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Los Carismas

El documento describe que los carismas son dones del Espíritu Santo dados a los miembros de la iglesia para edificar el cuerpo de Cristo. Incluye dones para ministros laicos y ordenados. También distingue entre carismas espirituales y dones naturales, y enfatiza la necesidad de discernir los dones para asegurar que vienen de Dios.
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Los Carismas

El documento describe que los carismas son dones del Espíritu Santo dados a los miembros de la iglesia para edificar el cuerpo de Cristo. Incluye dones para ministros laicos y ordenados. También distingue entre carismas espirituales y dones naturales, y enfatiza la necesidad de discernir los dones para asegurar que vienen de Dios.
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LOS CARISMAS

“Los carismas son gracias del Espíritu Santo, que tienen directa o indirectamente una
utilidad eclesial; los carismas están ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los
hombres y a las necesidades del mundo”. Por lo tanto, los carismas son regalos del Espíritu
Santo que permiten actuar en aspectos o circunstancias determinadas, estos no son
requisitos para la salvación personal, no es más santo el que tenga mayores carismas, y no
se reciben por el bautismo ni por ningún otro sacramento, pueden ser desde transitorias o
más o menos constantes, el E.S. los da y los quita según su beneplácito, por eso se debe
Discernir cada expresión de apariencia carismática si provienen de Dios o no.

Dios los concede de forma incomparable dentro de la Iglesia, por los méritos de Cristo,
para el bien común, y para la renovación y construcción y utilidad de la Iglesia. En cada
carisma el Espíritu revela su presencia con un don que también es un servicio y los
concede a quien quiere, con lo que lo capacita y dispone para asumir algunas obras y
funciones específicas.

Los carismas son dones ministeriales que dan una fuerza muy especial a la evangelización
y son manifestaciones externas de los dones regalados por el Espíritu Santo, algunos
confunden la palabra carisma con otras cosas que no son carismas sino dones naturales,
por ejemplo se ha escuchado hablar del carisma de un peluquero, de un político, de un
músico pero estos no son dones espirituales, son dones naturales que se desarrollan a lo
largo de la vida de un ser humano.
Todos conformamos el cuerpo de Cristo, tanto los ministros ordenados como los fieles
laicos en virtud de la condición bautismal y la propia vocación, participando en el oficio
sacerdotal, profético y real de Jesucristo. Por lo tanto se deben promover ministerios,
oficios y demás funciones de los laicos, en su origen sacramental del bautismo,
confirmación y/o matrimonio. Los pastores en vista de la necesidad o utilidad en la Iglesia
pueden confiar algunas tareas a los laicos, supliendolos en algunas de sus funciones como
el ministerio de la palabra, presidir oraciones litúrgicas, administrar el bautismo, dar la
Sagrada Comunión, siempre prescritas bajo las normas y el derecho de la Iglesia Universal,
no por caprichos u opiniones personales del pastor. Esto no convierte al laico en un
pastor, ni le atribuye una participación en el oficio de Cristo Cabeza y Pastor y en su
sacerdocio eterno.

Por otro lado se ha observado no pocas veces, el uso indiscriminado del término
ministerio, la confusión y tal vez igualación entre el sacerdocio común y el sacerdocio
ministerial, la escasa observancia de ciertas leyes y normas eclesiásticas, la interpretación
arbitraria del concepto de suplencia, la clericalización de los laicos, y el riesgo de crear una
estructura eclesial de servicio paralela a la fundada en el sacramento del orden. En primer
lugar se debe tener claridad en los términos y el lenguaje utilizado. Un verdadero cuidado
para que el pastor no caiga en un fácil y abusivo recurso a presuntas situaciones de
emergencias o de necesaria suplencia, allí donde no se dan objetivamente o donde es
posible remediarlo con una mejor programación pastoral.

El campo propio de la evangelización de los fieles laicos es distinta a la de los pastores. En


este sentido la exhortación Evangelli Nuntiandi, nos dice que la evangelización de los
laicos encuentra su campo natural en su realidad cotidiana incluyendo la política, la
economía, los medios de comunicación, la educación, el arte, la cultura, el deporte, la
industria, que son espacios del día a día del laico, en el que puede comunicar la buena
nueva y dar a conocer a Cristo al mundo, siendo un ámbito al que puede acceder más
fácilmente que un pastor.

En la Iglesia Latina, en el pasado el Lectorado y el Acolitado solo existían como etapas


espirituales del itinerario hacia los ministerios ordenados, sin embargo con el Motu Propio
de Pablo VI Ministeria Quaedam, han recibido una autonomía y estabilidad propias, como
también una posible destinación a los mismo fieles laicos, si bien reservado solo a los
varones. Para que la Praxis eclesial de estos ministerios confiados a los laicos resulte
ordenada y fructuosa, deben ser respetadas las diferencias esenciales entre el sacerdocio
ministerial y el sacerdocio común.
Los ministerios y los carismas, dones del Espíritu a la
Iglesia.
La iglesia es guiada y dirigida por el Espiritu entre los bautizados ha distribuido y dotado
generosamente según como convenga a cada uno con dones y carismas, manteniéndolos
activos y diligentes al servicio de la iglesia. Se considera que estos son dados a los fieles
laicos que participan en la vida de la iglesia-comunión.

El Concilio Vaticano II presenta los carismas y ministerios como dones del Espíritu Santo
para la edificación del Cuerpo de Cristo y para el cumplimiento de su misión que es la
salvación del mundo.

Los ministerios, oficios y funciones.

Los ministerios presentes y operantes en la Iglesia, son todos una participación en el


ministerio de Jesucristo, haciendo referencia al Buen Pastor que da la vida por sus ovejas,
(cf. Jn 10, 11), el siervo humilde y totalmente sacrificado por la salvación de todos
(cf. Mc 10, 45). Así como Pablo es completamente claro al hablar de la constitución
ministerial de las Iglesias apostólicas. En la Primera Carta a los Corintios escribe: «A
algunos Dios los ha puesto en la Iglesia, los describe en tres rengos:

1. como apóstoles.

2. como profetas.

3. como maestros (1 Co 12, 28).

Muchos son los textos y citas bíblicas en las que se habla de los dones, dones que son
dados para la edificación de la iglesia que se dan según la medida del don de Cristo, como
se habla en la Carta a los Efesios (Ef. 4, 7.11-13 y Rm. 12, 4-8).

El propósito es llegar todos a la unidad en fe y de conocer plenamente al Hijo de Cristo,


según la medida que corresponde a la plena madurez de Cristo.

La misión de cada apóstol es hacerse maestro y hacer maestros

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