Reina Reyes
La maestra Reina Reyes pertenece a una nueva generación de educadores críticos uruguayos.
Nació en 1904 y murió en 1993. Parte de la premisa según la cual los problemas resultantes de
la sociedad moderna en crisis reclama transformaciones en el plano de lo político educativo.
Eso significa que la educación no está determinada por los factores estructurales más
generales, pero si está condicionada. “La humanidad Vive hoy un dramático malestar creado
por el enfrentamiento entre quienes aceptan y defienden, por interés o por ignorancia, formas
de vida impuestas por instituciones creadas en el pasado y quieres, animados por el deseo de
liberación de todos los hombres quieren modificarlas” (Reyes 1971).
En la línea de la crítica Frankfurtiana y de otros marxismos culturales, considera que la
organización económica mantiene la industria cultural en manos de pocos para el
condicionamiento del resto de la sociedad, al tiempo que impide que la mayor parte de los
niños puedan acceder a las posibilidades de una educación para la reflexión y la creación. Sin
embargo, “descubrir el grado en que los medios de comunicación en el giro del hombre, en
lugar de liberarlo, estaría que apremia, aunque se tenga conciencia de estar apresado por
fuerzas querido al mente no se pueden vencer.
Resignarse el poderío de lo económico es actuar en su favor en lugar de tener por meta la
liberación del hombre”.
Aunque la educación es un instrumento para el imperialismo cultural, la liberación es posible si
se transforma dicha educación. Esto supone apartarse del determinismo economicista de la
ortodoxia marxista y alinearse a cierto marxismo cultural. Sin embargo su preocupación
fundamental se dirige a la forma del imperialismo cultural tanto de los bellos masivos de
comunicación como de la educación especialmente. “Es grave, gravísimo que los países sub
desarrollados de América latina visto en las prácticas educativas de los países desarrollados,
sin apreciar que el colonialismo vacía y distorsiona la mente e incapacita al hombre para
liberarse de los poderes económicos y políticos que lo dominan”.
Rechaza la concepción del humanismo idealista y se herencia conceptual abstracta y
especulativa de la ortodoxia ilustrada, y describe lo que ella define como “humanismo real” A
la posibilidad de comprender una supuesta naturaleza humana desde una síntesis entre el
“hombre concreto” con aspiraciones, necesidades orgánicas, intenciones, sueños, deseos y el
“hombre situado” esos condicionamientos y determinantes estructurales: Las relaciones
económicas, culturales, sociales, etc. “Este nuevo ser es el hombre concreto, no definido por
su esencia o pertenencia a un tipo abstracto, Sino por las particularidades que debe a la
situación y que se encuentra ubicado y que, por esta razón, he propuesto llamar “hombre
situado”. en el su existencia prima sobre la naturaleza humana. (Reyes, 1972).
Sin embargo, esta concepción antropológica que abre mata vienen ideas de Marcuse y Freud,
Señala que lo racional y lo irracional se integran en el hombre. En ese sentido se aparta de
aquellas concepciones deudoras de la ilustración, que define al hombre identificando esa
supuesta naturaleza humana exclusivamente con la racionalidad, esta concepción “desconoció
que la existencia de la razón depende de un renovado y permanente proceso de conquista de
lo irracional” (Reyes, 1971)
En ese sentido Su pensamiento evidencia una síntesis coherente entre planteamientos
marxistas estructuralistas como el de Althusser y neomarxistas como el marxismo cultural y
freudiano de la escuela de Frankfurt.
Se suma a las críticas de la pedagogía tradicionales por centrarse exclusivamente en el
desarrollo de los procesos intelectuales y descuidando otros aspectos. Cree que esto trae
graves consecuencias para los niños y niñas puesto que “La educación en lugar de integrarlo al
grupo, lo aísla o hace que busque en el grupo ser como los demás en desmedro de su
auténtica personalidad. Y alerta que: La creencia de una acción educativa que satisfaga las
necesidades afectivas del ser y encause la emotividad, deja la irracionalidad librada a la
rebelión de los instintos, favoreciendo tendencias regresivas en conductas sobre las cuales la
razón carece de dominio.” (ibid 17)
En sus escritos incorpora una variedad de perspectivas y autores en que se inspira; cita
frecuentemente Adorno, Marcuse y Fromm, pero también incorpora pertinentemente ideas
tan distantes a ellas como las del pragmatismo deweyiano y el existencialismo de Sartre.
Temas como la libertad, la autonomía, la laicidad, la democracia, son vinculados a los de la
educación y son abordados con sencillez y claridad sí que la rigurosidad y profundidad de los
mismos se vean resentidos. Abordo con especial interés las relaciones entre Estado y
educación en las cuales se debería asegurar el derecho a la educación para todos. En este
itinerario conceptual analiza el estado y concluye que la democracia es el mejor sistema para
eso. El único camino hacia la libertad, por otra parte, es el derecho a la educación, educación
que debe ser asegurada por el Estado democrático.
Sus reflexiones sobre la laicidad y la libertad de enseñanza permiten comprender los límites y
alcances de estos principios y la ventaja de tomarlos como verdaderas filosofías de vida y
principios éticos en los cuales fundar una educación en la convivencia democrática. La laicidad
es concebida más cerca del respeto que la tolerancia, esta puede suponer indiferencia, aquel
no. Respetar las ideas contrarias no implica dejar la mera existencia, indiferentes a sus
propuestas, sin la oposición dialéctica democrática y libre. Respetarlas implica considerarlas,
conocerlas, oponer otras ideas y estar abiertos al cambio, fuera de todo dogmatismo.
Su aguda crítica aunada a su postura esperanzada y nada ingenua, lo ubican entre los
pedagogos y pedagogos comprometidos con la emancipación y la transformación de la
sociedad. “Sueño Y creo realizable la descolonización de la cultura de América Latina y la
efectiva integración de sus pueblos.
Sueño y creo en la realización de un futuro en el cual las ciencias que estudia al hombre y a la
sociedad fundamenten con sus conocimientos una política educativa capaz de formar hombres
a la vez libres y solidarios. Sueño con el acrecentamiento de la columna de jóvenes unidos sin
fronteras políticas, económicas o raciales, capaces de demostrar en el futuro que en el “Nuevo
Mundo”, cómo fue llamado nuestro continente, hay una nueva manera de vivir en la que
armonizan justicia y libertad.” (Reyes 1974)