriesgo nada en la afirmación. Hablaba bien el latín y el francés, era
generoso, cortés, valiente y sinceramente fiel a su rey y país. Estas numero-
sas cualidades lo habían llevado al grado de coronel de caballería y gober-
nador de las provincias de Coahuila y Texas. Su residencia usual era Mon-
clova la cual había embellecido grandemente, pero desde que nosotros
tomamos posesión de la Luisiana, se había movido a San Antonio con el fin
de aproximarse a la frontera para estar en condiciones de aplicar el remedio

12
DESFILE DE PROTAGONISTAS

a cualquier mal que pudiera sobrevenir de la colisión de nuestros ejércitos.


Don Simón de Herrera tiene unos cinco pies once pulgadas de estatura,
ojos negros brillantes y tez y cabellos obscuros. Nació en las Islas Canarias,
sirvió en la infantería en Francia, España y Flandes y habla el francés bien y
un poco el inglés. Es atrayente en su conversación con sus iguales, cortés y
condescendiente con sus inferiores, y en todos sus actos uno de los hombres
más galantes y perfectos que jamás he conocido.
Tiene un gran conocimiento de los hombres por su experiencia en
varios países y sociedades, y sabe cómo utilizar con ventaja el genio de
cada uno de sus subordinados. Estuvo en los Estados Unidos durante la
presidencia del general Washington, y fue presentado a ese héroe del cual
hablaba en términos de veneración exaltada. Es ahora teniente coronel de
infantería y gobernador del Nuevo Reino de León. La residencia de su
gobierno es Monterrey, y es probable que si alguna vez su pueblo adoró a
un jefe, éste fue Herrera. Cuando su mandato terminó la última vez,
inmediatamente se dirigió a México, acompañado por trescientas gentes de
las más respetables de su provincia, quienes llevaron con ellas las congojas,
lágrimas y súplicas de miles para que se le permitiese continuar en su
gobierno. Al virrey le pareció apropiado ceder a sus deseos pro tempere, y
el rey ha confirmado su nombramiento.
Cuando lo vi, había estado un año ausente de Monterrey, y durante
este tiempo los ciudadanos de categoría no habían permitido se efectuara en
sus familias, ningún matrimonio o bautismo, hasta que su padre común
pudiera estar allí para dar alegría al acontecimiento con su presencia. ¿Qué
mayor prueba puede darse de su estimación y amor?
Haciendo un paralelo entre los dos amigos, debo decir que Cordero era
el hombre de mayor lectura y Herrera poseía el mayor conocimiento del
mundo. Cordero había vivido toda su vida soltero. Herrera, siendo joven,
se casó en Cádiz con una dama inglesa, la cual por su suavidad de modales
se hace tan amada y estimada por las damas como lo es su noble esposo
por los hombres.^ Tiene de ella varios hijos y uno de ellos es ahora oficial
al servicio de su real amo. "14
No hay duda que don Antonio Cordero era muy estimado. En la
memoria que el doctor don Miguel Ramos de Arizpe presentó en las Cortes
de Cádiz sobre el estado de las Provincias Internas de Oriente, lo proponía
para comandante general, llamándolo el "benemérito coronel" y haciendo
notar la buena reputación que había adquirido entre todos por "su valor,
actividad, desinterés y prudencia singular. "15 Pero, con respecto a don
Simón de Herrera, una serie de acontecimientos que se estaban desarrollan-
do en aquellos días revelan que la descripción tan colorida de Pike, estaba

13
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
lejos de corresponder a la realidad.
De don Pedro de Herrera, son pocos los datos que se conocen antes de
su llegada a Nuevo León. Se sabe que fue alcalde mayor de Zimapán,
teniente de granaderos del Regimiento de Infantería de Asturias y subdele-
gado de Aguascalientes, villa de la cual dejó escrita una descripción. 16
Un aspecto que caracterizó el gobierno de los Herrera fue la pugna
constante que mantuvieron contra los dos obispos que coincidieron con su
mandato en la administración de la diócesis. Estos obispos tenían su resi-
dencia en Monterrey, y jurisdicción sobre las cuatro Provincias Internas de
Oriente.
El tercer obispo de la diócesis, don Andrés Ambrosio de Llanos y
Valdez, hizo su arribo a Monterrey el 5 de diciembre de 1792.17 Este tenía
grandes proyectos para transformar la comarca de su gobierno, y muy
particularmente la ciudad de Monterrey. Llegó acompañado de varios arte-
sanos para que instruyeran a la gente de la región en diversos oficios. También
se hizo acompañar por varias personas instruidas para que lo auxiliaran en
su labor pastoral y educativa. Fue fundador del primer hospital que hubo
en Monterrey, el cual puso al cuidado de un médico que con ese propósito
había traído de la ciudad de México. Estableció también el Colegio Semina-
rio de Monterrey, que por muchos años fue la única institución de educa-
ción superior en las cuatro Provincias de Oriente. Inició igualmente la
construcción de varios edificios monumentales en Monterrey, incluyendo la
catedral de su sede.18
Don Simón de Herrera tomó posesión del gobierno del Nuevo Reino de
León apenas dos años cuatro meses después de la llegada del obispo Llanos
y Valdez, y muy pronto empezaron las dificultades entre estos dos persona-
jes. El 19 de octubre de 1795, el obispo le escribía al virrey marqués de
Branciforte, quejándose que había huido de su casa un familiar y el gober-
nador lo había "amparado con un arresto aparente, porque lo mandó poner
en el oficio del cabildo, cuya llave tiene el reo y sale cuando quiere." El
señor obispo usaba la palabra "familiar", como se acostumbraba entonces,
esto es, una persona que estaba a su servicio. Efectivamente se trataba de
un paje llamado don José Manuel Echavarría. En su queja al virrey asevera-
ba que el gobernador amparó a su criado, no para favorecer al reo sino
para mortificarlo a él, "para lo que no pierde ocasión" y terminaba pidien-
do al virrey, ordenara al gobernador "inmediatamente me remita a mi
referido familiar, bien asegurado, porque aunque yo lo he pedido, no lo he
podido conseguir, y a mí me toca calificar si debe o no mantenerse en mi
familia, ni hay motivo para pensar que lo mandaré castigar con crueldad,
por aquello en que se declare culpable."^

14
DESFILE DE PROTAGONISTAS

Los conflictos posteriores de este obispo con don Simón de Herrera van
a determinar que suspenda las obras que había iniciado y le pida al rey el
traslado de la sede de la diócesis a Saltillo.20
Pero más importante para familiarizarse con el carácter y antecedentes
de algunos de los individuos que figurarán prominentemente en los aconte-
cimientos medulares de este relato, es la pugna, no sólo de don Simón de
Herrera sino de su hermano don Pedro, con el siguiente obispo don Primo
Feliciano Marín de Porras.
Este era natural de la villa de Tamarón del arzobispado de Burgos,
capital de Castilla la Vieja, y aunque propuesto por el rey Carlos IV, desde
el 13 de octubre de 1800, para suceder al obispo Llanos y Valdez, no arribó
a Monterrey sino hasta el año de 1803, pues tuvo que esperar la confirma-
ción del nombramiento por el Papa Pío VII, y ya en Nueva España, hacer
viaje hasta Valladolid (hoy Morelia) para ser consagrado, por encontrarse
vacante la sede de México.21
Los escasos datos que existen parecen indicar que el obispo Marín de
Porras era un prelado de vasta ilustración. Fue capellán de honor del rey
Carlos IV, su predicador de número y penitenciario de su real capilla.
Además del latín conocía el griego y el hebreo, y diversos indicios parecen
confirmar que llegó a su sede con una gran biblioteca.22
El año de 1805 el obispo Marín hizo su visita pastoral a la provincia de
Texas, llevando un diario del viaje y tomando la latitud de muchos de los
lugares por donde pasó. Llegó hasta el presidio de Nacogdoches, y habiendo
sido invitado a cruzar la frontera con los Estados Unidos, pasó tres días en
Natchitoches, en donde causó una excelente impresión pues, según informa-
ba al virrey Iturrigaray, hasta los anabaptistas y presbiterianos llevaron a
sus hijos para que los confirmara. El capitán Edward Turner, comandante
de este puesto, escribía a sus superiores que el obispo era "un hombre de
muchas letras y amplía conversación. "23
Un incidente que indica a Marín de Porras como persona de ideas
avanzadas para su época, sucedió en la ciudad de México durante su
estancia en esa población. El barón de Humboldt supo que una escultura
indígena encontrada bajo el pavimento de la plaza mayor en agosto de
1790, había sido transportada por orden del virrey Revilla Gigedo al edifi-
cio de la universidad, pero allí "el ídolo había sido enterrado de nuevo, por
considerar las autoridades universitarias que aquel monumento no debería
ser contemplado por la juventud estudiosa mexicana. El ídolo yacía sepulta-
do en uno de los corredores. Humboldt movió cielo y tierra para poder
conocer esta escultura, pero sus gestiones fueron inútiles hasta que intervino
el obispo nombrado para la diócesis de Monterrey, don Primo Feliciano

15
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Marín de Porras, y por sus ruegos, el rector de la universidad consintió en
que el enorme ídolo" fuera desenterrado. Esta escultura es la que se conoce
como la Coatlicue.24
Muy pronto, después de la llegada del obispo Marín a Monterrey va a
surgir un conflicto entre éste y los hermanos Herrera que dividirá el Nuevo
Reino de León entre parciales de uno y de los otros, motivará interminables
investigaciones, se formarán voluminosos expedientes de acusaciones y con-
tra acusaciones, y finalmente, determinará varios años después que los
Herrera sean desalojados del gobierno de la provincia.
Dos años antes de que llegara el obispo Marín, se presentó una queja
con relación a malos manejos en la caja de la Compañía Volante de la
Punta de Lampazos. La acusación la hacía el teniente don Pedro de Alba
contra el teniente segundo de la compañía don Juan de Castañeda, aunque
todo parece indicar que el gobernador don Simón de Herrera no era ajeno a
esta irregularidad.25
La única compañía veterana del Nuevo Reino de León era la de la
Punta de Lampazos. Esta estaba integrada por cien hombres y su capitán
era el gobernador, pero como la compañía estaba destacada en la villa de
San Juan Bautista de Horcacitas de la Punta de Lampazos, el que normal-
mente la hacía de comandante era el teniente primero. Desde 1788, ocupaba
este puesto don Juan Ignacio Ramón y cuatro años más tarde don Juan de
Castañeda y Quevedo fue designado teniente segundo.26 Estos dos indivi-
duos habían de desempeñar papeles importantes en los acontecimientos que
se avecinaban.
Juan Ignacio Ramón dice ser natural de la villa de Lampazos y nació el
año de 1754.27 Venía de familia de militares que habían contribuido enor-
memente al ensanchamiento del Imperio Español en el norte de la Nueva
España. Juan Ignacio menciona "ser nieto de don Domingo Ramón, capitán
que fue de la compañía presidial de los tejas e hijo de don Antonio Ramón,
alférez de la misma." Sin embargo, los méritos de sus antepasados son
mucho mayores que lo que esta modesta referencia indica. El bisabuelo de
Juan Ignacio, el capitán don Diego Ramón, acompañó al gobernador de
Coahuila, general Alonso de León, en la primera entrada a Texas los años
de 1688-1689. Su abuelo don Domingo, encabezó la expedición que en los
años de 1716-1717 funda las primeras misiones permanentes en la mencio-
nada provincia. 28
Ramón inició su carrera militar como soldado raso en la compañía
presidial de San Antonio de la Bavia en donde ascendió sucesivamente a
cabo y sargento, pasando luego como alférez y comandante a una compañía
de cincuenta hombres que por algún tiempo estuvo destacada en Saltillo.

16
DESFILE DE PROTAGONISTAS

Posteriormente fue teniente segundo y comandante de la primera compañía


del Nuevo Reino de León, y el año de 1788, cuando se suprimieron dos de
las compañías permanentes, pasó como primer teniente y comandante a la
de Lampazos.
Acompañó don Juan Ignacio al caballero don Teodoro de Croix, pri-
mer comandante de las Provincias Internas, en su general visita (1777-1781)
y estuvo con él en la escaramuza de la Peña.29 Tomó parte en dos
campañas a las órdenes de los gobernadores de la provincia de Coahuila,
don Jacobo Ugarte y Loyola y el coronel don Juan de Ugalde. También se
halló en la campaña general que realizó este último contra los indios
bárbaros entre los años de 1779 y 1783, mandando las tres compañías que
concurrieron del Nuevo Reino de León: la de la Punta de Lampazos, la del
río Salado y la de Monterrey. En esta expedición fue el encargado del tren
de campaña durante tres meses. En todas estas incursiones, y después como
comandante del único presidio de Nuevo León, le tocó participar en nume-
rosos encuentros con los indios bárbaros y fue herido en varias ocasiones,
cuando menos una de gravedad. Don Juan Ignacio estuvo también en el
cuerpo de observación de Texas durante un año siete meses, entre los años
de 1805 y 1807, tocándole entre otras comisiones, la de obligar a retirarse a
la partida de norteamericanos, quienes a las órdenes de Thomas Freeman,
exploraban el Río Colorado y habían penetrado a territorio español.30 Don
Félix María Calleja, su superior jerárquico, anotaba el año de 1798 en la
hoja de servicios de Juan Ignacio Ramón: "Aunque de escaso talento, es
muy buen oficial de campaña por su valor y conocimiento en el servicio de
su instituto. "31
Don Juan de Castañeda era ocho años menor que Juan Ignacio Ramón.
Nacido en Castilla la Vieja, debe haber llegado muy joven a Nueva España,
pues se inició en la carrera de las armas el año de 1778 como cadete en el
Presidio del Norte, cuando apenas tenía quince o diez y seis años de edad.
Ascendió sucesivamente a alférez segundo, alférez primero y teniente segun-
do sirviendo posteriormente en la Compañía de San Carlos de Parras y
finalmente en la de la Punta de Lampazos. Igual que Ramón, le tocó
participar en numerosos encuentros con los bárbaros.32
Ya se ha dicho que un incidente en la Compañía de Lampazos fue el
inicio de una serie de investigaciones que harán finalmente aflorar todos los
turbios manejos de los hermanos Herrera. El año de 1801, el teniente don
Pedro de Alba, yerno de don Juan Ignacio Ramón, acusó a don Juan de
Castañeda de malversación o desfalco en la caja de la compañía. Don Félix
Calleja, comandante de la Décima Brigada a la cual pertenecían estas
tropas, comisionó para hacer una investigación al gobernador de Nuevo

17
EN LOS ALBORES DE L4 INDEPENDENCIA
Santander, coronel Francisco Ixart, a quien tuvo luego que eximir por
razones de enfermedad. Fue comisionado en seguida el capitán don Joaquín
Vidal de Lorca, también de Nuevo Santander, el cual por haber sido
recusado por Castañeda, tampoco realizó la investigación.33
Era muy frecuente poner toda clase de excusas para no realizar este
tipo de comisiones. Las razones verdaderas pueden haber sido múltiples.
Generalmente había que trasladarse a grandes distancias en una época en
que los viajes eran penosos, abandonando por varios meses los deberes
ordinarios, así como intereses particulares. Además, ¿qué objeto tenía crear-
se enemistades en juicios que se prolongarían por años y que a la larga era
probable que nadie fuera castigado?
Es indudable que quien obstaculizaba la investigación era el gobernador
don Simón de Herrera, pues poco después de haber sido recusado Vidal de
Lorca, Calleja le comunicó al virrey Iturrigaray que don Simón le había
mandado un informe "del carácter caviloso del teniente de Alba, acompa-
ñando otro reservado del primer teniente de la Compañía de la Punta, don
Juan Ignacio Ramón, quien sin embargo de ser suegro de Alba, apoya el del
gobernador y desmiente las aserciones de la acusación. "34
No obstante, Calleja, nombró finalmente para hacer la investigación al
nuevo gobernador de Nuevo Santander, don Manuel de Iturbe e Iraeta,
"quien casi por necesidad y a más no poder, como suele decirse, pasó a
practicarla a la insinuada Punta en 23 de julio de 1806." Por lo tanto,
habían transcurrido cinco años desde que se hizo la denuncia, cuando se
llevó a cabo la investigación. Y todo para nada, pues el 12 de agosto, Iturbe
le informó a Calleja, que después de hacer que el teniente de Alba ratificara
su acusación, de tomar su declaración a otros individuos, revisar libros
maestros de caja y libretas y pasar revista de ropa, armas, monturas y
caballos, no habían encontrado ninguna irregularidad.
Pero el señor obispo no estaba dispuesto a dejar que el asunto muriera.
Unos días después de que Iturbe presentó su dictamen, le escribió al virrey
enumerando una larga lista de cargos contra el mismo teniente Castañeda:
"los públicos concubinatos... a ciencia y paciencia de su legitima mujer, las
prisiones y vejaciones que sufrieron los respectivos maridos, aun siendo
soldados, el reprobado manejo de los intereses de su cargo, la resistencia en
satisfacer los derechos parroquiales, el atropellamiento o ultraje de la juris-
dicción eclesiástica por impedir su libre expedito curso" y algunas otras
acusaciones.35 Pero en este momento se empieza a definir contra quiénes se
dirigían realmente los ataques del señor obispo.
El 28 de octubre de 1806, el gobernador interino don Pedro de Herrera,
le comunicó por oficio al capitán de milicias don Ignacio Elizondo que

18
DESFILE DE PROTAGONISTAS

había sido nombrado para mandar la Octava Compañía de Dragones Pro-


vinciales, destinada a auxiliar la provincia de Texas, y que debía acompa-
ñarlo su hermano, el alférez don Nicolás. Tan pronto como don Ignacio
recibió este oficio, fue a la villa de Candela donde estaba entonces residien-
do el señor obispo Marín de Porras,36 y el 8 de noviembre le escribió al
virrey Iturrigaray, haciéndole notar los perjuicios que le acarrearía la comi-
sión que le había dado don Pedro, informándole ampliamente de sus activi-
dades y compromisos económicos, pues le decía tenía a su cargo las hacien-
das de San Diego del Carrizal^? y la de El Álamo.38 "La primera" conti-
nuaba, "se halla con setenta mil ovejas, setenta manadas de yeguas y cuatro
mil vacas. La segunda tiene treinta y cinco fanegas de maíz de sembradura,
sesenta cargas de trigo, que estoy sembrando, y diez cargas de frijol, con
mil arrobas de algodón que cosecho. Todo esto se cultiva con el trabajo de
doscientos hombres que tengo de servicio, sin más administrador y mayor-
domo que mi cuidado y el de mi hermano. No tengo en el día una persona
de confianza a quien pueda encomendar la atención tan vasta y dilatada de
todos estos intereses. Dos hijos que tengo, están todavía pequeños cursando
las primeras letras." Seguía Elizondo exponiendo que el nombramiento para
ir a Texas lo arruinaría a él y a sus nueve hijos, pues los bienes que no eran
administrados por el amo, pronto decaían, que debía más de veinte mil
pesos de los espolios del ilustrísimo señor Llanos y Valdez y contribuía
anualmente con más de tres mil pesos a las finanzas públicas, ya que
pagaba arriba de mil pesos de alcabala y dos mil pesos de diezmos. Que
además tenía a su cargo el fielato de tabacos de la villa de Candela, el cual
se vería obligado a desamparar con su ausencia.
Sin embargo, la parte fundamental de la carta era una seria acusación
que hacía contra el gobernador don Pedro, pues decía: "él espíritu que le
mueve no es de celo y amor al servicio de nuestro soberano, sino del
propio. Ya tiene experiencia, que yo y otros individuos de esta provincia
por falta de espíritu y timidez, redimimos cualquiera vejación injusta que
nos quiera hacer a fuerza de plata, causa de que esté esta provincia tan
aniquilada, pero ya no quiero hacer más sacrificios, me parece que he hecho
demasiado en haberles dado, ya graciosamente, ya casi forzado, como cinco
mil pesos." Indudablemente que Elizondo al decir en plural, "haberles dado,"
se refería no sólo a don Pedro, sino también a su hermano don Simón.39
Ignacio Elizondo, uno de los personajes principales de este relato, nació
en el valle de Nuestra Señora de Salinas el 9 de marzo de 1766 y fue
bautizado en la iglesia parroquial del lugar a los once días de nacido con el
nombre de Francisco Ignacio.40
Sus padres, don José Marcos de Elizondo y doña María Josefa de

19
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Villarreal, tuvieron, según parece, ocho hijos; cinco hombres y tres mujeres,
de los cuales Ignacio fue el quinto. Otro hermano muy ligado a Ignacio, y
que también figurará en los acontecimientos que se aproximaban, fue José
Nicolás Máximo, conocido comúnmente como José Nicolás o simplemente
Nicolás. Este era dos años menor que Ignacio, pues nació el 19 de enero de
1768.41
El menor de la familia, José María de Jesús, nació el año de 1773 y
poco después de esta fecha, debe aquélla haberse cambiado a Pesquería
Grande, pues en el archivo parroquial de esta villa, existen las actas de
matrimonio de cuatro de los hermanos Elizondo y, exceptuando la de
Nicolás, dicen que son originarios de ese lugar. Dos de ellos contrajeron
matrimonio con hermanas; Ignacio el año de 1787 con doña María Gertru-
dis García y Nicolás con la hermana de ésta doña María de Jesús, el año de
1793.42
Hacia el año de 1798, Ignacio tomó en arrendamiento la hacienda del
Carrizal en la jurisdicción de Lampazos, pues ese año y el siguiente el señor
obispo Llanos y Valdez le prestó una cantidad importante, tanto en ganado
como en efectivo, "para la habilitación de la hacienda del Carrizal" al grado
de que a la muerte del obispo en el año de 1799, Elizondo tenía con él una
deuda de 28,181 pesos 7 reales. Algún tiempo después debe haber arrendado
también la hacienda de El Álamo en la provincia de Coahuila, y desde esas
fechas, tanto él como su hermano Nicolás y varios otros parientes, residie-
ron durante la siguiente década en alguno de estos dos lugares.43
La carrera militar de Elizondo se inicia cuando ya tenía treinta y dos
años, pues el año de 1798 le expidieron un despacho de teniente de caballe-
ría de milicias provinciales para la compañía de Pesquería Grande, que era
la séptima del Nuevo Reino de León.44 pero dos años después el virrey le
confiere el empleo de capitán de dragones provinciales de la Punta de
Lampazos, o sea, para la sexta compañía.45 Sin embargo, Nicolás su
hermano, todavía en el año de 1810, era alférez de la compañía de Pesque-
ría Grande no obstante residir en la hacienda del Carrizal a una distancia
muy grande de esta villa.
No se sabe en qué fecha murió doña María Gertrudis García, primera
esposa de Elizondo, pero a principios del año de 1806, éste contrajo matri-
monio en segundas nupcias con doña María Romana Carrasco, hija del
capitán don Pedro Nolasco Carrasco, quien había sido comandante del
presidio de Río Grande; el 15 de abril, Elizondo legalizó un documento ante
el teniente don Juan de Castañeda, quien era el subdelegado de la villa de
Lampazos, en el cual hace constar "que acaba de tomar estado de matrimo-
nio" con doña María Romana Carrasco "y que atendiendo a la honestidad,

20
DESFILE DE PROTAGONISTAS

virtud, y otras loables prendas que en ella concurren" le está donando en


arras 1,507 pesos 5 reales, que corresponden a la décima parte de sus
bienes. Más adelante se verán los efectos que este parentesco político,
contraído entre Elizondo y el capitán Carrasco, tendrá sobre acontecimien-
tos posteriores.46
No obstante la comunicación de Elizondo al virrey quejándose de don
Pedro de Herrera, aquél se presentó en Monterrey el 15 de noviembre, y el
día 23 dirigió al gobernador un memorial exponiendo que se ha presentado
por haberse dado cuenta de que había mucha escasez de oficiales para
mandar las compañías que debían salir a Texas, pero que en realidad estaba
muy achacoso como resultado de haber padecido "una grave enfermedad de
fiebre maligna intermitente" que lo dejó casi ciego, y por lo tanto, pide se le
dé algún tiempo para sanar y entonces marchará a ponerse al frente de su
compañía.47
Don Pedro ordenó el mismo día que Elizondo fuera examinado por el
médico don Ramón Covarrubias y éste presentó un dictamen certificando que
Elizondo efectivamente estaba enfermo, y el lo. de diciembre don Pedro
escribió a la comandancia de la brigada diciendo "que le parecía justa la
solicitud y que las recomendables circunstancias de este capitán lo hacían
acreedor a que no se le separase del servicio hasta ver si se restablecía. "48
El virrey ordenó entonces a Calleja investigar la queja de Elizondo y
Calleja nombró para este propósito a don Juan Ignacio de Arizpe, goberna-
dor interino de Coahuila, que ya poco antes había sido designado para
investigar la acusación del señor obispo contra don Juan de Castañeda. Pero
Arizpe se excusó y le encargó la comisión a don José Andrés Molano,
subdelegado de la villa de San Buenaventura.
Molano llevó a cabo su encargo con un celo extraordinario, pues en
unos cuantos meses recorrió gran parte del Nuevo Reino de León interro-
gando numerosos testigos, y de las declaraciones de éstos resultaron graves
cargos, no sólo contra don Pedro de Herrera, sino contra don Simón y
varias otras personas. Y el 19 de mayo de 1807 le informaba desde San
Buenaventura, al gobernador Arizpe, que había cumplido su encargo y le
estaba mandando el expediente que formó y que constaba de sesenta y ocho
fojas.
Pero a las autoridades de México les pareció que Molano había desem-
peñado su comisión demasiado bien, y el 17 de agosto, el auditor don José
del Cristo rindió al virrey un dictamen diciendo que Molano actuó "...con
un celo tan fervoroso, que sin detenerse en los muchos gastos y fatigas que
tanto pondera en sus providencias, rodeó casi toda la provincia de Monte-
rrey, solicitando declarantes de pueblo en pueblo, en términos de examinar

21
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
más de sesenta testigos, excediéndose manifiestamente en recibir y agregar
anónimos y proceder por ellos contra todo derecho y fuera de sus faculta-
des." Continuando más adelante, que Molano al "calificar de comprobadas
las injustas exacciones hechas por los señores gobernadores propietario e
interino, de manera que si siguen mandando, serán en lo sucesivo mayores
y menos excusables las vejaciones, cuyas palabras, unidas a los indicados
procedimientos, ofrecen motivo bastante para sospechar de la imparcialidad
y justificación de tal comisionado."
Recomendaba el auditor, que el expediente se mandara a Calleja para
que éste, en nota reservada, le informara al gobernador del Nuevo Reino de
León los cargos que había en su contra y éste se pudiera justificar, y que se
interrogara a Elizondo para que especificara claramente, en cuántas partidas
y en qué fechas había dado a los Herrera los cinco mil pesos que mencio-
naba en su acusación.
También recomendaba se investigara quién había proporcionado a Mo-
lano "los gastos de sus largos viajes y actuaciones, puesto que careciendo de
facultades, como él mismo manifiesta, no lo ha podido hacerlo por sí, ni
tampoco los reclama."^
Esto último se decía indudablemente por existir sospechas muy funda-
das, de que el obispo Marín, no sólo había costeado el viaje de Molano,
sino que era el instigador de Elizondo. Quejas que deben haber llegado a las
más altas autoridades del virreinato directamente de los Herrera o quizá de
Calleja, que según voz pública, los protegía.
Pero en este asunto ya de por sí embrollado, va a surgir una nueva
complicación.
Se ha dicho que Ignacio Elizondo habilitó la hacienda del Carrizal con
un préstamo que obtuvo del señor obispo Llanos y Valdez. A la muerte de
este ilustrísimo señor, en el año de 1799, todavía no había cubierto nada de
esta deuda. No obstante, el 29 de noviembre de 1800, firmó ante don Simón
de Herrera un convenio, por medio del cual aceptaba deber 28,181 pesos 7
reales a los espolios del señor obispo, y se comprometía a pagar, del año de
1803 en adelante, cuando menos siete mil pesos anuales, quedando como
sus fiadores don Nicolás Elizondo y don José Lorenzo García.
Pasaron cinco años y Elizondo no había empezado a pagar la deuda.
Pero el 31 de mayo de 1808, estando éste en Monterrey, el gobernador don
Pedro de Herrera le notificó que no podía salir de la ciudad mientras no
cubriera el total de lo que debía. Elizondo alegó que su deuda no era de
28,000 pesos sino sólo de 24 mil y pico, pero que como no tenía sus papeles
consigo, se le permitiera pasar a su casa para traerlos. Entonces el goberna-
dor consultó con el contador fiscal don José Cayetano Landásurí, con el

22
DESFILE DE PROTAGONISTAS

albacea del señor obispo, licenciado don José Vivero y con los capitulares
del cabildo eclesiástico don Andrés Feliu y Togores, deán de la Catedral y
don Juan Isidro Campos, canónigo de la misma, y éstos estuvieron de
acuerdo en permitir que Elizondo fuera a su hacienda a traer los documen-
tos. Por lo tanto el 11 de junio, don Pedro levantó el arraigo que le había
impuesto y le concedió un mes para presentar los comprobantes.
Pero el 18 de junio, Elizondo le escribió al gobernador desde la hacien-
da de El Álamo diciéndole que el obispo Marín como comisionado del señor
virrey, le había ordenado entregara la hacienda del Carrizal y sus bienes
para el 15 de julio, y por estar ocupado con este asunto, había nombrado
apoderado a su hermano José María para que lo representara en la liquida-
ción de la cuenta que tenía con los espolies del señor Llanos y Valdez.
Como pasaron más de dos meses sin que se presentaran ni Elizondo ni
su hermano, el 18 de agosto, don Pedro pasó un requerimiento al goberna-
dor de Coahuila para que obligara a Elizondo a comparecer en el juzgado
de Monterrey, diciéndole que la Real Audiencia había pedido el expediente
de los espolios del señor obispo "previa la colección de deudas."
Sin embargo, el gobernador del Nuevo Reino de León, sabía desde
varios meses antes, que Elizondo se había cambiado a Coahuila, pues éste
fue citado para declarar en San Luis Potosí sobre la queja que había puesto
contra los Herrera, y como no se presentaba, el 2 de mayo don Pedro le
comunicaba a Calleja: "Supe que el capitán Elizondo, sin conocimiento mío
mudó de domicilio a la provincia de Coahuila con su familia y bienes." Le
decía igualmente que desde el 11 de abril se había dirigido al gobernador de
Coahuila para que obligara a Elizondo a ir a declarar a San Luis Potosí,
pero que no había tenido contestación.50
De momento parece que Elizondo no podía o no quería pagar la
mencionada deuda, pues el 25 de agosto se presentó su hermano don José
María con un solo recibo el cual aparentemente no correspondía a la deuda,
sino a unos diezmos pagados muchos años antes. El gobernador pidió
entonces al contador fiscal que pusiera en orden la cuenta de los espolios del
obispo, pero éste contestó que no lo podía hacer por tener mucho trabajo
pendiente. Entonces ordenó al apoderado de Elizondo que pagara sólo los
24 mil y pico de pesos que decía deber, pero quedando responsable de la
cantidad restante y don José María contestó que no podía liquidar hasta que
no se depurara la cuenta. Por lo tanto el expediente se fue a la Real
Audiencia sin que Elizondo hubiera cubierto su deuda.51
Ahora bien, surge una pregunta interesante: ¿por qué se cambió Eli-
zondo a Coahuila? ¿Sería para no pagar la deuda que tenía pendiente o
para salirse del dominio de los Herrera y Leyva, que lo habían molestado

23
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
antes con exacciones y ahora los tenía de enemigos por la denuncia que
hizo? La contestación parece ser que lo hizo simplemente porque le habían
pedido la hacienda del Carrizal que tenía rentada, y siguió explotando la de El
Álamo que estaba en Coahuila. Además había adquirido una propiedad en
esta provincia.
Hay un incidente que parece aclarar este asunto, lo mismo que el
resultado final de la deuda que Elizondo tenía con los espolies del señor
obispo Llanos y Valdez.
El año de 1809, el comandante general de Provincias Internas, don
Nemesio Salcedo, comisionó a don Tomás Flores administrador de tabacos
de Monclova, para que hiciera una investigación sobre las denuncias que
había habido de contrabando. Más adelante se hará referencia a las infor-
maciones muy interesantes que reunió este comisionado, pero por ahora
sólo se mencionará lo relacionado con Elizondo. El lo. de julio de 1809,
Flores le escribía a Salcedo, desde el valle de Santa Rosa y le decía: "De
tránsito para este valle, por incidencias, tuve noticia que don Ignacio de
Elizondo natural de la provincia del Nuevo Reino de León, se estaba
radicando sobre el río de Sabinas en la hacienda abandonada hace años de
San Juan de Canoas, por compra que hizo a los Guadianas, a quienes
pertenecía, por lo que determiné dirigirme a aquel sitio aun con extravío de
dos o tres leguas del camino real, río abajo, con el fin de examinar a dicho
individuo y habiéndolo verificado, declara que oyó decir, cuando estaba
poseyendo en arrendamiento la hacienda del Carrizal, que el año pasado
por el real de Vallecillo habían pasado algunas cargas de efectos de la
frontera ignorando el destino y a quién pertenecían. Que en dicho año,
hallándose ya en El Álamo, que hasta ahora reconoce en arrendamiento,
llegó de tránsito para la ciudad de Monterrey el barón de Bastrop quien le
vendió unas seis u. ocho varas de indiana fina en dos retazos y cuatro tiras
de tripe de algodón, único que vio llevaba en sus cantinas. Que hallándose
urgido de pagar veintiocho mil pesos de espolias a la clavería de la santa
iglesia Catedral de Monterrey, le faltaban al completo cuatro mil pesos,
para cuyo saldo dio en venta al citado barón (previo ajuste) cien y pico de
mulos y otras tantas reses, de que le otorgó un bueno, pagadero en septiem-
bre del corriente año, que presentó y se le admitió en la clavería. Que las
mulos y reses las llevó dicho barón a San Antonio de Béjar, conduciéndolas
con sirvientes de Elizondo, en clase de aventureros, y que no tuvo embara-
zo en hacer dicha venta, respecto a que sabe de ciencia fija que el referido
barón trata y contrata libremente y que está radicado en la capital de
Texas. "52
En efecto, entre los días 10 de abril y 20 de julio, Elizondo adquirió de

24
DESFILE DE PROTAGONISTAS

varias personas, veintisiete sitios de ganado mayor y una saca de agua de


veinte surcos en la hacienda de San Juan de Sabinas, pagando por estas
propiedades la cantidad de 1,345 pesos.53
Poco después de cambiarse a Coahuila, Elizondo debe haber obtenido
su retiro como oficial de milicias, pues ya en 1809 se referían a él como
capitán retirado. Tampoco figura en el año de 1810 como oficial de ninguna
de las diez y seis compañías de milicias del Nuevo Reino de León.54
Han aparecido en el incidente anterior los nombres de dos personas que
es conveniente recordar, ya que ambos tendrán una participación muy
importante en los acontecimientos que se relatarán posteriormente; uno es
don Tomás Flores y el otro Felipe Enrique Neri, barón de Bastrop. Este
último era un holandés que había servido como soldado de fortuna a las
órdenes de Federico el Grande. Pasó luego al servicio del rey de España y se
estableció en la Luisiana cuando ésta pertenecía a la corona española. Pero
cuando este territorio fue cedido a Francia y luego vendido a los Estados
Unidos, el barón se avecinó en Texas, actuando como agente secreto espa-
ñol en la frontera oriental.55
Volviendo a la acusación que existía contra los Herrera y Leyva, se
puede decir que no adelantó nada la investigación mientras el virrey Iturri-
garay gobernó la Nueva España, pues también se rumoraba que éste los
protegía; pocos días después de su caída, llegó un curioso anónimo a manos
del nuevo virrey, don Pedro Garibay.
Este anónimo estaba aparentemente dirigido a un comerciante, y sus
autores le pedían divulgara su contenido entre otros comerciantes, ya que
ellos no lo podían hacer, según decían, "por ser unos pobres rancheros
llenos de aflicción y porque tememos este gobierno." Aunque bastante
extenso, su parte medular consistía en advertir a los comerciantes que no
contrajesen deudas para llevar mercancías a la feria de Saltillo, pues en ésta
abundaban les artículos de contrabando introducidos desde la Luisiana. El
principal promotor de este negocio era don Simón de Herrera y en él estaba
implicada toda la oficialidad a sus órdenes y su hermano don Pedro.
También decía el anónimo, que participaba en el contrabando el capitán
don Bruno Barrera, al cual menciona en varias ocasiones como "el negro
capitán Barrera," según parece en el sentido de esclavo o incondicional de
los Herrera, así como el contador de diezmos don Alejo Ruvalcaba, compa-
dre de los Herrera, y don Pedro Zarza vecino del real de Vallecillo.
Afirmaba igualmente, que la pretendida guerra contra los americanos era
sólo un pretexto para el contrabando y otra clase de negocios, "que más
guerra tienen los religiosos de Guadalupe de Zacatecas contra los santos,
que las que hay en Tierra Adentro con los americanos, pero sí la hay

25
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
grande contra el real erario y contra tanto pobre que han llevado y lloran el
abandono de sus familias." Que los reclutas que estaban en Texas que
querían regresar a sus casas, le dejaban a don Simón de Herrera sueldos,
caballos, armas y silla, y que en su lugar se llevaban otros a quienes
vendían lo que aquéllos habían dejado. Que don Simón, su hermano y el
capitán Barrera habían robado a la provincia de Monterrey, pero que la
causa contra ellos no prosperaba porque Calleja era su amigo.
Acusaba también a don Pedro de haber declarado en público "que
nuestro rey Femando VII no es capaz de haberle hablado a Napoleón con
tanto descaro." Y que cuando hubo los acontecimientos en México que
llevaron al arresto del virrey Iturrigaray, había dicho: "Que bacines les
había de faltar ahora a los gachupines y otras cosas, y que todo esto lo
apoyaba su asesor don José' María Letona."
Afirmaba asimismo, que en otras provincias el ganado sin dueño co-
rrespondía al gobierno, pero que en el Nuevo Reino de León se lo apropia-
ban los Herrera. Que a sesenta carneros que se perdieron en el cerro de
Santa Catarina "don Pedro les cayó como lobo y como si fueran propios los
vendió y con su importe, algún espíritu de vino embodegó en su panza."
Por último, decía que la mitad del sueldo de los soldados que estaban
en Texas, se mandaba a sus familias, pero que don Pedro no se los daba.56
Garibay remitió el anónimo a Calleja, pero éste no contestó al virrey
hasta unas tres semanas después de que lo recibió diciendo que los efectos
de contrabando, fueron abundantes y baratos en la última feria de Saltillo,
pero que no había prueba que los Herrera fueran los introductores.57
Después de este anónimo, transcurren varios meses sin incidentes im-
portantes en la causa pendiente contra los Herrera, pero a principios de
1809, Calleja nombró a su asesor, el licenciado don Antonio Frontaura y
Sesma para continuar la investigación. Este llegó a Monterrey el 19 de abril,
y aunque declaró que sus propósitos eran que las diligencias "se concluyan
y finiquiten a la mayor brevedad posible," no pareció darse mucha prisa,
pues al principal testigo acusador, que era don Ignacio Elizondo no lo
interrogó hasta el 13 de mayo.58
El interrogatorio a Elizondo versó casi exclusivamente sobre los cinco
mil pesos que "ya graciosamente ya casi forzado" decía les había dado a los
Herrera. Aunque la declaración es muy larga, pues los cinco mil pesos
mencionados eran el total de varias exacciones en fechas muy diversas, hay
algunos detalles que ilustran gráficamente la actuación arbitraría de los
gobernadores. Parte de la deuda provenía de una partida de muías que le
vendió a don Simón, desde el año de 1799, en tres mil quinientos veintiocho
pesos y de los cuales sólo le pagó mil. Declaró asimismo Elizondo que don

26
DESFILE DE PROTAGONISTAS

Pedro de Herrera le había mandado pedir todas las muías de tiro que
tuviera para trasladar al obispo Marín de México a Monterrey, y que él
había mandado ochenta y solamente le regresaron sesenta y dos y que
estimaba el valor de las no devueltas en setecientos veinte pesos. Igualmente
declaró que para librarse de ir a Texas, había dado doscientos pesos a don
Pedro, que sobre ésto podía atestiguar el cabo Guillermo Treviño, que fue
quien los llevó cargando. Interrogado sobre qué explicaciones le había dado
a don Pedro cuando le entregó el dinero, dijo que le había dicho era "para
polvos y puros" y que enseguida empezaron a platicar "sobre asuntos
indiferentes. "59
Concluido este interrogatorio, el licenciado Frontaura no hizo grandes
esfuerzos por continuar la investigación contra los Herrera, antes bien, todo
parece indicar que sus deseos eran regresar lo más pronto posible a San Luis
Potosí de donde era natural, pues el verano de Monterrey debe haberlo
empezado a incomodar. Por lo tanto, el 31 de mayo consiguió un certifica-
do firmado por don Francisco Rafael García, farmacéutico de la Real Botica
del Hospital de Nuestra Señora del Rosario, el cual manifestaba que habién-
dolo reconocido, no le permitía la "dura estación" que permaneciera en
Monterrey "sin que se exponga a perecer; su mal, su temperamento, su
constitución endeble y desmembrada, el clima de esta región, contribuyó a
su accidente filistérico que padece. "6®
Sin embargo, algo debe haber hecho al licenciado Frontaura cambiar de
opinión, pues tres días después de haber sido expedido el certificado ante-
rior, publicó una comunicación pomposa que empezaba: "Yo, el licenciado
don Antonio Frontaura y Sesma, abogado de la Real Audiencia de México,
individuo de su Ilustre y Real Colegio, asesor de la subinspección y coman-
dancia de la Décima Brigada de Milicias, juez comisionado de ella" y en
ésta invitaba a las partes a que presenciaran el acto de juramento.61
Probablemente el licenciado Frontaura decidió quedarse por haber lle-
gado a algún arreglo con don Pedro de Herrera, pues el 6 de junio Elizondo
vuelve a comparecer ante el juez para contestar un cuestionario previamente
preparado, en el cual se trataba de hacer que éste descubriera a qué grado
llegaban sus relaciones con el obispo Marín.
Elizondo confesó que "es cierto que tuvo y tiene estrecha amistad con
el obispo" a quien mantuvo en la hacienda del Carrizal por dos meses, "y
que para ello le dio dicho señor ilustrísimo, mil pesos en reales los que no
quería recibir, y que al partir dicho señor le devolvía el que declara,
quinientos pesos, poco más o menos que había sobrado del gasto, los que
no quiso recibir." Dijo después que en una ocasión fue en compañía del
padre Vital Fernández a visitar al obispo a Candela, donde estaba residien-

27
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
do, pero que no le dio audiencia. Que ésto se debió a un mal entendido por
chismes de un mozo, pero que a los seis o siete meses lo mandó llamar el
señor obispo y "le dio satisfacción de tal desaire." Asimismo, declaró que
cuando se le nombró para ir en la expedición a Texas, fue a ver al obispo,
con quien habló acerca de este nombramiento, que su ilustrísima no había
dicho nada, "pero que después pidió el que declara, una carta de recomen-
dación al secretaría, presbítero don José Díaz de Mendívil, la que firmó el
ilustrísimo señor obispo para el gobernador interino de la provincia de
Coahuila, suplicándole en ella proporcionara que su recomendado hablara
con el señor comandante general." También expuso Elizondo que quien lo
dirigía en la causa, era el provisor del obispado doctor don José León Lobo
Guerrero, pero que esto no era ningún secreto, pues hasta en ese juzgado lo
había contado. Por último, dijo "que los privilegios que le ha concedido el
ilustrísimo señor obispo para su hacienda que está formando en Santa Rosa,
son el que, ínterin se edifica la correspondiente capilla, se le diga misa en un
jacalón, que tenga en ella capellán y que éste haga suyas las obenciones y
emolumentos parroquiales. "62
En los días que siguen a esta declaración de Elizondo, el licenciado
Frontaura interrogó a una serie de testigos, que por sus declaraciones se ve
que fueron seleccionados para favorecer a los Herrera.
Elizondo había dado poder desde el 27 de mayo, a don Antonio
Silverio Verridy para que lo representara "en el litis promovido contra los
señores Herrera y demás sujetos comprendido en él." Pero repentinamente
el licenciado Frontaura acusó a Verridy de haber ultrajado su juzgado por
"falta de subordinación, irrespetuosos procedimientos y cavilosidad," y pi-
dió al gobernador que lo confinara "en el lugar donde sea costumbre
arrestar las personas decentes."
Don Pedro de Herrera le contestó el mismo día manifestando que no
habiendo en la ciudad "más que un cuarto a la entrada de la cárcel pública
que se halla ocupado por el francés Cario Canel, había determinado se le
arrestara en la casa del cabo Tomás María Rores. "63
Este cabo Flores que posteriormente desempeñará un papel importante,
era natural del valle de Santa Rosa en la provincia de Coahuila, y el año de
1975, cuando tenía 23 años de edad, se dio de alta en la Compañía Volante
de la Punta de Lampazos. En 1805 se le reconocieron casi cinco años y
medio de servicios militares prestados antes de su incorporación a dicha
compañía. Era muy bajo de estatura, pues sólo medía cinco pies de altura,
tenía el cabello rubio, era de color blanco y picado de viruela. Aunque
pertenecía a la Compañía de Lampazos residía en Monterrey, ya que era
uno de los incondicionales de los Herrera.64

28
DESFILE DE PROTAGONISTAS

Respecto a don Antonio Silverio Verridy Muñoz de Herrera, si todo lo


que se decía de él era cierto, parecía un personaje salido de una novela
picaresca.
Varias de las personas interrogadas por el licenciado Frontaura dijeron
que Verridy se había destacado, desde muy joven, por ser un individuo de
genio fogoso y terriblemente precipitado e intrépido. Que haría unos treinta
años, cuando era gobernador del Nuevo Reino de León don Melchor Vidal
de Lorca y Villena, había tenido un pleito muy ruidoso con él, y que
delante de otros le había llamado "un público ladrón y otras expresiones
irregulares." Que en este pleito había gastado Verridy toda su fortuna.
Estuvo en la cárcel y fue expulsado de la provincia por cuatro años. Que
como resultado de este destierro se fue a vivir a la villa de Reynosa en la
colonia de Nuevo Santander y que, allí tuvo conflictos con varias autorida-
des, especialmente con "un tal Hinojosa, a quien llegó a imputar el delito de
homicidio." Que hacía pocos años había vuelto al Nuevo Reino de León
"para impedir el casamiento de una sobrina suya," pero que don Simón de
Herrera le había dado veinticuatro horas para salir de la provincia.
Probablemente los declarantes exageraban algo sobre el comportamien-
to de Verridy, pues cuando menos uno de ellos, don José Froilán de Mier y
Noriega, hermano del inquieto Fray Servando, era un secuaz de los Herre-
ra.65 Además, aunque sin mencionarlo, se seguía tratando de implicar el
obispo como el, instigador de la acusación, pues don Froilán declaró que
Verridy había dicho a don José Hermenegildo García, "que don Ignacio
Elizondo tenía puestos a su disposición para los gastos del asunto que tiene
pendiente con los gobernadores propietario e interino de esta ciudad y su
provincia, diez mil pesos en la misma, diez mil en la de San Luis Potosí y
treinta mil en la de México." Y don José Hermenegildo agregó en su
declaración, que Verridy se jactaba iban a perder a los gobernadores porque
"todo se consigue con el dinero y mucho más cuando es ajeno y no
duele. "66
Pero no todos los funcionarios públicos de Monterrey eran incondicio-
nales de los Herrera. El 16 de agosto, don Juan José Lozano, alcalde de
segunda elección, presentó una queja al Cabildo de Monterrey, en la cual
refería, que había ido como juez a la casa donde tenían arrestado a Verridy,
pues éste lo había mandado llamar para que le extendiese un poder para
uno de los procuradores de la Real Auditoría de México, y por este hecho
había sido Insultado por el licenciado Frontaura.67
Cuatro días después el cabildo remitió al virrey Lizana la queja de
Lozano, agregando que desde hacía varios meses se había presentado Fron-
taura en Monterrey y que nadie sabía qué poderes tenía, ya que "a ninguno

29
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
de los alcaldes ordinarios ha mostrado el despacho que lo autoriza, y así se
ignora si es delegado de ese superior gobierno o subdelegado, aunque de
oídos sabemos entregó credenciales al gobernador interino, pero como éste
es parte en el expediente, según voces, no consideramos cómo pueda auxi-
liar al comisionado. "68
Al convertirse el arzobispo Lizana en virrey de la Nueva España, el
obispo Marín de Porras consideró había llegado la hora de precipitar el
derrumbe de los Herrera, y el 21 de agosto, sólo un mes después de la
ascención de Lizana, le escribió desde Saltillo una carta muy reservada en
que le exponía todas sus quejas. "Hace como cinco años —decía— el
gobernador de este Nuevo Reino de León, salió descubierto en catorce mil
pesos en la renta del tabaco de la provincia, que extrajo o violenta o
fraudulentamente de mano del administrador con órdenes o pretextos fingi-
dos, que resultan de la causa. A esta razón, por la muerte del gobernador
de Texas, pasó a gobernar aquella provincia- el coronel don Antonio Corde-
ro, gobernador de Monclova. A fuerza de artificios y máquinas hicieron
correr la voz de la güeña con los americanos, que jamás pensaron en ella y
no hicieron movimiento de hostilidad, aun cuando nosotros anticipadamen-
te les provocamos. El artificio tuvo los resultados más felices. Alarmóse el
señor Iturrigaray, se levantaron las milicias del Nuevo León, colonia de
Santander y provincia de Monclova, el inspector de San Luis Potosí, don
Félix Calleja, quedó encargado de dirigir y poner jefes a estas tropas, y en
aquel momento, creyó todo el reino, que los americanos ocuparían todos
estos territorios y amenazarían hasta esa capital.
El sobredicho Calleja, amigo íntimo y compañero antiguo del goberna-
dor Herrera, halló la ocasión más oportuna de salvar a su amigo de la
prisión y pérdida de empleo, en que condena la ley los excesos de aquél, y a
propuesta suya, se le nombró para mandar dichas milicias en Béjar. El señor
virrey estaba bien prevenido a su favor, pues para que no le incomodase el
asunto del descubierto, mandó se difiriese, y a pocos meses que se hallaba
en dicho Béjar, pidió el señor fiscal Barbón, se le completase el reintegro de
la cantidad usurpada, y en cuanto a lo criminal, se suspendiese para lo
sucesivo, en atención a los distinguidos servicios, que en compañía de
Cordero, está haciendo contra los americanos.
Estos, señor excelentísimo, son bien constantes y públicos, pero todos
en perjuicio del rey y del reino. Desde el instante que llegó, fue su única
ocupación el contrabando. El vestuario de la tropa se trajo de los america-
nos, y hasta los sombreros, con notable interés suyo, pues lo ha repartido a
la tropa al precio que él ha querido, y no contento con esto, ha inundado
con él estas provincias, ya por medio de emisarios franceses, sus amigos

30
DESFILE DE PROTAGONISTAS

predilectos, ya por medio de sus conocidos, que han recorrido los más
infelices ranchos, para expender los contrabandos en tanta abundancia que
el año último lo advirtieron y se quejaron amargamente los comerciantes
que acudieron a esta feria del Saltillo, en donde se proveen aquellas tropas,
pues empleándose en ellas anteriormente, sesenta mil pesos por año, no
llegó en el anterior a diez y ocho mil pesos, y esto en efectos que no tienen
los americanos, como jabón, azúcar y todo género de colambre. Además de
esto, ha girado igualmente otro contrabando muy lucrativo, extrayendo de
estas provincias partidas muy numerosas de mulos y caballos, con que se
han enriquecido los americanos, que las necesitaban para su tropa y las
manufacturas de que sacan ,su subsistencia. Creo que de todo esto, estará ya
informado vuestra excelencia por el señor comandante general, que de ello
ha mandado hacer informes secretos, y esto mismo califica más y más la
verdad de cuanto llevo expuesto.
No han parado aquí sus excesos, porque contando con la protección
invariable de su amigo Calleja, ha mortificado de mil modos a la miserable
tropa. Formada la lista de los que habían de concurrir a Béjar, encontraron
un nuevo arbitrio para sus injustas exacciones. El que quería librarse, debía
redimir su vejación con cierto número de caballos o numerario efectivo, y
después de este sacrificio, a muchos se les ha obligado a dejar sus casas e
incorporarse en el servicio militar, cuyo indigno tributo ha continuado su
hermano don Pedro Herrera, teniente gobernador, que se dice injustamente
de esta provincia, pues el señor Iturrigaray quiso que lo fuese el alcalde
ordinario, pero éstos alegaron que aquél tenía que ir a Texas y entre tanto
podría serlo dicho Herrera (para sofocar las quejas de la provincia), y todo
salió falso pues el alcalde se quedó en Monterrey, de donde no ha salido y
Herrera con título aparente y fingido, siguió y sigue de gobernador, sin que
nadie se atreva a reclamar. "69
El obispo informa luego al virrey de la comisión de Molano, cuyos
resultados fueron muy desfavorables a los Herrera, pidiendo éstos se envia-
ra un nuevo comisionado y Calleja "envió un joven inexperto, por no decir
vendido a su autoridad y que le servía de asesor en su empleo de inspec-
tor, " y según le habían informado había "suscitado mil alborotos en la
ciudad de Monterrey."
Más adelante el obispo pedía se hiciera comparecer a don Simón de
Herrera para que respondiera por sus delitos y a su hermano se le declarara
un intruso, permitiéndose inclusive sugerir al virrey, que si a él le parecía
conveniente, nombrara un gobernador interino. Y terminaba el obispo di-
ciendo que también al virrey Iturrigaray lo tenían comprado, por medio de
la esposa de don Simón de Herrera, quien desde que empezó la causa estaba

31
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
residiendo en la ciudad de México. Que al comandante general, "por estar a
más de 400 leguas de distancia de Béjar, se le han ocultado muchas cosas, y
le hicieron creer los rumores de la guerra, en que ha gastado el rey cerca de
un millón de pesos. "70
La animadversión en contra de los Herrera, cegaba al obispo respecto
al peligro norteamericano, pero como se verá más adelante, éste realmente
existía y se había presentado antes de que don Antonio Cordero fuera
enviado a hacerse cargo del gobierno de Texas.
No obstante estar el comandante general tan lejos, las quejas, sobre
todo las relativas al contrabando, le habían estado llegando y como se dijo
anteriormente, a principios de 1809 comisionó a don Tomás Flores, admi-
nistrador de tabacos de Monclova para que hiciera una investigación. Entre
los meses de abril y junio, Flores interrogó un gran número de personas en
San Antonio de Béjar, en el presidio de Río Grande y en las villas de Nava,
San Fernando y Santa Rosa, informando ampliamente al comandante gene-
ral los resultados de estas entrevistas.
De los datos proporcionados por Flores se deduce que el contrabando
era una actividad muy generalizada en las Provincias Internas de Oriente.
Algunos individuos de los pueblos del norte de Coahuila llevaban harina a
Béjar y otros de los puestos militares más avanzados, como el Atascocito y
Nacogdoches y de regreso traían pequeñas cantidades de artículos extranje-
ros, generalmente para el consumo de sus familias.
Pero había personas dedicadas al contrabando en gran escala que
hacían viajes a la Luisiana, llevando dinero en fectivo o caballos y muías,
que se pagaban a muy buen precio. Los artículos que se introducían ilegal-
mente eran principalmente telas: estopillas, bretañas, tripes, cambrayes,
muselinas, panas, terciopelos e indianas. Pero también era común se inclu-
yeran sombreros, listones, loza y botas de montar.
Muchos de los contrabandistas eran gente de Béjar, como Juan José
Menchaca, conocido como "el Borradito," Alejandro Escalera y los herma-
nos Veramendi: Juan Martín, José y Fernando. También se mencionaba a
don Francisco Cortés de Natchitoches. Había asimismo, muchos extranjeros
metidos en este negocio. Algunos de éstos parecían ser gente muy influyente
y se dedicaban al contrabando más o menos abiertamente. Ya se ha mencio-
nado a uno de ellos, el barón de Bastrop. Otro era don Guillermo Barr, que
junto con Samuel Davenport, tenían un rancho cerca de Nacogdoches y
estaban autorizados por el gobierno español para comerciar con las nacio-
nes indias. Los dos venían de los Estados Unidos. Barr se estableció en
Texas en 1794 y Davenport un año después. En 1798, éstos formaron una
compañía y el gobernador de Texas les dio la concesión para comerciar con

32
DESFILE DE PROTAGONISTAS

los indios del oriente de la provincia. Tenían permiso especial para importar
mercancía de la Luisiana, la cual vendían o cambiaban a los indios por
pieles, cueros y ganado. También tenían un contrato para abastecer a los
soldados de la parte oriental de Texas, y el año de 1800 se les comisionó
para distribuir el regalo anual que se daba a los indios de la región. Esta
función se consideraba tan importante, que en 1803, cuando el comandante
general prohibió la exportación de caballos a la Luisiana, la casa de Barr y
Davenport quedó exenta de esta prohibición.71
Entre los que ejercían el contrabando había varios franceses, como
unos apellidados Dubois y Duforest. El primero estuvo algún tiempo en
Monclova "trabajando máquinas de molinos de algodón," probablemente el
primer despepitador que hubo en el país.72 Había otros franceses conocidos
nada más por Francois y Monsieur Fierre. Este último fue posteriormente
panadero en Béjar. También se dedicaron algún tiempo al contrabando,
Miguel Quin, un irlandés carpintero de oficio, y el doctor Federico Zerban.
Este último había emigrado de Natchez en los Estados Unidos, y aunque el
gobernador Cordero le tenía desconfianza, le permitió quedarse en Texas
por la escasez de médicos en la región.73 Varias de las personas interroga-
das por Flores también mencionaron como contrabandista a un tal Panta-
león, que según parece era cubano.
Pero lo más importante de la investigación de Flores, fue el gran
número de funcionarios de la administración española que resultaron impli-
cados en este negocio. Entre éstos estaban los alféreces don Matías Jiménez
del presidio de Río Grande, don José María Uranga habilitado de la compa-
ñía de Aguaverde y don Juan José Elguézabal, habilitado de la compañía del
valle de Santa Rosa. Asimismo, se mencionaba al capitán don Sebastián
Rodríguez que fue comandante de Nacogdoches.
Los habilitados como Uranga y Elguézabal, eran los encargados de
abastecer a la tropa, y para estas fechas, lo estaban haciendo con frecuencia
con artículos de contrabando. Por cierto, que los precios a que se entrega-
ban éstos, era muy altos pues un oficial declaró que el alférez Uranga, le
había cargado la vara de muselina a seis pesos y la de indiana a cuatro, y
Elguézabal le vendió a don José María Urriaga, sacristán de la capilla del
valle de Santa Rosa, "un corte de túnico y una camisa para su mujer" en
noventa pesos.74 Se puede tener una idea de lo alto de estos precios si se
considera que un soldado ganaba veinte pesos mensuales y un alférez
cincuenta. Pero los artículos del país o importados legalmente por Veracruz,
deben haber sido más caros.
Sin embargo, los que principalmente resultaron inodados en el negocio
del contrabando fueron muchos de los oficiales que estaban en Texas, como

33
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA

los capitanes de las milicias de Nuevo Santander, don Juan Bautista Casas,
don Juan Echavarría y don Miguel de Arcos, sobre todo don Simón de
Herrera que era el comandante de todos ellos, y su hermano don Jerónimo,
capitán de milicias del Nuevo Reino de León, quien desde hacía varios años
estaba en Texas.75
Los informes recabados por don Tomás Flores y el interés del virrey
Lizana para que se prosiguiese la investigación de todas las irregularidades
que el obispo Marín de Porras señalaba en su carta, llevaron al comandante
general a comisionar al ayudante inspector de presidios, teniente coronel
don Cristóbal Domínguez, para que continuara las diligencias "hasta poner-
las en estado de resolución. "76
El 9 de octubre de 1809 don Nemesio Salcedo escribió al arzobispo
virrey diciéndole que la investigación de Domínguez debía "extenderse a las
provincias de Nuevo León y Nuevo Santander, donde residían diferentes
sujetos de los que pueden declarar en el asunto, como interesados y agra-
viados." También le hacía notar, que la comprobación de los hechos se
hacía más difícil mientras don Simón de Herrera permaneciera en Béjar al
frente de las milicias, lo que en realidad puede entenderse como una suges-
tión para que removiera a don Simón, ya que él no lo podía hacer, pues las
milicias de Nuevo León y Nuevo Santander, aunque destacadas en Texas
que era parte de la Comandancia General, dependían del virreinato. Salcedo
llamaba asimismo la atención del virrey, comunicándole, que notaba había
en Texas un hermano de don Simón ejerciendo funciones de sargento mayor
y un hijo de ayudante. Se refería a don Jerónimo y a Simón de Herrera,
hijo.77
Es muy probable que las quejas del obispo Marín de Porras fueran las
que determinaran finalmente la remoción de los Herrera como gobernadores
del Nuevo Reino de León, pues el 23 de octubre el obispo volvía a escribir
al virrey repitiendo sus acusaciones y sugiriéndole substituir a don Pedro de
Herrera con el teniente coronel don Cristóbal Domínguez. Este no fue el
escogido, pues para nombrarlo se hubiera necesitado la aprobación del
comandante general, pero poco tiempo después los Herrera son desalojados
y reemplazados por don Manuel de Santa María.78
Por otro lado parece que las quejas continuas de un creciente contra-
bando, estaban preocupando seriamente al virrey, pues el 6 de enero de
1810, el auditor don José Melchor de Foncerrada contestaba una consulta
que le había hecho sobre la mejor forma de detener este mal, en la cual
manifestaba que el contrabando era "hijo de dos raíces: una, la vil codicia,
otra, la escasez de artículos necesarios dentro de casa." Explicaba luego que
cuando había estado en Santo Domingo, a pesar de las expediciones permi-

34
DESFILE DE PROTAGONISTAS

tidas a colonias vecinas y a Norteamérica, no se había podido detener este


tráfico.
Sugería asimismo, que como el más interesado era el comercio de
México, se le preguntara al consulado qué proponía "para surtir las Provin-
cias Internas y qué para dar salida a sus productos." También recomenda-
ba, que ya fuera don Cristóbal Domínguez o alguna otra persona la nom-
brada para el gobierno del Nuevo Reino de León, debería proceder a costa
de los sindicados, que eran "el teniente coronel don Simón de Herrera, el
capitán don Pedro, el capitán don Felipe Calzado, el capitán don Bruno
Barrera, y si vive, el teniente don Miguel García Dávila y el subdelegado de
Cadereyta don Roque Tato, los cuales deben cesar en los empleos de justicia
que hayan obtenido. "79
Es probable que don Cristóbal Domínguez haya tenido que esperar la
autorización del virrey para proceder con su investigación dentro de la
jurisdicción del virreinato, pues aungue el 9 de diciembre de 1809 interrogó
al soldado José de Ayala en el valle de Santa Rosa, no penetró al Nuevo
Reino de León hasta la segunda mitad de marzo de 1810. En el primer
poblado que tocó, que fue la Punta de Lampazos, interrogó a don Juan
Ignacio Ramón, quien relató sus experiencias vividas en el año y siete meses
que estuvo en la provincia de Texas. Este refirió que estando a las órdenes
de don Simón de Herrera en el campamento de Bayou Fierre, le había
mandado "pasase con cien hombres a insultar el Fuerte Claibome en los
Estados Unidos, rodeándole, tocando retretas, llamadas y todo lo demás
anexo a los movimientos de nuestras tropas, pero los americanos del fuerte,
lejos de corresponder, no hicieron otra cosa que guardar armonía, rompien-
do ellos sus toques de retreta, llamadas y demás, después de nuestras
tropas, sin haber salido uno a insultarnos, sin embargo de que se les
taparon los caminos con maderas y les hicieron otras vejaciones." También
expuso don Juan Ignacio, que ya antes, el capitán Sebastián Rodríguez,
comandante de Nacogdoches, le había dado orden de atacar el mismo
fuerte, pero que "pidiéndosela el que declara por escrito, no se la quiso dar
ni le habló más de esta hostilidad." Ramón refirió también que este capitán
Rodríguez, vivía en la casa de un extranjero llamado Samuel y que le
comunicaba a éste "todo lo que se prevenía de la Comandancia General."
Este extranjero es indudable que era Samuel Davenport ya mencionado
anteriormente. 80
El capitán Sebastián Rodríguez, a quien se volverá a encontrar más
adelante desempeñando un papel importante, pidió al gobernador Cordero,
poco después del incidente que relata Ramón, ser relevado de su puesto y
substituido por un oficial de mayor talento y experiencia. Posteriormente se

35
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA

le hizo un juicio, estuvo preso un año en Béjar y luego se le envió a


Chihuahua, en donde aparentemente se le concedió su retiro,81 pues en
julio de 1810 Ramón Falco le escribía desde la hacienda de Bocas a don
Manuel de Santa María recomendando a Rodríguez y le decía que lo
atendiera "como a mi mayor amigo y condolido de su desgraciada suerte
minore en cuanto pueda su triste situación, franqueándole recomendaciones
y cuando penda de vuestra merced al logro del fin que le conduce a ese
suelo." Más adelante manifestaba que no dudaba Rodríguez tuviera una
acogida propicia "por el mérito de haber servido con vuestra merced y
conocerle desde pequeño. "82
Por cierto, que en los mismos días que Domínguez interrogaba a don
Juan Ignacio Ramón, el capitán Rodríguez era interrogado en la ciudad de
México, sobre el mismo asunto por el auditor Foncerrada y dijo que no
sabía que Don Simón de Herrera hubiera "cometido hostilidad alguna, ni
determinado para sí otra cualesquiera empresa. "83
De Lampazos, Domínguez siguió a Boca de Leones en donde entrevistó
a varios individuos que habían trabajado como arrieros al servicio de los
Herrera. Uno de ellos mencionó un contrabando introducido en dos atajos
de muías y que el que estaba a su cargo constaba de treinta y tres baúles de
géneros americanos, los cuales descargaron en la casa de don Simón de
Herrera en San Antonio.84
Sin embargo, quien proporcionó los datos más importantes fue el
presbítero don José Manuel de Rumayor, que fue capellán de la Compañía
de Aguaverde y había estado en Texas. Declaró, que acompañó a don
Antonio Cordero cuando iba para la frontera de la Luisiana y que éste le
dijo en una o dos ocasiones:
— "Padre capellán, si no se declara la guerra seré el gobernador más
infeliz del mundo."
Mencionó igualmente, que en este viaje se encontraron en varios luga-
res una partida como de doscientas muías que era conducida para los
Estados Unidos por el hijo de un tal Ruguier, y que a pesar de que el
coronel Cordero creía que ya para aquel momento había empezado la
guerra con esta nación, disimulaba este tráfico ilegal.
También hizo un relato sobre un gran contrabando introducido en
agosto o septiembre de 1807 por don Juan Cortés, comerciante de la
Luisiana, quien se alojó en la casa de don Simón de Herrera. Y que poco
después de la llegada de este contrabando el capitán don Miguel de Arcos se
cambió de la misión de Valero a San Antonio en "donde puso un soberbio
almacén, lleno por los cuatro lados de pilas de piezas de la frontera, donde
se encontraban en abundancia, panas, muselinas, pañuelos, indianas y todo

36
DESFILE DE PROTAGONISTAS

muy exquisito, con otros varios efectos de aquella procedencia, y aunque


dicho almacén estaba en una pieza interior, se vendía en él indistintamente
a soldados, paisanos y cuantos llegaban, y aun el declarante conserva un
fraque de aquella misma sarsa, quien se hallaba en la pieza o sala antes del
almacén en compañía del presbítero don Cipriano de la Garza, capellán de
la Compañía de la Punta de Lampazos en esta provincia, que le acompaña-
ba para entre los dos comprar un poco de pana con dirección a su uso,
entró a dicha pieza anterior a el almacén el teniente coronel don Simón de
Herrera, acompañado del señor coronel don Antonio Cordero, y después de
hablar un rato en cosas indiferentes, se despidieron, advirtiendo el que
declara, que al salir el citado Herrera, dijo al capitán Arcos:
—Arcos, portarse bien.
Que aunque esta expresión parece indiferente, no deja duda en que fue
con dirección a la buena venta de los efectos. "85
Domínguez le había escrito desde Lampazos al gobernador de Nuevo
León comunicándole, que de orden superior se hallaba actuando en su
provincia y don Pedro de Herrera le contestó que mandara sus credenciales
para remitirle el pase. El propósito de don Pedro era demorarlo para ver si
tenía oportunidad de esconder a algunos de los testigos, pues les escribió a
los subdelegados que no dejaran actuar a Domínguez. Pero como se ha
visto, éste ya se había adelantado interrogando a varias personas en Boca
de Leones, y tan pronto como recibió el oficio de Herrera pidiéndole sus
credenciales, le contestó que se encontraba ampliamente facultado por el
arzobispo virrey y podía transitar por esas provincias sin otro pasaporte
para cumplir los objetos de su comisión.
El 30 de marzo, Domínguez entró a Monterrey acompañado por su
escolta, y el 16 de abril le escribió al comandante general dándole a
entender, que don Pedro lo había querido cohechar, pues le decía: "Si mi
carácter fuera propenso a vender la justicia inclinándola al sonido del oro,
hubiera tenido unos auxilios más que moderados." Manifestaba además,
que los hombres como don Pedro eran "verdaderas polillas del estado," que
no empezaría su actuación hasta que llegara el nuevo gobernador don
Manuel de Santa María, y el mismo día le escribió a éste urgiéndole se
apresurara, pues se estaban demorando las diligencias.86
Domínguez interrogó a varias personas en Monterrey, pero el que
aportó los datos más interesantes fue don Miguel de la Garza, que dijo que
fue contratado por el capitán José María Muñoz para que le ayudara a
vender unos artículos de contrabando, que el mismo Muñoz le confió
pertenecían al teniente coronel don Simón de Herrera y que las ganancias se
las repartían por mitad. Según de la Garza, nunca le gustó este comercio, y

37
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
cuando regresó a Monterrey lo denunció al administrador de alcabalas don
José Valera. Este lo estuvo haciendo dar vueltas diciéndole tenía que presen-
tar la denuncia por escrito, hasta que un día lo mandó con un oficio a la
casa del gobernador don Pedro, quien, como ya estaba informado por
Valera de la denuncia, llenó a de la Garza de improperios. Este fue luego
encarcelado, le tomaron declaraciones, lo amenazaron con presidio y "que
le cortarían los dedos y la lengua si no se desdecía de la calumnia" y
firmaba un memorial previamente preparado. "Al gobernador interino
Herrera — declaró de la Garza — le acompañaban como testigos de asisten-
cia unos grandes pájaros conocidos públicamente por sus parciales y agentes
de sus negocios, como lo son don Juan Reina su comensal, don Pedro del
Valle su escribano y apoderado para varios asuntos, y el cabo veterano de
la Compañía de la Punta de Lampazos, Tomás María flores, quien en un
pequeño descanso que dieron a su exposición, por haber estado desde las
ocho de la mañana hasta después de las doce, le estuvo persuadiendo al
exponente a que se desdijera del denuncio y le aseguró que de no hacerlo
sería sumamente castigado, por cuyo miedo e injurias y amenazas de don
Pedro Herrera, recibidas en el acto de la declaración, accedió a firmar todo
cuanto le pusieron delante."^
Otros interrogados por Domínguez fueron don José Valera, el adminis-
trador de alcabalas y su empleado Francisco Barredo, que era el único
guarda de la aduana. A Valera lo puso Domínguez en un verdadero aprieto,
pues en muchos años sólo había detenido dos o tres contrabandos y éstos
eran insignificantes. Valera culpó al guarda Barredo de no haber detenido él
solo un contrabando perteneciente a don Jerónimo Herrera, custodiado por
soldados que durmieron una noche en el Cerro del Topo. En cambio, liberó
un contrabando perteneciente a un capitán Guzmán de Nuevo Santander,
por haber intervenido don Pedro de Herrera, y el guarda Barredo, que lo
había capturado, se quedó sin su gratificación. También relató este último,
que haría unos cuatro años, Joaquín González le había denunciado, que en
la casa de don Alejo Ruvalcaba, el contador de diezmos, se había introdu-
cido un contrabando traído por el francés Pedro Grial y su compañero. Que
cuando él le informó de esto al administrador, éste le había dicho que no
hablase más sobre el asunto "pues estas causas se seguían aun después de
muerto, que era un grandísimo desgraciado Joaquín González a los favores
que recibía del citado Ruvalcaba, delatándole, que por gratitud debía ca-

El teniente coronel Domínguez siguió de Monterrey a San Antonio, y el


8 de agosto le escribió desde este último lugar al comandante general
informándole que había suspendido la investigación, pues se había dado

38
DESFILE DE PROTAGONISTAS

cuenta que todos los individuos de las tropas provinciales de Nuevo León y
Nuevo Santander, luego que declaraban se iban derecho a la casa de don
Simón de Herrera y por lo tanto consideraba las declaraciones sugeridas.
Señalaba también el temor que tenía de que lo recusaran, como lo habían
hecho con don Manuel de Santa María, y pedía instrucciones sobre lo que
debía de hacer en este caso.89
Por su parte, don Simón de Herrera consideraba que se le estaba
persiguiendo injustamente, pues tan pronto como supo que había sido
relevado del gobierno de Nuevo León, le escribió al virrey manifestándole
que el único fundamento de su decreto era que había cumplido su término y
que nunca había tenido noticias de un caso similar "pues por cumplidos que
se hayan hallado hasta ahora los gobernadores nombrados por el rey sólo
han sido relevados por su majestad."*?® Pero el mismo día le escribió
también a don Antonio Coronel diciéndole que quería renunciar al gobierno
de Nuevo León, que sólo le había "originado atrasos" en sus intereses y
carrera e ir a España a luchar contra los franceses.91 Don Simón le decía a
Calleja: "Todo este alboroto vendrá a ser el parto de los montes. Yo como sé
que estoy inocente de las calumnias que puedan haber supuesto, estoy
tranquilo, aunque en el vulgo padece bastante mi reputación. Dios quiera
que el nuevo gobierno confunda el despotismo que tanto reina en esta parte
del globo. "92 Se refería indudablemente al nuevo gobierno que debía resul-
tar de las Cortes que estaban por reunirse y donde habría representantes de
todo el Imperio Español.
Los acontecimientos extraordinarios que se iniciaron por esos días de-
terminaron se suspendieran las investigaciones que se estaban llevando a
cabo sobre el contrabando y otras irregularidades, las cuales nunca se
volvieron a reiniciar.
Por otro lado, las acusaciones lanzadas por don Pedro de Herrera
contra don Manuel de Santa María, hicieron que decayeran en éste las
ilusiones que había tenido al recibir el nombramiento de gobernador. A esto
se agregaron otras dificultades, pues por el mismo tiempo escribía a la
Audiencia Gobernadora, acusando a "dos eclesiásticos de jerarquía", que no
hacían "otra cosa que perturbar con palabras y con obras la tranquilidad
pública." Es indudable que se trataba de unos canónigós.93 Santa María
decepcionado, se empezó a quejar con sus amigos, y el 10 de agosto le
escribía don Manuel de Acevedo el intendente de San Luis Potosí, recomen-
dándole tuviera "paciencia en su trabajo," ya que no era el único que tenía
dificultades y que si supiera los problemas que él tenía "se consolaría. "94
El obispo Marín de Porras seguía animando al gobernador y hasta
ayudándole económicamente, pero éste no parece haber recobrado su tran-

39
EN LOS ALBORES DE L4 INDEPENDENCIA
quilidad.95 Unos días después le contestaba a Acevedo, que seguía "disfru-
tando de una vida aciaga." Agregando más adelante que el puesto no era
para su "honrado carácter, opuesto en todo al sistema adoptado y reconcen-
trado en los corazones de estos habitantes, y desde tiempo inmemorial, sin
embargó me esfuerzo cuanto puedo a efecto de conseguir la fugitiva paz
desertara de estos países, en el ínter de saber de mi suerte. "96 Se refería
indudablemente, en esta última frase, a otro motivo de preocupación, el no
haber recibido todavía la confirmación de su nombramiento de gobernador.
Esto es probable se debiera a la situación revuelta que existía en España.97
Las noticias que recibía de San Luis Potosí, tampoco eran para levantarle
el ánimo, sino más bien un presagio de la turbulencia que estallaría pocos
días después. El 12 de agosto de 1810, don Juan Nepomuceno de Nieto le
escribía desde la hacienda de Bocas comunicándole que Calleja había estado
a punto de ser asesinado por su criado, a quien había encontrado en la
puerta de la pieza donde dormía "y sin hablarle palabra le tiró dos puña-
ladas, " pero que no lo había podido herir, y que Calleja "logró agarrarlo de
las mechas y echarlo debajo, hasta que la guardia u ordenanza subió. "98
Es indudable que Santa María no era un hombre de carácter vigoroso,
ni tenía experiencia administrativa ni de mando independiente para actuar
con decisión en los tiempos agitados que le tocó vivir. Pero los problemas
personales y de familia, lo mismo que las dificultades a las que tuvo que
hacer frente tan pronto como se encargó del gobierno del Nuevo Reino de
León, explican, cuando menos en parte, la inseguridad con que actuará en
el momento de hacer decisiones verdaderamente graves.

40
CAPITULO III

LA FALTA DE RECURSOS

En el comunicado del 22 de septiembre en que don Félix Calleja le


informaba al gobernador Santa María que se había iniciado una insurrec-
ción en el pueblo de Dolores, le prevenía que tan pronto como recibiera esa
orden mandara reunir, montar y armar "del mejor modo que fuere posible,"
los 250 hombres de las milicias que estaban destinados para reforzar la
provincia de Texas, formando cinco compañías con sus correspondientes
oficiales y los enviara lo más pronto posible a San Luis Potosí.
Le pedía igualmente remitiera "toda la tropa y oficialidad de la Com-
pañía Volante de La Punta, que no hiciera absoluta falta en ella para el
servicio diario, reemplazándolos con milicianos."
También le recomendaba que como precaución para lo que pudiera
suceder posteriormente, procediera "a formar y organizar otro cuerpo de las
mismas milicias con la fuerza de 300 hombres, en compañías de cincuenta
plazas con sus correspondientes oficiales."^
Las exigencias de Calleja eran aparentemente muy modestas, ya que los
informes indicaban había en el Nuevo Reino de León una compañía vetera-
na de cien plazas y diez y seis compañías de milicias con un total de más de
750 hombres. Sin embargo, en la práctica, la orden era muy difícil de
cumplir pues el establecimiento militar de la provincia, como sucedía en
toda la Nueva España, era en gran parte ficticio.
Aparentemente la Nueva España contaba con un ejército muy respeta-
ble. Los informes de la época indican un contingente de más de 26,000 hom-
bres en el centro y sur del país. Había además, unos 250 hombres de tropas
presidíales en California, 100 en el Nuevo Reino de León, 225 en Nuevo
Santander y poco más de 3,000 que dependían de la Comandancia General
distribuidos en Nueva Vizcaya, Nuevo México, Texas, Coahuila y Sonora.
Y a éstos, hay que agregar numerosos contingentes de milicias en estas
regiones del norte del país. Por lo tanto, el total de hombres sobre las
armas se aproximaba a los 35,000.2

41
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Sin embargo, gran parte de este contingente existía sólo en los informes
ya que el ejército estaba formado de dos clases de tropas, las veteranas o de
línea y las milicias provinciales. Las veteranas eran las únicas que estaban
permanentemente sobre las armas y su número, en el centro y sur del país,
apenas pasaba de 7,000 hombres. Había además otros 3,700 de tropas
presidíales distribuidos en pequeñas guarniciones en todo el norte del país,
ocupados siempre en contener las incursiones de los indios bárbaros.
Los cuerpos de tropas milicianas estaban formados por soldados oca-
sionales, pues salvo un pequeño pie veterano de militares profesionales, que
eran costeados permanentemente por el erario, el resto solamente recibían
sueldo en las llamadas "asambleas" anuales que duraban un mes. Estas
reuniones tenían por objeto el adiestramiento, pero en algunas unidades no
se efectuaban con regularidad. Los oficiales y tropa veterana de cada regi-
miento tenían a su cuidado los cuarteles, depósitos de armas, vestuario,
archivo y entrenamiento de los milicianos. La oficialidad que no pertenecía
al pie veterano, era escogida entre la gente próspera de cada región y esto
lo consideraban una distinción. A este respecto observa el doctor Mora que
las milicias provinciales "no hubieran logrado ponerse bajo un pie regular si
la venalidad de muchos virreyes, que lisonjeaban con los grados militares la
vanidad de los mexicanos, no hubiese procurado con mucho empeño vender
aquéllos a precios muy altos." Aun los soldados, sobre todo los de caballe-
ría, se procuraba que fueran "sujetos pudientes" para que aportaran su
propio caballo.3
El Regimiento de Dragones Provinciales de San Carlos, al cual pertene-
ció por muchos años don Manuel de Santa María antes de ser nombrado
gobernador del Nuevo Reino de León, debía tener según el reglamento, 361
hombres en tiempo de paz y 617 en el de guerra,^ pero sólo unos cincuenta
estaban en servicio activo.5 De éstos, cuatro eran oficiales y constituían la
plana mayor veterana: un sargento mayor que durante mucho tiempo lo fue
Santa María, dos ayudantes mayores y un teniente. El resto de los oficiales
cuyo número ascendía a treinta y seis incluyendo los jefes, un coronel y un
teniente coronel, eran personas ocupadas en sus negocios particulares, co-
merciales o de campo, y sólo ocasionalmente dedicaban algún tiempo a las
tareas militares. Esta situación había provocado cierta animadversión de los
oficiales veteranos, quienes por lo común eran personas pobres que vivían
exclusivamente de su sueldo, hacia los milicianos que por su influencia y
dinero los aventajaban en grado. Ya habrá ocasión de ver más adelante
cómo la misma tropa veterana despreciaba a los oficiales milicianos.
Un aspecto que es conveniente destacar tomando otra vez como ejem-
plo el Regimiento de San Carlos, es la edad avanzada de muchos de estos

42
LA FALTA DE RECURSOS

oficiales, pues el año de 1806 había un capitán de 65 años de edad y la


mayoría pasaba de los cincuenta; casi todos los tenientes y muchos de los
alféreces tenían más de cuarenta años. Por lo tanto, es de pensarse que con
tantos oficiales de edad madura, no podía ser un ejército muy activo.
Otra característica de este regimiento que llama la atención y que
probablemente era lo mismo en toda la Nueva España, es el pequeño
número de oficiales nativos del país pues sólo uno de los nueve capitanes,
cinco de los doce tenientes y tres de los trece alféreces, habían nacido en
México. 66
A todos los cuerpos de milicias provinciales se les había agrupado en
diez brigadas, y las tropas del noreste formaban parte de la Décima Brigada
cuya cabecera estaba en San Luis Potosí y su comandante era el coronel
Félix María Calleja. Las unidades que pertenecían a esta brigada eran los
regimientos provinciales de San Luis y San Carlos, cuyos individuos resi-
dían en distintos lugares de la provincia de San Luis Potosí, el Cuerpo de
Caballería de la Frontera de Nuevo Santander, unidad totalmente de mili-
cias integrada por gentes que vivían en las poblaciones de la parte oriental
de San Luis Potosí y la cabecera estaba en Río Verde, 7 las compañías
volantes veteranas de Nuevo Santander y Nuevo León y las compañías de
milicias de las mismas provincias.
Los regimientos de San Luis y San Carlos constaban cada uno, según se
dijo antes, de 361 hombres en tiempos de paz y 617 en el de guerra, el
Cuerpo de la Frontera de Nuevo Santander tenía 360 plazas, las tres compa-
ñías volantes de Nuevo Santander eran de 75 hombres cada una y la única
del Nuevo Reino de León, la de la Punta de Lampazos, se componía de 100
hombres incluyendo el capellán.8
En Nuevo León había 16 compañías de milicias provinciales correspon-
diendo una a cada población de las que existían entonces, con excepción de
Salinas en donde había dos. A principios del año de 1810 estas compañías
tenían registrados un total de 762 hombres, sin incluir los oficiales, de los
cuales debía haber tres en cada compañía: un capitán, un teniente y un
alférez. Pero éstos no estaban completos pues cuatro de las compañías no
tenían teniente y a cinco les faltaba el alférez. El número de hombres
también era variable. La de Guajuco que era la mayor, tenía 72 hombres y
la de Azanza, sólo 16; los integrantes de éstas compañías se vestían, arma-
ban y montaban a sus propias expensas, y antes del año de 1806, no se les
pagaba ni cuando salían a campaña, que generalmente era para perseguir a
los indios bárbaros.9 Estos individuos tampoco tenían ninguna instrucción,
y en la defensa que el alférez don José Antonio Leal hacía del soldado Pedro
Guerra acusado de haber herido a un oficial, se decía que estos dragones

43
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA

provinciales carecían "en lo absoluto de las evoluciones y manejo del arma,


como que jamás se han acantonado para el ejercicio, y sería arruinarlos en
los ramos de su subsistencia si se pusiese en práctica sin el goce del suel-
do. "10 Los oficiales carecían igualmente de instrucción especial, y los pues-
tos se daban a aquellas personas que estaban dispuestas a desempeñarlos o
eran las únicas con más capacidad o con recursos propios para dedicar
tiempo a diversas comisiones sin recibir ninguna remuneración. Don Fran-
cisco Bruno Barrera, que figurará prominentemente en este relato, recibió el
nombramiento de capitán cuando ya tenía 40 años de edad después de
haber tomado parte como "vecino voluntaría" en una persecución de indios
apaches.11 Muchos de los oficiales, por la necesidad de atender bienes
particulares, residían muy lejos de la población donde estaba su compañía.
Ya se ha mencionado el caso de don Nicolás Elizondo, que siendo alférez de
la Compañía de Pesquería Grande, residía en la hacienda del Carrizal. El
capitán de la Compañía de Labradores don Juan José de los Santos vivía en
Azanza, el alférez de la Compañía de Azanza, don Juan Ángel Caballero,
residía en Guajuco y el capitán de la de Boca de Leones, don José Domingo
Castañeda, estaba en Saltillo. 12
Al iniciarse el movimiento de Independencia, una importante propor-
ción de estas milicias se encontraba en Texas, pues en el mes de abril de
1810 se informaba que en esa provincia había 293 milicianos del Nuevo
Reino de León, incluyendo los oficiales.13 Sobre los métodos utilizados para
reclutar esta tropa y la calidad resultante, da una idea el oficio que en
octubre de ese mismo año, don Simón de Herrera enviaba a Calleja, donde
decía: "Como cuando se alistaron estas milicias, lo principal que se atendió
fue el que tuvieran armas y caballo, se tomaron muchos con frecuentes
achaques, que ahora con la fatiga y malos temperamentos los va poniendo
inútiles. Hay muchos que merecen ser licenciados. 14
La única compañía veterana que había en el Nuevo Reino de León, la
volante de la Punta de Lampazos, sólo contaba con cien hombres y de éstos
la mitad estaba en Texas desde agosto de 1805.15 De los otros, ocho o diez
permanecían en Monterrey al servicio del gobernador en donde se les
ocupaba en diversos menesteres; algunos hacían el oficio de correos y con
frecuencia proporcionaban escolta a funcionarios que viajaban por regiones
despobladas. Varios soldados de esta compañía se ocupaban de cuidar la
caballada, de la cual una parte andaba siempre en el campo, pues según el
reglamento de 1772, cada soldado debería estar dotado de siete caballos y
una muía.
En la colonia del Nuevo Santander había tres compañías veteranas y
veintiocho compañías de milicias; las tres compañías veteranas constaban

44
LA FALTA DE RECURSOS

cada una de 75 hombres. Los individuos que integraban la primera y


segunda compañías se encontraban dispersos en pequeños destacamentos
por distintos lugares de la provincia ocupados en diversos quehaceres, pero
sobre todo protegiendo las misiones, ya que aún había en el interior peque-
ñas bandas de indios que causaban algunas depredaciones y muertes. La
única de estas compañías que generalmente mantenía toda su tropa junta,
era la tercera que estaba destacada en Laredo, punto que era considerado
muy importante para interceptar las grandes incursiones de indios bárbaros,
romanches y apaches que desde el norte invadían Nuevo León y Nuevo
Santander. Estas compañías veteranas de Nuevo Santander, parece estaban
más descuidadas que la única existente en Nuevo León, pues el año de 1803
se hacía constar que la primera compañía cuyo capitán era el gobernador,
no tenía ni primer teniente ni primer alférez y le faltaban 26 escopetas, 25
pares de pistolas, 30 sables y un número considerable de caballos y muías. 16
Las compañías de milicias estaban integradas, como las de Nuevo León,
por soldados ocasionales, y una prueba de su falta de preparación la dio un
capitán de 59 años de edad, cuando fue reconvenido porque no había
contenido una conspiración entre soldados como lo prevenía la ordenanza,
contestando que "no había visto la ordenanza ni por el forro."U En abril
de 1810, había en Texas 373 milicianos de Nuevo Santander los cuales
fueron equipados "con las únicas armas servibles que entre todas se halla-
ron. " Además, desde principios de 1807, otros sesenta de estos milicianos
habían sido puestos en servicio activo para formar un destacamento que se
encargara de vigilar la costa desde Altamira hasta la desembocadura del Río
Grande. 18
Por lo tanto, en el momento de estallar el movimiento de Independen-
cia, sólo había en todo el extenso territorio bajo la jurisdicción de la
Décima Brigada, unos 435 hombres sobre las armas: 50 de cada uno de los
regimientos de San Luis y San Carlos en la provincia de San Luis Potosí, 50
de la compañía de Lampazos en Nuevo León, 225 de las tres compañías
volantes de Nuevo Santander y 60 del Destacamento de Observación de la
Costa.
Es preciso examinar brevemente cuál era la situación en el aspecto
militar de las provincias vecinas que dependían de la Comandancia General.
Como la jurisdicción de ésta era la región más expuesta a las incursiones de
los indios bárbaros, había 3,150 soldados presidíales distribuidos en 28
compañías localizadas a todo lo largo de la frontera, desde la Bahía del
Espíritu Santo en Texas hasta el Golfo de California. Cuatro de estas
compañías presidiales estaban destacadas en Coahuila y tres en Texas; las
de Coahuila estaban, una en la capital Monclova, otra en San Juan Bautista

45
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
de Río Grande, la otra, aunque seguía llamándose de Aguaverde ya no
estaba localizada en este lugar, sino en San Fernando de Austria, y lo
mismo sucedía con la de la Bavia, que estaba situada en el valle de Santa
Rosa.19
El número de tropas en Texas al iniciarse la Guerra de Independencia
era relativamente alto. Además de las dos compañías veteranas que normal-
mente guarnecían esta provincia, la de San Antonio de Béjar y la de la
Bahía del Espíritu Santo, se reforzó el año de 1803 con la del Álamo de
Parras y posteriormente con la mitad de la Compañía Volante de Lampazos
y con las milicias provinciales de Nuevo León y Nuevo Santander que ya se
han mencionado. Por lo tanto, en abril de 1810 había 1,013 hombres sobre
las armas en esa provincia, de los cuales 718 estaban en la capital San
Antonio de Béjar y el resto distribuidos en la Bahía del Espíritu Santo, La
Trinidad y Nacogdoches.20
También había en la jurisdicción de la Comandancia General, quince
compañías de milicias provinciales de 69 plazas cada una, y de éstas, ocho
tenían su asiento en Nueva Vizcaya y cuatro en Coahuila.21
Este era el panorama militar en el noreste de la Nueva España, la noche
del 29 de septiembre de 1810 cuando el gobernador Santa María recibió el
oficio de Calleja ordenando el envío de tropas. Pero el gobernador recibió
junto con este comunicado, otro de don Manuel de Acevedo, intendente de
San Luis Potosí, en que le recomendaba "procurara tener concertadas y
unidas todas las personas conocidas y honradas de ese gobierno para su
seguridad y defensa de la religión, de la patria y de los derechos de nuestro
amado soberano, el señor don Fernando VII, y estorbar los papeles anóni-
mos, sediciosos y subversivos que ya empiezan a circular por los emisarios
del cura de Dolores. "22
Es seguro que Santa María no durmió esa noche ya que la actividad
desplegada fue extraordinaria. Inmediatamente organizó guardias de vecinos
que rondaran la ciudad,23 y al día siguiente despachó numerosos oficios
con órdenes y recomendaciones.
Al gobernador de Coahuila don Antonio Cordero, le envió copia del
comunicado en que Calleja le avisaba del principio de la insurrección .24 Al
capitán don Francisco Bruno Barrera le pone un oficio ordenándole fuera
inmediatamente a Saltillo a hacer regresar a todos los oficiales y soldados
que, con licencia, habían ido a aquella villa en donde por esos días se
estaba verificando la feria anual, la cual era famosa en una amplia zona del
país.25
A don Juan Ignacio Ramón comandante de la Punta de Lampazos, le
ordenaba el gobernador que inmediatamente se dirigiera a Monterrey, junto

46
LA FALTA DE RECURSOS

con todos los soldados de la compañía veterana "a excepción de los muy
precisos para el servicio de casa." Que cada hombre llevara dos caballos y
que se dejaran de guarnición en Lampazos treinta hombres de la compañía
de milicias, los cuales empezarían a recibir desde aquel momento un sueldo
diario de dos reales los soldados, tres el cabo y cuatro el sargento. También
le recomendaba el gobernador a don Juan Ignacio, que si hubiera un oficial
de milicias "capaz por su honradez y patriotismo," se le encargara la
autoridad política y militar de aquel lugar y se llevara también a Monterrey
a los otros dos oficiales veteranos, el teniente don Juan de Castañeda y el
alférez don Miguel Serrano. Este último, además de ser oficial de la compa-
ñía presidial era, en aquel momento, el subdelegado de Lampazos o sea la
autoridad política.26
El gobernador comunicaba igualmente la noticia de la insurrección de
Dolores al deán y Cabildo de la Catedral, al licenciado don Fermín de Sada,
cura párroco de El Sagrario y a don Melchor Núñez de Esquivel, adminis-
trador de la Real Renta del Tabaco. A este último le mandaba se abstuviera
de vender pólvora hasta nueva orden, salvo "a personas de conocido
patriotismo. "27 Al deán y Cabildo les rogaba Santa María, que con el
ascendiente que tenían sobre el público, coadyuvaran a evitar la difusión en
la provincia de "las proclamas y papeles seductivos" de los insurgentes.28 Y
al cura de El Sagrario le pedía que no dejara pasar el día sin manifestar "en
la cátedra de la verdad el inaudito atentado y horroroso crimen cometido
por el cura del pueblo de Dolores. "29
También se dirigía el gobernador, el mismo día 30, a los subdelegados
de todos los pueblos de la provincia, ordenándoles "que sin pérdida de
instantes," procedieran "a reunir los corazones por medio de una junta
compuesta de los principales sujetos de la población" para que todos de
acuerdo se dedicaran a evitar la introducción de papeles, cartas y proclamas
de los insurgentes.30
Les incluía Santa María a los subdelegados una proclama dirigida a los
"nobles patricios y fieles vecinos del Nuevo Reino de León" que en su parte
medular decía: "No articulen vuestros labios una expresión que no sea
VIVA LA RELIGIÓN, VIVA EL REY, VIVA LA PATRIA E INTIMA
UNION DE LA ANTIGUA Y NUEVA ESPAÑA Y MUERA AL RIGOR DE
NUESTROS LEALES BRAZOS todo aquel que, degenerado en tan españo-
les sentimientos, se haga acreedor al escarmiento público." El gobernador les
ordenaba a los subdelegados, que de esta proclama se hicieran tres o cuatro
copias y "que se fijaran, después de pregonada por voz de verdugo, en los
parajes públicos y de mayor concurrencia. "31
Santa María adjuntaba a la circular de los subdelegados, otra para los

47
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
curas párrocos de los distintos pueblos, haciéndoles recomendaciones simila-
res a las que hacía al cura de El Sagrario.32 Y una orden perentoria para los
comandantes de las compañías de milicias de cada lugar, que decía: "Inme-
diatamente, y sin que medie la menor morosidad de que hago a vuestra
merced responsable, reunirá vuestra merced y acuartelará, tantos soldados
útiles y de la mayor instrucción, montados, armados y vestidos, según las
proporciones y recursos que puedan adaptarse, haciendo que igualmente, y
a excepción del sargento y cabo menos antiguo, se presenten, y en la misma
conformidad los de las citadas clases, a efecto de que, precedidos de vuestra
merced y de los demás oficiales existentes en esa compañía, emprendan la
marcha con destino a esta capital, conduciendo bastimentos para veinte
días. "3
Se señalaba también a cada población el número de hombres que debía
aportar, variando el número según la importancia de cada una, pues Cade-
reyta debía proporcionar cuarenta y San Pedro sólo ocho. Se exceptuaba de
esta orden a los pueblos de Lampazos, Vallecillo, Boca de Leones y Azanza,
indudablemente por ser los más expuestos a las incursiones de los indios
bárbaros y necesitaban por ello a todos sus hombres para la defensa. Sin
embargo, se recomendaba a los comandantes de estos lugares, que los
miembros de la compañía estuvieran listos y tuvieran a la mano tres
caballos por hombre.34
Con exagerada lentitud fueron llegando las órdenes a las distintas
poblaciones, ya que la distribución se hizo por medio de cordillera. Este
sistema utilizado entonces, consistía en que las circulares expedidas por la
autoridad central seguían una ruta determinada y al llegar éstas a cada
pueblo, la autoridad local las copiaba y firmaba el original, anotando la
fecha y con frecuencia la hora en que se había recibido y cuándo había
salido a la siguiente población, regresando finalmente la circular a su lugar
de origen. En el Nuevo Reino de León había dos rutas de esta clase que
naturalmente tenían como centro a Monterrey. Una ^seguía el siguiente
recorrido: San Pedro, Pesquería Grande, Salinas, Boca de Leones, Lampa-
zos, Vallecillo, Cerralvo y Marín. La otra ruta empezaba en Cadereyta y
continuaba por Pilón, Mota, Linares, Río Blanco, Labradores y Guajuco.
Por lo tanto, poblaciones muy cercanas a Monterrey no recibieron esta serie
de órdenes hasta después de transcurridos muchos días; así, no llegaron a
Marín hasta el 15 de octubre y a Guajuco hasta el 21.
Dos días después de enviada la primera circular, el gobernador mandó
otra a los subdelegados, en la cual su principal recomendación era que
cooperaran con los comandantes militares para conseguir caballos, pues
cada miliciano debía ir dotado de tres. Les pedía hicieran todo lo posible

48
LA FALTA DE RECURSOS

para convencer a los hacendados y dueños de ranchos que aportaran caba-


llos y les dijeran, que la bestia que se inutilizara o extraviara les sería
bonificada al precio corriente en la provincia.35
Bien pronto empezaron las dificultades. El mismo día que el goberna-
dor ponía esta última circular, don José Tomás Delgado escribía desde
Cadereyta, que no había de toda la compañía de esa población, más que
ocho o diez hombres que pudieran tener armas y caballo, porque los demás
no tenían ni vestido, ni armas, ni caballo. Decía igualmente que la mayor
parte de los vecinos de esa villa andaban en Saltillo y los demás estaban por
salir, que si para equipar a los soldados podía tomar caballos, sillas y armas
de los vecinos ausentes.36
Al día siguiente José María Gómez comunicaba desde Linares que como
no estaban en esa población los dos sargentos de la compañía, él se había
hecho cargo de la orden del gobernador, pero que "lo mejor y más equipa-
do" de esa compañía estaba en Bajar y los demás andaban en Saltillo; que
había juntado los pocos que quedaban en ese lugar y encontró que sólo tres
tenían armas y monturas y cinco tenían uniforme. Esta era la situación en
una de las poblaciones más prósperas de la provincia y que, según la orden
del gobernador, debía aportar veintiocho hombres.37
En el valle del Pilón, hubo dificultades entre don José Cristóbal de
León, que era el sargento encargado de las milicias y el subdelegado don
Pedro de Berrio y Incháurregui. El primero le pidió al segundo le proporcio-
nara setenta caballos para montar la tropa y Berrio le contestó que como
todos los vecinos andaban en la feria de Saltillo, que salieran los soldados y
tomaran de las labores y demás parajes todos los caballos que fueran útiles,
teniendo "sólo la precaución de hacer un apuntamiento. "38
Santa María procedió con mucha prudencia en estos casos en que los
funcionarios menores querían equipar a la tropa utilizando medios violen-
tos. Al encargado de justicia de Cadereyta le contestó que "valiéndose de su
suspicacia, talento y buen modo, sabrá hacer lo que se pueda, agotando
todos los recursos legales y compatibles con la indicada precisión. "39 y a
Berrio, que quería que los milicianos recogieran la caballada que andaba en
las labores, le decía que no era "adecuado para la tropa, de quien siempre
se dudaría, y mucho más saliendo, el que no operase con la moderación
correspondiente. "40
El capitán don José Domingo Castañeda estaba destinado para mandar
una de las compañías que iban a salir a San Luis Potosí. Este, aunque era
el comandante de la Compañía de Boca de Leones residía en Saltillo, en
donde, según parece, se dedicaba al comercio y en muchas ocasiones ni
siquiera estaba en esa población. En junio de este mismo año le había

49
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
pedido permiso a Santa María para ir a Matehuala a liquidar ciertas cuentas
y al iniciarse la insurrección, a duras penas pudo escapar de los insurgentes
"en fuerza de no dormir ni comer en cuatro días y noches de extraviar
rumbos," pues había ido a la ciudad de México a llevar mulada.41
El 5 de octubre, Castañeda le escribió desde Saltillo al gobernador
Santa María diciéndole que estaba activando el arreglo de sus negocios por
si urgía su presencia al frente de su compañía "en cuyo caso abandonaría
todo interés por contribuir gustoso a caminar contra esos perversos," pero,
que si las tropas no iban a salir pronto, le convendría atender sus asuntos
por unos días y mientras tanto, podría encargarse de la compañía el tenien-
te de ella, que al fin y al cabo, al salir de San Luis había preguntado a los
señores Calleja y Villamil, que "si debía temer un repentino movimiento" y
le habían contestado "que por ahora serían todas prevenciones. "42
Pero José Lorenzo de la Garza, el teniente de la compañía de Castañeda
que debía encargarse de ella y fue citado por el gobernador el día 6, no
contestó desde Boca de Leones hasta el 13, diciendo que no le habían
entregado la orden hasta ese día por haber andado en la feria de Saltillo
surtiéndose de varias cosas para su familia, pero que tan pronto como
recibió el oficio se había puesto a preparar su equipaje para presentarse en
Monterrey.43
En todos lados eran las mismas dificultades y demoras. El día 6 don
José Antonio Hinojosa escribía desde Cerralvo manifestando que acababa
de llegar a esa villa y no había encontrado la orden; que al pasar por
Monterrey, le había informado el gobernador haber enviado para que
juntara la compañía. Efectivamente, como dicha orden siguió la ruta de la
cordillera no llegó a Cerralvo hasta el día 9. Sin embargo, Hinojosa especi-
ficaba que había mandado mensajeros para que fueran a los distintos
lugares donde vivían los soldados para que se les notificara comparecieran
"con prevención de caballos, armas y bastimentos para el día 9 del presente
sin pretexto ni excusa alguna."^
Hinojosa mostró más eficacia que los otros comandantes. El día 10
mandó a Monterrey treinta y seis milicianos, solamente dos menos de los
que le habían pedido. Estos iban a las órdenes de don Joaquín Cantú, el
único sargento que tenía esa compañía, ya que a Hinojosa, oficial a cuyo
cargo estaba, lo habían retirado de Texas "como inutilizado de poder hacer
el servicio. "45
El día 12, todavía no llegaba esta compañía a Monterrey, y el sargento
Cantú escribía desde el Río de los Guerras que se había demorado por lo
pedregoso del camino, proporcionando una lista de lo que le faltaba a su
gente: 10 escopetas, 13 adargas, 33 lanzas, 19 cartucheras, 30 pistolas y 22

50
LA FALTA DE RECURSOS

machetes.46
Muchos meses después de estos acontecimientos, don Pedro de Herrera,
queriendo atribuir a la pusilanimidad del gobernador Santa María el que las
tropas de Nuevo León no se hubieran mandado a tiempo a engrosar el
ejército de Calleja, afirmaba que para el día 11 de octubre ya había
reunidos en Monterrey 200 hombres de milicias y 35 de la Compañía de la
Punta de Lampazos.47
Esto es indudablemente falso, pues en total se habían pedido 286
hombres a los distintos pueblos, y es seguro que todavía no llegaban los de
Cerralvo, que debía aportar 38, ni los de Linares, Labradores y Río Blanco,
lugares a los que se habían pedido 78. En realidad, parece que el día 11
estaban en Monterrey únicamente el piquete de la propia ciudad y los de
San Pedro, Pesquería Grande, Guajuco y Salinas, en total 154 hombres y
seis oficiales. Había además grandes deficiencias de armamento, porque
según el reglamento cada hombre debía ir equipado con escopeta, un par de
pistolas, sable y lanza y sólo se disponía de 88 escopetas, 50 pistolas, 68
sables y 50 lanzas.48
El obispo de la diócesis don Primo Feliciano Marín de Porras que
estaba en Saltillo, no había dirigido ningún comunicado a sus feligreses con
relación a la insurrección, pero el día 11 don Manuel de Santa María le
escribió diciéndole: "Acaba de denunciarme un celoso patriota cierta procla-
ma sediciosísima remitida a estas provincias por los insurgentes de la villa
de San Miguel el Grande firmada por Aldama y llena del veneno más activo
y adecuado para engañar a los incautos. En ella convidan a un levantamien-
to general a todos los criollos y a tomar las armas, con negra hipocresía, en
defensa de la religión católica, de la patria y de Femando Vil, declarando
guerra a todo gachupín." Terminaba Santa María sugiriéndole al señor
obispo que si lo juzgaba oportuno se sirviera dirigir una circular a todos los
curatos de la diócesis "imponiendo la pena espiritual de excomunión mayor
ipso facto incurrenda contra las personas que propagasen, leyeren, retuvie-
ren y no entregasen tal proclama en el término de seis días, como también
contra los que de hecho o de palabra, difundiesen las especies seductoras
que contiene ésta y cuantas dirijan al mismo fin. "49
Con fecha 15 de octubre, tal y como lo pedía el gobernador, el obispo
Marín hizo circular una carta pastoral condenando el movimiento insurgen-
te y amenazando con suspender a todos los eclesiásticos que en el término
de tres días, no le remitieran las proclamas de los insurgentes que cayeran
en sus manos.50
El día 13 el gobernador expidió órdenes para la marcha del piquete de
soldados veteranos de Lampazos. Este estaba formado de sólo 23 hombres e

51
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
iría al mando del teniente don Juan de Castañeda, aunque parece se cambió
de parecer, pues primero se había decidido fuera a las órdenes de don Juan
Ignacio Ramón.51
Aun habiendo salido de Monterrey esta pequeña fuerza el día que se
expidieron las órdenes, apenas se hubiera podido reunir al ejército de
Calleja. Este, en efecto, abandonó el Campo de La Pila, cerca de San Luis,
el día 27 y en el itinerario para las tropas del Nuevo Reino de León se
especificaban las jornadas que debían hacer diariamente, las cuales fluctua-
ban entre ocho y quince leguas y tardarían trece días para llegar a San
Luis.52
De momento no salieron ni estas tropas. El día 15, el gobernador citó
urgentemente a una Junta de guerra a los capitanes de las milicias que se
habían reunido: don Andrés Mendiola, don José María Sada, don Francisco
Bruno Barrera y don Pedro de Herrera. También estuvieron presentes el
subteniente don José Antonio Leal de León, representando al cuerpo de
subalternos y el teniente don Juan de Castañeda, que actuó como secretario.
El motivo de esta junta fue que el gobernador, para rebatir dos proclamas
de los insurgentes que llegaron a sus manos, preparó otra que hizo fijar en
las esquinas y al día siguiente habían desaparecido todos los ejemplares.
Santa María consideraba que muchas de las gentes de la provincia, que
habían ido a la feria de Saltillo se habían enterado allí "de las sediciosas
proclamas dictadas por los insurgentes," y había peligro de desórdenes, por
lo tanto la Junta tenía por objeto decidir si se enviaban las tropas a San Luis
o se quedaban.
Todos los asistentes a la Junta votaron porque se quedaran y es intere-
sante el parecer del segundo comandante, don Pedro de Herrera, pues
posteriormente para justificarse expondrá opiniones muy distintas. Este dijo:
que "...sin embargo del celo y actividad del señor gobernador," había
tenido la desgracia de que se introdujeran proclamas sediciosas, que su voto
era se suspendiera la salida de las tropas "manteniéndose en esta ciudad
acuarteladas," y que se le avisara al señor comandante, con lo cual conside-
raba no se perjudicaba el servicio del rey, pues mientras llegaba la contesta-
ción se acabarían de reunir las tropas y en ese tiempo se les podía discipli-
nar "por ser la mayor parte reclutas. "53
Ese mismo día Santa María escribió a Calleja, mandándole el acta
levantada en el consejo de guerra y exponiéndole todas las dificultades que
estaba teniendo para reunir las milicias, señalando los pocos recursos con
que contaba la provincia, "mucha parte despoblada a causa de los años
estériles y del temor del alistamiento," que incesantemente había sufrido. Le
decía que la tropa se estaba reuniendo lentamente a causa de las distancias

52
LA FALTA DE RECURSOS

y "por no tener en que trasladarse, habiendo quedado los más de estos


infelices sin cabalgaduras, en las secas de los años anteriores." El goberna-
dor expresaba más adelante: "No hay día en que no se trate de los insurrectos,
abultando, y con los más vivos colores, las noticias acaso esparcidas por
aquellos, hasta el caso de intimidar a los pocos europeos habitantes de este
suelo, quienes, llenos de consternación, sólo encuentran alivio en mis infati-
gables providencias." Santa María le informaba también a Calleja, que el
día anterior le comunicaron la noticia que los indios tlaxcaltecas del pueblo
de Guadalupe, le habían preguntado a un canónigo la causa de la insurrec-
ción y les había dicho que "los gachupines que siempre han puesto en mal a
los indios, tienen la culpa." Terminaba Santa María preguntándole a Calle-
ja, que se sirviera decirle qué fondos podía usar para vestir y socorrer a la
tropa, pues muchos se hallaban "enteramente en cueros. "54
Muy decaído debe haber estado Santa María en su estado de ánimo.
Además de las dificultades que tenía para proteger a la provincia y cumplir
con las exigencias de su comandante Calleja, continuamente le llegaban
noticias de los progresos de la insurrección, y no sólo los informes oficiales,
sino a través de cartas de amigos que escribían desde lugares más próximos
a los acontecimientos. Dos de los principales informantes eran, un guate-
malteco Silvestre Portillo, quien escribía desde San Luis Potosí y José María
de Aysa, conocido como Jusepe, que vivía en la hacienda de Cañada
Grande próxima al pueblo de Venado en la misma provincia. Las cartas de
éstos eran bastante optimistas. Le informaban al gobernador de las medidas
que había tomado el virrey para contener la insurrección y de los prepara-
tivos que estaba haciendo Calleja para salir a combatir a los rebeldes; sin
embargo, no ocultaban los progresos que estaba haciendo la insurgencia.
De Aysa, cuyas cartas son en forma de diario anotando los aconteci-
mientos de cada día, empieza su relato el 19 de septiembre. Ese día el
teniente coronel don Américo Gutiérrez recibió en Charcas un comunicado,
fechado en la ciudad de México el día 12, y enviado por un individuo
apellidado Terán, oficial de la secretaría del virrey que decía: "Son las 10 de
la noche. Acabo de asistir al secuestro de papeles, prisión y castigo de un
personaje título de Castilla, a quien se han hallado tres cuadernos, el menos
de veinticinco pliegos, que persuaden a la independencia. Varios señores de
la primera jerarquía de esta corte y del reino se hallan comprendidos en el
crimen. Esta noche se están aprehendiendo y castigando a algunos." De
Aysa afirmaba más adelante, que en México habían apresado a "varios
gañotes principales" y que el marqués de Guardiola era el caudillo de la
insurrección en esa ciudad, la cual estaba "determinada en todo el reino
para el 29 de septiembre."

