La humanidad, desde sus inicios, se ha visto enfrentada a plagas que han diezmado
pueblos enteros. A través de la historia, las enfermedades infecciosas han desempeñado
un papel importante en el bienestar de las naciones. Algunas han desaparecido, en otras
los agentes causales han mutado y nuevas han surgido. En la edad antigua fue la Lepra,
en la edad media fue la Peste Negra y hoy, en el siglo XXI, el SIDA.
La era del SIDA empezó oficialmente el 5 de junio de 1981., cuando los CDC (centros para
el control y prevención de enfermedades) de Estados Unidos convocaron a una conferencia
de prensa donde describieron 5 casos de neumonía por un hongo patógeno
(pneumocystis carinii) en los Ángeles. Al siguiente mes se constataron varios casos de
sarcoma de Kaposi, un tipo de cáncer de piel. (Las primeras constataciones de estos
casos fueron realizadas por el Dr. Michael Gottlieb de san francisco.)
Pese a que los médicos conocían tanto la neumonía como el sarcoma Kaposi, la aparición
conjunta de ambas enfermedades fue lo que llamo la atención. La mayoría de los pacientes
infectados con estas enfermedades eran hombres homosexuales sexualmente activos. Las
pruebas sanguíneas que se les hicieron a estos pacientes mostraron que carecían del
número adecuado de un tipo de células sanguíneas llamadas las células T CD4+ (linfocitos
T).
Pero el hecho de que hubieran sido hombres homosexuales los primeros casos reportados
de la enfermedad en los EE.UU., a pesar de que ya se habían identificado casos entre
mujeres, niños y la población heterosexual, llevo a pensar que el estilo de vida homosexual
se relacionaba directamente con la enfermedad, es por eso que la primera denominación
que se le da al SIDA es la “PESTE ROSA”.
Esto fue desechado al observarse un aumento en el número de casos entre otros grupos
poblacionales. Aparecieron enfermos que habían recibido transfusiones de sangre y
hemoderivados, sin que ninguno de ellos fuera homosexual y en personas que compartían
agujas hipodérmicas para inyectarse droga. Se diagnosticaron 51 casos entre ciudadanos
de origen haitiano que no eran homosexuales, ni drogadictos y tampoco recibieron
transfusiones de sangre. Por tales motivos se le comenzó a llamar la enfermedad de las
cuatro H: homosexuales, hemofílicos, heroinómanos y haitianos. Pronto se llegó a
comprobar que se trataba de un contagio fortuito y que la enfermedad no entendía de razas
ni nacionalidades; sin embargo, se observó que el síndrome era común a distintos grupos:
drogadictos endovenosos del sexo masculino y femenino; hemofílicos y quienes habían
recibido transfusiones y productos derivados de la sangre; mujeres cuyas parejas sexuales
eran hombres bisexuales y niños nacidos de madres enfermas o con historia de
drogadicción endovenosa.
Pero sigue siendo una incógnita la aparición de la enfermedad. Sin embargo han surgido
varias teorías de cuando, como, donde y por qué se originó. Algunas de ellas sin bases
científicas y otras que pueden llegar a considerarse seriamente. Sin embargo la teoría más
aceptada plantea que el VIH proviene de un virus llamado “VIRUS DE
INMUNODEFICIENCIA EN SIMIOS” (SIV), el cual es idéntico al VIH y causa síntomas
similares al SIDA en otros primates.
Es así como el 24 de septiembre de 1982, durante un encuentro de la Administración de
Medicamentos y Alimentos (FDA) sobre productos de sangre, Bruce Voeller, propuso llamar
a la nueva enfermedad: Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA).