7. Caracteriza y describe la vivienda romana.
Distintas tipologías y equipamiento (pinturas y mosaicos),
analiza ejemplos.
La historia de Roma no transcurre en el foro, ni en el Senado, ni tampoco en el palacio. Ni siquiera en las
termas o en los teatros, ni frente a las carreras de caballos o arena ensangrentada. Existe otra historia de
Roma, mayor cuantitativamente, la de la vida cotidiana, la de los actos individuales y personales,
intrascendentes para la universalidad imperial, pero que forjan las vidas de la totalidad de los pobladores,
sin excepción.
La casa va a actuar como catalizador, que presenciará en donde se producen reacciones sociales,
embrionarias, pero tan elementales como innumerables, tan intangibles como consistentes, que finalmente,
informan todos los tejidos de la forma orgánica mayor: el cuerpo social.
La vivienda romana deriva en algunos aspectos de la etrusca, toma elementos de Grecia e incorpora
características propias.
Los latinos, en la Italia prerromana vivían en cabañas redondas o elípticas, coronadas por un techo cónico
de paja. Tenían puertas cuadradas y ventanas con una o dos hojas. Se disponían sobre una base que las
aislaba de la humedad. Así sería la cabaña de Rómulo (que durante siglos se veneró en el Palatino) y las
viviendas del primer asentamiento de Roma.2
Bajo la influencia de los etruscos, estas casas se convirtieron en rectangulares, y para albergar a toda la
familia, formaban un recinto en torno a un patio central que daba a un jardín (hortus), también en el recinto.
Al fondo del patio central, se encontraba el tablinum, originalmente la habitación donde dormía el padre de
familia. En esta sala también se situaba el pequeño santuario dedicado a los Lares y Penates, muchas veces
situado en un nicho en la pared.
Esta forma apenas evolucionaría para llegar a convertirse en una villa rústica (pars rustica).
Las viviendas de la Antigua Roma permitieron acomodar a todos los estatus de la sociedad romana que,
sobre todo, durante el Imperio Romano, se convirtió en una sociedad muy jerarquizada.
En Roma, debido a la escasez de tierra, el patio central se redujo al atrium. Las viviendas evolucionarían hacia
las insulae para los pobres. Para los ricos, las domus, que derivarían en palacios para los más ricos o villas,
fuera de las ciudades.
El mobiliario de las casas romanas era muy escueto y funcional. Las camas le servían a los romanos, además
de para dormir, como sofá, para comer recostados. Para el alumbrado de las casas se
utilizaban antorchas, velas y lámparas de aceite. Las habitaciones se calentaban por medio de estufas de
bronce o braseros fijos. El suelo estaba cubierto por mosaicos, cuyos temas hacían referencia a la finalidad
de la habitación donde se encontraban. Las paredes solían estar decoradas con pinturas y cortinajes.
Domus
Para saber cómo eran estas domus contamos con los mejores ejemplos conservados procedentes de
ciudades como Pompeya o Herculano. Para comenzar, una de las características que hay que tener en cuenta
sobre la típica domus romana era que estaba orientada hacia el interior, es decir, el aire y la luz entraban a
las diferentes dependencias a través de una serie de patios. Por este motivo, la ventanas al exterior no eran
frecuentes y las que se construían solían ser irregulares y pequeñas. Al mismo tiempo, al volcarse al interior
se preservaba la intimidad de la domus.
Hay una gran variedad en cuanto a la tipología de las domus romanas pero, más o menos, solían cumplir con
un modelo ideal. Según el arquitecto romano Vitruvio, la casa podía ser dividida entre las dependencias
privadas (dormitorios, baños, etc.) y las dependencias públicas (vestíbulos, patios, etc.). Las principales
partes del modelo típico de casa romana serían:
La entrada y el corredor de acceso (fauces): normalmente desde la entrada a la casa se podía ver
parte del interior de la misma. La entrada podía estar decorada por mosaicos como es el caso de la
conocida como Casa del Fauno de Pompeya que tenía uno en el umbral de la casa donde se
exclamaba “have“, es decir, “bienvenido”. También podemos encontrarnos con mosaicos en los que
aparecían representados perros guardianes con la expresión “cave canem“ (“cuidado con el perro”)
que tendrían la finalidad de avisar al visitante de que el lugar se encontraba vigilado. En ocasiones,
este corredor podía tener bancos donde se hacía esperar a las visitas antes de ser recibidas por el
propietario en el interior de la casa. Había casas que, junto a la entrada, contaban con una serie de
dependencias que daban a la calle y que servían como tabernae y officinae.