53
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Sin embargo, de Aysa noticiaba principalmente sobre acontecimientos
que estaban sucediendo en regiones más próximas. Informaba que Calleja
había llegado de Bledos a San Luis Potpsí el día 19 a las ocho de la noche y
que su propósito era "alarmar toda la brigada." Que la tarde del día 5 de
octubre había salido el mismo comandante a ponerse al frente de su ejército
el cual se estaba reuniendo en la hacienda de La Pila y que el día 8 habían
llegado al campamento a engrosar el ejército "seis escuadrones de indios
huastecos flecheros, de 200 cada uno. Cada indio con dos carcajes de a 40
flechas cada uno, no obstante varios burros y mulos cargados de jaras."
Que a estos indios los acaudillaban los misioneros. También contaba que
Calleja "anda jovial y da muecas a los soldados, ¿conque irán a ser sacris-
tanes del cura?, y otras chufletas del tenor. "55
Otras noticias de San Luis eran más inquietantes, pues informaban de
los problemas que estaban teniendo para armar el ejército. Una de estas
cartas decía: "Los cañones de palo no sirvieron, pues en la prueba se
quedaron; los de cobre, les echaron la madre de bronce y se unió, por lo
que se inutilizó, pero se insiste hacerlos útiles." También informaba de los
reos de estado que había en la cárcel y en los distintos conventos de la
ciudad y refería que el batallón que la guarnecía estaba sin disciplinas y casi
sin armas, que muchos de sus individuos eran más malos que los presos y
había que vivir con mucha vigilancia y desconfianza. Terminaba el infor-
mante exclamando: "¡Pobres de nosotros si nos llega a faltar dinero para las
pagas!, pues llega el gasto diario a más de diez mil pesos y apenas tenemos
en caja trescientos mil y no hay quien franquee un peso, ni entregándole
plata a un precio ínfimo. "56
Pero algo que debe haber preocupado especialmente al gobernador
Santa María era la situación de su familia pues, según parece, su esposa e
hijos se habían quedado en México arreglando el problema de la herencia de
su padre. El 26 de septiembre doña Rosa le escribía que por la interrupción
del correo se había quedado esa semana sin su carta. "Toda soy una pura
congoja —afirmaba— el Regimiento de la Corona salió esta mañana. El en
que está mi hijo es regular salga y no sé si a él lo llevarán." Se refería a un
hijo del gobernador que era cadete.57
Todas estas dificultades y el hecho de no ser el gobernador Santa María
un hombre de carácter enérgico y de iniciativa, lo llevaron a escribirle a
Calleja el 15 de octubre, el mismo día en que se efectuó la Junta de guerra,
diciéndole que él no había "nacido para mandos políticos aislados y sin
recursos" y le pedía le ordenara se fuera a engrosar las filas de sus tropas y
entregara el mando del Nuevo Reino de León a don Juan Ignacio Ramón,
teniente comandante de la Compañía de La Punta. De éste hacía grandes

54
LA FALTA DE RECURSOS

elogios. Afirmaba que era un "sujeto en quien concurren laudables circuns-


tancias, y lo que es más, exactos y vastos conocimientos de estos países,
ascendiente sobre sus habitantes y todo aquello necesario para el feliz
desempeño de su comisión. "58

55
CAPITULO IV

EXPEDICIONES FRUSTRADAS

La colonia de Nuevo Santander no tenía propiamente capital,! pero el


gobernador don Manuel de Iturbe e Iraeta estaba residiendo en la villa de
San Carlos. Allí recibió, el 26 de septiembre a las ocho de la noche, el
oficio de Calleja informándole de la insurrección en el pueblo de Dolores. El
comandante de la Décima Brigada le daba a Iturbe órdenes similares a las
que le había dado al gobernador del Nuevo Reino de León. Pedía le enviara
250 hombres de las milicias de la provincia y todas las tropas veteranas que
no fueran "absolutamente indispensables para cubrir los puestos de misio-
nes. "
Iturbe contestó a Calleja el mismo día diciéndole que haría todo lo
posible por reunir las tropas, pero que no se podría conseguir con la
prontitud que demandaba "un asunto tan importante al servicio del rey"
pues como les había informado en varias ocasiones, tanto a él como al
virrey, las milicias se encontraban "destituidas de todo auxilio." Respecto a
las tropas veteranas, sólo le sería posible enviar una tercera parte de la
primera y segunda compañías, ya que el resto se hallaban empleadas en
proteger las misiones y en otros destinos.2
En Nuevo Santander había tres compañías veteranas de 75 hombres
cada una. La primera y la segunda se encontraban dispersas en pequeños
destacamentos por distintos lugares de la provincia, mientras que la tercera
se mantenía reconcentrada en la villa de San Agustín de Laredo. Este punto
era considerado vital para estorbar las incursiones de los indios bárbaros,
comanches y apaches, no sólo a Nuevo Santander sino también al Nuevo
Reino de León.
Es seguro que Iturbe no intentó sacar hombres de la Compañía de
Laredo y le pareció un error que el gobernador de Nuevo León hubiera
movido a Monterrey la tropa veterana de Lampazos, otro punto muy
importante en la defensa de la frontera, ya que dejaba expuestas las dos
provincias a las correrías de los bárbaros.3

56
EXPEDICIONES FRUSTRADAS

Además de las compañías veteranas, había en Nuevo Santander vein-


tiocho compañías de milicias, doce más que en Nuevo León, pero estaban
tan desorganizadas y mal equipadas como las de esta última provincia.
Asimismo, casi cuatrocientos milicianos se encontraban en Texas.4 Por lo
tanto, Iturbe tuvo los mismos problemas que el gobernador de Nuevo León
para reunir el contingente que pedía Calleja.
Pero en Nuevo Santander se presentó un problema adicional: el del jefe
que debía mandar la tropa que salía para San Luis Potosí. Iturbe comisionó
para este objeto a don Joaquín Vidal de Lorca, capitán de la Segunda
Compañía Veterana. Este era un criollo de unos cuarenta y un años de edad
y con veinticuatro años de servicio en el ejército.5 Aunque, debido a sus
constantes achaques, este servicio se puede decir que había sido intermi-
tente, pues estuvo durante algún tiempo retirado "con goce de medio
sueldo. "6 También desempeñó en varias ocasiones el puesto de gobernador
interino. 7
Parece que Iturbe pensó en un principio enviar la tropa en pequeñas
partidas a medida que se fuera juntando y el 9 de octubre mandó un oficio
a Vidal, quien residía en Padilla, ordenándole saliera lo más pronto posible
con el alférez segundo, un sargento, dos cabos y veinte soldados de su
compañía. Pero dos días después, le mandó un nuevo oficio diciéndole que
dejara en Padilla "la tropa muy precisa para la custodia de presos" y se
trasladara con el resto a San Carlos.8
El día 13, Iturbe escribió al gobernador del Nuevo Reino de León
informándole de los progresos de la insurrección y diciéndole que Hidalgo y
sus seguidores, no sólo pretendían "el exterminio de todo europeo, sino el
levantarse también con el reino" y privar al rey Fernando VII de su incon-
cuso derecho. Que estaban en la "precisa y más estrecha obligación de
defender estos sagrados derechos hasta derramar la última gota" de su
sangre, pero que como divididos no podían emprender nada contra los
sediciosos, la única medida que se podía adoptar era reunir las fuerzas de
Nuevo León, Coahuila, Texas y Nuevo Santander, "para que unidas éstas a
las del señor comandante general don Nemesio Salcedo," cuya pericia mili-
tar era bien notoria, pudieran operar bajo sus órdenes contra los insurgen-
tes. También le decía estaba escribiendo al comandante general para expo-
nerle sus ideas.9
A pesar de esta proposición, Iturbe mandó, cuatro días después, un
nuevo oficio a Vidal de Lorca insertándole el de Calleja donde le daba la
noticia de la insurrección de Dolores, y lo nombraba comandante de los
doscientos cincuenta milicianos y de los piquetes de la primera y segunda
compañías veteranas que debían marchar a San Luis Potosí.10

57
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
El día 21 salieron de San Carlos solamente cuatro compañías de milicias.
La quinta no se había integrado, porque todavía no llegaban los piquetes de
Camargo y Revilla.H Estas compañías iban al mando de los capitanes
Miguel Leal, Juan María Mazoleni, Eufemio Treviño y Juan Fermín de
Juanicotena.12 Al día siguiente llegaron a Cinco Señores y el 23 a Padilla,
reuniéndose ahí con los piquetes de la primera y segunda compañías vetera-
nas, integrándose un contingente de 250 hombres. Ese mismo día don
Joaquín Vidal de Lorca tomó el mando de toda la tropa y dio a conocer
como su ayudante de órdenes al teniente don Antonio Guadalupe Cardo-
na.13
El pequeño ejército emprendió la marcha el día 24 y antes de salir Vidal
le escribió al gobernador diciéndole que a él le constaba lo quebrantada que
estaba su salud, dado que el año de 1808 había tenido que suspender su
curación en la ciudad de México para venirlo a substituir cuando él salió
para Guanajuato.14 Hace luego una larga enumeración de sus dolencias.
"Desde aquel tiempo, —dice— han seguido mis accidentes tomando mayor
cuerpo, de manera que vivo continuamente atormentado sin tener dos días
consecutivos de mediana salud. Va entrar el invierno, en cuya estación se
me agrava cada año más y más el hestérico (sic), que en medio de sus
fuertes acciones hace un embargo intermitente en la claridad y orden de mis
potencias tal, que en esos días no puedo atender con utilidad al cumplimiento
de mis deberes. Por otra parte, las erupciones que en el año de mi curación
se manifestaron del pecho a la espalda, que fue el otro accidente que me
impulsó a solicitar aquel permiso superior, ya me cubre toda la caja del
cuerpo con sus supuraciones que no dejan duda de su grave malignidad. A
todo esto se agrega la continua gonorrea y almorranas que padezco hace
tres años. En esta situación, una dilatada marcha, como es la prevenida
para San Luis, y las fatigas a caballo, que son consiguientes al interesante
objeto de ella, no podré desempeñarla sino arruinando la posibilidad de
restablecerme y quedando inútil hasta acabar con mi vida, y no siendo la
voluntad del soberano que ninguno de los individuos que servimos en sus
reales ejércitos, se emplee estando enfermo en funciones que no puede
soportar sin grave detrimento de su salud, debería yo, en uso de su real
clemencia, manifestar a usted mi actual imposibilidad para el destino prefi-
jado, pero atendiendo a lo importante del asunto que promueve la provi-
dencia antecedente y mis vivos deseos de emplearme en tan urgente ocasión,
estoy resuelto a emprender la marcha, según me lo ha ordenado, hasta
sacrificar mi salud un grado menos de incurable." Termina Vidal informan-
do, que iba a tomar el camino de Santa Bárbara, "así por su mejor piso
para la caballada, que está muy despeada, como por los pastos y aguas. "15

58
EXPEDICIONES FRUSTRADAS

Vidal, marchando un promedio de ocho leguas diarias, pernoctó el día


24 en Croix y el 27 llegó a Escanden, en donde el capitán Hilarión Gutiérrez
le entregó cien lengüetas de lanza para la "habilitación de las milicias que
carecían de ellas y de sables. "16 Antes de llegar a esta última villa recibió
un oficio de Iturbe el día 25.17 £n él, le insertaba otro de Calleja del día 18
en que le ordenaba acelerara a "marchas forzadas" el envío de las tropas,
pues la insurrección iba haciendo progresos muy rápidos. Iturbe hace a
Vidal la misma recomendación y le dice que no espere a la compañía que
quedó detenida en San Carlos, pues aún no habían llegado los piquetes de
Camargo y Revilla. 18 A pesar de que Vidal contestó a Iturbe que aceleraría
la marcha, continuó haciendo jornadas similares a las anteriores. También
le comunicaba que faltaban muchos sables a las compañías milicianas, y
como éste era "el arma mas útil para el soldado de caballería y dragones,"
iba a recoger todos los que encontrara en Escanden, Santa Bárbara y Tula,
así como alguna pólvora para que los milicianos se enseñaran a cargar y
descargar.19
El día 31, el escuadrón llegó a Tula. Ahí convocó Vidal a una junta de
oficiales para que determinara si continuaba la marcha al día siguiente o se
detenían uno o dos días. La opinión general fue la de detenerse para que se
encabaran las lanzas recibidas en Escanden y se habilitara la tropa con car-
tucheras y vestuario que se había mandado hacer previamente. También se
reemplazaron en este lugar algunos soldados que habían quedado enfermos
en el camino .20
A las ocho de la mañana del día siguiente,21 Vidal recibió un oficio
muy alarmante mandado doce horas antes por don Pedro Barrenechea, el
subdelegado del Valle del Maíz, en el cual le decía que en el puerto de
Vielma, a seis leguas de Río Verde, había habido una batalla con los
insurgentes que se habían reunido con algunos vaqueros de la hacienda de
Albercas y otras gentes de Arroyo Seco; que hubo algunos muertos y se
dispersaron trescientos hombres que mandó el subdelegado de Río Verde,22
que también apresaron a don Ramón Alvarez, mayordomo de Albercas y
que posiblemente Río Verde, de donde huyeron los europeos, se encontrara
ocupado por los insurgentes, pues el subdelegado de esta población le
informaba que no tenía ninguna arma de fuego. También decía Barrenechea
que el ejército de Calleja había salido para San Miguel el Grande y que
probablemente ya se había reunido con las tropas de México por lo que
consideraba que no era tan urgente la ayuda de las tropas de Nuevo
Santander; que en cambio en esos pueblos estaba prendiendo el fuego de la
rebelión, por lo tanto le pedía a Vidal se encaminara al Valle del Maíz, y le
prometía reforzar su contingente con indios pames de arco y flecha y otros

59
EW IOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
vecinos de los pocos que quedaron sin ir al ejército.23
Aunque es posible que Barrenechea exagerara al hablar de batalla, lo
que sí es un hecho es que los insurgentes encabezados por un tal Marín,
entraron a Río Verde el 2 de noviembre. Los informes respecto a su número
son variables; parece eran unos ochocientos, con pocas armas de fuego y la
mayor parte armados con lanzas, hondas, machetes y flechas. Sólo se
quedaron unas horas y se retiraron a un lugar de la sierra llamado La Tinaja
en donde tenían su guarida.24
Tan pronto como Vidal recibió el oficio de Barrenechea celebró una
nueva junta con sus oficiales y la opinión fue proporcionar el auxilio
pedido. Por lo tanto, al día siguiente, 2 de noviembre, Vidal se encaminó
con la mayor parte de la tropa hacia el Valle del Maíz, comunicando a
Calleja su decisión y dejando en Tula más de veinte hombres custodiando la
caballada y el equipaje.25 En el camino, el capitán Vidal recibió otro oficio
del Valle del Maíz en el que Venustiano Barragán y Manuel Antonio Ortiz
de Zarate pedían los auxiliara lo más pronto posible, pues el subdelegado,
que era español, había salido del pueblo para ocultarse de los insurgentes y
los dejó a ellos con el mando de las armas.26 Vidal llegó al Valle del Maíz
al día siguiente.27

El 16 de octubre Jusepe de Aysa le mandaba al gobernador Santa María


uno de sus relatos detallados de los últimos acontecimientos, el cual termi-
naba diciendo: "Bastante se dice ya por la tardanza de las tropas veteranas.
Vengan breve para despachar luego, pues sólo les van a dar veinte en tarea
de matanza y que se vuelvan a sus presidios a comer vacas gordas, rico
tasajo, bizcocho y pinole, comas y anacuas. "28
Las tropas presidíales se habían convertido en una leyenda, pero estos
veteranos en que tantas esperanzas tenían se reducían a veintitrés hombres,
que eran los únicos que pudo sacar Santa María del presidio de Lampazos.
Tampoco había logrado reunir los 250 milicianos pedidos por Calleja y
precisamente el día que de Aysa escribió, don José Andrés Guajardo,
capitán de la Compañía de Río Blanco y el más antiguo del Nuevo Reino de
León, se comunicaba, por primera vez con el gobernador. Este le decía a
Santa María que había tenido que ir a Saltillo, pero como los ríos de
Hoyos, Linares y Pilón estaban crecidos, emprendió el viaje por la hacienda
de Potosí de donde se regresó a Río Blanco, por haber tenido noticias de la
reunión de las tropas, que ahí encontró la orden del gobernador del 30 de
septiembre y que aunque los individuos de esa compañía se hallaban disper-
sos a distancias de más de veinte leguas de la cabecera, el piquete de solda-

60
EXPEDICIONES FRUSTRADAS

dos que se le pedía saldría el día 18.29 Con estras tropas se presentaba la
situación absurda de que estando Río Blanco a unos trescientos kilómetros de
San Luis Potosí, iban a marchar en dirección opuesta más de trescientos kiló-
metros hacia Monterrey, para luego regresar a la primera de estas ciudades.
El 22 de octubre Santa María aún no había recibido contestación de
Calleja a su oficio en que le informaba estaba suspendiendo el envío de la
tropa, pero le vuelve a escribir diciéndole que ya estaban "en estado de útil
servicio tres compañías de a cincuenta hombres cada una y reunidos veinti-
trés hombres de la Compañía Volante de La Punta," y que había dispuesto
salieran para San Luis al mando de don Pedro de Herrera. Que al día
siguiente marcharía la compañía de dicho capitán y en los días sucesivos la
de don Francisco Bruno Barrera y la de don Domingo Castañeda.30
No obstante, el mismo día don Pedro le escribió a Calleja diciéndole,
que "creía correr mañana" a ponerse a su lado, pero que Santa María había
tenido que suspender la marcha porque recibió informes, tanto de Béjar
como del capitán Bustamante, comandante de Laredo, que los comanches
les habían declarado la guerra.31 Efectivamente, el día 13, un crecido
número de indios atacaron en el río de San Marcos en Texas a la guardia
que custodiaba la caballada de una de las compañías de Nuevo Santander;
mataron un sargento y tres soldados, dejaron heridos a otros tres hombres
y se llevaron toda la remuda que consistía de 363 bestias. También se decía
que 152 comanches iban rumbo a Laredo.32
Aunque Calleja había contestado desde el día 18 el oficio de Santa
María en que le comunicaba que de momento estaba suspendiendo el envío
de la tropa, este último no recibió la contestación hasta el 24. En ella le
manifestaba que eran justas las reflexiones que hacía acerca de la seguridad
de su provincia, pero que "la distancia y el estado de sosiego" en que se
hallaba alejaban todo recelo de peligro, que acelerara la marcha de los 250
hombres de milicias y el piquete veterano, y que sin la menor demora,
reuniera, organizara y tuviera listos los 300 hombres que le había prevenido,
pues la insurgencia iba haciendo progresos muy rápidos y sólo podía conte-
nerse reuniendo en San Luis un ejército respetable, que unido al que había
salido de México al mando del conde de la Cadena, y se hallaba en
Querétaro, pudiera "reprimir a los insurgentes y asegurar con su exterminio
el orden público. "33 Ese mismo día Calleja mandó al gobernador de Nuevo
León una breve nota escrita precipitadamente de su puño y letra la cual
decía: "Amigo mío, la patria está en riesgo y exige imperiosamente nuestros
esfuerzos para salvarla, y yo ni quiero ni dudo que Santa María no sea el
primero a auxiliarla, no pierda el tiempo y a marche* forzadas envíeme la
gente que sea posible sin detenerse en nada. Estoy próximo a los enemigos y

61
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
en vísperas de atacarlos y no me pesaría tener a usted aquí y al lado de su
amigo. 34
Es indudable que Calleja veía la situación muy crítica pues también
envió correos con esta orden perentoria: "Los comandantes de tropas de La
Colonia y Nuevo Reino de León que vengan con dirección a San Luis Potosí
a quienes se presente esta orden, apresurarán la marcha cuanto les sea dable
para reunirse a este ejército. "35 No sabía don Félix que ninguno de los dos
contingentes había salido aún.
Santa María contestó el oficio de Calleja el mismo día que lo recibió,
diciéndole que quedaba su "corazón lleno de la mayor pena" pues no le era
posible, sin exponer la provincia, reforzar su expedición. Continuaba expo-
niendo que le tenía manifestado la situación deplorable de la provincia, sus
escasos recursos, la poca gente que se presentaba voluntariamente, la im-
presión que había hecho en su sencillez las proclamas de los insurgentes, las
sospechas muy fundadas de que hubiera partidarios de los rebeldes de
ascendiente popular y el disgusto con que muchos de los reclutados aban-
donaban sus hogares "viendo el llanto de sus familias," lo cual imposibili-
taba la creación de nuevas tropas. El gobernador hacía luego referencia a
las noticias que se habían recibido de la guerra con los indios, especifican-
do, que esto requería más de su atención, pues según opiniones, los bárba-
ros operaban de acuerdo con los insurgentes, porque se había visto "mar-
char considerable número de gandules con caballo de diestro," cosa extraña
en el modo que acostumbraban hacer la guerra.
El gobernador le decía más adelante a Calleja que no había podido
reunir más que cuatro compañías y que iba a compartir sus fuerzas man-
dándole dos, que el piquete de la Compañía Veterana de Lampazos, aunque
corto, era muy útil para las atenciones de Tierra Adentro y "otras muchas
recomendables" por lo tanto, se quedaba en la provincia. También comuni-
caba Santa María, que aunque don Pedro de Herrera había pedido salir con
la tropa, y de hecho le correspondía el mando, lo estaba deteniendo, pues
como él hacía poco que había llegado a la provincia, necesitaba de su
asesoramiento para un mayor acierto en sus órdenes y además para que don
Pedro se encargara del gobierno en caso de un accidente. Terminaba el
gobernador informándole a Calleja, que el día 25 saldrían las dos compa-
ñías al mando de los capitanes Bruno Barrera y José Domingo Castañeda.36
Este último, que seguía en Saltillo, le escribía al gobernador ese mismo
día diciéndole, que estaba mandando doscientas cartucheras y otras tantas
fundas de escopeta que se habían mandado hacer en esa población. Asimis-
mo, le informaba que había ordenado confeccionar doce uniformes para
aquellos soldados de su compañía que los necesitaran. Terminaba diciendo

62
EXPEDICIONES FRUSTRADAS

estar enterado que parte de la tropa se iba a quedar de guarnición en


Monterrey, pero él le suplicaba lo destinara al ejército que iba a unirse con
Calleja "en el que es más verosímil se presente ocasión de concurrir a la
venganza que pide nuestra religión, rey y patria. "37
Pero don Manuel de Santa María cambiaba cada momento de parecer.
El día 26 le comunicaba a don Antonio Cordero, gobernador de Coahuila,
que había decidido salieran para San Luis "las tres únicas compañías reuni-
das, armadas y algo vestidas," dejando a la provincia "sin fuerza organiza-
da, ni armamento para surtirla." Le informaba igualmente, que ese día
había salido la compañía de don Bruno, al día siguiente lo verificaría la de
Castañeda y un día después la del comandante del escuadrón don Pedro de
Herrera.38 Por lo tanto, siempre había resuelto Santa María que don Pedro
fuera al mando de las tropas, y no sólo esto, sino enviar cuatro compañías,
ya que al día siguiente le informó a Calleja de la salida de la compañía de
don Bruno y que las otras tres iban a marchar en los días sucesivos, pero
que un furioso temporal les había impedido la salida porque no tenían capas,
sin embargo las iba a habilitar con jorongos para que pudieran marchar.39
El capitán don José Francisco Bruno Barrera, otro de los personajes
importantes en este relato, era nativo de Monterrey y tenía en esta época
unos cincuenta y tres años de edad. Inició su carrera militar el año de 1796,
al tomar parte como "vecino voluntario y a sus expensas" en una campaña
contra los indios apaches, a las órdenes del teniente don Juan de Castañeda.
Al año siguiente obtuvo el nombramiento de capitán de milicias y en 1801
participó en la persecución del aventurero norteamericano Felipe Nolan,
desempeñando posteriormente algunas comisiones de carácter administra-
tivo.^ También ocupó, desde el año de 1781, diversos puestos en el Cabildo
de Monterrey, incluyendo el de alcalde de primer voto los años de 1805 y
1806.41
La siguiente compañía en emprender la marcha fue la de Castañeda y
no lo hizo hasta el día 30. La de don Andrés Guajardo partió el día lo. de
noviembre y la de don Pedro de Herrera a las ocho de la mañana del día
siguiente, pero éste que era el comandante de todo el escuadrón, no salió
hasta en la tarde, "poco antes de la oración," y viajando en coche fue a
dormir a Santa Catarina. A Saltillo no llegó hasta el día 5, a pesar de que le
comunicó a Calleja que quería "correr" para estar a su lado, y el pretexto
para esta dilación fue, que la mucha lluvia lo había demorado.42
Calleja se quejaba de la tardanza de sus subalternos en mandar los
refuerzos pedidos y le escribía a don Pedro de Oterrena diciéndole: "La
manía de todos es la de defenderse cada uno en su país, dejando por este
medio a los insurgentes reunir fuerzas que no puede resistir ninguno. "43 Y a

63
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
de Aysa que le había ofrecido hombres, le manifestaba que los mandara si
eran "de clase útil" e iban bien montados, que a los demás no los necesitaba
pues sólo aumentaban las dificultades. También le pedía escribiera a cuatro-
cientos europeos que le había informado estaban en Cedros, para que se
presentaran, asegurándoles que en su ejército encontrarían "distinción, pro-
tección y seguridad. "44

El coronel don Antonio Cordero y Bustamante, gobernador de Coahui-


la, recibió, el 30 de septiembre, en el pueblo de Bajan, el oficio de Calleja
informándole de la insurrección de Dolores. Pero Cordero ya había tenido
noticias previas de estos acontecimientos por un comunicado que le puso el
Cabildo de Saltillo, y precisamente se hallaba de paso en Bajan, caminando
de Monclova, la capital de la provincia, hacia Saltillo.45
Como el gobernador de Coahuila no dependía jerárquicamente del
virrey, sino del comandante general don Nemesio Salcedo cuya residencia
estaba en la villa de Chihuahua, Calleja no le ordenaba enviara tropas, pero
trataba de hacerle patente la gravedad de la situación exponiéndole que
según noticias que tenía, el objeto de la insurrección era "el de proclamar la
independencia con el exterminio de todo ultramarino," para que con estas
noticias estuviera con el cuidado y la precaución que exigía su importancia
y adoptara las medidas que la parecieran más acertadas en la provincia de
su mando.46 Cordero empezó inmediatamente a reconcentrar tropas en
Saltillo, según parece, algunas de ellas sacadas de las cuatro compañías
presidíales de Coahuila: Monclova, Aguaverde, La Bavia y Río Grande.
Pero no sólo éstas, sino también compañías de milicias que se fueron
formando en distintos lugares de la provincia. Sin embargo, el propósito de
esta concentración, cuando menos de momento, no era avanzar hacia el sur
a auxiliar a Calleja o atacar a los insurgentes, sino simplemente el impedir-
les la entrada a la jurisdicción de la Comandancia General.
El 18 de octubre, Calleja apurado se dirigió a Cordero casi en tono de
súplica. "Sí cupiese —decía— en el arbitrio y facultades de vuestra señoría,
como en circunstancias tan graves como las presentes no puede dudarse, el
envío de alguna tropa veterana de la que guarnece los presidios de esa
provincia, reemplazándola, tal vez, con las milicias o vecinos de ella, sería
muy importante para contener e impedir los progresos de la rebelión, que
como un torrente va cundiendo por todas las provincias, llegando ya en el
día hasta la de Zacatecas."^ Pero el día 25 Cordero le contestó, que
habiéndoles declarado la guerra los comanches, tahuacanes, tahuayases y
aguajes, consideraba indispensables las fuerzas de la provincia para contener

64
EXPEDICIONES FRUSTRADAS

esas naciones. Sin embargo le decía, que estaba dando cuenta de su peticiór
al comandante general para que determinara lo que fuera conveniente.4í
No obstante esta contestación, Cordero ya había mandado tropas fuera
de su jurisdicción, pues el subdelegado de Real de Catorce le comunicó alar-
mado que el vecindario estaba muy inquieto, debido a la semiparalizaciór
de las minas y el cierre del comercio y le pedía enviara algunas tropas para
mantener el orden. El gobernador de Coahuila accedió a esta peticiór
mandando sesenta milicianos de Saltillo a las órdenes de don Dionisic
Valle, capitán del presidio de la Bavia.49
Pero el 4 de noviembre, el capitán Valle se dirigió a Cordero solici-
tando refuerzos pues le decía que los insurgentes habían entrado a Aguasca-
lientes, que su tropa estaba muy bisoña y que en Catorce solamente podía
contar "con los europeos y algunos vecinos honrados" que apenas llegarían
en total a unos cien hombres. Por lo tanto, no disponía de suficiente gente
para sujetar al pueblo y hacer resistencia a los insurgentes.50
Es por esto que al día siguiente que don Pedro de Herrera llegó a
Saltillo, Cordero se comunicó inmediatamente con él, informándole de la
situación en Real de Catorce y pidiéndole se sirviera reforzar con parte de
sus tropas aquella guarnición y tomara el mando de ese punto, pues queda-
ba dentro de la jurisdicción del virreinato.51 Herrera le contestó al goberna-
dor de Coahuila que tenía órdenes de unirse al ejército de don Félix Calleja,
pero que considerando la importancia de sostener a Catorce, su decisión era
seguir con sus tropas hacia esa población.52 Sin embargo, le pone un oficio
a Calleja justificando su determinación, en el cual le decía que se había
dado cuenta que el señor Cordero contaba con muy pocas fuerzas "para
atender a varios puntos muy interesantes a la defensa de la provincia de su
mando y las del virreinato," que además estaba refugiado en Saltillo "la
mayor parte del comercio de Zacatecas" y clamaba, como era natural, "por
la custodia de sus personas y caudales. "53
El día 7 a las cinco de la tarde, don Pedro recibió un oficio del capitán
Bruno Barrera, quien se había adelantado con las dos compañías de Nuevo
León que salieron primero y ya se encontraba en San Salvador, a la mitad
del camino entre Saltillo y Catorce. Con este oficio se incluía otro de las
autoridades de este real pidiéndole auxilio y Herrera contestó que estaba
dando orden al capitán Barrera para que marchara a esa población.54
Don Pedro mandó el día 8 su compañía y la de Guajardo para que
fueran a dormir a Aguanueva a ocho leguas de Saltillo, pero él no salió
hasta el día siguiente y las alcanzó en este lugar; por lo tanto, no parecía
"correr" mucho, pues había perdido otros cuatro días en Saltillo. En Agua-
nueva recibió otro oficio del capitán Barrera, quien tampoco se había

65
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
movido de San Salvador. Este le adjuntaba dos cartas, una de don Antonio
de Elorza, subdelegado de Matehuala y la otra de don Jacobo María Santos,
el colector de alcabalas de Venado, escrita al primero.55
Santos, cuya carta era del día 6, refería que los insurgentes habían
entrado a la hacienda de Salinas, en donde todavía estaban la noche ante-
rior a las ocho, según le había informado un espía que mandó, que espera-
ba ser sorprendido en cualquier momento y que no tenía más auxilio que
ocho paisanos y unos cuantos indios desarmados, con quienes no podía
contar. Afirmaba también Santos que si tuviera cincuenta hombres de
confianza, ya se hubiera apoderado de la cuadrilla que estaba en Salinas,
pues cada rato recibía noticias de su abandono y descuido, y que le
constaba que no traían entre todos más que cuatro escopetas y los demás
unas lanzas y garrotes. Decía más adelante, que si le dejaban cien soldados
de la tropa veterana, no lograrían los insurgentes penetrar al pueblo. Todas
estas gentes estaban ilusionadas con la tropa veterana que les iba a llegar
del norte, siendo que, tantos los enviados por Cordero de Saltillo como los
de Nuevo León, eran milicianos recién reclutados y sin ninguna experiencia
militar. Por último le hacía notar Santos a Elorza, "que la separación de los
europeos de su domicilio" había fomentado la revolución de la plebe; que,
por lo tanto, debían permanecer unidos en su región.56
El día 10, don Pedro llegó a Tanque Nuevo y al día siguiente nada más
avanzó seis leguas hasta La Ventura por haberse dispersado la caballada de
la tropa, pues se iba arreando una manada muy grande, ya que cada
hombre llevaba dos caballos de reemplazo. Antes de llegar a este último
punto recibió un nuevo oficio de las autoridades de Catorce57 en el cual le
decían que tenían informes que había pasado un correo del comandante
militar de San Luis pidiendo que las tropas que iban bajo su mando
siguieran para aquella ciudad, que no sabían lo que él resolvería, pero que
sin su ayuda tendrían que abandonar la defensa de aquel punto. Le expo-
nían luego los preparativos que habían hecho con este fin, especificando que
no estaban "desprovistos de carnes, harinas y semillas," que tenían "siete
cañoncitos, veinte quintales de pólvora ordinaria y doscientas libras de fina,
cincuenta fusiles" y con tal disposición de ánimo, que con mucha pena
renunciarían a la defensa. Que habían empezado a levantar algunos parape-
tos, pero que los suspendieron hasta saber su respuesta, pues si abandona-
ban el lugar podrían ser útiles al enemigo. Le informaban por último, que
tenían plena confirmación que el ejército insurgente de Zacatecas se dirigía
contra San Luis.58 Herrera les contestó, que el martes a las doce del día
es'taría en La Punta, cerca de Vanegas, y los citaba en ese lugar para discutir
la forma en que los podría ayudar.59

66
EXPEDICIONES FRUSTRADAS

Don Pedro llegó a La Punta el martes 13 a las diez de la mañana y ahí


recibió dos oficios, uno del capitán Barrera y el otro de don Julián de
Cosío, subdelegado de Catorce. Este último le informaba que "la ciudad de
San Luis se había sublevado" y que todos los europeos de Catorce iban a
emigrar. 60
Tan pronto como Herrera recibió esta noticia, avanzó hasta la hacienda
de Vanegas en donde tuvo informes de que por orden del capitán Valle,
don Bruno Barrera, había subido a Catorce con las dos compañías de
Nuevo León que iban a la vanguardia. Don Pedro le pone un oficio desde
Vanegas al capitán Barrera diciéndole que le parecía bien hubiera subido al
real "a proteger la retirada de los intereses del rey," pero le llamaba la
atención porque llevó toda la caballada, pues ahí no había pastos; por lo
tanto, le ordenaba que se quedara cada hombre nada más con un caballo y
le remitiera el resto.61 También les escribió Herrera a las autoridades y
vecinos de Catorce, Cedral y Matehuala. A los primeros les decía que le
parecía muy mal que los pobladores de ese real fueran a desamparar sus
hogares. Que se le reunieran todos los hombres capaces de tomar las armas
para salir al campo, eligiendo el punto más a propósito para castigar a los
insurgentes. Que estaba bien que las mujeres se retiraran, pero que para los
hombres sería muy vergonzoso. Les exponía también que él había faltado a
las órdenes de su superior para condescender con ellos y que le era muy
doloroso no tener la gloría de defender ese punto que ellos abandonaban.62
Esta afirmación de don Pedro era falsa, ya que acababa de llegar a Vane-
gas; por lo tanto, no se había desviado nada del camino hacia su destino
original que era San Luis Potosí. A los otros subdelegados, Herrera les decía
que se le reunieran todos los que pudieran cargar armas, pues con un
cuerpo regular se podría burlar "de esa gente fascinerosa y sin pericia
militar. "63
La respuesta a la exhortación de don Pedro fue decepcionante. Desde
Cedral contestó el mismo día don Ramón Amador, subdelegado interino,
diciendo que se habían retirado todos los europeos y la demás gente útil y
apenas había podido conseguir seis hombres para la guardia nocturna.64 De
Matehuala, comunicaba Miguel de Vargas Machuca que habiéndose ausen-
tado los ultramarinos con sus bienes, no quedaba dinero para sueldos ni
armas y que incluso faltaba gente por la mucha que había salido para el
ejército de Calleja y otros se habían retirado por "la calamidad de los
tiempos." Añadía "que antes de ausentarse los europeos, entre quienes se
contaban los principales pudientes del lugar, se trató con ardor por el señor
cura y don Sebastián de la Fuente, de formalizar la misma defensa," contan-
do con la tropa que iba al mando de don Pedro de Herrera, pero que esto

67
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
tío tuvo efecto "por la falta de contribuciones pecuniarias, a que se nega-
ron." Le comunicaba por último que los vecinos de Venado habían llegado
ese día a Matehuala huyendo.65
Herrera le informaba al gobernador de Coahuila que había exhortado a
los subdelegados de Matehuala, Cedral, Venado y los otros pueblos de la
comarca diciéndoles que estaba bien salvaran sus intereses y familias, pero
que se le reunieran los hombres capaces de tomar las armas, pues creía
poder hacer "una gloriosa resistencia." También le decía don Pedro al
coronel Cordero, que sabía que varios habitantes de la comarca estaban
emigrando para Saltillo y que él debía hacerlos "tomar las armas en defensa
de sus personas y caudales." Que si lograba se le unieran los que estaban
huyendo, pensaba situarse en Laguna Seca porque era un lugar adecuado
para atacar a los insurgentes en el campo y evitar se introdujeran a las
Provincias Internas. Pero que si no lograba la cooperación de los que huían,
pensaba abandonarlos e irse a donde el corto número de tropas que estaban
a sus órdenes pudieran "ser útiles a la patria." &>
El día 14 al amanecer, llegaron a la hacienda de Vanegas todas las
autoridades y europeos de Catorce. Ahí se verificó una junta para determi-
nar las medidas que debían tomar. A esta reunión asistieron don Pedro de
Herrera, el subdelegado de Catorce don Julián de Cosío, el capitán don
Dionisio Valle, el alcalde de primer voto de Catorce, don Miguel María
Jiménez, el capitán don Francisco Pereyra, el alcalde de segundo voto don
Juan Sánchez, el capitán don Francisco Bruno Barrera, el diputado de
minería don Andrés Soto, el diputado sustituto y administrador de reales
rentas don Manuel Verdeja, el administrador de correos y vocal de la Junta
Municipal don Lucas Marco y el capitán don José Domingo Castañeda.
Don Pedro de Herrera expuso que él se había puesto de acuerdo con el
señor Cordero para situarse en Catorce y defender aquel punto, pero que
esa defensa no la podía hacer sin el auxilio del vecindario y que ahora
resultaba que todos habían emigrado; por lo tanto, los juntaba para que le
dijeran qué debía hacer con las tropas que mandaba, ya fuera replegarse o
salir al encuentro del enemigo siempre que su tropa no fuera a sacrificarse
inútilmente si el número de los enemigos era demasiado grande.
Oído esto por las autoridades de Catorce le manifestaron que el día 12,
al tener noticias de la calda de San Luis, habían tenido una reunión con los
oficiales de las tropas que habían ido de Coahuila: capitanes Dionisio Valle
y Francisco Pereyra y subtenientes José Cristóbal Rodríguez y José Antonio
Ramos. El propósito de esta Junta fue el llegar a un acuerdo si se hacía "una
defensa vigorosa del real o una honrosa retirada," y que la decisión había
sido abandonarlo en vista de que los insurgentes avanzaban por todas

68
EXPEDICIONES FRUSTRADAS

partes, pues ya estaban en Salinas, en la hacienda de Cedros y en Río Verde


y no contaban para la defensa más que "con la sola fuerza de setenta
soldados milicianos recién levantados en el Saltillo, 67 de cuarenta europeos
de todas edades y unos pocos criollos de honor." Además consideraban
que la opinión de la plebe era favorable a la insurrección y no tenían
víveres, los cuales siempre habían llegado a ese real de más de cincuenta
leguas de distancia por cualquier rumbo.
Por lo tanto, decidieron abandonar Catorce al día siguiente, dejando
como encargados de la autoridad al señor cura y al receptor de alcabalas
don Alejandro Zerratón, quedando este último como subdelegado y en la
sesión que se efectuó, actuó de secretario. Hubo un momento en que éste,
"llorando" por la resolución que se estaba tomando no pudo seguir escri-
biendo y tuvo que terminar el acta don Andrés Pérez Soto.
Oídas por don Pedro de Herrera estas consideraciones, dijo que apro-
baba el replegarse con sus tropas a Saltillo "custodiando los intereses del rey
y de los infelices emigrados de esos pueblos." Que una de las causas que lo
obligaban a retirarse era el no haber recibido noticias de Calleja, a pesar de
haberle enviado varios correos y que con doscientos "hombres bisónos" que
traía no podía resistir el crecido número de insurgentes. Que además con la
fuerte seca que había habido en esas provincias durante los últimos cinco
años y las marchas dobles que hizo, se había puesto "la caballada en
términos de no poder operar. "68 Esto último de las "marchas dobles" era
falso. El día que más caminó fueron quince leguas, que era una jornada
normal para tropas de caballería y más llevando tres caballos para cada
hombre.
El señor cura de Catorce don José María Semper, se había distinguido
al principio de la insurrección por su celo en apoyo de la causa realista,
pues el 9 de octubre, el subdelegado don Julián de Cosío escribía a don
Manuel de Acevedo y a Calleja diciéndoles que estaba mandando una
compañía de 32 hombres debida al celo y patriotismo de los vecinos y "con
particularidad, en este caso, por nuestro cura don losé María Semper. "69
El día 14 de noviembre, este señor cura y don Alejandro Zerratbn, el
secretario que no pudo terminar el acta por haber empezado a llorar, le
escribieron al mariscal insurgente José Rafael Triarte, que en aquel momento
se acercaba a San Luis Potosí: "Son las tres de la madrugada —decían— en
que acaban de salir de este real los europeos vecinos de él, llevándose no
sólo sus caudales e intereses, sino también todo lo que había en reales y
plata de la Real Hacienda y propios de este lugar, custodiados por doscien-
tos sesenta hombres de tropa armada y con siete cañones que habían
construido en este real, los que habilitados de cartuchos, pasan para la villa

69
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
de Saltillo a reunirse con los europeos y tropa que ahí hay.
Nosotros Ubres de los temores con que nos veíamos, cercados con la
presencia de dichos individuos (como que eran arbitros de la autoridad y la
fuerza), pues habiendo llegado a nuestras manos unas cartas del señor cura
de Zacatecas y de los padres del Colegio de Guadalupe, en que aseguran
que la causa que se defiende por las armas del cargo de vuestra señoría es la
de la religión, patria y rey, y estando nosotros y todos los habitantes de
este real por la misma, nos hemos resuelto en esta hora a manifestarle, que
sin necesidad la más ligera de armas debe vuestra señoría contar con la
buena disposición de todo este vecindario para admitir y obedecer sus
órdenes. Esto aseguramos a vuestra señoría mediante a lo que con reserva
desde antes de ahora hemos hablado y acreditaremos con la firma de los
principales individuos que recogeremos en una junta que tenemos dispuesto
verificar luego que sea de día, y en el acto mismo que se concluya partici-
paremos a vuestra señoría cuanto resultare de ella, que debe creer no será
otra cosa que confirmar lo que le hacemos presente.
Los que suscribimos éste, somos el cura párroco de este real, bachiller
don Joseph María Semper y don Alejandro Zerratón, antiguo receptor de
alcabalas y en la actualidad subdelegado, por la fuga del propietario don
Julián de Cosío, ambos nos hemos comprometido a mantener el buen orden
y segundad pública, Ínterin que vuestra señoría dispone lo que sea de su
agrado, en el concepto de que a más de la escasez de numeraría con que
nos hemos quedado, lo estamos al mismo tiempo de víveres, y siendo en
este lugar dificultosa su introducción, debemos manifestarle que nos halla-
mos en el mayor conflicto para sostener a este vecindario que, no tiene otro
arbitrio para subsistir que la ocupación de las minas y haciendas de benefi-
cio, pero no habiendo reales suficientes con qué pagarles sus jornales,
quedamos discurriendo el mejor método con que nos debemos manejar,
ínterin que vuestra señoría resuelve lo conveniente. "70
El día 15, al levantarse don Pedro de Herrera se dio cuenta que todos
los europeos habían huido, dejando sus bienes abandonados en la plaza de
Vanegas. Por lo tanto, la tropa tuvo que conducir y custodiar estos bienes y
los siete cañones que habían sacado de Catorce. Esa noche llegó don Pedro
a La Parida.
Al día siguiente se le unieron algunos carros y carretas con familias que
huían de Cedral y Matehuala y fueron a dormir a El Salado. Dice don
Pedro que los soldados iban disgustados porque los europeos habían huido,
dejándoles sus bienes para que ellos los condujeran y que para contentarlos
tuvo que regalarles seis vacas.
Las siguientes jornadas fueron a La Ventura, el Tanque de la Vaca y

70
EXPEDICIONES FRUSTRADAS

Aguanueva, llegando a este último punto el día 19, en donde se detuvo la


tropa, pues el coronel Cordero le había mandado un oficio a don Pedro
pidiéndole reconociera los puertos más adecuados para impedir la entrada
de los insurgentes a la provincia de Coahuila. Ya para entonces era tanto el
número de familias y carretas que se habían agregado a la caravana "que
parecía un pueblo en el paraje donde acampaban." Algunos de estos refu-
giados "venían tan pobres que no tenían qué comer."
Después de determinar don Pedro que el campamento, para impedir la
entrada de los insurgentes, debía establecerse en Aguanueva, salió para
Saltillo con toda la caravana. Cuenta que, de todos los objetos que dejaron
abandonados los españoles, no faltó más que un costal de vaqueta vacío.
Que éste se lo reclamó el subdelegado de Catorce por medio de un oficio, el
cual se lo tiró al que "lo presentó. "71

Aún antes de que las tropas del Nuevo Reino de León salieran para San
Luis Potosí, ya el gobernador Santa María estaba tratando de reunir nuevos
contingentes. El 26 de octubre se dirigía por cordillera a todos los coman-
dantes de los pueblos ordenándoles que "sin excusa ni pretexto alguno"
mandaran a Monterrey toda la gente útil que hubiera quedado de las
compañías de su mando, exceptuando únicamente a los que con causa
justificada se hubieran regresado. También les decía que procedieran a
filiar a todos los individuos útiles para que a su llegada les pudiera pasar
la revista correspondiente.72
Efectivamente, Santa María tenía el propósito de visitar los pue-
blos, creyendo que con su presencia se aceleraría el reclutamiento. Además
proyectaba formar una serie de compañías urbanas, las cuales no saldrían
fuera de la provincia, pero servirían para la defensa de ésta. Para que lo
supliera en su ausencia, nombró como segundo comandante a don Juan
Ignacio Ramón, sustituyendo a don Pedro de Herrera quien había salido a
campaña.73 Ramón al aceptar este nombramiento manifestaba, que hubiera
preferido se le destinara "al trueno de las escopetas y no al de las plumas,"
pero como soldado estaba resignado a cumplir las órdenes de sus superio-
res. 74
Tan pronto como se rumoró se formarían milicias urbanas, incorporan-
do a todos los hombres útiles, hubo personas que se valieron de distintos
pretextos para excusarse. Don Antonio de la Rigada e Inda hacía saber que
estaba inhabilitado para servir "por los frecuentes y largos vagidos que
padezco desde la enfermedad y muerte de la difunta mi esposa. "75 y don
Antonio María de Aldasoro, quien había aceptado ser capitán de una de las

71
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
compañías urbanas de Monterrey, renunció al poco tiempo, exponiendo
entre otras razones que no lo "acompañaba noción alguna de las evolucio-
nes militares. "76 En cambio, don Valentín Ramón de Ugarte ofrecía sus
servicios y mandaba como constancia de su capacidad el título de alférez de
una de las compañías formadas en España durante la guerra contra la
República Francesa.77 Desde Vallecillo, escribía don Vicente Vedia y Pinto
comunicando que siendo capitán de milicias había pedido su retiro por no
permitirle sus enfermedades continuar en "carrera tan gloriosa" pero que las
circunstancias del día lo hacían ofrecer sus servicios, ya fuera en la clase
que había servido o "en la del último soldado. "78
El gobernador había ordenado que en Cadereyta se formara una com-
pañía de milicias provinciales de cincuenta plazas y dos urbanas de ochenta
cada una, pero Francisco Javier Marichalar, le comunicaba "que formando
las tres compañías, como se quiere, no queda seguramente individuo libre
que pueda ejercer la labranza tan útil y necesaria, pero ni criador de
ganado, y más alistando la gente más pudiente, como lo están verifican-
do.'^
De Pesquería Grande escribía Nepomuceno García, que no había en-
contrado ningún soldado útil para mandar a Monterrey, pues ocho los
habían devuelto, seis no se podían conseguir porque andaban huyendo del
servicio y cuatro estaban enfermos.80
En la región del valle del Pilón y Linares, la mayor parte de la gente
estaba enferma a causa de una epidemia de fiebres tercianas.81 Y desde
Cadereyta se quejaba el alférez Mauricio Tijerina, que los "individuos útiles
y de facultades" se excusaban de servir porque tenían licencia que les había
dado don Pedro de Herrera cuando fue gobernador y que "otros mozos útiles
y de razonable presencia" sólo se presentaban con su persona, haciéndole
ver su pobre situación e insolvencia y los que no estaban en estas condicio-
nes alegaban tener deudos en el servicio, ser hijos de viudas, mozos de
servicio o deber a comerciantes de esa villa.82
Este oficio de Tijerina indignó al gobernador quien le contestó le
admiraba hubiera sujetos que se atrevieran "a decir con el más criminal
egoísmo" que preferían su utilidad personal al servicio del rey pero que la
expresión merecía la indulgencia, ya que la ignorancia podía hacer incurrir
en mayores crímenes, pero que usando del "dulce medio de persuadirles,"
creía se allanarían éstos y mayores obstáculos. Le indicaba igualmente, que
sólo eran válidas las licencias extendidas por enfermedad y que los mozos
de servicio, deudores de comerciantes, también debían ser filiados, no
siendo hijos únicos de viudas o de padres y madres sexagenarios. Que en el
remoto caso de que la compañía provincial saliera fuera de la provincia, los

72
EXPEDICIONES FRUSTRADAS

comerciantes acreedores debían esperar, porque de la salida de sus deudores


dependería la paz de que disfrutaran.83
Pero el reclutar gente no era el único problema del gobernador. Le
preocupaba constantemente se introdujeran a la provincia papeles seducti-
vos o agentes de los insurgentes. Desde hacía tiempo había puesto un
pequeño destacamento en la Cuesta de los Muertos, a la mitad del camino
entre Monterrey y Saltillo, pero ahora le pide al gobernador Cordero se
encargue de la vigilancia de aquel punto. Este le contestó que ya había
ordenado pasaran un cabo y cuatro soldados a relevar al destacamento que
estaba ahí, pero le comunicaba a Santa María, había recibido informes de
El Paso84 que se hallaba un cuerpo de americanos en las inmediaciones de
Nuevo México. Probablemente se trataba de cazadores o de alguno de los
pequeños grupos, que por estos años, andaban reconociendo las tierras
entre el río Misisipi y el Océano Pacífico, expediciones que siempre inquie-
taban mucho a las autoridades españolas. El comentario de Cordero era:
"parece que los infiernos se han conjurado contra nosotros, pero cada
vez que me acuerdo que soy hermano de los héroes de La Península, el
mundo me parece poco. "85
El día 7 de noviembre, Santa María ordenó se pusieran destacamentos,
tanto en la boca de Santa Rosa como en la del Pilón. De acuerdo con sus
instrucciones, no se debía dejar entrar ni salir de la provincia a nadie si no
traía un pasaporte de alguna autoridad, salvo que fuera "sujeto conocido en
ella y nada sospechoso. "86
El día siguiente, José Marcelo Valdez, subdelegado de Guajuco, le
informaba al gobernador, que por un paso que había en la Sierra que
conducía a Saltillo y a Tierra Fuera, se estaba introduciendo gente extraña,
alguna de ésta de tránsito para otros lugares y otra se detenía ahí buscando
en qué trabajar, que si en este caso debía tomar alguna precaución, pues ese
valle se encontraba muy desprovisto, tanto de armas como de hombres, ya
que los más selectos andaban en campaña, unos en Texas y otros con las
tropas que acababan de salir.87 Santa María le contestó inmediatamente
ordenándole, que "en el término de una hora" hiciera salir de ese suelo para
Tierra Fuera a toda la gente extraña y que se informara quiénes se habían
introducido al interior de la provincia para proceder con ellos en igual
forma. También le ordenaba que se armaran "del mejor modo posible" un
cabo y cuatro hombres y se les pusiera de destacamento en el punto por
donde se introducía esta gente.88
Otro problema muy grave para Santa María era que, aunque pudiera
reclutar hombres, no disponía de fusiles para armarlos. Por lo tanto, escri-
bió al gobernador de Coahuila como al de Texas pidiéndoles, que si no

73
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
tenían un sobrante de éstos que le pudieran proporcionar. En ambos casos
la respuesta fue negativa. El coronel Cordero le contestó que no tenía
arbitrio para disponer de las armas existentes en la Tesorería de Saltillo,
pero que habló con el tesorero y éste le dijo que no había más que ciento
setenta fusiles los cuales se necesitaban para las urgencias que se pudieran
presentar.89 La única noticia optimista que se recibió por estos días fue que
se había firmado la paz con los comanches.90
Decidido el gobernador Santa María a visitar los pueblos del norte de
la provincia para acelerar el reclutamiento, nombró el 6 de noviembre,
como teniente de gobernador para que actuara durante su ausencia a don
José Antonio de la Garza y Guerra, alcalde de primer voto de Monterrey.91
También le ordenó al capitán don Andrés Mendiola pasara a Vallecillo,
Azanza y Boca de Leones a filiar a los "sujetos de regulares proporciones o
al menos que cómodamente puedan soportar la decencia y honor del unifor-
me," para aumentar las compañías de esos lugares hasta el número de
ochenta o cien plazas.92
Santa María probablemente salió de Monterrey, el 11 de noviembre.
Unos días antes de emprender la marcha le escribió al virrey diciéndole que
como el general don Félix Calleja jefe inmediato de las tropas de la provin-
cia, había salido a perseguir a la "abominable turba de bandidos insurgen-
tes, " se estaba dirigiendo a él directamente para exponerle los auxilios que
para su seguridad necesitaba el Nuevo Reino de León.
Le relataba en seguida las dificultades que había tenido para reclutar
gente debido a la continua conscripción que se había hecho en la provincia
durante varios años para reforzar la guarnición de Texas. Que estaba
planeando formar compañías mixtas dé milicias urbanas, pero no tenía
armas con qué surtirlas por lo que le pedía que si aprobaba su plan, le
remitiera algunos fusiles y otras armas al puerto de Soto la Marina.
Se refería luego el gobernador a sus esfuerzos para unir a la gente en
contra de la insurgencia, pero que estos propósitos se veían obstaculizados
por hallarse grabadas en algunas "almas las fascinantes ideas de los tumul-
tuarios, almas de sujetos en quienes debían resplandecer, mucho más que en
otros, las máximas evangélicas." Decía también Santa María, que él carecía
de fuerzas para hacerse respetar y estos individuos tenían "general predomi-
nio en los habitantes." Es casi seguro que el gobernador se refería a algunos
canónigos, pues ya había insistido en esto, incluso antes de que empezara la
insurrección.
También le decía Santa María al virrey que para equipar a las cuatro
compañías que salieron a San Luis Potosí, había tenido que prestar los mil
pesos de su sueldo del cuatrimestre y le sugería la formación de otra

74
EXPEDICIONES FRUSTRADAS

compañía veterana con la misma fuerza de cien hombres que tenía la de


Lampazos. Por último, le informaba de su proyecto de recorrer la provincia
y el haber nombrado segundo comandante al teniente de La Punta, capitán
graduado con Juan Ignacio Ramón.93
El día 12, estando Santa María en Salinas, recibió un oficio mandado el
día 6 por don Manuel de Acevedo, intendente de San Luis Potosí, en el cual
le pedía acelerara la marcha de las tropas de Nuevo León. Santa María le
contesta que le estaba ordenando a don Pedro de Herrera, de quien según
noticias que tenía se hallaba en el Real de Catorce, cuya guarnición se había
hecho sin su consentimiento, dejara ahí algunas tropas si era necesario y
socorriera a San Luis cuando menos con dos compañías. Santa María le
decía también que estaba imposibilitado para ayudarlo como quisiera, pero
no contaba en toda la provincia más que con cuarenta y cinco fusiles que
manejaban los soldados de La Punta, parte de ellos ocupados en proteger su
propia persona.94
El gobernador recibió el día 16, en Boca de Leones, un comunicado
muy alarmante. Era una acta levantada en Monterrey el día anterior en una
junta convocada por don Juan Ignacio Ramón y firmada por éste y todo el
Ayuntamiento de la ciudad, en la cual insertaban un oficio de don Antonio
Cordero, del día 14, informando de la caída de San Luis Potosí en manos
de los insurgentes. Los términos de esta acta eran muy violentos. El Ayun-
tamiento ordenaba a Santa María se presentara inmediatamente en Monte-
rrey para que pusiera "a cubierto su capital y provincia del fuego" que la
amenazaba y lo hacían responsable, si no lo verificaba, "para con Dios, el
rey y la causa pública. "95
Santa María contestó que no había necesidad de que conminasen sus
"honrados proceder.es," que se regresaría inmediatamente a Monterrey y
que contando con la buena disposición, no sólo de la ciudad sino de toda la
provincia, se hallaba "resuelto a defenderla hasta exterminar el último
quilate" de su sangre.96

El 6 de noviembre, don Joaquín Vidal de Lorca recibió en el Valle del


Maíz, un oficio enviado tres días antes por el capitán don Toribio Cortina
Díaz a quien Calleja había dejado como comandante de San Luis Potosí al
salir de esa ciudad.97 El oficio de Cortina era muy lacónico: "Los señores
comandantes de tropa de La Colonia a quienes fuese presentada esta orden,
procurarán avivar sus marchas cuanto les sea posible para llegar a esta
ciudad que así lo exigen las actuales críticas circunstancias del día, adelan-
tándome el oportuno aviso para proporcionarles alojamiento, cuya orden

75
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
doy como comandante de las armas. "98 El día 10, Vidal volvió a recibir
una orden similar.
Según él, en las dos ocasiones celebró junta de oficiales, pero como la
revolución estaba cundiendo en los pueblos vecinos al Valle del Maíz, con
peligro de invadir Nuevo Santander, y las órdenes con que había salido
eran la de incorporarse al ejército de Calleja y aún no había recibido
contestación de este jefe al oficio que le puso desde Tula, decidieron esperar
su determinación.99 Sin embargo, los días que estuvo en el Valle del Maíz,
Vidal hizo dos cosas: mandó un espía a que fuera a ver la fuerza que tenían
los insurgentes que estaban en La Tinaja, pero según Vidal, éste no pudo
dar una idea precisa de lo que se le había pedidolOO y también solicitó
refuerzos al capitán Miguel Cortés, a quien el gobernador Iturbe había
destacado en Tula con una pequeña guarnición desde el principio de la
insurrección. 101
Después de estos acontecimientos, Vidal fue acusado de no haber hecho
caso a los mensajes de Cortina porque éste lo quería mandar.102 Cortina
era un capitán de milicias a quien, al encargarlo Calleja de la comandancia
de San Luis Potosí, es probable le haya dado provisionalmente el grado de
teniente coronel, pues con frecuencia se hace referencia a él con este grado.
Ya se ha mencionado el poco respeto que los oficiales veteranos y hasta los
mismos soldados tenían por los oficiales milicianos; por lo tanto, no es de
dudarse que a Vidal le molestara le diera órdenes un capitán de milicias.
Tampoco hay que olvidar aquella carta que le escribió a don Manuel de
Santa María cuando acababa de ser nombrado gobernador del Nuevo Reino
de León en que le decía: "Me alegro también de que hayas dejado de ser
subdito de farolones milicianos. "103 Sea como sea, lo que sí es un hecho es
que Vidal ni siquiera anotó en su diario de operaciones el haber recibido
también tres oficios de don Manuel de Acevedo, intendente de San Luis
Potosí, los cuales son más explícitos que las órdenes escuetas de Cortina. En
el primero, que es del 2 de noviembre, le especifica que Calleja había dado
órdenes de que las tropas pedidas al gobernador de Nuevo Santander,
debían quedarse en San Luis Potosí para la defensa de esa ciudad. Le
informaba igualmente, que los insurgentes habían asaltado parajes inmedia-
tos y que temía se dirigieran a esa población, en donde carecían de suficien-
tes tropas para resistir cualquier ataque. Por último, le pedía que acelerara
su marcha. 104 En el último oficio enviado el día 10 a las siete de la noche,
le vuelve a repetir lo mismo, pero le decía que el peligro había aumentado
porque sabían que el numeroso ejército de triarte, que había entrado a
Zacatecas, se dirigía ahora a San Luis. También le hacía ver, que si se
propagaba la insurrección en los pueblos, no era tan temible como en la

76
EXPEDICIONES FRUSTRADAS

capital que abrigaba "en su seno cuantiosos tesoros, intereses y gran núme-
ro de europeos" que habían emigrado de otros lugares.105
A las ocho y media de la noche de ese mismo día, Cortina le puso a
Vidal su último mensaje. Le exponía que Calleja se había llevado con él
toda la tropa a excepción de unas compañías de infantería creadas reciente-
mente, y que éstas junto con los indios de los pueblos eran las que mante-
nían el orden en la ciudad. Le reiteraba asimismo que el ejército insurgente
había partido de Zacatecas desde el día 7, con dirección a San Luis. Le
volvía a insistir acudiera a marchas forzadas y, que si la ciudad se perdía, él
sería el "responsable en el caso de un mal suceso." Por último, le decía que
dejara cincuenta hombres en el Valle del Maíz, los cuales junto con el
vecindario, podían defender la comarca. 106
Vidal de Lorca, recibió este oficio de Cortina el día 12, y como ese
mismo día había recibido otro del capitán Miguel Cortés informándole que
estaba mandando 150 hombres al Valle del Maíz, ordenó inmediatamente
juntar la caballada y abandonó este lugar como a las ocho de la noche,
yendo a dormir a unas dos leguas de ahí. Por lo tanto, Vidal había estado
nueve días en el Valle del Maíz, pero ahora sí parecía tener prisa, pues al
día siguiente recorrió más de veinte leguas hasta la hacienda de La Angostu-
ra. 107 £] día 14, saijó de este lugar con intenciones de llegar a la hacienda
de Peotillos, pero en La Carbonera tuvo noticias de que los insurgentes se
habían apoderado de San Luis, o sea que no supo de este acontecimiento
hasta tres días después de sucedido, ya que fue en la madrugada del 11 de
noviembre. 108 Vidal siguió, sin embargo, hasta Cerritos de San Juan y
desde ahí despachó un correo a la hacienda de Pozo del Carmen y otro a
Guadal cazar para confirmar la noticia.
Al día siguiente volvieron los dos correos, asegurando que efectivamen-
te se había perdido la ciudad. Según Vidal, decidió avanzar "para imponer-
se más a fondo de la desgraciada ocurrencia" cuando en realidad parece que
sus intenciones eran retirarse hacia Tula, y esa noche la pasó en el paraje
llamado Rincón de Turrubiartes. Ahí se le incorporó el teniente Basilio
Gutiérrez con el tren de carga y la caballada que se había quedado en
Tula. 109 El día 16, cuando iban a emprender la marcha, llegaron dos
soldados que desde este último lugar habían despachado con Calleja. El jefe
realista le mandaba un oficio, fechado el 12 de noviembre en Querétaro,
ordenándole marchara sobre San Luis para que asistiera al comandante
Cortina en la defensa de la ciudad.HO Por lo tanto, Vidal emprendió la
marcha hacia esta población y "a la oración de, la noche," llegó a la
hacienda de Peotillos. Al día siguiente continuó hasta la hacienda de Pozo
del Carmen y ahí supo que dos días antes había entrado a San Luis el

77
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
ejército de Iriarte. Esta ciudad había caído en manos de los insurgentes por
medio de una revuelta interna acaudillada por fray Luis Herrera, lego
juanino que estaba preso, ayudado por fray Juan Villerías otro lego de la
misma orden, pero unos días después entró a San Luis una chusma desorga-
nizada que venía desde Zacatecas al mando de José Rafael Iriarte.Hl
Un personaje que vio la llegada de Vidal a la hacienda del Pozo fue el
inquieto fraile carmelita Gregorio de la Concepción, quien se había unido a
los insurgentes, y dice en sus memorias con su exageración acostumbrada,
que tuvo algún temor "porque como a las cinco de la tarde entró en aquella
hacienda don Joaquín Vidal con más de setecientos veteranos de caballería,
todos muy bien armados y bellos muchachos. "112
Desde esta hacienda, Vidal puso un correo a Calleja. Pensaba que este
general, sabiendo que los insurgentes habían tomado San Luis, marcharía
inmediatamente para recuperar la plaza y ésta sería la oportunidad para
unirse a su ejército. Por lo tanto, permaneció un día en el Pozo del Carmen
y al siguiente avanzó hasta Monte Caldera, a sólo siete leguas de San
Luis. El día 20, mandó al sargento José María Martínezll3 con seis soldados
al real de Los Pozos para ver si podía obtener noticias del ejército de Calleja
y él se situó con el resto de la tropa, en un lugar llamado El Encino.
Estando ahí volvió el sargento Martínez diciendo que no había podido
adquirir ninguna noticia del ejército, que en el real de Los Pozos no había
pasto para la caballada y que en varios ranchillos le habían informado que
venían seiscientos hombres de Iriarte a atacar a Vidal. También dijo Martí-
nez que al pie de la cuesta de Campa, le habían salido dos hombres que
trataron de hacerlo caer en una emboscada y al retirarse, dichos hombres lo
habían acompañado, pues querían parlamentar con el comandante de las
tropas de La Colonia. Al llegar al campamento, salió'Vidal a platicar con
estos individuos, quienes dijeron ir en representación de Iriarte y el princi-
pal de ellos se llamaba Silvestre Barbosa. Este le dijo a Vidal que venía a
invitarlo a unirse a los insurgentes y que entregara a los europeos que iban
con su tropa, que por cada uno de ellos le daría quinientos pesos y mil por
el subdelegado de Guadalcázar, quien también era europeo.H4 Este emisario
le dijo también a Vidal que si no cumplía con estas peticiones, su ejército
sería destruido. Vidal le contestó que consultaría con sus oficiales e inme-
diatamente ordenó que montara la tropa, y ya a caballo, cambió impresio-
nes con los oficiales, quienes acordaron decirles a los enviados insurgentes
que trajeran las peticiones con la firma de su general y entonces podrían
resolver.115 Esta contestación fue con el objeto de ganar tiempo, pues Vidal
ordenó inmediatamente la retirada.
Al día siguiente, al pasar de regreso por la hacienda de Pozo del

78
EXPEDICIONES FRUSTRADAS

Carmen, las tropas de Vidal arrestaron dos soldados, uno del presidio de
Aguaverde y el otro de las milicias de Saltillo. Estos dijeron que habiendo
ido a San Luis escoltando fondos que se mandaron de Saltillo, fueron
sorprendidos por la insurrección y que ahora los había mandado Iriarte a
llevar avío de dicha hacienda. Efectivamente el 24 de octubre, habían salido
200,000 pesos de la caja de Saltillo para San Luis Potosí.H6 Al llegar Vidal
con su tropa a un punto llamado Lagunillas, se le presentó el teniente
Basilio Gutiérrez quien era el oficial que mandaba la retaguardia, con el
mismo emisario insurgente del día anterior. Este le dijo a Vidal que un
capitán y un capellán lo estaban esperando en donde habían estado acampa-
dos un día antes, pero Vidal le contestó que ya no era tiempo para
parlamentar y que su propuesta no era admisible.
Ahí mismo en Lagunillas, Vidal tuvo noticias de que en un rancho
situado a legua y media de distancia, había una carga capturada por los
insurgentes de un convoy que iba de México a Matehuala. Inmediatamente
se dirigió a este lugar acompañado por el capitán Mazoleni, el alférez Pedro
García y treinta soldados, pero ese día no pudieron recoger la carga por
falta de muías en qué cargarla y por habérseles avisado que venían tropas
insurgentes en su persecución. Esto resultó una falsa alarma y al día siguien-
te se recogió la carga. No obstante, el coronel insurgente Francisco Lanza-
gorta había salido de San Luis a Guadalcázar y teniendo noticias que en la
hacienda de Pozo del Carmen se encontraban varios europeos, se dirigió a
este lugar, pero ya las tropas de Nuevo Santander se habían retirado.H7
En la puerta del potrero de Turrubiartes, Vidal capturó siete insurgentes
quienes estaban interceptando los correos realistas, pero poco después los
soltó como había hecho con el enviado Barbosa. También se le presentó un
emisario del comisionado insurgente de Guadalcázar diciéndole entregara a
los europeos que iban con él, así como la carga que había recogido, pero
Vidal le contestó, "que no se le consideraba autorizado para nada de lo que
pedía." El día 28, Vidal estaba de regreso en Tula.HS
Por lo tanto, para fines de noviembre, los dos contingentes de las
Provincias Internas de Oriente, que habían salido en auxilio de la causa
realista en el centro del país, se encontraban de regreso en territorio de las
Provincias Internas: las tropas del Nuevo Reino de León al mando de don
Pedro de Herrera estaban en Aguanueva cerca de Saltillo y las de Nuevo
Santander habían regresado a Tula, dentro de su propia provincia.

79
CAPITULO V

DIFICULTADES Y ALARMAS

Tan pronto como el gobernador Santa María recibió la noticia de la


caída de San Luis Potosí en manos de los insurgentes, se regresó precipita-
damente a Monterrey, recorriendo en unas cuantas horas las treinta leguas
que separaban a esta población de Boca de Leones, y el mismo día 16 de
noviembre en la tarde celebró una junta con los principales vecinos de
Monterrey. 1
No ha quedado constancia de lo que se trató en esta reunión, pero es
muy probable que tuviera por objeto oír sugestiones acerca de la forma de
impedir la entrada de los insurgentes a la provincia y, sobre todo, acerca de
los medios para conseguir hombres, armas y dinero, que desde un principio
habían sido los principales obstáculos que había encontrado el gobernador.
Ya en la junta convocada por don Juan Ignacio Ramón, estando ausen-
te Santa María, el Ayuntamiento había acordado se librasen oficios al
venerable señor deán y Cabildo de la Catedral, al señor proveedor y vicario
general doctor don José León Lobo Guerrero y al señor cura del Sagrario de
la Catedral licenciado don Fermín de Sada, informándoles de la caída de
San Luis Potosí. Sin embargo, lo más importante era obtener ayuda econó-
mica y probablemente se esperaba que esta noticia contribuyera al fin
deseado, pues al Cabildo Eclesiástico se le solicitaba auxiliara con dinero,
"con calidad de reintegro, para las urgencias de la guerra" y al proveedor y
vicario general se le pedía que él y su venerable clero contribuyeran "gratui-
tamente con un donativo para tan justo fin. "2
Al día siguiente de su llegada a Monterrey, Santa María se dirigió a
don Melchor Núñez de Esquivel, el administrador de tabacos, y a don José
Valera, el administrador de alcabalas, ordenándoles reunieran en Monterrey
los caudales de las rentas de su cargo. Este último contestó el mismo día
diciendo que el dinero que se fuera recibiendo en las receptorías se iría
concentrando en Monterrey, como lo había prevenido el gobernador.3 Pero
el administrador de tabacos contestó exponiendo una serie de excusas por

80
DIFICULTADES Y ALARMAS

las cuales no se podía reunir en Monterrey lo recaudado, y terminaba


especificando que lo que podía aceptar era que no se diera salida a los
fondos que fueran entrando para poder hacer uso de ellos en "caso extraor-
dinario. "4
Es difícil saber lo que este señor consideraba un "caso extraordinario;"
sin embargo, fue más increíble la contestación del Cabildo Eclesiástico que,
sabiendo las simpatías que algunos de los canónigos tenían por la insurrec-
ción y la actuación que tendrán posteriormente, se antoja pensar si estas
sugestiones se hicieron realmente en serio. "Le parece conveniente —decía—
se pase orden ejecutiva a los subdelegados de Cadereyta, Pesquería y
Salinas, a efecto de que con la posible brevedad, formen las correspondien-
tes listas comprensivas de todos los individuos, vecinos y dependientes de
las haciendas y ranchos, previniéndoles a los primeros y a los dueños de las
segundas, los habiliten de hondas, teniendo especial cuidado de que se
ejerciten en este oficio, sin precisarlos de modo alguno a que dejen desiertas
sus labores, ganados y demás destinos por hallarse en el tiempo de las
cosechas, pero sí que estén entendidos de que en caso necesario, inmediata-
mente que se les dé la correspondiente orden, han de hallarse dispuestos
para presentarse en la Cuesta de los Muertos (una de las principales gargan-
tas por donde pueden introducirse), a hacer la debida resistencia a los
insurgentes que intenten invadir y a posesionarse de esta ciudad y demás
pueblos de esta vasta provincia.
Este arbitrio parece ser el más adaptable en el día, tanto por ser
análogo a la educación y profesión de los que han de hacer la defensa,
como por carecer del correspondiente armamento, consultándose a su bene-
ficio con no extraerlos de sus ocupaciones y cede igualmente en ahorro de
considerable cantidad de dinero, que entre tanto debería invertirse en su
mantención."
Al dirigirse el Ayuntamiento al Cabildo Eclesiástico, es indudable que
no buscaba consejos sobre estrategia sino que proporcionara ayuda econó-
mica, pero en este aspecto no se logró nada. El Cabildo decía en su
contestación, que se hallaba comprometido con el señor obispo para pres-
tarle cien mil pesos a las Cajas Reales de Saltillo, pero que el señor obispo
no había resuelto hasta la fecha nada sobre el particular; sin embargo, que
mientras esto se decidía, el Cabildo estaba dispuesto a proporcionar lo que
se estimara necesario para mantener las tropas, "en calidad de reintegro,
con la correspondiente seguridad," y siempre que en ellas se hubieran
invertido los fondos de propios que existían depositados.5
Es seguro que existían esos fondos de propios que se mencionan; pero,

81
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
en las últimas décadas del gobierno español en la América, se había estable-
cido un sistema muy complicado en el manejo de los distintos ingresos, y
todos los funcionarios menores tenían un gran temor de variar las reglas
sobre la recolección y disposición de esos fondos, sin la autorización de la
jurisdicción de Hacienda de la cual dependían, pues hasta al virrey se le
había quitado la superintendencia de la Real Hacienda y no podía autorizar
ningún gasto sin el permiso de los ministros de la Tesorería General.6
Por otro lado, el clero consideraba que ya había contribuido en muchas
ocasiones y con erogaciones considerables para las necesidades de la Coro-
na, y, en el caso particular del Cabildo Eclesiástico de Monterrey, es muy
probable que algunos de los canónigos, quienes simpatizaban con la insu-
rrección, se opusieran a ayudar a la causa contraria.
Unos días después de esta contestación del Cabildo Eclesiástico, el
doctor Lobo Guerrero ponía a disposición del Ayuntamiento ciento cuaren-
ta y cinco pesos, donativo que hacía el clero para el sostenimiento de las
tropas, y decía que era lo único que les permitían sus "cortas rentas. "1
Santa María, desesperado, pidió dinero a la Tesorería de Saltillo pero
el gobernador Cordero le contestó que ésta se había trasladado a Monclova
por órdenes superiores y, por lo tanto, "no había un medio real." Sin
embargo, le decía, mandó su carta al señor obispo y éste había manifestado
que iba a salir para Monterrey, "en donde hasta su camisa" tendría a su
disposición.8
Aunque Cordero recomendaba a Santa María que custodiara las entra-
das a su provincia por las cuestas de Santa Rosa, Pilón y Río Blanco,^ le
informaba que estaba retirando el destacamento de los Muertos, pues las
circunstancias lo obligaban a reunir sus tropas y consideraba que este
destacamento era inútil, ya que nadie podía salir sin pasaporte ni de
Monterrey ni de Saltillo.10 Sin embargo, Santa María no quedó satisfecho
con este razonamiento y mandó reponer el destacamento con tropas de
Nuevo León.11
Santa María también le puso un oficio a don Pedro de Herrera, en el
cual le decía que ya que no se había podido reunir al ejército de Calleja,
regresara inmediatamente con las tropas al Nuevo Reino de León, pues de
ello dependía la vigorosa defensa que estaba resuelto a hacer, en el caso de
ser atacado, como era de esperarse. También le pedía que si era posible,
hiciera a la provincia el servicio de traerse cuatr,o o seis cañones de los que
había sacado de Catorce. 12
Pero don Pedro le contestó que la única razón por la cual se retiró a
Saltillo fue para proteger los intereses del rey y los de las familias de
Catorce, Cedral y Matehuala; que una vez cerca de Saltillo, el coronel

82
DIFICULTADES Y ALARMAS

Cordero le había encargado la formación de un campamento entre los


puertos de Aguanueva y el Capulín, para impedir la entrada de los insur-
gentes a las Provincias Internas; que el Nuevo Reino de León estaba res-
guardado, pues las únicas entradas eran por las cuestas de Santa Rosa y
Pilón, y ambas salían de Labradores, que sólo distaba diez y seis leguas del
campamento que él estaba formando; que ya tenía dada orden al subdelega-
do de ese lugar, así como a los de Cedral y Matehuala, le dieran aviso de
cualquier novedad. Manifestaba también don Pedro que sus intenciones
eran obedecer las órdenes de Calleja y reunirse a sus banderas tan pronto
como supiera donde estaba y pudiera, con su corta fuerza, "romper las
cuadrillas de insurgentes para verificarlo." Le manifestaba igualmente, que
no podía disponer de los cañones que le pedía, pues éstos los había manda-
do hacer Calleja y él los conduciría a donde este jefe le ordenara. También
le decía que aunque Río Blanco era del Nuevo Reino de León, sólo se podía
entrar por ahí a Nuevo Santander; por lo tanto, el que debía tomar
precauciones era el gobernador de esa provincia. 13
Aunque es probable que don Pedro tuviera razón al no querer regresar
al Nuevo Reino de León y quedarse donde existía la posibilidad de que se
reconcentrara un ejército respetable, es un hecho que estaba en un error o
intencionalmente le mintió a Santa María, al decirle que del campamento de
Aguanueva a Labradores sólo había una distancia de diez y seis leguas,
siendo que era mucho mayor. 14
El 17 de noviembre don Pedro José Borrego, receptor de alcabalas de
los valles de Pilón, Mota y China, quien había sido nombrado teniente de
la compañía urbana que se estaba formando en el primero de estos pun-
tos, 15 recibió noticias muy alarmantes de don José María Plaza, vecino
conocido en los valles de Labradores y Pilón. Estas noticias eran: que había
salido huyendo de Cedral; que los insurgentes en número de 22,000 hom-
bres, habían entrado a esta población, Catorce y Matehuala, y que venían
"haciendo unas terribles atrocidades;" que para el martes o miércoles, esto
es los días 20 ó 21, estarían en Saltillo. Por su parte, Borrego informaba
que había recibido noticias que por San Carlos en Nuevo Santander, venían
dos mil hombres "de esta maldita canalla. "16
Tan pronto como el gobernador Santa María tuvo conocimiento de
estas noticias, se dirigió al Cabildo Eclesiástico pidiéndole acordara con él a
qué lugar debían trasladarse "los caudales de clavería para ponerlos a
cubierto de los acontecimientos de guerra, después de separar las cantidades
necesarias con qué socorrer las tropas" que estaba preparando para la
defensa de la provincia.17 Pero los canónigos no parecen haber tenido
intenciones de trasladar esos fondos a ningún lado y mucho menos propor-

83
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
donar al gobernador dinero para ayudarlo en sus apuros.
Y aunque estas noticias alarmantes resultaron ser falsas, era un hecho
que el Nuevo Reino de León y las provincias vecinas se encontraban en una
situación muy precaria, pues los insurgentes se acercaban y seguían existien-
do las mismas dificultades para ponerlas en estado de defensa.
Santa María había comisionado al capitán Andrés Mendiola y al te-
niente Juan de Castañeda para que reclutaran hombres en los pueblos del
norte de la provincia. Pero a los pocos días, el capitán Mendiola se comuni-
caba desde el real de Vallecillo quejándose del subdelegado don Santiago
Vedia y Pinto quien se había negado a obligar a los vecinos pudientes a
proporcionar caballos para la tropa que estaba por salir si no tenía orden
del gobernador.18 Don José Manuel Flores, subdelegado interino de Boca de
Leones tenía una queja similar pues decía que don Pedro Villarreal no quiso
proporcionar caballos alegando que los que habían dado los vecinos en
ocasiones anteriores, no se los habían pagado.19
El teniente Castañeda se comunicaba desde Lampazos diciendo que iba
a retardar un poco su salida, pues faltaban caballos y necesitaba reparar el
poco armamento que había podido juntar. También informaba que dejaba
sin armas a los que guarnecían ese punto, pero que podían surtirse de
lanzas que mandara hacer el habilitado.20 Por lo tanto, se estaba dejando
totalmente desarmado al punto más importante del Nuevo Reino de León en
la defensa contra las invasiones de los indios bárbaros.
El capitán don José Domingo Ballesteros, encargado de reclutar gente
en los pueblos del sur, le mandaba al gobernador un oficio del Ayuntamien-
to de Lanares en el que éste se oponía a que salieran hombres de esa ciudad,
pues decía que el vecindario de que se componía esa población era muy
corto ya que apenas había unos veinticinco "vecinos honrados", y las armas
de fuego de que disponían no llegaban a diez. Que estas personas se
necesitaban "para sostener el respeto y dominio sobre el demás vecindario,"
que se componía de sirvientes plebeyos, en quienes se advertía "mucha
aplicación a la rapiña, poca subordinación y malos procedimientos. "21
Del norte también le llegaban a Santa María noticias alarmantes. El 21
de noviembre don Manuel Salcedo, gobernador de Texas, le envió un oficio
muy reservado informándole que en el distrito de la Ronda Occidental,
Baton Rouge se había insurreccionado y había declarado su independencia.
A pesar de que Salcedo anotó en la parte superior del oficio: "Para vuestra
merced sólo y quemarla" y vuelve a insistir en el texto, que debía quemarse
para que no se extraviara ya que no convenía que la noticia llegara a los
insurgentes, este documento ha subsistido.22 Lo anterior probablemente
indica el grado de desidia a que había llegado Santa María pues debe

84
DIFICULTADES Y ALARMAS

haberse encontrado completamente abatido, sintiéndose impotente para de-


tener los acontecimientos y defender su provincia, lo cual indudablemente
consideraba que comprometía todo su futuro.
Además de los problemas graves como la falta de dinero y armas y las
dificultades para reclutar gente, el gobernador Santa María tenía que hacer
frente a una serie de molestias menores; en Cadereyta, hubo dificultades
entre el subdelegado don Manuel Pérez de la Carda y el alférez Mauricio
Tijerina, encargado de reclutar gente para el ejército. Había feria y el
primero quería que el segundo le proporcionara hombres para vigilar las
mesas de juego y puestos que había en la plaza, pero Tijerina decía que si se
proporcionaba este servicio debía pagarse a los soldados, además que él
sólo pondría las patrullas necesarias, si los juegos y vendimias cesaban a
una hora conveniente ya que generalmente amanecían "las borucas. "23
El gobernador contesto a estas quejas diciendo tener información de que
Cadereyta se encontraba "infestada de gente foránea, propagadora de espe-
cies si no subversivas, a lo menos que" intimidaban los sencillos corazones
de los habitantes. Por lo tanto, le prevenía al subdelegado que, asociado al
jefe de las armas, limpiara la villa de semejante gente haciendo que el
foráneo sin legítima causa y pasaporte que se hubiera introducido en la
provincia, saliera de ella por el paraje más inmediato y para que se verifica-
ra esta operación estaba mandando tropas de Monterrey.24
Don Manuel Pérez de la Carda, subdelegado de Cadereyta, era uno de
los más firmes defensores de la causa realista. Tan pronto como supo de la
caída de San Luis Potosí, juntó a los vecinos y los exhortó pidiéndoles su
cooperación y lealtad y pintó a los insurgentes con los más negros colores.
"Esta no es una guerra —decía— de aquellas que los reyes se mueven unos
a otros por motivos particulares, que acaso los ignoran las más veces los
vasallos. Es una guerra que se hace por unos malvados que han perdido el
temor de Dios y de las leyes, unos hombres que se han prostituido y
entregado a todo género de impiedad y de relajación. Atrepellan lo más
sagrado de la religión y de la sociedad, talan, destruyen y aniquilan los
lugares por donde pasan, matan con libertad a quien se les antoja, usan de
cuantas mujeres les agrada, sin excepción de calidades ni estados y por
último no hay desorden que no cometan, y por lo mismo no hay tampoco
persona que pueda juzgarse libre de sus excesos, pues es constante que ni las
monjas consagradas a Dios en el retiro de los claustros, ni los señores
eclesiásticos, clérigos y frailes han dejado de sufrir iguales ultrajes que las
demás clases de gentes, de manera que parece son unas furias soltadas del
infierno para afligir y atormentar al género humano, en castigo de tantos
pecados con que hemos provocado y provocamos cada rato a la Divina

85
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Justicia, cuyo furor no es de creer se aplaque mientras nosotros no nos
convirtamos, y con actos de verdadera penitencia obliguemos a Dios a que
se apiade de nosotros. "25
Los tlaxcaltecas del Nuevo Reino de León como los de otras regiones,
permanecieron fieles al régimen español. El 20 de noviembre Dionisio Za-
mora escribió al gobernador desde San Miguel Aguayo de Tlaxcala, infor-
mándole que estaba enviando cuarenta y tres individuos, dos menos de los
que se le habían pedido. Decía, sin embargo, que la mayoría de las armas
que llevaban estaban descompuestas "por falta de oficial" en ese lugar, y
terminaba haciendo notar que si alguno de los de ese pueblo se quejaba, lo
hacía sin razón, pues todos los que había mandado eran "voluntarios."^
También algunos miembros del clero, cooperaron firmemente con el
régimen establecido. El subdelegado de Labradores don José Tomás Berlan-
ga, le comunicaba al gobernador, estar enviándole cincuenta pesos para que
le mandara hierro para lanzas, pólvora y plomo. Que este dinero lo había
proporcionado el señor cura don Juan Bautista Valdez, quien había ordena-
do igualmente la fabricación de lanzas para armar los ochenta soldados de
la compañía de ese lugar.27
El 26 de noviembre el gobernador citó a una reunión en su casa a todos
los oficiales antiguos y los recientemente nombrados que estaban en aquel
momento en Monterrey. Asistieron a esta junta don Juan Ignacio Ramón,
don Vicente Vedia y Pinto, don José María Sada, don Juan José de los
Santos, don Andrés Mendiola, don Matías de Sada, don Juan de Castañeda,
don Francisco de Ayarzagoitia, don José Vicente de Cárdenas, don Valentín
Galindo, don Francisco López Portillo y don Valentín de Ugarte.
El objeto de esta reunión, fue pedir a cada uno de los oficiales su
opinión sobre las medidas más adecuadas que se debían tomar para la
defensa de la provincia.28 pero también se aprovechó para nombrar habili-
tado al capitán don Vicente Vedia y Pinto con poder amplio para atraer los
fondos necesarios para surtir y sostener la fuerza armada, "no sólo de los
ramos de Real Hacienda, sino de la clavería de la Catedral. "29 Por lo tanto,
seguían con la esperanza de obtener algún dinero del Cabildo Eclesiástico.
Al día siguiente, el gobernador se dirigió al administrador y al inter-
ventor de la renta del tabaco diciéndoles pusieran a disposición del capitán
Vedia "toda la cantidad de reales que con respecto a la administración de
tabacos, .pólvora y naipes" de su cargo, se pudiera reunir.30 Pero don
Melchor Núñez de Esquivel y don Juan Antonio Múgica, el administrador y
el interventor contestaron, que no podían franquear cantidad alguna de
dinero "sin conocimiento y prevención" de sus respectivos inmediatos jefes
y citaban en su apoyo el artículo 102 de la Real Ordenanza de Intendentes.31

86
DIFICULTADES Y ALARMAS

Este artículo decía que "ni el superintendente subdelegado, ni los intenden-


tes, ni otra persona alguna, sin excepción de dignidad o grado" podía librar
contra la Real Hacienda sin orden especial del rey.32
A esto, contestó el gobernador que un "caso tan ejecutivo y de tanta
recomendación" como el que se había presentado, si no derogaba toda ley,
cuando menos la ponía en inacción.33
El día 28 Santa María citó a todas las autoridades de la ciudad a una
junta que debía efectuarse en su casa al día siguiente. A ésta asistieron
todos los citados, incluyendo don José León Lobo Guerrero, proveedor y
vicario general del obispado, pero aunque el Cabildo Eclesiástico nombró a
sus representantes, se negó a que éstos asistieran, pues indudablemente
sabía que el objeto principal de la junta era sugerir la forma de arbitrarse
fondos para el sostenimiento de los 400 hombres que con grandes dificulta-
des, había logrado reunir el gobernador. Lógicamente se insistiría en que el
Cabildo Eclesiástico facilitara dinero, ya que el único lugar de la ciudad en
donde se encontraba una cantidad apreciable era la clavería de la Catedral.
Pero el Cabildo no estaba dispuesto a proporcionar nada. Sin embargo, en
esta junta se llegó a un acuerdo positivo; éste fue que el administrador de la
real renta del tabaco facilitara un pagaré "a cierto respetable sujeto" y éste
proporcionara quince o diez y seis mil pesos en calidad de préstamo, ya que
el administrador y el interventor dijeron que podrían juntar esa suma para
el mes de enero y entonces se reintegraría a quien hubiera hecho el présta-
mo.34 Para realizar esta operación, el gobernador tuvo que proporcionar al
administrador y al interventor un certificado para dejarlos a cubierto de
toda responsabilidades esto es, que Santa María quedaba de fiador, obliga-
do a restituir ese dinero si los altos funcionarios de la Real Hacienda
opinaban posteriormente que no se debía haber dispuesto de esos fondos.
El "sujeto respetable" que proporcionó diez y seis mil pesos fue el señor
obispo y el dinero es seguro que haya salido de sus fondos particulares y no
de la clavería de la Catedral.36
El día 4 de diciembre el gobernador volvió a escribir al virrey. Repetía
las mismas quejas que en la carta anterior: las dificultades para reunir
gente, la escasez de armamento y la falta de dinero. Le informaba que
además de las tropas que habían salido, tenía reunidas en la capital cuatro
compañías y una de tlaxcaltecas; que estos últimos, por ser fronterizos a las
incursiones de los bárbaros, se hallaban armados por su cuenta; que los diez
y seis mil pesos que prestó el señor obispo apenas alcanzarían para medio
armar, vestir y sustentar a la tropa reunida durante un mes.37
Esta carta no la envió Santa María por los conductos ordinarios, sino
que para que la condujera, comisionó a don Domingo Narciso de Allende,

87
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
de quien, decía al virrey, era un "sujeto recomendable y enteramente opues-
to a las infames ideas de su tumultuario primo." Efectivamente, don Domin-
go Narciso era primo del caudillo insurgente don Ignacio Allende y llevaba
el nombre del padre de este último.38 Don Domingo Narciso nació en
Sodupe del consejo de Güeñez en la provincia de Vizcaya el año de 1770.
Llegó a la capital de la Nueva España cuando tenía doce años, trasladán-
dose poco después a la villa de San Miguel el Grande a la casa de su tío, el
padre de Ignacio. A los veinte años( Domingo Narciso administraba la
hacienda de San José de la Noria, cuyo dueño era don Francisco Antonio de
Alday, vecino de Querétaro.
Cuatro años más tarde, en 1794, se encontraba ya en el valle de la
Mota en el Nuevo Reino de León, dedicado al manejo de sus bienes particu-
lares. Su hermano, don Juan Antonio de Allende y Ayerdi, se había aveci-
nado, tres años antes en San Carlos en la provincia de Nuevo Santander.
El año de 1810 don Domingo Narciso era el teniente subdelegado del
valle de la Mota y en un juicio promovido en su contra por don José
Ignacio de la Garza quien lo acusaba de que lo había golpeado, decía de
don Domingo: "Ha sido siempre muy soberbio y altanero y de natural
intrépido, con el que a todos ultraja y vilipendia, tomándose siempre por su
mano la más cruel venganza, aun por el más leve motivo, sin más auspicio
ni satisfacción que el que le prestan su dinero y sobresalientes fuerzas que la
naturaleza le ha dado." Estas apreciaciones eran confirmadas, aunque con
más suavidad, por don Pedro de Berrio, subdelegado de los valles de San
Mateo del Pilón, Mota y San Felipe de China, en una carta al gobernador
en la cual expresaba que por esta razón se había "sustraído de encargarle en
propiedad la jurisdicción real, la que en el día obtiene, es porque no hay
entre aquellos pocos vecinos a quien conferírsela. "39 Sin embargo, de
Berrio aclaraba que Allende antes había sido teniente subdelegado y no
hubo quejas en su contra. Que ahora las dificultades eran causadas porque
de la Garza y otros estaban siendo azuzados por el padre don Pedro de
Viilarreal de quien se había distanciado Allende, acusándolo de muchas
cosas, entre otras de vivir amancebado, nunca haber explicado un punto de
doctrina en aquella iglesia y que si iba "un pobre de la jurisdicción a
bautizar una criatura, se está todo el día allí con ella, hasta que muy tarde
llega el padre con las cabras y le dice que espere hasta otro día." Por otro
lado, la vida privada de don Domingo Narciso, también era motivo de
escándalo en el valle de la Mota, pues inmediato a su casa había vivido un
don Joseph Francisco González y su esposa doña Anna Josepha Guerra
Cañamar, quienes por ser Allende hombre solo, lo atendieron en todo por
muchos años, pero cuando éstos murieron, su hija doña María Eusequia,

88
DIFICULTADES Y ALARMAS

siguió sirviendo a don Domingo Narciso y no se veía bien que una mujer
joven "no de mala presencia," entrara y saliera de la casa de un hombre
solo.40
Desde el principio de la insurrección don Domingo Narciso se mostró
muy activo en favor de la causa realista. El 6 de octubre le escribía al
gobernador que sabría "sin dispensar diligencia alguna, evitar que en mi
jurisdicción se adolezca el achaque de la insurrección, ya sea por los medios
suaves, ya por los severos. "41
Al empezarse a organizar las milicias urbanas, Santa María nombró a
Allende capitán de la Compañía del Pilón, y aseguraba al virrey que se
había prestado gustoso para conducir la carta que le estaba enviando.42
Es indudable que don Domingo Narciso era un hombre muy intrépido,
pues estando ya ocupada por los insurgentes toda la zona que se extendía
desde La Huasteca hasta Zacatecas, fue a la ciudad de México y regresó al
Nuevo Reino de León en un mes. No se ha podido determinar qué ruta
siguió, pero se sabe que el día 8 de diciembre estaba en el valle de la Mota,
pues ese día hizo testamento a favor de'don Domingo Eusebio de Insúnde-
gui; el 26 de diciembre recibió en la ciudad de México doscientos pesos de
don Juan Díaz González para entregarlos en Monterrey a don Pedro Manuel
de Llano y el 11 de enero de 1811 se encontraba de regreso en la Mota, ya
que ese día hizo un nuevo testamento a favor de doña María Eusequia
González. 43
Desgraciadamente se desconoce cuál fue la contestación del virrey a
don Manuel de Santa María. Lo único que se sabe es que ésta es de fecha 25
de diciembre de 1810.44

Don Pedro de Herrera se ocupó durante los últimos días de noviembre,


en preparar el campamento de Aguanueva. Puso destacamentos en los
puertos de Carneros y el Capulín y una avanzada en La Ventura, que era el
único lugar en donde había un tanque de agua "muy escasa y puerca." En el
puerto de Carneros, colocó unas baterías en dos lomas que dominaban el
valle por donde forzosamente tenían que entrar los insurgentes, después de
caminar un gran trecho sin agua, ya que el aguaje más próximo quedaba a
diez y siete leguas de distancia.
Dice don Pedro en su diario que pidió remonta al gobernador Santa
María, pero que éste se la negó "con pretextos frivolos," que entonces
mandó al capitán Barrera y al alférez Pedro Berlanga a buscar caballos a las
haciendas próximas, pero que sólo pudieron conseguir muías que les pro-
porcionó el bachiller don Juan Fermín de Larranaiza.45

89
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Una vez terminado el campamento, Herrera se comunicó con el coronel
Cordero para que determinase a quién debía entregarlo, ya que él pensaba
cumplir las órdenes con que había salido del Nuevo Reino de León y tratar
de incorporarse al ejército de Calleja. Cordero se presentó el mismo día
para hacerse cargo del campamento. Don Pedro se dirigió también al
coronel Cordero para que le proporcionara tres mil pesos; decía que ya se le
había acabado una cantidad similar que había conseguido en las Cajas de
Saltillo, cuando llegó por primera vez a esa población y que no podía
acudir a esas Cajas porque se habían cambiado a Monclova. Cordero le
suministró la cantidad pedida.46
El 3 de diciembre don Pedro le escribió a Santa María comunicándole
que iba a hacer lo posible por unirse a Calleja, pues éste había entrado a
Guanajuato y era de esperarse avanzara sobre San Luis; que marcharía por
la hacienda de Potosí, ya que no había pastos ni aguajes por otro rumbo;
que llevaba dos cañones, los únicos que había podido habilitar con cureñas
adecuadas, pues los carpinteros y herreros eran "malos y flojos." También
decía que lo acompañarían como cincuenta europeos.
Herrera informaba asimismo a Santa María que el 13 de noviembre,
cuando iban en marcha para Catorce, el capitán Andrés Guajardo le había
hecho notar la imposibilidad de continuar por estar enfermo y le había
pedido licencia para ir a Matehuala, en donde se hallaba su amigo el doctor
Puglia. Don Pedro afirmaba que la enfermedad de Guajardo era "de purga-
ciones, incordios y llagas," por lo cual creía que su curación sería prolonga-
da, aunque ya la hubiera puesto en ejecución; pero él tenía informes de que
el doctor Puglia no estaba en Matehuala y no sabía a dónde se había ido
Guajardo. Continuaba Herrera exponiendo que aquél se marchó sin dejar al
alférez de su compañía ni papeles ni dinero para los gastos y que el alférez
era tan inepto como él, "aunque nombre de bien." Le pedía don Pedro a
Santa María que mandara al capitán Mendiola para que se encargara de la
compañía de Guajardo, así como doce reemplazos para sustituir a indivi-
duos que habían desertado.47 Santa María contestó que debía buscar al
capitán Guajardo hasta saber su paradero, pues el capitán Mendiola estaba
destinado a recorrer las avenidas de ingreso a la provincia y el capitán Sada
organizaba nuevas compañías.48
Uno de los voluntarios españoles que iban a salir con don Pedro, era
Jusepe de Aysa. Poco después de llegar huyendo a Saltillo, había escrito a
Santa María atribuyendo la caída de San Luis a la tardanza de don Pedro
de Herrera y diciéndole que estaba por salir una partida de guerrilla forma-
da por españoles a combatir a los insurgentes; que aunque había ciento
treinta y un europeos refugiados en Saltillo, sólo se habían alistado cuarenta

90
DIFICULTADES Y ALARMAS

y tres, pues imperaba el egoísmo.49


El día 4, de Aysa informaba a Santa María que no había salido porque
estaban habilitando con alguna ropa a las compañías de Monterrey y
agregaba se les habían unido algunos paisanos que no tenían caballo, por lo
tanto le pedía enviara seis caballos mansos, tres muías de carga y un macho
de silla, manso. Este último era para él. Le indicaba luego las personas con
las cuales se podrían conseguir. Mencionaba en primer lugar a don Froilán,
luego a los paisanos Sada, Lanigada, Aldasoro y Uribe y finalmente a "tata"
don Santiago Villarreal.50
Este mismo día Cordero informaba a Santa María de la acción de Riul
y reconquista de Fresnillo por las tropas de las Provincias Internas al mando
del capitán don Pedro María de Allande, quien por este éxito había sido
graduado de coronel.51
Ya próximo a salir, don Pedro se dirigió otra vez al coronel Cordero
diciéndole que como su tropa se reducía a 200 milicianos bisónos, que era
lo que le había entregado el gobernador del Nuevo Reino de León, se
sirviera agregar a dicha tropa algunos veteranos aunque fuera una partida
pequeña. Cordero le contestó al día siguiente, informándole haber ordenado
se unieran a él, ocho veteranos de las cuatro compañías de la provincia de
Coahuila.52
El día 10, de Aysa le escribió de nuevo a Santa María diciéndole que
iban a salir temprano al día siguiente. Estaba furioso con los españoles que
no los habían querido acompañar. "Detestamos a los cobardes —decía—
egoístas que no queriendo seguir nuestras honradas ideas, se han retirado y
van de huida a la costa, pasando por su jurisdicción de vuestra merced,
quien en buena política y uso de sus facultades, debía atajarlos, alistándolos
en su ejército y precisándolos a ser fieles patriotas, bien que de collones no
se puede esperar nada bueno. "53
Sin embargo, la salida se volvió a demorar pues Herrera dio la orden
para marchar el día 13 en la tarde.54 Pero, el día 12 Cordero le mandó un
oficio en el cual insertaba otro que Calleja le había puesto el día 4 de
diciembre desde Guanajuato, informándole de sus victorias en Acúleo y en
esa ciudad y le decía era conveniente que haciendo uso de las fuerzas que
estaban a sus órdenes y de las del Nuevo Reino de León y Nuevo Santan-
der, avanzara hacia San Luis Potosí y Zacatecas, mientras que él perseguía
a los insurgentes en el paraje en donde se hubiera reunido la mayor fuerza.
Le incluía también Calleja oficios para los gobernadores del Nuevo Reino de
León y Nuevo Santander ordenándoles pusieran sus fuerzas a las órdenes de
Cordero y le indicaba se comunicara con el comandante general, especifi-
cándole que estas disposiciones provenían de órdenes del excelentísimo

91
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
señor virrey, don Francisco Javier Venegas, y que esperaba que, tanto aquel
jefe como el mismo Cordero cooperarían eficazmente a la ejecución de este
plan, con la energía y prontitud que convenía para la seguridad de todo el
reino.55 Por lo tanto, don Pedro tuvo que volver a suspender su salida,
hasta que no se recibieran las determinaciones del comandante general para
la realización de estas operaciones.

