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Movilización de la clase media en Perú

En este articulo se describe el proceso de conformación de una idea de clase media en la sociedad limeña en los albores del siglo XX.

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Movilización de la clase media en Perú

En este articulo se describe el proceso de conformación de una idea de clase media en la sociedad limeña en los albores del siglo XX.

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Moralidades, economlas

e identidades de clase media

Estudios hist6ricos y etnograficos

Sergio Eduardo Visacovsky y Enrique Garguin


(Compiladores)

19,

Ci

Moralidades, economias e identidades de c1ase media


194

Perez Hernandez, Roman. 1934. Codiflcaci6n del trabajo, manual del obrero, Movilizaci6n de c1ase media y el lenguaje
menue! del empleado, manual del patron. Bogota: Editorial Minerva.
de estamentos: de 'casta' a 'categorfa'
Pinto Saavedra, Juan Alfredo. 2006. La Hora de la Clase Media. Base para 18
moviJizaci6n polftica de los grupos intermedios en Colombia. Bogota: Artepel enla Lima de principios del siglo XXI
Impresores.

Ramirez, Pedro. s/f. "Diano".

Rossemblatt, Karin Alejandra. 2000. Gendered Compromises: Political Cultures

and the State in Chile, 1920-1950. Chapel Hill, NC: University of North Carolina
David S. Parker
Press.

Las ideas abordadas en este articulo fueron originalmente concebidas co­


Viveros, Mara. 1997. "Los estudios sobre 10 masculino.en America Latina: Una

mo un ejercicio para su discusion en una mesa redonda, y la mayoria de


produccion teorica emergente". N6madas 6: 55-67.
sus ejemplos y algunas de las conclusiones a las que llega fueron publica­
Viveros, Mara. 2002. De Quebradores y Cumplidores: Sobre hombres, masculi­
das inicialmente en 1998, en The Idea of the Middle Class: White Collars
nuiede« y relaciones de Genero en Colombia. Bogota: Universidad Nacional de
Workers and Peruvian Society, 1900-1950 (Parker 1998). Sin embargo, el
Colombia.
presente texto examina algunas implicancias no exploradas en ese trabajo
Weinstein, Barbara. 1996. For Social Peace in Brazil: Industrialists and the Re­
previo con el proposito de mostrar como Ia historia de la movilizacion de
empleados en el Peru urbano nos obliga a reconceptualizar la transicion
I
making of the Working Class in Sao Paulo. Chapell Hill: University of North
Carolina. Press. historica de una sociedad de estamentos a una sociedad en la que clase
Weinstein, Barbara. 1997. "Unskilled Worker, Skilled Housewife. Constructing social adquiere cada vez mas importancia y repercusion. Muchos inves­ ':Ii.
the Working-Class Woman in Sao Paulo, Brazil". En: The Gendered Worlds of tigadores han afirmado que la formacion de clases requiere la superacion ,II ~
I
Latin American Workers: From Household and Factory to the Union Hall and Ba­ de antiguas identidades colectivas enraizadas en ideas de rango y jerar­
llot Box, eds. John French y Daniel James, 72-99. Durham, N.C: Duke University quia. Este articulo pretende demostrar 10 contrario: que la formaci on de IJ\.
ii:
Press. una elase media en Peru debio mucho al modo de pensar de una socie­
Weinstein, Barbara. 2006. "Inventing 'a Mulher Paulista:' Politics Rebellion and dad de cast as, aun en pleno siglo veinte, a pesar de la adopcion de 10
1\·
the Genderingof Brazilian Regional Identities in the 1932 Sao Paulo Revolution". que a primera vista parece ser un lenguaje explicito, incluso radical, de I:

Journal of Women's History 18 (1): 22-49. clsse", El caso peruano no parece ser excepcional. Las conclusiones aqui I!III
anticipadas podrian ser tipicas de muchas naciones, incluyendo aquellas II'"
II
;,[­
de Europa central y meridional, que hacia finales del siglo diecinueve 0 !;,11il~
principios del veinte adoptaron enfoques corporativistas sobre la cuestion il!
social, un importante tema sobre el que volvere mas
adelante. i,j~
II
; Los terminos casta, rango, estamento, grado y orden suelen aparecer
.mas 0 menos intercambiablemente en la Iiteratura europea y norteameri­
Calla sobre la formacion de elases, evocando un tiempo pas ado cuando se
. ,:I~I
fEI presente articulo fue publicado originalmente como "Middle-class Mobilization and

the Language of Orders in Urban Latin America: From Caste to Category in Early

Twentieth-Century Lima", Journal of Urban History, vol, 31 n" 3, March 2005: 367-381.
; ,.'
2Acerca de la relacion entre lenguaje y cIase, vease Corfield (1991); Wallech (1986); Bush

(1992);Sewell (1980); Jones (1983); Wahrman (1995); Joyce (1991); y Maza (2003). La utilidad

del concepto de cIase es radicalmente cuestionada en Reddy (1987) y Furbank (1985).

195
!i
Moralidades, economfas e identidades de c1ase media . Movilizacion de c1ase media y el lenguaje de estamentos... 197
196

revoluciones norteamericana y Francesa, el nuevo vocabulario de elase

daba por descontado que la posicion social venia de la cuna, y que media
empez6 a imponerse (Williams 1988, 61-62 [2000,63]4).

la cualidad y honor innate de la persona en vez de ser la recompensa par


el esfuerzo 0 el producto del azar". La sociedad se veia no como un esce­ La naturaleza y esencia de ese nuevo sistema social, la periodizacion de

nario fluido y competitivo de individuos moviendose hacia arriba y hacia su surgifuiento y triunfo y los mecanismos a traves de los cuales la clase

abajo en la escala social, sino como una unidad de origen divino en la eclipse al estamento son los temas que han guiado a la teorfa social du­

que cada ser humano tenia su lugar y funcion asignados, contribuyendo al rantelos dos siglos pasados, No es mi intenci6n reabrir los debates-nunca

todo de un modo preordenado (Thompson 1991, esp, 76; Corfield 1991b, resueltos-sobre la primacia de las estructuras economicas 0 de las expe­

esp. 112-14; Maza 2003, 14-21; Bledstein 2001, 5-8). Dos principios funda­ riencias vividas, 0 acerca de si las clases pueden existir en ausencia de

mentales se derivaban de esta vision social: en primer lugar, la ausencia de


conciencia de clsse", Deseo, sin embargo, interrogar la idea que el triunfo

cualquie r presuncion de igualdad [uridica. Como organos separados (aun­


de un lenguaje de clase necesariamente constituy6 una genuina e irrever­

que complementarios) del cuerpo politico, los miembros de los diferentes


'I' sible revolucion en la conciencia.

