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El Pecado Que Habita en Mí PDF

Este documento es un resumen de un sermón de Charles Spurgeon sobre Job 40:3-4. Spurgeon argumenta que a pesar de que Job era un hombre justo, cuando se acercó más a Dios se dio cuenta de su propia condición vil. Spurgeon afirma que esto se aplica a todos, ya sean salvos o no. Aunque los creyentes son regenerados, deben reconocer que siguen siendo viles porque la corrupción permanece en sus corazones aunque sus pecados hayan sido perdonados. La naturaleza pecaminosa continú

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Este documento es un resumen de un sermón de Charles Spurgeon sobre Job 40:3-4. Spurgeon argumenta que a pesar de que Job era un hombre justo, cuando se acercó más a Dios se dio cuenta de su propia condición vil. Spurgeon afirma que esto se aplica a todos, ya sean salvos o no. Aunque los creyentes son regenerados, deben reconocer que siguen siendo viles porque la corrupción permanece en sus corazones aunque sus pecados hayan sido perdonados. La naturaleza pecaminosa continú

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Charles Spurgeon / El Pecado que Habita en Nosotros/ sermón 83/ Taber... [Link]

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Un sermón predicado la mañana del Domingo 1 de


Junio, 1856

por Charles Haddon Spurgeon

En la Capilla New Park Street, Southwark, Londres.

"Entonces respondió Job a Jehová, y dijo: He aquí que yo soy Sermones


vil." -- Job 40:3,4.

Seguramente si algún hombre tenía el derecho de decir, yo no soy vil, era Job;
pues de conformidad al testimonio del propio Dios, él era "varón perfecto y
recto, temeroso de Dios y apartado del mal." Sin embargo descubrimos que este
eminente santo, cuando por su cercanía con Dios recibe suficiente luz para
darse cuenta de su propia condición, exclama: "He aquí que yo soy vil."
Estamos seguros que eso que Job se vio forzado a decir, se aplica también a
cada uno de nosotros, seamos hijos de Dios o no; y si somos partícipes de la
gracia divina, esto se convierte en un tema de gran consideración para nosotros,
pues aunque seamos nosotros mismos regenerados, debemos exclamar cada
uno a nombre propio: "He aquí que yo soy vil."

Es una doctrina enseñada por la Sagrada Escritura, según lo creo yo, que
cuando un hombre es salvado por la gracia divina, no es purificado
completamente de la corrupción de su corazón. Cuando nosotros creemos en
Jesucristo, todos nuestros pecados son perdonados; sin embargo, el poder del
pecado, aunque es debilitado y mantenido bajo el dominio de la naturaleza
nacida de nuevo que Dios infunde en nuestras almas, no cesa, sino que se queda
en nosotros, y se quedará hasta el día en que nos muramos. Es una doctrina
sostenida por todos los teólogos ortodoxos, que los deseos de la carne todavía
habitan en el hombre regenerado, y que lo depravado de la naturaleza carnal
todavía permanece en los corazones de quienes son convertidos por la
misericordia de Dios.

A mí me ha resultado sumamente difícil distinguir, en la vida diaria, lo


concerniente al pecado. Es muy usual que muchos escritores, especialmente los
que escriben himnos, confundan las dos naturalezas de un cristiano. Ahora, yo
sostengo que hay en cada cristiano dos naturalezas, tan distintas como lo

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