Dr.
MANUEL SERÉS
Catedrático de la Facultad de Medicina de narcelona
ex Profesor de Urología de la Facultad de Medicina de Sevilla
LA PIELOTOMÍA
OPERACIÓN IDEAL PARA EXTRAER
LOS CÁLCULOS DEL RINÓN
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DR. MANUEL SERÉS 0
Catedrático de la Facultad de Medicina de Barcel ona.
Ex Profesor de Urología de la Facultad
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de Medicina de Sevilla.
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LA PIELOTOY1A
OPERACIÓN IDEAL
PARA EXTRAER LOS CÁLCULOS
DEL RINÓN
BARCELONA : 1923
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BIBLIOTECA DE LA UNIVERSITAT DE BARCELONA 't;
11,<, .")
0101 1 1110 1 0
0701055332
Dr. Marbél iérés
Barcelona Balmes, 54
LA NEDTIPIA. RAMBLA CATALUNA, III, BARCELONA
LA PIELOTOMiA
OPERACIÓN IDEAL PARA EXTRAER LOS
CÁLCULOS DEL RINÓN
F4 N Enero de 1920 publicaba, en Los P10-
gresos de la Clínica, un artículo corres-
pondiente a la serie que «Sobre cal
culosis renal», venía escribiendo, que enca
bezaba con los siguientes párrafos :
«Incindir la pelvis renal y extraer un cálcu
lo alojado en su interior, resulta una operación
tan anatómica, tan ideal, inocente y sencilla,
y de tan poca gravedad, que desde el momento
en que el cirujano tropieza con un caso en
que está plenamente indicada, mucho más
después de haber extraído algunos cálculos
renales por nefrotomía, se convierte rápida
mente en adepto y propagandista de dicha
operación, extranando que tanto tiempo haya
tardado en imponerse a los técnicos una ope
ración tan conservadora para la extracción
de cálculos del rinón.
»Sin embargo, así ha ocurrido en todos los
países, en donde los primeros defensores se
han encontrado con fuerte oposición general,
y así ocurre en Espana, en donde no conoz
co más que un caso de pielotomía publicado
por el Dr. Cifuentes.»
Fundamentaba entonces mis afirmacio
nes, aparte de mis investigaciones cadavéri
cas, en la experiencia proporcionada por cua
tro casos operados. Otros diez enfermos ope
rados, por pielotomía, con posterioridad a la
3
publicación de dicho artículo, sumando en
conjunto, pues, catorce las pielotomías, por
mí practicadas, me han convencido de la exac
titud de dichas afirmaciones, y ellas son las
que sirven de base para este artículo, que tien
de, principalmente, a propagar la pielotomía
en nuestro país, restando indicaciones a la
nefrotomía.
* * *
Desde el punto de vista de la gravedad,
contrasta evidentemente la benignidad de la
pie/otomía, con la gravedad que para la glán
dula renal y en algunas ocasiones para la
vida del individuo, tiene la nefrotomía: las
hemorragias primitivas, que en el momento
operatorio se presentan en la nefrotomía, al
incindir la glándula renal muy vascularizada,
y las hemorragias secundarias, representan un
gran inconveniente para la nefrotomía ; ellas
obligan, en algunos casos, por la sección de
algún vaso importante o por la hemorragia
secundaria, a practicar la nefrectomía con un
fin hemostático. Por estas razones, debe re
chazarse la nefrotomía, siempre que sea posi
ble la pielotomía.
En cambio, ? qué peligro de hemorragia
y qué trastornos sobre la glándula renal pue
de representar la pielotomía?
En el Curso post-Operatorio, se observa que
la orina, apenas tenida de sangre, durante el
primer día, recupera su color normal al día
siguiente, sin que aparezcan hemorragias se
cundarias. Este se realiza con tanta sencillez
para la glándula renal, que contrasta asimis
mo, la tranquilidad de ánimo que se tiene ante
un operado de pielotomía, con la zozobra que
siempre hay que tener después de una nef ro
tomia.
