Oralidad
Oralidad
RESUMEN:
El objetivo del presente artículo es el de establecer la suerte crítica de algunas
de las principales recopilaciones y catálogos que del cuento popular se han publicado
en nuestro país desde el siglo XX hasta la época actual. Ello nos obligará, no obstante,
a hacer una breve pero necesaria incursión en el origen de esta labor, que situaremos
a mediados del siglo XIX gracias, entre otros, a Fernán Caballero y Antonio Machado y
Álvarez y que responde, en definitiva, a un deseo, para algunos convertido casi en
obsesión, de hacer perdurable una rica tradición oral que forma parte de nuestra
idiosincrasia, constituyendo una parte indisoluble de nuestro patrimonio literario y
cultural.
Esta aproximación historiográfica, más general que exhaustiva, nos permitirá
evidenciar que en este proceso, y ya desde el Romanticismo, hubo años de floreciente
actividad que fluctuaron con otros periodos en que, por distintas razones, se produjo
un importante vacío de publicaciones, para terminar valorando en qué estadio nos
encontramos en relación a este tema en el siglo XXI.
Palabras clave: cuento popular, género literario, tradición, recopilación, oralidad,
escritura.
ABSTRACT:
The aim of this paper is to establish the critical fate of some of the major
folktale collections and catalogs published in Spain since the twentieth century to the
present day. In addition, we will make a brief but necessary foray into the origin of
this subject, placed in the mid-nineteenth century and due, among others, to writers
as Fernán Caballero and Antonio Machado y Álvarez. All of them are moved by a deep
desire of making enduring a rich oral tradition that forms part of the spanish literary
and cultural heritage. However, this approach to the historiography of the folktale will
1
allow us to show that in this process the years of flourishing activity fluctuated with
other periods with a significant lack of publications, to finish setting the status of this
issue in the early twenty-first century.
Key words: folktale, literary genre, tradition, compilation, orality, writing
1. INTRODUCCIÓN
2
perdurable un tipo de literatura que, de otro modo, hubiera quedado relegada al más
absoluto anonimato propiciando, por tanto, la puesta en valor, conservación y difusión
de una parte esencial de nuestro patrimonio literario y cultural. Esta aproximación a la
historiografía del cuento popular, más general que exhaustiva, nos permitirá
evidenciar que en este proceso recopilatorio, y ya desde la época romántica, hubo
años de floreciente actividad que fluctuaron con otros periodos en que, por distintas
razones, se produjo un importante vacío de publicaciones, para terminar valorando en
qué estadio nos encontramos en relación a este tema en el siglo XXI1.
La obra crítica de Baquero Goyanes será continuada, entre otros, por autores
como Enrique Anderson Imbert (2007)3 y Ana L. Baquero Escudero (2011), quien en
El cuento en la historia literaria. La difícil autonomía de un género presenta un
recorrido diacrónico que nos revela, en consonancia con el mencionado título, cómo
ha llegado el cuento a conseguir su propio espacio dentro del gran género de la
1
En este sentido, rastrearemos las recopilaciones de cuentos populares que han visto la luz en el periodo concretado,
pero también las reediciones publicadas de algunas de las obras a las que vayamos haciendo referencia, algo esencial
teniendo en cuenta que muchas de ellas se han convertido en verdaderos tesoros de coleccionista y, por tanto, de muy
difícil acceso en la actualidad. Puntualizamos también que nos centraremos fundamentalmente en las obras que
aparecen bajo la denominación de Cuentos populares españoles o de España, aludiendo de manera general y
referencial a recopilaciones más específicas de carácter local o regional.
2
Existe edición digital en Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2012.
3
1ª ed. (1979). Buenos Aires: Marymar.
3
narrativa. La autora alude a la brevedad que lo caracteriza como el motivo en el que
radica la dificultad para preservar su carácter autónomo, siendo este un rasgo
compartido por sus dos formas fundamentales aunque, por razones obvias, nos
centraremos casi de manera exclusiva en el cuento tradicional o popular, también
conocido como oral y folklórico.
4
de nuestro interés, ya que su carácter oral, por si solo, no garantiza la perpetuidad de
un tipo de narración “guardada en la memoria del narrador, que cobra vida cuando
éste la cuenta ante un auditorio; es decir, se realiza solo cuando quien sabe el relato
lo dice ante otros” (Chertudi, 1967: 7).
