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Cine y Música

La música y el cine han estado interrelacionados desde los inicios del cine, evolucionando desde un acompañamiento funcional hasta convertirse en un elemento esencial que refuerza la narrativa. La llegada del cine sonoro en 1927 marcó un hito, permitiendo la creación de bandas sonoras más complejas y la figura del compositor musical se consolidó en las décadas siguientes. En Bolivia, el cine experimentó un renacimiento a partir de 1952, impulsado por el apoyo estatal y la creación del Instituto Cinematográfico Boliviano, lo que permitió el surgimiento de un nuevo cine vigoroso.
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Cine y Música

La música y el cine han estado interrelacionados desde los inicios del cine, evolucionando desde un acompañamiento funcional hasta convertirse en un elemento esencial que refuerza la narrativa. La llegada del cine sonoro en 1927 marcó un hito, permitiendo la creación de bandas sonoras más complejas y la figura del compositor musical se consolidó en las décadas siguientes. En Bolivia, el cine experimentó un renacimiento a partir de 1952, impulsado por el apoyo estatal y la creación del Instituto Cinematográfico Boliviano, lo que permitió el surgimiento de un nuevo cine vigoroso.
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La música y el cine

General

La relación entre la música y el cine es anterior a la relación cine y texto. Esta relación y sus
mutaciones tienen que ver con el avance técnico y tecnológico del séptimo arte.

Esta relación morfológicamente presenta los siguientes rasgos:

 Sirve para reforzar el sentido narrativo, reflejar y apoyar el carácter o la acción de una
escena.
 El discurso musical se halla subordinado al sentido impuesto por el relato mismo.
 Uso del “leitmotiv”: La música es, sobre todo, el arte de la memoria, y existe porque
recordamos y nos es posible memorizar un tema o fragmento melódico, reconociéndolo
después, y asociándolo a determinados aspectos de la acción argumental (un paisaje,
personaje, acción, sentimiento, etc.). Por tanto, puede afirmarse que la música posee
significado en razón de su repetición y del modo y momento en que ella se opera.

Esta relación que de un principio era funcional poco a poco se desarrolla hasta ser indispensable.
Basta recordar que la música que se tocaba en vivo en las primeras proyecciones si bien trataba
de acomodarse al relato fundamentalmente fue pensada para cubrir o disimular el estruendoso
ruido que hacían las maquinas proyectoras en la época.

Poco a poco junto con la música de acompañamiento, el cine mudo también incluía efectos de
sonido realizados por medio de máquinas especiales como el denominado “órgano de cine” que
imitaban sonidos de campanas, ruidos de pisadas, lluvia, pájaros, etc.

A partir de 1920 es cuando podemos hablar de los inicio de la verdadera música cinematográfica
con compositores clásicos como Mihauld, Satie, Honegger o Hindemith, que llevan al cine las
principales corrientes musicales del momento.

El cine sonoro nace en 1927 con la película El cantante de jazz, utilizando un tocadiscos
sincronizado con el proyector de las imágenes. La partitura de Louis Silvers mezclaba elementos
de música culta y popular en una serie de fragmentos separados entre las distintas secuencias.
La música se grababa en un disco que se sincronizaba luego con la imagen del proyector.

El perfeccionamiento técnico que permitió grabar el sonido en la cinta junto con la imagen
provocó el nacimiento de la figura del “director musical”, que se encargaba de la supervisión de
la banda sonora. La música original se destinaba a los títulos de inicio y final, mientras que el
transcurso de la película seguía acompañándose con pasajes clásicos.

En la década de 1930 se consolida la idea de la importancia expresiva de la música y se concibe


la banda sonora no sólo como obertura y final de la película, sino como una música incidental
de fondo sonoro que acompaña el desarrollo de la acción utilizando como principal recurso el
“leitmotiv”. Quizá “Tiempos modernos” de Chaplin sea el mejor ejemplo primario de este
cambio.

