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Historia Legion Espanola

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4 2 \ ey /\ é ae / VF aPaSionantea iy aT a Mi COTTER LCT oT oi iere vos : stro Gant S p Wy a" 1 Lb ; Carlos de ARCE HISTORIA de la LUGION ESPANOLA Biblioteca Binaburo editorial mitre PREAMBULO No recuerdo cémo se Ilamaba aquel sargento, pero sf era una bellisi- ma persona aunque nos llevaba siempre por el camino de la amargura. Eramos los sefioritos de la Compafifa y no nos dejaba ni respirar, Sin embargo, aquel hombre bajo, menudo, con la sequedad cetrina de los soles y las campajias, de vez en cuando nos embobaba con los pequefios recuerdos de su vida legionaria. No he podido olvidar, y son afios los que llovieron desde entonces, su relato sobre la toma de Badajoz, con la 4° Bandera. Nosotros, los quintos de aquel reemplazo, chavales con bigotillo de hombre, nos mirdbamos incrédulos ante aquellas palabras de muerte suicida. Por lo visto habia una ametralladora emplazada en lo alto de un edificio que barrfa la entrada de Ja ciudad. Primera avalancha de legiona- rios, muertos. Segunda: muertos sobre muertos. Mas legionarios, mas muertos. Asi hasta formar una muralla de cadaveres bajo el impacto mortifero de aquél que disparaba. Pero habia que entrar y entraron cayese quien cayese. Todos pensébamos que el bueno del sargento nos tomaba el pelo y se refa bien a costa de aquellos quintos que le escuchaban embobados 9 por los relatos de un veterano en activo de la guerra civil. Desde entonces siempre pensé si aquello fue asi o sélo eran palabras, y cuando afios mas tarde he podido averiguar algo sobre el asunto, el cronista sefiala que 127 legionarios cayeron barridos por las ametralladoras en 20 minutos, lo cual nos desfigura mucho la verdad de mi sargento. Confirma, si, la realidad de que los legionarios eran soldados dispuestos a morir, y hacian heroico lo que parecia suicida. Bastaba que alguno de sus jefes dijera: “Se necesita un hombre para que muera!”, y muchos daban un paso adelante. Ellos lo cuentan y hasta el poeta lo ha plasmado en bellas ima- genes, Sabian que el sacrificio redime y muriendo, vivian. He encontrado compaiieros de infancia, incluso algunos del bachille- rato que fueron legionarios en una época que ya no resulté tan gloriosa. He estado con otros que si estuvieron en la guerra de Espaiia, y les he ofdo hablar, no mucho, porque son parcos al expresar ciertos sentimien- tos, y he sentido que la fascinacién del Tercio, la magia de la Legion es tan real que estremece y pone orgullo en el hombre. La anécdota, la marcialidad, las historias romdnticas y la literatura desplegada en torno al Cuerpo, son como la gran malla que irradian los hombres que componen ese glorioso y recio conjunto de guerreros entre- nados y dispuestos para morir por el honor de ser caballero legionario, Millan Astray calificaba a los hombres de la Legién con esas palabras certeras y cortas. Los definia, casi, con una aureola romantica que era todo un arma oral. Caballeros de la Legion, hombres intachables Ilevados a la guerra por el ideal, por el sentimiento patridtico, por el honor mili- tar. Pero también, innominados individuos, hombres deshechos, escoria, que buscaba en el Cuerpo un derecho de asilo que sélo la Legién ha con- cedido y tiene. Hombres que dejaron de serlo y que alli se convirtieron en caballeros legionarios. La Legion quizds hoy no sea, o parezca que no es lo que fue. Incluso para muchos resulte tan desconocida hoy como pudo serlo en otros tiem- pos. Las ideas que puedan tenerse sobre ella escaparan realmente a su sentido de vida, de existencia, formandose falsas e idealizadas imagenes, No obstante, la Legién nacié con un fin determinado y pese a que parezca haber desaparecido aquella necesidad primera, los tiempos modernos y las estructuras técnicas actuales no la han hecho initil, ni un trasto en desuso. Creo que sigue siendo tan efectiva y precisa como en sus primeros afios, aunque la sofisticacion de tacticas y de ingenios armados insinten arrumbar al desvan de los trastos viejos a los soldados convencionales. 10 Si esto puede ser una apreciacién ingenua, hay algo importante y de interés que se desprende y lleva sobre la vieja y grata fascinacién de esa milicia audaz y de guerrear presto, que admira y atrae a todo espajfiol: la Historia, nuestra Espaiia reciente y violenta. . Se ha escrito mucho sobre la Legién. Bastantes obras son memorias, testimonios personales, exaltacién gloriosa de lo que en un momento fue pasion de vivir. Alguien, incluso, ha sefialado que al fin se habia conden- sado todo su espiritu y su raza en la obra de un gran escritor y legiona- rio: Antonio Macfa Serrano, que plasmé como una gran novela épica la epopeya de La Legién desnuda. Pero también es cierto que alli solo estan los hombres, los legionarios que compusieron el Cuerpo, lucharon y mu- rieron con ese aliento inmortal que, existe en el alma del hombre y es su espiritu de sacrificio. Son paginas en las que se aprecia la transformacién de la vida. La individualidad deshecha, maculada, la escoria, que busca la expiacion por medio del sacrificio, Redimirse, con esa alegria sana del desenfado, de la gallardfa plastica que la Legién supo imponer en sus hombres: despechugados, rotos y forjando una silueta heroica y juvenil. Convertir aun malhechor en un caballero. A cambio se obligan a caminar, a obede- cer, a sufrir mortificaciones materiales, a soportar inclemencias del tiem- po; se obligan a morir. Sonrientes, a una simple indicaci6n. Sin quejarse, porque para ellos, la Legion es su patria, su familia, y en ella seran herma- nos desconocidos; sin diferencia de raza, ni de religion, ni de nacionali- dad. Su Dios es tnico, aunque tenga diferentes nombres, y a él aplican un credo, el de la Legion, que se forjaron en prurito de vencer y de ganar la meta del sacrificio y de la gloria. Sin embargo, tal y como la distancia de los hechos y las acciones nos permiten conocerla, la Legion aparece con un destino mas fuerte, y como una herramienta tremendamente eficaz en la historia socio-poli- tica de la Espaiia de este siglo. La lirica, las anécdotas, el romanticismo y la afioranza juvenil del encuentro, de Ja trinchera y del combate, puede engrandecerse con algo mas que la sencilla y ennoblecedora redencién del hombre-legionario y caballero, La Legion como Cuerpo de combate nacié porque en el protectorado de Marruecos murieron muchos soldados espafioles. Desde 1908 a 1921 la politica espafiola no hizo mds que enterrar en las arenas africanas san- gre espafiola y dinero del contribuyente espafiol. Sdlo entre los afios 1919 Ad y 1928, las estadisticas oficiales contabilizan 12.000 soldados muertos y mas de 3.500 millones de pesetas; casi tanto como los ingresos norma- les del Gobierno. Los Estados Unidos de Norteamérica soportaron y ain padecen las consecuencias de una guerra como la del Vietnam. Pasan los afios yaun se comentan y se rasgan las vestiduras por lo que aquello supuso dentro del contexto socio-politico de la comunidad, Espaiia. sin las posibilidades de gran nacién econdmicamente fuerte, pero sf con la hidalguia quijotes- ca que la hizo soberana en el mundo, tuvo y sostuvo su Vietnam marro- qui hasta 1956. Ya en 1924, Francisco Franco, a la cabeza de un grupo de oficiales y en una famosa cena celebrada en Melilla, pronuncié un apasionado discurso en el que directamente dijo a Primo de Rivera, Gene- ral y Jefe de Gobierno en visita al lugar, “que una retirada de Africa seria sdlo posible sobre los cadaveres de la Legion”. Porque abandonar lo que ya se tenia hubiera sido un grave error, no obstante comprender, como Franco escribia entonces en la Revista de Tropas Coloniales, que “no es posible vivir en continuo divorcio los mandos militar y politico”. Un legionario escribirfa a los pocos afios, recordando las miradas de recelo desdefioso de los transetintes que se cruzaban con el grupo de los primeros enrolados, legionarios que se reunian alrededor de un soldado que les conducia a su nuevo destino: “Cada hombre de estos —debi gritarles— evita a tu hijo, o a tu herma- no, o a ti mismo, el enorme sacrificio de hacer la guerra; si no fuese por la cooperacion que prestan los legionarios en esta obra de interés patrio, no se hubiera podido licenciar a los dltimos muchachos que han vuelto @ Sus casas; y si no se contase con ellos, que vienen espontaneamente, ha- bria que llamar a otros y atraerlos a la fuerza por necesidades de la pa- tria, que tiene aqui comprometidos en esta empresa su interés y su honor; obligar a otros tantos hombres a que abandonasen su taller, su oficina, su laboratorio, su redacci6n; el pan y el porvenir suyo y de sus familias, las serenas y apacibles delicias del hogar. Cada uno de éstos viene a morir por la patria, por los demas, por vosotros.” Asf, en 1921, ya no pudo repetirse la revolucion de juliode 1909, que se sald6 con significativas manifestaciones contra la guerra, tanto en Ma- drid como en Zaragoza, Alcoy, la Rioja y especialmente en Barcelona, donde la protesta y la huelga general produjeron la famosa Semana Tragi- ca y la muerte de 104 civiles, un oficial, tres soldados y 28 hombres, en- tre policias y guardias civiles, ademds de encarcelar a 2.000 amotinados 12 y quedar incendiados y destruidos mas de la mitad de los conventos, iglesias y escuelas catélicas de la ciudad. El desastre de Annual, también en julio de 1921, se lavé con sangre espafiola, si. Pero con muchos volun- tarios enrolados en la Legién. Hombres que llegaban hasta los blocaos de vanguardia y los campamentos de retaguardia, sin hacer caso de las voces y el clamor que entonces se elevaban por todas las ciudades de Espafia: acomodaticios, unos; despreciativos, otros. “Sois carne de cafién. Los negociantes de la guerra os mandan al pudridero de Marruecos. Vuestra carrofia, initilmente heroica, servira para defender las minas de los millonarios. Moriréis para enriquecer a los codiciosos, y por afiadidura concitaréis sobre vosotros y sobre Espaiia entera el odio de un pueblo bravio que los propios beneficiarios de vuestro sacrificio estén armando clandestinamente para que dure y perdure la guerra.” Son palabras antiguas, como este otro texto de periédico republicano de entonces, tan vigente hoy como ayer en ciertos aspectos: “En contra de las promesas del gobierno, seguimos luchando en Ma- rruecos. Los moros han matado a muchos de nuestros soldados y la gue- xra continiia. El pueblo no quiere ir a Marruecos, no quiere gastar alli un céntimo mas, Espafia esté cansada de sacrificar a sus hijos en la con- quista de un territorio que no le proporciona nada mas que disgustos. éPor qué debera Espajia correr los peligros de conquistar una zona a la que no puede exportar ni su civilizaci6n ni sus ideales de vida?” Sin embargo, es curioso, por no decir milagroso, ver cOmo si acudian los hijos de Espaiia a sacrificar sus vidas. Dejaron paginas escritas y vivi- das. Eran hombres que hacian ofdos sordos a palabras vactas y dictadas por otros intereses; hombres inflexibles a la indignidad disfrazada de buen sentido. Ellos se alistaban para morir, o al menos para luchar por un ideal de patria y un sentido del deber que no dejaba raz6n a engafio por la aceién de Espafia en Marruecos. Aquélla no era nuestra tierra; alli mandaban los espafioles en nombre de una soberania ajena; combatian y morian para que, andando el tiempo, un viejo Sultan pudiera compla- cerse en el ejercicio pleno e indiscutible de su autoridad. No puede negarse que Espafia, quijotescamente, puso entre los marroqufes hidalgos protectores de la minorfa de edad politica de un pueblo. La presencia armada de los espafioles estaba irremediablemente condicionada de provisionalidad, tal y como lo estipulaba el mandato internacional que cumpliamos. 18 Y sin embargo, el espiritu espafiol, consciente y decisivamente, puso alli su mision de destino, como una llama a reanimarse, y derroch6 sacri- ficio y responsabilidad. Se ha considerado a la Legion como la primera piedra eficaz del gran Ejército colonial que Espafia formé en Marruecos. Result6, mas que necesaria, indispensable para la pacificacién del protectorado. Se consi- der6 que ella abria un futuro de progreso para la zona espafiola, y con su presencia y arrojo presté un meritorio servicio y ahorré gran esfuerzo econémico y militar al Gobierno de Espatia. No obstante, la Legion no podia hacer mas de lo que hizo: morir por Espafia como valientes y con el entusiasmo que otorgaba una de las empresas mds sorprendentes crea- das en la Espaiia del primer cuarto de siglo. Porque la Legién fue una de las mas hermosas obras de solidaridad humana. Su base se edificé sobre un perfecto conocimiento de la psicologia de multitudes. De los testimonios analizados, se desprende que hubo entre los com- ponentes de la Legién factores comunes de orden moral que realizaron funciones de fusién y soldadura, venciendo, por cohesién, a otros ele- mentos més individualistas que daban lugar, dentro de la masa general, a sucesos heroicos y a medidas disciplinarias. Los factores comunes estuvieron constituidos por la propia bondad humana, que se exalta y estimula en el ambiente; por la abnegaci6n inti- ma en todo hombre, incapaz de dejar en peligro al camarada; por la emu- lacién que en las juventudes siempre producen los hechos excepcionales; y sobre todo, por el ideal colectivo que en Ja Legién marché visible para todos en el guidn de la compaiiia y en la ensefia de la Patria. Millan Astray no fue slo el beneficiario de su heroismo, sino todos y cada uno de aquellos caballeros legionarios que compusieron el Tercio de Extranjeros. Los mismos hombres que, una vez ahitos de gloria en las campaiias de Marruecos, héroes en la pacificacién del protectorado, cuan- do Espafia se dispuso a zurcir los jirones de su decoro y a restaurar la dignidad humillada, se convirtieron en punta de lanza que abria brechas mientras cafan para que otros pasaran llenos de su entusiasmo. La Legion demostr6 muy pronto que, en efecto, formaba la élite del ejército espafiol. No obstante, represent una fraccién tan pequefia den- tro del conjunto que el tono general del Ejército apenas fue afectado por su existencia, aunque al igual que los Regulares, la sirvié con probada eficacia militar. En las paginas siguientes he tratado de ofrecer un reflejo de lo que 14 fue y constituyé este Cuerpo de élite. Por qué se cred, c6mo, sus actua- ciones més destacadas, y las semblanzas, no sdlo de los legionarios de a pie, sino de aquellos jefes que realmente hicieron de la Legi6n algo pro- pio, familiar, que les igualé a sus subordinados. Todo ello dentro del contexto politico social de la historia que vivid Espafia, pues la Legion no puede tomarse como un hecho aislado. Constituyé un elemento mas, pero primordial, en el desarrollo de los iltimos sesenta afios de existen- cia espafiola. Al igual que los héroes de las leyendas, no dejan de causar admira- cién los componentes de este Cuerpo que se constituyé para dar ejemplo de cémo se muere con una sonrisa en los labios y al grito de “jViva la muerte!” Es sorprendente, y vuelvo a sefialar aqui lo ya destacado y advertido en obras anteriores, el entusiasmo, el desprendimiento, la voluntad de hacer y de vivir que mostraban aquellos hombres, rojos 0 azules, blancos 0 colorados, en su comportamiento, en su actitud mental y ffsica. Vivian en una especie de espafiolisimo no vivir en si, sino como entregados a otra vida mas noble que, frecuentemente, consistia en morir de pie. Porque apenas hubo reposo para aquella generacion. Una generacién cantarina, vital, dispuesta a todo tras un jefe. No como comparsas aborregados, sino como protagonistas cuyo recital en el proscenio de la historia podia hundir o glorificar el conjunto de la obra. Esa actitud, los testimonios que han dejado de sus posturas y de sus suefios, son algo maravilloso que alegra el corazé6n a la vista del pano- rama tenso, de crispacién y melancolia resignada, de los protagonistas actuales, Es un testimonio a tener en cuenta, sobre todo si se piensa que Marruecos fue una carniceria provocada por intereses politicos y eco- nomicos de gobiernos que no pensaron ni se preocuparon de los ciudada- nos. Asf, algunos hombres de negocios espafioles, aprovechando la anar- quia politica de Marruecos, hicieron sus grandes fortunas, al igual que sus colegas franceses y alemanes, Involucraron a los militares, mohinos des- de el desastre de Cuba y Filipinas, y olvidaron, haciendo ofdos sordos como es tradicional, los problemas internos en que atin nos debatimos los espafioles desde hace un par de siglos. De ahi que los politicos extran- jeros digan que Espafia es el pais mas rico del mundo, pues sus gobernan- tes llevan siglos intentando arruinarla y ain no lo han conseguido. La muerte que adorna los hechos de la Legién es ferocidad y herois- mo, es rabia y desamparo, es respeto y pundonor, sobre todo hoy, a afios 15 vista, cuando se tienen los resultados de aquello. Para qué sirvio? gC6mo fue? gCémo pudo ser? {Qué lucha! ;Qué padecimiento! {Qué pasién marroqui! Uno de aquellos legionarios luchadores, magnifico escritor y hombre honesto a carta cabal, a quien tuve la suerte de conocer y tratar un poco, escribié en 1923, como epilogo a su Elogio del Tercio, estas frases revela- doras y sentidas: “Y al fin salf de la ciudad del Ianto, de la ciudad del dolor eterno, donde penan los martires de Espaiia, donde uno tras otro caen lostiltimos iberos. »Y sali por la puerta del desprecio, y el nombre que gané en un alo de mi vida (el mas intenso, el mds generoso) en vez de timbre ilustre y carta de nobleza, fue estigma, la marca de fuego en la espalda del mal- hechor. ”Y aquellos primeros beneficiados con nuestro sacrificio (ricos cuya hacienda rescatamos y defendimos; padres de hijos cobardes que enton- ces angustiosos nos abandonaron, y que, sin embargo, si atin viven es por nosotros) alzaron su voz chillona y engreida para vilipendiarnos y tratar- nos de cuadrilla de bandoleros, que matan a sueldo... : A sueldo! Como en las marchas en que sangrientos los descalzos pies, secas las bocas, martirizados por el sol, fbamos hacia la cruz de palo, y cantaban mis hermanos de tribulacion: y, tira, ay dale! ique en el Tercio, en dos dias, se ganan diez reales! »:A sueldo! Barata se compra la sangre y la vida.” Deber y honra. Estas eran las consignas de vida de aquellos oficiales que iban solos, delante de sus legionarios o de su columna de soldados, en el convoy trajinante o la avanzada en descubierta; siempre por las Ilanuras polvorientas y por los senderos pedregosos, bajo un sol de fuego y entre silbidos de balas. Y luego vienen a contarnos almibaradas historias de desarraigados soldados norteamericanos que regresaron de Corea, del Vietnam o del Infierno; de pobrecillos seres que no se insertan en la sociedad. {Qué geniales los americanos cuando cuentan sus cosas! jCudntas bellaquerfas y traiciones tenemos en esta tierra! Barcelona, julio de 1984 16 La escarlata bandera del César ondea con la brisa sofocante en un corro de cabezas de moros, sin na- rices unas, otras sin orejas, clavadas en las bayonetas, Cantaban Abdel-Krim subié a los cielos a pedir a Dios perdén, y le respondié San Pedro: jPideselo a la Legin! Luys Santa Marina: Tras el Aguila del César. HACIA MARRUECOS Hacia 1920 la sociedad occidental atin no se habia transformado tanto. El hombre ain tenia un cierto sentido de dignidad y de respeto humano generalizado y muy enraizado dentro de sf. Este sentimiento aparece como una constante mas 0 menos estable en la educaci6n gene- racional, Se muestra como diffcil ante el pasar de todo y jugar en el cinismo generalizado, o el egoismo del lucro que reflejan posteriores estructuras. Los hombres tenfan a orgullo apuiialarse por honor o morirse en las barricadas por la dignidad de clase. Todavia no eran borregos conducidos al matadero por consignas o soldados mercenarios que, bien remunerados e instruidos, sirven los intereses de la oligarquia del dinero. Debido a este concepto de dignidad y de honor, pudo darse entonces —hoy puede aquilatarse el valor psicol6gico de estos sentimientos—, y en las décadas siguientes, el movimiento de hombres, la formacién de grupos y de ejércitos que han transformado el mundo en esta sofisticada Edad Media de la tecnologia informatica. La no muy lejana guerra de 1914-18 habia empezado a trastocar esos valores y dej6 escorados en la playa a muchos hombres maduros de mu- 19 chas nacionalidades sin el menor deseo de regresar al hogar, sin ningin hogar al que volver, o sin ningiin oficio ni profesion en el cual continuar. Aparte de haber introducido habitos de comportamiento desarrollados durante la guerra que se consideraban socialmente inaceptables en tiem- pos de paz. {Qué candorosa ingenuidad! Habfa jévenes a los que el armisticio privé de la ocupacién que los propagandistas y politicos de todas las naciones en guerra les habian mostrado como ideal y por encima de todos los demas durante los afios de su formacion. Eran los primeros grandes desarraigados de nuestro siglo; los desga- jados de hogares, de familias, de ambientes propios y estables; las victi- mas que habrian de sentirse culpables de lo que era el naciente caos producido por la ctispide de la piramide. Pero aun las reliquias de una ética les iban a permitir creer en el hombre, tener fe y buscar la redenci6n por el propio sufrimiento. Y asi, alemanes, austriacos, franceses, italianos, incluso ingleses y un negro norteamericano, aparte de los sudamericanos, exilados por las revolucio- nes patrias o porque eran hombres que atin consideraban a Espafia como su verdadera Patria, se alistaron en los primeros banderines de enganche de la Legion. El sefiorito madrilefio, borrachin y juerguista; despilfarrador del patrimonio familiar y tarambana oficial en los circulos frecuentados, desperté una madrugada en medio de su aturdida borrachera. Un porte- ro, esos seres inferiores que estaban para servir al amo, doblar el espinazo y decir amén, sefiorito, le habia pegado un par de buenas bofetadas. Y el sefiorito, a quien por primera vez le habian pegado de veras, se sintio, también por primera vez, corrofdo por la vergiienza y herido en lo mas profundo de su ser. Vergiienza de si mismo, porque no solamente le ha- bfan machacado las narices y le brotaba sangre de la boca, sino que ni siquiera se sintié con deseos de replicar. Asi, aquel guifiapo de hombre; historia novelera que tantas veces ofmos contar, y testimonio angustiado de un ser que se vyeia inatil, com- pletamente iniitil y cansado de todo. Con ese cansancio que el aburri- miento y la estipida rutina mete en el cuerpo de los jovenes, el sefiorito pens6 que su familia le importaba un bledo, pero los amigos se le reirfan y lo descalificarian a las primeras de cambio. Y el sefiorito, medio hombre o guifiapo (jcomo se confesaban aque- 20 llos hombres!), lleg6 al colmo de su derrota consciente y moral; a su total desolacién interior. Y algo semejante a un suicidio empezé a rondarle por la cabeza, hasta que descubrié en la pared de la casa que tenia en- frente, un reclamo que llamé su atencién. Era un cartel de colores ocre, azul y negro. Reproducia un soldado en pie, airoso, con rasgos viriles y enérgicos, con una mirada desafiadora, casi arrogante, que tanta envi- dia provoca en quienes se sienten humillados de forma estipida. Era una imagen fuerte, dominadora, que parecia ganar un mundo. Y el sefiorito puso atencién y se pregunt6 qué era aquello: Lo vio bien: un soldado con camisa remangada y tocando una corneta. Un sonido mudo que iba a despertar en él sensaciones dormidas, ansias desconocidas y fuerzas ignoradas. Esto le trajo a la memoria el hecho de que Espaiia tenia una guerra en Marruecos. Los politicos y los oficiales del Ejército repetian a la Pren- .sa e intentaban persuadir a la poblacién de que luchar en Africa era hacer patria; pues se estaban expandiendo las fronteras de la nacién y, con ello, la defendian de los peligros que otra potencia, alli instalada, podria aca- rrear., Marruecos era una exigencia geopolitica. Y aunque Ceuta, Melilla y todo Africa no le importase nada, al sefiorito lacido le dio por intere- sarse por el cartel y leyé: jAlistaos en la Legién de Extranjeros! Espafioles y extranjeros: los que sedis amantes del Ejército y de sus glorias, los que gustéis de la vida de campaita, jalistaos! Asi empezaba el texto que habia al pie del cartel. Un texto que hablaba de la Legién, un Cuerpo de voluntarios recién creado, y del que ya surgian comentarios. Un texto que decia mas cosas y hablaba con un amplio conocimiento de la psicologia de masas. El Tercio de Extranjeros es un Cuerpo de Infanteria que tendré bandera propia, y sus soldados estarén amparados por ella, Es un Cuerpo honorable; en los combates iré en puesto de honor; el unifor- me es vistoso; las pagas, suficientes; la comida, sana y abundante. Los que sean buenos soldados, disciplinados y valientes, pueden hacer muy honrosamente la carrera de las Armas. Aquello no estaba mal. Eran palabras con peso: combate, honor, valiente, carrera. Alli se reconocian todos los impulsos que pueden de- cidir a un hombre a dar un paso al frente y tomar una decision firme: alistarse. 21 Se ofrecia el deseo de ser considerado; el anhelo de merecer respeto; la ambicién de honores, con la rehabilitacién del honor personal y la conquista de honores militares; la vanidad, humana y atdvica, de lucir un uniforme atractivo y pintoresco, y el consuelo —joh debilidad de los fra- casados y llorosos!—; el consuelo de hallar refugio al hambre y la miseria. El sefiorito estaba en uno de aquellos apartados. Ya no tendria que suicidarse, ni volver a casa comido de vergiienza, ni soportar a los amigo- tes. Ahora, si se atrevia, podria regresar algiin dia con aquella carrera de yalientes soldados espafioles que podria forjarse en tierras marroquies. Seria la envidia de los amigos, y hasta su familia se sentiria orgullosa de que hubiese sentado la cabeza, dejando de ser un tronera. Més abajo, en letra mas pequefia, el pasquin rezaba asi: Condiciones; Se admiten espafioles y extranjeros cuya edad no exce- da de los cuarenta afios. No se exige documentacién. Primas de enganche: Por cinco afios, 700 pesetas; por cuatro anos, 500 pesetas. Otras ventajas: Primas de reenganche, ascensos en paz y en guerra; cruces y medallas; validez para los espafioles del tiempo de servicio en el Tercio de Extranjeros como servido en las filas del Ejército; aumentos de sueldo segtin los afios de servicio. jPresentaos en el banderin de enganche! No decfa mds aquel cartel que aparecié pegado en las paredes de mu- chas ciudades de la Peninsula, en lugares préximos a los banderines de enganche, generalmente situados en la inmediacién de las oficinas del Gobierno Militar de la Plaza. También la Prensa, diarios y revistas de mayor circulacién en Madrid y provinceias, incluyeron la publicacién de textos andlogos a los de los carteles, Sin embargo, y aunque la lectura no lo sugiriese, pronto se entendid que en la Legion se disfrutaba en cierto modo del derecho de asilo. Los que sufrian o temfan la persecucién de la justicia, podrian obtener la serenidad del olvido en las aguas de los campamentos legionarios, conver- tidos en humildes regatos aptos para cicatrizar, incluso, las heridas del amor. Penas de amor como las de aquel colombiano que dejé escrito en su testimonio; “Har afio y medio que salié fugitivo de su patria, con el 22 alma rota en pedazos. Habia amado, entregdndose con toda la franqueza de su coraz6n primaveral: burlado, habia recorrido medio Venezuela, Hait’, Santo Domingo, Puerto Rico, Estados Unidos, sin encontrar reposo, y buscaba en Cuba, con el trabajo rudo y absorbente de los campos, la calma que echara de menos en su espiritu. Alli vio en las calles grandes carteles con propaganda del Tercio espafiol, fundado el afio anterior por Millan Astray. El joven se dirigio al consulado espafiol. Vio las condiciones de enganche y firmé como Carlos Angulo Rebolledo.” Quien caeria como capitan de la Legion en la toma de San Marcial un 2 de septiembre de 1936, junto a sus legio- narios de la 4.* Bandera. Nuestro sefiorito no estaba en el-caso, pero si supo entender que a la Legién iban los que sufren, los que les duele el alma, los desgracia- dos, los ambiciosos, los perseguidos y los que no son nada y quieren serlo todo, como era su caso. El no tuvo que ir, como otros, a consulado alguno. Aquel santande- rino sf se afilié en el de Nueva York: “‘Noventa y seis partimos de Nueva York en un barco inglés, y salvo tres o cuatro, todos de habla espaiiola. El resto del pasaje, anglosajon. Noventa y seis y todos javenes. Noventa y seis eran las vidas que se ofrecfan sonriendo. Noventa y seis los corazo- nes que todo por ella lo olvidaban. ”Espafia se desmorona, Espafia muere. Pero gexiste siquiera? Asi los extrafios, y avergonzada, no supo qué decir, ni aun llamé a sus hijos. Pero ellos se juntaron al otro lado del mar, a lo largo del mun- do nuevo. Y sin volver la cabeza hacia lo que dejaban, desembarcaron en tus puertos, avidos de arrojarse en la hoguera.” El sefiorito lleg6 hasta el cuartel de San Fernando, otros lo hicieron en el del Rosario, A las dos de una tarde de mediados de octubre, su mano temblorosa firmaba su compromiso como legionario. Antes de la filiacion se les hacfa pasar un reconocimiento médico provisional. Se re- querian hombres sanos y fuertes, y con una talla algo mayor que la exi- gida en el Ejército. Cuestion que no fue impedimento en los periodos agudos de recluta para enganches de guerra. Solia recordarseles que aquello no era definitivo, que estaban sujetos al refrendo del Jefe del nuevo Cuerpo y, ademas, dependian de un nue- vo reconocimiento médico que habria de hacerse en Ceuta, en el bande- rian central, donde a los declarados inGtiles se les entregaba el mismo socorro para el retorno. 23 A los que se consideraba aptos se lés afiliaba sin pedirles documenta- cién alguna. El aspirante decia el nombre que deseaba tener. Asi, en aquellas primeras nominas hubo un Pedro Calderén de la Barea, un Ro- drigo Diaz de Vivar y un Bienvenido Tortola del Campo, junto al aus- triaco Werner, a Fulman, a Garcia, el escapado de presidio, al principe ruso Dirka, a Relenga, a Dufor, a Francisquito, Eslada, Chante, Campro- bio, Piqueras el anarquista, Colbert, los payasos Gamonada y Santonja, Brown, el negro boxeador americano, y tantos otros como ya son histo- ria en las paginas gloriosas de la Legion. Una vez enganchado se percibian dos pesetas diarias, o si se preferfa, la inclusion para comer en uno de los Cuerpos de la Plaza. Una vez reuni- dos varios hombres, se les entregaba un pasaporte y listas de embarque para Ceuta. Entonces emprendian la marcha por ferrocarril, con un viati- co de dos pesetas cincuenta céntimos por plaza y dia de viaje. En Algeciras solian embarcar en el barco que les conducirfa a Ceuta. “No sin cierta punzante emocién subimos la escalerrilla del Ferndndez Silvestre, que nos ha de conducir a las costas africanas”, escribid un legio- nario en 1922. En la expedicién del 10 de octubre de 1920, Francisco Franco, recla- mado telegraficamente para ser su lugarteniente por Millan Astray, tam- bién cruzaba el Estrecho en compaiiia de cien reclutas para la nueva Legion. Y desde el puente observaba su desordenado comportamiento “con la simpatia de los que van a encaminar su vida juntos”. Pronto se ofrecia Ceuta a la vista. Ceuta con todo su hechizo de puerta espafiola de Marruecos y Ilave del Estrecho. Ceuta, esa ciudad que form6 parte de los dominios cartagineses y posteriormente fue incorpo- rada por Roma a la Mauritania Tingitana con el nombre de Septa. Pasd a poder de los visigodos, estuvo por un tiempo bajo dominio bizantino y volvié a manos de los visigodos, hasta que fue entregada a los musulma- nes y sirvid, repetidamente, de base de embarque para las expediciones a Espafia. Los portugueses la reconquistaron en 1410, y consiguieron conservarla en su poder, pese a los numerosos ataques marroquies y gra- nadinos. Pasé a unirse a los dominios de Felipe II, al ascender el monarca castellano al trono de Portugal, pero en 1640, al producirse la separacion del reino portugués, Ceuta opto por seguir unida a Espafia, que la ha con- servado a pesar de los intentos de conquista marroquies. Esa es Ceuta, y en sus aires, todo el sortilegio africano junto a la claridad sabrosa y salada de las tierras y mares del confin europeo. 24 “Al atracar al muelle de Ceuta, y antes de que nadie pusiera sus pies en la tierra africana, un cabo subié a bordo en esos momentos de confu- sion que reinan siempre en iguales ocasiones, y pronuncia, fuertes y vi- brantes, las palabras que tienen la virtud de despertar el espiritu gregario adormecido en nuestra raza: 1A la Legion extranjera! *>Y un puiiado de hombres se retine en rebafio alrededor del soldado —hambre, fracaso, desencanto y ferocidad. El grupo, sfmbolo del dolor de vivir, se pone en marcha minutos después—; la caravana de la tristeza y del desaliento atraviesa las calles y paseos de la ciudad indiferente al paisaje espléndido y riente iluminado por este soberano sol de Africa; sus hombres van absortos y ensimismados en la consideracion del nuevo rumbo que les marca su destino incierto y angustioso.” Sin embargo, la transformaci6n ya se aprecia aquella misma noche a la hora de acostarse, en el momento de quitarse los calcetines, como explica el legionario, cuando se encuentran en la amplisima nave del cuartel del Rey, donde se establecié el dormitorio. “El grupo que por la mafiana Ilego conmigo, los que fueron admiti- dos en el dia, estaban un poco impavidos y miraban a los demas con estupor, como gallinas en corral ajeno; el exoficial rumano, Bulewsky, el polaco y el corso de la indomada ferocidad parecen, por el contrario, hallarse en su elemento y haber encontrado el seguro rumbo de su desti- no. Estaban casi desconocidos; el barrido y fregado que se habia verifi- cado en sus personas, la variacion de vestimenta y el cambio —que se reflejaba en las fisonomias— operado en sus espiritus hacia muy dificil reconocerlos. Otros parecian més timidos y furtivos, como rehuyendo las bromas de los mas antiguos, de los que habian ingresado en la Legién con ante- rioridad a ellos. El contento, la alegria, el bullicio se extendfan por la concurrencia, aleanzando a casi todos. Como antiguos e intimos amigos, empezamos a tutearnos: es que entre gentes que van a correr la misma suerte suele establecerse una corriente cordial, y el pronéstico de riesgos y peligros alienta el espiritu de fraternidad.” Pero antes tuvieron que penetrar en aquel recinto medio destartalado del cuartel del Rey, y recibir las palabras del Jefe. Aquel soldado que miraba a todos con una mirada aguda que penetra hasta el fondo del ser; una mirada tensa “que se clava tanto en nuestro animo que de ella puede 25 decirse que termina en punta”. Como su voz bien timbrada, varonil, enérgica y persuasiva, que les dice: “La Legién les ofrece el olvido del pasado, honor y gloria para el futuro. Recibirdn sus cuotas y percibirdn los haberes prometidos; podrén ganar galones, alcanzar estrellas; pero a cambio de esto, los sacrificios habrén de ser constantes; los puestos, mas duros y peligrosos. Moriran muchos, quiza todos... Ain tienen libertad para irse.” Y en tono menor, afiadira: “El que esté arrepentido, el que no se sienta suficientemente capaz de estas cosas sublimes, no tiene mds que presentarse al médico y decirle que le duele Ja garganta.”” Pero siempre se respondia con vivas a la Legion. Las filas estaban electrizadas ante las palabras del teniente coronel Jefe. Y las ansias por pertenecer a la Legion fueron acrecentadas a medida que trascendia la fama y la gloria del Cuerpo, a través de sus hechos de Armas. Aun cuan- do en un principio se registraron casos tan peregrinos como el de un cojo, Llegé a alistarse con su pata de palo, la pierna artificial de su muleta; rogo, lloré y suplicé. Incluso hizo exhibicion de carrera, dando saltitos, “7 Yo quiero ser legionario y nada pido!”, gritaba. Y después de cuatro dias rondando por el cuartel del Rey, sin estar afiliado ni recibir ropa ni rancho, los legionarios hicieron una colecta y lograron que se marchase. La leyenda de la Legién empieza a tejerse. Alli se reinen hombres tan distintos que, perdidas sus vidas en el mundo, resultan ser hermanos separados durante afios, compafieros de infancia, o seres sorprendentes. Cada dia que pasa salen a la luz mds detalles de su interesante historia. Un legionario de edad madura y aspecto de hombre cansado, cruza la calle y al pasar ante un oficial del Ejército, levanta el brazo para saludar- le. El oficial se detiene, se miran unos segundos y se abrazan llorando. El oficial era su hijo. De aquellas primeras filas salen los extranjeros; entre ellos se adelan- ta un alemdn, antiguo oficial de la Guardia; otro italiano, aviador en su pais, dos franceses, cuatro portugueses y un maltés; todos responden con acento firme y voz alta a las preguntas que les dirige el Teniente Coronel; avanzan luego los que sirvieron en el Ejército con anterioridad; guardias civiles, carabineros licenciados, antiguos soldados y clases, el militar de profesién y el que solo ha nacido para ser soldado, Tras la revision médica llega el momento triste para algunos. El facul- tativo siempre rechazaba algin enfermo crénico, a hombres agotados o 26 poco resistentes, a seres sin energfas para sobrellevar la vida de campaiia. ¥ los testimonios sefialan cémo algunos suplicaban, llorando, ser admiti- do, sin que la reciedumbre de cardcter de Millén Astray admitiese lo imposible. Un Millan Astray con cuarenta afios de estusiasmos y ensuefios, que “Je componian una presencia de extraordinaria gallardia militar, de movimientos nerviosos y céleres, de gestos répidos, tanto a pie como a caballo”, segiin lo describen unos, y que no difiere mucho de la mayoria: “Pero tenia sonrisa y gracia, dentro de una apostura, de una gallardia irrefrenable.” “Nos quedamos solos, en pie y en fila, hasta que pasados lentamente algunos segundos, penetra en la estancia un teniente coronel, joven, alto y enjuto. Yo jurarfa que le he visto apearse de un avidn inglés en el frente de la guerra europea; tal es el tipo. Nos deja algiin tiempo en silencio, paseando ante nosotros como si se encontrase solo; parece estar pensan- do en otra cosa y haberse olvidado de nuestra presencia; pero yo quiero adivinar en esa actitud una intencion premeditada. Este hombre —induz- co— es un psicélogo que conoce y utiliza intuitivamente, o por haberlos estudiado, los secretos del arte de la sugestion y del dominio de la mente y voluntad ajenas. En efecto; en ese lapso de tiempo que transcurre desde su llegada al momento en que nos dirige la palabra, la voluntad y energia que habiamos acumulado se han ido debilitando de una manera sensible. Cuando nos habla ya no podemos contestarle sin timidez. “Fue una escena que no olvidaré nunca.” El hombre que causaba semejantes impresiones en los legionarios, era el alma y vida de la Legién. Un hombre que para llegar a su puesto ya habfa vivido y luchado como los legionarios que pretendia forjar en aquel nuevo Cuerpo: un hombre con valor, inteligencia, espiritu militar, entusiasmo, amor al trabajo y espiritu de sacrificio. 27 MILLAN ASTRAY, EL LEGIONARIO Alto, delgado, seco y avellanado, viejo pero erguido, con el monéculo negro cubriendo la cuenca vacia de su ojo derecho, y la manga vacia de un brazo que en sus dias estuvo surcado por nervios de acero, asi apare- cia en los tltimos tiempos quien era conocido por el glorioso mutilado. Quienes sirvieron a las 6rdenes de Millan Astray y compartieron sus dias de campaiia, difundieron lo que en seguida fue una leyenda: la ima- gen de ser ejemplo de un cuerpo tan disciplinado como pintoresco, tan valiente como altivo; de ser y representar la misma Legion. Carne de le- yenda, figura ejemplar para generaciones de militares, objeto de adora- cién para cuantos sirvieron y lucharon, afios, meses o sdlo horas a sus ordenes. Era el hombre de mando, el orador extraordinario, rapido y emocio- nal. El soldado que expresaba en figura lo que intenté imbuir en sus subordinados: el fanatismo militar. La disciplina rigida y la comprension de los sentimientos, sin adulacién, pero con el encanto que embellecia la imagen de la Legion ante el piblico. José Millan Astray Terreros nacié en La Coruiia el 5 de julio de 1879. Fue el segundo hijo y Gnico var6én de un abogado y funcionario del Esta- 29 do, José Millan Astray, inspirado escritor que habia nacido en Santiago de Compostela, y de Pilar Terreros Segade. La vida de funcionariado Ilevé al padre de Madrid a Orense y mas tarde a La Corujia, donde nacié el futuro fundador de la Legion. Pero al pasar de nuevo al Cuerpo de Prisiones, todos los penales de Espafia, incluido el de La Habana, fueron recibiendo la visita de los Millan As- tray. El legionario escribiria mas tarde que de pequefio ya sentia “‘de- seos de viajar, de ir a América, Esa fuerza era subconsciente en mi. Me impulsaba el ser espafiol y ser gallego”. . Era un nifio sofiador y Ileno de imaginacién. Atraido por los libros de hazafias extraordinarias y relatos fantasticos. Amante del mar y, como buen gallego, inspirado de ideas alucinantes. Cursé los primeros afios de bachillerato por los diferentes institutos que los destinos del padre ponfan en su camino. Don José esperaba que su hijo fuese abogado, siguiendo la tradicién familiar que le fue inculeada para perpetuar la profesién. Sin embargo, al hijo le broté la vieja y ahoga- da aspiracién del padre, y éste le permitié vestir el uniforme y ser militar en cuerpo y alma. EI 30 de agosto de 1894, a los quince afios recién cumplidos, José Millan Astray se afiliaba como alumno de la Academia de Infanterfa. Alli pronto se convertirfa en un oficial estudioso, puntual cumplidor de sus deberes, excelente compafiero y modelo de caballerosidad. En segui- da atrajo la atencién de sus jefes por su concepto de la disciplina; una norma que estarfa presente a lo largo de su vida. Pero también, desde sus primeros momentos de milicia mostré un ingenio feliz y una inteligencia fecunda y vivaz. Una Real Orden del 10 de junio de 1895 establecié un plan de ense- fianza abreviado que le permitié salir a los dieciséis afios promovido al empleo de segundo teniente de infanterfa, convirtiéndolo en oficial del Ejército espafiol. En ese mismo mes de febrero de 1896 fue destinado al Regimiento del Rey namero 1, de guarnicién en Madrid. Igual que la villa y corte habia acogido a su padre en los afios mozos, el joven alférez de infanterfa se dispuso a disfrutar de la vida alegre del Madrid de finales de siglo, Eran los tiempos de Frascuelo, del Guerra, de Lagartijo, de las bulliciosas tardes de toros en la antigua plaza de la calle de Alcala; de los paseos por el Retiro y la Casa de Campo, con las sefioritas de compafifa, la habanera y el rigodon. Pero Millan Astray no se convirtié en un simple oficial que pretendié- 30 se pasar su vida de guarnicion en guarnicién, con una vida ociosa y suave. Desde el primer instante se mostr6 riguroso en los servicios, y se le re- cuerda vistiendo de manera impecable y exigiendo el mas riguroso servi- cio cuartelero a sus soldados, Miraba, revisaba y hacia cumplir las forma- lidades reglamentarias con el rigor y la exigencia que él mismo se impo- nia, y habria de practicar en los afios venideros a sus legionarios. Este ansia de perfeccionamiento le Ilevé a ingresar como alumno en la Escuela Superior de Guerra s6lo seis meses después de recibir su pri- mer destino. En septiembre de 1896 se dispuso a ser un militar con téc- nica y amplios conocimientos, entregandose con impetu a la tarea de diplomarse.de Estado Mayor. Sin embargo, los acontecimientos politicos no habrian de dejarle tranquilo: en Filipinas estaban ocurriendo hechos trascendentales. Las tierras descubiertas por Magallanes en 1521 y convertidas en colonia espafiola desde entonces, estaban a punto de alcanzar la indepen- dencia con el apoyo de los Estados Unidos. En 1868, el Gobierno de Ma- drid ya habia adoptado una politica liberal que permitié una amplia autonomia a la colonia. Pero en 1872, una revuelta en la provincia de Cavite Ievé a un recrudecimiento de las actuaciones del gobernador general, con la ejecucién de 41 personas, tres clérigos entre ellas, Esto dio pie a nuevas actividades rebeldes, a la lucha armada y al nacimiento de la organizacion Katipunam (1892), que buscé la amplia adhesion de los filipinos para luchar en la clandestinidad, en medio del desconcierto de los espaiioles. Esta sociedad nacionalista nativa, de tipo masdnico, estaba compues- ta de blancos y filipinos que querian derribar la existente administracion y sustituirla por un gobierno auténomo que reconoceria la igualdad de razas y de religiones. La rebelién se incrementé a finales del verano de 1896, cuando la mayor parte de los filipinos enrolados en las fuerzas espafiolas se pasaron a los rebeldes. El capitan general de Manila, Ramén Blanco, ya habia pedido sin éxito mas tropas a Madrid, e intentd, también sin éxito, negociar con los jnsurrectos, Pero su actuacién fue severamente criticada y se le sustituyd por el teniente general Camilo Polavieja, cuya severidad de mando y ac- tuacién provocé que los soldados espafioles capturados por los rebeldes fuesen torturados y mutilados en represalia. Cuando se preparaban expediciones con motivo de estos cambios, el alférez Milldn Astray se propuso ir a Filipinas, y tras mucha insistencia 31 y ruegos, logré la autorizacién de sus superiores y la baja de la Escuela Superior de Guerra, para ser destinado al Batallon Expedicionario namero 4. El 6 de octubre de 1896 se embarcaba en Barcelona, en el vapor Col6én, junto con otro millar de hombres de su batallon. También viaja- ban 166 hombres del 1.° Escuadron Expedicionario, y 170 de una bate- ria especial de Artillerfa de montafia. Al mando de toda la tropa iban 115 jefes y oficiales, mientras las bodegas del buque albergaban 400 ca- jas de municiones, monturas, armamento, pdlvora, piezas de artilleria, ganado, 4.000 granadas y viveres. Se trataba del primer y més répido envio de socorro hacia las lejanas islas. Durante la larga travesfa, llegaron a Manila el 3 de noviembre, el alférez Millan Astray se dedicd al estudio y conocimiento de todo lo concerniente a las islas Filipinas: geografia, historia, clima, costumbres, yegetacion y razas que las poblaban. Era el afan de superarse que tanto habria de caracterizarle. La llegada de las tropas peninsulares fue acogida clamorosamente. Alli estaban el general Blanco, gobernador de Filipinas, con su Estado Mayor; las autoridades civiles y la representacién de la Iglesia, entre los cientos de colonos y terratenientes que habian pasado horas de angustia ante la presencia de los insurrectos en la provincia de Cavite. El dia 5, apenas tras un breve descanso, el alférez Millan Astray salio de Manila con la columna mandada por el general de brigada Diego de los Rios. El Gobernador, que ya se sabia destituido por Madrid, queria em- prender una campajfia decisiva que despejase la situacién de Manila y garantizara la inmunidad de la capital del archipiélago. La marcha hacia Cavite se realiz6 sin incidentes y por entre campos de mafz y de arroz, de cafia dulce, zacate y cacahuete, mientras eran observados por la mirada inquieta de los indigenas respetuosos. Se habia preparado una operacién conjunta; por mar, al mando di- recto del general Blanco, y por tierra, con las distintas fuerzas dirigidas por el general Rios. El dia 9, tras una frustrada operacion de desembar- co, se efectud el ataque. Durante la noche las fuerzas embarcadas pudie- ron ocupar unas playas y con las primeras luces del alba se pusieron en movimiento hacia Cavite Viejo. La columna de Rios, por tierra, avanzo sobre Noveleta y en las proximidades del pueblo aguantaron un nutrido fuego de fusilerfa. Las vanguardias encontraron destruido el puente que cruza el rio Licton. Como no era vadeable, el general Rios dio orden de 32 Cartel de propaganda para el reclutamiento. Una imagen familiar en los puestos de reclutamiento de la Legion. 8 EL NORTE DE MARAUECOS ENTRE 1900 ¥ 1830 ‘ESPARAS Vist ena Caner tearnnons ¥-1908 Alaina, © Gibeatort6: Het) ipinan exceit #817 meetin 4 Tres Poeas * ‘Besa 4 of banc cnssrhy ea sires £ aa Perrot exe a espafil 27-K1312 wise Phe ‘Beseohaice 4 thacamae 1825 Postsionts #opatcas en 1900 + Peri sepahotan an ix rtttada del “Denese oe Annual” SII L9RT ¥ racuperadae poca oso Lnsites erten Ins zones de inflvencia francesa Neer ; sp sapstaineginn & Bteds Ga: 1804 NSS Rech de estobiecimionio de wuetmicsnes daparites Lines dt Protectoredo expatat xogin el tratado de 1912 — Limes dot Protsctorado eapanit en 1930 Posesiones espaitolas en el nor- te de Marruecos entre 1900 y 1930. Zonas de combates y de influencia. Abd-el-Krim, el més famoso de los jefes de cabila y el més duro enemigo de la ocupacién espa- nola en el norte de Africa. retirarse, pues también se hallaban detenidas las fuerzas que atacaban Cavite Viejo. La retirada resulté dificilisima, por ser un istmo estrecho que no permitia el paso de ocho hombres de frente. La columna de Millan Astray sufrié 240 bajas en la operacion, pero ya habia recibido su bautismo de fuego. El enemigo recibid refuerzos el dia 10, y el general Blanco ordend suspender la ofensiva y que las dos compafifas de marina se atrinchera- sen en Binayan, mientras el resto de las tropas establecieron campamen- to en Dehalican, donde el Cuartel General decidié esperar la Ilegada de dos nuevos batallones expedicionarios de Espafia. Hasta el dia 27 de noviembre Millan Astray permanecié con su com: paiiia en el campo atrincherado de Nehalican. En esa fecha recibio orde- nes de trasladarse a Manila. Polavieja tom6 posesién de su nuevo cargo y asumio las funciones de capitan general de Filipinas el 9 de diciembre. Con él, la campaiia entro en una fase mas decisiva. De la Peninsula habfan Ilegado refuerzos y_ material. 18.500 soldados estaban alli desde que empez6 la insurrec- cin, y se esperaba la llegada de otros 3.500 mas. Con todo esto, espera- ba realizarse una ofensiva a fondo contra los nicleos rebeldes y dejar despejada la situacion. El dia 11 Millan Astray salid formando parte de una columna que mandaba el teniente coronel Gregorio Estrada. El 18 se unieron a las fuerzas del general Rios y actuaron en las canteras de Mericanayoa, refu- gio y reducto de los rebeldes de la provincia de Bulacan, Los 1.500 espa- fioles envolvieron a los defensores, que se defendfan fuertemente con lantacas y fusileria, y tuvieron que combatir al arma blanca. Los rebeldes dejaron 47 muertos sobre el campo y Millan Astray tuvo su primera experiencia de combate en vanguardia. EI general Rios le ordené ponerse al frente de 28 soldados, 2 cabos y un sargento, para cubrir el destacamento de San Rafael, atacado por 3.000 insurrectos. El pueblo habia estado defendido por 60 soldados indigenas al mando del teniente Vicario. Resistié durante cuatro horas, hasta que sus fuerzas se pasaron al enemigo después de asesinarle junto a dos cabos. El alférez Pérez, tinico superviviente, pudo arrojarse por una ventana del edificio en que se hicieron fuertes, y esconderse en el monte durante dos dias. Millan Astray intent6 restablecer la defensa de San Rafael, Recorrid dia y noche los puestos de vigilancia e inspeccioné los movimientos de 33 cada soldado hasta que el dia 30 surgieron mas de 2,000 hombres atacan- do el poblado. En seguida tuvo que retirarse con sus hombres a la Casa Convento de la localidad y desde alli contener al maximo el empuje de los atacantes, El joven alférez empezé a hacer realidad sus anhelos de glo- ria y herofsmo. Mantuvo durante mas de dos horas a sus tropas entre las piedras deshechas a balazos y las llamas que devoraban las edificaciones de la poblacién. Cuando las tropas del comandante Sarthou aparecieron en su ayuda, Millan Astray surgié de entre las ruinas, el rostro ennegre- cido de pélvora y el uniforme destrozado, y dio el parte: “Mi comandante, la bandera no cay en manos del enemigo.” Aquel 30 de diciembre de 1896 haria al alférez un experto en llevar a los hombres al combate, y el Mando le recompensaria con la Cruz de Marfa Cristina, maxima condecoracién al valor en aquella campaiia. Permanecié en San Rafael hasta el 12 de enero en que debié salir con la columna del teniente coronel Villalon para efectuar reconocimientos en diversos pueblos. El 14 atacaban el poblado de Bonga Mayor ocupado por los rebeldes que acaudillaban Isidro Torres y el maestro Eusebio Ro- que. De nuevo tuvo que ocupar los reductos mas fuertes combatiendo al arma blanca. Millan Astray y sus soldados ocuparon el campo, sobre el que yacfan 47 cadaveres enemigos, entre ellos el cabecilla Torres. Al retirarse del lugar de accién, descubrieron al otro cabecilla escon- dido con ocho insurrectos. Detuvieron a todos y regresaron al campa- mento, Millan Astray serfa recompensado por la accién de Bonga Mayor con la cruz roja del Mérito Militar. No tardara mucho en ganar otra condecoracién: cruz de 1.* Clase del Mérito Militar, con distintivo rojo, por su comportamiento en la de- fensa del fuerte de San Ildefonso, en Ja provincia de Bulacan. Su actua- cién en Filipinas abrird su aureola de diestro y arriesgado soldado que le acompaié en vida. Alli se daban acciones penosas que exigian pericia en los jefes y un gran temple moral en todos los soldados. Era una guerra de sorpresas, de ataques nocturnos en los arrozales y en los bosques, con- tra un enemigo conocedor del terreno y maniobrero, sufrido y valiente. El 30 de junio se le comunicé la baja en el Batallén para ser destina- do a la Peninsula e ingresar de nuevo en la Escuela Superior de Guerra. La insurreccién parecfa dominada. Polavieja habia sido reemplazado por el teniente general Fernando Primo de Rivera, que llevaba consigo nuevos refuerzos y cierta capacidad de inventiva. Esto habia fortalecido a las fuerzas espaiiolas, pues incorporé voluntarios nativos en nuevos 34 batallones del ejército, al comprobar que los filipinos eran mas venales que los cubanos y aceptaban el soborno para desbandar a los rebeldes. El 18 de julio de 1897 el alférez Millan Astray embarcé en el Alican- te con destino a Barcelona, a donde lleg6 el 16 del mes siguiente. Ain era un joven de 17 afios que hacia balance de sus experiencias y empe- zaba a alentar la idea de constituir unas Unidades militares de profesio- nales dedicados a las armas y a defender el pabellén nacional tras un adiestramiento perfecto y con una moral de combatiente que no se res- quebrajase por el alejamiento del hogar. Eran las primeras ideas de lo que mas tarde quedarfa plasmado en el Tercio de Extranjeros. " Los hechos de armas de San Rafael, Bonga Mayor y del fuerte de San Ildefonso, pusieron los cimientos, firmemente asentados de la carrera militar de Millan Astray. Luego serian las clases tedricas y las prdcticas de la Escuela Superior de Guerra, a donde le llegé, por Real Orden de 28 de febrero de 1898, el ascenso a primer teniente de infante- ria, y una cuarta condecoracién: la cruz de Maria Cristina de 1.