Roger Pinon (1965), por su parte, considera este tipo de composiciones desde
una perspectiva psicológica, fijando su atención en el modo en el que el relato se
inserta en la vida del pueblo carente de cultura. Se trataría, enlazando con el título de
André Jolles (1972: 173-195), de una de las Formes simples de la cultura junto con la
leyenda o el mito, entre otras, caracterizadas por ser “mentales, universales y
preliterarias” (Valles Calatrava, 2008: 14) frente a las formas literarias, consideradas
como “creaciones verbales, conscientes, individuales e irrepetibles” (Valles Calatrava,
2008:14)4.
Asimismo, uno de los textos más clarificadores en torno al cuento, en este caso
infantil, fue el publicado por Marisa Bortolussi (1985) en los años ochenta, llegando a
convertirse en un obligado referente. En su Análisis teórico del cuento infantil, la
autora nos presenta un proceso que culmina con la propuesta de un modelo teórico
para el análisis del cuento dirigido al niño, analizando el lugar que ocupa en el marco
de las teorías acerca de los géneros literarios, su especificidad literaria y las
diferencias que separan el cuento literario del popular, incluyendo un completo y bien
documentado recorrido por los orígenes y rasgos distintivos del cuento infantil desde
la Edad Media hasta el siglo XX.
La autora sitúa los orígenes del cuento infantil en el cuento popular, con un
receptor específico que tiene muy en cuenta, de ahí que no pase por alto el análisis de
algunas teorías de psicología infantil para tratar de clarificar la razón por la que la
mencionada forma cuentística es la más adecuada al cuento infantil, así como para
determinar los factores que deben estar presentes en un cuento para que éste sea
considerado infantil:
[…] el emisor del cuento infantil, igual que el emisor del cuento popular,
comparte con su receptor las mismas propiedades mentales. El emisor que
escribe para niños, si ha olvidado o superado definitivamente la infancia, no
podrá lograr esa comunicación, esa “comunión”. Tampoco podrá lograrlo, se
supone, el emisor adulto que escribe desde fuera de las esferas de esa
4
Para seguir profundizando en las características del cuento, así como en su estructura, véase María Rosa Lida
(1941), Stith Thomson (1972), Antonio Moreno Verdulla (2003) y Beltrán, R. & Haro, M. (2006).
5
experiencia común, como es el caso de los que escriben para instruir
(Bortolussi, 1985: 121).
La clave, por tanto, de la perpetuidad del cuento radica en que “se mueve,
crece, nunca se sintetiza y resiste innumerables y sucesivas apariencias” (Schultz de
Mantovani, 1970: 59), surgiendo una multiplicidad de versiones y variantes a las que
aluden investigadores como Julio Camarena y Maxime Chevalier (1995: 9), así como
otra gran apasionada de la literatura de tradición oral, Ana Pelegrín, al sintetizar como
sigue las características de esta corriente:
[…] pertenecer a un contexto cultural, del que son producto, haber sido
transmitido este producto oralmente en varias generaciones, ciñéndose a la
poética oral y sus procedimientos, a la continuidad en los temas recibidos, y a
su vez introduciendo variantes. Según Menéndez Pidal, que desarrolla la noción,
“tradicional es lo que vive en las variantes” (Pelegrín, 2004: 14)5.
5
1ª ed. (1982). Madrid: Cincel. La negrita es nuestra. Susana Chertudi (1967: 9-10) establece una clarificadora
diferenciación entre versión y variante, definiendo esta última como la “relación integrada por una secuencia de
6
2. ALGUNOS ANTECEDENTES EN EL SIGLO XIX
Y es así como, con el acicate de estos preclaros recopiladores a los que conocía
bien, y consciente de la universalidad de algunos cuentos y tradiciones populares,
Fernán Caballero se convierte –en palabras de Carmen Bravo-Villasante- en la
“matriarca del folklore español”, escuchando, recogiendo y escribiendo lo que a sus
oídos llega en su incansable recorrido por los campos andaluces, aunque desde una
perspectiva bastante personal8.
elementos comunes a una serie de versiones, las cuales se parecen más entre sí que a las de otras series […]. Las
versiones se dan en la realidad, mientras que las variantes son abstracciones producto del análisis comparativo”.
6
Sobre la reivindicación de lo autóctono que llevan a cabo los románticos resultan muy interesantes las reflexiones de
Luis Díaz Viana (1999).
7
Para una aproximación a las recopilaciones de cuentos populares entre los siglos XVI y XIX, véase Chevalier (1999).
8
Sobre ello véase García Pozuelo, S. (2001).
