Cuentos
Cuentos
Cuentos infantiles
Colorin colorado...
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Tabla de contenido
1 - Introducción ………………………………….......…………………………. 4
Capitulo 1
Cuentos de Hadas
Capitulo 2
Cuentos clásicos
9 - Peter pan............................................................................................................11
Capitulo 3
Fábulas
12 - La cigarra y la hormiga...................................................................................14
14 - El burro flautista............................................................................................15
15 - El y el Ratón...................................................................................................15
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Introducción
“Los cuentos son una ocasión que permite la instala- de cuentos. Pero el cuento infantil no se restringe sólo
ción de otro tiempo en este tiempo: producen un cam- un mundo mágico, su base está en el folclore de los
bio y habilitan a la fabricación de mundos nuevos. Los pueblos, la mayoría de los cuentos de hadas conocidos
hombres no pueden vivir sin mundos, por eso arman tuvieron ese origen.
conjeturas, albergues de significados y se convierten
en hacedores de metáforas y lenguaje.” Los cuentos infantiles son, en principio, la mayoría
Graciela Montes. de los cuentos escritos y leídos; siendo los cuentos de
hadas sus mejores ejemplos. Cuentos como: Caperu-
cita Roja, Blancanieves, la Cenicienta, la Bella Dur-
miente, forman parte de este gran mundo de cuentos.
Pero el cuento infantil no se restringe sólo un mundo
mágico, su base está en el folclore de los pueblos, la
mayoría de los cuentos de hadas conocidos tuvieron
ese origen.
Cuentos de hadas
Miguelín y las hadas que se rindiera. Había que seguir buscando. Con su
cazamariposas al hombro y la caja en ristre, Miguelín
se pone de nuevo en marcha.
Con un cazamariposas y una pequeña caja de cartón,
Está mirando entre las flores cuando siente algo que
Miguelín está en el parque cazando hadas. Quiere de-
roza su mejilla levemente, algo como un pequeño beso
mostrarle a su hermano Toño que las hadas, por mucho
que le hace cosquillas. Y, al levantar la mirada,
que él diga lo contrario, sí que existen. Con mucho si-
gilo, Miguelín se mueve entre los árboles intentando
no hacer ningún ruido para no asustar a las hadas. Lo
más curioso de intentar no hacer ruido es que, cuan-
to más lo intentas, más ruido haces: pisas todas las
pequeñas ramas que encuentras, te entra la tos tonta,
la chaqueta susurra al moverte, te sorbes los mocos o
estornudas, estornudas muy fuerte.
Como le ocurre a Miguelín que, de pronto, lanza un
estruendoso estornudo que asusta a los pájaros. Algo
le ha hecho cosquillas en la nariz. Algo pequeño, blan-
co, ligero y sedoso. Algo que llena el aire a su alrede-
dor como si fuera nieve.
-¡Hadas!- Piensa Miguelín -¡Son hadas! ¡Ya sabía yo
que sí que existían!
Y Miguelín, cazamariposas en ristre, se lanza tras las
blancas haditas dispuesto a llevarse dos o tres a casa.
Cuando, exhausto, se sienta para echar un vistazo a
su cazamariposas Miguelín se da cuenta de que no ha
pillado ni un hada de las más pequeñitas. El cazamari-
posas está lleno, repleto, pero no de hadas sino de las
blancas y suaves pelusas de los álamos que llenan el
parque. No pasa nada.
Miguelín no se da por vencido y continúa buscando.
Al poco rato algo llama su atención. Algo que baila y
brilla sobre las aguas de un fuente cercana. Algo que
titila y cabrillea en la limpia superficie.
-¡Hadas!- piensa Miguelín- ¡Son hadas, sin duda!
Y, sin pensarlo demasiado, Miguelín, cazamariposas
en ristre, corre hacia la fuente, entra en ella y mete la
red en el agua, moviéndola de derecha a izquierda, de
izquierda a derecha con sumo cuidado. Luego, emo-
cionado, la saca para contemplar lo que ha capturado.
