0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 718 vistas248 páginasHistoria Legion Espanola
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Carlos de ARCEHISTORIA de
la LUGION
ESPANOLA
Biblioteca Binaburo
editorial mitrePREAMBULO
No recuerdo cémo se Ilamaba aquel sargento, pero sf era una bellisi-
ma persona aunque nos llevaba siempre por el camino de la amargura.
Eramos los sefioritos de la Compafifa y no nos dejaba ni respirar, Sin
embargo, aquel hombre bajo, menudo, con la sequedad cetrina de los
soles y las campajias, de vez en cuando nos embobaba con los pequefios
recuerdos de su vida legionaria. No he podido olvidar, y son afios los que
llovieron desde entonces, su relato sobre la toma de Badajoz, con la
4° Bandera. Nosotros, los quintos de aquel reemplazo, chavales con
bigotillo de hombre, nos mirdbamos incrédulos ante aquellas palabras
de muerte suicida.
Por lo visto habia una ametralladora emplazada en lo alto de un
edificio que barrfa la entrada de Ja ciudad. Primera avalancha de legiona-
rios, muertos. Segunda: muertos sobre muertos. Mas legionarios, mas
muertos. Asi hasta formar una muralla de cadaveres bajo el impacto
mortifero de aquél que disparaba. Pero habia que entrar y entraron
cayese quien cayese.
Todos pensébamos que el bueno del sargento nos tomaba el pelo
y se refa bien a costa de aquellos quintos que le escuchaban embobados
9por los relatos de un veterano en activo de la guerra civil. Desde entonces
siempre pensé si aquello fue asi o sélo eran palabras, y cuando afios mas
tarde he podido averiguar algo sobre el asunto, el cronista sefiala que
127 legionarios cayeron barridos por las ametralladoras en 20 minutos,
lo cual nos desfigura mucho la verdad de mi sargento. Confirma, si, la
realidad de que los legionarios eran soldados dispuestos a morir, y hacian
heroico lo que parecia suicida. Bastaba que alguno de sus jefes dijera:
“Se necesita un hombre para que muera!”, y muchos daban un paso
adelante. Ellos lo cuentan y hasta el poeta lo ha plasmado en bellas ima-
genes, Sabian que el sacrificio redime y muriendo, vivian.
He encontrado compaiieros de infancia, incluso algunos del bachille-
rato que fueron legionarios en una época que ya no resulté tan gloriosa.
He estado con otros que si estuvieron en la guerra de Espaiia, y les he
ofdo hablar, no mucho, porque son parcos al expresar ciertos sentimien-
tos, y he sentido que la fascinacién del Tercio, la magia de la Legion es
tan real que estremece y pone orgullo en el hombre.
La anécdota, la marcialidad, las historias romdnticas y la literatura
desplegada en torno al Cuerpo, son como la gran malla que irradian los
hombres que componen ese glorioso y recio conjunto de guerreros entre-
nados y dispuestos para morir por el honor de ser caballero legionario,
Millan Astray calificaba a los hombres de la Legién con esas palabras
certeras y cortas. Los definia, casi, con una aureola romantica que era
todo un arma oral. Caballeros de la Legion, hombres intachables Ilevados
a la guerra por el ideal, por el sentimiento patridtico, por el honor mili-
tar. Pero también, innominados individuos, hombres deshechos, escoria,
que buscaba en el Cuerpo un derecho de asilo que sélo la Legién ha con-
cedido y tiene. Hombres que dejaron de serlo y que alli se convirtieron
en caballeros legionarios.
La Legion quizds hoy no sea, o parezca que no es lo que fue. Incluso
para muchos resulte tan desconocida hoy como pudo serlo en otros tiem-
pos. Las ideas que puedan tenerse sobre ella escaparan realmente a su
sentido de vida, de existencia, formandose falsas e idealizadas imagenes,
No obstante, la Legién nacié con un fin determinado y pese a que parezca
haber desaparecido aquella necesidad primera, los tiempos modernos y las
estructuras técnicas actuales no la han hecho initil, ni un trasto en desuso.
Creo que sigue siendo tan efectiva y precisa como en sus primeros afios,
aunque la sofisticacion de tacticas y de ingenios armados insinten
arrumbar al desvan de los trastos viejos a los soldados convencionales.
10Si esto puede ser una apreciacién ingenua, hay algo importante y de
interés que se desprende y lleva sobre la vieja y grata fascinacién de esa
milicia audaz y de guerrear presto, que admira y atrae a todo espajfiol:
la Historia, nuestra Espaiia reciente y violenta. .
Se ha escrito mucho sobre la Legién. Bastantes obras son memorias,
testimonios personales, exaltacién gloriosa de lo que en un momento fue
pasion de vivir. Alguien, incluso, ha sefialado que al fin se habia conden-
sado todo su espiritu y su raza en la obra de un gran escritor y legiona-
rio: Antonio Macfa Serrano, que plasmé como una gran novela épica la
epopeya de La Legién desnuda. Pero también es cierto que alli solo estan
los hombres, los legionarios que compusieron el Cuerpo, lucharon y mu-
rieron con ese aliento inmortal que, existe en el alma del hombre y es su
espiritu de sacrificio.
Son paginas en las que se aprecia la transformacién de la vida. La
individualidad deshecha, maculada, la escoria, que busca la expiacion
por medio del sacrificio, Redimirse, con esa alegria sana del desenfado,
de la gallardfa plastica que la Legién supo imponer en sus hombres:
despechugados, rotos y forjando una silueta heroica y juvenil. Convertir
aun malhechor en un caballero. A cambio se obligan a caminar, a obede-
cer, a sufrir mortificaciones materiales, a soportar inclemencias del tiem-
po; se obligan a morir. Sonrientes, a una simple indicaci6n. Sin quejarse,
porque para ellos, la Legion es su patria, su familia, y en ella seran herma-
nos desconocidos; sin diferencia de raza, ni de religion, ni de nacionali-
dad. Su Dios es tnico, aunque tenga diferentes nombres, y a él aplican
un credo, el de la Legion, que se forjaron en prurito de vencer y de ganar
la meta del sacrificio y de la gloria.
Sin embargo, tal y como la distancia de los hechos y las acciones
nos permiten conocerla, la Legion aparece con un destino mas fuerte,
y como una herramienta tremendamente eficaz en la historia socio-poli-
tica de la Espaiia de este siglo.
La lirica, las anécdotas, el romanticismo y la afioranza juvenil del
encuentro, de Ja trinchera y del combate, puede engrandecerse con algo
mas que la sencilla y ennoblecedora redencién del hombre-legionario
y caballero,
La Legion como Cuerpo de combate nacié porque en el protectorado
de Marruecos murieron muchos soldados espafioles. Desde 1908 a 1921
la politica espafiola no hizo mds que enterrar en las arenas africanas san-
gre espafiola y dinero del contribuyente espafiol. Sdlo entre los afios 1919
Ady 1928, las estadisticas oficiales contabilizan 12.000 soldados muertos
y mas de 3.500 millones de pesetas; casi tanto como los ingresos norma-
les del Gobierno.
Los Estados Unidos de Norteamérica soportaron y ain padecen las
consecuencias de una guerra como la del Vietnam. Pasan los afios yaun
se comentan y se rasgan las vestiduras por lo que aquello supuso dentro
del contexto socio-politico de la comunidad, Espaiia. sin las posibilidades
de gran nacién econdmicamente fuerte, pero sf con la hidalguia quijotes-
ca que la hizo soberana en el mundo, tuvo y sostuvo su Vietnam marro-
qui hasta 1956. Ya en 1924, Francisco Franco, a la cabeza de un grupo
de oficiales y en una famosa cena celebrada en Melilla, pronuncié un
apasionado discurso en el que directamente dijo a Primo de Rivera, Gene-
ral y Jefe de Gobierno en visita al lugar, “que una retirada de Africa seria
sdlo posible sobre los cadaveres de la Legion”. Porque abandonar lo que
ya se tenia hubiera sido un grave error, no obstante comprender, como
Franco escribia entonces en la Revista de Tropas Coloniales, que “no es
posible vivir en continuo divorcio los mandos militar y politico”.
Un legionario escribirfa a los pocos afios, recordando las miradas de
recelo desdefioso de los transetintes que se cruzaban con el grupo de los
primeros enrolados, legionarios que se reunian alrededor de un soldado
que les conducia a su nuevo destino:
“Cada hombre de estos —debi gritarles— evita a tu hijo, o a tu herma-
no, o a ti mismo, el enorme sacrificio de hacer la guerra; si no fuese por
la cooperacion que prestan los legionarios en esta obra de interés patrio,
no se hubiera podido licenciar a los dltimos muchachos que han vuelto
@ Sus casas; y si no se contase con ellos, que vienen espontaneamente, ha-
bria que llamar a otros y atraerlos a la fuerza por necesidades de la pa-
tria, que tiene aqui comprometidos en esta empresa su interés y su
honor; obligar a otros tantos hombres a que abandonasen su taller, su
oficina, su laboratorio, su redacci6n; el pan y el porvenir suyo y de sus
familias, las serenas y apacibles delicias del hogar. Cada uno de éstos
viene a morir por la patria, por los demas, por vosotros.”
Asf, en 1921, ya no pudo repetirse la revolucion de juliode 1909, que
se sald6 con significativas manifestaciones contra la guerra, tanto en Ma-
drid como en Zaragoza, Alcoy, la Rioja y especialmente en Barcelona,
donde la protesta y la huelga general produjeron la famosa Semana Tragi-
ca y la muerte de 104 civiles, un oficial, tres soldados y 28 hombres, en-
tre policias y guardias civiles, ademds de encarcelar a 2.000 amotinados
12y quedar incendiados y destruidos mas de la mitad de los conventos,
iglesias y escuelas catélicas de la ciudad. El desastre de Annual, también
en julio de 1921, se lavé con sangre espafiola, si. Pero con muchos volun-
tarios enrolados en la Legién. Hombres que llegaban hasta los blocaos de
vanguardia y los campamentos de retaguardia, sin hacer caso de las voces
y el clamor que entonces se elevaban por todas las ciudades de Espafia:
acomodaticios, unos; despreciativos, otros.
“Sois carne de cafién. Los negociantes de la guerra os mandan al
pudridero de Marruecos. Vuestra carrofia, initilmente heroica, servira
para defender las minas de los millonarios. Moriréis para enriquecer a los
codiciosos, y por afiadidura concitaréis sobre vosotros y sobre Espaiia
entera el odio de un pueblo bravio que los propios beneficiarios de
vuestro sacrificio estén armando clandestinamente para que dure y
perdure la guerra.”
Son palabras antiguas, como este otro texto de periédico republicano
de entonces, tan vigente hoy como ayer en ciertos aspectos:
“En contra de las promesas del gobierno, seguimos luchando en Ma-
rruecos. Los moros han matado a muchos de nuestros soldados y la gue-
xra continiia. El pueblo no quiere ir a Marruecos, no quiere gastar alli
un céntimo mas, Espafia esté cansada de sacrificar a sus hijos en la con-
quista de un territorio que no le proporciona nada mas que disgustos.
éPor qué debera Espajia correr los peligros de conquistar una zona a la
que no puede exportar ni su civilizaci6n ni sus ideales de vida?”
Sin embargo, es curioso, por no decir milagroso, ver cOmo si acudian
los hijos de Espaiia a sacrificar sus vidas. Dejaron paginas escritas y vivi-
das. Eran hombres que hacian ofdos sordos a palabras vactas y dictadas
por otros intereses; hombres inflexibles a la indignidad disfrazada de
buen sentido. Ellos se alistaban para morir, o al menos para luchar por un
ideal de patria y un sentido del deber que no dejaba raz6n a engafio por
la aceién de Espafia en Marruecos. Aquélla no era nuestra tierra; alli
mandaban los espafioles en nombre de una soberania ajena; combatian
y morian para que, andando el tiempo, un viejo Sultan pudiera compla-
cerse en el ejercicio pleno e indiscutible de su autoridad.
No puede negarse que Espafia, quijotescamente, puso entre los
marroqufes hidalgos protectores de la minorfa de edad politica de un
pueblo. La presencia armada de los espafioles estaba irremediablemente
condicionada de provisionalidad, tal y como lo estipulaba el mandato
internacional que cumpliamos.
18Y sin embargo, el espiritu espafiol, consciente y decisivamente, puso
alli su mision de destino, como una llama a reanimarse, y derroch6 sacri-
ficio y responsabilidad.
Se ha considerado a la Legion como la primera piedra eficaz del gran
Ejército colonial que Espafia formé en Marruecos. Result6, mas que
necesaria, indispensable para la pacificacién del protectorado. Se consi-
der6 que ella abria un futuro de progreso para la zona espafiola, y con
su presencia y arrojo presté un meritorio servicio y ahorré gran esfuerzo
econémico y militar al Gobierno de Espatia. No obstante, la Legion no
podia hacer mas de lo que hizo: morir por Espafia como valientes y con
el entusiasmo que otorgaba una de las empresas mds sorprendentes crea-
das en la Espaiia del primer cuarto de siglo. Porque la Legién fue una de
las mas hermosas obras de solidaridad humana. Su base se edificé sobre
un perfecto conocimiento de la psicologia de multitudes.
De los testimonios analizados, se desprende que hubo entre los com-
ponentes de la Legién factores comunes de orden moral que realizaron
funciones de fusién y soldadura, venciendo, por cohesién, a otros ele-
mentos més individualistas que daban lugar, dentro de la masa general,
a sucesos heroicos y a medidas disciplinarias.
Los factores comunes estuvieron constituidos por la propia bondad
humana, que se exalta y estimula en el ambiente; por la abnegaci6n inti-
ma en todo hombre, incapaz de dejar en peligro al camarada; por la emu-
lacién que en las juventudes siempre producen los hechos excepcionales;
y sobre todo, por el ideal colectivo que en Ja Legién marché visible para
todos en el guidn de la compaiiia y en la ensefia de la Patria.
Millan Astray no fue slo el beneficiario de su heroismo, sino todos
y cada uno de aquellos caballeros legionarios que compusieron el Tercio
de Extranjeros. Los mismos hombres que, una vez ahitos de gloria en las
campaiias de Marruecos, héroes en la pacificacién del protectorado, cuan-
do Espafia se dispuso a zurcir los jirones de su decoro y a restaurar la
dignidad humillada, se convirtieron en punta de lanza que abria brechas
mientras cafan para que otros pasaran llenos de su entusiasmo.
La Legion demostr6 muy pronto que, en efecto, formaba la élite del
ejército espafiol. No obstante, represent una fraccién tan pequefia den-
tro del conjunto que el tono general del Ejército apenas fue afectado por
su existencia, aunque al igual que los Regulares, la sirvié con probada
eficacia militar.
En las paginas siguientes he tratado de ofrecer un reflejo de lo que
14fue y constituyé este Cuerpo de élite. Por qué se cred, c6mo, sus actua-
ciones més destacadas, y las semblanzas, no sdlo de los legionarios de a
pie, sino de aquellos jefes que realmente hicieron de la Legi6n algo pro-
pio, familiar, que les igualé a sus subordinados. Todo ello dentro del
contexto politico social de la historia que vivid Espafia, pues la Legion
no puede tomarse como un hecho aislado. Constituyé un elemento mas,
pero primordial, en el desarrollo de los iltimos sesenta afios de existen-
cia espafiola.
Al igual que los héroes de las leyendas, no dejan de causar admira-
cién los componentes de este Cuerpo que se constituyé para dar ejemplo
de cémo se muere con una sonrisa en los labios y al grito de “jViva la
muerte!” Es sorprendente, y vuelvo a sefialar aqui lo ya destacado y
advertido en obras anteriores, el entusiasmo, el desprendimiento, la
voluntad de hacer y de vivir que mostraban aquellos hombres, rojos 0
azules, blancos 0 colorados, en su comportamiento, en su actitud mental
y ffsica. Vivian en una especie de espafiolisimo no vivir en si, sino como
entregados a otra vida mas noble que, frecuentemente, consistia en morir
de pie. Porque apenas hubo reposo para aquella generacion.
Una generacién cantarina, vital, dispuesta a todo tras un jefe. No
como comparsas aborregados, sino como protagonistas cuyo recital en el
proscenio de la historia podia hundir o glorificar el conjunto de la obra.
Esa actitud, los testimonios que han dejado de sus posturas y de sus
suefios, son algo maravilloso que alegra el corazé6n a la vista del pano-
rama tenso, de crispacién y melancolia resignada, de los protagonistas
actuales,
Es un testimonio a tener en cuenta, sobre todo si se piensa que
Marruecos fue una carniceria provocada por intereses politicos y eco-
nomicos de gobiernos que no pensaron ni se preocuparon de los ciudada-
nos. Asf, algunos hombres de negocios espafioles, aprovechando la anar-
quia politica de Marruecos, hicieron sus grandes fortunas, al igual que sus
colegas franceses y alemanes, Involucraron a los militares, mohinos des-
de el desastre de Cuba y Filipinas, y olvidaron, haciendo ofdos sordos
como es tradicional, los problemas internos en que atin nos debatimos
los espafioles desde hace un par de siglos. De ahi que los politicos extran-
jeros digan que Espafia es el pais mas rico del mundo, pues sus gobernan-
tes llevan siglos intentando arruinarla y ain no lo han conseguido.
La muerte que adorna los hechos de la Legién es ferocidad y herois-
mo, es rabia y desamparo, es respeto y pundonor, sobre todo hoy, a afios
15vista, cuando se tienen los resultados de aquello. Para qué sirvio? gC6mo
fue? gCémo pudo ser?
{Qué lucha! ;Qué padecimiento! {Qué pasién marroqui!
Uno de aquellos legionarios luchadores, magnifico escritor y hombre
honesto a carta cabal, a quien tuve la suerte de conocer y tratar un poco,
escribié en 1923, como epilogo a su Elogio del Tercio, estas frases revela-
doras y sentidas:
“Y al fin salf de la ciudad del Ianto, de la ciudad del dolor eterno,
donde penan los martires de Espaiia, donde uno tras otro caen lostiltimos
iberos.
»Y sali por la puerta del desprecio, y el nombre que gané en un alo
de mi vida (el mas intenso, el mds generoso) en vez de timbre ilustre y
carta de nobleza, fue estigma, la marca de fuego en la espalda del mal-
hechor.
”Y aquellos primeros beneficiados con nuestro sacrificio (ricos cuya
hacienda rescatamos y defendimos; padres de hijos cobardes que enton-
ces angustiosos nos abandonaron, y que, sin embargo, si atin viven es por
nosotros) alzaron su voz chillona y engreida para vilipendiarnos y tratar-
nos de cuadrilla de bandoleros, que matan a sueldo...
: A sueldo! Como en las marchas en que sangrientos los descalzos
pies, secas las bocas, martirizados por el sol, fbamos hacia la cruz de
palo, y cantaban mis hermanos de tribulacion:
y, tira, ay dale!
ique en el Tercio, en dos dias,
se ganan diez reales!
»:A sueldo! Barata se compra la sangre y la vida.”
Deber y honra. Estas eran las consignas de vida de aquellos oficiales
que iban solos, delante de sus legionarios o de su columna de soldados,
en el convoy trajinante o la avanzada en descubierta; siempre por las
Ilanuras polvorientas y por los senderos pedregosos, bajo un sol de fuego
y entre silbidos de balas.
Y luego vienen a contarnos almibaradas historias de desarraigados
soldados norteamericanos que regresaron de Corea, del Vietnam o del
Infierno; de pobrecillos seres que no se insertan en la sociedad.
{Qué geniales los americanos cuando cuentan sus cosas!
jCudntas bellaquerfas y traiciones tenemos en esta tierra!
Barcelona, julio de 1984
16La escarlata bandera del César
ondea con la brisa sofocante en un
corro de cabezas de moros, sin na-
rices unas, otras sin orejas, clavadas
en las bayonetas, Cantaban
Abdel-Krim subié a los cielos
a pedir a Dios perdén,
y le respondié San Pedro:
jPideselo a la Legin!
Luys Santa Marina: Tras el
Aguila del César.HACIA MARRUECOS
Hacia 1920 la sociedad occidental atin no se habia transformado
tanto. El hombre ain tenia un cierto sentido de dignidad y de respeto
humano generalizado y muy enraizado dentro de sf. Este sentimiento
aparece como una constante mas 0 menos estable en la educaci6n gene-
racional, Se muestra como diffcil ante el pasar de todo y jugar en el
cinismo generalizado, o el egoismo del lucro que reflejan posteriores
estructuras.
Los hombres tenfan a orgullo apuiialarse por honor o morirse en las
barricadas por la dignidad de clase. Todavia no eran borregos conducidos
al matadero por consignas o soldados mercenarios que, bien remunerados
e instruidos, sirven los intereses de la oligarquia del dinero.
Debido a este concepto de dignidad y de honor, pudo darse entonces
—hoy puede aquilatarse el valor psicol6gico de estos sentimientos—, y en
las décadas siguientes, el movimiento de hombres, la formacién de grupos
y de ejércitos que han transformado el mundo en esta sofisticada Edad
Media de la tecnologia informatica.
La no muy lejana guerra de 1914-18 habia empezado a trastocar esos
valores y dej6 escorados en la playa a muchos hombres maduros de mu-
19chas nacionalidades sin el menor deseo de regresar al hogar, sin ningin
hogar al que volver, o sin ningiin oficio ni profesion en el cual continuar.
Aparte de haber introducido habitos de comportamiento desarrollados
durante la guerra que se consideraban socialmente inaceptables en tiem-
pos de paz.
{Qué candorosa ingenuidad!
Habfa jévenes a los que el armisticio privé de la ocupacién que los
propagandistas y politicos de todas las naciones en guerra les habian
mostrado como ideal y por encima de todos los demas durante los afios
de su formacion.
Eran los primeros grandes desarraigados de nuestro siglo; los desga-
jados de hogares, de familias, de ambientes propios y estables; las victi-
mas que habrian de sentirse culpables de lo que era el naciente caos
producido por la ctispide de la piramide.
Pero aun las reliquias de una ética les iban a permitir creer en el
hombre, tener fe y buscar la redenci6n por el propio sufrimiento. Y asi,
alemanes, austriacos, franceses, italianos, incluso ingleses y un negro
norteamericano, aparte de los sudamericanos, exilados por las revolucio-
nes patrias o porque eran hombres que atin consideraban a Espafia como
su verdadera Patria, se alistaron en los primeros banderines de enganche
de la Legion.
El sefiorito madrilefio, borrachin y juerguista; despilfarrador del
patrimonio familiar y tarambana oficial en los circulos frecuentados,
desperté una madrugada en medio de su aturdida borrachera. Un porte-
ro, esos seres inferiores que estaban para servir al amo, doblar el espinazo
y decir amén, sefiorito, le habia pegado un par de buenas bofetadas. Y el
sefiorito, a quien por primera vez le habian pegado de veras, se sintio,
también por primera vez, corrofdo por la vergiienza y herido en lo mas
profundo de su ser. Vergiienza de si mismo, porque no solamente le ha-
bfan machacado las narices y le brotaba sangre de la boca, sino que ni
siquiera se sintié con deseos de replicar.
Asi, aquel guifiapo de hombre; historia novelera que tantas veces
ofmos contar, y testimonio angustiado de un ser que se vyeia inatil, com-
pletamente iniitil y cansado de todo. Con ese cansancio que el aburri-
miento y la estipida rutina mete en el cuerpo de los jovenes, el sefiorito
pens6 que su familia le importaba un bledo, pero los amigos se le reirfan
y lo descalificarian a las primeras de cambio.
Y el sefiorito, medio hombre o guifiapo (jcomo se confesaban aque-
20llos hombres!), lleg6 al colmo de su derrota consciente y moral; a su total
desolacién interior. Y algo semejante a un suicidio empezé a rondarle
por la cabeza, hasta que descubrié en la pared de la casa que tenia en-
frente, un reclamo que llamé su atencién. Era un cartel de colores ocre,
azul y negro. Reproducia un soldado en pie, airoso, con rasgos viriles
y enérgicos, con una mirada desafiadora, casi arrogante, que tanta envi-
dia provoca en quienes se sienten humillados de forma estipida.
Era una imagen fuerte, dominadora, que parecia ganar un mundo.
Y el sefiorito puso atencién y se pregunt6 qué era aquello: Lo vio bien:
un soldado con camisa remangada y tocando una corneta. Un sonido
mudo que iba a despertar en él sensaciones dormidas, ansias desconocidas
y fuerzas ignoradas.
Esto le trajo a la memoria el hecho de que Espaiia tenia una guerra
en Marruecos. Los politicos y los oficiales del Ejército repetian a la Pren-
.sa e intentaban persuadir a la poblacién de que luchar en Africa era hacer
patria; pues se estaban expandiendo las fronteras de la nacién y, con ello,
la defendian de los peligros que otra potencia, alli instalada, podria aca-
rrear., Marruecos era una exigencia geopolitica. Y aunque Ceuta, Melilla
y todo Africa no le importase nada, al sefiorito lacido le dio por intere-
sarse por el cartel y leyé:
jAlistaos en la Legién de Extranjeros! Espafioles y extranjeros: los
que sedis amantes del Ejército y de sus glorias, los que gustéis de la
vida de campaita, jalistaos!
Asi empezaba el texto que habia al pie del cartel. Un texto que
hablaba de la Legién, un Cuerpo de voluntarios recién creado, y del
que ya surgian comentarios. Un texto que decia mas cosas y hablaba con
un amplio conocimiento de la psicologia de masas.
El Tercio de Extranjeros es un Cuerpo de Infanteria que tendré
bandera propia, y sus soldados estarén amparados por ella, Es un
Cuerpo honorable; en los combates iré en puesto de honor; el unifor-
me es vistoso; las pagas, suficientes; la comida, sana y abundante. Los
que sean buenos soldados, disciplinados y valientes, pueden hacer
muy honrosamente la carrera de las Armas.
Aquello no estaba mal. Eran palabras con peso: combate, honor,
valiente, carrera. Alli se reconocian todos los impulsos que pueden de-
cidir a un hombre a dar un paso al frente y tomar una decision firme:
alistarse.
21Se ofrecia el deseo de ser considerado; el anhelo de merecer respeto;
la ambicién de honores, con la rehabilitacién del honor personal y la
conquista de honores militares; la vanidad, humana y atdvica, de lucir un
uniforme atractivo y pintoresco, y el consuelo —joh debilidad de los fra-
casados y llorosos!—; el consuelo de hallar refugio al hambre y la miseria.
El sefiorito estaba en uno de aquellos apartados. Ya no tendria que
suicidarse, ni volver a casa comido de vergiienza, ni soportar a los amigo-
tes. Ahora, si se atrevia, podria regresar algiin dia con aquella carrera de
yalientes soldados espafioles que podria forjarse en tierras marroquies.
Seria la envidia de los amigos, y hasta su familia se sentiria orgullosa de
que hubiese sentado la cabeza, dejando de ser un tronera.
Més abajo, en letra mas pequefia, el pasquin rezaba asi:
Condiciones; Se admiten espafioles y extranjeros cuya edad no exce-
da de los cuarenta afios. No se exige documentacién.
Primas de enganche: Por cinco afios, 700 pesetas; por cuatro anos,
500 pesetas.
Otras ventajas: Primas de reenganche, ascensos en paz y en guerra;
cruces y medallas; validez para los espafioles del tiempo de servicio
en el Tercio de Extranjeros como servido en las filas del Ejército;
aumentos de sueldo segtin los afios de servicio. jPresentaos en el
banderin de enganche!
No decfa mds aquel cartel que aparecié pegado en las paredes de mu-
chas ciudades de la Peninsula, en lugares préximos a los banderines de
enganche, generalmente situados en la inmediacién de las oficinas del
Gobierno Militar de la Plaza.
También la Prensa, diarios y revistas de mayor circulacién en Madrid
y provinceias, incluyeron la publicacién de textos andlogos a los de los
carteles,
Sin embargo, y aunque la lectura no lo sugiriese, pronto se entendid
que en la Legion se disfrutaba en cierto modo del derecho de asilo. Los
que sufrian o temfan la persecucién de la justicia, podrian obtener la
serenidad del olvido en las aguas de los campamentos legionarios, conver-
tidos en humildes regatos aptos para cicatrizar, incluso, las heridas del
amor.
Penas de amor como las de aquel colombiano que dejé escrito en su
testimonio; “Har afio y medio que salié fugitivo de su patria, con el
22alma rota en pedazos. Habia amado, entregdndose con toda la franqueza
de su coraz6n primaveral: burlado, habia recorrido medio Venezuela,
Hait’, Santo Domingo, Puerto Rico, Estados Unidos, sin encontrar
reposo, y buscaba en Cuba, con el trabajo rudo y absorbente de los
campos, la calma que echara de menos en su espiritu.
Alli vio en las calles grandes carteles con propaganda del Tercio
espafiol, fundado el afio anterior por Millan Astray. El joven se dirigio
al consulado espafiol. Vio las condiciones de enganche y firmé como
Carlos Angulo Rebolledo.” Quien caeria como capitan de la Legion en
la toma de San Marcial un 2 de septiembre de 1936, junto a sus legio-
narios de la 4.* Bandera.
Nuestro sefiorito no estaba en el-caso, pero si supo entender que
a la Legién iban los que sufren, los que les duele el alma, los desgracia-
dos, los ambiciosos, los perseguidos y los que no son nada y quieren serlo
todo, como era su caso.
El no tuvo que ir, como otros, a consulado alguno. Aquel santande-
rino sf se afilié en el de Nueva York: “‘Noventa y seis partimos de Nueva
York en un barco inglés, y salvo tres o cuatro, todos de habla espaiiola.
El resto del pasaje, anglosajon. Noventa y seis y todos javenes. Noventa
y seis eran las vidas que se ofrecfan sonriendo. Noventa y seis los corazo-
nes que todo por ella lo olvidaban.
”Espafia se desmorona, Espafia muere. Pero gexiste siquiera?
Asi los extrafios, y avergonzada, no supo qué decir, ni aun llamé
a sus hijos. Pero ellos se juntaron al otro lado del mar, a lo largo del mun-
do nuevo. Y sin volver la cabeza hacia lo que dejaban, desembarcaron en
tus puertos, avidos de arrojarse en la hoguera.”
El sefiorito lleg6 hasta el cuartel de San Fernando, otros lo hicieron
en el del Rosario, A las dos de una tarde de mediados de octubre, su
mano temblorosa firmaba su compromiso como legionario. Antes de la
filiacion se les hacfa pasar un reconocimiento médico provisional. Se re-
querian hombres sanos y fuertes, y con una talla algo mayor que la exi-
gida en el Ejército. Cuestion que no fue impedimento en los periodos
agudos de recluta para enganches de guerra.
Solia recordarseles que aquello no era definitivo, que estaban sujetos
al refrendo del Jefe del nuevo Cuerpo y, ademas, dependian de un nue-
vo reconocimiento médico que habria de hacerse en Ceuta, en el bande-
rian central, donde a los declarados inGtiles se les entregaba el mismo
socorro para el retorno.
23A los que se consideraba aptos se lés afiliaba sin pedirles documenta-
cién alguna. El aspirante decia el nombre que deseaba tener. Asi, en
aquellas primeras nominas hubo un Pedro Calderén de la Barea, un Ro-
drigo Diaz de Vivar y un Bienvenido Tortola del Campo, junto al aus-
triaco Werner, a Fulman, a Garcia, el escapado de presidio, al principe
ruso Dirka, a Relenga, a Dufor, a Francisquito, Eslada, Chante, Campro-
bio, Piqueras el anarquista, Colbert, los payasos Gamonada y Santonja,
Brown, el negro boxeador americano, y tantos otros como ya son histo-
ria en las paginas gloriosas de la Legion.
Una vez enganchado se percibian dos pesetas diarias, o si se preferfa,
la inclusion para comer en uno de los Cuerpos de la Plaza. Una vez reuni-
dos varios hombres, se les entregaba un pasaporte y listas de embarque
para Ceuta. Entonces emprendian la marcha por ferrocarril, con un viati-
co de dos pesetas cincuenta céntimos por plaza y dia de viaje.
En Algeciras solian embarcar en el barco que les conducirfa a Ceuta.
“No sin cierta punzante emocién subimos la escalerrilla del Ferndndez
Silvestre, que nos ha de conducir a las costas africanas”, escribid un legio-
nario en 1922.
En la expedicién del 10 de octubre de 1920, Francisco Franco, recla-
mado telegraficamente para ser su lugarteniente por Millan Astray, tam-
bién cruzaba el Estrecho en compaiiia de cien reclutas para la nueva
Legion. Y desde el puente observaba su desordenado comportamiento
“con la simpatia de los que van a encaminar su vida juntos”.
Pronto se ofrecia Ceuta a la vista. Ceuta con todo su hechizo de
puerta espafiola de Marruecos y Ilave del Estrecho. Ceuta, esa ciudad que
form6 parte de los dominios cartagineses y posteriormente fue incorpo-
rada por Roma a la Mauritania Tingitana con el nombre de Septa. Pasd
a poder de los visigodos, estuvo por un tiempo bajo dominio bizantino
y volvié a manos de los visigodos, hasta que fue entregada a los musulma-
nes y sirvid, repetidamente, de base de embarque para las expediciones
a Espafia. Los portugueses la reconquistaron en 1410, y consiguieron
conservarla en su poder, pese a los numerosos ataques marroquies y gra-
nadinos. Pasé a unirse a los dominios de Felipe II, al ascender el monarca
castellano al trono de Portugal, pero en 1640, al producirse la separacion
del reino portugués, Ceuta opto por seguir unida a Espafia, que la ha con-
servado a pesar de los intentos de conquista marroquies. Esa es Ceuta,
y en sus aires, todo el sortilegio africano junto a la claridad sabrosa y
salada de las tierras y mares del confin europeo.
24“Al atracar al muelle de Ceuta, y antes de que nadie pusiera sus pies
en la tierra africana, un cabo subié a bordo en esos momentos de confu-
sion que reinan siempre en iguales ocasiones, y pronuncia, fuertes y vi-
brantes, las palabras que tienen la virtud de despertar el espiritu gregario
adormecido en nuestra raza:
1A la Legion extranjera!
*>Y un puiiado de hombres se retine en rebafio alrededor del soldado
—hambre, fracaso, desencanto y ferocidad. El grupo, sfmbolo del dolor
de vivir, se pone en marcha minutos después—; la caravana de la tristeza
y del desaliento atraviesa las calles y paseos de la ciudad indiferente al
paisaje espléndido y riente iluminado por este soberano sol de Africa;
sus hombres van absortos y ensimismados en la consideracion del nuevo
rumbo que les marca su destino incierto y angustioso.”
Sin embargo, la transformaci6n ya se aprecia aquella misma noche
a la hora de acostarse, en el momento de quitarse los calcetines, como
explica el legionario, cuando se encuentran en la amplisima nave del
cuartel del Rey, donde se establecié el dormitorio.
“El grupo que por la mafiana Ilego conmigo, los que fueron admiti-
dos en el dia, estaban un poco impavidos y miraban a los demas con
estupor, como gallinas en corral ajeno; el exoficial rumano, Bulewsky,
el polaco y el corso de la indomada ferocidad parecen, por el contrario,
hallarse en su elemento y haber encontrado el seguro rumbo de su desti-
no. Estaban casi desconocidos; el barrido y fregado que se habia verifi-
cado en sus personas, la variacion de vestimenta y el cambio —que se
reflejaba en las fisonomias— operado en sus espiritus hacia muy dificil
reconocerlos.
Otros parecian més timidos y furtivos, como rehuyendo las bromas
de los mas antiguos, de los que habian ingresado en la Legién con ante-
rioridad a ellos.
El contento, la alegria, el bullicio se extendfan por la concurrencia,
aleanzando a casi todos. Como antiguos e intimos amigos, empezamos
a tutearnos: es que entre gentes que van a correr la misma suerte suele
establecerse una corriente cordial, y el pronéstico de riesgos y peligros
alienta el espiritu de fraternidad.”
Pero antes tuvieron que penetrar en aquel recinto medio destartalado
del cuartel del Rey, y recibir las palabras del Jefe. Aquel soldado que
miraba a todos con una mirada aguda que penetra hasta el fondo del ser;
una mirada tensa “que se clava tanto en nuestro animo que de ella puede
25decirse que termina en punta”. Como su voz bien timbrada, varonil,
enérgica y persuasiva, que les dice:
“La Legién les ofrece el olvido del pasado, honor y gloria para el
futuro. Recibirdn sus cuotas y percibirdn los haberes prometidos; podrén
ganar galones, alcanzar estrellas; pero a cambio de esto, los sacrificios
habrén de ser constantes; los puestos, mas duros y peligrosos. Moriran
muchos, quiza todos... Ain tienen libertad para irse.”
Y en tono menor, afiadira: “El que esté arrepentido, el que no se
sienta suficientemente capaz de estas cosas sublimes, no tiene mds que
presentarse al médico y decirle que le duele Ja garganta.””
Pero siempre se respondia con vivas a la Legion. Las filas estaban
electrizadas ante las palabras del teniente coronel Jefe. Y las ansias por
pertenecer a la Legion fueron acrecentadas a medida que trascendia la
fama y la gloria del Cuerpo, a través de sus hechos de Armas. Aun cuan-
do en un principio se registraron casos tan peregrinos como el de un cojo,
Llegé a alistarse con su pata de palo, la pierna artificial de su muleta;
rogo, lloré y suplicé. Incluso hizo exhibicion de carrera, dando saltitos,
“7 Yo quiero ser legionario y nada pido!”, gritaba.
Y después de cuatro dias rondando por el cuartel del Rey, sin estar
afiliado ni recibir ropa ni rancho, los legionarios hicieron una colecta
y lograron que se marchase.
La leyenda de la Legién empieza a tejerse. Alli se reinen hombres
tan distintos que, perdidas sus vidas en el mundo, resultan ser hermanos
separados durante afios, compafieros de infancia, o seres sorprendentes.
Cada dia que pasa salen a la luz mds detalles de su interesante historia.
Un legionario de edad madura y aspecto de hombre cansado, cruza la
calle y al pasar ante un oficial del Ejército, levanta el brazo para saludar-
le. El oficial se detiene, se miran unos segundos y se abrazan llorando. El
oficial era su hijo.
De aquellas primeras filas salen los extranjeros; entre ellos se adelan-
ta un alemdn, antiguo oficial de la Guardia; otro italiano, aviador en su
pais, dos franceses, cuatro portugueses y un maltés; todos responden con
acento firme y voz alta a las preguntas que les dirige el Teniente Coronel;
avanzan luego los que sirvieron en el Ejército con anterioridad; guardias
civiles, carabineros licenciados, antiguos soldados y clases, el militar de
profesién y el que solo ha nacido para ser soldado,
Tras la revision médica llega el momento triste para algunos. El facul-
tativo siempre rechazaba algin enfermo crénico, a hombres agotados o
26poco resistentes, a seres sin energfas para sobrellevar la vida de campaiia.
¥ los testimonios sefialan cémo algunos suplicaban, llorando, ser admiti-
do, sin que la reciedumbre de cardcter de Millén Astray admitiese lo
imposible.
Un Millan Astray con cuarenta afios de estusiasmos y ensuefios, que
“Je componian una presencia de extraordinaria gallardia militar, de
movimientos nerviosos y céleres, de gestos répidos, tanto a pie como a
caballo”, segiin lo describen unos, y que no difiere mucho de la mayoria:
“Pero tenia sonrisa y gracia, dentro de una apostura, de una gallardia
irrefrenable.”
“Nos quedamos solos, en pie y en fila, hasta que pasados lentamente
algunos segundos, penetra en la estancia un teniente coronel, joven, alto
y enjuto. Yo jurarfa que le he visto apearse de un avidn inglés en el frente
de la guerra europea; tal es el tipo. Nos deja algiin tiempo en silencio,
paseando ante nosotros como si se encontrase solo; parece estar pensan-
do en otra cosa y haberse olvidado de nuestra presencia; pero yo quiero
adivinar en esa actitud una intencion premeditada. Este hombre —induz-
co— es un psicélogo que conoce y utiliza intuitivamente, o por haberlos
estudiado, los secretos del arte de la sugestion y del dominio de la mente
y voluntad ajenas. En efecto; en ese lapso de tiempo que transcurre desde
su llegada al momento en que nos dirige la palabra, la voluntad y energia
que habiamos acumulado se han ido debilitando de una manera sensible.
Cuando nos habla ya no podemos contestarle sin timidez.
“Fue una escena que no olvidaré nunca.”
El hombre que causaba semejantes impresiones en los legionarios, era
el alma y vida de la Legién. Un hombre que para llegar a su puesto ya
habfa vivido y luchado como los legionarios que pretendia forjar en
aquel nuevo Cuerpo: un hombre con valor, inteligencia, espiritu militar,
entusiasmo, amor al trabajo y espiritu de sacrificio.
27MILLAN ASTRAY, EL LEGIONARIO
Alto, delgado, seco y avellanado, viejo pero erguido, con el monéculo
negro cubriendo la cuenca vacia de su ojo derecho, y la manga vacia de
un brazo que en sus dias estuvo surcado por nervios de acero, asi apare-
cia en los tltimos tiempos quien era conocido por el glorioso mutilado.
Quienes sirvieron a las 6rdenes de Millan Astray y compartieron sus
dias de campaiia, difundieron lo que en seguida fue una leyenda: la ima-
gen de ser ejemplo de un cuerpo tan disciplinado como pintoresco, tan
valiente como altivo; de ser y representar la misma Legion. Carne de le-
yenda, figura ejemplar para generaciones de militares, objeto de adora-
cién para cuantos sirvieron y lucharon, afios, meses o sdlo horas a sus
ordenes.
Era el hombre de mando, el orador extraordinario, rapido y emocio-
nal. El soldado que expresaba en figura lo que intenté imbuir en sus
subordinados: el fanatismo militar. La disciplina rigida y la comprension
de los sentimientos, sin adulacién, pero con el encanto que embellecia
la imagen de la Legion ante el piblico.
José Millan Astray Terreros nacié en La Coruiia el 5 de julio de 1879.
Fue el segundo hijo y Gnico var6én de un abogado y funcionario del Esta-
29do, José Millan Astray, inspirado escritor que habia nacido en Santiago
de Compostela, y de Pilar Terreros Segade.
La vida de funcionariado Ilevé al padre de Madrid a Orense y mas
tarde a La Corujia, donde nacié el futuro fundador de la Legion. Pero
al pasar de nuevo al Cuerpo de Prisiones, todos los penales de Espafia,
incluido el de La Habana, fueron recibiendo la visita de los Millan As-
tray. El legionario escribiria mas tarde que de pequefio ya sentia “‘de-
seos de viajar, de ir a América, Esa fuerza era subconsciente en mi. Me
impulsaba el ser espafiol y ser gallego”.
. Era un nifio sofiador y Ileno de imaginacién. Atraido por los libros
de hazafias extraordinarias y relatos fantasticos. Amante del mar y, como
buen gallego, inspirado de ideas alucinantes.
Cursé los primeros afios de bachillerato por los diferentes institutos
que los destinos del padre ponfan en su camino. Don José esperaba que
su hijo fuese abogado, siguiendo la tradicién familiar que le fue inculeada
para perpetuar la profesién. Sin embargo, al hijo le broté la vieja y ahoga-
da aspiracién del padre, y éste le permitié vestir el uniforme y ser militar
en cuerpo y alma.
EI 30 de agosto de 1894, a los quince afios recién cumplidos, José
Millan Astray se afiliaba como alumno de la Academia de Infanterfa.
Alli pronto se convertirfa en un oficial estudioso, puntual cumplidor de
sus deberes, excelente compafiero y modelo de caballerosidad. En segui-
da atrajo la atencién de sus jefes por su concepto de la disciplina; una
norma que estarfa presente a lo largo de su vida. Pero también, desde sus
primeros momentos de milicia mostré un ingenio feliz y una inteligencia
fecunda y vivaz.
Una Real Orden del 10 de junio de 1895 establecié un plan de ense-
fianza abreviado que le permitié salir a los dieciséis afios promovido al
empleo de segundo teniente de infanterfa, convirtiéndolo en oficial del
Ejército espafiol. En ese mismo mes de febrero de 1896 fue destinado
al Regimiento del Rey namero 1, de guarnicién en Madrid.
Igual que la villa y corte habia acogido a su padre en los afios mozos,
el joven alférez de infanterfa se dispuso a disfrutar de la vida alegre del
Madrid de finales de siglo, Eran los tiempos de Frascuelo, del Guerra,
de Lagartijo, de las bulliciosas tardes de toros en la antigua plaza de la
calle de Alcala; de los paseos por el Retiro y la Casa de Campo, con las
sefioritas de compafifa, la habanera y el rigodon.
Pero Millan Astray no se convirtié en un simple oficial que pretendié-
30se pasar su vida de guarnicion en guarnicién, con una vida ociosa y suave.
Desde el primer instante se mostr6 riguroso en los servicios, y se le re-
cuerda vistiendo de manera impecable y exigiendo el mas riguroso servi-
cio cuartelero a sus soldados, Miraba, revisaba y hacia cumplir las forma-
lidades reglamentarias con el rigor y la exigencia que él mismo se impo-
nia, y habria de practicar en los afios venideros a sus legionarios.
Este ansia de perfeccionamiento le Ilevé a ingresar como alumno en
la Escuela Superior de Guerra s6lo seis meses después de recibir su pri-
mer destino. En septiembre de 1896 se dispuso a ser un militar con téc-
nica y amplios conocimientos, entregandose con impetu a la tarea de
diplomarse.de Estado Mayor. Sin embargo, los acontecimientos politicos
no habrian de dejarle tranquilo: en Filipinas estaban ocurriendo hechos
trascendentales.
Las tierras descubiertas por Magallanes en 1521 y convertidas en
colonia espafiola desde entonces, estaban a punto de alcanzar la indepen-
dencia con el apoyo de los Estados Unidos. En 1868, el Gobierno de Ma-
drid ya habia adoptado una politica liberal que permitié una amplia
autonomia a la colonia. Pero en 1872, una revuelta en la provincia de
Cavite Ievé a un recrudecimiento de las actuaciones del gobernador
general, con la ejecucién de 41 personas, tres clérigos entre ellas, Esto
dio pie a nuevas actividades rebeldes, a la lucha armada y al nacimiento
de la organizacion Katipunam (1892), que buscé la amplia adhesion de
los filipinos para luchar en la clandestinidad, en medio del desconcierto
de los espaiioles.
Esta sociedad nacionalista nativa, de tipo masdnico, estaba compues-
ta de blancos y filipinos que querian derribar la existente administracion
y sustituirla por un gobierno auténomo que reconoceria la igualdad de
razas y de religiones. La rebelién se incrementé a finales del verano
de 1896, cuando la mayor parte de los filipinos enrolados en las fuerzas
espafiolas se pasaron a los rebeldes.
El capitan general de Manila, Ramén Blanco, ya habia pedido sin
éxito mas tropas a Madrid, e intentd, también sin éxito, negociar con los
jnsurrectos, Pero su actuacién fue severamente criticada y se le sustituyd
por el teniente general Camilo Polavieja, cuya severidad de mando y ac-
tuacién provocé que los soldados espafioles capturados por los rebeldes
fuesen torturados y mutilados en represalia.
Cuando se preparaban expediciones con motivo de estos cambios,
el alférez Milldn Astray se propuso ir a Filipinas, y tras mucha insistencia
31y ruegos, logré la autorizacién de sus superiores y la baja de la Escuela
Superior de Guerra, para ser destinado al Batallon Expedicionario
namero 4.
El 6 de octubre de 1896 se embarcaba en Barcelona, en el vapor
Col6én, junto con otro millar de hombres de su batallon. También viaja-
ban 166 hombres del 1.° Escuadron Expedicionario, y 170 de una bate-
ria especial de Artillerfa de montafia. Al mando de toda la tropa iban
115 jefes y oficiales, mientras las bodegas del buque albergaban 400 ca-
jas de municiones, monturas, armamento, pdlvora, piezas de artilleria,
ganado, 4.000 granadas y viveres. Se trataba del primer y més répido
envio de socorro hacia las lejanas islas.
Durante la larga travesfa, llegaron a Manila el 3 de noviembre, el
alférez Millan Astray se dedicd al estudio y conocimiento de todo lo
concerniente a las islas Filipinas: geografia, historia, clima, costumbres,
yegetacion y razas que las poblaban. Era el afan de superarse que tanto
habria de caracterizarle.
La llegada de las tropas peninsulares fue acogida clamorosamente.
Alli estaban el general Blanco, gobernador de Filipinas, con su Estado
Mayor; las autoridades civiles y la representacién de la Iglesia, entre los
cientos de colonos y terratenientes que habian pasado horas de angustia
ante la presencia de los insurrectos en la provincia de Cavite.
El dia 5, apenas tras un breve descanso, el alférez Millan Astray salio
de Manila con la columna mandada por el general de brigada Diego de los
Rios. El Gobernador, que ya se sabia destituido por Madrid, queria em-
prender una campajfia decisiva que despejase la situacién de Manila y
garantizara la inmunidad de la capital del archipiélago.
La marcha hacia Cavite se realiz6 sin incidentes y por entre campos
de mafz y de arroz, de cafia dulce, zacate y cacahuete, mientras eran
observados por la mirada inquieta de los indigenas respetuosos.
Se habia preparado una operacién conjunta; por mar, al mando di-
recto del general Blanco, y por tierra, con las distintas fuerzas dirigidas
por el general Rios. El dia 9, tras una frustrada operacion de desembar-
co, se efectud el ataque. Durante la noche las fuerzas embarcadas pudie-
ron ocupar unas playas y con las primeras luces del alba se pusieron en
movimiento hacia Cavite Viejo. La columna de Rios, por tierra, avanzo
sobre Noveleta y en las proximidades del pueblo aguantaron un nutrido
fuego de fusilerfa. Las vanguardias encontraron destruido el puente que
cruza el rio Licton. Como no era vadeable, el general Rios dio orden de
32Cartel de propaganda para el reclutamiento. Una imagen familiar en los puestos de
reclutamiento de la Legion.8 EL NORTE DE MARAUECOS ENTRE 1900 ¥ 1830
‘ESPARAS
Vist ena
Caner tearnnons ¥-1908 Alaina, © Gibeatort6: Het)
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Tres Poeas *
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Posesiones espaitolas en el nor-
te de Marruecos entre 1900 y
1930. Zonas de combates y de
influencia.
Abd-el-Krim, el més famoso de
los jefes de cabila y el més duro
enemigo de la ocupacién espa-
nola en el norte de Africa.retirarse, pues también se hallaban detenidas las fuerzas que atacaban
Cavite Viejo. La retirada resulté dificilisima, por ser un istmo estrecho
que no permitia el paso de ocho hombres de frente. La columna de
Millan Astray sufrié 240 bajas en la operacion, pero ya habia recibido
su bautismo de fuego.
El enemigo recibid refuerzos el dia 10, y el general Blanco ordend
suspender la ofensiva y que las dos compafifas de marina se atrinchera-
sen en Binayan, mientras el resto de las tropas establecieron campamen-
to en Dehalican, donde el Cuartel General decidié esperar la Ilegada de
dos nuevos batallones expedicionarios de Espafia.
Hasta el dia 27 de noviembre Millan Astray permanecié con su com:
paiiia en el campo atrincherado de Nehalican. En esa fecha recibio orde-
nes de trasladarse a Manila.
Polavieja tom6 posesién de su nuevo cargo y asumio las funciones
de capitan general de Filipinas el 9 de diciembre. Con él, la campaiia
entro en una fase mas decisiva. De la Peninsula habfan Ilegado refuerzos
y_ material. 18.500 soldados estaban alli desde que empez6 la insurrec-
cin, y se esperaba la llegada de otros 3.500 mas. Con todo esto, espera-
ba realizarse una ofensiva a fondo contra los nicleos rebeldes y dejar
despejada la situacion.
El dia 11 Millan Astray salid formando parte de una columna que
mandaba el teniente coronel Gregorio Estrada. El 18 se unieron a las
fuerzas del general Rios y actuaron en las canteras de Mericanayoa, refu-
gio y reducto de los rebeldes de la provincia de Bulacan, Los 1.500 espa-
fioles envolvieron a los defensores, que se defendfan fuertemente con
lantacas y fusileria, y tuvieron que combatir al arma blanca. Los rebeldes
dejaron 47 muertos sobre el campo y Millan Astray tuvo su primera
experiencia de combate en vanguardia.
EI general Rios le ordené ponerse al frente de 28 soldados, 2 cabos
y un sargento, para cubrir el destacamento de San Rafael, atacado por
3.000 insurrectos. El pueblo habia estado defendido por 60 soldados
indigenas al mando del teniente Vicario. Resistié durante cuatro horas,
hasta que sus fuerzas se pasaron al enemigo después de asesinarle junto
a dos cabos. El alférez Pérez, tinico superviviente, pudo arrojarse por una
ventana del edificio en que se hicieron fuertes, y esconderse en el monte
durante dos dias.
Millan Astray intent6 restablecer la defensa de San Rafael, Recorrid
dia y noche los puestos de vigilancia e inspeccioné los movimientos de
33cada soldado hasta que el dia 30 surgieron mas de 2,000 hombres atacan-
do el poblado. En seguida tuvo que retirarse con sus hombres a la Casa
Convento de la localidad y desde alli contener al maximo el empuje de
los atacantes, El joven alférez empezé a hacer realidad sus anhelos de glo-
ria y herofsmo. Mantuvo durante mas de dos horas a sus tropas entre las
piedras deshechas a balazos y las llamas que devoraban las edificaciones
de la poblacién. Cuando las tropas del comandante Sarthou aparecieron
en su ayuda, Millan Astray surgié de entre las ruinas, el rostro ennegre-
cido de pélvora y el uniforme destrozado, y dio el parte:
“Mi comandante, la bandera no cay en manos del enemigo.”
Aquel 30 de diciembre de 1896 haria al alférez un experto en llevar
a los hombres al combate, y el Mando le recompensaria con la Cruz de
Marfa Cristina, maxima condecoracién al valor en aquella campaiia.
Permanecié en San Rafael hasta el 12 de enero en que debié salir con
la columna del teniente coronel Villalon para efectuar reconocimientos
en diversos pueblos. El 14 atacaban el poblado de Bonga Mayor ocupado
por los rebeldes que acaudillaban Isidro Torres y el maestro Eusebio Ro-
que. De nuevo tuvo que ocupar los reductos mas fuertes combatiendo al
arma blanca. Millan Astray y sus soldados ocuparon el campo, sobre el
que yacfan 47 cadaveres enemigos, entre ellos el cabecilla Torres.
Al retirarse del lugar de accién, descubrieron al otro cabecilla escon-
dido con ocho insurrectos. Detuvieron a todos y regresaron al campa-
mento, Millan Astray serfa recompensado por la accién de Bonga Mayor
con la cruz roja del Mérito Militar.
No tardara mucho en ganar otra condecoracién: cruz de 1.* Clase
del Mérito Militar, con distintivo rojo, por su comportamiento en la de-
fensa del fuerte de San Ildefonso, en Ja provincia de Bulacan. Su actua-
cién en Filipinas abrird su aureola de diestro y arriesgado soldado que le
acompaié en vida. Alli se daban acciones penosas que exigian pericia
en los jefes y un gran temple moral en todos los soldados. Era una guerra
de sorpresas, de ataques nocturnos en los arrozales y en los bosques, con-
tra un enemigo conocedor del terreno y maniobrero, sufrido y valiente.
El 30 de junio se le comunicé la baja en el Batallén para ser destina-
do a la Peninsula e ingresar de nuevo en la Escuela Superior de Guerra.
La insurreccién parecfa dominada. Polavieja habia sido reemplazado
por el teniente general Fernando Primo de Rivera, que llevaba consigo
nuevos refuerzos y cierta capacidad de inventiva. Esto habia fortalecido
a las fuerzas espaiiolas, pues incorporé voluntarios nativos en nuevos
34batallones del ejército, al comprobar que los filipinos eran mas venales
que los cubanos y aceptaban el soborno para desbandar a los rebeldes.
El 18 de julio de 1897 el alférez Millan Astray embarcé en el Alican-
te con destino a Barcelona, a donde lleg6 el 16 del mes siguiente. Ain
era un joven de 17 afios que hacia balance de sus experiencias y empe-
zaba a alentar la idea de constituir unas Unidades militares de profesio-
nales dedicados a las armas y a defender el pabellén nacional tras un
adiestramiento perfecto y con una moral de combatiente que no se res-
quebrajase por el alejamiento del hogar. Eran las primeras ideas de lo
que mas tarde quedarfa plasmado en el Tercio de Extranjeros. "
Los hechos de armas de San Rafael, Bonga Mayor y del fuerte de
San Ildefonso, pusieron los cimientos, firmemente asentados de la
carrera militar de Millan Astray. Luego serian las clases tedricas y las
prdcticas de la Escuela Superior de Guerra, a donde le llegé, por Real
Orden de 28 de febrero de 1898, el ascenso a primer teniente de infante-
ria, y una cuarta condecoracién: la cruz de Maria Cristina de 1.* Clase,
concedida por su brillante comportamiento en la accion del Pinde de
Candara (Camparga).
En febrero de 1899 saldria de la Escuela con destino al Regimiento
de Infanteria de la Lealtad, en Burgos, donde apenas si estuvo un mes.
Se le destinara en seguida al Vizcaya 51, de guarnicién en Valencia. En
la capital del Turia permanecerd dos afios hasta su incorporacién al
Inmemorial del Rey nimero 1, con destino en el cantén de Leganés.
Es ya teniente y la campaiia de Filipinas aan le traera nuevas glorias: la
medalla con el pasador de Luzén y la medalla de Alfonso XIII.
En 1904 al teniente Millan Astray se le destiné al Batallon de Caza-
dores de Madrid nimero 2, con destino en Campamento de Carabanchel.
Veinte dias mas tarde saldria para las islas Baleares a efectuar sobre el
terreno el reconocimiento de calas y costas, Alli revivirfa con sus solda-
dos las experiencias de su campaiia filipina. Las costas parecfan dispues-
tas para la ensefianza de toda clase de ejemplos, y la compafifa de Millan
Astray tuvo miltiples ejercicios, guiados por la voz serena y experimen-
tada de un teniente que se esforzaba en cumplir su misién con fidelidad
y entusiasmo.
EI 12 de enero de 1905 fue ascendido al empleo de capitan de infan-
teria y un mes mas tarde trasladado al regimiento de infanteria Asturias
nimero 31.
Al afio siguiente contraeré matrimonio con dofia Elvira Gutiérrez de
35la Torre, una de las hijas del general Gutiérrez Camara, a quien conocié
en los dias de Carnaval, cuando la villa se echaba a la calle para celebrar
el desfile de carrozas que tenia lugar en el paseo de la Castellana.
Tras el viaje de bodas, el capitan Millan Astray volvié a incorporarse
a la Escuela Superior de Guerra para concluir los estudios iniciados con
anterioridad. Alli completaria su formacién militar durante tres aiios.
El curso termina en julio de 1909 y el capitan Millan Astray recibié las
felicitaciones de sus profesores y compaiieros. Ha terminado sus estudios
con gran aprovechamiento. Sus conocimientos de tacticas, cileulo de
precision, aplicaciones cientificas de topografia, cartografia, balistica
y tiro se pondran en prdctica durante un afio. Primero en la Capitania
General de la Primera Regién; luego en la Segunda Regién y por ultimo
formara parte de la Comisién que realizard un trabajo delicado e impor-
tante: confeccionar el plano de la frontera hispano-francesa.
Los conocimientos de Millan Astray y su aplicacién a la rapida solu-
cién de cuestiones topograficas, le hardin destacar y ser elogiado por
todos los miembros de la Comision. Luego, una vez concluido su trabajo
en la frontera, regresarfa al Estado Mayor Central, para llegar el 3 de
junio de 1911 al regimiento montado de infanterfa.
Empezaria ahora una nueva etapa en la vida de Millan Astray; profe-
sor en la Academia de Infanterfa de Toledo. Primero, en comisién y en
septiembre como profesor de plantilla. Alli explicaria Geografia militar
de Espaiia y Portugal, de Marruecos, de Europa, Historia militar, Logfs-
tica, Tactica de las tres armas, Reglamento de campaiia, Repaso de Or-
denanzas y Reglamento tactico.
Resulté un profesor apasionado, de palabra cdlida, fluida y clara.
Su asignatura preferida era Tdctica de las tres armas, en la cual vertia
todos sus conocimientos tedricos y los ejemplos personales sobre el me-
jor modo de resolver situaciones, decidir con rapidez situaciones com-
prometidas y demostrar la gran influencia moral sobre el soldado.
Los testimonios de aquella época lo recuerdan con un principio pau-
sado, exponiendo tranquilo y con voz modulada los conocimientos
tedricos. Luego alzaba el tono de sus explicaciones y las argumentaba
con personal influjo y tono vibrante hasta hacer que sus alumnos cadetes
quedasen prendidos en sus ensefianzas como en una verdadera arenga.
El Cuerpo de Estado Mayor de la Primera Regién militar, intento
incorporarlo a sus filas y lo reclamé a la Academia, pero Millan Astray
decliné el honor por su deseo de ir a Africa e incorporarse a las tropas
36que actuaban en campaiia. Se le envié a realizar practicas de logisticas
y fortificacién en Guadamur, Loban, Casas Buenas y el campamento de
los Alijares. Luego regresaria a su puesto de profesor y en mayo de 1912
realizaria las Ultimas practicas en el campamento de Alijares.
Una Real Orden del 30 de junio de 1911 habia permitido que Damaso
Berenguer organizase la primera compaiiia de voluntarios moros del
Ejército, Eran las fuerzas Regulares Indigenas de Marruecos. Al principio
las tropas moras eran miradas con desconfianza. Los oficiales destinados
en ellas vivian en la incertidumbre y carecian de experiencia. Pero los
moros que hufan de la zona francesa a la espafiola después de un levan-
tamiento, estaban deseosos de servir contra las cabilas extranjeras y lle-
naban las filas de los Regulares. El Gobierno espafiol comprendié que
necesitaba hombres con grandes dotes de mando, de simpatia personal
y de prestigio, para convencer e infundir confianza a los marroquies que
ingresaban como soldados al servicio de Espafia.
En agosto de 1912 Millan Astray fue requerido para prestar sus
servicios en la Subinspeccién de las Tropas y. Asuntos Indigenas. Al fin
se cumple su deseo de ir a Africa, y el 1 de septiembre desembarca en
Melilla para incorporarse a la gran generacién de militares espafioles que
habrfan de forjarse en tierras marroquies y recibirian el justo nombre
de africanistas,
Su primer destino africano estuvo en la policia indigena de Melilla.
La formaban soldados marroquies mandados por oficiales espajioles.
Surgié el primer problema: el trato con los indigenas. Los superiores le
indicaron cOmo mandar al marroqui, y también cuales eran sus virtudes
y sus defectos,
Los moros estaban considerados como una raza que nace, vive y
muere para la guerra. Por ello los Mandos del Ejército los aprovech6
como elementos naturales, como materia prima, de nervio indomito, de
ansia trashumante, de inquietud y de codicia, muy propias en los hom-
bres del Rif. De ahi la alta cotizacién aleanzada por estos hofhbres ce-
trinos, fuertes y sufridos que fueron disciplinados para multiplicar su
eficacia natural, encuadrandolos en los tabores de Regulares, mandados
siempre por una oficialidad cuidadosa y seleccionada.
A los quince dias de su llegada, Millan Astray ya recorria diversas
mias, Las mias eran unidades destacadas de policia indigena que pres-
taba sus servicios de vigilancia fuera de los centros urbanos. Este servi-
cio proporciond valiosos conocimientos topogréficos al capitan re-
37cién llegado a Africa, y le permitio demostrar su gran aptitud.
El 17 de diciembre de 1912 el general subinspector de las tropas de
policfa indfgena le encargaria realizar una misién secreta y reservada en
la region de Nador.
