UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS
PSICOLOGÍA Y EDUCACIÓN 2019-3
DEBY ANDREA ALFARO RAGA
Ponencia: BRUNER, Jerome, Acción, Pensamiento y Lenguaje
Capítulo 1. Concepciones de la infancia: Freud, Piaget y Vygotsky
Capítulo 10. El lenguaje de la educación
El progresivo tránsito que a lo largo de las previas ponencias se ha evidenciado frente
a las teorías de desarrollo cognitivo de Piaget y Vygotsky será de utilidad para rastrear
e inquirir las actitudes que Jerome Bruner postula en su primer capítulo hacia las
teorías precedentes, su practicidad y la manera en la cual estas transforman la realidad
al proponer posibles trayectorias de desarrollo del pensamiento. Según Bruner, toda
teoría que pretenda perfilar la idea de un desarrollo del pensamiento debe considerar
que éste se halla considerablemente determinado por la cultura dentro de la cual
existe y se desenvuelve, esto debido a la flexibilidad del genoma humano que
imposibilita la imposición o exclusividad de un único curso de desarrollo cognitivo,
idea que, a mi parecer, contrasta fuertemente con los planteamientos piagetianos de
que 1. el niño se desarrolla en etapas concretas según estructuras que incorporan
nuevos elementos que reemplazan a los previos y 2. el niño se enfrenta sólo al mundo,
pues el hecho de que se encuentre desde su nacimiento inserto en una realidad
definida y limitada por las oportunidades, hace del sujeto uno social y de su desarrollo
uno socialmente mediado.
Así, el capítulo primero propone los móviles o puntos de arranque desde los cuales
Bruner estudiará las teorías de desarrollo de Freud, Piaget y Vygotsky, para finalmente
presentar su contribución al tema del desarrollo cognitivo y la educación. Sus
ejemplos de la labor histórica de las teorías de desarrollo (1. el poder revolucionario
de Locke, según Brinton, al instaurar las bases de un entendimiento del aprendizaje
desde la experiencia de lo sensible, 2. La victoria de los principios de razón suficiente
y duda cartesianos frente a la creencia de un conocimiento de la verdad obtenido
mediante la revelación divina, propia de la cristiandad occidental de los siglos II y III
y 3. La evolución de progreso según los estudios de Bury, desde la idea clásica de
decadencia hasta la idea de Bacon en Novum Organom de que hay un futuro progreso
inevitable y asegurado) revelan su interés por las realidades prácticas y las
posibilidades que nacieron de teorías y nuevas doctrinas, revelando de la misma
manera su índole constructivista al proponer que si es posible que se aprenda
mediante experiencia, nuestra conducta podrá estar organizada tal que sea necesario
que esta aprenda por experiencia, idea que permea todo su trabajo teórico.
Al aproximarse a las teorías de los tres titanes -como Bruner decide identificar a Freud,
Piaget y Vygotsky- lo hace con la intención de mencionar sus contribuciones y
organizarlas desde un sentido de temporalidad histórica según los puntos críticos
alrededor de los cuales se llevaron a cabo sus respectivas teorías de desarrollo. De
Freud dirá que su preocupación es el pasado, al indagar en la etiología de los trastornos
neuróticos, alteraciones que tienen sus raíces en el pasado más íntimo de la vida del
paciente; el autor hace énfasis en la función de reformador que desempeña el analista
en el método de transferencia, al conducir el tratamiento hacia el establecimiento de
equilibrio en el paciente entre el principio de placer y el de realidad. Acerca de Piaget
destacará su interés en el presente como proceso nutritivo de preparación, al describir
el conocimiento tal como existe en diferentes estadios de desarrollo del niño, Bruner
ve esto como proceso sincrónico para establecer un equilibrio mediante asimilación
del mundo, acomodación a través de cambios en el pensamiento y consecuentemente,
adaptación. A pesar de que Bruner, como psicólogo cognitivo, basó en gran parte su
teoría en las orientaciones de Piaget acerca de lo esencial del conocimiento humano
en su propio desarrollo y del proceso constructivo de adquisición de tal conocimiento,
difirió con él por la ausencia en su teoría de un agente instructor que ayudase al niño
en la elaboración de estrategias que le permitieran desarrollar competencias sobre sus
propios conocimientos, razón por la cual probablemente Piaget concibiese al lenguaje
como consecuencia más que como causa del desarrollo cognitivo.
La postura crítica de Bruner hacia 3 puntos específicos de la teoría piagetiana, como
lo son I. la indiferencia al contexto histórico específico de la experiencia, al formular
la aparición y sucesión de los estadios de desarrollo de modo intemporal, II. la
particularidad del filtro operativo ajustado a las reglas de organización de cada estadio
específico, imposibilitando la oportunidad de impulsar el desarrollo mediante el
planteamiento de estrategias y III. el desinterés por el rol del instructor como
participante y mediador de la construcción educativa, lo llevaron a reconocer y
coincidir con la viabilidad del camino vigotskiano frente a los asuntos del aprendizaje,
así, Bruner identifica al futuro como punto crítico de las preocupaciones de Vygotsky.
Dentro de su teoría socio-cultural, el sujeto no se vale por sí mismo, sino que
reconstruye conocimiento en el plano interindividual mediante el uso de los
instrumentos que su cultura le dispone, y el instrumento protésico más determinante
es el lenguaje, que cumple la doble función de representar el mundo y comunicárselo
a los otros; en este sentido, el desarrollo es un proceso social desde el nacimiento y es
acompañado por agentes mediadores más capacitados para guiar el manejo del
lenguaje, de las habilidades y del material disponible en ese espacio cultural. Debido
a que el sujeto crece en una realidad del mundo que está organizada de una cierta
manera, el dialogo es el método mediante el cual los individuos van apropiándose de
los recursos culturales que ha desarrollado la comunidad.