estamentos tipicamente tenian diferentes derechos, privilegios Y obhgacio­


. Keith Wrightson sostiene sinteticamente la hipotesis de esta supuesta

nes ante el estado y la ley (Thompson 1991, 76; Melton 1991, esp. 134).
revolucion:

En segundo lugar, la presuncion de que la movilidad social, aunque no im­

posible para aquellos bendecidos por su Creador con talentos superiores,


En el desplazamiento historico del lenguaje de "estamentos" al de

era excepcionalmente inusual. Como han sefialado muchos criticos, segu-'


"clases" [... ] tenemos mas que un cambio en la terminologia conven­

rarnente esta vision social organica era en gran parte una ficcion (Doyle'
cional de la descripci6n y el analisis social. Nos encontramos frente a

1992, esp. 219-22; Thompson 1991, 76), pero era una ficcion aceptada que
una transforrnacion del modo en que las personas concebian su mundo

daba forma a las interpretaciones populares del mundo y del lugar que
social, un desplazamiento conceptual de vital importancia en el origen

cada persona ocupaba dentro de el. de la sociedad 'rnoderna' (Wrightson 1991, 31).

Los investigadores de tradici6n marxista y weberiana han coincididoen 'i


que el capitalismo Yelliberalismo socavaron est a ortodoxia, reemplazando' Los historiadores del trabajo y de la clase obrera han discutido y siguen if
discutiendo si la transici6n de estamento a clase debe ser imaginada co­
una vision de jerarquias innatas por, en palabras de Raymond Williams',
mo una profunda ruptura historica 0, por el contrario, como un proceso '
!'I". ,.il:
"la creciente conciencia de que la posicion social se construye en vezde
extremadamente gradual. Patrick Joyce y William Sewell, por ejemplo, :i
ser meramente heredada": ") enfatizan la coexistencia e interaccion dinamica de discursos estamenta­ I
!,I
Todos los terminos anteriores, con sus metaJoras esenciales de per") les y clasistas a traves de largos periodos de tiempo. El "nuevo vino" II::1
manencia, marcha y ordenamiento en filas, corresponden a una sos de c1ase podia facilmente, en palabras de Joyce, llenar botellas discursi­ til':

ciedad en la que la posici6n estaba determinada por el nacimientoll -s vas mas antiguas, asi como "nuevas botellas pueden contener vino viejo" r'-Ii
:lj
II~" I'i
La movilidad individual podia verse como un movimiento de un estar.: (Joyce 1991, 28-29). Sewell documenta cuidadosamente la persistencia de
mento, grado, orden 0 rango a otro, Lo que modificaba la conciencla' un lenguaje corporativo, de tipo estamental, hasta bien entrado el siglo I.

no era solo una mayor movilidad individual, que podia contenerse en .1 diecinueve y subraya su rol formativo en la identificacion colectiva de los

gran medida en los terminos anteriores, sino la nueva percepcionde: j ';, artesanos franceses. Sin embargo, a fin de cuentas concluye que el len­

una sociedad [... ] 0 un sistema social particular que realmente cre~ : i_ guaje estamental tenia sus limitaciones y que la lueha de los trabajadores

ba divisiones sociales, incluidos nuevos tipos de ellas [... ]. BajoJa;i


bi0Sl
!~:exigia reemplazar el "lenguaje corporative" por el republicano "lenguaje II
presion de esta conciencia, agudizada en gran medida por los cam t fi'"asociativo", promoviendo asi un nuevo discurso bas ado en una concepcion
economicos de la Revoluci6n Industrial y los conflictos politicos de l~J ~;4 Ver tambien Milner (1990, 1-3) Y Hobsbawm (1993, 127, 130-33).
3 Roland Mousnier (1973) provee un chisico retrato de la sociedad estamental. Para una p~ ·:i '0 -5 Quienes esten interesados en este debate pueden ver Katznelson y Zolberg (19g6); Joyce
(1995); Berlanstein (1993); y Scott (1991).
pectiva critica acerca de su trabajo, vease Burke (1992) y especialmente Doyle (1992). '!}';,
~!I
198 Moralidades, economfas e identidades de c1ase media Movilizaclon de c1ase media y el lenguaje de estamentos... 199

mucho mas amplia de elases y de confiicto de elases (Sewell 1980, cap. 9, A simple vista, el caso del Peru urbano de principios del siglo veinte pare­
esp. 194-95). Sin importar que se enfatice ruptura 0 gradualismo, y sin ceria confirmar la afinidad existente entre una politica moderna de reivin­
importar la periodizacion que se le de al "desplazamiento historico" de dicacion y un lenguaje de elases. Particularmente en los afios infiacionarios
Wrightson, persiste un consenso: que una elase obrera moderna, con mi­ que siguieron a la Primera Guerra Mundial, Peru fue testigo de una explo­
litancia sindical y radicalismo politico, era incompatible con un lenguaje sionde organizaciones de trabajadores, movilizaciones callejeras, huelgas,
estamental. Requeria el triunfo de un lenguaje de' elase. De alli surge el y presiones acompafiadas por-un notable, ineluso abrupto, cambio en el to­
argumento que los discursos de descripcion social no solo cambiaron, si­ no y lenguaje de los discursos sobre 10 social. En parte por infiuencia de la
no que, para dar lugar a formas modernas de lucha social, tuvieron que circulacion internacional de ideas, en parte como respuesta a la militancia
cambiar. de los trabajadores y a las primeras tentativas de intervencion en cuestio­
Los estudios sobre la formacion de la clase media han tendido a asumir nes laborales por parte del Estado peruano, la cuestion social se convirtio
que los profesionales y trabajadores de cuello blanco tambien rechaza­ repentinamente en el tema del dia, y la palabra elase estuvo de pronto en
ron el antiguo discurso estamental, y que ese rechazo fue imprescindible boca de todos (ver Parker 1995). Los trabajadores de cuello blanco (co­
para la emergencia de una moderna politica de reivindicacion. EI traba­ nocidos en la mayorfa de los paises hispano-parlantes como empleados),
jo de Stuart Blumin sobre el nordeste de los Estados Unidos atribuye a que trabajaban en bancos, tiendas y firmas importadoras-exportadoras, se
cambios materiales esta transicion a un lenguaje de elase: sostiene que la sumaron a esta movilizacion sin precedentes. Excluidos de los beneficios
rapida urbanizacion y la expansion capitalista desmantelaron el mundo de una ley de 1919 que otorgaba a los trabajadores manuales la jorna­
pueblerino, del contacto cara a cara, de deferencia y paternalismo que da laboral de ocho horas, los empleados comenzaron a organizarse con
antaiio habia hecho realidad y dado resonancia al viejo vocabulario es­ determinacion y adoptaron de manera creciente un vocabulario de clase
tamental (Blumin 1989, 241-42), Al mismo tiempo, el creciente prestigio -la elase media- para sustentar sus demandas. Esta auto-identificacion
de las ocupaciones no manuales (y el deelinante estatus del trabajo ma­ Como clase media era nueva en Peru: el termino habia aparecido impreso
nual) , acompafiado de la segregacion residencial y diferencias crecientes s610 esporadicamente a 10 largo del siglo diecinueve. En los estatutos de
en los estilos de vida, apuntalaron el surgimiento de un imaginario so­ las asociaciones de ayuda mutua de empleados de comercio, referencias a ,
i
cial habit ado por tres clases: alta, media y obrera (Blumin 1985). Dror la palabra "clase" 0 la frase "elase media" apenas aparecieron antes de
Wahrman (1995), al estudiar la Inglaterra del siglo dieciocho, esta menos 1919. En cambio, sus deelaraciones a partir de la decada de 1920 rara vez I
it:
convencido de la primacia de 10 material y argumenta que el discurso de dejaron de invocar el termino elase media (Parker 1998, 73-74). ;ii
.I

