ORGANIZACIÓN DE
INFORME
LA ADMINISTRACIÓN DE
JUSTICIA CIVIL
MATRIZ DE LOS SUJETOS DEL PROCES, SUS ORGANOS JUDICIALES Y AUXILIARES
SUJETOS DEL PROCESO ORGANOS JUDICIALES Y SUS AUXILARES
1. ORGANOS JUDICIALES
1. Los Jueces de Paz. La justicia civil es ejercida por los Jueces de Paz, de Paz Letrados,
2. Los Jueces de Paz Letrados. Civiles, de las Cortes Superiores y de la Corte Suprema.
3. Los Jueces Civiles.
4. Los Jueces de las Cortes Superiores.
5. Los Jueces de la Corte Suprema
2. SUS AUXILARES
Son órganos de auxilio judicial: el perito, el depositario, el
interventor, el martillero público, el curador procesal, la
policía y los otros órganos que determine la ley.
Artículo 56.- Deberes y responsabilidades de los auxiliares
jurisdiccionales.
Son auxiliares de la jurisdicción civil: los Secretarios de
Sala, los Relatores, los Secretarios de Juzgado, los
Oficiales Auxiliares de Justicia y los Órganos de Auxilio
Judicial.
LOS DEBERES Y FACULTAD DE
LOS JUECES EN EL PREOCESO
Dirigir el proceso, velar por su rápida solución, adoptar las medidas convenientes para impedir su paralización y
procurar la economía procesal
D
Hacer efectiva la igualdad de las partes en el proceso, empleando las facultades que este Código les otorga; E
B
Dictar las resoluciones y realizar los actos procesales en las fechas previstas y en el orden que ingresan al
E
Decidir el conflicto de intereses o incertidumbre jurídica, incluso en los casos de vacío o defecto de la ley, situación en la
cual aplicarán los principios generales del derecho, la doctrina y la jurisprudencia;
R
E
Sancionar al Abogado o a la parte que actúe en el proceso con dolo o fraude;
S
Fundamentar los autos y las sentencias, bajo sanción de nulidad, respetando los principios de jerarquía de las normas y el
de congruencia.
Adaptar la demanda a la vía procedimental que considere apropiada, siempre que sea factible su adaptación;
F ordenar los actos procesales necesarios al esclarecimiento de los hechos controvertidos, respetando el derecho de defensa
de las partes;
A
Ordenar en cualquier instancia la comparecencia personal de las partes, a fin de interrogarlas sobre los hechos discutidos.
C Las partes podrán concurrir con sus Abogados;
U
Rechazar liminarmente el pedido que reitere otro propuesto por cualquier litigante y por la misma razón, o cuando a pesar
L de fundarse en razón distinta, éste pudo ser alegado al promoverse el anterior;
T
Ordenar, si lo estiman procedente, a pedido de parte y a costa del vencido, la publicación de la parte resolutiva de la decisión
final en un medio de comunicación por él designado, si con ello se puede contribuir a reparar el agravio derivado de la
A publicidad que se le hubiere dado al proceso;
D
. Ejercer la libertad de expresión prevista en el Artículo 2, inciso 4., de la Constitución Política del Perú, con sujeción a lo
establecido en la Ley Orgánica del Poder Judicial; y
Ejercer las demás atribuciones que establecen este Código y la Ley Orgánica del Poder Judicial.
AÑO DE LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN E IMPUNIDAD"
INFORME N°02-TGP-2019
DE : KAREN ELIANA GARAVITO MENDOZA
A : DR. JORGE NORIEGA ALBAM
ASUNTO : DESCRIPCION SOBRE ORGANIZACIÓN DE LA ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA CIVIL, EN LA
DOCTRINA Y LEGISLACIÓN PROCESAL COMPARADA
Es grato de dirigirme a Ud. Para saludarlo cordialmente a la vez presentarle este informe descriptivo sobre SOBRE ORGANIZACIÓN DE LA
ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA CIVIL, EN LA DOCTRINA Y LEGISLACIÓN PROCESAL COMPARADA
Eneste capítulo la Auditoría ciudadana evalúa la siguiente pregunta:¿cuál es la calidad democrática de la administración de la justicia? Por calidad
democrática del sistema de justicia se entiende el grado en que los tribunales de justicia y los órganos auxiliares (véase más adelante) imparten
una justicia pronta, cumplida e igual para todas las personas, sin interferencia de otros poderes del Estado. Sus resultados son, por una parte, la
protección eficaz de las libertades y los derechos civiles y políticos consagrados en la Constitución Política y, por otra, el ejercicio del control
ciudadano sobre los asuntos públicos. El sistema de administración de justicia es clave en una democracia moderna1 . Sin él, las premisas
básicas de ésta carecerían de toda realidad. No habría medios para exigir el cumplimiento del postulado de que las y los ciudadanos gozan de
iguales derechos, pues la igualdad ante la ley no podría llevarse a la práctica. Tampoco habría forma de exigir la subordinación del poder político
a la soberanía ciudadana, pues no existirían mecanismos para sancionar las trasgresiones al Estado de derecho, ni para defender y proteger el
derecho de petición de cuentas y la obligación de los gobernantes a rendirlas. Como señala O´Donnell: “Independientemente de sus
consecuencias beneficiosas, la importancia de un sistema de administración de justicia puede fundamentarse, en el plano individual, en la
igualdad formal, pero no por ello insignificante, entre personas a las que se les atribuye autonomía y capacidad para ser responsables por sus
actos y, en un plano más general, porque este sistema forma parte del concepto básico de la democracia” (O’Donnell, 1997)
Poder Judicial, Corte Suprema, Consejo Nacional de la Magistratura, Ministerio Público, Defensoría del Pueblo. Términos
que aparecen a diario en los medios de comunicación cuando de justicia o injusticias se trata. Pero ¿cuáles son sus
atribuciones específicas? Un primer acercamiento.
El Poder Judicial y sus cuatro niveles
Empecemos por la parte más visible del sistema judicial: El Poder Judicial (PJ). El PJ se divide en cuatro niveles que se
encuentran a escala distrital, provincial, departamental y nacional, respectivamente.
Los Jueces de Paz
Miremos al PJ desde abajo, comenzando por el menor nivel jerárquico. Ahí encontramos a los Juzgados de Paz que, por lo
general, se encuentran representados en cada distrito. Los Jueces de Paz son elegidos por los ciudadanos (artículo 152 de
la Constitución) y pueden ser revocados por los mismos.
En cierto modo, los Jueces de Paz representan un nivel de justicia anterior a la del sistema judicial. La tarea básica del
Juez de Paz no es fallar a favor o en contra, sino buscar la conciliación entre las partes en desacuerdo. En este aspecto,
el Juez de Paz se diferencia de los jueces de niveles superiores.
Al poner el diálogo por encima de la doctrina judicial también se abren espacios para la diversidad cultural, pues cada
comunidad puede zanjar sus problemas de acuerdo a sus propias tradiciones, siempre y cuando éstas no vayan en contra de
los derechos fundamentales de toda persona.
Juzgados de Primera Instancia
Ahora bien, si no se logra un acuerdo entre ambas partes, el Juez de Paz debe normalmente remitir el caso al siguiente
nivel del sistema judicial, es decir, a los Juzgados de Primera Instancia. Solo en algunos pocos casos (derechos de
alimentación, despidos, desalojos, pagos de dinero), el Juez de Paz puede emitir un fallo a favor o en contra del acusado
(fuente: Poder Judicial).
Los Jueces de Paz se dividen en aquellos con formación de abogados (Jueces de Paz Letrados) y aquellos sin formación
jurídica (Jueces de Paz No Letrados).
En el siguiente nivel están, como ya hemos dicho, los Juzgados de Primera Instancia que se encuentran en cada provincia.
A diferencia de los Juzgados de Paz, estos Juzgados tienen competencia para ver y fallar en todo tipo de casos y, por lo
mismo, se subdividen de acuerdo a las diversas áreas que comprende el derecho: Derecho Civil, Penal, Laboral y Comercial.
Mientras el Derecho Civil regula las relaciones más o menos cotidianas entre personas privadas, el Derecho Penal regula las
acciones que son consideradas delitos o crímenes y que, como tales, son retribuidas mediante castigo.
