Diablo
Por
Jhoana Vargas
PREFACIO
Encontré en los brazos de muchos hombres y mujeres el placer que no
conseguía en ningún otro lado, era fácil encontrarme con ellos en la cama.
Complacerlos, liberarlos. Pero de alguna manera, seguía sin importarme o
tomarle atención aquel vacío que tenia. Llego con una propuesta, con un
nombre, con una fama que lo precedía. ¿Cómo negarme a ello?, me
consideraba una mujer poderosa y él, desprendía poder, nos atraíamos y lo
supe aquel día que lo vi. Mi cuerpo reaccionaba solo a sus caricias y me vi
envuelta en su infierno y lo que conllevaba el mismo. Pero jamás, pensé en la
posibilidad de enamorarme de un hombre así. ¿Qué sucede cuando los
fantasmas vuelven?
¿Cuando los demonios atormentan?
¿Cuando el problema, no son los demás sino tu?
No me había detenido a fijarme en mí, en lo que sentía, en lo que podía
percibir o crear que no fuera sexo, hasta que el mismísimo diablo me encontró,
llevándome a rincones de placer que aun en mi amplia experiencia no había
probado.
Para toda mujer imponente, siempre hay un malo que la envuelve y la
atrapa. Ya dicen que una mujer fue la única capaz de engañar al diablo.
¿Qué tan cierto era ello?
La ama
No me importo su nombre, su edad, su procedencia, su color de piel o su
sexualidad.
No me importo el color de aquellos ojos cansados, entristecidos y
apagados, que al parecer volvían a la vida cada vez que me miraban, no me
importo lo rosado de sus labios que temblaban de placer. No me importaba si
lo amaban o querían en algún lado. En ese momento, su cuerpo era más mío
que suyo, sus latidos eran escandalizados por mis caderas y su piel era erizada
por mí, y aquí entre nos todo el mundo sabe que...
La piel es de quien la eriza.
Solo importaba que en ese segundo aquel caballero, se zumbaba en un vai
ven de caderas conmigo, mientras observaba la vista de mis pechos sobre él,
de mis caderas balanceándose de adelante hacia atrás sobre su masculinidad,
luego en saltos sobre el mismo. De mis carnosos labios recorriendo su piel, su
cuello, su clavícula, el buscaba su propio placer y yo deseaba
proporcionárselo, me gustaba ver a los hombres enloquecidos, desesperados
por mí, porque los complaciera, los hiciera mío por solo ese segundo. Su
placer era mi placer.
Y aunque no existiera hombre sobre que la tierra que haya podido
dominarme, quise que él sintiera ese placer de...
Verme sobre él, en plena luna llena con los rayos lunares marcaban mi
silueta en aquel oscuro lugar, con mis carnosos labios probando de él, mi
aliento cosquilleándolo y erizándole la carne, con mi cabello rojizo en sus
hombros, mientras mi boca en su pecho se abría paso como una expedición, en
un paisaje como solo un adonis como él podía proporcionarme. Mientras el
morbo crecía, mientras el silencio era interrumpió por nuestras respiraciones
entrecortadas, hiperactivas, nuestros alientos fugaces, como lo era aquel
encuentro casual. Y aunque no había amor era inevitable no crear
sentimientos, las conexiones son inevitables al igual que aquellas ansias de
buscar amor donde solo había pasión y sabanas mojadas de sudor.
Pues porque quien se haga llamar amo de ti, no es aquel que logre
arrancarte gemidos u orgasmos, cualquiera puede lograrlo, esa persona será
quien logre ver tu desnuda alma, arrancarte suspiros, lágrimas, celos y
afectos...
Es muy fácil desnudar una mujer, pero complicado desnudar su alma y
arropar el corazón de una.
Como dicen por ahí personas que te enseñan lo que es el amor sin tener
que quitarte la ropa, que contradictorio porque en esta época todo se definía
en sexo era lo que movía el mercado. El sexo y el dinero.
Aquella noche término en una tanda de tres orgasmos, nada de besos en la
boca, chupadas y mordidas para la memoria y los recuerdos de cada una de las
partes que allí estuvieron.
Jamás supe su nombre, su edad ni lo que pensaba, pero si pude saber entre
gemidos que lo había hecho sentir un dios, un hombre, que le había hecho
perder la cordura.
Y así desaparecí de su vista. Transcurrió una noche más al llegar a mis
propias sabanas limpias, sin rastros de sexo, de brusquedad en mi propia casa,
así mismo transcurrió otro día de semana, tranquilo, aburrido y sin sentido,
mientras dejaba que la monotonía del desempleo, sexo desprevenido y
mentiras siguieran su paso, arrollándome como era costumbre.
Alcohol, sexo y libertad...
Una mezcla hermosa de vicio, sentimientos y engaño.
**
El despertador sonaba y sonaba, lo apague de golpe, rindiéndome y
levantándome otro día mas, era viernes, un hermoso viernes.
Ya dicen que los viernes son de aroma, donde las mujeres se activan y los
hombres se alborotan, mejor decirlo así que en términos populares y vulgares.
Sin mucho afán camine al baño, tome el cepillo y lo llene de crema
llevándolo a mi boca y nuevamente como cada mañana al realizar un gesto
tuve un rápido cine de recuerdos.
Aquel hombre de ojos apagados, pasando su lengua por mí....
Oh no joder, era muy temprano, no ahora.
Pero es que para los orgasmos no hay hora ni fecha en el calendario.
Sentía de nuevo el calor recorrerme las piernas, y como el deseo se
despertaba de solo recordar, mis besos, mis caricias o mis orales.
Negué varias veces con la cabeza y escupí terminando de asearme. Camine
hasta la cocina de mi pequeño apartamento, donde al llegar a la habitación me
senté en el desgastado comedor de madera, de cuatro asientos que siempre era
solamente usado por mí, en mi penumbra soledad. Tome sin mucho afán el
periódico, abriendo inmediatamente la sesión de empleos... Pero seguía siendo
un fracaso en localizar algo que me agradara... o que pagaran algo decente con
lo que pudiera sustentar una vida cotidiana tranquila, sin tener que rebuscar en
otras cosas uno que sintiera que fuera suficiente, pero claro, en mis
circunstancia ponerme exquisita no era opcional, menos cuando tenía la deuda
de un apartamento, más los gastos de la casa de mi madre y pronto la entrada a
la universidad de mi hermano pequeño.
La noche anterior había sacado una buena pasta con ese cliente, la
suficiente como saber que no debía salir en varios días, a menos que no
alcanzara para los gastos que tendría, no era una mujer avariciosa, los lujos me
intimidaban, me hacían sentir tan fuera de lugar, que debía admitir que amaba
la humildad de mi vida, de mi hogar. Aunque a veces tenia esos sueños de
conseguirme algún viejo millonario y guala, una vida segura, pero no podía
engañarme soportarme un viejo millonario más de tres días, me causaban
nauseas.
Vivía en la parte pobre de la ciudad, el barrio era tranquilo, diría más que
urbanización de calles amplias y largas donde se hallaba un grupo pequeño de
casitas y apartamentos con entradas independientes. Mi casa tenía dos
entradas, la delantera y una por la cocina, usualmente por la principal salía la
Loreen, la inocente con su bicicleta a recorrer la ciudad hasta casa de mi
madre, cuándo tendía a visitarla. En las noches salía por la trasera la Loreen
altamente sexual que era escoltada a sus lugares frecuentes por un taxista
especial que ya sabía dónde buscarla, a qué horas y que días. Un hombre
mayor canos y discreto que no solía preguntar mucho, que fiaba y
simplemente su pago era que endulzarse la vista cuando la sexual Loreen
venia altamente borracha, lujuriosa y una que otra vez terminaba
masturbándose en la parte trasera de su auto.
Me levante de aquel comedor, me agarre mi enorme cabellera roja lisa,
hasta más debajo de mis caderas en un alta moño, donde se me escapaban
algunos mechones salvajes. Me coloque una licra negra ceñida al cuerpo, y un
suéter de hombre ancho color blanco, amaba esos suéter, mas zapatos botines
negros.
Así que bien...
Loreen inocente activada...
Al ver la hora, eran las 4:00 pm, me había levantado relativamente mal,
como adolorida... al tomar mi teléfono vi varias llamadas y rodee los ojos, solo
había alguien lo suficientemente insistente para dejarme quince llamadas
perdidas y esa era mi madre, Anny. Podía llamarme todo el día si creía
necesario, aunque le decía siempre que dormía hasta sumamente tarde,
realmente estaba adoptando una mala manera de dormir, los últimos meses.
Camine a la cocina, donde saque un par de huevos, más tomate y cebolla.
Saque de uno de los gabeteros desgastados de madera pan. Pique con rapidez,
los condimentos para poner la sartén echarle aceite y empezar a guisar el
tomate y la cebolla. El teléfono comenzó a vibrar en la mesa haciendo un
ruido estruendoso, corrí a tomarlo mientras volvía a la cocina a echar los
huevos y empezar a revolver.
-Mamá-. Conteste de una sin anestesia, era la única quien me llamaba tan
insistente.
-Por fin atiendes ese teléfono-. Reprocho y supe por su tono de voz que
estaba algo mal humorada. - ¿Donde estas?
-En la casa. ¿Donde más estaría?-. Pregunte sarcástica revolviendo mi
perico, sintiendo como el estomago me crujía.
-Buscando trabajo quizás....
-Madre, ¿Seguirás con eso?, ya tengo un trabajo.
-Jamás me has dicho de que trabajas-. Se quejo- solo sé que es de noche.
-Es solo lo que deberías hacer.
-Me das a pensar que estás haciendo algo malo, Loreen. - musito con
severidad.
Ja, si supieras madre.
-¿Importa?, las cuentas están pagas...
-los trabajos nocturnos acaban con la gente.- volvió a la carga. Era terca. -
¿Cuando vendrás a visitarme?, tengo mucho sin verte.- aquello me afligió,
haciéndome carraspear y apagar la cocina. Ya estaba listo mi desayuno. Baje
un plato sirviendo el perico allí.
-¿Se te hizo efectivo, el depósito del banco?-. Pregunte saltándome del
tema.- Fuiste a comprar algo de comer.
-Si, fui con tu hermano, bueno lo arrastre sabes cómo es para salir de
compras, se queja mucho.
-Bueno, le toca... es su deber. No puedes hacer peso.- musite abriendo mi
pan y sacando de la nevera un litro de leche para sentarme a comer.
-Si, él. Lo sabe. ¿cuándo nos vemos?, quiero verte....- soltó.
-Yo te aviso, el lunes, mami. Debo irme. Bendición.
-Dios te bendiga, cuídate hija.
El hecho de no poder tan siquiera verle la cara a mi madre, desde que había
empezado a.... trabajar de noche, era una simple muestra, de que a ella no
podía mentirle, de que si me presionaba le soltaría que un trabajo legal y
normal, no me alcanzaba para pagar las cuentas, su mercado, el mío, mi
alquiler del apartamento, la secundaria de mi hermano. Hoy en día la vida
estaba muy costosa y tener el peso de mi madre y hermano en los hombros
estaba siendo una odisea cuando un sueldo mínimo no alcanzaba, así que
como toda mujer opte por la opción más fácil pero terrible...
Amaba mi familia y por ellos dije siempre que haría lo que fuera.
Aunque amaba el sexo, era ninfómana, me gustaba de alguna manera dar
placer, dominar y tener el poder, sexo, más dinero.... era una buena
combinación, mas cuando eras tan buena como para exigir con quien querías
pasar la noche y con quién no. ¿Trabajo?, era considerado todo aquello que te
produjera dinero y prostituirme se había vuelto un negocio muy factible para
pagar mis cuentas.
Además debía admitirlo lo disfrutaba.
No pertenecía algún cabaret, bar o burdel. No, eso no era mi estilo, además
no tenía un jefe, era sencillo conseguir lo que quería en una noche, sin
pertenecer a nadie.
Agregando el hecho de que me consideraba como llaman por ahí una perra
sin corazón, era fría, rebelde, seca y no sentimental. ¿Sentimientos?, eso no
entraba en mi diccionario, quizás aquello lo había perdido hace mucho,
cuando se habían encargado de destrozarme el corazón con una infidelidad.
Aun sigo sin entender esa mala maña de los hombres de tener varias mujeres si
a duras penas pueden con una. Ese ego de acaparadores que jamás podía
comprender.
Encendía la televisión, donde me quede nuevamente dormida....
Diablo
Noche oscura, pero llena de música, de hormonas, de hombres y Loreen
sexual estaba en su mejor momento...
Tenía un corto vestido negro, que llegaba más abajo de mis nalgas, ceñido
al cuerpo, tan ceñido como para apretar y realzar mi trasero y senos,
haciéndolos verse enormes y dándome un toque muy estético, con tacones
rojos altos punta de lanza que me hacían ver muy esbelta, mis pecas resaltaban
por el aceite que tenía en los pechos que acaba de echarme, tenía el cabello
suelto, esta vez ondulado, una enorme melena roja que me había encargado de
enrular con una plancha especial, pestañas postizas, maquillaje ahumado. No
exagerado sino muy elegante, me coloque cuando estaba a punto de llegar al
lugar, un enorme antifaz negro con dorado. El taxista me miro y sonrió
asintiendo como siempre confirmando que estaba muy bien esa noche,
subiéndome el ego. Me llevo hasta una inmensa mansión, donde en la entrada
al dejarme me esperaba una mujer conocida. Una morena hermosa, ojos
oscuros pero labios carnosos. Estaba vestida muy elegante pero en un vestido
rojo de esos que provocaban arrancarlos, no me gustaban mucho las mujeres
pero Dalia, había sido una de esas mujeres que habían caído ante mis
encantos, lenguas y dedos. La cual siempre me invitaba a fiestas muy, muy
interesantes, en esta oportunidad, era una fiesta sweeger que ahora notaba mas
como fiesta donde no había pareja sino libre, esta al verme me reconoció en
seguida una sonrisa surco bajo aquel antifaz rojo vivo. Era una cliente fija,
además gracias a ella y otras ya me consideraba mas bisexual de lo que alguna
vez había creído. Camine con mucha calma moviendo a un lado mis caderas,
sintiendo la mirada de los guardias desviarse por donde caminaba, al llegar a
ella pase mi mano por su cuello con suavidad viéndola estremecerse bajo mis
dedos, deje un sutil y suave beso en la mitad de sus labios, sabiendo que ya
estaba más que húmeda, ella era así...
-Mi ama favorita-. Anuncio sonriéndome cuando me invito a pasar dentro
de aquella mansión y caminar por un leve jardín muy elegante de rosas, y
sintiendo la mirada de varias mujeres y hombres-. Hoy te ves, de otro mundo...
-Quiero un hombre hoy-. Anuncie mirando al frente- Por esta noche no
creo que me divierta contigo-. Explique hablando suave y seria- tengo hambre
de un hombre...- y era así, esta noche quería enloquecer algún caballero con un
buen meneo de caderas- Y quiero al más cotizado de todos.- esta saco un sobre
y me lo dio, sin contar que había dentro lo metí, en mi pequeña cartera de
mano negra. Era un pago, simplemente con tan solo acompañarla Dalia solía
darme buenas cantidades de dinero. Aunque sabía que siempre solía
compensarla.
-Como siempre pelirroja- la mire de reojo y esta soltó un suspiro. Dalia no
sabía mi nombre, edad, o algo referente a mí, simplemente yo era esa pelirroja
que jamás le veía la cara y la enloquecía en la cama o donde me provocara
tomarla. Era tan libertina como yo lo fui hace unos años, tanto que solía decir
su nombre cuando le enseñaba que era incorrecto hacerlo.
No me gustaba las cercanías que no fueran sexuales, esta era una chica
hermosa, algo mayor que yo, pero hermosa, sabía que no tenía necesidad de
pagar a nadie por su compañía, pero al parecer mis servicios eran dignos de
pagar y a mí me encantaba complacerla. No decía mi nombre, mi edad y nada
de mí. Usualmente, siempre usaba antifaz cuando trabajaba era una de mis
condiciones, mi rostro era restringido y tanto era lo que provocaba con ello,
que aun así no les importaba al parecer con lo poco que veían de mis facciones
les bastaba.
Era exclusiva yo no estaba con quien quisiera estar conmigo sino con
quien yo decidiera, no proporcionaba placer a menos que yo quiera y Dalia ya
comenzaba a entenderlo
Antes de entrar por la puerta principal, mientras caminábamos en silencio,
la empuje hacia un escondido lugar antes de llegar a la entrada. La acorrale
contra una pared llevándola a un pequeño y escondido lugar antes de la
principal, colocando mis manos con fuerza en sus caderas, tomándola con
dominancia pude escuchar como se le escapaba un jadeo y aquello me hizo
sonreír, cuando su espalda toco la pared de ladrillos , mis labios chocaron con
los suyos donde mordí suavemente y esta gimió, mi otra mano bajo hasta por
debajo de su vestido y esta se estremeció, sin preámbulos ni mas, mis dedos
viajaron hasta subirle poco a poco su vestido, mientras alejaba su boca de la
mía, para oír su gemido y mis dedos tocaron sus bragas, rompiéndolas y esta
soltando un gemido gutural de los que me encantaban sus manos estaban tan
paralizadas que aquello me gustaba porque ser dominante me hacía sentir
poderosa, ver como temblaba bajo mis caricias, uno de mis dedos toco su
clítoris y esta se irguió pegando sus senos de mi pecho, dos de mis dedos entro
de golpe y comencé a masturbarla con suavidad y seguido aumente la
velocidad a medida que sentía como esta mojaba mis dedos.
Asco... no el asco hacia una mujer lo había perdido hace muchos años y
era lo que había aumentado mi ninfomanía, el hecho de hacer caer cualquiera a
mis pies, fuera quien fuera. Los gemidos de Dalia eran tan ruidosos que tuve
que mandarla a callar más de dos veces muy divertida ya había comenzado mi
propia fiesta privada mientras la embestía con varios de mis dedos, casi
metiéndole mi mano, cuando sentí su feminidad contraerse, sonreír ante el
orgasmo que seguramente estaba a punto de tener y mi boca toco su cuello y
aquella morena se descontrolo, comenzó a golpear su pelvis de mi mano y
mordí con agresividad su cuello, mientras mis carnosos labios hacían su
trabajo con magistralídad mientras esta gemía alto y se corría frente a mí,
sobre mi mano, mojando cada rincón de su cuerpo y temblando complacida.
Respirando entre cortada, sudando, temblorosa. No tenía ya ni que hablarle su
cuerpo reaccionaba ante mis caricias.
-No creas que me iría sin darte un orgasmo... Sigo siendo yo. - anuncie con
dominancia alejándome de ella y limpiando mi mano con su propio vestido
hasta que una mano desconocida apareció ofreciéndome un pañuelo blanco y
sentí una respiración en mi cuello erizándome la piel, tome el pañuelo sin
voltearme limpiando mi mano, hasta que un par de manos masculinas se
posaron en mi cadera, tomándolas con presión, mire a Dalia que miraba al
hombre detrás de mi espalda eclipsada arreglándose el vestido y esa era mi
señal... él sería mi presa esta noche. A Dalia solo le gustaban las mujeres, era
lesbiana pero el hecho de fijarse en un hombre era muy poco frecuentes y eran
adonis, hermosos. Además quería una buena dosis de sexo, ya tenía el dinero,
ya el trabajo estaba hecho y podía distraerme un poco.
-La fiesta es adentro señoritas. Dalia...- apenas escuche su voz, solo
imaginármelo gimiendo me hizo estremecer y sé que esa persona lo noto-. ¿Tú
eres?-. Susurro bajo acercándose a mi oído y sin más me voltee haciendo que
este se alejara
Maldita sea, las manos que hornearon ese pastelito. Este hombre era un
viejo demasiado perfecto. No se podía estar tan rico en la vida, no se podía.
Mis ojos se abrieron para admirar a tan semejante papasito que tenía como
colirio para mis ojos, incluso nada más de verlo e imaginármelo cogiendo me
humedeció la entrepierna. Estaba esculpido por el diablo...
Tampoco era tan viejo pero mientras yo era una veinteañera el estaba
llegando a los treinta aunque lo disimulaba pero sus manos no. Las manos
siempre delataban la edad.
Era una cabeza más alto que yo aun en mis enormes tacones, lo mire de
arriba abajo sin disimular, sabiendo que él estaba haciendo lo mismo conmigo.
Muy alto, tenía grandes músculos que seguramente ocultaba bajo ese
jodido y perfecto traje de vestir blanco, lo cual me avisaba que él era el
anfitrión de aquella fiesta, tenía una barba corta, perfecta de candado y bigote
muy rebajado, apenas notable, lo que le daba un aspecto salvaje, tenia ojos
grises, tenía un antifaz blanco a juego con su ropa. Cabello negro algo largo
pero bien peinado hacia atrás, barba, piel trigueña así como mulato. De
enormes hombros, muy elegante, derrochaba estilo y refinamiento. Tenía
manos enormes como me encantaba, mordí suavemente mi labio y este coloco
uno de sus dedos en mi boca evitando que siguiera mordiéndolo, el
intercambio de miradas que tuvimos fue tan intenso que la tensión sexual en
ese momento estallo como una jodida burbuja de agua. Trague saliva y este
sonrió. Tenía una jodida sonrisa nivel hermosa.
¡Dios mío! tenia dientes perfectos, blancos, colmillos largos.... ¿Qué pasa
Loreen te emancipaste?, carraspee y me erguí dominante volteando a ver a
Dalia que se arreglaba su vestido.
-No ella no tiene nombre-. Sonreí ante la respuesta de Dalia y asentí con
gesto de aprobación.
-La curiosidad mato al gato-. Susurre volteando a ver aquel hombre y
tomando la mano de Dalia para salir de aquel lugar dejándolo solo y
caminando nuevamente hacia la principal.
-¿Estás loca?-. Me pregunto Dalia y reí suave-. Ese tipo es lo más rico que
jamás he visto en mi vida, primera vez que veo que se acerca a alguien... Dios
lo tuve cerca.- chillo como niña pequeña emocionada lo cual solo aumentaba
mis ansias de cogérmelo como me diera la gana para llenarme el ego. Pero
Dalia había pagado por mis servicios, debía ser buena chica con ella esta
noche.
-¿De qué hablas?-. Pregunte subiendo las escaleras de la principal y
soltándole la mano.
-No sé su nombre, se que le dicen, “Diablo”, es el hombre más hermoso
que he visto en mi vida, aquí todos le respetan, le temen, dicen que es un
semental en la cama, poderoso, magnate, seductor, arrogante, es la eminencia-
ante aquello voltee a verla y sonreí- Ah no, pelirroja conozco esa sonrisa. Te lo
quieres coger.
-No me lo quiero coger... Me lo cogeré, recuerda lo que te he enseñado, no
hay amos. SI sabes moverte tú dominas, tú controlas. Así como tú y yo.- dije
ya llegando a donde estaban dos guardias y esta saco dos sobres que eran las
entradas dándoselas y pasando, camine tras ella muy cerca.
-¿Cómo tu y yo?-. Pregunto y asentí una vez pasando por un pasillo algo
elegante de paredes roja y alfombra roja.
-Yo te domino, yo te cojo, yo todo... Tú nada. Tu eres mía, tus orgasmos
cuando estoy son míos y no hay nadie estando yo presente que te lo haga
como yo-. Dalia volteo a verme con las mejillas enrojecidas y trago saliva.
-Me muero por ti...eso ya lo sabes.
-Todos lo hacen-. Me encogí de hombros sonriéndole y esta negó.- además
pagaste por mis servicios no me alejare a menos que tu busques otra pareja o
me hagas cambio de luces para hacer de las mías.
-Pues, ya con tu presencia me basta...
Al entrar el salón era sumamente elegante, de paredes blancas enormes,
rodeados de muchas mesas redondas con manteles rojos, piso de cerámica
blanco, elegantes copas, era algo oscura las luces apenas alumbradas con
algunas lámparas que se hallaban en la mismas mesas, daban un ambiente más
apagado, elegante, privado, había sumamente fiesta en aquel lugar y aun tenía
en mi mano izquierda aquel pañuelo que me había dado aquel desconocido.
Al caminar entre la gente, la incomodidad se hizo presente, habían ya
personas besándose, tocándose incluso mujeres haciendo felaciones y hombres
con sus manos dentro de vestidos, una orgia muy extraña pero no a mi gusto,
con el pasar de los años me había vuelto más privada, cautelosa, en cambio
Dalia que estaba comenzando en este mundo veía todo genial, divertido
mientras yo lo notaba repugnante y aburrido. Pocas éramos las mujeres con
antifaces, seguramente casadas o figuras públicas, con tabúes aun. Reconocí a
más de una femenina y masculino que había visto en otra fiesta, tenía una
buena memoria para los rostros. Una rubia de enormes senos que se le
desbordaban de su vestido rosa, nos acorralo, le dio un sonoro beso a Dalia
con pasión y desenfreno, intento acercarse a mí y me planto un sonoro beso en
los labios, escuche como Dalia soltaba un alto gemido mirándonos, cuando
esta chica intento tocarme le detuve la mano.
-Yo toco, tu obedeces.- musite con seriedad y esta se mordió el labio con
coqueteo.
Dalia ya reconocía mis gustos y sabía como solía ser de repelentes y esta
noche al parecer era una de ellas, además estando de servicio, a menos que
ella me lo pidiera no me dejaría tocar de nadie y sabiendo lo celosa que solía
ponerse Dalia, no me lo pediría. Le gustaba que fuera su ama, camine hacia
una mesa algo sola en una de las esquinas más alejadas de aquella fiesta, en el
trayecto mire varios prospectos de hombres, unos más que interesantes que
otros, otros más ricos que otros y otros más lujuriosos que otros. Antes que
pudiera llegar a la mesa varios meseros aparecieron entregando copas de
champán y no pudo faltar la mía, las personas dejaron un segundo su momento
de pasión y supe que darían una bienvenida, al llegar a mi destino la mesa en
el rincón, sonó una copa haciéndome voltear de pie a la mesa y estaba aquel
hombre, tan imponente, rico y sensual en la parte alta del salón donde había
una pequeña tarima y en los laterales puertas donde seguramente darían a las
habitaciones de placer, así las llamaba yo, este tenía la máscara puesta pero
aun así, sus facciones eran reconocibles, eran hermosas.
-Buenas noches, damas y caballeros-. Cerré los ojos ante su voz. Que voz
tan orgásmica poseía ese hombre- Bienvenidos todos...- al abrir mis ojos, y
mirarlo, está viendo fijamente hacia donde estaba lo cual me hizo sonreír y
negar divertida. ¡Atención capturada!, tenía en mi mano la copa y su pañuelo.-
espero todos tengan una velada magnifica-. Hablaba con suma elegancia.-
Porque yo la tendré.- alzo su copa y todo los presentes lo hicieron-. Ya saben
las reglas... precaución, concesión y Salud.- musito sonriendo y todo el mundo
incluyéndome alzamos nuestras copas tome de golpe la champán eligiendo
otra de una de los mesoneros que iban de paso.
-¿Reglas?-. Me pregunte a mi misma con voz alta sin entender donde
diablos me había metido Dalia.
-Así es...- escuche una voz joven a mi espalda y una mano posarse en una
de mis nalgas.- se refiere a esas mujeres...- señalo con la mano donde tenía su
copa, cuando este hombre desconocido sensual se bajaba y un grupo de
mujeres se le acercaban como universitarias alborotadas e incluso pude ver
mujeres mayores, mujeres de todas las clases y formas.- a ver cual se va con él
esta noche.
-Vaya...- musite apenas tomando otro trago de mi copa.
-¿Por qué tan sola?- me pregunto aquel desconocido que ni siquiera me
había tomado la molestia de voltear a ver.
-¿Por qué debería estar acompañada?-. Voltee a verlo y sonreírle, a aquel
moreno alto, simpático, ojos oscuro y perfecta sonrisa de hoyuelos.- ¿Por qué
tu tan solo?-. Pregunte divertida.
-En realidad-. Señalo una mesa donde lo esperaban cuatro damas negué
divertida sonriéndole- ¿Quieres unirte?
-No gracias... además estoy de servicio- dándole a entender que estaba
trabajando y venia acompañada aquella noche.
-es una lástima.
-Siempre dicen eso-. Musite odiosa y me aleje sentándome en la mesa que
había elegido. Más aburrida de lo que imaginaba. Sin saber donde estaba Dalia
y su amiga rubia,
Quizás mi noche terminaría haciendo temblar a esa dos mujeres, me había
encantado el anfitrión pero eso de competir o compartir no era lo mío, yo no
me mataba por coger con nadie la gente se mataba por coger conmigo y
repetir. Así que él ya estaba fuera de mis posibilidades. Llevaba más de cuatro
copas cuando estaba decidiendo a irme, de hecho me había levantado y todo.
Aquel hombre paso por al frente mío, junto a 4 mujeres, este se me quedo
mirándome con una intensidad de otro mundo, tan fijo que por poco me
intimida pero le mantuve la mirada hasta que se dirigió por la puerta hacia uno
de los laterales de aquella tarima que habían montado. Tenía esos ojos
hermosos, de un gris metal tan hermoso. Camine hacia aquel lugar, me valía
madres, quería cogérmelo como fuera, donde sea...
al entrar a aquel pasillo los gemidos eran las melodías que más se oían allí,
mire a lo lejos a mi presa que entraba en una de las habitaciones del fondo, no
sin antes voltear a verme por última vez. ¡Maldito! Estaba haciendo que
literalmente lo persiguiera, lo iba a coger como si lo odiara porque se la había
ganado. La puerta por donde entro se cerró y camine hacia ella...
Realmente no recuerdo cuanto tiempo pase frente a esa puerta pensando si
entrar o no, e ideando alguna manera de sacar aquellas mujeres de allí. Lo
quería solo para mí. De la misma manera estaba segura como solía serlo, abrí
la puerta lentamente entrando al lugar sin tocar, sin avisar, sabía que él me
esperaba.
El lugar estaba algo oscuro apenas una lámpara alumbraba la inmensa
habitación, mi vista aterrizo sobre las cuatro chicas desnudas que estaban
sobre la misma, acariciándose entre ellas, haciéndose orales, otras besándose
las bocas, endulzando la vista de cualquiera.
-Has tardado en entrar- escuche una voz a un lado haciéndome girar la
cabeza, para toparme con aquel hombre aun vestido completamente con una
copa en la mano.- Desnúdate-. Ante aquello solté una risa muy alta, llamando
incluso la atención de aquellas chicas
-Equivocado.... caballero. Menos un punto-. Dije en voz alta y ambos
cruzamos miradas-. Si quieres que me desnude. ¡Desnúdame! Aunque
tampoco lo dejaría. La multitud me aburre-. Sé que él sabría que me refería a
las chicas que estaban allí. Este se levanto y se acerco a mi tomándome del
cuello con fuerza de la misma manera como yo había tomado a Dalia afuera.
-Desnúdate.... Dije. - aquello lo susurro cerca de mi oído con dominancia.
Mi mano aterrizo sobre la de él y con la otra mano libre que tenía, lo atraje
hacia mí ahorcándolo de la misma manera en que lo estaba haciendo conmigo,
colocando mi mano en su cuello, aquello lo sorprendió porque la copa en su
mano cayó al suelo.
-Desnúdame, no soy como ellas, no me manejo como ellas y no hare lo que
te dé la gana- anuncie dominante y sentí su mano apretarme el cuello-. SI
quieres ser mi amo, primero debes dominarme.
Aquellas palabras al parecer causaron un efecto en aquel adonis, porque
me soltó y en seguida les hizo un gesto a las chicas para que se fueran,
mientras yo lo soltaba. Apenas la ultima cruzo la puerta y yo iba a cerrarla este
me arrincono contra la misma puerta cerrándola de golpe lastimándome la
espalda, y el ardor entre mis piernas se comenzaba hacer notar, a inquietarme,
su boca golpeo la mía con ira, mientras su lengua se abría paso por mi boca
desesperantemente. Cuando mis dientes tocaron su labio inferior este soltó un
gemido apenas suave y me estremecí, su voz era jodidamente perfecta cuando
gemía, y estábamos en esos besos que mojan cada rincón del alma, besos que
excitan, que desesperan, que provocan comerse a la otra persona, Besos que
simplemente son eso besos, pero nuestro deseo es lo que los hace especial.
Realmente si había una tensión sexual entre ambos, era terriblemente fuerte.
Este me presiono contra aquella puerta restregándome su cuerpo con
agresividad, cualquiera se hubiera quejado en mi caso me encantaba que
intentaran dominarme con ira, esté intento quitarme el antifaz pero lo detuve
dándole a entender que no me vería el rostro, no tendría ese gusto, no era tan
especial así, mi lengua jugaba con la de él desesperada, robándome su aliento,
mientras mi pecho subía y bajaba acelerado, inquieto, deseosa, mis manos
aterrizaron sobre su saco, el cual comencé a quitarle con agresividad casi a los
golpes y sentí como este sonreía, valía madres. Tenía un desespero encima que
no me lo quitaría nada. Sentí como este me detuvo, tomo mis dos manos y las
pego contra la puerta. Haciendo que mi cartera de mano cayera al suelo.
-No tocas.- dijo al despegar mis labios de su boca. ¡Si claro campeón
suéñala!, sonreí suave-. SI yo no veo, tú no tocas. - abrí la boca sorprendida,
por el hecho de que no dejara que me viera la cara, no lo tocaría, bien... este
juego podíamos jugarlos los dos.
Alce mis caderas contra él, sintiendo su dureza y bulto, restregando mi
pelvis de él, sin pena, tabú o vergüenza, este gimió suave y me erizo hasta los
vellos que no tenia, mi boca aterrizo sobre su cuello, donde mordí con
sumamente dureza haciéndolo quejarse y que este me soltara alejándose de mí,
seguramente eso le dejaría marca al día siguiente y ambos sabíamos que sería
así. Su cara de sorpresa me divirtió tanto que una carcajada se escapo de mis
labios divertida, para morder mi labio y alejar mi espalda de esa puerta,
mientras caminaba hacia él, quitándome poco a poco el vestido con algo de
facilidad, ya que lo había hecho en muchas ocasiones a pesar de lo apretado
que me quedaba, este cayó al suelo dejándome en ropa interior negra, de
encaje, escuche un carraspeo y mi vista cayó sobre él, sobre sus ojos su boca,
literalmente estaba devorándomelo con la mirada.
-Desnúdate-. Le ordene y por primera vez pude ver una sonrisa en su rostro
y como intento negarse pero era tarde, ya mis manos estaban sobre él,
deshaciéndome de su corbata y con suma rapidez, tome a los lados su camisa
blanca jalándola, haciendo que los botones salieran disparados por todos lados,
no estaba pidiéndole permiso para que se quitara la ropa, se lo estaba
ordenando, si él me mandaba yo a él también. Si él podía ser ordinario yo aun
mas.
-Así que así será...
-depende como tú decidas que sea....
-No debiste decir eso-. Ante aquello me quede fría, sus enormes manos
aterrizaron sobre mis hombros y con brusquedad me lanzo sobre la cama
dejándome boca abajo con los senos presionados de la misma, sonreí divertida
y a la vez tan excitada a la expectativa que imagine algo muy a lo BDSM...
que se yo, amarrada, estrujada, golpeada, o a lo SPARKING con una paleta
con la cual me nalgueara pero.... nada, intente voltearme pero este con una
mano me obligo a dejar la cabeza contra la sabana. Mire como de un lado la
ropa caía sobre la cama, mientras él se desnudaba y la lanzaba. - Desnúdate.-
dos segundo después estaba como una jodida sumisa quitándome el sostén y
las bragas dejando todo a un lado, el deseo y las ganas por comerme a ese
hombre me estaban matando.
Dos minutos luego. ¡Plaz!, Sentí una palmada con ira en mi nalga derecha
obligándome a erguirme, me picaba la nalga y me ardía repentinamente, este
me levanto de la cama y me volteo hacia él, mi vista lo recorrió
completamente en su desnudez y trague saliva, ¡Dios mío!, este hombre
tendría unos 30 o más, pero era lo más rico que jamás había visto en mi vida,
tenía sus músculos definidos, bíceps, tríceps, oblicuos tonificados, abdomen,
brazos fornidos, musculosos, piernas atléticas, estaba esculpido con mucho
detalle, tenia lunares marrones esparcidos por su cuerpo, y por supuesto había
llegado de primero a la repartición de miembros, y sabia mucho del tema al
respecto. Había estado con miles, miles de hombres y hablo de que había
perdido la cuenta, aunque siempre había tenido cuidado para no repetir, pero
este viejo.... era otro mundo. Tenía algo tan enigmático que me encendía y aun
sin haberme tocado, estaba tan mojada que ni yo sabía la razón, al mirarlo,
este me miraba fijo, con la mirada encendida de deseo, detallándome, lo que
me gusto aun mas, porque más que todo era una mujer visual, me encantaba
ver, y al parecer había encontrado la horma de mi zapato. Este dio varios pasos
atrás y toco el encendedor en la pared y la habitación se alumbro aun mas
tanto que tuve que asegurarme de que el antifaz, me tapara con seguridad el
rostro, dejando descubierto solo mis labios, que era lo que me preocupaba.
Este dio unos pasos hacia mí, estaba tan eclipsada observándolo que me
estremecí cuando me recorrió con la mirada despiadadamente y mordió su
labio inferior.
Me rodeo dando leves pasos, como si me examinara y voltee a verlo
cuando este se sentó sobre aquella cama enorme de sabanas vinotinto y supuse
lo que querría, arrugue el gesto pero aun así quería complacerlo, este palmeo
su pierna y me estaba pidiendo literalmente que cayera sumisa a sus caprichos,
dude unos segundos y este me tomo una mano obligándome a arrecostarme en
su regazo, con mis nalgas al aire, para él, mientras me hallaba en su regazo
boca abajo. Trague saliva porque ya conocía el procedimiento, prense el
cuerpo cuando sentí la primera nalgada, la primera palmada que una oleada
sucesiva de golpes algo fuertes en cada nalga, hasta el momento de dejármela
enrojecida, escociéndome la carne, pero me gustaba mientras a su vez rozaba
con sus dedos la parte de abajo de mi sexo y el contraste frio, caliente me
humedecía cada vez mas. Pasaba su dedo por mi vagina, por los pliegues y lo
regaba hacia el orificio de mi ano. ¡Por dios me mataba las ganas!
Un, dos, tres azotes mas, y en cada uno me erguía y mis senos pegaban de
su pierna, mas erótico imposible, me estremecía, me quejaba apenas sin decir
ni una palabra, mas jadeos se me escapaban, no era mi estilo, pero como lo
estaba disfrutando. Sentía las nalgas ya calientes, palpitarme y como a éste
desconocido se le aceleraba la respiración. Lo estaba disfrutando. Como pude
me le escabullí de sus palmadas, arrodillándome frente a él, obligándolo a
verme, agachada frente a él, quien aún seguía sentado en la cama, con su
erección ya más activa, imponente. Dura y levantada
Lleve mis manos a su miembro comenzando a masturbarlo, sin dejar de
verlo, sus gestos, su cara seria pero complacida, su media sonrisa, su mirada
con la mía... era un poema.
Nos mirábamos con intensidad. El morbo de que me miraba masturbándolo
solo aumentaba todo, mis manos subían y bajaban por su falo y podía ver
como se erizaban los pequeños vellos de sus brazos, sin más, me acerque aun
mas a él y cuando carraspeo pude notarlo, un nerviosismo cuando la punta de
mi lengua toco la cabeza de su sexo, este se estremeció y sonreí campeona, lo
había dicho antes no había nadie que no se estremeciera bajo mis manos y este
“amo” no sería la excepción, mi boca toco su miembro, saboreándolo con
suavidad y descendiendo por el mismo, mientras este tomaba mi enorme
cabellera rula y la enrollaba en su mano mientras me ayudaba a subir y bajar
por su miembro haciéndole una perfecta felación en palabras técnicas, dándole
la mamada de su vida.
Aquel inmenso hombre se estremecía, gemía, se aceleraba y golpeaba sus
caderas contra mi boca. Con ira, con desespero, con locura... su cuerpo, sus
músculos se tensaban literalmente estaba follándose a mi boca como le daba la
gana y eso me gustaba porque estaba enloqueciendo, como quería que fuera.
Su pecho subía y bajaba acelerado, desenfrenado, mientras sentía el liquido
de lo que lubricaba llenarme la boca y como sus gemidos subían de tono, mis
manos aterrizaron en sus oblicuos, donde clave las garras y la excitación
creció en él porque me dio una embestida que me causo una horcada y su grito
de placer no fue normal.
Subía y bajaba chupando con fuerza, succionando dándole presión con las
paredes de mi boca, incluso llevándome todo a la boca, hasta poder pasar la
lengua por debajo de su falo lamiéndole el escroto este dio un respingo.
Mientras era un caos, de placer y desespero.
-Mierda... Mujer...- soltó enloquecido ante aquella felación que le estaba
dando con tanta atención.
Sus caderas subieron la velocidad y el apretón que le dio a mi cabello fue
tal que me hizo notar apenas aquel reconocible liquido caliente me lleno la
boca, tan dulce, salado.... En otra ocasiones lo hubiera escupido con disimulo
o quitado, pero espere que se detuviera y apenas sentí su mirada sobre mí, alce
el rostro tragándome todo el liquido de golpe y este abrió la boca, cuando
intento tomarme en sus brazos, me levante de golpe alejándome y este lo supo,
supo que me iría... Era nuestro estilo, pase una mano por mi boca limpiando el
resto de semen que quedaba y de la manera más rápida tome, mi vestido
subiéndomelo lo hasta las caderas, sin bragas, ni sostén. Aun en mis altos
tacones que no me había quitado.
Mujer que se respetaba cogía con tacones. Tome mi pequeño bolso de
mano. Este se levanto de golpe cuando vio que me acerque a la puerta, su cara
de sorpresa y de no creérselo era épica.
-Desconocido, me debes un orgasmo y cabe destacar que esta noche “La
ama” he sido yo-. Aquello lo anuncie abriendo la puerta llenándome el ego y
como este se balanceaba hacia mí, a trompicones infartado, pero ya estaba
saliendo literalmente desnuda por aquel pasillo capturando la mirada de mucha
gente mientras me colocaba con rapidez el vestido subiéndolo por mis
caderas, acomodándolo en mi pecho y arreglándolo, mas mi enorme cabello,
divertida, sin mirar atrás, al salir a la sala, no pude ver a Dalia por ningún lado
pero si a su rubia amiga que me alzo una copa y solo pude lanzarle un beso y
correr literalmente hacia la salida, donde me intentaron detener me les
escabullí, corriendo hacia la salida, donde estaba estacionado como dios
mandaba mi taxi, aquel chofer que apenas me vio salir apresurada y riendo,
prendió el auto. Entre de golpe riendo sin parar y este arranco, al girar la
cabeza por el parabrisas trasero de vidrio transparente, pude ver aquel hermoso
hombre salir sin camisa pero en pantalones, viendo irme. Descalzo,
despeinado y seguramente con el pecho acelerado, aun con el antifaz puesto. Y
varios de seguridad tras de él.
-¿Te robaste algo?-. Me pregunto aquel hombre mayor y asentí riendo muy
alto.
-Oh si... el orgullo de un machista.- admití divertida y lo mire por el
retrovisor. Riendo hasta las lágrimas aun con el calorón entre mis piernas,
ahora sin bragas.
Por el camino cuando se detuvo por el primer semáforo este me observaba
y mi mirada choco con la de él. Fue inevitable, le sonreí para chuparme dos
dedos y sentí como me miraba por su retrovisor central, él sabía lo que haría,
me subí el vestido hasta mis caderas y abrí mis piernas y este soltó un quejido
gutural, que sabía que era de placer, se detuvo en una calle oscura donde casi
no transitaban autos, una calle que conectaba con la autopista.
No me importaba si miraba, cuando se tocaba mirándome, como gemía,
aquel hombre sentado en la parte de delantera cuando se masturbaba viéndome
masturbarme. Jamás intentaría tocarme a menos que le dijera que lo hiciera.
Confiaba extrañamente en aquel hombre. Solo tenía en mi mente aquel
hombre de ojos grises hermosos, de cuerpo de dios, de actitud imponente y
dominante, sus gemidos se repetían en mi cabeza, como una melodía.
Mis dedos entraban y salían de mí con rapidez, fuerza, mientras aun aquel
antifaz me cubría el rostro. Como me mojaba los dedos con mis propios
fluidos mientras mis gemidos retumbaban aquel taxi mezclado con las de
aquel hombre que aunque nunca me tocaba yo era quien nublaba su mente,
aumentaba su deseo y era la imagen de su placer. Su orgasmo y gemidos eran
míos, así como los de muchas personas más. Mis dedos entraban y salían de
mi con ira, con desespero mientras tenía los ojos cerrados y la cabeza pegada
de aquel asiento, mientras cada vez mis dedos se movían más fuerte y el
delicioso sentir del orgasmo se hacía presente, mientras mis propias manos
estaban haciendo de las suyas y mi otra mano rozándome rápidamente el
clítoris...
Oh sí....
No necesitaba hombres cuando yo misma podía proporcionarme mis
orgasmos. Aun así el orgasmo que obtuve a continuación fue en nombre de
aquel desconocido sexy que me encantaba, que me había excitado sin tocarme,
que besaba como los dioses, que parecía un dios, de alguna extraña mitología.
Convulsione ante el propio orgasmo que me estaba provocando y mis
gritos eran brutales ya deteniendo mis manos y dejando que la aceleración me
ganara, hundiéndome en mi propio placer siendo ama, dueña y señora de mi
propio cuerpo....
Diablo….
Lunes.
Mi fin de semana fue de lo mejor, con aquel viernes donde le tumbe el
orgullo aquel seductor indomable, mi ánimo no se opacaba, incluso al día
siguiente, salí nuevamente por supuesto con mi antifaz y le robe orgasmo a
mas de 3 mujeres y 4 hombres en una noche, cobrando como una diosa y
sabiendo que tenía suficiente dinero para toda la semana, tenía una excitación
y pasión desenfrenada que pude aplacar esa madrugada. Y cada vez que
pensaba en aquel hombre se me subía la calentura, diría libido pero solo los
hombres poseían eso.
Sus gemidos, sus gritos de placer, me llenaban aun más el ego, tanto que la
Loreen diurna amanecía de un humor genial, incluso el estrés del trasnocho
ese fin de semana había desaparecido. Hoy lunes pedaleaba con suavidad y
distracción ejercitándome y distrayéndome aquella tarde. Tenía el mismo
suéter enorme con la capucha tapándome el rostro, esta vez, un mono holgado
y zapatos botines Niké blanco, algo llamativos, pero muy cómodos. Con un
moño alto de cabello que sostenía mis cabellos liso largos. Estaba de muy
buen humor, aunque sorprendentemente aquel hombre seductor paseaba por
mi cabeza, aun en el día siendo la Loreen inocente, no con tan pensamientos
cochinos pero si pensado que aparte de seductor era enigmático, tenía facetas
de personalidad interesantes, dignas de investigar.
Libertinaje
Noche oscura, solitaria, solté una risa alta, ante las ocurrencias de mi
acompañante, quien era un árabe de ojos tornasol, barba algo larga. Quien
había pagado por mis servicios, recomendada por Dalia, quien le facilito,
alguna manera de vernos y encontrarnos en este lugar. Este era muy atento,
muy divertido, adinerado y coqueto. Un hombre perfecto en muchos aspecto,
porque también era caballero... todos lo eran hasta que....
Me devoraba con la lengua, mientras sus manos eran ahora las manos de
un pulpo que se me metían por todos lados, mientras estábamos en un
reservado, tenía un aliento a menta, la verdad estaba siendo una genial noche.
Este se removió encima de mí, golpeando sus caderas contra las mías,
excitando, recostándome su miembro, contra mi sexo, metí la mano por dentro
del bolsillo de la cartera de mano que traía sacando un condón, pero no era de
las que me entregaban o me tomaban. Me levante, y este me miro acostado
entre aquellas sabanas, sin camisa, desnudo para mí. Aun estaba vestida así
que aquello me hacía sentir poderosa, a este hombre le subía y bajaba el pecho
acelerado. Dios mío, pero que rico...
Pasee de un lado a otro moviendo las caderas mientras este me miraba
eclipsado. Con un antifaz, algo pequeño de plumas negra con dorado, que
combinaba con mi vestido dorado algo perlado. Corto ancho, rápido de quitar
además sin ropa interior abajo, directo al grano. Este me vio con ojos
inyectados de deseo, viendo menear mis caderas mientras caminaba a uno de
las mesas de aquel lugar sacando unas esposas, alzándolas para que las viera y
alce una ceja sonriéndole, este mordió su labio divertido y aun en tacones
negro, me subí a la cama con cuidado, tomando cada uno de sus brazos y
esposándolo a aquella cama. Dejándolo indefenso ante mí.
-Es algo incomodo-. Murmuro pero su cuerpo, su expresión decía lo
contrario. me senté sobre su regazo y aquel soltó un gemido ante su miembro
desnudo acomodándose entre mis piernas y mi sexo desnudo rozándolo,
mientras él podía notar mi húmeda.- olvídalo...- dijo perdiendo el control-.
Hazme lo que quieras pelirroja.
-Ama...- le murmure alto explicándole como quería que me dijeran y este
me miro asintiendo.
-Lo que me pidas ama...- me musito y le sonreí, queriendo jugar con él. Lo
haría sufrir, gritar se iba acordar de mí el resto de su vida.
-Uy eso suena muy rico-. Dije con perversismo y este me miraba tan fijo.
-La mascara...
-NO, no, no...- dije divertida negándome. - ¿Quien manda aquí?-.le
pregunte divertida, moviéndome encima de él.
-Yo...-. Dijo y reí muy alto. Mirándolo juguetona. Me quite el vestido
lentamente dejándolo aun, para dejarle ver mi cuerpo completo desnudo.
-¿Quién manda aquí?-. Volví a preguntar y lo vi dudar entendiendo mi
juego.
-Por supuesto que tu, mi ama-. Me soltó sin más haciéndome sonreír
complacida. Alce el condón para que lo viera, mientras los escalofríos me
tomaban el cuerpo. Excitada. Abrí con mis manos aquel condón, sin
preámbulos, tampoco es que quería alargarlo más, con cuidado y maestría le
coloque el condón mientras este veía todo lo que hacía y nos mirábamos con
aquella perversión que daba el momento. Baje aquel condón por su falo
endurecido, erecto para mí. Mientras, sonreía mirándolo y este me miraba tan
embelesado que si le pedía sus números de cuenta y la clave de sus tarjetas me
la daría sin pensar y realmente ver un hombre así tan dado, tan rico, tan
poderoso, tan enloquecido, por mí, me hacía sentir poderosa, quizás por eso
venia el gran apodo de ama, porque a todos los hombres le hacía lo mismo, no
dejaba que me tocaran, los motivaba, los batuqueaba y los hacía correrse, pero
no me corrían a menos que fuera algo muy desenfrenado y ya tanto de lo
mismo no me causaba euforia, pero si me excitaba y me complacía de alguna
manera que ni yo entendí.... me alce para comenzar a introducirme su
miembro, lentamente mientras este gemía y yo me hundía, empalándome
completamente en él. Este soltó un alto gemido. Mientras comenzaba a mover
mis caderas contra él y este abría los ojos en par-. Dios mío… mujer. ¿Dónde
has estado toda mi vida?-. Murmuro luchando mientras me movía sobre él-.
Suéltame... suéltame...- me pedía con clemencia y negaba con la cabeza.
-Tu...- le musite saltando sobre él-. Te vas a correr, con tan solo mis
caderas y viéndome con aquellos hermoso ojos que tienes-. Le susurre bajo
mirándolo fijo, empezando a mover las caderas hacia adelante y atrás con ira-
Y de ahora en adelante, te acordaras de esta ama, pelirroja....
-yo...- tartamudeo, mientras lo veía como se le dilataban los ojos y se le
tensaban los músculos, desesperado por tocarme por lo que podía provocarle
con mis caderas-. Detente...- me musito estallado de placer.
-Córrete nene, córrete para mí...- le susurre, agachándome sin dejar de
mover mis caderas, diciéndole aquello al oído-. Córrete para esta ama...
Aquellas palabras dadas en el momento adecuado, era la mejor descarga
para cualquier persona, este se tenso y comenzó a golpear sus caderas contra
mí, casi haciéndome saltar clavándome su miembro hasta el fondo
sucesivamente viendo como se corría, mientras gemía y me hacía saltar ante
cada embestida.
Y así fueron una tanda de cuatro orgasmos de parte de ese hombre,
mientras yo estaba más tranquila, sin orgasmos pero complacida por hacer
bien mi trabajo, por lograr mi cometido. Aquel árabe no se olvidaría de mí,
por un buen tiempo.
-¿Podrías soltarme?-. Me pregunto cuándo aun seguía acostado con una
sabana entre las piernas tapando su sexo, mientras yo me terminaba de vestir y
asentí, pero no hice aquello tome mi cartera y este lo noto-. ¿A dónde crees
que vas?-. Me pregunto.- ¿Ni tu nombre, numero, nada?
-Cálmate...- dije acomodando mi antifaz aun mas-. Ya te voy a soltar.-
explique, para acercar la llave y soltarle apenas una mano, este la estiro para
tocarme pero me eche hacia atrás aun con la llave en mano.
-Espérame, te llevare a tu casa-. Soltó y carcajee alto-. Quiero saber quién
eres...- me anuncio y vi en sus ojos, interés, curiosidad y gusto. Negué varias
veces-. Pensé que te había gustado-. Musito bajo.
-Me ha gustado-. Confesé sonriéndole-. Pero este es mi trabajo y no me
mezclo con mis clientes-. Dije haciéndole una reverencia-. Me agrada llamar
la atención de un árabe, tan poderoso y seductor como lo eres - para abrir la
puerta y desde allí tirándole las llaves-. Pero no soy buena para ti, ni para
nadie-. Termine concluyéndole y perdiéndomele para siempre, como solía
hacerlo con todos...
Muy en el fondo, si me hubiera gustado saber más de él. Pero la vida no
era conocida por ser justa ni tan dada con las personas. Quería evitar cualquier
tipo de emociones o conflictos.
**
El sonido de la música era suave, baja. Tan baja como para que las parejas
que se hallaban en aquel bar de intercambio de parejas pudieran hablar entre
sí. Me encontraba sentada en un taburete del bar, bebiéndome una copa de
whisky sintiendo la mirada de varias parejas sobre mí, nuevamente con un
antifaz negro, que cubría gran parte de mi cara, que hacia juego con mi mini
vestido negro, esta vez holgado de lentejuelas y tirantes sobre cada hombro,
mientras mis altos tacones plateados cerrados hacían juego con los accesorios
que poseía en mis orejas como pendientes, cuello y pulsera. Nuevamente
destinada a arrebatarle los gemidos a alguna pareja, nuevamente a volverme
ama y dueña por unas horas de algunas caderas pintadas. Este bar era bastante
recurrido por la misma gente que se hallaba en la fiesta donde me había
llevado Dalia la cual seguramente andaba por ahí o eso esperaba yo, porque mi
deseo sexual hoy era irrefrenable, desesperado. Y así aprovechaba y sacaba
más dinero. Una entrada extra no era mala, además mi madre me había
llamado nuevamente temprano, explicándome que tenía que pagar su nueva
consulta al médico. Necesitaba dinero mucho más...
Mi vista se rodo cuando una mujer se sentó a mi lado, la detalle de reojo y
una sonrisa se escapo de mis labios, una sonrisa tan pronunciada que el
bartender me observo unos segundos quizás deslumbrado al cual le pique un
ojo con sumo coqueteo y pude ver sus mejillas enrojecerse.
A mi lado se hallaba mi víctima, una joven de quizás unos 18 años, esas de
vestiditos cortos rosas, inocentes, con el cabello suelto casi tapando su cara o
eso deseando ella, rubia, piel pálida, eche de nuevo mi vista y me encontré con
su mirada ojos azules detallándome, quizás sorprendida, o atraída de una
manera sana porque me detallaba, quizás algo deslumbrada con mi vestimenta
o la sonrisa que le di cuando mi vista bajo hasta sus labios rosas. Unos labios
jodidamente pequeños pero definidos y muy provocativos. Tenía zapatos de
tacón altos de esos de deditos y las uñas pintada de color claro. Negué
volteando mi vista hacia mi trago sonriendo y negando, para luego tomar de
mi vaso.
-Disculpe-. Escuche una voz molestarme de un lado, y si era aquella chica
que tenía una voz, muy dulce, casi tartamudeando penosa. - ¿Que le causa risa
de mi?- me erguí y sentí como esta se encogió asustada de haber creído decir
algo mal.
-No me rio de ti- comente cruzando mis piernas hacia ella y dedicándole
una sonrisa de seguridad para que se relajara-. Sino de tu situación.- Loreen
nocturna activada.
-¿Mi situación?-. Musito volteándose hacia mí y aquel perfume que poseía
me golpeo la nariz endulzándomela. Sus piernas se veían tersas, tenía un
maquillaje suave pero bien cuidado de no verse exagerado. Ella daba todas las
características.
-Por supuesto. Cuéntame algo-. Dije dejando sobre la barra mi copa y
concentrándome en ella. -¿Que hace una virgen en un lugar así?- mi pregunte
fue casi un susurro ya que sabía que si lo decía alto, aquella niña seria el
postre de cualquiera allí. La mire tan fijo que está bajo la mirada y sus mejillas
se enrojecieron terriblemente-. Lindo sonrojo.- admití algo amable, esta con la
valentía que le quedaba alzo su vista hacia mí.
-¿Cómo sabes que soy virgen?-. Su voz apenas era audible. Me encogí de
hombros ya teniendo toda su atención.
-Tu ropa, tus gestos, tu timidez, tus sonrojos... si eres muy...- mire unos
segundos el techo buscando una palabra adecuada para envolverla-
experimentado en esto, puedes deducirlo.
-¿Cómo deduces que una mujer es virgen?-. Pregunto aquello ya más
cómoda lo cual me daba un punto a favor.
-Su manera de vestir, suelen taparse mucho-. Señale a varias muy
descubiertas-. Es como ellas. ¿Cuando las ves que piensas?-. Pregunte
mirándola, mientras la instruía un poco.
-Que son muy hermosas...- rodé los ojos aun por el antifaz.
-Se ven fáciles, manoseadas, usadas, veteranas, experimentadas porque su
manera de vestir da a entender ello. En cambio mírate-. Esta bajo su mirada
por su vestido-. No me malinterpretes te ves hermosa, muy rica pero inocente.
Te sonrojas con facilidad, ósea que eres pudorosa-. Explique y esta me sonrió
entendiéndolo.
-Pero, tú no te ves como ella... te ves muy elegante-. Aquello me hizo
asentir y sonreírle halagada-. Y sabes mucho. ¿Que eres tú?
-¿Yo?, soy solo alguien que da placer... sea quien sea. - aquello la hizo
tragar saliva y sin querer se me había salido ese tono decisivo.
-Ósea que te gustan las...- aquello lo callo y solo pude reír suave atrayendo
aun mas su mirada.
-Me gusta el sexo independientemente de quien lo produzca, me declino
por los hombres pero me encanta complacer a las mujeres y aunque la gente lo
vea asqueroso y homofóbico, las mujeres sabemos que nos gusta y eso nos da
un punto clave. Sé que les gusta a las mujeres y a los hombres.
-Como las putas-. Soltó rápidamente y luego abrió los ojos llevándose las
manos a su boca sabiendo que seguramente había dicho una imprudencia-. Oh,
lo siento no quise...
-Shhh-. La calle poniendo mi dedo índice sobre sus hermosos labios rosas.
- Querida-. Pase una mano por su mejillas, sin poder evitarme, descendiéndola
por su cuello y pude sentir como se estremecía por la caricia mas no se quitaba
o incomodaba-.todas las mujeres somos putas, solo que unas con varias
personas otras solo putas para una persona. Como dicen por allí, trátalas como
unas reinas frente a la sociedad, para que te cojan como putas caras. Y si es lo
que te preguntas, si soy de esas que venden el cuerpo para dar placer.
-Tu eres muy hermosa...- ante aquello solo seguí mis caricias en su cuello.
Sintiéndome ya ganadora aun sabiendo que aquella paloma inocente que tenia
frente a mi era heterosexual.
-Al igual que tu... demasiado... diría yo-. Admití-. Tienes ese leve de
inocencia que me encanta corromper- ante aquello la pude ver como se alejaba
un poco y aleje mi mano de ella, cruzándome de nuevo hacia la barra tomando
lo que quedaba de mi trago.
-A mí me gustan solo...
-Los hombres.- la interrumpí concluyendo su oración-. Eso dicen todas,
hasta que las agarra gente como yo, las voltea como una media y se las coge
como nadie lo haría en su vida. - admití divertida, pidiéndole otro trago solo
con alzar mi vaso al bartender, quien amablemente y a rápida velocidad me
trajo un trago mas. - te diré algo... - voltee de nuevo mirándolo fijo-. Prefiero
mil veces que te vayas conmigo a un reservado, que te vayas con cualquier
hombre de aquí. A ellos no les importara si eres virgen, te tomaran a su placer
y más aun se sentirán campeones con tu virginidad. Tienes tres opciones, una
entrar conmigo, que te aseguro que te cogeré mejor que cualquiera de aquí y
seré atenta, dos irte con un hombre que no te tenga contemplación y tercero,
irte de este lugar, quedándote con la curiosidad y perdiéndote algo que quizás
te guste o no, ahí está el detalle, si no lo pruebas te arrepentirás de por vida y
quedaras con la curiosidad. - tan clara y directa como solía serlo. - Además
admitámoslo, tú misma lo has notado. Soy diferente al resto de gente de aquí. -
me encogí de hombros levantándome de mi asiento, sacando un par de billetes
de mi pequeña cartera de mano y pagando mis tragos-. Estaré en el reservado
13, lo reserve para mi.-. Fue lo último que le dije cuando ya me daba vuelta,
caminando por aquel bar ya más poblado de gente y dirigiéndome por un
pasillo, hasta detenerme en la puerta numero 13, donde metí la tarjeta que me
habían facilitado y al entrar dejando mi bolso en una pequeña mesa que había
al lado de la puerta principal. Era similar a una habitación de hotel, una
enorme cama en el medio, al lado izquierdo algo alejado pero a la vista un
Jacuzzi, más sillones, columpios etc. tome dos copas y me las llene de
champán que saque de una pequeña nevera al lado de la cama.
Conocía mucho la curiosidad humana, conocía mucho lo que causaba a la
gente con mi presencia, conocía mucho lo que causaban mis palabras, conocía
mucho lo buena que era mi psicología y conocía mucho a las vírgenes y allí
estaba, arrecostada al lado de la puerta contra la pared, de piernas cruzada con
ambas copas en la mano cuando la puerta se abrió, sin avisar ni nada y allí
entraba ella, a hurtadillas tan asustada, inocente, inexperta y futuramente mía,
la misma dio un salto cuando se volteo viéndome relajada con ambas copas
mientras le daba una y cerraba la puerta, esta solo me miraba sorprendida.
-¿Cómo sabias que....?- sus sorpresa me causo mucha risa.
-Toma, toma mucho licor-. Aconseje divertida tomándome un sorbo de mi
copa. Pude ver que está muy acatadora de normas, se tomo de un sorbo todo el
champan seguramente presa del miedo que tenia. Le ofrecí mi vaso y hizo lo
mismo, saque la botella y comencé a servirle seguidamente. Tanto como para
que perdiera unos segundos su cordura y decencia.
A esta le temblaban las manos, esta se sentó encima de la cama y me
acerque a ella viéndola tensarse. Me arrodille frente a ella, dejando la copa a
un lado.
-Yo...- esta tartamudeaba insegura.
-Cuando desees que pares, lo hare... ¿Aun quieres hacerlo?-. Esta dudo
unos segundos pero luego asintió.
-¿Te quitaras el antifaz?- negué varias veces. Esta hizo un puchero
tomando otro de su copa, me levante y la tome de una mano levantándola.
-No...- Tenía las mejillas rojas ya por el licor, llevaba apenas tres copas de
licor y como intuí ella no tomaba mucho. Pose mis manos en sus hombros y
esta solo me miraba eclipsada. Mientras deslizaba su vestido por su cuerpo,
hasta que cayó al suelo, le di una suave palmada en la pierna para que al alzara
señal que acato e igual hizo con la otra pierna quedando en ropa interior a mí.
En unas bragas y sostén rosado claro que hacían juego, con cuidado quite el
sostén y esta intento taparse pero la detuve- son hermosos...- musite y solo
sentía la mirada de ella sobre mí, con cuidado le quite las bragas rozando sus
caderas con los dedos sintiendo como se erizaba completamente. Una vez en
el piso esta la pateo, quedándose en completa desnudes frente a mí. Intento
llevar las manos a mí pero eche un paso atrás- No toques a menos que te lo
permita. ¿Bien?- pregunte – y debes llamarme Ama...
-Si...
-¿Si qué?
-Si ama...- musito tan suave que me alboroto las hormonas. Se escuchaba
dulce y aquello causaba morbo.
-¿Quieres que te bese?- al preguntar aquello esta bajo su vista a mis
carnosos y pronunciados labios, que en ocasiones mi madre se encargaba de
compararlos, con los de alguna estrella como Angelina Joliet por los carnosos
que eran.
-Si ama...
Mi mano derecha aterrizo con suavidad por su cuello, sobándolo con
suavidad, sentí como esta cerró los ojos y sonreí acercándome a ella, rozando
mis labios de los de ella con suavidad, para besarla con algo de intensidad
metiendo con suavidad mi lengua dentro de la suya, donde la misma comenzó
a danzar con suavidad, excitándola, pues su pecho comenzó a subir y bajar y
esta se apego hacia mí, pero no levanto sus brazos para tocarme, al parecer
tenía una sumisa interior que ni ella sabía, mis besos aumentaron y una de mis
manos bajo por su cuello, mientras mis labios devoraban los suyos incluso
mordiéndolos. Cuando mi mano toco su seno, esta soltó un gemido entre mis
labios que me heló la sangre. Me hubiera lanzado encima de ella como una
leona pero solo asustaría a mi pequeña cordero que ya tenía los labios
hinchados, su seno cabía en mi mano, la cual descendió y sentí como sus
caderas se movían hacia mía, mi mano del cuello, subió a su cabello
enredándolo, tirando un poquito de él, para ver su cara ahora de placer, mis
manos llegaron a su pelvis y esta relamió sus labios haciéndome sonreír. Mis
dedos bajaron hasta su clítoris, masajeándolo esta comenzó a gemir y alzo su
cabeza pegando de nuevo sus labios a los míos, enloquecida ante solo ese
roce, al parecer había tocado donde nadie jamás lo había hecho. Aquello
despertó mi lado más perverso y morboso, mis dedos pasaron por sus pliegues
mientras esta me besaba con ira, sacándome un leve gemido de goce, cuando
pase mis dedos por su entrada, aquella mujer estaba hecha un diluvio.
-Estas mojadita...- le susurre contra sus labios y esta gimió alto.- ¿Quieres
que siga?- pregunte aun sabiendo la respuesta pero quería hacerla sufrir.
-Si...
-¿Si qué?-. Pregunte dominante nuevamente
-Si ama sigue...
-¿Quieres que te coja?- ante aquella pregunta que se me había salido sin
pensarlo y dejándome llevar por la perversión esta trago saliva acelerándose
aun mas.
-Si quiero que me cojas, ama...- me quede unos segundos estática al oírla.
Al demonio la inocencia, estaba más parecida a una actriz porno.- sigue...
sigue-. Suplico llenándome el ego.
Mis labios bajaron hasta sus senos y esta aterrizo sus manos sobre mi
cabellera, tomándola con fuerza excitada. Mientras me llevaba a cada labio
cada uno de sus pechos, chupándolos con suavidad, mientras mi lengua jugaba
y endurecían su pezón, seguir descendiendo pasando mi lengua por su tersa
piel, mientras estaba comenzaba a gemir muy alto, sentía su mirada sobre mi
cabeza, aunque estaba pendiente que no me arrancara el antifaz en algún loco
impulso.
Deje un sonoro beso en su monte de Venus y esta se estremeció.
-¿Quieres que te coma?- pregunte divertida ante su ansiedad alzando la
cabeza, esta tenía sus hermosos ojos azules clavados en mí, con la boca entre
abierta, el pelo desordenado, los labios hinchados, erizada excitada, cayendo
ante mis manos.
-Si, ama...- asintió varias veces desesperada y la empuje con suavidad
sentándola en la cama, abriéndola de piernas desplegada hacia mí, la tenia
blanca y rosada como me había imaginado, su mirada no podía alejarse de la
mía, sus manos estaban a los lados de la cama, acerque mi cara y pase la punta
de la lengua por su entrada subiéndola por el clítoris esta hecho la cabeza
hacia atrás, como si hubiera visto las puertas de san Pedro y mas que mi
placer, me encantaba darle el de ella, comencé a chupar y masajear con la
lengua su sexo, mientras le metí dos dedos sin más, y no se quejo a
consecuencia del nivel de excitación y lo mojada que estaba aquella chica
comenzó a mover las caderas contra mis manos y lengua, roce con los dedos
varias veces la maya de su virginidad sabiendo que iba a tener que quitársela
con algo que no fuera la mano. Esta gemía enloquecía mientras le hacia un
esplendido oral, y mis dedos la penetraban con fuerza, incluso metiendo un
tercero percatándome que estaba estrecha y esta gritaba de placer.
-Dios....
-Dios no, solo soy yo...- dije al despegar unos segundos mi boca de su sexo
divertida y volviendo a la carga, sentí como esta comenzaba a temblar y se
revolcaba entre mi boca y manos y como ante un grito ahogado se corrían
contra mi boca y manos que estaban poseyéndola como quería...
Sus gemidos. Sus gemidos armonizaban mis oídos, cuando mis manos la
recorrían, cuando erizaba su piel, cuando su cuerpo convulsionaba de placer,
cuando mi lengua la saboreo, cuando mis labios besaron cada rincón de su
piel, cuando me pedía que no detuviera mis manos, mi lengua o mis acciones,
cuando se movía inquieta, cuando se desesperaba porque mis manos se
alejaban por segundos. Sus gemidos se volvieron gritos de placer, su pequeña
maya de virginidad no duro mucho en la velada, porque entre mis manos y
alguno que otro objeto se fue desprendiendo de su portadora, y allí se iba la
inocencia y pena, cuando me pedía más, mas y mas... No sabía quién era ella,
no me importaba, no me importaba si sabía que la estaba usando como lo
hubiera hecho cualquier hombre, no me importaba si tenía el corazón roto, si
tenía problemas en su vida, si era una loca, si mañana lloraría porque había
perdido la virginidad con una desconocía y mujer, no me importaba...
Su placer era mi placer...
Quizás no era la tanda de placer que quería que me provocaran, pero si me
sentí campeona, cuando me encontraba ya luego de una tanda de 3 de sus
orgasmos saciados aun vestida, más era su placer que al mío. Muy poco me
dejaba tocar, me gustaba más dar que me dieran. Mientras ella solo aun quería
que volviera con ella a la cama. Mientras me observaba con aquellos ojazos
azules hermosos. Tome mi cartera y ella supo que en verdad me iría.
-Me llamo Luna...- susurro bajo mirándome.
-No...- dije acomodándome mi antifaz que jamás me quite y alborotando
mi cabellera rula roja.
-¿No qué?
-Lección uno, jamás digas tu nombre, lugar, edad, nada de tu vida. Lección
dos, no repitas con nadie sexo a menos que sea tu amo a concordancia, lección
tres cuídate mucho, la gente maliciosa anda en este lugar y lección cuatro,
coge ahora con un hombre, no con cualquiera sino con el mejor, no quiero que
seas lesbiana por mi.- dije con tono serio para luego lanzarle un beso – ah y de
ahora en adelante donde te vea te cojo, estés con quien estés, donde estés.
Como hoy fuiste mía, lo serás donde yo quiera.
-¿Te volveré a ver?
-Quizás... tal vez... nunca vuelvo al mismo bar de nuevo. Otra cosa, cuídate
y cuando salgas toma un taxi en la entrada, no camines a esta hora y no
aceptes trago ni similar. - tome mi bolso y luego su pequeña cartera, sacando
un par de billetes, esta tenía mucho dinero encima. Pero nada era gratis y
mucho menos una noche conmigo.
Y así mismo con eso ultimo deje la habitación...
Sin querer más, decidí irme a casa.
Una vez al salir de aquel lugar, mi taxi estaba allí como todas las noches,
siempre solía ser así, me dejaba en un lugar iba daba vueltas por dos horas y
luego estaba allí. Camine masajeándome el cuello algo cansada, sentía la
mirada de alguien observándome y antes de montarme mire a varias
direcciones pero solo me tome con una camioneta negra de vidrios ahumados
y nada de gente por la zona, ya eran más de las 5 am. El sol amenazaba con
salir en algún momento, estaba repentinamente cansada y solo quería llegar y
dormir. Una vez al entrar al taxi, eche mi cabeza hacia atrás, cerrando los ojos,
dándole a entender a mi taxista que hoy no había exhibiciones. Escuche el
ruido de un teléfono y abrí mis ojos al notar que el que sonaba no era mi
teléfono personal, sino el que usaba con mis clientes. Porque si tenía dos
números, el mío y el de mis clientes, que no debían darlo a nadie más sin mi
consentimiento. Al sacarlo del bolso rodee los ojos ante el nombre en la
pantalla.
-Dalia, son las 5 de la madrugada. ¿Para qué me llamas?- conteste
preguntando de una. Mal humorada, al otro lado de la línea se hizo un silencio
pronunciado.- ¿Aló?, hola....- mire unos segundos el teléfono, aun seguía en
línea. ¿Estaría borracha?, ¡Ja!, lo quien me faltaba.
-¿Podríamos vernos mañana?- su voz se oía apagada, como si sollozara y
estuviera llorando.
-Ya es mañana... ¿Donde estas?, ¿Qué te sucede?- pregunte pasando una
mano por mi frente algo exasperada. - ¿Por qué lloras?
-Hoy a las 7... en la pub. ¿Podrías?- pregunto ignorando mi pregunta.
-Nunca voy al mismo bar dos veces, lo sabes.... además no aceptan que
entre con antifaz
-Por favor...- suplico al otro lado de la línea. - Te daré una buena pasta.
Necesito hablar con alguien.
-Bien, Dalia a las 7 en la pub. Déjame dormir por lo menos....- musite
cuando el taxi se detuvo en mi casa, al colgar mire al chofer y este asintió con
la cabeza.
-Mañana estaré aquí a las 6: 50 pm, por usted – ante aquello sonreí y saque
un par de billetes dándoselo. -. Tenga buen día.
-Buen día igual querido...- musite al acercarme a su asiento y besar su
mejilla- nos vemos mas tarde.
Musite al cerrar la puerta del auto y bajarme caminando en mis altos
tacones hacia la puerta trasera. Al entrar me dirigí sin prender ninguna luz a
mi habitación, donde tire el bolso en el suelo, me quite el vestido y los tacones
y me metí entre las sabanas bostezando cansada, ignorando el tormento que
tenía en mi mente, porque si algo había aprendido, aun mas que el sexo, era el
hecho de atormentarte con recuerdos, de saber que lo que has estado haciendo
está mal.
Así que simplemente me abandone al silencio, a la oscuridad, a mi
cansancio y a mi noche sin orgasmos...
Aun en la oscuridad que protagonizaba mis sueños, escuchaba un sonido,
me retorcí en las sabanas, con flojera, hasta que el sonido se volvió
insoportable haciéndome despertar, abriendo apenas un ojo, todo seguía
oscuro, incomodándome, me levante buscando mi bolso en el suelo
maldiciendo en voz baja, no conseguía el jodido bolso, lo había tirado al suelo,
apenas tome el teléfono, mire el número y negué obstinada, pero al encender
la pantalla vi muchas llamadas perdida de mi hermano Jess, sentí un retorcijo
en el estomago. Era mi teléfono personal. Nuevamente entraba otra llamada.
Eran las 6:30 am. No había podido dormir nada.
-¿Aló?-. Conteste aun dormida.
-Por fin contestas... es mamá... - al oír aquello sentí el alma caérseme a los
pies, mientras tragaba saliva y prendía la luz de la habitación.
-¿Se siente mal de nuevo?-. Pregunte no queriendo oír la respuesta y muy
preocupada.
-Estoy con ella en la clínica, llegue hace una hora, le dolía mucho el
cuerpo, se estaba quejando y tuve que traerla... sé que me dijiste que si...
-No te preocupes por el dinero. Voy para allá.- musite seria.
Le había comentado a mi hermano que solo si era necesario llevara a
mamá a la clínica, primero porque la atendían rápido, segundo tenían los
equipos que necesitaban, lo malo era sumamente costoso, pero no importaba,
solo importaba que ella estuviera bien. Me coloque una camiseta negra, ceñida
al cuerpo, una licra negra, que realzaba mis piernas, que daban mucho a la
imaginación por lo apegada que era a mi culo, las caderas las piernas, el
cabello estaba nuevamente liso, tenía ya horas de haberse ido el efecto de la
rizadora, me hice una alta coleta de caballo y me coloque una gorra y gafas.
Mas unas botas marrón claro timberland que tenía desde hace años. Tome una
mochila y metí en ella, todo lo que tenía en la otra cartera, teléfonos,
identificación, dinero en efectivo, la tarjeta del banco, todo...
Al llegar a la clínica, ya me sabia el camino de memoria, quizás el hecho
de haber estado por ella tantas veces con ella allí, me hacia el lugar familiar.
Me dirigí directamente a emergencia y allí estaba. Mi hermano Jess
caminando de un lado a otro, Era mucho más alto que yo a sus 17 años era
atlético, alto, delgado pero no flaco de esos lánguidos, Jess tenía músculos
pequeños, era de tez trigueña, ojos negros, pelo liso negro. Era muy distinto a
mí, pero aun así éramos similares teníamos algunas características similares
como la nariz perfilada, los cabellos lisos, los dientes bien formados y
colmillos largos. Solo que Jess era un rompecorazones de primera y yo una
roba orgasmos. Lo sentimental era lo suyo y lo sexual lo mío.
Este se detuvo al verme y camine a su encuentro, este me abrazo con
fuerza observándome.
-Llegue lo más rápido posible-. Admití con algo de acelero-. ¿Ella como
esta?- pregunte asustada. - ¿Qué te dijeron?
-Tranquila-. Al ver mi expresión poso ambas manos en mis brazos
sobándolos-. Le darán de alta dentro de unas tres horas. Pero la han medicado
y....- este se calló y tomo aire, mientras la preocupación cruzaba su rostro.- hay
que pagar el ingreso, mas lo que le medicaron, le mandaron nuevos
medicamentos. - este bajo la vista con pena. Arrugándome el corazón y eso
que a veces sentía que no tenía eso.
-No te preocupes. Ya voy a pagarlo. Para que te la lleves más tarde-. Le
sonreía dándole ánimos y este me devolvió la sonrisa pero no llego a sus ojos,
era fingida y lo sabía. - ¿Qué pasa?
-Creo que sería más fácil para ti, si yo buscara empleo-. Musito con
seriedad
-¡No!-. Gruñí en voz baja-. Necesito que cuides a mamá, además pronto te
vas a graduar, debes concentrarte en tu tesis es importante. ¡concéntrate en
eso!- dije poniéndole una mano en el hombro- yo me encargo del resto.
-¿Estás segura?-. Me pregunto y asentí.
-Tus estudios primero Jess. No te preocupes del resto-. Concluí para daré
media vuelta y dirigirme a la oficina de pagos. Al entrar toque varias veces la
puerta.
-Adelante...- escuche una voz masculina y tome aire, al entrar. Tres pares
de ojos, se posaron sobre mí.
-Buenos días.- musite amable y aquellos tres hombres me miraron con
disimulo sonriéndome- vengo a pagar un ingreso.
-Son 120 millones en total-. Musito el chico que me estaba atendiendo,
media hora después de que había entrado en ese lugar. Sentí un nudo en la
garganta al oír la cifra. Gracias a dios que tenia la gorra y las gafas negras
puestas, me hubiera dado ahí mismo un patatús de llorar.- el ingreso mas los
medicamentos-. Carraspee y le entregue sin más mi tarjeta del banco sabiendo
que eso era exactamente lo que me quedaba allí. Estaba estupefacta en aquella
silla.
Este tomo la tarjeta y la paso saldando así la deuda, entregándome el
recibo. Al levantarme, salí casi huyendo de aquel lugar. O si, solo me quedaba
el efectivo que había hecho esa madrugada contando que solo había estado con
aquella chica. Estaba quebrada nuevamente. Al salir me tope con Jess que me
buscaba, le entregue la factura, este al verla abrió los ojos en par, tragando
profundo. Solté un suspiro sacando la mayor parte del dinero que tenía en
efectivo entregándoselo.
-Sé que debes pagar hoy tus clases, mas el profesor tutor de la tesis-.
Musite entregándole el dinero-. Lo demás es para la medicina de mamá-.
Musite besándole la mejilla- si hace falta, llámame. Salúdamela. Dile que la
llamare en la noche-. Anuncie.
Aun no estaba preparada para verla, y mucho menos enferma y
seguramente mal humorada mientras yo sin dormir, necesitaba descansar.
Al salir tome un taxi que iba directo a mi casa, donde una vez al llegar
nuevamente me acosté a dormir, ignorando la frustración y preocupación que
tenia.
**
La pub seguía como la recordaba era un bar, donde asistía mucha gente.
Bar conocido por sus deliciosas papas fritas y cervezas frías, en la pista
bailaban chicas animadas que contorneaban sus caderas al ritmo de la música.
Al entrar pude ver el bar estaba sumamente lleno, la música alta pero no lo
suficiente para que la gente pudiera bailar y hablar animados, mientras otros
estaban en sus mesas viendo un partido de futbol y gritaban animando a sus
equipos, no era un lugar al que pudiera ver cómoda a Dalia, quien era tan
sensual y sofisticada, cuando entre baje bien mi gorra, acomode mis gafas
negras tapando bien parte de mi rostro. Seguía aun vestida como en la mañana.
Mi vista aterrizo sobre una chica que era intimidada por tres tipos, que
intentaban manosearla pero esta no se dejaba.
Ese culito lo conocía....
Aquella chica tenía pinta de estar borracha y mucho. Se meneaba de un
lado a otro, por su piel morena y silueta dentro de un vestido animal print de
topless, mire a Dalia y camine hacia donde estaba hasta tomarla por un brazo,
quitándola de las rápidas manos de aquellos tres babosos, esta se tambaleo
hasta chocar con mis pechos.
-Pe... Pelirroja-. Dijo golpeándome con su aliento lleno de licor, al mirarla
también tenía las pupilas dilatadas. Estaba drogada, o la habían drogado.
¡Vaya, menuda suerte!
-Hey, ¿A dónde vas?-. Pregunto uno de aquellos tipos, fornido, alto de
calva. Lo manotee cuando acerco su mano a ella mirándolo fijo. Este se irguió
m al humorado.
-¡Vámonos!-. Musite tomando por el codo a Dalia. Sacándola a
trompicones de la Pub, mientras ella hablaba algunas cosas sin sentido. E
intentaba no tropezar con sus propios pies.
Aquellos tres tipos, salieron tras de nosotras pude oírlos, mascullas insultos
hacia mí y demás que me llevaba su trofeíto de aquella noche. Haciéndome
enervar. Aun tenia sueño, aun tenia la preocupación aun estaba estresada y la
situación no ayudaba en nada. Acelere el paso percatándome que mi taxista,
estaba cerca. Camine hasta el auto abriendo la puerta del mismo, metiendo a
Dalia y subiéndome no dándole paso a que arrancara. Esta apenas podía
hablar, decía cosas sin sentido, algunas coherentes otras no, también se me
arrecostaba, restregándome su cuerpo desesperada.
-¡Pelirroja!, ¡Tócame!-. Susurro llevándose las manos a su pecho. La mire
estupefacta. Metí un dedo en su boca y esta lo lamio con sensualidad, rodé los
ojos sacándoselo y lo olí, entre el licor había un olor extraño, probé de su
saliva, arrugando el gesto, lo que me tenia, estaba drogada con popper.
Una droga para activar el libido de los hombres y alborotaba las hormonas
sexuales de la mujer. De una manera abrupta.
¿Que estaba sucediendo?, Dalia no era de esa clase de mujeres. Los
psicotrópicos no era lo suyo y menos lo mío.
¿Por qué estaba tan drogada?
-¿A dónde?-. Me pregunto el taxista, mordí mi labio sin saber donde
llevarla. Si la llevaba a una clínica harían muchas preguntas.
-Dalia, ¿Puedes decirme dónde vives?-. Pregunte y esta dijo tantas cosas
pero entre ellas pude oír algunas.
-Hotel Rumble, hotel Rumble- susurro entre tantas palabras y el taxista sin
preguntar más cogió hacia aquella dirección.- Diablo...
-¿Qué?-. Pregunte confundida.