7
Según la propia escritora, sus cuentos conservan “su forma peculiar y genuina”
(1986: 15)9, si bien es cierto que, siguiendo el modus operandi de los folkloristas del
siglo XIX, aportará su propio estilo a unas composiciones que no nos transmitirá en
toda su pureza, sino revelando, según los cánones de la literatura infantil de la época,
“su pensamiento conservador y su espíritu didáctico-moralizador, introduciendo en los
cuentos elementos aleccionadores y religiosos” (Amores García, 1994b: 9)10 y siempre
teniendo en cuenta al niño como receptor específico. Fruto de su labor, que le valdría
ser considerada la primera recopiladora de cuentos populares, así como la primera
autora de una antología de tales cuentos para niños, serán las obras Cuentos y
poesías populares andaluces (1859) y Cuentos, oraciones, adivinas y refranes
populares e infantiles (1877)11.
9
Cito según Carmen Bravo-Villasante en su “Introducción” a Fernán Caballero (1986).
10
También, Amores García (2001). Para un acercamiento biográfico y bibliográfico a la autora, véase Fernán Caballero
(1995).
11
A propósito de esta obra, surgen reacciones como la del folklorista Antonio Machado y Álvarez (1884), cuyas palabras
evidencian su desacuerdo en la manera de proceder de la escritora: “La Fernán Caballero, que llama á las adivinanzas
adivinas, sin duda porque este nombre tiene mayor parentesco con la divinidad, divide este género en infantiles y
populares. ¿Por qué hace esta división? Vaya usted á saberlo: ni á las doscientas de la primera clase, ni á las ciento
treinta de la segunda, precede ni sigue introducción, prólogo ni explicación de ninguna especie, si no es una advertencia
puesta al frente de las infantiles que desearíamos no haber leído […] advertencia que pone desdichadamente de
manifiesto que la frivolidad é incalificable desdén con que se han mirado y miran las creaciones artísticas populares,
logró hacer mella también en el ánimo apocado de la recolectora, cuya celebridad en Europa fue sólo debida á ocuparse
con amor en levantar del suelo esas primorosas joyas, de que somos hasta cierto punto indignos poseedores […] Así y
todo, la colección de Fernán Caballero, que, como trabajo literario ó científico es de ningún valor, es por extremo útil
para los que acudan con espíritu más reflexivo al estudio de ese colosal poeta anónimo, que no tiene dentro de tierras
españolas quien le aventaje ni iguale” (Machado y Álvarez (2009). Sevilla: Extramuros, 194-196).
12
A este respecto, Jaime García Padrino (2001) atribuye al Padre Coloma una cierta “actitud paternalista” hacia sus
jóvenes lectores. Véase Baquero Escudero (1984-1985), Chevalier (1985) y Amores García (1993-1994a, 1994c). La
sevillana editorial Alfar inició en el año 2010 una colección de “Clásicos del siglo XIX” con el fin de recuperar algunas de
las obras de estos autores. Precisamente, la colección la abre una reedición de algunos cuentos de Valera. J. (2010) y
Fernán Caballero (2010).
8
similares en el resto de España dedicadas a recopilar y analizar el saber y las
tradiciones populares. El órgano de esta sociedad sevillana fue la revista homónima,
publicada mensualmente entre los meses de marzo de 1882 y febrero de 1883, año
en que comenzarían a ver la luz, hasta 1886, los once volúmenes que conformarían la
magnífica Biblioteca de las tradiciones populares españolas. El director de esta
colección no será otro que Antonio Machado y Álvarez13, escritor y folklorista de la
Generación del 68 y padre de los hermanos Machado, quien se erigirá en el
representante de la etapa folklórico-positivista. Su actividad como recopilador
“obedece a unos planteamientos que están como a medio camino entre las
exageradas recreaciones de los costumbristas y los escrúpulos de los filólogos
venideros en su captación de las versiones tal cual eran escuchadas” (Rodríguez
Almodóvar (1982: 21-22).
13
Machado y Álvarez, A. (2005); Baltanás, E. (2006).
9
filológica, así como su adscripción al método histórico-geográfico utilizado por la
escuela finlandesa de Aarne-Thompson (1995)14.
Durante los cinco meses que anduvo recogiendo cuentos recorrió las provincias
de Santander, Palencia, Burgos, Valladolid, Soria, León, Zamora, Segovia, Ávila,
Cuenca, Granada, Sevilla, Córdoba, Ciudad Real, Toledo, Madrid y Zaragoza. El total
de cuentos reunidos ascendía a trescientos dos, más una pequeña colección
14
En 2004 se publica una tercera revisión de esta obra a cargo de Hans-Jörg Uther (2004). Desde entonces, este
modelo de clasificación pasa a denominarse Aarne-Thomson-Uther o sistema ATU.
