CAPITULO V
EL ESCUCHAR: “EL LADO OCULTO DEL LENGUAJE"
RAFAEL ECHEVARRÍA
ESTUDIANTE:
RAYME MASGO NICOLE MELANIE
PROFESORA:
NUÑEZ ELENA
AULA L
2:30 – 5:00 PM
EL ESCUCHAR: “EL LADO OCULTO DEL LENGUAJE"
RAFAEL ECHEVARRÍA
En este capítulo nos habla que la comunicación tiene 2 facetas que es hablar y
escuchar, normalmente pensamos que el hablar es más importante ya que este
parece que fuera el lado activo de la comunicación. Mientras que al escuchar lo
consideramos como pasivo. Por otro lado, las personas están aceptando que
escuchan mal, pueden comenzar a reconocer que se les complica poder
escuchar lo que otras personas dicen, y que ellos mismos también tienen
dificultades al no ser escuchados como desearían serlo.
El problema de la conversación se da porque las relaciones interpersonales
están signadas por una "comunicación inefectiva". Lo cual es una las principales
razones del bajo rendimiento conversacional, ya que las personas no escuchan.
La ontología del lenguaje sostiene que mientras mantengamos nuestro
tradicional concepto del lenguaje y la comunicación, difícilmente podremos
captar el fenómeno del escuchar o seremos capaces de desarrollar las
competencias requeridas para producir una escucha más efectiva.
La escucha es un factor fundamental del lenguaje. Hablamos para ser
escuchados y el hablar efectivo sólo se logra cuando es seguido de una escucha
efectiva. El escuchar es lo que dirige todo el proceso de comunicación. Los seres
humanos no tenemos un mecanismo biológico que nos permita decir que nuestra
experiencia sensorial reproduce lo que está allá afuera. Así que nosotros no
escuchamos en si lo que se encuentra allá afuera, solo escuchamos los sonidos
predeterminados por nuestra estructura biológica. Por lo tanto, decimos lo que
decimos y los demás escuchan lo que escuchan; decir y escuchar son
fenómenos diferentes.
Las personas no se dan cuenta que el escuchar difiere del hablar, así que cuando
no escuchamos de la forma esperada, la gente comienza a crear rumores,
criticas, etc. Por eso, es que la demás personas comienzan a crear problemas
más profundos.
Luego, tenemos también que diferenciar el oír del escuchar. El oír es la
capacidad de poder distinguir sonidos en interacciones con un medio. Los
animales tienen una misma perturbación que los ayuda distinguir otros tipos de
sonidos, en cambio el ser humano posee otros tipos de perturbaciones. Escuchar
no es lo mismo que oír, oír es un fenómeno biológico y, aunque escuchar tiene
una raíz biológica y descansa en el fenómeno del oír, escuchar no es oír.
Escuchar pertenece al dominio del lenguaje y se constituye en nuestras
interacciones sociales con otras personas.
Lo que diferencia el escuchar del oír es que cuando escuchamos generamos
mundos interpretativos. El acto de escuchar siempre implica comprensión y, por
lo tanto, interpretación. Escuchar es oír sumado a interpretar. Esto es de tal
importancia en el fenómeno del escuchar que es posible escuchar aun cuando
no haya sonidos y, aun cuando no haya nada que oír. Podemos escuchar los
silencios. Cuando escuchamos, no escuchamos solamente palabras,
escuchamos también acciones, así podremos comprender el escuchar.
Cuando hablamos, nosotros no ejecutamos una acción, sino tres tipos de
acciones sumamente importantes para el proceso de comunicación humana.
Donde el filósofo británico Austin, quien hizo la distinción de estos tres tipos de
acciones. En un primer nivel, está la acción de articular las palabras que
decimos, los llamó "actos locucionarios". En un segundo nivel, está la acción
comprendida en decir lo que decimos. Finalmente, existe un tercer nivel de
acción comprendido en el habla y lo llamó "actos perlocucionarios" y ocupan de
las acciones que se producen como consecuencia de lo que decimos.
Por lo tanto, decimos que cuando escuchamos, podemos escuchar de los tres
niveles de acción.
Comenzó a dar algunos ejemplos como, si mi hijo pregunta, «Papá, ¿me puedes
dar cincuenta dólares?» yo podría escuchar «Está planeando salir con su novia».
Hay una naturaleza activa en el escuchar, se puede escuchar mal o escuchar de
manera efectiva. En esta parte el escuchar va más allá del hablar, es un aspecto
muy importante de la escucha efectiva. Cuando escuchamos, no solamente
escuchamos las palabras que se hablan, también escuchamos las acciones en
el hablar.