-Diablo, te está buscando pelirroja. Estaba muy molesto.- susurro bajo,
mientras tomaba una de mis manos llevándosela a uno de sus senos,
haciéndome rodar los ojos. Aquella droga en serio la ponía muy cachonda. Por
otra parte, saber que el hombre al que le había dejado el orgullo por el piso me
andaba buscando no era bueno, los hombres poderosos eran peligrosos, así que
esos eran lo que evitaban. Podía ser peligroso.
Dalia me buscaba de todas las maneras posibles y la miraba con lastima,
aquellas ganas de sexo debían estarla acabando y matando. Aquella droga, era
súper potente. Aunque también la usaban los violadores, así que era
preocupante de alguna manera. Estas eran las cosas que evitaba del negocio,
droga, tráfico de blancas, secuestro, violaciones. Por ende tendía a cuidarme
mucho. Esta me llevo hasta aquel hotel magistral y costoso hotel, con una
entrada llena de rosas de ensueños.
Como pude saque a Dalia de aquel taxi pasando uno de sus brazos por mi
cuello, intentando levantarla pesada más que yo. Era patético. La lleve a rastra
hasta la recepción donde las dos chicas que estaban allí, la reconocieron en
seguida.
-Señorita. Dupont-. Musito esta saludándola y volteo a verme.
-¿Qué piso?-. Le pregunte a Dalia, pero esta solo se mecía de un lado a
otro con la cabeza baja. De reojo pude percatarme que aquella chica llamaba a
alguien avisándole seguramente que Dalia había llegado más vuelta mierda
que de costumbre.
¿Sera que tenía mujer?
¿Esposo, hijos?
La verdad que nunca me había puesto a preguntar y tampoco era que me
interesara mucho.
-Señorita piso 8, suite 703-. me aviso observándome la recepcionista, a la
que vi desconfiada pero camine al ascensor que estaba abierto. Marque el piso
8 cuando se cerró la puerta, metí la mano en su cartera, sacando una tarjeta
blanca que decía suite 703.
Al parecer esa si era su suite. Una vez en el pasillo, la lleve hasta su suite,
donde metí la tarjeta, al entrar con ella me quede atónita.
Aquella suite era como esas que pasaban en la televisión, en las revistas de
gente cache o imágenes de gente rica en instagram.
Elegantes, de cerámicas brillantes y pulidas, con una vista magnifica de la
ciudad frente a la puerta principal, amueblada de manera espectacular y muy
espaciosa, mi casa cabía aquí en proporciones de tres iguales.
¡Menuda suerte!, esta mujer no desprendía billete y elegancia, sino que lo
tenía.
Al cerrar la puerta, esta me señalo una puerta, imagine que el baño, que
quería vomitar que se yo. Una vez caminando hasta allí y abrir la puerta, era
una habitación enorme de paredes blancas, velas aromáticas, una inmensa
cama matrimonial con sabanas vinotinto, sentí algo húmedo en el cuello
estremeciéndome y al percatarme tenia a Dalia enroscada a mí, besándome el
cuello, camine con ella como una muñeca de trapo, tirándola sobre la cama.
-Quieta ahí...- solté con severidad, esta soltó una risa alta, mientras se subía
la falda, con coqueteo.
-¿Si me porto mal, me reprenderás, ama...?- ante su pregunta y el tono
jocoso como lo decía, sentí como se me erizaba la piel. Si definitivamente
estaba muy cachonda a consecuencia de la droga y me había alegrado muy en
el fondo de haberla traído hasta aquí y no haberla dejado en aquel bar con
aquellos tres tipos.
-Si me haces caso, quizás piense en quitarte esa calentura que tienes
encima-. Musite mintiéndole pero con tanta seguridad que sabía que se le
creería. Aunque aun sabiendo el desespero por ser tocada que sentía, me
provocaba sacarla de ese ardor que debía sentir entre las piernas. Esas ganas
de que la tocaran. - ahora quédate acostadita, quítate el vestido y arrópate. -
solté dándome vuelta para salir de allí.
Camine por la sala de aquel lugar mientras deslumbraba una cocina al final
con hermosa cerámica blanca y supuse que esta no era su casa, sino un lugar
donde pasar algunos días, por lo poco hogareño que era, al acercarme aquella
cocina, busque la nevera, era algo pequeña de plata tipo ejecutiva encima del
mesón a una esquina de la cocina eléctrica negra. Al abrirla saque una botella
de agua. De alguna manera debía controlarle ese nivel de droga o la dormía o
la hidrataba hasta por los ojos. Escuche un teléfono sonar y al voltearme era
uno negro que estaba en una pequeña mesa redonda, supuse que era uno de los
del hotel de esos de casa. Camine hasta este y pensé dos veces antes de
contestar, pero si no contestaba Dalia se levantaría a joder.
-¿Aló?-. Musite con suavidad y elegancia.
-¿Quién es?, ¿Dalia?-. Escuche una voz muy masculina al otro lado y sentí
como se me erizaba la piel. Esa voz me parecía familiar, demasiado familiar
pero no recordaba de donde. Demasiado seria, mandona, dominante.
-No, no soy Dalia. Ella horita no puede contestar. Debe estar en el baño
botando la bilis.
-No sabía que Dalia tenía niñera...
-¡Pelirroja!, ven acá.- escuche a Dalia gritar y sé que la otra persona al otro
lado de la línea, la había escuchado. Trágame tierra y no me vomites jamás.
Menuda pajiza.
-Pelirroja...- musito aquel hombre y al otro lado de la línea se hizo un
silencio monumental. Y luego el sonido de que me había cortado. El muy
desgraciado me colgó el teléfono, mire el teléfono con rostro de póker. ¿Quién
sería?
-¡Pelirroja!-. Escuche de nuevo el grito de Dalia, dios mío como jodia
aquella mujer. Jodia más que mujer preñada con antojo, mañana cuando
estuviera buena y sana le daría un jarabe de lengua nivel dios.
Me di vuelta para caminar hasta la habitación de ella, al mirar la hora en el
reloj de su pared, por encima de su cama eran apenas las 9 pm. Quedaba
mucha noche y yo aquí, con una mujer medio borracha, drogada y muy
excitada, sedienta de sexo. A este paso terminaría con más clientes mujeres
que hombres, prefería los hombres. Esta estaba completamente desnuda
sentada en la cama, con los ojos cristalizados como si se fuera a romper a
llorar. Odiaba ver a la gente llorar, por ende yo lloraba siempre en silencio,
escondida y sola.
Realmente intuí porque quería llorar, el hecho de que le deseo la
carcomiera y no hallara como quitárselas de encima debía ser frustrante, le
acerque la botella de agua y me quite la camiseta quedándome en sostenes y
pude ver como sus ojos se alumbraban.
-Quieta...- musite quitándome con cuidado la camiseta, sin quitarme ni los
lentes ni la gorra, dejándome descubierta en sostenes. Trabajo, es trabajo...
tome mi camiseta negra, colocándome detrás de ella, y tapando sus ojos, con
la camiseta enrollada, como una antifaz, no quería que me viera el rostro, no
aun, no aun siendo ella la clienta que mas me conocía y la que me dio el punta
pies para iniciarme en esto, no la que me salvaba cuando escaseaba de dinero.
No aun.... no era el momento. Esta entendió mi acción pues se quedo muy
quieta y tomaba de aquella botella de agua... esperando que la hiciera temblar
de placer como solía hacerlo....
Me tire sobre este inmovilizando sus muñecas, por encima de su cabeza y
acerque mis labios a los de ella, robándole un sonoro beso, este alzo su cabeza
para alcanzar mis labios de nuevo sonreí con malicia.
Escuche unas quejas la mañana siguiente mientras estaba sentada en la silla
de su comedor, leyendo el periódico y comiéndome una deliciosa ensalada de
frutas. Aun en sostenes pero con mi licra negra y botines timberland aun
puestos. Al bajar el periódico aun con los lentes y la gorra puesta, mas una alta
cola de caballo, pude ver a Dalia, con seguramente una resaca nivel dios,
deteniéndose en la puerta de su habitación mirándome.
-¿Pelirroja?-. Pregunto sorprendida, de verme allí e intuí que no recordaba
nada de la noche anterior, excelente... menuda mierda.
-No. La reina de Inglaterra.- musite sarcástica observándola, mientras me
llevaba una fresa a la boca- ¿Que tal la resaca?
-Dios, no recuerdo nada...
-ven...- musite golpeándome con suavidad mi muslo, desnuda, camino
hasta mi sentándose en mi regazo- toma...- le acerque una botella de agua. La
cual esta tomo y se empino rápidamente.
-Gracias...- musito cuando esta termino de tomársela.
-Ve a vestirte, debemos hablar...- dije con seriedad tomando de nuevo el
periódico. Esta se levanto y sin más se fue a la habitación.
-Oye....- me grito desde la habitación-. ¿Ayer estuvimos juntas?
-Te corriste unas diez veces, creo que has roto tu record...- admití divertida
y esta estallo en risas. Apareció en pijamas de nuevo y traía mi camisa en sus
manos, la cual me pasó y coloque con cuidado.
-Vaya... primera vez que te veo sin antifaz, aunque sigo sin poder conocer
tu rostro-. Admitió con pesar.
-Dalia, ¿Que recuerdas de anoche?-. Pregunte con seriedad y esta lo noto.
-Te estaba esperando en el bar, luego de eso nada... ¿Qué ha sucedido?
-Te han drogado con popper, mas estabas muy alcoholizada-. Musite pude
ver como a Dalia, se le llenaron los ojos de lágrimas, asustada, ante aquella
confesión. Pero ¿Como se lo decía?, ¿Con florecitas y corazón?, no era mi
estilo ser sensible.- cuando te encontré tenias tres tipos encima, por suerte no
te hicieron nada... pregunte donde vivías y te traje, aquí porque tú me dijiste-.
Explique.
-¿Tuvimos sexo...?
-unas 10 veces, ya te dije hasta que el efecto de la droga se fue, y te
quedaste dormida, hace como dos horas. - explique mirándola como el rostro
pálido-. Literalmente estabas llorándome para que te quitara ese ardor de las
piernas... - musite masticando.
-Dios mío...- esta llevo las manos a su cabeza, preocupada. Pasándola
varias veces por su cabello. Sin podérselo creer. En su caso yo también
estuviera asustada. Muy asustada. - ósea que si no hubieras llegado...
-Deja de pensar en eso... pero- dije mirándola fijo- te he dicho que te
cuides, que estas precavida. Te ha valido madres lo que te he dicho-. Dije con
voz seria- tengo una duda... que quiero que me aclares.
-¿Qué cosa?
-Dijiste ayer que el tal Diablo, andaba buscándome y que... estaba
molesto.- recordé lo que me había dicho y era algo que me estaba dando
vueltas por la cabeza. Esta trago saliva. Mirándome con rostro serio.
-No sé qué le hiciste, pero te ha estado buscando muy seguido... incluso me
intento sobornar para encontrarte...- admitió con pesar.
-Debo concluir que él sabe que estoy aquí contigo-. Dije levantándome
llevándome un último pedazo de fresa a la boca.- me siento vendida...- admití
mirándola fijo.- pero no espero nada de nadie...- ante aquello, bajo la mirada.
Ambas miramos el teléfono sonar y esta se levanto caminando mientras
contestaba.
En cambio yo ya había sacado dinero de su cartera, tenía mi mochila
puesta y emprendía la huida, sin despedirme, pude ver como se tensaba al
verme abrir la puerta como si quisiera detenerme. Pero debía salir de ese lugar
cuanto antes. En vez de tomar el ascensor, lo marque para que subiera, cuando
abrió sus puertas, tome un pequeño carrito de basura que estaba en una puerta
al lado del ascensor y lo metí, mientras marcaba planta baja y salía antes que
cerrara, una vez lo vi bajando tome las escaleras de emergencia corriendo a
tomar marcha... saltando de dos en dos escalones. Una vez llegue a la puerta
me asome y allí estaban como había deducido. Un hombre alto, de espaldas,
por su piel trigueña elegante vestimenta ahí estaba el jodido Diablo, esperando
a su víctima bajar de ese ascensor, sabía que él, era quien había llamado la
noche anterior y quien había llamado en la mañana. Recordaba que Dalia y él
se conocían pero ella había dejado claro que jamás habían tenido nada. Estaba
acompañado seguramente de dos guardaespaldas. Eran igual de altos que él,
pero muy fortachones, calvos, morenos de esos que parecieran que rompieran
huesos, un escalofrió me estremeció y comencé a caminar hacia la salida, la
entrada principal donde habían muchas flores, gente entrando y saliendo.
Camine con suma rapidez. Pasando por detrás de estos... una vez en la entrada.
El guardia me saludo con unos buenos días.
-Hey...- escuche un grito y me voltee Dalia estaba con la respiración echa
un caos, doblada intentando respirar había salido por la puerta de emergencia
igual que yo. La mire con ganas de querer matarla. ¿Cuál era el afán que ese
hombre me agarrara?, con amistades así ¡Ja!, dije amistad. Dalia solo era un
cliente. - Pelirroja.- maldita vendedora, traicionera y pinche Dalia, oí las
puertas del ascensor abrirse, y me voltee antes que aquellos tres hombres se
voltearan. Corrí casi saliendo del lugar acelerada, mire a los lados y frente a
mí como obra y gracia de dios.
-¡Taxi!-. Grite con fuerza, y este se detuvo antes de que arrancara, corrí y
abrí la puerta entrando a este, el tipo me miro con cara de susto- arranca,
¡arranca!, ¡rápido!-. Le grite acelerada como alma que me llevaba el diablo,
este arranco picando caucho y todo. Al voltearme, deslumbre en la calle
nuevamente, respirando acelerado, con los dos guardias atrás, al tal
Diablo...solo por un detalle, este no tenía una máscara puesta. Me quede
atónita mirando y grabándome su rostro, de seriedad, sorpresa. Era
malditamente perfecto. Sus facciones.- maldición que bello...- musite pegando
la frente del asiento.
-¿Disculpe?-. Soltó el taxista.
-Ah ¿Qué?-. Lo mire y negué riéndome acelerada, ya menos asustada y
más divertida por la situación.- nada.- musite y le di la dirección de mi casa.
Mientras el sol se alzaba con rapidez, usualmente a esta hora estaba más
dormida que despierta.
Una vez que este me dejo en casa y pague. Cuando entre en mi casa, me
tire en el viejo sofá, que estaba cerca de mi comedor, bufe al caer sobre él,
menudo día... ahora tenía aun amo, desesperado por conseguirme con el ego
herido y dos guardaespaldas que eran dos mastodontes que me desarmarían
como un lego, embrollo en el que he caído. Por una simple broma de mal
gusto. Lo peor es que ese tipo se notaba que tenia mas plata de la que podría
gastar jamás en la vida. Me quite la gorra, los lentes y me levante con
cansancio, me metí en el baño y me desnude dándome una ducha. Estaba
demasiado cansada quizás por las pocas horas de sueño. Me coloque una ropa
interior cómoda, más un suéter negro, ancho que me quedaba más abajo de las
nalgas, muy corto como un vestido largo. Para posteriormente tirarme a la
cama, para dormir, dormir y salir esta noche a casar hombres, porque
necesitaba el dinero y necesitaba quitarme el ardor que tan solo la presencia de
aquel hombre me provocaba entre las piernas.
Propuesta cautivadoras
Unos golpes varias horas luego me despertaron de mi delicioso sueño, los
golpes eran sucesivos, fuertes. Me desperté bostezando descalza, me baje el
suéter tapando mis nalgas y agarrándome un alto moño, donde se me
escaparon algunos mechones de mi cabello liso, rojo oscuro. Me coloque mis
gafas cuadradas grandes y camine sin mucho afán. Arrastrando los pies,
descalzos. Seguramente sería Jess partiéndome la puerta, al ver la hora eran
las 7:00 pm. Uno de los reloj que tenía en la pared, era ya de noche. Incluso
para que Jess viniera, abrí la puerta de la casa, bostezando cuando mi vista
cayó sobre un pecho, ancho con una camisa blanca, de botones. Alce mi vista
aun sobre las gafas y me quede helada, insofacta si hubiera podido gritar lo
hubiera hecho, tenía un par de ojos grises devorándome con la mirada, fijos en
mi, mirándome de arriba abajo, ante solo su mirada sentí mi entrepierna
calentarse. Esta mirada gris me escaneaba, como si me estuviera
memorizando. El estomago me dio un vuelco de 360 °, sentí las manos
temblarme, mientras me estremecía. Tenía un hombre mucho más alto que yo,
con una camisa de vestir arremangada hasta los codos, con un reloj, carísimo
de oro, pantalones jean negro y botas negras. De brazos cruzados frente a mi
puerta, como un jodido dios griego. Tenía un rostro hermoso, aun la barba baja
y el cabello algo despeinado pero igual tenía un aspecto elegante y salvaje.
Hermoso. El Diablo había venido por su venganza.
¡Mierda!, tenía el rostro descubierto.
Hasta ese momento había caído en cuenta de eso. Tome aire y empuje mis
lentes por el puente de mi nariz. Mientras cerraba unos segundos los ojos,
pensando que era mi imaginación viéndolo allí.
Conserva la calma
Conserva la calma.
Hazte la desentendida
Hazte que no te están temblando las piernas de solo verlo y de miedo.
Vamos Grace, si se puede vale...
Esperen.... estoy asustada.
¿Qué hago?, ¿Qué hago?, ¿Qué hago?
Ah ya...
Ese hombre me hacia ser un manojo de nervios.
Tome la puerta para cerrarla, pero aquel hombre la detuvo con una mano,
abriéndola de golpe entrando a mi casa, sin pedir permiso, echándome a un
lado. Haciéndome bufar y rodar los ojos.
La primera idea fallida...
Cerré la puerta de golpe mirándolo, quien entraba y miraba mi casa con
detenimiento.
-¿Qué quieres?-. Pregunte mirándolo fijo. Sintiéndome desnuda sin una
jodida mascara, antifaz o gorra. - ¿A qué debo tan honrada visita?
-¿Puedo saber porque me huyes?- pregunto volteándose a verme. Sin
importarle verme la cara o no. Sentía como las mejillas se me enrojecían.
¡Menuda mierda!
-Si te dicen que un hombre lleno de cólera, te está buscando, con dos
guardaespaldas que parecen matones. ¿Qué harías?- le pregunte cruzándome
de brazos.
-Me ha costado conseguirte.- dijo ignorando mi pregunta pero
devorándome con la mirada, haciéndome tragar saliva.- Pero no hay
imposibles, cuando quiero algo.
-¿A qué has venido?- pregunte exasperada cruzándome de brazos a la
altura de mi pecho.
-A pagar un favor....- musito serio y me quede mirándolo fijo, dando un
paso hacia atrás. Negando con la cabeza y este me sonrió ¡Maldita sonrisa!,
me quede embobada observándolo. Que rico estaba. Su sonrisa. No, que no
sonría. Colirio para mis ojos. - te debo un orgasmo ¿No?- este dio un paso
hacia mí y di dos pasos hacia atrás. Pegando mi espalda de la pared. Yo nunca
tenia orgasmos, era de complacer, quizás literalmente le había trabajado gratis
aquel hombre, porque quise. Me estaba arrinconando y eso no me gustaba. Me
despegue de la pared dando varios pasos hacia él.
-Creo que te estás equivocando nuevamente. Ya lo has hecho una vez, y
con esta son dos...- explique pasando por un lado de él-. No sé quien seas, no
me interesa como supiste donde vivía. Pero, quiero te que vayas de mi casa.
No puedes estar aquí y no puedes venir así como así. No sé que sepas de mí
pero esto no me gusta.
-Eres una mala anfitriona-. Soltó con sarcasmo y me tomo de la muñeca.
Pude intuir lo que sucedería por la fuerza con la que me tomo. En cuestión de
segundos me coloco de golpe contra la mesa de mi comedor, haciendo que
golpeara mi rostro contra la madera, mis lentes saltaran lejos de mí y los
pechos. Subiéndoseme el suéter y dejándome las nalgas expuestas. Tenía los
senos presionados contra la madera y los pies de puntilla, con una mano en la
espalda sintiéndome sometida por él, abrí los ojos asustada.- volvemos al
mismo juego. El amo soy yo, pequeña rebelde.
-Suéltame....- susurre con la voz temblando. Este tipo tenía una fuerza
brutal, lo cual me asustaba. Nunca habían venido a mi casa, nunca me habían
inmovilizado de esa manera y nunca me había sentido tan intimidada por
alguien. Más que sexual, era rudo, ordinario. Rayando el margen de agresivo.
Pero simplemente aquella acción me excito, porque sencillamente nadie había
logrado, dominarme en tan pocos segundos de esa manera. Siempre era yo
quien dominaba, quien golpeaba o azotaba, quien jugaba con sus mentes. Este
tipo tenía el titulo de diablo bien ganado, me removí pero este me apretó el
brazo haciéndome quejar ante el dolor- me lastimas... basta.- solté con ira.-
deja que me sueltes maldito.... ya verás.- amenace mas cegada de ira que
racional.
-Creo que sigues sin entenderlo. ¿No?-. Dijo con voz calmada.
¡Plaz!
Este me dio una nalgada con fuerza, en la izquierda haciéndome
estremecer, sintiendo como me comenzaba a arder y picar. Moví las piernas
pero este me tenía aun mas quieta. Plaz, plaz, plaz... ¡Maldición!, sentí las
lágrimas asomarse por mis ojos, tome un largo suspiro quejándome de dolor.
-Por favor.... para...- susurre adolorida. Con la mejilla en la madera
sintiendo el moño de mi cabello soltarse. Plaz, plaz, plaz...
-¿Ahora lo entiendes?-. Pregunto nuevamente y tenía la voz ronca,
seguramente por la excitación de tenerme a su merced. plaz, otra mas y sentí el
cuerpo erguirme y luego como su mano me sobaba las nalgas, calmándome un
poco el dolor, ante el contacto erizándoseme la piel, mientras tenía los ojos
cerrados con fuerza.
-Si... si...- susurre bajo, el ardor, me estaba carcomiendo la piel, sus
caricias luego de aquello me estaban excitando quería que no me dejara de
tocar ¡Por amor a Cristo!
-¿Si qué?-. Al oírlo abrí los ojos y presione la mandíbula. Tensándome
molesta, exasperada.
-Me iras a destrozar las nalgas, pero no te diré amo, bastardo...- solté
brusca. Respirando con fuerza. Acelerada con el pecho hecho un desastre.
-Pronto lo dirás...- susurro y sentí como su mano me subía aun más el
suéter, metiéndose sus dedos dentro de mis bragas y bajándolas, abrí los ojos
en par-. Quieta, ¿O no quieres que te calme esa ansiedad que tienes?-.
Pregunto deteniendo sus manos y solté un quejido, sintiendo el cabello
golpearme la cara mientras se me soltaba. Creando una capa en el rostro.
Escuche un gruñido de su parte y no pude evitar levantar las nalgas hacia él, el
cuerpo siempre reaccionaba solo. Siempre excitado y lastimado, traicionaba la
mente, yo lo sabía, era una experta en ello y sé que él, también lo sabía. Su
mano libre, la única mientras la otra me tenia aun sostenida por la muñeca
detrás de mi espalda, me acaricio la parte baja de la espalda y bajo por mis
nalgas, acariciando cada una.
Plaz, plaz, plaz.... tres más, haciéndome quejar y respirar con desespero y
luego como metí la mano entre mis piernas, y posaba su dedo desde mi clítoris
y lo arrastraba hacia atrás, pasándolo por mi húmeda y empalando, todo mi
sexo, hasta atrás, me puse aun mas de puntillas, queriendo que me tocara mas.
Aquel hombre estaba teniendo un control sobre mi cuerpo que nadie jamás
había tenido, la tensión sexual era arrasadora. - ¿Te gusta?-. Me pregunto y sé
que me estaba humillando por la ultima que le había hecho. No quise contestar
y alejo su mano de mi sexo. Dándome a entender que si no le respondía no me
tocaba.- ¿Te gusta?-. Volvió a preguntar y Zas, me dio una nalgada sumamente
fuerte. Haciéndome gemir de dolor. Se le estaba yendo la mano.
-SI, pero parad. Me duele-. Me queje gimiendo de dolor- me duele...-
susurre bajo y este paso una mano por donde me había dado aquella nalgada.
-¿Quieres que te alivie el dolor?-. Pregunto con voz más suave menos
dominante
-Si... - solté apenas adolorida. Mientras sentía la carne descocerme. Cerré
los ojos de golpe cuando sentí uno de sus dedos, entrar dentro de mí. Sin
anestesia sin preámbulos. Me pare lo más de puntilla que podía, alzando las
nalgas hacia él, quería sentir más, mejor dicho quería sentirlo a él, adentro.
Este me empezaba a penetrar con sus dedos, rápidamente sin anestesia, una y
otra vez salía, y entraba, mientras con el dedo pulgar de la misma mano me
sobaba el clítoris en círculos, empecé a gemir descontrolada sorprendida de lo
que estaba provocándome, comencé a mover las caderas contra sus manos,
sintiendo como este gemía, excitado viéndome. Mi mano libre bajo hasta su
mano que me masturbaba colocándola sobre esta sintiendo como sus dedos se
movían.
-¿Quieres que siga?-. Pregunto y cerré los ojos su voz era orgásmica, me
gustaba, me excitaba, sentí como este pegaba su pecho en mi espalda y como
me recostaba su erección aun sobre la tela del pantalón entre mis nalgas, tan
grande y pronunciada, trague saliva, gimiendo respirando de golpe, mientras
sus manos estaban haciendo un desastre conmigo, sentí su respiración en mi
oído y mis gemidos fueron más fuertes.- tú vas a ser mía... quieras o no. - soltó
con dominancia, mientras ya estaba poseyéndome con sus dedos-. Te irás hoy
conmigo. ¿Verdad?-. Abrí los ojos al oírlo y negué con la cabeza este detuvo
sus manos y me queje con fuerza.
-Sigue... - solté dominante.
-¿Te irás conmigo hoy?-. Volvió a preguntar y me dio una sacudida con sus
manos dentro de mí. Supe lo que estaba haciendo. Estaba convenciéndome
con sexo, aprovechándose de mi estado nublado de excitación. Sexo por
convencimiento, soborno. - di que te irás conmigo y seguiré, te hare correrte.
-Si, maldición... sigue-. Solté mal humorada, sin poder creer que solo por
un orgasmo estaba aceptando su invitación. Tenía un poder sobre mi cuerpo de
terror. - me iré contigo, me iré contigo...- dije sucesivamente apretando con mi
mano la suya.
-¡Esa boca!-. Gruño comenzando a mover sus dedos. Y mi cuerpo
comenzando a responder de nuevos, comencé a ayudarlo a mover mas brusco
y con más fuerza su mano sintiendo su respiración en mi cuello, mientras
entraba y salía se mojaba con mis flujos y llegaba con sus dedos, hasta las
paredes más suave que tenia, sentí el cuerpo timbrárseme cuando estaba a
punto de llegar al orgasmos y comenzar a sacudirme con fuerza, gimiendo
sumamente alto de placer, mientras por primera vez me corría con solo los
dedos de alguien, con oír su respiración, sentir su erección rozarme las nalgas.
Y sé que él, lo noto cuando aleje mis manos, dejo de mover las suyas, ahora
con mas suavidad, sacándola de mi sexo, húmedo e hinchado y soltándome la
muñeca, sintiendo como me fallecían las piernas y me resbala de aquella mesa
intentando sostenerme de la misma cuando se alejo para caer sentada al suelo,
con el suéter hasta la mitad del cuerpo las piernas, cerradas. El corazón hecho
una tormenta en mi pecho, y temblando de pies a cabeza a consecuencia del
delicioso orgasmo que aquel hombre acaba de provocarme, orgasmo que no
sentía desde hace mucho, ya que últimamente solo daba y no me provocaba
recibir, sentí como la mesa frente mi se rodaba, mientras el cabello caía hasta
el suelo cubriéndome la cara, y como este individuo se agachaba hasta que
coloco dos de sus dedos debajo de mi barbilla, alzándola para mirar aquellos
hermosos ojazos grises que tenia y me miraba con detenimiento. Debía estar
echa un desastre. Mientras intentaba respirar. Quite la cara a un lado, mas
humillada y avergonzada que nunca y sé que lo sabía. Debía tener el orgullo
hinchado, así como lo tuve yo, cuando lo deje desnudo en aquella fiesta. Tomo
un mechón de mi cabello colocándolo detrás de mi oreja, despejando una parte
de mi rostro de aquellos cabellos lisos largos, rojos oscuros.- no debes huir de
mí, porque te encontrare donde vayas-. Soltó sin más. Era lo más psicópata
que había escuchado jamás, solo pude desviar la vista, el cuerpo me temblaba
completamente. Sentía como me ardían las nalgas, intente levantarme pero me
queje de dolor llevándome una mano a una nalga y este lo noto, me tomo del
codo levantándome para llevarme hasta mi habitación, no era difícil saber
donde quedaba mi casa era una pequeña caja de zapato que aquel hombre veía
con mucho detenimiento, como si quisiera grabar cada detalle.- ¿Crema?- me
pregunto cuando me tenia frente a él y señale la mesita de noche al lado de mi
cama, este me acostó boca abajo en la cama, tumbada, mientras lo escuchaba
buscar algo. El sonido se detuvo y supe que había encontrado lo que buscaba.
De repente gemí alto cuando sentí algo frio en las nalgas, al desviar la vista,
tenía a aquel hombre sentado en mi cama, untándome las nalgas de crema con
sus manos pasándola con suavidad.
Todo amo luego de una buena tunda a su sumisa, debía curarla, eso había
oído. No estaba muy familiarizada, con el BDSM, el SPARKING o algunas de
esas cosas aunque las practicaba no me enfrascaban en una como tal. Cuando
este término, me levante brusca quejándome viéndolo sentada en mi cama, en
mi espacio. Estaba violando todo a su paso. Me baje el suéter mirándolo fijo
con brusquedad. Tome aire mirándolo y este solo me observaba con cara de
triunfo.
-Ya tenías lo que querías. ¿Por qué no te vas?-. Pregunte tomando mi
cabello para hacerme un moño y este se levanto deteniendo mis manos frente a
mí, bajando su vista para verme.
-Déjatelo suelto. Me gusta mas así. - tenía sus manos nuevamente sobre
mí, tomando mis muñecas. - dijiste que hoy estarías conmigo. - lo mire
estupefacta. - lo has dicho tu misma.- abrí mi boca sorprendida y este me
sonrió. Estaba usándome. - ahora. Te esperare afuera. Vístete, que te vas
conmigo. .- este se dio media vuelta- ah – dijo deteniéndose en la puerta- no te
pongas bragas.- soltó sin más. Para salir de allí.
¡Ja!, como si fuera hacerle caso. Aunque el ardor en mis nalgas me hizo
pensarlo dos veces, porque me dolían.
Bien, él quería guerra, pues vamos a ponerle divertido el jueguito.
Tome un hilo negro, colocándomelo, mas una licra negra, muy ceñida al
cuerpo, mis botines timberland y un suéter blanco ancho. Me hice un moño sin
importarme que me hubiera dicho que no quería verme con moño y me queje
cuando caminaba y la tela me rozaba las nalgas.
Al salir a la sala este en serio me estaba esperando, me miro de arriba
abajo y negó con desaprobación me valía madres, camine hasta al lado de la
mesa y limpie unos segundos mis lentes para ponérmelos. Me detuve frente a
él.
-vamos... entre más rápido salgamos, mas rápido terminara esto...- solté
mal humorada, tomando mi bolso con mis teléfonos y identificación.
-No estés tan segura de eso.- soltó serio levantándose, camine a la puerta y
cuando este paso una mano por mi nalga, me queje gimiendo y este soltó una
risa. Al abrir la puerta y salir, cerrando con llave la puerta, me detuve cuando
vi que este se subía a una lujosa camioneta, negra, de vidrios ahumados y en
seguida recordé a la que había visto en el bar, aquella vez en la madrugada. Ya
podía entender como había conseguido mi casa, tenía días vigilándome,
aquello más que asustarme, me divirtió porque al parecer el diablo, estaba algo
interesado en una mujer. aunque si estaba provocándome algo de miedo.
Camine hasta aquella camioneta subiéndome con suavidad no hallaba ni dónde
poner el culo. Estábamos solo él y yo en la parte de atrás mientras tenía un
conductor, algo viejo bien vestido.
-Buenas noches señorita.- musito este con amabilidad y empuje mis lentes
por el puente de mi nariz.
-Buenas noches caballero-. Musite en un tono sumamente seductor para
divertirme y escuche un gruñido al lado mío, al voltear a ver aquel hombre me
miraba fijo. Notando mis intensiones. Alce las manos con inocencia.
-Jack, llévanos al palace suite. - musito y lo voltee a ver con cara seria. El
palace suite era un hermoso hotel de puras suite, en la parte más cara de la
ciudad, decían que sus apartamentos eran de ensueños y que sus dueños eran
personas muy adineradas extranjeras. Había visto algunas propagandas antes
de su inauguración. Era un condominio cache. Cuando el auto arranco, mire a
mi taxista llegar y supuse que al ver todas las luces apagadas, intuiría que no
estaba en casa. Una vez salimos de aquella casa el trayecto estaba en sumo
silencio.
-¿Que se supone que haremos allá?-. Pregunte volteando a verlo, este me
miro de reojo.
-Cenar...- baje mi vista a mis fachas y sé que él intuyo lo mismo que yo.- te
dije que te arreglaras no hagas esa cara. Para la próxima piénsatelo dos veces
antes de llevarme la contraria.
-Oh perdone don imponente, no tenía ni idea a donde me iba a llevar-.
Solté con sarcasmo y vi como apretaba su mandíbula exasperado. Lo cual era
divertido provocar.
-¿Puedo saber tu nombre?-. Pregunto volteándome a verme con aquellos
enigmáticos ojos, haciendo que tuviera que desviar la vista hacia la ventana.
-Pensé que como me habías mandado a seguir con tus mastodontes,
también habías investigado eso...
-tu nombre-. Demando con suma dominancia, haciéndome rodar los ojos.
-Tu nombre.- demande con la misma dominancia volteándome a verlo y
este parpadeo divertido. Para sonreírme.
-¿Se te olvida quien manda aquí?-. Me pregunto alzando una ceja. Y
tomándome de una muñeca.
-Púdrete...
-esa boca-. Regaño y me cruce de brazos, alejando mi muñeca de su agarre
mirando por la ventana fija.
Este hombre estaba rompiendo todas mis reglas, mis precauciones, mis
métodos.... todo. Se estaba llevando todo por delante. ¿Quién era este tipo?,
¿Que quería de mi?
Este chofer nos llevo por unas colinas algo alejadas de la ciudad, para
luego notar que se abrían un par de portones inmensos de metal, con dos
guardias en la entrada, mire con detenimiento el lugar por si tenía que huir de
ahí, por alguna razón, siempre era buena emprendiendo huidas. Una vez allí, el
auto se detuvo frente a un inmenso edificio plateado, elegante que tenía
especie de casa colonial tras este, lo cual me dejo sorprendido cuando me baje,
dando la vuelta hasta quedarme al lado de aquel hombre que se acomodaba la
camisa. Este empezó a caminar y comencé a caminar a su lado, subiendo unas
escaleras entrando por una hermosa entrada, una vez allí, vi una línea de taxi,
así que métodos de huir tenia, a pie no seria. Al entrar, el piso de aquel lugar
era de un madera súper claro y brillante, paredes pastel, con detalles muy
elegantes, ambientado a esos salones en la época antigua así como al muy
estilo Titanic, en la recepción había un hombre que al vernos sonrió amable.
-Sr. Aragón.- musito hacia mi acompañante y supe que así era el apellido
del diablo. Un paso delante de él. - su mesa esta lista.
Frente a nosotros apareció una chica, vestida como ejecutiva quien miro de
arriba abajo a el diablo y este ni percatado de aquello, quizás porque estaba
muy entretenido en como lo miraba yo.
-Buenas noches, por aquí por favor...- musito dándose vuelta aquella chica
y caminando hacia unas enormes puertas de madera, bañada en barniz con
hermosas formas de sirenas talladas en la madera, me acerque a mi
acompañante y este lo noto.
-Así que Aragón, ¿No?-. Solté divertida y este me miraba bajando la
mirada- ¿Pablo?, ¿Pedro?, ¿Juan?, ¿Moisés?-. Pregunte intentando adivinar su
nombre.
-¿Por qué nombre de apóstoles?-. Pregunto.
-Así que también eres católico ¿No?, ¿De dónde sale eso de diablo?
-Vaya...- sonrió mirando al frente- eres buena... pelirroja.
Ante aquello empecé a reír muy alto, divertida y sé que él lo noto.
Una vez, allí cuando las puertas se abrieron deslumbre un elegante
restaurante, donde habían muchas mesas y personas elegantes, quienes
comían animadamente, en cada mesa había una dama y puros hombres, algo
de lo que me percate y trague saliva incomoda. ¿Dónde diablos me había
metido este hombre? Camine a su lado, sin tocarlo y esta chica nos guio hasta
una mesa donde estaba sola, solo estábamos él y yo. Una vez allí, este muy
caballeroso, me invito a sentarme, las mesas eran redondas y los asientos eran
redondos, de cuero que se conectaban, no había mesas ordinarias de comedor,
sino en cambio un mueble en forma de C y en medio de este la mesa de comer,
de manteles vinotinto al igual que aquel cuero y las luces tenues muy bajas,
muy privado. Todos allí vestían muy elegantes menos yo, incomodándome,
todas las mujeres tenían vestidos elegantes y joyería cara. No encajaba aquí ni
con pega loca. Me sorprendió ver el gesto tan caballeroso de aquel amo, más
cuando una hora antes me estaba azotando como un animal. Una vez allí un
mesonero se acerco a nosotros con champán en mano ofreciéndonos, Aragón
acepto, así que no me dejo ni negarme, a ambos nos sirvió en una copa
champán. Este tomo la cartilla.
-Ambos queremos, pasta a la carbonada más un plato para cada uno de
camarones rebosados- abrí la boca al oír la palabra camarones debían ser
carísimos. Este tomo la cartilla y se retiro dejándonos solo.
-Sería divertido, que me dejaras tan siquiera decidir qué comer. - musite
mirándolo y este alzo su copa hacia mí, para luego tomar.
-Te pusiste bragas cuando te dije que no lo hicieras-. Ante aquello lo mire
sorprendida bajando mi vista hacia mi licra, tenía un jodido hilo, como diablos
sabia que me había puesto una licra. A menos que tuviera visión rayos X.
Aunque de este tipo esperaba lo que fuera. - eso merece castigo.- ante aquello
trague saliva. Desviando la vista.
-No me volverás a azotar. No soy tu sumisa y no te considero mi amo-.
Explique para voltear a verlo- de hecho, aprovéchame porque esta será la
última vez que me veas-. Amenace. - nunca repito dos veces.
-Lo sé, ni bares, ni lugares, ni personas.... A menos que sea Dalia. ¿Cierto?
-. Ante aquello voltee a verlo fijo.
-Al parecer alguien ha hecho la tarea- solté sin más, alzando una ceja.-
entonces no tengo que decirte que soy una mujer que doy placer por dinero,
ósea una prostituta.- dije sin anestesia y sus labios se volvieron una fina línea,
mientras lo vi apretar la mandíbula y fruncir el ceño. Aquel como que no le
había agradado oír.
-No quiero que digas que eres una prostituta estando conmigo. ¿Queda
claro?-. Gruño bajo haciéndome saltar de mi asiento, estremeciéndome. -
¿Queda claro?-. Volvió a repetir.
-Eres muy mandón y controlador-. Me queje. Este me sonrió
-no has visto nada, pelirroja. - amenazo alzando una ceja. - debo anunciarte
que quiero tus servicios...
-¿En serio?-. Dije sarcástica- sino me dices no me doy cuenta- musite
rodando los ojos y este sentado a mi lado, metió la mano debajo de la mesa
clavándome los dedos, en el interior del muslo derecho, haciéndome quejar y
mirarlo sorprendida. Por donde estábamos.
-Como te decía- me soltó y siguió hablando-. Quiero tus servicios por un
tiempo alargado y pronunciado. Dame precio-. Soltó directamente y aquello
me sorprendió.
En ese segundo cuando dijo precio, solo pude pensar en mi madre, quien
necesitaba dinero, en Jess quien necesitaba y me maldije por sentirme en una
situación tan caótica. Para hacerme pensar esa propuesta. Me sentía entre la
espada y la pared.
-Explícate...
-quiero que trabajes exclusivamente para mí.... solo para mí. No Dalia, no
otros clientes--. Aquello me tomo con la guardia baja.
-Tendrías que pagar mucho dinero para eso....
-dinero es lo que hay...
Pensándolo bien, solo trabajar para él, era algo así como haberme
conseguido un viejo con plata solo que este tenía mucho dinero, estaba muy
rico, era joven y se veía que cogía como los dioses, su mala fama le presidia.
-Literalmente, ¿Quieres comprarme para ti?, así como si se tratara de una
blanca a quien te están vendiendo.- este asintió varias veces observándome.
-Tendrás que hacer todo lo que te mande, ordene y quiera. Yo mando, yo
tengo el control tu solo obedeces sin chistear- explico serio y me mordí el
labio, este soltó un gemido y sentí como acercaba su labio al mío tensándome
mordiéndolo con suavidad evitando que siguiera mordiéndomelo, me quede
estupefacta ante aquella acción, cuando se alejo lo mire relamerse los labios. -
es una buena propuesta, no puedes rechazarla. Puedes pedirme lo que gustes.
-¿Por qué pagar por una mujer, cuando puedes tener la que quieras?-.
Pregunte con curiosidad y este sonrió tomando la copa en su mano.
-Porque tú no eres cualquier mujer. He escuchado mucho de ti, mucho
antes de aquella fiesta. Tienes una reputación que te precede pelirroja-. Soltó
sin más- no te consideran una prostituta sino una diosa del sexo. Eso es una
buena razón. Sé que no te mueves con amor, deseo, o sexo... te mueves por
plata, así sea yo quien venga a proponértelo. - explico con total calma y tome
la copa en mi mano tomándomela toda de golpe. Había averiguado bastante de
mi vida nocturna, lo que conllevaba que mi vida diurna estaba a salvo.
-Cero sentimientos- aclare de una- cero celos, cuando no quiera hacer algo,
no puedes obligarme.... o ultrajarme.- explique. - mi vida privada, es mi vida
privada. No preguntes por mi pasado, por mi vida fuera de esto.
-Sexo, consensuado, sano y permitido. ¿Has oído de ello?
-Si es la consigna del BDSM. - admití.
-Conmigo tendrás ello, a menos que te portes mal y tenga que castigarte
como esta tarde- explico y ambos miramos al mesero acercarse con varios
platos y los coloco frente a ambos. Ignorando todo lo demás que le había
hecho.
-¿Cuánto tiempo?-. Pregunte y ambos miramos al mesero que se alejaba
dejando allí los platos, cubiertos y panes. Este me miro unos segundos.
-¿Tengo que elegir un tiempo?-. Aquella pregunta me sorprendió y asentí
varias veces como si fuera evidente.
-1 mes...- le solté- si luego de un mes no quiero seguir con ello, deberás
dejarme ir.- le solté tomando los cubiertos.
-Trato hecho...- soltó tomando los cubiertos y mire los platos se veían
deliciosos. Lo primero que hice fue llevarme un bocado de pasta a la boca,
estaba deliciosa la salsa bechamel sabia deliciosa, para luego llevar un
camarón a la boca masticando. Desvié unos segundos la vista y me quede
paralizada, masticando con fuerza, cuando vi que dos mesas donde estábamos
había una chica masturbando a rueda libre a un hombre con su mano mientras
este le tenía el cuello ocupado con su boca, frente a estos, había una mujer
con los ojos cerrados, la cabeza pegada a un mueble mientras tenía dos
cabezas entre sus piernas haciéndole un oral y los otros dos caballeros en su
mesa la veían. Trague con fuerza, sintiendo un calor palparse entre mis piernas
ante aquellas escenas, sentí una mano en mi pierna haciéndome saltar y voltear
a ver a diablo con los ojos dilatados, de deseo y este entendió mi expresión. -
No sabía que fueras tan pudorosa.- dijo adivinando mi expresión.
-Me has cogido con la guardia baja. ¿Dónde me has metido?-. Este siguió
masticando como si aquello a su alrededor no le afectara.
-Prepárate, pequeña pelirroja, acabas de hacer un pacto con el diablo y esta
es solo una entrada a los infiernos de donde pertenezco-. Susurro Al comer y
mirando mí expresión ante aquello, solo pude reír alto. ¿Esperaba verme
asustada? ¿Ultrajada? ¿O pudorosa?, este tipo no sabía con quien acababa de
meterse.
-Suena divertido-. Admití llevándome otro pedazo de pasta a mi boca,
concentrándome en mi comida, más atenta de lo normal por el hambre que
traía esa noche, usualmente comía muchísimo y si este tipo me iba a ver por
un mes tenía que saberlo, así que arrase con mi pasta, con mi plato de
camarones, los panecillos y parte de sus camarones, este solo me veía
divertido viéndome comer, como si aquello no le sorprendiera cuando debía
ser así. - es un restaurante de intercambio. ¿Verdad?-. Pregunte limpiando mi
boca con la servilleta.
-Así es... - dijo sirviéndome champán en mi copa nuevamente y luego en la
suya- solo que aquí el plato fuerte es la mujer.
-Lo sé, cuando entre me percate que había una mujer por mesa y varios
hombres en cada una. - explique mirando como en varias mesas se realizaban
varias escenas sexuales. Orales, más que todos, manos por aquí por allá. Cero
penetraciones. Lo cual me pareció extraño. El pudor, no existía en aquel lugar.
-Eres observadora....
-más de lo que debería-. Admití mirándolo unos segundos. Para volver mí
vista hacia aquellas mesas-. Soy de las personas que se endulzan la vista.-
confesé.
-¿Has estado con varios hombres?-. Pregunto y lo mire unos segundos,
asintiendo varias veces, por una parte era mentira, por otro no.- ¿Quieres que
te entregue a algún hombre?-. Pregunto nuevamente y mordí mi labio,
pensativa este se balanceo nuevamente sobre mí, apoderándose de mis labios,
donde fue bien recibido, sabia delicioso, tenía un olor a menta y me pregunte
cuando se había metido un caramelo, si acaba de comer, su lengua se abrió
paso entre mi boca, desesperada hasta encontrarse con la mía, y sentí las
piernas temblarme de excitación. Con tan solo un beso, me tenía mojada y
acorralada contra aquel asiento. Así comprendí que morderme el labio le
causaba ciertas reacciones a él que no podía controlar. Al parecer con este
hombre todo era altamente sexual. Cuando se despego se me salió un jadeo a
consecuencia de que no tenia respiración. - respóndeme.
-Nunca me han entregado-. Confesé y este me miro anonadado y me
encogí de hombros alejándome de él- deberías saberlo....
-¿Nunca has tenido un amo?-. Pregunto.
-Querido soy indomable, yo soy el ama. ¿De dónde crees que previene mi
fama?- pregunte divertida.- aunque bueno, siempre es bueno experimentar
cosas nuevas.- admití sabiendo que en esta ocasión me tocaba inclinar la
cabeza para mantener a este nuevo cliente feliz. Sé que él lo sabía.
-Pues hoy te entregare...
-Bien...- dije divertida ya había estado con varios hombres. Miedo, ya no
poseía eso referente a ámbitos sexuales. - antes de eso, quiero pedir solo
algo...- dije mirándolo seria.
-¿Qué cosa?
-Tu nombre.... - dije mirándolo fijo y este negó sonriéndome- quiero saber
que nombre es el que voy a gemir- ante aquello diablo abrió sus ojos
completamente y sé que lo había cogido con la guardia baja.
-James... ese es mi nombre.
-James Aragón...- musite bajo y este relamió sus labios. Como si le hubiera
gustado oírlo de mis labios. Le sonreí ladeando la cabeza- Loreen Grace.-
musite suave y este sonrió de lado, dejándome ver unos espectaculares
colmillos. Este hizo un gesto con la mano y mire un hombre acercarse a
nosotros, era mulato alto, de ojos claros, como miel, muy fornido, simpático.
Llamativo y vestido con un smoking elegante, este se sentó a mi lado,
dejándome en medio de él y James.
-Buenas noches...- me musito con voz amable y me quite los lentes
guardándolo dentro de mi bolso. Loreen nocturna activada.
-Buenas noches-. Musite en un tono muy bajo y sensual y pude ver aquel
mulato tragar saliva y mirar a James quien estaba a espaldas mías.
-Pelirroja-. Dijo James poniendo las manos en mis hombros los cual me
hizo erizar era un gesto muy posesivo y evito decir mi nombre, lo cual me
agrado- este caballero se llama Saúl, es un viejo amigo y encargado de tomarte
hoy, cuando te ofrezca. - me explico con calma- harás todo lo que yo te ordene
y él igual- explicaba las reglas del juego.- no puedes tocarlo a menos que te lo
pida. ¿Entendido?
-Entendido.
-¿Entendido que?-. Pregunto dominante y voltee a verlo, rodándole los
ojos y este sonrió.
-Entiendo. Captado....- dije dándole a entender que no le diría amo.
-Vamos a otro lugar-.le dijo Saúl a James- ella llama muchísimo la
atención. - admitió y lo mire confundida no me había percatado que había
llamado la atención, quizás porque estaba muy concentrada en la conversación
con James.- más de uno la quiere. - este se levanto y me levante tomando mi
bolso y mirando a James, quien se levantaba imponente y me tomaba de la
mano, la tenía algo sudada y aquel contacto me hizo estremecerse y sé que él
lo noto. Porque sonrió triunfal, provocando que rodara los ojos exasperada.
Que creído de mierda.
Ambos caballeros me llevaron por un pasillo de paredes rojas, con
pequeños cuadros de BDSM. Supe que aquellas puertas que se veían a lo largo
de aquel pasillo eran reservados los conocía muy bien, de aquí a la china, Saúl
saco unas llaves abriendo una puerta y paso, seguido de James quien no me
soltaba de la mano. Una vez adentro este me soltó sentándose en un mueble de
cuero al lado de la puerta.
-párate allí-. Demando James señalando frente a la cama en medio de
aquella habitación. Camine deteniéndome hasta donde me pidió. Lo mío no
era recibir órdenes pero había hecho un trato y debía cumplirlo, quería dinero
y le sacaría la sangre si era preciso. - Saúl, desnúdala- musito y sentí aquel
enorme hombre acercarse a mí, tuve que alzar la mirada, era muy bajita, era
estatura normal, solo que ellos dos eran altos, extranjeros seguramente. James
tenía una pinta árabe, aunque dudaba que fuera de allí y Saúl, mas cubana que
otra cosa. Este me desabrocho las botas quitándomelas, dejándolas a un lado,
me apoye de su hombro para no caer y este me tomo de la cadera
ayudándome, luego me quito las medias dejándome descalza completamente,
luego poso las manos en mi licra y comenzó a bajármelas con todo y hilo,
hasta quitármelo y dejarlo encima de mis zapatos, quedándome
completamente desnuda. Gracias a dios bendito que era maniática con los
vellos y los eliminaba completamente de mi cuerpo, tenía el pubis limpio, sin
tan siquiera cañones, escuche un gruñido gutural de excitación de parte de
Saúl y este luego se encargo de quitarme el suéter, quedándose impregnado
viendo mis pechos, no solo tenía la mirada de él sino la de James también
sentado tomándose algo en un vaso, parecía whisky, que se yo.... Este me
quito el sostén dejando caer mis senos y trago saliva, podía ver aun ante su
pantalón su erección. Aquello solo me excito aun mas ante tan erótica
situación.- suéltale el cabello Saúl.- escuche la voz de James nuevamente
sacándome de mi nube de excitación, este coloco una mano en mi moño
soltándolo, dejando caer mi largo cabello rojo más abajo de mis caderas,
tapando cierto lado izquierdo de mi cara.
-Mierda...- gruño bajo dando dos pasos hacia atrás detallándome.
No me consideraba una mujer sumamente atractiva realmente nunca las
mujeres estamos satisfechas con nuestro cuerpo. Tenía el cabello liso, rojo,
largo, por el comienzo de mis nalgas. Muy frondoso, tenía la piel blanca como
mi madre, tenia leves pecas en los hombros, que se disimulaban, era estatura
promedio, tenia anchas caderas, pequeña cintura y realmente parecía una pera,
pues tenía mucho seno, mal dotada no había salido, para mi estatura era 38 de
sostén lo cual era beneficio para mi trabajo pero terrible para mi espalda, era
de senos anchos, frondosos, redondos como balones eso decía mi madre, de
pezones rosas, tenía el abdomen muy plano. De piernas largas amazónicas,
pero musculosas, andar todos los días en bicicleta tenía sus beneficios, tenia
mas las piernas como una jugadora de futbol anchas y musculosas, sin perder
lo femenino, tenía las nalgas, grandes, acopladas a mi cuerpo, no demasiado
llamativas ni muy pequeñas, de acorde con mis inmensas proporciones. Era de
cuello largo, de labios carnosos, rosas, frondosos y pronunciados, nariz
perfilada y largas pestañas que hacían resaltar aun más mis ojos verdes, verdes
intensos, con rayas amarillas, lo cual me daban un aspecto muy gatuno. No
tenía un mal cuerpo, al parecer dios me había proporcionado con buenos dotes,
pero aun así, el complejo siempre existía. Estaba más segura de mis
habilidades mentales que físicas.
Aquellos dos hombres me miraban con suma precisión de arriba abajo,
detallándome.
-¿Quieres comerte a mi mujer?-. Le pregunto James a Saúl y se me subió la
adrenalina al escuchar de su boca “mi mujer”. Trague saliva y mordí mi labio,
más que por nervios tentando a levantarse a James, quien al verme se
desabrocho la camisa blanca que traía puesta. Saúl asintió sin dejar de verme.
-¿Me da permiso, amo?..- le pregunto Saúl y mi boca cayo abierta cuando
escuche que este le llamaba amo. ¡QUÉ!, todos en serio lo llamaban así.
-Quiero ver cómo te comes a mi mujer.- susurro serio y mire a Saúl
acercándose a mí. Este se arrodillo y mí vista bajo a él, este negó cuando
estaba arrodillado en mi pelvis y solo pude sonreír divertida porque estaba
sufriendo por tener restricciones de tenerme. Era la primera vez que me
acostaba con alguien sin la máscara, aparte de James y aquello solo me
divertía aun más porque sabía que reacciones tenía la gente con mi aspecto.
Abrí levemente las piernas para él y este sin más metió la lengua desde mi
entrada pasándola hasta mi clítoris arrancándome un jadeo de excitación, me
estremecí ante aquella deliciosa sensación tan conocida pero tan inesperada
como siempre, aquel hombre coloco las manos en mis caderas atrayéndome
hacia él, mientras su lengua paseaba por mis labios vaginales entraba y salía
una y otra vez, desesperado devorándome con hambre con ansias. Iba a llevar
mis manos a su cabeza pero... - No lo toques...- escuche a James y lleve mis
manos alejándolas de él, mirando fijo a James que me miraba eclipsado,
mientras tenía una mano dentro de su pantalón y mis manos fueron a mis
pechos este, abrió su boca, observando lo que haría, mientras Saúl me
devoraba abajo, yo me sobaba con ambas manos los senos, los pezones que se
me endurecían, ante el contacto, y miraba fijo a James, mientras este se
masturbaba con la mano dentro del pantalón. No quería que se masturbara lo
quería dentro de mí. Quería sentirlo. Tenía que llamarlo a mí de alguna
manera. Así que solo pude morderle el labio, mirándolo de la manera más
perra que tenia y este se tenso, lo vi levantarse y acercarse a nosotros, sacado
la mano de su pantalón. Yo quería tener la mano allí. Su mano se enredo en mi
cabello con ira y se coloco aun lado de mi, haciéndome girar el rostro,
mientras sus labios tocaban los míos, con desespero, mientras aquellos dos
hombres me devoraban por ambos lados, mi mano derecha fue a la cabeza de
Saúl, que gemía contra mi sexo, humedeciéndolo enrojeciéndolo. La otra
dentro de la camisa de James desabrochándolo, mientras las manos de James
estaban encima de mis senos, pellizcando mis pezones. Haciéndome gemir
contra su boca, era delicioso lo que Saúl me hacia pero quien me sacaba los
gemidos con unos simples besos era James y sé que se había percatado de eso.
- Saúl. ¿Quieres entrar en mi mujer?-. Un fuerte gemido salió de mis labios
ante oír la jodida palabra y James despego sus labios de los míos, mirándome
fijo- ¿Te gusta cómo suena cuando lo digo?-. Me pregunto y abrí los ojos
respirando acelerada me había cogido descuidada y se había dado cuenta
negué con la cabeza y este negó sonriendo. No me creía una mierda. Saúl
detuvo sus lambidas y cuando alzo su cabeza, tire levemente de su cabello con
dominancia, mis ojos chocaron con los de él.
-¿Quieres que este dentro de ti?-. Me pregunto y asentí mordiendo mi
labio, este se alzo y fue a acercar sus labios a los míos, pero una mano me
aparto alejándome de él, dejándonos confundidos a ambos.
-No besos Saúl- musito James y ambos asentimos, ¿Por qué no?-. Sus
labios son míos...- explico y este sonrió asintiendo. James me tomo de un
brazo tirándome sobre la cama y escuche un sonido de una bolsa, un condón,
busque con mi mirada a Saúl, quien se desvestía con un condón en la mano y
se quitaba la camisa, el saco, los pantalones y zapatos, lo mire detallando su
cuerpo fornido, de gimnasio y de muerte, estaba muy bueno, esto debía ser el
sueño de toda mujer. Cuando se quito el bóxer blanco que cargaba pude ver su
masculinidad dura, recta, que cubrí con el látex del condón preparándose para
mí. Sentí la cama un lado de mi hundirse y como James, se quitaba la camisa,
los zapatos y el pantalón quedándose en bóxer. Lo mire anonadada que
hombre tan impresionante, tenia cuadros, músculos marcados, las pistoleras
que me encantaban marcadas en sus caderas como las recordaba. Este se
arrodillo fuera de la cama, pero con los brazos recostados de la misma al lado
de mí, con la boca a la altura de mi oído, cuando sentí y escuche su respiración
tire a un lado mi cabeza excitada. Sabiendo lo que me provocaba oírlo,
escucharlo respirar. Tan solo eso me excitaba aun más que el oral que me
había hecho Saúl. Sentí unas manos en mis caderas y mire a Saúl unos
segundos subiéndose en la cama, abriéndome las piernas, mirando
deslumbrado mi sexo, seguramente húmedo. Voltee mi vista hacia James, a
quien me gustaba más ver, este me hizo mirar al frente, al techo, ni siquiera a
Saúl, sabia sus intensiones quería hablarme al oído. Lo odiaba.
-¿Lista?-. Me pregunto Saúl y sonreí mirándolo.
-Querido naci lista...- admití divertida, golpeando mis caderas contra él y
su sexo. Saúl miro a James, como si este fuera hacerle señas y este me tomo
por las caderas, colocando su miembro en mi entrada haciéndome cerrar los
ojos mientras comenzaba a entrar abriéndose paso por mi carne, haciéndome
gemir con suavidad casi en un jadeo mientras Saúl soltaba un gemido brutal.
Alto. Comenzando a mover sus caderas contra mí, penetrándome con ira,
entrando y saliendo.
-Mi mujer-. Me susurro al oído el bastardo de James y un gemido altísimo
se me escapo, volteé a verlo con los ojos abiertos y este me miro con una
sonrisa. Sabía ya por donde agarrarme, negué mirándolo.
No te atrevas bastardo, no te atrevas.
-Dios... esta mujer, ¿Quién es?-. Pregunto azotándome con su miembro,
Saúl, haciéndome saltar hasta los senos, más erótico que eso nada. Ambos
estaban teniendo una vista magnifica.
-Mi mujer...- musito con ego James y cerré los ojos relamiendo mis labios
al oírlo-. ¿Te gusta mi mujer?-. Le pregunto James a Saúl y solo podía oír sus
voces, sus respiraciones, mis pálpitos agresivos, mas el sonido de su miembro
contra mi sexo cada vez que me penetraba.
-Si dios, me está encantando... sabe deliciosa y es muy húmeda adentro-
explico y aquello me hizo estremecerse excitada ante como aquellos dos
hablaban de mi.
-Disfrútala porque será la única vez que la toques-. Ante aquello abrí los
ojos mirando el techo, aquel cubano tenía un meneo demasiado rico, tenía las
manos enrolladas en la sabana mientras miraba abajo su miembro entrando y
saliendo. Saúl tenía los ojos muy clavados en mi cuerpo.
-De solo verla quiero correrme...- admitió aquel mulato y sonreí. Siempre
se corrían muy rápido por muy machote que fueran y eso que no me estaba
moviendo casi, solo golpeaba mis caderas contra las suyas.
-Córrete...- musite y este me miro fijo mientras echaba la cabeza hacia
atrás- córrete para mí...- ¡Bang!, las palabras mágicas, Saúl me miro con los
ojos impregnados de deseo, cegado.
-No aun no...- dijo James pero reí. Era tarde lo tenía bajo mi dominio.
-Sigo siendo la ama...- musite volteando a verlo y este me miro fijo-.
Córrete – ordene dominante a Saúl mirando fijo divertida a James, quien me
miraba los labios y luego los ojos riendo porque él sabía que Saúl estaba más
bajo mi dominio que el suyo. Ambos estábamos jugando con la mente del
pobre mulato. Este comenzó a casi hacerme saltar mientras me embestía dando
un grito de placer, deteniendo sus pasos y mirándome, chocando su mirada
con la mía, con la frente sudada y la respiración entrecortada. Miro a James
con cara de disculpa y luego cuando me miro a mi ambos sonreímos. Solo me
falto decirle. Tú eres Mío. Pero James me arrancaría la cabeza. Este se levanto
y saco con cuidado su miembro atrayendo con él, su condón. Con la
respiración echa un caos.
-No la hiciste correrse...- musito James levantándose como si estuviera
decepcionando, parándose frente a mí en aquella cama.
-Si quieres que me corra. ¡Hazme correr tu!-. Lo desafié y este volteo a
verme, Saúl nos miro a ambos sonriéndome. James se zumbo en la cama y me
tomo por el cuello con ira, mis manos aterrizaron sobre su mano en mi cuello,
estaba medio asfixiándome, sus labios chocaron contra los míos y sentí su
miembro duro sobre la tela del bóxer, chocar mi hinchada y enrojecida vagina
un gemido se me escapo alto, contra su boca mientras mi boca mi lengua se lo
devoraban con intensidad y este movía las caderas hacia mí. Este intento,
alejar su mano sobre una de las mesas del fondo intentando coger un bold
donde estaban los condones pero al ver su intento empuje el bold tirándolo de
la mesa que se rompió al caer al suelo y este alejo su boca, suavizando su
mano mirándome fijo. - si quieres que sea tuya, deberías tomarme como se
debe- dije con voz seria. Dándole a entender que no quería que usara condón
conmigo. Que si quería domarme que se la jugara se lo susurre tan bajo solo
para que el pudiera oírme.
-Sabes que si te tomo aquí, ahora. Así.... serás en verdad mía.- susurro- se
que nunca has estado con nadie sin protección. - aquello me sorprendió Dalia
soltaba mucha información- no hay vuelta atrás. Soy muy controlador con lo
mío.- no sé si lo decía a nivel sexual pero me agradaba me gustaba como
sonaba. Como que en realidad no sabía en qué terreno me estaba metiendo.
Estaba siendo una irresponsable en todos los sentidos. Estaba rompiendo todas
mis reglas por él-
-Hazme tuya- susurre contra sus labios-. Si sabes todo eso y acabas de ver
que tire tu bold de condones, si sabes que me excita oírte decir que soy tu
mujer. Si sabes que no gimo con él y no me correré con nadie que no seas tú.
Eso debe decirte que te estoy gritando a la fuerza que quiero que me hagas
tuya.- ante aquello escuche como este gemía contra mis labios, este apretó sus
caderas contra las mías, y este se levanto quitándose el bóxer, mire a Saúl en
una silla masturbándose viéndonos.
James se tiro sobre mí, abriéndome nuevamente las piernas de par en par
para él, pude ver su miembro, mas grande que el de Saúl, grueso y latente por
mí, me entumecí presa del deseo, relamiendo mis labios, este se coloco entre
mis piernas como lo había hecho Saúl, solo que James, paso una mano por su
boca llenándola de saliva lubricándose su miembro, quería gritarle que tan
solo verlo así me estaba causando un diluvio en mis piernas, pero uno con
deseo decía toda clase de locuras, como las que había dicho unos segundos
antes. Este comenzó a mojarse con la cabeza de su miembro en mi entrada
paseándola por ella y por mi clítoris. Haciéndome gemir morder mi labio, este
coloco la cabeza de su miembro en mi entrada.
-¿Estás segura pelirroja?-. Susurro mirándome con aquellos hermosos ojos
grises. Con los brazos a los lados de mi cabeza, aquello se veía sumamente
íntimo cuando no nos conocíamos.
-James... por favor...- suplique posando las manos en sus costados. - me
muero de las ganas de sentirte. ¡Hazme tuya!-. Solté sin más mirándolo fijo.
James comenzó a entrar poco a poco en mi, abrí los ojos, era mucho más
grande que Saúl, este se percato y comenzó a entrar con delicadeza primero,
solté un jadeo cuando termino de empalarse conmigo por completo hasta
dentro, me erguí curveando la espalda, clavándole las uñas a James en los
hombros. Para ponerlas en su cuello y atraerlo hacia mi boca, quería besarlo.
Y así fue, mi boca choco con la suya y este comenzó a moverse entrando y
saliendo de mí.
-Dios estas demasiado mojada allí abajo...- susurro contra mis labios.
-Es por ti...- tuve que confesar, dejándome poseer en ese momento.
Sus movimientos comenzaron a entrar y salir con más rapidez y facilidad
por lo mojada que estaba, empalando su miembro con mis fluidos, mientras
comenzaba a subir y bajar, mover mis propias caderas contra él, aun debajo
suyo, mientras ahora los dos chocábamos uno contra otro con ira, sin besarnos
pero teniendo los labios muy cerca y los ojos abiertos mirando nuestras
expresiones, sus labios aterrizaron sobre mi cuello lamiéndolo y bajaron por
mi hombro. Quería moverme, enrolle las piernas a sus caderas hasta sentirlo
adentro, mientras ambos sudábamos, gemíamos altos, olvidábamos que había
alguien más en aquella habitación, mientras nos azotábamos con ira, sin
importar el dolor quemando ese ardor de deseo que teníamos uno por el otro.
Cuando pude, me detuve haciendo que James se diera vuelta y quedara encima
de él, quería que me moviera.
-vamos, nena. Muévete para mí...- susurro mientras retiraba mi cabello de
la cara y me erguía encima de él, tocándome los senos.
-Te hare correr así...- amenace sonriéndole y este soltó una alta risa
sorprendiéndome.
-Imposible. Sin moverme imposible...- dijo divertido.
-Se te olvido con quién andas ahora ¿No?-. Dije mordiendo mis labios y
este se quedo callado inseguro. Me alce un poco y me clave de golpe encima
de él, mire como este abrió la boca soltando un gemido alto, comencé a saltar
sobre él una y otra vez, este cerró los ojos- ábrelos los ojos. Diablo-. Dije con
voz dominante y este negó sonriéndome.- quiero que veas cómo te posee tu
mujer.- dije en voz alta y este abrió de golpe los ojos mirándome, tome sus
manos y las coloque sobre mi seno donde apretó y deje de saltar para
comenzar a mover las caderas para atrás y para adelante con la mitad del
rostro tapado los ojos dilatados, los labios hinchados y seguramente las
mejillas rojizas porque me ardían, tenía mis manos sobre las de él que estaban
sobre mis enormes senos mientras iba en un vai ven encima de él,
sacudiéndolo bajo mis caderas, mientras me movía con él, con ira,
desenfrenada, James gemía casi ya ronco. Mientras estaba siendo una fiera
descontrolada contra él, sus ojos se abrieron aun más y lo supe. Se iba a correr
y acerque mi boca. A la suya.
-Loreen...- gruño avisándome lo que sucedía si seguía así, así que seguí
moviéndome bajando mi pecho al suyo, haciendo que quitara las manos
acercando mi boca a su oído moviéndome.
-córrete para tu mujer, Diablo...- le susurre sintiendo como se tensaba bajo
a mí a punto de correrse- porque mis orgasmos, será tuyos, por un buen
tiempo.- susurre lamiendo el lóbulo de su oreja abandonándome por fin a mis
deseos moviéndome clavándole las uñas en su hombro y como este clavaba
sus dedos sobre mis cabellos jalándolo con ira, mientras nos corríamos casi al
mismo tiempo y nuevamente nos deteníamos, mientras comenzaba a temblar
como solía sucederme cuando me corría, con la respiración echa, con las
manos de James en mi cabello y terminando de escuchar los gemidos de Saúl
corriéndose, ante su masturbación. Para luego oír un silencio monumental.
Respiraba entre cortada encima del pecho de James, con la cara escondida de
él.
Mierda, que gay todo lo que había dicho, estaba muy descontrolada.
Anotado no hablar cuando tenía relaciones con él
- ¿Estás bien?- me preguntó James y asentí, levantándome alejándome de
él y sacando su miembro de mi interior, mareándome un poco al hacerlo. La
respiración de ambos caballeros se oía sumamente fuerte, tome mis ropas del
suelo y zapato y camine al baño encerrándome. No sé si James quería seguir,
pero yo no. Estaba cansada, no solo físicamente, sino psicológicamente había
dicho cosas que no debía. Ese no era mi estilo ese hombre me hacia hablar de
mas, abrir la bocota y confundirme.
Una vez en el baño, me agarre nuevamente un moño alto y me metí en la
ducha de agua caliente relajando mis músculos, me queje cuando me empezó
arder las nalgas. Quizás el roce con las sabanas me las tenía irritada, una vez
bañada me vestí con rapidez, arreglando mis zapatos. Escuchaba voces afuera
e imagine que ambos hombres estarían hablando usualmente aquí era cuando
salía pedía mi dinero y me perdía, en este caso no era así. Debía quedarme con
James. Debía comprar unas pastillas para el día después. Siempre usaba
condón por ende no me preocupaba con pastillas, pero al parecer empezaría a
preocuparme por eso también.
Cuando salí, ambos caballeros ya estaban vestidos y veían un vaso de licor
cada una. Ambos estaban hablando y se callaron al oírme. Mientras me
miraron fijo me sentí incomoda repentinamente.
-¿Que se les perdió una igual?- musite sarcástica y James soltó un leve
risa, mientras Saúl bajaba la vista enrojecido.
-No seas grosera con Saúl, pelirroja.- soltó James-. Mira que te ha hecho
pasar un buen rato.
-O pero eso no era con Saúl...- dije sonriéndole y Saúl soltó una carcajada
mientras James me miraba con ganas de quererme azotar otra vez las nalgas.
-Pelirroja...- dijo en reprocho y alce mis manos inocente sonriéndole.
Camine tomando mi bolso colocándome mis gafas nuevamente empujándolas
por el puente de mi nariz.
-Vaya pareces una actriz porno así-. Admitió Saúl.
-Oh yo que pensé que lo decías por como gemía- dije divertida y la cólera
de James estallo, porque se levanto de golpe.
-Nos vamos- dijo con dominancia y aquello me hizo negar sonriendo.
-Un placer Saúl...- admití amable y este asentó con la cabeza.
Una vez James se despidió, me saco de ahí casi arrastrando tomándome
por la nuca ya comenzaba a acostumbrarme a esa manera tan brusca que tenia
de tratarme, al salir de aquel bar, nos subimos en aquella camioneta. Cuando
me subí primero, lo mire subirse y lanzar la puerta. Estaba algo como
acelerado.
-muy bonita tu broma-. Susurro mirándome con los ojos inyectados de ira.
Solo le sonreí.
-Relájate, solo era un pequeño coqueteo con quien tu me mandaste a
acostarme.- susurre bajo. ¡toma perra!, directo al costado izquierdo, este me
miro y pude ver como se le hinchaba la vena del cuello. - oye, me llevaras a
mi casa ¿no?-. Pregunte cuando vi que el chofer arranco y James sacaba su
teléfono.
-¿Qué casa?- pregunto y lo mire atónita y este solo me ignoro.
-No te hagas el tonto. Sabes de qué casa hablo...- sisee.
-Hoy iras a tu nueva casa.- ante aquello abrí mis ojos mirándolo fijo.
-¡¿Nueva casa?!-. Pregunte atacada y este alzo su vista mirándome, sentía
ya el tic nervioso del ojo, que quería aparecer, mas aun tenia esas ganas de
arrancarme los cabellos sacando deducciones.
-Si a tu nueva casa- dijo serio mirándome- donde vivirás. Un mes
¿Recuerdas?-. Musito y lo mire sin habla- te dije que sería como quisiera, a mi
manera. Has aceptado. Te dije también que no había vuelta atrás. - trague
saliva y este solo bajo nuevamente su vista a su teléfono- mandare a alguien a
buscar tus cosas. Ya pagare el mes de ese alquiler, por si te preocupa eso.-
explico controlando mi puta vida como si fuera una ficha de ajedrez y yo no
pudiendo defender, tenía mucho poder, me daría tres cachetadas si me le ponía
arisca, con este tipo había que ser inteligente.
Dueño
-No me jodas...- musite sorprendida.
-¡Esa boca!-. Soltó a lo lejos James.
Estaba atónita mirando aquella casota. Más que casota, eso era una
mansión, una jodida mansión. De esas de las películas, donde vivía las reinas.
Una mansión sola para mí y James... ¿Dónde me había metido?, tenía que
averiguar si James era narcotraficante, sino ¿de dónde sacaba tanto lujo y
billete?
La mansión Aragón era hermosa, estaba muy cerca de la ciudad, podía
irme caminando tardaría unos treinta minutos caminando. Su entrada era
elegante, era de portones de metal, con formas de dragones, en ambos lados.
Para mi sorpresa no había mucha seguridad, todo se manejaba a control
remoto y entendí que para su hogar a James le gustaba la privacidad. De la
entrada a la casa, era un trayecto corto de arboles, para dejar ver un jardín muy
bien cuidado verde, bajo. Deslumbrando una enorme casa de dos pisos,
grande. Tipo mansión, de paredes blancas, con ventanales inmensos de vidrio
en la parte alta, era una casa de esas de película, daba algo de miedo. Cuando
la camioneta se detuvo me percate que había mucha iluminación. Faroles que
iluminaban aquella casa, ya que era bastante tarde ya. Bueno para mí apenas
comenzaba la noche. Tanta ostentosidad me intimidaba, en la sala haba un
inmensa biblioteca, muebles de muchas marcas negros de cuero, mesas de
vidrios elegantes, lámparas guindando, cuadros griegos al parecer a James, le
gustaba mucho esa clase de mitología. Irónico porque ante mis ojos, James
parecía un jodido dios griego. Ante mis ojos. En aquella sala había algunos
muebles de madera fina, no sabía que contenido tenían dentro. También había
unas escaleras de madera clara, más barandal elegante que conectaban con el
segundo piso. De ambos extremos de aquella sala, había dos puertas altas de
madera.
Quería saber qué había detrás de aquellas puertas, había un gran ventanal
que mostraba al final de la casa, una piscina abrí la boca sorprendida, ante
tanta ostentosidad. Piscina alumbrada por faroles. Tenía una buena vista y
estaba usándola a mi favor.
-¿Quieres que te de un tour?-. Me pregunto James, para que me fuera
familiarizando con la casa, al fin de cuenta quería verme un mes completo eso
era mucho tiempo. Asentí varias veces confirmándole que sí. Este me tomo la
mano y cuando voltee a verlo, este miraba su teléfono, distraído al parecer
aquel contacto le parecía nulo, mientras a mi me ponía nerviosa, quizás porque
tenía años, sin que alguien tuviera un gesto así conmigo. Este comenzó a
caminar por la sala deteniéndose en la puerta del lado izquierdo, cuando
empujo la puerta con la mano en que tenia la mía con la suya.- cocina-
anuncio, serio mirando su teléfono. Sin despegar la vista del mismo
prendiendo la luz. Mire unos segundos una inmensa cocina, de piso de
cerámica, que brillaba, paredes blancas, muebles aéreos, más gabeteros de
color marrón oscuro barnizados. Que rodeaba las paredes laterales izquierdas
y derechas. En el medio había una mesa de vidrio, sostenido por bastones
negros entrecruzados, comedor de seis sillas. Al fondo empotrado en cerámica
negra había una Elegante cocina eléctrica negra. Al lado de esta una alta
nevera color gris plateada. Por otro lado de esta, había un pequeño microonda,
aquella cocina estaba sumamente limpia era de ensueño. Este se dio vuelta
sacándome de allí, llevándome de nuevo a la sala principal, dirigiéndose al
otro lado de aquella sala, abrió de la misma manera la puerta. El hecho de que
no despegara de su teléfono, la vista lo cual me exasperaba. Aunque debía
estar trabajando o hablando con laguna de sus miles de mujeres- MI estudio-
me explico para mostrarme una oficina, especie de despacho personal. Donde
visualice un teléfono de casa, una laptop, una lámpara y mucho papales.
Detrás de aquel estante había una pequeña nevera nueva ejecutiva. Y de los
lados unas pequeñas bibliotecas llenas de libros, mas para decorar que por
leer, había ventanales en aquella oficina. Este se dio vuelta. Y camino hacia las
escaleras, levantando la vista y guardando su teléfono en el bolsillo de su
pantalón. Subimos las escaleras en silencio, aun tenia la mochila en mi
hombro. En aquel pasillo había varias puertas y una al fondo, que fue la que
mas llamo mi atención, la puerta era diferente a las demás era más oscura.- las
cuatro primera puerta son para huéspedes-. Me explico caminando por aquel
pasillo. Algo vacio desolado.
-¿las otras dos y la del fondo?-. Pregunte curiosa y este me miro, señalo las
del lado derechazo.
-Gimnasio y una sala de estar, donde hay un bar, libros y un piano. Las
otras dos, están en remodelación y esa- señalo la última- será tu habitación,
mientras estés aquí-. Anuncio y ambos caminamos hasta allí.
Aquella habitación, era del tamaño de mi casa, me quede boca abierta,
mirando aquella escultura de lugar. Lo primero que observe fue un cuadro
frente a nosotros, donde había una imagen plasmada de una constelación
hermosa de un universo, estrellado con muchos colores, naranjadas, purpura,
azules eléctricos y demás colores hermosos. Estaba por encima de una
inmensa cama King, de sabanas blancas, cabecera lisa negra de madera. A los
lados había unas mesas de dormir, de dos gabetas pequeñas oscuras a juego
con todo. Vi sobre una de las mesas en el lado derecho, un reloj mas unos
audífonos intuí que ese era su lado de la cama voltee a verlo.
-¿Tú y yo en la misma habitación?-. Pregunte mirándolo fijo. Este me miro
de reojo. Soltándome.
-De cada lado hay armarios altos, son de buena madera-. Me explico
ignorando mi pregunta- aquel-. Señalo uno al lado de una ventana grande
tapada por una cortina blanca-. Es el tuyo. El baño-. Señalo otra puerta dentro
de la misma habitación.- hay toallas limpias, champo, perfumes, cremas-. Me
explicaba todo con detenimiento de aquella habitación.
-James....
-cámbiate, es hora de dormir-. Explico quitándose su reloj dejándolo sobre
la mesa.
-Mi ropa, no traje nada-. Explique. Viéndolo sentarse en su cama.
Este se levanto y abrió su armario súper ordenado, sacando una camisa
cuello V larga para mí, me la lanzo.
-Resuelto.
-Pero...- dije y este me miro exasperado sabiendo que estaba dando vueltas
a algo-. ¿dormiremos juntos?, tienes intensiones que me quede todo el mes
aquí, ¿verdad?-. Pregunte seria y nuevamente James me estaba ignorando.
Este se levanto caminando al baño dejándome hablando sola.
Menudo imbécil!
Escuche la ducha del baño y comencé a quitarme la ropa, los zapatos, las
medias, dejándolo doblada sobre un gabetero. Incluso el sostén, era terrible
dormir con ellos puestos, solo en quede en bragas, colocándome la camisa que
me había dado, me detuve en un espejo al lado de un costoso televisor pantalla
plana, al lado de la puerta de salida. Me quite los lentes, soltándome el cabello,
mi vista se quedo eclipsada cuando mire a James salir de aquel baño, con una
toalla en las caderas, algunas gotas de agua caían por su definido cuerpo.
¡Dios bendito!, reprodúcelos así. Tenía el cabello despeinado alto brillante,
liso. Lo mire embobada y este se detuvo mirándome. Ambos cruzamos
mirada y trague saliva desviando la vista sintiendo las mejillas arderme.
-Vaya, lindo sonrojo-. Me musito, mientras me volteaba a verlo de frente
mientras se quitaba la toalla y se colocaba unos bóxer negro. - ¿Te gusta la
vista?
-Si no me gustara no lo viera.- respondí de una- tengo algo que decirte-.
Musite caminando hacia la cama, metiéndome entre las sabanas del lado
izquierdo, observando cómo este apagaba la luz, y se acercaba a mi cama.
-¿Seguirás con las excusas o preguntas ridículas?-. Pregunto metiéndose en
la cama a mi lado. Me erice mirándolo, sintiéndolo aun entre la oscuridad.
Tenía un olor demasiado varonil.
-yo... no duermo de noche-. Explique con voz baja-.creo que necesitare
pastillas-. Le explique y este me volteo aun en la oscuridad al apagar las luces.
La habitación quedo en silencio y oscura. Que incomoda estaba.
-Explícate...
-yo duermo de día, trabajo de noche-. Explique con calma-. No puedo
dormir de noche-. Volví a repetir.
-Ven aquí...- musito entre la oscuridad y me acerque a él, me tense cuando
sus manos una se poso sobre mi pierna y la otra, paso por debajo de mi nuca,
como si fuera una almohada, sintiendo su calor corporal calentarme- el sueño
vendrá... así que cállate y coopera, pelirroja. Mañana me encargare de ese
problema.
Sentí sus brazos enrollados en mí, mientras tenía mi cara en su cuello,
respirando aquel delicioso aroma que tenia, que me embriagaba. Solté un
bostezo luego de un buen rato a oscuras, cansada por el revolcón de unas horas
antes y me sorprendió aquel repentino sueño. Sentí los parpados pesados
haciéndome pestañear varias veces, sintiendo la calmada respiración de James,
sabiendo que ya se había dormido. Hasta que pude coger sueño, luego de
algunas horas. Abandonándome en los brazos de un desconocido.
No sabía que era más extraño.
Haber aceptado semejante petición de un desconocido.
Haber dormido por primera vez con un hombre en una cama y sin
cogérmelo.
Estar en una casa desconocía, viviendo una vida que no era la mía
O lo cómoda que me sentía junto aquel individuo en aquel lugar...
Esto se contaba y no se creía.
No sabía cómo me había metido en tal embrollo, pero si sabía que debía
cerrarme completamente y emocionalmente a un hombre como él.
Sentí algo húmedo entre las piernas haciéndome remover entre las sabanas,
hasta que sentí algo pegarme en la vista, incomodándome haciéndome
restregar los ojos, sentí un prenson que me recorrió el cuerpo y abrí los ojos de
golpe, tenía algo caliente en las caderas, comencé a mover los brazos a varios
lados, hasta que sentí que me los detenían y me percate que estaba soltando
gemidos al aire, un olor a perfume de hombre me golpeo la nariz, abrí los ojos
en par, para toparme con un par de ojos grises y una sonrisa, cautivadora, más
un hombre dentro de mi moviéndose con suavidad, intente cerrar las piernas
pero era inútil. James me tenía adormecida, con su miembro dentro de mí,
cogiéndome sin que me haya percatado tan siquiera, me tenía agarrada por las
muñecas. Lo mire con el corazón desbordado y asustada, quizás porque no lo
había reconocido al principio.
-dios mío...- musite en un susurro, parpadeando varias veces, sintiendo mi
vientre contraerse de placer ante cada suave embestida de James.
-No soy dios, pero puedo ser el tuyo-. Tenía un tono jocoso en la voz,
como si estuviera de buen humor. - ¿Te gusta tu polvo mañanero?-. Pregunto
mientras me daba una fuerte estocada haciéndome gemir alto, negando varias
veces con la cabeza-. ¿Ah no?-. Plaz, otra estocada mas fuerte haciéndome
erguir, solté una risa alta, excitada y complacida, por cómo se movía dentro de
mi.- tendrás que acostumbrarte a estos.
Mi amor con un papacito como usted, hasta seis veces al día, si le daba la
gana oyó, pensé para mis adentros.
Es más te cocino, te lavo y te monto un muchacho... me reí ante mis
propios pensamientos.
-¿Quieres ser mi dios James?-. Pregunte mirándolo fijo y este mordió su
labio un gesto, que me hizo soltar un jadeo y él lo noto-. Plis no hagas eso...
-¿Por qué?-. Pregunto. - ¿Te provoca?-. Mordió nuevamente su labio y
pasó la lengua con desafío por encima de su labio inferior.
