La revolución religiosa: la reforma protestante
Lutero v la división de la cristiandad
La Reforma protestante, iniciada por Martín Lutero en 1517, puso fin a la unidad
religiosa de Europa occidental.
Antecedentes
Desde el siglo XIV, por influencia de las ideas del Humanismo, se desarrolló la crítica a las
instituciones y autoridades eclesiásticas, al mismo tiempo que se profundizaba la necesidad de
una reforma en el interior de la Iglesia, que suprimiese de raíz los excesos del clero. A lo largo
del siglo XV se hizo evidente la gran distancia que existía entre la Iglesia primitiva y la Iglesia
contemporánea y, en consecuencia, se promovió una vuelta a la lectura directa de la Biblia y a
una vida religiosa más austera, imitando a Jesús y sus apóstoles.
A fines del siglo XV, las críticas a la Iglesia fueron en aumento. Varios factores se sumaron
para incrementar su desprestigio. La Iglesia poseía enormes riquezas y era propietaria de
grandes extensiones de tierras en la mayor parte de los países de Europa. Muchos sacerdotes
carecían de vocación y habían comprado su cargo eclesiástico. Además, para recaudar más
riquezas —destinadas, en parte, a la construcción de la nueva basílica de San Pedro y a
mejorar el aspecto urbano de Roma—, la Iglesia vendía "indulgencias", que eximían las almas
de los pecados cometidos a cambio del pago de dinero, en lugar de las antiguas oraciones,
ayunos o limosnas. Todos los fieles podían así limpiar su alma "comprando" su salvación.
A pesar del descontento y de las críticas, la Iglesia no intentó modificar la situación y
continuó viviendo en forma fastuosa.
En 1517, un monje alemán, Martín Lutero, colocó en la puerta de la iglesia del castillo de
Wittenberg sus noventa y cinco tesis en contra de esta venta de indulgencias. En ellas negaba
públicamente la validez de la venta. Su intención no era, al menos hasta ese momento, atacar el
dogma ni dar comienzo a un movimiento reformador. Sin embargo, su crítica se difundió rápida-
mente por toda Alemania.
Lutero y Carlos V
A pesar de su oposición a la venta de indulgencias, Lutero proclamaba aún la
obediencia a la autoridad del Papado. Pero a medida que fue reflexionando sobre los puntos
esenciales de su crítica a la Iglesia, fue distanciándose de la misma y desarrollando su
propia doctrina.
Lutero proponía la libre interpretación de la Biblia; es decir, desautorizó al clero como
único intérprete de las Sagradas Escrituras. Para él, únicamente la fe podía salvar el alma del
hombre. La fuerza de esta fe lleva al hombre a obrar naturalmente bien. Consideraba también
que el diálogo con Dios debía ser un acto directo e individual. De esta manera, Lutero negaba
la autoridad del Papa como representante de Dios en la tierra. Otros puntos fundamentales de
su doctrina fueron la anulación de los sacramentos, respetando sólo el Bautismo y la
Eucaristía, y la supresión del culto a la Virgen y a los santos
A mediados del año 1519, el papa León X condenó la doctrina de Lutero y le pidió que se
retractara. Si no lo hacía, sería considerado hereje y expulsado de la Iglesia, en un acto que se
denomina excomunión. A fines de 1520, Lutero invitó a los maestros y estudiantes de la
universidad de Wittenberg a la quema de libros de derecho eclesiástico, incluyendo el
documento que lo condenaba. Ante esta actitud, el papa lo excomulgó. Roto el último vínculo
que lo unía a la Iglesia, Lutero se dedicó a profundizar sus ideas reformistas.
La Reforma dividió a Alemania en dos bandos: el que apoyaba a Lutero y el católico. El
primero era más numeroso y se sentía atraído por la posibilidad de confiscar los cuantiosos
bienes que la Iglesia tenía en Alemania.
A comienzos de 1521, Carlos V decidió poner fin a la Reforma que afectaba la paz y la
unidad de su imperio y se trasladó a Alemania. En la ciudad de Worms se reunió la Dieta, que
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contó con la presencia del emperador y de altos dignatarios de la Iglesia. Lutero fue
acompañado por un grupo de caballeros de la pequeña nobleza alemana y de fervientes
seguidores. Ante la negativa de renunciar a su doctrina, Lutero fue declarado fuera de la ley y
expulsado del imperio. Años más tarde, los príncipes alemanes que apoyaban a Lutero
publicaron su "protesta" ante la decisión de la Dieta de mantener vigente el edicto sobre el des-
tierro del reformador. Por esta razón, sus seguidores fueron llamados protestantes.
Con el apoyo de los príncipes, Lutero enfrentó al papa y a los ejércitos del emperador
Carlos y, lo que dio origen a una cruenta guerra. Sin embargo, ante el peligro de las
invasiones turcas que amenazaban su imperio, Carlos V decidió, finalmente, firmar la Paz de
Augsburgo con los protestantes (1555). En ella se reconocía a cada príncipe el derecho de
elegir la variante cristiana (catolicismo o luteranismo) que se predicaría en su territorio.
A pesar de que Lutero nunca pretendió provocar modificaciones sociales, sus ideas
influyeron en muchos aspectos de la vida laica. Los campesinos, siguiendo los argumentos
bíblicos que llamaban a la pobreza del cristiano, se rebelaron contra los abusos feudales. La
burguesía tranquilizó su conciencia ante la acumulación de bienes y comenzó a considerar que
sus riquezas eran un premio terrenal a sus esfuerzos, en contra de los que tradicionalmente
consideraba el catolicismo. Muchos príncipes alemanes adoptaron el luteranismo para liberarse
de la tutela del papa y del emperador.
La Reforma iniciada por Lutero fue profundizada por nuevos líderes religiosos cuyas
doctrinas encontraron eco en amplios sectores populares y dieron origen a levantamientos
donde, a los móviles religiosos, se unieron otros de carácter político.
La guerra de los campesinos
Lutero pretendía que la Reforma se circunscribiera exclusivamente al terreno espiritual.
Sin embargo, entre sus seguidores surgieron nuevos líderes que consideraron que el
movimiento reformista se había quedado a mitad de camino y que era necesario orientarlo
hacia la esfera política y social.
A causa de la inestabilidad social en Alemania y el fracaso de los intentos centralizadores
del imperio de los Habsburgo, la prédica de estos reformadores radicales encontró allí un eco
insospechado y provocó revueltas populares. Esos predicadores, llamados "evangelistas",
partieron de la región de Sajonia y Turingia y difundieron su doctrina por diversas ciudades de
Alemania. Sus consecuencias no se hicieron esperar.
En el año 1524, se inició en el sudeste de Alemania un levantamiento campesino que
reclamaba mejoras sociales (por ejemplo, la abolición de las prestaciones personales y de la
entrega de rentas a los señores). Un año después, las demandas de los sublevados se
extendieron al campo político. Querían instaurar la Ciudad de Dios en la Tierra. En Suabia y
Franconia, se intentó poner en práctica una reforma evangélica que incluyera a toda la sociedad
y a sus bienes y, a lo largo del Rhin, las voces populares pidieron una forma de vida más
igualitaria. En Austria, el grupo dirigido por Miguel Gaissmayer mantuvo posiciones igualmente
radicales al predicar la "igualdad de Dios" e intentar establecer en la región del Tirol un estado
sin distinciones sociales. En Turingia, Thomas Müntzer predicó entre los campesinos la
comunidad de bienes y la muerte de los "enemigos de Dios", que, para él, eran los ricos y el
clero.
La nobleza reprimió con crueldad todos los levantamientos. El propio Lutero apoyó a los
nobles para que finalizaran la insurrección y restauraran la autoridad política, alentándolos
con el terrible lema de "aniquilar al enemigo para salvar el alma". La represión perjudicó las
actividades del campo pero también afectó a las urbanas. En las ciudades, la burguesía
buscó nuevos modos de organización para la iglesia reformada.
Fuente: El programa de los campesinos
"[...] 2. No pagarán más que los diezmos en especie que sirvan al sustento de
los párrocos; el excedente se usará en beneficio de los pobres.
3. Se suprimirá la esclavitud, porque Cristo, con su preciosa sangre, nos
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redimido a todos sin distinción.
4-5. Serán libres para el campesino la captura de los pájaros y la pesca, como
también la caza [...]. Los bosques volverán a ser posesión de la comunidad.
6-7. No seremos obligados a prestar mayores prestaciones personales que
nuestros antepasados: tales prestaciones se fijarán por medio de un contrato preciso
entre el señor y los súbditos [...].
8. El tributo de los bienes feudales será establecido sobre bases más
equitativas [...l"
Los doce artículos de los campesinos de Suabia (fragmento).
Trad. J. E. Burucúa.