Escuchar las acciones en el acto de hablar no es suficiente para asegurar la
escucha efectiva, se requiere también de hacer dos preguntas básicas: ¿para
qué está la persona ejecutando la acción? y ¿cuáles son las consecuencias de
esta acción? Según la forma en que respondemos a esas preguntas, la misma
acción puede ser escuchada de maneras muy distintas.
Las acciones aparecen como respuestas a un propósito y, se supone que en
estas intenciones reside nuestra conciencia o mente.
Además, el racionalismo dice que generalmente hay una intención tras toda
acción y la tradición racionalista busca las razones de las personas para actuar
de la manera en que lo hacen. Una acción es racional si son con intenciones que
nos hemos fijado al ejecutarla. Así, uno de los factores que hace que esta acción
tenga sentido es su intención.
Por lo tanto, una de las maneras en que damos sentido a una acción es
descubriendo la verdadera intención que existe tras ella. Una acción que es
coherente con su intención verdadera es una acción racional.
También en esta parte podemos encontrar que Freud comenzó a revelar que no
era capaz de explicar algunas de nuestras acciones como seres humanos, así
que Freud propuso la idea de que tenemos 2 mentes, una consciente y otra
inconsciente.
Freud comenzó a decir que así como tenemos intenciones conscientes tenemos
también intenciones inconscientes, pero la ontología del lenguaje no coincide
con esta solución dicha por él.
Luego, el supuesto de intenciones implica partir cada acción en dos: la acción
misma y la acción que nos lleva a actuar. La acción que nos lleva a actuar es
una acción en sí misma, ésta puede dividirse en dos también, la acción que nos
lleva a actuar por sí misma, y la acción que nos lleva a actuar solamente y así
sucesivamente en regresión infinita.
De esta manera también se divide en dos a la persona que actúa: la persona
revelada por las acciones que realiza y la persona que está decidiéndose a
actuar. Así que otra vez es una regresión infinita, ya que el decidirse a actuar es
en sí mismo, una acción que supuestamente alguien hace.
Si hay una acción, suponemos que alguien lo hizo. La humanidad ha creído
sobre este supuesto durante mucho tiempo. El separar la acción de la persona
puede haber surgido de la forma en que hablamos, porque normalmente
decimos que nosotros hicimos tal cosa.
También los científicos desde hace mucho tiempo, se libraron de los supuestos
de que hay personas creando los fenómenos. Tanto Nietzsche, como Einstein,
sostienen que la acción y el sujeto no deberían separarse. Además, Einstein nos
dice que si queremos entender lo que los científicos hablan, no solo deberíamos
basar en lo que ellos dirían acerca sus acciones, sino limitarnos a examinar.
Por otro lado, nosotros cuando actuamos y conversamos estamos constituyendo
el "yo" que somos y lo hacemos tanto para nosotros mismos como para los
demás. Nuestras acciones y conversaciones incluyen tanto actos privados como
públicos.
Las intenciones se desmoronan al oponernos a separar a la persona de sus
acciones, estas son las intenciones que deben ser sustituidas.
Así que, se propone una interpretación completamente diferente. El señor
Heidegger dice que cada vez que actuamos podemos suponer que lo hacemos
para encargarnos de algo. A este algo lo denominamos inquietud. Se puede
decir, por lo tanto, que una acción se lleva a cabo para atender una inquietud.
Se plantea la inquietud como aquello de lo que nos hacemos cargo con la acción.
La inquietud es una interpretación que confiere sentido a las acciones que
realizamos.
También nos habla que el lugar en que debemos buscar las inquietudes no es
tras la acción, ni en la mente de las personas, sino en el escuchar lo que la acción
produce. Cuando nosotros observamos las acciones de las personas y cuando
las escuchamos hablar, es demás el sentido de crear historias acerca de qué es
aquello de lo que las acciones se hacen cargo.
Todo esto se plantea que las inquietudes no están radicadas en la acción misma
de las personas que actúan, sino en cómo las interpretamos. Como tal, la
inquietud es siempre un asunto de interpretación y reinterpretación. Cada
persona tiene derecho a sus propias interpretaciones y a sus propias historias
sobre sus acciones y las de los demás.
