Revelaciones de Jesús A Santos Beatos y Místicos
Revelaciones de Jesús A Santos Beatos y Místicos
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REVELACIONES
DE JESÚS
A SANTOS, BEATOS Y MÍSTICOS PALABRAS DE
CRISTO A
SANTA BRÍGIDA
DE SUECIA
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Estos me sirven con la intención de conseguir bienes y honores temporales, pero
las cosas del Cielo no les importan y están dispuestos a perderlas con tal de
obtener bienes presentes. El éxito mundano se ajusta completamente a su medida,
según sus deseos.
Puesto que han perdido todos los bienes eternos, Yo les compenso con consuelos
temporales por cualquier buen servicio que me hagan, pagándoles hasta el último
cuadrante y hasta el último punto.
Los segundos son los que creen que soy Dios omnipotente y Juez estricto, pero me
sirven por miedo al castigo y no por amor a la Gloria Celestial. Si no me temieran,
no me servirían.
Los terceros son los que creen que soy el Creador de todas las cosas y Dios
verdadero, y los que me creen justo y misericordioso. Estos no me sirven por
miedo al castigo, sino por divino amor y caridad. Preferirían soportar
cualquier castigo, por duro que fuese, antes que provocar mi enfado. Éstos
merecen verdaderamente ser escuchados cuando rezan, pues su voluntad
coincide con Mi voluntad.
El primer tipo de sirvientes nunca saldrá del castigo ni llegará a ver Mi rostro.
El segundo, no será tan castigado, pero tampoco alcanzará a ver Mi rostro, a menos que
corrija su temor mediante la penitencia.
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REVELACIONES
DE JESÚS
A SANTOS, BEATOS Y MÍSTICOS PALABRAS DE
CRISTO A
SANTA
FAUSTINA
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de la ira de Mi Padre. Bienaventurado el que habitará en Su refugio, porque la mano justa de
Dios no lo tomará”.
8. Dios quiere que todos se salven. “Hija mía, escribe que cuanto mayor es la miseria de un
alma, mayor es su derecho a mi misericordia”.
9. Los más pecadores tienen más derecho a la Misericordia de Dios. “Cuanto mayor es
el pecador, mayor es el derecho que tiene a Mi Misericordia. El que confía en Mi Misericordia,
no perecerá”.
10. La confianza en la Misericordia de Dios de los más grandes pecadores debe ser
total. “Las almas que hacen un llamado a Mi Misericordia me deleitan, a tales almas les doy
aún más gracias de las que piden”.
12. No debe existir miedo de acercarse a la Misericordia de Dios. “Que el alma débil y
pecaminosa no tenga miedo de acercarse a Mí, ya que, aunque tuviera más pecados que los granos
de arena en el mundo, todos se ahogarán en las profundidades inconmensurables de Mi
Misericordia”.
13. La Misericordia de Dios debe ser adorada y la imagen venerada. “Exijo la adoración
de Mi Misericordia a través de la solemne celebración de la Fiesta y de la veneración de la imagen
que está pintada. Por medio de esta imagen concederé muchas gracias a las almas”.
14. Las almas recibirán gracias que no podrán contener e irradiarán a otras. “Yo soy el
Amor y la Misericordia. Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la lleno de tal
abundancia de gracias, que no puede contenerlas dentro de sí, sino que las irradia a otras almas”.
17. Los que propagan esta devoción serán protegidos toda su vida por Dios.
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DE JESÚS
A SANTOS, BEATOS Y MÍSTICOS PALABRAS DE
CRISTO A
MARÍA
VALTORTA
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Pero piensa. ¿Qué es lo que Dios Uno y Trino quiere para las almas que ha creado? El Bien.
Quien quiere el Bien para una criatura, ¿qué sentimientos tiene hacia la criatura?
Sentimientos de amor. ¿Cuál es el mandamiento primero y segundo, los dos más
importantes, de los que he dicho que no los hay mayores y en ellos está la llave para
alcanzar la vida eterna? Es el mandamiento del amor: “Ama a Dios con todas tus fuerzas, ama al
prójimo como a ti mismo”.
¿Qué os he dicho infinidad de veces por mi boca, la de los profetas y los santos? Que la
mayor absolución es la Caridad. La caridad consuma las culpas y las debilidades del hombre,
porque quien ama vive en Dios y viviendo en Dios peca poco, y si peca se arrepiente
inmediatamente, y el perdón del Altísimo es para quien se arrepiente.
¿A qué faltaron las Almas del Purgatorio? Al Amor. Si hubieran amado mucho, habrían
cometido pocos y leves pecados, unidos a su debilidad e imperfección, pero nunca
habrían alcanzado la persistencia consciente en la culpa, ni siquiera venial. Habrían
visto la forma de no afligir a su Amor y el Amor viendo su buena voluntad, les habría
absuelto incluso de los pecados veniales cometidos.
¿Cómo se repara, también en la Tierra, una culpa? Expiándola, y cuando es posible, a través del
medio con el que se ha cometido. Quien ha dañado, restituyendo cuanto quitó con
prepotencia. Quien ha calumniado, retractándose de la calumnia.
Ahora, si esto lo requiere la pobre justicia humana, ¿no lo querrá la Justicia Santa de Dios? ¿Y
qué medio utilizará Dios para obtener reparación? A Sí mismo, o sea al Amor,
EXIGIENDO AMOR.
Este Dios al que habéis ofendido, y que os ama paternalmente, y que quiere unirse con
Sus criaturas, os lleva a alcanzar esta unión a través de Sí mismo. Todo gira en torno al
Amor, María, excepto para los verdaderos “muertos”, los condenados. Para estos
“muertos” también ha muerto el Amor. Pero para los tres reinos -el que tiene peso de
gravedad o la Tierra; aquel en el que está abolido el peso de la materia, pero no el del
alma cargada por el pecado o el Purgatorio; y aquel cuyos habitantes comparten con el
Padre su naturaleza espiritual que les libera de todo peso- EL MOTOR ES EL AMOR.
Amando sobe la Tierra, es como trabajáis para el Cielo. Amando en el Purgatorio, es
como conquistáis el Cielo que en la vida no habéis sabido merecer. Amando en el Paraíso,
es como gozáis el Cielo.
Lo único que hace un alma cuando está en el Purgatorio es amar, pensar, arrepentirse a la luz
del Amor que esas llamas han encendido para ella, que ya son Dios, pero que, para su castigo, le esconden
a Dios. Esto es el tormento. El alma recuerda la visión de Dios que tuvo en el juicio
particular. Se lleva consigo ese recuerdo y, dado que el haber tan sólo entre-visto a Dios
es un gozo que supera todo lo creado, el alma está ansiosa de volver a gustar ese gozo.
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Ese recuerdo de Dios y ese rayo de Luz, que le revistió cuando compareció ante Él, hacen
que el alma “vea” la importancia que realmente tienen las faltas cometidas contra su Bien,
y este “ver”, junto a la idea de que por esas faltas se ha impedido voluntariamente, durante
años o siglos, la posesión del Cielo y la unión con Dios, constituye su pena purgante.
El tormento de los purgantes es el amor y la certeza de haber ofendido al Amor. Un
alma, cuanto más ha faltado en la vida, tanto más está como cegada por
cataratas espirituales que le hacen más difícil conocer y alcanzar ese
perfecto arrepentimiento de amor, que es el primer coeficiente para su
purgación y entrada en el Reino de Dios.
Cuanto más un alma lo ha oprimido con la culpa, tanto más pesado y tardío se hace vivir
el amor. A medida que se limpia por poder del Amor, se acelera su resurrección al amor,
y de consecuencia, su conquista del Amor que se completa en el momento en que,
terminada la expiación y alcanzada la perfección del amor, es admitida en la Ciudad de
Dios.
Hay que orar mucho para que estas almas, que sufren para alcanzar la Alegría, sean
rápidas en alcanzar el amor perfecto que les absuelve y les une Conmigo. Vuestras
oraciones, vuestros sufragios, son nuevos aumentos de fuego de amor. Aumentan el
ardor, pero ¡oh, bienaventurado tormento!, también aumentan la
capacidad de amar. Aceleran el proceso de purgación. Alzan las almas
sumergidas en ese fuego a grados cada vez más altos, las llevan a los
umbrales de la Luz, abren las puertas de la Luz e introducen el alma en el
Cielo.
A cada una de estas operaciones, provocadas por vuestra caridad hacia quien os precedió
en la segunda vida, corresponde la sorpresa de caridad hacia vosotros. Caridad de Dios,
que os agradece el que proveáis por Sus hijos penantes, caridad de los penantes que os
agradecen el que os afanéis por introducirles en el gozo de Dios.
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Vuestros seres queridos nunca os amaron tanto como después de la muerte de la Tierra,
porque su amor ya está impregnado de la Luz de Dios, y a esta Luz comprenden cómo
les amáis y cómo deberían haberos amado. Ya no pueden deciros palabras que invoquen
perdón y den amor. Pero me las dicen a Mí para vosotros, Yo os traigo estas palabras de
vuestros Difuntos que ahora os saben ver y amar como se debe. Os las traigo junto con
su petición de amor y su bendición, que ya es válida desde el Purgatorio, porque ya está
animada por la inflamada Caridad que les quema y purifica.
Perfectamente válida, además, desde el momento en que, liberados, salgan a vuestro
encuentro a los umbrales de la Vida o se reúnan con vosotros en ella, si les hubierais
precedido en el Reino del Amor.
