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Características del Lenguaje Radiofónico

El documento describe las características del lenguaje radiofónico, incluyendo que combina elementos como la palabra, música y efectos de sonido para crear imágenes auditivas en los oyentes. Explica que tanto el emisor como el oyente deben conocer el código radiofónico para que la comunicación sea efectiva. También resalta la importancia de la palabra hablada y la voz, y proporciona pautas para hablar de manera clara y evocadora en la radio.

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Características del Lenguaje Radiofónico

El documento describe las características del lenguaje radiofónico, incluyendo que combina elementos como la palabra, música y efectos de sonido para crear imágenes auditivas en los oyentes. Explica que tanto el emisor como el oyente deben conocer el código radiofónico para que la comunicación sea efectiva. También resalta la importancia de la palabra hablada y la voz, y proporciona pautas para hablar de manera clara y evocadora en la radio.

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EL LENGUAJE RADIOFÒNICO

¿Qué entendemos por lenguaje radiofónico? ¿En qué nos basamos para afirmar que el
discurso de la radio constituye un sistema semiótico propio y específico?

La expresión radiofónica constituye un lenguaje porque permite que un emisor, mediante


un conjunto de principios constructivos sonoros (palabra, música y efectos) y no-sonoros
(silencio) -combinables entre sí y aceptados y compartidos socialmente- transmita
informaciones, ideas, sentimientos y sensaciones (en forma de imágenes auditivas) a un
receptor.

Música, voz, efectos sonoros, ruidos, silencios; todos son elementos expresivos de la
radio, que pueden conjugarse para crear una atmósfera acústica.

Todos los subsistemas semióticos que configuran el lenguaje radiofónico (palabra,


música, efectos sonoros e, incluso, silencio) participan en la construcción de las imágenes
auditivas.

La imagen auditiva radiofónica puede definirse como la evocación-restitución mental de


un objeto, sujeto o espacio ausente (e, incluso, de una combinación de los mismos) que el
cerebro humano produce gracias a la información proporcionada, única y exclusivamente,
por el sonido o conjunto de sonidos que emanan del aparato receptor de radio.

El lenguaje radiofónico no se ve, no se toca, yace en la imaginación y en la memoria.

La radio es el arte de combinar los sonidos.

De esta breve argumentación se desprende que el proceso de creación de imágenes


auditivas en la radio implica un necesario e imprescindible conocimiento del código
radiofónico, tanto por el emisor como del oyente: el creador-realizador debe conocer a la
perfección todas las estructuras y principios constructivos del lenguaje radiofónico, así
como los componentes miméticos, simbólicos y arbitrarios de los mismos y sus
posibilidades artísticas e informativas. Sólo de esta forma podrá construir un mensaje
sonoro correcto, un mensaje acústico que evoque imágenes auditivas precisas. Asimismo,
el radioyente -para poder descifrar el mensaje emitido a través de las ondas- debe
conocer también el código radiofónico; un código establecido, socialmente compartido y
arraigado en la cultura de masas gracias a que su consumo frecuente ya ha habituado a
los radioyentes a determinados montajes técnicos, metáforas y simbolismos.

CARACTERÍSTICAS DEL DISCURSO RADIOFÓNICO

- Rapidez, inmediatez, simultaneidad:


El proceso de emisión y recepción se dan en forma simultánea. El mensaje llega de
inmediato a su destinatario. Este factor es utilizado por la radio como una ventaja en la
competencia con otros medios de información. La radio permite, a bajo costo y con mayor
rapidez transmitir noticias, informaciones y crónicas, en forma inmediata y, muchas veces,
simultánea hechos y sucesos reales.

- Fugacidad:

Cada mensaje radiofónico es efímero, único e irrepetible en iguales circunstancias. El


oyente no puede volver atrás para escuchar un mensaje, como si puede releer un texto
impreso. El mensaje sonoro tiene sólo la duración de la realidad acústica. Lo que se dijo
ya está dicho, ya pasó; si no fue captado y entendido, es posible que el oyente se
desconecte porque no puede seguir el resto de la exposición.