-Me provoca lo mismo que te provoca a ti...- musite mordiéndome el labio.
y este gimió, comenzando a moverse aun más rápido dentro de mí,
provocándome arcos de placer, despegando mi espalda de aquella cama.
Dios, este hombre iba a matarme de placer.
-Córrete conmigo-. Musito James, mirándome fijo, dándome a entender
que tenía ganas de correrse. Asentí porque el sabia que sabia correrme cuando
quería o me lo pedían, cerré los ojos, pegando mi boca de la suya, sin
importarme que acababa de levantarme besándolo, mientras mis manos
aterrizaban sobre su espalda rasguñándolo, tensándome para luego
estremecerse contra sus caderas, corriéndome al mismo tiempo que este daba
una última estocada y me llenaba por dentro de sus semen. Para caer tumbado
sobre mí. Ambos con la respiración echa un caos.
Loreen Diurna activa.
-Buenos días, James...- musite amable restregándome los ojos. Con flojera
soltando un largo bostezo, mientras sentía su respiración en mi cuello,
cosquilleándome el cuerpo. Este alzo su cara mirándome fijo, me detallo con
suma cautela y pensé que me veía sumamente destruida. Este me miro para
alejarse de mí, levantándose, mientras salía de mi interior y yo me quejaba por
la lejanía, se quedo unos segundos levantándose, mientras se me enrojecían las
mejillas, viendo como me escaneaba con la mirada.
-No sabía que tenías instintos de camaleón-. Murmuro mirándome, alce
una ceja frunciendo el ceño sin entenderlo. - hoy tienes los ojos color casi
amarillo-. Explico ante mi cara de confusión y abrí la boca algo sorprendida,
jamás nadie se había percatado de ello, a menos que fuera mi madre o Jess y
era natural, no tenía vida diurna. Nadie conocía a la Loreen diurna, la nocturna
predominaba mi vida y si.... hablaba de ambos como si vivieran dentro de mí y
es porque eran así. - buenos días Loreen. - dijo con seriedad, dándose vuelta
caminando hacia el baño, ignore completamente su comentario y cuando este
entro al baño, me enrolle en las sabanas, percatándome que no tenía ni las
bragas, solo la camisa que me había dado, me tape la cabeza mientras
conciliaba nuevamente el sueño, cuando sentí un par de manos sobre mis pies
y me jalaban la sabana. Me removió mal humorada, negando.
-Yo duermo de día-. Explique frustrada.
-Lo hacías, ahora levántate.- escuche la voz mandona y seria de James, me
quite la sabana mirándolo con cara de pocos amigos y este me miro con las
manos en sus caderas, sumamente atractivo. Pero muy mal humorado y serio.
Nosotros no pegábamos ni con pega loca, nuestras personalidades no
encajaban, ni concordaban, soportármelo un mes seria una tarea titánica.
Negué con la cabeza y este abrió los ojos-. ¿Estás negándote?-. Me pregunto
desafiante- ¿Recuerdas lo que sucede cuando provocas que te castigue?-. Lo
mire atónita y lleve las manos a mis nalgas, aquel gesto debió ser tan cómico,
que lo vi luchar para no reírse mientras me sobaba las nalgas, que ya ni me
dolían.
-Vengan, voy a estar todo el jodido día durmiéndome....
-¡Esa boca!-. Regaño haciéndome reír suave, recostando la cabeza de la
almohada, mirándolo fijo. - estarás tan ocupada, que no te dará sueño. Me
encargare de eso. - soltó. Tuve que bufar. Levantándome estirándome y
buscando mi ropa. Necesitaba ir a mi casa a buscar mi ropa, mas pastillas
entre otros…
Al levantarme, camine hasta el baño, restregándome la vista. Cuando abrí
la puerta y alce la vista me quede estupefacta. El baño era de una cerámica
extraña como color melón, frente a mí, me tope con un espejo de pared a pared
y una grifería y lavamanos, plateados, brillante. Fuera quien fuera que
limpiaba esta casa y le sacaba el brillo, le echaba muchas ganas. En una
esquina estaba en lavamanos, era grande de forma redonda, bañado en ese
color metal tan lindo, el piso tenia anti resbalante así que era de una cerámica
distinta al de las paredes pero si del mismo color. Al lado del baño había un
gabetero aéreo de la misma madera que otras partes de la casa de color oscuro
y bajo este en el mesón que formaba parte del lavamanos, había cremas,
cepillos sin sacar de su empaque, jabones, líquidos. Aun lado de esto, en un
pequeño tubo de metal, habían varias toallas bien dobladas y limpias. Al
fondo del mismo baño, vi dos cosas que me dejaron sorprendida. Lo que más
llamo mi atención, fue una especie de bañera que burbujeaba. De color
redondo, era como un bold de vidrio gigante, sostenido por varias cerámicas
en la base y unos tubos de metal de los lados. Era un pequeño jacuzzi. Al lado
de este vi unas puertas corredizas, donde pude ver el baño, en una esquina
muy disimulado, vi el inodoro, de cerámica negra. En verdad a este tipo le
gustaban los lujos, parecía el baño de un hotel carísimo del centro.
Volvía a recapacitarlo, los lujos no eran lo mío.
Me devolví al lavamanos, donde tome uno de los cepillos sabiendo que la
puerta estaba entre abierta y escuchaba a James hablando por teléfono con
alguien. Destape el cepillo y lo llene de crema, para llevarlo a mi boca
cepillándome los dientes con rapidez y con la otra mano tomaba una toallita
húmeda que vi de un paquete allí, y lo pase entre mis piernas, quitándome todo
rastro de James, de encima de mí. Aunque aun tenía su olor en el olfato y la
piel como si no se desprendiera. Una vez pasándome las manos, el contacto
frio y caliente me hizo estremecer, excitándome y solté una leve risa negando,
tirando aquella toallita en la papelera.
Vamos Loreen, contrólate. Necesitaba mis pastillas. Cuando termine de
cepillarme y volví a alzar la vista, me tome el cabello en un moño y confirme
lo que James me había dicho. Loreen diurna estaba dando rastro de aparecer y
una de las características de demostrarlo era el cambio de mi color de ojos,
ahora estaba siendo un tono amarillentos, como más claro que un miel. Tan
similar a una gata.
Me eche agua en el rostro y tome una toalla secándome la cara, tomando
una bocanada de agua, comenzaba a dolerme la cabeza. ¡Necesitaba las putas
patillas! Al salir me vestí rápido, percatándome que James no estaba y cuando
me di cuenta de ello, me abalance sobre mi bolso, sacando de allí un pequeño
estuche morado, el estuche más necesario que tenia. De allí saque un par de
pastillas, es sus estuches, sacando cuatro pastillas y tomándomelas de golpe
sin agua, rápidamente y guardando con rapidez nuevamente el estuche en el
bolso, colocándomelo encima y al terminar de amarrarme los botines bajar, las
escaleras, hasta escuchar sonido en la cocina. Al entrar me quede fría cuando
mire a una señora algo mayor, que cocinaba de espaldas a mí, James alzo su
vista mirándome con una taza humeante en sus manos. Camine hacia él y me
acerque lentamente, sentándome a su lado.
-¿Qué has hecho con mis sostenes y bragas?-. Reclame cuando me di
cuenta que tendría que ponerme mi suéter y licra sin nada abajo. Este se
encogió de hombros y lo mire con cara de querer matarlo- no es divertido. -
me queje susurrándole.
-Buenos días-. Escuche una voz femenina y voltee a ver a la señora que me
sonreía con amabilidad. - que hermosos ojos verdes tienes-. Anuncio y supe
que las pastillas ya habían hecho su efecto, la mirada de James cayó sobre mí
nuevamente detallándome.
-Buenos días, muchas gracias-. Dije devolviéndole la sonrisa.
-Sra. Thomsonp, ella es Loreen -. nos presento-. Loreen ella es la Sra.
Thomsonp, se encarga de los desayunos y almuerzos. No está mucho tiempo
aquí, así que aprovéchala cuando la tengas aquí.
¿La tenga aquí?, ni que esta fuera casa mía.
-Un placer mi niña...- aquello me recordó a mi madre y abrí los ojos, no la
había llamado. Me mataría.- ¿Deseas comer algo?-. Me pregunto y negué.
-si.- salto James y lo mire fijo-. Prepárale una taza de café.
-No tomo café.- solté sin más, este vio que me le estaba poniendo arisca.
-Chocolate caliente entonces. Mas unas panquecas- demando. Y lo mire
negando. Este tipo era muy controlador.
-Si señor-soltó aquella mujer dándonos la espalda.
Luego de aquel desayuno que fue en silencio, este me hizo montarme en
un deportivo hermoso gris, de dos asientos, de esos autos que se veían en
revistas caras, sino me equivocaba era un porsche. De un color gris
metalizado, una vez adentro me demando a ponerme el asiento.
-¿A dónde vamos?-. Le pregunte cuando este arranco y me aferre al asiento
con mi vida.
-Ya lo sabrás-. Soltó conduciendo y mire como se abrían aquellos portones.
-Dios mío...- solté cerrando los ojos.
-¿Qué pasa?-. Me pregunto cuándo tomo la carretera a la ciudad.
-¡Baja la velocidad!-. Chille-. Conduces como si nos persiguiera la policía.
-¿No te gusta la velocidad?- voltee a verlo esa pregunta tenía una doble
intensión.
-Me gusta la velocidad si me aseguran mi vida a salvo.- musite intentando
relajarme.
-jamás te pondría en peligro, pelirroja. Te necesito viva este mes-. Admitió
serio y aquello me hizo reír alto. Algo que se que no pudo entender.
-Necesito ir a mi casa- le anuncie y este apretó los nudillos contra el
volante como si aquel comentario le desagradara. ¿Por qué ha de molestarle?,
este se detuvo cuando el trafico de la ciudad apareció y di gracias a dios... por
primera vez al tráfico. Escuche un teléfono sonar y mis músculos se tensaron
al oír la melodía, James volteo a verme mientras se colocaba unos lentes
ocultando de mi, sus hermosos ojos grises, este día tenía un saco gris, que
hacia juego con sus pantalones de vestir grises, mas una camisa negra debajo
de esta sin corbata, mas reloj de oro, llamativo y el cabello algo despeinado, la
chiva aun baja. Se veía espectacular, elegante y muy rico.
Busque el teléfono en mi bolso y saque el de trabajo. Trague saliva, cuando
mire el número de Dalia.
-Ponle altavoz-. Me demando con seriedad y voltee a verlo.
-¡No¡ ¿Qué te pasa?-. Solté atacada y conteste llevándolo a mi oreja. Este
me miro y vi como su mandíbula se tensaba.- Dalia...- musite contestando y la
cola comenzaba a avanzar cuando escucho el nombre se orillo de golpe a una
esquina balanceándose sobre mi mientras me le escabullía. - Basta...- le grite
con ira y este me ignoraba.
-Dámelo...- ordeno, con voz alta, casi atacado.
-¡¿Ese es el diablo?!-. Grito Dalia contra el teléfono. Que buen oído, vaya,
vaya conocía bien esa voz. Pero este tipo tenía una voz única masculina. -
¿Qué haces con diablo?, tenemos que vernos. Quiero que me cuentes....-
apenas podía escucharla mientras tenía un hombre de dos metros, de hombros
anchos, un monstruo sobre mí, con cara muy molesta. Exigiéndome mi
teléfono. - estaré en el Dusth Nigth esta noche nos vemos allí.
-¡El teléfono!-. Me grito asustándome y le di el teléfono aun sin haberle
cortado a Dalia, este bajo la ventana del auto y aun con el auto prendido.
Arranco, metiéndose de nuevo en el trafico con mi teléfono en mano, estaba
helada, ese hombre era una tormenta, cuando salimos del trafico que entramos
en la autopista este, lanzo mi teléfono por la ventanilla abrí los ojos como
platos, atacándome.
-Pero... ¡¿Que carajos te pasa?!-. Le grite echa una fiera volteando
despidiéndome de mi teléfono, seguramente destrozado- ¡Te has vuelto loco!,
no puedes hacer eso.
-¿Ah no?, quien va a impedírmelo. ¿Tu?-. Soltó mal humorado y respire
hondo, molesta. Molesta como no lo había estado en meses, diría que en años.
- No trabajo, eres mía este mes. Sé que Dalia es clienta tuya. Diría que la única
fija ¿No?-. Aquello sonaba tan chocante y tan celopata que tuve que
percatarme que este hombre no solo era controlador, dominante si no celopata,
y no porque yo le importara, sino porque me veía como su objeto sexual. Abrí
la boca sin poder creérmelo.
-Estas pasando sobre mí. Lo sabes ¿No?-. Gruñí mientras este conducía
mirando al frente.
-Loreen yo paso por encima de todo el mundo-. Confeso y tome un gran
respiro. Maldito bastardo. - así que o te acoplas o te acoplo- lo mire atacada
cuando vi que entro en las calles de la ciudad.
-Parad el auto-. Musite con severidad, este soltó una risa.- que pares el
maldito auto James, o me lanzo del carro-. Al oír eso dejo de reír y me miro
serio.
-No serias capaz-. Al oírlo y verlo dudar, sonreí. Abriendo la puerta del
auto y este se detuvo de golpe en medio de la calle, escuchando los claxon de
los autos atrás de nosotros. Valía madres. Alce una ceja. Cuando el auto se
detuvo me baje obstinada, de aquel auto, caminando por la calle, escuchando
como se bajaba y me llamaba a gritos, muy mal humorado, pero no tanto como
yo. Me había destrozado el teléfono, el muy maldito. Menos mal que no saque
el personal, se lo hubiera comido. Menudo tipazo, como pude me le escurrí
entre la gente, porque sé que seguramente había estacionado su auto,
bajándose a buscarme, para llevarme con él, como un troglodita.
**
Dusth Nigth.... Dusth Nigth...
Por el resto de la tarde, estuve dando vueltas en la sala de mi casa, con la
luz apagada, en la entrada mire una camioneta negra, aparcada, seguramente
me había mandado a buscar, pero al ver que todo estaba oscuro pensaron que
no estaba en casa, no había dormido absolutamente nada, así que tenia
sumamente sueño. Estaba lista, nerviosa esperando en la parte de atrás a mi
taxista, que llegaría en la entrada trasera de la casa, eso sí que no lo sabía
James ¡Bang!, punto para mí. Escuche una bocina sonar y tome mi cartera,
grande. De regreso a casa, me compre las pastillas del día después, más
pastillas anticonceptivas. No quería ver a James de nuevo, pero trato era trato
vendría por mí en cualquier momento y tan arrepentida no estaba, pero su
pequeños ataques de amo, me enervaban. Camine a la salida trasera y sonreí
cuando aquel taxista al verme entrar me miro con la boca abierta.
Si esta noche me había botado con mi pinta... definitivamente. Este
carraspeo varias veces haciéndome reír alto.
-señora, hoy esta....- musito seria.
-¿Me veo bien?-. Pregunto cuándo arranco.
-¿Es en serio?-. Pregunto y negó riendo.
-Oye...- dije cuando me dejo frente a un elegante lugar de escaleras, donde
entraba gente con mascaras, antifaces pequeños grandes, muy elegante. Mire a
mi taxista- de ahora en adelante vendrás solo cuando te llame. ¿Vale? Igual
cuando debas pasar por casa.- este me miro confundido pero asintió. Antes de
bajarme vi varias cosas.
La primera, Dalia tenía un jodido vestido, blanco, ceñido a su cuerpo de
topless, realzando sus piernas y sus senos, tenía el cabello alborotado, la
reconocí aun ante el antifaz. Dios mío, se veía, divina. ¡Santo dios!, esta me
estaba esperando lo sabía, estaba acompañada de tres mujeres mas y un
caballero, el caballero, era de tez clara, alto, vestido de smoking con un
antifaz, de hombros anchos estaba en la entrada más arriba de las escaleras. La
segunda fue que ya no quería bajarme del auto, cuando vi en la entrada
acompañada de tres mujeres, aun hombre vestido de blanco completamente,
saco, pantalón, zapato, camisa, pero con una solapa de color roja. Trague
saliva. Lo reconocería de aquí a la china. El Diablo estaba en la entrada muy
bien acompañado, esperando por mí. Sé que estaba allí porque de alguna
manera supo que Dalia me había citado allí. Tome un suspiro, James creía que
era el amo, que era la merma...
Le daría una cucharada de su propia medicina, en mi terreno, con mis
reglas y en mi juego.
Al bajarme, sentí muchos ojos sobre mí...
-joder... mi ama-.soltó alto sin disimular Dalia, divertida, como siempre.
varias personas en la entrada voltearon a verme. Empieza el juego.
Tenía un enorme antifaz, de plumas, negro con dorado, el cabello suelto,
sumamente alborotado en grandes bucles que me daba un aspecto muy leona.
Que sobresaltaban por mis hombros. Mas un fuerte maquillaje que resaltaban
mis ojos, y labial sumamente rojo. Tenía al juego con mi antifaz. Un vestido
color negro, de tirantes en los hombros, delgados. Ceñido a la cadera de encaje
negro con dorado, con un escote pronunciado en la parte delante que hacían
resaltar mis senos, escote en forma de V hasta mi diafragma, sin sostén por
supuesto, en las caderas el vestido caía en seda, suave, tenía dos aberturas, en
cada pierna alta, como las de aquellos vestido chinos, que mostraban al
caminar mis piernas y parte de los laterales de mi cadera. En conclusión el
jodido vestido era malditamente elegante pero gritaba algo así como: No tengo
sostenes ni bragas, soy sexy.
Camine con cartera en mano subiendo las escaleras hasta la entrada donde
Dalia, sabiendo que tenía la mirada de James encima. ¡Vacílate perra!, ya
veras... quien es el amo esta noche. Dalia me miro de arriba abajo y pase una
mano por su cuello, dándole un beso de media luna en sus labios, para pasar
un dedo quitando lo machado de mi labial en sus labios.
-Buenas noches...- musite con voz amable y seductora. Divertida, si
pudieran verme mi yo interior estaba tirándose al piso riendo sin parar. -
Dalia...- dije mirándola fijo como si fuera mi presa.
-Vaya... Vaya... esta noche es de titanes-. Escuche una voz femenina salir
por la puerta principal y deslumbre una mujer alta de cabellos rubios, largos,
con un antifaz, morado muy al compás de su vestido largo de gala, aunque
resaltaban sus enormes senos, era una mujer que desprendía elegancia,
sensualidad, imponencia. Me quede unos segundos admirándola. Esta estiro su
mano hacia mi- Por fin conozco en persona a la reina de las amas de esta
ciudad. Pelirroja-. Musito sonriente, tome su mano dejando un corto beso en
sus nudillos, está bajo la mano y volteo hacia el otro lado- y por supuesto,
también el Amo, de los amos Diablo...- dijo señalando aquel hombre vestido
de blanco que le sonrió y se acerco a nosotras mientras yo me tensaba y Dalia
entendía la razón. Esta tarde estaba luchando con él mientras hablaba con ella
por teléfono. - Me llaman la viuda negra.- asentí y evite una risa al pensar en
porque el apodo.
-Buenas noches-. Musito James con severidad mirando a ambas y sonrió.
¡Puta sonrisa!, la mujer al lado mío se estremeció y yo disimule, con
severidad. Calmando la diversión y excitación que tenía.
-Jamás pensé verlos juntos-. Admitió ella y al parecer había escuchado
mucho de mí. Y a él, ya lo conocía. - será una maravillosa velada. - admitió
ella y asentí. Varias veces.
-Si me disculpan, mis acompañantes me esperan. Un placer dama-. Mi
vista cruzo con la de James-. Un placer caballero.
-Amo...- dijo este sonriéndome cuando sabia que quería arrancarme la piel
a tiras, por dejarlo hoy y huir.
-Ama...- dije con severidad rodándole los ojos, dándome vuelta. Para
caminar a Dalia, quien más que verme con excitación me veía con cara de :
“cuéntamelo todo”
-así que tú eres el ama-. Musito aquel hombre, llamando mi atención.
-Eso dicen las malas lenguas-. Admití mirándolo. - ¿Estas tres bellezas
quiénes son?- pregunte mirando a aquellas chicas, de rasgos similares, cabello
marrones, delgadas, narices perfiladas, muslos delgados, más parecidas a
modelos de pasarela mire a Dalia-. No sabía que te gustaban las hermanitas...-
admití con diversión y Dalia soltó una risa alta cuando aquellas tres chicas
abrieron sus bocas sorprendidas.
-Se los dije, a ella no se le escapa nada-. Murmuro bajo. - ¿Entramos?,
tenemos un tema pendiente.
Al oírlo reí divertida, cuando mire de reojo a James pasar, con sus tres
mujeres, una rubia, una pelinegra y otra castaña, hacia la entrada de aquel
lugar, cuando me dirigí con los demás dentro, era un salón, muy elegante, me
percate que cerraron la puerta cuando entramos y supe que era una fiesta muy
VIP, no solo eso, hoy era noche de juegos... algo que no me agradaba lo
público como había dicho antes me aburría, aunque hoy quizás entraría al
juego, solo por molestar aun mas a James.
Habían mesas grandes, redondas con elegantes delantales blancos, con
detalles dorados bordados, de seis sillas, había por todo el salón, una pista en
el medio de aquel salón y meseros que iban y venían. Dalia me guio hasta una
mesa que intuí que era la suya, donde nos sentamos, exactamente seis
personas, entre las hermanas, el chico y Dalia. Un mesero apareció frente a
nosotras ofreciéndonos unas bebidas de color rosa dejándolas sobre la mesa,
mire la bebida y cuando Dalia, la fue a tomar, la detuve, negándole. La bebida
burbujeaba más de lo que debía y supuse lo natural. Había popper en ellas esta
me miro y luego la bebida y la bajo, aunque tarde porque las tres hermanas y
el chico se la estaban empinando como varias personas en aquella sala y al
buscar con la mirada a James, este estaba rechazando en su mesa aquella
bebida y evitando tomársela, pero no sus acompañantes que si estaban
tragándose todo el liquido. Este volteo a verme y cuando paso un mesero, le
deje mi bebida y la de Dalia en su bandeja este me miro confundido.
-Tráenos champan...- ordene y este asintió- eso sí, la destapas aquí...- le
demande y este volvió a asentir.
-¿Crees que tiene nuevamente....- me susurro bajo y asentí.
-Popper, te he dicho que tengas cuidados a los lugares que asistes y las
personas. Ya te paso una vez, no puedes confiarte.- la regañe y está bajo la
cabeza.- más de una de estas chicas terminara en algún lugar donde no
recuerden, harán cosas que en su vida querrán hacer solo por el nivel de droga
que tienen encima. No es un juego Dalia, debes cuidarte.- musite seria. - hay
un fina línea entre el peligro y el sexo consensuado.
-Lo sé...- anuncio esta y miro hacia la mesa donde estaba James y luego a
mi.- ahora cuéntame...- rodee los ojos cuando esta dijo aquello. Hablábamos
entre las dos cuchicheando muy baja, mire al mesero detenerse en nuestra
mesa y destapar la botella de champán aquellas hermanas dieron un grito de
júbilo, meciéndose en su silla y note que el popper empezaba hacer efecto en
sus cuerpos. Quería irme de allí, es mas quería sacar a Dalia y a James, pero
James sabia cuidarse muy bien las espaldas. Y en el caso de Dalia, el amo
siempre debía cuidar de sus sumisas, sean quienes sean, así sean libertinas y
no sean solo tuyas.
-¿Qué quieres saber exactamente?-. Pregunte mirándola de reojo, tomando
una de las copas, de champán y tomando de ella- deja la botella aquí-. Le
anuncie al mesonero que se había percatado que me estaba cuidando de sus
bebidas. Este dejo la botella en medio de la mesa.
-¿Se acostaron?-. Pregunto y asentí-. Yupiii.-. Grito levantándose y
llamando la atención, me toco tomarla del brazo y sentarla de nuevo- lo siento,
se me subió la emoción. Ese hombre es un dios, ¿Qué tal fue?
-Coge como un dios eso si no es mentira-. Tuve que admitir.
-¿Repetirás?, tu nunca repites...- admitió haciendo un puchero.
-Si no lo hiciera, no estuvieras aquí contigo- murmure mirándola.
-Soy especial, fui tu primer cliente, me amas....- dijo con egocentrismo. Lo
que Dalia no sabía era que de alguna manera le había cogido algo de cariño, de
estima. No de manera sexual sino más amistad, la veía como alguien a quien
cuidar y proteger.
-Amor no es una palabra en mi diccionario, pequeña-. Susurre contra su
oído viéndola estremecerse y soltando una risa.
El sonido de un micrófono nos importuno en nuestra conversación,
haciéndonos voltear al medio de la pista donde aparecía un hombre sentado
como en un trono, con tres mujeres encadenadas por el cuello, muy al estilo
sumisa esclava, detrás de su silla en el suelo. Algo moreteadas y delgadas
como si pasaran hambre.Casi famélicas.
-Buenas noches-. Aquel hombre sentado en aquella silla era algo gordo, de
barba larga, vestido de traje negro, con muchos anillos de oro en sus dedos, y
cadena igual de oro, se le notaba a leguas, la plata. Tenía dos guardaespaldas
tras el mismo-. Bienvenidos al Dusth Nigth, como muchos sabrán este es un
evento que se hace tres veces por año, en distintos lugares del planeta, este
año le toco a esta hermosa ciudad. Donde hemos conseguido muchos amos,
sumisas, deseosos y llenos de pasión-. Hablaba como si aquello fuera una
ceremonia- las mesas donde están sentados, están reforzadas, así que amos,
pueden subir a sus sumisas allí, esposos pueden subir a sus esposas allí, o
sus.... amantes-. Ante aquello la sala rompió en risas- pueden desnudarse, no
cámaras, no teléfonos. Sexo, seguro y consensuado-. Musito el muy hipócrita
que tenía tres chicas entre sus piernas, mas drogadas que buenas y sanas. Al
concluir todos aplaudieron menos yo. No aplaudía hipócritas no era mi estilo.
En ese segundo, la sala estallo, mujeres se balancearon sobre hombres,
besándolos, tocándolos, mas llevadas por el popper que por la pasión, las tres
chicas a mi lado se balancearon sobre aquel chico, que las tomo en sus brazos
y estas como pulpos le metían las manos a todos lados. Dalia me miro quizás
mi mala expresión le dio a entender que quería irme de aquel lugar. La gente
drogada era desenfrenada, el desenfreno era peligroso. Aquel hombre volteo a
verme y me levante de la silla tomando de la mano a Dalia.
-¿Bailamos?-. Le pregunte al ver su rostro asustado por tan brusco cambio
de un lugar tan elegante a una orgia explosiva, esta asintió varias veces
asustada y me tomo la mano. La tenia fría, temblando. Pobrecita. Al levantarla
y voltearme a la pista, habían varias chicas bailándole desnudas a aquel
hombre, ¿Cuando se habían quitado la ropa?, carajos ¿Donde me había metido
Dalia?, a ¿James le gustaba esto lugares?, dios bendito... una cosa era un
reservado, una orgia, otra ver gente tan desesperada por saciar las ganas. Más
cuando les metían popper sin que dieran sus consentimientos o se enteraran.
Camine entre algunas mesas, donde la gente se comenzaba a desnudar, busque
con la mirada a James, pero no lo vi por ningún lado.
Una vez en la pista, pase una mano por la cadera de Dalia y la otra por
detrás de su nuca alborotando su cabello pegando su cuerpo al mío. Mientras
comenzaba a mover las caderas de un lado a otro.
-Pelirroja....
-estas temblando...- le musite en un susurro al oído-. ¿Quieres que te saque
de aquí?-. Le pregunte mientras bailábamos una canción desconocida. Y esta
temblaba en mis brazos. Literalmente el ambiente se había tornado turbio. Esta
asintió. Escuchamos unas cadenas sonar y miramos aun bailando como aquel
hombre, jalaba a sus sumisas que lo besaban hacia él, me quede petrificada al
detallar a las chicas. Sentí un nudo en el estomago y como tragaba saliva...
-nos vamos-. Escuche una voz masculina a nuestras espalda y supe que era
James.
-Ella...- susurre bajo llamando la atención de James y Dalia.
Entre las tres chicas que tenia aquel hombre una llamo mi atención, quizás
por su delgado cuerpo, su cabello amarillo o esos hermosos ojos azules que
había visto antes que ahora estaban apagados. Tenía marcas como si la
hubieran azotado con una fusta pero no por placer sino para herirla, sentí un
calor recorrerme el cuello, hervirme la sangre. La ira apoderarse de mi cuerpo
y como las dos Loreen que tenia se salvajeaban, estaba a punto de tirarme
encima de aquel hombre, pero de alguna manera mi instinto me advirtió no
hacerlo.
-¿Qué pasa?-. Me pregunto Dalia y me aleja de ellos dos caminando hacia
aquel hombre que alzo su vista cuando me vio, de pie frente a él.
-Oh...- dijo tirando a un lado a esas chicas como trapos sucios, creyendo
que me iría sobre él. ¡Cerdo!, en sus sueños. - ese color de cabello, esos
ojos.... tú debes ser la tan famosa ama. ¿Cierto?-. Me pregunto y aun con la
rabia le hice un gesto de reverencia- ¿Vienes a divertirte un poco?-. Sentí
como se acercaba dos personas tras de mí y supe que era James y Dalia.
-Mi lord-. Dije tragándome mi jodido orgullo.- la quiero a ella. ¿Me daría
el placer?-. Señale a la más golpeada de sus sumisas y este volteo a verla.
Negando.
-Me encantaría pelirroja, pero es la mejor de mis chicas. No puedo
regalarla.- admitió ella.
-¿Y venderla?-. Pregunte rápidamente. Este alzo una ceja sonriendo.
-Esa idea me gusta...- admitió tosiendo asquerosamente. Me voltee
mirando a James, quien aun ante su antifaz, me miraba con seriedad, pose las
manos en su pecho.
-Cómpramela...- dije sin importarme que hay estuviera Dalia, me estaba
humillando nivel dios.- hare lo que me pidas, no me iré mas.... seré tu sumisa
si eso te complace...- ante aquello James, sonrió triunfoso. Alce la vista. Pero
no significaba que iba a complacerme.
-Sabes que me debes la de esta mañana. ¿No?-. Me pregunto. Y di un paso
atrás llena de ira sabiendo que me estaba literalmente diciendo que no. Este lo
noto.
-Intercambio...- dije cuando no vi mas opción, aquel hombre sonrió de
oreja a oreja. - yo por la chica...- Dalia fue la primera en quejarse.
-¡No!-. Salto James serio tomándome del codo, empujándome hacia atrás-.
Lord yo te comprare a la sumisa.
-Me gusta más la idea del cambio-. Admitió este y vi como James apretaba
la mandíbula, estresado.
-No. esta ama, es Mía y nadie me la toca-. Dijo con imponencia haciendo
retroceder aquel hombre que carraspeo y sus guardias se miraron fijo. Como si
temieran de James.- véndemela. Dame un precio.
-Bueno, te doy a la chica si tu ama me da un beso.
-Hecho-. Salte antes que James dijera o se negara.
James me clavo los dedos en el codo haciéndome doblar, de dolor. Se
volteo mirándome con los ojos llenos de ira.
-Estas me las vas a pagar.- anuncio haciéndome temblar y realmente podía
entender su furia.
¡Asco!, no lo había pensado.
Bueno, mirémoslo como si fuera trabajo. A veces era bueno otras veces
asqueroso. James no quería soltarme, no quería darme. Lo mire manoteándolo
y este paso las manos por su cabello frustrado. La situación había dado un giro
de 360°.
Este le soltó la cadena a la rubia y mire a Dalia quien la tomo en sus
brazos.
-Uno de esos que dicen que robas el aliento-. Soltó cerca de mi cara con el
aliento apestoso a licor. Trague saliva, quería vomitar y tenia al toro de James
atrás mío.
Acerque mis labios a sus labios ásperos, rotos, mientras mis labios tocaban
los suyos, mientras este abría paso por mi boca metiéndome la lengua y
encontrándose con la mía, sentía una ahorcada y aun así, hice mi trabajo mi
boca cayó sobre la de él, devorándolo hasta escucharlo soltar un gemidos
gutural descubriendo además que el sabor a popper en su boca no era normal,
sentí un par de dedos clavarse en mis brazo despegándome de aquel hombre-
-suficiente. - soltó James, hecho un ogro y asustando incluso aquel
hombre, quien me sonrió lamiéndose los labios, provocándome una arcada que
supe disimular.
-Tu fama te precede...- murmuro mientras James se daba la vuelta y me
sacaba allí arrastras, cuando pasamos por muestra mesa tome la botella de
licor, y vi a Dalia que atraía a la chica que apenas podía caminar.
Cuando salimos, bajamos las escaleras a trompicones, mientras yo me metí
a golpe la botella de champán intentando borrar el sabor de aquel asqueroso
hombre. Con las ganas de vomitar terrible. Este cuando llegamos frente a su
auto el porsche que reconocí en seguida. Este me tiro contra el coche
golpeándome la espalda soltándome lo mire sorprendida, me acababa de
zumbar contra la puerta de su coche. James caminaba de un lado a otro como
desquiciado asustándome. Este pasaba la mano por su cabello una y otra vez y
se quitaba la máscara, tirándola a un lado. Estaba muy, muy molesto. Nivel
dios. Y no entendí porque tan molesto. Bien entendía que había roto parte de
nuestro trato pero no era como para exasperarse así. Parecía un lunático. Dalia
nos alcanzo y dejo caer a la chica sentada en la acera.
-Ahora resulta que te gusta el trato de blancas... - soltó sarcástico James y
despegue mi espalda del auto.
-Pelirroja, ¿Que ha sido eso?, no necesitas comprar una mujer-. Soltó Dalia
y rodé los ojos.
Me acerque a aquella chica quitándole la máscara, para ver nuevamente
ese hermoso. Sus ojos azules cruzaron con los míos. Asustados y supuse el
terror de su mirada.
-Dalia llévatela contigo, mañana pasare buscándola...- dije con severidad-.
Vete ahora. - esta asintió sin preguntar mas y la ayudo a levantarse
llevándosela, la vi detener un taxi y llevársela. Soltando un suspiro.
Al voltear a ver, tenía un hombre de dos metros, con instinto asesino, como
un ogro. Mirándome fijo con los ojos inyectados de ira, ya con esta era la
segunda falta.
-Súbete al maldito carro. Loreen.- dijo arrancándome el antifaz
lastimándome. No dude dos segundos y me monte en el auto aun con la botella
en mano terminando de tomármela y abriendo la puerta del auto dejando la
botella en el suelo, enjuagándome la boca. Una vez allí este encendió el auto
y acelero a toda hostia por las calles volando, quizás la manera en como
tomaba con ira el auto, era mínima, a como lo presionaba sus nudillos estaban
blancos de la presión. Estaba en silencio todo el camino se que se dirigía a la
mansión Aragón. Trague saliva, ni imaginando lo que me haría. Estaba
demasiado encolerizado. En medio del camino cuando los portones de su
mansión se abrieron y paso el carro se detuvo en medio del aquel inmenso
sendero entre los bosques, apagando el auto, las luces, no se oía ni un alma.
Todo estaba a oscuras.- Bájate del auto...
-pero...- hacia frio afuera y estaba todo oscuro y solo, solo se oían los
arboles.
-¡Bájate!-. Me grito haciéndome saltar de mi asiento, abrí la puerta,
saliéndome del auto.
Todo estaba oscuro hasta los faroles del auto apagados, me abrace mi
misma, por el terrible frio que hacía, sentía como se me hundía los tacones de
punta fina en la tierra algo húmeda y bufe. ¿Ahora qué?, ¿Me haría caminar
hasta la casa con este frio?, menuda mierda.
-Tengo frio...- me queje en voz baja abrazándome. Escuche la puerta del
conductor sonar y vi entre la sombra la silueta alta de James, caminar hacia
mí, deteniéndose frente a mí, tenía el pecho acelerado, quizás por la ira.
-Recuéstate del capo del auto-. Me mando y lo mire con los ojos abiertos.
Di un paso atrás y este supo que huiría, me tomo de las muñecas con sus
manos deteniéndome, trague saliva. Este camino tironeándome hasta el capo
del auto, donde me coloco doblándome, como me había colocado una primera
vez contra la mesa en mi casa. Solo que esta vez, me coloco las manos contra
el capo, dándole la espalda-. Contaras cada uno -. al oír aquello solté un
chillido de queja, me nalguearía. Odiaba que me azotaran, yo era la que
azotaba.- si quitas las manos del capo, te daré el doble. ¿Entendido?
-James...- susurre tenia la mano pesada.
-Shh... ¿Entendiste?-. Pregunto y asentí varias veces con la cabeza.
-si...
-¿Si qué?-. Pregunto y negué con la cabeza. Sentí como me levantaba el
vestido hasta más arriba de mis nalgas, percatándose que no tenia bragas, si
aja, el vestido sexoso, no me estaba ayudando como creía, paso una mano por
mis nalgas peladas y me tomo de las caderas, doblándome haciendo que
pegara las caderas del frio capo, las piernas y los pechos con las manos
estiradas, por todo el jodido capo. Doblada contra el auto, con el culo
descubierto para él, este me abrió las piernas, con su pie, las piernas me
temblaban por los altos tacones. ¡Plaz!- cuenta.- me ordeno.
-Uno...- dije cuando apreté los dientes y sentí su mano chocar con mi
nalga, haciéndome saltar y rozar la vagina del jodido capo del auto frio. ¡Plaz,
Plaz, Plaz, Plaz!- dos, tres, cuatro, cinco.- chille comenzando a moverme
inquieta y este me puso una mano en la cadera, tocándome el clítoris,
haciéndome gemir abriendo los ojos.
-Estas mojadita-. Murmuro y me maldije, mejor dicho maldije mi cuerpo.
Por tener esas reacciones y no era por el dolor era porque él me estaba
tocando. !Plaz, Plaz¡
-Seis, siete...- dije apretando los dientes.
-Son veinte-. Dijo y voltee mi cara mirándolo aunque no podía verlo por lo
oscuro, me removí, no aguantaría veinte.
-¿Veinte?-. Dije atacada. !Plaz, Plaz, Plaz¡. Grite alto cuando me dio
aquellas tres que me dolieron, que me escocían, que me picaban me ardían. -
yo....- susurre delirando por unos segundos de excitación y dolor. ¡Plaz!
-Cuenta...- me gruñido.
-yo....- volví a repetir con la voz quebrada, no quería llorar pero las ganas
¡me estaban carcomiendo... ¡Plaz, Plaz, Plaz! Tres mas y comencé a sollozar,
sentí como había alzado la mano y la detenía al oír mis sollozos, no estaba
llorando, estaba sollozando porque me dolía, estaba a punto de llorar. No
lloraría pero como dolía. Me trague mis lágrimas, el nudo en la garganta pero
si soltaba quejidos de dolor.
-¿Loreen?- pregunte y sentí como me fallaban las piernas y este me
detenía.
-Lo siento...Diablo- susurre desesperada ante tal dolor, se le había ido la
mano, me dolían mucho las nalgas- lo siento. Basta.- dije pegando la frente
del capo del auto. Quería humillarme, lo estaba haciendo. No quería más
castigos, me excitaban pero no era lo mío. Escuche como a James se le rompía
la respiración y como sonaba desesperado bajando su cierre, mientras me
removía de dolor. Sentí su miembro, penetrarme repentinamente sin anestesia,
haciéndome dar un grito de dolor mas excitación calmando de alguna manera
ese ardor que me estaba matando, entre las piernas.
Este comenzó a moverse una y otra vez dentro de mí, haciéndome levantar
la cola, queriendo sentirlo hasta dentro, agarrándome del capo, mientras se me
deslizaban la mano, excitada, disfrutándolo. Me embestía con energía, una y
otra vez, sin detenerse, haciéndome removerme inquieta, moviendo mis
caderas contra él. Desesperación, dolor, agresividad, lujuria, excitación… Que
terrible mezcla.
-¿Cómo me dijiste?-. Pregunto ronco de deseo gimiendo. Me encantaba los
hombres que gemían, se oían tan.... delicioso.
-Diablo...- solté en voz alta y me dio una terrible estocada haciéndome
erguir. Haciéndome empezar a temblar y él, lo supo, estaba a punto de
correrme gimiendo desesperada, chocando mis caderas contra él, cuando...
repentinamente salió dentro de mí. Abandonando su cuerpo, dejándome en el
limbo del deseo, de la ansiedad y de esa sensación de frustración cuando
estabas a punto de correrte pero no te lo permitían. Me quede fría con la
mejilla contra el capo, con los ojos muy abiertos viendo a la nada, este me
acaricio una nalga y me bajo el vestido, pasando por delante de mí,
caminando hacia la puerta de su auto, acomodándose el pantalón.
Ese era en verdad su castigo, las nalgadas solo eran un jodido
complemento. Me quede fría al darme cuenta lo que estaba sucediendo.
Jamás, jamás en la vida me habían negado un orgasmo, James era el
primero en castigarme de esa manera, James se estaba convirtiendo el primero
en muchas cosas y estaba odiándolo.
Este entro al auto y encendió las luces me erguí, de pie, mirando el piso sin
poder creérmelo, las nalgas me palpitaban las sentía afiebrada calientes, sentí
como los ojos se me llenaban de lagrimas pero controle mi expresión de
frustración y me llene el pecho de aire. Que patética era. Abrí la puerta del
auto, entrando sin decir ni una palabra y este fue a estirar una mano para
tocarme la mejilla, pero lo esquive tirándola a un lado, cruzándome de brazos
mirando por la ventana. Asqueada de mi misma, frustrada. Con ganas de
llorar, de ira, de frustración.
Este alejo la mano y las puso en el volante, me baje el vestido y mire por la
ventana no quería verlo. Este encendió el auto y arranco terminando de llegar
a la casa una vez se detuvo frente a la casa, me baje sin esperarlo, tomando mi
cartera, bajándome de golpe y tirando la puerta caminando dentro de la
mansión, la puerta estaba sin cerradura, siempre estaba así, subí directamente
por las escaleras, hasta llegar a la habitación. James, se había quedado en la
parte de abajo, una vez allí, tome aire, sacando unas pastillas para la ansiedad
que me había traído de casa y tomándomelas, agarrando agua del grifo del
baño. Me quite el vestido y me queje cuando me rozo las nalgas, de mi cartera
saque unas bragas y un camisón largo, negro, colocándomelo, me eche yo
misma crema en las nalgas, gimiendo de dolor, esta tunda había sido peor que
la anterior aunque me dolía más el orgullo que otra cosa.
Cuando salí a la habitación seguía sola. James no había subido, mejor así.
Apague las luces y me metí entre las sabanas tapándome el cuerpo con las
sabanas que olían a delicioso a él. Mientras sollozaba de ira, intentando no
derramar lagrimas. Estaban tan molesta conmigo mismo, como podía disfrutar
de aquella humillación. James tenía una manera de dominar distinta a la mía.
Era brusco, ordinario, agresivo y posesivo. En cambio yo era mandona pero
siempre me preocupaba en hacer sentir bien a mis sumisos, en que no se
sintieran menos, sino demostrándole que ellos como sumisos eran más
importantes que yo como ama. Éramos distinto tipos de amos. Éramos
distintos en tantas cosas. Solo quería que acabara este mes. Y esto apenas
comenzaba.
Luego de algunos minutos bostece cansada, mientras intentaba quedarme
dormida y sentí un par de brazos rodearme, por la espalda mientras estaba en
posición cuchara, quizás lo cansada, adolorida y adormecida, no me hizo
apartarlo, cuando me atrajo hacia él, abrazándome. Dándome calor,
arrullándome en sus fornidos brazos, bostece nuevamente cerrando los ojos,
demasiado cansada como para dejar que mi orgullo hablara o se expresara.
Solo me abandone al cansancio que traía.
-Lo siento...- pude escuchar a lo lejos, pero no sé si lo había dicho él o mi
subconsciente deseando que eso dijera. Dejándome llevar por Morfeo en sus
brazos al quinto sueño.
Hogar
Al despertar, me removí en las sabanas sintiendo un peso tras mío, me
queje un poco ante el dolor que aun me palpitaban en las nalgas, tenía un par
de brazos, enrollados, uno por mi cuello, otro en mis caderas abrazando mi
estomago y una respiración que me golpeaba el cuello, me erizaba la piel, me
estremecía, bostece alto. Intentando quitármelo de encima pero este solo me
apretó aun más hacia él. Tenía el cabello en la cara así que debí soplarlo. Sentí
como James se removía tras de mí, despertándose y cuando sus manos me
liberaron me levante de la cama, librándome de su agarre. Me voltee a verlo
estaba sin camisa, tenía un ojo abierto hacia mí, mas barbudo que de
costumbre, pero seguía viéndose, hermoso. Mordí mi labio, llevando las
manos a mis nalgas y desviando la vista, caminando hacia el baño.
Encerrándome allí. Me bañe, y cepille peinándome el cabello dejándomelo
suelto. Al salir James estaba sentado, revisando su teléfono. Este alzo su vista
mirándome.
-La chica ha despertado. Dalia quiere que vayamos-. Me explico
frotándose la vista- ¿Qué se supone que harás con esa niña?-. Me pregunto
dejando el teléfono a un lado. Ni siquiera quise responderle. Este se percato de
ello.- ¿Aun estas molesta?-. Me pregunto y asentí con la cabeza mirando a otro
lado, cuando este se levanto di varios pasos saliendo de la habitación,
caminando escaleras abajo hasta la cocina donde me encontré a la Sra.
Thompson y di gracias a dios de ver a otra mujer en esa casa.
-Buenos días...- dije con la voz algo ronca. Esta me miro sonriéndome.
-Buenos días, Srita. Loreen. ¿Que desea desayunar?-. Me pregunto pero
camine hacia ella parándome en la nevera sacando un poco de leche y
cogiendo del estante un poco de confley más un tazón.
-No te preocupes-. Dije cuando vi de reojo llegar a James- puedo servirme
yo misma. - le dije de manera suave aun ronca.- gracias de igual manera. -
tome el tazón llenándolo de leche y echándome confley de pie, descalza en la
barra de la cocina.
-Hija siéntate o te caerá mal la comida-. Musito ella y negué con la cabeza,
bajándome un poco más el camisón para que ella no notara las seguras marcas
que James me había dejado y sentí un nudo en la garganta el cual me toco
tragarme con confley y leche.
-Buenos días-. Dijo James.
-¿Qué va a comer?-. Pregunto y ignore lo que este le había pedido, sentí su
mirada en mi espalda, mientras comía. Cuando me llego el sonido de mi
teléfono. El cual había olvidado completamente, voltee a ver a James pero ni
percatado de ello estaba. Me metí la última cuchara de comida a la boca
dejando el plato en el lavamanos y caminando hacia fuera de la cocina,
pasando por un lado de James, quien me siguió con la mirada pero lo ignore.
Una vez fuera de allí apenas se cerró la puerta, corrí escaleras arriba como una
potra, con rapidez, entrando a la habitación tomando el teléfono de mi cartera,
entrando al baño, entrecerrando la puerta.
-¿Aló?-. Pregunte.
-Maldición... llevo días escribiéndote, llamándote- soltó Jess con seriedad
y escuche la voz de mi madre al fondo.- ¿Donde estas?, fui a tu casa, pero no
estabas.
-Lo siento, lo siento...- hablaba susurrando. - he estado demasiado full
trabajando.- admití y era cierto. Algo así.
-¿Tanto como para no llamar a tu madre?-. Me grito mamá y reí
imaginándomela encima de Jess queriendo hablar conmigo.
-¿Por qué susurras?-. Pregunto Jess.
-Bueno, es que donde estoy no puedo hablar alto Jess- admití divertida
susurrándole por el recuerdo.
-¿Cuando vienes quiero verte?- grito mama y me quite el teléfono de la
oreja negando. Reí suave.
-¡Mamá! Deja de gritarme-. Se quejo Jess y en ese segundo se me había
olvidado la ira que tenia, el malestar todo de tan solo oírlos a ambos.
-¿Oye, pagaste lo de la tesis, y las medicinas de mamá?, ¿Si te alcanzo?-.
Pregunte curiosa.
-Si, compre sus medicinas y pague eso.
-¿Cuánto debes pagar para la ceremonia?-. Escuche un suspiro largo y
tome aire- vamos Jess dime, te dije que te daría ese dinero e irías a la promo
con tus compañeros.
-80 millones, Loreen.- soltó- sin contar el traje y lo que deba gastar.
Además a mi mama le toca consulta en cuatro días, ya sabes que son pagas.
-Uff...- dije agazapándome unos segundos, en el suelo, colocando un dedo
en el suelo de cerámica antigrasante.
-Es mejor que no...
-cállate...- dije mal humorada.- yo conseguiré ese dinero y lo de la consulta
de mamá, algo deberé inventarme. Siempre resuelvo ¿No?-. Musite y escuche
una leve risa, levantándome.- oye debo irme, prometo que cuando pueda iré a
verlos, cuida de mamá.
-Oye...- dijo Jess – te amo tonta.- soltó y aquello me hizo tomar aire,
nosotros no éramos muy sentimentales que se diga.
-Yo también hermano. Cuídate y cuídala-. Dije colgando y soltando un
largo suspiro mirando el techo. ¿De dónde diablos sacaría tanto billete?,
tendría que prostituirme 24/7 y sin contar a James que estaría encima de mí...
James.
!Mierda¡ recordé que había dejado a James abajo, en cualquier momento
subía debía esconder el teléfono, me di media vuelta acelerada, cuando me
quede fría casi dando un respingo asustada. James estaba recostado en la
pared al lado de la puerta del baño, con piernas y brazos cruzados a la altura
de su pecho, mirándome fijo. Apreté el teléfono en mis manos, no dejaría que
me lo quitara así debía entrarle a patadas y aplicarle algunas de esas cosas que
me había enseñado papá antes de morir de defensa personal. Así como partirle
el tabique, que se yo... abrace literalmente mi teléfono dándole a entender que
no se lo daría.
Ahí tenía la vista fija en mí pero el rostro bajo, sin camisa, pero en un
mono gris, descalzo. ¿Por qué tenía que verse tan bien?, tan guapo, seductor.
Era muy contradictorio.
-¿Por qué no me dijiste que necesitabas dinero?-. Me pregunto sin
anestesia y me dejo perpleja esa no era la actitud que esperaba, pensé que se
balancearía sobre mí como una fiera a romperme mi pobre perolito-.
¿Cuánto?-. Me pregunto y mordí mi labio este se camino hacia mi
prensándome y aparte la cara, pensando que me haría algo. Al parecer James
vio mi expresión de susto. De repelencia que dios varias pasos atrás.- no voy a
lastimarte Loreen. - explico cuando me percate que me había agazapado de
miedo cuando se me acerco.
-Jamás he dicho eso...- susurre muy bajo intimidada.
-Tu reacción dice otra cosa... - admitió y cuando dio un paso hacia atrás di
un par de pasos hacia él, recostar mi cuerpo de él, casi por inercia tomándolo
desprevenido. Este se quedo quieto, mientras lo tenía muy cerca tanto como
para oler su delicioso aroma. No quería repelerlo era lo contrario lo quería
cerca. Este soltó un suspiro y una de sus manos cayó sobre mi cabeza-
¿Cuánto? - me pregunto y mordí mi labio mirándolo, este bajo su vista para
besarme, rozando suavemente sus labios de los míos. Mientras mi cuerpo
reaccionaba y se le iba encima atrayéndolo con una mano hacia mí, soltando
un jadeo entre sus labios, devorándomelo con la boca, queriendo probar mas,
queriendo sentir más, golpeando mis caderas de las suyas, soltando mi
teléfono dejándolo caer al suelo. Desesperada por él. Su espalda golpeo de la
pared, ante un fuerte empujón que le di. Mientras mis labios tomaban los
suyos, tome sus manos, llevándolas a mi pecho. Quería que me tocara, estaba
desesperada sobre él. Quería mas besos, mas de todo. Estaba volviéndome
adicta a ese hombre. Rasguñe sus hombros con ira y este se quejo pero gimió.
Tome mi camisón despegando mis labios de él, quitándomelo, quedando solo
en bragas, metí las manos dentro de su mono, jalándolo hacia abajo.-
Loreen...- se que quería detenerme. susurro cuando metí al mano dentro de su
pantalón, tirando de él para abajo igual su bóxer, dejando su pronunciada
masculinidad a la luz, bajándole por completo los pantalones.- Loreen.- dijo
mas en voz alta deteniéndome, mientras yo tenía el pecho subiendo y bajando
desesperado y sintiendo mis labios temblar, como si tuviera frio cuando era
todo lo contrario, este coloco las manos en mis mejillas, deteniéndome,
pegando su frente de la mía, coloque mis manos, sobre las suyas, buscando de
besarlo pero me esquivo.
-Por favor...- suplique y este volteo a verme, apretando sus manos sobre
mis manos- no me detengas. No ahora...
-Loreen basta...
-necesito sentirte.- susurre bajo pegando mi cuerpo del suyo- te
necesito....- dije soltando para dar un paso y alejarme sintiéndome rechazada y
derrotada, cuando James apretó las manos en mi rostro, haciéndome levantar
la cabeza para mirar aquellos ojos impregnados de deseo.
-¿Qué has dicho?-. Pregunto como si no creyera lo que había oído. -
Loreen repítelo...- musito y negué tragando saliva. Ya se me había salido, pero
no tenía la valentía de decirlo una segunda, vez negué varias veces con la
cabeza. Pero me arroje sobre él, atrapando sus labios con los míos,
manoteándolo con fuerza alejando su mano de mi rostro. - Loreen dilo de
nuevo...- me demando y detuve mis besos... -colocándome mi cabeza en su
pecho. Mirando su definido abdomen.
-Te... necesito.- susurre bajo, sintiendo las mejillas arderme y como James
pegaba sus caderas de las mías, haciéndome sentir su erección en mi vientre,
sentí su mano enredarse en mi cabello, alborotándolo, para que alzara el rostro
hacia él.
-Maldición mujer, vas a volverme loco...- susurro para acercar su boca a
la mía besándome con intensidad, casi lastimándonos, sin importarnos,
mientras mis manos viajaban a por su pecho con rapidez, hasta su miembro,
tomándolo en mis manos haciéndolo gemir mientras este clavaba los dedos de
su mano libre en mi nalga, sus gemidos golpeaban contra mi boca, mientras lo
masturbaba, con rapidez y haciendo presión con mis manos. Me aleje de él
unos segundos y tire al piso, las cremas, jabones, cepillos que habían en
aquel murito al lado del lavábamos que no era muy alto, tome a James de la
mano llevándolo hasta allí, subiéndome a él, abriendo las piernas para él,
sentándome sobre él, medio recostada de la pared, este supo lo que quería
porque cuando se acerco una de mis manos se enrollo en ese maldito cabello
que deseaba tocar desde hace días y lo atraje hacia mi besándolo mientras me
despegaba lambia mi mano y con la saliva lo untaba yo misma en el sexo, de
él. Estaba dominando como me gustaba. Tome su miembro colocándolo en mi
entrada y ambos gemimos cuando este empezó a empujar por dentro de mí, en
rolle mis manos de sus caderas, y de un tirón lo traje completamente hacia mí,
empalándome completamente de él. Una de las manos de él, paseo por mis
pechos descendiendo por mi abdomen y su mano cayó sobre mi clítoris,
mientras estaba abierta hacia él, semirecostada de la pared y este me embestía,
mojando mi clítoris con nuestros propios fluidos excitados y tocándome ese
botón de placer, mientras nos embestíamos con ira, porque siempre tendía a
mover mis caderas, chocábamos con fuerzas gimiendo con ira, me balancee
como pude sobre sus labios besándolo, enrolle las piernas en su caderas y este
me alzo, haciéndome saltar sobre él cargándome mientras nos besábamos.- no
creo que te vaya a dejar ir..
-no quiero que me dejes ir...
Pero, ¿Qué mierdas estaba diciendo?, ok.... anotado no hablar mientras
cogía con este tipo, estaba volviéndome loca.
James sonrió contra mis labios.
-Cuando no estés llevada por la pasión hablaremos de esto...- soltó sin más,
mientras mi cabello saltaba por todos lados al igual que mi pecho. Tenía razón,
por lo menos uno de los dos era decente. - pero... ¿Eres mía?-. Me pregunto y
él muy maldito sabía que le diría lo que me pediría en ese momento.
-si...
-¿Si qué?- dijo azotándome con más rapidez, cogiéndome de una manera
abrupta.
-Si diablo... si.- dije sonriéndole. No le diría amo.
-¿Eres mía?, Loreen...
-soy tuya... James-. Musite y este soltó un gemido alto, dándome
estocadas, sentí el cuerpo contraérseme, asomarse el clímax y como el
cosquilleo empezaba a recorrerme el cuerpo, al parecer James comenzaba a
conocer mi cuerpo, porque sonrió cuando solté un alto gemido contra sus
labios, corriéndome saltando echa una fiera sobre él, para tensar el cuerpo y
detenerme, tras unos minutos que el siguió, soltando un alto gemido echando
la cabeza hacia atrás, empalándome aun mas y llenándome por dentro de aquel
liquido caliente, deteniéndose, mientras aun me tenía en brazo, sosteniéndome
por las caderas y una mano enredado en mi cabello. Mientras tenía la cabeza
en su hombro, respirando entrecortada, con mi pecho golpeando contra el
suyo, mientras estaba adormecida en su espalda.
-Loreen....
-Mmm.- musite apenas intentando respirar- la ducha...- susurre en voz baja
para que me llevara allí, tenia los brazos anchos muy musculoso, quizás
gracias a que tenía un gimnasio en su casa. Este me metió dentro de la ducha y
baje cada una de las piernas, hasta bajarme y salirme de su interior,
quedándome frente a este. Sentí el agua caliente aparecer y mojarme el
cabello, pero no quería despegarme de él, de su pecho, de su cuerpo. Estaba
comenzando a confundir las cosas.
Tener sexo seguidamente con una persona, crea vínculos, mas si el sexo
era de goce.
Sentí la mano de James, bajarme del cabello a la espalda.
Acariciándomela, solté un leve gemido de placer y alce la vista mirándolo
tenía el cabello empapado, cayéndome de los lados. Este tomo mi rostro entre
sus manos y lo atrajo para besarme, haciéndome cerrar los ojos.
-Es una maldición tener que haberte conocido de esta manera...- admitió y
abrí los ojos ante aquello cuando pensé que me iba a besar, escuche la puerta
sonar y como este salía de la ducha dejándome sola. Desconcertada y sin
entender que había sido aquello.
Luego de aquello James no volvió a dirigirme la palabra.
James tenía unas gafas negras, un suéter de cuello alto con botones,
blanco, muy elegante y una gorra con la visera hacia atrás, monos anchos
grises y botines blancos. Parecía un cantante de esos raperos, que vestían de
marca y urbano, y aun así se veía malditamente rico. Siempre estaba
acostumbrado a verlo de traje pero verlo así, solo lo hacía verse juvenil y muy
a mi estilo. En cambio yo tenía unas gafas anchas un moño alto. Los labios de
rosa claro. Tenía un crop top, rosa que había traído de casa, que dejaba
descubierto mi abdomen y pantalones azules claros, con mis botines
timberland. Aquel coche solo estaba siendo armonizado por la radio que
sonaba una canción de Bruno Mars, que tarareaba en voz alta. Mientras
miraba por la ventana golpeando mis botas juntando los pies. En ocasiones
tenia la mirada de James sobre mí, pero estaba más concentrada en lo que oía
que lo que me rodeaba.
-Ninfómana...- dije en voz corta entre tarareos. Y James volteo a verme
pero unos segundos para seguir con su vista concentrada en la vía.
-¿Qué?
-Soy ninfómana, deberías saberlo, pasaras el resto de los días conmigo.-
admití moviendo los hombros al ritmo de locketd to of heaven.- y no hablo de
eso que dicen las mujeres. “ay soy ninfómana”, No. Yo hablo de la
enfermedad como tal. - explique.
-Lo había sospechado...- admitió él y pude ver que controlaba sus
expresiones- ¿Te la has tratado?-. Pregunto y asentí varias veces. Cantando el
coro de la canción.- ¿Cuánto?
-¿Cuánto qué?-. Pregunto y voltee a verlo mientras se estacionaba frente al
hotel donde había dejado a Dalia unos días antes.
-¿Cuánto dinero necesitas?.- me pregunto y solté un suspiro
acomodándome mis lentes de sol desviando la mirada. - ¿Por qué no quieres
decirme?-. Me pregunto y decirle que no quería su dinero era despreciarlo.
Negué con la cabeza.
-No importa. Luego lo conseguiré.
-Loreen, ¿Que parte de que no trabajaras de lo que hacías, no entiendes?-
me pregunto mirándome voltee la vista. Ambos teníamos gafas así que de
alguna manera estábamos a salvo de la mirada del otro.- no quiero que lo
hagas mas...
-bueno...- rasque mi nuca incomoda- no quiero tu dinero...- musite
mirándolo. Y este se quito las gafas.
-¿Que estas queriendo decir?- me pregunto quitándome los lentes y baje la
mirada.
-Deja de hacer eso...- musite frunciendo el ceño mirando y quitándole los
lentes de sus manos colocándoselas. - vamos... nos esperan.- musite abriendo
la puerta del auto y bajándome. Espere que se bajara y este paso por un lado
mío, tomándome de la mano, directo al ascensor, donde al subirnos solo iban
dos señoras cuchicheando entre ellas.
James marco el piso ocho y me percate que nunca le había preguntando
porque sabía tanto de Dalia, una vez allí este me guio hasta la suite de ella,
donde toco la puerta soltándome la mano. Me quede fría. Dalia jamás me
había visto la cara. Maldición.
Cuando la puerta se abrió, Dalia miro primero a James que la saludaba
quitándose las gafas, ellos ya se conocían las caras, para luego desviar su vista
hacia mí y esta abrió la boca, cuando me quite las gafas. Hasta ese momento
James se había percatado que la única persona que me había visto la cara, era
él.
-Vaya, pelirroja te idealizaba más fea. Tienes una cara hermosa-. Admitió
sonriéndome y le guiñe un ojo.
-¿Donde está ella?-. Pregunte y Dalia abrió la puerta para ambos,
haciéndonos pasar.
-Se levanto muy asustada, haciendo preguntas que no podía responder, esta
como en shock porque cuando le dije que la compraron, ni llorar se puso.
Debe estar traumatizada. No recuerda nada, tampoco es que allá querido
hablar mucho.- explico- ¿Por qué la compraste?- me pregunto y solo pude
encogerme de hombros, para ver aquella rubia temblando de pies a cabeza,
mirándonos a los tres expectante, sin reconocer a ninguno . Esta clavo su
mirada en mi, di un paso hacia ella y esta dio dos hacia atrás, estaba muy
asustada. Sentándose en el mueble. Me acerque a ella y prenso las piernas
cuando me agacha a su altura, pasándole una mano por el rostro. Esta alzo su
vista mirándome, mientras se le llenaban los ojos de lágrimas.
-¿Pelirroja?-. Tartamudeo preguntando y solo pude sonreírle, sin mucho
ánimo. Estaba moreteada.
-Hola pequeña... Luna.- musite y esta se tiro sobre mí en el suelo, llorando
abrazándome desconsolada solo pude abrazarla con suavidad, intuí que tenía
el cuerpo lastimado.
-La conoces...- me confirmo James-. Por eso ese desespero en que te la
vendiera. - concluyo, pero estaba demasiado concentrada en la rubia.
-Tenía mucho miedo y no podía pedir ayuda. - sollozaba explicando-. Ellos
me inyectaron algo que me excitaba mucho y...- nada mas de pensarlo, se me
había revuelto el estomago.- quiero ir a mi casa, pero... me han echado de ella
y no puedo volver.- dijo separándose de mi llorando.- tu... tú me sacaste de
aquel lugar, besaste al lord.- la mire fijo.
-Veo que recuerdas algunas cosas...- dije con voz seria.
-¿Por qué me ayudaste?, tu... yo... Iba a venderme a unos árabes por
mucho dinero, pero con tan solo que lo besaras- esta se soplo la nariz aguada
limpiando sus lágrimas atando cabos-. Me ha vendido a ti... ¿Quien eres?
-Todo amo debe cuidar a su sumisas, en este caso, Dalia y tu, lo son... -
explique y escuche como alguien tragaba saliva y intuí que era Dalia chillando
como siempre solía ser- referente al lord. No soy nadie, así que olvida eso...-
musite sonriéndole- te dije que había gente mala, y que te cuidaras...
-fue horrible, él me azotaba decía que eso hacían los amos y....- esta se
miro los moretones en los brazos- no sabe lo horrible que fue yo...
-si se lo que se siente- musite seria interrumpiéndola y esta alzo la vista
mirándome mientras la tomaba de un brazo, sentándola de nuevo en el sofá.
Dalia se sentó al lado de esta, facilitándole un vaso de agua. Sentí a James tras
mío volteando a verlo, quien me miraba con una intensidad, acercándose sobre
mí, colocando una mano en mi hombro.- antes de ser ama, fui sumisa. - la
mano de James se tenso en mi hombro apretándome. Recordándole que le
había dicho que nunca había tenido un amo. Primera mentira descubierta.
-Eso nunca me lo dijiste...- anuncio dalia.
-Hay muchas cosas de mí, que no digo. Dalia.
-¿Ahora qué voy hacer?-. Me pregunto mirándome Luna con los ojos
llenos de lágrimas.
-Lo primero es llevarte a un medico. Tengo uno confiable, le diré que
venga a verte esta tarde- soltó James sorprendiéndome. Saque de mi bolsillo
las llaves de mi casa, donde tenía varias copias y saque una ofreciéndosela esta
el tomo confundido.
-Puedes quedarte en mi casa, un tiempo hasta que estés estable y puedas
alquilar algo para ti...- esta chica nos miro a ambos con los ojos llenos de
lagrimas.
-¿Tu, donde te quedaras?- me pregunto Dalia.
-Yo estoy viviendo con él-.dije señalando con el pulgar a James, ambas se
miraron entre ellas y me voltearon a ver, me encogí de hombros.
-Eso sonó muy bien...- me susurro James al oído. Haciéndome estremecer.
Le solté un codazo en la costilla haciéndolo quejarse.
-Menuda sorpresa...- soltó Dalia- verte la cara y saber que eres la mujer del
diablo... tortazo.- soltó.
-yo... no...- James me tapo la boca.
-Ella también está sorprendida. Se lo he pedido de repente ¿Verdad?-. Dijo
apretándome una nalga que aun me dolía y asentí varias veces. Dalia soltó una
risa.
-La fiera siendo domada. Esto se ve y no se cree.- rodé los ojos.- bueno,
puedo encargarme de ella y llevarla.
-La dirección te la dejare escrita...- dijo James tomándome de una mano
llevándome a la entrada. ¿Qué hacia?, ¿Para donde me llevaba ahora?, este
tipo no podía estar quieto en un solo lugar. Le picaban los pies. Una vez que
dijo aquello abrió la puerta sacándome de aquel lugar, lo mire insofacta estaba
poniendo mi mundo pata arribas. Y comenzaba a agradarme. Una vez afuera
caminamos en silencio hasta el ascensor. Una vez allí dentro. Este no me
soltó- así que fuiste sumisa...- musito serio apretando la mano que me
sostenía.- me mentiste.
-Suelo mentir pocas veces.- solté sin más. - no quiero hablar del tema.
-¿Te enamoraste sumisa?- me pregunto sarcástico y lo jalonee soltándome
de su mano.
-El amor es una palabra que no existe en mi diccionario-. Solté sin
anestesia- No sentimientos. ¿Recuerdas?- le pregunte mirándolo fijo con
seriedad.
-La chica del caparazón...- musito exasperándome mirando al frente, me
coloque mis lentes, mirando al frente con los brazos cruzados.
-Déjame en paz, James...- solté sin más mal humorada.- y llévame a mi
casa, debo buscar unas cosas.-murmure cuando el ascensor se abrió saliendo.
Cuando salimos, espere que le quitara el seguro a su porsche, cuando
subimos, este comenzó a conducir en silencio iba en dirección a mi casa.
-Quiero agregar una clausula a nuestro contracto-. Musito serio y lo mire
sin entender.
-A ver... ¿Quieres tríos, cuartetos o qué?-... le pregunte y este negó varias
veces
-Quiero que me respondas, todo lo que yo te pregunte.- musito
mirándome.- quiero saber quién es Loreen Grace.- anuncio y tome un largo
suspiro. ¿Por qué quería saber de mi?, ¿No era solo su juguete sexual?, ¿No
me quería solo por ese mes?, en verdad, ¿Que esperaba este hombre de mi?,
trague saliva estaba metiéndome en terreno pantanoso.
-Si tú prometes responderme lo que quiera saber de ti, yo quiero saber
quién es James Aragón. - anuncie sonriéndole. Este me miro unos segundos. -
¿Qué quieres saber de mi?
-Tú pasado...
-no remuevas el lodo, que puedes ensuciarte-. Salte de una y ambos nos
miramos, aun sobre las gafas y desviamos la vista.
-No hay nada que no quite el agua y jabón-. Respondió negué sonriendo.
Este tipo nunca quería perder una.
Su manera de conducir como maniático, hizo que en menos de 15 minutos
estuviéramos frente a mi casa, donde estaba aparcándose y yo sacaba las llaves
de mi bolsillo, antes de bajarme. Este hizo lo mismo, al bajarnos camino hasta
mi lado colocando la mano en mi cadera guiándome hasta la puerta donde
metí la cerradura, una vez adentro camine directamente hasta mi habitación
prendiendo la luz, de reojo vi a James deteniéndose en la puerta,
observándome mientras tomaba un bolso y comenzaba a meter ropa cómoda,
licras, mis otros botines blancos y negros. Estaba incomoda viendo como me
violaba con su mirada, detallando cada movimiento.
-existe algo llamado orden-. Musito y sabía que algo similar debía decir
ante el desorden de mi habitación.
-Lo sé, pero trabajo digo... trabajaba de noche, llegaba a dormir todo el día.
Así que ordenar no estaba nunca en mis planes.- admití sonriéndole, para
empezar a sacar los vestidos que tenía allí guardados.
-No te los lleves, te comprare nuevos vestidos.- me informo y me quede
fría escuchándolo.
-¿Qué?
-Ya me oíste no te hagas la sorda-. Refunfuño. Y rodé los ojos riendo por
su actitud.
-Bien, no me los llevare-. Musite dejándolos a un lado de mi habitación. -
espero que Luna este cómoda aquí mientras dure y no traiga ningún hombre
aquí o la mato.- susurre concentrada doblando mi ropa.
-¿Por qué no?
-Este lugar es virginal...- musite y me quede fría.- Uy, no debí decir eso....-
admití riendo, pero era cierto.
-¿Nunca has estado con un hombre aquí?-. Pregunto y lo vi recostado en el
marco de mi puerta, negué observándolo.
-Ya te dije el amor o los sentimientos no entrar en mi diccionario y este es
mi tembló. Puro, no infectado.- explique cerrando el bolso.
-Yo te tome en la sala...- anuncio triunfante y asentí.
-Lo se... era puro hasta que tú viniste pasando por encima de todo como
siempre.- admití tomando el bolso, acomodándole la tira y James se acerco
quitándomelo y echándoselo al hombro.
-Soy el primero en muchas cosas al parecer. - me dijo dándose la vuelta y
lo mire atacada. ¿Cómo sabia el eso? Tan egocéntrico.
Pase volando por mi nevera, tomando una manzana de la nevera
masticándola, cuando recordé lo demás que debía buscar. “Las pastillas”,
mierda... me devolví, rebuscando entre mis cosas y sacando una caja debajo de
la cama. Sacando varias cajas de pastillas y las metí en una bolsa negra, para
que James no pudiera verlas. Una vez afuera cerré la puerta y este ya me
esperaba dentro del auto. Cuando subí vi el bolso en mi asiento, metí dentro de
este la bolsa, vi que James la miro pero no pregunto. Es mas no me había
preguntando si me había tomado las pastillas del día siguiente, si estaba
tomando la anticonceptiva le valía tres hectáreas de papas, cuando debía estar
pendiente de no dejarme embarazada. Menudo descuidado de mierda. Aunque
darme cuenta que intento usar condón conmigo, me daba a pesar lo contrario.
-¿A dónde vamos ahora?-. Pregunte y este me miro de soslayo.
-Tu a casa, yo debo ir al trabajo.- explico.
-Ah, el señor trabaja...- musite con sarcasmo y este se quito las gafas
rodándome los ojos. Solté una risa alta. - ¿De qué trabajas?-. Pregunte curiosa
y este encendió el auto.
-Manejo una cadena de hoteles y empresas-. Explico conduciendo y asentí.
-Tenías mas pinta de mafioso, narcotraficante. Usualmente los empresarios
son horribles.- explique, montando los pies del picaporte del auto, este
conducía esta vez con suavidad.
-¿Estás queriendo decir qué?...
-hay ya sabes que quiero decir-. Musite masticando de mi manzana-. Estas
buenísimo, riquísimo... no me sorprendería que me digas que eres griego,
tienes pinta de un dios griego, por algo tienes en tu casa muchos adornos
referente a ellos.- le explique y este me miro de soslayo sonriendo de oreja a
oreja.
-Si naci en Grecia.-. Murmuro sonriente. - buena observación. ¿Que mas
has concluido?- me pregunto y negué.
-Nada más, eres un libro muy difícil de leer, diablo. - dije masticando el
ultimo pedazo de mi manzana.
-Es irónico que lo digas tú... si no fuera porque te hubiera escuchado por
teléfono nunca hubiera pensado que tenías familia. Resuelta que tienes un
hermano y una madre...
-James... algo que he aprendido es que entre más me abro, me acerco a
alguien puedo crear emociones, que me provocaran sentimientos y tarde o
temprano. Eso conlleva a salir lastimada, a herida-. Le explique. - por eso no
suelo hablar de mi... de mi vida.
-¿Por eso no tienes amigos?-. Pregunto tomándome con la guardia baja, se
había percatado de eso rápido-. Por eso eres ama, para que nadie pueda
tocarte, a menos que tú lo ordenes. Controlas todo siempre.
-¿Tú tienes amigos?-. Pregunte mirándolo y este asintió, abriendo las
puertas con un botón de su auto, del portón de la mansión cuando estábamos
cerca, una vez dentro. La curiosidad me picaba.- ¿Yo puedo conocer esos
amigos?-. Pregunte sabiendo que estaba fuera de lugar esa petición y pregunta,
este se detuvo frente a la mansión y me miro.
-Solo si tú me dejas entrar un poco en esa coraza que tienes, para que esta
relación sexual funcione como yo deseo, necesito saber cosas de ti.
-Hablas siempre de saber cosas de mí, pero no, de que yo sepa cosas de ti-.
Musite abriendo la puerta de mi auto, tomando el bolso y este me detuvo por
un brazo, para acercar su boca a la mía, dándome un beso corto, de despedida.
Tenía leve acciones como esta que me confundían, más que confundirme me
daban a entender cosas que no eran adecuadas. Sexo, es sexo en el más puro
de los sentidos. Y comenzaba a confundirme con ello...
Me baje del auto, viendo como este daba media vuelta y se iba en su auto,
mordí mi labio soltando un gran suspiro.
Estaba comenzando a meterme en un gran aprieto. Este mes quería
volverse eterno. No podía permitirlo. No podía ceder ante James y todo lo que
conllevaba él. No podía dejarme envolver aun más. Ya en el ámbito sexual
estaba a su merced no podía ceder en otros aspectos. Una vez adentro, escuche
ruido en la sala e intuí que la Sra. Thompson estaría allí. Camine a la cocina y
escuche una voz más quedándome petrificada una voz de mujer, que no era la
de ella. Al entrar una mujer rubia volteo a verme, mujer de pechos grandes,
vestida ejecutiva, de pecas, ojos café claro, el cabello por los hombros y buena
figura, algo mayor. Eso parecía. Esta le estaba comentando algo a la Sra.
Thomsonp que al verme me sonrió. Estuve a punto de dar un paso atrás y huir.
-Tú debes ser Loreen. ¿Cierto?-. Escuche que aquella mujer rubia se dirigía
a mí e intuí que James tenía su mano negra metida en ello.
-¿Usted es?-. Pregunte curiosa y esta me sonrió.
-Eres mucho más joven de lo que imagine. No sabía que diablo tenía
debilidades por las colegiales-. Murmuro y alce una ceja. Mierda, me dijo
colegiala así de frente. Esta quiere coñaso.
-No me ha dicho su nombre-. Musite con rostro serio.
-Laurent, vengo a tomarte unas medidas, para unos vestidos que diablo me
ha dicho que quiere que te diseñe.- explico y asentí con la cabeza, que rápido
era diablo. mientras esta sacaba de su bolso una tira simétrica, un cuaderno y
un lapicero. Deje la maleta encima de la mesa, caminando hacia ella que en el
otro extremo de la mesa. Me detuve frente a ella. Esta me miro de arriba abajo,
con una ceja levantada. Paciencia Loreen, paciencia. No le voltees la cara de
un cachetón, a diablo no le gustara eso- cuéntame algo-. Pregunto mientras se
agacha apenas pasando sus manos por mis piernas por la parte de los muslos,
tomando una medida- ¿Diablo sabe que estas con él, por su dinero? - la mire
fijo cuando esta se irguió anotando en un cuaderno.
-¿Diablo sabe que tiene un diseñadora muy lengua viperina?-. Pregunte
devolviéndosela y esta detuvo sus manos en mis caderas. Tomándome con
fuerza y vi como la Sra. Thompson se tensaba a un costado de la cocina.
-Lo suficiente como para que sepas que soy la mujer más importante de su
vida.- admitió sonriendo y anotando las medidas de mi cadera en su cuaderno.
-ya...- musite y no entendía porque aquel comentario me hirvió de ira la
sangre. Menuda rubia. Me exasperaba- lo tengo anotado, Srita. Laurent-
musite sonriéndole y esta me miro fijo rodando los ojos. Máxima expresión de
descaro. Esta me midió las caderas, los hombros y de ultimo los senos.
Anotando todo. Cuando termino di un paso hacia atrás. Mirándola fijo. La
verdad es que era muy hermosa.
-Listo, Loreen. Se feliz, acabas de sacarle los mejores trapos que podrás
ponerte en tu vida a diablo.- aquello me cayó como un balde de agua. La mire
sonriéndole.
-¿Es todo?-. Pregunte y esta me miro fijo.- ya lanzaste todo el veneno...
cuidado te quede en la lengua, te la muerdas y te envenenes-. Musite
sonriéndole y aquella chica abrió los ojos en par. - como veo que ya tienes las
medidas, ya puedes retirarte, arrastrarte por el piso, siseando con la lengua
afuera.- dije divertida, pasándole por un lado hacia la Sra. Thompson que
evitaba reírse, le guiñe un ojo sonriéndole. Mire las ollas recién apagadas.
Escuche como sonaba la puerta de la cocina y bufe negando. No mamen.
¿Eso que había sido?
-hay hija, deberás acostumbrarte a eso...- me aviso.
-¿Lo dice por?
-Porque todas te van atacar. Muertas de celos.- musito- tengo el almuerzo
listo. Siéntate que te sirvo.- me palmeo la espalda. Camine a la mesa
sentándome.
-¿Muertas de celos?
-Mi niña eres la única que diablo ha traído a esta casa, la única que le he
conocido, la única a la que le ha comprado vestidos...-. Anuncio explicándome
mientras servía algo en un plato. Y yo la miraba insofacta. ¿Cómo decirle que
era porque quería mantenerme controlada, porque era su objeto sexual? O
¿Había algo más que yo no veía?, no podía negar que oír eso me lleno mucho
el ego y me sentí grandota, pero había que disimular. - así que prepárate que te
van a querer hacer papilla.
-Que se vengan.- musite divertida- me encanta domar fieras-. Aquello tenía
doble sentido. - oiga, ¿Usted se sabe el numero de diablo?- pregunte buscando
mi teléfono y sacándolo. Esta me lo dicto, rápidamente, lo anote guardándolo.
Cuando me sirvió, mire el pollo guisado, con pasta y ensalada respire hondo.
Sabia delicioso, devore todo, con un hambre brutal mientras le daba vueltas a
mi teléfono. Hasta que me decidí a llamar. El teléfono repico varias veces.
Hasta que alguien contesto al otro lado de la línea.
-Diablo...- dijo con ese tono de voz serio y una sonrisa estúpida apareció
en mi rostro. ¿Qué me pasaba?
-Debes decir: Aló, ama mía, hermosa sensual y rica. Pelirroja-. Dije
mientras reía y tomaba jugo. Una risa alta se escucho al otro lado.
-¿Tanto me extrañabas que conseguiste mi numero para llamarme?-.
Pregunto y solté una risa muy alta.
-Nah, solo te llamaba para que supieras que ya conocí a la vipera de una de
tus mujeres-. Murmure y escuche un carraspeo al otro lado de la línea.- ah,
¿Creíste que no me percataría que te cogiste a tu diseñadora y que se ha puesto
con una fiera al verme?, ¿Que pasa amo mío, estas orinando fuera del tiesto?-.
Musite con sarcasmo.
-Yo pensando que llamabas para alegrarme el día, has venido a joderlo.-
dijo con severidad.
-Hey, ¿De qué hablas?, te encanta que sea acida contigo. Al parecer
comienzo a entender un poco a ese libro abierto.
-¿ah sí?-. Dijo-. Estoy ocupado...
-estoy ocupada...- musite masticando parte de mi pollo- pero aun así abro
tiempo para ti. - dije tentando al diablo- James no quiero vestidos, ni lujos ni
nada de esas cosas- en realidad para eso lo llamaba.
-¿Por qué no?, ni siquiera me has dicho porque no me quieres decir cuánto
dinero necesitas para lo de tu familia.- me recrimino.
-Diablo, ¿Por qué yo?-. Al oírlo, un silencio se hizo notar al otro lado de la
línea.- dime la verdad, ¿Me habías visto antes de la fiesta, cierto?
-Loreen....- escuche su voz áspera.
-Si me dices, yo te diré lo que desees saber.- anuncie.
-si. mucho antes-. Dijo y trague saliva.
-¿De dónde?
-Loreen.
-Vamos, si quieres que funcione debemos dejar las caretas-. Admití dando
un primer paso cuando no debía.
-Con dos hombres en un reservado, estabas dominándolos, no dejabas que
te tocaran, estaban completamente vestida.
-Eso fue en el Light Nigth, eso fue en otro país diablo-. Musite
sintiéndome acosada y como se me erizaba la piel-. Fue hace más de seis
meses, llevas mucho vigilándome...- admití- aunque sigo sin entender el fin.
-No escarbes mas.- me murmuro con voz de suplica y me calle al oírlo
decir aquello.
-Diablo...
-¿Qué?- musito bajo.
-No lo vayas arruinar por favor....- dije confesando. Tenía una idea de por
dónde iba la cosa y solo pude sonreír triste-. No vayas a lastimarme. - escuche
un leve jadeo como si se hubiera acelerado al otro lado de la línea.
-Nos vemos en la noche, pelirroja.- musito colgándome y baje el teléfono
mirándolo. ¿Me había colgado el muy imbécil?
Confusiones y confrontaciones
En todo el resto del día, luego de que la Sra. Thomsonp se fuera, sin poder
sacarle más información respecto a diablo, estuve a parte del día en el
gimnasio en la bicicleta ejercitándome, recordando que debía traerme la mía y
llamar a ver como seguía Luna.
Cuando empezaba a oscurecer luego de llamar a mi madre, quien me dio
un jarabe de lengua por no haberla llamado antes. Me di una ducha y subí a la
habitación con un enorme pote de helado de fresa y una cuchara, realmente no
quería hurgar mucho en esa casa.
Prendí la tv pasando los canales algo aburrida sentada en posición india, en
el medio de la cama. Con uno de mis camisones de mangas largas blanco casi
transparente que debajo ver mi ropa interior negra de encaje. En medio de mis
piernas tenía el frio helado, además de un alto moño despeinado y mis lentes
de visión cuadrado, de marco negro.
Estaba tan concentrada de un momento a otro en la tv, viendo CSI que no
me percate que James había llegado, ni oí el ronroneo de su auto, sino hasta
que este abrió la puerta de golpe haciéndome asustar y dar un grito, mirándolo
ofuscada. Joder, tenía ese pequeño don de asustarme, cuando aparecía de
golpe. Al verlo, este se había cambiado tenía un traje ejecutivo con corbata
azul eléctrica y camisa blanca. ¿Donde se había cambiado?, lleve nuevamente
mi cuchara a mi boca, sintiendo como se deshacía en mi boca, este me escaneo
con la mirada. Mientras yo hacía lo mismo con la mía.
Tenía las manos dentro de su bolsillo, las cuales saco acercándose a mí,
tomo el control del televisor en la cama, apagándolo, mientras con la otra
mano me quitaba el helado y la cucharilla.