Además, por el simple hecho de que tengamos algunas historias de acciones no
las hace verdaderas. Algunas interpretaciones pueden estar mejor o peor,
pueden ser más o menos válidas, más o menos poderosas. Según sea la
interpretación que sostengamos, se nos abrirán ciertas posibilidades y se nos
cerrarán otras. Historias diferentes crean mundos diferentes y formas de vida
diferentes.
Todo esto, plantea las inquietudes como interpretaciones del sentido de nuestras
acciones. El sentido de las acciones remite a las interpretaciones que
construimos a través del lenguaje, con el poder de la palabra. Las inquietudes
son distintas de las intenciones, puesto que ellas no residen en el orador sino en
el escucha. Por eso, somos capaces de escuchar y observar nuestras propias
acciones, somos capaces de atribuirles sentido.
Además, cuando escuchamos podemos escuchar las inquietudes de las
personas y escuchamos las razones del porque las personas realizan las
acciones que realizan. Cuando escuchamos no somos receptores pasivos de lo
que se está diciendo, por el contrario, somos activos productores de historias.
El escuchar es algo completamente activo. Las personas que saben escuchar
son personas que se permiten interpretar constantemente lo que la gente a su
alrededor está diciendo y haciendo. Quienes saben escuchar son buenos
constructores de narrativas. Los que saben escuchar no aceptan de inmediato
las historias que les cuentan, de hecho, a menudo las desafían.
No se satisfacen con un único punto de vista. Si no, nos desplazarnos de las
intenciones a las inquietudes y hacemos un cambio radical del fenómeno del
escuchar. Al alejarnos del que el acto de escuchar es un acto pasivo, podemos
observar la escucha como una acción a realizar, como una acción que puede ser
diseñada y que se basa en competencias específicas que podemos aprender y
desarrollar continuamente.
También, cuando estamos escuchando no permanecemos como observadores
indiferentes o neutrales, nosotros estamos reconstruyendo las acciones del
orador e inventando historias acerca de por qué dijo lo que dijo. Hay otro aspecto
que también interviene en nuestro escuchar y es el hecho de que los seres
humanos estamos obligadamente comprometidos con el mundo en que vivimos.
Sabemos que lo que nos será posible en la vida, no solamente depende de
nosotros, sino también de lo que nos espera en nuestro mundo al que estamos
unidos y que llevamos siempre con nosotros. Una de las grandes contribuciones
del Señor Heidegger fue decir precisamente que no podemos separar el ser que
somos del mundo dentro del cual somos.
Como ya hemos podido observar, nuestra relación con el mundo es indisoluble
y todo lo que acontece en él nos concierne. Una inquietud es permanente por lo
que acontece en el mundo y por aquello que lo modifica y moldea.
Al reconocer que el hablar es actuar y, por lo tanto, intervención que moldea al
mundo, se reconoce otro aspecto crucial de escuchar. Todo el hablar trae
consecuencias a nuestro mundo porque el hablar es acción. Tanto que las
personas podemos tener diferentes puntos de vista, y así no poder estar de
acuerdo y podría generar una gran controversia.
Todo hablar conlleva la posibilidad de abrirnos o cerrarnos posibilidades y tiene
el potencial de modificar el futuro y lo que nos cabe esperar de él.
Además, a menudo consideramos que lo dicho no va a cambiar nuestro mundo
de manera significativa si no podemos adoptar una actitud neutral frente a lo que
se dijo. Nuestra capacidad de escuchar algo de manera neutral proviene siempre
de nuestro grado de compromiso con el mundo. No existe el escuchar que no
esté basado en el futuro del que escucha, al escuchar se pone en juego el modo
en que el oyente escucha que esas acciones afectarán su propio futuro.
Cuando conversamos, el hablar y el escuchar se entrelazan. Esto lo hacen al
mismo tiempo, ambas partes. Todo lo que uno dice es escuchado por el otro,
quien fabrica dos clases de historias: una acerca de las inquietudes del orador
cuando dice lo que dice y, la otra, acerca de la manera en la que lo dicho afectará
el futuro del oyente. El filósofo alemán Gadamer llamó a esto la "fusión de
horizontes".
Entonces, la gran contribución de la filosofía del lenguaje ha sido superar la
tradicional descriptiva del lenguaje y el reconocimiento del lenguaje como acción,
por tanto, su capacidad de transformar el mundo. El lenguaje busca llevar la
comprensión de éste ámbito, a una comprensión diferente de la existencia
humana.
Su mirada es existencial y es dentro de ese contexto que analiza el fenómeno
de escuchar. El escuchar se basa en tres ámbitos diferentes: el ámbito de la
acción, el ámbito de las inquietudes y el ámbito de lo posible.