El 2 de diciembre don Joaquín Vidal de Lorca recibió en Tula un oficio


y una carta de fray Manuel de San Ginés. Este carmelita había salido de
San Luis Potosí como juez eclesiástico en el ejército de Calleja56 quien el 26
de noviembre, un día después de su entrada a Guanajuato, envió al fraile a
que tratara de localizar a las tropas de Nuevo Santander y las llevara a su
ejército. Fray Manuel le escribió a Vidal el 30 de noviembre desde la
hacienda del Pozo, nueve días después de que éste había salido de ese lugar.
San Ginés le decía a Vidal que Calleja no le había dado ningún oficio por el
temor de que fuera interceptado por los insurgentes, que suponía que
Calleja iba a avanzar sobre San Luis y que Vidal debía hacer lo mismo para
cortarles la retirada a los insurgentes.57
Unos días después, fray Manuel envía una segunda carta a Vidal. Esta
no tiene fecha ni lugar de remisión, pero es probable que sea del 8 de
diciembre. "El viernes en la noche —dice— como a las ocho de ella, me
vide con dos compañías de picaros ladrones, indios desarmados y capita-
neados de dos coroneles (de estos tiempos). Esto acaeció en la hacienda de
Peotillos, a donde llegué con ánimo de pasar a ver a vuestra merced, pero
el no haber querido parar en dicha hacienda por no contestar con alguno de
los insurgentes y exponerme a dar un balazo a alguno de ellos, me obligó a
no detenerme en la hacienda y pasar la noche en el campo.' Insistía San
Ginés en que Vidal le dijera si iba en camino y cuándo estaría en las
inmediaciones de la hacienda del Pozo. También le informaba que el ejérci-
to insurgente estaba en El Jaral y que no sabía qué rumbo tomaría. Que de
San Luis se estaba saliendo mucha gente "temiendo su destrucción" y que
los insurgentes estaban sacando todo lo que habían robado y si él se
aproximaba pronto, se podría recuperar mucho.58
El mismo día que Vidal recibió la primera comunicación de fray Ma-
nuel le puso un oficio al gobernador Iturbe incluyéndole una copia y le
decía era para que, sin pérdida de tiempo, tuviera el gusto de saber las
ventajas que había obtenido el ejército de Calleja. Pero también le informa-
ba que toda la caballada de su tropa estaba en un estado que hacía
imposible volver a San Luis, que estaba haciendo lo posible para habilitarse

92
DIFICULTADES Y ALARMAS

en Tula y sus alrededores y estaba dejando al capitán Miguel Cortés la


carga capturada, para que una vez inventariada, pudiera el gobernador
tomar las providencias que estimara necesarias.59
El día 5, Iturbe mandó dos oficios a Vidal, uno desde San Carlos y el
otro desde Padilla; en ambos decía básicamente lo mismo, esto es, que le
parecía bien fuera a emprender nuevamente la marcha para unirse al ejérci-
to de Calleja.60
Al día siguiente, sin haber recibido aún contestación del gobernador al
oficio que Vidal le puso el 30 de noviembre, cuando llegó a Tula le vuelve a
escribir exponiéndole que tanto el justicia de Tula como el comandante
Cortés le informaban que tenían muy pocos caballos, por lo tanto que si era
de su agrado, lo proveyeran de trescientos caballos de las villas más inme-
diatas al otro lado de la Sierra Madre. Vidal añadía que con los caballos
podrían venir cincuenta hombres de la primera y segunda compañías vetera-
nas.61
El día 10, Vidal puso otro oficio al gobernador, incluyéndole la segun-
da carta que recibió de fray Manuel de San Ginés. Refería que al recibir el
primer comunicado del fraile, le había contestado que de momento no
podía verificar la marcha porque sus tropas estaban a pie, pero que "valién-
dose de cuantos arbitrios presenta la sagacidad para evadirse de los insur-
gentes" viniera a entrevistarse con él. Como había pasado ya suficiente
tiempo y fray Manuel no había llegado a esa villa, esto le hacía pensar que
Calleja podría haber enviado algún mensaje que el religioso, hubiera oculta-
do en su equipaje y dadas las "circunstancias presentes" debía desconfiarse
mucho y a todas horas de la sutileza del enemigo. No dudaba de la firma
del padre San Ginés, pero que éste podía haber sido forzado por los
insurgentes a mandar esos mensajes, con el objeto de que se introdujera
entre ellos con su pequeño ejército y poderlo destruir.
Vidal agregaba además que, en la primera carta, fray Manuel le comu-
nicaba creer que el ejército de Calleja se encontraba en la villa de San
Felipe, que si esto hubiera sido cierto, a los tres o cuatro días habría estado
en San Luis Potosí. Pero que la gente que estaba viniendo de esa ciudad no
decía nada de esto, antes bien informaba que después de la salida de Iriarte,
había entrado a San Luis otro general enemigo (indudablemente se referían
a don Mariano Jiménez); por lo tanto Vidal consideraba que no debía
avanzar hasta no estar seguro que el ejército de Calleja se encontraba en
San Luis, y mientras tanto podría montar su tropa.62
Pero sólo dos días después de este oficio, Vidal le comunicó a Iturbe
una noticia muy alarmante. Le informaba que habían desertado diez y siete
soldados veteranos y nueve de las compañías de milicias. Al único de los

93
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
desertores que mencionaba por su nombre era al cabo Juan José Treviño,
probablemente un individuo con muchos años de servicio y considerado de
absoluta confianza. Ya habrá oportunidad de ver más adelante, la acogida
que le dieron los insurgentes a éste. También decía Vidal a Iturbe, que
había salido de Tula para replegarse a Aguayo.63
El gobernador recibió el oficio de Vidal el día 14, en esta última villa y
según testigos presenciales les dijo: "Ahora sí señores, cada uno vaya por
donde Dios le ayude, somos perdidos; las tropas de Vidal, unas se han
desertado y las otras me pervierten éstas. "64 Esa misma noche el goberna-
dor mandó al alférez José Antonio Fernández con la respuesta al oficio de
Vidal.65 En ella le decía no poder abandonar Tula si no era "con el preciso
objeto de cumplir las órdenes del señor general en jefe del ejército de
operaciones, brigadier don Félix Calleja" y que si ya había salido de esa
villa se regresara.66 El alférez Fernández llegó a Tula el día 16 en la
madrugada y encontró a Vidal todavía ahí.67
Pero desde el día 14, Vidal había vuelto a escribir a Iturbe informán-
dole que había dictado "las más activas providencias de defensa" temiendo
que los desertores, unidos a los insurgentes, intentaran atacarlo. También
decía haber procurado el regreso de los fugitivos y que lo único que se le
había ocurrido, fue enviar al soldado Viviano Núñez, conocido por Parías,
para que los alcanzara y les hiciera ver su error y engaño, ofreciéndoles por
escrito el perdón en nombre del rey, y a Núñez le prometió hacerlo cabo.68
Este soldado tampoco regresó y posteriormente declaró que había al-
canzado a los desertores cerca de la división del insurgente Jiménez, pero
que no los pudo convencer de que regresaran y Jiménez y otros lo arresta-
ron y le dijeron que si seguía desengañando a la tropa, lo pondrían "a la
boca de un cañón", y entonces él, teniendo esperanzas de poderlos conven-
cer, los fue siguiendo hasta Saltillo, "de donde con ardides" logró escapar
con siete de los que habían desertado.69 Toda esta declaración de Núñez es
mentira, y lo que sucedió fue que él mismo se incorporó a los insurgentes.70
No todos estos soldados que desertaban lo hacían para irse con los
insurgentes; algunos simplemente deseaban regresar a sus casas. El 27 de
noviembre, el destacamento que por orden del gobernador Santa María se
había puesto en la boca del Pilón, arrestó a dos soldados de Mier que
pertenecían a la compañía de don Juan Fermín de Juanicotena, quienes
habían desertado en Armadillo de la provincia de San Luis Potosí. Dijeron
haberlo hecho "hostigados de las necesidades que padecían. "71
En el oficio del día 14, Vidal también decía que por informes que le
habían proporcionado varios oficiales, estaba convencido que la mayor
parte de la tropa estaba dispuesta a seguir "la negra huella de los que sin

94
DIFICULTADES Y ALARMAS

motivo alguno han abandonado el cumplimiento de sus deberes, conmovi-


dos de la maldita seducción y arrastrados al interés que los insurgentes pre-
sentan por todas partes, llenas sus indignas manos con los infinitos saqueos
de los lugares que invaden." En vista de esta situación, todos los oficiales
opinaban, que mientras permanecieran cerca de la insurrección, serían po-
cos los soldados que les quedaran, por lo tanto era indispensable retirarse al
interior de la provincia, al lugar que el gobernador dispusiera destinarlos;
que esto no sería obstáculo para que en seis u ocho días más de camino, se
pudiera incorporar al ejército de Calleja, cuando supiera que venía a San
Luis o algún otro lugar oportuno para el efecto. Vidal, volvía a insistir en
que estaba resuelto a emprender la marcha para Aguayo lo más pronto
posible. 72
Ese mismo día Vidal mandó al gobernador un inventario del cargamen-
to quitado a los insurgentes en Lagunillas y le decía que esos bienes, "por
precisa calidad de presa" correspondían al Real Fisco y le hacía presente su
"derecho de único juez aprehensor" o sea, que a él le correspondía una
parte cuando estos artículos se vendieran.73
El día 15, Vidal todavía no recibía el oficio de Iturbe en que le decía no
poder abandonar Tula más que para cumplir con las órdenes de Calleja; por
lo tanto, le volvió a escribir adjuntándole un oficio que recibió de los
insurgentes y dos papeles con propaganda.74 Probablemente lo invitaban a
unirse a ellos como lo estaban haciendo con todos los oficiales criollos.
Vidal le informaba al gobernador que ya habían desertado cuarenta indivi-
duos y le hacía notar que en esas condiciones, sería un desastre si tuviera
que dar batalla. Enfatizaba que el objeto de su salida había sido el incorpo-
rarse al ejército de Calleja, para aumentar su fuerza y poder derrotar al
enemigo; que esto ya se había logrado en Acúleo y Guanajuato, por lo cual
ya no existía el motivo para su primer destino. Por otro lado, los insurgen-
tes se hallaban en Matehuala preparándose para invadir la provincia de
Nuevo Santander y esa tropa debía emplearse en la defensa de ella; que los
enemigos que estaban en Matehuala, además del camino de La Mesa, tenían
entrada para Aguayo, tomando el Llano del Viejo por Santiaguillo o Jauma-
ve; que estando en Tula no podía impedirles la entrada por ninguno de
estos lados y que tampoco había seguridad de que los pudiera rechazar si lo
atacaban en ese punto. Lo conveniente sería incorporarse a las tropas que
tenía reunidas el gobernador, pues juntarse con Calleja era imposible, aun
teniendo caballada, ya que no sabía dónde estaba; además sería muy
riesgoso transitar la mayor parte del camino por terreno dominado por el
enemigo. 75
Por lo tanto, en el Nuevo Reino de León y en Nuevo Santander se

95
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
presentaban situaciones opuestas. Mientras en el primero el gobernador
quería que regresaran las tropas de la provincia y el comandante de ellas se
negaba a ello, en el segundo el gobernador quería que siguieran la marcha y
el comandante se quería regresar.
Lo más absurdo de la situación en Nuevo Santander era que Iturbe
insistía en que Vidal volviera a avanzar para reunirse con Calleja, pero no
le proporcionaba caballos en qué montar su tropa, pues le decía que la
remonta la podía conseguir ya fuera por medio de la compra o exigiéndola
a las poblaciones de la provincia en donde la hubiera. De lo cual se quejaba
Vidal, y con razón, que lo primero no lo podía hacer mientras no tuviera
dinero y lo segundo tampoco, si no contaba con la autorización del gober-
nador.76
Para tratar de convencer a éste de la difícil situación en que se encon-
traba con las continuas deserciones y la falta de caballos, Vidal envió al
capitán Juan Fermín de Juanicotena a hablar con el gobernador.77 Precisa-
mente el día 16 que Juanicotena llegó a Aguayo, Iturbe recibió el oficio de
Calleja fechado en Guanajuato el 4 de diciembre en que le decía que por
órdenes del virrey, el coronel Cordero, gobernador de Coahuila, iba a
avanzar con una división a San Luis Potosí para pacificar esa ciudad y la
provincia y que él debía poner a disposición de Cordero los 250 hombres de
milicias que, desde un principio, había ordenado salieran para San Luis, y
todas las tropas tanto veteranas como milicianas que le pudiera proporcio-
nar. Iturbe mandó inmediatamente copia de este oficio a Vidal, agregando
que se mantuviera en Tula o sus inmediaciones, mientras le informaba del
punto en donde debía reunirse con el coronel Cordero.78

96
CAPITULO VI

LOS INSURGENTES

Mientras los gobernadores de las Provincias Internas se esforzaban por


reunir gente y hacían lo posible para evitar que la insurrección penetrara a
sus jurisdicciones, la avalancha que se derramaría sobre el noreste de la
Nueva España se estaba formando en los pueblos del norte de la provincia
de San Luis Potosí.
No hay duda que la insurgencia contaba con simpatías muy amplias en
las poblaciones pequeñas y zonas rurales del sur del Nuevo Reino de León y
Nuevo Santander, en San Luis Potosí y otras provincias del centro del país.
Un franciscano, fray José Eugenio de la Penilla, denunciaba que durante un
fandango en la hacienda de Albarcones el día de San Rffael, 24 de octubre,
se cantaron versos a favor de la insurrección, entre los cuales se acordaba
de uno que decía:

"Ya con ésta me despido


Por la carrera de un galgo
Que aunque el fandango se acabe
Nos viene el señor Hidalgo. "1

No obstante, parece no se presentaron brotes de rebelión franca mien-


tras el ejército de Calleja permaneció en San Luis; pero tan pronto como
éste avanzó hacia el sur, empezaron a aparecer núcleos de rebeldes por
distintos rumbos. Ya se ha visto cómo el insurgente Marín entró a Río
Verde el 2 de noviembre, 2 y por las mismas fechas otro grupo de insurrec-
tos se había apoderado de la hacienda de Salinas.3
Pero cuando la rebelión tomó verdadera fuerza en estas regiones, fue al
adueñarse los insurgentes de la ciudad de San Luis y abandonar los españo-
les los pueblos del norte de esta provincia. Los jefes de la insurrección en
San Luis, sobre todo Iriarte, empezaron inmediatamente a mandar comisio-
nados por todos lados para fomentar la rebelión. Sin embargo, Iriarte

97
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
permaneció poco tiempo en San Luis Potosí y quien se encargó de organizar
la ofensiva hacia el norte fue don José Mariano Jiménez. Este tomó parte,
bajo las órdenes de Allende, en la defensa de Guanajuato y al abandonar
los insurgentes esta ciudad, se retiraron a San Felipe en donde estaba Iriarte
con su ejército. El 26 de noviembre, un día después de la caída de Guana-
juato, hubo una junta en dicha villa, cuyo objeto fue nombrar vicario
general del ejército al bachiller don Pablo José Calvillo. En esta reunión
estuvieron presentes el capitán general don Ignacio Allende, los tenientes
generales don Juan de Aldama, don Mariano Jiménez, don Joaquín de Arias
y don José Rafael de Iriarte, el mariscal de campo don Mariano de Abasólo
y el licenciado Ignacio Aldama, mariscal también, quien además era el
ministro de gracia y justicia.^ Al salir de San Felipe, el ejército hizo alto un
día en la hacienda El Molino, y ahí, a propuesta de él mismo, Jiménez fue
comisionado para atraer a la insurgencia las provincias de Tierra Adentro.
Con este fin se le incorporaron como acompañantes don Juan Bautista
Carrasco, don Luis Gonzaga Mereles y don Luis Malo.5
El día 3 de diciembre Jiménez se encontraba en San Luis Potosí; 6 pero
no se quedó mucho tiempo en esa ciudad, pues ya para el día 6 estaba en
Venado. Desde allí le escribió a don Miguel Flores, intendente puesto por
los insurgentes en San Luis. "Por todo mi tránsito de esta ciudad a este
pueblo, —decía— no he oído otra cosa que quejas contra una multitud de
comisionados del excelentísimo señor teniente general don Rafael Iriarte,
que abusando de la confianza que se hace de ellos, no han sido otra cosa
que unos bandidos, cuyo objeto ha sido solamente robar y saquear indistin-
tamente los bienes de los ultramarinos y de los criollos, dejar a los pueblos
en la mayor miseria y consternar a cuantos individuos hay en ellos. Y como
la mente de los señores excelentísimos, generalísimo y capitán general sea
puntualmente la opuesta a estos procedimientos, prevengo a vuestra señoría
que para evitar todos estos daños mande poner una carta circular en la que
ordene a todos sus jueces subalternos, no admitan ni auxilien a ningún
comisionado que se les presente, a menos de que nr* ^¿a con credencial del
mismo señor capitán general o mía. Y en donde quiera que aparezcan, sean
del grado y condición que fueren, se les suspenderá el paso hasta que
manifiesten dichas credenciales, sin cuyo necesario requisito serán tenidos
por unos intrusos y por tanto castigados severísimamente; sólo habrá excep-
ción con el señor mariscal Ocón que gira con una división por San Luis de
la Paz, Xichú y otros puntos comprensivos en la provincia del mando de
vuestra señoría."7
Don Miguel Flores, quien de mala gana había aceptado el puesto de
intendente,^ desorientado con estas desavenencias entre los jefes insurgen-

98
LOS INSURGENTES

tes, se veía obligado a escribirle a Iriarte, haciendo una disquisición sobre la


mejor forma de gobierno. "Veo —decía— que no sin razón los más sabios
juristas hablando con magisterio, tino y erudición, tratan de sostener que el
gobierno monárquico debe ser preferido al aristocrático y democrático, pues
como en el primero impera o manda sólo uno, es más fácil al subdito
obedecer, y no así en el segundo y tercero, porque en aquél gobiernan
algunos y en éste muchísimos, de lo que resulta, que si no acuerdan
reunidos sus providencias, el que debe obedecerlas o no puede cumplirlas, o
si las ejecuta es exponiéndose a responsabilidades y reclamos, aun cuando
para evitarlos impenda los más oportunos y acertados medios." Este exor-
dio, exponía Flores, era porque no sabía a quién obedecer, si a Iriarte o a
Jiménez, ya que los dos tenían el mismo grado.9
El día 8 de diciembre Jiménez ya se encontraba en Charcas. Desde allí
le escribió a Allende informándole que llevaba un ejército de dos mil
hombres y se iba a reunir en Matehuala con el coronel Francisco Lanzagorta
quien traía quinientos más; con este refuerzo y tres "cañones bien acaba-
dos," pensaba atacar al enemigo, cuyo ejército estaba en Saltillo. 10
Pero Jiménez no avanzó inmediatamente rumbo a Saltillo y en los días
siguientes su ejército aumentó grandemente. Algunos de los que se incorpo-
raban eran de los pueblos que iba ocupando el ejército, pero muchos venían
de lugares distantes. De las haciendas del sur del Nuevo Reino de León: San
Pedro, Albarcones, Laja y Vacas salieron cuatrocientos hombres a unirse a
los insurgentes. También se recogió de estas haciendas mucha caballada y
algunas armas. Los iridios mecos de Naola huyeron de Tula y el día que
alcanzaron al ejército insurgente "se les hizo un recibimiento grande."
Jiménez instaló su cuartel general en Matehuala y para mediados de
diciembre ya había ahí entre siete y ocho mil hombres. Una persona que lo
fue a visitar describía la situación en esa villa: "En las casas de Soldevilla es
palacio y debajo de los portales está nuestro católico Femando Vil en un
cuadro y de parte de noche le arden dos cirios de cera y con centinelas."^-
Este Soldevilla era aquel individuo que le había negado un préstamo a don
Manuel de Santa María cuando lo acababan de nombrar gobernador del
Nuevo Reino de León y no tenía dinero para trasladarse a su destino.
Precisamente una de las excusas que dio para negarse fue que había gastado
mucho en la construcción de la casa que ahora ocupaban los insurgentes.12
El mismo visitante también informaba de lo que se decía en Matehuala,
mencionando la propaganda que por cierto en todos los tiempos se ha
usado para desprestigiar al enemigo: Que el ejército de Calleja "por onde
fue, fue matando mujeres y criaturas y metiéndose a los templos a caballo. "13
Ahí en Matehuala, se presentaron con Jiménez los soldados de Nuevo

99
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Santander que habían desertado en Tula de las fuerzas del capitán Vidal de
Lorca. Los insurgentes le dieron inmediatamente el grado de teniente coro-
nel al cabo Juan José Treviño, y al soldado Viviano Núñez, quien había
sido enviado por Vidal para traer a los desertores, lo hicieron teniente.14
Al ejército insurgente también se fueron incorporando soldados que
desertaban del campamento de Aguanueva, tanto de las tropas de Coahuila
como de las del Nuevo Reino de León.15 Don Pedro de Herrera, quien
continuamente pedía reemplazos al gobernador Santa María, le decía en
uno de sus oficios: "Los desertores que he tenido todos son de las compa-
ñías que subieron a Catorce, y según indicios, fueron influidos por aquellos
picaros. "16
Jiménez fomentaba estas deserciones escribiendo a todos los oficiales,
especialmente a los criollos, exponiéndoles el propósito de la insurrección e
invitándolos a que se le unieran. Estas exhortaciones las preparaba fray
Juan Salazar, quien era el ministro de gracia y justicia del ejército insur-
gente.l?
El 7 de diciembre, don José Tomás Berlanga, subdelegado de Labrado-
res, le comunicó al gobernador Santa María que tan pronto como supo
había llegado un individuo que venía de Real de Catorce y traía noticias de
los insurgentes, lo hizo se le presentara para interrogarlo. Este informó que
una pequeña partida de insurgentes había entrado a Catorce el día 3, a
quienes pronto se les unió la plebe y trataron de apresar a los europeos pero
sólo encontraron uno, de quien no supo el nombre y únicamente oyó que la
chusma gritaba: "¡Muera cuatro orejas!" Los insurgentes habían repartido
proclamas del cura Hidalgo y él traía una. El subdelegado Berlanga la
recogió para enviársela al gobernador y ésta empezaba: "Amados compa-
triotas, religiosísimos hijos de esta América, el sonoro clarín de la libertad
política ha sonado en vuestros oídos; no lo confundáis con el ruido que
hizo el de la libertad moral, que pretendieron haber escuchado los inicuos
franceses; lejos de vosotros semejantes pensamientos en todo opuestos a la
santísima ley de Jesucristo que profesamos y por lo mismo detestables
y aborrecibles hasta lo sumo." Exponía luego la opresión a que había estado
sujeto el país y la necesidad de recoger a todos los europeos para mandarlos
a su madre patria. En seguida decía de los españoles: "Podemos acusarlos
de impíos, sí, porque ellos han arrancado de sus casas las imágenes ponien-
do en su lugar pinturas indecentes; ellos se presentan en los templos, ya
erizados, ya pelones, con pechos postizos y otras modas indecentes, conta-
minando a nuestros compatriotas; ellos vilipendian el sacerdocio, hablan
con mucha libertad a los ministros del Altísimo y en fin, pueden vender este
precioso reino y cometer las horrorosas intrigas que se han cometido en La

100
LOS INSURGENTES

Península." El manifiesto terminaba: "No deis oídos a la seducción que ellos


quieren introducir entre nosotros, afirmando que venimos destruyendo
nuestra sagrada religión católica y que somos traidores al rey, engaño
manifiesto, porque el suspirado Femando Vil viene ocupando nuestros
corazones y a él y a sus sucesores queremos conservar en estos dominios,
pero sin mezcla de traidores gachupines. No oiréis otra cosa en nuestras
bocas sino: Viva la religión católica; viva nuestro amado rey; viva la patria
para siempre en este continente americano; viva la sagrada patraña la
Santísima Virgen Guadalupe y acábese el mal gobierno. "1&
Es curioso ver cómo la propaganda de los dos bandos en pugna, era
muy similar; ambos luchaban por la religión, rey y patria y acusaban al
contrario de querer entregar el país a los franceses. Con el pueblo, los
insurgentes tuvieron la ventaja. Muchos individuos del bajo clero, que era
el que estaba en contacto con él, se unieron a la insurrección. De hecho,
ésta fue básicamente fomentada por miembros del clero, tanto secular como
regular, por frailes y por legos. Ya se ha visto cómo los legos juaninos
Herrera y Villerías fueron los que se apoderaron de San Luis Potosí. El cura
de Catorce, don José María Semper, que invitó a Iriarte a pasar a ese real,
ya había sido informado de los propósitos de la insurrección por cartas que
recibió del señor cura de Zacatecas y de los frailes del Colegio de Guadalu-
pe. El presbítero don José María Pérez levantó en Venado una compañía de
voluntarios y los insurgentes le dieron el grado de coronel. 19
Fray Gregorio de la Concepción cuenta que al llegar los insurgentes a
Matehuala, todo el pueblo se esmeró en atenderlos, principalmente el señor
cura, quien era el doctor Huerta,20 y "el día 14 de diciembre se cantó una
misa muy solemne por nuestra Madre Santísima de Guadalupe, a la que
asistió todo el ejército y pueblo con la mayor devoción, rezando el rosario a
coros por las calles. "21
Posteriormente, al ser reconvenido por haber celebrado misa y confesa-
do mientras andaba con los insurgentes, siendo que esto contravenía el
edicto de la Inquisición, fray Gregorio se justificó diciendo que "párrocos
muy ilustrados de los pueblos por donde pasaban, no solamente no se
abstenían, sino que hasta con el Divinísimo Manifiesto recibían a los insur-
gentes. "22
El mismo fray José Eugenio de la Penilla, quien denunció que en la
hacienda de Albarcones se habían cantado versos a favor de la insurrección,
informó haber escuchado decir a fray Luis Montano: "Que era muy justo lo
que el cura Hidalgo pretendía, porque ya los europeos se habían alzado con
el santo y la limosna, como se estaba viendo en Zacatecas que todos los
empleos honorarios estaban en ellos..., que si no veía que los gachupines y

101
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
el gobierno procuraba la destrucción del reino con el saqueo tan grande que
hacían con el pretexto de tantos donativos y préstamos, sin que el rey
recibiese nada de esto, que ya que tenían casi perdida la España, que no
quisieran perder también este reino, que enteramente no tiraban a otra cosa
que debilitarlo, quitándole las fuerzas y dejándolo expuesto a que cualquier
nación extranjera que viniera se apoderara de él. "23
Fray Carlos Medina, otro franciscano del mismo convento de Río
Blanco se incorporó al ejército de Jiménez. También andaban en este ejérci-
to el mercedario fray Pedro Bustamante, los franciscanos fray Juan Salazar
y fray Bernardo Conde, el carmelita fray Gregorio de la Concepción, el
presbítero Francisco Olmedo24 y el juanino fray Juan Villerías. De este
último se comentaba había ido varias veces a Saltillo en demanda de
limosna y ser además "de muy mala conducta".^
Cuando los caudillos de la insurrección cayeron prisioneros y se les iba
trasladando a Chihuahua, el capitán José Joaquín Ugarte, quien como
muchos de los oficiales de las provincias del norte, no debe haber sido muy
devoto, les preguntó a Allende y a Jiménez, "por qué cargaban con tanto
fraile y clérigo" y aquellos le aseguraron que sin ellos no hubieran podido
mover los pueblos a la revolución.26

El día 8 de diciembre, don Juan Ignacio Ramón salió de Monterrey al


frente de cincuenta hombres. El propósito de esta expedición era inspeccio-
nar las compañías que se estaban formando en las poblaciones del sur del
Nuevo Reino de León y sobre todo reconocer los puntos principales por
donde se podían introducir los rebeldes a la provincia y evitar que esto
sucediera. Ese mismo día llegó a Cadereyta y el 10, al valle del Pilón. Ahí
inspeccionó la compañía recién formada y encontró que, incluyendo la
gente reclutada en la Mota, constaba de ochenta y cuatro plazas, aunque
consideró había que desechar a algunos por enfermos o por ser hijos de
viuda. El día 11, le escribió al gobernador Santa María diciéndole no se
moviera de su capital, "ni menos la tropa," hasta que él terminara su
reconocimiento y le avisara.27
El gobernador se molestó con estas recomendaciones de Ramón y
respondió diciendo parecían venir más bien de un jefe dando órdenes, que
de un obediente subalterno y le aconsejaba evitara en lo sucesivo "semejan-
tes prevenciones". También añadía que, tan pronto como la tropa reconcen-
trada en Monterrey se surtiera de todo lo necesario, saldría a los puntos que
él estimara convenientes.28
El día 12, Santa María recibió el oficio de Calleja donde ordenaba

102
LOS INSURGENTES

pusiera a disposición del coronel Cordero las cinco compañías de milicias,


que desde el principio de la insurrección, había dispuesto se mandaran a
San Luis Potosí, así como el mayor número de soldados posibles pertene-
cientes a la Compañía Veterana de Lampazos, porque Cordero iba a avan-
zar hacia el sur a desalojar a los insurgentes de la provincia de San Luis
Potosí.29
Santa María dio orden para que saliera al campamento de Aguanueva
una quinta compañía de milicias al mando del capitán don Juan José de los
Santos30 y le comunicó a don Juan Ignacio Ramón enviara inmediatamente
a reunirse con Santos los soldados de la compañía de éste que anduvieran
con él.31 Efectivamente Ramón mandó a Aguanueva un sargento, un cabo
y seis soldados.32 Santa María le decía a Cordero estar mandando esta
compañía "sin vestir y armada como se pueda"^ y a Calleja le manifesta-
ba no poder obedecerlo en todo, pues le era imposible mandar la poca
fuerza de la Compañía de Lampazos por "sus diferentes recomendables
atenciones. "34
A don Pedro de Herrera no le agradó que el capitán de los Santos fuera
al mando de la quinta compañía, pues comentaba, aunque éste era un
"hombre honrado" a quien estimaba, sus achaques crónicos habían sido
causa de que lo retiraran de Texas y consideraba pudiera dejarlo "por los
caminos," como había sucedido con otros. Don Pedro le pedía al goberna-
dor Santa María mandara los reemplazos de varios desertores y le comuni-
caba que el teniente Juan Nepomuceno de la Garza se había enfermado de
gravedad y el coronel Cordero le había dado permiso para irse a curar a su
casa en Guajuco, y por lo tanto, le faltaban un capitán, dos tenientes y un
alférez, ya que este último estaba en el campamento afectado de enfermedad
crónica. Se quejaba de tener que ejercer él las funciones desde comandante
hasta cabo de escuadra, sin dinero, sin armas, ni otros auxilios que los
recibidos de sus amigos. También informaba sobre la llegada al campamen-
to de ocho insurgentes capturados por una compañía de Coahuila; eran
gente despreciable y el capitán que los mandaba era un viejo cojo a quien
había conocido como alguacil en Asientos de Ibarra. Por último decía que
acababa de tener noticias de la entrada de un crecido número de insurgentes
a Cedral y Matehuala y que se dirigían al campamento de Aguanueva,
esperando llegaran para darles "de almorzar y merendar, según su hora. "35
Otro personaje con motivo de queja era Jusepe de Aysa. Le exponía a
Santa María que la disposición de Calleja ordenándole al coronel Cordero
reconquistara San Luis, Aguascalientes y Zacatecas había dejado a los
europeos en una inacción muy perjudicial, sabiendo que el enemigo estaba
saqueando y destrozando Venado, Charcas, Matehuala y Real de Cator-

103
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
ce.36 En realidad sucedía que cada español deseaba que el ejército fuera
primero al lugar "en que había tenido su residencia e intereses. "37 De Aysa
también decía a Santa María que, como Cordero debía esperar la aproba-
ción del comandante general, el ejército no saldría hasta Pascua de Naci-
miento o después de ella; por lo tanto, que si había "algún pescadito fresco
para la Noche Buena" les haría mucho provecho. Esta carta la mandaba con
don Juan Crousset y al mismo tiempo se lo recomendaba a Santa Maria. 38
El portador era un arquitecto que muchos años antes había estado en
Monterrey, llevado por el obispo Llanos y Valdez para dirigir las obras que
emprendió.
Don Pedro José Borrego había sido nombrado teniente de la compañía
formada con gente de los valles de Mota y Pilón, de la cual era capitán don
Domingo Narciso de Allende. Con la salida de este último a la ciudad de
México para llevar la carta que el gobernador Santa María mandaba al
virrey, Borrego se quedó encargado de la compañía. Poco tiempo después
de que don Juan Ignacio Ramón pasó por el valle del Pilón, le mandó un
mensaje a Borrego diciéndole que preparara la compañía, y éste la puso
sobre las armas, ordenándole a cada soldado presentarse con bastimentos
para quince días; pero varios de ellos le hicieron ver ser demasiado pobres y
entonces Borrego les proporcionó maíz y piloncillo. Sin embargo, le escribió
al gobernador manifestándole que la compañía se hallaba destituida de
bastimentos, ropa, armas y cabalgaduras y le pedía le diera facultades para
quitar caballos, escopetas y cuanto le pareciera conveniente. También se
quejaba del mucho trabajo, ya que era el receptor de alcabalas de los valles
del Pilón, Mota y China y recomendaba a don Ramón Cantú como hombre
"bien criado," quien podría ayudarlo si se le daba el nombramiento de
alférez de la compañía.39
Santa María le contestó que se reservaba el nombramiento de subte-
niente hasta el regreso del capitán don Domingo Narciso de Allende, y que
no sabía por qué don Juan Ignacio habría ordenado tuviera preparada la
tropa, pues ésta siempre debía estarlo, pero no acuartelada, porque en este
caso, entraría inmediatamente en el goce de sus haberes y se carecía de
numerario .40
Efectivamente Santa María seguía con sus dificultades para conseguir
dinero. El 5 de diciembre supo que, debido a la interrupción de los caminos,
se había regresado la estafeta y en ella venían varias libranzas dirigidas por
el administrador y el interventor de la Real Renta de Tabacos a favor de la
Tesorería General. Inmediatamente se dirigió a estos funcionarios pidiéndo-
les se sacaran de la estafeta las libranzas que se pudieran reducir a efectivo
y mantuvieran estas cantidades en su poder y a disposición del habilitado

104
LOS INSURGENTES

don Vicente Vedia y Pinto, quien las iría recibiendo conforme lo exigieran
"las atenciones de su destino,"41 Pero Núñez de Esquivel y Múgica contes-
taron el mismo día diciendo que su "más estrecha obligación" era dirigir a
la Tesorería General cuantos caudales existieran en su poder, porque así lo
prevenía la ordenanza del ramo y porque nuevamente lo había encargado el
superintendente general, debido a las urgencias de La Península. Además,
tan pronto como se abrió la comunicación con la capital, habían solicitado
a la Tesorería de Saltillo libranzas por 16,919 pesos 1 real, las cuales fueron
endosadas por el administrador a favor de la Tesorería General, y aunque
estas libranzas hubieran vuelto, seguía subsistiendo el endoso y en su
concepto, no podían hacer uso de ellas sin una causa "sumamente extraordi-
naria", en cuyo caso abrirían la correspondencia en presencia del goberna-
dor y pondrían las citadas libranzas a su disposición; pero no estaban
convencidos de que hubiera llegado ese caso y le suplicaban no se abriera la
correspondencia de momento, pues estaban meditando cómo auxiliar al
capitán habilitado, en el caso de acabarse los 16,000 pesos de la libranza
que habían aceptado anteriormente, si para entonces no hubiera llegado la
resolución del virrey.42
El gobernador no debe haber conseguido nada con el administrador y
el interventor, pues el 23 de diciembre le puso un oficio a don Manuel
Royuela el ministro tesorero de las Cajas de Saltillo, quien desde hacía
tiempo se había cambiado a Monclova. Le decía carecer de numerario y
había escrito al virrey, pero como aún no había recibido su contestación, se
veía obligado a pedirle ayuda para pagar la tropa, porque estaba expuesto a
ver con dolor se retiraran a sus casas esa fiel gente, que incesantemente
repetía "las vejaciones de sus abandonadas familias. "43
Royuela contestó cuatro días después, que como se habían puesto
muchos hombres sobre las armas en la provincia de Coahuila, esto originó
gastos exhorbitantes y estando cortada la comunicación con México no
podía librar sobre la Tesorería General; no tenía más que lo indispensable
para pagar el primer situado del año que iba a empezar a las compañías
presidiales y las milicias de la frontera; por lo tanto, no lo podía ayudar.44
A pesar de los esfuerzos del gobernador Santa María para evitar la
entrada de propaganda de los insurgentes al Nuevo Reino de León, ponien-
do guardias en los lugares de acceso a la provincia y ordenando la expul-
sión de toda gente extraña, no lo había podido evitar.
Un don José María de Esnal denunciaba que, estando "en el paraje de
Gualeguas en un fandango," estaba cerca de él un hombre quien le dijo era
de Guadalajara, y preguntándole cuales novedades había por allá, contestó
que muchas, relatándole "que al señor cura del pueblo de los Dolores se le

105
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
había aparecido Nuestra Señora de Guadalupe y le había dicho, que pusiera
reparo a todo el reino porque querían los gachupines entregarlo, y no había
de quedar ni uno de todos ellos."45
Unos días después, el subdelegado de Cadereyta, don Manuel Pérez de
la Carda recibió la denuncia de que en la hacienda de Santa Efigenia
andaban unos barilleros "vendiendo unos versos seductores relativos a la
insurrección fomentada por el malvado cura Hidalgo y sus secuaces." El
subdelegado se trasladó inmediatamente a dicha hacienda y arrestó a tres
individuos, quienes dijeron llamarse José del Carmen Llamas, José Eulogio
Morales y José Nicolás Mercado. El primero era de San Luis Potosí, el
segundo de Parras y el tercero de Guanajuato. Este último era el que
andaba vendiendo los versos pero ya no le quedaba ninguno, sin embargo
sus compañeros dijeron que los sabía de memoria y el subdelegado hizo que
los recitara:

"Primera
Como dueño de la acción
Salí a andar de forastero
Aunque no soy misionero
Pero he andado la misión
Segunda
Con dolor y con ternura
Y pleno conocimiento
Vi el lucido vencimiento
Que fue a hacer el padre cura
Vi la pena y conjetura
Que causaba admiración
Ver en terrible aflicción
El extremoso aparato
De ganar a Guanajuato
Como dueño de la acción
Tercera
Vi caminar vigilante
Sus tropas con arrogancia
Los doce pares de Francia
Mostró ser en lo arrogante
Y en su navegar constante
Dice todo placentero
He de ser firme guerrero
Por Dios y por nuestro rey

106
LOS INSURGENTES

y en defensa de la ley
Salí a andar de forastero
Cuarta
En cuantioso relicario
Tras que yo muy bien lo supe
y a María de Guadalupe
Rezándole su rosario
Se ha hecho en su pecho santuario
Devoto y con grande esmero
Cariñoso y placentero
Dice cuando va a rezar
Las Indias he de ganar
Aunque no soy misionero
Quinta
Justicia es darle favor
y no darle es contra ley
Ver cautivo a nuestro rey
Causa grande sinsabor
Pena congoja y dolor
Agonía y gran confusión
Conflictos y admiración
Por eso yo me confundo
y aunque no goce del mundo
Pero he andado la misión '46

Don Juan Ignacio Ramón no llegó a Labradores hasta el día 16. Al día
siguiente le puso dos oficios y una carta al gobernador Santa María. Le
decía que no había entrado por la boca del Pilón por la mucha agua que
ahí había y tampoco siguió derecho a Río Blanco, porque hubiera tenido
que cruzar por algunos pueblos de Nuevo Santander y no le había parecido
bien entrar a esa provincia con tropa armada sin el permiso del gobernador
de ella. Parece increíble que en plena guerra se siguieran guardando ciertos
preceptos establecidos, los cuales no se podían variar como si se estuviera
viviendo en una situación completamente normal. Debido a estas circuns-
tancias, Ramón entró al sur del Nuevo Reino de León por el cañón de Santa
Rosa. En su comunicado al gobernador, le manifestaba que recorrería las
haciendas de Soledad Laja y Albarcones, para terminar en Río Blanco e iba
a escribir a los administradores de las haciendas para informarse si era
cierto los insurgentes estacionados en Matehuala habían sacado doscientos
hombres de dichas haciendas. Le informaba que el general insurgente que

107
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA

estaba en esa villa se llamaba Mariano Jiménez; su marcha la iba a hacer a


pie, porque la tierra no era de lo mejor para el tránsito de tropas con
caballada.47
Al día siguiente Ramón informó al gobernador haber recibido noticias
que los insurgentes habían entrado a Real de Catorce el día 14 y tanto el
secretario como los clérigos habían bajado la cuesta para recibirlos.48
Efectivamente, Ramón escribió a los administradores de las haciendas
de Soledad y Albarcones. El de la primera, don Nicolás de Castro, contestó
con muchas evasivas; decía que, por estar interrumpidos los correos de
Tierra Fuera, no había tenido contestación a sus cartas y en cuanto a las
noticias sueltas no se les podía tener mucha fe; que había ido a Matehuala a
matar unas engordas y estando ahí había llegado mucha tropa de Venado,
suspendiendo la matanza "por huir del alboroto de la gente". No se enteró
qué armamento traían y oyó decir iban para Saltillo. Ya de regreso en la
hacienda le habían mandado oficios pidiéndole caballos.49 En realidad,
Castro fue a Matehuala a ver a don Mariano Jiménez, pidiéndole un indulto
para la hacienda de Soledad, la cual probablemente era de españoles, y no
solamente lo consiguió para la hacienda sino para los habitantes de ella, de
manera que sin la anuencia de Jiménez no podía entrar ningún comisionado
insurgente a dicha hacienda. Castro también consiguió un indulto para don
José Aramberri.50
Don José Trinidad Torres, el administrador de Albarcones, fue más
sincero en su contestación a Ramón, pues le informaba había de siete a
ocho mil hombres en el valle de Matehuala y que los insurgentes habían
sacado de esa hacienda 68 hombres, caballos y unas lanzas. También le
manifestaba que los insurgentes no estaban en contra de la religión, pues
eran muy cristianos y los generales eran "unos hombres bien criados, muy
políticos. "51
Ramón inmediatamente informó al gobernador de estas noticias, agre-
gando que los rebeldes habían sacado la caballada y mucha gente de dichas
haciendas. Decía también, verse obligado a esperar a esa "caterva" en la
"raya", a ver si de ese modo evitaba sus malos intentos, ya fuera "usando
de todos los derechos y máximas de la guerra o quedando en la demanda. "5^
No obstante, al día siguiente el 20 de diciembre, Ramón le escribió a
don Mariano Jiménez. Desgraciadamente no ha quedado copia de esta
carta, pero según la contestación de Jiménez, le preguntaba la causa que
había "obligado a los buenos americanos a tomar las armas. "^
Pero antes de que llegara la contestación de Jiménez, don Juan Ignacio
recibió un oficio del comandante insurgente don Pedro de Aranda. "Sin
embargo de que este ejército —decía— está reforzado de gente útil y

108
LOS INSURGENTES

sobrados peltrechos de guerra para la empresa que justamente solicitamos


vencer, no es nuestro ánimo despreciar a ningún buen patriota que se dirija
a nuestra ayuda y compañía, antes bien recibirlos con el amor hermanable
que se merecen, así como sabremos competir y derrotar a todo traidor a
nuestra patria. En esta virtud, sabedor que ustedes se hallan acantonados en
ese valle con fin de reunirse a este ejército, como comandante de él les
aviso, que seguros de mi buena disposición, lleguen y serán bien recibidos,
tratados con el amor fraterno que mutuamente nos profesamos y atendien-
do cada uno según su mérito y servicio, sin que a nadie se le falte en nada
de lo dicho, ni el abundante socorro de sus asistencias, lo que servirá a
ustedes de gobierno."
Ramón incluyó esta invitación de Aranda en un oficio que desde
Pablillo mandó al gobernador el día 27. En él le decía que, a pesar de sus
desvelos, trabajo personal y dinero, la expedición había salido tarde, pues
los insurgentes ocupaban zonas del sur de la provincia, y de sus haciendas
habían sacado toda la caballada mansa y trescientos hombres de los sirvien-
tes, "en la inteligencia —agregaba— de que no hay ninguna habitación de
las dichas y otras que hay entre la sierra, que no estén con los mismos
sentimientos de aquel ejército, alcanzando esto hasta el valle de Río Blanco,
cuyo subdelegado se halla en aquel ejército de artillero, y su familia que ya
estaba al salir, acompañando a éste el padre Medina del mismo puesto, el
primero es europeo y el segundo, ignoro lo que sea, pero él está en el
ejército."^ Ramón le informaba al gobernador haber puesto un oficio al
generalísimo del ejército insurgente y estaba esperando la respuesta y termi-
naba aseverándole no dudara se sacrificaría en obsequio de su religión, su
patria y su rey, desempeñando para su consecución todas las confianzas que
se había servido poner en su limitado conocimiento.55
En una carta escrita por Ramón al gobernador el mismo día, le confir-
maba la difícil situación en que se encontraba y le decía: "so7o a las
capeadas y usando de algunas habilidades", podría escapar de entrar en
contienda con una fuerza tan desigual. No sólo era temible el ejército
insurgente sino todos los que habitaban las haciendas, pues eran dependien-
tes de amos que andaban con los rebeldes o de europeos que habían huido.
Decía también que la fuerza enemiga se componía de ocho mil hombres o
más, entre quienes había muchos indios de flecha, tropas de La Colonia,
tanto milicianas como veteranas y además, últimamente había cundido la
seducción por todas partes. Le informaba asimismo al gobernador haber
estado por ahí el capitán Bruno Barrera con su compañía, quien andaba
recogiendo la poca caballada sobrante después de la que habían sacado
Calleja y los insurgentes.56

109
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Ese mismo día Ramón envió con un propio un nuevo oficio al goberna-
dor. Este fue redactado a las doce de la noche, pues según parece acababa
de recibir la contestación de Jiménez, la cual incluyó. "El único móvil de nues-
tras operaciones militares —decía Jiménez— es, ha sido y será mantener inde-
pendiente nuestro patrio suelo, que ha sufrido los conflictos más apurados
desde la pérdida de España, pues ha visto con asombro el horroroso
sacrificio de sus más beneméritos hijos, ordenado por unos hombres, no
sólo desnudos de los nobles sentimientos de honor y gratitud sino, lo que
hace estremecer el alma, olvidados del carácter de lenidad inseparable del
corazón de un cristiano. Testigos irrefragables de esta lamentable verdad
serán siempre México, Puebla, Veracruz, Querétaro y otros varios lugares
que han visto con horror ultrajadas las venerables personas de los ministros
del altar, de los sabios, de los militares y demás clases de brillo, por sólo el
capricho de estos hombres déspotas brutales, y: ¿Usted sabe señor coman-
dante cuál sea el sistema que estos tiranos intentaban establecer con seme-
jante terrorismo?, pues no era otro, que el de después de hacernos viles
esclavos del francés, hacer que la semilla del santo evangelio esparcida en
nuestros corazones por nuestros honrados progenitores y cultivada por los
sagrados ministros de Jesucristo, a expensas de innumerables fatigas y
desvelos, se extinguiera para siempre dejándonos sepultados en el idiotismo
e irreligión. ¡Proyecto diabólico!, que se hubiera efectuado si la providencia
de un Dios todo piedades no hubiera suscitado para sus altos designios al
sapientísimo varón doctor don Miguel Hidalgo." Toda esta demagogia de
exagerada mojigatería era redactada por fray Juan Salazar, aunque después
se justificó en su juicio afirmando, que esos papeles no los mandaban como
él los hacía, pues Jiménez "les añadía o quitaba lo que le parecía a su
secretario, que lo era el capitán Onofre Portugal." La contestación de
Jiménez a Ramón era muy extensa, pero volvía a repetir lo mismo de todas
las proclamas de los insurgentes: que eran los más fieles vasallos de Fernan-
do VII y aspiraban a mantener la independencia de la América, porque "es
la perla más preciosa de su corona y el único patrimonio que le queda a su
desgraciada familia". Decía, por último, que tendría por desgraciado el día
que sus armas chocaran contra las suyas y que la muerte de unos y otros
americanos decidieran una causa calificada como justa por todos los sensa-
tos. Le recomendaba comunicara a su jefe estos particulares, acompañándo-
le copia de la carta, y con esto haría un servicio a la humanidad, pues cada
individuo sabría por quién iba a perder la vida.58
Don Juan Ignacio, al mandar la carta de Jiménez al gobernador, le
decía haber procurado valerse del más favorable arbitrio para no ensangren-
tar más un asunto que realmente se había decidido, pues era irresistible la

110
IOS INSURGENTES

fuerza que ya estaba dentro de la provincia. Le informaba también, saldría


al día siguiente para la "raya" a tratar verbalmente, lo que se le había hecho
saber de oficio. Que el gobernador le previniera sobre este asunto lo que le
pareciera bien y volvía a repetir, se mantendría "a las capeadas hasta que
Dios mejore sus horas". Le recomendaba por último, si salía con la tropa,
fuera sólo hasta Linares, aunque a él le parecía mejor no desamparara su
capital y terminaba: "Deje correr las fuentes, que Dios nos ha de ayudar. "$9
Parece que Ramón creía ingenuamente que adoptando nominalmente el
partido de la insurrección o manteniendo una especie de neutralidad, podría
evitar la entrada de los insurgentes al Nuevo Reino de León. De momento,
no fue a ver a Jiménez, y el 4 de enero de 1811, le mandó desde Río Blanco
un oficio muy violento a un cabecilla insurgente, con el cual parece haber
tenido previamente un acuerdo, de que se retiraría de la provincia. Desgra-
ciadamente, no se puede saber con seguridad a quién fue dirigido este
oficio, pues como destinatario Ramón sólo puso al "comandante de la
partida de ejército," pero es muy posible se trate de Ramón González de
Hermosillo, quien el 31 de diciembre se encontraba en la hacienda de
Soledad, no lejos de Río Blanco.60 El padre de aquel, Rafael González de
Hermosillo, también capitán insurgente, había estado en Río Blanco el lo.
de enero,61 pero éste no puede ser la persona a quien se dirigió Ramón,
pues fue capturado al día siguiente en el rancho El Canelo por una partida
de realistas.62 Ramón le decía al insurgente a quien mandó el oficio, que
había faltado a la palabra dada verbalmente, de que se retiraría a reunirse
con su ejército y que ya le había comunicado a su jefe, o sea a Jiménez, por
qué se había regresado sin haberse entrevistado con él, lo cual era para
"suspender el alboroto de la provincia." Le ordenaba, que en el instante que
recibiera su oficio, se regresara a ese pueblo para seguir su camino, sin dar
lugar a que le siguiera los pasos.63
El oficial insurgente se quejaba con Jiménez, porque Ramón, en lugar
de auxiliarlo, había querido atacarlo y que esto fue la causa de que se
desertaran el capitán Juan Antonio Villanueva y diez y nueve soldados, lo
cual lo privó de pasar a "esa ciudad" para detener los muchos europeos que
pasaron por ella.64 Probablemente al hablar de "esa ciudad" se refería a
Linares, por donde deben haber estado pasando españoles que huían hacia
la costa.
El mismo día que Ramón amenazó al cabecilla insurgente, le escribió al
gobernador, contestándole un oficio del 28 de diciembre, donde éste le
decía, evitara la extracción de gente y caballada de las haciendas. Ramón le
hace ver, que aunque había salido mucha gente de dichas haciendas, queda-
ba la suficiente para hacer resistencia y si procedía contra una debía hacerlo

111
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA

contra todas, y a un mismo tiempo, si no era exponer sus armas con una
gente que toda era del partido de los insurgentes; más bien había decidido
usar la prudencia para suavizarla y no perdiera "de atiro el freno de la
obediencia con el rigor, manteniendo en la neutralidad su conservación. "65
El 24 de diciembre, el gobernador Santa María envió al capitán don
José María Sada con veintidós hombres a situarse en el valle de Labrado-
res.66 Y el 2 de enero de 1811 nombró como teniente de gobernador al
alcalde de primer voto don Bernardo Ussel y Guimbarda y ese mismo día o
al siguiente salió de Monterrey al frente de unos ciento cincuenta hombres,
dejando como comandante accidental de las armas al capitán don Vicente
Vedia y Pinto.67 El 8 de enero Santa María se encontraba en el valle del
Pilón.68 Ahí recibió noticias que hicieron derrumbarse todos los esfuerzos
que había hecho por defender su provincia e incluso cambiaron el rumbo de
su propia vida.

112
CAPITULO VII

TODO SE DERRUMBA

El 24 de diciembre en la madrugada, el coronel Cordero recibió la


contestación de don Nemesio Salcedo para que las tropas de las Provincias
Internas que estaban en el campamento de Aguanueva avanzaran hacia el
sur a desalojar a los insurgentes de la provincia de San Luis Potosí. Pero el
plan de Calleja no fue aprobado en su totalidad por el comandante general,
pues según sus instrucciones el campamento de Aguanueva no se debía
desamparar y el coronel Cordero permanecería al frente de éste.l Por lo
tanto, para substituirlo en el mando de la expedición, se nombró a don
Mariano Várela, capitán del presidio de Río Grande.
El año de 1807, Várela fue el jefe de la escolta que condujo a Zebulon
Montgomery Pike de Chihuahua al presidio de Río Grande, y este último
ha dejado una semblanza interesante del primero. "Era mexicano de naci-
miento —dice— pues nació cerca de la capital, ingresó como cadete en
Guajoquilla hace cerca de veinte años y por sus méritos extraordinarios
(siendo criollo) fue ascendido a capitán, el cuál él mismo consideraba que
sería su último ascenso. Era un caballero en su comportamiento, generoso y
franco y creo que un buen soldado."?-
Las fuerzas que integrarían el ejército expedicionario eran: 500 hombres
de Coahuila y los 250 del Nuevo Reino de León que estaban en el campa-
mento, a los cuales se incorporaría, en el rancho de Zamarripa,3 don
Joaquín Vidal de Lorca con otros 250 del Nuevo Santander.4 En Aguanueva
parece que quedaron unos 700 hombres.5
Pero la expedición no resultó como se había planeado. Del campamen-
to no salieron más que 483 hombres de Coahuila, incluyendo algunos
voluntarios europeos, y 217 del Nuevo Reino de León. Don Pedro de
Herrera decía que el fallante de su tropa se debía a los desertores y
enfermos.6 Por otro lado, don Joaquín Vidal de Lorca, nunca marchó a
unirse a la expedición. Seguía con el problema de la falta de remonta y para
conseguirla se replegó desde Tula a Aguayo, lo cual no se ha podido

113
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
determinar si lo hizo con el permiso del gobernador Iturbe. El hecho es que
para el 28 de diciembre estaba en esta última villa y desde allí mandó a los
alféreces José Miguel Paredes y Manuel Barberena a buscar caballada,
utilizando para este fin parte de los 11,280 pesos que se habían recogido de
los fielatos desde Tula hasta Aguayo. Pero los caballos parecen haber
estado muy escasos, pues Vidal necesitaba 400 y en veinte días, Paredes y
Barberena apenas pudieron conseguir 147.7
Sin embargo, la falta de caballos no era el único problema de Vidal. El
31 de diciembre recibió un oficio de Iturbe en el cual le insertaba otro de
Cordero previniéndole estuviera el día 4 de enero con 250 hombres en la
estancia de Zamarripa para reunirse con el capitán Várela. Vidal contestó
haciendo ver lo difícil que era cumplir con esta orden, pues decía había que
rebajar de sus tropas: 48 milicianos y 19 veteranos que habían desertado, de
6 a 10 enfermos inútiles y 20 hombres que andaban con 4 oficiales consi-
guiendo caballos y reemplazos para los milicianos.8
Una cosa que resulta incomprensible es la mentalidad de todos estos
militares, sobre todo la del comandante generabdon Nemesio Salcedo, quien
se supone era competente y tenía experiencia, ya que había tomado parte en
varias campañas importantes.9 Teniendo las tropas del campamento de
Aguanueva en las proximidades un ejército insurgente seis o siete veces
mayor, resultaba un absurdo dividir sus fuerzas. Este ejército debía haber
avanzado hacia el sur en lugar de permanecer acampado tanto tiempo. Es
un hecho que la inactividad es uno de los factores que más relajan la
disciplina de las tropas y fomenta las deserciones. Con mucha razón, el
gobernador Santa María le decía a don Pedro de Herrera, cuando éste pedía
enviara reemplazos para los desertores, que éstos irían aumentando "cuanto
más tiempo demoren su salida, pues la proximidad de sus casas es su cebo
que fomenta la deserción. "10
La propia disposición de las tropas de las Provincias Internas era
desatinada; extendidas a todo lo largo de la frontera de éstas con el virreina-
to y tratando de que por ningún lado pisaran los insurgentes lo más mínimo
de su territorio. A principios de enero de 1811, la distribución de estas
tropas era la siguiente: el coronel Cordero estaba en Aguanueva con 700
hombres, mientras Várela avanzaba hacia el sur con otros tantos; en el
Nuevo Reino de León el gobernador salía de Monterrey con 150 hombres,
dejando probablemente 100 en esta plaza; el capitán Sada guardaba la boca
de Santa Rosa con 22 hombres y don Juan Ignacio Ramón estaba en Río
Blanco con menos de cincuenta. En Nuevo Santander, Vidal se había
situado en Aguayo con unos 170 hombres y el gobernador estaba en Croix
con 300.11 Al oeste del campamento de Aguanueva, Melgares parece se

114
TODO SE DERRUMBA

encontraba por el rumbo de Parras, Ochoa todavía más al poniente y don


Pedro María de Allande, que había tomado Fresnillo a fines de noviembre,
no permaneció más que uno o dos días en esta plaza, retirándose hacia
Sombrerete.12 Tenía razón Calleja cuando decía que la manía de todos era
"la de defenderse cada uno en su país, dejando por este medio a los
insurgentes reunir fuerzas que no puede resistir ninguno. "13
Tan pronto como el capitán Várela llegó al campamento de Aguanue-
va, la expedición emprendió la marcha, saliendo el 24 de diciembre a las
cuatro de la tarde.14 Antes de salir, don Pedro de Herrera le mandó un
oficio y una carta al gobernador Santa María. En el primero, comunicaba
haber sido informado por un vecino de Río Blanco que el capitán Andrés
Guajardo se encontraba en ese pueblo y él lo había dado de baja porque no
mandó documentos acreditando que seguía enfermo. Pero en la carta decía:
"El bribón de Guajardo merece le siente usted bien la mano." También le
informaba haber entregado la compañía de éste a don Antonio Inguanzo,
teniente del Regimiento de San Carlos, quien logró escapar de San Luis
cuando la sublevación. 15 Cordero comunicaba a Santa María que las fuer-
zas al mando de Várela tenían el propósito de atacar a los insurgentes que
estaban en Matehuala, Cedral y Catorce y le pedía enviara una partida a
recoger 120 caballos y 4 muías que había dejado don Pedro de Herrera por
cansados y flacos. 16
Várela hizo noche el primer día en el paraje llamado La Sepultura y el
día 25, después de oír misa, avanzó hasta Hedionda Grande, donde tuvo
que dejar muchos caballos que llegaron cansados. Al día siguiente no
caminó más que dos leguas, y aunque había mandado una partida a buscar
caballos, ésta no consiguió nada. La expedición llegó a dormir el día 27 a
La Hediondilla. Allí dio estampida la caballada de la compañía de don Juan
José de los Santos, que era la única que iba con brío. El día 28 llegaron al
paraje llamado San Rafael y al amanecer salieron para el tanque de San
Isidro. En este lugar estuvieron hasta el lo. de enero, esperanzados a que el
capitán Barrera trajera caballos, pero éste llegó ese día diciendo que los
insurgentes habían sacado toda la caballada de la hacienda de Soledad, y a
pesar de tener órdenes de Herrera de perseguirlos, no los había podido
alcanzar. El capitán Barrera también le informó a don Pedro haber estado
con don Juan Ignacio Ramón y que éste tenía correspondencia con don
Mariano Jiménez. Dice Herrera en su diario: "conociendo su carácter, tuve
demasiada desconfianza de su fidelidad."
Várela mandó dos espías al ejército insurgente, quienes volvieron di-
ciendo que éste se extendía desde Vanegas hasta la estancia de La Ventura.
El hecho de no haber pastos en el itinerario señalado por Cordero, hizo que

115
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
el jefe de la expedición variara la ruta. Además quería acercarse a Cedral
para comprar bastimentos, pues habían salido sin ellos de Aguanueva.
El día lo. de enero sólo avanzaron cinco leguas y al siguiente día
salieron para el rancho El Canelo; pero a las cuatro de la tarde, antes de
llegar a éste, los alcanzó un correo de Cordero, ordenando a Várela regresa-
se inmediatamente al campamento, haciéndolo responsable si no estaba ahí
al día siguiente, ya que se encontraba amenazado por un numeroso ejército
insurgente. A pesar de esta orden perentoria, las tropas siguieron hasta El
Canelo para dar agua a la caballada en el tanque de ese lugar. El capitán
Macario Borregol? de las milicias de Coahuila, logró capturar ahí una
partida de 59 insurgentes. El capitán de éstos era Rafael Hermosillo,18 el
teniente un soldado de milicias apellidado Pedraza, desertor de la Compañía
de Río Blanco y el sargento y 19 soldados eran desertores de las tropas de
don Joaquín Vidal de Lorca.19
El día 3, Várela retrocedió ocho leguas hasta la estancia de Lobos, y al
día siguiente caminó doce leguas hasta la hacienda de Potosí, pero la mayor
parte de la tropa no llegó a este lugar hasta el otro día, debido al mal
estado de la caballada. El día 6, reunida toda la expedición, sólo se pudie-
ron sacar 107 caballos capaces de caminar y el mismo número de soldados
salió, a las órdenes del capitán Borrego, para Aguanueva. Ese mismo día,
don Pedro de Herrera puso un oficio y una carta reservada al gobernador
Santa María. En el primero hacía ver la situación tan difícil en que se
encontraba y pedía le mandara 300 caballos, aseverando que si Saltillo se
perdía, se perdería también la provincia de su mando. Añadía saber que el
capitán Sada se encontraba cerca, que le ordenara se reuniera con él, pues
no había peligro que el enemigo penetrara por las cuestas que guarnecía, ya
que estaba delante de ellos y si no lograban derrotarlo, sucumbirían las
cuatro Provincias Orientales. Don Pedro le comunicaba a Santa María en la
carta reservada tener fundadas sospechas de que don Juan Ignacio Ramón
era insurgente.20
El día 7 llegó el teniente Timoteo Montañez21 con 60 caballos, y
tomando las yeguas mansas de la hacienda se logró montar 112 hombres,
quienes salieron inmediatamente al mando del capitán de milicias de Río
Grande, un español llamado Félix Rafael de Cevallos.22 Entre éstos iban 12
voluntarios europeos a las órdenes de don Manuel Verdeja y 30 milicianos
del Nuevo Reino de León mandados por el alférez José Antonio Leai.23
Relata don Pedro de Herrera que en la madrugada del día 9 oyó tropel
de caballos en la plaza de la hacienda; saltó inmediatamente de la cama,
abrió el zaguán y se encontró con un soldado de Río Grande, de los que
habían salido con el capitán Borrego. Este buscaba al capitán Várela, y

116
TODO SE DERRUMBA

después que estuvieron hablando un rato a solas, Várela entró a la sala


donde estaban reunidos todos los oficiales y los europeos y les dio a
conocer dos cartas enviadas por don Mariano Jiménez, fechadas el día
anterior en el campamento de Aguanueva; una estaba dirigida a él y la otra
al alférez Leal. La primera decía: "Se ha fugado del campo dispuesto en el
puerto del Camero el comandante de ustedes, don Antonio Cordero, por
consiguiente, todas las tropas que gobernaba están gustosamente reunidas a
las mías y toda la provincia no conoce ya más gobierno que el americano,
en tal virtud, prevengo a usted, que sin pretexto ni demora, se pase con las
que le acompañan a la villa del Saltillo, donde le aguardo, trayéndome
todos los prisioneros que le entregó a usted el capitán Borrego, junto con
los europeos que asisten en esa división, a los que puede usted asegurar de
mi parte que los trataré con aquella generosidad y nobleza que caracteriza a
los americanos. Si así lo practicase, trataré a usted como amigo y de lo
contrario lo perseguiré hasta su total exterminio.
Desde ayer he puesto postas para que el mariscal americano don
Mariano Jiménez de Ocón, corte a usted la retirada con sus tropas, en caso
que la intente para Fuera, y al mismo efecto he dado mis disposiciones para
detener a usted por cuantos puntos la intentase. "24
Jiménez decía al alférez Leal que de ninguna manera debía obedecer al
capitán Cevallos y lo hacía responsable a él y a los demás oficiales criollos,
si no se cumplía esta disposición, y esperaba tener la satisfacción de que al
día siguiente se le reunieran en Saltillo.25
El soldado que condujo esos mensajes también informó que el lego
Villerías se había apropiado el equipaje de don Pedro de Herrera, y Jiménez
se quedó con su tienda, la cual era muy voluminosa.26
Efectivamente el campamento de Aguanueva se había perdido. El ejérci-
to insurgente salió de Matehuala el 28 de diciembre27 y en el camino se le
empezaron a unir muchos soldados que desertaban del citado campamento,
quienes aseguraban a Jiménez, que al llegar frente a las tropas del gobierno
"no se dispararía un solo fusil. "28 £1 Día 7 de enero, éste llegó con su
ejército al puerto de Carneros, punto que había decidido defender Cordero.
El ejército insurgente constaba de 8,000 hombres y disponía de 16 cañones,
mientras que los realistas eran sólo 700 con 4 cañones.29 Pero no hubo
batalla, pues como dice un testigo presencial de este suceso "todo el criollis-
mo se nos reunió. "30 Al empezar las primeras maniobras de los insurgentes
las tropas de Cordero se pasaron a éstos y el gobernador de Coahuila huyó,
como lo hicieron también algunos españoles. Jiménez entró a Saltillo el día
8 y ese mismo día en la tarde Cordero fue capturado por sus mismas tropas
que lo iban persiguiendo, en la estancia de Mesillas al norte de Saltillo.

117
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Jiménez trató a Cordero con muchas consideraciones y cuando supo había
caído prisionero mandó a fray Juan Salazar "a consolar este desgraciado e
ilustre prisionero." También indultó Jiménez a todos los españoles que
fueron capturados.31 Al entrar Jiménez a Saltillo el Cuerpo Capitular no
salió a recibirlo y esto parece que lo molestó, dando lugar a que fray Juan
Salazar injuríase a los integrantes de esta corporación;32 sm embargo, el día
12 "se solemnizó una misa al Divino Señor Sacramentado con la asistencia
de toda la oficialidad del cuerpo. "33
La defección de las tropas del coronel Cordero y también de las que
Várela mandó en su auxilio, hizo que éste determinara retirarse de la
hacienda de Potosí para bajar por la cuesta de Santa Rosa y dirigirse a
Nuevo Santander a reunirse con el capitán Joaquín Vidal de Lorca. Por lo
tanto, el día que recibió el mensaje de Jiménez, Várela emprendió la marcha
a las nueve de la mañana con la tropa que le quedaba y ese mismo día llegó
al valle de Labradores. Cuenta don Pedro de Herrera que ahí juntó "a los
oficiales del país, exhortándolos a seguir la buena causa y encargándoles
exhortaran a sus compañías lo mismo." Pero que le contestaron "en unos
términos que nada decían, a excepción del capitán don Francisco Bruno
Barrera que decididamente dijo que a él lo que le convenía era irse a su casa
y que su compañía haría lo que le mandaran." Luego hizo don Pedro que la
tropa del Nuevo Reino de León, de la cual quedaban unos 100 hombres, se
juntara en la plaza y los exhortó a que salieran al frente los que lo quisieran
seguir, pero no tuvo respuesta.34
Ese día Várela escribió al gobernador Santa María, dándole la noticia
de los sucesos de Aguanueva. También le decía que eran las nueve de la
noche y aún no aparecía la mayor parte de los hombres; que tenía datos
positivos que esa noche se desertarían la mayoría de los que quedaban, y él
no tenía fuerza para contenerlos, pero tampoco quería a su lado gente de
esa clase. Le manifestaba haber pensado retirarse a la capital del Nuevo
Reino de León para su defensa, mas no lo podía hacer por estar a pie y no
tener la menor confianza en la tropa.35
Al día siguiente, al levantarse los oficiales, se encontraron con la
novedad "de que la guardia, compuesta de tropas veteranas de Coahuila, se
había fugado, lo mismo que la demás de aquella provincia, robando a sus
oficiales europeos y cuantas mulos y caballos pudieron encontrar y recoger
de los situados." También supieron "que la escolta que venía con la artille-
ría, que se conducía a lomo de muía por lo áspero de la sierra, cortó las
reatas y tirando los cañones se llevó las mulos. "36 Ese día don Pedro
recibió un oñcio y una carta reservada de Santa María; contestando los
suyos del día 6. Estos estaban fechados el día 8 en el valle del Pilón y decía,

118
TODO SE DERRUMBA

cómo se atrevía a pedirle 300 caballos si la poca tropa que le acompañaba


andaba casi a pie. Le echaba en cara que los insurgentes hubieran ocupado
puntos importantes de Nuevo León, como Río Blanco, Albarcones y Sole-
dad, que él le había asegurado atendería. Insistía en que estaba decidido a
defender su provincia con la poca fuerza que le acompañaba y se lamentaba
de la noticia que le había dado Herrera, de que don Juan Ignacio Ramón se
había unido a los insurgentes. Decía que ésta era "una acción inesperada de
un sujeto que supo engañarme, robando con mi corazón el segundo mando
de esta provincia, cuyos puntos y avenidas le mandé reconocer con la
mejor gente y el capitán Mendiola." Terminaba expresando: "Aún vivo con
la esperanza de que este hombre proyecta alguna acción memorable, Dios
así lo quiera, pues a la verdad, lo he mandado y siento su destrucción. "37
Santa María supo el día 9 del desastre de Aguanueva y le escribió a
Várela, diciéndole haber tenido noticias del desgraciado suceso del señor
Cordero y le pedía se replegara con sus fuerzas a unirse con él, no sólo para
preservar su capital del asalto que la amenazaba, sino para reorganizarse y
avanzar sobre Saltillo. Pero el día 10 recibió el oficio de Várela del día
anterior y le volvió a escribir manifestándole, que esto lo desalentaba y se
iba a comunicar con el gobernador Iturbe para que reunidos todos, pudie-
ran operar con un cuerpo más respetable. No obstante, para hacer sus
operaciones más eficientes, aprobadas por el virrey en oficio del 25 de
diciembre anterior, pasaba a celebrar un consejo de guerra para conducirse
con tino y madurez.38
Al saber don Pedro que Santa María se encontraba en el valle del
Pilón, convenció a Várela que se dirigiera a este punto, en lugar de seguir
rumbo a Linares. Por lo tanto, el día 10 salieron a ese valle, pero poco
antes de emprender la marcha se le presentó a don Pedro el capitán Barrera
diciéndole que lo mejor que podía hacer era dejar todo e irse a la provincia
de Texas; él lo guiaría por caminos extraviados y junto con el capitán Juan
José de los Santos le darían avío y le costearían el viaje. Según don Pedro,
su contestación "fue el desprecio, diciéndole que no necesitaba consejos ni
temía a nadie." Esa noche fueron a dormir al rancho de San Miguel.39
El día 11, a las ocho de la mañana, emprendieron nuevamente la
marcha y en el cañón del río Pilón encontraron al capitán de las milicias de
Parras, don Manuel de Ibarra, quien iba escoltando al grupo de insurgentes
apresados en El Canelo. Estos los había remitido el comandante Várela al
gobernador Santa María, cuando creía que todavía estaba en Monterrey,
para que desde allí los mandara al presidio de Santa Rosa, donde el coronel
Cordero había establecido un depósito para los insurgentes que caían prisio-
neros.

119
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
En la tarde llegaron al valle del Pilón, presentándose al gobernador
Santa María, y según don Pedro de Herrera, éste los "recibió con mucha
jactancia, manifestando las grandes disposiciones que había tomado para la
defensa de su provincia, pero en la noche le dijo al teniente don Antonio
Inguanzo que sus tropas estaban en el proyecto de degollarnos". A las
nueve de la noche, estando todos los oficiales juntos, Inguanzo les informó
de lo dicho por Santa María, y el capitán José Domingo Castañeda fue
inmediatamente a ver al gobernador, a quien le preguntó si lo dicho por
Inguanzo era cierto, contestando éste:
—"Castañeda mío, estamos muy mal, mis tropas están en mala disposi-
ción; con la venida de ustedes se han alborotado y así no hay más partido
que tomar que huir esta noche, porque de lo contrario ustedes van a ser
víctimas de su furor."
La respuesta de Castañeda fue que la llegada de ellos no era causa para
que se hubiera maleado la tropa y que dijera francamente si se agregaban a
sus fuerzas para hacer juntos la defensa, a lo que Santa María contestó ya
no era tiempo; que lo único que le quedaba por hacer sería reunir, al día
siguiente temprano, un consejo de guerra para salvar su responsabilidad.
El día 12 —dice don Pedro— tan pronto como se levantó, fue por
encargo de Várela a ver a Santa María para que recibiera a los prisioneros
insurgentes, a lo cual ya se había negado por escrito y de palabra, pero
tampoco lo pudo convencer a pesar de haber insistido en la importancia de
la seguridad de estos reos y que la tropa que los custodiaba hacía cuatro
días, pedía su relevo. Santa María le comunicó a Herrera que "había citado
a toda la oficialidad para un consejo de guerra". Este se verificó un rato
después, y según don Pedro, Santa María hizo una gran arenga, donde
nada dijo, salvo advertir a sus oficiales para que opinaran como él quería, y
el resultado fue que "dichos oficiales votaron el irse a sus casas, suponiendo
la provincia indefensa." El capitán José Domingo Castañeda "se opuso a la
dispersión de las tropas, votando" puesto que "toda la oficialidad quería
irse a sus casas, llevasen las compañías reunidas a sus demarcaciones."
Herrera afirma haber aprobado él este voto "añadiendo, que respecto a que
la mayor parte del armamento era del almacén del rey y que tres compañías
no habían devengado el vestuario, se recogiese uno y otro, en el extraño
caso de no reunirse para la defensa de la provincia, que era lo que debía
hacerse y a lo que habíamos bajado a ella." Los acuerdos de esta junta,
continúa Herrera, no se pusieron por escrito, pues el gobernador estaba
muy de prisa. Dice don Pedro que se fue a su alojamiento "pensando
siempre en la defensa de la provincia, cuya capital Monterrey había aban-
donado el gobernador, desde que supo la proximidad de los insurgentes,"

120
TODO SE DERRUMBA

pero al poco rato volvió a ver a Santa María y le propuso "varios planes
para la defensa de su provincia", pero no accedió a nada, diciéndole:
— "Herrera mío, esto está muy mal."
Como vio que tenía las espuelas puestas y su equipaje liado, le pregun-
tó, ¿para dónde iba? y su contestación fue:
— "No lo digo a nadie. El principal asunto de mi ida es porque anoche
iban a pasar a cuchillo a usted y a sus oficiales."
Continúa don Pedro: "Le inste' para que dijera quienes eran los autores
o quien se lo había dicho para tomar mis medidas también. Lo que me
obligó a decirle cuanto se puede creer. Salí de su casa con (el) pensamiento
de tomar el mando de la provincia, como segundo comandante, pero cuál
fue mi sorpresa al encontrarme en la plaza con todas las tropas montadas,
que corrían por ella y las calles dando gritos. Pregunté a su ayudante don
Juan de Castañeda, que, ¿qué era aquello? quien me dijo:
—No sé más, sino que el gobernador dio la orden para que la tropa se
vaya para donde quisiere."
Castañeda le comunicó igualmente a don Pedro que él también se iba,
pero sin decir su destino, informándole asimismo que los insurgentes presos
andaban revueltos con la tropa.
Herrera justifica su decisión afirmando que "estos hechos y la conside-
ración de la relacionada fuga del gobernador, la del ilustrísimo señor
obispo, desde la capital, la de los europeos y criollos honrados, la citada
dispersión de la tropa, además de la que se había pasado al enemigo, y
advertido que el paisanaje que no estaba adicto a la insurrección se escondía
por los montes de miedo, me hizo variar del pensamiento sobre la toma del
mando, pues no tenía con quien sostenerme. También se me informó que el
general motivo de la dispersión de las tropas, de mis criados y cobardía de
los habitantes de la provincia era por haberse esparcido la voz de que a
todo criollo lo íbamos a esclavizar, poniéndoles un fierro candente en la
cara."
El temor provenía de una proclama preparada por el padre José Anto-
nio Gutiérrez de Lara, nativo de la villa de Revilla en Nuevo Santander y
maestrescuela de la Catedral de Monterrey, la cual se había difundido por
las cuatro Provincias de Oriente. Este clérigo justificaba la insurrección con
los mismos argumentos expuestos en otras proclamas de los insurgentes,
pues en su parte medular decía de los españoles: "Ellos, no hay duda,
cuando conquistaron este Nuevo Mundo, trajeron a él la cristiana religión
que profesamos, las políticas leyes que seguimos y los más artes que
ejercemos, para nuestra felicidad, gobierno y utilidad, sacándole con esto de
las profundas tinieblas en que vivía a la Diana Luz en que vive, pero

121
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
ellos mismos, que traición han traído varias veces, y ahora últimamente
trataban ¡qué dolor! de vendemos al jefe rey de Inglaterra y al mayor
monstruo del mundo, nuestro enemigo Napoleón." Sin embargo, la caracte-
rística que distinguía esta proclama era que terminaba con la frase: "fierros
para mujeres y hombres" e incluía un dibujo de las marcas que les pondrían
"en un cachete" a cada uno de los sexos.40
En vista de esta situación, don Pedro de Herrera decidió continuar su
marcha rumbo a Linares. Los oficiales de sus tropas que lo acompañaron
fueron: el capitán José Domingo Castañeda y los tenientes Simón de Herre-
ra hijo41 y Antonio Inguanzo. Iban también en el mismo grupo, el capitán
don Antonio Borda de la provincia de Coahuila y los de milicias de la
misma provincia, capitán don Manuel de Ibarra y los alféreces Domingo
Marañen y Román de la Garza, asimismo 18 europeos, quienes se habían
agregado a las tropas de don Pedro, entre ellos don Antonio de Elorza,
subdelegado de Matehuala, quien habiéndose retirado a Nuevo Santander,
solicitó allí servir de soldado, pero sabiendo que las tropas que mandaba
Várela iban rumbo a San Luis, se les unió en la hacienda de Potosí.
Cuenta don Pedro, amargado, cómo en el valle del Pilón, los soldados
de la Compañía de Cadereyta le robaron todo el avío de su coche. Este lo
había utilizado para mover la artillería, habiendo dejado el coche en
Saltillo, el cual cayó también en poder de los insurgentes. Toda la tropa,
incluyendo los oficiales, se fueron sin despedir, con excepción de don
Nicolás Elizondo. Huyeron igualmente sus criados, viéndose en la necesi-
dad de ocupar otros, con el salario de dos pesos diarios.42
A las tres de la tarde del mismo día 12 de enero, don Manuel de Santa
María fue a la casa llamada del Estanco Viejo, donde estaban alojados los
insurgentes y "los puso en libertad, mandando que se regresaran con una
corta escolta para su resguardo por el mismo camino que habían traído,"^3
esto es, por el cañón del río Pilón, rumbo a Labradores. Pero estos no
quisieron "pretextando que pudieran ser sorprendidos en algún paraje difi-
cultoso de la Boca. "44 Entonces Santa María les dijo:
—"Hijos míos, ¿están vuestras mercedes conformes de sujetarse a las
órdenes de don Ventura Ramón?''45
A lo que respondieron todos que sí. Luego regresó el gobernador a su
casa, mandó ensillar y salid con destino a Monterrey, aunque primero había
dicho que iba para la Punta de Lampazos.
Al ponerse el sol, don Ventura llevó a los insurgentes a la casa donde
había estado alojado Santa María, aunque parece que desde antes de medio
día no había nadie que los estuviera vigilando, pues una compañía de tlaxcalte-
cas de Boca de Leones, acuartelada en la misma casa del Estanco Viejo, se

122
TODO SE DERRUMBA

había ido desde las once de la mañana y los insurgentes empezaron a vagar por
las calles y a embriagarse.
También comenzaron a meter piedras del río a la casa donde se les
había instalado y revisaron "dos cañoncitos que estaban montados en sus
cureñas a ver si estaban cargados"^ y avocaron "uno para el zaguán de la
casa y el otro al corral. "47 Estos cañoncitos, de los conocidos como
pedreros, los había abandonado el gobernador Santa María, dejando tam-
bién cinco cajones de pólvora en la plaza. "La causa de esta preparación de
los insurgentes era temiendo el asalto de don Domingo de Allende, porque
supieron ellos que dicho señor había dicho era bueno degollarlos. "48
Después de las ocho de la noche, entró don Rafael González de.
Hermosillo, jefe de los insurgentes, a la casa de don José Ignacio Báez de
Benavides y estando presente el bachiller don José María Santa, les dijo
"que si tontito le hacían, daría asalto esa noche en las casas de los señores
europeos. "49 Esto hizo que don José Ignacio fuera a la casa de su primo el
cura del mismo nombre y le platicara todo lo que había visto y oído,
tomando el cura la resolución de encerrar en su casa y custodiar con gente
armada, la pólvora y municiones que había dejado Santa María, "y aún no
había caído en manos de los insurgentes. "50
También avisó el señor cura a don Pedro José Borrego quien había
quedado como subdelegado, "para que éste viera qué medio ponía en que no
hubiera una desgracia."^ Borrego puso entonces un oficio al capitán don
Juan José de los Santos, quien al dispersarse las tropas, era el único que
había quedado con su compañía acampada en el pueblo de Concepción. De
los Santos llegó algún tiempo después y recogió a los insurgentes que "hasta
las once de la noche anduvieron paseando por las calles y casas donde
había vino, "52 y los encerró en la casa que se les había asignado, poniendo
centinelas y diciéndoles "que no tuvieran recelo alguno."^
Aunque el gobernador les había dicho a los insurgentes que podían irse
a reunir con su ejército o esperar a que éste llegar al valle del Pilón, los
habitantes de la localidad querían que salieran lo más pronto posible, pues
temían hubiera desórdenes y sobre todo que asaltaran las casas de los
españoles o hicieran daño a los que hubieran quedado.
Al día siguiente, estando el padre Santa en el Canon de la misa, mandó
al sacristán don Rafael Gil de Leyva "que fuese a avisarle a dos europeos
que asistieron a oírla, que luego que recibieran la bendición, se retiraran
donde no los vieran los insurgentes, no hicieran alguna tropelía con ellos. "54
El problema principal para sacar del valle a los insurgentes era que
muchos de ellos no tenían caballo y no querían irse a pie. Por esta razón, el
subdelegado Borrego se vio obligado a confiscar caballos de los vecinos para

123
EN LCb ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
montarlos. Todavía así, no fue fácil echarlos del pueblo, pues don Ventura
Ramón tuvo dificultades para juntarlos, por andar embriagándose, al grado de
que dos de ellos, llamados Maldonado y Altamira, tuvieron una riña en la que
estuvieron a punto de matarse, teniendo que intervenir el cabo Maximiano
Elizondo para separarlos.
Don Rafael González de Hermosillo y su gente salieron finalmente del
valle del Pilón rumbo a Monterrey, escoltados por el capitán don Juan José de
los Santos y sus soldados. Sin embargo, no habían terminado las dificultades
de éste, pues cuenta que en el camino se encontraron con "el avío de
caballada y mulada pertenecientes a don Vicente Paras"'55 y que ios insurgen-
tes intentaron apropiárselo, pero que él no se los permitió. Por otro lado, los
caballos que había decomisado don Pedro José Borrego debían ir solamente
hasta el Guajuco, y con este objeto acompañó a la expedición un tal Esteban
Lerma, quien debía regresar con ellos, pero no los quisieron devolver. En
Monterrey, el capitán de los Santos entregó los insurgentes al gobernador que
ya se encontraba allí.56

Don Pedro de Herrera y sus acompañantes salieron el día 12 del valle del
Pilón, pasando la noche en Santa Ana y al día siguiente llegaron a Linares. A
Herrera le pareció que los habitantes de esta ciudad, salvo unos cuantos,
estaban mal dispuestos hacia ellos. Dice que se le presentó el sargento
Mariano Vargas "embozado en su capa y con su puro en la boca" y le dijo que
huyera porque 70 insurgentes iban en su alcance. Le preguntó quién se lo
había dicho y dio el nombre de una persona, pero el subdelegado le informó
posteriormente ser éste un saltillero que hacía dos meses había salido de la
población. En este lugar, el cabo Ramón Treviño, originario de Monterrey,
robó a don Pedro tres muías y cincuenta pesos que le había adelantado, pues
era uno de los que se habían ofrecido a acompañarlo ganando dos pesos
diarios.
Los fugitivos salieron de Linares el día 14 y fueron a dormir al rancho de
La Vaca. Pensaban seguir al Real de Borbón, pero tuvieron que cambiar de
ruta pues supieron que su vecindario había apoyado la insurrección, acaudilla-
do por el subdelegado don José Joaquín Benítez. El día 15 llegaron al anochecer
a un paraje conocido como el llano del Tepozán y al día siguiente avanzaron
hasta El Baratillo, distante sólo cinco leguas de San Carlos, y desde allí le
avisaron al gobernador Iturbe, quien se encontraba en este último lugar, de la
pérdida del campamento de Aguanueva.
El día 17 en la mañana llegó al rancho de El Baratillo el capitán Vidal de
Lorca con cuatro compañías; éste iba para San Carlos llamado por el gobema-

124
TODO SE DERRUMBA

dor. Dice don Pedro haber hablado con él para que le informara en qué
estado estaba aquella provincia, respondiendo estar peor que el Nuevo
Reino de León. Los demás oficiales fueron de la misma opinión y le
recomendaron siguiera para Altamira, ya que ellos harían lo mismo. Al
poco rato de haber salido dicha tropa, regresó, pues Vidal había recibido un
oficio del gobernador pidiéndole señalara el lugar más adecuado para reunir
la oficialidad de la provincia, y Vidal contestó el oficio en el mismo jacal
donde estaba alojado don Pedro, indicando la villa de Padilla.
Don Pedro y sus acompañantes continuaron ese mismo día para la
hacienda de Cinco Señores,^? propiedad del capitán José Domingo Castañe-
da. Ahí se quedaron los días 18 y 19, pues Castañeda los detuvo para
juntar toda la remonta y habilitar con caballos a aquéllos que iban mal
montados. El día 19 llegó el gobernador Iturbe a comer a la hacienda y
luego siguió para Padilla.
El día 20, Herrera y sus acompañantes llegaron a Padilla a las ocho de
la mañana. Iturbe les informó que todavía no se efectuaba el consejo de
guerra porque aún no llegaban todos los oficiales. Ese mismo día el grupo
de Herrera siguió hasta cerca del rancho de La Sauceda y al siguiente fueron
a dormir al río de Palomas. El 22 de enero llegaron a la misión del Forlón y
al día siguiente a la hacienda del Pretil. Esta era propiedad de los capitanes
don Juan y don Cayetano Quintero, quienes -habían dado orden "de que a
todos los europeos y americanos honrados que pasasen por sus haciendas se
les franqueasen víveres y cabalgaduras sin estipendio."
El día 24 fueron a dormir a El Cojo, otra hacienda perteneciente a los
Quintero, llegando a Altamira el día 26 a las once de la mañana. Ahí
fueron muy obsequiados por los capitanes Quintero y su hermano el fran-
ciscano fray José, quien era el cura de aquella villa. El día lo. de febrero,
don Pedro y sus acompañantes tomaron una canoa para Pueblo Viejo y el
día 3 salieron a Tampico.58 Cerca de ahí se embarcaron el día 5 en una
piragua y navegando por algunas lagunas llegaron a Tuxpan. En esta
población pidieron al subdelegado caballos y muías para cruzar la sierra
rumbo a Jalapa, informándoles no había. Por lo tanto, se vieron obligados
a esperar la salida de un bergantín, y aunque se embarcaron el día 21,
permanecieron anclados hasta el 2 ,de marzo en que el bergantín pudo
cruzar la barra, llegando a Veracruz al día siguiente a las 10 de la noche.
De esta ciudad salieron a Jalapa, en donde don Pedro le escribió a Calleja,
relatándole todo lo acontecido desde que se recibió su orden para que
marcharan a San Luis las milicias del Nuevo Reino de León.59
Herrera estuvo en Jalapa esperando avío hasta el 16 de marzo, llegando
a la ciudad de México el día 22.60 por Jo tanto, había tardado setenta días

125
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
en llegar del valle del Pilón a esta ciudad. Esto hace más notable la hazaña
de don Domingo Narciso de Allende, quien en un mes fue hasta México y
regresó al Nuevo Reino de León.

El capitán don José Andrés Guajardo, de quien tanto se quejaba don


Pedro de Herrera, pues le había pedido permiso para irse a curar cuando
iban en auxilio de Real de Catorce y no había regresado ni avisado en
dónde se encontraba, por fin vuelve a aparecer. El día 4 de enero, cuando el
cuerpo expedicionario al mando de don Mariano Várela trataba de regresar
a Aguanueva, Guajardo pasó por la hacienda de Potosí rumbo a este
campamento, y aunque le dijeron que al día siguiente llegaría don Pedro,
no quiso esperarlo.61 La versión de Guajardo de lo que hizo después de la
salida de la hacienda de Potosí es confusa y no queda claro, si ya cuando
llegó a Aguanueva, las tropas que estaban allí se habían pasado a los
insurgentes o si él mismo tomó parte en esta defección. Lo que sí es un
hecho es que en Saltillo se presentó a don Mariano Jiménez, pero según él
no quiso aceptar una comisión para ir a Monclova, ni uno de "aquellos
figurados ascensos." El día 12 salió de Saltillo para Monterrey y en el
camino se encontró a Tomás María Flores, aquel cabo de la Compañía
Volante de Lampazos, quien por ser uno de los incondicionales de los
Herrera y Leyva, residía en Monterrey. Este iba para Saltillo, acompañado
de unos soldados a entrevistarse con Jiménez y a los pocos días se ostentaba
como teniente coronel insurgente. El día 16, don Andrés, quien ya se
encontraba en Monterrey, presentó una instancia al gobernador Santa Ma-
ría, solicitándole le pagara lo que se le debía de su haber, pues decía, que
desde que salió a campaña con don Pedro de Herrera, sólo había recibido
sesenta pesos. Justificaba su desaparición refiriendo haber estado enfermo y
comprobaba esto con un certificado expedido por el "médico facultativo"
don Lorenzo Chirrio. El gobernador contestó a esta instancia "que no había
dinero, que el rey estaba debiendo. "62
No se sabe qué hizo el gobernador Santa María en los días transcurri-
dos entre su regreso del valle del Pilón y la llegada de los insurgentes a
Monterrey. Si ya había decidido unirse a éstos o simplemente había caído
en un estado de indiferencia o letargo absoluto, importándole nada de lo
que sucediera. Algunos historiadores, como el doctor José Eleuterio Gonzá-
lez y David Alberto Cossío, han dado mucha importancia a la declaración
de un tal Martín Salvatierra, sirviente de Santa María, quien después de que
el Nuevo Reino de León volvió al bando realista, fue interrogado sobre el
destino que tuvieron los papeles del gobierno. Salvatierra declaró que un

126
TODO SE DERRUMBA

día antes de llegar a Monterrey el insurgente don Juan Bautista Carrasco, el


gobernador le mandó abrir un baúl y le pidió sacara todos los papeles
"aunque fueran chiquitos" diciéndole: "es necesario registrarlos porque éstos
que vienen los han de querer registrar todos y me han de querer hacer
grandes perjuicios." Luego fue separando los papeles y rompiéndolos y le
pareció que al hacerlo "estaba llorando."^ Esta declaración es indudable-
mente falsa, pues en el Archivo General del Estado de Nuevo León hay
muchos documentos de este período. Casi se puede seguir lo que el goberna-
dor estuvo haciendo día tras día, desde que recibió, el 29 de septiembre, el
oficio de Calleja informándole de la insurrección, hasta fines de diciembre,
poco antes de su salida al valle del Pilón. Ya se ha mencionado cómo ha
subsistido hasta un oficio muy reservado de don Manuel Salcedo en que le
pedía lo leyera y luego quemara el documento. El mismo doctor González
publicó unos cincuenta documentos correspondientes a este período y Cossío
utilizó los mismos en su Historia de Nuevo León, probablemente no viendo
los originales, sino basándose en González.64 Lo que sí parece haber suce-
dido es que Santa María se llevó el Archivo cuando salió al valle del Pilón,
pues el 19 de abril de 1811, don Pedro José Borrego comunicaba a la Junta
de Gobierno, que .estaba remitiendo los papeles "que en tres legajos" le
había dejado el gobernador Santa María.65 Pero aun en este caso, el
Archivo ya debe haber estado en Monterrey cuando Salvatierra fue interro-
gado, porque esto fue el 17 de mayo y Borrego había enviado dichos
papeles desde el 19 de abril. Probablemente lo que la Junta de Gobierno
quería saber era si Santa María había tenido correspondencia con los
insurgentes, y naturalmente ésta no la encontraron en el Archivo porque
nunca existió.

Unos días después de su entrada a Saltillo, Jiménez empezó a mandar a


sus subalternos por distintos rumbos a ocupar el resto de las Provincias
Internas de Oriente. A don Pedro de Aranda lo envió a Monclova, llegando
a esta villa con 500 hombres el 17 ó 18 de enero.66
Se mencionó antes que las Cajas Reales de Saltillo fueron trasladadas a
Monclova poco después de que los insurgentes se apoderaron de San Luis
Potosí. Tan pronto como el ministro tesorero don Manuel Royuela supo del
desastre de Aguanueva, huyó de Monclova con su familia, llevándose los
valores que había en la Tesorería, los cuales eran parte en dinero y parte en
barras y tejos de plata. Pero, el 16 de enero, en el presidio de Río Grande,
Royuela fue asaltado, reducido a prisión y despojado del tesoro que lleva-
ba. En una instancia dirigida al rey el año de 1815, pidiendo su jubilación,

127
10
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA

Royuela dice: "Ahí sorprendieron y quitaron al suplicante, las tropas y


vecindario de aquel criminal presidio, los caudales de vuestra majestad,
papeles y cuentas de la Tesorería, su mismo equipaje y cuando tenía, y
después de haberle matado los cuatro únicos hombres fieles que le acompa-
ñaron a resistir a la turbamulta encarnizada, le pusieron preso como a un
facineroso."67 Ahora bien, Royuela dice que sus asaltantes fueron las
tropas y vecindario del presidio de Río Grande, pero, ¿quiénes fueron sus
instigadores? Fray Gregorio de la Concepción declaró en su proceso que
para tratar de adquirir armas y auxilio de gentes en los Estados Unidos
"mandó Jiménez que unas trescientas barras de plata que el capitán don
Ignacio Elizondo aprehendió en Río Grande, propias del tesorero del Salti-
llo, fuesen para el mismo Béjar. "68 En una carta, que don Tomás Flores le
escribió en septiembre de 1811 al comandante general, le decía ser voz
pública que don Pedro Nolasco Carrasco "dispuso en Río Grande el catás-
trofe ocurrido sobre la Tesorería y los que la defendían. "69 Por lo tanto,
fueron don Ignacio Elizondo y su suegro don Pedro Nolasco Carrasco,
quien había sido capitán del presidio de Río Grande, los que dirigieron el
asalto al tesorero Royuela. Es probable que otros individuos prominentes de
la región hayan también tomado parte en esta intriga, como don José
Menchaca, antiguo capitán de la Compañía Presidial de Aguaverde.70 Pare-
ce que, hasta este momento, estas personas no habían tenido parte activa en
ninguno de los dos bandos en pugna, pero ahora un acto puramente de
rapiña los convirtió en insurgentes. El mismo Royuela confirma en su
instancia que Elizondo se encontraba en aquel momento en Río Grande;
pero, naturalmente, como ya para entonces éste se había convertido en un
héroe de los realistas, no lo puede acusar y sólo dice: "hallándose a la sazón
en el referido presidio de Río Grande el esforzado y benemérito teniente
coronel don Ignacio Elizondo, que por compasión visitó y socorrió en la
prisión al que habla. "71
Poco después de la captura de Royuela hubo, ahí mismo en el presidio
de Río Grande, dificultades entre Elizondo y el capitán Menchaca. Los dos
querían encabezar la expedición que iría a conquistar Texas para la insur-
gencia. Esto obligó a don Pedro de Aranda a trasladarse a este presidio,
aparentemente para mediar en esta pugna, pero en eso se recibieron "noti-
cias, comunicadas por don Juan Bautista Casas, de estar aquella provincia
declarada por el mismo partido. "72
Jiménez envió a Monterrey al coronel Juan Bautista Carrasco.73 Este
salió de Saltillo el día 15 de enero; 74 por lo tanto debe haber llegado a
Monterrey cuando más tarde, el día 17. Fray Gregorio de la Concepción
dice de Carrasco que "aunque joven era muy político y de mucho ánimo y

128
TODO SE DERRUMBA

con su gran persuasión ganó al señor Santa María y a toda su tropa. "75
Esto es una exageración, pues el gobernador de Nuevo León, aunque es
posible no hubiera decidido unirse a los insurgentes, parece no haberle
importado caer prisionero. Además no tenía tropas; a éstas las había licen-
ciado desde el último día que estuvo en el valle del Pilón.76 Según el
teniente don Juan de Castañeda, el gobernador Santa María entregó la
provincia a los mismos insurgentes que había liberado en el Pilón, quienes
acompañados del capitán don Juan José de los Santos "pasaron a intimarle
la rendición en número de cuarenta individuos. "77
Unos días después del viaje de Carrasco a Monterrey, Jiménez también
salió para esa ciudad. Las versiones que han quedado de su llegada y
estancia en ella se deben a fray Gregorio de la Concepción, y aunque sus
diversos relatos son algo confusos, 78 parece que este fraile llegó a Monte-
rrey unos días antes que Jiménez, precisamente para prepararle la entrada.
Cuenta fray Gregorio: "Algunos días después (de la partida de Carrasco de
Saltillo) dispusimos nuestra ida a Monterrey, donde nos recibió el coronel
Carrasco, viniendo éste con muchas personas notables de allí a encontrar-
nos, y entre ellas se hicieron notar cuatro canónigos y uno de estos me echó
una arenga. Llegamos en medio de mil aclamaciones y en esa noche se
iluminó la ciudad y hubo baile donde, para evitar críticas, no concurrí,
pretextando ocupación. Como sólo llevé a mi entrada a los de mi escolta,
que eran ochenta hombres, comencé a disponer la entrada de las tropas y
de mi compañero Jiménez, queriendo que ella fuera solemne y con el
entusiasmo de aquellas gentes todo se ejecutó pronto y bien. "79
Fray Gregorio afirma que Jiménez llegó dos días depsués.80 "Una legua
antes de llegar a Monterrey —dice— le pusieron arcos triunfales, y llegados
a aquella ciudad, el Cabildo Eclesiástico le esperaba en el atrio de la
Catedral y le introdujo en la iglesia bajo palio, teniendo a la puerta un
Santo Cristo, en cuya presencia se arrodilló Jiménez y el mismo cabildo le
roció con agua bendita. Después cantaron el Te Deum y concluido lo
condujeron a pie hasta su casa."^-
Jiménez entró a Monterrey el 26 de enero y ese mismo día expidió una
proclama que se distribuyó por toda la provincia. Esta empezaba: "Nuestro
Señor Dios de los Ejércitos, que tan visiblemente auxilia y protege nuestras
armas americanas, ha permitido en la mañana del día de hoy, se hubiere
dirigido nuestro arribo a esta ciudad, logrando en él la mayor satisfacción
por el gusto y regocijo en que fuimos recibidos por los ilustrísimos señores,
Cabildo Eclesiástico, secular y demás vecindario, quedando prisionero a
discreción don Manuel Santa María. Las tropas que estaban a las órdenes
de este gobernador se han disperado impelidas, de un verdadero patriotismo,
129
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
sin querer oponer sus personas, a las de nuestras tropas, conociendo que en
los imprudentes choques se debilita la amable y oprimida nación americana,
en la fantástica idea de querer conservar los tiranos europeos." Invitaba
luego a todos los habitantes del Nuevo Reino de León a unírsele para
acabar de sacudirse el gobierno español.82
El Cabildo Eclesiástico de Monterrey franqueó a Jiménez 125,000 pesos,
una cantidad bien distinta a los 145 pesos que el clero de la ciudad dio al
gobernador Santa María, cuando se encontraba en apuros. Este dinero
facilitado por el Cabildo Eclesiástico quedaría garantizado con la plata en
masa quitada al tesorero Hoyuela en el presidio de Río Grande, la cual se
trasladaría a Monterrey.83
Hay otro incidente que indica la parcialidad del clero de Monterrey por
la insurgencia. Fray Gregorio de la Concepción declaró en su proceso que
cuando el ejército de Jiménez regresó a Saltillo, él se quedó en Monterrey
por haber estado enfermo, pasando a visitarlo el gobernador de la mitra,
doctor José León Lobo Guerrero, quien le pidió sus títulos de órdenes y
licencias de confesar y predicar y en cosa de una hora se los mandó
refrendados y firmados por él y por el canónigo don José María Gómez de
Castro.84
Dos de los jefes insurgentes contrajeron matrimonio en Monterrey: el
mariscal de campo Francisco de Lanzagorta con doña María Luisa Quijano
y el brigadier don Juan Bautista Carrasco con doña Manuela de Ugartechea.
El ministro celebrante de estos matrimonios fue fray Gregorio de la Concep-
ción. 85 Lanzagorta ya se había querido casar antes en Saltillo, pues fray
Juan Salazar declaró en su proceso, que a esa villa llegó una niña de Real de
Catorce en compañía de su cura, o sea el padre Semper, jovencita que venía
con el propósito de contraer matrimonio con Lanzagorta, y que él le hizo
presente a éste, a Jiménez y al cura "que de ningún modo consideraba lícito
semejante enlace. "86 No se ha podido determinar si la persona con quien se
casó Lanzagorta en Monterrey fue la mencionada niña u otra dama.
Estos matrimonios, dice fray Gregorio, fueron el "motivo por el que se
prolongaron las fiestas y nuestra permanencia se hizo necesaria, no pudien-
do hacer reflejar a Jiménez, que perdíamos el tiempo en aquella inacción,
que no era tiempo de Venus y sus placeres, sino de Marte y con su
actividad: en fin le dije tanto, que no pudo menos de manifestarme ser
cierto lo que yo decía, pero que era preciso también dar gusto a aquellos
oficiales. Desde ese día empezóme a entrar el desaliento, calculando las
consecuencias. "&7
Efectivamente, estando Jiménez en Monterrey, recibió la noticia de la
derrota del cura Hidalgo en la batalla del Puente de Calderón y también

130
TODO SE DERRUMBA

que un ejército realista al mando de Facundo Melgares avanzaba de Parras


rumbo a Saltillo. Esto hizo que regresara precipitadamente a esta última
población.88 Jiménez se llevó con él a Saltillo a don Manuel de Santa María
y nombró gobernador a don Santiago Villarreal, quien había sido el subde-
legado de Salinas y no quería aceptar el puesto.89 También debe haberse
llevado Jiménez a don Juan Ignacio Ramón, pues aunque lo autorizó para
continuar como segundo jefe del Nuevo Reino de León, no vuelve a figurar
para nada mientras los insurgentes permanecieron en la provincia.90 Los
insurgentes le dieron a Santa María el grado de mariscal de campo y lo
hicieron cuartel maestre del ejército y don Juan Ignacio Ramón recibió el
grado de brigadier.

131
CAPITULO VIII

LA REGIÓN MAS EXPUESTA

Texas, la más septentrional de las Provincias Internas de Oriente, era la


más expuesta y la más desamparada. Considerada por la corona española
desde el siglo XVI como parte de sus dominios, no fue hasta principios del
siglo XVIII que se empezó a impulsar su poblamiento, y éste fue obligado,
pues se temía que los franceses, establecidos en la Luisiana, intentaran
también apoderarse de este territorio.
Pero el dominio de España sobre Texas siempre fue muy precario. Al
principiar la Guerra de Independencia, esta vastísima provincia sólo conta-
ba con cuatro mil habitantesi reconcentrados la mayor parte en tres pobla-
ciones: San Fernando de Béjar,2 la capital, Nacogdoches y la Bahía del
Espíritu Santo y acosados constantemente por las diversas tribus de indios
bárbaros que los rodeaban.
Siempre hubo el temor de que este lindero del Imperio Español pudiera
caer en manos de alguna de las potencias rivales, Francia o Inglaterra, que
también tenían territorios en la América. Sin embargo, a partir del año de
1763 en que la Luisiana pasó al dominio de España, este peligro fue menor,
pues Texas no tenía ya frontera con posesiones extranjeras. Pero esta
situación no había de durar mucho tiempo. El año de 1800, Napoleón
obligó a España a regresarle la Luisiana a Francia y tres años después se la
vendió a los Estados Unidos. Estos cambios territoriales van a iniciar una
época verdaderamente crítica para Texas. El vecino era ahora un país nuevo
cuyo centro de poder no se encontraba en la lejana Europa sino en el propio
continente americano; además, un país ávido de nuevas tierras. Ya desde
entonces había ciudadanos de los Estados Unidos que veían a la semivacía
provincia de Texas con ojos codiciosos, y políticos que pretendían estar
convencidos de que los límites de la Luisiana llegaban hasta el Río Grande.
No tardaron en presentarse las dificultades. El traspaso de la Luisiana a
los Estados Unidos se hizo en una forma precipitada y sin definir sus
linderos con precisión. Esto dio lugar a que se presentara inmediatamente

132
LA REGIÓN MAS EXPUESTA

un conflicto con relación a la frontera entre esta provincia y Texas.