-Oye...- me queje estirando los brazos y mis ojos se abrieron en platos,
mientras este tomaba mi rostro con las manos, atrayéndome hacia él,
haciéndome arrodillar en la cama, este me planto un beso profundo, tirándome
con sus dientes de mi labio inferior sacándome un gemido, ante tan profundo
beso e intenso. Robándome el aliento, acelerando mi respiración. Quedándome
rendida ante su presencia. Tenía un dominio sobre mí, del demonio.
-Repite lo que dijiste esta tarde-. Murmuro contra mis labios, pasando los
dedos por encima de mis labios. ¡Dios, iba a matarme este hombre!
-¿Qué cosa?-. Le pregunte con la respiración entrecortada
-sabes que quiero oír, Loreen.
-No lo arruines, que no vayas a lastimarme diablo-. Murmure bajo y este
llevo mis manos por mis piernas subiéndome el camisón haciéndome
estremecer.
-¿Sabes lo que estas provocando con eso?-. Me pregunto y cerré los ojos,
cuando sentí su respiración, recorrer mi cuerpo y sus manos tomar mis nalgas,
apretarlas contra él, este hombre venia con ganas de sexo y yo encantada de
dárselo. Mis labios buscaron su cuello, este se alejo de mí, dejándome ante su
ausencia. Este comenzó a quitarse el saco y desabrochándose la camisa
observándome, soltándose la corbata. En cambio yo me quitaba los lentes y el
camisón soltando consigo mi cabello. Quedándome en ropa interior negra de
encaje. Su respuesta quedo en el aire, así como quedo mi sostén luego de
quitármelo, dejando caer mis senos libres, este los admiro posando cada uno
en sus manos alzándolos para luego soltarlos, como un niño, jugando viendo
como rebotaban cuando los soltaba- eres malditamente perfecta mujer-.
Susurro contra mis labios. Mientras observaba mi cuerpo. Deslizando sus
manos por mi cuerpo erizándome la piel, estremeciéndome, abrí la boca
dejando salir un jadeo y alce mis ojos encontrándome contra los suyos, grises
metalizados metal intenso. Pase una mano por su barba, algo rasposa, pero me
gustaba. Este tomo mi dedo, lamiéndolo. Abrí la boca. Casi gimiendo que rico
lamia.- ¡pídemelo!-. Ordeno dejando de lamer.
-Haz....- tartamudee-. Hazme tuya Diablo-. Solté un gemido. Tomándolo
por sus hombros sentándolo en la cama, para sentarse sobre él y su erección
que aclamaba por ser liberada. Mientras las manos de este sus dedos, caían
sobre mi espalda, acariciándola, enredándolos en mi cabellera y mi boca sobre
la suya desesperada. Moviendo las caderas contra él rozando nuestros sexos
por encima de la ropa. Moviendo mis caderas contra él. Me levante de golpe,
soltándole con manos temblando el pantalón escuchas las risas altas de él que
adornaban aquella habitación. Mientras le bajaba de un tirón aquel pantalón
junto a su bóxer y le quitaba con aceleración mis bragas. No sé porque tenía
tantas ganas de sentirlo. De tenerlo dentro. Estaba desesperada por él. Las
manos me temblaban.
Sé que él podía notarlo. Una vez ambos desnudos me monte sobre él, este
paso una mano por mi sexo percatándose de que estaba apenas húmeda.
-necesitas un poco de ayuda-. Murmuro cuando se tiro boca abajo y me
tomo por las piernas haciéndome subirse hasta su cara arrodillada, hasta que
su boca estaba entre mis muslos y estaba arrodillada prácticamente en su cara,
sostenida por los muslos por James. Este comenzó a lamer de arriba, abajo.
¡Dios bendiga los orales! Este chupaba, con alevosía mi clítoris,
hinchándolo, seguramente enrojeciéndolo, tuve que quitármelo de entre las
piernas o me haría correrme, me agache alejando su boca hasta bajarme
quedando de nuevo en cuclillas sobre él. Tomando su miembro en mis manos,
masturbándolo, para colocarlo en mi entrada, escuche como este gruñía de
placer y comencé a sentarme encima de él, empalándome de su miembro,
parte por parte, hasta el fondo. Haciéndome soltar un gemido alto, mordiendo
mi labio, abriendo los ojos, mirando su expresión llena de lujuria, deseo,
excitación. Devorándome con aquellos preciosa vista grisácea. Mientras
comenzaba a mover las caderas contra él, sonriéndole excitada.
Este me devolvió la sonrisa es ese pequeño momento intimo, donde solo
estábamos él y yo. Quizás el hecho de como disfrutaría al son de mis caderas
arremetiendo contra él, era simple sinónimo de como gemía.
Más que estar con un hombre, verlo y oírlo gemir era algo extraordinario.
Deliciosa mezcla de deseo y satisfacción.
-Dilo.- le musite mientras este me veía saltar sobre él, con firmeza
subiendo y bajando por su falo con rapidez firmeza, aferrándome con las
manos a su fuerte y depilado pecho y las piernas en sus costados contra las
sabanas, este soltó una risa alta- A-M-A-. deletree cada letra y este abrió los
ojos estallando en risas, pero cuando detuve mis movimientos supo que no
estaba jugando. Soltó un quejido de disgusto cuando sintió la ausencia de mis
movimientos- compláceme Mi diablo. Deberías ser un buen amo-. Musite
persuadiéndolo y este me hizo saltar cuando empujo su caderas sobre mí.
Embistiéndome haciéndome saltar. Reír excitada muy alto.
-Ama...- susurro bajo mirándome fijo, con intensidad. Pero de alguna
manera, sentía que aquellas palabras tenían doble sentido.
¡Por dios que rico se oía, aquella palabra en su boca!
Sonreí de oreja a oreja cerrando mis ojos abandonándome al placer de sus
embestidas y de mis movimientos de cadera, mientras íbamos en un vaivén
dejándonos llevar por el placer-. Nena...- me susurro y supe que quería.
-Lo sé, diablo.- Musite gimiendo-. Córrete para mi- gemí agachándome
rozando mis labios contra los suyos, cuando sentí como comenzaba a correrse,
sentí el vientre contraerse, alcanzando al clímax, soltando un ahogado gemido,
hasta que este se detuvo y yo igual. Llevándome al paraíso del placer. Me
quede tumbada sobre su pecho. Alce mi cara y este veía, el techo pensativo en
algo, con el gesto contrariado. Esa no era un buen expresión para finalizar un
buen polvo- ¿Quieres comer?-. Pregunto en voz baja y comenzando alear mi
cuerpo del suyo, levantándome sudada. Buscando mi ropa interior, mientras la
tomaba y caminaba al baño tomando una toalla húmeda limpiando mi
entrepierna, para colocarme mi ropa interior. Al salir, lo mire aun mirando el
techo-. Diablo...- murmure y este alzo su cara para verme, mientras caminaba
con los brazos cruzados parándome al lado de su cama.
-Quédate así...- musito y sé que se refería a quedarme en ropa interior.
-¿Quieres comer?- pregunte de nuevo y este asintió. Me di media vuelta
descalza saliendo de la habitación, caminando por el pasillo y descendiendo
hasta la cocina. Comencé a sacar un sartén y viendo la Sra. Thomsonp había
dejado algunas cosas como arroz, las ensaladas listas, saque de la nevera un
par de bistec aliñándolos con salsas y adobo mientras el sartén se calentaba.
Escuche sonar la puerta de la cocina y como al voltear a ver, James entraba
sin camisa, descalzo con un mono ancho negro. Lo mire unos segundos boca
abierta, viendo sus deliciosos oblicuos. Como caminaba hacia mí, chismeando
que estaba haciendo rodé, los ojos volteando a ver el sartén y lanzar el bistec
sobre este. Que hicieron un ruido a frito, fuerte.
-No sabía que cocinabas...- murmuro y lo vi de reojo abriendo la nevera y
sacando leche, pegando la boca del envase tomando.
-Lavo, plancho, cocino, limpio y hago el amor rico.- murmure divertida,
mientras tomaba dos platos, sirviendo el arroz aun caliente y pasando por un
lado de él sacando la ensalada, para servirla.
-Nunca me has hecho el amor...- murmuro pensativo y lo ignore dándole la
espalda.
-Cuando estas enamorado, o amas a alguien se hace el amor, diablo.
Nosotros tenemos una tensión sexual nivel dios que no se rompe por más que
follemos.- explique dándole vueltas con un tenedor al bistec.
-¿Aun sigues creyendo que es solo eso?-. Me pregunto y me quede unos
segundos sin mover las manos, me había tomado con la guardia baja.
-Dime diablo. ¿Qué es entonces?-. Pregunte, sacando el bistec sirviéndolo
y apagando la cocina volteándome con dos platos en cada mano. Mirándolo
fijo, este desvió la mirada. Y ambos escuchamos un auto, ronronear,
acercándose. Lo primero que vi fue el rostro de diablo, que se desfiguro al
sentir al igual que yo la presencia de aquel auto acercarse. ¿Quién era?, deje
los platos encima de la mesa.
-Sube a la habitación-. Dijo en tono demandante, alce la vista y tenía la
mandíbula apretada- ahora mismo, Loreen. Anda. - su última frase intento ser
mas persuasiva, dejando los platos sobre la mesa y dándome media vuelta,
para subir las escaleras. ¿Ahora porque tan repentino cambio?, rodee los ojos,
cuando llegue a la habitación y me coloque el camisón, y los lentes. Me
devolví casi corriendo al pasillo, al pie de las escaleras. Escondiendo detrás de
un marco, vi a Diablo, hablar con alguien en la puerta pero no podía ver quién
era. Hasta que me quede allí de pie, viendo un par de brazos abrazarlo, por el
cuello, de uñas largas, pintadas en rojo. Tome aire y me sentí tan llena de ira,
hasta que me percate que eran celos. ¿Por qué celos?, ah pero si él, no me
permitía andar con nadie, mientras durara nuestro trato, el tampoco podría
verse con nadie. No lo dejaría, escuche varias risas, eran varias mujeres. Baje
poco a poco las escaleras sin hacer ruido, hasta que vi una cabellera roja, más
clara que la mía, acercarse y plantarle un beso en los labios a diablo. ¡Ay, dios
agárrenme que aquí va arder Troya!, me quede fría en medio de las escaleras.
-Vamos... traje amigas. Vamos a divertirnos. Como me gusta- le susurraba
aquella mujer metida en un vestido negro, corto. De gran cuerpo. - diablo...-
gimió suave.
-¿Cómo entraste?-. Le pregunto serio pero no hacía nada por quitársela. -
tienes que irte.- le musito con voz baja. A mí nunca me hablaba con tanta
amabilidad. Malparido diablo....
-¿Qué importa?, la ultima vez me distes las llaves. Dijiste que cuando me
llamaras viniera. - explico algo ebria.- diablo, mis amigas y yo queremos que
nos consientas-. Sentí una arcada al oírlo.
-Ahorita no puedo... debes irte.
-Si me dices que nos veremos mañana. Me iré...- musito, este se acerco y le
dejo un beso en los labios, algo intenso y agresivo, vi como a esta le temblaron
las piernas. Y su mirada cuando abrió los ojos poso sobre mí, esta se quedo
eclipsada mirándome y Diablo se volteo siguiendo su mirada.- ah, es que estas
acompañado...- explico y apreté la mano en la varadilla de la escalera. Antes
que me transformara y le demostrara a ese par porque la gente me tenía miedo.
- ella es nueva.- musito aquella mujer y solté una sonrisa negando, tan
molesta, tan estúpida, tan intensa. ¿Por qué aun seguía allí?- puedo también
jugar con ella.
-¡No!-. Salto diablo, serio. - te dije que te quedaras arriba.- me demando
para mi sorpresa. Pase una mano por mi larga cabellera, exasperada. Estaba
tentando su buena suerte. ¿Por qué mantenerme aquí si solo quería sexo
conmigo?, ¿Porque me seguía quedando aquí? Quería irme. Ahora si quería
irme. - Debes irte- le repitió aquella chica.
Negué riéndome y dándome la vuelta subiendo de nuevo las escaleras. A
diferencia de antes, corrí por el pasillo hasta la habitación. Estaba tan molesta,
tan frustrada, tan herida. ¿Por qué me sentía así?, maldita sea este hombre en
menos de dos semana, me tenía el cerebro lavado. Las emociones todo. Una
vez en la habitación, de mi maleta aun sin abrir, saque una de mis licras, me
monte en mis botines marrones, más un suéter rosa, ancho, aun con el moño y
los lentes, sacando mi identificación y por si las moscas las llave de mi casa.
Estaba tan molesta, que solo quería irme de allí, tome el teléfono de la casa,
solicitando un taxi que llegara hasta el portón. Cuando colgué mire la puerta
de la habitación sonar, y sin ver a diablo, me di vuelta, caminando a la puerta
donde estaba de pie obstaculizándome la entrada.
-permiso diablo...- musito seria en tono bajo. - quiero salir.
-¿A dónde crees que vas?-. Dijo en voz seria y alce la vista viendo como
tenia la mandíbula tensa y los ojos inyectados de rabia. - tú no vas a ningún
lado.
-No puedes obligarme a estar aquí- dije con voz baja intentando no estallar
frente a él.
-Puedo hacer lo que me venga en gana contigo... eso fue lo que
acordamos.- dijo con voz potente. Y me sentí entre la espada y la pared, tan
objeto, tan asqueada, tan vendida. Ni cuando me acostaba con cuatro tipos en
una noche me sentía de esa manera. Ni cuando me pedían o exigían que
gimiera o que dijera sus nombres, cuando engañados me pedían que les dijera
que eran el mejor. Que los quería. Diablo, iba acabar conmigo. Las manos
comenzaron a temblarme y sentí una ansiedad terrible. Necesitaba mis
pastillas. Me quede callada al oír eso, este dio un paso hacia mí y di dos hacia
atrás, como si su presencia me repeliera. - Loreen.- gruño bajo y cuando dio
otro paso intento tomarme un brazo pero lo manotee teniendo la vista baja al
suelo- ¿Qué te sucede?-. Me pregunto. “Y vas a pregúntamelo”, pensé pero mi
reacción no tenía nada de sentido. Estaba celosa de un hombre que no era mío,
del cual era su objeto sexual y sentí que estaba confundiendo las cosas. Que
estaba equivocándome, pero eso no disminuí mi ira, mis ganas incluso de
llorar de frustración y yo no lloraba.
-Quiero irme...- dije en voz clara y sentí como el hombre frente a mí,
apretaba los músculos no quise ni ver su rostro estaría echando chispas- ya me
cogiste ¿No?-. Ya había perdido la calma, alce la vista viéndolo seria y fijo-.
No dormiré contigo como si fuéramos algo, cuando perfectamente dejas claro
que soy tu maldito juguete sexual. - Diablo trago saliva, y arrugo su ceño. El
pecho me subía y bajaba.- Bien...- dije abriendo los brazos dando un paso
hacia atrás- no quieres que me vaya. !Bien¡ pero no tengo que dormir contigo
entonces- murmure para salir de la habitación y sentí su mano tomarme del
brazo y lanzarme contra las sabanas.
-Quieta fiera...- soltó mal humorado y cuando intente levantarme este me
tiro de nuevo contra la cama, mientras mis lentes volaban y el cabello se me
soltaban alborotándose. Me queje mal humorada y sentí como me tomaba por
las muñecas comencé a patalear y removerme, brusca, incluso obligándolo a
aplicar fuerza.
-¡Suéltame!-. Comencé a gritar- Maldición diablo. ¡Que me sueltes!-. Grite
y sentí como me aplastaba con su peso, demasiado frustrada. Sé que no me
golpearía, o haría daño aunque estaba molesto. No era un maltratado de esa
clase. Ok, ya estaba enloquecida. - maldito bastardo, diablo...
-¡Esa boca!-. Grito súper fuerte, aturdiendo mis oídos.- esa jodida boca,
mujer. - dijo colocándome boca abajo, haciéndome respirar casi a golpe
cansada de luchar contra él, este me volteo y sentí como con algo me amarraba
las manos, abrí los ojos, era su corbata. No sexo, no quería eso ahora. Quería
pelear y él pensaba en coger. Me removí pero este inmovilizo mis manos,
llegue aun punto demasiado cansada dejando de moverme, este se sentó en la
cama y me monto encima de él, con los pechos en sus piernas, la espalda
hacia él y el culo, es esa posición BDSM que odiaba iba a castigarme sus
intensiones eran notorias. Ante solo ver que veía el suelo y el cabello caía en
este, me tense completamente, cuando este me subió el suéter, ofuscado, con
ira, bajándome la licra, dejando parte de mi espalda descubierta y el culo al
aire, apenas cubierto por el cachetero que también me bajo, de golpe. Una
tunda. No quería una tunda. No cuando él estaba tan molesto, no así. No de
esa manera.
Diablo... ya entendía de donde provenía el nombrecito.
-Diablo, no lo hagas-. Grite con la cabeza hacia abajo, con el tronco en su
regazo- por favor, no entiendes. No lo hagas- musite intentando explicar
temblando de pies a cabeza de miedo y sé que él, lo noto. !Plaz¡ soltó un
cachetón a mi lado derecho.
-Cuéntalos.
-¡No¡-. Grite- Diablo, no así, por favor. - pedí con clemencia y él no
entendí lo que estaba haciendo.- con ira no. Cuando te calmes. Hazlo. No
ahora- se que su mano se detuvo cuando me escucho. !Plaz¡
-Cuenta...- negué con la cabeza, sintiendo como me ardía la piel y se me
Escocia. Tenía la puta mano pesada, él lo sabía. ¿O quizás no? ¡plaz!, ¡plaz!
-Cuatro...- anuncie cuando entendí que no se detendría. !zas!- cinco..- grite
removiéndome, queriendo soltarme.- Diablo para, ya...
Ya decían por ahí que venderle el alma al diablo era lo peor que uno podía
hacer.
-Loreen.... ¿Por qué te quieres ir?-. Pregunto. !Plaz!, !Plaz!- si me
responden se reducen los azotes.
-Cinco, seis...- grite con ira- maldita sea, me pides que no quieres verme
con nadie, pero yo si debo verte con alguien.- grite removiéndome. ¡Plaz!,
!Plaz!- siete, ocho.
-¿Son celos?, ama...- dijo con sarcasmo. Sus azotes subían de nivel. Estaba
demasiado molesto y no se estaba percatando con ello. ! Plaz!, ! Plaz!
-Nueve, diez...- maldición diez, ¿Por qué no paraba? No le respondí lo
demás.- si estoy malditamente celosa.
-Son veinte pelirroja.- me anuncio y ¡Plaz!, !plaz¡, !plaz¡, grite con ira
removiéndome y me tuvo que sostener. - cuenta- negué sintiendo las lagrimas
escocerme. Esta al ver que me negaba siguió. !Plaz¡.!Plaz¡.!plaz¡ Siempre me
daba de tres en tres, maldición. La piel me ardía, se me Escocia y él, debía
notarlo porque no paraba.- dime algo...- soltó con ira. - ¿Aquel amo te hacía
sentir como yo?-. Grito furioso y sus azotes seguían. A cualquier mujer
excitaría aquella situación a mi me estaba causando un efecto contrario.-
¿Aquel amo te gustaba?-. Preguntaba y aquello era una firme confirmación de
celos. De unos malditos celos que me iban a descocer las nalgas y Diablo
estaba deseando marcar su territorio en mí. ! Plaz!, ! Plaz!, ! Plaz!, ! Plaz!, !
Plaz!, ! Plaz!, una ola de nalgadas se me fue encima y ya las lágrimas rodaban
por mi rostro. No ante sus golpes ante los amargos recuerdos, los amargos
castigos que en algún momento me dieron en un tiempo pasado, que eran
similares a los de Diablo, sus azotes eran pasables, pero sus palabras
mezclados con ellos lo habían jodido todo, empecé a sollozar muy alto,
desmoronándome bajo su regazo. Mientras intentaba tomar aire y el hombre
que me dominaba se tenso. Algunas sumisas lloraban porque el placer eso les
provocaba, otras porque el dolor les provocaba llorar aunque siempre tenía un
beneficio después, en mi caso, diablo había tocado una herida que había tenido
cerrada, por la cual nunca me había dejado dominar y mi tipo de sexo, era solo
para dar y no recibir, me había tocado la fibra más sensible. Mis sollozos
aumentaron y sentí como este las piernas le temblaban repentinamente.
-amo...- susurre llorando- suéltame, por favor...- musite suplicándole en
lagrimas.
-Loreen yo...- su voz se oía quebrada, quizás verme así, le había afectado
como amo, como hombre como todo.-. ¡Mierda!, ¿Que hice?- pregunto y se
había percatado que estaba hecha un desastre.
-Suéltame. Por favor. amo... - chille aun mas y sentí como este posaba sus
manos desarrollándome la corbata intento levantarme pero me levante brusca
cayendo al suelo, frente a él, sentándome de golpe, sintiendo el frio tocarme
las nalgas adoloridas. Mientras las lagrimas no paraban de salir y las manos
me temblaban. Este intento acercarme pero me eche hacia atrás temblando de
pies a cabeza, llorando. - No me toques...- murmure suave-. No más...- dije
mas presa de mis viejos recuerdos que de otra cosa. Quería huir, quería
encerrarme en mi casa y no salir en mucho tiempo como ya había hecho.
Termino lastimándome...
Con cuidado me subí la bragas y la licra, mientras también me bajaba el
suéter, diablo se levanto y caminaba de un lado a otro, desesperado, quizás no
sabiendo que hacer para ayudarme. Quizás sintiéndose culpable. El ambiente
se había tornado pesado. Me estire hasta alcanzar mi maleta hasta que sentí el
bolsillo, al abrirlo saque temblando la caja, que en mis manos, tembló
cayéndose y dejando ver regándose muchas pastillas en el suelo. !Maldición¡,
trague saliva, ni quería levantar la mirada para ver a Diablo, ante aquel
desastre, ¿Qué le diría cuando me preguntara porque tantas pastillas?, ¿Ahora
qué?, temblaba completamente, hasta que sentí las manos de él tomarme las
mías y como se arrodillaba frente a mí, tirando a un lado las pastillas, cuando
alce la vista, tenía su vista enrojecida como si fuera a llorar, frente a mí.
Diablo se estaba dando cuenta que la mujer frente a él, estaba rota. Estaba
demasiado rota. Tenía tanto sin llorar, que solo pude lanzarme en sus brazos y
llorar en su pecho, por horas, por primera vez, llorando frente a alguien,
desahogando tantas cosas que tenia. Mientras sus brazos, me arrullaban y solo
estaba encima de él, sentado en el piso. Llorando en su pecho. Mientras sentía
su barbilla apoyada en mi cabeza. No recuerdo cuando deje de llorar, mucho
menos cuando el sueño me traiciono.
Circunstancia conflictivas
Al despertar el sol, me golpeaba la cara, intente moverme, pero estaba boca
abajo contra las sabanas, gemí de dolor cuando las sabanas me rozaron las
nalgas. Me dolía el cuerpo, como si me hubieran dado una paliza. Apenas
pude musitar, sentía un ardor en la garganta. Pase una mano por mi cabello.
Moví la cabeza de un lado a otro, estaba en la cama sola, al percatarme estaba
desnuda. ¿Había hecho algo anoche?, de repente me llegaron los recuerdos
fugaces de Diablo azotándome, de mis lágrimas, de las pastillas. Mire al suelo
sentándome en la cama tapándome con las sabanas quejándome, sentí que
tenia crema en las nalgas cuando estas se sintieron pegajosa contra las
sabanas. El piso estaba limpio no había rastro las pastillas. Tome un gran
suspiro, pasando una mano por las sabanas, sintiendo las lágrimas en los ojos.
¿Qué diablos hice?, ¿Como pude ponerme así ayer?, estaba sintiendo cosas
por diablo y no debía ser así. No era hombre de una sola mujer, no era bueno
para mí y yo así rota como estaba mucho menos para él.
Pase varias veces mis manos por mi rostro, apartando el cabello de mi cara.
-pareces desconcertada.- alce mi vista cuando vi a Diablo, entrar con el
cabello húmedo, el pecho descubierto y unos monos azules claro, al parecer le
gustaba andar así en su casa- tal vez asustada.- murmuro y trague saliva. Este
traía una bandeja en su mano dejándola frente a mí, este coloco el jugo al lado
de mi mesa de noche para no botarlo y empujo hacia mí un plato de frutas,
también había huevos, pan y tocineta en aquella bandeja, en distintos platos.
Tome un cubierto bajando la mirada ni siquiera podía verlo. Estaba atando
cabos y era entendible explicaba y me llevaba un pedazo de melón a la boca
masticando con suavidad.
-Estoy bien diablo...-. Murmure bajo sintiendo su mirada sobre mí,
mientras comía. Sintiéndome tan incómoda. Todo esto estaba tornándose mal.
-¿Quieres que hablemos sobre lo de ayer?-. Trague fuerte al oírlo, tosiendo
y agarrando el vaso de jugo tomando calmando el sosiego. Habíamos llegado a
la parte que no quería. Negué varias veces con la cabeza, aunque estaba
percatándome que estaba hablando con suma amabilidad. - Yo quiero que me
aclares algunas cosas.
-Yo quiero decirte unas cosas también- murmure alzando la vista
mirándolo fijo, dejando de masticar.
-Dímelas...
-no me gusta que me controles, no me gusta tu manera de querer
mantenerme encerrada aquí como si fuera tu esclava. No me gusta que vengan
mujeres a buscarte, si me pides que no esté con nadie, mientras este contigo.
Quiero tener el derecho de exigirte lo mismo- dije desviando mi vista- llámalo
celos, egoísmo, posesión como gustes. Ni yo sé que es, no quiero verte con
nadie, mientras estés conmigo. Luego de este mes puedes hacer lo que quieras
Diablo es tu vida y tu fama te precede y yo no soy nadie para decirte lo
contrario.- explicaba seria y lo mire para luego bajar la vista.- y si acepte esto,
es porque...- me calle- porque quise, pero si juego a tus reglas, debes jugar con
mis condiciones. Todo amo, debe escuchar las peticiones de su sumisa.- dije
mirándolo fijo. Este tomo aire, relajándose.
-Quiero aclárate algo... No eres mi objeto sexual Loreen, no te hubiera
traído aquí, ofrecerte dormir en mi cama, vivir conmigo ni todo lo que te
ofrezco. No puedo decirte que eres para mí, pero no eres ni mi puta ni mi
objeto sexual. - dijo con firmeza.- no quiero que sigas pensando eso...
-bien...- murmure a regañadientes. Mientras tomaba un pedazo de pan mas
tocineta masticando.
-Quiero que hablemos de lo que sucedió ayer...- musito con voz baja y
suave y alce mi vista con el pan en la mano sintiendo mis ojos llenarse de
lagrimas haciendo que este se percatara.- si quiero que funcione necesito que
confíes en mi, por lo menos decirme la verdad. Necesito saber quién es Loreen
Grace y quien es la mujer que duerme a mi lado. Yo puedo complacerte en tus
peticiones, pero debes ser reciproco y darme lo que pido...- explico.- sé que
soy posesivo, controlador y dominante contigo. Pero es que tú me haces
sentirlo así, siento que te me vas de las manos y eso no puedo permitirlo.-
susurro bajo y una de sus manos paso por su mejilla mientras masticaba
dejando abajo el pan, con un nudo en la garganta- ¿Para qué son todas las
pastillas que están en ese estuche?- me pregunto y mi vista se cruzo con la de
él.
-Para los nervios, la ansiedad, la depresión, el estrés, mis ataques de
ninfomanía descontrolados a toda hora-. Dije casi susurrando como si me
hubiera robado un dulce y lo estuviera confesando. Los ojos de diablos, se
abrieron en par y no pude descifrar que expresión era aquella. Este carraspeo.
-¿Por qué llorabas ayer?- pregunto dejando a un lado mi perola
quitándomela y acercándose a mí, teniéndolo tan cerca como para recibir su
delicioso olor.
-Porque...- baje la vista, intentando controlar las lágrimas- tú.- musite bajo.
No queriendo levantar la vista. No podía hablar mas... tenía un nudo en la
garganta.
-Loreen debes decirme que sucede... lo de ayer fue un ataque de miedo, de
lagrimas, de nervios, necesito saber cómo amo, que te ha pasado para que
reaccionaras así, sentí como te tensaste ante la posición, como te desesperabas,
te estaba azotando pero no tan duro como para que te destrozaras de esa
manera sobre mi...- aclaro. - mierda mujer- dijo está tomando mi rostro entre
sus manos levantándolo hacia el- me quería morir cuando te vi así ayer, me iba
a volver loco. Dime que sucede....- pregunto y acerco sus labios a los míos,
besándome suavemente. Este tipo de acciones me confundían jodidamente
peor.- no quiero que vuelva a suceder jamás. Confía en mi pelirroja. Yo quiero
cuidar de ti.
Ante aquello aleje mi rostro de sus manos había escuchado eso antes.
-Hace varios años..- musite mirando mis manos con las suyas- tuve un
novio-. Tome distraída las manos de diablo abriéndolas para mi, pasando mis
dedos por las palmas de su mano- esta persona fue quien me indicio en el
mundo del sexo, del sado, del BDSM, de algunos juegos sexuales que para la
gente le parecía tabú. Al principio era un amo atento, amable...- trague saliva
sintiendo como se me quebraba la voz- pensé que lo amaba, quizás por eso
permanecí a su lado muchos años aun ante todo... pero no era así.
-¿Qué sucedió?-. Pregunto diablo.
-Este amo, se volvió insípido, frio, calculador, maltratado. Sus juegos
pasaron a ser torturas chinas, dolorosas- le explique ante los recuerdos- tengo
aun marcas en ciertos lugares que me hizo él.
-Como la que tienes entre los muslos, como si fuera una puñalada- musito
y sus manos se apretaron en puños.
-Así es, me mando al hospital unas cuatro veces, luego de sus azotes,
castigos y una que otra tortura, hasta que casi me mata una última vez y decidí
alejarme, desaparecerme del mapa, quizás el miedo que le tenía me llevo a no
demandarlo. Quizás porque sabía que le estaba permitiendo hacerme eso. -
explicaba.
-¿Por qué te distes que nunca que no lo amabas?-. Me pregunto y tuve que
llenarme el pecho de valentía y alzar mi vista mirándolo fijo.
-Porque tú en una semana me has hecho sentir cosas que él, en 3 años, no
pudo hacer- dije en voz seca cuando este fue abrir la boca la tape
levantándome arrodillándome frente a él en la cama- no quiero que digas nada.
Cuando se fue, no me importo, a los dos días, me percate que ni falta me
hacia-. Dije teniéndole la boca tapada, hablando acelerada- no quiero
confundir más esto diablo. Tú no eres hombre de una sola mujer, estoy clara
de que esto es un negocio y se mantendrá así, tu fama te precede y tienes un
pasado tan turbio como él mío. Las mujeres te persiguen y a ti te gusta, no
puedes negarlo. Pero a veces tomas acciones y dices cosas que me confunden
eso conlleva a que ahorita me sienta como me siento, me destabilices como lo
haces. No quiero sentir esto, es doloroso, es temeroso y tú eres el diablo, ni
siquiera contigo, podre apaciguar los demonios que me atormentan. - murmure
destapando su boca viendo sus labios- tengo un deseo irrefrenable por ti sexual
y quiero que sea así, ayúdame a no confundir más las cosas. - murmure bajo
viendo sus labios cerca de los míos, para luego sentarme frente a él.
Bien las cartas estaban echadas... ya no había nada bajo la manga. Este se
quedo callado y supuse que había hablado de más.
-¿Por eso eres ama y no sumisa?-. Al oír su pregunta y como saltaba el
tema sonreí algo melancólica asintiendo.
-Así es, también por esa razón cuido tanto de Dalia, de Luna o de algún
sumiso que haya pasado por mis manos. Sexo, saludable y consensuado
Diablo. No quería que nadie más me dominara, me gusta tener el mando el
poder, verlos sucumbirse ante mis caricias, mis besos mis caderas, ser ama y
dueña de mis orgasmos, de las reacciones que tiene mi cuerpo no que alguien
más tenga perder sobre ellas...
-como lo tengo yo.- dijo sonriéndome-
-así es, como lo tienes tú. No quiero que nadie me vea desmoronarme
como ayer. Oírte hablar de mi ex amo, de compararte con él, mientras me
azotabas solo despertó recuerdos que tenia dormidos, miedos y angustias que
he intentado no sacar a la luz.- explique- era muy niña y cuando tendemos a
vivir cosas de esas, nos marcan de por vida.- le admití.
-Eso me hace pensar que nunca te he preguntado tu edad. Pareces muy
joven.- dijo sonriéndome pasando una mano por mi cabello, la tensión se había
vuelto.... Nada. Suavidad. Intimidad.
-¿Cuál es tu edad diablo?-. Pregunte y este me sonrió, besando la comisura
de mis labios.
-El diablo no tiene edad...
-la ama nunca dice su edad, a las mujeres preguntarles eso debe ser
pecado.- admití sonriéndole repentinamente y este carcajeo.
-No puedes ser tan joven. Has dominado a tanta gente que....- al oír lo que
había dicho se quedo callado.
-Así que en verdad tienes mucho tiempo tras de mí. Diablo.- musite
mirándolo fijo. Este bajo la vista, para rascar su nuca con la mano.
-Loreen yo...
-¿Valió la pena?.- pregunte mirándolo fijo interrumpiéndolo este me miro y
sonrió asintiendo.
-No creo que te deje ir de aquí, después de que pase este mes... no quiero
dejarte ir nunca en realidad.- murmuro y negué riendo. Era muy controlador,
pero poco a poco entendí como empezar a llevar a ese extraño hombre.
-Debes tener unos 30, ¿Cierto?-. Pregunte y este me miro divertido.
-31.
Su edad no la aparentaba parecía muy joven pero para sus actitudes, lujos y
poder debí no ser tan joven.
-Punto para mi.- musite sonriéndole. - ¿Te importa la diferencia de edad?-.
Pregunte y este mordió su labio haciendo suspirar mirándolo.
-Igual no te dejare ir...- dijo sonriéndome
-tengo 20 años.- este al oírme abrió sus ojos en par.
-Debes estarme jodiendo.
-¡Esa boca!-. Dije remediándolo- cuidado con su vocabulario Sr. Diablo. -
este sonrió divertido.
-Tengo algunas preguntas...- musito y rodé los ojos tomando de mi jugo.
-No me dejaras hasta que preguntes todo de mi ¿Verdad?- me pregunto y
este asintió- ¿No debías trabajar?
-Soy mi propio jefe, tomare el día libre.- musito encogiéndose de
hombros.- además quiero que hagamos unas cosas hoy.- explico y rodee los
ojos.
-Necesitare un vestido, me duele demasiado el culo.- admití intentando
levantarme de la cama y vi como se acercaba. - y Ni se te ocurra, no me
convencerás, sacaras cosas o respuestas con sexo. Eso es soborno- musite
mirándolo y este levanto sus manos con inocencia. Haciéndome sonreír. Él
estaba llevándolo con calma esta mañana y debía aprovechar de ello. Me
gustaba este diablo que no había conocido jamás.
Diablo hizo que me vistiera, con un pantalón azul y me prohibió
colocándome alguno de mis tan usados suéter, así que opte por ponerme un
crop top blanco y sobre este una chaqueta de cuero, arremangada hasta los
codos y una alta coleta en el cabello, dejándome mis lentes blanco Niké. Este
se vistió con gorra, suéter manga larga gris, pantalón negro y botines grises.
No se podía negar, el muy desgraciado tenía un gusto excelente para vestirse y
en ocasiones parecía un veinteañero como yo. ¿Once años era mucha
diferencia?, no lo creía así.
Había empezado mi vida sexual los 12, temprana edad a manos de alguien
que me llevaba cinco años, así que comenzaba a creer que las personas
mayores eran lo mío. Cuando estuve lista y baje este me esperaba sentado en
el capo del auto, al verme me abrió la puerta cuando entre la cerro y prendió el
auto, mientras yo colocaba alguna emisora y deje una donde estaba soñando I
Will rain de Bruno Mars. Mientras ponía los pies sobre el picaporte deje el
volumen bajo, para que no le molestara y cuando este salió de la mansión,
escuche un sonido familiar y saque mi teléfono. Cuando vi, quien era pensé, si
contestar o no. Era Jess. Diablo me vio negar y dudar riendo. Estaba de buen
humor. Eso era extraño.
-contesta pelirroja-. Murmuro con su vista concentrada al frente.
-Habla-. Murmure contestándole.
-Háblame fosforito-. Musito al otro lo de la línea Jess y se oía animado.
-Renacuajo, no me digas así-. Musite divertida-. ¿Como estas?, ¿Mi
mamá?
-Bien te llamaba para que supieras que la transferencia se hizo efectiva.
¿De dónde sacaste tanto dinero?- al oírlo me tense bajando los pies del
picaporte volteando a ver a Diablo que se estaba haciendo el desentendido,
mirando la carretera. Abrí mi boca sorprendida. Yo no había mandando dinero.
Ni tenia de donde.
-¿Transferencia?-. Pregunte aun sin creérmelo.
-Si la que hizo tu novio-. Apenas escuche aquello, mire con ojos furicos a
diablo quien me miro de reojo sonriéndome.
-¿Novio?-. Dije con voz corta sorprendida.
-Mamá y yo, queremos conocerlo- anuncio algo receloso-. ¿Por qué no nos
habías dicho que vivías con él?-. pegue la frente del picaporte- tráelo el fin de
semana. Mamá quiere hacer pasticho, es una buena razón- anuncio
-aja-. Dije sin poder articular más y de repente un recuerdo llego a mi
mente-. Oye-. Dije saltando en mi asiento, recordando repentinamente- en mi
casa se va a quedar por unos días una chica
-¿Una chica?-. Pregunto confundido- ¿es linda?
-¡Hey!-. Regañe-. Contrólate -. gruñí-. Se llama Luna. Quiero que estés
pendiente de ella y de mis cosas. Si te la coges te lo corto-. Amenace y
escuche sus risas.
-Oye tu hermano soy yo...
-lo sé, pero está pasando por un mal momento como para que tú vengas a
romperle el corazón-. Escupí rápido.
-Bueno...- susurro- me portare bien. Debo irme estudiar. Te escribo luego-.
Explico y colgué viendo diablo conducir.
-Frénate un momento diablo...- murmure y este me miro sin entender, pero
acato esa orden cuando se detuvo antes de entrar a la ciudad. Apenas lo hizo,
me arroje sobre el golpeándolo con mis puños, de manera suave sus brazos
este busco de defenderse riendo divertido. Tome aire cuando me lance contra
mi asiento de nuevo ya cansada.
-¿Ya?-. Me pregunto sarcástico y divertido.
-¡Pero te has vuelto loco!-. Le grite-. Le has dicho que somos novios y que
vivimos juntos-. Chille-. Dios, quieren que te lleve el fin de semana-. Patalee
con malcriadez-. Conseguiste el número de cuenta de....- me quede callada
atando cabos y abrí los ojos - ¡James!-. Grite histérica y este no perdía la
calma seguía divertido- has estado revisando mis cosas, ¡Hijo de puta!-. Sisee
-¡Esa boca!-. Se quejo regañándome e ignorando todo lo demás.
-Eres un...- este se acerco besándome en los labios y mordiéndome el labio
inferior tirando de él.
-No quisiste decirme cuanto necesitabas. Tuve que investigar-. Explico
como si nada
-¿Esa es tu respuesta?-. Pregunte perpleja.
-Cállate y coopera-. Musito alejándose y prendiendo de nuevo el porsche.
Solté un bostezo, era imposible discutir. Era caso perdido. Cuando el auto
comenzó circular solté un bostezo.
-¿tienes familia?-. Le pregunte viendo que no era tan mala la acción. Si sus
drásticas maneras de hacerlas, pero también quería ayudarme porque mi
familia era importante.
-Tengo una hermana menor y mis abuelos-. Explico concentrado.
-¿tus padres?-. Pregunte y este frunció el ceño-. Murieron en un accidente
aéreo hace mucho tiempo-. Explico y asentí con la cabeza.
-ya...- musite-. ¿has estado casado?-. Pregunte aun más curiosa y este me
miro de reojo y negó. Asentí nuevamente.- ¿tienes algún hijo regado por ahí?-.
Pregunte a la carga nuevamente y negó otra vez. Por lo cual sonreí.
-¿interrogatorio?-. Me pregunto y asentí. Note que su humor bueno no
desaparecía, debía aprovechar.
-¿Puedo ir algún día donde trabajas?.
-Trabajo en la torre Parishi. Ultimo piso-. Musito y eso sonó a: “cuando te
dé la gana”
-¿también te has cogido a tus secretarias así como a tu diseñadora?
-Loreen...- gruño y reí.
-Bien, terreno pantanoso. Ya entendí- dije divertida-. ¿a dónde me llevas?
-Sorpresa. - murmuro.
-No sabía que eras un hombre de sorpresas-. Admití sarcástica.
-Ni tu un mujer puzzle, pero aquí estamos-. Ante aquello comencé a reír
alto.
-¿Insinúas que soy difícil?
-Eres un cubo y no lo insinuó tu eres difícil y misteriosa.
Negué divertida ante aquello, pero repentinamente deje de reír, cuando
detuvo su auto. Este noto mi expresión porque me miro fijo. Porque en
ocasiones mi cabeza analizaba demasiado rápido las cosas ataba cabos sueltos
y las conclusiones me cambiaban drásticamente el ánimo.
-¿Buscaste información de mi?, ¿Verdad?-. Murmure seria y este lo asintió.
-Ni expediente, ni referencias. Eres un fantasma-. Explico y negué.
-¿Por qué no dejas que yo te vaya contando?, ¿Por qué tienes que pasar
sobre mi?-. Pregunte intentando no molestarme y arruinarlo.
-Fue mucho antes...- admitió.
-¿Antes?-. Pregunte confundida y caí en cuenta diablo llevaba mucho
buscándome. Ya sabía mi nombre, seguramente me busco en expedientes y al
ver que no aparecía aumento su curiosidad. Loreen Grace era solo un nombre,
sin dirección, sin foto, pero, ¿Cómo supo mi nombre?- Diablo...
-pronto te lo explicare. Lo prometo-. Musito al tomar mi mano y besar mi
nudillo.
-¿Sabías que Dalia me llevaría aquel día?-. Pregunte y este negó.
-Fue una casualidad,
-¿Mi nombre como lo supiste?
-Cuando te hospedaste en el hotel, Dallas suite. Diste tu nombre real, eso
me hizo saberlo- no se oía muy convencido pero no quería indagar mas.
-¿Dallas suite?
-La fiesta sweeger en Panamá.- explico-. Fuiste acompañada.
-Del árabe...- murmure recordando aquel magnate millonario. Algo mayor
pero agraciado.- diablo eres terrible.
-Algún día te lo explicare-. Musito y aquello no me apaciguo para nada.
Todo referente a ese tema se tornaba extraño. Pero, lo dejaría pasar esta vez.
-Eso espero-. Murmure bajo y este se bajo del auto, cuando se estaciono e
hice igual. Mire varios edificios, entre ellos, reconocí una inmensa tienda otra
de ropa y una universidad a lo lejos donde había sumamente gente. Conocía
aquella universidad. Habia asistido. Diablo se sentó en el capo de mi auto
mirándome. ¿Ahora qué?-. Le pregunte sentándome a su lado.
-Decide...- murmuro mirándome y señalo la universidad-. Terminas el
curso avanzado que Jess me dijo que no pudiste terminar o te inscribes en la
universidad y haces una carrera completa-. Sonaba más a una demanda que
una posible opción a elegir.
Me quede estática oyéndolo. Al parecer había hablado tendido con Jess. Lo
mire fijo a ver si jugaba conmigo, pero no había una pizca de diversión en su
rostro hablaba en serio.
-yo...- dije mirándolo fijo- no quiero. Yo estudie lo que debí estudiar- le
explique y este me miro contrariado. Cuando abrió la boca para hablar me
acerque callándolo con un beso-. Gracias, de verdad gracias. Pero, tengo que
pasarlo. Estoy desorientada-. Confesé y este paso una mano por mi cabeza.
-¿desorientada?
-No sé qué hacer con mi vida. Tengo que pensar que hare-. Le explique. –
digamos que antes hacia algo que amaba y no me refiero a lo de prostituirme,
antes de eso tenía una profesión. Jess no te lo dijo quizás porque sabía que yo
debía decírtelo en persona.
-Necesitas surgir. No puedes vivir tu vida facilitando la de tu hermano y
madre, mientras ellos surgen y tú te hundes-. Aquello me cayó como un balde
de agua fría-. En un parpadear de ojos se te ira la vida-. Admitió y este fue un
derechazo, directo a la costilla.
-No lo entiendes- le murmure-. Pero gracias por pensar en mí.
-Lo entenderé cuando comiences a explicármelo.
-Soy una mujer rota. En muchos sentidos Diablo-. Dije suspirando este me
miro.
Se hizo un silencio monumental, luego de aquella confesión miramos, los
autos pasar en silencio y solté un suspiro.
-¿Quieres comer?-. Me pregunta y asentí varias veces. Sonriéndole pero
este no me devolvió la sonrisa, al parecer mi respuesta lo había desanimado y
me sentía culpable. Apenas nos subimos al auto y este lo encendió, mirando
por el retrovisor para salir.
-Diablo...- murmure y cuando salió, empezó a conducir con tranquilidad.
-Mmm.-. Musito y sonreí, acercando mi boca a su cuello, besándolo y este
se detuvo ante un semáforo volteando a verme.
-Quiero jugar con el diablo-. Musite sarcástica viéndolo tensarse y
agachándome, llevando mis manos a su pantalón, soltando el botón abriendo
el cierre bajándolo.
-No, mierda. No lo hagas-. Dijo mientras se aceleraba y yo reía, metiendo
la mano en su bóxer, sacando su semiduro miembro que reaccionaba ante el
contacto de mis manos.
-Conduce-. Demande-. Manos al volante y evita que nos matemos-. Dije
con diversión.
-Dios mío, te odio-. Gruño cuando mi lengua rozo con la punta la lengua
de su sexo.
Le di un lengüetazo a la cabeza de su miembro, mientras el auto
comenzaba a andar. Escuche como se le cortaba la respiración y coloque una
mano en su falo, a medida que bajaba mi mano masturbándolo mi boca se
arrastraba hacia abajo, metiendo su miembro completos, excitándolo, para
comenzar a subir y bajar haciendo succión con la boca, chupando como si de
un caramelo se tratara y el hombre bajo mi dominio, gemía alto, el auto rodaba
apenas, se detuvo y no volvió a conducir, concluí que diablo tuvo que
detenerse y agradecí a los vidrios ahumados. Estaba enloqueciéndolo con
aquella felación que le estaba haciendo. Una de sus manos tomo mi cola
enrollándola en su mano. Mientras empujaba sus caderas contra mí y me
causaba arcadas llevando su miembro hasta mi garganta, casi ahogándome, su
mano empezó a subir y bajar con desespero mientras ahora, prácticamente
estaba fallándome la boca, mientras soltaba gemidos altos y se descontrolaba
contra mi boca. Aquel sabor, salado, dulce que relleno mi boca fue la muestra
de cuando llego al orgasmo, llenándome la boca de él, soltándome una última
estocada.
Con él, los papeles siempre se invierten yo empezaba dominante y
terminaba ultrajada pero me gustaba.
Comenzaba a darme cuenta que me gustaba diablo. Me gustaba vivir con él
y me gustaba tanto que empezaba a querer que no terminara, el mes. Este se
detuvo y despegue mi boca sentándome, despeinada mirándolo, cuando este
me miro trague lentamente y este abrió la boca, mientras me limpiaba la boca
y me arreglaba el cabello.
-dios mío, eso es lo más sexy que no había visto jamás-. Soltó atónito y
negué divertida para guardar su miembro en su bóxer y subirle el leve sin
lastimarlo y arreglarle el botón.
-Tengo hambre-. Dije sarcástica y este sonrió. Señalándome al frente, vi un
restaurante. No se detuvo porque no aguantaba, sino que ya habíamos
llegado-. Oh...- dije y abrí la puerta bajándome, este hizo lo mismo y se coloco
a mi lado tomándome la mano entrelazándola con la mía.
Aquel restaurante era sin techo, mesas redondas algo elegantes con
paraguas que cubrían cada mesa del sol. Había meseras sonrientes, diablo me
llevo y se sentó frente a mí, en una mesa algo en el rincón de aquel lugar. Este
se sentó guiñándome un ojo.
-Buenos días-. Musito una señora mayor, mirando una hoja en su mano,
esta alzo la vista- ¡Diablo!-. Dijo sonriente y vi como varias de las meseras
cuando este anuncio a mi acompañante sonrieron, peinando sus cabellos y
acomodando sus senos dentro de un uniforme azul claro, algo bonito,. Aquello
me hizo sonreír y la señora mayor volteo a verme- señorita...- asintió esta y le
sonreí.
-Tráenos la carta, por favor-. Murmuro diablo, para tomar mi mano sobre
la mesa, marcando que estaba conmigo aquello me encanto, esta saco de su
delantal par de cartas entregándonoslo y esperando que nosotros ordenáramos.
Diablo cerro la carta y tomo la mía entregándosela a ella de vuelta. Infle mis
mejillas, no me dejaría elegir nuevamente-. Tráenos, la recomendación de la
casa.
-Un batido de fresa-. Salte rápidamente y diablo sonrió ante mi acelerado
ataque.
-Para mí una coca cola-. Musito y esta señora se dio vuelta yéndose.
-¿Qué fue eso?-. Me pregunto
-tengo que actuar rápido, porque a este paso terminaras hasta eligiendo que
anticonceptivas me tomo o no.
-¿Te las estas tomando?-. Pregunto y lo mire entrecerrando los ojos.
-¿Es en serio?-. Le pregunte mirándolo fijo y este me volteo el rostro. Lo
sabia- te da igual si quedo o no embarazada, ¿Cierto?
-No exactamente.- murmuro y me miro-. Si quedaras embarazada no me
molestaría en lo absoluto-. Al oír aquello sentí las mejillas enrojecerme- el
hijo del diablo.
¡Estaba demente!, no mas sexo para diablo. Se le estaba tostando el
cerebro.
-¡¿Qué?!-. Grite y me calle de golpe penosa, al ver como algunas personas
se volteaban ante mi grito- diablo-.- susurre- deja de hacer eso.
-¿hacer qué?- pregunto confundido.
-Unos días me aclaras que es solo sexo, me recuerdas lo del trato, luego
saltas otro día diciendo que quieres o te agradaría que te hicieras papá y que
no quieres que me vaya jamás-. Me queje en voz baja-. ¡Vas a enloquecerme!-.
Le recrimine.- ¡Deja de confundirme!
-Señores...- nos interrumpió aquella señora trayendo par de bebidas,
dejándola, frente a nosotros. Tras de esta venia una chica con dos platos en
una bandeja cuando los dejo abrí la boca era...
-sopa-. Chille emocionada, era una candente sopa de mondongo-.
Mondongo-. Murmure dramática y feliz, como niña con juguete nuevo mire a
la señora-. ¿colombianos-. Esta asintió.
-¿tu?-. Me pregunto de nuevo ella. Haciéndome callar que quería
arrancarle la cabeza a Diablo.
-caraqueña.- murmure- tenia años sin tomar sopa.
-Buen provecho entonces...- me dijo diablo-. No sabía que mi mujer era
venezolana-. Al oír aquello alce la vista sonriéndole-
-ahorita les traigo el siguiente plato.
-Gracias-. Le murmure a diablo
-ojo...- dijo este cuando me lleve la primera cucharada de sopa y gemí de
placer. Estaba deliciosa-. No sabía nada. Siempre he venido aquí.
-¿ósea que el apodo “diablo” es de pequeño?- pregunte y este asintió.
Sonriendo.
-Con el tiempo me ha quedado como anillo al dedo. Diablo, es mas mi
nombre que James.
-Me gusta llamarte a veces James
-lo haces en situaciones graves-. Musito pensativo y lleve otra cucharada a
mi boca. - anoche...
-yo...- tome aire- oírte comportarte o demostrar que eras mejor que él, fue
horrible mas cuando me azotabas, aquello me trajo amargos, recuerdos-.
Confesé-. Tú no eres como él, eres simplemente diablo-. Murmure
sonriéndole-. Tú tienes un trono-. Intentaba explicarme lo mejor posible sin
irme por donde no debía. Soltar demás la lengua.
-A veces-. Murmuro tomando de su sopa, pero soplando antes- siento que
disfrazas las cosas para no decirlas como es...- me aclaro y negué riendo.
-Diablo, ahora dices “mi mujer, mas seguido-. Le musite-. Soy a la única
con la que duermes en tu casa, al parecer la única que traes aquí y con la única
que has vivido-. Este alzo la vista hacia mí-. A la única que prácticamente le
ofreces que tenga un hijo contigo. ¿A que jugamos?, diablo-. Pregunto dejando
a un lado mi plato de sopa-. Dices que yo disfrazo las cosas, pero al parecer no
soy la única. Llevas meses persiguiéndome aquí me tienes para ti. ¿Ahora
qué?
-Ahora eres mía y te marcare de todas las maneras posibles-. Amenazo y
nuevamente diablo se convertía en lo que era el rey de las tinieblas-. Eso
conlleva ponerte un jodido anillo de bodas en la mano izquierda-. Aquello
completo todo su descargue.
Abrí la boca sorprendida, ante tan fuertes declaraciones, como dicen por
ahí, me había dejado en tres tablitas, me había puesto las cartas sobre la mesa.
¡No!, me las había lanzando directo al rostro.
¡Bang!, con tres palabritas me había tumbado las defensas.
Punto para el King.
En ocasiones, era un amor. Hasta de tal manera que era imposible no
encariñarse, pero cuando lo arrinconaba o me le acercaba mucho, salía diablo
a marcar territorio y atacar para llevarse a quien sea por delante.
La mesera se acerco dejando dos platos más sobre la mesa, era una especie
de paella, con camarón, carne, pollo tipo mar y tierra.
-Buen provecho-. Dijo esta para retirarse.
-¿Te comieron la lengua los ratones?, ama-. Pregunto diablo con tono joco
y sarcástico.
Negué sonriendo estaba tentándome, buscándome guerra, tome los
cubiertos para comer y llévame un pedazo de aquella deliciosa mezcla de arroz
amarillo con distintas carnes, masticándola suave mirándolo.
-Te diré algo. Serás conocido por ser muy domador de fieras, muy diablo.
Muy macho. King the world- susurre divertida masticando con educación -.
pero te diré algo...
-¿ah sí-. Pregunto aun más sarcástico tentándome.
-Poseer el cuerpo de una mujer es fácil. Cualquier puede hacerlo. Pero
desnudar su alma domar su corazón eso, mi King, es una tarea que incluso es
complicada para ti, diablo. Es más difícil porque estamos hablando de mi.-
este soltó un gruñido al ver mi contraataque-. Cuando tú me veas un anillo de
bodas y compromiso, significara que estoy enamorada y entregada a alguien, y
amando a la persona a la que me le entregare. Mientras-. Dije con ímpetu- soy
libre, uso mi cuerpo como guste, daré placer a quien quiera y no le debo
fidelidad a nadie. Porque soy ama de mi cuerpo y de lo que provoco con él. Tú
serás diablo, pero yo sigo siendo el ama, mi fama me precede y no he perdido
mi identidad incluso en tu infierno.
-Quizás tu cuerpo no, pero tus pensamientos y tus sentimientos son míos,
poco a poco-. Dijo sonriéndome contra atacándome, pero ya me había cansado
de los juegos, psicológicos.
-Vaya, casualmente, pensando lo mismo. Es muy grato saber que diablo
está poniendo su corazón en una bandeja de plata, a una perra sin corazón
como yo-. Ante aquello diablo se levanto arisco. Estaba repentinamente
enloquecido. ¡Bang suerte Loreen. Despertaste a la fiera!, Agárrate.
-Loreen...
-cálmate diablo-. Murmure bajo-. estamos en la calle, ¡Por favor!-. Sisee
mirándolo esta paso varias veces las manos por su rostro exasperado. Me
levante tomándolo de la mano y besando sus labios, tranquilizándolo este
tomo un gran suspiro-. Lo siento pero si me arrinconas, reaccionare así.-
musite suave-. Somos similares. Si me buscas, me encuentras-. Explique y me
estire de puntillas besándolo de nuevo-. Ahora coopera y pasemos un buen día,
¿Si?-. Le pregunte y este me miraba con una intensidad que me hizo sentir
como si me fuera arrancar la ropa públicamente negó y beso mi frente. Aquel
gesto me sorprendió pero tranquilizo, la fiera se había apaciguado... por
ahora.
Nos sentamos y terminamos de almorzar, varias veces, halague a la
mesera, y al cocinero. Aquella comida, me hizo sentir en casa, por un buen
rato. Cuando terminamos de nuevo dentro del auto. Un teléfono empezó a
sonar y supe que era el de diablo.
-Diablo.- musito serio y aquello me hizo sonreír, recordando la primera vez
que este hablo conmigo-. SI- dijo y su voz se oscureció, endureciendo su
expresión y deje de reír-. ¿Cuándo?, no puedo. Estoy con Loreen-. Dijo y
aquello me sorprendió le había hablado de mi a alguien-. Maldición-. Paso una
mano por su frente-. Bien. Voy directo para allá-. Soltó y colgó prendiendo el
auto.
-¿Todo está bien?-. Pregunte y este negó con la cabeza-. ¿Quieres hablar de
ello?- este se volvió a negar con la cabeza. Bien lo había intentado.
-¿Recuerdas que dijiste que tenias demonios?- me pregunto cuándo arranco
a manera abrupta y rápido por la calle. Me aferre a mi asiento.
-Si -. dije apenas no queriendo ver por la ventana ni al frente.
-Deberías saber como la mujer del diablo que tengo muchas más demonios
que tu y deberás ayudarme a librarme de ellos-. Murmuro con la mandíbula
apretada, al verlo. Tomando las curvas sacudiéndonos.
-Me encanta domar fieras diablo-. Murmure en voz alta-. Me gusta, como
suena “la mujer del diablo”. The queen.- dije intentando suavizar la situación,
pude ver como este soltaba un poco el volante, relajando los hombros. Este me
miro de reojo
-¿En serio?-. Pregunto y asentí.- Loreen debes confiar en mí, escucharas
muchas cosas y...
-Shhh-. Lo calle-. Luego de esto quiero otro batido de fresa-. Anuncie
sonriéndole para pasar del tema y este lo noto.
El trayecto se hizo en silencio había escuchado ya de ese edificio uno de
los más altos de la ciudad. Había pasado por allí varias veces, nada mas la
entrada era imponente, de altas escaleras, como si fuera la entrada de un
tribunal. Era un edificio más de veinte piso. Siempre pensé que era de algún
viejo magnate, con mucho billete, que tenía más dinero que vida social y al
parecer no estaba tan equivocada, magnate millonario era. Viejo decrepito no.
Al parecer con el pasar de los días, parecía más mío.
Cuando el auto se detuvo, mire a un hombre alto, con traje negro, reconocí
a uno de esos escoltas con el que me fue a buscar al hotel la primera vez. Este
se acerco al auto y abrió la puerta dándome la mano para bajar, lo mire
sorprendida ya no parecía tan peligroso, pero bueno seguía siendo un moreno
de dos metros, llenos de músculos hasta en su rapada cabeza, diablo se acerco
a este entregándole las llaves de su auto… Este me tomo de la mano, cuando
comenzó a subir las escaleras, intente soltarme y este se dio cuenta apretando
aun más la mano. Hay dios mío... este hombre va a matarme con esas
acciones. Seguramente su empresa era el nido de víboras más peligroso al que
alguna vez me haya metido. En la entrada las primeras miradas, fueron la de
los guardias en la puerta que lo saludaron y me miraron insofactos. Si natural,
ver a su jefe entrar de la mano con una mujer desconocida. Al parecer esto no
era muy normal, una vez adentro, toda la estructura era maravillosa, no se veía
espectacular solo por fuera sino por dentro también, el piso era de una
cerámica, como pastel, súper bríllate, se podía reflejar cualquier cosa como un
espejo en ella. Estaba algo vacía la recepción era de una cerámica negra, larga
tras de esta habían tres chicas, atendiendo llamadas y concentradas en su
trabajo, jóvenes, bonitas, de buena presencia y muy cumplidas por lo visto,
diablo me guio hasta un par de ascensores del lado izquierda y vi que había
más pasillos, en aquella recepción donde salían algunas personas. Vi de reojo
como aquellas tres chicas volteaban a vernos en silencio, cuando esperábamos
el ascensor, seguramente examinándome con la mirada, cotilleando algo.
Cuando diablo volteo estas siguieron con sus labores haciéndome reír, una vez
llego el ascensor, salieron varias personas saludando a diablo con sumo
respeto, pero volteándose a verme desconcertados, este hacia como si nada
sucedía, mientras yo luchaba por no reírme por la expresión de las personas a
medida que avanzábamos en aquel edificio. Al entrar había algunas personas
que apenas vieron a diablo entrar, aun sabiendo que subían, se bajaron
dejándonos solos.
-eso es respeto...- murmure cuando las puertas se cerraron.
-¿De qué hablas?
-Nada... yo me entiendo...- murmure divertida. Aquel ascensor nos llevo
hasta un piso 30 sin detenerse. Lo cual me confirmo de que la persona que
vigilaba por las cámaras se había encargado de que su jefe subiera sin ser
molestado. ¡¿30 pisos?! ¿Qué hacían cuando no servía los ascensores?, aquí
debía trabajar muchísima gente. Una vez cuando las puertas se abrieron, un
par de mujeres, algo mayores, pero hermosas, pelo negro ambas, facciones
delgadas, nos recibieron con un par de tazas humeante me quede perpleja
cuando tome una y este tomaba la otra sin dejar de soltar mi mano, camine con
cuidado y al sorber me percate que era chocolate. Vaya... quería venir más
seguido.
-Está en la sala de reuniones, Sr. Diablo. Musito aquella chica y me quede
perpleja cuando vi que incluso en su trabajo le decían diablo, menudo apodo
más famosito. Este le devolvió la taza y me miro.
-Ella- señalo a una de la que estaba a mi lado, pelo corto, pecosa, ojos
verdes. - te llevara a mi oficina, me esperas allí.- me ordeno muy serio y asentí
mientras me soltaba con la mano y esta chica con una sonrisa algo nerviosa me
llevaba por un pasillo, mientras yo tomaba derecho, este se desviaba a un lado.
Lo mire desaparecer y seguí a la chica que me llevo hasta una doble puerta
inmensa, esta abrió ambas manos aquel despacho y al entrar, esta entro
conmigo cerrando la puerta.
En su despacho el suelo era de alfombra vinotinto oscuro, de paredes
similar a vinotinto, pero no era cerámica, o solo pared, era como un tapizado
espectacular, el escritorio era de un tono madera oscuro liso barnizado como
en su casa y descubrí que le gustaba este tipo de decoración. Había una
biblioteca aun lado izquierdo y del derecho una pared, que en vez de ser pared
era de vidrio transparente, corredizo. Una enorme ventana. Que daba una vista
hermosa, había estantes y demás cosas, pero muy bien arreglado, la jodida
oficina tenía un olor a limpio terrible, como nuevo, habían también muebles de
cuero negro, que se veían muy cómodos. Un lujo notable. Tome un poco del
chocolate, admirando el lugar.
-Sra. Aragón ¿Desea algo?-. Casi me ahogue cuando la oí musitar aquello,
¿Se refería a mi?, menuda mierda, voltee a verla a punto de reírmele en la
cara, pero mantuve la compostura asintiendo.
-Si, quisiera saber quien espera a Diablo en la sala de reuniones-. Dije
mirándola fijo dando un paso hacia ella intimidándola y esta se tenso.
-Disculpe pero no puedo...
-ah vamos.- dije animándola-. Diablo sabrá que no me has dicho nada, no
te metería en algún problema-. Murmure amable y está bajo la vista.
-Una mujer-. Uy, eso fue más fácil de lo que creí, al parecer diablo le había
ordenado en complacerme lo que pidiera-. Lleva días viniendo, y preguntando
por él. Es muy insistente. Él ha pedido que no la dejemos entrar, pero hoy se
ha vuelto loca gritando que hasta que él no viniera no se iría.-explico y asentí.
- Señora, si el jefe se entera que yo...
-shhh-. La calle sonriéndole. - tranquila, no he oído nada...- musite amable
y esta me devolvió la sonrisa más tranquila. Esta a diferencia de las demás no
andaba con repelencia y supe que no era una de las conquista de diablo, se
veía más contemporánea con él. Repentinamente escuchamos unos vidrios
sonar, como si se estrellaran contra algo y ambas nos tensamos seguidos de
gritos de una mujer. Un alboroto descomunal que estaba sucediendo afuera. Di
un paso para salir pero esta me detuvo, metiéndose en mi camino. Lo sabía,
diablo la había mandado porque sabía que al oír aquel escándalo iría a ver qué
sucedía. Muy inteligente. - puedes darme permiso o puedo noquearte y salir-.
Le dije seria- si me dejas salir, le dirás a tu jefe que te amenace y tu saldrás
librada- murmure bajo jugando con su mente y esta abrió la boca- O también
puedo noquearte, pues.... - murmure divertida y esta se echo a un lado.-
excelente... eso sí, cuando salga, sales tras mío.... ¿ok?-. Esta asintió
nerviosamente y juro que en ese segundo amaba esa manera de jugar con la
mente de la gente. En mi otra vida debí ser psicóloga.
Cuando salí, mire a la otra recepcionista parada en el pasillo, con rostro
horrorizado, viendo algo del otro lado del pasillo, camine hasta esta y los
gritos se hacían más claros, mientras avanzaba pasando por un lado de ella por
un pasillo. Gritos de mujer.
-Tú no puedes hacer esto...- gritaba aquella mujer, con voz desconocida,
mire una puerta entre abierta, de donde provenían los gritos.- dijiste que me
amabas.
-Imposible-. Escuche otra voz femenina y la reconocí era la rubia, la
diseñadora, olvidaba su jodido nombre.
-Estas errada- escuche la voz calmada de diablo- a la única mujer que
podría decirle que la amo, está en mi despacho e incluso así, no se lo he dicho.
Creo que estas algo pasada de copas. Buscare a alguien que te lleve a tu casa-.
Explico y me quede petrificada al oír aquello. Cuando uno anda de chismoso.
¡Bang!, le caen aquellas cosas como bombitas de agua. Eso era una
declaración muy brutal. No había dicho que me amaba pero estaba en las
posibilidades, me quede estática allí. El chisme estaba muy bueno.
-¡No!-. Grito ella- no me iré. Hace unos días estabas conmigo, aquí en tu
oficina y ahora no respondes mi llamada, no me escribes, me evitas. ¿Qué te
sucede?, ¿Tu nuevo juguete te tiene tan distraído?- camine y me quede fría en
la puerta a punto de abrirla, aquello me había caído terrible. Se había visto con
ella hace unos días. Pero si tenía unas semanas conmigo. Entonces, ¿Que era
esto?, ¿Por qué estaba otra vez tan molesta?, diablo tenia cosas que
explicarme. Me llamo juguete, diablo no la callaba, no le negaba aquello no
decía lo contrario.- harás con ella lo mismo que con todas- le recriminaba-
durara unos días más y cuando te aburras, empezaras a esquivarla. ¿Para qué
hacernos sentir seguras si luego nos das tres patadas?-. Siseaba y al asomarme
apenas, lo primero que vi, fue aquella rubia, diseñadora, que cruzo su mirada
conmigo pero no dijo nada, se quedo callada, sin avisar de mi presencia, esta
devolvió la mirada a quien sea que veía. Diablo ¿Por qué no se defendía?
-Debes irte... ya habíamos hablado de esto.
-Por supuesto cuando me tenias sobre tu oficina follandome-. Esta
comenzaba a llorar y sentí pena por ella pero aun más pena por mí, por
escuchar todo aquello detrás de esa puerta. Porque me estaba doliendo cuando
no debía ser así. Así como todo podía ser bonito en un segundo al otro, era una
mierda. Tome un largo suspiro recostada del marco de aquella puerta sin
abrirla solo oyendo a ver si así, pedía la retirada. Ya mi hermano tenía el
dinero, no podía quitárselo, ya me había puesto como le había dado la gana.
Podía irme, no podía obligarme, no tenía nada que me atara a él. Aquella
diseñadora, me miraba de momentos, percatándose de que estuviera allí,
sabiendo que oía, más que chismosa, callada, en silencio y hasta herida.
Éramos mujeres podíamos percibirlo. - ¿Quien es ella? - pregunto
amenazadoramente- ¿las demás lo saben?-. Aquello sonó tan psicótico, que ya
entendía eso de “tengo más demonios que tu”, claro tenía un grupo de
celopata, agresivas y alcohólicas mujeres que creían que era de su propiedad y
se llevarían por los cuernos a quien se les metiera en medio. No eran tan
distintas a él. En que infierno vine a caer. Tome aire. ¿quebrarme?, no
señores.
-Diablo...- murmuro aquella rubia con tono jocoso. Estaba disfrutándolo-
dile quien es.
-No es nadie..- anuncio este con voz alta y seria. Tenía a sus secretarias tras
mías, viendo igual que yo todo el chisme. Épico. - solo una mas... ¿ya puedes
irte?-. Le pregunto-. Te recuerdo que no tengo dueña, o similar. Ni tu ni nadie
se tomara poderes sobre mí-. Sonó imponente y vi como aquella rubia se
tensaba, imagine que la otra igual en mi caso. Solo estaba con los brazos
cruzados, seria. Acababa de joderlo todo. Preferible que se hubiera quedado
callado.
-Vaya... - dijo aquella rubia alzando una ceja. Para luego negar. - yo
pensando que en serio, querías como mujer a la colegiala.
-Laurent...- dijo diablo y sentí los ojos llenárseme de lagrimas, pero tome
aire poniéndome dura como solía hacerlo. - Natty, debes irte... no querrás
hacerme enfurecer. He estado tratándote con toda la caballerosidad que he
podido-. Murmuro serio y oír aquel nombre me erizo la piel. No podíamos
conocer a la misma Natty, ¿Cierto?, bueno tanta gente que me había llevado a
la cama, que ya ni lograba diferenciarlas y en este mundo el libertinaje, como
las diferencias entre sexos, no había.
Empuje la puerta, abriéndola, poco a poco sin moverme de donde estaba,
recostada del marco con los brazos cruzados una pierna recostada del marco,
la puerta se abrió en par dejándome ver aquella escena. Mí vista cayo primero
sobre la chica llamada Natty, si la conocía, si era quien pensaba y me divirtió
pensar que en alguna de mis tantas noches, le había arrancado gemidos y
demás aquella mujer que lloraba con suavidad, tenía los ojos hinchados,
enrojecidos. Esta me miro de arriba abajo, naturalmente ni por su mente me
comparo con la ama, simplemente era una pelirroja de lentes que la observaba
fijo, esta paso las manos por su rostro, por el maquillaje choreado. Estaba
vestida muy elegante con una inmensa cartera en su brazo, desprendía
elegancia y sabia que debajo de tanta tela, su cuerpo era divino a su corta
edad. En ningún momento vi a diablo. No quería hacerlo, no quería ni
mostrarle el dolor tan jodido que tenia entre pecho y espalda, por sus palabras.
No me sorprendía, de él nada lo hacía. Era contradictorio y confuso. O muy
bueno en lo suyo.
-¿Es ella?- pregunto atacada y diablo tomo aire. - ¿Quién eres tú?-. Me
grito y solo podía verla fijo, queriendo ahorcarla, pero no me gustaba las
acciones prefería las palabras.
-Te dije que te quedaras en mi oficina-. Murmuro con voz ronca, lleno de
ira Diablo.
-Vete...- le murmure a aquella chica, ojos café, pelo rulo marrón, de rostro
redondo y pecas en el rostro algo oscuras. Esta abrió su boca. Pero negué.
Dándole a entender que no hablara o la iba arrastrar hasta la salida por el
cabello.
-Colegiala, pero no haces mucho caso.- murmuro divertida Laurent y
desvié mi vista hacia ella.
-¿Recordaste no morderte la lengua, para no envenenarte?- le pregunte y
esta me miro disgustada, pero sonriéndome con hipocresía.
-Basta...- escuchamos a diablo y su voz sonó imponente-. A la oficina...-
dijo serio y sé que se refería a mí.
-Of course, amo-. Dije con total sarcasmo mirándolo. Este abrió su boca y
apretó sus puños para pasar las manos por su cabello. Le guiñe un ojo a Natty
y una sonrisa a Laurent para darme vuelta. Mire a las dos secretarias que al
verme, comenzaron a caminar devolviéndose a la recepción y yo caminaba
tras ellas. Tragando saliva. Tragándome el orgullo, tragándome la rabia,
queriendo llorar, pero no... no lo haría. Una vez en la recepción mire a una de
las chicas-. Tráiganme una taza de chocolate caliente y unos malvaviscos por
favor.- murmure seria y una de estas asintió, mientras yo caminaba al
despecho. Esta no duro ni diez minutos cuando entro a la oficina, con una
bolsa gigante de malvaviscos blancos y una nueva taza de chocolate,
llevándose la que ya me había dado. Me senté sobre aquel cómodo sofá de
cuero, tomando un sorbo de mi chocolate y destapando mi bolsa de
malvavisco. Para sacar mi teléfono y mirar que tenía un mensaje, mire
extrañada intentando concentrarme en ello, en donde estaba, en lo agitada que
estaba llena de ira.
Texto:
De: Sheila.
Hola, se que tenemos mucho sin hablar. Quisiera saber, ¿Cómo estás?,
¿Que ha sido de ti?, ¿Cómo sigue tu familia?, ¿Aun estas en la ciudad?, te
extraño y espero todo te vaya bien. Cuando desees puedes escribirme.
Empecé a sentir un tic, nervioso en el ojo. No podía pasarme todo el
mismo día. Mire el mensaje con algo de recelo, ¿Qué hacia?, ¿Le respondía?,
escuche la puerta del despacho sonar pero no alce la vista, hasta que un par de
pisadas de tacones se venía sobre mí, mire aquellos cabellos castaños y
aquellos ojos café. Llenos de ira. Natty caminaba hacia mí, deje la taza en un
costado lejos y la bolsa sobre el mueble al igual que mi teléfono.
Levantándome. Escuche como Diablo, la llamaba a gritos y supe que se le
había escapado de las manos, esta le subía el pecho y le bajaba con ira, di un
par de pasos a un lado cuando este se balanceo sobre mí, cayendo sobre el
sofá. Quería arrancarme los cabellos. Di un par de pasos, mas mal humorada,
esta se levanto y alzo una mano para cachetearme, pero muy lenta, tome su
mano con brusquedad, haciendo tropezar con sus tacones, llevando esta mano
tras su propia espalda, haciéndole una llave, doblando su brazo haciendo que
traqueara su hombro y la empuje con agresividad contra la pared y esta golpeo
su cara y pechos contra la misma soltando un grito de dolor.
-A ver... vamos a ponértelo así. - dije con ira- te me acercas de nuevo y te
voy a romper los huesos. ¿Estamos claro?-. Dije con voz dominante casi en un
susurro contra su oído. Esta gimió de dolor.
-Si... si-. Dijo tartamudeando al ver que no le había salido la acción como
creía.
-¿Si qué?- gruñí contra su oído y esta se estremeció, abriendo sus ojos en
par, quizás golpeándole el recuerdo.
-Si ama...- chillo gimiendo e intento voltear el rostro-. ¿Pelirroja?
-Puedes meterte con el diablo... pero no te metas conmigo. Porque puedo
ser peor que él-. Amenace cuando sentí la puerta sonar de nuevo, mientras
tenia inmovilizada a Natty contra la pared, con un brazo en la espalda, - y
calladita-. Le susurre muy bajo solo para que ella pudiera oírme.
-Suéltala...- escuche un gruñido masculino y solté aquella chica, alzando
las manos con señal de inocencia mientras esta caía al piso, sobándose el
brazo, pero volteando a verme mientras daba dos pasos atrás y Laurent se
acercaba a esta, pero Natty solo me veía aterrorizada reconociéndome. A quien
había sido su ama, a quien le conto en una noche de despecho muchas cosas,
que podían joder su matrimonio y con quien acababa de meterse. Esta trago
saliva con los ojos cristalizados, de una fiera inquieta paso a ser una oveja
asustada frente al lobo. Sentí a diablo tras de mí. Camine hacia el sofá,
tirándome frente a él, tomando mi bolsa de malvaviscos, y tomando un poco
de mi taza, volteando a ver aquella mujer.
-Chao...- murmure bajo y esta se levanto casi al tiro, tomando su cartera y
pasando por un lado de diablo, al que vi, por unos segundos y tenía su mirada
sobre la mía. Desvié la vista a mi teléfono. Tomándolo y escribiendo
Para: Sheila.
También te extraño, pero aun no es el momento. Besos.
Envié el mensaje mientras me cruzaba de piernas, si el diablo existiera en
ese momento estaría temblando frente a mí, porque si pudiera demostrar cómo
estaba más de uno se hubiera asustado. Mire a Laurent que salía del despacho,
dejándome sola con diablo quien me miro fijo, mientras lo miraba fijo también
sin una pizca de intimidación o miedo.... sin una pizca ya de respeto.
No dijo nada. No podía decirme nada, no tenía el derecho.
-¿Qué tanto oistes?-. Me pregunto serio y me termine de tomar mi
chocolate, guardándome en el bolsillo mi teléfono y tomando mi bolsa
llevándome varios malvaviscos a la boca.
-Lo suficiente como para saber que eres un maldito infeliz-. Murmure
mirándolo fijo masticando.
-Esa boca...
-es mía y puedo decir lo que me plazca con ella diablo-. Musite seria-.
Respeto a quien respeto se merece.- dije seria y este llevo las manos a su
bolsillo.
-No me provoques...- amenazo.
-No lo he hecho-. Dije metiendo la mano en la bolsa. - ¿Quieres azotarme?,
si eso te hace feliz, dímelo y lo hacemos...- dije con la voz más hipócrita. El
quería pagarme por ser una puta, él quería que fuera una más. Bien... eso le
daría. Me comportaría como una verdadera perra sin corazón.
-Loreen....
-ama-. Corregí.- Loreen me llaman mis amigos, y tú no eres de ese grupo.
Trátame como yo te trato a ti, como un negocio.- mis palabras eran frías
cortantes.
-Lo dices porque estas molesta.- intento justificar mi actitud. - y tienes
razones de estarlo...- aquello me tomo con la guardia baja. Oh vamos, no podía
aflojarme ya. Este desvió la vista- siento decir todo aquello. No era verdad,
pero no puedo dejar que ellas te hagan algo en una reprimenda.- me explico
con voz apagada y me valió madres.
-No sé porque te disculpas, soy tu objeto sexual, tenemos un negocio solo
cumplo con mi papel. Ya acabara pronto el mes, y me iré.- anuncie fijo
mirándolo. Este alzo su vista mirándome
-¿Quieres que sea así?-. Me pregunto y asentí con la cabeza. Ya me había
dado mi parte dándole el dinero a mi hermano debía pagar ahora yo la parte
que me correspondía. - porque puedo tratarte de esa manera.
-Ambos podemos jugar este juego.- dije con seriedad. Y diablo se volteo
dándome la espalda.
-No hagas esto...
-no es nadie. Solo una mas...- musite sus palabras y este se volteo brusco
viéndome- no tengo dueña. - le sonreí- no diablo, lo has hecho tu. Quiero
cumplir mi parte para largarme y acabar con esto. - dije seria.
-Te dije que tenía fantasmas, pero veo que no eres lo suficiente para poder
con ellos-. Dijo caminando para salir de su despacho.
-Estas equivocado....- dije y este se detuvo-. Con lo que no puedo es con la
gente hipócrita, que te hace creer un día que eres importante y luego por la
espalda, te hace menos que una puta mas...- dije levantándome y este me miro.
Tenía los ojos cristalizados y aquello me tomo fuera de base, tenía los ojos
rojos. Estaba huyendo para no demostrar ello-. Tus demonios no son nada,
comparados con el problema que tienes de darle el puesto a las cosas como
son. Diablo. Piensa eso.- dije pasando por un lado de él.
-¿a dónde vas?-. Me pregunto caminando tras de mí, mientras caminaba
hacia el ascensor.
-Nos veremos en la noche-. Musite tocando el botón del ascensor, aun con
la bolsa en mano, comiendo- quiero caminar...- dije seria.
-No tienes dinero...- musito con preocupación. Tenía razón, estando con él
no me había preocupado tan solo en ello.- deja que le diga alguno de mis
empleados que te lleven a donde deseas.
-Bien...- dije cuando el ascensor se abrió. - fue divertido saber que
mientras has estado acostándote conmigo, te acostaba con Natty en tu oficina.-
murmure y sentí como se tensaba a mi lado-. Me la debes... me la cobrare
multiplicada por diez, amo.- dije con voz cantúrrienla llena de frustración con
la vista nublada de lagrimas, cuando entre al ascensor. - no me vas a coger
mas, porque ni siquiera te daré razones de hacérmelo.- dije con la mirada llena
de lagrimas mirándolo fijo musitando aquello seria mientras este tenía las
manos, a los lados del ascensor mirándome con la vista fija, intensa. - porque
estas dándome asco. Así que tendrás que obligarme a hacerlo.
A veces algunas cosas dichas con ira, eran para arrepentirse, porque
tendían a lastimar y herir. En este caso, haberle dicho algo tan fuerte a diablo,
conllevo a que estuviera muy arrepentida, casi por toda una semana. Porque si,
seguí en la mansión, pero dure una semana esquivándolo, durmiendo en una
de las habitaciones de huéspedes ignorando las llamadas de mi hermano cada
día, encerrada viendo tv y comiendo, con la puerta cerrada con llave, así que
solo asomaba la cabeza cuando la Sra. Thomsonp me traía comida, tanto así,
que ella misma le pidió a diablo que no me molestara hasta que decidiera salir,
dure una jodida semana escuchándolo llegar, caminar pasando por mi
habitación, sin tocar, sin llamar, como si fuera un objeto más de la casa, me
sentía miserable y tenía la oportunidad de huir, pero por alguna extraña razón
seguía retenida a él, a esa casa a seguir con todo. Mi teléfono seguía en
silencio tirando a un lado de aquella habitación. En ocasiones oía a diablo irse
en las madrugadas y concluí que siguió con su vida de amo, dominador de
sexo, mientras yo tenía una leve crisis de identidad, de desmotivación y quizás
depresiva por una razón que no entendí, en realidad si la entendía pero no
quería aceptarla.
Como todas las mujeres, termine enamorada del diablo....
Enamorada de un hombre que no podía ser para mí, enamorada de un
hombre que me veía como un objeto sexual, ¿Que esperaba?, era una
prostituta me vendía por dinero, ¿Por qué ser una mujer que valiera la pena?,
pero aun así... aceptarlo era más doloroso que sentirlo.
La ama había entregado su corazón a un demonio que estaba haciéndolo
añicos.
La Sra. Thompson me había preguntado varias veces, porque no salía, que
había sucedido entre el diablo y yo, mientras yo solo pude decirle que no
sucedía nada, cuando era todo lo contrario. Estaba siendo todo un infierno,
pero como decirle que había hecho un trato con él, era su prostituta personal y
estábamos teniendo una confrontación con mucho orgullo y poca madurez,
esta me dijo que este casi no hablaba, ni comía casi. El cargo de consciencia
debía ser brutal, porque si seguía perdiéndose todas las noches, era porque
algo bueno estaría haciendo.
Estaba pensando que la mejor opción era irme.
Era acabar con todo...
No notaria mi ausencia...
No había intentando ni hablarme cuando llego aquel día de la oficina...
Cuando viera a Natty, me la cogería con alevosía y planificación hasta
hacerla llorar...
Quería hablar con alguien pero contárselo a alguien seria echarme la soga
al cuello…
Si, extrañaba a Sheila, pero incluso con ella no tendría la valentía de
decirle mi oficio...
Aunque ella me había traicionado, no debía ni pensar en ella como opción,
como amiga...
Tenía esas ganas inmensas de llorar, pero no salían lágrimas, no funcionaba
así.
El domingo por la noche, finalizando la semana. Escuche la puerta sonar
siendo lanzada. Pero lanzada azotándola con fuerza, mire por encima de mis
sabanas y eran las 4:00 de la madrugada. Una cosa era que llegara todas las
madrugadas pero esta vez hacia más ruido del usual, escuche pasos abruptos
por el pasillo, como si chocara con los muebles, e imagine que traía alguna
mujer encima besándola, manoseándosela, me coloque una almohada en la
cabeza, pero escuche que maldecía y supe que estaba solo y los pasos se
detenían en mi puerta, tras escuchar una sucesiva series de golpes. Como si
llamara. Los golpes no se detenían, sonaban una y otra vez, haciéndome saltar
de mi cama. Estaba en ropa interior, cacheteros con el cabello suelto
despeinado y sin lentes, camine a la puerta o terminaría derrumbándola. Tome
la perilla de la puerta, dándole vuelta a la llave y abriéndola de golpe.