¿Un hada? ¿Dos? ¿Tal vez tres?
Foto tomada de: [Link]
No, lo único que ve es una lluvia de brillantes gotas
que caen del cazamariposas vacío de hadas y reple-
ve formas sutiles y transparentes que giran y flotan a
to de aire. Miguelín había confundido la luz del sol
su alrededor. Miguelín se siente emocionado. El cora-
centelleando en el agua con hadas. Eso no iba a hacer
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zón le late a toda velocidad. Miguelín, cabizbajo y decepcionado, con el cazama-
-¡Hadas!- piensa- ¡Esta vez, sí que son hadas! riposas al hombro y la caja de cartón bajo el brazo,
Y Miguelín mueve el cazamariposas en el aire de acá vuelve a casa dispuesto a darle la razón a su hermano
para allá, de allá para acá, intentando atrapar algún mayor. Esa noche, mientras su mamá le arropa, Mi-
hada cristalina. Pero alguien le está gritando. guelín le cuenta todo lo que ha hecho esa tarde y, al
-¿Qué ocurre? -pregunta- ¿Qué pasa? ¿Por qué me es- terminar, le dice con voz muy triste:
tán gritando? -¿Es cierto que las hadas no existen?
Pobre Miguelín. No son hadas lo que intenta atrapar Y su mamá, sentándose en su cama, le responde :
sino pompas de jabón y los gritos que oye son las pro- -Bueno, es cierto que no existen en el mundo real,
testas de los niños que con ellas se divertían. La tarde pero también es cierto que sí existen en el mundo de
se acaba, comienza a oscurecer. Miguelín debe volver tu imaginación. Es cierto que no puedes verlas con tus
a casa pero antes de rendirse quiere hacer un último ojos reales, pero también es cierto que las verás cada
intento. Camino de casa ve unas pequeñas luces saltar vez que quieras con los ojos de tu fantasía. Es cierto
y brillar. Nervioso y entusiasmado, con una enorme que hoy, en el parque, sólo has atrapado semillas de
sonrisa, Miguelín corre hacia ellas. -¡Esta vez sí que álamos, gotas de agua, pompas de jabón y centellas de
son!- piensa - ¡Esta vez no me equivoco! bengala, pero también es cierto que, si tú quieres, to-
das esas cosas pueden ser hadas disfrazadas para que
no las veas.
Es cierto que la magia de los cuentos no existe en la
vida diaria, pero también es cierto que tú, con tu men-
te, puedes llenar tu vida con toda la magia que desees.
De modo que tú dirás qué eliges. ¿Llorar porque las
hadas no existen o disfrutar imaginándolas? ¿Pasarlo
mal porque hoy sólo has cogido semillas, gotas, pom-
pas y centellas o imaginar que has logrado atrapar
unas pequeñas, preciosas y resplandecientes hadas?
¿Existen o no existen las hadas?
Tras pensarlo durante un ratito, Miguelín, por fin, son-
rió y, dándole un gran beso a su madre, contestó:
-Sí que existen, mamá, y ahora que sé el truco podré
verlas cuando quiera. Y, esa noche (y todas las demás
noches), Miguelín voló hacia el mundo de la fantasía
cabalgando sobre su imaginación y jugó con hadas,
duendes, sirenas y otro montón de seres maravillo-
sos.
Fin
La varita perdida
Capitulo I
Si es mentira o es verdad, serás tú quien lo decida.
Yo creo que es cierta porque me la contó quien la pue-
de contar, me la dijo quien puede [Link] contó,
pues, quien puede y quien sabe que, existía -existe-
un país llamado, según algunos, Fantagia, según otros
Magasia y, según alguno más Fantilusia. En realidad
Foto tomada de[Link]
nadie, absolutamente nadie, sabe cómo se llama este
maravilloso país, ni los sabios más sabios, ni los ton-
volar arriba de una estrella y otros con tostar pan a
tos más tontos, ni tan siquiera sus habitantes. Ellos,
los rayos del sol. Terminaban con moretones y chicho-
sencillamente, lo llaman hogar y con eso les basta.
nes en sus cabecitas y sin haber logrado nada. Otros
En este extraordinario país habitan brujos (y brujas),
en cambio, quienes más claros tenían sus sueños, se
magos (y magas), hechiceros (y hechiceras), encan-
desplazaban exactamente al lugar donde creían que lo
tadores (y encantadoras), nigromantes (¿y nigroman-
harían realidad. Los sueños son tan distintos y tantos,
tas?), hadas (¿y hados?), augures y clarividentes.
como seres hay en la tierra.
También viven duendes, elfos, silfos, gnomos, dra-
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gones, trolls, algún que otro ogro... en fin, cualquier discente y musical. Una niebla formada por pequeñas,
criatura mágica que conozcas y hasta más de una que pequeñísimas, partículas de magia en suspensión. Es-
no conoces. tas titilantes chispas, estas chispeantes centellas, estas
Muchos y grandes exploradores han intentado llegar luminosas porciones de magia están en continua agi-
tación, produciendo una música cristalina, unas veces
melancólica, otras veces inquieta, a veces enojada y
otras, la mayoría, alegre.
Esta radiante y armoniosa bruma rodea a Magasia –
o Fantilusia o Fantagia o el hogar...- como una bella
joya, como un primoroso collar o una exquisita corona
que separa el mundo real del reino de la ilusión.
En cuanto el viajero se sumerge en esta niebla la ma-
gia comienza a cosquillear en su piel, llena su cora-
zón, reverbera en su alma, la nota bailar en su boca
-algo picante, algo ácida, algo burbujeante- y, sobre
todo, siente como se le mete por la nariz provocando
que Aaa… provocando que Aaa…. Digo que provo-
cando que Aaaatchíiiisss… sniff… eso, que estornu…
Aaaaatchússss… que estornude sin parar durante un
rato.
Capitulo II
Foto tomada de: [Link] t Bien, bien, bien. Aquí estamos otra vez dispuestos a
seguir con esta historia que me contó quien sabe, quien
hasta este lugar que no está lejos ni está cerca; que puede y quien quiso. Decíamos hace nada que, tras
no está en este mundo ni tampoco fuera de él; al que atravesar una argentada y argentina bruma y estornu-
es difícil llegar pero es fácil de descubrir. No existe dar una docena de veces, nos encontramos, por fin, en
nadie que pueda indicarte el camino hacia Fantilusia el maravilloso, portentoso y hermoso país de Fantilu-
-o Fantagia o Magasia o el hogar...-. No hay ningún sia. Cuando llegas a este país tienes la curiosa y simul-
mapa que te diga dónde está. A él no llegan ni aviones, tánea sensación de estar en un lugar completamente
ni barcos, ni trenes. desconocido y tremendamente familiar; es normal, a
Sólo hay algo que puede ayudarte a encontrarlo, tu este país acudimos todos -absolutamente todos- cada
arma más poderosa, tu brújula más potente, tu mapa vez que soñamos ya sea dormidos o despiertos, y cada
más infalible: tu imaginación. Tu poderosa, maravi- vez que imaginamos alguna historia, y cada vez que
llosa, grandiosa imaginación. Con eso, más un inmen- nos sumergimos en la lectura de algún relato, y cada
so y puro anhelo y un poco de suerte, podrás llegar al vez que nos cuentan un hermoso cuento... En fin, ac-
país más hermoso que puedas imaginar. cedemos a Fantagia con nuestra fantasía cada vez que
Se encuentra Fantagia -o Magasia o Fantilusia o el algo aviva y activa nuestra imaginación, por eso nos
hogar...- siempre envuelto en una niebla espesa, iri- resulta tan familiar aunque nunca lo hayamos pisado
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con nuestros pies. El país es extenso, muy extenso, tan y otras muy bajas. En fin, ventanas de todos los tipos,
extenso como tu mente, tan amplio como tu ingenio, tamaños y gustos, como si quien viviera dentro nece-
tan vasto como tu capacidad de crear. Todo cuanto sitara sentirse en contacto con el exterior. Porque sí,
puedas imaginar, todo cuanto otros puedan imaginar en este enorme árbol en el centro de este enorme cla-
está aquí y cada vez que alguien usa su imaginación, ro que se encuentra justo en el centro de este enorme
Magosia crece. En el extremo norte del Fantilusia, Bosque vive alguien, alguien importante, alguien po-
justo ahí, según se entra, a la derecha, hay un gran deroso. Aquí vive la Gran Señora del Bosque Dorado.
Bosque. No un bosque de esos domesticados donde También llamada Reina Otoñal o Bruja del Otoño.
vas de picnic o a coger setas, no, es un gran, gran Bos-
que, un Bosque así, con mayúsculas, un Bosque con
árboles milenarios, con senderos sombríos, con claros El hada azul
escondidos, con lugares oscuros. Es un Bosque lleno
de susurros de plantas y ajetreo de animales. En este Había una vez un hada que vivía en Escocia. Se llama-
bosque no hay nada verde, ni verde claro, ni verde ba Titania, como la reina de las hadas. Titania vivía en
oscuro ni verde botella ni verde azulado ni ningún un árbol. Titania tenía algo diferente a las demás y es
tipo de verde, no, en este bosque todo es de color ro- que ella era de color azul y su pelo era de color rosado.
jizo, anaranjado, marrón, ocre, amarillo, púrpura... los Titania era del tamaño de una uña. Un día estaba en el
cálidos colores del otoño. El Bosque huele a lluvia, rio y vio que unos hombres iban a talar el árbol en el
a castañas, a hojas secas, a que ella vivía y les pregunto: -¿Por que queréis talar
manzanas, a brasero, a mi árbol?- dijo el hada. -Para hacer muebles-dijo el le-
viento y a frío. En ñador -No ves que si talas mi árbol, me dejaras sin un
fin, el Bosque hogar-dijo el hada. -¿Donde viviré?-dijo el hada. -Es
huele a otoño verdad, no lo hare-dijo el leñador. El leñador no talo el
porque en él árbol y Titania pudo conservar su hogar. El hada azul.
siem- p r e Cuentos infantiles.
es oto- ñ o .
Y justo en el
centro d e l
Bosque hay un
claro. Un gran
claro. Y en el centro del
claro hay un ár- bol. Un gran ár-
bol. Un árbol muy alto, altísimo, tan alto como el
rascacielos más alto, tan alto que es imposible ver su
copa a menos que fueras un pájaro y pudieras volar
hasta ella. Y grueso, muy grueso, tan grueso que era
imposible abarcarlo con los dos brazos, ni con los dos
brazos de cien hombres, ni con los de doscientos... Es
un árbol tan grueso que abarca tanto como dos casti-
llos juntos. En el duro tronco de este prodigioso árbol
se abre una descomunal y hermosa puerta primoro-
samente adornada con grabados de hojas, tallos en-
trelazados y frutos otoñales (castañas, avellanas, nue-
ces...), todo ello trabajado con tanta delicadeza que
podrías pasarte horas y horas contemplándolo. Hay
Foto tomada de: [Link]
ventanas a docenas, a cientos casi. Ventanas grandes.
Ventanas pequeñas. Tragaluces, ventanucos, ventana-
les, vidrieras, miradores, balconadas. Unas abiertas de
par en par, otras cerradas a cal y canto. Unas muy altas
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Cuentos clásicos
Caperucita empezó a correr por toda la habitación y
Caperucita Roja el lobo tras ella. Pasaban por allí unos cazadores y al
escuchar los gritos se acercaron con sus escopetas. Al
Había una vez una niña llamada Caperucita Roja, ya ver al lobo le dispararon y sacaron a la abuelita de la
que su abuelita le regaló una caperuza roja. Un día, la barriga del lobo. Así que Caperucita después de este
mamá de Caperucita la mandó a casa de su abuelita, susto no volvió a desobedecer a su mamá. Y colorín
estaba enferma, para que le llevara en una cesta pan, colorado este cuento se ha acabado.
chocolate, azúcar y dulces. Su mamá le dijo: “no te FIN
apartes del camino de siempre, ya que en el bosque
hay lobos”.
Caperucita iba cantando por el camino que su mamá Peter Pan
le había dicho y , de repente, se encontró con el lobo
y le dijo: “Caperucita, Caperucita, ¿dónde vas?”. “A Wendy, Michael y John eran tres hermanos que vivían
casa de mi abuelita a llevarle pan, chocolate, azúcar en las afueras de Londres. Wendy, la mayor, había
y dulces”. “¡Vamos a hacer una carrera! Te dejaré a contagiado a sus hermanitos
ti el camino más corto y yo el más largo para darte su admi- ración por
ventaja.” Caperucita aceptó pero ella no sabía que el P e t e r P a n .
lobo la había engañado. El lobo llegó antes y se comió T o - das
a la abuelita.
Cuando ésta llegó, llamó a la puerta: “¿Quién es?”,
dijo el lobo vestido de abuelita. “Soy yo”, dijo Cape-
rucita. “Pasa, pasa nietecita”. “Abuelita, qué ojos más
grandes tienes”, dijo la niña extrañada. “Son para ver-
te mejor”. “Abuelita, abuelita, qué orejas tan grandes
tienes”. “Son para oírte mejor”. “Y qué nariz tan
las no-
ches l e s
conta- ba a sus
hermanos las aventuras
de Peter. Una no- che, cuando ya casi
dormían, vieron una lucecita moverse por la habita-
ción. Era Campanilla, el hada que acompaña siempre
a Peter Pan, y el mismísimo Peter. Éste les propuso
viajar con él y con Campanilla al País de Nunca Ja-
más, donde vivían los Niños Perdidos... “Campanilla
[Link] os ayudará. Basta con que os eche un poco de polvo
[Link] mágico para que podáis volar.”
grande tienes”. “Es para olerte mejor”. “Y qué boca Cuando ya se encontraban cerca del País de Nunca
tan grande tienes”. “¡Es para comerte mejor!”. Jamás, Peter les señaló: “Es el barco del Capitán Gar-
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fio. Tened mucho cuidado con él. Hace tiempo un co- ver al Capitán Garfio nadando desesperadamente, per-
codrilo le devoró la mano y se tragó hasta el reloj. seguido por el infatigable cocodrilo. El resto de los
¡Qué nervioso se pone ahora Garfio cuando oye un piratas no tardó en seguir el camino de su capitán y
tic-tac!.” todos acabaron dándose un saludable baño de agua sa-
Campanilla se sintió celosa de las atenciones que su lada entre las risas de Peter Pan y de los demás niños.
amigo tenía para con Wendy, así que, adelantándose,
les dijo a los Niños Perdidos que debían disparar una Ya era hora de volver al hogar. Peter intentó conven-
flecha a un gran pájaro que se acercaba con Peter Pan. cer a sus amigos para que se quedaran con él en el País
La pobre Wendy cayó al suelo, pero, por fortuna, la de Nunca Jamás, pero los tres niños echaban de me-
flecha no había penetrado en su cuerpo y enseguida se nos a sus padres y deseaban volver, así que Peter les
recuperó del golpe. llevó de nuevo a su casa. “¡Quédate con nosotros!”,
pidieron los niños. “¡Volved conmigo a mi país! -les
Wendy cuidaba de todos aquellos niños sin madre y, rogó Peter Pan-. No os hagáis mayores nunca. Aunque
también, claro está de sus hermanitos y del propio crezcáis, no perdáis nunca vuestra fantasía ni vuestra
Peter Pan. Procuraban no tropezarse con los terribles imaginación. De ese modo seguiremos siempre jun-
piratas, pero éstos, que ya habían tenido noticias de su tos.” “¡Prometido!”, gritaron los tres niños mientras
llegada al País de Nunca Jamás, organizaron una em- agitaban sus manos diciendo adiós.
boscada y se llevaron prisioneros a Wendy, a Michael
y a John.
Fábulas
La cigarra y la hormiga La zorra y las uvas
Había una vez una zorra que llevaba casi una semana
sin comer, había tenido muy mala suerte, le robaban
las presas y el gallinero que encontró tenía un perro
guardián muy atento y un amo rápido en acudir con
la escopeta.
Ciertamente estaba muertecita de hambre cuando en-
contró unas parras silvestres de las que colgaban unos
suculentos racimos de doradas uvas, debajo de la parra
había unas piedras, como protegiéndolas. —Al fin va
a cambiar mi
suerte, —pen-
só relamiéndo-
se—, parecen
muy dulces.
Se puso a brin-
car, intentando
alcanzarlos,
pero se sentía
muy débil, sus
saltos se que-
daban cortos
Foto tomada de: [Link]
los racimos
estaban muy
Era un día de verano y una hormiga caminaba por el altos y no lle-
campo recogiendo granos de trigo y otros cereales gaba. Así que Foto tomada de: [Link]
para tener algo que comer en invierno. Una cigarra la se dijo: —Para que perder el tiempo y esforzarme, no
vio y se sorprendió de que fuera tan laboriosa y de quelas quiero, no están maduras.
trabajara cuando los demás animales, sin fatigarse, se Pero resulta que si la zorra hubiese trepado por las
daban al descanso. piedras parándose en dos patas hubiese alcanzado los
La hormiga, de momento, no dijo nada; pero, cuando racimos, esta vez le faltó algo de astucia a doña zorra,
llegó el invierno y la lluvia deshizo el heno, la ciga-parece ser que el hambre no la deja pensar.
rra, hambrienta, fue al encuentro de la hormiga para
pedirle que le diera parte de su comida. Entonces, ella Moraleja
respondió: “Cigarra, si hubieras trabajado entonces,
cuando yo me afanaba y tú me criticabas, ahora no te Hay que esforzarse para conseguir lo que se desea pero
faltaría comida.” pensando primero que es lo que queremos y como
conseguirlo, no sea que nos pongamos a dar brincos
Moraleja cuando lo que necesitamos es estirarnos, y perdamos
el tiempo y el esfuerzo
Cada uno debe aprender a responder de su propia con-
ducta
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El burro flautista las redes con sus afilados dientes. De esta manera el
pequeño exprisionero cumplió su promesa, y salvó la
vida del rey de los animales. El león meditó seriamen-
Esta fabulilla, salga bien o mal, me ha ocurrido aho-
te en el favor que acababa de recibir y prometió ser en
ra por casualidad. Cerca de unos prados
adelante más generoso.
que hay en mi lugar, pasaba
un bo- rrico por
casuali- dad. Una
flau- ta en
ellos
ha- lló,
que
un za-
gal
se
dejó
ol- v i -
dada p o r
casua- lidad.
Acercóse a olerla el
dicho animal y dio un reso-
plido por casualidad.
En la flauta el aire se hubo de colar, y sonó la flauta
por casualidad. «¡Oh!», dijo el borrico. «¡Qué bien sé
tocar! ¡Y dirán que es mala la música asnal!» Sin re-
glas del arte borriquitos hay que una vez aciertan por
casualidad.
Moraleja
Foto tomada de: [Link]
Sin reglas del arte, el que en algo acierta, acierta por
casualidad.
Moraleja
El león y el ratón En los cambios de fortuna, los poderosos necesitan la
ayuda de los débiles.
Unos ratoncitos, jugando sin cuidado en un prado,
despertaron a un león que dormía plácidamente al pie
de un árbol. La fiera, levantándose de pronto, atrapó
entre sus garras al más atrevido de la pandilla.