Cristina Daniele (Argentina)
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Acerca de Vidrieras de Ámsterdam, de María Cristina Santiago
Imaginación, desafío y conciencia crítica
Por Cristina Daniele (Argentina)
Estructurado en tres partes -Ropa de Entrecasa, Hoja de Ruta y Opus Magum-, Vidrieras de Amsterdam nos propone
un viaje, un camino: desde el interior de la casa, el ámbito doméstico, cotidiano y conocido, el yo poético programa una
travesía a mundos lejanos “Rumbo al Oriente” y un “Regreso de Damasco”, un ida y vuelta que no da respiro a la
imaginación creadora y el pensamiento crítico.
Primero como una forma de insatisfacción ante el mundo que lo rodea, luego como reclamo por aquello que parece
prohibido, lejano o inalcanzable, “Subido a una pompa de jabón,/inoportuno, el pensamiento se abre/de soslayo”.
“Confieso: lo único que no es ficción/es el poema. Asunto de cuerpos nada más/lo del llamado a lo admirable./Lo otro,
la ilusión/una mosca incómoda”.
En el interior de la casa, el yo poético mira su realidad y, entre lavado de copas y platos, lustre de la platería,
preparación de comida para los hijos, alterna la mirada sobre las cuestiones prácticas con la reflexión y el análisis de su
situación y la de quienes pasan por lo mismo: “ Sin prisa mas sin pausa/posponer el momento,/agujas de un reloj que
acosa/a la conciencia./Teme reconocerse sin reproches/en un deseo incompleto ”. “La paciencia es fatal: engaña a la
mujer/que cree estar viva sin ver que hasta la espuma/incontrolable muere en la canilla”.
Nos toman por asalto las imágenes de lo negado, del escritor encerrado y el lenguaje en el límite, de modo tal que
cada palabra resulta una transgresión, cada verso una señal, cada poema un indicio. “Si intentas ser lo que el otro
cree/resultas sometida a esa mirada”, “Entre la sensatez y la locura/no hay respiración ni línea divisoria./Todo es
cuestión de tiempo -le dice-/persistir hasta ubicar el centro” , “Hazaña de reconocimiento hacia el vacío/la tarea implica
casi, lograr/el punto justo”. La autora articuló un lenguaje desdoblado que siembra pistas para que el lector encuentre
tanto la historia como una poética. “Escribir no escribir/¿acaso importa?/Letra lamda. Frutillita del sur,/esa elegida para
salvar el reino./Qué ironía. La lira entre mis manos/y no saber tocar ni una sonata ”.
Por este camino, con la travesía propuesta, se encuentra la poesía. En la escritura el sujeto hallará lo que falta, la
ausencia, la propia voz. Es así que en el cierre, Opus Magnum, logra la síntesis de “ inmóvil punto que gira” a la propia
conciencia “de mi pasado cuenta solo / lo que escribo ”. “Hay dos clases de poesía. La que sólo se oye, la que/además
se ve”.
Vidrieras de Amsterdam restaura y restituye un lugar, un espacio donde es posible la palabra, la zona donde reside la
escritura. Entre la verdad y la apariencia, entre la analogía y la metáfora, este viaje es un desplazamiento que permite
descubrir al mirar. Ver tanto lo que se expone detrás de las vidrieras como lo que circula por el exterior, en las veredas.
Dialéctica del exterior y de la intimidad, lo cerrado y lo abierto.
El yo poético cruzó el umbral y nos trae lo visto y lo oído: sin trampas ni espejismos. Con la memoria de ayer, de hoy y
de mañana. La aventura para el lector es recoger el guante y animarse a seguir sus pasos.
Noticia biográfica
Nació en Buenos Aires, ciudad donde reside. Profesora en Letras (UBA), tiene un lugar destacado como poeta,
narradora, traductora y editora. Miembro de la Fundación Nusud, del consejo de redacción de la revista “El desierto”,
codirectora de Libros de Alejandria, colabora con los principales medios locales e internacionales.
Participó en la organización de la Antología Oral de la Poesía Argentina, en el Centro Cultural San Martín.
Entre sus múltiples publicaciones, destacamos los libros de poesía: Soy el lugar de las apariciones, Fuera del serrallo,
Vidrieras de Ámsterdam, El libro de las aguas, Siempreviva. Además de la nouvelle Lucía, por mirar de reojo, obra
pionera en su género que la hizo acreedora de elogiosos comentarios y estudios críticos.
Fue incluida en innumerables antologías locales y extranjeras. Obtuvo cuantiosos premios, entre ellos Fondo Nacional
de las Artes 1995, jurado integrado por Joaquín O. Gianuzzi, Manuela Fingeret y Esteban Moore.