Ante mi tenia aun Diablo, con un olor a licor, a perfume de mujer, con la
camisa de vestir blanca llena de manchones rosas, supuse que era labial, el
cuello desordenado algunos botones de la camisa sueltos. Los pantalones
desabrochados el cabello muy desordenado y una botella de whisky en una
mano, recostado del marco de la puerta me miro de arriba y abajo
sonriéndome, tomándome con brusquedad lastimándome de la muñeca,
jalando para que saliera de la habitación. Por ese segundo me maldije por
haber abierto la puerta.
-Bien, esta lista para trabajar-. Gruño contra mi cara, golpeándome el
olfato con el olor a licor, estaba muy ebrio, como jamás lo había visto, en
realidad nunca lo había visto ni sabrosito por el licor. Tenía los ojos grises,
oscuros casi en un tono negro. Intente tironear de él, pero este me agarro con
mas rudeza haciéndome chillar y me llevo arrastras por aquel pasillo hasta
bajar a trompicones las escaleras. Para toparme, con dos mujeres, que lo
esperaban abajo, abrí los ojos ante sus intensiones, aquellas chicas lo
esperaban desnudas o bueno terminando de desnudarse estaban igual de ebrias
que él y pase una mano por mi cabello. Este aun no me soltaba. - Bien...
quiero que me hagan un show...- dijo triunfoso y aquellas chicas sonrieron
asintiendo embelesada por él.
-Diablo...- murmure intentando soltarme.
-Calla, que esto es un negocio ¿No?-. Dijo con severidad y lo mire, estaba
haciendo algo de lo que estaba segura se arrepentiría mañana-. Tú eres mi puta
y debes hacer lo que yo te ordene. Por eso te pago. ¿No?-. Dijo con voz grave.
Trague saliva. - vamos...- me empujo contra las otras dos chicas. Me quede
cerca de ellas, con la mirada abajo demasiado humillada. Cuando por la cocina
apareció un hombre, que se tambaleaba riendo. ¡Mierda!, ¿Que era esto? Este
se quedo frio, mirándome detallándome con la mirada llena de perversión y
lujuria. Había traído un tipo extraño para mí. Era muy fornido, mucho. Se le
notaba en las venas de sus brazos, tenía el cabello en una alta cola de caballo.
Era de mi estatura, algo mayor poco agraciado. Diablo estaba haciéndome
tragar todas las que le había hecho. Este acerco una mano hacia mí pero me
eche hacia atrás. -No-. Dijo diablo- no puedes tocarla a ella.- le murmuro con
hipo y este se alejo. Mire a las dos chicas, que me veían de arriba abajo.
-¿Qué quieres que haga?-. Pregunte en voz alta mirándola a ambas, quienes
se movían como panteras sobre mí. Bien tenía ganas era ninfómana pero sentía
tanta impotencia que mi libido, deseo o como quieran decirle estaba muerto. -
hare lo que me mandes. - le explique a diablo.
-Quiero que la pongas, acostadas sobre la mesa donde comemos.- dijo con
voz ronca y trague saliva, camine hacia la cocina y todos me siguieron una vez
allí, estas se subieron, colocándose boca arriba, mire a ambas por primera vez
con asco. Estaba sucediéndome algo que mi cuerpo no reaccionaba a la
situación. Repelía todo. - ahora quiero que te quites la ropa interior-. Alce la
vista hacia él, que se sentaba en una de las sillas del comedor y el otro
individuo hacia lo mismo. Negué con la cabeza- !Hazlo!-. Me ordeno y apreté
los puños, bajando la cabeza, haciendo lo que me estaba pidiendo,
comenzando por el sostén y luego las bragas. Dejándolas a un lado.
-Dios mío...- escuche gemir al otro hombre y ni siquiera quería alzar la
vista.
-Ahora, quiero que pruebes a cada una de mis mujeres-. Ordeno con tono
mandón y cerré los ojos al oír como las llamaba igual que a mí, quería correr
de ahí. Quería llorar ahora si quería llorar. Me subí acuesta de aquella mesa
sabiendo que el vidrio podría romperse así que opte por quedarme abajo y
pararme al lado de una, pero cuando estaba a punto de pasarle la lengua por el
cuello me detuve, sintiendo una electricidad recorrerme el cuerpo y me erguí
negándome.
-No puedo...- murmure dando un paso hacia atrás y corriendo fuera de allí
como alma que llevaba el diablo, mientras subía las escaleras a toda chola, y
entraba a la habitación, mientras sollozaba y se me salían las lagrimas. Y
buscaba algo de ropa que ponerme. La puerta tras de mi sonó y al voltearme
todo fue demasiado rápido.
Lo primero que vi fue un puño de nudillos grandes, que me alcanzo, casi
haciéndome cerrar los ojos, sentí un dolor punzante en el labio y otro en la
cabeza cuando caí al piso, adolorida sin entender que sucedía y que había sido
aquello, algo caliente me inundo al boca y supe que era sangre, movía las
manos, intentando saber que había sido aquella salvajada, cuando sentí un par
de mano tomarme de los tobillos y arrastrarme por el suelo haciendo que
pegara la cabeza de la pierna de la cama, aturdiéndome aun mas, todo estaba
borroso escuche una respiración acelerada y un olor extraño de hombre,
desconocido, una mano que me tapaba la boca y algo caliente recorrerme las
piernas, cuando reaccione tenía un inmenso hombre sobre mí, fornido, con
ojos llenos de lujuria desenfrenada y deseo sexual descontrolado, reconocí al
invitado de diablo que me había seguido hasta mi habitación y me tenia contra
el piso con una mano en mi boca tapándola, casi asfixiándome porque tenía
tapada mi nariz y no podía respirar casi. La otra masajeándome un pecho
lastimándome por la brusquedad y una erección en la entrepierna, golpeando
mi sexo. Si la fantasía sexual de toda mujer era ser violada, pues para mi, era
lo más aterrador que había. Al reaccionar, tenía las manos libres como pude
intente quitármelo de encima pero este se alzo y me soltó otro golpe al rostro,
haciendo que mis brazos cayera, con una fuerza brutal, me tomo del cuello y le
solté un codazo al rostro, intentando tomar una bocanada de aire.
-¡James!-. Grite con todas las fuerzas que tenía atragantándome con mi
propia sangre y moviéndome como una fiera ante aquella aplastante masa de
peso. Era buena peleando pero no así, no aturdida por un hombre de más de
100 kilos, azotándome el rostro. Le di una patada sacándomelo de encima
arrastrándome por el piso intentando levantarme- ¡Diablo!-. Grite nuevamente
pero aquel hombre tiro de mi, de nuevo hacia él, mientras comenzaba a llorar
desconsolada porque el único que podía ayudarme estaba abajo con dos
mujeres que lo estaban entreteniendo. Comencé a lanzar golpes y sentir que
me los regresaban. Quizás el peso de la adrenalina no me estaba haciendo
sentir que aquel hombre lleno de ira estaba lanzándome golpes a muchas
partes de mi cuerpo y sentí el aire irse cuando uno de sus puños, alcanzo una
de mis costillas. Dejándome entumecida ante aquel olor. Sexo, en este mundo
todo se manejaba con sexo incluso los más terroríficos momentos en la vida de
una mujer. La cabeza me dio vuelta y cuando reaccione, aquellos golpes
habían cesado, aquel peso había desaparecido y escuchaba gritos, gritos
furicos de un hombre que no era el que me estaba atacando. Menee la cabeza,
arrastrándome por el piso cuando mire a diablo sobre aquel hombre, que
intentaba defenderse de la bestia de hombre que tenia encima, dándole puño
tras puño. Azotándolo, atacándolo, castigándolo. La sangre empezó a salir
esparcida incluso manchando el piso hasta donde estaba yo, ahora sentada,
cubriéndome con mis brazos, temblando llorando. Diablo estaba a punto de
matarlo, hasta que la puerta sonó y vi entrar a un hombre de cabello rubio,
rizado en rulos hasta sus hombros, de piel clara. Vestido ejecutivo que
intentaba detener a diablo que estaba siendo una bestia contra aquel tipo, que
había dejado de luchar y estaba con ojos cerrados quizás inconsciente, con el
rostro desfigurado y mucha sangre esparcida a su alrededor.
-Diablo... basta....
-voy a matarlo-. Grito enfurecido diablo intentando zafársele pero aquel
hombre no le soltaba. Luchando por controlarlo. Mire al hombre en el piso y si
parecía como muerto. Ni respiraba, ni creo que lo reconocerían mas nunca en
su vida, ante tal paliza que le había dado diablo. Este detuvo sus movimientos
cuando comencé a sollozar muy alto tapándome la boca con las manos con las
piernas dobladas hacia mi pecho, intentando cubrir con la misma mis pechos y
con los pies mi intimidad. Mientras me tapaba la boca con las manos
insofacta, repentinamente mirando aquel hombre. Diablo lo había matado por
ayudarme, pero diablo también era el culpable por haberlo traído, o quizás yo
por no haberme quedado abajo y haber huido. - Loreen-. Musito este corriendo
a socorrerme, tomo las sabanas blancas y me las tiro por encima tapándome, lo
mire con desespero.
-Diablo...- este negó con los ojos llenos de lágrimas. El diablo con
lágrimas en los ojos, quizás culpa, dolor.
-Loreen estas sangrando y temblando – susurro tomándome en sus brazos,
ayudándome a levantarme.- maldición esto es mi culpa. - se auto castigo.-
debo llevarte a un medico.- negué varias veces con desespero.
-Puedo ayudarte...- le musito aquel chico- recuerda que soy paramédico- le
murmuro y diablo lo miro dudando mientras yo lo veía sin saber quién era,
mientras temblaba en los brazos de diablo. Este asintió y supe que le tenía la
suficiente confianza- luego vemos que hacer con esta joyita-. Murmuro
señalando aquel hombre.
-Diablo... no te vayas...- murmure mientras volvía mis manos en puños en
su camisa. Llorando, ocultando la cara en su cuello y este me tomo de las
piernas alzándome.
-Mierda Loreen, más nunca volveré hacerlo. Ni un segundo.- susurro con
voz ronca.
-Llévala al baño, métela al jacuzzi con agua tibia para que el agua se lleve
la sangre-. escuche que le recomendaba aquel chico.
En silencio diablo me llevo hasta donde dormíamos, abriendo la puerta dl
baño con la pierna. No decía nada pero su pecho subía y bajaba. Sé que se
sentía culpable y por una parte era cierto. Este me quito las sabanas y me alzo
ayudándome a sentarme en el jacuzzi. Cuando este paso las manos por mis
brazos sentí como se detenía al notar que tenia rasguños, desde los hombros
hasta la parte debajo de los brazos. Rasguños profundos y notables, alce una
mano llevándome un poco de agua sin jabón a la boca para enjuagármela y
escupir cuando me ardió la boca y el labio. Este paso la mano por varias partes
del cuerpo y a medida que lo pasaba se tensaba. Mientras lo oía sollozar a mis
espaldas y se me helaba la sangre, estaba llorando. El agua tibia me estaba
suavizando los músculos y ello conllevaba a que estuviera comenzó a dolerme
de una manera brutal.
-esto es mi culpa...- se recrimino y no me dejaba voltear el rostro para
verlo llorar y quería morirme en ese momento.
-No lo es...- susurre bajo y negó.
-¡Basta!-. Me regaño-. He estado arruinándolo una y otra vez.- explicaba
acelerado alejando sus manos de mí. Mientras escuchaba su paso alejarse y yo
rompía a llorar abrazando mis piernas.
-No te vayas...- dije en lágrimas y aquellos pasos se detuvieron-.
Maldición, no me dejes sola...- solloce y negué con la cabeza mientras
temblaba.- James...- chille suave y repentinamente sentí un par de brazos que
me rodeaban aun mojando su ropa y este me abraza colocando su cabeza en mi
cuello, mientras yo apaciguaba mis llantos. Mientras tomaba sus manos
entrelazándola con la mía.- no vuelvas a traer a nadie.- le pedí.- no quiero
verte con nadie más...- musite dejando ir todo.- te quiero para mí. Odio que
hagas esto...- murmure llorando y lo apreté aun mas contra mí.
-Maldición Loreen...- susurro contra mi cuello- vas a volverme loco.-
admitió y la puerta sonó haciéndonos saltar a ambos.- lo siento, lo siento, lo
siento...- repetía una y otra vez en voz baja.
-Diablo, sácala y ponle ropa interior-. Musito aquel chico asomándose-
¿Donde tienes el botiquín?-. Pregunto.
-En el mueble del pasillo, segunda puerta.- musite en voz baja y este salió.
Diablo me ayudo a salir del jacuzzi, este miro uno de mis costados de reojo
y soltó un gruñido, quizás aquel golpe a la costilla que me había dado aquel
abusivo, estaba poniéndose morado o muy enrojecido. Este tomo dos toallas
con una lo primero que hizo fue secar mi larga cabellera, con sumo cuidado, se
veía concentrado, mientras yo simplemente no podía dejar de verlo, luego mi
cuerpo, hice varias muecas y este pudo notarlo, por más que intentara
disimularlo, una vez que me seco y superviso que aquel desconocido rubio no
estuviera en la habitación y me llamo, cuando salí este ya tenía en sus manos
una ropa interior mía, un top blanco que fue lo primero que ayudo a ponerme y
luego unas bragas, deportivas negra. Me ayudo a colocármelas con sumo
cuidado y escuchamos un golpeteo en la puerta. Me senté sobre la cama.
Cuando mire a este chico desconocido entrar y el teléfono de diablo sonar, me
percate que se conocían, que se tenían confianza, seguramente era uno de los
amigos de diablo que quería conocer. Menuda manera para que sucediera.
Diablo miro el teléfono pero lo ignoro mirándome sin quitarme la mirada de
encima. Cuando lo saco mirando la pantalla negó.
-sé que es tu hermana.- musito aquel chico, sentándose frente a mí. Este
negó y vi que comenzaba amanecer,
-contéstale-.. murmure bajo y este me miro, asintiendo para salir de la
habitación y dejarme allí con aquel desconocido que comenzaba a sacar del
maletín rojo, gasas, pomadas, vendas entre otras cosas. Trague saliva y este lo
noto. Eso dolería muchísimo.
-¿Quién eres?-. Me pregunto repentinamente mientras aun me temblaba las
manos, desvié la vista. Ya ni sabía quién era. Al parecer si estaba perdiendo mi
identidad en el infierno de diablo-. Jamás vi tan descontrolado a diablo o que
defendiera a alguien con esa fiereza-. Explico y hice una fuerte queja de dolor
cuando me roció un liquido extraño que picaba y ardía, este desato una venda
empezando a enrollármela en el brazo, ardía muchísimo.- al parecer eres
importante-. Continúo hablando-. ¿Quién eres?-. Pregunto nuevamente y
cuando negué con la cabeza este sonrió.
-Ella es mía-. Ambos saltamos cuando diablo entro a la habitación,
sorprendiéndonos y con un vaso de agua para mí. La cual me tome completa
sintiendo como aliviaba el ardor de mi garganta.
-¿tienes anestesia local?-. Pregunto refiriéndome al botiquín, que estaba
sobre la cama, este chico reviso y saco un frasco-. Inyéctame dos dedos.- le
musite suave y este me miro no muy seguro-. Eso me hará dormir y será
menos doloroso y más sencillo para ti-. Le explique y este asintió sacando una
inyectadora-. ¿Te quedaras?-. Le pregunte a diablo y este asintió, aquel chico
preparaba una inyección, me recosté en la cama y golpee mi vena yo misma
hasta que apareció facilitándole el trabajo.
Un pinchazo...
Todo se volvió oscuro...
Silencioso...
Tranquilo....
**
Me removí entre las sabanas, escuche gritos, gritos de mujeres con
desespero y abrí los ojos de golpe, mareada, aturdida, quejándome. Al
recordar de manera fugaz lo que había sucedido la noche anterior, mire a los
lados pero diablo no estaba por ningún lado. Sentí un leve dolor al mover el
brazo y me quite con cuidado las sabanas. Quería correr a ver qué sucedía pero
el dolor era entumecedor.
Literalmente parecía una momia...
Tenía ambos brazos vendados, un par de vendas anchas sobre mi costados,
que me daban la vuelta por la cintura, lleve una mano a mi frente donde tenía
una gasa cuadrada gemí suave, de dolor y el labio me ardió sobre este tenía
una especie de curita. Donde me tocaba sentía vendas, gasas, tiras, incluso en
el cuello tenía una gasa y una que otra en las piernas, aun seguía adolorida.
Intente sentarme quejándome pues estaba muy mareada aun seguía en ropa
interior, cuando logre levantarme, tome de una de las sillas de la habitación,
un camisón negro largo que había dejado allí ya hace varios días
colocándomelo, tarde diez minutos intentando ponérmelo. ¿Dónde estaba
diablo?, ¿Quienes gritaban así?, el sol se asomaba por la ventana fuerte
caluroso, camine por el pasillo apurada hasta olvidando ponerme pantuflas.
Me detuve de golpe en la habitación donde había sucedido toda la noche
anterior y me estremecí asomándome con miedo, pero no había nada.
Ni rastro de sangre, ni maltrato, ni cuerpo.... nada.
¿Qué habría pasado luego?, tenía muchas preguntas.
Escuche repentinamente un sonido terrible de un vidrio romperse y gritos
de mujeres, que gritaban el nombre de diablo con desespero y lleve una mano
sosteniéndome la costilla presionándola para que el dolor al caminar no fuera
tan intenso y baje las escaleras con lentitud pero mi estado no me permitía mas
solté un quejido de dolor cuando llegue a la sala.
-¡Diablo!, basta, parad- escuchaba y reconocía la voz de aquel chico rubio
que ya empezaba a hacerse conocida, el sonido de vidrios era terrible y de algo
azotándolos con fuerzas, mas gritos desconocidos de mujeres.
Al abrir la puerta, pude ver varias cosas, diablo tenía un inmenso bate
plateado y estaba haciendo polvo aquel comedor precioso de vidrio, mientras
tres mujeres lo veían horrorizas en una esquina de la cocina, una de ellas era
una mujer mayor, pero se veía aun durita como dicen por ahí, de cabello
canoso, inmenso sombrero como playero, ropa muy elegante, tipo ejecutiva de
un color champán ojos café. Este era abrazado por una chica joven, de pelo
semi largo, azabache negro intenso, unos enormes ojos grises, de largas
pestañas, rostro perfilado y hermoso, dentro de un vestido blanco y juvenil. El
parecido con diablo era brutal, y junto a estas la Sra. Thompson que miraba
aterrorizada a Diablo. Al otro lado, estaba en el suelo aquel chico rubio,
botando sangre por la nariz, seguramente la tenia rota.
Diablo estaba siendo una tormenta indetenible, ninguno se percato de mi
presencia. Este alzaba y bajaba el bate con ira, contra aquella mesa. Estaba
metido en un mono blanco, una camisa negra, que se apretaba a su cuerpo y a
medida que alzaba el bate sus músculos se tensaban simple muestra de cómo
hacia fuerza destruyendo aquello.
-¡James!-. Grite fuerte y aquel bate se detuvo en el aire, di varios pasos
hacia él, cuando me miro atrayendo su rostro hacia el mío -. Diablo, baja ese
bate...- musite bajo pero en tono serio y dominante. Me percate que a este le
temblaba las manos, terror era una palabra inocente a lo que diablo podía
transmitir.
-yo...- este trago saliva viéndome, con los ojos cansados como si no
hubiera dormido-. No quería que vieras la mesa y recordaras lo de ayer-.
Explico rápidamente, mientras me veía aquel duro, mandón y fuerte hombre
estaba hecho un manojo de nervios frente a mí, acababa de destrozar la mesa
solo porque me podía causar un mal recuerdo. Este hombre atormentado me
miraba con añorancia. Dejo el bate en el suelo soltándolo y tome sus manos
con las mías. Se veía consternado, enfurecido, pero asustado.
-Debes dormir ¿Si?-. Musite con tono suave, mire el piso lleno de vidrio e
hice una mueca al ver que no había tenido cuidado y estaba descalza-. ¿puedes
dormir conmigo?-. Pregunte con el tono más cariñoso que podía y este asintió
con la cabeza, cuando dio un paso hacia mí, escucho los vidrios y miro el
suelo y luego mis pies.
-¡Vidrios!-. Musito preocupado y pise con cuidado por donde caminaba sin
cortarme.
-Ven diablo... acompáñame-. Murmure haciendo que aquel mastodonte de
dos metros me siguiera, lo tome de la mano, guiándolo hasta la habitación
donde apenas se acostó, me acosté junto a él, este me abrazo con cuidado
atrayéndome hacia él, temblaba tenía los ojos irritados, rojos, hinchados,
cristalizados. Estaba ronco, tenso, ¿Pero qué le había pasado?, quería
interrogarlo pero verlo así, no podía, no me atrevía. Me acerque aun mas a él,
besando cada uno de sus parpados, haciendo que los cerrara, tenía hasta los
músculos tensos.
-Lo siento-. Musito con voz muy ronca.
-Shh.- lo calle-. Se fue de tus manos, solo eso-. Dije intentando
tranquilizándolo-. ¿Por qué bebiste de esa manera?-. Pregunte con voz
arrulladora.
-Porque no me hablabas-. Explico y pase una mano por su cabello y este
comenzaba a dormirse-. Porque todo es mi culpa-. Susurro adormecido-. No
quiero perderte, Loreen. No ahora que te he encontrado.
-No vas a perderme-. Murmure bajo sintiendo sus brazos pesados sobre mí,
percatándome que estaba ya dormido aunque seguí musitando cosas sin
sentido.
-Te quiero...- musito con un muy bajo tono casi imposible de oír aquello
me dejo fría, pero no pude evitar sonreír, ante aquella confesión, mala hora el
momento pero no me importaba, oír aquello dirigido del hombre más
peligrosos, mandón, poderosos y atractivo que había conocido en mi vida
hacia mí era... indescriptible. Ambos éramos un desastre.
-También te quiero diablo.- susurre, confesando aun sabiendo que estaba
completamente dormido, viéndolo como caía en un largo sueño.
Espere un buen rato que estuviera completamente dormido, para liberarme
de sus brazos. Levantándome y viéndolo por un rato mas dormir, pase varias
veces las manos por mi cabeza, estaba confundiéndome cada vez más y
llegaría a un punto que no podría evitarlo, terminaría confesándole todo a
diablo, ya acabaría el mes, solo unos días más y tendríamos que quitarnos las
caretas completamente. Mi peor temor, es que al terminar todo, solo seria yo la
afectada y lastimada. No quería vivirlo de nuevo, no quería sentirme así, no
porque antes hubiera estado enamorada, sino porque antes ya alguien lo había
jodido todo. Saque las pantuflas bajo la cama y me las coloque saliendo de la
habitación dirigiéndome a la cocina...
La Sra. Thompson, estaba levantando algunos vidrios cuando entre,
ignorando a los demás que estaban allí, me acerque a ella, agachándome con
cuidado que no se me subiera el camisón, tomando algunos vidrios y
echándolos a una papelera llena de papel periódico que ella había preparado,
de aquella mesa no quedaba más que pequeños fragmentos como del tamaño
de mi manos, diablo la había hecho papilla literalmente. La ayude a recoger
todo con suma paciencia y en silencio, mientras esta se levantaba y al mirarla
esta me ofrecía mis lentes, los había buscado pero al no conseguirlo lo deje
pasar, lo tome sonriéndole y colocándomelos, parpadeando varias veces. Tenía
miopía y astigmatismo así que no veía borroso pero si tenía que forzar en
ocasiones la vista, aquello me provocaba dolores de cabeza. Una vez
terminado, tome la escoba barriendo el piso. Voltee a mirar aquella dos
mujeres, y la chica más joven se me acerco la papelera ayudándome a limpiar
todo.
-¿Se ha dormido?-. Me pregunto con algo de pena. Asentí.
-Si se ha dormido.- voltee a ver aquel chico que se había levantado de la
silla y tenía un trapo en la nariz, deteniendo el sangrado- ¿Estás bien?-. Le
pregunte y este asintió alzando su dedo pulgar en una confirmación de que
estaba de maravilla.- ¿ustedes?- le pregunte a las tres mujeres. Todas
asintieron y aquella mujer mayor, se acerco a mí colocando una mano en mi
brazo. Muy maternal aun ante tanto lujo.
-¿tu quien eres hija?-. Me pregunto con voz suave.- Yo soy Castle De
Aragón. Soy la abuela de diablo, ella es Jane... su hermana y él...- señalo al
chico que alzo la mano- es Víctor Blanco.
-Mi novio-. Dijo aquella chica saltando al lado de este, animada.
-Yo me llamo Loreen.- musite sonriéndole-. Lamento lo de esta mañana...-
me réferi a diablo y esta negó sonriéndome.
-Loreen ¿eh?-. Dijo aquella mujer mayor mirando a la Sra. Thompson
luego mirándome a mí-. ¿Cuánto tiempo llevas viviendo con diablo?- me
pregunto y luego vio mis heridas- ¿Qué te ha sucedido?-. Me pregunto
mirando que parecía una momia.
-Este...- salto aquel chico llamado Víctor- hace unos días intentaron robarla
y bueno...- dijo disfrazando lo que realmente habia sucedido.
-oh pequeña que terrible-. Musito con tono de pesar y me recordó a mi
madre por unos momentos.- pero, ¿te sientes bien?-. Me pregunto y asentí.
Sorprendida que esas dos dulces mujeres fueran familiares de diablo. Quien
era todo lo contrario.
-Acaba de cumplir un mes...- dijo la Sra. Thompson sonriéndome- hoy
cumple un mes.- me musito sonriente. Y trague saliva. Se me había ido los
días sin percatarme y había olvidado esa cuenta. Pensé que faltaban más días.
-Primera vez que veo a diablo con una mujer-. Explico mirando a la Sra.
Thompson ignorando que estuviera allí, luego me miro guiñándome un ojo-.
La familia debe conocerte.
-¿la familia?-. Pregunte y esta asintió.
-Veníamos a darle esto a diablo, se la enviamos a la oficina pero sabemos
como es, y a estado esquivándonos. - esta me entrego un sobre, era una
invitación a una boda. - convéncelo que vaya, veo que tienes influencias sobre
él.- musito y reí negando.
-No señora, a ese hombre no lo domina nadie... - admití divertida. ¡Ja!, me
diría que no.
-Pues hace poco acabo de ver todo lo contrario.- dijo esta soltando mi
brazo y agarrando su cartera.- será mañana en la noche. Por favor haz que
asista.- murmuro con seriedad. Y se acerco besándome la mejilla-. Cuida
mucho de él que aunque parece muy duro, es distinto. - musito sonriéndome-
no dejes que te vuelva loca. - ante aquello solté una suave risa. Con el sobre en
mano.
Aquella chica salto a mi lado dejándome un sonoro beso en la mejilla.
-Luego hablaremos cuñada...- dijo divertida y jalando del brazo al chico
rubio que solo me dio un asentamiento de cabeza.
-Llámame si algo pasa...- me anuncio este- diablo tiene mi numero.- me
aviso y asentí.
-Así será. Un placer.- le dije a todos, quedándome sola con la Sra.
Thompson.
Esta me preparo algo similar a un desayuno aunque ya era hora de
almuerzo. Me hizo comer una ensalada cesar y pollo a la plancha.
-¿Puedes prepararme dos tazas de té con leche?- le pregunte y esta asintió.
Mientras yo terminaba de comer.
-Ya lo preparo. ¿Me dirá lo que sucedió?-. Me pregunto esta- conozco a
diablo desde que tiene nueve años, lo he cuidado desde entonces.
-¿Antes o después de la muerte de sus padres?-. Pregunte curiosa y esta
volteo al darse cuenta que él, me había hablado de aquello.
-Antes. Sus padres murieron cuando este tenía 15 y Jane 1 añito. - explico
mientras sacaba la leche de la nevera. - entonces...
-bueno-. Rasque mi nuca, y esta calentaba la leche-. llego borracho, con
dos mujeres y un hombre. Aquel tipo se metió en mi habitación y bueno...-
esta se volteo con los ojos abiertos como faros-. Cuando yo baje las chicas
estaba encima de la mesa, desnudas.
-Por eso destruyo la mesa-. Murmuro esta.- pero diablo, está hecho un caos
por ti.- dijo sorprendida y reí, ante aquello. Cuando el té estuvo listo, tome
ambos y le sonreí.
-Hoy saldré con Diablo si despierta. Puedes irte si gustas. Yo puedo
cocinar.- explico dándome vuelta.
-Loreen.- me dijo con voz seria. Me detuve.- ¿te irás hoy?-. Me pregunto y
voltee a verla-. Es que diablo, me dijo que hasta esta fecha estarías aquí. -
aquello me sorprendió y negué. Tomando también la invitación
-Yo... aun no lo sé...- le musite sonriéndole dándome vuelta saliendo de la
cocina, camine hasta la habitación, abriendo con la pierna la puerta y vi a
diablo aun dormido. Deje las tazas en mi mesa de noche junto al sobre y me
metí entre las sabanas sentándome sobre la cama a su lado. Este se removió
cuando sintió como el colchón se hundía por el peso, pase una mano por su
cabello acariciándolo.- diablo...- susurre bajo llamándolo, este froto sus ojos y
poso una brazo sobre sus ojos- James...- murmuré bajo, enredando mi mano en
su cabello liso, sentí como este me tomaba de la muñeca, tirando de mi hacia
él, colocándome encima suyo con el cabello cayéndole sobre la cara.- Augh...-
me queje del tirón y el dolor en el cuerpo, este abrió un ojito, ya más
descansado y con un tono gris hermoso-. Holis...- le susurre bajo, mirándolo
con las manos en su pecho y echando mi cabello a un lado. - ¿Cómo te
sientes?, has dormido poco.
-¿alguna vez te he dicho que me pareces perfecta?-. Aquello me tomo con
la guardia baja, mientras este pasaba su nariz por mi cuello haciéndome
estremecer.- que tienes un cabello hermoso, unos ojos preciosos, unos labios
que provocan mucho. Un cuerpo de ensueño, un rostro hermoso-. Paso una
mano por mi rostro con suavidad.- siento mucho lo de ayer Loreen.
-Diablo, olvídalo...- murmure viéndolo sería.- no quiero que hablemos mas
de eso.- le recordé.- te traje té con leche-. Le murmure suave y este sonrió
apenas. Sonreí de vuelta- ¿aun tienes sueño?-. Le pregunte y este negó- bien.
Quiero que vayamos a comprar un vestido hermoso- le anuncie-. Porque me
llevaras a esa boda, mañana.
-¿así que ya te hablaron de la boda?-. Me pregunto y asentí riendo suave.
-Algo así...- dije y me estire tomando el sobre dándoselo.- quiero ir
contigo.- anuncie y este paso una mano por mi cabello.- ¿me llevarías?-.
Pregunte y este asintió.
-Lo que tú me pidas, pelirroja.- susurro y me dejo un beso en los labios.
Mientras se lo devolvía con suavidad, este llevo una de sus manos a mis
nalgas y me tense.
-Diablo...- dije deteniendo todo lo que pudiera pasar.
-Lo siento-. Dijo levantando la mano y me levante sentándome a un lado
de él, tomando la taza y dándosela. Este la tomo sentándose y agarre la mía y
el sobre, este miro el sobre y me vio abrirlo, sin intentar botar de mi té.
“La Sr y la Sra. Aragón.
Los invita a su renovación de votos número 40°
En la mansión Aragón
A partir de las 3:00 pm.
Esperamos su hermosa presencia en tal cordial ceremonia”
-renovación de votos-. Murmure sonriendo y vi a diablo asentir- que
lindos-. Chille emocionada y este rodo los ojos.
-¿te agradan esas cosas?-. Me pregunto y lo mire bajando la vista a mi taza,
para tomar un poco de ella y negué varias veces, pero luego reí.
-Dejaron de agradarme cuando mi padre murió.- le explique apenas
carraspeando.
-Nunca hablas de tu padre-. Musito repentinamente y lo mire
encogiéndome de hombros.
-Olvídalo diablo.- musite sonriéndole con la taza en mis manos.- es un
tema que no me gusta tocar....
-¿por qué?
-Porque conlleva hablar de muchas cosas.- le explique.- oye, tendré que
comprarme una túnica, para salir mañana a esa boda- ante aquello este soltó
una risa alta.- hablo en serio.
-Hay vestidos de todas las clases, algo nos inventaremos. Es más llamare a
Laurent para resolver eso.
-¡NO!-. Le grite y este me miro confundido- a esa perra ni en pintura me la
traigas.... - le amenace y este me miro insofacto- es mas dile que ya no me
haga ningún vestido, capaz vienen con una aguja venenosa, que se yo...-
rezongue y este comenzó a reír.
-No pensé que se llevaran tan mal...
-es una mosca muerta frente a ti-. Le admití sonriéndole a penas- un día de
estos, le daré una tunda que las siliconas se le irán al cerebro.
Confesiones
El día anterior, había salido con diablo a conseguirme algún vestido, en el
término de la tarde no hablamos de que ya había cumplido el mes, ni de lo del
día anterior, ni de que había sucedido con aquel hombre, ni de nosotros.
Simplemente nos limitamos a ir a comprar un vestido, consiguiendo uno,
aquella noche diablo, no intento nada, incluso no intento besarme aquello me
afligió, aunque tampoco era que mi estado físico me permitiera hacer algo. La
mañana siguiente Diablo se había despedido y se había ido mientas aun seguía
adormecida, lo único que había oído era que debía estar en un lugar que me
dijo, pero no recordaba la dirección realmente estaba más concentrada en
enrollarme en las sabanas que en lo que me decía. Solo recordaba que debía
salir dos horas antes para poder llegar a la hora indicada. Porque al parecer era
lejos.
Ahora....
Me hallaba en una camioneta negra directo a un lugar que no había oído en
mi vida. El camino era largo silencioso la camioneta era manejada por uno de
los calvos fornidos, empleados de diablo. Tenía una pequeña cartera de mano,
donde tenía mi identificación, la invitación y mi teléfono que comenzaba a
repicar.
-¿Aló?-. Conteste. Mirando por la ventana el bosque que me rodeaba.
-¡Por fin!-. Escuche la voz de mi madre algo preocupada- ¿Cómo puedes
durar tanto sin llamarme?, que desconsiderada.
-Dios madre, discúlpame. Te extraño muchísimo. Mañana mismo paso por
la casa. Te lo prometo-. Le musite con seguridad y es que era así, ya
necesitaba verla si eso conllevaba tener que arrodillarme y pedirle disculpas
por el trabajo que venía haciendo unos meses antes.
-Trae a ese marido, que tienes escondido de mí-. Ante aquello reí muy alto
por su reprocho-. Ni que fuera a comérmelo.
-Es un bombón-. Dije divertida.
-A eso cambia las cosas-. Dijo está riendo y sentí la vista nublándoseme
con lagrimas. Aguantándomelas-. ¿Vendrás?
-Prepárame algo rico-. Dije con voz baja para que se oyera con seguridad-.
Nos vemos mañana.
-Dios te bendiga_ anuncio y colgué sonriente mirando el teléfono.
Soltando un suspiro.
En el camino, no nos detuvimos, llegamos incluso campo abierto, estaba
algo acalorada pero cómoda.
Luego de algunas horas entramos a una especie de finca, similar a la casa
del diablo. De hermoso jardín a lo lejos se oía música clásica.
¡Ja!, yo era algo así como reggaetón y definitivamente diablo y su familia
era muy a lo música clásica. No pegábamos ni con pega loca. Había una fila
de autos, anfitriones esperaban que se colocaran en la entrada y ayudaban a los
invitados a bajarse para que estos llegaran y caminaran por una alfombra roja.
Hacia una inmensa mansión de dos pisos blanca adornada con listones dorados
sin brillo.
¡Mierda!, que ostentosidad.
Me acomode el vestido con nervios.
-Oye-. Solté llamando la atención de aquel chofer que me había puesto el
día de hoy diablo, tomando el inmenso sombrero blanco a un lado mío, súper
elegante, colocándomelo cubriendo parte de mi frente y la herida.- ¿Me veo
bien?-. Le pregunte y este me miro de reojo.
-Sra. Si le respondo, el Sr. Diablo me mataría-. Ante aquello estalle en risas
altas viéndolo y guiñándole un ojo. Este sonrió dejándome ver unos blancos
dientes. Ah es que el caballero tenía sonrisa.
-Sera nuestro pequeño secreto-. Le murmure divertida y este negó,
sonriendo. Lo cual fue muy divertido.
-Creo que es lo más hermoso, que he visto en mi vida-. Dijo deteniendo la
camioneta en aquella entrada aplaudí sonriéndole.
-Acabas de hacer recordarme quien soy-. Le dije palmeando su hombro
con mi mano, mientras un hombres desconocido me abría la puerta, acomode
mi sombrero blanco tipo playero pero más señorial, algo color marfil o pastel,
pasando mis manos por mi cabello que estaba suelto, que caía hasta más abajo
de mis caderas.
El vestido que había elegido diablo, sin dejar que me lo probara antes,
como todo lo demás que elegía. Era una de un color blanco, más beige, era de
cuello alto de encaje, muy cerrado de mangas largas hasta mis muñecas del
mismo encaje, que dejaba ver parte de mi piel, por debajo más no las heridas,
por el encaje y la maya. Era completamente encaje hasta las caderas, tenía un
escote muy pronunciado y sensual desde más abajo de mi cuello, donde
comenzaba mi pecho hasta más abajo de mi abdomen.
Bienaventurado los genes de mis padres, aun sin sostén tenia los pechos
muy parados, firmes, aquel escote más que sexual, era elegante y sensual.
Ceñido a mi cuerpo, desde el cuello hasta mis caderas, aquel vestido parecía
una segunda piel, de las caderas había abajo, hasta el suelo, el encaje
desaparecía y una tela de seda, se abrí paso por mis piernas, con un abertura,
muy sensual en una pierna que mostraba, cuando baje el primer pie, unos altos
y brillantes tacones rojo oscuro casi del mismo color de mi cabello y el
pintalabios que tenia. Alce la vista, el maquillaje y sus milagros, esta vez los
ojos me resaltaban muchísimo, tenia pestañas postizas, resaltadas con rímel
negro, sombra blanca, maquillaje suave, y mucho polvo que disimulaba
cualquier moretón parecía una muñeca.
-Wow...- escuche decir al chico que me ayudaba a bajarme- dis... disculpe
señora yo...- tartamudeo enrojeciéndose y bajando la cabeza.
-Shhh...- lo calle al bajarme y el auto arrancaba-. Tranquilo rey-. Dije con
voz sutil y este hacia una reverencia. Camine por aquella pasarela hasta la
entrada dos mastodontes con punta de rusos me pidieron la entrada, esperando
pacientemente que la sacara de mi cartera de mano.
Al entrar, la música clásica en vivo por varios hombres vestidos de
smoking adornaban aquel salón, que era magistral, este si era la viva imagen
del salón de titanic, piso de madera brillante, paredes con cuadros enormes y
elegantes, lámparas que guindaban, o estaban incrustadas también en la pared
que alumbraban aquel lugar de manera majestuosa. Puertas a los lados de
aquel salón, una al frente donde estaba y alrededor de esta puerta había dos
escaleras inmensas que conectaban en la parte de arriba que iban al parecer un
pasillo, en aquella puerta había un inmenso cuadro familiar, donde vi varias
personas desconocidas.
Al dar un paso un mesonero, llamo mi atención ofreciéndome una copa de
champán la cual tome, sonriéndole. Al alzar la vista tenía varias miradas sobre
mí que disimulaban mirando o hablando entre ellos. Menos un grupo de
mujeres, jóvenes algo hermosas, que seguramente querían descifrar quien era.
Capaz todas se conocían entre todas. Me sentía la chica nueva de la clase,
tome un largo trago de mi champán de manzana calmando la sed que traía por
el viaje. Mire a Jane a lo lejos algo acelerada que se detenía a susurrarle algo a
una señora mayor que ponía cara contrariada. Al parecer tenían algún tipo de
problemas, camine hacia ella, esquivando algunas personas que se me
quedaban viendo incluso luego de que pasaba aun por su lado.
Estaba a punto de alcanzarla, cuando de aquel grupo de mujeres dos me
interceptaban altas, pelinegras, parecían hermanas un en un vestido rosa y otra
en uno negro. Agraciadas, bonitas y muy estéticas. Aunque algo notable sus
operaciones.
-Buenas tardes-. Musito una de ellas.
-Buenas tardes-. Respondí de vuelta alzando apenas mi cabeza, buscando
con la mirada a Jane, estas chicas se percataron de ello.
-Disculpa pero la Srita. Aragón, parece ocupada para atender visitas en este
momento.- murmuro con voz baja y algo sarcástica, tome aire mirándolas. ¿En
serio?, - si quieres puedo darle tu mensaje. Muy pocas personas tienen la
suficiente clase o poder para acercarse aun Aragón.
En ese momento supe que la velada seria larga y porque diablo le
desagradaba el hecho de venir. Las mire alzando la vista y negué sonriente con
la cabeza.
Unas manos se atravesaron entre aquellas dos chicas apartándolas, para
dejarme ver aquella conocida chica, dentro de un hermoso, largo y elegante
vestido rosa y un alto moño con un hermoso pasador de diamantes. Jane miro
aquellas chicas con repelencia y estas le sonrieron, con insistencia, como si
desearan agradarle. Esta desvió su vista hacia mí sonriéndome. Para tomar con
su mano, mi mano libre.
-Estas hermosa, cu-ña-da...- dijo esta y acentuó aquella última palabra de
manera notoria haciéndome sonreír. Esta pequeña al parecer era de la misma
calaña que yo. Vi de reojo que aquellas dos chicas se miraron algo
sorprendidas. Jalándome de la mano para que fuera con ella- la abuela estará
feliz de verte.
-Buena velada sritas-. Dije con tono jocoso aquellas dos chicas-. Cuando
necesite una mensajera, les avisare-. Musite amable y sonriéndole. Escuche
risitas disimuladas de Jane, mientras me hacia caminar hacia una de esas
enormes escaleras.
-Todas quieren a diablo. No esperan el momento para hincarle los dientes-.
Me explico aquella ojos grises, claro. Haciéndome subir las escaleras,
mientras sentía muchas miradas sobre nosotras. Y cuchicheos.
-No lo dudo-. Admití divertida.
Una vez arriba esta me llevo algo apurada por un largo pasillo de varias
habitaciones, donde al final de este se oían muchas voces femeninas
desconocidas. Esta con cuidado al llegar termino de abrir la puerta entrando
primero.
-abuela, mira quien ha venido a ayudar-. Musito con voz dulce y entre a la
habitación donde se hizo un silencio incomodo. Me quede unos segundos, a la
perspectiva hasta que alce la vista y entre varias mujeres en elegantes vestidos,
y chicas que allí estaban visualice a la abuela de diablo, con el cabello muy
enrulado al estilo Marilin Monroe, con una inmensa rosa blanca en un costado
de su cabello. Tenía un traje color, rosa pálido, de saco y pantalón hermoso
señorial. Solté un suspiro al darme cuenta que no estaba vestida de blanco
como yo pensaba. Por lo menos en eso diablo no me había mentido, aunque
me había mandado sola eso no estaba en mis planes. Había varias mujeres con
ella de distintas edades que me miraron cuchicheando entre ellas. Aquella
abuela, no tan abuela volteo a verme, sonriendo de oreja a oreja
-Loreen-. Chillo emocionada y al levantarse me di cuenta que no tenia
zapatos puesto y sobre su mesa de la peinadora, habían un par de zapatos de
tacón gruesos y uno de ellos, estaba como pegado remendado pero se veía
notable. Ya entendía cual era el problema.
-Hola...- sonreí acercándome a ella y esta me abrazo mientras debía
doblarme para abrazarla suave- se ve hermosa-. Dije para halagarla. Se veía
muy feliz eso conllevaba a que toda persona feliz desbordaba hermosura.
-¿Yo?, niña... mírate- dijo alzando sus brazos hacia mi-. Pareces una
diosa...- murmuro sonriéndome y solo pude guiñarle el ojo. Sentí a Jane cerca
de mí.
-No se puede esperar menos de la mujer del diablo...- dijo con tono de
broma y divertido haciéndome negar sonriendo ya comenzaba a
acostumbrarme a ello. Vi como más de una allí se infarto pero lo disimulo.
-Veo que tiene un pequeño problema-. Le dije dejando la copa aun lado de
aquellos zapatos cuando me acerque y tome el dañado.- pero veo que lo han
resuelto.
-Pero sigue viéndose aun el defecto-. Escuche una voz y voltee a ver a una
chica pelirroja como yo, de cabello corto pecosa y con lentes. - no hay mas
zapatos. No con ese traje que tiene.- mire a la abuela de diablo que estaba
nerviosa ante su mala suerte.
-¿puedes conseguirme un listón rosa claro o dorado, que pueda picar?-. Le
pregunte a Jane y esta asintió, abrió y reviso varias gabetas sacando una caja
con muchas cintas y sonreí tomándola. Saque dos del mismo color y largo, y
enrolle una en el tacón haciendo un pequeño lazo, muy bien hecho, tapando
aquel defecto.- guala...- dije mirando mi pequeña obra de arte y tomando otra
cinta para hacer otro lazo, en la parte trasera de aquellos tacones. Sentí como
alguien me quitaba los tacones para verlos.
-Joder...- chillo Jane- ¿Cómo no se me ocurrió antes?-. Pregunto y reí
pasando una mano por su cabeza.
-Listo, ya pueden relajar la pelvis-. Dije divertida, por su actitud.
-Ay gracias...- chillo de emoción aquella señora mayor y aplaudió tomando
sus zapatos colocándoselos. - ¿diablo?-. Me pregunto y me encogí de
hombros.
-Ya sabes cómo es...- solo pude decir, mirándola y esta asintió
sonriéndome. Por lo menos yo había cumplido. Le había dicho y había venido.
-Vaya, pero si aquí están reunidas todas....- escuche una voz muy femenina
imponente, la reconocí en seguida la había oído en otra oportunidad y de
alguna manera tenía ese dote de recordar cosas y de observar y analizar
perfiles. Me voltee para toparme con dos inmensos ojos Azules, de un intenso
casi zafiros, entre largas pestañas y mucho maquillaje, aquella mujer me veía
directamente a mí, porque al parecer era la desconocida entre todas las
mujeres que estaban allí. Tenía el cabello en un alto moño elegante, su cabello
color chocolate se amoldaba al peinado. Tenía un cuello largo y terso, estaba
dentro de un vestido negro, de lentejuelas largo hasta el piso, pero de topless
dejando ver unos inmensos y pronunciados senos que dejarían boca abierto a
cualquiera. Aquella mujer tenía un rostro hermoso, fina, elegante y una sonrisa
dirigida a mi muy amable, pero peligrosa. La había visto en otras ocasiones
pero no como muchos creían. Era una de esas mujeres que querían probar de
la ama y que esta una y otra vez rechazo, porque sencillamente no querían
pagar o se creían omnipotente y realmente esa clase de actitudes no me
agradara y nada más hermoso que dañar el ego de esa clase de personas con
rechazos, eso no me quitaba el hecho que las pocas veces que la había visto
quería arrojarme sobre ella y hacerle de todo. Ese tipo de personas despertaba
mi lado más ninfómana y perverso que tenía. - Bueno a una no la conozco-.
Dijo llenando con su voz aquella habitación, mientras yo la imaginaba contra
alguna superficie bajo de mi, tenía la mente encochinada y era normal. Tenía
un día que había privado a diablo sin cero sexo. Eso me afecta más a mí que a
él. Esta se acerco a mí estirándome la mano, la cual tome con firmeza
sintiendo ese lado dominante, impetuoso y malicioso salir. - soy Margot
Lefaull-. Dijo con tono de orgullo. Madame Lell diría yo, pensé para mis
adentros.
-Soy Loreen-. Dije con voz seria y alta.
-Ella-. Dijo la abuela de diablo alejándome de aquella mujer, como si
supiera que era peligrosa- es la mujer de diablo-. Explico y aquella chica
sonrió alzando la vista, cruzándose de brazos. Al parecer estas dos mujeres se
trataban solo por cortesía.
-¿Ah sí?, eso suena interesante. Porque al parecer nadie lo sabía. - dijo con
tono de ataque y vi las manos de aquella mujer mayor tensarse.
-Margot...- dijo en un leve gruñido.
-¿Qué pasa?, ¿Acaso la señorita no sabe la vida divertida que lleva su
marido?-. Le pregunto y las manos se afincaron en mis brazos. Pose sus manos
sobre las de ella, tranquilizándola-. Todas aquí hemos probado de diablo...
-¡Margot!-. Salto Jane echa una fiera.
-Por alguna razón, se ha quedado entre estas piernas-. Dije de vuelta y
aquella habitación quedo en silencio esta mujer me miro fijo-. Quizás al
parecer se mover el chocolate como ustedes no. - dije mirando a la abuela de
diablo que me miraba fijo y le guiñe un ojo sonriéndole. Por dentro estaba
riendo mucho.
-Veremos cuanto le dura el encanto... diablo tiende a aburrirse con
facilidad.- me anuncio dándose vuelta saliendo de aquella habitación.
Laurent, Margot... ya llevaba varias. Todo un semental el muy puto.
-Pero muchacha...- dijo la abuela mirándome para estallar en risas-. Tú eres
peor que diablo.
-¿yo?-. Dije con tono sarcástico- Jamás... - dije y esta comenzó a reír peor
dejando ir su repentino mal humor- a oídos necios, palabras sorda- le
murmure- no se deje dañar el día.- le anuncie y esta asintió.
-Muchísimas gracias, por venir-. Me susurro con amabilidad y asentí
sonriéndole.
-No agradezca, muchas gracias por invitarme.
Esta me dio una hermosa sonrisa. Mientras Jane me tomaba por el brazo,
mientras ambas salíamos de aquel lugar, por el pasillo hacia las escaleras,
había dejado mi copa en aquella habitación. Tenía sed y hambre, quizás el
viaje me había abierto el apetito. Cuando bajamos esta, paso conmigo por el
salón y me guio por una de las puertas saliendo hacia un hermoso patio, bueno
no lo llamaría patio, era una pradera, donde había sillas, redondas con
manteles blancos bien arreglados, todo estaba sumamente planificado,
ordenado y ambientado. Había una pequeña tarima a lo lejos, rodeada de sillas
donde vi a un padre, hablar con un señor mayor intuyo que el abuelo de
diablo. Este tenía el cabello canoso, dentro de un smoking, facciones muy
rudas y altas, tanto como diablo. Era un hombre imponente. Jane me jalo hacia
aquella tarima, deteniéndonos bajo está teniendo que alzar mi rostro, viendo
como el padre me volteaba a ver junto aquel señor.
-Vaya... Vaya...- dijo aquel padre sonriéndome- el señor y sus obras
maestras hermosas-. Me quede atónita ante aquel comentario. EL padre
acababa de piropearme esto era para morirme de la risa. - Buenas tardes hijas
mías...- dijo con tono arrullador, me quite el sombrero haciendo una leve
reverencia y colocándomelo de nuevo sonriéndole.
-Padre Sebastián, ¿Cómo esta?-. Le pregunto Jane amable.
-Bien, Jane... aquí calmando un poco a tu abuelo, que cree que luego de 40
años, su mujer lo dejara embarcado-. Musito y ambas reímos, aunque yo algo
incomoda aquel hombre me miraba intensamente y sin disimulo.
-Uno nunca sabe-. Le respondió este desviando la vista al padre.- Tú debes
ser Loreen. ¿Cierto?-. Me pregunto y lo mire unos segundos asintiendo
confirmando su pregunta.- eres más hermosa de como mi mujer te describió-.
Sentí las mejillas enrojecerme y le sonreí aun mas.
-Muchas gracias por el halago. A ambos-. Dije mirándolos-. Soy Loreen
así es. Muy hermosa su casa y todo los arreglos. - le musite- Y no se preocupe
que en esta ocasión ella no se escapara, se está terminando de arreglar- le
explique y ambos hombres rieron alto.
-Me gustaría saber la razón de sus risas-. Escuchamos otra voz masculina a
mi espalda y vi como a Jane se le ilumino el rostro, ante aquella voz. Aun así,
incluso yo pude reconocerla cuando nos volteamos para toparnos con Víctor,
con un traje gris brillante, unos zapatos de vestir muy brillantes, un moño
blanco que le daba un aspecto muy elegante. Tenía el cabello en una alta coleta
de cabello que le daba un aspecto rudo, femenino una mezcla rara. Pero, mi
vista se desvió a un par de ojos, color miel, casi amarillos enigmáticos que me
miraban hipnotizados, sin disimular, me detallaban de arriba abajo. Un hombre
alto, diría que la misma altura que diablo, pero más joven que este, de cabello
negro, recogido, más corto que Víctor, tenía una barba apenas crecida, como le
gustaba llevarla a diablo, facciones rudas, pero muy agraciadas, labios finos,
nariz perfilada, este tenía las manos dentro de sus bolsillos, en un traje negro,
tradicional. Aun así se veía como un dios, era un tipo de ensueño, al notar que
me miraba inquisidoramente desvié la vista a Víctor. No mirar a otra cosa que
no sea diablo, era lo mejor para mi salud mental y sexual.
-La curiosidad mato al gato...- dije respondiéndole y Jane me soltó para
caer en los brazos de su novio, besando sus labios con pasión. Haciéndome
sentir un poco incomoda, porque no tenía a diablo cerca. Mas la mirada que no
me abandonaba de aquel hombre.
-El gato murió sabiendo...- me respondió de vuelta Víctor sonriéndome-.
Te ves hermosa amor-. Le dijo a Jane quien me miro.
-¿Y la pelirroja como se ve?-. Pregunto ella y me hizo reír, negando estaba
probando a su novio.
-Olvídalo Jane...- le dije pasando el tema pero Víctor me miro de arriba
abajo y oculto su vista susurrándole algo a Jane en el oído, despertando mi
curiosidad. Esta abrió los ojos se enrojeció y luego asintió sonriéndome.
-Tienes razón....- salto ella. Mire una mano estirarse hacia mí, dada por
aquel hombre ya que nadie nos había presentado.
-Buenas tardes, Aniel Kalivt-. Musito con un tono algo árabe aquel
hombre, le tendía la mano estrechándosela.
-Loreen...- murmure con suavidad sonriéndole y alejando mi mano,
mientras este la metía dentro de su bolsillo nuevamente mirándome.- un
placer.
-Cierto que modales los míos...- salto Víctor y Jane miro aquel hombre y
luego a mí.
-Aniel, cuidado. Esta fuera de tu alcance- le musito Jane, aquello me hizo
dar un paso atrás incomoda pero Jane era demasiado a mi estilo y las captaba
todas en el aire.
-Nada está fuera de mi alcance-. Musito el sonriéndole y esta se enrojeció.
Intimidándola con tono imponente y esta se abrazo más a Víctor.- Además.
-Diablo.- le murmuro Víctor con tono serio al ver la expresión de su novia
que sucumbía ante los encantos de su amigo. - es de diablo.
-Eso es nuevo-. Admitió él y hablaban como si yo no estuviera. - pero
Diablo suele aburrirse rápido y con facilidad.- ya era la segunda vez que lo
oía, aquello había sido una puñalada directo al esternón. Negué sonriendo y
ellos voltearon a verme. Mientras alzaba la vista hacia ellos. Oyéndolos hablar
y Jane soltó a su novio y se puso a mi lado.
-Dejemos a los caballeros hablar de las mujeres como objetos...- recrimino
Jane y ambos se miraron.
-Déjalos-. Le murmure sonriéndole-. Cuando las mujeres suelen reunirse el
diablo, se sienta, toma nota y escucha para aprender- le dije mirándola y esta
soltó una carcajada- y no hablo de tu hermano como diablo. - le di un
asentamiento de cabeza a ambos caballeros y pase por un lado de ellos
caminando por aquel lugar, mientras algunos meseros se acercaban amables a
darme champán la cual agarre con suavidad. Mientras caminaba viendo la
hermosa decoración. Jane se detuvo hablar con unos invitados y yo seguí.
Deteniéndome a admirar uno de los centros de mesa.
-Pareces algo aburrida-. Voltee para ver a la Sra. Thompson acercarse a mí
y le sonreí de oreja a oreja mirándola. Dios un rayo de luz en este lugar.
-He dejado de estarlo en el momento en que te he visto-. Le admití
sonriendo y un par de manos, aparecieron abrazando a la señora Thompson
mientras el rostro de Jane se colocaba en el hombro de ella, y Víctor y el chico
árabe, se acercaban a nosotras.
-Has venido...- le dijo emocionada Jane a ella.
-Por supuesto que sí, mi niña-. Dijo y esta beso la mejilla de la pequeña.
Me miro unos segundos – por ahí anda la víbora- anuncio y ante aquello
carcajee tan alto al ver que recordaba lo poco que le había dicho de mis
encuentros con Laurent.
-¿Anda desprendiendo veneno?-. Pregunte curiosa y esta asintió, Jane nos
miro sin saber y curiosa al igual que los demás aun lado de mi cada hombre. -
me preocupa que se muerda la lengua y se envenene.
-Vaya, pero toda la muchedumbre vino esta vez-. Sonreí negando cuando a
nosotros se aceraba Laurent, dentro de un vestido largo, hermoso,
malditamente hermoso, de un diseño espectacular aguamarina, que realzaba su
rubia cabellera y sus hermosos ojos. Se veía de muerte. Voltee a ver a Laurent
acomodando mi sombrero me miro de arriba abajo-. ¿Nunca han escuchado
que la mona aunque se vista de seda mona queda?- pregunto y la Sra.
Thompson se puso en medio de ambas.
-Srita. Laurent...- musito esta y la mire sorprendida.
-¿Srita?-. Dije volteando la vista a varios lados y Jane se partían en risas-
¿Es con ella?-. La señale y la Sra. Thompson aguanto las ganas de reír.
-Loreen.- me recrimino y mi vista paso de Víctor a Amirs que me miraban
curioso ante aquella pequeña y disimulada confrontación.
-¿Diablo?-. Pregunto ella y sonrió- no lo veo por ningún lado. De hecho
creo haberlo dejado en la oficina, muy cansado como para venir.- anuncio y
lleve el champán a mi boca perdiendo la paciencia pero disimulándolo
mirando la tarima, desvié la vista hacia ella, para sonreírle.
-Laurent- soltó Jane ya viendo que la cosa tornaba de otro color.
-Espero que hayas hecho bien el trabajo-. Le musite amable y esta alzo
una ceja dejando de reír.- no me gustaría terminar el trabajo de nadie.
Loreen modo, maldita activada.
-Vaya pero si están todos aquí-. Solté una sonrisa sarcástica. Tenía que ser
una broma.
-Margot-. Le sonrió Laurent a la mujer que estaba a mis espaldas- Querida
pelirroja, pero veo que llamas mucho la atención- me susurro al oído. Muchas
arpías en un solo lugar. - me agradan las personas que llaman la atención,
aunque no por su elegancia sino la libertina esencia que desprenden.- mire a
Jane que se enrojecía de ira y cólera. Todos contra la más negra. OK, ya hasta
aquí. A mamar, querían guerra, ya sabrían porque su tan querido diablo me
quería como su mujer.
-Dicen que el diablo se viste de mujer, usa tacones altos y desprende
inocencia, mientras esconde debajo de ella, una fiera que domina los
infiernos-. Dije en voz alta, dándome la vuelta encarándola.
-Entonces, hay que tener cuidado con ese infierno-. Escuche susurrar a
Aniel y me devolví sonriéndole.
Todos escuchamos como el padre golpeaba una copa con la cuchara
llamando a las personas a que se acercaran y tomaran asiento...
La velada se desarrollo de una manera luego de aquello más relajada. Nos
dirigimos a las sillas frente aquel altar, y la ceremonia fue magnífica ambos
consagraron nuevamente después de cuarenta años, su matrimonio. Aun ante
tanto tiempo se veía con amor, con cariño, él era muy atento ante cada
expresión de ella y ella de igual manera. No era fingido yo mejor que nadie
sabía la diferencia entre fingir y real, luego que consagraron los votos, la
música cambio a otros ritmos más caribeños algo que me sorprendió. Ya
cuando la noche había caído, miraba a Jane bailar con Víctor una balada muy
suave, de esas para dormir, mientras estaba sentada en una de las sillas,
mientras ya llevaba muchas copas de champán encima y debía pararlas o
terminaría haciendo de las mías. La silla a mi lado se rodo y mire, ya sin mi
sombrero que reposaba en aquella mesa a Aniel, que se sentaba a mi lado,
prácticamente huyendo de un grupo de mujeres que se detuvieron cuando este
se sentó a mi mesa, esperar que seguramente se parara para caer como moscas.
-¿Huyendo del enemigo?-. Pregunte divertida mirándolo y este me guiño
un ojo en un gesto sumamente coqueto.
-No tienes una idea- murmuro algo exasperado, por su tono de voz y reí
suave.- Loreen, ¿cierto?-. Dijo intentando sacarme conversación y me sentí en
un harem ante tanto macho simpático.
-Así es…- dije desviando la vista a Jane.
-¿Deseas bailar?-. Me estiro la mano y dude unos segundos. ¿Sería muy
malo si lo hacía?, pero es que me estaba aburriendo mucho. Mire a Jane, que
miro que Aniel me invitaba a bailar y asentía con la cabeza. Vamos, era solo
un baile. Pero, ¿si hablaban?, aff valía madres, diablo no estaba me había
mandado aquí sola. Me había engañado. Había estado con Laurent en la
oficina, bueno trabajan juntos y ella diría lo que fuera para molestarme. Lo
cierto es que diablo no aparecía. Asentí tomando su mano y este me levanto en
un gesto caballeroso y camine con él hacia la pista. Este poso una mano por mi
cadera y alzo mi mano juntándola con lo suyo, mientras danzábamos en aquel
lugar, cerca de Jane a cielo abierto. Este metió su nariz por mi cuello y me
estremecí. ¿Qué estaba haciendo? Se había vuelto loco.- Hueles delicioso.- me
musito y aleje mi cuello no incomoda, excitada, pero no porque quería, es que
necesitaba que me tocaran. Podía definir la ninfomanía como un estado de
popper en el cuerpo en pocas proporciones. Constante. - yo no te hubiera tan
siquiera dejado salir sola-. Me susurro al oído y yo solo me concentraba en
bailar. - creo que acabas de llamar la atención de este rey árabe.- murmuro
divertido. Sentí un par de manos enormes en mis caderas que me alejaban de
aquel hombre y aquel delicioso olor conocido irrumpió mi nariz. Trague
saliva, porque me sentía con las manos en la masa. Cuando no había hecho
nada malo.
-Veo que ya conoces a mi mujer, Aniel-. Dijo con imponencia diablo y al
percatarme más de una pareja bailaba pero miraba la escena. No diablo, aquí
no, por favor. Aniel le sonrió tendiéndole la mano amistosamente y diablo me
soltó de la cadera, tomando su mano estrechándosela con fuerza- fuera de tus
dominios árabe-. Le dijo con tono amenazador y Aniel me miro con ojos
recelosos, llenos de lujuria y trague saliva. ¿En qué momento quede entre
estos dos titanes? Aniel, le hizo una reverencia a diablo con sumo respeto.
-No muestres tanto interés diablo, solo haces que más de uno aquí quiera
poseerla.- le aviso y hasta ese entonces solo me había percatado de las miradas
furtivas de las mujeres recelosas no de los chicos, los jóvenes, los viejos, los
maridos de ellas, que me devoraban con la vista y me sentí como una oveja
entre lobos. - más de lo que ya se imaginan.- dijo dando un paso hacia atrás.
-No hay de qué preocuparse. Estoy seguro de lo mío-. Murmuro
haciéndome dando vuelta para encararlo. Me quede fría, mirándolo con la
boca abierta, diablo estaba en un maldito perfecto traje blanco completamente
en juego conmigo, sin corbata. Saco, camisa de vestir pantalón y zapatos
blancos, con una solapa en su bolsillo roja. Como un distintivo que hacia
juego con mis tacones rojos, mi cabello, mis labios. Ya lo había visto una vez
vestido similar. pero no como esta, tenía el cabello desordenado, la barba muy
baja con forma, lo mire de arriba abajo y eche mis brazos a su cuello.
-Eres un maldito... eres un maldito...- dije susurrándole solo para que él me
escuchara, mientras fingíamos que bailábamos, mientras este me miraba el
rostro y yo miraba mis manos en su pecho.
-¡Esa boca!-. Me susurro a regañadientes-. ¿Por qué lo dices?, tu eres la
que andabas bailando muy coqueta en brazos de otro que no era yo.- dijo con
ira disimulaba pero apretaba mis caderas con sus manos-. ¿se puede saber
porque bailabas con él?, nadie te toca a menos que yo lo diga. ¿lo recuerdas?
-.diablo estaba formándome líos, en susurros disimulados, sonriente, muy
actor él, porque medio mundo nos miraba juntos. - te juro que te voy a
nalguear...
-diablo, cállate-. Sisee bajo-. Me estoy muriendo de las ganas de cogerte y
no puedes decirme esas cosas-. Le recrimine este se quedo unos segundos
quietos y siguió bailando, recostando sus caderas de mi para que sintiera su
erección, contra mi más abajo de mi pelvis, torturándome, como siempre.
-Pensé que dijiste que no querías que te tocara.
-Te ves...- me quede callada tragando saliva, derritiéndome ante el hombre
que bailaba frente a mí.
-¿Mal?-. Pregunto sabiendo la respuesta. Negué
-pareces un maldito dios griego mandado para torturarme-. Le recrimine y
este carcajeo muy alto pegando aun mas su erección, alce la vista mirándolo.
-Tú te ves....cuando entre casi me corrí al verte-. Me murmuro bajo.
-Eso es lo más romántico que has dicho hoy-. Dije rodándole los ojos y
este carcajeo. - ¿por qué has llegado hasta ahorita?
-Quería ver si sobrevivías sola, a este lugar-. Me musito.- sino estuvieras
aquí, ni hubiera asomado la cabeza-. Me explico-. Aunque viéndote tan
hermosa, me siento mal por tirar a mi oveja ante estos lobos-. Murmuro bajo
mirándome mientras nos balanceábamos de un lado a otro.
-¿lobos?-. Reí suave negando y este me sonrió-. Diablo aquí estas mujeres
quieren mi sangre... creo que harán una tregua todas y me quemaran en la
hoguera-. Recrimino y diablo carcajeo muy alto deteniéndose como si el chiste
le había agarrado desprevenido, este me tomo el rostro con ambas manos
besándome suave, para tomarme de la mano y sacarme de aquella pista hacia
mi mesa. Medio tropecé con mis pies y este se percato, cuando me senté me
coloque mi enorme gorro y este sonrió al ver que tenía todo el vestuario que
me había elegido.
-Has bebido...- me murmuro con desaprobación pero no con ira. Estaba o
se le notaba felicidad por así decirlo de verme allí.
-Un poco... bastante-. Admití encogiéndome de hombros-. Pero es que no
llegabas y sin nadie con quien hablar, debía mantener mi boca ocupada.
-Yo te vi con Aniel, muy amable...- me explico- para ser una persona que
no tiene amigos, como sabes hacerlos ¿no?
-¿Son celos?-. Pregunte sonriente y divertida y este me volteo la cara,
negué varias veces.- No me gusta el rey árabe, prefiero quedarme con el rey de
las tinieblas-. Murmure bajo y vi como diablo volteaba a verme de golpe. - no
estoy borracha-. Le amenace, antes que me dijera algo. Este me tomo de la
mano y nos levantamos, tome mi copa de champán, mientras tomaba aire y
caminaba firme, aun podía disimular decencia. Diablo paso hacia la mansión
agarrado de manos conmigo, este saludaba con la mano a muchas personas
que al verlo acompañado por mi se quedaban boca abiertos. Al parecer diablo
estaba afirmando los rumores que rondaban en aquella velada sobre mí.
Lista para perder la razón, y no recordar nada....
-¡Diablo!-. Escuche la voz de su abuela, y ambos desviamos la vista a esta
junto a otras personas mayores en la sala hermosa, esta camino hacia nosotros
y abrazo a diablo quien no me soltó y la rodeo por un brazo- viniste.
-No mandaría a mi mujer sola aquí-. Le recrimino.
-Despreocúpate, ella sabe defenderse solita-. Dijo guiñándome un ojo y reí
negando tomando de mi champán que Diablo me quitaba de la mano.
Tomando de ella.- Javier.- murmuro aquella mujer y aquel hombre mayor se
acerco a nosotros, esta vez le quite yo la copa de champán a diablo de la mano,
terminándome y este se daba la mano con su abuelo.
-Felicitaciones nuevamente-. Le musito este sonriéndole a su abuelo, el
cual le devolvió la vista.
-Faltas tú...- soltó sin anestesia y tosí atragantándome con el poco de
champán disimulando, diablo apretó la mano y desvié la vista hacia él que me
miraba divertido.
-Ella está un poco dura...- admitió este.
-¡Diablo!-. Chille y este soltó una risa alta.
-Y los nietos....- soltó la mujer mayor abrí los ojos en par al pensarlo.-
queremos bisnietos.- me anuncio y negué divertida sonriendo.
-Líbrame dios del agua mansa que de la brava me libro yo-. Les musite y
estos estallaron en risas.
-Si esta dura-. Le dijo el abuelo a diablo, palmeando su hombro.
-Diablo... el baño...- le musite y este me señalo el segundo piso.
-Cualquiera de las habitaciones. Todas tienen baño.- me musito. Asentí y
camine por las escaleras hacia arriba viendo de reojo como este me miraba y
respondía algo que sus abuelos le decían, mi mirada cruzo con la de él y al
llegar arriba, entre en la primera habitación.
Eran habitaciones tipo hotel. De cama grande, idénticas a la de la mansión
de diablo. Al parecer tenían la misma decoración, ambientación.
Camine hacia la puerta intuí que era el baño, cuando esta se abrió de golpe
y di dos pasos hacia atrás. Para ver a Margot saliendo acomodando sus senos
dentro de su vestido, esta alzo su vista mirándome de arriba abajo. Alce una
ceja y la tenia ahí sola en una habitación. Para darle un escarmiento.
-Loreen... ¿No?-. Pregunto y asentí, queriendo pasar al baño-. Por ahí mire
que diablo ha aparecido.- dijo rodeándome para intimidarme ya conocía ese
tipo de tácticas yo las usaba para seducir esta paso una mano por mi hombro, y
descendió por mi brazo, hasta pasarlas a mi cadera, mientras se colocaba tras
mío susurrando en mi brazo-. No te parece que es mejor que te alejes ante
tanta mujer rodeándolo. Diablo no es hombre de una sola mujer.- me explico.-
lo conozco desde hace mucho y de muchas maneras. - esta me rodeo sonriente
y se disponía a irse, la tome de la muñeca y esta volteo a verme, al igual que la
pobre chica en la oficina de diablo, al igual que como diablo hacia echo
conmigo, la jalone de la muñeca, haciéndola voltear colocándosela detrás de
su espalda, para empujarla con ira detrás de una pared, todas caían con eso
incluso yo, en ocasiones. Cuando era diablo quien me lo hacía, esta soltó un
gemido, gemido de placer no quejido. La arrincone contra una pared al lado de
la entrada del baño y le baje la mano alzando su vestido, esta intento forcejear
pero no grito. Eso conllevaba a que le gustaba como tornaba todo, metí una
mano directamente en su nalga, apretándola, esta comenzó a respirar
acelerada, ante mi dominancia. Pasee la mano por su pierna, llevándola, por
delante de su braga, metiéndola dentro de la misma, pasando los dedos contra
su pelvis depilada y como esta, se erguía pegando sus nalgas contra mis
caderas gimiendo y rozando con suavidad su clítoris, esta empezó a recostar su
vagina de mi mano, mientras dos de mis dedos entraban dentro de esta
sintiendo su húmeda. Haciéndola tensarse.
-Creo que has olvidado, quien manda -. le musite con voz suave, seductora,
y seria-. Madame Lell-. Susurre contra su oído.- Me gusta que seas arisca, así
puedo como siempre bajarte ese ego, al piso-. Dije mientras movía las manos
dentro de ella y esta gemía, mientras la tenía bajo mi merced-. Desde que
llegue una y otra vez has estado metiéndote conmigo, atacándome y eso, no
me gusta y cuando algo no me gusta-. La embestía con tres dedos y esta abrió
su boca en una enorme O, al gemir.- Se lo hago entender a la gente, madame,
Ratón no caza gato- le susurraba mientras esta temblaba bajo mis caricias. no
me había percatado que alguien abrió la puerta, me tense cuando sentí un par
de manos, en mis caderas. ¡Mierda!, me habían descubierto.
-¿Pelirroja?-. Pregunto Madame quedándose perpleja y en shock.
-¿Qué le estás haciendo Loreen?-. Escuche la voz ronca de Diablo. Tras
mío. Mierda me mataron.
-Nada...- dije con total inocencia, sacando la mano de la panty de ella y
esta le temblaba las piernas cayendo sentada al suelo, volteando a verme con
el rostro enrojecida, excitada, acalorada, me miro sin poder creérselo- solo
estaba aclarando algo-. Dije tomando parte de su vestido en el suelo y
limpiando mi mano.
-Veo que Margot a echo enojar a mi mujer.- susurro divertido diablo.
Sabiendo lo que sucedía. Y no reaccionando como un ogro más bien todo lo
contrario.
-El ama es la mujer del diablo-. Dijo en shock sin poder creérselo y diablo
se tenso tras mío al ver que esta había descubierto quien era. Sin tener que
decirlo, me erguí y pase una mano, acomodando un mechón detrás de su oreja,
la imponente mujer temblaba bajo mis manos.
-Esperemos que ahora en adelante, sepas ser menos mala conmigo, y más
amable. Ya me conoces y puedo ser muy mala y vil cuando deseo Madame.
De igual manera, esto es solo una antesala de las cosas que puedo hacerte si te
unes a mi lado oscuro, entre mis sumisas- le aclare y esta asintió embelesada y
ni quería voltear a ver a diablo, le extendí la mano levantándola- ahora,
calladita, y cooperando-. Dije señalando la puerta, esta acomodo su vestido y
salió de aquel lugar cerrando la puerta a su paso. No quería voltear a ver a
diablo. Me mataría. Entre al baño cerrando la puerta pasándole el pasador de
seguridad y como pude ante aquel vestido orinando, mucha champán, luego de
aquello de secarme, también lavarme las manos y verme en el espejo que mis
ojos se tornaban de un verde muy oscuro, entendí que estaba pasadita de copas
y era hora de irme. Al salir diablo alzo su vista mirándome, su expresión no
tenía ni pizca de molesta, ni feliz, ni nada… aquello me sorprendió.
-¿Qué te dijo?-. Me pregunto-. SI decidiste arriesgar tu identidad, para
darle una reprimenda. Debió ser porque te dijo algo que te hirió.- explico- eres
una ama y aun ante eso, es natural en ti-. Desvié la vista y este se levanto- ¿no
me dirás?-. Negué varias veces. No podía decirle exactamente daría a entender
muchas cosas. contra la pared.- me demando y lo mire insofacta.
-No es el momento...- le murmure bajo.
-Yo decido cuando es y cuando no es...- me amenazo y si quería que me
tocara lo estaba deseando. Este dio un paso hacia mí y di dos atrás
-¡Está bien!, más tarde te lo diré-. Dije apresuradamente- hay gente aquí.
Por favor, diablo. No lo hagas aquí.- le murmure. Aunque mí entre piernas
gritaba otra cosa. Que me tomara allí mismo. Me tomo de la mano sacándome
de aquella habitación, haciéndome caminar de nuevo a la reunión.
Toda la noche diablo estuvo una y otra vez quitándome las copas con
disimulo de la mano aunque de todas tomaba así sea un poco, una que otra vez
me clavo las manos en el muslo para amenazarme pero lo ignoraba. Estaba en
una inmensa mesa, donde estaban sus abuelos, jane, Víctor, diablo, otros
señores mayores y yo. La mayoría de personas ya se habían retirado, eran más
de las dos de la madrugada, todos reíamos ante los chiste de algunos de ellos y
el licor se aglomeraba en nuestras mesas.
-¿Sabías que mi abuelo es retirado del ejército, trabajo con el FBI y
equipos de antidrogas?-. Dijo emocionada Jane y vi a diablo rodar los ojos
haciéndome reír como si ya hubiera escuchado eso muchísimo. Negué con la
cabeza varias veces.
-Oh sí, todos nosotros-. Soltó uno muy mayor-. Estuvimos muchos años
allí...
-así es-. Salto el más viejo de todos con bastón-. Éramos una buena
cuadrilla.
Me sorprendió el hecho de que todos ellos habían pertenecido a un grupo y
aun después de la lucha y tantos años seguían juntos como amigos. Era algo
muy fraternal, como una hermandad.
-¿algún héroe?-. Pregunte siguiéndole la corriente.
-No despiertes a la bestia-. Me dijo diablo abrazándome con una mano por
la cadera, atrayéndome a su silla hacia él, tome una copa antes que él me la
quitara y tome de golpe el líquido. Este soltó una risa al ver el juego que
ambos teníamos.
-Si claro. - me dijo mientras le miraba sonriéndonos el abuelo de Diablo.-
hubo uno en especial-. Musito este y todos dejaron de reír, para mirarse entre
ellos con sumo respeto asintiendo. Uy terreno pantanoso- murió por un grupo
de chicos jóvenes y otros más...- le explico.- es nuestro héroe.
-Debió ser un buen hombre-. Admití sonriéndole para animarlo.- ¿ustedes
son de otro país verdad?- pregunte y estos asintieron.
-Cuba...
-Colombia...
-Brasil...
Cada uno decía un lugar distinto y aquello me sorprendió. Eran de lugares
muy lejanos unos con otros.
-¿Cuál es tu apellido?-. Me pregunto el abuelo de diablo.
-Grace.- respondió rápidamente diablo y me tense este se percato porque
volteo a verme y yo miraba la copa en mi mano.
-¡¿Grace?!-. Murmuro uno de ellos sorprendidos-. Casualidades de la vida.
Así era el apellido de nuestro héroe.- explico este sonriendo.- tienes el apellido
de un héroe.
-Michael Grace-. Murmuro el abuelo de él recordando y sentí un nudo en
el estomago. Agarre la copa de champán tomándomela de golpe sintiendo la
mirada de diablo sobre mí-. Era un hombre muy justo, amable y eficiente pero
ante todo, mostraba ser un gran padre, un gran maestro...- murmuro.- aunque
nunca conocimos a nadie de su familia. - sonreí al oír aquello mirándolo.- era
buenísimo jugando...
-escaleras, póker y Black...-. Musite en voz baja, sonriendo con melancolía
y el silencio se hizo brutal, mientras yo solo quería lanzarme de un puente.
Negar mis orígenes jamás. Cuando resoplo con un estallido de emoción de
parte de todos aquellos hombres.
-¿Eres la hija de Grace?-. Me preguntaron y mire a diablo encogiéndome
de hombros. Este me miro insofacto. Menuda coincidencia de la vida. - No
puedes ser- dijo alto el padre de diablo- entonces, tu eres una heroína
también.- baje la vista negando.
-No creo que sea así...- le susurre bajo.- pero sí, soy la hija mayor de
Michael.
-Ósea que tú fuiste la que estuvo en el grupo de narcotráfico, como
-encubierta, siendo liderada por él, ¿cierto?-. Tome la mano de diablo
debajo de la mesa apretándola buscando apoyo de donde no tenía y tome otra
copa tomándomela de golpe, golpeando la copa al bajarla contra la mesa y
asintiendo mirándolo. Se estaba destapando la olla.
-Sí, yo era su aprendiz-. Le explique-. Trabaje con ellos por mucho tiempo,
hasta que murió, en aquella misión-. Le explique. - una muerte muy acida para
un héroe-. Dije con severidad y todos aquellos asintieron entendiéndome.
-Tu padre, tiene honores en la academia, en el panteón y a donde es llevado
su nombre.
-Si eso he oído-. Explique con acides.
-Así que andas con un agente del FBI-. Le dijo uno hombre a diablo y salte
de mi asiento negando.
-NO...- dije sonriéndole- en mi casa, al morir mi padre, con el murió todo
rastro de patriotismo-. Le explique-. Ya sabe... el luto.- me encogí de hombros.
Sintiéndome algo mareada. Ya bastante borracha como para no querer soltar
mas la lengua. Me acerque a diablo, que acerco su oído a mi-. Quiero
irme...ahora y deberás ayudarme a llegar viva al auto-. Dije intentando hacerlo
yo misma- Bueno caballeros.- aun conservaba mi decencia, apenas saliera de
allí me desplomaría a vomitar o llorar en algún lado, pero quería que fuera
lejos de allí.- ha sido un placer. Jane, Víctor. Señores. Buenas noches-.dije
amable. Viendo a diablo pararse, y despedirse de todos apenas alzando la
mano. Al darme vuelta cerré los ojos, pero las manos de diablo sobre mi me
guiaron por aquel lugar a la mansión. Al entrar un mesonero paso con una
botella de ron frente a mí que le quite en un rápido movimiento cuando diablo
se despedía de su abuela y yo solo me escondía la botella detrás de la espalda
despidiéndome con la otra, este me tomo de la mano libre hasta la entrada, al
salir, allí estaba su auto, aquel bonito porsche. Este me abrió la puerta y entre,
mientras daba la vuelta ya yo destapaba la botella. Y daba un trago largo,
sintiendo todo darme vuelta....
Hasta allí sabia que recordaría todo....
En mi estado de embriagadez y aprovechando que no recordaría nada la
siguiente mañana, debía aprovecharme de aquello, cuando diablo entro que me
miro la botella empinarme soltó un gruñido.
-ya fue suficiente-. Soltó con ira y cuando intento quitarme la botella, lo
manotee mientras las lagrimas corrían ya por mi rostro y este carraspeaba.
-Olvídalo diablo...- dijo pegando la cabeza del asiento cerrando los ojos
con la botella abrazada- solo llévame a casa, por favor...- pedí mientras las
lagrimas se me iban.
-Maldita sea, Loreen. Mírate estas echa un desastre-. Me recrimino
mientras prendía el auto y arrancaba. Haciendo un sonido de chirrido de
llantas. Encendiendo los faroles seguramente.
-Yo soy un desastre-. Murmure en lágrimas-. Siempre lo he sido-. Dije en
un simple estado de desahogo.- por esa misma razón Papá murió.- le admití en
una confesión entre lagrimas y mucho alcohol.
-¿De qué hablas?, han dicho lo contrario.- negué varias veces solo
escuchando su voz.
-No es así...
-¿Cómo ha sido entonces?-. Preguntaba. Estaba aprovechándose de mi mal
estado.
-Lo traicione. Yo lo traicione.- repetí varias veces, abriendo los ojos
mirando la carretera destapando la botella, sin sollozar y tomándome un trago
largo de mi bebida.
-¡Parad con eso!..- me grito.
-Olvídalo diablo.- sisee con ira. Dándole a entender que no dejaría de
tomar.- Tu no entiendes.
-Explícamelo... ¿por qué me dices que lo has traicionado?-. Volvió a la
carga y yo necesitaba decirlo.
-Lo traicione...- dije en lagrimas mirando al frente- estábamos en una
misión encubierta-. Murmure bajo explicándome mientras las lágrimas no
dejaban de salir y tomaba aire-. Y yo debí elegir, entre su vida y la de varias
personas y....- lleve las manos a mi rostro dejando la botella entre mis piernas-.
Mate a mi propio padre, lo deje morir porque si era él, morían muchas
personas. Si no era él, Vivian muchas personas pero él moría yo....- comencé a
llorar y sentí el auto detenerse- !Sigue conduciendo!-. Le grite histérica y el
auto acelero rugiendo.
-Loreen, dame la botella... es suficiente.
-Tú no sabes lo que es suficiente-. Le dije en reproche.
-¿Te pondrás arisca conmigo ahora?-. Me pregunto y lo mire de reojo que
miraba al frente y apretaba las manos a su volante.
-¿te importa?-. Le pregunto-. Claro que no-. Me respondí a mi misma-.
Nunca te importa nada, siempre pasas por encima de mi...- gruñí pegando la
frente del asiento y cerrando los ojos. Tragando las ganas de vomitar que tenía.
-No digas eso...
-si lo digo.... eres un maldito-. Le solté con ira. - ¡Esa boca!-. Sisee con ira
sabiendo que me lo diría imitándolo.
-Loreen, estas muy borracha.
-SI y muy excitada-. Comencé a llorar de nuevo y el auto se detuvo de
golpe empujándome al frente ante tal frenazo y me coloque las manos en la
cabeza sintiendo que me iba a estallar mientras el cabello se hacia una capa
tapando mi rostro, para no ver su expresión ante aquello. Cansada de tanto
juego. - odio sentirme así-. Dije llorando-. Porque tu terminaras rompiéndome
el maldito corazón, jodiendolo todo. Terminaras, engañándome, ya lo has
hecho, te acostaste con Laurent, todas tienes razón, tú te aburres muy rápido
de las mujeres, y yo no sé qué hacer con esto que siento... yo...
-tu....
-yo siento demasiadas cosas por ti, como para no darme cuenta de que todo
esto es una completa locura y que todo acabara y deberé irme y.....
-Loreen...