En marzo se habia establecido oficialmente el protectorado francés
sobre casi todo Marruecos, quedandole a Espaiia el 5 por ciento del terri-
torio. En noviembre se habfa preparado un tratado con el sultan que
otorgaba a Espaiia el derecho de vigilar y de proteger este territorio. La
administracién del protectorado espafiol estarfa a cargo de un represen-
tante del sultan, el jalifa, ayudado por la jerarquia tradicional musulmana
de jefes locales, pachds y cafdes. Pero los espafioles tendrian derecho a
designar el candidato a jalifa y a intervenir libremente en los actos de
gobierno. Un real decreto del 7 de febrero de 1918 establecerfa la auto-
ridad suprema en un Alto Comisario residente en Ceuta. El orden segui-
ria mantenido por una fuerza ampliada de Regulares y por la policia
indigena; pero los tres distritos militares de Ceuta, Melilla y Larache,
funcionarian como centros virtualmente autonomos.
No obstante, en aquellos dias ya habfan comenzado las dificultades
en la region de Yebala, peninsula montafiosa del norte de Marruecos
y extremo occidental de la zona espaiiola. La autoridad musulmana la
ejercia el cherif Muley Ahmed El Raisuni, descendiente del profeta
Mahoma y miembro de una de las familias mds importantes de la region.
Era hombre de fuerte magnetismo personal, y en un principio habia es-
tablecido buenas relaciones con el jefe militar espafiol, coronel Fernan-
dez Silvestre, quien establecié una pequefia guarnicién en sus cuarteles
de Arcila. Pero las relaciones se deterioraron prontamente, cuando Sil-
vestre que entendia poco o nada de politica y diplomacia, actu siguien-
do lo que le dictaba su conciencia aterrado por lo que vio en los calabo-
zos de Arcila,
Seis dias después de entregar su informe, el capitan Millan Astray fue
destinado al regimiento Serrallo nimero 69, con el cual se trasladaria
a la posicion de Cudia Federico, en espera de embarcarse el 4 de febrero
en el Apdstol, con destino a El Rincén del Medik, donde seis meses antes
el general Alfau habfa instalado el campamento de ingenieros que efec-
tuaban los trabajos de la carretera de Ceuta a Tetuan. Se trataba de ocu-
par esta ciudad, capital tradicional de la Yebala, y en la que se establecia
la residencia del nuevo jalifa.
EI 19 de febrero el general Alfau entraba en Tetudn e incorporaba de
38manera oficial la ciudad al protectorado. Pero las fuerzas. de Millan
Astray no entraron y debieron ocupar la posicién del Harcha, como
apoyo a la columna que se dirigfa a la ciudad. Al no registrarse incidente
alguno que alterase los planes previstos, el dfa 23 la compaiiia de Millan
Astray recibié la orden de concentrarse en Dxaz-Murcia y conservar la
posicion.
Permanecerfa alli hasta que la fama y su competencia hicieron que
fuese reclamado por el coronel Fernandez Silvestre, para incorporarse
a su nuevo destino en el Tabor de Arcila namero 8, situado al otro extre-
mo de Marruecos. La situacién no permite atravesar el territorio por
tierra y habra de navegar para llegar a su nuevo destino el 1 de mayo. Alli
dedicara un mes a la proteccién de convoyes. Una misién mondtona, sin
variacion, pero siempre con el peligro de la emboscada, del disparo ocul-
to sin saber de donde llega la muerte,
El germen de la guerra se estaba incubando. No era por Tetuan, aun-
que la ciudad posefa cierta significacién religiosa y su ocupacién provocé
un cierto malestar cuando se corrieron los rumores de que los militares
espafioles habian molestado a las mujeres indigenas, y se temia que el
tratado del protectorado sélo fuese una simple estratagema para destruir
Ja religion, las leyes y las costumbres moras.
EI peligro surgia por El Raisuni. Al instalarse un nuevo jalifa veia
desaparecer sus esperanzas de aumentar su influencia al lado de los espa-
fioles, Silvestre le habia obligado a desplazarse a Tazarut y desde alli
rompio sus Ultimas conversaciones con las autoridades espafiolas y llam6
a las armas a sus fieles, Empezaron las pequefias escaramuzas alrededor
de Tetudn y Larache,
El Tabor de Millan Astray, incorporado a la columna del propio
comandante general, tuvo que intervenir en la accion del zoco del Tze-
nin, un lugar rebelde en el que planeaban y partfan acciones de hostiga-
miento contra los soldados espaiioles, Millan Astray cumplié las érdenes
del coronel Silvestre: limpié la zona y establecié en aquella posicién una
oficina indigena. El 18 de junio resolvia la situacién de zoco del Arbaa,
gemelo en peligrosidad al anterior. Estas acciones le valieron figurar en el
registro de Distinguidos y el reconocimiento de su valia por parte de sus
superiores.
En los territorios encargados a su vigilancia, Millan Astray adminis-
traba sus escasos recursos a la vez que ponia a prueba su valor. Ponia
rapidez e intuicién ante las situaciones dificiles que le hacfan vencedor
39real y efectivo. Sus frecuentes salidas contra los rebeldes, le permitia
desarticular las partidas enemigas, coger prisioneros y restablecer la paz
y la calma entre los cabilefios de su zona.
El 15 de agosto, Fernandez Silvestre le reclamé a Arcila para encar-
garle que resolviese de una vez la situacién en Cuesta Colorada, punto
crucial para conseguir la tranquilidad en aquella zona. Era una opera-
cién dificil, pues los moros se defendian bien, pegados al terreno resul-
taban superiores en nimero y no les importaban los muertos ni los
heridos.
La posicién fue tomada tras duras horas de lucha. Espafioles y marro-
quies leales quedaron muertos por los repechos de Cuesta Colorada, pero
el capitan Millan Astray cogié fama de dar el ejemplo a todos. Y Silvestre
le encarg6 del mando de la posicién mientras le proponia para otra cruz
de primera clase del Mérito Militar con distintivo rojo pensionada.
El 24 de octubre le Ieg6 a su puesto de mando la noticia de que las
fuerzas de policia de Xarquia estaban siendo atacadas. Millan Astray dio
la orden de partir rapidamente en su socorro. Después de varias horas de
marcha, surgid el encuentro con los atacantes que cercaban a las fuerzas
de Xarquia.
El 5 de noviembre la caballeria del tabor serfa reforzada con una
Seccién del Grupo de Escuadrones, y al mando de Millan Astray se en-
cargarian de la ocupacién de Drar-Bufds. Es la época en que el nombre
de Millan Astray empieza a mitificarse, y los soldados corren la voz de
que con él la victoria es segura. Incluso el comandante jefe del tabor,
Federico Berenguer, le confiarfa el mando provisional de la columna
mientras él se ausentaba para realizar un servicio, y a su regreso le saluda-
ria con “nunca me fui tan tranquilo ni tan seguro”.
Continué combatiendo a las érdenes de Berenguer con el Batallén
de Cazadores de las Navas nimero 10, en donde en muy corto espacio de
tiempo fue merecedor de singulares distinciones, entre ellas la cruz de
primera clase de Maria Cristina, por méritos contraidos en hechos de ar-
mas anteriores y el ascenso al empleo de comandante, en julio de 1914.
Amediados de octubre un nuevo destino le esperaba en Barcelona, en el
regimiento de infanteria de Vergara niimero 57. Millan Astray solo pensaba
en regresar a Africa. La guerra era su vida. No deseaba disfrutar de un pues-
to facil, comodo y seguro, pero la disciplina y la obediencia se imponian
y ejercié las funciones de juez instructor en la ciudad Condal hasta que el
1 de abril de 1915 se le concedié permiso para su regreso a Africa,
40Vuelve a los nombres queridos, familiares, Larache, Ceuta, Arcila,
y junto a los viejos compaiieros. El 2.° Tabor de las Fuerzas Indigenas
Regulares de Larache se encuentra en el campamento de Kudia Rindo.
Es un lugar austero, duro, tf{picamente guerrero, pero deseado por Millan
Astray. La accion no se hace esperar.
Berenguer habia recibido instrucciones del Alto Mando para realizar
una serie de operaciones. Comunica a Millan Astray que deben atacar
Magaret, y el 14 de septiembre el comandante sali con sus tropas hacia
el Tzenin, una posicion muy conocida y vivida por Millan Astray. El
1 de octubre, en una operacion rapida, modelo de accién, el poblado
qued6 ocupado y expulsados, hechos prisioneros 0 muertos, los enemigos
que se enfrentaron a las fuerzas espafiolas.
Millan Astray se qued6 con su primera y segunda compajifas, desta-
cado en la posicion. Alli comentaria a sus oficiales:
“Ser soldado, sefiores, es un empleo tan escogido que no existe otro
mejor sobre la tierra.”
En la primavera de 1916 volveria al escenario de uno de sus mejores
recuerdos de la guerra africana: Cuesta Colorada. Tendria que incorpo-
yarse de nuevo a la columna de Berenguer y con su tabor ocupar las posi-
ciones de Acib Hax y Armensan, junto a la cabila de Wad Ras.
La guerra de aquella zona significaba permanecer acampado durante
un par de meses y luego, en dos o tres dias, ocupar una 0 varias posicio-
nes claves en centros de comunicacion. Eran combates cortos, pero de
extremada dureza e incertidumbre. Siguen las conquistas de Sidi-Talha,
de Ain-Guenen, de Melusa y de Tafagal, donde aquel 29 de junio, bajo un
calor sofocante, hubo que desalojar al enemigo a punta de bayoneta des-
de los primeros instantes.
Los testimonios recuerdan a Millan Astray en una actitud que se le
consideraba caracteristica en combate: erguido, con la pistola en la mano
derecha, mirando a sus soldados y contagidndoles su confianza y seguri-
dad en el ataque a la bayoneta.
Luego regresaria a Kudia Rindo, donde en diciembre recibiria la
iiltima condecoracén de aquella campajia: la cruz de segunda clase del
Mérito Militar roja, pensionada, por los hechos de armas ejecutados en
aquel afio. Y en abril de 1917 seria trasladado al regimiento de Sabo-
ya niimero 6, de guarnicién en Madrid. Luque, el ministro de la guerra,
habfa escrito al general Jordana que continuase la politica de contempo-
rizar con El Raisuni hasta que la situacién mundial se aclarase. Por lo
41que la actividad espafiola en Marruecos qued6 practicamente paralizada.
En 1919 las cosas volvieron a cambiar. El tercer gobierno de Roma-
nones reconsideré la politica espafiola en Africa. Terminado el conflicto
europeo, Francia volveria a incrementar su actividad en Marruecos, mien-
tras Espafia apenas si se habia movido desde hacia tres afios. Ademas, la
tirania feudal de El Raisuni se habfa vuelto mds fuerte que nunca sobre
todo el protectorado espaiiol, dejando mal parada la autoridad de Espafia
en Marruecos.
La opinién general era que debia abandonarse Marruecos. Incluso
Primo de Rivera ya habia sugerido que se transfiriese parte del protecto-
rado a Inglaterra a cambio de Gibraltar. Sensacional y no desatinada
declaracion, que le oblig6 a dimitir temporalmente de su mando.
No obstante, el Ejército, el Rey y los lideres politicos de mayor in-
fluencia querian extender el poder colonial espanol y a comienzos
de 1919 decidieron tomar medidas més enérgicas. Jordana habia muerto
en su despacho de trabajo en diciembre y su cargo estaba vacante. Las
camarillas actuaron rapidamente y Démaso Berenguer, general de divi-
sion y subsecretario de Guerra con el anterior gobierno de Maura, fue el
elegido.
Berenguer era un hombre prudente, observador y cerebral. que ya
habia participado en anteriores campafias de Marruecos. Llego a Tetuan
en febrero de 1919 y decidié hacer su politica: avances cortos y bien
planeados, basandose en el conocimiento del terreno; utilizacion de Re-
gulares nativos, para disminuir el niimero de bajas espafiolas, y ganarse
a los jefes locales y cadies con una accion diplomatica de no interferencia
en sus administraciones.
El Raisuni fue convocado por Berenguer a una entrevista en Tetuan,
con animo de discutir sus problemas. El cherif, que se negaba a visitar la
ciudad donde residia el jalifa, se retiré a las montafias y rompié sus rela-
ciones con las autoridades espafiolas. Quiso repetir su hazafia de 1913
e intentd sublevar a las cabilas de la Yebala y aislar a la administracion
espafiola del jalifa cortando las carreteras de Tetudén a Ceuta, Tanger
y Larache.
Los choques con las bandas de El Raisuni empezaron a prodigarse,
y las noticias de estas esearamuzas llegaron a Espafia, donde la oposicion
politica critics duramente la nueva politica espafiola en Marruecos. En
Barcelona hubo un ensayo de huelga general y se comprobé que mas de
cien mil obreros cotizaban semanalmente a los partidos revolucionarios.
42Los sectores extremistas del nacionalismo catalén incluso expresaron
publicamente su simpatia hacia la resistencia marroqui contra el impera-
lismo castellano. Las Juntas de Defensa hab{an hecho que en aquellos
afios se ampliase nuevamente el Ejército y se aumentara su presupuesto.
Las nuevas perspectivas sobre Marruecos, Ilevaban la cifra de 317 millo-
nes de pesetas desde 1918 a los 581 de 1920, mientras los hombres pa-
saban de 190.000 hasta un total de 216.000. Lo cual y pese a los grandes
esfuerzos, no se mejoraba la organizaci6n ni el material del Bjército.
Las obras escritas por los militares que vivieron aquellas campafias
marroquies, Mola, Micé, Berenguer, Vigon, entre otros, testimonian la
mala administracién que se hacia del protectorado. Pese al dinero reco-
gido al contribuyente espafiol, el fraude y el favoritismo reinaban en la
mayor parte de la administracién encargada de los asuntos civiles, donde
la justicia estaba lejos de ser imparcial. Muchos oficiales eran culpables
de mala conducta respecto a la poblacién nativa.
Estudios posteriores e investigaciones en profundidad, demostrarian
lo que ya era evidente en los principales puestos de guarnicién: la vida
disoluta, no sdlo por los repletos prostibulos, sino por el juego, vicio
muy extendido y a donde iban a parar muchos presupuestos de Inten-
dencia. Los oficiales abandonaban sus deberes administrativos y la mayo-
xia de los cuarteles estaban insoportablemente sucios y carentes de los
minimos sanitarios. Las pequefias guarniciones de los blocaos, hechos
con sacos de arena y establecidos a intervalos regulares por una gran
parte de la zona, eran las que mas sufrian. Si los soldados se aventuraban
a salir del recinto se exponian a los disparos de los cabilefios al acecho.
Pese a acortar los reemplazos a un aiio, los reclutas tenian una moral muy
baja y las visperas de las marchas anunciadas solfan pasarlas en frenéticas
orgias con la esperanza de ser incluidos en la lista de enfermos venéreos
y asi escapar a los combates, como sefiala en elocuentes paginas Arturo
Barca.
En esos dias, Millén Astray ejercia el cargo de vocal agregado a la’
Comision de Tactica, en Madrid, y habia sido felicitado por su trabajo
en la redaccién de dos obras: Notas para el tiro de aplicacién del com-
bate y Especialistas de la Compaftia, Acababa de ser ascendido al empleo
de teniente coronel, pero ademas estaba en posesi6n de un brillante his-
torial militar. Le rodeaba un gran prestigio entre sus compafieros de ar-
mas y se le sabia conocedor de los problemas africanos y forjador indis-
cutible de hombres y soldados.
43Desde su regreso de Filipinas no ha dejado de pensar en aquella fuer-
za de voluntarios profesionalizados para la guerra de guerrillas, Millan
Astray volvié a darle vueltas a su Unidad de Voluntarios, de seres desa-
rraigados de la sociedad, sin deseos de volver a ella, ni ganas de seguir los
atractivos de la vida civil por unas causas 0 por otras. Aquéllos serian la
base de un ejército colonial que sirviera siempre lejos de la metrépoli,
pero con enganches minimos de cuatro afios para que recibieran una
instruccién intensa y continuada que les permitiese ser eficaces y dies-
tros en la clase de guerra que se requeria en Marruecos.
Guiado por el entusiasmo y su fe en el nuevo Tercio de Extranjeros,
Millan Astray solicité y obtuvo una entrevista con el ministro de Guerra,
general Tovar, a quien presentd su estudio, basado en mil razones: escasa
preparacion para la guerra tan especial de Marruecos de las tropas penin-
sulares, a las que se le ocasionan muchas bajas, Carecen de instruccién
adecuada para la guerra de movimientos, de agresiones y de celadas. Son
soldados que se emplean para guarnecer posiciones, blocaos, avanzadillas
y proteger convoyes, y apenas si tienen un ligero conocimiento de ma-
niobras.
Se hacen precisas las unidades coloniales de voluntarios espafioles
yextranjeros. Unos por patriotismo, otros por amor al Cuerpo y a sus
glorias, y otros por gratitud a la mesnada que le da asilo. Todos integra-
yan fuerzas capaces de combatir con éxito en cualquier circunstancia
y ahorrando vidas de los soldados de reemplazo.
EI general Tovar escuchd el encendido alegato y prometié apoyar el
proyecto, pero antes debia emitirse un informe por parte del Estado
Mayor Central, ademas de la opinién del Alto Comisario de Espafia en
Marruecos.
El coronel Calvo, el comandante Doménech y el capitan Cuerda
formaron la comisién que elev6 el informe al ministro. El general Beren-
guer, que ya habia creado en 1911 la primera compaiiia de voluntarios
moros, declaré al Ministro:
“Ferviente partidario de relevar las fuerzas salidas‘de reclutamiento
forzoso, que aqui hacen la campaiia, por tropas voluntarias; acojo con
entusiasmo la creacién del Tercio de Extranjeros.”
Ademas, Berenguer conocia a Millan Astray, sabia'de su capacidad
y su entusiasmo, y ya habia declarado en una ocasién que para lograr el
éxito en Marruecos debfan emplearse “contra los mores las armas mas
terribles.que puedan esgrimirse contra aquellos infieles;sa propia codicia
44y sus inconstancias, envidias y odios, rivalidades y ambiciones, que siem- -
pre les hacen estar predispuestos a la traicion y a pactos vergonzosos,
incapacitandoles para la unidad dentro de su misma causa”. __
Una Real Orden del 5 de septiembre de 1919 designé al comandante
Millan Astray para desempefiar una comision en Argelia, a fin de estudiar
el régimen y fundamentos de la Legion Extranjera francesa. A finales de
mes llegaba a Tetuan para presentarse al general Berenguer y recibir sus
instrucciones. No obstante, el Ejército estaba empefado en unas acciones
importantes para el futuro de la campafia de Marruecos, y Millan Astray
aplaza su viaje y es agregado al Cuartel del general Vallejo, segin recla-
maci6n del comandante de Ceuta, Fernandez Silvestre.
El Raisuni habia conseguido que la cabila de Uadyas se le uniese en
sus hostilidades contra las fuerzas espafiolas, por lo que el general Beren-
guer dio la orden de someter y ocupar el Fondak, para despejar aquella
regi6n de enlace entre Larache, Ceuta y Tetudn.
Millan Astray se incorporé a las unidades mandadas por el general
Vallejo, en la columna del coronel Sanjurjo. Tomé parte destacada en los
combates de Harcha, en el asalto a Yebel Hedia y al final someter el Fon-
dak que dejaba abierta la comunicacién de Tetudn con Tanger y Larache,
despejando el acceso a Xauen.
El 8 de octubre conclufa la campaiia y el Mando dispuso que Millan
Astray Ilevase a cabo su misi6n. En Melilla, el general Aizpuru cedié su
coche para llegar hasta el rio luya, zona en la que reina la paz. Le
acompafia en el trayecto su hermana Pilar y su cufiado. En la frontera
lo acogera una diligencia para trasladarlo a donde_pernocta.
Sigue viaje en autobits hast: luego en ferrocarril a Ora
El general francés Vhen ‘le acoge y le facilita Ja visita a los cuarte-
les, oficinas y depot de i Bel Abbés. Pero a
Millan Astray no le basta con una visita protocolaria. Quiere ver el regi-
miento de la Legién que esta en Renee: » alli pasa un par de semanas
entre los os seed arios franceses. Estudia la psicologia de aquellos soldados,
el sistema | ee | y_ castigos, las relaciones entre los diferentes
escalones del Mando y convive como un oficial mas en compafierismo
con los franceses. Toma parte en maniobras y ejercicios y juzga la disci-
plina y la vida de los soldados, mientras estudia el historial de la Legion
francesa. Alli ya se hablaba del espiritu de lucha y heroismo de algunos
espajioles, citados por su valor frente al enemigo.
Comprobé que para crear el clima legendario del Tercio era preciso
45una bien orientada propaganda en libros y Prensa, que expusiera el lado
romantico de la apenas, de la vida en campafia y de los hechos heroi-
cos. ‘La muer erte seri nas alta 1 alta recombeae les sufrimientos, algo no
ee y aaa fe de las. armas una radiante luz. El Tercio estaria
regido por wnasevera disci ina y flexibles, En
Themes existian cio reducido:
a y una almohada de
piedra. Los recluidos en tales celdas, solo salian para hacer instruccién,
cargados con una mochila que contenia quince kilos de arena. Se les pri-
yaba de café y de tabaco y se les imponian multas. A cambio, se descu-
bria en los soldados saludos marciales, movimientos matematicos y evo-
luciones violentas; casi parecian pedir ordenes,
“Es un gran soldado en el campo, malo en guarnicién, quiere a sus
jefes, es excelente compafiero y ama la limpieza y la buena comida, sin
desdefiar la soldada y un modesto retiro”, escribiria Millan Astray en su
cuaderno de notas.
El 27 de octubre de 1919 abandonarfa su estancia en la Legion fran-
cesa para dirigirse a Almeria y alli dar el cuerpo a su idea sobre el Tercio
espaiiol antes de presentar el informe en Madrid. El nombre de Tercio
seria un homenaje a aquellas tropas que en los siglos xvi y xvi habian
Iuchado por tierras de Flandes, Alemania o Italia. Realmente la Legion
espajiola ya era una cosa acabada y con todos los pormenores en la mente
de su fundador, pues un afio antes habia tenido lugar un acontecimiento
decisivo para el futuro de la Legién:; el encuentro Millén Astray y Fran-
cisco Franco,
Ocurrié en septiembre de 1918, con motivo de un curso de tiro de
precision para oficiales superiores en la poblacién de Pinto, cerca de Ma-
drid, Franco habia estado por Melilla y Ceuta realizando una labor pare-
cida a la de Millan Astray en la zona de Larache. No se habian visto nin-
guna vez hasta su encuentro en el cursillo de tiro con fusil. Y ambos ha-
bran llegado a la misma conclusién: los libros de texto sobre tacticas de
infanterfa tenian que ser revisados. La infanterfa espafiola debia ser
adiestrada en la utilizacién del terreno para el ataque y la defensa.
Desde los primeros contactos nacié entre ellos una espontanea y gran
simpatia. Ambos trabajaron en intima conexién y redactaron la memo-
ria del curso, Pasaban horas sobre los planos, compulsando documentos,
resumiendo ensefianzas, elaborando conclusiones. Millan escribiria mas
tarde:
“Desde el dia que tuve la suerte de conocer a Franco percibi muy
46claras y destacadas sus extraordinarias condiciones y aptitudes. Como mi
pensamiento constante por esos dias era la fundacién de la Legién, juzga-
ba con acierto que necesitarfa ayuda de hombres extraordinarios y, prin-
cipalmente, de uno que fuese mi lugarteniente, para completar lo mucho
que a mf me faltaba para el total desarrollo de mi magna empresa. Des-
pués de conocer a Franco, no pensé en ningiin otro.”
Poco después, Millan Astray serfa destinado a la Comisién de Tactica
y las tareas realizadas servirian de asesoramiento para redacién de los
nuevos libros de texto.
Una Real Orden del 7 de enero de 1920 ascendia a José Millan As-
tray a teniente coronel, y otra del 28 con publicacién en el Diario Oficial
del Ministerio de la Guerra del dia 31, crearfa el Tercio de Extranjeros
y dispondria que el teniente coronel Millan Astray emprenderia la tarea
de organizarlo, como unidad armada integrada por hombres de todos los
paises que voluntariamente se incorporasen a la misma.
Las esperanzas y los propésitos, los suefios y los deseos, habian pasa-
do al mundo de las realidades, aunque faltaba poner en marcha la empre-
sa mas hidalga y gloriosa de las emprendidas por Espafia-en el siglo xx.
Honor, deber y sacrificio, ésos eran los requisitos y el espiritu, para
encarnar en los legionarios de Millan Astray, la ofrenda a su Patria y a su
Ejército.
Inmediatamente se empez6 a gestionar en los ministerios de Estado,
Gobernacion y Fomento las disposiciones necesarias para dar forma ala.
empresa. Es necesario iniciar el reclutamiento, establecer titiderines de
enganch M ragoza, Barcelona y Valencia. Millan Astray fue
el gestor personal | de todos los legalismos administrativos. Su entusiasmo
slo tenfa parangén con sus dotes de organizador. A los pocos dias, y sin
medios apenas, ya estaba todo listo y emprendia traslado a Ceuta para
tomar posesion del mando del Tercio.
Se trataba de una organizacién més movil y compacta que la del
batallén de infanterfa espafiol ordinario, el cual contaba con cuatro y a
veces mds compajfifas de fusileros. Inmediatamente después fueron fija-
dos grandes carteles, mostrando a un soldado izando la bandera con los
47ojos fijos en el cielo, en los tableros de avisos y en las oficinas de reclu-
tamiento. El texto de los letreros decia: “;Alistaos en la Legion de Ex-
tranjeros!””
La Real Ordenanza original y los subsiguientes decretos hablaron
siempre de un Tercio de Extranjeros, pero Millan Astray y los oficiales
que compartian sus ideas lo lamaban la Legién y nunca se referfan a ella
como el Tercio.
Ambas palabras poseen interesantes connotaciones. La gran infante-
ria espafiola, durante tanto tiempo invencible frente a los ejércitos euro-
peos de los siglos xvi y xv, habia admitido extranjeros en sus filas y
estuvo compuesta por unidades de piqueros, arcabuceros y ballesteros,
combinadas en tercios. Por consiguiente, el nombre resultaba inadecuado
para la nueva formacién que combinaba los fusiles con las ametralladoras
pesadas y ligeras. Ademas, el emblema de la Legién recordo al tercio:
una corona sobrepuesta a una combinacién de ballesta, arcabuz y pica.
La palabra legidn, sin embargo, suscitaba en la memoria espajiola el
recuerdo de las legiones del imperio romano (en donde sirvieron tantos,
celtiberos). Por otro lado estaba mas de acuerdo con la ética romana del
oficial espafiol. Esto no quiere decir que la Legién de Millan Astray no
estuviese conscientemente modelada segiin la francesa, sobre la cual ya
abundaba mucha literatura, novelas con hechos auténticos y ficticios,
que se vendia por quioscos y liberias. Asi pues, el nombre de Legion no
solo fue el utilizado por Millan Astray sino que todo el pais Iegarfa a
conocerla como tal mientras daba el nombre de Legion Extranjera a la
francesa.
48PRIMEROS PLANES
La sede del Cuerpo fue el Cuartel del Rey, en Ceuta. Un edificio viejo
y destartalado que necesit6 acondicionarse para que se instalase la Legion.
Estaba en un buen emplazamiento y disponia de una explanada ante la
entrada frontal que miraba al mar, y en la que luego se harian unos jardi-
nes para su embellecimiento.
Es el lugar donde Millan Astray va a recibir a sus legionarios, el recin-
to que sera descrito por todos los poetas y periodistas, incluso por los
que no sabian escribir pero su entusiasmo legionario les hizo rellenar
cuartillas, durante aquellos tiempos primeros de la Legién.
Un despacho en el piso principal, de proporciones desahogadas, con
muebles de sobrio lujo y discreta elegancia que contribuird a dar solem-
nidad a la entrevista con el jefe de la Legion. La luz entrando a raudales
por un baleén que se abre al mar, de un azul cobalto que ciega los ojos
en las mafianas luminosas.
Antes se ha atravesado la solera principal del cuartel; el umbral de
una puerta que pone cierto sentido misterioso de recelo y de vago respe-
to religioso. Los primeros legionarios iban luego por amplios salones,
escaleras y galerias hasta llegar ante el Jefe. Luego, cuando se vio que
49aquello desbordaba lo previsto, se les formaba en el patio y Millan Astray
les hablaba con voz serena, dandoles la bienvenida.
“La Legion os recibe con jubilo y satisfaccién; alegraos de este mo-
mento. Os recibe con los brazos abiertos y os ofrece honores, gloria
y olvido también. Sentiréis un orgullo desconocido hasta ahora: el de ser
legionarios. Aqui recibiréis vuestras cuotas y percibiréis los haberes pro-
metidos. Podréis ganar galones y alcanzar estrellas, pero a cambio de
esto, los sacrificios han de ser constantes, en el combate defenderéis los
puestos mas duros y peligrosos, y muchos de vosotros moriréis en la
pelea. Nada hay mas hermoso que morir con honor, por la gloria de
Espafia y de su Ejército; ya lo aprenderéis asi... Caballeros legionarios:
iViva la Legion!”
Luego, el teniente coronel se retiraba a su despacho e iba recibiendo
uno a uno a los legionarios recién incorporados. El capitan Joaquin Ortiz
de Zarate, que oficiaba de ayudante, autorizaba a pasar a presencia del
jefe desde el antedespacho. Pero esto ya fue cuando la Legion funciona-
ba; antes, desde el 11 de septiembre en que Millan Astray se incorpora
a la plaza de Ceuta, son los dias del asceta, del iluminado, del hombre
empefiado en crear y organizar los cuadros de mando y perfilar todas las
earacteristicas de la Legion. Sélo un pequefio grupo de jefes y oficiales que
estan a sus 6rdenes, visionarios como él, comprenden, comparten y arrollan
cuanto se opone a su paso para conseguir la realizacién de la obra.
Una Real Orden del 2 de septiembre de 1920, establecia las planti-
Ilas iniciales, a la vez que declaraba que el Cuerpo “habra de emplearse
tacticamente de primera linea y en todos los servicios de paz y guerra, sin
otro lfmite que el de su utilidad militar”. Para la designacién de los man-
dos se acudiria al procedimiento de libre eleccién, siendo recomendacién
maxima los méritos de campaiia.
La composicién del Tercio de Extranjeros, que desde siempre su
fundador llamaba Legién, se establecié de la siguiente manera:
Una Plana Mayor de Mando, que la integraban el teniente coronel
Primer Jefe, el capitan ayudante mayor y la escolta montada,
Una Plana Mayor administrativa, dependiente del Comandante Ma-
yor, con sus distintas dependencias de contabilidad, caja, almacén, apo-
deracién, hojas de servicio, archivo, etc., etc.
Cuatro Compafifas de Depésitos para la instruccién de los engancha-
dos, alojamiento de los transeiintes y mantenimiento de los legionarios
licenciados o pendientes de pasar al cuerpo de Invalidos.
50Las Banderas
Cada Bandera se componfa de las siguientes Unidades:
Plana Mayor con el Comandante Jefe, un Oficial subalterno como
ayudante, un Suboficial subayudante y encargado de la oficina, y un tren
de combate al mando de un sargento.
Dos compaiiias de fusileros granaderos.
Una compaiifa de ametralladoras con seis maquinas.
Cada compafifa la formaban 170 hombres voluntarios de todos los
paises, aunque predominaron los espaiioles.
La actividad de la campafia y la virulencia que adquirieron los hechos
de guerra, en seguida revelaron que la organizacién de las Banderas en
dos Compaiiias de fusileros granaderos y una de ametralladoras resultaba
insuficiente para la maniobrabilidad de las Unidades, y se crearon nuevas
compafifas de fusileros granaderos, para adscribirlas a cada Bandera. La
numeracion correlativa existente entonces hizo que las nuevas Compa-
jifas se distribuyesen por orden correlativo en cada Bandera, siguiendo
la serie natural, Quedaron asi:
Primera Bandera
1. y 2." compaiiias de fusileros
3.° compaiifa de ametralladoras
13.3 compaiifa de fusileros
Segunda Bandera
4." y 5.* compaiifas de fusileros
6.2 compaiifa de ametralladoras
14." compaiiia de fusileros
Tercera Bandera
7.2 y 8.4 compaiifas de fusileros
9.? compaiiia de ametralladoras
15. compaiifa de fusileros
51ordinaria.
La Bandera se convirtié en la Unidad movil por excelencia. Resultaba
distinta de los Batallones de Cazadores y se parecia bastante a los Bata-
llones que Francia mantenia en Marruecos y Argelia. Era muy manio-
brera y se bastaba a si misma en todas las acciones proporcionadas a su
Cuarta Bandera
10.2 y 11.* compaiifas de fusileros
12.2 compaiiia de ametralladoras
16.* compaiiia de fusileros
Las cuatro tltimas compafifas, agregadas, se crearon durante la cam-
paiia de recuperacion del territorio de Melilla. Posteriormente se crearon
otras Banderas que siguieron, sin interpolacién alguna, la serie numeral
efectivo y aun superior.
Los jefes y oficiales que empezaron a mandar el Tercio de Extranje-
ros, segiin el Anuario de 1921, fueron los siguientes:
52,
Teniente coronel: José Millan Astray Terreros
Comandantes:
Capitanes:
Fernando Cirujeda Gayoso
Francisco Franco Bahamonde
José Candeira Sestelo
Adolfo Vara de Rey y Herranz
Eduardo Cobo Gomez
Camilo Alonso Vega
Pablo Arredondo Acufia
Alvaro Sueiro Vilariiio
Pompilio Martinez Zaldivar
Juan Fernandez Aceytuno-Montero
Justo Pardo Ibajiez
Luis Valedzar Crespo
Juan Villalon Dombriz
Antonio Alcubilla Pérez
Joaquin Ortiz de ZarateTenientes: Luis Gracia Bastarrica
Miguel Lépez-Bravo Jiménez
Martin Ponche Martinez
Manuel Torres Menéndez
Javier de Castro Calzado
Camilo Meléndez Tolosa
y un total de 19 hombres.
14 alféreces,
Comandante médico: Nemesio Diaz Mena
2 Capitanes médicos
1 Masico mayor
Capellin: Alejo Fernandez Ocaranza
2 Veterinarios
1 Profesor de equitacién
Esta primera plantilla en seguida sufrié las bajas de la guerra y el
incremento de las necesidades de mandos y aumento de Banderas a fina-
les de 1921. Los nuevos comandantes son:
Emilio Villegas Bueno
Juan José Liniers y Muguiro
Carlos Rodriguez Fontanés.
Los Capitanes ya alcanzan el nimero de 32; entre los que se en-
cuentran:
Francisco Franco Salgado-Araujo
Eduardo Mendicutti.
Los tenientes son 63 hombres y entre ellos aparecen nombres que se
haran famosos:
Joaquin Rios Capapé
Fernando Lizcano de la Rosa
Federico de la Cruz Lacaci,
Los alféreces pasan a ser 46 y tres nuevos capitanes médicos se unen
a los dos existentes. También hay dos nuevos veterinarios.
53Muy pronto la Plantilla del Tercio Ileg6 a disponer de 183 Jefes y
Oficiales junto a una tropa de 6.464. Esta cifra nunca fue constante por-
que llegé a un total de 7.716 bajo el mando de Millan Astray. Pero hasta
finalizar la guerra de Marruecos, en 1927, la renovacion de mandos y
tropa ha sido continua, pues el Cuerpo tuvo las siguientes bajas durante
las operaciones de guerra:
Muertos: Jefes 4
Oficiales 111
Tropa 1.879
Heridos: Jefes 16
Oficiales 310
Tropa 5.763
Lo que suma un total de 8.063 bajas. Mas que los hombres en activo.
Esto calibra perfectamente el grado de accién en que se movieron los
Jegionarios. Alli no habia bombardeos de aviaci6n, ni gran artillerfa, Era
todo pura artesania, valor y coraje.
Armamento de que disponian estas fuerzas
Fusil Mauser, modelo espafiol 1893, calibre 7 mm.
Mosquetén Mauser, modelo espajfiol 1916.
Fusil ametrallador Hotchkins pesado, modelo 1922.
Ametralladora Hotchkins pesada, modelo 1914.
Mortero Lafitte, modelo 1925, calibre 60 mm.
Lanzas, modelo 1905,
Municion
Cartuchos de fusil Mauser.
Granada de mano Lafitte.
Granada de fusil.
Granada fumigena.
54Armas
Machete, cuchillo bayoneta, modelo 1913.
Pistola Astra, modelo 1921, calibre 9 mm largo y corto.
Pistolas de sefiales, modelo 1921.
Medios de traccién y transporte
Caballos, mulos, camiones, camionetas ligeras, coches répidos, moto-
cicletas y bicicletas.
E] primer hombre que se enganché en la Legién lo hizo el 20 de sep-
tiembre de 1920. Tuvo una vida legionaria activa y ascendié hasta Sub-
oficial para morir, en 1925, en Alhucemas durante la ocupacién del
Malmusi Alto.
En el plazo de menos de un mes desde la incorporacién de ese primer
enganchado, se constituyeron las tres primeras Banderas. Las fechas de
formaci6n que se dan como oficiales con las siguientes:
Primera Bandera . . aa 7 de octubre de 1920
Segunda Bandera . 22 de octubre de 1920
Tercera Bandera .. 23 de octubre de 1920
No obstante, estas fechas varian un poco segin los diferentes testi-
monios. La fecha segura es la del 7 de octubre para la Primera Bandera,
al mando del entonces comandante Francisco Franco, lugarteniente del
Fundador, Millan Astray. Esta Bandera se traslada el 17 del mismo mes
desde la Posicién A al nuevo y definitivo emplazamiento: Dar Riffien, un
lugar cubierto de piedras y palmitos.
Mientras, en la Posicion A seguirén organizandose la Segunda Bande-
, Ya, al mando del comandante Cirujeda y la Tercera que organizara el
comandante Candeira. Las tres se reunirdn el 21 de octubre en la llanada
del seco rio Tarajal y celebraran juntas el acto de la Jura de Bandera.
En esta primera etapa la Legion quedaria con los siguientes mandos,
que se consideran fundacionales:
55Plana Mayor de Mando
Teniente coronel José Millan Astray Terreros.
Capitan ayudante mayor, Justo Pardo Ibaiiez.
Plana Mayor Administrativa
Comandante mayor, Adolfo Vara de Rey.
Primera Bandera
Comandante Francisco Franco Bahamonde.
1.8 Compaififa: capitan Pablo Arredondo Acuiia.
2.4 Compaiifa: capitan Luis Valeazar Crespo.
3.8 Compaiifa: capitan Eduardo Cobo Gomez.
Segunda Bandera
Comandante Fernando Cirujeda Gayoso, sustituido por cambio de
destino por el comandante Carlos Rodriguez Fontanés.
4 Compaiiia: capitan Alfonso Beorlegui Canet.
5." Compaiifa: capitan Antonio Alcubilla Pérez.
6.* Compaiifa: capitan Alvaro Sueiro Villarifio.
Tercera Bandera
Comandante José Candeira Sestelo.
fifa: capitan Miguel Pérez Gareja.
in Joaquin Ortiz de Zarate.
9." Compaiifa: capitan Camilo Alonso Vega.
Unidades de Deposito
Teniente Ignacio Olavide Torres,
Con posterioridad y durante la reconquista del territorio de Melilla se
crearon otras Banderas. La Cuarta nacié a primeros de octubre de 1921
y la Quinta en noviembre, pues el 17 del mismo mes Millan Astray, que
ain no se habia restablecido por completo de su herida, cuando el asalto
a Tetas de Nador, salfa de Ceuta para ponerse al frente de la 3.*, 4.7.
y 5.* Banderas, que formaban parte de la columna del coronel Ricardo
Serrador que debia operar en Beni-Arés.
En 1922 ya se habia organizado la Sexta Bandera, y en mayo de 1925
se cred la Séptima y un Escuadron de Lanceros. La 6." y 7.* Banderas
56intervinieron de manera senaladisima en la operacién del desembarco de
Alhucemas (8 de septiembre de 1925), formando parte de la columna
que mandaba el coronel Francisco Franco.
Casi simultaneamente tenfa lugar la liberacion de Kudia Tahar, donde
las 2." y 3.* Banderas se cubrian de gloria. Pero para ese entonces, el que
habia sido Tercio de Extranjeros habia pasado a denominarse Tercio de
Marruecos el 16 de febrero de 1925, y el 2 de marzo del mismo afio, se
quedo con el apelativo escueto de El Tercio.
La Octava Bandera nacié en 1927, pero para ese entonces la organiza-
cin ya habia sufrido un cambio sustancial. Las cuatro Banderas de Meli-
lla constituyeron el Primer Tercio y las de Ceuta y Tetuan, el Segundo.
Ambos Tercios eran mandados por Tenientes coroneles y el total queda-
ba bajo el mando del Coronel primer jefe de la Legion con residencia en
Ceuta.
La distribucién de las fuerzas de la Legion fue asi:
Zonas de Melilla y Rif
Plana Mayor de Mando y Administrativa del Primer Tercio en la plaza
de Melilla. :
Dos Banderas de descanso en el acuartelamiento de Tauima.
Dos Banderas destacadas en las zonas de Melilla y Rif.
Zona de Tetudn-Ceuta
Plana Mayor de Mando y Administrativa de la Legion en la plaza de
Ceuta.
Plana Mayor del Segundo Tercio, en Ceuta.
Dos Banderas de descanso en el acuartelamiento de Dar Riffien,
Dos Banderas destacadas en la zona Ceuta-Tetuan,
Escuadr6n de Lanceros en el acuartelamiento de Dar Riffien.
Una Bandera de Depésito en el acuartelamiento de Dar Riffien.
Una seccién de Caballerfa de Depésito en Dar Riffien.
Durante el perfodo que siguié a la terminacién de la campafia de
Marruecos, los legionarios recibieron una instruccién tan depurada que
ante el hecho de la guerra civil de 1936, se tomaron elementos necesa-
rios de las Banderas existentes, entonces, y se desdoblé el nimero hasta
, un total de 18 Banderas.
Cada Bandera dispuso de un Guion de mando con significacién hist6-
57rica o decision tomada por los hombres que la crearon, como sucedio con
los de la Tercera. Helos aqui:
1.* Bandera: sobre fondo negro, la rama de roble mordida por jaba-
Ives, de la Casa de Borgofia,
2.° Bandera: el escudo del emperador Carlos I, sobre fondo rojo.
3.° Bandera: un tigre rampante sobre fondo azul.
4.° Bandera: ensefia de don Juande Austria en Ia batalla de Lepanto.
5." Bandera: las armas del Gran Capitén.
6.° Bandera: las armas del Duque de Alba.
7.4 Bandera: las armas del glorioso teniente coronel Valenzuela,
muerto el 5 de junio de 1923 en Tizzi-Assa.
8. Bandera: las armas de Cristébal Colén.
Escuadrén: Pendon de Caballeria de los Reyes Catélicos en la gue-
rra de Granada.
A pesar de todo lo expuesto en este apartado de datos y realizaciones
felices, hubo un sinnimero de dificultades que se presentaron constante-
mente para la fundacién de la Legion. En principio hubo que improvisar-
lo todo, desde el uniforme hasta el menaje de cocina, desde los aloja-
mientos hasta el material necesario para acuartelar a los hombres. El
dinero, no sdlo era escaso, sino que llegaba tras improbos esfuerzos y
sacrificios de aquellos Jefes y Oficiales que se empefiaron en crear un
Cuerpo tinico y excepcional. Como muestra, baste el proyecto que se
tenfa para uniformar a los legionarios:
“Llevarén pantal6n polaina, ésta hasta la rodilla y con muchos boto-
nes; guerrera abierta sobre cuyo cuello descansaré el de la camisa, también
abierta, Todo de color verde-gris, vistoso y excelente para la disimulacion
sobre el terreno. Como calzado, la bota de buena hechura y para la campa-
fia, la sandalia.” Esta se quedaba en el barro de Zoco el Arbaa y hubo de
ser sustituida por la alpargata bota de lona blanca, airosa y eomoda.
Como prenda de la cabeza se usaria el gorro isabelino, con la borlilla
roja y desenfadada. En verano se usaria el sombrero de dril verde, de an-
chas alas semi-rigidas y curvadas, con el emblema en el frente de la cinta.
Como prenda de abrigo el capote-manta abierto por los lados y abo-
tonado que resulté una prenda muy practica. Los Oficiales llevarfan
cuello de piel y el capote forrado de blanco. También usarian gorra
teresiana de factura sui generis.
58No obstante, las Primeras Banderas tuvieron que vestirse provisional-
mente con uniformes desechados de los otros cuerpos de guarnicion, In-
fanterfa, Caballeria, Artillerfa, y para distinguirlos de los demas soldados
hubo que colocarles en el cuello de las guerreras unas pequefias cintas
con los colores nacionales.
Se carecia de tanto que ni dinero habia disponible para abonar las
cuotas de enganche a los legionarios. Los caudales que se entregaron al
Cuerpo como anticipo, no aleanzaban a cubrir la centésima parte del
gasto. Y como Intendencia acredita los haberes por meses vencidos, los
equilibrios monetarios que hacia Millan Astray, con otros jefes que esta-
ban a sus Ordenes, exceden toda ponderaci6n,
Se cuenta que muchos de los primeros legionarios no habian perci-
bido la primera parte de su prima de enganche, que habria de cobrarse
en tres plazos anuales; el primero, al engancharse definitivamente y en la
Posicion A, por lo que los yoluntarios se sintieron bastante defrau-
dados.
Al tener conocimiento de ello, Millan Astray dispuso que el coman-
dante Vara del Rey tomara las ciento cincuenta mil pesetas disponibles
en caja, en billetes, plata y calderilla, y con esa suma en un saquete se
presentaron en el patio del acuartelamiento. Formaron los legionarios
y el teniente coronel pronuncié como siempre su arenga, con estos pa-
rrafos:
“En las primeras lomas —sefialaba con el brazo a lo lejos— estan los
galones de cabo; en las siguientes, los de sargento y en las montafias del
fondo las estrellas de Oficial o la muerte gloriosa por la Legién...”
Después afiadié: “No os inquietéis por vuestras primas de enganche.
Las percibiréis dentro de poco cuando las libre la Intendencia. Ahi te-
néis dinero y quien quiera un anticipo, se le dard. Pero os pido que nos
dejéis unos dias para solucionar los traémites indispensables para el pago.
Conffo en que no dudéis de mi palabra...”
En un instante todo quedé resuelto: cinco o diez duros de anticipo
solucionaron la situacién. Y a los pocos dias se pagaron las primas que
Jos legionarios llaman cuotas.
59CUOTAS Y HABERES QUE PERCIBIAN LOS LEGIONARIOS
Primas de enganche:
Por 3afios .... 400 pesetas
Por 4 afios ..... 500 “
Por 5 afios 700 =“
Haberes diarios:
1.8 y 2.° afio
3. y 4.° afio
5.° afio en adelante ...
4,50 pesetas
5,25 “
585 “
Plus de campo:
Legionarios de 1.* y 2.2, Cornetas y Tambores, premio de 0,25 pese-
tas diarias.
Cabos, premio de 0,50 pesetas diarias.
Reenganches:
Los que terminado su compromiso de enganche obligatorio desean
continuar en las filas de la Legion, pueden hacerlo con sujecién a las
siguientes bases:
Se admite el enganche por periodos de seis meses, 0 por uno, dos,
tres, cuatro o cinco afios, siendo las primas que les corresponden de
50 pesetas por cada seis meses, después de cumplido el compromiso
de cuatro aiios, y a partir del quinto aiio de servicio, cuatrocientas pese-
tas anuales a cobrar por dozavas partes del total.
Ser reenganchado es circunstancia muy recomendable para el porve-
nir del legionario, y para distinguirle llevan un distintivo especial, por el
cual se conoce su antigiiedad en el Cuerpo.
Al reengancharse un legionario puede elegir la unidad y territorio
a donde quiere pasar a continuar su servicio, o seguir en la misma, segin
su deseo.
Los prodigios de ingenio, las facultades de improvisacion, de tenaci-
dad y esfuerzo en el trabajo, fueron condiciones que la Legion aprende-
ria siempre del genio de su Fundador. Porque Millin Astray no sélo
60pensaba en la importancia de instruir, vestir y alimentar a aquellos solda-
dos, sino ‘que concedia mayor importancia a lo que seria el espiritu y el
credo de la Legién. Algo que trascendiese y fundiera en uno solo tantos
caracteres antagonicos, tantas nacionalidades y tantas lenguas.
Era preciso idear una mistica capaz de llevar a la muerte por la gloria
de Espajia a un sueco y a un turco, a un principe de sangre real y a un
pordiosero. Un culto y una profesién de fe para unir y hermanar a aque-
llos hombres que iban llegando de los lugares mas diversos del mundo.
Sin este fundamento espiritual, la Legién nunca seria una obra perdu-
rable.
Resulta facil y si no facil, posible, despertar en todos los legionarios
espafioles su oculto e insospechado ideal de patria, pero gcémo alentar
el dnimo de los extranjeros que se hallaban entre los primeros legiona-
rios espafioles? He aqui cémo lo expresé uno de aquellos fundadores:
“Nuestro jefe, y como él todos los que entre él y nosotros estan, que
son hechura sentimental suya, no nos hablan del sentimiento de patria,
sino de la Legion; no del honor militar, sino del honor de la Legion; de
la gloria de nuestras banderas auténomas, que tienen su historia y vida
independientes de la ensefia nacional; de aventuras interesantes, de gene-
rosidad, de grandezas morales, de romanticismo, de las virtudes viriles
y fuertes y de lo bello que es morir por un ideal, por el ideal de la Le-
gion, donde no hay ni un cobarde; por el ideal de un Cuerpo tan glorioso,
que puede satisfacer la mayor ambicion de un hombre ansioso de glorias;
por un Cuerpo tal, que ingresar en él supone tanto sacrificio, que en ese
momento le estan a uno perdonadas las anteriores culpas, como si se
bafiase en las aguas del Jordan; tal es la virtud de las banderas del Tercio;
que a su sombra se sienten amparados por el derecho de asilo, que
trascendia en otros tiempos de los altares, los perseguidos de la justicia, y
en él también encuentran el pan caliente de la cordialidad los que han
hambre y sed de ella, los fracasados sentimentales.
”Asi han creado Millan Astray y los comandantes y oficiales a sus
Ordenes ‘un estado de conciencia legionario’, caracteristico de la Legion,
comin a todos los que estamos agrupados alrededor de sus banderas.”
Este aspecto fue lo que convirtié a Millan Astray en figura y genio
de su época. El credo y el espiritu del nuevo Cuerpo, la faceta que lleva
su nombre a la lista de los grandes fundadores y forjadores de caracteres
humanos.
Millan Astray, por derecho propio de su obra, aparte de su trayecto-
61ria vital, se convirtié en un mistico del honor y del deber, conductor de
hombres para el culto de los mas nobles ideales. Si noble puede consi-
derarse el aprender a morir con una sonrisa, como los kamikazes japo-
neses.EL ESPIRITU DE LA LEGION
No se improvisa ninguna idea ni ningiin ideal. El ideal de patria es
congénito en el hombre y forma parte integrante del mismo ser. Es posi-
ble que hoy parezca diluido, como inexistente a causa del sonido cons-
tante de otras arengas absurdas. Sin embargo, esté latente, como lo esta-
ba entonces, en aquellos afios de tragedia espafiola, de lucha de clases, de
reivindicaciones sociales, pistolerismo, sindicalismo y otros gérmenes
externos y estimulantes, que en nada parecfan tener relacién con el
sentimiento patrio latente en la naturaleza intima del hombre.
Y desperté.
Se ha dicho que Millan Astray tenia el divino don de la palabra y era
prédigo de su arte; su oratoria rotunda y cdlida, se dejaba ofr continua-
mente, encontrando las ocasiones propicias, y el entusiasmo desbordado
de su coraz6n llegaba a inundar de sentimentalismos el pecho de los hom-
bres, que le escuchaban emocionados, con los ojos himedos, ansiosos de
demostrar a todos, y en particular a su Jefe, “quiénes son y qué son
capaces de hacer por el honor y la gloria del Tercio”.
Es de ley reconocer que el hombre Millian Astray, el muchacho que
con sus 17 afios ya encabezaba los soldados en ataques a bayoneta calada
63en las campafias de Filipinas, fue y siguié siendo el soldado legionario, el
combatiente que peleaba al frente y junto a sus caballeros legionarios,
que le convirtieron en el hombre mito que diffcilmente una sociedad
burguesa y acomodada podia comprender.
Porque no fue un hombre que crease una empresa importante, con
muchos puestos de trabajo que dieran de comer a numerosas familias
mientras él disfrutaba del prestigio y el poder que su jerarquia le otorga-
ba. No. Desde que Ileg6 a Ceuta y le retiraron, Millan Astray siempre
actu con el mismo nervio, actividad y sencillez que exigid a sus caballe-
ros legionarios.
A finales de septiembre ya se encontraba en Ceuta y empezo a traba-
jar como un soldado mas, resolviendo los mil problemas que se plantea-
ron, mientras esperaba noticias de Madrid y de Barcelona con el alma
pendiente de un hilo. Confiaba en tener unos ocho o diez voluntarios
para cada dia. Pero finalizado septiembre, y s6lo en tres dias, el banderin
de Barcelona ya avis de que habian firmado cuatrocientos hombres.
“Que vengan!””
Doscientos formaron la primera expedicién. Al frente del banderin
barcelonés estaba el teniente Olavide, ayudado por Rene, un belga de
pasado borrascoso, y de William, el gigante negro estadounidense. Los
dos tltimos no hablan espafiol, pero se desviven por ayudar al oficial
para que los doscientos reclutas atraviesen la Peninsula como un alud
y embarquen en Algeciras.
Al dar fondo el ancla frente a Ceuta una gasolinera se aproxima al
Fernandez Silvestre. El Teniente coronel Millan Astray se acerca para
darles la bienvenida con un gesto enérgico que agita su gorra al aire.
Esta frente a sus primeros soldados. Los saluda con sencillez y elocuen-
cia, y se pasan a una barcaza que los acerca al muelle, donde desembar-
can en barullo hasta que un Teniente, auxiliado por un Sargento, los
forma, los hace cuadrarse. Algunos ya han sido soldados y lo hacen con
habito; otros los emulan y les siguen encuadrados hacia el centro de la
ciudad, al cuartel del Rey.
Aquellos antiguos muros, que tantas generaciones de soldados alber-
garon, acogen a los nuevos reclutas. Sera por poco tiempo, pues el cam-
po y la instruccion esperan. Pero han formado en el viejo patio y frente
a ellos aparece nuevamente el Teniente coronel Jefe para dirigirles la
palabra, la idea repetida y machacada, el fermento que habra de forjar
el espiritu de la Legion.
64“Habéis contraido con la Legién el mds honroso compromiso de
vuestra vida; pertenecéis ya a la Legién, que os recibe con los brazos
abiertos. Os ofrece honor, gloria, olvido para vuestras almas. Cualquiera
que sea vuestra condicién y vuestro origen, recib{s ahora un orgulloso
titulo desconocido hasta este momento: el de legionario. Aqui tendréis
cuanto se os ha prometido, cuotas, haberes, alimento sano y vestido
airoso. Podéis ganar galones y alcanzar estrellas. Seréis tratados con
justicia y equidad, pero sin blandura. A cambio de ello, sufriréis constan-
tes peligros y azares, trabajos, duras marchas y en el combate, ocuparéis
siempre, siempre, los puestos de honor que son los del peligro. No seréis
engafiados. Estaremos siempre juntos bajo el signo de la muerte y mu-
chos de nosotros entregaremos nuestras vidas; que nada hay mas glorioso
que el morir combatiendo en la Legion para gloria de Espafia y de su
Ejército. Pronto lo aprenderéis asi... Caballeros legionarios: jViva la
Legion!” .
Los legionarios le miraban fijamente. Algunos de aquellos hombres
han confesado su emocién y cémo al comunicarles que podian regresar
al punto de origen si no estaban convencidos de decision, arrojaban
gorras y sombreros al aire y gritaban entusiasmados: ;Viva la Legion!
Esos mismos testimonios sefialan que si eran importantes las palabras
que pronunciaba Millan Astray, més valor tenia el acento que ponia al
decirlas. Asombraba por su vehemencia y gallardia. Asi, analizando
aquellas arengas, se percibe la idea, el pensamiento de Millan Astray
como factor poderoso para la formacién del cardcter y la conciencia de
sus legionarios.
No difieren mucho unas de otras, aunque las ocasiones resultan dis-
pares y los motivos diferentes. La realidad confirma que encierran un
solo pensamiento pacientemente repetido: disciplina, austeridad, ente-
reza, sentido de la propia fuerza interior.
““Las manos quietas! jLos brazos cafdos! ;'Todos cuadrados! jQuie-
tos! Aqui no se viene a disfrutar de una vida regalada; el trabajo es duro;
Jas penalidades, muchas, y el riesgo, mayor. Los moritos tiran bien y
suelen dar; las balas duelen mucho, sobre todo cuando tocan hueso.”
Es una de sus muchas reprimendas, de sus toques de atencion. Pala-
bras sin concesiones, directas al legionario. Carentes de ternura, pero
que encendian en el corazén la antorcha del entusiasmo.
“iConfia! Si eres buen soldado, disciplinado y valiente, puedes
reconquistar el honor y las estrellas y la patria que has perdido; hasta la
65CAMPANAS MARROQUIES
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Campaiias marroquies de! general Franco, La Legion Espajola, al mando de Millén Astray, Valenzuela y Franco
se curtié en el Norte de Africa.Un grupo de legionarios espaiioles en 1924. A pesar del nombre, el Tercio de Extranjeros nunca tuvo una mayo-
ria de extranjeros en sus filas, El mayor contingente de enrolados fue siempre de espafoles.familia; aqui todos somos hermanos. También hallards el olvido que
buscas... si no te sale antes al paso la muerte, que es mejor que el olvi-
do, sobre todo para un militar, que no puede encontrar gloria mayor.”
Asi fue creando la disciplina, el espiritu legionario, y cuantos le
rodeaban, trataban de poner en juego las mismas armas. Porque atin
llegaba a mds. Cuando no habia ocasién de colocar una arenga o un dis-
curso de tonos elevados, el teniente coronel se sentaba en medio del
corro de legionarios y les contaba cuentos. Era en las épocas de campa-
“mento; a veces, tras el toque de queda, cuando los: iltimos fulgores de! del 1
dia huian tras los hurafios montes; cuando las afioranzas y saudades
solian escapar asustadas, volando. como cuervos a la _desh: andada. ‘Se tra:
taba de que el pensamiento no quedase ocio: de que mente del
legionario se ocupase de conceptos viriles, d
curriese | sobre las -glorias militares, el honor guerrero, el valor personal,
la satisfaccion del deber cumplido y la poca portancia que tiene la
yida, y la manera més honrosa de perderla. Asi se creaba paulatina y
lentamente, pero con evidente firmeza, un caracter con sus correspon-
dientes tendencias y aptitudes.
Mas tarde Millan Astray confesarfa que gran parte de las ensefianzas
morales que inculeaba a sus legionarios ya las habia ofrecido a los cade-
tes de infanterfa, cuando tuvo el honor de ser maestro de ellos en el
Alcazar de Toledo durante los afios 1911 y 1912. Y todas, ¢ con buen
aprendizaje, estaban inspiradas en el Bushido, cédigo de moral ascética
de los: samurais
“También en el Bushido apoyé el credo de la Legi6n. El legionario
espafiol es también samurai y practica las esencias del Bus
Sin embargo, puede decirse que ésa fue la certificacion académica
sobre una manera de pensar; de su pensamiento, de sus ideas. Al igual
que ciertos escritores apoyan las suyas transcribiendo las palabras de
otro académico mas nombrado o conocido.
Lo cierto es que Millan Astray habia peleado en Filipinas y junto
a los soldados espafioles de Marruecos. Y tuvo, al igual que otros oficia-
les de cierto pundonor, que calar la bayoneta y pelear cuerpo a cuerpo
con sus enemigos. Una lucha que representa ferocidad, salvajismo, | la
pasion més primitiva del odio, la rabia y la destruccion. y que, si en el
espafiol podia despertarse facilmente —con hoces y dentelladas se revol-
vieron los segadors de Catalufia en 1640 y los madrilefios que cargaron
contra los franceses en 1808—; 4cOmo podria despertarse en el ex soldado
66centroeuropeo que habia combatido en una guerra con armamento mo-
derno y ahora se encontraba en la Legién con un viejo Mauser de 1893,
municiones desparejadas y bayonetas del peor estilo?
Las crénicas de esa guerra hablan fieramente del valor inconsciente
—gcomo puede comprenderse ese sentimiento?—, que ponian en la lucha,
en todo combate, en cada momento que se enfrentaban al enemigo.
Millan Astray comprobé y tuvo experiencias harto frecuentes de la
calidad de instruccién que recibian los reclutas y hasta los oficiales del
ejército de entonces, Sabfa cdmo los moros, que estaban encuadrados
en las fuerzas Regulares y por consiguiente ya gozaban de una ‘especie
de educacion hacia lo espafiol, traicionaban, desertaban y hasta mataban
a sus oficiales cuando éstos no resultaban aquellos jefes que vigilaban
y_ guerreaban al estilo moro. Un estilo que aprendieron a hacer los ofi-
ciales que luego han pasado a conocerse como africanistas, y con quienes
los soldados salian a guerrear seguro, porque como'deeia Arturo Barea
acerca de Franco, “puedes tener confianza de que sabes donde te metes”.
Los moros decian: “Capitan muy farruco, pero no saber manera,”
Era la forma de enjuiciar a los oficiales que llegaban a encuadrarse al
frente de los soldados espafioles e indigenas. Millan Astray ya habia
aprendido muy pronto a tener manera, como lo aprendieron los prime-
ros legionarios y aquellos oficiales que atin no estaban diestros en la gue-
rrilla rifefia. Eran los que en un principio no consideraban muy honroso
avanzar arrastrandose por los arenales en medio del continuo silbar del
plomo enemigo. Porque los moros, generalmente, no eran muy numero-
sos al realizar sus ataques; sin embargo, aparecian agazapados tras las
columnas de habituallamiento o descubierta. Lo hacfan de tal manera
que los militares, familiarmente, les llamaban pegajosos. Seguian detras,
© se mantenian arrastréndose como reptiles, arteramente, procurando
disimularse en las sinuosidades del terreno, parapetdndose tras las pie-
dras. Disparaban, su famoso paque, siempre sobre seguro. Causaban bajas
que acarreaban otras, pues al regresar a recoger a los heridos habia que
exponer nuevas vidas,
La hostigacién era constante, aunque incierta, esporddica y de la
forma mas impensada. Pero se sabia que para aprovisionar de viveres
y otros elementos a las posiciones del campo, a veces debian organizarse
operaciones en las que tomaban parte unidades de las tres Armas y los
servicios.
Las guarniciones de los puestos hacfan por la mafiana la descubierta
67del distorno y, para hacer la aguada, los conductores debian ir acompafia-
dos de la fuerza conveniente. Las agresiones eran frecuentes, y en el fra-
goroso terreno de las zonas de Tetuan y Larache, media docena de tira-
dores moros de excelente punter{a, trafan en jaque a una columna de
batallones y baterias.
Nadie estaba seguro fuera de la avanzadilla, de la posicién del blocao.
Y ésta era una experiencia que ya tenian hombres como Millan Astray,
Franco, Gonzdlez Tablas, Mola y otros jefes que ya habian guerreado
desde los primeros dias de Marruecos.
La disciplina del Tercio tenia que ser rigida, incluso brutal, y los
castigos ffsicos, moneda corriente. Lo cual para muchos criticos posterio-
res fue expresiOn del fanatismo de Millan Astray, porque con ello inten-
taba imbuir a sus subordinados una vocacion militar y el sufrimiento, al
darles como lema un jviva la muerte!, y, segin el himno posterior, con-
yertir a cada legionario en novio de la muerte.
Pero a través de las campafias del Rif y la Yebala, descritas por Dama-
so Berenguer, Francisco Franco, Emilio Mola, Carlos Micé, Gomez Hidal-
go, Hernandez Mir, Luys Santa Marina y tantos otros como han escrito
testimoniando sus hechos de armas en aquellas acciones, la Legion fue
Ja Gnica forma de sobrevivir y de que la actuacion de Espafia en aquel
avispero marroqui tuviese la honra de morir con dignidad hasta ser res-
petada y francamente temida.
