El personaje dramático Deslinde teórico
Javier Huerta
La máscara
DIEGO PÉREZ DE VALDIVIA: Plática o lección de las máscaras, en la cual se trata si es pecado
mortal, o no, el enmascararse (1617)
[…] El bailar y el enmascararse el diablo lo introdujo en el mundo y yo aseguro que esta mala y
astuta bestia no escogió tal invención para bien de los hombres […] El diablo lo inventó para
hacer mal a los hombres. […] Acaece el martes de carnestolendas que con la ansia de bailar
para la media noche, y a la una dad vuelven a casa, y la cena de casa que tenían aparejada la
cenan ya habiendo entrado el miércoles de ceniza […] De máscaras de día van a máscaras de
noche, van a bailar, van a comer sin orden y beber demasiado, van a quebrantar el santo
precepto de la iglesia de no comer carne en cuaresma. ¿Y cómo han de madrugar el miércoles
para ir a la iglesia? ¿Qué aparejo pueden llevar para recibir la ceniza, para oír misa y sermón?
FRIEDRICH NIETZSCHE: Más allá del bien y del mal (1885)
A todo lo que es profundo le gusta enmascararse; las cosas más profundas tienen incluso odio
a la imagen y al símbolo. ¿Al pudor de un dios no le gustaría pavonearse bajo la forma de su
propio contrario? […] El hombre dotado de un profundo pudor halla su propio destino y sus
decisiones más delicadas por caminos en los que pocos hombres se han aventurado nunca, y
de las que sus íntimos y familiares no deben conocer su existencia. Disimula a sus ojos los
peligros mortales que corre y también la seguridad que ha reconquistado. Este hombre
secreto, que se sirve de la palabra, instintivamente, para no decir nada y para callar ciertas
cosas, es inagotable en pretextos para velar su pensamiento; lo que quiere y lo que consigue
es que una forma enmascarada de su persona circule en su lugar en los corazones y en los
cerebros de sus amigos. Y aunque no haya querido, llegará un día en que descubrirá que, a
pesar de todo, sólo se conocd una máscara de él, y que está bien así. Todo espíritu profundo
tiene necesidad de una máscara, gracias a la interpretación continuamente falsa, es decir,
superficial, dada a todas sus palabras, a todos sus casos, a todas las manifestaciones de su
vida.
FEDERICO GARCÍA LORCA: El público (1930)
HOMBRE 1. […] Tendremos necesidad de enterrar el teatro por la cobardía de todos. Y tendré
que darme un tiro. […] Tendré que inaugurar un tiro para inaugurar el verdadero teatro, el
teatro bajo la arena […].
DIRECTOR. Pero no puedo. Se hundiría todo, Sería dejar ciegos a mis hijos y luego… ¿qué hago
con el público? ¿Qué hago con el público si quito las barandas al puente? Vendría la máscara a
devorarme. Yo vi una vez a un hombre devorado por la máscara. Los jóvenes más fuertes de la
ciudad, con picas ensangrentadas, le hundían por el trasero grandes bolas de periódicos
abandonados, y en América hubo una vez un muchacho a quien la máscara ahorcó colgado de
sus propios intestinos. […] Está claro, señor. No me supondrá usted capaz de sacar la máscara
a escena.
HOMBRE 1. ¿Por qué no?
DIRECTOR. ¿Y la moral? ¿Y el estómago de los espectadores?
HOMBRE 1. Hay personas que vomitan cuando se vuelve un pulpo del revés, y otras que se
ponen pálidas si oyen pronunciar con la debida intención la palabra cáncer, pero usted sabe
que contra esto existe la hojalata y el yeso y la adorable mica y, en último caso, el cartón, que
está al alcance de todas las fortunas como medio expresivo. (Se levanta.) Pero usted lo que
quiere es engañarnos. Engañarnos para que todo siga igual y nos sea imposible ayudar a los
muertos. Usted tiene la culpa de que las moscas hayan caído en cuatro mil naranjadas que yo
tenía dispuestas. Y otra vez tengo que empezar a romper las raíces. [Cuadro 1]
HOMBRE 1. Deben desaparecer inmediatamente de este sitio. Ellos tienen miedo del público.
