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Índice
Sinopsis Capítulo 14

Prólogo Capítulo 15

Capítulo 1 Capítulo 16

Capítulo 2 Capítulo 17

Capítulo 3 Capítulo 18

Capítulo 4 Capítulo 19

Capítulo 5 Capítulo 20

Capítulo 6 Capítulo 21

Capítulo 7 Capítulo 22

Capítulo 8 Capítulo 23

Capítulo 9 Capítulo 24

Capítulo 10 Capítulo 25

Capítulo 11 Capítulo 26

Capítulo 12 Capítulo 27

Capítulo 13
Sinopsis
Growl
Nunca había tenido algo para sí, ni siquiera se había atrevido a soñar con poseer
algo tan precioso. Era el hijo bastardo e indeseado que siempre había tenido que
contentarse con las sobras de los demás. Y ahora le habían dado lo que hace unas
pocas semanas atrás había estado fuera de su alcance, alguien a quien ni siquiera se le
permitía admirar desde lejos, una de sus posesiones más preciadas. Arrojada a sus pies
porque era quien era, porque estaban seguros que la rompería. Él era su castigo, un
destino peor que la muerte, una manera de entregar el castigo final a su padre que les
había disgustado tanto.
Cara
Siempre había sido la chica buena. Sin embargo, eso no la protegía.
No sabía su verdadero nombre. La gente lo llamaba Growl a la cara y El
Bastardo a la espalda. Ambos eran nombres que no podía haber elegido por sí mismo.
Sus ojos lucían vacíos, un espejo devolviéndole su propio miedo. Era una de las manos
brutales de la Camorra de Las Vegas.
Y ahora ella estaba a su merced.

Born in Blood Mafia Chronicles #5


Prólogo
Growl
Traducido por Smile.8

Corregido por LizC

Ojos abiertos. Labios partidos. Mejillas enrojecidas. Piel pálida. Parecía una
muñeca de porcelana: grandes ojos azules, cabello color chocolate y cremosa piel
blanca; frágilmente hermosa, algo que él no estaba destinado a tocar con sus brutales
manos llenas de cicatrices. Sus dedos encontraron su muñeca; el latido de su corazón
revoloteando como un pájaro. Ella intentó luchar, intentó ser valiente, intentó hacerle
daño, tal vez incluso matarlo. ¿Realmente había tenido la esperanza de tener éxito?
Esperanza; hacía que la gente se volviera tonta, les hacía creer en algo más allá
de la realidad. Él se había despojado del hábito de la esperanza hacía mucho tiempo.
Sabía lo que era capaz de hacer. Ella había tenido la esperanza de poder matarlo. Él
sabía que podía matarla, sin lugar a dudas.
Su mano trazó la suave piel de su garganta, luego sus dedos se envolvieron
alrededor de ella. Sus pupilas se dilataron pero él no aplicó presión en su toque. Su
pulso martilleaba contra su ruda palma. Él era un cazador, y ella la presa. El fin era
inevitable. Había venido a reclamar su premio. Es por eso que Falcone se la había
dado a él.
A Growl le gustaban las cosas que hacían daño. A él le gustaba hacer daño a
cambio. Tal vez incluso lo amaba; si fuera capaz de ese tipo de emoción. Se inclinó
hasta que su nariz estuvo a centímetros de la piel debajo de su oreja y aspiró. Ella olía
a flores con un toque de sudor. Miedo. Supuso que también podía oler eso. No pudo
resistirse y no tenía que hacerlo, ya no, nunca más con ella. Suya. Ella era suya.
Descendió sus labios sobre su piel caliente. Su pulso zumbó bajo su boca donde
la besó en la garganta. El pánico y el terror golpeaban un ritmo frenético bajo su piel.
Y lo ponía jodidamente duro.
Sus ojos buscaron los suyos, esperando (todavía esperando, la muy tonta
mujer) y rogándole misericordia. Ella no lo conocía, no sabía que la parte de él que
no había nacido como un monstruo había muerto hacía mucho tiempo. La misericordia
era la cosa más alejada en su mente cuando sus ojos reclamaron su cuerpo.
1
Cara
Traducido por Smile.8

Corregido por LizC

La primera vez que lo conocí, había estado disfrazado, vestido con un elegante
traje negro, hecho para parecer que él era uno de nosotros. Pero aunque las capas de
tela fina cubrían sus muchos tatuajes, no podían ocultar su verdadera naturaleza.
Brillaba a través de él, peligrosa y fría. En aquel entonces jamás habría pensado que
lo llegaría a conocer a él y al monstruo que tiene dentro mejor que a nadie más, y que
volvería toda mi vida al revés. Que cambiaría todo mi ser desde mi propio núcleo.
—No puedo creer que te dejen ir con ellos —murmuró Talia. Di la espalda al
espejo para mirarla. Estaba sentada con las piernas cruzadas en mi silla de escritorio,
vestida con sus pantalones de correr más andrajosos, y su largo cabello castaño
amontonado encima de su cabeza en un moño desordenado. Su camiseta, una cosa
gris desteñida y llena de agujeros y manchas, llevaría a nuestra madre a una crisis.
Talia sonrió tristemente cuando siguió mi mirada—. No es como si tuviera que
vestirme bien para nadie, sabes.
—Hay una diferencia entre no vestirse bien y lo que estás haciendo —dije con
un toque de desaprobación. En realidad, no estaba molesta porque mi hermana llevase
su ropa más andrajosa, pero sabía que su único propósito era irritar a mamá, y era un
escenario probable dada la tendencia de madre al perfeccionismo y a reaccionar de
forma exagerada. Realmente no quería que su estado de ánimo se tornara agrio tan
pronto antes del baile. Sería la que lo sufriría dado que padre estaba definitivamente
fuera de cuestión a la hora de convertirse en el blanco favorito de madre.
Madre tenía la tendencia a tomárselo como algo personal si Talia o yo no
éramos perfectas.
—Estoy haciendo un punto —dijo Talia con un pequeño encogimiento de
hombros.
Suspiré.
—No, estás siendo egoísta e infantil.
—Soy una niña, demasiado joven para una reunión social en la mansión
Falcone —entonó Talia en su mejor imitación al tono de reproche de madre.
—Es un evento para adultos. La mayoría de las personas tendrán dieciocho o
mucho más. Madre tiene razón. No tendrías a nadie con quien hablar y alguien tendría
que mantenerte vigilada toda la noche.
—Tengo quince años, no seis. Y solo eres cuatro años mayor que yo, así que
no actúes tan adulta —dijo indignada, levantándose de la silla de escritorio, dejándola
girando detrás de ella, y avanzando hacia mí. Me miró de lleno, el desafío
inconfundible en sus ojos—. Probablemente le dijiste a madre que no me lleve contigo
porque te preocupaba tener que vigilarme y que te avergonzara ante tus oh-tan-
perfectos amigos.
La fulminé con la mirada.
—Estás siendo ridícula. —Sin embargo, un destello de culpabilidad pasó por
mí ante las palabras de Talia. No había hablado con madre para que dejase a Talia en
casa, pero en realidad tampoco había luchado mucho para que mi hermana se uniera
a nosotros. Talia tenía razón. Había estado preocupada por tener que estar con ella
toda la noche. Mis amigos la toleraban cuando estábamos en casa, pero ser vista con
una chica cuatro años más joven en una reunión oficial no les sentaría bien. Una fiesta
en casa de Falcone significaba siempre la mejor oportunidad de conocer a partidos
elegibles y tener que cuidar a la hermana de tu amiga realmente no ayudaba con esa
labor. Quería que esta noche sea especial.
Algo de mi tren de pensamientos debe haberse mostrado en mi cara porque
Talia resopló.
—Lo sabía. —Giró sobre sus talones y salió de la habitación enfurecida,
cerrando la puerta de un portazo tan fuerte que no pude evitar una mueca de dolor.
Dejé escapar un pequeño suspiro, luego me giré hacia mi reflejo, revisando mi
maquillaje y peinado por última vez. Había visto un sinnúmero de tutoriales de
bloggers de belleza para asegurarme que conseguía el aspecto adecuado de ojos
ahumados. Todo tenía que ser perfecto. Madre era una crítica dura, pero Trish y
Anastasia eran aún peor. Se darían cuenta si combinaba el tono equivocado de sombra
de ojos con mi vestido o si mi mano temblaba mientras sostenía mi delineador de ojos,
pero su escrutinio había hecho que mi preparación fuera meticulosa. Ellos eran la
razón por la que nunca me equivocaba. Y para eso estaban los amigos.
Mi vestido era de color verde oscuro, y mi sombra de ojos solo era unos tonos
más claros. Perfecto. Revisé mis uñas por última vez para ver si tenían grietas, pero
también estaban inmaculadas en su brillo de color verde oscuro. Me alisé el vestido
un par de veces hasta que estuve satisfecha con la forma en que el dobladillo rozaba
mis rodillas, luego también alisé mi cabello hacia atrás una vez más, por si acaso,
girándome para ver si las horquillas todavía estaban todas en su lugar sosteniendo mi
recogido de cabello castaño claro.
—Cara, ¿estás lista? Tenemos que irnos —llamó madre desde abajo.
Revisé mi reflejo y alisé mi vestido otra vez, miré mis medias, y finalmente me
obligué a apresurarme a salir de la habitación antes de que madre perdiera la paciencia.
Me podría haber pasado horas revisando mi vestido por posibles errores si hubiera
tenido el tiempo.
Madre estaba en la puerta cuando llegué abajo, dejando que el aire fresco del
otoño entre en la casa. Estaba revisando su reloj de oro, pero cuando me vio, tomó su
abrigo de invierno favorito, una cosa espléndida que le había costado a muchos
armiños su vida y lo puso sobre su vestido largo. Incluso con las temperaturas siendo
inusualmente frías para Las Vegas en noviembre, un abrigo de piel estaba
completamente fuera de lugar, pero como madre lo había comprado hacía muchos
años en Rusia y lo amaba totalmente, lo utilizaba cada vez que podía usarlo, sin
importa cuán inapropiado era.
Caminé hacia ella, ignorando a Talia que estaba apoyada en la barandilla de la
escalera, con una expresión malhumorada en su cara. Sentí lástima por ella pero no
quería que nadie ni nada me arruine esta noche. Padre y madre casi nunca me
permitían asistir a fiestas y esta noche era el evento más importante del año en nuestros
círculos sociales. Todo aquel que aspiraba a ser alguien en Las Vegas había tratado
de conseguir una invitación a la fiesta de Acción de Gracias de Falcone. Este sería mi
primer año asistiendo. Trish y Anastasia habían tenido la suerte de también haber
estado allí el año pasado, y si padre no me hubiera prohibido ir también hubiera ido.
Me sentía pequeña y dejada de lado cada vez que Trish y Anastasia hablaban sobre la
fiesta en las semanas anteriores y posteriores, y lo habían hecho sin parar,
probablemente a que les di la oportunidad de regodearse.
—Dales a Trish y a Anastasia un abrazo, y a Cosimo un beso de mi parte —
dijo Talia con dulzura.
Me sonrojé. Cosimo. Él también estaría allí. Solo lo había visto dos veces antes
y nuestras interacciones habían sido más que un poco incómodas.
—Talia, tira esos trapos horrendos a la basura. No quiero encontrarlos en
ningún lugar de casa cuando volvamos.
Talia elevó su barbilla obstinadamente pero incluso desde el otro lado de la
habitación podía ver el indicio de lágrimas en sus ojos. Una vez más la culpa me
inundó, pero me quedé plantada junto a la puerta principal. Madre vaciló, como si ella
también se hubiera dado cuenta de lo herida que estaba Talia.
—Tal vez el año que viene se te permitirá venir. —Lo hizo sonar como si no
hubiera sido su decisión excluir a Talia de la fiesta. Aunque, para ser honesta, en
realidad no estaba segura si Falcone estaría muy feliz si la gente empezase a llevar a
sus hijos más pequeños, teniendo en cuenta que Falcone no era conocido por su
paciencia o sentido de la familia. Incluso sus propios hijos eran enviados a internados
en Suiza e Inglaterra, para no irritarlo. Al menos, si uno creía los rumores.
—Ponte un abrigo —dijo madre. Tomé uno que no era de piel, lo cual no era
una tarea fácil en el armario de madre, y seguí a madre fuera de casa. No miré hacia
atrás a Talia mientras cerraba la puerta. Padre ya estaba esperando en el asiento del
conductor del Mercedes negro en nuestro camino principal. Detrás de él, estaba
estacionado otro auto con nuestros guardaespaldas. Me preguntaba cómo era para las
personas que no siempre eran seguidas.
Madre abrió su abrigo un poco más. Esto era Las Vegas, y no Rusia, quise
decirle. Pero si prefería derretirse para poder caminar vestida con su abrigo de piel,
entonces, ese era su problema. Sin dolor, no hay ganancia, supuse. Años de clases de
ballet me habían enseñado eso.
Madre se hundió en el asiento del pasajero mientras me deslizaba en la parte
trasera del auto. Exploré mis medias rápidamente en busca de carreras, pero estaban
impecables. Pensé que las empresas deberían poner una advertencia al empacarlas
como “Solo para estar de pie, no se permite moverse”, teniendo en cuenta lo fácil que
era conseguir que se rompan mientras no hacías nada más que caminar. Por eso había
metido dos medias nuevas en mi bolso por si acaso.
—Abróchense el cinturón —dijo padre. Madre se inclinó y le acarició su
cabeza calva con un pañuelo de papel, absorbiendo las gotas de sudor que se habían
reunido. No podía recordar a padre teniendo cabello—. Cara —dijo padre, con un
tono molesto en su voz.
Me puse el cinturón de seguridad rápidamente, y él sacó el auto de nuestro
camino de entrada.
—Cosimo y yo hemos tenido una pequeña charla esta tarde —dijo con la mayor
naturalidad.
—¿Ah, sí? —dije. Un nudo de preocupación se formó en mi estómago. ¿Y si
Cosimo había cambiado de opinión? ¿Y si no lo hubiera hecho? No estaba segura qué
opción hacía que mi estómago se contrajera aún más. Me obligué a mantener una
expresión neutra cuando me di cuenta que madre me observaba por encima de su
hombro.
—¿Qué dijo? —pregunté.
—Sugirió que se casen el verano que viene.
Tragué con fuerza.
—¿Tan pronto?
Una pequeña mueca apareció entre las cejas de padre, pero madre habló
primero.
—Tienes diecinueve, Cara. Tendrás veinte el próximo verano. Esa es una
buena edad para convertirte en una esposa, y madre.
La cabeza me daba vueltas. Pese a que de alguna manera podía hacerme a la
idea de ser la esposa de alguien, me sentía demasiado joven para ser madre de alguien.
¿Cuándo iba a tener la oportunidad de ser yo misma? ¿De averiguar quién era
realmente y quién quería ser?
—Cosimo es un hombre decente y eso no es algo fácil de encontrar —dijo
padre—. Es responsable, y ha sido el asesor financiero de Falcone durante casi cinco
años. Es muy inteligente.
—Lo sé —dije en voz baja. Cosimo no era una mala elección, no en todos los
sentidos. Ni siquiera era feo. Simplemente no había ese aleteo que esperaba sentir
cuando encontrase al hombre con quien tendría que casarme. Quizás esta noche. ¿No
eran las ocasiones como una fiesta el lugar perfecto para enamorarse locamente de
alguien? Solo tenía que estar abierta a la posibilidad.

Entramos en las instalaciones de la mansión Falcone quince minutos más tarde


y conducimos durante otros dos minutos hasta que el camino de entrada finalmente se
abrió a una majestuosa casa palaciega y una enorme fuente frente a ella. La cosa
arrojaba agua en tonos azul, rojo y blanco de sus estatuas romanas. Al parecer, un
albañil de Italia había creado la cosa para Falcone. Había costado más que el auto de
padre. Era solo una de las muchas razones por las que no me gustaba Falcone. Por lo
que padre había dicho sobre el hombre, era un presumido sádico. Me alegré de que
mi familia y yo estuviéramos en su lado bueno. Nadie quería tener a Falcone como su
enemigo.
Había autos caros estacionados por doquier. Por el gran número, me pregunté
cómo todos los invitados cabrían en la casa sin pisarse los pies unos a otros. Varios
botones corrieron hacia el auto cuando se detuvo y abrieron las puertas para nosotros.
Una alfombra roja iba por las escaleras y atravesaba la puerta principal. Negué con la
cabeza, pero me detuve rápidamente ante una mirada de madre. Ella y padre me
hicieron caminar entre ellos a medida que nos dirigíamos a la puerta principal. Allí,
otro criado nos estaba esperando con una sonrisa profesional en su rostro. Ni Falcone,
ni su esposa, estaban allí para recibirnos. ¿Por qué siquiera me sorprendía?
El pasillo de entrada era más grande que cualquiera que hubiera visto jamás.
Una gran cantidad de figuras de cristal de todos los tamaños se encontraban contra las
paredes y en los aparadores, y varios enormes retratos de Falcone y su esposa estaban
enganchados de las paredes altas.
—Sé educada —susurró madre en voz baja mientras nos llevaban hacia las
puertas dobles que daban al salón de baile con candelabros de cristal y mesas altas
que bordeaban la pista de baile. Una pared estaba recubierta por una larga mesa llena
de canapés, montones de langostinos y langostas, copas llenas de hielo picado que
estaban cubiertas con las ostras más grandes que haya visto alguna vez, latas con
caviar de Ossetra y cada alimento de lujo que pudieras imaginar. El botones se excusó
cuando llegamos al interior del salón de baile y se fue corriendo hacia los próximos
invitados.
Una vez dentro dejé que mi mirada se deslizase por los invitados en busca de
mis amigas. Estaba ansiosa por unirme a ellas y dejar que mis padres buscasen su
propia compañía preferida, pero madre no me dio la oportunidad de buscar por mucho
tiempo. Tocó mi antebrazo ligeramente y susurró en mi oído:
—Compórtate lo mejor que puedas. Primero, vamos a tener que agradecer al
señor Falcone por la invitación.
Miré más allá de ella donde padre ya estaba hablando con un hombre alto de
cabello negro. Padre sostenía sus hombros medio encorvado, como si estuviera
intentando inclinarse ante su jefe sin de hecho tener que inclinarse. El espectáculo me
dejó un sabor amargo en la boca. Con la palma de madre apoyada en la parte baja de
mi espalda, me arrastré más cerca de mi padre y su jefe. Nos detuvimos a un par de
pasos detrás de ellos, esperando que se volvieran hacia nosotras. Los ojos oscuros de
Falcone me encontraron primero antes de que padre notara nuestra presencia. La
frialdad en ellos envió un escalofrío por mi espalda. Su camisa increíblemente blanca
de cuello y su pajarita de color negro le daban un aspecto aún más intimidante, lo cual
ya era una hazaña propiamente dicha considerando que las pajaritas por lo general
hacen que quien la lleva me parezca cómico.
Tras intercambiar algunas bromas sin sentido, finalmente me desestimaron y
corrí hacia uno de los camareros que equilibraba una bandeja llena de copas de
champán en su mano. Estaba vestido con un esmoquin lustrosamente blanco y zapatos
blancos pulidos. Al menos, el vestuario hacía que fuera fácil detectarlos.
Uno de nuestros guardaespaldas me siguió a unos pasos por detrás a medida
que me alejaba de mis padres, el otro se posicionó al borde de los invitados reunidos
y mantuvo un ojo en mis padres. Me preguntaba por qué era siquiera necesario tener
a nuestros guardaespaldas con nosotros en un grupo de nuestros supuestos amigos.
Empujé el pensamiento a un lado, queriendo disfrutar de esta noche, y acepté una copa
de champán con un rápido agradecimiento para después beber un largo trago del
líquido burbujeante, haciendo una mueca ante el sabor agrio.
—¿Cómo puedes hacer tal cara mientras bebes Dom Perignon, la mejor bebida
en este mundo? —preguntó Trish, apareciendo a mi lado de la nada y robando una
copa de champán para sí misma.
—Es el agua de los reyes —entonó Anastasia, y era enervante no estar segura
si lo dijo como una broma o estaba siendo mortalmente honesta.
—Estoy tratando de acostumbrarme a él —admití, bajando la copa de mis
labios. El alcohol estaba empezando a hacer su magia y por eso estuve agradecida
después de la breve charla con Falcone. Mis dos amigas estaban vestidas a la
perfección. Anastasia con un vestido plateado hasta el suelo, y Trish con un vestido
cóctel verde claro que rozaba sus rodillas. No es que hubiera esperado algo menos de
ellas. Me contaron por entero su viaje de compras por los nuevos vestidos para la
ocasión. Por supuesto no me habían permitido ir con ellas a pesar de mis mejores
intentos de convencer a mis padres. En cambio, madre me había hecho llevar un
vestido que había comprado para Navidad el año pasado. Mi único consuelo era que
nadie excepto mi familia me vio llevarlo, así que no me avergonzaría delante de mis
amigos.
—He oído que es un gusto adquirido —añadió Trish cuidadosamente. Tomó
un pequeño sorbo de su copa, su expresión convirtiéndose en una de dicha—. Supongo
que siempre he tenido una habilidad especial para el Dom Perignon y en el último año
ciertamente he tenido suficientes oportunidades para conseguir adquirir su gusto, y
tengo la intención de beberlo aún más a menudo en el futuro. —Ella y Anastasia
compartieron una risa, y una vez más maldije a mis padres por protegerme tanto como
lo hacían. Si Trish y Anastasia podían enfrentarse a los supuestos peligros de nuestro
mundo, entonces yo también podía.
Trish me dio una sonrisa burlona, y luego me abrazó con un brazo, cuidando
no arruinar ninguno de nuestros peinados o maquillajes. Anastasia se limitó a sonreír.
Su corpiño era una obra maestra de perlas y bordados.
—Me preocupa que un hilo se salga si nos abrazamos —dijo solo a medias en
tono de disculpa.
—Eso es razonable —comenté, tomando otro sorbo de mi bebida obligándome
a mantener una expresión de placer en lugar de repulsa por el sabor. Sabía que para la
mayoría de la gente este champán estaba en lo más alto en sus bebidas de fantasías,
pero simplemente no podía disfrutarlo. Tendría que esforzarme más si no quería ver
de nuevo la expresión de lástima de Anastasia.
—Una de tus horquillas está suelta —dijo.
Mi mano libre voló hasta el lugar donde miraba y traté de encontrar la horquilla
infractora antes de que pudiera arruinar mi peinado. De todos modos, otros invitados
estaban lanzándome miradas, ya que era mi debut en una fiesta. No podía correr el
riesgo de aparecer nada menos que impecable.
—Déjame —dijo Trish y simplemente empujó la horquilla unos pocos
centímetros hacia atrás—. Ahí. Listo. —Su sonrisa fue amable.
¿Eso era todo? Por la reacción de Anastasia uno podría haber pensado que
había cometido un pecado imperdonable de la moda.
—Esta noche hay una buena selección —dijo Anastasia. Sus ojos persistiendo
sobre un grupo de hombres detrás de nosotras dejaron claro que no estaba hablando
del buffet.
Los hombres en su enfoque eran al menos diez años mayores que nosotras, y
mientras contemplaba el resto de la habitación, me di cuenta que éramos de los
invitados más jóvenes. La mayoría de los asistentes trabajaban para Falcone. Esta era
una fiesta para sus súbditos; dudaba que tuviera amigos. Los hombres como él no
podían permitirse ese lujo.
—Pero, por supuesto, ya no tienes ojos para otros hombres ahora que estás
comprometida con Cosimo —continuó Anastasia, arrastrándome de vuelta a la
realidad.
No estaba segura de qué decir a eso. Su tono había sido extraño. ¿Estaba
celosa? Su padre probablemente ya estaba buscando una pareja adecuada para ella,
así que pronto también estaría comprometida.
—Todas nos casaremos muy pronto —dije en un tono conciliador.
—Tienes las manos en el solero más codiciado, eso seguro —dijo ella con una
sonrisa forzada. Luego dejó escapar una risa y chocó su copa contra la mía—. Estoy
bromeando, no te veas tan conmocionada.
Me reí, aliviada. Realmente no quería pelear con Anastasia sobre Cosimo.
Todas nos casaríamos con buenos partidos.
La música se elevó y di otro sorbo a mi bebida. Estaba empezando a relajarme
gracias al alcohol difundiéndose por mi sangre y apenas me importaban las miradas
curiosas ocasionales de los otros invitados. En la siguiente fiesta, ya sería una de ellos
y otra persona sería el centro de atención.
Trish daba golpecitos con el pie en el suelo de madera al ritmo de la canción y
tarareó unas cuantas canciones antes de que Anastasia le lanzase una mirada. Tuve
que contener la risa. La dinámica entre ellas a veces era ridícula.
Para mi sorpresa, me di cuenta que incluso mi guardaespaldas había
desaparecido de mi vista para darme privacidad con mis amigas. Lenta pero
seguramente esta noche se estaba poniendo bien.
Sabía que Talia me pediría todos los detalles cuando regresara esta noche, pero
nuestros padres habían tenido razón cuando había insistido en que era demasiado
joven para un evento social en la casa de Falcone. Por supuesto que no le diría eso.
Sería suficientemente difícil hacer que me perdonase ahora, a pesar de que unos pocos
rumores jugosos probablemente la aplacarían. No es que fuera un miembro
experimentado de la sociedad. Tendría que depender de Trish y Anastasia para eso.
La molestia hacia padre se elevó dentro de mí. Tal vez se había negado a llevarme a
una función social hasta ahora porque pensó que lo avergonzaría frente a su jefe. Le
había oído decirle varias veces a madre lo terrible y brutal que era Falcone, así que no
era demasiado inverosímil que padre pensara que podría encogerme de miedo delante
de ese hombre, lo cual era ridículo. Él todavía era humano, no el monstruo que padre
siempre lo hacía ser, e incluso si lo fuera, dudaba mucho que odiase verme encogerme
de miedo. Por el contrario, es probable que le excitase si fuera el hombre que padre
había descrito.
—Son un poco demasiado viejos para mi gusto —dijo Trish, después tomó otro
sorbo de su copa de champán, volviendo a nuestro tema anterior.
—No me importa. Quiero ser tratada como una princesa por mi marido y los
hombres mayores son más propensos a apreciarme que un chico joven —dijo
Anastasia. Me dio una sonrisa de complicidad. Por alguna razón se sentía falsa—. Por
lo que escuché el acuerdo entre tu familia y Cosimo está casi hecho, así que tu fiesta
de compromiso será pronto.
Fruncí el ceño ante el uso de la palabra “acuerdo” en cuanto a casarme con
Cosimo. Pero a decir verdad, ese probablemente era el término que se ajustaba mejor
a todo el arreglo. Le di un pequeño encogimiento de hombros, intentando actuar
indiferente. No quería hablar de él esta noche, sobre todo porque el tema parecía irritar
a Anastasia.
—Oh, Dios mío, Falcone invitó a su monstruo —susurró Trish, agarrándome
del brazo y casi haciendo que derramase mi champán sobre su vestido. Seguí sus ojos
castaños ensanchados por la sorpresa hacia una esquina de la habitación donde un
hombre alto y musculoso se apoyaba contra una pared. Estaba vestido con una camisa
blanca que se tensaba contra su enorme pecho, un traje negro y zapatos negros de
vestir. De hecho, no se veía tan diferente de los otros hombres en la habitación a
excepción de la corbata que no llevaba, si tomabas solo su atuendo en consideración.
Pero el resto de él, Dios, ten piedad.
Se veía demasiado insulso para alguien como él. Aunque al menos lo había
intentado, no engañaba a nadie acerca de su naturaleza. Parecía irradiar de él como
una nube oscura de peligro. Era casi palpable incluso desde lejos.
Padre lo había mencionado una o dos veces en susurros pero nunca lo había
visto, y él definitivamente no era del tipo que aparece en las secciones de chismes del
diario. Dudaba que cualquier periodista estuviera lo suficientemente loco como para
arriesgarse a la ira de un hombre como él.
—El Bastardo, así es como lo llama la mayoría de la gente —añadió Anastasia.
Parecía un gato que hubiera visto un pájaro. Sabía por qué estaba tan excitada. Hasta
ahora nada interesante había ocurrido, pero Anastasia probablemente tenía la
esperanza de que esto tuviera el potencial de algunos chismes decente.
—¿Cuál es su verdadero nombre? —pregunté. Una vez había tratado de
sonsacárselo a madre, pero la mirada que me había dado había evitado que preguntase
de nuevo.
—No sé su nombre real. Nadie lo sabe. La gente lo llama “Growl” a la cara, y
El Bastardo a sus espaldas.
Las miré. ¿En serio? Ambos eran nombres que no era posible que hubiera
elegido por sí mismo. Alguien tenía que saber su nombre. Al menos, Falcone. Lo sabía
todo de sus súbditos.
—¿Por qué la gente lo llamaría así?
Anastasia se encogió de hombros, pero no me miró.
—Hay algo mal con sus cuerdas vocales desde un horrible accidente. Es por
eso que tiene esa gran cicatriz.
No podía distinguir ninguna cicatriz desde nuestro punto de vista. Estábamos
demasiado lejos. Supuse que Anastasia también había conseguido ese detalle de la
fábrica de chismes.
—¿Qué clase de accidente?
—No lo sé. Algunas personas dicen que la mafia rusa le hizo esto, otros dicen
que intentó suicidarse porque no está bien de la cabeza, pero nadie sabe —respondió
Anastasia en voz baja.
¿Quién trataría de quitarse la vida así? Y Growl no parecía del tipo de
suicidarse. La primera historia con la Bratva sonaba mucho más probable.
—¿Así que lo llaman Growl porque así es como suena cuando habla? —
pregunté.
Anastasia apenas pareció registrar mis palabras, pero Trish hizo un gesto de
confirmación.
No pregunté por qué lo llamaban El Bastardo. Eso lo podría explicar por mi
cuenta. Las personas en nuestro mundo no veían con buenos ojos a los niños que
nacían fuera del matrimonio. Era anticuado y ridículo, pero hay cosas que nunca
cambian. No sabía quiénes eran sus padres. No podían ser miembros de alto rango de
la sociedad, eso seguro.
Dirigí mis ojos hacia el hombre. Parecía completamente indiferente a lo que
ocurría a su alrededor, como si esta fiesta no fuera más que otra de sus funciones. Pero
algo me decía que a pesar del aburrimiento que mostraba, estaba alerta. Dudaba que
mucho escapase a su atención. Tenía una copa de champán en la mano, pero todavía
estaba llena. El cristal elegante parecía pequeño en comparación con él y me maravilló
que no lo hubiese aplastado entre sus palmas todavía. Como si pudiera leer mi mente,
giró su cabeza y miró directamente hacia nosotras. Trish dejó escapar un grito
ahogado y se estremeció a mi lado, derramando unas gotas de su copa en el
aparentemente lujoso suelo de madera. En serio no podría haber actuado más
sospechosa si lo hubiera intentado. Después de un momento, tanto Trish como
Anastasia bajaron sus cabezas, rompiendo el contacto visual. Tal vez para hacerle
creer que no habían estado observándolo, o tal vez simplemente no pudieron soportar
la fuerza de su mirada. Ahora entendía por qué mis padres e incluso mis amigos habían
sonado tan aterrorizados cuando hablaban de él. Incluso desde la distancia sus ojos
casi hicieron temblar mis rodillas.
Sin embargo, no era solo el miedo lo que hizo que mi corazón se acelerase;
también había algo cercano a la excitación. Era como ver a un tigre a través del cristal
de su recinto y maravillarse de su poder. Solo que aquí lo único que le impedía atacar
eran las normas sociales, unas a las que incluso alguien como él estaba obligado a
acatar. La correa que Falcone tenía sobre él no era física o visible, pero estaba ahí, no
obstante.
Me pregunté qué estaría pasando por su cabeza. ¿Cómo se sentía rodeado de
gente con la que no tenía casi nada en común? Era uno de ellos y, sin embargo, en
realidad no. Un hombre de las sombras porque nadie lo quería en la luz. Cuando me
di cuenta de cuánto tiempo lo había estado mirando, aparté mis ojos, pero mi pulso
mantuvo su ritmo errático después. No estaba segura de cuándo había sido la última
vez que me sentí tan… viva. Mi vida siempre serpenteaba en sus caminos
predeterminados, pero esta noche se sentía como una aventura.
—Oh, Dios mío, eso fue espeluznante —susurró Anastasia—. Debería haberse
quedado en el agujero del que salió.
No pude decir nada. Mi lengua parecía estar pegada a mi paladar.
—¿Sigue mirándonos? —pregunté finalmente, mis ojos firmemente pegados
en las burbujas que seguían creciendo en mi copa.
—No, se ha ido —dijo Anastasia con gran alivio—. No puedo creer que viniera
aquí. La gente como él debería permanecer entre ellos y no pretender que pertenecen
entre nosotros.
Miré hacia la esquina donde se había situado previamente, pero como
Anastasia dijo, se había ido. Por alguna razón, me puso nerviosa el no saber a dónde
había ido. Era una de esas personas a las que te gustaba seguirles la pista porque temías
que pudieran sorprenderte. Y podría haber jurado que todavía podía sentir sus ojos en
mi piel. Me estremecí. La paranoia por lo general no era mi estilo.
Busqué en mi entorno, pero no estaba por ningún lado. Negué ante la ridícula
sensación de ser observada. No sería bueno para mí empezar a actuar como una
paranoica. Si me avergonzaba a mí misma aquí, pasaría mucho tiempo antes de que
me invitasen a nada de nuevo. O peor, Cosimo podría decidir que no era apta para
convertirme en su esposa. Madre y padre jamás me perdonarían si eso ocurriera.
—Mira quién viene —dijo Trish en voz baja, y durante un momento ridículo y
de infarto, de hecho, pensé que era Growl.
Me di la vuelta para ver de quién estaba hablando y sentí el calor subir por mis
mejillas. Cosimo se dirigía hacia nosotras. Estaba vestido con un traje cruzado gris,
su cabello rubio oscuro peinado hacia atrás y gafas con montura fina en su nariz.
—Se ve como un corredor de bolsa —comentó Trish en voz baja.
Él manejaba el dinero de Falcone, así que no estaba muy alejada. Los trajes
eran su segunda piel. Nunca lo había visto con ninguna otra cosa. Era un marcado
contraste con el hombre al que había estado espiando hacía pocos segundos atrás.
Trish y Anastasia dieron un paso a un lado, juntándose y pretendiendo darnos
a Cosimo y a mí un poco de privacidad, lo cual en realidad era solo un pretexto ya que
sabía que estarían vigilando nuestros labios, memorizando nuestras palabras.
Dudaba que las utilizaran en mi contra. Eran mis amigas después de todo, pero
no quería correr el riesgo.
Cosimo se detuvo un poco demasiado cerca y se llevó una de mis manos a sus
labios. Casi puse los ojos en blanco ante el gesto, aunque una pequeña parte de mí
disfrutó de las miradas apreciativas que Trish y Anastasia intercambiaron.
—¿Bailarías conmigo? —preguntó, con voz suave y uniforme. Eso, como el
traje, era siempre igual. Trish lo había comparado con una máquina bien engrasada
una vez. El término se ajustaba demasiado bien. Sus ojos se dirigieron a mis amigas,
pero no dijo nada. No seguí su mirada, preocupada porque Anastasia se viera
cabreada. A veces no estaba segura de qué demonios pasaba con ella.
Dejé que me guiase hacia la pista de baile, consciente de las miradas curiosas
de mis amigas siguiéndonos, y no eran las únicas que nos miraban. Mis padres
también habían dirigido su atención hacia nosotros. Casi me encogí ante la fuerza de
la atención.
No tropieces, me dije una y otra vez a medida que comenzábamos a movernos
con la música.
Mientras bailábamos estrechamente, esperé un aleteo, algo, la aceleración más
pequeña en mi pulso, pero no pasó nada. No es que Cosimo pareciera estar locamente
enamorado de mí. No se requería amor para un matrimonio, sin embargo hubiera sido
agradable. Cosimo intentó entablar conversación. El tiempo, lo bonito que era mi
vestido, esto y aquello sobre lo que él pensaba que podría estar interesada. No podría
haber estado más equivocado.
Mis amigas todavía estaban observándonos a Cosimo y a mí. Sin embargo,
“observar” no era el término correcto para la mirada que Anastasia me estaba dando.
Realmente esperaba que encontrase un hombre para ella pronto. Conociéndola,
probablemente solo estaba molesta porque por una vez yo estaba a la cabeza, a pesar
de que no me hubiera importado si mi padre se hubiera tomado más tiempo para
encontrarme alguien. Alejé mi mirada del ceño de mi amiga y dejé que mis ojos se
asentaran en la esquina donde había estado Growl. Seguía sin estar allí.
—Mis amigas y yo notamos un hombre antes —dije, ni siquiera segura sobre
lo que Cosimo había estado divagando antes de que lo interrumpiera—. Mis amigas
me dijeron que se llamaba Growl. Él se veía…
No continué más.
El agarre de Cosimo en mi espalda se tensó.
—Debería haberse quedado donde pertenece —dijo Cosimo con un tono tan
cortante que me sorprendió, luego me dio una mirada alentadora—. No te preocupes.
Estás a salvo. Él sabe que no tiene permitido estar cerca de mujeres como tú. —Abrí
la boca para hacer más preguntas, pero Cosimo negó—. Hablemos de otra cosa.
No había nada más sobre lo que quisiera hablar en ese momento, pero dejé que
la pequeña charla de Cosimo me calmase. Sin embargo, no dejé de mirar por la
habitación en busca de Growl.
Cosimo me llevó de nuevo donde mis amigas y una mirada pasó entre
Anastasia y él. Su ceño fruncido, obviamente, tampoco había pasado desapercibido a
su atención. Si fuera más valiente, la hubiera enfrentado y le hubiera preguntado cuál
era su problema, pero definitivamente no quería problemas en mi primera fiesta.
Cosimo se excusó y se dirigió a un grupo de hombres, entre ellos Falcone. Trish
me dio una refrescante copa de champán.
—¿Qué tal estuvo?
—Bien —dije automáticamente, poco dispuesta a admitir que no me importaba
ni un poco lo que hacía o dejaba de hacer mi futuro prometido.
—Se veían bien juntos —dijo Anastasia con dulzura. La sorpresa surgió a
través de mí, y me sentí relajarme de nuevo. Al parecer, Anastasia se había dado
cuenta que no había ninguna razón para que ella estuviera celosa de mí y Cosimo.
2
Cara
Traducido y corregido por LizC

Me había perdido; las tres copas de champán que había tragado realmente no
ayudaban. Esta casa era un laberinto, obviamente construida para impresionar e
intimidar, y no tanto como un lugar para sentirse cómodo y en realidad vivir en ella.
Por lo menos no podía imaginar alguna vez sentirme cómoda en un lugar como este,
pero tal vez las pinturas de tamaño casi natural de Falcone también tenían algo que
ver con eso. Sus ojos atormentadores parecían seguirme a dondequiera que fuera.
Busqué mi celular en mi bolso y lo saqué, pero dudé. ¿Cuán vergonzoso sería
si llamaba a Anastasia o Trish y les decía que en realidad había logrado perderme
mientras buscaba el cuarto de baño? No me dejarían escuchar el final de sus burlas. De
todos modos, el ambiente entre nosotras había sido tenso desde mi baile con
Cosimo. No había necesidad de darles más municiones contra mí.
No era la primera vez que deseaba que Talia estuviera aquí. Nos reiríamos de
esto juntas, y ella se burlaría de mí por un largo tiempo, pero nunca con malicia o
regodeo. No lo usaría contra mí cuando hablara con otras personas.
Me detuve, comprendiendo con repentino horror que ni siquiera confiaba en
mis dos mejores amigas. Sacudí la cabeza. Este era el mundo en el que vivía. “No
puedes andar confiando en la gente, ni siquiera en los tal llamados amigos”, eso es
lo que padre siempre decía. Siempre había sido reacia a creerlo. Puse mi teléfono en
mi bolso. No había forma de que llamara a nadie.
De todas formas, madre estaba fuera de toda cuestión.
Y Cosimo. No, no necesitaba otra razón para que fuera incómodo entre
nosotros. Y él era tan bueno como un extraño para mí. Tenía el presentimiento de que
eso no cambiaría hasta el día de nuestra boda y tal vez un largo tiempo después.
Con un silencioso suspiro, seguí adelante. En algún momento tendría que ver
algo que reconociera y encontraría mi camino de regreso a la fiesta.
Giré en otra esquina desconocida, realmente se veían iguales, cuando vi a
alguien en el pasillo a solo unos pasos delante de mí. ¡Finalmente, alguien podría ser
capaz de apuntarme en la dirección correcta!
Mi alegría se convirtió en shock, y luego en miedo cuando me di cuenta a quién
me había encontrado.
Growl.
No se movió. Solo se quedó allí. Parecía como si hubiera estado en este
corredor por un tiempo ya.
Esperando a una víctima, tal vez, sugirió mi mente hiperactiva útilmente.
Pero por mucho que quisiera burlarme internamente de la idea, tenía la
sensación de que no estaba tan lejos. El miedo y la fascinación lucharon en mí, y me
recordé que él no me tocaría. Mi padre era demasiado importante para Falcone, y eso
significaba que yo también. Tal vez Growl era un asesino despiadado, apenas más que
una máquina de matar y un monstruo, pero definitivamente era un monstruo
inteligente o no habría llegado tan lejos. Y sin embargo, esperaba que mis
guardaespaldas vinieran a buscarme pronto. Pero, ¿siquiera me habían visto salir de
la fiesta? Habían intentado dar a mis amigas y a mí un poco de espacio. Ahora me
hubiera gustado que no.
Los ojos de Growl no mostraron nada cuando me vio. El traje le quedaba
demasiado ajustado alrededor de sus amplios hombros y una pizca de tinta negra se
asomaba bajo su camisa demasiado blanca. Uno de sus muchos tatuajes. Nunca los
había visto, pero no podías ser parte de esta sociedad y no escuchar las
historias. Incluso vestido con traje, enmascarado como uno de nosotros, no podía
ocultar quién era. Sus tatuajes mostraban una pequeña pizca del monstruo bajo el
costoso atuendo. Me pregunté cómo se veía sin el traje. Y el calor se disparó en mis
mejillas ante el ridículo pensamiento. Definitivamente había bebido mucho alcohol.
El gesto de un ceño fruncido cruzó su rostro antes de que desapareciera y me
di cuenta del largo tiempo que había estado mirándolo otra vez,
juzgándolo. Probablemente no había logrado esconder mis pensamientos sobre él muy
bien. Un error que podía arruinar todo en nuestro mundo. Mis padres me habían
enseñado mejor.
Sin embargo, la puerta detrás de él me parecía un poco familiar. Llevaba al
vestíbulo principal. No me moví. Regresar a la fiesta significaba acercarme a él.
Era ridículo. Yo no era cualquiera. Y no estábamos simplemente en cualquier
lado. Él no haría nada. Incluso él tenía reglas a las que estaba obligado y una de ellas
era que yo estaba fuera de los límites, justo como todas las chicas de familias como la
mía. Sin importar cuántas cosas absurdas dijera Anastasia, esa declaración era cierta.
Cuadré mis hombros y tomé algunos pasos decididos hacia Growl. Más cerca
de la fiesta, me recordé cuando mi pulso se aceleró. Por alguna razón esto se sentía
como una cacería para mí. Growl era el cazador y yo la presa, cosa que ni siquiera
tenía sentido ya que apenas se había movido desde mi llegada al pasillo. Pensándolo
bien, nunca había hablado mientras yo estaba cerca.
—Soy Cara —dije en una voz apresurada. Tal vez si podía hacerle hablar, ya
no me parecería tan peligroso, pero él no reaccionó, solo me miró con una expresión
ilegible, y luego la puerta detrás de él se abrió y mi madre apareció.
Sus ojos se fijaron en mí, luego se posaron en Growl, y su expresión se volvió
rígida.
—Cara, tu padre y yo te estábamos buscando. Vuelve a la fiesta —dijo,
ignorando por completo al hombre en el pasillo con nosotras.
Asentí y pasé a toda prisa junto a Growl. Sus ojos, ámbar, no oscuros como
parecían de lejos, me siguieron, pero permaneció en silencio. Cuando estuve de
espaldas a él, una emoción se disparó a través de mi cuerpo y tuve que impedirme
mirar por encima de mi hombro.
Al momento en que madre y yo estuvimos fuera del pasillo y en el corredor
desierto, ella agarró mi brazo en un apretón aplastante.
—¿En qué pensabas al estar sola con ese… ese hombre? —Prácticamente
escupió la última palabra. Sus ojos estaban completamente abiertos y casi
frenéticos—. No puedo creer que lo dejaran entrar. Pertenece a una jaula con grilletes,
lejos de cualquier persona decente.
Sus uñas se clavaron en mi brazo.
—Mamá, me estás haciendo daño.
Ella me soltó y finalmente reconocí la emoción en su rostro. No era ira, sino
preocupación.
—Estoy bien —dije firmemente—. Me perdí en el camino y me encontré con…
—Busqué en mi mente por un nombre para llamarlo aparte de Growl, que parecía
demasiado a un apodo para usar alrededor de mi madre, pero no se me ocurrió más
nada.
—Cara, no puedes ir corriendo así, sin pensar en las consecuencias de tus
acciones.
—Estaba de camino al cuarto de baño. No estaba corriendo por ahí —dije.
—Cosimo es un buen partido. Ahora, no lo arruines.
Parpadeé, incapaz de creer a mis oídos.
—Eso es lo que te preocupa.
Madre respiró profundo y presionó su mano contra mi mejilla.
—Estoy preocupada por ti. Pero eso incluye tu reputación. En este mundo, una
mujer no es nada sin una buena reputación. Un hombre, eso es otra cosa. Pueden hacer
lo que les plazca e incluso eso ayudará a su reputación, pero nosotras estamos
obligadas a normas diferentes. Necesitamos ser todo lo que ellos no son. Tenemos que
compensar sus fracasos. Para eso estamos destinadas. Nosotras, tú tienes que ser
gentil, dócil y virtuosa. Los hombres quieren todo lo que ven. Debemos mantener
nuestros deseos firmemente encerrados, incluso si los hombres no pueden.
No era la primera vez que me decía algo así, pero por la manera en que acentuó
la palabra “deseos” en su discurso me preocupó que supiera de la reacción de mi
cuerpo ante la cercanía de Growl.
Sin embargo, no tenía que preocuparse. Mi temor por aquel hombre, por todo
lo que representaba y por lo que era capaz de hacer, superaba cualquier pequeña
emoción que mi cuerpo pudiera sentir a su alrededor.

Growl
Growl las observó dejar el pasillo. La puerta se cerró y volvió a estar solo. Su
olor a vainilla aún permanecía en el aire. Dulce. Las chicas así siempre elegían aromas
dulces. No entendía por qué trataban de parecer aún más inofensivas al oler como una
flor delicada.
Tiró de su cuello. Demasiado apretado. La tela contra su cicatriz, lo
odiaba. Este traje, esta camisa, no era él.
La mirada en el rostro de su madre le había recordado por qué odiaba eventos
como éste. La gente no lo quería alrededor. Querían que él hiciera su trabajo sucio, y
les gustaba hablar mierdas sobre él, pero no lo querían cerca.
No le importaba una mierda.
No eran nada para él.
Sabía que lo veían como un animal de circo. Era el escándalo de la noche. La
chica de olor dulce también lo había estado observando. La había visto a ella y a sus
amigas observarlo desde el salón de baile.
Pero la chica de olor dulce lo había sorprendido. Él sabía su nombre. Por
supuesto. Falcone había hablado sobre su padre y su familia con demasiada frecuencia
en las últimas semanas. Cara.
No había huido gritando, a pesar de que habían estado solos en el pasillo. Ni
siquiera había parecido muy asustada. Por supuesto, había habido temor; siempre lo
había, pero también había habido curiosidad. Porque él era un monstruo al que temían
y fascinaba.
No le importó. Ella era solo una chica. Una chica de sociedad con un vestido
bonito y una cara aún más bonita. Le importaba una soberana mierda lo bonito. No
significaba nada. Era fugaz, se podía quitar en un instante. Sus ojos la habían buscado
varias veces esa noche. Había imaginado arrancarle ese bonito vestido de su cuerpo,
imaginándose correr sus manos indignas sobre sus curvas. Luego apartó la mirada y
salió del salón de baile antes de que pudiera hacer algo muy estúpido. Ella era alguien
a quien no estaba destinado a tener. Alguien a quien ni siquiera debería imaginarse
tener. Era alguien a quien admirar desde lejos. Y eso era lo mejor.

