REFORMA.
En su connotación eclesiástica, Reforma indica la remoción de los abusos y
la reordenación de los asuntos en la iglesia en conformidad con la Palabra de Dios. En cuanto a
ejemplos bíblicos, cf. las reformas bajo Ezequías (2 R. 18:1–8) y Josías (2 R. 23:4–20).
Históricamente, la palabra Reforma se refiere a la renovación de la iglesia ocurrida en el siglo
dieciséis por la revitalización proveniente de su fuente en la Palabra. Schaff, en forma correcta,
consideraba la Reforma como el «acontecimiento más grande de la historia después de la
introducción del cristianismo. Marca el fin de la Edad Media y el comienzo de los tiempos
modernos. Partiendo desde la religión, dio—directa o indirectamente—un poderoso impulso a
todo movimiento que significó progreso, y convirtió al protestantismo en la principal fuerza
impulsora en la historia de la civilización moderna» (History of the Christian Church, Scribners,
Nueva York, 2a edición, 1916, Vol. VI., p. 1).
Aunque hubo defensores de la Reforma antes del siglo dieciséis y protagonistas notables
durante la lucha misma, la Reforma se debió al testimonio de un solo hombre. Se ha dicho que
Lutero, sin la Reforma, dejaría de ser Lutero. Lo inverso también es válido. La experiencia
espiritual de Lutero era un microcosmos. Su búsqueda interior de la salvación equivalía a los
dolores de parto de una nueva era cristiana. El descubrimiento que hizo, en la Biblia abierta, de
un Dios misericordioso que no es estorbado por la mediación del sacerdote ni por
presuposiciones filosóficas, representa la esencia de la Reforma Protestante.
Fue una reforma, no una revolución. Se preservó la continuidad de modo que los
reformadores podían con toda justicia decir que lo que parecía ser la nueva iglesia era
ciertamente la antigua iglesia purificada de todas sus transgresiones y reconstituida en
conformidad con la norma bíblica. Aunque se vieron involucrados factores sociales, políticos e
intelectuales, fue básicamente teológica y religiosa en origen y propósito.
Se puede trazar una distinción conveniente entre Reforma magisterial (luterana, calvinista y
anglicana) y reforma radical (anabaptista, espiritualista).1
REFORMA (cf. tamb. Protestantismo) La Reforma del siglo XVI se presentó desde el principio
como un fenómeno complejo, pero radicalmente cristiano. Así lo reconocen hoy tanto sus
partidarios como sus detractores. En el espíritu de la profecía se enfrentaron a los abusos de las
autoridades eclesiásticas y de los teólogos irresponsables con un claro y rotundo «así dice el
Señor», «así dice la Biblia». En este punto todos estuvieron de acuerdo: Lutero, Zuinglio y
Calvino. Sólo desde la Biblia y mediante la Biblia se manifiesta Dios a su pueblo.
No consideraron la Biblia como un valor en sí mismo, sino como un medio que señala al fin
de la revelación: Jesucristo. El cristocentrismo reformado es patente en todas sus
manifestaciones. Hubo otros movimientos anteriores, y también posteriores, que defendieron un
cristocentrismo personal, pero unas veces olvidaron la Trinidad, otras la individualidad de la
persona creyente. Los reformadores no rompieron con lo verdadero de la tradición, sino que
buscaron en todo conservar todo lo que era genuinamente cristiano. La ruptura de la Iglesia fue
más impuesta que buscada; inevitable, más que deseable.
1
Wood, A. S. (2006). REFORMA. In E. F. Harrison, G. W. Bromiley, & C. F. H. Henry (Eds.), Diccionario de
Teología (p. 514). Grand Rapids, MI: Libros Desafío.
La Reforma fue una vuelta al Evangelio, lisa y llanamente. No aceptó ninguna autoridad
contra la autoridad de Cristo en su Palabra; ni revelación de visionarios contra la revelación
divina en las Escrituras. La única autoridad en doctrina y práctica fue la Palabra de Dios. Por eso
fue evangélica y cristocéntrica.
Para los radicales la Reforma se quedó a medias. Para los reformadores lo que contaba era
enseñar a los hombres el camino de salvación sin lugar a errores ni distracciones. Frente a la
ruptura entre Dios y el hombre provocada por el pecado, los reformadores no buscaron otro
puente que el mismo tendido por el cielo: Jesucristo. A clarificar la perfección de ese camino, su
absoluted y suficiencia dedicaron la mayor parte de sus energías.
Hablaron del juicio* y predicaron la gracia*, según la Escritura, como nunca antes se había
hecho. Al anunciar a los hombres y al Estado que se sometieran a la autoridad de Dios en su
Palabra, no estaban predicando la ley, al modo del legalismo impuesto por los dirigentes
religiosos de antaño, sino que hablaban sobre todo del Dios de la gracia, la fidelidad y la
misericordia, dispuesto a perdonar y entrar en una nueva relación de libertad con los hombres.