Aquellos primeros legionarios ya descubrieron por las paredes del
antiguo cuartel frases que luego serfan consignas celebradas y fueron
escritas para ir conciencidndoles.
“La muerte llega sin dolor.”
“Lo mas horrible es vivir siendo un cobarde.”
“No se muere mds que una vez.”
“Podéis llegar a capitanes de la Legion.”
“Jamés un legionario diré que esté cansado hasta caer reventado.”
“La Legion pedira siempre, siempre, combatir.”
Eran textos, expresiones que habrian de componer el Credo Legio-
nario que salio de las manos del Fundador, poco después, en aquel mis-
mo ajio de 1920, en el campamento de Dar Riffien.
tg Astra: seguia beniende presente. aquellos principios fundamen-
nid:
fiel a
68Los preceptos de ese cédigo de honor fueron surgiendo bajo el hechi-
zo del cielo de Ceuta, y los doce puntos o consignas que lo componen se
han mantenido tan vivos y vigentes como en los momentos en que fueron
escritos, Servian a un fin, y establecieron el espiritu del legionario.
EL CREDO LEGIONARIO
El espiritu del legionario
Es tinico y sin igual, es de ciega y feroz acometividad, de buscar siem-
pre acortar la distancia con el enemigo y llegar a la bayoneta.
El espiritu de compaiierismo
Con el sagrado juramento de no abandonar jamas un hombre en el
campo hasta perecer todos,
Elespiritu de amistad
De juramento entre cada dos hombres.
El espiritu de unién y socorro
A la voz de ;A mf la Legién!, sea donde sea, acudirén todos y, con
razon o sin ella, defenderdn al legionario que pida auxilio.
El espiritu de marcha
Jamas un legionario dird que esta cansado hasta caer reventado; sera.
el Cuerpo mis veloz y resistente.
El esptritu de sufrimiento y de dureza
No se quejara de fatiga, ni de dolor, ni de hambre, ni de sed, ni de
sueiio; hara todos los trabajos; cavard, arrastrard cafiones, carros; estard
destacado; hard convoyes; trabajara en lo que le manden.
69El esptritu de acudir al fuego
La Legion, desde el hombre solo hasta la Legién entera, acudiré
siempre a donde oiga fuego, de dia, de noche, siempre, siempre, aunque
no haya orden para ello.
El espiritu de disciplina
Cumplira su deber; obedecera hasta morir.
El espiritu de combate
La Legién pedird siempre, siempre, combatir, sin turno, sin contar
Jos dias, ni los meses ni los afios.
El espiritu de la muerte
EI morir en el combate es el mayor honor. No se muere mas que una
vez. La muerte llega sin dolor, y el morir no es tan terrible como parece.
Lo mas horrible es vivir siendo un cobarde.
La Bandera de la Legion
Serd la mas gloriosa, porque la tefiird la sangre de sus legionarios.
Todos los hombres legionarios son bravos
Cada naci6n tiene fama de bravura; aqui es preciso demostrar qué
pueblo es el mas valiente,
A continuacion y al pie de este cédigo, han aparecido tres vivas. Dos
de ellos inmutables: ;Viva Espaiia! {Viva la Legion! El otro, primera-
mente fue un jViva Alfonso XIII!, que luego se cambia por ;Viva la
Repiiblica luego por ;Arriba Espafia! y en los ejemplares mas recientes
ha estado jViva Franco!, que fue Jefe de la Primera Bandera y, poste-
riormente, tras la muerte del teniente coronel Valenzuela, de la Legion.
Es de suponer que en Ia actualidad aparezea ;Viva Juan Carlos I!, como
es de rigor. ¢
7071PRIMERA SANGRE LEGIONARIA
Aquellos primeros legionarios, la mayorfa extranjeros que descono-
cian el espaiiol, serfan instalados en las proximidades de Ceuta, en la
conocida Posicién A. Un cuartel destartalado que fue erigido para la
guerra de 1860, pero que disponia de un gran patio central con alrededo-
res de terreno movido, apto para la instruccién. Se hallaba al noroeste
de la ciudad, a tres kilémetros del centro del casco urbano. Era un pica-
cho batido por todos los vientos y acariciado por las nubes, pero resulta-
ba un escenario castrense adusto y 6ptimo para ensefiar las primeras
lecciones a los legionarios.
Alli todo serfa instruccién agotadora, con la intencién de transfor-
mar a los voluntarios en autématas que respondieran sin titubeos a las
voces de mando.
Apenas si se mencionan aquellos trabajos intensos que dejaban a
todos sin ganas de hablar en los breves momentos de descanso. Marchas
que pontan en carne viva los pies, y termiinaban con las escasas energias
que quedaban pero que estimulaban la fortaleza moral y la resistencia
a la fatiga. Alli se les hacia picar, llenar sacos terreros, realizar ejercicios
de tiro, arrastrarse cuerpo a tierra, y correr y ocultarse entre la grama.
73A cambio, los soldados recibfan cuanto se les habia prometido al
alistarse: buena comida. Llegaron a tener tres platos, postre, vino y café
muy azucarado, Este ha sido un capitulo de privilegio para los legiona-
rios, Tanto Millan Astray como Franco aseguraban que no se podia exigir
valor, ni disponer de una fuerza de choque eficiente si los soldados no
estaban bien alimentados en todo momento y contando con oportunida-
des para el justificado y necesario descanso. Asi se dieron casos como el
de aquellos legionarios ingleses que siguieron tomando su marca de té
preferido, comprado directamente en Inglaterra y expresamente para
ellos.
_»» Jas pagas también fueron entregindose en su dia y a su hora; las”
camisas verdes, ideadas por ‘el comandante Vara del Rey, también fueron
legando, vistosas e impecables, para sustituir a los viejos e improvisados
uniformes; igual que los correajes de lona ingleses.
El 7 de octubre quedaban organizadas las tres compajfifas que forma-
rian la Primera Bandera. Ain no se habia cumplido el mes de la llegada
de Millan Astray a Ceuta, ni estaban todos los mandos que habrian de
desarrollar y aportar ideas para la cristalizacion del nuevo Cuerpo. El
comandante Franco lIleg6 con una expedicién de cien voluntarios el
dia 10, tras ser requerido telegréficamente y posponer su inminente
boda. Seis dias mas tarde se trasladaba con la Primera Bandera a un nue-
vo emplazamiento, a diez kilémetros de Ceuta, en el camino que conduce
a Tetudn, y que con el tiempo se convertirfa en la cuna, el manantial
inagotable del que saldrian los nuevos legionarios para incorporarse a las
Banderas y cubrir las incontables bajas; el lugar donde eran instruidos los
reclutas y captaban ese estilo que no debia abandonarles; el sitio donde
volvian a descansar los veteranos, sila Bandera tenia descanso o a esperar
el licenciamiento los que hubieran cumplido el compromiso, y otros en
espera de pasaportes para marchar a Espafia invalidos de guerra: Dar
Riffien.
Alli se instalaron tiendas cénicas y la propia Legion fue construyen-
do los alojamientos definitivos, hasta convertir aquello en Dar Riffien:
un nombre que late con los latidos de cada corazén legionario, y mitico
en el corazén de muchos espajioles que estuvieron en la guerra de Espafia.
Un afio mas tarde, aquel lugar de piedras y palmitos, que se ofrecia
virgen a los legionarios de Franco, seria descrito asi por un nuevo legio-
nario recién Megado de América: “Lo separaba de Ceuta el fragoso y
proximo macizo de Cabo Negro, que oculta a Sierra Bermeja, el Valle
74de los Castillejos y Sierra Bullones; esta altima por el abrupto Boquete de
Anghera rompe con el Serrallo y abre las puertas de Ceuta, el famoso
presidio espafiol.
Por el lado de Tetuan, en primer término, el valle con sus magnifi-
cos montes; los dos morros, centinelas adustos de la ciudad; la torre del
Geleli y la Alcazaba, y atrés, majestuoso y lejano, el Atlas vestido de nie-
ves, que por su altura prodigiosa sobre el Mediterraneo, su talla imponen-
te y su escalonamiento hacia los cielos dio lugar a que los antiguos lo
personificaran en sus fabulas mitolégicas.
Al norte, el Mediterréneo azul, que trae entre sus olas los aromas de
la Patria, y al sur, mas alld de los montes, Fez y las primeras arenas del
desierto.
”El cuartel esta edificdndose a orillas del Guad-el Jehi, y confunde
sus campos de cultivo, en alegre variedad, con los talleres, la vaqueria, los
picaderos y las caballerizas.” +
Porque Dar Riffien no fue sdlo un cuartel, sino el lugar donde una
parte del Ejército espafiol tuvo y dispuso lo que ya hacia tiempo formaba
parte de algunos Ejércitos europeos modernos: un acuartelamiento auto-
suficiente; una sede que podia enorgullecer a la Legion.
Las érdenes inmediatas de Millan Astray eran que se mejorasen las
condiciones existentes y se convirtiese el lugar en el cuartel de los legio-
narios. Franco se aplicé a la tarea y ordend que comenzasen inmediata-
mente las perforaciones en busca de agua, pues dependian de los abaste-
cimientos llevados desde Ceuta. A los pocos dias ya habfan logrado la
suficiente para cubrir sus necesidades inmediatas,
Luego Millan Astray ordené que se estableciera una granja para abas-
tecer de carne fresca a los legionarios. Franco se encarg6 de planificarla
y pondria a su frente a Camilo Alonso Vega, llegado con él desde Oviedo.
Mas tarde seria su primo, Franco Salgado-Araujo quien llevaria la granja,
de la que diversos legionarios han ofrecido los siguientes datos sobre la
explotacién de ganado:
Cerdos: Razas extremefia, mediterranea y andaluza.
Ganado vacuno de trabajo: Razas indigenas y andaluze
Vacas lecheras: Raza mestiza de suizas y holandesas.
Un semental de la misma raza.
Ganado cabrio: Razas indigenas y espafiola.
Aves: Gallinas de razas castellana negra e indigena; pavos, ocas,
patos y palomas.
1Conejos: Razas gigante de Espafia, de Chinchilla, holandesa, Angora
y de Indias (cobaya).
La explotacién de esta granja supuso una empresa de gran éxito
comercial, a juzgar por los testimonios. Sdlo sus piaras aportaron un
beneficio de 60.000 pesetas en el segundo afio de operaciones de la
Legién; aparte del obtenido con el ganado vacuno, los conejos y las
gallinas.
Ajios més tarde, Franco haria construir un depésito para medio
mill6én de litros de agua, que se bombeaba desde un manantial de monta-
iia situado a cierta distancia.
Se instalaron talabarterfas y zapater/as, talleres de reparacién de armas
y de vehiculos. Se construyeron establos y buenos acuartelamientos per-
manentes, con biblioteca, casino, e incluso una estacién para el ferroca-
yril Ceuta-Tetudn, fuera del recinto de acuartelamiento, donde también
crecié el poblado civil: pequefio, de calles tiradas a cordel y con varios
establecimientos que vendian de todo.
Fue un lugar que pronto se convirtié en la envidia de otros regimien-
tos espanoles.
Alli continué la instruccién de la Primera Bandera, compaginando el
entrenamiento militar, los ejercicios de tiro y la tarea de construccién.
A los pocos dias eran sometidos a una primera revista general. Las uni-
dades en orden de parada; un cornetin sefialé la Ilegada de un visitante:
un general inglés. Una banda militar hizo sonar el God Save the King.
Yel general, acompaiiado de Millan Astray, pas6 revista, la primera, a los
legionarios, firmes como estatuas, mientras sonaba otra marcha inglesa:
el Tipperary. Luego el desfile de los legionarios, reunidos, marchando
con soltura, como viejos soldados. Y la primera felicitacion oficial para
Ja Legion.
Mas tarde fue la jura de la Bandera en el llano de Tarajal, donde se
reunieron los legionarios de las tres Banderas. Millan Astray les dirigié
unas breves y enérgicas palabras; les tomé el juramento de fidelidad,
y los legionarios le respondieron lanzando sus gorros al aire mientras
juraban morir por la Legion.
Ya solo les quedaba esperar el momento, porque las cosas seguian
sin marchar satisfactoriamente en Marruecos desde la desaparicién del
general Gémez Jordana, que murié exigiendo al Gobierno espafiol que
actuase en el protectorado. Este lo hizo, pero a medias, como de cos-
tumbre.
76Damaso Berenguer, el sucesor de Jordana, fue autorizado a romper
con el Raisuni si éste no enmendaba su comportamiento. En octubre
de 1919, Berenguer ocup6 el Fondak y con ello se agoté el esfuerzo
espafio! del afio. Las tropas espafiolas avanzaron por la region montafiosa
de detras de Fondak y ocuparon la ciudad sagrada de Sheshawen (Xauen).
No obstante, aquello resultaba un dominio precario, pues la carretera
que cruzaba las montafias y conducia a la poblacién, pasaba peligrosa-
mente cerca del cuartel general del Raisuni, en la region rifefia de Beni-
Arés. Por consiguiente, Berenguer decidié avanzar por la costa hasta
Uad Lau (Lau Wadi), unos cincuenta kilometros, desde donde existia
una ruta alternativa hacia Xauen. Sin embargo, las tribus de Gomara,
que flanqueaban el camino, atin no se hab{an sometido formalmente a
Espafia, y se hacia esencial reforzar la posicion en Uad Lau con todas
las tropas de que se pudiera disponer.
Millan Astray ya habia ofrecido a sus legionarios. No temia por el
comportamiento de sus soldados ante el bautismo de fuego. Asi, y a con-
secuencia de ello, la Primera Bandera, del comandante Franco, sali de
Dar Riffien el 2 de noviembre de 1920 hacia la primera esperanza de en-
trar en combate.
La marcha duré tres dias, Los legionarios, formados en columna,
salieron al amanecer, seguidos lentamente por la caravana de mulos que
llevaban la impedimenta. El entusiasmo de las tropas las hacfa ir a ritmo
acelerado. Encabezaba la formacién Millan Astray, con su uniforme im-
pecable, sus guantes blancos de manopla, y la fusta, que se agitaba a cada
orden. Al anochecer habian Ilegado al poblado de Rincén de Medik,
junto a las lagunas del Smir, que ya reflejaban los primeros rayos de la
luna. Al mediodia siguiente pasaron por Tetuan, donde la columna hizo
un alto en la puerta de la Reina para luego desfilar por la plaza de Espafia
ante el Alto Comisario.
Por la noche vivaquearon en las lomas de Beni Maden. Pero el convoy
de abastecimientos se habia extraviado por los senderos de montafia. Los
mapas eran primitivos y las referencias a ojo de buen cubero. Franco con-
fesaria en su Diario de una Bandera, que aquella noche no hubo comida
para los hombres, aunque unos mulos “rezagados en la marcha, siguieron
nuestro camino y nos permitieron condimentar una sopa. En el poblado
cercano se compra un toro, que sabe a lamparilla de iglesia”.
Antes de tocar diana, la mayoria de la tropa ya estaba en pie a causa
del frio. La marcha continué hasta Menak, donde volvieron a reunirse
77con el convoy perdido. Luego, la tiltima jornada, muy fatigosa a causa de
la Iluvia, concluyé en el valle de Lau, rodeado de vegetacién y con el mar
a la vista. En el otro horizonte se perfilaba el agreste macizo montafioso
de Gomara.
Franco establecio el campamento en Uad Lau. Sélo se le pidio que
lo defendiera de cualquier ataque, por lo que se dedicé a terminar la pre-
paracion y adiestramiento de sus hombres.
El campamento era un conjunto de ruinosas edificaciones morunas
entre las cuales se levantaron las tiendas legionarias. Antes lo habfa ocu-
pado un tabor de Regulares, Era una posicién ideal: el mar a dos kilé-
metros y el rio al lado. Franco hizo alejar a retaguardia el zoco de cafe-
tines y sus mugrientas tiendas, y se limpiaron las explanadas y calles, La
disciplina aporté lo que faltaba en equipo.
Millan Astray permanecié con sus soldados hasta que estuvieron
instalados y dias més tarde, el 10, regresé a Ceuta para ocuparse de las
otras Banderas.
Alli, mientras duré la acampada, Franco hizo que los legionarios se
lavaran diariamente en el rio y nadaran en el mar durante el dia. Las
tardes de los domingos las dedicaban a jugar al futbol y a los combates
de boxeo. El resto de la semana lo ocupaban en instruccién de tiro y
ejercicios tacticos. El vino y el juego fueron prohibidos a oficiales y tro-
pa, pero se permitia apostar a quién vencerfa en competiciones de tiro
o boxeo. El mejor tirador era un suizo; el campeon de boxeo, William,
el negro norteamericano.
El 30 de noviembre, la Segunda Bandera, equipada y perfectamente
instruida, también dejaba Dar Riffien para dirigirse con todas sus armas
al Zoco el Arbda de Beni Hassan, donde también quedaria de guarnicién
y ala espera de entrar en combate.
Ese mismo dia, la Tercera Bandera, también organizada y dispuesta,
se desplazaba hacia Ben Karrich, donde quedé destacada y a la espera de
probar en la guerra el temple de los legionarios. Pero sdlo habia aisladas
y contadas agresiones moras.
Millan Astray, en sus funciones de jefe de la Legion, recorre constan-
temente las diseminadas Banderas, revisa a los legionarios, atiende a la
instruccién de los grupos que van Ilegando a Dar Riffien y estudia la
organizacién de nuevas Unidades. El 1.° de enero de 1921 se encuentra
en Zoco el Arbda; cuatro dias mas tarde visita Ben Karrich, y tres dias
después se desplaza a Ceuta.
78En esos primeros dias de afio en Uad Lau se redoblan las precaucio-
nes de seguridad ante los rumores de un ataque marroqui. Franco ordend
levantar alambradas de espino y que permaneciesen alerta dia y noche las
ametralladoras mientras se establecian puestos avanzados para vigilar
los vados de la orilla del Wadi. Una noche se hicieron disparos contra un
grupo que lIlevaba café a los puestos avanzados y la Legi6n tuvo su pri-
mera baja: el encargado del café resulté herido en una pierna.
El 7 de enero, después de haberse defendido honrosamente con su
escuadra frente a los kabilefios que les atacaron y pretendieron apoderar-
se de sus, armas, murié a consecuencia de las graves heridas recibidas el
cabo] jueija de la Vega, el que serd considerado primer muerto
de la Legion. En su bolsillo se encontraron unos versos legionarios, llenos
de emocién y amor al Cuerpo, que Carlos Micé Espafia ha dejado trans-
critos para la posteridad después de ofrecer una ligera semblanza de “un
muchacho romantico y bravo, que habia conquistado la confianza de los
jefes por su entusiasmo, dulzura de trato y decencia de conducta”.
Aquel muchacho, al parecer acababa de enterarse de la muerte de su
novia, y en esos desahogos que se dan en la espera del campamento, ha-
bia confesado: “jOjal4 la primera bala no tarde mucho y sea para mi
coraz6n, para reunirme pronto con ella!” Dos horas mas tarde, cuando
se realizaba la retirada del servicio de proteccién a los caminos, su
escuadra era atacada.
He aqui algunos versos suyos, escritos bajo el titulo de La cancién
del legionario:
Somos los exiranjeros legionarios,
el Tercio de hombres voluntarios
que por Espana vienen a luchar;
nuestro lema es morir o vencer,
con la fria conviccién del deber
y la firme virtud militar.
Por un mismo ideal y con un mismo
propésito de hazafia y de victoria,
afiadir a la espafiola historia
nuevos lauros de ardiente patriotismo,
la Legién llegard hasta el heroismo
por el triunfal camino de la gloria.
Y hombres de varias razas y habla extrafa,
719que al luminoso pabellén de Espafia
juramos su defensa y adhesi6n...;
para la maternal patria adoptiva,
mientras un legionario aliente y viva,
seré todo su esfuerzo y su pasion...
Un legado a los hermanos de la Legién. Un testimonio, como muchos
de una manera de sentir en aquellos dias de tremenda efervescencia para
la historia de Espajia.
El 22 de enero, otro legionario caeria herido, defendiendo el convoy
que iba de Tetudn a Ben Karrich, tras una agresién de los moros. Se
llamaba Teobaldo Diaz Alvarez. Eran las primeras victimas de una larga
serie que sumarian un afio mas tarde 874 legionarios heridos y 236 muer-
tos, sin contar mas que los de clase de tropa.
En abril de 1921, Berenguer decidié Ilegado el momento de una
ofensiva contra El Raisuni. Para tal fin, lo primero era lograr la sumision
de las cdbilas de Gomara, haciendo uso de la fuerza. Garantizado el avan-
ce por la posicién de Uad Lau, una fuerza mds importante se trasladarfa
hasta la ciudad santa. Una vez fortificada ésta, se estableceria un enlace
a través de las montafias hasta Aleazarquivir y Larache, quedando rodea-
dos las montafias y El Raisuni. La etapa final constituiria un ataque com-
binado desde Larache, Tetuaén y Xauen contra las fortificaciones del
Raisuni.
Uad Lau se convirtié en el punto de asamblea y partida de una
columna al mando del coronel Castro Girona. Tres Banderas de la Le-
gion, mil Regulares, un cuerpo de Caballerfa marroqui, infanteria y ca-
balleria ligeras, reuniendo un total de 3.000 hombres, se desplazaron a lo
largo de la costa de Gomara. El Tercio, que formaba parte del grupo de
las columnas, se sintié desilusionado al no ser admitido en la vanguardia:
Ja maxima aproximaci6n a la linea de fuego era en funci6n de zapadores,
fortificando posiciones. Esto humilla a Millan Astray, a los legionarios
y a los cuadros de mando que participan de los mismos sentimientos que
su Jefe. Reiteradamente piden actuar en vanguardia y Millan Astray,
suplicante, dice al general Sanjurjo:
—jAunque solo sea una vez, mi general!
Pero no hubo ocasion. La resistencia del enemigo era débil y la paci-
ficacion de Gomara se efectud en una semana, resolviéndose en avances
con acciones carentes de importancia y llevadas a cabo por los Regulares.
80La etapa siguiente no fue tan pacifica, pues Castro Girona incluyé
a la Legion en el cuerpo principal del avance hacia Xauen, con cierto
disgusto por parte de Millan Astray y Franco que debieron emprender
un avance sometidos al paqueo de los cabilefios, ocultos en las barran-
cas y sin posibilidad de contestarles o hacerles mella si se respondia.
Franco, que llevaba tiempo esperando la ocasion de ver Xauen, la
ciudad santa, con su docena de minaretes, ha dejado el relato de sus
impresiones:
“Tiene la paz de los poblados mogrebinos. Calles empinadas y estre-
chas forman la parte alta del puesto, donde los olivos asoman entre los
pendientes y rojizos tejados; una muralla alta y aspillerada rodea la
ciudad, dandole parecido con nuestros pintorescos pueblos andaluces,
y en el centro de la poblacién se alzan los murallones de la Alcazaba...
la parte baja de la poblacién es mas interesante... con sus tiendas como
cajones, ofrece a la venta, con las telas de ciudad, las chilabas de rica
lana, confeccionadas en sus telares primitivos. Los babucheros abundan..,
y sus babuchas forman altas columnas en estos nichos de las tiendas
moras... Al sur de la ciudad, el barrio de los Molinos constituye uno de
sus mas bonitos rincones. El rfo salta entre los pefiascos, moviendo las
ruedas de los molinos.., En medio de los frondosos arboles, corre por los
canales descubiertos la cristalina agua de la ciudad. El agua es el tesoro
de este pueblo.”
Se realiz6 un extenso sistema de blocaos por el norte, hacia Zuk el
Arba, y por el oeste se establecié la unién con Alcazarquivir, dejando
a El Rausuni completamente rodeado. Habia Ilegado el momento para
comenzar la etapa final. Se estreché el cerco atin mas y se reforzaron las
tropas enviadas desde Larache con la Segunda Bandera de la Legion.
La 1.3 y 3.? se trasladaron a Zuk el Arba. Llegaron bajo el mando del
general Sanjurjo, ya general de brigada. Franco y Millan le convencieron
para que les dejase encabezar el ataque.
Durante las primeras horas de la mafiana se advertia en el campa-
mento una animacion y alegria inusitadas; la gente habia sacudido su
morrifia y aun los legionarios que habitualmente suelen estar mas taci-
turnos habian matado al bichito, que en el argot africano se llama cafard
(cucaracha), y expresa la idea fija, triste y negra.
—jPor fin! —exclamaban con alegria.
Los otros, los siempre entusiasmados, que son casi todos; los que
han venido a pelear, los soldados profesionales, para quienes la mejor
81alcoba es una tienda de campaiia, y la cama més agradable, el suelo,
repetian con entusiasmo:
—jVa a haber barud! Ya era hora.
Y saltaban tirando las gorrillas legionarias en alto. Los grupos de
hombres competian en entusiasmo. El alma de la Legion parecia despe-
rezarse. Uno decia:
—Al moro que yo pille, no lo va a pasar bien.
—Voy a mandar a mi padre una docena de orejas morunas —afiadia
otro.
Y en todos los sitios se ofa decir:
—j¥Ya era hora, ya era hora!
La gente se habia quejado dias antes de la falta de emocién. El pa-
queo no era suficiente para calmar su impaciencia. Y argiifan:
—Nosotros hemos venido aqui a pelear.
—Esto no es tan animado como creiamos.
Querfan sangre, sangre que corriese, aunque fuera la de ellos mismos,
testimonian diversos protagonistas de aquellos momentos. Son hombres
de la Segunda Bandera de Zoco el Arbda, visperas del gran encuentro.
“Entre los jefes —el comandante de la Bandera, don Carlos Rodri-
guez Fontanés; los capitanes y oficiales— las conversaciones se deslizan
en otro tono de mayor eclecticismo, Estan dentro de las tiendas, a cuyo
interior no permiten el acceso a los asistentes y ordenanzas, que, por
curiosidad, pretenden entrar con fitiles pretextos. A los que estaban
dentro les mandaron ver si Ilovfa. Como el sol se mostraba espléndida-
mente generoso, comprendieron la intencién de la orden y se alejaron.
Sin embargo, puedo oir sus palabras: hablan de que en las avanzadas de
Beni-Arés habia una concentracién muy numerosa; se ven varios cente-
nares de moros allé en la loma de enfrente. Como se habia pensado
emprender hoy las operaciones y esa intencién no era ignorada, estén
ahi apercibidos a la defensa, y cuando observen que no se les ataca quizd
se decidan a iniciar un choque.
’—Son muchos. Esta es la tiltima carta que se juega El Raisuni y se
habrd preparado de la mejor manera. La resistencia sera a la desesperada,
muy tenaz y violenta: como gato panza arriba.
’—Dicen que tiene cuatro cafiones.
*°—Mejor; asi, por no abandonarlos, no se retirarén y sera més facil
coparlos,
”—Anoche se han acercado varios moros al parapeto de la avanzadi-
82lla. Ha quedado tendido el cadaver de uno de ellos, Iremos a verlo antes
de que se lo coman los cuervos.
”—Es indudable que pretendia asesinar a la guardia, con la intencién
de asaltar el campamento por sorpresa con otras fuerzas mas numerosas,
preparadas en acecho para dar el golpe si salfa bien el plan de acuchillar
a los centinelas.
”—En fin; no hemos de tardar en ver lo que el dia dé de si. gst ya
todo preparado? Las ametralladoras, gestén en su sitio? —dice el coman-
dante jefe de esta Segunda Bandera, con una energia que no sospechdba-
mos en él, dada su delicada amabilidad.
"—SI, si, si.
”Suenan varios tiros, lejanos, en la direccién del campo enemigo
y un grito salvaje sale undnime de la Legion enardecida.
”— Barud, barud! ;A ellos, a ellos! ;Ya estan ahi, gracias a Dios!
Todos los hombres libres de servicio de vigilancia, ocupados en me-
nesteres mas domésticos que bélicos, tiran al suelo lo que tienen entre
manos y salen corriendo, a la desbandada, por la loma arriba, hacia el
fuego. Van cantando, con misica del toque de formacién:
”—iYa est liada, ya estd liada!
*Pretendi seguirles por el repecho. Hasta hoy me tuve por hombre
fuerte y agil; en Madrid, en el mundo de los deportes, también me consi-
deraban asf; pero no pude seguir a los legionarios en su carrera. Me quedé
el ultimo. ,De qué carne son estos hombres? ;Qué fuelles tienen en el
pecho?
Al llegar al espinazo de la cadena de montafias nos detenemos en
la minuciosa inspeccion del panorama, buscando al enemigo; un estrecho
valle, mas bien un collado, nos separa de otra cordillera. Todo el paisaje
de esta comarea es asi: como un inmenso ciclépeo mar de pesadilla, cris-
talizado, solidificado, que tiene en sus gigantescas olas hasta penachos
y airones pétreos que asemejan espuma, y que lo es, realmente: la espu-
ma de la materia batida y trabajada por los siglos.
Se oyen tiros, mds tiros, muchos tiros, Los hombres se enardecen:
yo no puedo sustraerme a la emocién que me transmiten los demas por
esos hilos misteriosos del plano de las simpatias, y me siento dominado
por el mismo deseo: correr hacia el sitio desde donde disparan. Es un
lirico entusiasmo no sentido nunca, como si oyésemos, de dentro afuera,
una mtsica marcial que nos removiese la herencia legada por aquellos
aventureros, guerreros y conquistadores.
83Una baterfa montada, que pertenece al regimiento mixto de Ceuta,
acampado en las inmediaciones del terreno que ocupamos, dispara un
cafionazo. El estampido, cuyo ronco eco va rodando de montafia en
montafia, suena como si la tela azul e infinita del radiante cielo se desga-
rrase lentamente.”
La concentraci6n llegé y allf, en el campamento se reunieron muchos
miles de hombres, que circulaban de un lado a otro, paseando curiosa-
mente, como fantastico hormiguero algunos o trabajando con afan casi
todos, Los trajes, serios y uniformes, de los soldados espajioles alterna-
ban, mezclandose en abigarrada confusion, con los pintorescos atavios
de los hombres de Regulares, de la Policfa indigena y de la Mehal-la.
Como fondo del pintoresco escenario, una multitud de tiendas blancas
y conicas, algunos barracones de viveres, materiales de guerra y oficinas,
y enfermertas y hospitales de sangre, con sus blancas camitas alineadas,
que sugieren el temor de saber quién la ocuparia al dia siguiente.
Muchos centenares de mulos, fuertes, gordos y lucidos, reposaban
en la falda de un cerrito; también se apreciaba una gran exiensiOn de te-
rreno cubierta por caballos que comian y descansaban de la caminata
espantandose, con sus colas de largas crines, las moscas, voraces, insis-
tentes y pegajosas de Africa.
Ametralladoras, cafiones Schneiders, motocicletas, camiones, volque-
tes, carros y automoviles de Sanidad y de los otros, en los que llegaron
el Alto Mando y su Estado Mayor. Se habla a voces; la algarabia es ensor-
decedora; tinicamente cuando pasa un carro Lonher, con su enorme cruz
roja pintada en los costados, los hombres guardan unos instantes de
silencio, interrogando al Destino.
La animacion termina pronto; la gente estd muy cansada de la cami-
nata tenida hasta llegar, y acude rapidamente al llamamiento de la trom-
peta, cuando empieza la noche, a acostarse. Habra que levantarse pronto
para salir hacia la cdbila de Beni-Arés, a emprender una operacion bélica
de decisiva importancia.
Durante las primeras horas de la noche, el teniente corone! de Estado
Mayor, Sanchez Ocaiia, reunfa en su tienda a los jefes o sus ayudantes,
y les daba ordenes, instrucciones y consejos.
—A las dos de la madrugada, todo el mundo en pie, pero sin toque de
diana, para no alertar al enemigo. Saldran dos columnas: una al mando
del coronel Saliquet; al frente de la otra ira el teniente coronel Gonzalez
Tablas, jefe de los Regulares de Ceuta.
84De Xakia-Xeruta salfa aquella misma noche el teniente coronel
Orgaz, anticipandose para ocupar con su mehal-la y fuerzas de la policia
de la jarca amiga de Beni-Hassan, las montafias que se hallaban enfrente.
Las tres columnas estarian bajo las érdenes del general Sanjurjo.Otra
columna quedaria en la posicién a cargo del Alto Comisario.
Eran las dltimas instrucciones para organizar la marcha ordenada-
mente, antes de dispersarse en busca de la cama y esperar las emociones
del nuevo dia.
Aungue oficialmente hasta estas fechas, 27 y 29 de junio de 1921,
no se dejé entrar en combate a la Legién, las escaramuzas que habia
mantenido hasta entonces tuvieron cierta trascendencia. Una de ellas
tuvo lugar el 5 de abril y se saldé con una importante baja: el capitan
Pompilio Martinez Zaldivar.
Habjfan sido sorprendidos en una avanzada y en el fuerte choque
mantenido con los moros cay6é muerto el capitan. Luego seria herido
el también capitan Antonio Alcubilla, al tratar de rescatarlo. Por unos
momentos la situacion resulto bastante apurada para los legionarios, que
al lanzarse violentamente a vengar la muerte de su capitan fueron des-
bordados por el ataque enemigo. Seria el capitan Alvaro Sueiro quien,
con desesperada serenidad, empleo la compafifa de ametralladoras y
consiguié proteger el ataque y el repliegue con los caidos.
Fue en ese mes de junio cuando se fueron ocupando las posiciones
de Hait-el-Gaba, Sidi Hamet-el-Buyahi, Arquizen, cuando las tres Bande-
yas, siempre formando parte de la columna del general Sanjurjo, tuvieron
la ocasién tan esperada por todos. Una reaccion enérgica del enemigo
oblig6 al mando a lanzar a la lucha al Tercio. La 1.* y 2.* Banderas
operaron sobre Sabah, mientras la 3." intentaba ocupar la importante
posicién de Mufioz Crespo, nombre dado al lugar en memoria del heroico
oficial que alli dejé su vida.
Durante todo el dia 29 se luché sin descanso en una enconada ac-
cién. Las tres Banderas querian superarse a si mismas. Tras un asalto arro-
llador realizado en una zona dificil por lo intrincado del terreno, logré
tomarse Mufioz Crespo. Pero las Banderas sufren considerables bajas. El
capitan Pablo Arredondo, que mandaba la 1.* compaiifa de la Unidad
del comandante Franco, cayé herido en las piernas; aunque no podia
mantenerse en pie, continué dirigiendo a sus hombres hasta que, a la
fuerza lo echaron en una camilla y lo retiraron del campo. Pero el com-
bate continué por Ja tarde en Bujarrat, donde la Tercera Bandera se
85eubrié de gloria, y entre los muchos legionarios caidos, quedé el teniente
Muifioz Torres Menéndez.
Desde entonces los legionarios de Millan Astray quedarian consagra-
dos como extraordinarios combatientes y serfan mirados con respeto, El
Alto Comisario, el general Berenguer, escribirfa que el combate “fue muy
empefiado, siendo de notar la gran resistencia y acometividad que ofrecié
el enemigo y el brillante comportamiento del Tercio de Extranjeros, que
recibfa el bautismo de fuego aquel dia en su primer combate formal”.
Asi acabarian sus recelos y se rendiria justo tributo.
Como escribirfa un legionario: “estas operaciones constituyeron
nuestro, aprendizaje guerrero; aprendimos a tener manera y en ellas se
templé nuestro animo por el continuo silbar del plomo enemigo a través
de nuestras filas”.
Al comenzar el mes de julio, Millan Astray se fue con la 1.* Bandera
a la zona de Larache. Quedaba dominado el valle de Amegatet, desde
Timisar a Bujarrat, dejando acorralados a los rebeldes y rechazados casi
al pie de la vertiente oriental de la montafia. Era el momento de pasar
a la otra vertiente y ocupar el valle de Beni-Arés,
“El dia 5 de julio emprendimos una penosa marcha a Kudia-Amarax.
Hasta entonces, como volviamos a dormir al mismo campamento no lle-
yébamos mas que lo puesto: el fusil y la dotacién de cartuchos, que pesa
varios kilos; el rancho en frio, que se compone de un chorizo y una lata
de sardinas; la cantimplora llena de agua, que resulta insuficiente con
tal almuerzo y bajo el castigo del sol africano, y el paquete de la cura
individual; pero aquel dia se nos dijo que habiamos de salir a Ja ligera,
esto es, llevando cada uno su equipaje completo en el macuto y las
bolsas del correaje.
Tyas una marcha penosisima por los dridos y candentes terrenos de
aquella zona llegamos al punto de destino jadeantes, exhaustos, acabados.
Después de pasar lista, mas que tumbarnos, cafmos al suelo rendidos de
fatiga y de sed; el suelo pedregoso, lleno de cardos, nos sirvié de lecho, y el
manto azul del cielo, nos dio cobijo.” La 3.” Bandera se hab{a unido a la
columna y Millan Astray tomé el mando de sus dos unidades.
“Al dfa siguiente, de madrugada, salimos en la vanguardia de la
columna que mandaba el teniente coronel Gregorio Benito, para inter-
venir en el combate que da lugar a la ocupacion de Robba-el-Kossar; el
diario de la Legion dice que aquel dia se sostuvo nutrido fuego contra
el enemigo. jVaya si fue nutrido!
86En dias sucesivos se tomaron el Fondak de Ain-Yedida y el blocao
Trias. Se monté el campamento en Robba-el-Kossar y el dia 10 se salio
a ocupar las posiciones, tras sangrientos encuentros, de Bab-el-Sor, Beni-
Resdez. En la vanguardia de la columna del general Marzo, la Legion
asiste al combate victorioso de la toma de Mesmula, y la Bandera de
Franco entré en el Zoco El Jemis de Beni-Arés, después de que se fuesen
tomando una a una las colinas que dominaban el lugar.
Aquella era la aldea mas proxima a Tazarut, donde se encontraba El
Raisuni. Hasta el dia 20 los legionarios, con la columna, se dedicaron a la
rectificacion y avance de las posiciones tomadas, mientras se enviaba un
ultimatum al Raisuni. Tenia hasta el viernes dia 2 para rendirse o hacer
frente al asalto final de 15,000 espafioles instalados a su alrededor.
Sin embargo, las complicaciones en el Rif, al otro exiremo, no iban
a dejar que el general Berenguer se saliese con la suya y concluyese la
campajfia tan bien organizada para dominar la Yebala y acabar con El
Raisuni.
El 21 de julio, el general Fernandez Silvestre era arrasado en Annual
por la harca de Abd-el-Krim, y a la Legi6n le tocara cubrirse de gloria
y hacerse un nombre legendario al acudir en auxilio de la ciudad blanca
del Estrecho.
87El primer grupo de volurtaros dela Legin Era atin in Cuermo en formacion que no disponia de sus uniformes
reglamentarios, por ello 'os nueves legicnurios vesticn segin Ics uniformes de sus unidades de procedencia.DEFENDIENDO A MELILLA
En la noche del 21 al 22 de julio se encontraban las tres Banderas
acampadas en los terrenos de Robba-el-Gozal. Todo el campamento
parecia dormir un suefio tranquilo y reposado en la serena calma de la
naturaleza; Gnicamente el paso vigilante y quedo del oficial que estaba
de cuarto y se deslizaba por entre los hombres tumbados, despertando
aalguno.
Franco oyé que Millan Astray le llamaba a gritos y acudié inquieto.
Le pregunté:
—¢Sucede algo? gHay que salir?
—Tiene que partir lo antes posible una Bandera para el Fondak:
como no sabemos para qué es ni a donde va, sortead entre vosotros. Lo
mismo podéis ir a una empresa guerrera que a guarnecer preventiva-
mente cualquier puesto de retaguardia.
EI alegre toque del clarin rasgé la calma de la noche, y todos los
hombres, a una, se pusieron inmediatamente en pie, sobresaltados.
Algunos creyeron que era un toque de generala y de varias bocas salie-
ron algunas maldiciones,
—Pero si son las dos de la madrugada. gTocan diana?
89—¢Por qué sera?
—Ya lo sabréis —les dijo un jefe que escuchaba al paso los comenta-
rios—. ;A formar rapidamente!
En menos de un cuarto de hora ya estaban formadas la 1.* y 2. Ban-
deras, y emprendian la marcha a través de las sombras por aquellos riscos
y sin saber hacia dénde, mientras la 3.* se quedaba para tener el honor
de capturar al Raisuni. Al menos loscreyeron.
La aurora era roja, los cendales brumosos del amanecer parecfan
vapores de sangre. 4Qué habia sucedido hacia Oriente? Un triste presen-
timiento flotaba en el ambiente, pero nunca se pudo suponer una tan
pavorosa y horrenda tragedia como la que habia dado al traste nuestro
orgullo militar comprometiendo el honor pairio. “La matrona espafiola
estaba arrodillada en tierra con la mirada dirigida al cielo pidiendo mise-
ricordia; con una mano secdbase las lagrimas, con la otra cerrada amena-
zaba a los culpables...”
A las diez de la noche, tras una marcha durisima en la que sdlo se
concedieron brevisimos instantes de descanso, se Ilegé al Fondak de Ain
Yedida, aspeados, jadeantes, Cayeron en el suefio como una piedra en el
lago y, apenas repuestas las energias fisicas, otra vez a reanudar la mar-
cha; atin era noche cuando empezaron a andar, andar, andar, como en
las leyendas que se cuentan a los pequefiines para que se duerman.
Adn era de noche y alla, a lo lejos, se vefa una lucecita que parecia
estar cada vez mas lejos, mucho més alla, en el campo, del otro lado de
los rios y de los valles, Pero aquella lucecita resultaba una tenue esperanza,
lejana, pero la Ilegada a Tetudn, donde se entré desfallecidos, pero. ale-
gres. jLa ciudad! jHacia tiempo que vivian fuera de la civilizacion, como
animales montaraces, por esos cerros de Dios! Y alli estaba la ciudad con
todas las promesas de asueto y de alegria, con sus ofrecimientos de pla-
ceres. Pero sin deshacer las filas se lleg6 a la estacion del tren que debfa
conducirlos a Ceuta.
—gQué pasa? zDénde vamos? —se preguntaban unos a otros—. gHabra
ocurrido algo en Espaiia y nos llevaran a restablecer el orden? zSer4 que
la Madre ya se niega violentamente a dar mas hijos para esta empresa
que ha emprendido en Africa?
—gNos Ilevardn a Espaiia?
Los jefes tenian caras de pocos amigos; hablaban nerviosamente
entre ellos apartados en un grupito. Millan Astray accionaba con la fusta
haciendo amplios y repetidos movimientos como si castigase a un enemi-
90go imaginario que debia ser el Tiempo, a juzgar por la impaciencia que
iba dominando a todos cada vez mas.
En diversas ocasiones lleg6é a toda velocidad en una de las motocicle-
tas de la Comandancia, el comandante Claudio Temprano, ayudante del
general Alvarez del Manzano; transmitia una orden a los jefes que se
aglomeraban prestamente a su alrededor e inmediatamente se mandaba
iniciar el embarco en el Ciudad de Cadiz, que aguardaba atracado al
muelle balanceandose indolente, pero bien sujeto por fuertes amarras.
Pero cuando se disponian a subir por las pasarelas, nuevamente llegé el
comandante Temprano, con la contraorden. Asi dos veces, La indecisién
era evidente y en aquella impaciencia febril dejaron pasar varias horas.
Al fin se embarcé a las seis de la tarde. El monte Hacho, con su pri-
sin y su castillo, montén de remordimientos, odio reprimido, propésitos
de enmienda y rabia impotente y desesperada, ocult6, en su crepiisculo
azul, al sol que despedia a los soldados.
Tbamos mas de dos mil hombres en el barco. Estabamos contentos.
Eramos los caballeros del Ideal y de la Aventura; seguiamos nuestro
camino, un camino tan sugestivo como misterioso. ,Dénde irfamos?
Nadie sabia nada, ni, por otra parte, importaba. Lo mds admirable del
soldado es que no sabe nunca dénde va y a qué; supone que a morir,
pero, gpor qué? ,Defendiendo qué ideales? No sabe nada.
E] barco, los tablones que nos Ilevaban con un rumbo desconocido,
crepitaban, temblorosos, por el jadear del motor, que parecia rendir su
maximo esfuerzo. Me deslicé en la sombra de la noche con objeto de
aproximarme al teniente coronel, que hablaba continuamente con el
comandante Franco. Un marinero se acercé al corro y dijo:
—Mi teniente coronel, se ha recibido otro radio del general Berenguer.
Millan Astray cogié el papelito que le tendfa y exclamé, después de
leer la comuniecaci6n:
—jQue aceleren la marcha todo cuanto sea posible! ;Con tal de que
no estallen las calderas!
A las tres de la madrugada casi todo era silencio; la mayoria de los
legionarios yacian por el suelo victimas del angustioso mareo, del cansan-
cio fisico y de la fatiga nerviosa. El barco seguia su ruta a través del silen-
cio y de las sombras. De pronto se oyé la voz de nuestro teniente coronel
que gritaba con voz potentisima y vibrante, llena de emocion:
—jLegionarios, legionarios! Me ois, legionarios? ;Me escuchais, mis
legionarios?
91Todos, sin dejar ni uno, nos pusimos inmediatamente en pie; de las
bodegas subian, apretujandose en atropellado tropel, los que querfan
oir al jefe. Se hizo un silencio prefiado de emocién.
—La Patria, legionarios, nos pide nuestro sacrificio, nuestro supremo
sacrificio. Cireunstancias penosas por las que atraviesa nuestra Madre,
Espafia, nos ofrecen la dichosa oportunidad de morir por ella. ,Estais
todos dispuestos a morir por ella? ,Estdis todos dispuestos a morir por
el honor de la Legion?
Un grito undnime, rotundo, entusiasta como el clamor de un rugido,
salié de todos los pechos en sincera ofrenda. Fue el instante de mayor
y mas indeleble emocién de nuestra vida.
Las horas que faltaban hasta llegar a Melilla trnascurrieron muy lenta-
mente: tumbados en el suelo y acodados en el barandal de la toldilla, los
legionarios se preguntaban a si mismos qué habia ocurrido. A dénde
iban? Aunque todos vibraban por el mismo anhelo de llegar cuanto
antes,
Esto era lo sucedido, Las tropas espafiolas que se hallaban en el extre-
mo oriental del Rif nd habian permanecido inactivas mientras Berenguer
rodeaba al Raisuni. El general Manuel Fernandez Silvestre, mas conocido
por su segundo apellido, obedeciendo érdenes que posteriormente todo
el mundo negé haber dado, o por propia iniciativa, con o sin la aproba-
cién del rey Alfonso XIII, decidié abrir el camino de Melilla a Alhuce-
mas. 139 kilémetros por la ruta mas corta, y 160 por la mds facil.
El] 15 de enero de 1921, Silvestre ocupé, tras grandes dificultades,
la aldea de Annual. El terreno que quedaba por delante era mas dificil.
Comenz6 a nevar y Silvestre decidié hibernar hasta pasada la primavera
en que avanzo hasta Abarran, en el mismo borde del declive que con-
duce a Alhucemas e Igueriben. Este iltimo sélo a cinco kilémetros de
Annual, pero para alcanzarlo las tropas espafiolas tuvieron que salvar un
diffeil acantilado. Alli se detuvo el avance. Las tropas de Silvestre esta-
ban extendidas al maximo. Las estadisticas oficiales sefialaron 25.790 sol-
dados, incluidos 5.000 nativos. Era poco probable que Abd-el-Krim con-
tase con mas de dos o tres mil hombres armados. No obstante, los espa-
fioles estaban obligados a emplear la mayoria de sus tropas en proteger
las mulas de suministro que recorrian las largas lineas de comunicacion,
por lo que los puestos estaban casi desprotegidos.
Abd-el-Krim era un joven marroqui educado en Espafia. Durante
la guerra 1914-1918 compartio con muchos espaiioles las simpatias pro-
92Kaiser y se mostré deseoso de cooperar con Gomez Jordana, mientras
los espafioles dejasen en paz el interior del Rif. Desde Melilla ayudo
a proteger las huestes de Abd-el-Malek, hostigando a los franceses. A pe-
ticin de Francia, fue encarcelado en Melilla; entonces declaré abierta-
mente que se opondria a cualquier intento espafiol de ocupar el territo-
rio de Beni Urriaguel. Intenté la fuga saltando desde una ventana de la
carcel; le valio romperse una pierna y estar cojo. Cuando fue liberado,
regresO a su tierra de Axdir-des-Beni-Uriakel, a ocho kilémetros de
Alhucemas por la parte de Melilla.
Por aquel entonces Jas minas de Melilla ya eran rentables: las auto-
yidades espafiolas publicaron que las exportaciones en 1920 desde el
puerto de Melilla eran mas valiosas que las exportaciones de Casablanca.
El hermano de Abd-el-Krim, Si Mohamed, mis inteligente, se dedicd
a los problemas técnicos de los recursos mineros del Rif. No se opuso
a la venta de concesiones mineras y entraron en negociaciones con va-
yios grupos europeos; pero estaban decididos a impedir la ocupacién
militar de su tierra.
En el verano de 1920 Silvestre inicié la penetracién, Al parecer era
de la opinion de que una verdadera accién de fuerza resolveria la situa-
cién favorablemente para Espafia. En marzo Berenguer se entrevisto
con Silvestre en un barco en la bahia de Alhucemas para estudiar la zona
donde Silvestre intentaba avanzar. Silvestre escribiria después de esta
entrevista a Berenguer y le aseguraria que las cosas estaban bien estudia-
das y no serian necesarios mas recursos ni equipo, En los tiltimos dias
de mayo, las columnas de aprovisionamiento de Silvestre fueron hosti-
gadas por un ntmero creciente de bereberes armados. Esto era serio,
porque se habian realizado pocos esfuerzos para aprovisionar y forti-
ficar la larga cadena de blocaos carentes de personal suficiente que se
extendfa desde Melilla al Rif. El harea organizada por Abd-el-Krim
hacia peligroso proseguir el avance en la zona montafiosa. El 1 de junio
el puesto avanzado de Abarran, con 200 hombres —-un tabor completo
de Regulares marroquies— se amotinaron y asesinaron a los mandos.
Las tropas espafiolas de la unidad de Artillerfa, pudieron escapar, pero
los amotinados se unieron a la cercana cabila de Temsamani, que tam-
bién se alzaba en armas, y destruyeron la posibilidad de resistencia de
los espajioles. Al dia siguiente fue atacado el puesto de Sidi Dris.
Estos acontecimientos alarmaron a Berenguer, que se traslad6 a
Melilla para entrevistarse con Silvestre, quien acepté no avanzar mas
93hasta que mejorara la situacién. Pero Silvestre envid un destacamento
a Igueriben, al noroeste de Annual, donde las fuerzas encontraron firme
resistencia. La situacién se estabiliz6 hasta finales de junio en que una
columna de suministros cayé en una emboscada a las afueras de Annual
y sufrid 60 bajas. Esto preocupé a Silvestre y sugirid a Berenguer que
pidiesen més refuerzos a Espafia. El Alto Comisario, tras las seguridades
que le habia dado anteriormente Silvestre de estarse quieto y de que la
zona de Melilla estaba bien provista de fuerzas, habia informado al Mi-
nisterio de la Guerra que todo se desarrollaba segiin los planes previstos.
Hacia mediados de julio Silvestre recibié un telegrama del Rey que
decfa: “;O1é los hombres! El 25 te espero.” Esto, al parecer, sugirié
a Silvestre que se esperaba que hiciese algo importante antes de regresar
a Madrid, donde el Rey pensaba pronunciar un importante discurso.
El 16 de julio una columna de abastecimientos procedente de Annual
no pudo llegar a Igueriben. Lo consiguié al dia siguiente, pero ya no fue
capaz de regresar. E] harca de Abd-el-Krim les habia cercado. Una colum-
na de refuerzos salié el 19 desde Annual, pero no pudo alcanzar el puesto
sitiado. En la majfiana del 21 Silvestre fue en automévil desde Melilla a
Annual, y desde alli,intent6 una carga de caballeria para pasar a Igueri-
ben, pero fue detenido por moros armados con varias ametralladoras
y cafiones.
Las tropas acorraladas en Igueriben habfan agotado sus reservas y la
sed hacfa que se bebiesen los orines endulzados con aziicar. El jefe,
comandante Benitez, pidid ayuda por helidgrafo a la columna de Sil-
vyestre. No crefa que se dejase morir a sus hombres a la vista de otras
tropas espafiolas. Silvestre ordené que se retiraran, si era posible. Al
acabar el dia, en un intento desesperado por salir del cepo mortal, los
supervivientes de Igueriben salieron y sélo once consiguieron llegar hasta
las tropas de Silvestre, y solo dos sobrevivieron, pues en el retorno a
Annual los 4.000 defensores espafioles apenas fueron capaces de conte-
ner a los moros que disparaban desde las alturas cercanas. Silvestre envid
tres radiogramas seguidos el dia 21 a Berenguer en los que pedia el
envio inmediato de refuerzos. La municién y los suministros eran tan
escasos que Silvestre fuera de si, no acertaba a encontrar una salida. Un
consejo de oficiales, los que habian sobrevivido, decidieron no aceptar
més ordenes de su General: Consideraban que Silvestre hubiera debido
salir al campo de batalla y exponerse a las balas del enemigo, cosa que
no habia hecho.
94A las diez de la mafiana del dia 22 dio la orden de retirada, pero no
se hicieron planes para organizarla. En dos horas, aquello degeneré en
un frenético sdlvese quien pueda. Silvestre murié en Annual. La moral
de los espafioles estaba rota y fueron presa del panico. Abd-el-Krim no
hacia prisioneros, Los que se rendfan eran pasados a cuchillo. Los blo-
caos provisionales de sacos de arena y madera, cuyos techos podian
volarse con granadas de mano, cayeron como un castillo de naipes, Mas
de 8.000 soldados perecieron en el desastre, que se debid mas a la des-
moralizaciOn espajiola que a las proezas de los bereberes. Las pocas uni-
dades que conservaron la disciplina, como el batallon de Caballeria de
Alcantara, se retiraron hasta Melilla con pocas bajas. Incluso el general
Navarro, segundo en mando después de Silvestre, intento durante siete
dias contener la derrota, pero tan pronto conseguia apuntalar una
unidad, llegaba una nueva avalancha de enloquecidos fugitivos, que
destruian la moral. No obstante, Navarro logré reunir a 3.000 fugitivos
y se mantuvo en Monte Arruit, a 70 kilometros de Annual y 30 escasos
de Melilla. Desgraciadamente, el enemigo rebasaria su posicién, dirigién-
dose hacia las montafias y desde la cresta del Gurugi dominaria Melilla.
Pero esto ya seria el 29 de julio. La noche del 23 llegaria el Alto Comi-
sario a Melilla, donde no pudo encontrar mas de 1.900 soldados, en su
mayoria personal de oficinas y de Intendencia.
El dia 24 legaban las dos Banderas del Tercio, seguidas por dos
tabores de Regulares y tres grupos de montaiia. El jefe de toda la fuerza
era Sanjurjo, con Millan Astray de lugarteniente, Gonzalez Tablas al man-
do de los Regulares y Francisco Franco al mando de la 1.* Bandera;
la 2." iba en manos del comandante Rodriguez Fontanés.
A media mafiana del domingo Melilla ya aparecia a la vista y los que
habian estado. en 1909 ya creian-ver el barrio del Real, el Atalayon y los
terrenos elevados de Cabrerizas y Fuerte Camellos. Los muelles, las pla-
yas y calles estaban literalmente atestados de gente que se apretujaba,
agitandose, oscilante como la mies empujada por el viento. Lanzaba un .
clamor confuso, pero intenso, que se ofa a la considerable distancia que
les separaba del muelle.
En realidad habian llegado al puerto con dnimo de asaltar barcos
y lanchones que los pusieran a salvo. Los fugitivos de Zeluan y Nador,
atacados en el amanecer de aquel dia 24, llevaron la alarma a los barrios
del Hipédromo y del Real, cuyos habitantes alocados por injusto panico,
enfurecidos por la ineficacia de un ejército que se habia dejado derrotar,
95y convencidos de que el Gobierno espafiol les habia abandonado, se lan-
zaron a la destruccién de la Comandancia General, y definitivamente
a huir en algtin barco. Hirieron a un oficial de la Compaiifa del Mar,
Unica tropa existente para oponerse a la oleada de terror. Pero al descu-
brir el Ciudad de Cddiz, el panico se convirtié en serena calma y la de-
senfrenada avalancha en manifestacion patridtica.
A las dos de la tarde se lanzaron los calabrotes y cadenas del Ciudad
de Cadiz, y qued6 amarrado a los muelles de Melilla. Un griterio copioso,
intenso, ensordecedor, no permitia entenderse. Eran muchos miles de
personas las que gritaban vitores a Espafia apasionadamente, hasta en-
ronquecer. Uno de los ayudantes del Alto Comisario subié precipitada-
mente a bordo:
“De Ia Comandancia General de Melilla no queda nada; el Ejército
derrotado; la plaza abierta y la ciudad loca, presa de panico: de la colum-
na de Navarro no se tienen noticias; hace falta levantar la moral del pue-
blo, traerle confianza que le falta y todas las fantasias ser4n pocas.”
Cuando Millan Astray y Sanjurjo hablaron al pueblo desde la borda,
los gritos de alegria y de entusiasmo debieron oirse en Espatia. No sé
a ciencia cierta qué dijeron, porque seria vano reflejar la emocién que
produjeron aquellas palabras. Buena parte de la muchedumbre se mezclo
con las filas que formabamos en nuestro desfile, y nos arrollé para besar-
nos, estrujandonos entre sus brazos con afan carifioso.
jLos salvadores, los salvadores! ;Viva la Legion! ;Viva Espafia!
{Millan Astray! jLos salvadores! jSanjurjo! ;Gonzdlez Tablas!
Los legionarios habiamos recibido la orden de reir, cantar y gritar
“Viva Espafia!”, y la multitud se unié a los gritos y nos vitoreé cuando
desfilabamos con musica y banderas por las calles de la poblacién. Fran-
co marchaba en cabeza de la 1.*, con su negro estandarte: y Fontanés
con el estandarte rojo de la 2.4, Muchos llorabamos de emocidén. Llora-
bamos pensando que, aun con la muerte, no pagdbamos en su precio una
alegria tan alta y tan excelsa.
Mill4n Astray habia gritado a la multitud congregada en el puerto
con su aguda y penetrante voz:
“Pueblo de Melilla: la Legién que viene a salvaros os saluda. Estamos
dispuestos a morir por vosotros, Nos encontramos a las érdenes del heroi-
co general Sanjurjo y triunfaremos. ;Olvidad el miedo! Los pechos de
los legionarios se interponen entre vosotros y el enemigo. ;Viva Espaiia!
{Viva Melilla! ; Viva la Legion!”
96Los Regulares de Gonzalez Tablas Iegaron unas horas después en el
Escolano. También llegaron los tres batallones de montafia: de Borbén,
Extremadura y Granada. Desde los primeros momentos se atendié a la
seguridad de la plaza, guarneciendo los fuertes de la antigua linea exte-
rior, colocando alambradas y construyendo trincheras que contorneaban
la poblacién y enviando tropas al zoco el Had de Beni Sicar que se habia
mantenido fiel, y deseaban sostener la autoridad de Abd-el-Kader en la
cabila.
Sanjurjo envid apresuradamente los batallones a las defensas del lado
sur; los Regulares a la parte occidental, a las viejas y desmanteladas posi-
ciones del Gurugt y de la base de la peninsula de Tres Forcas. La Legion,
después del desfile moralizante, ocupé sus puestos de defensa: la 1.* Ban-
dera en los Lavaderos y Posada del cabo Moreno, y la 2." en Rostrogordo
y Cabrerizas.
Los huidos desde el campo no cesaban de llegar. La huida general
estuvo siendo amparada por casos de heroismo de la mayor parte de los
oficiales y jinetes del coronel Primo de Rivera, cuya Caballeria cargo en
diversas ocasiones contra el enemigo, dando la ultima carga al paso, cuan-
do los caballos estaban extenuados.
Se combatia en Zeludn, Nador y Monte Arruit, donde estaba reunido
el mayor contingente de fugitivos, Se conocieron los tristes momentos de
la retirada: las tropas en huida, las cobardias, los hechos heroicos, la dolo-
rosa tragedia. Se supo que el comandante Benitez, defensor de Igueriben,
asediado por millares de moros, envid su altimo heliograma a Annual,
diciendo: “Solo quedan doce cargas de cafién; cuando oigais el duodé
mo disparo, tirad sobre la posicion donde estaremos confundidos moros
y espaiioles.””
Son las noticias que !levan aquellos seres, en los que el terror ha dila-
tado sus pupilas, y que hablan con espanto de carreras, de moros que les
persiguen, de moras que rematan a los heridos, de lo espantoso del desas-
tre. Llegan desnudos, en camisa, inconscientes, como pobres locos.
El dia 25, tras ascender una columna de Regulares y Legionarios por
las laderas de Taguel Manin y Ait Aisa, para establecer en ellas posicio-
nes, las dos Banderas se instalaron en la llamada Granja de los nifios, mas
a la vanguardia de las posiciones anteriores, a la altura de la vieja Aduana.
Frente a ellos el Gurugi, una masa montafiosa de cerca de 1.000 metros
de altura en la cima. Situada en el suroeste de Melill
gada y paralela a la costa. En los diz” * .sobre la linea defensiva de forma continua y encarnizada. Los proyectiles
de fusil llegaban a los barrids extremos de Melilla, y los de cafion se cola-
ban sobre el barrio del Real y hasta en la plaza de Espafia.
Las viejas y desmanteladas posiciones de las laderas del Gurugi y de
la base de la peninsula de Tres Forcas, fueron ocupandose para establecer
la linea de 1909: Atalayon, Sidi Hamed, Sidi Musa, Ait Aisa, Taguel
Manin, Hidum, Ixmoart.
El dia 26, y a las drdenes directas de Millan Astray, avanzé la colum-
na, con los legionarios bastante mermados por los destacamentos y se
ocupé la posicion de Sidi Hamed-el-Hach, una torre amplia y alta situada
en medio de un corralén amurallado. Quedaria guarnecida por una com-
pafifa de la Legién de la 1.* Bandera. Desde aquella altura, que se extien-
de hacia Nador, podia verse la ciudad, a solo 15 kilémetros. Franco rela-
tara aquellos momentos:
“Se ve perfectamente el poblado de Nador. Numerosos grupos ro-
dean la Iglesia; el pueblo arde; de la fabrica de tabacos y estacién se
levantan densas columnas de humo; otras casas han sido pasto de las
llamas, y por los caminos del Ilano se alejan con el botin los mulos
cargados,
”En una casa, algo mas alta y proxima al mar, vemos brillar un helid-
grafo. Avanzamos hasta el. extremo de la ]oma. La orden de no alejarnos
nos detiene, ;pero estamos tan cerca! Pediremos ir; nos repiten la orden
de no avanzar mds, de aguantarnos mientras se termina la fortificaci6n.
En la posicién hablamos con el General. Con él esta nuestro Tenien-
te coronel, le pedimos ir al poblado, llevar un socorro a los que se defien-
den. El General participa de nuestra emocién; también é] desea ir a Nador,
pero hace falta guardar la Plaza, defenderla y estamos solos. jEn la guerra
hay que sacrificar el corazén!””
Durante la semana siguiente estuvieron contemplando la lenta muer-
te de la guarnicién de Nador, sin hacer nada; pero habia que fortificar
los alrededores de Melilla y desistir del envio de columnas de socorro
que serfan cercadas y exterminadas. Berenguer decliné toda propuesta
de voluntarios para liberar la posicion de Monte Arruit. Necesitaba con-
servar sus 4.500 hombres preparados para defender Melilla.
La prueba resultaba evidente. El dia 28, al llevar el convoy de aprovi-
sionamiento a Ait Aisa y Taguel Manin, los legionarios fueron atacados
y tuvieron que combatir con el enemigo mientras se relevaban las com-
pafifas que guarnecian las posiciones. También fue atacada la posicié
ion de
98Sidi Hamed, y fueron heridos de gravedad el teniente Marcos, de ametra-
lladoras, el sargento alemén Heine y un soldado. Un convoy con dos
escuadras, que habfa bajado a la plaza desde la posicién, también fue
atacado por el enemigo causdndole varias bajas.