Cara
Ese día, poco después de regresar a casa y acostarme en la cama, mis dedos
encontraron el punto dulce entre mis piernas, respondiendo a la necesidad que me
había clamado desde que había visto a Growl. El manto de oscuridad arrasó mi
resistencia y mi preocupación de ser atrapada. Incluso las palabras de mi madre que
resonaron en mi cabeza no fueron capaces de detenerme. “Sé buena, sé virtuosa. Esto
es pecado”. La imagen de aquel temible hombre había causado un dulce hormigueo
en mi entrepierna, y no pude resistir. Está mal, gritaba mi mente, pero desterré la idea
hasta que finalmente mi cuerpo se estremeció con mi liberación.
Pero segundos después, una familiar sensación de estar sucia me invadió. Esto
era pecado. Madre no había dejado de decirme esas palabras desde el día en que me
atrapó tocándome dos meses atrás. Desde entonces, no había cedido a mis necesidades
pecaminosas, hasta esta noche.
Respiré profundamente, deseando que mi corazón dejara de correr. Deseando
que mi cuerpo dejara de recordarme lo que había hecho.
Desde que madre me había atrapado, había habido una tensión entre nosotras
que apenas podía soportar. Evitaba mis ojos como yo evitaba los suyos. Casi me
alegré por mi boda aproximándose rápidamente de modo que finalmente pudiera
escapar del juicio de mi madre. Todavía sentía una oleada de flagrante vergüenza
sobre mí cuando recordé ese día y la mirada de shock en la cara de mi madre. No
había sido la primera vez que me tocaba a mí misma, pero sí la primera vez que había
entendido lo malo que era en realidad. Me había jurado en ese entonces que nunca
dejaría que mi cuerpo volviera a anular mi cerebro y ahora había roto esa promesa. En
la protección de la noche, me atreví a dejar que mis dedos recorran mi cuerpo una vez
más, todo por un hombre en el que ni siquiera debería pensar, mucho menos
fantasear. Está mal.
Era débil y pecadora, pero en los breves momentos de placer me sentía más
viva que en cualquier otro momento de mi vida.
3
Cara
Traducido y corregido por LizC

Supe que algo estaba horriblemente mal cuando vi a padre durante la


cena. Tenía la energía nerviosa de un animal atrapado. Los ojos de Talia volaron hacia
mí, sus cejas oscuras disparándose en alto en una pregunta silenciosa. Siempre
intentaba actuar como si fuera adulta, y aun así parecía pensar que siempre sabía más
que ella. Pero siempre había más preguntas que respuestas en nuestra casa.
Me encogí de hombros levemente y dirigí mis ojos hacia madre, pero su
atención se centraba en padre, con la misma expresión curiosa en su rostro que Talia
me estaba dando. Ninguna de nosotras parecía tener respuestas; padre veía
atentamente hacia su iPhone, pero la pantalla permanecía negra. Cualquier cosa que
esperara y ansiara, no estaba sucediendo. Sus dedos tocaban un ritmo errático en la
caoba de la mesa de nuestro comedor, un bajo clic tras otro por sus uñas en la
madera. Padre generalmente usaba las uñas meticulosamente cortas, pero cualquiera
fuera la razón que lo tenía como un naufragio nervioso ante nosotros le había hecho
olvidar su higiene personal.
—Brando, apenas has tocado tu cena. ¿No te gusta la carne asada? —preguntó
madre. Había pasado dos horas en la cocina preparando nuestro festín del
domingo. En todos los otros días de la semana nuestro cocinero era responsable de la
cocina.
Padre saltó en su silla. Sus amplios ojos inyectados en sangre encontraron los
de madre, luego nos vio a Talia y a mí. La inquietud se instaló en la boca de mi
estómago. Nunca lo había visto así. Padre era tranquilo y analítico. Poco podía
conseguir alterarlo. Pero desde la fiesta donde Falcone, parecía algo estresado.
—No tengo hambre —dijo padre antes de que su mirada volviera a su teléfono
celular.
Eché un vistazo a la petaca que se tensaba sobre su cinturón. A padre le
encantaba comer, y nunca dejaba que la carne asada de madre se desperdiciara.
La pantalla de su teléfono destelló con un mensaje y el rostro de padre se quedó
sin color. Dejé el tenedor, ya sin apetito. Pero no tuve la oportunidad de mirar otra
vez a madre porque padre se puso en pie. Su silla se derrumbó y estrelló contra el
suelo de madera dura. Madre también se levantó, pero Talia y yo nos quedamos
congeladas en nuestros asientos. ¿Qué está pasando?
—Brando, ¿qué…?
Padre corrió antes de que madre pudiera terminar su frase. Madre lo siguió y
después de un momento me puse de pie. Talia todavía estaba pegada a su silla. Ella
parpadeó hacia mí. Mis ojos se dirigieron a la puerta, dividida entre correr tras
nuestros padres para averiguar qué estaba pasando y seguir las reglas. No se suponía
que nos levantáramos de la mesa del comedor sin permiso. No me gustaba esa regla,
pero siempre la seguía. Después de todo, las cenas eran la única vez que nuestra
familia tenía la oportunidad de realmente pasar tiempo de calidad juntos.
La puerta del comedor volvió a abrirse y padre volvió, con dos armas en las
manos. Bajó una, solo para sacar su teléfono y presionarlo contra su oreja. Me quedé
mirando el arma en nuestra mesa. Sabía lo que padre hacía para ganarse la vida, lo
que él era. Lo sabía desde que podía recordar, incluso si madre, Talia y yo viviéramos
una vida bastante normal. Incluso si intentabas ser ciego a la verdad, a veces te
golpeaba en la cara sin invitación. Pero hasta ahora, padre había tratado de mantener
la ilusión de la normalidad a nuestro alrededor. No había sido exactamente difícil para
él porque hasta hace unos meses Talia y yo habíamos asistido a un internado de chicas
y solo habíamos estado en casa los fines de semana y durante las vacaciones. Y pronto
me iría a la universidad y Talia volvería a la escuela. Nunca lo había visto mostrar
abiertamente una pistola. Nunca había visto una pistola tan cerca. Padre estaba
involucrado en el crimen organizado, pero muchas personas que se ocupaban del
juego al azar estaban en Las Vegas; ni siquiera estaba segura de lo que hacía
exactamente, salvo que manejaba la mayoría de los casinos de la Camorra.
Madre entró al comedor, luciendo completamente fuera de sí, pero padre no
miró en su dirección.
—¿En cuánto estarás aquí? —siseó padre al teléfono. Él asintió después de un
momento—. Entonces estaremos listos. Apúrate. —Finalmente se volvió hacia
nosotras. Estaba intentando parecer tranquilo, pero fallando miserablemente—. Talia,
Cara, por favor, hagan una maleta. Solo cosas que necesitarán por unos días.
Madre se había convertido en un pilar de sal.
—¿Nos vamos de vacaciones? —preguntó Talia con la esperanza y la
ingenuidad que deseaba para mí.
Padre siempre nos dejaba en paz si decíamos algo tonto. Hoy no.
—No seas ridícula, Talia —le ladró. Ella saltó en su silla, obviamente
sorprendida por el tono áspero.
—¿Estamos en problemas? —pregunté cuidadosamente.
—No tengo tiempo para discutir los detalles con ustedes. Todo lo que necesitan
saber ahora es que no tenemos mucho tiempo, así que por favor, empaquen algunas
cosas.
El teléfono destelló con un mensaje. Los hombros de padre cayeron con
alivio. Salió corriendo del comedor. Esta vez las tres lo seguimos hasta el vestíbulo
de la casa. Padre abrió la puerta y entraron varios hombres a los que nunca antes había
visto. Parecían robustos; todos vestidos con pantalones mal ajustados, chaquetas de
cuero, zapatillas deportivas.
Parecían el tipo de hombres que no querrías encontrarte en la oscuridad, o en
absoluto. Sus ojos calculadores se deslizaron sobre mí. Eran el tipo de hombres que
te hacían cruzar la calle para evitarlos.
Tuve que impedir envolver mis brazos protectoramente alrededor de mi
pecho. Si padre los había invitado, no podían ser peligrosos.
Padre sacó un sobre del bolsillo de su chaqueta y lo tendió a uno de los
hombres.
El brazo de Talia rozó el mío cuando se movió un poco más cerca. Ojalá
pudiera darle el consuelo que obviamente estaba buscando, pero mis propios nervios
estaban destrozados.
El hombre miró dentro.
—¿Dónde está el resto? —dijo con un fuerte acento. ¿Acaso eran rusos? Me
habían parecido un poco eslavos, pero no había considerado la opción de que fueran
de hecho rusos. Padre trabajaba para la Camorra, y no era ningún secreto que los rusos
fueran el enemigo.
¿No estábamos todos cometiendo traición al tener a esos hombres dentro de
nuestra casa? Mi cabeza estaba girando, pero guardé las preguntas para mí, por temor
a empeorar las cosas.
—Lo conseguirás una vez que mi familia y yo estemos a salvo en Nueva
York. Ese fue el trato, Wladimir —dijo padre.
Talia me lanzó una mirada confusa, pero no me atreví a quitar los ojos de lo
que estaba pasando. ¿Por qué íbamos a Nueva York? ¿Y qué había hecho padre para
que necesitase que los rusos lo protejan? Raramente hablaba de negocios en nuestra
presencia, pero cada vez que escuchaba el fragmento ocasional sobre Nueva York o
los rusos no había sido positivo.
Wladimir intercambió una mirada con sus compañeros, luego asintió
brevemente.
—Eso no será un problema. Mañana estarás en Nueva York.
Padre se volvió hacia nosotras.
—¿Qué siguen haciendo aquí? Les dije que hicieran sus maletas. De prisa.
Dudé, pero madre agarró la mano de Talia y la condujo hacia la
escalera. Después de un momento, las seguí, pero no sin volver a mirar por encima
del hombro. Los rusos hablaban entre sí. Padre parecía confiar en ellos, o al menos
confiaba en que querían el resto del dinero lo suficiente como para llevarnos a Nueva
York. Eso me recordó algo. Alcancé a madre y a Talia, luego susurré:
—¿Por qué Nueva York? Pensé que no podíamos ir allí porque la familia
gobernante allí no se lleva bien con el jefe de padre.
Madre se detuvo.
—¿De dónde has oído eso?
—No lo sé. A veces escucho cosas. Aunque, es cierto, ¿verdad?
—Nueva York es un tema difícil. No he estado allí en mucho tiempo.
Había anhelo en su voz. Abrí la boca para preguntarle sobre eso cuando sonó
una explosión abajo, y entonces los hombres estaban gritando.
—Tenemos que escondernos —susurró madre a medida que arrastraba a Talia
hacia el dormitorio principal.
Estaba a punto de seguirlas cuando unos pasos resonaron a toda prisa por la
escalera. Rápidamente me empujé en la habitación más cercana, la de Talia, y me
escondí en su apretado armario. Había un montón de ropa desechada en el suelo y la
usé para ocultarme aún más. Todavía podía ver la mayor parte de la habitación a través
de las rendijas en la puerta, pero con solo la tenue luz del pasillo derramándose dentro,
era difícil distinguir mucho. Apenas tuve tiempo de agacharme y quedarme quieta
cuando la puerta se abrió de golpe. Alguien entró tambaleándose. Por un momento, la
luz golpeó la cara del hombre y lo reconocí como uno de los rusos. Estaba sangrando
por una herida en el brazo. Se dirigió hacia la ventana. ¿Iba a saltar? Trató de empujar
la ventana hacia arriba, pero se quedó atascada por sus movimientos frenéticos.
Contuve mi aliento y me enterré más profundo en el montón de ropa. Otro
hombre, mucho más alto y musculoso que el primero, se adentró y agarró al
ruso. Todo sucedió demasiado rápido para ver mucho, pero algo me parecía familiar
sobre el segundo hombre. Hubo una corta lucha. El ruso sacó un cuchillo pero nunca
llegó a usarlo. El otro hombre lo agarró por el cuello y lo retorció. Ahogué un jadeo
cuando el ruso se derrumbó, chocó con la puerta de modo que fue empujada hasta
abrirse por completo, y finalmente cayó al suelo en un montículo sin vida. La luz
ahora llenaba todo el centro de la habitación. Mis ojos retrocedieron hacia el
asesino. Estaba de espaldas hacia mí. Pero lo conocía. Había soñado con él varias
veces en el último par de semanas desde la fiesta.
Growl, por supuesto.
4
Cara
Traducido por Lyla

Corregido por LizC

Su camiseta negra se pegaba a su piel por el sudor, y sus brazos estaban


cubiertos de tatuajes. Sin el traje y la actitud fría, este hombre era puro peligro. Ahora
no había nada contenido en él. Todo en él gritaba muerte. Mi corazón latía en mi
pecho mientras esperaba a que se volviera y me descubriera. ¿También me mataría?
No lo haría. No podía. El estatus de mi familia todavía tenía que valer para
algo, ¿verdad?
Pero salió de la habitación sin mirar de nuevo al hombre que mató… o al
guardarropa en el que me escondía.
Solo cuando se fue y ya no oí sus pasos me atreví a respirar. Y luego un nuevo
miedo se instaló. ¿Dónde estaba padre y qué le estaba pasando? ¿Y a madre y Talia?
Tenía que ir a buscarlos, incluso si cada fibra de mi cuerpo me gritaba que me quedara
donde estaba. Teníamos que estar juntos, pero dejar mi escondite era un riesgo
enorme. Volví a mirar hacia el cadáver en el centro de la habitación. ¿También era
nuestro destino?
Entonces un pensamiento más esperanzador cruzó mi mente. Tal vez nos
salvaríamos. No era una sorpresa que soldados de la Camorra, como Growl, mataran
a los miembros de la Bratva, sus archienemigos. Tal vez había una manera de
convencer a todos de que los rusos no habían estado aquí para nuestra protección, sino
para matarnos. Gritos y disparos sonaron abajo. Escuché una voz familiar, la voz de
mi padre, pero no estaba entre los gritos, ni la de Talia ni la de madre. Probablemente
todavía estaban escondidas en el dormitorio principal.
Cerré los ojos. No estaba acostumbrada a este mundo, a pesar de que había
crecido alrededor de la gente que era parte de él. Pero siempre había rozado los bordes
de la maldad en la que mi padre estaba involucrado. Ahora que fui arrojada de cabeza,
no estaba segura de cómo actuar. Sin embargo, esperar como un ratón en una trampa
no era la solución. En algún momento registrarían las habitaciones adecuadamente, y
entonces no quería que fuera fácil para ellos. Me puse de pie y abrí la puerta
lentamente, luego salí. Aunque ya lo sabía, me agaché junto al ruso y presioné mis
dedos contra su garganta. Todavía estaba caliente pero no había pulso. Consideré en
hacer RCP1, pero luego noté cómo su cuello estaba retorcido y lo descarté.
Un violento estremecimiento inundó mi cuerpo y por un momento estuve
segura que iba a tener un ataque de pánico, pero el sonido de voces me trajo de vuelta
a la realidad. Me enderecé, con la mirada fija en el cuchillo que el ruso había dejado
caer durante su lucha. Estaba a punto de tomarlo cuando las palabras del instructor de
autodefensa que había dado un seminario de fin de semana en nuestra escuela surgió
en mi cabeza: “Un arma que no puedes controlar es otra ventaja para tu enemigo”.
No tenía ninguna duda de que sería desarmada en un abrir y cerrar de ojos.
Nunca había aprendido a luchar con armas, ni a luchar en absoluto. Mis amigas y yo
no habíamos tomado el seminario de autodefensa muy en serio. Ahora desearía
haberlo hecho. Pero habíamos estado tan ocupadas comiéndonos con los ojos a
nuestro instructor que no habíamos tenido tiempo para otra cosa.
¿Cuánto tiempo había pasado?
Talia gritó en algún lugar de la casa, y empecé a moverme sin pensar. Salí de
la habitación a toda prisa. No estaba segura de cómo ayudarla, pero sabía que tenía
que llegar a ella. Sin embargo, no llegué muy lejos. Me estrellé contra alguien, mi sien
chocando con un duro hombro. Mi visión se volvió negra y me tambaleé hacia atrás,
jadeando. Caí de rodillas. Y el dolor se disparó a través de mis piernas por el impacto.
Después de un momento, miré hacia arriba y me encontré mirando al hombre que
había matado justo delante de mis ojos, el hombre que me había asustado y fascinado
desde nuestro primer encuentro. Era aún más alto así de cerca, y había una cicatriz
larga y marchita que le rodeaba la garganta. Growl. Siempre Growl. Mi fascinación
no dio paso a nada más que miedo cuando sus ojos se encontraron con los míos. No
parecía humano en ese momento.
Un asesino, un monstruo… nada humano en su expresión, sus ojos o él.
Me agarró del brazo y me puso de pie bruscamente. Mi visión nadó de nuevo.
—Llévela con los demás —gruñó con voz ronca. Esa voz, tan profunda y
áspera, envió un escalofrío por mi espalda.

1
RCP: siglas para reanimación cardiopulmonar.
Otro hombre me tomó por el brazo y me llevó lejos. Eché otra mirada por
encima del hombro pero, Growl, el hombre con la cicatriz y sin piedad, se había ido.
Apenas presté atención a lo que me rodeaba y casi me caí por las escaleras cuando mi
captor me arrastró hasta que llegamos a la sala de estar donde padre, madre y Talia ya
estaban reunidos. Padre arrodillado en el suelo delante de Falcone, que llevaba un
traje a rayas y una camisa blanca de cuello alto. Talia y madre de pie a unos pasos
detrás, tan aterrorizadas como yo. Me empujaron hacia ellas y madre inmediatamente
envolvió un brazo alrededor de mí. El otro ya estaba sujetando a Talia. Le di a madre
una mirada interrogante pero ella estaba observando a Falcone con ojos aterrorizados.
Finalmente, también me volví hacia él. Había sido espeluznante en su fiesta, pero hoy
parecía realmente aterrador.
Benedetto Falcone, jefe de padre y jefe de la mafia en Las Vegas, estaba en
nuestra casa y la mirada en sus ojos me congeló el estómago. Que estuviera en nuestra
sala de estar era una señal horrible. Solo podía significar que padre había metido la
pata gravemente. Y que padre estuviera sudando profusamente solo confirmaba mis
preocupaciones.
En algún lugar de la casa todavía podía escuchar los sonidos reveladores de
una pelea brutal. Me estremecí. Los hombres reunidos en esta habitación parecían
haber venido a buscar sangre. El hombre muerto en la esquina y arriba en el dormitorio
de Talia no parecía ser suficiente.
Unos fuertes pasos bajaron por la escalera y unos minutos después Growl
apareció. Sus manos y antebrazos estaban cubiertos de sangre. No estaba segura si era
suya, pero lo dudaba.
Falcone miró hacia él.
—¿Está todo despejado, Growl? —preguntó con ligera curiosidad, como si ya
supiera la respuesta y suponía que él también. Todas las historias que había escuchado
en voces susurradas pasaron a través de mi mente.
Growl era invencible.
El hombre frente a mí esta noche tenía poco que ver con el hombre que había
visto en la fiesta de Falcone. En ese entonces Growl había estado disfrazado. Mientras
que otras personas tenían que ponerse máscaras, ese traje y su apariencia limpia
habían sido las suyas, pero debajo de él el mismísimo monstruo había estado
esperando despertar. Ahora no se podía confundir quién o qué era. El mejor soldado
en las filas de la Camorra de Las Vegas, y un monstruo. Eso es lo que la gente siempre
dice a sus espaldas y ahora también lo veía. Era una máquina de combate sin
emociones, una mano brutal de Benedetto Falcone.
—Todo está despejado —dijo Growl en aquel profundo retumbar que era su
voz. Por primera vez pude ver la larga cicatriz alrededor de su garganta. Sus cuerdas
vocales habían resultado heridas por el accidente que le había dado la larga cicatriz
alrededor de su garganta. Growl no debería haber sobrevivido a una herida como esa,
pero de alguna manera lo había hecho, y tal vez lo había convertido en el monstruo
que era ahora, o tal vez solo había sobrevivido porque era un monstruo.
Falcone se alejó de su soldado y Growl se desvaneció en el fondo. No estaba
segura de cómo lograba hacerlo; un hombre con su tamaño y aura no debería ser capaz
de mezclarse en su entorno tan fácilmente, hacerte olvidar que estaba allí. Esa
probablemente era una de las habilidades que lo convertían en un luchador tan temido.
Falcone se acercó a padre, obligándolo a inclinar la cabeza hacia atrás.
—Oí que has estado ocupado estos últimos meses —comenzó Falcone con una
lenta pronunciación agradable que hizo que los pelos de mi cuello se eleven. Su
sonrisa era desagradable y maliciosa. Prometía castigo.
Padre tragó con fuerza, pero no dijo nada. ¿Por qué no estaba diciendo nada?
—¿Cuánto de mi dinero te has guardado para ti, Brando? —preguntó Falcone,
todavía con aquella voz horriblemente agradable.
Mi estómago se contrajo. No podía creer que padre le hubiera robado a su jefe.
No podía haber sido tan estúpido. Todo el mundo sabía lo que le pasaba a la gente que
se metía con Falcone.
La sonrisa de Falcone se ensanchó e hizo un pequeño gesto con la cabeza hacia
uno de sus hombres, quien inmediatamente salió y volvió unos momentos después,
con Cosimo en sus talones, como siempre impecablemente vestido. ¿Qué estaba
haciendo aquí?
Tal vez él respondería por padre.
Pero padre palideció al ver a mi futuro marido y supe que mi esperanza era en
vano. Padre pareció querer decir algo pero se quedó en silencio.
Intenté captar la mirada de Cosimo, pero sus ojos no me buscaron. ¿Por qué
me estaba ignorando? Prácticamente estábamos comprometidos; nuestra fiesta de
compromiso ya estaba fijada para Año Nuevo. ¿No debería cuidarme?
Estaba mirando a padre con una expresión que me revolvía el estómago. Esto
iba a terminar mal.
—¿Por qué no vuelves a decirme lo que me dijiste hace unos días? —le dijo
Falcone a Cosimo, sin quitarle los ojos a mi padre.
—Después de llegar a un acuerdo sobre el compromiso con su hija, Brando
vino a mí y me preguntó si quería ganar algo de dinero extra. Me habló del trato que
hizo con la Bratva, y que estaba tomando dinero de ti.
Padre no dijo nada. Quería sacudirlo, quería hacerle negar las afirmaciones
escandalosas de Cosimo. Con cada segundo que él no lo hacía, mis esperanzas de un
final misericordioso para esta noche desaparecieron. Traté de captar la mirada de
Cosimo otra vez, aún esperanzada, y cuando finalmente miró hacia mí, mi corazón se
hundió. No había emoción en sus ojos. Hoy no sería mi caballero de brillante
armadura.
Falcone se volvió hacia mi madre con una expresión de tiburón. Madre se puso
rígida pero mantuvo la cabeza en alto. Era una mujer orgullosa; una de las cosas que
más admiraba de ella. Me preocupaba que Falcone pudiera disfrutar romperla. Él era
de ese tipo.
Avanzó hacia madre, y padre finalmente entró en acción.
—Ella no sabe nada. Mi familia no estaba involucrada en nada de esto. Son
inocentes. —Su voz sonó con miedo y alarma. Y ver su terror, oírlo, me aterrorizó sin
fin. Esto no era un juego.
Talia se volvió hacia mí en busca de ayuda una vez más. Dios, y cómo deseaba
saber cómo ayudarla, cómo ayudar a mi familia, pero yo era inútil.
Falcone se detuvo justo frente a mi madre, más cerca de lo que era socialmente
aceptable. Madre no retrocedió, aunque la mayoría de la gente lo hubiera hecho bajo
su mirada, y esperé tener la misma fuerza si Falcone me enfrentaba. Él alcanzó su
garganta y por un momento loco pensé que iba a estrangularla. Padre hizo un gesto
para levantarse pero el hombre de Falcone lo empujó hacia abajo.
Falcone rodeó con los dedos el collar de madre.
—Pero están cosechando las recompensas de tu traición, ¿verdad?
Padre sacudió la cabeza.
—No compré ese collar con ese dinero… —Se interrumpió, con una expresión
de dolor en su rostro. Esa era una declaración de culpabilidad si alguna vez había
escuchado una. Quería llorar. Padre había robado a la mafia. Eso significaba su
muerte, y quizás la nuestra también. Falcone no era conocido por su amabilidad.
—¿No? —dijo Falcone con falsa curiosidad. Arrancó el collar de la garganta
de madre. Ella jadeó y se estremeció, una mano volando para tocar su piel. Cuando
apartó los dedos, estaban ensangrentados. La cadena de oro la había cortado.
Luego señaló los pendientes de Talia. Talia retrocedió un paso.
—¿Y esos? —Estiró el brazo por un pendiente.
—Déjala en paz —dije antes de que pudiera detenerme. Padre y madre me
miraron como si hubiera perdido la cabeza. Falcone se volvió hacia mí lentamente,
con los ojos entrecerrados. Se alejó de Talia y se acercó a mí. Me tomó mucho
esfuerzo mantenerme firme cuando todo lo que quería era correr tan rápido como mis
pies pudieran llevarme.
No llevaba ninguna joya llamativa que pudiera echarme en cara, o a mi padre,
pero sabía que eso no me protegería.
Sus ojos crueles parecieron atravesarme hasta el fondo. Traté de no mostrar mi
repulsión y miedo. No estaba segura que tuviera éxito. No tenía experiencia en hacer
frente al verdadero mal.
—Eres valiente, ¿verdad? —dijo Falcone. Tenía la sensación de que no era un
cumplido. Esperé que me hiciera algo, tal vez castigarme por mi insolencia, pero
simplemente me miró antes de volverse sobre sus talones y regresar a mi padre. De
alguna manera su indulgencia me preocupó aún más. Me hizo pensar que tal vez tenía
algo peor en mente para mí más tarde. Esto no había terminado.
—¿Me pregunto si en realidad creías que te saldrías con la tuya, Brando? —
preguntó Falcone. Tocó el hombro de padre con un gesto amistoso y burlón.
—Siempre hice más dinero que cualquiera de tus otros gerentes. Trabajaré
gratis durante el tiempo que quieras. Te compensaré, lo juro.
—¿Me compensarás? —repitió Falcone—. Me traicionaste. Me robaste y diste
mi dinero a los asquerosos rusos. Mis enemigos. ¿Cómo vas a compensármelo?
—Haré cualquier cosa —dijo padre.
Falcone se tocó la barbilla en contemplación. Parecía como si hubiera
practicado el movimiento innumerables veces frente al espejo.
—Hay algo que puedes hacer por mí.
Padre asintió con entusiasmo, pero yo no era tan optimista. La mirada en los
ojos de Falcone no prometía nada bueno. Falcone sacó una pistola de una funda debajo
de su chaqueta y la sostuvo contra la cabeza de padre.
—Puedes morir.
Apretó el gatillo.
Grité, dando un paso adelante para ayudar a mi padre, también lo hizo madre,
pero nuestros guardias nos retuvieron. Talia gritó, un sonido agudo que hizo que los
pelos de mi cuello se pusieran en punta. Pero padre no se derrumbó. Estaba ileso. No
había habido una bala en la pistola. Me estremecí, mis emociones cambiando de shock
a alivio.
Padre cerró los ojos por un momento. Luego miró a Falcone. Definitivamente
había alivio en su mirada, pero también temor absoluto.
Falcone sonrió satisfecho.
—Pero primero necesitamos saber todo lo que sabes sobre los rusos y todo lo
que podría perjudicar mi negocio, ¿no estás de acuerdo?
Falcone no esperó la respuesta de padre, señaló a Growl.
—Habla con él. Y hazlo rápido. Tengo cosas mejores que hacer. —Growl no
vaciló. Agarró a padre por el brazo, lo levantó y arrastró hasta el comedor contiguo.
Madre, Talia y yo fuimos conducidas a un rincón y tuvimos que esperar
mientras escuchábamos los gritos y gemidos amortiguados de padre. Talia apretó las
palmas contra sus oídos y cerró los ojos. Madre nos abrazó con fuerza a las dos. Quise
cerrar mis oídos a los sonidos de la tortura de padre, pero si él tenía que soportar el
dolor, yo podría por lo menos soportar esto.
Se hizo el silencio en la habitación contigua. La preocupación royó mis
entrañas. ¿Y si el silencio significaba que padre había perdido su conciencia? O peor.
La puerta crujió. Madre se puso rígida. Padre fue conducido al interior por
Growl. Apenas podía mantenerse erguido y sin el apretón de acero del otro hombre se
habría derrumbado. Falcone se levantó de su silla.
—¿Todo listo?
Growl asintió. Llevó a padre al centro de la habitación y luego lo soltó. Padre
cayó de rodillas. Growl se mezcló de nuevo en el fondo cuando Falcone avanzó hasta
detenerse delante de padre.
—Me decepcionaste mucho, Brando. Es una pena, de verdad. Deberías haber
pensado realmente en tu familia antes de decidir joderme.
Padre tosió, luego habló con voz ronca.
—No… no las castigues por mí…
Falcone no le dio la oportunidad de terminar la frase. Dio la espalda a mi padre.
—Growl —dijo.
Growl se adelantó, esperando órdenes. Iba a matar a mi padre, no había otra
opción.
—Lo hiciste bien, Growl. —Los labios de Falcone se ensancharon—. Por eso
tengo un regalo para ti.
Growl permaneció inmóvil, goteando sangre y sudor, sus ojos fríos y vacíos,
como si no hubiera nada detrás de ellos, un vacío oscuro que consumía cualquier cosa
alrededor. Me estremecí. No recordaba que su mirada fuera tan horrible en la fiesta.
Matar y mutilar debe haber traído al monstruo a la superficie.
Padre empezó a sacudir la cabeza.
—¡No puedes!
Me asusté.
Growl apenas miró en su dirección, pero luego sus ojos me encontraron, y no
se movieron. Dios en el Cielo, ten piedad.
5
Cara
Traducido por Lyla

Corregido por LizC

—Puedo y lo haré. —Falcone asintió hacia el captor de padre, que golpeó a


padre en el estómago, haciéndolo farfullar y toser. Después abrió los brazos—. Has
sido un buen soldado y mereces una recompensa. —Señaló hacia mí y pensé que mi
mundo se iba a derrumbar. Podía ver mi vida desmoronándose justo ante mis ojos.
Pero entonces todo se volvió mucho peor. El dedo de Falcone se movió de mí hacia
mi hermana. Los ojos de Growl se lanzaron hacia ella—. Es tu elección.
—No —grité, alejándome de mi guardia. Sin embargo, mi nueva libertad duró
poco, cuando sus manos me agarraron por los brazos, haciéndome daño. Me estremecí
por el dolor atravesando mi cuerpo.
Talia estaba congelada por el miedo y el shock.
—Por favor —dijo padre, con las manos unidas en un gesto de mendicidad—.
Son inocentes. Castígame a mí, pero no las lastimes.
Falcone apenas miró en su dirección.
—Oh, te voy a castigar, no te preocupes. Pero no será tan fácil. —Era obvio
que se estaba divirtiendo tremendamente. Esta habitación estaba llena de monstruos,
pero tenía la sensación de que él era el peor de ellos—. Es tu elección, Growl. Toma
a quien quieras. Estoy seguro que disfrutarás de cualquiera de ellas —dijo Falcone
con una sonrisa desagradable.
No quise nada más que borrarla de su rostro, tomar la pesada escultura de
mármol de un desnudo dios griego que mi madre tanto amaba y aplastarla contra la
fea cara de Falcone. No sabía de dónde provenían esas ideas tan brutales. Jamás había
sido del tipo violento, pero suponía que alguien podría ser conducido a lo peor en una
situación como esta.
Los ojos de Growl se posaron en mi cara. Habría pensado que vería mi cuerpo,
pero su mirada nunca se alejó de mi rostro. Casi deseé que fuera diferente. Sus ojos
eran como lagos ámbar de pura nada. No quería descubrir los horribles secretos que
guardaban en su profundidad.
—Oh, creo que la elección está hecha —dijo Falcone con una carcajada.
Growl asintió levemente.
—Ella —murmuró, sus ojos todavía pegados a mí.
Horror, miedo, desesperación se estrellaron contra mí. También debería haber
sido alivio. Alivio, porque Talia se había salvado, pero aunque no quería a mi hermana
en mi lugar, no podía sentir alivio cuando mi propia vida se estaba desmoronando
justo delante de mis ojos.
—Entonces, muy bien —dijo Falcone de una manera condescendiente—. Es
tuya.
—No puedes hacer eso —rugió padre. No había esperado que quedara tanto
poder en él.
—Tómame a mí. Ella es solo una niña —suplicó madre, intentando alejarse de
su captor una vez más.
Falcone rio de nuevo, un sonido amenazador.
—¿Quién querría a una uva pasa vieja cuando podría tener un melocotón
jugoso?
—Oye, cuidado con lo que dices —siseó padre. Tal vez habría admirado más
su coraje repentino si no fuera la razón de nuestra muerte—. No voy a quedarme de
brazos cruzados mientras insultas a mi esposa y le das a mi hija a ese… —miró a
Growl con repugnancia—… ese monstruo.
Falcone asintió.
—Tienes razón. No deberías tener que ver esto. —Antes de que alguna de
nosotras pudiera reaccionar, apuntó a padre con su arma y apretó el gatillo. Esta vez
no fue para aparentar. La bala atravesó la sien de padre. Su cabeza se sacudió hacia
atrás violentamente, sus ojos se abrieron en shock. Después de un segundo, su cuerpo
se derrumbó hacia atrás. Sus piernas atascadas bajo su espalda en un ángulo torpe.
Un grito rasgó de mi garganta. No podía comprender lo que había sucedido.
Parecía demasiado surrealista, como algo de una película, algo que no podía suceder
justo delante de mis ojos.
—No —gritó madre. Esta vez se las arregló para apartarse de su captor. Se
apresuró en dirección a padre y cayó de rodillas. Le palmeó el pecho
desesperadamente, como si eso lo despertaría. Casi parecía que ella estaba buscando
su billetera y por un momento horrible algo como una risa quiso escapar de mis labios,
pero al mismo tiempo mi garganta se sentía tan apretada que casi no parecía posible
atraer suficiente oxígeno a mis pulmones, y tal vez eso no habría sido lo peor en este
momento. Madre acunó la cabeza de padre en su regazo, pero cuando apartó las
manos, se alzaron cubiertas de sangre y algo blanco.
Mi visión se nubló y la bilis viajó hasta mi garganta. Tragué fuerte,
obligándome a mantener las apariencias entre las horribles criaturas que me rodeaban
a mí y a mi familia. Por alguna razón, miré hacia mis propias manos como si también
pudieran haberse cubierto de sangre. No lo estaban y después de un momento de
alivio, no pude evitar preguntarme cómo se sentiría si la sangre de Falcone me
cubriera las manos, cómo se sentiría terminar su vida como lo había hecho con la de
padre. Sospechaba que se sentiría maravilloso, y me asustó que incluso albergara esos
pensamientos.
—Tu trabajo aquí está hecho, Growl. Mike y Mimo se ocuparán del resto.
Lleva tu recompensa a casa y disfrútala. Estoy seguro que te mantendrá entretenido
durante un tiempo.
Tardé un momento en darme cuenta que estaba hablando de mí. Antes de que
pudiera reaccionar, Growl apareció frente a mí, masivo y alto. Mi mirada se deslizó
hasta su rostro, pero la mirada en sus ojos me hizo retroceder y me quedé mirando su
pecho en su lugar. Me agarró del brazo. Su agarre era apretado, al borde del dolor,
pero no me alejé. Detrás de él, mi madre seguía arrodillada junto a padre, con una
horrible expresión vacía en su rostro que nunca antes había visto. Growl me empujó
en dirección a la puerta y cuando no reaccioné él comenzó a tirar de mí hacia delante.
Los ojos llenos de lágrimas de Talia se encontraron con los míos. Intenté zafarme del
agarre de Growl, pero era como si él ni siquiera fuera humano. Apenas pareció notar
mi resistencia. Yo era una mosca molesta atacando a un león.
—¡Espera! —grité y para mi sorpresa Growl de hecho se detuvo, con una
expresión incomprensiva en su rostro. Me retorcí hasta que pude ver a Falcone una
vez más—. ¿Y mi hermana y mi madre? ¿Qué pasará con ellas?
—Eso no es asunto tuyo —dijo con esa sonrisa maliciosa. Luego miró a
Growl—. Sácala de mi vista. Me estoy cansando de ella.
Growl apretó su agarre y me arrastró lejos a pesar de mis protestas. Talia trató
de correr hacia mí, pero fue detenida por otro de los hombres de Falcone. Madre estaba
fuera de nuestro alcance, atrapada en su tristeza.
—¡Cara! —gritó Talia, sus ojos implorándome que hiciera algo, para ayudarla.
¿Pero cómo?
Growl abrió la puerta y entonces estábamos afuera. Talia gritó otra vez, pero
sus palabras no fueron inteligibles.
La puerta se cerró entre nosotras, y los gritos aterrorizados de Talia se
apagaron. Caminé en piloto automático. No es que hubiera cambiado algo si mis
piernas hubiesen cedido. Growl simplemente me habría arrastrado. Finalmente, aparté
mis ojos de mi casa. No podía soportar mirarla un momento más, sabiendo que nunca
volvería a verla. Cuando mi mirada se fijó en el hombre alto que me tiraba hacia un
enorme Hummer negro que era demasiado apropiado para él, el miedo por mi hermana
y madre pasaron a un segundo plano a medida que asimilaba mi propio destino.
Falcone me había dado a su luchador más cruel. Si sobreviviera hoy, ¿siquiera querría
seguir viviendo? Tal vez la muerte parecería la más dulce misericordia después de que
Growl terminara conmigo.
6
Growl
Traducido por Lyla

Corregido por LizC

La mente de Growl iba a mil por horas mientras empujaba a Cara hacia su auto.
A menudo había pensado en la primera vez que la había visto en la fiesta de Falcone.
Se había arrepentido de asistir a la fiesta, sobre todo porque la imagen de ella lo había
obsesionado en su sueño en las semanas posteriores.
Se había sentido como un mono en un traje, y sabía que también se veía así.
Sabía que su jefe solo lo invitaba para que así la gente tuviera algo de qué hablar.
Incluso después de todos estos años todavía lo consideraban el monstruo del miedo.
Era un monstruo, sin duda. Pero no era el único monstruo en aquella habitación.
Ni siquiera estaba seguro que él fuera el peor. Había matado a la mayoría de las
personas con sus propias manos, no podía negar eso. Y no quería hacerlo. Estaba
orgulloso de lo que había hecho. Al menos, la mayor parte. Era lo único en lo que era
bueno: asesinar. Era el mejor. Y tal vez su talento para matar lo convirtiera en uno de
los peores monstruos, pero sabía lo fácil que era la orden de matar y mutilar rodando
de las lenguas de muchos hombres reunidos en este baile, cómo ellos disfrutaban en
su poder de hacerlo. No estaba seguro si eso no los hacía igual de malos. Pero, de
todos modos, no era su lugar decidirlo. Tal vez algún día todos ellos, incluido Growl,
tendrían que enfrentarse a un poder superior. Ese día no terminaría bien para ninguno
de ellos.
Sin embargo, Growl no estaba demasiado preocupado. Había vivido un
infierno, todavía lo vivía. No había nada que temer para él. Nada esperándolo más allá
de la muerte podría hacer un daño peor de lo que ya se había hecho. No había nada de
él que no hubiera sido roto, nada que destruir, excepto su cuerpo quizás, pero tampoco
estaba preocupado por eso. Conocía el dolor, incluso la agonía. Era la única constante
en su vida. Casi lo había visto como un amigo. Algo con lo que podía contar, algo
predecible.
No, no tenía miedo al dolor, ni a la muerte. Falcone siempre decía que eso lo
convertía en un recurso tan valioso. Y eso era algo de lo que Growl estaba orgulloso,
incluso si las palabras que salían de la boca de Falcone dejaban un sabor amargo.
Ellos lo tomaban por lerdo, pensaban en él como nada más que un estúpido
perro faldero para hacer su mandato sin el menor indicio de lo que estaban haciendo.
Como uno de los muchos perros de pelea de Falcone y así muchos de los otros
hombres mantenidos para entretenimiento.
Pero muchas personas habían cometido el mismo error: confundir el silencio
por estupidez, igualar la falta de palabras con falta de comprensión y conocimiento.
Era un error que podrían pagar un día. Conocía la mayoría de sus secretos más
profundos y oscuros, simplemente porque no mantenían cerradas sus malditas bocas
cuando él estaba cerca. Pensaban que no estaba escuchando, y aún si lo hiciera, ¿cómo
podría entender lo que estaban diciendo?
Los despreciaba, pero pagaban bien y lo respetaban por su fuerza y brutalidad,
eso era suficiente para él. No tenía ninguna intención de usar su conocimiento. No
necesitaba mucho: dinero para comprar comida para sus perros y para sí mismo, y
para mujeres y una bebida de vez en cuando. Le gustaba su vida sencilla. No quería
complicaciones. Echó un vistazo a la chica que estaba encogida en el asiento del
pasajero. Esperaba que no resultara una complicación. Difícilmente podría devolverla.
A Falcone no le gustaría eso.
No es que Growl tuviera ninguna intención de devolverla. Era su posesión más
valiosa hasta esa fecha. Ella estaba mirando por la ventana, ignorándolo. Como había
hecho en la fiesta. Como todos hicieron hasta que ya no pudieron ignorarlo. ¿Acaso
seguía pensando que estaba por encima de él? Volvió la mirada de nuevo hacia el
camino. No importaba. Ahora era suya. La idea envió una punzada de orgullo a través
de él y su entrepierna se tensó en anticipación.

Cara
Apenas podía respirar. Por el miedo y el hedor. Dios, el hedor era peor que
cualquier cosa que hubiese olido antes. Sangre. Metálica y dulce, opresiva. Todavía
podía ver el charco de sangre extendiéndose bajo el cuerpo sin vida de padre, podía
ver a madre arrodillada en medio del líquido rojo, y los ojos horrorizados de Talia.
Cada momento de esta noche parecía estarse grabando en mi mente.
Mis ojos volaron hacia el hombre que estaba a mi lado.
Growl. Dirigía el auto con una mano, luciendo relajado, casi en paz.
¿Cómo alguien podía verse en paz después de lo que había sucedido? ¿Después
de lo que había hecho?
Sus ropas estaban cubiertas de sangre, así como sus manos. Tanta sangre. La
revulsión me paralizó.
Hace unas semanas, mis guardaespaldas me habrían alejado rápidamente de un
hombre como él. Mi madre prácticamente me había arrastrado lejos de él en la fiesta
de Falcone.
Y ahora estaba a su merced.
Él era una mano brutal y violenta a la voluntad de Falcone. Se volvió hacia mí.
Sus ojos estaban vacíos, un espejo para repeler mi propio miedo. Sus brazos y
pecho estaban cubiertos con tatuajes marciales, cuchillos, espinas y armas.
No podía dejar de mirarlo, aunque quisiera hacerlo. Necesitaba hacerlo, pero
estaba congelada. Finalmente volvió su atención a la calle. Me estremecí, y dejé caer
la cabeza hacia delante hasta que mi frente se apoyó contra la ventana fría. Había un
bajo zumbido en mi cabeza. No podía pensar bien. Contrólate.
Necesitaba encontrar una forma de salir de esto.
Pero ya estábamos desacelerando a medida que girábamos en una deteriorada
zona residencial. La pintura se había desprendido de la mayoría de los frentes y basura
cubría los patios delanteros. En algunos caminos autos sin neumáticos y con ventanas
rotas estaban estacionados. No estarían conduciendo a ninguna parte.
Growl paró el auto frente a un garaje recién pintado y luego salió. Antes de que
pudiera llegar a un plan, él estaba a mi lado y abrió la puerta. Agarró mi antebrazo y
me sacó de allí. Mis piernas apenas podían sostenerme, pero a él no pareció
importarle. Me condujo alrededor del auto, por un pavimento agrietado y un jardín
delantero descuidado. Un grupo de adolescentes estaba reunido dos casas abajo,
escuchando música y fumando, y al otro lado de la calle una mujer con una camiseta
manchada y tatuajes serpenteando por sus brazos sacaba la basura, parecía que iba a
dar a luz en cualquier momento.
Abrí la boca para pedir ayuda.
Growl dejó escapar un fuerte suspiro.
—Hazlo. Grita. No te ayudarán. Tienen sus propios problemas.
Dudé. Los adolescentes y la mujer de hecho nos miraban, viendo cómo Growl
me estaba arrastrando hacia su casa, y ni siquiera parpadearon. Incluso la sangre de
Growl no parecía sorprenderlos. Había resignación en sus expresiones, parecía
filtrarse de sus poros. No tenían la energía para que les importase, para tomar el
control de sus propias vidas, para luchar por su futuro, mucho menos por el mío. De
todos modos, les rogué con los ojos, teniendo esperanza. Todavía con esperanza
después de todo. La mujer fue la primera en apartar la vista y regresar a su casa,
momentos después los adolescentes regresaron a lo que habían estado haciendo.
A esa gente no le importaba en lo más mínimo lo que me estaba pasando. No
me ayudarían.
Llegamos frente a una puerta. La pintura se había descascarado, revelando la
madera blanqueada por el sol. Growl abrió la puerta. No había estado cerrada con
llave. Mis ojos se dirigieron hacia el grupo de adolescentes una vez más. No parecían
del tipo de pasar por alto la oportunidad de irrumpir en una casa que ni siquiera estaba
cerrada con llave. Miré de reojo a mi captor, a la cicatriz que corría por toda su
garganta, a la sangre de su camisa y sus manos, a las duras líneas de su rostro.
Growl se encontró con mi mirada de frente y mis piernas casi cedieron bajo la
oscuridad en sus ojos ámbar. No dijo nada.
—Incluso en esta área nadie se atreve a cruzarse contigo —susurré.
—Es verdad. Pero no es por eso que no tengo que cerrar mi puerta. La mayoría
de las personas de la zona son drogadictos y no tienen nada que perder. —Growl me
metió en su casa y cerró la puerta. El interior de la casa era incluso peor que su
exterior. El aire acondicionado estaba funcionando al máximo, convirtiendo el
pequeño pasillo en el que estábamos de pie en un congelador.
Me estremecí violentamente, pero Growl parecía inmune al frío. No había
fotografías en las paredes, ninguna decoración en absoluto. Esta casa era un lugar
solitario y oscuro. Todas las puertas estaban cerradas, pero detrás de una de ellas oí
sonidos que no podía ubicar. Como golpeteos. ¿Tenía a otra mujer encerrada en una
de ellas?
Lágrimas escocieron contra mis ojos. Esto era todo. Todo había terminado.
¿Ya se me había agotado la lucha?
Me arrastró a una habitación. ¿Su dormitorio? Las únicas piezas de mobiliarios
eran una cama y un armario, pero a lo que la habitación le faltaba en muebles, lo
compensaba con decoraciones de pared. Dagas y cuchillos se burlaban de mí en todas
direcciones. Growl me soltó y me tambaleé hacia delante. Caí de rodillas. La única
otra opción habría sido caer sobre la cama, y no pensaba ir a ninguna parte cerca de
esa cosa. Me volví rápidamente, mi garganta apretada con miedo a medida que Growl
me observaba desde la puerta. Parecía que había surgido del infierno; un hombre
envuelto en oscuridad, muerte y sangre. Un monstruo.
Oh Dios, oh Dios, oh Dios.
—Volveré —murmuró antes de girar y cerrar la puerta.
7
Cara
Traducido por Lyla

Corregido por LizC

Volveré.
No escuché una cerradura. ¿Estaba tan seguro de sí mismo que no pensaba que
lo necesitaba? Sus pasos se alejaron hasta que ya no pude escucharlos. ¿Qué estaba
haciendo?
Volveré.
Eso había sonado como una amenaza. Mis ojos encontraron la cama y me
levanté rápidamente. No era estúpida. Sabía lo que iba a hacer una vez que regresara.
¿Cómo iba a salir de esto?
Intenté sofocar mi pánico, pero mi corazón no dejaba de correr y mis manos
estaban empapadas de sudor. Las cuchillas destellaron en la esquina de mi ojo. Sabía
que no era una luchadora, y no sabía cómo manejar un cuchillo o cualquier otra arma.
Nunca tuve que lastimar a alguien. No estaba segura si era capaz de hacerlo. Me
acerqué a una de las dagas. Era la menos llamativa, sin cuchilla curva o zigzagueante.
Era la que menos me asustaba. Extendí la mano y envolví mis dedos alrededor del
mango. No me sentí mal como lo había esperado, pero no me engañé pensando que
podía hacer más con ella que sostenerla. La quité de la pared. Pesaba más de lo que
había pensado y de alguna manera me sentí aliviada por algo sustancial a lo que
aferrarme.
Mis ojos se movieron por la habitación. La adrenalina había desterrado mi
terror por ahora, al menos en su mayoría. Me apresuré hacia la ventana pero había
rejas delante de ella. Una burbuja de risa histérica escapó de mi garganta pero la
tragué. No tiene sentido volverse loca… aún. Las ventanas estaban cubiertas por una
capa de polvo, dando la ilusión de que el mundo exterior estaba aún más lejos. No es
que el exterior de la casa fuera más tentador que el interior. Este era un lugar sin
esperanza alguna.
Me aparté de la ventana y apreté el cuchillo con más fuerza. Esta era mi única
oportunidad. Podría muy bien no haber sido una en absoluto. Pasos sonaron y por un
momento me congelé con indecisión y miedo. Tal vez las cosas solo empeorarían si
atacaba a Growl, pero no estaba segura de cómo era posible. No había luz en sus ojos,
ni misericordia ni bondad, nada a lo que pudiera aferrarme y esperar un destino
aceptable. Tal vez había pocas esperanzas de que tuviera éxito, pero…
Mis ojos se dirigieron rápidamente a la cama, solo tamaño queen, lo que era
extraño para un hombre del tamaño de Growl. Las mantas eran de color rojo oscuro,
probablemente para ocultar las manchas de sangre. Me estremecí cuando florecieron
imágenes en mi mente, una más horrible que la otra.
Me puse en movimiento, el miedo ahora más grande que la indecisión, y me
escondí detrás de la puerta. Necesitaba agarrar a Growl por sorpresa si quería alguna
posibilidad de herirlo. Pero ¿sería suficiente? Tenía la sensación de que Growl era
como un toro en una corrida. Unas cuantas heridas no lo derribarían. Una imagen de
Growl con varios cuchillos enterrados en su pecho todavía viniendo detrás de mí pasó
a través de mi mente. Tenía que apuntar a matar.
Una nueva oleada de pánico me invadió. Esta no era yo. Esto no era lo que yo
quería ser. Por primera vez en mi vida odié a mi padre. Él nos había provocado esto,
nos había forzado a una vida que ninguna de nosotras había elegido. Dios, ¿qué le iba
a pasar a Talia? ¿Estaba bien? Era demasiado joven para esto. ¿Y si la daban a otro
mafioso? Solo tenía quince años. Debería estar allí para ella, protegerla; en cambio,
ni siquiera estaba segura si podría protegerme.
Los pasos de Growl se detuvieron frente a la habitación. Me saqué mis tacones
altos rápidamente, luego contuve mi aliento para oír mejor y levanté el cuchillo.
Tendría que apuntar a su garganta. Incluso yo sabía que era el lugar más vulnerable
en el cuerpo de un humano. Pero él había sobrevivido a una lesión en ese lugar una
vez antes. ¿Cómo podía esperar tener éxito en matarlo cuando otros obviamente
habían fallado?
Era mucho más alto que yo, así que tendría que llevar el cuchillo hacia arriba.
Me preocupaba que no fuera capaz de poner suficiente fuerza detrás de la puñalada
de esa manera. La puerta empezó a abrirse y entonces la forma alta de Growl apareció
a la vista. La adrenalina bombeó en mis venas mientras me lanzaba hacia él.
Growl levantó su brazo desnudo para defenderse de mi ataque. La hoja cortó a
lo largo de su antebrazo tatuado y sangre brotó de inmediato. Pero su rostro no mostró
dolor. Me agarró por el brazo pero lo esquivé, usando mi cuerpo más pequeño para
evadirlo. Volví a golpear con el cuchillo, casi ciegamente. Con un bajo sonido en su
garganta, Growl me agarró por la muñeca. Grité de dolor por la fuerza del mismo y
dejé caer el cuchillo.
Un miedo frío me atravesó mientras veía mi única arma aterrizar en el piso con
un sonido retumbante. Mis ojos se alzaron de golpe.
El rostro de Growl era una máscara de nada, pero no me engañé pensando que
no estaba furioso. Este hombre había matado a personas por transgresiones menores.
Me eché hacia atrás, pero sus dedos alrededor de mi muñeca fueron implacables. Sin
embargo, eso no me detuvo. Solo tenía esta oportunidad. Él bien podía decidir que no
valía la pena y matarme.
Le di una patada pero fallé debido a sus reflejos rápidos. Me empujó hacia la
cama como si no pesara nada. No tuve oportunidad de detener mi caída y aterricé
sobre mi estómago encima del colchón. Me quedé sin aire y por un momento estuve
segura que moriría por falta de oxígeno en mi cuerpo, entonces aspiré profundamente.
Traté de empujarme hacia arriba, pero el cuerpo musculoso de Growl se
presionó contra mi espalda, atrapándome entre la cama y él. El pánico me atravesó.
Retorcí las caderas en un intento de liberarme. Cuando eso no funcionó, arremetí con
los brazos, intentando golpear a Growl. Con un sonido impaciente, me dio la vuelta
de modo que terminó montándose a horcajadas en mis caderas y agarró mis dos
muñecas con una mano. Ahora no tenía más remedio que mirarlo a la cara, mirar cada
centímetro de su cuerpo aterrador. Se había cambiado la ropa cubierta de sangre y
ahora llevaba una camisa blanca ajustada que ahora estaba cubierta con sangre de la
herida en su brazo.
Tenía las manos ásperas y con cicatrices; casi parecían extrañas contra mi piel
pálida. Un horrible sonido aterrorizado se escapó de entre mis labios. Los extraños
ojos sin emoción de Growl encontraron los míos. Sus pómulos y barbilla eran líneas
agudas en su rostro. No había nada suave en aquel hombre, menos en su corazón.
Su agarre en mis muñecas no aflojó. No hizo otra cosa que mirarme fijamente.
Sabía que debía apartar la mirada. ¿No era eso lo que debías hacer si te enfrentabas a
un perro peligroso? Pero no estaba solo atrapada por el poderoso cuerpo de Growl,
sino también por la mirada aterradora en sus ojos. Su respiración era calmada, no
había señales de nuestra lucha. Para él esto no era nada. Una de sus manos se movió
más abajo hacia mi estómago. Mi camiseta se había subido durante nuestra lucha y
revelado la piel debajo. Me tensé cuando Growl puso su mano contra mi estómago.
¿Qué estaba haciendo? Miró fijamente su mano apoyada en mi piel más pálida. Las
yemas de sus dedos y palma apenas me tocaban. Su mirada se alzó lentamente otra
vez para encontrarse con la mía.
Growl me observaba como si yo fuera una especie desconocida, algo que no
podía entender. Y tal vez eso era cierto.
Hice otro intento de liberarme, pero fue casi ridículo. Tal vez si hubiera sido
capaz de esa clase de emoción, Growl podría haberse reído de mí.
—Detente —ordenó con calma.
Y por alguna razón me detuve.