* Clase, concedida por su brillante comportamiento en la accion del Pinde de Candara (Camparga). En febrero de 1899 saldria de la Escuela con destino al Regimiento de Infanteria de la Lealtad, en Burgos, donde apenas si estuvo un mes. Se le destinara en seguida al Vizcaya 51, de guarnicién en Valencia. En la capital del Turia permanecerd dos afios hasta su incorporacién al Inmemorial del Rey nimero 1, con destino en el cantén de Leganés. Es ya teniente y la campaiia de Filipinas aan le traera nuevas glorias: la medalla con el pasador de Luzén y la medalla de Alfonso XIII. En 1904 al teniente Millan Astray se le destiné al Batallon de Caza- dores de Madrid nimero 2, con destino en Campamento de Carabanchel. Veinte dias mas tarde saldria para las islas Baleares a efectuar sobre el terreno el reconocimiento de calas y costas, Alli revivirfa con sus solda- dos las experiencias de su campaiia filipina. Las costas parecfan dispues- tas para la ensefianza de toda clase de ejemplos, y la compafifa de Millan Astray tuvo miltiples ejercicios, guiados por la voz serena y experimen- tada de un teniente que se esforzaba en cumplir su misién con fidelidad y entusiasmo. EI 12 de enero de 1905 fue ascendido al empleo de capitan de infan- teria y un mes mas tarde trasladado al regimiento de infanteria Asturias nimero 31. Al afio siguiente contraeré matrimonio con dofia Elvira Gutiérrez de 35 la Torre, una de las hijas del general Gutiérrez Camara, a quien conocié en los dias de Carnaval, cuando la villa se echaba a la calle para celebrar el desfile de carrozas que tenia lugar en el paseo de la Castellana. Tras el viaje de bodas, el capitan Millan Astray volvié a incorporarse a la Escuela Superior de Guerra para concluir los estudios iniciados con anterioridad. Alli completaria su formacién militar durante tres aiios. El curso termina en julio de 1909 y el capitan Millan Astray recibié las felicitaciones de sus profesores y compaiieros. Ha terminado sus estudios con gran aprovechamiento. Sus conocimientos de tacticas, cileulo de precision, aplicaciones cientificas de topografia, cartografia, balistica y tiro se pondran en prdctica durante un afio. Primero en la Capitania General de la Primera Regién; luego en la Segunda Regién y por ultimo formara parte de la Comisién que realizard un trabajo delicado e impor- tante: confeccionar el plano de la frontera hispano-francesa. Los conocimientos de Millan Astray y su aplicacién a la rapida solu- cién de cuestiones topograficas, le hardin destacar y ser elogiado por todos los miembros de la Comision. Luego, una vez concluido su trabajo en la frontera, regresarfa al Estado Mayor Central, para llegar el 3 de junio de 1911 al regimiento montado de infanterfa. Empezaria ahora una nueva etapa en la vida de Millan Astray; profe- sor en la Academia de Infanterfa de Toledo. Primero, en comisién y en septiembre como profesor de plantilla. Alli explicaria Geografia militar de Espaiia y Portugal, de Marruecos, de Europa, Historia militar, Logfs- tica, Tactica de las tres armas, Reglamento de campaiia, Repaso de Or- denanzas y Reglamento tactico. Resulté un profesor apasionado, de palabra cdlida, fluida y clara. Su asignatura preferida era Tdctica de las tres armas, en la cual vertia todos sus conocimientos tedricos y los ejemplos personales sobre el me- jor modo de resolver situaciones, decidir con rapidez situaciones com- prometidas y demostrar la gran influencia moral sobre el soldado. Los testimonios de aquella época lo recuerdan con un principio pau- sado, exponiendo tranquilo y con voz modulada los conocimientos tedricos. Luego alzaba el tono de sus explicaciones y las argumentaba con personal influjo y tono vibrante hasta hacer que sus alumnos cadetes quedasen prendidos en sus ensefianzas como en una verdadera arenga. El Cuerpo de Estado Mayor de la Primera Regién militar, intento incorporarlo a sus filas y lo reclamé a la Academia, pero Millan Astray decliné el honor por su deseo de ir a Africa e incorporarse a las tropas 36 que actuaban en campaiia. Se le envié a realizar practicas de logisticas y fortificacién en Guadamur, Loban, Casas Buenas y el campamento de los Alijares. Luego regresaria a su puesto de profesor y en mayo de 1912 realizaria las Ultimas practicas en el campamento de Alijares. Una Real Orden del 30 de junio de 1911 habia permitido que Damaso Berenguer organizase la primera compaiiia de voluntarios moros del Ejército, Eran las fuerzas Regulares Indigenas de Marruecos. Al principio las tropas moras eran miradas con desconfianza. Los oficiales destinados en ellas vivian en la incertidumbre y carecian de experiencia. Pero los moros que hufan de la zona francesa a la espafiola después de un levan- tamiento, estaban deseosos de servir contra las cabilas extranjeras y lle- naban las filas de los Regulares. El Gobierno espafiol comprendié que necesitaba hombres con grandes dotes de mando, de simpatia personal y de prestigio, para convencer e infundir confianza a los marroquies que ingresaban como soldados al servicio de Espafia. En agosto de 1912 Millan Astray fue requerido para prestar sus servicios en la Subinspeccién de las Tropas y. Asuntos Indigenas. Al fin se cumple su deseo de ir a Africa, y el 1 de septiembre desembarca en Melilla para incorporarse a la gran generacién de militares espafioles que habrfan de forjarse en tierras marroquies y recibirian el justo nombre de africanistas, Su primer destino africano estuvo en la policia indigena de Melilla. La formaban soldados marroquies mandados por oficiales espajioles. Surgié el primer problema: el trato con los indigenas. Los superiores le indicaron cOmo mandar al marroqui, y también cuales eran sus virtudes y sus defectos, Los moros estaban considerados como una raza que nace, vive y muere para la guerra. Por ello los Mandos del Ejército los aprovech6 como elementos naturales, como materia prima, de nervio indomito, de ansia trashumante, de inquietud y de codicia, muy propias en los hom- bres del Rif. De ahi la alta cotizacién aleanzada por estos hofhbres ce- trinos, fuertes y sufridos que fueron disciplinados para multiplicar su eficacia natural, encuadrandolos en los tabores de Regulares, mandados siempre por una oficialidad cuidadosa y seleccionada. A los quince dias de su llegada, Millan Astray ya recorria diversas mias, Las mias eran unidades destacadas de policia indigena que pres- taba sus servicios de vigilancia fuera de los centros urbanos. Este servi- cio proporciond valiosos conocimientos topogréficos al capitan re- 37 cién llegado a Africa, y le permitio demostrar su gran aptitud. El 17 de diciembre de 1912 el general subinspector de las tropas de policfa indfgena le encargaria realizar una misién secreta y reservada en la region de Nador. En marzo se habia establecido oficialmente el protectorado francés sobre casi todo Marruecos, quedandole a Espaiia el 5 por ciento del terri- torio. En noviembre se habfa preparado un tratado con el sultan que otorgaba a Espaiia el derecho de vigilar y de proteger este territorio. La administracién del protectorado espafiol estarfa a cargo de un represen- tante del sultan, el jalifa, ayudado por la jerarquia tradicional musulmana de jefes locales, pachds y cafdes. Pero los espafioles tendrian derecho a designar el candidato a jalifa y a intervenir libremente en los actos de gobierno. Un real decreto del 7 de febrero de 1918 establecerfa la auto- ridad suprema en un Alto Comisario residente en Ceuta. El orden segui- ria mantenido por una fuerza ampliada de Regulares y por la policia indigena; pero los tres distritos militares de Ceuta, Melilla y Larache, funcionarian como centros virtualmente autonomos. No obstante, en aquellos dias ya habfan comenzado las dificultades en la region de Yebala, peninsula montafiosa del norte de Marruecos y extremo occidental de la zona espaiiola. La autoridad musulmana la ejercia el cherif Muley Ahmed El Raisuni, descendiente del profeta Mahoma y miembro de una de las familias mds importantes de la region. Era hombre de fuerte magnetismo personal, y en un principio habia es- tablecido buenas relaciones con el jefe militar espafiol, coronel Fernan- dez Silvestre, quien establecié una pequefia guarnicién en sus cuarteles de Arcila. Pero las relaciones se deterioraron prontamente, cuando Sil- vestre que entendia poco o nada de politica y diplomacia, actu siguien- do lo que le dictaba su conciencia aterrado por lo que vio en los calabo- zos de Arcila, Seis dias después de entregar su informe, el capitan Millan Astray fue destinado al regimiento Serrallo nimero 69, con el cual se trasladaria a la posicion de Cudia Federico, en espera de embarcarse el 4 de febrero en el Apdstol, con destino a El Rincén del Medik, donde seis meses antes el general Alfau habfa instalado el campamento de ingenieros que efec- tuaban los trabajos de la carretera de Ceuta a Tetuan. Se trataba de ocu- par esta ciudad, capital tradicional de la Yebala, y en la que se establecia la residencia del nuevo jalifa. EI 19 de febrero el general Alfau entraba en Tetudn e incorporaba de 38 manera oficial la ciudad al protectorado. Pero las fuerzas. de Millan Astray no entraron y debieron ocupar la posicién del Harcha, como apoyo a la columna que se dirigfa a la ciudad. Al no registrarse incidente alguno que alterase los planes previstos, el dfa 23 la compaiiia de Millan Astray recibié la orden de concentrarse en Dxaz-Murcia y conservar la posicion. Permanecerfa alli hasta que la fama y su competencia hicieron que fuese reclamado por el coronel Fernandez Silvestre, para incorporarse a su nuevo destino en el Tabor de Arcila namero 8, situado al otro extre- mo de Marruecos. La situacién no permite atravesar el territorio por tierra y habra de navegar para llegar a su nuevo destino el 1 de mayo. Alli dedicara un mes a la proteccién de convoyes. Una misién mondtona, sin variacion, pero siempre con el peligro de la emboscada, del disparo ocul- to sin saber de donde llega la muerte, El germen de la guerra se estaba incubando. No era por Tetuan, aun- que la ciudad posefa cierta significacién religiosa y su ocupacién provocé un cierto malestar cuando se corrieron los rumores de que los militares espafioles habian molestado a las mujeres indigenas, y se temia que el tratado del protectorado sélo fuese una simple estratagema para destruir Ja religion, las leyes y las costumbres moras. EI peligro surgia por El Raisuni. Al instalarse un nuevo jalifa veia desaparecer sus esperanzas de aumentar su influencia al lado de los espa- fioles, Silvestre le habia obligado a desplazarse a Tazarut y desde alli rompio sus Ultimas conversaciones con las autoridades espafiolas y llam6 a las armas a sus fieles, Empezaron las pequefias escaramuzas alrededor de Tetudn y Larache, El Tabor de Millan Astray, incorporado a la columna del propio comandante general, tuvo que intervenir en la accion del zoco del Tze- nin, un lugar rebelde en el que planeaban y partfan acciones de hostiga- miento contra los soldados espaiioles, Millan Astray cumplié las érdenes del coronel Silvestre: limpié la zona y establecié en aquella posicién una oficina indigena. El 18 de junio resolvia la situacién de zoco del Arbaa, gemelo en peligrosidad al anterior. Estas acciones le valieron figurar en el registro de Distinguidos y el reconocimiento de su valia por parte de sus superiores. En los territorios encargados a su vigilancia, Millan Astray adminis- traba sus escasos recursos a la vez que ponia a prueba su valor. Ponia rapidez e intuicién ante las situaciones dificiles que le hacfan vencedor 39 real y efectivo. Sus frecuentes salidas contra los rebeldes, le permitia desarticular las partidas enemigas, coger prisioneros y restablecer la paz y la calma entre los cabilefios de su zona. El 15 de agosto, Fernandez Silvestre le reclamé a Arcila para encar- garle que resolviese de una vez la situacién en Cuesta Colorada, punto crucial para conseguir la tranquilidad en aquella zona. Era una opera- cién dificil, pues los moros se defendian bien, pegados al terreno resul- taban superiores en nimero y no les importaban los muertos ni los heridos. La posicién fue tomada tras duras horas de lucha. Espafioles y marro- quies leales quedaron muertos por los repechos de Cuesta Colorada, pero el capitan Millan Astray cogié fama de dar el ejemplo a todos. Y Silvestre le encarg6 del mando de la posicién mientras le proponia para otra cruz de primera clase del Mérito Militar con distintivo rojo pensionada. El 24 de octubre le Ieg6 a su puesto de mando la noticia de que las fuerzas de policia de Xarquia estaban siendo atacadas. Millan Astray dio la orden de partir rapidamente en su socorro. Después de varias horas de marcha, surgid el encuentro con los atacantes que cercaban a las fuerzas de Xarquia. El 5 de noviembre la caballeria del tabor serfa reforzada con una Seccién del Grupo de Escuadrones, y al mando de Millan Astray se en- cargarian de la ocupacién de Drar-Bufds. Es la época en que el nombre de Millan Astray empieza a mitificarse, y los soldados corren la voz de que con él la victoria es segura. Incluso el comandante jefe del tabor, Federico Berenguer, le confiarfa el mando provisional de la columna mientras él se ausentaba para realizar un servicio, y a su regreso le saluda- ria con “nunca me fui tan tranquilo ni tan seguro”. Continué combatiendo a las érdenes de Berenguer con el Batallén de Cazadores de las Navas nimero 10, en donde en muy corto espacio de tiempo fue merecedor de singulares distinciones, entre ellas la cruz de primera clase de Maria Cristina, por méritos contraidos en hechos de ar- mas anteriores y el ascenso al empleo de comandante, en julio de 1914. Amediados de octubre un nuevo destino le esperaba en Barcelona, en el regimiento de infanteria de Vergara niimero 57. Millan Astray solo pensaba en regresar a Africa. La guerra era su vida. No deseaba disfrutar de un pues- to facil, comodo y seguro, pero la disciplina y la obediencia se imponian y ejercié las funciones de juez instructor en la ciudad Condal hasta que el 1 de abril de 1915 se le concedié permiso para su regreso a Africa, 40 Vuelve a los nombres queridos, familiares, Larache, Ceuta, Arcila, y junto a los viejos compaiieros. El 2.° Tabor de las Fuerzas Indigenas Regulares de Larache se encuentra en el campamento de Kudia Rindo. Es un lugar austero, duro, tf{picamente guerrero, pero deseado por Millan Astray. La accion no se hace esperar. Berenguer habia recibido instrucciones del Alto Mando para realizar una serie de operaciones. Comunica a Millan Astray que deben atacar Magaret, y el 14 de septiembre el comandante sali con sus tropas hacia el Tzenin, una posicion muy conocida y vivida por Millan Astray. El 1 de octubre, en una operacion rapida, modelo de accién, el poblado qued6 ocupado y expulsados, hechos prisioneros 0 muertos, los enemigos que se enfrentaron a las fuerzas espafiolas. Millan Astray se qued6 con su primera y segunda compajifas, desta- cado en la posicion. Alli comentaria a sus oficiales: “Ser soldado, sefiores, es un empleo tan escogido que no existe otro mejor sobre la tierra.” En la primavera de 1916 volveria al escenario de uno de sus mejores recuerdos de la guerra africana: Cuesta Colorada. Tendria que incorpo- yarse de nuevo a la columna de Berenguer y con su tabor ocupar las posi- ciones de Acib Hax y Armensan, junto a la cabila de Wad Ras. La guerra de aquella zona significaba permanecer acampado durante un par de meses y luego, en dos o tres dias, ocupar una 0 varias posicio- nes claves en centros de comunicacion. Eran combates cortos, pero de extremada dureza e incertidumbre. Siguen las conquistas de Sidi-Talha, de Ain-Guenen, de Melusa y de Tafagal, donde aquel 29 de junio, bajo un calor sofocante, hubo que desalojar al enemigo a punta de bayoneta des- de los primeros instantes. Los testimonios recuerdan a Millan Astray en una actitud que se le consideraba caracteristica en combate: erguido, con la pistola en la mano derecha, mirando a sus soldados y contagidndoles su confianza y seguri- dad en el ataque a la bayoneta. Luego regresaria a Kudia Rindo, donde en diciembre recibiria la iiltima condecoracén de aquella campajia: la cruz de segunda clase del Mérito Militar roja, pensionada, por los hechos de armas ejecutados en aquel afio. Y en abril de 1917 seria trasladado al regimiento de Sabo- ya niimero 6, de guarnicién en Madrid. Luque, el ministro de la guerra, habfa escrito al general Jordana que continuase la politica de contempo- rizar con El Raisuni hasta que la situacién mundial se aclarase. Por lo 41 que la actividad espafiola en Marruecos qued6 practicamente paralizada. En 1919 las cosas volvieron a cambiar. El tercer gobierno de Roma- nones reconsideré la politica espafiola en Africa. Terminado el conflicto europeo, Francia volveria a incrementar su actividad en Marruecos, mien- tras Espafia apenas si se habia movido desde hacia tres afios. Ademas, la tirania feudal de El Raisuni se habfa vuelto mds fuerte que nunca sobre todo el protectorado espaiiol, dejando mal parada la autoridad de Espafia en Marruecos. La opinién general era que debia abandonarse Marruecos. Incluso Primo de Rivera ya habia sugerido que se transfiriese parte del protecto- rado a Inglaterra a cambio de Gibraltar. Sensacional y no desatinada declaracion, que le oblig6 a dimitir temporalmente de su mando. No obstante, el Ejército, el Rey y los lideres politicos de mayor in- fluencia querian extender el poder colonial espanol y a comienzos de 1919 decidieron tomar medidas més enérgicas. Jordana habia muerto en su despacho de trabajo en diciembre y su cargo estaba vacante. Las camarillas actuaron rapidamente y Démaso Berenguer, general de divi- sion y subsecretario de Guerra con el anterior gobierno de Maura, fue el elegido. Berenguer era un hombre prudente, observador y cerebral. que ya habia participado en anteriores campafias de Marruecos. Llego a Tetuan en febrero de 1919 y decidié hacer su politica: avances cortos y bien planeados, basandose en el conocimiento del terreno; utilizacion de Re- gulares nativos, para disminuir el niimero de bajas espafiolas, y ganarse a los jefes locales y cadies con una accion diplomatica de no interferencia en sus administraciones. El Raisuni fue convocado por Berenguer a una entrevista en Tetuan, con animo de discutir sus problemas. El cherif, que se negaba a visitar la ciudad donde residia el jalifa, se retiré a las montafias y rompié sus rela- ciones con las autoridades espafiolas. Quiso repetir su hazafia de 1913 e intentd sublevar a las cabilas de la Yebala y aislar a la administracion espafiola del jalifa cortando las carreteras de Tetudén a Ceuta, Tanger y Larache. Los choques con las bandas de El Raisuni empezaron a prodigarse, y las noticias de estas esearamuzas llegaron a Espafia, donde la oposicion politica critics duramente la nueva politica espafiola en Marruecos. En Barcelona hubo un ensayo de huelga general y se comprobé que mas de cien mil obreros cotizaban semanalmente a los partidos revolucionarios. 42 Los sectores extremistas del nacionalismo catalén incluso expresaron publicamente su simpatia hacia la resistencia marroqui contra el impera- lismo castellano. Las Juntas de Defensa hab{an hecho que en aquellos afios se ampliase nuevamente el Ejército y se aumentara su presupuesto. Las nuevas perspectivas sobre Marruecos, Ilevaban la cifra de 317 millo- nes de pesetas desde 1918 a los 581 de 1920, mientras los hombres pa- saban de 190.000 hasta un total de 216.000. Lo cual y pese a los grandes esfuerzos, no se mejoraba la organizaci6n ni el material del Bjército. Las obras escritas por los militares que vivieron aquellas campafias marroquies, Mola, Micé, Berenguer, Vigon, entre otros, testimonian la mala administracién que se hacia del protectorado. Pese al dinero reco- gido al contribuyente espafiol, el fraude y el favoritismo reinaban en la mayor parte de la administracién encargada de los asuntos civiles, donde la justicia estaba lejos de ser imparcial. Muchos oficiales eran culpables de mala conducta respecto a la poblacién nativa. Estudios posteriores e investigaciones en profundidad, demostrarian lo que ya era evidente en los principales puestos de guarnicién: la vida disoluta, no sdlo por los repletos prostibulos, sino por el juego, vicio muy extendido y a donde iban a parar muchos presupuestos de Inten- dencia. Los oficiales abandonaban sus deberes administrativos y la mayo- xia de los cuarteles estaban insoportablemente sucios y carentes de los minimos sanitarios. Las pequefias guarniciones de los blocaos, hechos con sacos de arena y establecidos a intervalos regulares por una gran parte de la zona, eran las que mas sufrian. Si los soldados se aventuraban a salir del recinto se exponian a los disparos de los cabilefios al acecho. Pese a acortar los reemplazos a un aiio, los reclutas tenian una moral muy baja y las visperas de las marchas anunciadas solfan pasarlas en frenéticas orgias con la esperanza de ser incluidos en la lista de enfermos venéreos y asi escapar a los combates, como sefiala en elocuentes paginas Arturo Barca. En esos dias, Millén Astray ejercia el cargo de vocal agregado a la’ Comision de Tactica, en Madrid, y habia sido felicitado por su trabajo en la redaccién de dos obras: Notas para el tiro de aplicacién del com- bate y Especialistas de la Compaftia, Acababa de ser ascendido al empleo de teniente coronel, pero ademas estaba en posesi6n de un brillante his- torial militar. Le rodeaba un gran prestigio entre sus compafieros de ar- mas y se le sabia conocedor de los problemas africanos y forjador indis- cutible de hombres y soldados. 43 Desde su regreso de Filipinas no ha dejado de pensar en aquella fuer- za de voluntarios profesionalizados para la guerra de guerrillas, Millan Astray volvié a darle vueltas a su Unidad de Voluntarios, de seres desa- rraigados de la sociedad, sin deseos de volver a ella, ni ganas de seguir los atractivos de la vida civil por unas causas 0 por otras. Aquéllos serian la base de un ejército colonial que sirviera siempre lejos de la metrépoli, pero con enganches minimos de cuatro afios para que recibieran una instruccién intensa y continuada que les permitiese ser eficaces y dies- tros en la clase de guerra que se requeria en Marruecos. Guiado por el entusiasmo y su fe en el nuevo Tercio de Extranjeros, Millan Astray solicité y obtuvo una entrevista con el ministro de Guerra, general Tovar, a quien presentd su estudio, basado en mil razones: escasa preparacion para la guerra tan especial de Marruecos de las tropas penin- sulares, a las que se le ocasionan muchas bajas, Carecen de instruccién adecuada para la guerra de movimientos, de agresiones y de celadas. Son soldados que se emplean para guarnecer posiciones, blocaos, avanzadillas y proteger convoyes, y apenas si tienen un ligero conocimiento de ma- niobras. Se hacen precisas las unidades coloniales de voluntarios espafioles yextranjeros. Unos por patriotismo, otros por amor al Cuerpo y a sus glorias, y otros por gratitud a la mesnada que le da asilo. Todos integra- yan fuerzas capaces de combatir con éxito en cualquier circunstancia y ahorrando vidas de los soldados de reemplazo. EI general Tovar escuchd el encendido alegato y prometié apoyar el proyecto, pero antes debia emitirse un informe por parte del Estado Mayor Central, ademas de la opinién del Alto Comisario de Espafia en Marruecos. El coronel Calvo, el comandante Doménech y el capitan Cuerda formaron la comisién que elev6 el informe al ministro. El general Beren- guer, que ya habia creado en 1911 la primera compaiiia de voluntarios moros, declaré al Ministro: “Ferviente partidario de relevar las fuerzas salidas‘de reclutamiento forzoso, que aqui hacen la campaiia, por tropas voluntarias; acojo con entusiasmo la creacién del Tercio de Extranjeros.” Ademas, Berenguer conocia a Millan Astray, sabia'de su capacidad y su entusiasmo, y ya habia declarado en una ocasién que para lograr el éxito en Marruecos debfan emplearse “contra los mores las armas mas terribles.que puedan esgrimirse contra aquellos infieles;sa propia codicia 44 y sus inconstancias, envidias y odios, rivalidades y ambiciones, que siem- - pre les hacen estar predispuestos a la traicion y a pactos vergonzosos, incapacitandoles para la unidad dentro de su misma causa”. __ Una Real Orden del 5 de septiembre de 1919 designé al comandante Millan Astray para desempefiar una comision en Argelia, a fin de estudiar el régimen y fundamentos de la Legion Extranjera francesa. A finales de mes llegaba a Tetuan para presentarse al general Berenguer y recibir sus instrucciones. No obstante, el Ejército estaba empefado en unas acciones importantes para el futuro de la campafia de Marruecos, y Millan Astray aplaza su viaje y es agregado al Cuartel del general Vallejo, segin recla- maci6n del comandante de Ceuta, Fernandez Silvestre. El Raisuni habia conseguido que la cabila de Uadyas se le uniese en sus hostilidades contra las fuerzas espafiolas, por lo que el general Beren- guer dio la orden de someter y ocupar el Fondak, para despejar aquella regi6n de enlace entre Larache, Ceuta y Tetudn. Millan Astray se incorporé a las unidades mandadas por el general Vallejo, en la columna del coronel Sanjurjo. Tomé parte destacada en los combates de Harcha, en el asalto a Yebel Hedia y al final someter el Fon- dak que dejaba abierta la comunicacién de Tetudn con Tanger y Larache, despejando el acceso a Xauen. El 8 de octubre conclufa la campaiia y el Mando dispuso que Millan Astray Ilevase a cabo su misi6n. En Melilla, el general Aizpuru cedié su coche para llegar hasta el rio luya, zona en la que reina la paz. Le acompafia en el trayecto su hermana Pilar y su cufiado. En la frontera lo acogera una diligencia para trasladarlo a donde_pernocta. Sigue viaje en autobits hast: luego en ferrocarril a Ora El general francés Vhen ‘le acoge y le facilita Ja visita a los cuarte- les, oficinas y depot de i Bel Abbés. Pero a Millan Astray no le basta con una visita protocolaria. Quiere ver el regi- miento de la Legién que esta en Renee: » alli pasa un par de semanas entre los os seed arios franceses. Estudia la psicologia de aquellos soldados, el sistema | ee | y_ castigos, las relaciones entre los diferentes escalones del Mando y convive como un oficial mas en compafierismo con los franceses. Toma parte en maniobras y ejercicios y juzga la disci- plina y la vida de los soldados, mientras estudia el historial de la Legion francesa. Alli ya se hablaba del espiritu de lucha y heroismo de algunos espajioles, citados por su valor frente al enemigo. Comprobé que para crear el clima legendario del Tercio era preciso 45 una bien orientada propaganda en libros y Prensa, que expusiera el lado romantico de la apenas, de la vida en campafia y de los hechos heroi- cos. ‘La muer erte seri nas alta 1 alta recombeae les sufrimientos, algo no ee y aaa fe de las. armas una radiante luz. El Tercio estaria regido por wnasevera disci ina y flexibles, En Themes existian cio reducido: a y una almohada de piedra. Los recluidos en tales celdas, solo salian para hacer instruccién, cargados con una mochila que contenia quince kilos de arena. Se les pri- yaba de café y de tabaco y se les imponian multas. A cambio, se descu- bria en los soldados saludos marciales, movimientos matematicos y evo- luciones violentas; casi parecian pedir ordenes, “Es un gran soldado en el campo, malo en guarnicién, quiere a sus jefes, es excelente compafiero y ama la limpieza y la buena comida, sin desdefiar la soldada y un modesto retiro”, escribiria Millan Astray en su cuaderno de notas. El 27 de octubre de 1919 abandonarfa su estancia en la Legion fran- cesa para dirigirse a Almeria y alli dar el cuerpo a su idea sobre el Tercio espaiiol antes de presentar el informe en Madrid. El nombre de Tercio seria un homenaje a aquellas tropas que en los siglos xvi y xvi habian Iuchado por tierras de Flandes, Alemania o Italia. Realmente la Legion espajiola ya era una cosa acabada y con todos los pormenores en la mente de su fundador, pues un afio antes habia tenido lugar un acontecimiento decisivo para el futuro de la Legién:; el encuentro Millén Astray y Fran- cisco Franco, Ocurrié en septiembre de 1918, con motivo de un curso de tiro de precision para oficiales superiores en la poblacién de Pinto, cerca de Ma- drid, Franco habia estado por Melilla y Ceuta realizando una labor pare- cida a la de Millan Astray en la zona de Larache. No se habian visto nin- guna vez hasta su encuentro en el cursillo de tiro con fusil. Y ambos ha- bran llegado a la misma conclusién: los libros de texto sobre tacticas de infanterfa tenian que ser revisados. La infanterfa espafiola debia ser adiestrada en la utilizacién del terreno para el ataque y la defensa. Desde los primeros contactos nacié entre ellos una espontanea y gran simpatia. Ambos trabajaron en intima conexién y redactaron la memo- ria del curso, Pasaban horas sobre los planos, compulsando documentos, resumiendo ensefianzas, elaborando conclusiones. Millan escribiria mas tarde: “Desde el dia que tuve la suerte de conocer a Franco percibi muy 46 claras y destacadas sus extraordinarias condiciones y aptitudes. Como mi pensamiento constante por esos dias era la fundacién de la Legién, juzga- ba con acierto que necesitarfa ayuda de hombres extraordinarios y, prin- cipalmente, de uno que fuese mi lugarteniente, para completar lo mucho que a mf me faltaba para el total desarrollo de mi magna empresa. Des- pués de conocer a Franco, no pensé en ningiin otro.” Poco después, Millan Astray serfa destinado a la Comisién de Tactica y las tareas realizadas servirian de asesoramiento para redacién de los nuevos libros de texto. Una Real Orden del 7 de enero de 1920 ascendia a José Millan As- tray a teniente coronel, y otra del 28 con publicacién en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra del dia 31, crearfa el Tercio de Extranjeros y dispondria que el teniente coronel Millan Astray emprenderia la tarea de organizarlo, como unidad armada integrada por hombres de todos los paises que voluntariamente se incorporasen a la misma. Las esperanzas y los propésitos, los suefios y los deseos, habian pasa- do al mundo de las realidades, aunque faltaba poner en marcha la empre- sa mas hidalga y gloriosa de las emprendidas por Espafia-en el siglo xx. Honor, deber y sacrificio, ésos eran los requisitos y el espiritu, para encarnar en los legionarios de Millan Astray, la ofrenda a su Patria y a su Ejército. Inmediatamente se empez6 a gestionar en los ministerios de Estado, Gobernacion y Fomento las disposiciones necesarias para dar forma ala. empresa. Es necesario iniciar el reclutamiento, establecer titiderines de enganch M ragoza, Barcelona y Valencia. Millan Astray fue el gestor personal | de todos los legalismos administrativos. Su entusiasmo slo tenfa parangén con sus dotes de organizador. A los pocos dias, y sin medios apenas, ya estaba todo listo y emprendia traslado a Ceuta para tomar posesion del mando del Tercio. Se trataba de una organizacién més movil y compacta que la del batallén de infanterfa espafiol ordinario, el cual contaba con cuatro y a veces mds compajfifas de fusileros. Inmediatamente después fueron fija- dos grandes carteles, mostrando a un soldado izando la bandera con los 47 ojos fijos en el cielo, en los tableros de avisos y en las oficinas de reclu- tamiento. El texto de los letreros decia: “;Alistaos en la Legion de Ex- tranjeros!”” La Real Ordenanza original y los subsiguientes decretos hablaron siempre de un Tercio de Extranjeros, pero Millan Astray y los oficiales que compartian sus ideas lo lamaban la Legién y nunca se referfan a ella como el Tercio. Ambas palabras poseen interesantes connotaciones. La gran infante- ria espafiola, durante tanto tiempo invencible frente a los ejércitos euro- peos de los siglos xvi y xv, habia admitido extranjeros en sus filas y estuvo compuesta por unidades de piqueros, arcabuceros y ballesteros, combinadas en tercios. Por consiguiente, el nombre resultaba inadecuado para la nueva formacién que combinaba los fusiles con las ametralladoras pesadas y ligeras. Ademas, el emblema de la Legién recordo al tercio: una corona sobrepuesta a una combinacién de ballesta, arcabuz y pica. La palabra legidn, sin embargo, suscitaba en la memoria espajiola el recuerdo de las legiones del imperio romano (en donde sirvieron tantos, celtiberos). Por otro lado estaba mas de acuerdo con la ética romana del oficial espafiol. Esto no quiere decir que la Legién de Millan Astray no estuviese conscientemente modelada segiin la francesa, sobre la cual ya abundaba mucha literatura, novelas con hechos auténticos y ficticios, que se vendia por quioscos y liberias. Asi pues, el nombre de Legion no solo fue el utilizado por Millan Astray sino que todo el pais Iegarfa a conocerla como tal mientras daba el nombre de Legion Extranjera a la francesa. 48 PRIMEROS PLANES La sede del Cuerpo fue el Cuartel del Rey, en Ceuta. Un edificio viejo y destartalado que necesit6 acondicionarse para que se instalase la Legion. Estaba en un buen emplazamiento y disponia de una explanada ante la entrada frontal que miraba al mar, y en la que luego se harian unos jardi- nes para su embellecimiento. Es el lugar donde Millan Astray va a recibir a sus legionarios, el recin- to que sera descrito por todos los poetas y periodistas, incluso por los que no sabian escribir pero su entusiasmo legionario les hizo rellenar cuartillas, durante aquellos tiempos primeros de la Legién. Un despacho en el piso principal, de proporciones desahogadas, con muebles de sobrio lujo y discreta elegancia que contribuird a dar solem- nidad a la entrevista con el jefe de la Legion. La luz entrando a raudales por un baleén que se abre al mar, de un azul cobalto que ciega los ojos en las mafianas luminosas. Antes se ha atravesado la solera principal del cuartel; el umbral de una puerta que pone cierto sentido misterioso de recelo y de vago respe- to religioso. Los primeros legionarios iban luego por amplios salones, escaleras y galerias hasta llegar ante el Jefe. Luego, cuando se vio que 49 aquello desbordaba lo previsto, se les formaba en el patio y Millan Astray les hablaba con voz serena, dandoles la bienvenida. “La Legion os recibe con jubilo y satisfaccién; alegraos de este mo- mento. Os recibe con los brazos abiertos y os ofrece honores, gloria y olvido también. Sentiréis un orgullo desconocido hasta ahora: el de ser legionarios. Aqui recibiréis vuestras cuotas y percibiréis los haberes pro- metidos. Podréis ganar galones y alcanzar estrellas, pero a cambio de esto, los sacrificios han de ser constantes, en el combate defenderéis los puestos mas duros y peligrosos, y muchos de vosotros moriréis en la pelea. Nada hay mas hermoso que morir con honor, por la gloria de Espafia y de su Ejército; ya lo aprenderéis asi... Caballeros legionarios: iViva la Legion!” Luego, el teniente coronel se retiraba a su despacho e iba recibiendo uno a uno a los legionarios recién incorporados. El capitan Joaquin Ortiz de Zarate, que oficiaba de ayudante, autorizaba a pasar a presencia del jefe desde el antedespacho. Pero esto ya fue cuando la Legion funciona- ba; antes, desde el 11 de septiembre en que Millan Astray se incorpora a la plaza de Ceuta, son los dias del asceta, del iluminado, del hombre empefiado en crear y organizar los cuadros de mando y perfilar todas las earacteristicas de la Legion. Sélo un pequefio grupo de jefes y oficiales que estan a sus 6rdenes, visionarios como él, comprenden, comparten y arrollan cuanto se opone a su paso para conseguir la realizacién de la obra. Una Real Orden del 2 de septiembre de 1920, establecia las planti- Ilas iniciales, a la vez que declaraba que el Cuerpo “habra de emplearse tacticamente de primera linea y en todos los servicios de paz y guerra, sin otro lfmite que el de su utilidad militar”. Para la designacién de los man- dos se acudiria al procedimiento de libre eleccién, siendo recomendacién maxima los méritos de campaiia. La composicién del Tercio de Extranjeros, que desde siempre su fundador llamaba Legién, se establecié de la siguiente manera: Una Plana Mayor de Mando, que la integraban el teniente coronel Primer Jefe, el capitan ayudante mayor y la escolta montada, Una Plana Mayor administrativa, dependiente del Comandante Ma- yor, con sus distintas dependencias de contabilidad, caja, almacén, apo- deracién, hojas de servicio, archivo, etc., etc. Cuatro Compafifas de Depésitos para la instruccién de los engancha- dos, alojamiento de los transeiintes y mantenimiento de los legionarios licenciados o pendientes de pasar al cuerpo de Invalidos. 50 Las Banderas Cada Bandera se componfa de las siguientes Unidades: Plana Mayor con el Comandante Jefe, un Oficial subalterno como ayudante, un Suboficial subayudante y encargado de la oficina, y un tren de combate al mando de un sargento. Dos compaiiias de fusileros granaderos. Una compaiifa de ametralladoras con seis maquinas. Cada compafifa la formaban 170 hombres voluntarios de todos los paises, aunque predominaron los espaiioles. La actividad de la campafia y la virulencia que adquirieron los hechos de guerra, en seguida revelaron que la organizacién de las Banderas en dos Compaiiias de fusileros granaderos y una de ametralladoras resultaba insuficiente para la maniobrabilidad de las Unidades, y se crearon nuevas compafifas de fusileros granaderos, para adscribirlas a cada Bandera. La numeracion correlativa existente entonces hizo que las nuevas Compa- jifas se distribuyesen por orden correlativo en cada Bandera, siguiendo la serie natural, Quedaron asi: Primera Bandera 1. y 2." compaiiias de fusileros 3.° compaiifa de ametralladoras 13.3 compaiifa de fusileros Segunda Bandera 4." y 5.* compaiifas de fusileros 6.2 compaiifa de ametralladoras 14." compaiiia de fusileros Tercera Bandera 7.2 y 8.4 compaiifas de fusileros 9.? compaiiia de ametralladoras 15. compaiifa de fusileros 51 ordinaria. La Bandera se convirtié en la Unidad movil por excelencia. Resultaba distinta de los Batallones de Cazadores y se parecia bastante a los Bata- llones que Francia mantenia en Marruecos y Argelia. Era muy manio- brera y se bastaba a si misma en todas las acciones proporcionadas a su Cuarta Bandera 10.2 y 11.* compaiifas de fusileros 12.2 compaiiia de ametralladoras 16.* compaiiia de fusileros Las cuatro tltimas compafifas, agregadas, se crearon durante la cam- paiia de recuperacion del territorio de Melilla. Posteriormente se crearon otras Banderas que siguieron, sin interpolacién alguna, la serie numeral efectivo y aun superior. Los jefes y oficiales que empezaron a mandar el Tercio de Extranje- ros, segiin el Anuario de 1921, fueron los siguientes: 52, Teniente coronel: José Millan Astray Terreros Comandantes: Capitanes: Fernando Cirujeda Gayoso Francisco Franco Bahamonde José Candeira Sestelo Adolfo Vara de Rey y Herranz Eduardo Cobo Gomez Camilo Alonso Vega Pablo Arredondo Acufia Alvaro Sueiro Vilariiio Pompilio Martinez Zaldivar Juan Fernandez Aceytuno-Montero Justo Pardo Ibajiez Luis Valedzar Crespo Juan Villalon Dombriz Antonio Alcubilla Pérez Joaquin Ortiz de Zarate Tenientes: Luis Gracia Bastarrica Miguel Lépez-Bravo Jiménez Martin Ponche Martinez Manuel Torres Menéndez Javier de Castro Calzado Camilo Meléndez Tolosa y un total de 19 hombres. 14 alféreces, Comandante médico: Nemesio Diaz Mena 2 Capitanes médicos 1 Masico mayor Capellin: Alejo Fernandez Ocaranza 2 Veterinarios 1 Profesor de equitacién Esta primera plantilla en seguida sufrié las bajas de la guerra y el incremento de las necesidades de mandos y aumento de Banderas a fina- les de 1921. Los nuevos comandantes son: Emilio Villegas Bueno Juan José Liniers y Muguiro Carlos Rodriguez Fontanés. Los Capitanes ya alcanzan el nimero de 32; entre los que se en- cuentran: Francisco Franco Salgado-Araujo Eduardo Mendicutti. Los tenientes son 63 hombres y entre ellos aparecen nombres que se haran famosos: Joaquin Rios Capapé Fernando Lizcano de la Rosa Federico de la Cruz Lacaci, Los alféreces pasan a ser 46 y tres nuevos capitanes médicos se unen a los dos existentes. También hay dos nuevos veterinarios. 53 Muy pronto la Plantilla del Tercio Ileg6 a disponer de 183 Jefes y Oficiales junto a una tropa de 6.464. Esta cifra nunca fue constante por- que llegé a un total de 7.716 bajo el mando de Millan Astray. Pero hasta finalizar la guerra de Marruecos, en 1927, la renovacion de mandos y tropa ha sido continua, pues el Cuerpo tuvo las siguientes bajas durante las operaciones de guerra: Muertos: Jefes 4 Oficiales 111 Tropa 1.879 Heridos: Jefes 16 Oficiales 310 Tropa 5.763 Lo que suma un total de 8.063 bajas. Mas que los hombres en activo. Esto calibra perfectamente el grado de accién en que se movieron los Jegionarios. Alli no habia bombardeos de aviaci6n, ni gran artillerfa, Era todo pura artesania, valor y coraje. Armamento de que disponian estas fuerzas Fusil Mauser, modelo espafiol 1893, calibre 7 mm. Mosquetén Mauser, modelo espajfiol 1916. Fusil ametrallador Hotchkins pesado, modelo 1922. Ametralladora Hotchkins pesada, modelo 1914. Mortero Lafitte, modelo 1925, calibre 60 mm. Lanzas, modelo 1905, Municion Cartuchos de fusil Mauser. Granada de mano Lafitte. Granada de fusil. Granada fumigena. 54 Armas Machete, cuchillo bayoneta, modelo 1913. Pistola Astra, modelo 1921, calibre 9 mm largo y corto. Pistolas de sefiales, modelo 1921. Medios de traccién y transporte Caballos, mulos, camiones, camionetas ligeras, coches répidos, moto- cicletas y bicicletas. E] primer hombre que se enganché en la Legién lo hizo el 20 de sep- tiembre de 1920. Tuvo una vida legionaria activa y ascendié hasta Sub- oficial para morir, en 1925, en Alhucemas durante la ocupacién del Malmusi Alto. En el plazo de menos de un mes desde la incorporacién de ese primer enganchado, se constituyeron las tres primeras Banderas. Las fechas de formaci6n que se dan como oficiales con las siguientes: Primera Bandera . . aa 7 de octubre de 1920 Segunda Bandera . 22 de octubre de 1920 Tercera Bandera .. 23 de octubre de 1920 No obstante, estas fechas varian un poco segin los diferentes testi- monios. La fecha segura es la del 7 de octubre para la Primera Bandera, al mando del entonces comandante Francisco Franco, lugarteniente del Fundador, Millan Astray. Esta Bandera se traslada el 17 del mismo mes desde la Posicién A al nuevo y definitivo emplazamiento: Dar Riffien, un lugar cubierto de piedras y palmitos. Mientras, en la Posicion A seguirén organizandose la Segunda Bande- , Ya, al mando del comandante Cirujeda y la Tercera que organizara el comandante Candeira. Las tres se reunirdn el 21 de octubre en la llanada del seco rio Tarajal y celebraran juntas el acto de la Jura de Bandera. En esta primera etapa la Legion quedaria con los siguientes mandos, que se consideran fundacionales: 55 Plana Mayor de Mando Teniente coronel José Millan Astray Terreros. Capitan ayudante mayor, Justo Pardo Ibaiiez. Plana Mayor Administrativa Comandante mayor, Adolfo Vara de Rey. Primera Bandera Comandante Francisco Franco Bahamonde. 1.8 Compaififa: capitan Pablo Arredondo Acuiia. 2.4 Compaiifa: capitan Luis Valeazar Crespo. 3.8 Compaiifa: capitan Eduardo Cobo Gomez. Segunda Bandera Comandante Fernando Cirujeda Gayoso, sustituido por cambio de destino por el comandante Carlos Rodriguez Fontanés. 4 Compaiiia: capitan Alfonso Beorlegui Canet. 5." Compaiifa: capitan Antonio Alcubilla Pérez. 6.* Compaiifa: capitan Alvaro Sueiro Villarifio. Tercera Bandera Comandante José Candeira Sestelo. fifa: capitan Miguel Pérez Gareja. in Joaquin Ortiz de Zarate. 9." Compaiifa: capitan Camilo Alonso Vega. Unidades de Deposito Teniente Ignacio Olavide Torres, Con posterioridad y durante la reconquista del territorio de Melilla se crearon otras Banderas. La Cuarta nacié a primeros de octubre de 1921 y la Quinta en noviembre, pues el 17 del mismo mes Millan Astray, que ain no se habia restablecido por completo de su herida, cuando el asalto a Tetas de Nador, salfa de Ceuta para ponerse al frente de la 3.*, 4.7. y 5.* Banderas, que formaban parte de la columna del coronel Ricardo Serrador que debia operar en Beni-Arés. En 1922 ya se habia organizado la Sexta Bandera, y en mayo de 1925 se cred la Séptima y un Escuadron de Lanceros. La 6." y 7.* Banderas 56 intervinieron de manera senaladisima en la operacién del desembarco de Alhucemas (8 de septiembre de 1925), formando parte de la columna que mandaba el coronel Francisco Franco. Casi simultaneamente tenfa lugar la liberacion de Kudia Tahar, donde las 2." y 3.* Banderas se cubrian de gloria. Pero para ese entonces, el que habia sido Tercio de Extranjeros habia pasado a denominarse Tercio de Marruecos el 16 de febrero de 1925, y el 2 de marzo del mismo afio, se quedo con el apelativo escueto de El Tercio. La Octava Bandera nacié en 1927, pero para ese entonces la organiza- cin ya habia sufrido un cambio sustancial. Las cuatro Banderas de Meli- lla constituyeron el Primer Tercio y las de Ceuta y Tetuan, el Segundo. Ambos Tercios eran mandados por Tenientes coroneles y el total queda- ba bajo el mando del Coronel primer jefe de la Legion con residencia en Ceuta. La distribucién de las fuerzas de la Legion fue asi: Zonas de Melilla y Rif Plana Mayor de Mando y Administrativa del Primer Tercio en la plaza de Melilla. : Dos Banderas de descanso en el acuartelamiento de Tauima. Dos Banderas destacadas en las zonas de Melilla y Rif. Zona de Tetudn-Ceuta Plana Mayor de Mando y Administrativa de la Legion en la plaza de Ceuta. Plana Mayor del Segundo Tercio, en Ceuta. Dos Banderas de descanso en el acuartelamiento de Dar Riffien, Dos Banderas destacadas en la zona Ceuta-Tetuan, Escuadr6n de Lanceros en el acuartelamiento de Dar Riffien. Una Bandera de Depésito en el acuartelamiento de Dar Riffien. Una seccién de Caballerfa de Depésito en Dar Riffien. Durante el perfodo que siguié a la terminacién de la campafia de Marruecos, los legionarios recibieron una instruccién tan depurada que ante el hecho de la guerra civil de 1936, se tomaron elementos necesa- rios de las Banderas existentes, entonces, y se desdoblé el nimero hasta , un total de 18 Banderas. Cada Bandera dispuso de un Guion de mando con significacién hist6- 57 rica o decision tomada por los hombres que la crearon, como sucedio con los de la Tercera. Helos aqui: 1.* Bandera: sobre fondo negro, la rama de roble mordida por jaba- Ives, de la Casa de Borgofia, 2.° Bandera: el escudo del emperador Carlos I, sobre fondo rojo. 3.° Bandera: un tigre rampante sobre fondo azul. 4.° Bandera: ensefia de don Juande Austria en Ia batalla de Lepanto. 5." Bandera: las armas del Gran Capitén. 6.° Bandera: las armas del Duque de Alba. 7.4 Bandera: las armas del glorioso teniente coronel Valenzuela, muerto el 5 de junio de 1923 en Tizzi-Assa. 8. Bandera: las armas de Cristébal Colén. Escuadrén: Pendon de Caballeria de los Reyes Catélicos en la gue- rra de Granada. A pesar de todo lo expuesto en este apartado de datos y realizaciones felices, hubo un sinnimero de dificultades que se presentaron constante- mente para la fundacién de la Legion. En principio hubo que improvisar- lo todo, desde el uniforme hasta el menaje de cocina, desde los aloja- mientos hasta el material necesario para acuartelar a los hombres. El dinero, no sdlo era escaso, sino que llegaba tras improbos esfuerzos y sacrificios de aquellos Jefes y Oficiales que se empefiaron en crear un Cuerpo tinico y excepcional. Como muestra, baste el proyecto que se tenfa para uniformar a los legionarios: “Llevarén pantal6n polaina, ésta hasta la rodilla y con muchos boto- nes; guerrera abierta sobre cuyo cuello descansaré el de la camisa, también abierta, Todo de color verde-gris, vistoso y excelente para la disimulacion sobre el terreno. Como calzado, la bota de buena hechura y para la campa- fia, la sandalia.” Esta se quedaba en el barro de Zoco el Arbaa y hubo de ser sustituida por la alpargata bota de lona blanca, airosa y eomoda. Como prenda de la cabeza se usaria el gorro isabelino, con la borlilla roja y desenfadada. En verano se usaria el sombrero de dril verde, de an- chas alas semi-rigidas y curvadas, con el emblema en el frente de la cinta. Como prenda de abrigo el capote-manta abierto por los lados y abo- tonado que resulté una prenda muy practica. Los Oficiales llevarfan cuello de piel y el capote forrado de blanco. También usarian gorra teresiana de factura sui generis. 58 No obstante, las Primeras Banderas tuvieron que vestirse provisional- mente con uniformes desechados de los otros cuerpos de guarnicion, In- fanterfa, Caballeria, Artillerfa, y para distinguirlos de los demas soldados hubo que colocarles en el cuello de las guerreras unas pequefias cintas con los colores nacionales. Se carecia de tanto que ni dinero habia disponible para abonar las cuotas de enganche a los legionarios. Los caudales que se entregaron al Cuerpo como anticipo, no aleanzaban a cubrir la centésima parte del gasto. Y como Intendencia acredita los haberes por meses vencidos, los equilibrios monetarios que hacia Millan Astray, con otros jefes que esta- ban a sus Ordenes, exceden toda ponderaci6n, Se cuenta que muchos de los primeros legionarios no habian perci- bido la primera parte de su prima de enganche, que habria de cobrarse en tres plazos anuales; el primero, al engancharse definitivamente y en la Posicion A, por lo que los yoluntarios se sintieron bastante defrau- dados. Al tener conocimiento de ello, Millan Astray dispuso que el coman- dante Vara del Rey tomara las ciento cincuenta mil pesetas disponibles en caja, en billetes, plata y calderilla, y con esa suma en un saquete se presentaron en el patio del acuartelamiento. Formaron los legionarios y el teniente coronel pronuncié como siempre su arenga, con estos pa- rrafos: “En las primeras lomas —sefialaba con el brazo a lo lejos— estan los galones de cabo; en las siguientes, los de sargento y en las montafias del fondo las estrellas de Oficial o la muerte gloriosa por la Legién...” Después afiadié: “No os inquietéis por vuestras primas de enganche. Las percibiréis dentro de poco cuando las libre la Intendencia. Ahi te- néis dinero y quien quiera un anticipo, se le dard. Pero os pido que nos dejéis unos dias para solucionar los traémites indispensables para el pago. Conffo en que no dudéis de mi palabra...” En un instante todo quedé resuelto: cinco o diez duros de anticipo solucionaron la situacién. Y a los pocos dias se pagaron las primas que Jos legionarios llaman cuotas. 59 CUOTAS Y HABERES QUE PERCIBIAN LOS LEGIONARIOS Primas de enganche: Por 3afios .... 400 pesetas Por 4 afios ..... 500 “ Por 5 afios 700 =“ Haberes diarios: 1.8 y 2.° afio 3. y 4.° afio 5.° afio en adelante ... 4,50 pesetas 5,25 “ 585 “ Plus de campo: Legionarios de 1.* y 2.2, Cornetas y Tambores, premio de 0,25 pese- tas diarias. Cabos, premio de 0,50 pesetas diarias. Reenganches: Los que terminado su compromiso de enganche obligatorio desean continuar en las filas de la Legion, pueden hacerlo con sujecién a las siguientes bases: Se admite el enganche por periodos de seis meses, 0 por uno, dos, tres, cuatro o cinco afios, siendo las primas que les corresponden de 50 pesetas por cada seis meses, después de cumplido el compromiso de cuatro aiios, y a partir del quinto aiio de servicio, cuatrocientas pese- tas anuales a cobrar por dozavas partes del total. Ser reenganchado es circunstancia muy recomendable para el porve- nir del legionario, y para distinguirle llevan un distintivo especial, por el cual se conoce su antigiiedad en el Cuerpo. Al reengancharse un legionario puede elegir la unidad y territorio a donde quiere pasar a continuar su servicio, o seguir en la misma, segin su deseo. Los prodigios de ingenio, las facultades de improvisacion, de tenaci- dad y esfuerzo en el trabajo, fueron condiciones que la Legion aprende- ria siempre del genio de su Fundador. Porque Millin Astray no sélo 60 pensaba en la importancia de instruir, vestir y alimentar a aquellos solda- dos, sino ‘que concedia mayor importancia a lo que seria el espiritu y el credo de la Legién. Algo que trascendiese y fundiera en uno solo tantos caracteres antagonicos, tantas nacionalidades y tantas lenguas. Era preciso idear una mistica capaz de llevar a la muerte por la gloria de Espajia a un sueco y a un turco, a un principe de sangre real y a un pordiosero. Un culto y una profesién de fe para unir y hermanar a aque- llos hombres que iban llegando de los lugares mas diversos del mundo. Sin este fundamento espiritual, la Legién nunca seria una obra perdu- rable. Resulta facil y si no facil, posible, despertar en todos los legionarios espafioles su oculto e insospechado ideal de patria, pero gcémo alentar el dnimo de los extranjeros que se hallaban entre los primeros legiona- rios espafioles? He aqui cémo lo expresé uno de aquellos fundadores: “Nuestro jefe, y como él todos los que entre él y nosotros estan, que son hechura sentimental suya, no nos hablan del sentimiento de patria, sino de la Legion; no del honor militar, sino del honor de la Legion; de la gloria de nuestras banderas auténomas, que tienen su historia y vida independientes de la ensefia nacional; de aventuras interesantes, de gene- rosidad, de grandezas morales, de romanticismo, de las virtudes viriles y fuertes y de lo bello que es morir por un ideal, por el ideal de la Le- gion, donde no hay ni un cobarde; por el ideal de un Cuerpo tan glorioso, que puede satisfacer la mayor ambicion de un hombre ansioso de glorias; por un Cuerpo tal, que ingresar en él supone tanto sacrificio, que en ese momento le estan a uno perdonadas las anteriores culpas, como si se bafiase en las aguas del Jordan; tal es la virtud de las banderas del Tercio; que a su sombra se sienten amparados por el derecho de asilo, que trascendia en otros tiempos de los altares, los perseguidos de la justicia, y en él también encuentran el pan caliente de la cordialidad los que han hambre y sed de ella, los fracasados sentimentales. ”Asi han creado Millan Astray y los comandantes y oficiales a sus Ordenes ‘un estado de conciencia legionario’, caracteristico de la Legion, comin a todos los que estamos agrupados alrededor de sus banderas.” Este aspecto fue lo que convirtié a Millan Astray en figura y genio de su época. El credo y el espiritu del nuevo Cuerpo, la faceta que lleva su nombre a la lista de los grandes fundadores y forjadores de caracteres humanos. Millan Astray, por derecho propio de su obra, aparte de su trayecto- 61 ria vital, se convirtié en un mistico del honor y del deber, conductor de hombres para el culto de los mas nobles ideales. Si noble puede consi- derarse el aprender a morir con una sonrisa, como los kamikazes japo- neses. EL ESPIRITU DE LA LEGION No se improvisa ninguna idea ni ningiin ideal. El ideal de patria es congénito en el hombre y forma parte integrante del mismo ser. Es posi- ble que hoy parezca diluido, como inexistente a causa del sonido cons- tante de otras arengas absurdas. Sin embargo, esté latente, como lo esta- ba entonces, en aquellos afios de tragedia espafiola, de lucha de clases, de reivindicaciones sociales, pistolerismo, sindicalismo y otros gérmenes externos y estimulantes, que en nada parecfan tener relacién con el sentimiento patrio latente en la naturaleza intima del hombre. Y desperté. Se ha dicho que Millan Astray tenia el divino don de la palabra y era prédigo de su arte; su oratoria rotunda y cdlida, se dejaba ofr continua- mente, encontrando las ocasiones propicias, y el entusiasmo desbordado de su coraz6n llegaba a inundar de sentimentalismos el pecho de los hom- bres, que le escuchaban emocionados, con los ojos himedos, ansiosos de demostrar a todos, y en particular a su Jefe, “quiénes son y qué son capaces de hacer por el honor y la gloria del Tercio”. Es de ley reconocer que el hombre Millian Astray, el muchacho que con sus 17 afios ya encabezaba los soldados en ataques a bayoneta calada 63 en las campafias de Filipinas, fue y siguié siendo el soldado legionario, el combatiente que peleaba al frente y junto a sus caballeros legionarios, que le convirtieron en el hombre mito que diffcilmente una sociedad burguesa y acomodada podia comprender. Porque no fue un hombre que crease una empresa importante, con muchos puestos de trabajo que dieran de comer a numerosas familias mientras él disfrutaba del prestigio y el poder que su jerarquia le otorga- ba. No. Desde que Ileg6 a Ceuta y le retiraron, Millan Astray siempre actu con el mismo nervio, actividad y sencillez que exigid a sus caballe- ros legionarios. A finales de septiembre ya se encontraba en Ceuta y empezo a traba- jar como un soldado mas, resolviendo los mil problemas que se plantea- ron, mientras esperaba noticias de Madrid y de Barcelona con el alma pendiente de un hilo. Confiaba en tener unos ocho o diez voluntarios para cada dia. Pero finalizado septiembre, y s6lo en tres dias, el banderin de Barcelona ya avis de que habian firmado cuatrocientos hombres. “Que vengan!”” Doscientos formaron la primera expedicién. Al frente del banderin barcelonés estaba el teniente Olavide, ayudado por Rene, un belga de pasado borrascoso, y de William, el gigante negro estadounidense. Los dos tltimos no hablan espafiol, pero se desviven por ayudar al oficial para que los doscientos reclutas atraviesen la Peninsula como un alud y embarquen en Algeciras. Al dar fondo el ancla frente a Ceuta una gasolinera se aproxima al Fernandez Silvestre. El Teniente coronel Millan Astray se acerca para darles la bienvenida con un gesto enérgico que agita su gorra al aire. Esta frente a sus primeros soldados. Los saluda con sencillez y elocuen- cia, y se pasan a una barcaza que los acerca al muelle, donde desembar- can en barullo hasta que un Teniente, auxiliado por un Sargento, los forma, los hace cuadrarse. Algunos ya han sido soldados y lo hacen con habito; otros los emulan y les siguen encuadrados hacia el centro de la ciudad, al cuartel del Rey. Aquellos antiguos muros, que tantas generaciones de soldados alber- garon, acogen a los nuevos reclutas. Sera por poco tiempo, pues el cam- po y la instruccion esperan. Pero han formado en el viejo patio y frente a ellos aparece nuevamente el Teniente coronel Jefe para dirigirles la palabra, la idea repetida y machacada, el fermento que habra de forjar el espiritu de la Legion. 64 “Habéis contraido con la Legién el mds honroso compromiso de vuestra vida; pertenecéis ya a la Legién, que os recibe con los brazos abiertos. Os ofrece honor, gloria, olvido para vuestras almas. Cualquiera que sea vuestra condicién y vuestro origen, recib{s ahora un orgulloso titulo desconocido hasta este momento: el de legionario. Aqui tendréis cuanto se os ha prometido, cuotas, haberes, alimento sano y vestido airoso. Podéis ganar galones y alcanzar estrellas. Seréis tratados con justicia y equidad, pero sin blandura. A cambio de ello, sufriréis constan- tes peligros y azares, trabajos, duras marchas y en el combate, ocuparéis siempre, siempre, los puestos de honor que son los del peligro. No seréis engafiados. Estaremos siempre juntos bajo el signo de la muerte y mu- chos de nosotros entregaremos nuestras vidas; que nada hay mas glorioso que el morir combatiendo en la Legion para gloria de Espafia y de su Ejército. Pronto lo aprenderéis asi... Caballeros legionarios: jViva la Legion!” . Los legionarios le miraban fijamente. Algunos de aquellos hombres han confesado su emocién y cémo al comunicarles que podian regresar al punto de origen si no estaban convencidos de decision, arrojaban gorras y sombreros al aire y gritaban entusiasmados: ;Viva la Legion! Esos mismos testimonios sefialan que si eran importantes las palabras que pronunciaba Millan Astray, més valor tenia el acento que ponia al decirlas. Asombraba por su vehemencia y gallardia. Asi, analizando aquellas arengas, se percibe la idea, el pensamiento de Millan Astray como factor poderoso para la formacién del cardcter y la conciencia de sus legionarios. No difieren mucho unas de otras, aunque las ocasiones resultan dis- pares y los motivos diferentes. La realidad confirma que encierran un solo pensamiento pacientemente repetido: disciplina, austeridad, ente- reza, sentido de la propia fuerza interior. ““Las manos quietas! jLos brazos cafdos! ;'Todos cuadrados! jQuie- tos! Aqui no se viene a disfrutar de una vida regalada; el trabajo es duro; Jas penalidades, muchas, y el riesgo, mayor. Los moritos tiran bien y suelen dar; las balas duelen mucho, sobre todo cuando tocan hueso.” Es una de sus muchas reprimendas, de sus toques de atencion. Pala- bras sin concesiones, directas al legionario. Carentes de ternura, pero que encendian en el corazén la antorcha del entusiasmo. “iConfia! Si eres buen soldado, disciplinado y valiente, puedes reconquistar el honor y las estrellas y la patria que has perdido; hasta la 65 CAMPANAS MARROQUIES cieaan een EOE DE FRANCO [Gibraltar — ae CEUTA Principals boses esponolas = ~ ~=--= Comunicaciones principales X% Principales compos de Ei Biutz% 7 botolto i(Ceuta Oo _kms 50 100 Der Riffien ‘ Suk-gi-arbdy ~ ‘Suk-khemis-74 des-beni-ards Tozarute Al Hoceima | Xauen Dar kebgon Bir’ AnnuaiX. /6r% ‘sar -€1 J Ben-tied) 3 ateererse ) Rip aN ¥ 1 Arba OY Pee tn (Arbaoua) Rie a RIF t Campaiias marroquies de! general Franco, La Legion Espajola, al mando de Millén Astray, Valenzuela y Franco se curtié en el Norte de Africa. Un grupo de legionarios espaiioles en 1924. A pesar del nombre, el Tercio de Extranjeros nunca tuvo una mayo- ria de extranjeros en sus filas, El mayor contingente de enrolados fue siempre de espafoles. familia; aqui todos somos hermanos. También hallards el olvido que buscas... si no te sale antes al paso la muerte, que es mejor que el olvi- do, sobre todo para un militar, que no puede encontrar gloria mayor.” Asi fue creando la disciplina, el espiritu legionario, y cuantos le rodeaban, trataban de poner en juego las mismas armas. Porque atin llegaba a mds. Cuando no habia ocasién de colocar una arenga o un dis- curso de tonos elevados, el teniente coronel se sentaba en medio del corro de legionarios y les contaba cuentos. Era en las épocas de campa- “mento; a veces, tras el toque de queda, cuando los: iltimos fulgores de! del 1 dia huian tras los hurafios montes; cuando las afioranzas y saudades solian escapar asustadas, volando. como cuervos a la _desh: andada. ‘Se tra: taba de que el pensamiento no quedase ocio: de que mente del legionario se ocupase de conceptos viriles, d curriese | sobre las -glorias militares, el honor guerrero, el valor personal, la satisfaccion del deber cumplido y la poca portancia que tiene la yida, y la manera més honrosa de perderla. Asi se creaba paulatina y lentamente, pero con evidente firmeza, un caracter con sus correspon- dientes tendencias y aptitudes. Mas tarde Millan Astray confesarfa que gran parte de las ensefianzas morales que inculeaba a sus legionarios ya las habia ofrecido a los cade- tes de infanterfa, cuando tuvo el honor de ser maestro de ellos en el Alcazar de Toledo durante los afios 1911 y 1912. Y todas, ¢ con buen aprendizaje, estaban inspiradas en el Bushido, cédigo de moral ascética de los: samurais “También en el Bushido apoyé el credo de la Legi6n. El legionario espafiol es también samurai y practica las esencias del Bus Sin embargo, puede decirse que ésa fue la certificacion académica sobre una manera de pensar; de su pensamiento, de sus ideas. Al igual que ciertos escritores apoyan las suyas transcribiendo las palabras de otro académico mas nombrado o conocido. Lo cierto es que Millan Astray habia peleado en Filipinas y junto a los soldados espafioles de Marruecos. Y tuvo, al igual que otros oficia- les de cierto pundonor, que calar la bayoneta y pelear cuerpo a cuerpo con sus enemigos. Una lucha que representa ferocidad, salvajismo, | la pasion més primitiva del odio, la rabia y la destruccion. y que, si en el espafiol podia despertarse facilmente —con hoces y dentelladas se revol- vieron los segadors de Catalufia en 1640 y los madrilefios que cargaron contra los franceses en 1808—; 4cOmo podria despertarse en el ex soldado 66 centroeuropeo que habia combatido en una guerra con armamento mo- derno y ahora se encontraba en la Legién con un viejo Mauser de 1893, municiones desparejadas y bayonetas del peor estilo? Las crénicas de esa guerra hablan fieramente del valor inconsciente —gcomo puede comprenderse ese sentimiento?