Las autoridades españolas siempre habían considerado el Arroyo Hon-
do como el límite oriental de Texas y ahora los Estados Unidos insistían en
que la frontera era el río Sabinas, situado al oeste del primero. Es por esto
que, tan pronto como la Luisiana pasó a los Estados Unidos, los actos de
provocación se sucedieron uno tras otro. El comandante general don Neme-
sio Salcedo los resumía en una instrucción dejada a su sucesor. "Desde el
mismo instante —decía— en que el gobierno americano se posesionó de
aquel dilatado territorio, fue visible y es constante, que con miras de sacar
partido, formó un notorio empeño en extender sus límites sin dispensar
providencia alguna. Observé a un propio tiempo, que fortificaba determi-
nados puntos de la frontera, que despachaba expediciones para reconocer el
país y sugerir a la indiada, bajo especiosos pretextos, a las provincias de
Texas y Nuevo México, prevalido de la facilidad que le proporciona su
situación en el desemboque de los ríos Misuri, Arkansas y Colorado, que
casi forzaba a su amistad a las naciones indias cuya dominación correspon-
de a España, y últimamente, que con aparato de tropas amagaba posesio-
narse de terrenos que nunca pertenecieron a la enunciada provincia de la
Luisiana. "3
La actitud de España frente a estas provocaciones fue meramente defen-
siva. Agobiada por las continuas guerras en Europa: primero, contra la
República Francesa, luego contra Inglaterra y finalmente contra Napoleón,
con un imperio demasiado extendido y tambaleante, era imposible que
pudiera hacer mucho para apuntalar a Texas. El funcionario importante a
quien le tocó hacer frente a estos conflictos fue el comandante general bajo
cuya jurisdicción quedaba esta provincia. Pero los recursos de la Coman-
dancia General eran muy limitados; por lo tanto, tuvo que suplicar la
ayuda, tanto de España como del virreinato. Es abundantísima la corres-
pondencia, cambiada en estos primeros años del siglo XIX, entre los agentes
diplomáticos de España en los Estados Unidos, el comandante general, los
virreyes, los gobernadores de Texas y otros funcionarios menores de esta
provincia; pero la ayuda efectiva recibida fue muy escasa.
En España se planeó y organizó una expedición que tenía por objeto
fortalecer a Texas. El año de 1804 se había decidido dividir una vez más las
Provincias Internas en dos comandancias, una de Oriente y otra de Occi-
dente. La primera comprendería Coahuila, el Nuevo Reino de León, Nuevo
Santander, Texas y el Bolsón de Mapimí. Para desempeñar la jefatura de
esta Comandancia Oriental se nombró al coronel don Pedro Grimarest,
quien tendría a sus órdenes un jefe subalterno, un oficial de ingenieros y
dos ayudantes. "La atención principal del nuevo comandante general debía

133
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
dirigirse a establecer y fomentar por medio de colonias militares y milicia-
nas la población de Texas, empezándose la colonización por la costa del
Golfo, penetrando por los ríos Grande y Colorado y las bahías del Espíritu
Santo, San Bernardo y Galveston." Se incluía en el proyecto "la erección de
una casa de moneda en Monterrey u otro paraje que pareciese más conve-
niente, " y se mandarían a Texas "gran cantidad de instrumentos de agricul-
tura y de artículos para el comercio con los indios." Para el ejército que
marcharía a Texas, se pedía la incorporación de artesanos que irían con
plaza de soldados. El primer contingente preparado estaba dividido en dos
batallones con un total de quinientos setenta y seis hombres; pero nunca
salió de España, pues estando ya embarcado, fue detenido; primero, por la
guerra contra Inglaterra y posteriormente por la invasión napoleónica de
España.4
Del virreinato, la única ayuda que recibió el comandante general fue el
enviar a Texas cincuenta hombres de la Compañía Volante de Lampazos y
unos setecientos milicianos de Nuevo León y Nuevo Santander.
El año de 1803, en que empezaron las dificultades con los Estados
Unidos, no había en Texas más que dos compañías presidíales cuyo contin-
gente total es probable que no llegara a los doscientos hombres. Ese mismo
año se trasladó a Texas la Compañía Volante de San Carlos de Parras, la
cual instaló su cuartel en la misión abandonada de San Antonio de Valero.5
A mediados de 1805, el comandante general envió al gobernador de Coahuila,
don Antonio Cordero, a hacerse cargo interinamente del gobierno de Texas,
pues el gobernador don Juan Bautista Elguézabal se encontraba moribundo.
Cordero llegó a Béjar el 8 de septiembre con setenta hombres de las
compañías presidíales de Coahuila.6 Por las mismas fechas hizo también su
arribo don Juan Ignacio Ramón con cincuenta soldados de la Compañía de
Lampazos.? El 3 de octubre llegó a Béjar el teniente Pedro López Prieto con
101' milicianos del Nuevo Santander y el 15 de diciembre don Jerónimo
Herrera con cincuenta de Nuevo León.8 Este último era el capitán de la
Octava Compañía de Dragones Provinciales, una de las del valle de Salinas.^
Para mediados del año siguiente, ya había mil soldados en Texas^O y al
hacerse más tensas las relaciones con los norteamericanos, don Simón de
Herrera, el gobernador del Nuevo Reino de León, fue nombrado comandante
de las milicias de Nuevo León y Nuevo Santander que se encontraban en
Texas. Este salió de Monterrey probablemente el 14 de mayo de 1806, pues ese
día se hizo cargo del gobierno de Nuevo León su hermano don Pedro.H Don
Simón llegó a Béjar el 31 de mayo,12 y el 12 de junio salió para la frontera de la
Luisiana.13 Ahí, sin autorización, firmó el 6 de octubre un acuerdo con el
general norteamericano James Wilkinson, en que los americanos se manten-

134
LA REGIÓN MAS EXPUESTA

drían al oriente del Arroyo Hondo y los españoles al occidente del río Sabinas
y que la faja intermedia entre estas dos corrientes se conservaría despoblada
como "terreno neutral" hasta que hubiera un acuerdo entre los respectivos
gobiernos.14 Según Pike, que como se dijo anteriormente, conoció a Cordero
y Herrera en Be jar, el primero tendía a ser belicoso y el segundo fue enviado a
Texas para ayudarlo "por su conocida moderación y tacto," y por haber
llegado a este acuerdo, Cordero lo trató con frialdad por algún tiempo, hasta
que la decisión de Herrera fue elogiada, tanto por el virrey como por el
comandante general. 15 Sin embargo, se ha citado antes una declaración de
don Juan Ignacio Ramón en la cual afirma que Herrera lo envió a provocar a
los norteamericanos. 16 Si esto es cierto, es difícil saber qué fue lo que lo hizo
cambiar de opinión.
Desde estas fechas hasta el principio de la Guerra de Independencia,
siempre se mantuvo en Texas una guarnición más o menos importante, esto es,
unos mil hombres. Pero los jefes que estaban en esta provincia la consideraban
insuficiente y el comandante general solicitaba continuamente la ayuda del
virreinato.17 Sin embargo, no fue hasta principios del año de 1810 que el
virrey Lizana parece haberse preocupado por la situación en la frontera, pues
ordenó poner sobre las armas los regimientos provinciales de dragones de San
Luis y San Carlos, que se les situara en Monterrey y se trasladaran a San Luis
Potosí los de Ja Reina y Nueva Galicia. 18 Ya se estaban preparando en
Monterrey los alojamientos para estos regimientos, los cuales serían el
Hospital Nuevo y el Convento de Capuchinas, edificios que quedaron
inconclusos desde la muerte del señor obispo Llanos y Valdez, cuando se
recibió la orden de la suspensión de estos movimientos de tropas.19
Una de las principales preocupaciones del gobierno español con relación a
Texas era lo despoblado de esta provincia, e inmediatamente después de que la
Luisiana pasó a los Estados Unidos, permitió la inmigración a Texas de
aquellos individuos que habían sido subditos del rey de España; pero
posteriormente se expidió una real orden prohibiendo la admisión de indivi-
duos procedentes de la Luisiana. Don Nemesio Salcedo, que se adelantó a esta
decisión de la Corte, decía que se había visto obligado a prohibir absolutamen-
te la entrada de individuos por sus "calidades, solapadas miras, inmoralidad y
perversas costumbres." Otras de las preocupaciones de Salcedo eran contener
el contrabando e impedir toda comunicación por la costa "hasta el extremo de
mandar no se permita su reconocimiento. "20
También existía el problema de mantener tranquilas a las numerosas
parcialidades indígenas de Texas. Con este objeto se les distribuía "anualmente
en San Antonio de Béjar un regalo compuesto de prendas de vestuario, alguna
pólvora, armas de fuego, tabaco y otros artículos," que cuando la Luisiana

135
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
pertenecía a España se traían dé los almacenes de la intendencia de Nueva
Orleans. Pero al pasar la Luisiana a los Estados Unidos, el comandante general
tuvo que recurrir a otras fuentes para surtirse. Nú lo logró con el Consulado de
Veracruz y entonces se proveyó en la ciudad de México"; pero, al recibir los
indios estos artículos, manifestaron "repugnancia por la diferencia de calidad
de todos los efectos. "21
Don Antonio Cordero, además de estar encargado interinamente del
gobierno de Texas, también fue nombrado segundo de Salcedo por éste mismo
y comandante de las armas de Texas. El primero de estos puestos lo desempeñó
hasta el 8 de noviembre de 1808 en que fue substituido por el teniente coronel
don Manuel María de Salcedo.22
El nuevo gobernador de Texas era sobrino del comandante general y al
tomar posesión de su cargo tenía apenas treinta y dos años de edad, pues nació
en Málaga el año de 1776. Pero, a pesar de su juventud tenía experiencia con
relación a la región que iba a administrar y sus problemas. Su padre, Manuel
Juan de Salcedo, fue el último gobernador español de la Luisiana y al pasar ésta
a los Estados Unidos siguió por algún tiempo de gobernador de la Florida
Occidental. El futuro gobernador de Texas participó muy activamente en la
administración de estas provincias como ayudante de su padre y tomó parte
con el marqués de Casa Calvo en la comisión que fijó los límites después de la
cesión de Luisiana a Francia y se enteró bien de los problemas de fronteras
entre los Estados Unidos y España, tanto los relativos a la Florida Occidental
como a Texas.23
Al llegar Salcedo a Texas, Cordero continuó como comandante de las
armas de esta provincia hasta abril de 1809, en que el comandante general
juzgó "oportuno proporcionarle algún descanso, después de la fatiga que había
tenido, sin embargo de su adelantada edad y achaques." El sustituto de
Cordero fue el brigadier don Bernardo Bonavía, gobernador intendente de
Durango, y el primero regresó entonces a Coahuila en donde seguía siendo el
gobernador propietario.24
Por lo tanto, al iniciarse la Guerra de Independencia, Texas era de las
Provincias Internas, donde había más oficiales de alta graduación: el brigadier
don Bernardo Bonavía era el comandante de las armas, el teniente coronel don
Manuel Salcedo era el gobernador y el teniente coronel don Simón de Herrera
mandaba las milicias del Nuevo Reino de León y de la colonia del Nuevo
Santander. Además también se encontraba en Texas el ayudante inspector,
teniente coronel don Cristóbal Domínguez, quien había andado investigando
las quejas de contrabando.
No se ha podido determinar en qué fecha se recibió en Texas la noticia de
la insurrección de Hidalgo; pero una de las primeras medidas del comandante

136
LA REGIÓN MAS EXPUESTA

general, al saber de la rebelión, fue ordenar al brigadier Bonavía se reintegrara


a su gobierno en Durango.25 Como consecuencia de esto, el 28 de octubre,
don Manuel Salcedo tomó el mando de las fuerzas de Texas.26
En cambio, el mismo comandante general le advirtió inmediatamente a
don Simón de Herrera que, encontrándose bajo sus órdenes, no debía variar de
destino si otro jefe se lo ordenaba. Esto era indudablemente, temiendo qué»
como don Simón mandaba tropas del virreinato, en realidad prestadas A la
Comandancia General, pudiera Calleja ordenar que estas milicias se le
incorporaran. También le decía el comandante general a Herrera, que si le
convenía, podía trasladarse inmediatamente a Monclova o Saltillo.27
Don Simón contestó el 26 de octubre exponiendo cómo había abandona-
do gustoso su gobierno y familia para pasar a esa provincia. Que se lisonjeaba
haber tenido la fortuna de cumplir con el principal objeto de su espinosa
misión, "sin embargo de tantas penalidades, afanes, pérdidas y riesgo
inminente de la vida, "el único fruto que había recogido era ver comprometido
su honor y el de sus subalternos. Se refería indudablemente a la acusación de
su participación en el comercio de contrabando. Le indicaba al comandante
general que podía disponer de su persona y destinarlo a los parajes que juzgara
más oportunos. Pero le hacía ver que, en su oficio del 14 del mismo mes, le
dejaba a su elección el pasar a situarse en Monclova o Saltillo; que no
comprendía cómo podía hacer eso sin las tropas que estaban a su mando y qué
utilidaid podría tener su sola persona en las actuales circunstancias; por lo
tanto, le pedía nuevas instrucciones que fueran aclaratorias. Le decía igual-
mente que nunca obedecería órdenes de superior alguno contrarias a la
fidelidad que tenía jurada a don Fernando VII y al Supremo Consejo de
Regencia que a su nombre los gobernaba; pero no veía cómo podría
desotiedecer las órdenes del superior jefe de quien dependía él y las tropas que
mandaba, ya vinieran por conducto del comandante general o directamente a
él. En este último caso le daría oportuno aviso al comandante general.28 Por lo
tanto, si Calleja hubiera ordenado a don Simón que abandonara Texas, éste lo
habría obedecido.
De hecho, Herrera parece haber estado deseando recibir esta orden, pues
dos días después, le escribió a Calleja insertándole copia del oficio del
comandante general y su contestación, y le pedía lo destinara a los parajes que
juzgara más expuestos, asegurándole que advertía los mismos deseos en los
oficiales y tropas de los cuerpos que mandaba.29
El comandante general pronto cambió de opinión y ya para entonces le
había puesto un nuevo oficio a don Simón, ordenándole se trasladara a Saltillo
en donde tendría noticias de su colocación.30 Pero don Manuel Salcedo, que
recibió este oficio el 27 de octubre, lo retuvo y no fue sino hasta el lo. de

137
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
diciembre, en que por orden del comandante general, se lo entregó a Herre-
ra.31
Ese mismo día don Simón le escribió al comandante general diciéndole,
saldría al día siguiente e iba a dejar los cuerpos de caballería provincial del
Nuevo Reino de León y Nuevo Santander a las órdenes de su hermano el
capitán don Jerónimo Herrera, quien ejercía funciones de sargento mayor.32
Sin embargo, don Manuel Salcedo volvió a detener a don Simón, alegando
tener pocos oficiales de quien valerse y que el día 21 de noviembre había
informado al comandante general de la rebelión en la Florida Occidental y aún
no recibía sus instrucciones respecto a estos sucesos.
Pero el día último del año, el comandante general todavía no contestaba
nada respecto a lo ocurrido en la Florida Occidental, ni con relación a un oficio
del gobernador de Texas donde le decía estaba reteniendo a Herrera, y el
primero le reiteraba al segundo, que sólo consentiría a su salida cuando ya no
le quedara ningún otro arbitrio.33
Ese mismo día, don Simón escribió al virrey enviándole copia de toda su
correspondencia sostenida con el comandante general y el gobernador de
Texas diciéndole se comunicaba directamente con él y no por conducto de
Calleja, porque no sabía en dónde se encontraba este jefe y pedía lo empleara
en los destinos que juzgara de mayor riesgo y que ése era el parecer de los
oficiales y tropa de los cinco escuadrones de caballería provincial que
mandaba desde el año de 1806, los cuales por su instrucción, robustez y la
constante guerra que estaban haciendo a las tribus de indios que hostilizaban
esa provincia, los creía muy adecuados para ser empleados contra los
insurgentes.34
Una de las preocupaciones principales de don Manuel Salcedo era la
entrada a su provincia de gente extraña y de papeles sediciosos que la fueran a
agitar. El 27 de octubre escribió al gobernador Santa María que les ordenara a
los comandantes de los puestos fronterizos no dejaran pasar a ninguna persona
que no trajera pasaporte del gobernador de Nuevo León, exceptuando los que
fueran con carga de víveres u otros artículos pertenecientes a comerciantes de
Béjar. Asimismo que aquéllos a quienes se permitiera el paso no llevaran cartas
"fuera de estafeta" y que cuando se presentara el caso, el comandante del
puesto debía recogerlas y remitirlas "bajo cubierta. "35
Al día siguiente, Salcedo informaba a Santa María haber recibido el
mando de las tropas de Texas debido a la partida del brigadier Bonavía y
también que el día 24 había celebrado la paz con todos los capitanes de los
comanches. Le decía hiciera saber esto a los caminantes y demás gente de su
provincia para que vivieran sin zozobra, pues las noticias de la guerra con esos
indios se habían abultado mucho.36

138
LA REGIÓN MAS EXPUESTA

El 14 de noviembre Salcedo escribió a los gobernadores de Coahuila,


Nuevo León y Nuevo Santander y a los comandantes de Laredo, Lampazos y
Río Grande, que tenía informes de que muchos individuos de Tierra Fuera
planeaban ir a las fiestas de Béjar "y entonces levantar el grito en ella a
imitación de los insurgentes," que no dejaran pasar más que a los arrieros que
fueran con cargas para el comercio de esa población.37
Siete días después, el 21 de noviembre, el gobernador de Texas recibió la
noticia sobre la rebelión en Baton Rouge en el distrito de la Florida Occiden-
tal. 38 Además de informar de este suceso al comandante general,39 también
debe haberlo hecho a todos los gobernadores vecinos, pues sólo al de Nuevo
León le puso con esta fecha una carta y dos oficios; la primera y uno de los
segundos eran muy reservados. En la carta le informaba de los acontecimientos
en Baton Rouge; en el oficio reservado le volvía a insistir sobre la vigilancia de
la correspondencia y le pedía no permitiera la entrada a su provincia a
personas que no llevaran pasaporte autorizado por él, pues a pesar de la
vigilancia de la frontera de la Luisiana, se podían infiltrar algunos extranjeros.
En el otro oficio, contestaba a Santa María, quien le había pedido fusiles, que
no tenía sobrantes.40 Al igual que los otros gobernadores de las Provincias
Internas, la falta de armamento era uno de los principales problemas del
gobernador de Texas.
El año de 1808, el comandante general estableció una fábrica de escopetas
en Chihuahua, pues debido a las continuas guerras en Europa, habían
fracasado sus gestiones para traerlas de España; esta fábrica podía entregar
hasta cincuenta escopetas mensuales.41 Pero al empezar la insurrección, el
comandante general debe haber considerado que la producción de Chihuahua
era insuficiente para armar los nuevos ejércitos que se iban a reclutar, y el 13
de octubre le escribió a don Diego Murphy, cónsul español en Nueva Orleans,
pidiéndole su cooperación para conseguir armas en los Estados Unidos. A don
Manuel Salcedo decía le iba a mandar veinte mil pesos con este objeto y que
para llevar a cabo esta misión en la Luisiana, escogiera a un individuo de
confianza que no fuera un oficial de experiencia, como don Simón de Herrera o
don Cristóbal Domínguez, ya que a éstos se les necesitaba en las Provincias
Internas.42 £1 escogido para esta misión fue don José de Rossi y el dinero se
mandó de la Tesorería de Saltillo, llegando a Béjar el 11 de noviembre.43 Sin
embargo, el gobernador de Texas, previendo que la misión de Rossi fuera a
fracasar, también se dirigió al marqués de Someruelos, capitán general de
Cuba, pidiéndole material de guerra, el cual sería pagado en efectivo una vez
que éste fuera entregado en las costas de Texas.44
Pero algún tiempo después, el comandante general cambió de opinión y
ordenó a don Manuel Salcedo suspendiera el intento de comprar armas en la

139
EN LOS ALBQMf BE IA INDEPENDENCIA
Luisifna y tratara, de conseguirlas en las provincias próximas de Coahuila,
NtievQ, Leen y Nuevo Santander.45 Es probable que don Nemesio Salcedo
temiera alguna complicación con esta compra de armas en el extranjero,
pepo también demostró un desconocimiento de la situación si pensaba que
éstas podían obtenerse en las provincias vecinas, cuando precisamente la
falta de armas era el principal lamento de todos los gobernadores.
Sin embargo, don Manuel Salcedo no abandonó la idea de comprar
material de guerra en los Estados Unidos, pues al pasar algún tiempo sin
tener noticias de Rossi, nombró a don Apolinar de Masmela como nuevo
agente de compras.46
Rossi no había abandonado su misión. Al encontrar dificultades para
conseguir las armas en los Estados Unidos se embarcó en Nueva Orleans
para Cuba y llegó a La Habana el 13 de enero de 1811. Ahí acudió al
marqués de Someruelos y logró se le proporcionaran algunos artículos de
los almacenes de esa plaza. Sin embargo, se presentaron algunas dificulta-
des, pues las instrucciones del gobernador Salcedo eran que el material de
guerra se desembarcase en la bahía de San Bernardo o algún otro lugar de
las costas de Texas, pero las autoridades de Cuba consideraron esto difícil
"por la falta de prácticos y aun de seguros conocimientos hidrográficos de
aquellos parajes." Se pensó luego enviarlo a Tampico, desechándose tam-
bién esta idea por Hfg falta de auxilios que encontraría la expedición." La
decisión final fue mandar los efectos a Veracruz en la goleta Voladora, pero
a prineipios de marzo todavía no salían de Cuba.^7
POI- SU parte, don Simón de Herrera le escribía a Calleja diciéndole que
4J sabía lo desorganizado de las tropas de Texas; que usara su influencia
para que se les auxiliara.48
El 26 de diciembre, el gobernador de Texas se vio obligado a mandar
cien hombres para reforzar el ejército de don Antonio Cordero en Aguanue-
va.49 ES probable que fuera la Compañía del Álamo de Parras, pues eran
laa únicas tropas de Coahuila que había en Texas. El día 2 de enero de
1811, Salcedo reunió en la plaza de Béjar a los soldados de la guarnición y
les informó que pronto saldrían en una misión muy importante para el Río
Grande.50 Inmediatamente se extendió el rumor de que Salcedo y Herrera
intentaban dejar a Texas indefensa, a merced de los indios y los norteameri-
canos, y para contrarrestar estos rumores, Salcedo publicó, el 6 de enero,
una proclama pidiendo el apoyo de los habitantes de la provincia a la causa
realista.51
La noticia de la defección del campamento de Aguanueva se conoció en
Béjar el 13 de enero. El capitán Sebastián Rodríguez, que años antes había
sido comandante de Nacogdoches, de donde fue despedido, se encontraba

140
LA REGIÓN MAS EXPUESTA

.en Aguanueva y logró escapar cuando el ejército de Cordero se pasó a los


insurgentes. El 9 de enero, dos días después de este suceso, escribió desde
Monclova al gobernador de Texas diciéndole que intentaba retirarse hacia el
Río Grande, llevando con él dinero y algunas armas.52
Tan pronto como Salcedo recibió esta noticia, le ordenó a don Simón
de Herrera que situara las fuerzas en una posición que evitara que los
insurgentes se comunicaran con sus simpatizadores en la Luisiana. También
escribió al capitán Díaz de Bustamante, el comandante de Laredo, pidiéndo-
le reclutara a los pobladores para luchar contra los insurgentes, y a, don
Manuel Royuela, el tesorero, le urgía salvara los fondos a su disposición
para que no fueran a caer en manos de los insurgentes.53
Sin embargo, la situación se estaba volviendo muy crítica para la causa
realista en Texas. La insurrección parecía incontenible y nunca faltan gentes
dispuestas a acomodarse con el bando triunfante.
El día 15, un grupo de individuos, encabezados por el teniente Antonio
Sáenz, quien había escapado de la cárcel, intentó capturar a Herrera y
Salcedo, pero la conspiración fue descubierta a tiempo y los rebeldes arres-
tados.54 Debido a este incidente, Salcedo suspendió la orden de marchar
hacia el Río Grande y el 18 de enero citó a una junta a las autoridades
municipales, al clero y a los oficiales. El propósito de esta reunión era oír
sugestiones para acabar con las conspiraciones y fortalecer la defensa de
Béjar.55
Pero ya para entonces había surgido un nuevo caudillo para capitanear
la facción deseosa de avenirse con los insurgentes. Este era don Juan
Bautista Casas, capitán retirado de las milicias del Nuevo Santander. El año
de 1798 el virrey le había conferido el empleo de capitán de la compañía de
la villa de Croix,56 y cuando se enviaron las milicias del Nuevo Santander
a reforzar la guarnición de Texas, parece estuvo algún tiempo en esta
provincia. No se ha podido determinar en qué fecha y por qué causa
obtuvo su retiro, pero lo que sí es un hecho es que fue uno de los oficiales
que estuvieron dedicados al contrabando en gran escala. Ha quedado cons-
tancia, cuando menos, de dos operaciones realizadas por éste. El año de
1808 envió doscientas muías a don Guillermo Barr y a cambio de éstas
recibió dos mil pesos de artículos de contrabando. También se menciona
que en otra ocasión mandó cuatro mil pesos a Natchitoches en el territorio
de la Luisiana.57 Es posible que esta actividad ilegal la haya realizado
asociado o cuando menos protegido por don Simón de Herrera, quien había
sido su jefe, pues el 14 de agosto de 1810, un mes antes de iniciarse la
insurrección, don Simón pidió al brigadier Bonavía le concediera a Casas un
pasaporte para entrar a Texas.58

141
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
En la madrugada del 22 de enero de 1811, la mayor parte de las tropas
de la guarnición de Béjar encabezadas por Casas se dirigieron a arrestar a
don Manuel Salcedo y a don Simón de Herrera. Además de Casas, destaca-
ron al frente de estas tropas: los alféreces .Vicente Tarín, Pedro Falcón,
Vicente Flores y Francisco Montelongo y los sargentos Trinidad Pérez,
Miguel de Reina y Pedro Rodríguez, más dos civiles, don Francisco Travie-
so y don Gabino Delgado.59 Por lo tanto, en Béjar no hubo revolución,
sino un simple cuartelazo en que las tropas encabezadas por algunos subal-.
ternos se echaron encima de sus jefes. Parece que el argumento que utiliza-
ron los revoltosos para atraerse a la tropa fue que Salcedo y Herrera
intentaban abandonar Béjar y acampar la tropa entre el arroyo del Cíbolo y
el río Guadalupe, pero antes de salir iban a dar órdenes de que se ejecutara
a los tenientes Antonio Sáenz y Francisco Ignacio Escantilla, quienes estaban
presos.60 Se decía incluso que Salcedo y Herrera iban a huir rumbo a la
Luisiana con los valores y el dinero y que prueba de esto era que, la tarde
del día 21, había salido la esposa de Salcedo y que, tanto en la casa de éste,
como en la de Herrera, todo estaba empaquetado.61
Tan pronto como los rebeldes se apoderaron de Béjar se aprisionó a
todos los españoles, con excepción de José Gabriel Parras, sargento de las
milicias de Nuevo Santander y el maestro barbero Juan Fernández.62 Ade-
más del gobernador y don Simón de Herrera, los oficiales arrestados fueron
los siguientes: don Jerónimo Herrera, capitán de las milicias de Nuevo León,
don Joaquín de ligarte, capitán del presidio de San Fernando, don Juan
Ignacio Arrambide, capitán de la Compañía Volante de Parras, don Francis-
co Pereyra, capitán de milicias de Saltillo, don Juan Martín de Echavarría,
capitán de milicias de Nuevo Santander, don José Goceascoechea, capitán
de las mismas milicias, don Juan de Castañeda, teniente de la Compañía de
Lampazos, don Gregorio Amador, teniente de milicias de Nuevo Santander,
don Miguel Serrano, alférez de la Compañía de Lampazos, don Miguel de
Arcos, capitán de milicias de Nuevo Santander, don José Bernardino Mon-
tero, capitán de las mismas milicias y don Juan José Elguézabal, teniente de
la compañía de Río Grande. Los últimos tres oficiales eran criollos y los
demás españoles.63
Es probable que, cuando menos, don Juan de Castañeda y don Miguel
Serrano, no hayan sido arrestados el 22 de enero, sino unos días después.
Castañeda actuó, casi desde el principio de la insurrección, como ayudante
del gobernador Santa María y al dispersar éste las tropas de Nuevo León en
el valle del Pilón, huyó rumbo a la Punta de Lampazos acompañado de tres
soldados, que tenían sus familias en ese lugar. Según Castañeda, al llegar a
Lampazos, trató de rescatar el equipo y el archivo de la Compañía Volante,

142
LA REGIÓN MAS EXPUESTA

pero el pueblo y los soldados "seducidos por las proclamas de don Juan
Ignacio Ramón" no lo quisieron obedecer. Entonces, acompañado por el
alférez Serrano, que era el subdelegado de esta villa, y dos mozos, se dirigió
a Béjar a incorporarse al resto de la compañía, que estaba en ese lugar,
donde fueron arrestados junto con los demás oficiales.64
Los insurgentes de Béjar también pusieron en libertad a los que estaban
presos. De éstos parece que los más importantes eran los tenientes Antonio
Sáenz y Francisco Ignacio Escamilla.65
El mismo día 22, el teniente Sáenz y don Francisco Travieso salieron
para Nacogdoches a arrestar a los europeos, sobre todo al teniente coronel
Cristóbal Domínguez, 66 quien había sido designado comandante de la fron-
tera; pero éste logró escapar a la Luisiana.67 Unos días después, Casas
mandó al capitán José Agabo de Ayala a la Bahía del Espíritu Santo con la
misma comisión, pues el capitán Luciano García, destacado en este punto,
no había cumplido con el encargo, al dejar escapar al capitán de la compa-
ñía presidial.68
La noche del 12 o la madrugada del 13 de febrero,69 Salcedo, Herrera
y los otros oficiales presos fueron enviados al presidio de Río Grande. Doce
de los prisioneros iban esposados, pero al gobernador y al capitán Arcos se
les encadenó. Parece que ésta fue una venganza del teniente Escamilla, pues
Casas declaró en su juicio que fue el encargado de hacer las esposas, pero
que a la hora de partir faltaban dos y él tuvo que consentir que se asegurase
con cadenas a los que no habían sido esposados, siendo éstos Salcedo y
Arcos. 70 Ya en el camino, el alférez Vicente Flores al mando de la tropa
que escoltaba a los prisioneros, recibió un mensaje de Casas ordenándole,
no permitir que los presos hablaran con nadie y que no debía tardar más de
tres y medio a cuatro días en llegar a Río Grande. Pero Flores dice que él
hizo siete días, considerando lo que sufrían los prisioneros.71
La llegada de estos prisioneros a Coahuila contribuirá a consolidar
planes que ya estaban en proceso de desarrollo.

143
CAPITULO IX

LA FALTA DE PLAN INSURGENTE

Aún antes de que don Mariano Jiménez llegara a Monterrey, ya otros


cabecillas insurgentes se habían dispersado por distintos rumbos del Nuevo
Reino de León. Destacan dos de ellos, ya mencionados anteriormente,
quienes parecían estar en todos lados: don Rafael González de Hermosillo y
su hijo Ramón.
Varios de los miembros de esta familia- tomaron parte en la insurrec-
ción desde un principio, pero don Rafael no se unió a ella hasta algún
tiempo después. 1 En un memorial que presentó a uno de los jefes de la
insurgencia, y es casi seguro se trataba de don Ignacio Allende, exponía los
motivos que lo llevaron a tomar esta determinación. "Don Rafael González
de Hermosillo —decía— vecino labrador de San Juan de los Lagos, indivi-
duo criollo, con el más profundo respeto digo, que aun sin embargo de
hallarse dos hijos míos y un sobrino camal destinados de oficiales militares
en la presente guerra, cuyas plazas sirven en unas de las compañías levan-
tadas en la villa de Lagos que están actualmente al mando de Miguel
Gómez, yo también estoy resuelto, con la voluntariedad que ellos se han
presentado, a servir en la expresada guerra movido de contribuir con toda
mi casa a las gloriosas causas que vuestra señoría defiende y de combatir
contra la mala fortuna que he sufrido en estos últimos años, con el embargo
de mis fincas rústicas por cantidad de pesos que adeudo, lo que me tiene en
miseria. Crece más este infortunio, al paso que me he sostenido con honor,
decencia y administrando justicia, y así es como sucesivamente se hace
aquel yugo insufrible. Por tanto, y para no cansar la atención de vuestra
señoría, concluyo suplicándole me destine en la expedición que sea de su
superior agrado. La Tierra Adentro o Provincias Internas las tengo transita-
das, se' sus caminos y varias poblazones, de beneficio de labores de agricul-
tura y su administración entiendo lo bastante, y bajo esta seguridad podré
desempeñar con adelanto. Asimismo suplico a vuestra señoría, que si se
digna crearme jefe para redimir alguna o algunas de aquellas provincias y

144
LA FALTA DE PLAN INSURGENTE

otras, mande se me dé un nombramiento con facultades amplias y que mis


hijos y sobrinos referidos se reúnan conmigo, subscribiendo vuestra señoría
sus nombramientos. "2
Ya se ha visto cómo el lo. de enero de 1811, don Rafael se encontraba
en Río Blanco y al día siguiente fue capturado por las tropas del capitán
Mariano Várela en el rancho El Canelo, llevado prisionero al valle del
Pilón, liberado el 12 de enero cuando el gobernador Santa María licenció
las tropas del Nuevo Reino de León, y trasladado luego a Monterrey, junto
con los otros insurgentes apresados. De ahí debe haber continuado inmedia-
tamente rumbo a Saltillo, donde se reunió con su hijo Ramón. El recorrido
de este último en los primeros días de enero, había superado al de su padre,
pues después del incidente con don Juan Ignacio Ramón el día 4, cuando
éste le exigía que abandonara la provincia, fue hasta la villa de Jaumave en
Nuevo Santander y llegó a Saltillo el día 16 a las ocho de la noche.3
Parece que los dos González de Hermosillo salieron juntos al día
siguiente. Ramón iba comisionado por don José Mariano Jiménez para
recoger los cañones que había dejado el capitán Mariano Várela en el valle
de Labradores.4 El día 20, don Rafael pedía en la hacienda de Potosí, le
entregaran unos reales que se suponía había dejado allí el europeo don José
Pérez Gálvez.5 Dos días después, los González de Hermosillo se encontra-
ban en el valle de Labradores.6 En este lugar, se volvieron a separar y el día
25, don Rafael se encontraba de vuelta en el valle del Pilón reclamando los
cañones que habían quedado ahí, cuando se dispersaron las tropas de
Nuevo León. Pero le informaron que, por orden del brigadier Carrasco, don
Pedro José Borrego los había entregado el día anterior al sargento José
Cristóbal de León.7
El día 27, los González de Hermosillo se encontraban otra vez juntos en
Linares. En esta ciudad quisieron publicar un bando, pero el Ayuntamiento
se opuso, si se tocaban "puntos relativos a la jurisdicción privativa" de ese
cuerpo. 8
Para el día lo. de febrero, don Rafael se encontraba de regreso en
Saltillo; ese día en efecto, le escribió a Ramón, que seguía en Linares,
informándole salía con el coronel Carrasco quien iba para esa ciudad con
intenciones de seguir luego hasta Altamira.9 Parece que Carrasco se quedó
en Monterrey, pero don Rafael ya estaba en Linares el día 4. Ese día le
escribió a su hijo José Antonio, quien aparentemente se había quedado en
su tierra, y el contenido de la carta indica que había aprovechado bien los
dos meses como insurgente para combatir "la mala fortuna" de que se
quejaba con Allende. "Hijo —decía— te mando dos farditos de géneros
nobles que su valor llega a un mil quinientos pesos. Si los llegas a recibir en

145
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
tus manos, no te descuides con ellos pues los echarás en una caja con llave
y tomarás tú y tus hermanas y hermanos lo que gusten. A Simonita le darás
un túnico de saya con todos sus amos, tres pares de zapatos que le mando,
o cuatro o seis túnicos, los que quiera hacer, con los rebozos que quiera
tomar y lo demás que le guste, para que reparta ella a sus hermanitas, y
tienes cuidado tú que no se extravíe nada. Te mando un caballo ligero y
otro que mando a Ramón, se lo cuidarás. A Mariquita le mando un pintito
y a Doloríta un sabino y un escuro para Simonita, a Manuel y a Puchito,
que cuanto antes les mandaré unos buenos. A Simonita, si no se ha venido
de Lagos, tu irás a llevarle el túnico de seda u otros dos, y lo demás hasta
que se venga de Lagos, pero le llevas rebozos, medias, bretañas y demás. "10
Pero don Rafael no quería que sus vecinos se dieran cuenta de sus adquisicio-
nes, pues a su comadre, doña María Ignacia Zermeño le escribía: "Te encargo,
si. no estuviera ahí José Antonio, esos tercios que lleva don Antonio Quesada,
que los veas más que los ojos de la cara por ser ajenos, ínter José Antonio los
recibe, para que se los entregue a su dueño. "H
El mismo 4 de febrero, don Rafael escribía a don Ignacio Allende. Le
informaba, que había salido de Guadalajara el 5 de diciembre, a donde había
ido a traer a su hijo Ramón, teniente en un compañía del coronel Miguel
Gómez Portugal. Que llegó a Real de Catorce el día 20 y a los dos días llegó
don Mariano Jiménez, a quien dio a conocer la comisión que él le había dado.
Jiménez lo citó en Matehuála, para donde iba y de esta villa salió para Río
Blanco, luego fue a Labradores, en donde indultó al español don Juan López
Peñeiro y de ahí pasó al pueblo de San Cristóbal y finalmente a Linares. Que
en esta última población había indultado seis europeos y otros tres en el valle
del Pilón. No le decía nada a Allende sobre haber caído prisionero de los
realistas, ni de sus viajes a Monterrey y Saltillo. Pero sí le participaba que le
había conferido el título de capitán a don Juan José Coello y que éste había
embargado una hacienda perteneciente a los padres carmelitas y que él le había
ordenado inmediatamente que levantara el embargo.
Allende le contestó el 13 de febrero, desde Charcas, estaba bien que
Coello hubiera "procedido al secuestro de la hacienda de los carmelitas,"
porque éstos se habían mostrado ingratos a la nación auxiliando a sus
enemigos. También le manifestaba que los esclavos debían quedar libres de sus
amos y que a los americanos deudores de europeos se les absolviera de sus
deudas, a excepción de aquéllos que estuvieran "en proporción para satisfa-
cer. " Que a éstos se les exigiera en calidad de préstamo para las urgencias de
momento. En la posdata de esta carta, Allende le dice a González de
Hermosillo: "Todas las contestaciones, en lo sucesivo, deberá usted dirigirlas a
mí por haber recaído el único mando por dimisión de que ha hecho el señor

146
LA FALTA DE PLAN INSURGENTE

Hidalgo en junta general en el Pabellón, y por lo que respecta al ascenso que


para sí y su hijo solicita, es de mi cuidado, según los resultados de su buen
servicio. "12

Don Manuel de Iturbe, el gobernador de Nuevo Santander, quien había


llegado a Padilla el 19 de enero, se mantuvo en esa villa, en donde se habían
reunido unos quinientos hombres, más de dos semanas. Mientras tanto,
mandó al sargento veterano José María Martínez para que fuera de incógnito a
Linares a cerciorarse del número de insurgentes que había en esa plaza. Este
sargento Martínez era el mismo que el capitán Vidal de Lorca envió con una
avanzada, cuando se acercó a San Luis Potosí y quien regresó acompañado por
dos emisarios de los insurgentes. Efectivamente, Martínez fue hasta Linares, y
también se dijo que había estado en Monterrey. El caso es que a los ocho o diez
días, regresó y le informó al gobernador haber en Linares ochocientos hombres
con bastantes armas de fuego, pero no había podido confirmar el número de
ellas. Esto era notoriamente falso, pues los únicos insurgentes que habían
estado por esos días en Linares, eran los González de Hermosillo, y aun
reunidos los dos, difícilmente traían más de cien hombres. Pero, lo que sí trajo
Martínez de Linares o de Monterrey, fueron papeles que invitaban a la
insurrección los cuales se distribuyeron entre la tropa acantonada en Padilla.
El gobernador decidió volver a mandar a Martínez a Linares y el mismo
día que salió, los soldados empezaron a desertar. Ante esta situación, Iturbe
citó a los oficiales a una junta para que expusieran lo que fuera más
conveniente hacer. Todos fueron de opinión que el gobernador debía salir esa
misma noche para la villa de Altamira, pues don Joaquín Vidal informó haber
sido avisado por otro oficial de que la noche anterior los soldados habían
intentado aprisionar al gobernador y a los oficiales europeos. También se llegó
al acuerdo sobre la salida de Vidal al día siguiente con la tropa que
voluntariamente lo quisiera seguir. Sin embargo, Iturbe no estuvo de acuerdo
con la primera proposición. Consideró que si abandonaba Padilla esa misma
noche, parecería "una fuga vergonzosa." Por lo tanto, no salió hasta el día
siguiente que fue el 6 de febrero. Lo acompañaban los capitanes don Felipe de
la Garza, don Juan María Mazoleni y don Juan Fermín de Juanicotena, el
teniente don Ramón Perca y el alférez don Miguel Paredes, así como algunos
hombres de tropa, que probablemente no llegaban a treinta.
La partida llegó al anochecer una legua más adelante de la villa de Croix.
Ahí intentaban esperar al capitán Vidal, quien se les incorporaría al día
siguiente. Pero esa misma noche llegó el sargento veterano José Bujanos,
diciendo que Vidal lo había enviado en busca de auxilio porque sin él no

147
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA

podría salir de Padilla, dado que ya la tropa se encontraba sublevada y pedía


se pusiera en libertad a un sargento veterano que se hallaba preso en el cuartel
por orden del gobernador. Tan pronto como Iturbe recibió esta noticia, hizo
que salieran, en auxilio de Vidal, catorce hombres a las órdenes del capitán
Felipe de la Garza. Al día siguiente, estando todavía en espera de Vidal, llegó el
alférez Manuel Barberena informando que venían tropas en persecución del
gobernador. Esto determinó que Iturbe continuara inmediatamente su retirada
hacia Altamira.
El día 8, Vidal salió de Padilla acompañado por unos veinte hombres y
conduciendo los fondos que se habían logrado reunir, unos diez y ocho o
veinte mil pesos. El viaje lo hizo en coche, y en Croix perdió un día en
repararlo porque se le había roto. Por lo tanto, no llegó a la hacienda de El
Cojo hasta el día 13.^
El sargento Martínez, a quien el gobernador Iturbe había enviado a
Linares, no llegó a esta ciudad, pues en la hacienda de La Vaca se encontró a
don José Joaquín Benítez, el subdelegado del Real de Borbón, y el primero en
sublevarse en Nuevo Santander. Benítez ya había ido a Monterrey a hablar
con don Mariano Jiménez y venía comisionado por éste para dirigir la insurrec-
ción en la provincia; por lo tanto, Martínez se regresó a Padilla acompañando
a Benítez.^ Ya en esta villa, el último ordenó al primero fuera con cincuenta
hombres a alcanzar a Vidal. El día 14, Martínez llegó a la hacienda de El Cojo
donde todavía estaba Vidal. Es muy difícil saber lo que realmente sucedió en
este lugar, pero según una versión, Martínez propuso a Vidal que se regresara
a Padilla con el dinero y éste trató de persuadir a Martínez que lo siguiera a
Altamira, "donde con su empleo respondía si acaso se les castigaba por haberse
desertado." Martínez contestó que lo consultaría con la tropa que llevaba y ya
no regresó. Vidal por su parte, envió los oficiales, la tropa, el dinero y su coche
por el camino real rumbo a Altamira, a donde llegaron el día 16, y él
acompañado por sólo seis hombres, tomó otra ruta, llegando a Tancasnegui,
luego a Panuco y Tampico, y finalmente a Altamira cinco o seis días después
que su tropa.15
Por lo tanto, Nuevo Santander se había pasado a la insurgencia en la
misma forma que Coahuila y Texas. Los soldados se habían volteado contra
sus jefes. Pero aquí, éstos habían logrado escapar probablemente por no haber
estado los cabecillas Benítez y Martínez con la tropa, en el momento en que los
jefes se retiraron.

Altamira era la meta a donde se dirigían los que, en las Provincias Inter-
nas de Oriente, huían de los insurgentes. Un personaje que llegó a esta villa

148
LA FALTA DE PLAN INSURGENTE

después de un azaroso recorrido de más de mil kilómetros, fue el obispo de


Monterrey, don Primo Feliciano Marín de Porras. Debe haber salido de
Monterrey el 8 ó 9 de enero, tan pronto como supo de la defección de
Aguanueva, y es probable que sus intenciones fueran refugiarse en Béjar o
seguir rumbo a la Luisiana, ruta que ya había recorrido en el año de 1805,
cuando hizo su visita pastoral a Texas. Sin embargo, parece que se detuvo
algún tiempo en Laredo, pues el 26 de enero todavía se encontraba en esta
población. -^ pOr esta fecha, debe haber llegado a Laredo la noticia de la insu-
rrección en Béjar y de que el capitán Casas estaba mandando tropas para apre-
hender al obispo y a los españoles refugiados en esa villa.^ También se supo,
más o menos al mismo tiempo, que el capitán Ignacio Elizondo había salido del
presidio de Río Grande al frente de 120 hombres, con intenciones de capturar a
los españoles y "embargar sus intereses." Pero cuando Elizondo llegó, hacía ya
tres días que los españoles habían huido y andaban escondiéndose en los
montes.18 El señor obispo probablemente salió al mismo tiempo que los otros
refugiados, dirigiéndose hacia el sureste por la margen derecha del Río Grande,
pues pasó por Mier,19 Camargo y Reynosa.^O Sin embargo, poco después de
su salida de Laredo, los soldados de la Tercera Compañía de Nuevo Santander,
que eran los que lo escoltaban, lo asaltaron, robándole su equipaje y dete-
niendo a su secretario, el licenciado don José Díaz de Mendivil, a quien obliga-
ron regresar a Monterrey. -*•
De Reynosa, es seguro que el obispo siguió rumbo a San Fernando conti-
nuando hacia Altamira, a donde llegó el 13 de febrero a las doce de la noche,
sólo uno o dos días después que el gobernador Iturbe.^2 pOr lo tanto, aun
habiendo salido de Laredo el 26 de enero, había recorrido unos ochocientos
cincuenta kilómetros en diez y ocho días; un promedio de casi cincuenta kiló-
metros diarios.
El señor obispo debe haber salido hacia Pueblo Viejo la noche del día si-
guiente, pues varios de los españoles huyeron esa noche de Altamira y el
mismo gobernador Iturbe se replegó a las inmediaciones de Pueblo Viejo, por
haber llegado la noticia de que se aproximaban los insurgentes.^ Esta alarma
se originó cuando el sargento José María Martínez se presentó en la hacienda
de El Cojo a parlamentar con el capitán Vidal de Lorca.^4
El 21 de febrero todavía se encontraba el señor obispo en Pueblo Viejo,
pero se estaba preparando para continuar su viaje rumbo a la ciudad de
México. Lo acompañaba el chantre de la Catedral de Monterrey, el doctor don
Andrés de Imaz y Altoloaguirre.25 Estos personajes siguieron por tierra hacia
su destino; cruzaron La Huasteca, y probablemente no llegaron a la ciudad de
México hasta fines de abril o principios de mayo.26
Quien relataba las tribulaciones del señor obispo e informaba de su

149
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
llegada a Altamira y Pueblo Viejo era don Juan José de Iriarte, el administra-
dor de Reales Rentas de Nuevo Santander, quien también se había refugiado en
estas villas con parte de la recaudación de esta provincia. Sin embargo, le
preocupaba la suerte de su hijo don José Blas, a quien había encargado "la re-
caudación de caudales de los seis fielatos de la renta del tabaco y otras tantas
receptorías de alcabalas de la cordillera del norte," esto es, Laredo, Revilla,
Mier, Camargo, Reynosa y Refugio. El señor obispo le informó a su llegada a
Altamira, que a su hijo lo había retenido con el dinero "el insolente vecindario"
de Reynosa.2?
El 22 de febrero, don Josef Pérez Rey le escribía desde Camargo a don Juan
José relatándole las peripecias de su hijo. "Don José Blas —decía— después de
haberse demorado en todos los fielatos porción de días en bailes, a que es
demasiado afecto, llegó de regreso a ésta, donde hubiera hecho lo mismo si no
hubiera tenido el aguijón mío para que marchase pronto, no obstante que con
pretextos frivolos demoró uno o dos días. Marchó en fin para Reynosa, bien
advertido de que se fuese de allí pronto y en derechura para San femando, en
atención a que quería hacerlo otra vez para el Refugio, pretextando que le
habían errado allí una certificación. A los ocho días se me fue apareciendo aquí
(causándome su presencia no poco sobresaltó) con la pampliega de que
Lafuente se había mudado con los dineros de la venta, dejándole una libranza
de su monto, asegurándole que mucha más cantidad tenía buena en México en
poder del sujeto contra quien libraba." Sigue contando Pérez Rey, cómo le dijo
a José Blas que si tenía miedo de irse para Altamira se fuera para Béjar, donde
se aseguraba estaba el tesorero de la Real Caja. Que le entregara a éste el
dinero y le pidiera un comprobante de haberlo recibido. No sabía todavía que
al tesorero Royuela lo habían arrestado y despojado de los caudales que
llevaba en el presidio de Río Grande. "Para que saliese de ésta —continúa
Pérez Rey— fue necesario reñirlo, haciéndole presente que sus niñerías habían
de acarrearle a usted su perdición, y en fin se fue ese día, aun sin almorzar ni
llevar cosa alguna para el camino, porque el coraje que hice de ver su morosi-
dad, no me dejó advertirlo.
Y« juzgaba yo que iría llegando a una y otra parte, cuando los que acom-
pañaron de ésta al dicho señor obispo para la citada villa de Reynosa, vinieron
diciendo que aquel vecindario había echádose sobre los caudales, arrestando
a su niño de usted y pasado a dar cuenta de ello al teniente general de los
ejércitos americanos que se hallaba en Monterrey.
El día 14 del ya referido mes, como a las cuatro de la tarde, viniendo mi
hijo político don Manuel de Orive de indultarse, por los temores de ser insul-
tado en sus personas y bienes (como se estaba verificando con los pobres euro-
peos que se acogieron a Laredo y les fue preciso huir de allí, por la entrada en él

150
LA FALTA DE PLAN INSURGENTE

de dichos ejércitos) encontró, en el rancho de Santa Gertrudis, a Pedro Ballí


que conducía para dicho Monterrey, custodiado de otros veintiún hombres,
los caudales y a su hijo de usted, que le llevaban para ir a rendir cuentas. Con
las buenas noticias de la Gaceta que demuestra la derrota de las tropas que
estaban en Guadalajara, hecho por los del señor Calleja y las de su carta de
usted, juntas con las de saberse que había entrado a Parras el señor Bonavía,
intendente de Durango con tres mil hombres (los cuales llamaron la atención
de todas las que había en el Nuevo Reino de León de la parte contraria), se
animó a decirle al justicia que si le daba diez hombres armados, con ellos se
obligaba a ir a alcanzar y quitarles los dichos caudales, pero no hubo ninguno
que quisiera acompañarlo, y ya estarán para la hora de ésta entregados en
dicho Monterrey. "^
Aunque la información de Pérez Rey no era totalmente correcta, pues
quien había entrado a Parras no era Bonavía sino Melgares y con muchos
menos hombres que los que suponía, su carta deja en claro, que ya para
mediados de febrero, había llegado a los pueblos de la frontera la noticia de la
derrota del cura Hidalgo en la batalla del Puente de Calderón. El conocimiento
de este suceso va a tener pronto repercusiones fundamentales.

Uno que no logró llegar a Altamira fue don Domingo Narciso de Allende.
Quizá no lo intentó pues tuvo tiempo suficiente, pero es probable que tuviera
otros planes. Era tanta su fama de hombre temerario, que dondequiera que lo
conocían temían fuera a realizar alguna audacia. Se ha mencionado que los
insurgentes liberados por el gobernador Santa María en el valle del Pilón se
empezaron a armar, temiendo un ataque de Allende. El 4 de febrero, el teniente
insurgente José Cipriano Vega, que había entrado al valle de la Mota con unos
cuantos hombres, le pedía refuerzos al teniente coronel Juan José Treviño para
aprehender a don Domingo de Allende y a don Domingo de Insúndegui y
decía: "Reunidos traen consigo veinte armas de fuego, con el fin de hacer vale-
rosa resistencia. El espíritu y brillo de Allende tiene a estos valles de Pilón y
Mota y haciendas de sus inmediaciones tan amedrentadas, que hace muchos
días que no duermen (ni van a) oír misa, de resultas de que ha dicho
públicamente que los ha de degollar. "^
Todo esto era una falsa alarma, pues para estas fechas don Domingo
Narciso ya se encontraba muy lejos. Después de su extraordinario viaje a la
ciudad de México cuando le llevó al virrey el informe del gobernador Santa
María y trajo su contestación, el 11 de enero se encontraba de vuelta en el valle
de la Mota. Ese mismo día o al siguiente, que fue cuando Santa María licenció
a las tropas de Nuevo León, Allende salió huyendo del valle de la Mota y el día

151
5N LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
13 se encontraba ya en los límites de Nuevo Santander. Lo acompañaban los
españoles don José María de Altoloaguirre, don Manuel Vedia, don Domingo
de Insúndegui y don Justo Pastor de Ibarra, así como algunos mozos. Su destino
inmediato era el rancho de San Francisco en la jurisdicción de San Fernando.^O
A medidados de febrero, un tal Antonio Hurguete que se sublevó en San
Fernando "con el título de capitán, "empezó a arrestar a todos los españoles de
la región, incluso a algunos que habían hecho viaje hasta Linares, en donde los
habían indultado los González de Hermosillo. El día 23, las tropas de Burguete
localizaron a Allende, a Insúndegui y a Ibarra en un monte, cerca del rancho
Vigueño, donde se habían escondido, y los empezaron a balacear. Allende
murió inmediatamente, pues le dieron cuatro balazos, Insúndegui quedó muy
mal herido, con un tiro en la cabeza, muriendo, según parece, unos días
después. A don Justo, lo capturaron posteriormente, también herido, pero
logró recuperarse. El bachiller don Joaquín Guzmán de la villa de Cruillas se
quejaba con don Joaquín Benítez, de que se levantaran con el mando "sujetos
de esta naturaleza," indudablemente refiriéndose a Burguete y al cabo José
Antonio García, que ahora se intitulaba alférez. "No hay seguridad -decía- en
cosa alguna, y lo que es más, en lo absoluto se falta a los nuevos
establecimientos del gobierno en que se pretende la reforma de costumbres,
abolir el despotismo, reprimir la maldad y organizar las cosas por medio de la
piedad y justicia. "^
Don Mariano Jiménez trataba de evitar los desórdenes y el desprestigio de
la insurrección, pero no podía estar en todos lados y con frecuencia sus
subalternos no procedían de acuerdo con sus instrucciones. Es probable que
Jiménez haya nombrado al licenciado José María López de Letona, el antiguo
asesor de los Herrera y Leyva, auditor general de su ejército, con el objeto de
proceder en una forma ordenada, sobre todo en lo relativo al embargo de los
bienes de los europeos, pues cada jefecillo insurgente actuaba según su arbitrio
y se había llegado a una situación caótica. El lo. de febrero, el licenciado López
de Letona publicó un bando en el cual manifestaba le habían denunciado que
en muchas casas de Monterrey existían bienes pertenecientes a los españoles
que habían emigrado y que para proceder a la confiscación de éstos, nombraba
al coronel Vicente Villaseñor "sujeto que por su probidad y buena conducta,"
desempeñaría esta tarea "sin causar vejación ni disgusto a persona alguna." Lo
que se embargara debía entregarse al tesorero provisional don Matías de Sada.
El día 11, esta orden se hizo extensiva para que incluyera a Saltillo y se amplió
la comisión del coronel Villaseñor a cualquier lugar del Nuevo Reino de León,
en donde hubiera bienes de ultramarinos para que los reconociera e
inventariara.32
Pero los nombramientos de López de Letona, Villaseñor y Sada ya fueron

152
LA FALTA DE PLAN INSURGENTE

tardíos para poder contrarrestar mucho del desorden. Este había sido
especialmente grave en Saltillo, donde se habían acumulado los bienes de los
españoles de Zacatecas y de los pueblos del norte de la provincia de San Luis
Potosí. Parece, que al entrar los insurgentes a Saltillo, fray Juan Salazar fue
uno de los más activos en confiscar los bienes de los europeos, aunque
posteriormente lo negó en su proceso y le echó la culpa a Lanzagorta, a
Carrasco y al lego Villerías.^ Uno de los que sufrieron pérdidas considerables
fue el capitán don José Domingo Castañeda, quien al principio de la
insurrección había pedido en varias ocasiones permiso al gobernador Santa
María, para seguir comerciando en Saltillo en lugar de trasladarse a Monterrey
a encargarse de la organización de su compañía.3*
Tan pronto como los insurgentes entraron a Saltillo, fray Juan se
comunicó con las autoridades de los pueblos para que detuvieran a los
españoles que hubieran escapado. El 13 de enero, Matías de Hoyos escribía
desde Candela que había capturado a siete españoles a quienes estaba
enviando a Saltillo, con excepción de dos que estaban enfermos y pedía
instrucciones al padre Salazar para que le dijera, qué debía hacer con los
intereses de éstos.^S
No obstante lo tardío de sus nombramientos, López de Letona y
Villaseñor, trataron de corregir algunas de las arbitrariedades. El 29 de enero,
el primero le escribía a don Rafael González de Hermosillo diciéndole que entre
los bienes embargados a don Martín Bengoa se incluyeron 4,000 pesos
pertenecientes a don Benito Pariente, que Jiménez había dado orden que se los
regresaran. Le enfatizaba también formar un riguroso inventario de lo que
hubiera embargado y que no se extraviara nada, porque así lo exigía el honor
de las armas, cuyo objeto no era perjudicar a nadie como lo publicaba el "vul-
go ignorante. "36 El propio Jiménez, le escribía ese mismo día a don Rafael
haciéndole saber que los "vecinos honrados" residentes de pueblos que pudie-
ran ser invadidos por los indios bárbaros, estaban exentos de entregar sus
armas.37 Dos días después se dirigía a Ramón González de Hermosillo orde-
nándole remitiera inmediatamente "sin causarle vejación alguna, "al europeo
don Francisco María Torrea que tenía preso.38
Por su parte, don Vicente Villaseñor, encontrándose en el valle del Pilón
le escribía el 10 de marzo al coronel Mariano Exiquio Acevedo, ^9 quien estaba
en San Carlos, manifestándole haber tenido noticias de que en esa villa había
algunos españoles presos; que él traía la comisión de ponerlos en libertad, pero
le suplicaba lo hiciera él, para evitarle hacer el viaje hasta ese lugar. También le
pedía desembargara la hacienda de Sacramento, situada en la jurisdicción del
Refugio, pues pertenecía a criollo. Le insistía igualmente que el propósito de
Jiménez era no hacer "daño ni perjudicar a los de la nación, ni menos a los
europeos, en especial a los indultados. "40
153
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Acevedo, se dirigía al mismo tiempo a su jefe el brigadier Carrasco
diciéndole existían muchas quejas contra un tal Juan Pérez que había mandado
de comisionado al Refugio, pues quería quitarles las armas y ésta era una villa
que padecía continuamente las invasiones de los indios.*^

Después de la defección de Aguanueva, los insurgentes ocuparon


rápidamente Saltillo, Monterrey y Monclova y pequeñas partidas empezaron a
recorrer las provincias de Nuevo León y Coahuila y parte de la de Nuevo
Santander. Pero, fuera de embargar los bienes de los españoles, no parece
haber habido un plan bien definido. El ir y venir de los González de Hermosillo
indica gráficamente esta situación. Parece que una de las preocupaciones
fundamentales de Jiménez era completar la conquista de Nuevo Santander
apoderándose de Altamira. Temía que el gobernador Iturbe, quien se había
replegado a ese lugar, recibiera refuerzos que bien le podían llegar de Veracruz
o de Cuba.
Originalmente, Juan Bautista Carrasco fue el designado para apoderarse
de Altamira. El lo. de febrero salió de Saltillo rumbo a Linares con este fin,*^
pero cinco días después hubo una contraorden, y a don Rafael González de
Hermosillo, que había salido con Carrasco de Saltillo y ya se había adelantado
hasta Linares, se le ordenó regresara a Saltillo a marcha redoblada.*^ Esto se
debió indudablemente a que Jiménez recibió la noticia de la derrota de Hidalgo
en el Puente de Calderón y también que el realista Facundo Melgares se había
apoderado de Parras con tropas de la Comandancia General.** Esta última
noticia era más grave, por ser una amenaza inmediata para Saltillo, punto vital
para el dominio insurgente en todas las Provincias Internas de Oriente. Por lo
tanto, Jiménez al llamar a las pequeñas partidas que andaban dispersas,
trataba de reconcentrar sus fuerzas para hacer frente a esta amenaza.
Efectivamente, Jiménez salió a combatir a Melgares, pero el encuentro se
redujo a una escaramuza insignificante en Patos entre las avanzadas de ambos
ejércitos y los dos bandos se atribuyeron la victoria. Jiménez dice: "El débil
ejército enemigo al mando de Melgares, intentó atacar a una avanzada de cosa
de 300 hombres al cargo del coronel Treviño, luego que llegó a Patos, pero fue
recibido con un saludo de dos cañones, y cargando con seis soldados que se le
mataron se puso en precipitada fuga. "*^ En cambio, Melgares da al brigadier
Bonavía el siguiente parte: "Acaban de llegar un oficial y veinte hombres que
conducen un sargento y seis hombres, de doce que se componía una avanzada
enemiga. Entre ellos vienen soldados del gobernador traidor Santa María y los
demás del campo de Cordero. También viene entre ellos Longinos, el que mató
a Rafaelillo. Ruega el alférez Ochoa por su vida, oficial que fue encargado de la

154
LA FALTA DE PLAN INSURGENTE

facción y que la desempeñó con valor denodado e inteligencia, casi a la vista de


once mil de la chusma. "^ Esta acción debe haber sido el 13 ó 14 de febrero.
Tan pronto como Jiménez regresó de Monterrey a Saltillo, se le presentó el
licenciado don Ignacio Aldama, comisionado por Allende para "pasar a los
Estados Unidos u otra potencia a solicitar armas y gente." En un principio,
parece que Jiménez había determinado que don Manuel de Santa María y el
cura José María Semper acompañaran a Aldama en su misión, pero su decisión
final fue escoger como acompañante a fray Juan Salazar.^7 Estos delegados
deben haber salido de Saltillo el 8 de febrero. El nombramiento de fray Juan es
de esta fecha.^8 El día 13, se encontraban en Lampazos,^ el 20 estaban en
Laredo y llegaron a San Antonio el día 27.^0
Es increíble la seguridad que tenían los insurgentes de la ayuda que iban a
recibir de los Estados Unidos. Fray Juan Salazar declaró en su proceso, haber
recibido de Jiménez instrucciones verbales que cuando llegara a los Estados
Unidos "procurase él que dicha nación limítrofe le auxiliase con seis, ocho o
diez mil hombres de todas armas, ofreciéndoles un millón de pesos por cada
mil individuos, después de pagar a éstos sus correspondientes sueldos,
asegurándoles que tenía a su disposición treinta o cuarenta millones y multitud
de plata en masa con qué satisfacer lo prometido. "***• También declaró que la
plata en masa quitada al tesorero Royuela en el presidio de Río Grande, y que
debía mandarse a Monterrey para pagar el préstamo que el Cabildo Eclesiás-
tico había hecho a Jiménez, éste dio orden que se trasladara a Béjar,52 para
que de allí continuara rumbo a los Estados Unidos.^3 Todo esto lo ratificó fray
Gregorio de la Concepción en su proceso, pues declaró que Jiménez le había
dicho, que para destruir, a Calleja "y a todos los criollos rebeldes pasaba a los
Estados Unidos en solicitud de armas y de veinte a treinta mil angloamerica-
nos."^
Se podrá pensar que estos frailes cuando se encontraron en apuros,
tratando de salvar sus vidas hicieron declaraciones falsas e incriminatorias
para otros de los insurgentes, pero el mismo Jiménez confirma plenamente lo
declarado por ellos. El 17 de febrero, le escribió a Allende, que en aquel
momento se acercaba a Saltillo, urgiéndole se apresurara y entre otras cosas le
decía: "Es necesario cubrir varios puertos que están amenazados desembarcos
de un día a otro en fuerzas enemigas, y así sería muy conducente que usted
avanzase a marchas dobles a cubrir el Saltillo, para no exponer que nos corten
la comunicación con nuestros aliados los anglas, que a esta hora, pueden ya
haber avanzado sus divisiones a Béjar. "^
Jiménez mostraba mucha ingenuidad al creer que los americanos eran
aliados de los insurgentes. Aunque es cierto que la insurrección tenía simpatías
en los Estados Unidos y que muchos ciudadanos de este país, incluso

155
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
funcionarios del gobierno, estaban dispuestos a ayudarla solapadamente, en
ningún momento se planeó abiertamente el envío de un ejército para auxiliarla.
Además era un contrasentido que los insurgentes justificaran su movimiento
afirmando continuamente que era para evitar que los españoles entregaran el
país a los franceses, y ellos lo estaban entregando a los norteamericanos, ya
que no hay duda, que si un ejército de éstos hubiera entrado al país, no se
hubiera retirado sin obtener como compensación cuando menos una buena
tajada de su territorio.
Don Ignacio Allende declaró en su proceso que, estando en Saltillo, llegó
un oficial informando que a su salida de Monclova se rumoraba que cerca de
Béjar se hallaban dos mil norteamericanos, "cuya noticia celebraron los
oficiales poco- cautos," pero a él le pareció, si esto era cierto, que detrás de
estos dos mil vendrían cuando menos catorce o quince mil hombres con
intenciones de apoderarse del país, aprovechándose de la revolución en que se
hallaba. Que estando en el puesto de Mesillas, le dijo al coronel don Antonio
Cordero, quien iba como prisionero, que si era cierto lo de los angloamerica-
nos "le parecía lo mejor, solicitar del señor virrey la reunión, para juntos
todos, en defensa del reino, batir a los angloamericanos y no permitir se
apoderase de él ninguna nación extranjera. "^°
Allende llegó a Saltillo el 24 de febrero y unos días después hizo su arribo
el cura Hidalgo. Fray Gregorio de la Concepción, a quien Allende encargó lo
fuera a encontrar, dice que entró a Saltillo como a las tres de la mañana.
Hidalgo ya no tenía ningún mando, y de hecho, acompañaba a los otros
insurgentes como prisionero, pues después de la derrota en el Puente de
Calderón, fue alcanzado en la hacienda de Pabellón por Allende y otros de los
jefes y amenazado "de que se le quitaría la vida si no renunciaba al mando. "57
Por lo tanto, poco después de que Hidalgo llegó a Saltillo hizo una renuncia
formal, y reunidos los principales jefes, nombraron a Allende generalísimo y a
Jiménez capitán general. Para celebrar este acontecimiento hubo una misa de
acción de gracias, corridas de toros, se iluminó la población por tres días y
Allende arengó a la multitud reunida en la plaza de armas y le tiró dinero,
incluyendo las bandejas de plata en que se llevó éste.58
Poco antes de que Allende llegara a Saltillo, Jiménez había encargado a un
nuevo jefe, don Mariano Exiquio Acevedo, la captura de Altamira el único
punto que les quedaba a los realistas en las Provincias Internas de Oriente.
Acevedo fue nombrado, el 16 de febrero, coronel del primer regimiento del
brigadier Juan Bautista Carrasco, y parece que ese mismo día salió de Saltillo
acompañado por una escolta, y con la comisión de levantar tropas para la
realización de la empresa que se le había encomendado.59 Pero no pasó de San
Carlos. En Nuevo Santander, se presentó para los insurgentes una situación

156
LA FALTA DE PLAN INSURGENTE

muy especial.
Se ha mencionado que el primero que apoyó la insurrección en esta
provincia fue don José Joaquín Benítez, quien se rebeló a principios de enero y
poco después fue a ponerse a las órdenes de Jiménez cuando éste estaba en
Monterrey, habiendo obtenido el nombramiento de teniente coronel y el
encargo de sublevar Nuevo Santander. Cuando Benítez regresaba de
Monterrey se encontró en la hacienda de La Vaca, en los límites entre Nuevo
León y Nuevo Santander, al sargento José María Martínez, comisionado por el
gobernador Iturbe para investigar las fuerzas de los insurgentes que estaban en
Linares.6" Benítez y Martínez regresaron juntos a Padilla y ahí, el primero fue
reconocido como jefe de las tropas de Nuevo Santander que se habían
rebelado.61
Parece que Benítez pensaba igual que Juan Ignacio Ramón, esto es, que si
los mismos de la provincia se pasaban a la insurrección, se evitaría que entrara
gente de fuera. Esto va a dar lugar a una serie de conflictos entre Benítez y
otros jefes insurgentes.
El 19 de febrero, al presentarse en la villa de Hoyos el capitán Rafael
Murguía, enviado por el teniente coronel Ramón González de Hermosillo a
recoger dinero, Benítez le puso inmediatamente un oficio. "Atendiendo -decía-
a los generales perjuicios que están ocasionando a esta provincia los
comisionados que por varias partes están introduciéndose en ella, he tenido a
bien circular, con esta fecha, orden a todos los justicias militares y políticos y
fieles de los estancos de la comprensión de este gobierno, para que de ninguna
suerte permitan extraer ni el valor de un medio real, a no ser con visto bueno
mío, y en caso de que no le ejecuten, les hago en un todo responsables, debien-
do, si por fuerza de armas quisieren obligarlos a hacer alguna entrega, ejecutarle,
le, dándome pronto aviso al punto donde me halle, para ver los arbitrios que me
doy para precaver estos desórdenes, pues he visto con dolor, que todo lo que
avanzo con armonía, política y justicia, me lo desfiguran con las acciones de
derrotar con despotismo y libertad, aun los bienes de algunos criollos que se
hallan actualmente con las armas en la mano, defendiendo nuestra justa causa,
resultando por otra parte que los reales y demás enseres que se hallan en esta
provincia y deban en justicia venderse, necesito yo de hacerlo, para auxiliar
con ellos las tropas que tengo en ella misma en favor y defensa de nuestra justa
causa, por lo que antendiendo a la justicia que me asiste, no creo haya ningún
señor comisionado tan falto de consideración, que quiera contra toda justicia
atropellar esta mi superior orden. "62
Este comunicado expone explícitamente, cual era la posición de Benítez e
indudablemente de muchos otros en las Provincias Internas. Unos días antes,
Salvador Gómez de Castro le había negado dinero del fielato de Linares a
Rafael González de Hermosillo.W
157
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Su hijo Ramón se quejaba con don Mariano Jiménez, desde Real de
Borbón, que Benítez se había llevado las tropas de su mando y que él iba a
atacar la villa de Hoyos que estaba resguardada por siete europeos y muchos
criollos.64 Esto último era indudablemente para darse importancia, pues para
estas fechas no había resistencia en ningún lado y los españoles que no habían
sido capturados andaban huyendo.
Algún tiempo después, se presentó un nuevo incidente que determinó a
Benítez mandarle una carta muy dura a don Rafael González de Hermosillo,
reclamándole se hubiera llevado el dinero del estanco de la villa de Hoyos y
algunos bienes del español Gaspar Lores, pues consideraba que éstos debían
haberse vendido en esa villa, ya que no alcanzaban ni para cubrir lo que Lores
debía. "Entre varias cosas -decía- que u§ted se llevó del dicho europeo, fue un
bandolón, que estoy informado aquí lo compraban y no quiso venderlo,
diciendo que iba a enseñarse a tocar. Si usted se dedica a servir a la nación y
necesita reales para pagamiento de sus tropas, por qué no vendió éste y se
quitó de música, que sólo nos importa ahora instruirnos en la que nos
prometen los combates." También le reconvenía que él y otros lo hubieran
querido desprestigiar, y hubiera abierto una carta que le mandaba el brigadier
Carrasco y vociferara por donde pasó que iba a degradarlo.65
La acción de los insurgentes en Nuevo Santander siempre fue muy
indecisa. Mariano Exiquio Acevedo fue el militar de más alta graduación que
enviaron a la provincia y. no parece haber tenido tropas a sus órdenes. El
contingente más importante que había en la región eran las tropas que se
habían volteado contra el gobernador Iturbe y Benítez tenía el dominio sobre
ellas. Los demás jefes insurgentes que entraron a la provincia andaban
acompañados de pequeñas partidas, como los González de Hermosillo, y no se
dedicaban más que a andar haciendo depredaciones que indisponían a los
habitantes contra la insurgencia. El mismo Jiménez parece haber tenido dudas
sobre a quién apoyar, si a Benítez o a Acevedo. Carrasco, con quien Ramón
González de Hermosillo se quejaba de Benítez, le decía parecerle infructuoso
mandar a Jiménez un oficio, pues había visto otro de éste a Benítez donde le
insistía siguiera "con sus tropas hasta Altamira, alabándole mucho sus buenos
modales para conquistar a los soldados." Le decía también, que esto lo hacía a
pesar de los informes de Acevedo y los suyos, y que si a Acevedo, comisionado
por el mismo Jiménez, le ordenaba se regresara, con mucha más razón debía
hacerlo él.66
Mientras seguían los desacuerdos entre los insurgentes, Altamira
permanecía en manos de los realistas, y ahí el gobernador Iturbe se empezaba a
rehacer para emprender la reconquista de Nuevo Santander.
El 28 de febrero, Benítez le comunicaba al coronel Acevedo desde Llera,

158
LA FALTA DE PLAN INSURGENTE

tener noticias de que el virrey había mandado refuerzos al gobernador Iturbe.


Que la información era muy vaga, pues unos decían sólo eran 350 hombres y
otros que eran 3,000. Los datos con respecto a la artillería eran igualmente
dudosos; algunos informaban que únicamente contaba con tres o cuatro
cañones de corto calibre y hubo uno que dijo que tenía treinta. Benítez insistía
en que, aunque estas noticias fueran falsas, se debía estar con precaución, y
recomendaba se reunieran en un lugar más adecuado para la subsistencia de la
tropa y manutención de la caballada. Sugería que este lugar fuera la villa de
Aguayo, donde había dejado veintiséis barras de cobre que le quitó a un
arriero del español Lorenzo Córdoba, las cuales podrían servir para fabricar
algunos cañones, si Acevedo traía con él algún artífice que lo pudiera hacer. Le
decía, igualmente, tener cinco cañones y que pronto llegarían otros
abandonados por los realistas al salir de la provincia. Que estaba esperando la
pólvora pedida a San Carlos, para instruir a los artilleros y la tropa pudiera
tirar al blanco, pues temía que hubiera algunos que no supieran disparar un
fusil.67
El teniente coronel Juan Nepomuceno Jiménez, también le escribía a
Acevedo el 9 de marzo, desde la villa de Santander, diciéndole que las fuerzas
de Altamira avanzaban rápidamente hacia ese lugar y que él había mandado
recoger los cañones que había en esa villa y los que estaban en Padilla. Estos
últimos tenía informes eran cuatro, pero no tenía "ni un grano" de pólvora.68
Este teniente coronel Jiménez era antes de la insurrección, residente de la villa
de Santander y don José Mariano Jiménez lo había mandado unos días antes a
Nuevo Santander, tal vez pensando, que por ser nativo de la provincia podría
levantar gente más fácilmente y mediar en los conflictos que se habían
suscitado. 69
Dos días después, Jiménez volvía a escribir a Acevedo informándole,
tener noticias ciertas de que el enemigo había salido para la hacienda de El
Cojo. Le volvía a pedir pólvora y lo hacía responsable de las desgracias que
pudiera haber en esos lugares. Le decía igualmente, que las tropas que traía
Benítez, estaban muy disgustadas con él y que si se tardaban en avanzar hacia
Altamira, todos se irían "al ejército grande" y Acevedo se quedaría solo.70
Esta advertencia era un presagio muy acertado de lo que pronto sucedería en
Nuevo Santander.
Sin embargo, aunque la posición del gobernador Iturbe estaba
mejorando, todavía no tenía fuerzas suficientes para la reconquista de la
provincia y las noticias que les llegaban a los insurgentes eran muy exageradas.
Tan pronto como Iturbe llegó a Altamira, informado de que el
comandante militar de Tampico había recibido algunos refuerzos, le pidió
auxilio y éste le mandó, primero, cuarenta y cuatro hombres al mando de un

159
12
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA

teniente y luego, otros treinta más. El comandante de las fuerzas sutiles


aportó doce hombres y algunos pertrechos de guerra. También organizó el
gobernador una compañía incompleta con las milicias que lo habían seguido,
dos compañías de cincuenta hombres cada una con soldados y paisanos de
Altamira, dos piquetes de Presas y Horcasitas, "la mayor parte de ellos
armados de lanza y el resto de armas de fuego de todos calibres," y dispuso
igualmente de "un corto número de patriotas," probablemente españoles de
los que se refugiaron en Altamira.^ Por lo tanto, a mediados de marzo, el
contingente con el cual contaba el gobernador de Nuevo Santander debe
haber sido de unos trescientos cincuenta hombres. 72
Iturbe también tuvo sus problemas. Poco después de que llegó a Alta-
mira, varios españoles se presentaron'como voluntarios; pero, cuando el
sargento Martínez se aproximó a la hacienda de El Cojo para parlamentar
con el capitán Vidal de Lorca que iba de retirada, algunos de estos espa-
ñoles se pasaron a Pueblo Viejo sin permiso del gobernador. Iturbe solicitó
al comandante de Tampico que los obligara a regresar "para que como más
inteligentes, especialmente los catalanes, les ayudasen en el manejo de los
cañones," de los cuales tenía cinco. Los desertores alegaban que no regresa-
ban porque el gobernador permanecía inactivo y no hacía los preparativos
necesarios para la reconquista de la provincia. Y el comandante de Tampi-
co, molesto ante la insistencia del gobernador, contestaba, que él no tenía
órdenes para obligar a balazos a que estos desertores regresaran y que no
era el responsable de la pérdida de Nuevo Santander. Iturbe se defendía
aseverando que no era el único militar que se había visto abandonado por
sus tropas en la "guerra del día." Que las tropas de Guadalajara habían
abandonado al señor Abarca, y lo mismo le había sucedido a Cordero y a
los comandantes que estaban en Béjar.3
Cuando Iturbe estaba a punto de iniciar su avance hacia el interior de
la provincia, recibió aviso que había llegado a Pueblo Viejo don Joaquín de
Arredondo, coronel del Regimiento Fijo de Veracruz, con parte de su primer
batallón. Inmediatamente se trasladó a ese puerto para entregarle, no sólo el
mando militar que le correspondía por su mayor graduación, sino también
el político. Sin embargo, pidió seguir bajo sus órdenes, si lo juzgaba conve-
niente. 74 La llegada de Arredondo a Pueblo Viejo fue el 18 de marzo; 75 ya
para estas fechas, hacía tiempo que la contrarrevolución estaba en plena
efervescencia en varios lugares de las Provincias Internas de Oriente.

160
CAPITULO X

CONTRARREVOLUCIÓN

Don José Ramón Díaz de Bustamante y Berroterán, tenía veinte años


de ser el capitán de la Tercera Compañía Volante de Nuevo Santander y
comandante de la villa de San Agustín de Laredo.l Era conocido por todas
las Provincias Internas como "el Capitán Colorado" y tenía, por este
tiempo, cincuenta y cuatro años, pues nació el año de 1756 en el pueblo de
Nuestra Señora de Guadalupe del Conchos en la provincia de la Nueva
Vizcaya.2 El historiador don Lucas Alamán, que lo conoció, ha dejado de
él una descripción muy interesante: "Conocí personalmente -dice- al Capitán
Colorado en 1808 en Nuevo Santander, estando procesado por materia de
cuentas de su compañía y comía diariamente en casa de mi cuñado Iturbe.
Era muy grueso, de pelo rubio y hombre de singular calma, contando
siempre aventuras de las guerras con los indios, lo que hacía con mucha
gracia y con tantas exageraciones, que en mi familia quedó por mucho
tiempo el decir, cuando alguna parecía muy abultada: Eso será como los
cuentos del Capitán Colorado'. "3
A pesar de sus continuos desfalcos, parece que don Ramón era uno de
los hombres de confianza del gobierno español en la frontera y con
frecuencia se le conferían atribuciones más amplias que las que normalmen-
te tenía un capitán de presidio. Además de ser la máxima autoridad militar
en el norte de Nuevo Santander, también detentaba la autoridad civil de la
villa de Laredo, de la que era el justicia mayor.
El 6 de noviembre de 1810, el gobernador de Nuevo Santander facultó
a Díaz de Bustamante para expedir pasaportes a los vecinos de las villas del
norte que quisieran ir a la provincia de Texas.4 Unos días después el Capitán
Colorado mandó una carta cordillera a todos los curas párrocos, capitanes
y comandantes de las villas del norte, esto es, Revilla, Mier, Camargo,
Reynosa y la congregación del Refugio, ordenándoles reunieran a todos los
indios congregados y los hicieran "labrar, sin excusa buenos arcos y flechas
cada uno y lo mismo a todos aquellos vecinos robustos y mozos (de)

161
EN LOS ALBORES DE L4 INDEPENDENCIA
alquiler que no tengan otra clase de armas."^ Ya más avanzada la
insurrección, Díaz de Bustamante se titulaba: "Capitán de la Tercera
Compañía del presidio de Laredo y comandante de las armas de las cinco
villas del norte de la provincia de colonia del Nuevo Santander. "&
Al pasarse a la insurgencia las provincias de Coahuila y Nuevo León, el
señor obispo Marín de Porras y veintidós españoles se refugiaron en
Laredo, y aunque los insurgentes mandaron a don Ramón el título de
coronel, le encargaron embargar los bienes de los españoles y lo estuvieron
llamando para que se presentara a los jefes, probablemente en Monterrey o
Saltillo; éste no hizo caso. Su propósito era retirarse a Bajar con sus fuerzas
y los refugiados para unirse con don Simón de Herrera y don Manuel
Salcedo. Antes de que pudiera llevar a> cabo su proyecto tuvo noticias del
cuartelazo encabezado por don Juan Bautista Casas y supo, más o menos al
mismo tiempo, que el capitán Ignacio Elizondo iba para Laredo con 120
hombres "a aprehender a los europeos y embargar sus intereses." Pero
cuando éste llegó ya el obispo y los españoles habían huido.
Esta breve estancia de Elizondo en Laredo tuvo una relación muy
importante con los acontecimientos que se desarrollarían posteriormente. El
capitán Bustamante relata: "Manifesté mis sentimientos al referido oficial, la
noche que se mantuvo en aquel puesto, y habiéndole impresionado, (nos)
pusimos de acuerdo para averiguar del enemigo e impedir la ruina que
amenazaba." Por lo tanto, fue Díaz de Bustamante quien convenció a
Elizondo de volver al bando realista. En la misma carta, el comandante de
Laredo dice más adelante: "No se pasaron muchos días, cuando se me
presentó el mariscal don Juan Ignacio Aldama, acompañado de un fraile,
que pasaba a la provincia de Texas a tratar asuntos interesantes a la nación.
Me recomendó al teniente general de sus ejércitos para que dejara aquel
punto, amenazándome de muerte si no lo verificaba. "7
Fray Juan Salazar era el más interesado en sacar de Laredo al Capitán
Colorado. Escribió sobre este asunto, tanto a don Pedro de Aranda como a
don Mariano Jiménez. Al primero le decía: "Eí capitán Bustamante tiene
orden de nuestro general para pasar con su compañía a la villa de Saltillo.
Mucho, mucho importa que este hermano desampare este lugar, por tanto,
conviene que sin demora, revoque vuestra merced la comisión que le ha
conferido sobre la distribución de los bienes de los europeos y le mande a
otra, pues valiéndose de la ocasión se le facilita no poner en práctica el
superior orden del jefe, lo que puede inferimos fatales consecuencias."® Y a
Jiménez le manifestaba, que la indiferencia con que ese pueblo veía la
"resolución americana" se debía a la "indecisión del coronel," que para que
hubiera tranquilidad y unión ese sujeto debía estar cerca de Jiménez.^

162
CONTRARREVOLUCIÓN

El Capitán Colorado cuenta que, precisamente estando Aldama y fray


Juan en Laredo, tuvo noticias de la derrota de los insurgentes en el Puente de
Calderón; que esto lo animó y pensó aprehender a los emisarios rebeldes,
"pero considerando que de verificarlo pudieran frustrarse las miras más
selectas" que se habían propuesto Elizondo, el capitán retirado don José
Menchaca y él, los dejó seguir su camino. 10 Por lo tanto, desde fines de
enero o principios de febrero, cuando Elizondo estuvo en Laredo, ya se
encontraba concertado el plan para la aprehensión de los jefes insurgentes.
Antes de salir Aldama y fray Juan Salazar de esta villa, debe haber habido
entre éste último y el capitán Bustamante un intercambio de palabras
bastante duras, pues fray Juan le dijo: "Que si no podían salirse con sus
ideas echarían encima todas las indiadas del norte o entregarían el reino a
los angloamericanos, a los franceses o a los ingleses o a los demonios."**-
Sin embargo, la contrarrevolución se inició más al norte en la provincia
de Texas, y la llegada de don Ignacio Aldama y fray Juan Salazar fue la que
aceleró el golpe.
El principal promotor del primer brote contrarrevolucionario en las
Provincias Internas de Oriente fue el subdiácono Juan Manuel Zambrano.-^
Dos de sus hermanos, José Darío y José María, eran sacerdotes, -^ pero a
Juan Manuel, a pesar de tener ya treinta y ocho años de edad, se le había
detenido en el grado más bajo de la jerarquía eclesiástica, probablemente
debido a su conducta licenciosa y escándalos continuos. Poco antes de que
don Manuel Salcedo llegara a Texas como gobernador, Zambrano había
sido expulsado de la provincia,, y a pesar de las protestas del nuevo
gobernador, consiguió permiso de la Audiencia de Guadalajara para
regresar. Sin embargo, tan pronto como apareció en Texas, Salcedo lo
arrestó y lo encerró en la cárcel.-^ Esto originó un conflicto entre el
gobernador y el obispo Marín de Porras, ya que el segundo consideró que
el primero estaba invadiendo la jurisdicción eclesiástica arbitrariamente y,
por lo tanto, lo excomulgó. No obstante, lo hizo en una forma atenuada.
Ordenó al juez eclesiástico que "delante de tres personas de la más dis-
tinguida autoridad de la villa" le notificara en secreto la sentencia de
excomunión. Pero el señor obispo no fue tan suave con los que arrestaron
al subdiácono. Decía en su edicto: "Y por lo que hace a los que
intervinieron en la prisión de orden de dicho gobernador, y especialmente al
soldado que hirió a Zambrano en el pecho y en la cabeza, mandamos se les
declare por público excomulgados, poniéndolos en tablillas, según el
formulario que acompañamos a ésta, con la expresión del nombre, apellido
y oficio de cada uno, que deberá leer nuestro vicario eclesiástico el primer
día festivo a tiempo del ofertorio de la misa mayor, señalándoles el término

163
EN LOS ALBOKES DE LA INDEPENDENCIA
de treinta días para acudir por la absolución, previniendo que el soldado o
soldados que le hirieron, se han de presentar con los pies descalzos,
pidiendo antes perdón todos ellos al subdiácono Zambrano. "^
Algún tiempo después, Salcedo solicitó "en debida forma la absolución"
y el obispo le levantó la excomunión,-^ pero volvió a expulsar a Zambrano
de Texas.
Por los días que empezó la insurrección del cura Hidalgo, el
gobernador de Texas tuvo noticias de que Zambrano intentaba volver a su
provincia, y se dirigió a la Audiencia de Guadalajara amenazando con
renunciar si el subdiácono regresaba; también se quejó con el obispo Marín
de Porras y con el brigadier Bonavía, pero este último lo tranquilizó
diciéndole que él evitaría cualquier escándalo si Zambrano volvía a la
provincia. ^
Resulta irónico que, más o menos al mismo tiempo que don Simón de
Herrera patrocinaba la entrada a Texas de don Juan Bautista Casas, quien
encabezará la insurrección, don Manuel Salcedo se oponía al regreso del
subdiácono Zambrano, quien dirigirá la contrarrevolución.
Según Zambrano, algunos de los paisanos y oficiales de la guarnición
de Béjar le pidieron que acaudillara la revolución, pero no aceptó y se retiró
a su hacienda situada a veinte leguas de la capital de Texas.18 Esta finca se
llamaba la Laguna de las Animas y ahí tenía treinta y dos sirvientes y dos
esclavos.19 Igual que otro clérigo contemporáneo, el cura Hidalgo,
Zambrano se interesaba más por las cosas mundanas que las espirituales. El
obispo Marín de Porras decía en una carta de recomendación que
Zambrano había promovido "la agricultura en la siembra de maíz de que
carecía enteramente aquella capital, la de trigo, desconocida hasta su
tiempo, construcción de molinos nunca vistos en aquel país y acopio de
harinas floridas y sanas conque se ha sostenido la tropa y vecindario, con
notoria ventaja de todos ellos y ahorro de los costos que sufrían para
conducirlo de otras provincias."™
La administración de don Juan Bautista Casas fue muy despótica y
arbitraria y pronto se enemistó con la mayoría de los habitantes de Béjar,
incluso los que habían cooperado con él para apresar a Salcedo, Herrera y
demás oficiales. Algunos empezaron a pensar que era preferible volver al
gobierno anterior, pero consideraban la tarea muy difícil, ya que Casas
disponía de las fuerzas y además estaban rodeados de enemigos, pues los
insurgentes dominaban en las provincias vecinas. Fue entonces cuando se les
ocurrió a los contrarrevolucionarios acudir al subdiácono Zambrano que
tenía fama de hombre intrépido. Este se presentó en Béjar en los últimos

164
CONTRARREVOLUCIÓN

días de febrero y la contrarrevolución empezó a moverse sobre bases más


firmes.
Zambrano obró con mucha habilidad. Para conservar el apoyo de
aquéllos que todavía eran partidarios de la insurgencia, pretendió que la
conspiración sólo se dirigía "contra el despotismo de Casas y contra los
desórdenes de su gobierno." Algo que vino a facilitar el movimiento fue que
en esos días llegaron a Béjar el licenciado Aldama y el padre Salazar y
también el cargamento de barras de plata que se habían quitado al tesorero
Royuela en el presidio de Río Grande y que iba de paso para los Estados
Unidos. Zambrano aprovechó muy hábilmente el hecho de que el uniforme
de Aldama tuviera un cordón en el hombro similar al que usaban los
oficiales franceses, para propalar que era emisario de Napoleón, quien
pronto se apoderaría de aquella provincia.^1
El 27 de febrero en la noche, día en que el licenciado Aldama y el
padre Salazar llegaron a Béjar, Zambrano fue a visitar v este último y le
manifestó que el vecindario estaba muy incómodo por el hecho de que don
Juan Bautista Casas tuviera el puesto de gobernador y comandante de las
armas; que el padre Salazar debía formar una junta de personas de la
provincia a la cual Casas quedara sujeto, alegando que éste "por su notoria
estolidez" era inepto para gobernar un pueblo en donde había individuos de
más mérito que él, los cuales habían expuesto sus vidas por la causa de la
nación, como los capitanes Sáenz y Escamilla, a quienes Casas había hecho
la grave injusticia de no incluirlos en el informe que sobre la prisión de los
gobernadores, mandó al cura Hidalgo.
Salazar le contestó a Zambrano, que ni él ni Aldama tenían facultades
para crear Juntas, "ni menos revocar lo que Jiménez determinaba," y le hizo
presente, que cualquier novedad podría tener consecuencias funestas pero
que "vería a Aldama, a ver si éste hallaba arbitrio para tranquilizar a los
quejosos."
El capitán Antonio Sáenz, que había sido encarcelado por el goberna-
dor Salcedo y liberado por los rebeldes de Béjar, fue a ver al padre Salazar
al día siguiente y le mostró un diario que había llevado desde antes de la
prisión de Salcedo y Herrera, y en el cual acreditaba "su actividad, su celo,
su patriotismo, que Casas despreciaba," pues consideraba que él era al que
se debía distinguir "con la gloriosa corona de la reconquista de Béjar." Fray
Juan contestó no tener él poder para premiarle aquellos méritos, pero que se
dirigiera a Jiménez, quien informado de ellos, indudablemente lo recompen-
saría; lo que sí podía hacer era darle una carta para Jiménez.22
El día lo. de marzo, el teniente Gárate quien había acompañado a

165
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Aldama y al padre Salazar desde Laredo,^^ le fue a avisar a este último que
Zambrano y Sáenz andaban alborotando a la tropa, diciéndole que Aldama
y sus acompañantes venían huidos del ejército insurgente y era conveniente
detenerlos. El padre Salazar declaró posteriormente que no quiso "avisar a
Aldama y darle parte a Casas, porque no se formase un tumulto en que
peligraran muchas gentes. "^
En la noche de ese mismo día, cinco de los comprometidos se reunieron
en la casa de Zambrano y resolvieron dar el golpe en seguida, "dirigiéndose
rápidamente a los cuarteles y haciéndose dueños de ellos sin gran dificultad,
así por los afectos que tenían entre las tropas, como por la eficacia de
razones conque supo Zambrano persuadirlas a su partido." Inmediatamente
después, se acordó convocar a los principales vecinos para que se nombrara
una Junta de Gobierno bajo la presidencia de Zambrano. En esta reunión
"todos los vocales presentaron solemne juramento, entre otras cosas de
defender a todo trance los derechos del señor femando VII y los de la
dinastía de la casa de Barbón" y los demás concurrentes juraron obedecer a
la Junta.25
Al amanecer del día siguiente, los miembros de la Junta "se pusieron a
la cabeza de como cuatrocientos hombres de tropa armada," fueron y
despojaron a Casas del gobierno y lo arrestaron.26 Poco después, Sáenz se
presentó con gente armada en la casa donde estaban alojados Aldama y el
padre Salazar, y cuando el primero salió, le dijo que no se alarmara, pues
sólo iban a informar que se había convocado a una junta en donde se
interrogaría al gobernador interino don Juan Bautista Casas para que
contestara ciertas preguntas que el pueblo se hacía y querían que Aldama
presidiera dicha Junta. Al día siguiente era domingo y Sáenz volvió
acompañado por dos miembros de la Junta a llevar a Aldama, para que
asistiera a misa en compañía de este cuerpo.
El día 4 al amanecer, se presentaron una vez más Zambrano, Sáenz y
otras personas en el lugar en donde estaban alojados los emisarios
insurgentes, y después de sacar a los criados a quienes mandaron presos a
los cuarteles, arrestaron a Aldama y al padre Salazar. Ahí en sus cuartos
permanecieron detenidos cinco o seis días y luego fueron trasladados al
cuartel del Álamo de Parras.^? Hubo cuando menos dos intentos de
rescatar a los prisioneros: el primero la noche del día 3 y el segundo,
cuando ya estaban en el Álamo, pero se frustraron. La segunda conspira-
ción fue descubierta por el teniente Escantilla, quien arrestó a cuatro de los
principales conspiradores.^ Estando en prisión, el padre Salazar trató de
cohechar a algunos soldados para que fueran a avisarle a don Mariano

166
CONTRARREVOLUCIÓN

Jiménez de la contrarrevolución, pero fue delatado y el subdiácom


Zambrano le puso un escrito muy duro amenazándolo si continuab;
tratando de seducir a los guardias, con ser "arrastrado ai suplicio. "29
Además del subdiácono Zambrano, que quedó como presidente de 1;
Junta de Gobierno, los otros miembros de ésta eran: Antonio Sáenz, Ignacic
Pérez, Miguel Múzquiz, Luciano García, José Santiago Tijerina, José Erasmc
Seguín, Luis Galán, Manuel Barrera, Juan José Zambrano, Gabino Delgado
Vicente Gortari y José Antonio Sauceda. Este último era el secretario, <
igual que Antonio Sáenz, estaba en la cárcel al insurreccionarse Casas,
quien los liberó. Por lo tanto, los que hicieron la contrarrevolución eran los
mismos que un mes antes habían sido insurgentes. Don Gabino Delgado,
ahora miembro de la Junta, fue uno de los civiles que acompañaron a \¿
tropa a arrestar a don Manuel Salcedo y a don Simón Herrera. Otros de los
que habían sido insurgentes y ahora tomaban parte en la contrarrevoluciór
eran el alcalde de primer voto, don Francisco Travieso, el alférez Vicente
Tarín y el teniente Francisco Ignacio Escamilla.^0 No deben haber sido muy
firmes las convicciones políticas de esta gente.
La Junta actuó con mucha actividad; informó haberse constituido a los
pueblos y puestos militares de la provincia, detuvo a varios sospechosos,
disimuló con otros, regresó sus bienes a los que habían sido despojados y
liberó a los europeos y criollos que estaban presos. Pero su principal
problema era que la noticia de su golpe la conocieran las autoridades
realistas. Con este objeto comisionó a don Luis Galán, uno de los vocales y
al capitán de las milicias del Nuevo Reino de León don José María Muñoz,
para que fueran a informar al comandante general. Como estos emisarios
tendrían que atravesar un extenso territorio dominado por el enemigo, no
llevaban mensaje escrito para don Nemesio Salcedo, y le informarían
verbalmente. Sin embargo, se les proporcionó una comunicación dirigida a
don Mariano Jiménez para que la presentaran en caso de ser detenidos por
los insurgentes. En ésta, le decían que, debido a las múltiples noticias que
corrían, el pueblo de Texas estaba muy inquieto por su religión, rey y
patria. Que al llegar el licenciado Aldama, lo habían recibido con mucho
júbilo y regocijo, pues esperaban que éste aplacara esta inquietud, pero
cuando supieron que iba para los Estados Unidos a tratar "puntos que no se
manifestaban," aumentó la agitación, ya que si la misión del licenciado
Aldama era traer tropas, los americanos se posesionarían de esa provincia,
como ya lo habían hecho con Baton Rouge y la Movila. Por lo tanto, para
evitar desórdenes, "algunos buenos patriotas" habían convocado a varios
individuos para formar una Junta de Gobierno, la cual había destituido al
brigadier don Juan Bautista Casas y al licenciado Aldama. Les parecía que

167
•N LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
a misión de este último a los Estados Unidos, debía ser "legalizada con
moderes amplios de la nación," dado que sus pasaportes, uno de Allende y
>tro de Jiménez, no les parecían suficientes para un encargo de tanta
mportancia. Que Al dama no había hecho nada para aquietar los ánimos,
>ues corrían rumores que iba a los Estados Unidos fugitivo, en cambio
3tros decían, que sus insignias mostraban conexión con Francia, país
memigo. Debido a estas dudas, pedían que Jiménez les aclarara una serie de
juntos: Si el propósito de la insurrección era mantener la religión católica y
:onservar el país para Fernando VII y la dinastía de los Borbones. Si los
labitantes de la provincia seguirían regidos por las mismas leyes. Si los
egítimos dueños conservarían sus propiedades. Si la provincia sería
auxiliada con dinero y gente en caso de ser invadida por el enemigo. Si se
:ontinuaría el regalo para las tribus indias. Por último, pedían que estas
seguridades se acreditaran con documentos firmados por el tesorero don
fosé María Gónjez, el licenciado don José Vivero y el cura de Saltillo don
Pedro Fuentes "por ser sujetos de conocida virtud. "31
Muñoz y Galán salieron de Béjar el 8 de marzo, y rodeando el presidio
de Río Grande llegaron a San Fernando el día 13. Aparentemente se
dirigieron a esa villa para ponerse en contacto con el capitán José
Menchaca. Este, aunque ya retirado, había sido nombrado comandante de
ese lugar por los insurgentes, posiblemente por sus méritos en la captura del
tesorero Royuela. En San Fernando, los emisarios de Texas se encontraron
no sólo a Menchaca, sino también a don Ignacio Elizondo y al capitán
Miguel de Arcos. Este último era uno de los prisioneros mandados por
Casas de Béjar al presidio de Río Grande.32 Todo esto parece indicar que la
conspiración urdida por el capitán Bustamante y Elizondo en Laredo, tenía
varias ramificaciones, y es probable que los mismos contrarrevolucionarios
de Béjar estuvieran en contacto con ella. El hecho es, que ya para entonces,
los planes contra los insurgentes se encontraban muy avanzados en
Coahuila.
Es conveniente recapitular las andanzas de don Ignacio Elizondo desde
mediados de enero, puesto que es uno de los personajes claves en esta
intriga. El 16 de enero, tomó parte en el presidio de Río Grande, en la
prisión y despojo del tesorero Royuela. Hubo en seguida, una pugna entre
Elizondo y el capitán Menchaca, pues los dos querían ir a conquistar Texas
para la insurgencia. Esto obligó a don Pedro de Aranda a trasladarse a
dicho presidio para mediar en el conflicto. Estando en ese lugar, llegaron las
noticias de que ya Texas se había declarado por la insurrección. Inmediata-
mente después, Elizondo se traslada con 120 hombres a Laredo a confiscar
los bienes de los españoles refugiados en esa villa. La noche que permaneció

168
CONTRARREVOLUCIÓN

allí, el capitán Díaz de Bustamante lo convenció de volver al bando realista


y empezaron a hacer planes para una contrarrevolución. Había otro capitán
retirado comprometido en esta conspiración, y éste parece haber sido don
José Menchaca, quien además de tener algunas tropas a sus órdenes,
contaba con la alianza de 300 indios lipanes.33
El 17 de febrero, don Ignacio se encontraba otra vez en el presidio de
Río Grande. Su hermano don Nicolás cuenta que en esa fecha hablaron con
Royuela, quien estaba preso, y le expusieron su plan contra los insurgentes.
Pero el tesorero les aconsejó que había que esperar, pues si daban el golpe
en Río Grande, sólo capturarían a don Pedro de Aranda "y otros pocos de
sus secuaces. "34 Don Nicolás Elizondo salió con las tropas de Nuevo León a
las órdenes de don Pedro de Herrera y se retiró con él al valle del Pilón, al
defeccionar las tropas del coronel Cordero en Aguanueva. Cuando el
gobernador Santa María licenció las tropas, don Nicolás debe haberse
dirigido a la hacienda de El Álamo, cerca de Lampazos, pero en la
provincia de Coahuila, donde tenía su residencia. Es posible que don
Ignacio, al regresar de Laredo, haya pasado por este lugar para enterar a su
hermano de la conspiración o simplemente lo haya mandado llamar al
presidio de Río Grande.
Do Ignacio se encontraba todavía en este presidio, cuando llegaron
presos Salcedo, Herrera y los otros militares arrestados en Béjar por don
Juan Bautista Casas. Esto debe haber sido el 19 de febrero.35 Uno de los
prisioneros, don Juan de Castañeda, cuenta: "Entramos en Rio Grande,
fuimos presentados a Aranda, que a empeños de Elizondo y otros fieles
vecinos, conseguimos con él nos quitasen las prisiones. Al otro día salimos
en compañía del mismo Aranda para Monclova. Estuvimos cinco días, al
cabo de ellos, bajo de las mismas fianzas de Elizondo y los Sánchez,
pudimos salir a Santa Rosa y hacienda del dicho Elizondo. "36
Por lo tanto, ya para principios de marzo, los prisioneros tomados en
Béjar se encontraban en el valle de Santa Rosa y en la hacienda de
Elizondo, aparentemente bajo la custodia de éste, pero en realidad
planeando el golpe contra los insurgentes. El historiador Vito Alessio Ro-
bles, que dispuso del archivo de Royuela, le da mucha importancia a este
personaje en la elaboración del plan.37 Es posible que esto sea cierto, pero
como se verá posteriormente, no se le menciona en ninguno de los partes
rendidos a las autoridades superiores inmediatamente después de los aconte-
cimientos que llevaron a la captura de los caudillos de la insurgencia. Es
natural que Royuela, al andar buscando su jubilación en el año de 1815;
tratara de realzar sus méritos y consiguiera constancias de su participación
en el golpe más exitoso de los realistas en toda la Guerra de Independencia.

169
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Parece que paralela a la conspiración del Capitán Colorado y Elizondo,
se había estado tramando otra en Monclova la cual tenía como cabeza a
don Tomás Flores, el administrador de rentas unidas de Coahuila. Este era
indudablemente un hombre de la confianza del comandante general, pues ya
se ha visto cómo en el año de 1809, le encargó investigar las quejas que
había con relación al contrabando. Hubo un momento en que las dos
conspiraciones se unieron, pero en una carta que Flores le escribió al
comandante general, le manifestaba que los conspiradores de Monclova le
tenían mucha desconfianza a Elizondo y que sólo lo admitieron con la
recomendación de don Manuel Salcedo. Esta carta de Flores tiene por objeto
hacer resaltar los méritos de don Manuel en la conspiración. Según él,
Elizondo estaba muy titubeante y el gobernador de Texas fue quien lo
convenció. "Resolvió —dice— el referido señor don Manuel su existencia en
la hacienda de Elizondo, cosa de tres leguas adelante de Santa Rosa en
calidad de prisionero de guerra, y puedo asegurar más que sólo su respeto e
incesante persuasión pudo mover en algún modo el ánimo de Elizondo (y
otros de sus parciales) en favor de la contrarrevolución."^ Sin embargo,
tampoco esta información puede considerarse de una confianza absoluta.
Don Manuel Salcedo había caído en desgracia con su tío el comandante
general, probablemente porque éste consideraba que su actuación en Texas
había sido muy indecisa y se había dejado sorprender por los revoltosos.
Por lo tanto, fue el único de los participantes en la contrarrevolución que
no fue premiado. A su regreso de Chihuahua a Texas, pasó por Monclova,
donde estuvo con don Tomás Flores, con quien indudablemente se quejó de
la ingratitud de su tío, y Flores escribió a don Nemesio tratando de hacerlo
cambiar de opinión con respecto a don Manuel.
Según don José María Uranga, alférez primero de la Compañía de Río
Grande, cuando don Manuel Salcedo y don Simón de Herrera llegaron
presos a Monclova "ya estaba tratándose en juntas secretas la contrarrevo-
lución."^ Y no sólo esto, sino que los conspiradores estaban bien informa-
dos de todo lo que sucedía en el campo de los insurgentes en Saltillo.
Mandaron incluso dos espías a esta población para asegurarse de que los
caudillos fueran guiados hacia la emboscada que se les estaba preparando.
Estos espías fueron dos personajes ya mencionados anteriormente en este
relato: el barón de Bastrop, aventurero holandés muy influyente en la
frontera y dedicado al contrabando y el capitán Sebastián Rodríguez, quien
fuera comandante del puesto de Nacogdoches de donde fue despedido y
posteriormente estuvo en Aguanueva, de donde logró escapar cuando la
defección de las tropas de este campamento.
El barón de Bastrop iba acompañando a don Manuel Royuela cuando

170
lo asaltaron en el presidio de Río Grande y fue enviado a Saltillo, porque
los insurgentes esperaban obtener de él información con respecto a los
Estados Unidos. Ya en esa villa, logró ganarse la confianza de los jefes
quienes lo invitaban a concurrir a todas sus juntas, y aprovechó esto para
convencer a Allende y a Jiménez de que le dieran órdenes a Aranda para
que mandara ciento cincuenta hombres a Bajan, que los protegieran de un
posible asalto de las tropas realistas que estaban en Parras.
Sebastián Rodríguez llegó a Saltillo después del barón de Bastrop y fue
"con el pretexto de conseguir un indulto en vista de la amistad que antigua-
mente había tenido con Allende y Abasólo. "40
El 17 de marzo, se reunieron en Monclova en la casa de don Tomás
Flores, un grupo de personas entre las cuales destacaban el capitán retirado
don Ignacio Elizondo, el teniente de la Bavia don José de Rábago, a quien
Aranda había nombrado comandante de la capital de Coahuila, el alférez
segundo de la Compañía de Río Grande don Matías Jiménez, el capitán don
Macario Vázquez Borrego, el teniente Rafael del Valle, el sargento Ventura
Ramón, don Vicente Flores, hijo de don Tomás y don Faustino Castellanos.
Ahí se formó una junta de ocho vocales y se acordó dar el golpe esa misma
noche. El plan era posesionarse primero de las tropas y armas que estaban
en el hospital y, después, dirigirse unos al cuartel y otros a hacerse de la
artillería que se hallaba en el patio del palacio, que era donde vivían el
gobernador insurgente mariscal don Pedro de Aranda y el franciscano fray
Carlos Medina.
Aunque Aranda era hombre, de sesenta y tres años, le gustaba mucho
parrandear y nuica se sabía dónde iba a pasar la noche. Y "porque andaba
de fandango por las calles," los conspiradores designaron a Vicente Flores
para que lo siguiera. Acompañaban a Aranda cuatro soldados veteranos
con armas al hombro que le servían de guardia, un grupo de oficiales y un
tal Sierra que «1 mariscal llamaba su can. Como Flores supo que Aranda
intentaba ir harta el Molino de Francia, se incorporó al grupo y empezó a
ofrecerles aguardiante de un frasco que llevaba y a insistirles, sobre todo a
Aranda, para jue bebieran de prisa mientras los entretenía con pláticas y
música, hasta fue logró que el mariscal cayera borracho en una cama de la
casa de don Igiacio de Castro. Algún tiempo después llegó Ignacio Elizondo
acompañado »or diez soldados y como ya todos se habían embriagado,
pudo amarrados con mucha facilidad y llevarlos presos al cuartel, en donde
les puso una guardia. Los conspiradores pasaron en seguida a la casa de
don Tomás Flores para dar parte al comandante general de lo que habían
verificado, y expedir órdenes a los justicias y jueces de las haciendas y
ranchos innediatos diciéndoles lo que debían hacer.

171
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
"Al día siguiente, al aclarar —dice Vicente Flores— todo el vecindario
se puso en movimiento en solicitud de los pelados, para que no fuese
ninguno a dar aviso al Saltillo." Ese mismo día empezaron a llegar los
vecinos de las haciendas y ranchos, quienes ya debían haber tenido noticias
previas de lo que se tramaba. El primero en presentarse fue don Atanasio
Borrego con diez hombres de su servicio armados y luego llegó el alférez
Nicolás Elizondo con otros ocho. Se formó un campamento en El Puer.teci-
to, distante un cuarto de legua de la población, y allí se fue enviando toda
la gente que llegaba.
El día 19 por la mañana se dijo misa en el campamento y después se
regresaron a Monclova todos los oficiales. Al pasar por la casa de don
Tomás Flores, le dejaron un recado para que fuera a la casa del señor cura
Galindo. Hay en seguida un incidente que es difícil interpretar, pero el cual
indica que todavía a estas alturas, había desacuerdo entre los principales
conspiradores. Vicente Flores relata que, cuando iba acompañando a su
padre para la casa del cura, "desde en medio de la plaza advirtieron junta
en la puerta de la casa. Llegaron a ésta y se le dijo al administrador por
Borrego y Elizondo que lo habían llamado porque se iba a formar un
consejo de guerra y nombrar en él el presidente, etc. A lo que les respondió
el administrador que no era tan chiquito para ignorar lo que pretendían,
que el consejo no se los podía impedir que lo formaran allí, pero que
estuvieran seguros de que su casa era del rey y honrada, y que como se las
había franqueado con gusto para la primera junta, así lo haría para cuantas
quisieran formar y les diría todo aquello, que les parecitra que se debía
hacer en las circunstancias presentes, y que si no era en ésta, para ninguna
otra prestaba su voto, que lo excluyeran más antes del lugir que le habían
dado de vocal o secretaría y que hicieran todo lo que les diera gana, y
después, que él sabía lo que había de hacer. Con esto se fusión descabullen-
do de allí el cura, capellán y demás oficiales, y retirándose flores para su
casa, lo vino a alcanzar don Ignacio Elizondo en la plaza, suplicándole que
no se incomodara, que él no pretendía más que su gusto, s que le dijera,
como más instruido, lo que había de ejecutar. A lo que lespondió, que
como hicieran lo que les dijera con su lengua les asegurabí que en poco
errarían, y menos que tuviesen desagrado en nada del señor comandante
general, a quien se le había dado el parte que era de justicia y se le debían
seguir dando todos los demás de cuanto acaeciera, y que dt lo contrario
iban mal, y en ese caso, que no contaran con él para nada, me ahí vería
como hacía para salir bien, si acaso era necesario. "41
Mientras tanto los insurgentes se preparaban en Saltillo para emprender
la marcha hacia el norte. Estando en esa villa, Allende recibió un comunica-

172
CONTRARREVOLUCIÓN

do del virrey dándole a conocer la amnistía u olvido general que las Cortes
de España habían decretado el 15 de octubre de 1810 en favor de todos los
países de ultramar que se hubieran rebelado contra las autoridades españo-
las.42 Sólo hay seguridad de que hayan conocido este documento Hidalgo,
Allende y Jiménez, pues parece lo ocultaron de los demás.43 La decisión fue
no acogerse a él, dándole al virrey la siguiente contestación: "Que en
desempeño de su nombramiento y de la obligación que como a patriotas
americanos les estrecha, no dejarán las armas de la mano hasta no haber
arrancado de las de los opresores la inestimable alhaja de su libertad. Están
resueltos a no entrar en composición alguna si no es que se ponga por base
la libertad de la nación, y el goce de aquellos derechos que el Dios de la
naturaleza concedió a todos los hombres; derechos verdaderamente inalie-
nables, y que deben sostenerse con ríos de sangre si fuese preciso. Han
perecido muchos europeos, y seguiremos hasta el exterminio del último, si
no se trata con seriedad de una racional composición.
El indulta, señor excelentísimo, es para los criminales, no para los
defensores de la patria, y menos para los que son superiores en fuerzas. No
se deje vuestra excelencia alucinar de las efímeras glorias de Calleja: éstos
son unos relámpagos que más ciegan que iluminan; hablamos con quien lo
conoce mejor que nosotros. Nuestras fuerzas en el día son verdaderamente
tales, y no caeremos en los errores de las campañas anteriores: crea vuestra
excelencia firmemente que en el primer reencuentro con Calleja quedará
derrotado para siempre. Toda la nación está en fermento; estos movimien-
tos han despertado a los que yacían en letargo. Los cortesanos que asegura-
ron a vuestra excelencia que uno u otro sólo piensan en la libertad, le
engañan. La conmoción es general, y no tardará México en desengañarse, si
con oportunidad no se previenen los males. Por nuestra parte suspendere-
mos las hostilidades, y no se le quitará la vida a ninguno de los muchos
europeos que están a nuestra disposición, hasta tanto vuestra excelencia se
sirva comunicamos su última resolución. "44
Días antes de salir, Jiménez expidió órdenes para que las poblaciones
vecinas proporcionaran víveres, forrajes y bestias de carga para la numero-
sa comitiva. En Monclova, don Pedro de Aranda convocó al vecindario,
pues éste debía proporcionar doscientas muías de carga y gran cantidad de
víveres. Además quería que se prepararan para recibir a los jefes insurgentes
de la mejor manera posible. Los vecinos ofrecieron cumplir con lo que se les
pedía; pero, quizá, nunca tuvieron intenciones de hacerlo. Lo más probable
es que todos los principales de ellos ya estuvieran enterados de la conspira-
ción contra los insurgentes. Por otra parte, deben haber pensado que éstos
iban de huida, que perderían todo lo que les proporcionaran y quedarían

173
EN LOS ALBORES DE L4 INDEPENDENCIA
mal con las autoridades españolas.45
La salida se fijó para el 16 de marzo, y ese mismo día se celebró una
junta general para designar a los comandantes de las tropas que se queda-
ban en Saltillo. Los escogidos fueron el licenciado don Ignacio López Rayón
y don José María Liceaga.46
Todo el día estuvo saliendo de Saltillo el desordenado tropel: soldados,
arrieros, carretas, muías cargadas de plata y dinero o tirando los cañones y
los carruajes en donde iban los jefes, eclesiásticos y mujeres. La primera
etapa fue hasta la hacienda de Santa María, a donde algunos llegaron desde
las diez de la manaría y otros hasta en la noche.*?
El territorio que iba a cruzar la caravana era muy árido y en gran parte
accidentado. Por lo tanto, la marcha tenía que ser forzosamente lenta y el
agua era escasa. Además, la situación de los insurgentes era sumamente
peligrosa. Su movimiento parecía estar aniquilado, después de las derrotas
de Acúleo, Guanajuato y Puente de Calderón. Calleja se encontraba de
vuelta en San Luis Potosí, preparándose para avanzar hacia el norte y otro
ejército realista estaba en Parras. Por otro lado, aunque el pretendido
propósito de los jefes insurgentes al emprender la marcha hacia el norte era
conseguir armas y el apoyo de los Estados Unidos, a la mayor parte de la
gente de la región debe haberle parecido que iban huyendo, pues, ¿qué
objeto tenía que-para comprar armas y negociar una alianza, todos los jefes
principales abandonaran a sus tropas en Saltillo? Hidalgo declaró en su
proceso que, como iba más bien como prisionero, ignoraba el objeto de la
marcha, pero presumía era "el de hacerse de armas en los Estados Unidos;
pero más el particular de Allende y Jiménez de alzarse con los caudales que
llevaban y dejar frustrados a los que los seguían, pues desde Zacatecas
advirtió en Allende que procuraba deshacerse de la gente antes que engro-
sarla, y se lo advirtió mucho mejor luego que se juntó ccn Jiménez en el
Saltillo, teniendo en prueba de esta presunción que el declarante le dijo allí
que la gente se iba desertando y los dos contestaron que na le hacia. "48 El
mismo Allende confirmó en su proceso que éstos eran sus propósitos;
declaró que pensaba, al llegar a Monclova, dar a conocer el indulto para
que se aprovecharan de él los que quisieran e irse él "con su hijo y algún
otro que hubiera querido seguirlo, llevando consigo un corto principal a los
Estados Unidos para libertarse de este modo. "49 Fray Juan Salazar declaró
que él y el licenciado Aldama tenían los mismos proyectos y que éste le
había dicho "que su fin era solamente buscar la seguridad de su vida en una
potencia extranjera y ocultando hasta su nombre. "50
Pero lo que hacía más vulnerable a los jefes insurgentes era la gran
cantidad de valores que llevaban. Ya se ha visto que en las condiciones

174
CONTRARREVOLUCIÓN

revueltas en que se encontraba el país, se había vuelto muy peligroso viajar


con dinero. El tesorero Royuela fue despojado en Río Grande, el señor
obispo Marín de Porras cerca de Laredo y don José Blas Iriarte en Reynosa.
Es probable que don Joaquín Vidal de Lorca haya sido perseguido hasta la
hacienda de El Cojo por el sargento José María Martínez por haber llevado
veinte mil pesos. Sin embargo, aun los valores que llevaba Royuela eran
insignificantes comparados con los que contenía la caravana insurgente.
Fray Gregorio de la Concepción los hace ascender a siete millones de pesos,
"fuera del equipaje de muchos señores que nos acompañaban. "51
Eran muchos los que ambicionaban estas riquezas, no sólo los contrarre-
volucionarios de Monclova. El mismo día que los jefes insurgentes abando-
naron Saltillo, Rayón le escribió a Allende y en la posdata de la carta le
decía: "Por declaración del coronel don José Ignacio Alatorre, Marroquín y
Escoto acompañan a vuestra alteza acechando los caudales que han prome-
tido robar, lo que servirá de gobierno. "52
A pesar de todos los signos de peligro: la contrarrevolución de Béjar,
de la cual ya se rumoraba en Saltillo, las tropas realistas que estaban en
Parras y las acechanzas sobre los valores, no se tomó ninguna precaución
para proteger la caravana y la responsabilidad principal debe recaer sobre
Allende, pues él era el jefe.53 Este abandono parece increíble cuando se
agrega un dato más que hacía imperioso caminar con mucha cautela. El
mismo Allende confesó en su proceso que tenía mucha desconfianza de las
tropas de las Provincias Internas "por la facilidad que habían tenido en
voltear casaca contra sus propios gobernadores. "54
El día 19, después del incidente en Monclova entre don Ignacio Elizon-
do y don Tomás Flores, se volvieron a reunir los mismos que lo habían
hecho dos días antes y se acordó que Elizondo, el teniente Rafael del Valle y
el alférez José María Uranga salieran a Bajan con poco más de doscientos
hombres y esperaran a don Tomás y a su hijo Vicente quienes se les
reunirían posteriormente. Elizondo llegó a Bajan el día 20 entre las 8 y 10
de la mañana y Flores, acompañado por más hombres, llegó en la noche de
ese mismo día.55 El contingente que tomó parte en esta operación estaba
integrado por 394 hombres y además de Elizondo, Valle y Uranga, los otros
oficiales que participaron fueron los tenientes Antonio Griego, José María
González y los alféreces Nicolás Elizondo, José María Jiménez y Diego
Montemayor. Los paisanos iban bajo las órdenes de don Tomás Flores y
don Antonio Rivas, justicia de San Buenaventura.56 £1 campamento de la
tropa se situó un cuarto de legua adelante de Bajan y a una distancia similar
se puso una avanzada "con orden de que a cuantos viniesen se les recibiese
con buen modo y dejasen pasar."

