80% encontró este documento útil (5 votos)
5K vistas16 páginas

Cuentos

Este documento presenta un resumen de varios cuentos infantiles clásicos y de hadas. En el primer cuento, "Miguelín y las hadas", Miguelín intenta atrapar hadas en el parque pero en su lugar atrapa pelusas de álamo y gotas de agua de una fuente. El documento también incluye resúmenes breves de cuentos como Caperucita Roja, Peter Pan y Los tres cerditos. Finalmente, presenta fábulas como "La cigarra y la hormiga" y "La zorra y las uvas".
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
80% encontró este documento útil (5 votos)
5K vistas16 páginas

Cuentos

Este documento presenta un resumen de varios cuentos infantiles clásicos y de hadas. En el primer cuento, "Miguelín y las hadas", Miguelín intenta atrapar hadas en el parque pero en su lugar atrapa pelusas de álamo y gotas de agua de una fuente. El documento también incluye resúmenes breves de cuentos como Caperucita Roja, Peter Pan y Los tres cerditos. Finalmente, presenta fábulas como "La cigarra y la hormiga" y "La zorra y las uvas".
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Colorín colorado

Cuentos infantiles
Colorin colorado...

Biviana Rodríguez Velásquez - 2011

Medellín, Colombia, Calle 34 b N° 23 45


Telefono: 3002883621
bivisrv@[Link]

Fundación Universitaria Luis Amigó


Materia: Comunicación Gráfica

[Link]

[Link]

[Link]

[Link]

[Link]
Tabla de contenido
1 - Introducción ………………………………….......…………………………. 4

Capitulo 1
Cuentos de Hadas

3 - Miguelin y las hadas ……………………………………………......................5

4 - El país de los sueños ………………………………………....…......................6

5 - La varita perdida - Cápitulo I .............................................................................8


Cápitulo II ...............................................................................................................................9

6 - La hada azul .....................................................................................................10

Capitulo 2
Cuentos clásicos

8 - Caperucita roja …………………………………………….............................11

9 - Peter pan............................................................................................................11

10 - Los tres cerditos..............................................................................................13

Capitulo 3
Fábulas

12 - La cigarra y la hormiga...................................................................................14

13 - La zorra y las uvas..........................................................................................14

14 - El burro flautista............................................................................................15

15 - El y el Ratón...................................................................................................15
4

Introducción
“Los cuentos son una ocasión que permite la instala- de cuentos. Pero el cuento infantil no se restringe sólo
ción de otro tiempo en este tiempo: producen un cam- un mundo mágico, su base está en el folclore de los
bio y habilitan a la fabricación de mundos nuevos. Los pueblos, la mayoría de los cuentos de hadas conocidos
hombres no pueden vivir sin mundos, por eso arman tuvieron ese origen.
conjeturas, albergues de significados y se convierten
en hacedores de metáforas y lenguaje.” Los cuentos infantiles son, en principio, la mayoría
Graciela Montes. de los cuentos escritos y leídos; siendo los cuentos de
hadas sus mejores ejemplos. Cuentos como: Caperu-
cita Roja, Blancanieves, la Cenicienta, la Bella Dur-
miente, forman parte de este gran mundo de cuentos.
Pero el cuento infantil no se restringe sólo un mundo
mágico, su base está en el folclore de los pueblos, la
mayoría de los cuentos de hadas conocidos tuvieron
ese origen.

existen varios cuentistas que han adaptado las historias


tradicionales de fábulas y leyendas de los indígenas lo-
cales, dando origen a los más reconocidos como: Tío
Tigre y Tío Conejo, donde el pequeño conejo, usando
su astucia e inteligencia logra vencer al grande y po-
deroso Tigre, que no sale siempre bien librado de sus
andanzas. En general los protagonistas de los cuentos
infantiles (no mágicos) suelen ser o niños o animales
FotoPágina: [Link] humanizados, y entre las principales funciones que es-
infantiles-1-introduccion/ tos cuentos tienen podemos señalar:
Las fábulas, leyendas y cuentos son probablemente las
primeras narraciones con las que tomamos contacto, y • Enseñar un idioma, es por ello muy común la repeti-
quizás por eso, resultan ser las que más se impregnan ción de frases y palabras.
en nuestra memoria, haciéndonos revivir una y otra
vez algunos de los momentos más cálidos y tiernos de • Estimular la inteligencia del niño, por ejemplo cuan-
nuestra vida. Mi centro de atención versará sobre los do el lobo feroz amenaza a los tres cerditos, se le pre-
cuentos infantiles, ya que, son ideales para ayudaros gunta al niño, ¿qué dijeron los cerditos?. Aquí se ve el
a consolidar la imaginación y al desarrollo de la ca- sentido de la repetición.
pacidad reflexiva. Se puede encontrar gente que no
entiende el mundo de los niños y otra que lo entiende • Enseñar costumbres, tradiciones, pero sobre todo va-
tanto, que incluso escribe los mejores cuentos infanti- lores de respeto y de igualdad, recordemos que el niño
les para ellos. es inicialmente individualista, sus primeras palabras
son en este orden: mamá, papá y mío, hay que ense-
Por otra parte Los cuentos infantiles son, en princi- ñarle que no es único, que los demás también existen
pio, la mayoría de los cuentos escritos y leídos; siendo y que poseen iguales derechos.
los cuentos de hadas sus mejores ejemplos. Cuentos
como: Caperucita Roja, Blancanieves, la Cenicienta,
la Bella Durmiente, forman parte de este gran mundo
5