—, que ponian en la lucha, en todo combate, en cada momento que se enfrentaban al enemigo. Millan Astray comprobé y tuvo experiencias harto frecuentes de la calidad de instruccién que recibian los reclutas y hasta los oficiales del ejército de entonces, Sabfa cdmo los moros, que estaban encuadrados en las fuerzas Regulares y por consiguiente ya gozaban de una ‘especie de educacion hacia lo espafiol, traicionaban, desertaban y hasta mataban a sus oficiales cuando éstos no resultaban aquellos jefes que vigilaban y_ guerreaban al estilo moro. Un estilo que aprendieron a hacer los ofi- ciales que luego han pasado a conocerse como africanistas, y con quienes los soldados salian a guerrear seguro, porque como'deeia Arturo Barea acerca de Franco, “puedes tener confianza de que sabes donde te metes”. Los moros decian: “Capitan muy farruco, pero no saber manera,” Era la forma de enjuiciar a los oficiales que llegaban a encuadrarse al frente de los soldados espafioles e indigenas. Millan Astray ya habia aprendido muy pronto a tener manera, como lo aprendieron los prime- ros legionarios y aquellos oficiales que atin no estaban diestros en la gue- rrilla rifefia. Eran los que en un principio no consideraban muy honroso avanzar arrastrandose por los arenales en medio del continuo silbar del plomo enemigo. Porque los moros, generalmente, no eran muy numero- sos al realizar sus ataques; sin embargo, aparecian agazapados tras las columnas de habituallamiento o descubierta. Lo hacfan de tal manera que los militares, familiarmente, les llamaban pegajosos. Seguian detras, © se mantenian arrastréndose como reptiles, arteramente, procurando disimularse en las sinuosidades del terreno, parapetdndose tras las pie- dras. Disparaban, su famoso paque, siempre sobre seguro. Causaban bajas que acarreaban otras, pues al regresar a recoger a los heridos habia que exponer nuevas vidas, La hostigacién era constante, aunque incierta, esporddica y de la forma mas impensada. Pero se sabia que para aprovisionar de viveres y otros elementos a las posiciones del campo, a veces debian organizarse operaciones en las que tomaban parte unidades de las tres Armas y los servicios. Las guarniciones de los puestos hacfan por la mafiana la descubierta 67 del distorno y, para hacer la aguada, los conductores debian ir acompafia- dos de la fuerza conveniente. Las agresiones eran frecuentes, y en el fra- goroso terreno de las zonas de Tetuan y Larache, media docena de tira- dores moros de excelente punter{a, trafan en jaque a una columna de batallones y baterias. Nadie estaba seguro fuera de la avanzadilla, de la posicién del blocao. Y ésta era una experiencia que ya tenian hombres como Millan Astray, Franco, Gonzdlez Tablas, Mola y otros jefes que ya habian guerreado desde los primeros dias de Marruecos. La disciplina del Tercio tenia que ser rigida, incluso brutal, y los castigos ffsicos, moneda corriente. Lo cual para muchos criticos posterio- res fue expresiOn del fanatismo de Millan Astray, porque con ello inten- taba imbuir a sus subordinados una vocacion militar y el sufrimiento, al darles como lema un jviva la muerte!, y, segin el himno posterior, con- yertir a cada legionario en novio de la muerte. Pero a través de las campafias del Rif y la Yebala, descritas por Dama- so Berenguer, Francisco Franco, Emilio Mola, Carlos Micé, Gomez Hidal- go, Hernandez Mir, Luys Santa Marina y tantos otros como han escrito testimoniando sus hechos de armas en aquellas acciones, la Legion fue Ja Gnica forma de sobrevivir y de que la actuacion de Espafia en aquel avispero marroqui tuviese la honra de morir con dignidad hasta ser res- petada y francamente temida. Aquellos primeros legionarios ya descubrieron por las paredes del antiguo cuartel frases que luego serfan consignas celebradas y fueron escritas para ir conciencidndoles. “La muerte llega sin dolor.” “Lo mas horrible es vivir siendo un cobarde.” “No se muere mds que una vez.” “Podéis llegar a capitanes de la Legion.” “Jamés un legionario diré que esté cansado hasta caer reventado.” “La Legion pedira siempre, siempre, combatir.” Eran textos, expresiones que habrian de componer el Credo Legio- nario que salio de las manos del Fundador, poco después, en aquel mis- mo ajio de 1920, en el campamento de Dar Riffien. tg Astra: seguia beniende presente. aquellos principios fundamen- nid: fiel a 68 Los preceptos de ese cédigo de honor fueron surgiendo bajo el hechi- zo del cielo de Ceuta, y los doce puntos o consignas que lo componen se han mantenido tan vivos y vigentes como en los momentos en que fueron escritos, Servian a un fin, y establecieron el espiritu del legionario. EL CREDO LEGIONARIO El espiritu del legionario Es tinico y sin igual, es de ciega y feroz acometividad, de buscar siem- pre acortar la distancia con el enemigo y llegar a la bayoneta. El espiritu de compaiierismo Con el sagrado juramento de no abandonar jamas un hombre en el campo hasta perecer todos, Elespiritu de amistad De juramento entre cada dos hombres. El espiritu de unién y socorro A la voz de ;A mf la Legién!, sea donde sea, acudirén todos y, con razon o sin ella, defenderdn al legionario que pida auxilio. El espiritu de marcha Jamas un legionario dird que esta cansado hasta caer reventado; sera. el Cuerpo mis veloz y resistente. El esptritu de sufrimiento y de dureza No se quejara de fatiga, ni de dolor, ni de hambre, ni de sed, ni de sueiio; hara todos los trabajos; cavard, arrastrard cafiones, carros; estard destacado; hard convoyes; trabajara en lo que le manden. 69 El esptritu de acudir al fuego La Legion, desde el hombre solo hasta la Legién entera, acudiré siempre a donde oiga fuego, de dia, de noche, siempre, siempre, aunque no haya orden para ello. El espiritu de disciplina Cumplira su deber; obedecera hasta morir. El espiritu de combate La Legién pedird siempre, siempre, combatir, sin turno, sin contar Jos dias, ni los meses ni los afios. El espiritu de la muerte EI morir en el combate es el mayor honor. No se muere mas que una vez. La muerte llega sin dolor, y el morir no es tan terrible como parece. Lo mas horrible es vivir siendo un cobarde. La Bandera de la Legion Serd la mas gloriosa, porque la tefiird la sangre de sus legionarios. Todos los hombres legionarios son bravos Cada naci6n tiene fama de bravura; aqui es preciso demostrar qué pueblo es el mas valiente, A continuacion y al pie de este cédigo, han aparecido tres vivas. Dos de ellos inmutables: ;Viva Espaiia! {Viva la Legion! El otro, primera- mente fue un jViva Alfonso XIII!, que luego se cambia por ;Viva la Repiiblica luego por ;Arriba Espafia! y en los ejemplares mas recientes ha estado jViva Franco!, que fue Jefe de la Primera Bandera y, poste- riormente, tras la muerte del teniente coronel Valenzuela, de la Legion. Es de suponer que en Ia actualidad aparezea ;Viva Juan Carlos I!, como es de rigor. ¢ 70 71 PRIMERA SANGRE LEGIONARIA Aquellos primeros legionarios, la mayorfa extranjeros que descono- cian el espaiiol, serfan instalados en las proximidades de Ceuta, en la conocida Posicién A. Un cuartel destartalado que fue erigido para la guerra de 1860, pero que disponia de un gran patio central con alrededo- res de terreno movido, apto para la instruccién. Se hallaba al noroeste de la ciudad, a tres kilémetros del centro del casco urbano. Era un pica- cho batido por todos los vientos y acariciado por las nubes, pero resulta- ba un escenario castrense adusto y 6ptimo para ensefiar las primeras lecciones a los legionarios. Alli todo serfa instruccién agotadora, con la intencién de transfor- mar a los voluntarios en autématas que respondieran sin titubeos a las voces de mando. Apenas si se mencionan aquellos trabajos intensos que dejaban a todos sin ganas de hablar en los breves momentos de descanso. Marchas que pontan en carne viva los pies, y termiinaban con las escasas energias que quedaban pero que estimulaban la fortaleza moral y la resistencia a la fatiga. Alli se les hacia picar, llenar sacos terreros, realizar ejercicios de tiro, arrastrarse cuerpo a tierra, y correr y ocultarse entre la grama. 73 A cambio, los soldados recibfan cuanto se les habia prometido al alistarse: buena comida. Llegaron a tener tres platos, postre, vino y café muy azucarado, Este ha sido un capitulo de privilegio para los legiona- rios, Tanto Millan Astray como Franco aseguraban que no se podia exigir valor, ni disponer de una fuerza de choque eficiente si los soldados no estaban bien alimentados en todo momento y contando con oportunida- des para el justificado y necesario descanso. Asi se dieron casos como el de aquellos legionarios ingleses que siguieron tomando su marca de té preferido, comprado directamente en Inglaterra y expresamente para ellos. _»» Jas pagas también fueron entregindose en su dia y a su hora; las” camisas verdes, ideadas por ‘el comandante Vara del Rey, también fueron legando, vistosas e impecables, para sustituir a los viejos e improvisados uniformes; igual que los correajes de lona ingleses. El 7 de octubre quedaban organizadas las tres compajfifas que forma- rian la Primera Bandera. Ain no se habia cumplido el mes de la llegada de Millan Astray a Ceuta, ni estaban todos los mandos que habrian de desarrollar y aportar ideas para la cristalizacion del nuevo Cuerpo. El comandante Franco lIleg6 con una expedicién de cien voluntarios el dia 10, tras ser requerido telegréficamente y posponer su inminente boda. Seis dias mas tarde se trasladaba con la Primera Bandera a un nue- vo emplazamiento, a diez kilémetros de Ceuta, en el camino que conduce a Tetudn, y que con el tiempo se convertirfa en la cuna, el manantial inagotable del que saldrian los nuevos legionarios para incorporarse a las Banderas y cubrir las incontables bajas; el lugar donde eran instruidos los reclutas y captaban ese estilo que no debia abandonarles; el sitio donde volvian a descansar los veteranos, sila Bandera tenia descanso o a esperar el licenciamiento los que hubieran cumplido el compromiso, y otros en espera de pasaportes para marchar a Espafia invalidos de guerra: Dar Riffien. Alli se instalaron tiendas cénicas y la propia Legion fue construyen- do los alojamientos definitivos, hasta convertir aquello en Dar Riffien: un nombre que late con los latidos de cada corazén legionario, y mitico en el corazén de muchos espajioles que estuvieron en la guerra de Espafia. Un afio mas tarde, aquel lugar de piedras y palmitos, que se ofrecia virgen a los legionarios de Franco, seria descrito asi por un nuevo legio- nario recién Megado de América: “Lo separaba de Ceuta el fragoso y proximo macizo de Cabo Negro, que oculta a Sierra Bermeja, el Valle 74 de los Castillejos y Sierra Bullones; esta altima por el abrupto Boquete de Anghera rompe con el Serrallo y abre las puertas de Ceuta, el famoso presidio espafiol. Por el lado de Tetuan, en primer término, el valle con sus magnifi- cos montes; los dos morros, centinelas adustos de la ciudad; la torre del Geleli y la Alcazaba, y atrés, majestuoso y lejano, el Atlas vestido de nie- ves, que por su altura prodigiosa sobre el Mediterraneo, su talla imponen- te y su escalonamiento hacia los cielos dio lugar a que los antiguos lo personificaran en sus fabulas mitolégicas. Al norte, el Mediterréneo azul, que trae entre sus olas los aromas de la Patria, y al sur, mas alld de los montes, Fez y las primeras arenas del desierto. ”El cuartel esta edificdndose a orillas del Guad-el Jehi, y confunde sus campos de cultivo, en alegre variedad, con los talleres, la vaqueria, los picaderos y las caballerizas.” + Porque Dar Riffien no fue sdlo un cuartel, sino el lugar donde una parte del Ejército espafiol tuvo y dispuso lo que ya hacia tiempo formaba parte de algunos Ejércitos europeos modernos: un acuartelamiento auto- suficiente; una sede que podia enorgullecer a la Legion. Las érdenes inmediatas de Millan Astray eran que se mejorasen las condiciones existentes y se convirtiese el lugar en el cuartel de los legio- narios. Franco se aplicé a la tarea y ordend que comenzasen inmediata- mente las perforaciones en busca de agua, pues dependian de los abaste- cimientos llevados desde Ceuta. A los pocos dias ya habfan logrado la suficiente para cubrir sus necesidades inmediatas, Luego Millan Astray ordené que se estableciera una granja para abas- tecer de carne fresca a los legionarios. Franco se encarg6 de planificarla y pondria a su frente a Camilo Alonso Vega, llegado con él desde Oviedo. Mas tarde seria su primo, Franco Salgado-Araujo quien llevaria la granja, de la que diversos legionarios han ofrecido los siguientes datos sobre la explotacién de ganado: Cerdos: Razas extremefia, mediterranea y andaluza. Ganado vacuno de trabajo: Razas indigenas y andaluze Vacas lecheras: Raza mestiza de suizas y holandesas. Un semental de la misma raza. Ganado cabrio: Razas indigenas y espafiola. Aves: Gallinas de razas castellana negra e indigena; pavos, ocas, patos y palomas. 1 Conejos: Razas gigante de Espafia, de Chinchilla, holandesa, Angora y de Indias (cobaya). La explotacién de esta granja supuso una empresa de gran éxito comercial, a juzgar por los testimonios. Sdlo sus piaras aportaron un beneficio de 60.000 pesetas en el segundo afio de operaciones de la Legién; aparte del obtenido con el ganado vacuno, los conejos y las gallinas. Ajios més tarde, Franco haria construir un depésito para medio mill6én de litros de agua, que se bombeaba desde un manantial de monta- iia situado a cierta distancia. Se instalaron talabarterfas y zapater/as, talleres de reparacién de armas y de vehiculos. Se construyeron establos y buenos acuartelamientos per- manentes, con biblioteca, casino, e incluso una estacién para el ferroca- yril Ceuta-Tetudn, fuera del recinto de acuartelamiento, donde también crecié el poblado civil: pequefio, de calles tiradas a cordel y con varios establecimientos que vendian de todo. Fue un lugar que pronto se convirtié en la envidia de otros regimien- tos espanoles. Alli continué la instruccién de la Primera Bandera, compaginando el entrenamiento militar, los ejercicios de tiro y la tarea de construccién. A los pocos dias eran sometidos a una primera revista general. Las uni- dades en orden de parada; un cornetin sefialé la Ilegada de un visitante: un general inglés. Una banda militar hizo sonar el God Save the King. Yel general, acompaiiado de Millan Astray, pas6 revista, la primera, a los legionarios, firmes como estatuas, mientras sonaba otra marcha inglesa: el Tipperary. Luego el desfile de los legionarios, reunidos, marchando con soltura, como viejos soldados. Y la primera felicitacion oficial para Ja Legion. Mas tarde fue la jura de la Bandera en el llano de Tarajal, donde se reunieron los legionarios de las tres Banderas. Millan Astray les dirigié unas breves y enérgicas palabras; les tomé el juramento de fidelidad, y los legionarios le respondieron lanzando sus gorros al aire mientras juraban morir por la Legion. Ya solo les quedaba esperar el momento, porque las cosas seguian sin marchar satisfactoriamente en Marruecos desde la desaparicién del general Gémez Jordana, que murié exigiendo al Gobierno espafiol que actuase en el protectorado. Este lo hizo, pero a medias, como de cos- tumbre. 76 Damaso Berenguer, el sucesor de Jordana, fue autorizado a romper con el Raisuni si éste no enmendaba su comportamiento. En octubre de 1919, Berenguer ocup6 el Fondak y con ello se agoté el esfuerzo espafio! del afio. Las tropas espafiolas avanzaron por la region montafiosa de detras de Fondak y ocuparon la ciudad sagrada de Sheshawen (Xauen). No obstante, aquello resultaba un dominio precario, pues la carretera que cruzaba las montafias y conducia a la poblacién, pasaba peligrosa- mente cerca del cuartel general del Raisuni, en la region rifefia de Beni- Arés. Por consiguiente, Berenguer decidié avanzar por la costa hasta Uad Lau (Lau Wadi), unos cincuenta kilometros, desde donde existia una ruta alternativa hacia Xauen. Sin embargo, las tribus de Gomara, que flanqueaban el camino, atin no se hab{an sometido formalmente a Espafia, y se hacia esencial reforzar la posicion en Uad Lau con todas las tropas de que se pudiera disponer. Millan Astray ya habia ofrecido a sus legionarios. No temia por el comportamiento de sus soldados ante el bautismo de fuego. Asi, y a con- secuencia de ello, la Primera Bandera, del comandante Franco, sali de Dar Riffien el 2 de noviembre de 1920 hacia la primera esperanza de en- trar en combate. La marcha duré tres dias, Los legionarios, formados en columna, salieron al amanecer, seguidos lentamente por la caravana de mulos que llevaban la impedimenta. El entusiasmo de las tropas las hacfa ir a ritmo acelerado. Encabezaba la formacién Millan Astray, con su uniforme im- pecable, sus guantes blancos de manopla, y la fusta, que se agitaba a cada orden. Al anochecer habian Ilegado al poblado de Rincén de Medik, junto a las lagunas del Smir, que ya reflejaban los primeros rayos de la luna. Al mediodia siguiente pasaron por Tetuan, donde la columna hizo un alto en la puerta de la Reina para luego desfilar por la plaza de Espafia ante el Alto Comisario. Por la noche vivaquearon en las lomas de Beni Maden. Pero el convoy de abastecimientos se habia extraviado por los senderos de montafia. Los mapas eran primitivos y las referencias a ojo de buen cubero. Franco con- fesaria en su Diario de una Bandera, que aquella noche no hubo comida para los hombres, aunque unos mulos “rezagados en la marcha, siguieron nuestro camino y nos permitieron condimentar una sopa. En el poblado cercano se compra un toro, que sabe a lamparilla de iglesia”. Antes de tocar diana, la mayoria de la tropa ya estaba en pie a causa del frio. La marcha continué hasta Menak, donde volvieron a reunirse 77 con el convoy perdido. Luego, la tiltima jornada, muy fatigosa a causa de la Iluvia, concluyé en el valle de Lau, rodeado de vegetacién y con el mar a la vista. En el otro horizonte se perfilaba el agreste macizo montafioso de Gomara. Franco establecio el campamento en Uad Lau. Sélo se le pidio que lo defendiera de cualquier ataque, por lo que se dedicé a terminar la pre- paracion y adiestramiento de sus hombres. El campamento era un conjunto de ruinosas edificaciones morunas entre las cuales se levantaron las tiendas legionarias. Antes lo habfa ocu- pado un tabor de Regulares, Era una posicién ideal: el mar a dos kilé- metros y el rio al lado. Franco hizo alejar a retaguardia el zoco de cafe- tines y sus mugrientas tiendas, y se limpiaron las explanadas y calles, La disciplina aporté lo que faltaba en equipo. Millan Astray permanecié con sus soldados hasta que estuvieron instalados y dias més tarde, el 10, regresé a Ceuta para ocuparse de las otras Banderas. Alli, mientras duré la acampada, Franco hizo que los legionarios se lavaran diariamente en el rio y nadaran en el mar durante el dia. Las tardes de los domingos las dedicaban a jugar al futbol y a los combates de boxeo. El resto de la semana lo ocupaban en instruccién de tiro y ejercicios tacticos. El vino y el juego fueron prohibidos a oficiales y tro- pa, pero se permitia apostar a quién vencerfa en competiciones de tiro o boxeo. El mejor tirador era un suizo; el campeon de boxeo, William, el negro norteamericano. El 30 de noviembre, la Segunda Bandera, equipada y perfectamente instruida, también dejaba Dar Riffien para dirigirse con todas sus armas al Zoco el Arbda de Beni Hassan, donde también quedaria de guarnicién y ala espera de entrar en combate. Ese mismo dia, la Tercera Bandera, también organizada y dispuesta, se desplazaba hacia Ben Karrich, donde quedé destacada y a la espera de probar en la guerra el temple de los legionarios. Pero sdlo habia aisladas y contadas agresiones moras. Millan Astray, en sus funciones de jefe de la Legion, recorre constan- temente las diseminadas Banderas, revisa a los legionarios, atiende a la instruccién de los grupos que van Ilegando a Dar Riffien y estudia la organizacién de nuevas Unidades. El 1.° de enero de 1921 se encuentra en Zoco el Arbda; cuatro dias mas tarde visita Ben Karrich, y tres dias después se desplaza a Ceuta. 78 En esos primeros dias de afio en Uad Lau se redoblan las precaucio- nes de seguridad ante los rumores de un ataque marroqui. Franco ordend levantar alambradas de espino y que permaneciesen alerta dia y noche las ametralladoras mientras se establecian puestos avanzados para vigilar los vados de la orilla del Wadi. Una noche se hicieron disparos contra un grupo que lIlevaba café a los puestos avanzados y la Legi6n tuvo su pri- mera baja: el encargado del café resulté herido en una pierna. El 7 de enero, después de haberse defendido honrosamente con su escuadra frente a los kabilefios que les atacaron y pretendieron apoderar- se de sus, armas, murié a consecuencia de las graves heridas recibidas el cabo] jueija de la Vega, el que serd considerado primer muerto de la Legion. En su bolsillo se encontraron unos versos legionarios, llenos de emocién y amor al Cuerpo, que Carlos Micé Espafia ha dejado trans- critos para la posteridad después de ofrecer una ligera semblanza de “un muchacho romantico y bravo, que habia conquistado la confianza de los jefes por su entusiasmo, dulzura de trato y decencia de conducta”. Aquel muchacho, al parecer acababa de enterarse de la muerte de su novia, y en esos desahogos que se dan en la espera del campamento, ha- bia confesado: “jOjal4 la primera bala no tarde mucho y sea para mi coraz6n, para reunirme pronto con ella!” Dos horas mas tarde, cuando se realizaba la retirada del servicio de proteccién a los caminos, su escuadra era atacada. He aqui algunos versos suyos, escritos bajo el titulo de La cancién del legionario: Somos los exiranjeros legionarios, el Tercio de hombres voluntarios que por Espana vienen a luchar; nuestro lema es morir o vencer, con la fria conviccién del deber y la firme virtud militar. Por un mismo ideal y con un mismo propésito de hazafia y de victoria, afiadir a la espafiola historia nuevos lauros de ardiente patriotismo, la Legién llegard hasta el heroismo por el triunfal camino de la gloria. Y hombres de varias razas y habla extrafa, 719 que al luminoso pabellén de Espafia juramos su defensa y adhesi6n...; para la maternal patria adoptiva, mientras un legionario aliente y viva, seré todo su esfuerzo y su pasion... Un legado a los hermanos de la Legién. Un testimonio, como muchos de una manera de sentir en aquellos dias de tremenda efervescencia para la historia de Espajia. El 22 de enero, otro legionario caeria herido, defendiendo el convoy que iba de Tetudn a Ben Karrich, tras una agresién de los moros. Se llamaba Teobaldo Diaz Alvarez. Eran las primeras victimas de una larga serie que sumarian un afio mas tarde 874 legionarios heridos y 236 muer- tos, sin contar mas que los de clase de tropa. En abril de 1921, Berenguer decidié Ilegado el momento de una ofensiva contra El Raisuni. Para tal fin, lo primero era lograr la sumision de las cdbilas de Gomara, haciendo uso de la fuerza. Garantizado el avan- ce por la posicién de Uad Lau, una fuerza mds importante se trasladarfa hasta la ciudad santa. Una vez fortificada ésta, se estableceria un enlace a través de las montafias hasta Aleazarquivir y Larache, quedando rodea- dos las montafias y El Raisuni. La etapa final constituiria un ataque com- binado desde Larache, Tetuaén y Xauen contra las fortificaciones del Raisuni. Uad Lau se convirtié en el punto de asamblea y partida de una columna al mando del coronel Castro Girona. Tres Banderas de la Le- gion, mil Regulares, un cuerpo de Caballerfa marroqui, infanteria y ca- balleria ligeras, reuniendo un total de 3.000 hombres, se desplazaron a lo largo de la costa de Gomara. El Tercio, que formaba parte del grupo de las columnas, se sintié desilusionado al no ser admitido en la vanguardia: Ja maxima aproximaci6n a la linea de fuego era en funci6n de zapadores, fortificando posiciones. Esto humilla a Millan Astray, a los legionarios y a los cuadros de mando que participan de los mismos sentimientos que su Jefe. Reiteradamente piden actuar en vanguardia y Millan Astray, suplicante, dice al general Sanjurjo: —jAunque solo sea una vez, mi general! Pero no hubo ocasion. La resistencia del enemigo era débil y la paci- ficacion de Gomara se efectud en una semana, resolviéndose en avances con acciones carentes de importancia y llevadas a cabo por los Regulares. 80 La etapa siguiente no fue tan pacifica, pues Castro Girona incluyé a la Legion en el cuerpo principal del avance hacia Xauen, con cierto disgusto por parte de Millan Astray y Franco que debieron emprender un avance sometidos al paqueo de los cabilefios, ocultos en las barran- cas y sin posibilidad de contestarles o hacerles mella si se respondia. Franco, que llevaba tiempo esperando la ocasion de ver Xauen, la ciudad santa, con su docena de minaretes, ha dejado el relato de sus impresiones: “Tiene la paz de los poblados mogrebinos. Calles empinadas y estre- chas forman la parte alta del puesto, donde los olivos asoman entre los pendientes y rojizos tejados; una muralla alta y aspillerada rodea la ciudad, dandole parecido con nuestros pintorescos pueblos andaluces, y en el centro de la poblacién se alzan los murallones de la Alcazaba... la parte baja de la poblacién es mas interesante... con sus tiendas como cajones, ofrece a la venta, con las telas de ciudad, las chilabas de rica lana, confeccionadas en sus telares primitivos. Los babucheros abundan.., y sus babuchas forman altas columnas en estos nichos de las tiendas moras... Al sur de la ciudad, el barrio de los Molinos constituye uno de sus mas bonitos rincones. El rfo salta entre los pefiascos, moviendo las ruedas de los molinos.., En medio de los frondosos arboles, corre por los canales descubiertos la cristalina agua de la ciudad. El agua es el tesoro de este pueblo.” Se realiz6 un extenso sistema de blocaos por el norte, hacia Zuk el Arba, y por el oeste se establecié la unién con Alcazarquivir, dejando a El Rausuni completamente rodeado. Habia Ilegado el momento para comenzar la etapa final. Se estreché el cerco atin mas y se reforzaron las tropas enviadas desde Larache con la Segunda Bandera de la Legion. La 1.3 y 3.? se trasladaron a Zuk el Arba. Llegaron bajo el mando del general Sanjurjo, ya general de brigada. Franco y Millan le convencieron para que les dejase encabezar el ataque. Durante las primeras horas de la mafiana se advertia en el campa- mento una animacion y alegria inusitadas; la gente habia sacudido su morrifia y aun los legionarios que habitualmente suelen estar mas taci- turnos habian matado al bichito, que en el argot africano se llama cafard (cucaracha), y expresa la idea fija, triste y negra. —jPor fin! —exclamaban con alegria. Los otros, los siempre entusiasmados, que son casi todos; los que han venido a pelear, los soldados profesionales, para quienes la mejor 81 alcoba es una tienda de campaiia, y la cama més agradable, el suelo, repetian con entusiasmo: —jVa a haber barud! Ya era hora. Y saltaban tirando las gorrillas legionarias en alto. Los grupos de hombres competian en entusiasmo. El alma de la Legion parecia despe- rezarse. Uno decia: —Al moro que yo pille, no lo va a pasar bien. —Voy a mandar a mi padre una docena de orejas morunas —afiadia otro. Y en todos los sitios se ofa decir: —j¥Ya era hora, ya era hora! La gente se habia quejado dias antes de la falta de emocién. El pa- queo no era suficiente para calmar su impaciencia. Y argiifan: —Nosotros hemos venido aqui a pelear. —Esto no es tan animado como creiamos. Querfan sangre, sangre que corriese, aunque fuera la de ellos mismos, testimonian diversos protagonistas de aquellos momentos. Son hombres de la Segunda Bandera de Zoco el Arbda, visperas del gran encuentro. “Entre los jefes —el comandante de la Bandera, don Carlos Rodri- guez Fontanés; los capitanes y oficiales— las conversaciones se deslizan en otro tono de mayor eclecticismo, Estan dentro de las tiendas, a cuyo interior no permiten el acceso a los asistentes y ordenanzas, que, por curiosidad, pretenden entrar con fitiles pretextos. A los que estaban dentro les mandaron ver si Ilovfa. Como el sol se mostraba espléndida- mente generoso, comprendieron la intencién de la orden y se alejaron. Sin embargo, puedo oir sus palabras: hablan de que en las avanzadas de Beni-Arés habia una concentracién muy numerosa; se ven varios cente- nares de moros allé en la loma de enfrente. Como se habia pensado emprender hoy las operaciones y esa intencién no era ignorada, estén ahi apercibidos a la defensa, y cuando observen que no se les ataca quizd se decidan a iniciar un choque. ’—Son muchos. Esta es la tiltima carta que se juega El Raisuni y se habrd preparado de la mejor manera. La resistencia sera a la desesperada, muy tenaz y violenta: como gato panza arriba. ’—Dicen que tiene cuatro cafiones. *°—Mejor; asi, por no abandonarlos, no se retirarén y sera més facil coparlos, ”—Anoche se han acercado varios moros al parapeto de la avanzadi- 82 lla. Ha quedado tendido el cadaver de uno de ellos, Iremos a verlo antes de que se lo coman los cuervos. ”—Es indudable que pretendia asesinar a la guardia, con la intencién de asaltar el campamento por sorpresa con otras fuerzas mas numerosas, preparadas en acecho para dar el golpe si salfa bien el plan de acuchillar a los centinelas. ”—En fin; no hemos de tardar en ver lo que el dia dé de si. gst ya todo preparado? Las ametralladoras, gestén en su sitio? —dice el coman- dante jefe de esta Segunda Bandera, con una energia que no sospechdba- mos en él, dada su delicada amabilidad. "—SI, si, si. ”Suenan varios tiros, lejanos, en la direccién del campo enemigo y un grito salvaje sale undnime de la Legion enardecida. ”— Barud, barud! ;A ellos, a ellos! ;Ya estan ahi, gracias a Dios! Todos los hombres libres de servicio de vigilancia, ocupados en me- nesteres mas domésticos que bélicos, tiran al suelo lo que tienen entre manos y salen corriendo, a la desbandada, por la loma arriba, hacia el fuego. Van cantando, con misica del toque de formacién: ”—iYa est liada, ya estd liada! *Pretendi seguirles por el repecho. Hasta hoy me tuve por hombre fuerte y agil; en Madrid, en el mundo de los deportes, también me consi- deraban asf; pero no pude seguir a los legionarios en su carrera. Me quedé el ultimo. ,De qué carne son estos hombres? ;Qué fuelles tienen en el pecho? Al llegar al espinazo de la cadena de montafias nos detenemos en la minuciosa inspeccion del panorama, buscando al enemigo; un estrecho valle, mas bien un collado, nos separa de otra cordillera. Todo el paisaje de esta comarea es asi: como un inmenso ciclépeo mar de pesadilla, cris- talizado, solidificado, que tiene en sus gigantescas olas hasta penachos y airones pétreos que asemejan espuma, y que lo es, realmente: la espu- ma de la materia batida y trabajada por los siglos. Se oyen tiros, mds tiros, muchos tiros, Los hombres se enardecen: yo no puedo sustraerme a la emocién que me transmiten los demas por esos hilos misteriosos del plano de las simpatias, y me siento dominado por el mismo deseo: correr hacia el sitio desde donde disparan. Es un lirico entusiasmo no sentido nunca, como si oyésemos, de dentro afuera, una mtsica marcial que nos removiese la herencia legada por aquellos aventureros, guerreros y conquistadores. 83 Una baterfa montada, que pertenece al regimiento mixto de Ceuta, acampado en las inmediaciones del terreno que ocupamos, dispara un cafionazo. El estampido, cuyo ronco eco va rodando de montafia en montafia, suena como si la tela azul e infinita del radiante cielo se desga- rrase lentamente.” La concentraci6n llegé y allf, en el campamento se reunieron muchos miles de hombres, que circulaban de un lado a otro, paseando curiosa- mente, como fantastico hormiguero algunos o trabajando con afan casi todos, Los trajes, serios y uniformes, de los soldados espajioles alterna- ban, mezclandose en abigarrada confusion, con los pintorescos atavios de los hombres de Regulares, de la Policfa indigena y de la Mehal-la. Como fondo del pintoresco escenario, una multitud de tiendas blancas y conicas, algunos barracones de viveres, materiales de guerra y oficinas, y enfermertas y hospitales de sangre, con sus blancas camitas alineadas, que sugieren el temor de saber quién la ocuparia al dia siguiente. Muchos centenares de mulos, fuertes, gordos y lucidos, reposaban en la falda de un cerrito; también se apreciaba una gran exiensiOn de te- rreno cubierta por caballos que comian y descansaban de la caminata espantandose, con sus colas de largas crines, las moscas, voraces, insis- tentes y pegajosas de Africa. Ametralladoras, cafiones Schneiders, motocicletas, camiones, volque- tes, carros y automoviles de Sanidad y de los otros, en los que llegaron el Alto Mando y su Estado Mayor. Se habla a voces; la algarabia es ensor- decedora; tinicamente cuando pasa un carro Lonher, con su enorme cruz roja pintada en los costados, los hombres guardan unos instantes de silencio, interrogando al Destino. La animacion termina pronto; la gente estd muy cansada de la cami- nata tenida hasta llegar, y acude rapidamente al llamamiento de la trom- peta, cuando empieza la noche, a acostarse. Habra que levantarse pronto para salir hacia la cdbila de Beni-Arés, a emprender una operacion bélica de decisiva importancia. Durante las primeras horas de la noche, el teniente corone! de Estado Mayor, Sanchez Ocaiia, reunfa en su tienda a los jefes o sus ayudantes, y les daba ordenes, instrucciones y consejos. —A las dos de la madrugada, todo el mundo en pie, pero sin toque de diana, para no alertar al enemigo. Saldran dos columnas: una al mando del coronel Saliquet; al frente de la otra ira el teniente coronel Gonzalez Tablas, jefe de los Regulares de Ceuta. 84 De Xakia-Xeruta salfa aquella misma noche el teniente coronel Orgaz, anticipandose para ocupar con su mehal-la y fuerzas de la policia de la jarca amiga de Beni-Hassan, las montafias que se hallaban enfrente. Las tres columnas estarian bajo las érdenes del general Sanjurjo.Otra columna quedaria en la posicién a cargo del Alto Comisario. Eran las dltimas instrucciones para organizar la marcha ordenada- mente, antes de dispersarse en busca de la cama y esperar las emociones del nuevo dia. Aungue oficialmente hasta estas fechas, 27 y 29 de junio de 1921, no se dejé entrar en combate a la Legién, las escaramuzas que habia mantenido hasta entonces tuvieron cierta trascendencia. Una de ellas tuvo lugar el 5 de abril y se saldé con una importante baja: el capitan Pompilio Martinez Zaldivar. Habjfan sido sorprendidos en una avanzada y en el fuerte choque mantenido con los moros cay6é muerto el capitan. Luego seria herido el también capitan Antonio Alcubilla, al tratar de rescatarlo. Por unos momentos la situacion resulto bastante apurada para los legionarios, que al lanzarse violentamente a vengar la muerte de su capitan fueron des- bordados por el ataque enemigo. Seria el capitan Alvaro Sueiro quien, con desesperada serenidad, empleo la compafifa de ametralladoras y consiguié proteger el ataque y el repliegue con los caidos. Fue en ese mes de junio cuando se fueron ocupando las posiciones de Hait-el-Gaba, Sidi Hamet-el-Buyahi, Arquizen, cuando las tres Bande- yas, siempre formando parte de la columna del general Sanjurjo, tuvieron la ocasién tan esperada por todos. Una reaccion enérgica del enemigo oblig6 al mando a lanzar a la lucha al Tercio. La 1.* y 2.* Banderas operaron sobre Sabah, mientras la 3." intentaba ocupar la importante posicién de Mufioz Crespo, nombre dado al lugar en memoria del heroico oficial que alli dejé su vida. Durante todo el dia 29 se luché sin descanso en una enconada ac- cién. Las tres Banderas querian superarse a si mismas. Tras un asalto arro- llador realizado en una zona dificil por lo intrincado del terreno, logré tomarse Mufioz Crespo. Pero las Banderas sufren considerables bajas. El capitan Pablo Arredondo, que mandaba la 1.* compaiifa de la Unidad del comandante Franco, cayé herido en las piernas; aunque no podia mantenerse en pie, continué dirigiendo a sus hombres hasta que, a la fuerza lo echaron en una camilla y lo retiraron del campo. Pero el com- bate continué por Ja tarde en Bujarrat, donde la Tercera Bandera se 85 eubrié de gloria, y entre los muchos legionarios caidos, quedé el teniente Muifioz Torres Menéndez. Desde entonces los legionarios de Millan Astray quedarian consagra- dos como extraordinarios combatientes y serfan mirados con respeto, El Alto Comisario, el general Berenguer, escribirfa que el combate “fue muy empefiado, siendo de notar la gran resistencia y acometividad que ofrecié el enemigo y el brillante comportamiento del Tercio de Extranjeros, que recibfa el bautismo de fuego aquel dia en su primer combate formal”. Asi acabarian sus recelos y se rendiria justo tributo. Como escribirfa un legionario: “estas operaciones constituyeron nuestro, aprendizaje guerrero; aprendimos a tener manera y en ellas se templé nuestro animo por el continuo silbar del plomo enemigo a través de nuestras filas”. Al comenzar el mes de julio, Millan Astray se fue con la 1.* Bandera a la zona de Larache. Quedaba dominado el valle de Amegatet, desde Timisar a Bujarrat, dejando acorralados a los rebeldes y rechazados casi al pie de la vertiente oriental de la montafia. Era el momento de pasar a la otra vertiente y ocupar el valle de Beni-Arés, “El dia 5 de julio emprendimos una penosa marcha a Kudia-Amarax. Hasta entonces, como volviamos a dormir al mismo campamento no lle- yébamos mas que lo puesto: el fusil y la dotacién de cartuchos, que pesa varios kilos; el rancho en frio, que se compone de un chorizo y una lata de sardinas; la cantimplora llena de agua, que resulta insuficiente con tal almuerzo y bajo el castigo del sol africano, y el paquete de la cura individual; pero aquel dia se nos dijo que habiamos de salir a Ja ligera, esto es, llevando cada uno su equipaje completo en el macuto y las bolsas del correaje. Tyas una marcha penosisima por los dridos y candentes terrenos de aquella zona llegamos al punto de destino jadeantes, exhaustos, acabados. Después de pasar lista, mas que tumbarnos, cafmos al suelo rendidos de fatiga y de sed; el suelo pedregoso, lleno de cardos, nos sirvié de lecho, y el manto azul del cielo, nos dio cobijo.” La 3.” Bandera se hab{a unido a la columna y Millan Astray tomé el mando de sus dos unidades. “Al dfa siguiente, de madrugada, salimos en la vanguardia de la columna que mandaba el teniente coronel Gregorio Benito, para inter- venir en el combate que da lugar a la ocupacion de Robba-el-Kossar; el diario de la Legion dice que aquel dia se sostuvo nutrido fuego contra el enemigo. jVaya si fue nutrido! 86 En dias sucesivos se tomaron el Fondak de Ain-Yedida y el blocao Trias. Se monté el campamento en Robba-el-Kossar y el dia 10 se salio a ocupar las posiciones, tras sangrientos encuentros, de Bab-el-Sor, Beni- Resdez. En la vanguardia de la columna del general Marzo, la Legion asiste al combate victorioso de la toma de Mesmula, y la Bandera de Franco entré en el Zoco El Jemis de Beni-Arés, después de que se fuesen tomando una a una las colinas que dominaban el lugar. Aquella era la aldea mas proxima a Tazarut, donde se encontraba El Raisuni. Hasta el dia 20 los legionarios, con la columna, se dedicaron a la rectificacion y avance de las posiciones tomadas, mientras se enviaba un ultimatum al Raisuni. Tenia hasta el viernes dia 2 para rendirse o hacer frente al asalto final de 15,000 espafioles instalados a su alrededor. Sin embargo, las complicaciones en el Rif, al otro exiremo, no iban a dejar que el general Berenguer se saliese con la suya y concluyese la campajfia tan bien organizada para dominar la Yebala y acabar con El Raisuni. El 21 de julio, el general Fernandez Silvestre era arrasado en Annual por la harca de Abd-el-Krim, y a la Legi6n le tocara cubrirse de gloria y hacerse un nombre legendario al acudir en auxilio de la ciudad blanca del Estrecho. 87 El primer grupo de volurtaros dela Legin Era atin in Cuermo en formacion que no disponia de sus uniformes reglamentarios, por ello 'os nueves legicnurios vesticn segin Ics uniformes de sus unidades de procedencia. DEFENDIENDO A MELILLA En la noche del 21 al 22 de julio se encontraban las tres Banderas acampadas en los terrenos de Robba-el-Gozal. Todo el campamento parecia dormir un suefio tranquilo y reposado en la serena calma de la naturaleza; Gnicamente el paso vigilante y quedo del oficial que estaba de cuarto y se deslizaba por entre los hombres tumbados, despertando aalguno. Franco oyé que Millan Astray le llamaba a gritos y acudié inquieto. Le pregunté: —¢Sucede algo? gHay que salir? —Tiene que partir lo antes posible una Bandera para el Fondak: como no sabemos para qué es ni a donde va, sortead entre vosotros. Lo mismo podéis ir a una empresa guerrera que a guarnecer preventiva- mente cualquier puesto de retaguardia. EI alegre toque del clarin rasgé la calma de la noche, y todos los hombres, a una, se pusieron inmediatamente en pie, sobresaltados. Algunos creyeron que era un toque de generala y de varias bocas salie- ron algunas maldiciones, —Pero si son las dos de la madrugada. gTocan diana? 89 —¢Por qué sera? —Ya lo sabréis —les dijo un jefe que escuchaba al paso los comenta- rios—. ;A formar rapidamente! En menos de un cuarto de hora ya estaban formadas la 1.* y 2. Ban- deras, y emprendian la marcha a través de las sombras por aquellos riscos y sin saber hacia dénde, mientras la 3.* se quedaba para tener el honor de capturar al Raisuni. Al menos loscreyeron. La aurora era roja, los cendales brumosos del amanecer parecfan vapores de sangre. 4Qué habia sucedido hacia Oriente? Un triste presen- timiento flotaba en el ambiente, pero nunca se pudo suponer una tan pavorosa y horrenda tragedia como la que habia dado al traste nuestro orgullo militar comprometiendo el honor pairio. “La matrona espafiola estaba arrodillada en tierra con la mirada dirigida al cielo pidiendo mise- ricordia; con una mano secdbase las lagrimas, con la otra cerrada amena- zaba a los culpables...” A las diez de la noche, tras una marcha durisima en la que sdlo se concedieron brevisimos instantes de descanso, se Ilegé al Fondak de Ain Yedida, aspeados, jadeantes, Cayeron en el suefio como una piedra en el lago y, apenas repuestas las energias fisicas, otra vez a reanudar la mar- cha; atin era noche cuando empezaron a andar, andar, andar, como en las leyendas que se cuentan a los pequefiines para que se duerman. Adn era de noche y alla, a lo lejos, se vefa una lucecita que parecia estar cada vez mas lejos, mucho més alla, en el campo, del otro lado de los rios y de los valles, Pero aquella lucecita resultaba una tenue esperanza, lejana, pero la Ilegada a Tetudn, donde se entré desfallecidos, pero. ale- gres. jLa ciudad! jHacia tiempo que vivian fuera de la civilizacion, como animales montaraces, por esos cerros de Dios! Y alli estaba la ciudad con todas las promesas de asueto y de alegria, con sus ofrecimientos de pla- ceres. Pero sin deshacer las filas se lleg6 a la estacion del tren que debfa conducirlos a Ceuta. —gQué pasa? zDénde vamos? —se preguntaban unos a otros—. gHabra ocurrido algo en Espaiia y nos llevaran a restablecer el orden? zSer4 que la Madre ya se niega violentamente a dar mas hijos para esta empresa que ha emprendido en Africa? —gNos Ilevardn a Espaiia? Los jefes tenian caras de pocos amigos; hablaban nerviosamente entre ellos apartados en un grupito. Millan Astray accionaba con la fusta haciendo amplios y repetidos movimientos como si castigase a un enemi- 90 go imaginario que debia ser el Tiempo, a juzgar por la impaciencia que iba dominando a todos cada vez mas. En diversas ocasiones lleg6é a toda velocidad en una de las motocicle- tas de la Comandancia, el comandante Claudio Temprano, ayudante del general Alvarez del Manzano; transmitia una orden a los jefes que se aglomeraban prestamente a su alrededor e inmediatamente se mandaba iniciar el embarco en el Ciudad de Cadiz, que aguardaba atracado al muelle balanceandose indolente, pero bien sujeto por fuertes amarras. Pero cuando se disponian a subir por las pasarelas, nuevamente llegé el comandante Temprano, con la contraorden. Asi dos veces, La indecisién era evidente y en aquella impaciencia febril dejaron pasar varias horas. Al fin se embarcé a las seis de la tarde. El monte Hacho, con su pri- sin y su castillo, montén de remordimientos, odio reprimido, propésitos de enmienda y rabia impotente y desesperada, ocult6, en su crepiisculo azul, al sol que despedia a los soldados. Tbamos mas de dos mil hombres en el barco. Estabamos contentos. Eramos los caballeros del Ideal y de la Aventura; seguiamos nuestro camino, un camino tan sugestivo como misterioso. ,Dénde irfamos? Nadie sabia nada, ni, por otra parte, importaba. Lo mds admirable del soldado es que no sabe nunca dénde va y a qué; supone que a morir, pero, gpor qué? ,Defendiendo qué ideales? No sabe nada. E] barco, los tablones que nos Ilevaban con un rumbo desconocido, crepitaban, temblorosos, por el jadear del motor, que parecia rendir su maximo esfuerzo. Me deslicé en la sombra de la noche con objeto de aproximarme al teniente coronel, que hablaba continuamente con el comandante Franco. Un marinero se acercé al corro y dijo: —Mi teniente coronel, se ha recibido otro radio del general Berenguer. Millan Astray cogié el papelito que le tendfa y exclamé, después de leer la comuniecaci6n: —jQue aceleren la marcha todo cuanto sea posible! ;Con tal de que no estallen las calderas! A las tres de la madrugada casi todo era silencio; la mayoria de los legionarios yacian por el suelo victimas del angustioso mareo, del cansan- cio fisico y de la fatiga nerviosa. El barco seguia su ruta a través del silen- cio y de las sombras. De pronto se oyé la voz de nuestro teniente coronel que gritaba con voz potentisima y vibrante, llena de emocion: —jLegionarios, legionarios! Me ois, legionarios? ;Me escuchais, mis legionarios? 91 Todos, sin dejar ni uno, nos pusimos inmediatamente en pie; de las bodegas subian, apretujandose en atropellado tropel, los que querfan oir al jefe. Se hizo un silencio prefiado de emocién. —La Patria, legionarios, nos pide nuestro sacrificio, nuestro supremo sacrificio. Cireunstancias penosas por las que atraviesa nuestra Madre, Espafia, nos ofrecen la dichosa oportunidad de morir por ella. ,Estais todos dispuestos a morir por ella? ,Estdis todos dispuestos a morir por el honor de la Legion? Un grito undnime, rotundo, entusiasta como el clamor de un rugido, salié de todos los pechos en sincera ofrenda. Fue el instante de mayor y mas indeleble emocién de nuestra vida. Las horas que faltaban hasta llegar a Melilla trnascurrieron muy lenta- mente: tumbados en el suelo y acodados en el barandal de la toldilla, los legionarios se preguntaban a si mismos qué habia ocurrido. A dénde iban? Aunque todos vibraban por el mismo anhelo de llegar cuanto antes, Esto era lo sucedido, Las tropas espafiolas que se hallaban en el extre- mo oriental del Rif nd habian permanecido inactivas mientras Berenguer rodeaba al Raisuni. El general Manuel Fernandez Silvestre, mas conocido por su segundo apellido, obedeciendo érdenes que posteriormente todo el mundo negé haber dado, o por propia iniciativa, con o sin la aproba- cién del rey Alfonso XIII, decidié abrir el camino de Melilla a Alhuce- mas. 139 kilémetros por la ruta mas corta, y 160 por la mds facil. El] 15 de enero de 1921, Silvestre ocupé, tras grandes dificultades, la aldea de Annual. El terreno que quedaba por delante era mas dificil. Comenz6 a nevar y Silvestre decidié hibernar hasta pasada la primavera en que avanzo hasta Abarran, en el mismo borde del declive que con- duce a Alhucemas e Igueriben. Este iltimo sélo a cinco kilémetros de Annual, pero para alcanzarlo las tropas espafiolas tuvieron que salvar un diffeil acantilado. Alli se detuvo el avance. Las tropas de Silvestre esta- ban extendidas al maximo. Las estadisticas oficiales sefialaron 25.790 sol- dados, incluidos 5.000 nativos. Era poco probable que Abd-el-Krim con- tase con mas de dos o tres mil hombres armados. No obstante, los espa- fioles estaban obligados a emplear la mayoria de sus tropas en proteger las mulas de suministro que recorrian las largas lineas de comunicacion, por lo que los puestos estaban casi desprotegidos. Abd-el-Krim era un joven marroqui educado en Espafia. Durante la guerra 1914-1918 compartio con muchos espaiioles las simpatias pro- 92 Kaiser y se mostré deseoso de cooperar con Gomez Jordana, mientras los espafioles dejasen en paz el interior del Rif. Desde Melilla ayudo a proteger las huestes de Abd-el-Malek, hostigando a los franceses. A pe- ticin de Francia, fue encarcelado en Melilla; entonces declaré abierta- mente que se opondria a cualquier intento espafiol de ocupar el territo- rio de Beni Urriaguel. Intenté la fuga saltando desde una ventana de la carcel; le valio romperse una pierna y estar cojo. Cuando fue liberado, regresO a su tierra de Axdir-des-Beni-Uriakel, a ocho kilémetros de Alhucemas por la parte de Melilla. Por aquel entonces Jas minas de Melilla ya eran rentables: las auto- yidades espafiolas publicaron que las exportaciones en 1920 desde el puerto de Melilla eran mas valiosas que las exportaciones de Casablanca. El hermano de Abd-el-Krim, Si Mohamed, mis inteligente, se dedicd a los problemas técnicos de los recursos mineros del Rif. No se opuso a la venta de concesiones mineras y entraron en negociaciones con va- yios grupos europeos; pero estaban decididos a impedir la ocupacién militar de su tierra. En el verano de 1920 Silvestre inicié la penetracién, Al parecer era de la opinion de que una verdadera accién de fuerza resolveria la situa- cién favorablemente para Espafia. En marzo Berenguer se entrevisto con Silvestre en un barco en la bahia de Alhucemas para estudiar la zona donde Silvestre intentaba avanzar. Silvestre escribiria después de esta entrevista a Berenguer y le aseguraria que las cosas estaban bien estudia- das y no serian necesarios mas recursos ni equipo, En los tiltimos dias de mayo, las columnas de aprovisionamiento de Silvestre fueron hosti- gadas por un ntmero creciente de bereberes armados. Esto era serio, porque se habian realizado pocos esfuerzos para aprovisionar y forti- ficar la larga cadena de blocaos carentes de personal suficiente que se extendfa desde Melilla al Rif. El harea organizada por Abd-el-Krim hacia peligroso proseguir el avance en la zona montafiosa. El 1 de junio el puesto avanzado de Abarran, con 200 hombres —-un tabor completo de Regulares marroquies— se amotinaron y asesinaron a los mandos. Las tropas espafiolas de la unidad de Artillerfa, pudieron escapar, pero los amotinados se unieron a la cercana cabila de Temsamani, que tam- bién se alzaba en armas, y destruyeron la posibilidad de resistencia de los espajioles. Al dia siguiente fue atacado el puesto de Sidi Dris. Estos acontecimientos alarmaron a Berenguer, que se traslad6 a Melilla para entrevistarse con Silvestre, quien acepté no avanzar mas 93 hasta que mejorara la situacién. Pero Silvestre envid un destacamento a Igueriben, al noroeste de Annual, donde las fuerzas encontraron firme resistencia. La situacién se estabiliz6 hasta finales de junio en que una columna de suministros cayé en una emboscada a las afueras de Annual y sufrid 60 bajas. Esto preocupé a Silvestre y sugirid a Berenguer que pidiesen més refuerzos a Espafia. El Alto Comisario, tras las seguridades que le habia dado anteriormente Silvestre de estarse quieto y de que la zona de Melilla estaba bien provista de fuerzas, habia informado al Mi- nisterio de la Guerra que todo se desarrollaba segiin los planes previstos. Hacia mediados de julio Silvestre recibié un telegrama del Rey que decfa: “;O1é los hombres! El 25 te espero.” Esto, al parecer, sugirié a Silvestre que se esperaba que hiciese algo importante antes de regresar a Madrid, donde el Rey pensaba pronunciar un importante discurso. El 16 de julio una columna de abastecimientos procedente de Annual no pudo llegar a Igueriben. Lo consiguié al dia siguiente, pero ya no fue capaz de regresar. E] harca de Abd-el-Krim les habia cercado. Una colum- na de refuerzos salié el 19 desde Annual, pero no pudo alcanzar el puesto sitiado. En la majfiana del 21 Silvestre fue en automévil desde Melilla a Annual, y desde alli,intent6 una carga de caballeria para pasar a Igueri- ben, pero fue detenido por moros armados con varias ametralladoras y cafiones. Las tropas acorraladas en Igueriben habfan agotado sus reservas y la sed hacfa que se bebiesen los orines endulzados con aziicar. El jefe, comandante Benitez, pidid ayuda por helidgrafo a la columna de Sil- vyestre. No crefa que se dejase morir a sus hombres a la vista de otras tropas espafiolas. Silvestre ordené que se retiraran, si era posible. Al acabar el dia, en un intento desesperado por salir del cepo mortal, los supervivientes de Igueriben salieron y sélo once consiguieron llegar hasta las tropas de Silvestre, y solo dos sobrevivieron, pues en el retorno a Annual los 4.000 defensores espafioles apenas fueron capaces de conte- ner a los moros que disparaban desde las alturas cercanas. Silvestre envid tres radiogramas seguidos el dia 21 a Berenguer en los que pedia el envio inmediato de refuerzos. La municién y los suministros eran tan escasos que Silvestre fuera de si, no acertaba a encontrar una salida. Un consejo de oficiales, los que habian sobrevivido, decidieron no aceptar més ordenes de su General: Consideraban que Silvestre hubiera debido salir al campo de batalla y exponerse a las balas del enemigo, cosa que no habia hecho. 94 A las diez de la mafiana del dia 22 dio la orden de retirada, pero no se hicieron planes para organizarla. En dos horas, aquello degeneré en un frenético sdlvese quien pueda. Silvestre murié en Annual. La moral de los espafioles estaba rota y fueron presa del panico. Abd-el-Krim no hacia prisioneros, Los que se rendfan eran pasados a cuchillo. Los blo- caos provisionales de sacos de arena y madera, cuyos techos podian volarse con granadas de mano, cayeron como un castillo de naipes, Mas de 8.000 soldados perecieron en el desastre, que se debid mas a la des- moralizaciOn espajiola que a las proezas de los bereberes. Las pocas uni- dades que conservaron la disciplina, como el batallon de Caballeria de Alcantara, se retiraron hasta Melilla con pocas bajas. Incluso el general Navarro, segundo en mando después de Silvestre, intento durante siete dias contener la derrota, pero tan pronto conseguia apuntalar una unidad, llegaba una nueva avalancha de enloquecidos fugitivos, que destruian la moral. No obstante, Navarro logré reunir a 3.000 fugitivos y se mantuvo en Monte Arruit, a 70 kilometros de Annual y 30 escasos de Melilla. Desgraciadamente, el enemigo rebasaria su posicién, dirigién- dose hacia las montafias y desde la cresta del Gurugi dominaria Melilla. Pero esto ya seria el 29 de julio. La noche del 23 llegaria el Alto Comi- sario a Melilla, donde no pudo encontrar mas de 1.900 soldados, en su mayoria personal de oficinas y de Intendencia. El dia 24 legaban las dos Banderas del Tercio, seguidas por dos tabores de Regulares y tres grupos de montaiia. El jefe de toda la fuerza era Sanjurjo, con Millan Astray de lugarteniente, Gonzalez Tablas al man- do de los Regulares y Francisco Franco al mando de la 1.* Bandera; la 2." iba en manos del comandante Rodriguez Fontanés. A media mafiana del domingo Melilla ya aparecia a la vista y los que habian estado. en 1909 ya creian-ver el barrio del Real, el Atalayon y los terrenos elevados de Cabrerizas y Fuerte Camellos. Los muelles, las pla- yas y calles estaban literalmente atestados de gente que se apretujaba, agitandose, oscilante como la mies empujada por el viento. Lanzaba un . clamor confuso, pero intenso, que se ofa a la considerable distancia que les separaba del muelle. En realidad habian llegado al puerto con dnimo de asaltar barcos y lanchones que los pusieran a salvo. Los fugitivos de Zeluan y Nador, atacados en el amanecer de aquel dia 24, llevaron la alarma a los barrios del Hipédromo y del Real, cuyos habitantes alocados por injusto panico, enfurecidos por la ineficacia de un ejército que se habia dejado derrotar, 95 y convencidos de que el Gobierno espafiol les habia abandonado, se lan- zaron a la destruccién de la Comandancia General, y definitivamente a huir en algtin barco. Hirieron a un oficial de la Compaiifa del Mar, Unica tropa existente para oponerse a la oleada de terror. Pero al descu- brir el Ciudad de Cddiz, el panico se convirtié en serena calma y la de- senfrenada avalancha en manifestacion patridtica. A las dos de la tarde se lanzaron los calabrotes y cadenas del Ciudad de Cadiz, y qued6 amarrado a los muelles de Melilla. Un griterio copioso, intenso, ensordecedor, no permitia entenderse. Eran muchos miles de personas las que gritaban vitores a Espafia apasionadamente, hasta en- ronquecer. Uno de los ayudantes del Alto Comisario subié precipitada- mente a bordo: “De Ia Comandancia General de Melilla no queda nada; el Ejército derrotado; la plaza abierta y la ciudad loca, presa de panico: de la colum- na de Navarro no se tienen noticias; hace falta levantar la moral del pue- blo, traerle confianza que le falta y todas las fantasias ser4n pocas.” Cuando Millan Astray y Sanjurjo hablaron al pueblo desde la borda, los gritos de alegria y de entusiasmo debieron oirse en Espatia. No sé a ciencia cierta qué dijeron, porque seria vano reflejar la emocién que produjeron aquellas palabras. Buena parte de la muchedumbre se mezclo con las filas que formabamos en nuestro desfile, y nos arrollé para besar- nos, estrujandonos entre sus brazos con afan carifioso. jLos salvadores, los salvadores! ;Viva la Legion! ;Viva Espafia! {Millan Astray! jLos salvadores! jSanjurjo! ;Gonzdlez Tablas! Los legionarios habiamos recibido la orden de reir, cantar y gritar “Viva Espafia!”, y la multitud se unié a los gritos y nos vitoreé cuando desfilabamos con musica y banderas por las calles de la poblacién. Fran- co marchaba en cabeza de la 1.*, con su negro estandarte: y Fontanés con el estandarte rojo de la 2.4, Muchos llorabamos de emocidén. Llora- bamos pensando que, aun con la muerte, no pagdbamos en su precio una alegria tan alta y tan excelsa. Mill4n Astray habia gritado a la multitud congregada en el puerto con su aguda y penetrante voz: “Pueblo de Melilla: la Legién que viene a salvaros os saluda. Estamos dispuestos a morir por vosotros, Nos encontramos a las érdenes del heroi- co general Sanjurjo y triunfaremos. ;Olvidad el miedo! Los pechos de los legionarios se interponen entre vosotros y el enemigo. ;Viva Espaiia! {Viva Melilla! ; Viva la Legion!” 96 Los Regulares de Gonzalez Tablas Iegaron unas horas después en el Escolano. También llegaron los tres batallones de montafia: de Borbén, Extremadura y Granada. Desde los primeros momentos se atendié a la seguridad de la plaza, guarneciendo los fuertes de la antigua linea exte- rior, colocando alambradas y construyendo trincheras que contorneaban la poblacién y enviando tropas al zoco el Had de Beni Sicar que se habia mantenido fiel, y deseaban sostener la autoridad de Abd-el-Kader en la cabila. Sanjurjo envid apresuradamente los batallones a las defensas del lado sur; los Regulares a la parte occidental, a las viejas y desmanteladas posi- ciones del Gurugt y de la base de la peninsula de Tres Forcas. La Legion, después del desfile moralizante, ocupé sus puestos de defensa: la 1.* Ban- dera en los Lavaderos y Posada del cabo Moreno, y la 2." en Rostrogordo y Cabrerizas. Los huidos desde el campo no cesaban de llegar. La huida general estuvo siendo amparada por casos de heroismo de la mayor parte de los oficiales y jinetes del coronel Primo de Rivera, cuya Caballeria cargo en diversas ocasiones contra el enemigo, dando la ultima carga al paso, cuan- do los caballos estaban extenuados. Se combatia en Zeludn, Nador y Monte Arruit, donde estaba reunido el mayor contingente de fugitivos, Se conocieron los tristes momentos de la retirada: las tropas en huida, las cobardias, los hechos heroicos, la dolo- rosa tragedia. Se supo que el comandante Benitez, defensor de Igueriben, asediado por millares de moros, envid su altimo heliograma a Annual, diciendo: “Solo quedan doce cargas de cafién; cuando oigais el duodé mo disparo, tirad sobre la posicion donde estaremos confundidos moros y espaiioles.”” Son las noticias que !levan aquellos seres, en los que el terror ha dila- tado sus pupilas, y que hablan con espanto de carreras, de moros que les persiguen, de moras que rematan a los heridos, de lo espantoso del desas- tre. Llegan desnudos, en camisa, inconscientes, como pobres locos. El dia 25, tras ascender una columna de Regulares y Legionarios por las laderas de Taguel Manin y Ait Aisa, para establecer en ellas posicio- nes, las dos Banderas se instalaron en la llamada Granja de los nifios, mas a la vanguardia de las posiciones anteriores, a la altura de la vieja Aduana. Frente a ellos el Gurugi, una masa montafiosa de cerca de 1.000 metros de altura en la cima. Situada en el suroeste de Melill gada y paralela a la costa. En los diz” * . sobre la linea defensiva de forma continua y encarnizada. Los proyectiles de fusil llegaban a los barrids extremos de Melilla, y los de cafion se cola- ban sobre el barrio del Real y hasta en la plaza de Espafia. Las viejas y desmanteladas posiciones de las laderas del Gurugi y de la base de la peninsula de Tres Forcas, fueron ocupandose para establecer la linea de 1909: Atalayon, Sidi Hamed, Sidi Musa, Ait Aisa, Taguel Manin, Hidum, Ixmoart. El dia 26, y a las drdenes directas de Millan Astray, avanzé la colum- na, con los legionarios bastante mermados por los destacamentos y se ocupé la posicion de Sidi Hamed-el-Hach, una torre amplia y alta situada en medio de un corralén amurallado. Quedaria guarnecida por una com- pafifa de la Legién de la 1.