Por ejemplo, un padre que no reconoce a su hijo es denunciado en el ámbito del Derecho Civil, pues está afectando a su
familia, pero no de forma tan grave como para ser considerado un criminal. El fallo en contra de ese padre se limita a
obligarlo a asumir su responsabilidad como padre (pago de alimentos y otros bienes), no busca castigarlo.
En cambio, el hombre que lesiona a su mujer es denunciado de acuerdo al Derecho Penal, pues se considera que un derecho
fundamental de toda persona (a la integridad física) ha sido vulnerado. En este caso, ni siquiera hace falta que la mujer
lesionada interponga una denuncia: El Estado está obligado a tomar acciones a través de un fiscal. La sentencia busca
castigar al hombre violento por la acción que ha cometido y proteger a la mujer de una repetición del delito.
Un fallo emitido por un Juzgado de Primera Instancia puede ser apelado al siguiente nivel que viene a ser el de las Cortes
Superiores. En el artículo 139, punto seis, la Constitución otorga el derecho a la “pluralidad de instancias”. Es decir, toda
persona afectada por un fallo judicial puede apelar este fallo ante una instancia de mayor jerarquía. Es ahí donde entra a
tallar la Corte Superior.
Las Cortes Superiores y la Corte Suprema
Las Cortes Superiores están representadas en los 28 Distritos Judiciales del Perú. Por lo general, un Distrito Judicial
comprende al área de un departamento, pero hay Distritos Judiciales como el del Cono Norte que son más específicos.
Las Cortes Superiores están divididas en Salas especializadas que ven las mismas áreas del derecho que los Juzgados de
Primera Instancia.
Normalmente, un proceso no empieza en las Cortes Superiores. Más bien llega por la vía de la apelación.
Finalmente, en el nivel de mayor jerarquía, encontramos a la Corte Suprema. La Corte Suprema tiene competencia a nivel
nacional y está dividida en sólo tres salas: La Sala Civil que ve casos relativos al derecho civil y mercantil; la Sala Penal y,
por último, la Sala Constitucional y Social que se ocupa de casos relativos a la Constitución y a los derechos laborales.
Pero más allá de resolver apelaciones en última instancia, la Corte Suprema tiene facultades para agilizar y estandarizar la
administración de justicia. En esta línea, la Corte Suprema puede fijar criterios para la interpretación de las leyes.
Sin embargo, la carga procesal de la Corte Suprema es de tal magnitud que la resolución de casos ocupa casi todas las
energías de los jueces supremos. En un artículo publicado en diciembre del 2003 (presione acá para leerlo), el abogado
Abraham Siles Vallejos afirma que la Corte Suprema ve alrededor de 30 mil causas al año.
Suma impresionante si consideramos que la Corte Suprema funciona solamente con las tres salas básicas que ya hemos
mencionado más cuatro salas transitorias. Cada una de estas siete salas está compuesta por cinco jueces.
El presidente de la Corte Suprema es también el presidente del Poder Judicial. Actualmente, estos cargos están a manos
de Walter Vásquez Vejarano.
Con esta caracterización de los cuatro niveles del Poder Judicial culmina la primera parte de este análisis. El próximo
lunes (28 de agosto) le tocará el turno al Ministerio Público.
Ministerio Público
Las funciones del Ministerio Público están delineadas en la Constitución a partir del artículo 158. La tarea principal del
Ministerio Público consiste en:
Promover de oficio, o a petición de parte, la acción judicial en defensa de la legalidad y de los intereses públicos (art.
159).
Es decir, el Ministerio Público defiende los intereses de los ciudadanos a nivel judicial. El Ministerio Público está
representado por fiscales y su máximo representante es el Fiscal de la Nación. Actualmente, este cargo es ocupado por
Adelaida Bolívar. La tarea de un fiscal es investigar delitos y eventualmente formular denuncia frente al Poder Judicial.
En la primera parte de este artículo habíamos hecho la distinción entre el derecho civil y el penal. Mientras el derecho
civil regula conflictos cotidianos, de menor envergadura, el derecho penal regula conflictos que afectan los derechos básicos
de las personas y/o la seguridad de la sociedad. Son estos conflictos en los que el Ministerio Público interviene “de
oficio”, es decir, aunque nadie interponga denuncia.
Un asesinato es considerado un hecho de tal gravedad que no hace falta que alguien formule denuncia: El Ministerio
Público está obligado a investigar y formular denuncia penal en nombre del agravado y de la sociedad si es que encuentra,
a través de la policía y sus propios fiscales, pruebas suficientes.
En cambio, la pelea de dos personas por una deuda es considerada un asunto privado que solamente llegará a los tribunales
si es que uno de los dos afectados interpone una denuncia. En estos casos no entra a tallar el Ministerio Público.
Es importante distinguir entre el Ministerio Público y el Poder Judicial. Cuando un fiscal encuentra pruebas suficientes
para formular una denuncia penal, corresponde al juez que representa al Poder Judicial decidir si acoge o no la denuncia.
En el caso de que se llegue a abrir un proceso, el Ministerio Público, a través de su fiscal, representa los intereses del
agraviado e, indirectamente, los de la sociedad. Aunque la fiscalía pida, por ejemplo, 30 años de prisión por un asesinato,
la sentencia o absolución es de competencia única de los jueces a cargo.
Vemos, pues, que el Ministerio Público actúa como mediador entre los intereses de la ciudadanía y el Poder Judicial. Por
ello, resulta fundamental que el Ministerio Público sea un órgano justo y eficiente, en el cual la ciudadanía pueda
depositar su confianza.
En enero del 2003, el Ministerio Público se declaró “en reorganización” (fuente: Acuerdo Nacional). En octubre del
mismo año, se creó la Comisión Especial para la Reforma Integral de la Administración de Justicia (CERIAJUS) con la
participación de los sectores que administran justicia, del Congreso y de representantes de la sociedad civil.
Entre las propuestas formuladas por la CERIAJUS en relación al Ministerio Público está la asignación de mayores recursos:
Se pide que las medidas de austeridad no afecten al Ministerio Público y que este sea declarado en emergencia.
Al visitar la página web del Ministerio Público, uno encuentra una serie de facilidades: Se pueden hacer denuncias en línea
y llamar a una línea de “supervisión ciudadana” para conocer el estado de la denuncia. Además, uno puede encontrar
información útil como las direcciones de las fiscalías a nivel nacional, un modelo de cómo formular una denuncia por escrito
y una serie de ayudas adicionales.
efensoría del Pueblo
En el Perú, la Defensoría del Pueblo tiene pocos años de vida, pues fue creada con la Constitución de 1993. Pero a nivel
mundial se trata de una institución antigua cuyas primeras formas se remontan por lo menos a los comienzos del siglo
XIX. En esa época, la institución comienza a aparecer en Suecia. Allí, el que se encarga de defender al pueblo es llamado
“ombudsman”, lo cual significa “poder pleno”.
Hoy en día, organismo como las Naciones Unidas o el diario The New York Times contratan a un ómbudsman. Éste sirve
de intermediario entre los clientes, por una parte, y la empresa por la otra. Las defensorías del pueblo, entonces, hacen
de intermediarios neutrales entre la ciudadanía (“clientes”) y el Estado (“empresa”).
Si bien, en el Perú, el Defensor del Pueblo es elegido por el Congreso, la Constitución garantiza la autonomía de la
Defensoría. En el artículo 162 de la Constitución, encontramos una definición más exacta de la funciones que tiene la
Defensoría:
Corresponde a la Defensoría del Pueblo defender los derechos constitucionales y fundamentales de la persona y de la
comunidad; y supervisar el cumplimiento de los deberes de la administración estatal y la prestación de los servicios
públicos a la ciudadanía.
En pocas palabras, se podría decir que la Defensoría está para reportar abusos por parte del aparato estatal contra sus
ciudadanos. Además, tiene otras dos funciones: Defender los derechos fundamentales de toda persona y promover al acceso
justo a los servicios básicos (agua, luz, transporte).
Sin embargo, en el sentido estricto de la palabra, la Defensoría no es parte del sistema judicial. La Defensoría no puede
abrir un proceso de investigación tal como lo hacen fiscales del Ministerio Público ni mucho menos puede emitir sentencias
como lo hacen los jueces del Poder Judicial. La Defensoría solamente puede emitir recomendaciones y sugerencias.
