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Xarajat

Este documento presenta un breve resumen de la historia de las jarchas. Las jarchas eran pequeñas canciones romances que se colocaban al final de poemas árabes o hebreos llamados moaxajas, género poético inventado en al-Ándalus entre los siglos IX y X. El descubrimiento de las jarchas se produjo en 1948 y desde entonces ha habido un gran interés en su estudio. En total se han identificado unas setenta jarchas auténticas.

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Este documento presenta un breve resumen de la historia de las jarchas. Las jarchas eran pequeñas canciones romances que se colocaban al final de poemas árabes o hebreos llamados moaxajas, género poético inventado en al-Ándalus entre los siglos IX y X. El descubrimiento de las jarchas se produjo en 1948 y desde entonces ha habido un gran interés en su estudio. En total se han identificado unas setenta jarchas auténticas.

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Breve historia de las JARCHAS

Texto de Emilio García Gómez

Jarcha es una palabra árabe que significa salida o finida. Las Jarchas son unas pequeñas
cancioncillas romances -los más antiguos vestigios de la lírica popular europea- análogas a
nuestros antiguos "villancicos" (en su sentido antiguo) o a nuestras actuales coplas y cantares.
Estas cancioncillas están situadas al final de unos poemas árabes o hebreos (imitación estos
últimos de los árabes) llamados moaxajas; género inventado en la Andalucía musulmana entre las
postrimerías del siglo IX y los comienzos del X. Parece ser que las moaxajas se construían tomando
por base esas cancioncillas romances o sea estribando en ellas, por lo cual no es extraño que la
jarcha se llame también a veces markaz, que significa "punto de apoyo" o "estribo".
Sobre escasos y muy oscuros precedentes -porque ¿qué cosa humana habrá que no los
tenga?- el descubrimiento de las Jarchas, que ha sido uno de los más sensacionales del nuestro
siglo en el campo de la Filología, empezó el año 1948, con el artículo de un joven hebreo
nacionalizado inglés, S.M. Stern, titulado Les vers finaux en espagnol dans les muwassahs
hispanohebraïques quien me lo envió para Al-Andalus y que yo publiqué enseguida (vol.XIII, 1948,
pp.299-346). Stern estudió en él 20 jarchas en moajaxas hebreas. El que se tratase de poemas
hebreos produjo un despiste inicial, pero se corrigió pronto. El mismo Stern publicó después una
jarcha en moaxaja árabe (Al-Andalus, XIV, 1949, pp. 214-218). Pero la serie árabe la publiqué yo en
la misma revista (XVII, 1952, pp. 57-127) con el título Venticuatro jaryas romances en muwassahas
árabes (ms, G.S. Colin).
Estas son las series originales y los tizones que habrían de encender una gran hoguera de
investigaciones y de polémicas en muchos terrenos. Posteriormente, varios pudimos utilizar un
nuevo ms. (el Yais at-tawsih de Ben al-Jatib), también del siglo XIV como el de Colin (que es la
Uddat al ýalis de Ben Busrà ), y se ha originado una oceánica bibliografía, en la que, como es
natural, hay de todo: bueno, mediocre, malo y pésimo. Puede decirse que, pese a haberse
rebañado todo lo rebañable y aún lo que no lo era, el número de jarchas que merecen tal nombre
no pasa de setenta.
La fiebre no ha remitido mi lleva trazas de remitir, ya que incluso últimamente se ha
contagiado al mundo árabe. En 1965 publiqué un libro de conjunto, con características especiales,
titulado Las jarchas romances de la serie árabe en su marco(Madrid, Sociedad de Estudios y
Publicaciones) que, luego de agotado, reimprimí en Barcelona (Seix-Barral, 1975), con nuevo
prólogo.
(........)