* Bandera. Desde aquella altura, que se extien- de hacia Nador, podia verse la ciudad, a solo 15 kilémetros. Franco rela- tara aquellos momentos: “Se ve perfectamente el poblado de Nador. Numerosos grupos ro- dean la Iglesia; el pueblo arde; de la fabrica de tabacos y estacién se levantan densas columnas de humo; otras casas han sido pasto de las llamas, y por los caminos del Ilano se alejan con el botin los mulos cargados, ”En una casa, algo mas alta y proxima al mar, vemos brillar un helid- grafo. Avanzamos hasta el. extremo de la ]oma. La orden de no alejarnos nos detiene, ;pero estamos tan cerca! Pediremos ir; nos repiten la orden de no avanzar mds, de aguantarnos mientras se termina la fortificaci6n. En la posicién hablamos con el General. Con él esta nuestro Tenien- te coronel, le pedimos ir al poblado, llevar un socorro a los que se defien- den. El General participa de nuestra emocién; también é] desea ir a Nador, pero hace falta guardar la Plaza, defenderla y estamos solos. jEn la guerra hay que sacrificar el corazén!”” Durante la semana siguiente estuvieron contemplando la lenta muer- te de la guarnicién de Nador, sin hacer nada; pero habia que fortificar los alrededores de Melilla y desistir del envio de columnas de socorro que serfan cercadas y exterminadas. Berenguer decliné toda propuesta de voluntarios para liberar la posicion de Monte Arruit. Necesitaba con- servar sus 4.500 hombres preparados para defender Melilla. La prueba resultaba evidente. El dia 28, al llevar el convoy de aprovi- sionamiento a Ait Aisa y Taguel Manin, los legionarios fueron atacados y tuvieron que combatir con el enemigo mientras se relevaban las com- pafifas que guarnecian las posiciones. También fue atacada la posicié ion de 98 Sidi Hamed, y fueron heridos de gravedad el teniente Marcos, de ametra- lladoras, el sargento alemén Heine y un soldado. Un convoy con dos escuadras, que habfa bajado a la plaza desde la posicién, también fue atacado por el enemigo causdndole varias bajas. Al dia siguiente se salié de nuevo hacia Sidi Hamed, para la coloca- cién de los blocaos 1 y 2 y evacuar a los heridos, teniendo que sostener un nutrido fuego con el enemigo. Se mantienen los puestos ocupados. Desde el Atalayon, un cerro que emerge de Mar Chica, en las inmedia- ciones de Melilla, se trata de establecer una posicion de gran utilidad tac- tica y estratégica. Tiene forma de pilén de aziicar o gorro de payaso, y permite divisar Nador y entablar combate con el enemigo. La Legion empezo a utilizarse constantemente y en tres tareas bien definidas: desmembradamente, para endurecer las formaciones inexper- tas o indignas de confianza: una seccién aqut, otra alla y una compaiita acullé. La segunda, para ocupar las posiciones y los blocaos mis peligro- sos, a la vez que establecia nuevas fortificaciones. Su tercera tarea consistia - en formar en vanguardia de las columnas que protegian los convoyes de agua, comida y municiones para los puestos avanzados, Primero se ocupaba una posicion y al dia siguiente se protegia el convoy que suministraba el lugar, para salir de nuevo a la conquista del siguiente reducto. Durante el mes de agosto se prodigaron las salidas y el aprovisiona- miento de las distintas posiciones que exigian la presencia constante de la columna para librar combate con el enemigo. Y alli estaban los legio- narios, junto a los regulares, trepando por los pefiascales de las vertientes del Gurugi, en los que se sostenfa empefiada lucha. Los efectivos legio- narios van disminuyendo como un chorreo y las unidades quedan muy mermadas. Es el momento de ver cémo siguen los reclutas:de Dar Riffien y pensar en buscar nuevos voluntarios que engrosen las diezmadas filas de la Legion. Millan Astray hard una escapada a primeros de agosto, para promocionar la Legién por Espaiia. La posicién de Sidi Hamed es atacada constantemente por el enemi- go. Al fuego de fusilerfa se une el de cafién que le dirigen desde las lomas de Nador y los picos del Gurugii: una compafiia de legionarios y otra de linea guarnecen la posicién al mando del comandante Arias, del batallon de Toledo. La defensa del lugar es continua y en ella se distinguieron muchos legionarios. Por all pasaron todas las unidades de la Legion, Has- ta la toma de Nador result6 un lugar peligroso: un dia hubo que extin- guir el incendio del depésito de municiones, aleanzado por las granadas 99 enemigas; otro, salir a recoger el material de los mulos muertos a Ja entra- da de la posici6n y enfilados por los moros. Siempre hay un soldado heri- do u otro al que un proyectil le lleva la cabeza. Se vive con escasez de agua y con un convoy cada tres dias. Sdlo Manolo, el valiente cantinero, visita a diario la posicién y lleva el correo y las frescas sandias que alivian la sed. En uno de los convoyes el enemigo prepara una fuerte emboscada. Es el 8 de agosto, al efectuar el paso por la segunda Caseta y cuando toda la Legion ha entrado en el camino. La descarga cerrada cae sobre los caballos y sorprende a todos. Al momento la fuerza se ha tendido en el suelo ojo avizor, como dicen los moros, y rompiendo el fuego sobre las pefias y chumberas de la barrancada, mientras las fuerzas de la columna, confiadas en la proteccién, pasan por detras de ellos. Sin embargo, el enemigo intensifica el fuego y los legionarios y regulares habran de esca- lar rapidos por las laderas para que el enemigo huya escarmentado. Mila- grosamente no ha habido ninguna baja. En la madrugada del dia 15 la columna de Sanjurjo se concentra sobre la carretera de Hidun con la intencion de llegar a las lomas de Ismoar. Un tabor de Regulares debe avanzar por la izquierda hacia Sidi Amaran, mientras los legionarios se concentran en vanguardia, tras la cortina de proteccion de la caballeria. En las lomas de Ismoar la caballeria eché pie a tierra, desplegandose. Los legionarios tienen orden de esperar a que las baterfas esté listas en la posicion, pero ven avanzar a los regulares sobre un grupo de chumberas; detras se oculta numeroso enemigo, y se establecen las ametralladoras legionarias para apoyarles, Los regulares avanzan y los legionarios, sin esperar a las baterias, se lanzan en su apoyo, desbordando al enemigo. Los moros huyen dejando a sus muertos. Los legionarios coronan la linea de altura y dejan establecida la linea de Garet al mar. Sin embargo, el enemigo no deja de hostilizar en todo el frente. En unas ruinas del exiremo derecho se combate encarnizadamente. Fl terre- no es muy quebrado y los moros estan préximos. A las once dela mafana atin continia el combate. El enemigo, aprovechando lo quebrado del terreno y oculto en unas casas dejadas a retaguardia, efecttia una enérgica reaccién por el flanco de las ametralladoras. Entre los defensores cae el bravo teniente Miguel Valero Marzo y dos legionarios mas. Otros ocho han sido heridos y se encuentran caidos entre las ruinas, junto a tres moros que han quedado cara al sol. 100 Pasado el mediodia los legionarios consiguieron autorizacion del General para castigar los poblados de retaguardia que ofrecieron la reac- cién y desde donde les hostiga el enemigo. La empresa no resulta facil: el terreno desciende por la derecha en forma quebrada hasta la playa y al pie se encuentra una extensa faja de pequefios aduares. Una seccion ha de romper el fuego sobre las casas para proteger la maniobra: otra se descuelga por un pequefio cortado y rodea los poblados hasta alcanzarlos y castigar a sus habitantes. La toma se hace con granadas de mano, que levantan llamas de los techos de las viviendas, mientras escapan sus moradores perseguidos por los legionarios. El enemigo hostiga la retirada. Dos legionarios han quedado rezaga- dos y de pronto se encuentran entre los fuegos de los dos bandos; ocultos entre la arena se libran de sus efectos, pero cada vez que intentan levan- tarse, moros y legionarios les siluetean con sus disparos. Desde la cima se contempla la situacién y el corneta toca el alto el fuego para llamar la atencion de los legionarios y puedan retirarse los dos soldados. E] repliegue general puede efectuarse en completo orden. El General en Jefe felicita a los legionarios por su comportamiento. E] dia 23 de agosto ya se ha incorporado Millan Astray al combate. La 1.* Bandera sale formando parte de la columna de Sanjurjo hacia el barranco de Frajana, en las inmediaciones de Zoco del Had. En las proxi- midades se hace sentir el paqueo enemigo. Las baterias ligeras disparan sobre la barrancada. Los regulares se pierden por la pendiente abajo, ha- cia el poblado. Se multiplican los disparos. En el fondo del barranco-el teniente coronel Gonzalez Tablas, en su caballo blanco, dirige en cabeza a sus regulares que atin se despliegan por la loma de otra cresta. E] ayudante de Gonzalez Tablas, el alférez de complemento Sanchez Guerra, es retirado herido en una camilla, mientras una companiia de la Legion cruza el barranco y se pierde entre los arboles del arroyo hasta que un rato después corona la meseta y los legionarios toman posiciones camuflados entre las piedras de las lomas ocres. Tras ellos pasan las acé- milas y la seccién de ametralladoras aleja con su fuego al enemigo, que aiin insiste, hostilizando débilmente. El dia 28 sale otro convoy para Sidi Hamed, acompafiado por un tren blindado, El enemigo, como en dias pasados ataca con firmeza a las fuer- zas de proteccién. Desde Nador se acercan bastantes jarquefios que son batidos por el fuego de las ametralladoras situadas en el tren. La sorpresa 101 es grande y las bajas enemigas muchas. Pero se ha conseguido entrar en la posicién con el convoy de habituallamiento. Transcurre el dia sin problemas, pero llega la hora de la retirada. La compafifa mas avanzada adelanta sus soldados en direcci6n al tren, que empieza su retroceso y la unidad se repliega al abrigo de la tercera Caseta. Unos minutos mas tarde y el tren atin no ha Ilegado. ,Habra tenido averia? Una inspeccién répida muestra las lomas que ocupaban los legio- narios repletas nuevamente de enemigos. Silban las balas. Un ordenanza sale a galope para detener la retirada. El enemigo se ha metido entre el tren y los legionarios. Se‘intenta que salgan por la playa unos ordenanzas, pero el fuego enemigo mata sus caballos y quedan tumbados en tierra, defendiéndose a tiros. Avisan desde el Atalayén que se acerca una fuerte jarea por la carretera de Nador. Los moros aparecen por las cunetas de la carretera, a poco més de cien metros; se suceden los fogonazos de los disparos y una seccién de legionarios se desliza, parapetada en el terraplén, sin ser vista, hasta caer sobre ellos. Se lucha brevemente y con fiereza, pero el enemigo, sorprendido, huye. Llega el tren y dispara sobre los moros mientras los legionarios suben a los vagones y regresan a la tercera Caseta. E] enemigo continda hostilizando la retirada del convoy, pero desde las posiciones se les contesta y los soldados de proteccién pueden reti- yarse por la orilla del mar con rapidez. En los dias siguientes, unos prisioneros evadidos, confirmaron la gran cantidad de bajas sufridas por el enemigo. Los moros se pasaron la noche buscando con faroles los muertos en el combate y cuando re- gresaron a Nador, cerca del amanecer, golpearon a los prisioneros que tenian alli. Y éste es un relato extractado de una de las diversas historias que escucharon los legionarios de boca de algunos prisioneros. Evidencian un comportamiento y sobre todo las situaciones tan criticas en que se movian todos los protagonistas, Situaciones en las que actuaban casi con ferocidad y safia. Sucede en la tercera Caseta, que es descrita como “un reducidisimo fortin que se asemejaria a la casilla de un peon caminero, de ésas que suele encontrarse por las carreteras de Castilla, si no tuviese azotea en lugar de tejado; cuatro habitaciones, en una de las cuales se realizan los menesteres de la cocina no muy pulcramente que digamos; todas. éstas reciben luz por un ventanuco de pequefias proporciones abierto en el lugar més alto de la pared, y por varias aspilleras que permi- 102 ten contestar con alguna garantia de proteccién a las agresiones del ex- terior”, Los hechos suceden al atardecer de un dia de apacible calma en el sector, y después de transcurridos varios desde la salida del tren. Uno de los varios relatos que sobre los convoyes de aprovisionamiento muestran la accion constante y expuesta de los legionarios en aquellos dias. “A la una de la tarde de hoy nos anuncian por teléfono, desde la posicion del Atalayén, que por la carretera viene un grupo de gente que enarbola una banderita blanca; que no nos fiemos mucho, pero que tam- poco nos precipitemos a tirar sobre ellos. »Nos asomamos a las aspilleras. No vemos a nadie, ni con los prisma- ticos. Desde el Atalayén han podido verlos antes porque, dada la altura en que se hallan enclavados, dominan mayor extensi6n de terreno. Pasa- do un buen rato divisamos en la lejanfa unas siluetas que avanzan lenta y penosamente, parandose de trecho en trecho. ”Se trata de una mujer y un hombre con cuatro nifiitos. El coman- dante de la posicién sale al encuentro de los que llegan; yo le acompafio. Salvamos corriendo la corta distancia que nos separa de ellos, para calmar cuanto antes su ansiedad. \ »—.Espafioles, cristianos? jMe parece mentira! Cristianos, espafio- les? —repite la mujer, que tarda mucho tiempo en salir de su estupor. Hasta llegar a la posicién cogimos a los dos nifios més pequefios en brazos, Los otros dos, de nueve y siete afios, van comiendo un trozo de pan de centeno. Les hemos dado algo de comer, han tomado café y luego han repo- sado. Daba pena el estado de agotamiento fisico y de desastre moral de los recién Ilegados; no nos decidimos a preguntarles nada hasta verlos més tranquilos y repuestos. ”—Yo soy —dijo ella— la mujer o viuda, puesto que no sé si mi mari- do vive o murié, de Francisco Sanchez Gallego, que estaba de encargado en la finca de don José Sanchidrian, de las Planas del Garet, mas alla de Monte Arruit; me llamo Francisca Flores Gonzalez, tengo veintisiete anos. El dfa 23 de julio tuvimos que salir huyendo a Zeluan; alli estuvi- mos doce dias, hasta que los moros nos cogieron y nos llevaron a una cabila cerca de las minas, separandome de mi marido; desde entonces no sé lo que es de él, En esa cAbila, un moro nos compré, dando por mi y mis cuatro pequefios cien duros; nos llevé a Nador, para darnos liber- tad, segiin nos dijo. Estamos en Nador desde hace seis dias. “Que no os 103 vais, que si mafiana, que si pasado.” Hasta que por fin, nos ha soltado, entregindonos este papel, firmado por el caid Ben Chelal. Los moros que nos han detenido en el camino nos han saludado respetuosamente, con esa zalameria expresiva del mahometano, después de haber lefdo el pasaporte. ”—-Os han tratado bien? ”—Si, sefior, dentro de lo que cabe, algunas veces querfan tratarme demasiado bien... ”—e¥ ti, soldadito, cémo te llamas? ”—Vicente Salazar Hierro; naci en Salinillas (Alava) hace veintidés afios; soy del 59, del regimiento de Melilla. Estaba en el campamento de Dar Quebdani (siete compaiifas del regimiento 59, de Melilla, y una de Ingenieros). El dia de Santiago, el 25 de julio, el ayudante de la posi- ci6n recorrié ésta diciendo a voces a todos los soldados: “;Tirad al suelo fusiles, municiones y correajes!” ”Fuera de las alambradas estabamos rodeados por un nficleo enorme y compacto de moros. Salimos; la morisma, por la prisa que tenia en apo- derarse del botin, nos arrollé al cruzarse con nosotros en las puertas de la alambrada, pero sin hacernos dafio. Los que nos hicieron muchas des- cargas fueron otros moros que estaban en la aguada. Tanto nos tiraron que fuimos pocos los que logramos escapar con vida. Yo, por suerte, consegui salir ileso con otros seis compafieros, con los que caminaba por las noches; dormiamos lo que podiamos, escondidos durante el dfa en los barrancos. A nosotros se nos unieron en el éxodo una viuda con su hijo y un intérprete llamado Alcaide, ”No puedo recordar fecha ni llevar cuenta de los dias; he estado, creo que desde el 9 de agosto, prisionero en Guelaya y en Beni Urriaguel. En la cabila de Ben Chelal estuve algunos dias con el general Navarro, a quicn*acompafian diez soldados; todos ellos estén heridos, aunque leve- mente al parecer; el general cojea algo. ”—7¥ como has escapado? ”—No he escapado. A los prisioneros que caen enfermos los matan: el otro dia mataron a trece, y hace poco a cuarenta y dos:a mi me han dejado venir acompaiiando a esta sefiora y sus hijos por no matarme, pues estoy malo y por lo tanto indtil para el trabajo. Téqueme, vera qué calentura. ”En efecto, su carne estaba candente. ”—cY qué dicen los moros? 104 ”—Nos hicieron creer que habfan entrado en Melilla. Otros, la mayo- ria, hacen la guerra de mala gana: dicen que Espafia ha traido muchos hombres y que se van a vengar. Contintian la guerra obligados por los jefes, los caciques. El otro dia, creo que fue el 2 0 el 3, sufrieron mas de quinientas bajas. (El dia de la salida a Ait Aisa.) ”—2Sabes algo mas del general Navarro? ”—Nada; que se lo llevaron a Annual.” Al dia siguiente atin Ilegaron otros dos prisioneros: Benito Verges Castell, natural de Lérida, que pertenecia al regimiento mixto de Artille- xia, y Alfonso Espinosa Sanchez, de Ciudad Real, que prestaba sus servi- cios en el niimero 42 de Cerifiola. Mafiana y pasado seguird llegando mas gente espafiola del campo enemigo, militares y paisanos, pues, segiin ex- plican, ya no rematan a los prisioneros enfermos o heridos, sino que los envian a Melilla con un pasaporte y un trapito blanco atado a la punta de un palo. Los que estan enfermos y hasta ahora ocultaban su dolencia, sabiendo el fin que les aguardaba, ahora vendran, junto con los que lo finjan. “Alfonso Espinosa nos ensefia su pecho y el vientre, que cubria con un guifiapo; lo tiene en carne viva, ulcerado de arrastrarse por el suelo. Los dos vienen enfermos y tan desnutridos, que han tenido que ser con- ducidos en camillas hasta el paso de la gasolinera que los recoja en el muelle del Atalayon, pues llevarlos a través de estos campos seria arries- gadisimo. A los jefes, desde el coronel y el teniente coronel hasta el ultimo alférez, los llevaron a Annual. Nosotros fuimos tiroteados, y pocos escapamos con vida. Yo llegué a Kandussi, donde me cogieron los moros y me llevaron a Zeludn. ”Nos dieron otra clase de noticias menos tristes: los moros parece que ahora no estén con dnimo de guerrear: lo hacen obligados por los que mandan, segiin declaran. Temen; saben que Espaiia esta decidida a una represalia, y que cuenta con medios para Ilevarla a cabo: no ignoran cudntos hombres han Ilegado. Ya no refieren aquellas fantasias de los dias del enardecimiento. ”En el Gurugi, dicen, tienen tres cafiones; dos pequeiios y uno gran- de; pero éste ya ha sido inutilizado por nuestra artilleria: el mismo pro- yectil arrancé las piernas al cabo de Artillerfa que apuntaba contra noso- tros. (No era un legionario.) ”A nosotros, los prisioneros — dicen- , nos han obligado a hacer el 105 camino desde Nador al Gurugi, para subir los cafiones; el dia en que los hemos subido nos dieron a cada uno de nosotros dos reales y una cajetilla de tabaco. En las lomas de Nador tienen otro cafién grande; no sabemos quién lo manejard, si tendran quien se preste a ello por salvar su vida.” Después del desastre de Annual, los escasos pequefios puestos avanza- dos que todavia resistian sucumbieron hacia el 1 de agosto, quedando en pie s6lo el reducto del general Navarro, Abd-el-Krim intenté negociar con los defensores de Monte Arruit, pero a causa de un mal entendido se dispa- x6 contra uno de sus emisarios, Monte Arruit fue estrechamente sitiado y batido con fuego de fusil y artillerfa. El 9 de agosto, cuando las provi- siones de los defensores se agotaron totalmente, Berenguer autorizd a Navarro a rendirse. Después de la capitulacién, muchos de los defenso- res espafioles fueron asesinados por los motos victoriosos. El Ejército habia perdido toda la autoridad en el interland de Melilla; los esfuerzos de los tltimos doce aiios eran iniitiles. Un afio mas tarde, aan no se habia hecho ningin esfuerzo militar directo para rescatar a los prisioneros de las manos de Abd-el-Krim. La situacion de Navarro y sus oficiales, resulté bochornosa para el Gobierno de Espafia, que se negaba a pagar cuatro millones de pesetas por el rescate. . El colapso militar espafiol permitié a Abd-el-Krim, caid de los Beni Urriaguel, el dominio sobre gran parte de la mitad oriental del protecto- rado, y ademas elevé a gran altura su prestigio en las eébilas, Su ambicién aumenté considerablemente. No solamente planeaba hacer frente a la reconquista espafiola, sino que empez6 a preparar la constitucién de un estado moro independiente en el Rif —cosa que nunca habia existido en Ja historia de Marruecos, Comenzaron a esbozarse groseramente los rudimentos de una admi- nistracion de estilo occidental; la sede del gobierno estarfa situada en Axdir, el pueblo de su padre. Los voluntarios continuaban afluyendo en masa a las tropas del caid, muchos de ellos armados con armas espaiolas. Los més capaces entre los ayudantes de Abd-elKrim recibieron grados de oficial, mientras se iniciaba una serie de contactos en el exterior en busca de mercenarios que aceptaran adiestrar a los bereberes en el uso de armas més perfeccionadas. En los primeros dias de septiembre ya estaban casi consolidadas las antiguas posiciones que en 1909 resguardaron a Melilla, y el contin- 106 gente de tropas llegadas de la Peninsula aumentaba, mientras Jas unida- des de élite, el Tercio y los Regulares de Ceuta, situaban provisiones en avanzada para el desarrollo de la gran ofensiva. El enemigo, no obs- tante, recrudecia sus ataques. 107 EL COMBATE DE CASABONA Aparte de las felicitaciones personales y las pequefias menciones especiales que altos mandos, como Berenguer, habfan ido prodigando a los legionarios por sus combativas acciones, hasta el 10 de septiembre no se registré una cita con todos los honores oficiales por parte del Alto Comisario, Aparecié en la Orden de la Legién del dia 11 de septiembre, y decia asi: “Articulo 1.°. En el combate sostenido en Casa-Bona, el general en jefe dirige al Ejército la siguiente citacién: "Alta Comisaria de Espafia en Marruecos. Ejército de operaciones. Estado Mayor. — Orden general del dia 10 de septiembre de 1921, en Melilla. "En la operacién del dia 8 sobre Casa-Bona, tuvieron ocasién el Tercio de Extranjeros y las Fuerzas de Regulares de Ceuta, nimero 3, de cubrirse una vez mas, de gloria. *Con su indomable valor, con su admirable amor patrio, con su incomparable pericia, lograron asestar al enemigo uno de los mayores golpes que ha sufrido en todas nuestras campafias, ocasiondndole bajas numerosisimas. 109 "Todos cuantos integran esos Cuerpos modelos alcanzan tales virtu- des militares, que es dificil sefialar distinciones entre ellos, y éste es el mayor galardén que puede ostentar una Corporaci6n. En nombre de todos vuestros compafieros del Ejército de Africa, que se enorgullecen de vosotros, os felicito efusivamente y os ratifico nuestra absoluta confianza. *Debéis sentiros satisfechos por ello y por haberos hecho dignos de Ja admiracién de nuestra querida Espaiia. To que de orden de S. E. se publica en la general de este dia para conocimiento y satisfaccién. »EI coronel jefe de E. M., F. G. Jordana. Rubricado. Hay un sello en tinta que dice: “Alta Comisaria de Espaiia en Marruecos. — Ejército de operaciones. E. M.” Al fin, el reconocimiento era total, pero habia sido preciso que la Legion se multiplicase por cuantos frentes hubo casi en un mismo dia y dejase varios oficiales heridos entre los mas de 90 legionarios que caye- ron, de los 300 que fueron de protecci6n del convoy que debia abastecer a Casabona. Una de las acciones se desarrollé en el camino de Tizza, cuando la columna salié por la carretera de Hidun, dejando atrds la posicién de Sidi Amaran para extender sus guerrillas por las peladas lomas hasta llegar al Garet, posicion ocupada por una compaiifa y bateria, desde la cual se domina el camino de Tizza. Los jarquefios hostilizaban la operacién desde las lomas proximas, y los legionarios y Regulares tuvieron que encargarse de ocupar las altu- ras y aduares para proteger el paso del convoy. Los barrancos y cafiadas quedaron perfectamente vigilados, sin que las balas dejasen de silbar y el convoy pudiese entrar sin novedad en Tizza. Sin embargo, en la accion cay6 herido el alférez Villalba, de la 2.* Bandera. ‘A la, izquierda, en direccién al Zoco el Had, se desarrollaba otra operacién con vivo cafioneo. Se trataba del convoy que se dirigfa a Casa- bona: sus mulos formaban una larga reata que se acercaba a la posici6n, pero en unos minutos las balas tumbaron a muchos de ellos, Los conduc- tores empezaron a detenerse, a vacilar y luego corrieron a acogerse a la posicién, mientras los mulos vivos galopaban por la meseta arrastrando su carga. En aquella direccién al Zoco se ve el desplazamiento de las guerrillas peninsulares. Es como un hormigueo de tropas.en movimiento. que se 110 encuentra en grave apuro, y para alli sali una Bandera y una bateria, en su socorro, Se atravesé el rio de Oro, se ascendié la pendiente de la loma del blocao de la Corona y una compaiifa de legionarios, descolgindose por el valle, avanz6 hacia el lugar del convoy. Cuando llegan, las tropas ya se han retirado; recogen un mulo abandonado en la ladera y siguen la marcha en retirada hacia Melilla. Ese mismo dia otra seccién de legionarios que habia quedado en el campamento para salir a efectuar el relevo del blocao Mezquita, hostiliza- do constantemente por el enemigo, sufrié la baja del teniente Salgado, que la mandaba y cayé herido. En el campamento de la Legién sdlo habian quedado los enfermos, los asistentes y los rancheros. Pero a mediodia observaron que la posicién de Ait Aisa era bombardeada por el enemigo, que también les dirigia fue- go de fusilerfa. En la posicién se observa movimiento; y unos soldados corren por la ladera. Hay peligro de perderla. El capitan Eduardo Malagén tocé llamada y, reuniendo a los soldados enfermos y rancheros, salié con rapidez en socorro de la posicién. Dos oficiales que habian Ilegado aquel mismo dia les acompafiaron en la em- presa, Empezaron a escalar los pefiascos inmediatos al barranco del Lobo y pronto llevaron nuevo aliento a la posicién en peligro. El capitan Ma- lag6n cay6 herido gravemente de dos balazos; el alférez Cisneros fue herido levemente, y la tropa tuvo un muerto y dos heridos. Pero ese mismo dia, la primera compaiiia, destacada en Sidi Hamed el Hach, sufre los efectos de un intenso bombardeo enemigo y caen heri- dos el capitan Franco Salgado y cuatro soldados mas. Hay que abastecer nuevamente la posicién de Casabona, que se en- cuentra adelantada en la meseta, frente al Zoco del Had. El enemigo esta realizando una fuerte presién por ese sector y ya no puede hacerse un convoy ordinario. El camino que conduce a la posicién recorre la estre- cha meseta que por la derecha cae al valle del rio de Oro y por laizquierda termina en las pedregosas y cubiertas barrancadas del Gurugd. Los mo- os, fuertemente atrincherados por la noche en ese flanco izquierdo, obligan a sostener duros combates para evitar la llegada del convoy. El dia 8 de septiembre, la Legion y los Regulares se trasladaron al Zoco del Had para constituir alli la vanguardia de la columna del general Neila y proteger el convoy que deberd entrar en Casabona. Desde el Zoco, rodeado de espeso muro de sacos, se domina el terre- no en que ha de desarrollarse la accién. Los moros se mueven mucho por 111 detras de sus parapetos; una tierra removida sefiala la situacién de una nueva trinchera abierta durante la noche. Para evitar a los cabileiios emboscados, la vanguardia operaria utili- zando la cobertura asequible, para atacar luego en el centro de las posi- ciones marroquies. Asi, un tabor de Regulares, a las érdenes del coman- dante Ferrer, se separo de la vanguardia para seguir por el borde de la barrancada de la izquierda en direccién a las trincheras: otro tabor y la Legion, descendiendo por el valle del rio de Oro, abordarfan la posicion por el flanco derecho evitando ser vistos, En el blocao de la Corona se establecié una baterfa para proteger el avance de las tropas, que se concentraban en la cafiada, sin ser vistas, para desde alli abordar al enemigo, que permanecia parapetado en las cercas y trincheras de las viiias. Una pequefia casa a retaguardia del primer parapeto formaba un re- ducto central, detras de la cual existian nuevas trincheras, como tercera linea de resistencia. Los Regulares, por la izquierda, debfan buscar el contacto con su tabor; por la derecha, se encargarian de ocupar las cercas y casas en que se encontraba el enemigo. Se prepararon dos olas de asalto y a una sefial de nuestro teniente co- ronel, los legionarios se lanzaron rapidos y alcanzaron la primera cerca. Mientras unos corrian por los costados para coger de flanco la segunda, otros, saltando el parapeto, consegufan llegar a la casa central para arrojar de ella a los moros defensores. Los sostenes, que siguen a las gue- rrillas, también entran en el cercado, y con los sombreros en alto se repi- ten los vivas a la Legién y hacen ondear la bandera negra y amarilla sobre Ja pequetia casa mora. Los moros han abandonado a sus muertos durante la huida, pero desde las trincheras y casas del barranco hostilizan, queriendo reparar la linea perdida. Caen muchos en el empefio y yacen tendidos delante de nuestros parapetos. El camién blindado que fue inutilizado dias antes y se encuentra a pocos metros, también esta ocupado por el enemigo, que dirige certeros disparos. El teniente Sanz Prieto manda una seccién de la quinta compaitia: saltan la segunda cerca, aleanzan un parapeto, avanzando unos quince metros. Una estrecha trinchera la une con la linea ocupada por la Legion: pero se encuentra tan cerca de las troneras enemigas, que la mayoria de los soldados van cayendo muertos y heridos. 112 La segunda compafifa refuerza aquel punto y las reacciones enemigas quedan contenidas mientras se combate a muy corta distancia. Se multi- plican los muertos y heridos, y resulta muy dificil retirar las bajas del ne- queiio parapeto. Nuestros agentes de enlace toman parte activa en el emne- fio; pero resulta tan enfilado el terreno y tan abundante el fuego, ane en seguida cae moribundo el bravo Planes, abanderado de la 1.* Randera. “Viva Espafia! Viva la Legion!”, dice mientras le retiran. Los muertos y heridos van amontonandose detras del neoue*o nara- peto. Abundan los tiros en la cabeza y el joven médico del Rio se multi- plica intentando curarles. “A éstos nonedles el sombrero”, dice. Son los que no necesitan ayuda y tienen el crdneo destrozado. Con- tintian los gritos de {Viva Fspaia y Viva la Legion!, mientras lo mas florido de los legionarios cae muerto. Una voz grita: “[EI teniente!, jel teniente! Le han herido.” Dos legionarios saltan el parapeto y retiran ranidos al teniente Juan Sanz Prieto. Tiene la cara ensangrentada: la sangre fluye de su-boca des- trozada, pero ain grita, animoso, un “Viva la Legion”. También ha sido herido en los brazos el teniente Sebastian Vila Ola- ria. Un sargento retrocede desde los primeros nuestos con la cara roja de sangre; le han herido al pie del camién, pero exclama alegremente: “jMe han herido, pero le he matado!!” Se retiran las cajas de material del paraneto avanzado, y finalmente llegan un cabo y un soldado cargados con los fusiles. Les abrazan otros soldados. Se ha recuperado todo, Se levantan nuevos naranetos mientras el combate continiia empefiado durante el dia: del Gurugii bajan refuer- zos para el enemigo, e intentan reaccionar sobre nuestras Ifneas, nero se les hace caer constantemente. Jos vivas y ovaciones se reniten en nues- tras filas. Los Regulares, por la izquierda, también luchan bravamente. Fl tabor del comandante Ferrer ha sido muy castigado- el enemigo ha defendido su terreno palmo a palmo. Comunican que Gonzalez Tablas acaba de ser herido y nuestro teniente coronel, Millan Astray, que narticina en la ac- cién, toma el mando de toda la Iinea. Fl fuego sigue. Fl teniente Martin Penche Martinez, ave nor muerte de uno de los apuntadores, dirige el fuego de una de sus ametralladoras, recibe un balazo en la cabeza. Se le recoge muerto: un hilo de sangre brota de su frente. 113 También ha sido herido el teniente José Manso Vaquer. Un practicante y varios soldados del Regimiento de Sevilla, que acu- dieron varias veces a las guerrillas con gran espiritu, ayudan a los camille- ros en la sufrida y dificil tarea de retirar las bajas. El convoy ha podido llegar sin novedad a Casabona, y en retaguardia, hacia el Zoco del Had, se activa la construccion de un blocao. Poco antes de emprender la retirada, el enemigo empieza a bombar- dear el cercado con proyectiles de cafién. Empezamos a retirarnos y los moros intentan reaccionar, pero las tltimas secciones les mantienen a raya, lo que permite apartarse facilmente del lugar del combate. Las pérdidas marroquies habian sido tan elevadas gue aquello supuso el primer gran revés sufrido por Abd-el-Krim. Al regresar la columna a la base, el general Sanjurjo salié a recibirla y abrazé con emocién a Franco y a Millin Astray. Se habian perdido doscientos de sus mejores soldados. Las bajas de la Legion pasaban de noventa; la tercera parte de los hom- bres que fueron a combatir; cien fueron los miembros del tabor de Regu- lares. La Legion tenia que recibir una menci6n especial en los despachos de Berenguer; la primera de otras muchas que seguirfan. 114 LOS BLOCAOS DE LA MUERTE Lo eran casi todos, porque un blocao hecho con sacos terreros apenas si podia defender a sus ocupantes del fuego de cafién que les llegaba des- de las alturas, Sin embargo, hubo dos que se caracterizaron por la forma safiuda con que fueron atacados casi constantemente por los marroquies, Los testimonios legionarios los mencionan con mayor o menor detalle, incluso aquéllos que por el tiempo ya sdlo recogieron la leyenda de los protagonistas de otra época. Una de aquellas posiciones més batidas durante los primeros dias del asedio a Melilla, sufrio un encarnizado ataque en la noche del 30 de agos- to, segiin el relato del comandante Franco. A partir de las once de la no- che se empez6 a oir un copioso tiroteo desde el campamento. El pa-cum retumbaba constantemente en direccién a Taquel Manin, y se sunonia que algin blocao o posicién era atacado. EI horrisono fragor de las réfagas de fuego se alternaba con las aisla- das y ensordecedoras detonaciones de las bombas. Al acercarse al extre- mo de nuestros servicios, el fuego seguia con igual intensidad: a los sono- ros pacos sucedian descargas de fusileria. Los reflectores, a lo lejos, alumbraban el monte enfocando las vertientes del Gurugi y el blocao 115 Mezquita; al fuego de fusilerfa se unian las bombas de mano... unos tiros sueltos y luego un perfodo de calma. Nos impacientamos cada vez més, de minuto en minuto, de disparo en disparo. gDénde sera?, se preguntaba el legionario que también estaba en el campamento. Cuando intentamos dormirnos, se recrudece el ata- que; son las tres de la manana, las descargas vuelven a repetirse y los dis- paros del enemigo se suceden largo rato; unos disparos mas y la noche vuelve al silencio. El espfritu de acudir al fuego, que estd en el Credo del legionario, surge en nuestros corazones. Cuando el alférez Lezcano, el ayudante menudo del Teniente coronel, vino a poner a todos en pie, ya estabamos yestidos, apercibidos y con el correaje puesto para ir en socorro de quien necesitase nuestro auxilio, fuese quien fuese. Millan Astray ya habia hablado con el general Sanjurjo, y a las cuatro de la mafiana todos los legionarios estabamos formados en el frente de Mezquita. Allf nos reunimos con los regulares, para organizar la columna y ascender por las pendientes laderas de Taguel Manin. La marcha hacia el lugar donde se desarrolla la tragedia no fue larga: desgraciadamente, no hay que andar mucho desde Melilla para toparse con el enemigo en estos dias. Entre el barranco del Lobo y Melilla. en este ondulado paisaje, hay un blocao situado en una gran prominencia. No sé atin cémo se llama, confesara Carlos Micd; los legionarios también ignoran su nombre. Los jefes si saben que se llama Taguel Manin o Mezquita, después slo se conoceré por blocao de la muerte. La columna: Legién, Regulares de Ceuta y alguna Artillerfa y unos Ingenieros, al mando de Sanjurjo, llegé, Ilegamos, a lo alto de la montafia donde se encuentra el pequefio blocao. Antes de llegar al mismo blocao hicimos una media parada en las inmediaciones de un caseron abandona- do, a unos 200 metros de aquél. La Legién, siempre los primeros a ver qué pasa, a la vanguardia de la columna. El capitan Sueiro se adelanta con su compafifa para apoyar la defensa del blocao con sus ametralladoras, y se acerca a él. Desde el in- terior nos reciben con una descarga. jEh, no tirar!, gritamos avanzando. Pero continian los disparos. ,Cémo es posible? ;Qué ha sucedido? Tanto el capitan Sueiro como sus hombres y cuantos lo hemos pre- senciado, nos damos cuenta de la situacién. ;Los enemigos estan dentro de nuestra posicién! Nadie retrocede a pesar de la sorpresa. Sentimos un 116 sibito sentimiento de rabia, de rencor, de odio, de venganza, y al grito de jViva la Legién!, corremos enardecidos tras el comandante Franco, que va el primero de todos, a cuerpo descubierto, con los brazos abiertos como aspas de molino y dando alaridos de entusiasmo y saltos por los riscos. Los moros que habia dentro ni resistieron mucho tiempo ni vivieron més. {COmo describir la feroz alegria de un asalto a arma blanca, y todo el horror que deja después, para siempre, en el fondo del alma? Fs como enfangar un poco nuestra conciencia para sobresaltar nuestros mas apa- cibles suefios, En la narracién de Franco se han suavizado los tintes y suprimido el horror. Queda s6lo un escueto... “por un agujero del parapeto un grupo de moros se arroja barranco abajo y es perseguido de cerca por los legio- narios”. Pero sefialara que en el blocao reina el mayor desorden. Nos cadaveres de un sargento y un soldado, yacen apuiialados entre los sacos: un reloj colgado en la pared marca la hora: municiones, libros, panecillos, viveres, una botella de cofiac; todo revuelto en el reducido espacio que forman los sacos terreros. éQué ha sido de los veinte hombres que, al mando de un alférez de Ja escala de reserva, guarnecian la posicién? En la salida se encuentra un soldado muerto caido sobre las alambra- das; mas tarde aparecen otros tres cadaveres en direccién a la posicién, El doloroso espectaculo va explicando todo. Pero faltan el oficial y los demas defensores. Se reconocen los alrededores sin hallar rastro alguno. Se pregunta a la posicion y alli se encuentra respuesta. EI oficial ha bajado a ver al general. “Trae el traje roto, de su paso por la alambrada. Inconsciente, cuenta a todos su tragica noche. El gene- ral le interroga; le vemos alejarse y, sentado sobre una piedra, con la ca- beza baja, empieza su confesién. Cuando se levanta, el general esta muy contrariado. jDesgraciado!, exclama. “Cuando abandonaron el blocao quedaban en él el sargento herido y un soldado de cuota; se han portado muy bien, dice: ninguno de los dos quiso retirarse.” El fuego enemigo continia hostigando el blocao durante todo el dia, mientras los ingenieros lo van reparando para dejarlo itil y en condicio- nes de prestar servicio. Un cabo y quince legionarios quedaran alli de servicio desde entonces. En la accion ha muerto un soldado y seis legio- narios mas cayeron heridos. ual #/ Desde entonces el blocao sera conocido por el nombre de la muerte. Todas las noches recibira el ataque del enemigo, porque su situacién mo- lestaba mucho a los moros durante el dia. Se aprovecha la oscuridad de la noche y lo dificil del terreno para obligar a su abandono. Les chillan, arrojan granadas de mano, destruyen la techumbre y los legionarios siem- pre se defienden entre los sacos terreros. Por la mafiana se reedifica el blocao y se releva la guarnicién. Los relevos son indispensables en esos puestos avanzados. Lo reduci- do de las guarniciones mantiene a todos sin descanso, y los soldados, tras la tension nerviosa del combate, necesitan la tranquilidad reparadora del descanso. Saber que con el nuevo dia llegaba el relevo, evitaba el desa- liento entre los defensores. La descripcion de una de estas heroicas defensas, a la desesperada, de los blocaos, ha sido recogida con diferentes variantes, Fran las tronas de mas confianza y a ellas se les encomendaba las empresas més dificiles y de mayor riesgo. Merece la pena reconstruir esas vivencias, En el patio de la finca en que acampa la Legién, seis, siete y ocho legionarios permanecen en correcta formacién, mandados por un cabo. Casi todos ostentan ufanos una venda que cubre su gloriosa herida: algu- no en la cabeza; otro, en una mano; los mas sostienen un brazo en un pafuelo, a manera de cabestrillo. Son los bravos legionarios que acaban de ser relevados y han defendido heroicamente su blocao contra el encar- nizado ataque enemigo. Llegan con la ropa hecha jirones, manchada de sangre y quemada por los fogonazos; la cara y las manos negras del sol, el humo y el barro que forma el sudor con el polvo: las grefias, sobre los ojos, y unas barbas hirsutas e imponentes. Miran altivos y estan alegres, con la inefable satisfaccion del deber cumplido. El Teniente coronel ordena a uno que cuente escuetamente y sin fantasias cémo se ha pasado la noche, y uno, con la voz trémula de la emocion y la timidez, empieza el relato: “—Vera usted, mi teniente coronel: a las once de la noche empezaron a silbar algunas balas por encima del blocao; pero muy cerquita. ‘Va es- tan ahi —nos dijo el cabo—; callarse y no fumar, que no vean lumbre.” Tenia raz6n el cabo; casi no habia terminado de decirnos esto, cuando jzas!, una bala le pega al bote de pimientos que estaba en la aspillera y brillaba algo. gSabe usted? Ese bote que tenemos para tirar fuera de la posicién las aguas que no se pueden hacer dentro, ”—Abrevia, abrevia —interrumpié el jefe, que permanecia perfecta- 118 mente cuadrado ante los legionarios en perfecta actitud de soldado pru- siano. ”—Pues, a los pocos minutos, mi teniente coronel, los moros se ha- bfan acercado hasta las alambradas, y eran muchos. Nos tiraron piedras: nosotros no les contestamos, para ahorrar municiones. Teniamos muchi- simas, pero nos daba el corazon que nos iban a hacer falta. Nos decian: ‘Si vosotros salir sin fusilas, nosotros no hacer nada: si no, matar todos. Cabo Guerrero, dar fusilas y marchar Melilla, que nosotros no tiramos.’ ”’—Como sabian que el cabo se llama Guerrero? *—Pues porque habian estado emboscados tan cerca del blocao que pudieron oir nuestras conversaciones, aunque hablabamos muy bajo, mi teniente coronel. ”—Bien; sigue. ”—Pues les contestamos con una descarga. Cayeron bastantes, pero Jos que quedaron, que eran muchos, empezaron a dispararnos con los fu- siles, y se acercaron a tirarnos bombas de mano, que entraban en el blo- cao agujereando las planchas del techo; cada vez que entraba una dentro, caYamos al suelo, empujados por la explosi6n; algunos, heridos; pero nos Jevantébamos todos para seguir la lucha. Los moros, cada vez que nos lanzaban una bomba, nos insultaban: “Toma. Hijo de tal.’ Y gritaban y cantaban dando brincos alrededor de las alambradas, que ya estaban rotas por algunos sitios. ”Pero no se acercaban a los sacos terreros, mi teniente coronel, por- que nosotros, apuntando bien, no les dejabamos. Cay6 herido el cabo: no pudiendo levantarse, no permitié que ninguno se entretuviese en cu- rarle —tampoco hubiera sido posible, mi teniente coronel—. Nos dijo: ‘A ver, el mas caracterizado que tome el mando y cuidadito con flaquear el énimno o mirar a la puerta. Desde aqui le pego un tiro al que sea,” Y con el fusil en la mano no dejé de mirarnos desde el rincén donde estaba tumbado. Me dijeron todos que yo les mandase. ?’—~Hubo alguno que vacilase en el cumplimiento de su deber? ‘/”—Nadie, mi teniente coronel. Todos estuvieron a cual més valiente. Yel tiroteo no ces6 en toda la noche; nos tiraron mds de treinta bombas de mano. Muchas las devolviamos por las aspilleras y reventaban entre ellos, ’—,Quién esté mds gravemente herido? ”—Fulano. Por cierto, debfa sufrir mucho, porque se quejaba. Tuve que decirle que se callase: ‘Si te sigues quejando, voy a tenerte que ma- 119 tar, para que no te oigan los moros.’ Y como comprendié que iba de veras y sabe que yo hago lo que digo, no volvié a auejarse. Tos fusiles ya estaban casi al rojo vivo, de tanto disparar: no se nodian tocar, ardian. Algunos quedaron inttiles. Fsa era nuestra tinica preocunacion, porcue habiendo armas y municiones no habia para qué preocunarse. *_;Hubo alguno que no se nortase tan bien como los demas? ”—Ninguno, mi teniente coronel, 2 Quién fue el que mejor se condujo? ”_Nadie, mi teniente coronel: todos nos portamos igual. ”_. Estdis conformes con el relato que me ha hecho éste? SJ, sefior, mi teniente coronel. Conformes. Bien: da dos pasos al frente ~-dijo al que hablara, y le coloco en la bocamanga los galones de cabo- . Ya cue has mandado en momentos dificiles a estos hombres, quiero que los sigas mandando todos los dias. Ahora, ponte ahi, al frente de ellos. Y tii, cabo, también ascenderas. »Y uno por uno, a todos los del peloton, el teniente coronel, aue ha permanecido cuadrado rigidamente, sin mover un mitisculo de su cara, les ya dando la mano, recorriendo las filas v felicitandolos con estas laconi- cas palabras: Pista bien, esta bien, esta bien...” Los ataques al blocao de la muerte cesaron cuando lo defendid el cabo austriaco Herben, Era un hombre valiente e ingenioso- confecciono con latas, dinamita y balas unas ritsticas granadas de mano, y en la noche, cuando se reunia el enemigo en el lugar desenfilado de la barrancada, dis- puesto a atacar, se deslizaba, arrastrandose con su pranada a nunto de explosionar y la arrojaba en medio de sus atacantes. Una gran explosion, seguida de enorme griterfo y maldiciones fue el enflogo de los ataqnes al blocao de /a Muerte. Otro de los blocaos objeto de preferencia en los ataaues enemisos fue el de Dar Hamed, que recogié el sobrenombre de el /alo. Se hallaba situado debajo de las laderas rocosas del Gurugti, y también molestaba a los moros en sus agresiones. Fl dia 14 de sentiembre fue relevado el blocao y guarnecido de nuevo por un oficial con tronas del batallon dis- ciplinario de la Legién. Pero en la noche del 15 al 16 serfa atacado de nuevo y arrasado. Berenguer nos explicaré que el enemigo empezo a concentrar sus fuerzas sobre el flanco del camino nor el que habfan de nasar las colum- nas que ya tenia listas para ir en ayuda de Mador. Asi que esa noche, los moros atacaron con artilleria, bombas de mano y crecido contingente de 120 hombres. Es el blocao entre la segunda Caseta v Sidi Hamed, ave garanti- zara el naso de la carretera por el frente del hondo barranco de Sidi Musa, desde cuyas laderas se bate el camino, En la tarde del dia 15, el enemigo ya ha roto sobre él fuego de caS6n desde las laderas del Gurugit; un cafionazo ha cafdo en el blocao v su oficial es herido: el fuego de fusilerfa es, al mismo tiemno, muy intenso. El enemigo rodea y esnera conquistar el blocao. Desde la segunda Caseta avisan al Atalayon que el blocao tiene herido al oficial y necesita auxilio. Fn el Atalayén esta el teniente Agulla, aue manda las fuerzas destacadas de la Legion, y un legionario aue vive la noche y cuenta los hechos. A eso de las once, las sombras de la noche se vieron encendidas nor un fogonazo de cafién, que disparé contra el blocao el Malo, a una dis- tancia de ochenta o cien metros. La guarnicién del blocao contesté con una descarga. Alrededor de la nosicién se inflaman varias hosueras rani- damente, como alimentadas por gasolina. —4Qué es eso? —Las encienden los moros para los que sirven el cafién: asi tienen referencia y saben a d6nde disparar. Es horrible; la pieza no cesa de disparar. Fil haz de un reflector, ane envia su lanza luminosa desde uno de los barcos anclados en el nuerto, alumbra por ranidos segundos el drama: del blocao no queda mas que un pequefio montén de sacos reventados, cinc y astillas. .Y los hombres? {Qué angustia! El teniente Agulla quiere ir con sus hombres en socorro: no se lo permiten: sus hombres son necesarios en la defensa de su posicion. Fn- tonces retine a la trona: —jA ver, muchachos! jHay que ir en auxilio de nuestros hermanos! éQuién es voluntario? En seguida se adelantan varios hombres, tan inmediatamente ane parecian haberlo deseado antes de oir al teniente Agulla. Fs el esnfritu de acudir al fuego gue reza en el credo legionario: “La Legién, desde el hombre solo hasta la Legién entera, acudird siemnre a donde oiga fuego, de dia, de noche, siempre, siempre, auncue no haya orden para ello.” ~-Esta bien. Uno, dos, tres... diecisiete. Ti —me dice el teniente—, atras; separate del grupo, Y tu también. Vosotros os quedais aqui. V los demas, todos, gsabéis que vais a morir en esta empresa, cue tinicamente por un capricho de la Providencia puede salir alguno de vosotros con vida? 121 La voz del teniente vibra de emocién. Insiste en desanimarlos, pero una palabra undénime salié de todas las bocas, de todos los corazones: querian acudir en auxilio de nuestros compafieros. —Que la Virgen os guie y Dios os ampare y quiera devolveros con vida como gloria merecéis. —Mi teniente —dice uno—, como vamos a morir, no es cosa de que se pierda este dinero. Hagame el favor de entregarlo a la duquesa de la Victoria, para la Cruz Roja. Se llamaba Lorenzo Camps, habia cobrado dias antes su cuota y atin no habia tenido tiempo de gastarla. Entreg6 los cincuenta duros al oficial y su ejemplo cundié; cada uno fue depositando encima del asiento de una silla sus pequefios ahorros en billetes y monedas de pla- ta y cobre; hasta alguna alhajita. El muchacho rubio y debilucho, de mirada inteligente, que habia sido apartado conmigo, insistid en su anhelo de ir con los demas. Tird su pufiadito de dinero en el montén de las iltimas voluntades. —Pero, gno te he dicho que ti no vas? —Mi teniente, déjeme usted —pedia suplicante—. ;Cuando uno quie- ye morir, puede tener buenas razones que le asistan! ;éjeme, mi tenien- te, déjeme ir! Marché obstinado; no se le pudo negar el honor. Estrechamos la mano de aquellos dieciséis varones, como si diésemos a la Patria el apre- ton de manos. Salieron, dejando tras de si un vacio y una emocion inefables. La tierra parecfa retemblar, conmovida a su paso firme. Suceso Terreros Lopez y sus catorce legionarios iban saltando de pefia en pefia, blandiendo sus fusiles, desafiando a los moros, a los cielos, a la tierra y alos mares. Apenas si habia transcurrido media hora desde su marcha y yo, egoista, casi me alegraba de que Agulla no me hubiese dejado seguir mi primer y transitorio impulso. No hay igualdad; no lo quiere Dios. —zPor qué no me has dejado ir, mi teniente? —Porque te quiero; una suave almohada buena cosa es a la hora de la muerte. ;Callate! jPobre Agulla! ;Quién le iba a decir a él que no tardarfa en caer? “Porque algunos dias después, Eduardo Agulla Jiménez, el muchacho guapo y bueno, el héreules generoso y dulce, hallé la muerte gloriosa- mente en el campo de batalla.” Pasamos muy mala noche; el fuego de cafién contra el blocao Malo 122 no cesé hasta el amanecer. Nos preguntabamos: ,.Qué habra sido de aqué- llos?, dando a esta palabra un sentido de tiempo. Aquéllos intentaron llegar al blocao; el enemigo los ataca furiosa- mente y dos soldados caen heridos antes de cruzar las alambradas, pero son recogidos; cuando entran en el blocao encuentran al oficial grave- mente herido y otros soldados ya estan muertos. La noche ha cerrado y el enemigo ataca con mas safia; un enorme fogonazo ilumina la posicién. Los moros han acercado sus cafiones y bombardean furiosamente el blocao hasta hacerlo desaparecer y dejar sepultados a sus defensores. A la maiiana siguiente nadie salio a recibir al convoy de relevo. Todos los que guarnecian el blocao, el batallén Disciplinario, mas los dieciséis compafieros que fueron en su amparo, salvo uno gravemente herido, perecieron. Sus nombres han sido escritos para cantar la grandeza de la Legion. Suceso Terreros Lopez, Lorenzo Camps Puigred6n, José Toledano Rodriguez, Gumersindo Rodriguez, Francisco Lopez Velazquez, Angel Lorin Belber, Rafael Martinez Rédenas, Félix de las Ajeras Alba, Juan Vicente Cardona, Manuel Duarte Sosa, Juan Amorés Lerix, Enrique Garcia Rodriguez, Francisco Lépez Hernandez, José Fuentes Varela y Antonio Martinez Mena. jMuertos por Espaiia! 123 LA TOMA DE NADOR “Si alguno entra en este cuarto, sepa que hemos sido quemados treinta hombres y dos mujeres. Llevamos cinco dias sin comer y nos han hecho mil perrerfas. ”Asi, hermanos espafioles, vengarnos y pedir a- Dios por nuestras almas. Yo, Juan, el botero de Nador, natural de Malaga.” Ya estaban listas las fuerzas que emprenderian la reconquista de todo el territorio perdido. El enemigo acrecentaba el fuego de artillerfa y lo dirigfa sobre Melilla con las baterias situadas en la cumbre del Gurugii. Muchos proyectiles estaban cayendo en el barrio del Real y en la misma plaza de Espafia. El general Cabanellas, al fin, habia conseguido ocunar el Zoco el Arba, y dejo establecido el stock de municiones, indispensables para realizar el avance hacia Nador. Debian emplazarse baterias pesadas en el collado del Atalayon, para batir con fuego curvo el barranco de Tirka, desenfilando las baterfas espafiolas de las enemigas, situadas en Tetas de Nador y en Monte Arbés. La salida quedé programada para la madrugada del dia 17 de sep- tiembre de 1921. 125 Berenguer ya habia conseguido reunir un pequefio ejército; “una mezcolanza de unidades, deficientes en armamento, instruccién y ap- titudes, con batallones tan mermados que algunos no cuentan con mas de 450 hombres”. El nominal era de 800 hombres, incluidos los acemi- leros. El valor en ofensiva era extremadamente dudoso, pero decidié hacer todo lo posible, empleando la Legion y los Regulares, ahora bajo el man- do del Teniente coronel Emilio Mola, que sustitufa al herido Gonzalez Tablas. Serfan la punta de lanza; el primer objetivo se centré en Nador. En dos semanas se ocuparfa nuevamente la mayor parte de la zona situada al sudoeste de Melilla; todo lo conseguido en la campaiia de 1909-1910, incluyendo Monte Arruit, que fue reconquistada s6lo seis semanas después de su pérdida. He aqui las fuerzas reunidas por el general Damaso Berenguer: Columna de la Restinga (Genetal Miguel Cabanellas) 3 batallones 8 regimientos de Caballeria 2 baterias de montafia 8 baterfas a caballo 8 compaiifas de Ingenieros Servicios Total: 6.000 hombres Columna Sanjurjo (la vanguardia sobre Nador) 2 tabores de Regulares de Ceuta 2 Banderas del Tercio 4 batallones 1 regimiento de Caballeria (reorganizados del de Alcantara) 8 baterias del Cuarto ligero 2 baterias del Tercero de montafia 1 bateria del Primero de montafia 5 compafifas de Ingenieros Servicios Total: 8.500 hombres 126 Columna general Feaer ive Berenguer (grueso sobre Nador) 5 batallones de Infanteria 1 regimiento de Caballerfa 3 baterfas del Segundo ligero 2 baterias ligeras 2 batallones del Segundo de montafia 8 compaiifas de Ingenieros Servicios Total: 7.500 hombres Total de fuerzas que iniciaron el avance: 22.000 hombres. Reserva general (General Tuero) 3 batallones 1 bateria ligera 1 bateria de montafia Servicios Total: 3.500 hombres. Las confidencias recibidas sefialan un elevado nimero, varios miles, de moros enemigos. Se encuentran atrincherados en el poblado y lomas que lo dominan. Cerraran el paso y hardn que el combate sea empefiado: no obstante, a todos se les hacen lentos los momentos que les separan del camino de la reconquista. “Era, como todos saben, la madrugada del dia 17 de septiembre —jes la Gnica fecha que no se me olvidard nunca!—, la madrugada que siguid a aquélla en que enterramos los cadaveres de ‘los quince voluntarios de la muerte’ y los de los disciplinarios que, guarneciendo el blocao el Malo, terminaron su vida con gloria. La legada de la columna de Sanjurjo con la 1.2 y 2.2 Banderas de la Legion nos levanté el animo, abrumado bajo el sentimiento por el sacrificio de nuestros compafieros. Abrazamos emo- cionados a los primeros que se acercaron, contandoles el episodio. En seguida nos sentimos invadidos por los afanes del nuevo dia que empezaba. Mientras se concentraban las tropas en el terreno que se extiende sinuosa- mente desde Sidi Hamed hasta el Atalay6n, los que han arribado prime- ro, legionarios y regulares de Ceuta, se tumban en el suelo, buscando 127 reposo; yo con ellos, Son muchas las fuerzas que vienen detras, y hay tiempo para descansar mientras se organicen las columnas: es toda una division, que manda el general Cavalcanti, con las columnas de Sanjurjo, Berenguer (Federico) y Tuero: vanguardia, centro y retaguardia, respec- tivamente. ”La escuadrilla de aeroplanos vuela sobre nosotros, de camino a Na- dor; bate el caserfo y las llanuras inmediatas. En la laguna Bu-Erg estan desde ja noche anterior dos gasolineras, dos baterfas flotantes Schneider, de montaia y ligera, y un caiion, del Alfonso XII. Tiran sobre el enemi- go, dispersandolo en algunas zonas. “Las baterias de Uierra emplazadas en primera linea contienen al enemigo, que se aproxima tanto para enfilarnos a los que estamos en la barrancada, que llegan a herir de fusil a algunos, entre otros, segiin me entero, al capitan Ruano de! Regimiento Mixto. ”E] espectaculo es bello, emocionante. »Varios barauitos se deslizan veloces, como esos bichos diminutos que parecen patinar por las aguas y vulgarmente se llaman “zapateros”. Tienen la mision de aprovisionar de municiones las baterfas flotantes. *E] fuego es intenso, estrepitoso, ensordecedor: se adivina una noble emulacién entre las fuerzas de tierra y mar. Sl enemigo contesta, no sola- mente con fuego de fusileria: los caitones que tiene emplazados en las Tetas disparan con safia, acompafados por los que tiran desde el monte Harli, Algunas granadas van a perderse en el fondo del mar, de la laguna o en las arenas de la playa; la que no cae entre nosotros nos abanica a su paso, silbando tragicas y tronando con un ruido de rodar muy caracteris- tico. Cuando los legionarios ofamos ese desgarrador tronar, varias veces lanzabamos un epigrama o un chiste, despreocupados. ”Al globo observador, que empieza a remontarse desde la falda del Atalay6n, los moros le tiran tres caiionazos que caen cerquisima de él- tan cerea, que el acierto de los enemigos levanta exclamaciones de admi- racion entre varios legionarios. Algunos apuestan: “jQue le dan! ;Que le dan!” Hasta que los jefes rifien paternalmente: “ay que comprimirse.”” Las columnas estan listas. Tenemos que levantarnos. “Desplegamos en la vanguardia del general Sanjurjo bajo el fuego enemigo: nosotros por la derecha, por el sitio desde donde tiran: mas a la izquierda, los Re- gulares de Ceuta. Nos apoyan los batallones de Toledo y Zaragoza, un poco absortos de vernos avanzar. Hemos de recorrer la parte mas acciden- tada y peligrosa: las estribaciones orientales del Gurugii, la serie de 128 El teniente coronel Millian Astray y el entonces comandante Francisco Franco, en una parada de la Legion. El teniente coronel don Francisco Franco, cuando era comandante en jefe de la Legién Espajiola. colinas cortadas por los grandes barrancos en que estén parapetados y ocultos los enemigos; ir a las Tetas de Nador, objetivo principal y lave del poblado y de sus Ilanos. "Es magnifico, bello, grandioso y solemne el espectaculo bélico. Uno se exalta, se enardece. Queremos avanzar mds aprisa, inquietos, desaso- segados como potros; pero no se puede correr més sin que, por avanzar demasiado, nos situemos en la zona que baten nuestros shrapnels, que estallan en el aire como pompas de jabén, dejando en suspenso unos copitos de humo-que tardan en desvanecerse algunos segundos. “La operacién va desarrollandose como si estuviésemos en un campo de maniobras. Avanzamos por saltos sucesivos, interponiendo la artilleria de las columnas, la de las posiciones, escuadra maritima y escuadra aérea una espesa catarata de metralla entre nosotros y el enemigo, pasando por encima de nuestras cabezas. Los shrapnels estallan encima de los grupos moros, que vemos dispersarse y caer mientras que las granadas rompedo- ras destruyen las casas desde donde algunos enemigos, haciéndose fuer- tes, nos tiran incesantemente. Es imponente, magnifico, espléndido, grandioso el espectaculo. Nos sentimos invadidos de un lirico entusiasmo; la Cancién del soldado, que entonan centenares de voces, apaga el ruido fragoso de la batalla, que nos enardece; la musica del plomo, que silba, nos acompaiia en el cantar. De vez en cuando los grandes proyectiles de los acorazados cruzan la Mar Chica y arrancan al aire singulares sonidos, sembrando la destruccién y la muerte. ’Avanzamos varios centenares de metros. Como me quedé un poco detras recogiendo un herido que cayé entre las patas de mi caballo, hube de dar una galopada para alcanzar a mis jefes, que habian seguido avan- zando. Mi pobre Cacique, que tantas veces me salvé la vida, al Hegar al grupo que formaba mi teniente coronel con el comandante de la 1." Ban- deva y el capitan de la primera compaiiia, empez6 a decaer en sus ener- gias hasta que cay muerto. Se le habia alojado una bala en el pecho. El teniente coronel mand6 a todos “pie a tierra”, apeandose él mismo. Hubo un alto para nosotros; las guerrillas seguian avanzando, dispersén- dose, aumentando el radio de su accién, internandose hasta unos limites temerarios. Los camilleros que iban hasta ellos, hacian continuos viajes. El puesto de socorro estaba muy concurrido. Habia mucha carne. ”E] paso de la barrancada y avance sobre las lomas de Nador esta dificil; por ello avanza nuestro teniente coronel hasta las guerrillas a do- 129 minar el campo y dar las ultimas disposiciones de ataque. Los dos Francos, comandante y capitan, son requeridos para que empiecen a adelantar la primera ola de asalto, y cuando el teniente coronel sefiala al comandante Franco el puesto que debemos ocupar en el asalto, el chasquido caracte- ristico del balazo derriba en tierra a nuestro querido jefe. Abundante sangre mana de su pecho: ha recibido en él una grave herida, y mientras le retiramos para que se.efectiie su primera cura, el coronel Castro Girona llega a ordenar la-accién. ”Un grito como rugido sale de los legionarios: ‘jE] teniente coronel esta herido!’ Corre la voz, y por los hombres pasa una nube de dolor y de tristeza, de desconcierto, hasta que, reaccionando, alguien dice: ‘jA ven- garlo!’ Y como las aguas del Nilo que se desbordasen millares de hom- bres invaden arrolladores el campo enemigo a sangre y fuego. “Los legionarios avanzan decididos, corriendo por la barrancada; de- jan atras a los caidos, que camilleros incansables retiran a los espacios desenfilados. Unos'camilleros conducen a un soldado herido; uno de ellos cae alcanzado por el plomo enemigo, y el otro, activo, lo desenfila en una cuneta; ya lo recogeran los que vienen detrds, Otro, moribundo, quiere hablarnos al paso; nos detenemos unos segundos, pero no puede, expira en el esfuerzo. Un soldado, con un balazo en el pecho, corre animoso a nuestro lado; sigue combatiendo; desfallecido y sin fuerzas es Ilevado més tarde a la ambulancia. *Llegamos al barranco de Amadi; hay que entrar en sus casas, desde donde nos tiran algunos moros que se han refugiado en ellas, ”,Cémo describir la lucha cuerpo a cuerpo, al arma blanca, a culata- zos, a cuchilladas de machete, a puntapiés y mordiscos? No sé decir de mi sino que ain ahora no me doy perfecta cuenta del episodio, cuyos detalles, que después han pretendido recordarme actores de él, he olvida- do, Ahora siento miedo, horror. ”;E] aliento apestoso a cebolla de aquel moro con el que caf abraza- do, es lo que mas persiste en mi recuerdo, dindome todavia nduseas! ”Al salir del poblado en direccién a los picos de las Tetas, limpidn- donos el sudor y registrandonos la piel con las manos Ilenas de sangre pegajosa y negruzca, mi compafiero Mauricio me ensefia una gumia que ha razziado, y la desenvaina. Me dice: ”—Ksta se la envio a mi madre, como recuerdo. ”Y cae hecho una pelota, engrupado, con las manos apretandose el vientre: 130 ”— Mi madre, mi madre, mi madre, mi madre...! ”Y expiré asi. ”Y al proseguir mi camino pongo el pie en una piedra, que rueda, y caigo. Me he despellejado la mano y me duele mucho el codo izquier- do. Sin duda, pienso, me he dado contra una piedra. Y sigo hasta que en- cuentro un puesto de socorro, Al frente esta curando febrilmente a los heridos el médico Antonio Saro, el capitan inteligente y bueno con quien até fuertes lazos de amistad en mi vida legionaria. ”— Qué te pasa, que tienes tanta sangre que te corre por la mano? Yo no lo habia advertido, y le comenté: ”—Nada, que me he cafdo; una contusién en el codo, que me duele mucho. ”Y viendo mi brazo desnudo, me dijo: ”—Si, una contusidn con orificio de entrada y salida; una herida en sedal. Vete atrds, al camién Lhoner. Me entra una alegria muy grande, con no menor vanidad —una vani- dad pueril si se quiere—. jHe sido herido! El corazén parecia dictarme, por dentro: ;Viva la Legién! ;Qué inmensa alegria, una alegria que no se paga ni con el brazo entero! ”En el camino hacia atrés me paraba para ver como proseguia la ba- talla. La lucha se resolvia a nuestro favor; cuando miraba cémo los Regu- lares y los legionarios avanzaban en avalancha, arrollandolo todo y arra- sando e incendiando, gritaba solo en un cerro, en gran exaltaci6n: ”—i Viva Espajia, viva, mecachis en diez! ; Viva Espafia! ”Y lloraba de alegria, tirando mi sombrero en alto. ”E] avance seguia impetuoso. Se escalé sin muchas dificultades la loma de Sidi Ali; se sostiene en ella una lucha muy empefiada con nume- rosos nticleos que estén apostados en un barranco inmediato. Desde don- de me encuentro se ve todo muy bien; la artilleria cambia de posicién, avanzando; las guerrillas toman el barranco a la bayoneta y ganan la si- guiente loma. ;Viva la Legion! El enemigo huye delante de nosotros, y es un dolor que, por ir tomando todos los objetivos, dejemos la fuerza yepartida y nos encontremos sin reservas para activar la persecucion. ”La caballeria rifefia, resguardada a la expectativa tras el caserio de Nador, al ver el decidido avance de las guerrillas, les sale al paso, caraco- leando con sus habituales fantasias, pero las baterias flotantes les hacen pagar caro su osadfa; caen a tierra caballos y jinetes, y los que quedan vivos se dispersan a la desbandada. Los escuadrones de Alcantara y el 131 regimiento de Lusitania entran en el poblado en impetuosa carga, como un alud. Los regulares y legionarios ya han coronado las crestas de las Tetas. El coronel Castro Girona marcha al lado del comandante Franco. Desde hace dos dias va como jefe de vanguardia. Dice: ”—.Vamos a Monte Arbés? ”—Al momento. »”Y, sin esperar a las otras unidades, avanzamos rapidos, antes de que el enemigo se rehaga, coronando el iiltimo objetivo. En el camino encontramos varios moros muertos. Una joven y bori- ta mora yace tendida en tierra. Sus vestiduras blancas tienen sobre el corazén una enorme mancha roja; su frente todavia conserva calor. Los legionarios la miran con amoroso respeto; entran en Monte Arbés y per- siguen al enemigo que huye por el Ilano. La artilleria avanza a vanguardia; sigue horrisona la orquesta de la muerte con su estruendo; fusilerfa, tableteo de ametralladoras, cafiona- zos, y el poblado de Nador es recuperado. La emocién se hace mas intensa y solemne entre los vitores y acla- maciones que se oyen; los barcos se adornan con el galardén de sus ban- deritas y atruenan el espacio con el lamento apocaliptico de sus sirenas; se vitorea a Espaiia en el mar y en la tierra. »Nuestras bajas en ese dia han sido ocho muertos y veinticinco heri- dos, y herido grave nuestro Teniente coronel. Un olor insoportable invade el poblado de Nador; los muertos se amontonan en las casas y patios, y en todas partes se encuentran serios yestigios de la cruel rapifia. El pueblo ha sido convertido en un enorme cementerio, y solo en nuestro campamento, apartado de las edificacio- nes, se respira a gusto. Aqui nos estacionaremos hasta la ocupacién de Segangan. Desde el primer dia la tropa se extiende por los alrededores, y en los aduares recogen objetos diversos: camas cogidas en el saqueo por los mo- ros, maquinas de coser, sillas, mesas, carros, pequeiios volquetes. Todo se va amontonando en el campamento. Las planchas de cine, puertas y ventanas, abundan, y con todo ello los legionarios construyen las peque- fias chozas que les han de abrigar de las inclemencias del tiempo, Algunos se alejan por el ano y son tiroteados por el enemigo, que nos causa algin herido, e impone el establecimiento de una vigilancia en las huertas que limite las incursiones de los legionarios. La limpieza del poblado adelanta, los muertos son enterrados, pero 182 es tanto lo que hay acumulado, que se necesita tiempo para higienizar este enorme cementerio. La vida sigue tranquila; los legionarios descan- san un poco de su actividad anterior y guarnecen el sector de las huertas por la noche. El 23 concluye el deseanso. Este dia ha de efectuarse una operacion a la altura de Tahuima, la cuarta Caseta y el aerédromo.” La toma de Tahuima resulta una operaci6n sencilla. Apenas unos tiros y los legionarios, que la abordan de frente, Ilegan a la pequefia torre que tiene forma de antigua fortaleza. Los préximos montes de Beni-bu-Ifrur aparecen coronados de numerososmoros dispuestos a hostilizar a las tro- pas, pero la artillerfa los dispersa en seguida. Al atardecer se regresa a Nador, a donde ya ha Iegado la columna de Cabanellas, procedente de los Pozos de Aogroz. En este repliegue el bravo capitan Garcia Martinez, de los Regulares, ha sufrido una herida gravisima en la cabeza; una bala ha atravesado sus gemelos, cuando se disponia a colocar en posicién sus ametralladoras para prestar auxilio a las fracciones de otra columna. Por lo visto hacia dos afios que debfa ser comandante y su propuesta de ascenso estaba pendiente de la resolucién de las Cortes, Franco se hace sensible al hecho porque él también sera objeto de una accién similar. En Espaiia, los jun- teros no cesaban en su accién contra los ascensos por méritos de guerra, y los oficiales antiafricanistas de las Juntas hallarian en el desastre de Annual un poderoso motivo para desencadenar una dura batalla de en- frentamientos en el seno del Ejército. Batalla que se prolongaria hasta finales de 1922, cuando el rey y su esposa asistieron a las ceremonias militares de Sevilla, en que debian condecorarse a Sanjurjo, al teniente coronel Gonzalez Carrasco y a su unidad de Regulares marroquies.\Los oficiales de Infanterfa de la guarnicién de Sevilla armaron un escdndalo y boicotearon la ceremonia, como partidarios de las Juntas. El 7 de no- viembre, Millan Astray, uno de los principales blancos del odio de las dJuntas, escribié una carta abierta al rey; intentaba impresionar a la opi- nion publica presentando su dimisién y declarando que no podia perte- necer a un Ejército a cuyo mando habia dos poderes diferentes; “uno legal, el del Gobierno, y otro subversivo, el de las Juntas de Defensa”. El comandante Franco también envié un telegrama desde Marruecos expresando. la total solidaridad de los oficiales del Tercio con su jefe y aiiadiendo que los oficiales de Artilleria también pedian la inmediata disolucién de las Juntas. Pero seis dias més tarde, el 18 de noviembre, una Real Orden disponia el ceée del teniente coronel Millan Astray como 183 jefe del Tercio de Extranjeros y su pase a la situacién de disponible. Y esto, a pesar de que un ajfio antes, tras la reconquista de Zeludn, el general Miguel Cabanellas, africanista conocido, dirigiese a la Junta de Infanterfa una carta abierta, que fue extensamente difundida y en donde, entre otras cosas, afirmaba: “Acabamos de ocupar Zeludn, donde hemos enterrado 500 cadaveres de oficiales y soldados, Estos y los de Arruit se defendieron lo bastante para ser salvados. El no tener el pais unos millares de soldados organiza- dos les hizo sucumbir. Ante estos cuadros de horror, no puedo menos de enviar a Ustedes mis mas duras censuras. Creo a Ustedes los primeros responsables, al ocuparse sélo de cominerias, desprestigiar el mando y asaltar el presupuesto con aumentos de plantillas, sin ocuparse del ma- terial, que atin no tenemos, ni de aumentar la eficacia de las unidades. Han vivido Ustedes gracias a la cobard{a de ciertas clases, que jamds com- parti.” 134 ASI CAEN LOS LEGIONARIOS La campafia para la reconquista del territorio de Melilla continué desarrollandose de manera encarnizada. Abd-el-Krim no estaba dispuesto a perder su ganado prestigio ni a renunciar a su intento de constituir un gobierno rebelde e independiente en el Rif. Se le habian agregado mu- chas cabilas y disponia de fuerzas suficientes para oponerse y disputar el terreno a las tropas espafiolas. Los legionarios, junto a los regulares de Ceuta, los de Melilla habian desertado en su mayoria para unirse al enemigo, siguieron formando la punta de lanza de la vanguardia; ellos eran los que combatian a pecho descubierto, daban la cara y hundfan la bayoneta. Las otras fuerzas que integraban las diferentes columnas, sin desmerecer, apoyaban eficazmen- te el avance con el fuego distante de la artilleria y con el seguimiento de sostén a las guerrillas. Las Laureadas, las Medallas Militares, las Cruces de Maria Cristina, entre otras muchas condecoraciones, llegaran a montones para recompen- sar el esfuerzo y heroismo que puso la Legién alli donde actuéd con su presencia. Casabona y Nador habian constituido el gran comienzo de un historial largo y leno de proezas legionarias, que resultan imposibles de 135 tecoger en un libro. No obstante, para matizar la psicologia legionaria y abocetar la vida-en campafia de este Cuerpo, atin reconstruiré con los diferentes datos reunidos, algunos hechos de armas que dieron gloria e historia al Cuerpo. La accion més inmediata tuvo lugar el 2 de octubre, cuando atin se permanecia acampados en las Tetas de Nador, desde donde se domina el llano que se extiende hasta Sebt. Al fondo, en el horizonte, se alza Atla- ten con su negro y cortado espolén; a la izquierda, entre los montes de Beni-bu-Ifrur, destaca el Uisani con su pico cubierto de nubes; a la dere- cha de los montes del Gurugi bajan enormes torrenteras, cruzando la llanura como enormes trincheras. En ese escenario, en ese llano manchado del verde de las chumberas, se desarrollarfa el gran combate. A la columna de Sanjurio se le ha sefia- lado como objetivo, una vez rebasado Sebt por la derecha, ocupar la antigua posicién de Ulad-Dau, en la meseta del mismo nombre. La columna de Berenguer. atacaria Sebt de frente, y la de Cabanellas, por la izquierda, vigilando los pasos de Beni-bu-Ifrur. La Legién sale de Nador y se concentra en el camino de Monte Ar- bos; los regulares se concentran a su derecha, y a retaguardia se alinean las baterfas con el resto.de la columna; pero han de esperar a que se con- centre la columna de Berenguer y salga frontalmente. En la posicién de Sebt y en las chumberas proximas se aprecia’nume- roso enemigo; dos grandes guerrillones, en aparente descubierta, ocupan los barrancos y trincheras. Md4s grupos numerosos se descubren en las faldas del Gurugi y de Ulad-Dau. Cuando al columna se pone en marcha, los legionarios desfilan can- tando la Madel6én; ain no se tiene himno propio y la Madelén seguird, internacionalmente, hasta los labios mas recientes. Las compafifas for- man en lineas de a cuatro, con sus secciones separadas y los primeros soldados en despliegue. a frente de ellos, animoso y alegre, el teniente Eduardo Agulla. Dos legionarios, antiginid oficiales alemanes, acttian como enlaces del capitdn de la segunda compaiifa. Se habian incorporado el dia anterior y pidieron un puesto en‘el frente; sus rostros blancos destacan entre los curtidos de los demas soldados. El combate se entabla al pie de Monte Arbés, nada mas salir las gue- rrillas de los cercos de chumberas. Los regulares avanzan por la derecha y los legionarios al frente se lanzan a tomar la linea primera del barranco. 136 Otras unidades refuerzan la guerrilla, pero el combate se hace impetuo- so. Los soldados caen y en los.espacios desenfilados de las barrancas se yan agrupando los heridos. La artiller’a de Monte Arbés concentra sus fuegos sobre la izquierda del frente de combate. El enemigo se defiende bravamente en las barran- cas y trincheras; en una es herido gravisimamente el teniente Agulla. Es- taba en. una trinchera muy batida por el fuego enemigo; varios legiona- ios habfan caido heridos o muertos; tiraban mucho, mucho, pero no podia saberde desde donde; no ver al enemigo, es siempre enervante. Agulla, con bravura serena, rampando como un leon, se puso en pie en- cima del parapeto. El fuego enemigo se hizo. mds intenso; las balas le pasaban muy cerca, “afeitandole”. Estaba muy enfilado, Un primer pro- yectil le atravesd el ala del sombrero. Antes de que pudiese saber desde dénde tiraban, para batirlos, cayé desplomado, herido en la cabeza. En la segunda barrancada aparecio muerto un legionario alto y péli- do; era uno de los oficiales alemanes. Su compafiero continuaba luchan- do en la guerrilla, El teniente Francisco Urzaiz Guzman, herido en el vientre, pasa cantando mientras le llevan en camilla. —jNo es nada, muchachos! {Viva la Legion! —dice a los legionarios que encuentra a su paso. El capitan Franco Salgado, de la primera compaiifa, también cae herido durante el avance. El fuego se suspende unos instantes; los legionarios ven una guerrilla de moros con traje kaki que salen de una trinchera préxima. El oficial ordena que no se dispare, que son regulares. Pero los moros, desde unas piedras, se vuelven y disparan una descarga. {Eran enemigos! Los legionarios avanzan contra la iiltima trinchera, donde el enemigo se hace fuerte y opone gran resistencia. Dos compajifas se lanzan al ata- que cuando la artillera de Monte Arbés les envuelve en el humo de sus disparos; caen heridos varios legionarios y el teniente Carlos Espafia, pero se consigue ocupar Ja trinchera. El avance ha costado mas de cien bajas; el enemigo también ha deja- do numerosos muertos en las barrancadas, Los regulares, por la derecha, también han encontrado gran resisten- cia, Cuando van a reunirse las dos fuerzas, el teniente coronel Emilio Mola es herido; pero la primera parte del objetivo se ha cumplido. Sélo falta continuar hacia Ulad-Dau. Las guerrillas se lanzan a trepar por la pendiende loma antes de que 137 el enemigo huido tenga ocasion de organizar su defensa. Un legionario y un regular se disputan la entrada en el pequefo aduar; el moro recibe una grave herida en el vientre y el legionario encuentra la ocasién de poder vengarle. Los legionarios seguian ocupando el frente de la posicién y avanza- dilla; los regulares se situaron por el borde de la meseta, donde serian reforzados por la quinta compafifa de legionarios. El] enemigo no cesaba de hostilizar desde las huertas y barrancadas. Una seccién de la primera compaiiia ha quedado al pie de Ulad-Dau, junto al morabo, y alli cae herido de dos balazos el teniente José Calva- cho Petano, que mandaba a los legionarios. Las secciones de ametralladoras aleanzan Ulad-Dau después de una fatigosa ascension, y cuando ocupan una importante posicion de fuego a la derecha de las casas, el teniente Rafael Montero también recibe una gravisima herida en la cabeza. Se le cree muerto, y con la cabeza envuel- -ta en un saco terrero lo retiran hacia la ambulancia. Durante todo el dia se combate duramente, en especial por las pejias ocupadas por los regulares. La retirada se les presenta bastante diffcil, porque el enemigo permanece muy cerea y aparece a pocos pasos de los regulares. El fuego mortifero de la fusileria legionaria salva un poco la situacién hasta que llega la oportuna intervencién de la artiller‘a de mon- tafia del Grupo gallego; coloca sus explosiones en medio y detiene el avance de los moros a la vez que facilita la retirada de los regulares. Durante la retirada también es herido de gravedad en la cabeza el teniente Federico de la Cruz Lacaci, con lo cual la Legién acaba la jor- nada con 148 bajas de tropa y siete oficiales. Los soldados se han mos- trado incansables en la lucha, y las ametralladoras acreditaron su valor y resistencia. Al dia siguiente, la 1.* Bandera serd la encargada de acompaiiar el convoy a Ulad-Dau para retirar a los heridos y aprovisionar las posi- ciones. Dos dias mas tarde, el 5 de octubre, se emprende desde Ulad-Dau la conquista de Atlaten, donde la 2.* Bandera, al coronar la cresta, pierde al teniente Juan Ochoa Olaya, herido de bala en el corazon. Unos pro- yectiles de la propia artilleria vuelven a explosionar entre los legionarios y el comandante Fontanés queda tumbado en tierra; afortunadamente s6lo tiene ligeras contusiones, pero a su lado yace un viejo legionario con una pierna destrozada, 138 Después de un breve descanso, la primera y segunda compafifas salen a reforzar a la quinta para el asalto final, mientras se retira al teniente Gabriel Navarrete, herido de dos balazos en el cuello y pierna. Lo llevan entre dos soldados y no hace mas que repetir: —jNo he podido llegar, me han herido, me han herido! Pero en el fortin ya entran sus legionarios y pronto ondean las dos banderas en lo alto de la derruida fortaleza. Son las banderas de la Le- gidn (1); al pie de ellas agoniza un negro y atlético legionario de la se- gunda compaiifa; mientras los harquefos se alejan por los caminos de Uisan y valle del Maxin, perseguidos por el fuego de las ametralladoras y baterfas. A partir de este dia, los regulares de Ceuta regresarén a embarcarse, los pocos que ya quedaban, para ir a buscar en la otra zona una muerte gloriosa. El] Raisuni ha reaccionado atacando por sorpresa las posiciones de Akda el Kola, en el sector de Teffer, en Larache, dando muerte a toda la guarnicion y apoderandose de la artilleria. También, en el sector de Gomara, se activaban los ataques contra las posiciones de Magan y el fuerte de Uad-Lau, con lo cual volvia a estable- cerse una guerra en dos frentes. La legién, sin embargo, contintia. Desde Atlaten, como en un paseo militar, la 1.* Bandera se descuelga a ocupar los fortines y luego el- po- blado de Segangan. El polvorin de las minas habia sido volado por los moros, en un calculo fallido sobre la posible Ilegada de los legionarios, que se entretuvieron en subir la ladera. El poblado de San Juan de las Minas habia sido respetado en parte. Muchas casas han sido saqueadas, y destrozadas puertas y ventanas. Los legionarios van recogiendo los mil cachibaches: platos, cucharas, sillas, todo lo que los moros han saqueado y abandonado en su huida. (1) La negra de los jabalfes y la roja de las éguilas. 139 _ TAXUDA; GLORIA A LOS MUERTOS Hasta que no se conquisté Taxuda, la resistencia de los harquefios fue tenaz y continuada. Abd-el-Krim empleaba a todos sus moros con obsti- nada ferocidad. Primero defendian el. terreno safiudamente, lo disputa- ban con ardor, y luego, aprovechando los momentos de retirada, se echa-. ban encima, ganando la cresta o el terreno perdido, para sorprender con su fuego a la tropa espafiola en repliegue. Los marroquies conocian bien el terreno y lo aprovechaban al maxi- mo, disimulando la situacién de los tiradores, ocupando las crestas y ac- tuando en las retiradas; era lo que ellos lamaban con palabras espaiiolas saber manera. Y en esta guerra, era indispensable que todos aprendieran a saber manera. 1 Si la Legién escribié con sangre y gloria paginas heroicas en Taxuda, parece ser que las harcas de Abd-el-Krim también se cubrieron de honor y fueron citadas como ejemplo de cémo se defendia y morfa en Taxuda. Pero Taxuda hubo de ganarse en una larga batalla de dos combates horrorosos, con un mes de tiempo entre el primer asalto y el segundo. Al- gunos protagonistas han dejado testimonio de la ferocidad desplegada en la acometida. He aqui un testimonio: 141° “Cuando asaltamos la loma, nos esperaban escondidos entre las pie- dras. Al coronarla, s6lo éramos treinta en pie, Fue entonces la hora de las bayonetas. Los ya avezados les herfamos en el cuello o el pecho, para poder sacar pronto el cuchillo; los otros, al golpe seguro, en el vientre: es mortal y entra facil, pero como los mojamés llevan tres o cuatro (chi- labas, camisas), para que salga hay que soltarles una patada y tirar del fusil hacia atras, y mientras tanto, es muy probable que el paciente os raje de un gumiazo, Asf ocurrié a casi todos los novatos, Quedamos quince. Rematamos a machetazos a los heridos moros, y como se hacian los muertos, para evitar olvidos, acuchillamos a todos. Se termind. Algu- nos les cortaban las cabezas. Otros limpidbamos la sangre de las bayone- tas en sus chilabas.” Era un hombre culto, un intelectual de gran sensibilidad y amplio saber; erudito en el conocimiento de los clasicos, ademas de excelente escritor. Su comprensi6n, la humanidad de su trato, no dejaba creer que fuera capaz de matar una mosca; él, que habia salido de tres condenas a muerte. Se comentaba que Franco, el Caudillo, se ponfa nervioso al hablar con él, porque no aceptaba sentarse en su presencia ni tutear, aun- que estuviesen en privado. Se le tenia por hombre intachable, ejemplar, ansioso de tender la mano al amigo y al enemigo. Le otorgarian cuanto pidiese, y nunca pedia nada. Murié como un asceta: en solitario, sumer- gido en el silencio. Pero hay que imaginarse a este recio legionario, cua- drado con estilo del Tercio ante aquel hombre convertido en duefio de Espafia; aquel bravo Franco que siempre entraba en fuego corriendo ante los legionarios, enardecido, dando gritos de entusiasmo y agitando los brazos, para matar moros en Taxuda, y limpiar, como él, su cuchillo ensangrentado en las chilabas. E] primer asalto a Taxuda tuvo lugar el dia 10 de octubre. Los Regu- lares ya no estaban para combatir con la Legion. Millan Astray permane- cia herido gravemente en el hospital, pagando su tributo de sangre por dirigir e] asalto a Tetas de Nador. En la oscuridad de la noche y con sigilo se concentra la columna en las huertas de Segangan; media hora mas tarde la vanguardia se retine ante el blocao de Atlaten. Se observa gran movimiento de moros en las esponjas de pefias que forman el horizonte. La estrechez del camino y la oscuridad retrasan la llegada de las baterias. Una vez establecidas, ya lu- cia el sol, ordené el avance el coronel Castro Girona. El general Sanjurjo, con su pijama a rayas, presencia a caballo el desfile de la columna. La 142 Legi6n avanza delante, en columna doble. Las banderas marchan inme- diatas. Sus vanguardias ya se han desplegado y empieza el maullido de las primeras balas. Hay concentrado bastante enemigo en direcci6n a Telat, pero en las esponjas del frente ha desaparecido el movimiento de moros; sélo algu- na cabeza asomando entre las pefias de la izquierda para hacer un disparo certero. Se tiene que subir una cuesta muy penosa. Un crest6n intermedio facilita la reunién antes de dar el asalto a la esponja alta y a las pefias frontales. El enemigo hostiliza poco y se ocupan facilmente los objeti- - vos; pero al llegar a las crestas el fuego de los moros retirados es muy in- tenso y los legionarios van cayendo en abundancia. Llegan unidades de refuerzos a los distintos puntos del frente; se establecen las ametralladoras y se intensifica el fuego mientras las cami- llas van retirando heridos hacia el puesto de socorro. El combate empieza a ponerse serio. El enemigo ocupa un extenso anfiteatro, donde las cres- terfas de las pefias les dan abrigo natural. La meseta de Taxuda, a tiro de fusil por la derecha, domina bastante; esta cortada a pico por este lado y sdlo se accede a ella por una estrecha senda, al Norte. A la Ilegada de los batallones, el coronel Castro Girona ordena el relevo del flanco izquierdo, con objeto de reunir a la Legién por si se continia el avance. Fuerzas de tres batallones se sititan en las posiciones abandonadas por la Legion, que recibe orden de reunirse a retaguardia. Una de las compajfifas no puede hacerlo, porque el enemigo arrecia en el ataque y recibe la orden de apoyar a las fuerzas peninsulares. Las otras compafijas permanencen preparadas, pues si se sigue avan- zando, habran de subir a Taxuda. Un aeroplano arroja un parte sobre las tropas y avisa de la presencia numerosa de enemigo en el frente y el flan- co izquierdo, “al que no puede batir nuestra artilleria, por ocultarse tras las esponjas rocosas’”. A los pocos minutos las bombas de los aviones suenan en la barrancada y su negro humo asoma detras de los pefiascos. La utilizacién de los aeroplanos era una idea de Franco, que daba muy buenos resultados, dentro de la precariedad de la situacion. Su her- mano Ramén habia sido transferido de los Regulares a la naciente Fuerza Aérea espafiola, y lleg6 a Melilla en 1921. Desde entonces Franco utiliza- ba el hidroavion de su hermano para reconocer las posiciones enemigas. Luego Kindelén y otros aviadores apoyarian las acciones, altamente beneficiosas en medio de las deficiencias de aquel Ejército espafiol. Por 143 la misma raz6n, el mensaje, en un gallardete rojo, fue arrojado sobre los legionarios, para conocimiento de Franco, a quien ya empezaba a consi- derarsele como el mimado de Ala, al que ningin proyectil podia tocarle, segin decian los regulares. Siempre hacia la diana viviente a lomos de su, caballo, aunque José Agustin Goytisolo siga afirmando que nunca los monté. Gregorio Corrochano, en A.B.C., escribié por aquellos afios que Sanjurjo le grité un dia a Franco: “No va usted a ir al hospital de un tiro de un moro, sino de una pedrada que le voy a dar yo cuando le vea a caballo en las guerrillas.” El Gurugi se tomé sin resistencia, aunque siguié empefiado el duro combate contra la harca. Sanjurjo habia cumplido su misién y el Alto Comisario, Berenguer, decidié que no se avanzase mas hasta fortificar el Gurugi. Sin embargo, mantener las posiciones significaba aumentar las bajas. El batallén de la Princesa perdié en los primeros momentos a la mayorfa de sus oficiales. El capitan Eduardo Cobo volvié a ser herido una vez mas, pero ahora de gravedad. “‘No es nada”, decia, “un balazo en el vientre”. Pero su herida habria de causarle la muerte al dia siguiente. Al pie de un cortado de la izquierda, y a cubierto del fuego enemigo, un capellan auxilia a los heridos. Las camillas se detienen breves instantes a su lado y los guerreros ensangrentados se agrupan para recibir la abso- lucién, mientras los camilleros legionarios, r{gidos y descubiertos, con- templan el emocionante cuadro. La sexta compaiifa de ametralladoras se porta bravamente en el angulo de la linea; pero piden una proteccién de legionarios: el enemigo ya ha llegado a pocos metros de sus maquinas, y las tropas peninsulares més proximas ya no estan para dias tan duros. Se envia a una seccién de legionarios que mds tarde sera utilisima. Por la izquierda el combate sigue muy dspero. De las pefias bajan a un oficial muerto; es el teniente Antonio Rodrigo Cifuentes, de la quin- ta compafifa. El enemigo esta muy cerca y el fuego de fusilerfa se hace intenstsimo. Unos harquefios que se han desplazado por la izquierda, disparan desde la retaguardia; caen heridos dos soldados y se produce cierta confu- sién entre las reservas, porque el enemigo, concentrado en las barranca- das del frente, al mismo tiempo efecttia una enérgica reaccién, y las com- paiifas de la izquierda quedan casi copadas; el enemigo’ ataca con gran arrojo por todos los lados; las tropas peninsulares quedan vacilantes, “su coeficiente moral es sobrepasado”. Son momentos de gran emoci6n; el 144 Franciseo Franeo, comandante de Ia Primera Bandera de la Legion. Millén Astray, fundador y pri- mer jefe del Tercio. Queipo de Llano arenga a las tropas africanas recién llegadas a Sevilla. Los primeros transportes del Estrecho, traslacando tropas legionarias. Con ellas se inicié la invasion. Primo de Rivera, presidente del Directorio Militar y Aristides Briand, jefe del Gobierno francés, firman el acuerdo franco-espanol sobre Marruecos. Primo de Rivera en Ia playa de Quemado, tomada por las tro- pas legionarias de Francisco Franco, tras el desembarco de Alhucemas, en 1925. Legionarios transportados a Sevilla desde Marruecos por un “Junker” alemén. Tropas de la Legién ocuparon Nador, una posicién clave en ta lucha contra las odbilas rebeldes, el 17 de septiem- bre de 1921. Esta toma supuso la pacificacién de un extenso tervitorio, sector queda completamente amenazado. Los sostenes de las unidades de legionarios han de volcarse con sus hombres y su espiritu al lugar de peligro para acometer al enemigo; los acemileros de las compafifas de ametralladoras y tren de combate, abandonan a sus mulos y se suman a sus compaiieros. La reaccién hace que el ataque sea rechazado en todo el frente. Los legionarios rivalizan en entusiasmo entre las pefias. Se registran mil episodios: unos retiran dos ametralladoras de otro Cuerpo en medio del fuego, la muerte de sus apuntadores las dejaron casi en manos enemi- gas; otros avanzan a la contrapendiente, y aguantan la reaccién a pecho descubierto; un acemilero ha rebasado a las guerrillas, y de pie en la lade- ya dispara sobre los moros, con su camisa blanca destacdndole, en medio del fuego enemigo mas mortifero. Un soldado de Guipizcoa es herido y cuando el moro se le echa encima para rematarle, un legionario se arroja sobre el moro y le clava su machete en el coraz6n. El agente de enlace francés muere gloriosamen- te, gritando: “En avant, en avant. ;Viva la Legion!” Las baterfas gallegas vuelven a comportarse una vez mas de manera admirable. Ven llegar al enemigo a corta distancia y siguen su fuego sin que se separe ninguno de sus soldados, Son el gran acompafiamiento para las guerrillas de la Legion. Pero en esta fase del combate la densidad de la guerrilla ha aumentado tanto que es preciso restablecer la situdcion y retirar del frente las fuerzas sobrantes, evitando la mezcla de soldados. Se repliegan las unidades peninsulares poco a poco y solo quedan en el frente los legionarios. Los batallones van formando en orden cerrado para desfilar hacia la retaguardia. Pero no es facil la retirada; el chorreo de heridos continéia; el enemigo atin esta muy préximo. Hay que dar tiempo a la evacuacién; se dan dos veces las ordenes de retirada, pero nuevos muertos retienen el repliegue de la linea. Cuando todo parece estar listo, un parte del capitan que se halla en el flanco izquierdo comunica.que las baterias de Atlaten han colo- cado varios proyectiles en la guerrilla propia, causando sensibles bajas. El teniente Juan Monso Diaz esta gravemente herido, y esto origina un nuevo retraso. El hecho de que los proyectiles espafioles cayeran sobre sus soldados no era sorprendente, Los manuales de artilleria de la época ignoraban el efecto que sobre los proyectiles tenfan las variaciones barométricas, las temperaturas y la velocidad y direccién del viento; tampoco existia sobre 145 el terreno servicios que proveyeran de informacién a los artilleros. Asi, tanto Franco como Berenguer tuvieron alabanzas para la artilleria de apoyo. No obstante sefialaron constantemente la deficiencia del arma- ménto y la cualidad de las municiones. Los testimonios no faltan. Beren- guer escribié: “En los fusiles y carabinas en servicio hay una gran proporcién de descalibrado; el material de ametralladoras rara vez esta completo y es defectuoso: muchas no funcionan desde los primeros disparos. Los servicios artilleros tropiezan con dificultades para mantener sus piezas al corriente y especialmente para el municionamiento: desde la supre- sién de las columnas de municiones se tropieza con dificultades y hay que dedicar a este servicio cargas de Intendencia.” Podrian afadirse las opiniones de Mola, de Vigén, de Franco: sin embargo el soldado espajiol, audaz y resignado, ingenioso y socarron, sabia tomarselo con filosofia. Véase, sino, este testimonio escrito en elo- gio de la Campogiro: “No cabe duda de que las pistolas que se usaban en el Tercio, consi- deradas como herramientas contundentes o armas arrojadizas, eran insu- perables... Pero en cuanto a disparar puntualmente, como cualquiera se fiase de las apariencias creerfa, ya era era otra cosa... ”Valls, espiritu analitico por naturaleza, observé que la suya traba- jaba un dia si y otro no; y experimentando mas, que los dias eran mar- tes, jueves y sdbados. Fiel a sus principios, un lunes salié a operaciones sin ella. ”—; Por qué no traes la pistola? (Estaba en ametralladoras.) ”—Hoy no le toca disparar, mi teniente: es lunes, y ella es alterna, es decir, martes, jueves y sébados... "Sin embargo, un sabado a la tarde tampoco disparé: Ramiro que- dése atdnito, nunca le habia ocurrido. Mudé de bala, y tampoco. De pronto diose con el indice en la frente: »—iEureka...! —exclamé—. {Es que hace semana inglesa!” En retaguardia, y en la segunda esponja, se hallan situadas las ametra- lladoras legionarias con fuerzas de otro Cuerpo, que apoyan el repliegue. Las guerrillas van abandonando sus puestos a una sefial, y en esos mo- mentos el ayudante del comandante Franco, el teniente Joaquin Moore de Pedro, baron de Misena, cae herido mortalmente a su lado. Dos solda- dos se Ilevan su cuerpo inanimado desde la guerrilla hacia el puesto de socorro; pero el fiel soldado morira dos dias mas tarde. 146 Hay que volver a detenerse entre las pefias para que vayan retirando a los heridos. El coronel Castro Girona dirige la retirada, mientras su ayu- dante, el comandante Abriat, acompajia a los legionarios. En este segun- do escalén, es herido el teniente Pedro Echevarria, ayudante de la 2.* Ban- dera. Se aleja con la cabeza ensangrentada y cubierta de algodones. Empiezan a escasear las municiones debido a la prolongada retirada: hay que reservar cartuchos y disparar poco hasta la llegada de un mulo con municiones. El enemigo ya ha ocupado las pefias que se han abando- nado y sigue la retirada por la pendiente y la interminable cuesta. Al fin se llega a la meseta de Atlaten; el enemigo cesa en sus disparos. Anochece cuando se atraviesan las huertas hacia el campamento. El bata- llon de Toledo, uno de los mas distinguidos en la campaiia, ha sufrido cincuenta bajas; la Legidn ha tenido veinticinco muertos y noventa y un heridos, También han muerto el capitan Cobo y los tenientes Moore y Rodrigo; y fueron heridos los tenientes Moneo, Pérez Mercader y Echevarria. . El crecido nimero de bajas hace que se pidan a Ceuta soldados de reciente ingreso; legionarios que llegan sin la indispensable preparacién guerrera, pero con el espiritu que Dar Riffien va inculcando a todo legio- nario. El comandante Franco permanece al frente de las dos Banderas. La falta de Millén Astray es suplida por todos los oficiales con entusias- mo; se cuidan de que perfeccionen la instrucci6n, se adiestren en el tiro, e intentan despertar en ellos la confianza en el arma, enseiidndoles a aprovecharse del terreno. El 14 de octubre se forma en vanguardia de la columna de Sanjurjo, en direccién a Tahuima. Mas tarde se coopera con las columnas de Beren- guer y Cabanellas en la toma de Zeluan y Buguensein. Los legionarios se han desplazado paralelos a la via del ferrocarril, precedidos por dos camiones blindados y un grupo de policfas de una Mia recién organizada. Avanzan tan répidos que dejan retrasadas a las otras columnas. Tardan en encon- tray un grupo de jinetes enemigos, que dispersan, sorprendiéndoles con el fuego de las ametralladoras. La 2.* Bandera ocupa unas lomas frente a Buguensein y la 1.* toma el aerédromo. Desde la Alcazaba disparan unos jinetes enemigos y los legionarios los alejan con los policias. El poblado ofrece, una vez mas, los dolorosos cuadros del desastre. El camino ya ha estado jalonado de cada- yeres en actitud de sufrimiento; la crueldad ofrece un espectaculo ho- rrendo. 147 Desde Buguensein se hostiga al enemigo en retirada y por la tarde se regresa a Segangan. Por el camino, los legionarios van recogiendo a numerosos soldados de otros batallones que, faltos de entrenamiento, han quedado rezagados, Luego se van entregando en las distintas posi- ciones. En Segangan vuelve a hacerse vida distrafda; repartiendo el descanso y el esparcimiento con la instruccién y las practicas de tiro. Algunos le- gionarios se esparcen por los alrededores y se registran pequefias escara- muzas. Fueron el preambulo de las peligrosas proezas individuales que més tarde formarian los éxitos colectivos de los llamados Hijos de la Noche; una seccion montada para acabar con las fechorias de los pacos y otros maleantes que gozaban de la mayor impunidad a pocos metros de las avanzadas legionarias, El que mas se distinguia en estas razzias era el maltés, también cono- cido por Macarroni. Se tomé la costumbre de retirarle el fusil para que no se internase por los aduares, pero con la llegada de los nuevos solda- dos, encontré la forma de emprender una de sus razzias. Un dia se llevo a dos para que le protegieran; en un aduar encontré a un moro cargando un burro con la cebada de los silos; una morita joven le pasaba el grano desde el silo, El moro, sorprendido, quiere huir; el maltés le persigue agarrandole de la chilaba, y los quintos le disparan sin herirle. A los dis- paros, el enemigo se aproxima y como la mora no quiere salir del silo, la tapan, cogen el burro y se retiran barranco abajo al campamento. “—E] poder traer mora bonita y colorada para el comandante y ellos estar quintos, tirar mal y marchar moro”, protestaba el maltés, indignado con sus compaiieros de excursién. Existen muy curiosas anécdotas de este patrullar legionario que des- graciadamente han de quedarse fuera de esta obra; sin embargo, apoyan el hecho de que los legionarios, pese a la disciplina y al espiritu de Cuer- po, resultaban en su mayorfa hombres muy independientes, aventureros individualistas que, fuera de sus horas de servicio, se jugaban la vida con Ja’ misma alegre inconsciencia que iban a la guerrilla. Tal vez porque, como dijo el poeta, eran “sindicalistas rojos, sindicalistas blancos, pisto- leros a sueldo, jefes de cabeza cotizada, cémplices, autores quizds de atentados famosos, perseguidos de cerca, envueltos acaso en sus mismas redes, se acogieron a la Bandera Negra, como en otro tiempo a la Casa de Dios... A la bandera negra de los jabalies mordiendo la maza, el estandar- te oro y sable de los Duques borgofieses, guién de Tercios amotinados, 148 que su electo al frente, saqueaban los burgos de Flandes, por cobrarse las pagas que les debia su Rey y Sefior. “Terrible, ligubre bandera de tantos y tantos degiiellos y asaltos, de nuevo los cielos son tuyos, de nuevo se lucha por ti... De nuevo, tétrica enamorada, exiges varones de pro, y los que matan por instinto, o por odio, o por hambre, o por miedo, te tendieron los brazos, y como hidalgos dé cuatro linajes, mataron, murieron, por tu honra, por la honra de Espafia.” . \ El 23 de octubre, la columna salié a pernoctar en Zeludn, para em- prender la marcha hacia Monte Arruit. “Por el via crucis que era el cami- no de Zeludn, ibamos al calvario de Monte Arruit. Aqui y alla, negros despojos yaciendo en tragicas posturas, como si Ja maldita selva de Ali- ghieri.se derribara por la divina célera hecha rayos. ‘A las siete de la mafiana se encontraba formada la Legion; a lo lejos y por retaguardia, avanza una fuerza cantando con sus banderas espafio- las. Son las nuevas compafifas de la Legién, que acuden a incorporarse a sus Banderas, Entre los vivas a la Legién se les cede el puesto de van- guardia. Era el primer contingente de voluntarios llegados de América el dia 7 del mismo mes; parte de los cuales ya formaban la 4.* Bandera y por la misma fecha combatirfan entre las posiciones de Kaseras y Monte Magan, cercados nuevamente por las harcas de El Raisuni. El avance se efectiia tranquilo; el enemigo no aparece por el horizon- te,/La caballerfa avanza por el Ilano y la columna de la izquierda, que salié primero, entra en la posicién. El horrendo cuadro que sé presenta es indescriptible. La mayoria de los cadaveres han sido profanados 0 barbaramente mutilados. “Desparramados por el llano, en grupos desiguales, todos ennegreci- 408, hechos momias... jy qué expresiones de angustia!... unos con los dedos crispados clavados en la tierra, otros sin manos... Muchos tenian Jas mufiecas amarradas con los alambres de las pacas de paja, y les habia Iegado hasta el hueso: a uno se lo corté, y siguié en la misma postura... (La bandera roja y la bandera negra flameaban sobre el hediondo arenal de los muertos...)”” Alli, en la Aleazaba, “habia un muro alto, que fue blanco, ahora roto a tiros y manchado de sangre. Habia sobre la puerta un gran escudo de gloriosos castillos y leones, y pasando bajo tan triste inri, dabase vista al patio. ”Acaso recordéis un enjambre de abejas que los frios y escaseces 149 invernales exterminaron: es una masa oscura de cuerpos confundidos en el suelo de la colmena muda. Asi, tras la pared acribillada, montones de carroha y harapos, que fueron hombres y padecieron sed, y hambre, y martirio, y profanacién tras la muerte... Y un silencio frio en los bata- llones de muertos, y en los de los vivos que iban por ellos... ”Asi yacian los infelices a quienes su desgracia arrastréles a una muerte cierta, y a elegir ellos mismos su tumba. Aqui descansan.” Nos alejamos de aquellos lugares, sintiendo el anhelo de imponer un ejemplar castigo a los criminales. La retirada se hace sin hostilidades; a lo lejos, unos moros paquean débilmente a la caballeria, Se pernocta en Zeluan y al dia siguiente se regresa a Segangan. La noticia de que el coronel Castro Girona, jefe de nuestra vanguar- dia, debe marcharse a Gomara, donde la Patria lo necesita, entristece a todos. Oficiales y soldados le han tomado confianza y se le tributa un homenaje muy sentido en el momento de su marcha. El capitan Pedro Jarefio Hernandez ha sido herido en el frente de Magan. El 2 de noviembre es la fecha elegida para repetir la operacion de Taxuda. Esta vez hay que llegar a la esponja alta y ocupar la meseta. La Legion debe tomar las esponjas de piedra que dan vista a Telat operando de la misma manera que se hizo en el primer combate. Sélo que ahora han cambiado las fuerzas y los Regulares ya no estan. La columna Ri- quelme, desde Taquigriat, ha de avanzar sobre Taxuda; y la de Berenguer, por la derecha, se adelantard en cufia entre nosotros. Ocupamos las primeras esponjas con pocas bajas; la niebla ha facili- tado la aproximacién y las ametralladoras se establecen en las pefias. Aparecen dos moros a corta distancia, estén parapetados en la esponja alta en linea de piedras, Sera un asalto muy duro, Se adelanta una baterfa hasta el pequefo collado para batir las pe- fias. El sitio est4é muy enfilado y resultan heridos dos soldados al tener que avanzar las piezas a brazo; se rompe el fuego a breve distancia, pero el enemigo permanece firme entre las piedras. Se dan las ordenes de asal- to: dos compaiifas se adelantaran por derecha e izquierda para desbordar la posici6n; otra, de frente, asaltara las piedras enemigas. Se arman los cuchillos; relucen a los primeros rayos del sol. Las nue- yas compafifas tomardn parte en la carga; estan integradas por muchos sudamericanos, deseosos de combatit, y hay que contenerlos material- mente para que no se lancen al asalto antes de avisar a las baterias de Atlaten que suspendan el fuego. 150 EI general Sanjurjo esta con nosotros. Se da la sefial y las oleadas de legionarios avanzan a la carrera sobre el enemigo. Son momentos de gran emocion. Y el comandante Franco describe los hechos con precisién cinematografica: “Los moros nos esperan haciendo fuego tras sus para- petos; los soldados siguen avanzando; ya estamos a pocos metros; al ene- migo se le ven los detalles de sus caras; algunos soldados ruedan a nuestro Jado en aparatosa caida; entre los moros enemigos también brillan los machetes; unos pasos més y el enemigo vacila, jya son nuestros! Por la ladera opuesta bajan los moros mezclados con los legionarios. La esponja alta ha sido tomada de nuevo.” La transcripcién del soldado es mas pintoresca y literaria, como corresponde a un poeta: “El toque de carga se core6 con alegres gritos: ja la bayoneta!, ja la bayoneta! Hasta los cuchillos pareefan brincar de contento. ”—Pobrecitos, tienen sed —comenté uno dulcemente a mi lado. ”Y fuimos contra la loma. La subida era dspera; cafamos, nos levanta- bamos, y el sol nos taladraba el craéneo como clavo al rojo. ”—iOjald me diesen un tiro en la cabeza! ”—;Cochinos mojamés! ”—1La vida en el Tercio es excelente! ;Alegrémonos de haber nacido! ”Un salto mds, y ya estabamos, Al vernos tan cerca, unos huyeron, otros nos esperaron... Realmente los cuchillos tenian sed, y tardaron bas- tante en apagarla. ”Un murciano gigantesco y negro, remangado y en pelo, calaba mo- ros, con una albaceteiia, cantando jovialmente: La navaja es una cosa que se mete y que se saca, juna alhaja! La navaja es una cosa que se saca y que se mete, jun juguete! “De pronto a mi lado (no se ofa mas que choque de hierros y gritos), un tiro: era el de la dulce glosa, a quien cupo en suerte un bocoya mas alto que una lanza, con anilla en la nariz. (Habia peleado en la Gran Gue- rra y conoeia la treta para los cuerpo a cuerpo; se lleva el fusil montado, y cuando el contrincante espera una cuchillada recibe un tiro.) 151 ”E] moro no salié de su asombro, creo, ni en el otro mundo.” -Entre los primeros soldados marchaba el heroico sargento Herben, de la segunda compaiifa. “‘Alto, recio, de boca fina y recta. Su mirada clara, bajo la frente poderosa, sugeria sensaciones de agua serena. Era inaltera- ble, silencioso y atento. Su valor daba frio. En sus decisiones, s6lo inte- ligencia, jamas pasién o piedad. Esgrimia la bayoneta como un florete: un golpe, siempre el mismo, directo y seco, al coraz6n. Al asaltar la cota, en el cuerpo a cuerpo, maté a tres, pero un jamido le hendié la cabeza con su gum{fa; agonizante, derribdle de una cuchillada. “Oh ich sterbe (yo me muero) —dijo, y cayeron uno sobre el otro, muertos.” Un sargento se arroja a recogerlo y consigue retirar su cuerpo, dando muerte a otro moro que se defendia entre las pefias. El teniente Enrique Agudo Lépez, que es la primera vez que marcha al frente de su secciOn, xecibe en el asalto muerte gloriosa, Un valiente chileno expira en las pefias de la izquierda; sus dltimas palabras son: iViva la Legi6n...! {Viva Chile, m...! Un chileno muerto gloriosamente por Espafia en su primer combate. El teniente Manuel Pérez Moreno también cae gravemente herido; el te- niente Alfredo Montes Garefa, herido levemente en el avance, es aleanza- do por segunda vez; el capitan Fortea, de la Policia, cae herido en el pe- cho; a su lado Ilora silencioso un ordenanza moro. Hay movimiento de harquefios en la meseta de Taxuda; las baterias de Taquigriat anuncian que son enemigos, y a los pocos minutos los ve- Honcitos blancos de nuestras piezas de montafia aparecen sobre las ruinas romanas, Al otro extremo de la meseta empiezan a verse las banderitas espaiiolas de los policias. Se ve al enemigo retirar numerosos heridos en caballerias por las leja- nas bandas del Telat. Nuestro flanco izquierdo ocupa una larga trinchera que muere en la barrancada. El combate parece tranquilizarse. Hacia las dos se nota movimiento en el campo enemigo y renace el combate; los moros’ se concentran en las barrancadas,’intentando reaccionar contra nuestras lfneas; los legionarios los descubren y adelantan un poco la gue- rrilla, rompiendo un fuego mortifero sobre ellos. Las baterias de Atlaten, avisadas por teléfono, también colocan sus grandes explosiones. Desde las pefias altas se les ve correr como locos por la barrancada, queriendo reti- rar sus bajas y sufriendo ms; en pocos minutos queda disuelta la concen- tracion. Se fortifica la posicién y se efectiia el repliegue. Apenas hubo hostili- 152 dades, Tampoco fue atacada la posicién durante la noche, pero se obser- yaron numerosas luces por el barranco, mientras recogian a sus muertos. Dias mas tarde se supo que todos los moros encargados de la defensa habfan muerto o cayeron heridos. Abd-el-Krim los cité en la harca como ejemplo. La Legion sufrié diez muertos y setenta y un heridos; la mayo- ria eran sudamericanos y cubanos, El combate tuvo muchos espectadores: Sanjurjo y su Estado Mayor precensiaron el asalto y la obstinada defensa desde las primeras pefias. Deefan que era el dia mds grande de la Legion. Y se la cité en la orden general del dia 3 con estas palabras: “La operacién verificada sobre Taxuda ha demostrado, una vez mas, el elevado espiritu y perfecta disciplina de las tropas de esta columna ~que dan orgullo al Mando, muy especialmente la Legion, cuya moral, siempre muy elevada, y ardorosa acometividad, no han podido entibiar las numerosas bajas hasta hoy sufridas, siendo también distinguida la conducta de una compafifa de Sevilla que acompafié a la Legion en el asalto.” El poeta escribié: “Buena sangre roja chup6 la arena seca. »Terminése, al fin, la jornada de muerte y sol, y con los arreboles igneos del crepisculo entré la Legién en su campo, sin orden, como banda de lobos, ebria de triunfos (ojos lucientes, quijadas carniceras, , pechos velludos). La escarlata bandera del César ondea con la brisa sofo- cante en un corro de cabezas de moros, sin narices unas, otras sin orejas, clavadas en las bayonetas.”” A partir de este dia, la resistencia de Abd-el-Krim y sus huestes habria de ser menos empefiada. 153 EL MANCO DEL FONDAK La campafia de la reconquista del territorio de Melilla hizo que la Legién se convirtiera en un Cuerpo necesario, itil, y casi indispensable. También consiguié gran popularidad a costa de los cien hechos heroicos y actos distinguidos. Su gesta se convirtid en glorias del dominio piblico. Esto hizo que Espafia y el nuevo Gobierno de Maura apoyaran a la Le- gién en su crecimiento. Berenguer, después de la catastrofe de Annual, habia presentado su dimisi6n como Alto Comisario, y aunque el vizconde de Eza, ministro de la Guerra, cred una comisién regida por el general Picasso para inves- tigar completa y oficialmente las causas del desastre, Berenguer fue man- tenido en su puesto. Ni Alfonso XII ni De la Cierva aceptaron su di- misiOn. Las Cortes, sin embargo, debatieron en el mes de octubre, mientras los legionarios reconquistaban la zona melillense, la mala administracion del ejército de Marruecos, Pronunciaron apasionados ataques contra los militares espafioles y los lideres politicos. Se establecié que la partida presupuestaria especial consagrada a Marruecos habia crecido tres veces y media entre 1913 a 1921, desde 63 millones a mas de 211 millones de 155 pesetas. Dinero que, al parecer, habia sido malgastado. También se dijo que en Marruecos no habfa tanques, cuando ya existian en Europa desde hacia dos afios. Se sefialé que la Artillerfa habia perdido 117 cafiones en la retirada de Melilla, ahora en manos de Abd-él-Krim. Y se supo que el Jalifa de Tetudn recibia un presupuesto de ocho millones y medio de pesetas; medio millén menos que el presupuesto de la familia real es- pafiola. También empezé a correr la noticia, referencia directa del socialista Indalecio Prieto en las Cortes, de que el rey, Berenguer y Silvestre se ha- bian puesto de acuerdo en 1920 para que Silvestre avanzase hacia la bahia de Alhucemas y obtuviese unos bonitos triunfos sin ser frenado por Berenguer. Con estas circunstancias como fondo, y pese a los acerados ataques de todos los politicos y diputados, tanto de izquierdas como monarqui- cos conservadores, el apoyo y el dinero se concentré en seguida sobre el nuevo Cuerpo. La Legién cont6é con nuevas Compaiifas de fusileros: la Trecena y la Catorcena, ya incorporadas a las banderas negra y roja de los jabalies y las aguilas, pelearon en Taxuda. La Quincena formé parte de la 3.* Bandera que, con las nuevas Banderas 4.* y 5.*, se convirtié en el refuerzo que operaria en Yebala. El 17 de noviembre de 1921, Millan Astray, atin no recuperado de su herida, se puso al frente de las tres Banderas para actuar en el sector occi- dental, que también exigfa de la Legion la presencia eficaz y contunden- te, a la vanguardia de otras columnas. Mientras la 1.* y 2, Banderas, reforzadas con las nuevas compaiifas —no aumentada, porque las bajas siempre dieron una estabilidad numéri- ca a la Legion—, operaban en el Rif, bajo el mando coordinador del co- mandante Franco y el comandante Carlos Rodriguez Fontanés. Millan Astray, al frente de la 3.7, 4.2 y 5.2 Banderas, se incorporé a la columna del coronel Serrano, con el fin de operar en Beni Ards, A media- dos de diciembre participan en el rudo combate que termina con la ocu- pacién del poblado de Ayalia, al pie del Yebel Alam, donde los moros no abandonaban sus parapetos hasta el momento del asalto a la bayoneta. Se cuenta que el teniente Jestis Teijeiro, al mandar a su secci6n lanzarse a la bayoneta y ver que solo le seguian tres o cuatro, se volvié airado a re- prender a los demas y se encontré que ya habjan cafdo en la lucha. Allf se escucharon vivas a Colombia y a otros paises sudamericanos, unidos a los viva Espafia y viva la Legion. Los moros de la Yebala eran 156 yeteranos en la guerrilla y no disparaban un solo tiro hasta que los ata- cantes llegaban al pie de sus tricheras. Los nuevos legionarios no tuvieron un mejor bautismo de fuego que sus compatriotas desplazados a la con- quista de Taxuda. El 22 de eal Millén Astray volvia a estar con sus huestes en la vanguardia de la columna, para actuar en la ocupacién de Telafta. El 6 de enero de 1922, lleyando el mando de la 3,* y 5.2 Banderas, se agregd a la columna del general Marzo, interviniendo en el disputado combate de la conquista de Hayuna y Benibara. Al dia siguiente continuaria su actividad, realizando un reconocimiento con sus Banderas por el bosque cercano al blocao Urefia, donde tuvo que sostener fuego con el enemigo. El dia 10 seria la intervencion en el combate de Dra el Aref, que hubo de concluirse a punta de bayoneta en las lineas enemigas. Alli quedaria establecido el blocao Gomez Arteche, y perderian la vida el teniente Horacio Pascual Lascuevas y los alféreces Manuel Salvador Cla- verias y Abelardo Villar Alvarez. Estaba destinado a reforzar un flanco de la columna del general Castro Girona. Mientras se realizaba el repliegue de estas fuerzas y al ser relevado Millén Astray por el teniente coronel Gonzalez Tablas, el primero fue herido en una pierna. Hasta que no concluyé victoriosamente aquella fase del combate, Millan Astray siguid al frente de sus legionarios, disi- mulando el desgarrén de la pernera derecha de sus pantalones: sin una queja y con la sangre empapando su uniforme de campafia. Al final fue retirado de la guerrilla y llevado al Cuartel General de la columna, donde fue reconocido y curado. Al dia siguiente, en contra de su voluntad, fue evacuado y conducido a Ceuta. En el Hospital de la Cruz Roja se comprobé que la herida sufri- da en Nador no habia cicatrizado y amenazaba seriamente la vida del jefe de la Legidn. El 18 de enero era evacuado a Madrid. La convalecen- cia va a ser breve. El 2 de marzo se pone al frente de las Banderas de la Legién y forma nuevamente en la vanguardia de la columna del general Berenguer. Siempre esta con sus legionarios, junto a ellos en los momentos de mayor peligro, buscando el fuego y la metralla como establece el credo de la Legién, que ha dictado. Asi asiste al reconocimiento sobre el Had y entra en fuego con el enemigo. El dia 7 ocupa y fortifica Zaumé, y al dia siguiente interviene en los combates que conquistan las posiciones de Sepsa. 157 E] 18 ira a reunirse con las otras Banderas y estaré presente en el sangriento y rudo enfrentamiento que se desarrollé en Ambar, y alli permaneceraé aguantando los embates continuos del enemigo. Y asi le cantaba el poeta por su primera revista después de Ambar: Quien una vez le vio, ya no le olvida, estremecido como flexible arco al lanzar Ia saeta, o cual acero toledano; ardiéndole los ojos bajo el chambergo, su noble corona; y aquel rostro viril, y el brazo alzado sefialando hacia las montafias moras: “Alli estén las estrellas para las guerreras legionarias, hijos mios.” Y su albo guantelete ante el azul era garra de un blanco gerifalte. Es la batalla de la noche triste; la batalla donde caeran heridos glo- rias de la Legion como el teniente Lizcano de la Rosa y el bravo coman- dante de la 2.