10
recopilada en Asturias por Eduardo Martínez Torner en 1913, y que le sería facilitada
por Menéndez Pidal.
15
Tales cuentos se presentan estructurados como sigue: cuentos de adivinanzas (1-30); cuentos humanos varios (31-
62); cuentos morales (63-98); cuentos de encantamiento (99-162); cuentos picarescos (163-198) y cuentos de animales
(199-280).
11
Investigaciones Científicas. En este caso, los cuentos aparecen reproducidos en el
primer tomo, pasando la bibliografía y los correspondientes estudios a engrosar el
resto de volúmenes.
16
La editorial Espasa-Calpe volvería a editar esta obra en el año 1993, al cuidado de Luis Díaz Viana.
17
Los cuentos de Espinosa hijo serían parcialmente publicados diez años después (Cuentos populares de Castilla y
León. Buenos Aires: Espasa-Calpe) y reeditados, ya en su versión completa, por el Consejo Superior de Investigaciones
Científicas en los años 1987 y 1988. (Existe edición posterior de 1997). Fascinado ante la lectura de estos cuentos, el
escritor salmantino José Manuel Prada Samper decidió profundizar en la vida de una de las mejores informantes de
Espinosa hijo, Azcarria Prieto de Castro, oriunda del pueblo de Morgovejo, en León (2004a, 2004b).
12
Llano, Fernán Caballero y Aurelio M. Espinosa. Estos cuentos, incluidos sin ningún
criterio específico de ordenación, proceden, según apunta la prologuista, de todas las
regiones españolas, y “aunque escritos en lenguaje coloquial, se ajustan a un molde
literario común, de modo que no reflejan el tono rústico de los informantes, como
hacen otros folkloristas recopiladores, fieles a una realidad por ruda que sea”
(Sánchez Pérez, 1995: XI).
18
Manrique de Lara (1971).
19
Este artículo aparece reproducido como apéndice en Rodríguez Almodóvar (1989:134-140). Citamos según esta
edición.
13
relación con esta temática y en la que llega a la conclusión de que en nuestro país
existen seis cuentos maravillosos básicos20.
Algunos años más tarde, el denominado, no sin razón, por la escritora Ana
María Matute como “El tercer hermano Grimm”, nos presentará en Cuentos al amor de
la lumbre21, Cuentos populares españoles (2002) y en su colección de La Media
Lunita22, una clasificación de base estructural semiológica compuesta por tres clases
de cuentos: maravillosos o simbólicos, de costumbres o realistas y de animales o
metafóricos, si bien también contempla una reagrupación de tales cuentos a partir del
tema que guía el argumento o que se desprende de él posibilitándose, desde esta
perspectiva, “una lectura de aplicación a los valores sociales o individuales que la
humanidad ha demandado siempre a los cuentos” (Rodríguez Almodóvar, 2004: 153-
159): cuentos de ingenio y torpeza, cuentos del débil y el fuerte, cuentos de pobres y
ricos, cuentos de la familia; crisis y regeneración, cuentos de hermanos, rivalidades y
superaciones, cuentos de valores fundamentales, cuentos “románticos”, cuentos de
valores actualizados: ecología, feminismo y cuentos humorísticos.
20
Podrían considerarse siete, al aparecer uno de ellos desdoblado en dos variantes. Son los siguientes: I La adivinanza
del pastor; II Blancaflor, la hija del diablo; III El príncipe encantado; IV Juan el Oso; V La princesa encantada; V (a) La
serpiente de siete cabezas o El castillo de Irás y no Volverás; V (b) Los animales agradecidos o La princesa encantada;
VI Las tres maravillas del mundo.
21
La obra está dividida en dos volúmenes editados por Anaya (Madrid) en los años 1983 y 1984 respectivamente. La
última edición, conmemorativa de los 25 años, a cargo de Alianza Editorial, data del año 2009. Las más de setecientas
páginas que nutren ambos volúmenes han sido galardonadas con el “Premio Nacional a la mejor conjunción de
elementos en un libro”.
22
Editados por Algaida (Sevilla) desde 1985, la colección cuenta hoy con más de sesenta títulos.
