Universidad Pedagógica Nacional
César Steven Ramírez Mariño-2013132027
Filosofía Contemporánea
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EL MATERIALISMO CONTEMPLATIVO Y EL MATERIALISMO HISTÓRICO:
Crítica de Marx al materialismo contemplativo de Feuerbach y la lucha de clases
como motor dialéctico de la historia.
Introducción: El presente escrito, se propone hacer énfasis en las concepciones
contemplativas y materialistas de la historia. Ambas como parte de un desarrollo progresivo
de la ciencia materialista, saliendo de todo prejuicio y analizando la consistencia de sus
teorías en relación con el contexto de la Alemania Prusiana. En este sentido, es necesario
reivindicar el verdadero papel revolucionario que desempeñó la teoría marxista de la
historia y que transformó todo el método científico que hasta la época se conocía,
entendiendo el mundo no desde un solo campo, sino moviéndose a través de los campos de
la economía, la política, la filosofía, las ciencias naturales, el derecho, etc.
El trabajo inicia con una minuciosa observación de la obra de Feuerbach La Esencia del
Cristianismo, en la que el autor presenta su crítica al cristianismo y a la religión en general,
en tanto reconoce a éstas como manifestaciones de la esencia humana, que contribuirán en
última instancia a su propia dominación. Formulando la necesidad de concebir una nueva
doctrina filosófica y científica que sea capaz de acabar con las contradicciones
enajenadoras que se presentan en la esencia del ser humano, esta doctrina es el
materialismo contemplativo, en la que se pretende analizar el mundo desde el análisis que
la conciencia tiene de éste.
En otra parte del trabajo, se muestra la crítica que Marx y Engels realizan a la filosofía
idealista, las ciencias sociales y a la teoría feuerbachiana, tomando como base las
investigaciones que éstos realizan en los distintos campos de la ciencia, asimilando el
materialismo histórico y dialéctico como la parte más madura de toda la doctrina
materialista, ya que su esencia dialéctica y materialista le permite ser sometida a cambios
según el análisis concreta que se de de la realidad, mostrando una filosofía empapada de los
verdaderos procesos histórico sociales.
Crítica de Feuerbach a la religión:
Feuerbach en su célebre obra La Esencia del Cristianismo, realiza una fuerte crítica a la
religión en cuanto reflejo de la esencia misma del ser humano. Para entender esto de mejor
forma, habría que partir de la distinción primaria que hace el autor entre el ser humano y el
animal, pues “La religión se funda en la diferencia esencial que existe entre el hombre y el
animal; los animales no tienen religión” (Feuerbach, 1841, P. 53) Pero, ¿Qué elementos
contiene la religión que le permite al hombre escindirse del animal? La conciencia es lo que
le permite al ser humano adquirir características propias de su género, pero no la conciencia
que se tiene del mundo externo a través de la sensibilidad, sino que por el contrario de su
propia esencia, la del ser humano en su generalidad. Encontramos aquí, que el ser humano
establece una relación consigo mismo, sin embargo, no consigo mismo en tanto
individualidad, sino con su propia esencia genérica, con esto nos referimos a la esencia
inherente a su especie. En efecto, el ser humano cuenta con una esencialidad que le permite
distinguirse de las demás cosas existentes de la naturaleza, ésta que se desarrolla como el
fundamento sobre el cual Feuerbach plantea que se levanta toda la religión y, que, a su vez,
se convierte en su objeto, de manera que el pensamiento religioso termina siendo la
expresión que la conciencia tiene de su propia esencialidad, o sea, la esencialidad humana
representada en la religión. La religión, en cuanto afirma la existencia de un ser infinito,
refleja la conciencia infinita del ser humano. De forma tal que el hombre al tener conciencia
de su propia esencia, se dice, es consciente de sí mismo.
La religión cristiana se reconoce por poseer una idea absoluta que definen como la
predominante sobre todo lo existente, dicha idea es llamada Dios, en consecuencia, Dios
resulta siendo el reflejo se la esencia propia del hombre, todos los predicados que se
conocen de Dios, son tan solo la expresión abstracta de la esencia humana. Estos
predicados que finalmente constituyen la esencia absoluta del ser humano, entre los que se
encuentran
“La facultad del pensamiento, la facultad de la voluntad, la facultad del corazón.
La facultad del pensamiento es la luz del conocimiento, la facultad de la voluntad es
la energía del carácter y la facultad del corazón es el amor” (Feuerbach, 1841. P
54)
Citadas facultades que son parte de la función y objetos propios del ser humano, hacen
parte de la idea absoluta de la religión, puesto que es en Dios —Como la idea absoluta de la
religión— en el cual se manifiesta de forma inmaterial la esencia propia del ser humano,
por lo tanto estas son facultades que son puestas fuera del sujeto y que adquieren existencia
independiente. La fuerza de que dicha esencia absoluta adquiere, es la reverberación que la
fuerza de la esencia genérica del ser humano ejerce sobre sí mismo, con esto surge la idea
de enajenación, dado que la esencia misma del humano termina dominándolo a éste como
una esencia extraña y expropiada de sí mismo. Acá la religión acaba con toda idea del
sujeto relacionado consigo mismo, y coloca su esencia en una entidad que recibe existencia
propia y, que, así mismo, se forma a través de una serie de predicados que el ser humano le
niega a su esencia para colocarlos fuera de sí, a la intemperie de su propia dominación. Así,
termina el ser humano idolatrando su propia esencia, colocándola como la perfección
absoluta de la que él se expropia y que le determina a un influjo de su propia imaginación,
en últimas, contempla su propia esencia.
En este sentido, encontramos la objetivación de la esencia del ser humano en una
representación absoluta, así como cuando el sentido auditivo se objetiva al escuchar algún
ruido, o en otro ejemplo como explica Feuerbach en el caso de la música, en el cual se
hallan objetivados todos los sentimientos del sujeto; “Si no tienes ningún sentido ningún
sentimiento para la música, ni en la música más bella percibirás otra sensación que la que
causa el viento cuando sopla o el arroyo que susurra a tus pies” (Feuerbach, 1841, P.60)
Es así, como también sucede con Dios, en el sentido en el que cuando no lo percibe como
esencia superior a la suya, el ser humano abandona todo sentido de lo perfecto y lo divino,
todo sentido de sí mismo.
La relación dialéctica entre el sujeto y el objeto religioso se presenta como conciencia que
el primero tiene de su esencia genérica, colocando sus propios predicados fuera de sí y
luego añadiéndole existencia independiente. Al tener conocimiento del objeto religioso el
sujeto tiene autoconciencia de su propia esencia, por causa de que Dios es reflejo de la
esencia del hombre. Por consiguiente, la negación de Dios termina siendo la negación de la
cualidad y esencia propias del ser humano, esto no sería posible sin el conjunto de
predicados genéricos, es decir de la especie. La esencia absoluta (Dios) se conforma
también por los predicados o determinaciones subjetivas, en este marco de ideas la religión
forma el conjunto de predicados subjetivos que terminan por objetivar la esencia del ser
humano enajenándola a la idea abstracta de la divinidad. La felicidad, es un predicado
humano que lo coloca en el mundo perfecto y divino con el objeto de satisfacer sus placeres
subjetivos, un ejemplo de ello es el milagro, que sacia —según Feuerbach— las
necesidades prácticas, éstas que tan solo demuestran el carácter egoísta de lo que refleja
Dios como esencia objetivada del ser humano; ya que tan solo a través del milagro el sujeto
pretende solventar sus más profundos dolores, solo pide por sí y para sí, aquello que le hace
falta, puesto que ya se lo ha negado a sí mismo para afirmarlo en una deidad o esencia
absoluta.
Ante esta notable contradicción entre la existencia y la esencia, Feuerbach resuelve el
problema planteando la existencia de la naturaleza independientemente de cualquier idea
religiosa o filosófica, no obstante, propone que la comprensión filosófica de la naturaleza se
realice de forma independiente a todo fenómeno que resulta del producto de la fantasía
humana. Ya Engels planteaba años posteriores a la obra de Feuerbach, que esta filosofía
contemplativa dio un salto en la superación del idealismo y en la implantación de una de las
etapas en proceso de maduración del materialismo, dice Engels interpretando el
materialismo feuerbachiano que
“fuera de la naturaleza y de los hombres, no existe nada, y los seres superiores que nuestra
imaginación religiosa ha forjado no son más que otros tantos reflejos fantásticos de
nuestro propio ser.” (Engels, 1886. P.17) Acá inicia toda el andamiaje del materialismo
contemplativo de Feuerbach, pues solventa la profunda contradicción de la cosmogonía
especulativa en la que se daba una comprensión mecánica del mundo a partir de los
principios teológicos, en la que se entiende a Dios como causa de la primera existencia, y la
naturaleza asentada como la enajenación del espíritu absoluto, y por otra parte propone
Feuerbach una concepción del mundo basada en la independencia de la naturaleza, del
reconocimiento de la materia como proceso independiente de toda idea imaginaria del ser
humano.
En síntesis con este capítulo del trabajo, partiendo de que Dios es la objetivación de la
esencia del ser humano, se concibe el materialismo contemplativo de Feuerbach como eso,
una concepción puramente contemplativa del ser humano, en el cual éste no juega ningún
proceso práctico en sus idealizaciones y creaciones imaginarias, sino que se limita a
contemplar su propia esencia, con lo cual el materialismo histórico entrará a romper de tajo,
proponiendo una concepción materialista distinta, cosa en la que entraremos con mayor
detalle más adelante.
La crítica de Marx a Feuerbach y la concepción materialista de la historia:
A raíz del surgimiento de nuevas concepciones materialistas con Feuerbach, y su forma de
concebir el materialismo de la siguiente forma:
“El materialismo es, para mí, el cimiento sobre el que descansa el edificio del ser y
del saber del hombre; pero no es para mí lo que es para el fisiólogo, para el
naturalista en sentido estricto, por ejemplo, para Moleschott, lo que forzosamente
tiene que ser, además, desde su punto de vista y su profesión: el edificio mismo.
Retrospectivamente, estoy en un todo de acuerdo con los materialistas, pero no lo
estoy mirando hacia adelante”. (Feuerbach, citado por Engels, 1886)
Discrepando Feuerbach con las concepciones vulgares del materialismo clásico francés, las
cuales reducían la naturaleza a un mecanicismo en su función y, por tanto, definen que es la
fuerza de la naturaleza la que compone todo el edificio del mundo corporal existente, si
bien Feuerbach afirma a la naturaleza como base de toda la estructura humana, niega que
por otro lado, que la naturaleza compone el edificio de toda la estructura humana y, que, al
contrario, la relación que tiene el sujeto con el objeto, se refleja a partir de cuando el
primero demuestra su capacidad de contemplar la naturaleza, y de acomodarla a sus
interpretaciones por medio de categorías y conceptos que se forman en la conciencia. En
este sentido, Feuerbach asegura estar de acuerdo con los materialistas, pero no siente que
está dirigiendo su mirada hacia adelante; con esto quiere decir que su teoría materialista
asienta como base el mundo material existente, empero no es capaz de dar avance al
progreso de la teoría materialista. Dicho progreso que el materialismo contemplativo no fue
capaz de trastocar, si lo hizo la teoría marxista.
En este orden, el marxismo entrará a visibilizar el progreso del materialismo sometido a
concepciones aún vulgares, o que en el caso de Feuerbach no habían podido dar un salto
que permitiera su verdadero avance de investigación y práctica. Por ende, surge en la teoría
marxista varias preguntas, ¿Es el mundo un proceso circular? ¿O es un proceso que está
constantemente en configuración en relación a otro proceso? La teoría marxista observa que
el materialismo se ha encargado de concebir el mundo como un proceso que gira sobre sí
mismo, como si fuese estático, y no que avanza entrando en una transformación constante.
En suma, afirma que la teoría feuerbachiana aunque representó un avance importante en las
concepciones materialista, no logró dar un salto importante que le permitiera a dicha
corriente salir de su estadio de inmadurez. Descubren Marx y Engels que el materialismo
requería interpretar la naturaleza como un proceso que se transformaba, pero no por sí
mismo, no como una transformación independiente y consecuencia de sus propias
facultades, sino una transformación como producto de las relaciones histórico sociales de
los seres humanos.