El nacimiento del cine sonoro se produjo también gracias a los avances tecnológicos del primer
cuarto de siglo XX. Así en el año 1926 la productora americana Warner Brothers introdujo el
sistema (vitaphone) que permitió la grabación de las bandas sonoras musicales y los textos
hablados en grandes discos. La aparición del movietone el año 1931 permitió grabar el sonido
directamente en la película lo que permitió convertirse en un fenómeno social, donde la música
se convierte inseparable de la película.
Con el cine sonoro aparece la figura del compositor musical para cine, y aunque al comienzo
solía escribir música para el principio y el final de la película, con el paso del tiempo fue creando
música para escenas concretas. Algunos compositores clásicos como Prokofiev seguirán
acercándose al mundo de cine. Uno de los pioneros será el compositor vienés Max Steiner (1888-
1971), famoso por la banda sonora de la película Lo que el viento se llevó, que incluye el “tema
de Tara”, una de las melodías más populares de la historia del cine.

Además de esta banda sonora Max Steiner es el compositor de más de 300 bandas sonoras de
películas entre las que destacan Murieron con las botas puestas, King Kong, Casablanca, Cayo
Largo y un largo etcétera.

Los años 30 marcarán también la edad de oro del cine musical, procedente en casi todos los
casos del teatro musical. Son películas creadas en torno a la música en las que el tratamiento de
la imagen se supedita a los números musicales, que irrumpen en la narración trasladando al
espectador a un universo irreal.

El principal impulsor de la comedia musical será el bailarín, cantante y actor Fred Astaire (1899-
1987) con películas como Sombrero de copa y Ritmo loco, protagonizadas junto a su pareja de
baile Ginger Rogers.

La década de los 40 y 50 supone para Hollywood su era dorada, con una etapa de madurez tanto
en el plano técnico (relativo al montaje y a la fotografía), como en el plano musical. Las bandas
sonoras adquieren en esta época una gran perfección. Un ejemplo del cambio técnico con
respecto a la década de los 30 es que las películas anteriores contaban con una sola parte sonora
que contenía al mismo tiempo el ruido ambiental, los diálogos y la música. Esto tenía como el
inconveniente de que algunas de estas películas al ser dobladas para cambiarlas de idioma,
modificaban la música.

En este momento, gracias a los avances técnicos, esto se soluciona con la utilización de una pista
con tres bandas sonoras que contiene el ruido ambiental, la música y los diálogos en versión
original.

Durante las décadas de 1940 y 1950, Hollywood se convirtió en la meca del cine, alcanzando
unos niveles altísimos en sus producciones. Los grandes estudios cinematográficos contrataron
a su servicio a las orquestas y compositores más prestigiosos.

Entre los compositores más importantes de este periodo destaca en primer lugar Alfred
Newman, con más de 300 películas. Era un maestro en potenciar con su música las escenas más
destacadas. Entre sus numerosas películas cabe destacar Cumbres Borrascosas cuyo tema
principal Cathy se hizo muy popular, también trabajó con John Ford en Que verde era mi valle.
Con la película La canción de Bernadette, una de sus mejores obras, consiguió su primer óscar.

Otro de los grandes compositores de las década 1940 y 1950 fue Miklos Rozsa, que fue otro de
los compositores que llegaron a Norteamérica desde Europa (Budapest) y que descubrieron que
podían ganar mucho dinero de Cine. El primero fue en 1945, por Recuerda de Alfred Hitchcock,
el segundo, en 1947, por Doble Vida de George Cukor, y el tercero por Ben-Hur de Oscar Wyler,
en 1959. Aunque su talento se pusiese al servicio de intrigas psicológicas o historias épicas, su
estilo se reconocía inmediatamente. Con Rozsa nació la moda de grabar en discos las bandas
sonoras de las películas y, aún hoy, es uno de los compositores con más discos editados con sus
creaciones.
Bernard Herman es uno de los compositores más importantes de la historia del cine, ya que su
gran versatilidad y conocimiento de la técnica compositiva le ha permitido crear tanto música
para temas líricos como temas de lo más escalofriantes. La primera película a la que puso fue
Ciudadano Kane de Orson Welles, donde ya apunta sus grandes dotes compositivas para las
escenas de terror y suspense. En 1941 recibió su primer óscar por la música de la película All
that money can buy. Las colaboraciones en las películas de Hitchcock también le han dado fama
musical, en películas como El hombre que sabía demasiado, Vértigo y, sobre todo, Psicosis
considerada su obra maestra. En esta última película nos muestra su maestría al recrear el
ambiente de tensión y distensión mediante el empleo de peculiares efectos sonoros.