Patio central (atrium): en torno al cual se repartían una serie de dependencias (cubicula, triclinium,
etc.) y podemos decir de él que era el “centro de la casa romana”. Este patio estaba techado excepto
la parte central (compluvium) desde donde entraba el agua de la lluvia que caía en una pila central
(impluvium) y se almacenaba en una cisterna en el subsuelo. Este patio formaba parte del área
accesible para todos los invitados y contaría con biombos de madera, puertas, cortinas y persianas
que ocultaban las dependencias privadas de la domus. Lamentablemente estos objetos no se han
conservado ya que estaban fabricados con materiales perecederos. En esta estancia se solía colocar
el lararium, altar destinado a los dioses lares y penates, divinidades protectoras del hogar y la familia,
donde se llevaba a cabo el culto familiar dirigido por el pater familias. Este altar podía ser un pequeño
nicho en la pared, a veces podía tener la forma de un templo en miniatura. En este espacio también
se solían exhibir las estatuas de los antepasados de la familia (maiorum imagines).
La cocina (culina): no había un lugar fijo para su ubicación, aunque frecuentemente la cocina podía
estar situada en una de las dependencias que se repartían en torno al atrium. Se trataba de una
estancia bastante modesta y pequeña, con fogones, de albañilería o portátiles, y mesas para la
elaboración de los alimentos. A veces, podía contar con agua corriente por lo que, junto a ella,
también se encontraban los retretes y los baños.
Las habitaciones (cubila): Como ya hemos dicho, las habitaciones (cubicula) estaban alrededor de
este patio junto con una sala que tenía la función de comedor (triclinium). Las cubicula podían ser
habitaciones destinadas tanto a los propietarios como a los esclavos que formaban parte del servicio
doméstico. Las habitaciones eran pequeñas, sin ventanas y poco luminosas, con la finalidad de
mantener fácilmente el calor.
El comedor (triclinium): a menudo eran los espacios más elaborados de la casa ya que en ellos se
celebraban banquetes en los que se recibía a los invitados. Los comensales se reclinaban sobre
divanes, realizados en piedra o en madera, siguiendo un determinado orden y situados alrededor de
la mesa. Los utensilios de la vajilla eran muy variados (platos, cuencos, fuentes, jarras, etc.) y
dependían del poder económico del propietario (algunos contaban con vajillas de plata aunque era
más común las vajillas de bronce, cristal y cerámica). En algunas casas había un triclinium al aire libre,
situados en los jardines, para la época de buen tiempo. La decoración de estas estancias era muy
cuidada, en algunas de ellas contaban incluso con textos como en la conocida Casa Moralista de
Pompeya donde se puede leer en los muros del triclinium una serie de recomendaciones para los
comensales:
“El agua limpia los pies, y tras ello, un esclavo los secará; un paño cubre los divanes, ten cuidado y no los
manches. Mantén tu lujuriosa mirada alejada de la esposa de otro hombre; tu boca debería ser decente. Evita
los conflictos y rechaza los enfrentamientos si puedes; si no, vete a tu propia casa” (CIL IV 7698a-c).
Sala principal (tablinum): situada en uno de los extremos del atrium y frente a la puerta de acceso a
la casa, solía estar ubicada entre el atrium y el peristilo. La funcionalidad de esta dependencia era de
despacho o sala de trabajo del pater familia.