El momento histórico sobre el que actúa la crítica de Marx se enfatiza esencialmente por
toda una revolución del pensamiento puro, que finalmente no logra salir de este campo, del
simple pensamiento. “La crítica alemana no se ha salido, hasta en estos esfuerzos suyos de
última hora del terreno de la filosofía” (Marx, Engels, 1846. P.16). Esta revolución
alemana que pretende ser mejor que la francesa enraizándose en un arsenal de críticas entre
filósofos, finalmente no inmiscuye sus sistemas filosóficos heredados del hegelianismo en
los procesos de la realidad histórico concreta de Alemania. Es aquí donde se comenzará a
estructurar la piedra angular de toda la filosofía marxista, pues, como dijimos
anteriormente, la filosofía alemana no tocaba la realidad alemana. Consiguientemente la
teoría marxista se levantará sobre la base empírica del mundo, analizando el conjunto de
procesos que componen las relaciones sociales con la naturaleza. Esto se levantará sobre
una primer premisa, partiendo de que el ser humano es un ser corpóreo, pero que a su vez
está relacionado con otros seres corpóreos y con la naturaleza. “El primer estado de hecho
comprobable es, por tanto, la organización corpórea de estos individuos y, como
consecuencia de ello, su comportamiento hacia el resto de la naturaleza” (Marx, Engels,
1846. P. 19) Lo que se pretende con esto, es dar orden a una teoría que además de proponer
una nueva interpretación filosófica e histórica del ser humano pretende ejercer una crítica
sobre el anterior sistema filosófico, es decir, el idealista, a partir de “La refutación más
contundente de estas extravagancias, como de todas las demás extravagancias filosóficas,
es la práctica, o sea, el experimento y la industria” (Engels, 1886. P.21). En segundo
aspecto, se concibe la distinción del ser humano con el animal, la cual se enmarca en el que
el ser humano puede producir sus propios modos de vida, dada su organización corpórea,
de manera que con esto se arriba a las necesidades más primarias del ser humano, es decir,
que necesita comer, dormir, abrigarse, producir todos los modos de subsistencia requeridos
para su conservación y consecuente reproducción.
Con estas dos premisas ya presentadas, se hace menester considerar cuatro hechos
históricos importantes en la conformación de la concepción materialista de la historia, el
primero es la producción material de la vida de los seres humanos, para que los individuos
de los que estamos hablando puedan subsistir se requiere su papel activo en la
transformación de la materia, del mundo que lo rodea. El segundo hecho histórico es que la
satisfacción de estas necesidades básicas de vida conlleva la producción de nuevas
materias, o sea, el desarrollo de las fuerzas productivas que le permitan a los seres humanos
cazar, extraer frutos de las plantas, entre otras actividades propias del ser humano. El tercer
hecho histórico se encuentra en la reproducción, con esto surge las primeras formas de
organización social en familias, ya Engels, en el Origen de la Familia la Propiedad
Privada y el Estado (1884) propondrá que la familia es el elemento orgánico fundamental
sobre la que se levantan las distintas formas de organización social. Puesto que en la familia
los seres humanos organizaron sus primeras formas de relación social, todo el desarrollo de
la historia halla sus cimientos en la organización familiar. Finalmente, el cuarto hecho
histórico consiste en la relación entre la naturaleza y determinadas formas o fases sociales,
con esto se entiende la forma de cooperación social para el desarrollo definido del modo de
producción, en otros términos es el intercambio comercial lo que permite cualquier forma
de cooperación social, esto acompañado del desarrollo de las fuerzas productivas que
permitan establecer el intercambio; por ejemplo, la creación de tecnologías que permitan
establecer conexión entre distintas sociedades para el intercambio de sus productos, y así,
que una sociedad se pueda suplir de a partir de dicha actividad comercial aquello que le
escasea o no le es posible producir.
Estos cuatro aspectos de la actividad humana se levantan en el análisis que hacen Marx y
Engels respecto a la producción material de sus propios modos de vida de los seres
humanos. Estas concepciones logran salir del idealismo en el que se pretendía entender el
mundo material como efecto de la idea, y, por otro lado, recogen una serie de premisas
históricas que parten de hechos prácticos. Sobre toda esta estructura, podemos interpretar
que el trabajo es un hecho esencial que dará desenvolvimiento histórico a la producción
material de la vida de los seres humanos, es el trabajo la actividad en la que se funda la
relación del ser humano con la naturaleza.