- Proximidad, connivencia, empatía:

La presencia del cuerpo a través de la voz del locutor le imprime a la comunicación


radiofónica un componente afectivo en la relación emisor/receptor. Además existen
menos obstáculos físicos para recibir la una programación, y la radio tiene la capacidad
de trasladarse junto al receptor, es decir, de acompañarlo en su cotidianeidad, desde que
se despierta, en el auto, en el trabajo, en la calle y de vuelta en su casa. La radio es un
medio caliente que requiere la participación del receptor para crear a partir de su memoria
e imaginación las imágenes con los signos acústicos que el medio le envía. Si a todo esto
le agregamos factores psicológicos que hablan del poder de sugestión y persuasión que
tienen los mensajes sonoros, podemos decir que la radio es el medio más cercano a la
comunicación interpersonal, ya que establece una cercanía, una fuerte identificación, un
vínculo emotivo, entre los interlocutores.

LA PALABRA

La radio y la voz se conjugan, y el espacio de la oralidad es el diálogo, la costumbre de la


charla, el vínculo de la conversación. La radio rescata el calor de la voz, es la palabra que
acompaña. Tiene la capacidad de reunir, de aglutinar en torno suyo a grupos de hombres
y mujeres. La radio habla desde un presente compartido.

La oralidad nos reubica en nuestra condición humana. A través de ella se produce el


primer contacto lingüístico con el mundo. Antes de escribir el hombre habló.

Otra característica de la palabra oral es que se relaciona con el cuerpo. La voz es cuerpo,
es física. Por lo tanto la oralidad también es situacional. El lenguaje oral asume un
territorio, y el habla de las personas tiene la singularidad del lugar que habitan.

La voz y sus posibilidades, el color, el timbre, la entonación, la impostación como


estrategias de seducción, como la dimensión lúdica del lenguaje radiofónico.
La oralidad discurre, es redundante, copiosa, veloz, fugaz, instantánea. El tiempo de la
radio es el instante. La radio es puro devenir. Se comprende a medida que se desarrolla.
Por eso es maleable, nómade, y sin embargo totalizante.

La fugacidad en la oralidad, el sonido articulado se disuelve en el momento mismo en que


se comunica, permite que en la memoria sobreviva el sentido de las palabras.

Por todos es sabido que, desde tiempos remotos, la palabra hablada del narrador ha
evocado imágenes auditivas que han fascinado a niños y mayores, embelesados y
cautivados por tantos relatos orales maravillosos. Bien ante el acogedor fuego de la
chimenea, bien en la plaza del pueblo, en la taberna del puerto o en la puerta de los
templos, lo cierto es que el narrador ofrecía historias maravillosas y mundos de ensueño a
quienes le escuchaban. Y lo hacía con un único instrumento, un instrumento de gran
poder evocador: la palabra.

El poder evocador de la palabra radica, sobre todo, en su valor descriptivo. Cada palabra
sugiere una imagen mental. Así, por ejemplo, cuando alguien pronuncia el sustantivo
"árbol", a nuestra mente acude, de inmediato, la imagen de un árbol; y cuando alguien
dice "Debajo del árbol hay una niña comiendo una manzana", reconstruimos mentalmente
dicha situación. Por supuesto, esta capacidad evocadora también está presente en la
palabra radiofónica aunque, debido a las peculiaridades del medio (fugacidad del
mensaje, heterogeneidad de la audiencia, irregular seguimiento de la emisión, etcétera),
dicho poder evocador depende, en parte, de una serie de normas que el creador
radiofónico ha de seguir.

PAUTAS PARA HABLAR EN RADIO

 Utilizar un vocabulario usual, comprendido por la mayoría de personas.


 Obtener variedad expresiva.
 Generar un proceso apelativo que involucre al oyente.
 Hacer frases cortas.
 Evitar las inversiones y las subordinadas.
 Utilizar preferentemente palabras con un valor descriptivo.
 Respetar el ritmo del lenguaje hablado
 Redundar y recurrir a la repetición del tema.

La información semántico-lingüística aportada por la utilización constante de


comparaciones y metáforas; claridad-brevedad expositiva; sintaxis simple; adjetivaciones
descriptivas de color, tamaño y forma; localizaciones espaciales y temporales; permiten la
"visualización" de imágenes y espacios auditivos nítidos, precisos y de gran verosimilitud.

Hay que utilizar, entre otros recursos, un vocabulario sencillo, frases cortas, palabras y
expresiones de uso común y repeticiones.
A la hora de construir realidades radiofónicas resultan indispensables las adjetivaciones y
localizaciones espaciales que ayudan tanto a que el oyente articule imágenes mentales
como a que ubique los objetos/sujetos del relato en un determinado punto del espacio
auditivo

Pero, además de la palabra, la voz también constituye un importante instrumento


evocador de imágenes auditivas. Al escuchar la voz de un locutor/actor de radio, los
oyentes -de forma más o menos homogénea- imaginan su rostro, su cuerpo, sus gestos,
su aspecto. Esto es debido a que existen una serie de convenciones socio-culturales o
estereotipos que provocan que imaginemos a una persona o personaje según las
características de su voz (por ejemplo, una voz grave nos sugiere a una persona recia y
corpulenta).