Al dia siguiente se salié de nuevo hacia Sidi Hamed, para la coloca-
cién de los blocaos 1 y 2 y evacuar a los heridos, teniendo que sostener
un nutrido fuego con el enemigo. Se mantienen los puestos ocupados.
Desde el Atalayon, un cerro que emerge de Mar Chica, en las inmedia-
ciones de Melilla, se trata de establecer una posicion de gran utilidad tac-
tica y estratégica. Tiene forma de pilén de aziicar o gorro de payaso, y
permite divisar Nador y entablar combate con el enemigo.
La Legion empezo a utilizarse constantemente y en tres tareas bien
definidas: desmembradamente, para endurecer las formaciones inexper-
tas o indignas de confianza: una seccién aqut, otra alla y una compaiita
acullé. La segunda, para ocupar las posiciones y los blocaos mis peligro-
sos, a la vez que establecia nuevas fortificaciones. Su tercera tarea consistia -
en formar en vanguardia de las columnas que protegian los convoyes de
agua, comida y municiones para los puestos avanzados, Primero se ocupaba
una posicion y al dia siguiente se protegia el convoy que suministraba el
lugar, para salir de nuevo a la conquista del siguiente reducto.
Durante el mes de agosto se prodigaron las salidas y el aprovisiona-
miento de las distintas posiciones que exigian la presencia constante de
la columna para librar combate con el enemigo. Y alli estaban los legio-
narios, junto a los regulares, trepando por los pefiascales de las vertientes
del Gurugi, en los que se sostenfa empefiada lucha. Los efectivos legio-
narios van disminuyendo como un chorreo y las unidades quedan muy
mermadas. Es el momento de ver cémo siguen los reclutas:de Dar Riffien
y pensar en buscar nuevos voluntarios que engrosen las diezmadas filas
de la Legion. Millan Astray hard una escapada a primeros de agosto,
para promocionar la Legién por Espaiia.
La posicién de Sidi Hamed es atacada constantemente por el enemi-
go. Al fuego de fusilerfa se une el de cafién que le dirigen desde las lomas
de Nador y los picos del Gurugii: una compafiia de legionarios y otra de
linea guarnecen la posicién al mando del comandante Arias, del batallon
de Toledo. La defensa del lugar es continua y en ella se distinguieron
muchos legionarios. Por all pasaron todas las unidades de la Legion, Has-
ta la toma de Nador result6 un lugar peligroso: un dia hubo que extin-
guir el incendio del depésito de municiones, aleanzado por las granadas
99enemigas; otro, salir a recoger el material de los mulos muertos a Ja entra-
da de la posici6n y enfilados por los moros. Siempre hay un soldado heri-
do u otro al que un proyectil le lleva la cabeza.
Se vive con escasez de agua y con un convoy cada tres dias. Sdlo
Manolo, el valiente cantinero, visita a diario la posicién y lleva el correo
y las frescas sandias que alivian la sed.
En uno de los convoyes el enemigo prepara una fuerte emboscada.
Es el 8 de agosto, al efectuar el paso por la segunda Caseta y cuando toda
la Legion ha entrado en el camino. La descarga cerrada cae sobre los
caballos y sorprende a todos. Al momento la fuerza se ha tendido en el
suelo ojo avizor, como dicen los moros, y rompiendo el fuego sobre las
pefias y chumberas de la barrancada, mientras las fuerzas de la columna,
confiadas en la proteccién, pasan por detras de ellos. Sin embargo, el
enemigo intensifica el fuego y los legionarios y regulares habran de esca-
lar rapidos por las laderas para que el enemigo huya escarmentado. Mila-
grosamente no ha habido ninguna baja.
En la madrugada del dia 15 la columna de Sanjurjo se concentra
sobre la carretera de Hidun con la intencion de llegar a las lomas de
Ismoar. Un tabor de Regulares debe avanzar por la izquierda hacia Sidi
Amaran, mientras los legionarios se concentran en vanguardia, tras la
cortina de proteccion de la caballeria.
En las lomas de Ismoar la caballeria eché pie a tierra, desplegandose.
Los legionarios tienen orden de esperar a que las baterfas esté listas en la
posicion, pero ven avanzar a los regulares sobre un grupo de chumberas;
detras se oculta numeroso enemigo, y se establecen las ametralladoras
legionarias para apoyarles, Los regulares avanzan y los legionarios, sin
esperar a las baterias, se lanzan en su apoyo, desbordando al enemigo.
Los moros huyen dejando a sus muertos. Los legionarios coronan la linea
de altura y dejan establecida la linea de Garet al mar.
Sin embargo, el enemigo no deja de hostilizar en todo el frente. En
unas ruinas del exiremo derecho se combate encarnizadamente. Fl terre-
no es muy quebrado y los moros estan préximos. A las once dela mafana
atin continia el combate. El enemigo, aprovechando lo quebrado del
terreno y oculto en unas casas dejadas a retaguardia, efecttia una enérgica
reaccién por el flanco de las ametralladoras. Entre los defensores cae el
bravo teniente Miguel Valero Marzo y dos legionarios mas. Otros ocho
han sido heridos y se encuentran caidos entre las ruinas, junto a tres
moros que han quedado cara al sol.
100Pasado el mediodia los legionarios consiguieron autorizacion del
General para castigar los poblados de retaguardia que ofrecieron la reac-
cién y desde donde les hostiga el enemigo. La empresa no resulta facil:
el terreno desciende por la derecha en forma quebrada hasta la playa
y al pie se encuentra una extensa faja de pequefios aduares. Una seccion
ha de romper el fuego sobre las casas para proteger la maniobra: otra se
descuelga por un pequefio cortado y rodea los poblados hasta alcanzarlos
y castigar a sus habitantes.
La toma se hace con granadas de mano, que levantan llamas de los
techos de las viviendas, mientras escapan sus moradores perseguidos por
los legionarios.
El enemigo hostiga la retirada. Dos legionarios han quedado rezaga-
dos y de pronto se encuentran entre los fuegos de los dos bandos; ocultos
entre la arena se libran de sus efectos, pero cada vez que intentan levan-
tarse, moros y legionarios les siluetean con sus disparos. Desde la cima se
contempla la situacién y el corneta toca el alto el fuego para llamar la
atencion de los legionarios y puedan retirarse los dos soldados.
E] repliegue general puede efectuarse en completo orden. El General
en Jefe felicita a los legionarios por su comportamiento.
E] dia 23 de agosto ya se ha incorporado Millan Astray al combate.
La 1.* Bandera sale formando parte de la columna de Sanjurjo hacia el
barranco de Frajana, en las inmediaciones de Zoco del Had. En las proxi-
midades se hace sentir el paqueo enemigo. Las baterias ligeras disparan
sobre la barrancada. Los regulares se pierden por la pendiente abajo, ha-
cia el poblado. Se multiplican los disparos. En el fondo del barranco-el
teniente coronel Gonzalez Tablas, en su caballo blanco, dirige en cabeza
a sus regulares que atin se despliegan por la loma de otra cresta.
E] ayudante de Gonzalez Tablas, el alférez de complemento Sanchez
Guerra, es retirado herido en una camilla, mientras una companiia de la
Legion cruza el barranco y se pierde entre los arboles del arroyo hasta
que un rato después corona la meseta y los legionarios toman posiciones
camuflados entre las piedras de las lomas ocres. Tras ellos pasan las acé-
milas y la seccién de ametralladoras aleja con su fuego al enemigo, que
aiin insiste, hostilizando débilmente.
El dia 28 sale otro convoy para Sidi Hamed, acompafiado por un tren
blindado, El enemigo, como en dias pasados ataca con firmeza a las fuer-
zas de proteccién. Desde Nador se acercan bastantes jarquefios que son
batidos por el fuego de las ametralladoras situadas en el tren. La sorpresa
101es grande y las bajas enemigas muchas. Pero se ha conseguido entrar en
la posicién con el convoy de habituallamiento.
Transcurre el dia sin problemas, pero llega la hora de la retirada. La
compafifa mas avanzada adelanta sus soldados en direcci6n al tren, que
empieza su retroceso y la unidad se repliega al abrigo de la tercera Caseta.
Unos minutos mas tarde y el tren atin no ha Ilegado. ,Habra tenido
averia? Una inspeccién répida muestra las lomas que ocupaban los legio-
narios repletas nuevamente de enemigos. Silban las balas. Un ordenanza
sale a galope para detener la retirada. El enemigo se ha metido entre el
tren y los legionarios.
Se‘intenta que salgan por la playa unos ordenanzas, pero el fuego
enemigo mata sus caballos y quedan tumbados en tierra, defendiéndose
a tiros. Avisan desde el Atalayén que se acerca una fuerte jarea por la
carretera de Nador. Los moros aparecen por las cunetas de la carretera,
a poco més de cien metros; se suceden los fogonazos de los disparos y
una seccién de legionarios se desliza, parapetada en el terraplén, sin ser
vista, hasta caer sobre ellos. Se lucha brevemente y con fiereza, pero el
enemigo, sorprendido, huye. Llega el tren y dispara sobre los moros
mientras los legionarios suben a los vagones y regresan a la tercera Caseta.
E] enemigo continda hostilizando la retirada del convoy, pero desde
las posiciones se les contesta y los soldados de proteccién pueden reti-
yarse por la orilla del mar con rapidez.
En los dias siguientes, unos prisioneros evadidos, confirmaron la
gran cantidad de bajas sufridas por el enemigo. Los moros se pasaron
la noche buscando con faroles los muertos en el combate y cuando re-
gresaron a Nador, cerca del amanecer, golpearon a los prisioneros que
tenian alli.
Y éste es un relato extractado de una de las diversas historias que
escucharon los legionarios de boca de algunos prisioneros. Evidencian
un comportamiento y sobre todo las situaciones tan criticas en que se
movian todos los protagonistas, Situaciones en las que actuaban casi con
ferocidad y safia. Sucede en la tercera Caseta, que es descrita como “un
reducidisimo fortin que se asemejaria a la casilla de un peon caminero,
de ésas que suele encontrarse por las carreteras de Castilla, si no tuviese
azotea en lugar de tejado; cuatro habitaciones, en una de las cuales se
realizan los menesteres de la cocina no muy pulcramente que digamos;
todas. éstas reciben luz por un ventanuco de pequefias proporciones
abierto en el lugar més alto de la pared, y por varias aspilleras que permi-
102ten contestar con alguna garantia de proteccién a las agresiones del ex-
terior”,
Los hechos suceden al atardecer de un dia de apacible calma en el
sector, y después de transcurridos varios desde la salida del tren. Uno de
los varios relatos que sobre los convoyes de aprovisionamiento muestran
la accion constante y expuesta de los legionarios en aquellos dias.
“A la una de la tarde de hoy nos anuncian por teléfono, desde la
posicion del Atalayén, que por la carretera viene un grupo de gente que
enarbola una banderita blanca; que no nos fiemos mucho, pero que tam-
poco nos precipitemos a tirar sobre ellos.
»Nos asomamos a las aspilleras. No vemos a nadie, ni con los prisma-
ticos. Desde el Atalayén han podido verlos antes porque, dada la altura
en que se hallan enclavados, dominan mayor extensi6n de terreno. Pasa-
do un buen rato divisamos en la lejanfa unas siluetas que avanzan lenta
y penosamente, parandose de trecho en trecho.
”Se trata de una mujer y un hombre con cuatro nifiitos. El coman-
dante de la posicién sale al encuentro de los que llegan; yo le acompafio.
Salvamos corriendo la corta distancia que nos separa de ellos, para calmar
cuanto antes su ansiedad. \
»—.Espafioles, cristianos? jMe parece mentira! Cristianos, espafio-
les? —repite la mujer, que tarda mucho tiempo en salir de su estupor.
Hasta llegar a la posicién cogimos a los dos nifios més pequefios en
brazos, Los otros dos, de nueve y siete afios, van comiendo un trozo de
pan de centeno.
Les hemos dado algo de comer, han tomado café y luego han repo-
sado. Daba pena el estado de agotamiento fisico y de desastre moral de
los recién Ilegados; no nos decidimos a preguntarles nada hasta verlos
més tranquilos y repuestos.
”—Yo soy —dijo ella— la mujer o viuda, puesto que no sé si mi mari-
do vive o murié, de Francisco Sanchez Gallego, que estaba de encargado
en la finca de don José Sanchidrian, de las Planas del Garet, mas alla
de Monte Arruit; me llamo Francisca Flores Gonzalez, tengo veintisiete
anos. El dfa 23 de julio tuvimos que salir huyendo a Zeluan; alli estuvi-
mos doce dias, hasta que los moros nos cogieron y nos llevaron a una
cabila cerca de las minas, separandome de mi marido; desde entonces no
sé lo que es de él, En esa cAbila, un moro nos compré, dando por mi
y mis cuatro pequefios cien duros; nos llevé a Nador, para darnos liber-
tad, segiin nos dijo. Estamos en Nador desde hace seis dias. “Que no os
103vais, que si mafiana, que si pasado.” Hasta que por fin, nos ha soltado,
entregindonos este papel, firmado por el caid Ben Chelal. Los moros
que nos han detenido en el camino nos han saludado respetuosamente,
con esa zalameria expresiva del mahometano, después de haber lefdo el
pasaporte.
”—-Os han tratado bien?
”—Si, sefior, dentro de lo que cabe, algunas veces querfan tratarme
demasiado bien...
”—e¥ ti, soldadito, cémo te llamas?
”—Vicente Salazar Hierro; naci en Salinillas (Alava) hace veintidés
afios; soy del 59, del regimiento de Melilla. Estaba en el campamento
de Dar Quebdani (siete compaiifas del regimiento 59, de Melilla, y una
de Ingenieros). El dia de Santiago, el 25 de julio, el ayudante de la posi-
ci6n recorrié ésta diciendo a voces a todos los soldados: “;Tirad al suelo
fusiles, municiones y correajes!”
”Fuera de las alambradas estabamos rodeados por un nficleo enorme
y compacto de moros. Salimos; la morisma, por la prisa que tenia en apo-
derarse del botin, nos arrollé al cruzarse con nosotros en las puertas de
la alambrada, pero sin hacernos dafio. Los que nos hicieron muchas des-
cargas fueron otros moros que estaban en la aguada. Tanto nos tiraron
que fuimos pocos los que logramos escapar con vida. Yo, por suerte,
consegui salir ileso con otros seis compafieros, con los que caminaba por
las noches; dormiamos lo que podiamos, escondidos durante el dfa en
los barrancos. A nosotros se nos unieron en el éxodo una viuda con su
hijo y un intérprete llamado Alcaide,
”No puedo recordar fecha ni llevar cuenta de los dias; he estado, creo
que desde el 9 de agosto, prisionero en Guelaya y en Beni Urriaguel. En
la cabila de Ben Chelal estuve algunos dias con el general Navarro, a
quicn*acompafian diez soldados; todos ellos estén heridos, aunque leve-
mente al parecer; el general cojea algo.
”—7¥ como has escapado?
”—No he escapado. A los prisioneros que caen enfermos los matan:
el otro dia mataron a trece, y hace poco a cuarenta y dos:a mi me han
dejado venir acompaiiando a esta sefiora y sus hijos por no matarme,
pues estoy malo y por lo tanto indtil para el trabajo. Téqueme, vera
qué calentura.
”En efecto, su carne estaba candente.
”—cY qué dicen los moros?
104”—Nos hicieron creer que habfan entrado en Melilla. Otros, la mayo-
ria, hacen la guerra de mala gana: dicen que Espafia ha traido muchos
hombres y que se van a vengar. Contintian la guerra obligados por los
jefes, los caciques. El otro dia, creo que fue el 2 0 el 3, sufrieron mas de
quinientas bajas. (El dia de la salida a Ait Aisa.)
”—2Sabes algo mas del general Navarro?
”—Nada; que se lo llevaron a Annual.”
Al dia siguiente atin Ilegaron otros dos prisioneros: Benito Verges
Castell, natural de Lérida, que pertenecia al regimiento mixto de Artille-
xia, y Alfonso Espinosa Sanchez, de Ciudad Real, que prestaba sus servi-
cios en el niimero 42 de Cerifiola. Mafiana y pasado seguird llegando mas
gente espafiola del campo enemigo, militares y paisanos, pues, segiin ex-
plican, ya no rematan a los prisioneros enfermos o heridos, sino que los
envian a Melilla con un pasaporte y un trapito blanco atado a la punta
de un palo. Los que estan enfermos y hasta ahora ocultaban su dolencia,
sabiendo el fin que les aguardaba, ahora vendran, junto con los que lo
finjan.
“Alfonso Espinosa nos ensefia su pecho y el vientre, que cubria con
un guifiapo; lo tiene en carne viva, ulcerado de arrastrarse por el suelo.
Los dos vienen enfermos y tan desnutridos, que han tenido que ser con-
ducidos en camillas hasta el paso de la gasolinera que los recoja en el
muelle del Atalayon, pues llevarlos a través de estos campos seria arries-
gadisimo.
A los jefes, desde el coronel y el teniente coronel hasta el ultimo
alférez, los llevaron a Annual. Nosotros fuimos tiroteados, y pocos
escapamos con vida. Yo llegué a Kandussi, donde me cogieron los moros
y me llevaron a Zeludn.
”Nos dieron otra clase de noticias menos tristes: los moros parece
que ahora no estén con dnimo de guerrear: lo hacen obligados por los que
mandan, segiin declaran. Temen; saben que Espaiia esta decidida a una
represalia, y que cuenta con medios para Ilevarla a cabo: no ignoran
cudntos hombres han Ilegado. Ya no refieren aquellas fantasias de los
dias del enardecimiento.
”En el Gurugi, dicen, tienen tres cafiones; dos pequeiios y uno gran-
de; pero éste ya ha sido inutilizado por nuestra artilleria: el mismo pro-
yectil arrancé las piernas al cabo de Artillerfa que apuntaba contra noso-
tros. (No era un legionario.)
”A nosotros, los prisioneros — dicen- , nos han obligado a hacer el
105camino desde Nador al Gurugi, para subir los cafiones; el dia en que los
hemos subido nos dieron a cada uno de nosotros dos reales y una cajetilla
de tabaco.
En las lomas de Nador tienen otro cafién grande; no sabemos quién
lo manejard, si tendran quien se preste a ello por salvar su vida.”
Después del desastre de Annual, los escasos pequefios puestos avanza-
dos que todavia resistian sucumbieron hacia el 1 de agosto, quedando en
pie s6lo el reducto del general Navarro, Abd-el-Krim intenté negociar con
los defensores de Monte Arruit, pero a causa de un mal entendido se dispa-
x6 contra uno de sus emisarios, Monte Arruit fue estrechamente sitiado
y batido con fuego de fusil y artillerfa. El 9 de agosto, cuando las provi-
siones de los defensores se agotaron totalmente, Berenguer autorizd
a Navarro a rendirse. Después de la capitulacién, muchos de los defenso-
res espafioles fueron asesinados por los motos victoriosos. El Ejército
habia perdido toda la autoridad en el interland de Melilla; los esfuerzos
de los tltimos doce aiios eran iniitiles.
Un afio mas tarde, aan no se habia hecho ningin esfuerzo militar
directo para rescatar a los prisioneros de las manos de Abd-el-Krim. La
situacion de Navarro y sus oficiales, resulté bochornosa para el Gobierno
de Espafia, que se negaba a pagar cuatro millones de pesetas por el
rescate. .
El colapso militar espafiol permitié a Abd-el-Krim, caid de los Beni
Urriaguel, el dominio sobre gran parte de la mitad oriental del protecto-
rado, y ademas elevé a gran altura su prestigio en las eébilas, Su ambicién
aumenté considerablemente. No solamente planeaba hacer frente a la
reconquista espafiola, sino que empez6 a preparar la constitucién de un
estado moro independiente en el Rif —cosa que nunca habia existido en
Ja historia de Marruecos,
Comenzaron a esbozarse groseramente los rudimentos de una admi-
nistracion de estilo occidental; la sede del gobierno estarfa situada en
Axdir, el pueblo de su padre. Los voluntarios continuaban afluyendo en
masa a las tropas del caid, muchos de ellos armados con armas espaiolas.
Los més capaces entre los ayudantes de Abd-elKrim recibieron grados de
oficial, mientras se iniciaba una serie de contactos en el exterior en busca
de mercenarios que aceptaran adiestrar a los bereberes en el uso de armas
més perfeccionadas.
En los primeros dias de septiembre ya estaban casi consolidadas
las antiguas posiciones que en 1909 resguardaron a Melilla, y el contin-
106gente de tropas llegadas de la Peninsula aumentaba, mientras Jas unida-
des de élite, el Tercio y los Regulares de Ceuta, situaban provisiones
en avanzada para el desarrollo de la gran ofensiva. El enemigo, no obs-
tante, recrudecia sus ataques.
107EL COMBATE DE CASABONA
Aparte de las felicitaciones personales y las pequefias menciones
especiales que altos mandos, como Berenguer, habfan ido prodigando
a los legionarios por sus combativas acciones, hasta el 10 de septiembre
no se registré una cita con todos los honores oficiales por parte del Alto
Comisario, Aparecié en la Orden de la Legién del dia 11 de septiembre,
y decia asi:
“Articulo 1.°. En el combate sostenido en Casa-Bona, el general
en jefe dirige al Ejército la siguiente citacién:
"Alta Comisaria de Espafia en Marruecos. Ejército de operaciones.
Estado Mayor. — Orden general del dia 10 de septiembre de 1921, en
Melilla.
"En la operacién del dia 8 sobre Casa-Bona, tuvieron ocasién el
Tercio de Extranjeros y las Fuerzas de Regulares de Ceuta, nimero 3,
de cubrirse una vez mas, de gloria.
*Con su indomable valor, con su admirable amor patrio, con su
incomparable pericia, lograron asestar al enemigo uno de los mayores
golpes que ha sufrido en todas nuestras campafias, ocasiondndole bajas
numerosisimas.
109"Todos cuantos integran esos Cuerpos modelos alcanzan tales virtu-
des militares, que es dificil sefialar distinciones entre ellos, y éste es el
mayor galardén que puede ostentar una Corporaci6n.
En nombre de todos vuestros compafieros del Ejército de Africa,
que se enorgullecen de vosotros, os felicito efusivamente y os ratifico
nuestra absoluta confianza.
*Debéis sentiros satisfechos por ello y por haberos hecho dignos de
Ja admiracién de nuestra querida Espaiia.
To que de orden de S. E. se publica en la general de este dia para
conocimiento y satisfaccién.
»EI coronel jefe de E. M., F. G. Jordana. Rubricado. Hay un sello en
tinta que dice: “Alta Comisaria de Espaiia en Marruecos. — Ejército de
operaciones. E. M.”
Al fin, el reconocimiento era total, pero habia sido preciso que la
Legion se multiplicase por cuantos frentes hubo casi en un mismo dia
y dejase varios oficiales heridos entre los mas de 90 legionarios que caye-
ron, de los 300 que fueron de protecci6n del convoy que debia abastecer
a Casabona.
Una de las acciones se desarrollé en el camino de Tizza, cuando la
columna salié por la carretera de Hidun, dejando atrds la posicién de Sidi
Amaran para extender sus guerrillas por las peladas lomas hasta llegar al
Garet, posicion ocupada por una compaiifa y bateria, desde la cual se
domina el camino de Tizza.
Los jarquefios hostilizaban la operacién desde las lomas proximas,
y los legionarios y Regulares tuvieron que encargarse de ocupar las altu-
ras y aduares para proteger el paso del convoy. Los barrancos y cafiadas
quedaron perfectamente vigilados, sin que las balas dejasen de silbar y el
convoy pudiese entrar sin novedad en Tizza. Sin embargo, en la accion
cay6 herido el alférez Villalba, de la 2.* Bandera.
‘A la, izquierda, en direccién al Zoco el Had, se desarrollaba otra
operacién con vivo cafioneo. Se trataba del convoy que se dirigfa a Casa-
bona: sus mulos formaban una larga reata que se acercaba a la posici6n,
pero en unos minutos las balas tumbaron a muchos de ellos, Los conduc-
tores empezaron a detenerse, a vacilar y luego corrieron a acogerse a la
posicién, mientras los mulos vivos galopaban por la meseta arrastrando
su carga.
En aquella direccién al Zoco se ve el desplazamiento de las guerrillas
peninsulares. Es como un hormigueo de tropas.en movimiento. que se
110encuentra en grave apuro, y para alli sali una Bandera y una bateria, en
su socorro, Se atravesé el rio de Oro, se ascendié la pendiente de la loma
del blocao de la Corona y una compaiifa de legionarios, descolgindose
por el valle, avanz6 hacia el lugar del convoy. Cuando llegan, las tropas
ya se han retirado; recogen un mulo abandonado en la ladera y siguen la
marcha en retirada hacia Melilla.
Ese mismo dia otra seccién de legionarios que habia quedado en el
campamento para salir a efectuar el relevo del blocao Mezquita, hostiliza-
do constantemente por el enemigo, sufrié la baja del teniente Salgado,
que la mandaba y cayé herido.
En el campamento de la Legién sdlo habian quedado los enfermos,
los asistentes y los rancheros. Pero a mediodia observaron que la posicién
de Ait Aisa era bombardeada por el enemigo, que también les dirigia fue-
go de fusilerfa. En la posicién se observa movimiento; y unos soldados
corren por la ladera. Hay peligro de perderla.
El capitan Eduardo Malagén tocé llamada y, reuniendo a los soldados
enfermos y rancheros, salié con rapidez en socorro de la posicién. Dos
oficiales que habian Ilegado aquel mismo dia les acompafiaron en la em-
presa, Empezaron a escalar los pefiascos inmediatos al barranco del Lobo
y pronto llevaron nuevo aliento a la posicién en peligro. El capitan Ma-
lag6n cay6 herido gravemente de dos balazos; el alférez Cisneros fue
herido levemente, y la tropa tuvo un muerto y dos heridos.
Pero ese mismo dia, la primera compaiiia, destacada en Sidi Hamed
el Hach, sufre los efectos de un intenso bombardeo enemigo y caen heri-
dos el capitan Franco Salgado y cuatro soldados mas.
Hay que abastecer nuevamente la posicién de Casabona, que se en-
cuentra adelantada en la meseta, frente al Zoco del Had. El enemigo esta
realizando una fuerte presién por ese sector y ya no puede hacerse un
convoy ordinario. El camino que conduce a la posicién recorre la estre-
cha meseta que por la derecha cae al valle del rio de Oro y por laizquierda
termina en las pedregosas y cubiertas barrancadas del Gurugd. Los mo-
os, fuertemente atrincherados por la noche en ese flanco izquierdo,
obligan a sostener duros combates para evitar la llegada del convoy.
El dia 8 de septiembre, la Legion y los Regulares se trasladaron al
Zoco del Had para constituir alli la vanguardia de la columna del general
Neila y proteger el convoy que deberd entrar en Casabona.
Desde el Zoco, rodeado de espeso muro de sacos, se domina el terre-
no en que ha de desarrollarse la accién. Los moros se mueven mucho por
111detras de sus parapetos; una tierra removida sefiala la situacién de una
nueva trinchera abierta durante la noche.
Para evitar a los cabileiios emboscados, la vanguardia operaria utili-
zando la cobertura asequible, para atacar luego en el centro de las posi-
ciones marroquies. Asi, un tabor de Regulares, a las érdenes del coman-
dante Ferrer, se separo de la vanguardia para seguir por el borde de la
barrancada de la izquierda en direccién a las trincheras: otro tabor y la
Legion, descendiendo por el valle del rio de Oro, abordarfan la posicion
por el flanco derecho evitando ser vistos,
En el blocao de la Corona se establecié una baterfa para proteger
el avance de las tropas, que se concentraban en la cafiada, sin ser vistas,
para desde alli abordar al enemigo, que permanecia parapetado en las
cercas y trincheras de las viiias.
Una pequefia casa a retaguardia del primer parapeto formaba un re-
ducto central, detras de la cual existian nuevas trincheras, como tercera
linea de resistencia.
Los Regulares, por la izquierda, debfan buscar el contacto con su
tabor; por la derecha, se encargarian de ocupar las cercas y casas en que
se encontraba el enemigo.
Se prepararon dos olas de asalto y a una sefial de nuestro teniente co-
ronel, los legionarios se lanzaron rapidos y alcanzaron la primera cerca.
Mientras unos corrian por los costados para coger de flanco la segunda,
otros, saltando el parapeto, consegufan llegar a la casa central para
arrojar de ella a los moros defensores. Los sostenes, que siguen a las gue-
rrillas, también entran en el cercado, y con los sombreros en alto se repi-
ten los vivas a la Legién y hacen ondear la bandera negra y amarilla sobre
Ja pequetia casa mora.
Los moros han abandonado a sus muertos durante la huida, pero
desde las trincheras y casas del barranco hostilizan, queriendo reparar la
linea perdida. Caen muchos en el empefio y yacen tendidos delante de
nuestros parapetos. El camién blindado que fue inutilizado dias antes
y se encuentra a pocos metros, también esta ocupado por el enemigo,
que dirige certeros disparos.
El teniente Sanz Prieto manda una seccién de la quinta compaitia:
saltan la segunda cerca, aleanzan un parapeto, avanzando unos quince
metros. Una estrecha trinchera la une con la linea ocupada por la Legion:
pero se encuentra tan cerca de las troneras enemigas, que la mayoria
de los soldados van cayendo muertos y heridos.
112La segunda compafifa refuerza aquel punto y las reacciones enemigas
quedan contenidas mientras se combate a muy corta distancia. Se multi-
plican los muertos y heridos, y resulta muy dificil retirar las bajas del ne-
queiio parapeto. Nuestros agentes de enlace toman parte activa en el emne-
fio; pero resulta tan enfilado el terreno y tan abundante el fuego, ane en
seguida cae moribundo el bravo Planes, abanderado de la 1.* Randera.
“Viva Espafia! Viva la Legion!”, dice mientras le retiran.
Los muertos y heridos van amontonandose detras del neoue*o nara-
peto. Abundan los tiros en la cabeza y el joven médico del Rio se multi-
plica intentando curarles.
“A éstos nonedles el sombrero”, dice.
Son los que no necesitan ayuda y tienen el crdneo destrozado. Con-
tintian los gritos de {Viva Fspaia y Viva la Legion!, mientras lo mas florido
de los legionarios cae muerto. Una voz grita:
“[EI teniente!, jel teniente! Le han herido.”
Dos legionarios saltan el parapeto y retiran ranidos al teniente Juan
Sanz Prieto. Tiene la cara ensangrentada: la sangre fluye de su-boca des-
trozada, pero ain grita, animoso, un “Viva la Legion”.
También ha sido herido en los brazos el teniente Sebastian Vila Ola-
ria. Un sargento retrocede desde los primeros nuestos con la cara roja de
sangre; le han herido al pie del camién, pero exclama alegremente: “jMe
han herido, pero le he matado!!”
Se retiran las cajas de material del paraneto avanzado, y finalmente
llegan un cabo y un soldado cargados con los fusiles. Les abrazan otros
soldados. Se ha recuperado todo, Se levantan nuevos naranetos mientras
el combate continiia empefiado durante el dia: del Gurugii bajan refuer-
zos para el enemigo, e intentan reaccionar sobre nuestras Ifneas, nero se
les hace caer constantemente. Jos vivas y ovaciones se reniten en nues-
tras filas.
Los Regulares, por la izquierda, también luchan bravamente. Fl tabor
del comandante Ferrer ha sido muy castigado- el enemigo ha defendido
su terreno palmo a palmo. Comunican que Gonzalez Tablas acaba de ser
herido y nuestro teniente coronel, Millan Astray, que narticina en la ac-
cién, toma el mando de toda la Iinea.
Fl fuego sigue. Fl teniente Martin Penche Martinez, ave nor muerte
de uno de los apuntadores, dirige el fuego de una de sus ametralladoras,
recibe un balazo en la cabeza. Se le recoge muerto: un hilo de sangre
brota de su frente.
113También ha sido herido el teniente José Manso Vaquer.
Un practicante y varios soldados del Regimiento de Sevilla, que acu-
dieron varias veces a las guerrillas con gran espiritu, ayudan a los camille-
ros en la sufrida y dificil tarea de retirar las bajas. El convoy ha podido
llegar sin novedad a Casabona, y en retaguardia, hacia el Zoco del Had,
se activa la construccion de un blocao.
Poco antes de emprender la retirada, el enemigo empieza a bombar-
dear el cercado con proyectiles de cafién. Empezamos a retirarnos y los
moros intentan reaccionar, pero las tltimas secciones les mantienen a
raya, lo que permite apartarse facilmente del lugar del combate.
Las pérdidas marroquies habian sido tan elevadas gue aquello supuso
el primer gran revés sufrido por Abd-el-Krim. Al regresar la columna a la
base, el general Sanjurjo salié a recibirla y abrazé con emocién a Franco
y a Millin Astray. Se habian perdido doscientos de sus mejores soldados.
Las bajas de la Legion pasaban de noventa; la tercera parte de los hom-
bres que fueron a combatir; cien fueron los miembros del tabor de Regu-
lares. La Legion tenia que recibir una menci6n especial en los despachos
de Berenguer; la primera de otras muchas que seguirfan.
114LOS BLOCAOS DE LA MUERTE
Lo eran casi todos, porque un blocao hecho con sacos terreros apenas
si podia defender a sus ocupantes del fuego de cafién que les llegaba des-
de las alturas, Sin embargo, hubo dos que se caracterizaron por la forma
safiuda con que fueron atacados casi constantemente por los marroquies,
Los testimonios legionarios los mencionan con mayor o menor detalle,
incluso aquéllos que por el tiempo ya sdlo recogieron la leyenda de los
protagonistas de otra época.
Una de aquellas posiciones més batidas durante los primeros dias del
asedio a Melilla, sufrio un encarnizado ataque en la noche del 30 de agos-
to, segiin el relato del comandante Franco. A partir de las once de la no-
che se empez6 a oir un copioso tiroteo desde el campamento. El pa-cum
retumbaba constantemente en direccién a Taquel Manin, y se sunonia
que algin blocao o posicién era atacado.
EI horrisono fragor de las réfagas de fuego se alternaba con las aisla-
das y ensordecedoras detonaciones de las bombas. Al acercarse al extre-
mo de nuestros servicios, el fuego seguia con igual intensidad: a los sono-
ros pacos sucedian descargas de fusileria. Los reflectores, a lo lejos,
alumbraban el monte enfocando las vertientes del Gurugi y el blocao
115Mezquita; al fuego de fusilerfa se unian las bombas de mano... unos tiros
sueltos y luego un perfodo de calma.
Nos impacientamos cada vez més, de minuto en minuto, de disparo
en disparo. gDénde sera?, se preguntaba el legionario que también estaba
en el campamento. Cuando intentamos dormirnos, se recrudece el ata-
que; son las tres de la manana, las descargas vuelven a repetirse y los dis-
paros del enemigo se suceden largo rato; unos disparos mas y la noche
vuelve al silencio.
El espfritu de acudir al fuego, que estd en el Credo del legionario,
surge en nuestros corazones. Cuando el alférez Lezcano, el ayudante
menudo del Teniente coronel, vino a poner a todos en pie, ya estabamos
yestidos, apercibidos y con el correaje puesto para ir en socorro de quien
necesitase nuestro auxilio, fuese quien fuese.
Millan Astray ya habia hablado con el general Sanjurjo, y a las cuatro
de la mafiana todos los legionarios estabamos formados en el frente de
Mezquita. Allf nos reunimos con los regulares, para organizar la columna
y ascender por las pendientes laderas de Taguel Manin.
La marcha hacia el lugar donde se desarrolla la tragedia no fue larga:
desgraciadamente, no hay que andar mucho desde Melilla para toparse
con el enemigo en estos dias.
Entre el barranco del Lobo y Melilla. en este ondulado paisaje, hay
un blocao situado en una gran prominencia. No sé atin cémo se llama,
confesara Carlos Micd; los legionarios también ignoran su nombre. Los
jefes si saben que se llama Taguel Manin o Mezquita, después slo se
conoceré por blocao de la muerte.
La columna: Legién, Regulares de Ceuta y alguna Artillerfa y unos
Ingenieros, al mando de Sanjurjo, llegé, Ilegamos, a lo alto de la montafia
donde se encuentra el pequefio blocao. Antes de llegar al mismo blocao
hicimos una media parada en las inmediaciones de un caseron abandona-
do, a unos 200 metros de aquél.
La Legién, siempre los primeros a ver qué pasa, a la vanguardia de la
columna. El capitan Sueiro se adelanta con su compafifa para apoyar la
defensa del blocao con sus ametralladoras, y se acerca a él. Desde el in-
terior nos reciben con una descarga. jEh, no tirar!, gritamos avanzando.
Pero continian los disparos. ,Cémo es posible? ;Qué ha sucedido?
Tanto el capitan Sueiro como sus hombres y cuantos lo hemos pre-
senciado, nos damos cuenta de la situacién. ;Los enemigos estan dentro
de nuestra posicién! Nadie retrocede a pesar de la sorpresa. Sentimos un
116sibito sentimiento de rabia, de rencor, de odio, de venganza, y al grito
de jViva la Legién!, corremos enardecidos tras el comandante Franco,
que va el primero de todos, a cuerpo descubierto, con los brazos abiertos
como aspas de molino y dando alaridos de entusiasmo y saltos por los
riscos.
Los moros que habia dentro ni resistieron mucho tiempo ni vivieron
més. {COmo describir la feroz alegria de un asalto a arma blanca, y todo
el horror que deja después, para siempre, en el fondo del alma? Fs como
enfangar un poco nuestra conciencia para sobresaltar nuestros mas apa-
cibles suefios,
En la narracién de Franco se han suavizado los tintes y suprimido el
horror. Queda s6lo un escueto... “por un agujero del parapeto un grupo
de moros se arroja barranco abajo y es perseguido de cerca por los legio-
narios”. Pero sefialara que en el blocao reina el mayor desorden. Nos
cadaveres de un sargento y un soldado, yacen apuiialados entre los sacos:
un reloj colgado en la pared marca la hora: municiones, libros, panecillos,
viveres, una botella de cofiac; todo revuelto en el reducido espacio que
forman los sacos terreros.
éQué ha sido de los veinte hombres que, al mando de un alférez de
Ja escala de reserva, guarnecian la posicién?
En la salida se encuentra un soldado muerto caido sobre las alambra-
das; mas tarde aparecen otros tres cadaveres en direccién a la posicién,
El doloroso espectaculo va explicando todo. Pero faltan el oficial y los
demas defensores. Se reconocen los alrededores sin hallar rastro alguno.
Se pregunta a la posicion y alli se encuentra respuesta.
EI oficial ha bajado a ver al general. “Trae el traje roto, de su paso
por la alambrada. Inconsciente, cuenta a todos su tragica noche. El gene-
ral le interroga; le vemos alejarse y, sentado sobre una piedra, con la ca-
beza baja, empieza su confesién. Cuando se levanta, el general esta muy
contrariado. jDesgraciado!, exclama.
“Cuando abandonaron el blocao quedaban en él el sargento herido
y un soldado de cuota; se han portado muy bien, dice: ninguno de los
dos quiso retirarse.”
El fuego enemigo continia hostigando el blocao durante todo el dia,
mientras los ingenieros lo van reparando para dejarlo itil y en condicio-
nes de prestar servicio. Un cabo y quince legionarios quedaran alli de
servicio desde entonces. En la accion ha muerto un soldado y seis legio-
narios mas cayeron heridos.
ual #/Desde entonces el blocao sera conocido por el nombre de la muerte.
Todas las noches recibira el ataque del enemigo, porque su situacién mo-
lestaba mucho a los moros durante el dia. Se aprovecha la oscuridad de
la noche y lo dificil del terreno para obligar a su abandono. Les chillan,
arrojan granadas de mano, destruyen la techumbre y los legionarios siem-
pre se defienden entre los sacos terreros. Por la mafiana se reedifica el
blocao y se releva la guarnicién.
Los relevos son indispensables en esos puestos avanzados. Lo reduci-
do de las guarniciones mantiene a todos sin descanso, y los soldados, tras
la tension nerviosa del combate, necesitan la tranquilidad reparadora del
descanso. Saber que con el nuevo dia llegaba el relevo, evitaba el desa-
liento entre los defensores.
La descripcion de una de estas heroicas defensas, a la desesperada,
de los blocaos, ha sido recogida con diferentes variantes, Fran las tronas
de mas confianza y a ellas se les encomendaba las empresas més dificiles
y de mayor riesgo. Merece la pena reconstruir esas vivencias,
En el patio de la finca en que acampa la Legién, seis, siete y ocho
legionarios permanecen en correcta formacién, mandados por un cabo.
Casi todos ostentan ufanos una venda que cubre su gloriosa herida: algu-
no en la cabeza; otro, en una mano; los mas sostienen un brazo en un
pafuelo, a manera de cabestrillo. Son los bravos legionarios que acaban
de ser relevados y han defendido heroicamente su blocao contra el encar-
nizado ataque enemigo. Llegan con la ropa hecha jirones, manchada de
sangre y quemada por los fogonazos; la cara y las manos negras del sol,
el humo y el barro que forma el sudor con el polvo: las grefias, sobre los
ojos, y unas barbas hirsutas e imponentes.
Miran altivos y estan alegres, con la inefable satisfaccion del deber
cumplido. El Teniente coronel ordena a uno que cuente escuetamente
y sin fantasias cémo se ha pasado la noche, y uno, con la voz trémula
de la emocion y la timidez, empieza el relato:
“—Vera usted, mi teniente coronel: a las once de la noche empezaron
a silbar algunas balas por encima del blocao; pero muy cerquita. ‘Va es-
tan ahi —nos dijo el cabo—; callarse y no fumar, que no vean lumbre.”
Tenia raz6n el cabo; casi no habia terminado de decirnos esto, cuando
jzas!, una bala le pega al bote de pimientos que estaba en la aspillera y
brillaba algo. gSabe usted? Ese bote que tenemos para tirar fuera de la
posicién las aguas que no se pueden hacer dentro,
”—Abrevia, abrevia —interrumpié el jefe, que permanecia perfecta-
118mente cuadrado ante los legionarios en perfecta actitud de soldado pru-
siano.
”—Pues, a los pocos minutos, mi teniente coronel, los moros se ha-
bfan acercado hasta las alambradas, y eran muchos. Nos tiraron piedras:
nosotros no les contestamos, para ahorrar municiones. Teniamos muchi-
simas, pero nos daba el corazon que nos iban a hacer falta. Nos decian:
‘Si vosotros salir sin fusilas, nosotros no hacer nada: si no, matar todos.
Cabo Guerrero, dar fusilas y marchar Melilla, que nosotros no tiramos.’
”’—Como sabian que el cabo se llama Guerrero?
*—Pues porque habian estado emboscados tan cerca del blocao que
pudieron oir nuestras conversaciones, aunque hablabamos muy bajo, mi
teniente coronel.
”—Bien; sigue.
”—Pues les contestamos con una descarga. Cayeron bastantes, pero
Jos que quedaron, que eran muchos, empezaron a dispararnos con los fu-
siles, y se acercaron a tirarnos bombas de mano, que entraban en el blo-
cao agujereando las planchas del techo; cada vez que entraba una dentro,
caYamos al suelo, empujados por la explosi6n; algunos, heridos; pero nos
Jevantébamos todos para seguir la lucha. Los moros, cada vez que nos
lanzaban una bomba, nos insultaban: “Toma. Hijo de tal.’ Y gritaban y
cantaban dando brincos alrededor de las alambradas, que ya estaban
rotas por algunos sitios.
”Pero no se acercaban a los sacos terreros, mi teniente coronel, por-
que nosotros, apuntando bien, no les dejabamos. Cay6 herido el cabo:
no pudiendo levantarse, no permitié que ninguno se entretuviese en cu-
rarle —tampoco hubiera sido posible, mi teniente coronel—. Nos dijo:
‘A ver, el mas caracterizado que tome el mando y cuidadito con flaquear
el énimno o mirar a la puerta. Desde aqui le pego un tiro al que sea,”
Y con el fusil en la mano no dejé de mirarnos desde el rincén donde
estaba tumbado. Me dijeron todos que yo les mandase.
?’—~Hubo alguno que vacilase en el cumplimiento de su deber?
‘/”—Nadie, mi teniente coronel. Todos estuvieron a cual més valiente.
Yel tiroteo no ces6 en toda la noche; nos tiraron mds de treinta bombas
de mano. Muchas las devolviamos por las aspilleras y reventaban entre
ellos,
’—,Quién esté mds gravemente herido?
”—Fulano. Por cierto, debfa sufrir mucho, porque se quejaba. Tuve
que decirle que se callase: ‘Si te sigues quejando, voy a tenerte que ma-
119tar, para que no te oigan los moros.’ Y como comprendié que iba de
veras y sabe que yo hago lo que digo, no volvié a auejarse. Tos fusiles ya
estaban casi al rojo vivo, de tanto disparar: no se nodian tocar, ardian.
Algunos quedaron inttiles. Fsa era nuestra tinica preocunacion, porcue
habiendo armas y municiones no habia para qué preocunarse.
*_;Hubo alguno que no se nortase tan bien como los demas?
”—Ninguno, mi teniente coronel,
2 Quién fue el que mejor se condujo?
”_Nadie, mi teniente coronel: todos nos portamos igual.
”_. Estdis conformes con el relato que me ha hecho éste?
SJ, sefior, mi teniente coronel. Conformes.
Bien: da dos pasos al frente ~-dijo al que hablara, y le coloco en
la bocamanga los galones de cabo- . Ya cue has mandado en momentos
dificiles a estos hombres, quiero que los sigas mandando todos los dias.
Ahora, ponte ahi, al frente de ellos. Y tii, cabo, también ascenderas.
»Y uno por uno, a todos los del peloton, el teniente coronel, aue ha
permanecido cuadrado rigidamente, sin mover un mitisculo de su cara, les
ya dando la mano, recorriendo las filas v felicitandolos con estas laconi-
cas palabras: Pista bien, esta bien, esta bien...”
Los ataques al blocao de la muerte cesaron cuando lo defendid el
cabo austriaco Herben, Era un hombre valiente e ingenioso- confecciono
con latas, dinamita y balas unas ritsticas granadas de mano, y en la noche,
cuando se reunia el enemigo en el lugar desenfilado de la barrancada, dis-
puesto a atacar, se deslizaba, arrastrandose con su pranada a nunto de
explosionar y la arrojaba en medio de sus atacantes. Una gran explosion,
seguida de enorme griterfo y maldiciones fue el enflogo de los ataqnes
al blocao de /a Muerte.
Otro de los blocaos objeto de preferencia en los ataaues enemisos
fue el de Dar Hamed, que recogié el sobrenombre de el /alo. Se hallaba
situado debajo de las laderas rocosas del Gurugti, y también molestaba
a los moros en sus agresiones. Fl dia 14 de sentiembre fue relevado el
blocao y guarnecido de nuevo por un oficial con tronas del batallon dis-
ciplinario de la Legién. Pero en la noche del 15 al 16 serfa atacado de
nuevo y arrasado.
Berenguer nos explicaré que el enemigo empezo a concentrar sus
fuerzas sobre el flanco del camino nor el que habfan de nasar las colum-
nas que ya tenia listas para ir en ayuda de Mador. Asi que esa noche, los
moros atacaron con artilleria, bombas de mano y crecido contingente de
120hombres. Es el blocao entre la segunda Caseta v Sidi Hamed, ave garanti-
zara el naso de la carretera por el frente del hondo barranco de Sidi
Musa, desde cuyas laderas se bate el camino,
En la tarde del dia 15, el enemigo ya ha roto sobre él fuego de caS6n
desde las laderas del Gurugit; un cafionazo ha cafdo en el blocao v su
oficial es herido: el fuego de fusilerfa es, al mismo tiemno, muy intenso.
El enemigo rodea y esnera conquistar el blocao.
Desde la segunda Caseta avisan al Atalayon que el blocao tiene herido
al oficial y necesita auxilio. Fn el Atalayén esta el teniente Agulla, aue
manda las fuerzas destacadas de la Legion, y un legionario aue vive la
noche y cuenta los hechos.
A eso de las once, las sombras de la noche se vieron encendidas nor
un fogonazo de cafién, que disparé contra el blocao el Malo, a una dis-
tancia de ochenta o cien metros. La guarnicién del blocao contesté con
una descarga. Alrededor de la nosicién se inflaman varias hosueras rani-
damente, como alimentadas por gasolina.
—4Qué es eso?
—Las encienden los moros para los que sirven el cafién: asi tienen
referencia y saben a d6nde disparar.
Es horrible; la pieza no cesa de disparar. Fil haz de un reflector, ane
envia su lanza luminosa desde uno de los barcos anclados en el nuerto,
alumbra por ranidos segundos el drama: del blocao no queda mas que un
pequefio montén de sacos reventados, cinc y astillas. .Y los hombres?
{Qué angustia!
El teniente Agulla quiere ir con sus hombres en socorro: no se lo
permiten: sus hombres son necesarios en la defensa de su posicion. Fn-
tonces retine a la trona:
—jA ver, muchachos! jHay que ir en auxilio de nuestros hermanos!
éQuién es voluntario?
En seguida se adelantan varios hombres, tan inmediatamente ane
parecian haberlo deseado antes de oir al teniente Agulla. Fs el esnfritu
de acudir al fuego gue reza en el credo legionario: “La Legién, desde el
hombre solo hasta la Legién entera, acudird siemnre a donde oiga fuego,
de dia, de noche, siempre, siempre, auncue no haya orden para ello.”
~-Esta bien. Uno, dos, tres... diecisiete. Ti —me dice el teniente—,
atras; separate del grupo, Y tu también. Vosotros os quedais aqui. V los
demas, todos, gsabéis que vais a morir en esta empresa, cue tinicamente
por un capricho de la Providencia puede salir alguno de vosotros con vida?
121La voz del teniente vibra de emocién. Insiste en desanimarlos, pero
una palabra undénime salié de todas las bocas, de todos los corazones:
querian acudir en auxilio de nuestros compafieros.
—Que la Virgen os guie y Dios os ampare y quiera devolveros con
vida como gloria merecéis.
—Mi teniente —dice uno—, como vamos a morir, no es cosa de que
se pierda este dinero. Hagame el favor de entregarlo a la duquesa de la
Victoria, para la Cruz Roja.
Se llamaba Lorenzo Camps, habia cobrado dias antes su cuota y
atin no habia tenido tiempo de gastarla. Entreg6 los cincuenta duros
al oficial y su ejemplo cundié; cada uno fue depositando encima del
asiento de una silla sus pequefios ahorros en billetes y monedas de pla-
ta y cobre; hasta alguna alhajita.
El muchacho rubio y debilucho, de mirada inteligente, que habia
sido apartado conmigo, insistid en su anhelo de ir con los demas. Tird
su pufiadito de dinero en el montén de las iltimas voluntades.
—Pero, gno te he dicho que ti no vas?
—Mi teniente, déjeme usted —pedia suplicante—. ;Cuando uno quie-
ye morir, puede tener buenas razones que le asistan! ;éjeme, mi tenien-
te, déjeme ir!
Marché obstinado; no se le pudo negar el honor. Estrechamos la
mano de aquellos dieciséis varones, como si diésemos a la Patria el apre-
ton de manos. Salieron, dejando tras de si un vacio y una emocion
inefables. La tierra parecfa retemblar, conmovida a su paso firme. Suceso
Terreros Lopez y sus catorce legionarios iban saltando de pefia en pefia,
blandiendo sus fusiles, desafiando a los moros, a los cielos, a la tierra
y alos mares.
Apenas si habia transcurrido media hora desde su marcha y yo,
egoista, casi me alegraba de que Agulla no me hubiese dejado seguir mi
primer y transitorio impulso. No hay igualdad; no lo quiere Dios.
—zPor qué no me has dejado ir, mi teniente?
—Porque te quiero; una suave almohada buena cosa es a la hora de
la muerte. ;Callate!
jPobre Agulla! ;Quién le iba a decir a él que no tardarfa en caer?
“Porque algunos dias después, Eduardo Agulla Jiménez, el muchacho
guapo y bueno, el héreules generoso y dulce, hallé la muerte gloriosa-
mente en el campo de batalla.”
Pasamos muy mala noche; el fuego de cafién contra el blocao Malo
122no cesé hasta el amanecer. Nos preguntabamos: ,.Qué habra sido de aqué-
llos?, dando a esta palabra un sentido de tiempo.
Aquéllos intentaron llegar al blocao; el enemigo los ataca furiosa-
mente y dos soldados caen heridos antes de cruzar las alambradas, pero
son recogidos; cuando entran en el blocao encuentran al oficial grave-
mente herido y otros soldados ya estan muertos.
La noche ha cerrado y el enemigo ataca con mas safia; un enorme
fogonazo ilumina la posicién. Los moros han acercado sus cafiones y
bombardean furiosamente el blocao hasta hacerlo desaparecer y dejar
sepultados a sus defensores.
A la maiiana siguiente nadie salio a recibir al convoy de relevo.
Todos los que guarnecian el blocao, el batallén Disciplinario, mas los
dieciséis compafieros que fueron en su amparo, salvo uno gravemente
herido, perecieron. Sus nombres han sido escritos para cantar la grandeza
de la Legion.
Suceso Terreros Lopez, Lorenzo Camps Puigred6n, José Toledano
Rodriguez, Gumersindo Rodriguez, Francisco Lopez Velazquez, Angel
Lorin Belber, Rafael Martinez Rédenas, Félix de las Ajeras Alba, Juan
Vicente Cardona, Manuel Duarte Sosa, Juan Amorés Lerix, Enrique
Garcia Rodriguez, Francisco Lépez Hernandez, José Fuentes Varela
y Antonio Martinez Mena. jMuertos por Espaiia!
123LA TOMA DE NADOR
“Si alguno entra en este cuarto, sepa que hemos sido quemados
treinta hombres y dos mujeres. Llevamos cinco dias sin comer y nos han
hecho mil perrerfas.
”Asi, hermanos espafioles, vengarnos y pedir a- Dios por nuestras
almas. Yo, Juan, el botero de Nador, natural de Malaga.”
Ya estaban listas las fuerzas que emprenderian la reconquista de todo
el territorio perdido. El enemigo acrecentaba el fuego de artillerfa y lo
dirigfa sobre Melilla con las baterias situadas en la cumbre del Gurugii.
Muchos proyectiles estaban cayendo en el barrio del Real y en la misma
plaza de Espafia.
El general Cabanellas, al fin, habia conseguido ocunar el Zoco el
Arba, y dejo establecido el stock de municiones, indispensables para
realizar el avance hacia Nador. Debian emplazarse baterias pesadas en
el collado del Atalayon, para batir con fuego curvo el barranco de Tirka,
desenfilando las baterfas espafiolas de las enemigas, situadas en Tetas de
Nador y en Monte Arbés.
La salida quedé programada para la madrugada del dia 17 de sep-
tiembre de 1921.
125Berenguer ya habia conseguido reunir un pequefio ejército; “una
mezcolanza de unidades, deficientes en armamento, instruccién y ap-
titudes, con batallones tan mermados que algunos no cuentan con mas
de 450 hombres”. El nominal era de 800 hombres, incluidos los acemi-
leros.
El valor en ofensiva era extremadamente dudoso, pero decidié hacer
todo lo posible, empleando la Legion y los Regulares, ahora bajo el man-
do del Teniente coronel Emilio Mola, que sustitufa al herido Gonzalez
Tablas. Serfan la punta de lanza; el primer objetivo se centré en Nador.
En dos semanas se ocuparfa nuevamente la mayor parte de la zona
situada al sudoeste de Melilla; todo lo conseguido en la campaiia de
1909-1910, incluyendo Monte Arruit, que fue reconquistada s6lo seis
semanas después de su pérdida.
He aqui las fuerzas reunidas por el general Damaso Berenguer:
Columna de la Restinga (Genetal Miguel Cabanellas)
3 batallones
8 regimientos de Caballeria
2 baterias de montafia
8 baterfas a caballo
8 compaiifas de Ingenieros
Servicios Total: 6.000 hombres
Columna Sanjurjo (la vanguardia sobre Nador)
2 tabores de Regulares de Ceuta
2 Banderas del Tercio
4 batallones
1 regimiento de Caballeria (reorganizados del de Alcantara)
8 baterias del Cuarto ligero
2 baterias del Tercero de montafia
1 bateria del Primero de montafia
5 compafifas de Ingenieros
Servicios Total: 8.500 hombres
126Columna general Feaer ive Berenguer (grueso sobre Nador)
5 batallones de Infanteria
1 regimiento de Caballerfa
3 baterfas del Segundo ligero
2 baterias ligeras
2 batallones del Segundo de montafia
8 compaiifas de Ingenieros
Servicios Total: 7.500 hombres
Total de fuerzas que iniciaron el avance: 22.000 hombres.
Reserva general (General Tuero)
3 batallones
1 bateria ligera
1 bateria de montafia
Servicios Total: 3.500 hombres.
Las confidencias recibidas sefialan un elevado nimero, varios miles,
de moros enemigos. Se encuentran atrincherados en el poblado y lomas
que lo dominan. Cerraran el paso y hardn que el combate sea empefiado:
no obstante, a todos se les hacen lentos los momentos que les separan
del camino de la reconquista.
“Era, como todos saben, la madrugada del dia 17 de septiembre —jes
la Gnica fecha que no se me olvidard nunca!—, la madrugada que siguid
a aquélla en que enterramos los cadaveres de ‘los quince voluntarios de
la muerte’ y los de los disciplinarios que, guarneciendo el blocao el Malo,
terminaron su vida con gloria. La legada de la columna de Sanjurjo con
la 1.2 y 2.2 Banderas de la Legion nos levanté el animo, abrumado bajo
el sentimiento por el sacrificio de nuestros compafieros. Abrazamos emo-
cionados a los primeros que se acercaron, contandoles el episodio. En
seguida nos sentimos invadidos por los afanes del nuevo dia que empezaba.
Mientras se concentraban las tropas en el terreno que se extiende sinuosa-
mente desde Sidi Hamed hasta el Atalay6n, los que han arribado prime-
ro, legionarios y regulares de Ceuta, se tumban en el suelo, buscando
127reposo; yo con ellos, Son muchas las fuerzas que vienen detras, y hay
tiempo para descansar mientras se organicen las columnas: es toda una
division, que manda el general Cavalcanti, con las columnas de Sanjurjo,
Berenguer (Federico) y Tuero: vanguardia, centro y retaguardia, respec-
tivamente.
”La escuadrilla de aeroplanos vuela sobre nosotros, de camino a Na-
dor; bate el caserfo y las llanuras inmediatas. En la laguna Bu-Erg estan
desde ja noche anterior dos gasolineras, dos baterfas flotantes Schneider,
de montaia y ligera, y un caiion, del Alfonso XII. Tiran sobre el enemi-
go, dispersandolo en algunas zonas.
“Las baterias de Uierra emplazadas en primera linea contienen al
enemigo, que se aproxima tanto para enfilarnos a los que estamos en la
barrancada, que llegan a herir de fusil a algunos, entre otros, segiin me
entero, al capitan Ruano de! Regimiento Mixto.
”E] espectaculo es bello, emocionante.
»Varios barauitos se deslizan veloces, como esos bichos diminutos
que parecen patinar por las aguas y vulgarmente se llaman “zapateros”.
Tienen la mision de aprovisionar de municiones las baterfas flotantes.
*E] fuego es intenso, estrepitoso, ensordecedor: se adivina una noble
emulacién entre las fuerzas de tierra y mar. Sl enemigo contesta, no sola-
mente con fuego de fusileria: los caitones que tiene emplazados en las
Tetas disparan con safia, acompafados por los que tiran desde el monte
Harli, Algunas granadas van a perderse en el fondo del mar, de la laguna
o en las arenas de la playa; la que no cae entre nosotros nos abanica a su
paso, silbando tragicas y tronando con un ruido de rodar muy caracteris-
tico. Cuando los legionarios ofamos ese desgarrador tronar, varias veces
lanzabamos un epigrama o un chiste, despreocupados.
”Al globo observador, que empieza a remontarse desde la falda del
Atalay6n, los moros le tiran tres caiionazos que caen cerquisima de él-
tan cerea, que el acierto de los enemigos levanta exclamaciones de admi-
racion entre varios legionarios. Algunos apuestan: “jQue le dan! ;Que le
dan!” Hasta que los jefes rifien paternalmente: “ay que comprimirse.””
Las columnas estan listas. Tenemos que levantarnos. “Desplegamos
en la vanguardia del general Sanjurjo bajo el fuego enemigo: nosotros
por la derecha, por el sitio desde donde tiran: mas a la izquierda, los Re-
gulares de Ceuta. Nos apoyan los batallones de Toledo y Zaragoza, un
poco absortos de vernos avanzar. Hemos de recorrer la parte mas acciden-
tada y peligrosa: las estribaciones orientales del Gurugii, la serie de
128El teniente coronel Millian Astray y el entonces comandante Francisco Franco, en una parada de la Legion.El teniente coronel don Francisco Franco, cuando era comandante en jefe
de la Legién Espajiola.colinas cortadas por los grandes barrancos en que estén parapetados y
ocultos los enemigos; ir a las Tetas de Nador, objetivo principal y lave
del poblado y de sus Ilanos.
"Es magnifico, bello, grandioso y solemne el espectaculo bélico. Uno
se exalta, se enardece. Queremos avanzar mds aprisa, inquietos, desaso-
segados como potros; pero no se puede correr més sin que, por avanzar
demasiado, nos situemos en la zona que baten nuestros shrapnels, que
estallan en el aire como pompas de jabén, dejando en suspenso unos
copitos de humo-que tardan en desvanecerse algunos segundos.
“La operacién va desarrollandose como si estuviésemos en un campo
de maniobras. Avanzamos por saltos sucesivos, interponiendo la artilleria
de las columnas, la de las posiciones, escuadra maritima y escuadra aérea
una espesa catarata de metralla entre nosotros y el enemigo, pasando por
encima de nuestras cabezas. Los shrapnels estallan encima de los grupos
moros, que vemos dispersarse y caer mientras que las granadas rompedo-
ras destruyen las casas desde donde algunos enemigos, haciéndose fuer-
tes, nos tiran incesantemente.
Es imponente, magnifico, espléndido, grandioso el espectaculo. Nos
sentimos invadidos de un lirico entusiasmo; la Cancién del soldado, que
entonan centenares de voces, apaga el ruido fragoso de la batalla, que nos
enardece; la musica del plomo, que silba, nos acompaiia en el cantar. De
vez en cuando los grandes proyectiles de los acorazados cruzan la Mar
Chica y arrancan al aire singulares sonidos, sembrando la destruccién
y la muerte.
’Avanzamos varios centenares de metros. Como me quedé un poco
detras recogiendo un herido que cayé entre las patas de mi caballo, hube
de dar una galopada para alcanzar a mis jefes, que habian seguido avan-
zando. Mi pobre Cacique, que tantas veces me salvé la vida, al Hegar al
grupo que formaba mi teniente coronel con el comandante de la 1." Ban-
deva y el capitan de la primera compaiiia, empez6 a decaer en sus ener-
gias hasta que cay muerto. Se le habia alojado una bala en el pecho. El
teniente coronel mand6 a todos “pie a tierra”, apeandose él mismo.
Hubo un alto para nosotros; las guerrillas seguian avanzando, dispersén-
dose, aumentando el radio de su accién, internandose hasta unos limites
temerarios. Los camilleros que iban hasta ellos, hacian continuos viajes.
El puesto de socorro estaba muy concurrido. Habia mucha carne.
”E] paso de la barrancada y avance sobre las lomas de Nador esta
dificil; por ello avanza nuestro teniente coronel hasta las guerrillas a do-
129minar el campo y dar las ultimas disposiciones de ataque. Los dos Francos,
comandante y capitan, son requeridos para que empiecen a adelantar la
primera ola de asalto, y cuando el teniente coronel sefiala al comandante
Franco el puesto que debemos ocupar en el asalto, el chasquido caracte-
ristico del balazo derriba en tierra a nuestro querido jefe. Abundante
sangre mana de su pecho: ha recibido en él una grave herida, y mientras
le retiramos para que se.efectiie su primera cura, el coronel Castro Girona
llega a ordenar la-accién.