Con estas premisas que posicionan las bases de investigación histórica del marxismo, se
pretende refutar toda la filosofía idealista anterior, a la vez, como todo el historicismo
hegeliano que echó de lado toda la actividad empírica y destacó el papel de las ideas como
influyente en cada momento histórico. De la misma forma que rompe con el materialismo
feuerbachiano que niega toda actividad corpórea y sensitiva humana, señalará Marx en su
primera tesis sobre Feuerbach lo siguiente:
El defecto fundamental de todo el materialismo anterior —incluido el de
Feuerbach— es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la
forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no
como práctica, no de un modo subjetivo. De aquí que el lado activo fuese
desarrollado por el idealismo, por oposición al materialismo, pero sólo de un modo
abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial,
como tal. Feuerbach quiere objetos sensoriales, realmente distintos de los objetos
conceptuales; pero tampoco él concibe la propia actividad humana como una
actividad objetiva. Por eso, en La esencia del cristianismo sólo considera la actitud
teórica como la auténticamente humana, mientras que concibe y fija la práctica
sólo en su forma suciamente judaica de manifestarse. Por tanto, no comprende la
importancia de la actuación “revolucionaria”, “práctico-crítica”. (Marx, 1845. I
Tesis Sobre Feuerbach)
La mera contemplación aparece en la teoría feuerbachiana como un algo idealista, por
causa de que somete al sujeto a un papel meramente pasivo, contemplativo, preso de las
circunstancias objetivas, en consecuencia formula Marx “Por eso, en La esencia del
cristianismo sólo considera la actitud teórica como la auténticamente humana” Haciendo
un retroceso científico, puesto que como plantea Engels aludiéndose a Hegel en Del
Socialismo Utópico al Socialismo Científico (1878) vuelve a la arbitrariedad de la razón, en
el caso de Feuerbach, a la teoría contemplada por la razón. La concepción materialista de la
historia desechará toda afirmación idealista y contemplativa que niegue la actividad
humana, asimilando a los sujetos ya no sometidos a las circunstancias objetivas, sino que
en contraparte, sujetos que crean y transforman las circunstancias.
La división social del trabajo, la propiedad privada y la lucha de clases:
“La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la
historia de las luchas de clases” (Marx y Engels, 1848. P.33)
La División Social del trabajo se da a partir del desarrollo de las fuerzas productivas y de la
extensión y creciente reproducción del ser humano, con el desarrollo de la familia en
distintas etapas, cada una iba limitando el comercio sexual recíproco y reduciendo las
formas de matrimonio, y a su vez el papel que desempeñaban las mujeres en la
organización social, y con esto se iba abriendo paso al origen de la propiedad privada sobre
la tierra, aboliendo así la propiedad común que tenía determinada sociedad sobre los
instrumentos de producción, sobre la naturaleza, etc. A medida que la familia se
desarrollaba en sus distintas etapas, consolidaba lazos conyugales de mayor solidez, todo
esto a causa de la domesticación de animales y de la cría de ganado, lo cual permitía la
acentuación de riquezas en manos de unas familias, lo mismo sucedía con la propiedad de
la tierra, parcelada para la cría y la alimentación del ganado, posteriormente para el cultivo,
todo esto aseguraba la propiedad de la riqueza a unas pocas familias. Esto fue lo que
terminó afirmando la posición del hombre en la sociedad, pasando del derecho materno que
imperaba en las comunidades primitivas, al derecho paterno, es decir, que en la gran
mayoría de sociedades las riquezas eran propiedad del hombre, y por derecho de éste era
heredado a sus hijos. Engels coloca como ejemplo en El Origen de la Familia la Propiedad
Privada y el Estado a Abraham, dice:
“Es difícil decir si el autor de lo que se llama el primer libro de Moisés
consideraba al patriarca Abraham propietario de sus rebaños por derecho propio,
como jefe de una comunidad familiar, o de su carácter de jefe hereditario de una
gens” (Engels, 1884. P.59).
La acumulación de riquezas y la extensión de las guerras actuando de forma análoga
permite el desarrollo de la propiedad sobre la fuerza de trabajo, ya que en una guerra
muchos de los pueblos bárbaros observaban la necesidad de tomar esclavos a los
prisioneros para que trabajaran en sus terruños, mientras sus dueños se dedicaban a
administrarla, he aquí las primeras formas de división social del trabajo, o sea, la división
del trabajo intelectual y del trabajo material. El trabajo intelectual yace sobre quienes
administran determinado modo de producción, pues son éstos quienes idean las formas en
que se debe ejercer el trabajo material, en otro sentido los que ejercen el trabajo material se
limitan a ejecutar las órdenes. Así mismo se da la ruptura entre quienes producen las ideas
y los que transforman la materia,
“el estado social y la conciencia, pueden y deben necesariamente entrar en
contradicción entre sí, ya que, con la división del trabajo, se da la posibilidad, más
aún, la realidad de que las actividades espirituales y materiales, el disfrute y el
trabajo, la producción y el consumo, se asignen a diferentes individuos” (Marx y
Engels, 1846. P.33)
De aquí que la producción de la filosofía y de la vida espiritual del ser humano le quede
asignada a algunos sectores sociales, y de la misma forma surja la religión, dada una
contradicción que se presenta en el mundo material, a partir de las escisión de la sociedad
en clases, de la división social del trabajo, de la posibilidad que se le desprende a un grupo
determinado de personas de producir las ideas y a otros de trabajar la materia. Es partiendo
de esta base material que el ser humano comenzará a producir su conciencia.