Yo sé la verdad, yo sé que ellos no buscan a Julieta y ocultan un deseo que me hiere y que leo
en sus ojos.
CABALLO NEGRO. No un deseo; todos los deseos. Como tú.
HOMBRE 1. Yo no tengo más que un deseo.
CABALLO BLANCO 1. Como los caballos, nadie olvida su máscara.
HOMBRE 1. Yo no tengo máscara.
DIRECTOR. No hay más que máscara. Tenía yo razón, Gonzalo. Si burlamos la máscara, ésta nos
colgará de un árbol como al muchacho de América.
JULIETA. (Llorando.) ¡Máscara!
CABALLO BLANCO 1. Forma.
DIRECTOR. En medio de la calle la máscara nos abrocha los botones y evita el rubor
imprudente que a veces surge en las mejillas. En la alcoba, cuando nos metemos los dedos en
las narices, o nos exploramos delicadamente el trasero, el yeso de la máscara oprime de tal
forma nuestra carne que apenas si podemos tendernos en el lecho.
HOMBRE 1. (Al DIRECTOR.) Mi lucha ha sido con la máscara hasta conseguir verte desnudo. (Lo
abraza.) […] Te amo delante de los otros porque abomino de la máscara y porque ya he
conseguido arrancártela.
DIRECTOR. ¿Por qué soy tan débil?
HOMBRE 1. (Luchando.) Te amo.
DIRECTOR. (Luchando.) Te escupo. [Cuadro 3]
ESTUDIANTE 2. Es cuestión de forma, de máscara. Un gato puede ser una rana, y la luna de
invierno puede ser muy bien un haz de leña cubierto de gusanos ateridos. El público se ha de
dormir en la palabra y no ha de ver a través de la columna las ovejas que balan y las nubes que
van por el cielo.
ESTUDIANTE 4. Por eso ha estallado la revolución. El Director de escena abrió los escotillones,
y la gente pudo ver cómo el veneno de las venas falsas había causado la muerte verdadera de
muchos niños. No son las formas disfrazadas las que levantan la vida sino el cabello de
barómetro que tienen detrás.
ESTUDIANTE 2. En último caso, ¿es que Romeo y Julieta tienen que ser necesariamente un
hombre y una mujer para que la escena del sepulcro se produzca de manera viva y
desgarradora?
ESTUDIANTE 1. No es necesario, y esto era lo que se propuso demostrar con genio el Director
de escena. [Cuadro 4]
DIRECTOR. Un prestidigitador no puede resolver este asunto, ni un médico, ni un astrónomo,
ni nadie. Es muy sencillo soltar a los leones y luego llover azufre sobre ellos. No siga usted
hablando.
PRESTIDIGITADOR. Me parece que usted, hombre de máscara, no recuerda que nosotros
usamos la cortina oscura.
DIRECTOR. Cuando las gentes están en el cielo; pero dígame: ¿qué cortina se puede usar en un
sitio donde el aire es tan violento que desnuda a la gente y hasta los niños llevan navajitas para
rasgar los telones?
PRESTIDIGITADOR. Naturalmente, la cortina del prestidigitador presupone un orden en la
oscuridad del truco, pero por eso, ¿por qué eligieron ustedes una tragedia manida y no
hicieron un drama original? [Cuadro 5]
GIANNI VATTIMO: El sujeto y la máscara (1974)
El mundo de la apariencia y de la forma definida, la cultura apolínea que encuentra su máxima
expresión en la escultura griega, es una ilusión, una máscara, que sirve para soportar la
existencia, aprehendida en su esencia por la sapiencia dionisiaca, que le es más próxima, y
precisamente por esto no se formula en expresiones definidas, sino que comparte su móvil
fugacidad, la caoticidad, el carácter oscuro [37]-