0% encontró este documento útil (0 votos)
256 vistas42 páginas

Adolf Hitler: Ascenso y dictadura en Alemania

Adolfof Hitler el mayor asesino de la humanidad, retuvo, torturo y asesino a mas de 6 millones de personas inocentes.

Cargado por

yus
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
256 vistas42 páginas

Adolf Hitler: Ascenso y dictadura en Alemania

Adolfof Hitler el mayor asesino de la humanidad, retuvo, torturo y asesino a mas de 6 millones de personas inocentes.

Cargado por

yus
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Adolf Hitler

Adolf Hitler

Retrato oficial de Adolf Hitler en la cancillería, 1933.

Führer
Presidente de Alemania

2 de agosto de 1934 – 30 de abril de 1945

Predecesor Paul von Hindenburg

Sucesor Karl Dönitz

Reichskanzler
Canciller de Alemania

30 de enero de 1933 – 30 de abril de 1945

Predecesor Kurt von Schleicher

Sucesor Joseph Goebbels

Líder del Partido Nazi


29 de julio de 1921 – 30 de abril de 1945

Predecesor Anton Drexler

Sucesor Martin Bormann

Oberster SA-Führer

1930 – 1931

Predecesor Franz Pfeffer von Salomon

Sucesor Ernst Röhm

Oberbefehlshaber des Heeres

19 de diciembre de 1941 – 30 de abril de1945

Predecesor Walther von Brauchitsch

Sucesor Ferdinand Schörner

Reichsstatthalter de Prusia

30 de enero de 1933 – 30 de enero de 1935

Sucesor Hermann Göring

Datos personales

Nacimiento 20 de abril de 1889

Braunau am Inn, Austria, Imperio


austrohúngaro

Fallecimiento 30 de abril de 1945 (56 años)

Berlín, Alemania

Partido Partido Nacionalsocialista Alemán de los

Trabajadores
Padres Alois Hitler y Klara Pölzl

Cónyuge Eva Braun

Profesión Político

Firma

Serie Nazismo

Organizaciones Nazis

NSDAP ·

Sturmabteilung

Schutzstaffel

Waffen-SS

Juventudes Hitlerianas

Lebensborn

Volkssturm .

Influido por

Richard Wagner

Mussolini

Karl Haushofer

Houston Stewart Chamberlain

Joseph Arthur de Gobineau

Adolf Hitler

Influye sobre

Boneheads

Neo-Nazis

Libros

Mein Kampf·

Zweites Buch

Temas relacionados

Antisemitismo

Racismo
Adolf Hitler1 (Braunau am Inn, Imperio austrohúngaro; 20 de abril de 1889 – Berlín,Alemania; 30
de abril de 1945) fue presidente y canciller de Alemania. Líder, ideólogo y miembro original
del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores,2 el partido nazi, dirigió un régimen
totalitario en su país entre 1933 y 1945 conocido como Tercer Reich o Alemania nazi.

Hitler se unió al Partido Obrero Alemán, precursor del partido nazi, en 1919 y se convirtió en líder
de éste, el NSDAP, en 1921. En 1923 Hitler intentó un golpe de estado conocido como el Putsch
de Múnich en el pub Bürgerbräukeller de Múnich. El golpe de estado fue fallido por lo que Hitler fue
encarcelado, durante su estancia en la cárcel escribió su libro Mein Kampf (Mi Lucha) en el cual
expone su ideología junto con elementos autobiográficos. Después de su liberación en 1924, Hitler
obtuvo el apoyo mediante la promoción del pangermanismo, del antisemitismo, y
del anticomunismocon su carismática oratoria y la propaganda nazi. Fue nombrado Canciller
Imperial(Reichskanzler) en enero de 1933 y transformó la República de Weimar en el Tercer
Reich que gobernaba con un partido único (NSDAP) basado en el totalitarismo y elautocrática de la
ideología nazi.

El objetivo de Hitler era establecer un Nuevo Orden de la Alemania Nazi de absolutahegemonía en


el continente europeo. Su política exterior e interior tenía el objetivo de apoderarse
de Lebensraum (espacio vital) para los pueblos germánicos. Él supervisó el rearme de Alemania y
la invasión de Polonia de 1939 por la Wehrmacht en septiembrede 1939 lo que llevó al estallido de
la Segunda Guerra Mundial. Levando a cabo esos actos, Hitler violó el Tratado de
Versalles de 1919 el cual estableció la paz en la Primera Guerra Mundial.3

Bajo la dirección de Hitler, en 1941 las fuerzas alemanas y sus aliados ocuparon la mayor parte de
Europa y África del Norte. Esas ganancias se invirtieron poco a poco después de 1941,
y 1945 cuando los ejércitos aliados derrotaron al ejército alemán. Por motivos raciales, Hitler fue
causa de la muerte de 17 millones de personas,4incluyendo seis millones de judíos y entre 500.000
y 1.500.000 de gitanos. A eso se le denominó el Holocausto.5

En los últimos días de la guerra, durante la Batalla de Berlín en 1945, Hitler se casó con su antigua
amante, Eva Braun. El 30 de abril de 1945 los dos se suicidaron para evitar ser capturados por
el Ejército Rojo y sus cadáveres fueron quemados.6

Política
Ascendió al poder durante un período de crisis económica, social y política, acentuada por los
efectos de la Gran Depresión de 1929 y el descontento y frustración popular en Alemania
consecuencia de la derrota en la Primera Guerra Mundial. A lo largo de su mandato político utilizó
la propaganda estatal y su carismática oratoria para persuadir a las masas, enfatizando su
oposición al Tratado de Versalles de 1919, al pueblo judío, al pacifismo y
al comunismo internacional, particularmente el soviético-bolchevique, y al mismo tiempo resaltando
el nacionalismo alemán, el militarismo, el racismo, la llamada preservación de la raza aria,
elpangermanismo y la anexión o recuperación armada de territorios europeos perdidos luego de la
Primera Guerra Mundial por el Imperio Alemán. Después de reestructurar la industria y economía y
frenar en poco tiempo la inflación y el desempleo, Hitler se ganó el apoyo popular. Rearmó y
organizó las fuerzas armadas alemanas, estableciendo una dictadura totalitaria personal que
transformó a la sociedad alemana y eliminó su sistema democrático. Su régimen se caracterizó por
la diferenciación racial, la supremacía aria y la persecución étnico-religiosa y política. Desde 1939,
como consecuencia de la guerra, este modelo se extendió al resto de Europa. En el plano
ideológico, Hitler asumió los planteamientos del fascismo italiano pero con matices propios
basados en las características del nazismo y la sociedad alemana. En torno a su figura se
desarrolló un intenso culto a la personalidad.

Perseguía una agresiva política exterior expansionista para ampliar el Lebensraum ('espacio vital')
alemán al este de Europa, y combatir una presunta conspiración internacional entre el judaísmo, la
masonería, el comunismo y el capitalismo por parte de los gobiernos estadounidense, inglés y
soviético. Su política tenía como objetivo establecer un Nuevo Orden (Neuordnung) en el que
Alemania y la raza aria tendrían un papel hegemónico mundial.

Responsable del inicio de la Segunda Guerra Mundial en Europa con la invasión de Polonia en
septiembre de 1939, para 1941, período de su apogeo, sus tropas y aliados del Eje ocuparon la
mayoría de Europa y partes de Asia y África, pero fueron derrotadas por las potencias Aliadas en
1945. Hacia el final de la guerra, las violentas políticas de conquista territorial y subyugación
racial de Hitler habían causado a la muerte de entre 55 y 60 millones de personas (alrededor del
2% de la población mundial de la época) en su mayor parte civiles, así como un considerable grado
de destrucción de ciudades europeas. El exterminio sistemático y masivo de enemigos políticos y
personas consideradas racialmente «inferiores» o «subhumanas», mediante la detención en una
red de campos de concentración y exterminio en Alemania y en los territorios conquistados, llevó a
la muerte a poco más de seis millones de judíos en lo que posteriormente en el contexto histórico
se denominó el Holocausto, como así también a homosexuales, gitanos, eslavos, discapacitados
físicos, enfermos mentales, prisioneros de guerra soviéticos y opositores políticos a su régimen.
Las estimaciones del número de personas que perdieron la vida como consecuencia de medidas
raciales adoptadas por el gobierno de Hitler, sus aliados del Eje, estados satélite y colaboradores,
según la mayoría de los historiadores serían aproximadamente 11 ó 12 millones de personas, de
las cuales la mitad corresponderían al Holocausto.

Primeros años
Infancia

Hitler de niño.

Alois Hitler (1837–1903).


Klara Pölzl Hitler (1860–1907).

Adolf Hitler nació en Braunau am Inn, una pequeña aldea cerca de Linz en la provincia de la Alta
Austria, no muy lejos de la frontera alemana, en lo que entonces era el Imperio austrohúngaro.
Nacido en una familia de clase media, su padre, Alois Hitler (1837–1903), fue un agente de
aduanas. Su madre, Klara Pölzl (1860–1907), fue la tercera esposa de Alois. Hitler fue el tercer hijo
de la pareja.7Como los padres de Hitler eran primos, debieron obtener una dispensa papal para el
matrimonio. De los cinco hijos de Alois y Klara, sólo Adolf y su hermana Paula llegaron a la edad
adulta.8 El padre de Hitler también tuvo un hijo, Alois Jr., y una hija, Angela, con su segunda
esposa.8

Árbol genealógico de Hitler.

Su padre, Alois Hitler, fue un hijo ilegítimo, por lo que durante los primeros 39 años de su vida llevó
el apellido de su madre, Schicklgruber. En 1876, el padre de Alois, Johann Georg Hiedler,
finalmente lo reconoció. En el siglo XIX eran comunes en Austria las variantes del
apellido Hüttler, Hiedler, Hittler yHitler. La teoría del escritor Franz Jetzinger de que el apellido
guarda relación con el checo Hidlar oHidlarcek9 ha sido citada en la literatura en numerosas
ocasiones,10 pero es actualmente rechazada: lo más probable es que todas esas variantes deriven
de Hütte (choza), con lo que el apellido significaría algo así como «pequeño campesino» o «el que
vive en una cabaña».11

La propaganda de los Aliados explotó el apellido original de la familia de Hitler durante la Segunda
Guerra Mundial. Panfletos portando la frase «Heil Schicklgruber» fueron lanzados desde el aire
sobre ciudades alemanas. Sin embargo, Adolf nació legalmente como Hitler; además, se
encontraba también relacionado con Hiedler a través de su abuela materna, Johanna Hiedler.

El nombre Adolf viene del antiguo alto alemán y significa «lobo noble» (Adel=nobleza
+ wolf=lobo).12De ahí que uno de los apodos de Hitler puestos por él mismo fuera Wolf o Herr
Wolf —comenzó a usar este apodo a principios de los años 1920 y se le dirigían con él sólo los
amigos íntimos (como «Tío Wolf» por los Wagner) hasta la caída del Tercer Reich. 13 Los nombres
de varios de sus cuarteles generales dispersos por toda Europa
Continental (Wolfsschanze en Prusia Oriental, Wolfsschlucht enFrancia, Werwolf en Ucrania, etc.)
reflejan esto. Incluso Hitler sugirió a su hermana Paula que se cambiara de nombre durante los
juegos Olímpicos en Garmisch y se mantuviera en estricto incógnito bajo el apellido Wolff,
manteniendo su nombre si quería. Por sugerencia de Paula, se añadió el calificativo
de Frau (Señora) para hacer menos sospechoso el cambio de nombre ante sus conocidos
(haciendo ver que el cambio de nombre fuera debido a un matrimonio). Hitler era conocido
como Adipor su familia y parientes más cercanos.
Hitler dijo que, de niño, era azotado a menudo por su padre. Años más tarde le dijo a su secretaria:
«Entonces tomé la decisión de no llorar nunca más cuando mi padre me azotaba. Unos pocos días
después tuve la oportunidad de poner a prueba mi voluntad. Mi madre, asustada, se escondió en
frente de la puerta. En cuanto a mí, conté silenciosamente los golpes del palo que azotaba mi
trasero».14

Ciertos psicoanalistas, como por ejemplo Arno Gruen, parten de la premisa de que la relación de
Hitler con su padre estaba dominada por la violencia. Su madre en cambio lo habría "endiosado".
Dado que sus tres hermanos mayores habían muerto poco antes del nacimiento de Adolf, su
madre siempre habría temido perder también a su cuarto hijo.15 Esta relación tensionada habría
tenido una influencia determinante sobre el desarrollo de la personalidad de Hitler: la madre no
habría podido proteger al hijo de los castigos por parte del padre, más sin embargo lo habría
endiosado, de manera compensadora, utilizándolo así en un juego de poder en contra de su padre.
El niño habría experimentado a su madre como una persona débil y digna de desprecio, tal tomo la
habría percibido su padre. Al mismo tiempo, el hijo habría deseado proteger a la madre en contra
del padre. Esta situación habría precipitado al niño a determinados conflictos interiores, a los que
solamente habría podido esquivar alienándose de sí mismo y de sus necesidades. A causa de esta
alienación se habría desarrollado una identidad muy débil. El vacío interior habría sido rellenado
por fantasías violentas y poses superpuestas.16 Aparte de esta interpretación, numerosas obras
psicológicas tratan de diversas enfermedades psíquicas de Hitler.

La familia de Hitler se mudó a menudo, de Braunau am Inn a Passau, Lambach, Leonding y Linz.
El joven Hitler fue un buen estudiante en primaria. Pero en sexto, en su primer año de enseñanza
secundaria (Realschule) en Linz, fue suspendido y tuvo que repetir el curso. Sus profesores dijeron
que no tenía «deseos de trabajar». No obstante, quedó cautivado por las
lecturas pangermánicas del profesor Leopold Poetsch, quien influyó notablemente en la mente del
joven.

En Mein Kampf, Hitler concluyó que su bajo desempeño en la educación fue una rebelión contra su
padre, que quería que su hijo siguiera una carrera como agente de aduanas; en cambio, Hitler
quería convertirse en pintor. Esta explicación se sostiene aún más por la posterior descripción de
Hitler de él mismo como un artista incomprendido. Sin embargo, Alois Hitler deseaba que su hijo
llegara a ser funcionario como él, empleo del que se sentía muy orgulloso y al que había llegado
prácticamente sin una base académica. Pero al joven Hitler ese futuro no le seducía en absoluto,
ya que estaba demasiado alejado de su objetivo, las artes. No obstante, después de la muerte de
Alois el 3 de enero de 1903, el trabajo escolar de Hitler no mejoró. A la edad de 16 años, Hitler
abandonó la educación secundaria sin un título.

Adolescencia en Viena y Múnich


Al morir su padre, su madre mudó la familia a un apartamento modesto en Urfahr, un suburbio de
Linz. Poco antes de cumplir los 16 años, Hitler cayó enfermo de una enfermedad pulmonar, que lo
obligó a suspender sus estudios en la secundaria por un año. Una vez recuperado, ingresó a una
escuela estatal en Steyr. En septiembre de 1905 decidió abandonar la escuela, luego de haber
sido calificado positivamente en la asignatura de dibujo y haberse convencido a sí mismo que su
futuro estaba en la pintura.17 Durante tres años, Hitler se mantuvo en Linz sin buscar trabajo,
muchas veces en compañía de August Kubizek, probablemente el único amigo que tuvo en su
adolescencia;18 según Hitler, estos años serían los «mejores años de su vida». 18 Aunque Hitler
consideraba que su futuro estaba en la pintura o la arquitectura, era un voraz lector, prefiriendo
obras de historia y mitología alemana.19 Para los dieciséis años, Hitler ya era un ferviente
nacionalista pangermano, y aborrecía a los Habsburgo y a la diversidad étnica del Imperio
austrohúngaro.18

Al cumplir diecisiete años, Hitler viajó a Viena por primera vez, quedándose en la ciudad por dos
meses, gracias a la ayuda monetaria de parientes y su madre.19 Durante su estadía, visitó
la Academia de Bellas Artes de Viena, donde consultó los requisitos para ser admitido, con el fin de
convertirse en pintor. En octubre de 1907 regresó a Viena y se presentó la prueba de admisión; sin
embargo, no logró ser admitido al no poseer el talento deseado, lo cual lo decepcionó mucho.20 Al
año siguiente lo intentó de nuevo, con peores resultados. El rector de la Academia le aconsejó
intentar en el campo de la arquitectura, pero como Hitler no se había graduado del colegio, era
muy difícil que fuera admitido en la respectiva escuela.19 Sin embargo, en esos años jóvenes con
«talento excepcional» eran admitidos en la escuela de arquitectura sin diploma de secundaria, pero
se desconoce si Hitler intentó ingresar alguna vez.21
A pesar de su fracaso, Hitler decidió quedarse en Viena, aunque por unos meses continuó viviendo
en Linz con su madre, quien estaba agonizando por causa del cáncer de mama. Después de la
muerte de su progenitora, el 21 de diciembre de 1907, Hitler viajó a Viena, donde inicialmente se
ganó la vida gracias a diversos trabajos como barrer la nieve, cargar maletas en la estación de
trenes y ser un obrero de construcción.21 Sin embargo, sus problemas económicos no terminaron, y
un año después de haber llegado a Viena fue desalojado de su apartamento y tuvo que vivir en un
miserable hostal, recurriendo a comedores de indigentes para poder aplacar el hambre. 21 No
obstante, para 1910 su situación económica era más estable, y se mantenía exclusivamente
pintando cuadros. Viena, una ciudad cosmopolita, con mucha vitalidad intelectual y multicultural, le
fue por completo incomprensible. Aunque en posteriores discursos Hitler afirmaría que Viena era
«una perla ante mis ojos», Baldur von Schirach lo contradiría:

Hitler nunca amó a Viena. Odiaba a su gente.22

Sin embargo, su estadía en Viena fue muy importante. De acuerdo a Hitler, su antisemitismo se
formó en esta ciudad; aunque su amigo Kubizek lo contradice, ya que asegura que Hitler ya era un
profundo antisemita en Linz.23 No obstante, de acuerdo al propio testimonio de Hitler, sus ideas
políticas y raciales fueron formadas, o por lo menos moldeadas, en esa ciudad. Hitler mismo
reconocería que la ciudad le enseñó todo lo que tenía que saber en la vida:

En este período tomó forma dentro de mí una imagen universal y una filosofía que se convirtió en la base de

todos mis actos. Además de lo que entonces creé, he tenido que aprender poco, y he tenido que cambiar

nada.24

En 1913 se trasladó a Múnich, probablemente para eludir el servicio militar en su país, ya que
aparentemente no deseaba servir junto con eslavos y judíos,23 aunque también siempre se había
sentido atraído por la prosperidad y fortaleza que mostraba el Imperio alemán, en contraste con el
decadente Imperio austrohúngaro. Por su parte, Hitler declaró que abandonó Austria porque la
mezcla de razas en Viena le causaba «repugnancia».23 No obstante, en 1914, fue localizado por
las autoridades austríacas, quienes le exigieron que regresase a su país natal para el examen
médico. Hitler viajó entonces a Salzburgo, donde fue examinado el 5 de febrero, pero fue
declarado «no apto» para prestar servicio militar.

Primera Guerra Mundial

Hitler (derecha) junto a varios compañeros durante la guerra.

El 28 de julio de 1914 estalló la Primera Guerra Mundial; una semana después, Hitler se presentó
como voluntario en el ejército alemán, siendo asignado a un regimientobávaro. El inicio de la
guerra ocasionó gran entusiasmo en el joven Hitler, quien pensó que había llegado una
oportunidad para cambiar su vida:

No estoy avergonzado de decir que, arrastrado por mi entusiasmo, me arrodillé y agradecí al Cielo desde el

fondo de mi corazón ... por haberme permitido vivir en ese tiempo. 25

Después de menos de tres meses de entrenamiento, Hitler fue enviado al frente occidental. Sirvió
en Francia y Bélgica, como mensajero de la 1ª Compañía del 16° Regimiento de Infantería Bávaro
de Reserva, siendo expuesto al fuego enemigo. Participó en la Primera batalla de Ypres, donde su
unidad fue diezmada en cuatro días. Al finalizar la batalla, de los 3.500 soldados iniciales,
solamente 600 podían seguir combatiendo.26
Posteriormente, sus oponentes políticos lo acusarían de ser un cobarde, pero la evidencia los
contradice.26 En octubre de 1916, en el norte de Francia, Hitler fue herido en la pierna, regresando
al frente en marzo de 1917, ascendido al rango de cabo. Sin embargo, no fue promovido más allá
de este grado, al considerarse en ese momento que Hitler no poseía dotes de mando. Hitler fue
condecorado dos veces: recibió la Cruz de Hierro de 2ª clase el 2 de diciembre de 1914, y la Cruz
de Hierro de 1ª clase el 4 de agosto de 1918. Este honor era raras veces otorgado a un soldado de
tan baja graduación.26 De acuerdo a diversos testimonios, Hitler ganó su última Cruz de Hierro al
haber capturado sin ayuda a quince soldados enemigos, aunque los registros militares no
especifican la razón de esta condecoración.26

Hitler era considerado como un soldado «correcto», pero, según se informa, era impopular entre
sus compañeros debido a una actitud poco crítica hacia los superiores. «Respetar al superior, no
contradecir a nadie, obedecer a ciegas», dijo, describiendo su actitud mientras era enjuiciado por
el putsch de Múnich en 1923. Uno de sus camaradas comentó:

Lo maldecíamos y lo encontrábamos intolerable. Había un cuervo blanco entre nosotros que no quería

seguirnos la corriente cuando maldecíamos la guerra.26

En efecto, Hitler nunca se quejaba sobre la suciedad del frente y jamás pidió un permiso para
abandonarlo,26 aunque pudo salir cuando estuvo recuperándose de la herida en su pierna en un
hospital en Berlín. Cuando regresó, empezó a pronosticar repetidamente que Alemania perdería la
guerra por causa de los judíos y los marxistas, a quienes acusó de robar a la nación y no prestar
servicio militar.27 En el aspecto personal, Hitler nunca recibía cartas o presentes de amigos o
familiares, y no acompañaba a los soldados cuando hablaban de mujeres. 26 Durante la guerra,
también aprovechó la oportunidad para dibujar algunas historietas y dibujos de instrucción para el
periódico del ejército.

En la imagen, una caricatura ilustra la Dolchstoßlegende: una mujer judía ataca por la espalda a un soldado alemán.
Hitler fue un ferviente creyente de esta leyenda, culpando a los judíos y marxistas de la derrota alemana en la I
Guerra Mundial.

El 13 de octubre de 1918, poco antes del final de guerra, Hitler quedó atrapado en un ataque de
gas venenoso británico, cerca de Ypres. Fue trasladado a un hospital de campaña, donde quedó
temporalmente ciego por causa de los gases tóxicos.28 El 10 de noviembre se encontraba
parcialmente recuperado en el hospital militar de Pasewalk, cerca de Stettin, cuando fue informado
que la monarquía había sido depuesta y que se había proclamado la posteriormente conocida
como República de Weimar. Cuando se enteró de que al día siguiente iba a firmarse un armisticio y
que la guerra se había perdido, Hitler cuenta que se derrumbó, y posteriormente describió así su
reacción: «Todo se hizo negro de nuevo ante mis ojos».29

Una investigación realizada por Bernhard Horstmann indica que su cegueratemporal pudo haber
sido resultado de una reacción histérica a la derrota alemana.[cita requerida] Hitler expresó
metafóricamente que durante aquella experiencia, al quitarse la venda que cubría sus ojos, fue
cuando descubrió que el objetivo de su vida era lograr la salvación de Alemania. Mientras tanto,
fue tratado por un médico militar y un especialista en psiquiatría, que, según se informa,
diagnosticó al cabo como «incompetente para comandar gente» y «peligrosamente
psicótico».[cita requerida] Su comandante declaró: «¡Nunca promoveré a este histérico!».[cita requerida] Sin
embargo, el historiador Sebastian Haffner, refiriéndose a la experiencia de Hitler en el frente,
sugiere que por lo menos tuvo algún tipo de entendimiento con los militares.
La derrota alemana en noviembre de 1918 lo impactó sobremanera, pues en la creencia popular
alemana el ejército alemán permanecía invicto. Como muchos otros nacionalistas alemanes, Hitler
culpó a los socialdemócratas («los criminales de noviembre») por el armisticio. Una explicación
extendida por la derecha conservadora sobre la causa de la derrota fue
la Dolchstoßlegende («leyenda de la puñalada por la espalda»), que pretendía argumentar que a
espaldas del ejército los políticos socialistas y marxistas habían traicionado y «apuñalado» por la
espalda a los alemanes y a sus soldados.

El Tratado de Versalles impuso reparaciones de guerra y otras sanciones económicamente muy


perjudiciales para el país, declarando a Alemania culpable de los horrores de la Primera Guerra
Mundial. Durante la negociación del documento surgieron controversias entre el afán pacificador
de Woodrow Wilson, presidente de Estados Unidos y el revanchismo del premier francés, Georges
Clemenceau. La reconciliación nunca estuvo dentro de los objetivos del Reino Unido y Francia
porque,[cita requerida] desde mediados del siglo XIX, Alemania había rivalizado con estas dos potencias
por la hegemonía de Europa y el control sobre los territorios coloniales en África y Asia. El tratado
fue considerado por los alemanes como una humillación y fue un importante factor en la creación
de las reivindicaciones políticas y territoriales demandadas por Hitler y su Partido
Nacionalsocialista al llegar al poder.

Inicios en el Nazismo
Advenimiento a la política
Aunque el final de la guerra lo había convencido de entrar al mundo de la política, Hitler se percató
que no contaba con dinero, amigos, familiares con conexiones, estudios universitarios o
experiencia política;30 por lo que decidió continuar en el Ejército. Viajó a Múnich para reintegrarse a
su batallón, pero allí descubrió que se había proclamado una república soviética bávara y que su
unidad estaba bajo el control de los socialistas, por lo que solicitó ser transferido a otro lado.
El crucial primer invierno de la República de Weimar, Hitler lo pasó trabajando como un guardia en
un campo de prisioneros de guerra cerca de Austria.

Regresó a Múnich en la primavera de 1919; poco después de su llegada el gobierno soviético de


ese estado fue derrocado por el Ejército alemán y grupos paramilitares conservadores, y Hitler
recibió entonces su primer trabajo político. Su misión consistía en investigar a los miembros de su
unidad que habían colaborado con el gobierno soviético. Su trabajo fue apreciado por sus
superiores, quienes lo emplearon a tiempo completo, asignándolo al Departamento político de
asuntos de prensa del Ejército, a nivel distrital. De esta manera, Hitler se convirtió en un espía
militar, investigando a los muchos grupos socialistas que estaban naciendo en toda Alemania.
También participó como oficial educador en el «pensamiento nacional», cursos organizados por el
Departamento de Educación y Propaganda del grupo bávaro de la Reichswehr. La principal tarea
de Hitler era entonces erradicar "ideas peligrosas", como la democracia, el socialismo y
el pacifismo.31 Un objetivo clave de este grupo era crear una «cabeza de turco» para justificar la
derrota alemana.[cita requerida] Las cabezas de turco fueron encontradas en elJudaísmo Internacional,
los comunistas y los políticos liberales, especialmente los miembros de la coalición de Weimar, que
eran considerados como los «criminales de noviembre».

En julio de 1919, Hitler fue designado V-Mann (Verbindungsmann, término alemán para un espía
de la policía) del Comando de Inteligencia (Aufklärungskommando) del Ejército, con el objetivo de
atraer a otros soldados de ideas similares. En septiembre, se le ordenó que se investigara un
pequeño partido denominado Partido Obrero Alemán (DAP). Aunque este partido era nacionalista,
los superiores de Hitler desconocían esto, y sospechaban que podía ser un partido socialista o
comunista.31

Hitler asistió entonces a una reunión del DAP, sin embargo, cuando uno de los presentes sugirió
separar Baviera de Alemania y unificarla con Austria, Hitler pronunció un discurso que llamó la
atención de Anton Drexler, principal dirigente del partido. Hitler fue aceptado en el partido, que ya
contaba con la membresía de Dietrich Eckart y Ernst Röhm.

Desde ese momento, la figura de Hitler fue cobrando más y más protagonismo, participando a
tiempo completo en las actividades del partido y perfilando con nitidez la nueva ideología:

A principios de la década de 1920, Hitler desarrolló un pronunciado sentido de su «misión nacional» (...). La

«misión» puede resumirse como sigue: nacionalizar las masas; apoderarse del Estado; destruir al enemigo
interno -los «criminales de noviembre» (refiriéndose a judíos y marxistas, más o menos lo mismo para su
punto de vista)-; construir defensas; llevar a cabo la expansión «por la espada» para garantizar el futuro de
Alemania, superando la «escasez de tierra» (Raumnot) y adquiriendo nuevos territorios en el este de

Europa.32

En 1920, tomó el control de la maquinaría de propaganda, y el 24 de febrero celebró su principal


reunión de importancia, con seis mil asistentes. Para hacer pública la reunión, envió dos camiones
de partidarios del Partido con esvásticas, para causar conmoción y distribuir panfletos; fue el primer
empleo de la táctica de terror que haría famoso al movimiento nazi.

El 1 de abril de 1920, el Partido Obrero Alemán cambió su nombre a Partido Nacionalsocialista


Obrero Alemán, más conocido comoPartido Nazi; ese mismo día Hitler abandonó el Ejército. Poco
después organizó escuadrones de veteranos de guerra, liderados porEmil Maurice, para que
mantuvieran el orden en las reuniones del Partido, y expulsasen a los que no estuviesen de
acuerdo con los oradores.33 El 5 de octubre de 1921, estos escuadrones fueron organizados bajo
el nombre de Sturmabteilung, mejor conocidos como las SA o los camisas pardas, por el color de
sus uniformes. Muy pronto, las SA, bajo el mando inicial de Johann Ulrich Klintzich, dejaron de
limitarse a su rol de mantener el orden y empezaron a atacar a los grupos políticos opositores y a
los judíos, lo cual acabó convirtiéndose en su actividad principal. 34 En la primavera de 1920, Hitler
toma como emblemas la Hakenkreuz —la cruz gamada— y el saludo del fascismo italiano del
brazo en alto.

Ya a principios de 1921, Hitler era considerado un gran orador, hablando frente a muchedumbres
cada vez más grandes. Ganó notoriedad fuera del partido por sus discursos polémicos, atacando el
Tratado de Versalles, y a grupos rivales (sobre todo marxistas y judíos). Ese año, Hitler
personalmente lideró a los camisas pardas contra una reunión de federalistas bávaros. Aunque
Hitler pasó tres meses en la cárcel por la paliza que sus hombres propinaron a los federalistas, al
salir no mostró arrepentimiento alguno; por el contrario, estaba más resuelto a emplear la fuerza
contra sus adversarios:

En el futuro, el movimiento nacionalsocialista evitará rudamente, si es necesario con la fuerza, las reuniones o
discursos que puedan distraer la mente de nuestros compatriotas.35

Para el verano de 1921, Hitler era el líder del partido;36 no sólo era el principal orador y
propagandista, sino que también era la principal fuente de ingresos de ese movimiento
revolucionario. No obstante, los fundadores se encontraban resentidos debido a la conducta
dictatorial de Hitler, y aprovechando que se encontraba de viaje en el norte de Alemania,
planificaron la fusión de su partido con otros grupos políticos; de esta manera, pensaban reducir la
importancia de Hitler y cuestionar su liderazgo. Hitler se enteró de estos planes y regresó a Múnich,
solicitando poderes dictatoriales en el partido, de lo contrario renunciaría. Drexler respondió
publicando una carta en un periódico, denunciado los abusos autoritarios de Hitler, pero éste
presentó una demanda legal en su contra, y Drexler se tuvo que retractar. Derrotado, Drexler fue
retirado de su cargo de presidente y Hitler lo sucedió, convirtiéndose en el líder indiscutible del
Partido Nazi. De esta manera, se estableció el «principio del liderazgo», que formó el sistema de
gobierno político de la Alemania Nazi.37

En estos años Hitler conoció a Rudolf Hess, Hermann Göring,a Ernst Hanfstaengl y Alfred
Rosenberg, quienes junto con Eckart, lo introdujeron a círculos sociales más altos, de los cuales
pudo obtener generosas donaciones para el naciente partido.

Alentado por el rápido crecimiento, Hitler empezó a idear la toma del poder. Sin embargo, su
partido no era todavía la principal fuerza política en Baviera, y era desconocido fuera de este
estado; por lo que Hitler concluyó que necesitaba el apoyo de las fuerzas políticas y las
guarniciones militares bávaras para lograr este objetivo.38 Influenciado por la marcha sobre
Roma de Benito Mussolini, Hitler ideó realizar una marcha similar hacia Berlín, con la que
doblegaría al gobierno nacional fácilmente.38

A finales de 1922, contaba ya con una pequeña y creciente banda de seguidores fanáticos,
inspirada por la «Marcha sobre Roma» de Mussolini, que empezó a ver en él el deseo de un líder
nacional heroico. En este sentido, un libro publicado ese año se refería a Hitler explicando que

el secreto de su personalidad reside en el hecho de que lo que yacía dormido en lo más profundo del alma del
pueblo alemán ha cobrado vida en él [...]. Y eso es lo que ha aparecido en Adolf Hitler: la viva encarnación del

anhelo de la nación.39
Putsch de Múnich
En enero de 1923, luego de que el gobierno alemán se retrasase en el pago de las reparaciones
de guerra a Francia, esta nación procedió a ocupar la región industrial del Ruhr, devastando la
economía germana. El gobierno llamó entonces a la resistencia no violenta contra Francia, pero en
septiembre era obvio que esta estrategia no estaba generando resultados. El 26 de septiembre, el
Canciller alemán Gustav Stresemanndecidió reiniciar los pagos a Francia, y cancelar la estrategia
de resistencia. Stresemann previó que los nacionalistas y los comunistas iniciarían toda clase de
protestas y disturbios ante estas impopulares medidas, por lo que declaró el estado de
emergencia ese mismo día.40 De esta manera, el comandante del Ejército, GeneralHans von
Seeckt, se convirtió en la principal autoridad de la República.40 Hitler vio este período de
inestabilidad política como la oportunidad para realizar su propia versión de la "marcha sobre
Roma".38

No obstante, el tradicionalmente autónomo estado bávaro no estaba dispuesto a aceptar la


autoridad central del General von Seeckt. Ese mismo día, el gobierno regional proclamó su propio
estado de emergencia y colocó a Gustav von Kahr al mando de Baviera. El gobierno nacional
reaccionó exigiendo el arresto de varios líderes nacionalistas y, además, reclamó la supresión del
principal periódico nazi, el Völkischer Beobachter. Cuando el Ejército bávaro rehusó obedecer a su
comandante en Jefe, el General von Seeckt amenazó con utilizar la fuerza contra Baviera. Hitler se
percató entonces de que la situación regional solamente podría empeorar para él ya que,
probablemente, el gobierno de Stresemann lograría estabilizar la situación. Cuando Kahr se negó a
discutir la situación con Hitler y sus aliados, éste último sospechó que el gobierno de Baviera iba a
capitular ante el gobierno de Berlín, o peor aún, iba a declarar la independencia de Baviera. 41 Hitler
decidió entonces realizar una maniobra arriesgada: iba a secuestrar a Kahr, al comandante del
Ejército en Baviera y al jefe de la policía regional; una vez en su poder, los iba a convencer de que
se uniesen a su bando, y luego, juntos, iban a marchar hacia Berlín para derrocar a Stresemann.
Para ganarse el apoyo del Ejército, Hitler decidió usar al General Erich Ludendorff, como figura
respetada en su golpe de estado. El anciano general había sido atraído al movimiento nazi unas
semanas atrás.

En la noche del 8 de noviembre de 1923, Hitler y los camisas pardas irrumpieron en una reunión
pública liderada por Kahr en el Bürgerbräukeller, una cervecería a las afueras de Múnich. Hitler
proclamó una revolución y anunció sus intenciones de formar un nuevo gobierno, junto a
Ludendorff, quien no estaba enterado del golpe,42 Antes de iniciar su "Marcha sobre Berlín", que
derrocaría al gobierno nacional, Hitler reclamó la ayuda de Kahr y de las fuerzas militares locales.
Éste último fingió ayudar a Hitler, pero, gracias a la ingenuidad de Ludendorff, escapó en cuanto
pudo y retomó el control regional.43 Al amanecer del 9 de noviembre, el Ejército y la policía bávara
estaban tomando posiciones contra los golpistas; Ernst Röhm y sus tropas nazis se encontraban
rodeados en el Ministerio de Guerra bávaro, y Hitler decidió marchar junto con Ludendorff para
liberarlos. El anciano comandante alemán había convencido a Hitler de que los soldados y la
policía no dispararían contra él, y que se unirían a su causa.42 No obstante, la policía no se replegó
ante Ludendorff y se inició un tiroteo. Dieciséis miembros del NSDAP murieron durante la refriega,
pero Hitler escapó únicamente con un hombro dislocado.

Hitler se escondió en la casa de Ernst Hanfstaengl, y pensó en el suicidio.[cita requerida] Fue arrestado
dos días después, acusado de alta traición. Alfred Rosenberg se convirtió temporalmente en el
líder del partido. Según Joachim Fest, esta subversión fracasada marcó uno de los grandes hitos
en la vida de Hitler, pues con ella habría finalizado su aprendizaje y se habría dado paso a su
verdadera entrada en la política.44

Su juicio, atrajo atención internacional, y le proporcionó una plataforma política para anunciar su
movimiento. Durante su juicio, que se inició el 26 de febrero de 1924, Hitler recibió tiempo casi
ilimitado para hablar,45 lo que hizo que su popularidad creciera debido a su poderoso y convincente
discurso nacionalista. A diferencia de los participantes del golpe de Kapp, Hitler asumió la
responsabilidad de la intentona golpista, pero negó haber cometido un crimen:

Solamente yo cargo la responsabilidad. Pero no soy un criminal por eso. Si hoy me presento aquí como un

revolucionario, es como un revolucionario en contra de la revolución. No existe la alta traición contra los

traidores de 1918.46

Durante su juicio en 1924.


El 1 de abril de 1924, Hitler fue sentenciado a 5 años de prisión en la fortaleza de Landsberg,
aunque la Constitución estipulaba cadena perpetua contra crímenes de este tipo.47 Hitler recibió un
trato privilegiado de los guardias y pudo recibir cartas y visitas de sus admiradores. 48 Fue absuelto
y liberado el 20 de diciembre de ese mismo año, como parte de una amnistía masiva hacia
prisioneros políticos. En total, solo cumplió nueve meses de su condena.

Mein Kampf
La estadía de Hitler en la prisión de Landsberg le permitió organizar sus ideas, que dictó a diversos
secretarios. El resultado sería una obra titulada Mein Kampf(Mi Lucha), aunque originalmente
había planeado llamarla Cuatro años de lucha contra mentiras, estupidez y cobardía.49 Esta obra,
dedicada a Dietrich Eckart,[cita requerida] era una autobiografía y, más importante aún, una exposición
de la ideología nacionalsocialista.

A través de sus 782 páginas, Hitler detalló los pasos que un futuro Estado alemán
nacionalsocialista debía seguir para eventualmente convertirse en el «amo del mundo».50 Primero
aboga por la conclusión definitiva de la hostilidad franco-germana, que se lograría con la
destrucción de Francia.50 Una vez conseguido esto, Alemania finalmente se encontraría en libertad
de expandirse, con el objetivo de conseguir el llamado «espacio vital alemán». Hitler concluye que
el Tercer Reich no debe buscar colonias en Asia o África, sino que debe expandirse hacia el este,
a expensas de Rusia.50 Aunque reconoce que diversos pueblos ya habitan en Europa oriental,
asegura que el pueblo alemán tiene el derecho de desalojar a sus ocupantes:

...la naturaleza no ha reservado esta tierra para la futura posesión de una nación o raza en particular; por el

contrario, esta tierra existe para el pueblo que posea la fuerza de tomarla. 50

Acerca de la expansión alemana hacia el este.

Hitler considera que la conquista de Rusia será relativamente fácil, ya que los bolcheviques la
controlan, y por lo tanto los judíos.51

En cuanto a la política interior del Tercer Reich, Hitler claramente define que el sistema de gobierno
será una dictadura:50 Además, el Estado tendrá muy poco que ver con la economía, ya que en
realidad será un "organismo racial".51 Después de establecer que la raza aria es superior sobre el
resto, asegura que la misma debe subyugar a las demás para poder "preservar e incrementar la
cultura".52Concluye que los alemanes se encuentran en el estado actual debido a que no
preservaron su raza pura, y "gradualmente perdieron su creatividad cultural". 52 Después de escribir
esto, no es sorprendente que determine que el principal propósito del Estado nazi sea:

...la preservación de los elementos raciales originales que confieren cultura y crean la belleza y la dignidad de

una humanidad superior.53

Acerca del propósito del Estado.

Asegura que en un futuro distante, la humanidad se enfrentará a problemas que solamente una
raza superior, con dominio del mundo, podrá resolver.53

Aunque en la actualidad la interpretación de la historia alemana que Hitler expone en Mein


Kampf es considerada grotesca e inexacta, muchos alemanes compartían su visión histórica. Peor
aún, cuando Hitler subiese el poder en 1933, se mantendría fiel a sus escritos54y llevaría a cabo la
expansión hacia el este, que desembocaría en la Segunda Guerra Mundial y en un genocidio de
los pueblos eslavosy semitas.

Mein Kampf no sólo sirvió para la exposición de las ideas de Hitler, también le proporcionó su
principal fuente de ingresos.54 Aunque el libro se publicó en dos volúmenes entre los años
de 1925 y 1926, solamente vendió alrededor de 240.000 ejemplares entre 1925 y1934, aunque en
los primeros años las ventas fueron bajas. Hitler pasó esos años esquivando los impuestos
aplicables sobre los derechos de autor de su libro, y acumuló una deuda tributaria de cerca de
405.500 Reichsmarks. Esta deuda lo perseguiría hasta que se convirtió en Canciller.

Hitler salió de prisión el 19 de diciembre de 1924. Su movimiento revolucionario probablemente


estaba en su punto más bajo, el Partido Nazi y sus órganos mediáticos habían sido prohibidos;
además, Hitler tenía prohibido hablar en público y el gobierno regional estaba recomendando que
fuese extraditado a Austria.55 Durante su ausencia, Gregor Strasser yErich Ludendorff lideraron el
movimiento nazi, y se fueron distanciando de él.
En el aspecto nacional, la inestabilidad política y económica que habían contribuido en el rápido
crecimiento del Partido Nazi estaban quedando en el pasado.55 La hiperinflación y los fuertes
pagos de indemnización habían sido amortiguados, y los franceses habían aceptado salir de
la Renania. Aunque gracias a su fallido golpe Hitler llegó a tener cierta prominencia nacional, el
puntal de su partido siguió siendo Múnich y en los meses siguientes el apoyo popular empezó a
mermar. En las elecciones parlamentarias de diciembre, los nazis, que participaron bajo el nombre
de "Movimiento Nacionalsocialista de Libertad", perdieron la mitad de sus votantes; en contraste,
los socialdemócratas estaban recuperando los votos perdidos. Los nazis continuarían en
decadencia hasta1929, mientras tanto, Hitler tuvo que seguir organizando el partido y luchando por
mantener el liderazgo del mismo.

Aunque muchos de sus colegas creían que estaba acabado, Hitler salió de prisión con una visión
mesiánica de su papel en la historia, y aseguró que los buenos tiempos de la República no
durarían.56 57 55 A los pocos días solicitó una entrevista con el Dr. Heinrich Held, Primer Ministro
bávaro, y luego de realizar promesas de buena conducta, consiguió que legalizase el Partido Nazi
de nuevo. Al periódico nazi Voelkischer Beobachter también se le permitió circular de nuevo.
Creyendo en las promesas de Hitler, el Dr. Held le dijo a su Ministro de Justicia:

La bestia salvaje está controlada. Podemos permitirnos aflojar la cadena.58

Dr. Heinrich Held sobre Hitler.

Aunque Hitler seguía siendo un autoritario, sus promesas de apegarse a la Constitución eran
parcialmente ciertas. Sin embargo, el futuro dictador no había cambiado su ideología, sino más su
estrategia. Habiendo fracasado en derrocar a la República con un golpe de Estado, ahora
perseguía la "estrategia de la legalidad"; esto significaba adherirse a las normas de la Constitución
de Weimar para poder ascender al poder legalmente. Algunos miembros del partido, sobre todo los
líderes de las "camisas pardas", se opusieron a esta estrategia; Röhm la llegó a ridiculizar,
apodando a Hitler "Adolphe Legalité" (Adolfo el Legal). De esta manera, Hitler ahora se apoyaría en
la democracia y las elecciones para acceder al poder, y luego las destruiría:

En lugar de trabajar para conseguir el poder a través de un golpe armado, debemos taparnos las narices y

entrar alParlamento como oposición a los diputados católicos y marxistas. Si superarlos en votos lleva más

tiempo que superarlos en disparos, por lo menos el resultado será garantizado por su propia constitución...

Tarde o temprano alcanzaremos la mayoría, y después de eso a Alemania. 59

Acerca de su nueva estrategia constitucional.

El 27 de febrero de 1925, Hitler realizó su primer discurso desde su arresto en 1923, aunque la
mayoría de sus hombres de confianza faltaban: Rosenberg, Röhm, Strasser y Ludendorff no
asistieron, Eckart había muerto, y Göring estaba exiliado. Sin embargo, Hitler dejó claro que no
pensaba compartir el liderazgo con alguien más:

Solamente yo lidero el movimiento, y nadie puede imponerme condiciones mientras yo personalmente asuma

la responsabilidad.59

En su primer discurso al salir de prisión.

No obstante, en esta ocasión Hitler no pudo contenerse. Pronto empezó a calificar al Estado, a los
judíos y a los marxistas de ser "el enemigo"; y los amenazó de muerte.59 De inmediato el Estado
bávaro le prohibió dar discursos por dos años. Desde entonces, la mayor parte de su tiempo la
pasó en Obersalzberg, donde continuó escribiendo Mein Kampf.60 Temeroso de que en cualquier
momento fuera deportado, el 7 de abril de 1925, renunció a su ciudadanía austríaca,
convirtiéndose efectivamente en un hombre sinnacionalidad, ya que el gobierno bávaro se negaba
a concederle la alemana.61

Sin poder utilizar sus dones de oratoria, Hitler empezó entonces a trabajar como propagandista y
organizador. Fue en estos años que organizó el Partido Nazi a nivel nacional, y empezó a crear
agrupaciones de todo tipo dentro del mismo. Pronto se crearon las Juventudes Hitlerianas y la Liga
de Muchachas Alemanas, y se establecieron organizaciones en Austria, Checoslovaquia, el Sarre y
la Ciudad Libre de Danzig. Se establecieron las SS como una subdivisión de las SA; sus miembros
debían realizar un juramento de lealtad especial hacia Hitler y pronto se distinguieron por ser más
confiables que los rudos "camisas pardas". Hitler se colocó a la cabeza de la jerarquía nazi, bajo el
título de "Supremo Líder del Partido y de las SA, Presidente de la Organización Nacionalsocialista
Alemana de los Trabajadores". Además, creó al "Directorado del Reich", compuesto por los
principales jerarcas nazis. Uno de los objetivos de crear esta estructura tan vasta y compleja era la
formación de "un Estado dentro de un Estado";62 de esta manera, cuando los nazis finalmente
llegasen al poder, Hitler podría destruir la estructura republicana en poco tiempo, y la reemplazaría
por la estructura de su Partido.62

Decidido a convertir a su partido en una fuerza nacional relevante, Hitler llamó a Gregor Strasser y
le propuso la organización del movimiento en el norte de Alemania. 63 La personalidad de Strasser
competía con la de Hitler, y la idea de trabajar con independencia en Prusia, Sajonia, Hanóver y
la Renania le agradó, por lo que se dedicó a esta tarea junto con su hermano Otto Strasser y un
joven secretario llamado Joseph Goebbels. Sin embargo, la personalidad independiente de
Strasser y su firme creencia en el elemento socialista del programa nacionalsocialista le ganaron la
animosidad de Hitler;64 63 en poco tiempo, Strasser se convertiría en la amenaza más seria al
liderazgo del último, y esto eventualmente le costaría la vida.

El 22 de noviembre de 1925, Strasser realizó una conferencia en Hanóver, donde apoyó la


expropiación de bienes de la nobleza depuesta, medida que pronto iba a ser consultada en
un plebiscito. De esta manera, la organización nazi del norte, laArbeitsgemeinschaft der Gauleiter
Nord-West, se unió junto a los marxistas en la campaña electoral.65 Hitler contraatacó el 14 de
febrero de 1926, organizando una conferencia en Bamberg, donde obligó a Strasser y a Goebbels
a retractarse de su programa. Para complicar la posición de Strasser, Goebbels abandonó su
causa unos días después y se unió a Hitler. Sin embargo, este no sería el fin de la enemistad entre
Hitler y Strasser.

Después de este encuentro, el partido de Hitler quedo aún más centralizado, y el


llamado Führerprinzip ("Principio del líder") quedó finalmente arraigado en la organización
partidaria. Bajo este sistema, los dirigentes no serían elegidos por su grupo, sino más bien
designados por sus superiores, siéndoles delegada la completa responsabilidad ante ellos, al
tiempo que exigirían la misma obediencia incondicional a sus subordinados. De acuerdo a Hitler,
todo el poder y la autoridad debía ser delegada de arriba hacia abajo.

Ascenso al poder
El ascenso durante la Depresión
La Gran Depresión trajo nuevos tiempos para el revolucionario alemán. Durante años Hitler había
predicho que llegaría, y mientras varios bancos se declaraban en quiebra y millones perdían sus
empleos, él declaró su satisfacción, porque entendió que el momento era oportuno para su
discurso revolucionario:

Nunca en mi vida he estado más dispuesto e interiormente presto a la lucha que en estos días. Porque la dura

realidad ha abierto los ojos de millones de alemanes a las estafas, mentiras y traiciones sin precedentes de

los marxistas engañadores del pueblo.66

Acerca de la Gran Depresión.

Un elemento clave del discurso de Hitler fue su capacidad de revivir el sentimiento de orgullo
nacional, debilitado en la Primera Guerra Mundial y en el posterior Tratado de Versalles. Después
de estos sucesos, Alemania había perdido importancia económica en Europa, junto con todas sus
colonias, y además había adquirido una pesada deuda al aceptar la responsabilidad de la guerra.
Hitler prometía repudiar al Tratado de Versalles, suspender los pagos de indemnización, generar
empleo, combatir la corrupción y controlar a los ricos.67 Sutilmente, los nazis empezaron también a
asociar a los judíos con los comunistas y los empresarios corruptos, reviviendo antiguos
sentimientos antisemitas.

La inestabilidad económica de la Gran Depresión pronto se extendió al campo político y benefició a


Hitler. En marzo de 1930, Heinrich Brüning fue nombrado Canciller de Alemania por el
Presidente Paul von Hindenburg, ya que el Canciller saliente fue incapaz de conseguir la mayoría
parlamentaria para gobernar. Brüning tampoco la consiguió, pero se mantuvo en el poder gracias a
los decretos presidenciales de Hindenburg. De esta manera, la voluntad del Canciller quedó sujeta
a la del Presidente, y la voluntad del Parlamento alemán fue relegada a un segundo plano. Sin
embargo, Brüning era un demócrata, y procedió a llamar a nuevas elecciones, con la esperanza de
obtener la mayoría parlamentaria necesaria poder gobernar sin la aprobación de
Hindenburg.68 Irónicamente, laselecciones parlamentarias de 1930 no contribuirían en el
fortalecimiento de la democracia, ya que convertirían al Partido Nazi en la segunda fuerza política
de Alemania y al Partido Comunista en la tercera.

Después de obtener apoyo popular, Hitler procedió a buscar el del Ejército. El discurso nacionalista
de Hitler hizo mella en jóvenes oficiales; y una semana después de las elecciones, durante un
juicio contra tres oficiales que habían promovido la ideología nazi en el Ejército, Hitler fue llamado a
testificar y aprovechó esta oportunidad para intentar ganar el apoyo de los militares, asegurando
que "vengaría" la Revolución de Noviembre y que eliminaría los límites impuestos al Ejército
alemán en el Tratado de Versalles. La victoria electoral de Hitler también atrajo la atención de los
hombres de negocios germanos. Desde 1931, Walther Funk empezó a presentar a Hitler
poderosos industriales; además, varias empresas empezaron a financiarlo, entre las que destaca la
aseguradora Allianz.69 Sin embargo, la mayoría de empresas alemanas se negaron a apoyar al
futuro dictador.70

Intrigas de Schleicher y Papen


Como líder de la segunda fuerza política en el Parlamento, Hitler pronto fue incluido en los planes
de los gobernantes de la República de Weimar.71 A finales de 1931 se reunió con el Canciller
Brüning y el Presidente Hindenburg, pero ambos fueron incapaces de conseguir un acuerdo
político con él. Fue después de esta primera reunión que Hindenburg aseguró que:

...el «cabo bohemio» era un curioso personaje que podría llegar a ser un Ministro de Correos, pero

ciertamente no un Canciller.72

Hindenburg sobre Hitler.

El 7 de enero de 1932, Brüning se reunió de nuevo con Hitler, e intentó persuadirlo de que
aprobase la postergación de las elecciones presidenciales de 1932.73 El anciano Hindenburg no
quería postularse a la reelección, y todo parecía indicar que Hitler se convertiría en Presidente ante
la carencia de otros candidatos de peso; si Hitler aceptaba la postergación de las elecciones hasta
la muerte natural de Hindenburg, el Canciller Brüning luego solicitaría el restablecimiento de la
monarquía alemana, aunque bajo un sistema de gobierno similar al británico.74 Hitler se dio cuenta
que esta medida no lo beneficiaría, y después de realizar una serie de demandas que fueron
rechazadas de inmediato por Hindenburg, se rehusó a apoyar el plan de Brüning. De esta manera,
Hindenburg fue forzado a aspirar a un segundo período para evitar un triunfo hitleriano.

El 25 de febrero, Hitler finalmente decidió convertirse en ciudadano alemán, y de inmediato


presentó su candidatura, en contraposición a la de Hindenburg. A pesar de que Hitler realizó una
impresionante campaña electoral,75 Hindenburg ganó con holgura estas elecciones, aventajándolo
con más de 16 puntos porcentuales. El candidato austríaco había duplicado los votos de su partido
en dos años, pero parecía incapaz de acceder el poder a través de los votos sin comprometerse
políticamente con Hindenburg. Fue en este año que la animosidad entre Strasser y Hitler se
acentuó de nuevo; a pesar de su derrota en Bamberg en 1926, Gregor Strasser había continuado
siendo un importante líder del Partido Nazi, y era más aceptado por el Parlamento y el Presidente
que Hitler. Debido a su talento político, Hitler lo mantenía en su círculo de asesores más cercano, y
junto con Goebbels, Göring, Frick y Röhm, ocupaba el escalafón más alto del Partido en 1932. Sin
embargo, Strasser empezó a criticar la postura intolerante de Hitler, quien se rehusaba a compartir
un gobierno con los hombres de Hindenburg.

Después de esta derrota electoral, las «camisas pardas», que ya superaban al Ejército en número,
fueron prohibidas. Fue en este momento que el General Kurt von Schleicher, artífice del ascenso
de Brüning, empezó a conspirar para provocar su caída. Schleicher contactó a Hitler a través de
Röhm; a este último le ofreció legalizar las SA de nuevo, con planes de anexarlas posteriormente
al Ejército.76 Por otro lado, le ofreció a Hitler la convocación de nuevas elecciones parlamentarias,
a cambio de apoyar a un nuevo gobierno. Como antiguo amigo de Hindenburg, Schleicher logró
convencerlo de forzar la renuncia de Brüning, y luego lo persuadió de que nombrase Canciller
a Franz von Papen. En las nuevas elecciones parlamentarias de 1932, el Partido Nazi se convirtió
en la primera fuerza política del Parlamento, pero no alcanzó la mayoría necesaria para gobernar.
Con estos resultados, Hitler se negó a apoyar a Papen, y reclamó la Cancillería para él,
rehusándose de nuevo a compartir el poder con la facción de Hindenburg y Schleicher. Con este
nuevo fracaso, la corriente de Strasser en el Partido Nazi se fortaleció, y la dirección política de
Hitler empezó a ser criticada públicamente por este.

Al igual que su predecesor, el nuevo Canciller, resultó ser incapaz de conseguir la mayoría
parlamentaria, y Papen llamó entonces a nuevas elecciones, las terceras en 1932. Aunque
en estas elecciones los nazis continuaron siendo la primera fuerza política, perdieron votos, y Hitler
quedó aún más lejos de alcanzar la mayoría en el Parlamento. No obstante, por esto no cambió su
estrategia, ya que el político austríaco continuó demandando la Cancillería para él, rechazando el
ofrecimiento de la Vice-cancillería que le extendió Hindenburg. Por su parte, Schleicher empezó a
planificar la caída de Papen, y convenció a Hindenburg que si lo nombraba Canciller lograría dividir
el Partido Nazi separando a Strasser. Hindenburg accedió el 2 de diciembre de 1932, sin embargo,
el gobierno de Schleicher fue breve, ya que Hitler lo sucedería en menos de dos meses.

En este punto era claro que aún antes del ascenso de los nazis al poder, el poder ya no residía en
el pueblo ni el Parlamento democráticamente electo, sino en el Presidente Hindenburg, quien era
muy anciano y propenso a ser manipulado por la camarilla que lo rodeaba. 77 Esto era obvio para
Hitler, y por eso, cuando Papen se le acercó unos días después de haber salido de la Cancillería,
decidió hacer un trato con él, ya que el ex-Canciller todavía contaba con la confianza del
Presidente. Esta alianza llegó en el momento oportuno para Hitler, ya que el Partido Nazi se
encontraba en quiebra, y los seguidores más radicales estaban abandonando las filas para
ingresar al Partido Comunista. Para complicar la situación, Schleicher había puesto en marcha su
plan de dividir a los nazis, ofreciendo la Vicecancillería a Strasser, y aunque este no había
aceptado, sí tuvo una calurosa discusión con Hitler, después de la cual renunció a todos sus
cargos y envió su versión de la historia a los periódicos, amenazando acabar con el Partido. Esta
era la amenaza más grave contra el movimiento nazi desde 1925, y Hitler amenazó con suicidarse:

Si el partido llegara a caerse a pedazos, le pondré fin a todo en tres minutos con un disparo.

Sobre la amenaza de Strasser.

Strasser tenía control sobre una parte importante de la estructura nazi, pero en el momento crítico
decidió viajar a Italia a tomar unas vacaciones, con la esperanza de que Hitler lo llamase de
regreso. El futuro dictador no sólo no lo llamó, sino que aprovechó su ausencia para destituir a
todos sus simpatizantes de los cargos de importancia en el partido, y en su lugar nombró a
partidarios más fieles. Luego, convocó a todos los líderes nazis a Berlín, donde les tomó un
juramento de fidelidad personal. Cuatro días después de la partida de Strasser, Hitler había
tomado finalmente el control de toda la estructura política del Partido.

El 4 de enero de 1933, Hitler se reunió con Papen, donde acordaron formar una coalición en caso
de que el último lograse convencer a Hindenburg de nombrar Canciller al líder nacionalsocialista.
El 22 de enero, Hitler tuvo otra reunión conOtto Meissner y con Oskar von Hindenburg, Secretario e
hijo del Presidente respectivamente, consiguiendo su apoyo. El 28 de enero, después de pasar
varios días intentando conseguir apoyo de cualquier fuerza política sin éxito, el Canciller Schleicher
presentó su renuncia ante Hindenburg. El anciano Presidente de inmediato buscó el consejo de
Papen, quien le aseguró que podría formar un gobierno con Hitler, donde los nazis serían minoría y
estarían bajo control.

Finalmente, el 30 de enero de 1933, Hitler fue nombrado Canciller de Alemania por el Presidente
Hindenburg. Políticos conservadores como Papen, e industriales adinerados como Emil Kirdorf,
pensaron que lograría controlar al revolucionario alemán y que lo harían obrar en pro de sus
intereses, pero en unas pocas semanas Hitler demostraría ser más capaz que estos, y durante su
gobierno, muchos de los que lo ayudaron en su carrera al poder terminarían siendo ejecutados,
confinados en campos de concentración o huyendo al exilio para salvar sus vidas.

Establecimiento de la dictadura
Hitler con su primer gabinete, el 31 de enero de 1933. Conformado principalmente por conservadores, que deseaban
controlar a Hitler, muy pronto fueron subyugados. (Al frente: Hermann Göring y Franz von Papen a su izquierda)

Con su llegada al poder, Hitler estaba lejos de encontrarse en una situación segura, las mismas
fuerzas que habían motivado la renuncia de los tres últimos cancilleres seguían vigentes, y por lo
tanto Hitler tenía que lidiar con el Presidente Hindenburg y su camarilla, quien a su vez era
respaldado por elEjército y por su propio gabinete de ministros, controlado por los conservadores e
industriales, donde los nazis eran minoría.78 Además, en el Partido Nazi estaban presentes las
expectativas de 4 millones de camisas pardas que, liderados por Ernst Röhm, no ocultaban su
desdén por el hecho de que tantos elementos conservadores compartieran el gobierno con Hitler.
Adicionalmente se encontraban las fuerzas políticas opositoras en el Parlamento, socialdemócratas
y comunistas, que controlaban diversos gobiernos regionales; aunque, a pesar de su adversión por
el nazismo, jamás fueron capaces de aproximarse entre sí para formar un frente común contra
este.

El incendio del Reichstag y la ley habilitante


Artículos principales: Incendio del Reichstag, Decreto del incendio del Reichstag, Elecciones
parlamentarias de Alemania de 1933 y Ley habilitante de 1933.

Con sólo el 34% del Parlamento bajo su control, Hitler todavía tenía que recurrir al "Anciano
Caballero", el Presidente Hindenburg, para lograr aprobar sus leyes.79 El vicecanciller Franz von
Papen, que gozaba del apoyo de Hindenburg, estaba seguro que "en dos meses habremos
arrinconado tanto a Hitler que se pondrá a chillar".79 Papen no fue el único que subestimó a Hitler,
la prensa en general seguía esta misma línea de pensamiento:

La composición del gabinete no deja a Herr Hitler la menor posibilidad de colmar sus ambiciones

dictatoriales.79

The New York Times, 31 de enero de 1933

Consciente de su situación, Hitler ocultó inicialmente sus planes revolucionarios, en sus primeras
alocuciones evitó en lo posible alarmar al ciudadano común.80 Sin embargo, de inmediato empezó
a trabajar para adquirir más poder; después de sabotear las conversaciones con el Partido del
Centro, Hitler informó a su gabinete que eran necesarias nuevas elecciones.81 Ante las protestas
deHugenberg y Papen, Hitler los calmó asegurándoles que no cambiaría la composición del
gabinete sin importar el resultado. Para la campaña de las nuevas elecciones parlamentarias,
fijadas para el 5 de marzo, Hitler pudo hacer uso de los recursos del Estado;81además, contó con el
apoyo de un importante grupo de industriales; quienes, luego de que Hermann Göring les
asegurara que probablemente serían las últimas elecciones "en los próximos cien años", donaron
tres millones de marcos de la época para la causa nazi.82 Adicionalmente, días antes, Hitler había
tenido una cena con diversos líderes del ejército; a pesar de su llamado al rearme de Alemania, los
resultados fueron mixtos, pocos altos oficiales tenían sentimientos democráticos y eran muchos los
que deseaban una dictadura militar, pero desconfiaban de los nazis.83

No contento con contar con muchos recursos para hacer campaña, Hitler empezó a colocar trabas
a los partidos de oposición. A través de decretos presidenciales, impuso restricciones a los mítines
políticos y restricciones a la prensa.84 Además, consolidó la autoridad de un gobierno paralelo
regional en Prusia, y colocó a Göring al mando de la policía estadal. Al poco tiempo, la policía
prusiana con la ayuda de las "camisas pardas" empezó a disolver las concentraciones opositoras;
sólo los opositores más ilusos acudían a la policía cuando eran hostigados por los nazis. 85 Muy
pronto, otros siete gobiernos regionales de estados más pequeños fueron usurpados por los nazis,
que establecieron autoridades paralelas.86

El 27 de febrero de 1933, una semana antes de las elecciones el edificio del Reichstag fue
incendiado. Si bien todavía existe dudas sobre la autoría del incendio, es claro que Hitler se
benefició ampliamente de este crimen.87 Después de que la policía atrapara a un
comunistaneerlandés de nombre Marinus van der Lubbe en la escena del crimen, Göring empezó a
acusar a los comunistas de querer ejecutar un golpe de Estado, y la prensa nazi pronto copió su
discurso. Al día siguiente, Hitler no perdió tiempo en presentar un decreto de emergencia de seis
artículos, redactados por Göring, donde solicitaba la suspensión de varios artículos de
la Constitución de Weimar con el objetivo de "proteger los documentos culturales alemanes".88 En
realidad, el llamado Decreto del incendio del Reichstag acababa con todos los derechos que
suelen defender las naciones democráticas: la libertad de expresión; el respeto a la propiedad
privada; la libertad de prensa; la inviolabilidad del domicilio, de la correspondencia y de las
conversaciones telefónicas; así como la libertad de reunión y de asociación.88 Además, permitía al
gobierno nacional intervenir cualquier gobierno regional que considerase incapaz de mantener el
orden en su estado.89 Luego de que Papen y Meissner apoyaran el decreto, el anciano Presidente
lo firmó.88

Con estos poderes, la persecución nazi se intensificó, los dirigentes comunistas fueron arrestados
y enviados a campos de concentración; además, desde los medios del Estado se inició una
campaña de alerta contra el "terror comunista", tratando de convencer al ciudadano alemán de
que, a menos que no votasen por los nazis, el país entraría en una guerra civil.89 90 Por otro lado,
Hitler moderó su discurso, aseguró que sólo necesitaba cuatro años en el poder y minimizó
su antisemitismo en público, como dejó constancia el futuro Presidente de Alemania de la post-
guerra, Theodor Heuss:
Vocifera mucho menos. Ha dejado de vomitar fuego contra los judíos y en estos días es capaz de pronunciar

un discurso de cuatro horas sin mencionar la palabra "judío".91

Theodor Heuss, sobre el discurso hitleriano antes de las elecciones parlamentarias de Alemania de 1933.

El 5 de marzo de 1933 se celebraron las últimas elecciones democráticas bajo el gobierno de


Hitler, a pesar de su intensa campaña electoral y de la persecución contra sus opositores, la
mayoría parlamentaria seguía eludiendo a los nazis, que obtuvieron el 44% de los
escaños.90 Aliado con los nacionalistas de Hugenberg, Hitler controlaba ahora la mitad del
Parlamento; pero para poder llevar a cabo su revolución nacional, el Canciller demandaba dos
tercios de los escaños.92 Para solucionar esto, y haciendo uso del decreto del incendio del
Reichstag, fueron arrestados todos los diputados comunistas y unos pocos socialdemócratas
desafortunados, pasando por alto la inmunidad parlamentaria que gozaban.

Ahora Hitler contaba con suficientes diputados como para cambiar la Constitución y arroparse de
más poder; no obstante, primero realizó un acto simbólico para tranquilizar a los movimientos
representados por el Presidente Hindenburg: los militares, los junkers y losmonarquistas. El 21 de
marzo, la misma fecha en que Bismarck inauguró el primer Parlamento del Imperio Alemán, Hitler
inauguró el primer Parlamento del Tercer Reich; seleccionó la iglesia del cuartel de Potsdam, sitio
de importancia histórica para los militaristas prusianos, yGoebbels se esforzó en crear una
atmósfera que diese la impresión de Hitler estaba subornidado al anciano Hindenburg.93 El
embajador francés, presente en la ceremonia, escribió después:

Después del llamativo compromiso hecho por Hitler en Potsdam, ¿cómo podrían estos hombres -Hindenburg

y sus amigos, los Junkers y los barones monarquistas, Hugenbergy sus alemanes nacionalistas, los oficiales

del Ejército alemán- ... dudar en concenderle su entera confianza, en cumplir todas sus peticiones, en

concenderle todos los poderes que exigiera?94

André François-Poncet, embajador francés en Alemania entre 1931 y 1938.

El 23 de marzo de 1933, el Parlamento Alemán, reunido en la Ópera Kroll, aprobó la Ley para
aliviar las penurias del pueblo y del Reich, mejor conocida como la ley habilitante de 1933. Hitler
pronunció un discurso moderado que contrastaba con sus habituales diatribas. Prometió usar sus
poderes sólo en casos esenciales, y se comprometió con todas las clases; 93 además, pregonó por
la búsqueda de la paz con Occidente e incluso con la Unión Soviética.93 Sin embargo, al finalizar
su exposición, dejo claro que si no obtenía estos poderes legalmente del Parlamento, su gobierno
los obtendría a través de otros métodos más violentos.95 Sólo lossocialdemócratas votaron en
contra de Hitler; el Zentrum cedió luego de que Hitler les prometiera que toda ley suya podría ser
vetada por el Presidente Hindenburg.96 De esta manera, 441 diputados aprobaron la ley contra 94
diputados socialdemócratas97

Con esta ley, Hitler, por un período de cuatro años, tomaba todos los poderes del Poder
Legislativo, y ganaba la capacidad de decretar leyes que "podían desviarse de la
Constitución".94 No obstante, no buscando ganarse la enemistad de Hindenburg, la ley conservaba
los poderes del Presidente intactos.94 De esta manera, el Reichstag alemán sucumbía
voluntariamente ante el Canciller, adquiriendo un estado de impotencia total que mantendría hasta
la post-guerra.

Gleichschaltung
Artículo principal: Gleichschaltung.

Alemania entró entonces en un proceso conocido como Gleichschaltung (coordinación), donde el


Estado y la sociedad empezaron a ser asimiladas por el Partido Nazi y sus organizaciones. En su
deseo de unificar a Alemania bajo un totalitario gobierno central, Hitler primero enfiló la ley
habilitante contra el federalismo alemán. Los gobiernos de los estados más grandes, Prusia
y Baviera, ya habían sido usurpados, y los gobiernos de otros estados más pequeños pronto
corrieron la misma suerte. El 31 de marzo, con la ayuda deWilhelm Frick, Hitler promulgó entonces
una ley que disolvía todas las dietas regionales, y ordenaba su reconstitución bajo los resultados
de las últimas elecciones nacionales.98 Una semana después, Hitler apuntó gobernadores para
cada estado, y les concedió la facultad de disolver las dietas y destituir a los jueces. 98 De esta
manera, todos los gobiernos regionales empezaron a seguir las directivas de Berlín, y Hitler
lograba acabar con la celosa autonomía que los históricos estados alemanes habían defendido
desde laGuerra de los Treinta Años.
El siguiente objetivo de Hitler fueron los sindicatos, otrora poderosas organizaciones obreras que
habían contrarrestado exitosamente un golpe de derecha en 1920. Pero antes de acabarlas, Hitler
y Goebbels, ahora Ministro de Propaganda, se esforzaron primero en ganarse la confianza de la
clase trabajadora: después de restablecer el 1 de mayo como día festivo; los nazis organizaron
manifestaciones de obreros por todo el país; Hitler en persona habló en el aeropuerto de
Tempelhof frente a cien mil trabajadores, promoviendo elmotto "Honor, trabajo y respeto para el
trabajador".99 Al día siguiente, el 2 de mayo, la actitud del gobierno cambió drásticamente, todos
los sindicatos fueron disueltos y "coordinados" forzosamente en un sindicato único, el Frente
Alemán del Trabajo, y sus líderes fueron colocados bajo "custodia protectora", un eufemismo que
implicaba la internación en un campo de concentración; ni siquiera aquellos que habían estado
colaborando con el régimen nazi se salvaron.99 Solamente a los sindicatos católicos se les
concedió un respiro de dos meses, luego recibieron el mismo trato. 99 Desde entonces, los
representantes sindicales fueron electos directamente por Hitler, y como los contratos firmados por
estos eran legalmente vinculantes, las huelgas quedaron prohibidas de facto.100

En este punto, los partidos políticos de oposición se encontraban tan indefensos e impotentes que
se empezaron a doblegar ante la mínima presión del gobierno nacional; el 10 de mayo, se
confiscaron todas las propiedades del Partido Socialdemócrata, y se cerraron sus periódicos;101 los
socialdemócratas respondieron eligiendo una nueva directiva más tolerante al nazismo, pero tres
días después,Wilhelm Frick disolvió el movimiento por considerarlo "subersivo".101 Los líderes
socialdemócratas terminaron acompañando a sus homólogos comunistas en los campos de
concentración.102 El Partido Popular Alemán y el Partido Democrático Alemán, baluartes de la
democracia alemana, se disolvieron voluntariamente a inicios de julio;101 de inmediato siguieron los
partidos católicos, el Partido Popular de Baviera se disolvió el 4 de julio, y su aliado nacional,
el Zentrum, hizo lo mismo al día siguiente.101 Tampoco los aliadosderechistas de Hitler pudieron
evitar ser "coordinados", el 21 de junio la policía ocupó todas las oficinas del Partido Nacional del
Pueblo Alemán, el partido de Hugenberg; una semana después éste renunció a su cargo de
Ministro de Agricultura, y disolvió el partido, también "voluntariamente". 101

Con la oposición política neutralizada, Hitler propuso entonces a su gabinete ilegalizar todos los
partidos excepto el Partido Nazi. Este gabinete había sido modificado, resaltaba Hjalmar
Schacht como nuevo Ministro de Economía, y contaba ahora con ocho nazis; y aunque el
conservador Franz von Papen permanecía en el gobierno como Vice-canciller, estaba muy
consciente de la futilidad de su posición.101 La ley del partido único fue aprobada el 14 de julio, casi
sin oposición dentro del gabinete.102

Mientras Hitler se esforzaba por "coordinar" la sociedad alemana con el Partido, al mismo tiempo
obraba para mantener al margen de la sociedad a los elementos raciales "inferiores". El 1 de
abril llamó a un boicot contra los negocios judíos, como respuesta a una "campaña mediática" que
supuestamente Estados Unidos e Inglaterra habían iniciado en su contra.103 Una víctima de este
período fueAlbert Einstein, cuyos activos en el banco fueron embargados luego de que se
descubriera una arma letal en su casa: el cuchillo con el que cortaba el pan. 103 Aunque se
apostaron camisas pardas frente a los negocios judíos, en general hubo poca violencia, y la
ineficaz medida tuvo que ser levantada tres días después.100 El boicot sí sirvió para sacar de su
letargo, aunque temporalmente, al anciano Hindenburg; el Presidente le recriminó al Canciller el
hecho de que los veteranos de guerra judíos no estaban siendo tratados como ciudadanos
alemanes. Hitler elaboró una vaga promesa para calmarlo, pero el 7 de abril promulgó leyes
prohibiendo la presencia de judíos en la administración pública, y restringió su presencia en
la abogacia y la medicina.104 Luego limitó el número de estudiantes judíos en las universidades,
bajo el pretexto de prevenir el "hacinamiento".104 No obstante, las medidas de 1933 no fueron
consideradas peligrosas por muchos judíos, que creían que el objetivo de Hitler se limitaba a
hostigar a los judíos provenientes deEuropa oriental.104

La purga de las «camisas pardas»


En poco tiempo, logró afianzarse en el poder, ocupando los cargos de canciller y presidente de la
República a la muerte de Hindenburg (2 de agosto de 1934), nombrándose a sí mismo Führer.
Eliminó a los oponentes de su propio partido y a colaboradores de dudosa fidelidad durante la
llamada «Noche de los cuchillos largos», iniciando el proceso de eliminación de diversos grupos
raciales, políticos, sociales y religiosos que consideraba «enemigos de Alemania» y «razas
impuras», lo que le llevó a reasignar las directrices a los campos de concentración para la
liquidación sistemática de comunistas, judíos,testigos de Jehová (Bibelforscher), gitanos, enfermos
mentales y homosexuales, principalmente, así como a un intenso rearme.
Las fabricas y factorías comenzaron a trabajar en la maquinaría del rearme. Además para absorber
mano de obra desocupada se empezaron a construir modernas autobahns o carreteras.

Tercer Reich
Artículo principal: Alemania Nazi.

Habiendo obtenido el poder político que necesitaba, Hitler llegó a obtener el apoyo y convencer a
la mayoría de los alemanes de que el era su salvador de la economía ante de la depresión, del
comunismo, el «judeo-bolchevismo», y el Tratado de Versalles, junto con otras minorías
«indeseables». Los nazis eliminaron la oposición a través de un proceso conocido
como Gleichschaltung.

Economía y cultura
Hitler estuvo a cargo de una de las mayores expansiones de la producción industrial y la mejora
civil como nunca se había visto en Alemania, en su mayoría sobre la base de la deuda de flotación
y el rearme. Durante un discurso de la Organización de las Mujeres Nacional Socialistas en
septiembre de 1934, Adolf Hitler argumentó que para la mujer alemana su mundo era «su marido,
su familia, sus hijos, y su casa».

Esta política fue reforzada al instaurar la Cruz de Honor de la Madre Alemana, junto con incentivos
económicos para la mujer que tuviera cuatro o más hijos. La tasa de desempleo se redujo
sustancialmente, en su mayoría a través de la producción de armas, construcciones de obras
civiles (Organización Todt) y el envío de la mujer a casa, para que los hombres pudieran ocupar
sus puestos de trabajo. En vista de esto, se llegó a afirmar que la economía alemana logró emplear
a todos, al menos según la propaganda de la época. Gran parte del financiamiento para la
reconstrucción y el rearme vino de la manipulación de la moneda por Hjalmar Schacht, incluyendo
los créditos a través de las cuentas mefo. Los efectos negativos de esta inflación se compensaron
durante los años siguientes por la adquisición de oro de las tesorerías de las naciones anexadas.

Hitler también estuvo a cargo de una de las más grandes campañas de mejora de la infraestructura
en la historia alemana, con la construcción de decenas de represas, autopistas, ferrocarriles, y
otras obras civiles. Hitler insistió en la importancia de la vida familiar: los hombres debían ser el
«sostén de la familia», mientras que las prioridades de la mujeres debían ser la educación de los
hijos y las tareas domésticas. Esta revitalización de la industria y la infraestructura se produjo a
expensas del nivel general de vida, al menos para los que no fueron afectados por el desempleo
crónico después de la República de Weimar, ya que los salarios se redujeron ligeramente durante
la Segunda Guerra Mundial y se aumentó en un 25% costo promedio de vida. Los obreros y los
agricultores, los votantes frecuentes del NSDAP, sin embargo, registraron un aumento en su nivel
de vida.

El gobierno de Hitler auspicio la arquitectura en una escala inmensa, junto con Albert Speer que
pasaría a ser el famoso «Arquitecto del Reich». Si bien como arquitecto fue importante en la
aplicación clasicista y la re interpretación de la cultura alemana, Speer demostró ser mucho más
eficaz como ministro de armamento en los últimos años de la Segunda Guerra Mundial. Todos
estos avances fueron ampliamente explotados por el Ministerio de propaganda dirigido por
Goebbles.

En 1936, Berlín fue sede de los Juegos Olímpicos de verano, que fueron inaugurados y dirigidos
por Hitler como una forma de demostrar la superioridad aria alemana sobre todas las demás razas.
Olympia, la película sobre los juegos y otras películas documentales de propaganda para el partido
nazi fueron dirigidas por la cineasta personal de Hitler, Leni Riefenstahl.

Aunque Hitler hizo planes para una Breitspurbahn (una red de ferrocarriles de amplio calibre) estos
fueron cancelados tras el inicio de la II Guerra Mundial. De haber sido construido el ferrocarril, su
calibre habría sido de tres metros, siendo incluso más amplio que el ferrocarril Great Western de
Gran Bretaña.

Hitler también contribuyó al diseño de un automóvil accesible y practico para el pueblo, automóvil
que más tarde se convertiría en elVolkswagen Tipo 1, cuyo diseño y construcción le fue
encomendado al ingeniero Ferdinand Porsche. La producción de este también fue aplazada a
causa de la guerra.

Hitler consideró a la antigua Esparta como el primer estado nacional socialista, y alabó su
tratamiento eugenésico de los niños deformes.
También otorgó la Orden del Águila Alemana, una de las más altas distinciones del Tercer Reich, al
industrial Emil Kirdorf en abril de 1937, en recompensa por su apoyo financiero durante su ascenso
al poder. Al año siguiente, cuando murió, también le organizó un funeral de estado.

El rearme y nuevas alianzas


Artículos principales: Potencias del Eje y Pacto Tripartito.

Si bien se especula que desde 1919, se mantenía un programa secreto para volver a armar un
ejército por parte del gobierno Alemán, es en marzo de 1934, cuando Hitler anuncia públicamente
que elejército alemán se ampliaría a 600.000 hombres (seis veces el número estipulado en
el Tratado de Versalles), así como la introducción de una Fuerza Aérea (Luftwaffe) y el incremento
del tamaño de la Marina (Kriegsmarine). Gran Bretaña, Francia e Italia, así como la Sociedad de
Naciones rápidamente condenaron estas acciones. Sin embargo, dado que Alemania nuevamente
explicó que sólo estaba interesada en la paz, ningún país tomó medida alguna para detener este
desarrollo y se permitió que el programa armamentista alemán continuara. Además, el Reino
Unido no compartía la visión pesimista de Francia sobre Alemania, y en 1935 firmó un acuerdo
naval con Alemania, lo que permitió aumentar el tonelaje alemán hasta un 35% del de la armada
británica. Este acuerdo que se firmó sin consultar ni a Francia ni a Italia, debilitó directamente
la Sociedad de Naciones y puso al Tratado de Versalles en camino hacia la irrelevancia.

En marzo de 1936, las disposiciones del gobierno alemán, violaron nuevamente el tratado al
introducir tropas y ocupar nuevamente la zona desmilitarizada en Renania. Ante la inacción de los
gobiernos de Gran Bretaña y Francia, el afán expansionista de Alemania se extendió. En julio de
1936, comenzó la guerra civil española cuando el ejército, dirigido por el GeneralFrancisco Franco,
se sublevó contra el gobierno de la República. Tras recibir una petición de ayuda del General
Franco en julio de 1936, Hitler envió tropas en apoyo de Franco, y España sirvió como banco de
pruebas para las nuevas fuerzas alemanas y sus métodos, incluyendo el bombardeo de ciudades,
como el de Guernica, en abril de 1937, primer bombardeo contra blancos civiles de la historia,34 y
que, posteriormente, el célebre pintorPablo Picasso plasmó en su célebre cuadro.

El conde Galeazzo Ciano, ministro de Asuntos Exteriores del dictador Duce Benito Mussolini,
declaró el 25 de octubre de 1936 una alianza entre Berlín y Roma, a la que denominó «El Eje». El
25 de noviembre del mismo año, Alemania firmó el Pacto Anti-Comintern con Japón. Para
fortalecer la relación con esta nación, Hitler se reunió en 1937 enNúremberg con el príncipe
Chichibu, hermano del emperador Hirohito.

El Pacto Tripartito fue firmado por Saburo Kurusu en representación del Imperio Japonés, Adolf
Hitler por Alemania y el Conde Galeazzo Ciano, el 27 de septiembre de 1940. Más tarde se amplió
para incluir a Hungría,Rumanía y Bulgaria. Este grupo se conoció como las Potencias del Eje. Más
tarde, el 5 de noviembre de 1939, en la Cancillería del Reich, Adolf Hitler celebró una reunión
secreta con los ministros de Guerra y Exteriores, más los tres jefes de servicios, registrada en el
Memorándum Hossbach y reveló sus planes para la apropiación de «espacio vital» (Lebensraum)
para el pueblo alemán.

II Guerra Mundial
Triunfos iniciales
El 12 de marzo de 1938, Hitler presionó a Austria para la unificación con Alemania (el Anschluss) e
hizo una entrada triunfal en Vienael 14 de marzo. A ello le siguió la intensificación de la Crisis de
los Sudetes, en la zona de habla alemana de Checoslovaquia conocida como Sudetes; Esto
condujo al Acuerdo de Múnich de septiembre de 1938, que autorizó a la anexión y ocupación
militar inmediata de estos distritos por parte de Alemania. Como resultado de la cumbre, la
revista TIME proclamó a Hitler Hombre del Año de 1938. El Primer Ministro británico, Neville
Chamberlain, saludó este acuerdo como la «paz en nuestro tiempo», pero al dar forma a las
exigencias militares de Hitler, Gran Bretaña Y Francia también abandonaron Checoslovaquia a
Hitler. Hitler ordenó al ejército alemán entrar en Praga el 15 de marzo de 1939, tomando el Castillo
de Praga y de Bohemia y proclamando un protectorado alemán enMoravia.

Tras ello, Hitler eleva quejas relativas a la Ciudad libre de Dánzig y el corredor polaco (la Crisis de
Danzig), que fue cedida por Alemania en virtud del Tratado de Versalles.Gran Bretaña no había
podido llegar a un acuerdo con la Unión Soviética para una alianza contra Alemania, y, el 23 de
agosto de 1939, Hitler firma a un pacto secreto de no agresión (el Pacto Molotov-Ribbentrop)
con Stalin en el que se acordó la probable partición de Polonia entre la Unión Soviética y la
Alemania nazi. El 1 de septiembre, Alemania invadió la parte occidental de Polonia. Después de
haber garantizado la asistencia a Polonia, Gran Bretaña y Francia declaran la guerra a Alemania el
3 de septiembre, pero no actúan de inmediato. No mucho después de esto, el 17 de septiembre,
las fuerzas soviéticas invadieron Polonia oriental.

Durante esta guerra, Hitler reconstruye sus fuerzas. En abril de 1940, ordena a las fuerzas
alemanas a marchar sobre Dinamarca y Noruega. En mayo de 1940, Hitler ordena a sus fuerzas
atacar Francia, la conquista de los Países Bajos, Luxemburgo yBélgica. Francia se rindió el 22 de
junio de 1940. Esta serie de victorias persuaden a su principal aliado, Benito Mussolini de Italia,
para unirse a la guerra al lado de Hitler en mayo de 1940.

Gran Bretaña, cuyas fuerzas habían derrotado en Francia a los evacuados de la ciudad costera
de Dunkerque, continuaron luchando junto a las fuerzas canadienses en la batalla del Atlántico.
Después de sus gestiones en pro de la paz sistemáticamente rechazadas por el Gobierno
británico, ahora conducido por Winston Churchill, Hitler ordena los bombardeos sobre las Islas
Británicas, dando lugar a la Batalla de Gran Bretaña, un preludio de la ya prevista invasión
alemana. Los ataques comenzaron a golpear por las bases de la Real Fuerza Aérea y la protección
de las estaciones de radar sudeste de Inglaterra. Sin embargo, la Luftwaffe no derrota a la Real
Fuerza Aérea a finales de octubre de 1940. La superioridad aérea para la invasión, denominada
Operación Sealion, no estaba asegurada, y Hitler ordenó diversos bombardeos que se llevarían a
cabo en ciudades británicas, incluyendo Londres y Coventry, en su mayoría por la noche.

La caída
El 22 de junio de 1941, aún sin doblegar a Inglaterra, tres millones de soldados alemanes atacaron
la Unión Soviética, rompiendo el pacto de no agresión que Hitler había firmado con Stalin dos años
antes. Esta invasión, llamada Operación Barbarroja, cuya duración se estimaba en unos pocos
meses, incautó grandes cantidades de territorio, incluidos los Estados Bálticos, Bielorrusia,
y Ucrania. También rodearon y destruyeron muchas fuerzas soviéticas. Pero los alemanes debido
al retraso de cuatro meses por las operaciones en Grecia y Yugoslavia, no consiguieron llegar
a Moscú en diciembre de 1941, en lo que también influyó la llegada anticipada del invierno ruso
con temperaturas de hasta -50 °C (el más duro en 50 años), todo ello unido a la feroz resistencia
soviética, reforzada con tropas siberianas del entonces general Zhukov especialmente adaptadas a
las condiciones extremas . La invasión no había logrado el triunfo rápido que Hitler quería.

Hitler firmó la declaración de guerra contra los Estados Unidos el 11 de diciembre de1941, cuatro
días después del ataque del Imperio del Japón a Pearl Harbor, Hawái, muchos historiadores y
revisionistas consideran este paso un grave error táctico y político, pues logra así en su contra, una
coalición que incluía el imperio más grande del mundo (el Imperio británico), el más grande del
mundo industrial y financiero (los Estados Unidos), y el ejército más grande del mundo (la Unión
Soviética).

A finales de 1942, las fuerzas alemanas fueron derrotadas en la Segunda Batalla de El Alamein,
frustrando los planes de Hitler para aprovechar el Canal de Suez y el Oriente Medio. En febrero de
1943, la titánica batalla de Stalingrado acabó con el cerco y la destrucción del 6 º Ejército alemán.
Poco después llegó la gigantesca Batalla de Kursk(1.300.000 soviéticos, 3.600 tanques, 20.000
piezas de artillería y 2.400 aviones, frente a 900.000 alemanes, 2.700 tanques, 2.000 aviones).

Desde Stalingrado, el plan militar de Hitler se volvió cada vez más errático, los rusos comenzaron a
avanzar obligando a la retirada de fuerzas alemanas extenuadas y la situación económica interna
en Alemania se deterioró.

Después de la invasión aliada de Italia (Operación Husky) ,en 1943, el aliado de Hitler, Mussolini,
fue depuesto por Pietro Badoglio, que se rindió a los Aliados. A lo largo de 1943 y 1944, la Unión
Soviética constantemente forzó a los ejércitos de Hitler a retroceder a lo largo del Frente Oriental.
El 6 de junio de 1944, los ejércitos occidentales aliados desembarcaron en el norte de Francia en
lo que fue la operación anfibia más grande jamás realizada, la Operación Overlord..

En el ejército alemán, los más realistas sabían que la derrota era inevitable, y algunos oficiales
dibujan un plan para deponer a Hitler del poder. En julio de 1944, uno de ellos, el ex-oficial de
observación de artillería del mariscal Erwin Rommel, Claus von Stauffenberg coloca una bomba
plantada en uno de los cuarteles generales de Hitler, laWolfsschanze (La Guarida del Lobo),
en Rastenburg, pero sin conseguir acabar con Hitler, este intento es uno de los atentados contra
Hitler que estuvo más cerca de tener éxito.

Éste ordenó salvajes represalias, y una persecución implacable por parte de las SS, lo que resultó
en la ejecución de más de 4.900 personas, a veces por inanición en régimen de aislamiento
seguido por estrangulación lenta. El principal movimiento de resistencia fue destruido, aunque
pequeños grupos aislados siguieron funcionando. La lista de personajes que cayeron es extensa y
se puede citar a Wilhem Canaris,Friedrich Fromm y Erwin Rommel, entre otros.

El atentado contra Hitler el 20 de julio de 1944 le dejó secuelas progresivas que lentamente fueron
afectando su raciocinio, desenvolvimiento y dominio de la situación.

Hitler también experimentó un deterioro de la salud. Su mano izquierda temblaba; el biógrafo Ian
Kershaw y otros creen que puede haber sufrido de la enfermedad de Parkinson. También se ha
sospechado, por alguno de los síntomas, que pudo haber padecido sífilis, aunque las evidencias
en favor de ello son mínimas.

Últimos días
En los últimos días de la guerra, Hitler contrajo matrimonio con su amante Eva Braun, en su búnker
subterráneo bajo las ruinas deBerlín, mientras la ciudad era invadida por el Ejército Rojo de
la Unión Soviética y su ejército finalmente derrotado. Luego de contraer matrimonio, Hitler y Braun
se suicidaron y sus cuerpos fueron incinerados.

Si bien Hitler había designado en su testamento a Karl Dönitz como sucesor, su suicidio significó la
rendición condicional alemana y el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa y de 12 años de
mandato totalitario nacionalsocialista en Alemania y regiones de Europa. Desde entonces
la historiografía, la memoria colectiva y la cultura popular en general, mantiene un aspecto negativo
sobre su figura debido a la crueldad de sus crímenes de lesa humanidad.

Muerte de Hitler
La versión oficial de los aliados —que concuerda con la versión dada por su secretaria
personal, Traudl Junge, en el libro Hasta la última hora: la secretaria de Hitler cuenta su vida (Bis
zur letzten Stunde: Hitlers Sekretärin erzählt ihr Leben), con la versión deJoachim C. Fest,
historiador y biógrafo, en El hundimiento (Der Untergang) así como la biografía del General
Freytag von Loringhoven— indica que Hitler renunció a intentar huir de Berlín y se suicidó con un
tiro de pistola y, al mismo tiempo, ingiriendo una cápsula de cianuro en su Führerbunker, a 15 m de
profundidad en el subsuelo del edificio de la Cancillería en Berlín, junto a su nueva esposa Eva
Braun y rodeado de unos pocos incondicionales, el 30 de abril de 1945, cuando el Ejército Rojo,
dirigido por el mariscal Georgi Zhúkov, tomaba Berlín y se encontraba a menos de 300 m del
búnker.

Aquel día, Hitler almorzó en compañía de sus secretarias en un silencioso ambiente y después del
almuerzo, el cual fue servido por Constanze Manziarly, hizo matar a su perra Blondie. Luego dio a
su ayudante Otto Günsche instrucciones estrictas sobre la cremación de su cuerpo y el de su
esposa, probablemente para evitar que fueran exhibidos como «trofeos de guerra», recordando el
ultraje del cadáver de su amigoBenito Mussolini, que fue colgado desnudo boca abajo junto con el
de su amante en una gasolinera de Milán, donde fue golpeado, escupido y despreciado durante
días. El siguiente relato procede del testimonio de Günsche: Hitler se retiró a eso de las 16 horas
junto con Eva Braun a su despacho privado contiguo a la sala de mapas y Otto Günsche se paró
frente al despacho esperando el momento de entrar; le acompañaba Linge. Se sintió un disparo
ahogado y Günsche esperó unos 15 minutos de acuerdo a instrucciones; posteriormente Linge
ingresó a la habitación de dos ambientes. Hitler estaba recostado a un extremo del sofá con un tiro
en la sien, con salida de proyectil, de la cual aún manaba sangre, su boca tenía una grotesca
mueca.

Según Günsche y Linge, Eva Braun estaba recostada al otro extremo con los ojos abiertos y una
mueca de dolor en su rostro, una pistola estaba en la mesa a su disposición, pero no alcanzó a
usarla, pues el cianuro suministrado por el médico personal de Hitler, Ludwig Stumpfegger, había
sido rápido.

En efecto, Linge siguió a Günsche al entrar al compartimiento de Hitler, y una vez confirmada su
muerte, levantó los cuerpos envueltos en una alfombra y los sacó al patio trasero de la Cancillería,
en unos momentos en que llovían obuses rusos por doquier.

Günsche depositó ambos cuerpos en un orificio de obús, los roció con unos 200 l de gasolina y les
prendió fuego. Mientras se consumían, unos cuantos testigos, entre ellos Martin Bormann,
Goebbels, realizaron un nervioso y acongojado saludo militar, mas un obús que estalló cerca les
obligó a volver al búnker sin verificar la total consumación de la incineración.

Su muerte se puso en duda durante mucho tiempo, creándose toda suerte de mitos.
Recientes versiones surgidas en los años 1990 del lado ruso, confirman que los soviéticos (NKVD),
después de una infructuosa búsqueda en la que incluso hallaron a un doble de Hitler suicidado en
una habitación de la Cancillería como una forma de despistar, por fin dieron con los restos
irreconocibles en parte de Hitler, Braun y la familia Goebbels y que estos, secretamente aún para
el mismo general Zhúkov, fueron transportados en cajas especiales a la frontera, a un cuartel
militar que luego pasaría a ser territorio de la República Democrática Alemana.

Los rusos confirmaron inicialmente en 1955 la muerte de Hitler, pero no se mostraron evidencias
muy sustanciales, salvo algunos detalles odontológicos, lo que confirmaba a pesar de todo que los
rusos tenían los cuerpos.

Estos restos permanecieron secretamente enterrados bajo un jardín de dicho cuartel en la ciudad
de Magdeburgo y sólo algunas autoridades de la NKVD sabían dónde estaban, hasta que
en 1970 fueron exhumados, se extrajo el cráneo a Hitler y el resto de los cadáveres fue incinerado
para evitar que su tumba fuera objeto de veneración, y las cenizas fueron lanzadas al río. 105

No se ha podido dar con el cráneo de Hitler, pero una parte signada como de Hitler, el hueso
parietal de su caja craneana, está en unMuseo soviético. Sin embargo, en septiembre del 2009, el
arqueólogo Nick Bellantoni anunció que, luego de un análisis de ADN practicado a los restos, se
determinó que el fragmento del cráneo correspondería a una mujer de entre 20 y 40 años de
edad.106

Rasgos de su personalidad

Hitler en una de sus características poses oratorias.

El gran interés que despierta la figura de Hitler se debe precisamente a los ribetes de su
extraordinario tipo de personalidad y su halo de impenetrabilidad. Hitler poseía un extraordinario
carisma capaz de envolver no sólo a las personas, sino también a las masas, además de poseer
una gran oratoria gesticular muy estudiada y una capacidad de liderazgo notable; pero quien haya
permanecido con él diría lo mismo que opinó su ministro y arquitecto Albert Speer: «Nunca llegué a
conocerlo».

Hitler era en sí un individuo muy autosuficiente y solitario. Muy pocas personas integraban su
séquito personal, se pueden citar a Albert Speer, el fotógrafo Heinrich Hoffmann, Martin
Bormann, Wilhelm Bruckner, Joseph Dietrich, Joseph Goebbels, Julius Schaub, Julius Schrecky el
arquitecto Geisler y sus secretarias personales. A ellos les exigía lealtad a toda prueba y
discreción.

Según algunos historiadores, Hitler fue vegetariano,107 si bien otros lo descartan,108 no


fumador,107 abstemio107 (dato también cuestionado por algunos historiadores),108ecologista,109 se
dice que promulgó las primeras leyes de la historia que penaban el maltrato a los
animales,109 aunque la verdad es que las primeras leyes contra el maltrato animal ya proceden del
imperio romano.110 Se dice que no permitía a sus colaboradores fumar ni beber enfrente de él.

Hitler jamás visitó una ciudad bombardeada, un campo de concentración o unhospital[cita requerida] (la
única excepción fue para visitar a las víctimas del atentado del 20 de julio). Un fiel ejemplo de este
aspecto es que Hitler se negó a ver las fotos y filmaciones de las ejecuciones de los involucrados
en el atentado ejecutado por Claus von Stauffenberg hacia su persona en 1944.

Una de las características más relevantes de la personalidad de Hitler era la capacidad de


impresionar, encantar, manipular y subyugar a quienes lo rodearan; había personas que podían ser
muy fuertes y seguras en sus campos de acción, pero en presencia de Hitler estas personalidades
se veían disminuidas y manipuladas hasta el servilismo; por ejemplo, Hermann Göring expresó al
ministro de finanzas Schacht que «cada vez que estoy frente al Führer siento el corazón en un
puño».

Hitler, era muy poco proclive a demostrar algún rasgo emocional o demostrar afinidad hacía
alguien cuando se tomaba fotografías en presencia de personas de su confianza y aceptación; en
cambio si demostraba una faceta muy humana en presencia de niños, sobre todo cuando era
visitado en Berghof.111

Hitler demostraba además insensibilidad y falta de escrúpulos cuando se trataba de deshacerse de


enemigos y/o sacrificar soldados; se puede citar como ejemplo la destrucción del 6º Ejército
alemán en Stalingrado.

Hitler y Eva Braun.

En su vida sentimental, muy discreta, se asocian los nombres de Geli Raubal, Eva Braun, quien fue
su amante, Unity Mitford e Inga Ley. Leni Riefenstahl, una de las más sindicadas en su momento,
negó haber sido amante de Hitler. Hitler era muy celoso y no permitía a casi nadie inmiscuirse en
esos temas. Albert Speer en sus memorias señaló que Hitler proporcionaba un trato
desconsiderado, opresivo y vejatorio hacia Eva Braun.

Respecto de la orientación sexual de Hitler mucho se ha escrito[cita requerida] debido a su vínculo


inicial con Ernst Röhm, pero las evidencias indican que Hitler era, sin lugar a
dudas, heterosexual.108

Una de las secretarias personales de Hitler, Traudl Junge, describió así la energía que emanaba
de la persona de Hitler: «Cuando estaba presente (Hitler), todo el edificio bullía de actividad, todos
corrían, los teléfonos sonaban, los radioespectadores no cesaban de enviar y recibir notas de
comunicados (...) Cuando él estaba ausente, todo volvía a una monótona normalidad, Hitler era
como una especie de dínamo». Junge describió a Hitler como una persona que presentaba dos
personalidades: una muy considerada y afable, y otra muy fría, iracunda y avasallante en extremo,
apasionada y calculadora.

Cita Junge en sus remembranzas: «Hitler era vegetariano, gustaba del té y además no soportaba
el calor; no se podía fumar en su presencia y hacía climatizar sus ambientes a no más de 11 °C de
temperatura. Otro de los aspectos es que a Hitler le gustaba escuchar chismes, pues lo distraían
de su realidad. Además, Hitler se acostaba muy tarde, a las tres o cuatro de la madrugada, y se
levantaba también muy tarde, entre las 10:00 y las 11:00 horas; el personal militar de la primera
planta se acostaba en torno a la medianoche, terminada la última reunión de guerra de cada día y
se levantaba hacia las siete».[cita requerida]

Para los miembros cercanos a Hitler, Keitel, Lammers y Bormann, Hitler predicaba con el ejemplo
pagando sus propios costes personales sin derogar ningún fondo del Estado. Los ingresos de
Hitler, hábilmente administrados por su secretario personal Martin Bormann, sucesor de Rudolf
Hess, provenían de los derechos por su imagen postal y por su libro Mein Kampf. [cita requerida]

Otro de los rasgos característicos de Hitler era su desprecio por la debilidad ante el enemigo y por
éste, sobre todo al judaísmo y en segundo grado al comunismo, su impulsividad y su obcecación
por las metas sin importar el costo que tuvieran. Por ejemplo: cuando Brauchistch le solicitó la
retirada estratégica de Moscú, Hitler se encolerizó diciendo: «¡No me podéis quitar Moscú!, ¡quiero
Moscú!».

Un ejemplo de su aparente flexibilidad es cuando cedió ante Himmler por la deportación de los
holandeses a Polonia, en pro de aumentar primeramente el contingente de las SS.

Albert Speer llegó a emitir el siguiente comentario al respecto: «En el lugar donde debía haber un
corazón en el pecho de Hitler, había un gran hueco».

Cuando le tocaba tratar temas variados sobre aspectos técnicos o militares, mostraba un acabado
conocimiento de estos, llegando a sorprender a sus interlocutores.

Hitler era muy condescendiente con quienes mostraban valor y arrojo en combate; llegó a diseñar
él mismo la Cruz de Brillantes, Espadas y Robles para Hans Ulrich Rudel, el célebre piloto de

Autodidacta y lector empedernido


Hitler era autodidacta. Sus conocimientos detallados acerca de diversos temas no los había
adquirido en forma sistemática o bajo dirección científica, dado que además siempre tuvo una
adversión contra las universidades y los profesores universitarios, a los que despectivamente
llamaba „Profaxe“. Repetidas veces expresó su odio a las ciencias establecidas. 112 Siguiendo a su
mentor Dietrich Eckart, Hitler alababa las enseñanzas esotéricas y ocultistas de autores
como Guido von List o Hanns Hörbiger, los que unían ciertas tésis científicas con
elementos míticos y místicos y que con frecuencia también integraban ideas nacionalistas o
racistas en sus obras.

Hitler poseía más de 16000 libros, distribuidos en tres bibliotecas privadas ubicadas en Múnich,
Berlín y Berchtesgaden, y de los que unos 12000 se han conservado.113 Junto a literatura militar
práctica (comoHeigls Taschenbuch der Tanks (El compendio de tanques de Heigl))),114 que
representaba alrededor de la mitad del inventario,113 Hitler leía a numerosos escritores
nacionalgermanos y antisemitas tales comoPaul de Lagarde, Hans F. K. Günther114 o Jörg Lanz
von Liebenfels115 y documentaba su comportamiento como lector con subrayados y notas al
márgen. Más de un diez porciento de los libros que se conservan estaban representados
por esotérica de derecha y ocultismo, por ejemplo obras de Carl Ludwig Schleich, Maximilian
Riedel o Ernst Schertel.113 114

Hay poca ficción o bellas letras entre las obras que se conservan.114 La afirmación de Hitler, de que
en prisión habría realizado estudios filosóficos con Immanuel Kant, Arthur
Schopenhauer y Friedrich Nietzsche, merece ponerse en duda por la falta de estos filósofos entre
lo que se conserva de la biblioteca.114 113 Solamente un tomo con escritos de Johann Gottlieb
Fichte, regalado por y con dedicatoria de Leni Riefenstahl, se encuentra114 junto a dramas
de Shakespeare, preferido por Hitler antes de Goethe y Schiller. Le gustaba impresionar a sus
auditores con citas de Julius Caesar y Hamlet.113 Hitler era capaz de memorizar en forma duradera
informaciones esenciales fruto de sus lecturas, incluso muchos detalles, intercalándolas a voluntad
en sus discursos, conversaciones o monólogos. Al hacerlo, generalmente evitaba indicar la fuente,
de manera que a los auditores con frecuencia les daba la impresión de que se trataba de ideas
originales del propio Hitler.112

No dominaba ningún idioma extranjero aparte de un francés rudimentario que había aprendido en
la enseñanza media de Linz, terminando sus estudios en el ramo al tercer año con la nota de
„insuficiente“.116 Es de suponer que el los años 1914–1918 haya tenido ocasión de refrescar en
algo sus conociemientos de francés en el frente occidental. El „Canciller“ Hitler se informaba de la
prensa extranjera solamente por vía de su traductor jefe Paul-Otto Schmidt. Aparte de Praga
(1939), Varsovia (1939), París (1940) y Roma, así como Viena y Berlín, Hitler personalmente no
conoció otras capitales europeas.

Dado que tenía mala vista, pero rehusaba portar gafas por vanidad, los sirvientes debían distribuir
gafas para leer en todas las salas de la Cancillería, para que Hitler tuviera rápidamente una a
mano.117

Antisemitismo
El primer testimonio de Hitler sobre la cuestión judía se encuentra en una carta escrita en
septiembre de 1919:

utilizando la terminología biológica que frecuentemente desplegaría, declaró que las actividades de los judíos
producían «una tuberculosis racial en las naciones». Afirmó categóricamente que los judíos eran una raza, no
una religión. El antisemitismo como movimiento político, declaró, debería basarse en la «razón», no en la

emoción, y debería conducir a la eliminación sistemática de los derechos de los judíos. Sin embargo, concluía,

el «objetivo final», que sólo podía alcanzarse con un gobierno de «fortaleza nacional» tenía que ser la

«eliminación completa de los judíos».118

Veintinco años después, en vísperas de su suicidio, dejó escrita en su Testamento Político su


valoración de la «raza judía» como la verdadera culpable de la guerra en curso.

En un pasaje de Mein Kampf, escribió que el sacrificio de los soldados alemanes en el frente de la
Gran Guerra no hubiese sido necesario si «doce o quince mil de estos judíos corruptores del
pueblo hubiesen sido sometidos a los gases tóxicos».119

El antisemitismo de Hitler era un componente muy arraigado y esencial de su ideología, más allá
de los usos propagandísticos que pudo darle a lo largo de su trayectoria política. Junto con el
deseo de asegurar la hegemonía de Alemania en Europa y la consecución de un espacio vital para
su país, la eliminación de los judíos era el tercer elemento que conformaba su ideología. 120

El deseo de venganza que Hitler desarrolló tras la capitulación alemana en noviembre de 1918 se
centró en una serie de enemigos que ya había identificado años antes, a los que solo se podía
combatir mediante la guerra; y

ya que bajo su punto de vista los judíos eran los responsables de los crímenes más terribles de todos los

tiempos -por la «puñalada en la espalda» de 1918, la capitulación, la revolución, la desgracia de Alemania-; ya

que bajo su pervertida percepción eran los principales protagonistas del capitalismo de Wall Stret y de la City

de Londres, así como del bolchevismo de Moscú; y ya que, según su creencia en la leyenda de la

«conspiración judía mundial», siempre estarían bloqueando su camino y representarían el enemigo más

peligroso para sus planes, lógicamente esa guerra no podía ser otra cosa que una guerra contra los judíos.121

En este sentido, Hitler se veía como el agente necesario para la salvación de Alemania y veía la
destrucción del poder de los judíos como el medio indispensable para lograrla.

Con su ascenso al poder el 30 de enero de 1933, su Weltanschauung, ante todo un conjunto de


objetivos visionarios, sirvió para integrar las fuerzas centífugas del nazismo, para movilizar a sus
activistas y para legitimar determinadas iniciativas políticas llevadas a cabo siguiendo, de una
forma u otra, su voluntad. Entre tales objetivos estaba la eliminación de los judíos, idea que supo
manejar con criterio táctico a lo largo de su carrera. Así,

Hitler intervenía para canalizar los ataques en forma de una legislación antijudía tremendamente

discriminatoria, aplacando en cada fase a los radicales y progresando en la radicalización de las medidas

adoptadas. Existía, por lo tanto, una «dialéctica» continua entre acciones «salvajes» desde abajo y

discriminación orquestada desde arriba. Cada fase de radicalización era más intensa que la que la precedía.

De esta manera, la inercia no se desvanecía nunca.122

Teorías sobre el origen de su antisemitismo


Desde su aparición en el mundo político, surgieron toda clase de teorías y rumores que han
intentando explicar, insatisfactoriamente, los orígenes del antisemitismo de Hitler.

Hubo rumores de que Hitler tenía alguna parte de sangre judía y de que su abuela, Maria
Schicklgruber, se embarazó mientras trabajaba como criada en una familia judía.[cita requerida] Las
implicaciones de estos rumores eran políticamente explosivas para el proponente de
una ideología racista. Los adversarios intentaron demostrar que Hitler tenía antepasados judíos o
checos. Aunque estos rumores no fueron nunca probados, para Hitler fueron una razón suficiente
para ocultar sus orígenes.[cita requerida] Según Robert G. L. Waite en The Psychopathic God: Adolf
Hitler, Hitler convirtió en ilegal para las mujeres alemanas trabajar en familias judías, y después
del Anschluss (anexión) de Austria, convirtió la ciudad natal de su padre en una área de prácticas
de artillería. Waite dice que las inseguridades de Hitler en este aspecto pueden haber sido más
importantes que si la ascendencia judía pudo ser probada por sus compañeros.

Para 1903, Hitler asistía a la Realschule al mismo tiempo que Ludwig Wittgenstein, uno de los más
destacados filósofos del siglo XX. Un libro de Kimberley Cornish sugiere que los conflictos entre
Hitler y algunos estudiantes judíos, incluyendo Wittgenstein, fueron un momento crítico en la
formación de Hitler como un antisemita.123 Sin embargo, la obra de Cornish ha sido acusada de ser
de naturaleza especulativa.124 125

Muchos historiadores especulan que su odio extremo hacia los judíos era por la posibilidad de que
el padre biológico de Alois (y por tanto su abuelo) fuera de origen judío,[cita requerida] lo que fue
desmentido luego. Otros lo atribuyen a que su madre murió al cuidado de un médico
judío,[cita requerida] pero el mismo Hitler pareció estar agradecido por sus atenciones (le regaló una
pintura y más tarde como canciller le permitió salir de Austria). Según algunos, sería la idea de la
supuesta influencia sionista para que Estados Unidos entrara en la guerra.[cita requerida] Hasta la
fecha, ninguna de estas aseveraciones ha sido convincentemente confirmada. Otra hipótesis
afirma que fue simplemente por estrategia política. [cita requerida] Hitler encontró un culpable
simbólico que le permitía justificar fácilmente el nacionalismo alemán y superar la lucha de clases
(lo que en psicología básica se denomina chivo expiatorio).[cita requerida] El banquero no era malo por
ser banquero, sino por ser judío. Si el banquero era alemán, nacionalista alemán, sólo podía
empeñar la plusvalía que obtenía a costa de los trabajadores en engrandecer Alemania. Era una
adaptación de la idea fascista del nacionalismo para superar la lucha de clases, pero era mucho
más potente al identificar un enemigo mítico contra el que ya existía recelo y aversión mítica y
antigua (los judíos como responsables de la muerte de Cristo). Una brillante idea con la que
promover un movimiento unitario con una gran dosis de crítica y acción constructora (la gran
Alemania) y una no menor dosis de destrucción y violencia mítica. La acción política perfecta:
construir y destruir como propuesta política.

Según sus escritos, él consideraba a los judíos como una raza extranjera en territorio alemán y
compartía muchas de las ideas antisemitas comunes en la época, que eran de origen muy antiguo
(un ejemplo de esto lo tenemos en la influencia del panfleto apócrifoLos protocolos de los sabios
de Sion). Así es como hablaba de una «conspiración judeo-bolchevique» (en la que incluía a todos
los movimientos de izquierda por igual), al mismo tiempo que culpaba a los empresarios y
financieros judíos de los problemas económicos por los que pasaba Alemania en aquel entonces
(algunos de sus primeros discursos versaban sobre lo que él llamaba «la esclavitud del interés»).
Como se verá, eso llevó a acusarlos también de llevar a Alemania a la derrota en 1918.

Legado de Hitler
Durante los Juicios de Núremberg se acusó a 611 personas, integrantes de las diversas
instituciones del Tercer Reich, de cinco delitos: complot, crímenes de guerra, crímenes contra la
humanidad (exterminio), crímenes contra la paz y genocidio. Los principales jerarcas nazis
apresados fueron condenados a la horca o a largas penas de prisión; otros murieron en los meses
que siguieron a la caída de Berlín.

El nazismo y cualquier reminiscencia ideológica afín fueron prohibidos en casi toda Europa; de
hecho no se pueden publicar textos de orientación nazi ni utilizar públicamente esvásticas y otros
símbolos hitlerianos sin riesgo de cometer falta o delito punible. Sin embargo, la
discriminación antisemita permaneció hasta bien entrada la década de los 60, sobre todo en países
americanos.

Desde el punto de vista militar, el legado más importante de la Alemania nazi es la completa
adopción del concepto del Blitzkrieg, literalmente guerra relámpago, en todas las academias de
guerra del mundo. Las estrategias, batallas y técnicas de la Wehrmacht usadas en la Segunda
Guerra Mundial son objeto de estudio en todos los institutos militares.

La publicación del libro Mein Kampf de Hitler está prohibida en muchos países europeos,
principalmente en Alemania desde 1945;126 no obstante, sigue editándose en otros países, como
por ejemplo España y México, circula libremente en muchos idiomas por las librerías de muchos
países y es objeto de estudios de todo tipo.

Distintos grupos en todo el mundo se consideran herederos del nazismo. Grupos violentos como
el Ku Klux Klan, Nación Aria, etc., se reclaman herederos de esta doctrina.34

Otro de los legados de Hitler es el nombre y el concepto del automóvil Volkswagen (auto del
pueblo), llamado en un primer momento Kdf-Wagen (Kraft durch Freude, fuerza a través de la
alegría). El diseño original del auto fue realizado por el ingeniero Ferdinand Porsche, pero el propio
Hitler se ocupó de los detalles finales del acabado de la carrocería y aportó el nombre. Durante el
gobierno nazi solo se construyeron prototipos, pero tras la guerra el Volkswagen (como fue
conocido finalmente el automóvil) se hizo muy popular, desarrollándose diversos modelos de
(escarabajo).127
Higiene racial y el Holocausto
Artículo principal: Holocausto.

Uno de los fundamentos de Hitler y el NSDAP de las políticas sociales es el concepto de «higiene
racial». Se basó en las ideas de Arthur de Gobineau, la eugenesia, y darwinismo social. Aplicado a
los seres humanos, «la supervivencia de los más aptos» fue interpretado como una exigencia de la
pureza racial y la matanza fuera de la «vida indigna de ser vivida». Las primeras víctimas fueron
mutilados y niños con retraso en un programa denominado Acción T4. Después de una protesta
pública, Hitler hizo un amago de poner fin a este programa, pero, de hecho, los asesinatos
continuaron.

Entre 1939 y 1945, las SS, con la ayuda de gobiernos colaboracionistas y reclutas de los países
ocupados, sistemáticamente asesinaron entre 11 y 14 millones de personas, incluidos cerca de
seis millones de judíos, en los campos de concentración, los guetos y las ejecuciones en masa y a
través de otros métodos como los experimentos médicos. Además de ser gaseados hasta la
muerte y muchos de ellos murieron como consecuencia de la hambruna y la enfermedad mientras
trabajaban como esclavos (a veces en beneficio de las empresas privadas alemanas en el
proceso, debido al bajo costo de esa mano de obra). Junto con los judíos fueron asesinados
polacos no judíos (más de tres millones de víctimas), los comunistas o supuesta oposición política,
miembros de grupos de resistencia, católicos y protestante opositores, los homosexuales, los
gitanos, los minusválidos físicos y retrasados mentales, prisioneros de guerra soviéticos
(posiblemente el mayor número, cercano a los tres millones), testigos de Jehová, clero anti-nazi,
sindicalistas, y pacientes psiquiátricos. Uno de los mayores centros de asesinato en masa fue el
complejo-campo de exterminio deAuschwitz-Birkenau. Hitler nunca visitó los campos de
concentración y no habló en público sobre las muertes en términos precisos.

Las matanzas que llevaron al Holocausto (la «Solución Final de la Cuestión Judía» o Endlösung
der Judenfrage) fueron planificadas y ordenadas por líderes nazis, con Himmler jugando un papel
clave. Si bien no se ha hallado la orden concreta de Hitler autorizando el asesinato en masa de los
judíos, existe documentación que demuestra que aprobó los Einsatzgruppen, escuadrones de
muerte que siguieron al ejército alemán a través de Polonia y Rusia, y que se le mantuvo bien
informado acerca de sus actividades. La evidencia también sugiere que en el otoño de 1941, Hitler
y Himmler decidieron el exterminio en masa por medio de gases. Durante los interrogatorios por
oficiales de inteligencia soviéticos, desclasificados más de cincuenta años después, el valet Heinz
Linge y el ayudante militar Otto Gunsche oyeron decir a Hitler que había «poros de más en los
primeros planos de las cámaras de gas».[cita requerida]

Para avanzar en la aplicación de esta «Solución Final», se celebró la conferencia de Wannsee,


cerca de Berlín, el 20 de enero de 1942, con quince altos funcionarios participantes, dirigido por
Reinhard Heydrich y Adolf Eichmann. Las actas de esta reunión proporcionarían la prueba más
clara de la planificación para el Holocausto. El 22 de febrero, Hitler fue grabado diciendo a sus
socios, «vamos a recuperar nuestra salud sólo con la eliminación de los judíos». [cita requerida]

Predecesor: Führer Sucesor:


Paul von Hindenburg Presidente de Alemania Karl Dönitz
2 de agosto de 1934 – 30 de
abril de 1945

Predecesor: Reichskanzler Sucesor:


Kurt von Schleicher Canciller de Alemania Joseph Goebbels
30 de enero de 1933 – 30 de
abril de 1945

Predecesor: Sucesor:
Líder del Partido Nazi
Anton Drexler Martin Bormann
29 de julio de 1921 - 30 de
abril de 1945
Predecesor: Sucesor:
Franz Pfeffer von Salomon Oberster SA-Führer Ernst Röhm
1930 – 1931

Predecesor: Sucesor:
Oberkommando des Heeres
Walther von Brauchitsch Ferdinand Schörner
19 de diciembre de 1941 – 30 de
abril de 1945
Predecesor:
Persona del año Sucesor:
Chiang Kai-shek y Soong
1938 Joseph Stalin
May-ling

Predecesor: Sucesor:
' Reichsstatthalter de Prusia Hermann Göring
30 de enero 1933 – 30 de enero 1935

HOLOCAUSTO JUDÍO:

No puede hallarse en la Historia otro crimen tan atroz ni tan fríamente calculado como el que
aniquiló a millones de seres humanos en los campos de concentración nazis. Reducidos al estado
animal, sometidos a la más espantosa degradación moral y física, hombres, mujeres y niños fueron
salvajemente torturados y arrastrados a las cámaras de gas por el solo hecho de pertenecer a una
raza considerada inferior o de sostener creencias religiosas o políticas antagónicas a las de la «raza
de los señores».

Hitler fue el origen de este furioso torbellino de la muerte. Pero Hitler no estaba solo. Parte de un
pueblo fanatizado por la propaganda, educado en el desprecio hacia el hombre no ario, le ayudó a
borrar de la faz de la tierra a sus pretendidos «enemigos».

Día: 25 de enero de 1945; lugar: K.Z.Stutthof, campo de concentración situado a pocos kilómetros
al este de Gdansk (Danzig para los alemanes). Cuando llegaron los soldados del Ejército Rojo, los
primeros que iban a liberar un campo de exterminio nazi, sólo 385 de los 120.000 prisioneros que
habían pasado por Stutthof (el 90 % de ellos era de origen polaco) lograron franquear las puertas
del campo y respirar de nuevo la libertad.

Los jóvenes soldados soviéticos descubrieron un espectáculo dantesco. Allí estaban los
supervivientes del horror nazi, que vagaban moribundos, casi desnudos, por la amplia plaza del
campo mientras el termómetro marcaba -30 °C; allí estaba el patíbulo, que en numerosísimas
ocasiones había servido para segar las vidas de cientos de polacos, mudo testigo de unos hechos
difícilmente creíbles; allí estaba la cámara de gas, sofisticada
habitación de la muerte, que en los últimos meses de 1944 había consumido la escalofriante
cantidad de 200 víctimas por hora; y, finalmente, allí estaba el horno crematorio, con su erguida
chimenea aún humeante, donde las SS habían intentado borrar todo rastro de su barbarie, pero
sin conseguirlo, porque los 85.000 cadáveres que pretendían hacer desaparecer en el momento de
la liberación del campo eran demasiados para la capacidad del horno. Así pues, los rusos
encontraron también miles y miles de cadáveres amontonados formando un amasijo de brazos,
piernas y cabezas.

El 27de enero de 1945, otros soldados soviéticos pudieron presenciar una escena parecida en otro
lugar siniestro: Auschwitz. Y en el mes de abril, tras la llegada de los blindados americanos al
campo de Buchenwald, cerca de Weimar, el general Eisenhower comprobó con sus propios ojos
hasta dónde fueron capaces de llegar los nazis en su desprecio por la vida de los seres humanos.

La historia de los campos de concentración nazi comienza poco después de que Hitler fuera
nombrado canciller del Reich el 31 de enero de 1933; su existencia obedece al propósito de
eliminar a la oposición política.Al principio, Hitler introdujo la "Schutzhaft" (custodia preventiva)
como excusa para encerrar en los campos elementos no gratos para el régimen; más adelante no
tuvo escrúpulos para eliminarlos.

En marzo de 1933, con motivo de la puesta en servicio de los primeros campos -Oranienburg y
Dachau-, Hitler definió así la función de estos establecimientos: «La brutalidad inspira respeto. Las
masas tienen necesidad de que alguien les infunda miedo y las convierta en temblorosas y
sometidas. No quiero que los campos de concentración se conviertan en pensiones familiares. El
terror es el más eficaz entre todos los instrumentos políticos... Los descontentos y los
desobedientes se lo pensarán dos veces antes de enfrentarse con nosotros, cuando sepan lo que
les espera en los campos de concentración

Agrediremos a nuestros adversarios con brutal ferocidad y no dudaremos en doblegarlos a los


intereses de la nación mediante los campos de concentración. »No cabe la menor duda que
quienes fueron delegados por Hitler para este cometido cumplieron fielmente los deseos de su
jefe. En un principio, los campos se hallaban bajo el control de la SA («Sturm Abteilung», sección
de asalto), tropas de choque que acabaron por ser anuladas después de un sangriento ajuste de
cuentas con las SS durante la célebre «Noche de los cuchillos largos», el 30 de junio de 1934. La SA
fue, por tanto, la encargada de instaurar el terror mediante asesinatos masivos en los primeros
campos de concentración. El comandante de Dachau, Theodor Eicke, redactó de forma
escrupulosa un reglamento cuya letra y espíritu legitimaban estos asesinatos.

Tras la desaparición de la SA, Hitler asignó a las SS («Schutz-Staffeln», escuadras de protección) el


control de los campos y Heinrich Himmler se encargó de organizarlas. Con tal fin creó unos
destacamentos destinados al servicio de custodia de los campos, las «Totenkopfverbánde»
(formaciones de la calavera), reclutadas entre los nazis más fanáticos.Las primeras remesas de
prisioneros llegadas a los campos fueron obligadas a trabajar bajo una disciplina
durísima y en unas condiciones inhumanas para levantar y ampliar los establecimientos. Aquéllos
que no eran capaces de soportarlo morían sin remedio o eran fusilados; sin embargo, en ningún
caso se revelaba la verdad sobre los fallecidos.

Bajo la directa supervisión de Himmler, los campos se multiplicaron. Después de Dachau,


Sachsenhausen, Buchenwald, Ravensbruck(campo para mujeres),Stutthof, Auschwitz,
Neuengamme,...Estos grandes campos tenían otros anexos menores llamado: Kommandos
exteriores. Antes de 1939, el número de prisioneros internados en campos de concentración era
relativamente bajo, sobre todo si se tienen en cuenta las cifras del período de guerra; además, aún
no se habían aplicado masivamente los sistemas de tortura y muerte. No obstante, esta situación
cambió de modo radical tras las redadas de judíos llevadas a cabo por los nazis durante la
tristemente célebre «Noche de cristal» (9-10 de noviembre de 1938), y después de la anexión de
Austria, que significó la entrega de aquel país a manos de la Gestapo y de las SS. Tras estos
acontecimientos, el número de internados aumentó vertiginosamente. Y Himmler planeó la
posibilidad de explotar la fuerza de trabajo que tal cantidad de detenidos era capaz de ofrecer a
sus secuaces. Hitler había prohibido el empleo de prisioneros en la fabricación de armamento,
pero a partir de septiembre de 1942 se hizo imprescindible aumentar la producción bélica. Con
este objetivo se llegó a un acuerdo según el cual los prisioneros trabajarían en las industrias
privadas encargadas de abastecer al ejército, a cambio de dinero y de un porcentaje de la
producción para reequipar a las SS.

1944: 30.000 muertos al mes.


Pero las infrahumanas condiciones de trabajo y la pésima alimentación hicieron aumentar de
manera alarmante la mortalidad en los campos. Al recibir un informe en el que se le comunicaba
que de los 136.700 deportados que habían ingresado en los campos entre junio y noviembre de
1942 sólo habían sobrevivido 23.502, Himmler montó en cólera. Eso significaba que las bajas eran
del orden de 19.000 mensuales, algo intolerable para el buen ritmo de la producción.

La respuesta de Himmler fue la promulgación de una ley titulada «El Reichsführer orde hacer
disminuir, en forma absoluta, el índice de mortalidad». A pesar de la grandilocuencia, en 1944 el
número de víctimas había aumentado a 30.000 mensuales. A medida que los ejércitos aliados
avanzaban, la situación en los campos alcanzaba las metas que se habían propuesto sus funestos
artífices. Como ha dicho el psicólogo Bruno Bettelheim, superviviente de Dachau y Buchenwald,
por medio de los campos de concentración la Gestapo pretendía «Acabar con los prisioneros como
individuos, extender el terror entre el resto de la población, proporcionar a los individuos de la
Gestapo un campo de entrenamiento en el que se les enseñaba a prescindir de todas las
emociones y actitudes humanas, proporcionar, en fin, a la Gestapo, un laboratorio experimental
para el estudio de medios eficaces para quebrantar la resistencia civil.»

Auschwitz, largo calvario hasta la cámara de gas


Sobre la puerta de entrada de Auschwitz I, todavía hoy puede leerse un letrero que reza: «Arbeit
macht frei» (El trabajo da la libertad). Situado en tierra polaca, entre Katowice y Cracovia, el
campo de Auschwitz cuenta en su haber con la cifra más alta de asesinatos: se calcula en
4.000.000 el número de exterminados, la mayoría de ellos judíos (3.000.000 muertos en las
cámaras de gas), además de millares de gitanos y de prisioneros de guerra soviéticos. El campo
estaba rodeado de una alambrada espinosa electrificada, y varias torretas dotadas de
ametralladoras y potentes reflectores custodiaban las instalaciones día y noche. A la llegada de
cada convoy, los SS gustaban de repetir con macabro cinismo: «Aquí se entra por la puerta y se
sale por la chimenea.» En la misma estación de ferrocarril, los deportados que habían sobrevivido
al viaje eran seleccionados: los más fuertes se empleaban para el trabajo, el resto era eliminado.
Inmediatamente, los SS practicaban
la «Strasse» (calle) en la cabeza de los prisioneros: un surco de unos 2 cm. de anchura desde la
frente hasta la nuca; a continuación se marcaba a fuego su número de matrícula en el brazo o en
la nuca, número que también era inscrito en una placa de hojalata que el prisionero debía llevar
constantemente atada a su muñeca, y cuya pérdida podía significar la muerte.El vestido de los
prisioneros consistía en un uniforme a rayas al que se cosía, según las categorías, un triángulo de
paño de distintos colores dentro del cual se estampaba la inicial de la nacionalidad del detenido (F,
francés; B, belga; S, español; R, ruso; P, polaco). Debajo del triángulo figuraba el número de
matrícula. Los prisioneros judíos llevaban una estrella de David de color amarillo.

Los deportados que habían resistido las primeras vejaciones era integrados en escuadrones de
trabajo bajo las órdenes de un «Kapo» (KAmaraden POlizei), generalmente delincuentes de
derecho común que colaboraban con los SS en los peores servicios y brutalidades. Los
escuadrones de trabajo debían recorrer diariamente varios kilómetros a pie para llegar al lugar del
trabajo. Una vez allí les estaba prohibido hablar. Si alguno caía rendido por el cansancio o se
alejaba de su puesto, era fusilado inmediatamente, y su cadáver debía ser cargado por sus
compañeros hasta el campo para el recuento.Sometidos a una despiadada explotación, los
deportados llegaban a convertirse en lo que según la jerga de los campos se denominaba
«musulmanes»; es decir, detenidos que habían alcanzado el último grado de agotamiento, el
límite de sus fuerzas.
Los prisioneros de Auschwitz trabajaban, en el l. G. Farben, en las fábricas de material de guerra de
la Unión Krupp y en empresas más pequeñas que los empleaban en minas, bosques o trabajos de
construcción de carreteras. De este modo, las SS, a cambio deproporcionar mano de obra barata
obtenían de tales empresas sustanciosos beneficios.

El umbral de la muerte
La escasísima alimentación era otra forma de morir lentamente. En Auschwitz, un prisionero
recibía alrededor ue 1.740 calorías diarias, cuando las mínimas indispensables debían ser 4.800.
Además, la disenteria y otras enfermedades causaban estragos entre los deportados. Algunos
«afortunados» lograban acceder a la enfermería («Revier») que, a pesar de ser un lugar siniestro e
insalubre, y en la mayoría de las ocasiones la antesala de la cámara de gas, significaba un refugio
para muchos prisioneros, sobre todo en invierno.
En noviembre de 1944, ante el avance de los aliados hacia Alemania, Hitler ordenó la suspensión
de matanzas en Auschwitz y el desmantelamiento de los hornos. Se inició así el último de los
sufrimientos para los que aún sobrevivían: 60.000 personas fueron evacuadas hacia Buchenwald.
Anduvieron toda una noche recorriendo 70 km; luego les esperaban tres largos días de penoso
viaje en vagones de tren descubiertos, soportando temperaturas de -20 C. Al entrar los soviéticos
en el campo de Auschwitz el 27 de enero de 1945, se encontraron con 5.000 deportados, la
mayoría de los cuales murieron poco tiempo después a causa del estado en que se encontraban.

Sobre una colina boscosa y arrasada por el viento, próxima a la ciudad de Weimar, la cuna de
Goethe, se levantó en 1937 el campo de Buchenwald.En l puerta de hierro forjado de su entrada
se podía leer una inscriopción que decía: «Jedem das seine» (A cada uno lo suyo). Buchenwald era
una auténtica «fábrica de cadáveres»: en los sótanos de su «Krematorium» estaban las salas de
disección, cámaras de tortura y la sala en la que se llevaban a cabo ahorcamientos mediante
ganchos de hierro clavados en las paredes; desde allí, los cadáveres subían en un montacargas al
piso donde estaban instaladas las cámaras de gas y los hornos crematorios. A pesar de la enorme
capacidad de este edificio, en el patio también se amontonaban carretas de muertos procedentes
de los barracones o de la enfermería.Un cierto número de deportados -en su mayoría políticos y
judíos alemanes, polacos y checos- fue empleado en las fábricas de Gustloff anexas al campo, en la
«Steinbruch» (cantera), o en la reparación de carreteras.
La crueldad de los campos se vio aumentada en Buchenwald por la presencia del comandante
Walter Koch y, sobre todo, de su esposa llse, cuyo nombre tiene para los supervivientes un
significado escalofriante: nadie puede olvidar las lámparas de su habitación, cuyas pantallas
fueron elaboradas con la piel tatuada de algunos deportados.En los primeros días de abril de 1945,
las SS recibieron orden de liquidar el campo. Gran cantidad de deportados fueron evacuados hacia
los campos de Bergen-Belsen, Dachau y Flossenburg, entre otros. Muchos murieron en el camino.
Sin embargo, la última empresa de exterminio no pudoser llevada a cabo por las SS gracias a la
decisiva acción de la organización clandestina del campo que logró liberarlo el 1 1 de abril de 1945,
algunas horas antes de la llegada de los blindados americanos. De los 250.000 detenidos que
habían pasado por Buchenwald, en aquel momento sólo sobrevivían penosamente unos 25.000.

Mauthausen, escalera hacia el abismo


Auténtica fortaleza inexpugnable, Mauthausen fue construido junto a la cantera de Wienergraben,
aorillas del Danubio, en las cercanías de la ciudad austríaca de Linz. El acceso a la cantera se
efectuaba descendiendo los 186 escalones de la «escalera de la muerte». Al amanecer, los
prisioneros la bajaban corriendo, golpeados por la SS que formaban dos hileras; por la noche, la
subida se llevaba a cabo en columnas de a 5, muy a menudo con un bloqke de piedra a la
espalda.En la cima de la cantera al final de la escalera, se abría un abismo en la roca cortada quie
la SS había bautizado "pared de los paracaidistas" porque mucho prisioneros desesperados se
lanzaban al vacío o eran empujados y precipitados por los guardianes. Entre 1939 y 1945, el campo
de Mauthasen llegó a albergar a 335.000 deportados de los que murieron 122.777, si contar los
que eran asesinados antes de ser registrados .Antes de morir, había que sifrir todo tipo de
humillaciones .En los barracones donde se hacinaban 10 veces más personas que las inicialmente
previstas, 5 o 6 prisioneros tenían que compartir un pequeño jergón de paja.En plena podía llegar
la orden de dirigirse desnudos al baño para regresar sin secarse a los barracones o de formar en la
plaza central de campo durante horas soportando temperaturas de -20 grados centígrados.
En el despacho del comandante de campo, Franz Ziereis, responsable de los crímenes allí
cometidos, se encontró una orden que decía: "En el casoq ue el enemigo aproxime, hagansé sonar
las sirenas, obliguesé a todos los detenidos a entrar en el "Keller" (galerías subterráneas) y
procédase a su eliminación utilizandosé gas." Un Comité Internacioanal de Resistencia, creado
clandestinamente por los deportados , liberó el campo tras duros combates entre el 5 y 7 de mayo
de 1945, antes de que llegaran las fuerzas aliadas.

Un día cualquiera en un campo de concentración

La diana solía sonar entre las 4 y las 5 de la madrugada. Había que ocuparse de la limpieza
personal, pero en muchas ocasiones se carecía de agua. A continuación se distribuía un tazón de
agua sucia eufemísticamente llamada café, cuya máxima virtud era estar caliente. Sin perder
tiempo, los internados tenían que formar en la «Appelplatz» o «Lagerplatz» (plaza central del
campo) donde se pasaba lista. Tras este trámite, que podía durar horas, los prisioneros eran
agrupados en «Kommandos», cada uno de los cuales constituía un grupo de trabajo a cuyo frente
estaba un «Kapo». Los trabajos forzados se realizaban aprovechando al máximo la luz solar. El
único momento de reposo era el de la «comida»: un plato de sopa y las denominadas
«porciones», que consistían en 300 g de pan de salvado o de serrín de madera. Por la noche, otro
plato de sopa, esta vez con trocitos de legumbres secas, col y nabos. Cinco veces por semana se
distribuían con el pan 25 g de margarina, y una vez por semana un pedacito de salchicha vegetal
de unos 75 g o dos cucharadas de mermelada. De vez en cuando, dos cucharadas de coágulos de
leche que pretendían ser queso. A medida que pasaba el tiempo y aumentaba el número de
prisioneros en los campos, las raciones de comida fueron disminuyendo. Para los hambrientos,
cualquier cosa era comestible, ya fueran mondaduras sucias o patatas crudas; en algunos campos,
incluso se dieron actos de canibalismo. Los barracones de madera («Blocks»), además de albergar
a los prisioneros amontonados, estaban cargados de piojos, pulgas, polvo, moho y excrementos
humanos. Los enfermos que no cabían en la enfermería se quedaban en los barracones, agrupados
por enfermedades, esperando la llegada de la muerte. Los castigos corporales formaban parte de
la vida cotidiana. Era casi imposible escapar a los castigos porque todo estaba prohibido:
aproximarse a menos de dos metros de la alambrada, dormir con la chaqueta o sin calzoncillos, no
ir a la ducha los días señalados o ir los días no señalados, salir del barracón con la chaqueta
desabrochada, llevar bajo la ropa papel o paja para protegerse del frío,...
La contravención del reglamento podía significar 20 ó 50 bastonazos en los riñones, o bien tener
que permanecer en posición de firmes bajo los focos de los reflectores durante toda la noche, con
las manos cruzadas detrás de la nuca.
Sin embargo, los SS pocas veces se manchaban las manos. Se elegía a los verdugos entre los
propios compañeros de los prisioneros: los odiados «Kapos». En ocasiones, los mismos prisioneros
aceptaban colaborar para poder disfrutar de algunas ventajas. El llamado «Sonderkommando»
(destacamento especial) se encargaba de las cámaras de gas y de los hornos crematorios. Lo
formaban prisioneros polacos, lituanos, rusos y ucranianos, en su mayor parte judíos. Su trabajo
consistía en abrir las cámaras de gas, arrastrar con garososca veresasta e orno, limpiar la cámara
para la siguiente utilización y trasladar las cenizas y huesos que habían caído a través de las
parrillas.

Exterminio
Ya en los últimos meses de 1939, Hitler propuso un programa de eutanasia, destinado a eliminar
los enfermos incurables, fundamentalmente los mentales. El asesinato de las víctimas se llevó a
cabo obligándoles a inhalar monóxido de carbono. Los familiares debían contentarse con un
certificado de defunción que aludía a «muerte por pulmonía o debilidad cardíaca».
Cuando Hitler decidió la llamada «Solución final», fueron dispuestos los grandes campos de
exterminio polacos (Chelmno, Belzec, Sobibor y Treblinka) para dicho cometido. En Chelmno, por
ejemplo, los deportados eran obligados a prepararse para tomar un baño antes de ser enviados a
trabajar. A continuación se les introducía en camiones especiales, preparados para que el
monóxido de carbono producido por los motores penetrase en la cámara donde viajaban las
víctimas. Cuando ya no se oía ningún grito, los camiones se trasladaban hacia un bosque cercano
donde los cadáveres eran arrojados en grandes fosas. Más tarde se construyeron las cámaras de
gas fijas y los hornos crematorios. Para el funcionamiento de aquéllas se utilizó el gas «ZyklonB»,
«mucho más eficaz», según palabras de Rudolf Hess.
Cuando el exterminio fue masivo, se «perfeccionaron» las instalaciones. En Treblinka, y con la
presencia de Himmler, se inauguraron nuevas cámaras y hornos capaces de eliminar 5.000
cadáveres en 24 horas.Con la aplicación de técnicas más expeditivas, en la primavera de 1944 se
alcanzó la cifra de 24.000 gaseamientos diarios. Previamente, las víctimas eran despojadas de
todas sus pertenencias. La rapiña de las SS llegó hasta el punto de especular con el pelo de los
deportados que, mediante un adecuado tratamiento, era convertido en fieltro industrial. Tras la
liberación de Auschwitz se encontraron siete toneladas de cabellos humanos en los almacenes del
campo. Los huesos sin quemar se vendían a firmas industriales, y las cenizas, se utilizaban como
fertilizante. Las prótesis dentales de oro o platino iban a parar a los bolsillos de los SS.Además de
las cámaras de gas, los nazis utilizaron otros muchos medios para matar. Los prisioneros de guerra
y políticos de cierta relevancia eran fusilados. En Mauthausen se colocaba a los prisioneros de
espaldas contra una regla vertical graduada-a modo de medidor de estatura que tenía un agujero
a la altura de la nuca; por este orificio de disparaba acertadamente y sin posibilidad de error.En
algunos campos , las víctimas fueron obligadas a descender a fosas llenas de cal viva en que luego
se le arrojaba agua.

En varios campos, los internados fueron utilizados como cobayas humanas y sometidos a terribles
experiencias: inoculación de enfermedades, ablación de músculos, castración y esterilización,...
Algunas de estas experiencias estaban orientadas a encontrar los métodos más eficaces para el
exterminio de las etnias y los grupos sociales considerados inferiores. El Instituto de Higiene de las
Waffen SS dirigía estas pruebas, llevadas a cabo por médicos nazis en colaboración con las
secciones de química farmacéutica del I. G. Farben y otras empresas. Cuando las víctimas ya no
servían para nada, una inyección venenosa terminaba con sus vidas.El Dr. Brack ideó un método
de esterilización basado en la proyección intensa de rayos X sobre los órganos genitales, mientras
el individuo, sin advertir lo que le estaban haciendo, rellenaba un formulario en una ventanilla.
También se pensó en la castración quirúrgica, pero resultaba un método excesivamente lento. En
Dachau se hicieron más de 500 operaciones para el adiestramiento de estudiantes de medicina: la
mayoría de los operados falleció sin remedio.Uno de los más crueles «médicos» nazis fue el Dr.
Sigmund Rascher. Introducía a sus víctimas en cámaras de descompresión, las sometía a
temperaturas bajo cero, las sumergía en recipientes de agua helada para «observar las reacciones
del paciente». En Auschwitz se efectuaron experiencias consistentes en someter la epidermis de
los internados a la acción de gases tóxicos; se les inyectaba petróleo o gasolina, y se estudió la
influencia de determinados productos químicos sobre la capacidad mental de las víctimas. Algunas
deportadas sufrieron la inoculación de células cancerígenas en el cuello del útero, para después
ser gaseadas.

Se ha hablado mucho y se han baraj ado gran cantidad de cifras al referirse al genocidio judío y a
las víctimas de la barbarie nazi en general. Se estima que murieron alrededor de 5.934.000 judíos,
de ellos, 3 millones eran polacos, 900.000 ucranianos, 450.000 húngaros, 300.000 rumanos y
210.000 alemanes y austríacos. Según algunos historiadores, otros seis millones de personas
murieron en los campos de concentración del Reich.Entre 150.000 y 200.000 soldados, oficiales e
industriales fueron responsables directos de estas muertes. Desde
el final de la guerra, sólo unos 35.000 han sido juzgados y condenados por ello.Además de los
judíos, gentes de todas las etnias, grupos sociales, nacionalidades y credos religiosos y políticos
sufrieron en silencio la degradación y la muerte: gitanos, homosexuales, miembros de la
Resistencia francesa, soldados rusos, republicanos españoles, políticos comunistas y sacerdotes
católicos.... Nadie escapó al holocausto.

"ENSEÑAR A CONTAR HASTA 500,..."