La integridad con que deja a la glándula
renal, la pielotomía, es un hecho importante
4
qiie debemos aprovechar en todos los casos,
a fin de que la cirugía renal sea lo más con
servadora posible, si se quiere que vaya segui
da de éxito.
Desde el punto de vista de las dificultades
técnicas, resulta para mí más sencillo abor
dar un calculito alojado en la pelvis o cáliz
inferior, incindiendo la pelvis renal y bus
cándole por este sitio, que no atravesando
Fig. 1. —Nuestra pinza-cuchara curva, para extraer
cálculos por pielotomía (reducida de tamano)
todo el parénquima renal desde el borde con
vexo; con la hemorragia que acompana siem
pre a esta sección, se pierden, en algunas oca
siones, calculitos de pequeno tamano. Es ver
dad, que operando sobre la pelvis renal, hay
que tener cuidado de no lesionar el pedículo
vascular, para lo cual empleamos una manio
bra que más adelante indicaremos ; pero, si
no se trata de cálculos de algún tamano, en
cuyo caso se practica la incisión renal enci
ma mismo del cálculo, creo más difícil y com
plicado, y por lo tanto más peligroso, encon
trar un cáliz o la cavidad pélvica incindiendo
el parénquima renal, que practicando la pielo
tomía, con el fin de buscar un calculito
Además, la sección de los cálices que hay
que practicar, en la nefrotomía, ocasiona des
órdenes en las vías de excreción inirarrenal,
5
conforme han demostrado Delbet y Mocquot.
En cambio, en la pielotomía, el desorden es
Obs. I.' Obs. 2." Obs. 3•'
Obs. 4.' Obs. 6.1
Obs. 13.1
Fig. 2— Cálculos extraídos por pielotomía.
nulo, si se practica una incisión correcta de
la pelvis renal.
La mayor benignidad de la pielotomla,
sobre la nefrotomía, resalta con los hechos
indicados anteriormente.
6
Pero los resultados operatorios, aun des
contando la mayor gravedad que representa
para la nefrotomía, por el hecho de aplicar
se a los cálculos más voluminosos, más gra
ves e infectados, resulta patente estudiando
los resultados operatorios : Israél, en 25 pielo
tomías no ha tenido ninguna defunción ; en
193 pielotomías de diferentes urólogos, re
unidas por Rafin, aparece una mortalidad de
4 por too, y entre mis catorce operaciones de
pielotomía no se encuentra ninguna defun
ción.
El inconveniente más grave que ha sido
achacado a la pielotomía, la fístula, creo debe
rechazarse completamente. Posteriormente, ha
podido comprobarse que estas fístulas, en la
pielotomía, como en la nefrotomía, no que
dan si el curso de la orina por el uréter no
se encuentra dificultado ; de aquí que al prac
ticar la pielotomía deba explorarse con una
bujía el uréter, a fin de ver si se encuentra
algún calculito, rechazándolo hacia la vejiga
si es posible o atrayéndolo hacia la pelvis,
procediendo en consecuencia, caso de no dar
resultado estas maniobras.
En otra ocasión he indicado que, el incon
veniente principal de la pielotomía, es no po
der emplearla en todos los casos de cálculos
del rinón.
INDICACIONES DE LA PIELOTOMfA
Se encuentra a veces el enfermo en condi
ciones tan especiales, que resulta casi impres
cindible actuar por pielotomía, por ejemplo,
en el rinón en herradura, a causa
de las difi
cultades que en este caso representa actuar
por nefrotomía, y en la calculosis bilateral,
con el fin de conservar la mayor cantidad po
7
sible de tejido renal ; ya sabemos lo conser
vadora que es la pielotomía. En esto han in
sistido algunos urólogos.