175
13
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Esa noche Elizondo mandó unos indios al intérprete Pedro Delgado y
cuatro soldados para que fueran a espiar a los insurgentes, y éstos lo
hicieron con tal sagacidad, que les robaron dos caballos, un asador de carne
que tenían parado en la lumbre y el sarape de uno que estaba tapado con
dos. Regresaron luego a darle parte a Elizondo y le informaron que eran
muchos los que venían, pero que el campo se extendía desde la Punta del
Espinazo hasta La Joya y que toda la noche había estado llegando gente.
También le dijeron los indios a Elizondo "que no por esto tuviera miedo,
que cada un muchacho de sus compañeros tenía para diez de aquéllos, que
estaban shaz (sic)."Como se les dijo que los querían amarrar. El Capitán
Javier y El Comanche respondieron:
—"No está bueno así, es mejor matar, matar y después contar, porque
son muchos y tu gente es poca y se entretienen en amarrar."
Sin embargo, se les convenció de buen modo que era lo más conve-
niente.
Entre las ocho y nueve de la noche, el soldado de Monclova, Pedro
Bernal que iba de correo, se encontró con Joaquín Rodríguez, soldado de su
misma compañía a quien los insurgentes le habían dado el grado de tenien-
te. Este último acompañaba a fray Gregorio de la Concepción, que esa
noche llegó a dormir a La Joya. Bernal se regresó al campamento realista
para informar de esto y lo volvieron a despachar con una carta de Uranga
para Jiménez "en que le decía que ya estaba en Bajón esperándolo con 150
hombres, como había prevenido desde Anaelo." Esa misma noche llegó al
campamento de Jiménez, pero dejó su caballo lejos y cuando le gritaron:
¡Quién vive!, contestó: ¡Nuestra Señora de Guadalupel En esta forma, pudo
introducirse entre los insurgentes y hasta lo invitaron a tomar atole. Plati-
cando con ellos, aprovechó para preguntar por el coronel Cordero y le
dijeron que si no sabía lo habían regresado de Mesillas. Al amanecer,
Bernal se escabulló, y tomando su caballo se presentó con Jiménez como si
acabara de llegar. Este le hizo varias preguntas; una de ellas fue por
Elizondo, pero Bernal contestó que no lo conocía. Jiménez preguntó luego
por Aran da y la contestación fue que salía al día siguiente a encontrarlo.
También preguntó Jiménez qué novedades había por su provincia y Bernal
contestó que los indios habían herido una o dos personas en Santa Rosa.
Jiménez dijo que eso no le importaba, lo que deseaba saber eran noticias
sobre los españoles y Bernal contestó no conocer nada, sólo que lo estaban
esperando "con las calles compuestas y arcos y gente, desde El Puertecito
hasta la puerta de la iglesia.'' Por último, Jiménez preguntó cómo estaban
de agua y la contestación fue que había poca, por lo tanto, convenía que
los coches y gente principal fueran adelante, pues si llegaban todos juntos

176
CONTRARREVOLUCIÓN

no alcanzaría el agua y se moriría mucha caballada. Bernal salió del campa-


mento junto con los insurgentes, pero al llegar a La Joya se separó y
siguiendo por el monte, llegó primero al campamento realista para informar.
Con todas las noticias adquiridas, la madrugada del 21 de marzo fue de
mucha actividad en Bajan. Se prepararon 300 lazos "para amarrar los que
se fueran agarrando, se nombraron amarradores, guardias para reos, para
los hatajos de plata que llegaran, para los coches y prisioneros que fueran a
las casas de Bajan, casa aparte para las mujeres y religiosos. Para éstos se
llevó al padre Borrego para que los amarrase y despojase de sus armas."
El primero en caer prisionero fue fray Gregorio de la Concepción. Este
había emprendido la marcha muy temprano y llegó al campamento realista
al salir el sol, acompañado por un muchacho de unos doce años que
siempre andaba con él, por el teniente Joaquín Rodríguez, el alférez Jesús
Rodríguez y un soldado.57 Estos dos últimos eran de Río Grande. El padre
Borrego y Vicente Flores condujeron a fray Gregorio a Bajan, "y al teniente,
alférez y soldado, se les preguntó que qué leyes seguían ellos, si las de su
excelencia o las de nuestro amado soberano el señor don Fernando VII y
respondieron que las de don Femando VII, hasta derramar la ultima gota de
sangre si se ofrecía, y viendo esto aseguraron que aunque la gente que traía
el señor Jiménez era mucha, pero que con los pocos compañeros que veían
allí suyos, había para acabar con todos, porque eran unos tales." Entonces
Elizondo les dijo que si así era, no se les haría ningún daño y que se
arrimaran a las filas de sus compañeros, lo cual hicieron rápidamente y
anduvieron ayudando en todo.
Algunos minutos después se vio que venían unos cuantos hombres y al
frente de éstos un teniente de Saltillo apellidado González a quien se acercó
Vicente Flores y le intimó de orden superior y a nombre de Fernando VII,
que no podía pasar por allí si no dejaba primero las armas, hasta desenga-
ñarse si la ley que venía siguiendo era justa o no. González contestó que a
él no lo detenía cualquiera "porque era señor oficial y no venía de orden de
ningún pendejo." Siguió luego un intercambio de palabras que terminó en
violencia, pues González y Flores sacaron las pistolas al mismo tiempo,
pero mientras el primero erró el tiro, el segundo logró herir a González y al
caer en el suelo lo remataron los soldados.
El cadáver de González fue retirado rápidamente, pues ya se acercaba
un coche. En éste sólo iban dos clérigos y varias mujeres escoltados por
unos cuantos soldados. Se amarró a los soldados y a los clérigos y se les
despachó a las casas. Siguió un coche con puras mujeres, luego otro con
religiosos y clérigos y otro más en donde iba el hermano del cura Hidalgo y
varias mujeres. Con todos se hizo la misma operación; amarrar a los

177
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
soldados de la escolta y a los clérigos, y mandarlos a donde estaban
reuniendo a los prisioneros.
Poco después, apareció el quinto coche, y el teniente y el alférez que
desde el principio se habían pasado a los realistas, aseguraron a Elizondo
que ahí venían los generales. Efectivamente, en este coche viajaban Allende,
Jiménez, don Juan Ignacio Ramón, Arias, el hijo de Allende y una mujer.
Vicente Flores los intimó a que rindieran sus armas a nombre del rey. Pero
Allende contestó:
—"¡Eso no, yo no me rindo, primero morir!
Y luego, luego trató de hacer fuego, tirando un pelotazo que erró."
Elizondo ordenó que se arrimara la tropa y los amarraran si no se rendían,
pero los soldados hicieron fuego y mataron al hijo de Allende. En seguida,
salió Arias con una escopeta apuntando a Flores, pero un soldado que lo
vio gritó a éste, disparando Flores y el soldado al mismo tiempo y Arias
cayó mal herido. Tras de éste "salió por la-misma puerta Jiménez, dicién-
dole a Flores que si ése era el recibimiento que se le hacía a un general y
respondió Flores que él no sabía de eso, que hoy se lo preguntaría a su
superior; que lo mejor era que se rindieran de orden del señor comandante
general y a nombre de nuestro soberano Femando VII, a lo que respondió
Jiménez: x
—Pues ¿a dónde está ese señor?
Y le dijo Flores:
—Allí lo verá usted, para allá hemos de ir.
Dijo Jiménez:
—Pues hombre, ciertamente qué buena política tienen con quien anda
trabajando por ustedes y derramando su sangre por la nación. Preguntando
a Flores si era europeo. Dijo:
—No señor.
—¿Hay aquí alguno?
— Tampoco, todos los que hay aquí somos criollos y patricios de
Monclova.
—Pues luego, si yo los ando defendiendo ¿por qué me quieren tratar
ustedes de esta suerte?.
Le dijo Flores:
—Porque como en sus comisiones de usted no se ha visto más de un
engaño general en todo y que no tratan más que de robar y destrozar
cuanto agarran. Es esta la causa que ha movido a todos los que aquí ve
para ver si ustedes los desengañaban o no y saber si era justa su ley de
ustedes, porque como aquéllos no tratan o no quieren se diga que viva
nuestro soberano Fernando VII ni España, sino sólo la América y Nuestra

178
CONTRARREVOLUCIÓN

Señora de Guadalupe, queríamos saber qué motivo tenían ustedes para ello,
pero como han querido ustedes gastar soberbia y hacer armas, es menester
quitarles los tiempos.
Dijo entonces Jiménez:
—No, sino que ustedes son unos tales malcriados que no harán conoci-
da política.
Y estando en esto llegó don Tomás Flores, lo mandó amarrar y que
entrase al coche con los demás. Subieron al herido también y picaron con
ellos para Bajan, mandando otros soldados para guardia en la casa donde
los habían de apear."
En seguida llegó otro coche en el que venía un fraile, 58 un clérigo y los
dos espías mandados por los realistas: el barón de Bastrop y don Sebastián
Rodríguez. Luego siguieron otros cinco coches con gente indudablemente
menos importante, pues no ha quedado registro de quiénes eran. Poco
después se vio venir otro coche, y los soldados que habían andado con los
insurgentes, pero se pasaron a los realistas, dijeron que en él venía el cura
Hidalgo; mas al aproximarse, Elizondo se dio cuenta que no era así. Lo que
pasaba era que Hidalgo se había bajado del coche y montado un caballo
prieto. Al rato, se le vio venir, con otro clérigo al lado y al frente de una
partida de cuarenta soldados, todos de Nuevo Santander y de Nuevo León,
"caminando a son de marcha." Elizondo los dejó pasar y al llegar a donde
estaban don Tomás Flores y su hijo, les intimaron de orden superior y a
nombre de Fernando VII, que no podían pasar de allí con armas "hasta no
saber qué leyes eran las que seguían." Hidalgo intentó sacar una pistola,
pero inmediatamente se le arrimó Vicente Flores, le agarró la mano y le
dijo: "Si piensa usted en hacer armas, es perdido, porque ahorita le hará
fuego la tropa y acabarán con ustedes." Para entonces ya los tenía rodeados
la tropa y apuntaba con sus armas, lo que causó mucha sorpresa a Hidalgo
y al padre y soldados que lo acompañaban. Viendo esto Elizondo y don
Tomás les dijeron "a los soldados, que si querían seguir con el cura que
largaran las armas y los pondrían en la conformidad que estaban aquellos
otros que estaban allí, señalándoles para los pelados que veían amanados."
La mayoría contestó que les dieran órdenes de lo que debían hacer y las
obedecerían. Por lo tanto, se les dejaron las armas y "se les mandó formarse
en ala, enfrente de los que estaban amarrados" lo cual obedecieron. Y a
Hidalgo, al padre que lo acompañaba, los sirvientes de éstos y varios
oficiales que venían con ellos, los desarmaron, los retiraron un poco y se
quedaron con ellos don Tomás Flores, su hijo Vicente, don Manuel Flores,
don Nepomuceno Rábago y diez o doce soldados, para resguardarlos, pero
sin amarrar. Elizondo y los demás soldados y oficiales se fueron a recibir

179
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
otro coche, en el cual venían don Manuel de Santa María, don Francisco
Lanzagorta y otras personas, a quienes también desarmaron. Para entonces,
habían empezado a llegar "pelotones de peladitos, tan seguido, que ya no
daban abasto los cuatro amarradores que había, pero don Antonio Rivas
mandó que les ayudaran otros tres o cuatro." Para las 4 ó 5 de la tarde, se
habían acabado los 300 lazos y se siguió pidiendo cabrestas a los soldados,
y viendo que ya había más de 600 amarrados, decidieron se fueran cuarenta
hombres con los 400 que habían amarrado primero para que les dieran agua
y siguieran con ellos para Monclova.
Poco después, vino un correo de Elizondo a avisarle a don Tomás que
ya se había posesionado de algunos cañones, pero que el teniente Griego a
quien había mandado adelante con cincuenta hombres a posesionarse de
otros cañones, le había mandado decir que los artilleros no querían rendirse
y que iban a hacer fuego; que si habían llegado refuerzos, le mandara cien
hombres. "Inmediatamente mandó don "Tomás que amarrasen a todos los
que estaban allí por sirvientes del cura y del padre, con todo y capitanes,
dejando sólo al cura y padre sin amarrar, y viéndolos ya a todos seguros le
dijo a Rivas y a los pocos que había allí:
—¡Ea muchachos! Prevengan belduques y las lanzas y luego que oigan
allá arriba tiros de cañón, inmediatamente empiezan a echar cabezas abajo
y luego parten unos a Bajan a hacer lo mismo con aquéllos y otros a dar
favor a Elizondo. -
El cura, que vio esto con más miedo que otra cosa, le dijo a don
Tomás:
— Vea usted señor, ¿qué culpa tienen esos pobres ya estando presos?
Y le dijo entonces:
—No hay otro arbitrio; una vez que quieren guerra yo les daré guerra.
El primero que cae es usted y sigo con los demás hasta acabar o que
me acaben a mí.
Viendo esta arrogancia el cura, le dijo:
—¿Es posible, por amor de Dios señor don Tomás, si aun le parece,
que vaya uno de estos oficiales que están aquí y digan de mi parte a esos
que quieren pelear, que se rindan, que ya no remedian nada ellos con hacer
resistencia, que ya estamos todos nosotros perdidos, rendidos y prisioneros.
A esto le dijo don Tomás:
—Que vaya o nunca vaya, a mí lo que me importa es asegurar a
ustedes y los demás que están eri Bajan."
Un tal Solís se ofreció a llevar el mensaje, pero don Tomás no lo dejó
ir por haberlo visto con uniforme de oficial. Entonces otro de los prisione-
ros dijo que él iba, ya que era capitán de aquella compañía de artillería,

180
CCW77?/lJ?/?EVOLl/aON

pero que se había adelantado por tener sed. Pero apenas había salido este
capitán, cuando Elizondo avisó haber capturado los cañones y que los
indios que andaban con él habían matado dos o tres artilleros.
"Como para cuando esto sucedió, ya terminaba el sol su carrera, se
dispuso" llevar a los prisioneros a Bajan, y al llegar a este lugar se les dio
agua a todos. Ignacio Elizondo trataba de separar a los oficiales para
mandarlos a las casas "subido sobre el bordo del tanque en donde estaba el
cura, a ese tiempo, dijo en alta voz Hidalgo a los pelados que estaban
enfrente de el:
—Griten muchachos, ¡Que viva Femando Séptimo!
Lo hicieron todos, y uno u otro agregaba:
—¡Viva Femando Vil y muera el cura Hidalgo!"
A pesar del éxito logrado por los realistas, su situación era muy difícil
en aquel momento. Había que distribuir el pequeño contingente en guardias
para vigilar a los prisioneros importantes, a las mujeres, los demás cautivos
y al tesoro, así como designar algunos hombres para cuidar la numerosa
caballada y mulada.59 La confusión debe haber sido muy grande esa noche
en Bajan. El alférez Uranga afirmó posteriormente, que cuando los caudales
y demás botín fueron llevados a Monclova "se advirtió algo rebajado, por
el desorden que hubo en la noche anterior. "60 Por más inventarios que
algún tiempo después hizo el tesorero Royuela, nunca se tuvo una idea
sobre a cuánto ascendía el tesoro capturado.61 En esta rebatiña también
participaron algunos de los que iban con los insurgentes, pues parece que el
propósito principal de los realistas fue asegurar a los caudillos y muchos de
la tropa u oficiales de baja graduación, sobre todo si eran de las Provincias
Internas, quedaron libres o se unieron a los aprehensores. El soldado Mauri-
cio González declaró, que un tal Pedro Gómez, conocido como "Cascorbo,"
antiguo monacillo de la Catedral de Monterrey, se unió a los insurgentes en
Saltillo quienes lo hicieron teniente, le dio en Monclova, tres días después
de la emboscada de Bajan, ocho onzas de oro para que se las llevara a su
madre que estaba en Monterrey. Y el soldado José Miguel Gil, que también
fue aprehendido con Gómez en Bajan y luego lo acompañó de regreso a
Monterrey, dijo que éste llevaba ochocientos pesos.62 Naturalmente deben
haber sido los jefes realistas los que se aprovecharon principalmente del
botín, y esto lo supieron las autoridades de México, pero no eran los
tiempos para ser muy exigentes y había que disimular muchas irregularida-
des. Dos años después Calleja, quien ya era virrey, le decía a don Simón de
Herrera, en un oficio en donde le ordenaba reforzar las defensas de Texas:
"Aunque no me persuado haya escasez de numerario en ese destino para
llevar a cabo tan interesante objeto, respecto a que en esas provincias

181
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
quedaron todas las riquezas que se cogieron a los cabecillas de la insurrec-
ción en Acatita de Bajan, cuyo paradero será fácil inquirir por indagaciones
que prudentemente puedan adaptarse.'™
No fue hasta las 9 ó 10 de la noche cuando les empezaron a llegar
refuerzos a los realistas de Bajan.64 Primero 225 hombres al mando del
capitán Pedro Nolasco Carrasco, el suegro de Elizondo y luego otros 200 a
las órdenes del teniente coronel Manuel Salcedo .65
Al día siguiente los jefes, clérigos, frailes y mujeres capturados fueron
llevados a Monclova en los mismos catorce coches que se les habían
quitado, quedando en Bajan veinte oficiales con su respectiva guardia. El
resto de los prisioneros tuvieron que hacer el viaje a pie.66
Así terminó una de las operaciones más exitosas en la historia de la
guerra. En unas cuantas horas, un contingente de menos de cuatrocientos
hombres sin haber sufrido bajas, había apresado 893 personas incluyendo
todos los principales jefes del enemigo. También capturó veintisiete caño-
nes, una gran cantidad de pertrechos de guerra y un inmenso botín.67 Toda
la abigarrada población de la frontera estuvo representada en Bajan; solda-
dos presidíales, milicianos, voluntarios de los pueblos, haciendas y ranchos
de la región, indios de misión, apaches y comanches. Hasta los aventureros
extranjeros tuvieron su representante en el barón de Bastrop. Prácticamente
todos los hombres de la comarca capaces de portar armas deben haber
tomado parte en esta operación, pues si se considera los 400 que estuvieron
en Bajan, el refuerzo de 425 que llegó posteriormente, los que venían con
los insurgentes que se pasaron a los realistas y los que quedaron en Monclo-
va cuando menos para cuidar a los prisioneros que se habían hecho ante-
riormente, fueron más de mil hombres los que se pusieron sobre las armas.
Un contingente considerable para una zona no muy extensa y poco pobla-
da. Pero el capitán Menchaca y sus trescientos lipanes nunca aparecieron.
Los únicos indios que estuvieron en Bajan fueron veinte de la misión de
Peyotes, seis mezcaleros y otros tantos comanches.68 ¿Qué pasó con Men-
chaca? ¿Se arrepintió en el último momento? El año siguiente, un antiguo
oficial realista José Menchaca que intentó una insurrección en Béjar, fue
juzgado por un consejo de guerra que lo declaró culpable y enviado preso a
Chihuahua.69
El mismo 21 de marzo, cuando ocurría la emboscada en Bajan, los
vocales de la junta militar formada el día 17, que habían quedado en
Monclova: el teniente don José de Rábago, el capitán don Macario Vázquez
Borrego, el capitán don Pedro Nolasco Carrasco y el alférez don Matías
Jiménez, se reunieron y acordaron "establecer un gobierno interino mientras
el comandante general comunicaba sus órdenes, a fin de restaurar el gobier-

182
CONTRARREVOLUCIÓN

no español y conservar los derechos del rey Femando." El acuerdo fue que
don Simón de Herrera tomara el mando en jefe de la provincia interinamen-
te hasta conocer la resolución del comandante general o hasta que se
liberase al propietario don Antonio Cordero, y que su segundo fuera el
teniente coronel don Manuel Salcedo. Asimismo se erigió una Junta de
Seguridad Pública con la autoridad provincial, cuyo presidente sería el jefe
de la provincia. Esta Junta quedó integrada por Juan Francisco Montema-
yor, José Macario Vázquez Borrego, José de Rábago, Juan Ignacio de
Arizpe, Matías Jiménez, José Miguel Sánchez, José Miguel de la Garza, José
Melchor Sánchez Navarro, Atanasio Borrego, el bachiller Juan Nepomuceno
de la Peña y Juan Fernando Tijerina, como procurador. 70
De los jefes insurgentes importantes, Iriarte fue el único que escapó de
Bajan. Ya Allende había prevenido a Rayón que si regresaba lo ejecutara,
por lo tanto tan pronto como se presentó en Saltillo, fue juzgado por un
consejo de guerra y condenado a muerte. Según don Carlos María Busta-
mante, ya estando Allende prisionero, Rayón recibió una orden con su
firma para que pusiera a disposición de Elizondo las tropas que estaban a su
mando "porque así convenía." Rayón no obedeció e hizo que la plebe,
capitaneada por don Juan Pablo Anaya, desarmara a las tropas de las
Provincias Internas que habían quedado en Sal tillo. 71
Pero la situación de Rayón era muy riesgosa. Los contrarrevoluciona-
rios estaban- en Monclova, el teniente coronel José Manuel de Ochoa avan-
zaba desde Parras y Calleja se encontraba en San Luis Potosí, por lo tanto,
emprendió la marcha rumbo a Zacatecas. Antes de abandonar Saltillo,
liberó a don Antonio Cordero y a otros españoles que estaban presos.72 El
lo. de abril hubo un encuentro entre Rayón y Ochoa en el Puerto de
Piñones. Los realistas eran poco más de 800 hombres, mientras que los
insurgentes llegaban probablemente a los 3,500 y contaban con más de
veinte piezas de artillería. La batalla duró seis horas, y aunque Ochoa
logró hacer 240 prisioneros y capturar dos cañones, Rayón pudo continuar
su marcha hacia Zacatecas sin ser perseguido. Es probable que Ochoa
considerara que su tarea estaba cumplida, pues las provincias sujetas a la
Comandancia General habían quedado libres de insurgentes. 73

183
CAPITULO XI

LA VUELTA AL ANTIGUO RÉGIMEN

Don Juan Bautista Carrasco, comandante insurgente del nuevo Reino


de León, partió de Monterrey el domingo 17 de marzo. Su propósito era
incorporarse a la caravana de los jefes de la rebelión que el día anterior
salió de Saltillo rumbo a Monclova, pues había recibido un mensaje de don
Mariano Jiménez ordenándole marchara inmediatamente. Doña Manuela
Ugartechea con quien había contraído matrimonio hacía unos días, también
abandonó la ciudad a la misma hora, pero tomó el camino de Salinas, con
intenciones de alcanzar a su marido en Monclova. Esta dama iba agregada a
una columna de doscientos hombres, la cual conducía una cantidad impor-
tante de dinero y cuyo jefe era el teniente coronel Tomás María Flores,
antiguo cabo de la Compañía de Lampazos. El coche.de doña Manuela se
quebró en Salinas y la expedición no pudo salir de esta población hasta el
martes 19.1
En Laredo, el capitán Díaz de Bustamante recibió con algún retraso un
comunicado de don Ignacio Elizondo avisándole que Allende y el cura
Hidalgo habían llegado a Saltillo, y el 20 de marzo salió con destino a
Monclova. Lo acompañaban 170 hombres, incluyendo soldados de su com-
pañía y vecinos, destacando entre estos últimos el alférez retirado don
Andrés Parías.^
Al pasar el capitán Bustamante por Lampazos, se le incorporó don José
Andrés de Sobrevilla con cuatro hombres pagados por él mismo, avisándo-
les a otros para que se les reunieran en el camino, aumentando el contingen-
te de Lampazos a veinticinco hombres.
Sobrevilla, quien es probable ya estuviera de acuerdo con el Capitán
Colorado, había quedado como subdelegado de Lampazos cuando el alférez
Miguel Serrano huyó rumbo a Bejar. Fue a ver a don Mariano Jiménez
cuando estuvo en Monterrey, ya que los insurgentes lo querían embargar
por haber recibido algunos artículos del español don Fernando de Uribe.
Jiménez le mandó posteriormente un nombramiento de capitán, pero según
Sobrevilla no se lo enseñó a nadie.''

184
LA VUELTA AL ANTIGUO RÉGIMEN

La noche del día 22, estando El Capitán Colorado en el paraje de La


Carroza, entre Candela y Monclova, recibió un mensaje de don Simón de
Herrera ordenándole persiguiera la partida de insurgentes que iba al mando
de Tomás María Flores, la cual se encontraba en Boca de Leones. Al
amanecer del día siguiente, Bustamante llegó con 65 hombres a este real y
capturó 204 insurgentes, quitándoles un estandarte con la Virgen de Guada-
lupe y 50,000 pesos. Es posible que Flores se entregara sin combatir, dado
que El Capitán Colorado no menciona que haya habido algún muerto o
herido; sin embargo, lo más probable es que se hayan volteado las tropas
de Flores, porque Bustamante le decía al gobernador Iturbe: "Se han reuni-
do a mí, que andaban en el ejército insurgente, los individuos que expresa
la lista adjunta, que se esmeraron algunos entregando la artillería." El
dinero recogido provenía de lo que los insurgentes habían despojado al
obispo Marín de Porras cerca de Laredo, a don José Blas Iriarte en Reynosa
y del estanco de esta última población. También liberaron los realistas a
don José Blas y a siete españoles que iban presos.4
Inmediatamente después de estos acontecimientos el Capitán Colorado
publicó un decreto que empezaba: "Don Ramón Díaz de Bustamante, capi-
tán de la Tercera Compañía del presidio de Laredo y comandante de las
armas de las cinco villas del norte de la provincia de colonia del Nuevo
Santander," en el cual mandaba a los habitantes de ese real observaran
"inviolablemente" una serie de artículos que daba a conocer. Tendrían pena
de muerte y confiscación de bienes a los que hallara a favor de la insurrec-
ción; los que pasadas las nueve de la noche se les encontrara acompañados
o durante el día formaran gavillas en donde se tratara de la insurgencia.
Prohibía se proporcionaran bestias caballares o mulares por orden de los
insurgentes y exhortaba a los que hubieran abrazado la insurrección para
que se presentaran a solicitar el indulto.5
El 28 de marzo el capitán Díaz de Bustamante llegó a Monclova con
doscientos hombres, el dinero y los prisioneros.^

Los contrarrevolucionarios de Béjar supieron de la captura de los insur-


gentes de Bajan por una carta del 23 de marzo que desde el presidio de Río
Grande envió el bachiller Andrés Florencio Ramos al subdiácono Zambra-
no. Tan pronto como éste recibió la noticia, se declaró abiertamente contra
los insurgentes y juró obediencia a don Simón de Herrera, quien había sido
nombrado gobernador de Coahuila. El padre Ramos también informaba que
tanto Río Grande como Laredo, se encontraban desguarnecidos, pues las
tropas habían salido para Monclova y se esperaba que en la gran empresa

185
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
que se estaba realizando, también Texas participaría. El día 26, los miem-
bros de la Junta salieron al frente de 500 hombres rumbo a Laredo. Se
llevaron con ellos a todos aquellos individuos que consideraban sus ene-
migos y de quienes se podía esperar alguna conspiración. Pero poco después
de su llegada a Laredo, Zambrano y los otros integrantes de la Junta reci-
bieron un comunicado de don Simón de Herrera notificándoles, que tanto
Coahuila como Nuevo León, se encontraban libres de rebeldes y que debían
regresar a su provincia para su seguridad, así como para la defensa de la
frontera.^

Al día siguiente de la emboscada de Bajan, don Simón de Herrera


publicó una proclama que fue distribuida por todos los pueblos de la
región, informando que los jefes insurgentes habían sido apresados por el
"coronel don Ignacio Elizondo y don Tomás Flores, administrador de Rentas
Reales" y que él era el gobernador y comandante en jefe de Coahuila.®
Este documento debe haber llegado a Monterrey a los tres o cuatro días
y el 29 de marzo, el síndico procurador del Ayuntamiento don Francisco
Antonio Parías presentó un plan para la formación de una junta provincial.
Este plan empezaba con una exposición de motivos afirmando que el Nuevo
Reino de León siempre había dado claros testimonios de su adhesión a la
religión católica, fidelidad y amor a Fernando VII y a las autoridades legí-
timamente constituidas en su real nombre. Lo anterior, únicamente podía
sofocarlo una fuerza irresistible "que hiciera inútiles los sacrificios y haberes
de sus habitantes;" pero como se corría la voz de que los jefes de la insu-
rrección habían sido apresados en Coahuila, juzgaba oportuno "sacudir el
infame yugo de la opresión y recobrar" la antigua libertad.
Por lo tanto, las cosas debían volver al estado en que se hallaban el 12
de enero, declarando fenecido el gobierno de don Manuel de Santa María
"por la deserción que de él hizo, incorporándose con cargo en el ejército
enemigo." Que se instalara una Junta de Gobierno de seis individuos y un
presidente "escogidos de entre aquéllos, que a mas de la probidad de su
conducta, se sabe no han tenido empleo político ni militar del gobierno
intruso.'' Que se diera aviso al Cabildo de la Catedral para que por medio
de solemnes repiques, misa y Te Deum se anunciara al público la instalación
de la Junta y se dieran gracias al Todopoderoso. Se debía publicar un
bando para que todos los vecinos adornaran las casas por tres días y las
iluminaran de noche. Los que hubieran recibido empleo del gobierno insur-
gente, debían renunciar a él; los de la ciudad en tres días, los de fuera en
quince y los que no lo hicieran se les tendría por desleales, malos servidores

186
LA VUELTA AL ANTIGUO RÉGIMEN

del rey, enemigos de la patria y del sosiego público. Los militares que
hubieran seguido las banderas enemigas debían presentarse con sus armas y
caballos en el término de quince días y se les conseguiría el indulto del
virrey, a quien se suplicaría les borrara la mala nota que contrajeron como
insurgentes, para que no sirviera "de embarazo en sus ascensos." Todos los
vecinos que tuvieran armas blancas o de fuego, pólvora y balas debían
entregarlas, de lo cual se les daría un recibo para devolverlas una vez que
hubiera pasado la necesidad de ellas. Las patrullas rondarían en la noche
para evitar corrillos en las calles o juntas sospechosas en las casas, y así
considerarían a todas las que se formaran pasado el toque de las nueve. Se
avisaría a todos los europeos que habían huido, que debían regresar, y si en
quince días no habían vuelto a sus casas y abierto sus tiendas podían perder
su vecindad. El procurador también proponía otra serie de puntos de orden
político-administrativo, respecto a la forma en que la Junta debía de fun-
cionar.^
La Junta se instaló el 2 de abril, quedando como presidente don Blas
Gómez de Castro y como vicepresidente don Bernardo Ussel y Guimbarda,
quien era el alcalde ordinario de primer voto y regidor fiel ejecutor. Los
vocales fueron: el canónigo don José Vivero, el administrador de la Real
Aduana don José Valera, don Antonio Silverio Verridy, el capitán don
Francisco Bruno Barrera y el administrador de la Renta del Tabaco don
Melchor Núñez de Esquivel. Este último fue escogido como secretario, y
todo parece indicar que fue el individuo más influyente de este organismo. 10
También se invitó para que fuera vocal al provisor del obispado don
José León Lobo Guerrero, quien había quedado como gobernador de la
mitra con la salida del señor obispo, pero éste no aceptó alegando las
muchas ocupaciones que tenía con el "gobierno de la mitra, provisorato y
personal atención a la educación y aprovechamiento de la juventud" que se
le había confiado.^ El doctor Lobo indudablemente simpatizador de la
insurgencia, fue más sincero que el licenciado Vivero, quien a pesar de
haber andado de agitador desde antes de que empezara la revolución,
aceptó el puesto de vocal de la Junta de Gobierno.
Don José Santiago Villarreal, el gobernador puesto por los insurgentes,
renunció un día antes de instalarse la Junta y el Ayuntamiento le dio las
gracias, recomendando su mérito al virrey "para que su excelencia lo eleve a
los pies del trono a efecto de que su majestad se digne concederle las gracias
y mercedes que sean de su real agrado. '12
La Junta expondría posteriormente que la única fuerza con que contaba
en el momento de su instalación era de "cinco escopetas no muy buenas,
algunas libras de pólvora y veintitrés hombres de lanza del fidelísimo

187
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
pueblo de Guadalupe de Tlaxcala."*-* Sin embargo, fue obedecida en toda
la provincia, aparentemente sin que se haya presentado ningún incidente de
importancia.
El Capitán Colorado había destacado al cabo Pedro López con doce
hombres para que persiguiese a la partida que andaba a las órdenes de don
Rafael González de Hermosillo y éste logró apresarla en Cadereyta.l4 Pero
el 25 de marzo, estando El Capitán Colorado en Candela marchando hacia
Monclova, tuvo noticias de que el sargento de milicias Bartolomé Salinas se
hallaba en las inmediaciones de Cerralvo con la caballada de los señores
Herrera, Zarza y Vedia; al instante mandó un oficio al cabo López orde-
nándole fuera en busca de Salinas, le quitara la caballada y el dinero que
llevaba y rescatara a los europeos si acaso hubiera aprehendido algunos.15
Este sargento de milicias Bartolomé Salinas, a quien los insurgentes
dieron el grado de capitán, había sido comisionado por don Juan Bautista
Carrasco para que juntara caballada, pero el gobernador don José Santiago
Villarreal puso al pie de la orden una anotación para los justicias de la
provincia: que sólo le entregaran a Salinas las bestias "orejanas y de fierros
no conocidos. '16
Salinas quizá presionado por los jefes insurgentes, recogió la caballada
que tenía dueño y el gobernador Villarreal mandó al sargento José Antonio
Hinojosa para ordenarle a Salinas devolviera las bestias a sus propietarios.
Es posible que el gobernador ya supiera que los jefes insurgentes habían
caído prisioneros, o simplemente dio esta orden porque no se le había obede-
cido y siempre trató de evitar que las gentes de la provincia fueran despo-
jadas. El hecho es que el cabo López encontró a Salinas en el lugar llamado
Rancho Viejo y éste verificó la entrega de 120 bestias "sin la menor resisten-
cia y antes sí con toda sumisión y rendimiento." Pero se presentó un
problema, pues Hinojosa y Salinas, siguiendo la orden que habían recibido
del gobernador, querían entregar la caballada a sus dueños, y el cabo López
tenía el propósito de llevarla a Monclova por ser lo ordenado por El
Capitán Colorado. Salinas se quejaba con el gobernador, haberle enseñado
su oficio a López y éste había dicho que el gobernador "no sabía todavía en
el estado que se hallaban las cosas nuevamente determinadas." Todos estos
enredos, es probable los haya causado don Buenaventura de Ibave, un
español que se había agregado a López sin empleo alguno, pero según el
sargento Salinas "no deja ni hablar, "^
Estos fueron los mínimos incidentes que se presentaron para que el
Nuevo Reino de León volviera a someterse al gobierno español. Para
cuando se instaló la Junta de Gobierno, el único lugar en donde quedaban
algunos insurgentes era el sur de la provincia, pues el lego Villerías se

188
LA VUELTA AL ANTIGUO RÉGIMEN

encontraba en Río Blanco. No fue hasta el 4 de abril que éste supo de la


captura de los jefes insurgentes, y ese día le escribió a Rayón diciéndole que
había llegado a reunir dos mil hombres los cuales se habían dispersado por
falta de socorros, pero que estaba "formando una columna de granaderos
que a la verdad gloría da verlos, tanto de buena presencia como vestidos y
armados." También le informaba que estaba esperando se le reunieran el
coronel Villaseñor y los tenientes coroneles José María Alvarez y fray
Alipio Lozada, y que entonces dispondría de dos mil fusiles y escopetas, sin
contar pistolas, lanzas, flechas y hondas. Decía igualmente que el día 12 iba
a atacar al enemigo que estaba en el Cerro de Santiago, el cual tenía "buen
armamento y algunos reales."^ Esto último no era cierto. De momento no
habían en esa región ningunas fuerzas realistas.

Al huir los jefes rebeldes hacia el norte, después de la batalla del


Puente de Calderón, el virrey Venegas dispuso saliera una expedición de
Veracruz, la cual debía desembarcar en la bahía de San Bernardo o puerto
de Matagorda en la provincia de Texas, para cortarles la retirada hacia los
Estados Unidos. Pero al consultar pilotos y prácticos en las costas, es seguro
que éstos opinaron que era muy riesgoso mandar navios a aguas poco
conocidas, y esto determinó que se modificara la orden, decidiendo que el
desembarco fuera en la barra de Tampico.
La expedición zarpó el 13 de marzo e iba al mando del coronel don
Joaquín de Arredondo, comandante del Regimiento Fijo de Veracruz, uno
de los cuerpos de tropas" veteranas. Sin embargo, el contingente que se
mandó a Tampico era muy pequeño; constaba solamente de 200 hombres
de infantería y dos cañones de a cuatro. El transporte de las tropas y equipo
se hizo en el bergantín Regencia y en las goletas mercantes San Pablo y San
Cayetano. Se dijo anteriormente, que el coronel Arredondo desembarcó el
día 18 en la barra de Tampico y ese mismo día se trasladó a Pueblo Viejo.
Debido a haberse levantado un fuerte norte, el bergantín tuvo que hacerse a
la vela y el desembarco de la artillería, pertrechos y demás equipo no se
pudo efectuar hasta el día 22.19
Ya se han descrito los preparativos que estuvo haciendo en Altamira el
gobernador de Nuevo Santander don Manuel de Iturbe para intentar la
reconquista de la provincia, y cómo al tener noticias de la llegada de Arre-
dondo, se trasladó inmediatamente a Pueblo Viejo para entregarle el mando.
Tres días después de su arribo, Arredondo se dirigó a Altamira y siete días
más tarde inició su avance. El ejército bajo sus órdenes se componía de
unos 550 hombres: 300 de infantería, 200 de caballería y algunos vo-

189
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
luntarios de los llamados patriotas. A los tres días de marcha la expedición
llegó a la hacienda de El Cojo y ahí se recibió la noticia de las aprehensiones
de los principales jefes de la insurrección efectuadas en Coahuila y Texas. El
7 de abril, estando Arredondo en la hacienda del Pretil, se presentaron el
bachiller don Rafael de la Garza, cura de la villa de Aguayo y don Gaspar
Lores con un mensaje de las tropas de la provincia que estaban en Aguayo,
informándole haber arrestado al cabecilla insurgente fray Luis de Herrera y
unos cuatrocientos hombres que con él habían entrado a Nuevo Santan-
der.20
Don Félix María Calleja había vuelto el 5 de marzo a San Luis Potosí,
y poco después destacó al coronel Diego García Conde para perseguir una
partida de insurgentes que andaba a las órdenes de fray Luis Herrera e
Ildefonso Blancas. García Conde palió de San Luis el día 14, y el 22 alcanzó
a los insurgentes en el Valle del Maíz derrotándolos completamente. Herrera,
Blancas y unos cuatrocientos hombres que lograron reunírseles, huyeron
hacia Aguayo.2^
En esta población, se habían concentrado unos ochocientos hombres de
la provincia de Nuevo Santander que se habían volteado contra el gober-
nador Iturbe. La situación de éstos debe haber sido muy extraña y desespe-
rada. No eran verdaderos insurgentes y habían abrazado este partido sedu-
cidos por don José Joaquín Benítez y el sargento José María Martínez,
cuando parecía que la rebelión era avasalladora y nada la podía detener.
Ahora se encontraban sin jefes, ya que nunca aceptaron a los caudillos
insurgentes que llegaron a la provincia, recibiendo constantemente noticias
de los descalabros de la insurgencia y que las provincias vecinas habían
vuelto ya al bando realista. Por lo tanto, la llegada de Herrera y Blancas,
deben haberla visto como una magnífica oportunidad para realizar una
acción que los congraciara con el gobierno virreinal.
Entre los individuos que estaban en Aguayo había algunos de los que
habían desertado para unirse al ejército de don Mariano Jiménez y luego
abandonaron también a éste.22 Ahí se encontraban igualmente varios ofi-
ciales de milicias pero los soldados, sobre todo los veteranos, no querían
que ninguno de éstos los mandara. Por esta razón, el día 28 de marzo, hubo
una junta en la casa del teniente don Juan Muñiz a la cual asistieron varios
oficiales y soldados, y en ésta se acordó nombrar como comandante de todos
al sargento José María Martínez.2**
El 6 de abril a las diez de la mañana, las tropas de Nuevo Santander se
echaron encima del lego Herrera y sus seguidores, logrando aprehender más
de cuatrocientos hombres, incluyendo cincuenta y seis oficiales de quienes
los más importantes fueron: el brigadier Ildefonso Blancas, los coroneles

190
LA VUELTA AL ANTIGUO RÉGIMEN

Francisco Martínez, Luís Marín, José María Gallaga, José Igánacio Villa-
señor, fray Cristóbal Ayala, Vicente Villegas e Ignacio Vázquez, los tenien-
tes coroneles Alejo Fernández, fray Alipio Lozada y Rafael Rivera y el
sargento mayor Francisco Treviño.^^
Los contrarevolucionarios avisaron inmediatamente a Calleja sobre este
golpe, diciéndole que no querían estar bajo las órdenes del capitán Vidal de
Lorca y que les mandara otro comandante, pero el correo fue interceptado
por los indios de Tula. También enviaron una comunicación dirigida a don
Manuel de Iturbe, pues no obstante tener noticias de la llegada de Arre-
dondo, no sabían que éste era el nuevo gobernador de la provincia. La
carta que se le mandó a Iturbe, aunque firmada por Martínez, fue preparada
por el teniente Muñiz y don José María de las Casas. Este último, desde
hacía tiempo tenía desavenencias con Vidal de Lorca y convenció a los
soldados de que si éste regresaba los iba a castigar por haber desertado, y
según don Juan Muñiz, el más temeroso era el sargento Martínez, quien
había intentado atacar a Vidal en la hacienda de El Cojo cuando iba de
retirada hacia Altamira. También había algunos que estaban contra Vidal
por estar convencidos de que si hubiera cumplido las órdenes con que salió
al principio de la insurrección y marchado directamente a San Luis Potosí,
la provincia no hubiera sido invadida y se habrían evitado las depredaciones
que sufrió.
Martínez le decía en su carta a Iturbe que se detuviera en Altamira
junto con el capitán Vidal, con el fin de que las tropas se mantuvieran
tranquilas y se evitara "una efusión de sangre que podría correr" si ellos
trataban de avanzar hacia Aguayo. También pedía Martínez que Iturbe le
mandara las tropas que tenía a sus órdenes, para poder resistir al ejército
enemigo que estaba en Río Blanco, el cual era de 2,000 hombres con seis
cañones. 25
Para conducir la carta se comisionaron a don Rafael de la Garza, cura
de Aguayo y a don Gaspar Lores Noriega. Este último era un español que
había sido comerciante, colector de alcabalas y encargado del estanco del
tabaco de la villa de Hoyos, y al huir de los insurgentes fue arrestado en la
hacienda de Santa Engracia por una patida de veinte o treinta hombres. Por
lo tanto, se le sacó de la cárcel para que acompañara al cura en su misión.^
Los comisionados llegaron el 7 de abril como a las doce de la noche a la
hacienda del Pretil donde se encontraba acampado Arredondo. Este escribió
inmediatamente al virrey diciéndole que los desertores de la provincia aca-
baban "de ejecutar la acción más heroica," que le estaba mandando al capi-
tán Joaquín Vidal para que se justificara y que convenía separar también a
Iturbe, aunque en justicia debía decir que, en los pocos días que tenía de

191
14
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA

conocerlos, no había notado en ninguno de los dos la menor falta en su


conducta y buena disposición para cumplir con los deberes.
Arredondo mandó en seguida de regreso a Aguayo al señor cura,
acompañado por don Francisco Antonio Cao, capitán del Fijo de Veracruz.
Este último declaró más tarde haber llegado a Aguayo como a las ocho de
la mañana, probablemente el día 9, y que salió a recibirlo una gran comi-
tiva de oficiales y tropa quienes lo condujeron a la casa del señor cura. A
las diez se presentaron todos los oficiales y Cao les informó de la comisión
que traía de Arredondo, consistente en darles los debidos agradecimientos
"por la brillante acción que habían hecho" y todos quedaron muy contentos
"protestando estar en un todo sujetos a dicho señor." A las dos y media o
tres de la tarde, el sargento Martínez se presentó en la casa donde estaba
alojado Cao y le dijo que toda la tropa quería desertarse porque había
sabido que en el ejército de Arredondo venían don Manuel de Iturbe y el
capitán Vidal de Lorca "a quienes no podían ver" y que era indispensable
que fuera Cao a tratar de persuadirla. Entonces Martínez mandó formar a
los soldados en la plaza, y Cao dice les estuvo hablando hasta las cinco y
media de la tarde, "asegurándoles con su vida, que desde luego no pasaría a
esta villa el referido don Joaquín Vidal," y que al fin logró convencerlos y
muchos tiraron el sombrero gritando "viva don Femando Vil y el nuevo
gobierno. "28
En carta escrita posteriormente por Arredondo al virrey habla de dos
acciones para* reducir al cuerpo de desertores, de unos prisioneros que le
dijeron que cuando llegara a Aguayo los iban a degollar, de los vecinos que
huían de los ranchos por donde pasaban y de incendios diarios en la sierra.
Refiere igualmente que, estando acampado en Las Comas, le escribió al
capitán Cao diciéndole demoraría su entrada hasta el día siguiente, pero que
mandó tocar generala a las diez de la noche y marchando desde este
campamento logró sorprender, al rayar el día, a las fuerzas que estaban en
Aguayo. " Todo esto son puras patrañas para hacer resaltar sus méritos.
Don Manuel de Iturbe, que acompañaba a Arredondo, no menciona nada
de esto en un informe que le mandó a Calleja, y sólo dice que llegaron a
Aguayo el día 12 y entraron "sin oposición alguna, a pesar de los motivos
justos que hubo para ejecutarlo con las precauciones que efectivamente se
verificó. "3®
Fray Luis Herrera', Ildefonso Blancas y José Ignacio Villaseñor fueron
ejecutados el día 17 y otros seis de los principales cabecillas insurgentes
unos días después. Arredondo decía al virrey que le constaba que a muchos
de los otros prisioneros los insurgentes los habían llevado amarrados y que
éstos querían "seguir gustosos las banderas de su majestad," y ya había

192
LA VUELTA AL ANTIGUO RÉGIMEN

admitido cuarenta y siete. A los restantes los iba a mandar a Veracruz para
que trabajaran en los méganos.
Las tropas de Nuevo Santander volvieron todas a ser realistas y Arre-
dondo hacía grandes elogios de varios de los jefes. Decía q~ue el sargento
Martínez y el capitán José Antonio Guerra siempre se habían "mantenido
firmes en la buena causa," y pedía para el primero algún premio, pues tenía
veintiséis años de servicio. Otros de los recomendados por haber contri-
buido a la captura de los insurgentes eran los tenkntes Juan Muñiz y Miguel
de la Garza, el subteniente retirado don Nicolás Larumbe y el sargento
veterano Lorenzo Garza.^1

En sólo tres meses, toda la inmensa área de las Provincias Internas de


Oriente situada al norte y oriente de la Sierra Madre se había pasado a la
insurgencia y vuelto al bando realista, habiendo tenido lugar en su territorio
únicamente una batalla: la del Puerto de Piñones, al abandonar Rayón a
Saltillo.
Es un hecho que la insurgencia perdió fuerza tan pronto como cruzó la
Sierra Madre, cuando llegó a la verdadera frontera. Mientras se mantuvo en
la provincia de San Luis Potosí y el sur del Nuevo Reino de León y Nuevo
Santander, grupos numerosos de gente acudieron a engrosar sus filas. Pero
esto no sucedió ni en Coahuila ni en el resto de Nuevo León y Nuevo
Santander. Las pequeñas partidas de insurgentes recorrían el territorio de un
lado a otro sin que se les uniera nadie. Los únicos que se declararon insur-
gentes fueron los soldados que se habían reunido para la defensa de las
provincias al voltearse contra sus gobernadores, como le sucedió a Cordero
en Aguanueva, a Salcedo en Béjar y a Iturbe en Padilla. Santa María evitó
este trance, licenciando las tropas, y la mayoría de los milicianos se fueron
tranquilamente a sus casas y no a incorporarse a los insurgentes.
Monterrey es la única población del norte de la cual han quedado cons-
tancias de haber hecho una recepción calurosa a los insurgentes. Pero esto
no significa gran cosa. Después de la batalla del Puente de Calderón,
Calleja fue recibido en Guadalajara, una de las ciudades más importantes
del país, tan espléndidamente como lo había sido el cura Hidalgo menos de
dos meses antes, ta gente acude cuando hay novedad. Y para Monterrey,
una población pequeña de frontera, la llegada de Jiménez era el aconteci-
miento más extraordinario que presenciaba en sus doscientos años de exis-
tencia.
No es fácil explicar qué fue lo sucedido en el norte; a qué se debió la
frialdad con que fue acogida la insurgencia, pero es indudable que influyeron

193
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
las características de la población de la región. En el centro del país, donde se
inició la rebelión, quienes acudieron principalmente a engrosar sus filas
fueron: indios, peones de las haciendas y las clases desposeídas de las
ciudades. En la frontera, estos elementos no eran proporcionalmente nume-
rosos. La comarca se encontraba poco poblada y los habitantes muy disper-
sos. No había ciudades grandes, ni tampoco muchos indios y en algunas
zonas la población era predominantemente criolla.^ Mucha gente estaba
dedicada a la cría de ganado o a la agricultura en pequeña escala, lo que
hacía que no fuera demasiado grande el número de jornaleros y que tam-
poco hubiera diferencias muy notorias de fortuna.^ No parece haber habido
animadversión para el español, ya que eran muy pocos los que vivían en
esta zona.^4 Es posible también que Ips manifiestos de los insurgentes en los
cuales se enfatizaban las amenazas contra la religión, hayan hecho poco
impacto en una población más bien fría o indiferente en materia religiosa.
De las antiguas Provincias Internas de Oriente saldrán, en la siguiente
generación, muchos de los caudillos y tropas que darán el triunfo al partido
liberal.
Todo esto no quiere decir que los fronterizos estuvieran muy satisfechos
con el gobierno español. Había múltiples motivos de agravio; el servicio
militar forzado en la distante provincia de Texas y una economía ahogada
por el monopolio del comercio de México y Veracruz, eran algunos de los
perjuicios más notorios. El mismo don Simón de Herrera se quejaba del
"despotismo que tanto reina en esta parte del globo. "3*
Pero cuando las gentes de las Provincias Internas conocieron a los insur-
gentes, parece que llegaron a la conclusión de que era preferible el gobierno
anterior. Repentinamente irrumpieron en la región una serie de comisio-
nados acompañados por pequeñas partidas, cuyo único propósito era el
pillaje, y no se veía que anduvieran haciendo nada para consolidar el domi-
nio de la insurgencia. Ya se ha visto cómo don José Joaquín Benítez se
quejaba de que se habían apropiado hasta de los bienes de algunos criollos
que se hallaban "con las armas en la mano. "^ Vicente Flores expone
claramente en Bajan el pensamiento de los fronterizos. Cuando Jiménez le
reclamó por qué los atacaban si ellos eran criollos siendo que los insurgentes
los andaban defendiendo, Flores contestó: "Porque como en sus comisio-
nados de usted no se ha visto más de un engaño general en todo y que no
tratan más que de robar y destrozar cuanto agarran. "^7
Esta posición la confirman otros incidentes. Den José Andrés de Sobre-
villa manifestó que se había unido con veinticinco hombres al Capitán
Colorado cuando éste pasó por Lampazos porque "ya era inaguantable el
desorden de la anarquía de la insurrección."^ . .

194
LA VUELTA AL ANTIGUO RÉGIMEN

El mismo día de la emboscada de Bajan, el cabo Ignacio Guerra a quien


Jiménez había comisionado para aprehender españoles y embargar sus bie-
bienes, se presentó en Cerralvo, pero como no traía el pase del gobernador
Villarreal, el subdelegado Francisco Javier Víctor del Bosque y Ochoa se
negó a darle la autorización para que procediera con su comisión. No
obstante, a la mañana siguiente, Guerra embargó por la fuerza los bienes del
español don Isidro Intríago. Del Bosque se quejaba con el gobernador de
que se había apropiado de algunos artículos, y repartido otros entre sus
acompañantes sin hacerlos constar en el apunte que hizo. Y el vecindario,
agradecido por tantos beneficios que había recibido de Intriago, estuvo a
punjo de tomar las armas contra dicho comisionado, viéndose él obligado a
contenerlo diciéndole que informaría de todo al gobernador.^
En la carta que fray Juan Villerías escribió a Rayón el día gue supo de
la prisión de los caudillos de la insurgencia, le decía: "Todos los desertores
de nuestros ejércitos, horrorizan las picardías y maldades que ocasiona su
dispersión y los falsos nombramientos y comisiones que falsean, pero he
tenido a bien el promulgar un bando y hacer tomen conocimiento los sub-
delegados, gobernadores de pueblos, administradores de haciendas, a fin de
que apaguen el fuego que estos viles traidores andan prendiendo." También
se quejaba de la falta de apoyo de los habitantes del país. "No tratan
—decía— más de su comodidad, reposo y tener sin ningún trabajo alivio,
porque ya piensan somos perdidos, sanear sus conciencias y rabie quien
rabiare. "*"
Por lo tanto, además del desorden de la insurgencia, un factor que debe
haber influido considerablemente en voltear a la gente del norte en su
contra fue el haber llegado a la convicción de que era un movimiento que
estaba liquidado. La derrota del cura Hidalgo en el Puente de Calderón
tuvo un efecto muy grande en la frontera; envalentonó a los enemigos de la
insurgencia e hizo que reaccionaran los oportunistas que la habían apoyado.
Los dos bandos eran grupos minoritarios ya que la mayoría del pueblo,
como siempre, permaneció como espectador pasivo. Jiménez recibió la no-
ticia de Calderón estando en Monterrey, y esto lo hizo volver violentamente
a Saltillo. El 14 de febrero esta noticia había llegado a Camargo y el 20 ó 21
del mismo mes a Laredo. Para estas últimas fechas ya debe haberse cono-
cido en toda la región. El alférez José María Uranga, uno de los conspira-
dores de Monclova, refirió muchos años después, "que cuando supo lo que
había pasado en Béjar, a lo que Elizondo agregaba que Melgares estaba en
Parras con una fuerte división en combinación con Calleja que se aproxi-
maba por San Luis con todo su ejército, creyó que todo se había perdido y
que no le quedaba otra manera de salvarse que aceptar las proposiciones de

195
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Elizondo y así fue como tomó participio (sic) en la conspiración.

196
EPILOGO

El destino de las personas que figuraron en los acontecimientos que se


han relatado fue muy variado. Algunas de ellas desaparecen muy pronto del
escenario, mientras que otras seguirán figurando por muchos años.
En el parte rendido por don José Manuel de Ochoa sobre la batalla que
dio en el Puerto de Piñones, menciona entre los insurgentes que murieron a
un "coronel Hermosillo.1 Es casi seguro que se trata de Ramón González de
Hermosillo. Su padre don Rafael murió menos de tres meses depués. El 21
de junio de 1811, el insurgente Bernardo Gómez de Lara conocido como "El
Huacal," que se había apoderado de Matehuala, fue atacado conjuntamente
por don Antonio Elosúa ayudante mayor del Regimiento Fijo de Veracruz y
el padre José María Semper y derrotado completamente, dejando numerosos
muertos y cayendo también prisioneros muchos de los rebeldes. Entre estos
últimos se encontraba don Rafael González de Hermosillo, quien fue conde-
nado a muerte acusándosele de haber sido "indultado antes y vuelto a la
insurrección." 2 El de éste, fue un caso típico de aquellos individuos que
contribuyeron a desprestigiar la insurgencia. Solo se dedicó a andar ha-
ciendo depredaciones y en dos ocasiones se rindió sin combatir; la primera
vez en El Canelo a don Mariano Vázquez Borrego y la segunda en Cade-
reyta al cabo Pedro López, a quien acompañaban solamente doce hombres.
El cura de Real de Catorce don José María Semper, quien al principiar
la insurrección se había mostrado muy adicto al gobierno, luego había sido
furibundo insurgente, ahora se encontraba otra vez en el bando realista. Y
no sólo esto, sino que era el caudillo militar del distrito norte de la provin-
cia de San Luis Potosí y andaba persiguiendo a los rebeldes con mucha
saña. Fue uno de los primeros que abandonaron a los insurgentes cuando se
dio cuenta que su causa empezaba a declinar. Fray Gregorio de la Concep-
ción relata que fue a recibir a don Ignacio Allende, cuando éste se acercaba
a Saltillo acompañándolo de regreso en el mismo coche, y que Allende le
había platicado que en el puerto de Carneros se había encontrado "un coche
y le mandó hacer alto, y vio que el cura Semper llevaba tres gachupines
vestidos de mujer, y que en la hora se los entregó a Marroquin para que les
hiciera la fiesta y al cura lo dejó ir. "^
El compañero del cura Semper, don Alejandro Zerratón, tan pronto
como supo que Calleja había vuelto a San Luis Potosí, le escribió una carta

197
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
servil diciéndole cómo había aparentado conformidad con el desatinado plan
de los insurgentes quienes le habían dado el grado de coronel, pero que
todo había sido para defender "la inocencia de los europeos, sus intereses y
familias." Le manifestaba también que tan pronto como Calleja llegó a San
Luis, hubiera querido haber ido a ponerse a sus plantas "a implorar de su
bondad el perdón de los defectos" en que hubiera incurrido pero que no lo
había podido hacer porque era muy importante su presencia en ese real.^
Zerratón fue miembro de la Junta de Seguridad establecida por los realistas
en Real de Catorce y después de la Independencia fue diputado al Congrego
General.5
Don Nemesio Salcedo, el comandante general, tuvo noticias de los
acontecimientos de Bajan el 28 de marzo por un oficio de don Simón de
Herrera que condujo desde Parras el alférez Gaspar de Ochoa.
Ese mismo día contestó aprobando el nombramiento de don Simón
como gobernador de Coahuila y de don Manuel Salcedo como su segundo.
Este mando debían conservarlo hasta que el coronel don Antonio Cordero
quedara en libertad o el comandante general les diera una nueva orden.
También le indicaba a don Simón, que aun regresando Cordero, debía
permanecer en la provincia de Coahuila.
Don Nemesio decía igualmente que en vista de las amplias facultades
que le había dado su majestad, le concedía interinamente el grado de
teniente coronel al capitán Elizondo "sin perjuicio de las demás gracias que
infaliblemente dispensará al mismo y a todos la real magnificencia." No
debía omitir en los informes los nombres de todos los individuos que se
hubieran distinguido, de los que hubieran muerto en la empresa, los de las
familias que hubieran dejado y los que estuvieran heridos, porque además
de que con toda justicia habían adquirido el timbre de gloriosos defensores
de Dios, del rey y de su patria, eran acreedores a las bendiciones de todos
los buenos.
El comandante general manifestaba asimismo que de los reos de infi-
dencia capturados, se mandaran a Chihuahua a Hidalgo, Allende si se le
hubiere aprehendido, Aldama, Abasólo, Iriarte y al fraile nombrado Sala-
zar. Para conducirlos por la vía del norte, estaba mandando al capitán del
Presidio del Norte don Juan Francisco Granados, con dos oficiales de
confianza y ciento cincuenta hombres de tropa. Los reos debían ir "con las
prisiones más conformes a la seguridad, y al mismo tiempo, que no les falte
ninguno de aquellos auxilios que exige la humanidad cristiana para su trato
y subsistencia en su trasnporte."
También estipulaba don Nemesio las normas que se, debían seguir con
los otros jefes insurgentes que se quedaban en Monclova, las cuales eran

198
EPILOGO

que "previo un breve sumario de identidad de personas y notoriedad de sus


delitos, se les ha de imponer sin la menor dilación por el consejo militar que
se formará al efecto, la pena ordinaria, dejando a la prudencia y justificación
del mismo consejo las exensiones de esta regla general que tuviere por conve-
nientes. " Señalaba luego a los que quedarían comprendidos en la pena que
aplicaría el consejo militar: los que hubieran sido indultados, los oficiales o
individuos de las tropas del rey que se hubieran cogido en Bajan con las
armas en la mano, los que hubieran ocurrido a las batallas anteriores y los
que estuvieron en los degüellos de Guanajuato, Valladolid, Guadalajara y
otros puntos del reino.
Las demás personas que se encontraran incursas por haber seguido u
obedecido por algún tiempo a los insurgentes quedaban "expresamente
indultadas y en perpetuo olvido aquella falta, siempre que no haya motivo
especial para lo contrario, con tal que pidan sumisamente el indulto y
presten antes juramento de fidelidad al rey, cortes extraordinarias y demás
potestades legítimas que a su nombre y con su autoridad gobiernan. "&
Don Simón de Herrera y los otros jefes que estaban en Monclova no
esperaron las instrucciones del comandante general para enviar los principa-
les prsioneros a Chihuahua. Estos no estuvieron más que un día en la
capital de Coahuila, pues llegaron a esta villa el 22 de marzo en la noche y
salieron el 24 en la madrugada. Es probable que se les enviara inmediata-
mente, temiendo que los insurgentes que estaban en Saltillo intentaran res-
catarlos. El primer grupo de prisioneros estaba formado por veintiocho
personas e incluía a los principales caudillos: don Miguel Hidalgo, don
Ignacio Allende y don Juan Aldama, así como cuatro religiosos y seis cléri-
gos. De las personas que figuraron prominentemente en los acontecimientos
de las Provincias Internas de Oriente iban don Mariano Jiménez, don Pedro
de Aranda, don Manuel de Santa María, don Francisco Lanzagorta y don
Juan Bautista Carrasco.® A pesar de que el comandante general señalaba
que debía seguirse la ruta del norte, pues era más segura por cruzar una
región casi despoblada, a este grupo se le envió por la ruta del sur, esto es,
de Monclova a la hacienda de San Lorenzo cerca de Parras y de ahí a
Álamo de Parras. El comandante de la escolta era don Manuel Salcedo, y
de este último lugar, se separó a los cuatro frailes y seis clérigos mandán-
dolos a Durango escoltados por veinte hombres de tropa bajo las órdenes
del teniente segundo de la Compañía Volante de Lampazos don Juan de
Castañeda.^
Algún tiempo después se envió a Chihuahua otro grupo de personas;
don Juan Ignacio Ramón, don Andrés Molano, don Trinidad Pérez, don
Ventura Ramón, don Manuel Ignacio Solís, don José Plácido Monzón y los

199
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
licenciados Ramón y Manuel Garcés y José María Chico. La escolta que
condujo a estos prisioneros iba al mando del alférez José Álzate y siguió la
ruta del norte: Monclova, Santa Rosa, los antiguos presidios de La Bavia y
San Vicente, y de este último al Presidio del Norte y Chihuahua.^
En Monclova fusilaron a los coroneles Francisco Mascareñas, Luis
Gonzaga Malo, Ignacio Domínguez y Pedro Navarro, y también al licen-
ciado Ignacio Aldama, a fray Juan Salazar y a don Juan Bautista Casas.^
Los tres últimos fueron trasladados de San Antonio de Béjar a esta villa.
Fray Juan Salazar se quejaba que lo trajeron "atravesado en un caballo,
haciendo jornadas de día entero y parte de la noche... introduciéndolo a los
poblados a vista de todo el mundo, y en Monclova el día domingo, y hora
en que sus habitantes tomaban el fresco de la alameda. "*•*' Juan Bautista
Casas fue fusilado el 3 de agosto de 1811 y fray Juan Salazar el 28 de
octubre.13
El total de insurgentes enviados a Chihuahua fue de treinta; diez y
ocho del grupo original, tres que se agregaron de los tomados prisioneros en
la batalla del Puerto de Piñones y nueve que fueron remitidos posterior-
mente. De todos estos, veintitrés fueron pasados por las armas y siete
condenados a presidio. No entra dentro del plan que comprende este trabajo
reseñar en detalle el juicio y muerte de los principales caudillos de la insu-
rrección, pero sí es conveniente señalar ciertas irregularidades de estas
sentencias, sobre, todo de algunas que tienen relación directa con personas
que figuraron en los acontecimientos relatados. En primer lugar, resulta
extraño que se hayan mandado a Chihuahua tres de los prisioneros tomados
en la batalla del Puerto de Piñones: Jacinto Noroña, Carlos Martínez e
Ignacio Maldonado, pues el grado de éstos era muy bajo; el primero era
capitán, el segundo teniente y el tercero sólo un soldado. También entre los
enviados de Monclova en el segundo grupo iban varios individuos de baja
graduación: el alférez Trinidad Pérez, el capitán Ventura Ramón y un don
José Plácido Monzón, quien parece no haber tenido grado militar, pues sim-
plemente se anotó al lado de su nombre: "rebelde seductor de Coahuila."
Los tres fueron pasados por las armas.•"
Ahora bien, surge la pregunta: ¿En la selección de los individuos que se
castigaron no habría mucho de venganza personal? El año de 1809, cuando
el comandante general designó a don Tomás Flores para que investigara las
quejas relativas al contrabando, uno de los interrogados que aportó muchos
datos e incluso incriminó a los hermanos Herrera y Leyva fue don José
Plácido Monzón.15
Otro de los enviados a Chihuahua en el segundo grupo que salió de
Monclova fue don José Andrés Molano. Este era aquel justicia mayor de la

200
EPILOGC

villa de San Buenaventura que en el año de 1806 recorrió el Nuevo Reino de


León, comisionado para investigar las quejas que había contra don Simón y
don Pedro de Herrera y formó un voluminoso expediente.16 Al tomar los
insurgentes San Luis Potosí, don Antonio Cordero encargó á Molano la
organización de una compañía de lanceros en San Buenaventura y estuve
como capitán en el campamento de Aguanúeva, donde se pasó a los
insurgentes, quienes le dieron el grado de coronel.17 Sin embargo, éste no
era obstáculo para haberse acomodado otra vez con los realistas, pues a
muchos de los que se voltearon en Aguanúeva se les encuentra después otra
vez en el bando contrario. Molano fue condenado a presidio ultramarinc
por teda su vida, con confiscación. ¿No sería el envío de Monzón y de
Molano a Chihuahua una venganza de don Simón de Herrera? A otras
personas con delitos aparentemente más graves no les sucedió nada. Una de
ellas fue el licenciado don José María López de Letona, auditor general del
ejército de don Mariano Jiménez y que anduvo embargando los bienes de
los españoles y cayó prisionero en Bajan. Pero el licenciado Letona, debe
recordarse que había sido asesor de los hermanos Herrera antes de la
insurgencia y es muy probable que don Simón lo haya protegido. El año de
1812 se encontraba viviendo tranquilamente en Saltillo y parece que tenía
correspondencia con los insurgentes. 18 Después de la Independencia, siguió
siendo asesor del gobierno de Nuevo León, con residencia en Saltillo, come
lo había sido antes. Fue gobernador de Coahuila los años de 1831 y 1832
hasta su muerte el 18 de septiembre de este último año. 19 Había gentes que
no tenían de él muy buena opinión pues el Cabildo Eclesiástico de Monte-
rrey le decía a don Agustín de Iturbide que era un "sujeto que según el
concepto y fama pública, flaquea en el juicio y padece sus frecuentes
trastornos de Joco. "20
Otro que aparentemente salió bien librado fue el teniente coronel To-
más María Flores que mandaba las fuerzas insurgentes capturadas por El
Capitán Colorado en Boca de Leones, ya que en julio de 1812, el capitán
José Andrés Guajardo lo ponía de testigo.21 No es raro que no fuera
castigado; Flores había sido antes de la insurgencia uno de aquellos "gran-
des pájaros" que mencionaba don Miguel de la Garza como incondicionales
de los Herrera.
Con uno de los individuos enviados de Monclova a Chihuahua en el
segundo grupo se presenta un problema. Se trata de Ventura Ramón. Se ha
mencionado un alférez de este nombre que andaba con el gobernador Santa
María cuando licenció a las tropas de Nuevo León en el valle del Pilón. Un
sargento Ventura Ramón estuvo en la junta contrarrevolucionaria efectuada
el 17 de marzo en la casa de don Tomás Flores en Monclova. Un capitán

201
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Ventura Ramón fue llevado preso y fusilado en Chihuahua. También se
menciona un capitán del mismo nombre que, en el año de 1813, andaba
persiguiendo a los insurgentes en Nuevo León.22 gs seguro que existieron
cuando menos dos militares con este nombre, uno en Coahuila y otro en
Nuevo León. Probablemente el de Coahuila, quien asistió a la junta de
Monclova, haya sido el que posteriormente fue enviado a Chihuahua. En
septiembre de 1811, el bachiller don José Manuel Pérez, cura de Laredo, le
escribía a don José Ramón Díaz de Bustamante quejándose de cómo se
había postergado a los buenos patriotas y favorecido a los insurgentes
"empleándolos en los primeros empleos." Más adelante decía: "Sabe vuestra
merced cómo se trató a Ventura Ramón y también presenció su reinciden-
cia. Podría referir muchos acontecimientos de igual condición. En esta
provincia a Nepomuceno Jiménez, vecino de Santander, se le indultó, reinci-
dió, y quedó colgado en un encino. "23
Efectivamente, en las Provincias Internas de Oriente, las autoridades
españolas se concretaron a castigar a los principales cabecillas y con el resto
fueron muy indulgentes. En realidad no podían hacer otra cosa pues se
hubieran echado encima a todo el país. Además no contaban con suficiente
gente para ocupar los puestos claves.
En Nuevo León, la Junta de Gobierno, tan pronto como fue instalada,
ordenó a don José Cristóbal de León que se encargara de la subdelegación
del valle del Pilón.24 Este había andado con los insurgentes y fue comisio-
nado por el brigadier Carrasco para recoger los cañones que había dejado
Santa María en el Pilón. Don José Tomás Ballesteros informaba a la Junta
haber entregado la subdelegación a de León, pero que él la había obtenido
por pluralidad de votos del vecindario debido a su resistencia a las determi-
naciones del gobierno intruso.25 Uno de los primeros actos de León, fue
mandar a Monterrey cuatro insurgentes aprehendidos por don Juan Nepo-
muceno de la Garza.26 Este último, parece que unos días antes había
andado acompañando a Ramón González de Hermosillo.
De los militares de Nuevo León, salvo el gobernador Santa María y
don Juan Ignacio Ramón, ninguno fue castigado y a todos se les conservó
en sus empleos. Ya se ha visto que el capitán Francisco Bruno Barrera fue
uno de los miembros de la Junta de Gobierno. La noche del 3 de julio de
1813 se hizo cargo de la defensa de Monterrey contra un grupo de insurgen-
tes, por estar ausente el comandante militar. Obtuvo su retiro el 28 de
enero de 1814, pero en el año de 1817 al desembarcar don Francisco Javier
Mina en Soto la Marina, Arredondo nombró al capitán Barrera comandante
de las armas de Nuevo León. Ocupó diversos puestos en el Ayuntamiento
de Monterrey, incluso el de alcalde de primer voto durante los años de 1816

202
EPILOGO

a 1819. También fue gobernador interino de la provincia en varias ocasio-


nes. Consumada la Independencia, fue alcalde primero en los años de 1823
y 1824. Este último año fue también teniente de gobernador y todavía ert
1827 fue electo para censor.27
Don Juan José de los Santos, quien acompañado por los insurgentes
liberados en el Pilón, pasó a pedirle al gobernador Santa María que se
declarara por la insurgencia, no sólo no fue castigado sino que conservó su
grado de capitán. En el año de 1812 informaba que había dispersado a un
grupo de insurgentes en el sur de Nuevo León, haciéndoles un muerto, y
como constancia remitía "los orejas, arco y flechas del indio muerto. "28
£1 capitán Andrés Mendiola, que acompañaba a don Juan Ignacio
Ramón cuando empezó a tener correspondencia con los insurgentes, tampo-
co tuvo dificultades para acomodarse y el gobierno español le siguió reco-
nociendo su grado de capitán. Después de la Independencia, fue diputado al
Congreso del Estado para el período de 1829 a 1831.29
Don José Agabo de Ayala era el capitán de la Segunda Compañía de
Dragones Provinciales del Nuevo Reino de León con residencia en San
Pedro, pero era uno de los oficiales que estaban en Texas. Al declararse esta
provincia por la insurgencia, Casas lo mandó a apoderarse de la Bahía del
Espíritu Santo. Desde ahí, escribía que el comandante general, quien trataba
de atacarlos, era un idiota al pensar que los podía subyugar después de que
la Divina Providencia los había liberado de las garras de tales tiranos.30 No
obstante, en el año de 1816, don Agabo tenía ya el grado de teniente
coronel y era regidor del Ayuntamiento de Monterrey.31
De los capitanes de Nuevo León, el que más problemas tuvo fue don
José Andrés Guajardo. Esto se debió a no haber presentado el juramento de
fidelidad a tiempo. Alegaba que cuando se publicó el bando en Río Blanco
él no estaba allí porque había ido a ver al coronel Arredondo para recla-
marle la plata y otras cosas que había saqueado el lego V¡Herías. El hecho
es que Guajardo estuvo detenido varios meses y se le confiscaron sus
bienes;32 pero, ya para noviembre de 1812 se encontraba de regreso en Río
Blanco y seguía siendo capitán comandante de la compañía de milicias de
ese lugar. Informaba a la Junta de Gobierno que a su llegada todo el
vecindario había "manifestado gusto, tirando cohetes y viniendo a visitar
con obsequio de chivitos, gallinas, pollos y huevos." También se quejaba de
las intrigas de sus enemigos y decía, que el subdelegado don Manuel de
Soto era de origen plebeyo y que no tenía "gobierno en su familia, pues dos
hijas suyas, que ni son casadas ni viudas, tienen la una dos hijas y la otra
una. '33 Pedía asimismo que se reorganizara su compañía, ya que la lista no
se había modificado desde el año de 1800, y todavía aparecían en ella los

203
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
que estaban en Texas, los muertos, desertores, retirados, baldados e inúti-
les. Exigía igualmente se retirara de ese valle al cabo Miguel de Reina por
ser perjudicial. Este había estado en Texas, donde ascendió a sargento y fue
uno de los que soliviantaron a las tropas cuando se voltearon a favor de la
insurgencia y uno de los que hicieron cabeza cuando se arrestó a don
Manuel Salcedo y a don Simón de Herrera. A pesar de todo esto, no sólo
no fue castigado sino que don Simón le concedió licencia para regresar de
paisano a su tierra Río Blanco.34
Los dos capitanes españoles de las compañías de Nuevo León, don
Pedro de Herrera y don José Domingo Castañeda, quienes salieron huyendo
hacia Veracruz y de ahí a la ciudad de México cuando la provincia se pasó
a la insurgencia, parece que no regresaron a Nuevo León. En el año de
1817, Castañeda obtuvo con su retiro el grado de teniente coronel, el goce
de fuero criminal, el uso de uniforme de retirado, y licencia para regresar a
España con su íamilia.35
Las dificultades de don Pedro de Herrera no terminaron con su llegada
a la ciudad de México. Durante su estancia en Jalapa, le escribió a Calleja
relatándole sintéticamente todas sus peripecias desde que salió de Monte-
rrey. Culpaba al gobernador Santa María de no haber marchado a tiempo
para incorporarse al ejército que se estaba formando en San Luis. "Reunidas
las tropas en Monterrey —decía— cada día se le ofrecían varios motivos
para detener su salida, figurándose en su imaginación subvelaciones en
aquella ciudad; por último -conseguí que permitiera mi salida con doscientos
hombres los que, después de tenerlos en el camino, salí yo el día 2 de
noviembre al ponerse el sol, pues aún temía me detuviera." Le manifestaba
don Pedro a Calleja, que su propósito era ir a incorporarse a su ejército.36
Ya en México, 'don Pedro hizo múltiples gestiones para reunirse con
Calleja y cobrar los sueldos que se le debían, diciendo que su propósito
original fue servir sin sueldo, pero que los insurgentes le habían robado casi
todo lo que le pertenecía. No fue hasta el 30 de marzo de 1813 que logró le
pagaran 1,631 pesos, 7 reales y 4 granos, que era lo que le correspondía de
sueldo de retirado.37 Lo más probable es que nunca se le volviera a
emplear. Durante su estancia en la ciudad de México, preparó dos trabajos
muy valiosos: un diario de todo lo ocurrido desde que salió de Monterrey
hasta que llegó a México y un informe sobre el Nuevo Reino de León.38
Algunos de los oficiales menores de Nuevo León que participaron en
los acontecimientos de 1810 y 1811, también dejaron huella de sus activida-
des posteriores. El alférez José Antonio Leal, que salió de la hacienda de
Potosí a reforzar el campamento de Aguanueva y quien aparentemente se
pasó a los insurgentes, unos meses después era otra vez realista. El 4 de

204
EPILOGO

mayo de 1811 participó en Monterrey en una junta de oficiales en donde se


nombró habilitado al alférez don Miguel Serrano.39
Fray Gregorio de la Concepción, relata que cuando los caudillos de la
insurrección fueron trasladados a Chihuahua, los jefes de la íescolta "eran
Salcedo y un hermano de Elizondo."^ Es indudable que el último mencio-
nado era don Nicolás. Este no vuelve a figurar posteriormente en el servicio
militar activo, cuando menos en Nuevo León. Después de la Independencia,
fue comisionado de tierras y aguas en Coahuila y le tocó, en el año de
1826, encargarse de la erección de las villas de San Juan de Allende y Santa
Rita de Morelos y del reparto de sus tierras y aguas.41 Una hija de don
Nicolás, doña Victoriana, fue la segunda esposa de don José Francisco
Madero. Estos fueron los padres de don Evaristo, el abuelo de don Francis-
co I. Madero el iniciador de la Revolución de 1910.42
Pero el oficial de Nuevo León, cuyas andanzas sobrepasan en los
primeros meses de 1811 a las de todos los demás, fue el teniente don Juan
de Castañeda. Ya se ha dicho cómo huyó del valle del Pilón rumbo a
Lampazos cuando el gobernador Santa María licenció las tropas. Continuó
luego hacia Béjar en donde fue arrestado por los soldados rebeldes y
enviado junto con los otros oficiales realistas al presidio de Río Grande. De
ahí continuó a Monclova y luego al valle de Santa Rosa, a donde se mandó
a los detenidos. Después de Bajan, formó parte de la escolta de los caudillos
insurgentes; pero en Álamo de Parras se le destacó con veinte hombres de
tropa para conducir a los frailes y clérigos a Durango. A los tres días de
estar en esta población, el brigadier Bonavía lo envió en auxilio de Sombre-
rete y posteriormente siguió por algún tiempo operando contra los insurgen-
tes en la provincia de Zacatecas. El 4 de mayo, Castañeda le escribía a
Calleja desde la hacienda de Rancho Grande, relatándole todas sus aventu-
ras y diciéndole que tanto él como su familia habían quedado absolutamen-
te pobres, pues fueron saqueados, y le pedía que en caso de que se llegara a
proveer la primera tenencia de la Compañía de Lampazos, se la dieran con
grado de capitán.43
Más o menos al mismo tiempo que Castañeda hacía-esta petición, don
Simón de Herrera le informaba a Calleja que había mandado reconocer a
Castañeda como primer teniente comandante de la Compañía de Lampazos
"por falta del expresado traidor Ramón. "44 Sin, embargo, no le dieron a
Castañeda el grado de capitán y cuatro años después se quejaba con el
virrey por haber sido postergado al proveerse los capitanes de las compa-
ñías de Nuevo Santander, Coahuila y Texas con "sujetos de menos antigüe-
dad y mérito. "45 £n ^ta ocasión su petición fue atendida; a fines de este
año de 1815 fue nombrado capitán de la Compañía Presidial de la Bahía del

205
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Espíritu. Santo.46 Tres años después, era capitán de la Compañía Volante
del Álamo de Parras, situada en Béjar,.47 En el año de 1833, el licenciado
Domingo Martínez le escribía al alcalde de Lampazos diciéndole que a los
poseedores de tierra que no cumplieran con el pago exigido por el Estado,
como era el caso de don Juan de Castañeda, el Ayuntamiento podía dispo-
ner de sus tierras.48 Si don Juan todavía vivía en estas fechas, debe haber
tenido entre 70 y 71 años de edad. Su hijo don Francisco también fue oficial
de presidíales y figurará mucho en diversas campañas, sobre todo contra los
indios bárbaros en el primer cuarto de siglo del México independiente.49
En Nuevo Santander, todos los que se habían volteado contra el gober-
nador Iturbe andaban, a fines del año de 1811, incorporados al ejército de
don Joaquín de Arredondo. El soldado Viviano Núñez, enviado por el
capitán Vidal de Lorca a traer a los que habían desertado y quien se unió al
ejército de Jiménez en Matehuala, ahora era sargento de la Segunda Compa-
ñía Volante.50 Un rebelde, del que no queda claro cómo logró acomodarse
al cambio de situación, fue don José Joaquín Benítez; pero después de la
Independencia, fue diputado a la primera Diputación Provincial de Tamau-
lipas.51
Cuando iba en marcha de Altamira hacia Aguayo, don Manuel de
Iturbe recibió orden del virrey de que pasara a hacerse cargo del gobierno
de Colotlán. No obstante, Arredondo que lo había nombrado su segundo, y
que siempre obraba arbitrariamente importándole muy poco las órdenes
superiores, lo retuvo por algún tiempo.52 Ya en su nuevo destino, Iturbe
murió repentinamente de un ataque de apoplegía, mientras andaba persi-
guiendo una partida de insurgentes.53
Quien sufrió un verdadero calvario que duró muchos años fue don
Joaquín Vidal de Lorca. Esto fue debido a que por algún motivo o sin él,
Arredondo le tomó mala voluntad y se valió de la petición que hacía el
sargento José María Martínez en la carta que mandó al gobernador Iturbe
para que detuviera a Vidal de Lorca en Altamira y así mantener tranquilas
a las tropas.54 £1 hecho es que el 25 de noviembre de 1811, a las doce y
cuarto de la noche, Vidal fue arrestado en su casa en Aguayo; todos sus
papeles, tanto en esta villa como en Padilla, le fueron confiscados y se le
abrió un proceso por infidencia. El primer fiscal fue el capitán Francisco
Troncóse del Regimiento de Veracruz y el escribano el cadete Pedro Lemus
del mismo regimiento. Troncoso aparentemente actuó con imparcialidad, y
repentinamente fue despedido por Arredondo acusado de haber sido sobor-
nado por Vidal y también se le abrió una sumaria. El nuevo fiscal fue el
teniente Antonio Crespo, igualmente del Regimiento de Veracruz; el escriba-
no fue el teniente Juan Manuel Martínez de las milicias de Nuevo Santan-

206
EPILOGO

der. La acusación principal contra Vidal era que no había atacado a los
insurgentes cuando salió con las tropas de la provincia y a esto se debió que
se le hubieran desertado gran parte de ellas y que Nuevo Santander fuera
invadido. Entre fines de noviembre de 1811 y mediados de febrero de 1812,
se examinaron treinta y ocho testigos, la mayor parte de ellos favorables a
Vidal. Y todavía a principios de 1813 declararon otros cuatro más en el
Valle del Maíz. Parece que Arredondo trajo a Vidal preso por los distintos
lugares donde anduvo, hasta que sus familiares en México tuvieron noticias
de la situación en que se encontraba y acudieron al virrey Venegas, quien
ordenó que se le mandara a México, pues la Capitanía General era el único
tribunal que lo podía juzgar. Vidal llegó a México el 25 de julio de 1813 e
inmediatamente se presentó con Calleja, que ya era virrey, y aunque se le
siguió pagando su sueldo, sus dificultades durarían todavía seis años. El
problema principal era que Arredondo sólo mandó un testimonio de la
sumaria, y a pesar de que ésta se le pidió en varias ocasiones no la remitía,
alegando que se podía perder.
A principios del año de 1819, estando en México don Alejo García
Conde, comandante general de las Provincias Internas de Occidente, Vidal
acudió a él diciéndole que quería continuar el servicio en la jurisdicción de
su mando, y el virrey, conde del Venadito, comisionó al teniente coronel
don José de la Peña para que le tomara declaración a Vidal. Esta tuvo lugar
el 7 de agosto de 1819 y el 21 del mismo mes, el auditor de guerra falló,
que contra Vidal se habían presentado tres informaciones; las dos primeras
por don José María de las Casas, acusándolo de adicto a Napoleón. A
Casas no se le podía tomar en serio porque era "un vago, caviloso, díscolo,
embrollador y amancebado público." La tercera información era sobre la
conducta militar de Vidal, pero los pocos testigos que lo incriminaban
tenían "la tacha de haberse amotinado, abandonando a su jefe y pasádose
a los rebeldes," por lo tanto pedía que el virrey mandara sobreseer el
procedimiento.
Probablemente Arredondo tuvo noticias de que Vidal había podido,
por fin, arreglar sus dificultades, y unos días después mandó desde Monte-
rrey la sumaria que tanto le habían pedido, diciendo que aprovechaba para
su conducción a don Julián de Llano, quien se dirigía a la ciudad de México
para arreglar asuntos particulares.
Todavía al año siguiente, Vidal tuvo un nuevo motivo de queja, y
aunque en este asunto no se menciona a Arredondo, es casi seguro que él
fuera el causante. Resulta, que Vidal pidió su hoja de servicio a Nuevo
Santander y el alférez Francisco de Castañeda, comandante accidental de la
Segunda Compañía, se la mandó extendida el 22 de junio de ese mismo año,

207
15
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA

diciéndole que no se le abonaba el tiempo de campaña "por hallarse aún


con causa pendiente." El virrey tuvo que ordenar a los comandantes que
publicaran en la orden del día que el capitán Joaquín Vidal de Lorca había
sido indemnizado "de la causa que se le formó. "55
Después de su éxito contra los insurgentes en Boca de Leones, el
capitán Díaz de Bustamante se dirigió a Monclova a donde llegó el 28 de
marzo con 200 hombres.56 Ahí fue detenido por algún tiempo, y el 8 de
abril le escribió a don Manuel Iturbe diciéndole que iba a esperar en esa
capital hasta que acabaran de llegar las tropas auxiliares y luego se dirigiría
a Nuevo Santander, siguiendo la ruta Boca de Leones, Cadereyta y Lina-
res.57 Ya en esta provincia, Arredondo, que era quien mandaba, debe
haberlo ocupado en diversas comisiones, pues en el mes de septiembre
todavía no regresaba a su puesto en Laredo.58 La participación del Capitán
Colorado en los acontecimientos que llevaron a las Provincias Internas de
Oriente a volver al bando realista, determinó que fuera ascendido a teniente
coronel, y el 18 de diciembre de 1811, el virrey lo nombró gobernador
provisional del Nuevo Reino de León.59 No obstante, transcurriría mucho
tiempo antes de que se encargara de este puesto, ya que siguió ocupado en
otras tareas e incluso fue gobernador interino de Nuevo Santander. No
tomó posesión del gobierno de Nuevo León hasta el 11 de marzo de 1813,
pero sólo duró en este puesto poco más de un mes, pues murió el 22 de
abril.60
Hubo tres hombres de los que participaron en los acontecimientos de
1810 y 1811 en las Provincias Internas de Oriente cuyos destinos estuvieron
muy ligados; fueron éstos don Ignacio Elizondo, Don Simón de Herrera y
don Manuel Salcedo.
El prestigio de'Elizondo se acrecentó enormemente con los sucesos de
Bajan. En el año de 1812, la Junta de Gobierno de Nuevo León publicó una
proclama que decía era la provincia "que se gloria de ser fecunda madre del
héroe valeroso que apagó en media hora el incendio devorador que había
siete meses devastado por todas partes la Nueva España. ¡Oh Elizondo! Tú
serás para los futuros tiempos la honra y resplandor de tu patria, la
admiración de la América y el asombro de todo el mundo. "61
Elizondo fue uno de los miembros de los tribunales que juzgaron a fray
Juan Salazar y a don Juan Bautista Casas. En estas sumarias también
participaron otros de los oficiales que habían sido insurgentes, como don
Macario Vázquez Borrego, don José Rábago y don Matías Jiménez.62 Don
Pedro Nolasco Carrasco, el suegro de Elizondo, ya ascendido a teniente
coronel, fue uno de los miembros del tribunal que juzgó a los insurgentes
enviados a Chihuahua.63

208
EPILOGO

Un factor que debe haber influido mucho en toda la actuación de


Elizondo es haber sido de una codicia insaciable. Tan pronto como supo
que se embargarían los bienes de don Juan Ignacio Ramón, le escribió a
Lampazos a don Andrés de Sobrevilla, llamándole "querido primo," y
pidiéndole recogiera "trescientos y pico" de pesos que le debía Ramón.
También le decía que los soldados Cabrera y Gil tenían unos caballos muy
buenos de los que traían los insurgentes y que el gobernador Cordero pedía
que se los recogieran porque pertenecían al rey. Pero consultado el soldado
Felipe Gil sobre este asunto dijo que el caballo moro que le había obsequia-
do Elizondo en Bajan, se lo había quitado después, ofreciéndole una muía o
dinero que nunca recibió.64
Don Antonio Cordero se presentó en Monclova el 13 de abril, después
de haber sido liberado por Rayón cuando abandonó Saltillo. Con este
motivo, don Simón de Herrera citó a los miembros de la Junta de Seguridad
para que decidieran lo que se debía hacer. Se llegó al acuerdo de que
Herrera continuara con el mando de la provincia hasta la resolución del
comandante general y que a Cordero se le tuviera como gobernador de la
provincia, "tanto en los actos públicos como privados," pero sin ejercer
funciones.65
El 15 de junio, don Ignacio Elizondo y don Simón de Herrera manda-
ron al virrey un convenio firmado por los dos, en el cual le manifestaban
haber transigido en el pleito que tenían pendiente "remitiéndonos y perdo-
nándonos cuantos agravios mutuamente nos hayamos hecho, dando por
rotas, nulas y canceladas las acusaciones que hasta aquí se hayan se-
guido. "66
Herrera permaneció como gobernador de Coahuila hasta mediados de
julio, pasando luego a Béjar a hacerse cargo del gobierno de Texas, que
hasta entonces seguía bajo el mando de la Junta presidida por el subdiácono
Zambrano. Don Simón tomó posesión de este puesto el 22 de julio. Mien-
tras tanto, don Cristóbal Domínguez, al regresar de la Luisiana, había
restablecido el gobierno español en Nacogdoches.67
Después de conducir don Manuel Salcedo a los prisioneros insurgentes
a Chihuahua, su tío el comandante general, lo retuvo por cuatro meses en
esa villa y actuó como presidente del tribunal que juzgó a los jefes de la
insurgencia. En agosto, don Nemesio le ordenó que regresara a su gobierno
de Texas, comisión que obedeció con mucho desagrado. El día 14, estando
de paso en el real de Mapimí, don Manuel le escribió a su tío diciéndole:
"Deseo se me juzgue en consejo de guerra correspondiente a mi carácter
para expurgar mi conducta, manejo y demás, en el desagradable suceso de
aquella provincia en la que he sido torpemente calumniado y a la que, ni es

209
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
honor de vuestra señoría ni mío volver sin la satisfacción debida a la
dignidad de mi empleo ni la ili4Stración de mi persona." Exponía luego la
situación que iba a encontrar en Texas: "Territorio amenazado al oriente
por un tropel de bandidos americanos, que no desean más que una coyun-
tura de desavenencia para pretender descaradamente atrepellar el derecho
de gentes, al norte por las naciones indias que incitadas por ellos o conmo-
vidas por la novedad, hostilizan aquellas débiles y desarmadas poblaciones,
y en su capital, renacerá el fuego de la insurrección, acabada pero no
extinguida, pues se hallan paseando por las calles, parte de los principales
motores de ella y todos los secuaces del inicuo Casas. Las cortas siembras,
que precisamente se han de haber hecho por las continuas conmociones y
novedades y las escasas entradas de comestibles de otras provincias necesi-
tadas para sí, la falta de proporción para vestir a las tropas y sus familias y
surtir de lo necesario el regalo de indios, la escasez de caudales y última-
mente el desorden, desenfreno, insubordinación e indisciplina general, con
los ningunos recursos militares que son indispensables y se carece es, señor
comandante general, el cuadro más espantoso que se puede poner ante un
gobernador y magistrado de mi modo de pensar. "68
Don Manuel llegó a Béjar el 10 de septiembre y ocho días después le
volvió a escribir a su tío manifestándole, que aún no recibía el mando de la
provincia, porque no había tenido contestación a la carta que le puso desde
Mapimí. Le decía, ser múltiples los problemas porque todo se había "infrin-
gido y alterado." Que una de las necesidades más urgentes era surtirse para
el regalo que se daba a los indios, el cual estaba completamente exhausto y
éstos empezarían a llegar en noviembre. También se quejaba del ayudante
inspector Domínguez, de quien decía que le había quitado el mando de la
frontera unos días antes de la revolución y no quería -que estuviera en esa
provincia. Es difícil saber, cuáles eran las causas por las que don Manuel
estaba disgustado con Domínguez, pero no debe olvidarse que al iniciarse la
insurrección, este último se encontraba en Texas investigando las quejas
relativas al contrabando. En una parte de su carta, Salcedo dice no querer a
Domínguez en Texas "para evitar tantas disensiones y disturbios como ha
causado y causará." Es probable se refiera a que los oficiales involucrados
en el contrabando estaban molestos con Domínguez.
También señalaba don Manuel el problema de los americanos que
estaban viviendo en Texas; entre ellos, a algunos que fueron expulsados y
habían regresado, los consideraba muy perjudiciales y sugería se les remitie-
ra al presidio de Coyame, pues si se les mandaba a la Luisiana podrían
causar mucho mal.69
El comandante general no contestó las dos cartas de don Manuel hasta

210
EPILOGO

el 15 de octubre, y le decía que "la más pública satisfacción" que se le podía


dar era, haber determinado esa capitanía general que se reintegrara a su
gobierno. 70 Don Manuel todavía hizo un nuevo esfuerzo para'tratar de que
su tío reconociera sus méritos, manifestándole ser el único que no había
sido premiado, y que, en cambio, don Simón de Herrera había sido ascendi-
do a coronel y don Antonio Cordero había reasumido su mando con una
orden pública y honorífica.71 Don Nemesio le contestó que, sin excusa ni
pretexto, tomara el mando de la provincia de Texas, y el 19 de diciembre
dio cumplimiento a esta orden.72
Las dificultades, que don Manuel había previsto desde la frontera con
los Estados Unidos, se presentaron ocho meses después. El 7 de agosto de
1812, un ejército de filibusteros norteamericanos a las órdenes de Augustus
William Magee, ex-oficial del ejército de los Estados Unidos, cruzó el río
Sabinas e invadió el territorio de Texas. El día 11 se posesionó de Nacogdo-
ches, que fue abandonado por la pequeña guarnición, desertando la mayor
parte de los soldados en el camino hacia Béjar. Aunque Magee tenía el
mando, su grado era solamente de coronel, siendo don Bernardo Gutiérrez
de Lara, un insurgente nativo de Revilla en la provincia de Nuevo Santan-
der, "a quien se dio el titulo de comandante en jefe, pero sólo con poder
nominal, ya que su nombre servía para encubrir a los norteamericanos con
el manto de libertadores mexicanos. "73
Con este éxito inicial, multitud de individuos acudieron a engrosar las
filas del ejército invasor; norteamericanos, franceses, revolucionarios mexi-
canos, indios y facinerosos de los que tenían sus madrigueras en la Zona
Neutral, entre el río Sabinas y el Arroyo Hondo. Con toda razón dice un
historiador norteamericano que "era un ejército de canalla."7^
El gobernador de Texas y don Simón de Herrera habían estado espe-
rando a los invasores en el río Guadalupe, pero un desertor les informó a
estos últimos que el presidio de la Bahía del Espíritu Santo estaba casi
desguarnecido y se dirigieron a este lugar del cual lograron posesionarse sin
luchar al huir la guarnición. Salcedo y Herrera llegaron tres días después y
pusieron sitio a los rebeldes quienes se habían encerrado en el fuerte del
presidio. Este sitio va a durar cuatro meses, y después de varios ataques
infructuosos, los realistas se ven obligados a retirarse, debido a estar su
ejército ya desnudo y carente de parque y alimentos.
La retirada de los realistas envalentonó a Gutiérrez y a Samuel Kem-
per, que ahora era su segundo, pues Magee había muerto durante el sitio de
La Bahía. Por lo tanto, unos días después se dirigieron hacia Béjar con un
ejército que ya llegaba a los 1,400 hombres. Salcedo y Herrera salieron a
encontrarlos, y en un paraje situado a tres leguas al sureste de Béjar, los

211
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
realistas fueron derrotados. Este encuentro tuvo lugar el 29 de marzo de
1813 y se le conoce como la batalla del Salado o de Rosillo.
El lo. de abril Salcedo rindió la capital de Texas y todo su ejército. La
noche del día 3, Gutiérrez ordenó que Herrera, Salcedo y otros oficiales
fueran llevados a La Bahía, según dijo para embarcarlos a los Estados
Unidos. Iban escoltados por sesenta soldados a las órdenes de un capitán
Antonio Delgado, quienes al llegar al lugar donde fue la batalla de Rosillo
sacaron cuchillo y degollaron a todos los oficiales realistas, dejando los
cuerpos tirados en el campo.76
Hay algunas discrepancias en las distintas versiones que existen respec-
to al número y los nombres de los asesinados; pero parece no haber duda,
que además de Herrera y Salcedo, también murieron las siguientes personas;
el mayor de plaza Jerónimo Herrera, hermano de don Simón, los capitanes
Juan Ignacio Arrambide, Francisco Pereyra, Gregorio Amador, Juan de
Echavarría, José Goceascoechea y José Mateos, así como Antonio López,
persona que no tenía grado militar. Los anteriores eran españoles. Pero
también murieron varios criollos: el capitán Miguel de Arcos y sus dos
hijos, el alférez Francisco y el sargento Luis, todos de Tula en Nuevo
Santander, el capitán José Bernardino Montero de la villa de Hoyos en la
misma provincia y el teniente Juan Caso de Boca de Leones.76
Este bárbaro asesinato instigado por Gutiérrez, además de una procla-
ma nombrándose presidente de una supuesta república de Texas y su go-
bierno arbitrario, indignó al elemento menos maleado del ejército y varios
de los norteamericanos abandonaron la provincia. Otros conspiraron para
derrocarlo y en su lugar nombraron como comandante a José Alvarez de
Toledo, nacido en Cuba, y quien había representado a Santo Domingo en
las Cortes de Cádiz.
Poco antes de estos acontecimientos, las Provincias Internas habían
sido divididas otra vez en dos comandancias y don Simón de Herrera fue
nombrado, el 24 de marzo de 1813, comandante general de las Provincias
Internas de Oriente, que comprendían Coahuila, el Nuevo Reino de León,
Nuevo Santander, Texas y el Bolsón de Mapimí; pero su muerte ocurrió
antes de recibir noticias de este nombramiento.77
Don Joaquín de Arredondo, por esta época, tenía establecido su cuartel
general en el Valle del Maíz, y aunque había recibido repetidas órdenes del
virrey Venegas para que pasara a la sierra de Huachinango a perseguir a los
insurgentes, no lo había obedecido. A principios de 1813, Arredondo tuvo
noticias de la invasión de Texas, y sin que se le hubieran pedido auxilios,
vio en esto una oportunidad para retirarse lo más posible del virrey, y el 20
de marzo salió del Valle del Maíz con su tropa. Estando en Aguayo hacien-

212
EPILOGO

do los preparativos para avanzar hacia Texas, supo del asesinato de don
Simón de Herrera y don Manuel Salcedo y emprendió la marcha rumbo a
Laredo. En Agualeguas recibió un comunicado de Calleja, quien acababa de
convertirse en virrey, nombrándolo interinamente comandante general de
las Provincias Internas de Oriente, en substitución de don Simón de Herre-
ra.
Un militar que quedó a las órdenes de Arredondo para la campaña de
Texas, fue el teniente coronel Ignacio Elizondo. Este había sido nombrado
comandante de la frontera de Coahuila por don Antonio Cordero, el gober-
nador de esa provincia, y estuvo reuniendo fuerzas para acudir en auxilio
de Texas. Al quedar bajo las órdenes de Arredondo, tenía ya unos mil
hombres de caballería, y éste le mandó que observara al enemigo pero que
no emprendiera ninguna acción decisiva. No obstante, Elizondo despreció
estas disposiciones marchando hacia Béjar y acampando en el paraje conoci-
do como El Alazán a sólo dos leguas de esta villa. El 19 de junio, mientras
los realistas estaban oyendo misa, Gutiérrez de Lara, que todavía no había
sido destituido, los atacó y les infringió una grave derrota. Elizondo logró
con dificultades huir rumbo al presidio de Río Grande.
Arredondo estuvo casi dos meses en Laredo. Ahí se le fueron uniendo
los dispersos de las tropas de Elizondo y otros que huían de Béjar. También
organizó, instruyó, armó, montó y vistió sus tropas y acopió medios de
transporte y víveres. El 26 de julio emprendió la marcha, y en el paraje
denominado Cañada Verde, a la mitad entre los ríos Nueces y Frío, se le
reunió Elizondo con unos 400 hombres, lo que hizo que su ejército llegara a
poco más de 2,000 hombres con once piezas de artillería.
Los rebeldes que estaban en Béjar tuvieron noticias de la aproximación
de Arredondo y salieron a encontrarlo. El 18 de agosto chocaron a la orilla
del río Medina, con una descubierta de caballería al mando de Elizondo,
que Arredondo había adelantado intencionalmente para atraerlos hacia una
emboscada. Todo se realizó como lo había planeado; Elizondo se retiró
perseguido por los rebeldes y éstos toparon con el grueso del ejército que
había tomado posiciones en un cerrado bosque de encinos. La batalla fue
muy reñida y duró como cuatro horas, pero los rebeldes sufrieron una
aplastante derrota.
Ese mismo día Elizondo entró a Béjar con 200 hombres de caballería y
Arredondo llegó al día siguiente. Ahí, dio orden a Elizondo para que con
500 hombres persiguieran a los fugitivos que huían hacia la frontera de
la Luisiana. La persecución fue muy enérgica y despiadada. El 2 de septiem-
bre, Elizondo informaba desde el campamento de La Trinidad haber man-
dado pasar por las armas a sesenta y un individuos, incluyendo a Antonio

213
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
Delgado, quien dirigió el degüello de don Simón de Herrera y don Manuel
Salcedo. De éste, decía habérsele matado a lanzadas porque opuso resisten-
cia. También proporcionaba los nombres de otras treinta y seis personas a
las que les había perdonado la vida provisionalmente. Entre éstas se incluía
a un José Rossi, muy probablemente el mismo a quien don Manuel Salcedo
había mandado, tres años antes, a los Estados Unidos para conseguir armas.
En la persecución de los fugitivos, Elizondo llegó hasta el río Trinidad
y de regreso acampó a orillas del río Brazos de Dios. Lo acompañaba en
esta expedición el teniente Miguel Serrano, quien antes de la insurrección
había sido alférez de la Compañía Volante de Lampazos y después de los
acontecimientos de Bajan, pasó con el grado superior a la de Laredo.
Estando Elizondo y su primo, el capitán Isidro de la Garza dormidos en la
misma tienda, Serrano entró y atravezó con el sable a los dos. Garza murió
inmediatamente y Elizondo, que quedó gravemente herido, fue llevado en
una camilla hasta la margen del río San Marcos, en donde murió. Serrano
fue arrestado y llegó a Béjar "loco rematado." Posteriormente fue enviado
al hospital de San Hipólito en la ciudad de México.?8
Otro personaje importante en los acontecimientos de 1810 y 1811, cuya
vida posterior también había de ser muy azarosa, fue el subdiácono Juan
Manuel Zambrano.
Después de la contrarrevolución que dirigió en Béjar, estuvo cuatro
meses y veintidós días al mando de la provincia de Texas, hasta que fue
substituido por don Simón de Herrera. El comandante general premió a
Zambrano con el grado de teniente coronel.
Al ser invadida Texas por Gutiérrez de Lara, Zambrano se encontraba
en Nacogdoches con un convoy de sesenta muías cargadas de lana y dinero,
que intentaba llevar a los Estados Unidos, y no sólo perdió todo su carga-
mento, sino que con dificultades logró escapar de los rebeldes. Tuvo igual-
mente que huir de Béjar cuando esta población se rindió. Se incorporó al
ejército de Arredondo y tomó parte en la batalla del río de Medina, en
donde salió herido del brazo izquierdo, el cual le quedó baldado.79
Pero Zambrano siguió tan pendenciero como siempre y pronto cayó de
la gracia de Arredondo. A principios del año de 1814, éste le escribía al
obispo Marín de Porras mandándole copia de una sumaria que le había
formado a Zambrano por un "atentado cometido por él con un infeliz y
benemérito oficial." Le mandaba igualmente, otro proceso que se le había
formado en el presidio de Río Grande y un oficio de don Antonio Cordero,
en el cual aparentemente no hablaba muy bien de Zambrano. También
manifestaba, haber tenido varias quejas del subdiácono, quien quería "abro-
gar por propias cosas ajenas," y terminaba diciendo: "Su altivez y soberbia

214
EPILOGO

es pública en este suelo, pues siempre ha tratado de querer tener sumergidos


y dominados a sus habitantes, no separando ni aun a la potestad de su
gobernador. "80
El año de 1816, Zambrano se encontraba en la ciudad de México,
solicitándole al virrey le concediera el sueldo de capitán de presidio, pues
según decía había perdido sus bienes y al llegar a esa capital se vio obligado
a vender su fusil y pistolas para poder subsistir. El virrey le contestó que él
no tenía facultades "para asignarle estímulo o gratificación" y que para
recomendarlo con el rey debía presentar un memorial por triplicado. Zam-
brano se dirigió entonces al rey, a quien le pedía una canongía en la
Catedral de México o el sueldo de capitán de presidio. Dos años más tarde
recibió contestación de que se le tendría presente para la canongía que
pretendía.81
Probablemente nunca consiguió la recompensa que buscaba, y encon-
trándose en el año de 1819 otra vez en Béjar, Arredondo ordenó que lo
arrestaran y lo mandaran a Monclova. Murió en Mier, Tamaulipas el 7 de
noviembre de 1824.82
Don Antonio Cordero, que volvió al gobierno de Coahuila al ser
liberado por los insurgentes, fue nombrado, en febrero de 1813, gobernador
intendente de Sonora, pero primero fue retenido por Calleja y luego por
Arredondo en la primera de estas provincias y no llegó a Sonora hasta
junio de 1816. Sirvió sucesivamente en el gobierno de Nueva Vizcaya, como
comandante general interino de las Provincias Internas de Occidente y
nuevamente en el gobierno de Sonora. Precisamente ocupaba este último
puesto cuando se consumó la Independencia. El emperador Iturbide lo
nombró caballero de la Orden de Guadalupe, lo ascendió a mariscal de
campo y le encomendó la comandancia de las Provincias Internas de Occi-
dente. Estuvo menos de un año en este puesto, muriendo en Durango el 24
de marzo de 1823.83
Algunos de los oficiales dependientes de la Comandancia General que
participaron en los acontecimientos que se han relatado sirvieron como
gobernadores de Texas en los últimos años de la dominación española. Tal
es el caso de don Cristóbal Domínguez, nombrado gobernador de esta
provincia inmediatamente después de que Arredondo entrara a Béjar. Poste-
riormente fue segundo comandante de las Provincias de Oriente y murió en
octubre de 1814. También don Mariano Várela sirvió como gobernador de
Texas los años de 1815 y 1816.84 Después de la Independencia fue miembro
del Congreso Constituyente del estado de Coahuila y Texas y posteriormen-
te diputado a la legislatura de Chihuahua.85 Várela no fue el único antiguo
realista que formó parte del Congreso Constituyente de Coahuila y Texas.