Hay un cuarto ámbito, que resulta ser muy importante para la disciplina del
"coaching ontológico”, es que hablamos de acuerdo a cómo somos. Por lo tanto,
en este ámbito reconoce la relación entre hablar y ser. Lo que sostiene es que
en el hablar es como una forma muy importante del actuar, se constituye el ser
que somos. Cuando reconocemos la relación entre hablar y ser se crea un
ámbito particular del escuchar.
Pues, al hablar revelamos quiénes somos y quien nos escucha puede no sólo
escuchar lo que decimos, sino, también escuchar el ser que se constituye. Hablar
no sólo nos crea, sino que también nos da a conocer, nos abre al otro, quien a
través del escuchar tiene una llave de acceso a nuestra manera de ser, a lo que
conocemos como alma humana, nuestra pureza.
El escuchar propio del "coaching ontológico" se trata de un escuchar que
trasciende lo dicho y que procura acceder al "ser".
Tanto así que el escuchar se convierte en un dominio para el aprendizaje y el
diseño, y no únicamente en un aspecto determinado de la vida humana, por lo
tanto, tiene su lado práctico. El acto de escuchar está basado en la misma ética
que nos constituye como seres lingüísticos, en el respeto mutuo, en aceptar que
los otros son diferentes de nosotros y, que en tal diferencia son legítimos.
El respeto mutuo es esencial para poder escuchar, sin la aceptación del otro
como legítimo, autónomo y diferente, el escuchar no puede ocurrir. Al hablar nos
abrimos a la posibilidad de exponer al ser que somos, hacemos accesible
nuestra alma humana, hay en ello una particular apertura hacia el otro.
Además, en esta misma apertura debe estar presente, aunque de manera
diferente, en quién escucha. Al respecto, Gadamer comenta que también es
importante escuchar al otro sin pasar por alto su planteamiento y escuchar lo que
tiene que decirnos y, que para lograr esto, la apertura es necesaria. Gadamer
explica que la apertura hacia el otro incluye el reconocimiento de que uno debe
aceptar incluso algunas cosas que pueden ir en contra de uno.
También, el Señor Maturana expresa el mismo punto de vista de Gadamer
cuando sostiene que la aceptación del otro como legítimo otro es requisito
esencial del lenguaje. Cada vez que rechazamos a otro restringimos nuestra
capacidad de escuchar, producimos la fantasía de escuchar al otro mientras
estamos, básicamente, escuchándonos a nosotros mismos. Al hacer esto nos
cerramos ante las posibilidades que los demás están generando.
Por otro lado, podemos comprender el fenómeno del escuchar como únicamente
transmisión de información que es limitado. La condición fundamental para
escuchar es la apertura. En verdad no podemos abrirnos en el sentido de que
escuchar al otro nos diga cómo es ese otro realmente porque nunca podremos
saber cómo son realmente las personas y las cosas, somos incluso un misterio
para nosotros mismos.
Por eso, nosotros solamente sabemos cómo observamos y cómo interpretamos
y el escuchar es parte de esta capacidad de observación e interpretación.
Cuando escuchamos a otros, nos abrimos a ellos inventando historias sobre ellos
mismos basadas en nuestras observaciones, pero serán siempre nuestras
propias historias. La distinción de apertura sólo tiene sentido dentro del
reconocimiento de que los seres humanos son sistemas cerrados.
Luego, también la condición humana no se constituye en el dominio de nuestra
biología, sino en el del lenguaje. Por eso, se denomina a la manera de ser que
comparten todos los seres humanos como "ser ontológico", que equivaldría a lo
que el señor Heidegger denominó Dasein.
La ontología del lenguaje rescata lo que Heidegger señaló postulando que los
seres humanos son seres cuyo mismo ser es relevante para ellos. Ser humano,
en este sentido, es hacerse cargo de forma permanente del ser que se es.
Entonces, por lo que hemos visto, el "ser ontológico", siempre está desgarrado
por un sentido fundamental de incomplitud. Los seres humanos no tienen una
esencia fija, lo que es esencial en ellos es el estar siempre constituyéndose, estar
siempre en un proceso de devenir. Debido a esto, el tiempo es un factor
primordial para los seres humanos.
Al mismo tiempo, dentro de esa manera común que compartimos los seres
humanos, contamos con infinitas posibilidades de realización.