* Bandera, Carlos Rodriguez Fontanés, quien moriria horas mas tarde en una espera infructuosa por el doctor Pagés, el notable cirujano que libré a muchos legionarios de una muerte segura, y que estaba lejos. La Legién esta de luto, la Legion ha perdido uno de sus mejores hombres: el jefe querido por los legionarios, y los soldados estan tristes. jHan caido tantos oficiales y tantos camaradas que ya no quedan |é- grimas! Sanjurjo, Berenguer, el jefe de la columna y coronel que manda la vanguardia felicitan a Millan Astray por el comportamiento de sus legio- narios, No obstante, continia la lucha. Millan Astray ha de volver con las otras Banderas. Berenguer quiere acabar con el reducto del Raisuni y transfiere a Sanjurjo a Larache, y con él a parte de las fuerzas mas distin- guidas en Melilla. Asf participan los legionarios en los encuentros de Tahar-Barda, de Talkin Seleka, de Beriar, de Senalalen, la Gran Pefia y Tazarut, el baluarte del Rausini, que es tomado al asalto el 12 de mayo de 1922. Alli perecié el glorioso teniente coronel Gonzalez Tablas, que mandaba a los Regulares de Ceuta y era tan querido por los legio- narios. 158 Pero las luchas contindan y las Banderas de la Legién combaten en ambos territorios ocupando terreno, castigando al enemigo, aprovisio- nando posiciones avanzadas y defendiendo otras de dificil sostenimiento. E] Mando parece estar satisfecho con la actuacin legionaria, y vuelca su confianza en el Cuerpo. El mes de agosto Millan Astray regresa a la Peninsula para organizar la recluta por el Norte. En Santander es recibido por Alfonso XIII, que lo tiene dos dias como huésped de honor. El rey lo distingue con su amistad y lo trata como un héroe nacional. El renom- bre del Tercio de Extranjeros ya ha traspasado las fronteras y suscita aplauso en las gentes; aunque el enemigo acecha soterradamente. Una Real Orden decreta la organizacion de una nueva Bandera en septiembre de 1922. E] 26 Milldn Astray es condecorado con la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo, por sus actuaciones al frente de la Le- gion hasta julio de 1921. Luego le conceden la medalla de sufrimientos por la patria, con pensi6n. Sin embargo, los junteros que ya han conseguido la sustitucion de Berenguer, el lider de los africanistas del rey, tienen su mejor amigo en el general Ricardo Burguete, que era capitan general de Madrid y parte importante en la elaboraci6n del informe Picasso, y ya es Alto Comisario en Marruecos, Burguete reorganizé las unidades de combate con la intencién de darles mas capacidad de maniobra y dotarlas de autosuficiencia logistica. Al mismo tiempo prosigue las negociaciones para rescatar a los prisione- ros espafioles de Monte Arruit, e intent6, sin éxito, atraerse a algunas cabilas separdndolas del astuto Abd-el-Krim, que en febrero, ya habia proclamado el Emirato del Rif, y su harea, que llamaba ejército, contaba con 10.000 hombres. Asi, en octubre la nueva Bandera, la 6.*, apenas instruida, sale al campo de batalla para hacerse tan digna de honores como sus hermanas, En primera linea va Millan Astray; asiste a la toma de las posiciones de Hamida, Tafersit y Bunafora. A final de mes, cuando en Sevilla estan a punto de condecorar a Sanjurjo y otros africanistas en una ceremonia boicoteada por los junteros, Burguete mand6 que una columna llegase hasta Tizi Azza, en las cercantas del territorio familiar de Abd-el-Krim, La columna se vio sometida a un fuerte ataque el 1 de noviembre y aun- que mantuvo firmemente su posicién, como ya resultaba costumbre, hubo numerosas bajas espafiolas. Las protestas en la prensa espafiola hicieron que el Gobierno diese la orden de suspender todo avance ulte- 159 rior, y la posicién espafiola en el Rif quedé desequilibrada. Tizi Azza no era facil de defender y habia sido ocupada para permitir nuevos avances. Al mismo tiempo, los oficiales africanistas tienen conocimiento de lo sucedido en Sevilla, cuando el rey pretendia homenajear a Sanjurjo y a los regulares. Millan Astray escribe su carta abierta al rey. Franco envia su telegrama apoyando las palabras de su Teniente coronel, y el 13 de noviembre de 1922, por Real Orden, se dispone la baja del Tercio de Extranjeros del teniente coronel José Millan Astray, pasando a la situacién de disponible en la 1.* Regi6n militar. Para paliar un poco esta concesion a las juntas, se ha buscado el pretexto de que sus numerosas mutilaciones le imposibilitaban para el mando activo. Para sustituir a Millan Astray no se recurri al comandante Franco, cuyo ascenso estaba bloqueado; ademas era un africanista temido y tam- bién se habia destacado contra las Juntas. Se nombré al teniente coronel Rafael de Valenzuela, cuya memoria ha sido loada con amplitud y man- tenida con sus armas en el guién de la 7.* Bandera. Valenzuela mando brillantemente, durante la reconquista del 21, dos batallones y el grupo de Regulares de Alhucemas, que habia creado. Era muy conocido entre los soldados y desde el primer momento capté la confianza y el respeto de los legionarios. El coronel Mateo sefiala que era “un caballero”. Un caballero por su nacimiengo, pero mas, mucho mas, por el pleno de virtudes caballerescas que anidaban en su hidalgo cora- z6n, Valenzuela se volcaba al hablar de ideales nobles y generosos; cuan- do se dirigfa a sus hombres tremolaba la voz, distendia el gesto, tembla- ban sus pufios y asomaban lagrimas en sus ojos de mirar recto y leal. Y en el campo, al crepitar de la fusilerfa moruna, su esbelta y vigorosa figura se agigantaba y el legionario se creia guiado por Garefa de Paredes 0 por un Bayardo”. El 16 de enero de 1923, Millan Astray fue destinado al Regimiento de Primera niimero 4, y tres dias més tarde se le nombra parte de una comision enviada a Francia para perfeccionar el idioma y ampliar estu- dios durante un afio, En enero y febrero de 1924 esta en los cursos de la Escuela Militar de Saint Cyr, en marzo pasaria a la de Saint Maysent; en julio estarfa agregado al Estado Mayor del residente francés en Marrue- cos, el mariscal Lyautey. Regresa a Espafia convertido en uno de los mas expertos y documentados militares espafioles sobre temas marroquies. El 14 de octubre se le destina a las ordenes del Alto Comisario en Marruecos. El 20.ya esté incorporado a su destino, en Tetudn, y encua- 160 El general Franco, seguido del teniente coronel Yagiie, a la salida de su cuartel general en Sevilla, en el palacio de Yandu- ri, A partir de esta capital lanzé su ataque para tomar Extre- madura, Bajo un fuerte calor, una co- lumna de la Legion interven- dria activamente en la cam- paiia que culmind con la toma de esta capital extremena, GBppaenre eiNa eaeiets Tene eater oe ere tnt La batalla de Madrid. Ataque a la Casa de Campo. Composicién y mandos de las fuerzas combatientes: Nacionales : cuartel Infente don Juan. 2. Barrén: Km. 4 carretera Extremadura. 3, Delgado Serrano: cuartel de la Montana. 4. Castején-Bartomeu: Fundacion del Amo, 5. Tella: Km. 4 carretera Toledo. Gubernamentales 3.4 Brigada Col. B. Tenientes coroneles Galan y Barcelo. ‘A. Teniente coronel Romero Enciso ¥ Clairac. Col, E, Teniente coronel Escobar. Col. M. Coronel Mena y coronel Prada. Col. L. Comandante Lister. Teniente coronel Bueno. drado en la columna de operaciones del coronel Longoria Rodriguez. Ha vuelto a la tierra de sus éxitos y ya toma parte en los combates que esta- bleceran posiciones en la comarca de Nadias. La época triste y amarga de la postergacion ha pasado. La Dictadura de Primo de Rivera empieza a restablecer el orden. Millan Astray es ascendido al empleo de coronel de Infanterfa por sus méritos y servicios en campafia al mando de la Legién. E] 25 de octubre, Primo de Rivera, que asume las funciones de Alto Comisario y general en jefe del Ejército de Africa, le da instrucciones directas para que se ponga en camino hacia el Fondak de Ain Yedida, a fin de tomar el mando de la columna de R’gaia. Al dia siguiente em- prende la marcha en automévil acompafiado del teniente de ingenieros Ramén Topete. A la altura de Janites encuentran el camino cortado; la columna del coronel Longoria mantenia combate para alejar a las fuerzas enemigas que hostilizaban el transito por la carretera. Millan Astray no se resigna a ver y esperar de brazos cruzados. Fiel al credo legionario, acude al fuego “siempre, de dia, de noche, aunque no tenga orden para ello”. Se apea, seguido por el teniente Topete, y corre en direccién al lugar donde se desarrolla el combate. Encuentra una guerrilla de soldados del batallon de Burgos, y erguido, como si fuese a sus legionarios, se da a conocer y arenga a la tropa para lanzarse contra el adversario. Su cuerpo es un blanco visible. Estén en terreno batido por la fusile- ria enemiga. El teniente Topete cae muerto y Millan Astray herido. Se le traslada al puesto de socorro inmediato y se le hace una cura de urgencia; su brazo izquierdo es una masa de carne destrozada que sangra abundan- temente. Las estrellas de hilo de oro recién bordadas estan rojas. No pue- de ser evacuado del Fondak y pasa la noche entre el delirio y preso de agudos dolores. Al dia siguiente, es enviado al Hospital de Tetuan y el 28 de octubre han de amputarle el brazo herido ante los sintomas de gangrena. Se ha convertido en el legendario manco de la Legion. Se acabaron los combates; ya no habra mas hazaiias al frente de sus hombres. Tendra que pasar al escalafén del Cuerpo de Invalidos, como tantos legionarios. Se le traslada a Madrid y hasta el 9 de febrero de 1925 permanece en la situacién de reemplazo por herido. El Gobierno francés vendra a sacarle de la tristeza que le agosta y envejece; le concede la Orden de la Legion de Honor; y el espafiol le dara 161 antigitedad en la pensién de la Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo. Sin embargo, Millan Astray atin suefia con volver a tomar el mando de la Legion. Un afio mas tarde, el Rey y el general Primo de Rivera, le concede- ran el mando del Tercio de Extranjeros. Francisco Franco, recién ascen- dido a general de Brigada, su antiguo lugarteniente, resigna el mando. Durante los afios en que Millan Astray estuvo separado de la Legion, Franco habia sido ascendido a teniente coronel para sustituir a Valen- zuela, caido gloriosamente frente al enemigo de Tizi Azza. Al dia siguiente de la Real Orden, Millan Astray se pone en marcha hacia Ceuta y tres dias mas tarde, el 13 de febrero, ya toma posesién de su destino; visita Tetuén y Bel-Abbés y regresa a Ceuta. El 18 se pone al frente de una columna compuesta de dos escuadrones, dos Banderas del Tercio, dos baterfas, un batallén de cazadores y servicios auxiliares, y emprende la marcha en direcci6n a los Harchas para apoyar a la colum- na indigena del coronel Orgaz. E] 20 va a Kudia Frecha y pasa revista a las fuerzas alli destacadas. El 21 regresa con su columna a Tetudn; el 22, en hidroavidn, se dirige a Melilla y el 23 se presenta en el campamento de Ben-Tieb. El 24, en otro hidroavion, regresa a Ceuta. El 1 de marzo se encamina a los puestos fortificados de Nador. y Kudia Tahar, donde toma el mando de una columna compuesta de cua- tro Banderas, dos batallones de Infanteria, una bateria, tres compaiiias de Ingenieros y fuerzas auxiliares. E] Mando le ha ordenado avanzar so- bre la Loma Redonda y Afa el Duira. Nada mas llegar, Millan Astray realiza un reconocimiento para hacer los preparativos del avance y ya tiene que soportar el fuego enemigo. Du- rante la noche se hostiliza el campamento con fuego de mortero, que causa varias bajas. El dia 4 de marzo la columna se pone en marcha, com- batiendo hasta la ocupacion de Loma Redonda, que empieza a fortifi- carse. El enemigo cesa el fuego unos momentos y pronto renueva su activi- dad causando sensibles bajas entre las fuerzas de Millan Astray; pero ordena que no cesen las operaciones de fortificacion, y 61 mismo, a las tres y media de la tarde, se presenta en los puestos avanzados para inspec- cionar las obras. Cuando se acerca al primer puesto, un circulo de piedras y sacos terreros, recibe un balazo en pleno rostro que le destroza el ojo derecho, le produce grandes desgarros en el maxilar y le afecta a la meji- 162 Ila. No pierde el conocimiento y cae en brazos de sus ayudantes. Adan grita: “jViva Espana! ;Viva la Legion!” Se le atiende en Kudia Tahar, donde entrega el mando de la columna al coronel Prats; luego es evacuado al Hospital Mévil de Nador. Siete dias mas tarde ingresa en el Hospital de Ceuta, y el 12 de marzo es enviado a Madrid. El manco del Fondak se ha convertido en el glorioso tuerto de Loma Redonda, Millan Astray es un hombre mutilado, desgarrado, cubierto de cicatrices; lo ha dado todo por la Patria y por la gloria de sus armas. Su cuerpo ya no es el mismo, pero su espiritu permanece inalterable al su- frimiento, y su moral combativa sigue como el primer dia. El 28 de julio ya esta otra vez con sus legionarios. Las Banderas for- man los cuadros de honor para ser testigos del acto solemne de la impo- sicion al coronel Millan Astray, por el general en jefe del Ejército francés en Marruecos, de la Cruz francesa con Palmas de Oro y citacion en la Orden General del citado Ejército. En Dar Riffien, el general Bolchut pronuncia estas palabras, en reconocimiento de los méritos de Millan Astray: “La Legion extranjera espafola, llamada el Tercio, es un magnifico regimiento que a las ordenes de su heroico jefe, el coronel Millan Astray, herido varias veces por la metralla, ha ilustrado su Bandera en todos los campos de batalla de Marruecos. Ha prestado al Ejército francés una ayu- da siempre eficaz, digna emuladora de la Legion extranjera francesa, por lo cual el Tercio es un brillante modelo de valentia y espiritu de sacri- ficio.” Luego, visiblemente emocionado, prendid la alta condecoracion francesa en el pecho de Millan Astray. El 18 de junio de 1927 seria ascendido por méritos de guerra al empleo de general de Brigada por su actuacion en las operaciones de octubre de 1925 al 20 de septiembre de 1926. Este ascenso suponia dejar el mando de la Legion, asi que ese mismo dia dicté una orden a la Legion que significaba su despedida, y el abandonar para siempre el mando directo de las unidades que habia crea- do. Un documento que testifica la ejemplaridad del espiritu legionario, Helo aqui: “Al ascender hoy a general, mi primer acto y mis primeras palabras de gratitud son para vosotros, para nuestros gloriosos muertos y para los espafioles y extranjeros que tan prédigamente derramaron su sangre en la Legin. Es dia para mi de inmensa alegria, en que se ven colmados con 163 creces mis entusiasmos y mis anhelos, pues la faja de general me la conce- de el rey a propuesta de su Gobierno, aprobando la peticion de nuestro general en jefe, y mandando la Legion. Fundé la Legion y tomé el mando de ella, el dia 4 de septiembre de 1920; dicté su Credo, que habéis cum- plido exactamente: el espiritu del legionario, de bravura y acometividad, lo tenéis sellado en 845 hechos de armas; el espiritu de compafierismo, en el amor indestructible que a todos nos une; el de amistad, en infinitas pruebas que habéis prodigado a través de la ruda vida que llevamos. "El de unién y socorro de acudir al fuego, en que acudimos en todas ocasiones Ilenos de fe y entusiasmo, y que vencimos, ostentando como timbre glorioso el socorro a Melilla en 1921, y sefialandose en el dia 15 de septiembre de dicho afio en el Blocao de la Muerte, en su mas sublime expresién, con el cabo Suceso Terrero y los quince legionarios que al mo- rir auxiliando a sus hermanos grabaron indeleblemente los mas hermosos articulos de nuestro Credo; “E] espiritu de marcha, en que lo habéis puesto a prueba en todos los momentos, destacdndose con luz propia en las operaciones de Melilla, en Rektaba, al lado de nuestros camaradas del Ejército francés y en Luhorna en el territorio de Larache, ya que en ambas épicas marchas cumplieron el credo de seguir marchando hasta morir por el cansancio dieciocho le- gionarios; el espiritu de sufrimiento y de dureza, excelsamente manifes- tado en cuantos combates habéis tomado parte y en la lucha cruel con los elementos de la naturaleza, sirviendo de blas6n el recuerdo de los legionarios que perecieron envueltos en la nieve en el Magot y en Ima- sinen; “E] espiritu de disciplina, en que al decir ‘la Legion’ y al nombrar a un legionario aparece indisolublemente unida con estos nombres la palabra disciplina, que es la virtud fundamental del Ejército y de la so- ciedad; “El espiritu de combate, en la realizacién de los que habéis interveni- do tan gloriosamente y que todos van sellados con nuestro lema de Vic- toria o muerte; y en que las banderas de la Legién las habéis paseado triunfantes y las habéis clavado en las posiciones enemigas en Melilla, Alhucemas, Tetuan, Larache, y en que en todos los lugares en donde fue necesario los legionarios dieron su vida y marcaron con sus sepuleros el paso heroico de la Legion con 116 jefes y oficiales muertos, 319 jefes y oficiales heridos, 1.871 clases y legionarios muertos y 5.775 clases y legionarios heridos, o sea, 8.081 bajas; 164 Sender eee Sees ee a eee Se er ae en pee mea eo mene emiminceniontn a eee Tae int eee ao Por Real Orden del 1 de octubre de 1927 se le nombré coronel honorario del Tercio. El 31 de enero de 1928 se le nombra jefe de la 2. Seccién de Reclutamiento y Doctrina Militar de la Direccién General de Preparacién de Campajia. E] 31 de marzo, es nombrado general de la Circunseripcién de Ceuta-Tetudn; cargo que desempefia hasta el 15° de enero de 1930, en que pasa a las ordenes del ministro del Ejército, y se Je concede la Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo por los servicios prestados los afios 1926 y 1927. El Gobierno de la Reptblica, el 10 de agosto de 1932, lo pasa forzo- so a la situacion de segunda reserva. Dos anos mas tarde, 24 de abril de 1934, es reintegrado a la situacion de actividad. Y en marzo de 1936, cuando pasa al Cuerpo de Invdlidos Militares, por peticion propia, el general Franco le concede permiso para marchar a Argentina, en donde permanecera hasta el estallido de la Guerra. Fiel como siempre al credo legionario, tan pronto como recibe noti- cias de la guerra de Liberacién, embarca en el primer vapor rumbo a Espaiia, para ponerse a las ordenes del general Franco. “La Legion, desde el hombre solo hasta la Legion entera, acudiré siempre a donde oiga fuego, de dia, de noche, siempre, siempre, aunque no se tenga orden para ello.” 166 FRANCO AL FRENTE DE LA LEGION Francisco Franco nacié en El Ferrol el 4 de diciembre de 1892, Descendfa de una familia originaria de Andalucia, pero domiciliada en el centro naval gallego desde hacia dos siglos al lograr el acceso en el Cuerpo Administrativo de la Armada. Tanto su padre como su abuelo estuvieron ligados con la Marina. La familia de su madre tenia algunas lejanas conexiones con la nobleza, pero su padre era un habilitado de la intendencia naval, con su sueldo modesto. El padre, Nicolas Franco, era algo rebelde y un tanto calavera. La familia pasO innecesariamente bas- tantes situaciones apuradas. Franco no tuvo una infancia feliz; en una sociedad clasista como la de El Ferrol, aislada totalmente del resto de Espafia, como casi toda Gali- cia, la nifiez y la adolescencia le marcaron para toda la vida. Abandonar su hogar en 1907 para intentar el ingreso en la Marina, era una liberacién, No hubo vacantes, pero pudo ingresar en la academia de Infanterfa de Toledo cuando atin le faltaban seis meses para cumplir la edad yeglamen- taria. El 13 de julio de 1910, a la edad de 17 aiios, fue nombrado segundo teniente de Infanterfa por promoci6n. Diez dias mas tarde es destinado 167 1 al Regimiento de Zamora nimero 6, de guarnicion en Fl Ferrol. El 24 de septiembre de 1911, es nombrado ayudante del segundo Patallon y profesor de la academia de cabos. El 6 de febrero de 1912 es destinado a la situacion de excedente en Melilla. Dieciocho meses més tarde de su salida de la Academia estaba en Marruecos para emprender una activa carrera militar. E] 14 de mayo ya tenia su bautismo de fuego en el ataque a Duar Haddpu Alla Kaddur. Y el 16 de noviembre ya obtenia su primera Cruz de primera clase al Mérito Militar por sus actuaciones en la campafia. Cuatro meses mas tarde, el 28 de marzo de 1913, se le concede la Medalla de Melilla, con los pasadores de Kert y Beur Bu-Gafar. El 15 de abril se le destina a los Regulares de Melilla, y en octubre ya obtiene su segunda Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo. En abril de 1914 conseguia la Cruz de Marfa Cristina; y en septiembre de 1915 la tercera al Mérito Militar, siendo capitan. Sus méritos se cifran en muestras de valor, disciplina y capacidad de decision desde las primeras escaramuzas en que intervino. No era un temerario, pero no eludia su puesto en la linea de fuego y tomaba parte en numerosos combates sin sufrir apenas un araiiazo. El 29 de junio de 1916 fue herido gravemente en el vientre en un combate en El Biutz, cerca de la posicion de Kudia Federico, pero no pudo ser trasladado al Hospital de Ceuta hasta el 15 de julio. La segunda Cruz de Maria Cristina recompensaria aquel hecho de armas. El 1 de enero de 1917 es destinado a los Regulares de Tetuan, y pronto seria ascendido al empleo de comandante, con antigiiedad de un afio. Se ha destacado por su actitud impersonal y pragmatica, su insisten- cia en el orden y la jerarquia, y sus ejemplos de valor y de capacidad de iniciativa le convirtieron en un buen jefe de peloton y de compajifa, a pesar de su juventud. Ademés, ya era uno de los pocos militares espafio- les que entonces se interesaba seriamente por los mapas, fortificaciones y la preparacion militar de las columnas armadas; interés que desarrolla- rd en aiios sucesivos. En 1917 fue trasladado a la Peninsula como jefe de la Infanteria de guarnicién en Oviedo. Aqui hubo de intervenir en la pacificacion de la huelga minera. El Gobierno pretendia que con 150 hombres protegiese las minas contra el sabotaje y demostrara, con la presencia de fusiles y ametralladoras, que el Gobierno iba en serio, Este episodio pondria a Franco en contacto con una nueva realidad: 168 “Vi por mi mismo las espantosas condiciones en que los patronos hacian trabajar a los obreros, pero al profundizar en mis indagaciones comencé a darme cuenta de que no existfa ninguna solucién facil posible. Por consiguiente, emprendi la lectura de libros sobre asuntos sociales y teorfas politicas y econ6micas, para buscar alguna solucién.” La demostracion de fuerza duré menos de una semana y la huelga, tres semanas; pero una vez concluida, la vida de Oviedo volvio a la rutina y Franco se dedicé a la revista de tropas, marchas y ejercicios con o sin soldados. En septiembre de 1918 decidié asistir a un curso de tiro de precision para oficiales superiores. Allf conocié al comandante José Mi- Ilan Astray, hombre cadavérico y de ojos relucientes, que era trece afios mayor. No se habian visto nunca, aunque ambos guerrearon por Marrue- cos con los Regulares, pero en zonas opuestas, Ambos Ilegaron a una im- portante conclusi6n: los libros de tacticas de infanteria tenian que ser revisados, y la infanterfa adiestrada en la utilizacién del terreno para el ataque y la defensa. Y como Millan Astray pensaba en su Legién, juzgd “que necesitaria hombres extraordinarios, y principalmente uno que fuese mi lugarteniente.., No pensé en otro que en Franco”. Franco regres6 a Oviedo e intenté ingresar en la Escuela de Guerra, pero fue rechazado por su alta graduaci6n; la Escuela era para capitanes y tenientes. Entonces inicié sus relaciones con Carmen Polo, hija de una familia de clase media alta. Programada la boda para el otono de 1920, Franco recibié un telegrama de Millan Astray, que ya era teniente coro- nel, ofreciéndole formalmente el puesto de lugarteniente en el Tercio de Extranjeros, Para casarse atin necesitaba el consenso real, y la maquinaria burocra- tica tardarfa, Emprendi6 viaje a Marruecos para participar en la creacién del Tercio. El 10 de octubre ya estaba en Ceuta y se hacia cargo de la Primera Bandera. Los soldados le .cantarfan con el ritmo de La Madelén, estos versos que se hicieron famosos: El comandante Franco es un gran militar, que aplaz6é su boda para ir a luchar. Franco escribid un diario que cubria el perfodo entre octubre de 1920 y mayo de 1922, y lo publicé ese mismo afio bajo el titulo Diario de una Bandera. No es un libro a mitad de camino entre el diario de guerra de una formacion y las memorias de un oficial del Ejército. Los detractores 169 sefialan que el verdadero escritor del libro fue el periodista eatalin Juan Ferragut, cosa improbable. Ferragut, por las mismas fechas también pu- plicd sus Memorias de un legionario, al igual que Carlos Mico publicaba Los caballeros de la Legién. Las tres obras cuentan los mismos hechos, mas o menos detallados segiin los protagonistas; los estilos son diferentes y en el de Franco se evidencia la preocupacién de cuidar la imagen y dar jos hechos dentro de un sentido que llamaria ortodoxo; es decir, el horror es horror y no rostros ennegrecidos y famélicos entre cuerpos en- sangrentados. Franco habla de la morita encontrada en Nador, con su yestido albo y la mancha de sangre en el pecho a la altura del corazon: pero otros hablan de la morilla que no pudo huir, con el fusil caliente en Jas manos, y como toda la Compaiifa y luego toda la Bandera no la miran con amoroso respeto, segin Franco, sino que la acuchillan al pasar. Son matices de militar hecho a las crueldades de la guerra, y del civil metido a guerrero, incapaz de comprender el 0 mato o me mata. Ademas, en el libro de Franco se va perfilando una constante defensa del sistema de ascensos por méritos como el tinico capaz de premiar y mejorar el nivel del ejército, Hay juicios de valor sobre las acciones gue- rreras; asi, escribié: “Examinemos nuestras conciencias, miremos nues- tras virtudes aletargadas y encontraremos la crisis de ideales que convirtid en derrota lo que debid ser un pequefio revés,” Franco queria que el ejér- cito contara con las armas mejores y més modernas, y aprobé con entu- siasmo la creacién del primer escuadrén de carros blindados en mayo de 1922; y pese a verlos derrotados en el desierto, sefiala motivos y cir- cunstancias por las que pueden hacerse muy efectivos. Son, pues, aprecia- ciones de estratega, de militar muy dentro de lo que serfa su pensamiento y la trayectoria posterior: parco en el uso de epitetos y en sus alabanzas a otros hombres. Franco irfa al frente de su Bandera a la defensa de Melilla. Estuvo en Nador, en Monte Arruit y particip6 en todas las batallas que se han des- crito anteriormente hasta la toma de Taxuda. La Bandera de Franco se detuvo én Nador seis dias, enterrando a los muertos y poniendo fin al caos de Ja ciudad. A partir de entonces la ofensiva se centré en la Ilegada al rio Kert, entre las dos carreteras que desde Nador van al rio. La Bande- ra de Franco, en particular, fue cambiada de una a otra, repetidamente, por lo que témé parte activa en todos los encuentros importantes: el asalto del Gurugi, que tan bien conocia de afios anteriores; la toma de altura tras altura en la carretera norte hacia Segangan; la recaptura de 170 Monte Arruit y Dar Drius, en la sur, poblados en los que se encontraron con escenas de horror tan repugnantes como las de Nador. La Legién sufrié importantes bajas, como ya ha ido sefialandose, y Franco se quejo de que los hombres que le enviaban carecfan del sufi- ciente entrenamiento. Aun asi, la Legion siguio como punta de lanza de todo un ejército, por eso al detenerse en algunos puntos, como el campa- mento de Segangan, Franco insistfa sobre el entrenamiento y prdcticas de tiro; queria que sus oficiales y soldados hicieran pleno uso de la cober- tura natural durante el avance; y crefa fervientemente en las ventajas del ataque a la bayoneta. En su opinién, no habja otra arma que rompiese la moral del enemigo con mayor rapidez. Después de Taxuda, los combates de la Bandera de Franco se desarro- Ilaron en los montes Uisan y en Ras Madua, donde los legionarios, muer- tos de frio, sorprendieron a los bereberes en el momento de tomarse su +6 mafianero; se lo bebieron y los desalojaron a bayoneta sin que pudie- yan refugiarse en el pequeiio fortin de San Enrique. Siguieron las acciones de Tauriat-Hamed, de Harcha y el castigo infligido el 2 de diciembre a los hombres de la cabila de Beni-bu-Ifrar, que atacaron a los ingenieros que tendian la linea telefonica. La inespe- rada presencia de unos legionarios que cortaban lefia en Uisan hizo que, sin armas y cumpliendo el credo legionario, se lanzasen a combatir con los moros: “Al llegar nos recibieron tirandonos desde uno de los aduares. Como los moros estaban parapetados y con los pocos hombres que llevaba no podia castigarlos, me apoderé de un ganado que se hallaba préximo y de dos chicos pastores, mandé uno al aduar para que viniese el jefe con los hombres armados o me Ilevaba el ganado. Llegaron cinco motos, a los que sin dar tiempo a defenderse, desarmamos e hicimos yenir delante de nosotros al campamento. Nos siguieron mientras crefan ir a la oficina de Policia, pero al ver que torcfamos hacia Segangan, pretendieron huir por un barranco. El ganado, para que no se pudiera pensar que fue el origen del episodio, lo he entregado en la posicion de Bu-Atlaten, Estas mismas declaraciones hicieron los demas soldados, y un rato después, un sargento y un soldado de ingenieros vinieron a comprobar lo sucedido; eran los que estaban tendiendo la linea telefonica y querfan manifestar que la presencia de los legionarios les habia salvado de la agresion.” Luego seria la ocupacion de Tauriat-Zag y el combate sostenido para 171 aleanzar la posicién de Ras Tikermin, bajo el mando del general Beren- guer (Federico) y los coroneles Saro y Fernandez Pérez, con sus respec- tivas columnas, Ras Tikermin es otro de los grandes combates legionarios; alli se muere luchando, como en los mejores momentos. “Apoyados por el fuego de nuestras ametralladoras salen de la posicién a batir al enemigo las compafifas 2.2 y 13.*, mientras que por la loma de la izquierda, otra compaiiia de la Legién rebasa el flanco enemigo. Ante el avance de los legio- narios, los moros parecen declararse en huida, y con poca resistencia las guerrillas ocupan el frente y flanco derecho en las lomas, delante de la posicion; pero en estos momentos el enemigo reacciona y el combate se empefia a pocos pasos; en los fusiles de los legionarios brillan los ma- chetes, los vivas e interjecciones se suceden: jperros!, jcobardes!... jtoma!.., jay! Al banderin de la 13.2 compaiiia, enarbolando su bandera, se le ve gritar. Cae a tierra; es el célebre cuentista de la compafiia citada; el que los dias de fiesta nos entretiene con sus cuentos y canciones. Las secciones de sostén acuden al sitio del ataque, pero, rechazadas en este lado, tienen que retirarse y acudir al otro. Nadie piensa en recoger las bajas; ya se hard luego; nuestros ordenanzas y agentes de enlace inter- vienen también en la lucha. ”Un oficial cae herido o muerto; sobre él muere un legionario; los moros ruedan por la ladera, pero el fuego sigue muy intenso. Es preciso resolver el combate alejando al enemigo con la maniobra; pero no nos quedan tropas; los acemileros y conductores de ametralladoras se encuen- tran ya formando un sostén en el frente. Entonces echamos mano de los policfas y moros adictos... La empresa no les agrada mucho, las disculpas se suceden; no tener cartds (municiones); se las entregamos, y por un ba- rranquito de la derecha les hacemos aparecer en su puesto sin ser vistos. E] enemigo, al verse arnenazado por retaguardia, se declara en huida y las ametralladoras y fusiles se encargan de perseguirle con sus fuegos por las multiples barrancadas. ”El combate nos ha costado a la Legion seis muertos y cuarenta y un heridos; han sido heridos los tenientes Virgilio Garcia, Toribio Marcos y Fermin Hidalgo Ambrosy; murieron el capitan Emilio Infante Rodri- guez y el alférez Francisco Marquina Sanchez; las bajas enemigas han sido muy crecidas. ”Al dia siguiente, la Legion regresa al campamento de Segangan.” Dar Drius se reconquista en los primeros dias de enero de 1922. Se 172 § comprueba que la derrota de Annual pudo ser detenida alli, lo que hubie- se evitado las matanzas de Zeluan y Monte Arruit. Frente a la posicién se extiende un enorme Ilano que permitia cualquier defensa. Pero ya se ha dicho que la derrota fue més por el miedo, la ineficacia y la desorganiza- cién de algunas fuerzas espafiolas que por la accién de los moros, olvida- dos de sus objetivos militares para dedicarse al saqueo de los muertos y la matanza y castracion de los heridos; en cuya accién, al parecer, también participaron las moras, Febrero y marzo se dedicaron a consolidar los terrenos ganados. Las crisis politicas internas y la constante oposicion a que la guerra siguiera su curso, una vez el honor y el prestigio nacional perdidos en Annual habian sido recuperados, se produjo la retirada de 20.000 hombres de Melilla, Mientras se discutia si el avance continuaba hasta Alhucemas y Abd-el-Krim fuera castigado por su rebelién, Franco se tomé un corto permiso para visitar a su madre en E] Ferrol. Regres6 a tiempo de presenciar la primera utilizacién de tanques en Africa. Fue para la batalla de Ambar. El 17 de marzo se establecié el campamento provisional de la columna de Itihuen. Mill4n Astray tam- bién esta presente y ofrece todos los elementos de la Legién a sus compa- fieros, durante una cena de oficiales. Al amanecer del 18 la Legién sale precedida de los carros de asalto, en vanguardia de la columna. “Los carros de asalto avanzan por la ba- rrancada anterior al aduar de Ambar. Siguen los legionarios a ocupar los aduares, y después de breve detencion, descienden los carros por el pro- fundo barranco que separa Ambar de la Loma Alta, conocida mds tarde con el triste nombre de “loma de los ataques”. Las guerrillas de la Legion ascienden las cortadas laderas y toman posiciones pasado el barranco. ”Los tanques, que se adelantaron unos ochocientos metros delante de nuestras guerrillas, desaparecen un rato de la vista; cuando reaparecen, los moros les rodean arrojandoles piedras; furiosos, tratan de luchar con el nuevo elemento de combate; buscan el angulo muerto de sus ametra- lladoras, pero intitilmente, muchos caen acribillados por sus fuegos. Un carro regresa a la guerrilla; la ametralladora se encuentra inte- rrumpida. No es extrafio, el dia anterior fueron desempacadas y coloca- das en el carro, y el personal, que debiera estar muy practico en su conocimiento, no parece estarlo. El apuntador llega levemente herido; un moro metié por la mirilla una gumia, hiriéndole ligeramente. 173 *Los moros, escarmentados de su primer ataque contra los tanques, esperan ocultos en las barrancadas el momento del repliegue. “Las guerrillas siguen durante el dia en fuego con el enemigo, y ter- minada la fortificacion de las posiciones, el grueso de la columna se repliega a Itihuen, mientras la, vanguardia ha de retirarse sobre la posicion de Ambar. El teniente Comparred, de la 13." compaiifa, ha sido herido. *Los carros de asalto, que hace unos momentos se encontraban a la altura de las guerrillas, se han de replegar a retaguardia de las mismas, evi- tando que el enemigo se eche encima, mientras las tropas cruzan las pro- fundas barrancadas. *Empezando el repliegue, el enemigo, muy numeroso, ataca por todas partes y el combate se entabla duro; en estos momentos, cuando las tiltimas unidades de legionarios han cruzado el barranco, ven a las guarniciones abandonar los tanques y correr cuesta abajo por la loma. Los legionarios recogen al capitan de los tanques y un soldado herido y entran en la posicién. El enemigo ataca duramente y se encuentra en algunos puntos cerca de las alambradas; los defensores les hacen nutridas descargas, que les causan muchas bajas. ”En estos momentos, al bravo comandante Fontanés, que manda la 2.* Bandera durante toda la campaiia, le traen herido de un balazo en el vientre; a su lado viene su ayudante, el teniente Lizcano, también herido, mientras a lo lejos los moros se agrupan rodeando los tanques, las som- bras de la noche impiden ver a distancia y las posiciones rechazan el ataque. “EI Padre Antonio Vidal, escolapio, agregado voluntario a la Legion, muere gloriosamente. *La noche es triste en Ambar; el comandante Fontanés esta muy grave, y todos saben lo que significa una herida de vientre con el hospital tan lejos. El doctor Pagés es toda la preocupacion del herido; él podria salvarle. En la Legi6n se siente admiracion por este notable cirujano, que ha librado a tantos legionarios de una segura muerte. Por esto piensa en Pagés el bravo Comandante de la 2.* Bandera. En la madrugada del 20 muere en la posicién el heroico Comandan- te. La Legién esta de luto, ha perdido uno de sus mejores jefes y los soldados estan tristes; sus ojos no Iloran porque en sus cuencas ya no quedan lagrimas.” Los tanques fueron abandonados porque se les acabé el combustible... para gran satisfaccién de los oficiales conservadores que aseguraban que 174 no servirfan para Marruecos. Franco, por el contrario, veia en ellos gran- des posibilidades. Aseguraba que “son de gran aplicacion en esta guerra”; pero debieran tener como los utilizados por los ejércitos europeos, doble ametralladora, en vez de una sola, que se encasquilla a la mas minima. Y afiade que la Hotchkiss no era mala, pero necesitaba “una cartuchera seleccionada que disminuya las interrupciones tan frecuentes en nuestras unidades de ametralladoras, por las municiones tan diversas que se em- plean”. El tema de las municiones, tan mencionado por Mola, Vigon, Beren- guer y cuantos tenfan la experiencia de encontrarse ante el enemigo indefenso por la falla del material. Franco, ademas, pensaba que el enemigo atin no tenia con qué dete- ner a los tanques, causando a los harquefios hondo quebranto. Pero de- bran ser manejados por personal perfectamente adiestrado; y debian desarrollarse tacticas de mutuo apoyo entre tanques e infantes, “La cons- truccién de un tanque ligero, con mds de un tirador, especial para Marruecos, aumentaria la eficacia y radio de accion de esta arma... No hay que olvidar que lo mas caro en esta guerra no es el material, sino los hombres.” También habra de sefialar, amargamente, que en aquella campaiia no pudo disponerse de granadas de mano ni de fusiles, aun siendo estas armas vitales en la defensa de los blocaos. Sus hombres tuvieron que im- provisarlas con clavos, latas de comida y pélvora. Sin embargo, sus criti- cas principales cayeron contra los hombres: “La calidad y no el nimero de tropas han de dar la solucion al problema... Para organizar este ejérci- to, base legionarios o base regulares, hace falta que los banderines engan- chen voluntarios, que las leyes que se dicten beneficien el voluntariado y que en la vida militar encuentran los soldados los periddicos descansos y el relativo bienestar de las tropas coloniales. Su calidad no depende s6lo de la materia prima. El soldado volun- tario es como todos los soldados, y lo que mejora su calidad es la elec- cion de cuadros, el poder llevar a ellos una oficialidad entusiasta y vale- rosa que les eduque en un credo de ideales, que no ha de sostenerse con unos pufiados de pesetas. Es necesario el estfmulo, que los oficiales se especialicen en la guerra, que conozcan al enemigo y que no suefien con el momento de regresar a la Peninsula.” Son ideas expuestas en 1922 que mera ocasin propicia, y tuvo bastantes. poniendo en practica a la pri- 175 En junio de 1922, el general Sanjurjo le receomendé para su ascenso a teniente coronel por su comportamiento en la toma de Nador. Beren- guer, para la Medalla Militar y la promoci6n; pero Franco no logré el as- censo. La excusa fue que no habia mas promociones por conducta distin- guida en la batalla, mientras durase el asunto de responsabilidades por el desastre de Annual. En agosto, sin embargo, se concedié la Medalla Militar Colectiva al Tercio de Extranjeros por su actuacién en la campafia de Melilla. En oc- tubre, formara en la vanguardia de la columna Coronel para ocupar Tizi Azza, una encumbrada posicién en el elevado puerto del mismo nombre. El 28, el dia que lo ocupamos, decfa un oficial de Intendencia: “Los convoyes aqui, van a ser de pelicula”; y en efecto, tragicas e interesantes peliculas pudieron filmarse en los caminos y senderos que conducian a Tizi-Alma, Norte, Benitez y demés filiales de la principal de Tizi Azza. Y el coronel Mateo atin sefiala: “Era el 2 de noviembre y el dia ante- rior habiamos tenido una verdadera funcién de gala pues los Reni-Urria- guel, reaccionando de la sorpresa que les produjo la ocupacion del colla- do, cayeron violentamente sobre nosotros y hubo sangre abundante. Sobre todo la avanzadilla de Tizi-Alma con casi la mitad de’su contingen- te en bajas, vio desmoronarse, el parapeto con las granadas de mano ene- migas, y vio también cémo desaparecfa la alambrada arrastrada, desde un dngulo muerto, por los cabilefios que como muestra de audacia deja- ron —rara avis— cinco muertos en dicha alambrada. Pasada la noche en alarmas y precauciones, llegd el convoy de agua en las primeras horas de la mafiana y al mismo tiempo se presenté un grupo de diez legionarios al mando de un cabo. A mis preguntas contesté la clase en la mas correc- ta postura militar: “—Si, sefior, mi teniente coronel, venimos a defender esa avanzada donde se muere. Asi nos lo ha dicho nuestro Jefe, que nos abrazo, y esta- mos dispuestos a cumplirlo.” En este fuerte permanecié algin tiempo Franco con su Randera, hasta que al ascender Millan Astray y hacerse cargo de la Legion el teniente coronel Valenzuela, se le destina al Regimiento de Infanterfa del Principe, nimero 3, de Oviedo. El 12 de enero de 1923 se le impone la Medalla Militar en el campa- mento de Dar Drius y a final de mes va a incorporarse a su nuevo destino, mientras el rey le nombra gentilhombre de cémara con ejercicio. Pero Franco acude a El Ferrol para visitar a su madre. No llega a Oviedo hasta 176 el 21 de marzo, donde le espera su novia Carmen Polo. Franco es recibi- do con grandes honores, banquetes, cenas y otras reuniones sociales, Pero el rey atin no ha dado su consentimiento para el enlace. En Marruecos sigue en pie la guerra. Los dias 28, 29 y 31 de mayo la 1.2, 2.4 y 4.* Banderas de la Legién tuvieron que ponerse en vanguar- dia de las columnas para levantar el cerco que los moros habian puesto a todas las posiciones del sector de Tizi Azza. Habia que llevar viveres a dicho fuerte y al blocao de Benitez. Se entraba a la bayoneta para ocupar las trincheras. Los descalabros eran grandes. Rafael de Valenzuela y Urzaiz era el jefe de la Legion: hombre alto y fuerte, de recia fisonomia. Formado en la heroica oficialidad africana, con el coraz6n prendado del Rif, no habia podido vivir en su noble casa madrilefia mientras sus compatriotas peleaban en Marruecos. Disfrutaba de corta licencia en Madrid, y al conocer los descalabros de Tiz Azza, se traslad6 apresuradamente a ‘Africa. En la tarde del 4 de junio llegé a Tafersit y encontré reunidas las Banderas 1.*, 2." y 4.*. El coronel que mandaba la columna le informé que algunos caides le habian hecho saber que las tropas moras estaban desmoralizadas. Ordené a Valenzuela que a la mafiana siguiente ocupase Pefia Tahuarda. El Jefe del Tercio dudaba mucho de la sinceridad rifefia, pero salia tranquilo y resuelto a cumplir el Credo legionario: “obedecer hasta morir”’. “Agquella misma noche, a las dos, entré en la tienda del capellan. Confes6 y comulgé el caballero santiaguista y después elevé aquella voz inolvidable, ante su tropa formada: ”—Mafiana salvaremos a nuestros compaiieros de Tizi Azza; mafiana entraré el convoy o yo pereceré. Majfiana ejecutaremos esta hazafia, por- que nuestra raza no ha muerto atin.” Pefia Tahuarda se destaca a quinientos metros al oeste de Sidi Me- saud. Para llegar habia que dominar Loma Roja y descender luego el barranco que, como trinchera natural, se extiende desde el pie de Tahuar- da hasta el Cerro del Iguemiren. Era el baluarte mas defendido por el enemigo, Las primeras luces del dia 5 vieron cémo las Banderas empujaban de modo irresistible al adversario, invisible, rompiendo un fuego nutrido y constante. El terreno era muy quebrado y el avance dificil y sangriento, Asf llegaron los nuestros hasta el barranco de Loma Roja, donde el ene- migo habia encontrado un formidable foso natural defendido por los 177 innumerables parapetos de rocas, aristas del terreno y pequefas hondona- das de las rapidas vertientes. Alli se detuvo el avance; el nimero de bajas aumentaba por momentos y las Banderas tomaron un respiro antes de emprender el supremo esfuerzo. La situacién era violentisima; toda la linea espafiola volvié a tener a su vista la imagen del fracaso que presidié las operaciones de dias ante- riores. Pero “el legionario vence siempre, nunca retrocede”. Y Valenzue- la, con la pistola en la diestra y en la mano izquierda el bast6n de mando y el gorro, se lanz6 al asalto al grito de ;Viva la Legién! ; Adelante! Le siguen los fieles auxiliares del mando, los enlaces, cuando se produce la mas violenta réfaga de fuego enemigo que barre la cresta, jNada queda en pie y los camilleros, casi una seccién de hombres, van a engrandecer alli el holocausto! “Pero el convoy entré en Tizi Azza. Por eso, tras los vivas reglamen- tarios, ofmos casi siempre el ;Viva Valenzuela!’”, termina diciendo el coronel Mateo, La muerte de Valenzuela supuso el ascenso inmediato a teniente coronel de Franco, 8 de junio, con antigiiedad al 31 de enero del aiio anterior. Y su consiguiente nombramiento como Jefe de la Legion. El 19 de junio vuelve a estar en Ceuta, posponiendo de nuevo su boda. Su regreso inyect6é nueva vida en la Legion. Su presencia era conside- rada como augurio de buena suerte y el valor moral en seguida tuvo su demostracion, El 2 de julio, a punto de parecer sitiado un puesto avanza- do sometido a cerco, se le heliografié un mensaje en el que se deca que Franco estaba de regreso. Aquello resulté suficiente para el alférez que resistfa con unos pocos soldados. Ese mismo dia se publicé oficialmente la noticia de que el rey con- sentia al matrimonio de Franco con dofia Maria del Carmen Polo Marti- nez Valdés. En agosto y después de varios intentos los dias 17, 18 y 22 por soco- rrer el puesto avanzado de Tifaurin, donde los moros se desplegaron con desacostumbrado nimero de hombres, Franco decidié utilizar una Ban- dera para fintar con un ataque frontal mientras él, con otra, daba un amplio rodeo y atacaba por detrds al enemigo. Las bajas moras fueron muy numerosas, pero pudo liberarse a los cercados. El 13 de septiembre el Capitan General de Catalufia, el general Primo de Rivera, se levanté contra el Gobierno. El de Zaragoza se puso a su lado, lo mismo que Martinez Anido, que era Gobernador Militar en Afri- 178 ca, pero estaba en San Sebastian. Sanjurjo, su subordinado, declaré a favor de los insurgentes. La guarnicién de Valencia se mantuvo al lado del Gobierno; la de Madrid esperé las 6rdenes del Rey. Este ordené la aceptacion de Primo de Rivera como nuevo dirigente de Espafia. Como se gozaba de tranquilidad en todos los frentes de Marruecos se concedieron 40 dias de permiso a Franco para contraer matrimonio, Se celebré el 16 de octubre. De regreso a Marruecos, tuvo una entrevista con Primo de Rivera, que prometié desplazarse al protectorado para hacerse cargo de la situacion. Hasta marzo de 1924, las condiciones climatologicas redujeron la actividad militar. No obstante, Franco se dedicd a dar impulso a las yealizaciones de Dar Riffien; aquélla era la cuna, el manantial inagotable del que salfan los nuevos legionarios para incorporarse a las Banderas. También se cuidé de Tahuima, en las cercanfas de Nador, que se cons- truy6 a semejanza de Dar Riffien. Abd-el-Krim, por su parte, no permanecié inactivo. Se habia conver: tido en algo mas que un rebelde cabilefio. Dio buena utilizacion a las enormes cantidades de material bélico capturado. Los rusos le enviaron un coronel de Artillerfa, Serge Kuguschev, para adiestrar a sus hombres en el uso de los cationes Schneider, de 75 y 105 milfmetros. Cabila tras cabila habian aceptado la jefatura de Abd-el-Krim. Le pagaban tributos y él se autocalificaba Emir del Rif y Jefe del Estado del Rif. Su oro —proviniese de los tributos o del rescate de prisioneros— era satisfactorio para los fabricantes de armas de Inglaterra, Francia y Checoslovaquia. Contaba con un ejército comparable al de los espafioles; y pensaba avan- za con esas tropas y extenderlas hacia el este y el oeste. A mediados de 1924 era duefio de todo el Marruecos espaiiol, excepto el cuadrilatero de la parte oriental reconquistado después de Annual y las poblaciones de Larache, Xauen, Tetuan y Ceuta. El 4 de julio, Franco sale con su Bandera y logra romper el cerco que mantienen los moros a Koba Darsa, socorriendo a los sitiados después de un sostenido combate. Las cosas parecieron estabilizarse, porque Primo de Rivera llegaba de visita a Marruecos. El 13 estaba en Melilla y el 19 Franco se lo llevé a Dar Drius, y luego a Ben-Tieb, para que presidiese Ja parada y revista de las unidades de la Legion, seguidas de un desfile marcial que acredito la bizarria y buena preparacién de los legionarios. Estaban de guarnicidn la 2.*, 3.3 y 4.* Banderas. El general almorzé con los oficiales en un barracén de tropa habili- 179 tado al efecto, y alli pronuncié un apasionado discurso. La cireunstancia era muy especial, y segiin relata Garefa Serrano, se le puso un meni com- puesto solamente de huevos, preparados de muy diversas maneras: fritos, escalfados, cocidos, tortillas, La comida ademas de curiosa era revelado- ra. Un gran cartel situado frente a la mesa, decfa: “jEI de la Legion es acometividad!” Mientras se le hizo inspeccionar el campamento se le ha- bia leido el Credo de los legionarios, y ante el articulo que dice: “El espiritu del legionario es de ciega y feroz acometividad: de buscar acortar la distancia con el enemigo”. Primo de Rivera sugirié que debfa decir: “El espiritu del legionario debe ser de ciega obediencia a las ordenes.” El hecho era que Primo de Rivera habia Ilegado para saber si Espafia debra hacer un decidido esfuerzo y conquistar el Protectorado, o bien abandonarlo. Como todo no podfa ser, decidié que serfa nada. Habia que abandonar. El discurso de Franco sefialé: “Este Ejército no habia hecho mas que combatir kilometro a kilémetro bajo toda clase de inclemencias y de peligros, sin una queja, simplemente por patriotismo; abandonar el terreno trabajosamente conquistado seria doloroso para estos oficiales y estas tropas, puesto que en él esta la sangre derramada y se pudren los huesos de tantos compaieros caidos en cumplimiento de un deber mas que servido, amado, y la Legién esta dispuesta a entregarse hasta el iilti- mo hombre a la pacificacién de este Marruecos tan querido como ol- vidado.” Primo de Rivera prometié estudiar el tema mas a fondo y pensar en el plan de Alhucemas: foco de la rebelién antiespaiiola, el camino a Fez, la salida corta al Mediterrdneo, “y alli esta la clave de muchas propagan- das que terminardn el dia que sentemos el pie en aquella costa”, segiin expresién del propio Franco, Apenas se hubo marchado Primo de Rivera, los rifefios desencadena- ron una gran ofensiva en los dos frentes. La carretera Tanger-Tetudn quedo cortada y el mismo Tetudn fue amenazado. La 5.* y 6." Banderas salieron apresuradamente de sus posiciones para detener al enemigo a las puertas de Tetuan. Ha llegado el momento Algido para la Legion. No puede descansar sobre sus laureles tan bien ganados. Todo el pais esta en franca rebeldia. Los asedios a las posiciones son frecuentes y las Banderas cambian cons- tantemente de lugar para acudir a prestar sus servicios en los puntos mas. diversos. Primo de Rivera ordena el rescate de los espafioles aislados en Xauen. 180 En la cuenca del rio Lau se combate encarnizadamente; en la zona de Larache otra Bandera rinde hasta el tiltimo de sus esfuerzos; Franco sale con las restantes, formando en la vanguardia de la columna de socorro que el 23 de septiembre salié de Tetuan. Se abrieron paso batallando. Llegaron a Xauen diezmadas, el 2 de octubre, Ni se les habfa concedido cuartel ni lo dieron. Fueron evacuados los destacamentos situados mas all4 de Xauen. Los puestos carecian de trincheras de reserva, de alambres de espino y de precauciones contra los ataques repentinos, Estaban tan aislados unos de otros que fuerzas de la Legion tuvieron que salir de Xauen a cubrir su retirada individual. El 5 de noviembre evacuaron las tropas peninsulares y quedaron las cinco Banderas para recoger a todos los civiles, espafioles, judfos o marroquies, y sacarlos en los camiones preparados al efecto. Franco sugirid al jefe de la columna Castro Girona, que el regreso a Tetudn se hiciese de noche. Castro concedié permiso y el 17 salieron sigilosamente de la ciudad santa. Costé cuatro semanas recorrer 64 kil6- metros, pero se lleg6 a Tetudn con 10.000 hombres de Xauen y con los pequefios destacamentos diseminados a Io largo del camino, sanos y salvos. Aquella tremenda retirada por un terreno anfractuoso, bajo las incle- mencias del tiempo, acosados constantemente por un enemigo envalen- tonado que cree abandono y derrota lo que sdlo era un edlculo meditado del Mando. Franco habfa obedecido a Primo de Rivera, pero no aprobaba el abandono de un terreno tan duramente ganado, y escribid un articulo en la Revista de Tropas Coloniales sobre la tristeza que producia abando- nar Xauen. Primo de Rivera habria de recompensarle. Primero se le concedié la cuarta Cruz al Mérito Militar y el 7 de febrero de 1925 le ascendia a coronel, con antigiiedad de enero de 1924. Puesto que ya le correspondia por estar al mando de una fuerza constituida por cinco batallones. Con Xauen en sus manos, Abd-el-Krim se encontraba en pleno triun- fo. Comenzé el afio capturando al Raisuni, que habia hecho la paz con los espafioles al temer mas a su hermano drabe. Entonces Abd-el-Krim se dirigio hacia el sur, a Fez. Los franceses, para detenerle, desplegaron 18 batallones de Infanterfa, 6 escuadrones de Caballeria y 12 baterfas, Francia y Espafia enterraron el hacha de guerra y acordaron una accién conjunta contra el rebelde. Petain, entonces comandante del Ejército francés, se dirigid apresuradamente a Fez y estabilizé el frente; luego se 181 entrevist6 con Primo de Rivera en Algeciras y acordaron una ofensiva combinada. Un ejército francés de 160.000 hombres, en su mayorfa coloniales, atacarian desde el sur; Espaiia pondria en accién 75.000 hom- bres, casi todos europeos. Los espafioles debian desembarcar en la bahia de Alhucemas y avanzar desde el rectaéngulo de Melilla. El plan de Franco iba a someterse a prueba. Pero Franco ya estaba obteniendo buenos resultados con su muestra de acatamiento a la retirada, porque durante ese invierno de 1924-1925, el Estado Mayor puso énfasis en el tema de elevar el nivel de las fuerzas que luchaban en Marruecos; como no podia conseguirse en pocos meses, Primo de Rivera empezé a apoyar a la pequefia minorfa de oficiales combativos y a las unidades de choque que mandaban. Asf se concedié mayor atenci6n al Tercio. Se habfan reclutado 800 voluntarios alemanes en Hamburgo durante la crisis social de 1923, y en mayo de 1925 surgia la 7.2 Bandera de la Legion. Como Franco hab‘a sido ascendido a coronel y se le confirmé en su puesto de comandante en jefe del Tercio, a éste se le concedié mejor equipo. Fueron aumentados los sueldos de los oficiales y soldados que ya resultaban relativamente altos respecto a otras unidades. En Tahuima se remodelé la granja agropecuaria, como en Dar Riftfien, y los legiona- rios, mientras no estaban en campaiia, disponian del mejor rancho que les proporcionaba el cultivo de cereales, leguminosas, raices y toda clase de horticultura. La disciplina y las costumbres seguian siendo brutales, pero el espi- ritu del Cuerpo mejoraba y cada vez eran mas raras las ejecuciones por insubordinaci6n. Ciertos escdndalos, como oficiales del Tercio asesinados por la espalda por sus propias tropas, habyan sido olvidados. La teoria de Franco acerca de oficiales capaces de jugarsela al frente de sus soldados, imponia respeto y disciplina. Ademas, el resto del ejército, inadecuada- mente atendido, miraba con envidia a los legionarios, y esto enorgullecia a los componentes del Cuerpo. E] desembarco quedo planeado. Una brigada de 5 6 6.000 hombres saldria de Ceuta y otra de Melilla, al mando de Sanjurjo. La de Ceuta desembarcaria primero. Franco encabezaria el desembarco de diez tan- ques ligeros, dos Banderas de la Legién, tres batallones de Regulares, un grupo de montaiia y dos compafifas de zapadores. E] 8 de septiembre de 1925 la 6.* y 7.* Banderas, las mas jovenes de 182 la Legién, ponen pie en Morro Nuevo y en La Cebadilla, afirmandose rotundamente en el umbral de la rebelde Beni-Urriaguel. Una Bandera capturé una de las baterias que protegian la playa, y la otra, la segunda. El bombardeo premilitar no habia acabado con ellas, ni alejado a los moros del area de Alhucemas. Se produjeron momentos de ansiedad en el frente derecho, donde operaban los Regulares, y volvié a ponerse de relieve la fragilidad de la organizacion espajiola: la artillerfa resulté insu- ficiente y las municiones empezaron a escasear. A mediodia apenas si habian desembarcado 10.000 hombres y ya se tenfan 50 bajas en una penetracién de poco mas de un kilémetro. Una vez asegurado el desembarco, Primo de Rivera decidi6 acudir en defensa de Tetuan, a donde el cabecilla habia enviado nutridas y ague- rridas harcas que sitiaban la posicién de Kudia Tahar, llave del macizo de Gorgues, que con su altura y picos escarpados domina la plaza de Tetudn, cabecera del Protectorado. La Legién esta preparada y en los mismos buques que les condujeron a Alhucemas, la 2.* y 3.* Banderas marchan a Ceuta; desde alli, por ferrocarril, a Tetudén a emprender la titdnica tarea de quebrantar el for- midable cingulo que los harquefios han tendido a Kudia Tahar. Tras tres dias de combates inauditos, 11, 12 y 18 de septiembre, la posicion es liberada y la harea enemiga perece a manos de los legionarios. Al pasar revista a una de las unidades del Tercio, el dictador quedo desagradable- mente sorprendido al ver varias cabezas de moros clavadas en las bayo- netas, e hizo duros reproches por esta costumbre. Alli ganarfa la Cruz de San Fernando el comandante Garefa Escdmez: caeria mortalmente herido el teniente Real, con buen nimero de legiona- rios de su seccién, Se luché ferozmente, a culatazos, tiros a quemarropa y cuchilladas, El 22 de septiembre se reanudé el avance en Alhucemas; cuando se hizo, los morteros de Abd-el-Krim comenzaron a causar grandes bajas entre las tropas espafiolas. Franco volvié a poner dos Banderas del Tercio en marcha, abriendo camino, con varias compafifas de Regulares cubrien- do el flanco izquierdo; y se empez6 una decidida progresion allanando obstaculos y peleando contra lo mas selecto y valeroso de las huestes rifefias: Monte Malmusi, Morro Viejo, Las Palomas, Amekran, son los jalones conquistados a tanto precio. Se llega a formar una formidable linea de defensa, donde se sufren los ataques, no siempre infructuosos, del contrario. 183 Los espafioles sufrieron muchas bajas durante la primera semana de ofensiva, pero el avance resulté eficaz, bien apoyado y relativamente bien organizado. El 30 de septiembre los rifefios se retiraron, incendiando Axdir, su capital, que habia sido sitiada, estrangulando sus posibilidades de resistencia. En enero de 1926 se da vida a la 8.* Bandera, que Ilevara las armas de Cristébal Colon, el Almirante. En febrero, Franco es ascendido al empleo de general de Brigada. En abril, se le destinaré a Madrid, pues tedricamente ya esta separado de la Legion; pero atin contard con ella en el futuro para resolver situaciones mas comprometidas para la historia espafiola mds reciente. Millan Astray recuperaria la Legién de manos de Franco. Contaba entonces con ocho Banderas y 5.000 hombres, entre oficiales y tropa. Serd comandante en jefe del Tercio hasta el 18 de julio de 1927 en que también fue ascendido al empleo de general de Brigada. 