Nosotros anadiremos todavía algunas indi
caciones a las anteriores, en las que la pielo
tomía se convierte en operación de necesidad,
deducidas de nuestras observaciones : por
ejemplo, en los enfermos con ausencia congé
nita unilateral del rinón, en los casos de calcu
losis en que el rinón opuesto se ha extirpado,
o en aquellos en que el rinón opuesto está
afecto de un proceso que representa su anula
ción completa, hidronefrosis, destrucción por
tuberculosis o quiste hidatídico. Así proce
dimos en la observación siguiente (1) :
OBSERVACIÓN I0.4 DE PIELOTOMÍAS.—Cá/CUÍOS Múl•
tiples de la pelvis renal, coexistiendo con una
gran hidronefrosis del otro lado.
Juan M., natural de Constantina (Sevilla), de cua
renta y dos anos.
En este enfermo, con síntomas clásicos de la en
fermedad, descubrimos por radiografía, varios cálcu
los en el rinón izquierdo, uno de ellos de mayor ta
mano. Por la expldración, encuentro una enorme
hidronefrosis en el lado derecho que anula completa
mente el rinón ; efectivamente el examen funcional
indica que el único rinón que funciona es el izquierdo,
el calculoso que, por otra parte, estaba ligeramente
infectado. El enfermo, estaba, pues, funcionalmente
(1) Las historias clínicas de nuestras catorce operaciones
de pielotomía, se encuentran, varias de ellas, publicadas en
nuestros múltiples trabajos dedicados a la calculosis urinaria,
y sólo las más recientes no han sido publicadaa
Creemos que incurriríamos en repeticiones molestas, alar
gando extraordinariamente este artículo, si cual un sencillo tra
bajo de recopilación de historias clínicas, fuéramos describien
do la historia de un enfermo tras la del otro, repitiendo en cada
uno de ellos la técnica seguida en el anterior, o bien copiando
aquí las historias que ya tenemos publicadas.
Por lo mismo, solamente transcribiremos aquí las historias
de pielotomías que ofrecen algunas variantes en la técnica se
guida o que nos puedan servir para fundamentar nuestra ma
nera de pensar, respecto a los límites e indicaciones de la pie
lotomía.
con un sólo rinón, y éste era calculoso. Someter a
este rinón a una operación de nefrotomía laboriosa,
para extraer todos los cálculos, hubiera representado
la anulación de dicho rinón, con funestas consecuen
cias seguramente. Por lo mismo, decidimos la extrac
ción de los cálculos por pielotomía.
La operación tuvo lugar en la Clínica de Urología
de la Facultad de Medicina de Sevilla.
En el acto operatorio, encontramos que la pelvis,
de gran tamano, formaba una bolsa, en donde estaban
contenidos casi todos los cálculos, que, por la zona
extensa que formaban en la radiografía, creíamos
que algunos estarían comprendidos en el interior del
rinón. La extracción se hizo con bastante facilidad y
los cálculos, muy numerosos y de distintos tamanos,
fueron extraídos por pielotomía. El gran tamano de
la pelvis, permitió explorar con el dedo todo el inte
rior del aparato canalicular del rinón, extrayendo de
allí algunos calculitos. Antes de terminar la operación,
comparamos los cálculos reunidos, en la forma que
aparecen en la figura 3 (Observación io.a), con la
radiografía que teníamos en el acto operatorio.
Entre los mismos partidarios de la pielo
tomía, el acorde dista mucho de ser completo,
respecto a los límites a que debe quedar re
ducida la pielotomía, especialmente en lo que
hace referencia al tamano y forma del cálculo.
Bazy, por ejemplo, la emplea hasta en
cálculos muy ramificados, arboriformes, aun
que para extraerlos tengan que fragmentarse.
Realmente, los cálculos ramificados son impo
sibles de extraer enteros por la pelvis, y la
fragmentación para extraerlos, es una ma
la técnica, pues expone a que se deje ol
vidado algún fragmento que reproduzca la
calculosis ; casi todos los urólogos rechazan
la pielotomía en los cálculos ramificados.
