Primer trabajo: matar al león de Nemea
En los bosques de Nemea, vivía un enorme león que además de su fiereza tenía una piel
tan gruesa que ni las armas podían atravesarla.
Cuando Hércules se enfrentó a él por primera vez, usando su arco y sus flechas y una
espada de bronce, todas las armas resultaron inútiles. Las flechas rebotaban en la dura
piel del león, y la espada no consiguió hacerle ni un rasguño. Al no poder usar las
armas, lo atrapó y agarrándolo del cuello con todas sus fuerzas, lo estranguló hasta
matarla.
Para arrancarle la piel se dio cuenta de que la mejor herramienta eran las propias garras
del león. Y así consiguió la piel del león, que desde entonces vistió a modo de
armadura, usando su cabeza como yelmo para protegerse la cabeza.
Primer trabajo: matar al león de Nemea
En los bosques de Nemea, vivía un enorme león que además de su fiereza tenía una piel
tan gruesa que ni las armas podían atravesarla.
Cuando Hércules se enfrentó a él por primera vez, usando su arco y sus flechas y una
espada de bronce, todas las armas resultaron inútiles. Las flechas rebotaban en la dura
piel del león, y la espada no consiguió hacerle ni un rasguño. Al no poder usar las
armas, lo atrapó y agarrándolo del cuello con todas sus fuerzas, lo estranguló hasta
matarla.
Para arrancarle la piel se dio cuenta de que la mejor herramienta eran las propias garras
del león. Y así consiguió la piel del león, que desde entonces vistió a modo de
armadura, usando su cabeza como yelmo para protegerse la cabeza.
Segundo trabajo: matar a la hidra de Lerna
Como segundo trabajo, Eristeo le encargó matar a la hidra de Lerna. En la laguna de
Lerna habitaba una gigantesca serpiente de agua con numerosas cabezas. Este monstruo
se dedicaba a asolar los campos de alrededor y devorar a todos los seres vivos de
la zona. Además desprendía un aliento venenoso y en caso de que se le cortase una
cabeza nacían otras dos.
Hércules pidió ayuda a su sobrino Yolao para que le ayudase. Se cubrieron de telas para
no inhalar el aliento venenoso de la hidra. Mientras Heracles iba cortando
cabezas, Yolao iba quemando cada cabeza cortada para que no volviesen a nacer otra.
Acabó con su vida cuando sólo le quedaba una cabeza.
Acto seguido mojó sus flechas con su sangre para dotarlas de un poderoso veneno.
Segundo trabajo: matar a la hidra de Lerna
Como segundo trabajo, Eristeo le encargó matar a la hidra de Lerna. En la laguna de
Lerna habitaba una gigantesca serpiente de agua con numerosas cabezas. Este monstruo
se dedicaba a asolar los campos de alrededor y devorar a todos los seres vivos de
la zona. Además desprendía un aliento venenoso y en caso de que se le cortase una
cabeza nacían otras dos.
Hércules pidió ayuda a su sobrino Yolao para que le ayudase. Se cubrieron de telas para
no inhalar el aliento venenoso de la hidra. Mientras Heracles iba cortando
cabezas, Yolao iba quemando cada cabeza cortada para que no volviesen a nacer otra.
Acabó con su vida cuando sólo le quedaba una cabeza.
Acto seguido mojó sus flechas con su sangre para dotarlas de un poderoso veneno.
Tercer trabajo: capturar a la cierva del monte Cerineo
El tercer trabajo que se le encomendó fue que le llevase viva la cierva que moraba en el
monte Cerineo. Esta cierva estaba consagrada a la diosa Artemisa y poseía pezuñas de
bronce y cuernos de oro. Gracias a su gran velocidad había podido evitar ser cazada.
Heracles estuvo persiguiéndola durante un año hasta llegar al país de los Hiperbóreos.
Una vez en el lugar, Heracles continuó siguiéndola hasta que la cierva decidió tomar un
descanso y reposar de todo el viaje dado. Aprovechando que la cierva paró a beber,
Heracles la alcanzó y la apresó sin apenas resistencia.
Tercer trabajo: capturar a la cierva del monte Cerineo
El tercer trabajo que se le encomendó fue que le llevase viva la cierva que moraba en el
monte Cerineo. Esta cierva estaba consagrada a la diosa Artemisa y poseía pezuñas de
bronce y cuernos de oro. Gracias a su gran velocidad había podido evitar ser cazada.
Heracles estuvo persiguiéndola durante un año hasta llegar al país de los Hiperbóreos.
Una vez en el lugar, Heracles continuó siguiéndola hasta que la cierva decidió tomar un
descanso y reposar de todo el viaje dado. Aprovechando que la cierva paró a beber,
Heracles la alcanzó y la apresó sin apenas resistencia.
Cuarto trabajo: capturar al jabalí de Erimanto
Como cuarto trabajo se le encomendó capturar al jabalí de Erimanto. Se trataba de un
animal que estaba acabando los campos y cosechas, con los árboles y con las crías de
animales.
Hércules tuvo que perseguir constantemente al jabalí hasta lograr encerrarlo en un
desfiladero sin salida. Allí saltó sobre su lomo. Lo ató con cadenas y lo llevó vivo a
hombros hasta Micenas.
Cuarto trabajo: capturar al jabalí de Erimanto
Como cuarto trabajo se le encomendó capturar al jabalí de Erimanto. Se trataba de un
animal que estaba acabando los campos y cosechas, con los árboles y con las crías de
animales.
Hércules tuvo que perseguir constantemente al jabalí hasta lograr encerrarlo en un
desfiladero sin salida. Allí saltó sobre su lomo. Lo ató con cadenas y lo llevó vivo a
hombros hasta Micenas.
Quinto trabajo de Hércules: exterminar a los pájaros de la laguna Estinfalia
En el quinto trabajo se ordenó a Hércules exterminar a los pájaros de la laguna
Estinfalia. Estos pájaros tenían el pico y las alas de bronce. Estos pájaros eran
carnívoros y se alimentaban del ganado y de carne humana. Se escondían entre los
juncos y plantas que se encontraban alrededor de la laguna.
Se puso a disparar su arco contra las aves, pero se dio cuenta de que eran demasiadas
para sus flechas y su fuerza no le servía de nada en el aire.
Para poder acabar con las aves, la diosa Atenea le dio una campana de bronce. Al sonar
la campana, las aves se alejaron de allí.
Octavo trabajo: robar las yeguas de Diomedes
El octavo de los doce trabajos de Hércules consistía en capturar a las cuatro yeguas de
Diomedes. Eran animales salvajes porque se alimentaban de carne humana. Su dueño
las tenía atadas con cadenas y comían la carne de los huéspedes de su dueño.
Hércules mató a Diomedes, y para domar a las yeguas les dio de comer la carne de su
propio amo. Tras devorar el cadáver, las yeguas se volvieron tan mansas que Hércules
se las pudo llevar y regalárselas a la diosa Hera.
Quinto trabajo de Hércules: exterminar a los pájaros de la laguna Estinfalia
En el quinto trabajo se ordenó a Hércules exterminar a los pájaros de la laguna
Estinfalia. Estos pájaros tenían el pico y las alas de bronce. Estos pájaros eran
carnívoros y se alimentaban del ganado y de carne humana. Se escondían entre los
juncos y plantas que se encontraban alrededor de la laguna.
Se puso a disparar su arco contra las aves, pero se dio cuenta de que eran demasiadas
para sus flechas y su fuerza no le servía de nada en el aire.
Para poder acabar con las aves, la diosa Atenea le dio una campana de bronce. Al sonar
la campana, las aves se alejaron de allí.
Sexto trabajo: limpiar los establos de Augias
El siguiente trabajo fue distinto, no tuvo que enfrentarse a ninguna criatura, sino que se
le encargó limpiar los establos de Augias en un solo día. Estas instalaciones llevaban sin
limpiarse más de treinta años.
Además, allí habitaban la mayor parte de los bueyes de la zona, por lo que los malos
olores llegaban incluso a las localidades adyacentes. Se le impuso este trabajo para
humillarle y ridiculizarle, ya que era tal la cantidad de excrementos acumulados que
resultaba prácticamente imposible limpiarlos en un sólo día.
Para limpiarlo, Heracles no utilizó la fuerza sino que cambió el curso del río para que el
agua corriese a través de los establos y quedasen limpios.
Sexto trabajo: limpiar los establos de Augias
El siguiente trabajo fue distinto, no tuvo que enfrentarse a ninguna criatura, sino que se
le encargó limpiar los establos de Augias en un solo día. Estas instalaciones llevaban sin
limpiarse más de treinta años.
Además, allí habitaban la mayor parte de los bueyes de la zona, por lo que los malos
olores llegaban incluso a las localidades adyacentes. Se le impuso este trabajo para
humillarle y ridiculizarle, ya que era tal la cantidad de excrementos acumulados que
resultaba prácticamente imposible limpiarlos en un sólo día.
Para limpiarlo, Heracles no utilizó la fuerza sino que cambió el curso del río para que el
agua corriese a través de los establos y quedasen limpios.
Octavo trabajo: robar las yeguas de Diomedes
El octavo de los doce trabajos de Hércules consistía en capturar a las cuatro yeguas de
Diomedes. Eran animales salvajes porque se alimentaban de carne humana. Su dueño
las tenía atadas con cadenas y comían la carne de los huéspedes de su dueño.
Hércules mató a Diomedes, y para domar a las yeguas les dio de comer la carne de su
propio amo. Tras devorar el cadáver, las yeguas se volvieron tan mansas que Hércules
se las pudo llevar y regalárselas a la diosa Hera.
Noveno trabajo de Hércules: el cinturón de Hipólita
Heracles tenía que conseguir el cinturón de la reina Hipólita, la reina. Para ello,
secuestró a una de las hermanas de Melanipa y exigió el cinturón a cambio de liberarla.
Duodécimo trabajo: llevarle a Euristeo a Cerbero
Como último trabajo, Euristeo le encargó enfrentarse a la mismísima muerte y que le
llevase ante él a Cerbero, un perro con tres cabezas y cola de serpiente que custodiaba la
entrada al Infierno para que ningún muerto pudiera salir del infierno ni ningún vivo
pudiese penetrar en él. Y tenía que hacerlo con la fuerza, sin arma alguna.
Heracles acudió a sus amigos los dioses para que le ayudase a bajar al Inframundo. Allí
le prestaron a Cerbero, y cuando se lo llevó a Euristeo, sientió tanto miedo que le
concedió la libertad definitiva a Heracles.
Duodécimo trabajo: llevarle a Euristeo a Cerbero
Como último trabajo, Euristeo le encargó enfrentarse a la mismísima muerte y que le
llevase ante él a Cerbero, un perro con tres cabezas y cola de serpiente que custodiaba la
entrada al Infierno para que ningún muerto pudiera salir del infierno ni ningún vivo
pudiese penetrar en él. Y tenía que hacerlo con la fuerza, sin arma alguna.
Heracles acudió a sus amigos los dioses para que le ayudase a bajar al Inframundo. Allí
le prestaron a Cerbero, y cuando se lo llevó a Euristeo, sientió tanto miedo que le
concedió la libertad definitiva a Heracles.