Introducción
Los árabes que entraron en España trajeron consigo por lo menos algún eco de la poesía árabe
de Oriente, una de las grandes moles literarias de la Edad Media (la poesía en sí misma vino más
tarde).
Esa poesía -dejándose de menudas particularidades y prescindiendo de la métrica
propiamente dicha, cualitativa y complicada, cuya legislación es algo tardía --tiene tres
características que desde ahora mismo nos conviene señalar: 1ª. es monorrima, por muy extensa
que sea la casida (su poema específico), con la rima en el 2ª hemistiquio >de unos versos largos
(media: de 24 a 28 sílabas por verso); 2ª. es uniforme, es decir, no dividida en estrofas, y 3ª. tiene
una enorme carga racial árabe, ya que nació y floreció antes del Islam.
No tiene, pues, mucho de extraño que el ambiente bilingüe y multirracial de la España
musulmana, donde había multitud de "musulmanes nuevos" (muladíes), protegidos hasta cierto
punto por la política omeya de equilibrio, naciera un nuevo tipo de poesía. Tal género andaluz,
inventado --según la tradición-- por un tal Muqadamm ben Mu'safà de Cabra, recibió el nombre de
moajaxa (literalmente: "embellecida", "adornada por un doble collar de perlas variadas, o por un
cinturón de pedrerías y lentejuelas"). La moajaxa se distinguía de la casida (en relación a los tres
extremos señalados antes): 1º. en tener variedad de rimas; 2º. en ser estrófica, y no excesivamente
larga (inicialmente de 5 a 7 estrofas), y 3º. en tener a su fin una coplilla romance (la jarcha). Este
punto es el que más nos interesa. Ben Bassam de Santarén, un gran antólogo del siglo XII, nos dice
en su Dajira (Cairo, I-2. p. 1): "[Al-Qabrï] tomaba palabras coloquiales y romances a las que llamaba
markaz [estribo], y construía sobre ellas la moaxaja".
Volveremos a esta afirmación, pero creo que ha llegado el momento de poner ante los ojos
del lector un ejemplar de este tipo de poema. Tiene más ventajas que inconvenientes, aunque
éstos abunden, que tal ejemplo sea español, teniendo en cuenta que la moaxaja ( y su secuela, el
zéjel, que para el caso, sin meternos en honduras, se fundó con ella) ha tenido enorme
descendencia en nuestra literatura. Veamos parcialmente los Gozos de Santa María al comiendo
del Libro de buen amor, señalando al margen los tecnicismos.

Preludio !O María, luz del día!


Tú me guía todavía

1a. estrofa
Mudanzas
{Dame gracia e bendición,
{de Jhesú consolación,
{que pueda con devoción
Vuelta =cantar de tu älegría.

2a. estrofa
Mudanzas
{El primer gozo que s´lea
{En cibdad de Galilea
{Nazaret creo que sea,

Vuelta =oviste mensajería

......................................................

12a. y última estrofa


Mudanzas
{Reinas con tu fijo quisto,
{Nuestro Señor Jhesucristo:
{por ti sea de nos visto

Jarcha =en la gloria sin fallía

Prescindamos de que el preludio tenga en este caso rimas internas. Demos de lado que las
estrofas sean doce. Pasemos por alto que la vuelta no reproduzca exactamente el preludio, sino
que le recorte un verso. Olvidemos que la jarcha no lo sea. Todo esto, más o menos, acabó por
suceder también en árabe (lo último en el zéjel). Con todo, ahí podemos tener un cierto ejemplo
de lo que es una moaxaja árabe.
En primer lugar hay estrofas, todas perfectamente iguales. Cada una de ellas, dentro de la
identidad de estructura, empieza por tres versos rimados, pero con rima diferente en cada estrofa
(son las mudanzas, y termina con un verso (habrían podido ser dos) que rima con el situado en el
mismo lugar de todas las estrofas (la vuelta. En cada estrofa hay, pues, rimas diferentes o
mudanzas y rimas comunes o vueltas.
Un grupo de rimas comunes puede ir al frente de la composición como preludio, pero su
existencia, tanto en árabe como en español, es potestativa
El grupo de rimas de la última estrofa es el markaz o jarcha. Aquí, sin embargo, está el quid de
la diferencia entre la moxaja árabe primitiva (subrayado) y la moaxaja árabe posterior y luego el
zéjel español. Porque en la moaxaja árabe primitiva la jarcha era la coplilla romance, y sobre ella
-basándose en ella- se hacía toda la composición. El poema era, pues, una luciérnaga: tenía la luz
en la cola.
Tenemos que dejar fuera de nuestra atención cómo esta estructura simplicísima que
acabamos de ver puede --sin perder en el fondo la filiación estructural-- complicarse enormemente
(véase mi libro Métrica de la moaxaja y Métrica española, que citaré --para mayor comodidad,
aunque haya tirada aparte-- por Al-Andalus, XXXIX [1974], fasc 1 y 2). Y anotemos sólo: 1º. que en
la moaxaja todo lo que no es jarcha está en árabe clásico, y 2º. que, en el fondo, la distribución y
plan del poema son, más reducidos, los mismos de la casida, con la añadidura de que al final tiene
que haber un pasaje introductorio (tamhid) de la jarcha, pues ésta ha de estar en estilo directo y
puesta en labios ajenos (por lo general, en lo antiguo, femeninos).

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