La Reforma en Suiza: Zwinglio y los anabaptistas
La prédica de Lutero fue decisiva en Suiza, donde el sacerdote Ulrico Zwinglio inició el
movimiento reformado.
Zwinglio reelaboró la teología luterana insistiendo en la pura y exclusiva aceptación de la Ley
de Dios, revelada en las Escrituras.
A partir de este principio, Zwinglio desarrolló conclusiones radicales e introdujo en Zurich un
gobierno teocrático en el cual "el profeta" inspiraba las decisiones del consejo municipal
burgués. Los cantones suizos se dividieron entre reformados y católicos y entablaron una guerra
abierta que concluyó con la muerte de Zwinglio, en 1531, y el acuerdo de que la organización de
la Iglesia y las formas de credo serían decididas por cada cantón.
A mismo tiempo, crecía en Suiza el movimiento de los anabaptistas, muy arraigado en
las clases populares del campo y de la ciudad. Este grupo sostenía que el hombre no debía
ser bautizado antes de comprender el contenido de la fe. Proponían, entonces, a los adultos
un segundo bautismo.
El anabaptismo se propagó a Alemania y a otras ciudades de Europa, donde se
organizaron prósperas comunidades.
La difusión del anabaptismo provocó tumultos y revueltas. El hecho más violento y radical
ocurrió en el norte de Alemania, en la ciudad de Münster- (ciudad que dependía de un obispo).
Allí expulsaron a todos los que no accedieron a rebautizarse y organizaron una comunidad
anabaptista llamada "Jerusalem Celeste", donde establecieron la comunidad de bienes y
abolieron el matrimonio, para prepararse mejor ante el advenimiento del Apocalipsis, visto
como el fin del mundo. La sublevación de Münster fue duramente reprimida por un ejército de
nobles en el año 1535 y los principales jefes fueron ejecutados.
Si bien en Alemania los movimientos reformistas radicales fueron sofocados violentamente
tanto por católicos como por luteranos —en veinte años, por ejemplo, los príncipes alemanes
ejecutaron a más de treinta mil anabaptistas— sus ideas se mantuvieron en países como
Inglaterra, donde dieron origen a nuevos grupos religiosos que, más tarde, intervendrían en las
revoluciones contra el absolutismo de los Estuardo.
El calvinismo
Entre la fecha de la excomunión de Lutero, en 1520, y la de su muerte, en 1546, el
movimiento reformista originó diversas interpretaciones locales y se expandió rápidamente por
muchos países del norte y centro de Europa: los Países Bajos, Francia, Suiza, Inglaterra,
Escandinavia, la actual Polonia y Lituania. Esta rápida expansión desencadenó un período de
guerras religiosas entre católicos y protestantes, que ensangrentaron toda Europa.
Uno de los reformadores más importantes fue Juan Calvino (1509-1564). Expulsado de
Francia por Francisco I a causa de su compromiso con las ideas reformistas de Lutero, se
refugió en la ciudad de Basilea, en Suiza. Allí escribió su obra más famosa: La Institución de la
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Religión Cristiana, donde expuso su doctrina. Como Lutero, Calvino creía que la Biblia es la
única fuente de la verdad y que podía ser interpretada libremente por los fieles. Pero el aspecto
doctrinal que diferencia básicamente el calvinismo del luteranismo es el de la salvación. Para
Calvino, algunos hombres están "predestinados" a la salvación y otros a la condena eterna, es
decir que Dios elige de antemano el destino de los hombres. Poseer una fe intensa y llevar una
vida austera y honesta son datos que reflejan que una persona está predestinada a la
salvación.
Calvino se instaló en Ginebra, donde organizó un modelo de iglesia reformada y tuvo un
enorme poder sobre el gobierno civil de la ciudad.
El calvinismo se propagó por Suiza, Francia, Inglaterra, los Países Bajos e incluso por
América del Norte. En Francia, su doctrina inició un período de sangrientas guerras de
religión que abarcaron la mayor parte del siglo XVI.