Growl
Tenía una reputación, y estaba orgulloso de ella. Su reputación era temida,
respetada, y eso era mucho más de lo que nadie esperaba de alguien como él. El hijo
de una prostituta. El bastardo. El chico que nunca hablaba.
Estaba destinado para la miseria.
Nunca había tenido algo para sí, ni siquiera se había atrevido a soñar con poseer
algo tan precioso. Era el hijo bastardo e indeseado que siempre había tenido que
contentarse con las sobras de los demás. Y ahora Falcone le habían dado lo que hace
unas pocas semanas atrás había estado fuera de su alcance, alguien a quien ni siquiera
se le permitía admirar desde lejos, una de sus posesiones más preciadas.
Arrojada a sus pies porque era quien era, porque estaban seguros que la
rompería. Él era su castigo, un destino peor que la muerte, una manera de entregar el
castigo final a su padre que les había disgustado tanto.
Y una advertencia. Nadie se atrevería a oponerse a Falcone si eso significaba
que sus preciadas hijas podrían terminar en manos de un hombre como él.
Cara, un nombre apropiado para alguien como ella, alguien demasiado hermosa
para un lugar como este, para alguien como él. Una princesa y un monstruo, eso es lo
que eran.
Ojos abiertos. Labios partidos. Mejillas enrojecidas. Piel pálida. Parecía una
muñeca de porcelana: grandes ojos azules, cabello color chocolate y cremosa piel
blanca; frágilmente hermosa, algo que él no estaba destinado a tocar con sus brutales
manos llenas de cicatrices. Sus dedos encontraron su muñeca; el latido de su corazón
revoloteando como un pájaro. Ella intentó luchar, intentó ser valiente, intentó hacerle
daño, tal vez incluso matarlo. ¿Realmente había tenido la esperanza de tener éxito?
Esperanza; hacía que la gente se volviera tonta, les hacía creer en algo más allá de la
realidad. Él se había despojado del hábito de la esperanza hacía mucho tiempo. Sabía
lo que era capaz de hacer. Ella había tenido la esperanza de poder matarlo. Él sabía
que podía matarla, sin lugar a dudas.
Su mano trazó la suave piel de su garganta, luego sus dedos se envolvieron
alrededor de ella. Sus pupilas se dilataron pero él no aplicó presión en su toque. Su
pulso martilleaba contra su ruda palma. Él era un cazador, y ella la presa. El fin era
inevitable. Había venido a reclamar su premio. Es por eso que Falcone se la había
dado a él.
A Growl le gustaban las cosas que hacían daño. A él le gustaba hacer daño a
cambio. Tal vez incluso lo amaba; si fuera capaz de ese tipo de emoción. Se inclinó
hasta que su nariz estuvo a centímetros de la piel debajo de su oreja y aspiró. Ella olía
a flores con un toque de sudor. Miedo. Supuso que también podía oler eso. No pudo
resistirse y no tenía que hacerlo, ya no, nunca más con ella. Suya. Ella era suya.
Nunca le habían gustado las cosas dulces, pero tal vez ella cambiaría eso.
Descendió sus labios sobre su piel caliente. Su pulso zumbó bajo su boca donde
la besó en la garganta. El pánico y el terror golpeaban un ritmo frenético bajo su piel.
Y lo ponía jodidamente duro.
Sus ojos buscaron los suyos, esperando (todavía esperando, la muy tonta
mujer) y rogándole misericordia. Ella no lo conocía, no sabía que la parte de él que
no había nacido como un monstruo había muerto hacía mucho tiempo. La misericordia
era la cosa más alejada en su mente cuando sus ojos reclamaron su cuerpo.
Rasgó su camiseta, revelando centímetro a centímetro de piel inmaculada. No
había una sola cicatriz o defecto. No podía ser suya. Era demasiado perfecta,
simplemente demasiado.
Curvó sus dedos alrededor de su hombro. Suave. Más suave que cualquier
mujer que hubiera tocado. Ninguna de ellas había sido como ella, ni siquiera cerca, ni
siquiera la misma especie si le preguntabas.
Los huesos de su hombro se sintieron afilados contra su palma. Tan frágil.
Parecía una muñeca. Rompible pero hermosa. Nada que estuviera destinado a poseer.
Su piel parecía sucia comparada con la suya y levantó la mano unos centímetros,
medio esperando que la piel de ella quedara manchada de su toque.
No era nada que él hubiera pensado tener jamás a su alcance. No estaba
destinada a serlo. Nada que estuviera destinado a tocar con sus brutales manos llenas
de cicatrices.
Él no era digno.
No valía la pena.
No valía la pena.
No valía la pena.
Algo caliente y afilado arañó su pecho. No le gustó, ni un poco. Se apartó de
la cama, tambaleándose. Ella permaneció sobre su espalda, con los ojos llenos de
confusión y preguntas, y de nuevo ese puto destello de esperanza.
—Será mejor que lo detengas —gruñó.
—¿Qué? —susurró ella.
—Tener esperanza. Es un desperdicio. —La levantó. Para él no pesaba nada.
La necesitaba lejos, fuera de su vista. La sacó de su habitación y la metió en la pequeña
habitación de invitados, que nunca antes había tenido que usar. Ella tembló contra él
y por alguna razón lo enojó aún más. La arrojó sobre la cama y ella dejó escapar una
respiración sorprendida. Se volvió sobre sus talones, cansado de mirarla, de
cuestionarse, de dudar de sí mismo.
No debería… no importaba por qué Falcone se la había dado. Ella era suya
para hacer lo que quisiera. Se dirigió hacia la puerta y la cerró de golpe detrás de sí.
Mañana la reclamaría. Valiera la pena o no. Maldita sea, se merecía algo bueno en su
vida.
8
Cara
Traducido y corregido por LizC

Me estremecí cuando la puerta se cerró de golpe. Sorprendida que el sonido


hubiera conseguido penetrar la niebla de miedo y el martilleo en mi corazón. Me
sentía aturdida. Me senté lentamente. Me dolía el cuerpo, y no estaba segura si era de
mi lucha con Growl o si era el terror manifestándose de una manera más física. Ya no
sabía nada. Mi mundo había sido destruido, y pronto compartiría el mismo
destino. Growl se había ido, me había perdonado por ahora, pero volvería.
Volvería.
Volví la cabeza muy lentamente y miré hacia abajo en mi camisa rota, en mi
hombro desnudo. Recordé su toque allí. Mis dedos rozaron la piel, y me estremecí,
luego tracé mi garganta y el lugar debajo de mi oreja. Su toque seguía allí, como una
huella. Cerré los ojos y solté un fuerte suspiro. Mi latido no ralentizó. Mi corazón se
aceleró, como si estuviera ansioso por alejarse de mi pecho, fuera de mi cuerpo.
Me hubiera gustado que fuera tan fácil, dejar tu cuerpo, vagar a la deriva a
mejores lugares y tiempos. Pero ese era un pensamiento tonto. No habría ningún
milagro que me llevase lejos de este lugar, del alcance de Growl. La mayor parte de
mi vida había vivido en una burbuja, alejada de la realidad que tanta gente
enfrentaba. Ya no podía permitirme ese lujo. Si quería huir de mi destino, tendría que
salvarme a mí misma. Nadie vendría a mi rescate, ni mis guardaespaldas que ahora
servían a Falcone, aunque probablemente siempre lo han hecho. Ni mi prometido
traidor. Ni mi padre, que probablemente ya había sido arrojado a un lugar donde nadie
pudiera encontrarlo, o se lo habían dado a los perros de pelea de Falcone como un
aperitivo. Mi pecho se apretó, pero luché contra la emoción. No tenía sentido
compadecer a los muertos. Ya no tenían nada que perder. Pero yo sí, mi madre sí,
Talia también.
Dejé escapar un sollozo estremecido y rápidamente sujeté mi palma sobre mis
labios. No quería que Growl me oyera, que le excitara y cambiara de idea en cuanto a
perdonarme por esta noche. Me arrastré hacia el borde de la cama y puse un pie en el
piso de madera, luego esperé a que mis músculos dejaran de temblar antes de que me
atreviera a ponerme de pie. Mis piernas se sentían inestables. Todo lo hacía.
Miré alrededor. Esta habitación era aún más escasa que la anterior. Las paredes
estaban vacías. Las tablas de madera completamente rayadas.
Manchas de sangre embarraban mi camisa. Estaba arruinada. No soportaba
llevarla ni un segundo más. La arranqué de mi cuerpo y envolví mis brazos alrededor
de mí. No había ropas en el destartalado armario. Todo lo que tenía todavía estaba en
mi casa. No había otra puerta excepto aquella por la que había salido Growl, así que
no tenía un baño para mí. No había nada, excepto los muebles viejos. Me hundí de
nuevo en el colchón. Tal vez podía tratar de salir furtivamente de la casa después del
anochecer. Coloqué la manta sobre mis hombros, cubriéndome. Si Growl regresaba,
no quería usar nada excepto un sujetador. Como si eso lo detuviera.
Oí un olfateo y luego arañazos en la puerta. Mi cuerpo se tensó con miedo a
medida que me arrastraba hacia la puerta. Sonaban como perros. Cuando llegué frente
a la puerta, un ladrido profundo sonó y di un salto hacia atrás. El perro sonaba grande,
peligroso. ¿Acaso padre no había mencionado una vez que Falcone criaba perros de
pelea para entretenerse?
Mi cabeza tambaleó. Esto era demasiado. Retrocedí y volví a caer sobre la
cama. ¿Y si los perros encontraban un modo de entrar? Probablemente me harían
pedazos. Para eso es que habían sido criados y entrenados. Los rumores decían que
Falcone hacía millones con apuestas en peleas de perros.
Mi corazón se hundió. Jamás podría salir de la casa sin que los perros lo
notaran. Incluso si me las arreglase para deslizarme más allá de Growl, e incluso eso
parecía poco probable teniendo en cuenta su vigilancia, los perros eran un obstáculo
insuperable.
Me acurruqué en una bola apretada en la cama y enterré mi cara en la
almohada. Olía a rancio, sin usar. Growl probablemente no tenía muchos huéspedes
pasando la noche en este lugar. La idea casi me hizo reír. Envolví mis brazos alrededor
de mis piernas y cerré los ojos. Afuera una pareja se gritaba obscenidades el uno al
otro, autos pasaban con sus neumáticos chirriando, y las puertas eran cerradas de
golpe.
No estaba segura de cuánto tiempo estuve tumbada así, pero la noche cayó a
mi alrededor y con ella se produjo un silencio escalofriante. Quería que volvieran los
gritos, los portazos y los neumáticos chirriando. Este completo silencio me hacía
sentir como si ya estuviera muerta.
Escuché con más esfuerzo por algún sonido y después deseé no hacerlo porque
de pronto allí estaban los arañazos, crujidos y susurros. No estaba segura de lo que
estaba en mi mente y lo que era real. Estaba cansada, sedienta y hambrienta. Tal vez
moriría de sed o hambre. Tal vez Growl simplemente se olvidaría de mí. Morir de
hambre no podía ser tan malo en comparación con lo que podría estar en mi futuro si
permanecía viva, ¿no?
Para.
Tenía que detener estos locos pensamientos. Volverme loca no me sacaría de
aquí. Necesitaba mantener mi ingenio en alerta, necesitaba idear un plan. Una imagen
de mi madre y de Talia brilló detrás de mis párpados cerrados, tan vívida como si
estuvieran justo delante de mí. La felicidad y la profunda tristeza me abrumaron con
la imagen. ¿Sería este recuerdo lo único que me quedaría de ellas? ¿Las volvería a ver
alguna vez?
Las lágrimas brotaron en mis ojos y no las detuve, dejé que pasaran por mis
párpados y bajaran por mis mejillas. Se sentía bien, un alivio después de pretender ser
fuerte. No lo era, no realmente, pero tal vez podía aprender. Mi familia, lo que
quedaba de ella, podía ser fuerte para ellos. Si no era por mí, al menos por ellos, podía
reunir el poco valor que poseía y luchar contra Growl. Otra vez. Y otra vez, hasta que
un día, tal vez escaparía de mi prisión.

Growl
Odiaba sentir. Odiaba la agudeza y la intensidad en ello. Odiaba que le
recordaran que seguía siendo humano en ese sentido. Necesitaba ser el monstruo que
todos esperaban de él, quería ser ese monstruo.
Había luchado tan duro para ser algo, cualquier cosa, más que el bastardo y la
cicatriz alrededor de su garganta, más que el hijo de una prostituta, más. Siempre más.
Empujó el acelerador con fuerza. Tal vez debería haber huido. Necesitaba
deshacerse de ese exceso de energía, de esa peligrosa opresión que abarcaba su
pecho. Pero adonde tenía que ir era demasiado lejos. No podía esperar
tanto. Necesitaba liberar algo de tensión ahora mismo. Necesitaba deshacerse de esa
sensación en su cuerpo. Necesitaba volver a ser él mismo. Necesitaba recordarse a sí
mismo.
En el pasado tenía que hacerlo casi todos los días. Convencerse a sí mismo de
su valor, de lo que era, pero recientemente había sentido como si acabara de arribar,
y ahora esa chica tan fuera de su liga estaba arruinando todo.
Se detuvo frente al Baton Rouge en la zona de no estacionar, ignorando el auto
detrás de él que tocó la bocina. Abrió la puerta y salió del vehículo. El gorila no dijo
ni una palabra sobre el peligroso modo en que se había estacionado Growl, solo dio
un paso atrás mientras Growl pasaba junto a él sin una palabra de saludo. Growl estaba
casi triste de que el imbécil no le hubiera dicho que se largue. Quería romper huesos,
quería mutilar y matar.
El interior del burdel estaba lleno de putas y sus juguetes. Había risa falsa y
perfume demasiado dulce. Había sudor, sexo y humo en el aire. Había una tensión tan
palpable, que se podía cortar con un cuchillo.
Parte de la opresión en el pecho de Growl aflojó. Esto era familiar. Esto era lo
que necesitaba. Unas pocas prostitutas miraron en su dirección, y luego rápidamente
a otro lado, esperando que él eligiera a otra persona. Su negativa no importaba. Nunca
se había preocupado por su opinión. Las había tenido a todas y la mayoría de ellas no
valían la pena. No podían darle lo que él quería, lo que necesitaba.
Pero había alguien que podía, que le gustaba arañar y morder, que le gustaba
duro y sin piedad.
Lola se había alejado de su pretendiente potencial, un idiota gordo con un traje
oscuro. Growl no conocía al hombre, así que no importaba. Growl conocía a todos los
que importaban en esta ciudad, a todos con los que no debías cruzarte, y la mayoría
de ellos eran lo suficientemente listos para no interponerse en su camino de todos
modos.
El hombre gordo plantó una mano carnosa en el muslo de Lola, pero ella se lo
sacudió, y abrió sus piernas ampliamente para Growl. Su vestido se alzó, revelando
un coño limpio y afeitado, con un brillo penetrante bajo la débil luz de arriba. El
hombre gordo la fulminó con la mirada, y luego, siguió la mirada de Lola hacia
Growl. Su expresión decayó. Se deslizó de su taburete rápidamente y desapareció de
vista, quizás buscando a otra prostituta.
A Growl no le importó ni mierda. Pasó la barra hacia la parte de atrás antes de
entrar en la segunda habitación a la derecha. Estaba vacía, pero el olor a sexo,
desinfectante y látex pesaba en el aire. Caminó hacia la cama y segundos después la
puerta se cerró detrás de él.
—Un día duro —dijo Lola con voz ronca. No era una pregunta, sino una
declaración. Ella sabía que no debía hacer preguntas. Supo que ella estaba cerca
cuando el olor a humo rancio y reciente se envolvió a su alrededor. Cuando ella no
tomaba un trago o tenía una polla en la boca, fumaba.
Él se volvió. Sus labios estaban cubiertos de labial rojo, brillantes y
falsos. Todo en ella lo era. Su cabello negro, teñido muchas veces, caía
completamente liso por su espalda. Alisado de esa forma con laca para el cabello y
cualquier cosa que utilizaran las mujeres para hacer que sus cabellos hagan cosas que
no estaban destinados a hacer. Sus labios se curvaron en una sonrisa coqueta, sus ojos,
llenos de demasiado maquillaje parpadearon con impaciencia. Oh sí, a ella le gustaba.
Ella no estaba fuera de su alcance.
Él la agarró por los brazos y le dio la vuelta bruscamente, luego la arrojó a la
cama. Su mano se enredó en su cabello, tirando con fuerza mientras su otra mano
abría su cremallera, entonces, empujó su falda y la penetró con un impetuoso empuje
despiadado. Ella gritó, en dolor o lujuria, él no sabía, no le importaba. Ella retorció
los brazos y rastrilló sus largas uñas sobre sus muslos, sacando sangre. Él siseó y la
folló con más fuerza y aún más duro hasta que la imagen de la piel de porcelana dejó
su mente, hasta que volvió a ser quien estaba destinado a ser.
Un monstruo, y nada menos.
9
Cara
Traducido y corregido por LizC

Me despertó un sonido que no pude precisar. Como garras sobre la madera. Mis
ojos se abrieron de golpe, mirando a un techo blanco, no a mi cama de dosel. Unas
manchas oscuras salpicaban el blanco, que era en realidad más gris que nada, como si
alguien hubiera aplastado moscas o mosquitos y no se molestó en limpiar después. La
confusión se deslizó a través de mi mente soñolienta, y luego todo lo que había
sucedido se estrelló contra mí. Me senté en seguida. Tardé un momento en precisar el
ruido que había oído. Los perros. Estaban delante de mi puerta otra vez.
Maldición. Realmente necesitaba ir al baño, pero con los perros esperando por
mí, eso estaba fuera de cuestión. Ni siquiera sabía dónde estaba el baño.
Me paré lentamente, con las piernas temblorosas, y miré por la pequeña
ventana. Divisé hacia un pequeño jardín. El césped no había sido podado en un buen
rato y como la casa, el jardín también estaba desprovisto de cualquier
decoración. Alguien gritaba en las casas vecinas. Una mujer, seguida por un
hombre. La misma pareja que había oído anoche.
Me apoyé contra el alféizar de la ventana, analizando mi entorno. Siempre
había sido buena en matemáticas. Me gustaban las cosas ordenadas y predecibles. ¿Y
adónde me habían llevado todos mis planes?
La valla enjaulando el jardín estaba cubierta con alambre de púas. ¿Podía
superarla? Probablemente no sin herirme terriblemente y entonces Growl solo tendría
que enviar a los perros detrás de mí y ellos seguirían el rastro. ¿Y los vecinos? ¿Me
ayudarían a esconderme o simplemente gritarían a Growl con la esperanza de una
recompensa? Probablemente esto último considerando la gente que había encontrado
hasta ahora.
La puerta chilló. Me giré, mi cuerpo tensándose de miedo. Growl entró, sus
ojos aterrizaron en mí. Rápidamente me cubrí el sujetador con los brazos.
Parecía menos desconcertado que anoche, y aunque su mirada se deslizó sobre
mi cuerpo medio desnudo, su expresión no mostró ninguna reacción. Su antebrazo
derecho estaba vendado donde lo había cortado. Por encima de ello había más
marcas. Rasguños que no recuerdo haber infligido, pero había estado en tanto pánico
que no estaba segura de lo que había hecho exactamente. Él siguió mi mirada
brevemente pero no reaccionó. No parecía que me resintiera por herirlo. Esperaba que
eso fuera una buena señal.
—Estás despierta —dijo en voz baja. Nunca había levantado la voz las pocas
veces que lo había oído hablar, pero aun así, sus palabras llevaban suficiente poder.
Resoplé ante su declaración, pero no dije más. La presión en mi vejiga era cada
vez más insoportable. Detrás de Growl, dos perros masivos aparecieron. Solo le
llegaban a sus rodillas, pero teniendo en cuenta la estatura de Growl, eso era más que
un poco intimidante. Lo que era peor: estaban jadeando y dándome una buena vista
de sus afilados dientes. Definitivamente eran una especie de perros de pelea. Y a
juzgar por las cicatrices en sus rostros y el rasgón en la oreja del negro, habían peleado
algunas batallas. Growl puso una mochila que no había notado antes en el suelo entre
nosotros.
—Conseguí algunas cosas para ti de tu casa.
Mi casa. Intenté evocar una imagen de mi acogedora y hermosa casa, pero las
imágenes de anoche fueron todo lo que pude imaginar, y preferí no recordar mi casa
de esa forma en absoluto. Di un paso adelante.
—¿Viste a mi madre y a mi hermana? ¿Cómo están?
Growl frunció el ceño.
—No. No son de mi incumbencia.
—Pero debes saber algo, cualquier cosa. ¿Qué te contó Falcone antes de ir a
nuestra casa?
—No le pregunté a Falcone cuáles eran sus planes. No deberías hacer tantas
preguntas. No tengo las respuestas —dijo simplemente y estaba a punto de dar la
vuelta.
—Tengo que ir al baño —balbuceé. Me sentí avergonzada de tener que
preguntarle a alguien si me permitía ir al baño.
Growl hizo una pausa, frunciendo el entrecejo aún más.
—Entonces, ¿por qué no fuiste?
Casi reí.
—Porque no sé dónde está y pensé que debía quedarme en la habitación.
—Puedes caminar por la casa cuando quieras. No te encerraré en tu
habitación. No eres una niña.
—Solo una prisionera.
Una de sus cejas marrón oscuro se crispó, pero no pude vincular la reacción
con una emoción. No lo conocía lo suficiente. Y dudaba que alguien lo conociera
así. Para ser honesta, no estaba segura si era capaz de emociones en absoluto, o si sus
expresiones faciales no eran solo la reacción natural de su cuerpo a las influencias
externas o algo que hubiera aprendido a imitar al estar alrededor de otras personas.
Cuando el silencio se hizo insoportable, pregunté:
—Entonces, ¿puedo irme si quiero?
Los ojos ámbar de Growl me atravesaron hasta el corazón.
—Puedes intentarlo —gruñó él—. Pero te encontraré sin importar adónde
vayas. Te seguiré hasta el fin del mundo.
—Qué romántico —susurré con falsa bravata.
—Eres mía.
—Deja de decir eso —espeté. Estaba tan cansada que me lo recordara. Quería
golpearlo con fuerza por el toque de presunción y orgullo que le había cruzado la cara
cuando me dijo que yo era suya.
—¿Ya terminaste? —preguntó sin emoción—. Vamos. —Se volvió sin esperar
mi reacción. No podía creerlo. Agarré la mochila del suelo y estaba a punto de
seguirlo cuando vi a los perros de pie en el pasillo frente a la habitación. Me detuve
bruscamente. Ambos me observaban con calma, pero con cierto interés. Mi pulso se
disparó de nuevo. Y eso que había pensado que estaba demasiado cansada para tener
miedo. Definitivamente no era así.
—No te harán daño. Son buenos perros —dijo Growl, esperándome por el
estrecho pasillo. No estaba segura, pero creí oír un tono de diversión en su voz.
—No parecen buenos perros —dije con vacilación mientras me acercaba a
ellos.
—No juzgues las cosas por su apariencia. Es engañoso.
De espaldas a la pared, pasé junto a los perros. Me siguieron lentamente, sus
ojos agudos nunca alejándose de mí.
Mi mirada vagó por encima de Growl. Sus tatuajes y cicatrices.
—A veces el exterior y el interior son iguales —dije en voz baja.
Su expresión cambió, pero una vez más no tuve oportunidad de saber lo que
pasaba en su cabeza. Al menos él había captado mi insinuación, así que no era tan
ignorante como algunas personas lo consideraban.
Señaló una puerta.
—Ese es el baño.
—¿Solo hay uno? —pregunté, y luego casi me encogí por el modo en que eso
me hizo sonar.
—Esta es tu vida ahora, mejor acostúmbrate a ella —dijo.
Me apresuré al cuarto de baño y cerré la puerta, sintiendo una oleada de
satisfacción por tener esa pizca de control aunque solo fuera por un momento. Ignoré
la preocupación al pensar que Growl podría estar parado frente a la puerta y
escuchando todo lo que hacía, y fui al baño. Sin duda había oído y visto cosas peores.
Pero me aseguré de apresurarme y me alegré cuando terminé.
Me eché un vistazo en el espejo sobre el lavabo cuando me lavé las manos y
casi retrocedí de mi propio reflejo. Mi cabello lucía como un desastre salvaje y el
rímel manchaba la piel alrededor de mis ojos de tanto llorar, pero lo peor de todo era
lo pálida que estaba mi cara y los vacíos que parecían mis ojos. Solo un día y no solo
mi vida había cambiado, sino mi cuerpo también.
No quería ni imaginar lo mucho peor que estaría en unas pocas semanas o
meses. No quería imaginarme tener que vivir tantos días con Growl como mi
captor. Tomé una respiración profunda y abrí el grifo del agua fría, luego chapoteé mi
cara con ella hasta que me sentí más como yo. Traté de olvidar dónde estaba por el
momento, traté de dejar que los movimientos familiares se apoderaran de mi
cuerpo. Cuando miré a los gabinetes de baño de Growl por un cepillo de dientes, fui
recibida por el mismo vacío que había encontrado en otras partes de la casa. Había un
cepillo de dientes y pasta de dientes, una navaja y desodorante. Sin perfumes u
otros productos para el cuidado corporal. Puse un poco de pasta de dientes en mi dedo
índice y lo usé para cepillarme los dientes.
Después de eso me volví hacia la ducha, pero dudé delante de ella, debatiendo
si debería arriesgarme a estar desnuda. Pero el hedor de la sangre todavía se aferraba
a mi piel y se mezclaba con el sudor y el olor almizclado de Growl. Salí de mi ropa. Ya
no estaba a salvo. Tomar una ducha no cambiaría eso. Tarde o temprano, Growl haría
lo que quisiera y no había nada que pudiera hacer para detenerlo.
La ducha era vieja pero limpia, el grifo crujió y tomó mucho tiempo para que
el agua saliera moderadamente cálida. Froté mi piel hasta que se sintió al rojo vivo y
caliente, y probablemente habría seguido haciéndolo si un golpe no me hubiera
interrumpido.
—Tienes dos minutos más.
Cerré el grifo. A pesar de mi primer instinto de provocar a Growl, no quería
arriesgarme a que entre. Me sequé rápidamente y luego abrí la mochila. Me quedé sin
aliento cuando vi mi ropa. Era extraño que algunas pocas cosas de repente significaran
tanto.
Saqué con cuidado un vestido de algodón color crema que abrazaba mi
cuerpo. Había querido donarlo porque ya no estaba de moda. Ahora se sentía como la
cosa más preciada que poseía. Deslicé el suave tejido sobre mi cuerpo y me puse
medias. Estando vestida con mi ropa vieja me sentí fuera de lugar en este sitio, como
un vestigio de los viejos tiempos.
Cuando salí del baño, Growl no estaba allí, ni sus perros.
Permanecí en el pasillo, sin saber qué hacer o dónde ir. Las paredes eran de
color blanco grisáceo como en mi habitación y el suelo de madera oscura había visto
mejores días.
El olor del café se me acercó y finalmente me atrajo hacia una gran
cocina. Growl se apoyaba contra el mostrador de la cocina, una taza de café en la
mano y sus perros acostados en mantas en un rincón de la habitación. Su mirada se
dirigía a un mensaje en su celular. No había sillas ni mesa. Aparentemente, Growl
prefería tomar sus comidas mientras estaba de pie.
Él alzó la vista y sus ojos recorrieron todo mi cuerpo, permaneciendo más
tiempo en mis piernas, caderas y pechos.
Me obligué a mantener la calma, a esconder los nervios que el calor de su
mirada creaba.
Llevaba una camisa blanca apretada que no lograba ocultar sus músculos, ni
los contornos de sus demasiados tatuajes. Mis ojos se deslizaron hacia la cicatriz
alrededor de su cuello.
—Toma —dijo, acercándome una taza de café—. Bebe.
—Prefiero mi café con leche —dije.
—No hay leche en la casa. Negro o nada.
Tomé la taza, disfrutando el calor de ella, y bebí unos cuantos tragos del líquido
caliente. Su atención había vuelto al celular en el mostrador de la cocina.
—Hay huevos en la nevera si tienes hambre.
Lo miré fijamente.
—¿Estás hablando en serio? —pregunté, poniendo la taza en el mostrador—.
Ayer Falcone me entregó a ti como un regalo y ahora finges que esto es normal, como
si pudiéramos actuar normal alrededor del otro. ¿Por qué no nos haces un favor a
ambos y me dejas ir?
Estaba delante de mí antes de que pudiera reaccionar. Estiré el cuello para
mirar su cara. Estaba atrapado entre la cocina y él. Me agarró por la cintura y me alzó
en el mostrador, luego se presionó entre mis piernas, acercando nuestras
caras. Contuve el aliento, aturdida por su repentino movimiento.
Mi corazón latía frenéticamente contra mis costillas, pero intenté ocultar mi
miedo a él detrás de mi odio. Su mano acunó la parte posterior de mi cabeza,
manteniéndome en el lugar y luego su boca descendió sobre la mía, su lengua
deslizándose más allá de mis labios. Hice un sonido de protesta pero quedó tragado
por la boca de Growl.
Eché la cabeza hacia atrás, jadeando y fulminándolo con la mirada. Lo
odiaba. Lo odiaba por lo que era, pero peor aún, por lo que me hacía sentir. Por el
momento más breve me había permitido ahogarme en el beso porque logró hacerme
olvidar todo lo demás, me ayudó a ahogar la tristeza, el miedo y la preocupación. Y
en ese breve instante, se había sentido maravilloso y bueno. Tan bueno, que mi cuerpo
había hormigueado y lo había sentido desde mi cabeza a los pies. En todos
lados. Estaba mal. Dios, tan mal. Como el hombre delante de mí.
Me limpié la boca y luego solo así el hormigueo se había ido y lo que quedaba
era la repulsión.
—No me toques —siseé—. Nunca más.
Él sonrió sin humor.
—¿Por qué?
—Porque me das asco. Eres un monstruo y no quiero tus manos sobre mí, no
cuando están cubiertas de sangre.
Growl
Emociones, él nunca las había entendido. La mayoría de la gente tenía
demasiadas, y las mostraba aún más voluntariamente. Especialmente las mujeres
parecían demasiado despreocupadas por mostrar esa parte de sí mismas. Cara no era
diferente. Odio, había sido evidente en su rostro.
Ella lo odiaba.
Todo el mundo lo hacía.
Le temía.
Todo el mundo lo hacía.
Estaba acostumbrado a esa clase de reacción a él. No le importaba.
No era un hombre inteligente; ni siquiera cerca de ser tan inteligente como
ella. Lo sabía, y tal vez eso lo hacía más inteligente que la mayoría de los hombres de
Falcone. Conocía sus limitaciones, las sentía todos los días y las aceptaba, pero nunca
dejaba que lo detuvieran. Pero a pesar de su falta de inteligencia, sabía que Cara no
era realmente una recompensa para él. No era por eso que se la habían dado. Por
supuesto, era una recompensa, era el regalo más grande que alguien como él podía
esperar, era más de lo que alguien tan oscuro y sucio como él merecía, pero no era por
eso que Falcone la había hecho su regalo.
Esto no era una recompensa para él, era un castigo para ella y su padre, y si
algo era cierto, era que eso era un verdadero castigo. Growl lo sabía, y tal vez debería
haberse sentido revuelto, debería haberse sentido culpable, debería haber rechazado
un regalo como ese, pero no era esa clase de hombre, y por eso Falcone lo había
elegido sabiamente. Él era el castigo que nadie merecía, y menos aún ella. Pero ahora
que la tenía, Cara, su regalo, jamás la dejaría ir. El beso, le había dado una idea de lo
que vendría, de Cara, y maldita sea, había sabido tan dulce con un toque de amargura
por el café. Más dulce que cualquier otra mujer que hubiera besado, pero no había
habido muchas y su último beso había sido hace mucho tiempo. No le gustaba besar
a las putas. No porque se llevaran las pollas de otros hombres a la boca, aunque eso
también influía si era perfectamente honesto consigo mismo, pero sobre todo porque
era demasiado íntimo. Nunca había entendido el valor de besar, cuando el sexo y una
mamada traían una satisfacción más rápida, pero desde la primera vez que había visto
los labios rosados de Cara, se había preguntado cómo sería besarla. En un principio
había sido una fantasía ridícula, una que nunca se haría realidad, pero entonces, se
había convertido en una posibilidad.
Él miró hacia abajo a su rostro furioso, y el duro conjunto de sus labios. Quería
besarla otra vez, probarla de nuevo, pero había aprendido a controlar sus deseos. La
forma en que lo miraba ahora, le recordó la primera vez que se habían encontrado, de
las miradas que todas las mujeres de sociedad le daban. Retrocedió antes de que su
cólera pudiera superarlo como lo había hecho la última vez. No tenía tiempo para otra
visita a Lola. Y si era honesto, había sido tan satisfactorio con ella como de costumbre.
Entonces toma a Cara. Es tuya.
Lo era. Pero no podía imaginar tratándola como trataba a Lola. No solo porque
Cara no reaccionaría de la forma que deseaba Growl, sino también porque no le
gustaba la idea de tratarla así. Era demasiado preciosa.
Se apartó de ella y tomó su teléfono una vez más. Falcone quería verlo por la
tarde. Growl dudaba que el hombre tuviera un trabajo real para él. Falcone quería oír
los detalles horribles de lo que Growl le había hecho a Cara.
Miró hacia ella. Todavía se sentaba en el mostrador donde él la había puesto,
pero había cruzado las piernas de manera protectora y lo estaba observando con
cautela. Incluso así, se las arreglaba para parecer elegante y agraciada, y
absolutamente fuera de lugar en su casa.
Tal vez Falcone no solo había querido a Growl como un castigo para Cara. Tal
vez también había esperado poner a Growl en su lugar, demostrarle que a pesar de sus
años de servicio, todavía no era digno.
10
Cara
Traducido por âmenoire y LizC

Corregido por LizC

Mis labios todavía estaban hormigueando por su beso a pesar del disgusto y
enojo hacia Growl. Él retrocedió lentamente, con una expresión que no pude descifrar.
Me bajé del mostrador, queriendo salir de esta comprometedora situación y me
congelé del miedo cuando ambos perros se levantaron de un salto desde donde estaban
acostados en la esquina de la cocina.
El único perro con quien había tenido contacto con el paso de los años había
sido el chihuahua de Anastasia que había comprado después de haberse vuelto un
accesorio esencial de la moda de acuerdo con las revistas que leía. Pero ese perro
había sido del tamaño de un conejillo de indias con dientes apenas lo suficientemente
fuertes como para rasguñar la piel de alguien. Estos perros, sin embargo, eran
monstruosos en tamaño y muy seguramente en carácter, justo como su amo. Tomé
una respiración profunda y retrocedí otra vez contra el mostrador. No había ningún
otro lugar a donde pudiera ir y por la forma en que me miraban probablemente me
seguirían de todas formas. Mi ritmo cardíaco se aceleró y me congelé por completo.
Los perros tampoco se movieron, pero lucían tensos como si estuvieran listos
para lanzarse hacia mí si me movía de la forma equivocada. Growl me dio una mirada
que dejó claro que pensaba que había perdido la cabeza, pero obviamente no era
alguien en quien confiara cuando se trataba de juzgar el peligro y la monstruosidad de
sus perros.
—Si actúas asustada, los harás tener sospechas —dijo como si fuera una niña.
Lo miré. Sus palabras solo empeoraron mi miedo y me pusieron incluso más
tensa. Growl bajó su café de nuevo y me observó como si estuviera intentado
averiguar algo. Mis ojos se movieron rápidamente entre él y sus perros.
Growl caminó hacia mí, su brazo viniendo en mi dirección. Me encogí,
esperando un golpe. Lucía frustrado.
Se congeló con su brazo en mitad del aire y la falta de entendimiento en su
rostro haciéndose más evidente.
—¿Qué estás haciendo? —murmuró con descontento, bajando lentamente su
musculoso brazo. Había más rasguños en su brazo que noté ahora. Estaba bastante
segura que no todos podían ser debido a mí. Un punto rojo comenzaba a extenderse
lentamente sobre sus vendajes e hice un gesto de dolor. Growl bajó su mirada hacia
su antebrazo lastimado y exhaló—. Eres un montón de problemas —dijo
simplemente. Levantó sus ojos hasta los míos. Pero no pude leer su expresión.
—Tal vez deberías ver a un doctor —dije, en lugar de la desagradable respuesta
que tenía en mente. Hasta ahora Growl había sido más educado de lo que hubiera
pensado posible y no podía arriesgarme a provocarlo y que cambiara de humor.
—No necesito doctores. Yo mismo cosí la herida. Lo he hecho antes. Pero me
cortaste bastante profundo y no debería mover demasiado el brazo.
Habría pensado que apenas dejaría una marca en él con el cuchillo dada su
reacción de ayer, pero probablemente era demasiado cuidadoso para mostrar la
gravedad de su herida durante una batalla. Aunque llamar a nuestra pequeña pelea una
batalla era risible.
—¿Por qué te retrajiste? —preguntó. Esperaba que se hubiera olvidado de mi
reacción ante su acercamiento.
Me encogí de hombros y volví mi atención de vuelta a los perros
observándonos. Aún no se habían movido de sus lugares al final de la cocina, excepto
que el negro se había sentado.
—Pensé que ibas a pegarme —dije finalmente.
El silencio siguió, hasta que no pude soportarlo más y levanté mi mirada para
encontrar a Growl observándome con obvia confusión.
—Oh, vamos —murmuré, enojándome aún más, a pesar de mis mejores
intenciones de no provocarlo, pero su sorpresa era ridícula—. No actúes como si eso
fuera imposible. Te vi ayer. Te vi matar a un hombre con tus manos al torcer su cuello.
—¿Dónde estabas? No te vi por ningún lado.
—En el armario.
Growl asintió.
—Él era el enemigo.
—¿Y yo no lo soy?
Por alguna razón me pareció que estaba más cerca que antes y su aroma
finalmente llegó a mí. No a sudor, sangre y muerte como anoche, sino fresco y
almizclado. Parecía demasiado normal para alguien como él.
—No. Los enemigos necesitan ser eliminados porque significan peligro y a
menudo muerte. Tú no.
—Intenté matarte anoche —dije indignadamente.
No dijo nada y eso fue peor que un insulto.
Crucé mis brazos. Estaba empezando a cansarme de esta conversación, de la
situación, de todo. Cerré mis ojos, pero al momento en que lo hice, las imágenes de
anoche regresaron y rápidamente los abrí de nuevo.
En serio deseé que Growl dejara de mirarme con esa profunda expresión.
Parecía un explorador que había descubierto una especie nueva.
—¿Qué va a suceder ahora? —pregunté tranquilamente.
—Tengo trabajo que hacer y te quedarás aquí y mirarás televisión.
Me reí. ¿Me había malinterpretado a propósito?
—No me refería a eso. ¿Me dejarás aquí encerrada hasta que muera o hasta que
te canses de mí?
—Todavía no lo he pensado mucho. No sabía que Falcone te entregaría a mí o
habría hecho planes —dijo.
Planes para mi cautiverio, cuán considerado.
—Entonces, ¿qué pasa ahora? —Todo parecía tan sin sentido. Nunca había
sido libre. Había habido reglas y expectativas, pero ahora no tenía elecciones en
absoluto.
—Iré a trabajar y te quedarás aquí.
Me rendí. Ya sea que no podía o no quería entenderme.
—¿Los llevarás contigo? —Asentí hacia los perros.
Growl sacudió su cabeza.
—Se quedarán aquí contigo.
—¿Estás seguro que no me desgarrarán en pedazos?
Growl se volvió hacia sus perros.
—Coco, Bandit.
No vacilaron. Dentro de pocos segundos estuvieron junto a Growl y lo miraron
con algo que solo podría describir como adoración.
—Están bien entrenados —explicó—. Puedes acercarte.
Asentí, pero no me moví de mi lugar contra el mostrador de la cocina. Por la
forma en que estaban jadeando obtuve un buen vistazo del tamaño de sus dientes.
Él frunció el ceño.
—Tendrás que acostumbrarte a ellos. Pasarás mucho tiempo con ellos en el
futuro y no siempre estaré alrededor para ayudarte.
La idea de él siendo de ayuda era ridícula. Ciertamente no estaba ansiosa por
su presencia.
—Si quieres puedes tocarlos, siempre debes de darles la oportunidad de olerte
primero. Al menos, hasta que te conozcan mejor. Son perros desconfiados. La mayoría
de la gente no les ha dado muchas razones para ser confiados. —Extendió su mano
frente a la nariz de Coco, luego la de Bandit antes de palmear sus cabezas—. Si se
mueven hacia atrás, déjalos. No trates de acariciarlos si no quieren que lo hagas.
¿Cómo se suponía que supiera cuándo querían ser acariciados? No que tuviera
alguna intención de tocarlos sin una buena razón o sin que Growl estuviera cerca. Me
asustaban. No podía evitarlo. Parecía como si supieran cómo hacer trizas las cosas.
Sus muchas cicatrices hablaban de su duro pasado.
—Son perros de pelea, ¿cierto?
Growl asintió.
—Ambos pelearon muchas peleas. Ganaron casi todas ellas.
—Apuesto a que entonces ganaste un montón de dinero con ellos —murmuré,
esperando que pudiera escuchar mi disgusto. ¿Por qué la gente disfrutaría ver a perros
hacerse pedazos entre ellos? Pero tampoco había entendido el atractivo del boxeo,
aunque los boxeadores al menos elegían pelear por su propia voluntad.
Palmeó a Coco y a Bandit una vez más antes de volver toda su atención hacia
mí.
—Nunca los envié a pelear. Los compré cuando se volvieron demasiado viejos
para ganar. —Su voz era mucho más amable cuando hablaba sobre sus perros, aun
cuando todavía tenía el duro borde de un gruñido debido a sus lesionadas cuerdas
vocales.
—¿Por qué?
—Porque habrían sido asesinados y después de lo que pasaron, merecen vivir
en paz por el resto de sus vidas.
¿En serio había un destello de amabilidad en este hombre? Parecía poco
probable, pero por la forma en que cuidaba de sus perros no podía negar la posibilidad.
Tal vez sentía una conexión con los perros porque habían sido obligados a una vida
de violencia. No se sabía mucho sobre el pasado de Growl pero nada nacía de esa
forma, nadie nacía malvado. Quizás él también había sido obligado a esta vida. Quizás
nunca había experimentado una vida normal. No justificaba sus acciones, pero era una
explicación que me ayudaba a entenderlo mejor y el entendimiento siempre era el
primer paso para encontrar una solución. Si quería salir de mi horrible situación.
Primero tendría que descubrir más acerca de mi captor, incluso si eso significaba tener
que pasar tiempo con él.
—Entonces, ¿nunca apostaste en peleas de perros? Escuché que algunas
personas ganaban millones con eso. —Mirando su deslucido hogar, estaba segura que
podría utilizar el dinero.
Sacudió su cabeza.
—No me importa el dinero e incluso si lo hiciera, no querría ganarlo dejando
que unos perros se hicieran pedazos.
Este hombre era un enigma.
Me señaló para que me acercara de nuevo.
—Ven. Necesitan conocerse entre ustedes y no me queda mucho tiempo.
Di algunos vacilantes pasos más cerca y cuando ambos perros no se movieron,
crucé la distancia que quedaba entre nosotros.
—Ponte de rodillas —ordenó Growl y las palabras trajeron otra imagen a mi
cabeza que me alteró incluso más que los perros con sus grandes dientes,
especialmente porque ocasionó que mi cuerpo se calentara. Rápidamente alejé la
imagen y me agaché.
Growl tomó mi mano, sobresaltándome. Solo al último segundo pude
impedirme alejarme. Su mano era callosa y estaba caliente. Dejé de respirar cuando
extendió mi mano frente a la nariz del perro café claro. La olió, luego movió su cola
ligeramente. Después Growl puso mi mano sobre su espalda.
—Ésta es Coco. Tiene ocho años y la he tenido por dos años. —Coco me
parecía un nombre demasiado manso para un perro como ese.
Pasé mi mano por la espalda de Coco. Su pelaje era suave y me maravilló la
sensación de los músculos del perro. Se sentía fuerte, incluso más fuerte de lo que
parecía. Solo podía imaginar lo que el perro había visto en la arena de lucha, y un
sentimiento de lástima por ella se levantó de nuevo en mi interior. Sus ojos castaños
eran curiosos y amables. No podía ver ni una pizca de agresión.
Growl tomó mi mano una vez más y la sostuvo para que el otro perro, Bandit,
inspeccionara. Él también olfateó unas cuantas veces, pero no movió la cola ni
reaccionó de otra manera. No pareció importarle mucho mi presencia.
Growl se encogió de hombros.
—Él necesita conocerte mejor. Dale tiempo. —Soltó mi mano y yo la retiré
rápidamente y me puse de pie otra vez. Esto era demasiado extraño. Growl estaba
actuando como si fuéramos una especie de familia extraña.
Growl también se levantó, alzándose sobre mí.
—Necesito irme ahora. —Agarró su celular desde el mostrador de la cocina y
se dirigió al pasillo.
—¿Te vas a encontrar con Falcone? —murmuré, siguiéndolo. El nombre
escociendo como ácido en mi lengua. Growl frunció el ceño por encima de su hombro
hacia mí. No dijo nada—. ¿Puedes preguntarle por mi hermana y mi madre? —
pregunté, y añadí—: ¿Por favor? Me voy a volver loca si no sé si están bien.
—Falcone me lo dirá o no lo hará. Si le pregunto, será más probable que lo
guarde para sí mismo porque es un poder adicional sobre mí.
—Necesito saber si están bien —repetí.
Growl asintió.
—Llevé a los perros a dar un paseo largo esta mañana, así que es suficiente si
los dejas salir al patio alrededor del mediodía. Los llevaré a dar un paseo cuando
regrese —dijo, y luego añadió—: No intentes nada. No te hará bien ni a ti ni a nadie.
—Me miró expectante hasta que finalmente asentí, antes de que él saliera y cerrara la
puerta. Un momento después escuché el sonido de la cerradura y estaba sola.
Me acerqué a la puerta, escuchando el sonido de su auto alejándose. Entonces
vacilé de nuevo. ¿Tal vez esto era un truco? Tal vez solo quería ver si intentaba huir
si me daban la oportunidad. ¿Tal vez estaba deseoso de castigarme?
Solté un suspiro y regresé a la cocina, tratando de ignorar a los perros, que
habían regresado a sus mantas. No había cortinas en la casa, así que tenía una vista
clara hacia la entrada. El auto de Growl había desaparecido, pero aun así no podía
creer que él realmente me hubiera dejado por mi cuenta. Mis ojos comenzaron a
escanear el vecindario por algo fuera de lo común, pero para mí todo lo era. Esta área
nació de la miseria.
Un anciano se sentaba en el porche de su casa al otro lado de la calle. Me estaba
observando, o al menos la casa de Growl. ¿Acaso Growl le había pagado para que
vigilara la puerta principal?
Me aparté de la ventana y corrí hacia la puerta trasera que daba al jardín.
Cuando empujé la manilla hacia abajo, se abrió. Growl no la había bloqueado. Dado
que ese hombre era demasiado atento para dejar su puerta desbloqueada por accidente,
esto era una trampa o él sabía que no podía escapar, incluso si lo intentaba. Ambos
perros aparecieron a mi lado, sorprendiéndome. Pero no estaban interesados en mí. En
su lugar se abalanzaron al jardín y empezaron a perseguirse. Salí y eché un buen
vistazo alrededor. La única manera de superar la alta valla era si usaba una silla o una
mesa para subir sobre ella.
Ya que la cocina estaba desprovista de cualquier lujo como sillas, los muebles
del jardín eran mi única opción. Aunque la mesa no parecía lo suficientemente estable
como para soportar mi peso y las sillas eran demasiado bajas para darme una altura
suficientemente ventajosa. Sin embargo, cuando intenté mover las sillas, no se
movieron. Eché un vistazo al suelo y las encontré atornilladas al porche de
hormigón. ¿Growl había hecho eso? ¿Pero cuándo? ¿Anoche mientras dormía? Dejé
escapar una risa aguda y me hundí en una de las sillas. No pude dejar de reír. Los
perros pararon su juego de persecución y me observaron, obviamente, inquietos por
mi risa. Incluso me asusté con el sonido. Todos los muebles, incluso un banco de
pesas, estaban atornillados al suelo.
Me quedé en silencio y cerré los ojos, luego lentamente dejé caer la cabeza
hacia delante hasta que descansó sobre mis piernas. Dejé que las imágenes de la noche
anterior me asaltaran, esperando que revivirlas de nuevo evitara que me
persiguieran. Tomaría tiempo, lo sabía. Tal vez nunca desaparecerían.
Talia. Madre. ¿Qué estaban haciendo ahora?
No tenía manera de llegar a ellas, no había manera de decirles que estaba bien
y decirles que fueran fuertes. Tal vez esto era lo peor, peor aún que ser la prisionera
de Growl. Algo me dio un ligero empujón en el cuello y levanté la cabeza para
encontrar a Coco muy cerca de mí, su cálida respiración de perro resoplando sobre mi
rostro. Al principio tuve miedo, pero luego me di cuenta que el perro estaba tratando
de consolarme. No me moví, preocupada de asustarla si lo hacía.
—Gracias —susurré, aunque me sentía tonta hablando con un perro. Coco trotó
a donde Bandit se rascaba en un lugar cerca de la valla.
Me levanté de la silla y miré alrededor una vez más, luego me acerqué a la valla
para otra revisada, pero con el alambre en la parte superior no había manera de que
pudiera superarla. ¿Y qué haría incluso si la superara? ¿A dónde iría? No tenía dinero,
ni identificación, ni celular. Nada. No tenía nada. Y ni siquiera había alguien a quien
pudiera acudir. Los padres de mi padre habían muerto cuando yo era pequeña y él no
tenía hermanos, y madre. Madre nunca había hablado de su familia. Supuse que había
huido de ellos al casarse con padre. Trish y Anastasia también estaban fuera de
cuestión. Sus padres eran leales a Falcone. Al momento en que me vieran, me
devolverían a Growl.
Estaba completamente sola hasta que encontrara a mi madre y hermana, y no
había manera de que pudiera hacerlo sin la ayuda de Growl. No tenía más remedio
que imaginar una manera de hacer que Growl estuviera de mi lado.
La pareja empezó a gritar de nuevo. Esta zona era tan deprimente que, no
estaba segura de cómo alguien podía vivir aquí por elección. Pero la mayoría de la
gente probablemente no tenía elección.
Me dirigí de nuevo a la casa antes de que mi estado de ánimo pudiera tomar
otra espiral descendente. Los perros seguían ocupados cerca de la valla.
—¡Bandit, Coco, vengan aquí! —llamé, y sorprendentemente ambos
obedecieron mi orden sin vacilar y entraron corriendo a la casa. Cerré la puerta y con
una respiración profunda, me volví para mirar hacia la casa. Era sombría y casi se
sentía como un enemigo en sí mismo. Sin decoración, ni muebles acogedores. Este
lugar era solo para las necesidades más exigentes. Eché un vistazo a la nevera, pero a
excepción de un cartón de huevos, y unas pocas latas de soda, también estaba
vacía. Pensé en preparar una tortilla, aunque solo lo había hecho una vez antes. De
todos modos, no estaba realmente hambrienta.
Regresé a la sala de estar y me hundí en el sofá. Un resorte se clavó en mi
trasero y la cosa vieja chilló bajo mi peso. Nunca tuve que ver televisión todo el
día. Siempre había estado ocupada con la escuela, amigos y aficiones. Me incliné
hacia atrás lentamente. Los únicos otros artículos en la habitación eran una televisión,
una mesa de televisión, que parecía que Growl había encontrado junto a la calle, y una
pequeña mesa. No había ni gabinetes, ni cuadros, ni nada más. Growl no podía pasar
mucho tiempo aquí.
Necesitaba encontrar una forma de salir de aquí lo más rápido posible.
Tomé el control remoto de la mesa y encendí la televisión. Pasé a través de los
muchos canales, pero no había nada incluso remotamente interesante. Dejé el control
remoto otra vez, dejando que el canal de la naturaleza resonara en el fondo mientras
volvía a descubrir las habitaciones restantes, pero ya las había visto por
completo. Estaba el baño, mi habitación y la de Growl. No la había cerrado con llave
a pesar de las armas que adornaban sus paredes.
Ni siquiera había un solo libro en la casa. Tampoco vi un ordenador en ninguna
parte.
Frustrada me acomodé en el sofá y me quedé ahí sin nada más que hacer, hasta
que finalmente me quedé dormida otra vez.
El sonido de la cerradura me despertó y me senté de inmediato. La piel de
gallina cubría mi piel. El aire acondicionado simplemente se había vuelto demasiado
frío. Busqué en la habitación por un reloj, pero incluso eso faltaba en el lugar.
Todavía había luz afuera, así que supe por lo menos que no era de noche.
Los perros aullaron alegremente y luego los pasos de Growl
resonaron. Apareció en la puerta, escudriñando la habitación rápidamente antes de
darme una mirada entera.
—¿Todo bien? —preguntó sospechosamente.
—No —dije. Qué pregunta tan estúpida.
Growl sostuvo un cartón de leche en alto.
—Para tu café.
Mis labios se separaron.
—¿Uh, gracias?
Nos miramos el uno al otro. Él parecía tan inseguro sobre la situación como
yo. Comencé a frotar mis brazos en busca de un poco de calor.
—¿Frío?
Asentí. Él se fue y el aire acondicionado dejó de soplar aire frío en la
habitación. ¿Por qué estaba siendo así? Me hacía sospechar de sus motivos.
—¿Alguna noticia? —pregunté cuando volvió.
Su expresión se tensó. Luego se giró y avanzó hacia el corredor en dirección a
la cocina. Me aparté del sofá para correr tras él. Estaba de pie con el refrigerador
abierto.
—No has comido nada.
¿Era tonto?
—No tengo hambre. —Eso era una mentira—. ¿Y mi pregunta? Te reuniste
con Falcone, ¿dijo algo sobre mi madre o hermana?
—Tienes que comer —dijo Growl—. Morir de hambre no cambiará nada.
—¡No me importa! ¡Responde a mi pregunta, maldita sea!
Bandit soltó un bajo retumbar pero Growl lo silenció con un movimiento de su
mano.
Me puse rígida.
—No es peligroso, ¿eh?
—¿Qué esperas cuando estás gritando a su dueño?
—Vamos, no es como si yo fuera un peligro para ti —dije burlonamente.
Él miró su brazo vendado y luego se encogió de hombros.
—No lo eres, pero estás siendo irrespetuosa.
—No mereces mi respeto.
Growl cerró la nevera, inclinando la cabeza para observarme. Una vez más
pude decir que él no sabía qué hacer conmigo.
—Voy a pedir una pizza. No he comido nada para el almuerzo. ¿Qué tipo de
pizza quieres?
Crucé los brazos y me apoyé contra el marco de la puerta.
—No voy a comer nada hasta que respondas a mi pregunta.
—Y no voy a contestar hasta que comas algo.
—¿Eso significa que sabes más?
—Sí —dijo simplemente.
11
Cara
Traducido y corregido por LizC

Mis dedos temblaron ante la perspectiva de noticias sobre mi madre y mi


hermana.
—De acuerdo. Comeré la pizza. Solo dime lo que sabes.
—¿Qué tipo?
Solté un suspiro de exasperación, pero no podía perder la compostura de nuevo
o él podría decidir no decirme nada.
—Atún y cebolla, supongo.
Growl tomó el teléfono y pidió la pizza para seis. Eso nos dejaba más de una
hora.
Debe haber visto la consternación en mi expresión porque dijo:
—Coco y Bandit necesitan pasear. Si vienes, te diré todo lo que sé.
Asentí con entusiasmo y ya que el único par de zapatos que Growl había traído
en mi mochila eran mis zapatillas deportivas, estaba perfectamente equipada. Al
momento en que salimos, me di cuenta de lo atrapada que me había sentido dentro de
esa casa. Growl no se molestó en poner una correa a sus perros. Comenzaron a
husmear los arbustos locales a medida que Growl y yo caminábamos uno al lado del
otro. Se sentía extraño. Había estado con él durante casi veinticuatro horas y hasta el
momento había sido mucho más decente conmigo de lo que hubiera esperado. Pero
sentí que tenía más que ver con el hecho de que lo confundí que con misericordia o
piedad.
—¿Y bien? —comencé, cuando se hizo evidente que Growl disfrutaba de la
tranquilidad del paseo.
—Falcone parece estar contento con el castigo que ha infligido a tu familia
hasta ahora. Con tu padre muerto, y tú conmigo, no ve ninguna necesidad de castigar
a tu madre y hermana en este momento.
—¿Entonces mi madre y hermana están bien? —pregunté en alivio.
—Por ahora —respondió Growl con toda naturalidad.
—¿Dónde están?
—Tu madre está en tu vieja casa. Aún no estoy seguro de dónde está tu
hermana.
—¿Qué quieres decir con que no estás seguro? ¿Qué le ocurrió? ¿Cómo puedes
estar seguro que Falcone no la lastimó si no sabes nada más? ¿Y si la cedió a alguien
como regalo?
Como lo hizo conmigo, agregué en mi mente. Quería estar allí para
protegerla. Era mi trabajo hacerlo.
—Falcone no ha sido muy abierto hoy con esa clase de información. Después
de la traición de tu padre es aún más cauteloso. Pero tiene algún plan y parece que
requiere que tu hermana y tu madre estén bien.
—Pero…
—No —dijo Growl con firmeza—. Eso es suficiente. Te dije lo que sé. —Sus
cejas se fruncieron y sacudió la cabeza, más para sí mismo que dirigido a mí. Todavía
me maravillaba de lo alto que era, elevándose más de una cabeza sobre mí. Mis ojos
trazaron sus brazos musculosos, tatuados desde la muñeca hasta lo que podía
ver. Especialmente el cráneo y la serpiente desplegando sus dientes me daban
escalofríos. Me pregunté cuánto más de su cuerpo estaba cubierto de esa manera.
—Deberíamos regresar o nos perderemos la pizza —dijo Growl.
Mis ojos se elevaron hasta su rostro. ¿Cuánto tiempo llevaba mirándolo otra
vez? Tenía la mandíbula apretada, los ojos llenos de un fuego que me ponía nerviosa.
Me adelanté rápidamente y él cayó a mi lado poco después. No volvimos a
hablar.