184 LAS GLORIAS LEGIONARIAS La Legién, sin embargo, no ha concluido su tarea. Es cierto que después del desembarco de Alhucemas, y del lapso impuesto por el in- vierno las actividades no fueron muy prodigas. Pero en mayo de 1926, tras recobrar las fuerzas perdidas, la Legién, en rapidos y cruentos avan- ces, acabé ocupando toda la zona insumisa. Abd-el-Krim, el rebelde, ya no tenia terreno suficiente para escapar a la accién de las fuerzas espafiolas, Su lugarteniente, Ahmed-el-Kheriro, que en febrero habia lanzado un ataque contra Tetuan en un intento de resquebrajar la moral de los espajioles, volvié a ser dispersado con todas sus fuerzas en un avance que se hizo hacia Xauen. Luego, la columna del yeterano Castro Girona, desde el sudeste de Axdir, destruy6 los restos del harca de Abd-el-Krim. Este opt6 por acogerse a las autoridades fran- cesas, que lo desterraron a la isla de La Reuni6n. Una columna mandada por el comandante Capaz atravesé el sector de la Gomara, al oeste del Rif, mientras que otras fuerzas espatiolas procedentes de Larache completaron la ocupacién de la Yebala meridio- nal. Sin embargo, la rendicién de Abd-el-Krim no implicé la desbandada de todas las fuerzas hostiles al Protectorado. Los moros todavia no 185 creian en la certeza del hecho consumado, y aqui y alla entablan peque- ios combates que mantienen a los espafioles en operaciones a escala reducida durante otro afio. En todos o casi todos los puntos, las Banderas de la Legion habran de hacer un papel preponderante. En marzo de 1927 ain saltaran chispa- zos de rebeldia en las zonas de Ketama y Senhaya, a donde los legiona- rios, en union de otras fuerzas, acudiran para exiinguir el fuego. Sanjurjo, que habra sido nombrado Alto Comisario tras el triunfo de Alhucemas, pudo informar el 10 de julio de 1927 que la pacificacién del Protectora- do habia concluido. En los siete afios de combate en Marruecos, el Tercio habya sufrido un total de 8.096 bajas (2.000 muertos y 6.096 heridos), entre los 20.983 jefes, oficiales y soldados que sirvieron a lo largo de esos afios en todas las Banderas. Participaron en 899 hechos de armas, destacando entre las operacio- nes mds importantes, las siguientes: 1921, 8 septiembre 14 septiembre 17 septiembre Casabona Blocao de la Muerte (Mezquita) Nador 2octubre . Sebt y Ulad-Dau 10 octubre . Taxuda 1922, 18 marzo Ambar 1923, 5julio.... Tizi-Azza 17 agosto Tifarauin 1924, 7,10, 11 y 12 mayo. Sidi-Mesaud 4julio.... Kobba-Darsa 26 agosto .. Afrau 2 septiembre Gorgues 23 septiembre . Aforit 28 septiembre . Xauen 1925, 8 septiembre . 186 26 octubre ... 18 noviembre 19 noviembre . 10 diciembre . 11 septiembre . 23 septiembre . Mura-Tahar y Draa-el-Aseff Dar-Akoba Xeruta Zoco el Arbaa Desembarco de Alhucemas Kudia Tahar Monte Malmusi 1925, 30 septiembre 1926, 4marzo .. 8 mayo... 26 mayo . 1927, 15 junio . Las Palomas Loma Redonda Asgar y Los Morabos Beni-Madan Kudia-Sebaa En todas estas operaciones la Legién escribid paginas brillantes, donde los infantes heroicos, como les decia Franco, vivieron hechos gloriosos para el Ejército de Espafia, que mas tarde se silenciaron, por humanos egoismos, ignordndose los mejores soldados. Solo en los primeros quince meses de existencia, la Legion contd con 874 legionarios, de la clase de tropa, heridos. Y entre los jefes y ofi- ciales, algunos lo fueron varias veces. Sus nombres han sido recordados en el orden de sus acciones: Capitan Antonio Alcubilla Pérez; alférez Guillermo Ruiz Casaus; capitan Pablo Arredondo Acufia; capitan Joaquin Rfos Capapé: teniente Toribio Marcos Jimeno; teniente Sebastidn Vila Olaria; teniente Juan Sanz Prieto; alférez José Manso Vaquer; teniente coronel José Millan Astray; teniente Federico de la Cruz Lacaci; capitan Francisco Franco Sal- gado; capitan Alfonso Beorlegui Canet; teniente Rafael Montero Brochs; teniente José Calvacho Petano; teniente Francisco Urzaiz Guzman; tenien- te Federico de la Cruz Lacaci; alférez Carlos Espaiia Gutiérrez: coman- dante Carlos Rodriguez Fontanés; capitin Antonio Alcubilla Pérez; teniente Gabriel Navarrete Navarrete; teniente Pedro Echevarria Esqui- vel; teniente Juan Monco Dfaz; teniente Emilio Pérez Mercader; teniente Fernando Lizcano de la Rosa; capitan Pedro Jarefio Hernandez; capitan Alfonso Beorlegui Canet; teniente Guillermo Ruiz Casaus; teniente Artu- ro Dalias Chantre; alférez Antonio Fuentes Cascajares; alférez Jestis Rubio Villanueva; alférez Antonio Cejudo Belmonte; capitan José Peiia- rredonda Fernandez; capitan Francisco Pérez Tajueco; teniente Camilo Menéndez Tolosa; alférez Julio Compagni Fernandez; alférez Juan Ben- nasar Bisquerra; alférez Francisco Revuelta Blanco: capitan Eduardo Malagon Pardo; teniente Bernardo Salgado Fernandez; teniente Juan Cisneros Carranza; alférez Fernando Villalba Rubio; capitan Siro Alonso Alonso; teniente Manuel Pérez Moreno; teniente Alfredo Montes Garcia; capitan Alfonso Beorlegui Canet; alférez Manuel Diaz Criado: capitan Luis Valcaézar Crespo; teniente Amador Gallego; alférez Justo Dias Ra- bago; teniente Fermin Hidalgo Ambrosy; teniente Toribio Marco Jime- 187 no; teniente Virgilio Garefa Sanz; comandante Juan de Liniers y Murgui- ro; teniente Jesiis Teijeiro Gonzalez; alférez Manuel Gallart Martinez; capitan Manuel Guarido Vergara; teniente coronel José Millan Astray; teniente José Martinez Gonzalez; capitan Luis Rueda y alférez Francisco Compaired. En ese mismo perfodo, los muertos se cifraron en 236 hombres de la clase de tropa. Entre los oficiales y jefes, cayeron: Capitan Pompilio Martinez Zaldivar, 5-4-21. Teniente Manuel Torres Menéndez, 29-6-21, en Bujarrat (Tetudn). Teniente Miguel Valero Marzo, 15-8-21, en Sidi-Amaran (Melilla). Teniente Martin Penche Martinez, 8-9-21, en Casabona (Melilla). Teniente Eduardo Agulla Jiménez, 7-10-21, en Sebt y Ulad-Dau. Teniente Juan Ochoa Olaya, 5-10-21, en Atlaten. Teniente Antonio Rodriguez Cifuentes, 10-10-21, en Taxuda. Capitan Eduardo Cobo Gémez, 11-10-21, en Taxuda. Teniente Joaquin Moore de Pedro, 12-10-21, en Taxuda. Alférez Julio Argiiello Brage, 27-10-21, en Monte Magan (Gomara). Alférez Carlos Garcia Fernandez, 29-10-21, en Monte Magan (Go- mara). Teniente Enrique Agudo Lépez, 2-11-21, en Taxuda (Melilla). Capitan Miguel Gasc6n Aquiles, 11-11-21, en Uad-Lau (Tetuan). Capitan Emilio Infantes Rodriguez, 22-12-21, en Tikermin (Melilla). Alférez Francisco Marquina Sanchez, 22-12-21, en Tikermin (Melilla). Teniente Horacio Pascual Lascuevas, 10-1-22, blocao Gomez Arteche. Alférez Manuel Salvador Claverfas, 10-1-22, blocao Gomez Arteche. Alférez Abelardo Villar Alvarez, 10-1-22, blocao Gomez Arteche. Y los alféreces: José Urefia Sellés, Haguma-ben-Ibara y Alvarez Sola- neza, entre otros varios, Algunos de estos combatientes obtuvieron recompensas por sus méri- tos de guerra; otros, simplemente, murieron, y acaso un compafiero entre los muchos poetas que desfilaron por la Legion, ha cantado su valia y su presencia legionaria. Las recompensas obtenidas por los Jefes y Oficiales, fueron: Laureadas 11 Medallas Militares 20 Ascensos....... : 155 Cruces de Maria Cristina... ......... 00. cee eee eee eee 244 188 Cruces al Mérito Militar i 631 Cruces al Mérito Naval 3 Medallas de Sufrimiento por la Patria . . 215 Caballeros Legion de Honor francesa 5 Cruces de Guerra del Ejército francés . . 3 Las recompensas obtenidas por los legionarios, fueron: Laureadas 1 Medallas Militares a7 Ascensos: todos por méritos de guerra Cruces de Maria Cristina Sarena ©» 123 Cruces Mérito Militar rojas pensionadas 2.097 Cruces Mérito Militar rojas sencillas 11.540 Cruces del Mérito Naval ....... 30 Medallas de Sufrimiento por la Patria 3.391 Cruces de Guerra del Ejército francés 19 Las Banderas de la Legién también obtuvieron su recompensa por méritos de guerra: 2 Medallas Militares; 1 Cruz de Guerra del Ejérci- to francés con palma de Oro; 1 citacién en la Orden General del Ejército francés. Las Cruces Laureadas de San Fernando las obtuvieron los siguientes dJefes, Oficiales y Suboficiales, por orden cronolégico de accion: Teniente Federico de la Cruz Lacaci; por su heroico comportamiento el 5 de junio de 1923, en Tizi Azza (Melilla). Capitan Sebastian Vila Olaria; por su heroico comportamiento en el combate del 18 de agosto de 1923 en Sidi-Mesaud. Teniente Aniceto Carbajal Sobrino; por su heroico comportamiento en la operacién del 10 de mayo de 1924, para entrar un im- portante convoy en Sidi-Mesaud. Teniente Fernando Lizcano de la Rosa; por su heroico comporta- miento el 10 de mayo de 1924 en las inmediaciones de Sidi-Mesaud. Capitan Félix Angosto y Gémez de Castrillén; por su heroico com- portamiento en el combate del 22 de agosto de 1924, en la cuenca del Lau, para asaltar Kudia-Cobba. 189 Suboficial Bartolomé Munar Munar; por su heroico comportamiento los dias 14 al 17 de septiembre de 1924, conduciendo el convoy de agua a Kala Bajo y la defensa de la posicion. Capitan Pablo Arredondo Acufia; por su heroico comportamiento al yreplegarse la columna del general Serrano desde Xeruta a Zoco el Arbaa, el 19 de noviembre de 1924. Alférez Manuel Lopez Hidalgo; por su heroico comportamiento el 18 de noviembre de 1924 en el repliegue de la columna del general Gomez Morato, desde Dar-Acobba a Xeruda. Comandante Francisco Garcfa Escamez; por su heroico comporta- miento el 12 de septiembre de 1925, al frente de una Bande- ra del Tercio y otras fuerzas de la columna, para la libera- cion de Kudia Tahar. Teniente José Martinez Anglada; por su heroico comportamiento en el combate del 22 de septiembre de 1925 para liberar Kudia Tahar. Alférez Antonio Navarro Miegimollo; por su heroico comportamien- to en el combate del 3 de septiembre de 1925, para ocupar Malmusi. Teniente José Espinosa Orive; por su heroico comportamiento en el combate del 23 de septiembre de 1925, en la ocupacién de Malmusi. Las Medallas al Mérito Militar fueron otorgadas a los siguientes Jefes, Oficiales, Suboficiales y Legionarios: Coronel José Millan Astray y Terreros; O. C. 16-9-22. Comandante Francisco Franco Bahamonde; O. C. 16-9-22. Cabo Isidro Gallego Cuesta; O. C. 9-6-23. Legionarios Mariano Rodriguez Alamao, Enrique Garcia Pérez, Gil Garcia Requeira, Jestis Pérez Canteras, Santiago Aparicio Santamaria, Miguel de los Santos Baranda, Juan Arnedo Navas, José Alarza Calzada, Antonio Anillo Marin, Eduvigis Hidalgo Manota y Angel Cardo Costa; 0. C. 9-6-23. Legionario Calixto Gonzalez Fernandez: 0.C. 9-6-23. Teniente coronel Rafael Valenzuela Urzaiz; O. C. 13-7-23. Cabos Alejandro Pérez Besteiro, Francisco Vega Sillero, Félix La- fuente Galindo y Franz Saioelt Dozzler; O. C. 5-8-23. Cabo interino Julio Gomez Sanchez; 0. C. 5-8-23. 190 Legionarios Fidel de la Pera Zarate y Ramon Castilla Vicario; 0. C. 5-8-23. Alférez Armando Ayaralar Almazan; O. C. 5-8-23. Suboficial Julian Paton Medina; 0. Cc. 3. Capitanes Jestis Teijeiro Pérez, Jacinto Pérez Tajueco y Pedro Jareiio Hernandez; O. C. 5-8- 23, Suboficial Justo Mejias Ruiz; O. C. 5-8-23, Sargentos Juan Nicasio Roseel Esteban, Santiago Garriga Masfret, Joaquin Elorriaga Iturriaga y José Pérez Mas; O. C, 5-8-23, Comandante Enrique Lucas Mercader; O. C. 6-12-24. Capitan Jesiis Teijeiro Pérez; O. C. 11-12-24. Sargento Agapito Santamaria Expésito; O. C. 21-3-25. Capitan médico Luis Alonso Alonso; O. C. 5-5-25, Capitan Francisco Lopez de Roda y Zulueta; O. C. 5-5-25. Suboficial Francisco Sangiorgio Francisconi; 0. C. 17-3-26. Alférez Gonzalo Ceballos Alviach; 0. C. 5-5-27. Capitan Pablo Arrendondo Acuiia; O. C, 24-9-27. Sargento Sebastian Monteagudo Diaz; O. C. 25-6-28. Teniente José Merino Mantilla de los Rios; O. C. 24-11-28. Capitan Gabriel Navarrete Navarrete; O. C. 29-11-28. Capitan Juan Ramirez Dominguez; O. C, 30-11-28, Capitan Francisco Franco Salgado-Araujo; O. C. 10-6-29, Comandante Ricardo de Rada Peral; O. C. 8-11-29. Capitan Camilo Alonso Vega; O. C, 20-12-29. Estos son los veteranos, los de las hazafias gloriosas, los diestros, entrenados y combativos oficiales y tropa. Serdn quienes vean la caida del gobierno de Primo de Rivera; los que contemplen el derrumbamiento de la monarquia, la huida del rey Alfonso XIII, “con el fin de evitar un derramamiento de sangre”; aquel rey que tanto habian vitoreado y tras el cual siguieron por el camino del honor, aguerridos, indomables y victo- riosos. Seran los que, indecisos un instante, entraran en la nueva ruta del sacrificio y la obediencia al nuevo Gobierno de Espaiia. Disciplinados militarmente, aceptaron las nuevas ideas militaristas de los politicos que ignoran al Ejército, o lo consideran solo como un poder de destruccion, formado por ineptos, pardsitos y vividores. La Legion fue reducida a seis Banderas y muchos de aquellos jefes y oficiales se vieron postergados, perdieron su graduacién y sus medallas y fueron combatidos 191 por Decreto Ley, desde el recinto amurallado del despacho, en el cubicu- Jo de la oficina siniestra, donde el ministro de turno hace garabatos sobre un papel y dicta lo que es: bueno y es malo, y deben cumplir los que estan por debajo suyo. Pero ellos, militares disciplinados, permanecieron impasibles en medio de la confusién y el guirigay que reinaba en el castillo; siguieron vigilantes y prepardndose, mientras en silencio rendian honor a la bande- ra patria, en la torre del homenaje. 192 Fsquema de la toma de Mérida por las columnas de Castejon y Asensio. La primera con la Quinta Bandera de la Legion (raya y punto) y el Segundo Tabor de Tetuén (trazo discontinuo). Esquema del camino seguido por la Columna Asensio y Cas- tejon en su avance hacia Bada- joz y Madrid, a través de Ex- tremadura, Ropquiites . Ak P sees BATALLON Il DE ARGE! a Ceremonia tipica de la Legion en el Tercio Duque de Alba. Primo de Rivera en una visita a las tropas espaftolas en Marrue- cos. En esta visita tuvo un co- nocido incidente en los cuarte- les de la Legion. Monumento a Millén Astray, fundador de la Legion. Domina la ciudad de Ceuta. La Legion es un crisol de tipos humanos que buscan en ella no solo, como cuenta la leyenda, una expiacién de sus culpas, sino también una profesion, un destino, un fin a sus vidas. TENIENTE CORONEL YAGUE Juan Yagiie Blanco, al que muchos legionarios llamaban carifiosa- mente el toro blanco, y los izquierdistas le aplicaron el calificativo de la hiena de Asturias, fue desde el 4 de febrero de 1936 el hombre de Franco en Marruecos, al ser nombrado Jefe de la 2.* Legién del Tercio. Era un hombre de prominente mandibula, amplio y anguloso rostro, con el cabello erizado y prematuramente blanco. Estaba considerado como uno de los mejores comandantes de campaiia del ejército, y era ademas, la representacién estereotipada del rudo oficial legionario. Popular y res- petado por sus tropas, era, también, un buen organizador y, lo que era yaro en muchos africanistas, un hombre escrupuloso en cuestiones de dinero. Africanista sobre todas las cosas, este hombre que en cierto modo habra frustrado sus ambiciones profesionales —atin era simple teniente coronel a edad mas que mediada—, empezé a apasionarse incansablemen- te por la politica y los problemas sociales. Esto le llevé a una participa- cion decidida y entusiasta en lo que, con pensamiento falangista, conside- raba una revoluci6n, Compaiiero y amigo de Franco desde los dias de la guerra de Marrue- 193 cos, Yagiie habfa nacido en San Leonardo (Soria), el 9 de noviembre de 1891. Era hijo de un modesto médico rural, y este mismo hecho ya le tenia inflamado de patriotismo y de deseos de justicia social bajo un régimen nacionalista, cuando en la primavera del 36 entr6 en la seccion marroqui de Falange. Habia ingresado en la Academia de Infanteria el 29 de septiembre de 1907, en la misma promocién de Franco, de Alonso Vega, de Rolando Tella Cantos, Séenz de Buruaga y Emilio Esteban-Infantes, entre otros. Obtuvo su primer destino en Burgos, donde pas6 casi cuatro afios pese a sus reiteradas peticiones de ser incorporado a Marruecos, En 1914 se le destinaria al Regimiento de Saboya, de guarnicién en Tetuan, en el cual aleanzarfa la graduaci6n de capitan por méritos de guerra. Entonces se pas6é al grupo de fuerzas indigenas de Regulares de Tetudn, niimero 1, con las que siguid participando en una serie de accio- nes contra el Raisuni, e intervino en la primera conquista de Xauen, la ciudad santa. Fue herido en tres ocasiones: la primera en el brazo derecho en 1919: la segunda en la pierna izquierda, en 1920; y meses mas tarde, otra vez en la toma de Xauen. A causa de esta herida hubo de ser trasladado a Burgos y permanecer dos meses de reposo; Por estas acciones le conce- dieron cruces rojas al Mérito Militar; Medalla Militar de Marruecos con los pasadores de Tetuén y Larache; la del Sufrimiento por la Patria y otras mas, ~ En junio de 1921 volveria a Africa para ponerse al frente de los Regulares de Larache, niimero 4, ya como comandante, con antigiiedad de 1919. Tomaria parte en numerosos combates, tanto en la zona de Melilla como en la de Ceuta-Tetuan. Durante la guerra del Rif volvio a encontrarse con Franco. Su resentida salud le obligé a regresar a Bur- gos en 1924, como ayudante de campo del general Burguete, al mando de la VI Region Militar. Le siguid a su nuevo destino en la Capitania de Madrid. En 1928 fue ascendido al empleo de teniente coronel y se le destind al mando de un Batallén del Regimiento Lealtad, de Burgos, hasta su incorporacién al mando de las fuerzas Regulares Indigenas de Larache, donde estaba a la Ilegada de la Reptiblica. Esta le degrad6é a comandante, pero lo dejé en activo. Su nuevo destino le trasladé a Ceuta. Alli tendria noticias del mitin de José Antonio en el teatro de la Comedia. El conocer el discurso de 194 Primo de Rivera le hizo tomar contacto con la naciente Falange y cuando fue trasladado a la Peninsula, al batallon de montafia, por no considerar- lo adicto a la Reptiblica, mantuvo contactos personales con los fundado- res de Falange. Escuddndose en motivos de salud, solicité pasar a la situacion de disponible voluntario, con residencia en San Leonardo. Esto le permitio tener mayores contactos con la naciente Falange. Volveria a la actividad militar en octubre de 1934, cuando los socialistas desencadenaron su revoluci6n, La revolucién estall6 porque cada vez era mayor la divergencia entre derechas e izquierdas. Hoy ya esta probado y es evidente que la causa inmediata fue de las izquierdas revolucionarias y regionalistas, 0 auténo- mas, que en un puro movimiento de reacci6n ante la inminente toma de poder por las derechas, a quienes correspondia gobernar en el nuevo estado democrdtico. Madariaga habria de descalificarlas con esta tajante condena: “Con la rebelion de 1934, las izquierdas perdieron toda la autoridad para condenar la rebelion de 1936.” Esta extrema izquierda, y no la derecha, era la que estaba lista para emprender la rebelion armada. Ella fue la que proclam6 que debia dete- nerse a toda costa el triunfo de la reaccién. Temia perder el apoyo de los anarquistas y creyendo que la circunstancia era propicia para la revolu- cién, el grupo: principal de lideres socialistas rompi6 su alianza con la Republica. Asif, el organo principal del Partido, El Socialista, lo procla- maba el 11 de marzo de 1934, declarando: “Fuimos circunstancialmente republicanos... El cataclismo puede y debe ser el renacimiento de la Espafia grande en la que venimos sofiando y cuyo rescate nos hemos propuesto,” Y lo mismo que los mondrquicos ya empezaban a tomar contactos con Mussolini para obtener armas, los socialistas empezaron a importar- las, consiguiendo, a su vez, las que se hallaban paralizadas en el puerto de Cadiz, y luego embarcadas en el Turquesa. En el verano de 1934, Largo Caballero ya habia convencido a la masa del Partido que habia llegado el momento, que Marx y Engels profetiza- ran, para una revolucién socialista en Espajia. Socialistas, comunistas y anarquistas se esforzaban por crear alianzas de trabajadores en diversos puntos del pats. El veto impuesto por el Tribunal de Garantias Constitu- cionales contra la ley catalana que tendia a proteger la posesién de la 195 tierra en manos de los campesinos pobres, hizo que muchos catalanistas se desilusionaran de su estatuto de autonomia y se irritaran contra el centralismo madrilefio, Asi, los extremistas catalanes se dispusieron a iniciar un levantamiento que les diese la oportunidad de proclamar su independencia. A principios de octubre cay el gobierno minoritario radical y Lerroux se vio obligado a aceptar la entrada de tres miembros de la CEDA en el ministerio. En septiembre la prensa de extrema izquierda ya habia anunciado insistentemente que el mes siguiente seria un octubre revolucionario. Aconsejaba a sus lectores que estuviesen pendientes de la sefial. En cuanto Gil Robles pidiese el poder, ellos atacarfan. Todos los trabajadores serfan convocados a una huelga general nacional, a fin de paralizar las fuerzas de la reaccion. Con los tres ministros de la CEDA en el nuevo Gobierno la revolu- cién para destruir la Repiblica y establecer la dictadura del proletariado estaba en marcha. El Ministro de la Guerra, el radical Diego Hidalgo, no confiaba en el jefe del Estado Mayor, general Masquelet, y convocé a Franco para que sirviera de asesor técnico del Estado Mayor. El 27 de marzo de 1934 ya lo habia ascendido a general de Division, después de seis afios como general de Brigada. Diego Hidalgo publicarfa a finales de 1934 el libro gPor qué fui lanzado del Ministerio de la Guerra?, haciendo una larga defensa de si mismo y de sus acciones durante la revolucion de octubre: “Un Ministro tiene siempre el derecho y el deber de buscar libremente quien le asesore, ayude y acompaiie... Todos han ponderado la meritoria labor de este Ge- neral Franco, pero ninguno ha tenido una sola palabra de elogio para el Ministro que le nombré. Tengo derecho a enterar al pais de que ese Mi- nistro fui yo.” En la mafiana del 5 de octubre comenzé en toda Espaiia la huelga general revolucionaria decretada por el Partido Socialista y la UGT. Los partidos republicanos de izquierdas, y hasta el conservador de Maura, se declaran solidarios de la revuelta. El 6 se decreta en Consejo de Ministros el estado de guerra en toda Espaiia. En Madrid son tiroteados varios edi- ficios publicos, sin que la accién Iegue a mayores. A dltima hora fue localizado Franco y el Ministro le puso al corriente de la situacion. En Cataluiia el presidente Companys, desde los balcones del Palacio de la Generalitat, proclama en aquella misma tarde el Estado Catalén de la Repiblica Federal Espafiola. Pero su accién no mereci6 el aplauso 196 de los nucleos mayoritarios espaiioles, ni siquiera de los anarcosindicalis- tas. Y cuando el capitan general, el catalan Domingo Batet, es requerido para ponerse a sus 6rdenes, Batet, pundonoroso, ajeno en absoluto a compromisos de orden politico, responde con el estado de guerra, y em- plazando una baterfa ligera delante del edificio de la Generalitat. El apoyo fue ineficaz; las fuerzas de orden piblico que apoyaron a Companys, también fueron desertando. Y después de 25 cafionazos y unas cuantas horas de rebelién, la bandera blanca ondeé en los edificios oficiales. Companys se niega a huir y el comandante Fernandez Unzue procede a detenerlo, Batet anunciaria después por radio, la rendicién de los elementos que apoyaban al Gobierno de la Generalitat en rebeldia, afirmando: “Nosotros somos duefios absolutos de la situacién. No es raro que, como ocurre después de las guerras civiles, queden partidas sueltas por los cam- pos, anden por las azoteas lo que pudieramos llamar pacos, que disparan para sembrar la alarma.” De estos pacos se encargaron los legionarios. El dia 7 zarp6 de Meli- Ila, rumbo a Barcelona, el vapor J. J. Sister con tres Banderas de la Pri- mera Legion, al mando del comandante Maximino Bartomeu. El 8 lle- gaban a la ciudad condal e inmediatamente se distribuyeron hacia las zonas de Vich, Ripollés y Granollers, para dejar en calma a toda Catalufia. La rebelién, extendida por toda Espaia, triunfo momentaneamente en algunas partes de Vascongadas, Aragén, Leén y Andalucia, pero el Octubre Rojo pas6 a la historia por los sucesos acaecidos en Asturias, E] jefe directo de la revolucién asturiana fue el diputado socialista Gonzalez Peiia, aunque el lider local era el socialista Manuel Grossi, quien ha escrito que el 4 de octubre, “a eso de las ocho y media de la maifiana declaré la Reptiblica Socialista”. Las ordenes habian sido reci- bidas la noche anterior y los distintos comités revolucionarios de Asturias se pusieron en accion. Las milicias, constituidas por unos 10.000 hombres; se aduefiaron yapidamente de las cuencas mineras; atacaron los puestos de la Guardia Civil, las iglesias, escuelas y otras instituciones religiosas, edificios munici- pales y viviendas de ciudadanos de clase media y alta. Mieres fue el cuar- tel general de la accién revolucionaria; alli, comunistas, trotskistas, cam- pesinos y anarquistas, se unieron a los socialistas e hicieron declaraciones de comunismo libertario. En Mieres se liquidd a los miembros de un sindicato catélico. En Sama de Langreo dirigié la Insurreccion Belarmino 197 Tomas, que no pudo contener la secuela de sangre que acompaiié el triunfo de la revolucién. Sin embargo en La Felguera, donde dominaba la CNT, no se registraron inicialmente desmanes. El Gobierno reaccioné inmediatamente y en seguida buscé elementos para combatir la subversion. Se aprobé un plan de operaciones combina- das bajo el mando del general Lopez Ochoa, inspector del ejército en la region noroeste. Tres columnas de tropas peninsulares debian converger en Asturias. La mas importante, dirigida por el general Bosch, partié de Le6én y qued6 detenida en Vega del Rey por los revolucionarios, Lopez Ochoa llegé en avién a Lugo y allf pudo reunir 360 hombres y salir en camiones hacia Oviedo. Mientras, otro batallén sala de La Corufia en barco hacia Gijon, pero no fue capaz de avanzar hacia el in- terior. Los mineros triunfantes acuerdan la conquista de Oviedo. Se apode- yan de la fabrica de armas de Trubia con la complicidad del sargento ‘Vazquez y cafionean la ciudad desde el Naranco en la tarde del dia 6. Al tercer dia de asedio consiguieron conquistar nuevos reductos de las fuerzas gubernamentales, dejandolas divididas en pequefios ntcleos: cuartel de Pelayo, Catedral y calle de Uria. El 10 ocuparon el monasterio de San Pelayo, cuyas religiosas fueron respetadas; pero los sitiadores alternaban el combate con el pillaje y los atentados. Asi, Gonzalez Pefia forz6 y saqueé las cdmaras del Banco de Espafia, mas de 14 millones de pesetas de entonces; pero no conseguira abrir las del Banco Herrero. El 11, se reunié el Comité Revolucionario Provincial, representativo de la proclamada Repdblica Socialista. El anarquista José Maria Martinez defendié la postura del abandono ante el ejército que avanzaba; los co- munistas, partidarios de seguir con la revolucién, clamaron por “el triunfo del ejército popular” y asesinaron a Martinez. Lépez Ochoa, escudandose en los prisioneros que iba haciendo, situados de parapeto en los camiones, logrd entrar con sus hombres el dia 11 en Oviedo y llegar hasta el cuartel de Pelayo, donde encuentra sitiados y en actitud contemplativa a casi un millar de hombres: 940 sol- dados, 2 coroneles, 2 tenientes coroneles y 9 comandantes. Pero la salida ya no resulta tan facil y se limita a reforzar a la guarnicion sitiada. La situacién cambié radicalmente gracias a la intervencién de varias unidades de veteranos del Tercio y de Regulares de Marruecos. Franco, ademas del plan general aprobado por el general Masquelet, hizo que el crucero Cervantes y el acorazado Jaime I embarcasen en Ceuta tres Ban- 198 deras de la Legion, un tabor de Regulares, dos batallones de infanteria y un grupo de montafia, para dirigirse a Asturias rapidamente. El dia 7 ya habian llegado a Gijon las tropas salidas de La Corufia. Desembarearon y tomaron posiciones defensivas. Franco, que dirigia la operacién a 450 kilometros del escenario de batalla, transmitia por telé- grafo las instrucciones recibidas de los observadores avanzados a los artilleros de los buques para que bombardeasen desde el mar y mantener la posicién defensiva de Gijén. EI 10 legaron las tropas africanas, y a su vez el coronel Yagiie aterri- zaba en la playa de Gijén en un autogiro que le habia recogido en su residencia. Yagiie organizé todas las fuerzas y se encontré con una co- lumna de 3.000 hombres. Puso en la vanguardia a los legionarios y em- prendié el camino hacia Oviedo el dia 11; en la tarde del dia siguiente ya estaba reunido con las fuerzas de Ochoa. La rebelién anarquista de Gijon ya quedo dominada antes de partir para Oviedo. En la mafiana del dia 14, los legionarios y los regulares ya habian limpiado todos los alrededores de Oviedo, y tres dias mas tarde reconquistaron la fabrica de Trubia. En su repliegue, los revolucionarios destruyeron la Universidad, con su excelente biblioteca, y no dejaron mas que escombros. Al iniciar las negociaciones de paz solicitaron que los regulares y legionarios no figurasen en la vanguardia del avance hacia las cuencas mineras. Lopez Ochoa los colocé en retaguardia, con la indignaci6n de Yagiie, que estuvo a punto de dispararle un tiro. La Legién peleaba siempre a muerte, y siempre era requerida para resolver las situaciones que la dejadez o la ineficacia de otros hacian irreversibles. E] Gobierno la habja utilizado en 1928 para dominar la sublevacion de Sanchez Guerra; en 1930 también se recurrié a ella, cuan- do Ramén Franco y Queipo de Llano intentaron sublevarse en Cuatro Vientos contra la Monarquia; incluso el 10 de agosto de 1932, se la hizo desembarcar en Cadiz para ir a dominar la sublevacién de Sanjurjo en Sevilla. En este caso concreto, los legionarios gritaron ;Viva Sanjurjo!; pero el General ya se habya entregado al Gobierno. También esta vez, en el Cervantes, el comandante de un batallon de infanteria ligera hizo saber que ordenaria a sus tropas no disparar contra sus compatriotas asturia- nos; lo que le valid ser separado del destacamento en La Coruiia, por orden de Franco. La Legion y los Regulares ya tenian reputacién de comportarse barbaramente en la batalla y después de ella. Precisamente por ello han 199 sido considerados siempre unos soldados de élite, capaces de no defrau- dar al Mando en el cumplimiento de sus ordenes, Pero al parecer existen individuos que consideran que en las guerras unos cometen barbaridades y los otros bautizan con agua de rosas; y que el hecho de matar a cin- cuenta tiene mayor significado que matar a quince. Quien a hierro mata, a hierro muere. Cuando la huelga revolucionaria del afio 1917, el general Burguete ya habia proclamado en Asturias su propésito de cazar mineros como alimafias salvajes. En esta ocasion, al parecer, también hubo su caza al hombre. Las izquierdas han sefialado que bandas dedicadas al pillaje se unieron a los revolucionarios: burgueses, militares y guardias civiles caye- ron primero; luego, sacerdotes, y por tltimo cayé la ola de venganza que siempre surge: rencillas, odios, deudas personales. La prensa también repite hasta la saciedad que los revolucionarios se dedicaron a violar monjas, a matar curas, a vender su carne al peso y a organizar otros actos de ferocidad. En ese orden de cosas, una campaiia bien dirigida azuza la reaccion y justifica ésta. En el patio del cuartel de Pelayo se fusila a algunos pri- sioneros; el oficial de la Legién Dimitri Ivanof, acusado de algunos ase- sinatos, entre ellos el de una joven que actué con los revolucionarios, disparé ‘sobre el periodista Luis de Sirval en la comisarfa de vigilancia, junto con los tenientes Pando y Florit. Las fuerzas del Gobierno emulan la conducta de los revolucionarios. Lépez Ochoa trata de imponer sus decisiones sobre Yagiie, respecto a los fusilamientos, que éste no acepta. El Gobierno ratifica la confianza sobre Lopez Ochoa e impone la salida de Yagiie. Con la represién aparece en primera plana el nombre del comandante de la Guardia Civil Lisardo Doval, tristemente célebre, porque ha sido el encargado de muchos trabajos sucios a lo largo de la historia mas reciente. El éxito de la victoria obtenida por las fuerzas del orden contra las de la subversion, lo recogieron Batet y Lopez Ochoa. Fueron condeco- rados con la Cruz Laureada de San Fernando; no por actos heroicos, sino por su lealtad al Gobierno. Al estallar la guerra en 1936, las turbas saca- rian a Lopez Ochoa del Hospital y lo descuartizarian, antes de darle muerte, en reconocimiento a la bondad mostrada en Asturias. El comandante Doval serfa destituido de su cargo, al ser acusado de forma undnime por el trato inhumano inferido a los prisioneros y deteni- dos; pero después de que se pudiera establecer una buena campajia sobre 200 los horrores de la represion en Asturias. Una campafia que se propagé inmediatamente por toda Espaiia y sirvid de cartel de propaganda electo- ral de los partidos de izquierda. Con lo cual, y después de Asturias, el ambiente espafiol ya no volvié a ser el mismo. Se radicalizaron las postu- ras y empezé6 a otearse el peligro de la guerra civil. Yagiie estuvo a punto de ser procesado por las denuncias de Lopez Ochoa. Pero la accion no-prosperd y qued6 destinado en el Regimiento de Infanteria, nimero 1, en Madrid, junto con otros oficiales africanistas, entre ellos el coronel José Solchaga. Los conspiradores derechistas, en Madrid, Galarza y Vigon, conside- raron Ilegado el momento para dar el golpe monarquico, José Antonio Primo de Rivera también escribié su famosa carta a Franco, que empieza a ser considerado el salvador de la Repiblica, y es instalado en el Minis- terio de la Guerra, La combinacién Franco-Gil Robles se contemplaba con esperanza, pero finalmente fue desilusi6n. La estancia madrilefia de Yagiie sirvid para unirle a Falange. Franco tampoco le dejé regresar a Marruecos y lo mantuvo colaborando con él hasta enero de 1936, en que lo propuso para el mando del Segundo Ter- cio en Dar Riffien. Pero antes ya habia instalado en Marruecos a Emilio Mola, y reemplazaba a una serie de liberales notorios por oficiales africa- nistas y decididamente nacionalistas, a la vez que volyfan a ser autoriza- dos los actos religiosos oficiales en el Ejército y las asambleas de oficiales. También en ese perfodo Franco-Gil Robles se hizo un gran esfuerzo para mejorar el material de combate del Ejército; se ordend que todos los soldados estuvieran dotados de cascos de acero; se construyeron 24 nuevas baterias de artilleria; se repararon los cafiones antiguos; y la fabrica de armas de Toledo contraté a nuevos obreros para aumentar su produccién de cartuchos hasta los 800.000 diarios, El 4 de febrero, vispera de las elecciones ganadas por el Frente Po- pular, Yagiie tomé posesién de su nuevo destino. Después de las-elec- ciones, cuando Mola fue trasladado de Marruecos a Pamplona, Yagiie inicié su servicio de enlace entre Franco, Mola y la Falange. El 5 de junio era llamado a Madrid por Casares Quiroga, para ofrecerle un pues- to de su agrado en Espaiia o el extranjero. Esperaba apartarle asi de la conspiracion de las fuerzas africanas. A primeros de julio, Yagiie fue convocado de nuevo en Madrid para ser sometido a interrogatorio. En la semana del 5 al 12 de julio debian celebrarse maniobras de verano en Marruecos y era la ocasi6n de ultimar 201 detalles. El dia 5 de julio, un capitan del Tercio lleg6 a Pamplona con un mensaje de Yagiie en el que sefialaba a Mola que todo estaba listo y espe- raba ordenes. El dia 15 Mola envid un nuevo mensaje a Yagiie en Ceuta, para infor- marle de que la rebelion deberfa comenzar en Marruecos el dia 17. Las guar- niciones de la Peninsula deberfan sumarse al golpe el 18 y 19 de julio. El 17 de julio, sobre las cuatro de la tarde, el teniente coronel Dario Gazapo se encuentra en la Comision de Limites, en Melilla, con el edifi- cio cercado por la Guardia de Asalto. La delacién de uno de los conjura- dos, Alvaro Gonzélez, ha dado sus frutos. Gazapo Ilama al teniente Latorre y le pide el auxilio de la Legion; Latorre telefonea al sargento Sousa y le ordena que se acerque inmediatamente con las tropas que pue- da reunir. La tropa son veinte legionarios; la distancia, doscientos metros; el tiempo, seis minutos, Seis minutos mortales que culminan en una inde- cision de los recién llegados al ver el despliegue policiaco. Asi lo contaria mas tarde el teniente Latorre: “Y aquel sargento, fiel a nuestro glorioso rito de: ;A mi, la Legién!, acudié velozmente, e irrumpié a Ja carrera en el patio del edificio, donde estdbamos, con un grupo de legionarios. Pero aquel peloton de legiona- rios no veia a nadie. No vefan a sus oficiales, vacilaban y se encontraban rodeados de guardias de asalto. Fue un momento de intensidad inenarra- ble. Dentro, nosotros sin poder salir al exterior; en el patio, los legiona- rios rodeados, sin saber qué hacer. No sé lo que paso por mi; de Dios fue aquella inspiracién... Sin poder dominarme, salté al patio atropellando a los estaban en la puerta y tomé el mando de los legionarios: i Fe en mi! jCargen! ;Apunten! ”Los fusiles de los legionarios apuntaron y mi pistola busco, certera, al teniente de asalto.” Aquel jCarguen! ;Apunten! del teniente Latorre fue la proclamacion abierta de la sublevacién del Ejército contra el Gobierno. La Legion, rodilla en tierra, encafionaba a las fuerzas de seguridad. El teniente Zaro ordena a sus guardias que no se resistan, y éstos intentan confraternizar con la Legion. Pero el teniente coronel Bartomeu esta para arengarlos y recordarles su mision: ~ “Legionarios, os hemos Ilamado para que salvéis a Espaiia, el honor del Ejército y el nuestro. Hace algunos dias habéis sido Ilamados asesinos de Asturias, porque fuisteis alli a defender el orden. Ahora vamos a res- taurar este orden y a ser fieles a Espaiia.” 202 Los diez guardias de asalto fueron desarmados y luego encerrados. La situacién estaba ganada, y a las cinco de la tarde, la hora sefialada, Barto- meu procede, al frente de una compajifa de Infanterfa, a fijar el bando por el cual se declara el estado de guerra. Francisco Franco figura ya como General en Jefe Superior de las Fuerzas de Marruecos, aunque se encuentre muy lejos de alli. La accion se hace para “‘restablecer el impe- rio del orden dentro de la Repablica... El restablecimiento de este prin- cipio de autoridad, olvidado en los iiltimos aiios, exige inexcusablemente que los castigos sean ejemplares, por la seriedad con que se impondran y la rapidez con que se lIlevarén a cabo, sin titubeos ni vacilaciones”’. Inmediatamente después del incidente en la Comision de Lfmites, tanto legionarios como regulares adoptaron las medidas conducentes al Alzamiento militar. El] primer objetivo fue la Delegacion Gubernativa, simultaneamente, la Comandancia Militar, donde el general Romerales estaba reunido y discutiendo con otros jefes militares, entre ellos el coro- nel Solans que es partidario de que participe en el Alzamiento o resigne el mando. En plena reunion irrumpe el teniente coronel Segui, acompafiado por el de Estado Mayor Pejiuelas, a quien acompafian dos tenientes y unos cuantos soldados de Regulares. Segui manda detener al general y a los oficiales que estén con Romerales y se manifiestan a favor del Gobierno, Pero no todo el Ejército participa en la conspiracién; el teniente coronel de la Legién Blanco Novo y los comandantes Izquierdo Seco y José Marquez Blanco, asi como los capitanes Torrecillas, Pardo de Atin y Rotger apoyaban al general Romerales. Durante toda la tarde Melilla se lend de disparos de fusil y tableteos de ametralladora. La reacci6n era contra los regulares y los legionarios, a los que se atacaba, no contra los soldados peninsulares. Pero los parti- darios del Frente Popular en seguida fueron vencidos en sus centros de mando, La Legién tomé el barrio del Real y los Regulares el Hipodromo, el aerédromo de Tahuima y en la conquista del Atalayon caen los dos primeros muertos de la guerra de Espajia: el sargento Labasen ben Moha- med y el soldado Mohamed ben Ahmed. El general Gémez Morato, es enviado por Casares Quiroga a saber qué sucedia en Melilla. Era el Jefe del Ejército en Africa y se encontraba en Larache ignorante de cuanto sucedia en la Circunscripcién del Rif. Los regulares lo detienen a su llegada al aerédromo y lo llevan ante el coronel Solans que ordena quede detenido, 203 Cuando en Tetudn tuvieron conocimiento de los sucesos de Melilla, el coronel Eduardo Saenz de Buruaga, al frente de los Regulares indige- nas que mandaba directamente el teniente coronel Carlos Asensio, decidié secundar el movimiento. A ellos se unieron los tenientes coroneles Beig- beder y Yuste. Los regulares de Asensio ocuparon los barrios altos y colocaron retenes en los puntos mds estratégicos sin disparar un tiro ni encontrar oposicién. Sdlo quedo fuera de su control el aerédromo de Sania Ramel, al mando del comandante Ricardo de la Puente Bahamon- de, primo de Franco. El comandante con los capitanes Reina y Alvarez Manzano reunieron la poca tropa de que disponian y se enfrentaron a los regulares de Asensio. En la madrugada del 18, los leales al Gobierno se rindieron incondicionalmente. Fueron juzgados en Consejo de guerra y fusilados dias después. Los legionarios, con bayoneta calada y al mando del comandante Castején, cercaron la Alta Comisaria en las primeras horas del dia 18. Esperaban la orden de ataque. Pero el Alto Comisario, autoridades y jefes y oficiales leales al Gobierno se rinden inmediatamente, y son conduci- dos al cuartel de Regulares. Al frente de la ciudad queda un triunvirato formado por Sdenz de Buruaga, Beigbeder y Asensio, que inmediatamen- te redactan y dan a conocer un bando, también firmado por el general Franco. En Ceuta se encuentra al frente de la Segunda Legion el teniente coronel Yagiie, que ha sido hasta entonces la figura mas representativa de la conspiracion, aunque no la de mayor jerarquia. Desde el triunfo del Frente Popular, tanto él como sus legionarios, han debido soportar una triste y violenta reaccién: se les llama asesinos de Asturias, y se les piden responsabilidades., Yagiie, personalmente, también es tratado con suma dureza; no por los hombres del Gobierno, que han deseado que salga de Espaiia, que se aleje de la Legién; si no por los mas representativos del Frente Popular. Pero Yagiie ha actuado a cara descubierta, haciendo de enlace entre Mola y Franco, y declarando a sus subordinados e iguales, sin velos de ninguna clase: “Supongo que sabra que vamos a sublevarnos.” Era una frase tan repetida, que por unos momentos Mola, cuando Yagiie fue requerido por segunda vez a Madrid, temi6 se descubriese toda la conspiracin. Pero la audacia de Yagiie hizo que muchos creyesen que se trataba del grito “que viene el lobo”, y las mas altas personalidades del Gobierno se tomaban el tema con socarrona filosoffa. 204 Sin embargo, Yagiie, al igual que el teniente coronel Heli Rolando Tella, conspiraban abiertamente y recorrian las guarniciones del Marrue- cos espafiol hablando de ello. Tella fue destituido de la Legion pero no se deja detener y escapé a territorio francés. El Gobierno sustituy6 a algu- nos oficiales y mando cerrar el Casino Militar de Melilla, pero todo seguia igual o mejor en el cuarto de banderas. Cuando Yagiie recibié la Hamada telefénica anunciando lo que pasa- ba en Melilla, telefoned a Séenz de Buruaga, quien a la vista del retraso en la Ilegada de Franco habia dado orden de aplazar la sublevaci6n veinti- cuatro horas. Yagiie le dijo que salia de Dar Riffien con sus legionarios e iba a la toma de Ceuta. Esta decisién de Yagiie hizo que Saenz de Bu- ruaga iniciase los movimientos en Tetudn. En Ceuta, el coronel de Artilleria Arturo Diaz, que manda la plaza en ausencia del general Capaz, que se habia tomado unas vacaciones en Madrid para no tomar partido en la sublevacién, al enterarse del Alzamien- to en Melilla, trato de reunir en la Comandancia a los jefes del Cuerpo para establecer la resistencia. No obstante, slo acuden dos: uno se pone a sus Ordenes y el otro se retira para unirse a los sublevados. Cuando Yagiie llega con sus legionarios, inmediatamente se pone al frente de tropas y oficiales, y a las once de la noche del 17 de julio man- da tocar a generala. Desde el Cuartel del Serrallo el toque va propagando- se por todas las unidades, mientras las fuerzas de la Legion empiezan a llegar de Dar Riffien y ocupan toda la ciudad sin encontrar resistencia alguna. El Alzamiento se propaga répidamente a las principales poblaciones marroqufes. En Larache encuentra viva resistencia y se choca entre mili- tares y civiles; dos tenientes mueren en la acci6n, junto a varios obreros; en Alcazarquivir y en Xauen se triunfa sin violencias. Los militares domi- nan la situacion y empiezan las marchas para concentrar las tropas que habran de atravesar el Estrecho hacia la Peninsula. Desde Ceuta han de salir para Cadiz y Algeciras. El 18 es el dia de los grandes preparativos, siguiendo las instruccio- nes de Mola; sin embargo, Franco no acaba de llegar y se desconoce su paradero. A las 7 de la mafiana aparecen en Melilla los destructores Almi- rante Valdés, Sénchez Barcaiztegui y Lepanto, enviados por el Gobierno desde Cartagena para que bombardeen la ciudad. Al mediodia del 18, un avion del Gobierno bombardea Dar Riffien con tres bombas de diez kilos. En el ataque mueren dos legionarios 205 y otros siete son heridos. El primer bombardeo aéreo de la guerra acaba de cobrarse las primeras victimas en la Legion. E] mismo bimotor bombardea el aerédromo de Sania Ramel y mas tarde arroja ocho bombas sobre la Alta Comisarfa; tres explosionan en el barrio moro, contiguo a aquélla. Grupos de mujeres y hombres indige- nas se manifiestan en actitud amenazadora. Hay quince muertos y el panico se aduefia de la poblacién. Los moros siempre han temido los bombardeos aéreos, porque fueron los primeros en soportarlos cuando la reconquista del Rif. Como no se quiere utilizar la tropa contra la poblacion, Beigbeder, gran amigo personal del Gran Visir, Sidi Ahmed Ganmia, acude a él y hace que el viejo santon monte su caballo y entre en Tetudn a apaciguar a los exhaltados. En el nombre de Ala se apacigua al pueblo y el Al- zamiento queda salvado. Mas tarde, Franco le daria la primera Cruz Laureada de la guerra. Por la noche del 18 la espera se va haciendo irresistible. Franco no llega; el nerviosismo crece; la ilusién se estanca. En la madrugada del domingo, a las 6,30, aparece sobre el aérodromo de Tetuan el Dragon- Rapide que trae a Franco. Al fin esta allf. En Ceuta se le espera con entusiasmo, Sin embargo, Yagiie, a peticién del general de Brigada José Lopez Pinto que se habia aduefiado de Cadiz, tras liberar al general Varela, ha enviado refuerzos. Y esa misma madrugada, a las 4,30, llegaba el pri- mer tabor de Regulares de Ceuta, al mando del comandante Luis Oliver Rubio, en el Churruca; y en el Ciudad de Algeciras iba un escuadrén de Regulares desmontados de Ceuta, al mando del capitan San Juan. A las 7 de la misma maiiana, también Ilegaban refuerzos a Algeciras en el Cabo Espartel, con el segundo tabor de Regulares de Ceuta. La in- mediata intervencién de estas tropas permitio salir airosa la sublevacién y dominar las duras resistencias que se produjeron en toda la zona. Los primeros legionarios fueron para Sevilla. En la mafiana del dia 20 un avion condujo a un teniente legionario y nueve soldados de la 5.? Ban- dera; poco después, otro trimotor llevé a un sargento y diez legionarios mas. Queipo de Llano distribuira a estos legionarios entre sus escasas fuerzas, y envia a todos a Sevilla. ‘Por la calle Tetuén aparecen, a toda marcha, varios camiones, donde, entre guardias civiles, soldados y paisa- nos, sobresalen los airosos gorrillos legionarios. Cruza répidamente un camion, y en seguida otro, y otro y otro... Casi no da tiempo a ver... 206 Pero alli, no hay duda, va la Legion. El cortejo, en carrusel estrepitoso, recorre incansablemente durante horas y horas una y otra vez las calles de Sevilla, produciendo la formidable impresion de que toda la ciudad se halla invadida por el Tercio. “—¢Pero cuadntos legionarios han venido? —pregunta alguien al gene- ral en su despacho. ”—Muchos —responde Queipo—. ;Veinte y un teniente! ”—2S6lo veintiuno...? {Si parecen dos mil! ”Sin embargo, paulatinamente, a Tablada continta de verdad llegan- do el Tercio. Ahora acaba de venir un tercer trimotor, donde viajaba el jefe de la 5.4 Bandera, comandante Castejon, y veinte legionarios.” En tres dias lograron pasarse 200 hombres; la 5. Bandera y el tercer tabor de Larache. El dia 25 también desembarcaria en Tarifa, a bordo de dos faluchos, sin proteccién alguna, la 18.* Compafifa de la 5.? Ban- dera del Tercio. A finales de julio se habian pasado por aire 873 hom- bres, legionarios y regulares, que habrian de conquistar toda la zona sur. La resistencia en Sevilla fue tenaz, porque mas de diez mil milicianos fueron oponiendo encarnizado enfrentamiento a las escasas fuerzas. En la tarde del mismo dia 20, Castejon se dispuso a atacar el barrio de Tria- na con sus pocos legionarios. Las operaciones de la limpieza que Castejon emprendié han sido descritas como de extremo rigor punitivo para cuan- tos se oponian al Tercio: los heridos eran rematados en el acto y casi todos los prisioneros pasados a cuchillo o fusilados poco después, Castej6n encontré algunos asesinados a los que se les habfa colocado en el pecho cartelones de “por fascistas”. Poco después habria de de- clarar: “Yo me limité a dejar sobre el cuerpo de cada asesinado el cadaver de un asesino en forma de cruz.” “Al dia siguiente, 21, prosiguié la incursién de las fuerzas de Caste- j6n, con unos veinte legionarios mas, siendo por fin liberada Triana de las garras rojas, a través de una acometida enérgica, tajante y dura de los asaltantes nacionales, bajo el signo de la cruz trazada sobre el cuerpo de cada victima yacente en la via piblica con el cadaver de un asesino rojo. Ojo por ojo; diente por diente. Asi hubo de responderse graficamente al terrible ejemplo con que los rojos trianeros se habfan propuesto aterrori- zar a la alegre y cascabelera poblacién del suburbio sevillano. ”No menos enérgica hubo de ser la represién en la Macarena, otro barrio opuesto de Sevilla, que desde el duro castigo infligido a Triana, 207 resistié con furia demente hasta el dia 24, no sin haber repelido antes la incursion de un escuadrén de Caballerfa que intentaba penetrar por Osario. Ante la enérgica resistencia roja, esta vez la Legion hubo de ac- tuar con el impetu guerrero que le es peculiar, lanzandose como una tromba, cuchillo en mano, sobre las barricadas de la calle de San Luis, tras una granizada preliminar de bombas. El duro castigo impuesto a Triana no sirvid de ejemplo al otro barrio, que resistia enloquecido y causé las primeras bajas en la Bandera de Castejon: dos muertos y doce heridos, Pero el escarmiento fue ejemplar. Cayé todo el Comité revolu- cionario, con su cabecilla al frente.” Todas las fuerzas que hay en esos momentos se reducen a cien legio- narios, cien falangistas, cien requetés y cincuenta guardias civiles, apoya- dos por dos cafiones y un carro blindado. Ellos habran de conquistar y mantener todo el territorio hasta que se despeje la situacion. En casi todos los pueblos de la provincia de Sevilla ha habido ocupacién de tierras, con asesinato de propietarios y elementos de derechas, ademas. de los consabidos incendios de iglesias. El esquilmado pueblo andaluz seguira acumulando hambre y odio por el desleal abandono en que siempre le sumen los gobiernos de la nacién. Un pueblo trabajador, leal, incansable, sufrido y alegre, ademas de ingenioso, que ha causado admi- racién y respeto en toda la Europa industrializada y desarrollada: pero que sistematicamente es apaleado por sus gobernantes. 208 BADAJOZ Y LA COLUMNA MADRID Desde el principio de la Guerra, la Legion, junto con los Regulares, seré la fuerza que combata y abra paso hasta caer agotada y diezmada en las puertas de Madrid. Casi cinco meses de lucha continua, de sangria constante. La Legion, los veteranos y luego los nuevos, habra de estar reforzando todas las unidades, incluso como en los primeros dias de Marruecos, cuando ya se desconfiaba de los soldados peninsulares. Hasta que los frentes no se estabilizan y los ejércitos no se estructu- ran para desarrollar una guerra en el mas amplio sentido de la palabra: es decir, un afio después de iniciado el Alzamiento; los legionarios, en mayor o menor nitmero, iran mezclados con otras fuerzas. Su discipli- na y su acometida en el combate eran la garantia de ejemplo y soporte para el avance continuado. Ellos y sus jefes se tenian confianza. Pero si éste era el factor principal, existia otra circunstancia de no menor importancia: la escasez de tropa, primero para arrollar a los numerosos contingentes de milicianos, luego para ir desplegandose y a la vez sostener el territorio ocupado, Asi, Martinez Bande habla de las microdivisiones que constituian las columnas que actuaron en la marcha hacia Madrid. “Se movian combinando la accion de las armas, El jefe 209 que las mandaba no tenia en sus manos una sola divisién, sino varias, aunque extraordinariamente reducidas,” Los legionarios, al igual que hicieron en Sevilla, van actuando e incor- pordndose elementos; necesarios unos, capturados otros 0 simples volun- tarios. Estos aumentaban las columnas en nitmero y efectivos con el paso de los dias, pero a la vez van ensamblandose los reducidos nicleos. Asi, antes de que el llamado Convoy de la Victoria lograse pasar el Estrecho el dia 5 de agosto, Franco, ya nombrado el 24 de julio General en Jefe del Ejército de Africa y Sur, dio su primera orden el 1 de agosto, para que saliese de Sevilla lo que habria de llamarse la Columna Madrid. El 2 de agosto partid de Sevilla la primera columna, al mando del teniente coronel Carlos Asensio Cabanillas. La componen el 2.° tabor de Regulares de Tetudn, la 4.* Bandera del Tercio, es decir, dos unidades tipo batallén; dos auto-ametralladoras, una baterfa de 70 mm, una com- pafifa de Zapadores con tren de puentes y material de fortificacién; es- tacion de radio a caballo y servicios de Intendencia y Sanidad. Su objeti- vo: avanzar en direccién a Zafra y Mérida. Al dia siguiente saldrfa una segunda columna, la del comandante Castejon, con el 2.° tabor de Regulares de Ceuta, la 5.2 Bandera del Ter- cio, una bateria de 75 mm, una columna de municiones, una seccién de Transmisiones y los correspondientes servicios de Intendencia y Sanidad. EI avance habrfa de realizarse de Sevilla a Mérida y Badajoz; un reco- rrido de 262 kilémetros cubiertos en once dias y bajo el aplastante calor agostado de Extremadura. Ademas, desde Sevilla (12 metros) se asciende hasta Monesterio (755) y se desciende a Mérida (220). El terreno es muy cambiante: las tierras de labor dejan paso al monte alto y bajo, luego se vuelve movido y desde Monesterio es de labor y vifiedo, Sdlo de Mérida a Badajoz hay trazado Ilano, junto a la carretera y el Guadiana. La salida de Sevilla se hizo en plan motorizado a las 20 horas; a la una de la madrugada del 3, encontraron volado el puente sobre la ribera del Huelva, Hubo que pedir a Sevilla material de puentes, mientras las fuerzas avanzaban a pie hasta ocupar El Ronquillo. A las 13 horas queda reparado el paso y contintia el avance de los camiones. Antes de llegar al Ronquillo, encuentran volada una alcantarilla, cuya reparaci6n es raépida. A las 22 horas se llega a Santa Olla. El dia 4, tras rechazar algunas emboscadas, logran ocupar Moneste- rio, quedando liberados El Real de la Jara y Cala. El 5 se entra en Fuente de Cantos y Cazalilla de los Barros. Se tienen noticias de las primeras 210 reacciones serias del enemigo. A las 13 horas se toma contacto con el adver- sario, y mientras se le fija el frente, se efecttia un movimiento envolvente por el flanco derecho, A las 20 horas se ocupa Maimona. A la columna se unen 110 guardias civiles que habfan conseguido escapar de la comandancia de Badajoz. Han sorprendido a un pelotén de dinamiteros, con armas y ex- plosivos, cuando se disponian a volar un puente, y los traen con ellos. Ese mismo dia 5, el Convoy de la Victoria desembarca en Algeciras al Tercer tabor de Regulares de Melilla, a la 1.2 Bandera de la Legién, al resto de los Regulares de Larache, una baterfa de 105 mm, abundantes municiones, dos ambulancias, una estacién radio-auto y material de transmisiones. Se suman un total de 2.500 hombres. Todo ello no es mucho, pero desmoralizaba y desprestigiaba al gobierno republicano; al no dominar el Estrecho con sus navios, quedaba al descubierto que no dominaba en ninguna de las dos Espafias. En la gubernamental, porque el poder estaba en manos de las fuerzas revolucionarias; en la otra, por- que ya existia un principio de gobierno, de orden y, lo que era mas peli- groso, organizacién militar. El dia 6, no obstante, la aviacién gubernamental realiza un bombar- deo sobre Maimona, que sorprende a los legionarios. En dias sucesivos los bombardeos seran constantes. La columna de Castején, que habia salido de Sevilla el 3 a ultima hora, se orienta al dia siguiente hacia Llerena con el objeto de fortalecer el flanco derecho de la columna de Asensio. Dominada la localidad en seguida, el dia 6 se dirigen a concentrarse en Monesterio, a la vez que enyian un destacamento a ocupar Calera de Leon. Asensio se dirige hacia Almendralejo y, luego de envolver y ocupar Villafranca de los Barros, rompe las defensas exteriores de Almendralejo, ocupandolo, a pesar de los constantes bombardeos de la aviacién guber- namental. Queda la iglesia parroquial, edificio de sdlida construccion en donde los mas decididos se refugian y se defienden tenazmente durante varios dias. La torre de Almendralejo seria volada el dia 11 por el tenien- te Ripoll y un legionario, para abatir la resistencia de cincuenta milicia- nos que se hacian fuertes en la iglesia. El dia 7 Castejon tomé Zafra, con escasa resistencia, y luego concen- tré su columna en Los Santos de Maimona. Ese mismo dia, Franco se trasladaria a la Peninsula y establecerfa su cuartel general en Sevilla, asumiendo el mando directo de las fuerzas expedicionarias que avanzaran sobre Madrid. 211 E] dia 8, Franco ordena que las columnas de Asensio y Castejon dejen de actuar independientemente y se pongan a las ordenes de Asensio para realizar la ocupacién de Mérida. Esta plaza habra de atacarse por tres direcciones y desbordarse por el este. E] dia 9 ya estaba organizada la nueva columna, que mandaré el te- niente coronel Tella Cantos. La componen la 1.