Cuentos de hadas
Miguelín y las hadas que se rindiera. Había que seguir buscando. Con su
cazamariposas al hombro y la caja en ristre, Miguelín
se pone de nuevo en marcha.
Con un cazamariposas y una pequeña caja de cartón,
Está mirando entre las flores cuando siente algo que
Miguelín está en el parque cazando hadas. Quiere de-
roza su mejilla levemente, algo como un pequeño beso
mostrarle a su hermano Toño que las hadas, por mucho
que le hace cosquillas. Y, al levantar la mirada,
que él diga lo contrario, sí que existen. Con mucho si-
gilo, Miguelín se mueve entre los árboles intentando
no hacer ningún ruido para no asustar a las hadas. Lo
más curioso de intentar no hacer ruido es que, cuan-
to más lo intentas, más ruido haces: pisas todas las
pequeñas ramas que encuentras, te entra la tos tonta,
la chaqueta susurra al moverte, te sorbes los mocos o
estornudas, estornudas muy fuerte.
Como le ocurre a Miguelín que, de pronto, lanza un
estruendoso estornudo que asusta a los pájaros. Algo
le ha hecho cosquillas en la nariz. Algo pequeño, blan-
co, ligero y sedoso. Algo que llena el aire a su alrede-
dor como si fuera nieve.
-¡Hadas!- Piensa Miguelín -¡Son hadas! ¡Ya sabía yo
que sí que existían!
Y Miguelín, cazamariposas en ristre, se lanza tras las
blancas haditas dispuesto a llevarse dos o tres a casa.
Cuando, exhausto, se sienta para echar un vistazo a
su cazamariposas Miguelín se da cuenta de que no ha
pillado ni un hada de las más pequeñitas. El cazamari-
posas está lleno, repleto, pero no de hadas sino de las
blancas y suaves pelusas de los álamos que llenan el
parque. No pasa nada.
Miguelín no se da por vencido y continúa buscando.
Al poco rato algo llama su atención. Algo que baila y
brilla sobre las aguas de un fuente cercana. Algo que
titila y cabrillea en la limpia superficie.
-¡Hadas!- piensa Miguelín- ¡Son hadas, sin duda!
Y, sin pensarlo demasiado, Miguelín, cazamariposas
en ristre, corre hacia la fuente, entra en ella y mete la
red en el agua, moviéndola de derecha a izquierda, de
izquierda a derecha con sumo cuidado. Luego, emo-
cionado, la saca para contemplar lo que ha capturado.
¿Un hada? ¿Dos? ¿Tal vez tres?
Foto tomada de: [Link]
No, lo único que ve es una lluvia de brillantes gotas
que caen del cazamariposas vacío de hadas y reple-
ve formas sutiles y transparentes que giran y flotan a
to de aire. Miguelín había confundido la luz del sol
su alrededor. Miguelín se siente emocionado. El cora-
centelleando en el agua con hadas. Eso no iba a hacer
6
zón le late a toda velocidad. Miguelín, cabizbajo y decepcionado, con el cazama-
-¡Hadas!- piensa- ¡Esta vez, sí que son hadas! riposas al hombro y la caja de cartón bajo el brazo,
Y Miguelín mueve el cazamariposas en el aire de acá vuelve a casa dispuesto a darle la razón a su hermano
para allá, de allá para acá, intentando atrapar algún mayor. Esa noche, mientras su mamá le arropa, Mi-
hada cristalina. Pero alguien le está gritando. guelín le cuenta todo lo que ha hecho esa tarde y, al
-¿Qué ocurre? -pregunta- ¿Qué pasa? ¿Por qué me es- terminar, le dice con voz muy triste:
tán gritando? -¿Es cierto que las hadas no existen?
Pobre Miguelín. No son hadas lo que intenta atrapar Y su mamá, sentándose en su cama, le responde :
sino pompas de jabón y los gritos que oye son las pro- -Bueno, es cierto que no existen en el mundo real,
testas de los niños que con ellas se divertían. La tarde pero también es cierto que sí existen en el mundo de
se acaba, comienza a oscurecer. Miguelín debe volver tu imaginación. Es cierto que no puedes verlas con tus
a casa pero antes de rendirse quiere hacer un último ojos reales, pero también es cierto que las verás cada
intento. Camino de casa ve unas pequeñas luces saltar vez que quieras con los ojos de tu fantasía. Es cierto
y brillar. Nervioso y entusiasmado, con una enorme que hoy, en el parque, sólo has atrapado semillas de
sonrisa, Miguelín corre hacia ellas. -¡Esta vez sí que álamos, gotas de agua, pompas de jabón y centellas de
son!- piensa - ¡Esta vez no me equivoco! bengala, pero también es cierto que, si tú quieres, to-
das esas cosas pueden ser hadas disfrazadas para que
no las veas.
Es cierto que la magia de los cuentos no existe en la
vida diaria, pero también es cierto que tú, con tu men-
te, puedes llenar tu vida con toda la magia que desees.
De modo que tú dirás qué eliges. ¿Llorar porque las
hadas no existen o disfrutar imaginándolas? ¿Pasarlo
mal porque hoy sólo has cogido semillas, gotas, pom-
pas y centellas o imaginar que has logrado atrapar
unas pequeñas, preciosas y resplandecientes hadas?
¿Existen o no existen las hadas?
Tras pensarlo durante un ratito, Miguelín, por fin, son-
rió y, dándole un gran beso a su madre, contestó:
-Sí que existen, mamá, y ahora que sé el truco podré
verlas cuando quiera. Y, esa noche (y todas las demás
noches), Miguelín voló hacia el mundo de la fantasía
cabalgando sobre su imaginación y jugó con hadas,
duendes, sirenas y otro montón de seres maravillo-
sos.
Fin

El país de los sueños


Dicen por ahí que existe un país de los sueños habi-
tado por seres mágicos de todo tipo. Hadas, duendes,
Foto tomada de: [Link]
elfos, magos, brujitas buenas, muchos niños y algún
[Link]
que otro adulto que se atreve a soñar. Es un país her-
moso, donde todo tiene la forma de lo que cada uno de
Levanta, nervioso, la red y, a la cuenta de tres, se lan- sus habitantes espera y sueña. Las árboles no siempre
za sobre las luminosas hadas. Y Miguelín atrapa una tienen su copa verde, a veces es violeta o a pintitas ro-
mano que sujeta una bengala con la que un niño se jas y amarillas. Los manzanos a veces dan chupetines
estaba divirtiendo. como fruto y los ciruelos, cebollas. Crecen caramelos
7
en los campos y muchas veces llueve jugo de naran- imaginar y disfrutar también. Podía verse cómo los
jas. Las paredes de las casas pueden ser de oblea y las niños se elevaban como subidos por una cuerda má-
ventanas de gelatina. Es alegre y colorido, pues cada gica e invisible. Las personas más inocentes también
cosa que allí existe es parte de los sueños de quienes podían elevarse con mayor facilidad y las más incré-
lo habitan. dulas apenas si podían hacerlo. Entre todos los seres
Cuentan también que son muy pocos los habitantes que habitaban este hermoso país, existía uno sólo que
de ese lugar que caminan, la mayoría dan saltos, más jamás se había elevado, tan siquiera un centímetro del
grandes o más pequeños. Muchos dan saltos tan altos piso. Era un duende ancianito, con una expresión tan
que sobrepasan las copas de los árboles, y ellos son, serena en su arrugada carita que transmitía una paz
en la mayoría de los casos, los que más se atreven a muy especial. Sabius, así se llamaba el duende, esta-
soñar, aquellos que no temen imaginar y desear. Otros ba siempre alegre. Su sonrisa jamás se alejaba de su
en cambio, dan saltos más pequeños, pero no siempre rostro y parecía estar más allá de las cosas cotidianas.
porque sus sueños sean más chiquitos o de menor im- Sin embargo era un duende por demás comprometido
portancia que los que más alto saltan. Lo con todos los habitantes del país. Para
mismo ocurre con los que parece todos era un misterio ese duende
que no saltaran pues apenas arrugadito y sonriente que
si se elevan del suelo. parecía tan feliz y que
Las diferencias de al- jamás –a los ojos
turas en los saltos todos los demás-
ocasiona alguna había soñado.
que otra discu- Creían que,
sión. Ocurre como jamás
a veces que había dado
los grandes ni siquiera
“saltadores” un saltito
o soñadores cortito cor-
creen que tito, el duen-
aquellos que de no tenía
menos saltan, ningún sueño,
menos sueñan pero a la vez,
y no siempre es les parecía extra-
así. – Se puede soñar ño. Siempre esta-
con algo que esté casi al ba contento y en paz,
alcance de tu mano- Decía como quien logra el mayor
siempre un elfo quien por tener de los sueños que se pueda al-
piernas cortitas, no podía saltar dema- canzar. – Tal vez no salta porque tiene
siado. – El tamaño de mis piernas, no limita mi capa- las piernitas muy cortas – Decía un hadita mientras
cidad de soñar – Agregaba otro elfo igual de peticito. hacía rulos en sus cabellos con su varita mágica. – Yo
– ¡Hay que soñar en grande! – Decía un mago cuyas creo que le pesan las arrugas – dijo un elfo. – Tal vez
piernas eran largas y finitas como tallarines – Y para no tenga sueños y por eso no se eleva – Dijo un adul-
eso, hay que saltar bien alto. – Yo salto sin esfuerzo al- to al que le costaba bastante saltar, soñar y reír. – Es
guno - decía un hada un poco haragana – pues le pido difícil que no los tenga, tiene una expresión feliz en el
a mi varita que me transporte a donde quiero y ella lo rostro y los sueños son imprescindibles para ser feli-
hace, aunque no con éxito realmente. Debo reconocer ces – dijo un pequeño, quien de sueños sabía mucho
que mis sueños casi nunca se hacen realidad. La gran más que el adulto. – Debe ser porque es anciano y
diferencia, en cambio, se producía entre los niños y los no creo que los ancianos sueñen mucho – dijo muy
adultos que habitaban el país. Si bien todos los que allí equivocado otro adulto que tampoco terminaba de en-
vivían, lo hacían porque soñaban, cierto era que los tender de qué se tratan los sueños. El duende que no se
adultos tenían mucha más dificultad en saltar, soñar, elevaba era siempre un tema de conversación entre los
8
habitantes de este país tan peculiar. Como de sueños No todos soñamos con las mismas cosas y no todos
se trataba, todo podía ocurrir. La teoría de quien más tampoco, las alcanzamos de la misma manera. Sabius
saltaba, más soñaba se había instalado entre todos y no modificaba su comportamiento, caminaba lento, ni
si bien algo de cierto había, no era una regla que se siquiera elevaba su cabecita y sonreía continuamente.
aplicara para todos. Sin embargo, muchos lo creían así Cierto día, ya cansados de no saber qué pasaba con el
y se esforzaban por saltar cada vez más alto, cada vez anciano duende, un niño –con mucho criterio- decidió
mejor. Algunos lograban hacer realidad sus sueños, preguntarle directamente cuál era su secreto. Hadas,
otros no, simplemente porque los mismos no estaban elfos, otros niños y todos los adultos se convocaron
a esa altura, sino más abajo. Muchos chocaban con las frente a Sabius a escuchar el por qué de su sonrisa,
copas de los árboles o con las chimeneas. Se llevaban si supuestamente no había alcanzado ningún sueño o
por delante pájaros y nubes también. Unos soñaban lo que era peor aún, no tenía sueño alguno. Sin dejar
con llegar a la luna, otros con de sonreír un segundo, Sabius les contó cuál era su
sueño y el por qué de su expresión simple, franca y
de profunda paz. – Yo sueño con estar aquí, en este
país donde nací, junto a Uds. No quiero ir a la luna,
ni viajar en cohete. Soy feliz aquí en mi tierra, donde
crecí y envejecí. Siempre soné con tener un lugar en el
mundo y lo he logrado, seres a quien amar y lo logré
también. No me ha hecho falta volar, saltar, ni chocar-
me con nada ni nadie. La cara de sorpresa de todos era
sorprendente verdaderamente, la mayoría de la gente
y de los habitantes de ese país también, tiende a creer
que todos los sueños tienen que ser grandes, locos, al-
tos, difíciles y no siempre es así. Hay sueños sencillos
y al alcance de las manos y los pies de todos y no por
eso menos maravillosos. Sueños que están ahí, espe-
rándonos a la vuelta de la esquina, a todos por igual y
que merecen ser cumplidos. Fin

La varita perdida
Capitulo I
Si es mentira o es verdad, serás tú quien lo decida.
Yo creo que es cierta porque me la contó quien la pue-
de contar, me la dijo quien puede [Link] contó,
pues, quien puede y quien sabe que, existía -existe-
un país llamado, según algunos, Fantagia, según otros
Magasia y, según alguno más Fantilusia. En realidad
Foto tomada de[Link]
nadie, absolutamente nadie, sabe cómo se llama este
maravilloso país, ni los sabios más sabios, ni los ton-
volar arriba de una estrella y otros con tostar pan a
tos más tontos, ni tan siquiera sus habitantes. Ellos,
los rayos del sol. Terminaban con moretones y chicho-
sencillamente, lo llaman hogar y con eso les basta.
nes en sus cabecitas y sin haber logrado nada. Otros
En este extraordinario país habitan brujos (y brujas),
en cambio, quienes más claros tenían sus sueños, se
magos (y magas), hechiceros (y hechiceras), encan-
desplazaban exactamente al lugar donde creían que lo
tadores (y encantadoras), nigromantes (¿y nigroman-
harían realidad. Los sueños son tan distintos y tantos,
tas?), hadas (¿y hados?), augures y clarividentes.
como seres hay en la tierra.
También viven duendes, elfos, silfos, gnomos, dra-
9
gones, trolls, algún que otro ogro... en fin, cualquier discente y musical. Una niebla formada por pequeñas,
criatura mágica que conozcas y hasta más de una que pequeñísimas, partículas de magia en suspensión. Es-
no conoces. tas titilantes chispas, estas chispeantes centellas, estas
Muchos y grandes exploradores han intentado llegar luminosas porciones de magia están en continua agi-
tación, produciendo una música cristalina, unas veces
melancólica, otras veces inquieta, a veces enojada y
otras, la mayoría, alegre.
Esta radiante y armoniosa bruma rodea a Magasia –
o Fantilusia o Fantagia o el hogar...- como una bella
joya, como un primoroso collar o una exquisita corona
que separa el mundo real del reino de la ilusión.
En cuanto el viajero se sumerge en esta niebla la ma-
gia comienza a cosquillear en su piel, llena su cora-
zón, reverbera en su alma, la nota bailar en su boca
-algo picante, algo ácida, algo burbujeante- y, sobre
todo, siente como se le mete por la nariz provocando
que Aaa… provocando que Aaa…. Digo que provo-
cando que Aaaatchíiiisss… sniff… eso, que estornu…
Aaaaatchússss… que estornude sin parar durante un
rato.

Aaaatchíiiiisssss… Aaaatchíiiiisssss… Aaaat-


chíiiiisssss… Aaaatchíiiiisssss…
Y, una vez pasada esa preciosa niebla, nos encontra-
mos, por fin, en el hogar -o Fantagia o Fantilusia o
Magasia- pero eso, si no te importa, te lo contaré otro
día.
Pronto. Bien pronto. Antes de lo que imaginas....

Capitulo II
Foto tomada de: [Link] t Bien, bien, bien. Aquí estamos otra vez dispuestos a
seguir con esta historia que me contó quien sabe, quien
hasta este lugar que no está lejos ni está cerca; que puede y quien quiso. Decíamos hace nada que, tras
no está en este mundo ni tampoco fuera de él; al que atravesar una argentada y argentina bruma y estornu-
es difícil llegar pero es fácil de descubrir. No existe dar una docena de veces, nos encontramos, por fin, en
nadie que pueda indicarte el camino hacia Fantilusia el maravilloso, portentoso y hermoso país de Fantilu-
-o Fantagia o Magasia o el hogar...-. No hay ningún sia. Cuando llegas a este país tienes la curiosa y simul-
mapa que te diga dónde está. A él no llegan ni aviones, tánea sensación de estar en un lugar completamente
ni barcos, ni trenes. desconocido y tremendamente familiar; es normal, a
Sólo hay algo que puede ayudarte a encontrarlo, tu este país acudimos todos -absolutamente todos- cada
arma más poderosa, tu brújula más potente, tu mapa vez que soñamos ya sea dormidos o despiertos, y cada
más infalible: tu imaginación. Tu poderosa, maravi- vez que imaginamos alguna historia, y cada vez que
llosa, grandiosa imaginación. Con eso, más un inmen- nos sumergimos en la lectura de algún relato, y cada
so y puro anhelo y un poco de suerte, podrás llegar al vez que nos cuentan un hermoso cuento... En fin, ac-
país más hermoso que puedas imaginar. cedemos a Fantagia con nuestra fantasía cada vez que
Se encuentra Fantagia -o Magasia o Fantilusia o el algo aviva y activa nuestra imaginación, por eso nos
hogar...- siempre envuelto en una niebla espesa, iri- resulta tan familiar aunque nunca lo hayamos pisado
10
con nuestros pies. El país es extenso, muy extenso, tan y otras muy bajas. En fin, ventanas de todos los tipos,
extenso como tu mente, tan amplio como tu ingenio, tamaños y gustos, como si quien viviera dentro nece-
tan vasto como tu capacidad de crear. Todo cuanto sitara sentirse en contacto con el exterior. Porque sí,
puedas imaginar, todo cuanto otros puedan imaginar en este enorme árbol en el centro de este enorme cla-
está aquí y cada vez que alguien usa su imaginación, ro que se encuentra justo en el centro de este enorme
Magosia crece. En el extremo norte del Fantilusia, Bosque vive alguien, alguien importante, alguien po-
justo ahí, según se entra, a la derecha, hay un gran deroso. Aquí vive la Gran Señora del Bosque Dorado.
Bosque. No un bosque de esos domesticados donde También llamada Reina Otoñal o Bruja del Otoño.
vas de picnic o a coger setas, no, es un gran, gran Bos-
que, un Bosque así, con mayúsculas, un Bosque con
árboles milenarios, con senderos sombríos, con claros El hada azul
escondidos, con lugares oscuros. Es un Bosque lleno
de susurros de plantas y ajetreo de animales. En este Había una vez un hada que vivía en Escocia. Se llama-
bosque no hay nada verde, ni verde claro, ni verde ba Titania, como la reina de las hadas. Titania vivía en
oscuro ni verde botella ni verde azulado ni ningún un árbol. Titania tenía algo diferente a las demás y es
tipo de verde, no, en este bosque todo es de color ro- que ella era de color azul y su pelo era de color rosado.
jizo, anaranjado, marrón, ocre, amarillo, púrpura... los Titania era del tamaño de una uña. Un día estaba en el
cálidos colores del otoño. El Bosque huele a lluvia, rio y vio que unos hombres iban a talar el árbol en el
a castañas, a hojas secas, a que ella vivía y les pregunto: -¿Por que queréis talar
manzanas, a brasero, a mi árbol?- dijo el hada. -Para hacer muebles-dijo el le-
viento y a frío. En ñador -No ves que si talas mi árbol, me dejaras sin un
fin, el Bosque hogar-dijo el hada. -¿Donde viviré?-dijo el hada. -Es
huele a otoño verdad, no lo hare-dijo el leñador. El leñador no talo el
porque en él árbol y Titania pudo conservar su hogar. El hada azul.
siem- p r e Cuentos infantiles.
es oto- ñ o .
Y justo en el
centro d e l
Bosque hay un
claro. Un gran
claro. Y en el centro del
claro hay un ár- bol. Un gran ár-
bol. Un árbol muy alto, altísimo, tan alto como el
rascacielos más alto, tan alto que es imposible ver su
copa a menos que fueras un pájaro y pudieras volar
hasta ella. Y grueso, muy grueso, tan grueso que era
imposible abarcarlo con los dos brazos, ni con los dos
brazos de cien hombres, ni con los de doscientos... Es
un árbol tan grueso que abarca tanto como dos casti-
llos juntos. En el duro tronco de este prodigioso árbol
se abre una descomunal y hermosa puerta primoro-
samente adornada con grabados de hojas, tallos en-
trelazados y frutos otoñales (castañas, avellanas, nue-
ces...), todo ello trabajado con tanta delicadeza que
podrías pasarte horas y horas contemplándolo. Hay
Foto tomada de: [Link]
ventanas a docenas, a cientos casi. Ventanas grandes.
Ventanas pequeñas. Tragaluces, ventanucos, ventana-
les, vidrieras, miradores, balconadas. Unas abiertas de
par en par, otras cerradas a cal y canto. Unas muy altas
11

Cuentos clásicos
Caperucita empezó a correr por toda la habitación y
Caperucita Roja el lobo tras ella. Pasaban por allí unos cazadores y al
escuchar los gritos se acercaron con sus escopetas. Al
Había una vez una niña llamada Caperucita Roja, ya ver al lobo le dispararon y sacaron a la abuelita de la
que su abuelita le regaló una caperuza roja. Un día, la barriga del lobo. Así que Caperucita después de este
mamá de Caperucita la mandó a casa de su abuelita, susto no volvió a desobedecer a su mamá. Y colorín
estaba enferma, para que le llevara en una cesta pan, colorado este cuento se ha acabado.
chocolate, azúcar y dulces. Su mamá le dijo: “no te FIN
apartes del camino de siempre, ya que en el bosque
hay lobos”.
Caperucita iba cantando por el camino que su mamá Peter Pan
le había dicho y , de repente, se encontró con el lobo
y le dijo: “Caperucita, Caperucita, ¿dónde vas?”. “A Wendy, Michael y John eran tres hermanos que vivían
casa de mi abuelita a llevarle pan, chocolate, azúcar en las afueras de Londres. Wendy, la mayor, había
y dulces”. “¡Vamos a hacer una carrera! Te dejaré a contagiado a sus hermanitos
ti el camino más corto y yo el más largo para darte su admi- ración por
ventaja.” Caperucita aceptó pero ella no sabía que el P e t e r P a n .
lobo la había engañado. El lobo llegó antes y se comió T o - das
a la abuelita.
Cuando ésta llegó, llamó a la puerta: “¿Quién es?”,
dijo el lobo vestido de abuelita. “Soy yo”, dijo Cape-
rucita. “Pasa, pasa nietecita”. “Abuelita, qué ojos más
grandes tienes”, dijo la niña extrañada. “Son para ver-
te mejor”. “Abuelita, abuelita, qué orejas tan grandes
tienes”. “Son para oírte mejor”. “Y qué nariz tan

las no-
ches l e s
conta- ba a sus
hermanos las aventuras
de Peter. Una no- che, cuando ya casi
dormían, vieron una lucecita moverse por la habita-
ción. Era Campanilla, el hada que acompaña siempre
a Peter Pan, y el mismísimo Peter. Éste les propuso
viajar con él y con Campanilla al País de Nunca Ja-
más, donde vivían los Niños Perdidos... “Campanilla
[Link] os ayudará. Basta con que os eche un poco de polvo
[Link] mágico para que podáis volar.”

grande tienes”. “Es para olerte mejor”. “Y qué boca Cuando ya se encontraban cerca del País de Nunca
tan grande tienes”. “¡Es para comerte mejor!”. Jamás, Peter les señaló: “Es el barco del Capitán Gar-
12
fio. Tened mucho cuidado con él. Hace tiempo un co- ver al Capitán Garfio nadando desesperadamente, per-
codrilo le devoró la mano y se tragó hasta el reloj. seguido por el infatigable cocodrilo. El resto de los
¡Qué nervioso se pone ahora Garfio cuando oye un piratas no tardó en seguir el camino de su capitán y
tic-tac!.” todos acabaron dándose un saludable baño de agua sa-
Campanilla se sintió celosa de las atenciones que su lada entre las risas de Peter Pan y de los demás niños.
amigo tenía para con Wendy, así que, adelantándose,
les dijo a los Niños Perdidos que debían disparar una Ya era hora de volver al hogar. Peter intentó conven-
flecha a un gran pájaro que se acercaba con Peter Pan. cer a sus amigos para que se quedaran con él en el País
La pobre Wendy cayó al suelo, pero, por fortuna, la de Nunca Jamás, pero los tres niños echaban de me-
flecha no había penetrado en su cuerpo y enseguida se nos a sus padres y deseaban volver, así que Peter les
recuperó del golpe. llevó de nuevo a su casa. “¡Quédate con nosotros!”,
pidieron los niños. “¡Volved conmigo a mi país! -les
Wendy cuidaba de todos aquellos niños sin madre y, rogó Peter Pan-. No os hagáis mayores nunca. Aunque
también, claro está de sus hermanitos y del propio crezcáis, no perdáis nunca vuestra fantasía ni vuestra
Peter Pan. Procuraban no tropezarse con los terribles imaginación. De ese modo seguiremos siempre jun-
piratas, pero éstos, que ya habían tenido noticias de su tos.” “¡Prometido!”, gritaron los tres niños mientras
llegada al País de Nunca Jamás, organizaron una em- agitaban sus manos diciendo adiós.
boscada y se llevaron prisioneros a Wendy, a Michael
y a John.

Para que Peter no pudiera rescatarles, el Capitán Gar-


fio decidió envenenarle, contando para ello con la
ayuda de Campanilla, quien deseaba vengarse del ca-
riño que Peter sentía hacia Wendy. Garfio aprovechó
el momento en que Peter se había dormido para verter
en su vaso unas gotas de un poderosísimo veneno.

Cuando Peter Pan se despertó y se disponía a beber el


agua, Campanilla, arrepentida de lo que había hecho,
se lanzó contra el vaso, aunque no pudo evitar que la
salpicaran unas cuantas gotas del veneno, una canti-
dad suficiente para matar a un ser tan diminuto como
ella. Una sola cosa podía salvarla: que todos los niños
creyeran en las hadas y en el poder de la fantasía. Y así
es como, gracias a los niños, Campanilla se salvó.

Mientras tanto, nuestros amiguitos seguían en poder


de los piratas. Ya estaban a punto de ser lanzados por
la borda con los brazos atados a la espalda. Parecía
que nada podía salvarles, cuando de repente, oyeron
una voz: “¡Eh, Capitán Garfio, eres un cobarde! ¡A ver
si te atreves conmigo!”.
Era Peter Pan que, alertado por Campanilla, había
llegado justo a tiempo de evitarles a sus amigos una
muerte cierta. Comenzaron a luchar. De pronto, un tic-
tac muy conocido por Garfio hizo que éste se estreme-
ciera de horror. El cocodrilo estaba allí y, del susto, el Foto tomada de: [Link]
Capitán Garfio dio un traspié y cayó al mar. Es muy
posible que todavía hoy, si viajáis por el mar, podáis
13

Foto tomada de: [Link]

Los tres cerditos


En el corazón del bosque vivían tres cerditos que eran de su hermano mediano. Pero el lobo sopló y sopló y
hermanos. El lobo siempre andaba persiguiéndoles la casita de madera derribó. Los dos cerditos salieron
para comérselos. Para escapar del lobo, los cerditos pitando de allí.Casi sin aliento, con el lobo pegado a
decidieron hacerse una casa. sus talones, llegaron a la casa del hermano [Link]
El pequeño la hizo de paja, para acabar antes y poder tres se metieron dentro y cerraron bien todas las puer-
irse a [Link] mediano construyó una casita de made- tas y ventanas.
ra. Al ver que su hermano pequeño había terminado El lobo se puso a dar vueltas a la casa, buscando algún
ya, se dio prisa para irse a jugar con é[Link] mayor tra- sitio por el que entrar. Con una escalera larguísima tre-
bajaba en su casa de ladrillo.- Ya veréis lo que hace el pó hasta el tejado, para colarse por la chimenea. Pero
lobo con vuestras casas- riñó a sus hermanos mientras el cerdito mayor puso al fuego una olla con agua. El
éstos se lo pasaban en grande. lobo comilón descendió por el interior de la chimenea,
pero cayó sobre el agua hirviendo y se escaldó.Esca-
El lobo salió detrás del cerdito pequeño y él corrió pó de allí dando unos terribles aullidos que se oyeron
hasta su casita de paja, pero el lobo sopló y sopló y la en todo el bosque. Se cuenta que nunca jamás quiso
casita de paja derrumbó.El lobo persiguió también al comer cerdito.
cerdito por el bosque, que corrió a refugiarse en casa
14