tres elases (alta, media, y baja u obrera) coexistio y compitio con una vi­ Pero el terrnino "clase" en "elase media" era en gran medida un es­ I:
,(
sion alternativa que reconocia solo dos (ricos y pobres). Ninguna de estas pejismo; en su esencia, la vision social de los empleados continuo siendo [

estamental -un viejo vino en nuevas botellas. Al comparar su situacion :'Ii


visiones era objetivamente mas 0 menos precis a que la otra; ambas eran
abstracciones que intentaban hacer comprensibles realidades sociales infi­ con la de los trabajadores manuales (conocidos como obreros) , los em­
nitamente mas complejas y cada una servia a proyectos politicos distintos. pleados delataban la percepcion de que sus necesidades y derechos eran
Pero Wahrman tambien insimia que los proyectos politicos de finales del innatos y fundamentalmente distintos:
siglo dieciocho y principios del diecinueve ya no eran compatibles con el: )
i
viejo lenguaje de rangos y estamentos. Se podia hablar de dos elases 0 de: Para comprobarlo basta revisar las listas de salarios de diferentes
tres, pero una politica moderna requeria elases, no estamentos de origen industrias y oficios. Y nos sorprenderemos viendo que, mientras el
divino establecidos al momenta de nacer e impermeables al cambio. empleado debe cuidar de su presentacion, atender necesidades de to do J
'11
orden, participar de exigencias de cultura, [y] poseer una instruccion
casi completa, los sueldos que obtienen son mezquinos en comparacion
Estamento versus c1ase en el discursode los empleados de las utilidades del obrero.
200 Moralidades, economfas e identidades de c1ase media Movilizacion de c1ase media y el lenguaje de estamentos... 201
~
j
En este orden existen anomalias casi increibles [... ] Bastaria re­ exigentes, necesitados de educar a sus hijos y de sostener a su familia ;J
,J
visar el presupuesto de la Republica, y nos encontrariamos con que dentro de la decencia y las condiciones impuestas por el medio social,
el chauffer de cualquier ministerio publico, gana mayor sueldo que el ganan sueldos modestos y sufren las consecuencias del alza brusca en
amanuense, cuya cultura es obligada, asi como tambien las responsa­ los elementos mas indispensables para vivir y para mantenerse dentro
bilidades de sus obligaciones [... ] En sentido estricto, los trabajadores de'sit,faciones, que por su misma modestia no se pueden abandonar.
realmente oprimidos se encuentran dentro de la clase media (La Cro­ T6di'L esta clase social es la victima verdadera de las graves situaciones "i

nica, 17 de Enero de 1919, 3)6 economicas: obligada a vivir en casas decentes y vestirse con relativa !I!
elegancia y alimentarse con algun confort, ve elevarse los precios de
El problema no era el bajo salario de los empleados, sino la "increi­ alquileres, vestidos y alimentos, sin que su renta guarde propor cion con
ble anomalia" de que un amanuense pudiera ganar menos que un chofer. el alza perenne de esos elementos vitales (El Tiempo, 27 de Septiembre
LPor que era eso tan injusto? Porque, segun el argumento, el empleado de 1919, 3). I.

tenia necesidades diferentes y mayores que el obrero. El empleado tenia


que cuidar su apariencia, tenia que ser "culto", y tenia que cumplir con La idea de que una persona puede estar obligada a mantener cierto nivel
ciertas obligaciones y responsabilidades no especificadas, inherentes a su y tipo de consumo era, por supuesto, absurda. Sin embargo, la idea de que
posicion. Otro editorial explicitarnente describia esas obligaciones y res­ los miembros de la clase media debian afrontar gastos que los obreros no
ponsabilidades: tenian que hacer, forme la base de todos sus reclamos subsiguientes y fue
ampliamente aceptada por la opinion publica de elite peruana. El princi­
El obrero popular rinde su brazo en la faena, es verdad; pero bas­ pio de que la posicion social inherente a los empleados traia aparejadas
tan a su satisfaccion la comida en la fonda barata, la tertulia en la obligaciones ineludibles apuntalo el argumento de que los empleados eran
bodega y el cuarto en la casa populosa. En el hogar obrero la mujer golpeados por la inflacion de una manera unica, Asi nacio el clasico mito
guisa y el nino vende diarios por la calle. Es muy distinto el caso del de que la clase media sufria mas que los trabajadores manuales a causa
empleado, sujeto siempre a mantener, aunque sea en apariencia, coo' del aumento en el costo de vida. Esto quedaria como un cliche peruano
toda suerte de sacrificios personales, la situacion social que heredara y (y no solo peruano) durante las decadas siguientes (Mariategui 1927).
que la vida de relacion, y las propias esperanzas de progreso, le hacen A primera vista, por 10 tanto, vemos a los empleados usar un lenguaje
indispensable (La Prensa, 17 de Enero de 1919, 3). de clase. Al igual que los sindicatos obreros, los empleados argumentaban
que los empleadores y el estado debian aliviar la situacion apremiante
Aqui vemos como la supuesta distincion entre el amanuense y el chofer,
de quienes tenian que hacer frente a los aumentos del costo de vida con
entre el empleado y el obrero, encuentran expresion en un lenguaje esta-' il/"
sueldos ordinarios. Pero los empleados tarnbien invocaban un mundo in­ iii
mental como si fuera cuestion de esencia divina. Las declaraciones de los' ;1'
herentemente dividido entre una respetable minoria y las vastas masas
empleados enfatizaban sus respetables origenes familiares que, sostenian,' j
al describir una diferencia casi biologica entre el empleado y el obrero,
demandaban el costoso mantenimiento de ciertas costumbres en cuanto ~l;i il!.'
Pronunciadas por los dirigentes sindicales y apenas ocultas por un dis­
la vestimenta y el c o n s u m o : ' J 1 i
curso clasista, se encontraban muchas de las figuras retoricas que habian
legitimado durante largo tiempo la sociedad de estamentos, incluida la
La llamada clase media, form ada por los empleados publicos, los del
presuncion de que la posicion social era, en esencia, una cualidad inna­ If
oficinas bancarias y comerciales, por todo ese conjunto de hombres d'
que nacidos en clases sociales distinguidas, perteneciendo a veces a ~ ta fijada al momenta de nacer. Paradojicamente, este camuflado discurso
~
ilstamental resulto esencial para la identificacion colectiva de los trabaja­ r
familias aristocraticas, castigadas por el tiempo y sus inclemencias, J
poseyendo educacion y cultura, estando obligados a vivir en medios dores de cuello blanco como una clase (la clase media) y justifico su lucha IiI
, ' ,I
cada vez mas radical por beneficios materiales y reconocimiento social.
6 Vease t ambien Parker 1998, 74-81, obra en la que se basa gran parte de esta secci6n.
202 Moralidades, economfas e identidades de c1ase media Movilizacion de c1ase media y el lenguaje de estamentos... 203