Los diferentes "aspectos acústicos" que configuran la voz (tono, timbre, intensidad y ritmo)
-y que pueden ser manipulados tanto de forma natural, mediante el aparato fonador (lo
que se denomina impostar la voz), como electrónicamente (por ejemplo, con
amplificadores)- aportan al oyente una determinada información, una información que
permite imaginar el aspecto físico del locutor o personaje que habla, pero también permite
conocer su estado de ánimo, su personalidad o carácter e, incluso, permite captar la
distancia psicológica que se establece entre éste y el radioyente. Sentimientos y estados
anímicos transmitidos o evocados mediante un único instrumento: "el color de la voz". Es
decir, mediante la excelente utilización del tono, el timbre, la intensidad y el ritmo de la
voz, incluidas las pausas.

Pero que la palabra tenga primacía en el lenguaje de las radios, o que sea imposible
imaginar una radio sin voces, no asegura una buena comunicación, profunda y sincera
entre emisores y receptores. La verborragia es un riesgo cotidiano, que mete ruido en la
comunicación, satura y cansa el oído de los oyentes. El hábito de hablar sin decir nada
trae aparejado un descrédito para el lenguaje, las palabras pierden vitalidad y el mensaje
se esteriliza. La radio se mueve en las fronteras del exceso verbal, la improvisación, los
gritos, los prejuicios, el fanatismo, pretenden subsanar la falta ideas, la pereza en la
producción, la ausencia de objetivos comunicativos.

COMO CONSTRUIR DISCURSOS ORALES ELOCUENTES:

 Un discurso debidamente expresivo transmite ideas, pero también sentimientos y


sensaciones.
 Un mensaje debe ser agradable y encantador pero también coherente y poderoso
en su sentido.
 Hay que construir discursos claros y darles una expresión adecuada y placentera.
 Es necesario encontrar un equilibrio eficaz entre la voz y la palabra. Una buena
voz que no tiene nada para decir es tan inútil como un discurso sólido y profundo
que no tiene una clara y atractiva voz que lo exprese.
PAUTAS PARA IMPROVISAR EN RADIO:

 La mejor improvisación es la que se planifica.


 Claridad de objetivos. ¿Qué se quiere decir?
 Asegurar la primera y la última frase. Atraer al comienzo y al cierre.
 Apoyarse en un ayuda-memoria. Escribir conceptos y datos.
 Direccionar el trato al oyente. ¿A quién y cómo le hablamos?
 Usar sinónimos. Preveer las repeticiones.
 Tener referenciación física y direccionalidad visual, para concentrarse.

PAUTAS PARA ESCRIBIR EN RADIO:

Muchas veces a la hora de producir para la radio, partimos de una fuente escrita, ya sea
el diario, una revista o Internet. Es importante tener en cuenta que estamos hablando de
dos lenguajes diferentes, lo escrito y lo oral. Por lo tanto, cuando usamos un texto gráfico
debemos “traducirlo o transferirlo” al lenguaje radiofónico.

El discurso escrito, aunque después vaya a ser leído en voz alta, tiene sobre el habla
espontánea la enorme ventaja de permitir la reflexión previa, simultanea y posterior al acto
de organizar los sentidos.

En primer ligar debemos considerar cual es la idea principal que queremos transmitir, cual
es el tema de nuestro discurso.

Luego debemos pensar cómo podemos transmitir esa idea, con qué palabras y mediante
que construcciones, porque no es lo mismo decir “países en vías de desarrollo”, que
“países pobres”; tampoco es lo mismo decir “dictadura” que “proceso”, o “piquetero” que
“desocupado”. No es lo mismo porque hay en las palabras que elegimos distintos
sentidos, que a su vez remiten a distintos significados para el oyente. Por esto es
importante detenerse a pensar en el valor de las palabras con las que armamos la idea
que queremos transmitir.

Lo coloquial, la oralidad, la lengua hablada es la base del lenguaje radiofónico. El uso de


esa oralidad debe enmarcarse en el contexto propio de las tecnologías radiofónicas.