Fábulas
La cigarra y la hormiga La zorra y las uvas
Había una vez una zorra que llevaba casi una semana
sin comer, había tenido muy mala suerte, le robaban
las presas y el gallinero que encontró tenía un perro
guardián muy atento y un amo rápido en acudir con
la escopeta.
Ciertamente estaba muertecita de hambre cuando en-
contró unas parras silvestres de las que colgaban unos
suculentos racimos de doradas uvas, debajo de la parra
había unas piedras, como protegiéndolas. —Al fin va
a cambiar mi
suerte, —pen-
só relamiéndo-
se—, parecen
muy dulces.
Se puso a brin-
car, intentando
alcanzarlos,
pero se sentía
muy débil, sus
saltos se que-
daban cortos
Foto tomada de: [Link]
los racimos
estaban muy
Era un día de verano y una hormiga caminaba por el altos y no lle-
campo recogiendo granos de trigo y otros cereales gaba. Así que Foto tomada de: [Link]

para tener algo que comer en invierno. Una cigarra la se dijo: —Para que perder el tiempo y esforzarme, no
vio y se sorprendió de que fuera tan laboriosa y de quelas quiero, no están maduras.
trabajara cuando los demás animales, sin fatigarse, se Pero resulta que si la zorra hubiese trepado por las
daban al descanso. piedras parándose en dos patas hubiese alcanzado los
La hormiga, de momento, no dijo nada; pero, cuando racimos, esta vez le faltó algo de astucia a doña zorra,
llegó el invierno y la lluvia deshizo el heno, la ciga-parece ser que el hambre no la deja pensar.
rra, hambrienta, fue al encuentro de la hormiga para
pedirle que le diera parte de su comida. Entonces, ella Moraleja
respondió: “Cigarra, si hubieras trabajado entonces,
cuando yo me afanaba y tú me criticabas, ahora no te Hay que esforzarse para conseguir lo que se desea pero
faltaría comida.” pensando primero que es lo que queremos y como
conseguirlo, no sea que nos pongamos a dar brincos
Moraleja cuando lo que necesitamos es estirarnos, y perdamos
el tiempo y el esfuerzo
Cada uno debe aprender a responder de su propia con-
ducta
15
El burro flautista las redes con sus afilados dientes. De esta manera el
pequeño exprisionero cumplió su promesa, y salvó la
vida del rey de los animales. El león meditó seriamen-
Esta fabulilla, salga bien o mal, me ha ocurrido aho-
te en el favor que acababa de recibir y prometió ser en
ra por casualidad. Cerca de unos prados
adelante más generoso.
que hay en mi lugar, pasaba
un bo- rrico por
casuali- dad. Una
flau- ta en
ellos
ha- lló,
que
un za-
gal
se
dejó
ol- v i -
dada p o r
casua- lidad.
Acercóse a olerla el
dicho animal y dio un reso-
plido por casualidad.
En la flauta el aire se hubo de colar, y sonó la flauta
por casualidad. «¡Oh!», dijo el borrico. «¡Qué bien sé
tocar! ¡Y dirán que es mala la música asnal!» Sin re-
glas del arte borriquitos hay que una vez aciertan por
casualidad.

Moraleja
Foto tomada de: [Link]
Sin reglas del arte, el que en algo acierta, acierta por
casualidad.
Moraleja
El león y el ratón En los cambios de fortuna, los poderosos necesitan la
ayuda de los débiles.
Unos ratoncitos, jugando sin cuidado en un prado,
despertaron a un león que dormía plácidamente al pie
de un árbol. La fiera, levantándose de pronto, atrapó
entre sus garras al más atrevido de la pandilla.

El ratoncillo, preso de terror, prometió al león que si le


perdonaba la vida la emplearía en servirlo; y aunque
esta promesa lo hizo reír, el león terminó por soltarlo.
Tiempo después, la fiera cayó en las redes que un ca-
zador le había tendido y como, a pesar de su fuerza, no
podía librarse, atronó la selva con sus furiosos rugi-
dos. El ratoncillo, al oírlo, acudió presuroso y rompió
ELABORADO POR
BIVIANA RODRÍGUEZ VELÁSQUEZ

También podría gustarte