Fíate de Mí, María. Yo trabajo por ti y por tus seres queridos. Conforta tu espíritu.
Vengo para darte la alegría. Confía en Mí.
Dice Jesús:
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Cuando por las oraciones de los vivientes que os aman, los méritos de Cristo son
lanzados como esencia de ardor en el fuego santo del Purgatorio, la incandescencia de
amor os penetra más fuerte y más adentro, y entre el resplandor de las llamas, cada vez
se hace más lúcido en vosotros el recuerdo de Dios visto en aquel instante.
En el segundo reino, cuanto más crece la purificación, y por ello el amor, más cercano y
visible se hace el Rostro de Dios. Ya trasluce y sonríe entre el centelleo del santo fuego.
Es como un Sol, que cada vez se acerca más, cuya luz y calor anulan cada
vez más la luz y el calor del fuego purificante, hasta que, pasando del
merecido y bendito tormento del fuego al conquistado y bienaventurado
alivio de la posesión, pasáis de llama a Llama, de luz a Luz, salís para ser
luz y llama en Él, Sol Eterno, como chispa absorbida por una hoguera y
como candelero arrojado en un incendio.
¡Oh, gozo de los gozos, cuando os encontréis elevados a Mi Gloria, pasados de ese reino
de espera al Reino de Triunfo! ¡Oh, conocimiento perfecto del Perfecto Amor! Este
conocimiento, María, es misterio que la mente puede conocer por voluntad de Dios, pero
que no puede describir con palabra humana. Cree que merece la pena sufrir toda una
vida por poseerla desde el momento de la muerte. Cree que no hay caridad mayor que
procurarla con las oraciones a quienes amaste en la Tierra y que ahora comienzan su
purificación en el amor, a quienes en vida tanas y tantas veces cerraron las puertas del
corazón. Ánimo, bendita a la que son desveladas las verdades escondidas. Actúa, obra y
sube. Por ti misma y por quienes amas en el más allá.
Deja consumar en el Amor el estambre de tu vida. Vierte tu amor sobre el Purgatorio,
para abrir las puertas del Cielo a quienes amas. Serás bienaventurada si sabes amar hasta la
incineración de cuanto es débil y pecó. Los Serafines salen al encuentro del espíritu purificado con la
inmolación de amor y le enseñan el “Sanctus” eterno para cantar al pie de mi trono.
Llega el mes dedicado a los difuntos [noviembre]. Ruega así por ellos:
¡Oh, Jesús!, que con Tu gloriosa Resurrección nos has mostrado cómo serán eternamente
los “hijos de Dios”, concede la Santa Resurrección a nuestros seres queridos, fallecidos en
Tu Gracia, y a nosotros, en nuestra hora. Por el sacrificio de Tu Sangre, por las lágrimas
de María, por los méritos de todos los Santos, abre Tu Reino a sus espíritus.
¡Oh, Madre Santa!, cuya aflicción finalizó con la alborada pascual ante el Resucitado y
cuya espera de reunirte con Tu Hijo cesó en el gozo de Tu gloriosa Asunción, consuela
nuestro dolor librando de las penas a quienes amamos hasta más allá de la muerte, y ruega
por nosotros, Santa Madre de Dios, que esperamos la hora de volver a encontrar el abrazo
de quienes perdimos.
Mártires y Santos, que estáis jubilosos en el Cielo, dirigid una mirada suplicante a Dios, y
una fraterna a los difuntos que expían, para rogar al Eterno por ellos, y para decirles a
ellos: “He aquí que la paz se abre para vosotros”.
Amén.
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REVELACIONES
DE JESÚS
A SANTOS, BEATOS Y MÍSTICOS
PALABRAS DE
CRISTO A
MARGARITA MARÍA
DE ALACOQUE
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12 promesas del Sagrado Corazón de Jesús
Mayo 1673 / El Corazón de Jesús le dijo a Santa Margarita María de Alacoque las siguientes promesas para aquellas
almas devotas a Su Corazón:
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REVELACIONES
DE JESÚS
A SANTOS, BEATOS Y MÍSTICOS
JESÚS BAJA A LOS
VISIÓN DE ANA CATALINA EMMERICH INFIERNOS Y AL
PURGATORIO
Religiosa, Agustina, Mística, Vidente, Estigmatizada y Víctima por los pecadores * Sus visiones
sobre la Pasión de Cristo inspiraron la película de Mel Gibson
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La Jerusalén celestial se me aparece siempre como una ciudad donde las moradas de los
bienaventurados tienen forma de palacios y de jardines llenos de flores y de frutos
maravillosos. El infierno lo veo, en cambio, como un lugar donde todo tiene por principio
la ira eterna, la discordia y la desesperación, prisiones y cavernas, desiertos y lagos llenos
de todo lo que puede provocar en las almas el extremo horror, la eterna e ilimitada
desolación de los condenados. Todas las raíces de la corrupción y del terror producen en
el infierno el dolor y el suplicio que les corresponde, en las más horribles formas
imaginables; cada condenado tiene siempre presente este pensamiento: que los tormentos
a que está entregado son consecuencia de su crimen, pues todo lo que se ve y se siente en este lugar, no es
más que la esencia, la pavorosa forma interior del pecado descubierto por Dios Todopoderoso.
Cuando los ángeles, con una tremenda explosión, echaron las puertas abajo, se elevó del
infierno un mar de imprecaciones, de injurias, de aullidos y de lamentos. Todos los allí
condenados tuvieron que reconocer y adorar a Jesús, y éste fue el mayor de sus suplicios.
En el medio del infierno, había un abismo de tinieblas al que Lucifer, encadenado, fue
arrojado, y negros vapores se extendieron sobre él. Es de todos sabido que será liberado
durante algún tiempo, 50 ó 60 años antes del año 2000 de Cristo. Las fechas de otros
acontecimientos fueron fijadas, pero no las recuerdo; sí que los demonios serán liberados
antes que Lucifer, para tentar a los hombres y servir de instrumento de la divina
venganza.
Vi multitudes innumerables de almas de redimidos elevarse desde el Purgatorio y el
limbo detrás del alma de Jesús, hasta un lugar de delicias debajo de la Jerusalén celestial.
Vi a Nuestro Señor en varios sitios a la vez: santificando y liberando toda la creación; en
todas partes, los malos espíritus huían delante de Él y se precipitaban en el abismo.
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Vi también su alma en diferentes sitios de la Tierra, la vi aparecer en el interior del
sepulcro de Adán debajo del Gólgota, en las tumbas de los profetas y con David, a todos
ellos revelaba los más profundos misterios y les mostraba como en Él se habían cumplido
todas las profecías.
Además de este acontecimiento, Nuestro Señor desplegó ante mí su eterna misericordia
y los inmensos dones que derrama sobre aquellos que creen en Él. El descendimiento de
Jesús a los infiernos es la plantación de un árbol de gracia destinado a las almas que
padecen. La redención continua de estas almas es el fruto producido por este árbol en el
jardín espiritual de la Iglesia, en todo tiempo. La Iglesia debe cuidar este árbol y recoger
los frutos para entregárselo a la Iglesia que no puede recogerlos por sí misma. Cuando el
día del Juicio Final llegue el dueño del árbol, nos pedirá cuentas, y no sólo de ese árbol,
sino de todos los frutos producidos en todo el jardín.
La importancia de la devoción al Rosario me fue mostrada en una visión de sentido muy
profundo. Los diversos Ave María eran estrellas formadas por cientos de piedras preciosas sobre las
cuales los patriarcas y los ancestros de La Santísima Virgen María estaban figurados en escenas que se
relacionaban con la preparación de la Encarnación y con la Redención. Así, este Rosario abrazaba
el Cielo y la Tierra, Dios, la naturaleza, la historia, la restauración de todas las cosas y
del hombre por el Redentor que ha nacido de La Virgen María. Y cada figura, cada
materia, cada color, según su significado esencial, era empleado para la realización de
esta obra de arte divino.
[…] Allí arriba, recibí de mi conductor una nueva exhortación a orar yo misma y a animar
a todo el mundo, todo lo posible, a orar por los pecadores y en particular, por los
sacerdotes desviados. Muy malos tiempos van a venir, me dijo él […]
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REVELACIONES
DE JESÚS
A SANTOS, BEATOS Y MÍSTICOS
JESÚS AL PADRE
PÍO
JESÚS LE HABLÓ
AL PADRE PÍO SOBRE LOS 3 DÍAS DE OSCURIDAD SOBRE EL FIN DEL
El Señor Jesucristo se comunicaba con el Padre Pío y en una carta de 1959 dirigida a su superior, el MUNDO
Padre Pío cuenta la revelación que le hizo Jesús sobre el fin del mundo
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4. Prepárense para vivir 3 días en total oscuridad. Estos 3 días están muy cerca.
En estos días, permanecerán como muertos, sin comer ni beber. Luego, la luz
volverá, pero muchos serán los hombres que no la verán más.
5. Mucha gente escapará asustada. Correrá sin tener una meta, dirán que hay
salvación al oriente y la gente correrá hacia el oriente, pero caerá en un acantilado.
Dirán que al occidente hay salvación y la gente correrá al occidente, pero caerán
en un horno.
7. Vosotros sois como hormigas, porque vendrá el tiempo en que los hombres se
quitarán los ojos por una miga de pan. Los negocios serán saqueados, los
almacenes serán tomados en asalto y destruidos. Pobre será aquel que en esos días
oscuros se encontrará sin una vela, sin una jarra de agua y sin el necesario por 3
meses.