Jardín porticado (peristylum): patio abierto a un jardín que también tendría a su alrededor otras
estancias privadas. Eran frecuentes tanto en las casas grandes como pequeñas, habiendo algunos
ejemplos en los que cuentan con pinturas murales. Los jardines solían tener parterres, estanques,
fuentes, canales, esculturas, etc. junto con una gran variedad de plantas (por ejemplo las adelfas y
flores olorosas como las rosas y las violetas).
Otras estancias: algunos propietarios ricos podían construirse sus propias termas privadas como
puede verse en la conocida Casa de Menandro de Pompeya. A veces, estas casas tenían un segundo
piso construido por problemas de espacio en la planta baja o para ser utilizado como viviendas de
alquiler. Al mismo tiempo, en algunas casas podía haber espacios subterráneos o semisubterráneos
con diferentes usos: salas de estar, despensas, bodegas, usos artesanales y producción de alimentos,
etc. En las casas más grandes podemos encontrarnos también con áreas destinadas al servicio
separadas del resto de la casa.
En la realidad, no todas las casa romanas podían cumplir con este modelo. Muchas de ellas se tenían que
adaptar al espacio disponible, a veces con poca extensión, por lo que no se construían algunos de estos
espacios o se modificaban los mismos en función de las posibilidades del terreno. Había otras variables que
podían influir en su construcción, principalmente el estatus social y los recursos económicos de su
propietario.
En cuanto a la decoración, las casas romanas solían estar adornadas con ricos mosaicos y pinturas
murales. Los estilos decorativos, tanto de los frescos como de los mosaicos, fueron cambiando dependiendo
de las modas imperantes en cada momento. Solamente los propietarios más ricos se podían permitir este
tipo de decoración costosa y, a menudo, solía realizarse en las dependencias accesibles a los invitados como
una forma de mostrar el estatus social y económico.
El ajuar doméstico de las domus no era tan abundante como en cualquier vivienda de la actualidad. Los
muebles más lujosos eran colocados en aquellas dependencias donde podían ser vistos por los invitados,
especialmente en el triclinium.
Entre los pocos muebles que solían tener las cubicula podemos destacar la cama (lectus) cuya tipología era
variada, desde las más sencillas hasta otras más ricas y suntuosas realizadas en madera con incrustaciones
de marfil y oro.
Otros muebles frecuentes dentro de estas viviendas eran los taburetes y las mesas de una amplia variedad.
Además, contaban con baúles y armarios de madera para guardar ropa u objetos de menor valor, ya que
aquellos de mayor valor y los documentos importantes eran conservados en una caja de caudales (arca) que
solía ser pesada y adornada con tachones y relieves de bronce.
Para la iluminación utilizaban lámparas de diferentes tipos destacando las lámparas de aceite (lucernae).
Éstas eran utilizadas en todas las dependencias de la casa para luchar contra la oscuridad por lo que era
necesario tener varias.
Hay que destacar también el frecuente uso de estufas de bronce o de braseros para calentar las
dependencias en los meses más fríos del año.
En definitiva, podemos concluir con las siguientes ideas principales: había un modelo típico
de domus romana que dependía del espacio disponible y de la capacidad económica de su propietario. Según
este modelo, las diferentes estancias de estas viviendas estaban organizadas alrededor de patios abiertos,
resguardadas del exterior, algunas de ellas adornadas con frescos y mosaicos, y con poco mobiliario. De esta
manera, las élites romanas solían construir estas grandes casas para reflejar su categoría social y económica
al resto de la sociedad.
Insulae
Edificios de ladrillos con vigas de madera que recuerdan a los apartamentos actuales.
Podían tener hasta cinco pisos.
Se construían alrededor de un pequeño patio central y en la planta baja se disponían tabernas, comercios y
negocios que daban a la calle. Las viviendas estaban en los pisos superiores y también daban a la calle a
través de balcones.
Las escaleras eran toscas y empinadas, y los pisos eran pequeños y no disponían de agua corriente ni estufas
para calentarse, ni lugar para hacer fuego.