Sin dudas, la redacción radiofónica es parte del trabajo de producción cotidiano en las
radios profesionales. La tarea de escribir para la radio requiere de conocimientos y
habilidades en el manejo del lenguaje radiofónico. Hablamos de técnicas, modalidades y
estilos que son el resultado de una acumulación de saberes propios de la práctica radial,
las rutinas periodísticas profesionales y préstamos de otros medios y discursos.

La escritura para ser oída tiene exigencias distintas de la escritura para ser impresa.
Hablamos de escribir para quien oye. Escribir para un oyente es escribir como quien
habla. La escritura debe estar al servicio del habla, y no al revés.
Podemos expresarlo en la siguiente idea: “Escribir para que quien lee, pueda leer como
quien habla, y no hablar como quien lee”.

Esto implica reconocer que el punto de partido cualquier texto radiofónico es el lenguaje
hablado.

Lo coloquial, la oralidad, el habla, el léxico corriente, el vocabulario usual, esa es la base


del lenguaje radiofónico.

Aclaremos que el lenguaje puede ser coloquial, pero no vulgar; sencillo, pero no por ello
pobre, y naturalmente correcto.

Atendiendo a las características de la comunicación radiofónica, la principal cualidad de


un discurso radial debe ser la claridad. En radio, lo que el oyente no entendió, no se
entiende más, la radio no da revancha.

Para eso es necesario utilizar oraciones simples. La estructura sintáctica ideal es:
Sujeto-Verbo-Predicado. Frases cortas donde expongamos una idea (a lo sumo dos) por
oración. Hablamos de una economía expresiva. No podemos fatigar al oyente con
discursos largos. La capacidad de atención media va disminuyendo progresivamente a
partir de los cuatro o cinco minutos. Por lo tanto hay que ser breve y conciso. Tenemos
que evitar las oraciones subordinadas y coordinadas, las oraciones extensas y complejas
deben subdividirse en otras varias.

Para contrarrestar la fugacidad del mensaje radiofónico hay redundar. Pero la


redundancia implica utilizar sinónimos. Siempre hay que tener un listado de sinónimos a
mano. La radio se presta para una excesiva y necesaria utilización de ellos, para no caer
en la repetición que aburre y cansa, en los lugares comunes y clisés que debilitan la
expresividad y la comunicación.

Es importante también evitar el exceso de adjetivos que no aportan información, distraen


la atención y son asociables con la opinión y el ansia de protagonismo del emisor.

En la medida de lo posible también hay que evitar el uso de gerundios. Es incorrecto


decir “un equipo conteniendo grandes jugadores” por “un equipo que contiene grandes
jugadores”.

En cuanto a los verbos, podemos decir que la radio es acción, es presente continuo. La
radio prefiere las formas y los tiempos que más vitalizan las imágenes y los relatos:
siempre es mejor recurrir a las formas simples antes que a las compuestas, al presente
antes que al pasado, a la voz activa antes que a la voz pasiva. Por lo tanto vamos a evitar
los tiempos verbales compuestos. Usaremos preferentemente tiempos verbales simples:
el presente: “patea”; el pretérito imperfecto (denota una acción inacabada) “pateaba”; el
pretérito perfecto (denota una acción pasada y concluida) “pateó”; el futuro imperfecto
“pateará”; y el condicional (denota una acción futura hipotética con mayor o menor
probabilidad) “patearía”.

Otro elemento negativo en la redacción radiofónica lo constituyen los pronombres, que


obligan al oyente a realizar un esfuerzo suplementario para trasladar en el espacio el
nombre al que se refiere la noticia, lo que lo lleva a desubicarse en el tiempo radiofónico y
perder el hilo de la información. Hay que evitar los pronombres que sustituyen al sujeto:
“En el último set entre Dulco y Kournikova, ella bajó el ritmo y la velocidad del juego”, ¿a
quién se refiere?; los pronombres posesivos “El Manchester ha vencido al Milan en su
cancha”, ¿a qué cancha se refiere?; O: “La trayectoria del boxeador está llegando a su
ocaso. Eso es lo que se desprende de sus anteriores actuaciones. En apoyo de lo dicho
puede recordarse su última pelea en el Orfeo Superdomo.” Hay una manera más simple y
directa de escribirlo: “La trayectoria del boxeador está llegando a su ocaso. Las
actuaciones de Moli y especialmente la última pelea en el Orfeo Superdomo marcan una
notable decadencia en el rendimiento del pugilista.”