8. Una Tierra va a desaparecer, una gran Tierra. Un país será borrado para siempre
de los mapas geográficos. Y con él, será arrastrado en el fango: la historia, la
riqueza y los hombres.
11. Un meteorito caerá sobre la Tierra y todo brillará. Será un desastre, mucho peor
que una guerra. Muchas cosas serán canceladas… y éste será uno de los signos.
12. Los hombres vivirán una experiencia trágica. Muchos serán abrumados por el
río, muchos serán quemados por el fuego, muchos serán enterrados por los
venenos… PERO ME MANTENDRÉ CERCA DE LOS PUROS DE CORAZÓN.
“Por lo tanto, queridos, en espera de estos acontecimientos, esforzaos por ser
hallados en paz ante Él, sin mancilla y sin tacha” [2 Pedro 3,14]
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REVELACIONES
DE JESÚS
A SANTOS, BEATOS Y MÍSTICOS
JESÚS HABLA
JESÚS HA DICHO QUE SUS NIÑOS QUE ORAN EL SOBRE EL SANTO
ROSARIO: ROSARIO
«Oren mucho, es el primer paso. Sus oraciones pueden mucho. El poder de la oración es
tan grande, que allí residen los milagros. ¿Qué padres pueden negar nada de cuanto sus
hijos les pidiesen con amor?» … «El Rosario… no sólo lo repitan, mediten cada palabra
y oren el Rosario a Jesús» … «Amen a Dios con su corazón, con su mente y con sus
sentidos. Recen el Rosario de hoy en adelante, todos los días. Ustedes no teman, están
bajo el amparo de Mi maternal y amante corazón» … «LOS AMO
PROFUNDAMENTE, MUCHÍSIMO MÁS DE LO QUE PUEDEN IMAGINARSE».
«¡OREN! No saben cuánto están ayudando vuestras oraciones… Si oran como se debe y
hacen penitencias, no importa cuántos sean… un Ave María dicho con el corazón y todos
los sentidos, tiene más poder que diez Rosarios repetidos por aquellos que no hacen más
que una rutina de sus oraciones. Ofrezcan su Comunión por la conversión del mundo.
Cada cuenta del Rosario dicha con amor, cada Comunión en la cual encomiendan a Mi
Hijo la conversión de los pecadores, salva un alma. ¿Comprenden por qué les pido
oraciones?» … «Callen, todo sufrimiento ofrézcanlo a Jesús por amor y gratitud».
«A los que dudan y tienen el corazón descreído, a quienes hago este ferviente llamado,
como Madre de Jesús, tengo potestad para hacerles la promesa de amparar a quien rece
diariamente el Rosario ofreciéndolo al Padre por las llagas dolorosas de Mi Hijo» … «El
amor a Dios y a sus semejantes irá formando la corona de salvación por medio de la cual
atravesarán los rayos de luz de Mis Gracias, para hacerlos agradables al Creador y curar
tantas heridas y llagas sangrantes que veo entre ustedes» … «Adoren y alaben la
maravillosa obra de la creación de Dios, alaben Su Grandeza y no se preocupen tanto por
los ataques del enemigo, están protegidos por Mí en tanto reciten el Rosario» …
«Conmigo, nada deben temer, el demonio no se acercará a un alma consagrada a los
corazones de Jesús y Mío» … «No dejen que nada los perturbe».
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MENSAJES DE LA VIRGEN MARÍA SOBRE EL SANTO ROSARIO:
«Tienen la inmensa alegría de amar el Rosario, de encontrarme en él…
Yo lo recito con ustedes, con cada uno de mis hijos. Tienen el regalo de
contarse entre Mis hijos más queridos. Tienen el premio de Mi permanente
intervención a favor de ustedes»
«Lo que pido de ustedes es mucha oración y reparación
por todo lo que los herejes intentan siempre contra Jesús
en el Sacramento de la Eucaristía»
«Por favor, hagan una oración permanente,
que no se desprendan sus manos del Rosario,
oren aun cuando piensen que ya no pueden hacerlo.
Oren en reparación por su patria, oren porque se acaben
los odios y las venganzas, oren porque las sectas no destruyan
a la Iglesia de Cristo, oren por sus propias familias»
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REVELACIONES
DE JESÚS
A SANTOS, BEATOS Y MÍSTICOS
JESÚS HABLA A
Sor Josefa Menéndez recibió mensajes dictados por Nuestro Señor UNA MONJA
Jesucristo en el Convento de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús,
en Les Feuillants [Poitiers, Francia] entre 1920 y 1923.
[En Sus Mensajes, Jesús dice] «Amor busco, amo a las almas
y deseo ser correspondido. Por eso, Mi Corazón está herido,
porque encuentro frialdad en vez de amor. Yo soy todo Amor
A SOR JOSEFA
y no deseo más que amor. ¡Ah! Si las almas supieran cómo las
espero, ¡lleno de misericordia! Soy el Amor de los amores… MENÉNDEZ
Teno sed de que las almas se salven… ¡Que las almas vengan [“Apóstol de Mi
a Mí! ¡Que las almas no tengan miedo de mí! ¡Que las almas Bondad y de Mi
tengan confianza en Mí!». Misericordia”]
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«Nada temas… no Me abandones. ¡Son tantas las almas que huyen de Mí! Déjame, al
menos, morar en la tuya y complacerme en ella».
[Jesús muestra a Sor Josefa Su Corazón herido y dice] «Mira en qué estado las almas
infieles dejan Mi Corazón… Ignoran el amor que les tengo; por eso Me abandonan. Pero
tú, ¿querrás cumplir Mi Voluntad?».
«Guarda para Mí solo ese corazón que te he dado, Y NO BUSQUES EN TODO MÁS
QUE AMAR. Mi Corazón se abrasa y arde en deseos de consumir a las almas en el
amor».
«Un solo acto de amor, cuando te sientas desamparada, repara muchas ingratitudes de
otras almas. Mi Corazón los cuenta y los recoge como bálsamo precioso».
«El alma que ama desea sufrir, y el sufrimiento aumenta el amor. El amor y el sufrimiento
unen el alma estrechamente con Dios hasta hacerla una misma cosa con Él».
«Estas heridas Me las causa el desamor de los hombres, que, como locos, corren a su
perdición».
«Te quiero tan olvidada de ti misma y tan abandonada a Mi Voluntad, que no te pasaré
la más mínima imperfección sin avisarte. Debes tener siempre presente tu nada y Mi
Misericordia. Sabré sacar tesoros de tu humildad, no lo olvides».
[Acabando de comulgar y pidiendo una vez más perdón a Nuestro Señor, pasó, como un
relámpago, por delante de Sor Josefa y le dijo] «EL AMOR TODO LO BORRA».
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«Yo haré todo el trabajo, tú nada tienes que hacer sino AMAR Y ABANDONARTE. No
te importe tu nada, ni tu debilidad, ni aún tus caídas. MI SANGRE TODO LO BORRA.
Bástate a ti saber que te amo. ABANDÓNATE».
«Hay almas cristianas y muy piadosas, detenidas por un afectillo, un apego, que les
impide correr por el camino de la perfección. Si otra alma ofrece sus obras y
sacrificios, uniéndolos a Mis Méritos infinitos, les alcanza que salgan del estado en
que están y adelanten en la virtud… Otras almas viven en la indiferencia o en el
pecado, ayudadas del mismo modo recobran la gracia y se salvan… Otras, y no tan
pocas, viven obstinadas en el mal y ciegas en su error, se condenarían, pero las
súplicas de un alma fiel consiguen que la gracia toque, al fin, su corazón. Y SI SU
FLAQUEZA ES TAN GRANDE QUE HAN DE VOLVER A CAER EN SU VIDA DE
PECADO, ME LAS LLEVO A LA ETERNIDAD Y ASÍ LAS SALVO».
«No te apures, Josefa; si llenas un vaso de agua y echas en él una piedrecita, saldrá un
poco de agua; echas otras y sale un poco más; pues así, a medida que Yo voy entrando en
tu alma, te vas desocupando de ti, pero esto se hará poco a poco».
«Toma este Sagrado Corazón Mío y ofrécelo… con Él, puedes pagar todas tus deudas».
[Sor Josefa pide a Jesús que le enseñe a humillarse y abandonarse como Él desea, Jesús
responde] «Puedes humillarte de varias maneras: ADORANDO LA VOLUNTAD
DIVINA, QUE, A PESAR DE TU INDIGNIDAD, SE QUIERE SERVIR DE TI PARA
EXTENDER SU MISERICORDIA. También DANDO GRACIAS DE QUE, SIN
MERECERLO, TE HE COLOCADO EN LA SOCIEDAD DE MI CORAZÓN. NO TE
QUEJES NUNCA DE ESTA GRACIA».
«Mi Corazón nunca niega el perdón al alma que se humilla y, sobre todo, entiéndelo
bien, Josefa, si lo pide con verdadera confianza. Yo haré un gran edificio sobre la nada,
es decir, sobre tu humildad, tu abandono y tu amor».
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Sor Josefa Menéndez falleció en 1923 a los 33 años. Fue enviada por Jesús a los infiernos,
para que dejara testimonio de su existencia y de lo que allí ocurre, pues Nuestro Señor le
mostró su tristeza -en varias apariciones- porque muchas almas se condenan. Sor Josefa fue
una humilde hermanita coadjutora de las Religiosas del Sagrado Corazón. Los mensajes que
Nuestro Señor le dictó le llegaron en el Convento de la Sociedad del Sagrado Corazón de
Jesús, en Les Feuillants [Poitiers, Francia] entre 1920 y 1923. Sencilla y laboriosa, entregada
por completo a su trabajo en completa humildad, y a su formación religiosa, Josefa en nada
se distinguió de las demás y “desapareció” en el conjunto de Hermanas.