14
algo difusos y que posibilitaría varias alternativas en su aplicación a los cuentos
populares, siempre partiendo de una base comparativa. Por un lado, la comparación
se llevaría a cabo entre las versiones de un mismo cuento con el prototipo de ese
cuento, considerado un “modelo superior”. Sin embargo, ante el desconocimiento de
este prototipo, “solo nos cabrá especular acerca de él y del grado de parentesco de
cualquier versión real con esa otra forma ideal que, en pureza platónica, está fuera
del tiempo y de las cosas” (Rodríguez Almodóvar, 2004: 56). El otro camino, más
seguro y que respondería a la metodología de trabajo de Rodríguez Almodóvar,
consistiría en extraer los elementos comunes de distintas versiones de un cuento,
siempre dentro de un límite temporal retrospectivo que sitúa en los comienzos del
siglo XIX, elaborando un texto resultante que necesariamente tendría que ser
reconocible por sus destinatarios.
23
Centrada en el siglo XIX destaca la investigación de Amores García, M. (1997).
24
Para ello, resultan de interés sendos artículos de François Delpech (1995, 1998), así como la reseña de las dos
primeras entregas realizada por Sonia Garza Merino (2000).
15
contemos con estos tres volúmenes dedicados, por orden de aparición, a los cuentos
maravillosos, de animales y de temática religiosa.
Por otra parte, las versiones de cada cuento o tipo que se incluyen aparecen
agrupadas según las cuatro áreas lingüísticas y culturales españolas: castellano,
catalán, gallego y vascuence, además de establecerse relaciones con versiones de
otras tradiciones cercanas geográfica o culturalmente, tales como la hispánica, en
sentido amplio, englobando ésta la hispanoamericana, sefardita y portuguesa, así
como con la románica, especialmente francesa e italiana, sin olvidar la presencia,
aunque en menor medida, de la judía.
4. OTROS RECOPILADORES
Entre los años 1996 y 1997, la editorial Siruela publica en dos tomos un total de
117 Cuentos populares españoles recogidos, en este caso, por José María Guelbenzu,
y que serían nuevamente reeditados por la misma editorial en el año 2000 y,
posteriormente, en 2006.
Al final de cada volumen, el autor añade una nota sobre su origen, señalando la
amplia procedencia de las composiciones que se incluyen y que aparecen bajo el título
genérico del libro sin ningún tipo de ordenación temática, algo común en algunas
colecciones, según hemos podido constatar. No obstante, Guelbenzu (1996: 17)
puntualiza en la introducción que precede al primer volumen que, partiendo de un
criterio ciertamente subjetivo, aunque en su recopilación aparecen relatos que, a su
16
vez, forman parte de otras ediciones, la diferencia fundamental radica en la intención
que persigue, que no es sino “seleccionar aquellos cuentos en los que la estructura
narrativa integra perfectamente la intención del relato.”
Entre las diversas fuentes, puesto que se integran cuentos de gran parte de la
geografía española, menciona Guelbenzu algunas de las obras referenciadas en estas
páginas. Entre ellas, los Cien cuentos populares españoles de José Antonio Sánchez
Pérez, o las magníficas recopilaciones de Aurelio M. Espinosa y Julio Camarena y
Maxime Chevalier. Otras fuentes reconocidas son los Cuentos populares salmantinos,
de Luis Cortés Vázquez, los Cuentos tradicionales de León y Cuentos tradicionales de
Ciudad Real, de Julio Camarena, los Cuentos asturianos recogidos de la tradición oral,
de Aurelio de Llano, los Cuentos tradicionales asturianos, de Constantino Cabal y las
Obras completas de Manuel Llano. Del mismo modo, también están presentes las
Tradiciones populares, de Luis Diego Duscoy, los Cuentos extremeños, de Mariano
Curiel Merchán y Cuentos populares de Extremadura, de Sergio Hernández de Soto.
Asimismo, Del folcklore de Pajares, de José María Fernández Pajares, los
Euskaleriaren Yakintza, de Resurrección María de Azkue, la colección Folklore de
Catalunya. Rondallística, de Joan Amades, Antoloxia do conto popular galego, de
Henrique Harguindey y Maruxa Barrio, las Rondayes de Mallorca, del archiduque Luis
Salvador de Austria y Aplec de Rondaies mallorquines, de Antoni M. Alcover, los
Cuentos cordobeses, de María José Porro, así como algunas composiciones de Fernán
17
Caballero, Cuentos en castellano, de Joaquín Díaz y Cuentos castellanos de tradición
oral, en colaboración con Maxime Chevalier25.
5. BIBLIOGRAFÍA
25
En 2005, y nuevamente con el sello de la editorial Siruela y con formato de álbum magníficamente ilustrado por
Mariona Cabassa, ven la luz sus 25 cuentos tradicionales españoles.
18
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