HISTORIA DE JANUCA E INSTRUCCIONES.
En los días de Matitiahu, hijo de lojanán el Sumo Sacerdote, el Jashmonaí y sus hijos, cuando el malvado reino helenico
se levantó contra Tu pueblo Israel para hacerles olvidar Tu Torá y 'violar los decretos de Tu voluntad. Pero Tú, en Tus
abundantes misericordias, Te erigiste junto a ellos en su momento de aflicción. Libraste sus luchas, defendiste sus
derechos y vengaste el mal que se les había infligido. Entregaste a poderosos en manos de débiles, a numerosos en
manos de pocos, a impuros en manos de puros, a malvados en manos de justos y a pecadores deliberados en manos de
aquellos dedicados a Tu Torá. Y para Ti hiciste un nombre grande y santo en Tu mundo, y para Tu pueblo Israel
efectuaste una inmensa salvación y redención hasta este día. Luego Tus hijos entraron al santuario de Tu Casa,
limpiaron Tu Templo, purificaron Tu Santuario, encendieron luces en Tus sagrados atrios, y fijaron estos ocho días de
Janucá para agradecer y alabar Tu gran Nombre.
Hace más de 2000 años, hubo una época en que la tierra de Israel formaba parte del Imperio sirio, siendo gobernada por
la dinastía de los Seléucidas. Antioco III, rey de Siria, estaba en guerra con el rey Tolomeo de Egipto por el dominio de la
tierra de Israel.
Antioco III resultó vencedor en la batalla y anexó la tierra de Israel a su imperio. Al comienzo de su reinado se mostró
favorablemente dispuesto hacia los judíos y les acordó ciertos privilegios.
Más adelante, sin embargo, cuando fue derrotado por los romanos y éstos lo obligaron a pagar elevados gravámenes, la
pesada carga recayó sobre los diversos pueblos que conformaban su imperio, a los que obligó a proporcionarle el oro
cuyo pago le habían impuesto los romanos. Tras la muerte de Antioco le sucedió en el trono su hijo Seleuco IV, quien
oprimió aún más a los judíos.
A las dificultades externas debían sumársele los peligros que amenazaban al judaísmo desde su fuero interno. La
influencia de los helenistas (aquellos que aceptaban la idolatría y la forma de vida de los sirios) iba en constante
aumento.
El Sumo Sacerdote Iojanán entrevió la gravedad del peligro que significaba para el judaísmo la penetración de la
influencia Siria en Palestina. Ello, debido a que, contrariamente al ideal de belleza exterior que idolatraban los sirios, el
judaísmo sustenta el ideal de la verdad y la pureza de orden moral, colocándolo por encima de cualquier armonía física y
material, tal como lo ordena Di-s en Su sagrada Torá.
El pueblo judío jamás podrá renunciar a su fe en Di-s, para aceptar la idolatría de los sirios y los griegos. Por eso, Iojanán
se oponía a todo intento por parte de los helenistas judíos en introducir las costumbres griegas y sirias en su territorio.
Indudablemente, tal enérgica oposición debía, tarde o temprano, devenir en algún desastre. Y así fue: los helenistas lo
aborrecían, y uno de ellos informó al comisionado del rey que en el tesoro del Beit Hamikdash -Templo había gran
cantidad de riquezas.
Estas riquezas del Templo estaban formadas por los dineros del "medio Shekel" con que todo judío adulto contribuía
anualmente. Dicha contribución estaba destinada a solventar los sacrificios que se ofrecían en el altar, así como para la
conservación y el mejoramiento del edificio del Templo.
Otra parte del tesoro estaba formada por el fondo de los huérfanos, dinero que ellos habían heredado y que se
depositaba allí hasta que cumplieran su mayoría de edad.
Seleuco necesitaba dinero para pagar a los romanos y éste estaba en el Templo. Sin pensarlo muy detenidamente envió
a su ministro Heliodoro a retirar el dinero del tesoro del Templo.