La polftica social corporativista y el refuerzo del privilegio estamental ralmente acompafiadas por una mayor descentralizacion administrativa;
usualmente, las jubilaciones y los seguros de desempleo son distribuidos a
Las presiones de los empleados y el discurso de la clase media como la mas traves de una variedad de cajas 0 fond os distintos, cad a uno al servicio de
oprimida dieron sus frutos en 1924, con la san cion de una ley (llamada una categoria lab oral especifica, cada uno con su propio reglamento e his­
"Ley del Empleado") que otorgo a los trabajadores de cuello blanco una toria, Elejemplo mas extremo es el italiano, que cuenta con nada menos
serie de beneficios exclusivos, incluyendo segura de vida, protecci6n por que 120 fondos de pension destinados a diferentes grupos de trabajadores
invalidez e indernnizacion obligatoria por despido (calculada en base al ' (Esping-Andersen 1990, 61),
sueldo y los afios de servicio), todo financiado por el empleador (Peru s/f; Desde hace tiempo se reconoce que los regimenes de bienestar y seguro
y Ramirez Gaston 1966). Ninguna legislacion similar se conternplo para social pueden tener un impacto significativo en la distribucion del ingreso
los obreros, en gran parte debido a que la gran mayoria de los legislado­ y la estratificacion social (Esping-Andersen 1990 8 ) . Los sistemas corpora­
res compartia la idea de que solamente los empleados tenian el derecho tivistas, con su enfasis en la proteccion contra la movilidad descendente y
consuetudinario a la proteccion contra la perdida de ingresos, mientras su trato diferencial de acuerdo a la categoria laboral, son a menudo carac­
que el desempleo periodico era parte normal de la vida de los trabaja­ terizados como economicamente regresivos y socialmente conservadores;
dores manuales. En efecto, durante el debate de la "Ley del Empleado"; en palabras de Cesta Esping-Andersen, los unifica la nocion de "que las
aparentemente nadie se planteo la espinosa cuestion de como definir a un relaciones de status tradicionales deben ser conservadas por el bien de
emp1eado (en tanto que opuesto a un obtero 0 a un empleado domestico), la integracion social" (Esping-Andersen 1990, 58). Esta apreciacion, aun­
ya que segun la ideologia de la sociedad estamental empleados y obreros que valiosa, cuenta solo la mitad de la historia. Menos comprendido es
eran, teoricamente, dos especies distintas de seres humanos. En una sola el papel que los distintos regimenes de asistencia social han jugado en
ocasion durante el debate parlamentario, el senador Alvarifio planteo la la construccion cultural e ideologic a de las c1ases socia1es en sf, al de­
cnestion de por que no se contemplaba ningun beneficio similar para los finir categorias y colectividades, erigir fronteras y distinciones legales y Ii]
~I
obreros. La respuesta inmediata y cortante fue: "es completamente dis­ ayudar a dar forma al vocabulario de descripcion social que las personas ,if
:JI
tinta la condici6n del obrero a la del empleado", y Alvarifio no volvio a utilizan para transformar sus experiencias en conciencia. En Alemania,
!.t
plantear el asunto (Peru 1923, 608). por ejemplo, Jiirgen Kocka plantea que el termino angestellter no era ·il
La creacion de regimenes distintos y separados de seguro social para di­ e ampIiamente usado antes de la decada de 1880 y que tuvo un escaso 0
ferentes categories de trabajadores es un sella distintivo de la intervencion nulo papel en la auto-identificacion de los empleados asalariados a los
social corporativista. A diferencia del modelo britanico de Beveridge, en que la palabra refiere. Pero con la implementacion de la legislacion bis­
el que se espera que todos los ciudadanos contribuyan a, y se beneficien markiana sobre accidentes, salud y jubilaciones, y especialmente con la
de, una cobertura basica universal, los estados de bienestar corporativis­ "Ley de Seguro para los Empleados" [Angestelltenversicherimgsgesetz], el
tas (como Alemania, Austria, Italia y Francia) generalmente se preocupan termino llego a delinear una division cada vez mas rigida y significativa
mas por proteger el estandar de vida tradicional de cada categoria de tra­ entre angestellte (empleado) y arbeiter (obrero). De hecho, de acuerdo
bajador (Esping-Andersen 1990) 7. Con esa finalidad, los beneficios en los con Kocka, la categoria (angestellte), utilizada principalmente como una
sistemas corporativos tienden a estar vinculados directamente al salario: definicion tecnico-Iegal en la legislacion social, adquirio con el tiempo una
a mayores ingresos, mayor contribucion y mayores beneficios. Las diferen­ resonancia cultural que no habia tenido antes (Kocka (1981)9.
cias en contribuciones y beneficios en un sistema corporativista son gene­
7 Especialmente sus capitulos 1 y 3, Vease tambien Hills, Ditch, y Glennerster (1994), es­
pecialmente Peter Baldwin (1994), que provee un intuitivo balance general sobre la herencia 8 Ver especialmente el capftulo 3. 'ii'l
del Reporte Beveridge de 1942; Fritz Griindger (1994), particularmente pp. 134-36; y Maciej 9 Vease tambien Gerhard A. Ritter (1986 esp. 91-99), en cuyo trabajo se apoya Kocka y quien
Zukowski (1994), esp. 154-55., Griindger y Zukowski proponen distinciones claves entre el mo­ plantea desacuerdos con la idea de que la busqueda de mayores beneficios por parte de los
delo Beveridge y el corporativista Bismarckiario. Vease tambien Peter Baldwin (1990). Quisiera empleados de cuello blanco refieje sus "valores sociales preindustriales" (98). Lo que aqui me
agradecer a mi colega Tim Smith por iniciarme en esta literatura. interesa sefialar es que la distinci6n entre "preindustrial" y "moderno" es en gran medida falsa,