También, llamamos persona a las diferentes maneras en que los distintos
individuos realizan su manera común de ser como seres humanos. Como
individuos somos todos iguales en cuanto a nuestro "ser ontológico" porque
compartimos formas básicas que nos hacen a todos humanos y, por otro lado,
somos distintas "personas" porque todos resolvemos los enigmas de la vida de
distintas maneras. Por eso, que el fenómeno del escuchar está basado en esas
dos dimensiones fundamentales de la existencia humana: "ser ontológico" y
"persona".
Nuestro ser ontológico nos permite entender a otros, puesto que cualquier otro
ser humano es un camino posible de realización de nosotros mismos, sin
embargo, somos personas diferentes, atendemos a nuestro ser de distintas
maneras.
Por eso, precisamente porque somos diferentes es que el acto de escuchar se
vuelve una necesidad. Como personas que somos, debemos concedernos plena
autoridad en cuanto a lo que somos una expresión válida del fenómeno general
de ser humano. Todo lo que interpretamos y observamos en otros, es el reflejo
de un alma diferente en el trasfondo de nuestro ser común.
Bueno, el fenómeno del escuchar implica dos movimientos diferentes: el primero
nos saca de nuestra "persona" y, el segundo afirma y nos acerca a nuestro "ser
ontológico".
La interacción comunicativa es como una danza que implica coordinación de
acciones con otra persona. Bueno a esto se le llama el contexto de la
conversación y éste condiciona nuestro escuchar.
Cualquier cosa que se diga es escuchada dentro del contexto de la conversación
que estamos sosteniendo. También, otro factor importante que afecta nuestro
escuchar es el estado emocional de la conversación, esto se refiere a una
distinción a través de la cual damos cuenta de una predisposición o tal vez de la
falta de ella para la acción.
Siempre estamos en un estado emocional u otro y según ese estado el mundo y
el futuro parecerán diferentes. El estado emocional de la persona siempre tiñe o
se nota de la manera en que ve el mundo y el futuro y, asimismo, tiñe lo que
escucha. En muchos casos, el significado que daremos a ciertas acciones y las
posibilidades que veamos como consecuencia de ellas, serán completamente
distintas cuando el estado emocional es diferente.
Por lo tanto, si nos interesa mantener una escucha efectiva, debemos
habituarnos a observar, bueno en primer lugar, el estado emocional en que nos
encontramos cuando conversamos y, en segundo lugar, el estado emocional de
la persona con quien se sostenemos la conversación.
No seremos escuchados como esperamos, si el estado emocional no es el
adecuado para llevar a cabo una conversación.
También, no solo únicamente es de importancia observar el estado emocional
de las personas cuando entablamos conversación, también hay que tomar en
cuenta que la conversación misma permanentemente genera cambios en los
estados emocionales de quienes participan en ella.
Lo que se trata de decir es la manera en que lo decimos y el momento en que lo
decimos genera estados emocionales distintos en la persona que lo escuchan.
Distintas conversaciones tienen estados emocionales distintos y se pueden
modificar al cambiar la conversación.
Para una comunicación efectiva es necesario aprender a ser buenos
observadores del estado emocional de una conversación o de una persona en
específica.
Por lo que hemos visto o leído es que hay muchas formas de juzgar el estado
emocional de las personas, lo que dicen normalmente lo refleja. La manera en
que una persona habla permite que el oyente escuche cómo está viendo esa
persona el mundo y cuál es su posición respecto del futuro.
Además de todas las conversaciones, también podemos juzgar el estado
emocional de las personas observando su cuerpo, su actitud, su forma de
comportarse con otras personas. Nuestras posturas físicas son también maneras
en que nuestra forma de ser se manifiesta.
Un factor más que debe ser tomado en cuenta en relación con la escucha es la
historia personal porque las personas escuchan lo que se les dice de maneras
distintas de acuerdo a sus experiencias personales.
La historia personal desempeña un papel importante en determinar no sólo
quiénes somos sino también lo que seremos en el futuro. Las personas siempre
escuchan a partir de esas historia porque el presente hereda del pasado
inquietudes, posibilidades que aceptamos y negamos, y más.
La historia de experiencias personales se reactualizan en la capacidad de
escuchar que vamos teniendo en el presente. Esa historia personal abre o cierra
nuestro escuchar y es uno de los principales filtros que anteponemos en el
momento de que nos comunicamos. Pues, para una comunicación efectiva es
importante cuestionarnos acerca de la manera en que nuestra historia personal
podría estar afectando nuestra propia manera de escuchar, y cómo la historia
personal del que nos escucha puede afectar su capacidad de escucharnos y
poder entendernos, porque cada persona necesita que le pongan importancia a
sus situaciones de que podrían estar pasando o ocurriendo.