215
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
También estaba Felipe Enrique Neri, barón de Bastrop, uno de los dos
espías que habían guiado a los jefes insurgentes a la emboscada de Bajan.
Este murió en Saltillo el 23 de febrero de 1827, y antes de morir hizo
testamento dejando una inmensa fortuna en tierras en los Estados Unidos y
~en Texas. Otro miembro de este congreso fue Dionisio Elizondo, hijo de
don Nicolás y casado con su prima hermana María Elena, hija de don
Ignacio. 86
Don José María Uranga, otro de los realistas que estuvieron en Bajan,
también fue diputado a la legislatura de Coahuila.87 El año de 1846 todavía
vivía en Monclova.88 Según el doctor José M. de la Fuente murió de cólera
al año siguiente.89
Otro realista de vida muy activa después de la Independencia fue don
Juan José Elguézabal, arrestado con don Manuel Salcedo y don Simón de
Herrera en Béjar y enviado preso con ellos a Monclova y al valle de Santa
Rosa. Tomó parte en la batalla del río de Medina a las órdenes de Arredon-
do. Ya en el México independiente fue gobernador de Coahuila (1834-1835);
estuvo con las fuerzas del general Martín Perfecto Cos, que el año de 1835,
fueron sitiadas por los texanos en San Antonio y el año 1841, tenía el grado
de teniente coronel y todavía andaba luchando contra los indios bárbaros.90
También en Nuevo León hubo algunos antiguos realistas que ocuparon
puestos públicos después de la Independencia. Don José Andrés de Sobrevi-
lla, que acompañó al Capitán Colorado a la captura de la partida de
insurgentes que estaba en Boca de Leones, figura como oficial de la milicia
cívica hasta después del año de 1840 91 y fue diputado local para el período
de 1835 a 1836. Don Bernardo Ussel y Guimbarda, miembro de la Junta de
Gobierno, también fue diputado para el mismo período.92 Don Pedro del
Valle, uno de los allegados de don Pedro de Herrera cuando era goberna-
dor, fue por muchos años secretario del gobierno del Estado de Nuevo
León.
El señor obispo Marín de Porras no pudo regresar a Monterrey hasta
noviembre de 1812; muchas zonas del centro del país se llenaron de guerri-
llas insurgentes, haciendo imposible viajar, si no era bajo la protección de
una fuerte escolta. En carta que el obispo escribió a don Ciríaco González
Carvajal, ministro de gobernación de ultramar, decía haberse refugiado en
México, huyendo de los insurgentes "de quienes, a mi regreso, sufrí tres
combates peligrosos, quedando todo el camino infestado de ellos. "93 El
señor obispo murió el 12 de noviembre de 1815 y fue sepultado en la
sacristía de la Catedral de Monterrey.94
A la muerte del obispo Marín de Porras, el doctor José León Lobo
Guerrero se quedó de gobernador de la mitra, como lo había sido antes,

216
EPILOGO

cuando el primero abandonó la ciudad al aproximarse los insurgentes. Lobo


Guerrero tuvo este encargo hasta el año de 1818, en que llegó el siguiente
obispo don Ignacio de Arancibia y Hormaegui, y a la muerte de éste, en el
año de 1821, el canónigo Lobo volvió a ocuparse con la administración de
la diócesis por más de diez años, al no llegar el siguiente obispo, fray José
María de Jesús Belaunzarán y 'Ureña hasta 1832. El último puesto de
importancia que ocupó el doctor Lobo fue el de ser miembro de la Junta
Departamental de Nuevo León el año de 1835.95
De los insurgentes enviados a Chihuahua después de la emboscada de
Bajan, seis de ellos habían figurado prominentemente en las Provincias
Internas de Oriente: don Mariano Jiménez, don Manuel de Santa María,
don Francisco Lanzagorta, don Juan Bautista Carrasco, don Juan Ignacio
Ramón y don Pedro de Aranda. Los cinco primeros murieron fusilados y el
último fue condenado a presidio ultramarino por diez años. Carrasco murió
el 10 de mayo de 1811, Lanzagorta al día siguiente, Ramón el 6 de junio y
Jiménez y Santa María el 26 de este mes, el mismo día que don Ignacio
Allende y don Juan Aldama.96
Don Manuel de Santa María fue el funcionario más importante de la
administración española y el militar de más alta graduación en servicio
activo que se pasó a la insurgencia. Además de ser gobernador de una
provincia era sargento mayor veterano y caballero de la Orden de Santiago,
mientras que otros de los principales caudillos como Allende y Aldama no
habían sido antes de la revolución mas que capitanes de milicias.
En los años que siguieron hasta la consumación de la Independencia,
aunque hubo algunos pequeños brotes de rebelión en las Provincias Internas
de Oriente, sólo en dos ocasiones se presentaron amenazas serias para el
dominio español en ellas, y en los dos casos este peligro vino de fuera. El
primero, fue la invasión filibustera encabezada por José Bernardo Gutiérrez
de Lara los años de 1812 y 1813, y el segundo, fue la expedición de don
Francisco Javier Mina que desembarcó en el puerto de Soto la Marina en el
año de 1817. Sin embargo, estas provincias antes relativamente prósperas,
tuvieron una decadencia notoria. Ya en el año de 1811, don Juan Francisco
Montemayor, cura de Monclova, decía: "Se puede asegurar que se ven en el
día los ricos, pobres, y los pobres, pordioseros. "97
A fines del año de 1820, don Joaquín de Arredondo le escribía a la
Diputación Provincial de las cuatro Provincias Internas de Oriente, pintan-
do un cuadro muy desolador. Se quejaba de que las mejores tierras hubie-
ran sido abandonadas a causa de las continuas correrías de los indios
bárbaros, quienes habían mejorado considerablemente sus conocimientos de
la guerra, guiados por un corto número de malvados que los habían llevado

217
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
hasta terrenos que antes les eran desconocidos. Los indios estaban muy bien
provistos de armamento y municiones por el "inicuo comercio entablado
con los angloamericanos." Los daños ocasionados eran incalculables y los
resentían "desde el humilde pastor hasta el más opulento capitalista."
En otra época se habían adoptado medidas eficaces para mantener a los
indios en paz. Existían presidios y compañías volantes en las fronteras; pero
ahora no sólo no se les pagaban los haberes a los soldados, sino que
carecían de vestuario, armas, caballos, monturas y "víveres para sus basti-
mentos y ropa para su familia." No podía contarse con el auxilio de los
pueblos fronterizos, pues "de ricos y abundantes, que eran de todo género
de frutos y esquilmos," se encontraban ahora en la mayor miseria. Los
bárbaros habían matado a sus vecinos "cautivado sus hijos y mujeres,
robado sus bienes de campo y talado sus sementeras."
En el interior de las provincias, aunque no se sentían directamente estos
males, se habían perjudicado por los vínculos comerciales con los pueblos
afectados, por la falta de lluvias durante cinco años y la decadencia del
comercio debida a la.escasez de moneda.
Decía asimismo Arredondo que las tropas de que disponía en las cuatro
provincias ascendían a 1,712 hombres de las distintas armas, pero las únicas
adecuadas para perseguir a los indios eran las de caballería, de las cuales
sólo contaba con 847 hombres, en lugar de los 1,367 que debían existir, y
que muchos de éstos eran "gente inútil por vieja y cansada, toda desmon-
tada, desarmada, desnuda y muerta de hambre."
También manifestaba que en muchas ocasiones había reclamado fondos
al virrey, pero los que le habían mandado de las intendencias de Durango,
Zacatecas y San Luis Potosí eran cantidades muy pequeñas. Los sueldos de
la tropa ascendían a 490,990 pesos anuales y otros 19,525 pesos de gastos
generales, esto "sin eontar la multitud de pensiones, inválidos, sínodos de
misiones y otros," pero la recaudación total de las cuatro provincias apenas
llegaba a 100,000 pesos, por lo que tenía un déficit de más de 400,000 pesos
anualmente.98
A todos estos males se agregaba la continua acechanza desde el otro
lado de la frontera con la Luisiana. Multitud de aventureros de todas las
razas, esperando el colapso para apoderarse, cuando menos, de la provincia
de Texas.
La Independencia, cuando por fin llegó, no trajo aparejada la solución
de estos problemas. Las incursiones de los bárbaros se prolongarán por
varias décadas, aumentando su frecuencia y destructividad y penetrando
hacia el interior del país a regiones que habían estado libres de este azote
por mucho tiempo. Las antiguas Provincias Internas, ahora convertidas en

218
EPILOGO

Estados, tendrán que hacer frente a esta amenaza, valiéndose de sus propios
recursos, sin recibir, la mayor parte del tiempo, ningún auxilio del gobierno
central. Al mismo tiempo, las invasiones de filibusteros serán más frecuen-
tes y aumentará la presión sobre la frontera del norte. Todo esto determi-
nará, que México pierda eventualmente, una extensa porción'de lo que un
día fueron las Provincias Internas.

219
NOTAS

ABREVIATURAS UTILIZADAS

AGENL Archivo General del Estado de Nuevo León


AGENL-G Gobernador
AGENL-RM Ramo Militar
AGN Archivo General de la Nación
AGN-H Historia
AGN-I Infidencias
AGN-IG Indiferente de Guerra
AGN-OG Operaciones de Guerra
AGN-PI Provincias Internas
AL Archivo de Laredo
AMM Archivo Municipal de Monterrey
CD-ITESM Centro de Documentación: Instituto Tecnológico y de
Estudios Superiores de Monterrey

CAPITULO I

EL GOBERNADOR DEL NUEVO REINO DE LEÓN

1. Félix Calleja al gobernador interino del Nuevo Reino de León, San Luis
Potosí, 22 de septiembre de 1810, AGENL-G, 1810.1. Santa María dice
haber recibido el mensaje de Calleja el 29 de septiembre en la tarde. Manuel
de Santa María a Félix Calleja, Monterrey, lo. de octubre de 1810, ibid.
2. Don Lucas Alamán dice de Santa María: "Aunque nacido en Sevilla,
pasaba por mexicano, por haber venido niño al país." Lucas Alamán,
Historia de México, II, 96. El año de nacimiento se ha estimado porque a
fines de diciembre de 1801 tenía 34 años. "Lista por antigüedad comprensiva
de los oficiales de este reino...," México, 27 de enero de 1802 (se citará en
lo sucesivo: "Lista por antigüedad"), AGN-IG, vol. 2C.
3. Sobre empleos de don Manuel Antonio de Santa María y Escobedo.
Israel Cavazos Garza, "índice de Reales Cédulas relativas a Nuevo León,
1651-1820," Humanitas, 1962, pp. 331-359. Para la noticia de su muerte.
Gaceta del Gobierno de México, 15 de octubre de 1808.

221
NOTAS DEL CAPITULO 1

4. "Oficiales del Regimiento de Dragones de San Carlos," AGN-IG, vol. 73


(se citará en lo sucesivo: "Oficiales de San Carlos").
5. Conde de Revilla Gigedo, Instrucción reservada que el conde de Revilla
Gigedo dio a .su sucesor en el mando marqués de Brancíforte. ed« por José
Bravo ligarte, p. 225.
6. [Santa María] al [virrey], Real de Catorce, 8 de julio de 1809,
AGENL-G, 1810-1821.
7. Ibid. Santa María se convirtió en sargento mayor del Regimiento de San
Carlos el 22 de agosto de 1800. "Oficiales de San Carlos."
8. Los lugares donde se encontró Santa María entre los años de 1801 y 1809
se saben por diversos documentos en AGN-IG, vol. 351-A y AGENL-G.
9. Manuel de Santa María a [Fajardo], México, [10] de febrero de
1809; Santa María a Ramón de Cevallos, México, 18 de febrero de 1809,
AGENL-G, 1810-1821.
10. Pedro Garibay a Manuel de Santa María, México, 3 de agosto de 1808,
ibid.
11. Juan Francisco Fajardo a Manuel de Santa María, Venado, 10 de enero
de 1805; Manuel de Santa María a Juan Francisco Fajardo, Charcas, 11 de
enero de 1805, ibid.
12. Manuel de Santa María a [Fajardo], México, [10] de febrero de
1809, ibid.
13. Juan Francisco Fajardo a Manuel de Santa María, San Luis Potosí, 17 de
febrero de 1809, ibid.
14. [Santa María] a [Fajardo], México, 25 de febrero de 1809, ibid.
15. "Noticia o apunte del dinero que estoy debiendo...," ibid.
16. Isidro José Beltrán a Manuel de Santa María, San Luis Potosí, 30 de
noviembre de 1808, ibid.
17. De esta carta sólo existe una minuta sin remitente ni destinatario ni
fecha, pero en carta posterior de Santa María a Cevallos hace referencia a
una carta del 25 de enero de 1809, por lo que es seguro que es de esa fecha.
Ibid.
18. [Santa María] al [virrey], Real de Charcas, 8 de julio de 1809, ibid.
19. Apunte sin fecha ni firma, AGN-PI, vol. 244, exp. 1.
20. Decreto, México, 6 de enero de 1810. El despacho tiene fecha del 31 de
enero. AGENL-G, 1810-1821.
21. Manuel de Santa María al [virrey], San Luis Potosí, lo. de febrero de
1810, AGN-PI, vol. 260; exp. 2.
22. El Arzobispo Virrey a Manuel Santa María, México, 14 de febrero de
1810, AGENL-G, 1810-1821.
23. Dictamen de la Tesorería General del Ejército y Real Hacienda, México,

222
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS I Y II

16 de febrero de 1810, AGN-PI, vol. 260, exp. 2.


24. Manuel de Santa María a Francisco Javier de Lizana, San Luis Potosí,
26 de febrero de 1810, AGN-PI, vol. 244, exp. 1.
25. Juan Antonio Soldevilla a Manuel de Santa María, Matehuala, 2 de
febrero de 1810, AGENL-G, 1810-1821. El año de 1806 Soldevilla era
teniente del Regimiento de San Carlos. "Oficiales de San Carlos."
26. "Ajuste que la Contaduría General de Real Hacienda de San Luis Potosí
formó a don Manuel Santa María...," San Luis Potosí, 15 de marzo de 1810,
AGENL-G, 1810-1821.
27. "Cuenta de don Manuel Santa María para despachar el título de gober-
nador del Nuevo Reino de León," México, 9 de marzo de 1810, ibid.
28. "En la Contaduría General de Real Hacienda de esta provincia, queda
tomada razón...," San Luis Potosí, 21 de febrero de 1810, ibid.
29. Acta, San Luis Potosí, 16 de marzo de 1810, ibid.
30. Pedro de Herrera a Manuel Santa María, Monterrey, 5 de marzo de
1810, ibid.
31. José Domingo de Castañeda a Manuel de Santa María, Saltillo, 9 de
abril de 1810, AGENL-G, 1810.1.
32. Manuel de Acevedo a Manuel de Santa María, San Luis Potosí, 9 de
mayo de 1810, AGENL-G, 1810.2.
33. Acta, Monterrey, 27 de abril de 1810, AGENL-G, 1810-1821.
34. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Santa María, Padilla, 17 de febrero
de 1810, ibid.
35. Acevedo a Manuel de Santa María, San Luis Potosí, 9 de mayo de
1810, AGENL-G, 1810.2.
36. Juan Joseph de la Garza a Manuel de Santa María, San Luis Potosí, 23
de octubre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
37. Pedro Garibay a Manuel de Santa María, Tacubaya, 9 de enero de
1810, AGENL-G, 1810-1821.
38. Alamán, Historia, I, 301.

CAPITULO II

DESFILE DE PROTAGONISTAS

1. [El virrey] a Manuel de Santa María, [México], 9 de enero de 1810,


AGN-PI, vol. 244, exp. 1.
2. Manuel de Santa María a Francisco Javier de Lizana, San Luis Potosí, 12
de febrero de 1810, ibid.
223

1b
NOTAS DEL CAPÍTULO II
3. Pedro de Herrera a Manuel de Santa María, Monterrey, 30 de junio de
1810, AGENL-G, 1810-1821.
4. Manuel de Santa María a la Real Audiencia Gobernadora, Monterrey, 2
de julio de 1810, ibid.
5. Don Simón de Herrera fue nombrado por el rey gobernador de Nuevo
León el 22 de abril de 1794. [El virrey] a Simón de Herrera, México, 7 de
agosto de 1794, AGN-PI, vol. 15, exp. 26. Tomó posesión de su cargo el 9
de abril de 1795. Carta cordillera enviada a los pueblos, Monterrey, 15 de abril
de 1795, Archivo Municipal de Lampazos, Documentos Diversos, exp. 15
(1796-1799), CD-ITESM. El año de 1799 don Pedro de Herrera fue nombra-
do segundo comandante del Nuevo Reino de León y don Jerónimo Herrera
capitán de la Compañía de Dragones Provinciales del valle de Salinas.
Gaceta de México, 20 de julio de 1799. Don Pedro de Herrera dice en
algunas ocasiones que fue tres veces gobernador interino de Nuevo
León y en otras que fue dos veces. La última ocasión gobernó del 14 de
mayo de 1806 al 25 de abril de 1810. Extracto, AGN-PI, vol. 240, exp. 7.
6. Cavazos Garza, "índice de Reales Cédulas."
7. Esta expedición fue motivada por un conflicto entre España y Portugal
sobre las fronteras entre Brasil y Paraguay. Rafael Altamira y Crevea,
Historia de España y de la Civilización Española, IV, 61.
8. Todos estos incidentes fueron durante la Guerra de Independencia de los
Estados Unidos, pues España declaró la guerra a Inglaterra el año de 1779.
9. Datos biográficos de Herrera. Simón de Herrera al [rey], Monterrey, 19
de agosto de 1799, AGN-PI vol. 193, exp. 3.
10. Juan Bautista Elguézabal a Nemesio Salcedo, San Antonio de Béjar, 7 de
agosto de 1805; Antonio Cordero a Nemesio Salcedo, Monclova, 11 de
agosto de 1805; Nemesio Salcedo a José de Iturrigaray, Chihuahua, 20 de
agosto de 1805, AGN-PI, vol. 239, exp. 20.
11. Los gobernadores que sustituyeron a Cordero en Coahuila fueron don
Juan Ignacio Arizpe y don José Joaquín de Ugarte. Alessio Robles, Coahuila
y Texas en la Época Colonial, p. 615.
12. Don Antonio Cordero nació en Cádiz el año de 1753, por lo tanto,
cuando Pike lo conoció tenía unos 54 años de edad. Francisco R. Almada,
Diccionario de Historia, Geografía y Biografía Chihuahuenses, p. 116.
13. El nombre de la esposa de don Simón era María Josefa Brickdale y
Tres-Sierras. Extracto, AGN-PI, vol. 239, exp. 42.
14. Zebulon M. Pike, The Joumals of Zebulon Montgomery Pike, ed.
Donald Jackson, I, 439-441. Don Victoriano Salado Alvarez publicó una
traducción muy libre de las semblanzas de Cordero y Herrera. Victoriano
Salado Alvarez, "La conjura de Aaron Burr y las primeras tentativas de

224
NOTAS DEL CAPITULO II

conquista de México por los americanos del oeste," Anales del Museo
Nacional de Arqueología, Historia y Etnología, tercera época, tomo I, 1909,
pp. 119-176.
15. Miguel Ramos Arizpe, Memoria sobre el estado de las Provincias
Internas de Oriente presentada a las Cortes de Cádiz, ed. Vito Alessio
Robles, pp. 115-116.
16. Extracto, AGN-PI, vol. 240, exp. 7; Agustín R. González, Historia de
Aguascalientes, pp. 52, 63, 64 y 75.
17. Gaceta de México, 22 de enero de 1793. El historiador David Alberto
Cossío dice, sin citar fuentes, que el obispo Llanos y Valdez llegó a Monte-
rrey el 3 de julio de 1792. Esto es indudablemente un error. David Alberto
Cossío, Historia de Nuevo León, III, 269.
18. Isidro Vizcaya Canales, "Don Andrés Ambrosio de Llanos y Valdez,"
Humanitas, 1973, pp. 457-467.
19. Andrés obispo del Nuevo Reino de León al marqués de Branciforte,
AGN-PI, vol. 143, exp. 19. El nombre del familiar del obispo aparece en el
extracto de una carta de don Simón de Herrera al virrey. Ibid.
20. José Eleuterio González, Apuntes para la historia eclesiástica de las
provincias que formaron el Obispado de Linares, en Obras completas del
doctor José' Eleuterio González, III, 336 y 346.
21. Carlos Pérez-Maldonado, El Obispado, p. 157; González, Apuntes para
la historia eclesiástica? p. 374; Nettie Lee Benson, "Bishop Marín de Porras
and Texas," The Southwestem Historical Quarterly, vol. II, nüm. 1, julio,
1947, p. 3. La fecha en que Marín de Porras fue propuesto por el rey para
el obispado de Linares es la que da Pérez-Maldonado que la tomó de la
inscripción del retrato del obispo que existe en la Catedral de Monterrey. La
señorita Benson da la fecha de 20 de julio de 1801. En el Archivo Municipal
de Monterrey existe un documento incompleto, que además de proporcionar
el lugar de origen del obispo dice: "...hijo legítimo y de legítimo matrimo-
nio de don Rodrigo Marín Miguel y de doña Angela de Porras," AMM,
Protocolos, vols. 27-28 (1806-1815), CD-ITESM.
22. En un informe de Marín de Porras sobre el seminario y el poco interés
que había en su diócesis por la cultura dice: "No hay que pensar, por
ahora, en la enseñanza del griego y el hebreo, porque aun en México, casi
son desconocidos estos idiomas, y a falta de maestro, se vería precisado el
obispo a enseñarles lo poco que sabe de ellos." Primo, obispo del Nuevo
Reino de León a Ciríaco González Carvajal, villa del Saltillo, 10 de septiem-
bre de 1813, Archivo General de Indias, Guadalajara, 561.
23. Benson, "Bishop Marín de Porras."
24. Alejandro de Humboldt, Ensayo político sobre el reino de la Nueva

225
NOTAS DEL CAPITULO U
España, ed. Vito Alessio Robles, I, 79-80.
25. Félix Calleja a José de Iturrigaray, San Luis Potosí, 2 de octubre de
1804, AGN-PI, vol. 175, exp. 1.
26. La fecha en que pasaron a la Compañía de Lampazos está en los
expedientes militares de Ramón y Castañeda. AGN-PI, vol. 193, exp. 3.
27. El expediente militar de Ramón dice que es natural de la villa de la
Punta de Lampazos, pero no se ha localizado el acta de bautismo en el
Archivo Parroquial de Lampazos. El año de nacimiento se ha estimado,
pues el mismo expediente consigna que a fines de diciembre de 1798 tenía 44
años de edad. Expediente Militar, diciembre de 1798, ibid.
28. Se encuentra información muy amplia sobre Diego y Domingo Ramón
en Alessio Robles, Coahuila y Texas en la Época Colonial y Carlos E.
Castañeda, Our Catholic Heritage in Texas.
29. El padre Morfi que acompañó en todo su viaje a don Teodoro de Croix
menciona un solo encuentro con los indios. Este fue el lo. de marzo de 1778
en un paraje llamado puerto de la Tinaja, antes de llegar a San Carlos (hoy
Manuel Benavides, Chih.). Fray Agustín de Morfi, Diario y Derrotero
(1777-1781), eds. Eugenio del Hoyo y Malcolm D. McLean, p. 127.
30. Ramón dice haber salido de Lampazos para Béjar con cincuenta hom-
bres el 17 de agosto de 1805 y también menciona el incidente con Freeman.
Declaración de Juan Ignacio Ramón ante don Cristóbal Domínguez, La
Punta, 23 de marzo de 1810, AGN-IG, vol. 201-A.
31. Datos biográficos de Ramón. Expediente militar; certificado expedido
por "don Mateo Lozano, abogado de la Real Audiencia de México, escriba-
no público y de cabildo de esta ciudad de Monterrey," Monterrey, 9 de
febrero de 1796, AGN-PI, vol. 203, exp. 3.
32. Expediente militar.
33. Antonio Frontaura y Sesma a Félix María Calleja, San Luis Potosí, 12
de marzo de 1808, AGN-IG, vol. 144, exp. 1; Félix Calleja a Joseph de
Iturrigaray, San Luis Potosí, 2 de octubre de 1804, AGN-PI, vol. 175, exp.
1.
34. Ibid.
35. Antonio Frontaura y Sesma a Félix María Calleja, San Luis Potosí, 12
de marzo de 1808, AGN-IG, vol. 144, exp. 1.
36. Sobre la visita al obispo Marín. Declaración de Ignacio Elizondo ante el
licenciado Antonio Frontaura y Sesma, Monterrey, 6 de julio de 1809,
AGN-IG, vol. 201-A.
37. Esta hacienda se encuentra aproximadamente a la mitad del camino
entre Villaldama y Lampazos, casi en el límite con el estado de Coahuila. El
año de 1796 pertenecía a un don Santiago Villarreal, pero no se ha podido

226
NOTAS DEL CAPITULO II

determinar si se trata de don José Santiago Villarreal, quien posteriormente


fue el gobernador insurgente de Nuevo León. Simón de Herrera a Juan
Ignacio Ramón, Monterrey, 25 de octubre de 1796, Archivo Municipal de
Lampazos, Protocolos, ramo civil, etc., vol. IV, exp. 15 U. Para el año de
1813 esta hacienda era propiedad de don José Jerónimo Cacho. Melchor
Núñez de Esquivel al subdelegado de la Punta de Lampazos, Monterrey, 4
de marzo de 1813, Archivo Municipal de Lampazos, documentos diversos,
vol. 5 (1800-1813), exp. 22.
38. La hacienda del Álamo estaba en la provincia de Coahuila. En un
documento en que Ignacio Elizondo otorga poder a don Manuel Antonio
López, dice es "vecino de la hacienda del Álamo, jurisdicción de Monclova."
Monterrey, 3 de junio de 1808, AGN-IG, vol. 144, exp. 1. En otro docu-
mento en que otorga poder a don Antonio Verridy dice: "Vecino de la
hacienda del Álamo, comprensiva en la provincia de Coahuila." Monterrey,
27 de mayo de 1809, AGN-IG, yol. 201-A.
39. Ignacio Elizondo a [Iturrigaray], hacienda del Carrizal, 8 de noviembre
de 1806, AGN-IG, vol. 144, exp. 1.
40. El acta de bautismo de Francisco Ignacio Elizondo es del 20 de marzo de
1766. Archivo Parroquial de Salinas Victoria, Bautismos, vol. 3 (1757-1772).
En 1809 Elizondo decía tener 42 años de edad, o sea un año menos de los
que realmente tenía. Declaración de Ignacio Elizondo ante el licenciado don
Antonio Frontaura y Sesma, Monterrey, 13 de mayo de 1809, AGN-IG,
vol. 201-A. El historiador Vito Alessio Robles dice que un despacho de
teniente publicado por el doctor José M. de la Fuente en su libro Hidalgo
Intimo, no corresponde al Ignacio Elizondo que capturó a los caudillos
insurgentes en Bajan, pues éste nunca usó el nombre de Francisco Ignacio.
Vito Alessio Robles, "¿Existió la traición imputada a Ignacio Elizondo?,"
Excelsior, 14 de octubre de 1937 y "La trayectoria de Elizondo," Excelsior, 6
de enero de 1938, sin embargo, existen cuando menos dos documentos en
donde Ignacio Elizondo es mencionado como Francisco Ignacio. Uno es el
acta de bautismo de María Guadalupe Loreta Elizondo de 16 de diciembre
de 1791, que se encuentra en el Archivo Parroquial de villa de García. Dice
que sus padres son Francisco Ignacio Elizondo y María Gertrudis García,
quien fue la primera esposa de Elizondo. El otro documento es uno en que
Elizondo da poder a don Antonio Silverio Verridy, Monterrey, 27 de mayo
de 1809, AGN-IG, vol. 201-A.
41. Las actas de bautismo de los hijos de don José Marcos de Elizondo y
doña María Josefa de Villarreal que se encuentran en el Archivo Parroquial
de Salinas Victoria son: María Rosalía, 5 de marzo de 1758, María Rosalía
Basilia, 25 de junio de 1760, José Vicente, 28 de febrero de 1762, Francisco

227
NOTAS DEL CAPÍTULO JI
Ignacio, 20 de marzo de 1766, José Nicolás Máximo, 8 de febrero de 1768,
María Bárbara, 25 de diciembre de 1769 y José María de Jesús, 19 de
noviembre de 1773. El nombre del padre está registrado en algunas actas
como José Marcos y en otras simplemente como Marcos de Elizondo. El
nombre de la madre aparece algunas veces como María Josefa y otras como
Anna Josefa de Villarreal. En el acta de José Nicolás Máximo la madre
aparece como Josefa González, probablemente el segundo apellido, el cual
era costumbre usarlo. Archivo Parroquial de Salinas Victoria, Bautismos,
vols. 3 (1756-1772) y 4 (1772-1790). Hubo cuando menos otro hermano que
no se encuentra en este registro. Este se llamaba José Máximo, quien no
debe de confundirse con José Nicolás Máximo, y es probable que fuera el
mayor de la familia, pues en el Archivo Parroquial de villa de García existe
una acta de matrimonio del 20 de enero de 1782, cinco años antes del
casamiento de Ignacio, en que José Máximo contrae matrimonio en segun-
das nupcias con doña Juana Josefa de la Garza y dice que es hijo de Marcos
de Elizondo y Anna Josefa de Villarreal. Archivo Parroquial de villa de
García, Matrimonios, vol. 1; José Máximo murió el 28 de agosto de 1802 en
la hacienda del Carrizal y dejó a Nicolás Elizondo, su hermano, como juez
repartidor de sus bienes y también nombra entre sus testamentarios "al
capitán don Ignacio Elizondo, su hermano." Archivo Municipal de Lampa-
zos, Documentos Diversos, vols, 4-5 (1790-1800), CD-ITESM.
42. Los cuatro hermanos están registrados en las actas de matrimonio con
los siguientes nombres: José Máximo, 20 de enero de 1782 (segundas nup-
cias), José Ignacio, 5 de noviembre de 1787, José Nicolás, 4 de noviembre
de 1793 y José María, 20 de mayo de 1795 (esto es un error, debe ser 1799,
pues el acta tiene el número 94 y sigue correctamente a la 93 que es de 1799
y luego siguen las demás actas con la fecha correcta). El padre está anotado
en todos los casos como Marcos de Elizondo y la madre está inscrita en tres
de las actas como María Josefa de Villarreal y sólo en la de José Máximo
dice Ana Josefa de Villarreal. En tres de las actas dice que el contrayente es
originario de ese valle, exceptuando en la de José Nicolás que dice: "Origi-
nario del valle de Salinas y desde la infancia residente de este valle."
Archivo Parroquial de villa de García, Matrimonios, vols. 1-2 (1780-1809),
CD-ITESM.
43. En el Archivo General del Estado de Nuevo León existe un expediente
sobre la deuda de Elizondo con el obispo Llanos y Valdez y los trámites
legales para su cobro. AGENL-G, 1796. (Se citará en lo sucesivo: Deuda de
Elizondo). En el Archivo Parroquial de Lampazos hay numerosos registros
de nacimientos, matrimonios y defunciones de miembros de la familia
Elizondo, todos residentes de las haciendas de El Álamo y El Carrizal.

228
NOTAS DEL CAPITULO II

44. El doctor José M. de la Fuente publicó un despacho de teniente de la


Compañía de Milicias Provinciales situada en el valle de Pesquería Grande,
a favor de Francisco Ignacio Elizondo. Está fechado en junio de 1798. José
M. de la Fuente, Hidalgo Intimo, p. 329.
45. Gaceta de México, 20 de agosto de 1800.
46. El documento legalizado dice que doña María Romana era natural y
vecina del presidio de Río Grande. Archivo Municipal de Lampazos, Docu-
mentos Diversos, vols. 4-5 (1790-1800), CD-ITESM. El año de 1803 don
Pedro Nolasco Carrasco era capitán del presidio de Río Grande. Mariano de
Zúñiga y Ontiveros, Calendario manual y guía de forasteros en México
para el año de 1803. El historiador Vito Alessio Robles dice que doña
Romana Carrasco al enviudar de Elizondo contrajo matrimonio con don
José María Echaiz y proporciona los nombres de los hijos que tuvo de su
primer matrimonio, los cuales son doce. Esto no es posible, pues sólo
estuvo casada siete años con Elizondo. Probablemente reconocía como
suyos los hijos del primer matrimonio de Elizondo. Vito Alessio Rob'.'s, "La
Trayectoria de Elizondo," Excélsior, 6 de enero de 1938.
47. El memorial de Elizondo a don Pedro de Herrera no tiene fecha, pero al
calce hay una anotación de don Pedro en donde ordena se pase a don
Ramón Covarrubias y está fechada en Monterrey el 23 de noviembre de
1806. AGN-IG, voL 144, exp. 1.
48. Certificado del bachiller don Ramón Covarrubias, Monterrey, 23 de
noviembre de 1806; [José del Cristo] a [Iturrigaray], México, 17 de agosto
de 1807, ibid.
49. Todo lo relativo a la investigación de Molano y dictamen del auditor.
Antonio Frontaura y Sesma a Félix María Calleja, San Luis Potosí, 12 de
marzo de 1808; [José del Cristo] a [Iturrigaray], México, 17 de agosto de
1807, ibid. .
50. Pedro de Herrera a Félix María Calleja, Monterrey, 2 de mayo de 1808,
ibid.
51. Deuda de Elizondo.
52. Tomás Flores a Nemesio Salcedo, valle de Santa Rosa, lo. de julio de
1809, AGN-IG, vol. 201-A.
53. Alessio Robles, "¿Existió la traición imputada a Ignacio Elizondo?,"
Excélsior, 14 de octubre de 1937 y "La trayectoria de Elizondo," Excélsior, 6
de enero de 1938.
54. En el poder que Elizondo da a don Antonio Silverio Verridy, se le
menciona como capitán retirado. Monterrey, 27 de mayo de 1809, AGN-IG,
vol. 201-A. Don Pedro de Herrera formó una lista de los oficiales de las
milicias del Nuevo Reino de León el lo. de enero de 1810 y no aparece

229
NOTAS DEL CAPÍTULO íí
Ignacio Elizondo. "Catálogo de las noticias concernientes a la provincia del
del Nuevo Reino de León...," AGN-H, vol. 72, exp. 10 (se citará en lo
sucesivo: "Catálogo de Nuevo León").
55. Castañeda, Our Catholic Heritage, VI, 28; Alessio Robles, Coahuila y
Texas en la Época Colonial, pp. 639-640.
56. Anónimo, AGN-IG, vol. 201-A.
57. Pedro Garibay a Félix María Calleja, México, 15 de noviembre de 1808;
Félix María Calleja a Pedro Garibay, San Luis Potosí, 16 de diciembre de
1808, ibid.
58. Comunicado del licenciado Frontaura, Monterrey, 19 de abril de 1809,
ibid.
59. Declaración de Ignacio Elizondo ante el licenciado Frontaura, Monterrey,
13 de mayo de 1809, ibid.
60. Dictamen de don Francisco Rafael García,, Monterrey, 31 de mayo de
1809, ibid.
61. Comunicado del licenciado Frontaura, Monterrey, 2 de junio de 1809,
•ibid.
62. Declaración de Ignacio Elizondo ante el licenciado Frontaura, Monte-
rrey, 6 de junio de 1809, ibid.
63. Pedro de Herrera a Antonio Frontaura y Sesma, Monterrey, 7 de agosto
de 1809, ibid.
64. Filiación de Tomás María Flores, AGN-PI, vol. 255.
65. Con relación al parentesco de don José Froilán con el padre Mier.
Tomás Mendirichaga y Cueva, "Apellidos de Nuevo León: Mier," Ábside,
XXIII, 3, 1959, p. 260.
66. Declaración de don José Froilán de Mier y Noriega en el juicio contra
Verridy, Monterrey, 17 de julio de 1809; declaración de don José Hermene-
gildo García en el mismo juicio, Monterrey, 18 de julio de 1809, AGN-IG,
vol. 201-A.
67. Juan José Lozano al Cabildo de Monterrey, Monterrey, 16 de agosto de
1809, ibid.
68. El Cabildo de Monterrey al arzobispo virrey, Monterrey, 20 de agosto
de 1809, ibid.
69. El alcalde de Monterrey, el año de 1806, a quien se refería el obispo era
don Francisco Bruno Barrera. Israel Cavazos Garza, El Muy Ilustre Ayunta-
mientc ie Monterrey desde 1596, p. 80.
70. Primo, obispo del Nuevo Reino de León al arzobispo de México y
virrey, Saltillo, 21 de agosto de 1809, The University of Texas Library, W.
B. Stephens Collection, núm. 2048.
71. Odie B. Faulk, The Last Years of Spanish Texas, 1778-1821, pp. -96-97.

230
NOTAS DEL CAPITULO II

72. Declaración de Diego Jiménez, Tomas Flores a Nemesio Salcedo, San


Fernando, 12 de junio de 1809, AGN-IG, vol. 201-A.
73. Pike, The Joumals, I, p. 437n.
74. Declaracibn de Florencio Millán, Tomás Flores a Nemesio Salcedo, valle
de Santa Rosa, lo. de julio de 1809, AGN-IG, vol. 201-A.
75. Todo lo relativo al contrabando de las cartas de Tomás Flores a
Nemesio Salcedo: San Antonio de Béjar, 3 de mayo de 1809, San Antonio
de Béjar, 17 de mayo de 1809, San Fernando, 12 de junio de 1809 y valle de
Santa Rosa, lo. de julio de 1809, ibid.
76. Don Cristóbal Domínguez era académico de honor de la Real Academia
de San Carlos y siendo ayudante mayor del Regimiento Provincial de
Valladolid formo el diario militar del ejército acampado en el Llano del
Encero el año de 1806. Suplemento a la Gaceta de México, 23 de diciembre
de 1806.
77. Nemesio Salcedo al virrey, Chihuahua, 9 de octubre de 1809, AGN-IG,
vol. 201-A.
78. Primo, obispo del Nuevo Reino de León al virrey, Saltillo, 23 de
octubre de 1809, The University of Texas Library, W.B. Stephens Collection,
nüm. 2048.
79. Dictamen de Foncerrada, México, 6 de enero de 1810, AGN-IG, vol.
201-A.
80. Declaración de don Juan Ignacio Ramón ante don Cristóbal Domínguez,
presidio de La Punta, 23 de marzo de 1810, ibid.
81. Faulk, The Last Years, p. 124. Parece que Rodríguez fue dado de baja
por haber estado involucrado con el marqués de Casa Calvo en instigar un
levantamiento contra los Estados Unidos en la Luisiana. Pike, The Journals,
I, 417 y 417n.
82. Ramón [Falco] a Manuel de Santa María, Bocas, 21 de julio de 1810,
AGENL-G, 1810-1821.
83. Declaración de Sebastián Rodríguez ante el auditor Foncerrada, México,
13 de febrero de 1810, AGN-IG, vol. 201-A.
84. Declaración de Ramón Hernández ante don Cristóbal Domínguez, Boca
de Leones, 26 de marzo de 1810, ibid.
85. Declaración de don José Manuel de Rumayor ante don Cristóbal Do-
mínguez, Boca de Leones, 26 y 27 de marzo de 1810, ibid.
86. Cristóbal Domínguez a Nemesio Salcedo, Monterrey, lo. de abril de
1810; Cristóbal Domínguez a Nemesio Salcedo, Monterrey, 16 de abril de
1810; Cristóbal Domínguez a Manuel de Santa María, Monterrey, 16 de
abril de 1810, ibid.
87. Declaración de don Miguel de la Garza ante don Cristóbal Domínguez,

231
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS II Y ///

Monterrey, 26 de mayo de 1810, ibid.


88. Declaración de Francisco Barredo ante don Cristóbal Domínguez, Monte-
rrey, 24 de mayo de 1810; declaración de don José Valera ante don Cristóbal
Domínguez, Monterrey, lo. y 2 de junio de 1810, ibid.
89. Cristóbal Domínguez a Nemesio Salcedo, Béjar, 8 de agosto de 1810,
ibid.
90. Simón de Herrera al virrey, Béjar, 21 de febrero de 1810, ibid.
91. Simón de Herrera a Antonio Coronel, Béjar, 21 de febrero de 1810,
ibid.
92. Simón de Herrera a Félix Calleja, Béjar, 3 de octubre de 1810, AGN-OG,
vol. 986.
93. Minuta incompleta que no tiene fecha ni remitente ni destinatario, pero
que no hay duda es de Santa María a la Audiencia. AGENL-G, 1810.1.
94. Manuel Jacinto de Acevedo a Manuel de Santa María, San Luis Potosí,
10 de agosto de 1810, ibid.
95. El obispo a Manuel de Santa María, Saltillo, 30 de agosto de 1810, ibid.
96. Manuel de Santa María a Manuel Jacinto de Acevedo, Monterrey, 3 de
septiembre de 1810, AGENL-G, 1810.2.
97. Juan Nepomuceno de Nieto le dice a Santa María: "Cuánto siento que la
confirmación de su título no haya llegado todavía." Juan Nepomuceno de
Nieto a Manuel de Santa María, Bocas, 13 de agosto de 1810, AGENL-G,
1810-1821.
98. Ibid.

CAPITULO III

LA FALTA DE RECURSOS

1. Félix Calleja al gobernador interino del Nuevo Reino de León, San Luis
Potosí, 22 de septiembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
2. Para determinar el número de tropas que había en la Nueva España .al
iniciarse la Guerra de Independencia se utilizaron varias fuentes: Manuel
Muro, Historia de San Luis Potosí, I, 19-35, que publica los datos para el
año de 1809; Zúñiga y Ontiveros, Calendario Manual; Pedro Estala, El
Viajero Universal, pp. 197-200; Lorenzo de Zavala, Ensayo Histórico de las
Revoluciones de México, I, 28, cita un total de 29,661 hombres antes de
empezar la Guerra de Independencia: 7,083 de tropas veteranas, 3,694 de
presidiales y 18,884 de milicias provinciales; Humboldt, Ensayo Político,
IV, 189, da un total de 32,169 nombres en el año de 1804 para toda la
Nueva España y la Comandancia General, pero sin incluir a Yucatán: 9,919

232
NOTAS DEL CAPITULO III

de tropas veteranas o de línea y 22,277 de milicias.


3. "El ejército de la Nueva España a fines del siglo XVIII," Boletín del
Archivo General de la Nación, IX, 2 (1938), 236-275; Gustavo A. Salas, "El
Regimiento de Dragones de la Reina y la provisión de caballos para el
ejército," Boletín del Archivo General de la Nación, VI, 6 (1935), 897-907;
José María Luis Mora, México y Sus Revoluciones, I, 226.
4. Muro, Historia, I, 27-28.
5. Gaceta de México, 21 de septiembre de 1810.
6. "Oficiales de San Carlos."
7. El año de 1805 don José Florencio Barragán, comandante del Cuerpo de
Caballería de la Frontera, solicitaba se le concedieran estandartes a dicha
unidad y decía estaba formada por individuos de las jurisdicciones de Río
Verde, Valle del Maíz y villa de Valles. Joseph Florencio Barragán a José de
Iturrigaray, Río Verde, 14 de septiembre de 1805, AGN-PI, vol. 255.
8. Composición de la Décima Brigada. Muro, Historia, I, 27-41; Zúñiga y
Ontiveros, Calendario Manual, pp. 174.
9. "Catálogo de Nuevo León."
10. "Causa contra Pedro Guerra por haber herido a un oficial," AMM,
Causas Criminales, vol. XLII, exp. 733 (1810).
11. Expediente militar del capitán don Francisco Bruno Barrera, Monterrey,
11 de abril de 1818, AGN-PI, vol. 244, exp. 34.
12. "Dragones Provinciales del Nuevo Reino de León, lista por antigüedad
de los oficiales de este cuerpo...," Monterrey, 2 de julio de 1810, AGENL-G,
1810.1 (se citará en lo sucesivo: "Dragones Provinciales").
13. "Provincia de Texas: Estado que manifiesta la fuerza efectiva de las
tropas veteranas y de milicias que guarnecen...," San Fernando de Béjar, 4
de abril de 1810, AGN-PI, vol. 239, exp. 11 (se citará en lo sucesivo:
"Fuerzas en Texas").
14. Simón de Herrera a Félix Calleja, Béjar, 10 de octubre de 1810, AGN-OG,
vol. 986.
15. Juan Ignacio Ramón dice que salió de Lampazos para Béjar con cincuen-
ta hombres el 17 de agosto de 1805. Declaración de Juan Ignacio Ramón
ante don Cristóbal Domínguez, La Punta, 23 de marzo de 1810, AGN-IG,
vol. 201-A. En abril de 1810 había en Texas 49 hombres de la Compañía
Volante de Lampazos. "Fuerzas en Texas."
16. "Primera Compañía Volante de Nuevo Santander...," AGN-PI, vol.
175, exp. 1.
17. Declaración de don Eufemio Treviño, capitán de la Primera Compañía
de Milicias del Nuevo Santander, "Sumaria formada al capitán don Joaquín
Vidal de Lorca," AGN-I, vol. II, exp. 13 (se citará en lo sucesivo: "Sumaria

233
NOTAS DEL CAPITULO III

Vidal de Lorca").
18. "Compañías de Milicias Provinciales de la colonia del Nuevo Santander/'
San Luis Potosí, lo. de noviembre de 1807, AGN-PI, vol. 255.
19. Existe en la sección llamada Ramo Militar del Archivo General del
Estado de Nuevo León un memorial sin título que dice: "es copia del
original" y está fechado en Saltillo el 19 de abril de 1844. Esta copia la
firma José Juan Sánchez. El original, según la copia, está firmado por don
Nemesio Salcedo y fechado en Chihuahua el 16 de junio de 1813. Sin
embargo, este documento fue preparado algunos años antes, probablemente
el año de 1809, pues en una carta que don Bernardo Bonavía, el sucesor de
Salcedo, le escribió al virrey, le dice: "La instrucción que me dejó el señor
don Nemesio Salcedo a su salida del mando de estas provincias es bastante
difusa porque la formó con anticipación y desde que fue nombrado para
relevarle el señor don Benito Pérez."Bernardo Bonavía al virrey, Durango,
18 de febrero de 1814, AGN-PI, vol. 129, exp. 1. No obstante, la instruc-
ción de Salcedo tiene anotaciones marginales poniendo a su sucesor al
corriente de los principales acontecimientos desde que fue preparada. (Se
citará en lo sucesivo: "Instrucción de don Nemesio Salcedo").
20. "Fuerzas en Texas."
21. "Instrucción de don Nemesio Salcedo."
22. Manuel de Acevedo al gobernador del Nuevo Reino de León, San Luis
Potosí, 22 de septiembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
23. Existen dos partes de estas guardias de fecha 4 de octubre; el primero es
del sargento comandante y el segundo de un cabo que dice haberse encon-
trado a don Julián de Arrese de ronda con seis paisanos y a don José Luis
de la Garza con cuatro paisanos, ibid.
24. Manuel de Santa María a Antonio Cordero, Monterrey, 30 de septiem-
bre de 1810, ibid.
25. Manuel de Santa María a Francisco Bruno Barrera, Monterrey, 30 de
septiembre de 1810, ibid.
26. Manuel de Santa María a Juan Ignacio Ramón, Monterrey, 30 de
septiembre de 1810, ibid.
27. Manuel de Santa María al administrador e interventor de la Real Renta
de Tabacos, Monterrey, 30 de septiembre de 1810, ibid.
28. Manuel de Santa María al Muy Ilustre y Venerable Señor Deán y
Cabildo de esta Santa Iglesia Catedral, Monterrey, 30 de septiembre de
1810, ibid.
29. "Oficio pasado al cura del Sagrario de esta Santa Iglesia Catedral;"
Fermín de Sada a Manuel de Santa María, Monterrey, 30 de septiembre de

234
NOTAS DEL CAPITULO III

1810, ibid.
30. Manuel de Santa María a los señores subdelegados de la cordillera
marginal, Monterrey, 30 de septiembre de 1810, ibid.
31. "Proclama que el señor gobernador de la provincia publica a sus
habitantes," Monterrey, 30 de septiembre de 1810, ibid.
32. Manuel de Santa María a los señores curas párrocos de la cordillera
marginal, Monterrey, 30 de septiembre de 1810, ibid.
33. Minuta, Monterrey, 30 de septiembre de 1810; tiene una nota que dice:
"Esta orden se dirigió a cada comandante propietario o accidental de las
compañías milicianas de la provincia," ibid.
34. Existe una lista con el número de hombres que debía aportar cada
población y las que estaban exceptuadas, ibid. El gobernador le dice al
teniente de la compañía de Boca de Leones que esa compañía está exceptua-
da pero que "debe advertir a su gente se hallen listos'y "mantendrán en sus
inmediaciones tres caballos por hombre. "Manuel de Santa María al teniente
de la Compañía del real de Boca de Leones, Monterrey, 6 de octubre de
1810, ibid.
35. Manuel de Santa María a los señores subdelegados del margen, Monte-
rrey, 2 de octubre de 1810, ibid.
36. José Tomás Delgado a Manuel de Santa María, Cadereyta, 2 de octubre
de 1810, ibid.
37. José María Gómez a Manuel de Santa María, Linares, 3 de octubre de
1810, ibid.
38. Pedro de Berrio a Manuel de Santa María, Pilón, 3 de octubre de 1810;
José Cristóbal de León al gobernador político y militar, Pilón, 3 de octubre
de 1810, ibid.
39. Manuel de Santa María a José Tomás Delgado, Monterrey, 3 de octubre
de 1810, ibid.
40. [Santa María] a [Pedro de Berrio], Monterrey, 4 de octubre de 1810,
ibid.
41. José Domingo de Castañeda a Manuel de Santa María, Saltillo, 9 de
junio de 1810; José Domingo de Castañeda a Manuel de Santa María, Poto-
sí, 25 de septiembre de 1810, ibid.
42. José Domingo de Castañeda a Manuel de Santa María, Saltillo, 5 de
octubre de 1810 (dos cartas de la misma fecha), ibid.
43. José Lorenzo de la Garza a Manuel de Santa María, Boca de Leones, 13
de octubre de 1810, ibid.
44. José Antonio Hinojosa a Manuel de Santa María, villa de Cerralvo, 6 de
octubre de 1810, ibid.
45. José Antonio Hinojosa a Manuel de Santa María, villa de Cerralvo, 10

235
NOTAS DEL CAPITULO III
de octubre de 1810, ibid.
46. Joaquín Cantú a Manuel de Santa María, Río de los Guerras, 12 de
octubre de 1810, ibid.
47. "Diario de lo ocurrido a las milicias del Nuevo Reino de León, al mando
de su comandante, el capitán don Pedro de Herrera Leyva, en sus operacio-
nes contra los insurgentes.../'México, 24 de marzo de 1811, AGN-OG, vol.
958 (se citará en lo sucesivo: "Diario de Herrera").
48. "Piquetes de las compañías del Nuevo Reino de León," 11 de octubre de
1810, AGENL-G, 1810.1. Don Pedro de Herrera dice que en los almacenes
de armas había tenido a su cargo 1,000 fusiles, 100 carabinas y 400 espadas
para armar las milicias cuando se pusieran sobre las armas, pero que de los
1,000 fusiles envió 700 a Calleja y 300 al comandante general don Nemesio
Salcedo. No especifica si estos envíos se hicieron al empezar la insurgencia o
antes. "Catálogo de Nuevo León."
49. Manuel de Santa María a Primo Feliciano Marín de Porras, Monterrey,
11 de octubre de 1811, AGENL-G, 1810.1.
50. "Nos el doctor don Primo Feliciano Marín de Porras, por la gracia de
Dios y de la Santa Sede Apostólica...," Saltillo, 15 de octubre de 1810, ibid.
51. Hay dos "órdenes pata la marcha del piquete de La Punta," las dos son
de fecha 13 de octubre de 1810, una dice que irá al mando de don Juan de
Castañeda y la otra de don Juan Ignacio Ramón. En la segunda no se
especifica el número de hombres que formarían el piquete. Ibid.
52. Hay dos pasaportes expedidos por el gobernador Santa María para
comandantes de tropas de Nuevo León que debían ir a San Luis, uno a
favor de don Pedro de Herrera y el otro de don Juan Ignacio Ramón. En los
dos se incluye el mismo itinerario. Ibid.
53. Acta de la Junta de Guerra, Monterrey, 15 de octubre de 1810, ibid.
54. Manuel de Santa María a Félix Calleja, Monterrey, 15 de octubre de
1810, ibid. Don Pedro de Herrera dice que el canónigo a quien se refería
Santa María era el licenciado don José Vivero. "Diario de Herrera."
55. En el Archivo General del Estado de Nuevo León hay bastantes cartas,
no oficiales, que dan noticias de la insurrección desde la provincia de San
Luis Potosí. De estos primeros días hay una de Silvestre Portillo, fechada en
San Luis el 25 de septiembre y otra de Jusepe de Aysa, que no dice de
donde la remite ni tiene fecha pero da noticias de acontecimientos sucedidos
desde el 19 hasta el 26 de septiembre. Hay otra carta de este último fechada
en Cañada Grande el 9 de octubre. AGENL-G, 1810.1 y 1810-1821.
56. Carta a la que probablemente le falta una parte, pues no tiene firma ni
destinatario ni lugar de origen ni fecha, pero que indudablemente fue escrita
en San Luis Potosí por un militar y dirigida aí gobernador Santa María.

236
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS III Y I V

AGENL-G, 1810.1.
57. Rosa a Mi Manuelito, México, 26 de septiembre de 1810, ibid. En una
carta que el arzobispo Lizana la escribió a Santa María le dice: "Agradezco
a usted las expresiones con que me manifiesta su afecto en la carta que me
entregó el cadetito su hijo." Francisco, arzobispo de México a Manuel de
Santa María, AGENL-G, 1810-1821.
58. Manuel de Santa María a Félix María Calleja, Monterrey, 15 de octubre
de 1810, ibid. Esta carta no es minuta ni está escrita por escribano sino del
puño y letra de Santa María, por lo que es posible que no se haya
mandado.

CAPITULO IV

EXPEDICIONES FRUSTRADAS

1. El año de 1795 don Félix Calleja refiriéndose a la colonia de Nuevo


Santander decía: "Esta no tiene ninguna (capital), aunque como tal se
reputa a Santander y en otro tiempo a San Carlos; en el primero, situado
en un terreno bajo y cenegoso, reside el gobernador, en el segundo, en un
cañón de sierra, áspero y estrecho, el comisario de misiones y los adminis-
tradores de tabacos y correos, ninguno tiene más agua que la de un estéril
venero, que estancada y aumentada por las lluvias, se corrompe en la
estación de secas. En San Nicolás reside el administrador de alcabalas y en
Hoyos el de salinas." Félix Calleja, Informe sobre la colonia del Nuevo
Santander y Nuevo Reino de León, 1795, fol. XVIII.
2. Manuel de Iturbe e Iraeta a Félix Calleja, San Garlos, 26 de septiembre de
1810, AGN-OG, vol. 169, exp. 14; Manuel de Iturbe e Iraeta a Joaquín
Vidal de Lorca, San Carlos, 17 de octubre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp.
13.
3. M. Iturbe a Manuel de Santa María, San Carlos, 20 de octubre de 1810,
AGENL-G, 1810.1.
4. "Fuerzas en Texas."
5. El año de 1819 Vidal de Lorca decía ser de cincuenta años de edad y
haber servido treinta y tres años en el ejército. Declaración de Joaquín Vidal
de Lorca, México, 24 de julio de 1819 y representación ante el virrey,
México, 5 de julio de 1819, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
6. Joaquín Vidal de Lorca al [virrey], Padilla, 13 de marzo de 1804, AGN-PI,
vol. 175, exp. 1.
7. En un oficio al virrey Apodaca, Vidal de Lorca dice que ejerció "por

237
NOTAS DEL CAPITULO IV
cinco veces el gobierno interino de La Colonia sin goce de sueldo." Joaquín
Vidal de Lorca al virrey, México, 5 de julio de 1819, AGN-I, vol. 11, exp.
13. Después de estos acontecimientos se dijo, que en un principio, Vidal de
Lorca se había negado a tomar el mando de la expedición, alegando que
éste le correspondía a Iturbe que era el primer comandante, y que él se
quedaría de gobernador interino, que por esto, Iturbe se había visto obliga-
do a arrestarlo, pero que el arresto había durado poco tiempo. Declaracio-
nes de Juan y Cayetano Quintero y Antonio Rodríguez, "Sumaria Vidal de
Lorca."
8. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Padilla, 12 de
octubre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
9. Manuel de Iturbe e Iraeta al gobernador del Nuevo Reino de León,
AGENL-G, 1810.1.
10. Manuel de Iturbe e Iraeta a Joaquín Vidal de Lorca, San Carlos, 17 de
octubre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
11. Manuel de Iturbe e Iraeta a Joaquín Vidal de Lorca, San Carlos, 25 de
octubre de 1810, ibid.
12. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, villa de Tula, lo.
dé noviembre de 1810, ibid. Por diversos documentos contenidos en la
Sumaria Vidal de Lorca sé han podido saber los nombres de otros oficiales
que tomaron parte en esta expedición y son: los tenientes Basilio Gutiérrez,
Antonio Guadalupe Cardona, Ramón Tena y José María Ruiz y los subte-
nientes o alféreces Manuel Barberena, Pedro García, Ramón de Echávarri o
Chávarri y Miguel Paredes.
13. "Cuerpo Auxiliar de la colonia del Nuevo Santander: Diario de las
operaciones y novedades ocurridas desde el 21 de octubre hasta el 29 de
noviembre del presente año a las tropas veteranas y milicianas...," Tula, 30
de noviembre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13 (se citará en lo sucesivo:
"Diario Vidal de Lorca").
14. Iturbe estaba casado con una hermana del historiador Lucas Alamán
llamada María de la Luz y esta familia era de Guanajuato. Alamán, Histo-
ria, II, 94n.
15. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Padilla, 24 de
octubre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
16. "Diario Vidal de Lorca."
17. Declaración de Juan Quintero, Aguayo, 8 de febrero de 1812, "Sumaria
Vidal de Lorca."
18. Manuel de Iturbe e Iraeta a Joaquín Vidal de Lorca, San Carlos, 25 de
octubre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
19. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, San Roque, 27 de

238
NOTAS DEL CAPITULO IV

octubre de 1810, ibid.


20. "Diario Vidal de Lorca;" Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e
Iraeta, Tula, lo. de noviembre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
21. "Diario Vidal de Lorca."
22. El subdelegado de Río Verde se llamaba Antonio Garrido. Joseph
Esparza a José Rafael Iriarte, San Luis Potosí, 19 de noviembre de 1810,
AGENL-RM, 1810.
23. Pedro de Barrenechea al comandante de las armas y tropa en marcha de
la colonia del Nuevo Santander, Valle del Maíz, 31 de octubre de 1810,
AGN-I, vol. 11, exp. 13.
24. Declaraciones de Ignacio Perca, José Antonio Rojano y José Vicente
Rojano, Valle del Maíz, 9 de febrero de 1813, "Sumaria Vidal de Lorca." Es
probable que Marín, el mencionado como jefe de los insurgentes sea Luis
Marín, apresado posteriormente en Aguayo. "Lista de los prisioneros que se
hallan en Aguayo," Joaquín de Arredondo a Francisco Javier Venegas, Cam-
po del Pretil, 7 de abril de 1811, AGN-I, vol. 143, exp. 59.
25. Declaración de José de Jesús García, Valle del Maíz, 9 de febrero de
1813, "Sumaria Vidal de Lorca."
26. Venustiano Barragán y Manuel Antonio Ortiz de Zarate a Joaquín Vidal
de Lorca, Valle del Maíz, 2 de noviembre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
27. "Diario Vidal de Lorca."
28. Esta carta no tiene ni fecha ni destinatario y sólo está firmada "de
Aysa," pero es seguro que es del día 16, pues en una parte dice: "hasta hoy
martes por la mañana 16 de octubre," AGENL-G, 1810-1821.
29. José Andrés Guajardo a Manuel de Santa María, Río Blanco, 16 de
octubre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
30. Manuel de Santa María a Félix Calleja, Monterrey, 22 de octubre de
1810, ibid.
31. [Pedro de] Herrera a Félix Calleja, Monterrey, 22 de octubre de 1810,
AGN-OG, vol. 986.
32. Simón de Herrera a Félix Calleja, Béjar, 18 de octubre de 1810, ibid.
33. Félix Calleja a Manuel Santa María, Campo de la Pila, 18 de octubre de
1810, AGENL-G, 1810.1.
34. Calleja a Manuel Santa María, 18 de octubre [de 1810] , ibid.
35. Félix Calleja, Campo de la Pila, 18 de octubre de 1810, ibid.
36. [Santa María] a [Calleja], Monterrey, 24 de octubre de 1810, ibid.
37. José Domingo de Castañeda a Manuel de Santa María, Saltillo, 24 de
octubre de 1810, ibid.
38. Santa María a Antonio Cordero, Monterrey, 26 de octubre de 1810,
ibid.

239
17
NOTAS DEL CAPITULO IV

39. Manuel de Santa María a Félix Calleja, Monterrey, 27 de octubre de


1810, ibid.
40. En abril de 1818 el capitán Barrera tenía sesenta y un años de edad.
Expediente militar del capitán don Francisco Bruno Barrera, Monterrey, 11
de abril de 1818, AGN-PI, vol. 244, exp. 34.
41. Cavazos Garza, El Muy Ilustre Ayuntamiento, pp. 75-80.
42. "Diario de Herrera." Don Pedro de Herrera dice que las compañías de
Barrera y Castañeda salieron el día 30 de octubre, pero hay oficios de Santa
María, tanto a Cordero como a Calleja informándoles que la compañía de
Barrera salió el día 26. Ibid.
43. Calleja a Pedro de Oterrena, Campo de la Pila, 20 de octubre de 1810,
AGENL-G, 1810.1.
44. Félix Calleja a José María de Aysa, Campo de la Pila, 20 de octubre de
1810, ibid.
45. Antonio Cordero a Félix Calleja, Saltillo, 3 de octubre de 1810, AGN-OG,
vol. 171. El 25 de septiembre el obispo Marín de Porras escribía al goberna-
dor Santa María, que Cordero se encontraba en Anació, a la mitad del
camino entre Monclova y Saltillo, esperando licencia del comandante gene-
ral para ir a la feria que se efectuaba en esta última villa, por lo tanto, al
no recibir licencia para salir de su provincia debe haberse regresado a
Monclova. El obispo a Manuel de Santa María, Saltillo, 25 de septiembre
de 1810, AGENL-G, 1810.1. El presbítero José Francisco Soberbn que fue
cura de Monclova dice que las noticias de la insurrección le fueron comuni-
cadas a Cordero "del Saltillo por el teniente coronel don José López (según
lo expresa un oficio borrador del mismo Cordero)." "Prisión de Hidalgo en
Acatita de Bajan," Boletín del Archivo General de la Nación, VIII, 3 (julio,
agosto y septiembre de 1937): 327-364 (se citará en lo sucesivo: "Prisión de
Hidalgo").
46. Félix Calleja a Antonio Cordero, Potosí, 22 de septiembre de 1810,
AGN-OG, vol. 171.
47. Félix Calleja a Antonio Cordero, 18 de octubre de 1810, ibid.
48. Antonio Cordero a Félix Callejas, Saltillo, 25 de octubre de 1810, ibid.
49. Antonio Cordero a Pedro Herrera, Saltillo, 6 de noviembre de 1810,
AGN-OG, vol. 958. José Domingo Castañeda dice, el 24 de octubre, que ya
a la salida del correo, habían, llegado treinta hombres de las tropas de
auxilio a Real de Catorce. José Domingo de Castañeda a Manuel de Santa
María, Saltillo, 24 de octubre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
50. Dionisio Valle a Antonio Cordero, Real de Catorce, 4 de noviembre de
1810, AGN-OG, vol. 958.
51. Antonio Cordero a Pedro Herrera, Saltillo, 6 de noviembre de 1810, ibid.

240
NOTAS DEL CAPITULO IV

52. Pedro Herrera a Antonio Cordero, Saltillo, 6 de noviembre de 1810,


ibid.
53. Pedro de Herrera a Félix María Calleja, Saltillo, 6 de noviembre de
1810, ibid.
54. Pedro de Herrera a señores subdelegados, cura capitán y demás indivi-
duos de Real de Catorce, Saltillo, 7 de noviembre de 1810, ibid.
55. "Diario de Herrera."
56. Jacobo María Santos a Antonio de Elorza, Venado, 6 de noviembre de
1810, AGN-OG, vol. 958.
57. "Diario de Herrera."
58. Julián de Cosío y otros a Pedro Herrera, Real de Catorce, 10 de
noviembre de 1810, AGN-OG, vol. 958.
59. Pedro Herrera a Julián de Cosío y otros, San Buenaventura, 11 de
noviembre de 1810, ibid.
60. "Diario de Herrera"; Francisco Bruno Barrera a Pedro de Herrera, San
Juan de Vanegas, 12 de noviembre de 1810, AGN-OG, vol. 958. Es proba-
ble que Herrera haya recibido el oficio de Cosío en el camino de La Punta a
Vanegas, pues aunque en su diario dice que en La Punta recibió dos oficios,
en un comunicado a las autoridades de Catorce afirma, que llegó a Vanegas
a las dos de la tarde y que una hora antes recibió su oficio. Pedro de
Herrera a señor subdelegado y demás de Real de Catorce, ibid.
61. Pedro de Herrera a Francisco Bruno Barrera, Vanegas, 13 de noviembre
de 1810, ibid.
62. Pedro Herrera a señor subdelegado y demás de Real de Catorce, Vane-
gas, 13 de noviembre de 1810, ibid.
63. Pedro Herrera a señores subdelegados de Cedral, Matehuala y demás
vecinos, Vanegas, 13 de noviembre de 1810, ibid.
64. Ramón Amador a Pedro Herrera, Cedral, 13 de noviembre de 1810,
ibid.
65. Miguel de Vargas Machuca a Pedro de Herrera, Matehuala, 14 de
noviembre de 1810, ibid.
66. Pedro Herrera a Antonio Cordero, Vanegas, 13 de noviembre de 1810,
ibid.
67. Esto de los setenta soldados es un error, pues en todos los demás
documentos citados se mencionan sesenta.
68. "En la hacienda de San Juan Bautista de Vanegas a catorce días del mes
de noviembre de 1810..., " AGN-OG, vol. 958.
69. Julián de Cosío al intendente y comandante de las armas de San Luis
Potosí, Real de Catorce, 9 de octubre de 1810, AGN-OG, vol. 91, exp. 34.
70. José María Semper y Alejandro Zerratón a señor mariscal de campo

241
NOTAS DEL CAPITULO IV
comandante de las armas americanas, Real de Catorce, 14 de noviembre de
1810, AGENL-RM, 1810.
71. "Diario de Herrera."
72. Manuel de Santa María a señores capitanes y comandantes de milicias
de la cordillera del margen o bien sargentos y cabos, Monterrey, 26 de
octubre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
73. Minuta sin fecha, AGENL-G, 1810-1821.
74. Juan Ignacio Ramón a Manuel de Santa María, Monterrey, 29 de
octubre de 1810, ibid.
75. Manuel Antonio de la Rigada e Inda a Manuel de Santa María, Monte-
rrey, 21 de octubre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
76. Antonio María de Aldasoro a Manuel de Santa María, Monterrey, 21
de noviembre de 1810. ibid.
77. Valentín Ramón de Ugarte al Muy Ilustre Señor Gobernador y Cabildo,
Monterrey, 22 de octubre de 1810, ibid.
78. "Don Vicente Vedia y Pinto, natural de los reinos de Castilla y vecino del
real de Vallecillo ante vuestra señoría...," AGENL-G, 1810-1821.
79. Francisco Javier de Marichalar a Manuel de Santa María, Cadereyta, 28
de octubre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
80. Nepomuceno García a Manuel de Santa María, Pesquería, 29 de octubre
de 1810, ibid.
81. Joseph Domingo Ballestero a Manuel de Santa María, Linares, 3 de
noviembre de 1810, ibid.
82. Mauricio Tijerina a Manuel de Santa María, Cadereyta, 4 de noviembre
de 1810, ibid.
83. [Santa María] a Mauricio Tijerina, Monterrey, 6 de noviembre de
1810, ibid.
84. Se trata del lugar que ahora se llama Ciudad Juárez en el estado de
Chihuahua y que entonces era conocido como el pueblo de Guadalupe del
Paso del Río del Norte.
85. Cordero a Manuel de Santa María, Saltillo, lo de noviembre de 1810,
AGENL-G, 1810.1.
86. Existen dos minutas sin remitente ni destinatario ordenando poner
destacamentos en las bocas de Santa Rosa y del Pilón. Estas fueron induda-
blemente dirigidas a Linares y al valle del Pilón. La primera tiene fecha de 7
de noviembre y la otra no tiene fecha, ibid.
87. José Marcelo Valdez a Manuel de Santa María, Guajuco, 8 de noviem-
bre de 1810. ibid.
88. [Santa María] a José Marcelo Valdez, Monterrey, 9 de noviembre de
1810, ibid.

242
NOTAS DEL CAPITULO IV

89. Antonio Cordero al señor gobernador de Monterrey, Saltillo, 7 de


noviembre de 1810; Manuel de Salcedo al señor gobernador de Nuevo León,
San Fernando de Béjar, 21 de noviembre de 1810, ibid.
90. [ Santa María ] al señor gobernador de Texas, Monterrey, 3 de noviem-
bre de 1810, ibid.
91. [ Santa María ] a señores tenientes subdelegados del margen,Monterrey,
6 de noviembre de 1810, ibid.
92. Manuel de Santa María a Andrés Mendiola, Monterrey, 6 de noviembre
de 1810, ibid.
93. [ Santa María ] al virrey, Monterrey, 7 de noviembre de 1810, ibid.
94. [ Santa María] a Manuel de Acevedo, Salinas, 12 de noviembre de
1810, ibid.
95. "La acta capitular acordó en este día lo siguiente...," Monterrey, 15 de
noviembre de 1810, ibid.
96. Manuel de Santa María al Muy Ilustre Ayuntamiento de la Ciudad de
Monterrey, Boca de Leones, 16 de noviembre de 1810, AMM, Correspon-
dencia, 1810.
97. "Diario Vidal de Lorca."
98. Toribio Cortina Díaz a señores comandantes de tropa de la Colonia, San
Luis Potosí, 3 de noviembre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
99. "Diario Vidal de Lorca."
100. Este espía en realidad fue mandado por el subdelegado don Pedro
Barrenechea y en su declaración dijo, que fue con Barrenechea a ver a
Vidal, a quien le informó que los rebeldes no pasaban de doscientos hom-
bres y sólo traían unos treinta fusiles. Declaración de Cesáreo Sánchez,
Valle del Maíz, 9 de febrero de 1813, "Sumaria Vidal de Lorca."
101. "Diario Vidal de Lorca." Iturbe puso en Tula una guarnición de treinta
hombres. Manuel de Iturbe e Iraeta a Félix Calleja, Cuartel General de
Aguayo, 20 de abril de 1811, AGN-IG, vol. 21.
102. Los capitanes Cayetano y Juan Quintero declararon que Vidal se había
molestado por la forma con que Cortina se dirigió a el. "Sumaria Vidal de
Lorca."
103. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Santa María, Padilla, 17 de
febrero de 1810, AGENL-G, 1810-1821.
104. Manuel de Acevedo a Joaquín Vidal de Lorca, San Luis Potosí, 2 de
noviembre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
105. Manuel de Acevedo a Joaquín Vidal de Lorca, San Luis Potosí, 10 de
noviembre de 1810, ibid.
106. Toribio Cortina Díaz a Joaquín Vidal de Lorca, San Luis Potosí, 10 de
.noviembre de 1810, ibid.

243
NOTAS DEL CAPÍTULO IV
107. "Diario Vidal de Lorca". El alférez Miguel Paredes dice anduvieron 26
leguas. Declaración de Miguel Paredes, "Sumaria Vidal de Lorca."
108. Carlos María Bustamante, Cuadro Histórico de la Revolución Mexica-
na, I, 81-83.
109. El alférez Miguel Paredes dice.que estando en Cerritos, las familias dle
rancho confirmaron la caída de San Luis y que Vidal reunió a los oficiales,
quienes "fueron de unánime parecer, debían retirarse a la provincia (Nuevo
Santander) para su resguardo," dirigiéndose al Rincón de Turrubiartes. En
cambio el subteniente Ramón de Echávarri dice se dirigieron a Turrubiartes
para unirse con el teniente Basilio Gutiérrez. Declaraciones de Miguel Pare-
des y Ramón de Echávarri, "Sumaria Vidal de Lorca."
110. Félix Calleja a Joaquín Vidal, Querétaro, 12 de noviembre de 1810,
AGN-I, vol. 11, exp. 13.
111. Don Carlos María Bustamante no dice la fecha en que Iriarte entró a
San Luis. Bustamante, Cuadro Histórico, I, 83. José Rafael Iriarte también
era conocido como Leiton. Jusepe de Aysa le dice en una carta al goberna-
dor Santa María, que Joseph Iriarte "es Rafael Leitona del Venado, hijo
sacrilego de una maja Leitona, quien con él hubo otros hijos e hijas del cura
Iriarte, que estuvo interino en dicho pueblo. Es Rafael de unos 36-a 38
años, guitarrista, sentó plaza en la Corona, de donde salió para cabo
veterano de Dragones de San Carlos, en su creación, protegido de Verdeja,
vino a su tierra y estuvo cuatro o cinco años." [De Aysa] a [Santa Ma-
ría] , Cañada Grande, 16 de octubre de 1810, AGENL-G, 1810-1820. Un
informe del año de 1804 sobre el personal del Regimiento de San Carlos
dice que se concedió licencia absoluta al cabo José Leyton "por enfermo
habitual."Charcas, 30 de junio de 1804, AGN-IG, vol. 351-A.
112. Gregorio Melero y Pina, "Los iniciadores de la Independencia de
México: Fray Gregorio de la Concepción Melero y Pina," ed, por N. León
(se citará en lo sucesivo: "Memorias de fray Gregorio"), El Tiempo, 4 de
junio de 1903. En su proceso fray Gregorio dijo que Vidal traía trescientos
hombres. Manuel Puga y Acal, ed., Fray Gregorio de la Concepción y su
proceso de infidencia (se citará en lo sucesivo: Fray Gregorio, proceso), p. 3.
113. Vidal sólo dice en su diario que despachó un sargento, pero el capitán
Juan Fermín de Juanicotena declaró que fue el sargento José María Martínez.
"Sumaria Vidal de Lorca."
114. Con Vidal sólo iban tres oficiales europeos y parece que éstos eran los
capitanes Juan Fermín de Juanicotena y Juan María Mazoleni y el subtenien-
te Ramón de Echávarri. El subdelegado de Guadalcázar se llamaba Bernardo
de Irigoyena, pero había dejado como interino a Juan de Bollar. Juan de
Bollar el intendente corregidor de esta provincia, Guadalcázar, 10 de no-

244
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS IV y V

viembre de 1810, AGENL-RM, 1810.


115. Según testigos, el voto de algunos oficiales fue de ir a atacar a los
enemigos, pero Vidal se molestó y dijo que "no quería exponer las armas
del rey a que fueran pisoteadas del enemigo." Declaración de Miguel Pare-
des, "Sumaria Vidal de Lorca."
116. José Domingo de Castañeda a Manuel de Santa María, Saltillo, 24 de
octubre de 1810, AGNL-G, 1810.1.
117. Puga y Acal, ed., Fray Gregorio, proceso, p. 3.
118. Para el relato de la expedición de Vidal de Lorca desde su salida de
Tula hasta su regreso a esa villa, se usaron como fuentes principales el
diario del propio Vidal y las declaraciones del capitán Juan Fermín de
Juanicotena y los subtenientes Ramón de Echávarri y Miguel Paredes. "Su-
maria Vidal de Lorca."

CAPITULO V

DIFICULTADES Y ALARMAS

1. Una acta levantada en junta celebrada el 29 de noviembre de 1810 dice:


"Se regresó, y en horas a esta ciudad, celebrando en la propia tarde junta
con todos sus vecinos." AMM, Actas de Cabildo, vols. 2-9 (1719-1822),
CD-ITESM.
2.Juan Ignacio Ramón a Manuel de Santa María, Monterrey, 15 de noviem-
bre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
3. José Valera a Manuel de Santa María, Monterrey, 17 de noviembre de
1810, ibid.
4. Melchor Núñez" de Esquivel a Manuel de Santa María, Monterrey, 17 de
noviembre de 1810, ibid.
5. Andrés de Imaz y Altolaguirre, Domingo de Ugarte y Mariano Joseph
Monzón al Muy Ilustre Ayuntamiento de Monterrey, 17 de noviembre de
1810, ibid.
6. Sobre el complicado asunto de la Real Hacienda ver, Real Ordenanza
para el establecimiento e instrucción de intendentes de ejército y provincia
en el reino de la Nueva España.
7. José León Lobo Guerrero al Muy Ilustre Ayuntamiento de la ciudad de
Monterrey, 22 de noviembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
8. Cordero a Manuel de Santa María, Saltillo, 19 de noviembre de 1810,
ibid.
9. Antonio Cordero al señor gobernador de Monterrey, Saltillo, 17 de

245
NOTAS DEL CAPITULO V
noviembre de 1810, ibid.
10. Cordero a Manuel de Santa María, Saltillo, 17 de noviembre de 1810, ibid.
11. Santa María a Antonio Cordero, Monterrey, 18 de noviembre de 1810,
ibid.
12. Manuel de Santa María a Pedro Herrera, Monterrey, 17 de noviembre
de 1810, AGN-H, vol. 958.
13. Pedro Herrera a Manuel de Santa María, Aguanueva, 21 de noviembre
de 1810, ibid.
14. En carta que don Juan Ignacio Ramón le escribió al gobernador Santa
María le dice: "el cantón o campamento de Aguanueva dista lo menos de
este puesto cuarenta y tantas leguas, en lugar de las diez y seis que a usted
dieron parte había." Juan Ignacio Ramón a Manuel de Santa María, Santa
Ana de Pablillo, 27 de diciembre de 1810, AGENEL-G, 1810-1821.
15. Don Pedro José Borrego era originario de San Juan del Río, Durango y
residía desde hacía muchos años en el valle del Pilón. El 28 de julio de 1794
contrajo matrimonio en Pesquería Grande con María Gertrudis García,
homónima de la primera esposa de Ignacio Elizondo. Archivo Parroquial de
villa de García, Matrimonios, vols. 1-2 (1780-1809), CD-ITESM.
16. Pedro José Borrego a Domingo Narciso de Allende, Pilón, 17 de no-
viembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
17. [Santa María] al Muy Ilustre Venerable Señor Deán y Cabildo del
Nuevo Reino de León, Monterrey, 19 de noviembre de 1810, ibid.
18. Andrés de Mendiola a Manuel de Santa María, real de Vallecillo, 17 de
noviembre de 1810, ibid. Don José Andrés Mendiola era capitán de la lia
Compañía de Dragones Provinciales, la correspondiente a Vallecillo y había
estado de guarnición en Texas. "Dragones Provinciales;" "Catalogo de Nue-
vo León."
19. José Manuel Flores a Manuel de Santa María, Boca de Leones, 18 de
noviembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
20. Juan de Castañeda a Manuel de Santa María, Punta de Lampazos, 18 de
noviembre de 1810, ibid.
21. Joseph Domingo Ballesteros a Manuel de Santa María, Linares, 19 de
noviembre de 1810; Francisco Javier Valdez y otros a José Domingo Balles-
teros, Linares, 19 de noviembre de 1810, ibid. Don José Domingo Balleste-
ros era el capitán de la Quinta Compañía de Dragones Provinciales corres-
pondiente a Linares. Ballesteros había estado de guarnición en Texas y
residía en el valle del Pilón. "Dragones Provinciales;" "Catálogo de nuevo
León."
22. Salcedo a Manuel de Santa María, Béjar, 21 de noviembre de 1810,
AGENL-G, 1810.1.

246
NOTAS DEL CAPITULO V

23. Mauricio Tijerina a Manuel de Santa María, Cadereyta, 18 de noviem-


bre de 1810; Manuel Pérez de la Carda a Manuel de Santa María, Caderey-
ta, 18 de noviembre de 1810, ibid.
24. Santa María a Manuel Pérez de la Carda, Monterrey, 24 de noviembre
de 1810, ibid.
25. Exhortación de Pérez de la Carda, Cadereyta, 16 de noviembre de 1810,
ibid.
26. Dionisio Zamora al muy ilustre señor gobernador, Tlaxcala de Boca de
Leones, 20 de noviembre de 1810, ibid.
27. José Tomás Berlanga a "Manuel de Santa María, Labradores, 21 de
noviembre de 1810 (hay dos oficios de la misma fecha), ibid.
28. Acta de junta, Monterrey, 26 de noviembre de 1810, ibid.
29. Acta de otra junta, Monterrey, 26 de noviembre de 1810, ibid.
30. Santa María al administrador e interventor de tabacos, Monterrey, 27
de noviembre de 1810, ibid.
31. Melchor Núñez de Esquivel y José Antonio de Múgica a Manuel de
Santa María, Monterrey, 28 de noviembre de 1810, ibid.
32. Real Ordenanza... de intendentes.
33. Manuel de Santa María al administrador e interventor de la renta de
tabacos, Monterrey, lo. de diciembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
34. Acta de la Junta, Monterrey, 29 de noviembre de 1810, AMM, Actas de
Cabildo, vols. 2-9 (1719-1822), CD-ITESM; Andrés de Imaz y Altoloagui-
rre, José Vivero y Pedro de Hombre a Manuel de Santa María, Monterrey,
29 de noviembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
35. Manuel de Santa María al administrador e interventor de la renta de
tabacos, Monterrey, lo. de diciembre de 1810, ibid.
36. [Santa María] al [virrey], Monterrey, 4 de diciembre de 1810, ibid.
37. Ibid.
38. José María Liceaga, Adiciones y rectificaciones a la historia de México
por don Lucas Alamán, I, 199-200.
39. Datos relativos a don Domingo Narciso de Allende. Israel Cavazos
Garza, "Un Allende Realista." El Norte, febrero de 1971; "Queja promovida
por don José Ignacio de la Garza contra el teniente subdelegado don
Domingo Allende sobre vejaciones y conducta." AMM, Causas Criminales,
vol. 42, exp. 729 (1810); "Juicio sobre herencia de don Domingo Narciso de
Allende", AMM, Ramo Civil, vol. 198, exp. 7.
40. Pedro de Berrio a [Santa María], Pilón, 10 de junio de 1810, AMM,
Causas Criminales, vol. 42, exp. 729 (1810).
41. Domingo Narciso de Allende a [Santa María] valle de la Mota, 6 de
octubre de 1810, AGENL-G, 1810-1821.

247
NOTAS DEL CAPITULO V

42. [Santa María] al [virrey], Monterrey, 4 de diciembre de 1810, AGENL-


G, 1810.1.
43. "Juicio sobre herencia de don Domingo Narciso de Allende," AMM,
Ramo Civil, vol. 198, exp. 7.
44. En oficio de 10 de enero de 1811 Santa María dice que el virrey ha
aprobado sus operaciones en oficio de 25 del anterior diciembre. [Santa
María] a [Mariano Várela], Pilón, 10 de enero de 1810, AGENL-G, 1810.1.
45. "Diario de Herrera." Don Pedro dice en oficio a Calleja que las muías
se las ofrecieron en la hacienda de Cedros. Pedro de Herrera al señor
comandante general del Ejército de Operaciones Contra los Insurgentes,
Jalapa, 13 de marzo de 1811, AGN-OG, vol. 204.
46. "Diario de Herrera;" Pedro Herrera a Antonio Cordero, Campamento
de Aguanueva, 7 de diciembre de 1810, AGN-OG, vol. 958.
47. Pedro de Herrera a Manuel de Santa María, Campamento de Aguanue-
va, 3 de diciembre de 1810 (hay una carta y un oficio de esta fecha),
AGENL-G, 1810.1.
48. Manuel de Santa María a Pedro de Herrera, Monterrey, 7 de diciembre
de 1810, ibid.
49. Jusepe de Aysa a Manuel de Santa María, Saltillo, 26 de noviembre de
1810, ibid.
50. José María de Aysa a Manuel de Santa María, Saltillo, 4 de diciembre
de 1810, ibid.
51. Cordero a Manuel Santa María, Campamento de Aguanueva, 4 de
diciembre de 1810, ibid. Esta acción de guerra y toma de Fresnillo por los
realistas no la menciona ningún historiador. Sin embargo, queda confirma-
da por varios documentos existentes en el Archivo General del Estado de
Nuevo León. Jusepe de Aysa dice que esta batalla fue el 28 de noviembre,
pero parece estar equivocado, pues ese día es probable haya sido la entrada
a Fresnillo y la batalla fue unos días antes. Menciona que la acción la inició
el cadete Anselmo Pereyra, hijo del capitán Francisco Pereyra de Saltillo.
José María de Aysa a Manuel de Santa María, Saltillo, 4 de diciembre de
1810, ibid. Es más explícita una carta que no tiene remitente ni destinatario,
fechada en Fresnillo el 28 de noviembre. Esta fue escrita por un español que
logró escapar, probablemente de Zacatecas, y unirse al ejército realista en
Sombrerete. Dice que la acción contra los insurgentes fue el 17 de noviem-
bre y el ejército realista estaba integrado por 300 hombres y el insurgente
por 500 infantes y 180 de caballería. También menciona que el cadete
Pereyra rompió el fuego con tres soldados de su mando. Parece que los
realistas entraron a Fresnillo el día 28 de noviembre, pero ya con el ejército
aumentado, pues refiere el mismo informante: "Se nos ha reunido Larra-

248
NOTAS DEL CAPITULO V

mendi con 300 rancheros bien armados, 50 veteranos y 150 indios flecheros.
Nuestra fuerza total es de 1,014 caballos y 200 infantes." Cuenta asimismo,
que en la batalla de Fresnillo mataron 17 insurgentes. Fresnillo, 28 de
noviembre de 1810, AGENL-RM, 1810. Todo esto es confirmado por la
Carta que el insurgente Justo Rufino Campero escribió a Iriarte, en la cual
dice de los realistas: "Estos traen consigo 1,200 hombres entre soldados
veteranos de Tierra Adentro, todos fusileros, indios comanches y gileños y
rancheros de las haciendas de estas inmediaciones. Han venido al Fresnillo,
reconquistaron aquel real y agregaron el partido a la provincia de Duran-
go." Justo Rufino Campero a José Rafael Iriarte, hacienda de Bañón, 12 de
diciembre de 1810, AGENL-G, 1810.1. También Mariano Suárez escribía a
Iriarte: "Prosigo, pues, hasta acercarme a los lugares rebeldes de Fresnillo,
Sombrerete y Durango, donde está acantonado el resto de los europeos de
aquel rumbo." Mariano Suárez a Rafael Iriarte, Tlaltenango, 8 de diciembre
de 1810, AGENL-RM, 1810. José María de Arrieta decía igualmente a
Iriarte: "Aquel mismo día (28 de noviembre) se me avisa de positivo que el
enemigo con fuerzas respetables y de tropa veterana se hallaba en el Fresni-
llo. " José María de Arrieta a José Rafael Iriarte, Zacatecas, 11 de diciembre
de 1810, ibid.
52. Pedro Herrera a Antonio Cordero, Campamento de Aguanueva, 9 de
diciembre de 1810; Antonio Cordero a Pedro Herrera, Campamento de
Aguanueva, 10 de diciembre de 1810, AGN-OG, vol. 958.
53. Jusepe a Manuel de Santa María, Saltillo, 10 de diciembre de 1810,
AGENL-G, 1810.1.
54. "Diario de Herrera." En carta que don Pedro de Herrera escribió a
Calleja posteriormente dice que la salida se había fijado para el día 12, pero
que el día 11 se recibió el oficio de Calleja. Pedro de Herrera el señor
comandante general del Ejército de Operaciones Contra los Insurgentes,
Jalapa, 13 de marzo de 1811, AGN-OG, vol. 204.
55. "Diario de Herrera," Antonio Cordero a Pedro Herrera, Campamento
de Aguanueva, 12 de diciembre de 1810, AGN-OG, vol. 958.
56. Juan Vicente de Arce a Manuel de Iturbe, hacienda del Pozo de Acuña,
15 de octubre de 1810, AGENL-G, 1810-1821.
57. Manuel de San Ginés a Joaquín Vidal de Lorca, hacienda del Pozo, 30
de noviembre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13. Fray Gregorio de la
Concepción dijo en su proceso, que estando en la hacienda de El Pozo, "el
citado padre fray Manuel de San Ginés llegó mandado por el señor Calleja
a recoger las tropas de Monterrey y colonias de Nuevo Santender, lo que
no pudo verificar por haberse acercado a la hacienda del Pozo un hombre
que llevó noticias (de) que se acercaban los insurgentes de Rio Verde."

249
NOTAS DEL CAPITULO V

Puga y Acal, ed., Fray Gregorio, proceso, p. 17.


58. Manuel de San Ginés a Joaquín Vidal de Lorca, sin fecha ni lugar,
AGN-I, vol. 11, exp. 13.
59. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Tula, 2 de diciem-
bre de 1810, ibid.
60. Manuel de Iturbe e Iraeta a Joaquín Vidal de Lorca, San Carlos, 5 de
diciembre de 1810; Manuel de Iturbe e Iraeta a Joaquín Vidal de Lorca,
Padilla, 5 de diciembre de 1810, ibid.
61. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Tula, 6 de diciem-
bre de 1810, ibid.
62T. [Vidal de Lorca] a Manuel de Iturbe e Iraeta, Tula, 10 de diciembre de
1810, ibid.
63. El oficio del día 12 no se ha podido localizar, pero su contenido se ha
reconstruido por otro oficio de Vidal del día 14 y la contestación de Iturbe
de la misma fecha. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta,
Tula, 14 de diciembre de 1810; Manuel de Iturbe e Iraeta a Joaquín Vidal de
Lorca, Aguayo, 14 de diciembre de 1810, ibid.
64. Declaración de Antonio Rodríguez', "Sumaria Vidal de Lorca." El capi-
tán Juan Quintero da una versión ligeramente distinta, pues dice que Iturbe
exclamó:"/Somos perdidos, cada uno asegúrese por donde pueda!" Declara-
ción de Juan Quintero, ibid.
65. Ibid.
66. Manuel de Iturbe e Iraeta a Joaquín Vidal de Lorca, Aguayo, 14 de
diciembre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
67. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Tula 16 de diciem-
bre de 1810, ibid. El alférez Miguel Paredes declaró: "Estando en Tula la
división, llegó el alférez de caballería don Antonio Fernández, como a la
media noche de uno de aquellos días y se dirigió a la recámara donde
estaba el capitán Vidal y estuvo hablando con él."
Declaración de Miguel Paredes, "Sumaria Vidal de Lorca."
68. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Tula, 14 de
diciembre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
69. Declaración de Viviano Núñez, "Sumaria Vidal de Lorca."
70. Fray Gregorio de la Concepción menciona a un teniente "Farías" que
andaba con los insurgentes y siempre junto con Juan José Treviño, quien
había encabezado a los desertores de Nuevo Santander. "Memorias de fray
Gregorio," El Tiempo, 4 y 5 de junio de 1803. Hay también una carta
dirigida a un teniente insurgente Viviano Núñez. Isidoro Barreda a Viviano
Núñez, Hoyos, 8 de marzo de 1811, AGENL-G, 1811.

250
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS V y VI

71. Dice el oficio que estos soldados eran "de la compañía de Mier o
Camargo," pero como el piquete de Camargo no había llegado cuando
salieron las tropas de Nuevo Santander, es de suponerse eran de Mier. José
Manuel Gómez de Castro a manuel de Santa María, valle de la Mota, 30 de
noviembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
72. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Tula, 14 de
diciembre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
73. Ibid.
74. En su oficio del día 15 Vidal sólo dice: "el adjunto oficio y los dos
papeles sin firma," pero en otro oficio del día 18 aclara: "Los papeles
sediciosos que acompañé a vuestra merced con oficio del 15." Joaquín Vidal
de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Tula, 18 de diciembre de 1810,
AGN-I, vol. 11, exp. 13.
75. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Tula, 15 de
diciembre de 1810, ibid.
76. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Tula, 16 de
diciembre de 1810, ibid.
77. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Tula, 14 de
diciembre de 1810, ibid.
78. Manuel de Iturbe e Iraeta a Joaquín Vidal de Lorca, Aguayo, 16 de
diciembre de 1810, ibid.

CAPITULO VI

LOS INSURGENTES

1. Declaración de fray José Eugenio de la Penilla, convento de Santo


Domingo de México, 11 de febrero de 1811, Biblioteca Cervantina del
ITESM, Manuscritos Colección Conway, p. 113.
2. Declaración de José Antonio Rojano, "Sumaria Vidal de Lorca." Ignacio
Perca declaró que Marín entró a Río Verde el 6 u 8 de noviembre y José
Vicente Rojano dice fue a mediados de noviembre; sin embargo el 2 de
noviembre parece ser la fecha más probable. Declaraciones de Ignacio Perca
y José Vicente Rojano, ibid.
3. Jacobo María Santos a Antonio de Elorza, Venado, 6 de noviembre de
1810, AGN-OG, vol. 958.
4. Acta de la junta, San Felipe, 26 de noviembre de 1810, AGENL-G,
1810.1.
5. Alamán, Historia, II, apéndice, 64; Fray Gregorio de la Concepción dice

251
NOTAS DEL CAPITULO VI
en sus memorias: "Luego que el señor Allende perdió a Guanajuato hizo
varios generales, mandándoles por distintos rumbos; a Jiménez lo mandó a
Saltillo." "Memorias de fray Gregorio." El Tiempo. 3 de junio de 1903; don
Juan Aldama dijo en Chihuahua: "Que por sí no ha dado comisión ninguna
a nadie, pero sí ha concurrido a firmar, por mando de Allende, la que se
dio a don José Mariano Jiménez para levantar ejército en la provincia de
San Luis Potosí y conquistar las Provincias Internas.' "Declaración de don
Juan Aldama," en vol. I de Colección de Documentos para la historia de la
Guerra de Independencia de México de 1808 a 1821. ed. por J. E. Hernán-
dez y Davales, p. 69.
6. Resolución a la petición de Miguel Aparicio Pérez, Cuartel General
Subalterno de San Luis Potosí, 3 de diciembre de 1810, AGENL-RM, 1810.
7. José Mariano Jiménez al señor intendente, corregidor, brigadier y coman-
dante de las armas de San Luis Potosí, San Sebastián del Venado, 6 de
diciembre de 1810, ibid.
8. Fray Gregorio de la Concepción declaró: "Que sólo sabe dejaron de
intendente a don Miguel Flores contra su voluntad, pues lo pusieron en la
cárcel y la necesidad lo obligó a recibirlo." Puga y Acal, Fray Gregorio,
proceso, p. 18.
9. Miguel Flores a José Rafael de Iriarte, San Luis Potosí, 19 de diciembre
de 1810, AGENL-RM, 1810.
10. José Mariano Jiménez a Ignacio Allende, Charcas, 8 de diciembre de
1810, en vol. II de Colección de Documentos, ed. Hernández y Dávalos, p.
267.
11. Una carta que sólo está firmada Ramón dirigida a Juan Manuel Torres,
Sandia el Grande, 16 de diciembre de 1810; José Trinidad Torres a Ignacio
Ramón, Albarcones, 18 de diciembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
12. Juan Antonio de Soldevilla a Manuel de Santa María, Matéhuala, 2 de
febrero de 1810, AGENL-G, 1810-1821.
13. Ramón a Juan Manuel Torres, Sandia el Grande, 16 de diciembre de
1810, AGENL-G, 1810.1.
14. Fray Gregorio de la Concepción dice que estos soldados desertores se
incorporaron a los insurgentes el día 15 de diciembre, o sea, tres días después
de que huyeron de Tula. También afirma que a Treviño lo hicieron coronel y
menciona en dos ocasiones siempre junto con Treviño, a un teniente Parías,
que era como se conocía al soldado Viviano Nüñez. "Memorias de fray Grego-
rio," El Tiempo, 4 y 5 de junio de 1903; en otros documentos Treviño aparece
como teniente coronel. Licencia concedida al teniente José Cipriano Vega,
Monterrey, 21 de enero de 1811; José Cipriano Vega a Juan José Treviño, Mo-
ta, 4 de febrero de 1811, AGENL-G, 1811.

252
NOTAS DEL CAPITULO VI

15. Puga y Acal. Fray Gregorio, proceso p. 3; "Testimonio de la sumaria


formada al religioso presbítero franciscano de la provincia de San Pedro y
San Pablo de Michoacán nombrado fray Juan Salazar," en vol. I de Colec-
ción de Documentos, ed. Hernández y Davales, p. 205. (se citará en lo
sucesivo: "Sumaria de fray Juan Salazar").
16. Pedro de Herrera a Manuel de Santa María, Campamento de Aguanue-
va, 3 de diciembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
17. "Sumaria de fray Juan Salazar," p. 205.
18. José Tomás Berlanga a Manuel de Santa María, Labradores, 7 de di-
ciembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
19. Información proporcionada por un espía, por lo tanto, la carta no tiene
ni fecha ni remitente ni destinatario, ibid.; el presbítero Pérez fue después
realista. Rafael Montejano y Aguiñaga, El Clero y la Independencia en San
Luis Potosí, p. 75.
20. El nombre del cura de Matehuala era José de Jesús Huerta, ibid., p. 65.
21. "Memorias de fray Gregorio," El Tiempo, 4 de junio de 1903.
22. Puga y Acal, Fray Gregorio, proceso, p. 26.
23. Declaración de fray José Eugenio de la Penilla, México, 7 de febrero de
1811, Biblioteca Cervantina del ITESM, Manuscritos Colección Conway, p.
113.
24. Puga y Acal, Fray Gregorio, proceso, p. 4.
25. José Tomás Berlanga a Manuel de Santa María, Labradores, 7 de
diciembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
26. Declaración de José Joaquín ligarte, Durango, 3 de marzo de 1812, en
Fray Gregorio, proceso, ed. por Puga y Acal, pp. 27-28.
27. Juan Ignacio Ramón a Manuel de Santa María, valle del Pilón, 11 de
diciembre de 1810, AGENL-G, 1810-1821.
28. [Santa María] a Juan Ignacio Ramón, Monterrey, 13 de diciembre de
1810, ibid.
29. Este oficio de Calleja no se ha localizado, pero se ha reconstruido su
contenido con los siguientes oficios: Antonio Cordero a Pedro de Herrera,
Campamento de Aguanueva, 12 de diciembre de 1810, AGN-OC, vol. 958;
[Santa María] a Juan Ignacio Ramón, Monterrey, 12 de diciembre de 1810;
[Santa María] a Félix Calleja, Monterrey, 13 de diciembre de 1810, AGENL-
G, 1810.1.
30. Don José de los Santos era el capitán de la 13a. Compañía de Dragones
Provinciales del Nuevo Reino de León situada en Labradores. Había estado
de guarnición en Texas y residía en Azanza. "Dragones Provinciales;"
"Catálogo de Nuevo León."
31. [Santa María] a Juan Ignacio Ramón, Monterrey, 12 de diciembre de
1810, AGENL-G, 1810.1.
253
NOTAS DEL CAPITULO VI
32. Juan Ignacio Ramón a Manuel de Santa María, Labradores, 17 de di-
ciembre de 1810, AGENL-G, 1810-1821.
33. [Santa María] a Antonio Cordero, Monterrey, 13 de diciembre de
1810, AGENL-G, 1810.1.
34. [Santa María] a Félix Calleja, Monterrey, 13 de diciembre de 1810,
ibid.
35. Pedro de Herrera a Manuel de Santa María, Aguanueva, 19 de diciem-
bre de 1810 (hay un oficio y una carta de la misma fecha), ibid.
36. Jusepe de Aysa a Manuel de Santa María, Saltillo, 16 de diciembre de
1810, ibid.
37. "Memoria curiosa de los sangrientos sucesos acaecidos a don Juan
Villarguide y sus compañeros en poder de los insurgentes," en vol. II de
Colección de Documentos, ed. Hernández y Dávalos, pp. 913-922.
38. Jusepe de Aysa a Manuel de Santa María, Saltillo, 16 de diciembre de
1810, AGENL-G, 1810.1.
39. Pedro José Borrego a Manuel de Santa María, Pilón, 14 de diciembre de
1810, ibid.
40. [Santa María] a Pedro José Borrego, Monterrey, 15 de diciembre de
1810, ibid.
41. Manuel de Santa María al administrador e interventor de la Real Renta
de Tabacos, Monterrey, 5 de diciembre de 1810, ibid.
42. Melchor Núñez de Esquivel y José Antonio de Múgica a Manuel de
Santa María, Monterrey, 5 de diciembre de 1810, ibid.
43. [Santa María ]a Manuel Royuela, Monterrey, 23 de diciembre de 1810,
ibid.
44. Manuel Royuela a Manuel de Santa María, Monclova, 27 tíe diciembre
de 1810, ibid.
45. José María de Esnal a Manuel Pérez de la Carda, Cadereyta, 18 de
noviembre de 1810, ibid.
46. "Contra José del Carmen Llamas, vecino de San Luis Potosí, mulato, de
oficio barillero, por haber puesto unos papeles seductores a la insurrección
(Cadereyta, 19 de diciembre 1810)," AMM, Causas Criminales, vol. XLII,
exp. 731 (1810).
47. Juan Ignacio Ramón a Manuel de Santa María, Labradores, 17 de
diciembre de 1810, AGENL-G, 1810-1821.
48. Juan Ignacio Ramón a Manuel Santa María, Labradores, 18 de diciem-
bre de 1810, ibid.
49. Nicolás de Castro a Juan Ignacio Ramón, Soledad, 18 de diciembre de
1810, AGENL-G, 1810.1.
50. Carta dirigida por una persona que firma Ramón a Juan Manuel Torres,

254
NOTAS DEL CAPITULO VI

Sandia el Grande, 16 de diciembre de 1810, ibid.


51. José Trinidad Torres a Ignacio Ramón, Albarcones, 18 de diciembre de
1810, ibid.
52. Juan Ignacio Ramón a Manuel de Santa María, Labradores, 19 de
diciembre de 1810, ibid.
53. José Mariano Jiménez a Juan Ignacio Ramón, Matehuala, 25 de diciem-
bre de 1810, ibid.
54. El subdelegado de Río Blanco era Miguel Liado. Firmó el 6 de octubre la
cordillera que el gobernador envió el 30 de septiembre, ibid.
55. Juan Ignacio Ramón a Manuel de Santa María, San Antonio de Pablillo
27 de diciembre de 1810, ibid.
56. Juan Ignacio Ramón a Manuel de Santa María, Santa Ana de Pablillo,
27 de diciembre de 1810, AGENL-G, 1810-1821.
57. "Sumaria de fray Juan Salazar," p. 205.
58. José Mariano Jiménez a Juan Ignacio Ramón, Matehuala, 25 de diciem-
bre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
59. Juan Ignacio Ramón a Manuel de Santa María, San Antonio de Pablillo
27 de diciembre de 1810, ibid.
60. El 31 de diciembre de 1810 don Nicolás de Castro, administrador de la
hacienda de Soledad, dio una orden a los caporales para que le entregaran
al capitán Ramón González de Hermosillo la remuda que pidiera, AGENL-G,
1811.
61. Hay un papel de Rafael González de Hermosillo concediendo licencia al
soldado José María Reina, Río Blanco, lo. de enero de 1811, ibid.
62. "Diario de Herrera."
63. Juan Ignacio Ramón al señor comandante de la partida del ejército, valle
de Río Blanco, 4 de enero de 1811, AGENL-G, 1811.
64. Esta carta no tiene ni fecha ni remitente, pero menciona el oficio de
Ramón del 4 de enero y está dirigida a don José Mariano Jiménez, ibid.
65. Juan Ignacio Ramón a Manuel de Santa María, valle de Río Blanco, 4
de enero de 1811, ibid.
66. [Santa María] a José María Sada, Monterrey, 24 de diciembre de 1810;
José María Sada a Manuel de Santa María, Monterrey, 24 de diciembre de
1810, AGENL-G, 1810.1; en un oficio Santa María dice que Sada trae 22 hom-
bres. Manuel de Santa María a Pedro Herrera, valle del Pilón, 8 de enero
de 1811, AGN-OG, vol. 958. Don José María Sada era el comandante de la
Cuarta Compañía de Dragones Provinciales del Nuevo Reino de León,
situada en el valle del Pilón. Había estado de guarnición en Texas y ocupó
en varias ocasiones puestos en el Ayuntamiento de Monterrey. "Dragones
Provinciales;" "Catálogo de Nuevo León;" Cavazos Garza, El Muy Ilustre

255
18
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS VI Y VU
Ayuntamiento, pp. 79 y 81.
67. Cordillera de Santa María a los subdelegados, Monterrey, 2 de enero de
1811; cordillera a los subdelegados firmada por Bernardo Ussel y Guimbar-
da y Vicente Vedia y Pinto, Monterrey, 7 de enero de 1811, en Lecciones
Orales de Historia de Nuevo León, ed. por José Eleuterio González, pp.
130-132. El número de hombres con que salió Santa María se ha estimado
por lo que dice en un oficio: "Las pocas (tropas) que me acompañan y que
no llegan a 200 hombres, incluso los 22 que al mando de Sada ocupan el
punto de la boca de Santa Rosa." Manuel de Santa María a Pedro Herrera,
valle del Pilón, 8 de enero de 1811, AGN-OG, vol. 958.
68. Ibid.

CAPITULO VII

TODO SE DERRUMBA

1. "Diario de Herrera;" Don Pedro de Herrera le dice a Santa María, que la


orden del comandante general se recibió el día 23. P. Herrera a Manuel de
Santa María, Aguanueva, 24 de diciembre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
2. Pike, Thejoumals, I, 424.
3. Rancho de San Luis Potosí situado en los límites con Nuevo León y a
unos 20 kilómetros de Cedral.
4. "Diario de Herrera;" Pedro Herrera a Manuel de Santa María, Campa-
mento en la hacienda del Potosí, 6 de enero de 1811, AGN-OG, vol. 958.
5. El historiador Vito Alessio Robles, quien dispuso del archivo del ministro
tesorero Royuela dice que según las "buenascuentas" del tesorero Royuela,
había 700 hombres en Aguanueva, pero no menciona las tropas que salieron
a las órdenes de Várela, pues sobre esta expedición no hace mención ningún
historiador. Alessio Robles, Coahuila y Texas en la Época Colonial, p.
733n. El 3 de diciembre don Pedro de Herrera le dice a Santa María que se
va a marchar con sus tropas, pues el señor Cordero ya está encabezando el
campamento el cual cuenta "con más de mil hombres." P. Herrera a Manuel
de Santa María, Campamento de Aguanueva, 3 de diciembre de 1810,
AGENL-G, 1810.1. Lo más probable es que en Aguanueva hubiera unos
1,200 hombres de Coahuila y al salir 500 a las ordenes de Várela quedaron
700. Esta es la cifra que da José Francisco Rivera que estuvo en Aguanueva
con el ejército insurgente; José Francisco Rivera a José María Guillen,
Saltillo, 16 de enero de 1810, AGENL-G, 1811.
6. "Diario de Herrera"; Herrera le dice a Santa María que los hombres que

256
NOTAS DEL CAPITULO VII

iban a las órdenes de Várela eran 664, incluyendo los voluntarios europeos.
Pedro Herrera a Manuel de Santa María, Campamento en la hacienda del
Potosí, 6 de enero de 1811, AGN-OG, vol. 958.
7. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Aguayo, 28 de
diciembre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13; declaración de Miguel Paredes,
"Sumaria Vidal de Lorca."
8. Joaquín Vidal de Lorca a Manuel de Iturbe e Iraeta, Aguayo, 31 de
diciembre de 1810, AGN-I, vol. 11, exp. 13.
9. Expedición de Argel y función del 8 de julio; sitio y rendición de Mobila,
siendo comandante del medio batallón de su regimiento e hizo de capitán de
cazadores y de sargento mayor de trinchera; expedición de Panzacola y
Guárico. Archivo General de Simancas, Guerra Moderna 7275 C° 3 f. 7.
Estos datos fueron proporcionados al autor gentilmente por don Guillermo
Porras Muñoz.
10. [Santa María] a [Herrera], Monterrey, 21 de diciembre de[1810],
AGENL-G, 1810.1.
11. Iturbe escribe desde Croix el 28 de diciembre. Manuel de Iturbe e Iraeta
a Manuel de Santa María, Croix, 28 de diciembre de 1810, ibid.
12. El 30 de noviembre .fray José Antonio Iriarte le decía a José Rafael
Iriarte sobre el ejército realista que entró a Fresnillo: "Pero en fin hoy me ha
consolado sabiendo que el ejército eran sólo 1,016 hombres con tres cañones
de artillería, que del Fresnillo regresaron ya a Sombrerete, habiendo hecho
muy poco daño." José Antonio Iriarte a José Rafael Iriarte, Colegio de
Nuestra Señora de Guadalupe, 30 de noviembre de 1810, AGENL-G,
1810-1821.
13. Calleja a Pedro de Oterrena, Campo de la Pila, 20 de octubre de 1810,
AGENL-G, 1810.1.
14. "Diario de Herrera."
15. Pedro de Herrera a Manuel de Santa María, Aguanueva, 24 de diciem-
bre de 1810 (hay un oficio y una carta de la misma fecha), AGENL-G,
1810.1.
16. Antonio Cordero a Manuel de Santa María, Campamento de Aguanue-
va, 25 de diciembre de 1810, ibid.
17. La costumbre de usar sólo uno de los apellidos de personas que tienen
apellido doble hace incierta la identificación, pero es casi seguro que se trata
de Macario Vázquez Borrego.
18. Su nombre completo era Rafael González de Hermosillo.
19. Don Pedro de Herrera dice que toda la partida estaba compuesta por
desertores de Nuevo Santander. Pedro de Herrera a Manuel de Santa
María, Campamento en la hacienda del Potosí, 6 de enero de 1811, AGN-OG,

257
NOTAS DEL CAPITULO Vil
vol. 958. Fray Gregorio dice, con su exageración acostumbrada, que las tropas
de Cordero les tomaron una descubierta de 90 hombres. "Memorias de fray
Gregorio," El Tiempo, 4 de junjo de 1903.
20. Pedro Herrera a Manuel de Santa María, Campamento en la hacienda del
Potosí, 6 de enero de 1811, AGN-OG, vol. 958; "Diario de Herrera."
21. Timoteo Montañez era el teniente de la 13a. Compañía de Dragones
Provinciales del Nuevo Reino de León, situada en Labradores. "Catálogo de
Nuevo León."
22. Don Pedro de Herrera dice que Cevallos era capitán de las milicias de Santa
Rosa. "Diario de Herrera;" en una declaración que Cevallos hizo posterior-
mente dijo ser de las milicias de Río Grande. Declaración de Félix Rafael de
Cevallos, en Fray Gregorio, proceso, ed. por Puga y Acal, pp. 30-31.
23. José Antonio Leal era alférez de la Quinta Compañía de Dragones
Provinciales del Nuevo Reino de León, situada en Linares. Vivía en Cadereyta
y había estado de guarnición en Texas. "Dragones Provinciales."
24. José Mariano Jiménez a Mariano Várela, Campamento General de
Aguanueva, 8 de enero de 1811, AGN-OG, vol. 958.
25. José Mariano Jiménez a María (sic) Leal, Campamento General de
Aguanueva, 8 de enero de" 1811, ibid.
26. Toda la descripción de la expedición de Várela desde la salida de Saltillo,
cuando no se indican otras fuentes, está tomada del "Diario de Herrera."
27. José María Zamora a José María Guillen, Saltillo, 16 de enero de 1811,
AGENL-G, 1811.
28. "Sumaria de fray Juan Salazar," pp. 203 y 205.
29. José Francisco Rivera a José María Guillen, Saltillo, 16 de enero de 1811;
José María Zamora afirma que el ejército insurgente estaba compuesto por
10,000 hombres con 15 cañones y que capturaron otros 6 cañones. José María
Zamora a José María Guillen, Saltillo, 16 de enero de 1811, AGENL-G, 1811;
fray Gregorio de la Concepción declaró que Jiménez tenía de seis a siete mil
hombres. Puga y Acal, Fray Gregorio, proceso, p. 4.
30. José María Zamora a José María Guillen, Saltillo, 16 de enero de 1811,
AGENL-G, 1811.
31. José María Zamora dice que los insurgentes entraron a Saltillo el día 8 de
enero. Ibid; fray Gregorio de la Concepción afirma: "Al otro día (de la
defección de Aguanueva) entramos al Saltillo." "Memorias de fray Gregorio,"
El Tiempo, 5 de junio de 1903; Jiménez señala que Cordero fue capturado por
"un destacamento de veteranos" despachados por él para seguirlo y esto
sucedió en la tarde del mismo día que los insurgentes entraron a Saltillo.
Jiménez a los señores coronel, teniente coronel, subdelegado, cura, alcaldes y
demás vecinos del valle de Matehuala, Cuartel General de Aguanueva, 7 de

258
NOTAS DEL CAPITULO VII

enero de 1811 y una posdata, Saltillo, 3 (sic) de enero de 1811, en vol. II de


Colección de Documentos, ed. por Hernández y Davales, pp. 332-334; esta
doble carta de Jiménez es muy importante para todos los acontecimientos
relacionados con la defección de Aguanueva y la entrada de los insurgentes a
Saltillo. José Francisco Rivera confirma que Jiménez dejó libres a los españoles.
José Francisco Rivera a José María Guillen, Saltillo, 16 de enero de 1811,
AGENL-G, 1811. Sobre la defección de las tropas de Cordero se han
perpetuado una serie de errores debidos a los historiadores que primero
escribieron sobre este asunto. Don Carlos María Bustamante dice en una parte
de su Historia: "Nada se ve impreso que diga relación a las dos memorables
batallas del puerto del Carnero y de Aguanueva junto al Saltillo; la primera
dada al teniente coronel don Manuel Ochoa y la segunda a don Antonio
Cordero por el enunciado general don Mariano Jiménez... Tres días después de
la batalla de Calderón, Ochoa presentó batalla a Jiménez en dicho puerto del
Carnero; empeñóse la acción con denuedo extraordinario, pero flanqueado
Ochoa por las acertadas evoluciones de Jiménez, tomó la fuga y quedó el
campar por Jiménez. Cordero hizo otro tanto en Aguanueva, pero fue muy
largo batido y entregado prisionero ignominiosamente por sus mismos solda-
dos. " De esta redacción tan confusa se saca por conclusión que la batalla del
puerto de Carneros fue el 20 de enero y primero que la de Aguanueva. Pero
en otra parte de su obra en donde enumera las principales batallas de la Guerra
de Independencia, Bustamante dice: "Acciones dadas en Aguanueva y puerto
del Camero a los comandantes Ochoa y Cordero, cerca del Saltillo, el 28 de
enero de 1811." Bustamante, Cuadro Histórico, I, 155 y II, 744. Don Lucas
Alamán afirma que en Aguanueva no hubo batalla, pues las tropas de Cordero
se pasaron a los insurgentes, pero dice que este incidente fue el 6 de enero. Hace
también referencia a la batalla del puerto de Carneros, no obstante, aclara en
una nota que el único que la menciona es Bustamante. Alamán, Historia, II,
97n. Alessio Robles da la fecha correcta del incidente de Aguanueva y dice,
probablemente siguiendo a Bustamante, que Jiménez batió al teniente coronel
Manuel Ochoa en el puerto de Carneros el 20 de enero de 1811. Alessio Robles,
Coahuila y Texas en la Época Colonial, pp. 633-634. La verdad parece ser que
no hubo tal batalla del puerto de Carneros. Bustamante probablemente sufrió
una confusión y ésta la han recogido otros historiadores. Esta confusión es
probable tenga el siguiente origen: aunque el campamento de Cordero estaba
en Aguanueva, éste se situó para dar la batalla a los insurgentes en el puerto de
Carneros, que está un poco más al sur. Por otro lado, a mediados de febrero,
probablemente el día 13, hubo una escaramuza de los insurgentes con una
avanzada de las tropas de la Nueva Vizcaya al mando de Melgares. Este estaba
en Parras y la avanzada la mandaba el alférez Gaspar de Ochoa, a quien es

259
NOTAS DEL CAPITULO VII

posible se haya confundido con el teniente coronel don José Manuel de


Ochoa. Facundo Melgares a Bernardo Bonavía, Cuartel General de San
Lorenzo, 14 de febrero de 1811, Gaceta del Gobierno de México, 5 de
diciembre de 1811; José Mariano Jiménez a Mariano Exiquio Acevedo, Saltillo,
25 de febrero de 1811; AGENL-G, 1811.
32. "Sumaria de Fray Juan Salazar," p. 225.
33. José María Zamora a José María Guillen, Saltillo, 16 de enero de 1811;
AGENL-G> 1811.
34. "Diario de Herrera."
35. Mariano Várela a Manuel Santa María, Valle de Labradores, 9 de enero de
1811, AGENL-G, 1810.1.
36. "Diario de Herrera."
37. Manuel de Santa María a Pedro de Herrera, Valle del Pilón, 8 de enero de
1811 (hay un oficio y una carta de esta fecha), AGN-OG, vol. 958.
38. El oficio de Santa María del día 9 no se ha localizado, pero en el del día
siguiente vuelve a repetir lo que decía en el primero. [Santa María] a
[Várela], Pilón, 10 de enero de 1811, AGENL-G, 1810.1.
39. Se trata del pueblo que ahora lleva el nombre de Rayones y que en otro
tiempo fue conocido por los Barriales de San' Miguel del Tasajal o San
Miguel de Casillas. Timoteo L. Hernández, Relación histórica sobre el
origen de las cabeceras municipales del estado de Nuevo León, p. 51.
40. En un escrito que el padre Gutiérrez de Lara preparó el año de 1813
cuando andaba buscando el indulto, negó que hubiera publicado esta pro-
clama. "Recurso de Fuerza...," en Documentos históricos de Nuevo León,
Segunda Serie, 1812-1821, ed. por Carlos Pérez-Maldonado, pp. 59-89.
41. Simón de Herrera hijo, era hijo del militar del mismo nombre, quien
había sido gobernador del Nuevo Reino de León y estaba de comandante
de las tropas auxiliares de Texas. Este joven era teniente del Regimiento de San
Luis y el 17 de octubre fue nombrado ayudante del de San Carlos, pero
desde hacía tiempo estaba en Texas ejerciendo las funciones de ayudante de
su padre. Al tener noticias de la insurrección trató de incorporarse a su
regimiento y el 31 de octubre abandonó Béjar acompañado por un cabo y
un soldado, llegando a Saltillo el 17 de noviembre, en donde lo detuvo don
Antonio Cordero por estar interrumpidos los caminos. Ejerció las funciones
de Ayudante de Cordero hasta el 24 de diciembre en que se incorporó a las
tropas de su tío don Pedro de Herrera, desempeñando en éstas el mismo
puesto. Simón de Herrera a Félix Calleja, Béjar, 7 de noviembre de 1810,
AGN-OG, vol. 986; Simón de Herrera hijo a Félix Calleja, México, 30 de
mayo de 1811, AGN-OG, vol. 204.
42. Todo el relato desde la salida de Labradores, incluyendo la proclama del

260
NOTAS DEL CAPITULO VII

padre Gutiérrez de Lara que se encuentra anexa, es del "Diario de Herrera."