-¡No!, cállate-. Dije aprovechando mi momento para desahogarme
llorando, me importaba un rábano.- todo esto es tu culpa, quise tocar a
Madame, sentía muchas ganas pero, solo lo estaba haciendo por castigarla
porque a la única persona que me interesaba tocar era a ti, me hiciste venir a
esta maldita reunión donde solo todos me atacaban e intentaban insinuar cosas
que no era. No es por tu dinero, jamás pedí dinero porque simplemente solo
quería estar contigo.... y.....
**
La mañana siguiente, sentía unas nauseas horrible, me removí en las
sabanas y solté un quejido terrible, cuando abrí los ojos el sol me lastimaba la
vista, me dolía terriblemente la cabeza. Sentía que me había arrollado un avión
que se yo, un auto, una yegua celosa. ¿Qué había sucedido?, dios mío...
Una vez cuando logre sentarme todo me daba vuelta y tenía muchas ganas
de vomitar, tenía hasta arcadas.
-te has tomado el bar completo-. Me musito diablo entrando con un jugo en
la mano me ofreció una pastilla con la otra. Lo mire desconcertada, ¿De qué
estaba hablando? tome con una mano la pastilla y con la otra el jugo, mientras
esperaba y rezaba que hiciera efecto. Aunque por cómo me sentía eso no me
parecía una locura sino algo más creíble.
- Dios mío... que mal me siento-. Me queje.- no recuerdo una mierda-. Dije
mirando a diablo sentarse en la cama frente a mí.
-¿Hasta dónde recuerdas?-. Me pregunto y lo mire desconcertada.
Pensando gimiendo de dolor tomándome la cabeza con una mano.
-Hasta que nos levantamos, luego de que bailamos ¿recuerdas?-. Le
pregunte y este asintió riendo.
-¿hablas en serio?-. Me pregunto insofacto. Lo mire asustada.
-¿hice algo malo?-. Pregunte asustada mirándolo. - ¿fui grosera con
alguien?- pregunte con pena.
-No. borracha eres adorable-. Me murmuro y lo mire riendo y quejándome
luego de dolor.
-Diablo... es en serio.
-¿recuerdas lo que le hiciste a Margot?-. Me pregunto y lo mire atónita,
sorprendida.
-¡Mierda!, ¿hice un escándalo?-. Pregunte sin recordar una mierda.
-Ay dios mío...- dijo tomando mi mano y besando los nudillos mientras me
deshacía de preguntas. Alzo la mano y lo primero que vi fue algo brilloso.
Entre mis dedos, diablo capto mi expresión mientras abría la boca, en shock
llevando mi mano derecha a mi boca, sin poder creérmelo. Tenía un jodido
anillo de compromiso en la mano. Un anillo de.... mire a diablo y al anillo
unas treinta veces, sin poder creérmelo. Ya listo diablo se había vuelto loco.
Estaba llevado por la locura. Este solo se reía suave de mi expresión. Pero no
era para reírse...- ¿No te gusta?-. Me pregunto refiriéndose al anillo de plata,
con una piedra algo grande no ostentosa en mi dedo anual- lo compre sencillo,
porque sé que no eres tan ostentosa.- explico bajando mi mano mirando el
anillo, este se levanto. Quizás diablo no sabía lo que significaba aquello pero
yo sí, yo si entendía lo que significaba.
-Yo...
-no te pedí una respuesta, es un hecho-. Soltó abriendo la puerta del closet.
O si o si. Literalmente. Dios mío, este hombre iba a matarme. - ahora levántate
y vístete tu madre llamo dijo que le dijiste que iríamos. Así que tendrás que
disimular esa resaca.-. Yo estaba sin habla, sin mover un musculo oyendo y
mirando aquel anillo, estupefacta. Una boda, yo.... una boda yo de novia. ¡Ja!,
eso no me entraba en la cabeza. Sentí mi rostro llenárseme de lagrimas, como
me faltaba la respiración, mientras el dolor de cabeza me mataba. Esto tenía
que ser una broma, una broma muy extraña de su parte. Últimamente lloraba
más de lo que nunca había llorado en mi puta vida, tener cerca a diablo me
había muy receptiva, muy llorona, muy de sentimientos que mostrar. Lleve las
manos a mi rostro mientras lo tapaba comenzando a llorar, sollozando duro.
Sentí como la cama se hundía y diablo se colocaba detrás de mí abrazándome
sentando en la cama, colocando su cara por mi cuello.- esa no era la reacción
que quería ver. ¿por qué lloras?-. Me pregunto curioso mientras yo lloraba-.
¿lloras de emoción o de dolor?-. Pregunto como si en verdad alguien pudiera
llorar de dolor si le dieran un anillo de boda. Baje la vista de mi rostro
mirando el anillo.
-Diablo...
-Mmm...
-¿esto no es una broma?-. Pregunte y sentí como negaba y me voltee
abrazándolo tirándome sobre él, abrazándolo con fuerza y este atrapándome en
sus brazos, mientras no quería ni soltarlo.
-Ya acabo el mes...- le avise y este se tenso.
-Te dije que no te dejaría ir....
-te dije que me iría cuando me lo pidieras...- le recordé y me abrazo aun
más fuerte.- pero casarme contigo, es.... otro nivel. No quiero irme.
-Conozco lo suficiente como para saber con qué clase de loca me estoy
metiendo...- susurro bajo haciéndome reír ante aquel comentario.- ayer
hablaste de tu padre...- dijo repentinamente cogiéndome con la mano baja y
me erguí brusca limpiándome el rostro.
-¿Que dije?-. Le pregunte viéndome repentinamente en ropa interior- ¿tú
me desnudaste?-. Este asintió.- ¿Hicimos algo?-. Pregunte y negué.
-Dijiste todo... - me susurro y solté un grito ahogado.
-Oh dios mío... -. me queje mirándolo, pensando qué diría que era una
perra sin corazón, una miserable, una desagradecida. - Diablo yo...- este alzo
la mano negando.
-No digas nada... luego hablaremos de eso.- me recrimino- lo único que me
molesta es que la única manera de que me lo dijeras fuera alcoholizada y no
tuvieras la valentía de decírmelo, buena y sana.
-Hay muchas cosas que no te he dicho-. Le admití y este soltó un gruñido-.
Aunque no hay apuro-. Dije alzando mi mano viendo el anillo-. Ya no...-
admití pensativa. Este me palmeo un muslo, casi cerca de la nalga-. Arriba...
tu madre espera...
Al recordarlo me levante de tiro, mareándome y diablo tuvo que ayudarme
a orientarme. Cuando me vestí con suéter, licra y zapatos, más un
pasamontañas con el cabello suelto para que mi madre no se percatara de mi
golpe en la frente, me maquille súper rápido, eliminado todo rastro de
maquillaje choreado, cuando me vi en el espejo estaba hecha un jodido
desastre. Cuando por fin pude estar lista, estornude varias veces, mientras
sentía afligido el pecho.
-¿Qué pasa?-. Me pregunto Diablo, en la cocina mientras buscaba en mi
bolso entre tantas las pastillas y sacaba un antibiótico, ante la repentina fiebre
que tenia, quizás alguna infección.
-Creo que tengo infección, tengo fiebre y síntomas de gripe-. Anuncie, este
se acerco colocando su mano en mi frente haciendo gesto preocupado-.
Tranquilo-. Dijo bajando la mano de mi frente-. Con los antibióticos, estaré
bien para mañana...- dije sacando de mi bolso unos lentes colocándomelo.
Mire a Diablo en traje lo cual me hizo pensar que iría a trabajar.
-¿Te has dado cuenta que has dejado de tomar todas esas pastillas, que
tomabas antes?-. Me pregunto y me quede desconcertada pensándolo y este se
dio cuenta sonriéndome. Realmente había dejado de tomarme todas esas
pastillas, tenia días sin sexo y no estaba cayendo en ninguna tipo de crisis o
depresión, o había salido a cogerme a nadie. Quizás diablo acaparaba mucho
mi tiempo o mente. Me coloque mis lentes negros, que me molestaron un poco
la vista. Cuando salimos este llevaba una bolsa en su mano.
-¿Qué es eso?-. Pregunte y este me la dio cuando entre en el auto y daba la
vuelta al revisarla, era vino, dulces, postres. Los mire confundida y luego
entender que eran para el lugar a donde íbamos.- ¿son para mamá?-. Le
pregunte curiosa. Y este asintió varias veces. Sonreí
-no puedes comértelos-. Me amenazo e hice un puchero.
El camino a casa fue en silencio, me sorprendió que no tuviera que guiar a
diablo, ya sabía donde debía llegar. ¡Sabia donde vivía mi madre!, mire la casa
y sonreí. Su color viejo, algo decrepito y descuidado, me hizo respirar hondo.
Era injusto que yo viviera en una jodida mansión y mi madre aquí, aunque
amaba mi casa. Prefería mil veces vivir en casa de mi madre, caliente
hogareña y no en la mansión, solitaria. Cuando se detuvo frente a la casa, el
primero en asomarse fue mi hermano a admirar la humildad auto de diablo,
que se bajaba abrochando su saco y abriendo la puerta tomándome de la mano,
ayudándome a bajar. El dolor de cabeza se había calmado más no el malestar.
Una vez en la entrada, Jess me abrazo suave dejándome un beso en la
mejilla dándole una mano a diablo como si se hubieran visto ante, me quede
estupefacta mirándolos ambos se dieron cuenta.
-¿Ustedes se conocen ya en persona?-. Pregunte y diablo se encogió de
hombros.
-Sí, yo trabajo para él...-. Dijo mi hermano y me quede fría mirando a
diablo-. En uno de los pisos de su oficina. Además me da facilidad para ir a
estudiar.- abrí la boca sorprendida.
-No me habías dicho nada-. Le reclame a diablo, no molesta pero si
sorprendida.
-¿importa?-. Me pregunto
-pues, hablamos que le diste trabajo a mi hermano...- dije dándole a
entender que era evidente.- ¿desde cuándo?
-Menos de un mes, creo que dentro de una semana cumplo un mes-.
Explico Jess.- además es como una pasantía para la carrera que tomare en la
universidad. - me susurro.
-Pensé que querías entrar a la policía.
-¡No!-. Dijo este atacado.- esa eres tú y mi padre, que tenían esas
inspiraciones patrióticas-. Me dijo sonriendo y apreté la mano, de diablo.-
aunque siempre he admirado su trabajo.
-Vaya...- dije sorprendida- me entero de todo de ultima-. Admití mirando a
diablo, soltando su mano y viéndolo entrar a la casa con Jess, me quede fría en
la puerta, mientras me temblaban las manos quería mis pastillas
repentinamente. Vi a diablo asomarse, mientras tenía la mirada perdida.
-¿Qué pasa?- pregunto viendo mis ojos aterrados- Loreen...
-no he venido desde que había empezado a trabajar de....- mordí mi labio
haciendo una mueca-. Nunca pude verle la cara a mamá.- dije rápidamente
oyéndola que hablaba y en cualquier momento me llamaría. Sentí las lagrimas
llenárseme de lagrimas y este lo noto. Estaba aterrada. - ha pasado mucho
tiempo... diablo. Demasiado tiempo.
-Mírame...- me ordeno y mi vista cayó sobre aquellos ojos grises, en tomo
de la mano-. No lo sabe, nunca lo sabrá y yo estoy contigo. Puedes hacerlo.
¿entiendes?-. Me dijo y trague saliva, cuando mi vista aterrizo, sobre una
mujer delgada, de cabellos marrones casi rojizos, que tenía un moño alto,
pecosa, piel blanca y baja. Esta tenía las manos en sus caderas como un jarrón.
Diablo siguió mi vista.
-Necesito mis pastillas-. Le solté sin más y este me miro preocupado.
-Toda la vida-. Salto mi mamá acercándose a nosotros- así que tu eres
diablo ¿no?-. Dijo sonriéndole y a mí se me achicaba el corazón- menudo
nombre...- esta me miro mientras me reacomodaba mis lentes- pues, si es un
bombón- ante aquello le sonreí dando un paso dentro de la casa. Esta se acerco
dejando un beso en mi mejilla. Ella no era muy cariñosa, yo menos. - pasen,
hay Loreen no hagas como si fueras una desconocida. - dijo haciéndonos
pasar cerrando la puerta. Me tomo de un brazo dándome una vuelta
escaneándome. Me quito los lentes observándome.
-¿escaneo de rigor?-. Le pregunte y esta asintió.
-Quiero saber si ya estas preñada...- musito y abrí los ojos.
-¡Mamá!- chille y esta si miro mi mano alzando mi anillo.
-¡Jess!-. Grito y este apareció con una cuchara en la mano, esta alzo mi
mano mostrándole el anillo. Este me miro frio, sorprendido.
-Tienen que estarme jodiendo...- soltó Jess, caminando sonriendo, para
darle la mano a Diablo quien se la estrecho para ver a ambos dándose un
medio abrazo y aquello era lo más incomodo del mundo. - Por fin salimos del
bastarde de...
-¡Jess!-. Resople con ira y este se cayó de golpe, cuando yo adivine a quien
iba a nombrar. Aun así sabia que diablo seguramente la había cogido en el aire
y vendría a preguntarme.
-A tu padre le hubiera gustado ver esto...- baje mi vista a mi madre
tragando saliva y esta tenia los ojitos llenos de lagrimas, al recordar a su
marido.- pero bueno, lo verá desde el cielo-. Soltó caminando a la cocina y
dejándome allí de piedra.
-Tranquila...- me susurro diablo al oído haciéndome caminar a la cocina....
No fue tan mal como pensaba, realmente mi madre había preparado algo
delicioso, el pasticho que me había comentado Jess, este no paraba de hablar
de Luna, la chica había conseguido un trabajo, se seguía quedando en mi casa,
pero a la vez, se mantenía bajo perfil y mi casa seguía tan cual. Sin un cambio.
Era bueno saber eso. Por otro lado mi madre se sentía completamente bien, no
solo eso. Diablo le había pagado un seguro. Donde se encargaba de pagarlo
Jess abonando una pequeña parte de su sueldo. Literalmente ya no tenía que
preocuparme con ellos. Pero, aun así, estaba paralizada. Diablo había estado
haciendo ciertas clases de cosas a mi espalda. ¿Cómo demonios se le había
ocurrido todo aquello?, ¿cómo sabia donde vivía?, aunque seguramente vino
antes que Jess empezara a trabajar con él. Aun seguía habiendo cosas que no
concordaban. Una vez que almorzamos, nos quedamos un buen rato, con ellos.
Hablando y esos atestaban a diablo con preguntas que este no respondía,
evadiéndolas. Tocándole otros temas. Gracias a dios en ningún momento
resalto el tema de mi padre, o eso creía yo.
-¿por qué no vuelves al FBI?-. Me pregunto cuando me despedía de mi
madre, y diablo se volteaba brusco mirándonos.- o al equipo antidroga...-
prosiguió- te recibirían con los brazos abiertos. Aun llaman para saber de ti-.
Me explico.- Sheila ha llamado como siempre. - sonreí mirándola y tomando
sus manos.
-Madre, mis sueños de ser heroína murieron con los de mi padre-. Dije y
está bajo la mirada- no sigas con eso, pensé que te agradaba saber que no estoy
arriesgando mi vida.- le murmure sonriéndole. Y esta alzo la vista.
-Sabes que no me refiero a eso-. Solté una risa ante aquello y bese su
mejilla abrazándola sorprendiéndola.
-Olvídalo, Mamá.- dije pasando del tema- luego vendré, ¿sí?, no pasara ya
tanto tiempo...
-dios te bendiga..- musito sonriéndome- adiós diablo. -. dijo está moviendo
su mano en gesto de despedida. Al parecer diablo se la había metido en el
bolsillo. Como a todas las mujeres a su alrededor. Incluso a Jess.
Camine con él, al auto. Al entrar me coloque el cinturón. No paso ni unos
minutos cuando comencé a sentir una tensión en el cuerpo, aquel calor
recorrerme las piernas, una excitación descontrolada mas unas ansias.
No ahora…
No de nuevo…
No frente a James…
Este al subirse prendió el auto... dirigiéndonos a la mansión.
-conduce rápido-. Dije moviendo las piernas inquietas. - apúrate- este me
miro.
-¿Por qué no orinaste donde tu madre?-. Me pregunto aquello más un
regaño y reí negando.
-No es eso... – chille. Sentía un calor recorriéndome la piel, pero las manos
frías como si se me fuera a bajar la tensión, algo estaba sucediéndome y ya
sabía lo que era. No frente a Diablo. No ahora, pensé para mis adentros-.Lo
siento... yo...- dije acalorada y le tome una mano a Diablo, mientras este
conducía y me alzaba el suéter mientras me la metía dentro de la licra y
soltaba un gruñido mientras este me alcanzaba el clítoris y gemía, tensándome.
Mientras este conducía a un lento y soltaba un gruñido-. Lo siento...- dije
cerrando los ojos-. Lo necesito... por favor-. Pedí con clemencia y este jugaba
con mi sexo, para darse cuenta lo húmeda que estaba.
-Loreen, joder... nena.- susurro al notarlo y metía un dedo dentro de mi
jugando conmigo sin perder la concentración o intentando no chocar, mientras
yo tenía los ojos cerrados, con la cabeza hacia atrás, mientras lo ayudaba a
mover su mano. Dios, me estaban matando las ganas, tenia aglomerado todas
esas ganas que me habían estallado al quedarme nuevamente sola con diablo.
subí mis manos por dentro de mi suéter hasta tocar mis senos, mientras me
recostaba aun mas ayudándolo a que su mano abarcara mas, este lo noto y sus
gemidos eran notables. Él disfrutaba tocarme, a mi me gusta ser tocada. Este
jugo conmigo varias veces entrando y saliendo, escuche un sonido y al abrir
los ojos, las puertas de la mansión se estaban abriendo, los portones y el sol se
filtraba por la ventana, estaba tan concentrada en mi placer, este condujo y a
mitad de camino de llegar a la mansión. Le golpee el brazo.
-Detén el auto...
-¿Qué?-. Pregunto acalorado.
-¡Detén el puto auto!-. Le grite histérica y este se detuvo, cuando lo hizo le
saque la mano, de la licra esta se quejo, y me tire sobre él, colocando mis
rodillas en el asiento este alzo las manos estupefacto mientras yo le
desabrochaba el pantalón y le soltaba los botones, mas la correa y tironeaba de
ellos.
-Cálmate-. Me dijo deteniendo mis manos y lo manotee.
-Maldición Diablo. Quieto-. Le grite, sacándole la correa y montándomele
encima lastimándome las piernas, sentándome sobre sus piernas mientras este
intentaba detenerme pero yo tomaba su camisa de vestir abriéndola de golpe
los botones salieron volados por todos lados. Mientras mis manos se le
escapaban. Ahora mis manos intentaban tironear de su pantalón, bajándoselo
de golpe dejándolo en bóxer, y sintiendo su erección bajo mis piernas.
-Basta...- me grito deteniéndome.- así no, Loreen. ¿Qué te sucede?-. Me
pregunto y lo mire deteniéndome, alzando la vista hacia él, cruzando miradas
con él, mientras sentía las manos temblarme.
-No hagas esto...- le gruñí bajo.- déjate...
-No soy tu maldito muñeco, llevas prohibiéndomelo hace días ahora si
quieres-. Este me tomo de las caderas echándome en mi asiento y subiéndose
los pantalones, viendo que le había destrozado la camisa quejándose, mientras
yo me quedaba perpleja, temblando, tragando saliva, con un ardor entre las
piernas. -ahora -. este prendió el auto-. Yo no quiero... no ahora. – soltó
arranco de nuevo el auto.
-¿No quieres tener sexo conmigo?- pregunte perpleja mirando mis manos
temblar, sintiendo como la ira me estaba carcomiendo por dentro. como me
estaba desesperando.
-No, ahora no...- dijo con tono firme y tome aire, seguidas veces- ¿Estás
bien?
-No es tu problema....- dije mirando cómo nos acercábamos a la mansión.
-Loreen...- apenas se detuvo, me baje del auto, caminando hacia la casa,
casi corriendo, lo mire corriendo tras mío, al entrar me tope con la Sra.
Thompson en la cocina encima del mesón estaba mi bolso que había dejado en
la mañana, esta me miro asustada por mi expresión y tome el bolso abriéndolo
de golpe todas las cosas cayeron al suelo y yo temblaba tirándome al piso,
revisándolo.
-¿Que tiene?-. Escuche a la Sra. Thompson y como la puerta se abría y sé
que esta le preguntaba a diablo. Quizás ella si había notado que estaba
temblando desesperada y algo sucia. Algo que diablo solo creyó que era un
ataque malcriado por sexo. - esta temblando, como en shock... diablo....
-Loreen-. Sentí que este me tocaba la espalda y lo manoteaba con ira, sentí
un ardor, cuando mi mano golpeo la cerámica al lazarle un golpe a diablo
pero este lo esquivo, lo ignore y voltee el bolso en el suelo. Mientras abría de
golpe donde guardaba las pastillas y todas salieron voladas frente a mí,
arrodillada en el suelo, me arrastre buscando la pastilla que necesitaba.
-Oh por dios-. Escuche a la voz de la Sra. Thompson y debía parecer una
loca esquizofrénica.-. Loreen, hija. Estas mal...- susurro bajo y vi como intento
acercarse mientras le lanzaba el bolso y estaba se echaba hacia atrás y el
gruñido que dio, diablo no era normal. Al conseguir las pastillas que buscaba
saque varias tomándomelas de golpe mientras aun temblaba.
-Loreen-. Me grito diablo, al ver que me estaba tomando casi todas las
pastillas a mi paso y manoteándomelas haciéndolas volar lejos de mí. Estaba
descontrolada. -Basta. ¡Ahora!-.me gruño.
-Eso es un ataque diablo-. El anuncio la Sra. Thompson y la mire con los
ojos llenos de lágrimas.
-Nena...- me susurro diablo agachándose para verme la cara. Mire aquellos
dos como si fueran unos bichos, porque hacia los sentía, todo daba vueltas,
quería vomitar, llorar, tenia.... tenía muchísimas ganas de coger. Me quemaban
las piernas. Me arrastre hasta el piso hasta que mi espalda golpeo la pared.
Mientras temblaba abrazando mis piernas. Pastillas, quería que las pastillas
hicieran efectos. Este se acerco y negué mientras las lágrimas se iban sola y
temblaba mirando las pastillas. - Loreen...- dijo acercándose lentamente a mí,
mientras yo me prensaba aun mas llorando.- nena... - sentía los ojos pesados.
Mientras se me cerraban y los calmantes que me había tomado habían hecho
efecto. Mientras escuchaba como llamaba pero los oídos me zumbaban.
Mientras cerrada poco a poco los ojos, luego de un buen rato de estar allí
acostada sola.
En mis sueños, lo recordaba a él, alto. Fornido, de músculos gruesos,
cuerpo atlético. Recordaba su brazo izquierdo todo tatuado con Maorís, y
tribales. Desde el hombro hasta las muñeca. Recordaba ese reloj dorado que le
gusta usar. Reloj que tenía en la mano con la que me azotaba, mientras mis
lágrimas caían por mi rostro, mientras gritaba de dolor. Soñaba como sus
músculos se tensaban a medida que me pegaba como su voz ronca, me gritaba
que era suya, que le pertenecía y que mi vida, debía entornan solo a él, como
su rostro que a mi parecer siempre fue de un ángel, se tornaba oscura.
Recordaba su piel morena, aquel olor a menta que desprecia su aliento. Era un
hombre hermoso, quizás su obsesión por mí, lo había tornado un torturador de
primera calidad. El primer amor para mí se volvió lo más horrible que había
vivido jamás. Abrí los ojos, sintiendo el pecho acelerado, mientras un grito de
dolor se me escapaba de los labios, mientras el sudor se aglomeraba a mi
frente y tomaba una bocanada de aire.
Para toparme con dos inmensos ojos mirándome, mientras me sostenían
por los brazos y me quedaba eclipsada con Diablo, mire por la ventana y era
de día, este estaba vestido con ropa deportiva.
Menee la cabeza varias veces algo aturdida y luego recordé que en un
ataque me medique de golpe. Mire los brazos de este, que estaban descubiertos
por una camisa, gris clara. Mire sus brazos y tenia rasguños en ellos, trague
saliva y él noto lo que veía.
-Dios... Lo siento mucho...- le solté con voz calmada-. Maldición
discúlpame...
-tenemos que hablar-. Me dijo con seriedad y alce la vista mirándolo, tenía
el rostro rígido.- necesito que me digas las cosas que debo saber. No podemos
seguir así.- me murmuro suave y paso una mano por mi rostro- estaba muy
asustado. No sabía qué hacer. ¿Fue mi culpa?, ¿Hice algo malo?-. Me pregunto
y me soltó mientras yo negaba.
-No...- dije en voz alta-. No has hecho nada malo. Yo soy el problema..-
recrimine bajando la vista-. Solo he tenido un pequeño ataque.- musite.
-eso de pequeño ataque no tuvo nada-. Me dijo con voz seria.
-Eso es pequeño, a lo que me han sucedido-. Dije explicándole-. Ayer solo
fue desespero... diablo. ¿Desde cuándo no tengo sexo?-. Le pregunte y este
entendió de una lo que me refería.
-Fue un ataque ninfómano.- me explico y asentí bajando la mirada-. Por
eso esa desesperación en el auto.- se respondía a él mismo y mordía mi labio
soltando un suspiro-. Te automedicastes...
-no quería lastimarte a ti ni a nadie. Dios... recuerdo que le lance el bolso a
la Sra. Thompson...- dije con tono preocupado, pase las manos por mi rostro.-
no se qué sucedió, he estado llevándolo también, que me dio de repente y....-
solté un jadeo.- las pesadillas también volvieron-. Musite en voz baja.
-Si vi que gritabas desesperada, estaba en el gimnasio y desde ahí te oí,
cuando llegue aquí estabas echa una fiera sobre la cama, dormida-. Lo mire
con gesto triste.
-No tienes porque soportar esto...- le susurre bajo y me miro con rostro
contrariado- siento mucho todo este embrollo. Es que...
-Shh.- me callo la boca colocando su dedo sobre mis labios-. ¿Crees que
con esto, te libraras de mi?-. Me pregunto y hice un puchero este me miro
enternecido.- perdóname por no darme cuenta antes de lo que sucedía, pensé
que era malcriadez, hasta que te vi temblar, tomar aquellas pastillas
desesperadas y recordé lo que me habías dicho. Perdóname nena. Debí ser más
precavido. yo...
-tú eres un hombre maravilloso-. Solté sin más, este me miro fijo-. Aun
ante aquella capa de hombre malo, duro, posesivo ególatra y peligroso.-.
Sonreí apenas melancólica-. Siento que a veces mis problemas, se van a llevar
por la borda todo. Incluso la vida de quienes me rodean. Siento que soy una
marea que subirá y se llevara todo a su paso.- le confesé con voz algo
quebrada.- esto es solo una etapa de los infiernos que poseo, de mis
problemas, de mis demonios, de mis fantasma, de un pasado imposible que
vengo arrastrándome. Siento que quiero contigo todo, pero al ver estas
situaciones solo quiero huir para no lastimarte o arrastrarte conmigo.- dije con
toda la sinceridad del mundo y este me miraba fijo. Estaba siendo sincera,
directa, estaba confesándole muchas cosas. - no sé como decírtelo, pero de
alguna manera has hecho que me importes, y las personas que me importan de
alguna manera la alejo de mi.
-Loreen... ¿crees que te puse ese anillo en el dedo porque me parece
bonito?
**
Inquieto, eso era Diablo, caminaba de un lado a otro y lo miraba a través
del espejo de aquel consultorio donde estaba, ante tanta distracción había
olvidado tomarme mis pastillas, así que decidí cambiar los métodos para
cuidarme. No sé, si él quería hijos, tampoco es que me importara, aunque en el
fondo sí, pero no ahorita, no con algo tan inestable y menos negociable como
lo que tenía con él. Además éramos una ruleta rusa, unos días estábamos bien,
otros días nos queríamos ahorcar. Era en ocasiones excitante, refrescante y
hasta masoquista nuestras peleas, pero por otro lado decíamos cosas, que
terminaban hiriéndonos. Las palabras son la mayor arma para destruir a una
persona emocionalmente y con Diablo era fácil provocarlo para que me
nublara el juicio. Este tenía un saco gris, a juego con su pantalón. Creo que en
su vida tenia mas ropa de vestir que normal. Se veía elegante, fornido y más
de una mujer allí fuera de aquel consultorio de puerta de vidrio por donde se
asomaba inquieto Diablo, lo veía caminar de un lado a otras eclipsadas
embobados, con aquel hermoso hombre, que me miraba con rostro amargo.
Negué riendo.
-¿Quién es?-. Me pregunto llamando mi atención, mi ginecóloga. Sonreí
encogiéndome de hombros.
-ah... mi novio-. Musite bajo, para empujar mis gafas, acomodándolas.-
sucede que me he olvidado las pastillas. Quiero que me recomiende un nuevo
método para cuidarme....
-Ya... ¿él lo sabe?-. Me pregunto y la mira como si eso importara. La
paciente era yo. ¿no? Negué.
-Si es por el quedo embarazada. Soy muy joven, y no creo que sea el
momento-. Admití encogiéndome de hombros. ¿Quién no quisiera tener un
bebe de ese papasito?, pues yo... - además la paciente soy yo.- admití cuando
mi doctora aquella mujer, joven, alta y hermosa, miraba a mi hombre como si
estuviera hechizada ante aquello esta carraspeo, concentrando su mirada en
mi.
-Vamos a ponerte la tableta bajo el brazo.- me explico dando por sentado
que quería otro método y nadie me haría cambiar de opinión.- dura unos tres
años. Son eficaces, evita no golpearte el brazo y todo saldrá bien.
-¿podría ponérmelo hoy?-. Me pregunto y esta asintió.
-Ya mismo.
Dos horas después, Diablo golpeaba su tenedor contra aquel plato, de
espagueti con salsa bechamel, lo mire varias veces negando sonriendo
mientras masticaba mi plato de lo mismo que él. Este estaba disgustado
miraba a todos lados menos a mí y aquello me divertía.
-¿Puedo saber porque el disgusto?-. Le pregunte mientras masticaba y
llevaba el tenedor a mi boca.
-Me has llevado engañado al ginecólogo. Ni lo consultaste conmigo-.
Rezongo mirando hacia la calle, sin tocar siquiera su plato.
-Disculpe Sr, Diablo, pero es mi cuerpo, son mis preocupaciones. Además
solo fui a cambiar el método en que me cuido de no salir embarazada. Eso es
bueno ¿No?-. Le pregunte mirándolo fijo.- Mírame diablo...- susurre-. ¿Te
molesta que este evitando salir embarazada?-. Pregunte sin mas
-Si... muchísimo-. Gruño alto-. Muchísimo...
-baja la voz-. Murmure viendo a los lados-. ¿Qué te sucede?, ahora falta
que quieras manejar mi futuro... ¿Sabes lo difícil de tener un bebe?, ¿Los
gastos?, ¿Todo eso?, no es un perrito que adoptas. - le solté sin más y este me
miro colérico y me desvió la vista haciéndome soltar un suspiro. Él, era
imposible. Negué varias veces. Este tipo iba a matarme, en serio.
-Loreen, igual me engañaste.
-Si te hubiera dicho que me he saltado las pastillas, que ese método no me
sirve, no hubieras dicho nada y dejarías que siguiera hasta que quedara
embarazada.
-¿Qué tiene eso de malo?-. Me pregunto sin más y le torcí los ojos
notablemente.
-Estás loco pa la mierda...
-¡Esa boca!-. Gruño alto...
-ya dejemos el temita, me puse la jodida barra, me la cambio en 3 años, así
que sopórtala.- musite sin más terminando de comer y recostando mi espalda
de la silla, cruzándome de brazos ahora molesta por su actitud. Este se dio
cuenta.
-Así que 3 años...- murmuro empezando a comer y le voltee el rostro.
-Ya déjame en paz...- le solté gruñendo alto. Viendo varias cabezas de otras
mesas voltearse.- ¿Qué?, ¿una foto?-. Solté sin más aquellas personas
chismosas quienes voltearon rápidamente su rostro.
-¿Molesta?-. Me pregunto y lo mire.
-¿Quieres que me levante y me vaya?-. Le pregunte seria.
-Te arrastraría hasta aquí-. Murmuro mirándome serio. Ambos estábamos
muy amargados. - ¿Por qué te molestas?
-Es que...- llene mis mejillas de aire- a veces parece que soy la madura en
esta jodida relación…- le solté sin más-. ¿crees que es adecuado apenas tengo
20 y ya quieres embarazarme?, no es que ligues una perrita y le saques las
crías-. Le conteste cortante.- tú lo tomas como si nada. Para mí no lo es.
Diablo.
-Ya te pusiste la puta barra, ya vale mierdas ¿No?-. Me dijo con
brusquedad, dejando a un lado su plato sin terminar y sacando unos billetes,
dejándolos sobre la mesa-. Nos vamos…
-¿Qué?, ¿Ya vas a encerrarme de nuevo?-. Pregunte con rebeldía y este se
levanto, echándome una miradita de esas que decía: “Sigue tentando al diablo”
-Loreen...- gruño bajo y me levante de mala gana, pasando por un lado de
este sin esperarlo y caminando directo al auto, esperando que este tocara el
seguro, apenas lo hizo entre lanzando la puerta. Enfurruñada, cruzándome de
brazos. Menudo imbécil. Este al entrar, encendió el auto, saliendo del
estacionamiento de aquel restaurante. Acomode mi camiseta gris,
arreglándome el sostén que me molestaba y vi como este, desviaba unos
segundos la vista a mis pechos, algo expuesto. Solté un suspiro cuando vi que
me llevaba a la mansión nuevamente, cerré los ojos unos segundos-. No pensé
que te desagradara tanto estar en casa-. Soltó sin más aun buscándome la
lengua, rodee los ojos. Vi las puertas de la mansión abrirse.
-¡Púdrete!-. Dije sin más este me miro con cara de pocos amigos. ¿cómo
podía enojarse porque no quería salir embarazada?, que infantil. Quería
controlar todo. En ocasiones sentía que caería en sus mandatos o caprichos.
-¡Esa maldita boca!-. Dijo alto regañándome.
-Hago con mi boca, lo que me da la gana y tu ni nadie, me dirá como debo
hablar. Si no te gusta búscate un hijo para criar, no necesito que vengas a
cambiarme los pañales-. Dije ya estallando y este me miro frenando de golpe
el auto.
-¡Loreen!-. Me grito histérico ante aquellas palabras y me baje del auto
caminando por aquel camino hacia la mansión. Vi que encendía el auto
siguiéndome.- súbete al jodido auto.
-¡No!-. Grite con ira-. Amenázame que me vas hacer subir y veras que
puedo correr muy rápido-. Gruñí amenazándolo con ira.
-Maldita sea...- gruño acelerando el auto, mire como se detuvo en la
mansión bajándose del mismo y esperándome. Cuando estuve cerca me
intento tomar de un brazo y lo manotee sorprendiéndolo, abriendo la puerta de
la casa, cerrándola de golpe, tras de mí, casi cerrándosela en la cara, subí las
escaleras, para entrar casi corriendo a la habitación cerrándola y pasándole el
pasador de seguridad. Mientras sacaba mi teléfono de mi bolsillo, dejaba todo
lo que tenía en los bolsillos, mas los papeles, que me habían dado la
ginecóloga, saque mis audífonos de la gaveta y me los coloque, oyendo a
diablo tocarme la puerta, rodee los ojos porque sé que la tumbaría, le quite el
seguro ya colocándome los audífonos dándole la espalda, sentí un jalón y
como me quitaba los audífonos, tirándolos contra una pared destrozándolo,
mientras mi teléfono caía al suelo, me quede fría, mirando aquello con la
mandíbula en el piso, acababa de joderme los audífonos. Tumbar mi teléfono...
esté se quería morir. Me voltee brusca mirándolo fijo, llenándome el pecho de
aire, para soltarle un grito.
-¡¿Qué demonios te sucede?!-. Le grite con todo lo que me daban los
pulmones.- ¿Vas a joderme todas mis cosas?-. Dije sulfúrica.
-Loreen, bájame la voz...- gruño
-una mierda, eres un infantil...- le solté sin más aun hablando alto. - ¿Qué
te pasa?, ¿te molesta tanto que no quiera tener un bebe tuyo?, sorpresa James.
No todas las mujeres debemos bailar al son que tus toques-. Estaba hecha una
fiera y tentando a un hombre de dos metros, que estaba a punto de estallar. -
¡No quiero un bebe!, ¡No quiero!-. Le grite en la cara molesta. - Y puedes
cogerme 20 mil veces, no voy a quedar en estado de ti, Diablo.- aquellas
palabras eran muy hirientes. Estaba pasándome de la raya y acaba apenas de
notarme, cuando Diablo abrió su boca y estaba a punto de irse. Lo tome del
brazo y este me manoteo para salir de la puerta. - ¡Mierda!-. Solté con ira
pateando uno de los muebles de la habitación-. Jodida bocaza Loreen...- negué
varias veces. No debía haberlo dicho así, menos de esa manera. Solté un gran
suspiro, sentándome en el suelo recostando la espalda de la cama. Que cagada
había hecho. Me quede allí media hora, mientras los ojos me ardían llenos de
impotencia de ira, de culpa. La expresión de Diablo cuando se fue, era herida,
lastimado. No me gustaba hacer sentir mal a nadie, no de esa manera. Tenía mi
teléfono entre las manos cuando cayó la noche. Luego de cenar, sola ya que
diablo no había llegado. Subí a la cama, haciendo muecas, intente llamarlo
varias veces pero todas las llamadas se iba al buzón. Solté un largo suspiro,
sentándome en la cama, en ropa interior, con un termo de chocolate caliente,
esperando, esperándolo....
tenía los ojos ya rojos irritados, mientras soltaba mocos chillando como
magdalena, mientras me los limpiaba con uno tras otro trapo blanco, mire el
reloj cuando habían cesado las lagrimas, mire la hora eran las 3:00 am. Lo
volvía hacer, solo rezaba que no llegara borracho. ¿Dónde estaría?, ¿con
quién?, no quería llamar a nadie, ni molestar a nadie. Di un salto cuando
escuche la puerta de la casa sonar y cuando escuche pasos, me entraron
nervios. ¿Qué me pasaba?, sencillo quería arrojarme sobre él a pedirle
disculpas por tan feas palabras. La puerta se abrió lentamente y yo solo rezaba
no ver a un Diablo borracho. Mi sorpresa fue cuando Diablo entro como si
nada, cero licor, tal cual como se había ido hoy, y se sorprendió de ver la luz
prendida para mirarme con los ojos en par mirándolo súper irritado, quizás
debía tenerlos rojos, al igual que la nariz. Puta vida se notaba a leguas que
había llorado, tenía las sabanas de la cama recogidas abrazándolas, este metió
las manos en sus bolsillos, desviando la vista ignorándome. Mientras de nuevo
se me llenaban los ojos de lágrimas y desvié la vista. Este camino a su mesa,
quitándose su reloj ignorándome. Ignorándome completamente, vi de reojo
que se quitaba su saco, su camisa, los zapatos, el pantalón y se colocaba un
mono blanco ancho. Este se acostó en la cama, dándome la espalda. Estaba
muy molesto y mi cargo de consciencia era terrible. Había sido una perra sin
corazón, usualmente no me importaba pero esta vez me sentí muy mal, este
apago la luz y me quede allí mirando su espalda. Me levante de golpe,
abriendo mi armario sacando un gran camisón, rosa. Saliendo de la habitación
cerrando la puerta con algo de fuerza, caminando con lágrimas, bajando las
escaleras a oscuras y quedándome en la cocina. No escuche pasos
siguiéndome, por primera vez no me seguía y aquello solo me hacía sentir que
lo había herido terriblemente. Hice un gran puchero, cuando me senté en uno
de los extremos de la cocina, me coloque el camisón, doblando mis piernas,
abrazándolas con mis brazos. Así paso mucho tiempo... mientras ya tenía el
rostro más serio, menos hinchado y más sereno. Di un respingo cuando vi a la
Sra. Thompson prender la luz cuando entro esta, que dio un salto de susto al
verme.
-Buenos días, mi niña... ¿Qué haces aquí?-. Me pregunto-. Está lloviendo y
haciendo mucho frio. El clima esta terrible-. Me anuncio y solo hasta ese
momento me percate que las ventanas eran azotadas por una fuerte lluvia y
estaba condenadísima pero solo le sonreí con hipocresía encogiéndome de
hombros.
-Buenos días, no he podido dormir.- le explique y sonreí. Esta se quito su
cartera- si el clima estaba muy feo, no debiste venir.
-Ay mi niña... recuerde que me buscan y me llevan. - me explico- ¿Quieres
una taza de chocolate, avena?- asentí varias veces temblando.
La mire como todas las mañanas montaba el desayuno me hacía preguntas
pero lo respondía con monosílabas, SI, NO y supo que algo sucedía, aun así no
hizo muchas preguntas y me tendía tazas de avena con hojuela quizás viendo
mis ojeras y mi rostro cansado. Pase varias veces mi cabello suelto detrás de
mis orejas me dolía la vista sin los lentes. Esta no le incomodaba que mi
mirada estuviera sobre la misma. Y así estaba aquí menos a una semana de
casarme con un hombre al que le había gritado en la cara que no quería tener
un hijo de él.
Ambas saltamos cuando escuchamos la puerta sonar y clave mi mirada en
mi taza de avena, ni quería verlo, era muy doloroso. Removí, espesa como me
gustaba. Tome un sorbo masticando suave.
-Buenos días, Sra. Thompson.- dijo este sentándose en la mesa de madera
que tuvo que conseguir luego de destruir la otra. Esta ya sabía que iba a comer,
así que le sirvió en la mesa. Todo el desayuno fue en silencio, este ni me
volteo a ver, ni una sola vez, mientras a mí se me iban miradas furtivas. La
tensión era terrible. Este se levanto, le dio un beso en la frente a la Sra.
Thompson ignorando completamente mi presencia y la lluvia afuera estaba
terrible. Aun así, se acomodo el saco, salió de la cocina, mientras a mí se me
aguaba el guarapo de nuevo.
-¿Qué sucedió?-. Me pregunto la Sra. Thompson, cuando ambas
escuchamos la puerta de la casa ser tirada. Dos veces. Quizás quedo abierta y
este la volvió a lanzar, negué varias veces hasta que esta se me acerco,
agachándose apenas pasando una mano por mi cabello y aquel acto solo
termino de joderlo todo. Empecé a llorar muy, muy fuerte, como la propia
maría magdalena, a moco tendido y sollozos altos, mientras dejaba la taza a un
lado y abrazaba con mis brazos nuevamente las piernas, escondiendo el rostro
entre ellas, en aquella esquina de la cocina. Mas cansada, que nunca. - Ay, mi
niña... pero...- este susurro.
-Le dije cosas muy feas-. Dije entre lágrimas y sollozos sin poder verle la
cara-. No quería decírselas pero estaba tan molesta con él, que se las dije-.
Musite tomando aire, sintiendo las lagrimas, mojarme las rodillas-. Le dije que
no quería tener un hijo con él, pero era mentira.- dije intentando que las
lágrimas me dejaran hablar, mientras sollozaba muy alto, hasta gimoteando.-
Yo si quiero tener un bebe, pero no ahora... es muy pronto y estoy muy
asustada...- confesé aquella mujer-. Todo es muy rápido.- admití y sentía la
mano de ella sobándome la espalda.
-Es normal tener miedo, eres muy joven y quizás a Diablo se le hace difícil
aceptarlo. Aunque eres muy madura, es normal tener miedo.
-Tenías que ver su cara, estaba muy herido. Le grite que no quería tener un
bebe con él-. Repetía una y otra vez.- Yo no quería hacerlo y ahora ni me
habla...- dije sin más y vi a la Sra. Thompson tensarse. Ignore eso y seguí
hablando-. Me está ignorando desde ayer y sé que me lo merezco.- dije
abrazando aun más mis piernas y esta siguió frotando mis manos con mi
espalda-. Todo estos días, de alguna manera ha sido muy bueno conmigo y yo
solo, he estado peleándole, porque tengo miedo, de casarme, de los hijos de
todas esas cosas...- le solté sin más llorando. - Ahora no quiero ni pedirle
disculpas o hablarle porque sé que me hará sentir aun más mal. Me dirá cosas
feas como yo se las dije. y...- repentinamente sentí un par de brazos metérseme
por debajo de las piernas y tomarme por las caderas alzándome.
-Fue suficiente...- musito Diablo y vi que no se había ido, ni siquiera se
había mojado, se había devuelto y seguramente había oído toda la mierda que
yo estaba soltando. - debes dormir.- me murmuro bajo y no quise verle el
rostro tan siquiera, me sentía una sucia, mal y culpable. Este me llevo sin decir
nada mas, acostándome en la cama, lo mire unos segundos. Negando
colocándome las almohadas encima-. Lo... siento mucho-.dije con voz
quebrada mientras tenía el rostro tapado con la almohada pero tan alto como
para que pudiera oírme. Sentí como tomarme un pie y jalarme por la cama,
destapándome el rostro, llevándome acostada hasta los pies de la cama, alce
mí vista a diablo, que me vea descocida en lágrimas. Baje la vista.
-Mírame-. Ordeno con paciencia y alce la vista-. ¿Por qué tienes miedo?-.
Me pregunto serio y vi que había oído parte de lo que le había dicho a la Sra.
Thompson. Negué varias veces-. Oí todo lo de allá abajo.- me anuncio.- no lo
preguntare de nuevo Loreen. Y odio verte llorando. ¿podrías dejar de hacerlo?
-Es que lo siento mucho...- dije sentándome en aquella cama y este se
agachaba fuera de la misma con sus brazos en los costados de mis piernas, -
estaba muy molesta y....
-todo eso ya lo sé.- me dijo serio-. ¿Por qué tienes miedo?-. Pregunto y
baje la vista.
-Es que...- tome aire mientras este pasaba las manos por mi rostro
limpiándolo-. Me siento muy mal, porque siento que todo esto es muy rápido-.
Le explique mirándolo fijo-. Te conocí hace un mes y míranos, me insinúas
que tengamos un hijo y que nos casemos y que....
-Shh-. Este coloco una mano en mi boca-. Te quiero conmigo, eso es todo.
-Un hijo no amarra, un matrimonio tampoco....
-entonces estoy haciéndolo mal-. Dijo mirándome fijo y no podía creer que
dijera aquello-. Te lo dije una vez, de alguna manera siento este deseo
irrefrenable de controlarte, siento que te me vas de las manos y no me gusta.
Eres mi mujer. - volvió a la carga.- lamento mucho presionarte al punto que
tuvieras que decirme todo aquello en un ataque de ira. Lamento haber llegado
tan tarde. No quiero volver a verte como te vi, allá abajo. Odio que llores. Lo
detesto.- me murmuro bajo.
-siento mucho lo que dije.- murmure bajo-. Estaba muy molesta... y
asustada.
-¿Quieres que aplacemos el matrimonio?-. Me pregunto repentinamente
con voz herida y negué varias veces.
-Quiero que entiendas que hay decisiones sobre mi vida que no puedes
tomar sin decirme, no puedes molestarte porque diga que es muy pronto para
tener un bebe-. Le musite-. Siempre terminamos peleando y así no va a
funcionar-. Le dije seriamente.- si esto sigue así yo...
-tu nada.- soltó sin mas... - yo te adoro, serás mi esposa y se acabo.- soltó
levantándose y mirándome con determinación. ¿Quién discutiría con un
hombre inmenso, decidido, de ojos grises hermosos ojos, que te suelta aquello
así sin más?, yo no.
Pasado
Luego de aquellas palabras, diablo, empezó a ser más cuidadoso, incluso
ordenaba la manera en cómo me tomaría las pastillas de las ansias, incluso
decidimos entre ambos, que no habría sexo por unos días más, probando a ver
cuando tiempo podía durar sin que mis ansias pudieran mas conmigo hasta que
también tuviera unos cuantos días con el medicamento de nuevo en mi
sistema.
Gmail
Remitente: Desconocido.
Se le notifica a la Srita. Grace que requerimos de su presencia en nuestras
instalaciones
Por asuntos importantes, reportarse cuanto antes.
Comunicarse lo más pronto posible.
Subdirector de investigaciones penales
Alex Dinamarca
Gmail
Remitente: Desconocido.
“La casa Von de Hall, le invita a su anual, fiesta de disfraces en honor a la
conmemoración de sus años en el mercado. Se le apreciaría su asistencia y
máxima discreción, como en los años anteriores. De antesala esperemos contar
con su buena presencia.
Hora: 8:00 pm
Lugar: mansión Von de Hall.
Gmail
Remítete: Desconocido.
Se le notifica a la Srita. Grace que requerimos de su presencia en nuestras
instalaciones
Por asuntos importantes, reportarse cuanto antes.
Comunicarse lo más pronto posible.
Subdirector de investigaciones penales
Alex Dinamarca
Mire aquel correo, cerrando la laptop, acomodándome la gorra negra que
tenia puesta con la visera hacia atrás, peinando mi cabello suelto, acomode el
crop top vinotinto, y me subí la licra que me llegaba más arriba del abdomen y
me enrolle una camisa tipo de vestir de cuadros roja, rodeándome las caderas
amarrándomela allí. Me agache para limpiar mis botines blancos y me erguí
retocando mi labial negro en los labios. Mire la mesa de noche a mi lado y
tome mi teléfono que estaba cargando, mas abrí la gaveta sacando un par de
billetes, que había conseguido en algunos pantalones que me había traído. No
quería pedirle dinero a diablo. ¡No!, eso estaba afuera de mis pensamientos.
Era incomodo aun, quizás porque de alguna u otra manera siempre me
rebuscaba pero lo hacía sin tener que pedirle a alguien. Tome mi bolso
guardando mi teléfono y el dinero allí, subiéndomelo al hombro y salí
corriendo hacia la cocina. Al bajar apurada, mire a diablo despedirse de la Sra.
Thompson para irse a trabajar este me miro de arriba abajo.
-Menos mal que no te has ido. Necesito que me des un aventón-. Le
explique acercándome, besando la mejilla de la Sra. Thompson y tomándome
el poco de jugo que quedaba del vaso de diablo, apurándolo.
-Cuando te vistes así, me siento tu papá-. Gruño, al verme aun, de arriba
abajo y negar.- ¿A dónde crees que vas?
-Pa la calle... papito-. Solté divertida pero aquello no le hizo gracia. Y tome
su mano- llévame, si tuviera auto o por lo menos dinero no te molestaría.
-No me molestas en lo absoluto Loreen. Además, no sabía que sabias
manejar. Te hubiera dado ya un auto.
-¡No!-. Grite aterrorizada ante la idea-. Te lo prohíbo James.
-Tú no puedes prohibirme nada-. Murmuro divertido por mi reacción
sacando su teléfono del bolsillo y mirándolo unos segundos-. Vamos... ¿A
dónde tienes que ir?-. Me pregunto y mordí mi labio y este lo noto,
tomándome el rostro y dándome un beso, suave haciéndome abrir la boca
queriendo mas pero dejándome así, alejándose.- te dejare en el centro... ¿Bien?
- me pregunto y asentí varias veces mirándolo. De alguna manera estaba
comenzando a ser una persona que cedía mas, menos controlador y eso me
agradaba o simplemente hoy estaba demasiado ocupado en la oficina como
para andar tras de mí, chismeando lo que hacía o no como solía hacerlo.
-Vamos... además debes ir a trabajar-. Le anuncie, colocándome en su
espalda y empujándolo, en un gesto muy niño.- adiós, Sra. Thompson. Buen
día.
-Buen día chicos-. Dijo amable, mientras yo sacaba a rastras a su
muchacho. Este al salir, saco las llaves de su auto acomodando su saco. Y me
miro.
-Te ves muy aniñada hoy....- anuncio mirando mi expresión y mi
vestimenta.
-¿No te gusta?-. Pregunte haciendo un puchero y sonrió viéndome.
-Me da morbo...- al oírlo me estremecí, mordiendo mi labio y alejándome
de él.
-¿Ganas?- me pregunto y asentí varias veces- vamos, o no nos iremos
nunca…- dijo riendo mientras rodeaba su auto, y yo caminaba a la puerta del
copiloto. Al subir este encendió el auto, y su teléfono comenzó a sonar. Su
rostro se puso pálido y trago saliva. Me asome para ver quién era, pero era
número desconocido. Aunque diablo al parecer si lo conocía por su expresión,
vi como apagaba su teléfono
-¿Quién era?-. Pregunte recelosa y este encendía el auto.
-Una molestia de la cual, me desharé pronto-. Anuncio con tono bajo y
aquel tono me hizo tragar saliva. Yo, no quería jamás ser enemiga de diablo.
Jamás...- ¿A dónde pensabas ir sin dinero?, pelirroja.
-Diablo, no puedo estar toda la vida encerrada en tu mansión...
-nuestra…
-bueno-. Dije en voz alta cuando este toco el control remoto y se abrieron
las puertas de la mansión-. Nuestra mansión, me dará claustrofobia. No te
preocupes no actives tu macho celoso controlador. Iré a caminar por ahí...
quería que me llevaras al centro, por lo menos un aventón hasta allí.
-¿Por qué no me pediste dinero?
-Me da pena, hombre-. Dije rodando los ojos.
-Te depositare mensual y así no tendrás que pedirme-. Anuncio y me
negué-. Vamos te estás negando a todo lo que quiero darte.
-Porque estoy bien así, no quiero regalos, ni dinero. Ya con lo de mi
hermano y mamá es suficiente. Además, optare por buscar un trabajo-.
Anuncie-. No de lo que piensas-. Salte en el asiento.
-Quiero ir contigo.
-¡No!-. Me queje protestando-. Tienes que trabajar, joder.
-¡Esa boca!, claro que puedo. Puedo ir a la oficina cuando me plazca, para
eso tengo empleados y soy el jefe.- dijo conduciendo hacia la ciudad.- ¿De qué
quieres trabajar?
-No, no iras conmigo.- solté sin más-. De lo que sea, mesera, en una
tienda... algo conseguiré. Me dejaras en el Lux- le explique.
-Bien, no iré-. Dijo mal humorado-. ¿Tú crees que yo dejare que mi
prometida quien no le ha puesto fecha a nuestra boda, trabaje de mesera?-.
Pregunto incrédulo.
-Oye...- me queje-. Trabajo es trabajo. Ya que no puedo volver a mis viejas
ocupaciones, puedo invertir mi tiempo en algo bueno.- lo mire de reojo-.
Además me caso contigo, cuando quieras. ¿Pa´ que me pones a elegir fecha si
a la final la escogerás tu?, así haces con todo.
-Si es por mi mañana mismo- ante aquello reí alto.
-¿Por qué tan afanado de casarte conmigo?, ni que me fuera a ir, ya
descubrí lo ogro que eres y aun así no he huido. Además eso no sería una
boda-. Admití-. El otro fin de semana ¿Va?, el domingo.- musite sacando mi
teléfono del bolsillo del bolso, que estaba sonando. Revisando mi teléfono.
Texto
De: Sheila
Hola, ¿Cómo estás?, disculpa si te molesto.
Quería avisarte que mañana estaré en el Lux Nigth. ¿Recuerdas?, íbamos a
beber allí. Estaré celebrando que acabo de graduarme. Van a ir varias amigas.
Me gustaría que fueras. Estaré a las 7:00 pm.
-¿Por qué el domingo?-. Me pregunto confuso, cuando llegamos a la
ciudad, mientras alzaba la vista hacia él.
-Porque es mi cumple años-. Le murmure sonriéndole.
-¿Me estas jodiendo verdad?-. Me pregunto y reí.
-¡Esa boca!-. Lo regañe riendo y este carcajeo, junto a mí-. Si diablo. Tu
mujer cumple 21 añitos, el otro domingo. Así mataremos dos pájaros de un
tiro-. Baje mi vista al teléfono.
Texto
Para: Sheila
Estaré allí.
-¿Con quién hablas?-. Me pregunto.
-Con un fantasma-. Murmure sonriendo guardando mi teléfono en mi
bolso. - Oye, ¿Has ido alguna vez a la mansión Von de hall?- pregunte
repentinamente.
-No, pero me han invitado muchísimas veces. - Este detuvo el auto frente
al lux Nigth que tenía sus puertas cerradas era un club que abría solo de noche.
- dicen que solo van los mejores de los mejores. ¿Te han invitado verdad?, a
mi me llego el correo. - asentí varias veces sonriendo-. ¿Por qué esa risita
maliciosa?-. Pregunto sonriéndome
-soy invitada VIP. El ama quiere ir con Diablo-. Dije alzando las cejas
varias veces y este estallo en risas negándose.- ¿Por qué no?, será divertido.
-Porque terminare creando la tercera guerra mundial si alguien te toca y sé
que tú mataras gente, si alguien me toca.- dijo y reí muy alto.
-No, no me entiendes-. Le explique, acomodando los botones de su
camisa-.El diablo ira con una sumisa, solo para él. Ósea la ama. -. le guiñe un
ojo y este me miro expectante.
-No serias capaz de eso.- soltó y negué.
-No. Solo quiero que vayamos marquemos, quienes son los que mandan en
el terreno y le enseñemos a todos como es que se bate el chocolate. - dije
sonriéndole-. Ve lo como la despedida a esas vidas que llevábamos, aunque
podríamos disfrutarlo de una manera sana consensuada y en pareja. Pero ya no
seriamos como antes. ¿Qué dices?
-Es la primera vez que me pides algo así.
-Admite que te agrada la idea, solo iremos a farandulear un rato. Prometo
portarme bien y no ser celopata. - dije guiñándole un ojo.- será el sábado, es
ambientada a disfraces.
-El rey y la reina de las tinieblas-. Sonrió diablo y lo mire sonriéndole.
-Joder no lo había pensado... me gusta. - abriendo la puerta del auto,
despidiéndome con un sonoro beso en sus labios-. Oye, entonces, pasare por tu
oficina en la tarde cuando salgas, para que vayamos a comprar los...
-¡No!-. Salto gritando y me quede fría, este noto su expresión y carraspeo.
Aquello me dio tan mala espina, que no pude evitar despertar mi lado cuaima.
-¿Por qué se supone que no puedo ir ahora a la oficina de mi prometido?-.
Pregunte recelosa con un pie fuera del auto. Mirándolo seria.
-No es eso, nena-. Soltó sonriendo.- es que no estaré en la oficina.
-Dijiste que ibas a trabajar, mientes de la mierda.- solté sin más.
-Tengo una importante reunión-. Solté un suspiro no indagaría mas,
intentaría confiar en él y sus misterio.
-Bien diablo. Me hare la que no escuche esa negación. Llámame cuando
quieras que nos veamos. - le musite, este cuando me voltee tomo mi bolso,
abriendo un bolsillo y metiendo un dinero dentro de este.
-Te quiero...- me musito bajo y me voltee mirándolo, para acercarme de
nuevo y besar con fuerza sus labios.
-Cuídate Diablo - dije al bajarme del auto y ver como este lo encendía y
arrancaba. Solté un largo suspiro y revise que había guardado en mi bolso, abrí
los ojos cuando vi una paca de billetes. Negué riendo.
Una vez que diablo y su ostentoso porsche plateado estaba lejos de mi
campo de visión. Camine por las calles. Mientras veía algunas tiendas y
silbaba distraída. Sacando de mi bolso los audífonos conectándolos a mi
teléfono y poniendo música, guardándome mi teléfono entre mis senos.
Colocándome de nuevo el bolso y llenando mis oídos de buena música. Al son
de Weekend.
Cuando camine varias cuadras, incluso cruzando la avenida mientras el sol,
me refrescaba el rostro. Que deliciosa sensación. Libertad quizás, no la pasaba
tan mal en la mansión pero estar encerrada no era lo mío. Quizás por eso
nunca me decidí por una carrera de oficina, me gustaba la versatilidad. Al
llegar a mi destino mire el edificio negro, de vidrios casi ahumados, de
grandes puertas de vidrio que daban vuelta, al entrar vi varios rostros
conocidos en la entrada hablando y tomando café, estos me miraron y
sonrieron, alzando sus manos saludándome aun con los audífonos los salude
con la mano, camine hasta la recepción y vi a los dos uniformadas, que me
sonrieron, mujeres mayores, rápidas e inteligentes, entre ellas una nueva. Me
quite los audífonos.
-Pelirroja, ¿Que te trae por aquí?-. Me pregunto la más vieja a la cual ya
conocía desde hace mucho.
-Alex Dinamarca, quiere verme...- dije mirándola-. ¿Podrías avisarle que
estoy aquí?, ¿Es nuevo?- pregunte chismeando con ella y esta se lanzo al
mostrador observándome divertida.
-Pues, es bien guapo, aunque muy viejo para mí-. Explico esta- debe tener
unos 40 o 50 es uno de los duros-. Me explico-. Lo transfirieron aquí hace
unas semanas. A Montealba, se lo llevaron a Miami.- explico-. Dice que le
encanta las playas de allá-. Al oír aquello carcajee muy alto.
-Mi superior-. Escuche a alguien tras de mí y me voltee viendo a un
hombre saludándome, con un gesto militar lo cual me hizo reír.
-Descanse cadete-. Musite sonriéndole sin responderle el saludo.
-¿A que debemos el honor?, ¿Volverá?-. Me pregunto y negué divertida,
mirándolo. Tenía un traje negro, de licra, con varios bolsillos, y encima,
armamento en su espalda tenía un rifle, en sus caderas, dos gloss. Al parecer
venia de alguna misión.
-No, tu nuevo subdirector a estado atestando mi correo con mensajes.- le
anuncie.
-Está reuniendo a los mejores al parecer-. Aviso.
-¿Ah sí?, ¿A quién mas a llamado?-. Pregunte curiosa.
-También vino Sheila More -. dijo y me tense mirándolo, disimulándolo
con la sonrisa que no dejaba de tener.- aunque sabes que ella es ...
-oficina y si al parecer está reuniendo a los mejores. - admití.
-La esta esperándola-. Me anuncio la chica nueva-. Piso 3 oficinas B2. -
me explico y aquel chico me hizo un gesto de la mano, diciéndome que me
guiaría hasta allí.
-Gracias-. Murmure sonriéndole aquella chica despidiéndome de la otra,
deteniendo la música de mi cel. y sacando mi teléfono de donde lo tenía
caminando al ascensor.
-Quien fuera teléfono-. Escuche que decía el hombre que me acompañaba
y rodee los ojos.
-No jodas...- le solté y este estallo en risas. Dentro del ascensor, estábamos
solo los dos y este carraspeo. Algo sucedía-. ¿Qué?-. Dije ya conociéndolo.
-Castiel, también ha sido llamado-. Me soltó sin anestesia y tense
mirándolo sin ya ni una sonrisa.
-¿El maldito se acerco a Sheila?- pregunte irritada y este negó.
-Los han citado días distinto, eres la única que ha llegado cuando ha
querido. Todos los demás acataron al llamado de una-. Me explico y asentí
cuando las puertas del ascensor se abrieron.
Este me guio hasta la oficina de aquel hombre, donde tenía la puerta
abierta, al entrar, mire a un hombre mayor, como me habían dicho, no canoso,
pero si se veía muy mayor. Tenía un aspecto rígido, de hombros anchos, muy
fondo. Se veía súper conservado en un traje algo viejo, gris, tenía una taza de
café en la mano, alzo su vista ojos negros profundos al verme. Cerré la puerta
al entrar sentándome en un asiento frente a su escritorio de madera. Tenía
algunos portarretratos hacia él impidiéndome ver quienes salían en esas fotos.
-Me ha costado mucho conseguirla Srita. Grace-. Me soltó bajando su taza
de café. Colocándola en la mesa y cruzándose de brazos.- ni una foto, ni una
dirección.
-Fueron borradas desde que era agente.- le explique-. Pero se las ha
ingeniado para conseguir mi correo-. Le musite divertida.
-Agradézcaselo a la Srita. Sheila es la única que ha tenido contacto con
usted, hemos tenido que investigarla para dar contigo.- me explico y sé que
Sheila seguramente se habría percatado de ello- veo que los rumores no son un
tanto falsos. Usted es la menor de todo el cuerpo oficial.- me musito
mirándome de arriba abajo.- ¿18?, ¿21?-. me pregunto curioso.
-Próximamente 21-. le explique cruzándome de brazos-. Pero no creo que
me haya citado aquí para averiguar lo que no hay de mí en los expedientes.
-Así es.- dijo este serio.- usted era la encargada de un cuerpo especializado
de agentes infiltrados, entrenados que trabajaban para distintos entes
gubernamentales e instituciones. ¿cierto?-. Asentí varias veces.
-FBI, INTERPOL, CICPC, SWAG, antisecuestros y anti narcotráfico. - le
musite seria mirándolo.- también realizábamos trabajos de campo cuando se
requería. ¿Esta información usted seguramente ya lo sabe?, quiero saber, ¿Para
qué estoy yo aquí?, me he enterado que ha mandado a llamar agentes como
More y Brines. ¿Que se trae entre manos?
-Queremos crear nuevamente el cuerpo de investigación y queremos que lo
lideres de nuevo-. Me soltó sin más- tenemos una buena propuesta para ti y un
cargo en el FBI, o cualquier cuerpo que te interese.
-Mis sueños patrióticos murieron con Michael Grace, no me interesa nada
que pueda ofrecerme-. Solté sin más.
-Tenemos a Louis Valderrama precisado.- ante aquello me removí inquieta
en mi asiento.
Louis Valderrama, era el caso por el cual murió mi padre. Narcotraficante,
traqueto, mezclado en trata de blancas, lavado de dinero. Asesino. En nuestra
última misión, lo teníamos precisado, el equipo estaba listo para entrar y el
muy inteligente nos había hecho una emboscada, donde en un conteiner, cayo
mi padre y en el otro todo mi equipo, más de seis personas entre ellos, Sheila,
Castiel y demás...
El muy desgraciado me hizo elegir entre ellos y mi padre. Quizás el hecho
de dejar que mi padre muriera en un contenedor bañado de acido, por decisión
mía, era una muestra de que mi odio hacia ese hombre sobrepasaba todas mis
expectativas, aquel día, escapo con dos de sus secuaces, dos mujeres muy
habilidosas a las que había prometido quitarle la cabeza. Mire al subdirector y
él descubrió lo que pensaba, lo que recordaba. Pero repentinamente llego el
recuerdo de mi madre, llorando sobre el ataúd de mi padre y él de mi hermano.
Venganza, venganza era algo que había aprendido a no dejar que tomara mi
mente. Las emociones en este negocio era una de las razones para que
murieran personas. Solo los agentes más fríos, sin sentimientos o emociones
sobrevivían. Si mi padre murió como un héroe, salvando muchas vidas, pero
su sangre manchaba mis manos. Solo las mías.
-¿Intenta envenenarme para que acepte la misión?-. Le pregunte divertida
sonriéndole. Este al notar mi expresión apretó su mandíbula-. Busque a otra
persona, yo tengo intimidad con ese hijo de puta afectara la misión.
-El problema es que necesito a los mejores, de los mejores y usted Srita.
Grace es la mejor de todos. Es indispensable-. Recalco.- queremos que
captures a Louis Valderrama con vida.
-¡Ja!-. Dije en voz alta- imposible.- dije seria-. Si yo me topo con ese
hombre, vivo no saldrá. Puedo enviarlo en una bolsa de basura, pero no vivo. -
le murmure.- lo meterán en la cárcel unos días y luego saldrá libre o en el peor
de los casos seguirá haciendo de las suyas desde la cárcel. A esa clase de
gente, se le extermina como un insecto. Ya ve, no soy la apropiada para ello.-
aquel hombre saco una carpeta amarilla entregándomela.
-Léela, cuando crees que estés segura, llámame. Dices que tu patriotismo y
heroísmo murió con tu padre, el problema es que con eso se nace no se hace.
Tiene un mes Srita. Grace-. Tome la carpeta guardándola en mi bolso.-
piénselo. La justicia es a veces endeble contra los criminales, por eso todos los
gobiernos se pusieron de acuerdo, para crear mercenarios como usted, para
limpiar terreno.- concluyo.- buenas tardes-. Me murmuro sonriente. Y asentí
con la cabeza. saliendo de aquella oficina viendo varias cabezas girar hacia mí
al cerrar la puerta y sacar mis audífonos colocándolos de nuevo sobre mis
oídos, sin saludar a nadie, saliendo directamente de ese lugar. Con la cabeza
más confundida que nunca y el corazón echa un remolino de emociones.
Tres horas más tarde, luego de dar varias vueltas por algunas calles. Estaba
sentada en aquella cafetería tomándome un batido de fresa, muy espeso y
delicioso, esperando con paciencia, mientras empezaba a oscurecer. Pensando
en cómo me le escaparía a diablo, el día siguiente para verme con Sheila,
quería ir sola, ir con él era muy pronto y no quería tampoco tener que tocar el
tema de Sheila con diablo. Así que primero iría a verla, hablaríamos y
dependiendo de cómo sucediera todo me decidiría a contarle todo a mi futuro
esposo. Quien sonreí al verlo entrar por la puerta principal de aquella cafetería
con unas gafas negras, que le quedaba de muerte, acomodándose las mangas
de su saco. Tipo sacado de una película, vi como todas las mujeres de aquel
lugar voltearon a verlo y se acomodaron nerviosas en su asiento y aquello me
hizo reír suave negando con el pitillo entre mis dientes, cruzadas de piernas en
una de aquella mesas. Diablo venia con la expresión rígida a medida que se
acercaba. ¿Le habría pasado algo? Bueno, tampoco era que él gozara de un
excelente humor. Era más la bestia que un príncipe.
-has tardado bastante. ¿No crees?-. Dije luego de esperarlo con una hora de
retraso en aquel lugar.
-He estado ocupado-. Dijo sentándose frente a mí, sin si quiera saludarme
con un beso. Frunce los labios, algo poco alegre por su rígida actitud.
-Ya veo...- dije tomando de mi batido de fresa y terminándomelo. Para
levantarme y acomodar mi bolso en mi espalda. Este se levanto siguiéndome y
al salir, mire su auto aparatado a lo lejos.
Diablo andaba con un humor terrible, jodido realmente, ni quería voltear a
verlo en todo el camino estuvo callado, ni una palabra. Algo le sucedía y
seguramente no quería ni decírmelo.
Cuando llegamos a una elegante tienda de disfraces, donde este me llevo.
Conseguí lo que buscábamos un par de disfraces de reina y rey que daban a
entender mucho una de ellas, poder elegancia y sensualidad.
Los llevaba en una caja grande blanca, enrolladla entre papel suave.
Separados. Este ni una palabra decía. Estaba como en otro mundo ni siquiera
opino sobre los trajes, los había elegido yo. A mi gusto. No quise preguntar o
provocar alguna pelea entre nosotros. No ahora y no más cuando debía salir al
siguiente día con lo controlador que era me convencería hasta con sexo para
quedarme con él. Cuando llegamos a la mansión, un auto estaba recogiendo a
la Sra. Thompson y pasando por un lado del nuestro. Las luces estaban
prendidas las había dejado así. Estábamos solos. Al bajarme, camine con la
caja en manos, abriendo con dificultad la puerta ni en eso pudo ayudarme.
Solo me seguía como un perro faldero súper mal humorado. Ya no me lo
aguantaba verlo de tan mal humor solo provocaba que me estresara. Cuando
llegue adentro, este lanzo la puerta al entrar, haciéndome saltar. Lo voltee a ver
con cara mal humorada, pero este me ignoro.
Al subir las escaleras, llegue hasta la habitación abriéndola con una pierna
dejando sobre la cama, las cajas y vi que diablo no subía. Baje de nuevo a
buscarlo, para que me dijera si quería comer o no, cuando estuve en la punta
de la escalera escuche el primer grito.
-¿Me estas amenazando?-. Pregunto gritando con ira contra el teléfono-.
NO te equivoques. - soltó en un gruñido bajando la voz-. NI se te ocurra-. Dijo
este volteándose y viéndome bajar las escaleras, pasando por un lado de él
hacia la cocina. Estaba que echaba chispas, capaz se mordía y se envenenaba.
Pocas veces solía verlo así, tenía la vena brotada y quería saber quien se
atrevía a meterse con el imponente y poderoso diablo, pero por otro lado el
solo hecho de preguntarle conllevaba a que este quisiera arrancarme la cabeza.
Así que mejor era prevenir que lamentar. Entre menos hablare con él hoy mas
evitaríamos cualquier tipo de conflicto entre ambos. Ese era el objetivo
sobrevivir esta noche al mal humor de mi futuro esposo. No era una mujer
sumisa o de las que los maridos callaban con carácter pero si una inteligente
que sabía que la mejor manera de manejar a un ogro, era dejándolo que echara
lombrices y sapos solo, sin que nadie incluso yo me metiera en su camino.
Me dirigí a la cocina, camine hasta la nevera revisándola para encontrarme
con pequeños potes de helados de mantecado y fresa que la Sra. Thompson
había comprado para mí. Saque del gabetero una cucharilla y tome uno de los
pequeños potes de mantecado, volteándome a ver a diablo, desabrochándose la
corbata y sin su saco, que seguramente había dejado tirando en algún lugar de
la sala, destape aquel helado, metiendo la cuchara en mi boca, cerrando los
ojos ante el delicioso sabor que se deshacía en mi paladar.
-delicioso...- susurre bajo tomando mi pote de helando y pasándolo de
nuevo por un lado de diablo.
-No deberías ir por ahí oyendo conversaciones ajenas-. Soltó cuando pase
por un lado del mismo, en tono mal humorado y como un regaño. Me detuve
en seco, volteando a verlo con cara de póker. Diablo me estaba buscando la
lengua.
-¿Disculpa?-. Pregunte queriendo haber oído mal y que repitiera lo que
había dicho.
-La primera vez estabas tras una puerta en mi sala de reuniones....
-ah esa vez en que me negaste, dijiste que no era importante y que era una
mas...- le recordé y este abrió sus ojos en par, mas arisco que nunca.
-La segunda vez ahorita, sino me percato que estás oyendo a mis
espaldas...
-¿Hubieras dicho algo que me jodiera como siempre?- pregunte y solté una
alta risa-. ¿Es en serio?
-¿Ves que me estoy riendo?-. Me pregunto y presentía que tenía
intenciones de pagar su ira conmigo. Deje de reírme.
-Disculpa diablo, pero si vienes de mal humor. No pagaras tu ira conmigo,
no soy tu perita de boxeo ni tu enemigo.- murmure dándome la vuelta.
-Quieta ahí-. Dijo en tono mandón y solté un suspiro, tranqueándome el
cuello con suavidad, de un lado a otro. - ven aquí-. Me dijo señalando el piso
frente a él.
-Ven tú. No soy tu perra faldera-. Conteste mirándolo fijo.
--¿Perdón?, ven aquí pelirroja.
-Soy tu mujer, no tu perra, no tu sumisa, no tu objeto. ¡Trátame como lo
que soy!-. Dije apretando la mandíbula. Este me miro un segundo muy fijo
como intentando adivinar mi expresión y camino hacia mí, en grandes
zancadas y firmes deteniéndose frente a mí, tenía el pecho acelerado, respiraba
con dificultad. - ¿Que te sucede?-. Pregunte mirándolo fijo.
-He tenido un día de mierda-. Me explico con voz baja. Solté un largo
suspiro. ¡Dios dame paciencia, si me das fuerza lo ahorco!, metí la cuchara en
el pote de helado sosteniéndolo con una mano y con la otra libre tomaba su
mano entre lanzándola contra la mía.
-Ven, vamos al jacuzzi, te daré un masaje-. Dije con paciencia y jalándolo
fuera de la cocina.
-No quiero un....
-¡Cállate y coopera, James!-. Dije exasperada, pero en voz baja, lo lleve
hasta la habitación, dejando sobre una de las mesas mi helado. Para
devolverme a él y llevarlo al baño, este no me decía nada solo se limitaba a
mirarme.
Comencé por quitarle la corbata, tirándola al suelo, luego seguí con su
camisa de botones desabrochándola y rodándola por sus pechos, y fornidos
brazos, dejándola caer al suelo. Descendí las manos por su abdomen, para
detenerme en sus pantalones, este se quito los zapatos y yo me encargue de sus
medias para bajarle el pantalón, cuando fui a quitarle también el bóxer, este
me detuvo negando.
-No pelirroja. Déjalo así...- me musito y vi que intentaba seguirme la
corriente y calmarse.
No se podía estar tan rico en la vida, no se podía.
Camine al jacuzzi y lo encendí, metiendo una mano revolviendo el agua,
mas con la otra tomaba un champo que estaba allí cerca, echándoselo y
haciendo mucha espuma. Nuevamente me reuní con diablo lo tome de la mano
y lo lleve como un títere hasta el jacuzzi, hasta hacerlo entrar solo y sentarse
recostando su espalda contra una de sus paredes, lo mire cerrar los ojos y
mientras yo me quitaba la ropa sin hacer bulla y a golpetones, con rapidez,
mientras este aun no se percataba de ello y una vez solo en ropa interior me
quede fuera de jacuzzi sentada detrás de él, llenándome las manos de mas
champo, para llevarlas a sus trapecios que estaban tensos y masajeándolos,
sobándolos y oyéndolo soltar un gemido de gusto, mis dedos se desviaron a su
nuca, dando vueltas en ella con los pulgares, masajeando esa zona. Viendo
como aquel hombre tenso relajaba completamente sus músculos, acerque mi
boca a su oído y mi respiración golpeo el mismo, percatándome como se
erizaba.
-Te quiero Diablo-. Le susurre muy bajo con tono suave, cariñoso mientras
mis manos masajeaban su cuello y luego hombro, bajando por sus musculosos
brazos. Sonreía al saber que en una semana aquel hombre seria mío, con
papeles y demás. Deje un sonó beso en su cuello y este saca una mano del
agua enredando sus dedos en mi cabello-. Y prefiero mil veces que me cojas
con odio, a que me grites.
-Dilo de nuevo-. Murmuro suave y aleje mis manos de su cuerpo haciendo
que este me soltara la melena, di la vuelta y me metí dentro del jacuzzi, este
sin más me quito el sostén tirándolo fuera de la tina, me hizo levantarme y me
bajo las bragas, lo ayude a quitármelas y las lanzo lejos. Me agache
sentándome sobre él, sintiendo el agua caliente y burbujeante. Pase mis manos
por su cuello sonriéndole.
-Que te quiero diablo-. Dije mirándolo omitiendo la otra parte. Este me
regalo una hermosa sonrisa y supe que la fiera estaba mansa.- ¿tú me quieres?
-. Le pregunte y este negó haciéndome abrir la boca. Sabiendo que él había
sido el primero en decirlo, me acerco más hacia él, pegando mis senos de su
pecho y mirándolos entre el agua y la superficie unos segundos- ¿Ah no?-.
Dije divertida-. ¿Me necesitas?-. Le pregunte aun con una sonrisa en el rostro
y negó nuevamente. Reí alto moviendo mis caderas contra él, sintiendo su
erección, entre la fina tela del bóxer, entre mis piernas, palpitante contra mi
sexo. - tu cuerpo dice lo contrario- este me miro unos segundos, embelesado.
En mi caso lo mire encariñada y por desgracia enamorada de un hombre de
que desconocía muchas cosas. Acerque mis labios a los suyos, rozándolos-. Yo
si te necesito Diablo-. Musite en voz baja, casi en un susurro. Escuche como
este posaba sus manos en mis caderas, restregando su cuerpo del mío.
Nuestros labios se encontraron entre sí, mientras nuestras lenguas jugaban
entre ellas, desesperada por zacear sus ganas, sus hambres, sus necesidades
entre mi boca y la suya. Mis manos se enrollaban en su cabello tirando de él
con suavidad mientras se me escapaban varios jadeos-. James.- dije inquieta.
-Lo sé, nena. Lo sé-. Susurro contra mis labios-. Colócate de espaldas a
mí-. Me ordeno, hice aquello como demando sin pensarlo dos veces y
rápidamente. Sentí como su boca, tocaba mi hombros dejando leves mordidas
suaves, sus manos me tomaban los pechos y los endurecían aun mas, su lengua
toco mi cuello haciéndome estremecer. Cerré mis ojos hundiéndome al placer
que me provocaban sus caricias, mientras movía las caderas contra él,
intentando apaciguar aquel deseo de tenerlo entre las piernas, que me carcomía
y aumentaban ante sus caricias. Por un buen rato estuvo así, hasta que el
desespero me llego repentinamente.
-Por favor, diablo...- le suplique cuando este empujaba su erección hacia
mí. Aun con la fina tela del bóxer separándonos.
-Sal Ve al lavamanos, coloca las manos agarrándote de allí y para ese
hermoso y enorme culo que tienes para mí-. Reí muy alto para levantarme casi
corriendo, sin caerme por el piso anti resbalante. Me detuve frente aquel
lavamanos que tenía un espejo enorme de pared a pared. Para verle unos
segundos los ojos de un color caramelo, casi amarillos y las mejillas
enrojecidas con la mitad del cabello mojado. Coloque mis manos agarrando
del borde de aquella cerámica, bajando el rostro, mirando el suelo y
colocándome de puntillas, curveadnos mi espalda-. Mujer del diablo-. Escuche
susurrar a Diablo y sé que no se refería a él, sino al de verdad. Debía verme
muy porno así. oí el agua chapotear y supe que él había salido del jacuzzi,
escuche pasos y cerré los ojos. ¡Plaz!, la palma de su mano, impacto con
suavidad contra el medio de mis nalgas, en la parte baja, casi rozando y
golpeando mi sexo, haciéndome gemir, unas de sus manos cayó en mi cuello
aparatando mi cabello y su otra mano descendió por toda mi columna vertebral
haciéndome estremecer y levantar mis nalgas, abrí los ojos de golpe, cuando vi
que su mano, específicamente sus dedos, estimulaban en vez de mi sexo, mi
orificio anal. ¡Oh mierda!, diablo iba a embestirme por detrás y estaba
preparándome, comenzó a meter un dedo y ya sabía del procedimientos, no
porque alguna vez allá dejado que me lo hicieran así, sino porque siempre
estuve demasiado informada. intente relajar los músculos pero seguía tensa-.
Relájate.- susurro con voz ronca, estaba demasiado excitado.
-Eso intento-. Musite a medida que metía completamente su dedo,
estimulándome. Apreté los ojos cuando coloco la cabeza de su miembro y
empezó a empujar, me obligue a relajarme ante el repentino dolor, sintiendo
como mis paredes internas se ensanchaban, mientras sentía como entraba muy
lentamente en mi. ¡Dios!, me queje suave cuando me penetro completamente y
se quedo allí, apenas moviéndose con suavidad, esperando que mi cuerpo lo
aceptara. Era algo doloroso y muy extrañamente placentero.
-Nena que estrecha-. Susurro comenzando a moverse, ahora un poco
menos lento, pero cuidadoso de no lastimarme- vamos, relájate pelirroja.
-Relájate tú-. Rechine – es la primera vez, hago lo que puedo -. solté
tomando aire, intentando terminar de relajarme pero diablo detuvo sus
movimientos.
-¿Qué has dicho?-. Me pregunto con voz algo tambaleante-. ¿Soy el
primero?-. Empujo sus caderas contra mí y me queje un poco.
-Eres el primero en muchas cosas. Ahora, cállate. ¡Sigue!-. Solté
empezando a mover las caderas lentamente contra él.
-Alza la cabeza-. Me ordeno y alce la vista, viendo mi reflejo, las caderas
altas, la espalda curveada y por supuesto el divino dios griego que tenia por
marido tomándome de las caderas, entrando y saliendo lentamente, con su
mirada gris, intensa. Sobre mi rostro, viendo como lo veía anonadada, por
aquel hombre. Dios mordí mi labio, viendo tan erótica situación y este alzo
una ceja al notar mi cara tan perversa, se agacho levemente pegando apenas su
pecho de mi, para tomarme con una mano un seno, mientras con la otra me
tocaba el clítoris y pasaba una mano por mi sexo, mojado, quizás rojo de la
presión de ser palpado, este me sonrió atreves del espejo-. Te tomare por
ambos lados...- me aviso y la malicia se reflejaba en su mirada, metió un dedo
dentro de mí y me estremecí completamente ante aquella deliciosa sensación
que provocaba sus dedos comenzando a salir y entrando conmigo, mientras
por atrás me embestía por las caderas.
-Puedes hacer conmigo lo que quieras-. Dije bajando la cabeza cerrando
los ojos gimiendo.
-Alza la cabeza. Loreen-. Musito suave y la alce abriendo los ojos mientras
este hacía y deshacía con mi cuerpo, sus caderas comenzaron a moverse más
arrítmicamente contra mí, mientras yo hacía lo mismo, movía las caderas
ahora con ira, hacia atrás chocando con su pelvis, importándome poco el dolor
mas dominaba por el placer y luego empujando hacia adelante, para chocar
con su mano, mientras me agarraba entre la cerámica con las manos, firmes y
empezaba a chocar mi cuerpo del suyo, sacudiendo al hombre que tenia detrás
de mí, ante cada choque el sonido comenzaba hacerse presente, el sudor,
mientras mi miraba solo estaba sobre él, sobre su repentino rostro de placer,
ante mis movimientos, como si le estuviera bailando desesperada buscando mi
propio placer.