I
i'!
.,~
204 Moralidades, economias e identidades de c1ase media Movilizaci6n de c1ase media y el lenguaje de estamentos... 205

La Ley del Empleado de 1924 tuvo un efecto similar sobre el modo en go y estamento de las personas. En teoria, el principio rector que definia
que los empleados peruanos terminaron por concebir su lugar en un or­ a un empleado era el grado en que sus tareas eran intelectuales y no rna­
den social que, si bien se encontraba en transforrnacion, aun se apoyaba ,!~ nuales. A veces la decision podia parecer razonable tomando en cuenta
en un lenguaje de rangos y grados. Por un lado, la ley de 1924 pete­ 8010 esa variable. Pero con mucha mas frecuencia de 10 que imaginamos,
ce ofrecer un ejemplo eminentemente moderno de intervencion estatal en la descripcion del trabajo no resultaba suficiente, y los funcionarios en­
politica laboral y social: creacion de novedosas burocracias, arribo de nue­ cargados de dictaminar sobre la peticion terminaban decidiendo en base a
vos funcionarios portadores de vision modernizadora, habilidad tecnica y ciertas cualidades individuales del demandante. De hecho, muchos fallos
obsesion por la codificacion legal, to do ello aplicado a 10 que parece ser arbitrales solo pueden explicarse como resultado, consciente 0 no, de una
la mas clasista de las situaciones -la regulacion de las obligaciones de evaluacion socio-racial de los individuos involucrados. El guardia noctur­
los empleadores para con los empleados. Por afiadidura, los funcionarios no Victoriano Callues, por ejemplo, gano el estatus de empleado cuando
encargados de interpretar la ley se encontraron y negociaron diariamen­ otros guardias eran sistematicamente clasificados como obreros 0 emplea­
te con representantes de organizaciones, como la Camara de Comercio y dos domesticos. Las pruebas son escasas, perc el hecho de que Gallues
los gremios de empleados, que a todas luces parecian representar moder­ fuese un inmigrante espafiol parece ser mas que una simple coincidencia,
nas clases sociales. A simple vista, parece que estamos muy lejos de los en una epoca en la que la mayoria de los guardias eran indigenas 0 mesti­
principios estamentales del Peru tradicional y paternalista. Pero por otro zos (AGN 1927) 10. La sangre aborigen no necesariamente descalificaba un
lado, las percepciones de rango y estamento jamas estuvieron del todo pedido de estatus de empleado, pero podia facilmente inclinar la balanza hi

ausentes. En primer lugar, Wor que tantas personas peticionaron tan ve­ en contra del demandante si su argumento no era contundente. Muchas de ~!
hementemente que se les diera un estatus de empleado -llegando incluso las referencias hechas por los patrones al analfabetismo, la "falta de cultu­ il ~
a amenazar con la huelga en caso de no ser satisfechas sus demandas? ra" 0 el alcoholismo de un trabajador parecen haber side eufemismos para
Cierto, el empleado gozaba de beneficios superiores que presuponian y desacreditar al tipo racial "incorrecto." En Peru, como en la mayor par­
otorgaban una mayor seguridad laboral. Pero en los casos judiciales a que te de America Latina, las identidades raciales eran flexibles hasta cierto
dieron lugar muchas de esas peticiones podemos ver algo mas: las per­ punto, y los ingresos, la educacion, la ocupacion, el apellido y los vinculos
sonas buscaban el estatus de empleado como una insignia de dignidad y sociales podian transformar a un mestizo en blanco 0 a un indigena en
respeto, como signa de pertenencia a la mitad respetable de la sociedad mestizo (y viceversa). Debido a que la raza tenia su componente social y
-y no al colectivo de meros trabajadores. En otras palabras, el ser desig­ el estatus social tenia su componente racial, la condicion de empleado era
I:
nado legalmente como miembro de una categoria ocupacional particular una importante prueba de "blancura", al mismo tiempo que la blancura n
(empleado) comenzo a ser preciado, incluso codiciado, como un marcador constituia evidencia en favor de una clasificaci6n como empleado. :1'

de clase -clase media- 0, me atrevo incluso a decir, un marcador de casta: Una y otra vez los empleados (y los aspirantes a la categoria de em­ II
I':'
la "gente decente", 0 gente respetable (Parker 1998, cap. 6 ) . 1 pleado) difundieron la afirmacion de que ellos eran una casta aparte, que rill
Una vez que la ley fue aprobada, sin embargo, se puso rapidamente de ternan muy poco en comun con los obreros. El cronometrador fabril Cesar ;(/11
manifiesto que definir quien era un empleado y quien era un obrero cons­ Augusto Zevallos plante6 que su estatus de empleado investia a su palabra 1,\1

tituia todo un desafio. No obstante la ideologia estamental que todavia con mas autoridad que a la de un no-empleado:
reinaba en la sociedad peruana, muchos individuos caian en zonas grises; j1
entre obrero y empleado 0 entre empleado y dornestico, y los funcionarios No puedo menos que protestar, Sr. Superintendente, que se invoque
tuvieron que afrontar esta cuestion. Muchas veces juzgaron caso por caso, para despedirme del empleo las afirmaciones de un guardian borra­ I,
pues, a pesar de sus esfuerzos por definir la categoria de "empleado" de cho, cuya palabra pueda jarnas prevalecer, dada su triste condicion
una manera objetiva y cientifica, los fallos arbitrales revelaron a menudo
I,'
de domestico (segun el inciso "A" del articulo 2°. del reglamento de
la fuerza vigente de.supuestos y preju:i'cios muy tradicionales sobre el ran­ 10 En Peru, a diferencia de Argentina 0 Brasil, el haber nacido en Europa pesaba por sf mismo
para ser considerado parte de la "gente decente".
206 Moralidades, economfas e identidades de c1ase media Movilizacion de c1ase media y el lenguaje de estamentos... 207