La influencia y aceptación de la música popular del momento provocará la introducción de la


música de jazz en las bandas sonoras rompiendo así con el lenguaje tradicional cinematográfico

El cine musical mantendrá su popularidad gracias al trabajo del bailarín y coreógrafo Gene Kelly
(1920-1996) con películas como Cantando bajo la lluvia, que siguen el modelo clásico y refinado
impuesto por Fred Astaire.

Durante las décadas de 1960 y 1970 el cine irá desarrollando un nuevo concepto de banda
sonora adecuado a los nuevos tiempos, utilizando las posibilidades de manipulación del sonido
en los laboratorios de grabación e influido por el ascenso imparable de la música pop.

Entre los compositores más destacados figuran Heny Mancini, el cual supuso un cambio en la
música de cine. La Pantera Rosa, Victor o Victoria, Charada, El Doctor Zivago. Acarrea la novedad
de que las canciones se popularicen al margen de las películas.

Junto a Mancini aparecen otros grandes compositores de música para cine como Nino Rota
(1911-1979) con El Padrino, Ennio Morricone (1928) con La muerte tenía un precio y La Misión,
Maurice Jarre (1924) con Doctor Zhivago, y John Barry (1933) con la banda sonora para las
películas de James Bond y Memorias de África.

En la década de los años 70 destacan los trabajos del coreógrafo Bob Fosse (1927-1987) en
Cabaret y All that Jazz (Empieza el espectáculo), y del compositor Andrew Lloyd Webber (1948)
con Jesucristo Superstar y Evita.

Si en la década de los años 60 se dio un gran giro al concepto de tradicional de banda sonora,
con las imágenes proyectadas y empleando un estilo folk o pop; en los años 70 surgirá uno de
los compositores más importantes de toda la historia del cine, John Williams, que con la banda
de La Guerra de las Galaxias conseguirá no sólo reimplantar el estilo de crear música de films,
olvidado en la década anterior, sino ser un referente para todas las generaciones posteriores.

Otros compositores de la década son: Bill Conti (Rocky), John Morris y David Shire.

Desde el punto de vista técnico, la llegada del sistema Dolby estéreo a la gran pantalla, permitirá
a los compositores explotar al máximo los contrastes de registro, dinámica y timbre, y envolver
al espectador en un espacio sonoro con señales independientes que se despliegan desde los
diferentes focos de la sala.

En la misma línea que John Williams y su “nuevo sinfonismo” se sitúan otros compositores como
Howard Shore (1946) con El silencio de los corderos o El señor de los anillos, y James Horner
(1953) con Titanic y Una mente maravillosa.

Durante la década de los 90 la violencia y el erotismo se irán haciendo más patentes a lo largo
de esta década, llegando prácticamente hasta nuestros días. Desaparecen ciertos tabúes, lo que
aprovechan los directores más polémicos para poner en marcha sus proyectos más arriesgados.
Almodóvar consigue su primer óscar, Quentin Tarantino arrasa y James Cameron bate todos los
récords de taquilla con Titanic.

En el aspecto musical, a principios de esta década se produce una recuperación de las canciones
no compuestas exclusivamente para una película, en una descarada carrera comercial que no
sólo sirva de promoción para la película, sino también para que la productora obtenga el mayor
beneficio posible. Quizá esta y el manejo discrecional de las emociones caracterice esta época.

En cuanto al cine musical, en los últimos años estamos asistiendo a una sorprendente
revitalización del género que apenas hace dos décadas parecía imposible. Son producciones que
retoman las bases tradicionales del género introduciendo los números musicales como
proyecciones imaginarias de los protagonistas y creando así una trampa narrativa en la que se
intercambian constantemente el plano real y el fantástico.

Bolivia

Bolivia se incorporó relativamente lento al

Se ha dicho ya que la Bolivia de hoy no puede comprenderse sin conocer en detalle lo que era
el país antes de Abril de 1952, tampoco sin considerar los profundos cambios que aparejó el
movimiento revolucionario de ese año. Creo que esa afirmación puede aplicarse también al caso
del cine. El cine boliviano de los años sesenta inaugurado por Jorge Sanjinés y el posterior, no
son explicables sin asumir lo que significó 1952 en lo político, social, económico y en lo que, hoy
podemos decirlo, fue la apertura de una nueva ruta cultural que ha ampliado y enriquecido las
perspectivas hacia una mejor comprensión de este país.