-James...- dije cerrando los ojos ante el repentino cosquilleo que me
invadió.- maldición-. Susurre al darme cuenta de cómo estaba precipitándome
hacia un orgasmo, cuando no solía ser tan rápida, para correrme. - Ag...
diablo…- chille no pidiendo controlar mis caderas y escuche sus altas
carcajadas.
-Oh sí, me gusta verte así-. Musito y lo odie, pero me estaba causando tan
placer que no me importaba, abrí los ojos y lo vi echando su cabeza hacia
atrás, apretando sus músculos y ya lo conocía era mi señal, solté un gemido y
lo supe, se estaba corriendo, arremetí contra él con mas ira, gimiendo
enloquecida, literalmente haciéndole un twerkyn al muy maldito, para
provocarlo, absorber de él hasta el límite y solté un alto gemido cuando el
orgasmo me alcanzo, haciéndome temblar y deteniendo mis movimientos de
golpe, aferrándome con mi vida de aquel lavamanos, con el pecho acelerado y
la manos de diablo abandonaban mi cuerpo, mientras sentía la irritación
repentina en mi parte posterior, y sin avisarle, eche las caderas hacia adelante
saliéndome y escuchando un gruñido de su parte, me quede unos segundos
agarrada de aquel lavamanos, temblando. Hasta que un par de manos me
ayudaron a enderezarme. Para ver a través del espejo, aquel inmenso hombre,
con sus brazos uno enrollado en mi diagrama debajo de mis senos y el otro, en
mis caderas, atrayéndome hacia él, aprisionándome entre sus brazos y su
cuerpo, mientras veía mis mejillas rojizas, los ojos muy amarillo como un
gato, el cabello desordenado y esa pinta de recién follada nivel dios. Este tenía
el rostro escondido entre mi cabello y una sonrisa salió reflejada en el. - Tu
eres mía, mi mujer, mi esposa, mi puta, mi amante, mi amiga, mi todo....- me
soltó mirándome por aquel espejo y tome aire, aun como si hubiera corrido un
maratón y soltando un gemido ante sus palabras-. Y no te quiero...- soltó sin
más, mirándome realmente como si fuera su posesión- eso no se compara...-
dijo y solo pude sonreírle, mas eclipsada por ese momento, por su mirada, por
su hermoso rostro y por sus palabras, que me tenían envuelta y cautiva, apretó
su brazo debajo de mis senos sacudiéndome-. Y serás mi esposa, muy pronto-.
Metió el rostro entre mis cabellos aspirando-. No sabes cómo ha valido la pena
todo esto...- me quede unos segundas perdida por eso. ¿Todo eso?, ¿A qué se
refería?-. Loreen...
-Mmm.-. Musite viendo como este cerraba los ojos, y hundía su nariz en
mi cuello, entre mi cabello mojado.
-Te amo...- soltó sin más y beso mi cabeza, mirándome a través del espejo
enderezándose, y saliendo del baño dejándome allí sola. Cerrando la puerta al
salir.
Y así es como se mata a alguien con una noticia...
Me quede una media hora, asimilando lo que me había dicho, ¿Había oído
mal?, mi Loreen interna, tanto la diurna como la nocturna. Saltaban de un lado
a otro, como si estuvieran en una muy pradera de florecita amarillas, mientras
la superficial estaba en shock mirándose en el espejo, esperando que bajara la
calentura, el momento apasionado y toda la cosa. Diablo me había dicho que
me amaba y seguramente se había ido pensando que yo no lo amaba y no
quería esperar una respuesta. Quizás pensando que no le respondería con lo
mismo. Que controversial, porque unos segundos atrás quería gritárselo en la
cara. Mientras me tenía tomaba por ambos lados. ¿Salía y se lo decía?, o
¿esperaba?, entonces.... ya ni sabía qué hacer. Creo que aceptar su propuesta
de matrimonio era simple muestra de que lo amaba ¿No?, sino no me casaría.
Pero es que eso de los te amo, no se me daban. Tampoco es que era alguien
muy cariñosa o dada a esas cosas y sé que diablo tampoco. Pero, ¿Por qué él
podía decirlo tan fácil y yo sentía algo de envidia, por que tenia la valentía
que yo no, para esas cosas.
Tome una de las toallas húmedas, limpiadme las entrepiernas y todo de mi,
tomando aire para encarar a diablo, pero al salir este estaba dentro de las
sabanas, dormido. Abrí la boca, sorprendida. No me jodan. Reí alto y este se
removió volteando a verme y palmeo la cama a su lado, donde camine hacia
él, tirándome sobre este que se quejo más animado, mientras me removía
desnuda entre las sabanas, para meterme a su lado. Acurrucándome, mientras
este me arrullaba en sus brazos. Ya empezaba a entender y saber cómo llevar
sus estados de ánimos y aquello me alegraba.
Estuve pensando todo el día, luego de aquella noche, como decirle a diablo
que iba a salir toda la noche siguiente. Todo termino también que no podía
arruinarlo. Además quería que me repitiera muchas veces que me amaba
como lo había dicho, hasta conformarme o creérmelo o darme una idea de que
era verdad. Era sorprendente ver a un hombre tan poderoso, seductor, temido,
imposible y oscuro, decir una palabra tan bella y delicada como esa. Hacia una
mujer y no cualquier mujer.... yo.
Así como estuve toda la tarde buscando excusas, me cayó la noche y se me
hacia tarde para salir, incluso percatándome que diablo, no llegaba y
preocupándome. Aun así, me puse unos jean azules, mis botines blancos y una
camiseta blanca, sobre estas una chaqueta negra, peine el cabello en una alta
cola de caballo, me coloque mis lentes y maquille. Tome mis llaves,
identificaciones y una buena paca de todo el dinero que me había dado
anteriormente diablo. Para tomar mi teléfono solicitando un taxi y caminando
saliendo de la casa, no solo me tocaba, caminar por toda la mansión para llegar
a la entrada sino que me tocaba caminar por todo el sendero hasta llegar a los
portones de la mansión, para salir por una de las puertas laterales., luego de
llamar al taxi y mientras caminaba hacia el portón, entre el camino de tierra y
arboles. El teléfono repicaba, repica y repicaba, solté un alto gruñido al ver
que no me contestaba y ya eran las 7:00 pm, era tarde. Cuando me monte en el
taxi y recibí un texto. Supuse de quien era.
Textos
De: Sheila
He tenido que irme. ¿Tu se lo has dicho verdad?, Castiel, vino hasta aquí.
Por favor ya no vengas.
Me quede mirando perpleja sintiendo el auto arrancar.
Texto:
Para: Sheila
¿Qué te hace pensar que trato a esa basura?, seguramente tu se lo has dicho
y lo has olvidado. Al fin y al cabo tú eres más intima con él, que yo. Por favor
tú. Deja de escribirme, de una vez por todas y mezclarme en tus asuntos con
Castiel.
Teclee con ira, contra la pequeña pantalla táctil, tan molesta que era
notable. ¿Cómo se suponía que debía reaccionar ante aquello?, estaba que si
me mordía la lengua me envenenaba. Realmente si Castiel estaba rondándola
de nuevo, yo no quería cerca a ninguno de los dos, no de nuevo. Ya había
tenido suficiente de aquellos dos en mi vida. Mi teléfono comenzó a sonar y al
mirar la pantalla era Sheila. ¿Para donde iba ahora?, ya ni quería regresarme
no cuando ya había respirado, aire fresco y libre. Por un lado de mi taxi a
mucha velocidad, llamo mi atención un auto rojo, deportivo, que paso
volando, imagine que iba a toda mecha dirigiéndose a la mansión. ¿Quién
sería?, cuando estuve a punto de decirle al taxista que se devolviera cuando
por nuestro lado y como una bala con luces altas, reconocí el porsche gris de
diablo, tras aquel auto rojo fruncí el ceño, volteando viendo por el vidrio
trasera de aquel auto, ya habían desaparecido de nuestro campo de visión.
¿Había pasado algo?, mordí mi labio, algo preocupado comencé a llamar a
diablo y aquel teléfono solo repicaba sin parar y nada que atendía. Ya
habíamos entrado en la ciudad, solté un gran suspiro y volví a llamar, nada.
Me había resignado. Le di al conductor, la dirección de mi casa, donde al
llegar, vi las luces prendidas todo seguí igual, al pagar y bajarme, saque mis
llaves abriendo la puerta, para toparme con algo que no quería ver ni en el
mejor de los escenarios.
Jess tenía contra la mesa, mi mesa de comedor. Con las caras pegadas a las
maderas, los pechos desnudos pegados, más dos culos parados para él,
mientras las arremetía con embestidas desnudo, a cada uno torneándose,
cogiéndose a Luna y Dalia. Los tres alzaron, las cabezas al verme, yo solo
quería matarlos, porque estaban follando en mi mesa, donde diablo me había
tomado la primera vez. Jess se agacho, para taparse su miembro y rodee los
ojos en cambio Luna, corría como alma que llevaba al diablo hacia mi
habitación cerrando la puerta. Por su lado Dalia reía muy alto mirando
aquellos dos, negando divertida. Mientras colocaba sus codos contra la mesa
acomodándose.
-¿Diablo?-. Me pregunto y rodee los ojos, dándome la vuelta y caminando
hacia mi vieja nevera dándole la espalda a aquellos dos.
-En la mansión, venía a ver como andaban por aquí las cosas-. Vi de reojo
a Jess correr a mi habitación, encerrándose con Luna-. Pero veo que Jess la
tiene controlada. Todo un semental-. Dije con sarcasmo.
-Heredado de la hermana, aunque ella lo hace mejor-. Le escuche decir y
me voltee a verla brusca-. Tranquila-. Dijo como si leyera mi expresión-. No le
dijimos nada de tu ex trabajo, ni lo que sucedió entre tu, luna o yo. -. al oír
aquello solté un suspiro, viéndola vestirse, detallando su cuerpo.
-Tengo unas preguntas que hacerte-. Le anuncie y esta asintió-. Quiero que
me digas todo lo que sabes de diablo. ¿Tiene enemigos, algo así?-. Pregunte
queriendo indagar.
-¿Enemigo?-. Esta negó sonriendo-. Con ese hombre, no se mete nadie. Ni
gente de alto rango. Le rinde honor a su apodo. Es intocable. El diablo... no
creo que exista alguien sobre esta tierra que se le plantee en la cara. Bueno a ti,
no te contamos. Eres su mujer-. Dijo señalándome-. Con los que pienso que
podría tener rollos, es con su grupo.
-¿Grupo?-. Pregunte, sacando una mandarina pelándola, ya viendo vestida
en un pequeño vestido blanco a Dalia.
-Si, diablo a veces se junta con tres hombres más. Se ven muy amigos.
Además son como la merma.
-¿Los has visto?-. Pregunte curiosa, botando las conchas en la papelera y
llevándome una mandarina a la boca.
-Uno es un chico cabello amarillo de rulos, por los hombros, le dicen El
príncipe y...
-Víctor.-. Dije interrumpiéndolo.
-Otro es un árabe jodidamente rico, que le dicen el sultán. Y el tercero es
un moreno, que dios mío me vuelvo heterosexual por él. Creo que le llaman
The King Black. Aunque ninguno le llega por los pies a diablo pero son
colirio para los ojos, cuando se reúnen todos. Por ende por así decirlo diablo es
el líder, incluso creo que ellos no se meterían con él. He visto gente de la
mafia rusa doblegándose a diablo.
Aquel flujo de información me estaba saturando el cerebro. Ósea que
Víctor, Aniel y otra persona más sabia de sus actividades sexuales fuera de
cotidianidad. ¿Jane lo sabría?, ¿Otro moreno?, no le había visto ningún amigo
con esa características. Entonces me faltaba uno. ¿Mafia rusa doblegada por
diablo?, imposible como que clase de persona estaba viviendo. Luego recordé
a diablo, golpeando aquel hombre enorme que semanas atrás había intentando
abusar de mi y recordé todas las veces que me pregunte por este, diablo me
cambiaba el tema debía averiguar que misterio se traía mi futuro esposo.
-tengo una tarea para ti-. Le dije y esta empezó a negarse-. No te niegues,
ni te he dicho que es. Además cederás.
-Con una condición-. Me soltó.
-Dispara.
-Una noche contigo- me soltó y la mira a punto de negarme y esta junto las
manos-. Por fis, diablo no lo sabrá. Sera nuestro secreto-. Reí muy alto
oyéndola eso solía decirlo mucho yo. En mi papel de ama.
-Luego de que averiguares quien es el otro chico, el moreno, su nombre o
por lo menos, mas sobre este.- le musite escuchando mi teléfono sonar, pensé
que era Sheila así que opte por ni ver el teléfono.- SI lo haces, te hare un oral,
que te correrás tres veces seguidas-. Al decir aquello dalia se puso súper
rojísima y reí.
-¿No contestaras?-. Me pregunto y negué.
Una media hora después tenia a Luna pidiéndome disculpas por usar mi
casa, como templo de placer, mientras yo solo miraba con ganas de matar a
Jess, porque Luna parecía muy enamorada de él, incluso para aceptarle hacer
tríos, con la chica que él quisiera, lo único particularmente bueno, era que al
parecer a Jess, le interesaba más de lo habitual Luna pero también Dalia y sé
que él sabía que esta tenia inclinaciones por las mujeres. Aun así, al parecer mi
pequeño y no tan inocente hermano quería tener ambos dulces en su poder.
Mentalmente me imaginaba diciéndole: Hermano donde pisa potra no borra
huella burras, pero sonaría terrible y me expondría.
Mi teléfono no paraba de sonar y casi a las 11, lo que saque de mi bolsillo
e hice una mueca, cuando vi que entre las llamadas de Sheila había unas 16
llamadas perdidas de diablo. Las líneas telefónicas eran lo suyo, al igual que lo
de mi madre. Solté un suspiro, cuando camine fuera de la casa, devolviéndole
la llamada para que los demás no me oyeran.
-¡¿Donde coño estas?!-. Grito hecho un histérico casi aturdiéndome
haciendo que tuviera que quitarme el teléfono, para que no me dejara sorda-
¡¿Por qué no me contestabas el maldito teléfono?!-. Grito de nuevo
haciéndome temblar sorpresivamente de miedo.
-Yo te he estado llamando para avisarte y....
-¡¿Quien te dijo que podías salir?!-. Me pregunto histérico-. ¡¿Así que irías
a un club nocturno y no me dijiste nada?!-. Gritaba hecho una fiera.- !¿Donde
estas?!-. Saltaba a medida que gritaba cada vez más y me sentía como niña
regañada a punto de llorar.
-Creo que debes calmarte-. Le musite bajo y me quede fría al momento que
mi cabeza reacciono. ¿cómo sabría diablo, que iba al club si no le había dicho
nada?, ¿me habría mandado a seguir?.
-Una mierda....- gritaba y lo imaginaba siendo una tormenta-. !¿Donde
coño estas?, ¿estás en el puto club?, !Dime!-. Volvió a la carga.
-¡NO!-. Grite ya desesperada sintiéndome atacada-. Estoy en mi casa, yo
no he ido a ningún club. ¿Qué te pasa?-. Solté y bien mentí. Ahora a parecer
desentendida y herida-. SI me vas a estar controlado avísame, para saber a qué
abstenerme y reimplantare la idea de casarme. No voy a vivir encerrada en tu
mansión. Vine a ver cómo estaban las cosas en mi casa-. Le solté acelerada en
voz baja.- además, ¿Por qué me gritas?, ¿Que te hice ahora?
¡Te parece poco que llegue aquí y no apareces y no me contestas el maldito
teléfono.... son las 11 de la noche!-. Ya mis pobres oídos se acostumbraban a
sus gritos.
-Yo te llame muchas veces-. Dije varias veces, explicándole-. Pero no
contestabas y eran las 7:00 pm de la noche y ya estaba preocupada. Así que
para no morir de preocupación decidí venir a ver a Luna.- murmure bajo
intentando calmar la marea. - no es mi culpa que no contestes.
-¿Por qué no me contestabas que estabas haciendo?-. Me pregunto ya más
calmado escuche como tomaba aire.
-Pues es que Luna y Jess estaban disculpándose y...
-¿Disculpándose?, ¿Hicieron algo malo?
-Nah, solo que Jess cuando llegue tenía a Dalia y Luna, contra mi mesa,
arremetiendo sexualmente contra ellas-. Explique. - ¿Diablo, donde estabas tú?
-. Pregunte repentinamente y escuche un carraspeo al otro lado de la línea.
-Trabajando...
-¿Ah sí?-. Dije al ver que estaba omitiéndome lo del auto rojo. - ¿Por qué
no me contestabas?
-Ocupado-. Soltó sin más-. Voy a buscarte, espérame allí....
-¿A dónde mas iría?-. Solté al colgarle rodando los ojos, entrando de nuevo
a la casa, donde no dure ni veinte minutos más, cuando escuche el ronroneo de
su auto, en la puerta y me despedía de aquellos tres saliendo de la casa. Para
dirigirme al porsche entrando, lo primero que vi, fue los nudillos de Diablo,
rotos, como raspados, con algo de sangre como si los hubiera intentado
limpiar, tenía bajo el saco la camisa algo desarreglada, como si se hubiera
exaltado y fruncí el ceño, este ni me volteo a ver cuando arranco el auto, con
suma rapidez-. ¿Qué te paso en las manos?-. Preguntare repentinamente.
-Nada...
-eso no se ve como un nada, diablo-. Rechine mirando sus manos.
-Si dejas de verla, será un nada.- me soltó con la mandíbula tensa.- ¿Por
qué no me dijiste que ibas a salir?.- me pregunto y rodee los ojos.
-Debes tener unas seis o cuatro llamadas mías. Te llame para decirte, pero
como estabas tan ocupado como para responderle a tu mujer, me tome la
libertad que por derecho y como ciudadana de este país tengo para salir de mi
encierro-. Dije seria.
-No juegues con mi paciencia ahorita Loreen. - saque mi teléfono,
intentando parecer distraída y como tenía un mensaje luego de muchas
llamadas perdidas de Sheila.
Texto.
De: Sheila.
¡Contéstame!, él ha venido buscándote a ti, no a mí. Ha venido a la ciudad
porque sabes que estás aquí. Viene por ti.
Mire el mensaje y lo borre rápidamente guardándolo en mi bolsillo,
desviando la vista, mientras sentía la ira, fluir por mi cuerpo, calentarme las
orejas.
-¿Quién te escribió?-. Me pregunto diablo
-¿Acaso yo te pregunto quién te escribe, te llama o te busca?- le solté sin
pensarlo, dándome cuenta que estaba tan molesta, por Castiel y Sheila que
maldije haber hablado. Escuche un gruñido y tome aire-. Por favor James
ahorita no...- dije sin más. Cuando este salió de la ciudad, conduciendo con
rapidez, vi que los portones de la mansión estaban abiertos, mire aquello
confundida. Este derrapo cuando se detuvo frente a la casa, lo mire con cara
mal humorada, ante tan brusco movimiento de auto. Al bajarme, vi que la
puerta de la casa estaba abierta. Alce una ceja, volteando a ver a diablo que se
bajaba, negué y entre a la casa, caminando a la cocina, sacando unas cosas
fresas, mas crema chantilly, lave las fresas y las pique.
-Debemos hablar...- anuncio diablo y negué con la cabeza metiendo las
fresas en un bold de vidrio, y tomando la crema chantilly más el bold.
-No es el momento diablo-. Dije en voz baja caminando por la amplia
cocina para salir de allí y subir a la habitación.
-No entres a la habitación-. Me grito de lejos y negué ya arriba.
-No seas infantil, diablo-. Dije para cortar el tema allí y lo vi correr hacia
mí, cuando ya entraba al pasillo y acelere mis pasos abriendo la puerta de la
habitación, quedándome fría en el acto.
Las sabanas estaban en el piso, ya que el colchón estaba fuera de su lugar,
contra la mitad en el suelo y la mitad en la cama, aquel televisor pantalla
plana, estaba destrozado en el suelo, vi cuadros, rotos en el piso, las lámparas
de las mesas en las esquinas destrozadas como si las había lanzado, al dar un
paso, escuche vidrios y vi el espejo completamente roto, con rastros de sangre
y entendí donde venían las heridas de las manos de diablo. Lo sentí tras mío
con la respiración agitada, esperando mi reacción, tome aire. Esta, esta se la
había ganado. Negué con la cabeza varias veces y me voltee fijo mirándolo.
-Vi que no estabas y me lo he tomado bastante mal-. Me explico y cerré los
ojos, apretando el bold en mi mano y la botella de crema chantillí. Su voz se
oía con culpa.
-James Aragón, ¿Has destruido nuestra habitación porque no me has
hallado aquí?-. Le grite con ira viéndolo tensarse. Y vi como por primera vez
me bajaba su mirada, culpable. - estoy muy molesta contigo... ¡Mucho!-. Grite
la última palabra.- Y no me vas a contentar con sexo y ni se te ocurra venir a
dártela de dominante, macho pecho peludo o te juro por dios, que te voy a
romper las piernas diablo.- dije perdiendo la paciencia-. Y te voy a decir
algo...- dije dejando fluir el demonio dentro de mi-. Voy a salir cada vez que
me de la puta gana, porque esto va a ser un matrimonio no un trato ni similar.
Así como tú tienes libertades, yo tengo las mías. Y si tu no me contestas el
teléfono, no me dices donde andas, no me cuentas las cosas que harás, pues
aguántate porque te la aplicare igual.
-Lo...
-Loreen una mierda, y ni siquiera me digas ¡Esa boca!, o te volteo la cara
de un cachetón-. Este al oírme , se irguió dándose cuenta que me le estaba
planteando y yo aun mas de sádica, retando a un hombre de dos metros, con el
doble de mi peso y amenazándolo que le daría una tunda literalmente. Tenía
los ovarios cuadrados definitivamente pero este al parecer vio tanta
determinación en mí, que asintió con la cabeza en silencio-. Ahora, vamos a
tener que comprar, televisor, espejos, reconstruir nuestra puta habitación, por
tu ataque de ira, sin razón. Y en menos de una semana, porque te aviso que la
boda la haremos aquí. - dije empujándolo del medio, caminando echa una fiera
rezongando de todo, bajando las escaleras y sentándome en ella, aun lado en la
mitad, mientras llenaba mis fresas de crema chantillí comiéndomelas.
Realmente estaba muy molesta por muchas cosas, dos de ellas, que diablo
destrozara siempre todo a su paso, la otra, que Castiel viniera arruinarlo todo,
a buscarme, a joderme más de lo que ya alguna vez lo hizo. Pero, decírselo a
diablo, conllevaría a tener que contarle muchas cosas que realmente quería
olvidar y si así ya era un controlador innato dándole una razón que otro
hombre me estaba rondando sería peor.
No podía con mi alma, me mordía y me envenenaba. Oí bajar las escaleras
hasta sentarse al lado mío. Mientras debajo a un lado mi bold y pote ya vacios.
-Lo siento...- musito sin más y verlo disculparse, era algo sumamente
sorpresivo.
-Vaya...excelente que sientas destruir nuestra jodida habitación-. Dije
sarcástica-. Hoy dormiremos en la habitación de huéspedes. ¡Bah!
-Estoy siendo amable, no seas así.
-te sientes culpable, eso es otra cosa.- dije amargada.
-¿Se te olvida quien manda aquí?, dije lo siento. Se acabo-. Dijo ya
temperamental perdiendo la paciencia, lo mire de soslayo y me le reí en la
cara, este alzo una ceja mientras yo estaba repentinamente divertida
exasperándola.
-¿Perdón?-. Dije mirándolo y este noto la diversión en mi rostro.
-¿intentas exasperarme pelirroja?-. Me pregunto y negué sarcástica con
rostro de sorpresa. Este me rodo los ojos. Exasperarlo conllevaba a algo...
sexo. - no juegues conmigo.
-¿o sino qué?-. Le pregunte y este capto lo que quería.
-¿Disculpa?-. Pregunto atacado mientras me levantaba, subiendo las
escaleras dejándolo hablando solo.- Loreen no me dejes hablando solo.
-Te exasperas muy rápido Aragón-. Murmure alto para que pudiera oírme,
sintiéndolo caminar hacia mi.- ¿Alguna vez te han noqueado?-. Le pregunte
divertida y voltee a verlo, este me seguía, divertido, ya entendiendo mi juego.
Mientras yo abrí la puerta hacia el gimnasio.
-¿Me estas retando?-. Me pregunto cuando entro conmigo y le lance dos de
sus guantes y me quede con otros dos que allí había.
-No-. Dije cuando este vio los guantes en sus manos-. He descubierto un
método de hacer fluir mi ira contra ti... te voy a invitar a boxear, todas las
veces, que este molesta contigo. Es una manera de golpearte y que no sea
agresión-. Le dije con una sonrisa, quitándome la camisa, quedándome en
sostenes, mas los zapatos quedándome descalza dejándolos aun lado. Para
colocarme los guantes. Este me miraba sin creérselo.
-No te pegaría jamás...- me musito.- no quiero hacerlo..
-¿Miedo?-. Pregunte chocante y este se irguió, quitándose lo que llegaba
puesto quedándose en solo pantalones, mire sus oblicuos, con deseo y mordí
mi labio cuando se puso los guantes.
-Siento que terminare pidiendo disculpas por esto...- admitió. Me encogí de
hombros.
- Recuerda todas las veces que te he hecho exasperar y descobratelas.-.
Este negó riendo.
-Te voy a dar una lección, para que recuerdes quien manda aquí.- ante
aquello estalle en risas y camine a la parte amplia el gimnasio.
-Inténtalo campeón-. Le anuncie sonriente.
Este reía alto, hasta que vio que subí los puños y me ponía en guardia miro
unos segundos mi posición y vio que sabía más del tema de lo que parecía, le
sonreí defendiendo mi rostro y pecho. Di un paso hacia él, rápido y este dio
dos hacia atrás, colocándose en guardia, cuando mire como se ponía un
escalofrió me recorrió el cuerpo, al ver que Diablo sabía algo de defensa
personal. Me acerque sin más y solté una combinación de puños, primero el
derecho, luego el izquierdo, dos más derecho hacia su costilla, que descuido y
este dio varios pasos hacia atrás, sorprendido, para ponerse una mano en la
costilla, le había dado suave, aunque tenía la mano pesada. No le dolía, le
sorprendía.
-Eso no es de novata-. Me soltó al darse cuenta que le había dado una
combinación de puños.
-¿te lastime bebe?-. Dije sarcástica-. Sorry...- dije varias veces meneando la
cabeza y esta abrió su boca para sonreírme de oreja a oreja.
-Bien tú lo has querido así...- dijo avanzando con rapidez hacia mí.
¡Mierda!, me defendí, dando varias pasos, este me lanzo una jodida
combinación que a duras penas pude esquivar y solo pudo conectarme una al
pecho que defendí amortiguándola con mis brazos, para agacharme y
empujarlo por las caderas tumbándolo, dejándome llevar acelerada, cayendo
ambos al suelo y rodamos, mientras enrollaba mis piernas en sus piernas y este
lo evitaba, forcejeando conmigo, se me fue el aire y este como pudo se libero
de mí. Levantándose mientras me reincorporaba con rapidez.
-¿Sorprendido?- pregunte riendo sin aire, con el pecho acelerado.
-¿Me has intentado hacer una jodida llave en el suelo?-. Me pregunto
rápidamente, sorprendido y acelerado. Mordí mi labio y este se acerco a mí,
iba a ponerme en guardia pero ya era tarde tenia a Diablo, encima tirándose
sobre mí, mientras ambos caíamos al suelo y me quejaba riendo acelerada, con
el pecho subiéndome y bajando. Cansada. Las carcajadas desaparecieron
cuando mire a Diablo, sobre mí, respirando acelerado, con el pecho algo
sudado y su aliento, golpeándome el rostro teniéndolo muy cerca mientras mis
pechos subían y bajaban chocando contra el suyo y este lo notaba, lo mire
como se quitaba los guantes y me quitaba los míos, mientras yo solo podía ver
sus labios queriendo probar de ellos. - así que... la niña sabe defenderse.-
murmuro bajo y negué riendo, cuando este clavo sus uñas en mis caderas
haciéndome reír, mientras me cosquilleaba el cuerpo.
-¡Basta!, Diablo.... Basta- gritaba riendo sin parar, zaranjeandome de un
lado a otro debajo de él, sintiendo ganas de orinar y que se detenían al mismo
tipo que diablo detenía sus manos y en un parpadear, tenía mi sostén lejos de
mí, mientras este lo tiraba lejos lo mire con la boca abierta, no había sentido
que me lo quitara, sino hasta que el frio me pego en los pechos. Baje mi vista a
mis senos para subirlos a los de él y nos quedamos así eclipsados, respirando
entre cortados, hasta que este hundió sus dedos en mi cabellera, besándome
con ira, con aceleración.
Aquel hombre masajeaba mi cabello, mientras me devoraba con la boca, y
yo intentaba tomar aire besándolo, acelerándome aun mas mientras mis manos
descendían por su espalda, hasta las caderas y subían por su espalda,
clavándole las uñas con ira, descargando mi ira acumulada, lo oí quejarse y
luego gemir de placer ante el dolor. Mientras mis labios y nuestras lenguas se
buscaban con desespero, mis manos quedaron en su cuello, mientras le
clavaba unos segundos las uñas en la nuca y empujaba mis caderas contra él,
casi con fuerza, y este gemía contra mi boca. Este se alejo de mí y me queje
haciéndolo reír, mire su sonrisa coqueta. Y como este se bajaba el pantalón a
tirones mientras yo me reía sin parar este al ver mis risas, soltó un gruñido.
Este tomo mi pantalón azul, tironeándolo con furia, quitándomelo, di un grito
cuando este me arranco la panty de golpe, y abrí los ojos en par. ÉL quería
jugar rudo y a mí me encantaba.
-Te gustan los juegos rudos, ¿No?-. Me soltó divertido ante mi expresión
de terror-. Veamos futura Sra. Aragón, si le sigues el trote a tu marido-. Al
oírlo abrí la boca. Ayudándolo a quitarme los botines, el pantalón y lo mire
con desafío.
-A ver querido Diablo, enséñame lo mejor que tienes.
-Vas a pedir clemencia-. Amenazo y estalle en risas.
-Eso suena divertido...- dije alto, mientras este tomaba mis muñecas
pasándolas por encima de mi cabeza, golpeándolas contra la pared,
haciéndome soltar un jadeo, alto. Alzando mis pechos hacia él, que los miro
con deseo. Este se metió uno en la boca, chupándolo, este modio con algo de
alevosía el pezón y me estremecí ante el dolor.- Maldito...- le grite con ira
queriendo soltarme, Diablo no quería coger, quería hacerme sufrir.-
¡Suéltame!-. Grite echa una fiera removiéndome y este estallo en risas.
-Vaya, mi mujer es delicada con los pechos... - este me sostuvo las
muñecas con una mano y con la otra la deslizo por mis dos pechos,
soltándome un pellizco en el otro pechón, grite mirándolo con cara de pocos
amigos y muy en el fondo excitada, entre los ataques de ira que se subían por
el cuerpo ante el dolor de mis pechos y de las maldades que me hacía, me
soltó un mordisco en el costado haciéndome temblar, y quejarme
-¡Si me sueltas, te mato… Diablo!-. Le grite amenazándolo, quejándome
porque me ardían aun los pechos.- joder, mis pechos-. Dije quejándome
sintiéndolos endurecidos. Era sumamente delicada con ellos. Este alzo su vista
juguetona y paso un lengüetazo por uno de ellos, para luego soplarlo y los
contrastes de frio, más aire me hizo cerrar los ojos ante el placer que me causo
unos segundos.
-¿Quién manda aquí?-. Me pregunto y abrí los ojos bajando la vista a él,
que me lamia el estomago. Negué riendo.
-Pues yo...- solté sin más con seguridad, este me miro juguetón, me tomo
de las caderas y me hizo voltearme, sin soltarme las jodidas muñecas, este
estaba ahora sobre mí, mientras tenía la cara contra el piso frio. ¡plaz!, me
soltó una nalgada suave, pero como para que me picara y sintiera la nalga
enrojecerme, sentí su miembro duro erecto, recostarse entre mis nalgas y gemí,
inquieta, mientras este apartaba con su mano mis cabellos y me mordía el
cuello, mientras me erguía ante tan deliciosa sensación, golpeando mis nalgas
contra su sexo, queriendo sentir más. ¡Plaz!, me soltó otra nalgada haciéndome
saltar. - te la voy devolver multiplicada por diez-. Le dije y este soltó una alta
carcajada, metiendo sus manos entre mis piernas haciéndome cerrar los ojos.
-Pero que mojada estas, mujer...- me susurro al oído.
-¡No me hables!-. Le grite sabiendo lo que me provocaba sus voz, y sentí
como este me levantaba el culo, colocando mis brazos ahora tras mi espalda,
forcejeando conmigo, en posición de sumisión y me ponía las rodillas contra
el piso, casi en cuatro, solo por el pequeño detalle que tenia la mejilla contra el
suelo, los senos en el aire, y el culo hacia, el enrollo su otra mano entre mis
cabellos, tirando de mi, haciéndome levantar apenas la cara, para luego
colocarla contra el suelo, este sin estimular sin preámbulos, se coloco detrás de
mí, lo imagine arrodillado y de tan solo tan imaginación erótica, sentí como
me mojaba aun mas y maldecía, por el control que tenia aquel hombre sobre
mi cuerpo. Ya tenía adormecidos los brazos detrás de mi espalda como si fuera
una criminal esposada, rodilla en tierra y piernas abiertas.
-No te imaginas como te ves desde aquí...- me murmuro con orgullo y mis
cabellos ocultaban mi rostro. Este sin más puso su pene en mi entrada y
comenzó a hundirse de golpe adentro de mí, di un grito de dolor, mezclado
con placer y necesidad.
-!Mierda!...- susurre bajo, cuando este comenzó a embestirme sostenido
por mi cabello haciéndome erguir la espalda, parándole aun más el culo, que
chocaba con sus caderas a medida que me embestía, y mis senos saltaban en el
aire, mientras el cabello se me despeinaba mas. No me cogía con cariño, ese
dicho de “cógetela como si la odiaras”, Diablo sabia como aplicarlo, mis
gemidos eran gritos, mientras yo también movía las caderas contra él con
desespero.
-¿Quién manda aquí?-. Me pregunto y reí negando y este se detuvo
saliendo repentinamente dentro de mi abrí los ojos de golpe. Oh, Oh...
-No vayas hacerlo de nuevo-. Me queje-. No te detengas.
-¿Quién manda aquí?-. Me pregunto colocando su miembro en mi entrada
y cuando intentaba acercar las caderas las alejaba.
-Te odio...- me queje con ira, maldiciendo muy bajo.- cógeme...- le solté
sin más y escuche como soltaba un gruñido-. Por favor....
-¿Quién manda aquí?-. Dijo con voz ronca y supe que estaba demasiado
excitado ya lo conocía.
-Cógeme, por favor...- le volví a susurrar, había maneras de jugar con su
mente, así que tanto tiempo en esto, no iban a lanzarse por la borda. Tenía que
activar mi lado perra con él o si no me convencería toda la vida con sexo.-
Diablo...- gemí suave. Me sentía muy porno en esa posición y pidiendo con
clemencia que me poseyeran,- hazme tuya...
-Loreen...- gruño y sonreí triunfante.
-Rómpeme...- fue lo único que tuve que decir cuando este me soltó los
brazos y el cabello coloco sus manos en mis caderas, para empezar a remeter
contra mí con ira, haciéndome saltar, coloque mis manos levantándome,
poniéndome en posición de perrito, con el cabello por la mitad del rostro,
voltee mi mirada a diablo quien me miraba eclipsado, mientras intentaba
respirar entre gemidos, cerré los ojos, desviando la vista, estaba lastimándome
y aun así se sentía tan placentero. Era contradictorio. Sentí aquel conocido
cosquilleo.- James...- susurre bajo y escuche una suave risa. Cuando le avisaba
que quería correrme pero seguramente él, lo sabía, me tenía a su merced y
conocía mi cuerpo.
-Córrete, para mí...- uso aquellas palabras que yo solía usar, mientras el
placer, el clímax, el desespero de sus caderas contra mí, estallo, haciéndome
entumecer mi cuerpo, tensarlo y soltando un gemido alto, aferrando mis
brazos de aquel suelo, mientras escuchaba como el hombre contra mí, me
llenaba por dentro deteniendo casi al mismo tiempo sus embestidas contra mí,
me quede sin aire, tomaba bocanadas de aire.
¡Qué intenso!....
Solté otro gemido cuando lo sentí salirse, y me tire al suelo boca arriba
quitándome el cabello de la cara, respirando entrecortada cerrando los ojos,
con una pierna doblada y la otra estirada completamente, me ardían las
rodillas.
-Joder...- susurre bajo y escuche las risas de Diablo.
-A este paso terminaremos matándonos un día de estos...- dijo divertido y
reí intentando respirar.
-Si es en tus manos me encantaría...
Venus y Eros
-¿Listo?- pregunte por enésima vez, oyendo a diablo quejarse en el baño,
mientras yo ya estaba lista, escondida detrás de una de las puertas del closet
para que diablo no pudiera ver mi vestido tan rápido, puertas ya no destruida
porque la mañana siguiente diablo, había conseguido una chica que arreglo el
desastre en cuatro horas que él había hecho en cinco minutos, incluso llego
con un hermoso comedor de madera a petición mía. No quería nada de vidrio
que diablo pudiera destrozar.
-Maldición, pero, ¿cómo termine accediendo a que compraras esto?-. Se
regaño a él mismo, lo cual me hizo reír muchísimo.
-Bueno, ese día estaba mal humorado como siempre y ni prestaste atención
a lo que te elegía. -. le explique encogiéndome de hombros-. Apúrate, es súper
tardísimo, llegaremos cuando ya habrá acabado.
-No seas exagerada pelirroja. - gruño y sonreí divertida- ¿tu ya estas lista?
-Of curse, hace más de media hora. Me siento el hombre en estos
momentos y tú la mujer.
-Calla.- soltó en voz alta-. Calla, que comienzo a exasperarme.
-Deja de quejarte y sal de una buena vez-. Dije al rodar los ojos-. Además
no nos quitaremos nuestros trajes, no vamos a coger allá. No, nosotros.... sal
amor mío-. Dijo en tono cantarín y vi la puerta abrirse...
Observe con la boca abierta, a diablo. Dentro de un traje negro, completo,
con un saco tipo, pingüino que le quedaba de muerte, una camisa de vestir
negra abajo, pantalones de vestir algo ceñidos a su cuerpo, marcando sus
piernas, sin parecer gay, algo mas estilo urbano ancho arriba ceñido en las
botas, con zapatos de chándal, una enorme corona dorada, de piedras
brillantes, estilo varonil, con detalles en rojo, que combinaban con su capa
larga hasta el suelo roja, con piedras en los bordes, la rosa hermosa que tenía
en la solapa de su saco y el antifaz que tenia, muy elegante. Trague saliva
mirándolo. Ya decían que el diablo era el ángel más hermoso del señor, si era
similar a James, podía entender el grado de tentación. Este miro mi expresión
y se dio una vuelta.
-cierra la boca, pelirroja. Que te babeas-. Soltó con una hermosa sonrisa y
tape mi rostro riendo para luego asomar aun más mi cabeza. - quiero verte, sal.
- ordeno inquieto con las manos en sus bolsillos, mientras tenia la corona en la
mano detrás de mi espalda. Cuando salí ante su cara ahora era yo quien soltaba
una sonrisa.
-Diablo, cierra la boca, se te meterá una mosca-. Murmure bajo, dando una
vuelta.
A juego con él, yo también tenía una capa, larga roja sangre, tenía un alto
moño, muy elegante, el cual dure dos horas haciéndomelo, que dejaba caer
algunos mechones cortos por mi rostro, maquillados con tonos oscuros y un
antifaz rojo como el suyo versión para dama. Mi capa, era sostenida por un tira
por mi cuello, tenía un vestido negro, el pecho era de corazón, ceñido hasta
mis caderas, la parte baja era grande como un armazón, era un vestido de
antaño de muchas telas negras, como encaje, seda y otras similar. Sin manga
que dejaba descubierto mis hombros y brazos, tenía un par de guantes rojos,
que hacían juego con mis labios, capa y tacones altos rojos. Me coloque la
corona de reina, versión a la que tenia la reina Isabela lógicamente que esta era
falsa. Tenía un collar de pequeños diamantes, que rodeaban mi cuello y un
gran diamante en forma de lagrima caía entre mis senos, súper levantados por
el corpiño de mi vestido. Me había costado una barbaridad ponerme ese
vestido.
-En serio quieres humillar gente ¿No?-. Me pregunto y reí alto caminando
hacia él.
-No, solo quiero dejarle claro a todas las perras, que diablo tiene dueña y
que eres mío. - le explique acomodando su saco-. Que me perteneces y que el
ama ha podido conquistar al hombre más temido de las tinieblas-. Dije con
clarines. Este sonrió oyéndome.
-Quiero arrancarte ese vestido o tomarte con el puesto.
-Ah no. -. dije dando un paso hacia atrás-. Nos vamos, cuando vengamos
me puedes pegar contra el piso si quieres, pero vamos. Vamos muy tarde-. Me
queje y este asintió riendo. - recuerda nuestro trato diablo. Yo dejaría de estar
molesta contigo, pero hoy debes comportarte, cero celos, cero show, cero
todo...
-si, si. ¿quieres que disfrute viendo como otros te tocan y besan?
-No, no me voy a besar con nadie. Seré tu acompañante esta noche, pero
recuerda quien soy, es natural que la gente sea muy cariñosa contigo o
conmigo. ¿de acuerdo?
-Se meterme en mi papel, cuando la situación lo requiere. Tú evita no ser
una cuaima.
La mansión Van de hall era una casa de antaño, que estaba afuera de la
ciudad, donde solo se podía llegar con la dirección que daban en sus
invitaciones, que se imprimían y se llevaban para que los guardias dejaran
abrir las puertas inmensas, para dejar ver aquella preciosidad de casa, donde
incluso en la entrada había mucha gente hablando y tomando licor. No
cualquier tipo de gente, gente de la mejor calaña. Por mi parte avise que la
ama iba acompañada y por otro lado diablo aviso lo mismo. Más ninguno dijo
el nombre de la persona que nos acompañaría, así que seguramente esa
mansión, esperaba la llegada de los dos amos, más conocidos en ese mundo
para percatarse que llegarían juntos. Cuando jamás, intercambios palabras ni
nos vieron juntos en algún otro lugar a no ser por aquella vez en el salón,
donde saque a Luna, besando a un viejo baboso.
Esta vez, éramos llevados por una de las camionetas negras de diablo,
escoltados por dos de sus hombres, los mismos que siempre andaban con él.
Quienes nos abrieron la puerta en la entrada y me ayudaron a bajar, para tomar
el brazo de diablo con mucha clase, que incluso él se había sorprendido de ver
lo que desprendía, yo quien era más ordinaria que un camión de cochino frito.
Pero cuando debía ser el ama, lo era...
Cuando íbamos subiendo las escaleras, vimos que varias personas nos
veían reconociéndonos o simplemente admirando y alabando los jodidos y
costosos trajes en que nos habíamos matado por usar, una vez arriba no tuve ni
que enseñar la entrada, muchos menos él. Aquellos hombres abrieron las
puertas de aquella mansión para nosotros, por supuesto diablo paso primero y
se escuchaba música clásica, cuchicheos y como el cuchicheo de las mujeres
acababa de explotar y se iba callando al mismo tiempo que tomaba
nuevamente del brazo a diablo, quien me miraba sonriéndome, seguramente
partido de gusto por dentro al igual que yo.
-Dios mío, los ojos que ven, lo que yo veo-. Diablo y yo nos volteamos al
reconocer una mujer vestida de araña. Era la viuda negra que había conocido
hace unas semanas atrás-. Los amos, juntos... los dos más temidos amos.
-Viuda-. Musite sonriente porque recordar su apodo me hacía pensar que
no era precisamente una sumisa, sino un ama. - un placer verte de nuevo.- dije
con tono imponente.
-El placer es todo mío, verlos esta noche aquí-. Dijo con tono suave y
elegante-. Diablo, mi querido diablo...- este le sonrió, posando su mano en mi
mano.
-Esta noche no-. Explico este y ella le sonrió-. Vengo con compañía.
-Es una lástima, porque la mujer que llevas del brazo es la más esperada de
la noche-. Escuchamos otra voz masculina, que llamaba la atención de todas
las personas allí y mire al chico rubio, vestido de blanco, como un príncipe
que bajaba las escaleras principal, trayendo consigo a dos chicas que cargaban
su capa y rodé los ojos ante la ostentosidad. La gente ahora nos miraba a los
cuatro-. Pelirroja, pelirroja. Veo que has decidido, optar por diablo.
-En realidad opte como siempre por lo mejor de lo mejor-. Le respondí
hiriendo el orgullo de quien estuviera allí, mire como aquel chico borraba su
sonrisa-. Pero veo como siempre que estas bien acompañado. -. dije viendo a
sus chicas que me miraron curiosa vestidas de hadas muy sexy. Aquel hombre
era Leandro van de hall. El menor de los hermanos. Uno de los amos más
cotizados de aquel lugar, por mi espalda sentí una mano delgada. Y vi a una
mujer mayor sin mascara, que me dejaba un sonoro beso en la mejilla y veía a
diablo tensarse a mi lado, acaricie su brazo relajándolo. Aquella mujer, tenía el
cabello rojo, como el mío, los labios pintados similar, dentro de un disfraz, de
reina como el mío y esta se detuvo mirándome de arriba abajo, para luego
mirar a diablo. Era Selene Von de Hall la mujer del dueño de la mansión. La
señora dueña de aquella casa. Ambas chocamos al ver que teníamos el mismo
tipo de traje solo que el de ella era blanco con dorado y el mío negro con rojo.
De una la tensión en el salón subió.
-Buenas noches diablo-. Dijo está mirando a mi hombre como carne para
comer y solté una sonrisa, clavándole la mirada, ya que las uñas no podía
porque ambos habíamos hecho un acuerdo-. El rey, que interesante, porque
estoy vestida de reina..- dijo con sarcasmo.
-Ya tengo mi reina-. Dijo diablo volteando a verme y me llene el pecho de
ego.- aunque estoy seguro que habrá por ahí un rey, queriéndola como reina.
-Pero a mí me gusta el rey de las tinieblas-. Murmuro esta con chocancia.
Vi como aquel príncipe reía y la viuda negra sonreía esperando ver como
aquella mujer me retaba de una manera indirecta.
-Cada quien con su infierno-. Dije en voz alta-. Este diablo y este rey es
mío-. Dije con dominancia y esta dio un paso atrás. Le sonreí con malicia-.
Aunque mi querida sumisa, quizás podamos jugar contigo... entre los dos-.
Dije con tono oscuro. Lógicamente no sería así, pero podía meterle
psicoterror, eso sí estaba permitido. Diablo capto de una mis intensiones y le
paso una mano por el cabello de aquella mujer que nos veía con los ojos como
platos.
-Los dos reyes de las tiniebla, dominando a la reina blanca-. Le soltó con
voz seductora que incluso me afecto a mí. - ¿no te agradaría?-. Le pregunto y
esta nos miro a los dos con la piel de gallina y diablo y yo nos miramos
estallando en risas, burlándonos de ella. La misma se dio vuelta humillada
largándose.
-Que crueles.- dijo aquel príncipe al ver a su madre huyendo.
-Tú no sabes lo que es la crueldad-. Le musite atacándolo-. Eres solo un
niño jugando a ser un amo. -. eso si era crueldad-. Amo no es el que ataca,
amarra, azota o esclaviza. Un amo es el que con esto-. Señale mi cien-. Doma
la mente de cualquier fiera, con aires de supremacía. - dije en tono serio y lo vi
como se estremecía y diablo poso su mano encima de la mía, llamado mi
atención.
-No seas así, lo tienes temblando-. Me regaño y hice una reverencia con mi
vestido. Escuchando unas risas y unos aplausos detrás de nosotros,
haciéndonos dar la vuelta, para ver un hombre algo mayor, que aplaudía
acercándose a nosotros. Vestido de militar, me tense y diablo lo noto.
¡Mierda!, caída con los kilos. Había trabajado para él varias veces,
lógicamente como su ama.
-No podía esperar, de los dos mejores amos, que he conocido en mi vida.
Créanme he conocido muchísimos.
-Y eso que no me has visto en mi etapa sumisa-. Le solté divertida.
-¿tu sumisa?-. Pregunto incrédulo y miro a diablo. Diablo, le asintió y este
sonrió. - Yo quisiera probar eso.
-Oh no-. Dijo diablo repentinamente-. La he tomado como de mi propiedad
y no soy conocido por compartir a mis sumisas.
-Ella no es una sumisa cualquiera.- le contesto este ofendido, por mi
-NO. así es. Ella es la mujer del diablo-. Anuncio y aquello me tomo con la
guardia baja-. Es mas...- alzo mi mano mostrándole mi anillo de
comprometida.- tiene mi marca ya.- le dijo este sonriéndole. ¡Maldito diablo!,
me había volteado la tortilla. Acababa de decir que se iba a casar conmigo,
solo faltaba que me quitara el antifaz para que vieran mi rostro o dijera mi
nombre. Estaba pasando el limite, a él lo conocían con mascara sin mascara,
pero a mí no. Mi identidad era sagrada.
-Boda...- escuche a alguien cuchichear y voltee a ver a diablo,
entrecerrándole los ojos. Lo asesinaría. Ojala no dijera nada más.
-Esta noche-. Dije desviando mi vista al don Van de hall-. Vengo hacer
acto de presencia como todos los años, adornando con mi presencia este
hermoso lugar y admirar los show que se, que debes tener preparados.
-Es una lástima que ya no puedas sentarte en tu trono...
-Oh claro que si-. Anuncie divertida-. Ese trono es mío, nadie me lo quita,
me sentare pero sobre las piernas de mi rey-. Señale a diablo que no entendía
de que hablábamos-. Quien será con quien lo compartiré ahora en adelante. No
creo que te incomode. ¿o sí?
-Para nada-. Dijo este con orgullo-.nuevamente-. Anuncio en voz alta para
los demás invitados-. El ama, doma fieras, la mandamás acaba de anunciar que
será la juez que dictara nuestros show en esta gala, junto a su esposo el tan
conocido, cotizado y deseado. Diablo que esta noche nos hace el honor con su
presencia.
Vi a diablo que no entendía nada y los aplausos no tardaron en llenar la
mansión. Con aprobación y este me miro desconcertado lo cual me hizo
sonreír y al ver pasar a un mesero, tome una copa y este hizo lo mismo, vi
como miro la copa, la oleo y me asintió con la cabeza dándome aprobación de
que no tenía nada. Camine por aquella mansión agarrada del brazo con él.
Cuando estuvimos solos en uno de los balcones que esta tenia me miro con
curiosidad.
-¿a qué se refería con....
-No te has preguntado, ¿Por que soy tan famosa, en este mundo teniendo
tan pocos años?,-. Le pregunte y este me miro.
-Porque coges como diosa.- estalle en risas ante aquello.
-¡Diablo!-. Rechine riendo.
-¿Qué?-. Dijo con inocencia-. Es la verdad.
-A media noche, abren un salón en el segundo piso. - le explique con
calma-. En ese salón, hay dos tronos. En uno se sienta el dueño de la mansión
y en la otra, se sienta la mujer más deseada y sexual de todo el lugar. La diosa
Venus. Así la llaman. En ese salón, frente a aquellos tronos, muy separados. Se
desarrollan varias escenas de amos, sumisas, amas y sumisos. Incluso a varios
amos, azotando una sumisa. En toda la noche se premia al mejor amo o ama,
sumiso, sumisa y....
-¿Y?...- me pregunto.
- La diosa, elige como emparejarlos, ósea, sortea el orden de las parejas, si
quiero que un amo, tome a la sumisa del otro sucederá y no podrán negarse, a
menos que la sumisa diga la palabra de seguridad, pero ninguna se atreve a ser
tan cobarde y le demuestran a su amo, que otro puede tocarla, pero su placer
es siempre a su dueño-. Le explique con calma.- sexo, seguro y consensuado. -
le explique.
-¿En qué intervienes tú en todo esto?
-Yo soy la diosa que se sienta en el trono, desde hace más de 4 años. - solté
mirándolo y esta se me quedo mirando fijo.
-¿por qué tu?
-¿Has oído de una mujer llamada cleopatra?-. Pregunte curiosa y por su
expresión previne que si la conocía o había oído de ella.
-Ella es por así decirlo la madre de todo esto, es conocida a nivel mundial,
respetada, incluso para mí. Esa mujer es intocable.- me dijo como si hablara de
una diosa venerada y realmente la gente que tomaba esto en serio la
consideraba eso.
-La primera vez que vine aquí Cleopatra, fijo sus ojos en mí-. Le explique
y este me prestaba mucha atención.- yo venía sin un amo y esta me reto a que
me tomara un amo, un hombre desconocido, cuando solo venia de
espectadora. En conclusión, termine retándola que se bajara del trono y me
dominara si podía, término contra una mesa, gritándome “Ama”, para que le
diera placer y en fin.... por eso el apodo de ama de fieras. Porque domine a la
mujer más respetada y temida de este lugar, tumbándola de su trono.
-Nunca oí que alguien pudiera dominar a cleopatra.
-Lo que pasa en esta mansión, aquí se queda. - le explique divertida. -
además ahora tú te sentaras conmigo en esa silla. Esperemos no te asustes
cuando entre en mi papel de ama.
-Morbo...- dijo en voz alta y reí muy alto. - ¿cómo terminaste viniendo
aquí la primera vez?-. Me pregunto y al oírlo, baje unos segundos la mirada,
me había tomado con la guardia baja. Tomando aire y acercándome a él, para
que el solo pudiera oírme.
-En la última misión con mi padre, entre como infiltrada, por la trata de
blanca y drogas... entre como ama. - le explique sonriéndole-. Jamás me
descubrieron, todo se fue a la mierda y bueno... termine cogiéndole el gusto-.
Admití encogiéndome de hombros.
-Aquí están...- escuchamos una voz llamando nuestra atención para ver
aquel hombre vestido de militar.- vamos, son más de las doce. A su trono
dioses-. Dijo sonriéndonos y ambos caminamos tras él cuando este se
encamino adentro de nuevo. Diablo beso mis nudillos con rostro de querer
saber muchísimo más.
Aquel salón seguía como lo recordaba inmenso, en el segundo piso, de
paredes rojas, de muchas luces que alumbraban en muchas direcciones. Había
un piso de madera resbaladizo en forma redonda grande en medio de aquel
salón, rodeándolo a esta había sofás rojos, de cuero cómodos., con dos
enormes tronos muy altos, en cada extremo cada uno, como mirándose de
frente, para sentase allí debían subir unas escaleras pequeñas. Al lado de cada
trono, había una mesa alta, sostenida por varadas, donde había látigos, bolas
chinas, y demás implementos recién comprados, esterilizados y nuevos. Vi la
expresión de diablo cuando vio tan majestuoso salón, ya la gente estaba allí,
alrededor sentados en el mueble y una fila de amas con sus sumisos que los
llevaban de unas correas por el cuello, vestidos de semi cuero desnudo. Amos
sin camisas en pantalones y descalzos que llevaban a sus sumisas, vestidas
muy sensuales, jalándola con una cadena, que estaban conectadas a esposas en
sus muñecas tirando de ella.
Diablo vio aquello, se que estaba familiarizado en cambio aunque no lo
pareciera me gustaba admirar esos show mas no participar en ello, eso de
llevar a mis sumisos con cadena no era lo mío. Mis métodos eran más
psicológicos y en ocasiones físicos pero no de esa manera.
Entro primero aquel militar, deteniéndose en medio de aquel escenario de
madera clara.
-Buenas noches, damas y caballeros-. Anuncio con todo muy alto, abriendo
sus brazos y tanto los espectadores como amos y amas, aplaudieron. - Esta
noche tengo el placer de tener en uno de los tronos a dos de los dioses más
deseados y cotizados, así como severos y sexuales. La diosa Venus y el dios
Eros, quienes lo conocen como el ama y el diablo-. Soltó y los aplausos
fueron brutales, tome de la mano a diablo, lo cual este me miro sorprendido
haciéndolo caminar hasta uno de los tronos.
-Tu primero..- le susurre solo para que el me oyera y subió los dos
escalones, estirando su mano para tomar la mía y subirme, me acomode entre
sus piernas aun lado de sus muslo izquierdo, cerca de la mesa que estaba en
ese lado. Mientras aquel viejo se sentaba en el trono, frente a nosotros. Mire
cada uno de los implementos que tenia tomándolos y chequeándolos.
-Esta noche solo seré un espectador y acompañante más-. Me musito suave
diablo, creando una conversación entre ambos mientras presentaban a las
parejas y ni me molestaba en alzar a verlas.
-Conocerás mi lado oscuro-. Le murmure concentrada en un látigo,
desamarrándolo este era largo-. Espero no te asustes diablo.
-El diablo no teme de nada-. Me respondió y lo mire sonriéndolo, soltando
un latigazo al aire. Haciendo temblar a más de uno.
-!Ja!-. Me acerque dejándole un profundo beso en los labios-. Prepárate,
porque veras a la mujer del diablo en acción. - solté en un susurro
separándose.
-Pelirroja-. Escuche la voz del militar llamar mi atención-. Has los
honores-. Dijo sonriéndome. Me erguí sentada en las piernas del hombre que
amaba, disfrutando de algo que me gustaba quién lo diría.
-welcome-. Dije en voz alta-. Mis queridos mortales-. Dije con un tono
egocéntrico nivel dios sintiendo la mirada de mi marido sobre mí, pero
ignorándola-. Esta noche, queremos que nos muestren a sus mejores amos,
amas, sumisos y sumisas, para colirio de la vista de nuestros invitados. -
musite imponente-. Como muchos sabrán-. Dijo meneando el látigo en mi
mano-. Hay ciertos tipos de retos, que le pondremos. Quien pierda, deberá
aceptar la petición, del Don-. Dije señalando al frente a aquel militar-. O una
de las mías, o de mi dios griego-. Dije pasando la mano libre por el rostro de
diablo. Menuda casualidad. Yo siempre aparentaba a ese hombre con un dios
griego.- una vez empiecen los retos no hay vuelta atrás.... Buena velada mis
mortales, sexo consensuado y seguro.
Ante aquello los aplausos resonaron imponente en aquel salón.
-¿Dios griego?-. Me pregunto diablo y sonreí mirándolo.
-Te juro que quería decírtelo hace mucho, es mas esto ha sido una
casualidad. Pero me encanta. Creo que la primera vez que te vi dije: Mierda un
dios griego.- dije divertida y este me miro. - te quiero, pero no me entretengas
o no seré una buena diosa Venus, este año.- ante aquello negó sonriéndome.
-Te amo..- susurro bajo-. Ahora presta atención, que los juegos
comenzaron. - dijo señalándome al frente.
La primera escena fue la más brutal de una entraron con un plato fuerte y
aquello me pareció tan divertido que olvide que tenia a diablo entre mis
piernas, comenzando a concentrarme en ello.
Un amo, tenía a su sumisa, en una cruz que había entrado. Este miro la
cruz y entendió aquello, la guindo en esta, la vendo, la desnudo, era pálida, de
cabello castaño, senos rosas, pequeños, delgada. Hasta abierta de piernas y
brazos. Esta ya respiraba acelerada.
-Has los honores-. Le musite alto aquel Don.
-Quiero 3 orgasmos, en 15 minutos-. Dijo y se escucho risa y algunos
aplausos. Aquel amo asintió y negué divertida.
-Amo...- dije con un asentamiento de cabeza dándole la bienvenida, para
que comenzara.
Aquel amo, tomo una fusta, comenzando a preparar a su sumisa,
recorriéndole el cuerpo, con el mango de este, desde su cuello, hasta descender
por sus pechos, hasta más abajo de su abdomen y se detuvo en su sexo, aquella
mujer comenzó a soltar gemidos, moviendo la cabeza de un lado a otro,
cuando este, tomo con la otra mano, un tubo de metal algo grueso, para ir a
penetrándola, y le soltaba leves azotes con la fusta aquella chica, entre los
senos, enrojeciéndoselos, sin marcarla o lastimarla de alguna manera fuera de
lo adecuado. Mire aquella escena como siempre pendiente de como la azotaba,
de cómo esta gemía, de cómo ante un grito y las embestidas de su amo, con un
vibrador este se corría, el tiempo lo tenían en contra porque al parecer ella, no
era muy experta controlando sus orgasmos y yo sabía de eso, era difícil. Un
segundo orgasmo la hizo tensarse, cuando su mano, toco con su lengua la
punta del clítoris de ella, pero solo le quedaban cinco minutos y la gente le
gritaba cosas, le daban ánimos, aquello explotaba en una algarabía.
-5 minutos-. El anuncio el Don y este soltó un gruñido, clavando sus
dientes en las caderas de aquella sumisa y ahora estimulándola con su boca,
con aquel masturbador y este le susurro algo al oído y esta dio un gemido,
corriéndose de nuevo antes que sonara el reloj. Los aplausos resoplaron en
aquel lugar, mientras ni volteaba a ver a diablo. Seguramente había estado en
mucha de estas cosas, pero no con gente tan animada como esta. Tan
competitiva. Tan bien preparada.
-Quiero venir el año que entra-. Me soltó llamando mi atención y voltee a
verlo, aquellos ojos estaban de un gris oscuro, llenos de deseo, inyectados de
lujuria y le guiñe un ojo atreves del antifaz.
Así sucesivamente fueron pasando los show, orales, azotes, torturas
consensuadas, gemidos, jadeos, sudor, pieles rojas, nalgadas, electrificaciones,
arañazos, mordidos, de todo se concebía en aquella escena. Hasta que vi una
pareja que llamo mi atención, a este chico le había tocado, hacer correrse a su
sumisa, unas cuatro veces, sucesiva se que había mujeres como yo, que no
eran tan multiorgasmica y no se nos daba bien correrse, esta lo hizo unas tres
veces y aun en el cuarto no pudo un reto que el Don, le había puesto y supe
que tenía un interés en aquella pareja, eran chicos de edades contemporáneas,
diría que un poco mayor a mí. El era atlético alto, blanco con lunares color
marrón, ella era de piel trigueña, cabello enrulado, chocolate tenía unos ojos
miel hermosos, un rostro hermoso inocente. Me removí incomoda cuando
perdieron y percatándome que eran los únicos en perder. Don, sabía
perfectamente que iba por ellos y aquello no me agradaba. La chica miro a su
amo, con terror cuando don anuncio que iban a ponerle los castigos. Tome
aire. Viendo que él estaba mirándola como diablo me miraba a mí.
La gente quería castigo y ellos lamentablemente serian los castigados.
-Amo caballero, queremos que tu sumisa, se corra, con azotes, - soltó-.
Pero por otro amo y deberás verlo.- me tense-. ¿Alguien se atreve, a domar
esta sumisa? - la multitud enardeció. Aquel amo miro a su sumisa negándose,
tampoco nadie se ofrecería aquel amo estaba hecho una fiera- bien, como
nadie quiere, yo lo hare-. Soltó aquel Don.
-El código-. Escuche que le pedía aquel amo a su sumisa. Don se bajo de la
trono y aquella chica cerró los ojos, si decía el código daba a demostrar que
tenía un mal amo, si no lo decía aquel amo terminaría con el corazón roto.
Estaba enamorada jamás dejaría mal parado a su amo.
-Mierda...- gruñí bajo apretándome.
-¿Loreen?-. Me susurro diablo y voltee a verlo. Este vio la expresión de
disgusto, y de todo en mi rostro.
-Diablo. No puedo cumplir nuestro trato-. Dije mirándolo fijo-.
Perdóname... amor.- le conteste levantándome-. Yo quiero -. dije Don se
detuvo.
-Pelirroja...- gruño diablo. Acerque mi boca a sus labios.
-Míralo, él la ve, como tú me ves a mí-. Le susurre y este desvió su vista a
aquella pareja percatándose de lo mismo que yo. - NO puedo dejar que le
rompan el corazón, no puedo dejar que otro hombre la toque a ella, o el se
volverá loco.
-Pensé que tu amo, no te dejaba jugar hoy-. Me soltó Don mal humorado y
baje la vista frente a diablo.
-No soy su amo-. Anuncio-. Soy su hombre y si mi mujer quiere jugar.-
este me miro sonriéndome-. ¿Quién soy yo, para negarme?-. Dijo ayudándome
a bajar de aquel trono.
-Diablo...- susurre bajo agradecida. Mas que una ama, tenía ese instinto
malditamente de heroína en todos los sentidos que me hacia reaccionar, lo
llevaba en el ADN.
-Ama-. Me dijo guiñándome un ojo y me acerque aquella mesa, viendo a
don, devolverse a su trono mal humorado, tirándose sobre este, mire aquel
chico, y pase una mano por su hombro.
-Anda donde diablo. Evitara que hagas una locura-. Solté sin más y este me
miro entendiendo lo que estaba sucediendo. Estaba protegiendo a su sumisa,
porque sabía que le importaba este asintió y vi como traían una mesa, me
detuve frente aquella sumisa, que temblaba asustada, de reojo vi como diablo
se bajaba de su trono y se paraba al lado de aquel chico susurrándole algo
mientras este solo me miraba a mí, deje mi corona entregándosela a uno de los
que trajo la mesa y pase una mano desde el cuello descendiendo por el
abdomen de ella y esta cerraba los ojos. - no cierres los ojos, quiero que veas,
que lo veas a él-. Esta abrió los ojos en par y maldije, porque no quería tocar a
nadie que no fuera diablo, esta tenía sus ojos clavados en él.
-Tengo miedo...- susurro bajo tan bajo que solo yo pude oírla y mi vista se
topo con la de ella.
-No puedes tocarla-. Me gruño Don. Y lo mire de soslayo.- sin penetrarla,
sin besarla, sin lamerla, sin tocarla, tienes que hacer que se corra.
-¿Acabas de cambiar completamente un castigo, solo porque no eres tu
quien jugara con ella?-. Solté con un gruñido y la sala entera se quedo en
silencio. Los dos del trono teníamos una pequeña disputa-. Cuando me digas
que comience dejo de tocarla-. Le solté de forma imponente y este se removió
en su silla, comenzaba a exasperarme. Pero luego vi que relajo sus músculos,
admirando aquella escena. Su diosa, jugaría con la mortal que él quería, que
mas erótico que eso.
-Diosa-. Dijo este sonriéndole-. Tienes menos de 20 minutos.
Él creía que no podía hacerla correr sin tocarla ¡JA!, ya verás maldito... ya
verás.
Acosté a la chica sobre la mesa y este alzo la cabeza hacia su hombre,
mirándolo. Vi de reojo como este ya no estaba tan tenso y mi diablo, me veía
con los ojos impregnado de curiosidad, al ver cómo iba hacer correrse aquella
mujer sin tocarla tampoco es que fuera imposible. Mire la cruz y me sentí
obligada a acostarla allí, esta estiro su cuerpo y maldije por haber dejado que
perdieran. Camine a la mesa y tome una fusta, azotándola contra el aire para
que sonara y el ambiente se torno tan de otro mundo, que todos tenían los ojos
expuestos en mi, mire un par de bolas brillante, nuevas y las tome alzándolas.
No podía tocarla así que lo evidente apareció, me acerque a la mesa e hice que
esta colocara su vista en aquellas bolas, deshaciendo una de las esposas que la
mantenían pegada aquella cruz de pies y manos expuesta. Esta las tomo en su
mano sin entender.
-Has los honores-. Le musite y esta se quedo unos segundos con su vista
impregnada en mi. Ante aquello el Don se levanto.- no la estoy tocando, no la
tocare. Pero-. Alce la cabeza-. No dijiste que ella no podía tocarse-. Dije
sonriéndole con rostro de triunfo -. y no es trampa son tácticas de juego-. Ante
aquello ambos nos miramos y este me sonrió asintiendo.
-Ahora....- dijo dándole tregua a aquel juego. Aquella chica tomo las bolas
que tenían un largo cordón y subió las piernas comenzando a meterse una por
una. Dándole una esplendida vista a diablo y su amo. Cuando las tuvo adentro,
amarre de nuevo su mano a la cruz.
-Imagínate que es él, el que te está tocando y no yo-. Aquello lo susurraba
suave y !Plaz!, solté un azote, suave contra su vientre esta se contrajo y bajo
su vista a mí, no quería mirarlo ya a él, aquello me cogió de sorpresa y me
mordí el labio. Traje un pequeño banco tipo escalón y lo deje al lado de mi,
¡Plaz!, le solté otro azote y la gente se levantaba a medida que la azotaba y
como la piel se le enrojecía en ciertos lugares, esta arqueaba sus caderas ante
aquello, mire sus mejillas enrojecerse y pase la lengua por una de las puntas de
aquella fusta. ¡Plaz!, este azote fue a su sexo abierto, esta cerró los ojos
excitada soltando un gemido y encontré su punto rojo. Esta se estremeció y
tenía más de 15 minutos para mí. Me subí al banco y le metí el flogger entre
las piernas haciendo que el cuero rozara su sexo, esta comenzó a mover las
caderas inquietas contra el flogger, mas lo que le causaban las bolas chinas
dentro de la misma, coloque mi mano en mi espalda la libre y acerque mi boca
a su oreja, sin tocarla, pero haciendo sentir mi presencia con mi respiración,
golpeándole la piel esta soltó un largo suspiro-. Imagínate que lo que está
jugando entre las piernas, no es un flogger, es él-. Esta soltó un grito de placer
y su cuerpo se retorcía haciendo sonar las esposas, pero también imagínate
que soy yo, poseyéndote, tocándote-. ¡Plaz!, voltee el flogger entre mis manos
y le solté otro azote, directo a su sexo, con suma suavidad porque sabía que
era una zona sumamente suave, esta me miro volteando su boca y casi rozando
sus labios con los míos, estaba temblando y lo supe, el orgasmo con otro azote
vendría. Sonreía contra ella, y me agache pase la boca sin tocarla solo
rozándola con mi aliento desde su sexo, subiendo por su vientre viendo su piel
erizarse y pasándola por sus pechos, hasta detenerme en su cuello y
nuevamente en su oído. - córrete para mí-. Susurre muy suave mirando al Don
con cara de triunfo y !Plaz!, aquella mujer se irguió de una manera que a más
de uno le dio a entender que se corría, rápidamente lleve el flogger a su
entrepierna, rozándole el clítoris, alargando su orgasmo mientras esta se
tensaba y se desplomaba apenas sostenida por aquellas cadenas, alce las
manos volteándome a ver a Don, con cara de triunfo y haciéndole una
reverencia, aquella chica alzo su vista hacia mí, mientras me bajaba del
escalón y tomaba la cuerda jalándole las bolas y echándolas en la basura el
silencio fue tan monumental que pensé que se habían muerto todos, hasta que
las risas de Don, los aplausos del amo de la sumisa, que conocía a su chica
animaron a los demás que estaban insofactos. Desabroche a la sumisa,
sintiendo como caía encima de mí, pero dos brazos muy fornidos me
ayudaron, voltee a ver a su amo, que tenía los ojos inyectados de deseo,
curiosidad, de mi.... y le guiñe un ojo, para tirar el flogger a la basura.
-Sin tocar, sin lamer, sin besar....- dijo diablo atrás de mí, tomándome de
las caderas y colocándome de nuevo la corona-. Castigo cumplido Don-. El
anuncio este y lo mire, repentinamente sintiéndome cochina y trague saliva,
parpadeando para ver a don que aplaudía y se bajaba. Acercándose a nosotros.
-Es especial.- le murmuro Don a diablo-. Cleopatra lo vio, yo lo vi y sé que
tu también-. Aquellos dos hablaban como si yo no estuviera.- Nuevamente ha
sido un honor que seas mi diosa de trono, pelirroja-. Me dijo con una
reverencia mientras la gente abandonaba la sala-. Espero contar con su
presencia el año que entra-. Nos soltó y ambos asentimos cuando nos dejo allí
solos.
-Quiero irme-. Dije dándome vuelta-. Por favor-. Apreté las manos contra
su saco.
-¿Estás bien?-. Pregunto y me negué. Este fruteo el ceño y asintió-. ¿a
casa?-. Me pregunto.
-Nuestra casa...- le respondí y este me sonrió, besando mis labios, pero se
percato que desvié el rostro-. Lo siento...- murmure bajo-. Me siento....
-¿Asqueada contigo misma?-. Pregunto y lo mire viendo que lo había
adivinado. Asentí bajando la mirada-. ¿Por qué?
-Es porque ya no quiero tocar a otra persona que no seas tú-. Solté sin más,
tomando aire y sentí un par de brazos, arrullándome. Mientras diablo me
abrazaba con fuerza.
-Fue por una buena causa-. Me murmuro divertido y asentí con la cabeza,
convenciéndome que era así. - No estoy molesto, me gusto verte en acción.
Me da morbo-. Me explico y empujo contra mí, para que pudiera sentía su
erección, solté una risa negando. Ante aquello.- tengo serias intensiones de
darte un revolcón.
-A ti todo te da morbo. Conmigo puedes hacer lo que quieras.
-No todo me da morbo. Es cuando trata de ti-. Explico y me beso
rápidamente los labios, para tomarme de la mano y salir de aquel salón, vimos
muchas personas entrar a reservados y bajamos las escaleras en la sala, nos
dirigimos a la entrada cuando nos topamos aquellos dos chicos, que al parecer
nos esperaban, aquella chica de gran melena ya vestida, como cenicienta y este
como príncipe se nos acercaron.
-Muchísimas gracias a ambos-. Salto diciendo aquel hombre-. Si no
hubiera sido por su ayuda, me hubiera matado allí mismo-. Dijo con algo de
dramatismo y negué sonriendo.
-Don los tiene en su mira, más a ti...- me refería a la sumisa-. Eviten jugar
aquí, hará lo que sea para tomar a tu chica-. Le explique y este asintió. Ella
saco de su pequeña cartera de mano una tarjeta entregándomela, era una tarjeta
de presentación y estalle en risas llamando la curiosidad de diablo.
-Si nos necesitan, para lo que deseen. Allí esta nuestros números.- me
explico y por lo que vi en la tarjeta se llamaba, Roxana. Asentí mirándola.
-Creo que si necesitaremos tu ayuda, deberás hacer magia-. Admití viendo
que ambos eran esposos y guiaban juntos organizaciones de boda. Como anillo
al dedo. Le di la tarjeta a diablo, quien soltó una carcajada enorme.
Contagiándome...
Aragón
Corría por toda la habitación, muerta de risa, mientras diablo, intentaba
alcanzarme. Lográndome tomándome por las caderas y tirándome contra la
cama, se tiro sobre mí y me mando a callar, con el dedo, mientras reía al
mismo tiempo que yo, muy bajo escuchamos pasos por el pasillo y di gracias a
dios que tenia seguro la puerta y que diablo muy salvajemente había escalado
por la pared hasta llegar aquí con ayuda de Víctor y Jess. Reí al verlo, pero
más por las intenciones con la que venía.
-El novio solo no debe ver a la novia antes del altar. ¿Qué haces aquí?-.
Dije riendo.
-Te ves hermosa-. Me murmuro este y negué riendo.- vengo hacerle el
amor a mi mujer, antes de hacerla mi esposa.- dijo sonriéndome y abrí mi
boca, enternecida por ello. - soy el diablo, no se me va muy bien las
ceremonias.
-Lo hicimos tres veces esta mañana.
-No-. Negó-. Yo nunca te he hecho el amor-. Me explico y lo mire
entendiéndolo-. Siempre tenemos sexo como nos gusta, ahora-. Dijo,
levantando la maraña de tela, encaje, maya de mi vestido, dándome vuelta,
como una niña pequeña bajándome la cremallera. Para quitarme lentamente el
vestido. Dejándolo con cuidado a un lado de mi, para admirar, mi sensual y
provocativa ropa blanca de encaje, con tiras que conectaban mi panty con mis
medias blancas de encaje, que había precisado para volverlo loco en la luna de
miel, pero este se había adelantado.- Mierda...- soltó y reí muy alto.
-Iba a mostrarlo en la luna de miel-. Refunfuñe cruzándome de brazos a la
altura de mi pecho-. Lo has arruinado diablo. -. dije con un puchero.
-Creo que puedo correrme con solo verlo-. Admitió y estalle de nuevo en
risas, este paso una mano por mi cuello, acariciándolo con suavidad y cerré los
ojos estremeciéndome, sentí como se posaba sobre mí, empujándome su
erección contra mi sexo y me erguí de placer para abrir mis ojos y toparme con
los de él. Que miraban mis reacciones. Su boca cayó sobre la mía, y mis
manos a su saco blanco, pero este me detuvo-. No nena, no podremos
quitarnos muchas prendas. Nos casamos en media hora. - dijo sonriéndome
contra mis labios.- solo te quitare...- dijo bajando lentamente mis bragas, con
una suavizada y acariciando mis caderas mis huesos esos que tenemos las
mujeres que suelen sobresalir, en un gesto sumamente delicado, por primera
vez y aquello me prendió de una manera que ni con el sexo que habíamos
llevado había sucedido. - esto...- murmuro cuando desabrocho con una mano
con agilidad, mi panty del liguero, sacándomela. - y yo...- este se desabrocho
el pantalón, alejo su cuerpo del mío y me bajándose el pantalón blanco al igual
que su bóxer, hasta el suelo sin quitarse ni los zapatos, ni aquellas prendas, se
poso encima de mí y me acaricio el cabello aun sin peinar. - espero verte con
el cabello suelto-. Me amenazo y sonreí, acariciando su rostro.- Loreen....
-Mmm.-. Musite viéndolo acercar su rostro a mi
- Te amo pelirroja-. Susurro contra mis labios para tomarlos, a diferencia
de los demás, aquel beso era suave, su lengua buscaba la mía con calma,
mientras mi respiración se desbordaba acelerada, y alzaba las caderas contra el
sintiendo su miembro caliente entre mis piernas, soltando un gemido contra
sus labios, queriendo ser más intensa pero aguantándome porque diablo guiaba
de una manera suave aquel encuentro. Sus besos eran profundas intensos,
apasionados sin pasar a lo bruto, sexual, mas deleitándome de su delicioso
sabor a menta. Sentí sus manos sobarme, el cuello y descender lentamente por
mis pechos, masajeándolo con suavidad, con delicadeza, sentí su miembro en
mi entrada y empuje las caderas inquietas, quería sentirlo, era más inquieta
que paciente y él lo sabía. Porque sonrió y beso con suavidad mis cuello,
haciéndome erguir dándole espacio para que pudiera besarme con plena
libertad, apreté mis manos en la sabanas blancas en puño cuando sentí como se
abría paso poco a poco en mi, sin lubricarme ni similar en mi piel, pero
sorprendentemente no me ardió, mi cuerpo acepto su miembro, este entraba
con suavidad, mientras besaba uno de mis hombros y se desviaban al otro,
cerré los ojos queriendo empujar las caderas hacia él, y haciéndolo con
suavidad, con delicadeza. Sus manos viajaron alzándome, para tocar mi
espalda, acariciándola, descendiendo hasta mis caderas-. Abre los ojos
Loreen-. Me musito muy bajo y lo hice bajando mi rostro viéndolo moverse
encima de mí, entrando y saliendo, mientras mis manos rodeaban su cuello,
mientras contorneaba mis caderas suavemente contra él. Mientras me tenía
abrazada por la espalda, mientras chocaba su frente con la mía, reposándola
allí, bajando la vista por mi cuello y sorpresivamente se me cortaba la
respiración ante cada empuje de su cuerpo contra el mío, mientras afincaba
levemente los brazos en la parte trasera de su cuello-. Me encantas-. Escuche
que me susurraba en el oído y solté un gemido suave. Que me hablara me
ponía.... aun más caliente y él lo sabía. - te amo, te amo...- me susurro muy
bajo, amaba que me dijera eso aunque jamás le respondía, de vuelta. Me tense
y sentí ese conocido cosquilleo, recorrerme el cuerpo-. Aguanta un poco
nena-. Dijo contorneando sus caderas ahora más rápido, sabiendo que quería
correrme.
-Amor...- murmure bajo, no pidiendo reprimir mas ese orgasmo que me
estaba pidiendo a gritos, salir, presione las piernas contra él.
-Ahora…- me susurro bajo cuando me sacudí contra él, acelerando mis
caderas hacia él, mientras soltaba un gemido ahogado, mientras este me tapaba
con su mano la boca, para que nadie afuera de esa habitación pudiera oírme,
este soltó un gemido suave cuando yo me detuve y este movía sus caderas
contra mí, corriéndose, llenándome por dentro. - dios mujer...- me susurro. Me
quite la mano de mi boca, riendo.
-No metas a papa dios en estas cosas diablo. - dije divertida y este soltó
una risa, saliendo de dentro de mí, intente levantarme pero este me detuvo,
colocándome de nuevo las bragas, lo mire sorprendida.
-Quiero que lleves todo el día, mi esencia contigo-. Me musito y lo mire
con la boca abierta. Tome aire negando sonriendo.
-¡Loreen!-. Escuche que tocaban la puerta llamándome y supe que era mi
madre, mire a diablo con cara de susto y este sonrió acercándose robándome
un profundo beso y subiéndose con rapidez el bóxer y el pantalón blanco.
Acomodándose su traje, salte de la cama, metiéndome en aquel vestido este
me ayudo acelerado a subirme la cremallera de nuevo y corrió a la ventana-.
¡Loreen!-. Grito de nuevo mi madre.- Abre.
-Ya voy mujer-. Grite de vuelta, mirando a diablo treparse por la ventana y
sonreírle.
-Te veo en el altar, Sra. Aragón-. Soltó guiñándome un ojo y
desapareciendo de mi vista, apenas lo hizo corrí al espejo mirándome estaba
hecha un desastre, así que opte por lo mejor, quite el seguro de la puerta y
corrí a encerrarme al baño, sintiendo a mi madre entrar.
-Hija, ¿Estás lista?-. Me pregunto y sonreí mirando mi reflejo en el espejo,
tenía las mejillas enrojecidas, los ojos de un color caramelo, mas una enorme
sonrisa en el rostro. Porque realmente estaba feliz. La semana había sido un
infierno y hoy por fin era el día.
-Ya voy madre, dame un chance...- le musite, acomodando mi cuerpo en
aquel vestido. Era de encaje blanco con dorado, con pedrería muy cara,
elegido lógicamente por mi esposo, de corsé, ceñido a mi cuerpo, con un
escote, en forma de corazón que realzaban mis pechos. De las caderas hacia
abajo, tenia seda muy blanca, larga, con una enorme cola, larga, lleno de
piedra, que dejaba cubiertas mis piernas, más mis altos tacones blancos. Tome
la rizadora y mi peine, arreglándomelo. Me tire todo el cabello hacia un lado,
incluso tapando la mitad de mi rostro y lo rice, menos la pollina larga
dejándola suelta, que cubría parte de mi ojo, me coloque dos ganchos de
primera por el lado descubierto, mas los largos zarcillos de diamante grande
que me había regalado diablo, que hacían juego con la cadena con diamante en
forma de lagrima que me había dado antes. El cabello era enorme aun lado,
cayendo por mi cuerpo en enormes rulos. Mire el estuche de maquillaje y con
una rapidez, magnifica me maquille, coloque las pestañas, llene de labial rojo
intenso mis labios y sombras pasteles, sonreí al verme terminada. Abrí la
puerta para ver a mi madre, con un traje blanco de botones color dorado.
Peinada y sin maquillaje ya que eso no era lo suyo me miro de arriba abajo,
tapándose la boca con lagrimas en los ojos y le sonreí.
-Falta el velo-. Me anuncio teniéndolo en la mano y colocándomelo, sin
taparme el rostro. - te ves hermosa, Michael le hubiera gustado estar aquí-
soltó y aquello fue una puñalada al costado.
-Le hubiera gustado mucho, estar en muchas cosas-. Admití sonriéndole.
-Wow...- escuche la voz de Jess cuando entro a la habitación de traje -.
Vengo a buscar a la novia, pero mujer. Tú pareces una diosa....
La ceremonia fue hermosa, en nuestro enorme patio trasero, que parecía
una pradera, se hizo una pequeña tarima, donde estaba el padre y el jefe civil,
porque si diablo quería casarse por todo lo alto, por iglesia y civil quien
negarse a que el hombre que vive contigo te pida aquello. La decoración era
dorada con blanco, incluso las rosas, Roxana y su marido José, se habían
encargado de organizar todo en menos de una semana, en serio haciendo un
verdadero milagro. Habían sillas al frente de aquella tarima ocupadas por
pocas personas, como mi madre y Jess quien era el encargado de llevarme a
altar. Dalia, luna quienes estaban hermosas sentadas en los primeros puestos al
lado de Víctor, Aniel, Jane, la pesada de Laurent, los abuelos de Diablo, la
Sra. Thompson y una que otras personas que ellos invitaron, mas Roxana y
José, mas su equipo de trabajo pendiente de todo, los guardaespaldas de diablo
y uno que otro personal de su empresa ya que yo no tenía a nadie que asistiera
de mi parte, y la única mujer que quería ver allí por razones del destino no me
atreví a pedirle que viniera a mi boda. La boda se realizo sin interrupciones,
diablo se comporto como todo un caballero y no se veía rastro de sus típicos
malos estados de ánimo por ningún lado, firmamos el libro civil y aceptamos
frente al padre. Sonrientes, felices porque así estábamos, quizás todo lo
anterior había valido la pena para llegar a esto. Los aplausos y abrazos se
hicieron presente, cuando acabo esa ceremonia y recibí las felicitaciones de
todos.