”Un grito como rugido sale de los legionarios: ‘jE] teniente coronel
esta herido!’ Corre la voz, y por los hombres pasa una nube de dolor y de
tristeza, de desconcierto, hasta que, reaccionando, alguien dice: ‘jA ven-
garlo!’ Y como las aguas del Nilo que se desbordasen millares de hom-
bres invaden arrolladores el campo enemigo a sangre y fuego.
“Los legionarios avanzan decididos, corriendo por la barrancada; de-
jan atras a los caidos, que camilleros incansables retiran a los espacios
desenfilados. Unos'camilleros conducen a un soldado herido; uno de ellos
cae alcanzado por el plomo enemigo, y el otro, activo, lo desenfila en una
cuneta; ya lo recogeran los que vienen detrds, Otro, moribundo, quiere
hablarnos al paso; nos detenemos unos segundos, pero no puede, expira
en el esfuerzo. Un soldado, con un balazo en el pecho, corre animoso
a nuestro lado; sigue combatiendo; desfallecido y sin fuerzas es Ilevado
més tarde a la ambulancia.
*Llegamos al barranco de Amadi; hay que entrar en sus casas, desde
donde nos tiran algunos moros que se han refugiado en ellas,
”,Cémo describir la lucha cuerpo a cuerpo, al arma blanca, a culata-
zos, a cuchilladas de machete, a puntapiés y mordiscos? No sé decir de
mi sino que ain ahora no me doy perfecta cuenta del episodio, cuyos
detalles, que después han pretendido recordarme actores de él, he olvida-
do, Ahora siento miedo, horror.
”;E] aliento apestoso a cebolla de aquel moro con el que caf abraza-
do, es lo que mas persiste en mi recuerdo, dindome todavia nduseas!
”Al salir del poblado en direccién a los picos de las Tetas, limpidn-
donos el sudor y registrandonos la piel con las manos Ilenas de sangre
pegajosa y negruzca, mi compafiero Mauricio me ensefia una gumia que
ha razziado, y la desenvaina. Me dice:
”—Ksta se la envio a mi madre, como recuerdo.
”Y cae hecho una pelota, engrupado, con las manos apretandose el
vientre:
130”— Mi madre, mi madre, mi madre, mi madre...!
”Y expiré asi.
”Y al proseguir mi camino pongo el pie en una piedra, que rueda,
y caigo. Me he despellejado la mano y me duele mucho el codo izquier-
do. Sin duda, pienso, me he dado contra una piedra. Y sigo hasta que en-
cuentro un puesto de socorro, Al frente esta curando febrilmente a los
heridos el médico Antonio Saro, el capitan inteligente y bueno con quien
até fuertes lazos de amistad en mi vida legionaria.
”— Qué te pasa, que tienes tanta sangre que te corre por la mano?
Yo no lo habia advertido, y le comenté:
”—Nada, que me he cafdo; una contusién en el codo, que me duele
mucho.
”Y viendo mi brazo desnudo, me dijo:
”—Si, una contusidn con orificio de entrada y salida; una herida en
sedal. Vete atrds, al camién Lhoner.
Me entra una alegria muy grande, con no menor vanidad —una vani-
dad pueril si se quiere—. jHe sido herido! El corazén parecia dictarme,
por dentro: ;Viva la Legién! ;Qué inmensa alegria, una alegria que no se
paga ni con el brazo entero!
”En el camino hacia atrés me paraba para ver como proseguia la ba-
talla. La lucha se resolvia a nuestro favor; cuando miraba cémo los Regu-
lares y los legionarios avanzaban en avalancha, arrollandolo todo y arra-
sando e incendiando, gritaba solo en un cerro, en gran exaltaci6n:
”—i Viva Espajia, viva, mecachis en diez! ; Viva Espafia!
”Y lloraba de alegria, tirando mi sombrero en alto.
”E] avance seguia impetuoso. Se escalé sin muchas dificultades la
loma de Sidi Ali; se sostiene en ella una lucha muy empefiada con nume-
rosos nticleos que estén apostados en un barranco inmediato. Desde don-
de me encuentro se ve todo muy bien; la artilleria cambia de posicién,
avanzando; las guerrillas toman el barranco a la bayoneta y ganan la si-
guiente loma. ;Viva la Legion! El enemigo huye delante de nosotros, y es
un dolor que, por ir tomando todos los objetivos, dejemos la fuerza
yepartida y nos encontremos sin reservas para activar la persecucion.
”La caballeria rifefia, resguardada a la expectativa tras el caserio de
Nador, al ver el decidido avance de las guerrillas, les sale al paso, caraco-
leando con sus habituales fantasias, pero las baterias flotantes les hacen
pagar caro su osadfa; caen a tierra caballos y jinetes, y los que quedan
vivos se dispersan a la desbandada. Los escuadrones de Alcantara y el
131regimiento de Lusitania entran en el poblado en impetuosa carga, como
un alud. Los regulares y legionarios ya han coronado las crestas de las
Tetas. El coronel Castro Girona marcha al lado del comandante Franco.
Desde hace dos dias va como jefe de vanguardia. Dice:
”—.Vamos a Monte Arbés?
”—Al momento.
»”Y, sin esperar a las otras unidades, avanzamos rapidos, antes de que
el enemigo se rehaga, coronando el iiltimo objetivo.
En el camino encontramos varios moros muertos. Una joven y bori-
ta mora yace tendida en tierra. Sus vestiduras blancas tienen sobre el
corazén una enorme mancha roja; su frente todavia conserva calor. Los
legionarios la miran con amoroso respeto; entran en Monte Arbés y per-
siguen al enemigo que huye por el Ilano.
La artilleria avanza a vanguardia; sigue horrisona la orquesta de la
muerte con su estruendo; fusilerfa, tableteo de ametralladoras, cafiona-
zos, y el poblado de Nador es recuperado.
La emocién se hace mas intensa y solemne entre los vitores y acla-
maciones que se oyen; los barcos se adornan con el galardén de sus ban-
deritas y atruenan el espacio con el lamento apocaliptico de sus sirenas;
se vitorea a Espaiia en el mar y en la tierra.
»Nuestras bajas en ese dia han sido ocho muertos y veinticinco heri-
dos, y herido grave nuestro Teniente coronel.
Un olor insoportable invade el poblado de Nador; los muertos se
amontonan en las casas y patios, y en todas partes se encuentran serios
yestigios de la cruel rapifia. El pueblo ha sido convertido en un enorme
cementerio, y solo en nuestro campamento, apartado de las edificacio-
nes, se respira a gusto. Aqui nos estacionaremos hasta la ocupacién de
Segangan.
Desde el primer dia la tropa se extiende por los alrededores, y en los
aduares recogen objetos diversos: camas cogidas en el saqueo por los mo-
ros, maquinas de coser, sillas, mesas, carros, pequeiios volquetes. Todo
se va amontonando en el campamento. Las planchas de cine, puertas y
ventanas, abundan, y con todo ello los legionarios construyen las peque-
fias chozas que les han de abrigar de las inclemencias del tiempo, Algunos
se alejan por el ano y son tiroteados por el enemigo, que nos causa
algin herido, e impone el establecimiento de una vigilancia en las huertas
que limite las incursiones de los legionarios.
La limpieza del poblado adelanta, los muertos son enterrados, pero
182es tanto lo que hay acumulado, que se necesita tiempo para higienizar
este enorme cementerio. La vida sigue tranquila; los legionarios descan-
san un poco de su actividad anterior y guarnecen el sector de las huertas
por la noche. El 23 concluye el deseanso. Este dia ha de efectuarse una
operacion a la altura de Tahuima, la cuarta Caseta y el aerédromo.”
La toma de Tahuima resulta una operaci6n sencilla. Apenas unos tiros
y los legionarios, que la abordan de frente, Ilegan a la pequefia torre que
tiene forma de antigua fortaleza. Los préximos montes de Beni-bu-Ifrur
aparecen coronados de numerososmoros dispuestos a hostilizar a las tro-
pas, pero la artillerfa los dispersa en seguida. Al atardecer se regresa a
Nador, a donde ya ha Iegado la columna de Cabanellas, procedente de
los Pozos de Aogroz.
En este repliegue el bravo capitan Garcia Martinez, de los Regulares,
ha sufrido una herida gravisima en la cabeza; una bala ha atravesado sus
gemelos, cuando se disponia a colocar en posicién sus ametralladoras
para prestar auxilio a las fracciones de otra columna. Por lo visto hacia
dos afios que debfa ser comandante y su propuesta de ascenso estaba
pendiente de la resolucién de las Cortes, Franco se hace sensible al hecho
porque él también sera objeto de una accién similar. En Espaiia, los jun-
teros no cesaban en su accién contra los ascensos por méritos de guerra,
y los oficiales antiafricanistas de las Juntas hallarian en el desastre de
Annual un poderoso motivo para desencadenar una dura batalla de en-
frentamientos en el seno del Ejército. Batalla que se prolongaria hasta
finales de 1922, cuando el rey y su esposa asistieron a las ceremonias
militares de Sevilla, en que debian condecorarse a Sanjurjo, al teniente
coronel Gonzalez Carrasco y a su unidad de Regulares marroquies.\Los
oficiales de Infanterfa de la guarnicién de Sevilla armaron un escdndalo
y boicotearon la ceremonia, como partidarios de las Juntas. El 7 de no-
viembre, Millan Astray, uno de los principales blancos del odio de las
dJuntas, escribié una carta abierta al rey; intentaba impresionar a la opi-
nion publica presentando su dimisién y declarando que no podia perte-
necer a un Ejército a cuyo mando habia dos poderes diferentes; “uno
legal, el del Gobierno, y otro subversivo, el de las Juntas de Defensa”.
El comandante Franco también envié un telegrama desde Marruecos
expresando. la total solidaridad de los oficiales del Tercio con su jefe
y aiiadiendo que los oficiales de Artilleria también pedian la inmediata
disolucién de las Juntas. Pero seis dias més tarde, el 18 de noviembre,
una Real Orden disponia el ceée del teniente coronel Millan Astray como
183jefe del Tercio de Extranjeros y su pase a la situacién de disponible.
Y esto, a pesar de que un ajfio antes, tras la reconquista de Zeludn,
el general Miguel Cabanellas, africanista conocido, dirigiese a la Junta
de Infanterfa una carta abierta, que fue extensamente difundida y en
donde, entre otras cosas, afirmaba:
“Acabamos de ocupar Zeludn, donde hemos enterrado 500 cadaveres
de oficiales y soldados, Estos y los de Arruit se defendieron lo bastante
para ser salvados. El no tener el pais unos millares de soldados organiza-
dos les hizo sucumbir. Ante estos cuadros de horror, no puedo menos
de enviar a Ustedes mis mas duras censuras. Creo a Ustedes los primeros
responsables, al ocuparse sélo de cominerias, desprestigiar el mando
y asaltar el presupuesto con aumentos de plantillas, sin ocuparse del ma-
terial, que atin no tenemos, ni de aumentar la eficacia de las unidades.
Han vivido Ustedes gracias a la cobard{a de ciertas clases, que jamds com-
parti.”
134ASI CAEN LOS LEGIONARIOS
La campafia para la reconquista del territorio de Melilla continué
desarrollandose de manera encarnizada. Abd-el-Krim no estaba dispuesto
a perder su ganado prestigio ni a renunciar a su intento de constituir un
gobierno rebelde e independiente en el Rif. Se le habian agregado mu-
chas cabilas y disponia de fuerzas suficientes para oponerse y disputar
el terreno a las tropas espafiolas.
Los legionarios, junto a los regulares de Ceuta, los de Melilla habian
desertado en su mayoria para unirse al enemigo, siguieron formando la
punta de lanza de la vanguardia; ellos eran los que combatian a pecho
descubierto, daban la cara y hundfan la bayoneta. Las otras fuerzas que
integraban las diferentes columnas, sin desmerecer, apoyaban eficazmen-
te el avance con el fuego distante de la artilleria y con el seguimiento de
sostén a las guerrillas.
Las Laureadas, las Medallas Militares, las Cruces de Maria Cristina,
entre otras muchas condecoraciones, llegaran a montones para recompen-
sar el esfuerzo y heroismo que puso la Legién alli donde actuéd con su
presencia. Casabona y Nador habian constituido el gran comienzo de un
historial largo y leno de proezas legionarias, que resultan imposibles de
135tecoger en un libro. No obstante, para matizar la psicologia legionaria
y abocetar la vida-en campafia de este Cuerpo, atin reconstruiré con los
diferentes datos reunidos, algunos hechos de armas que dieron gloria
e historia al Cuerpo.
La accion més inmediata tuvo lugar el 2 de octubre, cuando atin se
permanecia acampados en las Tetas de Nador, desde donde se domina el
llano que se extiende hasta Sebt. Al fondo, en el horizonte, se alza Atla-
ten con su negro y cortado espolén; a la izquierda, entre los montes de
Beni-bu-Ifrur, destaca el Uisani con su pico cubierto de nubes; a la dere-
cha de los montes del Gurugi bajan enormes torrenteras, cruzando la
llanura como enormes trincheras.
En ese escenario, en ese llano manchado del verde de las chumberas,
se desarrollarfa el gran combate. A la columna de Sanjurio se le ha sefia-
lado como objetivo, una vez rebasado Sebt por la derecha, ocupar la
antigua posicién de Ulad-Dau, en la meseta del mismo nombre. La
columna de Berenguer. atacaria Sebt de frente, y la de Cabanellas, por la
izquierda, vigilando los pasos de Beni-bu-Ifrur.
La Legién sale de Nador y se concentra en el camino de Monte Ar-
bos; los regulares se concentran a su derecha, y a retaguardia se alinean
las baterfas con el resto.de la columna; pero han de esperar a que se con-
centre la columna de Berenguer y salga frontalmente.
En la posicién de Sebt y en las chumberas proximas se aprecia’nume-
roso enemigo; dos grandes guerrillones, en aparente descubierta, ocupan
los barrancos y trincheras. Md4s grupos numerosos se descubren en las
faldas del Gurugi y de Ulad-Dau.
Cuando al columna se pone en marcha, los legionarios desfilan can-
tando la Madel6én; ain no se tiene himno propio y la Madelén seguird,
internacionalmente, hasta los labios mas recientes. Las compafifas for-
man en lineas de a cuatro, con sus secciones separadas y los primeros
soldados en despliegue. a frente de ellos, animoso y alegre, el teniente
Eduardo Agulla.
Dos legionarios, antiginid oficiales alemanes, acttian como enlaces del
capitdn de la segunda compaiifa. Se habian incorporado el dia anterior
y pidieron un puesto en‘el frente; sus rostros blancos destacan entre los
curtidos de los demas soldados.
El combate se entabla al pie de Monte Arbés, nada mas salir las gue-
rrillas de los cercos de chumberas. Los regulares avanzan por la derecha
y los legionarios al frente se lanzan a tomar la linea primera del barranco.
136Otras unidades refuerzan la guerrilla, pero el combate se hace impetuo-
so. Los soldados caen y en los.espacios desenfilados de las barrancas se
yan agrupando los heridos.
La artiller’a de Monte Arbés concentra sus fuegos sobre la izquierda
del frente de combate. El enemigo se defiende bravamente en las barran-
cas y trincheras; en una es herido gravisimamente el teniente Agulla. Es-
taba en. una trinchera muy batida por el fuego enemigo; varios legiona-
ios habfan caido heridos o muertos; tiraban mucho, mucho, pero no
podia saberde desde donde; no ver al enemigo, es siempre enervante.
Agulla, con bravura serena, rampando como un leon, se puso en pie en-
cima del parapeto. El fuego enemigo se hizo. mds intenso; las balas le
pasaban muy cerca, “afeitandole”. Estaba muy enfilado, Un primer pro-
yectil le atravesd el ala del sombrero. Antes de que pudiese saber desde
dénde tiraban, para batirlos, cayé desplomado, herido en la cabeza.
En la segunda barrancada aparecio muerto un legionario alto y péli-
do; era uno de los oficiales alemanes. Su compafiero continuaba luchan-
do en la guerrilla, El teniente Francisco Urzaiz Guzman, herido en el
vientre, pasa cantando mientras le llevan en camilla.
—jNo es nada, muchachos! {Viva la Legion! —dice a los legionarios
que encuentra a su paso.
El capitan Franco Salgado, de la primera compaiifa, también cae
herido durante el avance.
El fuego se suspende unos instantes; los legionarios ven una guerrilla
de moros con traje kaki que salen de una trinchera préxima. El oficial
ordena que no se dispare, que son regulares. Pero los moros, desde unas
piedras, se vuelven y disparan una descarga. {Eran enemigos!
Los legionarios avanzan contra la iiltima trinchera, donde el enemigo
se hace fuerte y opone gran resistencia. Dos compajifas se lanzan al ata-
que cuando la artillera de Monte Arbés les envuelve en el humo de sus
disparos; caen heridos varios legionarios y el teniente Carlos Espafia, pero
se consigue ocupar Ja trinchera.
El avance ha costado mas de cien bajas; el enemigo también ha deja-
do numerosos muertos en las barrancadas,
Los regulares, por la derecha, también han encontrado gran resisten-
cia, Cuando van a reunirse las dos fuerzas, el teniente coronel Emilio
Mola es herido; pero la primera parte del objetivo se ha cumplido. Sélo
falta continuar hacia Ulad-Dau.
Las guerrillas se lanzan a trepar por la pendiende loma antes de que
137el enemigo huido tenga ocasion de organizar su defensa. Un legionario
y un regular se disputan la entrada en el pequefo aduar; el moro recibe
una grave herida en el vientre y el legionario encuentra la ocasién de
poder vengarle.
Los legionarios seguian ocupando el frente de la posicién y avanza-
dilla; los regulares se situaron por el borde de la meseta, donde serian
reforzados por la quinta compafifa de legionarios. El] enemigo no cesaba
de hostilizar desde las huertas y barrancadas.
Una seccién de la primera compaiiia ha quedado al pie de Ulad-Dau,
junto al morabo, y alli cae herido de dos balazos el teniente José Calva-
cho Petano, que mandaba a los legionarios.
Las secciones de ametralladoras aleanzan Ulad-Dau después de una
fatigosa ascension, y cuando ocupan una importante posicion de fuego
a la derecha de las casas, el teniente Rafael Montero también recibe una
gravisima herida en la cabeza. Se le cree muerto, y con la cabeza envuel-
-ta en un saco terrero lo retiran hacia la ambulancia.
Durante todo el dia se combate duramente, en especial por las pejias
ocupadas por los regulares. La retirada se les presenta bastante diffcil,
porque el enemigo permanece muy cerea y aparece a pocos pasos de los
regulares. El fuego mortifero de la fusileria legionaria salva un poco la
situacién hasta que llega la oportuna intervencién de la artiller‘a de mon-
tafia del Grupo gallego; coloca sus explosiones en medio y detiene el
avance de los moros a la vez que facilita la retirada de los regulares.
Durante la retirada también es herido de gravedad en la cabeza el
teniente Federico de la Cruz Lacaci, con lo cual la Legién acaba la jor-
nada con 148 bajas de tropa y siete oficiales. Los soldados se han mos-
trado incansables en la lucha, y las ametralladoras acreditaron su valor
y resistencia.
Al dia siguiente, la 1.* Bandera serd la encargada de acompaiiar el
convoy a Ulad-Dau para retirar a los heridos y aprovisionar las posi-
ciones.
Dos dias mas tarde, el 5 de octubre, se emprende desde Ulad-Dau la
conquista de Atlaten, donde la 2.* Bandera, al coronar la cresta, pierde
al teniente Juan Ochoa Olaya, herido de bala en el corazon. Unos pro-
yectiles de la propia artilleria vuelven a explosionar entre los legionarios
y el comandante Fontanés queda tumbado en tierra; afortunadamente
s6lo tiene ligeras contusiones, pero a su lado yace un viejo legionario con
una pierna destrozada,
138Después de un breve descanso, la primera y segunda compafifas salen
a reforzar a la quinta para el asalto final, mientras se retira al teniente
Gabriel Navarrete, herido de dos balazos en el cuello y pierna. Lo llevan
entre dos soldados y no hace mas que repetir:
—jNo he podido llegar, me han herido, me han herido!
Pero en el fortin ya entran sus legionarios y pronto ondean las dos
banderas en lo alto de la derruida fortaleza. Son las banderas de la Le-
gidn (1); al pie de ellas agoniza un negro y atlético legionario de la se-
gunda compaiifa; mientras los harquefos se alejan por los caminos de
Uisan y valle del Maxin, perseguidos por el fuego de las ametralladoras
y baterfas.
A partir de este dia, los regulares de Ceuta regresarén a embarcarse,
los pocos que ya quedaban, para ir a buscar en la otra zona una muerte
gloriosa. El] Raisuni ha reaccionado atacando por sorpresa las posiciones
de Akda el Kola, en el sector de Teffer, en Larache, dando muerte a toda
la guarnicion y apoderandose de la artilleria.
También, en el sector de Gomara, se activaban los ataques contra las
posiciones de Magan y el fuerte de Uad-Lau, con lo cual volvia a estable-
cerse una guerra en dos frentes.
La legién, sin embargo, contintia. Desde Atlaten, como en un paseo
militar, la 1.* Bandera se descuelga a ocupar los fortines y luego el- po-
blado de Segangan. El polvorin de las minas habia sido volado por los
moros, en un calculo fallido sobre la posible Ilegada de los legionarios,
que se entretuvieron en subir la ladera. El poblado de San Juan de las
Minas habia sido respetado en parte. Muchas casas han sido saqueadas,
y destrozadas puertas y ventanas. Los legionarios van recogiendo los mil
cachibaches: platos, cucharas, sillas, todo lo que los moros han saqueado
y abandonado en su huida.
(1) La negra de los jabalfes y la roja de las éguilas.
139_ TAXUDA; GLORIA A LOS MUERTOS
Hasta que no se conquisté Taxuda, la resistencia de los harquefios fue
tenaz y continuada. Abd-el-Krim empleaba a todos sus moros con obsti-
nada ferocidad. Primero defendian el. terreno safiudamente, lo disputa-
ban con ardor, y luego, aprovechando los momentos de retirada, se echa-.
ban encima, ganando la cresta o el terreno perdido, para sorprender con
su fuego a la tropa espafiola en repliegue.
Los marroquies conocian bien el terreno y lo aprovechaban al maxi-
mo, disimulando la situacién de los tiradores, ocupando las crestas y ac-
tuando en las retiradas; era lo que ellos lamaban con palabras espaiiolas
saber manera. Y en esta guerra, era indispensable que todos aprendieran
a saber manera. 1
Si la Legién escribié con sangre y gloria paginas heroicas en Taxuda,
parece ser que las harcas de Abd-el-Krim también se cubrieron de honor
y fueron citadas como ejemplo de cémo se defendia y morfa en Taxuda.
Pero Taxuda hubo de ganarse en una larga batalla de dos combates
horrorosos, con un mes de tiempo entre el primer asalto y el segundo. Al-
gunos protagonistas han dejado testimonio de la ferocidad desplegada en
la acometida. He aqui un testimonio:
141°“Cuando asaltamos la loma, nos esperaban escondidos entre las pie-
dras. Al coronarla, s6lo éramos treinta en pie, Fue entonces la hora de
las bayonetas. Los ya avezados les herfamos en el cuello o el pecho, para
poder sacar pronto el cuchillo; los otros, al golpe seguro, en el vientre:
es mortal y entra facil, pero como los mojamés llevan tres o cuatro (chi-
labas, camisas), para que salga hay que soltarles una patada y tirar del
fusil hacia atras, y mientras tanto, es muy probable que el paciente os
raje de un gumiazo, Asf ocurrié a casi todos los novatos, Quedamos
quince. Rematamos a machetazos a los heridos moros, y como se hacian
los muertos, para evitar olvidos, acuchillamos a todos. Se termind. Algu-
nos les cortaban las cabezas. Otros limpidbamos la sangre de las bayone-
tas en sus chilabas.”
Era un hombre culto, un intelectual de gran sensibilidad y amplio
saber; erudito en el conocimiento de los clasicos, ademas de excelente
escritor. Su comprensi6n, la humanidad de su trato, no dejaba creer que
fuera capaz de matar una mosca; él, que habia salido de tres condenas
a muerte. Se comentaba que Franco, el Caudillo, se ponfa nervioso al
hablar con él, porque no aceptaba sentarse en su presencia ni tutear, aun-
que estuviesen en privado. Se le tenia por hombre intachable, ejemplar,
ansioso de tender la mano al amigo y al enemigo. Le otorgarian cuanto
pidiese, y nunca pedia nada. Murié como un asceta: en solitario, sumer-
gido en el silencio. Pero hay que imaginarse a este recio legionario, cua-
drado con estilo del Tercio ante aquel hombre convertido en duefio de
Espafia; aquel bravo Franco que siempre entraba en fuego corriendo ante
los legionarios, enardecido, dando gritos de entusiasmo y agitando los
brazos, para matar moros en Taxuda, y limpiar, como él, su cuchillo
ensangrentado en las chilabas.
E] primer asalto a Taxuda tuvo lugar el dia 10 de octubre. Los Regu-
lares ya no estaban para combatir con la Legion. Millan Astray permane-
cia herido gravemente en el hospital, pagando su tributo de sangre por
dirigir e] asalto a Tetas de Nador.
En la oscuridad de la noche y con sigilo se concentra la columna en
las huertas de Segangan; media hora mas tarde la vanguardia se retine
ante el blocao de Atlaten. Se observa gran movimiento de moros en las
esponjas de pefias que forman el horizonte. La estrechez del camino y la
oscuridad retrasan la llegada de las baterias. Una vez establecidas, ya lu-
cia el sol, ordené el avance el coronel Castro Girona. El general Sanjurjo,
con su pijama a rayas, presencia a caballo el desfile de la columna. La
142Legi6n avanza delante, en columna doble. Las banderas marchan inme-
diatas. Sus vanguardias ya se han desplegado y empieza el maullido de
las primeras balas.
Hay concentrado bastante enemigo en direcci6n a Telat, pero en las
esponjas del frente ha desaparecido el movimiento de moros; sélo algu-
na cabeza asomando entre las pefias de la izquierda para hacer un disparo
certero.
Se tiene que subir una cuesta muy penosa. Un crest6n intermedio
facilita la reunién antes de dar el asalto a la esponja alta y a las pefias
frontales. El enemigo hostiliza poco y se ocupan facilmente los objeti- -
vos; pero al llegar a las crestas el fuego de los moros retirados es muy in-
tenso y los legionarios van cayendo en abundancia.
Llegan unidades de refuerzos a los distintos puntos del frente; se
establecen las ametralladoras y se intensifica el fuego mientras las cami-
llas van retirando heridos hacia el puesto de socorro. El combate empieza
a ponerse serio. El enemigo ocupa un extenso anfiteatro, donde las cres-
terfas de las pefias les dan abrigo natural. La meseta de Taxuda, a tiro de
fusil por la derecha, domina bastante; esta cortada a pico por este lado
y sdlo se accede a ella por una estrecha senda, al Norte.
A la Ilegada de los batallones, el coronel Castro Girona ordena el
relevo del flanco izquierdo, con objeto de reunir a la Legién por si se
continia el avance. Fuerzas de tres batallones se sititan en las posiciones
abandonadas por la Legion, que recibe orden de reunirse a retaguardia.
Una de las compajfifas no puede hacerlo, porque el enemigo arrecia en el
ataque y recibe la orden de apoyar a las fuerzas peninsulares.
Las otras compafijas permanencen preparadas, pues si se sigue avan-
zando, habran de subir a Taxuda. Un aeroplano arroja un parte sobre las
tropas y avisa de la presencia numerosa de enemigo en el frente y el flan-
co izquierdo, “al que no puede batir nuestra artilleria, por ocultarse tras
las esponjas rocosas’”. A los pocos minutos las bombas de los aviones
suenan en la barrancada y su negro humo asoma detras de los pefiascos.
La utilizacién de los aeroplanos era una idea de Franco, que daba
muy buenos resultados, dentro de la precariedad de la situacion. Su her-
mano Ramén habia sido transferido de los Regulares a la naciente Fuerza
Aérea espafiola, y lleg6 a Melilla en 1921. Desde entonces Franco utiliza-
ba el hidroavion de su hermano para reconocer las posiciones enemigas.
Luego Kindelén y otros aviadores apoyarian las acciones, altamente
beneficiosas en medio de las deficiencias de aquel Ejército espafiol. Por
143la misma raz6n, el mensaje, en un gallardete rojo, fue arrojado sobre los
legionarios, para conocimiento de Franco, a quien ya empezaba a consi-
derarsele como el mimado de Ala, al que ningin proyectil podia tocarle,
segin decian los regulares. Siempre hacia la diana viviente a lomos de
su, caballo, aunque José Agustin Goytisolo siga afirmando que nunca los
monté. Gregorio Corrochano, en A.B.C., escribié por aquellos afios que
Sanjurjo le grité un dia a Franco: “No va usted a ir al hospital de un tiro
de un moro, sino de una pedrada que le voy a dar yo cuando le vea a
caballo en las guerrillas.”
El Gurugi se tomé sin resistencia, aunque siguié empefiado el duro
combate contra la harca. Sanjurjo habia cumplido su misién y el Alto
Comisario, Berenguer, decidié que no se avanzase mas hasta fortificar
el Gurugi. Sin embargo, mantener las posiciones significaba aumentar
las bajas. El batallén de la Princesa perdié en los primeros momentos
a la mayorfa de sus oficiales. El capitan Eduardo Cobo volvié a ser herido
una vez mas, pero ahora de gravedad. “‘No es nada”, decia, “un balazo en
el vientre”. Pero su herida habria de causarle la muerte al dia siguiente.
Al pie de un cortado de la izquierda, y a cubierto del fuego enemigo,
un capellan auxilia a los heridos. Las camillas se detienen breves instantes
a su lado y los guerreros ensangrentados se agrupan para recibir la abso-
lucién, mientras los camilleros legionarios, r{gidos y descubiertos, con-
templan el emocionante cuadro.
La sexta compaiifa de ametralladoras se porta bravamente en el
angulo de la linea; pero piden una proteccién de legionarios: el enemigo
ya ha llegado a pocos metros de sus maquinas, y las tropas peninsulares
més proximas ya no estan para dias tan duros. Se envia a una seccién de
legionarios que mds tarde sera utilisima.
Por la izquierda el combate sigue muy dspero. De las pefias bajan
a un oficial muerto; es el teniente Antonio Rodrigo Cifuentes, de la quin-
ta compafifa. El enemigo esta muy cerca y el fuego de fusilerfa se hace
intenstsimo.
Unos harquefios que se han desplazado por la izquierda, disparan
desde la retaguardia; caen heridos dos soldados y se produce cierta confu-
sién entre las reservas, porque el enemigo, concentrado en las barranca-
das del frente, al mismo tiempo efecttia una enérgica reaccién, y las com-
paiifas de la izquierda quedan casi copadas; el enemigo’ ataca con gran
arrojo por todos los lados; las tropas peninsulares quedan vacilantes, “su
coeficiente moral es sobrepasado”. Son momentos de gran emoci6n; el
144Franciseo Franeo, comandante
de Ia Primera Bandera de la
Legion.
Millén Astray, fundador y pri-
mer jefe del Tercio.Queipo de Llano arenga a las tropas africanas recién llegadas a Sevilla. Los
primeros transportes del Estrecho, traslacando tropas legionarias. Con ellas
se inicié la invasion.
Primo de Rivera, presidente del Directorio Militar y Aristides Briand, jefe
del Gobierno francés, firman el acuerdo franco-espanol sobre Marruecos.Primo de Rivera en Ia playa de
Quemado, tomada por las tro-
pas legionarias de Francisco
Franco, tras el desembarco de
Alhucemas, en 1925.
Legionarios transportados a
Sevilla desde Marruecos por un
“Junker” alemén.Tropas de la Legién ocuparon Nador, una posicién clave en ta lucha contra las odbilas rebeldes, el 17 de septiem-
bre de 1921. Esta toma supuso la pacificacién de un extenso tervitorio,sector queda completamente amenazado. Los sostenes de las unidades
de legionarios han de volcarse con sus hombres y su espiritu al lugar de
peligro para acometer al enemigo; los acemileros de las compafifas
de ametralladoras y tren de combate, abandonan a sus mulos y se suman
a sus compaiieros. La reaccién hace que el ataque sea rechazado en todo
el frente.
Los legionarios rivalizan en entusiasmo entre las pefias. Se registran
mil episodios: unos retiran dos ametralladoras de otro Cuerpo en medio
del fuego, la muerte de sus apuntadores las dejaron casi en manos enemi-
gas; otros avanzan a la contrapendiente, y aguantan la reaccién a pecho
descubierto; un acemilero ha rebasado a las guerrillas, y de pie en la lade-
ya dispara sobre los moros, con su camisa blanca destacdndole, en medio
del fuego enemigo mas mortifero.
Un soldado de Guipizcoa es herido y cuando el moro se le echa
encima para rematarle, un legionario se arroja sobre el moro y le clava
su machete en el coraz6n. El agente de enlace francés muere gloriosamen-
te, gritando: “En avant, en avant. ;Viva la Legion!”
Las baterfas gallegas vuelven a comportarse una vez mas de manera
admirable. Ven llegar al enemigo a corta distancia y siguen su fuego sin
que se separe ninguno de sus soldados, Son el gran acompafiamiento
para las guerrillas de la Legion. Pero en esta fase del combate la densidad
de la guerrilla ha aumentado tanto que es preciso restablecer la situdcion
y retirar del frente las fuerzas sobrantes, evitando la mezcla de soldados.
Se repliegan las unidades peninsulares poco a poco y solo quedan en
el frente los legionarios. Los batallones van formando en orden cerrado
para desfilar hacia la retaguardia. Pero no es facil la retirada; el chorreo
de heridos continéia; el enemigo atin esta muy préximo. Hay que dar
tiempo a la evacuacién; se dan dos veces las ordenes de retirada, pero
nuevos muertos retienen el repliegue de la linea.
Cuando todo parece estar listo, un parte del capitan que se halla
en el flanco izquierdo comunica.que las baterias de Atlaten han colo-
cado varios proyectiles en la guerrilla propia, causando sensibles bajas.
El teniente Juan Monso Diaz esta gravemente herido, y esto origina un
nuevo retraso.
El hecho de que los proyectiles espafioles cayeran sobre sus soldados
no era sorprendente, Los manuales de artilleria de la época ignoraban el
efecto que sobre los proyectiles tenfan las variaciones barométricas, las
temperaturas y la velocidad y direccién del viento; tampoco existia sobre
145el terreno servicios que proveyeran de informacién a los artilleros. Asi,
tanto Franco como Berenguer tuvieron alabanzas para la artilleria de
apoyo. No obstante sefialaron constantemente la deficiencia del arma-
ménto y la cualidad de las municiones. Los testimonios no faltan. Beren-
guer escribié:
“En los fusiles y carabinas en servicio hay una gran proporcién de
descalibrado; el material de ametralladoras rara vez esta completo y es
defectuoso: muchas no funcionan desde los primeros disparos. Los
servicios artilleros tropiezan con dificultades para mantener sus piezas
al corriente y especialmente para el municionamiento: desde la supre-
sién de las columnas de municiones se tropieza con dificultades y hay
que dedicar a este servicio cargas de Intendencia.”
Podrian afadirse las opiniones de Mola, de Vigén, de Franco: sin
embargo el soldado espajiol, audaz y resignado, ingenioso y socarron,
sabia tomarselo con filosofia. Véase, sino, este testimonio escrito en elo-
gio de la Campogiro:
“No cabe duda de que las pistolas que se usaban en el Tercio, consi-
deradas como herramientas contundentes o armas arrojadizas, eran insu-
perables... Pero en cuanto a disparar puntualmente, como cualquiera se
fiase de las apariencias creerfa, ya era era otra cosa...
”Valls, espiritu analitico por naturaleza, observé que la suya traba-
jaba un dia si y otro no; y experimentando mas, que los dias eran mar-
tes, jueves y sdbados. Fiel a sus principios, un lunes salié a operaciones
sin ella.
”—; Por qué no traes la pistola? (Estaba en ametralladoras.)
”—Hoy no le toca disparar, mi teniente: es lunes, y ella es alterna,
es decir, martes, jueves y sébados...
"Sin embargo, un sabado a la tarde tampoco disparé: Ramiro que-
dése atdnito, nunca le habia ocurrido. Mudé de bala, y tampoco. De
pronto diose con el indice en la frente:
»—iEureka...! —exclamé—. {Es que hace semana inglesa!”
En retaguardia, y en la segunda esponja, se hallan situadas las ametra-
lladoras legionarias con fuerzas de otro Cuerpo, que apoyan el repliegue.
Las guerrillas van abandonando sus puestos a una sefial, y en esos mo-
mentos el ayudante del comandante Franco, el teniente Joaquin Moore
de Pedro, baron de Misena, cae herido mortalmente a su lado. Dos solda-
dos se Ilevan su cuerpo inanimado desde la guerrilla hacia el puesto de
socorro; pero el fiel soldado morira dos dias mas tarde.
146Hay que volver a detenerse entre las pefias para que vayan retirando
a los heridos. El coronel Castro Girona dirige la retirada, mientras su ayu-
dante, el comandante Abriat, acompajia a los legionarios. En este segun-
do escalén, es herido el teniente Pedro Echevarria, ayudante de la 2.* Ban-
dera. Se aleja con la cabeza ensangrentada y cubierta de algodones.
Empiezan a escasear las municiones debido a la prolongada retirada:
hay que reservar cartuchos y disparar poco hasta la llegada de un mulo
con municiones. El enemigo ya ha ocupado las pefias que se han abando-
nado y sigue la retirada por la pendiente y la interminable cuesta.
Al fin se llega a la meseta de Atlaten; el enemigo cesa en sus disparos.
Anochece cuando se atraviesan las huertas hacia el campamento. El bata-
llon de Toledo, uno de los mas distinguidos en la campaiia, ha sufrido
cincuenta bajas; la Legidn ha tenido veinticinco muertos y noventa y
un heridos, También han muerto el capitan Cobo y los tenientes Moore
y Rodrigo; y fueron heridos los tenientes Moneo, Pérez Mercader y
Echevarria. .
El crecido nimero de bajas hace que se pidan a Ceuta soldados de
reciente ingreso; legionarios que llegan sin la indispensable preparacién
guerrera, pero con el espiritu que Dar Riffien va inculcando a todo legio-
nario. El comandante Franco permanece al frente de las dos Banderas.
La falta de Millén Astray es suplida por todos los oficiales con entusias-
mo; se cuidan de que perfeccionen la instrucci6n, se adiestren en el tiro,
e intentan despertar en ellos la confianza en el arma, enseiidndoles a
aprovecharse del terreno.
El 14 de octubre se forma en vanguardia de la columna de Sanjurjo,
en direccién a Tahuima. Mas tarde se coopera con las columnas de Beren-
guer y Cabanellas en la toma de Zeluan y Buguensein. Los legionarios se han
desplazado paralelos a la via del ferrocarril, precedidos por dos camiones
blindados y un grupo de policfas de una Mia recién organizada. Avanzan
tan répidos que dejan retrasadas a las otras columnas. Tardan en encon-
tray un grupo de jinetes enemigos, que dispersan, sorprendiéndoles con
el fuego de las ametralladoras.
La 2.* Bandera ocupa unas lomas frente a Buguensein y la 1.* toma
el aerédromo. Desde la Alcazaba disparan unos jinetes enemigos y los
legionarios los alejan con los policias. El poblado ofrece, una vez mas, los
dolorosos cuadros del desastre. El camino ya ha estado jalonado de cada-
yeres en actitud de sufrimiento; la crueldad ofrece un espectaculo ho-
rrendo.
147Desde Buguensein se hostiga al enemigo en retirada y por la tarde
se regresa a Segangan. Por el camino, los legionarios van recogiendo a
numerosos soldados de otros batallones que, faltos de entrenamiento,
han quedado rezagados, Luego se van entregando en las distintas posi-
ciones.
En Segangan vuelve a hacerse vida distrafda; repartiendo el descanso
y el esparcimiento con la instruccién y las practicas de tiro. Algunos le-
gionarios se esparcen por los alrededores y se registran pequefias escara-
muzas. Fueron el preambulo de las peligrosas proezas individuales que
més tarde formarian los éxitos colectivos de los llamados Hijos de la
Noche; una seccion montada para acabar con las fechorias de los pacos
y otros maleantes que gozaban de la mayor impunidad a pocos metros
de las avanzadas legionarias,
El que mas se distinguia en estas razzias era el maltés, también cono-
cido por Macarroni. Se tomé la costumbre de retirarle el fusil para que
no se internase por los aduares, pero con la llegada de los nuevos solda-
dos, encontré la forma de emprender una de sus razzias. Un dia se llevo
a dos para que le protegieran; en un aduar encontré a un moro cargando
un burro con la cebada de los silos; una morita joven le pasaba el grano
desde el silo, El moro, sorprendido, quiere huir; el maltés le persigue
agarrandole de la chilaba, y los quintos le disparan sin herirle. A los dis-
paros, el enemigo se aproxima y como la mora no quiere salir del silo, la
tapan, cogen el burro y se retiran barranco abajo al campamento.
“—E] poder traer mora bonita y colorada para el comandante y ellos
estar quintos, tirar mal y marchar moro”, protestaba el maltés, indignado
con sus compaiieros de excursién.
Existen muy curiosas anécdotas de este patrullar legionario que des-
graciadamente han de quedarse fuera de esta obra; sin embargo, apoyan
el hecho de que los legionarios, pese a la disciplina y al espiritu de Cuer-
po, resultaban en su mayorfa hombres muy independientes, aventureros
individualistas que, fuera de sus horas de servicio, se jugaban la vida con
Ja’ misma alegre inconsciencia que iban a la guerrilla. Tal vez porque,
como dijo el poeta, eran “sindicalistas rojos, sindicalistas blancos, pisto-
leros a sueldo, jefes de cabeza cotizada, cémplices, autores quizds de
atentados famosos, perseguidos de cerca, envueltos acaso en sus mismas
redes, se acogieron a la Bandera Negra, como en otro tiempo a la Casa de
Dios... A la bandera negra de los jabalies mordiendo la maza, el estandar-
te oro y sable de los Duques borgofieses, guién de Tercios amotinados,
148que su electo al frente, saqueaban los burgos de Flandes, por cobrarse las
pagas que les debia su Rey y Sefior.
“Terrible, ligubre bandera de tantos y tantos degiiellos y asaltos, de
nuevo los cielos son tuyos, de nuevo se lucha por ti... De nuevo, tétrica
enamorada, exiges varones de pro, y los que matan por instinto, o por
odio, o por hambre, o por miedo, te tendieron los brazos, y como
hidalgos dé cuatro linajes, mataron, murieron, por tu honra, por la honra
de Espafia.” . \
El 23 de octubre, la columna salié a pernoctar en Zeludn, para em-
prender la marcha hacia Monte Arruit. “Por el via crucis que era el cami-
no de Zeludn, ibamos al calvario de Monte Arruit. Aqui y alla, negros
despojos yaciendo en tragicas posturas, como si Ja maldita selva de Ali-
ghieri.se derribara por la divina célera hecha rayos.
‘A las siete de la mafiana se encontraba formada la Legion; a lo lejos
y por retaguardia, avanza una fuerza cantando con sus banderas espafio-
las. Son las nuevas compafifas de la Legién, que acuden a incorporarse
a sus Banderas, Entre los vivas a la Legién se les cede el puesto de van-
guardia. Era el primer contingente de voluntarios llegados de América
el dia 7 del mismo mes; parte de los cuales ya formaban la 4.* Bandera
y por la misma fecha combatirfan entre las posiciones de Kaseras y
Monte Magan, cercados nuevamente por las harcas de El Raisuni.
El avance se efectiia tranquilo; el enemigo no aparece por el horizon-
te,/La caballerfa avanza por el Ilano y la columna de la izquierda, que
salié primero, entra en la posicién. El horrendo cuadro que sé presenta
es indescriptible. La mayoria de los cadaveres han sido profanados 0
barbaramente mutilados.
“Desparramados por el llano, en grupos desiguales, todos ennegreci-
408, hechos momias... jy qué expresiones de angustia!... unos con los
dedos crispados clavados en la tierra, otros sin manos... Muchos tenian
Jas mufiecas amarradas con los alambres de las pacas de paja, y les habia
Iegado hasta el hueso: a uno se lo corté, y siguié en la misma postura...
(La bandera roja y la bandera negra flameaban sobre el hediondo arenal
de los muertos...)””
Alli, en la Aleazaba, “habia un muro alto, que fue blanco, ahora
roto a tiros y manchado de sangre. Habia sobre la puerta un gran escudo
de gloriosos castillos y leones, y pasando bajo tan triste inri, dabase vista
al patio.
”Acaso recordéis un enjambre de abejas que los frios y escaseces
149invernales exterminaron: es una masa oscura de cuerpos confundidos en
el suelo de la colmena muda. Asi, tras la pared acribillada, montones de
carroha y harapos, que fueron hombres y padecieron sed, y hambre, y
martirio, y profanacién tras la muerte... Y un silencio frio en los bata-
llones de muertos, y en los de los vivos que iban por ellos...
”Asi yacian los infelices a quienes su desgracia arrastréles a una
muerte cierta, y a elegir ellos mismos su tumba. Aqui descansan.”
Nos alejamos de aquellos lugares, sintiendo el anhelo de imponer un
ejemplar castigo a los criminales. La retirada se hace sin hostilidades;
a lo lejos, unos moros paquean débilmente a la caballeria, Se pernocta
en Zeluan y al dia siguiente se regresa a Segangan.
La noticia de que el coronel Castro Girona, jefe de nuestra vanguar-
dia, debe marcharse a Gomara, donde la Patria lo necesita, entristece a
todos. Oficiales y soldados le han tomado confianza y se le tributa un
homenaje muy sentido en el momento de su marcha. El capitan Pedro
Jarefio Hernandez ha sido herido en el frente de Magan.
El 2 de noviembre es la fecha elegida para repetir la operacion de
Taxuda. Esta vez hay que llegar a la esponja alta y ocupar la meseta. La
Legion debe tomar las esponjas de piedra que dan vista a Telat operando
de la misma manera que se hizo en el primer combate. Sélo que ahora
han cambiado las fuerzas y los Regulares ya no estan. La columna Ri-
quelme, desde Taquigriat, ha de avanzar sobre Taxuda; y la de Berenguer,
por la derecha, se adelantard en cufia entre nosotros.
Ocupamos las primeras esponjas con pocas bajas; la niebla ha facili-
tado la aproximacién y las ametralladoras se establecen en las pefias.
Aparecen dos moros a corta distancia, estén parapetados en la esponja
alta en linea de piedras, Sera un asalto muy duro,
Se adelanta una baterfa hasta el pequefo collado para batir las pe-
fias. El sitio est4é muy enfilado y resultan heridos dos soldados al tener
que avanzar las piezas a brazo; se rompe el fuego a breve distancia, pero
el enemigo permanece firme entre las piedras. Se dan las ordenes de asal-
to: dos compaiifas se adelantaran por derecha e izquierda para desbordar
la posici6n; otra, de frente, asaltara las piedras enemigas.
Se arman los cuchillos; relucen a los primeros rayos del sol. Las nue-
yas compafifas tomardn parte en la carga; estan integradas por muchos
sudamericanos, deseosos de combatit, y hay que contenerlos material-
mente para que no se lancen al asalto antes de avisar a las baterias de
Atlaten que suspendan el fuego.
150EI general Sanjurjo esta con nosotros. Se da la sefial y las oleadas de
legionarios avanzan a la carrera sobre el enemigo. Son momentos de gran
emocion. Y el comandante Franco describe los hechos con precisién
cinematografica: “Los moros nos esperan haciendo fuego tras sus para-
petos; los soldados siguen avanzando; ya estamos a pocos metros; al ene-
migo se le ven los detalles de sus caras; algunos soldados ruedan a nuestro
Jado en aparatosa caida; entre los moros enemigos también brillan los
machetes; unos pasos més y el enemigo vacila, jya son nuestros! Por la
ladera opuesta bajan los moros mezclados con los legionarios. La esponja
alta ha sido tomada de nuevo.”
La transcripcién del soldado es mas pintoresca y literaria, como
corresponde a un poeta: “El toque de carga se core6 con alegres gritos:
ja la bayoneta!, ja la bayoneta! Hasta los cuchillos pareefan brincar de
contento.
”—Pobrecitos, tienen sed —comenté uno dulcemente a mi lado.
”Y fuimos contra la loma. La subida era dspera; cafamos, nos levanta-
bamos, y el sol nos taladraba el craéneo como clavo al rojo.
”—iOjald me diesen un tiro en la cabeza!
”—;Cochinos mojamés!
”—1La vida en el Tercio es excelente! ;Alegrémonos de haber nacido!
”Un salto mds, y ya estabamos, Al vernos tan cerca, unos huyeron,
otros nos esperaron... Realmente los cuchillos tenian sed, y tardaron bas-
tante en apagarla.
”Un murciano gigantesco y negro, remangado y en pelo, calaba mo-
ros, con una albaceteiia, cantando jovialmente:
La navaja es una cosa
que se mete y que se saca,
juna alhaja!
La navaja es una cosa
que se saca y que se mete,
jun juguete!
“De pronto a mi lado (no se ofa mas que choque de hierros y gritos),
un tiro: era el de la dulce glosa, a quien cupo en suerte un bocoya mas
alto que una lanza, con anilla en la nariz. (Habia peleado en la Gran Gue-
rra y conoeia la treta para los cuerpo a cuerpo; se lleva el fusil montado,
y cuando el contrincante espera una cuchillada recibe un tiro.)
151”E] moro no salié de su asombro, creo, ni en el otro mundo.”
-Entre los primeros soldados marchaba el heroico sargento Herben, de
la segunda compaiifa. “‘Alto, recio, de boca fina y recta. Su mirada clara,
bajo la frente poderosa, sugeria sensaciones de agua serena. Era inaltera-
ble, silencioso y atento. Su valor daba frio. En sus decisiones, s6lo inte-
ligencia, jamas pasién o piedad. Esgrimia la bayoneta como un florete:
un golpe, siempre el mismo, directo y seco, al coraz6n.
Al asaltar la cota, en el cuerpo a cuerpo, maté a tres, pero un jamido
le hendié la cabeza con su gum{fa; agonizante, derribdle de una cuchillada.
“Oh ich sterbe (yo me muero) —dijo, y cayeron uno sobre el otro,
muertos.” Un sargento se arroja a recogerlo y consigue retirar su cuerpo,
dando muerte a otro moro que se defendia entre las pefias.
El teniente Enrique Agudo Lépez, que es la primera vez que marcha
al frente de su secciOn, xecibe en el asalto muerte gloriosa, Un valiente
chileno expira en las pefias de la izquierda; sus dltimas palabras son:
iViva la Legi6n...! {Viva Chile, m...!
Un chileno muerto gloriosamente por Espafia en su primer combate.
El teniente Manuel Pérez Moreno también cae gravemente herido; el te-
niente Alfredo Montes Garefa, herido levemente en el avance, es aleanza-
do por segunda vez; el capitan Fortea, de la Policia, cae herido en el pe-
cho; a su lado Ilora silencioso un ordenanza moro.
Hay movimiento de harquefios en la meseta de Taxuda; las baterias
de Taquigriat anuncian que son enemigos, y a los pocos minutos los ve-
Honcitos blancos de nuestras piezas de montafia aparecen sobre las ruinas
romanas, Al otro extremo de la meseta empiezan a verse las banderitas
espaiiolas de los policias.
Se ve al enemigo retirar numerosos heridos en caballerias por las leja-
nas bandas del Telat. Nuestro flanco izquierdo ocupa una larga trinchera
que muere en la barrancada. El combate parece tranquilizarse. Hacia las
dos se nota movimiento en el campo enemigo y renace el combate; los
moros’ se concentran en las barrancadas,’intentando reaccionar contra
nuestras lfneas; los legionarios los descubren y adelantan un poco la gue-
rrilla, rompiendo un fuego mortifero sobre ellos. Las baterias de Atlaten,
avisadas por teléfono, también colocan sus grandes explosiones. Desde las
pefias altas se les ve correr como locos por la barrancada, queriendo reti-
rar sus bajas y sufriendo ms; en pocos minutos queda disuelta la concen-
tracion.
Se fortifica la posicién y se efectiia el repliegue. Apenas hubo hostili-
152dades, Tampoco fue atacada la posicién durante la noche, pero se obser-
yaron numerosas luces por el barranco, mientras recogian a sus muertos.
Dias mas tarde se supo que todos los moros encargados de la defensa
habfan muerto o cayeron heridos. Abd-el-Krim los cité en la harca como
ejemplo. La Legion sufrié diez muertos y setenta y un heridos; la mayo-
ria eran sudamericanos y cubanos,
El combate tuvo muchos espectadores: Sanjurjo y su Estado Mayor
precensiaron el asalto y la obstinada defensa desde las primeras pefias.
Deefan que era el dia mds grande de la Legion. Y se la cité en la orden
general del dia 3 con estas palabras:
“La operacién verificada sobre Taxuda ha demostrado, una vez mas,
el elevado espiritu y perfecta disciplina de las tropas de esta columna
~que dan orgullo al Mando, muy especialmente la Legion, cuya moral,
siempre muy elevada, y ardorosa acometividad, no han podido entibiar
las numerosas bajas hasta hoy sufridas, siendo también distinguida la
conducta de una compafifa de Sevilla que acompafié a la Legion en el
asalto.”
El poeta escribié: “Buena sangre roja chup6 la arena seca.
»Terminése, al fin, la jornada de muerte y sol, y con los arreboles
igneos del crepisculo entré la Legién en su campo, sin orden, como
banda de lobos, ebria de triunfos (ojos lucientes, quijadas carniceras, ,
pechos velludos). La escarlata bandera del César ondea con la brisa sofo-
cante en un corro de cabezas de moros, sin narices unas, otras sin orejas,
clavadas en las bayonetas.””
A partir de este dia, la resistencia de Abd-el-Krim y sus huestes
habria de ser menos empefiada.
153EL MANCO DEL FONDAK
La campafia de la reconquista del territorio de Melilla hizo que la
Legién se convirtiera en un Cuerpo necesario, itil, y casi indispensable.
También consiguié gran popularidad a costa de los cien hechos heroicos
y actos distinguidos. Su gesta se convirtid en glorias del dominio piblico.
Esto hizo que Espafia y el nuevo Gobierno de Maura apoyaran a la Le-
gién en su crecimiento.
Berenguer, después de la catastrofe de Annual, habia presentado su
dimisi6n como Alto Comisario, y aunque el vizconde de Eza, ministro
de la Guerra, cred una comisién regida por el general Picasso para inves-
tigar completa y oficialmente las causas del desastre, Berenguer fue man-
tenido en su puesto. Ni Alfonso XII ni De la Cierva aceptaron su di-
misiOn.
Las Cortes, sin embargo, debatieron en el mes de octubre, mientras
los legionarios reconquistaban la zona melillense, la mala administracion
del ejército de Marruecos, Pronunciaron apasionados ataques contra los
militares espafioles y los lideres politicos. Se establecié que la partida
presupuestaria especial consagrada a Marruecos habia crecido tres veces
y media entre 1913 a 1921, desde 63 millones a mas de 211 millones de
155pesetas. Dinero que, al parecer, habia sido malgastado. También se dijo
que en Marruecos no habfa tanques, cuando ya existian en Europa desde
hacia dos afios. Se sefialé que la Artillerfa habia perdido 117 cafiones en
la retirada de Melilla, ahora en manos de Abd-él-Krim. Y se supo que el
Jalifa de Tetudn recibia un presupuesto de ocho millones y medio de
pesetas; medio millén menos que el presupuesto de la familia real es-
pafiola.
También empezé a correr la noticia, referencia directa del socialista
Indalecio Prieto en las Cortes, de que el rey, Berenguer y Silvestre se ha-
bian puesto de acuerdo en 1920 para que Silvestre avanzase hacia la
bahia de Alhucemas y obtuviese unos bonitos triunfos sin ser frenado
por Berenguer.
Con estas circunstancias como fondo, y pese a los acerados ataques
de todos los politicos y diputados, tanto de izquierdas como monarqui-
cos conservadores, el apoyo y el dinero se concentré en seguida sobre el
nuevo Cuerpo. La Legién cont6é con nuevas Compaiifas de fusileros: la
Trecena y la Catorcena, ya incorporadas a las banderas negra y roja de
los jabalies y las aguilas, pelearon en Taxuda. La Quincena formé parte
de la 3.* Bandera que, con las nuevas Banderas 4.* y 5.*, se convirtié en
el refuerzo que operaria en Yebala.
El 17 de noviembre de 1921, Millan Astray, atin no recuperado de su
herida, se puso al frente de las tres Banderas para actuar en el sector occi-
dental, que también exigfa de la Legion la presencia eficaz y contunden-
te, a la vanguardia de otras columnas.
Mientras la 1.* y 2, Banderas, reforzadas con las nuevas compaiifas
—no aumentada, porque las bajas siempre dieron una estabilidad numéri-
ca a la Legion—, operaban en el Rif, bajo el mando coordinador del co-
mandante Franco y el comandante Carlos Rodriguez Fontanés.
Millan Astray, al frente de la 3.7, 4.2 y 5.2 Banderas, se incorporé a la
columna del coronel Serrano, con el fin de operar en Beni Ards, A media-
dos de diciembre participan en el rudo combate que termina con la ocu-
pacién del poblado de Ayalia, al pie del Yebel Alam, donde los moros no
abandonaban sus parapetos hasta el momento del asalto a la bayoneta. Se
cuenta que el teniente Jestis Teijeiro, al mandar a su secci6n lanzarse a la
bayoneta y ver que solo le seguian tres o cuatro, se volvié airado a re-
prender a los demas y se encontré que ya habjan cafdo en la lucha.
Allf se escucharon vivas a Colombia y a otros paises sudamericanos,
unidos a los viva Espafia y viva la Legion. Los moros de la Yebala eran
156yeteranos en la guerrilla y no disparaban un solo tiro hasta que los ata-
cantes llegaban al pie de sus tricheras. Los nuevos legionarios no tuvieron
un mejor bautismo de fuego que sus compatriotas desplazados a la con-
quista de Taxuda.
El 22 de eal Millén Astray volvia a estar con sus huestes en la
vanguardia de la columna, para actuar en la ocupacién de Telafta. El
6 de enero de 1922, lleyando el mando de la 3,* y 5.2 Banderas, se agregd
a la columna del general Marzo, interviniendo en el disputado combate
de la conquista de Hayuna y Benibara. Al dia siguiente continuaria su
actividad, realizando un reconocimiento con sus Banderas por el bosque
cercano al blocao Urefia, donde tuvo que sostener fuego con el enemigo.
El dia 10 seria la intervencion en el combate de Dra el Aref, que
hubo de concluirse a punta de bayoneta en las lineas enemigas. Alli
quedaria establecido el blocao Gomez Arteche, y perderian la vida el
teniente Horacio Pascual Lascuevas y los alféreces Manuel Salvador Cla-
verias y Abelardo Villar Alvarez. Estaba destinado a reforzar un flanco
de la columna del general Castro Girona.
Mientras se realizaba el repliegue de estas fuerzas y al ser relevado
Millén Astray por el teniente coronel Gonzalez Tablas, el primero fue
herido en una pierna. Hasta que no concluyé victoriosamente aquella
fase del combate, Millan Astray siguid al frente de sus legionarios, disi-
mulando el desgarrén de la pernera derecha de sus pantalones: sin una
queja y con la sangre empapando su uniforme de campafia. Al final fue
retirado de la guerrilla y llevado al Cuartel General de la columna, donde
fue reconocido y curado.
Al dia siguiente, en contra de su voluntad, fue evacuado y conducido
a Ceuta. En el Hospital de la Cruz Roja se comprobé que la herida sufri-
da en Nador no habia cicatrizado y amenazaba seriamente la vida del
jefe de la Legidn. El 18 de enero era evacuado a Madrid. La convalecen-
cia va a ser breve. El 2 de marzo se pone al frente de las Banderas de la
Legién y forma nuevamente en la vanguardia de la columna del general
Berenguer.
Siempre esta con sus legionarios, junto a ellos en los momentos de
mayor peligro, buscando el fuego y la metralla como establece el credo
de la Legién, que ha dictado. Asi asiste al reconocimiento sobre el Had
y entra en fuego con el enemigo. El dia 7 ocupa y fortifica Zaumé, y al
dia siguiente interviene en los combates que conquistan las posiciones
de Sepsa.
157E] 18 ira a reunirse con las otras Banderas y estaré presente en el
sangriento y rudo enfrentamiento que se desarrollé en Ambar, y alli
permaneceraé aguantando los embates continuos del enemigo. Y asi le
cantaba el poeta por su primera revista después de Ambar:
Quien una vez le vio, ya no le olvida,
estremecido como flexible arco
al lanzar Ia saeta, o cual acero
toledano; ardiéndole los ojos
bajo el chambergo, su noble corona;
y aquel rostro viril, y el brazo alzado
sefialando hacia las montafias moras:
“Alli estén las estrellas para las
guerreras legionarias, hijos mios.”
Y su albo guantelete ante el azul
era garra de un blanco gerifalte.
Es la batalla de la noche triste; la batalla donde caeran heridos glo-
rias de la Legion como el teniente Lizcano de la Rosa y el bravo coman-
dante de la 2.* Bandera, Carlos Rodriguez Fontanés, quien moriria horas
mas tarde en una espera infructuosa por el doctor Pagés, el notable cirujano
que libré a muchos legionarios de una muerte segura, y que estaba lejos.
La Legién esta de luto, la Legion ha perdido uno de sus mejores
hombres: el jefe querido por los legionarios, y los soldados estan tristes.
jHan caido tantos oficiales y tantos camaradas que ya no quedan |é-
grimas!
Sanjurjo, Berenguer, el jefe de la columna y coronel que manda la
vanguardia felicitan a Millan Astray por el comportamiento de sus legio-
narios,
No obstante, continia la lucha. Millan Astray ha de volver con las
otras Banderas. Berenguer quiere acabar con el reducto del Raisuni y
transfiere a Sanjurjo a Larache, y con él a parte de las fuerzas mas distin-
guidas en Melilla. Asf participan los legionarios en los encuentros de
Tahar-Barda, de Talkin Seleka, de Beriar, de Senalalen, la Gran Pefia
y Tazarut, el baluarte del Rausini, que es tomado al asalto el 12 de mayo
de 1922. Alli perecié el glorioso teniente coronel Gonzalez Tablas,
que mandaba a los Regulares de Ceuta y era tan querido por los legio-
narios.
158Pero las luchas contindan y las Banderas de la Legién combaten en
ambos territorios ocupando terreno, castigando al enemigo, aprovisio-
nando posiciones avanzadas y defendiendo otras de dificil sostenimiento.
E] Mando parece estar satisfecho con la actuacin legionaria, y vuelca
su confianza en el Cuerpo. El mes de agosto Millan Astray regresa a la
Peninsula para organizar la recluta por el Norte. En Santander es recibido
por Alfonso XIII, que lo tiene dos dias como huésped de honor. El rey
lo distingue con su amistad y lo trata como un héroe nacional. El renom-
bre del Tercio de Extranjeros ya ha traspasado las fronteras y suscita
aplauso en las gentes; aunque el enemigo acecha soterradamente.
Una Real Orden decreta la organizacion de una nueva Bandera en
septiembre de 1922. E] 26 Milldn Astray es condecorado con la Cruz del
Mérito Militar con distintivo rojo, por sus actuaciones al frente de la Le-
gion hasta julio de 1921. Luego le conceden la medalla de sufrimientos
por la patria, con pensi6n.
Sin embargo, los junteros que ya han conseguido la sustitucion de
Berenguer, el lider de los africanistas del rey, tienen su mejor amigo en
el general Ricardo Burguete, que era capitan general de Madrid y parte
importante en la elaboraci6n del informe Picasso, y ya es Alto Comisario
en Marruecos,
Burguete reorganizé las unidades de combate con la intencién de
darles mas capacidad de maniobra y dotarlas de autosuficiencia logistica.