Rafin, de Lyon, es más prudente respecto
a las indicaciones de la pielotomía, y sus
tenta una opinión que en general comparten
la mayoría de los urólogos. Según Rafin, el
9
rinón, pelvis renal y cálculo, deben reunir
las condiciones siguientes :
t•' Exteriorización fácil del riftón.
2 .a Pelvis renal más o menos completa
Obs. 7.a Obs. 8.a Obs. 9.a
Obs. 10.a
Obs. 11 Obs. 12 Obs. 14
•
Fig. 3. —
Cálculos extraídos por pielotomía.
mente exteriorizada, con relación al ri«ón, fá
cil de reconocer por la palpación, y cuya cara
posterior, sobre la que se ha de practicar la
incisión de la pielotomía, se puede denudar
completamente.
3•' Cálculos situados en la pelvis renal,
de dimensiones moderadas, que exijan sólo
10
para suextracción una incisión mediana, no
ramificados, únicos o poco numerosos, no
infectados o poco infectados : tales son las con
diciones por parte del cálculo.
II
NUESTRO CRITERIO SOBRE LAS INDICACIONES
DE LA PIELOTOMfA. EXTENSIÓN QUE NOSOTROS
HACEMOS DE LAS INDICACIONES DE LA PIELOTOMfA
Mis investigaciones anatómicas y radiográ
ficas, y experiencia operatoria, nos han
nuestra
demostrado que el campo de acción de la pie
lotomía, puede ser más extenso que el que le
limitan la mayoría de los urólogos, y sus in
dicaciones no quedan reducidas a los escre
chos límites que le asigna Rafin, resumidas
en los tres párrafos anteriores.
En primer lugar, los estudios radiográ
ficos y las observaciones anatomopatológicas,
han demostrado que, los cálculos ramificados
han empezado siéndolo de la pelvis renal y que
desde allí van enviando ramificaciones hacia
los cálices, con más frecuencia hacia el cáliz
inferior, y que cuando las ramificaciones son
cortas, el núcleo principal se encuentra en la
pelvis. Cuando los cálculos son pequenos y
aislados, se depositan más fácilmente, por
ser los sitios más declives, en la pelvis re
nal y cáliz inferior ; la pelvis es además, en
la embocadura con el uréter, el sitio donde
se detienen /las pequenas concreciones cal
cáreas que se desprenden de los cálices i n
trarrenales. En la pelvis y cáliz inferior, es
en donde encontramos, pues, la mayor parte
de cálculos renales aislados.
?No parece lo más natural que el cálculo
vaya a buscarse donde se encuentra, por el
camino más corto, est decir, por pielotomía?
Cuando el cálculo se encuentra en el cá
11
liz inferior, permiten las disposiciones ana
tómicas extraerlo fácilmente por medio de la
incisión de la pelvis, a veces con una pe
quena incisión. En nuestro trabajo sobre la
«Anatomía quirúrgica de la pelvis renal y
Fig. 4. —
Técnica de la pielotomía.
Exposición de la cara posterior de la pelvis renal.
cálices», resumíamos la disposición anatómi
ca de estos conductos en la forma siguiente :
«Desde el punto de vista quirúrgico, pue
de esquematizarse la disposición de la pel
vis renal y cálices, diciendo que, en la ma
yor parte de casos, se reúnen los dos tercios
inferiores de cálices secundarios, desembo
cando en los grandes cálices inferior y me
dio, o en la hemipelvis inferior o ínfero-media
12
que los reúne, formando una vía corta, entre
el rinón y la pelvis renal, y recta, que pone
en amplia comunicación dichos conductos.
En cambio, los cálices secundarios del polo
superior se reúnen formando a veces una pel
Fig. 5.—Incisión de la pelvis renal y aparición del cálculo
vis secundaria, alejada de la pelvis princi
pal y desembocando siempre en ésta por
un conducto, el cáliz superior, largo, oblicuo y
estrecho, más ancho hacia el rinón que hacia
la pelvis renal.»