43. Declaración del bachiller José Ignacio Báez de Benavides. Esta declara-
ción y las siguientes son de una información pedida por don Pedro José
Borrego "acerca de sus procedimientos en la insurrección", agosto de 1811,
Archivo Municipal de Montemorelos, Documentos Diversos, vol. 14 (1781-
1824), CD-ITESM.
44. Declaración de don Juan José de los Santos, ibid.
45. Declaración de don José Ignacio Báez de Benavides, ibid.
46. Declaración de don Rafael Gil de Leyva, ibid.
47. Declaración de don José Ignacio Báez de Benavides, ibid.
48. Declaración de don Rafael Gil de Leyva, ibid.
49. Declaración de don José Ignacio Báez de Benavides, ibid.
50. Declaración del bachiller José Ignacio Báez de Benavides, ibid.
51. Declaración de don José Báez de Benavides, ibid.
52. Ibid.
53. Ibid.
54. Declaración de don Rafael Gil de Leyva, ibid.
55. Declaración de don Juan José de los Santos, ibid.
56. Todo lo sucedido en el valle del Pilón hasta la llegada de los insurgentes
a Monterrey está compuesto por las declaraciones de las diversas personas
mencionadas. Los lugares donde se cita el nombre del informante se refiere
solamente a la frase que se encuentra entre comillas.
57. El pueblo que ahora lleva el nombre de Jiménez en el estado de
Tamaulipas, era conocido entonces por Santander o la villa de Cinco
Señores. Es probable que el lugar a donde llegaron don Pedro de Herrera y
sus acompañantes haya sido una hacienda próxima que llevaba el mismo
nombre.
58. Se trata indudablemente del pueblo que ahora lleva el nombre de
Tampico Alto en el estado de Veracruz.
59. Pedro de Herrera al señor comandante general del ejército de Operacio-
nes Contra los Insurgentes, Jalapa, 13 de marzo de 1811, AGN-OG, vol.
204.
60. Todo lo relativo al viaje de don Pedro de Herrera desde el valle del
Pilón hasta la ciudad de México. "Diario de Herrera."
61. Ibid.
62. José Andrés Guajardo a Manuel de Santa María, Monterrey, 16 de
enero de 1811; Instancia de José Andrés Guajardo a la Junta de Gobierno,
Monterrey, 18 de julio de 1812, AGENL-RM, 1812-1820.
63. Declaración de Martín Salvatierra, Monterrey, 17 de mayo de 1811,
AGENL-G, 1810.1; J. Eleuterio González, Colección de noticias y documen-

261
NOTAS DEL CAPITULO VII

tos para la historia del estado de N. León, pp. 218-219; David Alberto
Cossío, Historia de Nuevo León, IV, 101-102.
64. González, Colección de Noticias, pp. 159-213; Cossío, Historia, IV,
53-96.
65. Pedro José Borrego al señor presidente y vocales de la Junta Provincial,
valle del Pilón, 19 de abril de 1811, AGENL-G, 1811.
66. Exposición de José María Uranga, "Prisión de Hidalgo". (Se citará en lo
sucesivo: Exposición de José María Uranga).
67. Instancia de Royuela al rey, Saltillo, ^lo. de diciembre de 1815, en Vito
Alessio Robles, "El Tesorero Manuel Royuela y la Emboscada de Bajan,"
Excélsior, 21 de octubre de 1937 (se citará en lo sucesivo: Instancia de
Royuela).
68. Puga y Acal, Fray Gregorio, proceso, p. 20.
69. [Tomás Flores] a Nemesio Salcedo, Monclova, 14 de septiembre de
1811, AGN-OG, vol. 986.
70. José Menchaca aparece en una lista de los oficiales de las compañías
presidíales. Gaceta de México, 25 de enero de 1800.
71. Instancia de Royuela.
72. Exposición de José María Uranga.
73. Cuando Carrasco salió para Monterrey era coronel, pero poco tiempo
después se refieren a él como brigadier. Esto no es insólito, pues entre los
insurgentes los ascensos eran muy rápidos.
74. José Francisco Rivera a José María Guillen, Saltillo, 16 de enero de
1811, AGENL-G, 1811.
75. "Memorias de fray Gregorio, El Tiempo, 5 de junio de 1903; fray
Gregorio dice que Carrasco salió de Saltillo con 200 hombres, ibid.; en
otras memorias del mismo fraile que transcribe el historiador Vito Alessio
Robles pero que el autor no ha podido consultar, dice que Carrasco llevaba
500 hombres y cuatro piezas de artillería. Vito Alessio Robles, Monterrey
en la Historia y en la Leyenda, p. 186.
76. José Francisco Rivera dice que Carrasco fue a Monterrey como embaja-
dor. José Francisco Rivera a José María Guillen, Saltillo, 16 de enero de
1811, AGENL-G, 1811.
77. Juan de Castañeda a Félix Calleja, Hacienda de Rancho Grande, 4 de
mayo de 1811, AGN-OG, vol. 186, exp. 8.
78. Sus dos memorias distintas y las declaraciones que hizo en su proceso.
79. Alessio Robles, Monterrey, p. 186.
80. "Memorias de fray Gregorio," El Tiempo, 5 de junio de 1903.
81. Puga y Acal, Fray Gregorio, proceso, p. 20.
82. González, Lecciones Orales, pp. 133-134; Israel Cavazos Garza, Nuevo

262
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS VII Y VIII

León en la Independencia, pp. 18-19.


83. Fray Juan Salazar declaró en su proceso "que supo en Monterrey que
toda la plata que se hallaba en masa en el presidio de Río Grande, había
mandado Jiménez se pusiese en la clavería de la Santa Iglesia Catedral de
Monterrey, en pago de igual cantidad que pidió (a) aquella Iglesia." "Suma-
ria de fray Juan Salazar" p. 210. "Tengo dada orden al señor brigadier don
Pedro de Arando., residente de la capital de Monclova, de que a marchas
dobles ponga en esta capital el número de barras de plata que hagan el
valor de ciento veinticinco mil pesos que vuestra señoría ilustrísima se ha
servido franquearme en numerario." José Mariano Jiménez al Deán y Cabil-
do de esta Santa Iglesia Catedral, Monterrey, 31 de enero de 1811, en
Documentos Históricos de Nuevo León, ed. por Carlos Pérez Maldonado,
p. 184.
84. Puga y Acal, Fray Gregorio, proceso, p. 14.
85. Mendirichaga y Cueva, "Apellidos de Nuevo León: Mier," pp. 271 y
285.
86. "Sumaria de fray Juan Salazar," p. 222.
87. Alessio Robles, Monterrey, p. 187.
88. "Memorias de fray Gregorio," El Tiempo, 6 de junio de 1903.
89. Fray Gregorio de la Concepción declaró que don Santiago Villarreal "a
fuerza de instancias admitió el mando." Puga y Acal, Fray Gregorio, proce-
so, p. 20.
90. Hay una cordillera de don Juan Ignacio Ramón invitando a los coman-
dantes de tropa y subdelegados para que pasen a presentarse a Jiménez. En
ella dice está autorizado por Jiménez para continuar como segundo jefe de
la provincia. González, Lecciones Orales, pp. 132-133.

CAPITULO VIII

LA REGIÓN MAS EXPUESTA

1. Nemesio Salcedo a José de Iturrigaray, Chihuahua, 5 de abril de 1806,


AGN-PI, vol. 239, exp. 15. El año de 1810 Navarro y Noriega le asignaba a
Texas 3,334 almas. Fernando Navarro y Noriega, Estado de la población del
Reino de Nueva España... En un informe que preparó, el año de 1809 el
gobernador de Texas don Manuel Salcedo, esta provincia aparece con 3,122
habitantes incluyendo 189 que vivían en Bayou Pierre al este del río Sabi-
nas, territorio que estaba en disputa con los Estados Unidos. Es probable
que no incluya en esta cifra las tropas que eran unos mil hombres. Nettie

263
NOTAS DEL CAPITULO VIH

Lee Benson, ed., "A Governor's Report on Texas in 1809," Southwestern


Historical Quarterly, LXXI, 4 (abril de 1968): 611.
2. La población que ahora se llama San Antonio era indistintamente conoci-
da en la época de la dominación española por San Fernando de Béjar, San
Antonio de Béjar o simplemente Béjar. Esto se debía a que adjunto a la villa
de San Fernando estaba el presidio de San Antonio de Béjar y la misión de
San Antonio de Valero.
3. "Instrucción de don Nemesio Salcedo."
4. Luis Navarro- García, Las Provincias Internas en el siglo XIX, pp. 30-33;
Castañeda, Our Catholic Heritage, V, 253.
5. Faulk, The Last Years, p. 40. Por provenir esta compañía de la población
conocida como Álamo de Parras (hoy Viesca, Coah.), con el tiempo la
misión de San Antonio de Valero fue popularmente conocida como "El
Álamo."
6. pabius Dunn, "The Administration of don Antonio Cordero, Governor
of Texas, 1805-1808," p. 31. Cordero tomó posesión del gobierno de Texas
el 10 de septiembre de 1805. Antonio Cordero a Nemesio Salcedo, Presidio
de Río Grande, 23 de abril de 1810, AGN-PI, vol. 189, exp. 3.
7. Don Juan Ignacio Ramón dice que salió de Lampazos para Texas el 17 de
agosto de 1805. Declaración de Juan Ignacio Ramón ante don Cristóbal
Domínguez, Lampazos, 23 de marzo de 1810, AGN-IG, vol. 201-A.
8. Dunn, "Administration of don Antonio Cordero," p. 50.
9. "Catálogo de Nuevo León."
10. Castañeda, Our Catholic Heritage, V, 262.
11. Don Pedro de Herrera dice que estuvo interinamente en el gobierno del
Nuevo Reino de León, desde el 14 de mayo de 1806 hasta el 25 de abril de
1810. Extracto, AGN-PI, vol. 240.
12. Dunn, "Administration of don Antonio Cordero," p. 110.
13. Castañeda, Our Catholic Heritage, V, 262.
14. Dunn, "Administration of don Antonio Cordero", p. 13. Navarro Gar-
cía dice que el acuerdo entre Wilkinson y Herrera se firmó en el campamen-
to del primero el 5 de noviembre. Navarro García, Las Provincias Internas,
p. 39.
15. Según Pike, Herrera le dijo: "Fue el período más triste de mi vida,
consciente de haber servido a mi país fielmente pero al mismo tiempo había
violado todos los principios del deber militar." Pike, The Journals, I, 442.
Don Nemesio Salcedo dice sobre este asunto: "Las pocas tropas que tenía-
mos en aquella provincia (Texas), escasas de víveres, tocadas de enfermedad
epidémica y atrasadas sus cabalgaduras, avanzaron hasta la frontera, en
cuya situación los jefes de ella acordaron con dicho general americano

264
NOTAS DEL CAPITULO VIII

(Wilkinson) un status quo en los terrenos que se cuestionaban, esto es, que
todos los que se comprenden entre los dos puntos de la orilla oriental del
Sabinas y el Arroyo Hondo, quedasen en el propio despueble en que se
hallaban, hasta la final declaración de los respectivos altos gobiernos. De
que me informaron y aprobé' con retardación, dando de todo cuenta muy
circunstanciada a la corte." "Instrucción de don Nemesio Salcedo."
16. Declaración de Juan Ignacio Ramón ante don Cristóbal Domínguez,
Lampazos, 23 de mayo de 1810, AGN-IG, vol. 201-A.
17. El año de 1805 el comandante general pidió al virrey: 600 hombres de
caballería, algunos oficiales de ingenieros y otros de artillería, varios artille-
ros y algunos cañones volantes. Nemesio Salcedo a José de Iturrigaray,
Chihuahua, 23 de diciembre de 1805, AGN-PI, vol. 239, exp. 21.
18. Carlos de Urrutia a Félix Calleja, México, 3 de marzo de 1810; Félix
Calleja a José Ruiz de Aguirre, San Luis Potosí, 10 de marzo de 1810, .
AGENL-G, 1810.1. -
19. Josef Ruiz de Aguirre al gobernador interino del Nuevo Reino de León,
San Luis Potosí, 12 de marzo de 1810; José León Lobo Guerrero a Pedro de
Herrera, Monterrey, 18 de marzo de 1810; José Ruiz de Aguirre al goberna-
dor interino del Nuevo Reino de León, San Luis Potosí, 26 de marzo de
1810, ibid.
20. "Instrucción de don Nemesio Salcedo."
21. Ibid.
22. Antonio Cordero a Nemesio Salcedo, Presidio de Río Grande, 23 de
abril de 1810, AGN-PI, vol. 189, exp. 3.
23. Félix D. Almaraz, Jr., Tragic Cavalier, p. 7n.
24. "Instrucción de don Nemesio Salcedo." Cordero es sustituido el 17 de
abril de 1809. Antonio Cordero a Nemesio Salcedo, Presidio de Río Gran-
de, 23 de abril de 1810, AGN-PI, vol. 189, exp. 3.
25. Almaraz, Tragic Cavalier, p. 101.
26. Ibid., p. 105.
27. Nemesio Salcedo a Simón de Herrera, Chihuahua, 14 de octubre de
1810, AGN-OG, vol. 986.
28. Simón de Herrera a Nemesio Salcedo, San Fernando de Béjar, 26 de
octubre de 1810, ibid.
29. Simón de Herrera a Félix Calleja, Béjar, 28 de octubre de 1810, ibid.
30. Nemesio Salcedo a Simón de Herrera, Chihuahua, 16 de octubre de
1810, AGN-PI, vol. 244, exp. 5.
31. Manuel de Salcedo a Simón de Herrera, San Fernando de Béjar, lo. de
diciembre de 1810, ibid.
32. Simón de Herrera a Nemesio Salcedo, San Fernando de Béjar, lo. de

265
NOTAS DEL CAPITULO VIII
diciembre de 1810, ibid.
33. Manuel de Salcedo a señor comandante de los cuerpos de milicias de la
Colonia y Nuevo León, San Fernando de Béjar, 31 de diciembre de 1810, ibid.
34. Simón de Herrera a Francisco Javier Venegas, San Fernando de Béjar, 31
de diciembre de 1810, ibid.
35. Manuel Salcedo al señor gobernador de la provincia del Nuevo Reino de
León, San Fernando de Béjar, 27 de octubre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
36. Manuel Salcedo al señor gobernador del Nuevo Reino de León, San
Fernando ¿e Béjar, 28 de octubre de 1810, ibid.
37. Manuel de Salcedo a Manuel de Santa María, Béjar, 14 de noviembre de
1810, ibid.
38. El 26 de septiembre de 1810 un grupo de expansionistas americanos
provocaron un levantamiento y proclamaron que el territorio español de la
Florida Occidental era independiente. Un mes después, el 27 de octubre, el
presidente James Madison expidió una proclama anunciando que los Estados
Unidos estaban en posesión de la Florida Occidental y autorizaba su ocupa-
ción por fuerzas americanas. Richard G. Morris, Encyclopedia of American
History, p. 138. Diego Murphy al comandante general, Nueva Orleans, 21
de diciembre de 1810; "Proclama del presidente James Madison," AGN-PI,
vol. 239, exp. 27. "Acta de los vecinos de Baton Rouge, 26 de septiembre de
1810," en vol. II, de Colección de Documentos, ed. por Hernández y
Dávalos, p. 114.
39. Salcedo hace referencia en oficio a don Simón de Herrera, que el 21 de
noviembre dio cuenta al comandante general de las ocurrencias en la Florida
Occidental. Manuel de Salcedo a Simón de Herrera, San Fernando de Béjar,
lo. de diciembre de 1810, AGN-PI, vol. 244, exp. 5.
40. Manuel de Salcedo a Manuel de Santa María, San Fernando de Béjar,
21 de noviembre de 1810 (una carta y dos oficios), AGENL-G, 1810.1.
41. "Instrucción de don Nemesio Salcedo." El año de 1809 el comandante
general envió al virrey una escopeta de las fabricadas en Chihuahua y le
sugería se pusieran otras fábricas en la Nueva España en lugares donde los
materiales y la mano de obra pudieran ser más baratos, pues en Chihuahua
había que pagar cada arma a 30 pesos. Nemesio Salcedo al virrey de Nueva
España, Chihuahua, 26 de marzo de 1809, AGN-PI, vol. 239, exp. 23.
42. Almaraz, Tragic Cavalier, p. 100.
43. Ibid.,pp. 102 y 107.
44. Ibid.,p. 105.
45. Ibid.,pp. 107-108.
46. Ibid., p. 114.
47. José de Rossi a Francisco Javier de Venegas, Habana, 28 de febrero de

266
NOTAS DEL CAPITULO VIII

1811; [Francisco Javier Venegas] a José de Rossi, [México] , 16 de marzo


de 1811; "Relación de la artillería. .," Habana, 28 de enero de 1811; Ignacio
María de Álava al virrey de Nueva España, Habana, 6 de febrero de
1811; [Francisco Javier Venegas] a Ignacio María de Álava, [México] , 16
de marzo de 1811; Marqués de Someruelos a Francisco Javier de Venegas,
Habana, 7 de febrero de 1811, AGN-PI, vol. 238, exp. 16.
48. [ Simón de] Herrera a Félix Calleja, Béjar, 21 de noviembre de 1810,
AGN-OG, vol. 986.
49. Almaraz, Tragic Cavalier, p. 114.
50. Julia Kathryn Garrett, Creen Flag Over Texas, p. 39.
51. Castañeda, Our Catholic Heritage, VI, 5-6.
52. Almaraz, Tragic Cavalier, p. 116.
53. Ibid..
54. Castañeda, Our Catholic Heritage, VI, 6-7.
55. Almaraz, Tragic Cavalier, p. 118.
56. Gaceta de México, 22 de octubre de 1798.
57. Tomás Flores a Nemesio Salcedo, Béjar, 3 de mayo de 1809; Tomás
Flores a Nemesio Salcedo, Béjar, 17 de mayo de 1809; declaración de José
Hilario Briones ante don Melchor José de Foncerrada, México, 13 de febrero
de 1810, AGN-IG, vol. 201-A.
58. Almaraz, Tragic Cavalier, p. 73.
59. Declaraciones de José Ramírez, José María Sánchez, Isidro de la Garza y
Vicente Flores, Sumaria de Juan Bautista Casas, en Texas in 1811, ed. por
Frederick C. Chabot, pp. 37-44 y 53-57.
60. El año de 1806 Antonio Sáenz era alférez de la compañía de Hoyos en
Nuevo Santander y fue propuesto para teniente de la de Güemez. Manuel
de Iturbe e Iraeta al virrey; San Carlos, 12 de noviembre de 1806, Francisco
Ignacio Escamilla inició su carrera militar como soldado de una de las
compañías de milicias del valle de Salinas y el año de 1807 se le nombró
alférez de la Compañía Provincial de Lampazos. En 1801 tomó parte en la
persecución de Felipe Nolan y fue uno de los primeros milicianos de Nuevo
León destacados en Texas, pues llegó a esta provincia en noviembre de
1805. Simón de Herrera al virrey, Béjar, 2 de enero de 1807, AGN-PI, vol.
255.
61. Declaraciones de Francisco Travieso y Blas José Perales, Sumaria de
Juan Bautista Casas; Juan Bautista Casas a Miguel Hidalgo, San Fernando
de Béjar, 23 de enero de 1811, en Texas, ed. por Chabot, pp. 47-50, 58-62 y
75-77.
62. Declaración de José Ramírez, Sumaria de Juan Bautista Casas, ibid., pp.

267
NOTAS DEL CAPÍTULO Vflí
37-39.
63. "Relación que manifiesta las personas que fueron presas en Béjar el 22
de marzo (sic) en la insurrección que promovió en aquélla el capitán don
Juan Casas, "Monclova, 14 de mayo de 1811, [Simón de] Herrera, AGN-OG,
vol. 204; declaraciones de Juan Ángel de Ibarra, José María Sánchez y
Vicente Flores, Sumaria de Juan Bautista Casas, pp. 40-42, 44-47 y 53-57.
64. Don Juan de Castañeda dice: "A ios ocho días de este encierro, a media
noche nos sacaron, habiéndonos echado antes un par de esposas, para el
presidio de Río Grande." En cambio don Manuel Salcedo dice: "A los 22
días de prisión se me envió a Coahuila." Esto indica que Castañeda no fue
arrestado como hasta el 5 de febrero. Juan de Castañeda a Félix María
Calleja, hacienda de Rancho Grande, 4 de mayo de 1811, AGN-OG, vol.
186; Manuel de Salcedo al virrey, San Fernando de Béjar, 3 de junio de
1812, AGN-OG, vol. 986. Don José Andrés dé Sobrevilla a quien el alférez
Serrano dejó como subdelegado de Lampazos, dice que éste le entregó la
subdelegación el 10 de enero, pero Castañeda no puede haber estado en
Lampazos en esa fecha, pues la dispersión de las tropas en el valle del Pilón
fue el día 12. Es posible que Castañeda haya alcanzado a Serrano en el
camino rumbo a Béjar. José Andrés de Sobrevilla a los señores presidente y
vocales de la Junta Gobernadora de esta provincia, AGENL-G, 1811. Otros
que es probable hayan sido arrestados después del 22 de enero, son el
capitán Francisco Pereyra y el teniente Juan José Elguézabal, pues los testigos
José María Sánchez y Juan Ángel de Ibarra no los mencionan. Sumaria de
Juan Bautista Casas, pp. 40-42 y 44-47. El capitán Pereyra acompañó a don
Dionisio Valle a auxiliar a Real de Catorce. Es posible, que tanto él como
Elguézabal hayan estado en el campamento de Aguanueva y escaparan
cuando defeccionaron las tropas.
65. También se menciona entre los liberados al francés Mr. Labarra, a José
Antonio Salcedo, a Francisco Arocha, a Alejandro de Uro y a un tal Parías.
Declaraciones de José Ramírez, José María Sánchez e Isidro de la Garza,
Sumaria de Juan Bautista Casas, pp. 37-44.
66. Declaraciones de José Ramírez y Francisco Travieso, ibid., pp. 37-39 y
58-62.
67. Nemesio Salcedo a Francisco Javier Venegas, Chihuahua, 19 de octubre
de 1811, Gaceta del Gobierno de México, 15 de octubre de 1812; Faulk, The
Last Years, p. 34.
68. Declaración de José Ramírez, Sumaria de Juan Bautista Casas, pp. 37-39;
Juan Bautista Casas a José Mariano Jiménez, San Fernando de Béjar, 4 de
febrero de 1811, en Texas, ed. por Chabot, pp. 80-81. Don José Agabo de
Ayala era el capitán de la Segunda Compañía de Dragones Provinciales del

268
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS VIII y IX

Nuevo Reino de León, o sea la de San Pedro. "Catálogo de Nuevo León."


69. Ver nota num. 64.
70. Declaración de Juan Bautista Casas, sumaría, p. 92.
71. Declaración dé Vicente Flores, ibid., p. 56.

CAPITULO IX

LA FALTA DE PLAN INSURGENTE

1. Además de Rafael y Ramón se ha podido identificar a cuatro personas de


apellido González de Hermosillo que anduvieron de insurgentes: José María,
Juan Manuel, Marcos y Marín. El primero, que fue el que más fama
obtuvo, en un principio estuvo a las órdenes de don Miguel Gómez Portu-
gal, que fue uno de los que conquistaron la provincia de Nueva Galicia
para la insurgencia. José María se encargó posteriormente de llevar la
insurrección a la provincia de Sonora. José María González a Miguel Gó-
mez Portugal, Cuquío, 27 de octubre de 1810; Juan Manuel González de
Hermosillo a Rafael Iriarte, Real de Pinos, 26 de noviembre de 1810;
Marcos González de Hermosillo a Francisco Ruiz de Esparza, hacienda de la
Labor, 24 de octubre de 1810; Marín González de Hermosillo a Rafael
Iriarte, Aguascalientes, 7 de diciembre de 1810, AGENL-RM, 1810; Alamán,
Historia, II, 91-93 y 146-148.
2. Este memorial no tiene destinatario ni lugar de origen ni fecha, pero es
probable haya sido dirigido a don Ignacio Allende a principios del mes de
diciembre. Esta suposición se debe a ciertas referencias hechas por González
de Hermosillo en otra carta que escribió a Allende el 4 de febrero de 1811.
AGENL-G, 1811.
3. José Francisco Rivera a José María Guillen, Saltillo, 16 de enero de 1811,
ibid.
4. José Mariano Jiménez al teniente subdelegado del valle de Labradores,
Saltillo, 16 de enero de 1811, AGENL-G, 1810.1.
5. Mariano Práxedis Ortiz a Rafael González de Hermosillo, hacienda de
San Francisco del Potosí, 20 de enero de 1811, AGENL-RM, 1812-1820,
6. Cuenta de Gastos de Ramón González de Hermosillo, AGENL-G, 1811.
7. Juan Bautista Carrasco a Pedro Borrego, Monterrey, 20 de enero de
1811, AGENL-G, 1810.1; José Manuel Cavazos a Rafael González de Her-
mosillo, Pilón, 25 de enero de 1811, AGENL-G, 1811.
8. Francisco Javier Valdez y otros a Rafael González de Hermosillo y
Ramón González, Linares, 27 de enero de 1811, ibid.

269
NOTAS DEL CAPITULO IX
9. Rafael González de Hermosillo a Ramón González, Saltillo, lo. de febrero
de 1811, ibid.
10. Rafael González de Hermosillo a José Antonio González de Hermosillo,
Linares, 4 de febrero de 1811, ibid.
11. Rafael González de Hermosillo a María Ignacia Zermeño, Linares, 4 de
febrero de 1811, ibid.
12. La carta de González de Hermosillo a Allende es indudablemente una
minuta, pues no tiene ni remitente ni destinatario ni lugar ni fecha, pero en
la contestación de Allende hace referencia a su carta de 4 del presente y está
dirigida a Rafael González de Hermosillo a Linares; Ignacio de Allende a
Rafael González de Hermosillo, Charcas, 13 de febrero de 1811, ibid.
13. Rectificación de Juan Fermín de Juanicotena y declaraciones de Juan
Felipe Sánchez, Cayetano Quintero y José de Jesús García, "Sumaria Vidal
de Lorca."
14. José María Martínez a Rafael González de Hermosillo, hacienda de la
Vaca, 7 de febrero de 1811, AGENL-G, 1811.
15. Declaraciones de Cayetano Quintero y José de Jesús García, "Sumaria
Vidal de Lorca;" el teniente Juan Muñiz dijo que "el sargento José María
Martínez trató en la hacienda de El Cojo de atacar al capitán don Joaquín
Vidal." Declaración de Juan Muñiz, ibid.
16. Juan Bautista Casas le dice a Pedro Antonio de Aguilar, que supo por
un europeo llamado Antonio López, que el obispo y dos canónigos estaban
en Laredo y que le habían dicho iban con dirección a Béjar. Juan Bautista
Casas a Pedro Antonio de Aguilar, San Fernando de Béjar, 31 de enero de
1811, en Texas, ed. por Chabot, pp. 83-84.
17. Ibid.
18. [Ramón Díaz de Bustamante] a Manuel de Iturbe, Monclova, 8 de
abril de 1811, AL.
19. El capitán José Agabo de Ayala, le comunicaba a Juan Bautista Casas
sobre unas cartas dirigidas desde la villa de Mier a un tal Ramírez diciendo
éstas que el obispo se había regresado a La Colonia. José Agabo de Ayala a
Juan Bautista Casas, Bahía, 18 de febrero de 1811, en Texas, ed. por
Chabot, p'. 73.
20. Josef Pérez Rey dice en una carta escrita en Camargo: "los que acompa-
ñaron a dicho señor obispo para la citada villa de Reynosa." Josef Pérez
Rey a Juan José de Iriarte, Camargo, 22 de febrero de 1811, AGENL-G, 1811.
21."'Al ilustre señor obispo le cayeron sobre sus caudales a las inmediacio-
nes de la villa de Laredo, la tropa insolentada de la Tercera Compañía
Volante de la colonia de Nuevo Santander." Juan José de Iriarte a los
señores directores generales vocales de la Junta de Unión de Rentas, Pueblo

270
NOTAS DEL CAPITULO IX

Viejo de Tampico, 21 de febrero de 1811, AGN-I, vol. 143; acta del Cabildo
de la Catedral de Monterrey, en Documentos Históricos, ed. por Pérez-Mal-
donado, pp. 187-188; [el Cabildo Eclesiástico] a José Mariano Jiménez,
[ Monterrey] , 5 de febrero de 1811, ibid., p. 188; el Cabildo Eclesiástico
a Primo Feliciano Marín, Monterrey, 8 de febrero de 1811, ibid., p. 191;
sobre regreso del licenciado Mendivil. José Felipe de la Garza y Guerra
a [el obispo] , Refugio, 29 de febrero de 1811, AGENL-RM, 1812-1820.
22. "Habiéndose ingresado a esta villa de altamira el ilustrísimo señor
obispo del Nuevo Reino de León a las doce de la noche del día 13 del
corriente mes." Juan José de Iriarte a Manuel de Iturbe e Iraeta, Altamira,
14 de febrero de 1811, AGN-I, vol. 143.
23. Juan José de Iriarte a señores directores generales vocales de la Junta de
Unión de Rentas, Pueblo Viejo de Tampico, 16 de febrero de 1811, ibid.
24. El gobernador Iturbe quejándose de unos españoles que habían deserta-
do, yéndose a Pueblo Viejo dice: "Sin otro motivo que la noticia de haberse
presentado el enemigo como a diez y ocho leguas con el fin de atacar a un
corto número de tropas que condujeron algunos caudales y pólvora." Ma-
nuel de Iturbe e Iraeta a Carlos de Urrutia, Altamira, 21 de marzo de 1811,
AGN-I, vol. 131.
25. Juan José de Iriarte a señores directores generales vocales de la Junta de
Unión de Rentas, Pueblo Viejo de Tampico, 21 de febrero de 1811, AGN-I,
vol. 143; en carta de Juan Bautista Casas a Pedro Antonio Aguilar dice que
el obispo iba acompañado por dos canónigos. Como este informe lo obtuvo
Casas cuando su ilustrísima estaba todavía en Laredo, es probable que el
otro canónigo a que se refería fuera el licenciado Mendivil, quien fue
capturado poco después de salir de esta población. Juan Bautista Casas a
Pedro Antonio Aguilar, San Fernando de Béjar, 31 de enero de 1811, en
Texas, ed. por Chabot. p. 83.
26. En una carta el obispo menciona haber cruzado La Huasteca, pues dice:
"cuando iba saliendo de La Huasteca." Primo Obispo del Nuevo Reino de
León al Dean y Cabildo de la Santa Iglesia Catedral de Monterrey, México,
22 de mayo de 1811, en Documentos Históricos, ed. por Pérez-Maldonado,
pp. 197-198.
27. Juan José de Iriarte a Manuel de Iturbe e Iraeta, Altamira, 14 de febrero
de 1811; Juan José de Iriarte a señores directores geenerales vocales de la
Junta de Unión de Rentas, Pueblo Viejo de Tampico, 16 de febrero de 1811;
Juan José de Iriarte a señores directores generales vocales de la Junta de
Unión de Rentas, Pueblo Viejo de Tampico, 21 de febrero de 1811, AGN-I,
vol. 143.
28. Josef Pérez Rey a Juan José de Iriarte, Camargo, 22 de febrero de 1811,

271
19
NOTAS DEL CAPITULO IX
AGENL-G, 1811.
29. José Cipriano Vega a Juan José Treviño, valle de la Mota, 4 de febrero
de 1811, ibid.
30. Reclamación de don Justo Pastor de Ibarra, Archivo Municipal de
Montemorelos, documentos diversos, vols. 16 y 17 (1801-1824), exp. 787
(1811), CD-ITESM.
31. Joaquín Guzmán a Joaquín Benítez, Cruillas, 26 de febrero de 1811;
Francisco Calvan dice en una carta refiriéndose a Insúndegui: "El europeo
que está aquí herido de balazo, queda porque está al morir." Francisco
Calvan a José Mariano Acevedo, Cruillas, 2 de marzo de 1811, AGENL-G,
1811.
32. El bando de López de Letona no tiene lugar de publicación pero dice
"esta dudad" y es de lo. de febrero de 1811, cuando Jiménez todavía estaba
en Monterrey. Por lo tanto, debe haberse publicado en esta población.
Posteriormente se le agregó abajo de la firma de Letona: "Cuartel General
de la villa de Santiago de Saltillo, once de febrero de 1811;" el bando
comisionando a Villaseñor para operar en todo Nuevo León está expedido
en Saltillo el 11 de febrero de 1811. AGENL-G, 1810.1.
33. Félix Cevallos declaró, -que el "padre Solazar, que se decía ministro de
gracia y justicia, en quien advirtió mucha malignidad, pues era el director
del cabecilla Jiménez y corría con todos los intereses usurpados a los
europeos." Declaración de Félix Cevallos, en Fray Gregorio, proceso, ed.
por Puga y Acal, p. 31.
34. "Sumaria de fray Juan Salazar," pp. 206 y 210, José Domingo de
Castañeda a Manuel de Santa María, Saltillo, 5 de octubre de 1810; José
Domingo de Castañeda a Manuel de Santa María, Saltillo, 9 de octubre de
1810; José Domingo de Castañeda a Manuel de Santa María, Saltillo, 14 de
octubre de 1810, AGENL-G, 1810.1.
35. Matías de Hoyos a fray Juan "de cuyo apellido no me acuerdo,"
Candela, 13 de enero de 1811, en "Sumaria de fray Juan Salazar," pp.
229-230.
36. "Don José María López de Letona, auditor general de los Reales Ejérci-
tos Americanos del Norte, hago saber a usted...," Monterrey, 29 de enero
de 1811, AGENL-G, 1810.1.
37. José Mariano Jiménez a Rafael González de Hermosillo, Monterrey, 29
de enero de 1811, ibid.
38. José Mariano Jiménez a Ramón González de Hermosillo, Monterrey, 31
de enero de 1811, ibid.
39. A este coronel Acevedo le llaman en una cartas José Mariano y en otras
José Antonio, pero parece que su nombre correcto era Mariano Exiquio

272
NOTAS DEL CAPITULO IX

Acevedo, pues así aparece en su nombramiento de coronel firmado por José


Mariano Jiménez, Saltillo, 16 de febrero de 1811, AGENL-G, 1811.
40. Vicente Villaseñor a José Antonio Acevedo, valle del Pilón, 10 de marzo
de 1811, ibid.
41. Mariano a Juan, San Carlos, 10 de marzo de 1811, ibid.
42. Rafael González de Hermosillo a Ramón González, Saltillo, lo. de
febrero de 1811, ibid.
43. Onofre Antonio PortugaL a Rafael Hermosillo, Monterrey, 5 de febrero
de 1811, ibid.
44. Josef Pérez Rey dice que Bonavía entró a Parras. Esto es un error, pues
si bien es cierto que Bonavia era el jefe de Melgares, el que mandaba las
fuerzas que entraron a Parras era éste último. Josef Pérez Rey a Juan José de
Iriarte, Camargo 22 de febrero de 1811, ibid.
45. José Mariano Jiménez a Mariano Exiquio Acevedo, Saltillo, 25 de
febrero de 1811, ibid.; el coronel Treviño que mandaba a los insurgentes era
Juan José Treviño, cabo veterano desertor de las tropas de Vidal de Lorca.
"Memorias de fray Gregorio," El Tiempo, 6 de junio de 1903.
46. Facundo Melgares a Bernardo Bonavía, San Lorenzo, 14 de febrero de
1811, Gaceta del Gobierno de México, 5 de diciembre de 1811. Es probable
que el Rafaelillo a quien se refiere Melgares fuera un indio llamado Rafael
que, el año de 1803, escapó de Guajoquilla y junto con otro indio llamado
José Antonio causó muchas muertes, eludiendo durante varios años, la
persecución de las tropas y vecinos de la Nueva Vizcaya. "Instrucción de
don Nemesio Salcedo."
47. "Sumaria de fray Juan Salazar," p. 204.
48. Ibid.,p. 232.
49. Fray Salazar a Pedro Aranda, Punta de Lampazos, 13 de febrero de
1811, "Sumaria de fray Juan Salazar," p. 233.
50. [Junta de Gobierno de Béjar ] a José Mariano Jiménez, San Fernando de
Béjar, 5 de marzo de 1811, AGN-PI, vol, 239, exp. 24; fray Juan Salazar
declaró en su proceso que llegaron a Béjar la tarde del 27 ó 28 de febrero.
"Sumaria de fray Juan Salazar," p. 208.
51. Ibid., p. 222.
52. Ibid., p. 210.
53. Juan Manuel Zambrano y José Antonio Sauceda a Nemesio Salcedo ,
Laredo, 3 de abril de 1811, AGN-PI, vol, 239.
54. Puga y Acal, Fray Gregorio, proceso, pp. 20 y 26.
55. Jiménez a Ignacio de Allende, San Juan de Vaquería, 17 de febrero de
1810, "Sumaria de fray Juan Salazar," pp. 234.
56. "Causa instruida contra el generalísimo Ignacio Allende, 10 de mayo-29

273
NOTAS DEL CAPITULO IX

de junio de 1811," en vol. VI de Documentos Históricos Mexicanos, ed. por


Genaro García, p. 56. Se citará en lo sucesivo: "Causa Instruida."
57. Antonio Pompa y Pompa, ed., Proceso Inquisitorial y Militar Seguido a
don Miguel Hidalgo y Costilla, p. 220.
58. "Memorias de fray Gregorio," El Tiempo, 9 de junio de 1903; Alessio
Robles, Coahuila y Texas en la Época Colonial, pp. 636-637. En Carta que
Carrasco le escribió a Mariano Exiquio Acevedo le decía: Hidalgo "...ha
hecho dimisión de su empleo en nuestro general Allende. Por lo que ves, se
ha proclamado capitán general nuestro amado Jiménez." [Juan Bautista
Carrasco J a [Mariano Exiquio Acevedo ] Monterrey, 6 de marzo de 1811,
AGENL-G, 1811.
59. Nombramiento de coronel de Mariano Exiquio Acevedo, Saltillo, 16 de
febrero de 1811, ibid.
60. José María Martínez a Ramón González de Hermosillo, hacienda de la
Vaca, 7 de febrero de 1811, ibid.
61. Declaración de Juan Felipe Sánchez, "Sumaria Vidal de Lorca".
62. Juan José Velarde a Ramón González de Hermosillo, villa de Hoyos, 19
de febrero de 1811, AGENL-G, 1811.
63. Salvador Gómez de Castro a Rafael González de Hermosillo, Linares, 5
de febrero de 1811, ibid.
64. Ramón González de Hermosillo a José Mariano Jiménez, Real de Bor-
bón, 3 de marzo de 1811, ibid.
65. José Joaquín Benítez a Rafael González de Hermosillo, Hoyos, 19 de
marzo de 1811, ibid.
66. Juan Bautista Carrasco a Ramón González de Hermosillo, sin lugar ni
fecha, ibid. La indecisión de los jefes insurgentes y sus desacuerdos con
Benítez se hace patente en varias cartas intercambiadas entre Carrasco y
Acevedo. Juan [Bautista Carrasco] a [Mariano Exiquio Acevedo], Monte-
rrey, 6 de marzo de 1811; Mariano [Exiquio Acevedo J a Juan [Bautista
Carrasco], San Carlos, 10 de marzo de 1811, ibid.
67. José Joaquín Benítez a José (sic) Mariano Acevedo, Cantón de Llera, 28
de febrero de 1811, ibid.
68. Juan Nepomuceno Jiménez a Mariano Acevedo, Santander, 9 de marzo
de 1811, ibid.
69. Juan Nepomuceno Jiménez aparece en la lista de vecinos de la villa de
Santander que dieron su donativo para la guerra en España. Gaceta del
Gobierno de México. 14 de agosto de 1810. En carta que Carrasco le
escribió a Acevedo le dice: "Va Jiménez con comisión a La Colonia." Juan
[Bautista Carrasco] a [Mariano Exiquio Acevedo], Monterrey, lo. de marzo
de 1811, AGENL-G, 1811.

274
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS IX y X

70. Juan Nepomuceno Jiménez a Mariano Acevedo, [Santander], 11 de


marzo de 1811, ibid.
71. Manuel de Iturbe e Iraeta a Félix Calleja, Aguayo, 20 de abril de 1811,
AGN-OG, vol. 21.
72. Desde el mes de noviembre de 1810, los capitanes Cayetano Quintero y
Manuel Polanco habían organizado en Altamira una compañía provincial
de 45 hombres y un contingente de unos 90 de los llamados patriotas.
Además contaron, por algún tiempo, con unos 40 indios flecheros, a quie-
nes parece que licenciaron posteriormente. Justificantes de 4,000 pesos que
invirtieron en mantener en estas tropas, AGN-PI, vol. 240, exp. 10.
73. Manuel de Iturbe e Iraeta a Carlos de Urrutia, Altamira, 21 de marzo
de 1811; Juan Mora a [José Lucio Cruz], Tampico, 28 de febrero de 1811;
José Miranda y otros al comandante de Tampico, sin lugar ni fecha; Juan
Mora a Manuel de Iturbe e Iraeta, [?], de marzo de 1811; Manuel de Iturbe
e Iraeta a Juan Mora, Altamira, 15 de marzo de 1811, AGN-I, vol. 131.
74. Manuel de Iturbe e Iraeta a Félix Calleja, Aguayo, 20 de abril de 1811,
AGN-OG, vol. 21.
75. Joaquín de Arredondo a Francisco Javier Venegas, Pueblo Viejo, 22 de
marzo de 1811, AGN-I, vol. 143

CAPITULO X

CONTRARREVOLUCIÓN

1. Patente en que el rey le confiere a Díaz de Bustamante la comandancia


de la Tercera Compañía de Nuevo Santander el 16 de julio de 1791,
AGN-PI, vol. 240.
2. El acta de bautismo es del 30 de marzo de 1756 y sus padres se llamaban
don Juan Díaz de Bustamante y doña Mariana de Berroterán. ibid. El
pueblo de Nuestra Señora de Guadalupe era una "misión situada río abajo
de la confluencia del Conchos, en la margen derecha del Bravo." Nicolás de
Lafora, Relación del viaje que hizo a los Presidios Internos situados en la
frontera de la America Septentrional Pertenecientes al Rey de España, ed.
Vito Alessio Robles, p. 205n; para el año de 1773 este pueblo se encontra-
ba destruido. Luis Navarro Garría, José de Calvez y la Comandancia
General de las Provincias Internas, p. 221.
3. Alamán, Historia, II, 174n.
4. Joseph Ramón Díaz de Bustamante a los señores capitanes o comandan-
tes de las villas del margen, Laredo, 16 de noviembre de 1810, AL.

275
NOTAS DEL CAPITULO X
5. Joseph Ramón Díaz de Bustamante a los señores curas párrocos y seño-
res capitanes y comandantes de las villas del margen, Laredo, 21 de noviem-
bre de 1810, ibid.
6. "Don Ramón Díaz de Bustamante, Capitán de la Tercera Compañía del
Presidio de Laredo...," real de Boca de Leones, 24 de marzo de 1811,
Archivo Municipal de Villaldama, correspondencia y decretos, vols. 2-4
(1785-1820), CD-ITESM.
7. [Bustamante] a Ramón ¡turbe, Monclova, 8 de abril de 1811, AL.
8. Fray Juan Salazar a Pedro de Aranda, Laredo, 20 de febrero de 1811, en
"Sumaria de Fray Juan Salazar," p. 235.
9. Fray Juan Salazar a José Mariano Jiménez, villa de Laredo, 21 de febrero
de 1811, ibid., pp. 235-236.
10. El documento que se ha utilizado como fuente es una minuta en la cual
hay algunas partes tachadas y frases incompletas. Menciona una derrota
que lo animó y se infiere que ésta sea la del Puente de Calderón, pues
Aldama y fray Juan Salazar estuvieron en Laredo el 20 y 21 de febrero, y
por carta de don Josef Pérez Rey citada anteriormente, es un hecho que ya el
día 14, se sabía en Camargo de esta derrota de los insurgentes. Asimismo es
una suposición muy fundada, que el capitán retirado a quien se refiere Díaz
de Bustamante es don José Menchaca, pues sólo anotó las iniciales J.M.
Bustamante a Manuel Iturbe, Monclova, 8 de abril de 1811, AL. En un
escrito preparado el año de 1813 por el padre José Antonio Gutiérrez dé
Lara dice: "Ya el famoso Elizondo se había dejado ver en San Fernando, Río
Grande y Laredo, tratando con los capitanes Menchaca y Bustamante nego-
cios muy reservados." "Recurso de Fuerza,"p. 80.
11. "Sumaria de fray Juan Salazar," p. 225.
12. Juan José Manuel Vicente Zambrano fue bautizado el 12 de abril de
1772 a los ocho días de nacido, por el padre Pedro Fuentes y Fernández.
Sus padres eran Macario Zambrano y Juana Ocón y Trillo. Acta de bautis-
mo, en Texas, ed. por Chabot, p. 121n.
13. Almaraz, Tragic Cavalier, p. 120.
14. Ibid., p. 93.
15. "Vistas estas diligencias sobre la prisión de subdiádono don Juan Manuel
Zambrano...," Primo, Obispo del Nuevo Reino de León, Saltillo, 4 de
octubre de 1809, The University of Texas Library, W. B. Stephens Collec-
tion, num. 2048.
16. Primo, Obispo del Nuevo Reino de León al arzobispo de Nueva Espa-
ña, Monterrey, 27 de noviembre de 1809, ibid.
17. Almaraz, Tragic Cavalier, pp. 97-98.
18. Juan Manuel Zambrano al rey, México, 31 de mayo de 1816, AGN-PI,

276
NOTAS DEL CAPITULO X

vol. 244.
19. Chabot, Texas, p. 121,
20. Carta de recomendación del obispo Marín de Porras, Monterrey, 17 de
octubre de 1815, AGN-PI, vol. 244.
21. Nemesio Salcedo a Francisco Javier Venegas, Chihuahua, 19 de octubre
de 1811, Gaceta del Gobierno de México, 15 de octubre de 1812.
22. "Sumaria de fray Juan Salazar," p. 208.
23. Fray Juan Salazar a Pedro de Aranda, Laredo, 20 de febrero de 1811,
ibid., p. 235.
24. "Sumaria de fray Juan Salazar," p. 209.
25. Nemesio Salcedo a Francisco Javier Venegas, Chihuahua, 19 de octubre
de 1811, Gaceta del Gobierno de México, 15 de octubre de 1812; Juan Ma-
nuel Zambrano y otros al comandante general, Laredo, 3 de abril de 1811,
AGN-PI, vol. 239, exp. 18.
26. Ibid.
27. "Sumaria de fray Juan Salazar," p. 209.
28. Chabot, Texas, p. 26.
29. "Sumaria de fray Juan Salazar," pp. 206-207, 210-212 y 224-225.
30. Junta de Gobierno a Mariano Jiménez, San Fernando de Béjar, 5 de
marzo de 1811; "En la villa de San Fernando de Béjar, capital de la provin-
cia de Nueva Filipinas a seis de marzo de 1811...," AGN-PI, vol. 239, exp
24.
31. Nemesio Salcedo a Francisco Javier Venegas, Chihuahua, 19 de octubre
de 1811, Gaceta del Gobierno de México, 15 de octubre de 1812. Junta de
Gobierno de Béjar a José Mariano Jiménez, San Fernando de Béjar, 5 de
marzo de 1811; "En la villa de San Fernando de Béjar, capital de la provin-
cia de Nueva Filipinas a seis de marzo de 1811...," AGN-PI, vol. 239, exp
24.
32. Garret, Creen Flag, pp. 61-62.
33. Ibid., p. 62.
34. Declaración de don Nicolás Eh'zondo, hacienda del Álamo, 14 de julio
de 1819 e instancia de don Manuel Royuela, en Vito Alessio Robles, "Las
Fantasías del Historiador Bustamante y los Arpegios de Otros Historiadores"
y "El Tesorero Manuel Royuela y la Emboscada de Bajan," Excélsior, 21 y
28 de octubre de 1937.
35. Don Manuel Salcedo dice que estuvieron presos en Béjar 22 días. Como
fueron arrestados el 22 de enero, deben haber salido de esta población el 12
de febrero a media noche o el 13 en la madrugada. En el viaje hicieron siete
días, por lo tanto, es probable hayan llegado a Río Grande el 19 de febrero.
Manuel de Salcedo al [virrey], San Fernando de Béjar, 3 de junio de 1812,

277
NOTAS DEL CAPITULO X

AGN-OG, vol. 986; declaración de Vicente Flores, en Texas, ed. por Cha-
bot, p. 56.
36. Juan de Castañeda a Félix María Calleja, hacienda de Rancho Grande, 4
de mayo de 1811, AGN-OG, vol. 186. En carta que Elizondo y don Simón
de Herrera le escribieron al virrey también dicen que el primero se encontra-
ba en Río Grande cuando llegaron los prisioneros de Béjar. Ignacio Elizondo
y Simón de Herrera a Francisco Javier Venegas, Monclova, 15 de junio de
1811, AGN-PI, vol. 244, exp. 1.
37. Alessio Robles, Coahuila y .Texas en la Época Colonial, p. 640 y "La
Emboscada de Bajan," en Bosquejos Históricos, pp. 233-243; son sobre todo
importantes una serie de 15 artículos que el mismo autor publicó, a fines de
1937 y principios de 1938, en Excelsior de México, El Porvenir de Monte-
rrey y varios otros periódicos.
38. Tomas Flores a Nemesio Salcedo, Monclova, 14 de septiembre de 1811,
AGN-OG, vol. 986. Don Manuel Salcedo le dice al virrey: "Aunque siem-
pre como prisioneros tuvimos nuestras personas libres de las prisiones, que
aquí (Béjar) «os puso la iniquidad, es bien notorio el (mérito) mío, sin
agravio de ninguno, pues como cabeza de todos fueron oídas y obedecidas
mis deliberaciones acordadas con el referido coronel, quien podrá informar
a vuestra excelencia de mis servicios y demás circunstancias." Manuel de
Salcedo al [virrey], Béjar, 3 de junio de 1812, ibid.
39. Exposición de José María Uranga.
40. Vito Alessio Robles, "El Diabólico Espionaje en las Filas Insurgentes,"
Excelsior, 11 de noviembre de 1937. El padre José Antonio Gutiérrez de
Lara dice: "Y es que mi dicha carta condujo a la ruina a los generales
(Allende, Aldama, etc.) lo mismo o más que el barón de Wastof (sic) y don
Sebastián Rodríguez, dos introducidos en el ejército insurgente para su
exterminio." "Recurso de Fuerza," p. 79.
41. Relación que dio don Vicente Flores al Comandante General de lo
acaecido, desde el 17 de marzo hasta el 22 del mismo, en la acción de
Bajan, en "Prisión de Hidalgo." Todo lo relativo a la preparación de la
emboscada de Bajan y los incidentes de ésta, si no se indica otra fuente,
están tomados de este documento. Se citará en lo sucesivo: Relación de
Vicente Flores.
42. La carta en que se incluía el indulto fue mandada por el general José de
la Cruz a Hidalgo. Gaceta del Gobierno de México, 16 de abril de 1811.
43. Pompa y Pompa, ed., Procesos, pp. 227-228; Ignacio López Rayón dice:
"Tenemos noticia de haber llegado al Saltillo papeles del gobierno, pero
ignoramos su contenido, porque fue un misterio que se reveló a pocos."
Ignacio Rayón y José María Liceaga a Félix Calleja, Zacatecas, 22 de abril

278
NOTAS DEL CAPITULO X

de 1811, en Carlos María Bustamante, Campañas del General don Félix


María Calleja, p. 110.
44. Bustamante, Cuadro Histórico, I, 182-183.
45. Alamán, Historia, II, pp. 170.
46. Ignacio Rayón y José María Liceaga a Félix Calleja, Zacatecas, 22 de
abril de 1811, en Bustamante, Campañas, p. 108. Tanto don Carlos María
Bustamante como don Lucas Alamán dicen que el mando se le ofreció primero
a Abasólo y luego a Arias, pero que ninguno de los dos lo quiso aceptar.
Bustamante menciona que Arrieta y el licenciado Ponce se quedaron como
segundos de Rayón y Alamán dice que fueron el licenciado Arrieta y don
José María Liceaga. Sin embargo, Rayón y Liceaga no mencionan que el
mando le fuera ofrecido a otras personas y ellos aparecen como los únicos
jefes. Bustamante, Cuadro Histórico, I, 155; Alamán, Historia, II, 167-168.
47. Vito Alessio Robles, "El Fatídico Itinerario de los Insurgentes," Excélsior,
9 de diciembre de 1937.
48. Pompa y Pompa, ed., Procesos, p. 220.
49. "Causa Instruida," p. 57.
50. "Sumaria.de fray Juan Salazar," p. 204.
51. "Memorias de fray Gregorio," El Tiempo, 9 de junio de 1903.
52. Ignacio Rayón a Ignacio Allende, Saltillo, 16 de marzo de 1811, en vol.
I de Documentos, ed. por García, p. 90.
53. Tanto fray Gregorio de la Concepción como José Bernardo Gutiérrez de
Lara dicen que ya se rumoraba en Saltillo de la contrarrevolución en Béjar.
"Memorias de fray Gregorio," El Tiempo, 9 de junio de 1903; Breve Apolo-
gía que el Coronel don José' Bernardo Gutiérrez de Lara hace de las Impos-
turas Calumniosas..., p. 7. El doctor Mora afirma que los proyectos de
Elizondo eran conocidos en Saltillo y la esposa de Abasólo, doña Manuela
Tabeada, se los comunicó a Hidalgo y éste informó a Allende, quien
despreció al aviso. José María Luis Mora, México y sus Revoluciones, III,
134.
54. "Causa Instruida," p. 56.
55. Relación de Vicente Flores.
56. Don Simón de Herrera dice que en la emboscada de Bajan tomaron parte
342 hombres y el comandante general da la cifra de 400, pero en la lista que
formó Elizondo de los que lo acompañaron aparecen 394. Herrera menciona
como participante al teniente José María González, pero Elizondo no lo
incluyó en su lista. Simón de Herrera al comandante general, Monclova, 28
de marzo de 1811, AGN-PI, vol. 239, exp. 24; Nemesio Salcedo a Simón
de Herrera, Chihuahua, 28 de marzo de 1811, en vol. VI de Documentos,

279
NOTAS DEL CAPÍTULO X
ed. por García, pp. 99-103; Lista de las tropas que acompañaron a don
Ignacio Elizondo en el Ataque de Bajan, "Prisión de Hidalgo."
57. Se ha repetido con mucha frecuencia que el primero en caer prisionero
fue un fraile mercedario, pues don Simón de Herrera así lo dice en su
informe al comandante general, pero Vicente Flores que estuvo en Bajan
dice que fue un carmelita. Probablemente el error tiene el siguiente origen.
Fray Gregorio de la Concepción dice: "Le supliqué a Elizondo, que por
amor de Dios, no manifestase algunos papeles, pues a más de haberme
cogido con las armas en la mano, tenía yo a los padres del Carmen por mis
mayores enemigos y que sin duda perecería; que se acordara de tantos
favores como yo le había hecho, y me prometió con juramento que no los
daría a la luz y que aun pondría en el parte que el prisionero que había
caído preso había sido un padre de la Merced, y así lo hizo delante de mí."
Simón de Herrera al comandante general, Monclova, 28 de marzo de 1811,
AGN-PI, vol. 239, exp. 24; Relación de Vicente Flores; "Memorias de fray
Gregorio," El Tiempo, 7 de junio de 1903.
58. Vicente Flores dice en su relación que era "un padre carmelita," pero
esto debe ser un error, pues el único carmelita arrestado en Bajan fue fray
Gregorio de la Concepción. Es posible que se trate del mercedario fray
Pedro Bustamante.
59. Todo lo relativo a Bajan de: Relación de Vicente Flores.
60. Exposición de José María Uranga.
61. El año de 1819 don Pedro Simón del Campo declaró que la cantidad
tomada a los insurgentes en Bajan fue "cinco millones de pesos y algo más,"
sin embargo, el cómputo hecho por Royuela arrojó el siguiente resultado:
177,369 pesos, 1 real, 6 granos en efectivo y 716 barras de plata con un
peso de 96,478 marcos, 6 onzas, 12 adarmes, cuyo valor en efectivo es
probable que fuera cerca de un millón de pesos. "Consulta del Tribunal de
Cuentas sobre averiguar el destino que se dio a más de cinco millones de
pesos en la gran presa hecha en Bajan," AGN-PI, vol. 251.
62. "Sobre embargo de los bienes de María Josefa Ajarrista y los de sus
hijos Felicitas y Pedro González, que con algunos efectos de géneros finos y
ropa de uso, por indicios de haber sido adquiridos en la revolución."
AMM, Causas Criminales, vol. XLIII (1811-1813), exp. 739 (1811).
63. [Félix Calleja] a Simón de Herrera, [México], 28 de marzo de 1811,
AGN-PI, vol. 129, exp. 1.
64. Relación de Vicente Flores.
65. Nemesio Salcedo a Simón de Herrera, Chihuahua, 28 de marzo de 1811,
en vol. VI de Documentos, ed. por García, pp. 99-103.
66. Relación de Vicente Flores.

280
NOTAS DE LOS CAPÍTULOS X Y XI

67. Simón de Herrera a Nemesio Salcedo, Monclova, 28 de marzo de 1811


AGN-PI, vol. 239 exp. 24.
68. Lista de las tropas que acompañaron a don Ignacio Elizondo.
69. Almaraz, Tragic Cavalier, p. 134.
70. Actas de la Junta de Seguridad, "Prisión de Hidalgo."
71. Bustamante, Cuadro Histórico, I, 156.
72. Ignacio Rayón y José María Liceaga a Félix Calleja, Zacatecas, 22 de
abril de 1811, en Bustamante, Campañas, p. 110.
73. Bustamante, Cuadro Histórico, I, 156-157; Josef Manuel de Ochoa al
señor gobernador intendente interino de Zacatecas, campamento de Agua-
nueva con dirección al Saltillo, lo. de abril de 1811, Gaceta del Gobierno
de México, 14 de mayo de 1811; Josef Manuel de Ochoa a Bernardo
Bonavía, campamento de Aguanueva, 3 de abril de 1811, Gaceta del Go-
bierno de México, 21 de diciembre de 1811. Ochoa dice en su parte que los
insurgentes eran 6,000 a los que se había unido el lego Villerías la noche
anterior y que traían 24 cañones y 6 culebrinas, pero la Junta de Gobierno
del Nuevo Reino de León dice que los insurgentes que estaban en Saltillo
eran 3,500 con 22 cañones, y es un error que Villerías se hubiera unido a
Rayón, pues el día 4 el primero estaba en Río Blanco y apenas supo la
noticia de la captura de los caudillos insurgentes. Junta de Gobierno del
Nuevo Reino de León al virrey, Gaceta del Gobierno de México, lo. de
octubre de 1811; Fray Juan Villerías a [Ignacio Rayón] Río Blanco, 4 de
abril de 1811, AGENL-G, 1810.1.

CAPITULO XI

LA VUELTA AL ANTIGUO RÉGIMEN

1. José Joaquín de Ugartechea a Mariano Acevedo, Monterrey, 22 de marzo


de 1811, AGENL-G, 1811.
2. [Díaz de Bustamantej a Manuel Iturbe, Monclova, 8 de abril de 1811,
AL. Don Simón de Herrera recomendaba al alférez retirado don Andrés
Parías, quien acompañó a Bustamante y ejerció "las funciones de ayudante
y de fiscal en las sumarias formadas a los apresados insurgentes." Simón de
Herrera a Félix Calleja, Monclova, 12 de mayo de 1811, AGN-OG, vol.
204.
3. José Andrés de Sobrevilla a Melchor Núñez de Esquivel, Punta de
Lampazos, 7 de abril de 1811; José Andrés de Sobrevilla a los señores
presidente y vocales de la Junta de Gobierno, Monterrey, 19 de abril de

281
NOTAS DEL CAPITULO XI
1811; José Andrés de Sobrevilla a los señores presidente y vocales de la
[unta Gobernadora de esta provincia, Punta de Lampazos, 16 de mayo de
1811, AGENL-G, 1811.
4. [Díaz de Bustamante] a Manuel Iturbe, Monclova, 8 de abril de 1811,
AL; José Andrés de Sobrevilla a señores presidente y vocales de la Junta de
Gobierno, Monterrey, 19 de abril de 1811, AGENL-G, 1811; Simón de
Herrera a Nemesio Salcedo, Monclova, 28 de marzo de 1811, AGN-PI, vol.
239, exp. 24; Simón de Herrera a Félix Calleja, Monclova, 12 de mayo de
1811, AGN-OG, vol. 204. El doctor José Eleuterio González, basándose en
un informe que el Ayuntamiento de Boca de Leones rindió el año de 1821,
afirma que fueron los vecinos de este real los que aprehendieron a los
insurgentes y que el dinero recogido fue llevado a Monterrey. No es creíble
que los habitantes de un pueblo pequeño hayan arrestado solos a más de
200 insurgentes. Es posible que cooperaran con Díaz de Bustamante. Gonzá-
lez, Colección de Noticias, pp. 227-228.
5. "Don Ramón Díaz de Bustamante, capitán de la Tercera Compañía...,"
real de Boca de Leones, 24 de marzo de 1811, Archivo Municipal de
Villaldama, correspondencia y decretos, vols. 2-4 (1785-1820), CD-ITESM.
6. Actas de la Junta de Seguridad; [Díaz de Bustamante] a Manuel Iturbe,
Monclova, 8 de abril de 1811, AL.
7. Chabot, Texas, p. 27; Juan Manuel Zambrano y otros al comandante
general, Laredo, 3 de abril de 1811, AGN-PI, vol. 239, exp. 18.
8. "Los sacrilegos que abusivamente tomaron...," Monclova, 22 de marzo
de 1811, Archivo Municipal de Villaldama, correspondencia y decretos,
vols. 2-4 (1785-1820), CD-ITESM.
9. "Plan de una Junta Provincial...," Monterrey, 29 de marzo de 1811,
AGENL-G, 1811.
10. González, Lecciones Orales, pp. 134-136.
11. José León Lobo Guerrero al Muy Ilustre Ayuntamiento de la ciudad de
Monterrey, Seminario de Monterrey, 2 de abril de 1811, AGENL-G, 1811.
12. "Como pide el señor síndico procurador...," Monterrey, 10 de abril de
1811, ibid.; Joseph Santiago Villarreal al Muy Ilustre y Venerable Ayunta-
miento de la ciudad de Monterrey, Monterrey, lo. de abril de 1811, AMM,
correspondencia, 1811.
13. Bernardo Ussel y Guimbarda y otros al virrey, Gaceta del Gobierno de
México, lo. de octubre de 1811.
14. Simón de Herrera a Félix Calleja, Monclova, 28 de marzo de 1811,
Gaceta Extraordinaria del Gobierno de México, 25 de abril de 1811.
15. Joseph Ramón Díaz de Bustamante a Pedro López, Candela, 25 de
marzo de 1811, AGENL-G, 1811.

282
NOTAS DEL CAPITULO X.

16. "Don Juan Bautista Carrasco, brigadier de los Ejércitos de América >
comisionado...," Monterrey, 4 de marzo de 1811, íbid.
17. José Antonio de Hinojosa a José Santiago de Villarreal, villa de Cerral-
vo, 30 de marzo de 1811; José Bartolomé Salinas a José Santiago de
Villarreal, Cerralvo, 30 de marzo de 1811; "Yo el cabo Pedro López,
comisionado...," Cerralvo, 30 de marzo de 1811, ibid.
18. Esta carta de Villerías no tiene destinatario, pero el teniente José Timo-
teo Montañez dice en un oficio, que cogió un correo del lego Villerías que
llevaba pliegos para el general que estaba en Saltillo. Juan Villerías, Cuartel
General de Río Blanco, 4 de abril de 1811; José Timoteo Montañez a
Cristóbal de León, Labradores, 13 de abril de 1811, AGENL-G, 1810.1.
19. Bustamante, Cuadro Histórico, I, 255-256; González, Colección de Noti-
cias, pp. 328-329; Joaquín de Arredondo a Francisco Javier Venegas, Pueblo
Viejo, 22 de marzo de 1811, AGN-I, vol. 143, exp. 83.
20. Joaquín de Arredondo al virrey, Campo del Pretil, 7 de abril de 1811,
AGN-I, vol. 143, exp. 59; Manuel de Iturbe e Iraeta a Félix Calleja,
Aguayo, 20 de abril de 1811, AGN-OG, vol. 21.
21. Alamán, Historia, II, 160-162.
22. El cabo Viviano Núñez declaró que logró retirarse de Saltillo con siete
de los que habían desertado. Declaración de Viviano Núñez, "Sumaria
Vidal de Lorca."
23. Según Martínez, asistieron a esta junta: los capitanes José Antonio
Guerra y Gordiano Benavides, los tenientes Juan Muñiz y Miguel de la
Garza, el subteniente Antonio Fernández, los sargentos Pedro Rodríguez y
Cristóbal Villaseñor, los cabos Gordiano Castillo, Bernardo Guerrero y
Carlos Ballí y los soldados Lorenzo Garza e Inocencio Cantú. Pero Antonio
Fernández, Bernardo Guerrero e Inocencio Cantú negaron haber asistido a
la junta y el primero de éstos declaró, que todos los soldados querían que
fuera comandante el capitán José Antonio Guerra, quien no quiso aceptar.
Declaraciones de José María Martínez, Antonio Fernández, Inocencio Cantú
y Bernardo Guerrero, ibid.
24. En la lista que Arredondo mandó al virrey están equivocados los
nombres de José Ignacio Villaseñor y fray Alipio Lozada, pues dice: Ignacio
Villamar y Eligió Lozada. Joaquín de Arredondo a Francisco Javier Venegas,
Campo del Pretil, 7 de abril de 1811, AGN-I, vol. 143; exp. 59.
25. Ibid.; declaraciones de Juan Muñiz, Cristóbal Villaseñor, Lucas Fernán-
dez y José María de las Casas y rectificación de Cristóbal Villaseñor,
"Sumaria Vidal de Lorca."
26. Declaración de Gaspar Lores, ibid.
27. Don Francisco Antonio Cao declaró que el cura de la Garza y Lores

283
MOTAS DEL CAPITULO XI
llegaron al campamento de Arredondo el martes de carnaval como a las
doce de la noche. Esto es un error porque la carta de Arredondo al virrey es
del 7 de abril y dice: "En este momento acaba de llegar a este campo." El 7
de abril fue domingo y además el martes de carnaval no puede caer en el
mes de abril. Declaración de Francisco Antonio Cao, ibid.; Joaquín de
Arredondo a Francisco Javier Venegas, Campo del Pretil, 7 de abril de
1811, AGN-I, 143, exp. 59.
28. Cao dice que llegó a Aguayo al día siguiente como a las ocho de la
mañana. Debe haber salido del Pretil en la madrugada del día 8, pues entre
este punto y Aguayo hay más de 100 kilómetros. Declaración de Francisco
Antonio Cao, "Sumaria Vidal de Lorca."
29. Joaquín de Arredondo a Francisco Javier Venegas, Cuartel General de
Aguayo, 17 de abril de 1811, Gaceta del Gobierno de México, 10 de mayo
de 1811.
30. Manuel de Iturbe e Iraeta a Félix Calleja, Cuartel General de Aguayo,
20 de abril de 1811, AGN-OG, vol. 21.
31. Ibid.; Arredondo recomienda en su oficio a un Miguel de la Guerra.
Debe ser Miguel de la Garza. Joaquín de Arredondo a Francisco Javier
Venegas, Cuartel General de Aguayo, 17 de abril de 1811. Gaceta del
Gobierno de México, 10 de mayo de 1811.
32. Según Navarro y Noriega los elementos integrantes de la población de
la Nueva España el año de 1810 se dividían en: 18% criollos, 60% indios y
22% mestizos. Para las Provincias Internas de Oriente la proporción era:
39% criollos, 20% indios y 41% mestizos. Y en el Nuevo Reino de León:
63% criollos, 5% indios y 32% mestizos. Fernando Navarro y Noriega,
Estado de la población del Reino de Nueva España en el año de 1810, según
los cálculos más probables..." Los pueblos de Nuevo León que el año de
1821 tenían más de la mitad de la población criolla eran: Boca de Leones
61%, Cerralvo 95%, Guajuco 59%, Lampazos 51%, Monterrey 59%, Ma-
rín 79%, Salinas 60%, Santa Catarina 69% y Vallecillo 64%. Isidro Vizca-
ya Canales, "Composición Étnica de la Población de Nuevo León a la
Consumación de la Independencia," Humanitas, num. 10, 1969, pp. 447-450.
33. Se ha llegado a estas conclusiones basándose en datos que se encuentran
en numerosos informes de los municipios de Nuevo León de los años
inmediatamente después de la Independencia. AGENL-Estadística.
34. El año de 1813 el obispo Marín de Porras estimaba* que de los 162,401
habitantes que había en Coahuila, Nuevo León y Nuevo Santander, sólo
102 eran españoles. "Resumen de la población del obispado del Nuevo
Reino de León...," Monterrey, 28 de diciembre de 1813, Archivo General de
Indias, Indiferente General 1525. *

284
NOTAS DEL CAPITULO XI Y EPILOGO

35. Simón de Herrera a Félix Calleja, Béjar, 3 de octubre de 1810, AGN-OG,


vol. 986.
36. Juan José Velarde a Ramón González de Hermosillo, villa de Hoyos, 19
de febrero de 1811, AGENL-G, 1811.
37. Relación de Vicente Flores.
38. José Andrés de Sobrevilla a Melchor Núñez de Esquivel, Punta de
Lampazos, 7 de abril de 1811, AGENL-G, 1811.
39. Francisco Javier Víctor del Bosque y Ochoa a José Santiago de Villa-
rreal, villa de Cerralvo, 25 de marzo de 1811, ibid.
40. Juan Villerías a [Ignacio RayónJ , Cuartel General de Río Blanco, 4 de
abril de 1811, AGENL-G, 1810.1.
41. De la Fuente, Hidalgo Intimo, p. 341n.

EPILOGO

1. José Manuel de Ochoa a Bernardo Bonavía, campamento de Aguanueva,


3 abril de 1811, Gaceta del Gobierno de México, 26 de diciembre de 1811.
2. Alamán, Historia, II, 283-285; "Lista de los Insurgentes que fueron
Hechos presioneros por las tropas realistas en la batalla librada en Matehua-
la el 21 de junio de 1811...," en vol. VI de Documentos, ed. por García, pp^
281-287.
3. "Memorias de fray Gregorio," El Tiempo, 6 de junio de 1903.
4. Alejandro Zerratón a Félix Calleja, Real de Catorce, 19 de marzo de
1811, AGN-OG, vol. 183, exp. 59.
5. Alemán, Historia, II, 280n.
6. Nemesio Salcedo a Simón de Herrera, Chihuahua, 28 de marzo de 1811,
en vol. IV de Documentos, ed. por García, pp. 99-103.
7. Estas fechas se han determinado siguiendo el relato de fray Gregorio de
la Concepción. "Memorias de fray Gregorio," El Tiempo, 9 de junio de
1903.
8. Simón de Herrera a Nemesio Salcedo, Monclova, 28 de marzo de 1811,
AGN-PI, vol. 239, exp. 24.
9. Juan de Castañeda a Félix María Calleja, hacienda de Rancho Grande, 4
de mayo de 1811, AGN-OG, vol. 186.
10. Don José María Uranga no menciona a Manuel Ignacio Solís. Esto
puede haber sido por olvido, ya que su declaración fue trece años después.
Exposición de José María Uranga; Pompa y Pompa, ed., Procesos, pp.
301-302.
11. Ibid. p. 300.

285
NOTAS DEL EPILOGO
12. "Sumaria de fray Juan Salazar," p. 210.
13. Acta de defunción, en Texas, ed. por Chabot, p. 102. Carta de fray
Juan Salazar al tiempo de su fallecimiento, "Prisión de Hidalgo."
14. Pompa y Pompa, ed., Procesos, pp. 301-302.
15. Tomás Flores a Nemesio Salcedo, San Fernando, 12 de junio de 1809,
AGN-IG, vol. 201-A.
16. Antonio Frontaura y Sesma a Félix María Calleja, San Luis Potosí, 12
de marzo de 1808, AGN-IG, vol. 144.
17. Alessio Robles, Coahuila y Texas en la Época Colonial, p. 632.
18. Don José Bernardo Gutiérrez de Lara menciona que una carta que
mandó a Saltillo fue entregada al señor Letona, quien prometió remitírsela a
Rayón. "J. B. Gutiérrez de Lara to the Mexican Congress. Account of
progress of revolution from beginning," vol. I, The Papers of Mirabeau
Buonaparte Lámar, eds. por Charles Adams Gulick, Jr., y Katherine Elliott,
pp. 4-29.
19. Vito Alessio Robles, Coahuila y Texas desde la consumación de la
Independencia hasta el Tratado de Paz de Guadalupe Hidalgo, I, 207, 388 y
425.
20. El Cabildo Eclesiástico al señor primer jefe de la Independencia del
Imperio Mexicano, Monterrey, 24 de agosto de 1821, en Documentos Histó-
ricos, segunda serie, ed. por Pérez-Maldonado, p. 205.
21. José Andrés Guajardo a la Junta de Gobierno, Monterrey, 18 de julio de
1812, AGENL-RM, 1812-1820.
22. González, Colección de Noticias, pp. 283-302.
23. José Manuel Pérez a José Ramón Díaz de Bustamante, Laredo, 10 de
septiembre de 1811, AL. Según el padre José Antonio Gutiérrez de Lara a
Jiménez lo ejecutaron "sin más motivo que haber éste referido en el campo,
pero en presencia de un chismoso, que el dicho señor Arredondo no había
manifestado los despachos de su gobierno." "Recursos de Fuerzas."
24. José Cristóbal de León a Melchor Núñez de Esquivel, 7 de abril de 1811,
AGENL-G, 1811.
25. Joseph Thomás Ballesteros a Melchor Núñez de Esquivel, Pilón, 8 de
abril de 1811, ibid.
26. José Cristóbal de León a Melchor Núñez de Esquivel, Pilón, 8 de abril
de 1811, ibid.
27. Expediente militar de don Francisco Bruno Barrera, Monterrey, 11 de
abril de 1818, AGN-PI, vol. 244, exp. 34; Cavazos Garza, El Muy Ilustre
Ayuntamiento, pp. 81-87; Cossío, Historia, V, 122-123 y 230.
28. José María Sada a la Junta Gobernadora, Monterrey, 17 de enero de
1812, Gaceta del Gobierno de México, 9 de abril de 1812.

286
NOTAS DEL EPILOGO

29. Cossío, Historia, VI, 8.


30. José Agabo de Ayala a Juan Bautista Casas, Bahía, 18 de febrero de
1811, en Texas, ed. por Chabot, pp. 73-74.
31. Cavazos Garza, El Muy Ilustre Ayuntamiento, p. 83.
32. José Andrés Guajardo a la Junta de Gobierno, Monterrey, 22 de agosto
de 1812, AGENL-RM, 1812-1820.
33. José Andrés Guajardo a Melchor Nüñez de Esquivel, Río Blanco, 29 de
noviembre de 1812, ibid.
34. José Andrés Gpajardo a la Junta Gobernadora, Río Blanco, 25 de
noviembre de 1812, ibid.
35. Cavazos Garza, "índice de Reales Cédulas."
36. Pedro de Herrera al comandante general del Ejército de Operaciones
Contra los Insurgentes, Jalapa, 13 de marzo de 1811, AGN-OG, vol. 204.
37. Extracto, AGN-PI, vol. 204, exp. 7.
38. "Diario de Herrera;" "Catalogo de Nuevo León."
39. Acta de la Junta, Monterrey, 4 de mayo de 1811, AGENL-G, 1811.
40. "Memorias de fray Gregorio," El Tiempo, 9 de junio de 1903.
41. Alessio Robles, Coahuila y Texas desde la consumación, I, 253-256.
42. Según José Vasconcelos el matrimonio de doña Victoriana Elizondo y
don José Francisco Madero se efectuó el 3 de febrero de 1824 en Río
Grande, pero en otra parte de su obra llama a esta dama Victoria y dice se
casó en la villa de Nava. José Vasconcelos, Don Evaristo Madero, pp. 38 y
52.
43. Juan de Castañeda a Félix María Calleja, hacienda de Rancho Grande, 4
de mayo de 1811, AGN-OG, vol. 186.
44. Simón de Herrera a Félix Calleja, Monclova, 14 de mayo de 1811,
AGN-OG, vol. 204.
45. Juan de Castañeda al [virrey], Punta de Lampazos, 18 de febrero de
1815, AGN-PI, vol. 253, exp. 1.
46. Juan de Castañeda, capitán provisto de la Compañía Presidial de la
Bahía del Espíritu Santo vende dos casas en Álamo de Parras a don Carlos
Hernández. Archivo Municipal de Lampazos, documentos diversos, vols. 5
a 7 (1800-1820), CD-ITESM.
47. Navarro Garccia, Las Provincias Internas, p. 113.
48. Domingo Martínez al alcalde de Lampazos, Monterrey, 29 de abril de
1833, Archivo Municipal de Lampazos, protocolos, ramo civil, etc., vol.
IV, exp. 14.
49. "Don Francisco Castañeda, alférez primero de la Tercera Compañía
Volante del Nuevo Santander, hijo legítimo de don Juan de Castañeda y
doña María Josefa Fernández, se ha presentado ante mí para contraer

287
20
NOTAS DEL EPILOGO
matrimonio, según el orden de Nuestra Santa Madre Iglesia con doña María
de la Luz Guajardo, española, natural de esta villa, viuda en primeras
nupcias del capitán don Francisco de Ayarzagoitia..,," Lampazos, 25 de
mayo de 1816, Archivo Parroquial de Lampazos, informes matrimoniales,
vols. 9-10 (1805-1817), CD-ITESM.
50. Declaración de Viviano Nüñez, "Sumaria Vidal de Lorca."
51. Gabriel Saldívar, Historia Compendiada de Tamaulipas, p. 154.
52. Manuel de Iturbe e Iraeta a Félix Calleja, Cuartel General de Aguayo,
20 de abril de 1811, AGN-OG, vol. 21.
53. Alamán, Historia, III, 496n.
54. Joaquín de Arredondo al virrey, Campo del Pretil, 7 de abril de 1811,
AGN-I, vol. 143, exp. 59.
55. "Sumaria Vidal de Lorca."
56. Simón de Herrera a Nemesio Salcedo, Monclova, 28 de marzo de 1811,
AGN-PI, vol. 239, exp. 24.
57. Bustamante a Manuel Iturbe, Monclova, 8 de abril de 1811, AL.
58. José Manuel Pérez a José Ramón Díaz de Bustamante, Laredo, 10 de
septiembre de 1811, ibid.
59. Manuel de Acevedo a la Junta Gobernadora, San Luis Potosí, 27 de
julio de 1812, AGENL-G, 1812-1813.
60. Don Melchor Núñez de Esquivel le dice a los subdelegados en carta
cordillera, que el día anterior tomó posesión como gobernador político y
militar don Ramón Díaz de Bustamante, disolviéndose la Junta Patriótica,
Monterrey, 12 de marzo de 1813, Archivo Municipal de Lampazos, proto-
colos, ramo civil, etc., exp. 22 (1813). Sobre la muerte de Bustamante.
Cossío, Historia, IV, 175.
61. Proclama, Monterrey, lo. de junio de 1812, AGENL-G, 1810-1821.
62. Chabot, Texas, p. 99; "Sumaria de fray Juan Salazar," p. 225.
63. Bustamante, Cuadro Histórico, I, 199.
64. Ignacio Elizondo a Andrés Sobrevilla, Monclova, 3 de mayo de 1811 y
algunos apuntes agregados, en expediente sobre secuestro y embargo de los
bienes del insurgente Juan Ignacio Ramón, AMM, causas criminales, vol.
XLIII (1811-1813), exp. 737 (1811).
65. Actas de la Junta de Seguridad.
66. Ignacio Elizondo y Simón de Herrera a Francisco Javier Venegas, ciudad
de Monclova, 15 de junio de 1811, AGN-PI, vol. 244, exp. 1.
67. Almaraz, Tragic Cavalier, pp. 123-124.
68. Manuel de Salcedo a Nemesio Salcedo, Mapimí, 14 de agosto de 1811,
AGN-OG, vol. 986.
69: Manuel de Salcedo a Nemesio Salcedo, San Fernando de Béjar, 18 de

288
NOTAS DEL EPILOGO

septiembre de 1811, ibid.


70. Nemesio Salcedo a Manuel de Salcedo, Chihuahua, 15 de octubre de
1811, ibid.
71. Manuel de Salcedo a Nemesio Salcedo, San Fernando de Béjar, 4 de
noviembre de 1811, ibid.
72. Nemesio Salcedo a Manuel de Salcedo, Chihuahua, 26 de noviembre de
1811; Manuel de Salcedo a Nemesio Salcedo, San Fernando de Béjar, 16 de
diciembre de 1811, ibid.
73. Garrett, Creen Flag, pp. 150-158.
74. Faulk, The Last Years, pp. 134-135.
75. Para lo relativo a los incidentes de la invasión de Gutiérrez de Lara:
"J.B. Gutiérrez de Lara to the Mexican Congress"; Breve apología; Garrett,
Creen Flag, pp. 167-181; Almaraz, Tragic Cavalier, pp. 164-172; Faulk, The
Last Years, pp. 134-135; Castañeda, Our Catholic Heritage, VI, 61-120;
Vicente Filisola, Memorias para la historia de la Guerra de Texas, I, 50-58;
H. Yoakum, History of Texas, I, 153-176; Richard W. Gronet, "The United
States and the invasión of Texas, 1810-1814," The Americas, vol. XXV,
enero, 1969, pp. 281-306.
76. Chabot publico las actas de defunción de los que fueron enterrados en
la iglesia de San Fernando en Béjar y también se incluye a un Joaquín
Luzgardo. Chabot, Texas, p. 146. En un papel que existe en el Archivo
General del Estado de Nuevo León se incluyen, además de los menciorados,
a los tenientes Juan Cantú de Salinas y Múzquiz de Béjar, a los alféreces
Rodríguez de la villa de Croix y Parra, quien era español, y a los sargentos
Juan Bautista Solís de la villa de Hoyos y Miguel Pando de Durango.
"Béjar, finados 3 de abril de 13," AGENL-G, 1810-1821. Cuando menos en
lo relativo a Miguel Pando hay un error, pues éste estaba viviendo en Béjar
a principios de 1814. El obispo Marín de Porras a Joaquín de Arredondo,
Monterrey, 16 de febrero de 1814, AGENL, asuntos eclesiásticos, 1804-1823.
La lista que publica Yoakum se debe al coronel Navarro. Yoakum, History,
p. 169n.
77. Despacho de don Simón de Herrera de comandante general de las
Provincias Internas de Oriente, 24 de marzo de 1812, AGN-PI, vol. 239.
78. "Expediciones militares del brigadier don Joaquín de Arredondo en las
Provincias Internas con algunas circunstancias de su gobierno en ellas."
González, Colección de Noticias, pp. 328-348; Filisola, Memorias, I, 59-79;
Garrett, Creen Flag, 205-227; Joaquín de Arredondo a Ramón Perca, campo
de batalla a las inmediaciones dé Medina, 18 de agosto de 1813; "Noticias
de los rebeldes que en el alcance de la capital de Béjar al puesto de
Trinidad, ha mandado pasar por las armas el teniente coronel Elizondo,"

289
NOTAS DEL EPILOGO
AGENL-G, 1810-1821.
79. Juan Manuel Zambrano al [rey], México, 31 de mayo de 1816, AGN-PI,
vol. 244, exp. 8; Garrett, Creen Flag, pp. 138-151.
80. Joaquín de Arredondo al obispo Marín de Porras, Cuartel General de
Béjar, 13 de enero de 1814. En su contestación el obispo decía: "Tengo las
manos atadas para resolver en el suceso de la casa del billar de esa ciudad
entre el subdiácono, teniente coronel Zambrano y el alférez don Miguel
Pando, sin oírle primero las excusas. .."El obispo a Joaquín de Arredondo,
Monterrey, 16 de febrero de 1814, AGENL, asuntos eclesiásticos, 1804-1823.
81. Diversos documentos en AGN-PI, vol. 244, exp. 8.
82. Chabot, Texas, pp. 124 y 127.
83. Antonio Cordero a Juan Ruiz de Apodaca, Arizpe, 12 de enero de 1817,
AGN-PI, vol. 189, exp. 3; Antonio Cordero a Juan Ruiz de Apodaca,
Arizpe, 20 de agosto de 1817, AGN-PI, vol. 255; Almada, Diccionario, p.
116.
84. Faulk, The Last Years, pp. 34-36.
85. Alessio Robles, Coahuila y Texas desde la consumación, I, 191 y 227;
Almada, Diccionario, p. 559.
86. Alessio Robles, Coahuila y Texas desde la consumación, I, 43, 44n, 227
y 227n. Dionisio Elizondo era originario de Pesquería Grande y contrajo
matrimonio en Lampazos el 25 de febrero de 1816. Residía entonces en la
hacienda de El Álamo. Archivo Parroquial de Lampazos, matrimonios,
vols. 1-3 (1700-1829), CD-ITESM.
87. Alessio Robles, Coahuila y Texas desde la consumación, I, 442.
88. Pike, The Joumals, I, 436n.
89. De la Fuente, Hidalgo Intimo, p. 390.
90. Isidro Vizcaya Canales, La invasión de los indios bárbaros al noreste de
México en los años de 1840 y 1841, pp. 183, 183n, 184 y 185n.
91. Diversos documentos, AGENL-RM.
92. Ricardo Covarrubias, Gobernantes de Nuevo León, 1582-1961, p. 42.
93. Primo, obispo del Nuevo Reino de León a Ciríaco González Carvajal,
villa de Saltillo, 10 de septiembre de 1813, Archivo General de Indias,
Guadalajara 561. En carta que el obispo escribió de Saltillo, anunciaba
llegaría a Monterrey el "viernes inmediato," que hubiera sido el 23 de
octubre, pero es probable se haya demorado algunos días en esa villa.
Primo, obispo del Nuevo Reino de León a los señores de la Junta Goberna-
dora e Ilustre Ayuntamiento de la ciudad de Monterrey, Saltillo, 16 de
octubre de 1812, AMM, correspondencia.
94. Pérez-Maldonado, El Obispado, p. 162.
95. Cossío, Historia, pp. 30 y 61.

290
NOTAS DEL EPILOGO

96. Hernández y Dávalos, ed., Colección de Documentos, I, 75-76.


97. "Sobre embargo de los bienes de María Josefa Ajarrista."
98. [Joaquín de Arredondo ] al presidente y vocales de la Diputación Pro-
vincial de las cuatro Internas de Oriente, Monterrey, 18 de diciembre de
1820, AGENL-G, 1810-1821.

291
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LAS FUENTES, EN PARTICULAR
LAS RELACIONADAS CON LOS ACONTECIMIENTOS
DE ACATITA DE BAJAN

Es indudable que durante la insurrección encabezada por el cura Hidalgo,


las Provincias Internas de Oriente fueron un teatro secundario de acción.
Por esta razón las historias generales de México han tratado en forma muy
somera los sucesos de estas provincias, salvo la prisión de los principales
caudillos en Acatita de Bajan. Era de esperarse que los historiadores regio-
nales hubieran subsanado esa deficiencia, pero no ha sido así. Nunca han
intentado hacer una historia unificada de las antiguas Provincias de Oriente
y han fraccionado Ips acontecimientos concretándose a relatar lo que suce-
dió en alguna de las entidades. Pero aun en esto se adolece de graves
defectos, lo cual hace conveniente exponer con brevedad, cuál es la situación
de la historiografía regional con relación al período cubierto por este traba-
jo.
Las historias locales de Tamaulipas no aportan casi nada adicional a lo
que se" encuentra en las historias generales de México. En Coahuila, con
excepción de los trabajos de don Vito Alessio Robles, a los cuales se hará
referencia más adelante, la situación es la misma. En Nuevo León, el doctor
José Eleuterio González publicó el año de 1867 su obra Colección de
noticias y documentos para la historia del Estado de Nuevo León y en ella
incluyó unos cincuenta documentos referentes al período comprendido en
este trabajo, tomados todos del Archivo General del Estado. Posteriormente
adjuntó cuatro documentos adicionales que le mandaron del Archivo Muni-
cipal de Montemorelos en sus Lecciones orales de historia de Nuevo León.
En el año de 1925, apareció el cuarto tomo de la Historia de Nuevo León de
don David Alberto Cossió, en donde trata lo relativo a la Guerra de
Independencia, basándose casi exclusivamente en la documentación aporta-
da por el doctor González. Don Carlos Pérez-Maldonado dio a conocer, en
el año de 1947, unos treinta documentos adicionales relativos a la Guerra de
Independencia en su obra Documentos históricos de Nuevo León, 1596-
1811. Estos fueron tomados de colecciones particulares, del Archivo Muni-
cipal y el de la Catedral de Monterrey.
De las cuatro antiguas Provincias Internas de Oriente, donde mejor se
ha estudiado la historia de la región es en Texas. No se han visto todos los

293
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LAS FUENTES

trabajos que hacen alusión a los acontecimientos de 1810 y 1811, pero entre
los consultados merecen mencionarse: Creen Flag Over Texas de Julia
Kathryn Garrett, Texas In 1811 de Frederick C. Chabpt, The Last "Years of
Spanish Texas, 1778-1821 de Odie B. Faulk, Tragic Cavalier de Félix D.
Almaraz, Jr., que es un estudio de la administración de don Manuel Salce-
do y la obra monumental de Carlos E. Castañeda, Our Catholic Heritage in
Texas, cuyo sexto tomo está dedicado a los sucesos durante la Guerra de
Independencia.
De todos los acontecimientos de las Provincias Internas, es natural que
al que se le ha dado mayor importancia, sobre todo en las historias
generales de México, es a la captura de los primeros caudillos de la Indepen-
dencia en Acatita de Bajan, pero sobre este incidente se han ido perpetuan-
do una serie de errores, que hacen necesario hacer algunas rectificaciones.
El iniciador de estas aberraciones fue don Carlos María Bustamante,
quien con su Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana dice sobre el
origen de la emboscada de Bajan lo siguiente: "El teniente coronel don
Ignacio Elizondo (de fatal memoria), se mostró adicto a la Independencia y
comenzó a trabajar por ella, haciendo que la adoptasen las cuatro Provin-
cias de Oriente que levantó a favor de la causa. Creyóse con este servicio
autorizado, para pretender el grado de teniente general; no pareció bien a
Allende esta demanda sino pretensión desaforada, y no vino en otorgársela.
Tan justa negativa desplació mucho a Elizondo. El obispo de Monterrey que
iba en fuga y a quien fue a alcanzar Elizondo le habló sobre la revolución y
pretendió seducirlo a que volviese al partido español y fácilmente lo consi-
guió: entonces fue cuando concibió el pérfido proyecto de arrestar a Allende
y a los demás generales." (I, 155).
Estas cuantas líneas, redactadas en forma tan curiosa, son el origen de
toda una leyenda. Bustamante muestra un desconocimiento absoluto de lo
que eran las cuatro Provincias de Oriente y habla de ellas como si se tratara
de un municipio. ¿Qué poder o influencia especial tenía Elizondo para
atraer a la insurgencia a las cuatro provincias? Si esto hubiera hecho, bien
merecía el grado de teniente general, pues habría sido el individuo que más
territorio conquistara para el movimiento, y más, cuando se ha visto que
simples cabos como Juan José Treviño de Nuevo Santander y Tomás María
Flores de Nuevo León, cuyo único mérito fue pasarse a los insurgentes con
unos cuantos soldados, obtuvieron inmediatamente el grado de tenientes
coroneles.
La versión de Bustamante es la que han repetido casi todos los historia-
dores y algunos de ellos se han encargado de reforzarla. El doctor José
Eleuterio González dice en su Colección de noticias y documentos para la

294
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LAS FUENTES

historia del Estado de Nuevo León: "Don José María Elizondo, hermano del
traidor don Ignacio, a quien yo pregunte' el año de 39, si era cierto que el
obispo había tenido parte en esto, me dijo: que el dicho obispo había salido
de Monterrey con ánimo de embarcarse, desde que se ganó la batalla de
Aguanueva, pero que no llegó ni al Refugio (Matamoros) sino que por ahí de
Camargo se había vuelto, y andaba por los pueblos del norte de la provin-
cia. Que el día que su hermano vino a Pesquería resentido de los generales,
porque no habían atendido su mérito, el obispo que estaba cerca de Salinas
había ido a Pesquería y había pasado la noche en la casa de su hermano
don Ignacio. Que él no sabe de qué hablarían, ni vio a su hermano al día
siguiente, porque al amanecer se había ido el obispo para el rancho de
donde había venido, y su hermano para Monclova." (pp. 228-229).
Por su parte el historiador David Alberto Cossío, sin mencionar ningu-
na fuente, afirma en su compendio de Historia de Nuevo León: "Entre las
tropas del ex-gobemador de Coahuila, dispuestas poco tiempo antes a
combatir a Jiménez en Aguanueva, iba un capitán de Pesquería Grande, hoy
villa de García, muy prestigiado entre los soldados de La Colonia, de
nombre don Ignacio Elizondo, y este jefe, de manera espontánea, se pasó a
las filas de los independientes, como tantos otros.'' Más adelante continúa:
"En Salinas, logró ponerse de acuerdo con el obispo Marín de Porras, que
se ocultaba de los independientes, y oyendo sus insinuaciones y las de otros
europeos, preparóse para consumar su rastrero pensamiento de traicionar a
Hidalgo y a los suyos, "(p. 114).
Hasta hace unos cuarenta años, los únicos que habían puesto en duda
la versión iniciada por don Carlos María Bustamante eran don Lucas
Alamán y don Francisco Bulnes.
Alamán dice en el segundo tomo de su Historia de México; "Era
Elizondo capitán de una compañía presidial, y habiendo tomado parte en la
revolución, se había disgustado después, según se dice, porque no había
sido remunerado como pretendía." (p. 173). Sobre el obispo Marín de
Porras simplemente afirma que "Se fugó y pudo embarcarse." (p. 96).
En cambio, don Francisco Bulnes, que no hizo ninguna investigación
original, pero que conocía muy bien las veleidades de la política en México
hace en La Guerra de Independencia el siguiente comentario: "Yo no creo
que Elizondo haya tenido necesidad del injustificado desaire de Allende para
lanzarse a la traición. Cuando una revolución va para arriba hay multitud
de personas que solicitan sus favores, pero cuando va para abajo a lo que es
peor, cuando la opinión la considera ya muerta, nadie pide a un muerto el
despacho de teniente general." (p. 158).
En la década de los treintas, el historiador Vito Alessio Robles, quien

295
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LAS FUENTES
zonto con el archivo del tesorero don Manuel Royuela, se dedicó con
mucho fervor a tratar de demostrar que Ignacio Elizondo nunca había sido
insurgente. En esta tarea, aportó documentación muy valiosa, hasta enton-
ces desconocida, y expuso sus argumentos en el libro Coahuila y Texas en
la Época Colonial y en diversas publicaciones, de las cuales, las más
importantes, fueron una serie de quince artículos, que a fines de 1937 y
principios de 1938, publicó en el diario Excélsior y en varios periódicos de
provincia.
Algunos historiadores modernos han seguido el punto de vista expuesto
por Alessio Robles; destaca entre ellos don Luis Castillo Ledón en su
Hidalgo, la Vida de un Héroe. Alessio Robles sostiene que Ignacio Elizondo
nunca fue insurgente, que no estuvo en Aguanueva, que no conoció a
Allende, y por lo tanto, no pudo pedirle un ascenso, y que el obispo Marín
de Porras no tuvo ninguna intervención en la planeación de la emboscada
de Bajan, sin embargo, sus pruebas no son totalmente convincentes.
Es increíble que la persona que con más precisión relata, y en unas
cuantas líneas, lo relativo a la contrarrevolución en las Provincias Internas
de Oriente, fue quien primero escribió de estes acontecimientos. Se trata de
fray Servando Teresa de Mier en su obra Historia de la Revolución de
Nueva España, la cual publicó el año de 1813 en Londres, bajo el seudóni-
mo de José Guerra. Fray Servando dice haber obtenido su información de
los diversas partes publicadas en la Gaceta de México, pero también de una
carta larga y detallada de 30 de julio, escrita a Cádiz por un euro-
peo honrado que conozco y había escapado del Nuevo Reino de León
donde estaba casado y otras en fin de personas fidedignas de la provincia de
Coahuila." La carta a que hace referencia, dice el padre Mier, que fue
enviada desde Jalapa. (II, 374-377).
Se pensó que este europeo que escribía desde Jalapa podría haber sido
don Pedro de Herrera, quien al escapar de Nuevo León, rumbo a Altamira,
Tuxpan y Veracruz, estuvo muchos días en Jalapa. Pero no es posible que
haya sido don Pedro el que escribió la carta a que hace referencia el padre
Mier, pues éste llegó a México el 22 de marzo. Sin embargo, es muy
probable que alguna de las personas que iban acompañando a don Pedro se
haya quedado en Jalapa, quien conociendo bien a las gentes de las Provin-
cias Internas, y probablemente manteniendo correspondencia con algunas de
ellas, haya podido obtener la versión que recogió el padre Mier. Este dice
en el libro mencionado: "Elizondo era insurgente y con 120 hombres de su
opinión pasó al presidio de Laredo de la colonia del Nuevo Santander a
prender a los europeos reunidos allí y apoderarse de sus bienes, pero
malogró su viaje, porque noticiosos ellos, se habían fugado y andaban

296
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LAS FUENTES

esparramados por aquellos campos. Por haber llegado el nuevo Saulo a


Laredo, pasó allí la noche en casa del capitán Bustamante (natural de
Sonora, siempre perseguido de sus jefes por sus continuas quiebras de las
cajas de las compañías), y aprovechando éste la ocasión, le persuadió a que
volviese aquel celo y furia contra los mismos insurgentes que se lo habían
infundido. Poco trabajo costó el convencerle de la injusticia y se ofreció a
cuanto el capitán de Laredo determinase hacer, en cuya virtud formaron un
plan bien concertado y se puso en ejecución con el éxito más feliz. Eran
también insurgentes los capitanes Menchaca, Carrasco, don Mariano (sic)
Borrego, el teniente Uranga y otros muchos, pero persuadidos por Elizondo
se agregaron a la contrarrevolución y ayudaron a aquellas célebres prisio-
nes." (II, 377-378).
Respecto al señor obispo Marín de Porras, fray Servando dice: "Los
(gobernadores) de Coahuila y Texas fueron presos, como otros europeos
que no huyeron al principio de la conmoción y no tomaron su camino hacia
el puerto de Tampico, por donde se escaparon muchos, y entre ellos el
obispo con el canónigo Altolaguirre, bien que a estos dos los dejaron
escapar de propósito, contentándose con retenerles la bolsa." (II, 373).
La versión de fray Servando queda plenamente confirmada en una
carta que el capitán Díaz de Bustamante, comandante de Laredo, escribió
desde Monclova al gobernador de Nuevo Santander el 8 de abril de 1811.
Este documento es del Archivo de Laredo, el cual se encuentra actualmente
en la Universidad de St. Mary's en San Antonio, Texas. Tiene la particulari-
dad de ser una minuta, en la cual hay palabras tachadas, pero legibles.
Estas palabras tachadas son muy reveladores y lo más probable es que no se
encuentren en la carta original, si es que ésta existe en algún lado. En
seguida se reproduce lo esencial de este documento. Lo tachado se ha puesto
con letras negrillas, lo que está entre corchetes se ha agregado para identifi-
car personas sólo señaladas con iniciales y lo punteado son partes que faltan
en el documento.
"Miraba con el mayor dolor, rendidas a discreción de estos viles, las
armas y tropas de Nuevo León y Coahuila, venían repetidas órdenes de ellos,
para dejar el punto que guardaba en la frontera y juré defender hasta rendir
el último vital aliento, sosteniendo la religión, el rey y la patria. En tal
situación, amparados de mis débiles fuerzas, el ilustrísimo señor obispo de
esta diócesis y 22 europeos, tenía dispuesto marchar a la provincia de Béjar,
en donde unido a las tropas del mando del señor don S. de H. [Simón de
Herrera] pudiera respirar con más aliento y operar con más respeto contra
el enemigo, pero ¡oh desgraciada suerte de los hombres! Se frustró mi
intención con la noticia de haber levantado la voz el capitán de milicias don

297
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LAS FUENTES

J. B. C. [Juan Bautista Cosos], aprehendiendo a los señores gobernadores


don S.H. [Simón Herrera}, don Manuel Salcedo y o los oficiales que
manifiesta la adjunta lista. Relativamente se me presentan 120 hombres, que
mandados por el capitán don Y. E. [Ignacio Elizondo], se dirigían a apre-
hender dichos europeos y embargar sus intereses, cuyos individuos hacia
tres días que habían salido errantes por los campos; manifesté' mis senti-
mientos al referido oficial, la noche que se mantuvo en aquel puesto, y
habiéndole impresionado... pusimos de acuerdo para averiguar del enemigo e
impedir la ruina que amenazaba. No se pasaron muchos días, cuando se me
presentó el mariscal don Juan Ignacio Aldama, acompañado de un fraile,
que pasaba a la provincia de Texas a tratar asuntos interesantes a la nación,
quien me recomendó al teniente general de sus ejércitos para que dejara
aquel punto, amenazándome con pena de muerte si no lo verificaba. Y
como el mismo día había llegado a mis manos la derrota... precipitado mi
aliento, animada mi compañía y vecindario, se trató de aprehender a este
cabecilla. Pero considerando, que de verificarlo pudieran frustrarse las mi-
ras mas selectas que nos habíamos propuesto entre el coronel Elizondo, el
capitán retirado don J.M. posé Menchaca ] y yo, le dejamos seguir la ruta,
cuando al siguiente día de haber ingresado a Béjar lo ejecutó una junta de
buenos patriotas, que se formó en aquella capital. Con este aviso, la noticia
de haber llegado pocos días antes el cura y Allende al Saltillo, corridas por
Elizondo, estas dos provincias, animando la tropa para igual empresa,
entendido yo que debía reunirme a marchas dobles para operar en esta
capital, punto destinado a la reunión, emprendí mi marcha el 20 del pasado
con 170 hombres de tropa y vecinos, cuando el 22 por la noche me avisaron
de estar en el real de Boca de Leones, 204 insurgentes saqueando las casas y
aprisionando europeos. Sin perder momento me dirigí a dicho real con 65
hombres... llegué al amanecer (dejando el campo en el paraje de la Carroza)
y puesto en disposición de ataque, ¡es sorprendí y aprisioné 2..., rescaté
siete europeos, sentenciados a degüello y 50,000 pesos que habían cogido
del ilustrísimo señor obispo, del estanco de Reynosa y del guarda de cuentas
reales don Blas José Marte, que igualmente traían prisionero y hoy se halla
en mi compañía."
Esta carta, escrita unas tres semanas después de los acontecimientos de
Bajan, prueba plenamente que Elizondo sí fue insurgente y que fue el
capitán Díaz de Bustamante quien lo convenció de volver al bando realista,
y no el obispo Marín de Porras como se ha repetido con tanta frecuencia.
No obstante, para reforzar esta afirmación es conveniente aportar al-
gunos datos adicionales.
El 14 de febrero de 1811, don Juan José Iriarte administrador de Reales

298
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LAS FUENTES

Rentas de Nuevo Santander, le pasó en Altamira un oficio al gobernador


Iturbe que empezaba: "Habiéndose ingresado a esta villa de Altamira el
ilustrísimo señor obispo del Nuevo Reino de León a las doce de la noche del
día 13 del corriente mes..." El 21 del mismo mes, Iriarte le escribió desde
Pueblo Viejo a los directores generales vocales de la Junta de Unión de
Rentas y'les decía, que el señor obispo se encontraba en esa población,
acompañado del canónigo Altolaguirre, y que pronto se iba a trasladar a la
ciudad de México. Estos documentos se encuentran en el volumen número
143 del Ramo de Infidencias en el Archivo General de la Nación.
Por lo tanto, el señor obispo llegó a Altamira a media noche del 13 de
febrero y el 21 del mismo mes se encontraba en Pueblo Viejo, al lado sur
del río Panuco. Esto hace imposible que se regresara 600 kilómetros a través
de dos provincias totalmente en manos de los insurgentes, de quienes
acababa de escapar, para ir a entrevistarse con Ignacio Elizondo en Pesque-
ría Grande, según el doctor González, o en Salinas, según Cossío. De
hecho, la versión de que el obispo se anduvo escondiendo en los ranchos,
mientras los insurgentes ocuparon las Provincias Internas de Oriente, es
enteramente absurda. ¿Por qué no regresó a Monterrey cuando se instaló la
Junta de Gobierno? ¿Por dónde se fue a la ciudad de México? Es asunto
muy conocido, que después de que el núcleo principal de la insurgencia fue
destruido, las regiones del centro del país se llenaron de guerrillas que
hacían imposible viajar sin una fuerte escolta.
Respecto a la otra parte de la leyenda que se ha impuesto, esto es al
hecho de volver Elizondo al bando realista porque Allende le negó el grado
de teniente coronel, es conveniente también hacer algunas observaciones.
Ignacio Elizondo aparece por primera vez participando en los aconteci-
mientos relatados el 16 de enero de 1811, cuando el tesorero don Manuel
Royuela fue asaltado en el presidio de Río Grande. El mismo Royuela
confirma que Elizondo estaba allí en la fecha señalada. Después de este
incidente hubo una pugna entre Elizondo y el capitán don José Menchaca,
pues los dos querían ir a conquistar Texas para la insurgencia. Esto obligó a
don Pedro de Aranda, el gobernador insurgente de Coahuila, a trasladarse a
Río Grande, y estando allí, se recibió la noticia de la revolución de Casas
en San Antonio. Elizondo se dirige en seguida a Laredo a embargar los
bienes de los españoles que se habían refugiado en esta villa. La estancia de
Elizondo en Laredo debe haber sido entre el 29 y 31 de enero, pues la
noticia de la rebelión de Casas no se conoció aquí antes del día 26 y El
Capitán Colorado dice en la carta transcrita anteriormente, que cuando
Elizondo llegó, los españoles "hacía tres días que habían salido errantes por
los campos." En Laredo, Díaz de Bustamante convence a Elizondo a volver

299
ALGUNOS COMENTAR/OS SOBRE LAS FUENTES
al bando realista.
El 17 de febrero, Elizondo estaba otra vez en el presidio de Río Grande,
pues su hermano don Nicolás relata que ese día se entrevistaron con
Royuela. Cuando los oficiales apresados en San Antonio llegaron a este
presidio, que fue probablemente el 19 de febrero, Elizondo todavía se
encontraba allí. Esto lo confirma don Juan de Castañeda quien era uno de
los prisioneros. Antes de esta fecha Elizondo no puede haberse entrevistado
con Allende, pues éste no llegó a Saltillo hasta el 24 de febrero.
Pero es conveniente seguir la ruta de Elizondo en estos días. El mismo
teniente Castañeda cuenta, que al día siguiente de su llegada a Río Grande,
salieron para Monclova, en donde estuvieron cinco días y luego se dirigie-
ron al valle de Santa Rosa y hacienda de Elizondo. De Río Grande (Guerre-
ro, Coah.) a Monclova hay más de 200 kilómetros de distancia y unos 175
de esta última población al valle de Santa Rosa (Múzquiz, Coah.). Por lo
tanto, se requerían cuando menos unos seis días para hacer este recorrido.
Si a éstos se agregan los cinco días que estuvieron en Monclova, no pueden
haber llegado a Santa Rosa hasta el 2 ó 3 de marzo. Ahora bien, aun supo-
niendo que Elizondo hubiera salido para Saltillo a ver a Allende, inmediata-
mente después de dejar a los prisioneros en el valle de Santa Rosa, no dispuso
mas que de diez días para recorrer unos 700 kilómetros, esto es de Santa
Rosa a Saltillo y de regreso hasta San Fernando (Zaragoza, Coah.), pues el
13 de febrero, que llegaron a esta última villa los capitanes Muñoz y Galán
enviados por la Junta de Béjar, encontraron a Elizondo ahí. Si se analiza
todo esto cuidadosamente, se llega a la conclusión de ser muy improbable el
que Elizondo se haya entrevistado con Allende. Por otro lado, ¿qué objeto
tenía que fuera a pedir un ascenso, cuando desde unas tres semanas antes de
la llegada de Allende a Saltillo, ya estaba tramando la contrarrevolución?
Es conveniente mencionar otras dos publicaciones relativas a los acon-
tecimientos de Bajan. Una de ellas es un folleto que divulgó en 1962 el señor
Apolinar Núñez de León titulado Los Andanzas de un Obispo y la Traición
de Bajón. El propósito de este opúsculo es confirmar que el obispo Marín de
Porras fue el inspirador de la emboscada de Bajan y que siguió escondido
en la región cuando los insurgentes la ocuparon. Sin embargo, la única
novedad que aporta es que en el Archivo Parroquial de Salinas existe una
dispensa matrimonial del 18 de febrero de 1811, para el casamiento de un
don Felipe Elizondo con doña María Dolores de Villarreal y otra -del 17 de
diciembre de 1810 para el casamiento de don Manuel Cisneros con Juana
Cantú, y ambas están firmadas por el obispo Marín. La segunda de estas
dispensas no indica nada, salvo que el obispo todavía se encontraba en
Monterrey, pues no había ninguna razón para que hubiera abandonado su

300
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LAS FUENTES

sede, ya que las Provincias Internas de Oriente eran todavía totalmente


realistas.
Respecto a la primera dispensa, el 18 de febrero de 1811, que cita el
señor Núñez, no es la fecha en que fue concedida, sino la del matrimonio, y
en éste no aparece la firma del obispo. La dispensa se concedió dos meses
antes, el 14 de diciembre de 1810. El último de estos documentos que se
encuentra en el Archivo de Salinas, firmado por el señor obispo, es del 4 de
enero de 1811, o sea tres días antes de la defección de Aguanueva, que fue
lo que determinó que el obispo huyera de Monterrey. Por otro lado,
Núñez de León sostiene que el obispo se estaba granjeando a Elizondo,
concediendo una dispensa a una persona del mismo apellido. Estas dispen-
sas se concedían casi todos los días, pues eran para autorizar el casamiento
entre parientes y en los pueblos pequeños, casi todos estaban emparentados.
Mucho más importantes que este folleto son las publicaciones del
doctor José M. de la Fuente. Este hizo primero referencia a los aconteci-
mientos de Bajan en un artículo que bajo el título de "El Coronel Elizondo"
publicó en los años de 1903 y 1907 en el Boletín de la Sociedad de
Geografía y Estadística de la República Mexicana, y posteriormente propor-
cionó muchos datos sobre los mismos acontecimientos en su libro Hidalgo
Intimo aparecido en el año de 1910. El doctor de la Fuente, quien era nativo
de Monclova, dice recogió muchas tradiciones respecto a los incidentes que
llevaron a la captura de los primeros insurgentes, y haber conocido en su
niñez a algunos de los participantes en estos acontecimientos. Sin embargo,
su artículo "El Coronel Elizondo" está plagado de errores, y algunos de
éstos los corrigió en Hidalgo Intimo, lo que indica, que ya para entonces
había leído con más cuidado otros autores que tratan de estos incidentes y
sin atenerse a las tradiciones que dice haber recogido, las cuales generalmen-
te son poco confiables y hay que utilizar con mucha precaución.
No obstante, el libro Hidalgo Intimo conserva muchos desaciertos. Dice
que don Manuel Salcedo era hijo de don Nemesio (p. 322), que hubo una
Junta de guerra en Saltillo, a la cual asistieron Hidalgo y Allende para
nombrar plenipotenciario que fuera a los Estados Unidos, que este nombra-
miento recayó en el licenciado Ignacio Aldama y que su segundo fue fray
Juan Salazar (p. 335). Es un hecho que éstos salieron de Saltillo muchos días
antes de que llegara Allende, e Hidalgo hizo su arribo después. También
afirma el doctor de la Fuente qué, cuando los contrarrevolucionarios de
Monclova nombraron gobernador a don Simón de Herrera, éste designó
como secretario a don Bernardo Villamil (p. 347). No se explica por qué
varios historiadores mencionan a Villamil participando en los acontecimien-
tos de Monclova. Este estaba en San Luis Potosí cuando empezó la revolu-

301
ALGUNOS COMENTAR/OS SOBRE LAS FUENTES
ción, anduvo acompañando a Calleja en toda su campaña, incluso la batalla
del Puente de Calderón y no estuvo en el norte hasta algunos años después,
cuando fungió como gobernador de Nuevo León por corto tiempo. Además,
no es lógico que don Simón nombrara secretario a un individuo que tenía el
mismo grado que él, pues Villamil también era teniente coronel.
El doctor de la Fuente dice en "El Coronel Elizondo," que los presos
insurgentes entraron a Monclova la tarde del 22 de marzo y en Hidalgo
Intimo expone que fue el día 23 a las diez de la mañana. En ambos relatos,
refiere que los detuvieron en una fragua para ponerles grillos. En "El
Coronel Elizondo" afirma que sólo se los pusieron a Hidalgo, pero en
Hidalgo Intimo dice que también sufrieron esta humillación Allende, Abasó-
lo, Jiménez y Aldama. Relata igualmente que al llegar los prisioneros, "el
vecindario de Monclova, especialmente las señoras, derramaban lágrimas al
contemplar aquel cuadro." (p. 354). En cambio, fray Gregorio de la Con-
cepción, quien era uno de los prisioneros afirma que llegaron a Monclova el
día 22 en la noche y no relata nada de fragua ni de grillos, pero sí dice que
al entrar: "nos empezaron a decir mil dicterios, y hasta los muchachos nos
gritaban: ¡herejes, ladrones, mueran estos picaros y viva el rey! y aun nos
escupieron cuando nos bajaron a la casa que nos tenían prevenida." (El
Tiempo, 10 de junio de 1903).
También relata el doctor de la Fuente con lujo de detalles un baile que
se efectuó en la casa de don Ignacio Castro, quien según él era muy amigo
de don Pedro de Aranda, el gobernador insurgente de Coahuila, y ahí fue
en donde se aprehendió a éste. Vicente Flores, quien fue el designado por
los contrarrevolucionarios para seguir a Aranda no menciona ningún baile.
Por otro lado, Castro no debe haber sido tan amigo de Aranda, pues fue
uno de los vecinos de Monclova que acompañó a don Tomás Flores a
Bajan.
Sobre los acontecimientos de Bajan se han elaborado muchas leyendas;
sin embargo, los únicos documentos auténticos con que se cuenta para la
reconstrucción de la contrarrevolución de Monclova y la captura de los
caudillos insurgentes son: el parte de don Simón de Herrera al comandante
general, una carta de don Benigno Vela al obispo Marín de Porras y una
serie de documentos recopilados el año de 1824 por el presbítero José
Francisco Soberón, cura de Monclova. Todo este material proviene del
bando realista, y desgraciadamente el de los insurgentes es muy escaso,
pues, fuera de lo que declararon en sus procesos, los únicos documentos
confiables de participantes son: una carta bastante breve del licenciado
Manuel Mariano Joseph Garcés y las memorias de fray Gregorio de la
Concepción.