la ley 4916), contra las afirmaciones de un hombre de honor y de un Los obreros tambien tuvieron su propio hospital publico, perc el servicio
empleado cumplidor de sus deberes, que por el espacio de 13 aries al
servicio de la compafiia, jamas ha dado motivo a queja alguna de sus'i,
jefes (AGN 1929). };
Al dar fuerza legal a los prejuicios consuetudinarios acerca de las carac­
..
'!,

teristicas de los empleados decentes frente a las ignorantes masas obreras, , ;~


la Ley del Empleado consagro y cristalizo una division legal entre dos
,
"
era significativamente inferior. En Lima, ambos hospitales siguen en uso
y se los sigue llamando popularmente "Hospital del Empleado" y "Hospi­
tal del Obrero", respectivamente (Parker 1998, 221-22; Mesa-Lago 1978,
117~18;El Bancario, nos. 4, 11 Y 12; El Empleado, nos. 114 y 115; ASEC
1949-1955).
Dada la existencia de regimenes legales, sistemas de seguridad social y
cajas de jubilacion diferentes para los empleados y los obreros, no sorpren­
categorias distintas de trabajadores, cada una con sus propios derechosi~
de que el patron de desarrollo sindical en Peru haya seguido, tipicamente,
y privilegios legalmente establecidos. Una intervencion social "modema", >1
la separacion entre trabajadores de cuello azul y de cuello blanco. Los Sin­
por 10 tanto, reprodujo una caracteristica fundamental de la sociedad es~
dicatos tinicos, agrupando a ambos tipos de trabajadores, nunca fueron
tamental: la desigualdad juridica de personas de distinto rango. Tanto en
ilegales -y, de hecho, surgieron algunos-, perc generalmente las comple­
su concepcion como en su implementacion, la Ley del Empleado se ins­
jidades de la ley laboral y del segura social fueron tales que muy pocos
piro en la idea que obreros y empleados, como diferentes tipos de seres
lideres sindicales se atrevieron a aprender los detalles de ambos sistemas.
humanos, necesitaban leyes distintas, que no eran ciudadanos iguales y
Tambien pudo existir una actitud de "dividir y conquistar" de parte del
no podian esperar que el est ado los tratara como si 10 fueran. Una in­
Estado y los empleadores, quienes cosecharon los beneficios de tener una
dexlegislacion laboral ostensiblemente progresista, destinada a regular las
fuerza de trabajo dividida en dos sindicatos independientes y, a veces, an­
relaciones entre empleador y empleado y expresada en un lenguaje de
tagonicos. Sin embargo, los potenciales beneficios de dividir y conquistar
clase, de hecho cristalizo, preserve y expandio un regimen de privilegio
no parecen haber formado parte de la conciencia de los patrones hasta,
de casta, reforzando la barrera artificial entre estamentos supuestamente
por 10 menos, las decadas de 1940, 1950 0, incluso, 1960, mucho despues
superiores e inferiores.
de que la distincion obrero-empleado fuera firmemente establecida. De
La distincion legal entre empleado y obrero tuvo efectos duraderos y de
hecho, durante los afios 1920 y 1930 los empleadores se quejaron mas
amplio alcance en las relaciones laborales peruanas. En primer lugar, la
frecuentemente de los beneficios superiores de los empleados e incluso in­ 1
temprana separacion establecida por la Ley del Empleado condujo a bene­
tentaron esquivar la Ley del Empleado, al parecer sin temer mucho que
ficios y concesiones adicionales, ya que los empleados fueron construyendo I
los empleados se unieran a los obreros.
nuevos reclamos sobre la base de sus pasadas conquistas, y con la exitosa
invocacion del discurso de la clase media como la clase mas sufrida. Los
Haya 0 no servido como estrategia de dividir-y-conquistar, no puede ~I\
"

empleados peruanos lograron obtener vacaciones mas prolongadas que los


negarse el impacto duradero que la distincion entre obreros y empleados i~
tuvo en la conciencia y las aspiraciones de muchas generaciones de pe­ ~
trabajadores manuales e incluso un horario de trabajo especial durante los 1
ruanos. En una encuesta realizada a principios de la decada de 1960, se
meses de verano que permitia a los empleados de la Gran Lima tomarse
pregunto a estudiantes de escuelas secundarias del Peru la cantidad de di­ ;j'I!i
unas horas para ir a la playa. De alguna manera, se daba por sentado que ~
nero que tendrian que pagarles para que aceptaran trabajar como obrero j~
los trabajadores manuales no necesitaban, no querian 0 no se merecian
pasar un tiempo en la playa (Parker 1998, )46-48; Valdez Tudela 1958,
en vez de empleado. Solo el 13.3 por ciento dijo que elegirian ser obreros ~I~,
'I

por el mismo sueldo que un empleado; el 31.1 por ciento respondio que
esp. 237; Castro Contreras y Calonge 1973). Aun mas significativa que P
~
s610 10aceptarian si, como obreros, se les pagaba 300 sales extra por sema­
tales ventajas diferenciales para los empleados fue la creacion, en la de­
na (el salario minimo oficial en aquel momenta era de 750 sales al mes); /1
cada de 1940, de sistemas de seguridad social completamente separados,
yel 35.6 por ciento declare que no aceptarian ser obreros bajo ninguna
con reglas distintas y beneficios superiores para los empleados (Mesa-Lago
circunstancia (Whyte y Flores 1964,38). La encuesta por supuesto no era
1978,116-18). La diferencia suprema fue la construccion, en los afios 1950,
de un hospital de ultima generacion para uso exclusivo de los empleados,
perfecta; la pregunta rectora y la metodologia eran defectuosas. Aun asi,
J
.iJ