En vano le rogó el Gran Sacerdote Iojanán que no lo hiciera. Heliodoro no le prestó atención y atravesó la puerta del
Templo; pero al punto palideció de miedo, se desmayó y cayó al suelo. Cuando recobró el sentido, ya no se atrevió a
entrar de nuevo.
El "Loco"
Poco tiempo después, Seleuco fue asesinado, y su hermano Antioco IV comenzó a reinar en Siria. Antioco IV era un
tirano de carácter arrebatado e impetuoso, desdeñoso de la religión y de los sentimientos ajenos.
Fue llamado "Epitanes", que quiere decir "el amado de los dioses", tal como varios reyes sirios recibieron títulos
semejantes. Sin embargo, un historiador de aquella época, Polibio, le aplicó el mote de "Epitanio" -que significa "loco" -
como más apropiado al carácter del despiadado y cruel monarca.
En su deseo de unificar a su reino mediante la implantación de una religión y una cultura comunes para todos sus
súbditos, Antíoco trató de desarraigar el individualismo de los judíos al reprimir todas sus costumbres.
Destituyó al ortodoxo y virtuoso Gran Sacerdote Iojanán, e instalo en su lugar a su hermano Josué, quien se complacía
en hacerse llamar por el nombre griego de Jason, pues pertenecía al grupo de los helenistas.
Josué se valió de su alta investidura para difundir aún más las costumbres griegas entre los demás sacerdotes.
Josué o Jasón fue reemplazado posteriormente por otro hombre, Menelao, quien le había prometido al rey conseguirle
más dinero que Jasón. Cuando Iojanán, el antiguo Sumo Sacerdote, protestó por la difusión de la influencia helenista en
el Sagrado Templo, el nuevo Sumo Sacerdote lo hizo asesinar.
Entretanto, Antioco estaba librando una exitosa guerra contra Egipto. Sin embargo, mensajeros llegados de Roma le
ordenaron cesar la lucha. Antioco tuvo que someterse a la voluntad de Roma y abandonar la contienda.
En Jerusalén había cundido el rumor de que Antioco habia sufrido un grave accidente en la batalla y al creerlo muerto el
pueblo se rebeló contra Menelao. El traicionero Sumo Sacerdote se vio obligado a huir junto a sus amigos.
Los Mártires
Antioco regresó de Egipto furioso porque los romanos habían puesto trabas a sus ambiciones. Cuando se enteró de lo
ocurrido en Jerusalén, lanzó todo su ejército sobre los judíos. Miles de ellos fueron muertos.
Inmediatamente, dictó una serie de severos decretos contra los judíos en los que se les prohibió la práctica de su culto;
en adición a ello, los pergaminos de la Ley fueron confiscados y quemados.
El descanso sabático -Shabat-, la circuncisión -Brit Milá- y las leyes del ayuno, fueron prohibidos bajo pena de muerte.
La serie de atrocidades cometidas incluyó el que a uno de los más respetados ancianos de aquella generación, Rabí
Eleazar, de 90 años, los servidores de Antioco le ordenaron que comiera carne de cerdo, para que los demás hicieran lo
mismo.
Cuando el anciano se rehusó, le sugirieron que se llevara la carne hasta los labios para simular que la comía. Pero Rabí
Eliezer se negó también a eso, y fue asesinado salvajemente. Hubo otros miles de judíos que, del mismo modo,
sacrificaron sus vidas.
La famosa historia de Jana y sus siete hijos tuvo lugar en esa época. Los hombres de Antioco iban de pueblo en pueblo y
de aldea en aldea para obligar a sus habitantes a adorar a los ídolos paganos. Solo quedó una zona de refugio, los
montes de Judea con sus cuevas. Pero aún hasta allí persiguieron los sirios a los fieles judíos y muchos fueron los que
ofrendaron sus vidas como mártires.
Matitiahu
Un día, los secuaces de Antioco llegaron a la aldea de Modiín, donde vivía el anciano sacerdote Matitiahu.