Para los pobladores no alemanes del este sólo habrá una escuela primaria de cuatro grados.Esa
enseñanza elemental tendrá exclusivamente el siguiente objeto: enseñar a contar hasta 500,
escribir el nombre completo, inculacar la doctrina de que hay un mandamiento divino, obedecer a
los alemanes, y ser trabajador y dócil. No estimo necesario que se enseñe a leer."

La Enfermería (Del Capítulo: IX del libro: Los Hornos de Hitler de Olga Lengyel)

RELATO VERÍDICO: Durante semanas y semanas, no hubo medios para atender a los enfermos. No
se había organizado hospital ninguno para los servicios médicos, ni disponíamos de productos
farmacéuticos. Un buen día, se nos anunció que, por fin, íbamos a tener una enfermería. Pero
ocurrió que, una vez más, emplearon una palabra magnífica ' para describir una realidad irrisoria.
Me nombraron miembro del personal de la enfermería. Cómo pudo suceder tal cosa merece
punto y aparte.
Poco después de mi llegada, me hice de todo mi valor para suplicar al doctor Klein, que era el jefe
médico de las S.S. del campo, que me permitiese hacer algo para aliviar los padecimientos de mis
compañeras. Me rechazó bruscamente, porque estaba prohibido dirigirse a un doctor de las S.S.
sin autorización: Sin embargo, al. día siguiente, me mandó llamar para comunicarme que a partir
de aquel momento iba a quedar a cargo del enlace con os doctores de las distintas barracas.
Porque él perdía un tiempo precioso en escuchar la lectura de sus informes mientras giraba sus
visitas, y necesitaba ayuda.

Inmediatamente se estableció un nuevo orden de cosas. Todas las internadas que tuviesen algún
conocimiento médico deberían presentarse. Muchas se. prestaron voluntariamente. Como yo no
carecía de experiencia, me destinaron al trabajo de la enfermería.
En la Barraca No. 15, probablemente la que estaba en peores condiciones de todo el campo, iba a
instalarse el nuevo servicio. La lluvia se colaba entre los resquicios del techo, y en las paredes se
veían enormes boquetes y aberturas. A la derecha y a la izquierda de la entrada había dos
pequeñas habitaciones. A una se la llamaba "enfermería", y a la otra "farmacia".
Unas semanas después, se instaló un "hospital" al otro extremo de la barraca, y quedamos en
condiciones de reunir cuatrocientos o quinientos pacientes.
Sin embargo, durante mucho tiempo no dispusimos más que de las dos pequeñas habitaciones. La
única luz que teníamos procedía del pasillo; no había agua corriente, y . resultaba difícil mantener
limpio el suelo de madera, aunque lo lavábamos dos veces al día con agua fría. Carentes como
estábamos de agua caliente y desinfectantes, no conseguíamos raer los residuos de sangre y de
pus que quedaban en los intersticios de las tarimas.
El mobiliario de nuestra enfermería se componía de un gabinete de farmacia sin anaqueles, una
mal pasada mesa de reconocimiento que teníamos que nivelar con ladrillos, y otra mesa grande
que cubrimos con una sábana para colocar en ella los instrumentos. Poco más era lo que
teníamos, y todo en lamentable estado.

Siempre que íbamos a usar algo, nos veíamos frente al mismo problema: ¿utilizaríamos los
instrumentos sin esterilizar, o nos pasaríamos sin ellos? Por ejemplo, después de tratar un
forúnculo o un antras, acaso se nos presentase un absceso de menor gravedad, que teníamos que
curar con los mismos instrumentos. Sabíamos que exponíamos a nuestro paciente a una posible
infección. ¿Pero qué podíamos hacer? Fue un verdadero milagro que nunca tuviésemos un caso de
infección grave por ese motivo. A veces pensábamos que nuestra experiencia echaba por tierra,
acaso, todas las teorías médicas sobre esterilización.

El total de internadas de nuestro campo ascendía a treinta o cuarenta mil mujeres. ¡Y todo el
personal de que disponíamos para nuestra enfermería no pasaba de cinco -Superfluo es decir que
no dábamos abasto con nuestro trabajo.
Nos levantábamos a las cuatro de la madrugada. Las consultas empezaban a las cinco. Las
enfermas, que a veces llegaban a mil quinientas al día, tenían que esperar a que les tocase su
turno en filas de a cinco. Se le abrían a uno las carnes al ver aquellas columnas de mujeres
dolientes, vestidas miserablemente, calándose de pie humildemente bajo la lluvia, la nieve o el
rocío. Muchas veces ocurría que se les agotaban las últimas energías y se desplomaban a tierra sin
sentido corno un témpano más.

Las consultas se sucedían sin interrupción desde el amanecer hasta las tres de la tarde, hora en
que nos deteníamos para descansar un poco. Dedicábamos aquel tiempo a nuestra comida, si
había quedado alguna, y a limpiar el suelo y los instrumentos. Operábamos hasta las ocho de la
noche. A veces, teníamos que trabajar también durante la noche. Estábamos literalmente
abrumadas por el peso de nuestra tarea. Confinadas a una cabaña, sin la más mínima brisa de aire
fresco, sin hacer ejercicio físico y sin gozar del suficiente descanso, no veíamos cuándo podríamos
descansar un poco.

Aunque carecíamos de todo, incluso de vendajes, nos entregábamos a nuestro trabajo con fervor,
espoleadas por nuestra conciencia de la gran responsabilidad e se nos había confiado. Cuando nos
veíamos llegar al límite de la resistencia corporal, no remojábamos la cara y el cuello con unas
cuantas gotas de la preciosa agua. Teníamos que sacrificar aquellas escasas gotas para poder
seguir adelante. Pero el esfuerzo incesante nos agotaba.
Cuando había varios partos seguidos y teníamos que pasar la noche sin dormir, nos fatigábamos
hasta el extremo de andar dando tumbos como si estuviésemos intoxicadas. Pero, a pesar de todo,
teníamos una enfermería; y estábamos realizando una tarea buena y útil. Jamás se me olvidará la
alegría que experimentaba cuando, después de terminada mi jornada de trabajo diaria en la
enfermería, podía irme a la cama por fin. Por primera vez después de muchas semanas, ya no
teníamos que dormir en la promiscuidad indescriptible de la koia, revolcándonos en su mugre, en
sus piojos y en su hedor. Sólo había cinco mujeres trabajadoras en esta dependencia
relativamente grande.

Antes de retirarnos, nos permitíamos el lujo de un buen aseo, gracias al cacharro de que
disponíamos. El artefacto se iba por dos agujeros y sólo se podía usar si se tapaban con migas de
pan... ¿pero qué más daba? Era una palangana de verdad, que se mantenía sobre un pie de
verdad. Contenía agua auténtica, y hasta un trozo de jabón, ¡lujo supremol Bueno, lo que
llamaban jabón no era más que una pasta pegajosa de procedencia dudosa y olor asqueroso; pero
hacía espuma, aunque no mucha.
Teníamos para las cinco dos mantas. Tirábamos una en el suelo, la que no habíamos sido capaces
de limpiar, y nos tapábamos con la otra. En general no podíamos decir que estuviésemos muy
cómodas. La primera noche llovió, y el viento soplaba entre los resquicios- de las maderas. El
destartalado tejado dejaba pasar la lluvia, y tuvimos que cambiarnos muchas veces, huyendo de
los charcos. Sin embargo, después de haber conocido los horrores de la barraca,aquello era un
paraíso. De día en día fueron mejoran o nuestras condiciones de vida. Teníamos cierta medida de
independencia, relativa, claro está; pero podíamos hablar y éramos libres de ir al evacuatorio
cuando lo necesitábamos. Los que no se han visto nunca privados de estas pequeñas libertades no
son capaces de imaginarse lo preciosas que pueden llegar a ser.

Pero la situación, de nuestra vestimenta siguió lo mismo. Mientras atendíamos a las enfermas,
llevábamos los mismos harapos pos que nos servían de camisón, bata y todo. Pero las pobres
enfermas apenas se enteraban, puesto que iban más andrajosas que mendigas gas, cuando no
llevaban el uniforme carcelario.
Al principio, el personal de la enfermería dormía en la misma habitación de consulta, sobre el
suelo. Puede imaginarse el lector nuestra alegría, cuando un día, se nos dio todo "un
apartamiento". Cierto, era el viejo urinario de la Barraca No. 12, pero lo íbamos a tener para
nosotras. En el cuarto angosto cabían a duras penas dos estrechas camas de campo. Por tanto,
adoptamos el sistema de ringleras, como las koias de las barracas. Con tres de ellas, teníamos seis
camastros. Aquello era un sueño. De allí en adelante, el pequeño dormitorio iba a ser nuestro
domicilio privado. Allí estábamos en casa.

Nos pasábamos muchas noches hablando de las posibilidades de nuestra liberación y analizando
con comentarios interminables los últimos acontecimientos de la guerra, tal como los
entendíamos. En ocasiones muy contadas, nos llegaba de contrabando algún periódico alemán, y
estábamos examinando horas y horas cada una de sus palabras, para sacar una partícula de
verdad de entre todas aquellas mentiras.

Con frecuencia dábamos rienda suelta a la nostalgia, hablando de nuestros seres queridos, o
simplemente discutiendo los torturantes problemas del día, como por ejemplo, si deberíamos o no
condenar a muerte a algún recién nacido para salvar a la pobre madre. Hasta llegábamos a recitar
a veces poesías para adormecernos en un estado de calma espiritual que nos permitiese olvidar y
escaparnos del horrendo presente.

Los resultados obtenidos en nuestra enfermería distaban mucho de ser gloriosos. Las condiciones
deplorables del campo de concentración aumentaban sin cesar el número de las dolientes. Sin
embargo, nuestros amos se negaron a aumentar el personal de que podíamos disponer. Con cinco
mujeres había bastante. Podríamos haber dado parte de nuestras medicinas y vendajes a los
médicos de otras barracas, pero los alemanes no nos dejaban.

Naturalmente, no podíamos atender a todos los pacientes, y muchos de ellos se agravaban por
tenerlos abandonados, como ocurría, por ejemplo, cuando se trataba de heridas gangrenadas.
Aquellas infecciones exhalaban un olor pútrido, y en ellas se multiplicaban rápidamente las larvas.
Utilizábamos una enorme jeringa y las desinfectábamos con una solución de permanganato
potásico. Pero teníamos que repetir la operación diez o doce veces, y se nos acababa el agua. La
consecuencia era que otras pacientes tenían que esperar y seguir sufriendo.

La situación mejoró un poco cuando se instaló el hospital al otro extremo de la barraca. Este
espacio estaba reservado para los casos que requerían intervención quirúrgica, pero, cuando había
apuros, se curaban toda clase de infecciones. En el hospital cabían de cuatrocientas a quinientas
enfermas. Naturalmente, era difícil conseguir ser admitido, por lo cual las que estaban enfermas
con frecuencia tenían que esperar días y crías a poder ser hospitalizadas. Desde que llegaban,
debían abandonar todas sus pertenencias a cambio de una camisa miserable. Aun habían de seguir
durmiendo en las koias o en jergones duros de paja, pero con sólo una manta para cuatro mujeres.
Bien claro está que no podía hablarse siquiera de aislamiento científico.

Pero, a pesar de todo, el peligro más trágico que corrían las enfermas era la amenaza de ser
"seleccionadas", porque estaban más expuestas a ello que las que gozaban de buena salud. La
selección equivalía a un viaje en línea recta a la cámara de gas o a una inyección de fenol en el
corazón. La primera vez que oí hablar del fenol fue cuando me lo explicó el doctor Pasche, q ue era
un miembro de la resistencia.

Cuando los alemanes desencadenaron sus selecciones en masa, resultaba peligroso estar en el
hospital. Por eso animábamos a las que no estuviesen demasiado enfermas a que se quedasen en
sus barracas. Pero, especialmente al principio, las prisioneras se negaban a creer que la
hospitalización pudiera ser utilizada contra ellas como motivo para su viaje a la cámara de gas. Se
imaginaban ingenuamente que las seleccionadas en el hospital y en las revistas lo eran para ser
trasladadas a otros campos de concentración, y que las enfermas eran enviadas a un ¡tal central.

Antes de estar instalada la enfermería y de quedar yo al servicio del doctor Klein, dije un día a mis
compañeras de cautiverio quíen deberían evitar tener aspecto de enfermas. Aquel mism a,
acompañaba más tarde al doctor Klein en su ronda médica. Era un hombre distinto de los demás
S.S. Nunca gritaba y tenía buenas maneras. Una de las enfermas le dijo:
-Le agradecemos su amabilidad, Herr Oberarzt.

Y se puso a explicar que había en el campo quienes creían que las enfermas eran enviadas a la
cámara de gas.
El doctor Klein fingió quedar muy sorprendido, y con una sonrisa le contestó:
-No tienen ustedes por qué creer todas esas tonterías que corren por aquí. ¿Quién extendió ese
rumor?
Me eché a temblar. Precisamente aquella misma mañana, había explicado la verdad a la pobre
mujer. Afortunadamente, la blocova acudió en mi ayuda. Arrugó las cejas y aplastó literalmente a
la charlatana con una mirada de hielo.
La enferma comprendió que se había ido de la boca y se batió inmediatamente en retirada.
-Bueno, la verdad es que yo no sé nada de todo esto -murmuró-. Por ahí dicen las cosas más
absurdas.

En otro hospital del campo, en la Sección B-3, había en agosto unas seis mil deportadas, número
considerablemente inferior a nuestras treinta y cinco mil. Me refiero al año 1944. Tenían
habitaciones aisladas para los casos contagiosos. Como era característico en los campos de
concentración, dado lo irracionalmente que estaban organizados, esta sección considerablemente
más pequeña disponía de una enfermería diez veces mayor que la nuestra, y tenía quince médicos
a su servicio. Sin embargo, las condiciones higiénicas eran
allí más lamentables todavía, porque no había letrinas en
absoluto, sino únicamente arcas de madera al aire libre,
donde las internadas femeninas estaban a la vista de los
hombres de las S.S. y de los presos masculinos.

Cuando teníamos casos contagiosos, nos veíamos obligadas


a llevar a las pobres mujeres al hospital de aquella sección.
Era un problema para nosotras. Si nos quedábamos con las
enfermas contagiosas, corríamos el peligro de extender la
enfermedad; pero, por otra parte, en cuanto llegaban las
pacientes al hospital, corrían el peligro de ser seleccionadas.
Sin embargo, las órdenes eran rigurosas, y nos exponíamos a severos castigos si nos quedábamos
con los casos contagiosos. Además, el doctor Mengerlé hacía frecuentes excursiones por allí y
echaba un vistazo para ver cómo seguían las cosas. Ni qué decir tiene, que quebrantábamos las
órdenes cuantas veces podíamos.El traslado de las enfermas contagiosas era un espectáculo
lamentable. Tenían fiebres altísimas y estaban cubiertas con sus mantas cuando echaban a andar
por la "Lagerstrasse". Las demás cautivas las evitaban como si fuesen leprosas.

Algunas de aquellas desgraciadas eran confinadas en el "Durchgangszimmer", o cuarto de paso,


que era una habitación de tres metros por cuatro, donde tenían que tenderse en el duro suelo.
Aquella era una verdadera antecámara de la muerte. Las que trasponían aquella puerta, camino a
su destrucción, eran inmediatamente borradas de las listas de efectivas y, en consecuencia, no se
les daba nada de comer. Así que no les quedaban más que la perspectiva del viaje final.

Día llegaría, pensábamos, en que, por fin, los camiones de la Cruz Roja se presentarían allí y las
enfermas serían atendidas. Y así sucedía; pero los supuestos camiones de la "Cruz Roja" recogían a
las Pacientes y se las llevaban una encima de otra, como sardinas en banasta. Las protestas fueron
inútiles. El alemán responsable del transporte cerraba la puerta y se sentaba tranquilamente junto
al chofer. El camión emprendía su marcha hacia la cámara de la muerte. Por eso teníamos tanto
miedo de mandar al "hospital" los casos contagiosos.El sistema de administración carecía
absolutamente de lógica. Causaba verdadero estupor ver la poca relación que había entre las
órdenes distintas que se sucedían unas a otras.

Aquello se debía en parte a negligencia. Los alemanes trataban indudablemente de despistar a las
presas para disminuir el peligro de una sublevación. Lo mismo ocurría con las selecciones. Durante
algún tiempo, eran elegidas automáticamente las que pertenecían a la categoría de enfermas.
Pero, de repente, todo cambiaba un buen día, y las que estaban afectadas de la misma
enfermedad, como, por ejemplo, difteria, eran sometidas a tratamiento en una habitación aislada
y confiadas al cuidado de médicos deportados.

La mayor parte del tiempo, las que padecían de escarlatina estuvieron en gran peligro; pero, sin
embargo, ocurría de cuando en cuando que las que contraían tal enfermedad eran atendidas, y
algunas hasta se' llegaban a curar. Entonces se las devolvía a sus respectivas barracas, y su
ejemplo servía para que las demás se convenciesen de que la escarlatina no significaba sentencia
de muerte en la cámara de gas. Pero, inmediatamente después, aquella táctica quedaba revocada
y era substituida por otra. ¿Cómo podía, por tanto, la gente saber a qué carta quedarse? Sea de
esto lo que fuere, el caso era que muy pocas volvían del hospital de la sección, y éstas no habían
entrado en la Durchgangszimmer, por lo cual no estaban enteradas de sus condiciones. Aquel
"hospital" siguió siendo un espectro de horror para todas. Estaba rodeado de misterio y sombras
de muerte.

Cierto día, fui testigo en aquel hospital de una escena particularmente patética. Una joven y bella
muchacha judía de Hungría, llamada Eva Weiss, que era una de las enfermeras, contrajo la
escarlatina atendiendo a sus pacientes. El día que se enteró de que estaba contagiada, los
alemanes acababan de abolir las medidas de tolerancia. Como el diagnóstico fue hecho por un
médico alemán, la pobre muchacha sabía que era inevitable su traslado a la cámara de gas. Pronto
llegaría una falsa ambulancia de la cruz roja a a recogerla, lo mismo que a las demás enfermas
seleccionadas.

Las que sospechaban la verdad estaban al borde de la desesperación. La habitación resonaba con
los ecos de los gemidos de las lamentaciones.Les aseguro que no tienen por qué alarmarse -les
decía Eva Weiss quien también procedía de Cluj. Están ustedes imaginándose cosas aterradoras.
Verán, esto es lo que va a pasar: Nos trasladarán a un hospital mayor, en el cual nos atenderán
mucho mejor que nos atienden aquí. Hasta puedo decirles dónde está localizado el hospital: en el
campo de los viejos y de los niños. Las enfermeras son ancianas. Quizás alguna de nosotras
encuentre inclusive a su madre. Después de todo, tenemos que pensar en lo afortunadas que
somos. -Siendo enfermera -pensaban las pacientes-, debe estar bien informada.

Y sus palabras las alentaron. Antes de que se cerrase la puerta de la ambulancia, las demás
enfermeras dijeron el último adiós a su camarada Eva. Aquella joven heroína había sabido evitar
con su frío valor la tortura de la ansiedad y del terror a las desgraciadas que la acompañaban a la
muerte. Es mejor no pensar siquiera en lo que ella sentiría dentro de sí, según caminaba a la
cámara de gas. Naturalmente, fui testigo de centenares de episodios trágicos. imposible escribir
un libro que los relate todos. Pero hubo uno que me emocionó de manera especial.

De una barraca cercana nos trajeron a una joven griega. A pesar de lo demacrada que la había
dejado la enfermedad y e ser un esqueleto viviente, conservaba todavía su belleza. No quiso
contestar a ninguna de nuestras preguntas y se comportó como muda. Como nos habíamos
especializado principalmente en cirugía, no comprendimos por qué nos la mandaban. Su ficha
médica indicaba que no tenía necesidad de intervención quirúrgica.

La sometimos a observación. No tardamos en descubrir que se había cometido una equivocación.


Aquella muchacha debía haber sido internada en la sección destinada a enfermas mentales. Casi
todo el tiempo estaba sentada, imitando los movimientos precisos de una hilandera. De cuando en
cuando, como si la extenuase su trabajo, perdía el sentido, sin que pudiésemos hacerla volver en sí
en una o dos horas. Luego movía la cabeza a un lado y a otro, abría los ojos y levantaba los brazos,
como para protegerse de golpes imaginarios en la cabeza.

Un día después, la encontramos muerta. Durante la noche había vaciado su jergón de paja para
"hilarla". Había desgarrado además su blusa en pequeños jirones para disponer de más cantidad
de materia prima que hilar. He visto muchas muertas, pero pocas caras me han conmovido tanto
como la de aquella joven griega. Probablemente había estado empleada en trabajos forzados de
hilandería. No había logrado con sus esfuerzos más que recibir palos. Sucumbió, y el terror y la
desesperación animal acabaron por destruir el equilibrio de su mente.

También podría gustarte