El espíritu de mortificación de que estaba animada, la intensa vida interior que practicaba y
una intuición sobrenatural en cuanto a su vocación, llamaron la atención de algunas personas
que la trataron con más intimidad. Pero las gracias de Dios permanecieron ocultas a cuantas
la rodeaban, y desde que llegó al Convento hasta su muerte, logró pasar desapercibida en
medio de la sencillez de una vida de la más exquisita fidelidad. La Santísima Virgen fue para
ella la estrella que le guiaba por camino seguro.
Encontró en la obediencia su mejor y único refugio, sobre todo al sentir los embates del
enemigo, a quien Dios dejó tanta libertad. Su pobre alma experimentó terribles asaltos del
infierno, y en su cuerpo llevó a la tumba las huellas de los combates que tuvo que sostener.
Con su vida ordinaria de trabajo callado, generoso y a veces heroico, ocultó el misterio de
Gracia y dolor que consumió su ser. Sor Josefa tuvo un fenómeno muy raro en la vida de un
santo: conocer en carne propia los sufrimientos del infierno.
Dios permitió al Diablo que la bajase hasta el infierno; allí pasó largas horas y una vez
pasó una noche entera, en una indescriptible agonía. A pesar de que fue llevada al
infierno más de un centenar de veces, a ella le parecía que cada vez era la primera y cada
una le parecía tan larga como una eternidad. Soportó todas las torturas del infierno, con una
sola excepción: el odio a Dios. Oyó las estériles confesiones de los condenados, sus gritos
de odio, de dolor y de desesperación. A pesar de todo, cuando tras una larga espera volvió
a la vida, destrozada y agotada, con su cuerpo agonizante por el dolor, ella no se fijó en el
sufrimiento, por muy severo que fuese, si con ello conseguía salvar un alma de aquella
espeluznante caverna de tormentos. A medida que empezaba a respirar mejor, al volver a la
vida, su corazón estallaba de alegría al saber que aún podía amar al Señor. Sor Josefa
escribió con gran reticencia sobre el tema del infierno: lo hizo solamente para conformar los
benditos deseos de Nuestro Señor.
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Sor Josefa testifica sobre el mayor tormento del infierno:
“Una de estas almas condenadas gritó con desesperación: ¡Esta es mi tortura… que deseo
amar y no puedo hacerlo! No hay nada que salga de mí excepto odio y desesperación. Si
uno de nosotros pudiese hacer tanto como un simple acto de amor… esto ya no sería el
infierno. Pero no podemos. Vivimos en el odio y la malevolencia” (23 de marzo de 1922).
“Otro de estos desgraciados dijo: El mayor de estos tormentos aquí es NO PODER AMAR A
DIOS. Mientras tenemos hambre de amor, estamos consumidos con el deseo de Él, pero ya
es demasiado tarde”. Ella registra también las acusaciones hechas contra sí mismos, por
parte de estas infelices almas: “Algunos gimen a causa del fuego que quema sus manos.
Quizás ellos eran ladrones, porque dicen: ¿Dónde está nuestro botín ahora? ¡Malditas
manos! ¿Por qué deseé poseer lo que no era mío… y que sólo pude poseer por unos pocos
días? Otros maldicen su lengua, sus ojos, cualquier miembro que fue la ocasión con la que
pecaron. ¡Ahora, oh cuerpo, estás pagando el precio de los placeres con que te regalaste a
ti mismo! ¡Y saber que todo ello lo hiciste por tu propia y libre voluntad!” (2 de abril de 1922).
“Me pareció que la mayoría de estas almas se acusaba a sí misma de pecados de impureza,
de robo, de comercio fraudulento, y la mayor parte de los condenados están en el infierno
por estos pecados” (6 de abril de 1922). “Algunos acusan a otras personas, otros a las
circunstancias, y todos maldicen las ocasiones de su condenación” (septiembre de 1922). “Vi
a mucha gente del mundo terrenal caer dentro del infierno, y ahora las palabras no pueden
describir ni por asomo sus horribles y espantosos gritos: Condenado para siempre… Me
engañé a mí mismo… Estoy perdido… Estoy aquí para siempre jamás…”
“Hoy vi un vasto número de gente caer dentro del ardiente abismo… parecían unos vividores
acostumbrados a los placeres del mundo, y un demonio gritó con estruendo: El mundo está
maduro para mí… Yo sé que la mejor manera de conseguir el control de las almas es
acrecentar su deseo por la diversión y el disfrute de los placeres… Ponme a mí en
primer lugar… Yo antes que los demás… Y sobre todo, nada de humildad para mí, sino
que déjame disfrutar a mis anchas… Esta clase de palabras asegura mi victoria… y
ellos mismos se lanzan en multitudes al fondo del infierno” (4 de octubre de 1922).
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“Hoy no bajé al infierno, sino que fui transportada a un lugar donde todo estaba oscuro, pero
en el centro había un enorme y espantoso fuego rojo. Me dejaron inmóvil y no podía hacer ni
el más mínimo movimiento. Alrededor de mí había unas 7 u 8 personas, sus cuerpos negros
estaban desnudos y yo podía verlos sólo por los reflejos del fuego. Estaban sentados y
hablaban entre sí.
Un demonio le dijo a otro: Tenemos que ser muy cuidadosos para que no nos perciban,
podríamos ser fácilmente descubiertos. El diablo respondió: Insinuaos procurando que
el descuido y la negligencia se apoderen de ellos, pero manteneos en la sombra, para
que no os descubran… Gradualmente, ellos se volverán más y más descuidados,
indiferentes al bien y al mal, sin ningún tipo de compasión ni amor, y vosotros seréis
capaces de inclinarlos hacia el mal. A estos otros, tentadlos con la ambición, con el
amor por sí mismos, que no busquen nada más que su propio interés, que sólo
busquen adquirir riqueza sin trabajo, de forma legal o no. Excitad a aquellos otros
hacia la sensualidad y el amor al placer, dejad que el vicio los ciegue (Aquí usaron
palabras obscenas).
Y con el resto… explorad sus corazones, así conoceréis sus inclinaciones, haced que
amen apasionadamente, actuad sin ningún escrúpulo, no descanséis, no tengáis
piedad… El mundo debe ir hacia la condenación… y que las almas no se me escapen.
De vez en cuando los discípulos de Satán respondían: Somos tus esclavos… trabajaremos
sin descanso. Muchos luchan contra nosotros, pero trabajaremos noche y día.
¡Conocemos tu poder! Hablaban todos a la vez, y el que yo entendí que era Satán, usaba
palabras espantosas. En la distancia pude oír un bullicio de fiesta, el tintineo de copas y
entonces Satán gritó: ¡Dejad que ellos mismos se junten en sus comidas! Eso lo pondrá
todo más fácil para nosotros. Dejadlos que vayan a sus banquetes, el amor al placer
es la puerta por la que vosotros os apoderaréis de ellos… y esas almas ya no serán
capaces de escapar de mí. Añadió cosas tan horribles, que nunca podrían ser escritas ni
dichas. Luego, como sumergidos en un remolino de humo, se desvanecieron” (3 de febrero
de 1923).
“El demonio gritó rabiosamente por un alma que se le escapó: ¡Llenad su alma de miedo,
llevadla a la desesperación! Si ella pone su confianza en la misericordia de ese… (aquí
usó palabras blasfemas contra Nuestro Señor) ¡todo estará perdido! Pero no, llévenla a la
desesperación, no la dejen ni por un instante, por encima de todo ¡que se desespere!
Entonces el infierno resonó con gritos frenéticos, y cuando finalmente el diablo me arrojó
fuera del abismo, se fue amenazándome. Entre otras cosas decía:
¿Es posible que tales enclenques criaturas tengan más poder que yo, que soy tan
poderoso? Debo enmascarar mi presencia, trabajar en la sombra, cualquier esquina
será buena para tentarlos… susurrando a un oído, en las hojas de un libro, debajo de
una cama… Algunas almas no me prestan atención, pero hablaré y hablaré, y a fuerza
de hablar, alguna palabra quedará. ¡Sí! Me ocultaré en lugares en los que no pueda ser
descubierto” (7,8 de febrero de 1923).
En mi retorno, vi varias almas caer dentro del infierno, y entre ellas estaba una niña de 15
años, maldiciendo a sus padres por no haberle hablado del temor de Dios ni por haberla
avisado de que existía un lugar como el infierno. Su vida fue muy corta, decía ella, pero llena
de pecado, porque ella le concedió hasta el límite todo lo que su cuerpo y sus pasiones le
pedían en el camino de su autosatisfacción; especialmente, había leído malos libros” (22 de
marzo de 1923).
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“Los ruidos de confusión y blasfemias no cesan ni por un solo instante. Un nauseabundo olor
asfixia y corrompe todo, es como el quemarse de la carne putrefacta, mezclado con alquitrán
y azufre… una mezcla a la que nada en la Tierra puede ser comparable” (4 de septiembre
de 1922).
“Las almas estaban maldiciendo la vocación que habían recibido, pero en seguida la vocación
que habían perdido, porque no tenían la voluntad de vivir una vida oculta y mortificada” (18
de marzo de 1922).