Con el fin de evitar incendios se utilizaban braseros.
El edificio podía albergar hasta 300 personas, que vivían en condiciones insalubres y carentes de intimidad.
Construidos en altura, y frecuentes en las ciudades grandes del Imperio, como por ejemplo Ostia o Roma. En
dichas ciudades el espacio era reducido y la densidad de población era bastante grande por lo que se hacía
necesaria la construcción de este tipo de viviendas. A ello hay que unirle los procesos especulativos del
suelo que hicieron rentables su edificación. Estos edificios estaban divididos en apartamentos en los que
vivían una amplia variedad de sectores sociales cuyo poder adquisitivo no era demasiado elevado.
Debido a su verticalidad, es difícil estudiar estos edificios y su división a través de sus restos arqueológicos
que nos han llegado hasta la actualidad. A pesar de ello, contamos con algunos ejemplos y con testimonios
de escritores de la época que nos ayudan a conocer cómo eran estas insulae. El empleo del ladrillo y el uso
de las bóvedas eran claves en la construcción de estos edificios pudiendo alcanzar hasta tres o cuatro
pisos. En cuanto a su división interna, normalmente las insulae estaban organizadas de la siguiente manera:
En la planta baja nos encontramos con dos posibilidades: podía estar ocupada por viviendas o podía
estar dividida en diversas tabernae o locales comerciales, e incluso baños públicos.
En el caso de las viviendas, éstas podían estar distribuidas alrededor de un patio central y sobre ellas se
elevaban el resto de los pisos. De este modo, esta planta era considerada la zona más noble y estaría
habitada por los inquilinos más acaudalados del edificio o, incluso, hay casos en los que eran ocupadas
por los propios propietarios del inmueble.
Cuando la planta baja estaba ocupada por locales comerciales, la parte noble del edificio pasaba a estar
situada en el primer piso.
En las plantas altas había una gran variedad en cuanto a las características de los apartamentos que
ocupaban estos bloques de pisos.
Conforme se iba subiendo de piso la calidad y la amplitud de los apartamentos iba reduciéndose hasta
llegar a las buhardillas donde vivirían los inquilinos con menos poder adquisitivo
Los apartamentos estarían diseñados en función del espacio disponible e intentando buscar una buena
iluminación, aunque no siempre fue posible.
Las plantas más altas estarían distribuidas en cellae o habitaciones, es decir, por apartamentos con un
único espacio donde vivir. Para solucionar los problemas de iluminación se construían balcones y
ventanas en las fachadas exteriores del edificio o en los patios interiores.
En relación a sus plantas, solían ser rectangulares y contaban con diferentes estancias según el espacio
disponible. Marcial describe los incómodos accesos a estas insulae en Roma, con escaleras interminables
para llegar a los pisos más altos, o la falta de intimidad que tenían los vecinos que vivían en ellos: “Novio
es mi vecino. Podemos sacar las manos por las ventanas y tocarnos” (Marcial I 86).
Los inquilinos de estas viviendas sufrieron numerosos problemas relacionados con los ruidos, la falta
de intimidad, la falta de iluminación o aireación, el miedo al derrumbamiento o a un incendio, la ausencia
de agua corriente, etc.
El ruido era uno de los problemas más importantes a los que tenían que enfrentarse la no élite por la
circulación de los carros durante toda la noche, debido a las limitaciones del tráfico, o al bullicio de gente
que se formaba en las calles durante el día.
Muchas de las calles de la propia capital del Imperio solían ser estrechas y muy ruidosas por diferentes
motivos, como por ejemplo los gritos de los vendedores ambulantes. Además, solían estar llenas
desperdicios, grafitos y animales.
Las insulae no eran las únicas, había otros tipos de viviendas para aquellos individuos que no formaban parte
de la élite:
La domus o casa particular podía contar con un segundo piso destinado a un uso privado o podía estar
compuesto por habitaciones de alquiler que suponían un ingreso de dinero más para su propietario.
El acceso a estas habitaciones alquiladas solía ser desde la calle para así estar independientes de la vivienda
del arrendador.