Al enfatizar la fe sola, la Reforma logró su propósito de salvar la gracia de la cosificación y
el sacramentalismo de carácter mágico. La fe no es una mera virtud, como se venía diciendo,
sino un acto de confianza en Dios, fuente de una nueva vida sometida a la voluntad divina, en
respuesta a su amor. La fe la pone Dios mismo en el pecador. Y esa fe, desnuda y sin obras, es lo
único que el pecador puede presentarle. Es Dios únicamente quien justifica, quien declara al
hombre hijo adoptivo suyo en Cristo Jesús. AR
Bib. J. P. Fisher, Historia de la Reforma (CLIE, Terrassa 1984); Manuel Gutiérrez Marín, La
Reforma protestante, un mensaje actual (IEE, Madrid 1972); Alfonso Ropero, Historia, fe y Dios
(CLIE, 1995); G. Wisse, Las tres columnas centrales de la Reforma (Misión Evangélica, varias
ediciones).2
PROTESTANTISMO Este vocablo viene de protestar, según la etim. lat. de pro = a favor de, y
testari = ser testigo, atestiguar, conforme a la 1a acepción del vb. lat. testari.
Esto significa, ni más ni menos, que el protestantismo nació como un movimiento de
testimonio, como se ve implícitamente en la declaración de Lutero* en la Dieta de Worms (1521)
ante Carlos V, pero la palabra lat. protestatio fue usada por primera vez de forma explícita en la
Dieta de Espira (o, Spira), en contra de muchas prácticas de la Iglesia de Roma. Pronto se
delineó el ámbito de lo protestante de forma que cubriera las denominaciones surgidas de la
Reforma, con exclusión de la Iglesia de Roma y de la llamada Ortodoxia.
Las características fundamentales del protestantismo se hallan en la bien conocida trilogía de
(1) Sola Fide = Sólo por la fe (Justificación por la fe, cf. Ro. 3:28); (2) Sola Gratia = Sólo de
gracia (No sirve el mérito ni el esfuerzo del hombre, cf. Ef. 2:8); (3) Sola Scriptura = Sólo con la
Escritura (No vale la tradición, cf. 2 Ti. 3:14–17).
Con esta radicalidad sintieron y expresaron su pensamiento los primeros Reformadores:
Lutero, Calvino, Zuinglio, Beza, Knox, etc. No todos los posteriores han sido tan radicales con
cada uno de esos tres puntos básicos. Y en la medida en que el liberalismo teológico, el
eclecticismo o el ecumenismo han penetrado en los círculos protestantes, tanto menos ha
conservado el protestantismo sus características peculiares.
2
Lacueva, F. (2001). In Diccionario teológico ilustrado (1. ed. española., pp. 508–509). Tarrasa,
Barcelona: Clie.
Centrándonos en Europa, la mayor parte de los países latinos, meridionales, rechazaron la
Reforma, especialmente por la acción drástica de las autoridades civiles, espoleadas por la
jerarquía católica y las órdenes religiosas, especialmente los jesuitas, nacidos específicamente
para la Contrarreforma. En cambio, la mayor parte de los países septentrionales: anglosajones,
escandinavos, etc., la acogieron con gusto, con la ayuda de las autoridades civiles y en desafío a
la jerarquía católica. En este Diccionario, no voy a enumerar los distintos países en que fue
acogida la Reforma protestante, centrando la atención en determinados individuos que
contribuyeron de modo especial a su expansión.
No debe pasar desapercibido el hecho de que Lutero y Calvino no intentaban crear una
Iglesia independiente de la oficial, sino reformar la ya existente (de ahí, el nombre de Reforma).
Fue la Iglesia de Roma la que se negó a reformarse y puso fuera de comunión a los
Reformadores con los numerosos anatemas del C. de Trento (1545–1563).
Bib. Historia y teología: Ricardo Cerni, Historia del protestantismo (EDV, Edimburgo 1995,
2a ed.); J. Leslie Dunstan, Protestantismo (Plaza & Janés, Barcelona 1963); Freddy Durrlemann,
Protestante ¿por qué? (TELL, Grand Rapids s/f); José Ma Gómez-Heras, Teología protestante.
Sistema e historia (BAC, Madrid 1972); Emile G. Léonard, Historia general del protestantismo,
4 vols. (Ediciones 62, Barcelona 1967).
En España y América: Carmelo E. Álvarez, El protestantismo latinoamericano (CUPSA,
México 1981); Jean-Pierre Bastian, Historia del protestantismo en América Latina (CUPSA,
México 1990); –Protestantismo y sociedad en México (CUPSA, 1983); –Protestantismo y
modernidad latinoamericana (FCE, México 1994); Valentín Cueva, Historia ilustrada de los
protestantes en España (CLIE, Terrassa 1997); Manuel López Rodríguez, La España protestante
(Sedmay, Madrid 1976); José M. Martínez, La España evangélica ayer y hoy (CLIE, 1994); José
Miguez Bonino, Rostros del protestantismo latinoamericano (Desafío, Grand Rapids); Ricardo
Oostendorp, La historia de las Iglesias evangélicas desde Lutero hasta la República Dominicana
(ICR, Santo Domingo 1989); Marcos Antonio Ramos, Panorama del protestantismo en Cuba
(Caribe, Miami 1986); Julio de Santa Ana, Protestantismo, cultura y sociedad (Aurora, Bs. As.
