9 copias
Número 8
Año 4, Marzo 2012
Visite nuestra revista digital >>
Número 8
Año 4, Marzo 2012
Identidad y envejecimiento
Rosa Rodríguez Reaño*
Ricardo Iacub. Identidad y envejecimiento. 1.ª ed. Buenos Aires: Paidós, 2011. 256 pp.
El punto inicial de este libro es la noción de identidad, que alude a «el mismo» o «lo mismo», y que
hace referencia a la permanente confrontación entre lo mismo y lo distinto; campos que interactúan y
se constituyen dialécticamente.
La noción de identidad aparece como un articulador entre las determinaciones biológicas, culturales,
psicológicas y contextuales. Iacub menciona, entre los diversos niveles de determinación de la
identidad del sujeto, las diversas concepciones de la vejez que se construyen en una sociedad. Por ese
motivo, el autor sitúa la identidad en el envejecimiento cimentada desde rasgos de personalidad o
estructura psíquica, cambios biológicos, historia personal, variables de género, generación y cohorte,
clase social, etnia y las vivencias particulares que suceden y resignifican los cuadros anteriores.
A lo largo del libro, el autor profundiza en diversos aspectos, perspectivas, teorías y planteamientos
que, aunque diferentes, se integran alrededor de dos ejes interrelacionados: la pregunta por el sí
mismo y su construcción como identidad personal y social; y la pregunta por el envejecer y el ser una
persona vieja, teniendo en cuenta el curso total de la vida y las representaciones sociales de la vejez.
Todo esto ocurre teniendo a la perspectiva de la narración como organizadora y configuradora de
sentido y continuidad del curso total de la existencia.
En el capítulo I, La identidad social en el envejecimiento y la vejez, se desarrollan los conceptos de
envejecimiento y vejez, tomando en cuenta las representaciones sociales y culturales. El autor explica
cómo estos significados socialmente establecidos inciden en la construcción de las identidades. Sin
embargo, invita al lector a cuestionar esos significados sociales, para así poder reconsiderar o
reformular las identidades socialmente conformadas, muchas de las cuales nacen como fruto de
estereotipos y prejuicios que van en desmedro de la vejez y del envejecimiento.
2
Número 8
Año 4, Marzo 2012
En este capítulo, se desarrolla la perspectiva del curso de la vida, un paradigma integrador que permite
un abordaje interdisciplinario que incluye la sociología, la psicología, la antropología, la economía, la
historia, entre otros campos que se complementan entre sí.
Observaremos que la perspectiva del curso de la vida presenta ciertos ejes básicos importantes de
tomar en cuenta para todos aquellos que estamos dentro del campo gerontológico y que nos permiten
tener una mirada crítica para poder reflexionar acerca de nuestras prácticas como profesionales
gerontólogos; ejes que son desarrollados en el libro, motivo por el cual aquí solo los enumeraremos:
— El envejecimiento como un proceso de diferenciación progresiva
— La reconceptualización del desarrollo y el envejecimiento (ganancias y pérdidas)
— La multidimensionalidad, multidireccionalidad, plasticidad y discontinuidad
— El envejecimiento como un proceso dinámico y contextual
— El curso vital modelado por transiciones y trayectorias relacionadas con la noción de edad
— La importancia del contexto y de la historia
Otra perspectiva que se desarrolla en este capítulo es la noción del gobierno de sí, aquella interacción
que se produce entre las regulaciones sociales y las individuales, y que se implementa a partir de una
serie de presupuestos que tienen que ver con la problematización de un tema determinado, en este
caso la vejez. ¿Cómo se problematiza la vejez? ¿Como una etapa de la vida o como una enfermedad?
Las metas que se pretenden alcanzar a partir de cómo se considere la vejez: ¿más atención médica o
más servicios de educación, recreación u otros para los adultos mayores? Las tecnologías y estrategias
que se utilizarán según las metas propuestas; ¿más hospitales o más centros de jubilados? Y las
autoridades que tendrán el poder para tomar decisiones y ejecutar determinadas acciones: ¿serán los
médicos la máxima autoridad? ¿O también otros profesionales de las Ciencias Sociales, de las Ciencias
de la Educación, entre otros?
En este capítulo también se trabajan diversas perspectivas que tienen injerencia en los significados de
la vejez. Así, pues, encontraremos:
3
Número 8
Año 4, Marzo 2012
La perspectiva de la edad
La perspectiva de género
La perspectiva de cohortes
Las perspectivas de clases sociales, etnias y los niveles de educación
De modo similar, encontraremos los diversos significados que se vinculan con vejez:
Los significados de la enfermedad en la vejez
Los significados de la erótica en la vejez
Los significados del sujeto psicológico envejecido
Los significados de la actividad en el envejecimiento
Finalmente, en el capítulo I se desarrollan las nociones de empoderamiento y desempoderamiento,
dado que el autor considera la importancia del poder sobre sí mismo en los adultos mayores, poder que
les permite darse su propia norma, es decir, mantener su autonomía y seguir tomando sus propias
decisiones, disponiendo así de su propia vida y que los demás no lo hagan por ellos. Esto permite a los
mayores construir una identidad diferenciada y singular, echando por tierra los prejuicios y estereotipos
sobre la vejez (Encontraremos información acerca del prejuicio hacia los mayores llamado «viejismo»
(Butler, 1969) y su variante «viejismo implícito» (Levy y Banaji, 2004). Adicionalmente, el autor
menciona la investigación de Bandura (1997) acerca de la autoeficacia y la importancia de este
concepto durante la vejez, ya que muchas veces los problemas de memoria inciden en la sensación de
menor eficacia para afrontar las actividades cotidianas y la toma de decisiones.
Este capítulo nos enseña que la comprensión de la identidad es posible en la medida en que esta se
piense dentro de un contexto con significados y expectativas específicas del envejecimiento y de la
vejez. El contexto brinda significado a las transformaciones físicas y psicológicas propias de esta etapa,
a los cambios en la percepción del paso del tiempo y a la relación con el otro y con la sociedad. Todo
esto influirá en las representaciones de sí mismo y en las expectativas sociales que se promuevan. A
4
Número 8
Año 4, Marzo 2012
esto hay que añadir los discursos hegemónicos que existen sobre la vejez, frente a los cuales este libro
abre un abanico de perspectivas teóricas integradas en la teoría del curso vital que permite comprender
la heterogeneidad de este grupo poblacional.
En el capítulo II, La identidad psicológica en el envejecimiento, el objetivo del autor es profundizar en
las implicaciones psicológicas que el envejecimiento y la vejez tienen para la identidad del sujeto. El
autor señala que, si bien la identidad se desarrolla en el tiempo y contiene rasgos estructurales o de
personalidad que se forjan tempranamente y tienen mayor estabilidad, existen otros aspectos del
sujeto que resultan altamente influenciables por los diversos contextos de significación. Por ese motivo,
el sujeto realiza constantemente una elaboración psicológica de significaciones que le otorguen sentido
y continuidad a su identidad.
En la mediana edad y la vejez, ocurren en el individuo múltiples modificaciones en distintos niveles.
Esto ocasiona una mayor conciencia del envejecimiento, a diferencia de otras etapas de la vida en las
que también envejecemos (el envejecimiento es un proceso que abarca toda la vida); por esa razón, el
autor analiza detenidamente diversas perspectivas teóricas acerca de las implicaciones psicológicas del
envejecer y de ser una persona vieja.
En este capítulo se aborda la noción de «crisis» como un eje que permite describir los cambios
subjetivos y el trabajo de elaboración psíquica ante las transformaciones que van surgiendo en estas
etapas (p.e. roles familiares: abuelidad, cuidado de los padres viejos, «síndrome del nido vacío» o la
ida tardía de los hijos, etc.), que terminará en una reconstrucción de la identidad del sujeto. En la
resolución de una crisis entrarán en juego el contexto de la persona y la red de apoyo social que
mantenga: la comunidad, la familia, la cultura, los amigos, una terapia, entre otros.
Iacub menciona en este capítulo a Dittmann-Kohli (2005), quien describe una serie de emergentes
narrativos que dan cuenta de la mediana edad desde el yo (crecimiento del yo existencial, el yo físico,
el yo temporal, memorias autobiográficas y reminiscencias, y el yo laboral). Iacub añade y describe el
yo psicológico, conformado por aquellos cambios que se dan en los procesos ejecutivos de la
personalidad: mayor conciencia de sí, selectividad, control del entorno, dominio, competencia y una
amplia gama de estrategias cognitivas.
5
Número 8
Año 4, Marzo 2012
En este capítulo, se explicitan las principales teorías acerca de la identidad en la vejez, teorías de corte
sociológico, como la teoría de la actividad y la de desvinculación, teorías del control personal
(Brandtstadter, 1984; Heckhausen y Schulz, 1995; Schulz y Heckhausen, 1996; Heckhausen y Dweck,
1998; Schaie y Willis, 2003), que evalúan las exigencias externas de comportamiento en una
determinada situación y la capacidad potencial que el sujeto percibe para ejercer el control sobre ella.
Encontraremos conceptos piagetianos de asimilación y acomodación, pero con otras significaciones
brindadas por diversos teóricos (Brandtstadter y Greve, 1994; Brandtstadter y Rothermund, 1999). La
acomodación es definida como el «ajuste flexible a las metas» (Brandtstadter y Rothermund,
1999:132) y se convierte en un recurso fundamental en el envejecimiento, ya que constituye una
estrategia de adaptación para brindar continuidad y coherencia a la identidad del sujeto en esa franja
etaria.
Otro modelo de adaptación que nos presenta el autor es el modelo SOC, selectividad (S), optimización
(O) y compensación (C), describiendo a través de un ilustrativo ejemplo la manera cómo los adultos
mayores pueden seleccionar tareas o acciones específicas entre todas las que realizaban y quedarse
solo con algunas; dado que son menos, tienen más tiempo para realizarlas y optimizarlas, y compensar
así las limitaciones que puedan haber surgido con la llegada de la vejez.
Otra teoría es la teoría de selectividad socioemocional (TSS), descrita por Carstensen (1992, 1995),
quien encuentra que las experiencias y el manejo emocional son más complejos y de mayor control en
los adultos mayores, quienes priorizan los afectos y vínculos más significativos, tornándose más
selectivos en el encuentro con seres queridos.
Otras teorías desplegadas en este capítulo se relacionan con la autoeficacia, los tipos de afrontamiento,
las teorías del sí mismo y los posibles sí mismos, la teoría del proceso de identidad; finaliza con la
paradoja del bienestar, en la que dos autores (Mroczek y Kolarz, 1998) describen la relación
contradictoria entre las representaciones sociales negativas del envejecimiento y la expresión de los
adultos mayores, quienes expresan un bienestar subjetivo, a pesar de los cambios biológicos,
psicológicos, sociales o existenciales del envejecimiento.
6
Número 8
Año 4, Marzo 2012
En el Capítulo III, El envejecimiento desde la identidad narrativa, la noción de identidad es trabajada
desde la narrativa. A esto se le denomina identidad narrativa. Los autores que han trabajado este
concepto con mayor énfasis son Ricoeur y Mc Adams —mencionados constantemente en este capítulo—
, quienes han tomado perspectivas filosóficas, literarias, lingüísticas y psicológicas. Iacub señala que la
identidad narrativa se mueve de manera pendular y dialéctica entre lo discordante y lo concordante;
permite comprender y explicar la evaluación que realiza el sujeto acerca de los cambios que producen
discrepancia en su identidad, y lleva a elaborar narrativas que permitan reconocer la discordancia para
luego promover la denominada concordancia o configuración, ofreciendo un sentido de unidad que
posibilita la coherencia identitaria. En la vejez, pueden aparecer situaciones de fragilidad identitaria que
refiguran (Ricoeur, 1999) las representaciones del sí mismo; aunque, al mismo tiempo, el sujeto busca
configurarse (Ricoeur, 1999) u organizar una nueva narrativa de sí que le brinde integridad a la
identidad personal.
Iacub desarrolla una serie de ejes de comprensión del proceso de configuración. El primero es el eje
temporal, destacando la búsqueda de una identidad retrospectiva y otra prospectiva. La identidad
retrospectiva utiliza la reminiscencia para otorgar coherencia al presente a través de lo sucedido en el
pasado, mientras que la identidad prospectiva encuentra en los propósitos vitales, tales como los
proyectos, la trascendencia y la transmisión mecanismos que brindan sentido a la existencia y brindan
nuevos márgenes de control.
El otro eje es el eje contextual, clave para la construcción y reconstrucción de espacios narrativos. Así
como ciertos contextos pueden refigurar al sujeto, como ciertas residencias geriátricas —donde la
persona siente que pierde identidad y control sobre dicho espacio—, existen otros contextos, como los
centros de adultos mayores o programas universitarios, donde la persona se identifica con una nueva
forma de ser mayor, con un sentido de pertenencia comunitario y adquiere mayores niveles de
empoderamiento.
Ambos promueven mayor satisfacción vital y autoestima, pues la persona encuentra en el pasado o en
la expectativa de futuro una continuidad y coherencia con el sí mismo.
En el capítulo IV, La perspectiva psicoanalítica sobre la vejez, se trabaja el concepto del narcisismo,
punto clave del psicoanálisis. Lo interesante es que el autor presenta diversas visiones que fueron
7
Número 8
Año 4, Marzo 2012
transformando y enriqueciendo la mirada freudiana acerca del narcisismo en las personas mayores. En
los inicios del psicoanálisis, se consideraba que en la vejez la cantidad de libido disminuía, mientras que
la pulsión de muerte aumentaba: «se producía una regresión evolutiva y aumentaba la libido en el yo»
(p. 195). Todo esto llevaba a limitaciones en el acceso de los mayores al análisis psicológico y
psicoanalítico. Esto se fue modificando en el tiempo: el narcisismo en los mayores pasó a ser visto
«como posibilidad integradora, de desarrollo personal coherente con creatividad, empatía, sabiduría y
mayor interioridad como alternativa para enfrentar los cambios vitales» (p. 14 ).
Con respecto a este tema, en el libro se puede apreciar que uno de los grandes aportes lo realizó Erik
Erikson con el desarrollo de los estadios y los desafíos que cada persona debía lograr en determinada
etapa de la vida. En la mediana edad y en la vejez, las nociones de generatividad e integridad
brindaban la posibilidad de elaboraciones positivas en estas etapas.
Iacub muestra cómo, posteriormente, vendrían otros autores que ampliaron la temática del narcisismo,
como Kohut (1982), quien señalaba que el narcisismo no es per se nocivo o patológico; por el
contrario, afirmaba que las transformaciones del narcicismo derivan en una personalidad madura y
autónoma, donde el sujeto domina las cargas narcisistas y las utiliza al servicio de metas más altas,
que involucran creatividad, empatía, capacidad de aceptar la propia muerte y sabiduría.
Otros autores que enriquecieron esta noción de narcisismo fueron Tornstam, con la noción de
gerotrascendencia; Salvarezza, psicoanalista argentino, uno de los pioneros en el tema gerontológico
en ese país, con varios libros y artículos publicados. Finalmente, Iacub introduce una lectura lacaniana
para dar cuenta de la permanente articulación del sujeto al otro. Lacan piensa al sujeto como un ser
deseante, en la medida en que haya un otro que lo desea, «ya que la única manera en que se sostiene
el deseo es en relación con otro que lo desea» (p. 209), situación que en la vejez puede verse
dificultada y, por ello, la representación de sí puede verse dañada, pero también puede mejorar en la
medida en que el sujeto encuentre contextos o sujetos para quienes siga siendo alguien que puede
captar el deseo del otro.
Este libro forma parte de la trayectoria intelectual del Dr. Ricardo Iacub; en él permanecen sus
aproximaciones iniciales y el enriquecimiento, producto del tiempo, acerca del tema de la vejez y del
envejecimiento; se encuentra presente el recorrido histórico, pero sobre todo teórico, incluyendo a
8
Número 8
Año 4, Marzo 2012
autores de diversas perspectivas y escuelas con un solo objetivo: aportar una mirada más amplia,
heterogénea y, a la vez integral para que el lector sea finalmente quien analice, reflexione y decida
cómo utilizar cada concepto, perspectiva y teoría de este texto, previo conocimiento de los
fundamentos y argumentos que los conforman.
Acerca del autor
Ricardo Iacub es doctor en Psicología. Se desempeña como profesor asociado a cargo de la cátedra
Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la Universidad de Buenos Aires, en la Fundación Universitaria
Isalud y en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Asimismo, dicta cursos en diversas provincias de
Argentina, en España, Portugal, México, Chile, Brasil, Uruguay y Colombia, además de ser investigador
en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Ha escrito Proyectar la vida. El desafío de los mayores
(Editorial Manantial, Buenos Aires, 2001), Erótica y Vejez. Perspectivas de Occidente (Paidós, 2006),
así como numerosos artículos en libros y revistas científicas de Argentina y del extranjero.
*Rosa Rodríguez Reaño (Perú). Psicóloga educacional, licenciada en la Pontificia Universidad Católica
del Perú, egresada de la Maestría de Salud Mental en Poblaciones de la Universidad Peruana Cayetano
Heredia. Posgrado en Gestión e Intervención Gerontológica (Universidad Maimónides) y en
Psicogerontología (UBA). Doctoranda de Psicología en la UBA. Docente ayudante de trabajos prácticos
ad honórem de la materia de Psicología de la Tercera Edad y Vejez (Facultad de Psicología de la UBA), y
participa en investigaciones realizadas desde la misma Cátedra.