Cuando el oficial sirio mandó construir un altar en la plaza pública de la aldea y exigió a Matitiahu que ofrendara
sacrificios a los dioses griegos, éste replicó:
-¡Mis hijos, mis hermanos y Yo estamos decididos a permanecer fieles al pacto que Di-s hizo con nuestros antepasados!
De inmediato se aproximó al altar un judío helenista con la intención de ofrecer un sacrificio.
Matitiahu empuñó una espada y lo mató. Los hijos y amigos de Matitihu se arrojaron sobre los oficiales y soldados sirios.
Luego de perseguir a los demás, se dedicaron a destruir el altar.
Matitiahu sabia que Antioco se enfurecería cuando supiera lo que había sucedido, y seguramente enviaría a sus esbirros
para castigarlo a él y los suyos. Por lo tanto, abandonó la aldea de Modiín y huyó con sus hijos y amigos a los montes de
Judea. Todos los judíos leales y valientes se les unieron.
Formaron legiones, que cada tanto abandonaban sus escondites para lanzarse sobre destacamentos y avanzadas de los
enemigos, y para destruir los altares paganos que se erigían por orden de Antioco.
Los Macabeos
Antes de morir, Matitiahu reunió a sus hijos y los instó a continuar la lucha en defensa de la Torá de Di-s. Les pidió que
siguieran los consejos de su hermano Shimón "el Sabio", y que en la lucha reconocieran como jefe a Iehudá "el Fuerte".
Iehudá era llamado "El Macabeo", palabra compuesta por las primeras letras de las cuatro palabras hebreas "Mi Camoja
Ba'elim Hashem" -'¿Quién es como Tú entre los poderosos oh Di-s?'-.
Antioco envió a su general Apolonio para eliminar a Iehuda y a su gente, los Macabeos. Aunque superaban en número y
en equipo bélico a sus adversarios, los sirios fueron derrotados por los Macabeos.
Antioco despachó entonces otra expedición, la que también fue derrotada. Finalmente comprendió que solo con un
poderoso ejército podía aspirar a derrotar a Iehuda y a sus bravos combatientes.
Un ejército de más de 40.000 hombres recorrió el territorio bajo el mando de dos comandantes: Nicanor y Gorgiash.
Cuando la noticia llegó hasta Iehuda, éste y sus hermanos exclamaron:
¡Luchemos hasta la muerte en defensa de nuestras almas y de nuestro Templo!
El pueblo se reunió en Mizpá - lugar donde antaño el profeta Samuel había elevado sus preces a Di-s-. Al cabo de una
serie de batallas, la guerra fue ganada por los Macabeos.
La Consagración
Los Macabeos regresaron a Jerusalén y la liberaron. Entraron en el Templo y lo limpiaron de los ídolos colocados allí por
los vandálicos sirios.
Iehudá y los suyos erigieron un nuevo altar y lo consagraron en el vigésimo quinto día del mes de Kislev del año 3622
(138 antes de la E. C).
La Menorá -Candelabro- de oro habia sido robada por los sirios, por lo que los Macabeos hicieron una nueva de un metal
menos noble.
Cuando quisieron encendería, solo encontraron una pequeña redoma de aceite puro de oliva que continuaba cerrada con
el sello del Sumo Sacerdote Iojanán.
Este alcanzaba solo para un día; pero por un milagro de Di-s, siguió ardiendo durante ocho días, hasta que se pudo
elaborar más aceite.
El milagro demostró que Di-s había tomado nuevamente a Su pueblo bajo Su protección. En recuerdo a este milagro,
nuestros sabios fijaron como festividad los ocho días de Janucá, constituyéndose éstos en ceremonia anual de
agradecimiento eterno por medio del encendido de las velas.
LOS SÍMBOLOS.
La tradición se ocupó más del símbolo de Januca, las velas, que de las guerras libradas por los Macabeos.