Fuente: Carta a Claude de Sachin o De usuris, 1545
"En primer lugar, no existe ningún testimonio en la Sagrada Escritura sobre cuya
base cualquier tipo de usura sea totalmente condenado. El dicho de Cristo,
comúnmente considerado de significado muy evidente -esto es, prestad sin interés-,
ha sido tergiversado en este sentido. De hecho, en ese pasaje [Luc. 6, 35] como en
otros, censurando los banquetes suntuosos y las reuniones pretenciosas de los ricos,
él ordena convidar más bien a los ciegos, los contrahechos y otros mendigos que no
pueden dar nada a cambio. Así, precisamente en ese pasaje, queriendo corregir la
mala costumbre de la gente de prestar dinero, nos ordena sobre todo prestar a
quienes no nos dan esperanza de obtener restitución. Estamos habituados a
examinar principalmente dónde podríamos colocar con seguridad el dinero; pero
deberíamos mejor ayudar a los pobres, entre los cuales el dinero llega a encontrarse
en peligro. Las palabras de Cristo significan, por lo tanto, que él recomienda ayudar a
los pobres más que a los ricos. No comprobamos, hasta aquí, que toda usura sea
prohibida."
Juan Calvino.
Fuente: Normas calvinistas para las posadas
Si alguien blasfema el nombre de Dios o dice "Por el cuerpo, por Dios, voto a..." o
algo parecido, o si alguien se da a los demonios o usa expresiones igualmente
execrables, deberá ser castigado.
Si alguien insulta a otro, el hostelero deberá entregarlo a la justicia.
El hostelero deberá informar al gobierno de cualquier acto insolente o disoluto
ejecutado por los huéspedes.
El hostelero está obligado a tener en un lugar público una Biblia en francés, para
que la lea todo aquel que quiera.
No permitirá la relajación, como bailar o jugar a los dados o a la baraja, y tampoco
recibirá al que piense que es libertino.
No permitirá cantos indecentes.
A nadie, excepto a los encargados de dar informes, se le permitirá estor levantado
después de las 9 h de la noche.
El anglicanismo
En Inglaterra, la Reforma tuvo características propias ya que nació en el interior del
estado, impulsada por el rey Enrique VIII.
En un principio, Enrique VIII atacó el movimiento reformista e, incluso, escribió un
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manifiesto en contra de Lutero que le valió el título de "Defensor de la fe". A pesar de la
posición del monarca con respecto a Lutero, existía en Inglaterra un conflicto de poderes entre
el Estado y la Iglesia católica. Ésta poseía grandes bienes y privilegios políticos y constituía un
freno para la dinastía Tudor, que luchaba por alcanzar un poder absoluto con apoyo de la
pequeña nobleza y de la burguesía.
En 1527, estalló el conflicto entre la Iglesia y el monarca inglés. El desencadenante fue
el pedido que hizo Enrique VIII al papa para que anulase su matrimonio con Catalina de
Aragón y le permitiera contraer enlace con Ana Bolena. La negativa de esta solicitud otorgó
a Enrique VIII un argumento para romper con Roma y apoderarse de las tierras y otros
bienes que la Iglesia poseía en el territorio inglés.
En efecto, Enrique VIII rompió con el Papado y se hizo proclamar por la Asamblea del
clero inglés "Único protector y Supremo Señor de la Iglesia y del Clero de Inglaterra", dando
origen al anglicanismo. Bajo el reinado de su hija Isabel I se consolidó definitivamente el
anglicanismo. Esta religión, cuya cabeza es el rey, vincula principios del catolicismo con
otros provenientes del calvinismo.
La Reforma católica
Ya antes del comienzo de la Reforma protestante, en el interior de la Iglesia católica había
sectores que consideraban necesario combatir los abusos y la falta de preparación del clero. Sin
embargo, la gran expansión que alcanzaron los movimientos de los reformadores (luteranos,
calvinistas; anglicanos) decidieron a la Iglesia a tomar una serie de medidas que reformaran su
estructura interna y su actitud ante el mundo. Esta serie de disposiciones constituyen lo que se
conoce como la Contrarreforma o Reforma católica.
Una de las primeras decisiones de la Iglesia fue establecer un estricto control sobre el
clero y mayores exigencias disciplinarias para las órdenes religiosas.
Para reafirmar la autoridad papal, la Iglesia se apoyó en la Compañía de Jesús, fundada
por San Ignacio de Loyola en 1534. Los jesuitas se distinguieron por su sólida disciplina y por el
voto de obediencia absoluta a los superiores y, en particular, al papa. El objetivo principal de la
Compañía era la enseñanza y la prédica para robustecer las creencias católicas, debilitadas por
la Reforma. Con este fin realizaron también una amplia labor de evangelización, sobre todo en
las tierras recién descubiertas de Asia y América.