~
!t~.
,j
iii
208 Moralidades, economfas e identidades de c1ase media Movilizacion de c1ase media y el lenguaje de estamentos... 209

resulta dificil no llegar a la conclusion de que habia algo verdaderamente de casta fueron intrinsecos al proceso de forrnacion de la clase media, con
importante en cuanto al estatus de empleado. Yo diria que, hacia 1960, efectos importantes sobre la legislacion laboral, la estructura del estado de
esa importancia tenia poco que ver con los beneficios materiales, que para bienestar y los patrones de sindicalizacion, El hecho de que los principales
ese entonces se habian equilibrado considerablemente (Mesa-Lago 1978, promotores de esta distincion de clase media fuesen empleados asalariados
120). Lo que estaba en juego era la importancia simbolica del estatus de de ingresos modestos, y no una burguesia adinerada e independiente, di­
empleado, un simbolismo basado en su conexion con una cierta vision de ficilmente pueda sobreestimarse. Estamos hablando de personas a las que
10 que significaba ser de clase media en Peru, que a su vez estaba funda­ muchos analistas han descrito como clase media baja 0 que ni siquiera
mentalmente ligada a las ideas de decencia y respetabilidad que evocaban consideran como fraccion de clase media 11. Posiblemente, sea debido a su
la experiencia vivida de una sociedad estamental. posicion econ6mica marginal y vulnerable que dieron tanta importancia
a su estatus legal superior, un estatus construido simb6lica, ideol6gica y
Conclusiones linguisticarnente en base a un imaginario social de rangos y estamentos
mas que de clases.
iHasta que punta es la experiencia peruana unica 0, por el contrario, La ideologia de la mas oprimida clase media no se tradujo en todas
ernblernatica de la America Latina urbana en general? Si bien los comen­ partes en una distincion juridica tan extrema entre empleados y obre­
tarios que siguen estan basados en impresiones mas que en una investiga­ ras. En Chile, por ejemplo, los senadores y diputados que debatieron una
cion sistematica, creo que no es aventurado plantear algunas cuestiones. legislacion similar a la Ley del Empleado peruana comprendian las dificul­
La idea de que la clase media esta obligada casi por naturaleza a vivir tades que conllevaba la diferenciacion entre obrero y empleado, y varios
con un cierto estilo de vida y de consumo, y su inevitable corolario de • se preocuparon por las consecuencias de crear dos categorias diferentes de
que la inflacion amenaza a la clase media mucho mas agudamente que trabajadores (Chile 1929, 762-74). Aprobaron la ley, perc con un mayor
a la clase obrera, parece ser un discurso de extraordinaria ubicuidad y sentido de la necesidad de equilibrar los beneficios correspondientes a cada ",
j:'

longevidad. Argumentos similares han side descritos por Brian Owensby categoria. En algunos paises de America Latina, los privilegios reservados !:
I
i:
para el Brasil de los afios 1930 y 1940, por Maureen O'Dougherty para las exclusivamente a los empleados son importantes; en otros no 10 son; y
Ii
decades de 1980 y 1990 del mismo pais, por Julio Mafud para Argentina en todos lados, incluido Peru, la brecha ha ido disminuyendo (Mesa-Lago 11
:1
y Gabriel Careaga para Mexico en los afios 1950 y 1960, por Larissa Lorn­ 1978 y 1989, esp. 177-81, sobre Peru). Aiin asi, en pocos paises latinoame­ Iii
nitz para Chile en la decada de 1970 y asi sucesivamente (Owensby 1999; ricanos podemos comprender la logica de sus leyes laborales bizantinas y :I[
O'Dougherty 2002, esp. 138-40; Mafud 1985; Careaga 1986, esp. 65-67; sus multiples regimenes de seguridad social sin sopesar la infiuencia fun­ II
Lomnitz y Melnick 1991, esp. 78-81, 101-4). Pero tampoco seria una pe­ dacional de las ideas de tipo estamental, para las que una categoria de ~
culiaridad de America Latina: el estudio que William Harbutt Dawson trabajador era considerada inherentemente, casi biologicamente, distinta
if
realize en 1912 sobre la legislacion social alemana planteaba el mismo ar­
gumento (Dawson 1912, 266). Parte del impulso que se puede encontrar
detras del discurso descrito puede ser sencillamente la tendencia humana
de ver a las prerrogativas propias como derechos, perc hay, creo, mas que
eso. Una retorica de confiicto de clase, sindicalizacion, derechos labora­
les, etc., se superpuso a percepciones todavia vigentes respecto de que'
la "respetable" clase media era de algun modo innatamente distinta de
las masas. En otras palabras, un discurso de clase oculto parcialmente la 11 Sven Beckert (2001), entre otros, ha exhortado a prestar mas atenci6n a la distancia que .:~ IMi
separa a la clase media baja de la burguesfa. Vease tambien, Arno J. Mayer (1975); Peter N. J
persistencia de formas de pensar fuertemente basadas en ideas de casta; Stearns (1979); Jiirgen Kocka (1993); y Geoffrey Crossick (1977). Acerca de los trabajadores de :!
"I
0, quiza mas precisamente, esos modos de pensar fundados en nociones cuello blanco no como clase media sino como una "nueva clase trabajadora", ver la antologfa :1
de Richard Hyman y Robert Price (1983).
"I

I
"'.
,
~

Moralidades, economias e identidades de c1ase media Movilizaclon de c1ase media y el lenguaje de estamentos... 211
210

resulta facil preguntarse si estamos viendo, aqui tambien, una concepcion


de otra 12 • Lo mismo puede decirse para Alemania, Italia, Espana, Francia
del mundo mas estamental que clasista (Smith 2004, 44-45).
y muchos otros paises l 3 . Los especialistas en la forrnacion de las clases siempre han sido suma­

Las implicancias de esta observaci6n pueden resultar algo inquietantes.


mente concientes del peso del pasado; de ningun modo 'pretendo afirmar

Puede llevar a preguntarnos si todavia es posible aferrarse a la tranqui­


10 contrario, Lo que sefialo es que se precisa prestar mayor atencion al

lizadora idea de que la conciencia de clase y la acci6n colectiva basada


en la clase son primariamente respuestas defensivas a las ineqnidades, las
hecho de que las instituciones y discursos que mas
parecen romper con

el pasado -como los sindicatos, la retorica clasista, las leyes labor ales y

opresiones y la alienaci6n del capitalismo. l,Que pasaria si, en cambio,


los regfmenes de seguridad social- son, frecuentemente, reformulaciones

estuviesemos ante un proceso hist6rico por el cuallos empleados no ma­


de ese pasado y pueden estar disefiadas tanto para reproducir privilegios

nuales, respetables y blancos -seguramente, una casta privilegiada en una


de casta como para defender intereses de clase.

sociedad multietnica que estigmatiz6 el trabajo servil y manual- requirie­


ron exitosamente al estado la consolidaciou de sus tradicionales privilegios
estamentales, encubriendo esos privilegios en 10 que solo en apariencia Bibliografla
constituia un moderno lenguaje de clase? Ciertamente, en el casu de la
formaci6n de la clase media, debem os prestar particular atencion a la po­ AGN (Archivo General de la Nacion). 1927. Victoriano Callues vs. Coinpeiiie

sibilidad de que la retorica clasista, aun la abiertamente marxista, pueda Manufacturera de Vidrio del Peru. Ministerio del Trabajo, Expedientes Laborales

no ser completamente incompatible con los intereses de la "gente decen­ Varios: 624.