Por lo tanto, los cálculos desarrollados en
elpolo superior no pueden ser atacados por la
pelvis. En cambio, cuando el cálculo se en
cuentra en el cáliz inferior, y a veces en el me
13
dio, pueden extraerse por la pelvis, pues am
bos conductos están en amplia comunicación.
Los cálculos ramificados los operamos tam
bién por pie/otomía, cuando las ramificaciones
son cortas y gruesas, o bien se dirigen hacia el
cáliz inferior. En esta forma procedimos en
nuestra observación 2.4 de pielotomías, repro
ducida in extenso, junto con otras observacio
nes de pielotomía, en mi obra Notas de Ciru
gía renal (t).
La asepsia completa de la orina es otra con
dición que exigen los partidarios de la pielo
tomía. Gelsner (de Berlín) coloca un drenaje
en T en el interior de la pelvis, en los casos
infectados. Nosotros empleamos también la
pielotomía en los cálculos algo infectados, sin
llegar, claro es, a operar en esta forma, los
casos acompanados de retención purulenta.
Respecto al tamano de los cálculos, si bien
se aconseja limitar su extracción a los de ta
mano de un garbanzo o almendra, creemos,
sin embargo, que hay condiciones especiales
que permiten su fácil obtención por pielotomía,
tal como la regularidad de los cálculos y la
dilatación de la pelvis renal. Cuando la pelvis
está muy dilatada encima del cálculo, o por di
latación hidronefrótica de este conducto, pue
den ser extraídos cálculos de gran tamano sin
rasgarse sus paredes.
En esta forma procedimos en la observa
ción siguiente :
OBSERVACIÓN I3•a DE PIELOTOMÍAS. Cálculo gi=
—
gante del rinón, extraído por pielotomía.
Sebastián Duarte, de cincuenta y dos anos, casa
do, procedente de la provincia de Badajoz. La calcu
losis renal, en este enfermo, había ofrecido la sinto
matología típica que nosotros hemos descrito can el
título de t(Nefrolitiasis gigántica» en nuestra obra de
Cirugía renal (i) es decir, la ausencia de síntomas do
(1) Serés: Notas de Cirugía renal. 1921. Editorial Plus Ultra.
14
lorosos. Después de algunas hematurias, provocadas
por el salto y completamente indolorosas, que tuvo en
su época juvenil, de los diez a los quince anos, no
percibe ningún otro síntoma urinario hasta la época
actual (cincuenta y dos anos), en la cual llama la aten
ción del enfermo la piuria y albuminuria (por pus).
Durante tantos anos, no ha tenido dolor ni hema
turias.
Por la palpación bimanual se despierta dolor en
la región renal izquierda.
Con estos datos, y aleccionado por la observación
de otros enfermos parecidos, me atrevo, aun sin ra
diografía, a afirmar la existencia de un cálculo gigante
del rinón, que la radiografía confirma perfectamente.
Fué operado por pielotamta en mi Clínica particu
lar de Sevilla, extrayendo el gran cálculo de la filu
ra 2 (OBS. 13).
III
TÉCNICA DE LA PIELOTOMÍA
Abordado el rinón, mediante la incisión
rectocurvilínea ordinaria, se le aisla y exterio
riza todo lo posible hasta colocarlo al nivel de
la piel.
Por medio de la rotación del mismo hacia
adelante, se consigue ver la cara posterior de
la pelvis renal, y entonces se la aísla de los
órganos inmediatos. Bien visibles la pelvis y
la extremidad superior del uréter, se coloca
una compresa entre la cara anterior de ésta
y el pedículo vascular, con el fin de mejor ais
lar este conducto y de proteger, al mismo tiem
po, la arteria y vena renal.