Growl
Growl avanzó por el patio hacia su área de ejercitación. Tenía que liberar un
poco de vapor y de todos modos tenía que entrenar.
Había algo jodidamente mal en él. Tenía a Cara en su casa. Se le permitió hacer
con ella todo lo que quisiera, y ¿qué había hecho hasta ahora? Nada. Algo en ella le
hacía incapaz de agarrarla y hacer con ella lo que quisiera de una puta vez.
Nunca había obligado a una mujer a dormir con él. Tal vez era eso. Le gustaba
cuando peleaban contra él, cuando lo mordían y arañaban y a veces hasta gritaban,
pero no porque no lo quisieran sino porque lo querían. No tenía problemas para herir
a la gente, lastimando a las mujeres, pero esto era diferente. Ese era su trabajo. Y lo
disfrutaba. No lo podía negar. Pero el sexo era otra cosa. No quería forzar a una
mujer. Quería que la mujer lo quisiera.
Por supuesto, muchas de las prostitutas que había tenido en el pasado
probablemente tampoco lo querían en realidad, pero lo habían hecho por elección
porque querían el dinero. Podía vivir con eso. Y a Lola, definitivamente le gustaba
más que a sus otros clientes.
Suspiró y puso más peso en la barra. La alzó con un gruñido.
Lo peor era la forma en que había visto a Cara mirándolo hoy. Le gustaba ver
sus músculos. Estaba bastante seguro que ella se sentía atraída por él en algún nivel
básico. También lo odiaba, y eso era más fuerte que cualquier deseo que pudiera o no
sentir por él.
Maldición, la deseaba. La puerta crujió y Cara salió al porche. Cuando ella lo
notó haciendo sus ejercicios, sus ojos se ensancharon un poco, luego recorrieron toda
su longitud antes de recuperarse y mirar a otra parte.
Growl gruñó internamente.
No estaba para juegos. O para analizar las sutilezas del comportamiento de una
mujer. Esto le estaba dando un puto dolor de cabeza.
Su mirada se posó en la mesa del porche.
—¿Lo atornillaste al suelo para que no pudiera usarlo para superar la valla?
¿Cómo se le ocurrió esa clase de lógica?
—No —dijo, poniendo la barra en el soporte—. No sabía que vivirías
conmigo. ¿Quieres usarlo para superar la valla? —Había sospechado que podría
intentar escapar. También sabía que no tendría éxito.
—¿Por qué no hay mesas o sillas en tu cocina? —preguntó—. ¿Y por qué no
hay libros?
Por qué, por qué, por qué. ¿Por qué siempre tenía que hacer preguntas?
Growl se levantó del banco y estiró los brazos. De nuevo. Esa
mirada. Maldición. Cruzó la distancia entre ellos y la apretó contra la pared. Su
chillido de sorpresa quedó silenciado por su boca. Él hundió su lengua en su boca,
disfrutando del jodido sabor dulce de ella. Y ella se presionó contra él. Mierda. Se
sentía atraída por él. Lo sabía. La besó más duro y metió su mano debajo de su falda,
presionando su palma contra su entrepierna. Incluso a través de sus bragas y sus
medias podía sentir el calor irradiando de su coño. Presionó un dedo entre sus
pliegues, frotándola a través del tejido. Y ella gimió en su boca. Su humedad
empezaba a empaparle las medias, y la polla de Growl saltó a la vida. Mierda. Quería
tomarla aquí mismo, en el porche, hasta que ella gritara su nombre.
Sus palmas comenzaron a empujar contra su pecho y arrancó la boca de sus
labios.
—¡Detente! —jadeó, luego más firme—. ¡Alto! —Ella lo empujó con fuerza,
y él cedió, dando un paso atrás y soltando su mano de su coño. Sus ojos lucían
aturdidos. Miró hacia su polla tirando de sus pantalones, luego a las casas vecinas, y
se sonrojó en un tono aún más oscuro de rojo. Se dio la vuelta y avanzó tambaleante
a la casa.
Growl la dejó, aunque fue una de las cosas más difíciles que hubiera hecho
alguna vez. Echó un vistazo hacia abajo a su bulto. El cuerpo de Cara respondió, solo
su maldita mente seguía estropeando las cosas. Growl sabía ahora que había estado
mojada por él, y por eso, no habría manera de que pudiera mantener sus manos
consigo mismo. Quería probarla, quería hacer que su cuerpo se sobrepusiera a su
mente.

Cara
No dejé de correr hasta que cerré la puerta de mi habitación detrás de mí. ¿Qué
había hecho? ¿Qué había dejado hacer a Growl? Dios. Mi corazón palpitaba
salvajemente en mi pecho. Podía sentir el ruido sordo, incluso entre mis piernas. Me
tapé los ojos con la mano y solté un profundo suspiro. Nunca antes me había sentido
así de desquiciada. Pero, impulsada por los instintos, mi mente se había quedado
dichosamente callada.
Quería sentir sus dedos tan desesperadamente, el toque me había encendido
incluso a través de la tela. ¿Por qué mi cuerpo me hizo eso? Odiaba a Growl y sin
embargo mi cuerpo le respondía. No era un chico bonito de fotografía. Era borde,
oscuro y con cicatrices.
Y mi cuerpo lo deseaba por eso.
Me estremecí, bajé mi mano y me tambaleé hasta mi cama donde me dejé
caer. Estando cerca de Growl también sentía ganas de caer.
Una parte de mí quería regresar al patio y dejar que Growl terminara lo que
empezó. Podía lamentar mis acciones más tarde, tal vez incluso podía convencerme
de culpar a Growl por todo. ¿Quizás esto era algún tipo de síndrome de Estocolmo?
¿Eso también funcionaba para la atracción sexual? Jadeé una carcajada. Estaba
perdiendo la cabeza.
El palpitar entre mis piernas todavía no se había detenido. Si era posible, había
empeorado. Apoyé mi mano en mi vientre inferior, y luego me detuve. Esto no estaba
bien. Incluso fantasear con alguien como Growl estaba mal, ¿y tocarme mientras lo
hacía? Ciertamente era pecado.
Mi madre nunca me perdonaría.
Enrosqué mi mano en un puño sobre mi estómago. Sería fuerte. No dejaría que
mi cuerpo dictara mis acciones. Era mejor que eso.

No quise enfrentarme a Growl las dos mañanas siguientes y esperé hasta que
lo oí salir de la casa antes de salir de mi habitación. No podía esconderme para
siempre, pero mi vergüenza estaba todavía demasiado fresca. Al menos, no buscó mi
compañía.
Como siempre, primero revisé todas las puertas y ventanas para encontrarlas
cerradas con llave. Los perros yacían en sus camas, meneando las colas sin entusiasmo
cuando pasé junto a ellos. Pensé en darles palmaditas, pero no me atreví a hacerlo sin
Growl cerca. Lo que era un poco divertido, teniendo en cuenta que no hace mucho
que lo consideraba lo más peligroso de mi vida. Y probablemente todavía lo era. Me
dirigí a mi lugar habitual en el sofá y me sorprendí al ver seis libros cuidadosamente
apilados encima de la mesa de la sala. No conocía a ninguno de los autores, pero era
una mezcla de romances y thrillers. Me acerqué al sofá, atónita por la consideración
de Growl. Estaba más confundida que nunca. ¿Por qué me trataba con
respeto? Recogí el libro en la parte superior y empecé a leer, tratando de sumergirme
en otro mundo y silenciar mis pensamientos.

Cuando regresó por la noche, trajo otra vez pizza y la dejó en la mesa de la sala
junto a mis libros nuevos. Mi cara ardió de vergüenza cuando su mirada finalmente
se posó en mí. No parecía en absoluto afectado por mi obvia vergüenza sobre nuestro
último encuentro.
—Gracias por los libros —dije.
Asintió y se sentó en el sofá. Abrió la caja de la pizza y agarró un pedazo. El
olor picante me invadió y me recordó que no había comido desde la mañana. Growl
había abastecido la cocina con algunas cosas más esenciales desde que me había
mudado.
—¿Has averiguado más sobre mi hermana? —pregunté.
Me sorprendí mirando sus largos dedos unas cuantas veces y recordando cómo
había sentido tenerlos en mi cuerpo.
Tenía que detener esta locura. Concéntrate en otra cosa, me dije, y finalmente
me conformé con mirar su cicatriz. Mis ojos trazaron la línea roja enfurecida alrededor
de su garganta. Era irregular como si hubieran usado un cuchillo de dientes de
sierra. ¿Cómo podría alguien sobrevivir algo así? Parecía imposible. No podía
imaginar cómo debió sentirse que te drenen la sangre así. Me estremecí. Había tantos
rumores sobre cómo había sucedido, y aún más sobre cómo había
sobrevivido. Sospechaba que muchos de ellos eran la base sobre la que se había
fundado la notoria reputación de Growl. ¿Por qué estaba vivo? Una herida así, cortar
una garganta, casi siempre significaba la muerte. ¿Por qué alguien como él, alguien
que no merecía vivir, sobrevivió, mientras que otros morían por menos? Parecía
injusto y cruel. Tal vez era estúpido de mi parte esperar que la vida fuera justa, dar a
todos lo que merecían.
Aparté mi mirada, temiendo que lo notara y se enfadara. Pero probablemente a
estas alturas ya estaba acostumbrado a que lo miren. Dondequiera que iba, la gente lo
miraba con asombro y temor. Dudaba que disfrutara de la atención, tan diferente de
su jefe. Había visto el orgullo y el deleite en la cara de Falcone cada vez que la gente
se alejaba de su asesino más temido.
—Come —dijo Growl ásperamente.
Salté y una vez más mis ojos encontraron su garganta. Esta era mi oportunidad
de obtener respuestas, de averiguar si había una pizca de verdad en los rumores que
mis amigos y yo habíamos susurrado entre nosotros en voz baja. Mi oportunidad de
descifrar al hombre frente a mí, y cómo influir en él. Sin embargo, no estaba segura
si quería saber más sobre él. La gente teme lo que no sabe, esa era una cita que sabía
que era cierta, pero tenía el presentimiento de que no saber era una bendición cuando
se trataba del hombre frente a mí. Con cada capa que pelaba, más horrores quedarían
expuestos.
—Pregunta o deja de mirar —dijo. No sonaba enojado.
Lo fulminé con la mirada. Quería preguntar y al mismo tiempo no. No cuando
casi me había ordenado que lo haga, pero entonces mi curiosidad ganó.
—¿Qué te pasó?
Growl se llevó otro pedazo de pizza a su boca y masticó lentamente. Tragó, y
luego me miró.
—Alguien me quería muerto, me cortó la garganta —respondió, con los ojos
en blanco—. Pero sobreviví.
Me quedé mirándolo. Eso no era una respuesta, al menos no una que me
permitiera saber más sobre Growl. Era genérica y sin emoción, pero me mostró
algo. Que había encontrado un tema con el que Growl se sentía incómodo.
Él asintió hacia mi pizza sin tocar.
—O comes o se la voy a dar a los perros.
Estaba demasiado hambrienta para darle mi pizza a los perros por despecho y
así comencé a comer.
Después, Growl volvió a salir a ejercitar, y decidí ocultarme en mi
habitación. No quería arriesgarme a algo como la última vez. Pero no pude
contenerme mucho tiempo y eché un vistazo por la ventana al patio. Growl estaba
cubierto de sudor mientras empujaba dos enormes campanillas sobre su cabeza, la
cara arrebujada por la tensión.
Dejé escapar un suspiro y me metí en la cama rápidamente. Si lo observaba un
momento más, solo querría volver a tocarme.
12
Growl
Traducido por âmenoire

Corregido por LizC

Growl sabía que ella había estado observándolo desde su habitación. La había
visto en la ventana. Esto estaba devorándose su control. Ya no podía pensar en algo
más que en su cuerpo.
Growl regresó a la casa después de una hora de intenso ejercicio, pero aun así
no sentía que esto lo hubiera tranquilizado. Fue al baño y tomó una toalla para limpiar
su sudor.
Un sonido llamó su atención. Se acercó a la habitación de Cara. El sonido venía
desde el interior. Sonaba como si estuviera gimiendo.
Growl bajó la toalla lentamente, su entrepierna tensándose. Se acercó más y
puso su oreja contra la puerta. De nuevo, un gemido, bajo y alargado. Growl cerró sus
ojos. Se estaba tocando gracias a él. No tenía duda de eso.
Mierda. Podía sentirse endureciéndose ante la mera idea de lo que estaba
sucediendo detrás de esa puerta cerrada.
¿Por qué siquiera estaba parado ahí? Tomó la manija de la puerta y abrió la
puerta. Se aseguró de ser tan callado como fuera posible. No quería que lo notara.
Echó un vistazo al interior y no pudo creer lo que veían sus ojos. Ni siquiera estaba
despierta. Sus ojos estaban cerrados y su respiración demasiado lenta. Entró mientras
observaba una de las manos de ellas moverse entre sus piernas.
Sus labios estaban ligeramente separados y otro gemido salió. Growl dejó caer
la toalla y se aproximó a la cama. Maldición, no era un hombre bueno y ella lo estaba
haciendo jodidamente difícil para él. Prácticamente podía oler su excitación o su
mente estaba empezando a engañarlo.
Growl se sentó sobre la cama, cuidadoso de no despertarla. Pero no necesitaba
preocuparse. Estaba perdida en su sueño. Se retorció, y luego abrió sus piernas bajo
la manta. Growl reprimió un gruñido ante la visión. Tomó el borde de la manta y la
jaló lentamente hacia abajo hasta sus rodillas. Tenía puesto un camisón que tenía
levantado hasta su cadera, dejando a la vista su coño desnudo. Él tomó una respiración
profunda a medida que observaba uno de sus delgados dedos deslizándose lentamente
por encima de sus labios inferiores. Era la primera vez que veía su coño. No estaba
depilada por completo como las putas que había tenido en el pasado. Se recortaba,
pero suave vello marrón cubría su montículo. Su polla estaba tan dura que Growl
estuvo sorprendido porque todavía no hubiera explorado. Quizás esta sería la primera
vez que Growl se vendría en sus pantalones. Ella gimoteó de nuevo, necesitada, pero
su propio toque no parecía llevarla más allá. Growl podía decir que su toque no era
practicado. Maldita sea. Estaba cansado de resistirse cuando era tan obvio que ella lo
deseaba tanto como él la deseaba a ella.
Se inclinó sobre ella, dejando que su embriagador aroma flotara hasta su nariz.
Dio una larga lamida por encima de sus labios hinchados y su sabor era tan dulce, que
lo volvió loco. Ella se estremeció y gimió audiblemente. Growl no pudo soportarlo
más. Apartó la mano de ella y deslizó su lengua entre sus labios. Lamió su apretado
orificio y subió lentamente hasta el pequeño nudo en la parte superior. Ella gimió y
luego se tensó. Estaba despierta, pero Growl estaba determinado a no dejar que su
mente tomara el control. Atrajo su clítoris al interior de su boca y lamió en un ritmo
gentil.
Ella inhaló abruptamente. La tensión en su cuerpo permaneció, pero no lo
apartó o dijo algo. Estaba conflictiva, él podía verlo. Growl utilizó todas sus
habilidades para convencerla. Dejó que su clítoris saliera lentamente de entre sus
labios y empezó a dibujar suaves círculos antes de lamer el camino de vuelta hasta su
apretado canal.
—No podemos hacer esto —dijo ella temblorosamente, pero difícilmente había
algo de convicción en su voz, y eso fue todo lo que necesitó. La lamió más fuerte,
hundiendo su lengua dentro de ella, luego chupó su clítoris una vez más. Ella gritó y
justo así se vino, inundando la boca de él con su dulzura. No se detuvo. Ésta solo había
sido la primera batalla. Siguió lamiendo, luego la folló con su lengua otra vez. No le
dio tiempo para recuperarse. Deslizó un dedo dentro de ella. Estaba tan mojada, que
apenas si encontró algo de resistencia.
Su polla estaba casi en carne viva por frotarse contra sus pantalones, pero
necesitaba más tiempo para ella. Necesitaba prepararla para lo que vendría. Esta vez
no iba a detenerse.
Cara
Difícilmente podía respirar. Mi cuerpo estaba ardiendo, mi pulso acelerado.
Todo se sentía tan increíblemente intenso. Growl prácticamente estaba enterrado en
mi regazo, lamiendo, besando y chupando. Estaba tan cerca de mi segundo orgasmo.
Su mano serpenteó por debajo de mi camisón y subió hasta mi pecho. Sus dedos se
cerraron alrededor de mi pezón y retorcieron y solo así, otra ola se estrelló contra mí,
incluso más fuerte que la anterior. ¿Qué estaba sucediendo? No podía formular
pensamientos claros.
Difícilmente lo noté quitándose la ropa y apenas me di cuenta de lo que iba a
suceder cuando se agachó encima de mí. No estaba lista para esto, nunca lo estaría.
Tenía que detenerlo, necesitaba terminar esto antes de que fuera demasiado tarde.
Se acomodó entre mis piernas, separándolas. Sus ojos fijos en los míos. No
podía moverme, no podía decir o hacer algo. Había temido este momento cuando
Falcone me regaló a Growl y ahora estaba sucediendo, pero era tan diferente a como
lo había imaginado.
Y entonces empezó a empujarse dentro de mí, y me aferré a él tan fuertemente,
mis dedos clavándose a la piel tatuada de sus brazos. Me estaba desgarrando. No
ralentizó, no se detuvo. Pero observó mi rostro. Desnudándome con su mirada de
tantas formas. ¿No era suficiente que estuviera acostada sin ropa debajo de él? ¿Tenía
que desnudar mi alama, tenía que hacerme sentir incluso más vulnerable de lo que ya
lo hacía? Jadeé. Dolía. En tantas maneras. ¿Era así cómo se sentía perderse a uno
mismo?
Mi cuerpo se rindió y aun así me estaba desmoronando. No físicamente, incluso
aun cuando deseaba que mi tumulto interno se manifestara en una forma física. El
dolor no era suficiente. No este dolor, no cuando se mezclaba con destellos de placer.
Quería bajar mis párpados, quería bloquear al mundo alrededor y al hombre por
encima de mí pero mantuve mis ojos abiertos, seguí mirando al impresionante rostro
de mi captor, mi dueño y ahora amante. El odio debería haber estado a la vanguardia
de mi mente, pero no lo estaba. Todavía estaba ahí, todavía era fuerte, pero estaba
batallando con otras emociones. Emociones que no quería sentir. Compasión y
entendimiento. Agradecimiento por su casi amabilidad e incluso indicios de lástima.
Con cada empuje, Growl parecía arrancar un pedazo de mí. No solo estaba
perdiendo mi inocencia, parecía estar perdiendo partes de mí, de lo que me hacía yo.
Entonces, detenlo. Hazlo, mientras todavía quede algo de ti. Mis uñas se
hundieron más profundo en los brazos de Growl y él gruñó, sus ojos centelleando con
placer. Lo estaba disfrutando. Y a su vez mi propio cuerpo tarareaba de placer. Nunca
disminuyó la velocidad, nunca apartó sus ojos de mí. Su musculoso pecho brillaba
con sudor. El dolor dio paso a algo más cálido, algo que estremeció a través de mi
cuerpo más que cualquier otro escozor. Subí mis dedos hasta los hombros de Growl,
rasguñando, dejando un trazo rojo en mi camino, y disfrutándolo, y regocijándome de
las gotas de sangre que puntearon el lugar donde me aferraba a él.
Growl comenzó a temblar y dejó salir un gruñido antes de dejarse caer en el
colchón junto a mí.
Marcas rojas en forma de media luna cubrían sus brazos, la prueba de lo que
había sucedido. No era la prueba de una batalla, de una resistencia, de una pelea. No
era una prueba de lo que debió haber sido, no podía encontrar consuelo en esas marcas.
No eran indicios de mi rechazo, de una valiente pelea contra que Growl me tomara.
No, lo había dejado conquistarme, incluso lo había disfrutado. ¿Qué estaba mal
conmigo? ¿Cómo podía haber dejado que sucediera?
Solo podía imaginar lo que Trish y Anastasia dirían si me vieran ahora. Estarían
sorprendidas y disgustadas, y hablarían de ello durante días. Pero no importaba, ya
no.
Pero madre y Talia si lo hacía. Y ellas me juzgarían de la misma forma si lo
supieran. ¿Cómo podrían no hacerlo? ¿Cómo alguien podría no condenarme por lo
que había permitido hacer a Growl?
“¿Era así como se sentía perderse a uno mismo?”. Esa pregunta todavía
merodeaba en mi mente, pero ahora otra pregunta se había añadido a la mezcla, una
pregunta que me asustaba incluso más. “¿Cómo podías perderte a ti misma si nunca
tuviste la oportunidad de encontrarte?” Alejé el pensamiento, apartando la infinidad
de ideas que se amontonaban en mi cerebro. Ya no podía soportarlo. Growl yacía
jadeando junto a mí. Su rostro lucía relajado, vacío, más que incluso antes, como si a
través del acto carnal del sexo hubiera logrado liberarse, logrado apartar los demonios
que lo atormentaban.
Esta no sería la última vez. Y no estaba horrorizada por la idea. A pesar de la
dolencia, e incluso el dolor palpitando entre mis piernas, lo quería de nuevo. Me
permití ese momento de realización. El daño estaba hecho. No tenía nada más que
perder.
Growl se enderezó y balanceó sus pies por encima del borde de la cama. Me
levanté rápidamente hasta una posición sentada. ¿Ya se estaba yendo después de lo
que acabábamos de hacer?
Growl echó un vistazo por encima de su hombro, y ahora su mirada sobre mi
cuerpo desnudo no hacía que mi cuerpo vibrara con deleite y triunfo. Jalé las mantas
sobre mi pecho, tomando la crujiente tela como me había aferrado a los fuertes brazos
de Growl hacía pocos segundos. No pronuncié mis preguntas, no quería sonar
desesperada y necesitada, especialmente cuando él era la última persona que debería
necesitar. Por un momento ambos parecimos quedarnos congelados, pero luego aparté
mis ojos bajo el poder de mi propia vergüenza y Growl se puso de pie. Desde el rabillo
de mi ojo, lo observé reunir su ropa del suelo, pero no se molestó en vestirse. En
cambio, salió y comenzó a cerrar la puerta pero paró.
—Hay algo para el dolor en el baño. —Se detuvo y esperé que dijera algo más,
pero entonces simplemente cerró la puerta. Esperé a que sus pasos se alejaran antes
de liberarme de las mantas y rápidamente salí de la cama. No podía soportar estar en
ella en este momento. Estaba húmeda con nuestro sudor y olía a sexo. Bajé la mirada
hacia el blanco de las sábanas. Ante la visión de la pequeña mancha rosa, dejé salir
un suspiro tembloroso. La traición venía en tantas formas y tamaños. Algunas veces
era un acto decidido, y algunas veces era algo que dejabas suceder.

Growl
Se tomó varios tragos largos de agua fría. Incluso ahora su cuerpo parecía
hervir con lujuria. Su orgasmo no había menguado su deseo por Cara ni un poco. No
porque el sexo no hubiera sido satisfactorio, aunque también eso era cierto. Había
tenido orgasmos más fuertes, había tenido mejor sexo, pero lo que sea que había
ocurrido entre Cara y él había sido la cosa más intensa que hubiera experimentado
jamás. Ni siquiera tenía sentido.
Ella no era alguien que podía saciar su hambre, y no era alguien a quien
normalmente habría elegido para tranquilizar su deseo, y aun así, justo en este maldito
segundo no podía imaginar estar con cualquier otra mujer. Deseaba a Cara, quería ver
si podía sacarla de su caparazón, hacerla más atrevida y demandante. Quería liberar
su hambre. Ella intentaba ocultarlo, pero esta noche había vislumbrado destellos de
ello y quería más.
Antes de Cara, había estado satisfecho con lo que tenía, con las cartas que había
repartido, pero ella lo había hecho querer más y eso no era exactamente seguro en su
mundo.
¿Qué estaba haciendo con él?
La puerta de Cara se abrió y cerró. Silenciosamente. Ella no quería que él
escuchara cuando a menudo recorría la casa. Pero si la vida le había enseñado algo,
era a vigilar. No había ni un solo sonido que su audición no escuchara. Los pasos de
ella fueron cuidadosos y luego se detuvieron y otra puerta se abrió y cerró. Growl
tomó otro trago de agua y estaba a punto de regresarla al refrigerador e irse a la cama,
pero entonces la ducha surgió a la vida. Ella iba a bañarse. Él nunca se bañaba después
del sexo. Le gustaba el olor a ello y la sensación pegajosa. Le gustaba que le recordara
lo que había hecho. Pero a las mujeres siempre les gustaban las cosas limpias, al
menos a las mujeres como Cara. Las putas con las que generalmente lidiaba, también
se duchaban, por supuesto, pero era por razones prácticas. No podían ir caminando
por ahí apestando a su última conquista cuando su próximo cliente se aproximaba.
Growl se tensó. Otro sonido perturbó el monótono chapoteo del agua. Sollozos.
Se alejó del mostrador de la cocina y camino hacia el corredor y se detuvo frente a la
puerta del baño. El sollozo era un sonido bajo, destinado a ser ahogado por la ducha.
No estaba destinado para que él lo escuchara. Cara estaba llorando.
Growl se estiró para tomar la manija de la puerta, sus dedos aferrándose al frío
metal hasta que sus huesos dolieron por la presión. Lo dejó ir y retrocedió. ¿Por qué
estaba llorando?
La ira surgió en su interior, ardiendo más caliente que su lujuria. Se giró sobre
sus talones y se alejó del sonido de sus lágrimas y no se detuvo hasta que estuvo afuera
en el porche. Ambos perros lo habían seguido y ahora lo observaban con ojos curiosos.
Growl cerró sus manos hasta convertirlas en puños y miró hacia el cielo
nocturno. Nunca había encontrado la visión tranquilizadora o incluso inspiradora.
Para Growl siempre había lucido demasiado vasto, demasiado incierto. Algo que ni
siquiera podía empezar a controlar o comprender.
Cara, también, era como el cielo nocturno. Igual de hermosa, no había duda de
ello.
Podía controlarla, al menos físicamente, pero lo que sucedía detrás de ese
rostro perfecto, eso estaba totalmente fuera de su alcance. El cerebro de ella trabajaba
en formas que el de él jamás había sido capaz. Le gustaban las cosas simples. Sin
complicaciones. Ella era todo menos eso. Comprenderla… nunca lo lograría.
Sus ojos encontraron la puerta. Si entraba ahora, ¿todavía estaría llorando?
—Mierda —gruñó y pateó el suelo. Tanto Coco como Bandit retrocedieron y
lo miraron con recelo. La ira era algo a lo que estaba acostumbrado, algo en lo que
incluso encontraba consuelo. Pero esta noche, no lo hacía sentir mejor. Estaba enojado
con ella, pero no podía liberar su furia contra ella. No, podía, pero no quería hacerlo.
Y eso empeoraba las cosas.
Ella había disfrutado. La había visto disfrutando. Su cuerpo había respondido
a él. Había gemido, le había dado placer. Y ahora estaba llorando.
También estaba enojado consigo mismo. No debería importarle ni mierda sus
sentimientos. Ya antes había escuchado a la gente llorar, las había escuchado rogar y
gritar con terror. ¿Qué era una mujer llorando? Nada. Pero eso no aminoró su enojo.
Pateó el suelo otra vez. Coco se escondió detrás de las sillas y Bandit retrocedió
incluso más lejos de él.
Se puso de rodillas e hizo un sonido reconfortante. Sus perros nunca le habían
tenido miedo. Después de un momento de vacilación, primero Coco y luego Bandit
se acercaron a él y se presionaron contra su cuerpo. Los acarició durante un largo
tiempo y finalmente parte del fuego debajo de su piel desvaneció. Es por eso que
prefería la compañía de los perros. No eran complicados. Te mostraban lo que estaban
sintiendo.
Se puso de pie y regresó a la casa. No dejaría que nada ni nadie lo sacaran de
su propia casa. Coco y Bandit lo siguieron de cerca. Growl cerró la puerta de la terraza,
y luego escuchó. La ducha ya no estaba corriendo. Esperó otro minuto, pero estaba en
silencio. Sin sollozos, sin nada. Coco se fue de su lado y trotó hacia la puerta de Cara,
olisqueando antes de sentarse. Growl suspiró. Coco se había vuelto especialmente
apegada a Cara, pero incluso Bandit a quien no le gustaba nadie, parecía disfrutar la
presencia de la mujer.
Growl avanzó hacia Coco y escuchó con incluso mayor atención, pero el
silencio reinaba detrás de la puerta. Tomó la manija y antes de poder detenerse, la bajó
y abrió la puerta. Sus ojos encontraron la cama donde Cara yacía enroscada, sus
piernas presionadas contra su pecho. Su rostro girado sin mostrarse hacia él y cuando
fue honesto consigo mismo, estaba agradecido por el hecho. No quería ver su rostro
manchado por las lágrimas. Su respiración era constante y no se había tensando
cuando la luz se había derramado. Estaba verdaderamente dormida.
Aunque eso no lo hizo sentir mejor. No debería haber sentido nada en absoluto
ante la visión.
13
Cara
Traducido por âmenoire

Corregido por LizC

Consideré permanecer en mi habitación, pero entonces decidí que sería


estúpido hacer eso. Me odiaba por lo que había sucedió la noche anterior, pero quizás
podía usarlo para mi ventaja. Quería ganarme el lado bueno de Growl, así podría
ayudarnos a mí y a mi familia. Dormir con él quizás era el primer paso hacia la
dirección correcta, sin importa cuán loco sonara eso.
Cuando entro en la cocina, Growl no está ahí pero la puerta hacia el patio está
abierta. Salgo para encontrar a Growl sentado en una de las sillas mirando hacia el
espacio. Sus ojos se giran hacia mí y mis mejillas se calientan, pero le regreso la
mirada.
Hubo un destello de sorpresa en su rostro cuando me acerqué a él. Me dejé caer
en la silla frente a él, haciendo un ligero gesto de dolor.
—¿Estás bien? —murmuró con voz ronca, sus cejas frunciéndose.
Asentí.
—Estoy bien —dije. No quería discutir de mi dolor con Growl.
—Hay café para ti en el interior —dijo Growl. Luego se levantó y pensé que
quería evitarme, pero regresó unos minutos después con una taza de café. Había
puesto demasiada leche en el café pero estuve agradecida por su consideración. Tomé
un sorbo, luego hice una pregunta que me había estado molestado por un tiempo.
—¿Cuál es tu verdadero nombre? Te llamaron Growl después de lo que pasó
con tus cuerdas vocales.
—¿En serio? —preguntó tranquilamente.
Fruncí el ceño. De repente insegura, pero a nadie llamaban Growl al nacer.
—Sí, por cómo suenas.
—Growl —repitió y escucharlo decir el nombre, le quedó incluso mejor.
—Entonces, ¿cuál es tu verdadero nombre?
—¿Por qué importa?
—Solo quiero saber —dije en voz baja.
Una vez más puso una mirada perdida, como si estuviera perdido en el pasado.
—He sido Growl durante mucho tiempo. Ese otro nombre, ya no importa.
—¿Por qué dices eso? Es el nombre que tu madre eligió para ti.
—Pero el chico al que le dieron ese nombre ya no existe. Fue borrado para
siempre.
—Entonces, ¿no te importa que la gente te llame Growl? ¿No es frustrante ser
reducido a esa pequeña parte de ti?
—Growl es un nombre que asusta a las personas. Es el nombre que me queda
ahora. Es un nombre que contiene poder y significado porque trabajé duro.
—¿Pero no es tu viejo nombre mejor que un nombre que te recuerda todos los
días lo que te sucedió? —Quería preguntarle sobre los eventos pero ya estaba tenso y
tenía la sensación que no sería muy comunicativo con más información si le
preguntaba en este momento.
—No necesito un recordatorio. Jamás lo olvidaré. Está aquí. —Apuntó hacia
la cicatriz en su garganta—. Y aquí —añadió, apuntando hacia su sien.
No podía imaginar qué tipo de imágenes lo torturaban de noche. Quizás es por
eso que no podía manejar sus propias acciones tan fácilmente, porque los horrores de
su pasado eclipsaban todo lo demás.

Lucía ansioso cuando regresó esa noche. Bajé mi libro. Era el tercero que
terminaba hasta ahora. Growl se reunió conmigo inmediatamente en la sala de estar
pero no se sentó y en cambio permaneció en el quicio de la puerta. Siempre cauteloso
de no acercarse demasiado excepto cuando estábamos intimando.
—Tengo noticias —dijo tranquilamente—. Falcone tomó algunas copas hoy y
eso siempre lo hace hablar. Me contó más sobre tu hermana. Está escondida en una
de sus propiedades.
—¿No dijo en dónde? ¿Y por qué la está escondiendo? ¿Qué quiere con ella?
¿Qué pasa si la están lastimando? —Apreté mis rodillas, la mera idea de mi hermana
siendo lastimada de alguna manera me rasgaba por dentro.
Growl se acercó, obviamente incómodo ante mi aflicción.
—Lo dudo mucho. Tu hermana es demasiado valiosa como ventaja para
lastimarla. Eso sin decir que Falcone no hará nada si no lo ve beneficioso para su
objetivo.
—No entiendo. ¿Qué objetivos? ¿Qué significa eso?
—Falcone necesita controlar a tu madre. Y la está amenazado con hacerle a
Talia lo que hizo contigo. Darla a alguien que la lastimaría. Tu madre no está en un
buen estado mental en este momento. Aparentemente siente culpa por lo que sucedió
contigo y haría cualquier cosa por proteger al menos a tu hermana cuando no pudo
protegerte a ti.
—No es su culpa.
Growl sonrió de una retorcida manera. Quizás porque hablábamos de él como
si fuera una maldición, pero para ser honesta, era exactamente por eso que Falcone
me había entregado a él, porque todos temían a Growl.
—Lo que no entiendo es cómo mi madre podría serle útil a Falcone de alguna
manera. Nunca estuvo involucrada en los negocios de mi padre. Siempre ha sido una
simple ama de casa. Lo único que sabe es cómo organizar una cena y dónde comprar
los mejores zapatos.
Me estremecí ante lo horrible que sonaba eso, pero era la verdad. No podía ver
cómo Falcone podía utilizar nada de eso.
—Tu madre no tiene que saber nada sobre el negocio. Su sangre es lo que
importa.
Me congelé.
—¿Qué quieres decir?
Growl estudió mi rostro como si no pudiera creer que no lo supiera.
—Tu madre no es de las Vegas. Nació en Nueva York, pero huyó con tu padre.
Había sospechado que madre había huido con mi padre. Había dado indicios
de algo así. Pero ¿Nueva York? Recordé las pocas veces que había hablado sobre
Nueva York con mi madre. Siempre había evitado el tema. Nunca había pensado
mucho en ello, pero ahora todo tenía sentido. Y aun así no explicaba por qué eso la
convertía en un activo para Falcone.
Eché un vistazo hacia Growl, más confundida que nunca.
—¿Sabes quién es Salvatore Vitiello? —preguntó a medida que se sentaba
sobre el descansabrazos del sofá. La cosa crujió bajo su peso.
¿Salvatore Vitiello? Todos sabían de ese hombre. Incluso la gente que no tenía
nada que ver con la mafia sabía quién era. Su muerte había estado por todos los
periódicos.
—Por supuesto. Era el líder de la familia de Nueva York. Pero ahora está
muerto.
Growl asintió.
—Así es. Y tu madre es su hermana.
Mis ojos se abrieron mucho más con sorpresa.
—¿Mi madre está emparentada con el líder de la familia de Nueva York?
—Sí. Supongo que su hermano y ella nunca se llevaron muy bien, esa fue otra
razón por la que dejó Nueva York.
—Está bien, pero ¿por qué le importaría a Falcone que mi madre esté
emparentada con Salvatore Vitiello?
—Porque eso significa que es la tía del actual líder de la Familia, y eso la hace
la persona perfecta para establecer contacto.
—Pensé que Las Vegas no quería tener nada que ver con Nueva York. Se odian
entre ellos. Eso es lo que siempre decía mi padre.
—Es cierto —concordó Growl—. Falcone quiere a la Familia muerta, y
también a la Organización de Chicago. Pero su poder está menguando. Los Rusos se
han vuelto demasiado fuertes en Las Vegas. Y ahora que Chicago y Nueva York están
trabajando juntos, a Falcone le preocupa que los Rusos perderán el interés en esas
ciudades y enfocarán toda su energía en tomar el control de Las Vegas. Si Falcone
quiere conservar su ciudad, necesita el apoyo de las otras familias. Y eso no será fácil.
Se ha ganado muchos enemigos con el paso de los años.
Resoplé.
—No me sorprende. Es un sádico bastardo y realmente nunca le importó
trabajar junto con alguien más. ¿Por qué los Vitiello siquiera considerarían acudir para
ayudar a la Camorra?
—Por tu madre. Aparentemente, Luca Vitiello está muy interesado en la
familia. O al menos lo ha sido desde que se casó con Aria. Si tu madre, como su tía,
lo contacta y le pide ayuda, las posibilidades para Falcone son mucho mejores que sin
ella.
—¿Por qué Falcone no se lo había pedido antes a mi madre? ¿Por qué ahora?
—Falcone ha estado intentando resolver las cosas por su cuenta como siempre
lo ha hecho, pero ahora que incluso tu padre lo ha traicionado con la ayuda de la
Bratva, incluso Falcone se da cuenta que necesita hacer algo pronto o Las Vegas estará
perdida.
—Yo digo que dejemos que la Bratva se quede con la ciudad. No pueden ser
peores que Falcones. La ciudad estará mejor sin ese bastardo.
—Quizás —dijo Growl con un encogimiento de hombros—. Pero esa es tu
respuesta. Y mientras Falcone espere el apoyo de Nueva York y mientras tu madre
haga lo que le diga, tu hermana y ella estarán a salvo.
—Pero, ¿qué pasa si Nueva York se niega a ayudar a Falcone?
—Entonces Falcone probablemente amenazará con matar a tu madre y
hermana. Eso hará cambiar de opinión a Luca Vitiello. Aunque dudo que arriesgue a
Nueva York por una tía que no conoce solo porque Falcone amenaza con matarla.
Luca tiene casi tanta sangre en sus manos como yo. Puede tomar decisiones difíciles.
—Pero si eso sucede, ¡mi madre y hermana morirán!
—Es una posibilidad.
—E incluso si Luca está de acuerdo con ayudar, Falcone mantendrá a mi madre
como prisionera y a mi hermana con rehén. No estarán mejor que yo.
El rostro de Growl se tensó, pero asintió estando de acuerdo.
—Su única oportunidad es escapar de Las Vegas. Si van a Nueva York, Luca
probablemente las recibirá. Ciertamente su esposa lo convencerá.
Nueva York. Esa era la solución para todo.
—¿Cuándo puedo ver a mi madre? Quiero hablar con ella para asegurarme que
está bien.
Growl alzó sus cejas.
—¿Crees que te mentiría? Está bien considerándolo todo, créeme.
—Lo hago —digo—. Pero necesito verla. Por favor.
Growl suspiró.
—No es tan fácil. Falcone la mantiene fuertemente vigilada. No estará feliz si
vas con ella.
—Tiene que haber una manera —digo implorantemente.
Growl suspiró.
—Ni siquiera sé por qué te estoy diciendo todo esto. Esto podría ser traición.
Estoy trabajando para Falcone.
—O quizás se dio cuenta que me lo dirías y espera que me haga más fácil de
controlar. No puede simplemente creer que no me mencionarías nada —digo. Lució
dubitativo. Se estaba alejando de nuevo. No estaba segura cómo atarlo a mí. El único
momento en que bajaba su guardia en absoluto era cuando teníamos sexo.
Me acerqué un poco más a él, pero nunca había tenido que usar mi cuerpo para
obtener lo que quería. Podía decir que Growl no había dejado de admirar mi cuerpo
desde el momento en que entró. Todavía me deseaba, así que lo de anoche no había
sido suficiente. Si tan solo supiera cómo seducirlo. No estaba segura de cómo hacerlo
en absoluto. Mi cuerpo definitivamente ya se estaba imaginando cómo se sentiría su
toque otra vez. Intenté no dejar que ideas de lo que era apropiado me arruinaran esto.
Pero siempre me habían enseñado a actuar reservada y como una dama. Seducir a
alguien no era algo que mi madre alguna vez condonaría. Titubeé, mis ojos
recorriendo los músculos de Growl, visibles a través de su fina camiseta y sus fuertes
muslos. Mi vientre se llenó con calor ante esa visión. Ya había dormido con él. Ahora
esto será fácil, intenté decirme.
Growl debe haber visto algo en mi expresión porque dejó salir un gruñido bajo
y me atrajo hacia él, reclamando mi boca para un beso. Cuando se alejó, dijo con voz
rasposa:
—¿Siquiera sabes lo que estás haciendo?
14
Cara
Traducido y corregido por LizC

¿Sabía lo que estaba haciendo? Dios, no, no sabía. Lo único que estaba segura
era que mi cuerpo lo quería, lo había deseado desde el primer momento que nos
habíamos visto, y ahora podía justificar mi deseo con otra cosa. Él era mi única
oportunidad de conseguir lo que quería y si eso requería usar mi cuerpo para
conseguirlo, estaba dispuesta a hacerlo. Me besó de nuevo, más fuerte esta vez y
comenzó a rasgarme la camisa. Quise protestar, pero antes de que pudiera, él la había
desgarrado, dejándome en nada más que mi sujetador. Y luego eso también se fue y
chupó mi pezón en su boca. Grité de sorpresa y lujuria, y apenas tuve tiempo de
recuperar el aliento cuando Growl se puso de pie tambaleándose. La confusión me
atravesó. ¿Se iba? ¿Había hecho algo malo? Pensé que él me quería aún más de lo que
yo lo quería a él.
Lo miré, sintiendo que la vergüenza se alzaba en mí, pero entonces lo vi
forcejeando con su cinturón y empujando sus pantalones hacia abajo. Su polla salió
libre, ya grande y reluciente en la punta. El calor se extendió entre mis piernas ante la
vista a pesar del dolor que todavía estaba sintiendo.
Con su polla ahí firme en atención, se acercó más. Estaba a nivel de mis ojos y
finalmente tuve una idea de lo que él tenía en mente. Los nervios revolotearon en mi
estómago. No estaba segura si podía hacerlo y si me gustaría en absoluto. Sin
embargo, Growl no me dio mucho tiempo para la incertidumbre. Se detuvo justo
frente a mí, su polla a solo unos centímetros de mi cara. Él olía limpio y parte de mí
se preguntó cómo iba a saber. Growl había disfrutado aparentemente de lo que me
había hecho ayer, especialmente mi sabor. Lo miré una vez más.
Su mano recorrió mi cabello y se posó en la parte posterior de mi cabeza. Me
empujó ligeramente hasta que mis labios rozaron su punta. Esto estaba mal,
¿no? Growl no veía nada en mí sino un objeto para darle placer. Por un instante mis
instintos me dijeron que cerrara mi mandíbula, pero luego lo dejé deslizarse en mi
boca. Sabía ligeramente salado, pero no de una mala forma.
La lujuria resplandeció en sus ojos.
Mi propio cuerpo se ruborizó de exaltación, y una nueva oleada de calor se
acumuló entre mis piernas. No debería querer, no debería disfrutar de esto. Esto estaba
mal en tantos niveles, pero cuando los movimientos de Growl se tornaron más duros,
cuando su longitud se deslizó dentro y fuera de mi boca más rápido, mis manos
agarraron su trasero aparentemente por su propia voluntad. Sus músculos se
flexionaron bajo mis dedos, fuertes e implacables.
Sus embestidas se tornaron tambaleantes y luego se vino en mi interior con un
leve gemido. Tuve problemas para tragar a su alrededor, pero él no dejó de
empujarse. Redujo la velocidad poco a poco, todavía temblando. Sus ojos se
encontraron con los míos y me estremecí. Intenté retroceder pero sus manos me
mantuvieron en su lugar. Después de un momento, deslizó su longitud fuera de mi
boca centímetro a centímetro. Todavía estaba duro pero más pequeño que antes. Dio
un paso hacia atrás y mi cara se volvió insoportablemente caliente a medida que la
vergüenza me invadía por lo que él me había hecho hacer, por lo que había hecho, e
incluso disfruté haciendo. Dios. Si mi madre lo supiera. Si alguien lo supiera. Sabía
lo que Trish y Anastasia dirían de mí. Me llamarían una puta asquerosa. Mis
emociones conflictivas me hicieron sentir como si tuviera una personalidad dividida.
De repente, su sabor me hizo sentir sucia. Apenas pude impedirme escupir en
el suelo. Unas manos ásperas me pusieron de pie y al ras contra su cuerpo. Antes de
que tuviera la oportunidad de reaccionar, metió su lengua en mi boca, saboreándome,
saboreándose.
Mis rodillas se debilitaron mientras exploraba mi boca. ¿No le importaba
probarse a sí mismo? Pensé que los hombres lo encontrarían asqueroso. Él chupó mi
labio inferior en su boca, luego lo soltó con un sonoro chasquido.
—Tu boca sabe jodidamente perfecto con mi semen en ella —gruñó.
La vergüenza me invadió otra vez, pero Growl no conocía la
misericordia. Metió un dedo en mi interior y yo jadeé al principio más por
incomodidad que algo más, algo increíble. Él enroscó sus dedos profundamente en mí
y pude sentir terminaciones nerviosas dentro de mí que nunca antes había
sentido. Growl empezó a deslizar sus dedos de adentro hacia fuera lentamente, y me
avergoncé de lo fácil que lo hizo, tan húmeda, caliente y ansiosa. Darle placer me
había excitado. ¿Incluso era normal que me excitara con algo tan sucio? Mi frente
cayó contra su fuerte pecho. No podía soportarlo más, ni siquiera podía soportar mis
propias piernas. Las sensaciones me retuvieron en su bastión. El pulgar de Growl se
deslizó sobre mi nudo de nervios, una vez más al borde de ser casi doloroso. Todo mi
cuerpo reverberaba de deseo.
Un grito se asentó en la punta de mi lengua, pero lo contuve, presioné mis
labios contra la tela áspera de la camisa de Growl. Podía controlar los sonidos que
hacía, pero mi cuerpo temblaba con la ola de sensaciones que se estrelló sobre él.
Todo estaba en silencio, excepto por Growl y mi respiración rápida. Tragué, tratando
de darle sentido a lo que acababa de suceder. Pero de nuevo Growl no me dio tiempo
para reflexionar. Me soltó y casi perdí el equilibrio.
—Voy a pedir una pizza. ¿Qué quieres? —Llegó su pregunta con total
naturalidad cuando agarró el teléfono.
Sentí como si alguien me hubiera metido en el agua. Ahora que el placer se
estaba desvaneciendo, la culpa, la vergüenza y la soledad alzaron sus feas cabezas una
vez más. Los breves momentos de pasión me habían hecho olvidar qué clase de
arreglo era este, qué tipo de hombre era Growl. No era más que su puta, más barata
que aquellas que usaba habitualmente en las casas de prostitución de Falcone y a
diferencia de ellas ni siquiera había fingido disfrutar de lo que él estaba
haciendo. Para. Estás haciendo lo que sea necesario, me recordé.
Me hundí en el sofá. Mis piernas estaban temblorosas y me sentía agotada,
emocional y físicamente. Necesitaba tomar una decisión. O iba a pasar por esto y
trataba de hacer que Growl confíe en mí de esa manera, o tendría que encontrar una
manera de salir de esta situación sin él. No. Lo necesitaba.
—¿Cara? —repitió Growl. Oír mi nombre de su boca siempre enviaba un
escalofrío por mi espalda. Esa voz tan profunda y áspera—. ¿Qué debería pedirte?
Me encogí de hombros. No me importaba. La pizza era la última cosa en mi
mente ahora mismo. Era obvio que Growl disfrutaba estando conmigo físicamente,
pero a un nivel emocional no estaba llegando a ninguna parte. Siempre se retiraba
después del sexo. Como si no pudiera soportar la cercanía física después del acto en
sí. No estaba segura de cómo cambiar eso. Lo peor era que en realidad quería estar
cerca de él. La cercanía física del sexo me hacía anhelar más cercanía después.
Growl suspiró.
—Te pediré de atún —dijo—. Tienes que comer lo suficiente o enfermarás.
Al menos estaba preocupado por mi bienestar físico de alguna manera. Aunque
probablemente solo estaba cuidando de su posesión.
—No creo que la comida sea la razón por la que vaya a enfermar —murmuré.
Growl no dijo nada, pero pensé que tal vez había captado la indirecta. Era
difícil decirlo ya que sus ojos estaban siempre vacíos o resguardados, y su expresión
era igual. Tomó su teléfono y pidió dos pizzas, todavía completamente desnudo. No
pude dejar de admirar su trasero musculoso. Cuando se dio la vuelta, pude leer el texto
tatuado sobre su pecho por primera vez. Hasta ahora siempre había estado demasiado
ocupada con otras cosas. Las enormes letras negras decían: “Me bañaré en la sangre
de mis enemigos y me regocijaré con su miedo”.
Palabras bélicas que cruzaban el amplio pecho de Growl. ¿Por qué las había
escogido? ¿Para recordarse quién era? Tal vez tenía algo que ver con la forma en que
había conseguido su cicatriz, pero aun así no estaba segura de cómo abordar el tema
sin hacerle cerrarse completamente. Era obvio que no le gustaba hablar sobre el tema
o que la gente supiera los hechos. Growl agarró sus pantalones del piso y se los
puso. Mi propia camisa estaba desgarrada y no estaba realmente de humor para
ponerme mis pantalones ajustados.
—¿Tienes una camisa para mí?
Por un momento Growl pareció aturdido por la petición, pero luego fue a su
habitación y volvió con una camiseta negra. Me la tendió con una expresión casi
vacilante. Me paré y acepté la camisa, luego la pasé por mi cabeza. Me llegaba a las
rodillas pero era muy cómoda. Pude sentir los ojos de Growl en mí todo el tiempo. Si
no me equivocaba, había nostalgia en su rostro. ¿Por qué? ¿En qué estaba pensando?
Su expresión quedó en blanco. Ahogué un suspiro y me hundí en el sofá. Growl
se sentó a mi lado. Lo suficientemente cerca como para que pudiera oler su aroma
almizclado mezclado con el sexo pero sin tocarme.
—¿Por qué no compras muebles de cocina para que podamos comer allí? —le
pregunté cuando quedó claro que no le importaba sentarse en absoluto silencio. Su
cabeza tenía que ser un lugar increíblemente emocionante teniendo en cuenta cuánto
tiempo pasaba allí.
—Nunca lo necesité. No tomo el desayuno y puedo tomar café mientras estoy
de pie. Y podemos sentarnos en la sala de estar —dijo Growl, señalando la mesa
delante de nosotros.
—Lo sé, pero sería más acogedor sentarse en la cocina que delante de un
televisor con una mesa que apenas nos llega a las rodillas.
Growl se encogió de hombros.
—No necesito mucho.
Eso era cierto.
—¿Nunca tienes invitados?
—No tengo invitados.
—¿Y familia? —Estaba pisando terreno arriesgado, pero era hora de averiguar
más sobre el hombre que controlaba mi cuerpo de una manera aterradora.
—No tengo familia.
Sus palabras me recordaron que mi propia familia corría peligro. No podía
imaginarme sin familia. El mero pensamiento se clavó en mi pecho. Haría cualquier
cosa por salvar a la familia que me quedaba. Me moví un poco más cerca de Growl y
presioné mi mano contra su pecho.
Growl me miró, luego a mi mano. No parecía seguro de cómo reaccionar. Pude
ver que se sentía incómodo, pero no me apartó.
—¿Nunca tuviste familia? —pregunté para distraerme de mi preocupación por
mi propia familia y por la forma en que mi propio cuerpo volvía a la vida solo por
tocar el pecho de Growl.
Mis dedos trazaron los muchos tatuajes en el pecho de Growl, siempre
encontrando nuevos patrones a través de su cuerpo. Trazar sus músculos y cicatrices
era una buena manera de calmar mi mente nerviosa. Mientras mis dedos
permanecieran en movimiento, mi cerebro parecía ralentizar un poco.
—Tuve madre —dijo en voz baja.
Mis dedos se congelaron sobre su clavícula, sorprendida por sus
palabras. Había pensado que él evitaría el tema. ¿Eso significaba que empezaba a
confiar en mí?
Mi mirada subió a su rostro, pero él estaba mirando hacia el techo con una
expresión ilegible. No quería que viera sus ojos, y eso solo me hacía más curiosa por
verlos.
—¿Qué le ocurrió?
El silencio reinó entre nosotros durante mucho tiempo y empecé a preocuparme
de haber estropeado mi oportunidad de ganar la confianza de Growl, cuando
finalmente dijo:
—Está muerta.
—¿Cómo? —pregunté. La mano de Growl subió a su garganta pero no se tocó
allí. Parecía evitar tocar su garganta por completo, no solo la cicatriz—. ¿La persona
que cortó tu garganta la mató? —me arriesgué a preguntar.
Growl guardó silencio por un momento, incluso parecía haber dejado de
respirar.
—Así es. La mató justo delante de mí. Me hizo verla sangrar. También le cortó
la garganta. Pero primero cortó la mía para castigarla. Pensó que moriría rápidamente,
pero mi madre estuvo muerta en un minuto y yo seguí viviendo. —Sonaba casi
arrepentido, como si hubiera deseado haber muerto ese día.
Mi boca se secó.
—¿Qué me dices de tu padre? ¿Dónde estaba?
—No está muerto. —¿Por qué no estaba respondiendo a mi segunda pregunta?
—No puedo creer que alguien le hiciera esto a un chico inocente. —Tracé las
letras en su pecho. Esas palabras, todos los tatuajes de miedo, todo empezó a tener
sentido.
—No era inocente, ni siquiera en aquel entonces. —Sus palabras resonaron en
su pecho, pude sentirlo contra mi palma.
—¿Por qué dirías eso? ¿Qué edad tenías entonces?
—Cinco.
Dios, ¿cómo podría alguien lastimar a un niño de cinco años así? La gente
llamaba a Growl un monstruo, incluso yo pensaba en él así, pero quienquiera que casi
hubiera matado a Growl cuando era un niño pequeño era mucho peor.
—Todos son inocentes a esa edad. Nadie nace malo. Eras tan pequeño. ¿Por
qué no intentaste cazar a la persona que te hizo esto? No eres el chico pequeño del
pasado, ahora tienes conexiones y poder. Estoy segura que a Falcone no le habría
importado si hubieras ido y vengado a tu madre.
Una breve risa vibró en su pecho. Hizo que los pequeños vellos de mis brazos
se pusieran de punta.
—A Falcone le importaría.
—¿Por qué? ¿Es alguien con quien hace negocios?
Growl se encontró con mi mirada fija y la mirada en sus ojos hizo que una
sospecha horrible se asentara en mi mente. Pero no podía estar bien…
—Falcone fue el hombre que hizo todo esto —dijo Growl, señalando hacia su
garganta.
Aparté mi mano de su pecho.
—Entonces… —dije lentamente. Era difícil encontrar las palabras correctas, o
cualquier palabra, en realidad—. ¿Falcone mató a tu propia madre y también quiso
matarte y decidiste trabajar para él? —Quería entenderlo, pero ¿cómo podía entender
algo así? Esto estaba tan lejos de lo normal. Demasiado alucinante.
Growl hizo un gesto casi imperceptible. Su rostro lucía impasible, pero había
una pizca de algo en sus ojos que no habría notado hace unos días. Me estaba
volviendo más perceptiva y acostumbrada a los pequeños cambios en sus expresiones
faciales.
—¿Por qué? —susurré. ¿Por qué alguien querría trabajar para tal hombre? Tal
vez algo había quedado irrevocablemente dañado cuando Growl tuvo que ver todo eso
a una edad tan joven. Una parte de mí quiso llegar a ese pequeño niño dañado y
apretarlo en un agarre firme y decirle que todo estaría bien. Pero por un lado, no estaba
segura si ese niño seguía escondido en alguna parte de Growl o si se había marchitado
con el tiempo y los horrores que había presenciado. Y en segundo lugar, sabía que
estaría mintiendo a ese niño. Pocas cosas estarían bien en la vida de Growl. Ese niño
habría quedado moldeado en un monstruo a través del abuso y la crueldad. Tal vez
hubiera sido mejor si no hubiera sobrevivido en primer lugar. No solo para ahorrarle
los horrores de su vida sino también para salvar a los muchos que había torturado y
matado por Falcone.
Había renunciado a una respuesta de parte de Growl cuando dijo:
—Porque él es mi padre.
Respiré bruscamente.
—¿Falcone? —pregunté porque parecía imposible. No dudaba que Falcone
tuviera muchas amantes junto a su esposa. Un hombre como él no podía ser fiel. Pero
simplemente parecía imposible que el rumor no hubiera surgido. Que la gente no
mencionara el nombre de Falcone a un murmullo con Growl, el bastardo. Mis ojos
buscaron el rostro de Growl, pero si había algo de Falcone en sus rasgos, permanecía
escondido para mí.
Él asintió de nuevo.
—Esa fue una de las razones por las que quiso deshacerse de mí. Y por qué
mató a mi madre. Ella amenazó con decírselo a la gente. Falcone no deja que nadie lo
amenace.
—Mató a tu madre. La mujer con la que tuvo un hijo —dije lentamente. Growl
no reaccionó—. ¿Cómo pudo hacer eso? ¿Qué clase de monstruo haría algo así? —
Me estremecí, de pronto preocupada por haber ido demasiado lejos. Por alguna razón
ridícula, Growl era leal a su cruel padre.
—Un monstruo como yo —murmuró—. ¿De tal palo tal astilla?
Growl se encogió de hombros. Podía decir que él había terminado con nuestra
conversación, pero yo estaba demasiado agitada para dejar que el tema caiga tan
rápidamente.
—Tal vez no deberías usar la horrible naturaleza de tu padre como excusa para
ser un monstruo por tu cuenta. Tal vez deberías esforzarte por ser mejor. —Dejó
escapar un suspiro bajo, que bien podría haber sido una risa, no estaba segura—. No
estoy bromeando.
Él se puso de pie.
—No soy un monstruo por mi padre. Soy un monstruo porque elegí serlo.
Dudaba que fuera verdad. Había sido un muchacho joven cuando había
experimentado horrores que ni siquiera hombres adultos podían imaginar.
—Nunca es demasiado tarde para cambiar y para compensar tus errores.
Growl sacudió la cabeza.
—Eres ingenua si crees que es una opción. No voy a cambiar. No quiero. Mi
vida es buena como es.
—Estás trabajando para el hombre que mató a tu madre. No creo que puedas
vivir con eso.
—Lo he hecho por mucho tiempo.
—Si yo fuera tú, me vengaría.
Growl sonrió sombríamente.
—Pero no eres yo. Y no me conoces.
Se dio la vuelta y salió de la habitación. Un segundo después escuché la puerta
trasera abrirse y cerrarse.
Él tenía razón. No lo conocía. Todavía. Pero hoy me había entregado unas
cuantas piezas del rompecabezas que era, y así, estaba decidida a conseguir las piezas
restantes.
15
Cara
Traducido por Stefanie