Para discutir los asuntos relacionados con el dogma, se reunió el Concilio de Trento
(1545-1563). Entre otras cuestiones, el Concilio reafirmó la validez de los siete sacramentos,
negados en parte por los reformadores, definió que la salvación se logra con la fe y las buenas
obras y declaró que la fuente de la doctrina católica es la Tradición de la Iglesia, además de la
Biblia. También se adoptaron resoluciones respecto de la disciplina eclesiástica: los cardenales
y otros altos dignatarios eclesiásticos tenían que llevar una vida ejemplar; los obispos debían
residir en sus diócesis y evitar la acumulación de cargos; el clero regular y el secular debían
llevar una vida de austeridad y virtud.
Se reorganizó el Tribunal de la Inquisición, que tuvo a su cargo la custodia de la
correcta interpretación de los textos sagrados y la vigilancia del clero y de los fieles.
También se elaboró la publicación de Índice, una especie de catálogo de los libros pro-
hibidos para los católicos.
(Extraído y reorganizado de Bagnoli, Omar y otros; Historia 2. El mundo moderno (desde el
siglo XV hasta comienzos del siglo XIX), Santillana, Bs. As., 1996, pags. 64-69.)
Puntos de vista
El protestantismo y la cultura moderna
"[La cultura moderna] significa, en general, la lucha en contra de la cultura eclesiástica y
su sustitución por ideas culturales autónomamente engendradas [...]. La consecuencia
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inmediata de una autonomía semejante es, necesariamente, un individualismo [...].
El viejo y genuino protestantismo del luteranismo y del calvinismo representa,
como manifestación total, y a pesar de su doctrina de salvación anticatólica, una
cultura eclesiástica en el sentido de la Edad Media y trata de ordenar el Estado y la
sociedad, la educación y la ciencia, la economía y el derecho según los criterios
sobrenaturales de la revelación [...].
No es posible hablar sin más de la creación de una cultura moderna por el
protestantismo. Sólo se puede tratar de su participación, pero también ésta está lejos de ser
algo unitario y simple [...] es menester acentuar [...] la oposición entre el protestantismo y la
cultura moderna.
El protestantismo quería reformar la Iglesia toda, y sólo la necesidad le llevó a instituir
Iglesias propias. Se han convertido en Iglesias territoriales porque el protestantismo sólo
pudo imponer su ideal de Iglesia con ayuda de los gobiernos [...1.
[...] La transformación de la cristiandad occidental en un sistema de equilibrio de
diversas potencias ha sido fomentada y consolidada por [el protestantismo], pero se hallaba
ya en marcha antes de él. Y su Iglesia territorial no guarda conexión alguna con el principio
de nacionalidad. Esta Iglesia ha servido únicamente a la consolidación y centralización de
los poderes máximos [...]".
E. Troeltsch; El protestantismo y el mundo moderno, México, Fondo de Cultura
Económica, 1951. Col. Breviarios, N° 51. [Trad. Eugenio Ímaz).
"La Reforma no fue, ni quiso serlo directamente, en su más profunda esencia, una
actitud polémica frente al catolicismo romano. Más bien fue, y quiso ser, el anuncio del
Evangelio de Cristo, según la predicación apostólica, la reafirmación [...] del carácter
central de la Palabra de Dios [...]. La actitud crítica de la Reforma frente a la Iglesia y a
las relaciones de ella con la sociedad [no deriva] de una reacción a una decadencia de
orden moral [...]. La Reforma constituye uno de los momentos fundamentales de la
historia moderna. Con la Reforma, en efecto, asistimos sobre todo a la formación de
una actitud más libre de las conciencias y a la confirmación de aquellas fuerzas que
condujeron a la disgregación de la Edad Media [...].
El 'libre examen' no es una idea abstracta, sino más bien el principio que informa y
sustenta el pensamiento moderno [...] la interpretación de la Escrituró [...] ayuda a todos a
no aceptar acríticamente concepciones y esquemas dominantes o que se disponen a serlo
[...].
La ética de la Reforma es una ética de la libertad [...] —como ha sostenido en más
de una ocasión el historiador Giorgio Spini— la Reforma ha contribuido notablemente
'al nacimiento de la conciencia nacional en muchos países europeos. De la Reforma
religiosa del siglo xvi ha nacido el Estado moderno, el Estado en el que los
gobernantes están al servicio de los gobernados y no al revés".
Sergio Ronchi; El protestantismo, Buenos Aires, Hyspamérica Ediciones Argentina,
1985. Col. Las Grandes Religiones del Mundo. [Trad. Jesús Manuel Martínez].
(Extraído de De Privitellio, Luciano; Historia. La época moderna en Europa y América,
Santillana, Bs. As., 2005, pág. 15.)
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