Además, cuando hablamos coordinamos acciones con otros y también
participamos en crearnos una identidad con las personas que nos escuchan y,
cualquier cosa que digamos pueda contribuir a crear esta identidad en el dominio
público. Al hablar, las personas no únicamente escuchan las acciones
comprendidas en el discurso, sino que también emiten juicios y desarrollan
historias acerca de la persona que habla.
Por ejemplo, muchas personas podrían estar hablando a las espaldas de otras,
u opinando de cosas, que podrían no ser ciertas, pero son historias que las
personas se crean, por el ver la forma de como actúa la otra persona, sin saber
nada de su vida.
Entonces el dominio de la confianza es de especial importancia en el modo en
que somos escuchados. La confianza afecta directamente la credibilidad de lo
que decimos y, por eso la manera en que nos escuchan los demás.
Somos escuchados de manera muy distinta según quienes nos escuchan
confían o no en nosotros. La identidad mutua que las personas tienen entre sí,
si afectan en la manera en que se escuchan unas a otras.
Además, cuando escuchamos, también lo hacemos desde nuestro trasfondo
histórico porque nuestra propia individualidad es el producto de condiciones
históricas particulares. Como individuos, somos la encarnación de nuestro
trasfondo histórico y esto implica tanto los discursos históricos como las prácticas
sociales.
Los discursos históricos son esas meta narrativas que generan identidad
colectiva y son importantes para entender el fenómeno del escuchar porque son
campos de generación en diferentes sentidos. Cuando las personas provienen
de discursos históricos similares o complementarios, ellos pueden llegar a ser
parte de su sentido común, de aquél espacio que nos parece obvio.
Como también, las personas de discursos históricos similares tienden a escuchar
de manera similar y personas de discursos históricos diferentes pueden tener
dificultades al momento de comunicarse. A menos que demos reconocimiento a
que los diferentes tipos de escucha se relacionan con los distintos discursos
históricos y logremos establecer puentes de comunicación, terminaremos
culpándonos mutuamente de algo que nos antecede como individuos y frente a
lo que tenemos escasa responsabilidad.
Bueno aquí hablamos sobre, la principal diferencia entre los discursos históricos
y las prácticas sociales es que, mientras los primeros asumen forma de
narrativas, las prácticas sociales son simplemente maneras recurrentes de
actuar de las personas.
Las prácticas sociales son maneras específicas de coordinar acciones. Una
práctica social es una manera establecida de tratar de hacernos cargo de
nuestras inquietudes como seres humanos en la sociedad en la que vivimos.
Por otro lado, las prácticas sociales generalmente definen las entidades que son
relevantes para tratar una inquietud y especifican las acciones que deben,
pueden o no pueden ocurrir cuando nos ocupamos de esa inquietud, así como
también las condiciones de satisfacción que esas acciones deben cumplir, de
modo que podamos juzgar que la inquietud fue tratada eficazmente.
En las siguientes prácticas sociales no existe necesariamente un relato que
explique por qué hay que hacer las cosas de determinada manera, se hacen de
esa manera simplemente porque esa es la forma en que en esa determinada
comunidad se hacen las cosas.
Una práctica social es el resultado de una particular deriva histórica que impuso
una manera determinada de comportamiento. Cuando nos comportamos de una
manera no aceptada por una sociedad determinada, la manera en que seremos
escuchados puede ser muy perjudicial para nosotros.
Para poder finalizar pues, hemos visto que el escuchar no es un fenómeno
sencillo, puesto que hay muchos de los factores que logran intervenir en la
manera en que escuchamos y en la manera en que los demás nos pueden
escuchar. Pero que se puede hacer en este mundo tan diversificado como el
nuestro, el escuchar se convierte en un asunto de gran importancia para
asegurar una comunicación efectiva, el éxito personal y la convivencia misma.
El escuchar nos ayudara a poder comprender mejor a las demás personas, por
lo que estarán pasando, y poder tener mejores valores y sentimientos hacia las
diferentes personas. Así podremos ayudarlas y hacer que poco a poco se
puedan lograr sentir mejor. Nosotros podemos aprender a escuchar mejor, para
poder así vivir en paz y armonía, y podernos unir nuestras fuerzas y formar un
mejor mundo, generando empatía entre todos, generando una mejor humanidad
para todas las personas.