Corregido por Pakhie

Decidí no presionar más a Growl con respecto a Falcone y lo que había


sucedido. Tenía la sensación de que se cerraría por completo si lo intentaba muy
pronto de nuevo. Al menos no pareció demasiado enfadado por mis preguntas como
para dejar de dormir conmigo.
Cuando yacíamos uno junto al otro en la cama después de que Growl me
hubiera causado tres orgasmos, mi cabeza estaba desesperada por encontrar una
manera de hacer que se quede. Usualmente se iba ni bien terminábamos, sin darme la
oportunidad de conocerlo mejor. Ni siquiera nos tocábamos después. O no lo
habíamos hecho hasta ahora.
Ahora el brazo de Growl estaba rozando el mío ligeramente. No era por
accidente. ¿Tal vez en el fondo deseaba la cercanía más allá del sexo?
Sus ojos estaban medio cerrados y su respiración ya estaba ralentizando. Su
pecho musculoso relucía por el sudor.
—¿Qué le pasó a mi padre después de llevarme a tu casa? —pregunté.
Growl abrió sus ojos.
—Estaba muerto.
—Lo sé —susurré duramente—. Eso no es a lo que me refería. ¿Dónde está su
cuerpo? ¿Qué hiciste con él?
Growl giró la cabeza hacia mí, frunciendo el ceño.
—¿Qué importa? Él ya no está.
—Las personas entierran a sus muertos por una razón. Porque necesitan un
lugar para sentirse conectados a ellos, un lugar donde despedirse o hablar a lo que
queda de las personas que aman. Es lo que hace la gente.
Growl no parecía entender.
—Quizás. Aunque no logro ver cómo ayuda eso.
—No tienes que entenderlo —digo bajito—. Solo aceptarlo. Realmente
necesito saber dónde está el cuerpo de mi padre. Necesito despedirme para tener paz.
—Fue enterrado fuera de los límites de la ciudad.
—¿Enterrado? ¿Entonces no fue arrojado en algún lugar o algo peor?
—No estaba allí cuando lo enterraron. Pero es lo que me dijeron.
—¿Sabes dónde está? ¿Puedes llevarme?
Growl dejó salir un suspiro. Se sentó como lo esperaba y balanceó sus piernas
fuera de la cama, dándome la espalda. Que, también, estaba cubierta de tatuajes,
espinas y rosas, cráneos y serpientes, e intricadas letras negras que decían “Dolor”,
nada más. Había más cicatrices en su espalda, hombros y cuello.
—Tienes que seguir adelante.
Reprimí mi frustración. Simplemente no podía entenderlo. Tantas emociones
y hábitos humanos eran desconocidos para él. Me impulsé hasta quedar sentada y me
acerqué a él. Esperaba que fuese una buena señal el que no se hubiese levantado
todavía. ¿Tal vez algo en él quería quedarse conmigo?
Las puntas de mis dedos rozaron las extrañas cicatrices redondeadas que
poblaban su espalda y la parte superior de sus brazos. No lucían como heridas de bala,
más bien como si alguien hubiese quemado a Growl. Después de un momento de
duda, le pregunté en voz baja:
—¿Qué son esas?
Growl miró por encima de su hombro.
—Quemaduras de cigarro.
Mis dedos se congelaron. Sonaba tan distante, como si no estuviésemos
hablando de su cuerpo.
—¿Quién te hizo esto?
—Quizás le pedí a alguien que me lo hiciera —dijo.
—¿Por qué le pedirías a alguien un poco de dolor?
—Me gusta el dolor. Aprendí a que me gustara con el tiempo.
—¿Te gusta? —repetí, quitando la mano de su piel. ¿Le pidió a alguien que lo
quemara? ¿Estaba tan jodido? La idea no me cayó bien. Alguien que se hacía esto a
sí mismo probablemente haría cosas mucho peores a otros. Aunque por qué eso me
sorprendía era ridículo. Sabía qué clase de hombre era Growl. Más monstruo que
hombre.
Una esquina de su boca se torció en casi una sonrisa. Ese pequeño gesto logró
cambiar toda su cara, haciéndolo parecer más accesible, menos peligroso. Pero la
usual severa línea retornó a sus labios demasiado rápido.
—No ser quemado. No pedí esas cicatrices —dijo bruscamente—. Cuando era
un niño, no me gustaba el dolor.
Mis ojos recorrieron las muchas marcas de quemada, contando casi una
docena.
—¿Alguien te hizo esto cuando eras un niño? —Me detuve, dudando sobre la
siguiente pregunta—. ¿Tu madre? —Eso explicaría por qué Growl no quería vengarla.
Growl sacudió su cabeza.
—No fue la mejor madre. Trabajaba como puta. Su adicción y trabajo en
realidad no ayudaron mucho con el hecho de criar un hijo, pero nunca me golpeó o
hirió físicamente.
Lamí mis labios. Estaba transitando un territorio peligroso. Mi curiosidad me
tenía ansiosa por más, pero al mismo tiempo estaba igualmente asustada de los
horrores que podía escuchar y lo que estos me harían sentir. Con cada trozo del pasado
de Growl y su carácter que había descubierto se hacía más difícil no sentir compasión,
y algo más.
—Entonces, ¿quién lo hizo? —pregunté a pesar de mis preocupaciones.
—Después de que mi madre murió y yo fui dado de alta del hospital, Falcone
me entregó a uno de sus secuaces, Bud, que estaba encargado de uno de los
prostíbulos. En realidad era un proxeneta, y no quería a un niño alrededor. Pero no
podía abandonarme si quería quedar bien con Falcone, así que se quedó conmigo.
Pero era un sádico bastardo y cuando se cansaba de pegarle a sus putas le gustaba
torturarme.
—¿Por qué Falcone no lo detuvo? —Sacudí mi cabeza—. No sé ni por qué lo
estoy preguntando. El tipo casi te mató. No es como si fuera un ser humano decente,
o nada cercano a eso.
—No me mató, aunque podría haberlo hecho. Y de hecho nunca me tocó. Dejó
que uno de sus hombres me cortara la garganta. Y Bud siempre se aseguró de
golpearme y quemarme donde nadie pudiese ver.
—Entonces, ¿piensas que Falcone no sabía lo que estaba sucediendo?
—Las putas lo sabían, y yo les caía bien. Pudieron haberle contado.
—Pero él no hizo nada —concluí.
Growl se encogió de hombros.
—Las golpizas me hicieron más fuerte. Después de un tiempo, no experimentas
el dolor como otras personas lo hacen. Se vuelve familiar, casi como un amigo. Dejas
de tenerle miedo, e incluso te gusta.
Eso explicaba el tatuaje en su espalda.
Me moví para poder ver su rostro y me sorprendió la casi expresión serena en
su rostro. Esperaba que fuese una máscara perfecta porque si realmente estaba así de
calmado al respecto, había poca esperanza para él. Cuando sus ojos se encontraron
con los míos, vi un parpadeo, una grieta en la máscara perfecta que había construido
a lo largo del tiempo y casi exhalé de alivio. Apoyé mi mentón sobre su hombro,
acercando mi cara a la de él.
—Hay otras cosas que hacen fuertes a las personas, no solo el dolor. Es horrible
lo que te pasó. Alguien debió haberte protegido. Todas las personas que no hicieron
nada mientras tú fuiste torturado, deberían pudrirse en el infierno.
—No debería importarte —murmuró Growl.
—Lo sé. —No dije nada más. ¿En serio me importaba? El hombre frente a mí
no merecía mi pena o ayuda hoy. Ya no era el indefenso niño de hace tiempo. Y sin
embargo, parte de mí sentía compasión por él. No podía evitarlo.
Nos miramos fijamente por varios segundos y palabras no pronunciadas
parecieron colgar en el aire entre nosotros. Estaba tan cerca de romper los muros de
Growl, tan cerca de ganar su confianza.
—Bud está muerto ahora. Recibió lo que merecía —dijo Growl eventualmente.
Me tomó un momento liberarme de la extraña conexión que había sentido.
—¿Lo mataste?
Era aterrador lo fácil que las palabras dejaron mis labios y el poco impacto que
tuvieron en mi conciencia.
—Cuando tenía diez —dijo Growl con una pizca de orgullo en su voz profunda.
Quizás eso debería haberme puesto incómoda y quizás lo hubiese hecho, incluso
aunque Bud se hubiera merecido morir, si la idea de vengarme de Falcone no hubiese
dominado mis pensamientos las últimas semanas—. Le había dado una paliza a una
de las putas pero en realidad no había sido suficiente para él. Falcone no le había dado
el segundo prostíbulo que Bud quería y por eso, quería desquitarse. Cuando vino a mi
habitación, sabía que estaba buscando sangre. Y lo dejé. Me pateó y me dio una paliza,
y se lo permití pero luego decidí que había sido suficiente, y peleé. Siempre tenía una
navaja suiza en mi bolsillo y cuando hizo una pausa para encender un cigarrillo y me
dio la espalda, le hice un tajo limpio en el tendón de la corva.
Mis ojos se abrieron de par en par.
—Gritó como un cerdo en un matadero. No perdió el equilibrio como había
esperado. Intentó golpearme de nuevo, así que lo apuñalé en el muslo. Corté su arteria
de casualidad. Se desangró rápidamente. Y yo lo observé. Todavía estaba
observándolo con el cuchillo en la mano cuando una de las putas me encontró y huyó
gritando. Y aún seguía allí parado cuando Falcone llegó más tarde. Estaba cubierto de
sangre de pies a cabeza. Había apuñalado al bastardo unas veces más para
desquitarme.
Las imágenes destellaron en mi mente y con la sangre vinieron más imágenes,
imágenes de mi padre y cómo había muerto. Pero no podía permitirme obsesionarme
con ese recuerdo. No me ayudaría, ni a mi madre, ni a mi hermana.
—¿Qué hizo Falcone? Mataste a uno de sus hombres. ¿No debería haberte
matado?
—No, decidió que era momento de quedar a su cuidado y mostrarme de qué
más era capaz.
—Matar, mutilar y torturar —digo silenciosamente.
Los ojos de Growl lucieron casi resignados.
—Eso es todo lo que puedo hacer. Si en algún momento hubo algo más en mí,
no sobrevivió.
Había dicho palabras similares antes. Y me empecé a dar cuenta que podría
estar en lo cierto.
—Entonces, ¿Falcone te enseñó cómo matar? ¿Cuándo te convertiste en su
asesino?
Growl pensó en ello por un momento.
—Maté al segundo hombre unos meses después de haber matado a Bud.
Falcone me había dicho el nombre del tipo que había cortado mi garganta y dónde
podía encontrarlo.
—Así que, ¿quería que mataras al tipo?
—No lo dijo, pero fui y lo maté. Falcone dijo que ese había sido su regalo para
mí y que nunca más volvería a matar sin su explícito permiso, y nunca lo hice.
—Así que, te vengaste del hombre que te quemó y del que te cortó la garganta,
pero ¿no del hombre que es la razón por la que pasó eso? —Growl se quedó en
silencio—. Él es la razón por la que tienes esto. —Me acerqué para tocar la cicatriz
en su garganta, curiosa por saber cómo se sentiría, pero la mano de Growl se disparó
y sus dedos se envolvieron en mi muñeca.
—No —dijo en voz baja, en advertencia. Sus ojos lucían atormentados al
tiempo que se fijaban en mí.
Me deshice de su agarre y coloqué la mano de vuelta en mi regazo.
—¿Por qué? No es como si no hubiese tocado tus otras cicatrices. —Y cada
centímetro de tu cuerpo.
—No —repitió en una voz que me dio escalofríos—. Nadie lo tiene permitido.
Más preguntas colgaron en la punta de mi lengua, pero Growl no me dio la
oportunidad de hacer ninguna de ellas. Se desenredó de las sábanas y se puso de pie.
—Deberías dormir. —Salió sin mirar atrás. Suspirando, me volví a acostar. No
me molesté en volver a ponerme el camisón. Estaba agotada. Siempre agotada. La
preocupación me mantenía despierta demasiadas noches. Forcé mis oídos, tratando de
escuchar a Growl, y como siempre sentí el crujir de la puerta trasera y algunos ladridos
de los perros hasta que volvieron a quedar en silencio. Growl era una criatura de
hábitos. Quizás por eso los perros eran leales a él. Les daba un toque de normalidad.
Sacudí la cabeza en la oscuridad. Normalidad. Mi vida siempre había estado bastante
alejada de lo normal, pero ¿ahora?
Growl estuvo más distante en los días que siguieron. Había pensado que
finalmente habíamos establecido una verdadera conexión durante nuestra última
conversación pero se estaba alejando de nuevo. No me quería cerca. Y no estaba
segura de cómo cambiar eso. Si no confiaba en mí, ¿cómo podía sugerir que ayudara
a mi madre y hermana? ¿Y si le contaba todo a Falcone? Entonces todo se acabaría.
Y aun así, parte de mí estaba segura que no le contaría a Falcone nada de lo que
habláramos. Growl se guardaba cosas. Era esa clase de hombre.
Ya ni siquiera venía a mi cama en las noches. Estaba intentando realmente
mantenerse alejado de mí. ¿Estaba preocupado de que me acercara mucho? ¿Era eso
siquiera una posibilidad con él?

—Falcone accedió a dejarte visitar a tu madre —dijo Growl de la nada mientras


una mañana estábamos tomando café en silencio.
Casi tiré mi taza.
—¿En serio? ¿Por qué? ¿Por qué ahora?
—Tu madre aparentemente está deprimida y Falcone piensa que esa es la razón
por la cual las negociaciones con Nueva York están yendo mal. Le dije que le haría
bien a tu madre ver que estabas bien, así tendría algo por lo que pelear.
Dejé la taza sobre la mesa y corté la distancia entre nosotros. Envolví mis
brazos alrededor de su cintura y lo abracé fuertemente, mis mejillas presionadas contra
su pecho. Se tensó, luego se relajó. Habíamos dormido juntos varias veces, pero esta
era la primera vez que de hecho nos abrazábamos. Me di cuenta que nunca me besaba
o tocaba si no iba destinado a conducirnos al sexo.
—Gracias —digo, luego me alejé y retrocedí unos pasos.
Me estaba mirando con una expresión extraña. ¿Había nostalgia en sus ojos?
Dios, ¿por qué tenía que ser tan difícil de leer?
—Te llevaré con ella ahora de camino al trabajo —dijo Growl.
No podía esperar para volver a verla, pero al mismo tiempo estaba aterrorizada
de enfrentarla después de lo que había hecho en las últimas semanas. Había estado
durmiendo con Growl, y no porque me hubiese forzado, ni siquiera porque esperara
ganar su confianza. Lo disfrutaba. No había manera de negarlo. Si mi madre supiera,
jamás volvería a mirarme.

Estacionar frente a mi vieja casa se sentía raro. Ya no se sentía como mi hogar.


Falcone y sus hombres me habían arruinado el lugar. Mi recuerdo del lugar donde
había crecido estaría por siempre teñido con la sangre y muerte de mi padre.
—Pensé que estarías feliz —dijo Growl a medida que me guiaba hacia la
puerta.
Pensé que estaría feliz, pero me sentía culpable, miserable y asustada. Forcé
una sonrisa, preocupada de que Growl pudiese decidir que era mejor que no viera a
mi madre, si eso me ponía triste. Eso era lo último que quería incluso si pisar mi vieja
casa me revolvía el estómago.
—Estoy feliz, solo nerviosa.
Growl lució dudoso, pero tocó el timbre de todas maneras. Tomó un largo
tiempo hasta que finalmente uno de nuestros antiguos guardaespaldas, Daryl, abrió la
puerta. Así que, ¿estaba vigilando a mi madre? ¿Siempre había sido un espía de
Falcone? Probablemente. No había lealtad en este mundo. Incluso mi padre había
traicionado a su jefe por lo que sea que haya sido. No que no lo entendiese.
Dio un paso atrás, con una expresión de cautela en su rostro mientras observaba
a Growl. Sentí una enfermiza satisfacción debido a su incomodidad. Yo ya no estaba
asustada de Growl.
Daryl me dio un asentimiento, pero lo ignoré y rápidamente caminé hacia el
vestíbulo de entrada. La casa estaba en silencio. Una vasta diferencia con respecto a
la última vez que había estado aquí.
—¿Cara? —La tímida voz de mi madre vino desde la sala de estar. Salí
corriendo hacia mi madre y la encontré sentada en la mesa del comedor, que estaba
preparada para una comida. Vacilé en medio de la habitación. Mi madre había perdido
peso. Sus mejillas estaban hundidas, sus pómulos prominentes. No tenía maquillaje.
Siempre lo tenía. Y su vestido estaba arrugado como si no pudiese molestarse en
plancharlo. Madre jamás usaría un vestido que no hubiese sido planchado. Cambió.
Yo había cambiado. Era ridículo pensar que mi madre o hermana no lo hubiesen
hecho. Dios, Talia. ¿Cómo estaría?
Mi madre se levantó de la silla y abrió sus brazos. No vacilé. Volé a los brazos
de mi madre. Se sintió bien abrazarla, oler su aroma reconfortante. Madre hundió su
cabeza en mi cabello e inhaló profundamente. Cerré mis ojos, permitiéndome unos
pocos momentos de paz.
—Tengo que irme ahora.
La voz de Growl cortó el silencio. Mi madre y yo nos separamos. Madre le
echó un vistazo a Growl con repugnancia y miedo.
Asentí.
—Está bien.
—Te recogeré en dos o tres horas. —Había un rastro de advertencia en su voz.
No dije nada. Quería que se fuera, preocupada de que madre pudiera notar algo raro
entre nosotros. Casi suspiré de alivio cuando se había ido.
Sin embargo, Daryl seguía en la habitación.
—¿Podrías darnos a mi hija y a mí un poco de privacidad? —preguntó madre
amablemente. Ahora lucía bajo control.
Daryl pareció indeciso.
—Estoy tras la puerta. Recuerda que hay cámaras.
Madre inclinó su cabeza, luciendo solemne, pero al momento en que cerró la
puerta, se agarró del borde de la mesa y se hundió en la silla. Acerqué una silla hacia
ella y agarré su mano.
Mi madre analizó mi rostro, luego revisó mis brazos como si estuviese
buscando moretones.
—Pensé que no te volvería a ver otra vez. Estaba segura que ese monstruo te
mataría.
—¿Growl? —digo—. No me lastimó.
Madre sacudió la cabeza.
—No me mientas. Conozco este mundo. Conozco las reglas. Sé más de lo que
dejé ver en el pasado porque quería protegerte a ti y a tu hermana. —Dejó escapar una
risa triste—. Fallé.
—No fallaste. ¿Qué podrías haber hecho? Estaban armados. No teníamos
oportunidad contra ellos.
Madre me tocó la mejilla, luciendo desesperanzada.
—Desearía ser más fuerte. Sé que debería preguntarte lo que te pasó pero no
estoy segura de poder soportar la verdad. Eres mucho más fuerte que yo, Cara. Que
estés aquí, luciendo saludable y entera, ni siquiera logro imaginarme cómo es posible.
Sonreí temblorosamente.
—En serio estoy bien, madre. Por favor, no te preocupes por mí.
Madre cerró los ojos y sacudió la cabeza.
—No sé cómo siquiera puedes hablarme después de lo que hice.
—¿Qué hiciste?
—Estoy trabajando para Falcone, ayudándolo. Después de que te diera a ese
monstruo, no debería ayudarlo, sin importar con qué me amenace. Si tu padre supiese,
estaría decepcionado. Ahora ni siquiera me miraría.
—Padre es la razón por la que sucedió esto. Es la razón por la que pasamos un
infierno. Hemos tenido que soportar su castigo. Si estuviese vivo, no tendría ningún
derecho a juzgarte. Tendría que disculparse por ser tan egoísta, ¡y no pensar en las
consecuencias! —solté en un arrebato. Hasta ahora no me había permitido estar
enojada, pero ahora me daba cuenta que lo estaba. Estaba furiosa porque padre debería
haberlo sabido. Era su trabajo protegernos y falló.
Madre me observaba con los ojos de par en par, sin comprender.
—No hables así de tu padre. Era el mejor marido que pudiese haber imaginado
e incluso un mejor padre. No merece nada más que nuestro respeto.
Esa era una mentira. Padre no había sido el peor padre del mundo pero si estaba
alejado de ser un buen padre. Había estado muy ocupado con su trabajo, y muy
seguido demasiado impaciente para pasar tiempo con sus dos hijas charlatanas. Lo
había amado, y lo extrañaba. Deseaba que aun estuviese vivo y lo perdonaría por lo
que había hecho porque seguramente no podría haberse imaginado a lo que llevaría.
—No quiero pelear —digo en voz baja, apretando la mano de madre—. Sé que
estás de duelo, pero al final te darás cuenta que él nos hizo esto.
Madre se me queda mirando. No protestó de nuevo, pero me daba cuenta que
no estaba todavía preparada para admitir la culpa de mi padre. Su muerte todavía era
muy reciente.
Decidí cambiar el tema.
—Sé lo que estás haciendo, que estás hablando con Nueva York de parte de
Falcone.
—¿Cómo? —susurró mi madre.
—Growl me lo dijo. Pero eso no es importante. ¿Estás progresando?
Madre sacudió la cabeza.
—Ni siquiera he hablado con Luca Vitiello todavía. Es difícil llegar a él. Nueva
York no quiere saber nada de nosotros. —Madre se llevó una mano a la frente—. No
puedo fallar. Si lo hago, Falcone lastimará a tu hermana. No sé qué hacer.
—Sigue intentando. Tiene que haber una manera de llegar a Luca Vitiello.
Estoy segura.
Madre asintió.
—Quizás. Le mandé una carta a su esposa. Escuché que es amable. Puede que
ella sea nuestra última oportunidad.
—No te rindas. Lo solucionaremos —digo firmemente, intentando transmitir
con mis ojos que estaba trabajando en un plan.
Las cejas de madre se fruncieron, pero no preguntó a qué me refería. Era una
mujer inteligente. Teníamos que ser cuidadosas con lo que decíamos en voz alta.
Señaló hacia los sándwiches que había en la estantería cercana.
—Los hice yo misma. Algo con lo que mantenerme ocupada. Y extraño cocinar
para todos ustedes.
Agarré un sándwich de salmón y le di una mordida, luego sonreí.
—Está delicioso.
Madre se recostó en su silla y me observó comer otro sándwich. Tragué el
último bocado y luego pregunté:
—Me he estado preguntando, ¿por qué te fuiste de Nueva York y dejaste a tu
familia? Después de todo, eras parte de la familia líder. Podrías haber llevado una
gran vida allí.
Madre lucía cansada.
—Así era. Pero mi hermano era el Capo y era tan malo como Falcone. Por
supuesto, en ese entonces no sabía de la crueldad con la que Falcone dirigía Las
Vegas, o quizás me habría quedado en Nueva York. —Luego sonrió y sacudió su
cabeza tristemente—. Aunque estaba locamente enamorada de tu padre y lo hubiese
seguido a cualquier parte.
Toqué su mano.
—¿Cómo es que incluso ustedes dos se conocieron si padre era uno de los
hombres de Falcone? Nueva York y Las Vegas se odiaban en ese entonces, ¿no?
Madre asintió.
—Ah sí, lo hacían. Pero Falcone recién había sido nombrado mafioso y su
padre todavía tenía voz y voto en la ciudad. Y el viejo hombre quería intentar hacer
las paces con Nueva York, así que mandaron a tu padre porque él siempre supo cómo
ser diplomático. Falcone habría arruinado todo si intentaba hacer las negociaciones
por sí mismo.
—Pero no hicieron ningún tratado de paz, ¿verdad?
—No. Salvatore y Falcone eran demasiado parecidos. Ambos querían tener la
última palabra, así que nada resultó de la visita de tu padre a Nueva York.
—Ustedes se enamoraron.
—Sí, sí. En las tres semanas que estuvo en la ciudad, capturó mi corazón
completamente. Les rogué a mis padres que me dejaran casarme con él y por supuesto
se rehusaron y Salvatore estaba furioso de que siquiera hubiese sugerido algo tan
horrible. Eligió a alguien más para mí, pero no quería a nadie más que a Brando y
entonces tu padre me llevó con él, y le dijo a Salvatore que había sido en venganza
por los insultos que Salvatore había dicho sobre Falcone. No estoy segura si Falcone
se creyó la historia pero estuvo feliz de haberse burlado aún más de Salvatore, así que
tu padre y yo nos casamos dos días después de dejar Nueva York. La fiesta fue la
historia en cada periódico de Las Vegas y más allá, y desde ese punto cualquier clase
de paz estuvo fuera de las posibilidades. Así que Falcone obtuvo exactamente lo que
quería, y también lo hicimos tu padre y yo. Parecía la solución perfecta en ese
momento.
—¿Crees que el jefe de la Familia, ese Luca, nos dejará quedarnos en Nueva
York? —pregunté en apenas un suspiro.
Madre tocó mi mejilla.
—No lo sé. Solo lo vi a él y a su hermano una vez cuando eran pequeños.
—Los visitaste, pero ¿pensé que eso estaba prohibido?
—Ah, lo estaba. Pero la esposa de Salvatore y yo en realidad nos caíamos bien.
Siempre sentí pena por ella por haber tenido que casarse con el sádico de mi hermano.
Y una vez, cuando estaba embarazada de ti, estuve en Aspen al mismo tiempo que la
esposa de Salvatore. Estaba ahí con los niños así que nos encontramos en secreto.
Habíamos estado hablando por teléfono regularmente, pero esa fue la primera vez que
nos encontramos desde que yo había huido. Fue fantástico. Y los chicos eran
realmente lindos, aunque era inconfundible que mi hermano era su padre. Eran muy
controlados y serios para niños de esa edad. Sobretodo Luca me daba escalofríos a
veces.
—Quizás te recordará pronto y nos ayudará. Es nuestra mejor posibilidad.
—Lo es —coincidió, luego su expresión se volvió casi que de susto—. ¿Sabes
a dónde llevaron el cuerpo de tu padre? No puedo soportar pensar que Falcone se los
dio a sus perros como comida. Me rompe el corazón. No merece eso.
Le di una palmadita en el brazo.
—Growl me dijo que alguien enterró a padre en el desierto. No se lo dieron de
comer a los perros.
Los hombros de madre se hundieron de alivio.
Pero de repente me pregunté si Growl me había dicho la verdad. No había
manera de que pudiese saber. Tenía que confiar en su palabra.
Cuando sentimos el auto de Growl estacionar en la entrada, madre me llevó
contra su cuerpo y susurró en mi oído:
—Eres tan buena chica. No sé cómo te merezco. Sé fuerte, corazón. No dejes
que ese monstruo te rompa.
—No lo haré —prometí automáticamente. Me observó con amor y pena, y tuve
que alejar la mirada. Si supiera, lo que había hecho y estaba haciendo… jamás podría
contarle.
16
Cara
Traducido por Andy Lux

Corregido por Glimmer

Apenas miré hacia Growl de camino a casa. Él sin embargo me lanzó una
mirada.
—¿Qué pasa?
—Nada —dije ásperamente, luego me mordí el labio. No sabía qué hacer.
Necesitaba a Growl de mi lado, y mi cuerpo lo deseaba, pero dormir con él iba en
contra de todo lo que mi madre me enseñó.
Las manos de Growl se tensaron sobre el volante, los tendones de sus
antebrazos flexionándose.
Me concentré en mirar por la ventana. Mi mente divagaba. Sabía que
necesitaba a Growl si quería tener alguna posibilidad para ayudar a mi madre y
hermana.

Estaba aún despierta esa noche cuando la puerta de mi habitación se abrió


crujiendo. Sabía por qué Growl estaba aquí, lo que quería, pero yo estaba en conflicto.
Se acercó a la cama, iluminado por la luz del pasillo. Observó mi rostro y yo
solo lo miré. No usaba camisa, y mis ojos delinearon sus músculos, la forma en que
la luz acentuaba sus abdominales. Deseaba a este hombre. Verlo siempre hacía que
mi cuerpo hormigueara, sin importar qué tan en conflicto estuviera. Mi mirada bajó a
la protuberancia en los pantalones de Growl. Dios, ¿por qué tenía que desearlo?
Growl se arrodilló en la cama, pero solo me limité a observarlo. Él siempre era
la parte más activa de nuestra vida sexual, pero yo por lo general al menos reaccionaba
de alguna forma. Pude ver la frustración y confusión en sus ojos, luego se arrastró
hacia mí y se cernió sobre mi cuerpo. Su olor me envolvió. Puse mis manos en su
pecho, dividida entre apartarlo y acercarlo más a mí. Growl decidió por mí. Agarró
mis manos y las presionó contra el colchón por encima de mi cabeza. Después
descendió su cabeza a mis pechos e introdujo un pezón en su boca a través de la seda
de mi camisón. Apreté los labios, tratando de contener un gemido. Pero eso pareció
excitar a Growl. Movió la cabeza más abajo hacia mis bragas. Sabía que estaría en sus
manos si lo dejaba llegar ahí. Luché, pero su otra mano bajó a mi cadera, sujetándome
rápidamente. Cuando su rostro estaba a pocos centímetros de mi centro, respiró
profundamente. El calor se elevó a mis mejillas como pasaba siempre que hacía algo
así. Pero, a pesar de la vergüenza, mi cuerpo se inundó de calor.
Growl lamió sobre mis bragas, y me quedé quieta. Mi corazón se apretó y mi
cuerpo comenzó a hormiguear. Luché aún más duro, pero Growl me ignoró por
completo. Hizo mis bragas a un lado con la nariz y lamió mi carne desnuda.
Deslizó su lengua arriba y abajo, lamiendo firmemente una y otra vez. La
humedad se concentró entre mis piernas. Y odié a mi cuerpo por eso, por rendirse
siempre a él.
Metió su lengua en mi abertura y dejó escapar un gruñido profundo. Cerré los
ojos con fuerza, luchando contra las reacciones de mi cuerpo, intentado contener un
gemido. No iba a darle esa satisfacción. Pero no se detuvo. Parecía disfrutar cada
momento. Cada vez que tarareaba, una parte estúpida de mí se excitaba. Aún no podía
creer que le gustara cómo sabía ahí abajo, pero obviamente le gustaba. Movió su
lengua más arriba y lamió mi clítoris. Mis caderas se sacudieron, pero esta vez no fue
en un intento por escapar. Growl mantuvo un ritmo constante. No tenía oportunidad
de resistirme. Mi cuerpo estaba siempre ansioso por su toque. Debe haber sentido mi
rendición porque me soltó las caderas y puso la mano entre las piernas. Usó el pulgar
y el índice para separarme, permitiendo que su lengua tuviera incluso un mejor acceso.
No pude evitar que un fuerte gemido se me escape.
Está mal, gritó mi cabeza. Pero me dejé llevar.
De nuevo, mis manos encontraron la cabeza de Growl, pero entonces él enroscó
su lengua de tal forma que me hizo gritar de placer.
Growl sabía que había ganado. Prácticamente podía sentir su presunción. Su
boca se cerró sobre mi centro, hundiendo su lengua todavía más en mí y mis dedos se
clavaron en su cuero cabelludo. Mi cuerpo comenzó a temblar, y la lengua de Growl
presionó aún más contra mi clítoris. Mi última barrera se desmoronó cuando una onda
de choque me invadió, dejándome impotente y aturdida mientras jadeaba.
No estoy segura de cuánto tiempo permanecí así. No podía moverme, apenas
podía respirar, mi corazón latía en mi pecho ferozmente a medida que observaba la
oscuridad. Sombras bailaban en las lejanas farolas iluminando a través de la ventana.
Growl dejó otro beso entre mis piernas, y luego se puso de rodillas.
Se inclinó sobre mí y besó mis labios. Podía sentir mi sabor en él, podía olerme
a mí misma. Respiré profundamente.
—Esto está mal —dije en voz baja.
¿Acaso era traición? Ser íntimo así con el enemigo, con alguien como Growl,
con un monstruo, esto estaba mal en todos los niveles imaginables. Él ayudó a
derrocar a mi padre. Formaba parte del por qué mi padre ahora estaba muerto. Y aun
así, aquí estaba, compartiendo la cama con él y disfrutándolo.
—Deja de pensar demasiado en cada maldita cosa —murmuró.
—No lo puedes entender —dije molesta. Para él, el pecado, la culpa y la
vergüenza no eran palabras importantes.
—Quizás —admitió—. Pero entiendo tu cuerpo. —Presionó dos dedos contra
mi centro húmedo y los llevó a sus labios―. Y a tu cuerpo le gusta.
—Eres repugnante —dije. Traté de alejarme, de huir, pero era casi imposible
con su cuerpo descansando encima del mío—. Quizás mi cuerpo reaccione a ti, pero
jamás sentiré nada más que odio por ti, monstruo. —Cerré los labios con un
chasquido, sin poder creer lo que había dicho. ¿Cómo podía decirle algo así si quería
que me ayude?
—Tienes razón, soy un monstruo. Siempre lo he sido y siempre lo seré. Soy
bueno siendo un monstruo. Pocas personas alguna vez encuentran algo en lo que son
buenos, algo a lo que estaban destinados a ser —dijo sencillamente. No se escuchaba
enojado, solo resignado.
—Eso es una locura. Nadie está destinado a ser un asesino. Nadie está
destinado a ser como tú. Quieres ser así. Dijiste que te gusta la sangre, el dolor y la
muerte, y pretender haber nacido como un monstruo es tu excusa para justificar los
horrores que has cometido.
—Tienes razón. No hay nada mejor que la adrenalina al matar. Es estimulante.
Eres tú contra ellos. Es todo o nada. Nada en este mundo hace que alguien se sienta
más vivo que eso. Me gusta. Y me importa una mierda justificar nada a nadie. Haría
todo de nuevo. No me arrepiento de nada.
Tragué con fuerza.
—No lo entiendo. Cómo alguien se convierte en eso. No puede ser todo debido
a esa cicatriz en tu garganta.
Se levantó de la cama.
—Tengo muchas cicatrices y todas me han hecho el hombre que soy hoy.
Busqué en su rostro algún indicio de humanidad que antes había visto, pero
lucía muy diferente en este momento.
—Eso no significa que no puede ser diferente. Actúas tan fuerte e invencible,
pero dejas que tu pasado y tu supuesto destino determinen tu vida. ¿Por qué no luchas
por un futuro mejor?
—Para mí no hay futuro.
—Pero podría —susurré.
Growl me miró de nuevo. Había anhelo. Quería más de esta vida, incluso si no
podía admitirlo para sí mismo todavía. Se fue sin decir más y me acosté con los ojos
abiertos mirando la oscuridad.
Estaba demasiado alterada como para dormir, así que al final opté por
levantarme. Por alguna razón ahora necesitaba estar cerca de Growl.
La casa estaba en silencio cuando caminé por el pasillo. Mi respiración lenta
sintiéndose como un intruso en la tranquilidad. Fui a la habitación de Growl, pero la
puerta estaba abierta y él no estaba ahí.
¿Dónde estaba? Me arrastré a través de la oscuridad cuando mis ojos
registraron una luz débil derramándose sobre la casa desde el patio trasero. Intenté
moverme silenciosamente mientras me acercaba a la puerta de la terraza. Growl estaba
sentado en la pequeña mesa desvencijada. Una vela a medio quemar sobre un plato
difícilmente interrumpía la noche pero lograba emitir sombras raras en su rostro. Los
perros estaban echados a sus pies. No reaccionaron. O no me notaron, lo cual no los
calificaría como perros guardianes, o me consideraban poca cosa como para
reaccionar. Growl lucía solitario. En el poco tiempo que llevaba conociéndolo, había
aprendido a leer mejor sus expresiones, pero aún no lo entendía.
En cierto modo, buscaba estar cerca de mí, intentaba tratarme bien, incluso
aunque nunca le enseñaron cómo hacerlo. ¿Alguna vez alguien lo trató bien? Excepto
por su madre quizás. Consideré en regresar a mi habitación, pero algo me detuvo.
—Sé que estás ahí —dijo Growl en voz baja.
Caminé hacia él vacilante. Lucía cansado.
—Deberías estar dormida —dijo.
—También tú.
—No puedo —admitió.
—Tampoco yo.
Nos miramos el uno al otro.
—¿Me puedo quedar?
Growl asintió. Di un paso hacia la silla vacía, luego cambié de opinión y fui
con Growl. Sus cejas se arquearon a medida que me observaba. Me arrastré en su
regazo y apoyé la cabeza en su hombro. Dejó escapar un suspiro bajo pero no hizo
nada más.
Se sentía cálido y fuerte. Aspiré su aroma. Y no pasó mucho tiempo para que
mis ojos se sintieran pesados. Cuando estaba casi dormida, sentí que los dedos de
Growl se deslizaban por mi cabello. Arriba y abajo. Y entonces me quedé dormida.

Estaba de regreso en mi cama cuando desperté a la mañana siguiente, y Growl


volvió a su habitual distancia cuando entré a la cocina y tomé la taza de café que me
aguardaba.
—Te mostraré dónde enterraron a tu padre —dijo Growl sin previo aviso.
Me quedé helada. Mi garganta se apretó con tantas emociones y sentí cómo
gran parte de mi ira se esfumó de mi interior.
—¿Lo harás? —Mi voz tembló.
Growl asintió, con una mirada casi amable.
—Deberías tener la oportunidad de despedirte. Si eso te hará las cosas más
fáciles.
No estaba segura que así fuera, pero de todas formas estaba agradecida. Sus
actos de bondad aún me sorprendían. No estaba segura de lo que debía hacer con el
hombre que estaba frente a mí.
—¿Tuviste la oportunidad de despedirte de tu madre?
La expresión se Growl se tornó aún más cautelosa.
—La vi morir, y es entonces cuando me despedí. Después me cortaron la
garganta y tuve que luchar por mi vida.
Me sonrojé. Por supuesto. Fue un niño pequeño que sufrió horrendamente. Era
difícil imaginar a Growl como cualquier otra cosa que no fuera el hombre poderoso y
cruel frente a mí. Era fácil olvidar que una vez había sido un niño inocente.
Cambié el tema.
—¿Cuándo me mostrarás?
—Tan pronto como hayas terminado tu café. —Vació su taza y la dejó en la
encimera. Tomé dos grandes sorbos que me quemaron la lengua y la garganta, y asentí
entonces—. Estoy lista.

Condujimos por mucho tiempo hasta que las luces llamativas y las calles
atestadas de Las Vegas quedaron atrás. El paisaje se tornó desierto, y cada vez menos
signos de civilización fueron visibles. Rocas se elevaban junto al camino,
resplandeciendo de rojo y naranja con el sol de la tarde. El valle del fuego. Solo lo
había atravesado una vez antes y eso había sido de noche cuando el poder de los
colores ya no era visible.
A pesar de haber vivido en Las Vegas toda mi vida, rara vez había explorado
sus alrededores. Mi familia nunca había sido del tipo de hacer viajes por carretera.
Nuestras vacaciones habían sido a Aspen, México o las Bahamas. Mi pecho se tensó
bruscamente ante los recuerdos de nuestro último viaje de esquí a Aspen el pasado
mes de febrero. Incluso mi padre se había tomado un tiempo libre para ir a esquiar
con nosotros, y por la noche nos reunimos frente a la fogata rugiente de nuestra casa
de esquí.
De pronto ya no podía apreciar el escaso paisaje. Este viaje por carretera era
una despedida. Nunca volvería a pasar unas vacaciones con toda mi familia, nunca
volvería a ver a mi padre luchar por mantener el fuego ardiendo, dejando escapar
montones de maldiciones mientras mi madre lo reprendía por ello. Ni siquiera estaba
segura si volvería a ver a mi hermana, y si algo le sucediera, ni madre ni yo podríamos
vivir con ello.
Tuve que obligarme a seguir respirando, a pesar de la opresión en mi garganta.
Growl me miró de reojo, pero lo ignoré. No quería hablar con él. Mis emociones eran
un torbellino que apenas podía entender. Dudaba que él pudiera hacerlo y me
preocupaba que intentara convencerme a no visitar la tumba de mi padre después de
todo.
Al final, sacó el auto del camino de asfalto y condujo por un camino de tierra.
Nuestras ruedas arremolinaban polvo rojo que se asentó en una gruesa capa en las
ventanas. Growl intentó quitar el polvo del parabrisas con los limpiadores, pero fue
en vano. La vibración del auto a medida que conducíamos sobre baches y piedras
pequeñas me hacía sentir mareada, así que cerré los ojos. Ya no estaba tan segura que
esto fuera una buena idea después de todo. Pero era demasiado tarde para volver sin
tener que explicárselo a Growl. No quería parecer débil.
El auto se detuvo y miré afuera. Estábamos en medio de la nada, ni siquiera
había un camino de tierra cerca. No había absolutamente nada.
—Aquí es —dijo Growl de forma práctica. Me miró como si estuviera
esperando alguna respuesta, pero en ese momento no tenía palabras. Solo asentí para
mostrarle que había entendido. Abrió la puerta y salió. Respiré profundamente y
presioné mi mano contra mi estómago, esperando calmarme. No había manera.
Salí del auto y el calor me golpeó bruscamente. ¿Cómo podía sobrevivir algo
aquí? Mis ojos buscaron en el horizonte cualquier señal de civilización, pero éramos
las únicas personas alrededor.
—Ven, hace demasiado calor como para estar de pie.
Se alejó, sin siquiera comprobar si lo estaba siguiendo. Obviamente no tenía
que preocuparse de que escape. No había nada a lo que correr aquí. Moriría de calor
o sed antes de encontrar a alguien. Pero entonces me di cuenta que había sido menos
cuidadoso en general alrededor de mí últimamente. Empezaba a confiar en mí.
Seguí a Growl a través de la arena, y de repente otro pensamiento llegó a mi
mente. ¿Y si Growl se cansó de mí y decidió deshacerse de mí en el desierto? ¿Tal
vez había hecho demasiadas preguntas, me había acercado demasiado para su
comodidad? No sobreviviría aquí mucho tiempo si decidía abandonarme. Ni siquiera
tenía que matarme, el desierto lo haría.
Sacudí la cabeza. Mi imaginación me estaba volviendo loca. Growl no tenía
razón alguna para deshacerse de mí. Disfrutaba mi compañía, aunque intentara
esconderlo.
Growl me condujo a un lugar rodeado de algunos arbustos secos. No había
indicios de ninguna tumba.
—Él está allí. —Señaló el suelo polvoriento.
Me agaché sobre el lugar y apoyé la palma de mi mano contra la arena. Mis
ojos escocieron pero no lloré.
—Realmente pensé que se lo habías dado a los perros.
Growl frunció el ceño.
—No es así cómo se debería tratar a los muertos.
Dejé escapar una risa.
—¿En serio? No te importa matar y lastimar a las personas, pero te preocupas
por sus cadáveres.
—La muerte fue su castigo. No tiene caso deshonrar sus cuerpos.
—Sé que Falcone lo ha hecho antes. Mi padre le contó a mi madre, e incluso
me lo preguntó cuando la visité. Incluso escuché rumores de que alimentaba a sus
perros de pelea con cadáveres, y obligaba a que las familias observen.
—No siempre estoy de acuerdo con lo que hace Falcone.
Eso ya era algo, supongo.
—¿Alguna vez lo has visto hacer algo así?
Growl asintió.
—Una vez. Pero la familia no tuvo que ver. Falcone sabe que no me importa
la violencia innecesaria, así que por lo general no me pide que me quede a mirar.
Bajé los ojos al suelo una vez más. Era difícil imaginar que mi padre estaba
debajo de mí. Padre conocía los riesgos de su trabajo, había ganado mucho dinero con
él y probablemente había sido responsable de la muerte de varias personas, pero no
merecía esto. Ojalá estuviera aquí, así podría tener una larga conversación con él. No
podía recordar cuándo conversamos por última vez. Hace mucho tiempo.
—Cuando viniste a nuestra casa, ¿supusiste que debías matar a mi padre? —
No estaba segura por qué me importaba. Sabía que Growl era un asesino y que no
habría dudado en jalar el gatillo.
—Falcone no nos había dicho quién iba a matar a tu padre.
—Pero sabías que él lo quería muerto. —Levanté los ojos para ver los suyos.
Me miró en respuesta.
—Tu padre traicionó a Falcone. La muerte es el castigo por eso.
Suspiré y me levanté, sacudiéndome los pantalones cubiertos con una fina capa
de arena roja.
—¿Alguna vez visitas la tumba de tu madre?
—No —dijo. Sin emoción en su voz—. Solo su cuerpo está ahí abajo. Y ni
siquiera la recuerdo mucho. Prefiero no quedarme en el pasado.
Esa quizás era una necesidad considerando los muchos aspectos oscuros de su
vida.
—Y aun así, de algún modo lo haces.
La confusión invadió el rostro de Growl.
―¿Qué quieres decir?
—Dejas que tu pasado determine lo que eres hoy, y estás ligado al hombre que
te hizo quien eres hoy. Hay demasiado pasado en tu vida.
Growl lo pensó. En realidad parecía que mis palabras le llegaron.
Me arriesgué a dar el siguiente paso.
—¿No quieres vengarte? ¿Nunca has soñado con matarlo? ¿Con herirlo por lo
que te hizo? Podrías acabar con todo. Liberarte de tu pasado de una buena vez por
todas.
Growl sacudió la cabeza.
—Ya te lo dije. Lo que me hizo, hizo que sea quien soy. No estaría aquí de no
ser por él. No estaría aquí contigo sin él. Te entregó a mí y eso es más de lo que esperé
alguna vez.
Por un momento no pude respirar, no pude moverme, no pude hacer nada más
que mirarlo fijamente e intentar entender lo que Growl acababa de decir. ¿Cómo
podían tan pocas palabras significar tanto para mí? ¿Cómo podía algo que ese hombre,
ese monstruo dijo, significar algo en absoluto? Parecía imposible, incluso ahora.
Se acercó un poco más y me apartó un mechón de cabello de mi rostro antes
de tomar mi mano en la suya. No era un gesto romántico, era más como si necesitara
convencerse de algo, necesitaba que fuera tangible para comprender.
—Pero no te entrego a mí por un gesto de amabilidad —dijo—. Nunca es así.
Es cruel y denigrante. Quería castigarte y sabía que yo era el tipo de castigo que te
rompería. —Soltó mi mano—. Solo mira esa piel. Impecable. Limpia. Y mírame. —
Extendió sus brazos cubiertos de tatuajes y cicatrices, bronceados y musculosos. Su
vida se manifestaba en su cuerpo.
No sabía qué decir. El auto desprecio se filtraba por cada poro de su cuerpo, y
no estaba segura cómo manejarlo.
—Falcone quería que te hiciera lo que él me hizo. Convertirte en algo horrible.
Quebrarte. Destruirte.
Le tomé la mano firmemente.
—No me quebraste —dije obstinadamente. Pero no estaba segura que fuera
cierto. No era la persona que solía ser. Una parte de mi estaba rota, pero no por la
violencia de sus manos y, sin embargo, había cambiado de todas formas.
—Deja de odiarte —dije enojada—. No estás desahuciado. Eres quizás la única
persona que puede hacer algo contra Falcone. Si te sientes tan mal por el motivo que
Falcone me entregó a ti, entonces ayúdame. Siempre dices que estás perdido, que no
puedes ser redimirte. Pero no es verdad. Podrías compensar tus pecados al ayudarme
a mí y a mi familia.
Growl curvó sus dedos sobre mi mano.
—Al exigir venganza —dijo con curiosidad.
Dudé.
—Sí. —¿Acaso estaba siendo hipócrita por sugerir algo así?—. Falcone merece
la muerte. Jamás seremos libres mientras él viva. No solo porque puede decirnos lo
que debemos hacer, sino porque controla nuestros pasados, los moldeó, y nos moldeó
irremediablemente.
Growl retrocedió, dejando caer mi mano.
—No vuelvas a pedírmelo. No puedo ayudarte.
Mi corazón se hundió. Por un momento, él de hecho consideró aceptar. Lo vi
en su rostro. ¿Debería seguir intentándolo a pesar de que me dijo que no? ¿O
simplemente debería aceptar lo que obviamente no podía cambiar y esperar que de
todos modo, todo salga bien para mi madre y hermana?
Ya no sabía nada.
17
Cara
Traducido por FerEsq

Corregido por Franchezka

Growl se alejó de mí en los días después de mi visita a la tumba. Lo dejé. No


estaba segura de qué hacer.
Ni siquiera me había visitado en mi habitación y estaba empezando a
extrañarlo, extrañarlo a él.
Acostada despierta en mi cama, escuché cada sonido afuera. Growl se había
ido sin una explicación esa noche otra vez, y de nuevo estaba aterrorizada en este
barrio espeluznante sola por la noche.
Eventualmente cuando cada crujido me hizo saltar, me levanté de la cama. Salí
de la habitación y me detuve en el pasillo oscuro, escuchando el sonido de garras en
el suelo pero no había nada. Tal vez Growl había dejado que los perros durmieran en
su dormitorio. Me dirigí hacia ahí, pero detrás de la puerta todo estaba tranquilo. Entré
de puntillas en la sala de estar. También estaba oscuro. Solo la débil luz de la luna
iluminando a través de las ventanas permitía que mis ojos distinguieran algo. Afuera
podía oír los gritos ocasionales o las sirenas a la distancia, sonidos que parecían llenar
las calles todas las noches en esta área. No estaba segura de por qué Growl eligió vivir
aquí. ¿Cómo podía soportarlo? O tal vez la desesperanza y la brutalidad que llenaban
tantas casas en esta calle era algo familiar para él, algo que podía comprender.
Un movimiento en el rincón me asustó. Entonces mis ojos divisaron la cabeza
de Coco, y junto a ella la de Bandit. Los perros me observaban pero no se movieron
de sus lugares. No quería volver a mi habitación. Estaba tan cansada de sentirme sola
todo el tiempo, de estar sola con mis pensamientos, miedos y preocupaciones. Caminé
hacia el sofá y me hundí. Coco se levantó de su manta y trotó hacia mí. Ya no estaba
exactamente asustada de los perros pero a veces todavía me ponían nerviosa,
especialmente Bandit, a quien no podía interpretar sus movimientos muy bien ya que
mi familia nunca había tenido mascotas. Pero ahora mismo Coco no parecía de mal
humor. Se detuvo junto a mis piernas y puso su gran cabeza sobre mi rodilla,
mirándome expectante. Levanté la mano con cuidado, sin querer asustarla, y la
sostuve delante de su nariz para que ella pudiera olerla como Growl me había
mostrado al principio.
Coco no me rechazó, ella lamió mi mano. Su lengua era cálida y áspera, pero
contra mi expectativa sin ser desagradable en lo absoluto, aunque la idea de todos los
lugares en los que esa lengua había estado antes no era reconfortante. El cálido aliento
del perro en mi piel y ese obvio signo de ternura trajeron lágrimas a mis ojos. Pasé mi
mano con delicadeza por sus orejas y su suave cabeza, y ella dejó escapar un profundo
suspiro. No pude evitar sonreír. Me estiré en el sofá y golpeé el lugar a mi lado. Coco
no vaciló. Se levantó de un salto y se tendió a mi lado, su musculoso cuerpo
presionado contra mí. Le acaricié la espalda, disfrutando de la sensación de su cálido
cuerpo a mi lado. El sonido de unas garras en la madera me hizo levantar la cabeza,
justo a tiempo para ver a Bandit saltar del suelo y aterrizar en el sofá a mis pies donde
se acurrucó, con su espalda presionada contra la curva de mis rodillas. Sabía que
estaría a salvo con ellos, y los ruidos escalofriantes del exterior dejaron de
molestarme.
Con sus cuerpos calentándome, el sueño cayó rápidamente sobre mí.

No estaba segura de lo que me despertó pero cuando abrí los ojos, el sol
acababa de salir. Coco y Bandit todavía estaban acurrucados conmigo; esa
probablemente era la razón por la que no estaba fría, a pesar de que no tenía una manta.
Había dormido sin pesadillas, algo que no había pasado en mucho tiempo.
Coco alzó la cabeza para ver algo detrás de mí. Miré por encima de mi hombro y
encontré a Growl apoyado en el marco de la puerta, observándome a mí y a los perros.
—Por lo general no se acostumbran a las personas tan fácilmente. Realmente
debes gustarles para ellos dormir a tu lado de esa forma.
Me senté, lo cual no fue fácil ya que Coco y Bandit seguían presionados contra
mí. Ambos perros me dieron lo que solo podía llamar miradas de reproche por
perturbar su sueño, pero finalmente mis pies descalzos golpearon el suelo y estaba
sentada en posición vertical.
—Quizás se sentían solos.
—¿Por qué lo estarían? No están solos, se tienen el uno al otro y no los dejo
solos muy a menudo.
—Solo porque alguien no está solo no significa que no se sientan solos —dije
en voz baja.
Growl estudió mi cara.
—¿Te sientes sola? —La intensidad de su mirada me hizo querer esconderme.
En cambio, bajé mi mirada hacia Coco y la rasqué detrás de las orejas. Escuché a
Growl acercarse a mí. Su mano rozó mi hombro, luego mi cuello.
—A veces —admití—. Esta casa no es un lugar donde es fácil sentirse como
en casa.
Las yemas de sus dedos trazaron mi clavícula y el toque me puso la piel de
gallina. Él no dijo nada, tampoco yo. Su mano se deslizó lentamente bajo mi camisón
hasta que sus dedos rozaron mi pezón. Me estremecí ante el hormigueo que me
atravesó el cuerpo.
Su mano acunó mi seno y apretó ligeramente. Un leve gemido se deslizó por
mi boca. Growl hizo un movimiento con su otra mano y ambos perros saltaron del
sofá. La otra mano de Growl se unió a la primera y tomó mi otro seno. Giró mis
pezones entre las yemas de sus dedos. Tiró un poco más fuerte y el dolor se mezcló
con la lujuria. Mis piernas se separaron cuando la presión y el calor entre ellas se
hicieron casi insoportables. Quería que me tocara allí, quería que él elevara mi
necesidad.
Se inclinó más cerca, atrapándome entre sus musculosos brazos y dejó una
mano deslizarse sobre mi estómago y entre mis rizos. Me estremecí de nuevo y abrí
las piernas un poco más. Después de días sin su toque, mi cuerpo estaba prácticamente
sediento por ello.
¿Qué estaba haciendo? ¿Cuándo había empezado a ansiar su toque así?
¿Cuándo había renunciado a la resistencia por completo? Growl hundió un dedo en
mi estrecho centro, haciéndome gritar. Volvió a retorcer mi pezón y gemí en voz alta.
Mi cabeza cayó hacia atrás y aterrizó en su hombro. Ya estaba tan húmeda, y mientras
Growl tiraba de mis pezones su dedo seguía empujando en mí, casi deshaciéndome.
Luché contra mi orgasmo. No quería darle la satisfacción de hacerme llegar en
cuestión de un minuto de que él empezara a tocarme.
Su aliento se sintió caliente contra mi garganta cuando lamió el lugar sobre mi
punto de pulso, luego atrajo mi piel en su boca y chupó. Mordí mi labio inferior,
esperando que el dolor me tranquilizara. Él liberó mi piel, luego dejó que su nariz roce
mi garganta hasta el punto detrás de mi oreja. Soltó mi pecho y un bajo sonido de
protesta escapó entre mis labios. Growl ronroneó profundamente y el sonido me hizo
temblar de placer. Acunó mi mejilla con su palma e inclinó mi cara hacia la suya,
luego aplastó sus labios contra los míos. Su lengua conquistó mi boca. Sabía a café
reciente y su boca se sentía increíblemente caliente, todo en él lo era.
Dejó caer su mano de mi cara y la devolvió a mi seno, continuando sus
cuidados. Mi pezón se sentía casi crudo de su torsión, pero se sentía demasiado
emocionante, demasiado bueno para pedirle que se detenga. Un segundo dedo se unió
al primero. Exhalé, acostumbrándome de nuevo a la plenitud, pero Growl no me dio
mucho tiempo. Estableció un ritmo rápido y duro. Reclamó mi boca, pechos y coño,
todo mi cuerpo. Mis piernas empezaron a temblar cuando la presión aumentó más y
más, y entonces exploté. Las olas de lujuria extendiéndose a través de mi cuerpo desde
mi núcleo. Me arqueé en el sofá y grité en la boca de Growl. Empujó sus dedos aún
más duro en mi interior y dio un último tirón de mi pecho. Me hundí contra él,
completamente agotada y sin aliento.
Growl apartó su mano y una sensación de frío me invadió por la falta de su
toque. Pero Growl apareció junto al sofá. Se desabrochó los pantalones y los dejó
deslizarse por sus piernas. Su pene erecto salió libre, ya reluciente. Me tomó por la
parte posterior de la cabeza y lo dejé guiarme hacia su pene, separando mis labios a
medida que rodeaba su punta. Growl me sostuvo en el lugar mientras me follaba la
boca. De repente el deseo de tener más control me abrumó y empujé hacia atrás. El
agarre en la parte de atrás de mi cabeza se tensó brevemente, pero luego me soltó, la
confusión parpadeando en su cara antes de que fuera sustituida por una expresión
neutral. Para el momento en que dejó caer su mano de mi cabeza, dándome libertad,
me incliné hacia delante y lo llevé a mi boca otra vez. La sorpresa llenó sus ojos, luego
pura lujuria. Enrosqué mi lengua alrededor de su punta, después empujé de nuevo para
correr mi lengua desde su base hasta su punta. Envolví mis dedos alrededor de su
longitud y los moví de ida y vuelta lentamente, intentando averiguar cómo moverme.
Growl me observaba a medida que lamía sus bolas. Se apretaron y una nueva gota
apareció en la punta de su polla, animándome aún más. Una de mis manos acunó su
trasero duro. Sus músculos se flexionaron bajo mi palma. La sensación de su fuerza
excitándome más. ¿Cómo podía su poder intimidarme en cualquier otra situación,
pero excitarme en el momento en que teníamos sexo?
Apagué mi cerebro. No quería pensar, solo quería sentir. El sexo era la única
vez que sentía algo parecido a la libertad y felicidad. Tal vez estaba mal, pero estaba
decidida a aferrarme a cualquier cosa que me ayudara en el futuro cercano. Bombeé
su longitud rápido y trabajé su punta entre mis labios. Pronto Growl empezó a
bombear ligeramente, entrando más profundamente en mi boca. Lo dejé y luego se
tensó, soltando un sonido gutural. Traté de tragar todo, pero unas gotas bajaron por
mi barbilla. Growl me alzó poniéndome de pie y reclamó mi boca para otro beso. Le
devolví el beso, queriendo que él se degustara como yo. Cuando se apartó, estábamos
jadeando y sudando.
Growl soltó mis hombros y dio otro paso hacia atrás, justo cuando construía
una pared entre nosotros.
—Vamos a desayunar. Me muero de hambre. —Su voz era aún más profunda
que de costumbre. Sus ojos sostuvieron los míos por un par de segundos más. Quería
decir algo, estaba claro en su rostro, pero luego se dio la vuelta y se dirigió a la cocina.
Ni siquiera estaba segura de lo que esperaba exactamente. A veces no estaba segura
de lo que quería. Al principio, todo había sido hacer que Growl confiara en mí para
poder usarlo para mis propósitos, pero ahora había más.
No debería esperar algo que nunca iba a suceder. Y lo que era aún más
importante: no debería anhelar algo que estaba tan mal. No podía permitirme olvidar
por qué estaba aquí, aun si fingir me hacia la vida más fácil. Pero era una prisionera.
Growl prácticamente era mi dueño, e incluso si él alguna vez decidiera dejarme ir, lo
que dudaba que hiciera alguna vez, nadie en nuestro mundo me tocaría después de
haber estado con Growl, mucho menos casarse conmigo. Estaba manchada. Ya no era
apta para un buen partido. Jamás podría volver a la sociedad. Las Vegas estaba muerta
para mí. Me apoyé contra el sofá. Una oleada de soledad estaba a punto de clavarse
en mi pecho otra vez.
Atrapé a Coco observándome. Parecía confundida.
—Tampoco entiendo nada de esto —susurré. Ella inclinó la cabeza hacia un
lado. Una pequeña sonrisa tiró de mis labios ante su confusión.
Me puse de pie. No me iba a ahogar en la autocompasión. No era como si
necesitara o quisiera el afecto o la cercanía de Growl. El sexo era un medio para un
fin. Me ayudaba a sentirme mejor y me ayudaba a entender a Growl mejor. Si quería
una oportunidad para manipularlo de modo que me dejara ir y ayudar a mi familia,
tendría que usar cualquier truco que tuviera.

Growl
A sus perros no les gustaban los humanos. Incluso había tenido que luchar
mucho tiempo para que confiaran en él. Pero con Cara, ellos parecían amarla. Ya sea
que los perros eran incluso capaces de ese tipo de emoción, Growl estaba seguro que
la mayoría de los humanos no. Les gustaba la idea de amar, pero nunca llegaban a ese
nivel con alguien.
Amor. Una noción absurda. Y peligrosa. Horribles cosas habían sido hechas en
nombre del amor. O la idea de ello.
Growl no pensó que alguna vez hubiera sentido algo parecido. Al menos no
que pudiera recordar. Tal vez había amado a su madre cuando era pequeño. Había
conseguido una cicatriz por ello.
Amor.
No era algo que pudiera comprender.
Cara. Esa mujer.
Sentía algo. Pero no sabía qué era. Nunca antes se había sentido así.
Ella le hacía querer tratarla bien. Ella le hacía querer ser mejor. Ella le hacía
desear tantas cosas que no debería desear.
Era peligrosa para él, para la vida que había construido, para la persona en la
que se había convertido.
Quería que fuera contra Falcone, contra todo por lo que había trabajado tan
duro para lograr. Por eso era que lo dejaba tocarla y por eso era que a veces le sonreía,
por eso era que hablaba con él y aceptaba su cercanía. No podía haber otra explicación.
Lo sabía, y aun así era como una polilla atraída por su luz. La única luz que
alguna vez había penetrado en la oscuridad que era él y su vida.
18
Cara
Traducido por AstraBasha

Corregido por Marta

—Hay algo que deberías saber. —Growl se apoyaba contra la encimera de la


cocina como hacía a menudo. Casi nunca se sienta, es como si siempre estuviera
preparado para correr. Aunque en su caso, un ataque sería más preciso. Pero su mirada
me preocupaba. Algo me decía que no me iba a gustar lo que tenía que decir.
—Está bien —dije lentamente—. ¿Qué pasa? —Habían pasado tantas cosas
terribles las últimas semanas que no quedaba mucho que pudiera destruirme, y aun
así el miedo me invadió—. ¿Es sobre mi madre o mi hermana? ¿Falcone ha decidido
que ya no las necesita más?
Growl frunció el entrecejo como si no pudiera imaginarse cómo podía haber
llegado a esa conclusión. Tal vez preocuparse por otras personas era algo
completamente extraño para él.
—No —gruñó—. Es sobre tu prometido.
—Dudo que siga siendo mi prometido —murmuré. ¿Quién me querría después
de todo lo que había sucedido? En nuestra sociedad soy una paria.
El ceño de Growl se frunció más.
—No lo es. Tienes razón.
Su mirada estaba comenzando a inquietarme, lo cual era sorprendente
considerando que al principio todo sobre él me inquietaba. Ahora aparentemente
necesitaba una razón adicional para sentirme incómoda en su presencia.
—Bien —dije firmemente—. De todas maneras, no quería casarme con él.
La duda cruzó la cara de Growl.
—¿Por qué? —gruñó. Había algo en su voz que no podía identificar.
Resoplé.
—¿Por qué? ¿En serio tienes que preguntar?
Growl permaneció en silencio, mostrando la misma expresión estoica de
siempre.
—Traicionó a mi padre para mejorar su posición. Traicionó a mi familia. Me
traicionó. No quiero a un hombre así. Un hombre que solo mira por sus intereses, y
no le importa a quién lastima para alcanzar sus metas. No quiero a un hombre en quien
no pueda confiar. Es un cerdo, y ojalá pudiera escupirle en la cara.
—Encontrarás tu oportunidad —dijo Gowl.
Me detuve.
—¿Qué quieres decir?
Growl ignoró mi pregunta.
—Lo que intento decirte es que Cosimo y tu amiga van a casarse.
No estaba segura de haber escuchado correctamente.
—¿Mi amiga?
—Esa chica, Anastasia. Falcone me dijo que ayer por la noche anunciaron su
compromiso.
No podía moverme. Si esto era una pesadilla, quería despertarme ahora.
—¿Estás seguro?
Growl asintió.
—Ahora Cosimo tiene una posición de poder. Necesita una esposa y un
heredero.
Reí amargamente.
—No le costó mucho encontrar una nueva mujer con la que casarse. —Odiaba
cómo me hacían sentir las noticias. A pesar de mi odio hacia Cosimo, me sentía
devastada. No porque quisiera casarme con él, sino porque esto hacía que mi vida
como estaba ahora mismo fuera más real. No había vuelta atrás. El cambio era
irrevocable. Y Anastasia, ¿cómo podía hacerme esto? Siempre había sabido que
Anastasia podía ser ambiciosa y egoísta, pero habíamos sido amigas desde que
empezamos a andar. Habíamos experimentamos tantas cosas juntas. ¿Eso no
significaba nada? ¿Cómo podía hacerme esto mi amiga? ¿Acaso Anastasia había
sabido todo? ¿Tal vez ya incluso lo sabía en la fiesta de Falcone? Quizás eso explicaba
por qué se había visto tan enojada cuando había bailado con Cosimo.
No, no podía ser.
No quería creer que mi amiga no me habría advertido. Parecía tan cruel. Más
cruel de lo que Anastasia era capaz. Le encantaban los chismes y destruir la reputación
de las personas, pero esto era un asunto diferente.
Quizás Anastasia era una víctima. Quizás sus padres y Falcone la habían
obligado a casarse con mi ex-prometido ahora que yo ya no era opción. Después de
todo, Anastasia tenía la misma edad que yo y era de una buena familia. Quería creer
eso. Pero la mirada que Anastasia y Cosimo habían intercambiado en la fiesta me vino
a la mente. Había habido algún tipo de familiaridad entre ellos. O solo estaba
interpretando más de la cuenta en ello ahora que sabía de su compromiso. No podía
pensar con claridad, así que empujé la imagen a un lado. No podía soportar la idea de
la horrible traición de mi amiga. No mientras no supiera todos los hechos. No tenía
sentido dejarme llevar pensando en todas las posibilidades.
Growl seguía observándome. No estaba segura de cuánto había perdido en mis
pensamientos, y solo deseaba que mi rostro no mostrara mi confusión interna.
—Esto ya no me concierne —dije—. No es como si todavía fuera parte de su
círculo.
—¿Por qué dirías eso?
¿Hablaba en serio?
—Oh, vamos. Hasta tú debes darte cuenta de cómo funciona nuestra sociedad.
Incluso si no te importa en absoluto. Hay reglas. Y soy tan buena como un exiliado.
—Porque estás conmigo. —Había dolor en su voz. Su constante gruñido
haciendo aún más difícil distinguir los matices de sus emociones.
Apreté mis labios. ¿Lo había ofendido?
—¿Contigo? —pregunté curiosa—. Lo haces sonar como si fuéramos pareja
cuando soy solamente tu regalo.
Growl asintió.
—Lo fuiste. Pero ahora que eres mía, tienes el mismo estatus que yo tengo.
—Eso no es cierto —dije, frustrada por su falta de comprensión. ¿En serio
pensaba que alguna parte de la vida que tuve antes podría haber sobrevivido? Había
hecho lo mejor de mi destino, pero eso no significaba que lo hubiera elegido.
Growl parecía tan frustrado como yo, pero no me importó. No tenía la energía
para explicarle nada. A veces su deficiencia para entender las relaciones humanas me
enloquecía.
—Quizás no eres tan especial como lo eras antes —dijo Growl, la palabra
especial sonando como una maldición en sus labios—. Pero eres parte de este mundo.
Me quedé mirando hacia la encimera.
—No quiero ser parte de este mundo, nunca más.
—Eso no depende de ti. Estamos invitados a la fiesta de compromiso de
Cosimo y tu amiga —dijo Growl.
Mi respiración se entrecortó y mis ojos volaron en alto para mirar a Growl.
—No puedes hablar en serio.
Me miraba fijamente. Obviamente no estaba bromeando.
—No voy a ir —dije, mi voz temblando. Coco trotó hacia mí y reposó su cabeza
en mi rodilla. Puse mi palma encima de su suave cabeza, pero no me calmó. Incluso
Bandit había venido desde la sala de estar para mirarme con ojos curiosos.
—Sí, lo harás. Falcone nos quiere ahí, así que estaremos ahí.
—No me importa lo que quiere. Lo odio. De todos modos, solo quiere
humillarme. Todos saben que Cosimo era mi prometido y que Anastasia es… era mi
amiga. Todos reirán de mí.
Solo podía imaginar la humillación a la que sería sometida. No podría
soportarlo.
—Nadie reirá de ti cuando estés a mi lado —dijo en voz baja.
Me detuve.
—¿Por qué siquiera te importa?
—Eres mía, y no voy a dejar que nadie hable mierda de algo que me pertenece.
Claro. Era una cosa de ego. No se preocupaba por mí. Solo quería asegurarse
que las personas le mostraran el respeto necesario y eso incluía respetar sus
pertenencias. Quise gritar de frustración, pero me contuve. Esta fiesta era mi
oportunidad para pedir ayuda a mis amigos. Nos conocíamos prácticamente de toda
la vida. Ahora que Growl había dejado en claro que no me ayudaría contra Falcone,
probablemente eran mi última oportunidad.

Me temía este día desde que Growl me lo había dicho hace dos días, pero me
prometí mantener la cabeza alta. Era más fuerte de lo que solía ser. Superaría esta
fiesta.
Growl estaba de pie en la sala de estar, tirando del cuello de su camisa con una
mano mientras una corbata se enredaba en la otra.
Era obvio que se sentía sumamente incómodo vestido así. No era él. Ponerlo
en un traje era como poner un tigre en una jaula. En la fiesta de Falcone había
escondido su incomodidad detrás de una máscara de indiferencia, pero ahora en un
momento en que se creía solo, sus defensas estaban baja. No era la primera vez que
tenía un vislumbre de algo humano en él. Pero era desconcertante porque no quería
verlo como nada más que un monstruo. Hacía las cosas más fáciles. No me quería
arriesgar a de hecho esperar algo que era absolutamente irreal.
Growl puso la corbata alrededor de su cuello y luego luchó por un minuto con
ambos extremos hasta que soltó un sonido de frustración y arrojó la corbata al suelo.
Probablemente por eso no usó una corbata en la última fiesta. Una pequeña sonrisa se
formó en mis labios, y decidí dar un paso hacia delante.
—¿Necesitas ayuda?
Los ojos de Growl se dispararon hacia mí, pareciendo consternado. Entonces,
se deslizaron lentamente hacia abajo, mirándome. Tan solo unos momentos antes me
había sentido mal porque mi vestido no era nuevo, y todos sabrían que lo había usado
antes, pero ahora, con la manera en que Growl me miraba, de repente no me importó
demasiado.
Desvié la mirada rápidamente, asustada por la forma en que su expresión me
afectaba, y apunté a la corbata en el suelo.
—¿Sabes hacer un nudo? —preguntó con un tono de sorpresa.
—Claro —dije, a medida que caminaba en su dirección. Sus ojos siguieron
cada movimiento. Muchas veces tenía problemas al leer sus expresiones, pero ahora
no había ninguna necesidad de adivinar: lujuria y apreciación. Esto disparó la
adrenalina a través de mi cuerpo.
—Te ves como una dama —dijo con tono áspero.

Growl
Sus movimientos eran gracia pura. No había nada mundano, nada de mal gusto
en Cara. Era una chica nacida para ser una princesa y ahora había sido degradada a
ser una simple sirvienta. Quizás Falcone había querido quitarle todo, pero esto, su
educación, belleza y gracia, era algo que no podría quitarle jamás. Tal vez había
esperado quebrarla tan irrevocablemente que se convertiría en alguien más, que
perdiera una parte de sí misma. Pero ella no lo haría.
Él era un monstruo. Siempre lo sería. Pero podía apreciar algo tan precioso,
algo tan valioso como Cara, y nunca lo destruiría. No era bueno, no había nada gris
en él. Era todo negro, pero estaba tratando de ser bueno por ella. Nunca tan bueno
como se merecería, pero lo más bueno que era capaz de ser. Sin embargo, cada día se
daba cuenta que no era suficiente. Nunca sería suficiente.
Ella alzó la corbata y se acercó a él, su aroma dulce y floral inundando su nariz,
haciéndolo querer enterrar su rostro en su largo cabello castaño.
Sus largos dedos elegantes ataron hábilmente el nudo. Unos dedos hechos para
sujetar copas de champán delicadas y ser decorados solo por las mejores joyas.
Alisó la corbata una vez que terminó. Sin duda o torpeza. Estaba hecha para
ser la esposa de un hombre que vistiera traje todos los días. Algunas veces, Growl se
sorprendía imaginando si ella pensaba cómo sería ser la mujer de Cosimo, atándole el
nudo a su corbata en la mañana y saludándolo con un beso cuando volviese por la
noche. Ella admiró su trabajo, luego dirigió una mirada tímida con sus hermosos ojos
azules.
—Hecho.
Nunca se había sentido menos digno como en ese momento. El vestido que
usaba era la perfección, como si hubiera sido hecho solo para ella. Cara estaba hecha
para fiestas de cóctel y veladas elegantes. Él estaba hecho para pubs de mala muerte
y clubs en callejones oscuros.
Sus caminos jamás se habrían cruzado si no fuera por la venganza de Falcone.
El sufrimiento de Cara le había llevado a la cosa más preciosa que tenía en la vida, y
aun así no podía arrepentirse. Era egoísta. Estaba feliz por haber tenido la oportunidad
de tener a alguien como ella.
Echó un vistazo hacia abajo sobre su reloj.
—Tenemos que irnos.
Cara golpeteó con su dedo el cristal de su reloj.
—No te habría puesto como la clase de hombre que usara Rolex —comentó
curiosa.
—No lo soy. El reloj perteneció a Falcone y me lo dio por un trabajo bien
hecho.
La expresión de Cara se volvió de piedra, mientras sus ojos parpadeaban.
—Como yo. —Una sonrisa amarga se formó en sus perfectos labios rojos—.
Aunque no soy tan valiosa como la pieza alrededor de tu muñeca.
—Vales mucho más de lo que he poseído alguna vez o jamás poseeré.

Cara
Lo había dicho como un cumplido, pero sus palabras me escocieron de todos
modos. Aún si ganas al final, ser comparada con un reloj no era algo que disfrutara.
Sabía que él no podía captar el efecto que su comparación tenía en mí. Intentaba ser
amable conmigo, y eso era algo que me seguía sorprendiendo todos los días.
Hubo un momento de silencio antes que Growl se aclarara la garganta, un
sonido profundo y áspero.
—No deberíamos llegar tarde.
Asentí. No me importaba si estábamos retrasados. Todo en mí gritaba por la
sola idea de ir a esa fiesta, pero tenía que mantenerme calmada si quería superar la
noche sin hacerme pasar por una completa vergüenza.
Growl se adelantó hacia la puerta y la abrió. Bandit y Coco nos acompañaron
a la entrada y nos miraron con ojos acusadores cuando cerramos la puerta.
Dejé que mi mirada se perdiera en el vecindario. Una pareja de ancianos negros
estaba sentada en el porche dos casas más abajo. Nunca antes los había visto, y
parecían muy decentes para este barrio. Tal vez han vivido aquí toda su vida y solo
hasta unos pocos años antes todo se había venido abajo. Sus cabezas se giraron en
nuestra dirección cuando Growl y yo nos dirigimos a su auto. Probablemente
estábamos haciendo una gran aparición vestidos con nuestros mejores trajes de noche.
La gente de aquí normalmente no tiene ocasiones para vestirse así. Growl asintió a
modo de saludo y ellos asintieron de regreso, pero rápidamente giraron sus cabezas a
otro lado.
Para mi sorpresa Growl me abrió la puerta de su auto y me subí, cuidando que
no se atascara el dobladillo de mi vestido en la puerta.
Entrelacé las manos en mi regazo y empecé a frotarlas una contra otra cuando
Growl salió a la calle. Mis dedos estaban helados a pesar del clima templado. Cuando
el frotar no sirvió, las alcé hacia mi cara y soplé aire cálido sobre mis palmas. Growl
apartó su mirada de la calle y la dirigió hacia mí.
—¿Qué estás haciendo?
—Nada —dije rápidamente.
Growl tomó una de mis manos, sobresaltándome.
—Estás fría —dijo sorprendido.
—He estado así todo el día. Probablemente son nervios. —Al momento en que
las palabras dejaron mi boca, me arrepentí. No había querido admitirle tanto.
—¿Nervios? —Agradecí que no tuviera más opción que volver su atención a
la calle—. Nadie te hará daño.
Reí sin humor. Tal vez no físicamente.
—Eso no es lo que me preocupa. Simplemente, no quiero ver a Cosimo ni a los
demás.
—¿Por qué?
A veces olvido lo poco que sabe Growl de la naturaleza humana. Me recordaba
a alguien que había crecido con animales y ahora tenía que descubrir cómo
funcionaban las interacciones humanas.
—Porque me recuerdan todo lo que he perdido —admití, con el tiempo.
Growl frunció el ceño hacia la calle.
—¿Lo amabas? —Sus labios se retorcieron con la palabra, como si le dejara
un sabor amargo en la boca—. ¿Amabas a Cosimo?
Había un indicio de algo duro y oscuro en su voz. Y esta vez capté la emoción
oculta detrás de su frialdad. Vulnerabilidad y dolor. Sacudí la cabeza. ¿Amor? No
sabía nada del amor.
—No. Nunca quise casarme con él. Apenas lo conocía. Mis padres lo
escogieron para mí. —Mi padre. Pero decir su nombre en voz alta era demasiado para
esta noche. No llegaría a esa horrible fiesta con los ojos llenos de lágrimas. No les
daría esa satisfacción.
—Entonces, ¿por qué estás triste por haberlo perdido y que se vaya a casar con
esa chica?
¿Estaba triste? No por haber perdido a Cosimo. No podía importarme menos
ahora después de todo. Sin embargo, estaba triste. Pero era solo una pequeña parte de
las emociones que sentía. Con cada segundo que pasaba, otra, una emoción mucho
más oscura crecía fuerte dentro de mí. Odio. Y un profundo deseo de venganza.
—No estoy triste, no por perderlo. Si tan solo lo hubiera perdido a él… —
Reí—. Dios, eso habría sido espléndido. Pero perdí todo. Así que, ¿triste? No —añadí
calmadamente—. Estoy furiosa. Quiero que sufran. Quiero que se arrepientan del día
en que decidieron matar a mi padre y destruir mi familia. Cosimo, Falcone y
cualquiera que estuvo involucrado en esto.
Growl asintió, como si esa fuera una emoción que pudiera comprender. Ni
siquiera le ofendió que mi lista probablemente también lo incluyera. Había sido parte
del ataque a mi familia, incluso si no fuera el jefe de la operación, solo la mano brutal
de Falcone.
—No digas nada como eso en la fiesta —advirtió Growl.
—No soy estúpida. No diré nada como eso. —Pero recuerdo la última vez que
vi a Falcone y cómo lo desafié. Desde entonces, mi odio por él solo había crecido.
Contenerme de sacarle los ojos o aún mejor cortarle la garganta con un cuchillo para
ostras sería difícil.
—Sé que no eres estúpida. Pero la estupidez no tiene nada que ver con eso. Las
emociones siguen sus propias reglas.
¿Cómo lo sabrías? Quise preguntarle, pero mantuve las palabras para mí. Por
más ridículo que pudiera parecer, Growl era quizás mi único aliado en la fiesta de esta
noche. No estaba segura qué esperar de Trish y Anastasia, aun cuando tenía la
esperanza de que siguiéramos siendo amigas y me ayudaran.

La casa de Cosimo era más pequeña que la de Falcone, pero también tenía una
fuente en su entrada, aunque más pequeña. Cuando Growl y yo entramos a la casa,
cada par de ojos se fijó en nosotros. La conversación murió, solo para retomar un
momento después, pero esta vez detrás de manos levantadas y miradas furtivas en mí
dirección. Todo el mundo hablaba de mí. Un rubor se alzó en mi cabeza, pero me
obligué a pararme firme y parecer relajada, aunque quisiera huir. Growl puso su mano
en la parte inferior de mi espalda y por un momento el gesto de hecho me relajó, pero
las personas rápidamente notaron su toque y casi podía oír las palabras repulsivas.
Tomé un pequeño aliento y dejé que Growl me empujara dentro de la habitación.
Pequeñas mesas con aperitivos estaban dispersas por la larga sala de estar y comedor.
Supongo que Cosimo había elegido el mismo catering que Falcone. Parecía muy
interesado en imitar a su jefe en todas las maneras posibles.
Y a pesar de que todo parecía una copia barata de la fiesta de Falcone, me
encontré queriendo ser la anfitriona. Esta se suponía que sería mi fiesta de
compromiso. El día más feliz de mi vida, al menos de apariencia. Y ahora…
Mis ojos registraron a Anastasia y Cosimo al final de la sala, cerca de la enorme
hielera dorada de champán. Anastasia vestía un vestido de color plata que llegaba
hasta el suelo y la hacía ver como una princesa. A su lado estaba Cosimo en su traje
negro, con un brazo alrededor de la cintura de su prometida. La bilis se alzó por mi
garganta, y la sonrisa plasmada en mi cara se volvió dolorosa. Necesitaba un trago.
Algo fuerte. Growl pareció haberme leído la mente porque un momento después, una
copa de vino tinto apareció frente a mi cara. Las otras mujeres bebían champán o vino
blanco, así que me sorprendió su elección.
—Se supone que el vino tinto relaja a las personas. Quizás también a ti.
Podría haberlo besado en ese momento. Jamás hubiera esperado algo tan
considerado de un hombre como él. Pero mi momento de paz duró poco a medida que
nos dirigíamos hacia Falcone quien actuaba como si fuera el anfitrión de esta noche,
haciendo grandes gestos con sus brazos y riéndose más fuerte mientras que las
personas reunidas a su alrededor intentaban actuar como si de hecho estuviera
diciendo algo gracioso.
Tomé un gran trago de vino, rezando para que me calme rápidamente antes de
hacer algo que me impidiera tener la oportunidad de ver a mi madre y hermana otra
vez. No podía perder el control esta noche. Algún día habría tiempo para la venganza,
pero no en esta fiesta.
El agarre de Growl en mi espalda se intensificó cuando nos detuvimos frente a
Falcone como si estuviera intentando advertirme.
—Buena fiesta, jefe —comentó Growl.
Falcone sonrió ampliamente.
—Por desgracia, no es mi fiesta. Cosimo hizo un buen trabajo. Está intentando
impresionar a su pequeña dama. —Finalmente, sus ojos fríos se posaron en mí, su
mirada perforando la mía, triunfante y provocador. Mis dedos se aferraron a mi copa
con más fuerza, pero me obligué a mantener una expresión tranquila. Dudé que tuviera
éxito. Prácticamente cada centímetro de mí estaba ardiendo de odio, con la necesidad
de hacer sufrir al hombre delante de mí.
—Espero que estés tan feliz por tu amiga y Cosimo como todos los demás —
dijo falsamente.
Di algo. Di algo. Todo lo que podía pensar era si sería posible romper la copa
y cortar la garganta de Falcone con uno de los fragmentos antes de que alguno de los
hombres que nos rodeaban viniera a su ayuda.
Growl probablemente sería el primero en salvar a su jefe.
—Estoy feliz —me obligué a decir, pero las palabras sonaron falsas hasta para
mis propios oídos. Falcone sonrió con burla, y entonces se volvió hacia Growl.
—Me sorprende que hayas logrado salir de la cama. Pero incluso tú, mi Toro,
necesitas una pausa de vez en cuando, ¿eh? —Falcone le dio una palmadita en el
hombro a Growl en un gesto destinado a los amigos—. Espero que sigas satisfecho
con tu regalo. De lo contrario, todavía hay otra hermana por probar si te cansas de
esta.
—¿Talia? ¿Dónde está? —exclamé antes de poder controlarme. La expresión
triunfante en el rostro de Falcone indicándome que había conseguido lo que quería.
Sabía exactamente cómo provocarme. No me daría las respuestas que quería.
Growl me apretó como advertencia una vez más, pero era demasiado tarde.
Apreté los labios y tuve que luchar contra las lágrimas. Falcone era un monstruo aún
peor que Growl.
—No me cansaré de Cara —dijo Growl.
La sonrisa de Falcone se volvió obscena a medida que su mirada recorría todo
mi cuerpo.
—Así de buena, ¿eh? Entonces, quizás debí haberla guardado para mí —
comentó riendo.
Growl no dijo nada. Su cara era de piedra, su agarre en mi cintura doloroso.
Miré fijamente a Falcone, esperando que viera la promesa en mis ojos. Morirás.
Solo se ensanchó su sonrisa, pero mi determinación estaba establecida. No me
detendría hasta que ese hombre estuviera tumbado a mis pies, muerto. Odiaba la
sangre y la muerte, pero observaría cada segundo mientras la vida dejara su cuerpo y
lo saborearía.
Growl pareció percibir el peligro creciente.
—Ahora tenemos que ir con la feliz pareja.
—Sí, deberían —dijo Falcone, pero sus ojos nunca me abandonaron.
Me estremecí cuando ya habíamos caminado unos pasos lejos de él.
—Tienes que ser más cuidadosa —murmuró Growl.
Le eché un vistazo. Su mirada estaba firmemente dirigida hacia delante, con
una expresión estoica. La gente lo veía con miedo y repugnancia, pero a él no le
importaba. El único hombre que podía controlar a Growl era Falcone y eso me
asustaba terriblemente.
—No me entregues a él.
Growl frunció el ceño hacia mí.
—¿De qué estás hablando?
—A Falcone. No me entregues a él —susurré.
La comprensión destelló a través del rostro de Growl, luego la determinación.
—Nunca. Eres mía. No te apartará de mí.
—¿Estás seguro? Es tu jefe. Podría decirte que me entregues a él. —Era un
sorprendente giro del destino que prefiriera ser la posesión de Growl, pero cualquier
cosa era mejor que pertenecer a Falcone.
—Eres mía —repitió Growl, luego se detuvo y me di cuenta que habíamos
llegado al final de una fila de personas que esperaban para felicitar a Cosimo y
Anastasia.
19
Cara
Traducido por M.Arte

Corregido por LizC

Exhalé lentamente. Tenía que tranquilizarme. Casi había pedido el control


frente a Falcone. Al menos frente a mi idiota y traicionero ex prometido quería
mantener la calma. Él no necesitaba saber lo destrozada estaba. Anastasia estaba
ocupada evitándome mirarme, pero incluso ella debe haberse dado cuenta que había
llegado a la fiesta. Al fin y al cabo, todo el mundo se había callado con nuestra llegada,
y Anastasia siempre había tenido oídos y ojos para los chismes. Pero el hecho de que
me ignorara me daba la oportunidad de ordenar mis pensamientos y calmarme. Bebí
un sorbo de vino tinto. El alcohol estaba empezando a relajarme. No era sorprendente
que tanta gente en nuestros círculos fuera alcohólica. Esta vida a menudo solo podía
tolerase estando ebria.
La mirada de Cosimo se detuvo brevemente sobre mí y me congelé con la copa
contra mis labios. La bajé lentamente, pero entonces Cosimo apartó la mirada. Su
rostro lucía sin emociones algunas. Ni siquiera hubo lástima ni nada realmente. De
verdad no podría preocuparse menos por mí. No estaba segura por qué eso todavía me
sorprendía. Después de todo, no había actuado de manera diferente cuando Falcone y
él vinieron a casa de mi familia para arruinar nuestras vidas.
Ahora solo había una pareja delante de nosotros, y mis palmas se pusieron
sudorosas de los nervios. Esta tal vez era mi única oportunidad de hablar con
Anastasia y averiguar la verdad. Growl se inclinó, sus labios cálidos rozando mi oreja
y no pude evitar recordar cómo se habían sentido sus labios en otras partes de mi
cuerpo. Me estremecí.
—Recuerda, mantén la calma —murmuró con tono serio, luego se enderezó, y
de repente estábamos de pie frente a Anastasia y Cosimo. Era nuestro turno de felicitar
a la feliz pareja. Incluso el pensamiento me dejaba una sensación de náuseas. Pero
puse una expresión valiente y sonreí. Anastasia parecía insegura y su sonrisa era más
que un poco forzada. No estaba segura qué hacer con eso. Ella no hizo ningún
movimiento para abrazarme o acercarse. Cuando Cosimo y Growl se dieron la mano
y entablaron una conversación, aproveché la oportunidad y atraje a Anastasia hacía
mí, tratando de ignorar la forma en que su cuerpo se tensó ante nuestra cercanía.
¿Estaba preocupada de que la ataque? ¿O estaba de hecho disgustada por estar tan
cerca de mí ahora que yo era menos? Desterré la idea antes de que pudiera distraerme
de mi plan. Acerqué mi boca a su oreja.
—Por favor, Anastasia, ayúdame. Podemos ayudarnos mutuamente a huir.
Anastasia se apoderó de mis brazos, clavándome las uñas en la piel y me
empujó unos centímetros antes de que se inclinara lo bastante cerca para que nadie
escuchara sus palabras.
—No quiero huir —murmuró, luego dijo en voz alta—: No podría estar más
feliz. —Dio su mejor sonrisa al estilo Grace Kelly a la ronda de invitados reunidos,
luciendo como si este fuera el momento de su vida.
Me quedé mirándola, incapaz de comprender lo que estaba sucediendo.
¿Anastasia estaba montando un espectáculo? ¿Estaba preocupada de que alguien nos
escuchara?
Pero cuando di un paso atrás para permitir que la siguiente persona en la fila
felicitara a Anastasia y a Cosimo, me permití mirar con más atención a Anastasia. No
estaba montando una actuación digna de un premio de la Academia. No había signos
reveladores de líneas alrededor de sus ojos como cuando forzaba una sonrisa. Esto era
real. Growl comenzó a alejarme, pero seguí mirando a mi antigua amiga y a mi ex
prometido. Se veían felices. Nadie la había obligado. Realmente quería casarse con
él.
Nadie podía evitar enamorarse, ¿verdad? Si Anastasia me lo hubiera dicho,
habría intentado convencer a mi padre para que la dejara casarse con él. Habría
deseado que Anastasia fuera feliz, y nunca ni siquiera me habría preocupado por mi
prometido.
¿Cómo pudo permitir que esto suceda? ¿Cuánto tiempo había estado pasando?
Pero incluso ahora, no quería creer que ella lo había sabido incluso antes de la fiesta.
Tal vez se había enterado después, cuando ya era demasiado tarde. Me permití mirar
a Anastasia una vez más antes de alejarme. No quería tener nada que ver conmigo esta
noche, y sospechaba que no era solo porque otras personas estaban alrededor. Ella
tenía un futuro perfecto por delante, aquel que siempre había deseado. Y no lo
arriesgaría por mí.
Vacié mi copa y la dejé en una bandeja que un mesero llevaba. De repente, me
sentía cansada, y no solo por el alcohol. Esta noche era como una pesadilla de la nunca
despertaría.
Growl se detuvo en una esquina del salón y se apoyó contra la pared. Lo miré
entonces. Parecía que él también había tenido suficiente de esta fiesta.
—¿No podemos simplemente irnos? —pregunté.
Growl negó con la cabeza.
—¿En serio quieres mostrarles lo mucho que te está molestando todo esto?
Muéstrales tu fortaleza. No te acobardes.
—No me estoy acobardando —susurré, luego suspiré—. Pero me siento
agotada. No soy fuerte. No me importa si piensan que soy débil. —No era cierto y
más adelante me arrepentiría de mi falta de control, pero justo ahora solo quería
escapar.
—Nunca les muestres debilidad a esas personas —dijo Growl en voz baja,
inclinándose hasta que estuvimos muy cerca—. Eres más fuerte de lo que piensas.
Ninguna mujer me ha dado un momento tan difícil como tú lo haces todos los días. Si
puedes actuar fuerte alrededor de mí, puedes ser fuerte alrededor de esos débiles. No
son nada.
Parpadeé ante sus ojos color ámbar. Por primera vez de hecho consideré agarrar
su rostro y besarlo. Quería hacerlo delante de todos. Y eso, también, me asustó. Asentí
en su lugar.
—Tienes razón. —Bajé la mirada, incapaz de soportar su cercanía por más
tiempo. Atrapé a algunas personas observándonos con la boca abierta. Al parecer
estaban esperando ansiosamente una escena entre Growl y yo. Probablemente estarían
terriblemente decepcionados si esta noche yo no terminaba siendo apaleada a manos
de Growl.
Les eché un vistazo y de hecho apartaron la mirada.
—Esa mirada es buena. Muéstreles quién eres.
—Si tan solo lo supiera —susurré. Al otro lado de la habitación vi de repente
a Trish y el alivio me invadió. Trish siempre había sido la más amable de mis dos
mejores amigas. Growl siguió mi mirada.
—Ve y habla con ella. Es tu amiga, ¿no?
—¿Cómo lo sabes?
—Las vi juntas en la fiesta de Falcone.
—De acuerdo —dije distraídamente, ya pensando en la mejor manera de ir
hablar con Trish. No podía arriesgarme a asustarla.
—Y no hagas nada estúpido —dijo Growl cuando ya estaba a unos pasos de
distancia.
—No lo haré.
Me apresuré a pasar junto a personas que me miraban abiertamente y me
señalaban, que susurraban mi nombre como una maldición, e incluso se reían de mí,
pero las ignoré.
Todo lo que importaba era hablar con Trish y averiguar tanto como pudiera.
Trish me vio cuando aún estaba a una buena distancia y por un momento estaba
segura que se daría la vuelta y correría, pero cuadró los hombros y esperó por mí.
Agradecí ese pequeño acto de valentía por su parte, teniendo en cuenta la cantidad de
miradas que seguían cada uno de mis movimientos. Cuando llegué frente a ella, ambas
no hicimos nada durante unos instantes. Luego Trish me dio torpemente una palmadita
en mi brazo y me puse rígida ante el gesto forzado. Cualquier esperanza que hubiera
tenido por mi amistad con Trish, también desapareció.
Me aclaré la garganta. Pero no estaba segura qué decir. Había hecho tantos
planes. Ahora parecían tontos. Mis ojos se posaron en Cosimo y Anastasia otra vez.
Trish siguió mi mirada y asintió.
—Lo siento, Cara. Sabes que Anastasia siempre obtiene lo que quiere.
Sus palabras me golpearon como un balde de agua fría, pero puse una sonrisa
valiente, recordando las palabras de Growl.
—No puedes decidir de quién te enamoras.
Trish resopló.
—¿Amor? Anastasia solo se ama a sí misma, ya lo sabes. —Era la primera vez
que Trish expresaba sus críticas contra Anastasia, y me di cuenta que la había
subestimado. Nunca la había considerado particularmente inteligente, y siempre había
interpretado a la rubia tonta, pero sus ojos atentos ahora me hicieron darme cuenta lo
equivocada que había estado. Probablemente había visto las intenciones de Anastasia
desde hace mucho tiempo.
—¿Qué quieres decir? —pregunté en voz baja.
—Quería a Cosimo por su posición. Es un buen partido, y después del asunto
con tu padre, un mejor partido. Eso es todo.
Mi estómago se tensó.
—¿Ella lo sabía antes de que sucediera? —Ni siquiera podía decir las palabras.
Trish se encogió de hombros.
—Probablemente. Me llamó esa misma noche y me lo contó.
—Pero tú no sabías… —Mi voz se apagó. No estaba segura de cuánto más
podía soportar.
Trish tocó mi brazo ligeramente.
—No. No lo sabía. Y lo siento, por todo. —Sus ojos se movieron hacia la gente
observándonos y su expresión se tornó más cautelosa.
Sabía lo que iba a suceder. Trish dependía de la valoración de los demás como
yo dependí de ella antes que todo me fuera arrebatado. Y ella, más que yo, siempre
había sido la compañera de Anastasia. Eso no cambiaría. Ella no podía dejar que eso
cambiara. Trish no arriesgaría su reputación por pasar tiempo conmigo en el futuro.
Y lo peor era que, no podía decir que yo no haría lo mismo si nuestras posiciones
estuvieran invertidas.
Di un paso atrás, forzando una sonrisa.
—Sé que no podemos vernos más —dije firmemente—. Solo una última cosa,
¿sabes algo de mi hermana?
Trish negó con la cabeza.
—Probablemente Anastasia sabe algo. Pregúntale. —Me di cuenta que estaba
ansiosa por terminar esta conversación, así que se lo hice fácil. Di media vuelta y
comencé a caminar, pero no sabía a dónde ir. Dondequiera que miraba, veía gente que
no quería nada conmigo. No todos parecían creer que mi familia y yo habíamos
obtenido lo que merecíamos, pero nadie parecía querer ayudarme o incluso hablar
conmigo. Jamás me había sentido tan sola en la vida, y esta vez ni siquiera había un
celular en mi bolso. E incluso si lo hubiera, no había nadie a quien pudiera llamar. Mi
mirada desesperada se posó en Growl que ya no estaba hablando con el grupo de
hombres. En su lugar, estaba solo con una copa de vino tinto en la mano.
Me detuve por un momento. Pero él era la única persona con quien podía ir.
Miré alrededor una vez más, hacia las puertas y ventanas, luego miré a mis pies y me
reí con amargura. Cuando levanté la mirada, Growl me estaba observando. Sabía que
nunca me había quitado los ojos de encima. No había forma de que pudiera escapar,
no sin ayuda, y aunque me dolía admitirlo, no conocía a nadie en esta fiesta que se
preocupara lo suficiente por mí como para arriesgarse. Trish giraba alrededor de la
pequeña pista de baile con un hombre joven que no conocía y Anastasia sonreía en
medio de una tormenta de personas junto a Cosimo. Todos estaban bebiendo, riendo
y viviendo sus vidas. Pero no me perdí de las miradas que seguían lanzando en mí
dirección. En algunas, vislumbre lástima y simpatía, pero tan pronto como esos pocos
notaban que los miraba, desviaban la mirada rápidamente como si les preocupara que
mi mala suerte se les fuera a contagiar o quizás sentían que estaban obligados a
ayudarme.
Pero también estaban los otros, aquellos que me miraban con curiosidad,
desesperados por saciar sus ansías de emociones. Estaba bastante segura que se
hubieran acercado a mí para obtener una actualización de sus chismes sobre Growl si
eso no hubiera significado que arriesgarían su reputación por ser vistos conmigo.
Me dirigí hacia Growl. Cuando me detuve a su lado, me ofreció la copa de vino
tinto. Levanté las cejas.
—¿Intentas embriagarme?
—Parece que lo necesitas —dijo.
Resoplé.
—No creo que el vino sea suficiente.
Growl no rio o sonrió, solo me contempló con sus penetrantes ojos ámbar.
Todavía sostenía la copa hacía mí y finalmente la tomé.
—¿No es la tuya? —pregunté, pero tomé un gran sorbo antes de que él pudiera
responder.
No pareció importarle.
—No bebo.
—¿No? Todos lo hacen. —Asentí en dirección a los demás invitados.
Growl no apartó su mirada de mí.
—El alcohol hace que la gente se descuide. Saca lo peor de ellos.
—Matas para vivir. No creo que eso sea mucho peor.
Growl asintió.
—Tal vez. Pero no dejaré que el alcohol entorpezca mis sentidos.
Vacié el resto del vino.
—Esa es exactamente la razón por la que bebo.
—No lo hagas. Fue un error darte el vino. No mejora las cosas. Solo te hace
creer que lo hace.
Me estaba empezando a sentir débil y mareada.
—Tal vez eso es suficiente. Si las cosas no pueden mejorar, entonces al menos
puedo fingir que lo harán.
Growl suspiró.
—Le diré a Falcone y a Cosimo que nos vamos. Quédate donde estás mientras
regreso.
Me apoyé contra la pared. No tenía ganas de ir a ninguna parte. La habitación
daba vueltas y me estaba empezando a sentir caliente. Con otra mirada hacia mí,
Growl se dirigió hacia donde Cosimo estaba hablando con Falcone. La multitud
alejándose a medida que pasaba. Y él se alzó sobre ellos, fuerte, orgulloso y alto a
pesar de los murmullos.
Deseé poder ser así. Pero me importaba lo que la gente decía. Me dolía verlos
juzgándome y compadeciéndome. Cerré los ojos ante su escrutinio y pronto perdí todo
sentido del tiempo.
Un toque en mi hombro me despertó de mi estupor. Mis párpados se sentían
pesados cuando los abrí. Growl me miró con el ceño fruncido y la ira en su rostro me
hizo retroceder un poco.
—Nunca cierres los ojos alrededor de tus enemigos. No sobrevivirás si lo
haces.
Sonreí con cansancio.
—Como si alguna vez me quitases los ojos de encima. Nadie puede lastimarme
cuando estás cerca. Si alguien termina matándome, entonces probablemente serás tú.
Growl no lo negó. Envolvió sus dedos alrededor de mi brazo y me condujo
hacia la puerta. Lo seguí en un estado de trance. Cuando salimos, el aire fresco me
ayudó a recuperar mis sentidos y respiré ansiosamente en busca de oxígeno.
Pero todavía no estaba en mi mejor condición y me tomó un tiempo darme
cuenta que había un hombre fumando un cigarrillo apoyado contra un auto. No lo
conocía, pero parecía que Growl si lo hacía por la forma en que apretó su agarre en
mi brazo en señal de advertencia.
—Bonita captura —dijo el hombre en voz alta.
Growl lo ignoró e intentó apartarme de él. Pero el hombre se alejó del auto,
arrojó el cigarrillo al suelo y lo aplastó con el zapato. Sonrió engreído.
—¿Cómo metes tu gran polla en su pequeña boca de mojigata? —Parecía
borracho y me juré que nunca más volverías a beber tanto como esta noche.
Growl de repente se apartó de mí y tropecé, pero recuperé el equilibrio en un
segundo, apoyándome en otro auto. Jadeé y luego giré cuando oí un grito ahogado.
Growl había agarrado al hombre por el cuello y lo había arrojado al suelo. Lo pateó
en las costillas dos veces y luego se inclinó y le dio un puñetazo en la cara. El hombre
gimió a medida que le salía sangre por la nariz y la boca.
—No —dijo Growl con una voz áspera que envió escalofríos por mi espalda—
. No vuelvas a hablar así nunca más o te destriparé y te estrangularé con tus malditos
intestinos.
El hombre tosió.
—¿Entendido? —preguntó Growl, sacudiendo al hombre bruscamente.
—Sí —jadeó el hombre con la boca llena de sangre.
Growl se limpió las manos en el traje del hombre antes de enderezarse y
lanzarle una mirada de advertencia a uno de los botones. Luego regresó a mi lado con
una expresión tranquila. Ninguna muestra de su furia anterior era visible.
—¿Por qué hiciste eso? —pregunté a medida que me conducía hacia su auto,
que estaba estacionado junto a la carretera, cerca de las puertas de entrada.
Growl me ayudó a subir al asiento del pasajero.
—Porque eres mía y no dejaré que nadie hable mierda sobre ti.
—En la casa, en la fiesta, todos hablaban de mí.
Growl miró de vuelta hacia la casa bien iluminada y por un momento me
preocupó que regresara y golpeara a algunos invitados más, pero entonces me miró.
—Fueron lo suficientemente inteligentes como para no decir nada cuando
podía escucharlos y la mayoría solo siente lástima por ti. Dicen cosas malas sobre mí,
no de ti.
Por la forma en que estaba ahí de pie, con algunas gotitas de sangre en su
camisa blanca y la fría determinación en su impactante rostro, parecía mi ángel
vengador. ¿Quién podría ser mejor para vengarse que Growl? Sabía cómo hacerle
daño a la gente, cómo destruirlos. ¿Podría convencerlo de ayudar a mi hermana y mi
madre? Incluso aunque nunca me dejara ir, tal vez podría ayudarlas a escapar de Las
Vegas y comenzar de nuevo. Estaba en conflicto, podía decirlo. ¿Podía hacer que se
revelara contra Falcone después de todo? Sus ojos color ámbar se clavaron en los
míos, y un destello de esperanza me embargó. No me rendiría. Él era mi única
oportunidad.

Growl
Growl había sospechado desde el principio. ¿Por qué Falcone los invitaría?
Ahora lo sabía. Para humillar a Cara, y al hacerlo, a él. A Growl nunca le había
importado lo que la gente decía, lo que Falcone decía. Vivía su vida, tratando de
sobrevivir, nunca queriendo o necesitando mucho.
El único objetivo de Falcone esta noche había sido humillar a Cara. La sangre
de Growl hervía ante el recuerdo. Growl nunca permitía que nadie humillara lo que
era suyo, especialmente a Cara.
Por alguna razón, esa chica significaba algo para él. Nunca se había preocupado
por nadie, excepto tal vez por sus perros y él mismo, pero no estaba seguro de lo que
le estaba pasando con Cara. No quería que le importara. Sabía que ella no lo quería.
Lo que ella estaba haciendo era una táctica, una forma de sobrevivir a lo que había
supuesto un castigo horrible.
Growl no sabía lo que Cara tenía en mente. Si incluso tal vez no lo odiaba tanto
como él sospechaba. A veces parecía que no odiara demasiado estar cerca de él.
Disfrutaba de sus caricias, el sexo y sus besos, eso era obvio. Era algo que él podía
entender, pero más allá de eso ella seguía siendo un misterio para él.
Y eso no importaba en absoluto. Era suya y la protegería. Incluso de Falcone.
Ese hombre había estado arruinando la vida de Growl durante demasiado tiempo.
Nunca había encontrado la motivación para ir en contra del hombre a pesar de todo lo
que le había hecho.
Growl ni siquiera estaba aún seguro de por qué. Mataría a cualquiera que
intentara matarlo. Ni siquiera lo dudaría. ¿Pero a Falcone? Growl no estaba seguro de
lo que había estado impidiéndole su venganza todos estos años. Falcone era su padre,
pero Growl no creía que fuera por eso. Growl no sentía nada cuando decía o pensaba
en la palabra “padre”. Era una palabra vacía para él. Y, sin embargo, su padre todavía
estaba vivo. ¿Acaso en el fondo había estado esperando que Falcone lo viera como su
hijo? Growl ni siquiera podía responder a esa pregunta. Y ahora ya no tenía que
hacerlo. Era irrelevante por qué aún no había tomado venganza contra el hombre
todavía.
Algo había cambiado. Y la razón de eso era Cara. De alguna manera, Falcone
había puesto todo en marcha. Al entregarle Cara a Growl, él había firmado su propia
sentencia de muerte, porque Growl quería ayudar a Cara a vengarse. No quería nada
más. Falcone siempre lo llamó su máquina de matar. Falcone había creado al
monstruo, y ahora mataría a su creador.
Tal vez ella dejaría de odiarlo si lo hacía. No podía esperar más que eso. Sabía
que a nadie jamás le gustaría una persona como él, y lo había aceptado.
20
Cara
Traducido por Syrklena

Corregido por Aresina

Growl había estado muy callado desde que regresamos ayer de la fiesta. No
podía decir si eso significaba que todavía estaba pensando en ayudarme.
Growl retorció su pulgar sobre mi clítoris, arrancándome de mis pensamientos.
Empujó un dedo dentro de mí.
—Quiero toda tu atención —retumbó, empujando en mí otra vez.
Asentí rápidamente, y aparté cualquier preocupación. Este era mi indulto.
De repente, Growl apartó la mano. Y la confusión se apoderó de mí.
—¿Qué pasa? —pregunté.
—Tócate a ti misma —ordenó, sentándose en cuclillas.
Me sonrojé de vergüenza. La última vez que lo había hecho había terminado
en mortificación.
—No es correcto —dije.
Growl soltó una carcajada.
—Me importa una mierda lo correcto siempre y cuando se sienta bien. Hemos
hecho tantas cosas que no son correctas. No me digas que esto es peor.
Lo miré fijamente, con los brazos a mi lado.
—No puedo hacer eso contigo mirando.
—¿Pero te has tocado antes?
Dudé.
—Sí —admití a regañadientes. Una vez más la vergüenza se apoderó de mí
como hace tantos meses. No estaba segura por qué todavía me molestaba tanto.
Después de todo, Growl tenía razón. Había hecho muchas cosas peores con él.
—Y se ha sentido bien, ¿verdad?
Me encogí de hombros tímidamente.
—Estuvo bien.
Growl alzó una ceja. Agarró mi muñeca y empujó mi mano entre mis piernas.
Salté ante la sensación de mis dedos rozando mi centro. Intenté alejarme, pero Growl
me estaba sosteniendo fuerte.
—Deja de intentar hacer lo que es correcto y haz lo que te parezca bien.
Maldición, estás pensando de nuevo en todo.
Lo miré fijamente.
—No me digas lo que me gusta y lo que no. Tal vez no me gusta tocarme.
Growl solo me miró. Cubrió mi dedo índice con el suyo y guio el mío entre
mis pliegues. La punta de mi dedo rozó mi clítoris, luego se deslizó a través de mi
humedad. Me estremecí ante la sensación. Growl siguió deslizando nuestros dedos de
ida y vuelta en un ritmo lento. Sus ojos clavados en los míos, y me tomó todo lo que
tenía para evitar cerrar los ojos y esconderme de su mirada. Guio mi dedo aún más
abajo hasta que rocé mi abertura. Mis ojos se abrieron de par en par. Nunca lo había
hecho. Aunque sabía lo mucho que me gustaba cuando Growl lo hacía. Vacilé, pero
Growl no dejó que mi inseguridad me venciera. Empujó mi dedo en mi interior con
su dedo. Jadeé de sorpresa y lujuria cuando ambos dedos me llenaron. La sensación
era increíble, y el hambre en los ojos ámbar de Growl solo incrementó mi propio
deseo. Esto se sentía tan mal, pero tan increíblemente bien. Growl estableció un ritmo
lento, deslizando nuestros dedos dentro y fuera de mí. Era increíble lo húmeda y suave
que me sentía.
—¿Cómo se siente? —gruñó Growl.
Sacudí la cabeza, poco dispuesta a darle una respuesta. No podía admitir en
voz alta que esto se sentía bien. Ya era bastante malo que lo estuviera disfrutando
tanto. Growl detuvo nuestros dedos, su mirada tornándose desafiante.
—¿Cómo. Se. Siente?
Mecí las caderas, intentando mantener la sensación, pero Growl me detuvo con
su brazo.
—Bien —admití enojada—. Se siente bien.
Una sonrisa burlona cruzó la cara de Growl, luego se fue, pero finalmente
comenzó a moverse de nuevo. Empujó nuestros dedos más fuerte dentro de mí, y yo
estaba acercándome a mi orgasmo, pero todavía faltaba algo.
—Toca tu clítoris —dijo Growl.
Esta vez no dudé. Mi otra mano bajó y presioné dos dedos sobre mi clítoris.
Gemí, pero apreté mis labios rápidamente, avergonzada por el sonido cuando Growl
me observaba tan de cerca. Como si pudiera decir que tenía problemas para dejarme
caer sobre el borde mientras me observaba, su mirada recorrió mi cuerpo y contempló
cómo nuestras manos y dedos se movían en sincronía para acercarme a la liberación.
Después cuando finalmente se estrelló contra mí, todo cayó fuera de foco y dejé salir
todo incluso cuando Growl regresó sus ojos a los míos. No podía contenerme, no
quería. Ni siquiera había recuperado el aliento cuando Growl se puso de pie y empezó
a desvestirse. No creía que alguna vez me acostumbrara a verlo desnudo. Sus tatuajes,
sus cicatrices, sus músculos, todo en él gritaba peligro, gritaba aléjate, y sin embargo
cada célula de mi cuerpo parecía ansiar su cercanía. Su pene ya estaba en alto y listo
y eso intensificó el ardor entre mis piernas una vez más. Sabía lo que venía ahora y
no podía esperar. Se quedó ahí en medio de la habitación por un momento,
admirándome. Pero, yo tampoco podía cansarme de dejar que mis ojos vagaran por
su cuerpo. ¿Esto se detendría alguna vez?
Cuando mis ojos volvieron a su rostro, su expresión casi me hizo gemir. Se
tambaleó hacia mí y se subió a la cama. Esperé a que él se subiera sobre mí y me
follara. Pero me sorprendió al acostarse sobre su espalda. Fruncí el ceño en confusión,
pero antes de que pudiera preguntarle qué estaba haciendo, agarró mis caderas y me
levantó encima de él, de modo que ahora estaba a horcajadas sobre sus caderas. Su
punta presionó contra mi abertura y la adrenalina se disparó a través de mi cuerpo ante
la sensación. Las manos de Growl en mi cintura se apretaron después de un momento.
La incertidumbre me inundó. No estaba exactamente segura cómo hacer esto, pero no
quería admitirlo en voz alta. Reuniendo mi coraje, me estabilicé contra el pecho duro
de Growl. Concentrándome en sus músculos y no en la intensidad de sus ojos,
descendí lentamente en su polla. Un largo gemido escapó de mis labios ante la
sensación de su longitud deslizándose dentro de mí más profundo que nunca. Exhalé
lentamente cuando él estuvo todo el camino dentro y me senté cómodamente encima
de él. Nunca antes me había sentido tan llena. Eso era increíble.
Growl movió sus caderas hacia arriba unos centímetros y mis ojos volaron
hasta los suyos. Había tensión en su rostro. Sonreí y sus ojos destellaron. Clavando
mis uñas en su pecho de la manera que le gustaba, me levanté lentamente, dejando
que su polla se deslizará fuera de mí. Me concentré en tensar mis músculos internos
para hacerlo aún más intenso para Growl, queriendo llevarlo al borde de la locura. Le
dio a mi trasero una ligera palmada, haciendo que mis ojos se abrieran de par en par
y un jadeo sorprendido, seguido por una risa salieron de mi boca.
Había algo cercano a la alegría en su rostro. Así que empecé a moverme más
rápido. Mis nalgas rozaron sus bolas accidentalmente y exhaló bruscamente. Vacilé,
insegura si eso era una buena señal, pero una mirada a su rostro borró todas mis
preocupaciones. Le gustaba. Mucho.
Retorcí mis caderas, asegurándome de presionar mi trasero contra sus bolas
cada vez que bajaba. El aliento de Growl se tornó más rápido y los gruñidos bajos que
yo adoraba vinieron desde la profundidad de su garganta una vez más. Mi propio
cuerpo se tensó en anticipación a un orgasmo, y cuando me incliné ligeramente hacia
delante, mi clítoris frotó su hueso púbico y eso me destruyó. Mis dedos se clavaron
aún más en su piel y me moví más rápido, empujando mi propio orgasmo a nuevas
alturas. Y entonces el cuerpo de Growl se estremeció debajo de mí y lo sentí liberarse
en mi interior, provocando mis sensibles paredes internas aún más. Grité, echando la
cabeza hacia atrás.
—Oh Dios —dije.
Cuando los latidos de mi corazón desaceleraron, abrí los ojos y miré hacia el
hombre debajo de mí. Me estaba observando con sorpresa.
—¿Qué? —dije medio consciente.
Growl pasó su dedo por mi pecho, luego lentamente por mi estómago hasta que
llegó a descansar sobre mi clítoris. Me estremecí, todavía demasiado sensible para su
toque.
—Esta fue la primera vez que estuviste tan ruidosa.
Mi rostro ya caliente, se calentó aún más.
—¿Ruidosa? —Miré hacia la ventana cubierta de cortinas, preocupada por los
vecinos. ¿Habrán oído algo?
—No te preocupes por ellos. No les importa si el bastardo de enfrente muele a
su esposa en una paliza sangrienta. No les importa ni mierda que grites hasta quedarte
sin garganta al correrte.
Lo miré fijamente. Su lenguaje obsceno todavía me afecta a veces. Pero tenía
razón. Había perdido la cuenta de las veces que había oído a la mujer de enfrente
gritar, y nada había ocurrido nunca.
Growl
Verla tocarse a sí misma era lo más caliente que Growl había visto alguna vez.
Dios, les había dicho a otras mujeres que hicieran lo mismo por él, pero siempre había
parecido falso e incorrecto. Pero con Cara, ella realmente se había soltado. Confiaba
en él en la cama. Era más de lo que merecía, de seguro.
Había deseado muchas cosas en la vida. Había querido poseer, destruir,
dominar. Nunca había querido ser amable con alguien, o estar con alguien más allá
del simple acto de follar. Había follado a muchas mujeres, sin embargo, ninguna de
ellas había significado nada para él. No despreciaba a las mujeres. No le gustaban
menos que los hombres. Simplemente no le gustaban los humanos en general. Eran
criaturas que apuñalaban por la espalda, desleales. Por eso prefería la compañía de sus
perros. No esperarían a que él durmiera para matarlo. Si uno de sus Pitts quisiera
matarlo, le arrancarían la cara a mitad del día. A Growl le parecía mejor de esa manera.
Cara estaba tumbada en la cama a su lado, su pecho levantándose y cayendo
rápidamente, sus pezones en picos aún más rosados que de costumbre contra su blanca
piel. Unas cuantas gotas de sudor le caían por el estómago y tuvo que impedirse
lamerle su piel. Necesitaba hablar con ella, no distraerse con otra ronda de sexo.
Aunque la visión de ella desnuda, finalmente sin vergüenza alguna, le hacía difícil
contenerse.
Cara giró la cabeza, levantando las cejas.
—Hay una mirada divertida en tu cara. ¿He hecho algo mal? —Dos manchas
rosadas aparecieron en sus pómulos, así que se inclinó hacia delante y la besó en la
frente. No sabía por qué. Nunca lo había hecho. Ni siquiera pensó en hacerlo. La frente
no era un lugar muy interesante para un beso. Cara lo estaba poniendo de revés, eso
era seguro—. No hiciste nada malo.
La sorpresa inundó su cara bonita. Incluso ella no entendía por qué lo había
hecho, y por lo general era buena en las emociones y las acciones humanas.
Ella apoyó una mano en su pecho. Un pequeño gesto que tampoco tenía
sentido. Quizás no todo tenía que tener sentido.
—¿Estás bien?
—Te ayudaré —dijo con firmeza.
Ella parpadeó.
—¿Me ayudarás? —Su mano contra su piel empezó a temblar—. ¿Quieres
decir con Falcone?
Growl asintió. Ahora no había vuelta atrás. Había tomado su decisión y nada
lo detendría. Moriría si fuera necesario. Ella valdría la pena.
—Te ayudaré a vengarte.

Cara
No lo podía creer. Lo había esperado, por supuesto, soñado incluso. Pero había
parecido improbable, imposible. Growl era el hombre de Falcone, su más temido
asesino. ¿Cómo podría haber cambiado eso?
—De acuerdo, déjame que entienda esto —dije lentamente, queriendo
asegurarme que no estaba interpretándolo mal—. ¿Quieres ayudarme a vengarme,
incluso aunque nunca intentaste vengarte de lo que Falcone les hizo a ti y a tu madre?
¿Por qué? No lo entiendo. Ni siquiera te gustaba mi padre.
Cállate, Cara. Mi mente me gritaba, pero necesitaba saberlo. Estaba
comenzando a aceptar que por alguna razón parte de mí sentía algo por el hombre que
tenía delante de mí. Y necesitaba saber si él también lo hacía.
—No es por tu padre. No me importa que esté muerto. —Las palabras apenas
escocían más. Me había acostumbrado a las duras palabras de Growl. Era honesto, y
eso era algo que apreciaba aún más.
Me apoyé en mi codo y estudié su cara por respuestas.
—Entonces, ¿por qué? —Mi voz era apenas un susurro.
Los ojos ámbar de Growl trazaron mi rostro.
—Falcone ha ido demasiado lejos. No merecías lo que te hizo.
—¿Qué quieres decir? —pregunté con cuidado, sin saber con seguridad adónde
se dirigía.
—Eras inocente. Te castigó por algo que tu padre hizo. Y eso no está bien.
—Y a ti te castigó cuando eras un niño por algo que tu madre podría haber
hecho, te castigó por no hacer absolutamente nada. Eso debería haber sido suficiente
para hacerte querer matarlo.
—Siempre quise matarlo.
—Entonces, ¿por qué no lo hiciste?
—Cuando era un niño pequeño, lo habría matado pero en ese entonces no tenía
las habilidades. Y más tarde, cuando las tuve, me sentí en obligación con él, por darme
las habilidades, por mostrarme lo que podía hacer. Sin él, no sería lo que soy hoy.
—¿Un monstruo? ¿Un asesino? Podrías haber sido mucho más, si él no hubiera
matado a tu madre y hubiera destruido tu infancia. Te rompió. —Me estremecí al
momento en que las últimas palabras salieron de mi boca.
—Era el hijo de una puta que trabajaba para Falcone. De todos modos, me
habría convertido en uno de sus hombres, pero sin su crueldad, sin lo que me hizo,
nunca me habría vuelto tan despiadado como para convertirme en su mejor sicario.
—Entonces, ¿me estás ayudando porque Falcone me trató mal? Ha tratado a
muchas personas peor que a mí.
Growl asintió. Pasó un dedo por mi brazo, y luego volvió a subir.
—Es cierto. Yo también lo hice. Pero quiero ayudarte a ser feliz. Quiero que
salgas de esta miserable ciudad y vida. Nunca quise eso para mí, pero tú, para ti lo
quiero todo.
—Gracias —dije en voz baja. No podía decir más. Esto era abrumador.
Me aclaré la garganta. Las emociones nunca habían sido parte del plan, ni
siquiera una posibilidad al principio. Ahora tenía que enfocarme.
—¿Qué vamos a hacer con mi hermana? Ni siquiera sabemos dónde está.
Growl apartó su mano de mi brazo. Me sentí mal, pero sabía que no tenía
ninguna razón para hacerlo. Nunca había escogido esto.
—Lo averiguaré —prometió Growl. Apoyó la mano sobre su estómago.
—Pensé que Falcone no compartiría esa información contigo.
—Hasta ahora no lo ha hecho. Pero ahora que las cosas van peor con Nueva
York, creo que pronto tendrá razones para contarme el paradero de tu hermana.
Respiré profundamente.
—Porque cree que le harás daño.
—Pero no lo haré.
—Lo sé —dije sin vacilar y lo hacía. ¿Cómo han podido llegar las cosas tan
lejos? Me estaba enamorando de él, y no estaba segura cómo evitar sentirme así. Pero
tenía que hacerlo. No había futuro para Growl y para mí. No lo habría.
Había sido un monstruo toda su vida. Incluso si le decía que podía redimirse al
ayudarme, en realidad jamás lo creería, ¿verdad? ¿Cómo podía estar con alguien así?
¿Cómo podía explicarle eso a mi madre y hermana? No podía.
21
Cara
Traducido por Anna Ancalimë

Corregido por Pakhie

El griterío de los vecinos se incrementó de nuevo. Era temprano en la mañana.


El sol apenas se había levantado, pero había yacido despierta por horas. No solo por
la pelea en la casa de los vecinos, sino por el acuerdo de Growl en ayudarme.
Me arrastré fuera de la cama y espié por la ventana hacia la casa al otro lado de
la calle. Esta vez la pareja había llevado la pelea afuera. Ambos estaban enfrentándose
en el porche delantero. Un pequeño niño estaba parado en el umbral, quizás de dos
años, viendo cómo sus padres se gritaban entre ellos.
El hombre levantó la mano y golpeó a la mujer tan fuerte que esta se tambaleó
y cayó al piso, pero eso no lo detuvo. Se inclinó sobre ella y la golpeó una vez más.
El niño empezó a llorar, su rostro contorsionado con terror.
—Growl —llamé.
Se acercó a mí, viéndose alerta.
—¿Qué pasa?
—El tipo está golpeando a su novia otra vez.
Growl me lanzó su mirada de “y qué”.
—Lo está haciendo casi cada día y ella no lo deja. No es nuestro problema.
Otro grito atrajo mis ojos de vuelta a la pareja. La mujer estaba intentando
gatear para alejarse de su novio pero él la sujetó del cabello y la hizo girar,
golpeándola de nuevo.
—Ayúdala —dije firmemente—. Por favor. O yo lo haré. —Me di la vuelta y
me dirigí hacia la puerta principal, abriéndola de un tirón. Sabía que sería casi
imposible para mí detener al hombre porque era alto y grande.
Growl estaba cerca detrás de mí.
—Deberías aprender a enfocarte en tus propios asuntos.
—¿Por qué? ¿Para así poder convertirme en una tirana como Falcone y tú?
¡No, gracias! —siseé a medida que avanzaba furiosa cruzando la acera.
Antes de que pudiera alcanzarla, Growl me agarró del brazo, obligándome a
detenerme. Giré hacia él. El aullido del niño llegó hasta nosotros y partió mi corazón.
Nadie más estaba ayudando, aunque muchos rostros aparecían en las ventanas,
mirando lo que estaba pasando.
—Este niño tiene que ver a su padre golpear a su madre. Deberías saber lo que
le hace a un niño el mirar ese tipo de horrores. ¿En serio quieres que ese chico
comparta el mismo destino que tú?
Los ojos de Growl destellaron con indecisión, luego su mirada cayó en la
escena al otro lado de la calle. La resolución y la furia cubrieron su rostro. El alivio
me inundó. Conocía esa expresión.
Growl cruzó la calle sin mirar a derecha o izquierda. Lo seguí. El tipo no nos
había notado todavía y estaba insultando a su novia, pateándola y golpeándola
alternadamente. Growl fue como un toro cuando embistió al hombre con su hombro.
El tipo dejó escapar un grito y cayó al suelo. Miró como si quisiera golpear a
quienquiera que lo hubiera atacado, pero entonces se dio cuenta que era Growl y sus
ojos se abrieron como platos.
Me agaché junto a la mujer quien estaba todavía sentada en el suelo,
presionando la mano sobre su boca. Sangre chorreaba por su barbilla.
—Ahora estás bien —murmuré, mientras tocaba su hombro. Su mirada borrosa
se centró en mí. No dijo nada. Podía oler el alcohol en su aliento. Su hijo vino
corriendo hacia nosotros y la abrazó del cuello.
—Ma… mami.
Ella lo ignoró, sus ojos estaban solo en Growl, quien estaba golpeando y
sacudiendo a su novio, y diciendo algo que no podíamos escuchar.
—No dejes que mate a mi Dave —dijo casi rogando.
La miré fijamente. Después de todo, ¿estaba preocupada por su novio abusivo?
—Deberías ir a un refugio de mujeres con tu hijo.
La mujer sacudió la cabeza.
—Dave no es un mal tipo. No dejes que lastime a mi Dave.
Me levanté. Growl lanzó al hombre contra su auto.
—Vete —gruñó, sonando tan amenazador como se veía. El hombre se subió al
auto y se fue.
—En serio deberías irte mientras no está —le dije a la mujer. Pero sus ojos
siguieron el auto con angustia y añoranza, y supe que no se iría. Despeiné el cabello
del niño y el gesto lo hizo sonreír. Ese pobre niño.
Ayudé a la mujer y al chico a entrar a la casa, ignorando las preguntas
constantes sobre su pareja. Dentro, la casa estaba llena de botellas de cerveza vacías.
Apestaba a humo y alcohol, y entonces decidí que necesitaba salvar al niño al menos.
Lo alcé en mis brazos y lo saqué una vez más. La mujer no me detuvo. Estaba
hurgando su teléfono, intentando llamar a su novio abusivo.
Growl me lanzó una mirada pero no dijo nada cuando salí con el muchacho.
Cruzamos la calle y solo cuando entramos en la casa de Growl, dijo:
—No puedes quedártelo.
—No lo haré. Tenemos que llamar a Servicios Infantiles. Tenemos que hacer
algo.
—No puedes salvarlos a todos.
—Pero puedo salvarlo a él, y eso es suficiente —dije firmemente. El niño
estaba mirando a Bandit y Coco con curiosidad.
Growl miró entre el niño y yo, y asintió.
—Conozco a alguien a quien puedo llamar. Encontrarán un buen lugar para él.
—El niño se estiró y tocó uno de los tatuajes de Growl con fascinación. La expresión
de Growl se suavizó un poco y luego se dirigió hacia el teléfono como si estuviera
asustado de su propia reacción. Después de todo, había esperanza para él.
Una hora después, dos mujeres vinieron y recogieron al niño. Esa noche oí a
sus padres gritarse otra vez pero no vinieron a preguntar por él.
Cuando yacía junto a Growl luego del sexo esa noche, susurré:
—Hoy, hiciste lo correcto. —Lo había hecho. Quizás yo estaba equivocada,
quizás sí podía redimir sus pecados al hacer el bien.
Growl se giró hacia mí.
—Quizás. Pero esa mujer sigue con el idiota. Algunas personas no conocen
nada más que la miseria. Es algo seguro, constante. El cambio los asusta más que sus
vidas de mierda.
Tracé las espinas tatuadas en su antebrazo.
—Como tú.
Growl entrecerró los ojos.
—Estoy cambiando mi vida por ti yendo contra Falcone.
—Lo sé, y te agradezco por ello. Pero lo estás haciendo por mí. Es como si
todavía pensaras que no mereces nada bueno —dije—. Vives en este lugar aunque no
tienes por qué hacerlo. No puedo imaginar que Falcone te esté pagando tan mal. Eres
como esa mujer en ese aspecto.
Se sentó.
—Esta casa no es como ser golpeado por alguien. —Dudó—. ¿Es tan malo
para ti?
Suspiré.
—Este lugar me hace miserable.
—Quieres decir que yo te hago miserable.
—No —dije, y no estaba segura si era la verdad o todavía era una parte de mi
plan para hacer que confiase en mí—. Este lugar. La gente no tiene esperanza y es
ignorante, y no hay belleza en este lugar, solo desolación.
Growl miró alrededor de la habitación.
—La belleza es pasajera.
—¿Y la desolación y la angustia no? —También me senté y apoyé la barbilla
en su hombro, inhalando su aroma a almizcle. No quería que se fuera pero podía decir
que ya se estaba poniendo impaciente.
—Es familiar. Es seguro —murmuró Growl—. Siempre me gustó eso. —Y yo
había arruinado las cosas, supuse. Una criatura de hábitos, en verdad. Y aun así, lo
estaba abandonando todo por mí.
Por un momento hubo silencio, luego se alejó lentamente, y no tuve más opción
que dejarlo ir. Se detuvo en el borde de la cama, pero luego se levantó.
—Duerme bien.
—Dormiría mejor si te quedaras —dije.
Growl vaciló, pero entonces se fue de nuevo. Cada vez que pensaba que
estábamos llegando a algo, una acción como esta me recordaba que no podíamos.
Quizás en algún punto mi corazón también lo entendería.

Condujimos hacia la franja de Las Vegas con sus rascacielos. Todo era brillante
y la gente estaba pasándolo bien. Era muy diferente a donde Growl vivía. Nos
detuvimos frente a unos largos y elegantes rascacielos con botones frente a las puertas
deslizantes. Growl salió antes de que el hombre pudiera abrir su puerta, así que me
ayudó a mí. Se sentía extraño estar rodeada otra vez de este lujo. Casi me sentía como
si no perteneciera, como si el último par de semanas me hubiera cambiado tanto que
ya no podría encajar en el mundo del que había sido parte toda mi vida. Era un
pensamiento atemorizante.
Growl me guio dentro del edificio con una mano en mi espalda. Era un gesto
posesivo y al mismo tiempo, pensé que estaba intentando mostrarme algo más. ¿O
estaba intentando ver cosas de las que Growl no era capaz? La recepcionista nos dio
una sonrisa demasiado brillante mientras íbamos hacia los ascensores.
Bajamos en la misma cima del rascacielos y entramos en un apartamento
enorme. Todo era blanco, vidrio y dorado.
—¿Qué es esto? —pregunté. Estaba amueblado con mobiliario diseñado en
negro y gris. Todo era elegante y perfecto.
—Mi apartamento —contestó Growl simplemente.
Me congelé a medio camino hacia las ventanas que iban de suelo a techo.
—¿Esto es tuyo? —Este apartamento se veía completamente sin uso. Y en las
seis semanas que había estado con él, nunca me lo había mencionado. Me sorprendí.
¿En serio habían pasado seis semanas? Dios. Y al mismo tiempo, seis semanas parecía
un tiempo demasiado corto para todo lo que había pasado.
Seis semanas. Sin mi hermana. Ella estaba bien, Growl me lo había asegurado.
Y mi madre, no la había visto en tanto tiempo.
—Lo obtuve hace un par de años —dijo Growl, arrancándome de mis
pensamientos. Sacó un refresco de la nevera y lo bebió—. Falcone me lo dio como
pago por un trabajo bien hecho, pero no lo uso. —Me pasó otro refresco pero solo lo
usé para que el frío me ayudara a concentrarme.
—Si tienes esto… —señalé todo mi alrededor—… entonces, ¿por qué estás
viviendo en esa horrible casa? No parece que hayas pisado este lugar alguna vez. No
hay nada aquí que te pertenezca.
Growl me miró de manera extraña.
—Porque este no es quien soy. Los muebles estaban aquí cuando llegué y
nunca cambié nada —dijo en su usual retumbar bajo—. Esto es demasiado… —Sus
ojos estudiaron la habitación—. Demasiado noble para alguien como yo. Simplemente
no soy yo.
Me detuve en la ventana y dejé que mi mirada sobrevolara Las Vegas
extendiéndose bajo nosotros. En la distancia, podía ver el desierto rojo infinito.
Prefería vivir en una casa, siempre había amado mi vieja casa y el jardín, pero
cualquier cosa era mejor que la casucha a la que Growl llamaba casa.
—¿Para alguien como tú? —repetí sus palabras.
Growl se acercó a mí lentamente y siguió mi mirada.
—Y Coco y Bandit no se sentirían cómodos tan alto. Extrañarían su jardín.
Aquí alrededor no hay dónde pasearlos.
Le eché un vistazo pero evitó mi mirada. Había algo extrañamente vulnerable
y fuera de lugar en Growl. ¿Por qué se sentía tan incómodo en un apartamento lujoso?
—No es como si el área en la que vivimos fuera buena para pasear perros.
Growl me lanzó una sonrisa extraña.
—Bandit y Coco están acostumbrados a lugares como esos. Saben cómo lidiar
con ebrios y drogadictos, putas y vagabundos. La gente de aquí, con sus sonrisas
falsas, eso es algo con lo que no pueden lidiar. Gente como esa los envío a peleas de
perros.
—Sabes, hay lugares donde la gente decente y normal puede vivir. Comparas
un extremo con otro.
—Normal —dijo Growl en voz baja, probando la palabra—. Nunca he sido
“normal”. —Se giró hacia mí—. ¿Puedes imaginarme entre gente normal y decente?
No dije nada. Growl, con sus tatuajes aterrorizantes y la garganta destrozada
siempre llamaba la atención sobre sí, y esa era solo su apariencia atemorizante.
Debe haber leído mis pensamientos en mi rostro. Asintió.
—La gente normal no me querría en sus vecindarios, estarían asustados de mí.
Y la gente aquí alrededor, tampoco me quieren porque ellos también me temen.
—Todo el mundo te teme —dije en tono práctico—. Incluso los criminales y
los drogadictos en tu área. Si quieres vivir donde nadie te tema, tendrás que mudarte
a la selva. —Se suponía que era una broma, para aligerar el humor, pero Growl asintió
pensativo.
—Los animales no me temen, solo los humanos. Soy un monstruo hecho por
el hombre, quizás ese es el por qué. —Abarcó nuestro entorno de nuevo—. Los
monstruos no están hechos para un palacio como este.
Él pensaba que no merecía vivir en un lugar tan bonito. Quizás en el camino,
había comenzado a creer lo que todo el mundo decía, que estaba por debajo que el
resto, que no valía nada. Por alguna razón, sentí pena por él, incluso aunque no
mereciera mi compasión.
—Perteneces aquí —dijo Growl en voz baja—. Una princesa en su torre.
Mis labios se abrieron en sorpresa. No era la primera vez que decía algo así,
pero cada vez me pillaba de sorpresa.
—Entonces, ¿por qué estamos aquí? —le pregunté.
—Odias la casa —dijo llanamente.
—¿Y?
—Podemos vivir aquí un tiempo. Te hará sentir mejor hasta que encuentre el
mejor día para nuestro plan.
Me quedé en silencio completamente aturdida. Growl en serio estaba
considerando mudarse a este lugar porque quería verme feliz.
—¿Estás seguro? —No quería nada más que vivir aquí, en este lugar brillante,
lejos de la miseria.
Él asintió, pero pude notar un indicio de incertidumbre.
—¿Qué hay de Bandit y Coco? Lo dijiste tú mismo, necesitan un jardín. ¿Se
acostumbrarán a esto?
Growl empujó un mechón de cabello de mi hombro.
—Estoy fuera por negocios la mayor parte del tiempo. Puedo llevarlos
conmigo. Estoy a menudo en el campo, donde pueden correr. Y no venderé la casa,
así que podemos volver allí si no queremos quedarnos aquí.
Dudaba que alguna vez quisiera volver a la casa de Growl. Ni siquiera era
porque fuera pequeña y estuviera en un mal barrio. El lugar estaba lleno con
demasiada desolación, parecía arder en las paredes y el piso. No había escapatoria.
—Me encantaría vivir aquí —admití al final. Y realmente lo hacía.
—Aunque, puede que no vivamos aquí mucho tiempo. Después de que
terminemos con Falcone, tenemos que irnos de Las Vegas.
Sabía eso, y después de todo lo que me había pasado aquí, no estaba triste por
dejar mi ciudad natal. Quería un comienzo nuevo. ¿Con Growl? Preguntó una voz
aguda en mi cabeza. Y una parte de mí, quería decir sí.
—Lo sé, pero incluso unas cuantas semanas o solo días está bien. Me encanta
ver el horizonte —dije. Lo vi de reojo. Había un borde suave en su expresión, y no
pude evitarlo. Jamás lo había querido más que en este momento. No estaba segura si
esto todavía era parte del plan, si mis acciones hacia Growl todavía solo tenían la
intención de ponerlo de mi lado, de obtener mi venganza y la seguridad de mi familia.
Me paré de puntillas, lo agarré de la nuca y lo empujé hacia mí para un beso profundo.
Respondió inmediatamente. Me presioné contra él y agarró mi trasero con una mano,
apretándolo. Empecé a quitarle las ropas, y pronto ambos estuvimos desnudos,
nuestras manos explorando cada centímetro de piel descubierta. Mi cuerpo estaba en
llamas, absolutamente necesitado. Growl me alzó y presionó mi espalda contra la
ventana. Dejé salir una risa sorprendida—. ¿Aquí? —pregunté. Él empujó en mi
entrada con su longitud.
—Es una linda vista —dijo Growl secamente.
Lo besé con rudeza, y él empujó dentro de mí al mismo tiempo, haciéndome
jadear en su boca. Mi espalda frotó contra la ventana a medida Growl bombeaba en
mí. Y entonces, ambos nos vinimos al mismo tiempo. Growl cayó de rodillas conmigo
todavía envuelta a su alrededor. Ambos jadeábamos. Mis ojos divisaron la franja de
la ciudad y los rascacielos vecinos.
—¿Esto tiene recubrimiento reflectante?
Growl sacudió la cabeza.
—No lo creo.
Me apoyé contra el vidrio.
—Entonces, ¿alguien pudo habernos visto?
—¿Te importa?
—No —respondí. Y era cierto. Unas cuantas semanas atrás, esto habría sido
imposible, pero tanto había pasado desde entonces que la idea de alguien viéndome
tener sexo no era algo que pudiera arruinar mi día. Lejos de eso.
22
Cara
Traducido por Anna Ancalimë

Corregido por Aresina

—¿Por qué siempre me dejas después de dormir juntos? —Intenté sonar


meramente curiosa pero se me filtró un poco de vulnerabilidad.
—No puedo dormir con alguien más en la cama —dijo—. Ni siquiera pensé
que pudiera compartir una casa… —miró alrededor a nuestro nuevo entorno—… o
apartamento con nadie.
—¿Por qué? —Dudaba que le preocupara que lo fuera a matar.
—Simplemente no puedo. Prefiero estar solo, prefería estar solo.
—¿Ya no? —pregunté esperanzada.
—No duermo muy bien. Y si alguien estuviera en la cama conmigo, sería peor
—dijo Growl, en lugar de responder a mi pregunta.
—Quizás solo necesitas acostumbrarte. Quizás tome tiempo. Has estado solo
mucho tiempo.
—Siempre —murmuró—. Siempre he estado solo. Incluso cuando mi madre
todavía estaba viva, trabajaba mucho, especialmente de noche —fue su simple
respuesta—. Y después que la mataron y quedé con Bud, estaba agradecido por la
soledad. Estar solo significando no sentir dolor. Eso estaba bien.
Mi corazón se apretujó por él. Tanto horror en su pasado. No sabía si yo, si
cualquier cosa pudiera alguna vez competir con eso, ganarles alguna vez a las sombras
de su pasado.
—Los humanos no están hechos para estar solos. Necesitamos a alguien. Está
en nuestra naturaleza. Necesitamos ser tocados. Necesitamos hablar con alguien.
Tener a alguien en quien confiar. De otra manera nos convertiríamos…
—En alguien como yo —retumbó Growl—. Estoy mejor solo. Estoy hecho
para estar solo.
Miré sus tatuajes, los bordes de sus cicatrices, sus ojos duros.
—Quizás tienes razón.
Incluso si no quería aceptarlo, quizás Growl era una de esas personas que no
podía estar con otras mucho tiempo.
No intenté detenerlo esta vez cuando se levantó. Mis ojos siguieron la línea de
músculos de sus amplios hombros hasta su firme trasero. Mis mejillas ya no se
calentaban, pero el fuego en mi estómago se encendió una vez más con la vista. Nunca
antes había sentido algo así. Había tenido flechazos, había sentido mariposas, pero
esto era algo más, algo más fuerte y oscuro. Lo deseaba, quizás incluso… lo amaba.
No podía estar segura. No ahora, no cuando mi vida estaba agitada y las decisiones
no me pertenecían. ¿Podía el amor nacer de la cautividad? ¿No era algo que solo podía
surgir en libertad?
Growl no giró de nuevo mientras avanzaba hacia la puerta y se iba. El fuego
en mi vientre murió como si alguien lo hubiera apagado con agua. Tiré de las sábanas
hasta mi barbilla. Nunca había sabido que la soledad viniera con esa sensación de
hielo cubriendo mi piel. Frío. Sentía frío. Todavía me sentía delicada allí entre mis
piernas por Growl, pero el resto de mí no era nada. Ese dolor entre las piernas era todo
lo que me recordaba a Growl. Pronto, si… cuando nuestro plan tuviera éxito y
estuviéramos a salvo, ¿qué me pasaría? ¿A Growl y a mí? Él lidiaba con sus
emociones. La mayor parte del tiempo, ni siquiera estaba segura que él pudiera
entenderlas. Quizás para él eran lo que las letras son para las personas con dislexia.
Pero esas personas podían aprender a vivir con sus limitaciones, y aprendían a leer y
escribir a pesar de ellas. Así que, ¿por qué Growl no podría aprender las emociones?
Ya había avanzado un largo trecho de cuando nos habíamos conocido por primera
vez. Quizás las emociones eran extrañas para él, como la pasión lo había sido para mí,
pero no siempre tenía que ser así. Growl me había enseñado la pasión, no me había
dado otra opción más que rendirme a ella. ¿Era ingenua al esperar que yo pudiera
enseñarle a tener emociones así como él me había enseñado del deseo y la pasión?
Quizás ya lo has hecho, susurró una voz tímida en mi cabeza. Quizás. Y quizás
no era suficiente.
El cielo de Las Vegas atrajo mis ojos. Se había mudado a este lugar por mí. Por
cualquier razón, él había volcado su vida al revés por mí. Las siguientes semanas lo
dirían. Si nuestro plan de venganza fallaba, ya nada importaba. Mucho menos mis
emociones. Pronto todo se decidiría.
Growl
—Falcone no me dice dónde está tu hermana y creo que está comenzando a
sospechar de mi interés. Y las negociaciones con Nueva York no parecen estar yendo
muy bien, lo que podría significar que Falcone no necesitará la ayuda de tu madre
mucho más. No podemos esperar mucho —dijo Growl unos cuantos días después
cuando volvió al apartamento luego de hacer lo que sea que Falcone le pidiera. Coco
y Bandit lo recibieron, moviendo sus colas salvajemente.
Si Falcone ya no necesitaba la ayuda de madre, se desharía de ella muy
probablemente.
—Pero, ¿qué podemos hacer si ni siquiera sabemos dónde está mi hermana?
No podemos vengarnos en tanto ella no esté a salvo.
—Le sacaré la información a Falcone, no te preocupes. Lo secuestraremos y lo
haré hablar. Una vez que sepa dónde está tu hermana, mataré a Falcone e iré a Nueva
York con tu hermana.
—¿Qué hay de mí y mi madre?
—Te irás justo después de que tenga a Falcone en mis manos. No te quiero en
la ciudad cuando esté lidiando con él. Nos encontraremos todos en Nueva York.
Sacudí la cabeza.
—No me iré sin mi hermana. ¿Qué pasa si algo sale mal y no podemos
liberarla? Quiero estar allí para asegurarme que todo salga bien.
—No puedes ayudar. Solo serías una carga porque tendré que mantener un ojo
en ti también, y no seré capaz de pelear tan libremente como usualmente lo hago.
—¿Crees que habrá pelea?
Growl rio sin humor.
—Falcone nunca está sin guardaespaldas, y supongo que tu hermana también
estará resguardada. Tendré que matar a quienquiera que se interponga en mi camino.
No podemos dejar que nadie sobreviva. Podrían decir algo. No podemos arriesgarnos.
—Entonces, ¿conduciremos a la casa de Falcone y lo secuestraremos?
—Generalmente se encuentra conmigo una vez a la semana para darme nuevos
trabajos. Ese es el mejor día para atacar. Me estará esperando, así que no sospechará.
Lo llevaré a un lugar seguro, sacaré la información que necesito y luego lo mataré.
Entonces iré por tu hermana.
—Te dije que no me iré antes. Me quedaré el tiempo que tome para que todos
estemos a salvo y Falcone muerto.
Growl no dijo nada. Quizás esperaba poder convencerme.
—Y necesito hablar con mi madre. Necesita saber lo que hemos planeado.
Growl sacudió la cabeza.
—No. Podría escapársele algo por accidente. No necesita saber. —Hizo una
pausa—. Cara, en serio quiero que te vayas antes con tu madre. No deberías estar en
Las Vegas un minuto más de lo necesario.
—¡No! —grité—. Quiero estar allí. Quiero vengarme más que tú. ¿No debería
estar allí cuando pase?
Growl tocó mi mejilla.
—¿Estás segura que quieres eso? Te cambiará, créeme. Tener sangre en tus
manos cambia todo.
—Mi vida cambió cuando Falcone mató a mi padre. Verlo morir por sus
pecados solo hará las cosas mejor.
Growl asintió.
—Bien, pero cuando las cosas se pongan peligrosas, tendrás que escuchar mis
órdenes. Si te digo que corras, corres, y no dudarás ni discutirás. ¿Entendido?
—Entendido. —Me acerqué a él y coloqué la mano sobre su pecho—. No
puedo creer que en verdad estés haciendo esto.
—Lo prometí. Haré esto por ti, y quizás entonces puedas perdonarme.
—Te perdono —susurré. Pero me silenció con un beso y me guio hacia el
dormitorio.
Los ojos de Growl estaban cerrados. Aunque no estaba durmiendo. No es que
supiera cómo se veía cuando en realidad estaba durmiendo ya que nunca me había
dejado estar cerca cuando estaba así de vulnerable. Pero cuando sea que estuviera así
de cerca de dormirse, me mandaba lejos o se iba si estaba en mi habitación. Me alejé
hacia el borde de la cama y me desenredé de las sábanas. Ya me había quedado por
demasiado tiempo. Mis ojos se estaban tornando pesados. No quería que Growl me
despertara y me sacara. Era más fácil así, cuando irse parecía mi decisión y no el
resultado de su incapacidad o su negación a compartir una cama conmigo, para darme
más cercanía de la que era absolutamente necesaria. Era ridículo cómo esta pequeña
apariencia de decisión me hacía sentir mejor.
Mis pies golpearon el suelo frío y un escalofrío familiar me recorrió la
columna. Esta vez no me permití quedarme en el borde de la cama. Me paré. Ni
siquiera me había alejado un paso cuando una palma fuerte se envolvió en mi muñeca.
—Quédate —fue la ruda orden.
Me congelé, mi mirada desviándose hacia Growl. Todavía estaba acostado en
la cama, sus ojos todavía cerrados. Nada en sus facciones había cambiado, y si no
fuera por la mano sosteniéndome con fuerza, me habría convencido de que había
imaginado la palabra.
No analicé el por qué había cambiado de opinión. Me deslicé de vuelta bajo las
sábanas y solo cuando estuve a su lado, Growl soltó mi muñeca.
—¿Por qué? —pregunté suavemente.
Se quedó de espaldas, no se estiró hacia mí, y no intenté acurrucarme contra él.
Habría sido demasiado. Esto, invitarme a quedarme durante la noche, ya era un
gigantesco paso, lo sabía.
—No preguntes —murmuró sordamente.
Growl apagó las luces y la oscuridad cayó sobre ambos. Apenas me atrevía a
respirar, mucho menos moverme, exageradamente consciente de que Growl
probablemente estaba escuchando cada sonido. ¿Estaba entrometiéndome? ¿Ya se
estaba arrepintiendo de aquella única palabra?
Empujé esos pensamientos a un lado. Y entonces, cuando menos lo esperaba,
Growl colocó su mano contra mi espalda. Un toque leve pero suficiente. Otro paso en
la dirección correcta. Con el sonido de su respiración constante en el fondo y la
sensación de su palma tocando ligeramente mi espalda, me dormí lentamente.
23
Cara
Traducido por Edna

Corregido por Pakhie

Esa noche desperté dos veces por las pesadillas. Sin embargo, no por las mías.
Growl se retorcía y jadeaba en su sueño. No me atreví a despertarlo. Tenía el
presentimiento de que no le gustaría que yo supiera de sus problemas.
Era extraño verlo perturbado; su cara retorciéndose en agonía. Nunca había
considerado que hubiera algo que pudiera mortificarlo tanto. Tal vez era más humano
de lo que había considerado.
Él no estaba en la cama cuando desperté, lo encontré en la cocina recargado
contra la encimera con una taza de café en la mano, como de costumbre. Aún ahora
que teníamos una mesa en la cocina del penthouse, él prefería permanecer de pie.
Coco y Bandit estaban sentados a su lado, viéndolo con ojos de adoración.
—Buenos días —dije.
Growl llenó una taza y me la dio. Yo sonreí y rocé brevemente su antebrazo en
señal de agradecimiento. No se apartó pero su mirada me hizo detenerme. Bebí mi
café y lo dejé que se tomará el tiempo necesario para decir lo que necesitara.
—Tengo una solicitud —dijo Growl tranquilamente.
—Está bien. —¿Qué podría necesitar que haga?
Miró hacia Coco y Bandit.
—¿Cuidarás de mis perros en caso de que algo me pase?
Fruncí el entrecejo.
—No te pasará nada. Todos iremos a Nueva York, juntos.
—Deberías considerar la posibilidad de mi muerte —habló con voz ronca—.
Estoy seguro que es algo que has deseado con frecuencia.
Debería esperarlo, y al principio lo hice. Después de todo, yo misma había
intentado matarlo. Pronto estaríamos arriesgando nuestras vidas. Tal vez esta sería la
última vez que estaríamos juntos. Era extraño pensar en eso. Aún más extraño era que
me sintiera triste por eso. Analicé su rostro. Ya no le tenía miedo y tampoco deseaba
su muerte.
Me estire muy lentamente y tracé la cicatriz alrededor de su cuello. Growl se
paralizó, pero no me detuvo. La sorpresa me inundó. Se sintió como un milagro que
él me dejara hacer eso y de repente, en lo más profundo, sentí miedo. Miedo de mis
emociones y lo que el futuro me preparaba.
—No morirás. Eres la persona más fuerte que conozco —susurré. Me paré muy
cerca de él, y fijé mis ojos en los suyos.
—No lo soy. —Sus ojos color ámbar me arrastraron. Tantos horrores se
escondían detrás de ellos, y aun así no lo odiaba, ya no.
¿Cómo permití que esto pasara?
—¿Qué está pasando con nosotros? —pregunté tranquilamente.
Growl frunció el ceño.
—¿Qué soy para ti?
—Tú eres mía —dijo simplemente. Suya.
¿Su propiedad? ¿Su regalo? ¿Solo eso, o había más?
No importaba. Una vez que estuviera en Nueva York, no habría futuro para
nosotros. No podría estar con Growl. No, no podía hacerle esto a mi madre y hermana.
Ellas no lo entenderían, y como podrían, si ni siquiera yo sabía cómo había pasado.

Growl
—Cuidaré de tus perros si eso es lo que quieres —dijo Cara.
Growl quería muchas cosas, cosas que nunca antes había querido. Más que
nada, quería decirle que no quería perderla. Y que por primera vez en su vida tenía
miedo de morir porque quería tener más tiempo con ella, y a la vez tenía miedo de no
morir y verla partir al momento en que llegaran a Nueva York.
—Coco y Bandit te aman —le dijo.
Ella estudió sus ojos, pero él no estaba seguro de lo que intentaba encontrar.
Aún ahora, difícilmente entendía cómo trabajaba su cerebro. Era un misterio para él,
probablemente siempre lo sería, pero no importaba. De alguna manera, ella había
logrado lo que nadie más había logrado antes. Había vinculado con él y él siempre le
sería leal.
También había sido leal a Falcone. Y habría muerto por él, porque a Growl
nunca antes le había importado si vivía o moría. Pero ahora, ahora quería vivir y aun
así gustosamente daría su vida por Cara, para que así ella pudiera ser feliz.
—Y yo los amo —dijo Cara dulcemente.
La palabra “amor” en los labios de Cara, provocó algo en Growl que no podía
entender.