“La noche del miércoles al jueves 16 de marzo, serían las diez, empecé a sentir como los
días anteriores ese ruido tan tremendo de cadenas y gritos. En seguida me levanté, me vestí
y me puse en el suelo de rodillas. Estaba llena de miedo. El ruido seguía, salí del dormitorio
sin saber a dónde ir ni qué hacer. Entré un momento en la celda de Nuestra Beata Madre…
después volví al dormitorio y siempre el mismo ruido.
Sería algo más de las doce, cuando de repente vi delante de mí a Satán diciendo: “Atadle
los pies… atadle las manos”. Perdí conocimiento de dónde estaba y sentí que me ataban
fuertemente, que tiraban de mí arrastrándome. Otras voces decían: “No son los pies los
que hay que atarle… es el corazón”, y Satán contestó: “Ese no es mío”. Me parece que
me arrastraron por un camino muy largo. Empecé a oír muchos gritos, y en seguida me
encontré en un pasillo muy estrecho; en la pared hay como unos nichos, de donde sale mucho
humo, pero sin llama, y muy mal olor. El aire es pesado, muy pesado. Yo no puedo decir lo
que se oye, toda clase de blasfemias y de palabras impuras y terribles. Unos maldicen su
cuerpo, otros maldicen a su padre o a su madre, otros se reprochan ellos mismos el no haber
aprovechado tal ocasión o tal luz para abandonar el pecado.
En fin, es una confusión tremenda de gritos de rabia y desesperación. Pasé por un pasillo
que no tenía fin, y luego, dándome un golpe en el estómago, que me hizo doblarme y
encogerme, me metieron en uno de aquellos nichos, donde parecía que me apretaban con
planchas encendidas y como que me pasaban agujas muy gordas por todo el cuerpo, que
me abrasaban. En frente de mí, y muy cerca, tenía almas que me maldecían y blasfemaban
contra Dios Nuestro Señor. Es lo que más me hizo sufrir… Pero lo que no tiene comparación
con ningún tormento, es la angustia que siente el alma viéndose apartada de Dios.
Me pareció que pasé muchos años en este infierno, aunque sólo fueron 6 ó 7 horas. Luego,
sentí que tiraban otra vez de mí, y después de ponerme en un sitio muy oscuro, Satán me
dio una patada y me dejó libre. No puedo decir lo que sintió mi alma cuando me di cuenta de
que estaba viva y que todavía podía amar a Dios.
Para poderme librar de este infierno y aunque soy tan miedosa para sufrir, yo no sé a qué
estoy dispuesta. Veo con mucha claridad que todo lo del mundo es nada en comparación del
dolor del alma que no puede amar, porque allí no se respira más que odio y deseo de la
perdición de las almas […] Cuando entro en el infierno, oigo como unos gritos de rabia y otros
de alegría, porque hay un alma más que participa de sus tormentos. No me acuerdo de haber
estado allí otras veces, sino que me parece que es la primera vez. También creo que ha de
ser para toda la eternidad y eso me hace sufrir mucho, porque recuerdo que conocía y amaba
a Dios intensamente, que estaba en la religión, que amaba ir a la Santa Misa y recibir la
Sagrada Comunión, confesarme y rezar las letanías a la Virgen María, a los Santos Ángeles
y al Espíritu Santo, que suspiraba por esos momentos todos los días en la mañana, en medio
de mis deberes, para estar ante el Sagrario con Nuestro Señor y el Santísimo Sacramento
del Altar, en la Hora Santa diaria que todas mis Hermanas y yo teníamos por turnos.
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Recuerdo entonces que Jesucristo, mi Amado Señor y Redentor, me ha concedido muchas
gracias y muchos medios para salvarme… Y yo, ¿qué he hecho para perder tanto bien?
¿Cómo he sido tan ciega? ¡Y ya no hay remedio! También me acuerdo de mis Comuniones,
de mi director espiritual, de que era una novicia y una monja feliz, pero lo que más me
atormenta es que AMABA MUCHÍSIMO A NUESTRO SEÑOR… Lo conocía y ERA TODO
MI TESORO. NO VIVÍA SINO PARA ÉL… ¿CÓMO PODRÉ VIVIR AHORA SIN ÉL? Sin
amarlo, oyendo siempre estas terribles blasfemias y este odio, siento que el alma se oprime
y se ahoga, ¡no puedo más dolor! Yo no sé explicarlo bien, porque es imposible”.
“Más de una vez he presenciado la lucha encarnizada del demonio para arrebatar a la
Misericordia Divina aquella alma que ya creía suya. Entonces, mis padecimientos han
entrado, a lo que parece, en los planes de Dios, como rescate de estas pobres almas, que
deben a Dios la última y definitiva victoria, en el instante de la muerte. Las oraciones de los
vivos, por estas pobres almas que están en su último momento a punto de condenarse, son
escuchadas totalmente por Nuestro Señor”.
“El diablo estaba muy furioso, porque quería que se perdieran tres almas… Gritaba con rabia:
¡Que no se escapen! ¡Que se me van! ¡Fuerte! ¡Fuerte! Esto así, sin cesar, con unos gritos
de rabia que contestaban, de lejos, otros demonios sirvientes suyos. Durante varios días
presencié estas luchas terribles. Yo supliqué al Señor que hiciera de mí lo que Él quisiera,
con tal de que estas almas no se perdiesen. Me fui también a la Virgen y Ella, mi Estrella de
la Mañana, me dio gran tranquilidad, porque me dejó dispuesta a sufrirlo todo para salvarlas.
Ella no permitirá que el diablo salga victorioso, ni ahora ni nunca, porque cuando uno se
entrega en sacrificio, Ella lo fortalece a uno para enfrentar la batalla. El diablo gritaba mucho:
¡No la dejéis! ¡No la dejéis! ¡Estad atentos a todo lo que las pueda turbar! ¡Que no se
escapen! Haced que se desesperen hasta el límite… Era tremenda la confusión que había
de gritos y de blasfemias, luego oí que decía furioso: ¡No importa! Aún me quedan dos…
Quitadles la confianza… Yo comprendí que se le había escapado una, que ya había pasado
a la eternidad, porque gritaba: ¡Pronto… de prisa! Que estas dos no se escapen…
Tomadlas, que se desesperen… ¡Pronto, que se nos van!
En seguida, con un rechinar de dientes y una rabia que no se puede decir, yo sentía esos
gritos tremendos: ¡Oh, poder de Dios, que tienen más fuerza que yo…! ¡Todavía tengo
una… y no dejaré que se la lleve! El infierno, todo, ya no fue más que un grito de
desesperación, con un desorden muy grande y los diablos chillaban, se quejaban y
blasfemaban horriblemente. Yo conocí con esto que las almas se habían salvado en su último
minuto. MI CORAZÓN SALTÓ DE ALEGRÍA, pero me veía imposibilitada para hacer un acto
de amor. Aún siento, en el alma, necesidad de amar… No siento odio hacia Dios como estas
otras almas, yo no puedo sentir odio hacia Dios; y cuando oigo que blasfeman y maldicen,
me causa una pena tan honda que no puedo explicar aquí. No sé qué sufriría yo para evitar
que Nuestro Señor sea injuriado y ofendido como lo está siendo aquí.
Lo que me apura es que, pasando el tiempo, seré como los otros. Esto me hace sufrir mucho,
muchísimo, porque me acuerdo todavía que amaba a Nuestro Señor con locura y que Él era
muy bueno conmigo, era mi amigo y mi Redentor, mi Salvador y mi Todo. Siento mucho
tormento, sobre todo estos últimos días… es como si me entrase por la garganta un río de
fuego que me pasa por todo el cuerpo, unido al dolor que he dicho antes. Como si me
apretasen por detrás y por delante con planchas encendidas. No sé decir lo que sufro… es
tremendo tanto dolor… Parece que los ojos se salen de su sitio y como si tirasen para
arrancarlos, los nervios se ponen muy tirantes, el cuerpo está como doblado, no se puede
mover ni un dedo…
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El olor que hay tan malo, no se puede respirar. Pero todo esto es nada en comparación del
alma, que, conociendo la bondad de Dios, se ve obligada a odiarle y, sobre todo, si le ha
conocido y amado, sufre mucho más…”
[Josefa despedía ella misma este hedor intolerable siempre que volvía de una de sus visitas al infierno, o
cuando la arrebataba y atormentaba el demonio. Olor de azufre, de carnes podridas y quemadas que, según
fidedignos testigos, se percibía sensiblemente durante un cuarto de hora y a veces hasta media hora
después, cuya desagradable impresión conservaba ella misma mucho más tiempo todavía]
“Oí a un demonio, del cual había escapado un alma, forzado a confesar su impotencia:
Desconcertante… ¿cómo pueden hacer para que se me escapen tantas? Eran mías (y
enumeró sus pecados). Trabajé muy duramente, y aun así se escaparon entre mis dedos.
ALGUIEN DEBE ESTAR SUFRIENDO Y REPARANDO POR ELLOS” (15 de enero de
1923).