Todos conocemos la historia del cántaro de aceite que, alcanzando tan sólo para un día, alimentó la llama durante
ocho días enteros.
A través del sentido común resulta difícil comprender este milagro, pero más difícil aún resulta comprender el hecho de
que este milagro se haya convertido en motivo para establecer esta festividad cuya vigencia abarca largas generaciones.
Estamos llegando así al símbolo más importante de Januca: la Menorá (el candelabro). Excavaciones realizadas en el
curso de los últimos decenios demuestran que la Menorá, ese candelabro de Januca, ha desarrollado un rol de gran
importancia durante todos los tiempos. ¿Qué fue lo que los artesanos, orfebres y artistas se habían propuesto expresar a
través de este símbolo de Luz en el Templo?
Los gobernantes griegos creían que a través de la conquista de Jerusalem, y de la colocación del ídolo griego en el
Templo, lograrían la destrucción definitiva de la resistencia espiritual de la pequeña Judea. Cometieron un craso error.
El Templo era considerado sagrado para el pueblo de Israel, pero el pueblo encontró su camino también fuera de ese
Templo, puesto que era un camino hacia la santidad y la fe. En todos los lugares en que moraban los judíos, Dios estaba
junto a ellos.
Cuando la Menorá del Templo fue apagada por la mano brutal del conquistador Antíoco Epifanus, se encendieron los
candelabros a lo largo y a lo ancho del país todo. Cada hogar judío se convirtió en un Templo (Beit Hamikdash) y cada
hombre judío, en un gran sacerdote (Cohen Gadol). La Luz Eterna del existir judaico no sufrió interrupción alguna.
En torno a la Menorá, como símbolo, se libró durante largo tiempo una lucha ideológica. Algunos sostenían que no se
debía, de ninguna manera, producir sustitutos de la Menorá. También la Ley prohibe la producción de objetos o
instrumentos que imiten los sacros objetos e instrumentos del Templo.
"Lo iaase haadam beit tabnit eijal..." (ninguna persona ha de construir una casa a semejanza del Templo... una mesa
como aquella mesa ni candelabro como aquel candelabro). Fue por ello que la Menorá de Januca era distinta: la del
Templo tenía siete brazos, la de Januca ocho. De este modo se conservó la diferencia entre el Templo como símbolo
nacional y el llamado "Mikdash Meat", el pequeño templo del hogar judío.
Cada festividad tiene su propia suerte. Juntamente con Purim, Januca pertenece a las llamadas "semi-fiestas" durante
las cuales está permitido trabajar y ocuparse de los asuntos cotidianos. En estas fiestas el motivo de la alegría ocupa un
lugar más acentuado que el de la santidad. En este sentido, la tradición judía, siempre tan severa, se ha liberalizado
tanto que hasta se ha permitido jugar a los naipes en los días de Januca. Mientras que el milagro de Purim ha obtenido
el privilegio de un libro bíblico: "Meguilat Esther", al milagro de Januca "no le ha sido otorgado ese privilegio". (Ver:
"Ioma" XXIX). La historia de los Macabeos es casi silenciada en la literatura talmúdica.
IMPORTANCIA NACIONAL Y RELIGIOSA DE JANUCA.
Los Perushim nos transmitieron el relato conmovedor de Jana y sus siete hijos, muertos al "Kidush Hashem" (la
santificación del Nombre), es decir, en la lucha por la libertad de culto y de conciencia, cuando se intentó hacerlos
rechazar la fe judía. En realidad, toda la lucha, que perduró durante años, de un pequeño número de judíos, contra el
poderoso imperio sirio-helénico, era una guerra de "Kidush Hashem". Una guerra ideológica, que se inspira en un gran y
profundo ideal.
Fue la primera vez que grandes masas de población se alzaron en lucha por su país y se convirtieron en mártires de su
fe, por sus convicciones.
El heroísmo de Jana con sus hijos puede igualarse con el arrojo y el heroísmo de los líderes Hasmoneos.