A mi criterio, la propuesta que hará Bruner sobre la aproximación al conocimiento
parece ser un intento por hacer compatibles algunos elementos de las posturas de
Piaget y Vygotsky. Se preocupará por el proceso educativo como reformador de la
cultura y de los papeles del profesor como colaborador del logro intelectual del niño
(Bruner, 1986). Coincidirá con Piaget al reconocer una pre-adaptación del niño para
el aprendizaje, en el que este es un participante activo en el proceso y dispondrá de la
doctrina de Vygotsky sobre la Zona de Desarrollo Potencial o ZPD como una forma a
través de la cual el niño interactúe para estimular su capacidad intelectual mediante
la intervención del adulto, que lo introducirá a las prótesis culturales y lo guiará cada
vez más a dirigir su propia conducta y reflexionar sobre ella, de lo interpersonal a lo
intrapersonal. Las implicaciones de estas posibilidades sobre la realidad práctica de la
pedagogía escolar serán de gran relevancia para la formulación teórica de Bruner.
Su enfoque altamente dirigido a la función pragmática del lenguaje le permite
entender el uso de este como un intento de negociar procedimientos y significados.
Ya que el objetivo de una buena negociación, que combina tanto el lenguaje como el
pensamiento, es asegurar que se comparte el punto de vista… si no consideramos el
modo en que las funciones pragmáticas perfilan la interacción y el pensamiento
humano, perderemos de vista el medio en el que se llevan a cabo. (Bruner, 1984). Así, la
intención del uso del lenguaje, mucho más que para dominar un código, surge para
construir y regular el mundo social.
Bruner se encuentra con el problema de la sociedad en cambio y de un futuro que
requiere reconsiderar las concepciones de pensamiento y aprendizaje, concepciones
determinadas por el modo de representar al mundo y a nosotros mismos mediante el
lenguaje y otros sistemas simbólicos y códigos de representación culturales. Para su
premisa inicial, Bruner reconoce que toda manifestación comunicativa está
dirigida a transmitir un punto de vista y a predisponer a los oyentes a pensar
de un modo específico. La condición cultural en la que se desenvuelven nuestros
encuentros con el mundo, hace que estos mismos estén cargados de normas y
conceptos negociados y aceptados por la comunidad. El mundo cultural es, en efecto,
uno simbólico en el que constantemente se renegocian y replantean los significados
de modo que sean coherentes a las creencias y a los límites de este mundo simbólico
que constituye la cultura. Los participantes de la comunidad entonces serán los
encargados de interpretar el texto ambiguo que es la cultura y llegar a un acuerdo
interpersonal de significados, no como verdades indubitables, sino como una
transacción inacabada, construida a partir de nuestras cogniciones humanas sobre
la realidad. El sentido pragmático del lenguaje se hace aún más explícito cuando el
autor compara una realidad construida mediante reglas irrevocables con una
caracterización del lenguaje únicamente en términos de sus principios sintácticos y
semánticos desde el análisis del léxico. Ambas situaciones olvidan que el lenguaje debe
también entenderse desde su capacidad transformadora mediante la toma y
declaración de posturas (entiéndase desde Feldman, 1974), y desde el uso del
significado en contexto, como acto comunicativo que evoca no sólo situaciones
concretas, sino otras realidades cognitivas comunicadas implícitamente (significado y
sentido) y que deben ser interpretadas con base a reglas construidas socialmente.
La analogía de la cultura como foro de intercambio de significados y de realidades
posibles propulsa la idea de que todo integrante de una comunidad cumple un papel
activo de postular y reelaborar significado, de allí que la educación cumpla una
función inédita en las transformaciones de la realidad como actividad de negociación
y reflexión. La actividad reflexiva que propone Bruner surge de la toma de posturas
como invitaciones al uso mismo del pensamiento, de la reflexión y la imaginación,
propuesta que profundiza su previa insistencia en la forma de aprendizaje por
descubrimiento (o según Piaget, aprendizaje por invención), donde el niño afianza su
conocimiento, pero ahora lo comparte, lo negocia y lo reformula para enriquecer una
creación común de la cultura. Reflexionar implica distanciarse de su postura inicial,
lo que según Piaget sería adoptar una capacidad de abstracción superior o, según
Vygotsky, un nivel intelectualmente superior, pero para Bruner la reflexión no
necesariamente conduce a un proceso abstractivo, sino más bien a una consideración
de la condición humana desde mundos posibles y a una conciencia de su propio
conocimiento. El evento metacognitivo y la negociación de significados conducen a
una construcción del sentido del yo que se nutre del conjunto de posturas posibles
compartidas mediante el diálogo, actividad necesaria para la construcción de
conocimiento en las aulas.
REFERENCIAS
BRUNER, J.S. (1984) Acción, pensamiento y lenguaje. (Compilación de J. Linaza)
Madrid: Alianza.
HERNANDEZ, M.F. (1980) Las relaciones entre pensamiento y lenguaje según Piaget,
Vygotsky, Luria y Bruner.
CAMARGO U., Ángela & HEDERICH M., Christian (2010) Jerome Bruner: Dos teorías
cognitivas, dos formas de significar, dos enfoques para la enseñanza de la ciencia.
Universidad Nacional de Colombia.
POSADA, J. (1993) Jerome Bruner y la educación de adultos. Boletín Proyecto Principal
de Educación en América