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Iluminación
Uno de los mayores logros de la electricidad es la iluminación, pero también puede ser un foco de contaminación
electromagnética. Se utiliza en exteriores: calles, jardines o carreteras, y en interiores: viviendas, escuelas, oficinas o
fábricas.
Muchas luminarias generan fuertes campos que pueden afectar a las personas que estén en sus inmediaciones. Nos
centraremos especialmente en el alumbrado interior de los edificios, por encontrarse en contacto más directo con el
usuario. Existen distintos tipos de iluminación: fluorescente, halógena, incandescente, etc. Sus cualidades
cromáticas, su consumo energético y especialmente, la posible generación de campos eléctricos y magnéticos,
conforman su nivel de calidad en cuanto a su incidencia en el medio ambiente y, por supuesto, en las personas.
Iluminación pública
Las farolas de la iluminación pública suelen llevar bombillas de sodio, que emiten una luz rojiza, o de mercurio, que
emiten luz blanca. Los cables y las bombillas provocan un campo electromagnético en sus inmediaciones, con lo que
si están situadas en las fachadas de edificios el campo electromagnético puede penetrar en el interior. Si la persona
trabaja, estudia o duerme en camas adosadas a la pared exterior probablemente recibirá un elevado campo que le
afectará en mayor o menor medida dependiendo de la dosis recibida. La solución es retirar la cama, sofá, mesa, etc.,
de esa pared al menos a un metro de distancia.
Lámparas incandescentes
Las bombillas incandescentes producen luz debido a la elevación de la temperatura de una resistencia en forma de
filamento de wolframio, hasta que alcanza una temperatura que emite radiaciones visibles por el ojo humano.
Tienen la ventaja de que no producen campos eléctricos y campos magnéticos significativos. Tienen un espectro
visible muy amplio, similar al de la luz solar; por esta razón, es una buena luz para la vivienda, lugar de estudio o
trabajo. Es la mejor iluminación artificial para leer y posee una excelente reproducción de los colores.
Su consumo energético es elevado, ya que el 90% de su energía se transforma en calor. Aunque tienen la ventaja
de ser económicas, libres de tóxicos y podrían ser de alta durabilidad, no hay más que ver la bombilla incandescente
de filamento que está en el parque de bomberos de Livermore en California y que lleva funcionando desde 1901.
Lámparas halógenas
La luz halógena no parpadea, es cálida y agradable. La incandescencia halógena mejora la vida y la eficacia de las
bombillas incandescentes, Las lámparas halógenas que usan transformadores no toroidales generan un fuerte
campo electromagnético. Los transformadores toroidales reducen sensiblemente el campo magnético, al tiempo que
consumen menos y obtienen mejores rendimientos. Es recomendable separarse un metro como mínimo del
transformador, lo cual es difícil en las lámparas de mesa usadas para el estudio o el trabajo.
Asimismo, hay bombillas halógenas de alimentación directa que no usan transformadores: mejoran la iluminación,
consumen menos y no producen contaminación electromagnética.
Su luz es más intensa y brillante que las incandescentes normales, aunque son más caras que las incandescentes
convencionales. Son una de las mejores fuentes de luz artificial.
Fluorescentes
Los tubos fluorescentes poseen una buen rendimiento y ahorro de energía, más que los LED y que las bombillas
incandescentes. Las luces fluorescentes que usan reactancias y transformadores generan elevados campos
electromagnéticos. La ventaja que tienen es su ahorro energético, pues las lámparas fluorescentes obtienen la
misma intensidad lumínica que las bombillas incandescentes con la quinta parte de vatios. La distancia mínima de
seguridad debería ser de un metro aproximadamente, dependiendo del tipo de transformador empleado.
Colocadas en el techo, su incidencia sobre las personas que estén en la misma sala es reducida, ya que la distancia
de su separación suele ser superior a un metro, pero se debe tener en cuenta su impacto en el piso superior, puesto
que una persona situada durante horas (cama, lugar de estudio o trabajo) en las cercanías de su vertical, queda
sometida a elevados campos electromagnéticos.
Los fluorescentes en lámparas de pie o de mesa, poseen un mayor riesgo debido a la proximidad entre el foco
emisor y el usuario. Los fluorescentes tubulares poseen una elevada eficacia y larga duración. Se suelen usar sobre
todo en alumbrado público, almacenes, cocinas, oficinas, comercios, industrias, etc. Tienen una larga vida útil, pero
como desecho tienen materiales contaminantes. Además, los fluorescentes convencionales son desaconsejables en
áreas de estudio y lectura, y
para la vivienda en general. Su luz se genera en un estrecho margen del espectro visible y es pulsante (entre 100 y
200 pulsaciones por segundo), obligando al ojo a adaptarse constantemente a estos cambios, lo que produce
cansancio ocular y, al mismo tiempo, general, ya que tienen los efectos negativos de una luz visible centelleante.
Los fluorescentes compactos se pueden diferenciar en dos tipos: las de encendido eléctrico y las de encendido
electrónico. Estas últimas son de menor peso, con la ventaja añadida del ahorro energético que conlleva su uso y,
por tanto, su menor repercusión medioambiental. También tienen una baja emisión de campos electromagnéticos y,
por todo ello, son las más recomendables.
Las bombillas de bajo consumo permiten ahorrar un importante porcentaje de energía si las comparamos con las
tradicionales bombillas incandescentes. Hay que considerar que poseen una elevada eficacia y larga duración, pero
su precio es elevado y como desecho tienen materiales contaminantes, contienen mercurio y terminan en los
vertederos contaminando la tierra y los acuíferos.
Iluminación LED
Además de las bombillas de LED para iluminación de espacios, podemos encontrar este tipo de luz en pantallas de
ordenador, videoconsolas, tabletas y pizarras digitales, agendas electrónicas, smartphones, dispositivos de
señalización, paneles informativos, luz de pantallas de teléfonos móviles, calculadoras, y muchos más aparatos y
electrodomésticos que progresivamente van inundando nuestras vidas.
La iluminación LED destruye células pigmentarias de la retina, según se ha comprobado en investigaciones de
células sometidas a todas las fuentes de luz LED, especialmente significativo es en los casos de las que emiten luz
blanca por su elevado contenido de radiaciones de la banda del azul. La luz azul (longitudes de onda corta) produce
un efecto negativo en la retina, así como la luz verde y blanca.
La Agencia de Salud francesa confirmó en el año 2010 que la luz que emiten los LED supone un riesgo para la
retina. La profesora Celia Sánchez-Ramos realizó un estudio en la Escuela Universitaria de Óptica de la Universidad
Complutense de Madrid (UCM), financiada por la Fundación Mapfre, en donde también se comprueba que la luz de
los LED presenta riesgos para la salud ocular.
En estos trabajos se concluye que la luz LED es fototóxica y mata las células de la retina, y que considerando que la
retina es esencial para la visión, el riesgo es significativo. El epitelio pigmentario de la retina es una fina capa de
células hexagonales esencial para el proceso visual, su alteración conduce a la degeneración retiniana, la
disminución de la función visual e incluso la ceguera. Su uso requiere protección ocular, ya que la exposición a altas
intensidades de luz LED durante ciclos de luz/ oscuridad produce daños en las células de la retina, sobre todo las
bandas de luz de menores longitudes de onda, y produce daños en células del epitelio pigmentario de la retina.
Para el uso de dispositivos que emplean LED, el estudio de UCM recomienda que se proteja la retina de los efectos
nocivos de los LED mediante pantallas y filtros protectores.
La luz LED es monocromática, lo que la hace muy distinta a la luz natural en la que se ha desarrollado la evolución
del ser humano. La luz natural diurna posee el espectro solar completo con los siete colores del arco iris. Por lo que
es desaconsejable usar luz LED como iluminación general, por los riesgos aparejados de fatiga visual y daño ocular.
El mayor riesgo, como en todo lo relacionado con las radiaciones, lo padecen los niños, que además en este caso
son usuarios crónicos de muchos de los dispositivos que usan LED, que pueden tener importantes efectos nocivos
en sus ojos y en su sistema neurológico.
Los adultos en general, y los niños en especial, deben reducir el uso de estos dispositivos o adoptar medidas
protectoras, así como eliminar las fuentes LED de luz ambiental. Es importante que la luz artificial sea lo más
cercana a la luz del sol.
Extraído del libro:
"La enfermedad silenciada"
Raúl de la Rosa
Responsable de Contaminación electromagnética
Fundación Vivo Sano