te" en defender prerrogativas que creen tener por derecho in nato (Parker AGN. 1929. Cesar Augusto Zevallos vs. Cerro de Pasco Copper Corp. Ministerio
1998, esp. 224-27). l,Como nos lleva esto a repensar la formacion de las del Trabajo, Expedientes Laborales Varios: 1691.
clases? Durante mucho tiempo ha side un cliche en los estudios sobre el
ASEC (Archivo de la Sociedad Empleados de Comercio), carpetas del Seguro
rnundo del trabajo el considerar que los trabajadores calificados de secto­
Social del Empleado, 1949-1955.
res economicamente estrategicos, frecuentemente llamados "aristocracia
obrera", tendieron a ser la fuerza impulsora de la organizacion sindical. ii1:
Baldwin, Peter. 1990. The Politics of Social Solidarity: Class Bases of the Euro­
La expttcacton mas simple y convincente para su militancia es el hecho pean Welfare State 1875-1975. Cambridge: Cambridge University Press. :i I;
de que podian ser militantes, que ejercitaban el poder que implicaba ser Baldwin, Peter. 1994. "Beveridge in the Longue Duree". En: Beveridge and Social
indispensables Y dificiles de reemplazar l 4 . Pero cuando los trabajadores Security: An International Perspective, eds. John Hills, John Ditch y Howard
Ii
Glennerster, 37-55. Oxford: Clarendon.
ii'1'
ferroviarios de Francia, por ejemplo, paralizan el pais en una huelga para "I

defender su (y s610 su) sagrado derecho a jubilarse a los cincuenta afios, Beckert, Sven. 2001. "Propertied of a Different Kind: Bourgeoisie and Lower
il
Middle Class in the Nineteenth-Century United States". En: The Middling Sorts:

Explorations in the History of the American !vliddle Class, eds. Burton J. Bleds­

12 Malloy (1979, cap. 6) explica el estilo corporativista de los regimenes de seguro social de tein y Robert D. Johnston, 285-295. New York: Routledge

America Latina como producto del esfuerzo estatal por cooptar, uno POl' uno, grupos de inte­
res particularmente influyentes en el sector moderno de lao economia. Los codigos laborales, de Bergquist, Charles. 1986. Labor in Latin America: Comparative Essays 011 Chile,
acuerdo a Malloy, "no encaran a los trabajadores como una clase sino como una serie de catego­ Argentina, Venezuela, and Colombia. Stanford: Stanford University Press. ,
rtas funcionales y/o ocupacionales a las que se les ha dado acceso formalizado al estado" (Malloy
1979, 151). Aunque no incorrecta, esta interpretacion es incompleta, porque menosprecia el 1'01 . Berlanstein, Lenard, ed. 1993. Rethinking Labor History: Essays on Discourse Ii'II
de la cultura y la ideologia en la conformaci on de los procesos politicos. :;. and Class Analysis. Urbana: University of Illinois Press.
13 La distincion alemana entre angesteJJte y arbeiter ya ha sido discutida. La ley laboral ;11
francesa hace distinciones no muy diferentes entre employee y ouvriers (con cadres como una Bledstein, Burton J. 2001. "Introduction; Storytellers to the Middle Class". En:
categoria separada, mas alta, de cuello blanco) -.
The Middling Sorts: Explorations in the History of the American Middle Class, ,II'iii
14 Para America Latina, la presentacion mas clara de esta tesis se encuentra en Charles Berg'
:,,1,1
Quist (1986, cap. 1). Interpretaciones contrapuestas del concepto de "aristocracia obrera", en:

eds. Burton J. Bledstein y Robert D. Johnston, 1-25. New York: Routledge. :'1
Robert Gray (1981, caps. 1 y 9) y Trevor Lummis (1994, caps. 1 y 10).
;:';
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national Perspective, eds. John Hills, John Ditch, y Howard Glennerster, 154-170. "realidad nacional"
Oxford: Clarendon.
En diversos momentos historicos las interpretaciones sobre la denominada
"realidad nacional" apelaron con frecuencia al concepto de "clase social",
con el objetivo de construir caracterizaciones de diversos tonos. Bajo ese
cristal se estudiaron procesos que implicaron profundas transformacio­
nes socioeconomicas, se pretendio dar cuenta de la dinamica de periodos
"criticos" 0 "transicionales", y tambien bajo esa optica se desarrollaron
frecuentes caracterizaciones de acontecimientos que, por diferentes moti­
vos, fueron considerados de cierta importancia historica. Esa apelacion
a la clase social como clave interpretativa puede considerarse en relacion
a las perspectivas legas asi como a la produccion de saberes expertos,
en la medida en que se trata de una manifestacion concreta que procura
brindar un orden al mundo social a traves de ciertas categorias. Hablar
de "clases sociales" permite pensar en conjuntos que estarian compuestos
de un modo mas 0 menos homogeneo, que se encontrarian articulados en
relaciones de contraste, oposicion 0 afinidad con otros, y cuyos miembros
cornpartirian una serie de caracteristicas que les resultarian comunes. Asi,
la clase social -del mismo modo que los "estilos de vida", el genero 0 la
etnicidad- se ha constituido en un criterio posible que orienta tanto las
miradas expertas como las adscripciones nativas hacia el reconocimiento
de identidades diferenciales, las cuales pueden encontrar expresion en la
ii'j:
esfera publica", En el presente trabajo, entonces, recuperaremos varios
II!
1 Una versi6n anterior de este trabajo fue presentada en el Bvo Congreso Argentino de Antro­ II!
pologia Social, celebrado en la ciudad de Salta entre el 19 y 22 de septiembre de 2006, con el .,
:1.1
i'l
titulo "La elase media, entre lecturas de lecturas. Apuntes sobre la reconstruccion de un objeto
indigno".
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[I
2 En nuestro pais, en la ultima decada, buena parte de los estudios sociol6gicos se han abocado a :1
analizar diversos procesos que encuentran expresi6n en las transformaciones de ciertos conjuntos I'
sociales que han side abordados en tanto "elases" (Kessler 2000; Lvovich 2000; Minujin 1993, !J;
Minujin y Anguita 2004; Sautu 2001; Svampa 2000, Wortman 2003).
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