(…) “En un instante me encontré en el infierno, pero sin ser arrastrada como las otras veces,
y justo como deben caer los condenados. El alma se precipita de sí misma, se arroja, como
si quisiera desaparecer de la vista de Dios, para poderlo odiar y maldecir. El alma me dejó
caer en un abismo del cual no se puede ver el fondo, porque es inmenso” (…) “He visto el
infierno como siempre: cavernas y fuego. Aun cuando no se vean formas corporales, los
tormentos desgarran las almas condenadas [que entre ellos se conocen] como si sus cuerpos
estuvieran presentes” (…)
[Sus memorias aparecen en un libro de 500 páginas, “Un llamamiento al amor”. Los llamamientos de amor y
misericordia que encierran estas páginas se confiaron a esta humilde monja. Los mensajes de Jesús y de
María a su sierva han sido conservados como un tesoro por la familia religiosa que los recibió, hasta ahora,
que parece ser el momento indicado de darlos a conocer al mundo, tan sediento de paz, para atraerlo
suavemente al único y verdadero manantial de confianza, amor y seguridad. De la introducción del libro:]
(…) [El Corazón de Jesús a Sor Josefa, su confidente] “Yo seguiré hablando y tú
transmitirás Mis Palabras” (…) “No pido nada nuevo, sin duda, pero ¿no necesitan
reanimar la fe, el amor, la confianza? Ayúdame en esta obra de amor”. El mismo Señor
definía así su obra: “Las palabras y deseos que doy a conocer por tu medio, excitarán
el celo de muchas almas e impedirán la pérdida de un gran número; y comprenderán
cada vez más, que la misericordia y el amor de mi corazón son inagotables”.
Durante mucho tiempo, quiso el Señor mantener oculto el instrumento que se había escogido
y le dijo un día: “Tú eres el eco de mi voz; pero si Yo no hablo, ¿qué eres, Josefa?”. 50
años han transcurrido en silencio desde la muerte de la humilde religiosa [1923]. Pero los
favores debidos a su intercesión, al ponerse en evidencia el auténtico valor de su MENSAJE,
han movido a la autoridad eclesiástica a darlo a conocer a las almas. ¡Ojalá sean muchas las
que logren conocer por su medio al Corazón abrasado de amor que hoy se ofrece, una vez
más a las ansias del mundo!
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[Jesús a Sor Josefa]
«Este será nuestro trabajo en el Cielo: enseñar a las almas a vivir unidas a Mí».
_____________________________________________________________
[La Santísima Virgen María dice a Sor Josefa] «¿Cómo no te he de amar, hija mía? Por
todas las almas ha derramado mi Hijo Su Sangre. Todas son mis hijas. Pero CUANDO
JESÚS FIJA SUS OJOS EN UN ALMA, YO PONGO EN ELLA MI CORAZÓN».
[La Santísima Virgen María dice a Sor Josefa] «Hija mía, arroja todas tus miserias en el
Corazón de Jesús, ama al Corazón de Jesús, descansa en el Corazón de Jesús, sé fiel al
Corazón de Jesús».
«Si me quieres consolar, has de trabajar para acercar a Mi Corazón un alma muy querida.
Forma desde ahora la intención y ofrece todas tus obras. Besa el suelo para adorar Mi
Sangre pisoteada y ultrajada por esta alma a quien tanto amo».
[La Santísima Virgen María dice a Sor Josefa] «Líbrate de estas tres cosas que es por
donde el enemigo de las almas te quiere hacer caer:
No te dejes llevar de los escrúpulos que te presenta para que dejes la Comunión.
Cuando mi Hijo te pide un acto de humildad o cualquier otra cosa, hazlo con
mucho amor, diciendo muchas veces: “Jesús mío, veis lo que me cuesta, pero
antes que yo, sois Vos”.
Si el enemigo te sugiere que la confianza con la Madre Superiora te resta del cariño
que debes a Jesús, no le hagas caso».
«Cuando tomes alimento, haz cuenta que a Mí me das ese refrigerio; y así, en todo
aquello en que puedas encontrar alguna satisfacción».
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«Durante la noche puedes descansar en Mi Corazón. Él recogerá los latidos del tuyo
como otros tantos deseos de amarme y consolarme. Humíllate hasta el polvo, pero a la
humildad añade la confianza y el amor, hazlo todo por amor, mirando siempre lo que por
amor He sufrido por las almas. Hazlo todo con mucha sumisión, viendo en todo Mi
Voluntad. No te separes un momento de Mi lado».
«Deja obrar a Mi amor, que no quiere otra cosa que rodearte y consumirte. El amor te
despojará de ti misma… no te dejará pensar más que en Mi Gloria y en las almas».
«Durante la oración, colócate a Mi lado en Getsemaní y participa de Mi angustia,
ofreciéndote al Padre como víctima, dispuesta a sufrir todas las penas de que eres
capaz».
[Jesús dice a Sor Josefa mostrándole Sus Llagas] «Mira Mis Llagas, adóralas, bésalas, no
son las almas que Me han puesto en este estado… es el Amor. Es el Amor de predilección
que tengo a Mis almas… y el amor compasivo que siento por los pecadores. ¡Si ellos lo
supieran!... La mayor recompensa que puedo dar a un alma es hacerla víctima de Mi amor
y de Mi Misericordia, porque la hago semejante a Mí, que soy Víctima Divina por los
pecadores».
[Sor Josefa describe la visión que ha tenido del Corazón de Jesús rodeado de espinas,
con puntas agudísimas que se Le clavaban dentro y cómo brotaba Sangre de cada una.
Jesús dice entonces, acerca de las almas que Le ocasionan todo este sufrimiento] «Todo
esto y mucho más ha sufrido Mi Corazón. Pero también encuentro almas que se unen a
Él [Mi Corazón] y Me consuelan por las que de Mí se apartan».
«Mira Mi Corazón, es todo Amor y ternura… pero hay almas que no lo conocen».
«Cuando un alma comete grandes pecados, pero después se humilla, saca ganancia. Mas
la soberbia es lo que más enoja a Mi Padre… la detesta con odio infinito. Busco almas que
se humillen y reparen su soberbia… OFRÉCETE SIN CESAR PARA REPARAR LA
SOBERBIA. NO ME REHÚSES NADA, YO SOY TU FORTALEZA. La soberbia ciega el
alma… olvida que soy Su Dios y ella sin Mí, es nada. ¿Qué importa subir aquí en la Tierra?
Póstrate ante Mi Padre Celestial y ofrece la humildad de Mi Corazón. No olvides que,
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sin Mí, el alma es un abismo de miseria. YO LEVANTARÉ A LOS HUMILDES, NO
ME IMPORTAN SUS MISERIAS NI SUS CAÍDAS, QUIERO HUMILDAD Y
AMOR».
[La Santísima Virgen María dice a Sor Josefa] «Has de sufrir por las almas, has de ser
tentada, porque el demonio quiere, a todo trance, quebrantar tu fidelidad. Pero ten
valor».
«Es verdad que muchas almas Me martirizan y son ingratas, pero también hay muchas
en las que puedo descansar y que son Mi delicia».
«Besa Mis Manos y Mis Pies, y repite conmigo: “Padre Mío, ¿no es de bastante valor
la Sangre de Vuestro Hijo? ¿Qué más queréis? Su Corazón, Sus Llagas, Su Sangre…
todo Él se ofrece a Vos por la salvación de estas almas”».
[La Santísima Virgen María dice a Sor Josefa] «Hasta mañana quiero que pongas todo
tu interés en salvar una hija a quien amo singularmente. Es un alma que Jesús eligió para
Él… le dio una vocación religiosa, pero la ha perdido por su infidelidad. Mañana ha de
morir y lo que más me apena es que se ha quitado mi escapulario. ¡Qué alegría tendrá
mi Corazón de Madre, si esta hija no se condena!».
[Jesús dice a Sor Josefa, con tristeza] «¡Si las almas conocieran Mi deseo ardiente de
comunicarme a ellas por Amor! Pero, ¡qué pocas lo entienden y cómo hieren Mi Corazón!
Yo Soy la única felicidad de las almas. ¿Por qué se apartan de mí?».
«Cuando un alma consagrada tiene la desgracia de caer, Yo la levanto; no tiene ella que
hacer más que humillarse y amar. Nada me importa su miseria, si su único deseo es darme
gloria y consuelo. A pesar de su pequeñez, alcanza muchas gracias para otras almas. Yo
me deleito en la humildad, y ¡a cuántas almas consagradas aleja de Mí el orgullo! Quiero
que tu celo y tus sacrificios atraigan a Mi Corazón muchas almas, las Mías en especial.
Que el deseo de verme amado te consuma y que tu amor sea Mi consuelo».
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«Cuando un alma desea ser fiel, Yo la sostengo en su debilidad y sus mismas caídas
mueven a obrar con mayor eficacia Mi bondad y Mi Misericordia. Pero es preciso
que el alma se humille y se esfuerce, no para hallar su propia satisfacción sino para
darme gloria».
«Yo Soy todo Amor y Mi mayor deseo es ser amado, ¿por qué soy tan mal
correspondido?».
«Es tanto Mi amor hacia las almas, que Me consume el deseo de su salvación. ¡Cuántas
se pierden y cuántas esperan sacrificios para salir del estado en que se encuentran! Pero
aún tengo muchas que son del todo Mías… una sola de ellas obtiene perdón para muchas
frías e ingratas».
[La Santísima Virgen María dice a Sor Josefa] «Mira, hija mía, cuanto más te pida Jesús,
más debes alegrarte. El que contempla un cuadro muy bien pintado, no es el pincel lo
que admira, sino la mano del pintor. Así, tú, Josefa, aun cuando realizaras grandes cosas,
no debes atribuirte nada a ti misma, pues es Jesús quien obra en ti, y quien se sirve de ti.
Da gracias sin cesar a Dios, que tan bueno ha sido contigo. Sé muy fiel, en lo grande y en
lo pequeño. Obedece siempre y en todo a Jesús, sé muy humilde y deja lo demás. Jesús se
encarga de tu pequeñez, y tú sabes que yo soy tu Madre».