Los locales comerciales o tabernae también podían llegar a ser lugares de vivienda de los dueños o
empleados que trabajaban en ellos.
A veces, las trastiendas o los altillos se convertían en humildes hogares donde vivían familias junto a los
productos que se vendían en estos negocios.
Hubo otros lugares del Imperio dónde se constata la presencia de individuos alojados en sótanos y cuevas.
Normalmente estos espacios estaban destinados a ser bodegas y lugares de almacén pero también hubo
casos de habitaciones subterráneas alquiladas a personas con pocos recursos económicos.
Había otro tipo de casa (cabaña, choza o tugurium) de pequeñas dimensiones, construida con materiales de
poca calidad, como ramas y pajas para las cubiertas, y con poca complejidad técnica. Este tipo de vivienda
era más habitual en el mundo rural pero igualmente podía encontrarse en el mundo urbano, alojándose en
ella individuos pobres. Estas cabañas podían tener la función de vivienda junto con la de centro de trabajo y
producción al mismo tiempo. En la novela El Satiricón aparece la siguiente afirmación relacionada con estos
lugares: “Quien nace en una choza, no sueña con palacios”
Villas
Las características de cada villa dependían de la situación económica de su propietario, habiendo una gran
variedad de tipos en relación a su tamaño, distribución o situación geográfica.
La villa comprendía no solamente la vivienda de su propietario, sino que también incluía todas aquellas
instalaciones destinadas a la explotación de la propiedad y los lugares para almacenar su producción.
En muchas ocasiones, estas villas eran los lugares de descanso y recreo de la élite romana.
En sus propiedades rurales solían establecerse ciertas temporadas al año y así huir de la vida urbana.
La red de calzadas favoreció la proliferación de estas casas de campo a lo largo de toda la campiña romana.
Estos caminos facilitarían la comunicación y el transporte de los productos agrícolas que eran destinados a
los mercados de las ciudades.
Algunas de ellas se convirtieron en auténticas casas de recreo que se ubicaban en las montañas pero también
hay ejemplos de villas que se situaban en la costa con vistas al mar. Muchas de las villas más impresionantes
se localizaban en torno a la Campania y al golfo de Nápoles.
Sabemos de la existencia de lujosas residencias, ricamente decoradas, a las que se retiraron algunos
emperadores, intelectuales y personajes destacados de la aristocracia romana huyendo de la vida pública y
de las incomodidades de las ciudades. En los Epigramas, Marcial quejándose de los ruidos de Roma nos
cuenta:
“Me despierta la risa de la turba que pasa y Roma entera está en mi cama. Cuando quiero dormir, hastiado
de disgusto, me voy a mi villa”
Normalmente, las villas estaban orientadas a la comercialización de su producción por lo que, como una
explotación agraria que era, tuvieron una enorme difusión en el mundo romano. La mano de obra podía ser
esclava pero también había individuos libres o colonos que se encargaron de la explotación de pequeñas
parcelas en las que solían estar divididas estas explotaciones.
A menudo, los productos cultivados eran los cereales, el vino o el aceite. A su vez, se constata el cultivo de
verduras, hortalizas y árboles frutales.
La cantidad de las cosechas recogidas en estas villas dependerían de diferentes factores como la fertilidad
del suelo, el tamaño de la explotación, las condiciones meteorológicas, etc.
Al mismo tiempo, se criaban animales domésticos como las gallinas, los pavos, las palomas o los gansos entre
otros. Junto a ello, se sacaba el máximo rendimiento al ganado ovino, equino, bovino y porcino.
Algunas de estas explotaciones agrarias se convirtieron en verdaderos centros económicos autosuficientes
y, tras satisfacer las necesidades de los individuos que vivían en ellas, se comercializaría con el excedente de
la producción.