Cara
A la mañana siguiente Growl me despertó antes del amanecer. Había estado
fuera toda la noche y yo había estado tan preocupada porque no me había dicho que
tardaría tanto.
—Tenemos que actuar hoy —dijo Growl.
Froté mis ojos.
—¿Qué…? —Me detuve, dándome cuenta de lo que me estaba diciendo. Me
senté—. ¿Por qué? ¿Ha pasado algo?
—Falcone se cansó de negociar con Nueva York. Dudo que tu madre le sirva
por más tiempo.
Me empujé fuera de la cama.
—¿Estamos listos?
No podíamos fallar.
—Lo suficiente —gruñó Growl—. Tenemos que arriesgarnos. No podemos
esperar. Encontré a alguien que nos ayudará. No puedo ocuparme de todo solo.
—¿Podemos confiar en él?
Growl sacudió su cabeza.
—No confío en nadie. Pero él está en la lista de Falcone, y le he ofrecido una
manera de escapar. También ayuda que Falcone mató a sus hermanos y desea
venganza igual que nosotros. Se suponía que yo debía de matarlo.
—Está bien —dije indecisa.
—Y nos conocemos desde niños. Su madre era una de las prostitutas de Bud.
Ocasionalmente pasábamos el tiempo juntos en el burdel.
—¿Eran amigos?
—No. No tuve amigos. Incluso en ese entonces, me tenía miedo. Pero a
menudo nos escondíamos juntos de Bud, así que somos aliados.
—Está bien, si crees que no nos traicionará, confío en ti.
Growl se acercó como si fuera a alcanzar mi mejilla, pero dejó caer su brazo.
La decepción se apoderó de mí, pero no tenía tiempo para lidiar con ella.
—Tienes que vestirte. Toma algunas cosas para el viaje a Nueva York. Quiero
que nos vayamos en quince minutos.
Me vestí con ropa cómoda y guardé mi cepillo de dientes y un cambio de ropa
en una mochila antes de apresurarme a salir de la habitación. Growl me esperaba en
la puerta de enfrente. No vi a Bandit y Coco por ningún lado.
—Ya están en el auto —dijo, como si hubiera visto la pregunta en mis ojos.
Asentí, tomando un aliento tembloroso. Quería decir algo, pero mi boca estaba
demasiado seca. En su lugar, me paré de puntillas y le di a Growl un beso prolongado.
Sus ojos se suavizaron, pero sobre todo se veían melancólicos.
—Vámonos —murmuró, abrió la puerta y salió.
Cuando salimos de la entrada, una extraña sensación de añoranza me abrumó.
No porque extrañaría este lugar sin esperanza, sino porque extrañaría cualquier cosa
sobre esta extraña conexión que Growl y yo habíamos desarrollado. No estaba segura
de lo que nos traería el futuro, pero sabía que Growl y yo no podríamos estar juntos.
No funcionaría. Estaba mal.
Le di una mirada al hombre a mi lado. Hace casi dos meses, también habíamos
estado en un auto como ahora, y en ese entonces parecía que mi vida había acabado.
Lo odiaba, le temía, lo quería muerto. Él no había sido nada más que un monstruo
ante mis ojos. Ahora, sus horribles tatuajes no me parecían repugnantes y tampoco su
cicatriz, que ahora sabía era una de muchas más. Ahora podía entenderlo mejor.
No era un monstruo. Era un monstruo en cierto modo, no había tenido otra
opción para sobrevivir a los horrores de su pasado. Pero también había un lado
humano en él. Había sobresalido más y más en el tiempo que pasamos juntos. Tal vez
eventualmente ganaría sobre su lado monstruoso, pero sabía que yo no podía estar con
él en su camino hacia la humanidad. Tenía que pensar en mi madre y hermana.
La esperanza de reunirme con ellas dos me daba fortaleza. No quería considerar
que el día de hoy podría perderlo todo.
—No le dije a nadie que iríamos con tu madre hoy. Primero, pensé en pretender
que querías visitarla, pero después de lo que Falcone dijo ayer, eso solo causaría
sospecha. Él podría pensar que tú intentarías informar a tu madre de sus planes para
detener las negociaciones.
—Es probable que tengas razón —dije—. ¿Dónde veremos a este tipo que nos
ayudará?
—Mino nos encontrará en un punto de reunión en una fábrica abandonada.
—¿Así que no te ayudará a pelear con los guardaespaldas de Falcone?
Entonces, ¿cuál es su propósito?
—Prefiero pelear solo.
De repente comprendí que Mino solo sería un chofer, lo cual solo tendría
sentido si Growl no esperara estar en condiciones de conducir por sí mismo.
Pero no tuve tiempo de pensar más en eso porque estábamos estacionando
frente a mi antigua casa.
Growl no dudó. Todo pasó demasiado rápido. Él prácticamente saltó del auto
y corrió hacia la casa. Tocó el timbre, y un hombre que yo no conocía abrió la puerta
después de un momento. Growl agarró su mano y la torció de manera violenta como
lo había visto hacer meses atrás. El hombre cayó al piso y Growl desapareció dentro
de la casa. Mi mano alcanzó la puerta. Era difícil permanecer en el auto y esperar. ¿Y
si algo malo pasaba y yo no estaba ahí para ayudarlo?
Aunque, ¿qué podría hacer yo? Si uno de los guardaespaldas de mi madre
lograba someter a Growl, entonces esa persona definitivamente no tendría problemas
en someterme a mí.
Los segundos pasaban lentamente y mis palmas empezaron a sudar. Entonces,
finalmente, Growl salió furioso de la casa, arrastrando a mi madre detrás de él. Dejé
salir un suspiro de alivio.
Madre estaba luchando contra él, obviamente convencida que él quería
lastimarla. Abrí la puerta y es entonces que me vio. La confusión se reflejó en su rostro
pero dejó de luchar contra Growl, no es que hubiera podido zafarse de cualquier
manera. Yo conocía la fuerza de su agarre.
Growl abrió la puerta de atrás y empujó a madre dentro, después la cerró
nuevamente. Él se sentó detrás del volante en cuestión de segundos y salimos al
camino de nuevo a toda prisa.
Madre se enderezó donde había quedado tendida en el asiento trasero, después
notó a Coco y Bandit detrás de ella en la camioneta. Dio un pequeño jadeo y se alejó
de ellos.
—No son peligrosos —le aseguré.
Ella me lanzó una mirada cuestionadora. Sus ojos saltaban entre Growl y yo,
obviamente insegura si tenía permitido hablar frente a él.
—Todo va a estar bien —traté de calmarla—. Growl nos está ayudando a huir
de Las Vegas.
Los ojos de madre se abrieron por completo.
—¿Pero Talia?
—La encontraremos primero y después conduciremos a Nueva York.
Madre sacudió su cabeza.
—No tendrás éxito. Luca no quiere tener nada que ver con la Camorra.
—Tú no eres parte de la Camorra —la interrumpió Growl—. Eres de la familia.
Él te acogerá.
Miré a Growl fijamente.
—Pero tú sí lo eres. ¿Luca lo sabe?
—Lo sabe. He hecho demasiado en nombre de Falcone.
No entendía. Entonces, ¿por qué Luca también lo ayudaría? O tal vez Growl
no tenía intenciones de acompañarnos a Nueva York y era por eso que Mino nos
llevaría hasta allí.
Noté el escrutinio de madre y aparté mis ojos de Growl. No podía dejar que
ella averiguara de mis sentimientos.
—¿Qué pasará con Falcone? —preguntó madre.
—No hay tiempo de explicarlo —dijo Growl impacientemente. Su cuerpo
estaba rígido por la tensión.
Detuvo el vehículo detrás de una camioneta pick up estacionada a un lado de
la calle.
—Este es el auto de Mino. Quiero que suban en él y yo me haré cargo de
Falcone.
Le lancé una mirada.
—Pensé que nos esperaría en una fábrica después de que hubiéramos acabado
con Falcone.
—No quiero que estés cerca mientras me encargo de él. Solo estorbarás y
seríamos demasiados con Falcone, tu madre y tú ahí.
Un hombre corpulento bajó de la camioneta y esperó.
—No me iré —dije firmemente.
Growl apretó los labios. Se estaba enojando, pero no me importaba. Quería ser
parte de esto.
—Está bien —dijo—. Pero tu madre sí.
Salió y abrió la puerta trasera. Madre me dio una mirada asustada.
—¿Qué estás haciendo, Cara? Esto es una locura. —No pudo decir más. Growl
la arrastró hacia la camioneta y la puso en el asiento trasero, después ya se encontraba
detrás del volante y nos alejamos conduciendo. Miré sobre mi hombro hacia la
camioneta que se alejaba por el camino y avanzaba en la otra dirección.
—Tu madre está a salvo. Mino necesita nuestra ayuda. Él y su familia solo
pueden esperar estar seguros si Nueva York les garantiza protección, y la única
manera de que eso ocurra es que tu madre hable bien por ellos. Él no tiene otra opción
más que realizar nuestro plan.
Esa información me tranquilizó. Si hay algo en lo que puedes confiar, es que
la gente querrá salvarse a sí misma y a su familia.
La puerta de la mansión de Falcone apareció en la distancia.
—Hay una manta atrás. Agáchate en el espacio para las piernas y cúbrete con
ella. No quiero que te vean.
Tomé la manta e hice lo que me pidió, tratando de estar lo más quieta posible.
Unos minutos más tarde el auto se detuvo y escuché que bajaban la ventana y luego
una voz masculina:
—Buenos días. El señor Falcone está esperándolo.
Después de un pequeño momento de pánico, me recordé a mí misma que Growl
mencionó que se suponía que tendría que encontrarse con Falcone para discutir sobre
otro trabajo. Al menos, de esa manera no generaría sospechas. Escuché un disparo
amortiguado por un silenciador y un cuerpo golpeando el asfalto. Podía escuchar los
latidos de mi corazón en mis oídos cuando el auto se puso nuevamente en movimiento.
24
Cara
Traducido por Joss_P

Corregido por Marta

—Quédate aquí. Probablemente me tomará un poco más inhabilitar a los


guardias de Falcone —dijo Growl a medida que me quitaba la manta. Él me tendió un
arma—. ¿Sabes cómo usarla?
Mis ojos se abrieron de par en par y sacudí la cabeza. Así que me explicó lo
básico rápidamente, luego se fue y deseé que me hubiera dado un beso en caso de que
no volviera.
Ni siquiera lo pienses, me regañé. Si Growl moría, todos lo haríamos.
Growl abrió el maletero y los perros saltaron fuera. Permanecí agachada en el
espacio para las piernas pero me asomé por la ventana. Coco y Bandit siguieron a
Growl mientras se dirigía a la puerta. Alguien la abrió y Growl empujó su cuchillo en
su barbilla, luego estaba fuera de mi vista.
Fueron diez interminables minutos hasta que finalmente Growl apareció en la
entrada. La sangre corría por su frente y su camisa estaba rasgada. Mi corazón latió
de prisa con la visión, hasta que Growl salió por completo, sosteniendo a Falcone por
el cuello. Una pierna de su pantalón estaba rasgada como si Coco o Bandit hubieran
mordido a Falcone ahí. Sonreí para mis adentros a pesar de la tensión.
El maletero aún estaba abierto de modo que Coco y Bandit saltaron dentro sin
que se lo dijeran. La boca de Coco estaba cubierta de sangre. El pelaje de Bandit era
demasiado oscuro como para decir el tipo de líquido que estaba goteando de él pero
tenía la sospecha de que también era sangre. Después de todo, eran perros de pelea.
Growl empujó a Falcone al asiento trasero. Las manos del hombre estaban
atadas con cinta, así como su boca. Él me fulminó con la mirada cuando me notó en
el asiento.
Growl entró en su asiento y encendió el auto. Teníamos que escapar de la casa
lo más rápido posible. Nadie intentó detenernos mientras dejábamos el sitio.
—¿Está todo bien? —pregunté, examinando el corte en la cabeza de Growl.
No parecía muy profundo pero la sangre le corría por su cara y se metía en su ojo
izquierdo. Él se la quitó impacientemente.
—Los maté antes de que pudieran encender la alarma.
Falcone hizo un sonido ahogado. Parecía enfadado, pero también había una
pizca de miedo que me dio una satisfacción enfermiza.
Le sonreí de manera siniestra antes de girarme hacia Growl.
—¿Qué hay de su esposa y sus hijos?
—Sus hijos están en un internado en Inglaterra y su esposa está en Aspen.
Bien. Por lo menos, esa sangre no tenía que ser derramada. No me gustaba
mucho la esposa de Falcone, pero probablemente ya había sufrido bastante en su
matrimonio. No se merecía la muerte.
Falcone trató de decir algo una vez más. Growl estacionó a un lado del camino
y se giró en su asiento. Levantó la manga de la camisa de Falcone y presionó el
cuchillo contra la piel a unos pocos centímetros por debajo del codo.
—¿Qué estás haciendo? —pregunté.
—Implantó un rastreador GPS en su cuerpo, así podríamos encontrarlo si
alguna vez era secuestrado —dijo Growl.
Falcone gritó de dolor a medida que Growl sacaba el pequeño dispositivo de
su carne con la punta afilada de su cuchillo. El rastreador cubierto de sangre cayó en
el asiento trasero. Growl abrió la ventana y lanzó el dispositivo de rastreo.
Luego arrancó la cinta de la boca de Falcone y continuó con nuestro viaje.
—¿Estás seguro que es una buena idea dejarlo hablar? —pregunté.
Falcone jadeaba en el asiento trasero con la piel enrojecida alrededor de su
boca, y nos fulminó con la mirada.
—¿Qué ha hecho esa puta para envolverte alrededor de sus dedos? Había
creído que eras inmune a la manipulación.
—Tú me has manipulado toda mi vida —gruñó Growl.
—¿Ella te dijo eso? Debe haberte absorbido el cerebro.
—Cuidado con lo que dices —advirtió Growl.

Intentó incorporarse, pero con las manos atadas no era fácil. Así que al final se
dio por vencido. Probablemente era lo mejor considerando que Bandit había puesto
su cabeza sobre el asiento y estaba demasiado ansioso por otra probada de Falcone.
—¿Acaso ella vale la pena perderlo todo? Podrías haber sido mi sucesor.
Todavía puedes serlo si matas a esa perra ahora mismo.
Me reí. Y Growl también sonrió amargamente.
—Como si tus hombres alguna vez me aceptarían como su jefe. Sé lo que todos
dicen de mí, incluso tú. Un bastardo no puede ser más que un secuaz. No soy estúpido.
Sé lo que ha estado pasando a mis espaldas. Y tienes un heredero legítimo, no me
necesitas.
—Esta vida es todo lo que conoces, todo lo que has tenido. Si la pones en riesgo
por ella, te quedarás sin nada. Ella no vale la pena, créeme.
Los ojos de Growl se clavaron en mí brevemente.
—Sí, ella vale la pena. Vale más que tú y yo. Valdrá la pena perderlo todo.
Mi corazón se hinchó de amor, y al mismo tiempo tengo un nudo en mi
estómago. Esto no tenía que haber pasado. Enamorarme de un hombre como Growl
era lo peor que podía hacer, pero ahora era demasiado tarde. No podía negar mis
sentimientos por el hombre que estaba a mi lado.
—Debí haberte matado cuando eras un muchacho inútil. No vales la pena. Eres
indigno. El hijo de una puta chupa pollas. Si no trabajas para mí, ¿qué es lo que harás?
No hay nada que puedas hacer. Eres un monstruo. Siempre lo has sido. Lo supe la
primera vez que te vi cuando eras un feo bebé gritón.
Growl se detuvo en un estacionamiento abandonado. Parecía que la tienda
había estado cerrada por un largo tiempo. Growl saltó del auto y arrastró a Falcone
fuera del asiento trasero, luego lo arrojó al suelo. Falcone empezó a reírse sin parar.
También salí del auto.
Growl agarró a Falcone por la garganta.
—Ya has hecho suficiente daño. No seguiré escuchándote. Hoy morirás.
—Mis hombres te matarán. No puedes detenerlos a todos. Probablemente ya
están buscándome.
Me congelé. ¿Cómo?
Growl entrecerró los ojos.
—Estás mintiendo.
La sonrisa de Falcone se amplió.
—Tengo un segundo rastreador en alguna parte de mi cuerpo. Después del
asunto de la traición de tu padre, decidí que necesitaba medidas de seguridad
adicionales. Alguien se preguntará por qué estoy dejando mi casa y entonces me
encontrarán. —Falcone me miró con una mirada aterradora—. Tu querida hermanita
sufrirá mucho.
Dejé escapar una fuerte respiración.
—Pasará un tiempo hasta que tus hombres se den cuenta que no estás casa. No
tienen ningún motivo para comprobar tu rastreador —dijo Growl, pero no sonaba
seguro.
—Tenemos que encontrar a Talia —rogué.
Falcone sonrió arrogante.
—No te lo diré.
Growl sonrió sombríamente.
—Oh, lo harás. —Se giró hacia mí—. Deberías volver al auto. Esto se pondrá
feo.
—No. Quiero ver.
Growl vaciló, pero luego sacó su cuchillo y se arrodilló junto a Falcone.
—Me encantaría hacer esto lentamente —murmuró en una voz que me recordó
por qué había estado tan asustada de él al principio. Por qué debería seguir asustada—
. Pero no tenemos tiempo. —Silenció a Falcone con cinta una vez más, agarró las
manos atadas de Falcone y presionó la punta del cuchillo debajo de una de las uñas
de sus dedos.
Mis ojos se abrieron por completo cuando me di cuenta de lo que iba a hacer,
y luego sonó el grito ahogado de Falcone y la sangre estaba derramándose sobre el
cuchillo de Growl. Vomité y me alejé, mi pecho agitándose en un intento de dejar de
vomitar.
Otro grito ahogado. Empecé a temblar, y lentamente levanté mis manos y cubrí
mis oídos. Quería esto, quería que Falcone sufra, pero no podía mirar. No podía
soportar ver a Growl como el monstro que no quería que sea. Falcone se lo merecía.
Él era la razón de que Growl fuera capaz de tales atrocidades en primer lugar. Ahora
probaría su propia medicina.
Una mano en mi hombro me sorprendió y al darme la vuelta me encontré a
Growl mirándome con ojos atormentados.
—Tenemos que irnos. Sé dónde está tu hermana. No es muy lejos de aquí. —
Miré detrás de él donde Falcone se encontraba acostado en el suelo, sosteniendo su
mano ensangrentada contra su pecho y llorando. Cuando él notó mi escrutinio, frunció
el ceño. Me mataría si tuviera la oportunidad, eso era seguro.
—Eso fue rápido —dije, aliviada.
Growl examinó mi cara, luego asintió.
—No está acostumbrado al dolor. Hace las cosas más fáciles.
Me pregunté con qué frecuencia Growl había hecho esto antes y al instante
supe que nunca le preguntaría.
—No pude mirar —susurré.
—Eso es bueno. Eres una persona buena.
—No lo soy —dije—. Si fuera una persona buena, no habría querido que él
sufriera y muriera, pero lo quiero. Es solo soy demasiado débil para mirar.
Growl tocó mi mejilla.
—Es mejor, créeme.
—¿Lo matarás ahora?
—No. Podríamos necesitarlo como un escudo. Y deberíamos darnos prisa. —
Bajó su mano y llevó a Falcone de vuelta al auto, sin importarle que llenara todo el
asiento de sangre. La camisa de Growl ya estaba cubierta de ella. Pero antes de entrar
al auto, se la cambió por una limpia.

Después de cinco minutos en auto, paramos delante de una casa sencilla.


—Aquí es donde tu hermana está retenida —dijo Growl—. No estoy seguro
qué esperar.
—Es por eso que debería quedarme en el auto —terminé por él.
Growl asintió.
—Estaré de vuelta pronto. —Empujó a Falcone fuera y comenzó a arrastrarlo
hacia la casa, pero Falcone comenzó a luchar. Se las arregló para liberarse. Así que
salí del auto rápidamente.
En ese momento, otro auto se detuvo. Cosimo estaba detrás del volante. Abrió
la puerta del auto.
Falcone tropezó unos pasos lejos de Growl. Estaba a punto de advertirle, pero
Growl agarró a Falcone y cortó su garganta. La bilis subió por mi garganta cuando la
sangre se derramó. Pero esta vez, no aparté la mirada.
—Ahora ya sabes cómo se siente —dijo Growl en tono áspero.
Falcone cayó al suelo en un charco de su propia sangre. Mis ojos volvieron a
Cosimo de repente. Él observaba todo con los ojos muy abiertos, luego su mirada se
movió de Falcone a Growl y se metió de nuevo en su auto y comenzó a irse.
—Growl —lo llamé.
Growl maldijo, pero no detuvo a Cosimo.
—No puedo dispararle. Sería demasiado ruidoso. Quédate aquí. —Con esas
palabras, corrió hacia la casa, con la pistola en alto. Tomé el arma que Growl me había
dado y me arrastré al asiento trasero, temblando ante toda la sangre ahí, pero
queriendo estar al lado de Talia.
Conté los segundos hasta que de repente, Talia salió corriendo en mi dirección.
—¡Aquí! —grité, y sus ojos aterrorizados se enfocaron en mí. Corrió hacia mí
y saltó al auto. La abracé con fuerza, agradecida por tenerla de vuelta.
Sonaron disparos. Growl cojeó hacia el auto y cayó en el asiento. Presionó sus
labios entre sí a medida que encendía el auto.
—¡Al suelo! —ordenó, y un segundo después, Talia y yo nos agachábamos en
el asiento trasero cuando una bala atravesó la ventana. Talia gritó y la abracé con más
fuerza.
—Está bien. Todo estará bien. —Esperaba no estar mintiendo.
25
Cara
Traducido por M.Arte

Corregido por Paop

Dos automóviles nos siguieron, pero finalmente conseguimos perderlos. Growl


condujo el auto hacia la fábrica vacía que él junto con Mino habían determinado como
su punto de encuentro. Cuando llegamos, la camioneta ya nos estaba esperando y
Mino estaba fumando un cigarrillo. No vi a madre en ningún lado.
Talia levantó la cabeza cuando nos detuvimos, su rostro manchado de lágrimas
y miedo.
—¿Que está pasando?
—Nos vamos —le dije, acariciando su cabello. No hizo más preguntas. Me di
cuenta que estaba en shock. Bajamos del auto y Growl abrió el maletero para que
Bandit y Coco pudieran salir. Tuve que sostener a Talia. Temblaba demasiado como
para caminar por su cuenta, pero a Growl también le estaba costando trabajo. Su cojera
había empeorado. Él notó mi mirada y se encogió de hombros, como si no fuera nada.
No lo creí. Sabía que debía de estar sintiendo mucho dolor.
—¿Qué les tomó tanto tiempo? —preguntó Mino y entonces notó la cojera de
Growl—. ¿Los han seguido? —La preocupación llenó su rostro.
—Probablemente. Apresúrense —dijo Growl. Las palabras acababan de salir
de su boca cuando un auto dobló la esquina y aceleró hacia nosotros—. ¡Toma a los
perros y a las chicas, yo los detendré!
—¿Qué? —grité, pero Growl ya estaba corriendo a toda velocidad hacia el auto
y disparando hacia él, haciendo que se detenga. Cuatro hombres salieron, y un
segundo auto dobló la esquina velozmente desde el edificio vecino. Growl apuntó
rápidamente a las ruedas y una de ellas explotó. El auto giró sobre su eje, y luego se
detuvo.
—¡Rápido, vamos! —gritó Mino, jalándome.
—Cara —gimió Talia. Sus ojos me suplicaban, y eso hizo que me moviera.
Mino y yo la llevamos hacia la camioneta. Madre estaba en la parte de atrás y cuando
Mino quitó los seguros me di cuenta por qué no había salido a ayudarnos. La había
atado. Probablemente por una buena razón. Talia se metió en el asiento trasero con
madre, pero yo quería regresar con Growl. Nunca tuve la oportunidad.
Mino me agarró y me empujó al asiento trasero con ellas, luego cerró la puerta.
Se puso detrás del volante y colocó los seguros para que no pudiera salir.
—¿Qué estás haciendo? —grité a medida que veía a Growl luchando contra
varios hombres. Estaba agachado detrás de su auto y disparándoles. Pero, ¿cuánto
tiempo sería capaz de mantenerlos alejados?—. ¡Déjame salir!
Mino me ignoró. Pisó el acelerador y el auto se puso en movimiento.

Growl
Growl se permitió un momento para ver el auto alejarse, para ver a Cara irse.
Probablemente nunca la vería otra vez, y eso era lo mejor. Sería más feliz sin él en su
vida.
Clavó un cuchillo en su siguiente atacante. Hoy lucharía y moriría. Pero no en
vano.
Y si moría, moriría con el recuerdo del dulce sabor de Cara, o su perfecta piel
y hermoso rosto. Cerró los ojos ante el buen recuerdo, sin importar lo que le esperara
después.

Cara
Golpeé mis puños contra la ventana, ignorando el dolor sordo atravesando mis
brazos por la fuerza del golpe.
—Déjame salir —grité otra vez, aún más fuerte. No es que Mino no me hubiera
escuchado la primera vez. Apenas estábamos a un metro de distancia el uno del otro.
En lugar de escuchar mi petición, condujo aún más rápido.
Levanté los brazos y me apoyé contra el vidrio. Growl estaba rodeado por los
hombres de Falcone. Incluso un luchador como él no podía tener una oportunidad
contra tantos oponentes.
Grité.
—Por favor, tenemos que ayudarlo.
Mino negó con la cabeza.
—Tengo órdenes estrictas de llevarte lejos de aquí.
—¡Pero el hombre que te dio las órdenes pronto estará muerto si no lo
ayudamos!
—Aun así. Una promesa a un hombre muerto no vale menos.
Me hundí en el asiento. Estábamos demasiado lejos. Ya no podía ver a Growl.
Él había sobrevivido a tantas cosas. No podía morir, no así. No tan pronto.
—¿Cara? —Escuché la suave voz de madre, y me di cuenta que me había
olvidado por completo de Talia y ella. Me giré hacia ellas. La confusión destellaba en
el rostro de madre, pero también una amarga compresión. Me había delatado, pero no
podía importarme menos.
Mis ojos encontraron a Talia. Estaba mirando sus manos que yacían sin fuerzas
en su regazo.
Tomé su mano, pero no reaccionó.
—Pronto estaremos a salvo.
No sabía por lo que había pasado durante los dos meses desde la última vez
que la había visto. Parecía físicamente ilesa, pero eso no significaba nada.
Madre colocó un brazo alrededor de mi hermana, pero mantuvo su mirada en
mí.
—¿Por qué nos ayudó ese hombre?
—Supongo que se sentía culpable por lo que hizo y quería redimirse —dije.
Madre frunció los labios.
—Ese hombre no sabe lo que es la culpa. Es un monstruo. Ha sido el asesino
más cruel de Falcone durante muchos años, nadie podría hacer eso sin dejar de ser
algo menos humano.
No podía negarlo. Growl había sido cruel. Era un asesino. Había hecho muchas
cosas horribles para contarlas. No había manera de que pudiera explicarle todo esto a
madre, porque no podía explicármelo a mí misma.
—Escuché las historias —dijo Mino—. Cómo Falcone te entregó a él como
regalo. Fue un castigo para tu familia por la traición de tu padre.
Me estaba observando por el espejo retrovisor, con una expresión curiosa en
su rostro agrietado por el sol. No reaccioné a sus palabras. No era una pregunta.
Madre palideció ante la mención de padre, pero permaneció en silencio.
—Lo que no entiendo es por qué estás llorando por él. ¿No deberías sentirte
aliviada por librarte de él? Era un monstruo —continuó Mino.
Levanté los dedos hacia mis mejillas, sintiendo la humedad.
—Lo era —concordé. No estaba delirando. Había sido testigo de la maldad de
Growl, de su lado irredimible, varias veces, y sin embargo había llegado a amarlo. Tal
vez porque conocía al otro Growl, la persona que escondía bajo muchas capas de
brutalidad. Ese lado tierno y vulnerable, ese lado cariñoso y bondadoso. Ese que me
conquistó. Sabía que el hombre frente a mí no me creería si le contara de ese Growl.
Y probablemente era lo mejor. Growl siempre había hecho su mejor esfuerzo para
mantener ese lado oculto, para protegerse. No destruiría la imagen por la cual había
trabajado tanto, incluso si odiaba esa imagen que había creado de sí. Pero ahora que
se había ido, ya era demasiado tarde de todas formas.
Mi corazón se apretó.
—Tal vez deberías ver a alguien, un psiquiatra. Escuché hablar de esta mierda.
Síndrome de Estocolmo.
La ira se apoderó de mí. Odiaba que quisiera poner una etiqueta como esa a
mis sentimientos. Madre tocó mi brazo y me di cuenta que estaba de acuerdo con él.
Tal vez tenían razón. No lo sabía. No sabía si mis sentimientos por Growl
habrían sobrevivido estando en libertad, y nunca tendría la oportunidad de
descubrirlo.
Condujimos durante dos días y solo nos detuvimos para ir al baño. Talia no
habló en absoluto el primer día. En el segundo, finalmente nos dijo que estaba bien.
Que no había sido herida. Que la esposa de su guardia había cuidado de ella lo mejor
que pudo.
Me sentí muy aliviada, a pesar de que todavía quedaba otro obstáculo por
delante. Convencer al jefe de la Familia de Nueva York para que nos ayude y nos
acoja. Madre lo había llamado desde un viejo teléfono público en una parada y le dijo
que íbamos en camino. Él no había hecho ninguna promesa.
Probablemente pensaba que éramos espías.
Era difícil tener miedo del futuro. Me sentía entumecida. Habían ocurrido
muchas cosas. El hombre que amaba estaba muerto. Había muerto por mí. No estaba
exactamente segura en qué creía, solo que tenía que haber algo después de esta vida.
Esperaba que los actos de bondad de Growl fueran vistos como un paso a la redención
y le concedieran acceso a un lugar mejor en el más allá. Había sufrido tanto en vida,
y aunque parte de eso era su culpa, quería felicidad para él ahora que estaba muerto.
Entramos a Nueva York en la tarde.
—¿Qué pasa si no nos dejan quedarnos? —susurró Talia.
—O piensan que somos espías y nos matan, o nos enviarán lejos y los hombres
de Falcone nos matarán —dijo Mino firmemente. Podría haberlo golpeado por esa
declaración, aunque probablemente fuera cierto.

Coco aulló detrás de mí. Me di la vuelta y la rasqué detrás de la oreja. Inclinó


la cabeza para darme mejor acceso. Bandit metió la cabeza bajo mi brazo, también
pidiendo atención. Empecé a hacerle cosquillas bajo la barbilla como a él le gustaba
y cerró los ojos con evidente placer. Estos poderosos animales que me habían asustado
horriblemente en un principio de alguna manera se habían colado en mi corazón. Al
igual que su amo lo había hecho. Ambos compartían un exterior terrorífico y el
potencial para la destrucción pero debajo de eso, había algo tierno y vulnerable, algo
que te hacia querer cuidarlos y amarlos. Ahora Coco y Bandit eran todo lo que
quedaba de Growl. Cuidaría de ellos tanto como pudiera, trataría de protegerlos de
cualquier daño. Se lo debía a Growl. Mis ojos comenzaron a arder como lo habían
hecho tan a menudo en los últimos días, pero alejé las lágrimas. Ya no podía llorar
más. Parecía que eso me drenaba toda la energía y la necesitaba para la reunión con
la familia de Nueva York. Solo hace un par de meses mi vida había estado en ruinas,
o al menos eso parecía. Pensé que no sobreviviría, pero había sido más fuerte de lo
que había pensado posible. Era fuerte. En todo caso, mi tiempo con Growl me había
enseñado eso. Encontraría una manera de convencer a Luca de que no éramos el
enemigo.
El auto finalmente se detuvo en una zona industrial que me dio poca esperanza.
Era un lugar donde llevabas a alguien que querías fueras del camino. Mis ojos se
dirigieron hacia Mino.
—¿Dónde estamos? —pregunté, mi voz ronca pero firme.
—Es la dirección que Vitiello le dio a tu madre —dijo Mino. Miró por la
ventana con preocupación.
Dos autos negros estaban estacionados a buena distancia de nosotros.
—Tal vez deberíamos salir para que puedan ver que no somos peligrosos —
sugerí.
—Podrían dispararnos —dijo Mino.
—Lo sé. Pero no tenemos elección.
Abrí la puerta y salí. Me moví lentamente y levanté los brazos lejos mi cuerpo,
para que vieran que no estaba armada. Mi corazón martilleaba contra mi caja torácica
a medida que me alejaba unos pasos del auto. Después de un momento de vacilación,
madre y Talia siguieron mi ejemplo y se unieron a mí. No nos movimos, solo
esperamos.
Mino se quedó en el auto. Le di una mirada, pero parecía decidido a esperar.
Un hombre alto salió de uno de los autos. Era alto y musculoso como Growl,
pero su cabello era negro y no había tatuajes visibles, y sin embargo, por un momento
enloquecedor pensé que era él, resucitado de entre los muertos por algún milagro.
—Luca —susurró madre a mi lado. Un segundo hombre y un tercer hombre se
colocaron junto a Luca un momento más tarde. ¿Cómo podríamos saber que la vida
aquí sería mejor que en Las Vegas?
No conocía a estas personas, solo había escuchado historias, algunas de ellas
aduladoras. Madre también había dejado Nueva York porque su hermano había sido
cruel, y ahora su hijo Luca decidiría nuestro destino.
Después de una discusión breve, Luca y el segundo hombre comenzaron a
caminar hacia nosotras. El tercero se quedó atrás, pero probablemente había más en
los autos. Me sorprendió que Luca se estuviera arriesgando demasiado. Falcone se
habría quedado atrás y hubiera dejado que sus hombres hicieran el trabajo sucio. No
estaba segura si era una buena señal que Luca hubiera decidido conocernos
personalmente.
Se detuvieron a una buena distancia.
—Su conductor tiene que salir —dijo Luca. Él y otro hombre estaban
sosteniendo armas.
Miré a Mino y le indiqué que salga. Sus ojos se clavaron en Luca.
—Si no sale pronto, lo sacaré yo mismo y no le gustará —dijo el otro tipo.
Tenía el cabello de un castaño oscuro, y ligeramente más largo que el de Luca, y ahora
que me daba cuenta, compartían las mismas facciones. Así que ese debe ser Matteo,
si recordaba correctamente.
Mino debe haberlo escuchado porque finalmente salió del auto, colocando las
manos sobre su cabeza. Un hombre corrió alrededor del auto y lo sometió, colocándole
los brazos detrás de su espalda. Mino gritó de dolor, pero lo silenciaron cuando fue
golpeado con la culata de una pistola. Cayó al suelo, inconsciente.
Talia comenzó a llorar en voz baja a mi lado. Tomé su mano. Madre ya le
sostenía la otra. Luca escudriñó a mi hermana, luego a mí y madre. Estaba demasiado
cansada y demasiado vacía para tenerles miedo. El miedo vendría más tarde. Si había
un “más tarde”. Por lo que sabía, nos verían como el enemigo y nos matarían. Al
menos me reuniría con Growl. Pero algo en mí se rebeló contra esa idea. Extrañaba a
Growl, lo extrañaba más de lo que había creído posible. Pero había muchas razones
por las cuales necesitaba vivir, por las que quería vivir. Mi hermana y mi madre eran
solo dos de ellas.
Reuní valor y dije:
—Soy Cara. Soy su prima.
—Sabemos exactamente quién eres —dijo Matteo bruscamente.
Eso no sonaba como si estuvieran felices de vernos.
26
Cara
Traducido por Camifl

Corregido por Paop

No nos dejaron hablar pero nos llevaron con ellos a lo que parecía ser algún
tipo de club de baile, que estaba desierto cuando llegamos. Nadie nos dijo nada
mientras nos llevaban a una habitación en la parte de atrás.
—Cierra la puerta, Romero —le dijo Luca al tercer hombre. Lo hizo sin
dudarlo, luego se paró frente a él, sus ojos atentos vigilándonos.
—¿Dónde está nuestro chofer? —pregunté. Lo habían metido en otro auto y no
lo había vuelto a ver otra vez.
—Necesitamos tener una charla detallada con él para averiguar cuáles son sus
motivos —dijo Matteo con una sonrisa.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
—¿También nos torturarán? —murmuré.
Matteo se echó a reír.
—¡Oh, una descarada!
Luca suspiró.
—Ya tienes una esposa descarada. No acabes con mis nervios al pelear también
con nuestra prima.
Mis ojos se abrieron de par en par con absoluta sorpresa.
Matteo se encogió de hombros y se sentó en el borde del escritorio.
—¿Qué hay de los perros, a dónde se los llevaron? Por favor, no los lastimen.
—Alguien se ocupará de ellos —dijo Luca. ¿Qué quería decir con eso?
—Necesitamos tu ayuda, Luca —dijo madre suplicante—. Somos familia.
—Dejaste a tu familia para ir a Las Vegas. Te casaste con un miembro de la
Camorra.
—Eso es traición si me lo preguntas —dijo Matteo con una sonrisa retorcida—
. Y por lo que escuchamos, a tu familia le gusta la traición. Tu marido ya pagó con su
vida por ello.
Madre vaciló.
—Nunca traicionamos a nadie —dije con firmeza—. Y madre solo dejó Nueva
York porque amaba a mi padre y porque su hermano era un monstruo.
—Bueno, sabemos que al menos tú sabes cómo manejar los monstruos,
¿verdad? —dijo Matteo—. Y estás hablando de nuestro padre, te lo recuerdo.
Tragué. Insultar a Salvatore Vitiello probablemente no era mi mejor idea.
—Conocí a tu padre, mi hermano, lo suficientemente bien como para saber que
no puedes extrañarlo mucho —dijo madre.
Luca se encogió de hombros.
—No era un buen hombre. Pero tampoco yo.
—No creo que seas como él. Vi a tu hermosa esposa en el periódico.
La expresión de Luca cambió. Su actitud protectora borrando la apariencia
neutra en su rostro.
—No hablaremos sobre ella.
La puerta de la habitación se abrió. Romero se asomó detrás de ella, y luego se
dio la vuelta con una expresión de disculpa.
Una hermosa rubia entró.
—Es suficiente —dijo. Su voz era tranquila y calmada, pero tenía un poder
evidente sobre Luca.
Era luminosa. Eso era en todo lo que podía pensar cuando la vi. Su piel pálida,
cabellos dorados, ojos azules. Luz.
Su sonrisa acogedora me golpeó y el nudo en mi estómago aflojó. Después de
todo, tal vez había esperanza. Caminó hacia mí. Era difícil perderse la desaprobación
en el rostro de su marido o la forma en que su cuerpo se tensó en anticipación. Como
si estuviera preocupado de que la atacara. Esa era la última cosa en mi mente cuando
ella podría significar nuestra puerta a la seguridad.
—Soy Aria —dijo, extendiendo su mano hacia mí. La tomé con una sonrisa
agradecida.
—Soy Cara, y esta es mi hermana Talia. —Señalé con la cabeza a Talia que
parecía completamente congelada de miedo. Aria palmeó el hombro de mi hermana.
—No tienes que tener miedo. Nadie te hará daño de ninguna manera, te lo
prometo.
—Aria —dijo Luca con voz tensa.
Ella saludó a mi madre antes de finalmente enfrentarse a su marido.
—Son de la familia. Y pasaron por mucho, ¿no lo ves? Debemos ayudarlas.
—Ni siquiera sabemos por qué están aquí —dijo Matteo.
Aria se acercó a su marido y lo miró.
—Son inocentes. Necesitan nuestra protección. ¿De verdad crees que están
aquí para hacer daño?
—No —dijo Luca con un suspiro—. No lo hago. —Nos miró—. Pueden
quedarse. Espero que no me hagan arrepentirme.

Nos llevaron a una casa en los Hamptons después de algunos argumentos


convincentes de Aria. Ya me gustaba, aunque no la conocía.
Nos pusieron en el ala de huéspedes del edificio grande, probablemente por
medidas de seguridad pero no me importó. Estábamos un paso más cerca de un futuro
mejor. Cuando Aria nos enseñó nuestras habitaciones, le dije:
—Gracias por todo.
Solo sonrió.
—De nada.
—Tengo una petición más. ¿Puedes asegurarte que no hagan daño a mis
perros?
—Por supuesto —dijo sin vacilar—. Me aseguraré que estén a salvo.
Talia se escabulló en mi habitación esa noche y se acurrucó contra mí.
—Estaba tan asustada, pero ahora todo va a estar bien, ¿verdad? —susurró.
—Sí. Vamos a empezar de nuevo. —Una imagen de Growl apareció en mi
cabeza, pero traté de mantener la tristeza encerrada. Pronto estas emociones tendrían
que desaparecer.
—¿De verdad lo amabas?
—Sí. Todavía lo hago —admití. No quería mentirle a Talia.
—No lo entiendo. —Su aliento cálido se abalanzó sobre mi garganta mientras
descansaba su cabeza en mi hombro.
—Tampoco yo. No quería que sucediera.
—No puedes cambiar lo que sientes. Está bien —dijo Talia suavemente,
abrazándome más fuerte.
—Madre ha estado evitándome. Creo que no me puede perdonar por lo de
Growl.
—Perdió a padre. Necesita tiempo.
Esperaba que Talia estuviera en lo cierto. Pero incluso si no, no había nada que
pudiera hacer en contra de mis sentimientos.

Aria cumplió su promesa. Al día siguiente Coco y Bandit llegaron a la mansión.


Sin embargo, Luca se negó a dejarlos andar por la casa. Tuve que mantenerlos con
una correa fuera de mi habitación. Aria se unió a mí cuando les enseñé el jardín. Tanto
a Coco como Bandit pareció gustarles su presencia.
Luca nos siguió como una sombra.
—Se usaron en peleas de perros. Deberías ser más cuidadosa. La mayoría son
bestias desagradables.
—Son buenos. Mejores que la mayoría de la gente —dije bruscamente.
—Eso no es difícil. La mayoría de las personas son idiotas —dijo Matteo
encogiéndose de hombros, apareciendo también en el jardín—. Mientras esas bestias
estén aquí, no permitiré que Gianna venga de visita.
—Como si pudieras decirle a Gianna qué hacer —bromeó Aria, luego se volvió
hacia mí—. No los escuches —dijo excusándose. Se agachó ante Coco y Bandit. Me
arrodillé junto a ella y palmeé la cabeza de Coco. Después de un breve momento de
vacilación, Aria hizo lo mismo—. Ves —dijo con una mirada por encima del hombro
hacia su marido—. Son inofensivos.
—Puede que ahora actúen inofensivos, pero han pasado por mucho. A veces
pierden el control. No quiero que estén cerca de ti.
Aria suspiró, luego me susurró:
—Mantenlos con la correa hasta que se calme.
Asentí. No tenía ninguna intención de ir contra las órdenes de Luca. Llevé a
los perros a mi habitación y me estiré en la cama.
Ellos inspeccionaron el lugar pero no me quitaron los ojos de encima. Tenía la
sensación de que estaban buscando a Growl. Probablemente también lo extrañaban.
Al final, di unas palmaditas en la mitad de la cama vacía.
—Suban.
Coco levantó la cabeza, con las orejas erguidas.
Palmeé la cama con más firmeza y repetí mi invitación. Coco fue la primera en
trotar hacia la cama y unirse a mí con un salto vacilante. Cuando no la reprendí, se
acurrucó, presionándose contra mi costado. Bandit no necesitó otra invitación. Pronto
se acurrucó contra Coco y yo. Los rasqué detrás de las orejas, disfrutando de la
sensación de su suave pelaje. Con sus cálidos cuerpos dándome la comodidad que
tanto necesitaba, me relajé contra las almohadas y apagué las luces. No había dormido
bien la noche anterior, había soñado con la muerte de Growl, imaginando un horrible
final tras otro. Ojalá supiera exactamente lo que le había sucedido. La verdad, por más
dura que fuera, era siempre mejor que no saber.
27
Cara
Traducido por M.Arte

Corregido por Paop

Un par de semanas más tarde, mi familia y yo estábamos empezando a


instalarnos, y Talia casi había vuelto a su yo habitual.
Regresaba de mi paseo con Coco y Bandit a lo largo del basto terreno de la
mansión Vitiello y me dirigía al ala de huéspedes cuando unas palabras llegaron desde
algún lado de la casa.
Conocía esa voz. Cada noche la escuchaba en mis sueños, la mayoría de ellos
eran pesadillas. Pero la voz no era la causa de mis temores, ya no más. Muchas cosas
habían cambiado.
Solté las correas y comencé a correr hacia esa voz. No paré hasta que lo vi en
la sala. Frené abruptamente, mi corazón latiendo en mi garganta.
Y allí estaba él, sombrío, alto y con moretones. Uno de sus ojos estaba hinchado
y cerrado, y varios cortes y contusiones cubrían su piel.
No podía moverme. Sin embargo, los perros no compartieron mis dudas. Me
habían seguido, arrastrando sus correas detrás de ellos. Se lanzaron hacia delante,
ladrando y meneando sus colas.
Luca, Romero y Matteo se sorprendieron y sacaron sus armas. Pero Coco y
Bandit no atacaron. Se apretujaron contra las piernas de Growl y él se agachó para
acariciar sus cabezas, pero su mirada estaba fija en mí, penetrándome hasta el corazón.
Habían pasado dos semanas desde la última vez que nos habíamos visto.
¿Dónde había estado? ¿Por qué no me había dado una señal de que estaba vivo? Había
llorado su muerte, había hecho planes para un futuro sin él, pero ahora que estaba aquí
me preguntaba si aún teníamos un futuro juntos. Nunca habíamos hablado de eso.
Había sido suya, no por elección, y ahora que era libre me preguntaba si podíamos
hacer que funcionara. ¿Realmente quería vivir con el hombre que me había poseído
como un objeto? ¿Todavía me quería a pesar de que ya no era un simple regalo? Tantas
preguntas pasaron por mi cabeza y me hicieron vacilar.
Busqué en su mirada y vi mis propias preguntas reflejadas en ella, lo noté tan
solo por un instante antes de que Growl volviera a poner sus escudos en alto.
—Estás vivo —dije simplemente.
No se acercó.
—Soy difícil de matar.
Noté a Aria en la esquina, observándonos.
Luca rompió el tenso silencio.
—¿Está hecho?
Growl finalmente apartó su mirada de mí.
—Maté a muchos de los hombres más cercanos a Falcone. Hay un montón de
peleas en Las Vegas en este instante. Sus hijos y Cosimo están luchando por el poder.
Eso los mantendrá ocupados por un tiempo.
Luca pareció satisfecho con eso. Negocios. Todo esto era sobre negocios. ¿Esa
era la razón por la cual habían acogido a Growl? ¿Porque Growl tenía información
importante sobre la Camorra de Las Vegas?
Quería correr hacia Growl, pero él parecía no querer eso. La confusión me
embargó. Necesitaba aire fresco. Necesitaba pensar. Me di la vuelta y corrí de nuevo
hacia fuera. Me detuve cuando llegué a un banco y me dejé caer en él.
Aria se unió a mí unos instantes más tarde.
—Lo amas. ¿Por qué no se lo demuestras?
—Porque él no me ama. No puede. Esta cosa entre nosotros no tiene futuro.
No era tan ingenua como para creer que Growl cambiaría. Si nos quedábamos
en Nueva York y se le permitía trabajar para Luca, solo habría un trabajo que podría
hacer. Se convertiría en uno de los asesinos de Luca. Demasiado se había roto en
Growl cuando vio a su madre morir y casi se desangró hasta la muerte. Quería sanarlo,
pero no estaba segura si alguna vez sería capaz de recuperar todas las piezas rotas.
Algunas tal vez se habían perdido para siempre.
—¿Por qué? Si lo amas hay una manera.
—Él… no es bueno.
Aria rio suavemente.
—Luca tampoco es bueno, pero lo amo con todo mi corazón. Solo tienes que
permitirte amar sus partes buenas.
Amaba sus partes buenas y también amaba sus partes malas, lo amaba más de
lo que debería.
Había robado mi libertad, mi vida. Y de alguna manera en el camino, sin que
me diera cuenta, también había robado mi corazón.
—Te ama. No sé exactamente de qué hablaron Luca y Growl cuando se
conocieron ayer, pero tengo el presentimiento de que la única razón por la que Luca
confía en Growl es porque se dio cuenta que te ama. Y Luca sabe lo que el amor puede
hacerle a una persona. —Hizo una pausa—. Tu hermana mencionó que tu madre no
lo aprueba. Pero no dejes que eso te detenga, si realmente lo amas. A mi hermana
Gianna tampoco le agradaba mucho Luca al principio.
Asentí para mostrarle que la había escuchado, pero no podía decir nada.

Growl
Growl se paseó por el pasillo frente a la habitación de Cara. No estaba seguro
por qué estaba esperando a que ella apareciera. ¿Qué quedaba por hablar?
Para el momento en que se había ido a Nueva York sin él, supo que eso
significaba el final para ellos. La comprensión de eso había sido como un puñetazo en
el estómago, darse cuenta que no se quedaría con él, un monstruo. Nadie lo haría. Ella
pareció disfrutar de su compañía al final, disfrutó de su cercanía y sus caricias, pero
no se iba a engañar. Su afecto por él había nacido de la necesidad. No había tenido
otra opción. No podía alejarse de él. Pero ahora todo había cambiado. En Nueva York,
Cara era libre de hacer lo que quisiera. Nadie la detendría. Growl sabía lo suficiente
de Luca para saber que el hombre no lo apoyaría para que se quedara con Cara. Y
aunque a Growl le había tomado un tiempo darse cuenta de ello, no quería tener a
Cara como una posesión. Quería que ella quisiera estar con él. Sabía que esa ridícula
noción significaba que la perdería para siempre. Viviría su vida sin él. Encontraría a
un nuevo chico, un chico agradable, alguien que no le hubiera causado tantas
pesadillas.
Le resultaba difícil entender las emociones, e incluso eso nunca cambiaría.
Pero la expresión de Cara acababa de dejar en claro, incluso para él, que no lo quería.
Tal vez había fingido tolerarlo por su propio bien y porque quería que la ayudara a
vengar a su padre y matar a Falcone. En realidad no podía culparla.
A menudo deseaba no haberla tenido en primer lugar porque era más fácil vivir
sin algo que nunca has tenido, porque no sabías de lo que te estabas perdiendo, pero
una vez que has tenido algo era difícil renunciar a ello.
Growl se había acostumbrado a la presencia de Cara. Siempre se había
considerado una persona solitaria. Había pensado que no quería a otras personas a su
alrededor. Había disfrutado estar solo, con solo sus perros como compañía. Su vida
había sido solo suya. Había transcurrido sin incidentes y era impulsada por los hábitos,
pero había sido segura. Ahora que había experimentado estar con alguien, viviendo
con Cara, le costaba imaginarse estando solo otra vez.
Se las arreglaría. Siempre lo hacía. Trabajaría el doble y más arduamente,
pondría toda su energía en hacer que Luca confiara en él y lo valore. Se haría de una
reputación aquí en Nueva York y eventualmente se olvidaría de Cara y volvería a la
vida que tenía antes.
Y entonces, Cara dobló la esquina y se dio cuenta que se estaba engañando si
creía que podía olvidarla.

Cara
Me congelé cuando vi a Growl frente a mi habitación. Bandit y Coco yacían
acurrucados a sus pies como si todos hubieran estado esperando por un rato.
Me acerqué lentamente, tratando de controlar mis emociones. Coco meneó la
cola cuando me detuve frente a Growl.
Growl metió las manos en los bolsillos, pero su cuerpo estaba tenso como un
arco.
—No hay ninguna razón para que permanezcas conmigo. Ahora eres libre.
Incluso si pudiera obligarte a que lo hicieras, no lo haré. Eres libre de elegir tu propia
vida.
Las palabras que había estado deseando oír desde el momento en que Falcone
me había entregado a Growl de repente dolieron.
—¿Qué es lo que estás diciendo? ¿Que prefieres que te deje? —Aunque dejarlo
requería que hubiéramos sido una pareja en primer lugar.
—Eso es lo último que quiero —dijo ferozmente. Sacó las manos, inquietas,
casi como si quisiera agarrarme y sacudirme hasta recobrar el sentido común, pero no
me tocó.
—Entonces, ¿qué quieres? —respondí, mi frustración aumentado. Tal vez
simplemente debí haber aceptado las palabras de Growl e irme.
Madre habría preferido eso, y habría sido la decisión correcta moralmente, si
estuviera siendo honesta conmigo misma.
Growl tenía partes monstruosas, y eso no cambiaría. Años de abuso lo habían
consumido, y si elegía quedarme con él, tendría que vivir con eso. Tal vez en Nueva
York, Luca encontraría mejores formas de canalizar los talentos de Growl en tareas
menos horrendas, pero no me iba a engañar creyendo que matar no seguiría siendo
una gran parte de la vida de Growl. Eso era algo que tenía que aceptar. Quedarse con
alguien solo porque uno espera cambiar a esa persona era un esfuerzo destinado a
fracasar.
Los ojos de Growl destellaron con emociones, demasiadas, más de lo que jamás
había visto en ellos.
—Quiero… —comenzó, luego se detuvo y gruñó. Sacudió la cabeza y la giró,
haciendo que viera su perfil.
—Una vez me dijiste que tenía que ser valiente. ¿Quién es un cobarde ahora?
—desafié.
Growl se giró rápidamente, me agarró por los hombros y me presionó contra la
pared.
—Te quiero. Quiero que te quedes conmigo porque quieres quedarte. Quiero
que me quieras.
Exhalé.
—Lo hago.
Growl me liberó.
—¿Qué haces?
—Quererte. Quiero quedarme contigo.
Growl me miró fijamente.
—Creo… creo. —Deslizó una mano por su rostro—. No soy bueno con las
palabras. Ya lo sabes.
—Pero podrías serlo. Quizás solo necesitas intentarlo —dijo en voz baja.
Sus ojos se llenaron de resolución.
—Ya no hay mucho que me asuste —dijo—. Pero esto, entre nosotros, lo hace.
Mis emociones me aterran.
—Pero, ¿por qué?
—Dejé de esperar algo bueno para mi vida hace mucho tiempo. Hizo las cosas
más fáciles. Así nada podía herirme. El dolor es nada. Los insultos de la gente no
significan nada. No me importaba nada. No había nada a lo que temiera. Pero cuando
te tuve, de repente comprendí qué tipo de vida había estado llevando. Lo poco que
había significado todo. Y mientras luchaba contra los hombres de Falcone, me di
cuenta de lo mucho que disfruté estar contigo, de tener a alguien con quien hablar, de
compartir comidas contigo, de pasear contigo a Coco y Bandit, e incluso compartir la
cama contigo. Nunca pensé que podrían gustarme ese tipo de cosas, nunca pensé que
podría necesitar algo así, pero ahora… —Se detuvo, la incertidumbre regresó—.
Ahora estoy jodidamente aterrado de perder todo eso, de perderte. Nunca supe que te
necesitaba, pero ahora no puedo imaginar estar sin ti. Te… te amo, Cara.
Dejé escapar un suspiro tembloroso. Jamás esperé esas palabras de Growl. Ni
de cerca. Toqué su corazón y su mejilla.
—Y yo te amo, Growl.
Aria tenía razón. Necesitaba tomar una decisión. Y elegí el amor. Madre tendría
que aceptarlo. Después de todo, ella una vez había renunciado a todo para seguir a su
amado.
—Ryan —gruñó Growl. El nombre sonó mal saliendo de sus labios, como si
no estuvieran acostumbrados a decir esa palabra.
—¿Ryan?
—Ese es mi verdadero nombre.
—Ah —susurré, abrumada por la situación—. Es un nombre hermoso.
Sonrió tentativamente. Todavía me sorprendía cómo eso cambiaba su rostro
sombrío. Se inclinó y me besó, luego se alejó unos centímetros.
—Quiero que Nueva York sea un nuevo comienzo para ti y para mí, si así
también lo quieres. Y quiero ser conocido como Ryan en esta nueva vida.
—Y yo quiero un nuevo comienzo contigo, Ryan —dije. Me envolvió con sus
brazos y me abrazó con fuerza.
—No te merezco —murmuró contra mi cabello—. No todavía. Pero lo haré.

FIN
Créditos
Staff de Traducción Staff de Corrección
Moderadoras Correctoras
LizC Aresina
M.Arte Glimmer
Franchezka
LizC
Traductoras
Marta
Andy Lux
Pakhie
Anna Ancalimë
Paop
âmenoire
AstraBasha
Camifl Recopilación y revisión
Edna LizC
FerEsq
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Diseño
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Genevieve
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Smile.8
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