Al escribir para ser leído por un locutor y escuchado por un oyente debemos ser muy
cuidadosos con la puntuación. Hay que usar comas y puntos para no cometer errores en
la lectura. Después de comas y puntos no usar nunca verbos, pero sí nexos y conectores.
También se pueden utilizar las denominadas “comas de respiro”, que son signos que
gramaticalmente podrían no estar, pero cuya inserción permite una mejor inflexión y tono
en la voz y la adecuada respiración del locutor. Esto nos permite una correcta y expresiva
utilización de los silencios en radio.

En radio se dice que algo es cacofónico cuando “suena mal”. La cacofonía distrae, mete
ruido en la información: por ejemplo las rimas y el abuso de los adverbios terminados en
‘mente’, “evidentemente el presidente”. Hay que leer en voz alta para examinar como
suenan las oraciones. Hay que tener cuidado con el uso del “de que”, para no
equivocarse hacer la pregunta al revés: “pensaba de que...”, ¿que pensabas?... “pensaba
que”. Debemos evitar las muletillas: “eehh, bueno, ¿no?, o sea, etc”.

La Métrica es la extensión adecuada que deben tener las oraciones para una buena
administración del aire. Para redactar con una métrica adecuada hay que tener en cuenta
no extender a más de tres líneas, de 60 o 70 espacios, cada oración.

En el caso de las citas directas, las comillas en radio no se leen, por eso después del
verbo, hacemos una pausa y le damos una entonación distinta. También podemos dividir
la cita en dos partes, entonces usamos los verbos de complementación. Esto no excluye
el escribir las comillas, ya que estas le marcan al locutor la pausa e indican el cambio en
la entonación: El director de la escudería se dirigió al corredor y le dijo: “no podés seguir
poniendo en peligro el auto”, y, visiblemente enojado, agregó: “es la última carrera de tu
vida a menos que cambies el modo de conducir”.

Las cifras en radio deben redondearse, el oyente no alcanza a comprender y a retener


cifras de varios dígitos: “La recaudación del partido ascendió a 524.336 pesos”; mejor
digo: “La recaudación del partido ascendió a un poco de más de 500 mil pesos”. En el
guión las cifras se escriben según como la vista lo aprende más rápido. Siempre son más
claras las proporciones que los porcentajes: “Uno de cada 3 jugadores son amateurs”,
mejor que “el 33% de los jugadores son amateurs”.

En el caso de que existan términos de pronunciación dificultosa, al escribirlos en el


guión hay que resaltarlos tipográficamente (negritas, cursivas, versales), y separalos en
grupos de sílabas: “El delantero de Instituto sufre una lesión en el músculo esterno–
cleido-mastoi-deo.
Las palabras, poco conocidas, propias de idiomas extranjeros se escriben como suenan,
fonéticamente, resaltándolas tipograficamente.

Cuando tenemos que redactar siglas, debemos tener en cuenta el aspecto cacofónico
(que suene bien) y estimar el conocimiento medio que los oyentes pueden tener de la
misma. Si es una sigla fácilmente reconocible no hace falta definirla (AFA, FIFA, ACA,
UNESCO). Pero en el caso de que no sea muy conocida, generalmente primero se lee el
significado de la sigla completo, y después se nombra la sigla como recurso de sinónimo
para trabajar la redundancia: “La Asociación Argentina de Arbitros emitió un comunicado
donde remarca la responsabilidad de los directivos del Club Independiente en los
acontecimientos registrados el fin de semana en la cancha de Avellaneda. Asimismo los
árbitros asociados amenazaron con un huelga para la próxima fecha del campeonato”.

LA MUSICA

Desde la invención de la radio, la música ha encontrado el medio ideal para su difusión


masiva. Asimismo la radio encontró en la música un elemento expresivo para construir
sus mensajes y un producto destinado a atraer y movilizar audiencias.

La radio y la música se juntan, son inseparables, se comprenden, se trasvasan, labran


nuevas sonoridades adentro de nuestro ser, hunden sus ritmos, sus acentos. Música y
radio se fusionan para atrapar la atención de las audiencias que navegan por el dial. El
hombre ha sido siempre esclavo del sonido hecho compás, de la palabra vuelta canto.

Esta íntima relación ha ido mutando de acuerdo a las circunstancias socio-culturales y a


las transformaciones tecnológicas. Tanto la música como la radio se han influido
esencialmente en sus procesos de producción, distribución y consumo. La hegemonía del
formato canción, de aproximadamente 3 minutos, tiene mucho que ver con los tiempos
que establece la radio. Las programaciones específicamente musicales son un fenómeno
en expansión dentro de las identidades que asumen las radios (de rock, de cuarteto, de
folclore, etc).

"La música, como todo arte, es bella porque logra evocar las imágenes que están
dormidas en nosotros". Las palabras de Antonio Blanco Ruiz resumen con precisión la
poderosa capacidad que la música en general -y la radiofónica en particular- posee para
sugerir y evocar imágenes y espacios auditivos.

Funciones de la musica:

La música radiofónica puede desempeñar varias funciones:


1. Función programática: como contenido esencial de un programa; tal es el caso
de, por ejemplo, 'Los 40 principales'. En este caso la música comunica por sí
misma. Generalmente se difunde a través de temas musicales completos. La
música se convierte en un sintagma comunicante per se. Aquí se pone en juego la
dimensión estética de la radio. Los programadores intentan gratificar los gustos y
difundir autores, según interese artísticos y/o comerciales.
2. Función gramatical: como separadora de programas o de contenidos dentro de
un mismo programa. Hablamos de convenciones de continuidad que sirven para
integrar y separar momentos, bloques, capítulos, secciones, etc. Además sirven
para generar el ritmo radiofónico. Las estructuras más usuales que utilizan la
música como un sistema gramatical de signos de puntuación para marcar cortes,
pausas, separaciones, transiciones son: Apertura- Cortina- Ráfaga- Golpe
acústico- Cierre- Flash back- Flash forward.- Copetes - Separadores -
Institucionales- Publicidades.
3. Función descriptiva: Este tipo de música desempeña un papel primordial porque,
como su propio nombre indica (reforzada en ocasiones por algún efecto sonoro y
casi siempre por la palabra) la música descriptiva dibuja paisajes, sitúa la acción
en un determinado espacio físico y evoca en el radioyente las características del
lugar en el que se desarrolla el relato radiofónico. Generalmente son sonidos
objetivos, es decir tiene una referencia específica.
4. Función expresiva: Este tipo de música evoca en el radioyente un estado de
ánimo, ayuda a suscitar un clima emocional y, además, puede transmitir diferentes
sentimientos, creando "atmósferas” subjetivas. Existen serios problemas a la hora
de establecer referencias musicales. Los receptores son los constructores
definitivos del sentido. El emisor no tiene control absoluto y definitivo sobre la
recepción de la obra musical, no puede garantizar el resultado de la interpretación
del receptor. Hay ciertas connotaciones que se reconocen (estereotipos) como
generales y comunes: Música alegre: Tonos mayores, escalas ascendentes.
Música triste: Tonos menores, escalas descendentes.
5. Función semántica: la música sirve para subrayar, completar, reforzar,
perfeccionar o generar un contrapunto con el mensaje oral. Aquí, también, como
en la programática, la música tiene el poder de comunicar por sí misma, pero en
este caso como complemento de la palabra oral.

LOS SONIDOS

Incluiremos en esta categoría tanto los efectos sonoros grabados como los ruidos
naturales.

Los sonidos forman parte de nuestra experiencia y su escucha puede desencadenar


asociaciones inconscientes y hacer surgir de la memoria impresiones e imágenes. El
sonido puede llegar a ser un estímulo cargado de significados. El sonido radiofónico nos
ofrece la iconicidad acústica del mundo, evoca y representa la realidad.

Los sonidos sugieren dos dimensiones: espacio y tiempo. Los sonidos organizan el
paisaje y el tiempo de una sociedad, percibimos un espacio como urbano o rural, el
tiempo como día o noche, la vida como pública o privada. Todos estos patrones duales
están asociados con culturas de sonidos y paisajes sonoros específicos y generalmente
tradicionales.

Durante la época en que el radioteatro reinaba en la radio, existía un rol específico de


productor destinado a generar sonidos que crearan verdaderas escenografías sonoras.
Era el “ruidero”, que producía sonidos a partir de la manipulación de diversos objetos
(estrujando un papel celofán simulaba el fuego).

Actualmente existen enciclopedias de sonidos grabados en diferentes formatos (CD, MP3,


Cassette, LP). El problema es que no siempre encontramos el sonido adecuado o de
tanto uso pierden eficacia, pero la ventaja radica en la facilidad y la rapidez en el manejo,
y la verosimilitud y variedad de los registros sonoros.

También los efectos sonoros pueden ser creados a partir de la manipulación de


instrumentos acústicos o electrónicos, sin olvidarnos de que nuestra propia voz también
puede generarlos.

Estos sonidos pueden servir para estimular la memoria y la imaginación del oyente.