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«No te aflijas por tu miseria, Mi Corazón es el trono de la Misericordia, donde los más
miserables son mejor recibidos, con tal que ellos quieran perderse en este abismo de
amor. Porque eres pequeña y miserable, he fijado en ti Mis ojos. YO SOY TU
FORTALEZA».
«Quiero enseñarte a conocer los gustos más delicados de Mi Corazón… Quiero estés
siempre muy atenta para no desperdiciar ocasión alguna de humillarte, y siempre que
puedas elegir entre sacrificarte o no, prefieras el sacrificio».
«¡Si las almas religiosas supieran cuánto las amo y cómo me hieren su frialdad y tibieza!
No acaban de conocer a dónde va a parar el no hacer caso de las faltas ligeras. Empiezan
por una pequeñez y terminan en la relajación; hoy se conceden un gusto, mañana dejan
pasar una inspiración de la gracia, y poco a poco, sin darse cuenta, se van enfriando».
[Jesús dice a Sor Josefa] «He hecho contigo una alianza de amor y misericordia. El amor
no se cansa. La misericordia no se agota».
[La Santísima Virgen María, llena de ternura, dice a Sor Josefa, quien estaba sumergida
en una dura lucha de varios días de tribulación] «No temas sufrir. ¡Cuántas almas se han
acercado al Corazón de Jesús en estos días de tentaciones!».
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[Jesús, señalando Su Corazón encendido, se empezó a abrir la Herida y le dijo a Sor
Josefa] «Mira cómo Mi Corazón se consume de amor por las almas. Así quiero que tú
también te abrases en deseos de su salvación. Entra en este Corazón, y unida Él, repara…
Sí, tenemos que reparar. Yo soy La Gran Víctima, tú una víctima pequeñita, que,
uniéndote a Mí, puedes ser del agrado del Padre».
[Jesús explica a Josefa cómo debe aplicar para sí Sus Palabras “MI REINO NO ES DE
ESTE MUNDO”, diciéndose ella a sí misma] «No busco las alabanzas de los hombres.
Mi patria no es ésta. Ya descansaré en la que lo es verdaderamente. Ahora, ánimo
para cumplir mi deber sin tener en cuenta la opinión del mundo… Si por ello me
sobreviene humillación o un sufrimiento, no importa; no retrocederé, escucharé la
voz de la Gracia, ahogando los gritos de la naturaleza. Y si no soy capaz de vencer
sola, pediré fuerzas y consejo, pues en muchas ocasiones las pasiones y el excesivo
amor propio ciegan el alma y la impulsan a obrar el mal».
«Nos quedaremos aquí, Josefa. Déjame pasar el día en la prisión de tu alma. Haz gran
silencio en ella, para que puedas oír Mis palabras y los deseos que te quiero confiar».
«No temas. A donde voy Yo, la Cruz Me acompaña. Recíbela con todo respeto y amor
por la salvación de tantas almas que se hallan en peligro».
[Jesús enseña a Josefa una extraordinaria oración para que la dirijamos al Padre Celestial
por las almas que necesitan conversión] «Ofrece al Eterno Padre los tormentos de Mi
Pasión por la conversión de las almas. Dile Conmigo:»
«¡Oh, Padre mío! ¡Oh, Padre Celestial! Mirad las llagas de Vuestro Hijo y dignaos
recibirlas para que las almas se abran a los toques de la gracia. Que los clavos que
taladraron Sus Manos y Sus Pies, traspasen los corazones endurecidos; que Su
Sacratísima Sangre, los ablande y los mueva a hacer penitencia; que el peso de la
Cruz sobre los hombros de Vuestro Divino Hijo, mueva a las almas a descargar el
peso de sus delitos en el tribunal de la penitencia».
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REVELACIONES
DE JESÚS
A SANTOS, BEATOS Y MÍSTICOS REVELACIONES
DE JESÚS
A SANTA
VISITAS DEL SEÑOR A SANTA GERTRUDIS GERTRUDIS
[Legatus IV, 38] – PROMESAS DE CRISTO A SANTA
GERTRUDIS PARA AQUELLOS QUE PARTICIPAN
EN LA SANTA MISA
Gracias obtenidas por asistir a la Santa Misa y participar activamente en la celebración.
9. En la Santa Misa, Jesucristo perdona los pecados veniales que todavía no se han
confesado; además, se disminuye el poder de Satanás sobre el alma.
10. Al asistir a la Santa Misa, se proporciona a las almas del Purgatorio el alivio más
grande que sea posible.
11. Una Misa bien oída durante la vida, será de más provecho al alma que muchas
que se ofrecieran para su reposo después de la muerte.
12. Por asistir a Misa, el alma se preserva de peligros, desgracias y calamidades, que
de otro modo hubieran sucedido. Además, se abrevia o reduce la duración de su
Purgatorio.
13. Cada Misa bien oída obtiene para el alma un grado más elevado de gloria en el
Cielo.
14. En la Misa se recibe la bendición del sacerdote que Nuestro Señor ratifica en el
Cielo.
15. En la Misa se arrodilla entre una multitud de los santos ángeles, que están
presentes en actitud de profunda reverencia durante el sacrificio adorable de la
Santa Eucaristía.
16. En la Santa Misa, se reciben bendiciones para todos los bienes y empresas
temporales.
Mientras Santa Gertrudis se gozaba de que le fuera dada esta saludable gracia de
bendición, dijo al Señor:
“He aquí, Señor mío, que yo, pecadora e indigna, confieso con color que, ¡ay de mí!, por humana
fragilidad he pecado muchas veces contra Tu Divina Omnipotencia. También pequé de distintas
maneras por ignorancia contra Tu Divina Sabiduría. Y de muchos modos, me airé
maliciosamente contra Tu Inestimable Benignidad. Por tanto, Padre de las misericordias, ten
misericordia de mí y dame Tu Omnipotencia, fuerzas para resistir a todo lo que Te sea contrario;
de Tu Inescrutable Sabiduría, concédeme prevenir con cautela todo lo que en mí pueda ofender
los ojos de Tu Pureza; y de la Superabundancia de Tu Bondad, concédeme adherirme a Ti con
estable fidelidad, que no disienta nunca, en lo más mínimo, de Tu Voluntad”.
38
Mientras decía estas palabras, a Gertrudis le parecía como que era sumergida en aquel
fondo del Corazón de Jesús, para ser regenerada. Volviendo, después de un rato, apareció
más blanca que la nieve, purificada ya de toda mancha de pecado. Presentada de esta
manera ante la Divina Majestad, se encomendaba al patrocinio de todos los santos del
Cielo, como se suele encomendar a los recién bautizados, deseando y exhortando a todos
que orasen por ella. Entonces, se levantaron gozosos todos los santos y ofrecieron al
Señor sus méritos en reparación de todas las negligencias e indigencias de Gertrudis.
Adornada maravillosamente con esos méritos, el Señor, tomándola con ternura, la colocó
directamente frente a Sí, de manera que exhalaba suavemente hacia su alma Su Divino
aliento, y viceversa: Él absorbía eficazmente en Sí Mismo el aliento del alma de Su hija.
Y le dijo el Señor: “Estas son mis delicias en las que me delito con los hijos de los
hombres”. Por el soplo del alma, se indicaba su buena voluntad; y por el soplo del Señor,
la condescendencia de la Bondad Divina que se digna aceptar la buena voluntad del alma.
De este modo, el alma, descansando dulcemente entre los abrazos del Señor, como en
una dulce espera, se debía preparar dignamente para recibir el Espíritu Santo.
Gertrudis intentaba obtener del Señor, por medio de oraciones especiales, los 7 dones
del Espíritu Santo, y pedía en primer lugar el don de temor, con el cual evitaría todos los
males. Se le apareció el Señor, como plantando casi en el centro de su corazón un árbol
hermoso, que parecía extender sus ramas y cubrir con ellas toda la pequeña habitación
de su corazón; tenía algunas espinas encorvadas de las que brotaban hermosísimas flores
erguidas hacia arriba.
Por el árbol, entendió significarse el santo temor de Dios: que, a modo de punzantes
aguijones, traspasa el alma y la retrae de toda falta.
Las flores significaban la voluntad: con la que el hombre desea protegerse contra todo
pecado por temor del Señor.
Cuando el hombre hace algún bien o evita algún mal por temor del Señor, dicho árbol produce
frutos hermosísimos.
Durante la noche santa de Pentecostés, Gertrudis sintió tanta debilidad en Maitines,
que no pudo participar en ellos por mucho tiempo. Dijo al Señor: “¡Oh, Señor mío! ¿Qué
gloria y alabanza puedes recibir de mí, indigna, que participo tan breve tiempo en los divinos oficios?”.
Y el Señor le respondió:
“Mira, para que, por la semejanza de las cosas exteriores, seas conducida a la
inteligencia de las espirituales… considera qué provecho obtiene el esposo,
cuando durante toda una noche es acariciado por su esposa para deleite de su
corazón. Pues un esposo no podrá sentir nunca tanto afecto con las caricias
de su esposa, como el que siento Yo, cuando, aunque sea por breves instantes,
mis escogidos me ofrecen sus corazones para que me deleite en ellos”.