Los tratados de los agrónomos latinos son una fuente escrita de gran valor para entender las características
de este sistema de explotación. En sus obras se recogen muchos consejos sobre cómo debía ser su
organización, ubicación o explotación. Entre los consejos de estos agrónomos destacan los relativos a la
situación geográfica de la villa:
“Búsquese, pues, un aire templado, que no sea muy caliente ni muy frío, como ocurre comúnmente en el
medio de las colinas, porque, como este paraje no está muy bajo, no se hiela en invierno con las escarchas
ni se abrasa en el estío con los calores”
“Además, una vivienda en la que todo el día da el sol es la más sana y en ella no hay que temer la invasión
de los insectos, pues si nacen, se los lleva el viento, y si vienen de otras partes, la sequedad los mata”
Las villas se dividían en varias partes en relación a sus funciones residenciales o productivas (urbana, rústica
y fructuaria). La vivienda del propietario era considerada la parte noble de la propiedad. Solía ubicarse en un
lugar saludable, seguro y útil. Prueba de ello tenemos el siguiente testimonio escrito:
“Los que habitan en lugares bajos y estrechos corren el peligro de las inundaciones y de los desbordamientos
de los ríos y hasta los ladrones pueden asaltarles de improviso. De este doble riesgo se hallan libres los que
se resguardan en lugares elevados”
Desde allí el propietario dirigía y supervisaba personalmente la explotación agraria en los periodos en los
que se retiraba al campo. Como hemos podido ver, la casa se encontraba en un lugar elevado y contaba con
una fuente de aprovisionamiento de agua. Estas casas de campo reproducían el esquema básico
de la domus aunque con algunas diferencias adecuándose a los condicionamientos rústicos. Así, esta
vivienda rural estará organizada también en torno a un atrio y un peristilo, aunque con variantes:
“En la ciudad los atrios suelen estar junto a las puertas, pero en el campo, entre los hechos a imitación de la
ciudad, primero están los peristilos y sólo después unos atrios rodeados de pórticos pavimentados que dan
a las palestras y a los paseos”
Alrededor de estos patios se distribuyen las diferentes estancias: los dormitorios (cubicula), el comedor
(triclinium), el despacho (tablinium), etc. Poco a poco, estas villas van adoptando algunos aspectos del
confort urbano y se construirán habitaciones para el invierno y otras para el verano. Junto a ello, será
frecuente la construcción de termas y paseos porticados adornados con bellas esculturas o fuentes, terrazas
con vistas panorámicas, pabellones, jardines florales y estanques con peces. Como ya hemos indicado, la
complejidad de estas viviendas dependerá de la riqueza de su dueño. En sus cartas, Plinio el Joven realiza
varias descripciones de villas:
“Su pórtico es ancho y relativamente largo, y dan a él muchas habitaciones, al lado de los antiguos atrios.
Delante del pórtico se extiende una terraza…”
“En un extremo del pórtico una amplísima habitación da al comedor; unas ventanas miran a la terraza, otras
a la pradera; delante de las ventanas, justo debajo, se abre un estanque, regalo para la vista y el oído, pues
el agua, al caer desde lo alto y golpear el mármol, se pone blanca”
“Dime, ¿cómo se encuentra Como (en la Galia Traspadana), tu delicia y la mía? ¿Cómo esa deliciosísima villa
en las afueras de la ciudad, y esos pórticos donde reina siempre la primavera, y ese platanal tan frondoso, y
ese canal de aguas verdes y cristalinas, y ese lago que se extiende a sus pies contribuyendo a su encanto, y
esos caminos para pasear en litera sobre ese terreno suave y al mismo tiempo firme, y esos baños inundados
por un abundante sol en el interior y bañados por él en el exterior, y esos comedores para uso general o
privado, y esos dormitorios para la siesta o el descanso nocturno?”
La pars rustica estaba formada por todos aquellos edificios destinados a ser el lugar de vivienda de la mano
de obra esclava junto con los establos o cuadras para los animales. Al mismo tiempo, allí se guardaban todas
las herramientas e instrumentos de trabajo utilizados en las labores agrícolas. En esta parte de la villa solían
residir tanto el capataz (uilicus) como el administrador de la propiedad (procurador). Las instalaciones que
comprendían esta pars estaban organizadas en torno a un patio central. Entre ellas estarían los dormitorios
de los esclavos y trabajadores, las cocinas, comedores, hornos, etc.