Las principales funciones que pueden cumplir los efectos sonoros en la radio:

1. Función descriptiva: Cuando perseguimos una finalidad realista, para ambientar


acústicamente una escena, un diálogo. (Le realizamos una entrevista a un
especialista en preparar autos de rally, y de fondo insertamos sonidos de
motores).
2. Función expresiva: Cuando queremos comunicar a través de los sonidos un
sentimiento o una idea. Si en la función anterior podemos entender que somos
fotógrafos intentando cazar sonidos que retraten la realidad, en esta nos
asemejamos a pintores que utilizan sonidos para dar una sensación expresiva de
la realidad. (Aplausos o abucheos para comentar un hecho, el sonido de un grillo
para expresar la falta de respuestas).
3. Función gramatical: Cuando utilizamos los sonidos como nexo o separador entre
bloques, secciones, escenas, etc. Los efectos sonoros sirven como convenciones
de continuidad en el relato radiofónico, para cambiar de tema, de escenas, de
enfoques, etc.

EL SILENCIO

Podemos definir al silencio como la ausencia de sonido. Pero entonces, ¿porque es un


elemento expresivo en el lenguaje radiofónico? Porque el silencio significa, posee la
propiedad de conjugarse con los elementos sonoros y cambiar el sentido de un mensaje
radial. Por ejemplo, al introducir un silencio en una secuencia de palabras y música,
producimos un efecto de atención en la escucha que sirve para resaltar los sonidos
precedentes y consecuentes al silencio.
Actualmente, en las programaciones radiofónicas prima la información y, por lo tanto, las
palabras (en forma de noticias, titulares, citas grabadas, entrevistas, tertulias, debates,
etcétera). Cuando percibimos un silencio, inmediatamente asociamos esa falta de sonido
con una interrupción de la conexión o un fallo de emisión. Sin embargo, el silencio
radiofónico también posee su propia carga emotivo-simbólica y puede desempeñar una
importante función dramático expresiva. Debemos resaltar que los silencios ayudan a
acortar la distancia psicológica entre el locutor-actor y el oyente, sugiriendo una atmósfera
de mayor intimidad y, además, ayudan a transmitir el estado de ánimo del que habla. Así
pues, podemos afirmar que el silencio radiofónico es una inmensa presencia que todo lo
envuelve, que impregna el ambiente de sentimientos y sensaciones, que extiende sobre el
texto sonoro un manto de poesía, conmoviéndonos el alma y la mente.

EL GUION RADIOFÓNICO

Si el programa es un viaje, el espacio es el tiempo que ese programa dura. En ese


espacio y tiempo se dibujan, a modo de accidentes, los contornos, paisajes, los
momentos y lugares por los que la acción fluye y en él se desarrolla un argumento. No
importa que se trate de un programa informativo, musical, «de compañía» o de
«creación» pura: todos tejen su línea argumental y todos necesitan un espacio donde
desenvolverse. Hablamos del programa como un viaje cuyo destinatario final es el oyente,
que es quien, con su aceptación o rechazo, nos va a dar la medida del éxito. El oyente es
el fin; él hace el viaje, va montado en la barca y ve el paisaje, se emociona, se moja y
rema a veces, pero desconoce, o apenas percibe las resistencias, los tirones, los ajustes
en la navegación. El creador, aunque no sabe qué va a ocurrir después (ni dónde ni por
qué), ya en el guión puede determinarlo.

El guión es una partitura. Está en él la obra que se va a interpretar. Formalmente es un


mapa por el que han de guiarse los expedicionarios (los actores del viaje, los ejecutantes).
Pero es también la tierra que se pisa y lo que pasa en ella, y los que actúan. Es el
programa. El programa en potencia; tiene que recoger, sin omisión, sus elementos (más o
menos literales, explícitos, según sea el tipo de guión –que corresponde al tipo de
programa–). En él debe estar todo previsto. Sucesión de puentes sobre el tiempo, aunque
al final optemos por el salto.

Hay dos equipos principales, dos campos de actuación. Dos rutas separadas, claramente
definidas y, a la vez, superpuestas, dependientes, interrelacionadas: lo que sucede en
una es consecuencia y causa de lo que en la otra ocurre. Esos dos equipos son: locución
y técnica. Los dos equipos, a un lado y otro del micrófono, son los que se ocupan de ellos;
los que transitan por una u otra ruta. El guión prefigura el escenario y proporciona
órdenes, misiones que hay que cumplir.