Al mismo tiempo prosigue las negociaciones para rescatar a los prisione-
ros espafioles de Monte Arruit, e intent6, sin éxito, atraerse a algunas
cabilas separdndolas del astuto Abd-el-Krim, que en febrero, ya habia
proclamado el Emirato del Rif, y su harea, que llamaba ejército, contaba
con 10.000 hombres.
Asi, en octubre la nueva Bandera, la 6.*, apenas instruida, sale al
campo de batalla para hacerse tan digna de honores como sus hermanas,
En primera linea va Millan Astray; asiste a la toma de las posiciones de
Hamida, Tafersit y Bunafora. A final de mes, cuando en Sevilla estan a
punto de condecorar a Sanjurjo y otros africanistas en una ceremonia
boicoteada por los junteros, Burguete mand6 que una columna llegase
hasta Tizi Azza, en las cercantas del territorio familiar de Abd-el-Krim,
La columna se vio sometida a un fuerte ataque el 1 de noviembre y aun-
que mantuvo firmemente su posicién, como ya resultaba costumbre,
hubo numerosas bajas espafiolas. Las protestas en la prensa espafiola
hicieron que el Gobierno diese la orden de suspender todo avance ulte-
159rior, y la posicién espafiola en el Rif quedé desequilibrada. Tizi Azza no
era facil de defender y habia sido ocupada para permitir nuevos avances.
Al mismo tiempo, los oficiales africanistas tienen conocimiento de
lo sucedido en Sevilla, cuando el rey pretendia homenajear a Sanjurjo
y a los regulares. Millan Astray escribe su carta abierta al rey. Franco
envia su telegrama apoyando las palabras de su Teniente coronel, y el
13 de noviembre de 1922, por Real Orden, se dispone la baja del Tercio
de Extranjeros del teniente coronel José Millan Astray, pasando a la
situacién de disponible en la 1.* Regi6n militar. Para paliar un poco esta
concesion a las juntas, se ha buscado el pretexto de que sus numerosas
mutilaciones le imposibilitaban para el mando activo.
Para sustituir a Millan Astray no se recurri al comandante Franco,
cuyo ascenso estaba bloqueado; ademas era un africanista temido y tam-
bién se habia destacado contra las Juntas. Se nombré al teniente coronel
Rafael de Valenzuela, cuya memoria ha sido loada con amplitud y man-
tenida con sus armas en el guién de la 7.* Bandera.
Valenzuela mando brillantemente, durante la reconquista del 21, dos
batallones y el grupo de Regulares de Alhucemas, que habia creado. Era
muy conocido entre los soldados y desde el primer momento capté la
confianza y el respeto de los legionarios. El coronel Mateo sefiala que era
“un caballero”. Un caballero por su nacimiengo, pero mas, mucho mas,
por el pleno de virtudes caballerescas que anidaban en su hidalgo cora-
z6n, Valenzuela se volcaba al hablar de ideales nobles y generosos; cuan-
do se dirigfa a sus hombres tremolaba la voz, distendia el gesto, tembla-
ban sus pufios y asomaban lagrimas en sus ojos de mirar recto y leal. Y en
el campo, al crepitar de la fusilerfa moruna, su esbelta y vigorosa figura
se agigantaba y el legionario se creia guiado por Garefa de Paredes 0 por
un Bayardo”.
El 16 de enero de 1923, Millan Astray fue destinado al Regimiento
de Primera niimero 4, y tres dias més tarde se le nombra parte de una
comision enviada a Francia para perfeccionar el idioma y ampliar estu-
dios durante un afio, En enero y febrero de 1924 esta en los cursos de la
Escuela Militar de Saint Cyr, en marzo pasaria a la de Saint Maysent; en
julio estarfa agregado al Estado Mayor del residente francés en Marrue-
cos, el mariscal Lyautey. Regresa a Espafia convertido en uno de los mas
expertos y documentados militares espafioles sobre temas marroquies.
El 14 de octubre se le destina a las ordenes del Alto Comisario en
Marruecos. El 20.ya esté incorporado a su destino, en Tetudn, y encua-
160El general Franco, seguido del
teniente coronel Yagiie, a la
salida de su cuartel general en
Sevilla, en el palacio de Yandu-
ri, A partir de esta capital lanzé
su ataque para tomar Extre-
madura,
Bajo un fuerte calor, una co-
lumna de la Legion interven-
dria activamente en la cam-
paiia que culmind con la toma
de esta capital extremena,GBppaenre
eiNa eaeiets
Tene eater
oe ere tnt
La batalla de Madrid. Ataque a la Casa de Campo.
Composicién y mandos de las fuerzas combatientes:
Nacionales
: cuartel Infente don Juan.
2. Barrén: Km. 4 carretera Extremadura.
3, Delgado Serrano: cuartel de la Montana.
4. Castején-Bartomeu: Fundacion del Amo,
5. Tella: Km. 4 carretera Toledo.
Gubernamentales
3.4 Brigada
Col. B. Tenientes coroneles Galan y Barcelo.
‘A. Teniente coronel Romero Enciso ¥ Clairac.
Col, E, Teniente coronel Escobar.
Col. M. Coronel Mena y coronel Prada.
Col. L. Comandante Lister.
Teniente coronel Bueno.drado en la columna de operaciones del coronel Longoria Rodriguez. Ha
vuelto a la tierra de sus éxitos y ya toma parte en los combates que esta-
bleceran posiciones en la comarca de Nadias. La época triste y amarga
de la postergacion ha pasado. La Dictadura de Primo de Rivera empieza
a restablecer el orden. Millan Astray es ascendido al empleo de coronel
de Infanterfa por sus méritos y servicios en campafia al mando de la
Legién.
E] 25 de octubre, Primo de Rivera, que asume las funciones de Alto
Comisario y general en jefe del Ejército de Africa, le da instrucciones
directas para que se ponga en camino hacia el Fondak de Ain Yedida,
a fin de tomar el mando de la columna de R’gaia. Al dia siguiente em-
prende la marcha en automévil acompafiado del teniente de ingenieros
Ramén Topete.
A la altura de Janites encuentran el camino cortado; la columna del
coronel Longoria mantenia combate para alejar a las fuerzas enemigas
que hostilizaban el transito por la carretera. Millan Astray no se resigna
a ver y esperar de brazos cruzados. Fiel al credo legionario, acude al
fuego “siempre, de dia, de noche, aunque no tenga orden para ello”. Se
apea, seguido por el teniente Topete, y corre en direccién al lugar donde
se desarrolla el combate. Encuentra una guerrilla de soldados del batallon
de Burgos, y erguido, como si fuese a sus legionarios, se da a conocer y
arenga a la tropa para lanzarse contra el adversario.
Su cuerpo es un blanco visible. Estén en terreno batido por la fusile-
ria enemiga. El teniente Topete cae muerto y Millan Astray herido. Se le
traslada al puesto de socorro inmediato y se le hace una cura de urgencia;
su brazo izquierdo es una masa de carne destrozada que sangra abundan-
temente. Las estrellas de hilo de oro recién bordadas estan rojas. No pue-
de ser evacuado del Fondak y pasa la noche entre el delirio y preso de
agudos dolores. Al dia siguiente, es enviado al Hospital de Tetuan y el
28 de octubre han de amputarle el brazo herido ante los sintomas de
gangrena.
Se ha convertido en el legendario manco de la Legion. Se acabaron
los combates; ya no habra mas hazaiias al frente de sus hombres. Tendra
que pasar al escalafén del Cuerpo de Invalidos, como tantos legionarios.
Se le traslada a Madrid y hasta el 9 de febrero de 1925 permanece en la
situacién de reemplazo por herido.
El Gobierno francés vendra a sacarle de la tristeza que le agosta y
envejece; le concede la Orden de la Legion de Honor; y el espafiol le dara
161antigitedad en la pensién de la Cruz de la Real y Militar Orden de San
Hermenegildo. Sin embargo, Millan Astray atin suefia con volver a tomar
el mando de la Legion.
Un afio mas tarde, el Rey y el general Primo de Rivera, le concede-
ran el mando del Tercio de Extranjeros. Francisco Franco, recién ascen-
dido a general de Brigada, su antiguo lugarteniente, resigna el mando.
Durante los afios en que Millan Astray estuvo separado de la Legion,
Franco habia sido ascendido a teniente coronel para sustituir a Valen-
zuela, caido gloriosamente frente al enemigo de Tizi Azza.
Al dia siguiente de la Real Orden, Millan Astray se pone en marcha
hacia Ceuta y tres dias mas tarde, el 13 de febrero, ya toma posesién de
su destino; visita Tetuén y Bel-Abbés y regresa a Ceuta. El 18 se pone
al frente de una columna compuesta de dos escuadrones, dos Banderas
del Tercio, dos baterfas, un batallén de cazadores y servicios auxiliares,
y emprende la marcha en direcci6n a los Harchas para apoyar a la colum-
na indigena del coronel Orgaz.
E] 20 va a Kudia Frecha y pasa revista a las fuerzas alli destacadas.
El 21 regresa con su columna a Tetudn; el 22, en hidroavidn, se dirige
a Melilla y el 23 se presenta en el campamento de Ben-Tieb. El 24, en
otro hidroavion, regresa a Ceuta.
El 1 de marzo se encamina a los puestos fortificados de Nador. y
Kudia Tahar, donde toma el mando de una columna compuesta de cua-
tro Banderas, dos batallones de Infanteria, una bateria, tres compaiiias
de Ingenieros y fuerzas auxiliares. E] Mando le ha ordenado avanzar so-
bre la Loma Redonda y Afa el Duira.
Nada mas llegar, Millan Astray realiza un reconocimiento para hacer
los preparativos del avance y ya tiene que soportar el fuego enemigo. Du-
rante la noche se hostiliza el campamento con fuego de mortero, que
causa varias bajas. El dia 4 de marzo la columna se pone en marcha, com-
batiendo hasta la ocupacion de Loma Redonda, que empieza a fortifi-
carse.
El enemigo cesa el fuego unos momentos y pronto renueva su activi-
dad causando sensibles bajas entre las fuerzas de Millan Astray; pero
ordena que no cesen las operaciones de fortificacion, y 61 mismo, a las
tres y media de la tarde, se presenta en los puestos avanzados para inspec-
cionar las obras. Cuando se acerca al primer puesto, un circulo de piedras
y sacos terreros, recibe un balazo en pleno rostro que le destroza el ojo
derecho, le produce grandes desgarros en el maxilar y le afecta a la meji-
162Ila. No pierde el conocimiento y cae en brazos de sus ayudantes. Adan
grita: “jViva Espana! ;Viva la Legion!”
Se le atiende en Kudia Tahar, donde entrega el mando de la columna
al coronel Prats; luego es evacuado al Hospital Mévil de Nador. Siete dias
mas tarde ingresa en el Hospital de Ceuta, y el 12 de marzo es enviado
a Madrid.
El manco del Fondak se ha convertido en el glorioso tuerto de Loma
Redonda, Millan Astray es un hombre mutilado, desgarrado, cubierto de
cicatrices; lo ha dado todo por la Patria y por la gloria de sus armas. Su
cuerpo ya no es el mismo, pero su espiritu permanece inalterable al su-
frimiento, y su moral combativa sigue como el primer dia.
El 28 de julio ya esta otra vez con sus legionarios. Las Banderas for-
man los cuadros de honor para ser testigos del acto solemne de la impo-
sicion al coronel Millan Astray, por el general en jefe del Ejército francés
en Marruecos, de la Cruz francesa con Palmas de Oro y citacion en la
Orden General del citado Ejército. En Dar Riffien, el general Bolchut
pronuncia estas palabras, en reconocimiento de los méritos de Millan
Astray:
“La Legion extranjera espafola, llamada el Tercio, es un magnifico
regimiento que a las ordenes de su heroico jefe, el coronel Millan Astray,
herido varias veces por la metralla, ha ilustrado su Bandera en todos los
campos de batalla de Marruecos. Ha prestado al Ejército francés una ayu-
da siempre eficaz, digna emuladora de la Legion extranjera francesa, por
lo cual el Tercio es un brillante modelo de valentia y espiritu de sacri-
ficio.”
Luego, visiblemente emocionado, prendid la alta condecoracion
francesa en el pecho de Millan Astray. El 18 de junio de 1927 seria
ascendido por méritos de guerra al empleo de general de Brigada por su
actuacion en las operaciones de octubre de 1925 al 20 de septiembre
de 1926. Este ascenso suponia dejar el mando de la Legion, asi que ese
mismo dia dicté una orden a la Legion que significaba su despedida, y el
abandonar para siempre el mando directo de las unidades que habia crea-
do. Un documento que testifica la ejemplaridad del espiritu legionario,
Helo aqui:
“Al ascender hoy a general, mi primer acto y mis primeras palabras
de gratitud son para vosotros, para nuestros gloriosos muertos y para los
espafioles y extranjeros que tan prédigamente derramaron su sangre en
la Legin. Es dia para mi de inmensa alegria, en que se ven colmados con
163creces mis entusiasmos y mis anhelos, pues la faja de general me la conce-
de el rey a propuesta de su Gobierno, aprobando la peticion de nuestro
general en jefe, y mandando la Legion. Fundé la Legion y tomé el mando
de ella, el dia 4 de septiembre de 1920; dicté su Credo, que habéis cum-
plido exactamente: el espiritu del legionario, de bravura y acometividad,
lo tenéis sellado en 845 hechos de armas; el espiritu de compafierismo,
en el amor indestructible que a todos nos une; el de amistad, en infinitas
pruebas que habéis prodigado a través de la ruda vida que llevamos.
"El de unién y socorro de acudir al fuego, en que acudimos en todas
ocasiones Ilenos de fe y entusiasmo, y que vencimos, ostentando como
timbre glorioso el socorro a Melilla en 1921, y sefialandose en el dia 15 de
septiembre de dicho afio en el Blocao de la Muerte, en su mas sublime
expresién, con el cabo Suceso Terrero y los quince legionarios que al mo-
rir auxiliando a sus hermanos grabaron indeleblemente los mas hermosos
articulos de nuestro Credo;
“E] espiritu de marcha, en que lo habéis puesto a prueba en todos los
momentos, destacdndose con luz propia en las operaciones de Melilla, en
Rektaba, al lado de nuestros camaradas del Ejército francés y en Luhorna
en el territorio de Larache, ya que en ambas épicas marchas cumplieron
el credo de seguir marchando hasta morir por el cansancio dieciocho le-
gionarios; el espiritu de sufrimiento y de dureza, excelsamente manifes-
tado en cuantos combates habéis tomado parte y en la lucha cruel con
los elementos de la naturaleza, sirviendo de blas6n el recuerdo de los
legionarios que perecieron envueltos en la nieve en el Magot y en Ima-
sinen;
“E] espiritu de disciplina, en que al decir ‘la Legion’ y al nombrar
a un legionario aparece indisolublemente unida con estos nombres la
palabra disciplina, que es la virtud fundamental del Ejército y de la so-
ciedad;
“El espiritu de combate, en la realizacién de los que habéis interveni-
do tan gloriosamente y que todos van sellados con nuestro lema de Vic-
toria o muerte; y en que las banderas de la Legién las habéis paseado
triunfantes y las habéis clavado en las posiciones enemigas en Melilla,
Alhucemas, Tetuan, Larache, y en que en todos los lugares en donde fue
necesario los legionarios dieron su vida y marcaron con sus sepuleros el
paso heroico de la Legion con 116 jefes y oficiales muertos, 319 jefes
y oficiales heridos, 1.871 clases y legionarios muertos y 5.775 clases y
legionarios heridos, o sea, 8.081 bajas;
164Sender eee
Sees ee a eee
Se er ae
en pee
mea eo mene emiminceniontn
a eee
Tae int eee aoPor Real Orden del 1 de octubre de 1927 se le nombré coronel
honorario del Tercio. El 31 de enero de 1928 se le nombra jefe de la
2. Seccién de Reclutamiento y Doctrina Militar de la Direccién General
de Preparacién de Campajia. E] 31 de marzo, es nombrado general de la
Circunseripcién de Ceuta-Tetudn; cargo que desempefia hasta el 15° de
enero de 1930, en que pasa a las ordenes del ministro del Ejército, y se
Je concede la Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo por los
servicios prestados los afios 1926 y 1927.
El Gobierno de la Reptblica, el 10 de agosto de 1932, lo pasa forzo-
so a la situacion de segunda reserva. Dos anos mas tarde, 24 de abril
de 1934, es reintegrado a la situacion de actividad. Y en marzo de 1936,
cuando pasa al Cuerpo de Invdlidos Militares, por peticion propia, el
general Franco le concede permiso para marchar a Argentina, en donde
permanecera hasta el estallido de la Guerra.
Fiel como siempre al credo legionario, tan pronto como recibe noti-
cias de la guerra de Liberacién, embarca en el primer vapor rumbo a
Espaiia, para ponerse a las ordenes del general Franco.
“La Legion, desde el hombre solo hasta la Legion entera, acudiré
siempre a donde oiga fuego, de dia, de noche, siempre, siempre, aunque
no se tenga orden para ello.”
166FRANCO AL FRENTE DE LA LEGION
Francisco Franco nacié en El Ferrol el 4 de diciembre de 1892,
Descendfa de una familia originaria de Andalucia, pero domiciliada en
el centro naval gallego desde hacia dos siglos al lograr el acceso en el
Cuerpo Administrativo de la Armada. Tanto su padre como su abuelo
estuvieron ligados con la Marina. La familia de su madre tenia algunas
lejanas conexiones con la nobleza, pero su padre era un habilitado de la
intendencia naval, con su sueldo modesto. El padre, Nicolas Franco, era
algo rebelde y un tanto calavera. La familia pasO innecesariamente bas-
tantes situaciones apuradas.
Franco no tuvo una infancia feliz; en una sociedad clasista como la
de El Ferrol, aislada totalmente del resto de Espafia, como casi toda Gali-
cia, la nifiez y la adolescencia le marcaron para toda la vida. Abandonar
su hogar en 1907 para intentar el ingreso en la Marina, era una liberacién,
No hubo vacantes, pero pudo ingresar en la academia de Infanterfa de
Toledo cuando atin le faltaban seis meses para cumplir la edad yeglamen-
taria.
El 13 de julio de 1910, a la edad de 17 aiios, fue nombrado segundo
teniente de Infanterfa por promoci6n. Diez dias mas tarde es destinado
1671
al Regimiento de Zamora nimero 6, de guarnicion en Fl Ferrol. El 24 de
septiembre de 1911, es nombrado ayudante del segundo Patallon y
profesor de la academia de cabos.
El 6 de febrero de 1912 es destinado a la situacion de excedente en
Melilla. Dieciocho meses més tarde de su salida de la Academia estaba
en Marruecos para emprender una activa carrera militar. E] 14 de mayo
ya tenia su bautismo de fuego en el ataque a Duar Haddpu Alla Kaddur.
Y el 16 de noviembre ya obtenia su primera Cruz de primera clase al
Mérito Militar por sus actuaciones en la campafia.
Cuatro meses mas tarde, el 28 de marzo de 1913, se le concede la
Medalla de Melilla, con los pasadores de Kert y Beur Bu-Gafar. El 15 de
abril se le destina a los Regulares de Melilla, y en octubre ya obtiene su
segunda Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo. En abril de 1914
conseguia la Cruz de Marfa Cristina; y en septiembre de 1915 la tercera
al Mérito Militar, siendo capitan.
Sus méritos se cifran en muestras de valor, disciplina y capacidad de
decision desde las primeras escaramuzas en que intervino. No era un
temerario, pero no eludia su puesto en la linea de fuego y tomaba parte
en numerosos combates sin sufrir apenas un araiiazo.
El 29 de junio de 1916 fue herido gravemente en el vientre en un
combate en El Biutz, cerca de la posicion de Kudia Federico, pero no
pudo ser trasladado al Hospital de Ceuta hasta el 15 de julio. La segunda
Cruz de Maria Cristina recompensaria aquel hecho de armas.
El 1 de enero de 1917 es destinado a los Regulares de Tetuan, y
pronto seria ascendido al empleo de comandante, con antigiiedad de un
afio. Se ha destacado por su actitud impersonal y pragmatica, su insisten-
cia en el orden y la jerarquia, y sus ejemplos de valor y de capacidad de
iniciativa le convirtieron en un buen jefe de peloton y de compajifa, a
pesar de su juventud. Ademés, ya era uno de los pocos militares espafio-
les que entonces se interesaba seriamente por los mapas, fortificaciones
y la preparacion militar de las columnas armadas; interés que desarrolla-
rd en aiios sucesivos.
En 1917 fue trasladado a la Peninsula como jefe de la Infanteria
de guarnicién en Oviedo. Aqui hubo de intervenir en la pacificacion de
la huelga minera. El Gobierno pretendia que con 150 hombres protegiese
las minas contra el sabotaje y demostrara, con la presencia de fusiles y
ametralladoras, que el Gobierno iba en serio, Este episodio pondria a
Franco en contacto con una nueva realidad:
168“Vi por mi mismo las espantosas condiciones en que los patronos
hacian trabajar a los obreros, pero al profundizar en mis indagaciones
comencé a darme cuenta de que no existfa ninguna solucién facil posible.
Por consiguiente, emprendi la lectura de libros sobre asuntos sociales
y teorfas politicas y econ6micas, para buscar alguna solucién.”
La demostracion de fuerza duré menos de una semana y la huelga,
tres semanas; pero una vez concluida, la vida de Oviedo volvio a la rutina
y Franco se dedicé a la revista de tropas, marchas y ejercicios con o sin
soldados. En septiembre de 1918 decidié asistir a un curso de tiro de
precision para oficiales superiores. Allf conocié al comandante José Mi-
Ilan Astray, hombre cadavérico y de ojos relucientes, que era trece afios
mayor. No se habian visto nunca, aunque ambos guerrearon por Marrue-
cos con los Regulares, pero en zonas opuestas, Ambos Ilegaron a una im-
portante conclusi6n: los libros de tacticas de infanteria tenian que ser
revisados, y la infanterfa adiestrada en la utilizacién del terreno para el
ataque y la defensa. Y como Millan Astray pensaba en su Legién, juzgd
“que necesitaria hombres extraordinarios, y principalmente uno que
fuese mi lugarteniente.., No pensé en otro que en Franco”.
Franco regres6 a Oviedo e intenté ingresar en la Escuela de Guerra,
pero fue rechazado por su alta graduaci6n; la Escuela era para capitanes
y tenientes. Entonces inicié sus relaciones con Carmen Polo, hija de una
familia de clase media alta. Programada la boda para el otono de 1920,
Franco recibié un telegrama de Millan Astray, que ya era teniente coro-
nel, ofreciéndole formalmente el puesto de lugarteniente en el Tercio de
Extranjeros,
Para casarse atin necesitaba el consenso real, y la maquinaria burocra-
tica tardarfa, Emprendi6 viaje a Marruecos para participar en la creacién
del Tercio. El 10 de octubre ya estaba en Ceuta y se hacia cargo de la
Primera Bandera. Los soldados le .cantarfan con el ritmo de La Madelén,
estos versos que se hicieron famosos:
El comandante Franco es un gran militar,
que aplaz6é su boda para ir a luchar.
Franco escribid un diario que cubria el perfodo entre octubre de 1920
y mayo de 1922, y lo publicé ese mismo afio bajo el titulo Diario de una
Bandera. No es un libro a mitad de camino entre el diario de guerra de
una formacion y las memorias de un oficial del Ejército. Los detractores
169sefialan que el verdadero escritor del libro fue el periodista eatalin Juan
Ferragut, cosa improbable. Ferragut, por las mismas fechas también pu-
plicd sus Memorias de un legionario, al igual que Carlos Mico publicaba
Los caballeros de la Legién. Las tres obras cuentan los mismos hechos,
mas o menos detallados segiin los protagonistas; los estilos son diferentes
y en el de Franco se evidencia la preocupacién de cuidar la imagen y dar
jos hechos dentro de un sentido que llamaria ortodoxo; es decir, el
horror es horror y no rostros ennegrecidos y famélicos entre cuerpos en-
sangrentados. Franco habla de la morita encontrada en Nador, con su
yestido albo y la mancha de sangre en el pecho a la altura del corazon:
pero otros hablan de la morilla que no pudo huir, con el fusil caliente en
Jas manos, y como toda la Compaiifa y luego toda la Bandera no la miran
con amoroso respeto, segin Franco, sino que la acuchillan al pasar. Son
matices de militar hecho a las crueldades de la guerra, y del civil metido
a guerrero, incapaz de comprender el 0 mato o me mata.
Ademas, en el libro de Franco se va perfilando una constante defensa
del sistema de ascensos por méritos como el tinico capaz de premiar y
mejorar el nivel del ejército, Hay juicios de valor sobre las acciones gue-
rreras; asi, escribié: “Examinemos nuestras conciencias, miremos nues-
tras virtudes aletargadas y encontraremos la crisis de ideales que convirtid
en derrota lo que debid ser un pequefio revés,” Franco queria que el ejér-
cito contara con las armas mejores y més modernas, y aprobé con entu-
siasmo la creacién del primer escuadrén de carros blindados en mayo
de 1922; y pese a verlos derrotados en el desierto, sefiala motivos y cir-
cunstancias por las que pueden hacerse muy efectivos. Son, pues, aprecia-
ciones de estratega, de militar muy dentro de lo que serfa su pensamiento
y la trayectoria posterior: parco en el uso de epitetos y en sus alabanzas
a otros hombres.
Franco irfa al frente de su Bandera a la defensa de Melilla. Estuvo en
Nador, en Monte Arruit y particip6 en todas las batallas que se han des-
crito anteriormente hasta la toma de Taxuda. La Bandera de Franco se
detuvo én Nador seis dias, enterrando a los muertos y poniendo fin al
caos de Ja ciudad. A partir de entonces la ofensiva se centré en la Ilegada
al rio Kert, entre las dos carreteras que desde Nador van al rio. La Bande-
ra de Franco, en particular, fue cambiada de una a otra, repetidamente,
por lo que témé parte activa en todos los encuentros importantes: el
asalto del Gurugi, que tan bien conocia de afios anteriores; la toma
de altura tras altura en la carretera norte hacia Segangan; la recaptura de
170Monte Arruit y Dar Drius, en la sur, poblados en los que se encontraron
con escenas de horror tan repugnantes como las de Nador.
La Legién sufrié importantes bajas, como ya ha ido sefialandose,
y Franco se quejo de que los hombres que le enviaban carecfan del sufi-
ciente entrenamiento. Aun asi, la Legion siguio como punta de lanza de
todo un ejército, por eso al detenerse en algunos puntos, como el campa-
mento de Segangan, Franco insistfa sobre el entrenamiento y prdcticas
de tiro; queria que sus oficiales y soldados hicieran pleno uso de la cober-
tura natural durante el avance; y crefa fervientemente en las ventajas del
ataque a la bayoneta. En su opinién, no habja otra arma que rompiese la
moral del enemigo con mayor rapidez.
Después de Taxuda, los combates de la Bandera de Franco se desarro-
Ilaron en los montes Uisan y en Ras Madua, donde los legionarios, muer-
tos de frio, sorprendieron a los bereberes en el momento de tomarse su
+6 mafianero; se lo bebieron y los desalojaron a bayoneta sin que pudie-
yan refugiarse en el pequeiio fortin de San Enrique.
Siguieron las acciones de Tauriat-Hamed, de Harcha y el castigo
infligido el 2 de diciembre a los hombres de la cabila de Beni-bu-Ifrar,
que atacaron a los ingenieros que tendian la linea telefonica. La inespe-
rada presencia de unos legionarios que cortaban lefia en Uisan hizo que,
sin armas y cumpliendo el credo legionario, se lanzasen a combatir con
los moros:
“Al llegar nos recibieron tirandonos desde uno de los aduares. Como
los moros estaban parapetados y con los pocos hombres que llevaba no
podia castigarlos, me apoderé de un ganado que se hallaba préximo y de
dos chicos pastores, mandé uno al aduar para que viniese el jefe con los
hombres armados o me Ilevaba el ganado. Llegaron cinco motos, a los
que sin dar tiempo a defenderse, desarmamos e hicimos yenir delante de
nosotros al campamento. Nos siguieron mientras crefan ir a la oficina
de Policia, pero al ver que torcfamos hacia Segangan, pretendieron huir
por un barranco. El ganado, para que no se pudiera pensar que fue el
origen del episodio, lo he entregado en la posicion de Bu-Atlaten,
Estas mismas declaraciones hicieron los demas soldados, y un rato
después, un sargento y un soldado de ingenieros vinieron a comprobar
lo sucedido; eran los que estaban tendiendo la linea telefonica y querfan
manifestar que la presencia de los legionarios les habia salvado de la
agresion.”
Luego seria la ocupacion de Tauriat-Zag y el combate sostenido para
171aleanzar la posicién de Ras Tikermin, bajo el mando del general Beren-
guer (Federico) y los coroneles Saro y Fernandez Pérez, con sus respec-
tivas columnas,
Ras Tikermin es otro de los grandes combates legionarios; alli se
muere luchando, como en los mejores momentos. “Apoyados por el
fuego de nuestras ametralladoras salen de la posicién a batir al enemigo
las compafifas 2.2 y 13.*, mientras que por la loma de la izquierda, otra
compaiiia de la Legién rebasa el flanco enemigo. Ante el avance de los legio-
narios, los moros parecen declararse en huida, y con poca resistencia las
guerrillas ocupan el frente y flanco derecho en las lomas, delante de la
posicion; pero en estos momentos el enemigo reacciona y el combate
se empefia a pocos pasos; en los fusiles de los legionarios brillan los ma-
chetes, los vivas e interjecciones se suceden: jperros!, jcobardes!...
jtoma!.., jay! Al banderin de la 13.2 compaiiia, enarbolando su bandera,
se le ve gritar. Cae a tierra; es el célebre cuentista de la compafiia citada;
el que los dias de fiesta nos entretiene con sus cuentos y canciones.
Las secciones de sostén acuden al sitio del ataque, pero, rechazadas
en este lado, tienen que retirarse y acudir al otro. Nadie piensa en recoger
las bajas; ya se hard luego; nuestros ordenanzas y agentes de enlace inter-
vienen también en la lucha.
”Un oficial cae herido o muerto; sobre él muere un legionario; los
moros ruedan por la ladera, pero el fuego sigue muy intenso. Es preciso
resolver el combate alejando al enemigo con la maniobra; pero no nos
quedan tropas; los acemileros y conductores de ametralladoras se encuen-
tran ya formando un sostén en el frente. Entonces echamos mano de los
policfas y moros adictos... La empresa no les agrada mucho, las disculpas
se suceden; no tener cartds (municiones); se las entregamos, y por un ba-
rranquito de la derecha les hacemos aparecer en su puesto sin ser vistos.
E] enemigo, al verse arnenazado por retaguardia, se declara en huida y las
ametralladoras y fusiles se encargan de perseguirle con sus fuegos por las
multiples barrancadas.
”El combate nos ha costado a la Legion seis muertos y cuarenta y un
heridos; han sido heridos los tenientes Virgilio Garcia, Toribio Marcos
y Fermin Hidalgo Ambrosy; murieron el capitan Emilio Infante Rodri-
guez y el alférez Francisco Marquina Sanchez; las bajas enemigas han sido
muy crecidas.
”Al dia siguiente, la Legion regresa al campamento de Segangan.”
Dar Drius se reconquista en los primeros dias de enero de 1922. Se
172 §comprueba que la derrota de Annual pudo ser detenida alli, lo que hubie-
se evitado las matanzas de Zeluan y Monte Arruit. Frente a la posicién se
extiende un enorme Ilano que permitia cualquier defensa. Pero ya se ha
dicho que la derrota fue més por el miedo, la ineficacia y la desorganiza-
cién de algunas fuerzas espafiolas que por la accién de los moros, olvida-
dos de sus objetivos militares para dedicarse al saqueo de los muertos y la
matanza y castracion de los heridos; en cuya accién, al parecer, también
participaron las moras,
Febrero y marzo se dedicaron a consolidar los terrenos ganados. Las
crisis politicas internas y la constante oposicion a que la guerra siguiera
su curso, una vez el honor y el prestigio nacional perdidos en Annual
habian sido recuperados, se produjo la retirada de 20.000 hombres de
Melilla, Mientras se discutia si el avance continuaba hasta Alhucemas y
Abd-el-Krim fuera castigado por su rebelién, Franco se tomé un corto
permiso para visitar a su madre en E] Ferrol.
Regres6 a tiempo de presenciar la primera utilizacién de tanques en
Africa. Fue para la batalla de Ambar. El 17 de marzo se establecié el
campamento provisional de la columna de Itihuen. Mill4n Astray tam-
bién esta presente y ofrece todos los elementos de la Legién a sus compa-
fieros, durante una cena de oficiales.
Al amanecer del 18 la Legién sale precedida de los carros de asalto,
en vanguardia de la columna. “Los carros de asalto avanzan por la ba-
rrancada anterior al aduar de Ambar. Siguen los legionarios a ocupar los
aduares, y después de breve detencion, descienden los carros por el pro-
fundo barranco que separa Ambar de la Loma Alta, conocida mds tarde
con el triste nombre de “loma de los ataques”. Las guerrillas de la
Legion ascienden las cortadas laderas y toman posiciones pasado el
barranco.
”Los tanques, que se adelantaron unos ochocientos metros delante
de nuestras guerrillas, desaparecen un rato de la vista; cuando reaparecen,
los moros les rodean arrojandoles piedras; furiosos, tratan de luchar con
el nuevo elemento de combate; buscan el angulo muerto de sus ametra-
lladoras, pero intitilmente, muchos caen acribillados por sus fuegos.
Un carro regresa a la guerrilla; la ametralladora se encuentra inte-
rrumpida. No es extrafio, el dia anterior fueron desempacadas y coloca-
das en el carro, y el personal, que debiera estar muy practico en su
conocimiento, no parece estarlo. El apuntador llega levemente herido;
un moro metié por la mirilla una gumia, hiriéndole ligeramente.
173*Los moros, escarmentados de su primer ataque contra los tanques,
esperan ocultos en las barrancadas el momento del repliegue.
“Las guerrillas siguen durante el dia en fuego con el enemigo, y ter-
minada la fortificacion de las posiciones, el grueso de la columna se
repliega a Itihuen, mientras la, vanguardia ha de retirarse sobre la posicion
de Ambar. El teniente Comparred, de la 13." compaiifa, ha sido herido.
*Los carros de asalto, que hace unos momentos se encontraban a la
altura de las guerrillas, se han de replegar a retaguardia de las mismas, evi-
tando que el enemigo se eche encima, mientras las tropas cruzan las pro-
fundas barrancadas.
*Empezando el repliegue, el enemigo, muy numeroso, ataca por
todas partes y el combate se entabla duro; en estos momentos, cuando
las tiltimas unidades de legionarios han cruzado el barranco, ven a las
guarniciones abandonar los tanques y correr cuesta abajo por la loma.
Los legionarios recogen al capitan de los tanques y un soldado herido
y entran en la posicién. El enemigo ataca duramente y se encuentra en
algunos puntos cerca de las alambradas; los defensores les hacen nutridas
descargas, que les causan muchas bajas.
”En estos momentos, al bravo comandante Fontanés, que manda la
2.* Bandera durante toda la campaiia, le traen herido de un balazo en el
vientre; a su lado viene su ayudante, el teniente Lizcano, también herido,
mientras a lo lejos los moros se agrupan rodeando los tanques, las som-
bras de la noche impiden ver a distancia y las posiciones rechazan el
ataque.
“EI Padre Antonio Vidal, escolapio, agregado voluntario a la Legion,
muere gloriosamente.
*La noche es triste en Ambar; el comandante Fontanés esta muy
grave, y todos saben lo que significa una herida de vientre con el hospital
tan lejos. El doctor Pagés es toda la preocupacion del herido; él podria
salvarle. En la Legi6n se siente admiracion por este notable cirujano, que
ha librado a tantos legionarios de una segura muerte. Por esto piensa en
Pagés el bravo Comandante de la 2.* Bandera.
En la madrugada del 20 muere en la posicién el heroico Comandan-
te. La Legién esta de luto, ha perdido uno de sus mejores jefes y los
soldados estan tristes; sus ojos no Iloran porque en sus cuencas ya no
quedan lagrimas.”
Los tanques fueron abandonados porque se les acabé el combustible...
para gran satisfaccién de los oficiales conservadores que aseguraban que
174no servirfan para Marruecos. Franco, por el contrario, veia en ellos gran-
des posibilidades. Aseguraba que “son de gran aplicacion en esta guerra”;
pero debieran tener como los utilizados por los ejércitos europeos, doble
ametralladora, en vez de una sola, que se encasquilla a la mas minima.
Y afiade que la Hotchkiss no era mala, pero necesitaba “una cartuchera
seleccionada que disminuya las interrupciones tan frecuentes en nuestras
unidades de ametralladoras, por las municiones tan diversas que se em-
plean”.
El tema de las municiones, tan mencionado por Mola, Vigon, Beren-
guer y cuantos tenfan la experiencia de encontrarse ante el enemigo
indefenso por la falla del material.
Franco, ademas, pensaba que el enemigo atin no tenia con qué dete-
ner a los tanques, causando a los harquefios hondo quebranto. Pero de-
bran ser manejados por personal perfectamente adiestrado; y debian
desarrollarse tacticas de mutuo apoyo entre tanques e infantes, “La cons-
truccién de un tanque ligero, con mds de un tirador, especial para
Marruecos, aumentaria la eficacia y radio de accion de esta arma... No
hay que olvidar que lo mas caro en esta guerra no es el material, sino los
hombres.”
También habra de sefialar, amargamente, que en aquella campaiia no
pudo disponerse de granadas de mano ni de fusiles, aun siendo estas
armas vitales en la defensa de los blocaos. Sus hombres tuvieron que im-
provisarlas con clavos, latas de comida y pélvora. Sin embargo, sus criti-
cas principales cayeron contra los hombres: “La calidad y no el nimero
de tropas han de dar la solucion al problema... Para organizar este ejérci-
to, base legionarios o base regulares, hace falta que los banderines engan-
chen voluntarios, que las leyes que se dicten beneficien el voluntariado
y que en la vida militar encuentran los soldados los periddicos descansos
y el relativo bienestar de las tropas coloniales.
Su calidad no depende s6lo de la materia prima. El soldado volun-
tario es como todos los soldados, y lo que mejora su calidad es la elec-
cion de cuadros, el poder llevar a ellos una oficialidad entusiasta y vale-
rosa que les eduque en un credo de ideales, que no ha de sostenerse con
unos pufiados de pesetas. Es necesario el estfmulo, que los oficiales se
especialicen en la guerra, que conozcan al enemigo y que no suefien con
el momento de regresar a la Peninsula.”
Son ideas expuestas en 1922 que
mera ocasin propicia, y tuvo bastantes.
poniendo en practica a la pri-
175En junio de 1922, el general Sanjurjo le receomendé para su ascenso
a teniente coronel por su comportamiento en la toma de Nador. Beren-
guer, para la Medalla Militar y la promoci6n; pero Franco no logré el as-
censo. La excusa fue que no habia mas promociones por conducta distin-
guida en la batalla, mientras durase el asunto de responsabilidades por el
desastre de Annual.
En agosto, sin embargo, se concedié la Medalla Militar Colectiva al
Tercio de Extranjeros por su actuacién en la campafia de Melilla. En oc-
tubre, formara en la vanguardia de la columna Coronel para ocupar Tizi
Azza, una encumbrada posicién en el elevado puerto del mismo nombre.
El 28, el dia que lo ocupamos, decfa un oficial de Intendencia: “Los
convoyes aqui, van a ser de pelicula”; y en efecto, tragicas e interesantes
peliculas pudieron filmarse en los caminos y senderos que conducian
a Tizi-Alma, Norte, Benitez y demés filiales de la principal de Tizi Azza.
Y el coronel Mateo atin sefiala: “Era el 2 de noviembre y el dia ante-
rior habiamos tenido una verdadera funcién de gala pues los Reni-Urria-
guel, reaccionando de la sorpresa que les produjo la ocupacion del colla-
do, cayeron violentamente sobre nosotros y hubo sangre abundante.
Sobre todo la avanzadilla de Tizi-Alma con casi la mitad de’su contingen-
te en bajas, vio desmoronarse, el parapeto con las granadas de mano ene-
migas, y vio también cémo desaparecfa la alambrada arrastrada, desde
un dngulo muerto, por los cabilefios que como muestra de audacia deja-
ron —rara avis— cinco muertos en dicha alambrada. Pasada la noche en
alarmas y precauciones, llegd el convoy de agua en las primeras horas
de la mafiana y al mismo tiempo se presenté un grupo de diez legionarios
al mando de un cabo. A mis preguntas contesté la clase en la mas correc-
ta postura militar:
“—Si, sefior, mi teniente coronel, venimos a defender esa avanzada
donde se muere. Asi nos lo ha dicho nuestro Jefe, que nos abrazo, y esta-
mos dispuestos a cumplirlo.”
En este fuerte permanecié algin tiempo Franco con su Randera,
hasta que al ascender Millan Astray y hacerse cargo de la Legion el
teniente coronel Valenzuela, se le destina al Regimiento de Infanterfa
del Principe, nimero 3, de Oviedo.
El 12 de enero de 1923 se le impone la Medalla Militar en el campa-
mento de Dar Drius y a final de mes va a incorporarse a su nuevo destino,
mientras el rey le nombra gentilhombre de cémara con ejercicio. Pero
Franco acude a El Ferrol para visitar a su madre. No llega a Oviedo hasta
176el 21 de marzo, donde le espera su novia Carmen Polo. Franco es recibi-
do con grandes honores, banquetes, cenas y otras reuniones sociales, Pero
el rey atin no ha dado su consentimiento para el enlace.
En Marruecos sigue en pie la guerra. Los dias 28, 29 y 31 de mayo
la 1.2, 2.4 y 4.* Banderas de la Legién tuvieron que ponerse en vanguar-
dia de las columnas para levantar el cerco que los moros habian puesto
a todas las posiciones del sector de Tizi Azza. Habia que llevar viveres
a dicho fuerte y al blocao de Benitez. Se entraba a la bayoneta para
ocupar las trincheras. Los descalabros eran grandes.
Rafael de Valenzuela y Urzaiz era el jefe de la Legion: hombre alto
y fuerte, de recia fisonomia. Formado en la heroica oficialidad africana,
con el coraz6n prendado del Rif, no habia podido vivir en su noble casa
madrilefia mientras sus compatriotas peleaban en Marruecos. Disfrutaba
de corta licencia en Madrid, y al conocer los descalabros de Tiz Azza, se
traslad6 apresuradamente a ‘Africa.
En la tarde del 4 de junio llegé a Tafersit y encontré reunidas las
Banderas 1.*, 2." y 4.*. El coronel que mandaba la columna le informé
que algunos caides le habian hecho saber que las tropas moras estaban
desmoralizadas. Ordené a Valenzuela que a la mafiana siguiente ocupase
Pefia Tahuarda. El Jefe del Tercio dudaba mucho de la sinceridad rifefia,
pero salia tranquilo y resuelto a cumplir el Credo legionario: “obedecer
hasta morir”’.
“Agquella misma noche, a las dos, entré en la tienda del capellan.
Confes6 y comulgé el caballero santiaguista y después elevé aquella voz
inolvidable, ante su tropa formada:
”—Mafiana salvaremos a nuestros compaiieros de Tizi Azza; mafiana
entraré el convoy o yo pereceré. Majfiana ejecutaremos esta hazafia, por-
que nuestra raza no ha muerto atin.”
Pefia Tahuarda se destaca a quinientos metros al oeste de Sidi Me-
saud. Para llegar habia que dominar Loma Roja y descender luego el
barranco que, como trinchera natural, se extiende desde el pie de Tahuar-
da hasta el Cerro del Iguemiren. Era el baluarte mas defendido por el
enemigo,
Las primeras luces del dia 5 vieron cémo las Banderas empujaban de
modo irresistible al adversario, invisible, rompiendo un fuego nutrido y
constante. El terreno era muy quebrado y el avance dificil y sangriento,
Asf llegaron los nuestros hasta el barranco de Loma Roja, donde el ene-
migo habia encontrado un formidable foso natural defendido por los
177innumerables parapetos de rocas, aristas del terreno y pequefas hondona-
das de las rapidas vertientes. Alli se detuvo el avance; el nimero de bajas
aumentaba por momentos y las Banderas tomaron un respiro antes de
emprender el supremo esfuerzo.
La situacién era violentisima; toda la linea espafiola volvié a tener
a su vista la imagen del fracaso que presidié las operaciones de dias ante-
riores. Pero “el legionario vence siempre, nunca retrocede”. Y Valenzue-
la, con la pistola en la diestra y en la mano izquierda el bast6n de mando
y el gorro, se lanz6 al asalto al grito de ;Viva la Legién! ; Adelante!
Le siguen los fieles auxiliares del mando, los enlaces, cuando se
produce la mas violenta réfaga de fuego enemigo que barre la cresta,
jNada queda en pie y los camilleros, casi una seccién de hombres, van a
engrandecer alli el holocausto!
“Pero el convoy entré en Tizi Azza. Por eso, tras los vivas reglamen-
tarios, ofmos casi siempre el ;Viva Valenzuela!’”, termina diciendo el
coronel Mateo,
La muerte de Valenzuela supuso el ascenso inmediato a teniente
coronel de Franco, 8 de junio, con antigiiedad al 31 de enero del aiio
anterior. Y su consiguiente nombramiento como Jefe de la Legion. El
19 de junio vuelve a estar en Ceuta, posponiendo de nuevo su boda.
Su regreso inyect6é nueva vida en la Legion. Su presencia era conside-
rada como augurio de buena suerte y el valor moral en seguida tuvo su
demostracion, El 2 de julio, a punto de parecer sitiado un puesto avanza-
do sometido a cerco, se le heliografié un mensaje en el que se deca que
Franco estaba de regreso. Aquello resulté suficiente para el alférez que
resistfa con unos pocos soldados.
Ese mismo dia se publicé oficialmente la noticia de que el rey con-
sentia al matrimonio de Franco con dofia Maria del Carmen Polo Marti-
nez Valdés.
En agosto y después de varios intentos los dias 17, 18 y 22 por soco-
rrer el puesto avanzado de Tifaurin, donde los moros se desplegaron con
desacostumbrado nimero de hombres, Franco decidié utilizar una Ban-
dera para fintar con un ataque frontal mientras él, con otra, daba un
amplio rodeo y atacaba por detrds al enemigo. Las bajas moras fueron
muy numerosas, pero pudo liberarse a los cercados.
El 13 de septiembre el Capitan General de Catalufia, el general Primo
de Rivera, se levanté contra el Gobierno. El de Zaragoza se puso a su
lado, lo mismo que Martinez Anido, que era Gobernador Militar en Afri-
178ca, pero estaba en San Sebastian. Sanjurjo, su subordinado, declaré a
favor de los insurgentes. La guarnicién de Valencia se mantuvo al lado
del Gobierno; la de Madrid esperé las 6rdenes del Rey. Este ordené la
aceptacion de Primo de Rivera como nuevo dirigente de Espafia.
Como se gozaba de tranquilidad en todos los frentes de Marruecos
se concedieron 40 dias de permiso a Franco para contraer matrimonio,
Se celebré el 16 de octubre. De regreso a Marruecos, tuvo una entrevista
con Primo de Rivera, que prometié desplazarse al protectorado para
hacerse cargo de la situacion.
Hasta marzo de 1924, las condiciones climatologicas redujeron la
actividad militar. No obstante, Franco se dedicd a dar impulso a las
yealizaciones de Dar Riffien; aquélla era la cuna, el manantial inagotable
del que salfan los nuevos legionarios para incorporarse a las Banderas.
También se cuidé de Tahuima, en las cercanfas de Nador, que se cons-
truy6 a semejanza de Dar Riffien.
Abd-el-Krim, por su parte, no permanecié inactivo. Se habia conver:
tido en algo mas que un rebelde cabilefio. Dio buena utilizacion a las
enormes cantidades de material bélico capturado. Los rusos le enviaron
un coronel de Artillerfa, Serge Kuguschev, para adiestrar a sus hombres
en el uso de los cationes Schneider, de 75 y 105 milfmetros. Cabila tras
cabila habian aceptado la jefatura de Abd-el-Krim. Le pagaban tributos
y él se autocalificaba Emir del Rif y Jefe del Estado del Rif. Su oro
—proviniese de los tributos o del rescate de prisioneros— era satisfactorio
para los fabricantes de armas de Inglaterra, Francia y Checoslovaquia.
Contaba con un ejército comparable al de los espafioles; y pensaba avan-
za con esas tropas y extenderlas hacia el este y el oeste. A mediados
de 1924 era duefio de todo el Marruecos espaiiol, excepto el cuadrilatero
de la parte oriental reconquistado después de Annual y las poblaciones
de Larache, Xauen, Tetuan y Ceuta.
El 4 de julio, Franco sale con su Bandera y logra romper el cerco que
mantienen los moros a Koba Darsa, socorriendo a los sitiados después de
un sostenido combate. Las cosas parecieron estabilizarse, porque Primo
de Rivera llegaba de visita a Marruecos. El 13 estaba en Melilla y el 19
Franco se lo llevé a Dar Drius, y luego a Ben-Tieb, para que presidiese
Ja parada y revista de las unidades de la Legion, seguidas de un desfile
marcial que acredito la bizarria y buena preparacién de los legionarios.
Estaban de guarnicidn la 2.*, 3.3 y 4.* Banderas.
El general almorzé con los oficiales en un barracén de tropa habili-
179tado al efecto, y alli pronuncié un apasionado discurso. La cireunstancia
era muy especial, y segiin relata Garefa Serrano, se le puso un meni com-
puesto solamente de huevos, preparados de muy diversas maneras: fritos,
escalfados, cocidos, tortillas, La comida ademas de curiosa era revelado-
ra. Un gran cartel situado frente a la mesa, decfa: “jEI de la Legion es
acometividad!” Mientras se le hizo inspeccionar el campamento se le ha-
bia leido el Credo de los legionarios, y ante el articulo que dice: “El
espiritu del legionario es de ciega y feroz acometividad: de buscar acortar
la distancia con el enemigo”. Primo de Rivera sugirié que debfa decir:
“El espiritu del legionario debe ser de ciega obediencia a las ordenes.”
El hecho era que Primo de Rivera habia Ilegado para saber si Espafia
debra hacer un decidido esfuerzo y conquistar el Protectorado, o bien
abandonarlo. Como todo no podfa ser, decidié que serfa nada. Habia que
abandonar. El discurso de Franco sefialé: “Este Ejército no habia hecho
mas que combatir kilometro a kilémetro bajo toda clase de inclemencias
y de peligros, sin una queja, simplemente por patriotismo; abandonar el
terreno trabajosamente conquistado seria doloroso para estos oficiales
y estas tropas, puesto que en él esta la sangre derramada y se pudren los
huesos de tantos compaieros caidos en cumplimiento de un deber mas
que servido, amado, y la Legién esta dispuesta a entregarse hasta el iilti-
mo hombre a la pacificacién de este Marruecos tan querido como ol-
vidado.”
Primo de Rivera prometié estudiar el tema mas a fondo y pensar en
el plan de Alhucemas: foco de la rebelién antiespaiiola, el camino a Fez,
la salida corta al Mediterrdneo, “y alli esta la clave de muchas propagan-
das que terminardn el dia que sentemos el pie en aquella costa”, segiin
expresién del propio Franco,
Apenas se hubo marchado Primo de Rivera, los rifefios desencadena-
ron una gran ofensiva en los dos frentes. La carretera Tanger-Tetudn
quedo cortada y el mismo Tetudn fue amenazado. La 5.* y 6." Banderas
salieron apresuradamente de sus posiciones para detener al enemigo a las
puertas de Tetuan.
Ha llegado el momento Algido para la Legion. No puede descansar
sobre sus laureles tan bien ganados. Todo el pais esta en franca rebeldia.
Los asedios a las posiciones son frecuentes y las Banderas cambian cons-
tantemente de lugar para acudir a prestar sus servicios en los puntos mas.
diversos.
Primo de Rivera ordena el rescate de los espafioles aislados en Xauen.
180En la cuenca del rio Lau se combate encarnizadamente; en la zona de
Larache otra Bandera rinde hasta el tiltimo de sus esfuerzos; Franco sale
con las restantes, formando en la vanguardia de la columna de socorro
que el 23 de septiembre salié de Tetuan. Se abrieron paso batallando.
Llegaron a Xauen diezmadas, el 2 de octubre, Ni se les habfa concedido
cuartel ni lo dieron.
Fueron evacuados los destacamentos situados mas all4 de Xauen. Los
puestos carecian de trincheras de reserva, de alambres de espino y de
precauciones contra los ataques repentinos, Estaban tan aislados unos
de otros que fuerzas de la Legion tuvieron que salir de Xauen a cubrir su
retirada individual. El 5 de noviembre evacuaron las tropas peninsulares
y quedaron las cinco Banderas para recoger a todos los civiles, espafioles,
judfos o marroquies, y sacarlos en los camiones preparados al efecto.
Franco sugirid al jefe de la columna Castro Girona, que el regreso
a Tetudn se hiciese de noche. Castro concedié permiso y el 17 salieron
sigilosamente de la ciudad santa. Costé cuatro semanas recorrer 64 kil6-
metros, pero se lleg6 a Tetudn con 10.000 hombres de Xauen y con los
pequefios destacamentos diseminados a Io largo del camino, sanos y
salvos.
Aquella tremenda retirada por un terreno anfractuoso, bajo las incle-
mencias del tiempo, acosados constantemente por un enemigo envalen-
tonado que cree abandono y derrota lo que sdlo era un edlculo meditado
del Mando. Franco habfa obedecido a Primo de Rivera, pero no aprobaba
el abandono de un terreno tan duramente ganado, y escribid un articulo
en la Revista de Tropas Coloniales sobre la tristeza que producia abando-
nar Xauen.
Primo de Rivera habria de recompensarle. Primero se le concedié la
cuarta Cruz al Mérito Militar y el 7 de febrero de 1925 le ascendia a
coronel, con antigiiedad de enero de 1924. Puesto que ya le correspondia
por estar al mando de una fuerza constituida por cinco batallones.
Con Xauen en sus manos, Abd-el-Krim se encontraba en pleno triun-
fo. Comenzé el afio capturando al Raisuni, que habia hecho la paz con
los espafioles al temer mas a su hermano drabe. Entonces Abd-el-Krim
se dirigio hacia el sur, a Fez. Los franceses, para detenerle, desplegaron
18 batallones de Infanterfa, 6 escuadrones de Caballeria y 12 baterfas,
Francia y Espafia enterraron el hacha de guerra y acordaron una accién
conjunta contra el rebelde. Petain, entonces comandante del Ejército
francés, se dirigid apresuradamente a Fez y estabilizé el frente; luego se
181entrevist6 con Primo de Rivera en Algeciras y acordaron una ofensiva
combinada. Un ejército francés de 160.000 hombres, en su mayorfa
coloniales, atacarian desde el sur; Espaiia pondria en accién 75.000 hom-
bres, casi todos europeos. Los espafioles debian desembarcar en la bahia
de Alhucemas y avanzar desde el rectaéngulo de Melilla. El plan de Franco
iba a someterse a prueba.
Pero Franco ya estaba obteniendo buenos resultados con su muestra
de acatamiento a la retirada, porque durante ese invierno de 1924-1925,
el Estado Mayor puso énfasis en el tema de elevar el nivel de las fuerzas
que luchaban en Marruecos; como no podia conseguirse en pocos meses,
Primo de Rivera empezé a apoyar a la pequefia minorfa de oficiales
combativos y a las unidades de choque que mandaban. Asf se concedié
mayor atenci6n al Tercio.
Se habfan reclutado 800 voluntarios alemanes en Hamburgo durante
la crisis social de 1923, y en mayo de 1925 surgia la 7.2 Bandera de la
Legion.
Como Franco hab‘a sido ascendido a coronel y se le confirmé en su
puesto de comandante en jefe del Tercio, a éste se le concedié mejor
equipo. Fueron aumentados los sueldos de los oficiales y soldados que
ya resultaban relativamente altos respecto a otras unidades. En Tahuima
se remodelé la granja agropecuaria, como en Dar Riftfien, y los legiona-
rios, mientras no estaban en campaiia, disponian del mejor rancho que
les proporcionaba el cultivo de cereales, leguminosas, raices y toda clase
de horticultura.
La disciplina y las costumbres seguian siendo brutales, pero el espi-
ritu del Cuerpo mejoraba y cada vez eran mas raras las ejecuciones por
insubordinaci6n. Ciertos escdndalos, como oficiales del Tercio asesinados
por la espalda por sus propias tropas, habyan sido olvidados. La teoria de
Franco acerca de oficiales capaces de jugarsela al frente de sus soldados,
imponia respeto y disciplina. Ademas, el resto del ejército, inadecuada-
mente atendido, miraba con envidia a los legionarios, y esto enorgullecia
a los componentes del Cuerpo.
E] desembarco quedo planeado. Una brigada de 5 6 6.000 hombres
saldria de Ceuta y otra de Melilla, al mando de Sanjurjo. La de Ceuta
desembarcaria primero. Franco encabezaria el desembarco de diez tan-
ques ligeros, dos Banderas de la Legién, tres batallones de Regulares, un
grupo de montaiia y dos compafifas de zapadores.
E] 8 de septiembre de 1925 la 6.* y 7.* Banderas, las mas jovenes de
182la Legién, ponen pie en Morro Nuevo y en La Cebadilla, afirmandose
rotundamente en el umbral de la rebelde Beni-Urriaguel. Una Bandera
capturé una de las baterias que protegian la playa, y la otra, la segunda.
El bombardeo premilitar no habia acabado con ellas, ni alejado a los
moros del area de Alhucemas. Se produjeron momentos de ansiedad en
el frente derecho, donde operaban los Regulares, y volvié a ponerse de
relieve la fragilidad de la organizacion espajiola: la artillerfa resulté insu-
ficiente y las municiones empezaron a escasear. A mediodia apenas si
habian desembarcado 10.000 hombres y ya se tenfan 50 bajas en una
penetracién de poco mas de un kilémetro.
Una vez asegurado el desembarco, Primo de Rivera decidi6 acudir en
defensa de Tetuan, a donde el cabecilla habia enviado nutridas y ague-
rridas harcas que sitiaban la posicién de Kudia Tahar, llave del macizo
de Gorgues, que con su altura y picos escarpados domina la plaza de
Tetudn, cabecera del Protectorado.
La Legién esta preparada y en los mismos buques que les condujeron
a Alhucemas, la 2.* y 3.* Banderas marchan a Ceuta; desde alli, por
ferrocarril, a Tetudén a emprender la titdnica tarea de quebrantar el for-
midable cingulo que los harquefios han tendido a Kudia Tahar. Tras tres
dias de combates inauditos, 11, 12 y 18 de septiembre, la posicion es
liberada y la harea enemiga perece a manos de los legionarios. Al pasar
revista a una de las unidades del Tercio, el dictador quedo desagradable-
mente sorprendido al ver varias cabezas de moros clavadas en las bayo-
netas, e hizo duros reproches por esta costumbre.
Alli ganarfa la Cruz de San Fernando el comandante Garefa Escdmez:
caeria mortalmente herido el teniente Real, con buen nimero de legiona-
rios de su seccién, Se luché ferozmente, a culatazos, tiros a quemarropa
y cuchilladas,
El 22 de septiembre se reanudé el avance en Alhucemas; cuando se
hizo, los morteros de Abd-el-Krim comenzaron a causar grandes bajas
entre las tropas espafiolas. Franco volvié a poner dos Banderas del Tercio
en marcha, abriendo camino, con varias compafifas de Regulares cubrien-
do el flanco izquierdo; y se empez6 una decidida progresion allanando
obstaculos y peleando contra lo mas selecto y valeroso de las huestes
rifefias: Monte Malmusi, Morro Viejo, Las Palomas, Amekran, son los
jalones conquistados a tanto precio. Se llega a formar una formidable
linea de defensa, donde se sufren los ataques, no siempre infructuosos,
del contrario.
183Los espafioles sufrieron muchas bajas durante la primera semana de
ofensiva, pero el avance resulté eficaz, bien apoyado y relativamente bien
organizado. El 30 de septiembre los rifefios se retiraron, incendiando
Axdir, su capital, que habia sido sitiada, estrangulando sus posibilidades
de resistencia.
En enero de 1926 se da vida a la 8.* Bandera, que Ilevara las armas
de Cristébal Colon, el Almirante. En febrero, Franco es ascendido al
empleo de general de Brigada. En abril, se le destinaré a Madrid, pues
tedricamente ya esta separado de la Legion; pero atin contard con ella
en el futuro para resolver situaciones mas comprometidas para la historia
espafiola mds reciente.
Millan Astray recuperaria la Legién de manos de Franco. Contaba
entonces con ocho Banderas y 5.000 hombres, entre oficiales y tropa.
Serd comandante en jefe del Tercio hasta el 18 de julio de 1927 en que
también fue ascendido al empleo de general de Brigada.
184LAS GLORIAS LEGIONARIAS
La Legién, sin embargo, no ha concluido su tarea. Es cierto que
después del desembarco de Alhucemas, y del lapso impuesto por el in-
vierno las actividades no fueron muy prodigas. Pero en mayo de 1926,
tras recobrar las fuerzas perdidas, la Legién, en rapidos y cruentos avan-
ces, acabé ocupando toda la zona insumisa.
Abd-el-Krim, el rebelde, ya no tenia terreno suficiente para escapar
a la accién de las fuerzas espafiolas, Su lugarteniente, Ahmed-el-Kheriro,
que en febrero habia lanzado un ataque contra Tetuan en un intento de
resquebrajar la moral de los espajioles, volvié a ser dispersado con todas
sus fuerzas en un avance que se hizo hacia Xauen. Luego, la columna del
yeterano Castro Girona, desde el sudeste de Axdir, destruy6 los restos
del harca de Abd-el-Krim. Este opt6 por acogerse a las autoridades fran-
cesas, que lo desterraron a la isla de La Reuni6n.
Una columna mandada por el comandante Capaz atravesé el sector
de la Gomara, al oeste del Rif, mientras que otras fuerzas espatiolas
procedentes de Larache completaron la ocupacién de la Yebala meridio-
nal. Sin embargo, la rendicién de Abd-el-Krim no implicé la desbandada
de todas las fuerzas hostiles al Protectorado. Los moros todavia no
185creian en la certeza del hecho consumado, y aqui y alla entablan peque-
ios combates que mantienen a los espafioles en operaciones a escala
reducida durante otro afio.
En todos o casi todos los puntos, las Banderas de la Legion habran
de hacer un papel preponderante. En marzo de 1927 ain saltaran chispa-
zos de rebeldia en las zonas de Ketama y Senhaya, a donde los legiona-
rios, en union de otras fuerzas, acudiran para exiinguir el fuego. Sanjurjo,
que habra sido nombrado Alto Comisario tras el triunfo de Alhucemas,
pudo informar el 10 de julio de 1927 que la pacificacién del Protectora-
do habia concluido.
En los siete afios de combate en Marruecos, el Tercio habya sufrido
un total de 8.096 bajas (2.000 muertos y 6.096 heridos), entre los
20.983 jefes, oficiales y soldados que sirvieron a lo largo de esos afios
en todas las Banderas.
Participaron en 899 hechos de armas, destacando entre las operacio-
nes mds importantes, las siguientes:
1921, 8 septiembre
14 septiembre
17 septiembre
Casabona
Blocao de la Muerte (Mezquita)
Nador
2octubre . Sebt y Ulad-Dau
10 octubre . Taxuda
1922, 18 marzo Ambar
1923, 5julio.... Tizi-Azza
17 agosto Tifarauin
1924, 7,10, 11 y 12 mayo. Sidi-Mesaud
4julio.... Kobba-Darsa
26 agosto .. Afrau
2 septiembre Gorgues
23 septiembre . Aforit
28 septiembre . Xauen
1925, 8 septiembre .
186
26 octubre ...
18 noviembre
19 noviembre .
10 diciembre .
11 septiembre .
23 septiembre .
Mura-Tahar y Draa-el-Aseff
Dar-Akoba
Xeruta
Zoco el Arbaa
Desembarco de Alhucemas
Kudia Tahar
Monte Malmusi1925, 30 septiembre
1926, 4marzo ..