Su victoria fue una victoria de ideas, una victoria del espíritu: "Y tú has otorgado una fama grande y sacra al mundo
entero, mientras que has traído, a Tu pueblo, un gran socorro y una liberación en esos días".
Luego de la liberación de Jerusalem por los Macabeos, Iehuda y sus hermanos limpiaron inmediatamente de toda
impureza pagana al "Beit Hamikdash". Y festejaron en una atmósfera digna y solemne la renovación y la santificación
del altar, en presencia de todo el pueblo.
RENOVACIÓN.
El símbolo exterior de esta festividad de renovación lo constituyen, sin duda, las velas de Januca. Aquel 25 del mes
hebreo de Kislev del año 165 A.C., después de tres años de cruenta guerra, se encendió nuevamente la Menorá en el
Templo y, también se encendieron candelabros en todos los hogares judíos. En tiempos posteriores, dicha festividad
abarcó las comunidades judías de todo el mundo y se convirtió en la Fiesta de la Luz, o sea de la luminosidad festiva.
En las fuentes judías encontramos una notable explicación de los motivos de encender luces en el curso de los ocho
días de Januca: "Cuando los griegos irrumpieron en el Templo, tornaron impuro todo el aceite que encontraron en el
lugar".
Y cuando los Macabeos vencieron a los invasores, emprendieron una búsqueda y no pudieron encontrar más que un
pequeño cántaro de aceite, cerrado y marcado con el sello del Gran Sacerdote. Se encontraba ahí aceite suficiente
sólo para un día.
"Entonces sucedió un milagro y esa pequeña cantidad de aceite ardió durante ocho días" (Tratado Shabat, XXI).
El pueblo judío desarrolló un gran amor por todas sus festividades y, especialmente, en relación con Januca, que tiene
ocho días de duración. Se enciende, por lo tanto, una vela el primer día y cada día se agrega una vela más. Cada día la
festividad se torna más elevada y radiante. Las velas poseen la aureola de santidad: "Estas velas son sacras y no nos
está otorgado el privilegio de hacer uso de ellas, sino tan sólo verlas para poder expresar nuestro agradecimiento a Tu
Nombre, por Tus milagros y por Tu socorro"(Hanerot halalu kodesh hem, ve’ ein lanu reshut...).
Junto con este milagro de Renovación, la tradición judía logró el milagro de convertir la historia del pasado en una
realidad actual: el surgimiento del Estado de Israel renueva así la gesta de los Hasmoneos. Fácil es convertir la
historia en un libro, pero es mucho más difícil recrear la historia y otorgarle vida.
Mientras encendemos en los días de Januca las velas de la Menorá, aparecen delante de nuestras miradas los héroes
y mártires de todas las generaciones que sacrificaron sus vidas por el pueblo judío, por la libertad judía, por el Estado
de Israel y por la lucha de todos los hombres y pueblos del mundo en aras de su libertad, su dignidad, los derechos y
sus convicciones.
La festividad de Januca, como otras fiestas judías, es propicia en algunas oportunidades para hacer reflexiones acerca
de la situación actual a la luz de los hechos del pasado
Januca, que evoca hechos ocurridos alrededor del año 165 A.E.C.(antes de la era Común), y más precisamente la
segunda inauguración del Templo, unos 350 años después de la primera inauguración.
Sin embargo, hoy, Januca es símbolo de independencia, de rebelión y de la constante lucha del Pueblo Judío por
mantener su fe y su manera de vivir conjuntamente con la leyenda, como explicamos recientemente, que pone la parte
simbólica a la tradición: la historia del jarrito cuyo aceite se consumió sólo después de ocho días.