No procedo nunca a la «denudación per
fecta» de la cara posterior de la pelvis, como
recomienda Rafin, no sólo por las grandes di
ficultades que entrana, la imposibilidad a ve
ces, si se quieren evitar rasgaduras de la mis
ma, sí que también para facilitar la sutura y
cicatrización ulterior, para cuyo fin nos sirve
muy bien esta cáscara de grasa condensada que
15
rodea a la pelvis, contentándome con aislar
todo lo posible la pelvis renal sin separar de
ella el nódulo o capa grasienta esclerosada,
que forma en este sitio a veces un verdadero
lipoma.
Hay que tener presente, al aislar la cara
posterior de la pelvis, las venillas que circu
lan por la grasa retropélvica, y especialmente
la rama retropélvica de la arteria renal que se
dirige hacia el borde posterior del seno del
rinón.
Reconocida bien la pelvis renal, así como
el borde del seno del rinón, observando el tipo
a que pertenecen, se procederá a la palpación
de la pelvis con el fin de reconocer la existen
cia en la misma del cálculo. La sensación es
pecial de dureza, que sentiremos por la palpa
ción bidigital, nos indicará la presencia en la
misma del cálculo, sensación que debemos no
confundir con la dureza que a veces presenta
el lipoma retropélvico.
Preparada la pelvis en la forma que aca
bamos de indicar y seguros de la existencia del
cálculo en su interior, procederemos a la inci
sión de la pelvis renal. Esta se practica, en sen
tido longitudinal, en la cara posterior de la
misma, prolongando la incisión si es necesario
hasta cerca del labio del seno del rinón, te
niendo cuidado solamente de no herir la arte
ria retropiélica, que podría acarrear algún tras
torno a la nutrición del territorio renal corres
pondiente. Abierta la pelvis, se investiga la
movilidad del cálculo, y si éste permanece ad
herido a la pared de la misma, se le aísla con
una sonda acanalada o con la pinza que nos
otros hemos ideado para la extracción de cálcu
los por medio de la pielotomía.
Extracción del cálculo. —
Esta es relativa
mente fácil cuando está aislado y la incisión es
suficiente ; en este caso la enucleación con los
16
dedos, o conla sonda acanalada, basta a ve
ces, pero casi siempre hay que emplear pin
zas para hacer presa sobre el mismo y extraer
lo con facilidad. Es condición importante que
el cálculo salga sin fragmentación, a fin de
Fig. 6. —
Extracción del cálculo mediante nuestra
pinza-cuchara.
evitar que alguna partícula descuidada en el
interior de la cavidad sirva de nódulo para la
formación de otro cálculo.
La pinza de Guyon resulta muy giuesa
para la extracción de cálculos de la ; se
maneja difícilmente y expone a la fragmenta
ción de los mismos. Teniendo en cuenta las
condiciones de delicadeza con que debe ha
17
cerse la extracción de cálculos por pielotomía,
con el fin de no fragmentarios, hemos ideado
nosotros un sistema de pinzas para la pieloto
mía, que tienen la misma disposición y meca
nismo que las pinzas de disección (fig. i), con
Fig. 7. —
Cateterismo del uréter, de arriba abajo, a fin
de reconocer su permeabilidad.
lo cual se consigue un más fácil manejo, sua
vidad y finura, para la extracción de cálculos.
Unas pinzas tienen los bocados en forma de
cuchara, «pinzas-cuchara», y sirven para la
extracción, no sólo de cálculos muy pequenos,
sí que también hasta los de tamano de un gar
banzo; otras tienen los bocados como un for
ceps, «pinzas-fórceps», y se utilizan para cálcu
los mayores.
18
La extracción con nuestras pinzas se rea
liza con mucha facilidad (fig. 6).