* Bandera del Tercio, el primer tabor de Regulares de Tetudn, una bateria y una secci6n de la Guardia Civil. El dia 10 se ocupé Torreme} avanzandose por la carretera general hasta unos seis kilometros de Mérida. En torno a la ciudad van a desarro- llarse pequefios combates en los que algunas posiciones nacionales son tomadas por las milicias gubernamentales. De Madrid ya han empezado a llegar algunos batallones de milicias populares algo entrenadas en la lucha. Ya no son campesinos armados y defendiéndose encarnizadamen- te. La batalla habra de plantearla con amplio movimiento de tropas. E] dia 11 se realizan una serie de movimientos para la ocupacion de Mérida, con los siguientes resultados: Por la derecha (este) se conquistaron los pueblos de Alange y Zarza, intentandose vadear el Guadiana sin éxito, por no hallar pasos practica- bles y ser el caudal muy crecido. La progresion result6 sumamente dift- cil, por la constante hostilidad enemiga por los flancos y el frente. Ante tal situaciOn, las tropas regresaron a Almendralejo, para desplazarse por la carretera general a Mérida. Por el centro (sur), se vaded el rio y se ocupd el pueblo de Don Alvaro, y desbordandose Mérida, se batié duramente a las fuerzas que huian de la ciudad. Por la izquierda (oeste), se siguié la carretera general y en el cruce que conduce a Calamonte se encontré fuerte resistencia de un enemigo bien atrincherado, Hubo que desalojarlo a la carga mientras se sufria fuego de aviacion y artillerfa enemigas. Al fin intervinieron las baterias propias y pudo cruzarse el puente romano, que milagrosamente no ha- bia sido volado. La ocupacién de Mérida supuso cuantioso botin, con piezas de arti- lleria y bastantes prisioneros: soldados gubernamentales y milicianos, aunque el mayor grupo de éstos abandoné pronto la resistencia en Mérida. Por otro lado, al rebasarse la ciudad por el norte, se tomé contacto con las fuerzas de Caceres. Es un enlace precario, pero los dos ejércitos 212 ya estan unidos, y se pueden pasar suministros a las fuerzas del general Mola. La importancia de la conquista de Mérida coloca a las fuerzas expedi- cionarias en situacién de realizar la toma de Badajoz y asegurarse el flanco con la frontera de Portugal. La coordinacién de estos esfuerzos exige un mando directo y dnico, y Franco se lo confiere a su amigo Yagiie. Bajo la denominacién Columna Madrid se integraran las fuerzas de Asensio, Castej6n y Tella, mas los efectivos de artilleros, ingenieros y servicios. Yagiie dicta su primera orden el dia 11 y en ella, recapitu- lando las bajas experimentadas en las distintas acciones que han jalona- do el itinerario, sefial6: “La técnica estd en nuestras manos; si la olvidamos nos ponemos a la altura del enemigo, perderemos una gran superioridad y seremos responsables de las bajas que nos causen por falta de prevision o pericia. Hay que ser avaros en administrar nuestra sangre.” E] dia 12, las fuerzas legionarias se dedican a consolidar las posicio- nes aleanzadas, ocupando la sierra de San Servan y el pueblo de Esparra- galejo. En Mérida se queda Tella con las fuerzas indispensables para contener un previsible ataque de reaccion, El grueso de la tropa es lan- zado por Yagiie en direcci6n oeste, por la margen izquierda del Guadia- na y con la carretera general a la derecha. El 13 se ocupan los pueblos de Lobén y Talavera la Real, y en las proximidades de Badajoz, vuelven a dispersarse las columnas: Asensio se orienta hacia el este de la ciudad y Castej6n hacia el sur. Badajoz se encontraba guarnecido por un regimiento de Infanteria y numerosos milicianos, que han ido concentrandose en los tiltimos dias con la orden de resistir a toda costa. E] mando lo ejere/a el coronel Puig- dengola, que en un principio fue detenido por algunos guardias civiles y de asalto que se sublevaron. Luego, al ver que las tropas amigas se en- contraban més lejos de lo supuesto, les decayé el animo, y perdidas las esperanzas, se entregaron a las autoridades, mientras otros escapaban a unirse con los legionarios. El coronel José Cantero Ortega mandaba el regimiento de Castilla y los restos de la Guardia Civil, carabineros y fuerzas de Asalto. Unidos a los numerosos milicianos y fuerzas regulares procedentes de Madrid, la defensa iba a ser férrea. La ciudad se alza en un monticulo, semirrodeada por el Guadiana y el arroyo Rivilla; un puente de cerca de 500 metros comunica la pobla- 213 cién con unos arrabales situados a la otra margen del rio. Las viejas murallas fortifican la ciudad; son inservibles en una guerra moderna, pero Yagiie carecia de artillerfa para batirlas. Habria que hacer todo a fuerza de hombres y voluntad. Sobre todo si se tenia en cuenta que entre la altura del castillo y las aguas del Guadiana hay 40 metros de altitud. En la tarde del.dia 13, Asensio despliega sus unidades a caballo sobre Ja carretera y, tras sufrir nutrido fuego del enemigo apostado en el case- rfo y recinto amurallado, ocupan a viva fuerza el barrio de San Roque. Castején, después de rebasar los fuertes exteriores de la Picurifia y de Pardaleras, penetra con sus tropas en el cuartel de Menacho, donde han de combatir duramente y palmo a palmo. Pero al final de la jornada se han conquistado dos nicleos suburbanos de indudable importancia para realizar el asalto final. El 14, la columna de Asensio toma dos direcciones: una parte ataca- vA de frente, hacia la puerta de Trinidad; y la otra, actuard en beneficio de la anterior, flanqueando la muralla por la derecha, para penetrar por Ja llamada puerta de los Carros y tomar el castillo del revés. Los mo- yimientos de todas las fuerzas fueron siempre en inferioridad de condicio- nes; eran batidas y enfiladas desde todos los puntos, pero el impetu de los legionarios y regulares vencid todas las resistencias. Alli, la Legion yolvid a vivir uno de sus glorisosos episodios sangrientos: aquéllos que ya en Marruecos la hicieron temida y respetada. Cuando al fin se logré abrir una brecha en la puerta de la Trinidad, Yagiie mantuvo la orden de que se asaltara la ciudad por la que deno- mino brecha de la muerte. Justo a las 3 de la tarde, la 16.* Compafiia de la 4.2 Bandera, con todos sus mandos, atacé desde San Roque. Lleva- ba un carro blindado en vanguardia, con el que probé a romper la tupida cortina de ametralladoras enemigas, pero inexorablemente, otro haz de proyectiles puso fuera de combate a la oleada que avanzé en cabeza. Rapido, el blindado, que conducia un esforzado capitan de apellido Fuente, vir por el flanco derecho, atrayendo la atencién del enemigo. Al desviarse los tiros hacia el carro de acero, se lanzaron la 2.* y 3.* sec- ciones a campo abierto, salvando el foso seco del Rivilla y castigando con bombas de mano la irreductible fortaleza. De inmediato, los fuegos cruzados de la defensa volvieron a diezmar las filas de los camisas verdes, y hasta el legionario-banderin cayé con un desgarrado ;Viva la muerte! El capitan Pérez Caballero, que mandaba la fuerza, reunid a los 214 fusileros titiles al abrigo de un pequefio terraplén, y, mostrandoles la brecha, de la que se encontraban a unos 70 metros de distancia, encare- cid tomarla con una vehemencia tal, que arremetieron a una contra la barricada bajo una densa granizada de balas. Fue tan airoso el ataque, que con granadas de mano y a punta de bayoneta consiguieron poner pie en la gran muralla, primero el capitén y un cabo que se desangraba, y después los catorce supervivientes de aquella gloriosa compafifa que sufrié casi cien bajas. Estos legionarios y otros que se les sumaron, irrumpieron al arma blanca en los parapetos y entablaron un violento cuerpo a cuerpo, de manera que, ante su irresistible acometividad, los marxistas se replega- yon. Esto les deparé un mayor descalabro, pues, en vertiginosa carrera los del Tercio les ganaron el paso y, enardecidos, sin control, fueron diezmando al enemigo que se defendfa encarnizadamente, sembrando las calles de cadaveres. El capitan Pérez Caballero logré llegar al Ayuntamiento y cursar este lacénico y espartano mensaje a Yagiie: “Atravesé la brecha. Tengo catorce hombres. No necesito refuerzos.” Mientras, se rodearon las murallas hacia el norte y se llegé a Ja parte alta de la ciudad, cruzandose el puente de las Palmas. Los soldados eran batidos desde las alturas del cerro de San Cristobal, al otro lado del Guadiana. Las tropas de Castején, por su parte, ocuparon el cuartel de la Bom- ba, saltando hasta él desde el Menacho y entrando, igualmente, en el interior de Badajoz. Pero los marxistas no rindieron facilmente las ar- mas, a excepcion de los que huyeron hacia Portugal. “Se defendieron en la parte alta de las casas y en las encrucijadas de las calles, prolongando en algunos sectores la angustiosa ansiedad del yecindario, que escuchd, consternado, en sus hogares, la orgia de sangre de los combates, el clamor de Jos vencidos, las cerradas y secas descar- gas que retumbaban en los portales, el lamento de los heridos en aceras y calzadas. Ninguna fuerza humana era ya capaz de contener la ciega pasion del legionario combativo, al que la pérdida de sus camaradas saco de quicio a la razon y el sentimiento. Atacaban en cualquier forma y posicion; ya con bombas de mano, a la bayoneta, con el cuchillo en la boca 0 con pistolas ametralladoras. ”En la confusa lucha callejera, ,como identificar a la masa aterrada que huia, a pacfficos vecinos, incluso a los que fueron empujados a la 215 muralla por las autoridades republicanas? Quiza, si, quizd debieron los inocentes esforzarse por darse a conocer, por gritar, juntando suplicantes las manos; pero el paroxismo de la guerra no comprendia este lenguaje. El Tercio y los Regulares tnicamente reconocian ante sus ojos el bulto de un enemigo fisico, peligroso, torvo. Ni siquiera la Catedral, donde al decir del rumor piiblico, se habfan entremezclado con la poblacién varios republicanos, estuvo indirectamente exenta de los horrores de la lucha.” Muy pronto recorrerja el mundo, la propaganda de izquierdas vuela siempre y es crefda a pies juntillas, una version mas 0 menos exacta de los trdgicos hechos de Badajoz. Asi pueden leerse textos que hablan de menos de 5.000 defensores, la mayoria milicianos sin preparacion mili- tar, arroyados por 3.000 soldados profesionales y bien entrenados, que en represalia mataron a mas de 2.000 personas y capturaron a mas de 30.000 prisioneros. Ast, Le Temps, de Paris, en su ntimero del 17.de agosto informaba: “Hasta el momento presente, unos 2.000 hombres han sido muertos, acusados de resistencia armada y de crimenes graves. Yo vi el pavimento frente a la Comandancia Militar cubierto de sangre de los ejecutados, y todavia diseminados sus gorros y objetos personales. La Catedral, donde se refugiaron numerosas familias, esta en desorden; pero no ha sufrido desperfectos. Dos milicianos capturados en el coro fueron ejecutados de cara al altar mayor, ante el cual yacen bafiados en su propia sangre. Las detenciones y ejecuciones en masa continian en la Plaza de Toros.” La piedra de escdndalo la dio el periodista portugués Mario Neves, donde hasta Arthur Koestler bebid para dar su version de la matanza de Badajoz en su Testamento espafiol. Otro de los relatos extranos fue publicado en La Voz, de Madrid, el 27 de octubre, donde dice: “Cuando Yagiie se apoder6 de Badajoz, utilizando para el ataque el territorio portugués, hizo concentrar en la Plaza de Toros a todos los prisioneros milicianos y a quienes, sin haber empufiado las armas, pasa- ban por gentes de izquierdas. Y organiz6 una fiesta. Y convid6 a esa fiesta a los cavernicolas de la ciudad, cuyas vidas habian sido respetadas por el pueblo y la autoridad legitima. ”Ocuparon los tendidos caballeros respetables, piadosas damas, lin- das sefioritas, jovencitos de San Luis y San Estanislao de Kotska, afilia- dos a Falange y Renovacién, venerables eclesiasticos, virtuosos frailes y monjas de albas tocas y mirada humilde. Y, entre tan brillante concu- rrencia, fueron montadas algunas ametralladoras. 216 Dada la seal —suponemos que mediante clarines—, se abrieron los chiqueros y salieron a la arena, que abrasaba el sol de agosto, los huma- nos rebafios de los liberales, republicanos, socialistas, comunistas y sin- dicalistas de Badajoz. Confundianse los viejos y los nifios. También figu- raban mujeres: jovenes algunas, ancianas otras: gritaban, gemian, malde- fan, increpaban, miraban con terror y con odio hacia las gradas repletas de espectadores. gQué iban a hacer con ellos? ¢Exhibirlos? ,Contarlos? gVejarlos? Pero pronto, al ver las maquinas de matar con los servidores al lado, comprendieron. Iban a ametrallarlos. ”Yagiie estaba en un palco, acompajiado de su segundo, Castejon. Lo rodeaban, obsequiosos y rendidos, terratenientes, presidentes de c fradias, religiosos, candnigos, sefioras y damiselas vestidas con provin- ciana elegancia. Levanté un brazo y flameo un pafiuelo. Y las ametra- lladoras comenzaron a disparar.” Esta espeluznante y ridicula crénica se extendid tanto por Espaia y el extranjero que hasta el mismo Hugh Thomas la recoge en su obra, La guerra civil espafola, aiiadiendo: “La Plaza de Toros resultaba un lugar légico para las ejecuciones en Badajoz, ya que esta cerca de la Plaza Mayor.” “ Harold Cardozo, el corresponsal del periédico liberal Daily Mail, publicaria entonces unas crénicas con datos muy reveladores que mas tarde formarian parte de su libro, The March of a Nation: “Badajoz habia cafdo apenas veinte horas antes de mi llegada... La Legion perdid 127 hombres en 20 segundos, pero los supervivientes, con la bayoneta calada, pasaron entre las ametralladoras y mataron a todo lo que se pusiese por delante...” En realidad, en aquel asalto se perdieron 285 hombres de los 2.400 que emprendieron la accion. Mandaba: la 4.* Bandera el comandante Vierna, y la 16.2 Compaiia el capitin Gonzélez Pérez Caballero, que fallecerfa mas tarde en Pozuelo, en accién de guerra. En la ocupacion del cuartel de la Bomba también se distingui teniente Francisco de Miguel Clemente, de la 5.* Bandera, que recibiria la Cruz Laureada de San Fernando por su comportamiento. También fallecerfa dos meses mds tarde en accion de guerra. Ese mismo dia 14, sobre las diez de la mafiana, se desencadend sobre Mérida una accion ofensiva de importancia, con el propésito de aniqui- lar a la Columna Madrid. Una numerosa masa de milicianos atacé la poblacion apoyada por una baterfa de 105 mm y tres aviones. Tella 217 hizo que sus legionarios tomasen posiciones al nordeste de la ciudad, y tras una lucha muy dura, hacia las 18 horas, consiguieron batir a los asaltantes. Estos perdieron la moral y abandonaron el campo, dejando muertos, heridos y un cuantioso botin, El 15 de agosto, cuando Yagiie reunié a las fuerzas bajo su mando, las arenga con estas palabras: “Legionarios: Merecéis el triunfo; porque frente a los que solo saben odiar, vosotros sabéis amar y cantar y refr. Alla lejos esta Madrid, legio- narios, y llegaremos todos; porque para guiar nuestros pasos en la lucha, resucitaran los que aqui cayeron luchando por Espaiia. *Legionarios de la 16 Compajifa: ;{Qué pocos habéis quedado y qué orgulloso me siento de vosotros! Gritad conmigo: ;Viva Espafia! jViva la Legion!” Frente a ellos, frente a la Columna Madrid, ya se desplegaban las unidades regulares y de Orden Piiblico que mandaba el general Riquelme; en ellas se encuadraban jefes profesionales: el coronel Jurado, los tenien- tes coroneles Navarro y Burillo, y el capitan Uribarti, jefe de la Columna Fantasma. Pero a Yagiie le quedaban hombres y coraje para continuar rapidos hacia Madrid en lo que Luis Maria de Lojendio ha calificado como “la época auténticamente legionaria y marroqui” de la guerra; “descubrimos a lo vivo a aquel Ejército de Africa, del que la mayorfa no tenfamos mas que una leve referencia literaria: los legionarios autén- ticos de 12 y 15 afios de servicio en la tierra ingrata de Africa; los regu- lares viejos con el perfil puro de la mejor raza marroqui, deshechos de atencién y ceremonia en su trato”. Fueron fuerzas que avanzaban a un ritmo que hizo prever el pronto término de la Guerra. Quince dias mas tarde ya habian recorrido otros 300 kilometros y las fuerzas de Yagiie se encontraban a las puertas de Talavera de la Reina, después de incorporar extensos territorios a los nacionales, y rescatar a los refugiados del Monasterio de la Virgen de Guadalupe, cercados por las fuerzas del capitan Uribarri. Los Regulares levantaron el cerco, recogieron gran cantidad de material bélico y fusila- ron a los prisioneros gubernamentales. El propio Yagiie se justificarfa ante un corresponsal del New York Herald Tribune, declarando: “; Qué suponia usted, que iba a llevar 4.000 prisioneros rojos con mi columna, teniendo que avanzar contra el reloj? gO iba a dejarlos en la retaguardia, para que Badajoz fuera rojo otra vez?” 218 LEGIONARIOS DE ESPANA Abundan los testimonios legionarios sobre la guerra espafiola, pero ya no resultan tan espontaneos ni ricos en matizaciones como los de aquella primera época de la reconquista del Rif. Realmente, sobre todos y cada uno, pesa con angustia de losa el tremendo impacto de una histo- ria legendaria, heroica, y la comprobacion de una realidad asombrosa e inesperada, por lo inimaginable. Los legionarios, con los regulares, fueron los hombres de vanguardia y de choque, los que se mantuvieron a la cabeza de Ja marcha sobre Ma- drid. Veteranos que muy pronto fueron a reunirse con los compaiieros del Blocao de la Muerte, de la segunda Caseta, de Taxuda o de Ambar. En principio continuaron bajo el mando general y directo de Yagiie, aunque operacionalmente avanzaban formando las columnas ya iniciadas para la toma de Badajoz: de Asensio, de Castej6n, de Tella, y desde la liberacién de Toledo, y para la conquista frontal de Madrid, de Barron y de Delgado Serrano. Asensio Cabanillas: Con su columna participé en la toma de Badajoz y fue uno de los jefes que mas destacé en la maniobra al llevar entre sus legionarios a los hombres de la 16.7 Compafifa, con el capitan Pérez 219 Caballero. Habria de sufrir fuertes pérdidas en el ataque de Medellin, cuando una de las secciones de sus tropas sufrid el ataque aéreo de la escuadrilla de André Malraux, el escritor francés. Consiguié: rehacer sus fuerzas y prosiguié el avance hasta reunirse en Navalmoral de la Mata con la columna de Tella. Siguiendo un fuerte ritmo de avance, conquisté con sus tropas Puente del Arzobispo, y el dia 8 de septiembre ya tomaba al asalto la ciudad de Talavera de la Reina. En esta plaza encontré fuerte oposicion, precisamente en las tropas que mandaba el coronel Asensio Torrado, que se vio obligado a replegarse. A partir de Talavera, la maniobra la realiza sobre Toledo. Ahora avanza bajo el mando de Varela, que le encomienda envolver el ala iz- quierda de la capital y da como resultado la liberacion del Alcazar. Se penetré en Toledo por la puerta de Bisagra, lo hizo el primer tabor de Regulares de Tetudn, mientras unos destacamentos avanzados de la 5.2 Bandera de la Legion Ilegaban al Alcazar, y, tras un rodeo hacia el puente de Alcantara, La 1.* Bandera entré por la puerta del Cambron. El capitan Tiede y el teniente Lafuesta fueron los primeros oficiales que entraron en la martirizada Academia. Carlos Tiede Zeden era un veterano, un culto aleman que se engan- ché en uno de tantos banderines de la primera hornada. Llegé a capitan legionario, como prometian Millan Astray y el Credo, después de una serie ininterrumpida de hechos distinguidos, desde soldado en la 3.* Com- pafifa de ametralladoras. Destacé por su energia, cardcter, condiciones de mando, intuicién, una cultura militar nada comin, moralidad y amor a Espaiia y a la Legion. Fue cabo, sargento y suboficial entre sus varias heridas. Ya de suboficial, alférez y teniente, se le veia seguir silenciosa- mente a Franco; en Sidi Mesaud, en Tifaurin, en Tizzi Azza, durante la yetirada de Xauen y en el desembarco de Alhucemas. Apenas germinaba una idea en el jefe, Tiede la transmitia atravesando el fuego, sin un gesto, sin una duda, con la tranquilidad de quien da un paseo. En las pefias de Beni-Hozmar recogid el cuerpo herido de Millan Astray. Y el legionario anénimo que ofrecid estos detalles, relata el si- guiente episodio: “Un dia sobre una cumbre, el coronel Franco, con los prisméticos, inquirfa la posicién del cafion enemigo que tiraba con eficaz y certera punteria. Dos pasos detrds del Jefe, el alférez Tiede, con el blok y el lapiz en las manos, esperaba... Un proyectil llegd con ronco y rabioso zumbido y estallé entre ambos, envolviéndolos en un nubarrén de casco- 220 tes, de humo y. de tierra; de las gargantas de los circundantes surgié un clamor de espanto. Al disiparse la nube polvorienta, se vio que el coronel seguia impasi- ble, con los gemelos ante los ojos escrutadores, y que el alférez Tiede, sin descomponer un 4pice su recia figura, continuaba con el lapiz y el bloc en las manos, esperando.” Las tropas, de Asensio inician la nueva maniobra con Madrid como objetivo. En la sierra de San Vicente tienen que vencer una dura resis- tencia enemiga, pero siguen la marcha para intervenir en las operaciones de Illescas y de Navalcarnero, hasta alcanzar los arrabales de Madrid. En el asalto que se inicia el dia 7 de noviembre, a Asensio le toca enfrentarse con el cometido més dificil: el cruce del rio Manzanares. Precisamente en el momento en que Madrid recobra su moral de lucha, llega Ja columna Durruti y sobre todo las Brigadas Internacionales, adies- tradas en Albacete. Hasta el dia 16 de noviembre no se consigue el cruce del rio y la escalada del paseo de Rosales, donde los madrilefios combaten encarni- zadamente y hacen de cada casa un fortin. Sus legionarios han sido los primeros en cruzar el rio, pero hasta llegar a la Escuela de Ingenieros Agrénomos y la Casa de Velazquez, en la Ciudad Universitaria, tendran que vencer muchos obstdculos. Sin embargo, alli se quedaran clavados, yechazando en sus posiciones fortificadas, los repetidos e infructuosos ataques de los defensores de la ciudad. El paso del Manzanares produjo intensas horas de emocidn. Asensio ya habia declarado: “Mafana pasaré, con carros o sin ellos.” Y en la jornada decisiva sus fuerzas intentaron por tres veces el ataque, y las tres veces, cuantos hombres asomaban a la margen del rio, eran abatidos instanténeamente. Estaban como el conejo que al salir de su madriguera le esperan perros y cazador, y no tiene mas remedio que salir. “Poy el flanco izquierdo, hacia el Hipédromo y Garabitas, el fuego es intenso; el enemigo contraataca para impedir nuestro avance. Hacia las cuatro de la tarde, la aviacion vuelve a bombardear las cumbres del Parque del Oeste y los desmontes de la Ciudad Universitaria. Aprove- chando aquel fugaz momento, los carros asoman a la brecha, barren con el fuego de sus ametralladoras'la orilla frontera, se dejan resbalar por la pendiente, franquean penosamente el rfo, en cuyo arenoso fondo queda alguno inmovilizado, y escalan la margen enemiga. Un tabor de Regula- 221 res de Tetudn, en un alarde maravilloso de bravura, se lanza al ataque, pasa el Manzanares, irrumpe en la Ciudad Universitaria y de un solo asalto, en carrera loca, se apodera de la Escuela de Arquitectura. La noche se echa encima. S6lo queda una hora de dia; el numero de bajas ha aumentado sin cesar y la situacion de los tanques y tropas se hace cada vez mds critica. En ese momento se ordena a los legionarios lanzar- se al asalto. El empuje y brio admirables con que se realizé, saliendo al descubierto y atravesando resueltamente el rio con el agua a las rodillas y atacando la orilla opuesta con bombas de mano, consiguié sembrar el pdnico y poner en fuga a los milicianos.” Hay quien atribuye el desfallecimiento a las fuerzas de Durruti, recién incorporadas al frente, pero desacostumbradas a luchar en serio. Jestis Hernandez describe asf la actuacién: “El enemigo, que no habia celebrado seguramente ninguna asamblea, se lanzé contra las posiciones republicanas. Los hombres de Durruti, acostumbrados a los placidos frentes de Aragon, se derrumbaron estrepitosamente; cenetearon, como el pueblo de Madrid decia jocosamente para denominar el chaqueteo, y permitieron que el enemigo ocupase algunos edificios de la Universi- taria. El] bautismo de fuego de la columna que habfa venido a salvar a Madrid, con una semana de retraso, no pudo ser mas lamentable.” Los anarquistas nunca fueron bien vistos por los comunistas, y menos en Madrid. Pero lo cierto fue que alli se peleé muy duramente, hasta el punto de que algunas construcciones, como sucederia en el frente sostenido en Carabanchel Bajo y Usera, se ocupaban metro a metro, zigzagueando y con casas una frente a la otra. Se resistia en ellas, no porque fuesen objetivos vitales, sino por terquedad. Se sostenfan posi- ciones y se malgastaban vidas humanas y material, por el prurito de mantenerse en sus puestos, y porque les asustaba moverse. Realmente tenfan miedo ante la barbaridad que estaban viviendo y habfan desen- cadenado. Vivi en el barrio del Terol desde mayo de 1939, y desde la Ciudad Universitaria al Cerro de los Angeles, 0 Cerro rojo que se llamaba, cami- né todo aquel frente con otros muchachos, y escuché todas las histor- rias que padres, tios, abuelos, nifios, carteristas, rojos, emboscados, fa- langistas renacidos y seres humanos, angustiados por la necesidad de vivir, compartieron mis estudios, mis juegos, mis correrfas e innomina- das aventuras. Precisamente, lo que hoy es calle de la Oca, era el ferro- carril militar que unfa todos los cuarteles de la periferia madrilefia; en 222 el cruce con general Ricardos estaba la estacion o sus ruinas, con varias maquinas averiadas. A su espalda, el gran edificio de una antigua impren- ta era como el hogar-asilo de todos los huérfanos de guerra, los rojillos. Tardaron afios en hacer el campo de fatbol en aquel solar leno de trin- cheras y luego arado para el cultivo de cebada. Adin permanece en pie la vieja taberna de conspiraciones milicianas; era un edificio de los mejor conservados al acabarse la guerra. Y sigue intacto. “La 4." Bandera fue la que tuvo mayores dificultades para ocupar el Hospital Clinico. Durante estos dias, se sostuvo con el enemigo duros combates por la posesién total del edificio, pues al llegar nuestras fuer- zas, mas de la mitad del Hospital Clinico estaba en poder del enemigo: teniendo que sostener duros combates en galerias, escaleras, quiréfanos y pisos altos, hasta dominarlo por completo.” Eran escombros; esqueletos erizados de hormigén y acero retorcido y alla, en la hondonada, como una casa circular alrededor de la cual habfa ruinas totales. No sé si fue el 28 o el 29 de marzo cuando vi todo aquello y todas las ruinas que se encontraban hasta llegar a la Plaza Ma- yor, donde se me prohibié continuar. Atn paqueaban por Atocha y Cibeles. Alli tuve que esperar a que mi padre hiciese sus gestiones, y luego la ambulancia, supongo que la misma que nos trajo, nos sacé hasta el Puente del Rey, desde donde tuvimos que ingeniarnoslas para regresar a Méstoles en plena noche, en camiones militares, Por sus relevantes méritos, Asensio Cabanillas serfa ascendido a coro- nel y saldria del agujero de la Ciudad Universitaria para la siguiente gran batalla; la que se inicia con el invierno en las Ilanuras del sureste madri- lefio. Alli intervendra al frente de sus fuerzas que ocuparon La Marajiosa y abrieron la brecha en el frente del Jarama, cruzando el rio y sostenién- dose tenazmente en posiciones dificiles de defender. Asensio continuarfa como general interino al frente de importantes unidades en las campajias de Aragon y Cataluiia, que dieron por resulta- do la conquista de Barcelona. Heli Rolando de Tella Cantos. Natural de Lugo; este espiritu galaico canaliz6 su fuerza vital hacia Jas armas. Con el tiempo se convertiria en un tipico africanista. Su vida transcurrié en los cuerpos de choque y en las fuerzas destinadas a la toma de posiciones de vanguardia en las batallas. Resulto herido seis veces, y fue condecorado con la Cruz Lau- yeada de San Fernando y la Medalla Militar. Participo en la reconquista del Gurugi, en 1921. 223 Conspirador activo desde la proclamacién de la Republica, después de escaparse al Marruecos francés a causa de su enfrentamiento con el Gobierno, se reunié con sus antiguos compaiieros de armas, cruz el Es- trecho y, desde Sevilla, al frente de la 1.* Bandera de la Legion y fuerzas de Regulares, se fue, como antiguo y destacado jefe legionario, a la conquista de las tierras andaluzas-extremefas, limpiandolas, tras las columnas de Asensio y Castején. Tras su enérgica defensa de Mérida, mientras se ocupaba Badajoz, reemprendié el avance con sus hombres en la gran marcha hacia Madrid. Combatié en Navalmoral, donde se concentré con Asensio, y luego si- guié para tomar Arenas de San Pedro, y mas tarde confluir sobre Toledo. Qued6 como gobernador militar de Toledo, tras la liberacion, duran- te un breve tiempo. Mas tarde se incorporé al campo de batalla y con sus legionarios irfa ocupando Parla y Getafe, hasta lanzarse sobre Madrid. Penetré en los barrios del oeste del Manzanares, por Villaverde Alto, deteniéndose justo al pie urbano de la capital. Una vez estabilizado el frente con el éxito de la defensa madrilefia, se le destind a organizar nuevas Banderas legionarias, que habrian de cubrir las necesidades de campafia. Mas tarde regresaria al frente del Norte, para incorporarse al mando con las brigadas de Navarra. Otras dos figuras africanistas por vocacién y que en este perfodo de la guerra se destacaron por llevar bajo sus Ordenes a legionarios fueron Delgado Serrano y Barron. El primero era teniente coronel cuan- do estallé la guerra y estaba en Marruecos, con el destino de jefe del Grupo de Regulares de Alhucemas. ‘A Francisco Delgado Serrano, con vieja y acrisolada historia africa- nista, le cupo desarrollar un papel importantisimo: era jefe del grupo al que pertenecia la unidad que se alz6 en armas la noche del 16 al 17 de julio; el famoso 5.° Tabor que dirigia el comandante Rios Capapé, marché sobre Villa Alhucemas para unirse a otra unidad de Regulares, la del comandante Mohamed Ben Mizzian, secundada por los Regulares de Melilla, bajo el mando del teniente coronel Barrén, y por los legio- narios de la 1.2 Bandera, a las drdenes del comandante Carbonell. Delgado Serrano, nombrado jefe de la 3.* Agrupacion de la columna de Yagiie, marché desde Sevilla directamente hacia la Ciudad Universi- taria. Después de la conquista de Talavera de la Reina, se le encomendo el enlace con las fuerzas de Mola, que dominaban la provincia de Avila. Se reunieron el 8 de septiembre en Arenas de San Pedro, al pie de la 224 Legionarios de la 13.2 Bandera embarcando rumbo a El Aaiun, antigua capi- tal del Sahara Espanol, después de arriar, por ultima vez, la bandera espanola de las tierras de Ifni, una de las ultimas posesiones espajiolas en el Africa Occidental. Unidades del Tercio Alejandro Farnesio, de guarnicion en el antiguo Sahara Espafiol. Estas unidades vigilaban la frontera norte y este de dicha posicion espanola. Acuartelamiento de la Legién en Edchera, ex-Sahara Espajiol. Esta posicion era una avanzada en el sistema defensivo cara a Argelia. Dependia de la Zona de Smara, tercera ciudad del Sahara y capital de la region del Rio Rojo. Unidades de la Legién patrullando por las calles de El Aaiiin, capital del ex-Sahara Espanol. Sierra de Gredos: Regulares y legionarios entraron en el pueblo a la vez que las vanguardias de la caballerfa de Monasterio, Cuando la antigua 3.* Agrupacién de Delgado Serrano emprendié el camino de Toledo junto con las demas fuerzas que ya componian el Ejér- cito de Africa, se habia incrementado con un batallén de falangistas vo- luntarios sevillanos, Generalizado el asalto a Madrid, el 15 de noviembre se encuentra con Asensio y Ben Mizzian, en la orrilla del rio Manzanares; contemplan el desastre que se produce cuando los carros avanzan por las brechas y quedan embarrancados, como cogidos en un cepo. La luz del sol declina répidamente. Desde la otra orilla el enemigo, perfectamente atrincherado, abre fuego cerrado a cada intento de paso. Asensio dice que hay que resolver aquella situacin imposible. Ben Miz- zian piensa en su 2.* Compaiifa, la del capitan Carlos Muslera, y se dan las érdenes, El teniente Carlos Ugedo Jiménez parte el primero impetuo- so. Grita a sus hombres, y éstos, en medio de una estruendosa y confusa algarabia, se lanzan al rio, sobre sus aguas revueltas. Se abre un fuego cerrado sobre ellos, pero cuando al resto del 3.°" tabor se une a la algara- bia del 2.° tabor, todos enardecidos, salvan el cauce, de orilla a orilla, con el agua a media pierna, hasta llegar a las trincheras, que desalojan a bombazo de mano, y aunque muchos quedan alli, los hombres de Durruti huyen, Sin embargo, los moros de Alhucemas y los legionarios ya han pasa- do. Apenas si eran entre todas las columnas 2.500 hombres, y sdlo 250 lenaban cada unidad de tabor o bandera. Cifra que se rebajé considera- blemente tras el paso del Manzanares. Pero ya estan cada uno en Madrid, al otro lado de la orilla, casi aislados; unos cuatrocientos hombres, acaso menos, Sin comunicaci6n con la retaguardia. El 16 llega de la Sierra el coronel Gareia-Escdémez para sustituir a Yagite. Las érdenes de Varela siguen siendo las mismas: reiterar el esfuer- zo de la jornada anterior y coronar los objetivos no conquistados ain. A las nueve de la mafiana, Asensio partirfa de la Escuela de Agronomos para ocupar Santa Cristina y el Clinico. Delgado Serrano, desde el Esta- dio, conquista la Fundacion del Amo y el Instituto de Higiene. Mas aba- jo, las fuerzas de Barrén, que acaban de atravesar el rio, ganan la Resi- dencia de Estudiantes. Un pequefio destacamento del tabor de Melilla cruza el Parque del Oeste y llega al paseo de Rosales; pero serd extermi- nado por las fuerzas de Asalto del coronel Alvarez Coque. Ya no se podra dar un paso mds. La reaccién en las fuerzas republi- 225 canas es terrible. En el Clinico se lucha cuerpo a cuerpo, de las frondosi- dades del Parque del Oeste saldrén enjambres de hombres que trataran, a bombazos, de disputar las alturas conquistadas por el enemigo. Regre- saran a sus puestos, pero antes quedaran sembrados de cadaveres los prados, los caminos de arena y la cascada, Aun de noche, continia la lucha en el Clinico. Delgado Serrano es herido, su columna ha perdido en ese dia 250 hombres. Las bajas son numerosisimas en las otras colum- nas. Bajas en jefes de tabores y de banderas. Para los defensores de Madrid también ha sido un dia durisimo. “Toda la tarde se ha combatido con extraordinaria dureza, principal- mente en la Ciudad Universitaria. E] enemigo ha acumulado todos los medios y esta Ilevando a cabo el esfuerzo decisivo —seguird diciendo el parte republicano—. Las fuerzas de la defensa, que durante varios dias han tenido la iniciativa, la han perdido, pues la ruptura del frente por el lado de la Ciudad Universitaria ha obligado a orientar todas las reservas a la detencin del avance en esta zona.” Son mas de 40.000 hombres, mds de 80 piezas, innumerables ametra- Iladoras y fusiles ametralladores, los que estan dispuestos para defender Madrid el dia 18. Son las fuerzas internacionales, las Brigadas Mixtas, gente de refresco, “gentes curtidas, como aseguraré Eduardo de Guzman. Muchos han peleado en Ja Gran Guerra. Saben aprovechar los accidentes del terreno, manejar las bombas, colocar las ametralladoras, distribuir los hombres. Tienen, ademas, un magnifico material, como hasta ahora no lo tuviera ninguna de nuestras columnas. Y sirviendo los elementos y la inteligencia, un valor extraordinario”. Pero la verdad es que no les sirvid de nada, El 6 de noviembre los nacionales habian Ilegado a las puertas de Madrid. Disponian de seis Banderas del Tercio, once tabores, siete batallones, alguna compaiiia suelta, nueve escuadrones, veinticuatro baterias, tres compaiifas de tanque- tas y una de blindados, pocos zapadares y la indispensable intendencia y sanidad. En total, 15.000 hombres para atender un frente de cien kilome- tros de desarrollo y ocupar una ciudad como Madrid. El 18 estaban diez- mados, clavados, pero con un pequefio grupo dentro de la ciudad. Aquellos legionarios y regulares habfan dejado en ridiculo el 14 ala combativa y fresca columna de Durruti; el 15 lucharon contra los social- comunistas de Lépez-Tienda, las fuerzas del coronel Alzugaray, la Briga- da de Kleber y los refuerzos del 5.° Regimiento, sin dejarse arrebatar el terreno conquistado; aislados, si, pero aguantando. 226 Vicente Rojo, asustado de que tantas y tantas fuerzas propias no aplastaran a la débil infiltracion, escribid: “Aquel ataque debid ser dete- nido en seco con los medios que allf tenfamos reunidos, muy superiores a los de cualquier momento y lugar durante los anteriores dias de la ba- tala,” Varela y Garcfa-Escdmez, que sustituye al enfermo Yagiie, han for- zado sus tropas con el 5.° tabor de Ceuta, uno de Ifni, un batallon de Bailén y otro de Serrallo; pero apenas si bastan para defender el recinto conquistado. Eduardo Losas Camaifias sustituye al herido Delgado Serrano. En el otro bando la XII Brigada Internacional se suma a la XI y am- bas quedan bajo el mando de Kleber; la V Brigada acude al puente de San Fernando; la II a la Universitaria, a la derecha de Durruti, hacia Me- dicina, y también se mandan mds compaiifas del 5.° Regimiento. Salvar la vaguada del Parque del Oeste es automaticamentiie imposi- ble. Cada contingente que se envia es exterminado; pero por el flanco izquierdo los nacionales sf consiguen progresar, y a fuerza de coraje y de hombres, los legionarios desalojan a los internacionales del Palacete de la Mocloa y de varias viviendas proximas. En el Clinico se consiguié entrar el 17, pero el edificio es grande, tiene ocho pisos, y los que alli se encuentran venden caras sus vidas. Los soldados se persiguen por los largos pasillos, por las amplias salas, por las escaleras, de piso en piso, de habitacién en habitacién. Al dia siguiente, la 4.2 Bandera del Tercio relevard a la 6.%, totalmente desgastada, y con- tinda la locura. “De pronto, resoné en los pisos altos el estampido de las bombas de mano y vimos, entre los huecos, caer y estrellarse en el suelo, uno tras otro, a dos o tres combatientes enemigos que, en la fiebre del combate, debieron arrojarse desde las filtimas ventanas”, escribira José Urra. Barron escribira en su diario de la columna: “La accién de guerra es constante. Nuestras fuerzas en linea de trincheras en continua vigilancia, y las suyas lo mismo. El relevo de los servicios se hace de noche y con silencio grande, pero se daban cuenta (Jos enemigos) en seguida, produ- ciéndose el consabido tiroteo, y empleo de morteros y bombas de mano. Por las noches era cotidiano el tiroteo intenso por parte de ellos, que terminaba en vista de no ser contestado.” Fernando Barrén Ortiz fue uno de los grandes jinetes de la formida- ble Caballerfa espafiola, un arma que jug6 un papel importante en la 227 guerra civil. Porque al grito de “viene la caballerfa mora”, aquellas impro- visadas milicias gubernamentales se desintegraban moralmente, incapaces de hacer frente y resistir el griterfo ensordecedor de las cargas de los jinetes marroquies, Zugazagoitia escribio: “El miliciano les tiene horror y los ve, sin yerlos. No sabe bien qué suerte de fiereza les atribuye. Se creerfa en un miedo ancestral y atavico contra el que nada pueden los razonamientos ni coacciones... Increible y desesperante.” Por lo visto habia olvidado que fueron las izquierdas quienes, para desacreditar a las fuerzas regu- Jares y del Tercio, habfan inventado crueldades sin cuento. Y las hazafias atribuidas e inventadas por el octubre astuariano para odiar al enemigo, se volvian en contra y hacian huir en vez de combatir. Barr6n era un soldado experto. Desde los veinte afios en que salié de Ja Academia de Valladolid, forjé su vida militar en Marruecos. En 1913 ya era teniente en el grupo de Regulares de Larache. En el 18 era coman- dante con los de Melilla. Su pasion por la caballeria y la pericia le lleva- ron a ser profesor en la escuela de su arma y también a obtener grandes éxitos en competiciones hipicas internacionales. En septiembre de 1986 se encargd del mando de una columna con el 1.° y 2.° tabores de Regulares de Melilla y la 1.* Bandera del Tercio, Ilevé a cabo la ocupacién de Santa Olalla y de Maqueda. Y en esta linea de avance, participa en la ocupacién de Toledo. Pero Barrén no se detie- ne y explota su dindmica ante la debilidad del enemigo, que se repliega sin combatir. Ocupa Santa Cruz de Retamar, entra en Escalona y pasa por sorpresa el Alberche. En seguida conquista Olfas del Rey, Yuncos e Illescas. Tan- to es asi que se adelanta veinte kilémetros al resto de las fuerzas; le lla- man la flecha mas rapida del Hjército nacional. En Ilescas debe sopor- tar los contraataques del enemigo durante tres dias hasta que se le reinen los compafieros. Pero. Barrén continuara su avance sobre Madrid: Cubas, Grifion, Hu- manes, Fuenlabrada, Leganés y los Carabancheles... Alli estaba la ciudad alegre y confiada, la que segiin los optimistas de la zona nacional y los pesimistas de la republicana, era incapaz de defenderse. Y la flecha mas y4pida se incrustd, con las fuerzas de Asénsio, en la Ciudad Universitaria y allf se paso todo el mes de noviembre, intentando romper la inexpug- nable defensa de una ciudad que, de pronto, decidié no ceder un apice, 228 pese a que el Gobierno en pleno ha huido y dejado todo en manos del general Miaja. : a “El Ministro de la Guerra se fue de Madrid a su pesar, persuadido, como lo estaba Prieto, de que a los tres 0 a los seis dias, el enemigo lo: habria tomado”, escribié -Zugazagoitia, y aun refiere las palabras del Ministro de Marina: “Majiana, ni pasado, no creo ‘que suceda nada, pero al dia siguiente, no se haga ilusiones. Las tropas de. Franco estardn en la Puerta del Sol.” . Pero Vicente Rojo y Miaja organizaron la defensa, mientras que los comunistas instalaban altavoces que transmitfan arengas e himnos revo- . lucionarios por toda la ciudad para que sean ofdos constantemente por el vecindario y les recuerde continuamente la gravedad y la importancia de las horas que estaban viviendo. Alli estaban Margarita Nelken, gritan- do desde los mieréfonos de Unién Radio:-;Tenemos material de guerra de sobra; tenemos hombres de sobra; tenemos reservas de sobra!” Y el comandante Carlos, desde la emisora de las Juventudes Unificadas, dir: “A los hombres que corren, las mujeres deben escupir en la cara.” “Pasan las horas —eseribira Dolores Ibarruri— y la tensién se hace insoportable. En el silencio prefiado de amenazas, de peligros, de san- grientas sorpresas, comienza a oirse un rumor acompajfiado, ritmico, estremecedor, de firmes pisadas que se aproximan. Se escucha ya distin- tamente el golpear de las botas herradas sobre el pavimento de las calles. éQuién viene? ,Quiénes son los que se acercan? ,Quiénes son esos hom- bres que el 8 de noviembre de 1936 marchan por las calles de nuestro Madrid, mudos, erguidos, severos, con el fusil al hombro y la bayoneta calada, haciendo temblar el suelo bajo sus pies?... ;Los hombres que des- filan por las calles de Madrid sitiado, cantan La Internacional en francés, en italiano, en alem4n, en polaco, en hingaro, en rumano! ;Son los vo- luntarios de las Brigadas Internacionales, que al llamamiento de la Inter- nacional Comunista vienen a nuestro pais a luchar y quizds a morir, junto a nosotros.” Federica Montseny, desde Unién Radio, lanzaria las promesas alen- tadoras: “jEsperad! jEsperad! jUnos dias, quizds unas horas! Y resistid en vuestro sitio, sin retroceder un paso. ;De nuestra resistencia, durante un tiempo muy corto, depende el triunfo!” Y en Madrid no se entré el 7, ni el 8, niel 9, ni el 10, pero los legio- narios ya estén en la Casa de Campo y al otro lado de la tapia, esta el Manzanares; y por la derecha han Ilegado a los barrios del Terol y Blan- 229 dén, escasamente a cuatro kilémetros de la Puerta del Sol; y més alla se estd en el barrio de Zofio y del Basurero. Pero Miaja habia borrado del caudal de sus palabras una: retirada. “Se lo hizo saber asi a los mandos. Quien cediese una pulgada serfa fusilado. El miliciano que intentase replegarse debia ser muerto en el campo. De las debilidades de los mili- cianos eran responsables sus jefes y él, Miaja, se proponia ser inmiseri- corde. ;Que se entendiese bien! jInmisericorde! Aunque necesitase llorar sobre sus cadaveres, los jefes que retrocediesen serfan degradados y fusi- lados”, sefiala nuevamente Julian Zugazagoitia. La sangria del desgaste continuaria sin tregua y con empecinamiento hasta que el dia 28 de noviembre, reunidos en Leganés, decidirfan Fran- co, Mola, Saliquet y Varela, con sus jefes de Estado Mayor, abandonar la toma de Madrid, que ya no permitirfa la victoria, y proseguir la guerra. Haber insistido sobre estos acontecimientos ha estado motivado por el hecho de que en este perfodo, precisamente, la Legion se renueva casi totalmente: incluso los mandos sufren las consecuencias del duro enfren- tamiento guerrero. No sélo Delgado Serrano ha cafdo, sino que antes, en Retamares, Castej6n ya ha tenido que ser sustituido por Bartomeu. A Yagiie, los nervios volveran a retirarle el mando. Y poco después caeré Varela herido. Los veteranos, pues, van cayendo, pero no initilmente. Desde el 26 de agosto, en que Franco es nombrado Jefe del Ejército Expedicio- nario, traslada su cuartel general a la ciudad de Caceres, y alli mismo empezaré a funcionar el banderin de enganche legionario. : Cuando los veteranos de la guerra de Marruecos; soldados curtidos en mil combates, duros, hombres sin escripulos, sin auténtica filiacion, pero con disciplina de hierro y bajo el mando de jefes y oficiales mas duros que ellos, atin estaban combatiendo en Illescas, ya empezé a llegar la joven savia, el relevo, los que van a combatir codo a codo con las glo- rias de otras batallas y otras tierras. El Cuartel General del Tercio se establecid en Talavera y alli, con mas intensidad que en Dar Riffien, las noches se encendian con el himno de la Legion. El toque de cornetin de Perico, una especie de institucién en la 1.* Bandera, electrizaba a las gentes en el silencioso pueblo. Luego, los legionarios, barbudos, templados aun por el combate, entonaban su cancion favorita: Soy el novio de la muerte... Tyas ocho dias de instruccién recibida en Talavera, los reclutas eran enviados al frente. Algunos ya lo cogieron en Illescas, con el capitan José 230 Rubio de la 2.4 Compafifa de la 1." Bandera que mandaba el comandante Alvarez Entrena, militar durisimo, con voz ronca y autoritaria, que siem- pre ocupaba el primer lugar en las lineas avanzadas con su pequefia plana mayor. Les habfan ensefiado a disparar el fusil, agachar la cabeza cuando era preciso y convencerse de que en el Tercio lo mismo operaba un veterano con veinte afios de milicias que el recién llegado. Y si el recluta no se moria al dia siguiente, al entrar en combate, rapidamente se convertia en buen soldado. Alguno de estos nuevos legionarios ain iria a Dar Rif- fien, tras los dos meses reglamentarios de combate, para realizar los breves cursillos para oficiales. Otros acompafiarfan a los veteranos hasta las puertas del mismo Ma- drid, en la cufia abierta en la Ciudad Universitaria, aprenderfan el afan de luchar y el honor de morir como caballero legionario. Mas tarde, ellos serian los veteranos, los que extenderfan la semilla recibida y pelearian en el Jarama, en la batalla del Alfambra, si antés no tomaron parte en la conquista del famoso e inexpugnable fuerte que se levantaba sobre la mu- ralla fortificada de Irin, el Aya y el Andorregui, coronados con los fuer- tes de Pagogaiia, Evlaitz, Turiarte y el centenario de San Marcial. Para concluir esta obra, nada mejor que las impresiones que obtuvo el briténico Peter Kemp, que el 26 de octubre de 1937 se afilié al Tercio y fue destinado a la 14." Bandera, entonces en Getafe, a las ordenes del comandante Alfonso de Mora Requejo, “de unos treinta aiios entonces, era hombre pequefio, delgado, de facciones finamente labradas, mandi- bula fuerte, nariz prominente, claros ojos grises y ancha frente. Era te- niente de la 4." Bandera cuando la guerra empez6 y habia ganado la Me- dalla Militar —rara condecoracién para un oficial subalterno— en el asalto a Badajoz, en agosto de 1936. Su Compafifa atacé la Puerta de la Trini- dad a pesar de la gran concentracién de fuego de fusil y ametralladora, sobreviviendo sélo un oficial y quince legionarios”. “La 14.3 Bandera era una unidad recientemente formada, compuesta en parte por veteranos de otras banderas, y también por oficiales y hom- bres nuevos en la Legién. Los cuatro comandantes de compaiifa eran todos veteranos. La primera compaiiia, la 53 (en la Legion las compaiifas se numeran consecutivamente en todo el Cuerpo), estaba mandada por el capitan Eduardo Cancela, gallego esbelto y apuesto, de risa rica y licen- ciosa, coraz6n cdlido y modales joviales y galantes, que conservaba inclu- so en el combate. Por él supe la muerte de Von Gaza, cerca de La Mara- fiosa.” 2381 Peter Kemp habia llegado a Espafia tras acabar su doctorado en Cam- bridge, y se integré en los requetés, en Santa Olla, y en noviembre ya habia pasado al octavo batallon del Regimiento de Infanteria de Argel, que mandaba el comandante Lépez Ibdifiez y sostenia gran parte de Cara- banchel Bajo. En el sector del capitan Miguel Urmaneta Ajarnaute, paso las Navidades de 1936, en un edificio del barrio de Usera rodeado de ene- migos en las casas colindantes. A mediados de enero fueron relevados, cuando se detecté la preparacién de minas, como estaba sucediendo en la Ciudad Universitaria. “Quince dias después, la posicién que habfamos ocupado en Carabanchel fue volada por una mina; toda una compafifa perecié6 en las ruinas.” El coronel Rada, que mandaba una de las formaciones que tomaban parte en la ofensiva de Varela en la batalla del Jarama, incorpor6 a Peter Kemp en el Tercio del Alcazar, que debia llegar a La Marafiosa para apo- yar el combate. Alli conocié a un teniente aleman, Von Gaza, que acaba- ba de incorporarse a la Legion, con el mismo Cancela. “Un pequeiio oficial atezado, el capitién Rodriguez, mandaba la 54 Compaiiia. Su feo rostro era agradable y posefa placentera persona- lidad. Por alguna razon nunca le vi con frecuencia, como tampoco a su compaiiia. *Cuando llegué, 1a 55 Compaiifa estaba mandada por el capitan José Luengo, criatura extraiia y errdtica. Llevaba muchos afios en la Legion, como oficial, pero su carrera estuvo punteada por una serie de desolado- res incidentes, que convencieron a sus superiores de que jams se adapta: ria a la disciplina. Estas tres eran compaiifas de fusileros; la de ametralladoras estaba mandada por el capitan Almajach. Los oficiales de cada compaiiia de fusiles tenian su propio comedor; los de la compajfifa de ametralladoras comian con la plana mayor de la Bandera, es decir con el comandante, el capellén y los dos oficiales médicos. Cuando fui destinado a ella, no - habia subcomandante ni ayudante.” *Como en todas las Banderas, con la excepcion de la Jeanne d’Are, integrada completamente por voluntarios franceses, los hombres de la 14.2 Bandera eran espafioles en un noventa por ciento. Los restantes eran en su mayor parte portugueses, buenos soldados, aunque incluso a los espafioles les era dificil comprender'su idioma. Habia algunos ale- manes, un ruso blanco y un turco: El tureo era més dificil atin de com- prender que los portugueses, pero aquello-no tenia importancia, porque 232 casi nunca hablaba. Pronto averigiié que mi espafiol no era tan bueno como yo creia, ni lo bueno que debfa ser, especialmente cuando se tra- taba de la sarta de imprecaciones que el legionario esperaba como ade- cuado acompaiiamiento de cualquier orden que le fuera dada; tuve que remediar esa situacién, al descubrir que sin ellas mis érdenes no eran obedecidas. ”Al igual que los oficiales, los legionarios eran todos voluntarios. A algunos les atraia las posibilidades de aventura y peligro que ofrecian aquellas fuerzas de choque; a otros les interesaba la mejor paga y comida, otros més se alistaban impulsados por el esprit de corps y la amplia lib tad que se concedia a los legionarios cuando estaban francos de servicio; pero la mayor parte se enrolaba por una combinacién de todas estas circunstancias. Algunos se habfan enganchado por cinco aiios, otros por tres, y la mayorfa por la duraci6n de la guerra. “La paga de los oficiales y clases era aproximadamente el doble que en el Ejército regular; la comida era incomparablemente mejor. La comi- da del mediodia y de la noche generalmente consistia en sopa, seguida de pescado o pasta, un plato de carne, pastel o queso, con vino y café; ademas, estaba muy bien cocinada. En las bases de Ceuta y Melilla se sirve a los hombres en vajilla de porcelana, por camareros vestidos con chaqueta blanca. Los oficiales tenian las mismas raciones que la tropa, suplementadas con articulos adquiridos con su propio dinero. “Las tropas espaiiolas, bien mandadas y debidamente disciplinadas, poseen soberbias cualidades de valor y resistencia. La Legion se enorgu- llecia de fomentar plenamente esas condiciones. Desde el mismo momen- to de su alistamiento, se hacia comprender al recluta que pertenecia a un cuerpo distinto, la mejor fuerza combatiente del mundo; a él corres- pondia demostrar ser digno de semejante privilegio, El combate habia de ser el propésito de su vida; la muerte en campaiia, su mayor honor; la cobardia, la suprema desgracia. La divisa de la Legion es: “Viva la muerte!” Facil es para naciones més flematicas burlarse de ese “culto a la muerte”, que esta completamente de acuerdo con el caracter espa- fiol, y produjo los mejores soldados de la guerra civil, hombres virtual- mente insensibles al frio y al hambre, al peligro y a la fatiga. Como inglés, slo puedo decir que el orgullo de servir en ese Cuerpo y mandar tales soldados fue una de las mayores experiencias de mi vida. El aspecto y comportamiento del legionario, tanto al estar en su Bandera como al disfrutar de licencia, se esperaba que fuera, y asi era, 233 muy superior al de los demas soldados. Se Je permitia la mayor libertad cuando no estaba de servicio; ensefidbasele a sentir orgullo de su indivi- dualidad; y su designacién oficial es “Caballero legionario”. Por contraste, la disciplina durante el servicio y en campafia era extremadamente severa, incluso comparandola con la inglesa. Las érdenes eran cumplimentadas a paso ligero, y estaban generalmente reforzadas con amenazas o impre- caciones; la menor vacilacién o ineficacia era castigada en el acto median- te varios fustazos en la cara y los hombros. Quienes cometian faltas mas graves o eran reincidentes pasaban al pelotén de castigo, donde trabaja- ban en las més fatigosas tareas desde el amanecer hasta mucho después de anochecido, bajo la vigilancia de un cabo, generalmente escogido por su ferocidad; el alimento dado a los castigados era magro, y los golpes, frecuentes y severos, Tener el fusil sucio bastaba para que el legionario fuera mandado al peloton durante un mes. Cualquier oficial podia impo- ner esos castigos. La insubordinacion, aunque no fuera ante el enemigo, se castigaba con la muerte en el acto. »Los hombres adiestrados bajo semejante disciplina habian de ver su sensibilidad embotada, ser indiferentes al sufrimiento, tanto propio como ajeno, y contemplar con absoluta indiferencia los més horribles y escuali- dos aspectos de la guerra...” Uno de mis sargentos me conté, con satisfac- cién, como habfan logrado él y varios de sus camaradas pasar una noche cémoda, al aire libre y bajo fuerte Iluvia, después de un ataque en la Casa de Campo. Explicé que el terreno estaba enchareado, pero, afortunada- mente se hallaba cubierto de cadaveres, que recogieron, colocandolos en hileras; luego se acostaron sobre ellos, cubriéndose con los capotes.” Tras este retrato escrito en 1957 por un britaénico que combatié en la Legion y supo de ella a los dieciocho afios de su fundacién, poco mas puede afiadirse. Estas breves notas no pueden, en manera alguna, compo- ner la historia de la Legi6n; historia brillante en la que el valor, la abne- gacin y el sacrificio forman el triple pedestal de su bien ganada gloria. Sélo resta decir con el poeta que “el Tercio no es una banda de condotieros, no es una Legién. Formése casi exclusivamente con espa- fioles que amaban a Espafia sobre todas las cosas”. 234 BIBLIOGRAFIA Anuario Militar. Diversos aiios. Arrarés. Joaquin: Historia dela Cruzada espafiola, Madrid, 1940-43. Benzo, Eduardo: Al servicio del Ejército, Madrid, 1931. Barea, Arturo: La lama, 3.4 parte de La forja de un rebelde. Buenos Aires, 1958. Berenguer, General: Campasias en el Rif y la Yebala: 1921-22, Madrid, 1923. Brenan, Gerald: El laberinto espaiiol, Paris, 1962. Brasa, Juan: Espaiia y la Legi6n. Valladolid, 1938, 2.2 ed. Cabanellas, Guillermo: La guerra de los mil dias. Buenos Aires, 1975. Calleja, Juan José: Yagiie, un corazén al rojo. 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Con la sangre que vierten sus hijos més frondoso el laurel brotard, del que haremos coronas que Espaiia en sus sienes augustas pondré. iViva Espafia! ;Viva la Legion! ‘Ya surja ruda feroz pelea o de la lucha cese el afan notas que os cercan siempre amorosas sutiles sombras que un beso os dan. El pensamiento de Espafia entera vedlo en el tenue fugaz rumor, que nunca cesa de acariciaros de vuestros pasos alrededor. Legionarios a luchar, Legionarios a morir, Legionarios a luchar, Legionarios a morir. Estribillo iViva Espafia!, valientes hermanos, Viva Espaiia!, Legion inmortal, que es gran gloria morir por Espafia abrazado a sublime ideal. Con la sangre que vierten sus hijos més frondoso el laurel brotard, del que haremos coronas que Espafia en sus sienes augustas pondra. iViva Espafia! ;Viva la Legion! Tercios invictos, Legion de bravos, al mundo entero con altivez podéis mirarlo porque vosotros del mundo entero sois honta y prez. Donde el caido lloré angustiado, donde un hermano la vida dio, donde traiciones piden venganza yuestra bravura siempre acudid. Tegionarios a luchar, ete. Estribillo iViva Espafia!, ete. LA CANCION DEL LEGIONARIO- Soy valiente y leal legionario, soy soldado de brava legion, pesa en mi alma doliente calvario que en el fuego busca redencion. Mi divisa no conoce el miedo, _mi destino tan sélo es suftir, mi Bandera luchar con denuiedo hasta conseguir veneer 0 morir. Estribillo Legionario, Legionario, que te entregas a luchar si al azar dejas tu suerte, pues tu vida es un azar, Legionario, Legionario, de bravura sin igual, si en la guerra hallas la muerte tendrés siempre por sudario, Legionario, la Bandera Nacional. Il Somos héroes ined gnitos todos nadie aspire a saber quién soy yo; mil tragedias de diversos modos el correr de la vida formé. Cada uno serd lo que quiera, nada importa mi vida anterior, pero juntos formamos Bandera que daa la Legion el més alto honor. Estribillo Legionatio, Legionario, que te entregas a luchar si al azar dejas tu suerte, pues tu vida es un azar, Legionario, Legionario, de bravura sin igual, sien la guerra hallas la muerte tends siempre por sudario, Legionario, la Bandera Nacional. EL NOVIO DE LA MUERTE I Nadie en Tercio sabia quién era aquel Legionario tan audaz y temerario que a la Legion se alist. Nadie sabfa su historia mas'la Legién suponfa que un gran dolor le mordia como un lobo el corazén. Mas si alguno quién ora le pregunta con dolor y dureza le contestaba: Estribillo Soy un hombre a quien la suerte hirié con zarpa de fiera, soy un novio de la muerte que va a unirse en lazo fuerte con tan leal compafiera. Il Cuando més duro era el fuego y la pelea més fiera defendiendo su Bandera el Legionario avanzo. Y sin temer al empuje del enemigo exaltado supo morir como un brava” ylaensefia rescaté. -. ‘Y al regar con su sangre la tierra [ardiente, murmuré el Legionario con voz doliente: Estribillo Soy un hombre a quien la suerte hirié con zarpa de fiera, soy un novio de la muerte que va a unirse en lazo fuerte con tan leal compafiera. Ill Cuando al fin le recogieron, entre su pecho encontraron una carta y un retrato de una divina mujer. Y aquella carta decfa: “Si un dfa Dios te llama, para mi un puesto reclama que a buscarte pronto iré.” Yen el tiltimo beso que le enviaba su postrer despedida le consagraba. Por ira tu lado a verte mi mis leal compajiera, me hice novio de la muerte, la estreché con lazo fuerte y su amor fue mi Bandera. INDICE Biblioteca Binaburo Preambulo Hacia Marruecos Millan Astray, el legionario . Primero planes ........ El espfritu de la Legi6n . Primera sangre legionaria Defendiendo a Melilla . . . El combate de Casabona . Los blocaos de la muerte Latomade Nador ..... Asi caen los legionarios . Taxuda; gloria a los muerto: El manco de Fondak ... Franco al frente de la Legion Las glorias legionarias . . . Teniente coronel Yagiie . Badajoz y la Columna Madrid Legionarios de Espaiia .. Bibliografia HISTORIA de la LEGION ESPANOLA MARRUE! Alli: Ceuta y Melia Junto ellas, los hombres legendarios de Nador, Fondak,Ain Yedida, Kudia Tahar. La historia y la sage de un Cuerpo creado para defender! Hombres entrenados para el or bey y para la muerte. en ee honrar una Patria y una Bandera. LEGIONARIOS, gloriosos muertos que eee oe la Cee ae mundo. dos para hontar a a con su heroismo. Asinacié LA PEGIONen 1922. La élite del Ejército espanol. Victoria 0 muerte, ese era el espiritu de combate en el Credo. legiona oria asombrosa de un Cuerpo singular, tan ae ings co como Senses tan valiente como altivo: La ‘de los hombres que la crearon. Un Cuerpo cuyas gee eae tieroar ater la curiosidad y la admiracion _ del mundo entero, Baas Ce en leyenda y militares. une poo pee de hombres que, desde ‘de Dar Riffien y con su elevado espiritu de Gnees ea supo morir en Marruecos, en Badajoz, en la madrileha Ciudad Universitaria y en las multiples batallas en que el Mando la utilizo como punta de lanza. -cubiora: CAMP OLIVE MILA r CarlosdeARCE —tiISTORIA dela LEGION ESPANOLA -

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