Este año, Israel se encuentra en una etapa más de su independencia política, lograda hace más de 52 años y el
simbolismo de rebelión, de fuerza y de la fortaleza física y espiritual de los macabeos, que ya ha sido en varias
oportunidades comparada con la capacidad militar de Tzahal, del Ejército de Israel, tiene tal vez menor relevancia. Esta
vez, la "fiesta de las luminarias" debe ser tomada como un hecho de fe que nos permite continuar la independencia
política de Israel, iluminada por la luz más potente que tal vez exista, la luz de la paz.
Los logros obtenidos desde la pasada Januca han sido sumamente importantes y en algunos casos pueden ser
considerados casi milagrosos, ante las dificultades que enfrentan los pueblos del Medio Oriente para resolver sus
conflictos.
Hoy, la rebelión macabea puede aplicarse a toda la región, pero es una revuelta contra la hostilidad que preservó durante
muchos años y una "inauguración" del Estado de no beligerancia entre Israel y sus vecinos.
De seguir el camino del proceso de paz, tal vez la Fiesta de Januca venidera nos encuentre encendiendo la "Januquiá"
(candelabro de ocho brazos) en la misma Damasco, lo que sin lugar a dudas nos hará repetir el famoso dicho de Januca:
NES GADOL HAIA SHAM, "UN GRAN MILAGRO OCURRIÓ ALLÍ".
Los invito a que pensemos sino es que estamos cometiendo un error al ceder todo el espacio a fin de celebrar esta
hermosa fiesta tan judía, tan de la libertad, de los derechos humanos, tan de la dignidad humana y a la vez tan
universal - sólo a los "jasidim" u otros judíos ortodoxos muy religiosos. Los invito nuevamente a reflexionar acerca de
ésta actitud. ¿No estaremos renunciando a espacios tan dignos, tan judíos, tan hermosos de valores judíos y
humanistas que vale la pena transmitirlos a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos?
Bendiciones para el encendido de las candelas de januca en Hebreo:
Transcripción:
1. Baruj Atá A-do-nai E-lo-heinu Melej Haolam asher kideshanu bemitzvotav vetzivanu lehadlik ner Janucá.
2. Baruj Atá A-do-nai E-lo-heinu Melej Haolam sheasá nisím laavotenu baiamim hahem bizmán hazé.
3. Baruj Atá A-do-nai E-lo-heinu Melej Haolam shehejeianu vekiemánu vehiguianu lizman hazé.
Traducción:
1. Bendito eres Tú, Di-s nuestro Señor, Rey del Universo, Quien nos ha santificado con Sus preceptos y nos ha ordenado
encender la vela de Janucá.
2. Bendito eres Tú, Di-s nuestro Señor, Rey del Universo, Quien hizo milagros a nuestros antepasados, en aquellos días,
en esta época.
3. Bendito eres Tú, Di-s nuestro Señor, Rey del Universo, Quien nos otorgó vida, nos sustentó y nos hizo llegar hasta la
presente ocasión.
NOTA: LA PRIMERA NOCHE DE JANUCA SE DICEN LAS TRES BENDICIONES Y LUEGO SE ENCIENDEN LAS
LUCES
DESPUES DE ENCENDERLAS SE LEE EL SIGUIENTE PARRAFO HANEROT Y SE TERMINA LEYENDO EL SALMO
30
Hanerot halalu anajnu madlikin 'al hanisim ve'al haNiflaot 'al hatshu'ot ve'al hamiljamot she'asita laAvoteinu baIamim
haHem (u)baZmán haZeh 'al iedei kohaneja haKdoshim. Vejol-shemonat iemei Janukah haNerot halalu kodesh hem, ve-
ein lanu reshut lehishtamesh bahem ela lir'otam bilvad kedei lehodot ul'halel leshimja hagadol 'al niseja ve'al nifleoteja
ve'al ieshu'oteja
Traducción:
Encendemos estas luminarias por los milagros y las maravillas, por la redención y las batallas que hiciste por nuestros
patriarcas, en aquellos días en ésta época, a través de tus kohanim (sacerdotes). Durante los ochos días de Janucá
estas luces son sagradas, y no nos está permitido utilizarlas sino para mirarlas únicamente para agradecer y loar a tu
gran nombre por tus milagros y tus maravillas y tus salvaciones.