En este contexto el 52 ha sido decisivo para el cine boliviano. Por un lado es la primera y única
vez en que el Estado decide apoyar al cine y permitirle, con una pequeña infraestructura,
renacer. No es casual que el languidecimiento muy próximo a la agonía que vivió nuestra
cinematografía en los años cuarenta, tras la modesta pero vigorosa producción de la etapa
silente, terminara en 1952.

Parece claro por otra parte que el esfuerzo de pioneros como Wasson, Ruíz y Roca, no hubiese
podido plasmarse en los años cincuenta sin la posibilidad de trabajar para un gobierno que se
convirtió en productor de todo el cine que se hizo durante buena parte de esa década.

Aun conociendo el interés obvio de propaganda partidaria e incluso propaganda personal de los
líderes de la Revolución como una de las razones del apoyo estatal al cine, lo que se logró en 15
años fue suficientemente importante para rescatarlo como un verdadero acierto. De ese modo
la creación del Instituto Cinematográfico Boliviano (1953) es, en mi criterio, el verdadero punto
de partida del nuevo cine boliviano; ese cine cuyo documento bautismal ubican algunos críticos
en 1966 con el estreno de UKAMAU. No porque UKAMAU no represente realmente el
surgimiento de un cine vigoroso inscrito en la corriente mayor del nuevo cine latinoamericano,
sino por que el primer largo de Sanjinés (no por nada producido por el ICB) fue precisamente el
producto del intenso camino que formal e ideológicamente se había iniciado con BOLIVIA SE
LIBERA (1952) y que continuó con VUELVE SEBASTIANA (1953), UN POQUITO DE
DIVERSIFICACION ECONOMICA (1955), LA VERTIENTE (1958), LAS MONTAÑAS NO CAMBIAN
(1962), REVOLUCION (1963) y AYSA (1965). Solo una de las películas mencionadas (ejemplos
esenciales de este proceso), fue producida independientemente (REVOLUCION), el resto fueron
producidas directamente por el ICB o por productoras a contrato del gobierno.
El que VUELVE SEBASTIANA o UN POQUITO DE DIVERSIFICACION ECONOMICA no hayan sido
obras del ICB no hace más que confirmar los alcances de lo dicho anteriormente. No hay que
olvidar que VUELVE SEBASTIANA fue auspiciada por el Instituto Indigenista y por la Alcaldía
paceña (además de BOLIVIA FILMS), al impulso del entusiasmo de la Oficialía Mayor de Cultura
de ese municipio, de modo que de uno u otro modo la vinculación del Estado en la producción
fue decisiva. Algunos cineastas al mirar retrospectivamente los años cincuenta y la primera
mitad de los sesenta, recuerdan con poco cariño la época del ICB en tanto la entidad estatal se
había convertido en un pequeño monopolio de la producción impidiendo el florecimiento de
grupos independientes o de productoras privadas. Es probable que mucho de eso sea cierto,
pero no se puede olvidar que pequeñas productoras como Telecine, Socine o la propia Bolivia
Films, hicieron aportes más que significativos al cine boliviano de entonces, al punto de que
cuatro o cinco películas muy importantes, algunas de ellas verdaderos clásicos de nuestro cine,
fueron realizadas fuera del ICB. Lo valioso en este hecho es que la capacidad creativa de varios
jóvenes realizadores pudo expresarse sin necesidad de transitar por el ICB que para más de uno
de ellos era muy limitante por su evidente manejo político y por un interés escaso en el cine
como un acto de creación. Esto pudo ser porque el Estado estuvo dispuesto, a pesar de contar
con una entidad productora propia, a contratar a productores independientes para la realización
de varias películas. Es notable como algunos de esos filmes a pesar de ser hechos a contrato y
como parte de la campaña de difusión de las conquistas revolucionarias, mostraron la gran
capacidad de los realizadores que dejaron importantes testimonios histórico-políticos y en más
de un caso también destacadas obras desde el punto de vista artístico.

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