8 mayo...
26 mayo .
1927, 15 junio .
Las Palomas
Loma Redonda
Asgar y Los Morabos
Beni-Madan
Kudia-Sebaa
En todas estas operaciones la Legién escribid paginas brillantes,
donde los infantes heroicos, como les decia Franco, vivieron hechos
gloriosos para el Ejército de Espafia, que mas tarde se silenciaron, por
humanos egoismos, ignordndose los mejores soldados.
Solo en los primeros quince meses de existencia, la Legion contd
con 874 legionarios, de la clase de tropa, heridos. Y entre los jefes y ofi-
ciales, algunos lo fueron varias veces. Sus nombres han sido recordados
en el orden de sus acciones:
Capitan Antonio Alcubilla Pérez; alférez Guillermo Ruiz Casaus;
capitan Pablo Arredondo Acufia; capitan Joaquin Rfos Capapé: teniente
Toribio Marcos Jimeno; teniente Sebastidn Vila Olaria; teniente Juan
Sanz Prieto; alférez José Manso Vaquer; teniente coronel José Millan
Astray; teniente Federico de la Cruz Lacaci; capitan Francisco Franco Sal-
gado; capitan Alfonso Beorlegui Canet; teniente Rafael Montero Brochs;
teniente José Calvacho Petano; teniente Francisco Urzaiz Guzman; tenien-
te Federico de la Cruz Lacaci; alférez Carlos Espaiia Gutiérrez: coman-
dante Carlos Rodriguez Fontanés; capitin Antonio Alcubilla Pérez;
teniente Gabriel Navarrete Navarrete; teniente Pedro Echevarria Esqui-
vel; teniente Juan Monco Dfaz; teniente Emilio Pérez Mercader; teniente
Fernando Lizcano de la Rosa; capitan Pedro Jarefio Hernandez; capitan
Alfonso Beorlegui Canet; teniente Guillermo Ruiz Casaus; teniente Artu-
ro Dalias Chantre; alférez Antonio Fuentes Cascajares; alférez Jestis
Rubio Villanueva; alférez Antonio Cejudo Belmonte; capitan José Peiia-
rredonda Fernandez; capitan Francisco Pérez Tajueco; teniente Camilo
Menéndez Tolosa; alférez Julio Compagni Fernandez; alférez Juan Ben-
nasar Bisquerra; alférez Francisco Revuelta Blanco: capitan Eduardo
Malagon Pardo; teniente Bernardo Salgado Fernandez; teniente Juan
Cisneros Carranza; alférez Fernando Villalba Rubio; capitan Siro Alonso
Alonso; teniente Manuel Pérez Moreno; teniente Alfredo Montes Garcia;
capitan Alfonso Beorlegui Canet; alférez Manuel Diaz Criado: capitan
Luis Valcaézar Crespo; teniente Amador Gallego; alférez Justo Dias Ra-
bago; teniente Fermin Hidalgo Ambrosy; teniente Toribio Marco Jime-
187no; teniente Virgilio Garefa Sanz; comandante Juan de Liniers y Murgui-
ro; teniente Jesiis Teijeiro Gonzalez; alférez Manuel Gallart Martinez;
capitan Manuel Guarido Vergara; teniente coronel José Millan Astray;
teniente José Martinez Gonzalez; capitan Luis Rueda y alférez Francisco
Compaired.
En ese mismo perfodo, los muertos se cifraron en 236 hombres de la
clase de tropa. Entre los oficiales y jefes, cayeron:
Capitan Pompilio Martinez Zaldivar, 5-4-21.
Teniente Manuel Torres Menéndez, 29-6-21, en Bujarrat (Tetudn).
Teniente Miguel Valero Marzo, 15-8-21, en Sidi-Amaran (Melilla).
Teniente Martin Penche Martinez, 8-9-21, en Casabona (Melilla).
Teniente Eduardo Agulla Jiménez, 7-10-21, en Sebt y Ulad-Dau.
Teniente Juan Ochoa Olaya, 5-10-21, en Atlaten.
Teniente Antonio Rodriguez Cifuentes, 10-10-21, en Taxuda.
Capitan Eduardo Cobo Gémez, 11-10-21, en Taxuda.
Teniente Joaquin Moore de Pedro, 12-10-21, en Taxuda.
Alférez Julio Argiiello Brage, 27-10-21, en Monte Magan (Gomara).
Alférez Carlos Garcia Fernandez, 29-10-21, en Monte Magan (Go-
mara).
Teniente Enrique Agudo Lépez, 2-11-21, en Taxuda (Melilla).
Capitan Miguel Gasc6n Aquiles, 11-11-21, en Uad-Lau (Tetuan).
Capitan Emilio Infantes Rodriguez, 22-12-21, en Tikermin (Melilla).
Alférez Francisco Marquina Sanchez, 22-12-21, en Tikermin (Melilla).
Teniente Horacio Pascual Lascuevas, 10-1-22, blocao Gomez Arteche.
Alférez Manuel Salvador Claverfas, 10-1-22, blocao Gomez Arteche.
Alférez Abelardo Villar Alvarez, 10-1-22, blocao Gomez Arteche.
Y los alféreces: José Urefia Sellés, Haguma-ben-Ibara y Alvarez Sola-
neza, entre otros varios,
Algunos de estos combatientes obtuvieron recompensas por sus méri-
tos de guerra; otros, simplemente, murieron, y acaso un compafiero entre
los muchos poetas que desfilaron por la Legion, ha cantado su valia y su
presencia legionaria.
Las recompensas obtenidas por los Jefes y Oficiales, fueron:
Laureadas 11
Medallas Militares 20
Ascensos....... : 155
Cruces de Maria Cristina... ......... 00. cee eee eee eee 244
188Cruces al Mérito Militar i 631
Cruces al Mérito Naval 3
Medallas de Sufrimiento por la Patria . . 215
Caballeros Legion de Honor francesa 5
Cruces de Guerra del Ejército francés . . 3
Las recompensas obtenidas por los legionarios, fueron:
Laureadas 1
Medallas Militares a7
Ascensos: todos por méritos de guerra
Cruces de Maria Cristina Sarena ©» 123
Cruces Mérito Militar rojas pensionadas 2.097
Cruces Mérito Militar rojas sencillas 11.540
Cruces del Mérito Naval ....... 30
Medallas de Sufrimiento por la Patria 3.391
Cruces de Guerra del Ejército francés 19
Las Banderas de la Legién también obtuvieron su recompensa por
méritos de guerra: 2 Medallas Militares; 1 Cruz de Guerra del Ejérci-
to francés con palma de Oro; 1 citacién en la Orden General del Ejército
francés.
Las Cruces Laureadas de San Fernando las obtuvieron los siguientes
dJefes, Oficiales y Suboficiales, por orden cronolégico de accion:
Teniente Federico de la Cruz Lacaci; por su heroico comportamiento
el 5 de junio de 1923, en Tizi Azza (Melilla).
Capitan Sebastian Vila Olaria; por su heroico comportamiento en el
combate del 18 de agosto de 1923 en Sidi-Mesaud.
Teniente Aniceto Carbajal Sobrino; por su heroico comportamiento
en la operacién del 10 de mayo de 1924, para entrar un im-
portante convoy en Sidi-Mesaud.
Teniente Fernando Lizcano de la Rosa; por su heroico comporta-
miento el 10 de mayo de 1924 en las inmediaciones de
Sidi-Mesaud.
Capitan Félix Angosto y Gémez de Castrillén; por su heroico com-
portamiento en el combate del 22 de agosto de 1924, en la
cuenca del Lau, para asaltar Kudia-Cobba.
189Suboficial Bartolomé Munar Munar; por su heroico comportamiento
los dias 14 al 17 de septiembre de 1924, conduciendo el
convoy de agua a Kala Bajo y la defensa de la posicion.
Capitan Pablo Arredondo Acufia; por su heroico comportamiento al
yreplegarse la columna del general Serrano desde Xeruta a
Zoco el Arbaa, el 19 de noviembre de 1924.
Alférez Manuel Lopez Hidalgo; por su heroico comportamiento el
18 de noviembre de 1924 en el repliegue de la columna del
general Gomez Morato, desde Dar-Acobba a Xeruda.
Comandante Francisco Garcfa Escamez; por su heroico comporta-
miento el 12 de septiembre de 1925, al frente de una Bande-
ra del Tercio y otras fuerzas de la columna, para la libera-
cion de Kudia Tahar.
Teniente José Martinez Anglada; por su heroico comportamiento en
el combate del 22 de septiembre de 1925 para liberar Kudia
Tahar.
Alférez Antonio Navarro Miegimollo; por su heroico comportamien-
to en el combate del 3 de septiembre de 1925, para ocupar
Malmusi.
Teniente José Espinosa Orive; por su heroico comportamiento en el
combate del 23 de septiembre de 1925, en la ocupacién de
Malmusi.
Las Medallas al Mérito Militar fueron otorgadas a los siguientes Jefes,
Oficiales, Suboficiales y Legionarios:
Coronel José Millan Astray y Terreros; O. C. 16-9-22.
Comandante Francisco Franco Bahamonde; O. C. 16-9-22.
Cabo Isidro Gallego Cuesta; O. C. 9-6-23.
Legionarios Mariano Rodriguez Alamao, Enrique Garcia Pérez, Gil
Garcia Requeira, Jestis Pérez Canteras, Santiago Aparicio
Santamaria, Miguel de los Santos Baranda, Juan Arnedo
Navas, José Alarza Calzada, Antonio Anillo Marin, Eduvigis
Hidalgo Manota y Angel Cardo Costa; 0. C. 9-6-23.
Legionario Calixto Gonzalez Fernandez: 0.C. 9-6-23.
Teniente coronel Rafael Valenzuela Urzaiz; O. C. 13-7-23.
Cabos Alejandro Pérez Besteiro, Francisco Vega Sillero, Félix La-
fuente Galindo y Franz Saioelt Dozzler; O. C. 5-8-23.
Cabo interino Julio Gomez Sanchez; 0. C. 5-8-23.
190Legionarios Fidel de la Pera Zarate y Ramon Castilla Vicario; 0. C.
5-8-23.
Alférez Armando Ayaralar Almazan; O. C. 5-8-23.
Suboficial Julian Paton Medina; 0. Cc. 3.
Capitanes Jestis Teijeiro Pérez, Jacinto Pérez Tajueco y Pedro Jareiio
Hernandez; O. C. 5-8- 23,
Suboficial Justo Mejias Ruiz; O. C. 5-8-23,
Sargentos Juan Nicasio Roseel Esteban, Santiago Garriga Masfret,
Joaquin Elorriaga Iturriaga y José Pérez Mas; O. C, 5-8-23,
Comandante Enrique Lucas Mercader; O. C. 6-12-24.
Capitan Jesiis Teijeiro Pérez; O. C. 11-12-24.
Sargento Agapito Santamaria Expésito; O. C. 21-3-25.
Capitan médico Luis Alonso Alonso; O. C. 5-5-25,
Capitan Francisco Lopez de Roda y Zulueta; O. C. 5-5-25.
Suboficial Francisco Sangiorgio Francisconi; 0. C. 17-3-26.
Alférez Gonzalo Ceballos Alviach; 0. C. 5-5-27.
Capitan Pablo Arrendondo Acuiia; O. C, 24-9-27.
Sargento Sebastian Monteagudo Diaz; O. C. 25-6-28.
Teniente José Merino Mantilla de los Rios; O. C. 24-11-28.
Capitan Gabriel Navarrete Navarrete; O. C. 29-11-28.
Capitan Juan Ramirez Dominguez; O. C, 30-11-28,
Capitan Francisco Franco Salgado-Araujo; O. C. 10-6-29,
Comandante Ricardo de Rada Peral; O. C. 8-11-29.
Capitan Camilo Alonso Vega; O. C, 20-12-29.
Estos son los veteranos, los de las hazafias gloriosas, los diestros,
entrenados y combativos oficiales y tropa. Serdn quienes vean la caida
del gobierno de Primo de Rivera; los que contemplen el derrumbamiento
de la monarquia, la huida del rey Alfonso XIII, “con el fin de evitar un
derramamiento de sangre”; aquel rey que tanto habian vitoreado y tras
el cual siguieron por el camino del honor, aguerridos, indomables y victo-
riosos. Seran los que, indecisos un instante, entraran en la nueva ruta del
sacrificio y la obediencia al nuevo Gobierno de Espaiia.
Disciplinados militarmente, aceptaron las nuevas ideas militaristas de
los politicos que ignoran al Ejército, o lo consideran solo como un poder
de destruccion, formado por ineptos, pardsitos y vividores. La Legion fue
reducida a seis Banderas y muchos de aquellos jefes y oficiales se vieron
postergados, perdieron su graduacién y sus medallas y fueron combatidos
191por Decreto Ley, desde el recinto amurallado del despacho, en el cubicu-
Jo de la oficina siniestra, donde el ministro de turno hace garabatos sobre
un papel y dicta lo que es: bueno y es malo, y deben cumplir los que
estan por debajo suyo.
Pero ellos, militares disciplinados, permanecieron impasibles en
medio de la confusién y el guirigay que reinaba en el castillo; siguieron
vigilantes y prepardndose, mientras en silencio rendian honor a la bande-
ra patria, en la torre del homenaje.
192Fsquema de la toma de Mérida por las columnas de Castejon y Asensio. La
primera con la Quinta Bandera de la Legion (raya y punto) y el Segundo
Tabor de Tetuén (trazo discontinuo).Esquema del camino seguido
por la Columna Asensio y Cas-
tejon en su avance hacia Bada-
joz y Madrid, a través de Ex-
tremadura,
Ropquiites
. Ak
P sees BATALLON Il DE ARGE!
a Ceremonia tipica de la Legion
en el Tercio Duque de Alba.Primo de Rivera en una visita a
las tropas espaftolas en Marrue-
cos. En esta visita tuvo un co-
nocido incidente en los cuarte-
les de la Legion.
Monumento a Millén Astray,
fundador de la Legion. Domina
la ciudad de Ceuta.La Legion es un crisol de tipos
humanos que buscan en ella no
solo, como cuenta la leyenda,
una expiacién de sus culpas,
sino también una profesion, un
destino, un fin a sus vidas.TENIENTE CORONEL YAGUE
Juan Yagiie Blanco, al que muchos legionarios llamaban carifiosa-
mente el toro blanco, y los izquierdistas le aplicaron el calificativo de la
hiena de Asturias, fue desde el 4 de febrero de 1936 el hombre de Franco
en Marruecos, al ser nombrado Jefe de la 2.* Legién del Tercio. Era un
hombre de prominente mandibula, amplio y anguloso rostro, con el
cabello erizado y prematuramente blanco. Estaba considerado como uno
de los mejores comandantes de campaiia del ejército, y era ademas, la
representacién estereotipada del rudo oficial legionario. Popular y res-
petado por sus tropas, era, también, un buen organizador y, lo que era
yaro en muchos africanistas, un hombre escrupuloso en cuestiones de
dinero.
Africanista sobre todas las cosas, este hombre que en cierto modo
habra frustrado sus ambiciones profesionales —atin era simple teniente
coronel a edad mas que mediada—, empezé a apasionarse incansablemen-
te por la politica y los problemas sociales. Esto le llevé a una participa-
cion decidida y entusiasta en lo que, con pensamiento falangista, conside-
raba una revoluci6n,
Compaiiero y amigo de Franco desde los dias de la guerra de Marrue-
193cos, Yagiie habfa nacido en San Leonardo (Soria), el 9 de noviembre
de 1891. Era hijo de un modesto médico rural, y este mismo hecho ya
le tenia inflamado de patriotismo y de deseos de justicia social bajo un
régimen nacionalista, cuando en la primavera del 36 entr6 en la seccion
marroqui de Falange.
Habia ingresado en la Academia de Infanteria el 29 de septiembre
de 1907, en la misma promocién de Franco, de Alonso Vega, de Rolando
Tella Cantos, Séenz de Buruaga y Emilio Esteban-Infantes, entre otros.
Obtuvo su primer destino en Burgos, donde pas6 casi cuatro afios pese
a sus reiteradas peticiones de ser incorporado a Marruecos, En 1914 se
le destinaria al Regimiento de Saboya, de guarnicién en Tetuan, en el
cual aleanzarfa la graduaci6n de capitan por méritos de guerra.
Entonces se pas6é al grupo de fuerzas indigenas de Regulares de
Tetudn, niimero 1, con las que siguid participando en una serie de accio-
nes contra el Raisuni, e intervino en la primera conquista de Xauen, la
ciudad santa.
Fue herido en tres ocasiones: la primera en el brazo derecho en 1919:
la segunda en la pierna izquierda, en 1920; y meses mas tarde, otra vez
en la toma de Xauen. A causa de esta herida hubo de ser trasladado a
Burgos y permanecer dos meses de reposo; Por estas acciones le conce-
dieron cruces rojas al Mérito Militar; Medalla Militar de Marruecos con
los pasadores de Tetuén y Larache; la del Sufrimiento por la Patria
y otras mas,
~ En junio de 1921 volveria a Africa para ponerse al frente de los
Regulares de Larache, niimero 4, ya como comandante, con antigiiedad
de 1919. Tomaria parte en numerosos combates, tanto en la zona de
Melilla como en la de Ceuta-Tetuan. Durante la guerra del Rif volvio
a encontrarse con Franco. Su resentida salud le obligé a regresar a Bur-
gos en 1924, como ayudante de campo del general Burguete, al mando
de la VI Region Militar. Le siguid a su nuevo destino en la Capitania de
Madrid.
En 1928 fue ascendido al empleo de teniente coronel y se le destind
al mando de un Batallén del Regimiento Lealtad, de Burgos, hasta su
incorporacién al mando de las fuerzas Regulares Indigenas de Larache,
donde estaba a la Ilegada de la Reptiblica. Esta le degrad6é a comandante,
pero lo dejé en activo.
Su nuevo destino le trasladé a Ceuta. Alli tendria noticias del mitin
de José Antonio en el teatro de la Comedia. El conocer el discurso de
194Primo de Rivera le hizo tomar contacto con la naciente Falange y cuando
fue trasladado a la Peninsula, al batallon de montafia, por no considerar-
lo adicto a la Reptiblica, mantuvo contactos personales con los fundado-
res de Falange.
Escuddndose en motivos de salud, solicité pasar a la situacion de
disponible voluntario, con residencia en San Leonardo. Esto le permitio
tener mayores contactos con la naciente Falange. Volveria a la actividad
militar en octubre de 1934, cuando los socialistas desencadenaron su
revoluci6n,
La revolucién estall6 porque cada vez era mayor la divergencia entre
derechas e izquierdas. Hoy ya esta probado y es evidente que la causa
inmediata fue de las izquierdas revolucionarias y regionalistas, 0 auténo-
mas, que en un puro movimiento de reacci6n ante la inminente toma de
poder por las derechas, a quienes correspondia gobernar en el nuevo
estado democrdtico. Madariaga habria de descalificarlas con esta tajante
condena:
“Con la rebelion de 1934, las izquierdas perdieron toda la autoridad
para condenar la rebelion de 1936.”
Esta extrema izquierda, y no la derecha, era la que estaba lista para
emprender la rebelion armada. Ella fue la que proclam6 que debia dete-
nerse a toda costa el triunfo de la reaccién. Temia perder el apoyo de los
anarquistas y creyendo que la circunstancia era propicia para la revolu-
cién, el grupo: principal de lideres socialistas rompi6 su alianza con la
Republica. Asif, el organo principal del Partido, El Socialista, lo procla-
maba el 11 de marzo de 1934, declarando:
“Fuimos circunstancialmente republicanos... El cataclismo puede y
debe ser el renacimiento de la Espafia grande en la que venimos sofiando
y cuyo rescate nos hemos propuesto,”
Y lo mismo que los mondrquicos ya empezaban a tomar contactos
con Mussolini para obtener armas, los socialistas empezaron a importar-
las, consiguiendo, a su vez, las que se hallaban paralizadas en el puerto
de Cadiz, y luego embarcadas en el Turquesa.
En el verano de 1934, Largo Caballero ya habia convencido a la masa
del Partido que habia llegado el momento, que Marx y Engels profetiza-
ran, para una revolucién socialista en Espajia. Socialistas, comunistas
y anarquistas se esforzaban por crear alianzas de trabajadores en diversos
puntos del pats. El veto impuesto por el Tribunal de Garantias Constitu-
cionales contra la ley catalana que tendia a proteger la posesién de la
195tierra en manos de los campesinos pobres, hizo que muchos catalanistas
se desilusionaran de su estatuto de autonomia y se irritaran contra el
centralismo madrilefio, Asi, los extremistas catalanes se dispusieron a
iniciar un levantamiento que les diese la oportunidad de proclamar su
independencia.
A principios de octubre cay el gobierno minoritario radical y
Lerroux se vio obligado a aceptar la entrada de tres miembros de la
CEDA en el ministerio. En septiembre la prensa de extrema izquierda
ya habia anunciado insistentemente que el mes siguiente seria un octubre
revolucionario. Aconsejaba a sus lectores que estuviesen pendientes de la
sefial. En cuanto Gil Robles pidiese el poder, ellos atacarfan. Todos los
trabajadores serfan convocados a una huelga general nacional, a fin de
paralizar las fuerzas de la reaccion.
Con los tres ministros de la CEDA en el nuevo Gobierno la revolu-
cién para destruir la Repiblica y establecer la dictadura del proletariado
estaba en marcha. El Ministro de la Guerra, el radical Diego Hidalgo, no
confiaba en el jefe del Estado Mayor, general Masquelet, y convocé a
Franco para que sirviera de asesor técnico del Estado Mayor. El 27 de
marzo de 1934 ya lo habia ascendido a general de Division, después
de seis afios como general de Brigada.
Diego Hidalgo publicarfa a finales de 1934 el libro gPor qué fui
lanzado del Ministerio de la Guerra?, haciendo una larga defensa de si
mismo y de sus acciones durante la revolucion de octubre: “Un Ministro
tiene siempre el derecho y el deber de buscar libremente quien le asesore,
ayude y acompaiie... Todos han ponderado la meritoria labor de este Ge-
neral Franco, pero ninguno ha tenido una sola palabra de elogio para el
Ministro que le nombré. Tengo derecho a enterar al pais de que ese Mi-
nistro fui yo.”
En la mafiana del 5 de octubre comenzé en toda Espaiia la huelga
general revolucionaria decretada por el Partido Socialista y la UGT. Los
partidos republicanos de izquierdas, y hasta el conservador de Maura, se
declaran solidarios de la revuelta. El 6 se decreta en Consejo de Ministros
el estado de guerra en toda Espaiia. En Madrid son tiroteados varios edi-
ficios publicos, sin que la accién Iegue a mayores. A dltima hora fue
localizado Franco y el Ministro le puso al corriente de la situacion.
En Cataluiia el presidente Companys, desde los balcones del Palacio
de la Generalitat, proclama en aquella misma tarde el Estado Catalén de
la Repiblica Federal Espafiola. Pero su accién no mereci6 el aplauso
196de los nucleos mayoritarios espaiioles, ni siquiera de los anarcosindicalis-
tas. Y cuando el capitan general, el catalan Domingo Batet, es requerido
para ponerse a sus 6rdenes, Batet, pundonoroso, ajeno en absoluto a
compromisos de orden politico, responde con el estado de guerra, y em-
plazando una baterfa ligera delante del edificio de la Generalitat.
El apoyo fue ineficaz; las fuerzas de orden piblico que apoyaron
a Companys, también fueron desertando. Y después de 25 cafionazos
y unas cuantas horas de rebelién, la bandera blanca ondeé en los edificios
oficiales. Companys se niega a huir y el comandante Fernandez Unzue
procede a detenerlo,
Batet anunciaria después por radio, la rendicién de los elementos
que apoyaban al Gobierno de la Generalitat en rebeldia, afirmando:
“Nosotros somos duefios absolutos de la situacién. No es raro que, como
ocurre después de las guerras civiles, queden partidas sueltas por los cam-
pos, anden por las azoteas lo que pudieramos llamar pacos, que disparan
para sembrar la alarma.”
De estos pacos se encargaron los legionarios. El dia 7 zarp6 de Meli-
Ila, rumbo a Barcelona, el vapor J. J. Sister con tres Banderas de la Pri-
mera Legion, al mando del comandante Maximino Bartomeu. El 8 lle-
gaban a la ciudad condal e inmediatamente se distribuyeron hacia las
zonas de Vich, Ripollés y Granollers, para dejar en calma a toda Catalufia.
La rebelién, extendida por toda Espaia, triunfo momentaneamente
en algunas partes de Vascongadas, Aragén, Leén y Andalucia, pero el
Octubre Rojo pas6 a la historia por los sucesos acaecidos en Asturias,
E] jefe directo de la revolucién asturiana fue el diputado socialista
Gonzalez Peiia, aunque el lider local era el socialista Manuel Grossi,
quien ha escrito que el 4 de octubre, “a eso de las ocho y media de la
maifiana declaré la Reptiblica Socialista”. Las ordenes habian sido reci-
bidas la noche anterior y los distintos comités revolucionarios de Asturias
se pusieron en accion.
Las milicias, constituidas por unos 10.000 hombres; se aduefiaron
yapidamente de las cuencas mineras; atacaron los puestos de la Guardia
Civil, las iglesias, escuelas y otras instituciones religiosas, edificios munici-
pales y viviendas de ciudadanos de clase media y alta. Mieres fue el cuar-
tel general de la accién revolucionaria; alli, comunistas, trotskistas, cam-
pesinos y anarquistas, se unieron a los socialistas e hicieron declaraciones
de comunismo libertario. En Mieres se liquidd a los miembros de un
sindicato catélico. En Sama de Langreo dirigié la Insurreccion Belarmino
197Tomas, que no pudo contener la secuela de sangre que acompaiié el
triunfo de la revolucién. Sin embargo en La Felguera, donde dominaba
la CNT, no se registraron inicialmente desmanes.
El Gobierno reaccioné inmediatamente y en seguida buscé elementos
para combatir la subversion. Se aprobé un plan de operaciones combina-
das bajo el mando del general Lopez Ochoa, inspector del ejército en la
region noroeste. Tres columnas de tropas peninsulares debian converger
en Asturias. La mas importante, dirigida por el general Bosch, partié de
Le6én y qued6 detenida en Vega del Rey por los revolucionarios,
Lopez Ochoa llegé en avién a Lugo y allf pudo reunir 360 hombres
y salir en camiones hacia Oviedo. Mientras, otro batallén sala de La
Corufia en barco hacia Gijon, pero no fue capaz de avanzar hacia el in-
terior.
Los mineros triunfantes acuerdan la conquista de Oviedo. Se apode-
yan de la fabrica de armas de Trubia con la complicidad del sargento
‘Vazquez y cafionean la ciudad desde el Naranco en la tarde del dia 6.
Al tercer dia de asedio consiguieron conquistar nuevos reductos de las
fuerzas gubernamentales, dejandolas divididas en pequefios ntcleos:
cuartel de Pelayo, Catedral y calle de Uria. El 10 ocuparon el monasterio
de San Pelayo, cuyas religiosas fueron respetadas; pero los sitiadores
alternaban el combate con el pillaje y los atentados. Asi, Gonzalez Pefia
forz6 y saqueé las cdmaras del Banco de Espafia, mas de 14 millones de
pesetas de entonces; pero no conseguira abrir las del Banco Herrero.
El 11, se reunié el Comité Revolucionario Provincial, representativo
de la proclamada Repdblica Socialista. El anarquista José Maria Martinez
defendié la postura del abandono ante el ejército que avanzaba; los co-
munistas, partidarios de seguir con la revolucién, clamaron por “el
triunfo del ejército popular” y asesinaron a Martinez.
Lépez Ochoa, escudandose en los prisioneros que iba haciendo,
situados de parapeto en los camiones, logrd entrar con sus hombres el
dia 11 en Oviedo y llegar hasta el cuartel de Pelayo, donde encuentra
sitiados y en actitud contemplativa a casi un millar de hombres: 940 sol-
dados, 2 coroneles, 2 tenientes coroneles y 9 comandantes. Pero la salida
ya no resulta tan facil y se limita a reforzar a la guarnicion sitiada.
La situacién cambié radicalmente gracias a la intervencién de varias
unidades de veteranos del Tercio y de Regulares de Marruecos. Franco,
ademas del plan general aprobado por el general Masquelet, hizo que el
crucero Cervantes y el acorazado Jaime I embarcasen en Ceuta tres Ban-
198deras de la Legion, un tabor de Regulares, dos batallones de infanteria
y un grupo de montafia, para dirigirse a Asturias rapidamente.
El dia 7 ya habian llegado a Gijon las tropas salidas de La Corufia.
Desembarearon y tomaron posiciones defensivas. Franco, que dirigia la
operacién a 450 kilometros del escenario de batalla, transmitia por telé-
grafo las instrucciones recibidas de los observadores avanzados a los
artilleros de los buques para que bombardeasen desde el mar y mantener
la posicién defensiva de Gijén.
EI 10 legaron las tropas africanas, y a su vez el coronel Yagiie aterri-
zaba en la playa de Gijén en un autogiro que le habia recogido en su
residencia. Yagiie organizé todas las fuerzas y se encontré con una co-
lumna de 3.000 hombres. Puso en la vanguardia a los legionarios y em-
prendié el camino hacia Oviedo el dia 11; en la tarde del dia siguiente
ya estaba reunido con las fuerzas de Ochoa.
La rebelién anarquista de Gijon ya quedo dominada antes de partir
para Oviedo. En la mafiana del dia 14, los legionarios y los regulares ya
habian limpiado todos los alrededores de Oviedo, y tres dias mas tarde
reconquistaron la fabrica de Trubia. En su repliegue, los revolucionarios
destruyeron la Universidad, con su excelente biblioteca, y no dejaron
mas que escombros. Al iniciar las negociaciones de paz solicitaron que
los regulares y legionarios no figurasen en la vanguardia del avance hacia
las cuencas mineras. Lopez Ochoa los colocé en retaguardia, con la
indignaci6n de Yagiie, que estuvo a punto de dispararle un tiro.
La Legién peleaba siempre a muerte, y siempre era requerida para
resolver las situaciones que la dejadez o la ineficacia de otros hacian
irreversibles. E] Gobierno la habja utilizado en 1928 para dominar la
sublevacion de Sanchez Guerra; en 1930 también se recurrié a ella, cuan-
do Ramén Franco y Queipo de Llano intentaron sublevarse en Cuatro
Vientos contra la Monarquia; incluso el 10 de agosto de 1932, se la hizo
desembarcar en Cadiz para ir a dominar la sublevacién de Sanjurjo en
Sevilla. En este caso concreto, los legionarios gritaron ;Viva Sanjurjo!;
pero el General ya se habya entregado al Gobierno. También esta vez, en
el Cervantes, el comandante de un batallon de infanteria ligera hizo saber
que ordenaria a sus tropas no disparar contra sus compatriotas asturia-
nos; lo que le valid ser separado del destacamento en La Coruiia, por
orden de Franco.
La Legion y los Regulares ya tenian reputacién de comportarse
barbaramente en la batalla y después de ella. Precisamente por ello han
199sido considerados siempre unos soldados de élite, capaces de no defrau-
dar al Mando en el cumplimiento de sus ordenes, Pero al parecer existen
individuos que consideran que en las guerras unos cometen barbaridades
y los otros bautizan con agua de rosas; y que el hecho de matar a cin-
cuenta tiene mayor significado que matar a quince. Quien a hierro mata,
a hierro muere.
Cuando la huelga revolucionaria del afio 1917, el general Burguete
ya habia proclamado en Asturias su propésito de cazar mineros como
alimafias salvajes. En esta ocasion, al parecer, también hubo su caza al
hombre. Las izquierdas han sefialado que bandas dedicadas al pillaje se
unieron a los revolucionarios: burgueses, militares y guardias civiles caye-
ron primero; luego, sacerdotes, y por tltimo cayé la ola de venganza que
siempre surge: rencillas, odios, deudas personales. La prensa también
repite hasta la saciedad que los revolucionarios se dedicaron a violar
monjas, a matar curas, a vender su carne al peso y a organizar otros actos
de ferocidad.
En ese orden de cosas, una campaiia bien dirigida azuza la reaccion
y justifica ésta. En el patio del cuartel de Pelayo se fusila a algunos pri-
sioneros; el oficial de la Legién Dimitri Ivanof, acusado de algunos ase-
sinatos, entre ellos el de una joven que actué con los revolucionarios,
disparé ‘sobre el periodista Luis de Sirval en la comisarfa de vigilancia,
junto con los tenientes Pando y Florit. Las fuerzas del Gobierno emulan
la conducta de los revolucionarios. Lépez Ochoa trata de imponer sus
decisiones sobre Yagiie, respecto a los fusilamientos, que éste no acepta.
El Gobierno ratifica la confianza sobre Lopez Ochoa e impone la salida
de Yagiie.
Con la represién aparece en primera plana el nombre del comandante
de la Guardia Civil Lisardo Doval, tristemente célebre, porque ha sido el
encargado de muchos trabajos sucios a lo largo de la historia mas reciente.
El éxito de la victoria obtenida por las fuerzas del orden contra las
de la subversion, lo recogieron Batet y Lopez Ochoa. Fueron condeco-
rados con la Cruz Laureada de San Fernando; no por actos heroicos, sino
por su lealtad al Gobierno. Al estallar la guerra en 1936, las turbas saca-
rian a Lopez Ochoa del Hospital y lo descuartizarian, antes de darle
muerte, en reconocimiento a la bondad mostrada en Asturias.
El comandante Doval serfa destituido de su cargo, al ser acusado de
forma undnime por el trato inhumano inferido a los prisioneros y deteni-
dos; pero después de que se pudiera establecer una buena campajia sobre
200los horrores de la represion en Asturias. Una campafia que se propagé
inmediatamente por toda Espaiia y sirvid de cartel de propaganda electo-
ral de los partidos de izquierda. Con lo cual, y después de Asturias, el
ambiente espafiol ya no volvié a ser el mismo. Se radicalizaron las postu-
ras y empezé6 a otearse el peligro de la guerra civil.
Yagiie estuvo a punto de ser procesado por las denuncias de Lopez
Ochoa. Pero la accion no-prosperd y qued6 destinado en el Regimiento
de Infanteria, nimero 1, en Madrid, junto con otros oficiales africanistas,
entre ellos el coronel José Solchaga.
Los conspiradores derechistas, en Madrid, Galarza y Vigon, conside-
raron Ilegado el momento para dar el golpe monarquico, José Antonio
Primo de Rivera también escribié su famosa carta a Franco, que empieza
a ser considerado el salvador de la Repiblica, y es instalado en el Minis-
terio de la Guerra, La combinacién Franco-Gil Robles se contemplaba
con esperanza, pero finalmente fue desilusi6n.
La estancia madrilefia de Yagiie sirvid para unirle a Falange. Franco
tampoco le dejé regresar a Marruecos y lo mantuvo colaborando con él
hasta enero de 1936, en que lo propuso para el mando del Segundo Ter-
cio en Dar Riffien. Pero antes ya habia instalado en Marruecos a Emilio
Mola, y reemplazaba a una serie de liberales notorios por oficiales africa-
nistas y decididamente nacionalistas, a la vez que volyfan a ser autoriza-
dos los actos religiosos oficiales en el Ejército y las asambleas de oficiales.
También en ese perfodo Franco-Gil Robles se hizo un gran esfuerzo
para mejorar el material de combate del Ejército; se ordend que todos
los soldados estuvieran dotados de cascos de acero; se construyeron
24 nuevas baterias de artilleria; se repararon los cafiones antiguos; y la
fabrica de armas de Toledo contraté a nuevos obreros para aumentar su
produccién de cartuchos hasta los 800.000 diarios,
El 4 de febrero, vispera de las elecciones ganadas por el Frente Po-
pular, Yagiie tomé posesién de su nuevo destino. Después de las-elec-
ciones, cuando Mola fue trasladado de Marruecos a Pamplona, Yagiie
inicié su servicio de enlace entre Franco, Mola y la Falange. El 5 de
junio era llamado a Madrid por Casares Quiroga, para ofrecerle un pues-
to de su agrado en Espaiia o el extranjero. Esperaba apartarle asi de la
conspiracion de las fuerzas africanas.
A primeros de julio, Yagiie fue convocado de nuevo en Madrid para
ser sometido a interrogatorio. En la semana del 5 al 12 de julio debian
celebrarse maniobras de verano en Marruecos y era la ocasi6n de ultimar
201detalles. El dia 5 de julio, un capitan del Tercio lleg6 a Pamplona con un
mensaje de Yagiie en el que sefialaba a Mola que todo estaba listo y espe-
raba ordenes.
El dia 15 Mola envid un nuevo mensaje a Yagiie en Ceuta, para infor-
marle de que la rebelion deberfa comenzar en Marruecos el dia 17. Las guar-
niciones de la Peninsula deberfan sumarse al golpe el 18 y 19 de julio.
El 17 de julio, sobre las cuatro de la tarde, el teniente coronel Dario
Gazapo se encuentra en la Comision de Limites, en Melilla, con el edifi-
cio cercado por la Guardia de Asalto. La delacién de uno de los conjura-
dos, Alvaro Gonzélez, ha dado sus frutos. Gazapo Ilama al teniente
Latorre y le pide el auxilio de la Legion; Latorre telefonea al sargento
Sousa y le ordena que se acerque inmediatamente con las tropas que pue-
da reunir. La tropa son veinte legionarios; la distancia, doscientos metros;
el tiempo, seis minutos, Seis minutos mortales que culminan en una inde-
cision de los recién llegados al ver el despliegue policiaco. Asi lo contaria
mas tarde el teniente Latorre:
“Y aquel sargento, fiel a nuestro glorioso rito de: ;A mi, la Legién!,
acudié velozmente, e irrumpié a Ja carrera en el patio del edificio, donde
estdbamos, con un grupo de legionarios. Pero aquel peloton de legiona-
rios no veia a nadie. No vefan a sus oficiales, vacilaban y se encontraban
rodeados de guardias de asalto. Fue un momento de intensidad inenarra-
ble. Dentro, nosotros sin poder salir al exterior; en el patio, los legiona-
rios rodeados, sin saber qué hacer. No sé lo que paso por mi; de Dios fue
aquella inspiracién... Sin poder dominarme, salté al patio atropellando
a los estaban en la puerta y tomé el mando de los legionarios:
i Fe en mi! jCargen! ;Apunten!
”Los fusiles de los legionarios apuntaron y mi pistola busco, certera,
al teniente de asalto.”
Aquel jCarguen! ;Apunten! del teniente Latorre fue la proclamacion
abierta de la sublevacién del Ejército contra el Gobierno. La Legion,
rodilla en tierra, encafionaba a las fuerzas de seguridad. El teniente Zaro
ordena a sus guardias que no se resistan, y éstos intentan confraternizar
con la Legion. Pero el teniente coronel Bartomeu esta para arengarlos
y recordarles su mision:
~ “Legionarios, os hemos Ilamado para que salvéis a Espaiia, el honor
del Ejército y el nuestro. Hace algunos dias habéis sido Ilamados asesinos
de Asturias, porque fuisteis alli a defender el orden. Ahora vamos a res-
taurar este orden y a ser fieles a Espaiia.”
202Los diez guardias de asalto fueron desarmados y luego encerrados. La
situacién estaba ganada, y a las cinco de la tarde, la hora sefialada, Barto-
meu procede, al frente de una compajifa de Infanterfa, a fijar el bando
por el cual se declara el estado de guerra. Francisco Franco figura ya
como General en Jefe Superior de las Fuerzas de Marruecos, aunque se
encuentre muy lejos de alli. La accion se hace para “‘restablecer el impe-
rio del orden dentro de la Repablica... El restablecimiento de este prin-
cipio de autoridad, olvidado en los iiltimos aiios, exige inexcusablemente
que los castigos sean ejemplares, por la seriedad con que se impondran
y la rapidez con que se lIlevarén a cabo, sin titubeos ni vacilaciones”’.
Inmediatamente después del incidente en la Comision de Lfmites,
tanto legionarios como regulares adoptaron las medidas conducentes al
Alzamiento militar. El] primer objetivo fue la Delegacion Gubernativa,
simultaneamente, la Comandancia Militar, donde el general Romerales
estaba reunido y discutiendo con otros jefes militares, entre ellos el coro-
nel Solans que es partidario de que participe en el Alzamiento o resigne
el mando.
En plena reunion irrumpe el teniente coronel Segui, acompafiado por
el de Estado Mayor Pejiuelas, a quien acompafian dos tenientes y unos
cuantos soldados de Regulares. Segui manda detener al general y a los
oficiales que estén con Romerales y se manifiestan a favor del Gobierno,
Pero no todo el Ejército participa en la conspiracién; el teniente
coronel de la Legién Blanco Novo y los comandantes Izquierdo Seco y
José Marquez Blanco, asi como los capitanes Torrecillas, Pardo de Atin y
Rotger apoyaban al general Romerales.
Durante toda la tarde Melilla se lend de disparos de fusil y tableteos
de ametralladora. La reacci6n era contra los regulares y los legionarios,
a los que se atacaba, no contra los soldados peninsulares. Pero los parti-
darios del Frente Popular en seguida fueron vencidos en sus centros de
mando, La Legién tomé el barrio del Real y los Regulares el Hipodromo,
el aerédromo de Tahuima y en la conquista del Atalayon caen los dos
primeros muertos de la guerra de Espajia: el sargento Labasen ben Moha-
med y el soldado Mohamed ben Ahmed.
El general Gémez Morato, es enviado por Casares Quiroga a saber qué
sucedia en Melilla. Era el Jefe del Ejército en Africa y se encontraba en
Larache ignorante de cuanto sucedia en la Circunscripcién del Rif. Los
regulares lo detienen a su llegada al aerédromo y lo llevan ante el coronel
Solans que ordena quede detenido,
203Cuando en Tetudn tuvieron conocimiento de los sucesos de Melilla,
el coronel Eduardo Saenz de Buruaga, al frente de los Regulares indige-
nas que mandaba directamente el teniente coronel Carlos Asensio, decidié
secundar el movimiento. A ellos se unieron los tenientes coroneles Beig-
beder y Yuste. Los regulares de Asensio ocuparon los barrios altos y
colocaron retenes en los puntos mds estratégicos sin disparar un tiro ni
encontrar oposicién. Sdlo quedo fuera de su control el aerédromo de
Sania Ramel, al mando del comandante Ricardo de la Puente Bahamon-
de, primo de Franco. El comandante con los capitanes Reina y Alvarez
Manzano reunieron la poca tropa de que disponian y se enfrentaron a los
regulares de Asensio. En la madrugada del 18, los leales al Gobierno se
rindieron incondicionalmente. Fueron juzgados en Consejo de guerra
y fusilados dias después.
Los legionarios, con bayoneta calada y al mando del comandante
Castején, cercaron la Alta Comisaria en las primeras horas del dia 18.
Esperaban la orden de ataque. Pero el Alto Comisario, autoridades y jefes
y oficiales leales al Gobierno se rinden inmediatamente, y son conduci-
dos al cuartel de Regulares. Al frente de la ciudad queda un triunvirato
formado por Sdenz de Buruaga, Beigbeder y Asensio, que inmediatamen-
te redactan y dan a conocer un bando, también firmado por el general
Franco.
En Ceuta se encuentra al frente de la Segunda Legion el teniente
coronel Yagiie, que ha sido hasta entonces la figura mas representativa
de la conspiracion, aunque no la de mayor jerarquia. Desde el triunfo
del Frente Popular, tanto él como sus legionarios, han debido soportar
una triste y violenta reaccién: se les llama asesinos de Asturias, y se les
piden responsabilidades.,
Yagiie, personalmente, también es tratado con suma dureza; no por
los hombres del Gobierno, que han deseado que salga de Espaiia, que se
aleje de la Legién; si no por los mas representativos del Frente Popular.
Pero Yagiie ha actuado a cara descubierta, haciendo de enlace entre Mola
y Franco, y declarando a sus subordinados e iguales, sin velos de ninguna
clase: “Supongo que sabra que vamos a sublevarnos.” Era una frase tan
repetida, que por unos momentos Mola, cuando Yagiie fue requerido por
segunda vez a Madrid, temi6 se descubriese toda la conspiracin. Pero la
audacia de Yagiie hizo que muchos creyesen que se trataba del grito “que
viene el lobo”, y las mas altas personalidades del Gobierno se tomaban el
tema con socarrona filosoffa.
204Sin embargo, Yagiie, al igual que el teniente coronel Heli Rolando
Tella, conspiraban abiertamente y recorrian las guarniciones del Marrue-
cos espafiol hablando de ello. Tella fue destituido de la Legion pero no se
deja detener y escapé a territorio francés. El Gobierno sustituy6 a algu-
nos oficiales y mando cerrar el Casino Militar de Melilla, pero todo seguia
igual o mejor en el cuarto de banderas.
Cuando Yagiie recibié la Hamada telefénica anunciando lo que pasa-
ba en Melilla, telefoned a Séenz de Buruaga, quien a la vista del retraso
en la Ilegada de Franco habia dado orden de aplazar la sublevaci6n veinti-
cuatro horas. Yagiie le dijo que salia de Dar Riffien con sus legionarios
e iba a la toma de Ceuta. Esta decisién de Yagiie hizo que Saenz de Bu-
ruaga iniciase los movimientos en Tetudn.
En Ceuta, el coronel de Artilleria Arturo Diaz, que manda la plaza
en ausencia del general Capaz, que se habia tomado unas vacaciones en
Madrid para no tomar partido en la sublevacién, al enterarse del Alzamien-
to en Melilla, trato de reunir en la Comandancia a los jefes del Cuerpo
para establecer la resistencia. No obstante, slo acuden dos: uno se pone
a sus Ordenes y el otro se retira para unirse a los sublevados.
Cuando Yagiie llega con sus legionarios, inmediatamente se pone al
frente de tropas y oficiales, y a las once de la noche del 17 de julio man-
da tocar a generala. Desde el Cuartel del Serrallo el toque va propagando-
se por todas las unidades, mientras las fuerzas de la Legion empiezan a
llegar de Dar Riffien y ocupan toda la ciudad sin encontrar resistencia
alguna.
El Alzamiento se propaga répidamente a las principales poblaciones
marroqufes. En Larache encuentra viva resistencia y se choca entre mili-
tares y civiles; dos tenientes mueren en la acci6n, junto a varios obreros;
en Alcazarquivir y en Xauen se triunfa sin violencias. Los militares domi-
nan la situacion y empiezan las marchas para concentrar las tropas que
habran de atravesar el Estrecho hacia la Peninsula. Desde Ceuta han de
salir para Cadiz y Algeciras.
El 18 es el dia de los grandes preparativos, siguiendo las instruccio-
nes de Mola; sin embargo, Franco no acaba de llegar y se desconoce su
paradero. A las 7 de la mafiana aparecen en Melilla los destructores Almi-
rante Valdés, Sénchez Barcaiztegui y Lepanto, enviados por el Gobierno
desde Cartagena para que bombardeen la ciudad.
Al mediodia del 18, un avion del Gobierno bombardea Dar Riffien
con tres bombas de diez kilos. En el ataque mueren dos legionarios
205y otros siete son heridos. El primer bombardeo aéreo de la guerra acaba
de cobrarse las primeras victimas en la Legion.
E] mismo bimotor bombardea el aerédromo de Sania Ramel y mas
tarde arroja ocho bombas sobre la Alta Comisarfa; tres explosionan en
el barrio moro, contiguo a aquélla. Grupos de mujeres y hombres indige-
nas se manifiestan en actitud amenazadora. Hay quince muertos y el
panico se aduefia de la poblacién. Los moros siempre han temido los
bombardeos aéreos, porque fueron los primeros en soportarlos cuando
la reconquista del Rif.
Como no se quiere utilizar la tropa contra la poblacion, Beigbeder,
gran amigo personal del Gran Visir, Sidi Ahmed Ganmia, acude a él y
hace que el viejo santon monte su caballo y entre en Tetudn a apaciguar
a los exhaltados. En el nombre de Ala se apacigua al pueblo y el Al-
zamiento queda salvado. Mas tarde, Franco le daria la primera Cruz
Laureada de la guerra.
Por la noche del 18 la espera se va haciendo irresistible. Franco no
llega; el nerviosismo crece; la ilusién se estanca. En la madrugada del
domingo, a las 6,30, aparece sobre el aérodromo de Tetuan el Dragon-
Rapide que trae a Franco. Al fin esta allf. En Ceuta se le espera con
entusiasmo,
Sin embargo, Yagiie, a peticién del general de Brigada José Lopez
Pinto que se habia aduefiado de Cadiz, tras liberar al general Varela,
ha enviado refuerzos. Y esa misma madrugada, a las 4,30, llegaba el pri-
mer tabor de Regulares de Ceuta, al mando del comandante Luis Oliver
Rubio, en el Churruca; y en el Ciudad de Algeciras iba un escuadrén de
Regulares desmontados de Ceuta, al mando del capitan San Juan.
A las 7 de la misma maiiana, también Ilegaban refuerzos a Algeciras
en el Cabo Espartel, con el segundo tabor de Regulares de Ceuta. La in-
mediata intervencién de estas tropas permitio salir airosa la sublevacién
y dominar las duras resistencias que se produjeron en toda la zona.
Los primeros legionarios fueron para Sevilla. En la mafiana del dia 20
un avion condujo a un teniente legionario y nueve soldados de la 5.? Ban-
dera; poco después, otro trimotor llevé a un sargento y diez legionarios
mas. Queipo de Llano distribuira a estos legionarios entre sus escasas
fuerzas, y envia a todos a Sevilla. ‘Por la calle Tetuén aparecen, a toda
marcha, varios camiones, donde, entre guardias civiles, soldados y paisa-
nos, sobresalen los airosos gorrillos legionarios. Cruza répidamente un
camion, y en seguida otro, y otro y otro... Casi no da tiempo a ver...
206Pero alli, no hay duda, va la Legion. El cortejo, en carrusel estrepitoso,
recorre incansablemente durante horas y horas una y otra vez las calles
de Sevilla, produciendo la formidable impresion de que toda la ciudad
se halla invadida por el Tercio.
“—¢Pero cuadntos legionarios han venido? —pregunta alguien al gene-
ral en su despacho.
”—Muchos —responde Queipo—. ;Veinte y un teniente!
”—2S6lo veintiuno...? {Si parecen dos mil!
”Sin embargo, paulatinamente, a Tablada continta de verdad llegan-
do el Tercio. Ahora acaba de venir un tercer trimotor, donde viajaba el
jefe de la 5.4 Bandera, comandante Castejon, y veinte legionarios.”
En tres dias lograron pasarse 200 hombres; la 5. Bandera y el tercer
tabor de Larache. El dia 25 también desembarcaria en Tarifa, a bordo
de dos faluchos, sin proteccién alguna, la 18.* Compafifa de la 5.? Ban-
dera del Tercio. A finales de julio se habian pasado por aire 873 hom-
bres, legionarios y regulares, que habrian de conquistar toda la zona sur.
La resistencia en Sevilla fue tenaz, porque mas de diez mil milicianos
fueron oponiendo encarnizado enfrentamiento a las escasas fuerzas. En
la tarde del mismo dia 20, Castejon se dispuso a atacar el barrio de Tria-
na con sus pocos legionarios. Las operaciones de la limpieza que Castejon
emprendié han sido descritas como de extremo rigor punitivo para cuan-
tos se oponian al Tercio: los heridos eran rematados en el acto y casi
todos los prisioneros pasados a cuchillo o fusilados poco después,
Castej6n encontré algunos asesinados a los que se les habfa colocado
en el pecho cartelones de “por fascistas”. Poco después habria de de-
clarar:
“Yo me limité a dejar sobre el cuerpo de cada asesinado el cadaver
de un asesino en forma de cruz.”
“Al dia siguiente, 21, prosiguié la incursién de las fuerzas de Caste-
j6n, con unos veinte legionarios mas, siendo por fin liberada Triana de
las garras rojas, a través de una acometida enérgica, tajante y dura de los
asaltantes nacionales, bajo el signo de la cruz trazada sobre el cuerpo de
cada victima yacente en la via piblica con el cadaver de un asesino rojo.
Ojo por ojo; diente por diente. Asi hubo de responderse graficamente al
terrible ejemplo con que los rojos trianeros se habfan propuesto aterrori-
zar a la alegre y cascabelera poblacién del suburbio sevillano.
”No menos enérgica hubo de ser la represién en la Macarena, otro
barrio opuesto de Sevilla, que desde el duro castigo infligido a Triana,
207resistié con furia demente hasta el dia 24, no sin haber repelido antes la
incursion de un escuadrén de Caballerfa que intentaba penetrar por
Osario. Ante la enérgica resistencia roja, esta vez la Legion hubo de ac-
tuar con el impetu guerrero que le es peculiar, lanzandose como una
tromba, cuchillo en mano, sobre las barricadas de la calle de San Luis,
tras una granizada preliminar de bombas. El duro castigo impuesto a
Triana no sirvid de ejemplo al otro barrio, que resistia enloquecido y
causé las primeras bajas en la Bandera de Castejon: dos muertos y doce
heridos, Pero el escarmiento fue ejemplar. Cayé todo el Comité revolu-
cionario, con su cabecilla al frente.”
Todas las fuerzas que hay en esos momentos se reducen a cien legio-
narios, cien falangistas, cien requetés y cincuenta guardias civiles, apoya-
dos por dos cafiones y un carro blindado. Ellos habran de conquistar
y mantener todo el territorio hasta que se despeje la situacion. En casi
todos los pueblos de la provincia de Sevilla ha habido ocupacién de
tierras, con asesinato de propietarios y elementos de derechas, ademas.
de los consabidos incendios de iglesias. El esquilmado pueblo andaluz
seguira acumulando hambre y odio por el desleal abandono en que
siempre le sumen los gobiernos de la nacién. Un pueblo trabajador, leal,
incansable, sufrido y alegre, ademas de ingenioso, que ha causado admi-
racién y respeto en toda la Europa industrializada y desarrollada: pero
que sistematicamente es apaleado por sus gobernantes.
208BADAJOZ Y LA COLUMNA MADRID
Desde el principio de la Guerra, la Legion, junto con los Regulares,
seré la fuerza que combata y abra paso hasta caer agotada y diezmada
en las puertas de Madrid. Casi cinco meses de lucha continua, de sangria
constante. La Legion, los veteranos y luego los nuevos, habra de estar
reforzando todas las unidades, incluso como en los primeros dias de
Marruecos, cuando ya se desconfiaba de los soldados peninsulares.
Hasta que los frentes no se estabilizan y los ejércitos no se estructu-
ran para desarrollar una guerra en el mas amplio sentido de la palabra:
es decir, un afio después de iniciado el Alzamiento; los legionarios, en
mayor o menor nitmero, iran mezclados con otras fuerzas. Su discipli-
na y su acometida en el combate eran la garantia de ejemplo y soporte
para el avance continuado. Ellos y sus jefes se tenian confianza.
Pero si éste era el factor principal, existia otra circunstancia de no
menor importancia: la escasez de tropa, primero para arrollar a los
numerosos contingentes de milicianos, luego para ir desplegandose y a
la vez sostener el territorio ocupado, Asi, Martinez Bande habla de las
microdivisiones que constituian las columnas que actuaron en la marcha
hacia Madrid. “Se movian combinando la accion de las armas, El jefe
209que las mandaba no tenia en sus manos una sola divisién, sino varias,
aunque extraordinariamente reducidas,”
Los legionarios, al igual que hicieron en Sevilla, van actuando e incor-
pordndose elementos; necesarios unos, capturados otros 0 simples volun-
tarios. Estos aumentaban las columnas en nitmero y efectivos con el paso
de los dias, pero a la vez van ensamblandose los reducidos nicleos.
Asi, antes de que el llamado Convoy de la Victoria lograse pasar el
Estrecho el dia 5 de agosto, Franco, ya nombrado el 24 de julio General
en Jefe del Ejército de Africa y Sur, dio su primera orden el 1 de agosto,
para que saliese de Sevilla lo que habria de llamarse la Columna Madrid.
El 2 de agosto partid de Sevilla la primera columna, al mando del
teniente coronel Carlos Asensio Cabanillas. La componen el 2.° tabor
de Regulares de Tetudn, la 4.* Bandera del Tercio, es decir, dos unidades
tipo batallén; dos auto-ametralladoras, una baterfa de 70 mm, una com-
pafifa de Zapadores con tren de puentes y material de fortificacién; es-
tacion de radio a caballo y servicios de Intendencia y Sanidad. Su objeti-
vo: avanzar en direccién a Zafra y Mérida.
Al dia siguiente saldrfa una segunda columna, la del comandante
Castejon, con el 2.° tabor de Regulares de Ceuta, la 5.2 Bandera del Ter-
cio, una bateria de 75 mm, una columna de municiones, una seccién de
Transmisiones y los correspondientes servicios de Intendencia y Sanidad.
EI avance habrfa de realizarse de Sevilla a Mérida y Badajoz; un reco-
rrido de 262 kilémetros cubiertos en once dias y bajo el aplastante calor
agostado de Extremadura. Ademas, desde Sevilla (12 metros) se asciende
hasta Monesterio (755) y se desciende a Mérida (220). El terreno es muy
cambiante: las tierras de labor dejan paso al monte alto y bajo, luego se
vuelve movido y desde Monesterio es de labor y vifiedo, Sdlo de Mérida
a Badajoz hay trazado Ilano, junto a la carretera y el Guadiana.
La salida de Sevilla se hizo en plan motorizado a las 20 horas; a la
una de la madrugada del 3, encontraron volado el puente sobre la ribera
del Huelva, Hubo que pedir a Sevilla material de puentes, mientras las
fuerzas avanzaban a pie hasta ocupar El Ronquillo. A las 13 horas queda
reparado el paso y contintia el avance de los camiones. Antes de llegar al
Ronquillo, encuentran volada una alcantarilla, cuya reparaci6n es raépida.
A las 22 horas se llega a Santa Olla.
El dia 4, tras rechazar algunas emboscadas, logran ocupar Moneste-
rio, quedando liberados El Real de la Jara y Cala. El 5 se entra en Fuente
de Cantos y Cazalilla de los Barros. Se tienen noticias de las primeras
210reacciones serias del enemigo. A las 13 horas se toma contacto con el adver-
sario, y mientras se le fija el frente, se efecttia un movimiento envolvente
por el flanco derecho, A las 20 horas se ocupa Maimona. A la columna se
unen 110 guardias civiles que habfan conseguido escapar de la comandancia
de Badajoz. Han sorprendido a un pelotén de dinamiteros, con armas y ex-
plosivos, cuando se disponian a volar un puente, y los traen con ellos.
Ese mismo dia 5, el Convoy de la Victoria desembarca en Algeciras
al Tercer tabor de Regulares de Melilla, a la 1.2 Bandera de la Legién, al
resto de los Regulares de Larache, una baterfa de 105 mm, abundantes
municiones, dos ambulancias, una estacién radio-auto y material de
transmisiones. Se suman un total de 2.500 hombres. Todo ello no es
mucho, pero desmoralizaba y desprestigiaba al gobierno republicano;
al no dominar el Estrecho con sus navios, quedaba al descubierto que no
dominaba en ninguna de las dos Espafias. En la gubernamental, porque
el poder estaba en manos de las fuerzas revolucionarias; en la otra, por-
que ya existia un principio de gobierno, de orden y, lo que era mas peli-
groso, organizacién militar.
El dia 6, no obstante, la aviacién gubernamental realiza un bombar-
deo sobre Maimona, que sorprende a los legionarios. En dias sucesivos
los bombardeos seran constantes.
La columna de Castején, que habia salido de Sevilla el 3 a ultima
hora, se orienta al dia siguiente hacia Llerena con el objeto de fortalecer
el flanco derecho de la columna de Asensio. Dominada la localidad en
seguida, el dia 6 se dirigen a concentrarse en Monesterio, a la vez que
enyian un destacamento a ocupar Calera de Leon.
Asensio se dirige hacia Almendralejo y, luego de envolver y ocupar
Villafranca de los Barros, rompe las defensas exteriores de Almendralejo,
ocupandolo, a pesar de los constantes bombardeos de la aviacién guber-
namental. Queda la iglesia parroquial, edificio de sdlida construccion en
donde los mas decididos se refugian y se defienden tenazmente durante
varios dias. La torre de Almendralejo seria volada el dia 11 por el tenien-
te Ripoll y un legionario, para abatir la resistencia de cincuenta milicia-
nos que se hacian fuertes en la iglesia.
El dia 7 Castejon tomé Zafra, con escasa resistencia, y luego concen-
tré su columna en Los Santos de Maimona. Ese mismo dia, Franco se
trasladaria a la Peninsula y establecerfa su cuartel general en Sevilla,
asumiendo el mando directo de las fuerzas expedicionarias que avanzaran
sobre Madrid.
211E] dia 8, Franco ordena que las columnas de Asensio y Castejon
dejen de actuar independientemente y se pongan a las ordenes de Asensio
para realizar la ocupacién de Mérida. Esta plaza habra de atacarse por
tres direcciones y desbordarse por el este.
E] dia 9 ya estaba organizada la nueva columna, que mandaré el te-
niente coronel Tella Cantos. La componen la 1.* Bandera del Tercio, el
primer tabor de Regulares de Tetudn, una bateria y una secci6n de la
Guardia Civil.
El dia 10 se ocupé Torreme} avanzandose por la carretera general
hasta unos seis kilometros de Mérida. En torno a la ciudad van a desarro-
llarse pequefios combates en los que algunas posiciones nacionales son
tomadas por las milicias gubernamentales. De Madrid ya han empezado
a llegar algunos batallones de milicias populares algo entrenadas en la
lucha. Ya no son campesinos armados y defendiéndose encarnizadamen-
te. La batalla habra de plantearla con amplio movimiento de tropas.
E] dia 11 se realizan una serie de movimientos para la ocupacion de
Mérida, con los siguientes resultados:
Por la derecha (este) se conquistaron los pueblos de Alange y Zarza,
intentandose vadear el Guadiana sin éxito, por no hallar pasos practica-
bles y ser el caudal muy crecido. La progresion result6 sumamente dift-
cil, por la constante hostilidad enemiga por los flancos y el frente. Ante
tal situaciOn, las tropas regresaron a Almendralejo, para desplazarse por
la carretera general a Mérida.
Por el centro (sur), se vaded el rio y se ocupd el pueblo de Don
Alvaro, y desbordandose Mérida, se batié duramente a las fuerzas que
huian de la ciudad.
Por la izquierda (oeste), se siguié la carretera general y en el cruce
que conduce a Calamonte se encontré fuerte resistencia de un enemigo
bien atrincherado, Hubo que desalojarlo a la carga mientras se sufria
fuego de aviacion y artillerfa enemigas. Al fin intervinieron las baterias
propias y pudo cruzarse el puente romano, que milagrosamente no ha-
bia sido volado.
La ocupacién de Mérida supuso cuantioso botin, con piezas de arti-
lleria y bastantes prisioneros: soldados gubernamentales y milicianos,
aunque el mayor grupo de éstos abandoné pronto la resistencia en
Mérida.
Por otro lado, al rebasarse la ciudad por el norte, se tomé contacto
con las fuerzas de Caceres. Es un enlace precario, pero los dos ejércitos
212ya estan unidos, y se pueden pasar suministros a las fuerzas del general
Mola.
La importancia de la conquista de Mérida coloca a las fuerzas expedi-
cionarias en situacién de realizar la toma de Badajoz y asegurarse el
flanco con la frontera de Portugal. La coordinacién de estos esfuerzos
exige un mando directo y dnico, y Franco se lo confiere a su amigo
Yagiie. Bajo la denominacién Columna Madrid se integraran las fuerzas
de Asensio, Castej6n y Tella, mas los efectivos de artilleros, ingenieros
y servicios. Yagiie dicta su primera orden el dia 11 y en ella, recapitu-
lando las bajas experimentadas en las distintas acciones que han jalona-
do el itinerario, sefial6:
“La técnica estd en nuestras manos; si la olvidamos nos ponemos
a la altura del enemigo, perderemos una gran superioridad y seremos
responsables de las bajas que nos causen por falta de prevision o pericia.
Hay que ser avaros en administrar nuestra sangre.”