En la pars frumentaria se realizaban todas aquellas tareas vinculadas con la elaboración, conservación y
almacenaje de la producción agrícola. Las bodegas, almacenes y graneros para guardar la producción se
encontraban en este lugar. También habría que añadir aquí a las prensas y los lagares. Muy cercanos a estos
edificios solían estar los huertos de hortalizas y frutales, y más alejados se encontrarían los cultivos de la
viña, del olivo, los campos frumentarios y los prados.
Ejemplos de villas los podemos encontrar en la región que rodea a Pompeya. Una de ellas es la conocida
como “Villa Regina”, cercana a Boscoreale, excavada a finales de los setenta del siglo pasado. Las estancias
se encuentran distribuidas alrededor de un patio cuyo centro está ocupado por 18 dolia utilizados para la
fermentación del vino. También hay un almacén y una prensa. Todo apunta a que esta villa estaba
especializada en el cultivo de la vid. En cuanto a las estancias domésticas, algunas de ellas están decoradas
con pinturas murales.
En Boscoreale se localizaría la “Villa Pisanella” que no se ha conservado hasta nuestros días. Según la
descripción de sus excavadores, comprendía una parte en la que se situarían las estancias domésticas y una
granja agrícola. Entre estas estancias destacan unos baños decorados con mosaicos. En el patio central
contaría con 72 dolia que pueden haber contenido vino, aceite o grano. A su vez, la villa contaba con una
prensa de aceite, una sala para pisar uva, un establo y habitaciones para el servicio. Como prueba de la
riqueza de su propietario, en ella encontró una fabulosa vajilla de plata con 109 objetos que, actualmente,
se conservan en el Museo del Louvre.
En conclusión, los ricos propietarios buscaban en estas residencias campestres un remanso de paz que les
permitiese huir de sus obligaciones públicas, del calor y de los ruidos de la ciudad. Vemos como la
confortabilidad de algunas de estas villas hacía bastante agradable las estancias de sus dueños en el campo.
Por este motivo, algunas se construyeron con todo tipo de detalles aunque también hay que indicar que
otras eran bastante modestas y todo dependía de posibilidades económicas de sus propietarios. Además, no
solamente tenían la funcionalidad de residencia campestre sino que las villas eran grandes centros de
explotación agrícola muy importantes para la economía romana.
Pompeya:
La erupción del Vesubio, sepultó la ciudad bajo un mar de cenizas, condenándola al olvido. Sin embargo,
excavaciones arqueológicas nos han permitido conocer cómo era la vida en una ciudad romana.
Pompeya, era un lugar ideal para el veraneo de muchos romanos pudientes que construían allí villas, quintas,
que llaman la atención por su tamaño y rica decoración de sus paredes pintadas.
Las villas más conocidas son las casas de Pansa, de Meleagro, de Salustio, del Laberinto, del Fauno o de la
familia de los Vetti.
Villa de los misterios:
La Villa tenía bellas salas tanto para comer como para el ocio, y espacios más funcionales.
Una prensa de vino fue descubierta cuando se excavó la Villa y ha sido restaurada a su ubicación original. No
era infrecuente en las casas de los muy ricos incluir zonas para la producción de vino, aceite de oliva u otros
productos agrícolas, especialmente desde que muchos romanos de la élite eran propietarios de granjas o
huertos en la proximidad de sus villas.
La Villa recibe su nombre por las pinturas en una habitación de la residencia. Este espacio pudo haber sido
un triclinium, y está decorado con frescos del siglo I a. C. del tipo megalografía.
Aunque el tema real es objeto de controversia, la interpretación más usual de las imágenes es que se trata
de la iniciación de una mujer en un culto especial a Dioniso, un culto mistérico que requería ritos específicos
y rituales para convertirse en miembro.