Reconocimiento de la permeabilidad del
uréter. Por medio de una sonda ureteral o
—
de una bujía urinaria, introducida desde la
Fig. 8. —
Sutura de la pared de la pelvis renal.
pelvis renal hasta la vejiga urinaria por la
abertura de la pelvis (fig. 7), reconoceremos la
permeabilidad del conducto ureteral en toda
la extensión del mismo. Es muy conveniente
practicar esta exploración ureteral, con el fin
de estar seguros de la permeabilidad del mis
mo, pues la obstrucción ureteral ha sido la
causa de la persistencia de algunas fístulas
consecutivas a la pielotomía.
19
Sutura de la pelvis. El profesor Legueu
—
me dijo en París que no practicaba nunca la
sutura después de la pielotomía, y del mismo
parecer son la mayoría de los urólogos. Sin
embargo, yo la practico, con catgut delgado,
Fig. 9. —
Sutura de la capa grasienta encima de la
pelvis renal.
haciendo dos planos de sutura entrecortada,
uno profundo aplicado a la pared misma de la
pelvis renal (figs. 8 y 9), y otro superficial apli
cado encima de la cáscara de grasa endurecida
que la rodea. La sutura, en esta forma, cierra
bastante herméticamente la pelvis renal, cuan
do menos durante los primeros días, con lo
20
cual se evita el derrame de orina por fuera de
la pelvis y la infección del tejido celular de
la región. Con este detalle técnico, extendemos
nosotros la pielotomia a los casos infectados.
Después de algunos días, es frecuente, sin em
Fig 10. —
Técnica para extraer cálculos del cáliz inferior
mediante nuestra pinza-cuchara curva.
bargo, que haya algún escape de orina ; pero
entonces ya no hay peligro de infección peri
rrenal, y, por otra parte, la cicatrización de la
herida de la pelvis es más rápida en los casos
que se ha practicado la sutura. Cuando la
grasa que recubre la pelvis ha sido rasgada,
no pudiendo ser aprovechada para tapar la pel
vis renal, obtenemos de la cara posterior del
21
rinón, según la técnica de Payr (de Leipzig),
un colgajo de la cápsula propia del mismo,
con la cual cubrimos la pelvis renal. Nosotros
hemos empleado esta técnica en dos pielo
tomias.
Drenaje.
Una tira de gasa bastante lar
—
ga se aplica
sobre la cara posterior de la pel
vis, dejándose apretada en este sitio, a fin de
que ocluya más el conducto, haciendo salir el
otro extremo por la herida lumbar. Se coloca
luego el rinón en su sitio, y se termina ce
rrando los planos musculares y la piel, dejando
sitio solamente para la salida del drenaje (t).
IV
EXTRACCIÓN DE LOS CÁLCULOS DEL CÁLIZ
INFERIOR
Procedemos en este caso en forma diferen
te, según que el cálculo sea movible o no.
Cuando el cálculo es movible, intentamos des
plazarle del cáliz inferior hacia la pelvis, sa
cándole por la incisión de ésta. Para esto ha
cemos presiones sobre las caras anterior y pos
terior del polo inferior sobre el cálculo, tal
como si hiciéramos saltar un hueso de cereza
por compresión entre los dedos.
En esta forma procedimos en la observa
ción siguiente :
OBSERVACIÓN 7.4 DE PIELOTOMíAS. Cálculo mi.
—
gratorio entre la pelvis renal y cáliz inferior.
Juana Bacarizas, soltera, de diez y ocho anos, na
tural de Constantina (Sevilla). Síntomas dolorosos y
hematurias, desde algunos anos antes de la operación.
La orina ligeramente turbia. La radiografía indica
una sombra regular zona que corresponde
en pel a
(1)
El Dr. Mollá, ilustre urólogo de Madrid, ha practicado
la sutura completa de la región lumbar, sin dejar ningún
dre
naje, en algún caso de pielotomia con orina completamente
aséptica.
22
vis renal, por cuyas razones creímos se trataba de un
caso típico para pielotomía.
Ingresa en mi Clínica particular de Sevilla, y pro
cedo a la operación de pie/otomía.