E] dia 12, las fuerzas legionarias se dedican a consolidar las posicio-
nes aleanzadas, ocupando la sierra de San Servan y el pueblo de Esparra-
galejo. En Mérida se queda Tella con las fuerzas indispensables para
contener un previsible ataque de reaccion, El grueso de la tropa es lan-
zado por Yagiie en direcci6n oeste, por la margen izquierda del Guadia-
na y con la carretera general a la derecha.
El 13 se ocupan los pueblos de Lobén y Talavera la Real, y en las
proximidades de Badajoz, vuelven a dispersarse las columnas: Asensio
se orienta hacia el este de la ciudad y Castej6n hacia el sur.
Badajoz se encontraba guarnecido por un regimiento de Infanteria
y numerosos milicianos, que han ido concentrandose en los tiltimos dias
con la orden de resistir a toda costa. E] mando lo ejere/a el coronel Puig-
dengola, que en un principio fue detenido por algunos guardias civiles
y de asalto que se sublevaron. Luego, al ver que las tropas amigas se en-
contraban més lejos de lo supuesto, les decayé el animo, y perdidas las
esperanzas, se entregaron a las autoridades, mientras otros escapaban
a unirse con los legionarios.
El coronel José Cantero Ortega mandaba el regimiento de Castilla
y los restos de la Guardia Civil, carabineros y fuerzas de Asalto. Unidos
a los numerosos milicianos y fuerzas regulares procedentes de Madrid, la
defensa iba a ser férrea.
La ciudad se alza en un monticulo, semirrodeada por el Guadiana
y el arroyo Rivilla; un puente de cerca de 500 metros comunica la pobla-
213cién con unos arrabales situados a la otra margen del rio. Las viejas
murallas fortifican la ciudad; son inservibles en una guerra moderna,
pero Yagiie carecia de artillerfa para batirlas. Habria que hacer todo a
fuerza de hombres y voluntad. Sobre todo si se tenia en cuenta que
entre la altura del castillo y las aguas del Guadiana hay 40 metros de
altitud.
En la tarde del.dia 13, Asensio despliega sus unidades a caballo sobre
Ja carretera y, tras sufrir nutrido fuego del enemigo apostado en el case-
rfo y recinto amurallado, ocupan a viva fuerza el barrio de San Roque.
Castején, después de rebasar los fuertes exteriores de la Picurifia y de
Pardaleras, penetra con sus tropas en el cuartel de Menacho, donde han
de combatir duramente y palmo a palmo. Pero al final de la jornada se
han conquistado dos nicleos suburbanos de indudable importancia para
realizar el asalto final.
El 14, la columna de Asensio toma dos direcciones: una parte ataca-
vA de frente, hacia la puerta de Trinidad; y la otra, actuard en beneficio
de la anterior, flanqueando la muralla por la derecha, para penetrar por
Ja llamada puerta de los Carros y tomar el castillo del revés. Los mo-
yimientos de todas las fuerzas fueron siempre en inferioridad de condicio-
nes; eran batidas y enfiladas desde todos los puntos, pero el impetu de
los legionarios y regulares vencid todas las resistencias. Alli, la Legion
yolvid a vivir uno de sus glorisosos episodios sangrientos: aquéllos que
ya en Marruecos la hicieron temida y respetada.
Cuando al fin se logré abrir una brecha en la puerta de la Trinidad,
Yagiie mantuvo la orden de que se asaltara la ciudad por la que deno-
mino brecha de la muerte. Justo a las 3 de la tarde, la 16.* Compafiia
de la 4.2 Bandera, con todos sus mandos, atacé desde San Roque. Lleva-
ba un carro blindado en vanguardia, con el que probé a romper la tupida
cortina de ametralladoras enemigas, pero inexorablemente, otro haz de
proyectiles puso fuera de combate a la oleada que avanzé en cabeza.
Rapido, el blindado, que conducia un esforzado capitan de apellido
Fuente, vir por el flanco derecho, atrayendo la atencién del enemigo.
Al desviarse los tiros hacia el carro de acero, se lanzaron la 2.* y 3.* sec-
ciones a campo abierto, salvando el foso seco del Rivilla y castigando
con bombas de mano la irreductible fortaleza. De inmediato, los fuegos
cruzados de la defensa volvieron a diezmar las filas de los camisas verdes,
y hasta el legionario-banderin cayé con un desgarrado ;Viva la muerte!
El capitan Pérez Caballero, que mandaba la fuerza, reunid a los
214fusileros titiles al abrigo de un pequefio terraplén, y, mostrandoles la
brecha, de la que se encontraban a unos 70 metros de distancia, encare-
cid tomarla con una vehemencia tal, que arremetieron a una contra la
barricada bajo una densa granizada de balas. Fue tan airoso el ataque,
que con granadas de mano y a punta de bayoneta consiguieron poner
pie en la gran muralla, primero el capitén y un cabo que se desangraba,
y después los catorce supervivientes de aquella gloriosa compafifa que
sufrié casi cien bajas.
Estos legionarios y otros que se les sumaron, irrumpieron al arma
blanca en los parapetos y entablaron un violento cuerpo a cuerpo, de
manera que, ante su irresistible acometividad, los marxistas se replega-
yon. Esto les deparé un mayor descalabro, pues, en vertiginosa carrera
los del Tercio les ganaron el paso y, enardecidos, sin control, fueron
diezmando al enemigo que se defendfa encarnizadamente, sembrando
las calles de cadaveres.
El capitan Pérez Caballero logré llegar al Ayuntamiento y cursar
este lacénico y espartano mensaje a Yagiie: “Atravesé la brecha. Tengo
catorce hombres. No necesito refuerzos.”
Mientras, se rodearon las murallas hacia el norte y se llegé a Ja parte
alta de la ciudad, cruzandose el puente de las Palmas. Los soldados eran
batidos desde las alturas del cerro de San Cristobal, al otro lado del
Guadiana.
Las tropas de Castején, por su parte, ocuparon el cuartel de la Bom-
ba, saltando hasta él desde el Menacho y entrando, igualmente, en el
interior de Badajoz. Pero los marxistas no rindieron facilmente las ar-
mas, a excepcion de los que huyeron hacia Portugal.
“Se defendieron en la parte alta de las casas y en las encrucijadas
de las calles, prolongando en algunos sectores la angustiosa ansiedad del
yecindario, que escuchd, consternado, en sus hogares, la orgia de sangre
de los combates, el clamor de Jos vencidos, las cerradas y secas descar-
gas que retumbaban en los portales, el lamento de los heridos en aceras
y calzadas. Ninguna fuerza humana era ya capaz de contener la ciega
pasion del legionario combativo, al que la pérdida de sus camaradas saco
de quicio a la razon y el sentimiento. Atacaban en cualquier forma y
posicion; ya con bombas de mano, a la bayoneta, con el cuchillo en la
boca 0 con pistolas ametralladoras.
”En la confusa lucha callejera, ,como identificar a la masa aterrada
que huia, a pacfficos vecinos, incluso a los que fueron empujados a la
215muralla por las autoridades republicanas? Quiza, si, quizd debieron los
inocentes esforzarse por darse a conocer, por gritar, juntando suplicantes
las manos; pero el paroxismo de la guerra no comprendia este lenguaje. El
Tercio y los Regulares tnicamente reconocian ante sus ojos el bulto de un
enemigo fisico, peligroso, torvo. Ni siquiera la Catedral, donde al decir
del rumor piiblico, se habfan entremezclado con la poblacién varios
republicanos, estuvo indirectamente exenta de los horrores de la lucha.”
Muy pronto recorrerja el mundo, la propaganda de izquierdas vuela
siempre y es crefda a pies juntillas, una version mas 0 menos exacta de
los trdgicos hechos de Badajoz. Asi pueden leerse textos que hablan de
menos de 5.000 defensores, la mayoria milicianos sin preparacion mili-
tar, arroyados por 3.000 soldados profesionales y bien entrenados, que
en represalia mataron a mas de 2.000 personas y capturaron a mas de
30.000 prisioneros. Ast, Le Temps, de Paris, en su ntimero del 17.de
agosto informaba: “Hasta el momento presente, unos 2.000 hombres
han sido muertos, acusados de resistencia armada y de crimenes graves.
Yo vi el pavimento frente a la Comandancia Militar cubierto de sangre
de los ejecutados, y todavia diseminados sus gorros y objetos personales.
La Catedral, donde se refugiaron numerosas familias, esta en desorden;
pero no ha sufrido desperfectos. Dos milicianos capturados en el coro
fueron ejecutados de cara al altar mayor, ante el cual yacen bafiados
en su propia sangre. Las detenciones y ejecuciones en masa continian
en la Plaza de Toros.”
La piedra de escdndalo la dio el periodista portugués Mario Neves,
donde hasta Arthur Koestler bebid para dar su version de la matanza
de Badajoz en su Testamento espafiol. Otro de los relatos extranos fue
publicado en La Voz, de Madrid, el 27 de octubre, donde dice:
“Cuando Yagiie se apoder6 de Badajoz, utilizando para el ataque
el territorio portugués, hizo concentrar en la Plaza de Toros a todos los
prisioneros milicianos y a quienes, sin haber empufiado las armas, pasa-
ban por gentes de izquierdas. Y organiz6 una fiesta. Y convid6 a esa
fiesta a los cavernicolas de la ciudad, cuyas vidas habian sido respetadas
por el pueblo y la autoridad legitima.
”Ocuparon los tendidos caballeros respetables, piadosas damas, lin-
das sefioritas, jovencitos de San Luis y San Estanislao de Kotska, afilia-
dos a Falange y Renovacién, venerables eclesiasticos, virtuosos frailes
y monjas de albas tocas y mirada humilde. Y, entre tan brillante concu-
rrencia, fueron montadas algunas ametralladoras.
216Dada la seal —suponemos que mediante clarines—, se abrieron los
chiqueros y salieron a la arena, que abrasaba el sol de agosto, los huma-
nos rebafios de los liberales, republicanos, socialistas, comunistas y sin-
dicalistas de Badajoz. Confundianse los viejos y los nifios. También figu-
raban mujeres: jovenes algunas, ancianas otras: gritaban, gemian, malde-
fan, increpaban, miraban con terror y con odio hacia las gradas repletas
de espectadores. gQué iban a hacer con ellos? ¢Exhibirlos? ,Contarlos?
gVejarlos? Pero pronto, al ver las maquinas de matar con los servidores
al lado, comprendieron. Iban a ametrallarlos.
”Yagiie estaba en un palco, acompajiado de su segundo, Castejon.
Lo rodeaban, obsequiosos y rendidos, terratenientes, presidentes de c
fradias, religiosos, candnigos, sefioras y damiselas vestidas con provin-
ciana elegancia. Levanté un brazo y flameo un pafiuelo. Y las ametra-
lladoras comenzaron a disparar.”
Esta espeluznante y ridicula crénica se extendid tanto por Espaia
y el extranjero que hasta el mismo Hugh Thomas la recoge en su obra,
La guerra civil espafola, aiiadiendo: “La Plaza de Toros resultaba un
lugar légico para las ejecuciones en Badajoz, ya que esta cerca de la
Plaza Mayor.” “
Harold Cardozo, el corresponsal del periédico liberal Daily Mail,
publicaria entonces unas crénicas con datos muy reveladores que mas
tarde formarian parte de su libro, The March of a Nation: “Badajoz
habia cafdo apenas veinte horas antes de mi llegada... La Legion perdid
127 hombres en 20 segundos, pero los supervivientes, con la bayoneta
calada, pasaron entre las ametralladoras y mataron a todo lo que se
pusiese por delante...”
En realidad, en aquel asalto se perdieron 285 hombres de los 2.400
que emprendieron la accion. Mandaba: la 4.* Bandera el comandante
Vierna, y la 16.2 Compaiia el capitin Gonzélez Pérez Caballero, que
fallecerfa mas tarde en Pozuelo, en accién de guerra.
En la ocupacion del cuartel de la Bomba también se distingui
teniente Francisco de Miguel Clemente, de la 5.* Bandera, que recibiria
la Cruz Laureada de San Fernando por su comportamiento. También
fallecerfa dos meses mds tarde en accion de guerra.
Ese mismo dia 14, sobre las diez de la mafiana, se desencadend sobre
Mérida una accion ofensiva de importancia, con el propésito de aniqui-
lar a la Columna Madrid. Una numerosa masa de milicianos atacé la
poblacion apoyada por una baterfa de 105 mm y tres aviones. Tella
217hizo que sus legionarios tomasen posiciones al nordeste de la ciudad, y
tras una lucha muy dura, hacia las 18 horas, consiguieron batir a los
asaltantes. Estos perdieron la moral y abandonaron el campo, dejando
muertos, heridos y un cuantioso botin,
El 15 de agosto, cuando Yagiie reunié a las fuerzas bajo su mando,
las arenga con estas palabras:
“Legionarios: Merecéis el triunfo; porque frente a los que solo saben
odiar, vosotros sabéis amar y cantar y refr. Alla lejos esta Madrid, legio-
narios, y llegaremos todos; porque para guiar nuestros pasos en la lucha,
resucitaran los que aqui cayeron luchando por Espaiia.
*Legionarios de la 16 Compajifa: ;{Qué pocos habéis quedado y qué
orgulloso me siento de vosotros! Gritad conmigo: ;Viva Espafia! jViva
la Legion!”
Frente a ellos, frente a la Columna Madrid, ya se desplegaban las
unidades regulares y de Orden Piiblico que mandaba el general Riquelme;
en ellas se encuadraban jefes profesionales: el coronel Jurado, los tenien-
tes coroneles Navarro y Burillo, y el capitan Uribarti, jefe de la Columna
Fantasma. Pero a Yagiie le quedaban hombres y coraje para continuar
rapidos hacia Madrid en lo que Luis Maria de Lojendio ha calificado
como “la época auténticamente legionaria y marroqui” de la guerra;
“descubrimos a lo vivo a aquel Ejército de Africa, del que la mayorfa
no tenfamos mas que una leve referencia literaria: los legionarios autén-
ticos de 12 y 15 afios de servicio en la tierra ingrata de Africa; los regu-
lares viejos con el perfil puro de la mejor raza marroqui, deshechos de
atencién y ceremonia en su trato”.
Fueron fuerzas que avanzaban a un ritmo que hizo prever el pronto
término de la Guerra. Quince dias mas tarde ya habian recorrido otros
300 kilometros y las fuerzas de Yagiie se encontraban a las puertas de
Talavera de la Reina, después de incorporar extensos territorios a los
nacionales, y rescatar a los refugiados del Monasterio de la Virgen de
Guadalupe, cercados por las fuerzas del capitan Uribarri. Los Regulares
levantaron el cerco, recogieron gran cantidad de material bélico y fusila-
ron a los prisioneros gubernamentales.
El propio Yagiie se justificarfa ante un corresponsal del New York
Herald Tribune, declarando:
“; Qué suponia usted, que iba a llevar 4.000 prisioneros rojos con mi
columna, teniendo que avanzar contra el reloj? gO iba a dejarlos en la
retaguardia, para que Badajoz fuera rojo otra vez?”
218LEGIONARIOS DE ESPANA
Abundan los testimonios legionarios sobre la guerra espafiola, pero
ya no resultan tan espontaneos ni ricos en matizaciones como los de
aquella primera época de la reconquista del Rif. Realmente, sobre todos
y cada uno, pesa con angustia de losa el tremendo impacto de una histo-
ria legendaria, heroica, y la comprobacion de una realidad asombrosa
e inesperada, por lo inimaginable.
Los legionarios, con los regulares, fueron los hombres de vanguardia
y de choque, los que se mantuvieron a la cabeza de Ja marcha sobre Ma-
drid. Veteranos que muy pronto fueron a reunirse con los compaiieros
del Blocao de la Muerte, de la segunda Caseta, de Taxuda o de Ambar.
En principio continuaron bajo el mando general y directo de Yagiie,
aunque operacionalmente avanzaban formando las columnas ya iniciadas
para la toma de Badajoz: de Asensio, de Castej6n, de Tella, y desde la
liberacién de Toledo, y para la conquista frontal de Madrid, de Barron
y de Delgado Serrano.
Asensio Cabanillas: Con su columna participé en la toma de Badajoz
y fue uno de los jefes que mas destacé en la maniobra al llevar entre sus
legionarios a los hombres de la 16.7 Compafifa, con el capitan Pérez
219Caballero. Habria de sufrir fuertes pérdidas en el ataque de Medellin,
cuando una de las secciones de sus tropas sufrid el ataque aéreo de la
escuadrilla de André Malraux, el escritor francés.
Consiguié: rehacer sus fuerzas y prosiguié el avance hasta reunirse
en Navalmoral de la Mata con la columna de Tella.
Siguiendo un fuerte ritmo de avance, conquisté con sus tropas
Puente del Arzobispo, y el dia 8 de septiembre ya tomaba al asalto la
ciudad de Talavera de la Reina. En esta plaza encontré fuerte oposicion,
precisamente en las tropas que mandaba el coronel Asensio Torrado, que
se vio obligado a replegarse.
A partir de Talavera, la maniobra la realiza sobre Toledo. Ahora
avanza bajo el mando de Varela, que le encomienda envolver el ala iz-
quierda de la capital y da como resultado la liberacion del Alcazar. Se
penetré en Toledo por la puerta de Bisagra, lo hizo el primer tabor de
Regulares de Tetudn, mientras unos destacamentos avanzados de la
5.2 Bandera de la Legion Ilegaban al Alcazar, y, tras un rodeo hacia el
puente de Alcantara, La 1.* Bandera entré por la puerta del Cambron.
El capitan Tiede y el teniente Lafuesta fueron los primeros oficiales
que entraron en la martirizada Academia.
Carlos Tiede Zeden era un veterano, un culto aleman que se engan-
ché en uno de tantos banderines de la primera hornada. Llegé a capitan
legionario, como prometian Millan Astray y el Credo, después de una
serie ininterrumpida de hechos distinguidos, desde soldado en la 3.* Com-
pafifa de ametralladoras. Destacé por su energia, cardcter, condiciones
de mando, intuicién, una cultura militar nada comin, moralidad y amor
a Espaiia y a la Legion. Fue cabo, sargento y suboficial entre sus varias
heridas. Ya de suboficial, alférez y teniente, se le veia seguir silenciosa-
mente a Franco; en Sidi Mesaud, en Tifaurin, en Tizzi Azza, durante la
yetirada de Xauen y en el desembarco de Alhucemas. Apenas germinaba
una idea en el jefe, Tiede la transmitia atravesando el fuego, sin un gesto,
sin una duda, con la tranquilidad de quien da un paseo.
En las pefias de Beni-Hozmar recogid el cuerpo herido de Millan
Astray. Y el legionario anénimo que ofrecid estos detalles, relata el si-
guiente episodio: “Un dia sobre una cumbre, el coronel Franco, con los
prisméticos, inquirfa la posicién del cafion enemigo que tiraba con eficaz
y certera punteria. Dos pasos detrds del Jefe, el alférez Tiede, con el blok
y el lapiz en las manos, esperaba... Un proyectil llegd con ronco y rabioso
zumbido y estallé entre ambos, envolviéndolos en un nubarrén de casco-
220tes, de humo y. de tierra; de las gargantas de los circundantes surgié un
clamor de espanto.
Al disiparse la nube polvorienta, se vio que el coronel seguia impasi-
ble, con los gemelos ante los ojos escrutadores, y que el alférez Tiede, sin
descomponer un 4pice su recia figura, continuaba con el lapiz y el bloc
en las manos, esperando.”
Las tropas, de Asensio inician la nueva maniobra con Madrid como
objetivo. En la sierra de San Vicente tienen que vencer una dura resis-
tencia enemiga, pero siguen la marcha para intervenir en las operaciones
de Illescas y de Navalcarnero, hasta alcanzar los arrabales de Madrid.
En el asalto que se inicia el dia 7 de noviembre, a Asensio le toca
enfrentarse con el cometido més dificil: el cruce del rio Manzanares.
Precisamente en el momento en que Madrid recobra su moral de lucha,
llega Ja columna Durruti y sobre todo las Brigadas Internacionales, adies-
tradas en Albacete.
Hasta el dia 16 de noviembre no se consigue el cruce del rio y la
escalada del paseo de Rosales, donde los madrilefios combaten encarni-
zadamente y hacen de cada casa un fortin. Sus legionarios han sido los
primeros en cruzar el rio, pero hasta llegar a la Escuela de Ingenieros
Agrénomos y la Casa de Velazquez, en la Ciudad Universitaria, tendran
que vencer muchos obstdculos. Sin embargo, alli se quedaran clavados,
yechazando en sus posiciones fortificadas, los repetidos e infructuosos
ataques de los defensores de la ciudad.
El paso del Manzanares produjo intensas horas de emocidn. Asensio
ya habia declarado: “Mafana pasaré, con carros o sin ellos.” Y en la
jornada decisiva sus fuerzas intentaron por tres veces el ataque, y las tres
veces, cuantos hombres asomaban a la margen del rio, eran abatidos
instanténeamente.
Estaban como el conejo que al salir de su madriguera le esperan
perros y cazador, y no tiene mas remedio que salir.
“Poy el flanco izquierdo, hacia el Hipédromo y Garabitas, el fuego
es intenso; el enemigo contraataca para impedir nuestro avance. Hacia
las cuatro de la tarde, la aviacion vuelve a bombardear las cumbres del
Parque del Oeste y los desmontes de la Ciudad Universitaria. Aprove-
chando aquel fugaz momento, los carros asoman a la brecha, barren con
el fuego de sus ametralladoras'la orilla frontera, se dejan resbalar por la
pendiente, franquean penosamente el rfo, en cuyo arenoso fondo queda
alguno inmovilizado, y escalan la margen enemiga. Un tabor de Regula-
221res de Tetudn, en un alarde maravilloso de bravura, se lanza al ataque,
pasa el Manzanares, irrumpe en la Ciudad Universitaria y de un solo
asalto, en carrera loca, se apodera de la Escuela de Arquitectura. La
noche se echa encima. S6lo queda una hora de dia; el numero de bajas
ha aumentado sin cesar y la situacion de los tanques y tropas se hace
cada vez mds critica. En ese momento se ordena a los legionarios lanzar-
se al asalto. El empuje y brio admirables con que se realizé, saliendo al
descubierto y atravesando resueltamente el rio con el agua a las rodillas
y atacando la orilla opuesta con bombas de mano, consiguié sembrar
el pdnico y poner en fuga a los milicianos.”
Hay quien atribuye el desfallecimiento a las fuerzas de Durruti,
recién incorporadas al frente, pero desacostumbradas a luchar en serio.
Jestis Hernandez describe asf la actuacién: “El enemigo, que no habia
celebrado seguramente ninguna asamblea, se lanzé contra las posiciones
republicanas. Los hombres de Durruti, acostumbrados a los placidos
frentes de Aragon, se derrumbaron estrepitosamente; cenetearon, como
el pueblo de Madrid decia jocosamente para denominar el chaqueteo,
y permitieron que el enemigo ocupase algunos edificios de la Universi-
taria. El] bautismo de fuego de la columna que habfa venido a salvar a
Madrid, con una semana de retraso, no pudo ser mas lamentable.”
Los anarquistas nunca fueron bien vistos por los comunistas, y menos
en Madrid. Pero lo cierto fue que alli se peleé muy duramente, hasta
el punto de que algunas construcciones, como sucederia en el frente
sostenido en Carabanchel Bajo y Usera, se ocupaban metro a metro,
zigzagueando y con casas una frente a la otra. Se resistia en ellas, no
porque fuesen objetivos vitales, sino por terquedad. Se sostenfan posi-
ciones y se malgastaban vidas humanas y material, por el prurito de
mantenerse en sus puestos, y porque les asustaba moverse. Realmente
tenfan miedo ante la barbaridad que estaban viviendo y habfan desen-
cadenado.
Vivi en el barrio del Terol desde mayo de 1939, y desde la Ciudad
Universitaria al Cerro de los Angeles, 0 Cerro rojo que se llamaba, cami-
né todo aquel frente con otros muchachos, y escuché todas las histor-
rias que padres, tios, abuelos, nifios, carteristas, rojos, emboscados, fa-
langistas renacidos y seres humanos, angustiados por la necesidad de
vivir, compartieron mis estudios, mis juegos, mis correrfas e innomina-
das aventuras. Precisamente, lo que hoy es calle de la Oca, era el ferro-
carril militar que unfa todos los cuarteles de la periferia madrilefia; en
222el cruce con general Ricardos estaba la estacion o sus ruinas, con varias
maquinas averiadas. A su espalda, el gran edificio de una antigua impren-
ta era como el hogar-asilo de todos los huérfanos de guerra, los rojillos.
Tardaron afios en hacer el campo de fatbol en aquel solar leno de trin-
cheras y luego arado para el cultivo de cebada. Adin permanece en pie
la vieja taberna de conspiraciones milicianas; era un edificio de los
mejor conservados al acabarse la guerra. Y sigue intacto.
“La 4." Bandera fue la que tuvo mayores dificultades para ocupar
el Hospital Clinico. Durante estos dias, se sostuvo con el enemigo duros
combates por la posesién total del edificio, pues al llegar nuestras fuer-
zas, mas de la mitad del Hospital Clinico estaba en poder del enemigo:
teniendo que sostener duros combates en galerias, escaleras, quiréfanos
y pisos altos, hasta dominarlo por completo.”
Eran escombros; esqueletos erizados de hormigén y acero retorcido
y alla, en la hondonada, como una casa circular alrededor de la cual
habfa ruinas totales. No sé si fue el 28 o el 29 de marzo cuando vi todo
aquello y todas las ruinas que se encontraban hasta llegar a la Plaza Ma-
yor, donde se me prohibié continuar. Atn paqueaban por Atocha y
Cibeles. Alli tuve que esperar a que mi padre hiciese sus gestiones, y
luego la ambulancia, supongo que la misma que nos trajo, nos sacé hasta
el Puente del Rey, desde donde tuvimos que ingeniarnoslas para regresar
a Méstoles en plena noche, en camiones militares,
Por sus relevantes méritos, Asensio Cabanillas serfa ascendido a coro-
nel y saldria del agujero de la Ciudad Universitaria para la siguiente gran
batalla; la que se inicia con el invierno en las Ilanuras del sureste madri-
lefio. Alli intervendra al frente de sus fuerzas que ocuparon La Marajiosa
y abrieron la brecha en el frente del Jarama, cruzando el rio y sostenién-
dose tenazmente en posiciones dificiles de defender.
Asensio continuarfa como general interino al frente de importantes
unidades en las campajias de Aragon y Cataluiia, que dieron por resulta-
do la conquista de Barcelona.
Heli Rolando de Tella Cantos. Natural de Lugo; este espiritu galaico
canaliz6 su fuerza vital hacia Jas armas. Con el tiempo se convertiria en
un tipico africanista. Su vida transcurrié en los cuerpos de choque y
en las fuerzas destinadas a la toma de posiciones de vanguardia en las
batallas. Resulto herido seis veces, y fue condecorado con la Cruz Lau-
yeada de San Fernando y la Medalla Militar. Participo en la reconquista
del Gurugi, en 1921.
223Conspirador activo desde la proclamacién de la Republica, después
de escaparse al Marruecos francés a causa de su enfrentamiento con el
Gobierno, se reunié con sus antiguos compaiieros de armas, cruz el Es-
trecho y, desde Sevilla, al frente de la 1.* Bandera de la Legion y fuerzas
de Regulares, se fue, como antiguo y destacado jefe legionario, a la
conquista de las tierras andaluzas-extremefas, limpiandolas, tras las
columnas de Asensio y Castején.
Tras su enérgica defensa de Mérida, mientras se ocupaba Badajoz,
reemprendié el avance con sus hombres en la gran marcha hacia Madrid.
Combatié en Navalmoral, donde se concentré con Asensio, y luego si-
guié para tomar Arenas de San Pedro, y mas tarde confluir sobre Toledo.
Qued6 como gobernador militar de Toledo, tras la liberacion, duran-
te un breve tiempo. Mas tarde se incorporé al campo de batalla y con
sus legionarios irfa ocupando Parla y Getafe, hasta lanzarse sobre Madrid.
Penetré en los barrios del oeste del Manzanares, por Villaverde Alto,
deteniéndose justo al pie urbano de la capital.
Una vez estabilizado el frente con el éxito de la defensa madrilefia,
se le destind a organizar nuevas Banderas legionarias, que habrian de
cubrir las necesidades de campafia. Mas tarde regresaria al frente del
Norte, para incorporarse al mando con las brigadas de Navarra.
Otras dos figuras africanistas por vocacién y que en este perfodo
de la guerra se destacaron por llevar bajo sus Ordenes a legionarios
fueron Delgado Serrano y Barron. El primero era teniente coronel cuan-
do estallé la guerra y estaba en Marruecos, con el destino de jefe del
Grupo de Regulares de Alhucemas.
‘A Francisco Delgado Serrano, con vieja y acrisolada historia africa-
nista, le cupo desarrollar un papel importantisimo: era jefe del grupo
al que pertenecia la unidad que se alz6 en armas la noche del 16 al 17 de
julio; el famoso 5.° Tabor que dirigia el comandante Rios Capapé,
marché sobre Villa Alhucemas para unirse a otra unidad de Regulares,
la del comandante Mohamed Ben Mizzian, secundada por los Regulares
de Melilla, bajo el mando del teniente coronel Barrén, y por los legio-
narios de la 1.2 Bandera, a las drdenes del comandante Carbonell.
Delgado Serrano, nombrado jefe de la 3.* Agrupacion de la columna
de Yagiie, marché desde Sevilla directamente hacia la Ciudad Universi-
taria. Después de la conquista de Talavera de la Reina, se le encomendo
el enlace con las fuerzas de Mola, que dominaban la provincia de Avila.
Se reunieron el 8 de septiembre en Arenas de San Pedro, al pie de la
224Legionarios de la 13.2 Bandera embarcando rumbo a El Aaiun, antigua capi-
tal del Sahara Espanol, después de arriar, por ultima vez, la bandera espanola
de las tierras de Ifni, una de las ultimas posesiones espajiolas en el Africa
Occidental.
Unidades del Tercio Alejandro Farnesio, de guarnicion en el antiguo Sahara
Espafiol. Estas unidades vigilaban la frontera norte y este de dicha posicion
espanola.Acuartelamiento de la Legién en Edchera, ex-Sahara Espajiol. Esta posicion
era una avanzada en el sistema defensivo cara a Argelia. Dependia de la Zona
de Smara, tercera ciudad del Sahara y capital de la region del Rio Rojo.
Unidades de la Legién patrullando por las calles de El Aaiiin, capital del
ex-Sahara Espanol.Sierra de Gredos: Regulares y legionarios entraron en el pueblo a la vez
que las vanguardias de la caballerfa de Monasterio,
Cuando la antigua 3.* Agrupacién de Delgado Serrano emprendié el
camino de Toledo junto con las demas fuerzas que ya componian el Ejér-
cito de Africa, se habia incrementado con un batallén de falangistas vo-
luntarios sevillanos, Generalizado el asalto a Madrid, el 15 de noviembre
se encuentra con Asensio y Ben Mizzian, en la orrilla del rio Manzanares;
contemplan el desastre que se produce cuando los carros avanzan por las
brechas y quedan embarrancados, como cogidos en un cepo.
La luz del sol declina répidamente. Desde la otra orilla el enemigo,
perfectamente atrincherado, abre fuego cerrado a cada intento de paso.
Asensio dice que hay que resolver aquella situacin imposible. Ben Miz-
zian piensa en su 2.* Compaiifa, la del capitan Carlos Muslera, y se dan
las érdenes, El teniente Carlos Ugedo Jiménez parte el primero impetuo-
so. Grita a sus hombres, y éstos, en medio de una estruendosa y confusa
algarabia, se lanzan al rio, sobre sus aguas revueltas. Se abre un fuego
cerrado sobre ellos, pero cuando al resto del 3.°" tabor se une a la algara-
bia del 2.° tabor, todos enardecidos, salvan el cauce, de orilla a orilla,
con el agua a media pierna, hasta llegar a las trincheras, que desalojan
a bombazo de mano, y aunque muchos quedan alli, los hombres de
Durruti huyen,
Sin embargo, los moros de Alhucemas y los legionarios ya han pasa-
do. Apenas si eran entre todas las columnas 2.500 hombres, y sdlo 250
lenaban cada unidad de tabor o bandera. Cifra que se rebajé considera-
blemente tras el paso del Manzanares. Pero ya estan cada uno en Madrid,
al otro lado de la orilla, casi aislados; unos cuatrocientos hombres, acaso
menos, Sin comunicaci6n con la retaguardia.
El 16 llega de la Sierra el coronel Gareia-Escdémez para sustituir a
Yagite. Las érdenes de Varela siguen siendo las mismas: reiterar el esfuer-
zo de la jornada anterior y coronar los objetivos no conquistados ain.
A las nueve de la mafiana, Asensio partirfa de la Escuela de Agronomos
para ocupar Santa Cristina y el Clinico. Delgado Serrano, desde el Esta-
dio, conquista la Fundacion del Amo y el Instituto de Higiene. Mas aba-
jo, las fuerzas de Barrén, que acaban de atravesar el rio, ganan la Resi-
dencia de Estudiantes. Un pequefio destacamento del tabor de Melilla
cruza el Parque del Oeste y llega al paseo de Rosales; pero serd extermi-
nado por las fuerzas de Asalto del coronel Alvarez Coque.
Ya no se podra dar un paso mds. La reaccién en las fuerzas republi-
225canas es terrible. En el Clinico se lucha cuerpo a cuerpo, de las frondosi-
dades del Parque del Oeste saldrén enjambres de hombres que trataran,
a bombazos, de disputar las alturas conquistadas por el enemigo. Regre-
saran a sus puestos, pero antes quedaran sembrados de cadaveres los
prados, los caminos de arena y la cascada, Aun de noche, continia la
lucha en el Clinico. Delgado Serrano es herido, su columna ha perdido
en ese dia 250 hombres. Las bajas son numerosisimas en las otras colum-
nas. Bajas en jefes de tabores y de banderas.
Para los defensores de Madrid también ha sido un dia durisimo.
“Toda la tarde se ha combatido con extraordinaria dureza, principal-
mente en la Ciudad Universitaria. E] enemigo ha acumulado todos los
medios y esta Ilevando a cabo el esfuerzo decisivo —seguird diciendo el
parte republicano—. Las fuerzas de la defensa, que durante varios dias
han tenido la iniciativa, la han perdido, pues la ruptura del frente por el
lado de la Ciudad Universitaria ha obligado a orientar todas las reservas
a la detencin del avance en esta zona.”
Son mas de 40.000 hombres, mds de 80 piezas, innumerables ametra-
Iladoras y fusiles ametralladores, los que estan dispuestos para defender
Madrid el dia 18. Son las fuerzas internacionales, las Brigadas Mixtas,
gente de refresco, “gentes curtidas, como aseguraré Eduardo de Guzman.
Muchos han peleado en Ja Gran Guerra. Saben aprovechar los accidentes
del terreno, manejar las bombas, colocar las ametralladoras, distribuir
los hombres. Tienen, ademas, un magnifico material, como hasta ahora
no lo tuviera ninguna de nuestras columnas. Y sirviendo los elementos
y la inteligencia, un valor extraordinario”.
Pero la verdad es que no les sirvid de nada, El 6 de noviembre los
nacionales habian Ilegado a las puertas de Madrid. Disponian de seis
Banderas del Tercio, once tabores, siete batallones, alguna compaiiia
suelta, nueve escuadrones, veinticuatro baterias, tres compaiifas de tanque-
tas y una de blindados, pocos zapadares y la indispensable intendencia y
sanidad. En total, 15.000 hombres para atender un frente de cien kilome-
tros de desarrollo y ocupar una ciudad como Madrid. El 18 estaban diez-
mados, clavados, pero con un pequefio grupo dentro de la ciudad.
Aquellos legionarios y regulares habfan dejado en ridiculo el 14 ala
combativa y fresca columna de Durruti; el 15 lucharon contra los social-
comunistas de Lépez-Tienda, las fuerzas del coronel Alzugaray, la Briga-
da de Kleber y los refuerzos del 5.° Regimiento, sin dejarse arrebatar
el terreno conquistado; aislados, si, pero aguantando.
226Vicente Rojo, asustado de que tantas y tantas fuerzas propias no
aplastaran a la débil infiltracion, escribid: “Aquel ataque debid ser dete-
nido en seco con los medios que allf tenfamos reunidos, muy superiores
a los de cualquier momento y lugar durante los anteriores dias de la ba-
tala,”
Varela y Garcfa-Escdmez, que sustituye al enfermo Yagiie, han for-
zado sus tropas con el 5.° tabor de Ceuta, uno de Ifni, un batallon de
Bailén y otro de Serrallo; pero apenas si bastan para defender el recinto
conquistado. Eduardo Losas Camaifias sustituye al herido Delgado
Serrano.
En el otro bando la XII Brigada Internacional se suma a la XI y am-
bas quedan bajo el mando de Kleber; la V Brigada acude al puente de
San Fernando; la II a la Universitaria, a la derecha de Durruti, hacia Me-
dicina, y también se mandan mds compaiifas del 5.° Regimiento.
Salvar la vaguada del Parque del Oeste es automaticamentiie imposi-
ble. Cada contingente que se envia es exterminado; pero por el flanco
izquierdo los nacionales sf consiguen progresar, y a fuerza de coraje y de
hombres, los legionarios desalojan a los internacionales del Palacete de la
Mocloa y de varias viviendas proximas.
En el Clinico se consiguié entrar el 17, pero el edificio es grande,
tiene ocho pisos, y los que alli se encuentran venden caras sus vidas. Los
soldados se persiguen por los largos pasillos, por las amplias salas, por las
escaleras, de piso en piso, de habitacién en habitacién. Al dia siguiente,
la 4.2 Bandera del Tercio relevard a la 6.%, totalmente desgastada, y con-
tinda la locura.
“De pronto, resoné en los pisos altos el estampido de las bombas de
mano y vimos, entre los huecos, caer y estrellarse en el suelo, uno tras
otro, a dos o tres combatientes enemigos que, en la fiebre del combate,
debieron arrojarse desde las filtimas ventanas”, escribira José Urra.
Barron escribira en su diario de la columna: “La accién de guerra es
constante. Nuestras fuerzas en linea de trincheras en continua vigilancia,
y las suyas lo mismo. El relevo de los servicios se hace de noche y con
silencio grande, pero se daban cuenta (Jos enemigos) en seguida, produ-
ciéndose el consabido tiroteo, y empleo de morteros y bombas de mano.
Por las noches era cotidiano el tiroteo intenso por parte de ellos, que
terminaba en vista de no ser contestado.”
Fernando Barrén Ortiz fue uno de los grandes jinetes de la formida-
ble Caballerfa espafiola, un arma que jug6 un papel importante en la
227guerra civil. Porque al grito de “viene la caballerfa mora”, aquellas impro-
visadas milicias gubernamentales se desintegraban moralmente, incapaces
de hacer frente y resistir el griterfo ensordecedor de las cargas de los
jinetes marroquies,
Zugazagoitia escribio: “El miliciano les tiene horror y los ve, sin
yerlos. No sabe bien qué suerte de fiereza les atribuye. Se creerfa en un
miedo ancestral y atavico contra el que nada pueden los razonamientos
ni coacciones... Increible y desesperante.” Por lo visto habia olvidado
que fueron las izquierdas quienes, para desacreditar a las fuerzas regu-
Jares y del Tercio, habfan inventado crueldades sin cuento. Y las hazafias
atribuidas e inventadas por el octubre astuariano para odiar al enemigo,
se volvian en contra y hacian huir en vez de combatir.
Barr6n era un soldado experto. Desde los veinte afios en que salié de
Ja Academia de Valladolid, forjé su vida militar en Marruecos. En 1913
ya era teniente en el grupo de Regulares de Larache. En el 18 era coman-
dante con los de Melilla. Su pasion por la caballeria y la pericia le lleva-
ron a ser profesor en la escuela de su arma y también a obtener grandes
éxitos en competiciones hipicas internacionales.
En septiembre de 1986 se encargd del mando de una columna con
el 1.° y 2.° tabores de Regulares de Melilla y la 1.* Bandera del Tercio,
Ilevé a cabo la ocupacién de Santa Olalla y de Maqueda. Y en esta linea
de avance, participa en la ocupacién de Toledo. Pero Barrén no se detie-
ne y explota su dindmica ante la debilidad del enemigo, que se repliega
sin combatir.
Ocupa Santa Cruz de Retamar, entra en Escalona y pasa por sorpresa
el Alberche. En seguida conquista Olfas del Rey, Yuncos e Illescas. Tan-
to es asi que se adelanta veinte kilémetros al resto de las fuerzas; le lla-
man la flecha mas rapida del Hjército nacional. En Ilescas debe sopor-
tar los contraataques del enemigo durante tres dias hasta que se le reinen
los compafieros.
Pero. Barrén continuara su avance sobre Madrid: Cubas, Grifion, Hu-
manes, Fuenlabrada, Leganés y los Carabancheles... Alli estaba la ciudad
alegre y confiada, la que segiin los optimistas de la zona nacional y los
pesimistas de la republicana, era incapaz de defenderse. Y la flecha mas
y4pida se incrustd, con las fuerzas de Asénsio, en la Ciudad Universitaria
y allf se paso todo el mes de noviembre, intentando romper la inexpug-
nable defensa de una ciudad que, de pronto, decidié no ceder un apice,
228pese a que el Gobierno en pleno ha huido y dejado todo en manos del
general Miaja. : a
“El Ministro de la Guerra se fue de Madrid a su pesar, persuadido,
como lo estaba Prieto, de que a los tres 0 a los seis dias, el enemigo lo:
habria tomado”, escribié -Zugazagoitia, y aun refiere las palabras del
Ministro de Marina: “Majiana, ni pasado, no creo ‘que suceda nada, pero
al dia siguiente, no se haga ilusiones. Las tropas de. Franco estardn en la
Puerta del Sol.” .
Pero Vicente Rojo y Miaja organizaron la defensa, mientras que los
comunistas instalaban altavoces que transmitfan arengas e himnos revo- .
lucionarios por toda la ciudad para que sean ofdos constantemente por
el vecindario y les recuerde continuamente la gravedad y la importancia
de las horas que estaban viviendo. Alli estaban Margarita Nelken, gritan-
do desde los mieréfonos de Unién Radio:-;Tenemos material de guerra
de sobra; tenemos hombres de sobra; tenemos reservas de sobra!” Y el
comandante Carlos, desde la emisora de las Juventudes Unificadas, dir:
“A los hombres que corren, las mujeres deben escupir en la cara.”
“Pasan las horas —eseribira Dolores Ibarruri— y la tensién se hace
insoportable. En el silencio prefiado de amenazas, de peligros, de san-
grientas sorpresas, comienza a oirse un rumor acompajfiado, ritmico,
estremecedor, de firmes pisadas que se aproximan. Se escucha ya distin-
tamente el golpear de las botas herradas sobre el pavimento de las calles.
éQuién viene? ,Quiénes son los que se acercan? ,Quiénes son esos hom-
bres que el 8 de noviembre de 1936 marchan por las calles de nuestro
Madrid, mudos, erguidos, severos, con el fusil al hombro y la bayoneta
calada, haciendo temblar el suelo bajo sus pies?... ;Los hombres que des-
filan por las calles de Madrid sitiado, cantan La Internacional en francés,
en italiano, en alem4n, en polaco, en hingaro, en rumano! ;Son los vo-
luntarios de las Brigadas Internacionales, que al llamamiento de la Inter-
nacional Comunista vienen a nuestro pais a luchar y quizds a morir,
junto a nosotros.”
Federica Montseny, desde Unién Radio, lanzaria las promesas alen-
tadoras: “jEsperad! jEsperad! jUnos dias, quizds unas horas! Y resistid
en vuestro sitio, sin retroceder un paso. ;De nuestra resistencia, durante
un tiempo muy corto, depende el triunfo!”
Y en Madrid no se entré el 7, ni el 8, niel 9, ni el 10, pero los legio-
narios ya estén en la Casa de Campo y al otro lado de la tapia, esta el
Manzanares; y por la derecha han Ilegado a los barrios del Terol y Blan-
229dén, escasamente a cuatro kilémetros de la Puerta del Sol; y més alla se
estd en el barrio de Zofio y del Basurero. Pero Miaja habia borrado del
caudal de sus palabras una: retirada. “Se lo hizo saber asi a los mandos.
Quien cediese una pulgada serfa fusilado. El miliciano que intentase
replegarse debia ser muerto en el campo. De las debilidades de los mili-
cianos eran responsables sus jefes y él, Miaja, se proponia ser inmiseri-
corde. ;Que se entendiese bien! jInmisericorde! Aunque necesitase llorar
sobre sus cadaveres, los jefes que retrocediesen serfan degradados y fusi-
lados”, sefiala nuevamente Julian Zugazagoitia.
La sangria del desgaste continuaria sin tregua y con empecinamiento
hasta que el dia 28 de noviembre, reunidos en Leganés, decidirfan Fran-
co, Mola, Saliquet y Varela, con sus jefes de Estado Mayor, abandonar
la toma de Madrid, que ya no permitirfa la victoria, y proseguir la guerra.
Haber insistido sobre estos acontecimientos ha estado motivado por
el hecho de que en este perfodo, precisamente, la Legion se renueva casi
totalmente: incluso los mandos sufren las consecuencias del duro enfren-
tamiento guerrero. No sélo Delgado Serrano ha cafdo, sino que antes, en
Retamares, Castej6n ya ha tenido que ser sustituido por Bartomeu.
A Yagiie, los nervios volveran a retirarle el mando. Y poco después caeré
Varela herido.
Los veteranos, pues, van cayendo, pero no initilmente. Desde el
26 de agosto, en que Franco es nombrado Jefe del Ejército Expedicio-
nario, traslada su cuartel general a la ciudad de Caceres, y alli mismo
empezaré a funcionar el banderin de enganche legionario. :
Cuando los veteranos de la guerra de Marruecos; soldados curtidos
en mil combates, duros, hombres sin escripulos, sin auténtica filiacion,
pero con disciplina de hierro y bajo el mando de jefes y oficiales mas
duros que ellos, atin estaban combatiendo en Illescas, ya empezé a llegar
la joven savia, el relevo, los que van a combatir codo a codo con las glo-
rias de otras batallas y otras tierras.
El Cuartel General del Tercio se establecid en Talavera y alli, con
mas intensidad que en Dar Riffien, las noches se encendian con el himno
de la Legion. El toque de cornetin de Perico, una especie de institucién
en la 1.* Bandera, electrizaba a las gentes en el silencioso pueblo. Luego,
los legionarios, barbudos, templados aun por el combate, entonaban su
cancion favorita: Soy el novio de la muerte...
Tyas ocho dias de instruccién recibida en Talavera, los reclutas eran
enviados al frente. Algunos ya lo cogieron en Illescas, con el capitan José
230Rubio de la 2.4 Compafifa de la 1." Bandera que mandaba el comandante
Alvarez Entrena, militar durisimo, con voz ronca y autoritaria, que siem-
pre ocupaba el primer lugar en las lineas avanzadas con su pequefia plana
mayor.
Les habfan ensefiado a disparar el fusil, agachar la cabeza cuando era
preciso y convencerse de que en el Tercio lo mismo operaba un veterano
con veinte afios de milicias que el recién llegado. Y si el recluta no se
moria al dia siguiente, al entrar en combate, rapidamente se convertia
en buen soldado. Alguno de estos nuevos legionarios ain iria a Dar Rif-
fien, tras los dos meses reglamentarios de combate, para realizar los
breves cursillos para oficiales.
Otros acompafiarfan a los veteranos hasta las puertas del mismo Ma-
drid, en la cufia abierta en la Ciudad Universitaria, aprenderfan el afan de
luchar y el honor de morir como caballero legionario. Mas tarde, ellos
serian los veteranos, los que extenderfan la semilla recibida y pelearian
en el Jarama, en la batalla del Alfambra, si antés no tomaron parte en la
conquista del famoso e inexpugnable fuerte que se levantaba sobre la mu-
ralla fortificada de Irin, el Aya y el Andorregui, coronados con los fuer-
tes de Pagogaiia, Evlaitz, Turiarte y el centenario de San Marcial.
Para concluir esta obra, nada mejor que las impresiones que obtuvo
el briténico Peter Kemp, que el 26 de octubre de 1937 se afilié al Tercio
y fue destinado a la 14." Bandera, entonces en Getafe, a las ordenes del
comandante Alfonso de Mora Requejo, “de unos treinta aiios entonces,
era hombre pequefio, delgado, de facciones finamente labradas, mandi-
bula fuerte, nariz prominente, claros ojos grises y ancha frente. Era te-
niente de la 4." Bandera cuando la guerra empez6 y habia ganado la Me-
dalla Militar —rara condecoracién para un oficial subalterno— en el asalto
a Badajoz, en agosto de 1936. Su Compafifa atacé la Puerta de la Trini-
dad a pesar de la gran concentracién de fuego de fusil y ametralladora,
sobreviviendo sélo un oficial y quince legionarios”.
“La 14.3 Bandera era una unidad recientemente formada, compuesta
en parte por veteranos de otras banderas, y también por oficiales y hom-
bres nuevos en la Legién. Los cuatro comandantes de compaiifa eran
todos veteranos. La primera compaiiia, la 53 (en la Legion las compaiifas
se numeran consecutivamente en todo el Cuerpo), estaba mandada por el
capitan Eduardo Cancela, gallego esbelto y apuesto, de risa rica y licen-
ciosa, coraz6n cdlido y modales joviales y galantes, que conservaba inclu-
so en el combate. Por él supe la muerte de Von Gaza, cerca de La Mara-
fiosa.”
2381Peter Kemp habia llegado a Espafia tras acabar su doctorado en Cam-
bridge, y se integré en los requetés, en Santa Olla, y en noviembre ya
habia pasado al octavo batallon del Regimiento de Infanteria de Argel,
que mandaba el comandante Lépez Ibdifiez y sostenia gran parte de Cara-
banchel Bajo. En el sector del capitan Miguel Urmaneta Ajarnaute, paso
las Navidades de 1936, en un edificio del barrio de Usera rodeado de ene-
migos en las casas colindantes. A mediados de enero fueron relevados,
cuando se detecté la preparacién de minas, como estaba sucediendo en la
Ciudad Universitaria. “Quince dias después, la posicién que habfamos
ocupado en Carabanchel fue volada por una mina; toda una compafifa
perecié6 en las ruinas.”
El coronel Rada, que mandaba una de las formaciones que tomaban
parte en la ofensiva de Varela en la batalla del Jarama, incorpor6 a Peter
Kemp en el Tercio del Alcazar, que debia llegar a La Marafiosa para apo-
yar el combate. Alli conocié a un teniente aleman, Von Gaza, que acaba-
ba de incorporarse a la Legion, con el mismo Cancela.
“Un pequeiio oficial atezado, el capitién Rodriguez, mandaba la
54 Compaiiia. Su feo rostro era agradable y posefa placentera persona-
lidad. Por alguna razon nunca le vi con frecuencia, como tampoco a su
compaiiia.
*Cuando llegué, 1a 55 Compaiifa estaba mandada por el capitan José
Luengo, criatura extraiia y errdtica. Llevaba muchos afios en la Legion,
como oficial, pero su carrera estuvo punteada por una serie de desolado-
res incidentes, que convencieron a sus superiores de que jams se adapta:
ria a la disciplina.
Estas tres eran compaiifas de fusileros; la de ametralladoras estaba
mandada por el capitan Almajach. Los oficiales de cada compaiiia de
fusiles tenian su propio comedor; los de la compajfifa de ametralladoras
comian con la plana mayor de la Bandera, es decir con el comandante,
el capellén y los dos oficiales médicos. Cuando fui destinado a ella, no
- habia subcomandante ni ayudante.”
*Como en todas las Banderas, con la excepcion de la Jeanne d’Are,
integrada completamente por voluntarios franceses, los hombres de la
14.2 Bandera eran espafioles en un noventa por ciento. Los restantes
eran en su mayor parte portugueses, buenos soldados, aunque incluso
a los espafioles les era dificil comprender'su idioma. Habia algunos ale-
manes, un ruso blanco y un turco: El tureo era més dificil atin de com-
prender que los portugueses, pero aquello-no tenia importancia, porque
232casi nunca hablaba. Pronto averigiié que mi espafiol no era tan bueno
como yo creia, ni lo bueno que debfa ser, especialmente cuando se tra-
taba de la sarta de imprecaciones que el legionario esperaba como ade-
cuado acompaiiamiento de cualquier orden que le fuera dada; tuve que
remediar esa situacién, al descubrir que sin ellas mis érdenes no eran
obedecidas.
”Al igual que los oficiales, los legionarios eran todos voluntarios.
A algunos les atraia las posibilidades de aventura y peligro que ofrecian
aquellas fuerzas de choque; a otros les interesaba la mejor paga y comida,
otros més se alistaban impulsados por el esprit de corps y la amplia lib
tad que se concedia a los legionarios cuando estaban francos de servicio;
pero la mayor parte se enrolaba por una combinacién de todas estas
circunstancias. Algunos se habfan enganchado por cinco aiios, otros por
tres, y la mayorfa por la duraci6n de la guerra.
“La paga de los oficiales y clases era aproximadamente el doble que
en el Ejército regular; la comida era incomparablemente mejor. La comi-
da del mediodia y de la noche generalmente consistia en sopa, seguida
de pescado o pasta, un plato de carne, pastel o queso, con vino y café;
ademas, estaba muy bien cocinada. En las bases de Ceuta y Melilla se
sirve a los hombres en vajilla de porcelana, por camareros vestidos con
chaqueta blanca. Los oficiales tenian las mismas raciones que la tropa,
suplementadas con articulos adquiridos con su propio dinero.
“Las tropas espaiiolas, bien mandadas y debidamente disciplinadas,
poseen soberbias cualidades de valor y resistencia. La Legion se enorgu-
llecia de fomentar plenamente esas condiciones. Desde el mismo momen-
to de su alistamiento, se hacia comprender al recluta que pertenecia
a un cuerpo distinto, la mejor fuerza combatiente del mundo; a él corres-
pondia demostrar ser digno de semejante privilegio, El combate habia
de ser el propésito de su vida; la muerte en campaiia, su mayor honor;
la cobardia, la suprema desgracia. La divisa de la Legion es: “Viva la
muerte!” Facil es para naciones més flematicas burlarse de ese “culto
a la muerte”, que esta completamente de acuerdo con el caracter espa-
fiol, y produjo los mejores soldados de la guerra civil, hombres virtual-
mente insensibles al frio y al hambre, al peligro y a la fatiga. Como
inglés, slo puedo decir que el orgullo de servir en ese Cuerpo y mandar
tales soldados fue una de las mayores experiencias de mi vida.
El aspecto y comportamiento del legionario, tanto al estar en su
Bandera como al disfrutar de licencia, se esperaba que fuera, y asi era,
233muy superior al de los demas soldados. Se Je permitia la mayor libertad
cuando no estaba de servicio; ensefidbasele a sentir orgullo de su indivi-
dualidad; y su designacién oficial es “Caballero legionario”. Por contraste,
la disciplina durante el servicio y en campafia era extremadamente severa,
incluso comparandola con la inglesa. Las érdenes eran cumplimentadas
a paso ligero, y estaban generalmente reforzadas con amenazas o impre-
caciones; la menor vacilacién o ineficacia era castigada en el acto median-
te varios fustazos en la cara y los hombros. Quienes cometian faltas mas
graves o eran reincidentes pasaban al pelotén de castigo, donde trabaja-
ban en las més fatigosas tareas desde el amanecer hasta mucho después
de anochecido, bajo la vigilancia de un cabo, generalmente escogido por
su ferocidad; el alimento dado a los castigados era magro, y los golpes,
frecuentes y severos, Tener el fusil sucio bastaba para que el legionario
fuera mandado al peloton durante un mes. Cualquier oficial podia impo-
ner esos castigos. La insubordinacion, aunque no fuera ante el enemigo,
se castigaba con la muerte en el acto.
»Los hombres adiestrados bajo semejante disciplina habian de ver su
sensibilidad embotada, ser indiferentes al sufrimiento, tanto propio como
ajeno, y contemplar con absoluta indiferencia los més horribles y escuali-
dos aspectos de la guerra...” Uno de mis sargentos me conté, con satisfac-
cién, como habfan logrado él y varios de sus camaradas pasar una noche
cémoda, al aire libre y bajo fuerte Iluvia, después de un ataque en la Casa
de Campo. Explicé que el terreno estaba enchareado, pero, afortunada-
mente se hallaba cubierto de cadaveres, que recogieron, colocandolos en
hileras; luego se acostaron sobre ellos, cubriéndose con los capotes.”
Tras este retrato escrito en 1957 por un britaénico que combatié en
la Legion y supo de ella a los dieciocho afios de su fundacién, poco mas
puede afiadirse. Estas breves notas no pueden, en manera alguna, compo-
ner la historia de la Legi6n; historia brillante en la que el valor, la abne-
gacin y el sacrificio forman el triple pedestal de su bien ganada gloria.
Sélo resta decir con el poeta que “el Tercio no es una banda de
condotieros, no es una Legién. Formése casi exclusivamente con espa-
fioles que amaban a Espafia sobre todas las cosas”.
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Ramas Izquierdo, Federico: La Legién. Historia de guerra (1920-1927). Ceuta, 1933.
Santa Marina; Luys: Tras el dguila del César. Cantabria, 1924.
Sintesis Histérica de la Guerra de Liberacién, 1936-1939: Servicio Histérico Militar.
Madrid, 1968.
‘Thomas, Hugh: La guerra civil espaftola. Barcelona, 1976.
Silva, Carlos de: General Millén Astray. Barcelona, 1956.
Xavier, Adro: Caballero legionario. Madrid, 1947. #
Zugazagoitia, Julidn: Historia de la guerra de Espaita, Buenos Aires, 1940.
237HIMNO DE LOS LEGIONARIOS
‘Tercios heroicos, LegiGn valiente,
que en la vanguardia sabéis morir,
son el orgullo de nuestra Espafia
vuestras hazafias al combatir.
Los que en Espafia no habéis nacido
y sangre y vida dais en su honor,
hijos de Espafia sois predilectos
que habéis ganado su excelso amor.
Legionarios a luchar,
Legionarios a motir,
Legionarios a luchar,
Legionarios a morir.
Estribillo
{Viva Espafia!, valientes hermanos,
iViva Espafia!, Legion inmortal,
que es gran gloria morir por Espaiia
abrazado a sublime ideal.
Con la sangre que vierten sus hijos
més frondoso el laurel brotard,
del que haremos coronas que Espaiia
en sus sienes augustas pondré.
iViva Espafia! ;Viva la Legion!
‘Ya surja ruda feroz pelea
o de la lucha cese el afan
notas que os cercan siempre amorosas
sutiles sombras que un beso os dan.
El pensamiento de Espafia entera
vedlo en el tenue fugaz rumor,
que nunca cesa de acariciaros
de vuestros pasos alrededor.
Legionarios a luchar,
Legionarios a morir,
Legionarios a luchar,
Legionarios a morir.
Estribillo
iViva Espafia!, valientes hermanos,
Viva Espaiia!, Legion inmortal,
que es gran gloria morir por Espafia
abrazado a sublime ideal.
Con la sangre que vierten sus hijos
més frondoso el laurel brotard,
del que haremos coronas que Espafia
en sus sienes augustas pondra.
iViva Espafia! ;Viva la Legion!
Tercios invictos, Legion de bravos,
al mundo entero con altivez
podéis mirarlo porque vosotros
del mundo entero sois honta y prez.
Donde el caido lloré angustiado,
donde un hermano la vida dio,
donde traiciones piden venganza
yuestra bravura siempre acudid.
Tegionarios a luchar, ete.
Estribillo
iViva Espafia!, ete.LA CANCION DEL LEGIONARIO-
Soy valiente y leal legionario,
soy soldado de brava legion,
pesa en mi alma doliente calvario
que en el fuego busca redencion.
Mi divisa no conoce el miedo,
_mi destino tan sélo es suftir,
mi Bandera luchar con denuiedo
hasta conseguir
veneer 0 morir.
Estribillo
Legionario, Legionario,
que te entregas a luchar
si al azar dejas tu suerte,
pues tu vida es un azar,
Legionario, Legionario,
de bravura sin igual,
si en la guerra hallas la muerte
tendrés siempre por sudario,
Legionario,
la Bandera Nacional.
Il
Somos héroes ined gnitos todos
nadie aspire a saber quién soy yo;
mil tragedias de diversos modos
el correr de la vida formé.
Cada uno serd lo que quiera,
nada importa mi vida anterior,
pero juntos formamos Bandera
que daa la Legion
el més alto honor.
Estribillo
Legionatio, Legionario,
que te entregas a luchar
si al azar dejas tu suerte,
pues tu vida es un azar,
Legionario, Legionario,
de bravura sin igual,
sien la guerra hallas la muerte
tends siempre por sudario,
Legionario,
la Bandera Nacional.EL NOVIO DE LA MUERTE
I
Nadie en Tercio sabia
quién era aquel Legionario
tan audaz y temerario
que a la Legion se alist.
Nadie sabfa su historia
mas'la Legién suponfa
que un gran dolor le mordia
como un lobo el corazén.
Mas si alguno quién ora le pregunta
con dolor y dureza le contestaba:
Estribillo
Soy un hombre a quien la suerte
hirié con zarpa de fiera,
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tan leal compafiera.
Il
Cuando més duro era el fuego
y la pelea més fiera
defendiendo su Bandera
el Legionario avanzo.
Y sin temer al empuje
del enemigo exaltado
supo morir como un brava”
ylaensefia rescaté. -.
‘Y al regar con su sangre la tierra
[ardiente,
murmuré el Legionario con voz doliente:
Estribillo
Soy un hombre a quien la suerte
hirié con zarpa de fiera,
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tan leal compafiera.
Ill
Cuando al fin le recogieron,
entre su pecho encontraron
una carta y un retrato
de una divina mujer.
Y aquella carta decfa:
“Si un dfa Dios te llama,
para mi un puesto reclama
que a buscarte pronto iré.”
Yen el tiltimo beso que le enviaba
su postrer despedida le consagraba.
Por ira tu lado a verte
mi mis leal compajiera,
me hice novio de la muerte,
la estreché con lazo fuerte
y su amor fue mi Bandera.INDICE
Biblioteca Binaburo
Preambulo
Hacia Marruecos
Millan Astray, el legionario .
Primero planes ........
El espfritu de la Legi6n .
Primera sangre legionaria
Defendiendo a Melilla . . .
El combate de Casabona .
Los blocaos de la muerte
Latomade Nador .....
Asi caen los legionarios .
Taxuda; gloria a los muerto:
El manco de Fondak ...
Franco al frente de la Legion
Las glorias legionarias . . .
Teniente coronel Yagiie .
Badajoz y la Columna Madrid
Legionarios de Espaiia ..
BibliografiaHISTORIA de
la LEGION
ESPANOLA
MARRUE!
Alli: Ceuta y Melia
Junto ellas, los hombres legendarios de Nador, Fondak,Ain
Yedida, Kudia Tahar. La historia y la sage de un Cuerpo
creado para defender!
Hombres entrenados para el or bey y para la muerte.
en ee honrar una Patria y una Bandera.
LEGIONARIOS, gloriosos muertos que
eee oe la Cee ae mundo.
dos para hontar a a con su heroismo.
Asinacié LA PEGIONen 1922. La élite del Ejército espanol.
Victoria 0 muerte, ese era el espiritu de combate en el Credo.
legiona
oria asombrosa de un Cuerpo singular, tan
ae ings co como Senses tan valiente como altivo: La
‘de los hombres que la crearon. Un Cuerpo cuyas
gee eae tieroar ater la curiosidad y la admiracion
_ del mundo entero, Baas Ce en leyenda y
militares.
une poo pee de hombres que, desde
‘de Dar Riffien y con su elevado espiritu de
Gnees ea supo morir en Marruecos, en Badajoz,
en la madrileha Ciudad Universitaria y en las multiples
batallas en que el Mando la utilizo como punta de lanza.
-cubiora: CAMP OLIVE MILA
r
CarlosdeARCE —tiISTORIA dela LEGION ESPANOLA -
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