Una vez al año, el Defensor se presenta frente al Congreso para entregar un informe. Además, la Defensoría tiene
“iniciativa en la formación de leyes” (art. 162). Es decir, puede remitir un proyecto de ley al Congreso, pero es el
Congreso el que finalmente decide si se convierte en ley o no. Sin duda, la Defensoría puede tener un poderoso aliado en
los medios de comunicación, pues es sabido que los medios pueden ejercer considerable presión sobre el gobierno al revelar
abusos, irregularidades o situaciones precarias.
En setiembre del 2005, la abogada Beatriz Merino fue elegida Defensora del Pueblo. Su cargo dura cinco años. Merino
ocupó el cargo luego de que éste estuviera vacante por más de dos años, pues el Congreso no se ponía de acuerdo en
elegir al nuevo Defensor.
El Tribunal Constitucional
El Tribunal Constitucional (TC) la tuvo aún más difícil que la Defensoría del Pueblo, pues no solamente anduvo sin cabeza.
Peor aún, estuvo desactivado durante varios años cuando Alberto Fujimori gobernaba el Perú.
La tarea del TC está delineada entre los artículos 201 y 205 de la Constitución. Consiste en hacer un “control de
calidad” de las normas que se expiden en el Perú. El estándar para medir la calidad es la Constitución. Es decir, el TC
tiene la facultad de verificar si las leyes creadas por el Congreso no van en contra de la Constitución. Mejor dicho, las
normas que el TC puede revisar son varias: Leyes, decretos legislativos, decretos de urgencia, tratados, reglamentos del
Congreso, normas regionales de carácter general y ordenanzas municipales.
Ahora bien, el TC no solamente indica cuándo una norma contradice a la Constitución. Una norma que es declarada
inconstitucional por el TC pierde su vigencia al día siguiente de tal declaración.
Pero hay todavía más: Las decisiones del TC son de última instancia. Es decir, las decisiones del TC no pueden ser
apeladas frente a ningún otro organismo del Estado. En ese sentido, son definitivas, al menos a nivel nacional. Queda la
vía de recurrir a organismos internacionales de los cuales el Perú es parte como, por ejemplo, la Corte Interamericana de
Derechos Humanos.
Además de controlar la compatibilidad de las normas con la Constitución (1), el TC tiene otras dos funciones:
2) Resolver, también en última instancia, recursos de hábeas corpus, hábeas data y recursos de amparo. Según la Real
Academia, el hábeas corpus es el “derecho del ciudadano detenido o preso a comparecer inmediata y públicamente ante un
juez o tribunal para que, oyéndolo, resuelva si su arresto fue o no legal, y si debe alzarse o mantenerse.”
Mientras el hábeas corpus se refiera a los derechos físicos de la persona (el no ser arrestado sin fundamento legal), el
hábeas data contiene el derecho al acceso a la información pública y el derecho a la no-publicidad de ciertas informaciones
personales.
El recurso de amparo se refiera a todos aquellos derechos constitucionales que no están incluídos en ninguno de los dos
hábeas aquí mencionados (un ejemplo sería el derecho a formar sindicatos, contemplado en el artículo 28 de la
Constitución).
3) Resolver conflictos de competencia entre los órganos del Estado. Según el mismo Tribunal Constitucional
(fuente: presione acá), tal conflicto se da
cuando alguno de los poderes del Estado o de las entidades públicas toma decisiones que no le corresponden o rehuye
actuaciones que son propias de su competencia, interfiriendo en las atribuciones de otros órganos que las tienen asignadas
por la Constitución o las Leyes Orgánicas.
A veces sucede que el mismo TC está en el ojo de la tormenta. En octubre del 2005, el Jurado Nacional de Elecciones
se quejó de que el TC pretendiera revisar los fallos que el JNE está facultado a dar en materia electoral (vea nuestro
artículo: JNE y TC: ¿cómo compatibilizarlos?). Según la Constitución, las resoluciones del JNE “son dictadas en instancia
final, definitiva, y no son revisables. Contra ellas no procede recurso alguno” (art. 181).
REFERENCIAS