NOTA: A PARTIR DE LA SEGUNDA NOCHE DE JANUKA, SOLO DECIMOS LA BENDICION 1 Y 2, LUEGO SE
ENCIENDEN LAS CANDELAS Y DESPUES SE LEE HANEROT Y SE TERMINA CON EL SALMO 30 Y ASI HASTA
LA ULTIMA NOCHE.
También se puede hacer con 9
candelabros independientes
solo que deben estar
alineados y bien sea el último,
o el primero debe quedar o
más alto o más bajo que las
otras velas ya que ese se
llama shamash y es la
servidora, que nos va a ayudar
a prender las candelas y no
cuenta como tal.
Las luminarias de Janucá deben arder por lo menos media hora luego de que oscurezca. La costumbre del Gaón de
Vilna, , para cumplir con la obligación de difundir el milagro, al contar con la presencia de sus seguidores en el momento
de su encendido.
Es común adquirir paquetes de 44 velas de Janucá, que arden aproximadamente media hora, por lo que en la mayoría
de los casos el precepto se cumple encendiendo las luminarias cuando ya está oscuro.
Luego del encendido de las luminarias, mientras las mismas todavía están a la vista, es costumbre entonar canciones, El
dreidel, o sevivon en hebreo es una perinola de cuatro lados con la que los niños acostumbran a jugar en Janucá. Esta
perinola de Janucá tiene cuatro caras, cada una de ellas con una letra en hebreo:
( נNun).
( גGuímel).
( הHe).
( שShin) o ( פPei).
Las cuatro letras son las siglas de Nes gadol haia sham, lo que quiere decir: 'Un gran milagro ocurrió allá'. En Israel la
cuarta letra suele ser פen vez de ש, y las siglas son de Nes gadol haia po, lo cual se traduce como 'Un gran milagro
ocurrió aquí'.
Algunos comentaristas adjudican un significado simbólico a las letras del dreidel, por ejemplo, conectando las cuatro
letras con los cuatro exilios sufridos por el pueblo judío: Babilonia, Persia, Grecia y Roma. 32
Cada jugador comienza con unas 10 o 15 monedas (es común utilizar monedas de chocolate), nueces, pasas, caramelos
u otras golosinas, y coloca una golosina en el «pozo». Se hace girar el dreidel, y se gana o se pierde según la letra que
salga, según palabras en idish:
Nun–nisht, 'nada'–no pasa nada, y es el turno del siguiente jugador
Guimel–gants, 'todo'–el jugador se lleva todo el pozo
He–halb, 'mitad'–el jugador toma la mitad del pozo, redondeando para arriba si hay un número impar
Shin–shtel ayn, 'poner'–el jugador pone una golosina en el pozo
El juego continúa hasta que un jugador haya ganado todo.
Algunos indican que el juego conmemora un juego ideado por los judíos para esconder el hecho de que estaban reunidos
estudiando Tora, algo prohibido por los griegos. Los judíos se reunían en cuevas para estudiar, y un centinela avisaba si
se acercaban soldados griegos. Si estos eran avistados, los judíos escondían los rollos de la Tora y hacían girar trompos,
para que los soldados pensasen que estaban apostando y no estudiando.
También se acostumbra a intercambiar presentes o dar presentes a los niños.
Adicional a esto se come de todo lo relacionado con el aceite buñuelos. Ojuelas fritros y moneditas de chocolate. En la
casa se pude decorar con guirnaldas y otros conservando los colores de la festividad.
En el 2012 Janucá comienza el 9 de diciembre, es decir, el 8 de diciembre en la noche se enciende la primera candela.
Los colores de la festividad preferiblemente son el plateado, dorado y azul.
La Janukia se puede poner cerca a la puerta o también se puede colocar cerca de una ventana que da a la calle,
cuidándola de que el viento no la apague.