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REVELACIONES
DE JESÚS
A SANTOS, BEATOS Y MÍSTICOS REVELACIONES
DEL SAGRADO
CORAZÓN DE
JESÚS
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¡Sea bendito por siempre!, porque tanta gloria junta tan bajo y ruin sujeto no
la pudiera sufrir. Y, como quien esto sabía, iba el piadoso Señor disponiendo…
Sonlo tanto los cuerpos glorificados, que la gloria que traen consigo ver cosa
tan sobrenatural hermosa desatina…
Un día de San Pablo, estando en Misa, se me representó toda esta Humanidad
sacratísima, como se pinta Resucitado, con tanta hermosura y majestad… Sólo
digo que, cuando otra cosa no hubiese para deleitar la vista en el cielo, sino la
gran hermosura de los cuerpos glorificados, es grandísima gloria, en especial
ver la Humanidad de Jesucristo, Señor nuestro, aun acá, que se muestra Su
Majestad conforme a lo que puede sufrir nuestra miseria; ¿qué será adonde
del todo se goza tal bien?” (V 28, 1-3).
JESUCRISTO SE LE DESCUBRE DE A POCO
El “encuentro” de Teresa con Cristo resucitado es un camino en el que poco a poco va
descubriendo la Gloria de Dios. Es una realidad que le desborda y que le llena de inmensa
felicidad y gozo.
Teresa de Jesús ve, en primer lugar, solamente las manos: esas manos que, años más
tarde, le van a entregar un clavo que se convertirá en el signo del matrimonio espiritual
de Teresa con Cristo; son las manos con las que Cristo acaricia, cura y consuela a Teresa.
No queda todo en las manos: pocos días después, Teresa ve el Divino Rostro de Cristo,
que le marca en su interior profundamente. Ese Rostro Sagrado que ha contemplado
tantas veces en la Pasión, sudando sangre, escupido, abofeteado, coronado de espinas y
al final, caído sobre el propio pecho, lo ve ahora glorificado. Ya no es un Rostro doloroso
y sufriente, sino que es un rostro glorificado, iluminado y radiante de una potente luz
que proviene de la Resurrección.
La Santa de Ávila se pregunta por qué Cristo se le va mostrando poco a poco y no lo hace
de una vez. Se da cuenta de que no se halla preparada, de que su persona no se encuentra
en condiciones de contemplar TANTA BELLEZA Y TANTA HERMOSURA JUNTAS
en la persona de Cristo Resucitado.
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Cuando reconoce y asume esta debilidad suya, llega el momento en que toda la
Humanidad de Cristo se le muestra. Cristo Resucitado se le manifiesta ya en su plenitud,
igual que a la Magdalena en la mañana de Pascua. El mismo Dios hecho carne y
resucitado de entre los muertos, se le aparece a Teresa y le transforma totalmente.
Es una experiencia que va a convertirse en un jalón clave de su vida espiritual. Es algo
que ella nunca olvidará y que cambiará por completo su vida, hasta tal punto que nos
dirá luego en sus escritos: “No hay poderlo olvidar… queda el alma otra, siempre
embebida”.
TERESA QUIERE QUE COMPRENDAMOS LO QUE ELLA SINTIÓ
Teresa de Jesús no se conforma con describir su encuentro con el Resucitado, quiere que
lleguemos a comprender, quiere que la entendamos para poder compartir con ella la
alegría de la Resurrección. Y escribe:
“Esta visión, aunque imaginaria, nunca la vi con los ojos corporales, ni
ninguna, sino con los ojos del alma”.
Es una realidad que “ciega” a Teresa, y la llena de la presencia de su Esposo:
“No es resplandor que deslumbre, sino una blancura suave y el resplandor
infuso, que da deleite grandísimo a la vista y no la cansa, ni la claridad que se
ve para ver esta hermosura tan divina. Es una luz tan diferente de las de acá,
que parece una cosa tan deslustrada la claridad del sol que vemos, en
comparación de aquella claridad y luz que se representa a la vista, que no se
querrían abrir los ojos después.
Es como ver agua clara que corre sobre cristal y reverbera en ello el sol, a una
muy turbia y con gran nublado y corre por encima de la tierra. No porque se
representa sol, ni la luz es como la del sol; parece, en fin, luz natural y esta
otra cosa artificial. Es luz que no tiene noche, sino que como siempre es luz,
no la turba nada.
En fin, es de suerte que por gran entendimiento que una persona tuviese, en
todos los días de su vida podría imaginar cómo es. Y pónela Dios delante tan
presto, que aun no hubiera lugar para abrir los ojos, si fuera menester abrirlos;
mas, no hace más estar abiertos que cerrados, cuando el Señor quiere; que,
aunque no queramos, se ve”.
La Santa de Ávila habla siempre por experiencia. Todo lo que relata en sus escritos lo ha
vivido en persona y quiere transmitirlo con sus propias palabras:
“Diré, pues, lo que he visto por experiencia. Bien me parecía en algunas cosas
que era imagen lo que veía, mas, por otras muchas no, sino que era el mismo
Cristo, conforme a la claridad con que era servido mostrárseme. Unas veces
era tan confuso, que me parecía imagen, no como los dibujos de acá, por muy
perfectos que sean, que hartos he visto buenos…
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… Es disparate pensar que tiene semejanza lo uno con lo otro, en ninguna
manera, no más ni menos que la tiene una persona viva a su retrato, que por
bien que esté sacado, no puede ser tan al natural, que, en fin, se ve es cosa
muerta.
“No digo que es comparación, que nunca son tan cabales, sino verdad, que
hay la diferencia que, de lo vivo a lo pintado, no más ni menos. Porque si es
imagen, es imagen viva; no hombre muerto, sino Cristo vivo; y da a entender
que es hombre y Dios, no como estaba en el sepulcro, sino como salió de él
después de Resucitado. Y viene a veces con tan grande majestad, que no hay
quien pueda dudar, sino que es el mismo Señor, en especial acabando de
comulgar, que ya sabemos que está allí, que nos lo dice la fe. Represéntase tan
Señor de aquella posada, que parece toda deshecha el alma que se ve consumir
en Cristo”.
UN CAMBIO RADICAL
Esta visión de Teresa provoca en ella un cambio radical: “Queda el alma otra, siempre
embebida”. Teresa de Jesús es transformada por el encuentro con Cristo resucitado y…
“tan imprimida queda aquella majestad y hermosura, que no hay poderlo olvidar, si
no es cuando quiere el Señor que padezca el alma una sequedad y soledad grande,
que aun entonces de Dios parece se olvida”.
“Viendo” a Cristo Resucitado, Teresa descubre su Humanidad y la Omnipotencia y el
Amor de Dios, que todo lo llena. “Porque con los ojos del alma, vese la excelencia y
hermosura y gloria de la Santísima Humanidad, y se nos da a entender cómo es Dios
y poderoso, y que todo lo puede y todo lo manda, y todo lo gobierna, y todo lo
hinche Su Amor”. Este tipo de visiones no son engaños del demonio ni producto de la
psicología, como han querido deducir algunos escépticos: esta visión es muy diferente a
todo eso y para la Santa de Ávila “ser imaginación esto, es imposible de toda
imposibilidad. Ningún camino lleva, porque sola la hermosura y blancura de una
mano es sobre toda nuestra imaginación: pues sin acordarnos de ello, ni haberlo
jamás pensado, ver en un punto presentes cosas que en gran tiempo no pudieran
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concertarse con la imaginación, porque va muy más alto como ya he dicho de lo que
acá podemos comprender, así que esto es imposible” (V 28, 4-11).
Teresa de Jesús no puede acallar sus impulsos ante esta experiencia mística que ha
vivido. Brota de lo más profundo de su corazón una bellísima oración a Cristo
Resucitado:
¡Oh Hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis,
y sin dolor deshacéis,
el amor de las criaturas.
Amén.
Santa Teresa de Jesús es maestra de oración y por ello, podemos encontrarnos con sus
oraciones, que va intercalando a lo largo de sus escritos. Teresa escribe, y ora mientras
escribe, y quiere hacernos partícipes de su oración, quiere que oremos con ella a su
querido Esposo:
¡Oh, Jesús mío!
¡Quién pudiese dar a entender
la majestad con que os mostráis!
Y cuán Señor de todo el mundo
y de los cielos
y de otros mil mundos
y sin cuento mundos y cielos
que Vos crearais, entiende el alma,
según con la majestad
que os representáis,
que no es nada
para ser Vos Señor de ello.
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Aquí ve la razón que tuvieron los demonios
de temer cuando bajasteis al limbo
y tuvieran de desear otros mil infiernos
más bajos para huir de tan gran majestad,
y veo que queréis dar a entender al alma
cuán grande es,
y el poder que tiene esta Sacratísima Humanidad
junto con la Divinidad.
(V 28, 8-9)
La Santa de Ávila se queda obnubilada ante la visión del Resucitado que ya nos ha
relatado. Es una Majestad difícil de explicar, hay que “verla” para comprenderla. Ahora,
ante esta visión, Teresa ora al Señor del mundo y de los cielos.
“Que tu mayor deseo sea ver a Dios, que tu mayor temor sea perderlo, que tu gozo sea
la esperanza del Cielo y así vivirás con una gran paz” -Santa Teresa de Jesús-
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“MIRAD MIS OJOS, EL DEMONIO NO RESISTE MI
MIRADA”
“En verdad, en verdad os digo, que todos los que habéis adorado Mi Divino Rostro
con fe, humildad, compasión, y hayan meditado Mi Pasión y Muerte,
considerándose culpables de Mi Muerte, os prometo infinitas gracias y no os
abandonaré nunca. Os prometo que veréis Mi Divino Rostro por toda la eternidad”
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