1970); Varios, El protestantismo en España: pasado, presente y futuro (CEM, Madrid 1997).3
INTRODUCCIÓN
En esta Unidad veremos que la Reforma protestante no fue la única señal de nuevo vigor
espiritual durante el siglo XVI. Muchos cristianos dentro de la Iglesia Católica Romana luchaban
también por depurar a la Iglesia. Cuando hablamos de la Reforma del siglo XVI es necesario
recordar que se trató de la Reforma de la Iglesia Católica Romana. Al principio, ninguno de los
reformadores quiso dejar a esta Iglesia; lo que querían era cambiarla. Por supuesto, su acción
afectó a la mayoría católica, especialmente a los más instruidos, que leían y pensaban los escritos
de los reformadores. Los católicos reaccionaron a esta disidencia con lo que los historiadores
llaman la “Contrarreforma,” porque fueron contra la Reforma protestante. Sin embargo, hay
historiadores que denominan a este movimiento como la “Reforma católica.” Este título tiene
como propósito dejar en claro que el interés por cambiar y renovar la Iglesia no fue una cuestión
exclusivamente de los reformadores protestantes.
La Reforma y/o Contrarreforma católica es el nombre dado a los movimientos de nueva vida
que se dieron en esa parte de la cristiandad que permaneció bajo la alianza romana. Sin embargo,
3
Lacueva, F. (2001). In Diccionario teológico ilustrado (1. ed. española., p. 490). Tarrasa, Barcelona: Clie.
es mejor hablar de avivamiento o reforma católica al referirnos a todo el proceso histórico,
porque hay evidencias del deseo de renovar la Iglesia dentro de la Iglesia Católica Romana,
incluso antes de la revuelta de Lutero. A pesar del movimiento protestante, la mayoría de los que
querían cambiar la Iglesia siguieron siendo católicos, y la Iglesia Católica Romana habría
cambiado de todos modos incluso sin la Reforma protestante. El movimiento protestante
estimuló a la Iglesia de Roma a realizar lo que muchos anhelaban, si bien el avivamiento católico
terminó por dirigirse en contra de los protestantes4
CUADRO 4 - METAS BUSCADAS POR EL AVIVAMIENTO CATÓLICO
Aspecto moral y social: reformar la Iglesia desde el Papa hasta el
último de los monjes, exigiendo el
cumplimiento estricto de las leyes canónicas
y poniendo más énfasis en la disciplina.
Aspecto polémico: detener el progreso del protestantismo en la
población.
Aspecto político: reconquistar los territorios perdidos como
consecuencia de la Reforma.
Aspecto misionero: ganar a los paganos de los nuevos territorios
conquistados por las potencias europeas para
la Iglesia Católica Romana.5
¿REFORMA O CONTRARREFORMA?
La designación más común y convencional que se da en la historiografía tradicional al
proceso de despertar espiritual católico romano y de reacción frente al protestantismo durante los
siglos XVI y XVII es la de Contrarreforma. Con este nombre se ha denominado a aquellos
movimientos de reforma que surgieron de la Iglesia Romana como una reacción a la Reforma
protestante. Sin embargo, el fenómeno presenta dos aspectos algo diferentes. Uno es el
avivamiento o renovación interior de la Iglesia y la reforma personal, que bien merece ser
calificada como Reforma católica; y el otro es la reacción defensiva y ofensiva de la Iglesia
contra el protestantismo, que fue propiamente una Contrarreforma.3
El estudio detallado de los numerosos eventos y procesos históricos relacionados con el
catolicismo romano durante este período es un desafío monumental y casi imposible. La cantidad
de literatura disponible para este estudio (fuentes primarias y secundarias) es astronómica. Como
4
Deiros, P. A. (2008). Historia del Cristianismo: Las reformas de la iglesia (1500–1750) (pp. 141–142).
Buenos Aires, Argentina: Ediciones del Centro.
5
Deiros, P. A. (2008). Historia del Cristianismo: Las reformas de la iglesia (1500–1750) (p. 142). Buenos
Aires, Argentina: Ediciones del Centro.
bien reconociera H. Outram Evennett, “el tema de la Contrarreforma es enorme; su definición y
análisis es difícil; su literatura está esparcida en muchos idiomas europeos.”6
6
Deiros, P. A. (2008). Historia del Cristianismo: Las reformas de la iglesia (1500–1750) (pp. 143–144).
Buenos Aires, Argentina: Ediciones del Centro.