302
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LAS FUENTES

El parte de don Simón de Herrera tiene fecha del 28 de marzo de 1811


y fue publicado por la Gaceta Extraordinaria del Gobierno de México el 25
de abril de ese mismo año. Se encuentra también en el Archivo General de
la Nación en el volumen número 239, expediente 24 del ramo de Provincias
Internas.
La carta de don Benigno Vela es ¡del 25 de marzo de 1811 y fue
publicada en la Gaceta del 16 de abril. Como Vela no fue uno de los
participantes en los acontecimientos, su carta contiene algunos errores.
Mucho más importantes que éstos son los documentos recogidos por el
presbítero Soberón. Este legajo se encuentra en el volumen número 40 del
ramo Justicia Eclesiástica en el Archivo General de la Nación y fue publica-
do el año de 1937, bajo el título de "Prisión de Hidalgo en Acatita de
Bajan" en el "Boletín del Archivo General de la Nación. La publicación va
precedida por una pequeña introducción que explica el origen de estos
documentos: "Deseando el primer Presidente de la República, don Guadalu-
pe Victoria, que se escribiera una historia documentada de la Guerra de
Independencia, expidió una orden a fin de que todas aquellas personas que
hubiesen sido actores en alguna forma o bien testigos oculares de los
sucesos que entonces se efectuaron, proporcionasen toda clase de informes y
documentos para tal objeto. Esta excitativa sólo fue obsequiada por unas
cuantas relaciones de las que ahora se publica un fragmento relativo a la
prisión de Hidalgo y sus compañeros, tanto por la oportunidad de la fecha,
cuanto porque se trata de un documento inédito."
Este legajo consta de los siguientes documentos: lo. La exposición del
alférez José María Uranga que se halló presente en Bajan. 2o. Las actas de
la Junta de Seguridad, de 21 de marzo hasta el 13 de abril de 1811. 3o. La
relación que dio don Vicente Flores al comandante general. 4o. La lista de
las tropas que acompañaron a don Ignacio Elizondo en el ataque de Bajan.
5o. La orden del comandante general del distintivo de una estrella con el
mote VENCEDOR DE BAJAN, lista de los individuos a quienes correspon-
de y una proclama de don Antonio Cordero. 6o. La carta de fray Juan
Salazar al tiempo de su fallecimiento.
El licenciado Manuel Mariano Joseph Garcés, uno de los insurgentes
capturados en Bajan, le escribió el 12 de septiembre de 1823, a don Carlos
María Bustamante rectificando algunos errores que sobre aquellos aconteci-
mientos había publicado en su Cuadro Histórico de la Revolución Mexica-
na. Esta carta, a la cual Bustamante no le hizo ningún caso, fue reproducida
por J.E. Hernández y Davales en Colección de documentos para la historia
de la Guerra de Independencia de México de 1808 a 1821. (I. 63-64).
La única versión más o menos completa de un insurgente sobré lo que

303
21
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LAS FUENTES

sucedió en Bajan es la de fray Gregorio de la Concepción. Este fraile


carmelita ha sido despreciado por algunos historiadores a causa de su
tendencia a las exageraciones y a exaltar su importancia en todos los
sucesos donde intervino. Pero a pesar de esto, su relato se ajusta a los
hechos y muchos de los incidentes que menciona son verificables por otros
documentos.
Fray Gregorio hace referencia a la llegada de don Joaquín Vidal de
Lorca con las tropas de Nuevo Santander a la hacienda de Pozo del
Carmen. Dice también que el 15 de diciembre se presentó en Matehuala el
cabo Juan José Treviño con un grupo de desertores de Nuevo Santander.
Esto es perfectamente factible, pues éstos abandonaron a su jefe Vidal de
Lorca en Tula el día 11 en la noche o 12 en la madrugada. Menciona
igualmente, que los realistas les tomaron a los insurgentes una avanzada de
90 hombres. Aunque el número es exagerado, se refiere indudablemente al
grupo de don Rafael González de Hermosillo capturado por las tropas de
don Mariano Várela. Fray Gregorio hace asimismo referencia a la escaramu-
za en la hacienda de Patos con las tropas de Melgares y dice que los
insurgentes iban al mando de Juan José Treviño, todo lo cual es confirmado
por una carta de Jiménez. Como éstos, se pueden mencionar otros inciden-
tes que no citan las historias cuando relatan estos acontecimientos.
Andan circulando unas memorias del insurgente Pedro García, que
fueron publicadas bajo el título de Con el cura Hidalgo en la Guerra de
Independencia. Estas son completamente inútiles para la reconstrucción de
los sucesos en las Provincias Internas, pues dan la impresión de que García
nunca estuvo en el norte y sólo relata, con grandes desaciertos, lo que oyó
posteriormente. Atribuye a Rayón las manifestaciones a favor de la insur-
gen cia en las Provincias Internas y no menciona para nada a Jiménez. Dice
que al llegar Hidalgo a San Luis Potosí, estaba allí el licenciado Aldama y
lo nombró para que fuera a los Astados Unidos a desempeñar una comisión
de mucha importancia y "Aldama tomó el rumbo de Béjar y el señor
Hidalgo el de Saltillo." Hidalgo no pasó por San Luis, Aldama salió de
Saltillo muchos días antes de que llegara Hidalgo, y de San Luis el 'camino
para Béjar y Saltillo es el mismo. Cuenta igualmente García que en Saltillo
se le presentaron a Hidalgo los capitanes Menchaca y Colorado con un
grupo de comanches. Es indudable que El Capitán Colorado no estuvo en
Saltillo, pues uno de los problemas que tuvieron los insurgentes fue que no
Jo pudieron sacar de su puesto en Laredo.
El doctor José Eleuterio González transcribe en el segundo tomo de sus
Obras Completas algunos párrafos de un diario de don José Juan Sánchez,
que según afirma, fue uno de los insurgentes apresados en Bajan. Sánchez

304
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LA'S FUENTES

cuenta que estuvo preso con otros 519 "jefes y oficiales" y que 306 de éstos
fueron fusilados (pp. 500-503). Aunque los insurgentes repartían los grados
militares con mucha liberalidad, no es creíble que casi las dos terceras
partes de los prisioneros tomados en Bajan fueran oficiales. Don Simón de
Herrera informa, en su parte al comandante general, que el total de los
capturados fueron 893.
Todas estas exageraciones y errores muy notorios determinan que no se
pueda confiar en las fuentes que se atribuyen a insurgentes. Esto hace que,
en el caso concreto de los acontecimientos de Bajan, se tengan que recons-
truir los hechos fundamentales con los datos dejados por los realistas. De
todas estas fuentes, la más importante es la relación de Vicente Flores al
comandante general. Es posible que éste haya hecho resaltar su participa-
ción en estos sucesos, pero es el único relato detallado, que además no
consigna errores absurdos y fue preparado inmediatamente después de los
acontecimientos.
Con relación a los aspectos más controvertidos de la conspiración que
llevó a la captura de los primeros caudillos de la Independencia, se puede
llegar a las siguientes conclusiones: Ignacio Elizondo sí fue insurgente, pero
no estuvo en el Campamento de Aguanueva y es muy improbable que se
haya entrevistado con Allende. Quien convenció a Elizondo de volver al
bando realista fue don José Ramón Díaz de Bustamante, comandante de
Laredo, y no el obispo Marín de Porras como se ha repetido con tanta
frecuencia. En esta conspiración tomaron parte las personas más influyentes
de Coahuila, incluso muchas que habían sido insurgentes o cuando menos
pretendieron contemporizar con la rebelión. En la dirección de la propia
emboscada de Acatita de Bajan, don Tomás Flores parece haber sido más
importante que Elizondo.

305
BIBLIOGRAFÍA

ARCHIVOS

Archivo General de Indias


Guadalajara
Indiferente de Guerra
Archivo General de la Nación
Historia
Indiferente de Guerra
Infidencias
Operaciones de Guerra
Provincias Internas
Archivo General del Estado de Nuevo León
Asuntos Eclesiásticos
Gobernador
Estadística
Ramo Militar
Archivo de Laredb, St. Mary's University Library, San Antonio, Tex.
Archivo Municipal de Lampazos
Documentos Diversos
Protocolos, Ramo Civil, etc.
Archivo Municipal de Montemorelos
Documentos Diversos
Archivo Municipal de Monterrey
Actas de Cabildo
Causas Criminales
Correspondencia
Protocolos
Ramo Civil
Archivo Municipal de Villaldama
Correspondencia y Decretos
Archivo Parroquial de Lampazos
Bautismos
Informes Matrimoniales

307
BIBLIOGRAFÍA
Archivo Parroquial de Salinas Victoria
Bautismos
Archivo Parroquial de Villa de García
Bautismos
Matrimonios
Manuscritos de la Colección Conway, Biblioteca Cervantina, Instituto Tec-
nológico y de Estudios Superiores de Monterrey.
W.B. Stephens Collection, The University of Texas Library.

TESIS

Dunn, Fabius. 'The Administration of don Antonio Cordero, Governor of


Texas, 1805-1808." Tesis doctoral. Universidad de Texas, 1962.

MATERIAL IMPRESO

Alamán, Lucas. Historia de México. 5 vols. México: Imprenta de J.M. Lara,


1849-1852.
Altamira y Crevea, Rafael. Historia de España y de la Civilización Españo-
la. 4 vols. Barcelona: Sucesores de Juan Gili, S.A., 1928-1929.
Alessio Robles, Vito. Bosquejos Históricos. México: Editorial Polis, 1938.
Coahuila y Texas en la época colonial. México: Editorial Cul-
tura, 1938.
Coahuila y Texas desde la consumación de la Independencia
hasta el Tratado de Paz de Guadalupe Hidalgo. 2 vols. México: Anti-
gua Librería Robredo, 1945-1946.
Monterrey en la Historia y en la Leyenda. México: Antigua Li-
brería Robredo de José Porrúa e Hijos, 1936.
Saltillo en la Historia y en la Leyenda. México: A. del Bosque,
1934.
Serie de quince artículos sobre la Emboscada de Acatita de
Bajan publicados a fines de 1937 y principios de 1938, en el diario
Excélsior y varios periódicos de provincia.
Almada, Francisco R. Diccionario de Historia, Geografía y Biografía Chi-
huahuenses. Ciudad Juárez: Impresora de Juárez, S.A., 1968.
Almaraz, Jr., Félix D. Tragic Cavalier: Govemor Manuel Salcedo of Texas.
1808-1813. Austin: University of Texas Press, 1971.
Bancroft, Hubert Howe. History of the North Mexican States. San Francis-
co: Bancroft and Company, 1884.

308
BIBLIOGRAFÍA

History of the North Mexican States and Texas. San Francisco;


The History Company, 1889.
Benson, Nettie Lee, ed. "A Governor's Report on Texas in 1809." South-
westem Historical Quarterly, LXXI, núm. 4 (abril de 1968): 603-615.
"Bishop Marín de Porras and Texas." The Southwestem Histo-
rical Quarterly, 11, num. 1 (julio de 1947): 3-27.
Bulnes, Francisco. La Guerra de Independencia. México: Editora Nacional,
S.A., 1956.
Bustamante, Carlos María de. Campañas del General D. Félix María Calle-
ja. México: Imprenta del Águila, 1828.
- Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana. 3 vols. México:
Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana,
1961.
Calleja, Félix. Informe Sobre la Colonia del Nuevo Santander y Nuevo
Reino de León — 1795. México: José Porrúa e Hijos, 1949.
Castañeda, Carlos E. Our Catholic Heritage in Texas. 7 vols. Austin: Von
Boeckmann-Jones Company, 1936-1958.
Castillo Ledón, Luis. Hidalgo, la Vida de un Héroe. 2 vols. México: Talleres
Gráficos de la Nación, 1948-1949.
Cavazos Garza, Israel. El Muy Ilustre Ayuntamiento de Monterrey desde
1596. Monterrey: Imprenta Ríos, 1953.
. "índice de Reales Cédulas relativas a Nuevo León, 1651-1820."
Humanitas, III (1962): 331-359.
Nuevo León en la Independencia. Monterrey: Universidad de
Nuevo León, 1953.
"Un Allende Realista." El Norte, febrero de 1971.
Cossío, David Alberto. Historia de Nuevo León. 6 vols. Monterrey: J.
Cantú Leal, 1925-1933.
Historia de Nuevo León (compendio). Mpnterrey, 1927.
Covarrubias, Ricardo. Gobernantes de Nuevo León, 1582-1961. Monterrey,
1961.
Chabot, Frederick C., ed. Texas in 1811; The Las Casas and Sambrano
Revolutions. San Antonio: Yariaguana Society, 1941.
With the Makers of San Antonio. San Antonio: Artes Gráfi-
cas, 1937.
"El ejército de la Nueva España a fines del siglo XVIII." Boletín del Archivo
General de la Nación, "IX, núm. 2 (1938): 236-275.
Estala, Pedro. El Viajero Universal. Editado por Francisco González de
Cosío. México: Bibliófilos Mexicanos, 1959.
Faulk, Odie B. The Last Years of Spanish Texas, 1778-1821. La Haya,
Países Bajos: Mouton and Co., 1964.
309
B/BLIOGRAFJA

Filisola, Vicente. Historia de la Guerra de Texas. 4 vols. México: Tipografía


de R. Rafael, 1848-1849.
Fuente, José M. de la. "El Coronel Elizondo." Boletín de la sociedad de Geo-
grafía y Estadística, V. num. 1 (1902): 725-732 y num. 2 (1907): 9-13.
Hidalgo Intimo. México: Tipografía Económica, 1910.
Gaceta del Gobierno de México.
Calvez, Conde de. Instrucción formada en virtud de Real Orden de S.M.,
que se dirije al señor Comandante General de Provincias Internas don
Jacobo ligarte y Loyola para gobierno y puntual observancia de este
superior jefe y de sus inmediatos subalternos. México, 26 de agosto de
1786.
García, Genaro, comp. Documentos Históricos Mexicanos. 7 vols. México:
Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología, 1910.
García, Pedro. Con el cura Hidalgo en la Guerra de Independencia. México,
Empresas Editoriales, S.A., 1967.
Garza, Ciro R. de la. Historia de Tamaulipas. Segunda Edición. 1956.
Garibay, Ángel Ma., ed. Diccionario Porrúa de Historia, Biografía y Geo-
grafía de México. Tercera Edición. México: Editorial Porrúa, S.A.
1970-1971.
Garrett, Julia Kathryn. Creen Flag Over Texas: A Story of the Last Years of
Spain in Texas. Austin y Nueva York: The Pemberton Press, 1939.
González, Agustín R. Historia del Estado de Aguascalientes. México: V.
Villada, 1881.
González, José Eleuterio. Colección de noticias y documentos para la histo-
ria del Estado de Nuevo León. Monterrey: Tipografía de Antonio Mier,
1867.
Obras completas del doctor José Eleuterio González. Vol, 2:
Colección de noticias y documentos para la historia del Estado de
Nuevo León. Monterrey: Imprenta del Gobierno, 1885.
Obras completas del doctor José Eleuterio González. Vol. 3:
Apuntes para la historia eclesiástica de las provincias que formaron el
Obispado de Linares. Monterrey: Imprenta del Gobierno, 1887.
Obras completas del doctor José Eleuterio González. Vol. 3:
Lecciones orales de historia de Nuevo León. Monterrey: Imprenta del
Gobierno, 1887.
Gronet, Richard W. "The United States and the invasión of Texas, 1810-1814."
The Americas, XXV (enero de 1969): 281-306.
Gutiérrez de Lara, José Bernardo. Breve apología que el coronel don José
Bernardo Gutiérrez de Lara hace de las imposturas calumniosas que se
le articulan en un folleto intitulado levantamiento de un general en las

310
BIBLIOGRAFÍA

Tamaulipas contra la República o muerto que se le aparece al gobierno


de aquel Estado. Monterrey: Pedro González y Socio, 1827.
"J. B. Gutiérrez de Lara to the Mexican Congress: Account of
progress of revolution from beginning." Vol. I de The Papers ofMirabeau
Buonaparte Lámar. Editados por Charles Adams Gulick, Jr. jrKatherine
Elliott. Austin: 1921-1928.
Hamill, Jr., Hugh M. The Hidalgo Revolt: Prelude to Mexican Independence.
Gainesville: The University of Florida Press, 1966.
Hernández, Timoteo L. Relación histórica sobre el origen de las cabeceras
municipales de Nuevo León. Monterrey, 1942.
Hernández y Dávalos, J. E., comp. Colección de documentos para la histo-
ria de la Guerra de Independencia de México de 1808 a 1821. 6 vols.
México: José María Sandoval, 1877-1882.
Humboldt, Alejandro de. Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva
España. Editado por Vito Alessio Robles. 5 vols. México: Editorial
Pedro Robredo, 1941.
Lafora, Nicolás de. Relación del viaje que hizo a los Presidios Internos si-
tuados en la frontera de la América Septentrional pertenecientes al Rey
de España. Editado por Vito Alessio Robles. México: Editorial Pedro
Robredo, 1939.
Liceaga, José M. de. Adiciones y rectificaciones a la Historia de México por
don Lucas Alamán. 2 vols. México: Editorial Layac, 1944.
Melero y Pina, Gregorio. "Los iniciadores de la Independencia de México:
Fr. Gregorio de la Concepción Melero y Pina." Editado por N. León.
El Tiempo, 2 a 18 de junio de 1903.
Mendirichaga y Cueva, Tomás. "Apellidos de Nuevo León: Mier." Ábside,
XXIII, nüm. 3 (1959): 253-287.
Mier, Fray Servando Teresa de [José Guerra]. Historia de la Revolución de
Nueva España. Londres: Imprenta de Guillermo Glindon, 1813.
Miguel i Vergés, José María. Diccionario de Insurgentes. México: Editorial
Porrüa, S.A., 1969.
Montejano y Aguiñaga, Rafael. El Clero y la Independencia en San Luis
Potosí. San Luis Potosí: Academia de Historia Potosina, 1971.
Montemayor Hernández, Andrés. Historia de Monterrey. Monterrey: Aso-
ciación de Editores y Libreros, A.C., 1971.
Mora José María Luis. México y sus revoluciones. Editado por Agustín
Yáñez. 3 vols. México: Editorial Porrúa, S.A., 1965.
Morfi, Fray Juan Agustín de. Diario y Derrotero (1777-1781). Editado por
Eugenio del Hoyo y Malcolm D. McLean. Monterrey: Instituto Tecno-
lógico y de Estudios Superiores de Monterrey, 1967.

311
BIBLIOGRAFÍA
Morris, Richard B. Enciclopedia of American History. Nueva York: Harper
and Row, 1965.
Muro, Manuel. Historia de San Luis Potosí. 3 vols. San Luis Potosí: M.
Esquivel y Cía., 1910.
Navarro García, Luis, José de Calvez y la Comandancia General de las
Provincias Internas. Sevilla: Escuela de Estudios Hispano-Americanos
de Sevilla, 1964.
Las Provincias Internas en el siglo XIX. Sevilla: Escuela de Estu-
dios Hispano-Americanos, 1965.
Navarro y Noriega, Fernando. Estado de la población del Reino de Nueva
España en el año de 1810, según los cálculos más probables formados
por D. Femando Navarro y Noriega con presencia de los mejores datos
que ha adquirido y cita en las advertencias y antecedentes. México:
Juan Bautista de Arizpe, 1820.
Nüñez de León, A. Las Andanzas del Obispo Marín de Porras y la Traición
de Bajan. Monterrey, 1962.
O'Gorman, Edmundo. Historia de las divisiones territoriales de México.
México: Editorial Porrüa, S.A., 1973.
Pérez-Maldonado, Carlos. Documentos históricos de Nuevo León, anotados
y comentados, 1596-1811. Monterrey: Impresora Monterrey, S.A., 1947.
Documentos históricos de Nuevo León, anotados y comentados,
segunda serie, 1812-1821. Monterrey, 1948.
"El Excemo. y Revmo. Sr. Dr. Don Primo Feliciano Marín de
Porras y la emboscada de Bajan." Memorias de la Academia Mexicana
de la Historia, X (1951): 5-14.
El Obispado. Monterrey: Impresora del Norte, 1947.
Pike, Zebulon M. The Joumals of Zebulon Montgomery Pike. Editado por
Donald Jackson. 2 vols. Norman: University of Oklahoma Press, 1966.
Pompa y Pompa, Antonio, ed. Procesos inquisitorial y militar seguidos a
don Miguel Hidalgo y Costilla. México: Instituto Nacional de Antropo-
logía e Historia, 1960.
"Prisión de Hidalgo en Acatita de Bajan." Boletín del Archivo General de la
Nación, VIII, num. 3 (julio, agosto y septiembre de 1937): 327-364.
Puga y Acal, Manuel, ed. Fr. Gregorio de la Concepción y su proceso de
infidencia. México: Publicaciones del Archivo General de la Nación,
1911.
Real ordenanza para el establecimiento e instrucción de intendentes de ejér-
cito y provincia en el Reino de la Nueva España. Madrid, 1786.
Revilla Gigedo, Conde de. Informe sobre misiones, 1793 e Instrucción reser-
vada al marqués de Branciforte, 1794. Editado por José Bravo Ugarte.

312
BIBLIOGRAFÍA

México: Editorial Jus, 1966.


Ramos Arizpe, Miguel. Memoria sobre el estado de las Provincias Internas
de Oriente presentada a las Cortes de Cádiz. Editado por Vito Alessio
Robles. México, Bibliófilos, 1932.
Riva Palacio, Vicente, ed. México a través de los siglos. 5 vols. Barcelona:
Espasa y Compañía, 1888.
Roel, Santiago. Nuevo León: Apuntes Históricos. Sexta Edición. Monterrey:
Impresora Bachiller, S.A., 1955. \
Salado Alvarez, Victoriano. "La conjura de Aaron Burr y las primeras
tentativas de conquista por los americanos del oeste." Anales del Mu-
seo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología, Tercera Época, I
(1909): 119-176.
Salas, Gustavo A. "El Regimiento de Dragones de la Reina y la provisión
de caballos para el ejército." Boletín del Archivo General de la Nación,
VI, 6 (1935): 897-907.
Saldívar, Gabriel. Historia Compendiada de Tamaulipas. México: Editorial
Beatriz de Silva, S. de R. A., 1945.
Vasconcelos, José. Don Evaristo Madero: Biografía de un patricio. Impre-
siones Modernas, S.A., 1958.
Velázquez, María del Carmen. Establecimiento y pérdida del Septentrión de
Nueva España. México: El'Colegio de México, 1974.
Velázquez, Primo Feliciano. Historia de San Luis Potosí. 4 vols. México:
Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, 1946-1948.
Villaseñor y Villaseñor, Alejandro. Biografías de los héroes y caudillos de la
Independencia. 2 vols. México: Imprenta de "El Tiempo" de Victoriano
Agüeros, 1910.
Vizcaya Canales, Isidro, ed. La invasión de los indios bárbaros al noreste de
México en los años de 1840 y 1841. Monterrey: Instituto Tecnológico y
de Estudios Superiores de Monterrey, 1968.
"Composición étnica de la población de Nuevo León a la con-
sumación de la Independencia." Humanitas, núm. 10 (1969): 447-450.
"Don Andrés Ambrosio de Llanos y Valdez." Humanitas, núm.
14 (1973): 457-467.
Weddle, Robert S. San Juan Bautista, Gateway to Spanish Texas. Austin
and London: University of Texas Press, 1968.
Yoakum, H. History of Texas. 2 vols., 1855. Reimpresión (2 vols. en 1).
Austin: Steck-Vaughn Company.
Zavala, Lorenzo de. Ensayo histórico de las revoluciones de México. 2 vols.
París: P. Dupont et G.-Languionie, 1831-1832.
Zorrilla, Juan Fidel. Tamaulipas en la Guerra de Independencia. México:

313
BIBLIOGRAFÍA
Librería de Manuel Porrúa, 1972.
Zúñiga y Ontiveros, Mariano de. Calendario Manual y Guía de forasteros
en México para el año de 1803.

314
ÍNDICE ALFABÉTICO

Abarca, Roque: 160 Álamo, El, Coah., hacienda: 19,


Abasólo, José Mariano: 98, 171, 20, 23, 24, 169, 227, 228,
198, 279, 302 290
Academia de San Carlos: 231 Alatorre, José Ignacio: 175
Acatita de Bajan: Ver Bajan, Coah. Alazán, El, Tex., paraje: 213
Acevedo, Manuel Jacinto de: 8, Alba, Pedro de: 16, 17, 18
• 39, 40, 46, 69, 75, 76 Albarcones, N.L., hacienda: 97, 99,
Acevedo, Mariano Exiquio: 153, 101, 107, 108, 119
154, 156, 158, 159, 272, 273, Albercas, S.L.P., hacienda: 59
274 Aldama, Ignacio: 98, 155, 162,
Acúleo, batalla: 91, 95, 174 165, 166, 167, 168, 174, 200,
África: 12 276, 298, 301, 304
Agualeguas, N.L.: 105, 213 Aldama, Juan: 51, 98, 198, 217,
Aguanueva, Coah., hacienda y 252, 278, 302
campamento: 7, 65, 71, 79, 83, Aldama, Tamps.: 160.
89, 100, 103, 113, 114, 115, Aldasoro, Antonio María de: 71,
116, 117, 118, 119, 124, 126, 91
127, 140, 141, 149, 154, 169, Alday, Francisco Antonio de: 88.
170, 193, 201, 204, 246, 256, Alessio Robles, Vito: 169, 227,229,
258, 259, 268, 295, 296, 301, 256, 259, 262, 293, 295
305 Almaraz, Jr., Félix D.: 294
Aguascalientes, Ags.: 14, 65, 103. Altamira, : 124
Aguaverde, compañía presidial: 33, Altamira, Tamps: 45, 125, 145,
36, 46, 64, 79, 128 147, 148, 149, 150, 151, 154,
Aguayo: Ver Gudad Victoria, 156, 158, 159, 160, 189, 191,
Tamps. 206, 275, 296, 299
Aguilar, Pedro Antonio de: 270, Altoloaguirre, José María de: 152.
271 Alvarez de Toledo, José: 212
Alamán, Lucas: 161, 221, 238, 259, Alvarez, José María: 189
279, 295 Alvarez, Ramón: 59
Alamán, María de la Luz: 238 Álzate, José: 200
Álamo de Parras: Ver Viesca, Allande, Pedro María de: 91, 115
Coah. y San Carlos de Parras. Allende, Coah.: 205
Álamo de Parras, cuartel, San An-
tonio, Tex.: 166

315
ÍNDICE ALFABÉTICO
Allende, Domingo Narciso de: 87, Archivo General de la Nación: 5,
88, 89, 104, 123, 126, 151, 299, 303.
152. Argel: 257.
Allende, Ignacio: 88, 98, 99, 102, Arias, Joaquín: 98, 178, 279.
144, 145, 146, 155, 156, 168, Arista, Pedro: 4.
171, 172, 173, 174, 175, 178, Arizpe, Juan Ignacio de: 21, 183,
183, 184, 197, 198, 199, 217, 224.
252, 269, 270, 274, 278, 279, Arizpe, Son.: XIV.
294, 295, 296, 298, 299, 300, Arkansas, río: 133.
301, 302, 305. Armadillo, S.L.P.: 94.
Allende, Indalecio; 178. Arocha, Francisco: 268.
Allende y Ayerdi, Juan Antonio Arrambide, Juan Ignacio: 142, 212.
de: 88. Arredondo, Joaquín de: 160, 189,
Amador, Gregorio: 142, 212. 190, 191, 192, 193, 202, 203,
Amador, Ramón: 67. 206, 207, 208, 212, 213, 214,
América: 9, 82, 100, 110, 132, 178, 215, 216, 217, 218, 283, 284,
208. 286.
América del Sur: 11. Arredondo, José Marcos de: 8.
Anació, Coah.: 176, 240. Arrese, Julián de 234.
Anaya, Juan Pablo: 183. Arríela, José María de: 249, 279.
Andanzas de un Obispo y la Trai- Arroyo Hondo: 133, 135, 211, 265.
ción de Bajan, Las: 300 Arroyo Seco, S.L.P.: 59.
Angostura, La, S.L.P.: 77. Asientos de Ibarra, Ags.: 103.
Anhelo, Coah.: Ver Anaelo, Coah. Atascocito, Tex.: 32.
Aramberri, José: 108. Ayala, Cristóbal: 191.
Aramberri, N.L.: 48, 51, 60, 61, Ayala, José Agabo de: 143, 203,
82, 83, 102, 107, 109, 111, 268, 270.
114, 115, 119, 145, 146, 189, Ayala, José de: 35.
191, 203, 204, 281; compañía Ayarzagoitia, Francisco de: 86,
de milicias, 60, 116. 288.
Arancibia y Hormaegui, Ignacio de: Aysa, José María (Jusepe) de: 53,
217. 54, 60, 64, 90, 91, 103, 104,
Aranda, Pedro de: 108, 109, 127, 236, 244, 248.
128, 162, 168, 169, 171, 173, Azanza, N.L.: 43, 48, 74, 253;
176, 199, 217, 263, 299, 302. compañía de milicias, 44.
Arcos, Francisco de: 212.
Arcos, Luis de: 212. Báez de Benavides, José Ignacio:
Arcos, Miguel de: 34, 36, 37, 142, 123.
143, 168, 212.

316
ÍNDICE ALFABÉTICO

Bahía del Espíritu Santo, Tex: 45, Bengoa, Martín: 153


46, 132, 134, 143, 203, 211, Benítez, José Joaquín: 124, 148,
212; compañía presidial, 46, 152, 157, 158, 159, 190, 194,
205, 287 206, 274
Bajan, Coah.: XIII, 64, 171, 175, Benson, Nettie Lee: 225
176, 177, 179. 180, 181, 182, Berlanga, José Tomás: 86
183, 185, 186, 194, 195, 198, Berlanga, Pedro: 89, 100
199, 201, 205, 208, 209, 214, Bernal, Pedro: 176, 177
216, 217, 227, 278, 279, 280, Berrio y Incháurregui, Pedro de:
293, 294, 296, 298, 300, 301, 49, 88
302, 303, 304, 305 Berroterán, Mariana de: 275
Ballesteros, José Domingo: 84, 246 Blancas, Ildefonso: 190, 192
Ballesteros, José Tomás: 202 Bledos, S.L.P., hacienda: 54
Ballí, Carlos: 283 Boca de Leones: Ver Villaldama,
Ballí, Pedro, 151 N.L.
Baratillo, El, Tamps., rancho: 124 Bocas, S.L.P., hacienda: 36, 40
Barberena, Manuel: 114, 148, 238 Boletín del Archivo General de la
Barbosa, Silvestre: 78, 79 Nación: 303.
Barr, Guillermo: 32, 33, 141 Boletín de la Sociedad de Geogra-
Barragán, José Florencio: 233 fía y Estadística de la Repúbli-
Barragán, Venustiano: 60 ca Mexicana: 301
Barredo, Francisco: 38 Bolsón de Mapimí: XVI, 133, 212
Barrenechea, Pedro: 59, 60, 243 Bollar, Juan de: 244
Barrera, Francisco Bruno: 25, 26, Bonavía, Bernardo: 136, 137, 138,
35, 44, 46, 52, 61, 62, 63, 65, 141, 151, 154, 164, 205, 234,
67, 68, 89, 109, 115, 118, 119, 273
187, 202, 230, 240 Borbón, casa de: 166, 168
Barrera, Manuel: 167 Borbón, Francisco Javier: 30
Bastrop, Felipe Enrique Neri barón Borda, Antonio: 122
de: 24, 25, 32, 170, 171, 179, Borrego, Atanacio: Ver Vázquez
182, 216, 278 Borrego, Atanacio
Baton Rouge, La.: 84, 139, 167 Borrego, Macario: Ver Vázquez
Bavia: Ver San Antonio de la Ba- Borrego, Macario
via Borrego, padre: 177
Bayou Fierre: 35, 263 Borrego, Pedro, José: 83, 104, 123,
Béjar: Ver San Antonio, Tex. 124, 127, 145, 246, 261
Belaunzarán y Ureña, José María Bosque y Ochoa, Francisco Javier
de Jesús: 217 Víctor del: 195
Beltfán, Isidro José: 3 Branciíbrte, marqués de: 14
Benavides, Gordiano: 283 Brasil: 224

317
ÍNDICE ALFABÉTICO
Brazos de Dios, río, Tex.: 214 181, 183, 190, 191, 192, 193,
Brickdale y Tres-Sierras, María 195, 197, 198, 204, 205, 207,
Josefa: 224 213, 215, 221, 236, 237, 240,
Bujanos, José: 147 248, 249, 253, 302
Bulnes, Francisco: 295 Camargo, Tamps.: 58, 59, 149,
Burgos, España: 15 150, 161, 195, 251, 270, 276,
Burguete, Antonio: 152 295
Bustamante, Carlos María: 183, Campa, S.L.P., cuesta: 78
244, 259, 279, 294, 295, 303 Campero, Justo Rufino: 249
Bustamante, José Ramón: Ver Díaz Campo: Pedro Simón del: 280
de Bustamante y Berroterán, Campos, Juan Isidro: 23
José Ramón Canales, José Joaquín: 8
Bustamante, N.L.: 86 Canarias, Islas: 13
Bustamante, Pedro: 102, 280 Candela, Coah.: 19, 27, 153, 185,
188
Caballero, Juan Ángel: 44 Canel, Carlos: 28
Cabildo de Monterrey: Ver Monte- Canelo, El, N.L., rancho: 111, 116,
rrey, Ayuntamiento 119, 145, 197
Cabrera, : 209 Cantú, Inocencio: 283
Cacho, José Jerónimo: 227 Cantú, Joaquín: 50
Cadena, conde de la: 61 Cantú, Juan: 289
Cadereyta, N.L.: XVI, 35, 48, 49, Cantú, Juana: 300
72, 81, 85, 102, 106, 188, 197, Cantú, Ramón: 104
208, 258; compañía de mili- Cañada Grande,. S.L.P., hacienda:
cias, 122 53, 236
Cádiz, España: 12, 13, 224, 296 Cañada Verde, Texas., paraje: 213
Cajas Reales de Saltillo: Ver Salti- Cao, Francisco Antonio: 192, 283,
llo, tesorería 284
California: XIV, XV, 41 "Capitán Colorado:" Ver Díaz de
Calvillo, Pablo José: 98 Bustamante y Berroterán, José
Calzado, Felipe: 35 Ramón
Calleja, Félix María: 1, 5, 7, 17, Capulín, Coah., puerto: 83, 89
18, 21, 22r 23, 26, 30, 31, 39, Carbonera, La, S.L.P.: 77
40, 41, 43, 44, 46, 50, 51, 52, Cárdenas, José Vicente de: 86
53, 54, 56, 57, 59, 60, 61, 62, Cardona, Antonio Guadalupe: 58,
63, 64, 65, 67, 69, 74, 75, 76, 238
77, 78, 82, 83, 90, 91, 92, 93, Carlos III: XIII
94, 95, 96, 97, 99, 102, 103, Carlos IV: 15
109, 113, 115, 125, 127, 137, Carneros, Coah., puerto: 89, 117,
138, 140, 151, 155, 173, 174, 197, 259

318
ÍNDICE ALFABÉTICO

Carrasco, Juan Bautista: 98, 127, 90, 100, 101, 103, 108, 115,
128, 129, 130, 145, 153, 154, 126, 130, 146, 197, 198, 240,
156, 158, 184, 188, 199, 202, 241, 268; Junta de Seguridad,
217, 262, 274 198
Carrasco, María Romana: 20, 229 Cedral, S.L.P.: 67, 68, 70, 82, 83,
Carrasco, Pedro Nolasco: 20, 21, 103, 115, 116, 256
128, 208, 229, 297 Cedros, Zac.: 64, 69, 248
Carrizal, El: Ver San Diego del Cerralvo, N.L.: 48, 50, 51, 188,
Carrizal, N.L. 195, 284
Carroza, La, Coah., paraje: 185, Cerritos de San Juan, S.L.P.: 77,
298 244
Casa Calvo, marqués de: 136, 231 Cevallos, Félix Rafael de: 116, 117,
Casas, José María de las: 191, 207 258, 272
Casas, Juan Bautista: 34, 128, 141, Cevallos, Pedro: 11
142, 143, 149, 162, 164, 165, Cevallos, Ramón de: 4, 222
166, 167, 168, 169, 200, 203, Cíbolo, arroyo, Tex.: 142
208, 210, 270, 271, 298, 299 Cinco Señores: Ver Jiménez,
Casas, Tamps.: 59, 114, 141, 147, Tamps.
148, 257, 289 Cinco Señores, Tamps., hacienda:
Caso, Juan: 212 125
Castañeda, Carlos E.: 294 Cisneros, Manuel: 300
Castañeda, Francisco: 206, 207, Ciudad del Maíz, S.L.P.: 29, 60,
287 75, 76, 77, 190, 207, 212, 233
Castañeda, José Domingo: 7, 8, 44, Ciudad Juárez, Chih.: 73, 242
49, 50, 61, 62, 63, 120, 122, Ciudad Victoria, Tamps.: 94, 95,
125, 153, 204, 240 96, 113, 114, 159, 190, 191,
Castañeda y Quevedo, Juan de: 16, 192, 206, 212, 239, 284
17, 18, 20, 21, 47, 52, 63, 84, Coahuila: XIII, XIV, XV, XVI, 12,
86, 121, 129, 142, 169, 199, 20, 23, 24, 25, 28, 32, 41, 45,
205, 206, 226, 236, 268, 287, 46, 57, 63, 64, 68, 71, 91, 113,
300 122, 133, 136, 140, 143, 148,
Castellanos, Faustino: 171 154, 162, 168, 169, 170, 171,
Castilla la Vieja: 15, 17 185, 186, 190, 193, 198, 199,
Castillo, Gordiano: 283 200, 201, 202, 205, 212, 213,
Castillo Ledón, Luis: 296 215, 216, 224, 226, 227, 256,
Castro, Ignacio de: 171, 302 268, 284, 293, 296, 297, 305;
Castro, Nicolás de: 108, 255 gobernador, 16, 17, 21, 23, 28,
Castro, Ramón de: XV 46, 64, 65, 68, 73, 96, 117,
Catorce, Real de, S.L.P.: 4, 65, 66, 134, 139, 209, 295, 297, 299,
67, 68, 69, 70, 71, 75, 82, 83, 302; tropa, 100, 103, 116, 118,
134, 297
319
ÍNDICE ALFABÉTICO

Coahuila y Texas en la Época Co- 141, 154, 156, 160, 169, 176,
lonial: 296 183, 193, 198, 201, 209, 211,
Coello, Juan José: 146 213, 214, 215, 224, 240, 256,
Cojo, El, Tamps., hacienda: 125, 258, 259, 260, 264, 265, 303
148, 149, 159, 160, 175, 190, Córdoba, Lorenzo: 159
191, 270 Coronel, Antonio: 39
Colección de documentos para la Corte de España, XIV, 11, 12, 135,
historia de la Guerra de Inde- 173
pendencia de México de 1808 Corte de Madrid: Ver Corte de
a 1821: 303 España
Colección de noticias y documen- Cortes de Cádiz: 13, 39, 212
tos para la historia del Estado Cortés, Francisco: 32
de Nuevo León: 293, 294 Cortés, Juan: 36
Colonia, La: Ver Tamaulipas Cortés, Miguel: 76, 77, 93
Colorado, río, límite norte de Te- Cortina Díaz, Toribio: 75, 76, 77,
xas: 17, 133 243
Colorado, río, Tex.: 134 Cos, Martín Perfecto: 216
Colotlán, Jal.: 11, 206 Cosío, Julián de: 67, 68, 69, 70,
Comandancia General: XIV, XV, 241
XVI, 34, 35, 41, 45, 46, 64, Cossío, David Alberto: 126, 127,
133, 137, 154, 183, 215, 232 225, 293, 295, 299
Comas, Las, Tamps.: 192 Covarrubias, Ramón: 21, 229
Con el cura Hidalgo en la Guerra Coyame, Chih.: 210
de Independencia: 304 Crespo, Antonio: 206
Concepción, Gregorio de la: Ver Cristo, José del: 21
Melero y Pina, Gregorio Croix: Ver Casas, Tamps.
Concepción, N.L.: 123 Croix, Teodoro de: XIV, 17, 226
Conchos, río: 275 Crousset, Juan: 104
Conde, Bernardo: 102 Cruillas, Tamps.: 152
Congreso Constituyente del Estado Cruz, José de la: 278
de Coahuila y Texas: 215 Cuadro Histórico de la Revolución
Congreso General: 198 Mexicana: 294, 303
Convento de Capuchinas Monte- Cuarta Compañía de Dragones
rrey, N.L.: 135 Provinciales de Nuevo León:
Cordero y Bustamante, Antonio: Ver Montemorelos, compañía
12, 13, 30, 32, 33, 35, 36, 46, de milicias
63, 64, 65, 66, 68, 71, 73, 74, Cuba: 139, 140, 154, 212
75, 82, 83, 90, 91, 92, 96, 103, Cuerpo de Caballería de la Fron-
104, 113, 114, 115, 116, 117, tera del Nuevo Santander: 43,
118, 119, 134, 135, 136, 140, 233

320
7ND/CE ALFABÉTICO

Chabot, Frederick C.: 289, 294 Domínguez, Cristóbal: 34, 35, 36,
Charcas, S.L.P.: 53, 99, 103, 146 37, 38, 136, 139,143, 209, 210,
Chico, José María: 200 215, 231
Chihuahua: provincia, XIV, 215, Domínguez, Ignacio: 200
242; vüla, XIV, XV, 36, 64, Dubois, ; 33
102, 113, 139, 170, 182, 198, Duforest, : 33
199, 200, 201, 202, 205, 208, Durango: ciudad, XIV, XVI, 137,
209, 217, 234, 252, 266 199, 205, 215, 249, 289; inten-
China, N.L.: 83, 88, 104 dencia, 218; intendente, 136,
Chirrio, Lorenzo: 126 151; provincia, XIV, 249

Davenport, Samuel: 32, 33, 35 Echaiz, José María: 229


Décima Brigada de Milicias: XV, 1, Echevarría, Ramón de : 238, 244,
5, 17, 27, 43, 45, 56 245
Décimatercera Compañía de Dra- Echavarría, José Manuel: 14
gones Provinciales de Nuevo Echavarría, Juan Martín de: 34,
León: Ver Galeana, compañía 142, 212
milicias "El Capitán Javier:" 176
Delgado, Antonio: 212, 214 "El Comanche:" 176
Delgado, Gabino: 142, 167 "El Coronel Elizondo:" 301, 302
Delgado, José Tomás: 49 Elguézabal, Juan Bautista: 12, 134
Delgado, Pedro: 176 Elguézabal, Juan José: 33, 142, 216,
Destacamento de Observación de 268
la Costa: 45 Elizondo, Dionisio: 216, 290
Díaz de Bustamante y Berroterán, Elizondo, Felipe: 300
José Ramón: 61, 141, 161, 162, Elizondo, Francisco Ignacio: 18-29,
163, 168, 169, 170, 184, 185, 128, 149, 162, 163, 168-172,
188, 194, 201, 202, 208, 216, 175-184, 186, 195, 196, 198,
275, 276, 281, 282, 288, 297, 208, 209, 213, 214, 216, 227,
298, 299, 304, 305 228, 229, 230, 246, 276, 278,
Díaz de Bustamante, Juan: 275 279, 280, 294-301, 303, 305
Díaz de Mendivil, José: 28, 149, Elizondo, José Marcos: 19, 227, 228
271 Elizondo, José María de Jesús: 20,
Díaz González, Juan: 89 23, 228, 295
Diputación Provincial de las Pro- Elizondo, José Máximo: 228
vincias Internas de Oriente: 217 Elizondo, José Nicolás Máximo: 19,
Documentos, Históricos de Nuevo 20, 22, 44, 122, 169, 172, 175,
León, 1596-1811: 293 205, 216, 228, 300
Dolores Hidalgo, Gto.: XIII, 1, 41, Elizondo, José Vicente: 227
46, 47, 56, 57, 64, 105 Elizondo, María Bárbara: 228

321
ÍNDICE ALFABÉTICO
Elizondo, María Elena: 216 Parías, Francisco Antonio: 186
Elizondo, María Guadalupe Loreta: Faulk, Odie, B.: 294
227 Federico el Grande: 25
Elizondo, María Rosalía: 227 Feliu y Togores, Andrés: 23
Elizondo, María Rosalía Basilia: 227 Fernández, Alejo: 191
Elizondo, Maximiano: 124 Fernández de Villamil, Bernardo:
Elizondo, Victoriana: 205, 287 50, 301, 302
Elorza, Antonio de: 66, 122 Fernández, José Antonio: 94, 250,
Elosúa, Antonio: 197 283
El Paso: Ver Ciudad Juárez, Chih. Fernández, Juan: 142
Encero, Llano del : 231 Fernández, María Josefa: 287
Encino, El, S.L.P., paraje: 78 Fernández, Vital: 27
Escalera, Alejandro: 32 Fernando VII: 26, 46, 51, 57, 99,
Escamilla, Francisco Ignacio: 142, 101, 110, 137, 166, 168, 177,
143, 165, 166, 167, 267 178, 179, 181, 183, 186, 192
Escanden: Ver Xicoténcatl, Tamps. Flandes: 13
Escoto, : 175 Flores, José Manuel: 84
Esnal, José María de: 105 Flores, Manuel: 179
España: 13, 25, 39, 40, 72, 73, 101, Flores, Manuel Antonio: XV
102, 105, 110, 132, 133, 134, Flores, Miguel: 98, 99, 252
135, 136, 139, 178, 204, 224, Flores, Tomás: 24, 25, 32, 33, 34,
274 128, 170, 171, 172, 175, 179,
Española, Isla de: 2, 4 180, 186, 200, 201, 302, 305
Estados Unidos de América: XVI, Flores, Tomás, María: 28, 38, 126,
XVII, 11, 13, 15, 25, 32, 33, 184, 185, 201, 294
35, 36,128,132,133, 134, 135, Flores, Vicente (alférez de las mili-
136, 139, 140, 155, 165, 167, cias de Texas): 142, 143
168, 171, 174, 189, 211, 212, Flores, Vicente (contrarrevolucio-
214, 216, 224, 231, 263, 266, nario de Monclova): 171, 172,
301, 304 175, 177, 178, 179, 194, 280,
Estanco Viejo, Montémorelos, 302, 303, 305
N.L.: 122 Florida Occidental: 84, 136, 138,
Europa: 132, 133, 139 139, 266
Excélsior: 296 Floridas, Las: XVII
Foncerrada, José Melchor de: 34,
Fajardo, Juan Francisco: 2, 3 36
Falco, Ramón: 36 Forlón, Tamps.: 125
Falcón, Pedro: 142 Francia: 1, 11, 13, 25, 72, 106, 132,
Parías, : 268 133, 136, 168
Parías, Andrés: 184, 281 Francois: 33

322
ÍNDICE ALFABÉTICO

Freeman, Thomas: 17, 226 García, María Gertrudis: 20, 227,


Fresnillo, Zac.: 91, 115, 248, 249, 246
257 García, Nepomuceno: 72
Frío, río, Tex.: 213 García, N.L.: 20, 48, 51, 72, 81,
Frontaura y Sesma, Antonio: 26, 246, 290, 295, 299; archivo
27, 28, 29 parroquial, 227, 228; compa-
Fuente, José M. de la: 216, 227, ñía de milicias, 20, 44
229, 301, 302 García, Pedro (alférez de Nuevo
Fuente, Sebastián de la: 67 Santander): 79, 238
Fuentes, Pedro: 168, 276 García, Pedro (insurgente): 304
Fuerte Claiborne: 35 Garibay, Pedro: 2, 4, 5, 9, 25, 26
Garrett, Julia Kathryn: 294
Gaceta del Gobierno de México: Garrido, Antonio: 239
151, 296, 303 Garza, Cipriano de la: 37
Galán, Luis: 167, 168, 300 Garza, Felipe de la: 147, 148
Galeana, N.L.: 48, 51, 83, 86, 100, Garza García, N.L.: 48, 51, 203,
107, 112, 118, 122, 145, 146, 269; compañía de milicias, 203
258, 260;'compañía de milicias, Garza, Isidro de la: 214
44, 253 Garza, José Ignacio de la: 88
Galindo, cura: 172 Garza, José Lorenzo de la: 50
Galindo, Valentín: 86 Garza, José Luis de la: 234
Calvan, Francisco: 272 Garza, José Miguel de la: 183
Galveston, bahía, Tex.: 134 Garza, Juana Josefa de la: 228
Calvez, Bernardo de: XIV, 11 Garza, Juan José de la: 9
Calvez, José de: XIII, XIV Garza, Juan Nepomuceno de la:
Calvez, Matías de: XIV 103, 202 '
Gallaga, José María: 191 Garza, Lorenzo: 193, 283
Gárate, : 165 Garza, Miguel de la (residente de
Carees, Manuel Mariano Joseph: Monterrey):37, 38, 201
200, 302, 303 Garza, Miguel de la (teniente de
Garcés, Ramón: 200 Nuevo Santander): 193, 283,
García Conde, Alejo: 207 284
García Conde, Diego: 190 Garza, Rafael de la: 190, 191, 283
García Dávila, Miguel: 35 Garza, Román de la: 122
García, Francisco Rafael: 27 Garza y Guerra, José Antonio de
García, José Antonio: 152 la: 8, 74
García, José Hermenegildo: 29 General Cepeda, Coah.: 154, 304
García, José Lorenzo: 22 General Terán, N.L.: 48, 83, 88,
García, Luciano: 143, 167 89, 102, 104 151
García, María de Jesús: 20 Gibraltar: 11

323
ÍNDICE ALFABÉTICO

Gil de Leyva, Rafael: 123 255, 269


Gil, Felipe: 209 González de Hermosillo, Simonita:
Gil, José Miguel: 181 146
Goceascoechea, José: 142, 212 González, Joaquín: 38
Golfo de California: 45 González, José Eleuterio: 126, 127,
Golfo de México: XVI, 134 282, 293, 294, 299, 304
Gómez de Castro, Blas: 187 González, José María: 175, 279
Gómez de Castro, José María: 130 González, Joseph Francisco: 88
Gómez de Castro, Salvador: 157 González, María Eusequia: 88, 89
Gómez de Lara, Bernardo: 197 González, Mauricio: 181
Gómez, José María: 49, 168 González, teniente de Saltillo: 177
Gómez, Pedro: 181 Gortari, Vicente: 167
Gómez Portugal, Miguel: 144, 146, Granados, Juan Francisco: 198
269 Creen Flag Over Texas: 294
González Carvajal, Ciríaco: 216 Grial, Pedro: 38
González de Hermosillo, Dolorita: Griego, Antonio: 175, 180
146 Grimarest, Pedro: 133
González de Hermosillo, José An- Guadalajara, Jal. 105, 146, 151,
tonio: 145, 146 160, 193, 199; Audiencia, XVI,
González de Hermosillo, José Ma- 163, 164
ría: 269 Guadalcázar, S.L.P.: 77, 78, 79, 244
González de Hermosillo, Juan Ma- Guadalupe de Tlaxcala: Ver Gua-
nuel: 269 dalupe, N.L.
González de Hermosillo, Manuel: Guadalupe, N.L.: 53, 188
146 Guadalupe, río, Tex.: 142, 211
González de Hermosillo, Marcos: Guadalupe, Zac., convento: 25, 70,
269 101
González de Hermosillo,Mariquita: Guadianas (familia): 24
146 Guajardo, José Andrés: 60, 63, 65,
González de Hermosillo, Marín: 269 90, 115, 126, 201, 203
González de Hermosillo, Pachito: Guajardo, María de la Luz: 288
146 Guajoquilla, Chih., presidio: 113,
González de Hermosillo, Rafael: 273
111, 116, 123, 124, 144, 145, Guajuco: Ver Santiago, N.L.:
146, 147, 152, 153, ,154, 157, Gualeguas: Ver Agualeguas, N.L.
158, 188, 197, 255, 257, 269, Guanajuato, Gto.: 58, 90, 91, 92,
270, 304 95, 96, 98, 106, 174, 199, 238,
González de Hermosillo, Ramón: 252
111, 144, 145, 146, 147, 152, Guardiola, marqués de: 53
153, 154, 157, 158, 197, 202, Guaneo: 11, 257

324
ÍNDICE ALFABÉTICO

Güemez, Tamps.: 267 Herrera y Leyva, Jerónimo: 11, 34,


Güeñez, España: 88 38, 134, 138, 142, 212, 224
Guerra Cañamar, Anna Josepha: 88 Herrera y Leyva, Pedro de: 7, 8,
Guerra de Independencia, La: 295 10,11,14-19, 21, 22, 23, 25-32,
Guerra, Ignacio: 195 34-39, 51, 52, 61, 62, 63, 65-72,
Guerra, José Antonio: 193, 283 75, 79, 82, 83, 89, 90, 91, 92,
Guerra, Pedro: 43 100, 103, 113-122, 124, 125,
Guerras, río de los, N.L.: 50 126, 134, 152, 169, 200, 201,
Guerrero, Bernardo: 283 204, 216, 224, 229, 236, 240,
Guerrero, Coah.: 20, 32, 33, 46, 241, 248, 249, 256, 258, 260,
113, 116, 127, 128, 130, 139, 261, 264, 296, 303
143, 149, 150, 155, 165, 168, Herrera y Leyva, Simón de: 10-19,
169, 171, 175, 177, 185, 205, 21, 22, 23, 25-32, 34-37, 39,
213, 214, 229, 258, 263, 268, 44,126,134-143, 152, 162,164,
276, 277, 278, 287, 299, 300 165, 167, 169, 170, 181, 183,
Guerrero, Tamps.: 58, 59,121,150, 185, 186, 188, 194, 198, 199,
161, 211 200, 201, 205, 208, 209, 211,
Gutiérrez, Américo: 53 212, 213, 214, 216, 224, 225,
Gutiérrez, Basilio: 77, 79, 238, 244 264, 266, 278, 279, 280, 281,
Gutiérrez de Lara, José Bernardo: 297, 298, 301, 302, 305
211, 212, 213, 214, 217, 279, Hidalgo Intimo: 227, 301, 302
286, 289 Hidalgo, la Vida de un Héroe: 296
Gutiérrez de Lara, José Antonio: Hidalgo, Tamps.: 157, 158, 191,
121, 260, 261, 276, 278, 286 212, 237, 267, 289
Gutiérrez, Hilarión: 59 Hidalgo y Costilla, Miguel: XIII, 1,
Guzmán, : 38 ' 57, 97,100,101,106, 110, 130,
Guzmán, Joaquín: 152 136, 147, 151, 154, 156, 164,
165, 173, 177, 179, 181, 184,
Habana, La: 2, 140 193, 195, 198, 199, 274, 278,
Hedionda Grande, Coah., hacienda: 279, 293, 295, 301, 302, 303,
115 304,
Hediondilla, La, N.L., hacienda: Hinojosa, : 29
115 Hinojosa, José Antonio: 50, 188
Hermosillo, Rafael: Ver González Historia de la Revolución de Nue-
de Hermosillo, Rafael va España: 296
Hernández, Carlos: 287 Historia de México 295
Hernández y Dávalos, J. E.: 303 Historia de Nuevo León: 127, 293
Herrera hijo, Simón de: 34, 122, Historia de Nuevo León (compen
260 dio): 295
Herrera, Luis: 78, 101, 190, 192

325
ÍNDICE ALFABÉTICO
Horcasitas: Ver Magiscatzin, 189-193, 206, 208, 238, 243,
Tamps. 250, 257, 271
Hospital de Nuestra Señora del Ro- Iturbide, Agustín de: 201, 215
sario, Monterrey, N.L.: 27 Iturrigaray, José de: 15, 18, 19, 25,
Hospital Nuevo, Monterrey, N.L.: 26, 30, 31
135 Ixart, Francisco: 18
Hoyos, Matías de: 153
Hoyos, río de: Ver San Antonio, Jalapa, marqués de: 3
río Jalapa, Ver.: 125, 204, 296
Hoyos, villa de: Ver Hidalgo, Jaral, Gto.: 92
Tamps. Jaumave, Tamps.: 95, 145
Huachinango, sierra: 212 Jiménez de Ocón, Mariano: 98, 117
Hualahuises, N.L.: 146 Jiménez, José María: 175
Huasteca, La: 89, 149, 271 Jiménez, José Mariano: 93, 94, 98,
Huerta, José de Jesús: 101, 253 99, 100, 102, 108, 110, 111,
Humboldt, Alejandro de: 15 115, 117, 118, 126-131, 144,
145, 146, 148, 152-159, 162,
Ibarra, Juan Ángel de: 268 165, 167, 168, 171, 173, 174,
Ibarra, Manuel de: 119, 122 176, 178, 179, 184, 190, 193,
Ibave Buenaventura de: 188 194, 195, 199, 201, 206, 217,
Imaz y Altoloaguirre, Andrés de: 252, 255, 258, 259, 263, 272,
149, 297, 299 273, 274, 302, 304
Imperio Español: 16, 39, 132 Jiménez, Juan Nepomuceno: 159,
Inglaterra: 132, 133, 134, 224 202, 274, 286
Inguanzo, Antonio: 115, 120, 122 Jiménez, Matías: 33, 171, 182, 183,
Insúndegui, Domingo Eusebio de: 208
89, 151, 152, 272 Jiménez, Miguel María: 68
Intriago, Isidro: 195 Jiménez, Tamps.: 58,159, 202, 237,
Iriarte, cura: 244 261, 274
triarte, José Antonio: 257 José Antonio, indio: 273
Iriarte, José Blas: 150, 175, 185, Joya, La, Coah.: 176, 177
298 Juanicotena, Juan Fermín de: 58,
Iriarte, José Rafa«l: 69, 76, 78, 79, 94, 96, 147, 244, 245
93, 97, 99, 101, 183, 198, 244, Junta de Unión de Rentas: 299
249, 257
Iriarte, Juan José: 150, 298, 299 Kemper, Samuel: 211
Irigoyena, Bernardo á»; 244
Iturbe e Iraeta, Manuel de: 18, 56, Labarra, .: 268
57, 59, 76, 92-96,114,124,125, Labradores: Ver Galeana, N.L.
147, 148, 149, 154, 157-161, Lafuente, : 150

326
ÍNDICE ALFABÉTICO

Lagos, Jal: 144, 146 Lecciones orales de historia de Nue-


Laguna de las Animas, Tex., hacien- vo León: 293
da: 164 Leitona, : 244
Laguna Seca, S.L.P.: 68 Lemus, Pedro: 206
Lagunillas, S.L.P.: 79, 95 León, Alonso de: 16
Laja, N.L. hacienda: 99, 107 León, José Cristóbal de: 49, 145,
Lampazos, N.L.: 7, 16, 18, 20, 35, 202
36, 37, 46, 47, 48, 51, 56, 60, Lerma, Esteban: 124
75, 84, 122, 139, 142, 155, 169, Letona, José María: Ver López de
184, 194, 205, 206, 209, 226, Letona, José María
233, 264, 268, 284, 290; archi- Liceaga, José María: 174, 279
vo parroquial, 226, 228; com- Linares, N.L.: XVI, 9, 48, 49, 51,
pañía de milicias, 20, 267; 72, 111, 119, 122, 124, 145,
compañía volante, 16, 17, 18, 146, 147, 148, 152, 154, 157,
28, 37, 38, 41, 43, 44, 45, 46, 208, 242, 270; Ayuntamiento,
51, 54, 61, 62, 75, 103, 126, 84, 145; compañía de milicias,
134, 142, 184, 199, 205, 214, 246, 258; obispado, 225
226, 233 Linares, río, N.L.: 60
Landásuri, José Cayetano: 22 Lizana, Francisco Javier: 5, 11, 29,
Lanigada, : 91 30, 34, 135, 237
Lanzagorta, Francisco: 79, 99, 130, Lobo Guerrero, José León: 28, 80,
153, 180, 199, 217 82, 87, 130, 187, 216, 217
Laredo, Tex.: 45, 56, 61, 139, 141, Lobos, N.L.: estancia: 116
149, 150, 155, 161, 162, 163, Londres, Inglaterra: 296
166, 168, 169 175, 184, 185, Longinos: 154
186, 195, 202, 208, 213, 270, López, Antonio: 212, 270
271, 276, 296, 297, 299, 304, López de Letona, José María: 26,
305; archivo, 297; compañía 152, 153, 201, 272, 286
volante, 56, 149, 161; 162,185, López, José: 240
214, 270, 275, 287 López, Manuel Antonio: 227
Larramendi: Ver Ruiz de Larramen- López, Pedro: 188, 197
di, Pedro López Portillo, Francisco: 86
Larranaiza, Juan Fermín de: 89 López Prieto, Pedro: 134
Larumbe, Nicolás: 193 López Rayón, Ignacio: 174, 175,
Last Years of Spanish Texas, 183, 189, 193, 195, 209, 278,
1778-1821, The: 294 281, 286, 304
Leal de León, José Antonio: 43, 52; Lores Noriega, Gaspar: 158, 190,
116, 117, 204, 258 191, 283
Leal, Miguel: 58 Lozada, Alipio: 189, 191, 283

327
ÍNDICE ALFABÉTICO
Lozano, Juan José: 29 Marín, Luis: 60, 97, 191, 239, 251
Luísiana: XVII, 11, 12, 25, 32, 33, Marín, Miguel, Rodrigo: 225
36, 132, 133, 134, 135, 136, Marín, N.L.: 48, 284
139, 140, 141, 142, 143, 149, Marroquín, Agustín: 175, 197
209, 210, 213, 218, 231 Martínez, Carlos: 200
Luzgardo, Joaquín: 289 Martínez, Domingo: 206
Martínez, Francisco: 191
Llamas, José del Carmen: 106 Martínez, José María: 78, 147, 148,
Llano del Viejo, Tamps.: 95 149, 157, 160, 175, 190, 191,
Llano, Julián de: 207 192, 193, 206, 244, 270, 283
Llano, Pedro Manuel de: 89 Martínez, Juan Manuel: 206
Llanos y Valdez, Andrés Ambrosio Mascareñas, Francisco: 200
de: 14, 15, 19, 20, 22, 23, 24, Masmela, Apolinar de: 140
104, 135, 225, 228 Matagorda, bahía, Tex.:. 189
Llera, Tamps.: 158 Matamoros, Tamps.: 150,153, 154,
161, 295
Madero, Evaristo: 205 Matehuala, S.L.P.: 6, 7, 50, 66,
Madero, Francisco I.: 205 67, 68, 70, 79, 82, 83, 90, 95,
Madero, José Francisco: 205, 287 99, 101, 103, 107, 108, 115,
Madison, James: 266 117, 122, 146, 197, 206, 304
Madrid, España: 11 Mateos, José: 212
Magee, Augustus William: 211 Mazoleni, Juan María: 58, 79, 147,
Magiscatzin, Tamps.: 160 244
Maíz, Valle del: Ver Ciudad del Medina, Carlos: 102, 109, 171
Maíz, S.L.P. Medina, río, Tex.: 213, 214, 216
Málaga, España: 136 Melero, y Pina, Gregorio: 78, 101,
Maldonado, : 124 102, 128, 129, 130, 155, 156,
Maldonado, Ignacio: 200 175, 176, 177, 197, 205, 244,
Malo, Luis Gonzaga: 98, 200 249, 250, 251, 252, 258, 262,
Manuel Benavides, Chih.: 226 263, 279, 280, 302, 304
Mapimí, Dgo.: 209, 210 Melgares, Facundo: 114, 131, 151,
Marañen, Domingo: 122 154, 195, 259, 273, 304
Marco, Lucas: 68 Menchaca, José: 128,163, 168, 169,
Marichalar, Francisco Javier: 72 182, 262, 276, 297, 298, 299,
Marín de Porras, Primo Feliciano: 304
15, 16, 19, 22, 23, 27, 30, 34, Menchaca, Juan José: 32
39, 51,149,162,163, 164, 175, Mendiola, José Andrés: 52, 74, 84,
185, 214, 216, 225, 240, 284, 86, 90, 119, 203, 246
295, 296, 297, 298, 300, 302, Mereles, Luis Gonzaga: 98
305 Mercado, José Nicolás: 106

328
7ND/CE ALFABÉTICO

Mesa, La, Tamps.: 95 183, 209, 303


Mesillas, Coah., estancia: 117, 156, Monsieur Pierre: 33
176 Montañez, José Timoteo: 116, 258,
México: arzobispo, 5, 8;Audiencia, 283
XIV, XVI, 6, 11, 23, 27, 39; Montano, Luis: 101
auditoría, 29; Catedral, 215; Monte Caldera, S.L.P.: 78
ciudad, XIII, XIV, 2, 3, 4, 5, Montelongo, Francisco: 142
7, 9, 13, 14, 15, 21, 27, 29, Montemayor, Diego: 175
32, 35, 36, 50, 53, 54, 58, 59, Montemayor, Juan Francisco: 183,
61, 79, 89, 104, 105, 110, 125, 217
126, 136, 149, 150, 151, 181, Montemorelos, N.L.: XVI, 48, 49,
194, 204, 207, 214, 215, 216, 72, 83, 88, 102, 104, 107, 112,
225, 261, 296, 299; país, XIII, 118, 119, 20, 122, 123, 124,
43, 173, 206, 216, 219, 229, 126, 127, 129, 142, 145, 146,
294, 295 151, 153, 169, 201, 202, 203,
Mier, Tamps.: 94, 149, 150, 161, 205, 242, 246, 261, 268; archi-
215, 251, 270 vo municipal, 293; compañía
Mier y Moriega, José Froilán de: de milicias, 89, 255
29, 91, 230 Montero, José Bernardino: 142, 212
Mier y Noriega, Servando Teresa Monterrey, N.L.: XVI, 7, 8, 13,
de: 29, 230, 297 14, 15, 16, 21, 22, 23, 24, 26,
Mina, Francisco Javier: 202, 217, 27, 28, 29, 31, 37, 38, 44, 46,
296 47, 48, 50, 51, 52, 56, 61, 63,
Misisipi, río, 73 71, 72, 73, 74, 75, 80, 81, 82,
Misuri, río, 133 85, 86, 89, 91, 102, 104, 112,
Molano, José Andrés: 21, 22, 31, 114, 119, 120, 122, 124, 126,
199, 200, 201, 299 127, 128, 129, 130, 134, 135,
Molino de Francia, Monclova, 144, 145, 146, 147, 148, 149,
Coah.: 171 150, 151, 152, 153, 154, 155,
Molino, FJ, Gto, hacienda: 98 157, 162, 181, 184, 186, 193,
Monclova, Coah.: XVI, 12, 24, 30, 195, 202, 204, 205, 207, 216,
32, 33, 45, 64, 82, 90, 105, 225, 229, 230, 249, 261, 262,
126, 127, 137, 141, 154, 156, 263, 272, 282, 284, 290, 295,
169, 170, 171, 172, 173, 174, 299, 300, 301; archivo munici-
175, 176, 178, 180, 181, 182, pal, 225, 293; Ayuntamiento,
183, 184, 185, 188, 195, 198, 7, 29, 63, 75, 80, 81, 82, 186,
199, 200, 201, 202, 205, 208, 187, 202, 203, 255; Cabildo
209, 215, 216, 217, 227, 240, Eclesiástico, 47, 80, 81, 82, 83,
263, 295, 297, 300, 301, 302; 86, 87, 129, 130,155, 186, 201;
Junta de Seguridad Pública, Catedral, 9, 23, 24, 80, 86, 87,

329
ÍNDICE ALFABÉTICO
121, 129, 149, 181, 216, 225, Navarro y Noriega, Fernando: 263,
263, 293; colegio seminario, 14; 284
compañía volante, 17; obispo, Nayarit: 11
XVI, 149, 294 Nevé, Felipe de: XIV
Monzón, José Plácido: 199, 200, 201 Nieto, Juan Nepomuceno de : 40,
Mora, José María Luis: 42, 279 232
Morales, José Eulogio: 106 Nolan, Felipe: 63, 367
Morelia, Mich.: 15, 199 Norma, Rosarito: 3
Morelos, Coah.: 205 Noroña, Jacinto: 200
Morfi, Juan Agustín de: 226 Norteamérica: 35
Mota, valle de la: Ver General Te- Nueces, río: 213
rán, N.L. Nuestra Señora de Guadalupe del
Movila: 167, 257 Conchos: 161, 275
Muertos, cuesta de los: 73, 81, 82 Nuestra Señora de Salinas: Ver Sa-
Múgica, Juan Antonio: 86, 105 linas Victoria, N.L.
Muñiz, Juan: 190, 191, 193, 270, Nueva España: XIII, XIV, XVI,
283 XVII, 1, 2, 8, 11, 12, 15, 16,
Muñoz, José María: 37, 167, 168, 17, 25, 30, 41, 43, 46, 47, 88,
300 97, 208, 232, 266, 284
Murguía, Rafael: 157 Nueva Galicia: 269
Murphy, Diego: 139 Nueva Orleans, La.: 136, 139, 140
Múzquiz, Coah.: 24, 28, 32, 33, 35, Nueva Vizcaya: XIV, XV, XVI, 41,
46, 119, 169, 170, 176, 200, 46, 161, 215, 259, 273
205, 216, 258, 300 Nuevo León: XIII, XIV, XV, XVI,
Múzquiz, Miguel: 167, 289 1, 3, 5, 8, 9, 10, 11, 13, 14,
16, 17, 20, 21, 24, 25, 26, 29,
Nacogdoches, Tex.: 15, 32, 33, 35, 34, 35, 39, 40, 41, 42, 43, 44,
46, 132, 140, 143, 170, 209, 45, 47, 48, 54, 56, 57, 60, 74,
211, 214 76, 82, 83, 84, 86, 88, 89, 90,
Naola, Tamps.: 99 95, 97, 99, 102, 105, 107, 111,
Napoleón I: XVII, 26,122, 132,133, 113, 114, 118, 119, 125, 126,
165, 207. 130, 131, 133, 134, 140, 144,
Natchez, Miss.: 33 151, 152, 154, 157, 162, 184,
Natchitoches, La.: 15, 32, 141 186, 188, 193, 201, 202, 203,
Nava, Coah.: 32, 287 204, 205, 208, 212, 216, 224,
Nava, Pedro de: XV 256, 260, 264, 267, 272, 284,
Navarro, coronel: 289 293, 294, 296, 297; Archivo
Navarro García, Luis: 264 General del Estado, 127, 228,
Navarro, Pedro: 200 234, 236, 248, 289, 293; con-
greso, 203; gobernador, 1, 2,

330
ÍNDICE ALFABÉTICO

7, 22, 23, 30, 37, 56, 57, 61, Our Catholic Heritage in Texas: 294
91, 129, 134, 138, 139, 227,
302; Junta de Gobierno, 127, Pabellón, Ags.: 147, 156
186, 187, 188, 202, 203, 208, Pablillo, N.L., hacienda: 109
216, 281, 288, 299; Junta De- Padüla, Tamps.: 57, 58, 93, 125,
partamental, 217; obispo, 271, 147, 148, 157, 159, 193, 206
299; tropas, 30, 34, 39, 43, 44, Palomas, río, Tamps.: 125
46,'^Sl, 52, 62, 65, 66, 67, 71, Pando, Miguel: 289, 290
75, 79; 82, 91, 100, 116, 118, Pantaleón: 33
125, 134, 136, 138. 142, 145, Panuco, río: 299
151, 167, 169, 179, 201, 204, Panuco, Ver.: 148
229, 236, 297 Panzacola: 257
Nuevo México: XIV, XV, 41, 73, Paraguay: 224
133 Paras, Vicente: 124
Nuevo Reino de León: Ver Nuevo Paredes, José Miguel: 114, 147, 238,
León 244, 245, 250
Nuevo Santander: Ver Tamaulipas Parida, La, S.L.P.: 70
Núñez de Esquivel, Melchor: 47, Pariente, Benito: 153
80, 86, 105, 187, 288 Parra : 289
Núñez de León; Apolinar: 300, 301 Parras, Coah.: XVI, 106, 115, 131,
Núñez Parías, Viviano: 94, 100, 151, 154, 171, 174, 175, 183,
206, 250, 252, 283 195, 198, 199, 259, 273; distri-
to, XIV, XV, XVI; milicias, 119
Obras completas del doctor José Parras, compañía volante: Ver San
Eleuterio González: 304 Carlos de Parras
Ocampo, Tamps.: 58, 59 Parras, José Gabriel: 142
Océano Pacífico: 73 Pastor de Ibarra, Justo: 152
Ocón y Trillo, Juana: 276 Patos: Ver General Cepeda, Coah.
Octava Compañía de Dragones Pedraza, : 116
Provinciales del Nuevo Reino Penilla, José Eugenio de la: 97, 101
de León: Ver Salinas Victoria, Península, La: Ver España
compañía de milicias Peña, escaramuza de la: 17
Ochoa, Gaspar de: 154, 198, 259 Peña, José de la Peña: 207
Ochoa, Juan Manuel de: 115, 183, Peña, Juan Nepomuceno de la: 183
197, 259, 260, 281 Peñeiro, Juan López: 146
Olmedo, Francisco: 102 Peotillos, S.L.P.: 77, 92
Orive, Manuel de: 150 Perca, Ignacio: 251
Ortiz de Zarate, Manuel Antonio: Perca, Ramón: 147
60 Pereyra, Anselmo: 248
Oterrena, Pedro de: 63

331
ÍNDICE ALFABÉTICO
Pereyra, Francisco: 68, 142, 212, Pozo del Carmen, S.L.P., hacien-
248, 268 da: 77, 78, 79, 92, 249, 304
Pérez, Benito: 234 Pozos, Los, S.L.P.: 78
Pérez de la Carda, Manuel: 85, 106 Presas del Rey: Ver Aldama, Tamps.
Pérez Calvez, José: 145 Presidio, del Norte: 17, 198, 200
Pérez, Ignacio: 167 Pretil, Tamps., hacienda: 125, 190,
Pérez, José Manuel: 202 191, 283
Pérez, José María: 101, 252 "Prisión de Hidalgo en Acatita de
Pérez, Juan: 154 Bajan:" 303
Pérez-Maldonado, Carlos: 225, 293 Provincias Internas: XIII, XIV, XV,
Pérez Rey, Josef: 150,151, 270, 273, XVI, XVII, 12, 17, 24, 35, 68,
276 79, 83, 91, 113, 114, 133, 136,
Pérez Soto, Andrés: 68, 69 139, 144, 157, 161, 175, 181,
Pérez, Trinidad (sargento en Texas): 183, 194, 212, 218, 219, 252,
142 294, 296, 303, 304
Pérez, Trinidad (alférez de Coahui- Provincias Internas de Occidente:
la): 199, 200 XV, 133, 207, 215
Perú: XIV Provincias Internas de Oriente: XIII,
Pesquería Grande: Ver García, N.L. XV, XVI, 13, 14, 32, 79, 116,
Peyotes, Coah., misión: 182 121, 127, 132, 133, 148, 154,
Pike, Zebulon Montgomery: 12,13, 156, 160, 163, 193, 194, 199,
113, 135, 224, 264 202, 208, 212, 213, 215, 217,
Pila, La, S.L.P., hacienda y cam- 284, 293, 294, 296, 299, 301
pamento: 52, 54 Puebla, Pue.: 110
Pilón, boca, N.L.: 73, 82, 83, 94, Pueblo Viejo, Ver.: 125, 149, 150,
242 160, 189, 271, 299
Pilón, río, N.L: 60, 119, 122 Puente de Calderón, batalla: 130,
Pilón, valle del: Ver Montemore- 151, 154, 156, 163, 174, 189,
los, N.L. 193, 195, 259, 276, 302
Fio VII: 15 Puerteólo, H, Monclova, Coah.:
Plaza, José María: 83 172, 176
Polanco, Manuel: 275 Puerto de Piñones, batalla: 183,
Ponce, : 279 193, 197, 200
Porras, Angela de: 225 Punta del Espinazo, Coah.: 176
Porras, Muñoz, Guillermo: 257 Punta de Venegas, S.L.P.: 66, 67,
Portillo, Silvestre: 53, 236 241
Portugal: 224 Punta, La: Ver Lampazos, N.L.
Portugal, Onofre: 110 Puglia, doctor: 90
Potosí, N.L., hacienda: 60, 90,116,
118, 122, 126, 145, 204

332
ÍNDICE ALFABÉTICO

Querétaro, Qro.: XIV, 61, 77, 88, Real de Borbón: Ver Villagrán,
110 Tamps.
Quesada, Antonio: 146 Real Hacienda: 6, 82, 86, 87
Quijano, María Luisa: 130 Refugio: Ver Matamoros, Tamps.
Quin, Miguel: 33 Regencia, bergantín: 189
Quinta Compañía de Dragones Regimiento de Dragones de Espa-
Provinciales de Nuevo León: ña: 1
Ver Linares, compañía de mi- Regimiento de Dragones de San
licias Carlos: 2, 3, 4, 5, 6, 42, 43,
Quintero, Cayetano: 125, 243, 275 45, 115, 135, 222, 244, 260
Quintero, José: 125 Regimiento de Dragones de San
Quintero, Juan: 125, 243, 250 Luis: 43, 45, 135, 260
Regimiento de Güimar: 11
Rábago, José de: 171, 182, 183, 208 Regimiento de Infantería de Astu-
Rábago, Nepomuceno: 179 rias: 14
Rafaelillo: 154, 273 Regimiento de Infantería de Zamo-
Ramírez, : 270 ra: 1, 11
Ramón, Antonio: 16 Regimiento de Infantería Provincial
Ramón de Burgos, Juan Ignacio: 16, de México: 1
17, 18, 35, 36, 46, 47, 52, 54, Regimiento de la Corona: 54, 244
71, 75, 80, 86, 102, 103, 1Q4, Regimiento de la Reina: 135
107, 108, 109, 110, 111, 114, Regimiento de Nueva España: 1, 2,
115, 116, 119, 131, 134, 135, 4
143, 145, 157, 178, 199, 202, Regimiento de Nueva Galicia: 135
203, 205, 209, 217, 226, 233, Regimiento Fijo de Veracruz: 160,
236, 246, 255, 263, 264 189, 192, 197, 206
Ramón, Diego: 16, 226 Regimiento Provincial de Vallado-
Ramón, Domingo: 16, 226 lid: 231
Ramón, Ventura: 122, 124, 171, Reina, José María: 255
199, 200, 201, 202 Reina, Juan: 38
Ramos, Andrés Florencio: 185 Reina, Miguel de: 142, 204
Ramos de Arizpe, Miguel: 13 Rengel, José Antonio: XIV, XV
Ramos, José Antonio: 68 República Francesa: Ver Francia
Rancho Grande, Zac., hacienda: Revilla Ver Guerrero, Tamps.
205 Revilla Gigedo, conde de: 15
Rancho Viejo, N.L.: 188 Reynosa, Tamps.: 29, 149, 150,
Rayones, N.L.: 119, 260 161, 175, 185, 270, 298
Rayón, Ignacio: Ver López Rayón, Rigada e Inda, Antonio de la: 71
Ignacio Río Blanco: Ver Aramberri, N.L.
Río de la Plata: 11

333
ÍNDICE ALFABÉTICO
Río Grande: 45, 132, 134, 140, 141, Sacramento, Tamps., hacienda: 153
149, 275 Sada, Fermín de: 47, 80
Río Grande, compañía presidial: 64, Sada, José María de: 52, 86, 91,
142, 170, 171 112, 114, 116, 255, 256
Río Grande, presidio: Ver Guerre- Sada, Matías de: 8, 86, 152
ro, Coah. Sáenz, Antonio: 141, 142, 143, 165,
Río Salado, compañía volante: 17 166, 167, 267
Río Verde, S.L.P.: 43, 59, 60, 69, Sagrario, El, Monterrey, N.L.: 47,
97, 233, 239, 249, 251 48, 80
Riul, batalla: 91 Salado Alvarez, Victoriano: 224
Rivas, Antonio: 175, 180 Salado, batalla: 212
Rivera, José Francisco: 256,259, 262 Salado, El, S.L.P.: 70
Rivera, Rafael: 191 Salazar, Juan: 100, 102, 110, 118,
Rodríguez, : 289 130, 153, 155, 162, 163, 165,
Rodríguez, Jesús: 177 166, 174, 198, 200, 208, 263,
Rodríguez Joaquín: 176, 177 272, 273, 276, 301, 303
Rodríguez, José Cristóbal: 68 Salcedo, José Antonio: 268
Rodríguez, Pedro: 142, 283 Salcedo, Manuel Juan de: 136
Rodríguez, Sebastián: 33, 35, 36, Salcedo, Manuel María de: 84, 127,
140, 170, 171, 179, 231, 278 136-143, 162, 163, ,164, 165,
Rojano, José Vicente: 251 167, 169, 170, 182, 183, 193,
Rosa, doña: 2, 54 198, 199, 204, 205, 208, 209,
Rosillo: Ver Salado, batalla 210, 211, 212, 213, 214, 216,
Rossi,, José de: 139, 140, 214 263, 266, 268, 277, 278, 294,
Royuela, Manuel: 105, 127, 128, 298, 301
130, 141, 150, 155, 165, 168, Salcedo y Salcedo, Nemesio: XV,
169, 170, 175, 181, 256, 280, 24, 34, 57, 64, 113, 114, 133,
296, 299, 300 135, 136, 140, 167, 170, 198,
Ruguier, : 36 209, 211, 234, 236, 264, 301
Ruiz de Apodaca, Juan: 207, 237 Salinas, Bartolomé: 188
Ruiz de Larramendi, Pedro: 248, Salinas, S.L.P.: 66, 69, 97
249 Salinas Victoria, N.L.: 19, 43, 48,
Ruiz, José María: 238 51, 75, 81, 131, 184, 228, 284,
Rumayor, José Manuel de: 36 289, 295, 299; archivo parro-
Ruvalcaba, Alejo: 25, 38 quial, 227, 300, 301: compañía
de milicias, 19, 134, 224, 229,
Sabinas, río, Coah.: 24 267
Sabinas, río, Tex.: 133, 135, 211, Saltillo, Coah.: XVI, 7, 8, 15, 16,
263, 265 30, 44, 46, 49, 50, 51, 60, 62,
Sacramento, colonia: 11 63, 64, 65, 66, 68, 69, 70, 71,

334
ÍNDICE ALFABÉTICO

73, 79, 82, 83, 90, 94, 99, 102, San Bernardo, bahía, Tex.: 134,
108, 116, 117, 118, 119, 122, 140, 189
126, 127, 128, 129, 130, 131, San Buenaventura, Coah.: 21, 175,
137, 142, 145, 146, 152, 153, 201
154, 155, 156, 162, 168, 170, San Carlos: Ver Manuel Benavides,
171, 172, 174, 175, 177, 181, Chih.
183, 184, 193, 195, 197, 199, San Carlos de Parras, compañía
201, 209, 216, 234, 240, 248, volante: 17, 46, 134, 140, 142,
252, 258, 259, 260, 262, 272, 206
278, 279, 281, 283, 286, 290, San Carlos, Tamps.: 56, 57, 58,
298, 300, 301, 304; cabildo, 64; 59, 83, 88, 93, 124, 153, 156,
casas • reales, 8: distrito, XIV, 159, 237
XV, XVI; feria, 25, 26, 31, 49, San Cayetano, goleta: 189
50, 52; tesorería, XVI, 74, 81, San Cristóbal: Ver Hualahui-
82, 90, 105, 127, 128, 139 ses, N.L.
Salvatierra, Martín: 126, 127 Sánchez, José Juan: 234, 304
San Agustín de Laredo: Ver Lare- Sánchez, José María: 268
do, Tex. Sánchez, Juan: 68
San Antonio de Béjar: Ver San An- Sánchez, Navarro, José Melchor:
tonio, Tex. 169, 183
San Antonio de Béjar, compañía Sánchez Navarro, José Miguel: 169,
presidia!: 46 183
San Antonio de la Bavia, compa- San Diego del Carrizal, N.L., ha-
ñía presidial: 16, 46, 64, 171; cienda: 19, 20, 22, 23, 24, 27,
presidio, 65, 200 44, 228
San Antonio de Valero, misión: 36, San Felipe de China: Ver China,
134, 264 N.L.
San Antonio, río, N.L. y Tamps.: San Felipe, Gto.: 93, 98
60 San Fernando de Austria: Ver Za-
San Antonio, Tex.: XVI, 12, 24, ragoza, Coah.
30, 31, 32, 33, 34, 36, 38, 46, San Fernando de Béjar: Ver San
49, 61, 128, 132,134, 135, 138, Antonio, Tex.
139, 140, 141, 142, 143, 149, San Fernando, Tamps.: 149, 150,
150, 155, 156, 160, 162, 164, 152
165, 168, 169, 175, 182, 184, San Francisco, Tamps., rancho: 152
185, 193, 195, 200, 205, 206, San Ginés, Manuel de: 92, 93,
209, 210, 211, 213, 214, 215, 249
216, 226, 233, 260, 264, 268, San Hipólito, hospital, México,
270, 273, 278, 279, 289, 297, D.F.: 214
298, 299, 300', 304 San Isidro, N.L., rancho: 115

335
ÍNDICE ALFABÉTICO
San José de la Noria: 88 San Miguel el Grande: Ver San
San Juan, madama: 3 Miguel Allende, Gto.
San Juan Bautista de Horcasitas de San Nicolás, Tamps.: 237
la Punta de Lampazos: Ver San Pablo, goleta: 189
Lampazos, N.L. San Pedro: Ver Garza García, N.L.
San Juan Bautista de Río Grande: San Pedro N.L., hacienda: 99
Ver Guerrero, Coah. San Rafael, N.L., paraje: 115
San Juan de Allende: Ver Allende, San Salvador, Zac.: 65, 66
Coah. Santa Ana, N.L., rancho: 124
San Juan de Canoas: Ver San Juan Santa Bárbara: Ver Ocampo,
de Sabinas, Coah. Tamps.
San Juan de los Lagos, Jal: 144 Santa Catalina, isla: 11
San Juan del Río, Dgo.: 246 Santa Catarina, cerro, N.L.: 26
San Juan de Sabinas, Coah.: 24, 25 Santa Catarina, N.L.: 63, 284
San Lorenzo, Coah., hacienda: 199 Santa Efigenia, N.L., hacienda: 106
San Luis de la Paz, Gto.: 98 Santa Engracia, Tamps., hacienda:
San Luis Potosí: ciudad, XV, 1, 3, 191
4, 5, 6, 7, 8, 9, 23, 27, 29, 30, Santa Gertrudis, Tamps., rancho:
41, 43, 49, 50, 52, 53, 54, 57, 151
58, 61, 62, 63, 66, 67, 68, 69, Santa, José María: 123
71, 74, 75, 76, 77, 78, 79, 80, Santa María, Coah., hacienda: 244
85, 90, 91, 92, 93, 95, 96, 97, Santa María, Manuel de: 1-11, 34,
98, 101, 103, 106, 115, 122, 36, 37, 39-42, 46-54, 60-63,
125, 127, 135, 147, 174, 183, 71, 73, 74, 75, 76, 80, 82-85,
190, 191, 195, 197, 198, 201, 87, 89, 90, 91, 94, 99, 100,
204, 236, 244, 301, 304; Con- 102-105, 107, 112, 114, 115,
taduría General de Real Ha- 116, 118-123, 126-131, 138,
cienda, 6; intendencia, XV, 139, 142, 145, 151, 153, 154,
218; intendente, 8, 39, 46, 75, 155, 169, 174, 180, 186, 193,
76, 98; provincia, 2, 4, 40, 43, 199, 201, 202, 203, 204, 205,
45, 94, 97, 103, 113, 153, 193, 217, 221, 222, 232, 236, 237,
197, 236, 252, 256; tesorería, 7 240, 244, 246, 248, 255, 256,
San Marcos, río, Tex.: 61, 214 260
San Mateo del Pilón: Ver Monte- Santa María y Escobedo, Manuel
morelos, N.L. Antonio de: 1, 221
San Miguel: Ver Rayones, N*L. Santander, villa: Ver Jiménez,
San Miguel Aguayo de Tlaxcala: Tamps.
Ver Bustamante, N.L. Santa Rita de Morelos: Ver More-
San Miguel Allende, Gto.: 1, 51, los, Coah.
59, 88

336
ÍNDICE ALFABÉTICO

Santa Rosa, boca y cuesta, N.L.: Sierra Madre Oriental: XIII, 93, 193
73, 82, 83, 107, 114, 118, 242, Sinaloa: XIV, XV
256 Soberón, José Francisco: 240, 302,
Santa Rosa, valle: Ver Muzquiz, 303
Coah. Sobrevilla, José Andrés de: 184,
Santiago, N.L.: 43, 44, 48, 51, 73, 194, 209, 216, 268
103, 124, 284 Sodupe, España: 88
Santiaguillo, Tamps.: 95 Soldevilla, Juan Antonio de: 6, 99,
Santo Domingo: 34, 212 223
Santos, Jacobo María: 66 Soledad, N.L., hacienda: 107, 108,
Santos, Juan José de los: 44, 86, 111, 115, 119, 255
103, 115, 119, 123, 124, 129, Solís, : 180
203, 253 Solís, Juan Bautista: 289
San Vicente, Coah., presidio: 200 Solís, Manuel Ignacio: 199, 285
Saques!, castillo: 4 Sombrerete, Zac.: 115, 205, 248,
Sauceda, José Antonio: 167 257
Sauceda, La, Tamps., rancho: 125 Someruelos, marqués de: 139, 140
Seguin, José Erasmo: 167 Sonora: XIV, XV, 41, 215, 269, 297
Segunda Compañía de Dragones Soto, Andrés: Ver Pérez Soto,
Provinciales del Nuevo Reino Andrés
de León: Ver Garza García, Soto la Marina, Tamps.: 74, 202,
N.L., compañía de milicias 217
Segunda Compañía Volante de Soto, Manuel de: 203
Nuevo Santander: 8, 57, 206, Suárez, Mariano: 249
207 Supremo Consejo de Regencia: 137
Semper, José María: 69, 70, 101,
130, 155, 197 Tacubaya, D.F.: 9
Séptima Compañía de Dragones Taboada, Manuela: 279
Provinciales del Nuevo Reino Tamarón, España: 15
de León: Ver García, N.L., Tamaulipas: XIII, XIV, XV, XVI, 5,
compañía de milicias 11,18,29,34,38, 39, 41,44,45,
Sepultura, La, Coah., paraje: 115 56, 57, 76, 78, 83, 88, 95, 97,
Serrano, Miguel: 47, 142, 143, 184, 100, 107, 109, 113, 114, 118,
205, 214, 268 121, 122, 133, 140, 141, 145,
Sevilla, España: 1, 221 148, 150, 152, 154, 156, 157,
Sexta Compañía de Dragones Pro- 158, 159, 160, 161, 162, 185,
vinciales del Nuevo Reino de 190, 193, 205, 206, 207, 208,
León: Ver Lampazos, compañía 211, 212, 237, 238, 244, 249,
de milicias 250, 257, 261, 267, 270, 274,
Sierra, : 171 284, 293, 294, 295, 296, 299;

337
ÍNDICE ALFABÉTICO

diputación provincial, 206; go- Gobierno, 166, 167, 186, 209,


bernador, 76, 91, 139, 147, 300
160, 189, 297; tropas, 30, 34, Texas in 1811: 294
43, 46, 59, 61, 62, 75, 79, 91, Tiempo, El: 302
92, 134, 136, 138, 141, 142, Tierra Adentro: XIII, 62, 98, 144,
157, 179, 190, 192, 206, 251, 249
304 Tierra Fuera: XIII, 25, 73, 108,117,
Tampico Alto, Ver.: 125, 261 139
Tampico, Tamps.: 140, 148, 159, Tijerína, José Santiago: 167
160, 189, 297 Tijerina, Juan Fernando: 183
Tancasnegui, Tamps.: 148 Tijerina, Mauricio: 72, 85
Tanque de la Vaca, Coah.: 70 Tinaja, La, Coah.: 226
Tanque Nuevo, Coah.: 66 Tinaja, La, S.L.P.: 60, 76
Tarín, Vicente: 142, 167 Topo, cerro del, N.L.: 38
Tato, Roque: 35 Torrea, Francisco María: 153
Taxco, Gro.: 1 Torres, José Trinidad: 108
Tena, Ramón: 238 Tragic Cavalier: 294
Tenerife, isla: 11 Travieso, Francisco: 142, 143, 167
Tepozán, llano, Tamps.: 124 Treviño, Eufemio: 58
Terán, Manuel: 53 Treviño, Francisco: 191
Tercera Compañía Volante del Nue- Treviño, Guillermo: 27
vo Santander: Ver Laredo, Treviño, Juan José: 94, 100, 151,
compañía volante 154, 250, 252, 273, 294, 304
Tesorería General: 6, 82, 104, 105 Treviño, Ramón: 124
Texas: XIII, XIV, XV, XVI, 11, 12,. Tribunal de Cuentas: 6
15, 16, 17, 19, 21, 24, 25, 26, Tribunal de la Acordada: 1, 5
27, 28, 30, 31, 32, 33, 34, 35, Trinidad, La, Tex.: 46, 213
36, 41, 44, 45, 46, 50, 57, 61, Trinidad, río, Tex.: 214
73, 74, 103, 119, 128, 132,133, Troncóse, Francisco: 206
134, 135, 136, 137, 139, 140, Trópico de Cáncer: XIII
141, 148, 149, 161, 162, 163, Tula, Tamps.: 59, 60, 76, 77, 79,
164, 167, 168, 170, 181, 186, 92, 93, 94, 95, 96, 99, 100,
189, 190, 194, 203, 204, 205, 113, 114, 191, 212, 243, 250,
209, 210, 211, 212, 213, 214, 252, 304
215, 216, 218, 233, 246, 253, Turner, Edward: 15
255, 258, 260, 263, 264, 267, Turrubiartes, potrero, S.L.P.: 77,
293, 298, 299; gobernador, 73, 79, 244
84, 138, 139, 140, 141, 164, Tuxpan, Ver.: 125, 296
170, 211, 215, 297; Junta de

338
ÍNDICE ALFABETICE

Ugalde, Juan de: XIV, XV, 17 Vasconcelos, José: 287


Ugarte, José Joaquín de: 102, 142, Vázquez Borrego, Atanacio: 172
224 183
Ugarte, Valentín Ramón de: 72, 86 Vázquez Borrego, José Macario
Ugarte y Loyola, Jacobo de: XIV, 116, 117, 171, 172, 182, 183
XV, 17 197, 208, 257, 297
Ugartechea, Manuela de: 130, 184 Vázquez, Ignacio: 191
Undécima Compañía de Dragones Vedia, Manuel: 152
Provinciales de Nuevo León: Vedia y Pinto, Santiago: 84, 18Í
Ver Vallecillo, compañía de Vedia y Pinto, Vicente: 72, 86, 105,
milicias 112
Universidad de St. Mary's: 297 Vega, José Cipriano: 151
Uranga, José María: 33, 170, 175, Vela, Benigno: 302, 303
176, 181, 195, 216, 285, 297, Venadito, conde del: Ver Ruiz de
303 Apodaca, Juan
Uribe, Fernando de: 91, 184 Venado, S.L.P.: 2, 3, 53, 66, 68,
Uro, Alejandro de; 268 98, 101, 103, 108, 244
Urriaga, José María: 33 Venegas, Francisco Javier: 92, 189,
Ussel y Guimbarda, Bernardo: 8, 207, 212
112, 187, 216 Ventura, La, Coah.: 66, 70, 89, 115
Veracruz, Ver.; XVI, 3, 33, 110,
Vaca, La, Tamps.: 124, 148, 157 125, 140, 154, 189, 193, 194,
Vacas, N.L., hacienda: 99 204, 296; consulado, 136
Valdez, José Marcelo: 73 Veramendi, Fernando: 32
Valdez, Juan Bautista: 86 Veramendi, José: 32
Valera, José: 38, 80, 187 Veramendi, Juan Martín: 32
Valladolid: Ver Morelia, Mich. Verdeja, Manuel: 68, 116, 244
Vallecillo, N.L.: 24, 25, 48, 72, 74, Verridy Muñoz de Herrera, Antonio
84, 284; compañía de milicias, Silverio: 28, 29, 187, 227
246 Victoria, Guadalupe: 303
Valle, Dionisio: 65, 67, 68, 268 Vidal de Lorca, Joaquín: 8, 18,
Valle, Pedro del: 38, 216 57-60, 75-79, 92-96, 100, 113,
Valle, Rafael del: 171, 175 114, 116, 118, 124, 125, 147,
Valles, S.L.P.: 233 148, 149, 160, 175, 191, 192,
Vanegas, S.L.P.: 66, 67, 68, 70, 206, 207, 208 237, 238, 243,
115, 241 244, 245, 250, 251, 270, 273,
Várela, Mariano: 113-120, 122, 126, 304
145, 215, 256, 257, 258, 304 Vidal de Lorca y Villena, Melchor:
Vargas Machuca, Miguel de: 67 29
Vargas, Mariano: 124 Vielma, puerto de, S.L.P.: 59

339
fNDÍGE ALFABÉTICO
/iesca, Coah.: 199. 205, 264, 287 Yucatán: 232
/igueño, Tamps., rancho: 152
Mdózola, Juan: 3 Zacatecas: ciudad, XIV, 65, 66, 70,
Villagrán, Tamps.: 124, 148, 158, 76, 77, 78, 89, 91, 101, 103,
189 153, 174, 183, 248; intenden-
Villaldama, N.L.: 36, 37, 48, 50, cia, 218; provincia, 64, 205
74, 75, 80, 84, 122, 185, 201, Zamarripa, S.L.P., rancho: 113,
208, 212, 216, 226, 235, 282, 114
284, 298: compañía de mili- Zambrano, José Darío: 163
cias, 44, 49 Zambrano, José María: 163
ViUamil, Bernardo: Ver Fernández Zambrano, Juan José: 167
de Vülamil, Hernando Zambrano, Juan Manuel: 163, 164,
Villanueva, Juan Antonio: 111 165, 166, 167, 185, 186, 209,
Villarreal, José Santiago: 91, 131, 214,215, 276, 290
187, 188, 195, 226, 227, 263 Zambrano, Macario: 276
Villarreal, María Dolores de : 300 Zamora, Dionisio: 86
Villarreal, María Josefa de: 20, 227, Zamora, José María: 258
228 Zaragoza, Coah.: 32, 46, 142, 168,
Villarreal, Pedro (residente de Boca 276, 300
de Leones): 84 Zarza, Pedro: 25, 188
Villarreal, Pedro (cura del valle de Zerban, Federico: 33
la Mota): 88 Zermeño, María Ignacia: 146
Villaseñor, Cristóbal: 283 Zerratón, Alejandro: 69, 70, 197,
Villaseñor, José Ignacio: 189, 191, 198
192, 283 Zimapán, Hgo.: 14
Villaseñor, Vicente: 152, 153, 272 Zona Neutral: 211
Villegas, Vicente: 191
Villerías, Juan: 78, 101, 102, 117,
153, 188, 195, 203, 281, 283
Vivero, José: 23, 168, 187, 236
Vizcaya, España: 88
Voladora, goleta: 140

Washington, Jorge: 13
Wilkinson, James: 134, 264, 265

Xicoténcatl, Tamps.: 59
Xichú, Gto.: 98

Yoakum, H.: 289

340
EN LOS ALBORES DE LA INDEPENDENCIA
TERMINO DE IMPRIMIRSE EL QUINCE DE
DICIEMBRE DE MIL NOVECIENTOS SETENTA
Y SEIS EN LOS TALLERES DE IMPRESOS Y
TESIS, S.A. GALICIA 205, COLONIA ALTA-
VISTA, MONTERREY, MÉXICO. SE IMPRI-
MIERON MIL EJEMPLARES EN PAPEL CHE-
BUCO DE 60 KILOS. LA EDICIÓN FUE CUI-
DADA POR OLGA ELENA E. DE VIZCAYA.

También podría gustarte