Estaba casada luego de más de un mes con James Aragón mejor conocido
como Diablo.
Al anochecer, la música se hizo presente, pero no de esa música, horrorosa
clásica, Jess se apodero del dj que había contratado Roxana, y solté una alta
risa, cuando lo esperaba en medio de la pista y la salsa brava resonó en aquel
lugar, este corrió abrazándome mientras yo no paraba de reír y sentía la mirada
de diablo a lo lejos, mientras este hablaba con Víctor y Aniel, tomando de sus
copas.
Mi hermano me tomo la mano y paso una mano por mi cadera, riendo, con
diversión. Comencé a mover las caderas y los pies, al ritmo de la sala, y cinco
minutos después, movíamos ambos las caderas con una sabrosura, llamando la
atención de la gente mientras este me daba muchas vueltas con magistralía, y
bailábamos muy sincronizados, sonriendo, cuando la música acabo, nos vimos
sorprendidos por aplausos de parte de la gente y negué divertida.
Feliz, era una palabra muy pequeña para como me sentía. Estaba sentada
en las piernas de diablo, mientras este hablaba con Jess y los demás, todos con
copa en mano. Entonces descubrí que la felicidad no era una emoción, sino
una decisión. Todos teníamos el poder de tomar la decisión de ser felices así
fuera por un momento fugaz…
-Oye...- me dijo llamando mi atención Diablo-. ¿Echamos ya a la gente?-.
Me pregunto y reí alto. Mire el reloj de oro de su mano viendo que eran más
de las 12 y algunas personas ya se habían ido. Quedaban puras personas
cercanas.
-No.- dije regañándolo y este riendo.
Ambos volteamos cuando escuchamos un motor rugir y ver un auto rojo,
diablo se levanto de golpe casi tumbándome. Jess me sostuvo y este se volteo
a verme con aires de preocupación.
-Lo siento, nena...- me dijo tomándome de la mano y sentándome en la
silla. Negué sonriendo dejándolo pasar. Pero, ese auto rojo ya lo había visto
antes, se que había venido una vez en la casa, cuando estaba en el taxi. - ¿Me
puedes esperar aquí?-. Me pregunto y asentí besando sus labios, este tenía la
mandíbula tensa pero sé que intentaba disimularlo para no arruinarlo, este le
hizo un gesto con la cabeza a Aniel, y Víctor. Para que lo siguieran y a él, se
les unió sus dos guardaespaldas. Supuse que eran problemas así que me vi
obligada a disimular frente a los invitados que quedaban incluyendo a sus
padres, mi madre y los demás. - ya vuelvo-. Me anuncio cuando entro por la
parte trasera de la casa. Con los demás.
-¿sucede algo?-. Me pregunto Jane y negué encogiéndome de hombros.
-Si es así, dejemos que ellos resuelva- musite. Déjalo pasar es tu boda
Loreen. Me dije a mi misma.
-Oye...- me tomo de la mano mi madre-. Tengo que ir al baño-. Me anuncio
y me levante, para acompañarla-.ven te llevo al de la casa.- le musite esta se
agarro de mi brazo, cuando caminamos para la casa y en el camino. Abrí la
puerta trasera con silencio, escuche ruidos que provenían del estudio de
diablo. Lo ignore, y subí las escaleras con mi madre, correr hacia el baño de
mi habitación, escuche una de las puertas detrás de mí y vi a Dalia, salir de
una de las habitación arreglando su vestido, alzando su vista topándosela con
la mía, sonriéndome.
-¿Qué hacías?-. Pregunte curiosa.
-Pues orinando-. Dijo rodando mis ojos-. Jess anda muy concentrado en
Luna-. Me admitió encogiéndose de hombros y sonreí esta se dio vuelta para
dirigirse a las escaleras.
-Oye...- dije repentinamente al recordar y camine hacia ella hasta la
entrada de las escaleras.- ¿Averiguaste por fin lo que te pedí?-. Pregunte
sonriéndole pasándole una mano por el hombro. Esta me miro asintiendo.
-¿Me darás mi noche?-. Pregunto divertida.
-Dalia...- dije negando, divertida. Esta sonrió.
-Listo hija-. Dijo mi madre, interrumpiéndonos.
-Madre baja, ahorita salimos-. Le dije con tono suave intentando disimular.
-Bueno -. Dijo repentinamente- ¿Estás bien?
-Madre, hazme caso.- dije mirándola fijo y esta me miro negando, camino
por las escaleras yéndose, desapareciendo por la puerta trasera.
La paz y el silencio duro simplemente unos segundos, Dalia y yo
escuchamos como se rompían unos vidrios altos, y saltamos asustadas. Ambas
vimos que el sonido provenía del estudio de diablo, bajamos las escaleras,
pero no abrimos la puerta. Esta ya estaba entre abierta, nos quedamos detrás
de la misma, se oían azotes como golpes. Y luego un grito, nos tensamos las
dos, esta fue abrir la puerta pero la detuve, negándole con la cabeza. Nos
acercamos aun más para poder oír. Seguramente por mis deducciones era
alguna ex amante de diablo frenética y psicópata.
Con diablo era preferible quedarse tras la puerta.
-¡Quiero que te vayas!-. Escuche que diablo le decía a alguien-. Ahora, no
tienes nada que hacer aquí-. Soltó este en tono de ira, pero bajo, quizás para
que la gente fuera de la casa, no escuchara el show que estaba sucediendo allí.
-Hermano, tiene razón-. Dijo amable, Víctor. - es mejor que te vayas, luego
hablaremos todos de esto-. Se oía amable, intentando convencer a alguien.
Si era otra de sus amantes locas y psicópatas. No, ellos se referían a un
hombre.
-Quiero ver a Loreen...- me tense completamente al oír aquella voz
masculina, profunda, varonil, sentí que las piernas me fallaban, Dalia me tomo
al ver que casi me desplomaba. En el suelo. Pero no hizo ruido. Ambas ahora
queríamos oír más-. ¿Qué significa esto?, te digo que la vigiles, que me la
tengas aquí y terminas casándote con ella. ¿cuándo ibas a decírmelo?-.
Aquella voz castigaba a diablo y no solo eso me rompía el corazón, me quede
parada frente aquella puerta ignorando completamente a Dalia, solo queriendo
terminar de oír toda la cruda verdad. Para terminar de destrozarme.
-Debes irte-.le amenazo Aniel
-Dime algo. ¿Hasta cuándo seguirás con la mentira?-. Le pregunto de
nuevo aquella voz masculina.- la quiero para mí, ese fue el trato. Yo te daba
información, yo te di la oportunidad de encontrarla y tú la envolverías para mí.
Me la traerías, sin importar lo que tuvieras que hacer. Te dije que era mía. - la
voz de aquel hombre sonaba cada vez mas alto y escuche un jadeo detrás de
mí, para ver a Jane, acercarse oyendo todo, mas a Dalia, tapándose la boca con
los ojos cristalizados. - tú solo la usarías, para prepararla para mí-. Gruño
alto-. Diablo, hicimos un trato.
Mis brazos cayeron alrededor de mis costados, voltee a ver con ojos
cristalizados a Dalia.
-El nombre.- le demande mientras a esta se le salía las lágrimas al oír
aquella monstruosidad que hablaban aquellos hombres.
-Loreen...- susurro está asustada.
-Dime el nombre o ya verás-. Al amenace con voz baja sintiendo las
lagrimas caérseme por el rostro-. ¿quién es el otro amigo íntimo de diablo?
-Castiel Brines-. Musito sin entender a la gravedad de aquello.
Me quede unos segundos mirándola, con las lágrimas rondando por mis
ojos.
Escuche gritos de hombres y golpes, mientras acciones bruscas. Me quede
con la mirada baja en el suelo, cuando con una mano abrí la puerta de aquel
despacho sintiendo todos aquellos cuatro hombre voltear a verme y alce la
vista llena de lagrimas para ver a diablo, con expresión insofacta y luego mirar
a Castiel, alto, hermoso, con un traje negro, arremangado a las mangas que me
dejo ver aquellos tatuajes en uno de sus brazos reconocidos. Y ahí estaban los
cuatro amigos, allegados. Reunidos, amigos que al parecer planeaban como
cuadrarse entre ellos las mujeres, como jugar con las mismas, las lágrimas
abundaban mi rostro regando el maquillaje que tenia. Nuevamente Castiel
volvía hacerlo, nuevamente volvía a joderlo y dejarme por el suelo,
destruyéndome. Se le daba fácil hacerlo o lo planeaba muy bien.
Mire a diablo que dio un paso hacia mí, con lágrimas en los ojos, pero
Víctor y Aniel lo detuvieron. Todo comenzó a encajar en mi mente como un
puzle que comenzaba a armar.
Recordando cada una de las palabras de diablo, que comenzaban a tener
sentido.
Es una maldición tener que haberte conocido de esta manera.
Te he visto de antes…
He oído de ti…
Algún día te lo diré todo...
No, ahora. No que te he encontrado...
No sabes cómo ha valido la pena...
Todo comenzaba a destrozarme el maldito corazón, en el día que pensaba
que de alguna manera todo tornaba mejor.
Diablo llevaba mucho buscándome, ya sabía mi nombre desde antes de
conocerme, cuando recibió aquella llamada desconocida era Castiel que había
llegado al país, por eso aquel jueves no quería que fuera a la oficina, allí
estaba Castiel. Por eso las llamadas amenazadoras, los ataques de mal humor
Castiel estaban anunciándole que quería verme. Por eso diablo sabía que iría al
club, porque Castiel fue a buscarme allá y le informo que iría. Castiel fue a
buscarme allí, Sheila me lo había anunciado. Castiel era el del auto rojo esa
misma, noche cuando iba en el taxi, por eso diablo destrozo la habitación
porque todo se le estaba complicando para mantener la mentira frente a mí.
Fui tan ciega, tan estúpida. Tenía que averiguar más. Diablo no me invito a
vivir con él, para disfrutar de mi cuerpo, solo me estaba usando para mantener
vigilada para cuando viniera Castiel. Me estaba casando con un hombre que
me estaba usando para su beneficio.
-Loreen...- escuche la voz de Castiel y baje la vista apretando los músculos
viéndolo acercarse.
-Un paso más-. Anuncie- y te voy a romper todos los huesos del cuerpo-.
Este al oírme se detuvo en seco, mientras a mí, se me salía un lado que pocos
habían visto, trague saliva alzando la vista aquellos cuatro individuos.-. ¿Un
trato?-. Le pregunte a todos.- así que ha sido un trato...- murmure bajo
-déjame explicarte-. Salto diablo y alce la mano este se cayó.
-¿Cuánto?-. Le pregunte a Castiel que me sonrió, guardando los bolsillos
en el pantalón, intentando de terminar de abrirme los ojos-. ¿Cuánto te costo,
para que un hombre se acercara a mí, jugara conmigo, se acostara conmigo y
hiciera todo este show?-. Mire con intensidad aquel moreno-. ¿Cuánto te costo
para joderme de nuevo?
-Tres...- dijo Castiel.
-¡Maldito!-. Comenzó a gritar diablo desesperado, contra él y Víctor y
Aniel lo sostenían, mas sus propias guardias aquellos cuatro hombres no
podían aun así con diablo.- cállate, basta... ¡Castiel!-. Los gritos llenaron
aquella casa.
-Empresas que están ahora a nombre de diablo-. Me explico y asentí varias
veces, tomando aire pasando una mano por mi rostro secándome las lagrimas
negras mezcladas con maquillaje.- Diablo, solo fue un caza recompensas que
consiguió a la mujer que quería-. Me explico con tono frio mientras diablo le
gritaba muchísimas cosas sin sentido con el cuello rojo-. Le pedí hace unos
meses que te buscara, te sedujera y te mantuviera cerca y cuando llegara, le
daba sus empresas nuevas y este me daba a la mujer que quería.
-3 empresas valió...- musite aun bajo-. Dalia...- dije en voz alta y esta
camino deteniéndose a mi lado.- quiero que vayas y mantengas a Jess
entretenido, no puede ver a Castiel aquí. Si Jess ve a Castiel aquí-. Mire fijo a
Castiel-. Va a matarlo seguramente. No quiero que nadie se dé cuenta de esto-.
Dije seria y esta asintió, la tome por el brazo-. Dame las llaves de tu auto-.
Murmure contra su oído y esta la saco temblando de su cartera dándomela. Las
apreté en un puño en mi mano. Esta desapareció. - ¿Ellos lo saben?-. Pregunte
a Castiel y este negó sabiendo a que me refería.
-¿De qué habla?-. Pregunto Víctor. Vi de reojo a diablo con la cabeza en el
suelo, como si estuviera en shock.
-Loreen ha sido mi mujer por mucho tiempo-. Anuncio orgulloso, Castiel,
diablo alzo la cabeza, inmovilizado en el suelo, mientras todos los demás se
quedaron fríos, sobre él.
-Violación, golpiza, humillación-. Musite cada uno mirando fijo a Castiel,
mientras se me escapaban las lágrimas-. Castigos, azotes, hospitales,
infidelidades, daños-. Sonreí con lágrimas-. El plato fuerte, cogerte en mi cara
a mi mejor amiga. Hacer que mi padre muriera creyendo que eras un héroe,
cuando no sabía la clase de bastardo que eras...- susurre bajo-. Querido amo-.
Dije lo ultimo con amargura y sintiendo que me despalmaría en lagrimas. -
eres un maldito-. Dije con suma ira y algunas-. Has hecho que diablo, fingiera
todo esto, me enamore de él y acabas de arruinarlo de nuevo-. El rostro de
Castiel se descomponía ante aquello.
-¿Qué dijisteis?-. Pregunto y tome aire, llorando.
-Mírame...- me mire de arriba abajo vestida de novia, diablo comenzaba a
moverse brusco librándose de los demás, corriendo hacia mí, tomándome de
los brazos con fuerza desespero casi lastimándome.- ¿Por qué?-. Le pregunte
con lagrimas en los ojos-. ¿Por qué dijiste que me amabas cuando solo era un
trato?, ¿Por qué me has hecho todo esto?-. Pregunte sucesivamente.
-Yo te amo...- dijo zaranjeandome en sus brazos, llorando, con la
mandíbula muy tensa-. Eso es verdad. Eres mi esposa, eres mi mujer, tienes
que escucharme. - negué varias veces dándole un empujón con fuerza,
haciendo que este chocara con la mesa y me miraba sorprendido, por primera
vez salía La Loreen vieja. Fuerte, brusca y herida.
-Ahí salió la fiera-. Musito Castiel y apreté las manos con ira.
-Así es...- dije en lágrimas-. Nuevamente, tengo estas malditas ganas de
acabar con todo...- admití llorando-. Diablo, me mentiste-. Dije alzando la
vista-. Me usaste, y sabes que es lo más triste...- dije sonriéndole con lagrimas,
melancolía-. Es que si. Si termine amándote, enamorándome de ti y
doblegándome a tu mandato. Termine dándote lo único que no le había dado a
nadie, mi maldito corazón, para que lo jodieras, ahora. Hoy, el día de nuestra
boda-. Mire mi vestido y tome la cola rompiéndola con ira, destruyendo parte
de aquella elegante cola.- sabes que, ¡Buen trabajo, campeón!-. Dije llevando
las manos a mi rostro con las llaves en la mano, llorando, sollozando con
mucha fuerza, negando con la cabeza, para dar un paso atrás y correr saliendo
de la casa, escuchándolos a aquellos cuatros correr tras de mí, mientras en mi
desespero vi el auto de Dalia, una camioneta gris, montándome y tirando la
puerta, viendo a Víctor y Aniel, golpeándome el vidrio pidiéndome que
detuviera el auto, mientras por otro lado, por el retrovisor vi a Diablo, sobre
Castiel moliéndolo a golpes, mientras todos los invitados que quedaban
miraban la escena horrorizado y yo arrancaba a máxima velocidad el auto,
apretando con el pie el acelerador, mire que el portón no estaba abierto y baje
la vista, con ira, acelerado a punto muerto el auto contra aquel portón,
tirándolo abajo no sin romper y estilar parte del vidrio delantero del auto y
golpearme, parte de los senos, contra el volante, lastimándome. Mientras este
derrapara hacia un lado, mientras yo tiraba del volante hacia otro lado.
Conduciendo a todo lo que daba aquella camioneta hacia la ciudad, lloraba
golpeaba el volante con las manos.
¿Cómo había sido tan estúpida?, ¿Cómo me abría dejado envolver por
diablo de esa manera?, tenía en la cabeza, su rostro lleno de lagrimas, como
me pedía que lo oyera, como me negaba. Pero todo fui vilmente planificado,
meditado con alevosía. Conducía, por las calles sin sentido, mientras las gotas
repentinas de lluvia golpeaban el parabrisas de mi auto. Mientras lo empañaba
y no veía realmente una mierda, vi faroles, luces, vi el semáforo, en rojo pero
quizás en mi estado de nervios de lagrimas, de descuido, no me percate del
poste, hasta que lo vi de frente y apreté con los pies, el acelerador y metí en un
mal reflejo, de golpe la frente contra el volante, cuando el auto, se estampo
contra aquel semáforo, soltando un largo pitido, aturdiéndome. Mientras todo
pasaba muy rápido y solté un gemido de dolor aturdida, pasando una mano por
mi frente, percatándome que tenía sangre y el claxon se había averiado porque
sonaba de golpe, mientras el humo llenaba todo, proveniente del capo, me
estire, apenas pudiendo abrir la puerta del auto y me baje cayendo al suelo,
mojándome el inmenso vestido de calle, mezclada con agua. Estaba mareada
aturdida, adolorida de todas las maneras posibles. Me levante tambaleándome
y vi varias personas rodeando el accidente.
-¿Estás bien?-. Me pregunto un hombre mayor tomándome de un brazo y
negué varias veces, haciendo que me soltara, caminando casi, corriendo
alejándome de aquel lugar-.Hey, Hey...- escuche que me gritaba y alzaba parte
de mi vestido, tapándome con una parte de aquella tela, deteniendo o
intentando detener el sangrado de mi frente. Mire las calles, estaban algo
desoladas y los pocos que transitaban por allí, corrían del agua, mientras yo en
cambio, yo caminaba sin sentido, por aquella conocía parte de la ciudad, sin
saber a dónde ir, mientras lloraba, el agua me empapaba, un completo
desastre, camine al único lugar donde podía refugiarme y ser bien recibida...
Estaba de pie, frente aquella puerta de madera alta, era una casa pequeña
de dos pisos, tipo colonial, pero muy bien cuidada, algo sofisticada, ella seguía
teniendo buenos gustos. Mi cabello chorreaba agua, mi vestido de blanco paso
a marrón, negro, gris, asqueroso, con manchas de sangre de mi frente que
había parado de sangrar debía tener el rostro lleno de maquillaje chorreado, vi
las luces prendidas, pasaban mas de las 2 am. Ella solía acostándose tarde.
Toque con el puño dos veces la puerta mientras me aguantaba las lágrimas ya
me ardían los ojos y debía estar rojizo ya.
Trague saliva, con el nudo en la garganta. Cuando la puerta fue abierta por
un hombre alto, que tenía apenas puesto un short, piel trigueña, cabello rubio,
ojos azules intensos, tenía el cabello cortado bajo, parecía un Ken. Este era
musculoso me miro de arriba abajo, abriendo los ojos en par y yo
maldiciéndome porque no sabía quién era él, ni que hacía en ese lugar. Este
abrió su boca pero mis ojos se posaron, en una mujer, pelo marrón de enormes
rulos alborotados, ojos grises, piel morena clara, que traía en sus manos un
bold de cotufas, en pijama, aun así eso no le quitaba ese aspecto tan sensual y
ese cuerpo tan espectacular que seguía teniendo. El bold en sus manos cayó al
suelo al verme, mientras me escaneaba de arriba abajo y se tapaba la boca,
soltando varias lagrimas, mientras yo me partía a llorar en su puerta, con la
lluvia encima y esta corría hacia mí, abrazándome mientras yo caía arrodillada
en la puerta de su casa, con ella abrazándome mientras soltaba todas esas
lagrimas que tenia acumuladas desde hace mucho. Lagrimas de dolor, de ira,
de tristeza, de lastima, de arrepentimiento.... esta solo lloraba conmigo
abrazándome, consolándome, quizás llorando de alegría de verme o de dolor
al verme tan destrozada. Llore por un buen rato allí. Hasta que esta me hizo
levantarme, haciéndome entrar aquella casa y aquel chico, nos miraba sin
decir ni una pregunta ni decirme nada, nos sentamos en el mueble mientras le
lloraba en el pecho. Una novia destrozada en su sofá, eso era nuevo. Aquel
chico desapareció en la cocina y volvió con dos tazas humeantes, lo mire con
ojos asustados y este me tendió la taza.
-¿Qué ha pasado?-. Me pregunto ella limpiando sus lagrimas aquella
morena y tomando su tasa mientras yo temblaba y tomaba la mía, vi que era
chocolate caliente aquel chico se sentó, frente a nosotras.- ¿Por qué estas así?-.
Preguntaba de nuevo y pasaba una mano por mi espalda mientras yo aun veía
la taza.
-Sheila... -. susurre bajo alzando mi vista mirándola. Este solo pudo
sonreírme triste.
-¿Tienes mucho que contar no?-. Me pregunto y asentí.-. Pues somos dos.
Tengo mucho que contarte Loreen...- susurro bajo y sonreí desviando mi vista
a mi chocolate sintiendo las lagrimas caerme al rostro.
-Antes que se sienten a chismear, déjame cerrarle esa herida tan fea que
tiene en la frente-. Escuche aquel chico y alce la vista mirándolo, no lo había
visto jamás. Asentí con la cabeza sin querer decir más, este se levanto y salió
de la sala, voltee a verla. La extrañaba no quería admitirlo, pero extrañaba a
Sheila, incluso más que a mi madre, mi hermano... ella había sido mi hermana,
mi mejor amiga, mi compañera desde que ambas andábamos en pañales y
tenía ya unos cuantos años, sin tratarla o evitándola y aquello solo me hizo
entender que había ocasiones en que algunas amistades, así pasara el tiempo,
así hubiera ausencia, seguían intactas, como si no hubiera pasado nada. Aquel
chico apareció con un botiquín de primero auxilios, vi como este sacaba una
aguja y un hilo y maldije cerrando los ojos. Vi a Sheila saltar de asiento y
correr a la cocina. - ¿Cómo te lo has hecho?-. Me pregunto apenas y alce la
vista hacia él, mientras comenzaba a prestarle atención a mi herida, pero antes
echándome una crema con anestesia.
-Pues acabo de estrellar una Grand rover contra un poste.- solté y este me
miro unos segundos atónitos para limpiarme la herida y proseguir a cosérmela
mientras me quejaba.
-¿Alguien ha tenido una noche movida el día de su cumpleaños?-. Me
pregunto este chico y lo mire atónita, abriendo los ojos y este se dio cuenta de
mi expresión-. Lo siento, Sheila ha hablado de eso toda la semana. Creo que
hasta horneo un pastel, como todos los años, como si fueras a venir. Aunque
esta vez no se equivoco.- admitió y los ojos se me llenaron de lágrimas
mientras este cocía. Eso era muy sentimental incluso para mí.
-Guala…- dijo Sheila saliendo con una mini torta, llena de crema chantilly
y fresas, lo cual me cogió desprevenida esta tenía una vela encima de aquel
pastel y no me moví. Mientras sentía aquel chico, clavarme apenas la aguja,
pasando el hilo y limpiando, lo hacía con rapidez y precisión. Esta se sentó a
mi lado, tirándose y aquel chico soltó un gruñido- lo siento...- chillo Sheila.
Cuando termino de coser y me coloco una gasa. Mire aquel pastel y luego a
Sheila.
-Creo que todos estaban tan concentrados en la boda, que olvidaron que
hoy era mi cumple años, incluso él...- le murmure bajo y esta me miro con el
gesto contrario.
-Venga, ya nos pondremos otra vez a chillar, pero lo haremos comiendo
pastel-. Esta acerco sus manos limpiando mi rostro-. Feliz cumpleaños
Loreen...- me murmuro bajo abrazándome. Y si tenía el corazón roto ahora lo
tenía echo polvos porque ese gesto de Sheila me hizo sentir que habia sido una
perra sin corazón con ella todo este tiempo. Mientras se nos salían
nuevamente las lágrimas y parecíamos magdalenas. Este pico aquel pastel,
entregándome vi que estaba relleno de arequipe, y sonreí. Aun no olvidaba
eso. Esta tomo otro pedazo en un plato dándosela aquel Ken y otra para ella. -
dispara...- soltó sin más comiendo.
-Estuve un tiempo prostituyéndome-. Solté y esta boto en el aire el pedazo
de pastel que tenia mirándome. Si no me hubiera sentido tan mal, ante su
acción me hubiera reído mucho y quería contarle tanto que no sería suave ni
con tacto.
-Carajo, ¿No puedes ir más lento?-. Me pregunto y negué masticando entre
el sabor de crema chantillí, fresas, arequipe y masa.- explícate desde el
principio...
-Luego que metí la baja...- murmure viendo mi pastel jugando con la
cucharilla metiéndolo mientras las lagrimas seguían rodando, trague ante el
agrio sabor del dulce y del dolor.- se complicaron las cosas, mi madre
enfermo, Jess empezó a necesitar dinero-. Alce la vista-. Estaba tan inmersa en
el mundo de...
-los amos y las sumisas, que se te dio fácil, conseguir dinero de esa
manera. - soltó sin más mirándome mientras masticaba, con los ojos rojos
como yo, asentí.
-Al principio, me importaba poco, no tenía sentido. ¿Sabes?-. Sonreí
triste-. Lo hacía con quien quería, me hice un nombre una reputación en el
medio, pero luego...
-¿Luego?-. Pregunto aquel chico mas atrapado con aquello que la misma
Sheila.
-Apareció diablo-. Musite dejando el plato a un lado, llorando
desconsolada de solo pensar en él. - el me ofreció un contrato... Yo debía
quedarme bajo su dominio un mes...- explique tragando saliva-. Así fue, pero
comencé a sentir cosas por él y sé que él también por mí. Podía notarlo, en su
manera de verme, de tratarme, de tocarme yo...- solté muy alto llorando-.
Termine enamorada de él.
-¿Qué tiene de malo?-. Pregunto Sheila mirándome alzando mi rostro,
viendo el dolor seguramente en los míos.
-Me percate que este me ocultaba algo... luego...- recordé lo de la boda y
tape mi rostro.-Castiel le había pagado a diablo, para que me consiguiera, para
que me sedujera y me mantuviera vigilada mientras este venia a buscarme a
verme que se yo...
-¡Mierda!-. Soltó aquel ken y tenía los ojos llenos de ira-. Ese maldito
bastardo fue a buscarte al club, hablaba de ti, como si fuera tu propiedad...-
soltó mal humorado.
-Él vino, ya sabes como es. Vino reclamándote como si tuviera derechos
sobre ti... entonces entro un... hombre-. Explico esta y los ojos le brillaron.
-Entro un tipo que parecía como sacado de una película porno, que se yo...-
dijo Ken fastidiado -. y se lo llevo.
-Amiga ese tipo estaba buenísimo.- dijo y ken se removió incomodo
celoso.
-¿Ojos grises, súper alto, fortachón, bien vestido y con cara de dios griego?
-. Pregunte rápidamente y ambos asintieron-. Era diablo...- solté sin más.
-Este vino, discutió con él y se lo llevo. Fue cuando te dije que no vinieras.
- explico.
-Hoy, era mi boda-. Dije sonriéndole con tanta melancolía-. Me case por
iglesia y civil. - dije acariciando mi anillo de oro-. No te llame, porque pensé
que no irías por lo último que te dije-. Musite bajo-. Cuando cayó la noche,
estábamos muy bien-. Susurre sin dejar de ver aquel anillo recordando-.
Escuche gritos y peleas en el estudio, cuando iba abrir la puerta escuche a
Castiel, diciéndole a diablo que habían hecho un trato, ¿Que porque diablo se
estaba casando conmigo?. Diablo, estaba hecho un loco, buscando manera de
que se fuera y que no me diera cuenta.- alce la vista-. Investigue y resuelta que
son amigos desde hace muchísimo tiempo, íntimos amigos. No me había dado
cuenta, o mejor dicho vi las señales pero no quise investigar. Quizás porque
sabría que conseguiría algo feo y no quería decepcionarme, pero jamás-. Mire
el techo-. Pensé que sería algo así.
-Joder, pelirroja. Pero se cuenta y no se cree-. Musito aquel chico rubio.
-Parece de novela.- salto Sheila.
-no... se siente de novela-. Admití soltando lagrimas y una risa amarga-.
Saben, se que diablo me ama, sé que es así, porque las palabras se fingen mas
no las emociones y las reacciones. Pero, el hecho de que me haya mentido, de
que me mantuviera engañada, me está matando-. Solté sintiendo los brazos de
Sheila sobre mí-. Maldición, ¿Por qué tenía que ser así?- solté-. No puedo
perdonarlo ahora, no así de dolida como estoy-. Comente sin más. Aquel chico
me pasó un pañuelo mientras limpiaba mi rostro y soplaba la nariz mirando
aquel trapo negro, entre maquillaje y lágrimas. Este me tendió otro.- ¿Quién
eres tú?-. Pregunte sin más..- dijiste que tenias años viendo a Sheila hornearme
pasteles que nunca vengo a comer. ¿Cuánto tiempo tienen juntos?-. Pregunte y
aquel chico miro sorprendido a Sheila esta sonrió al lado mío.
-Te dije que era buena-. Soltó sin más-. Es el Marcos, lo conocí antes de
salirme de la división, es un agente.- explico y asentí mirándolo.
-Parece un Ken-. Dije en voz baja y esta estallo en risas.
-¿Ken?-. Pregunto este.
-El novio de barbie.- explico esta.
-Tú eres una barbie negra y pelo malo-. Solté sin más y ambos estallaron
en risas. Hice un puchero, pensativa.
-Jamás pensé que terminaría mi día libre, en un mueble, rodeado de dos
mujeres llorando a moco suelto y una de ellas, vestida de novia toda sucia, así
escapada como la de las películas.- musito este y reí suave.
-Lamento no venir los anteriores cumpleaños y ponerme tan arisca
contigo-. Susurre mirando a Sheila.
-Me lo merecía, eso multiplicado por diez-. Soltó sin más -. quizás por eso
seguía buscándote, haciéndote pasteles y demás, porque aun me siento
culpable, por lo que sucedió. Quizás por saber que me habías salvado la vida,
aun después de lo que te había hecho. -al oír aquel esta me guiño un ojo.- se la
carga que llevas...- dijo encogiéndose de hombros.
-Así que saben lo de mi padre y los contenedores..- anuncie en voz baja-.
Las únicas veces que siento culpa, es cuando veo el rostro de mi madre
sufriendo por su ausencia.
-Todos lo sabemos, sabíamos que no fue el héroe Michael, sino que tú
estabas afuera decidiendo quien moría y quién no. Preferiste salvar la vida de
tu grupo elite, que la de tu padre. Contando que Castiel y yo estábamos entre
ese grupo-. Explico y me estremecí por el frio. - eso es heroísmo. - mire el
piso, caís sin lagrimas que soltar.
-En realidad, no es heroísmo. Tú eres el héroe y yo el antihéroe. Fue
horrible.- admití mirándola y esta sonrió mientras le corrían las lágrimas-. Oír
los gritos de mi padre, siendo quemado por el acido, mientras los libraban a
ustedes, tener la presión de ver morir a tu padre por decisión propia, de llevar
su muerte en tus hombros por tu culpa. Es horrible-. Solté casi en un jadeo.
-Oye...- me tomo la mano aquel chico-. Si quieres puedes seguir mañana.
Ahora, es mejor que la lleves-. Se dirigió a Sheila-. La bañes, la vista y le des
algún calmante para que duerma. Esta temblando-. Dijo sosteniéndome la
mano, puso una en mi frente-. Tiene fiebre, en cualquier momento entrara en
shock. Es mejor que la duermas-. Dijo como si yo no estuviera frente a ellos.
-¿Sigues tomándote tus pastillas?-. Me pregunto y negué. - Yo aun tengo
varias que no están vencidas-. Me musito y la mire haciéndole un puchero-
¿las quieres?
-Mierda, como te quiero negra-. El solté abrazándola.
-Ah yo te amo, maldita pelirroja arisca-. Me soltó sin más abrazándome.
Destruida, desconectada y dolida... ¿Ahora qué haría?, una mezcla
extrañada de dolor, de ira, de melancolía. Sin teléfono incomunicada. Esta me
llevo hasta su segundo piso reconocí aquella casa, sonreí triste ante el recuerdo
de sus padres, quienes murieron cuando esta tenía diez y vivió en mi casa
hasta que cumplió, quince, que fue cuando Castiel la envolvió. Quien lo diría,
éramos unas niñas a las que no había tocado vivir una vida de adultas, siempre
ha sido así, quizás por esa razón nos llevábamos también, nos entendíamos.
Esta abrió la puerta de una de las habitaciones y sonreí al ver el decorado. Era
la habitación que había preparado para mí, cuando decidimos que viviríamos
juntas y así fue. Fueron unos meses sensacionales, a nuestra manera. Aun mas
cuando a ambas mi padre nos propuso entrar como infiltradas, éramos niñas
pero siempre habíamos tenido ese instinto heroico. Quizás porque su padre era
un teniente en la aviación y el mío, uno en los altos cargos del FBI. Nuestros
papás eran amigos de siempre, así que por aquellas casas, siempre corrías dos
niñas, una de cabellos enormes chocolate, mientras era perseguida por otro
pelo rojizo muy largo. Sentía ante los pensamientos comenzar a llorar de
nuevo. Esta vez estábamos por el mismo pasillo, pero yo destruida dentro de
un vestido de novia ya no persiguiendo a la morena, sino siendo llevada por
ella.
Sheila y yo, nos habíamos independizado cuando a sus quince, recibió la
primera parte de la herencia de sus padres, no tenia hermanos ni ningún
familiar, simplemente a mis padres a Jess y a mí, éramos su familia. Vivíamos
bien, ambas estudiábamos, faltaban unos años para graduarnos, y yo ya tenía
un tiempo de estar con Castiel quien al principio era un buen chico o eso daba
al parecer, cuando este conoció a Sheila, pude notar la atracción que ambos
sintieron y aunque me sentía tan fuera de lugar, siempre había pensado que
ante todo, éramos hermanas, que ante cualquier hombre nosotras estaríamos
juntas... no fue como creía.
De alguna manera Castiel, envolvió a Sheila y esta le siguió el juego,
volviéndose amantes a mis espaldas, incluso sentándonos a comer los tres en
la misma mesa, con ella no aplicaba seguramente aquellas maneras tan
agresivas, abusivas y déspotas de que usaba conmigo, como si fuera de su
propiedad. Quizás porque pensaba que estaba enamorada cuando la realidad es
que le tenía mucho miedo, tanto miedo que ni yo misma podía escapar de sus
garras y cuando me percate también estaba sufriéndolo conmigo Sheila. Quien
recibió la parte rosa de todas la cosa. Ambas aceptamos trabajar con mi padre,
en proceso de misiones, los descubrí quizás porque empezaba a tomar valentía
y las circunstancia mas la madurez me sentaron de cabeza, terminamos en un
triangulo, donde debía mandarlos a la mierda pero aun así le di el chance a
Sheila de que se pasara para mi lado, conmigo, que siguiéramos juntas, porque
ella me había dolido más que Castiel, pero esta cegada, decidió irse con él,
incluso besarlo, y que este la tomara como suya, frente a mi cara solo para
herirme, ahí fue donde decidí desprenderme de ellos, de aquel tormento y
apegarme más a mi trabajo, a mi manera de infiltrarme destacando y
volviéndome jefa de elite, elite donde ellos dos pertenecían. Sheila no tardo
mucho en darse cuenta al igual que yo, que estaba siendo usada por Castiel
para darme celos y que este había tomado una actitud celopata conmigo.
Inquisitiva y psicótica... cuando mi padre murió di la baja, deshice el cuerpo
elite y cada quien tomo el rumbo que debía tomar, ya de eso habían pasado
dos años, así que termine envuelta en el mundo BDSM, SPARKING, SADO y
sexual... donde conseguí refugio, cogí imponencia, respeto, descubriendo que
tenía el poder y la fuerza para deshacer a quien quisiera, acotándole que tenía
un expediente que daba mucho que temer de mí, o bueno tenia expediente que
diablo intento buscar pero no consiguió porque al entrar como infiltrada
desaparecí de las redes, por ende Castiel no pudo conseguirme y tuvo que
conseguir a alguien más poderoso para buscarme... Diablo.
Sheila, me ayudo a quitarme el vestido y soltó una risa negando cuando vio
mi ropa interior blanca, negué para que no me la quitara recordando que tenía
residuos de semen de diablo entre ellas. Esta me dio espacio de entrar sola a
la ducha donde termine desnudándome y quitándome todo lo que pudiera a
recordarme en ese segundo a él, mientras las lágrimas se apoderaban de mí,
lloraba sola, recostada a la pared del baño, tan llena de odio con Castiel, tan
dolida por diablo, tan lastimada. Yo lo amaba, y nunca había tenido la
oportunidad de decírselo, imaginaba lo que sucedía, diablo había aceptado ese
trato por eso tan repelente al principio pero luego... cambio tanto, me sentí tan
segura, amada que se que era porque él en verdad lo sentía. Aun así no sabía
que pensar de un hombre que podía aceptar un trato de esa calidad. Un hombre
de esa calaña, un hombre que podía engañar de esa manera. Restregué mis
ojos, para luego quitarme los rastros de maquillaje con jabón y agua, escuche
la puerta y vi a Sheila entrar con una toalla y varias pastillas. Esta me miro y
cerré la ducha, luego de tirar aquella ropa blanca a la basura. Me tiro una
toalla a la cabeza y la otra entregándomela mientras me secaba al salir aquella
pequeña habitación, cómoda, vi que encima de una mesa chiquita habían unas
pastillas y un vaso de agua, me seque frente a esta y me entrego una panty,
limpia y la mire dudando que me quedara era mucho más culona que ella y
caderona. Me la coloque sintiéndome algo apretada y me paso un suéter negro
ancho y una licra, me lo coloque y esta saco las sabanas, mientras me tomaba
las pastillas y me metía entre las sabanas y esta se metía dentro de la cama
también, abrazándose hacia mí.
-¿Qué voy hacer ahora?- pregunte soplándome la nariz-. Todas mis cosas
están allí...- musite explicándole.
-Lo primero es llamar a tu madre, lo cual ya he hecho. Le he dicho que
estoy contigo y que diablo, mando a Castiel al hospital en coma. - explico y
solté un quejido. Lo recordaba moliendo a Castiel a golpes-. Lo segundo es
que esperemos unos días, a que se calmen las cosas y luego vas a buscar tus
cosas.- me explico con calma. - por lo menos ya no nos preocuparemos por
Castiel.
-Si diablo no lo mato, lo hare yo-. Susurre bajo-. Ha acabado con mi
paciencia.- musite sollozando, pero más tranquila. Haciendo pucheros, aun
con la luz prendida esperando que las pastillas hicieran su efecto.
-UY, apareció la Loreen dura y malosa que conozco-. Soltó haciéndome
reír en lagrimas.- dejemos que pase una semana y luego vamos a tu casa a
buscar tus cosas. ¿Has pensado que hacer luego?, no vas a andar aquí con un
despecho eterno.
-Aceptare la propuesta de Dinamarca, volveré a ser un agente del FBI.
-No te veo en una buena salud mental como para hacer aquello.- me
murmuro-. Yo ya acepte, Marcos, también estará allí.
-Quiero atrapar al bastardo, por el cual mi padre murió... -. Le dije
concluyendo aquella conversación-. Necesito pensar en algo que no sea....
-Diablo...- soltó y asentí varias veces. Bostezando sintiendo los parpados
pesados y me acurrucaba entre las sabanas junto a ella.- Loreen…
-¿Mmm?
-Me alegra de que volvieras a casa.- escuche que me dijo y sonreí
hundiéndome en el olvido por unas horas.
Al despertar, me removí entre las sabanas. La vista me ardía, tenía los ojos
súper irritados, desperté incluso con lágrimas en los ojos, menuda mierda.
Bostece restregándome las manos en el cabello, patee suave y bufe súper mal
humorada, tenía mucho sin levantarme así. Bostece sentándome en la cama y
estirándome, me queje un poco cuando me toque la frente. Gemí cuando
coloque mis pies en el suelo frio, caminando descalza con un terrible dolor de
cabeza quizás, por el golpe del día anterior. Escuche voces en el segundo piso
y entre ellas escuche el de Jess, rodee los ojos cuando entre a la sala pasando
por la cocina ignorando y ni viendo quien estaba allí, para toparme en la
cocina a Jess sentado tomando café, hablando con Sheila y mi madre. Estos
dos se levantaron cuando me vieron entrar, camine hasta la nevera, sacando
una leche que había allí vi la fecha y tome del pico, escuchando a Sheila
quejarse odiaba que hiciera eso.
-¿Estás bien?-. Pregunto mi madre y voltee a verla-. ¿Qué te paso?-.
Pregunto acercándose a mí con rostro preocupado.
-Me duele la cabeza, y me di un golpe-. Respondí en seco, recostándome
del muro del mesón de aquella pequeña cocina con el litro de leche frio en la
mano. Pase una mano por mi cabeza-. Me va a estallar-. Musite en voz baja.
-Creo que tengo unas pastillas, en alguna gaveta-. Explico Sheila
levantándose y buscando.
-¿Qué ha sucedido ayer?-. Me pregunto-. ¿Por qué te has ido así?-. Mi
madre con su timbre de voz me exasperaba.
-Mami, no ahora me duele la cabeza.
-Tu esposo esta recaído, ebrio en una cama, llamándote a gritos, en un
estado alcohólico en el que nunca había visto jamás...- me dijo como si me
regañara. Y alce la vista mirándola fijo. Oyendo aquello.
-ah... ya-. Solté sin mas mientras tomaba las pastillas que Sheila, me
ofrecía tomándomelas.- dios, gracias mi negra-. Musite sonriéndole.
-¿Cuándo volverás a la mansión?
-¡¿Vives en una mansión?!-. Salto Sheila y rodee los ojos. - MAN- SION
-Madre, te voy a pedir algo.-le musite tomándole las manos a mi vieja
madre.
-¿qué cosa?-. Pregunto con tono despectivo.
-Yo jamás me metí en tu matrimonio con mi padre, incluso cuando
peleaban. No te metas en mi matrimonio, eres mi madre, pero es mi vida.- dije
y esta me soltó las manos molesta, dándose vuelta y saliendo de aquella casa
echando chispas mientras Jess corría tras ella.- Y eso que la trate bonito-. Le
murmure a la misma.
-Ay mujer-. Dijo esta recostando la cabeza de mi hombro quedándose
parada al lado mío-. Ya sabes cómo son ellos....- me recordó.- por lo menos no
lloraste cuando nombro a diablo.
-Estoy intentando no desmoronarme tan temprano...- admití-. Creo que
tuve el matrimonio más rápido en el mundo...
-no te has divorciado, no creo que lo hagas así que no ha terminado...-
admitió sonriéndome.
No tenía la valentía de separarme de diablo eso era seguro. Sheila le
prohibió a mi madre y a Jess decirle a él donde estaba, tampoco es que pudiera
lo único que había oído era que estaba alcoholizado y aquello me preocupaba,
aun ante todo. Tanto así, que a los cuatro días le estaba rogando a Sheila que
me llevara a ver a James, que no salía de la mansión.
-Bien-. Grito-. ¿Prometes no pelear con él?-. Me pregunto y dude.- venga
si vamos en son de paz, te llevo si vas a matarte con él, paso....
-Bien, está bien...llévame. Así busco mis cosas.
-¿Aun te quieres ir?-. Me pregunto y rodee los ojos-. Con ese tipo tan rico,
yo lo pensaría dos veces.
-Ya le dije a Alex Dinamarca que sí. No puedo echarme para atrás.
Mañana, me voy.
-Nos vamos...- dijo anunciándomelo-. Porque yo ya te dije que le dije que
sí. Además quiero ver a ...
-tu Ken...- le solté divertida y esta asintió varias veces.
Al salir de la casa, Sheila me lanzo las llaves de su camioneta, una Gran
Rover vinotinto heredada de su padre, nos subimos y prendí el auto, mientras
arrancaba con rapidez, adecuada hacia fuera de la ciudad. Mientras me
colocaba los lentes oscuros, por el sol tan fuerte que hacía, eran las 8:00 am
súper temprano. Pero, el desespero era evidente, baje la velocidad cuando me
detuve frente al portón, viendo a uno de los guardias que estaban aquí, este
cuando me vio asomarme por aquella camioneta, y reconocerme abrió de una
las puertas.
-Mierda-. Me soltó sorprendida.
-Y eso que no has visto la mansión-. Le solté divertida-. O el jacuzzi-. Dije
recordando lo que a ella le gustaban esas cosas.
-¿Jacuzzi?, ah no mamacita, apúrele-. Soltó de manera divertida y negué
riendo. Acelere un poco y cuando me detuve frente a la mansión esta fue la
primera en bajarse, mire a la Sra. Thompson en la puerta esperándome. - Puta
vida, la tuya-. Solo mirándome cuando me baje saltaba de emoción-. Yo quiero
vivir en una mansión así. Menuda pelirroja, debes tener esa cuca de oro mujer-
ante aquello la mire, y camine hacia la Sra. Thompson que corría hacia mí.
-Ay mi niña-. Dijo con los ojos cristalizados- Diablo, lleva días
alcoholizado, durmiendo y tomando, no he podido pararlo. Nadie puede con
él.- me conto con desespero y mordí mi labio, culpable, quizás frustrada y aun
molesta y dolida. Solté un suspiro.
-¿Dónde está?-. Pregunte pasando una mano por su cabeza, viéndola muy
preocupada por él.
-Arriba, en su habitación. - me informo y asentí.
-Mira...- dije tomando a Sheila de la mano, acercándola a la Sra.
Thompson.- ella es Sheila, es como mi hermana, quiero que la atiendas en la
cocina, mientras yo me encargo de diablo. Sheila-. Mire a la morena que tenia
eclipsada a la señora Thompson con su mirada.- ella es la Sra. Thompson, es
quien se encarga de la limpieza y atender a diablo, y las comidas de esta casa.
Si quieres algo pídeselo.- esta asintió.
Al entrar a la casa, Sheila no dejaba de ver todo como si fuera mentira y vi
como la Sra. Thompson la guiaba a la cocina mientras yo subía las escaleras,
camine por el pasillo y escuche algunos ruidos. Abrí la puerta para toparme
nuevamente con la que era nuestra habitación destrozada, rodee los ojos
obstinada al notar aquello, vi muchas botellas en el piso, vidrios rotos y un
hombre completamente ebrio, murmurando algo suave. Negué varias veces, la
que debería estar en ese estado era yo, no él y aun así seguía cuerda ante todo
este rollo. Camine pisando sin querer una botella haciéndola rodar y aquella
mole de dos metros, ebria se levanto balaceándose sosteniéndose de la cama,
para alzar su vista y verme.
-Quiero que entres conmigo al baño, te des una ducha y pares de tomar
diablo-. Murmure bajo, viendo como este me penetraba con la mirada y le
quitaba suavemente la botella, dejándola a un lado.- luego cuando estés bien,
hablaremos...- este miro mi bolso en mi hombro y sus ojos se llenaron de
lágrimas, aun mas.
-Vienes por tus cosas-. Anuncio dándose cuenta y negando se arrojo sobre
la botella y lance contra una pared destrozándola este subió su rostro brusco al
mío, se estaba comenzando a encabronar, pero yo ya no estaba para estas
cosas. - ¡¿Que te sucede?!-. Me grito al ver que había destrozado su botella.
-¡¿Que te sucede a ti?!-. Grite aun más fuerte-. Destrozaste de nuevo la
habitación, vuelvo y te encuentro alcoholizado hasta los tétanos, no quieres
cooperar. Te vale mierdas, tener a todos preocupados... James Aragón, te vas a
levantar y vas a ir conmigo, te quiero bañado y sobrio. ¡Ya!-. Le grite con
suma fuerza y este me miro. Si llegaba a dudar lo cachetearía. Lo ayude a
levantarse llevándomelo a trompicones hasta el baño, por lo menos era el
único lugar que no había destrozado de aquella habitación. Tenía un olor a
animalito muerto, nada normal. A alcohol, sudor de todo, lo encamine a la
ducha y lo metí de golpe, este se quejo pero antes que pudiera decir más abrí
de golpe la ducha fría y lo vi saltar ante el agua cayéndole mojando incluso su
pantalón blanco y la camisa blanca, era el atuendo de nuestra boda. ¡Una
semana en ese estado, menuda mierda!, este coloco las manos contra la pared
del baño, para no caerse al suelo.
Paso una y otra vez la mano por su cabello, ya mas cuerdo, el agua fría
despertaba a cualquiera. Era un buen comienzo. Cerré la ducha, y busque la
toalla, al volver, este se estaba quitando la ropa, mientras la dejaba en el suelo
y me acerque y comencé a secarlo, empezando por su cabello mientras lo
removía con suavidad y este me miraba fijo. En silencio. Soltó un suspiro,
cuando seque su pecho, y la enrolle en sus caderas.
-No tienes porque hacer esto...- soltó ya más cuerdo-. No necesito tu
lastima, Loreen.
-No empieces con tu mierda-. Amenace, con voz seria, mientras lo
empujaba por la espalda hacia la habitación. Rebusque entre aquel desastre sus
bóxer sacando uno negro y tome uno de sus monos grises favoritos le tendí las
dos cosas y este las tomo, colocándosela. Lo hice salir de la habitación,
mientras lo llevaba del brazo, sin camisa y descalzo. Al entrar a la cocina,
ambas mujeres sentadas en aquella mesa de madera, saltaron al ver a la mole
de dos metros que entraba algo mal humorada. Lo senté en la mesa, este miro
a Sheila reconociéndola, por lo del club y esta lo miro soltando un suspiro,
pase por un lado de ella soltándole un lepe, para que dejara de verlo así esta se
quejo llevándose las manos a la cabeza. Tome de la cafetera y llene una taza
de café, algo claro, para llevárselo a diablo que veía a Sheila.
-¿Te conozco?-. Le pregunto y esta asintió.
-Algo así, estaba discutiendo con Castiel en el club, ¿Recuerdas?-. Le
pregunto y este asintió mirándome. - soy la mejor amiga de tu mujer-. Anuncio
con diversión.
-Loreen no tiene amigos-. Musito bajo diablo y le removía con una
pequeña cuchara, el café. Este alzo su rostro mirándome cerca de él.
Ofreciéndole el café, las manos le temblaban.
-Así es no tengo amigos. Sheila es...- pensé unos segundos-. Mi
hermana...- explique cortando el tema y este salto de su asiento.
-Aja si aja...- dijo está emocionada-. ¿Dónde está el jacuzzi?-. Pregunto y
reí negando.
-Antes de eso, prepárate una sopa de esas levanta muertos que haces. Por
fa-. Le pedí y esta asintió.- Sra. Thompson, ayúdela con lo que necesite.- le
murmure y ambas se encaminaron a la cocina hablando entre ellas. Me senté
en una silla al lado de diablo-. ¿desde cuándo estas así?-. Le pregunte
intentando sacarle conversación mientras este tomaba de su café.
-Desde que te fuiste. ¿Vienes por tus cosas?-. Me pregunto en voz alta y vi
como ambas mujeres en la cocina se volteaban a vernos.
-Vengo a hablar contigo.- dije mirándolo.
-No has respondido mi pregunta-. Soltó pasando una mano por sus ojos
restregándolos.
-¿Te duele la cabeza?- pregunte y asintió varias veces. Mordí mi labio,
revisando mi bolso, sacando unas pastillas para el dolor de cabeza y
entregándoselas.- no deberías tomar nada, pero imagino ese dolor. Tómatelas.-
este empujo mi mano negándose-. James...- murmure con la mandíbula
apretada y este las tomo de mala gana tomándoselas, entre esas pastillas había
un tranquilizante. Necesitaba que durmiera.
-¿Vienes a buscar tus cosas?-. Me pregunto nuevamente y vio que no le
diría. - ¡Maldita sea!, respóndeme…- me grito con ira y me tense en aquella
silla, no quise voltear a ver a las demás, pero sé que lo habían oído y la tensión
había estallado. El diablo que conocía comenzaba a aparecer.- ¡Joder, habla
conmigo!-. Me grito levantándose de golpe y tumbando la silla al suelo-.
¡¿vienes por tus cosas?!-. Sus gritos era imponentes y baje la mirada
asintiendo, este paso las manos por su cabeza, lleno de ira, se dio vuelta,
saliendo de la cocina como alma que llevaba la diablo, me levante,
persiguiéndole con lagrimas en los ojos, este caminaba hacia las escaleras, lo
tome del brazo empujándolo hacia su estudio, cerrando la puerta, a este se le
salían las lagrimas pero no tanto como a mí, que alce la vista mirándolo
llorando, este vio mi expresión y dio un paso hacia mí.
-No vengo a buscar mis cosas, porque no me voy para no volver-. Le
explique llorando y este paso una mano por su rostro, molesto, y coloco la otra
en su cadera-. Quiero que me escuches diablo. - le solté acercándome a él. - no
es así...
-¿Qué me vas a decir?, que quieres irte, que ya se acabo. Que fue mi culpa,
que vienes por tus cosas. Que Castiel, fue solo una ayuda para abrirte los
ojos....- dijo desesperado, llorando, tomo aire pasando las manos por su pelo-.
Dios Loreen, perdóname. Te amo. ¿puedes entender eso?, ¿cómo quieres que
me ponga si estas diciéndome que vienes por tus cosas?, ¿si me estas dejando?
-. Dijo frustrado.
-Contigo no se puede hablar...- murmure bajo, limpiando mi rostro.
-Me duele...- grito.
-Espero que cuando vuelva, tengas esa misma intensidad para decir que me
amas-. Musite sonriéndole con tristeza y este abrió los ojos en par sabiendo
que me andaba despidiendo. Este negó dando pasos acelerados tan brusco que
di varios pasos chocando con la pared y este se colocaba arrinconándome con
su cuerpo, contra la pared, pegando su frente de la mía.
-No puedes dejarme-. Gruño bajo y metió su nariz en mi cuello.
-No te estoy dejando, no voy a divorciarme... solo espero que me
esperes...- le concluí erizándome ante su roce de nariz por mi cuello, mientras
mi cuerpo reaccionaba impulsivamente.
-¿A dónde vas?-. Pregunto con la voz quebrada.
-A resolver mi pasado, a dejar que el dolor y el odio que tengo fluya,
porque así de herida no puedo seguir aquí-. Susurre bajo y este se alejo de mi,
dando varios pasos hacia atrás.- lo siento mucho-. Dije con voz quebrada-.
Pero así no puedo...- le explique y este asintió intentando comprenderlo.-
tampoco quiero volver a encontrarte como lo hice hoy- dije bajando la
mirada.- debo irme...- murmure bajo y este se sentó en la mesa frente a su
escritorio llorando mientras yo marcaba la huida. - ¡Sheila!- grite llamándola y
esta se asomo en la cocina, negué con la cabeza. No podía, no podía sacar mis
cosas. Ella lo sabía al notar mis lágrimas. Esta corrió tras mío cuando salí de
aquella casa. Como alma que llevaba el diablo, oyendo los gritos de diablo,
llamándome. Mientras él me rompía el corazón y yo a él.
Antihéroe
La noche había caído, la música en aquella finca, resonaba fuerte animada,
mientras veía por el visor infrarrojo, mujeres desnudas bailando, drogadas,
hombres armados, vigilando a todos, lados. Piscina, una casa a lo capo,
inmensa, camionetas blindadas negras y mi objetivo en una silla, con dos
chicas sentadas en cada pierna, riendo y bebiendo de una botella de Jack
Daniel, a pico. Ojala se atragantara el maldito. Ya llevaba seis meses
cazándolo. No se me podía escapar, no de nuevo. Era mío o era mío. El sonido
de las olas del mar tras de nosotros, nos impedía y causaban estética en
nuestros equipos de audio. Estábamos solos en esa isla.
Solté un alto suspiro, mientras todos esperaban mi señal, y yo esperaba que
Sheila, sentada detrás de una computadora, montada en un helicóptero a un
kilometro lejos de aquel perímetro, soltara aquel puto cohete, para deshacerse
de la mitad del aquella finca. ¿Captura?, ¡Ja!, yo iba por la cabeza de él, lo que
hicieran con los otros ocho capos que habían allí me daba igual. Quería a ese
hombre en mis manos. La venganza no era un buen medio, pero alguien debía
deshacerse de esa alimaña quien mejor que yo.
-Listo, pequeña-. Escuche apenas la voz de Sheila-. Empieza la fiesta...-
anuncio.
3, 2,1.... El sonido de una explosión, ilumino mis ojos, cuando un cohete
pequeño de largo alcance, exploto contra aquella finca fue mi señal.
-¡Ahora!-. Grite para los que estuvieran detrás de mi me oyeran y los
demás que estamos comunicados por el intercomunicador.
Para levantarme, sacando mi AK 45, soltando disparos mientras avanzada
con un cuerpo táctico, de varias organizaciones unidas, como el FBI,
SWAG,INTERPOL, CICPC, varias agencias unidas, para sus propios
beneficios ya que entre esos capos habían rusos, colombianos, narcotraficantes
venezolanos entre otros...
Nos identificábamos por un traje negro, completos, con mayas, chaleco
antibalas, mascaras antigases. Bombas de gas iban soltando mis agentes,
aturdiendo a todos, entre humos y disparos, lentes oscuros, y muchas armas,
navajas, encima de nuestro trajes, como dicen por ahí armados hasta los
dientes. Nos movimos entre aquel humo de manera sigilosa, mientras nos
agazapábamos ante los disparos, y abrí un fuego a discreción, gritos, anuncios
se oía, la misma guerra se había explotado en aquel pequeño lugar, corrí a una
mesa, pateándola tirándola, aun lado, para cambiar el cartucho de mi arma,
mientras los tiros volaban por todos lados. Escuche helicópteros, cerca y
habían llegado los refuerzos, entre el fuego, las explosiones, los que corrían, vi
a Louis Valderrama correr, su rojizo cabello, llamo mi atención.
A mí alrededor caían personas que trabajan para aquellos hombres, pero no
solo ellos, algunos de los míos también, la sangre bañaba el suelo.
-Grace-. Escuche por el intercomunicador a Sheila.
-Ya lo vi, cúbreme.- grite saliendo de aquella mesa, mientras los disparos,
me alcazaba uno de mis brazos rozándolo y como desde el cielo, con un rifle,
Sheila me cuidaba las espaldas, mientras yo corría tras Louis, que entraba
aquella mansión, enardecida, él tenía una vía de escape. Tras este entre yo,
soltando disparos a todo aquel que veía desconocido con un arma, mientras,
corrían por aquella sala que se caía a pedazos, por el incendio y el humo
llenaba mi olfato y nublaba mi capo de visión, me subí de nuevo la máscara de
oxigeno y me escuche ruidos por la parte de atrás de la casa-. No maldito-.
Gruñí-. Esta noche no-. Dije corriendo para salir por aquella puerta y verlo
corriendo hacia un auto, mientras yo salía echa una fiera de aquella casa,
soltando tiros hacia el auto, descargando el cartucho hasta que este exploto,
haciendo volar hacia mí, a Louis por el impacto, mientras ambos caíamos al
suelo aturdidos, removí mi cabeza, aun con el arma en la mano, viendo
borroso a aquel hombre bajo correr por el bosque y lo apunte. Soltando un
disparo a su pierna viéndolo caer al suelo, este cogió, pero no se detuvo el
muy sucio siguió corriendo, me obligue a levantarme percatándome que mi
brazo sangraba mucho y tenía un enorme vidrio, clavado en un costado, que
había roto incluso mi chaleco, llegándome al costado, quizás el riñón, quizás
tal vez, por la manera en que sangraba lance a un lado mi a 45, tomando con
las manos cortándome incluso los guantes y las manos sacándome aquel
enorme vidrio. Gritando ante el dolor, el ardor, mientras sentía la mirada
nublárseme ante aquella presión en el costado, levantándome, tambaleándome
quizás por la pérdida de sangre. ¡Una mierda, Louis no se iría!, saque mis dos
gloss de la parte trasera de mis caderas de su forro, corriendo apenas,
pudiendo cogiendo por el dolor en mi costado, hundiéndome ante el barro de
la tierra y siguiendo las pisadas de aquel enano, que se perdían por el bosque.
El intercomunicador, había fallado por causa de la explosión estaba sola, o lo
mataba o me moría aquí mismo. Quizás por eso, tenía a diablo paseándome la
cabeza, negué varias veces, cuando escuche gritos y como salía hacia la playa,
luego de correr por aquel bosque viendo a Louis montándose a un helicóptero.
Negué con la cabeza llena de recuerdos y confusiones por el momento de
adrenalina. Con mi pistola comenzando a disparar mientras avanzaba por la
arena, uno de mis disparos le alcanzo una mano y este se soltó de aquellas
escaleras que lo mantenían en el aire viéndolo caer de muy alto contra la
arena. Aquel helicóptero marco su huida, mientras veía a una mujer de
cabellos rojos como este, asomarse, mirándome seguí disparando al
helicóptero haciendo que esta chica se ocultara y desapareciera viendo al
helicóptero irse. El intercomunicador no servía, era una mierda. Camine hacia
aquel hombre que rebuscaba entre su ropa algo, cuando vi el arma
resplandeciente, solté otro disparo a su otra mano destrozándola este dio un
grito ensordecedor de dolor, camine hasta este colocándole mi bota en su
pecho este me miro lleno de sangre riendo alto, muy alto. ¿Por qué reír?,
estaba loco, demente o muy mal.
-¿Puedo saber quién va a matarme?- pregunto riendo, aun con el arma en
mi mano me quite la máscara, los lentes y el pasamontañas, dejando ver mi
rostro y mi cabello caer en una alta cola, mientras lo volví a apuntar con
ambas gloss. Los ojos de aquel hombre se abrieron en par, al reconocerme.-
Tu...
-Te dije que volvería por ti-. Escupí, con las manos temblándome de ira, de
odio, de rencor la misma maldita sonrisa la tenía cuando me había puesto a
elegir. Ambos habíamos estado en una encrucijada, quizás por eso él no pudo
matarme en esa oportunidad pero si obligarme a elegir entre mi padre y mi
grupo, quizás por eso yo no pude matarlo, porque me tenía atrapada. -
sorpresa.- susurre bajo, sonriéndola.
-La verdugo-. Murmuro riendo ahora muy alto.- el antihéroe. - soltó sin
más y escupo a un lado, sonriéndome.
-Tu verdugo...- murmure bajo mientras apretaba los gatillos, contra aquel
hombre, con alevosía, malicia, descargando mi cartucho vilmente en su rostro,
para ver que ya no tenía balas, tirar a un lado las pistolas, dando un paso
atrás-. Y siempre seré una antihéroe.- anuncie, tomando aire, llevando una
mano a mi costilla. Vi de reojo que un hombre se dirigía hacia mí, con una
escopeta en mano, camisa hawaiana y solté un jadeo, cuando vi a Marcos
aparecer jamás había estado tan feliz de verlo. Este me miro mientras caía al
suelo de la arena y este corría hacia mí, viendo lo que quedaba de Louis.
-Uy, pero eso es ensañarse-. Soltó tomándome de un brazo ayudándome a
levantarme.
-Cállate Ken, ¿Novedades?-. Pregunte y este asintió.
-Todos controlados. Perdimos cuatro hombres. De los capos solo ha
muerto Louis y Domínguez, quien se voló el mismo la cabeza. Necesitas un
medico estas sangrando mucho.
-Quiero unas vacaciones-. Me queje caminando de regreso con él, por el
bosque.
-¿Acabas de llegar y quieres vacaciones?
- optare por trabajar con Sheila en su oficina.- murmure mientras sentía los
parpados pesados, pero marcos me obligaba a estar despierta y yo tampoco
quería dormirme, ni morirme. - tu pistola... - gruñí bajo pidiéndosela y este me
la entrego, solté disparos al suelo a la arena y este se detuvo.
-¡¿Qué haces?!- me grito cuando vi que estaba rebuscando en mi costado
tirando de mi licra negra rompiéndola dejando ver aquel profundo corte, que
sangraba y descargaba su cartucho de su gloss en el suelo.
-No puedo dejarme morir, le prometí a diablo que volvería-. Admití, para
aferrarme a Marcos y pegarme el falo de la pistola, hirviendo, caliente contra
aquella herida, quemándome al rojo vivo, soltando un grito estruendoso,
apretando mi mano libre contra la pobre camisa hawaiana de Marcos, mientras
este me sostenía y yo me cauterizaba la herida, mientras el sangrado
desaparecía, porque me estaba quemando la piel, cerrándola de manera brusca.
las manos temblando, los dientes rechinando, lagrimas en mis ojos y me
estremecí temblando por el dolor, para devolverle el arma a Marcos, mientras
este me sostenía. Tome aire, mientras apretaba los ojos.
-Loreen...- me susurro este.
-Bien... espera.... maldición como duele-. Dije sintiendo aun mi piel arder y
me temblaban las piernas ante aquel dolor, tan desgarrador, baje mi vista
viendo cauterizada la herida, la piel roja, a eso le saldrían burbujas y me
quedaría una cicatriz hermosa, adiós a mis crop top o bikini playeros.
Comencé de nuevo a caminar, casi siendo cargada por Marcos, en la parte
trasera de aquella casa que ardía, habían oficiales, echando agua, seguro de la
piscina y con un equipo de bomberos especializados, entre aquella oscura
maleza, vi a Sheila correr hacia nosotros, mientras varios paramédicos le
seguían.
-Perdí toda comunicación con ambos- me explico, preocupada mirándome
y luego a su marido.
-Estábamos cogiendo...- le susurre y Marcos soltó una gran risa. Sheila me
soltó un repe en el brazo lleno de sangre y me queje.
-Oh mierda, lo siento, lo siento...- se quejo una y otra vez.
-Se ha cauterizado la herida del costado con un arma. Ha parado el
sangrado, pero no sé qué daños internos pueda tener, puede hasta poseer una
hemorragia interna o quizás no. Además tiene un roce de bala en el brazo que
hay que coser. De resto-. Este me dio una palmada en la espalda casi
haciéndome caer. ¡Imbécil!-. Esta como siempre....
Termine recluida en un hospital, unas tres semanas. Soportándome a Sheila
y Marcos pelear, discutir, besarse, reconciliarse una y otra vez. Lo único que
me distraía era que mis agentes, iban muy seguido a decirme como iba el
papeleo, los procedimientos contra los detenidos, el hallazgo conseguido y
todo lo que sucedía. Aquello me mantenía entretenida y podía sacar a diablo,
de mi cabeza. Ya que había hablado con mi madre y Jess hacia algún tiempo.
Los llamaba poco pero estaban al tanto que era por mi trabajo.
Aunque yo creía, aquel vidrio no llego a causarme algún daño grave
aunque si una profunda herida que yo de ordinaria termine cauterizándome,
salvándome la vida de morir desangrada y tenía una ancha y notable cicatriz
en un costado de mi cuerpo, donde ya pensaba en hacerme un tatuaje cuando
pudiera. Así que pronto saldría con mis putas merecidas vacaciones.
Por otro lado, había oído que Castiel duro unos cuantas semanas en coma,
gracias a la golpiza que le había dado diablo, mas, un rostro no tan lindo como
tenía antes y mucho temor de aquel hombre, provocando que se fuera
rápidamente del país y me dejara en paz, además que al tomar nuevamente mi
rol de agente, no creía que se atreviera a molestarme de nuevo al saber que
tenía permiso de ponerle una bala en medio de las cejas.
Jess termino por lo que escuche viviendo con Luna y mi madre, al parecer
aquello si había dado frutos.
Desde que me había ido. No había vuelto a hablar con Diablo, no desde
que lo deje destrozado en su mansión, no me había atrevido a preguntar por él
y mi hermano, ni mi madre. Me habían tocado el tema, además que tenían
prohibido decirles que había vuelto a la oficina, ya que eso solo podían saberlo
personas como familiares, aunque él realmente como esposo si podía saberlo.
No me había quitado el anillo, no quería, no lo haría. James Aragón mejor
conocido como Diablo era mi esposo, hasta la muerte y eso nada ni nadie
podía cambiarlo.
**
-¿Estás segura?-. Me pregunto por enésima vez, Sheila en risitas, más feliz
que yo, cuando yo era la que debía estar feliz. Ambas estábamos aun
uniformadas, teníamos vestimenta, botas negras altas, más un pantalón de licra
ceñido al cuerpo, que tenía en una pierna, una correa que sostenía uno de mis
cuchillos y en la otra pierna, una correa que sostenía una mágnum pequeña en
su forro, en las caderas teníamos otra correa más gruesa que guardaba en mi
caso, mis dos gloss, más otras armas, cuchillos, entre otras cositas. Teníamos
una camiseta negra, ceñida al cuerpo, más chaquetas negras, sin marcas ni
nada. En mi caso una alta coleta de caballo y gafas negras cuadradas. Me veía
muy a lo terminador y aquello solo hacía que todo fuera más divertido. Sheila
tenía el cabello desordenado y hermoso. Esta me veía en risas y negaba.- estás
loca para la mierda-. Me soltó y rodee los ojos, divertida.
Mientras ambas estábamos tiradas sobre la terraza de un edificio con
nuestros snaiper, sin balas solo observando hacia aquella oficina vacía, las
manos me temblaban una y otra vez. Estaba nerviosísima. Estaba atrapada con
aquel visor, junto a Sheila y ayudada por Jess, espiando la oficina de James,
desde otro edificio lejos, era algo difícil por el vidrio semi ahumado de su
oficina pero se veía completamente la oficina desde aquí. ¡Bang!, Lo único
que sabía era que estaba almorzando, fuera de su oficina y era mi oportunidad.
No sabía si diablo, estaba con alguien nuevamente, o si se había quitado el
anillo. Yo no lo había hecho, pero esto lo haría a todo riesgo. Si me salía con
alguna de sus patadas, pues a mamar, me iría a llorar al muelle, pero mientras
no podía tener pensamientos negativos.
-¿Y si Diablo ya anda con alguien?-. Pregunte nerviosa.
-¡No!- se quejo y escuche a Jess por el intercomunicador que le habíamos
obligado a ponerse- ¿Esto no debería hacerlo los hombres?
-Eso es muy machista-. Reprendió Sheila divertida-. Si no existiera
personas como nosotras, la vida seria aburrida-. Dijo elocuente.
-No creo que la vida sea aburrida sin dos mujeres, que vigilan a un hombre
con sus snaiper, pareciera un atentado o que van a matarlo-. Soltó Jess- ¿Ah
qué?, ¿Hablando solo?-. Este estaba hablando con alguien que lo había pillado,
mientras Sheila y yo estallábamos en risas-. No vale, son imaginaciones tuyas.
ok...- se quedo unos segundos callados...- ¡Llego Diablo!-. Nos grito y ambas
nos quejamos.
-Y dice no estar emocionado-. Solté sobándome el oído.
-Va hacia el piso... - anuncio Jess emocionado y vi a Sheila emocionada
aplaudir, soltando unos segundos su rifle para luego tomarlo, acelerada,
mientras yo estaba hecha un manojo de nervios.
Así era la cuestión, cuando Diablo subiera y saliera a su piso, conseguiría
un cordón dorado, lo tomaría y este se guiaría curioso por aquel cordón hasta
su oficina...
Vi la puerta abrirse y sonreí cuando vi aquel hermoso, imponente, sexy y
rico hombre con aquel listón en mano, mirándolo curioso, con un traje gris
azulado, mas camisa blanca.
-Esta muy bueno el maldito...- soltó suspirando Sheila mientras yo solo
podía sonreír, al verlo, bien completo, como era siempre.
Este camino por su oficina y miro aquella caja, jalo del listón y las luces de
aquella oficina se apagaron, vi que se acerco aquella caja, grande azul
metalizado con un hermoso y enorme lazo, blanco jalando de este, quizás
pensaba que era una bomba. Siendo él yo me esperaría cualquier cosa, estaba
de frente a su escritorio. Y aquella caja se abrió, dejando al descubierto un
pequeño cajita negra, más un botón encima de una cajita negra. - vamos,
bastardo. Toca el botón...- susurro acelerada Sheila y yo tenía el corazón
desbordándoseme, enloquecido.
Que no vea la caja, que no vea la caja sin tocar el botón.
-Debí darle alguna pista para que supiera que debía tocar primero el
botón... aunque debe pensar que es una bomba- chille-. Que bruta soy.- dije
pegando la frente del suelo- mátenme.
-Mira....- dijo rápidamente Sheila y mire por el telescopio del rifle cuando
apretó el botón con el ceño frunció y Sheila saltaba gritando emocionada,
mientras yo veía que aquello provocaba que este se volteara al ver que se
alumbraba algo a su espalda. Aquel botón encendí y activaba unos
hologramas, que dos horas antes, Sheila se había encargado de colocar, para
que dejaran un mensaje en el aire, así muy intelectual. Sheila saltaba por todo
aquella azotea y se tiraba de nuevo a mi lado. Viendo a Diablo igual que yo de
espaldas hacia nosotras que leía el holograma que decía:
“¿Quieres volver a casarte conmigo?
Tengo el gemelo del anillo, ya en el dedo, con tu nombre.
Sin más, sin nombre sin decir nada. Él sabría que era yo, era su única
esposa.... creo.
Sheila chillaba emocionada y yo no podía dejar de sonreír, cuando este se
volteo abriendo aquella cajita negra y sacando un anillo, similar al de nuestra
boda bañada en plata con detalles en oro. Me había costado una barbaridad
pero mi cargo, me daba para eso y mucho mas, lo mire que leía lo que decía
por dentro y sonreí al haberle grabado mi nombre “Loreen”, por dentro. Vi
como este alzo la vista por aquel espejo y sonreía mirando al frente, apretando
aquel anillo en puño. Para verlo salir de su oficina. ¿A dónde iría?
Una propuesta de matrimonio muy al estilo sigiloso. Menuda mierda me
había costado primero convencer a todo su personal que no corrieran a decirle
que estaba en su empresa o que me habían visto. Subir todo los aparatos que
necesitaba para que instalara aquel holograma, de mierda que nos había
costado una barbaridad, porque iba en el suelo y diablo lo pisaría así que debía
servir aun a pesar de eso. Sonreí negando, arrodillándome con rifle en mano,
mientras Sheila hacia un baile de triunfo y yo reía muy alto. Me sobe mi anillo
de oro y más arriba este el otro con el nombre de James - Diablo. Grabado en
ello.
-Ahora nos vamos a rumbear antes que te monten de nuevo las esposas-.
Grito animada saltando Sheila y la mire atacada.
-¡Perra!-. Dije en voz muy alta riendo-. No me va a montar nada, quizás
adentrar sí, pero no a montar.
-¡Loreen!
-¡Sheila!
Ambas estallamos en risas ante nuestro tonto intercambio de palabras.
Set Club...
Luego de salir de la oficina aun con el uniforme. Nos fuimos, Sheila,
marcos y yo a un bar donde ya nos conocían. Habíamos ido en otras ocasiones
y no nos decían nada por andar uniformados, es mas no creía que nadie se
atrevería a decirles algo a tres oficiales armados hasta las nalgas. Al llegar
saludamos animados al dueño del puti club como le decía Sheila y nos
dirigimos a la barra donde nos sentamos los tres animados, golpeando la mesa
en risas llamando la atención del bartender mientras este nos saludaba
lanzándonos tres cervezas rodándolas por la barra y los tres le aplaudíamos.
Había reforzado mi amistad con Sheila y en ella estaba incluida marcos que
era como una amiga más, para mí. Le había cogido cariño. Este reía muy alto,
mientras le contábamos en nuestras versiones lo que habíamos hecho en la
mañana y nuestros pequeños comentarios fuera de lugar. Aquel hombre nos
miraba sorprendido y en risas. Mientras las rondas de cerveza se aglomeraban
en nuestra barra.
-Oye, ¿Cuando me propondrás matrimonio?- le pregunto repentinamente
Sheila de salida y llevada por el alcohol, al oírla escupí un trago de cerveza a
un lado.
-Mierda...- solté mirándola-. ¿Que ha sido eso?-. Pregunte mirando a
ambos y vi a Marcos, pálido, casi a punto de desmayarse.
-¿Por qué mierdas no me contestas?- dijo altanera Sheila y me di vuelta,
mirando al frente haciendo una mueca. Ya empezarían a discutir. Rodee los
ojos.
-Oye-. Llame la atención del bartender.- tráeme veinte botellas más, que
esto es para largo.- dije y vi a marcos reír, mientras abrazaba a Sheila que
soltaba chispas.
Sentí un par de manos, colocarse en cada extremo de mi mesa y baje la
vista dos manos firmes tomándose, contra el marco de aquella barra, desvié mi
vista cuando vi un par de anillos uno de oro y otro de plata con oro en el dedo
anular. Sonreí reconociendo, aquel olor tan delicioso.
-si sigues tomando así, tendrán que sacarte arrastras-. Escuche que me
susurraban en el oído y sonreí aun mas ante la conocida voz de diablo.- te ves
muy bien con ese traje, creo que te aumentaron las nalgas, las piernas...- dijo y
reí alto.
-Pues para eso tengo un esposo controlador, para que me saque arrastras de
aquí-. Murmure divertida-. Referente a lo otro, así es... se llama ejercicio. Pero
te aseguro-. Dije dándome vuelta en mi taburete, para topármelo de frente,
ante aquellos hermosos ojos y rostro-. Que no es lo único que ha crecido y esta
durito-. Dije y este soltó una risa negando.
-¿Así que casarnos de nuevo?-. Me pregunto y le sonreí asintiendo.
-Quería darte una sorpresa-. Admití sonrojándome.
-Casi me desmayo...
-oh si tenías esa expresión-. Salto diciendo Sheila y cerré los ojos.
-¡Esa boca!- le respondí mal humorada. - sapa...- le solté sin más y este me
miro dándose cuenta que lo teníamos vigilado.
-Eso debería asustarme ¿No?- pregunto divertido diablo.
-Ah hermano, es que tú no has visto a estas dos juntas-. Dijo riendo marcos
y Sheila lo codeo.
-Bueno- dije levantándome.- es ahora o nunca...- musite mientras palmeaba
el hombro de Marcos. Sheila y diablo nos miraba confundido. Tome la mano
de mi esposo, jalándolo fuera del lugar, no sin antes sacar muchos billetes,
dejándolos sobre la mesa, guiñándole un ojo.
Al salir, cada una agarrada de manos de su pareja, vi a Sheila quedarse
insofacta al notar que frente a uno de los edificios había una gran cortina.
-eso no estaba allí cuando llegamos-. Dijo y marcos la abrazo por la
espalda.
-¿Ah no?-. Pregunto sonriéndole, mientras estábamos frente aquella
inmensa cortina blanca, solté a Diablo el cual me miro curioso y caminaba
creída, egocéntrica, meneando las caderas de un lado a otro, volteando a ver a
Sheila.
-Se te ha olvidado algo Sheila-. Le grite cuando tome un costado de
aquella cortina, esta me miro expectante.
-¿Qué cosa?
-Que soy tu jefa, que siempre estaré aun paso de ti y...- sonreí mientras
caminaba hacia el otro extremo jalando de la cortina-. Siempre juego doble.- le
grite riendo.
Aquella cortina al ser jalada por mis manos cayó al suelo, dejando ver un
enorme letrero fluorescente, pegado como en unos quince pisos de un edifico,
con fondo blanco y letras enormes, las personas que andaban por allí
empezaron aplaudir, la boca de Sheila se abrió sorprendida y marcos, le
asomaba al rostro un anillo de compromiso plateado con una linda piedra.
“Sheila ¿te casarías conmigo?”
-¿Aceptas?-. Le pregunto este y vi a Sheila voltearse asintiendo varias
veces, llorando abrazándole. Que Oso, la gente aplaudía.
-Si, si.... claro que si-. Dijo llorando abrazándolo y este me veía con cara
de agradecimiento. En serio había sido un día atareado para mí. Me había
rendido el día. Había hecho dos propuestas de matrimonio y una sin que la
victima lo supiera que era Sheila.
-Tu...- me grito sorprendida-. Perra descarriada, tu lo habías planeado todo
-. me musito y solo pude encogerme de hombros, mientras caminaba hacia
diablo, esta me captura en el camino, abrazándome más que abrazadome
tirándose sobre mí, rodeándome con sus piernas, mis caderas y abrazándome,
mientras me besaba la cara. Hasta pasarme la lengua por la cara.
-¡Asco!- grite queriendo bajármela, mientras intentaba alejar su boca de mi
cara-. Yo soy inocente.
-Ella dio la idea, ella planeo todo...- dijo marcos-. Sabes que esta cosa no
son lo mío. Además es nuestra jefa, no podía decirle que no-. Soltó mientras
yo tiraba a Sheila lejos de mí haciéndola bajar, sonriéndole.
-He hecho mi trabajo-. Sonreí dando unos pasos hacia atrás para posarme
al lado de diablo tomando su mano-. Ahora, me retiro- anuncie, tirando del
brazo a Diablo, que me miro sonriente, cuando vio que lo empujaba hacia su
auto, aquel hermoso porsche, en el camino me detuve sacando de un bolsillo,
las llaves de mi camioneta negra, otorgada por la oficina-. Hey-. Musite
llamando la atención de aquellos dos tortolos lanzándosela a marcos-. Me la
cuidas. Hasta mañana.- dije despidiéndome... estos hicieron lo mismo. Una
vez dentro del auto de diablo, este lo encendió...
-¿Así que jefa?- me pregunto-. ¿Así que cuando me dijiste que te esperara
era porque ibas a volver a ser agente?
-¿Tienes muchas preguntas verdad?-. Le pregunte y este asintió.
-Ni te imaginas...- me musito mientras conducía, hacia fuera de la ciudad.
-Soy la nueva superior, jefa, no sé cómo se le diría. De un cuerpo especial
de agentes de distintas entidades gubernamentales con un fin en común-.
Musite bajo viéndolo conducir.
-Suena importante-. Dijo sarcástico y solté una risa-
-Nah, mas importante es ser la esposa de un multimillonario empresario,
sediento de avaricia, dinero y sexo...- admití mirándolo.- digamos que antes de
dar nuevamente el paso-. Dije refiriéndonos a nosotros. - he querido acabar
con los fantasma de mi pasado.- le explique sin más.
-¿Lo has hecho?-. Me pregunto y asentí varias veces.- ¿Te volverás a ir?-
me pregunto
-bueno-. Dice carraspeando-. Tengo vacaciones, pero debo seguir yendo a
la oficina, solo partiré cuando tenga misión.
-¿Eso conlleva a arriesgar tu vida?-. Me pregunto y el tema se había vuelto
alto pesado.
-Es mi vocación-. Solo pude decir sonriéndole y vi una sonrisa aparecer en
el rostro de diablo relajándome.
-¿Amas tu vocación?-. Me pregunto y asentí ya cuando vi que estaba
abriendo las puertas de la tan conocida mansión. Que extrañaba.
-Tanto como te amo a ti-. Musite mirándolo y este metió los frenos del
auto deteniéndose volteándose a verme, insofacto como si le hubiera dado un
golpe en la cabeza.
-¿Qué has dicho?-. Me pregunto riendo de nervios y lo mire encariñada por
su repentina actitud.
-¿Creíste que solo tú eras, quien podía decir los te amo en esta relación, ser
el dominante y estar perdidamente enamorado de mi?-. Le pregunte divertida y
este negó. Acerque mis labios a los suyos mirándolo-. Te amo Diablo y sigo
queriendo estar metida en ese infierno....
-¡Bájate del auto!-. Me ordeno con tono alterado y dominante. Esa no era
la respuesta o acción o expresión que esperaba.
-¿Qué?-. Pregunte atacada-. ¿Por qué?-. Me queje.
-Porque no llegare a la mansión para hacerte mía de nuevo y oírte decirlo
de nuevo, mientras me muevo dentro de ti.... - escuche el teléfono sonar, pero
lo tome apagándolo, sonriéndole a mi hombre que quería tenerme bajo su
dominio.
Diablo y sus típicas maneras de hacerme entender que a veces, el infierno
era más divertido si estabas con el demonio adecuado....
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