Al aislar la cara posterior de la pelvis, no encuen
tro por la palpación el cálculo ; éste se encontraba en
la parte correspondiente al seno renal, hacia donde
había emigrado, quizá con las maniobras operatorias.
Practico en la pelvis renal una incisión de menos lon
gitud de un centímetro ; el cálculo, mientras tanto,
se había internado completamente en el cáliz infe
rior, quedando, por tanto, completamente fuera
del radio de acción asignado a la pielotomía. Sin em
bargo, mediante las maniobras antes indicadas, lo
gramos hacer salir el cálculo hacia la pelvis, y ya
en este sitio, lo orientamos para que saliese de punta
por la corta incisión de la pelvis.
La operación de extracción no había podido ser
más benigna para el rinón. Algunos puntos de sutura
en la pelvis, drenaje retropélvico y la sutura músculo
cutánea, completaron la operación, cuyo curso post
operatorio no pudo ser más benigno y sencillo.
Cuando el cálculo no es movible, no hay
que empenarse haciendo maniobras brutales
con el fin de desplazarle hacia la pelvis ; no
hay más remedio que ir a buscarle donde se
encuentra, para extraerlo.
En este caso empleamos nuestra pinza-cu
chara curva, que, introducida por la incisión
de la pelvis, se dirige hacia el cáliz inferior o
medio, estando cerrada. Se explora primero
con la pinza-cuchara cerrada, como si fuera
ur estilete, el interior del conducto, con el fin
de sentir el contacto del cálculo, y cuando se
percibe, se hace presa sobre el mismo, ayu
dándole, si es preciso, por presiones con la
otra mano sobre el polo inferior, con el fin de
que el cálculo penetre en el interior de la cu
chara de la pinza (fig. !o). La curvadura que
tiene la pinza y su longitud permiten que con
ella se puedan explorar y extraer los cálculos
23
alojados en el cáliz inferior, manejada desde
la parte superficial de la herida lumbar ; las
dos cucharas, al afrontarse entre sí, limitan
una cavidad en donde quedan encerrados y
retenidos los calculitos muy pequenos, que
por su tamano pudieran fácilmente perderse
al ser extraídos.
En esta forma procedimos en la observa
ción siguiente :
OBSERVACIÓN 8.a DE PIELOTOMÍAS. Cálculo de
-
la pelvis renal y cálculo del cáliz inferior ex.
traídos por pielotomía.
José Camas Gutiérrez, natural de Bornos (Cádiz),
de catorce anos, dependiente de comercio en Sevilla.
Dos anos antes de la operación, nota los primeros
síntomas de su enfermedad, manifestada por crisis de
hematuria con polaquiuria diurna y nocturna ; más
tarde, dolor fijo en la región renal izquierda, exacer
bado con el trabajo, obligando al enfermo a andar
encorvado hacia el lado izquierdo. La orina es bastan
te turbia, infectada, y la radiografía denuncia una
mancha alargada hacia el interior del rinón.
Pielotomía en 26 de Marzo de 1920, en la Clíni
ca de Urología de la Facultad de Medicina de Se
villa, en presencia del colega especialista de Sevilla
Dr. Patino. Incindida la pelvis renal, extraigo un
cálculo alojado en la porción de aquélla que oorres
ponde al seno del rinón. Sin embargo, este cálculo no
presenta una forma parecida a la sombra radiográfica,
y, además, observo en una de sus caras, aunque irre
gular, una superficie lisa y pulimentada, es decir, una
verdadera superficie articular parecida a la de una
articulación artrodia ; esto me hizo suponer que este
cálculo había estado en contacto durante tiempo con
otro alojado en el interior del rinón. Con nuestra pin
za-cuchara exploro el cáliz inferior, allí siento otro
cálculo, y con la misma pinza lo extraigo.
Los dos cálculos se articulan bien por una de sus
caras lisa, formando como una artrodia (fig. 3, Ob
servación 8.a), y reunidos reproducían entonces la for
ma de la sombra radiográfica.
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