Ahora bien, después de todo este desarrollo histórico de las sociedades humanas, se
requiere de una institución que garantice los privilegios de las clases dominantes, esa
institución es el Estado, que se origina como un instrumento de explotación de una clase
para oprimir y explotar a otra. Es así como se da lugar a la enajenación, pues toda una
institución que se levantó por la producción material de la vida de los humanos, se vuelca
ahora para oprimirlos, para alienarlos, se hace acá también un órgano extraño a sí. Por
ende toda la concepción materialista de la historia señala que el motor dialéctico de la
historia es la lucha de clases. Es a partir de la institución del Estado que las clases
explotadoras hacen primar su interés particular como el interés común de todas las clases
sociales, generando de dicha forma las condiciones objetivas de explotación; no obstante,
para transformar dichas condiciones se requiere de la configuración de las condiciones
subjetivas de una clase social explotada, de su papel activo y no meramente contemplativo,
pues su liberación debe ser práctica, no contemplativa, a lo largo de la historia, estas
distintas formas de lucha entre clases “terminó siempre con la transformación
revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes” (Marx y
Engels, 1848. P.34).
Es la lucha de clases lo que compone el objeto de estudio de las ciencias sociales, pues si
ésta quiere basar sus investigaciones en procesos empíricos reales, debe arribar la lucha de
clases como el motor sobre el cual se ha configurado toda la historia,
“la identidad de los contrarios —Dice Lenin— (…) constituye el reconocimiento
(…) de la existencia de tendencias contradictorias, que se excluyen mutuamente, y
antagónicas en todos los fenómenos y procesos de la naturaleza (incluidos los del
espíritu y los de la sociedad)” (Lenin, 1915. P.149)
En conclusión, es esta la crítica que la concepción materialista de la historia hace a los
distintos campos científicos, quienes han aislado sus teorías de los verdaderos problemas
prácticos. En el mundo material (en cuanto es transformado por las relaciones prácticas
que el ser humano establece con la naturaleza) la teoría histórica de Marx halla su razón y
su método investigativo, no como un mundo estático sino que por el contrario está en un
devenir constante, de tal forma que la historia es una fluidez constante como las aguas de
Heráclito. Esta teoría pretende lograr la unidad entre la teoría y la praxis, las mismas que se
habían mantenido abstraídas por largo tiempo a causa del desarrollo de las teorías
filosóficas y científicas de carácter idealista; y, que, en efecto la teoría marxista se levanta
del análisis de la realidad histórico universal, agarrando la lucha de clases como el eje
primordial que ha permitido desarrollarse a la historia de ciertas formas hasta nuestra
época. Estas formas es lo que ha permitido conocer el mundo tal y como hoy lo
aprehendemos, a causa de que es por las distintas maneras en que se ha caracterizado la
humanidad por organizarse que se ha explotado la naturaleza de una u otras formas. Son los
hechos prácticos los que finalmente configuran acá la teoría, sin embargo, en cuanto estos
hechos son transformables, a su vez, la teoría debe ser transformable, este es el carácter
dialéctico de la concepción materialista de la historia de Marx, que le permite alcanzar un
carácter verdaderamente científico y antiortodoxo a la filosofía conservadora de Hegel, de
quien Marx y Engels extrajeron su método dialéctico y no su sistema conservador.
Reivindicando el papel de la subjetividad, Marx y Engels plantearán que las relaciones
sociales que caracteriza a una sociedad concreta, son transformables, aplastando las viejas
relaciones y consolidando una nueva, en este sentido en el Manifiesto del Partido
Comunista (1848) llegan a colocar en evidencia que la clase social que logró revolucionar
los modos de producción ha sido la burguesía, siendo ésta la clase social más
revolucionaria a lo largo de la historia universal humana. Por otra parte, los filósofos
pretenden proveerle a la filosofía un sistema que le permita inmiscuirse en los procesos
prácticos, palpar el mundo y transformarlo con base en hechos concretos; “Los filósofos no
han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de
transformarlo.” (Marx, 1845. XI Tesis Sobre Feuerbach)
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Bibliografía:
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Marx. K. Engels. F. (1846). La Ideología Alemana. Montevideo, Barcelona: Coedición
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