El guión es el que proporciona la información precisa a cada ejecutante, cada


expedicionario, distinguiendo los campos ante todo; después, a quien corresponde la
indicación en cada campo; y luego concretando qué es lo que se ha de hacer y cómo
hacerlo. Incluye, por lo tanto, instrucciones (quién, qué, cuándo, cómo, dónde) y los textos
de lectura o parlamentos. El guionista deberá contar con cada uno de los medios a que se
tenga acceso y usarlos adecuadamente en cada caso, ciñéndose al axioma de que la
economía de medios es virtud:

 Medios humanos: los componentes de los cuatro equipos de los que se nutre
realmente el programa: qué sabe, puede, quiere, debe hacer, en cada caso, cada
miembro de cada uno de ellos y todos en conjunto, o por secciones.
 Medios técnicos: prestaciones –y número, en su caso– de los distintos elementos
técnicos. Disponibilidades de documentación, archivos, fondos musicales, etc.

Con esos ingredientes y sus conocimientos, habilidad, ingenio y/o experiencia va a


cocinarse, en esqueleto, esbozo o cuerpo pleno, vestido y perfumado, el futuro programa.
En el guión está la historia entera, la forma de contarla y la manera (momento, intensidad,
duración, etc.) en que se va a hacer uso de recursos que la apoyen: ráfagas musicales,
ecos, fondos, silencios, grabaciones… El guión es el suelo en el que nos movemos, los
acontecimientos que ocurren sobre él, la identidad prestada a los que se mueven y la
máquina misma que tira de los hilos por los que se transmite el movimiento.

EN SÍNTESIS, ¿QUÉ ES UN GUION RADIOFÓNICO?

 Es un esquema detallado y preciso que incluye: el texto oral, la música, los efectos
sonoros, pausas, indicaciones a locutores, y el momento exacto en que ha de
escucharse cada cosa.
 Es la descripción cronológica de todos los elementos que intervienen en un
programa radiofónicos.

¿PARA QUE SIRVE?

 Saber lo que se va a decir, cuando, y en que orden.


 Permite ordenar los elementos radiofónicos según nuestras intenciones y
estrategias comunicativas.
 Ayuda a manejar el tiempo más ajustadamente.

¿COMO DEBE SER?

 Tiene que ser claro y fácil de interpretar por todo el equipo de producción.
 Tiene que ser flexible y operativo para poder modificarlo sobre la marcha.

¿Y QUE ES UNA PAUTA RADIOFÓNICA?

Es una sinopsis esquemática del programa, enumera por orden los contenidos, divididos
en bloques o secciones, y las instrucciones sobre las fuentes sonoras.
La pauta describe la forma en que se vinculan y se insertan los bloques de un programa.

La pauta es una red de seguridad, necesaria sobretodo para los programas diarios o de
larga duración, donde la actualidad va marcando el ritmo del programa y la improvisación
se realiza de acuerdo a una planificación.

A diferencia del guión, aquí no aparece escrito todo lo que dice el locutor.

CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS:

 Escribir en una sola faz y a doble espacio.


 Diferenciar las indicaciones para el operador (CONTROL) y para los locutores
(LOC). Dividirlas con líneas.
 Para CONTROL escribir en mayúsculas, con instrucciones precisas (entra; pasa a
fondo), marcar los tiempos (15” y se esfuma), indicaciones claras (cassette, CD,
lado y número de tema.)
 Para los locutores los textos en minúsculas, sin cortar sílabas. Se pueden
introducir marcaciones de interpretación para el locutor, en mayúsculas y entre
paréntesis (EXCLAMACIÓN).
 Diferenciar a los locutores por un número o nombre o personaje.
 Hacer una copia del guión para cada integrante del equipo de producción.
 En las entrevistas editadas y grabadas escribir las palabras iniciales y finales.

Lic. Pablo Ramos

BIBLIOGRAFÍA

BALSEBRE, Armand: El lenguaje radiofónico. Cátedra, Madrid, 1994.

HAYE, Ricardo M.: Hacia una nueva radio. Paidos, Buenos Aires, 1995.

KAPLUN, Mario: Producción de programas de radio. Ediciones CIESPAL, 1978.

MUÑOZ, J.J. y GIL, C.: La Radio: Teoría y Práctica. Instituto Oficial de RadioTelevisión
Española, Madrid, España, 1994.

NOVALBOS BOU, Lourdes: Paisaje sonoro de una invasión marciana. Revista Latina de
Comunicación Social, Número 24, Tenerife, 1999.
Torresi, Ana: Los géneros radiofónicos. Antología. Colihue, Buenos Aires, Argentina,
1995.

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