Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
ro
ny lines
ir entre imeas
EI valor de la escucha en las: -
practicas de lectura
Cecilia Bajour —
Ediciones El Hacedoree
OiR ENTRE LINEAS: EL VALOR DE
LA ESCUCHA EN LAS PRACTICAS
DE LECTURA
“Guando el silencio ya era de confanza, intervenia en la miisica; pasaba entre los
sonidos como un gato con su gran cola negra y los dejaba Henos de intenciones.”
El silencio, Felisherto Hernandez
Leer se parece a eseuchar? Si fuera asi: gdénde se cruza la lectu-
ra con la palabra pronunciada, encarnada en una voz, la propia, la de
otros? Y también; ,donde se toca la lectura con la palabra callada, no
proferida pero dicha con los ojos, con los gestos, con el cuerpo, con.
otros miiltiples signos que creamos para tender puentes dei texto al
lector, del lector al texto, de lector a lector?
En “Eseribir la lectura” el semidlogo francés Rolland Barthes (1994)
se preguntaba:
1. Conferencia brindada en la 5* Jornada de Reflexién sobre ja lecturay la eseritura Secreta~
tia de Educacida del Distrito y Asolectura. Bogoté, 6 de octubre de 2008.
§
‘OR ENTRE LINEAS
ELVALOR DE LA ESCUCHA EN LAS PRACTICAS DE LECTURA10
ir entre ineas: ef valor dela escuch en tas précticas de lectura Ceciia Bajaur
gNunca os ha sucedido, leyendo un libro, que os habéis ido
parando continuamente a lo largo de la Lectura, y no por des-
interés, sino al contrario, a causa de una gran afluencia de
ideas, de excitaciones, de asociaciones? En una palabra, jno
os ha pasado eso de leer levantando la cabeza?
Esa lectura en la que uno “levanta la cabeza” es descripta por Barthes
como “irrespetuosa, porque interrumpe el texto, yala vez prendada de
él, al que retorna para nutrirse”. Alli aparece ja idea del lector como
autor irreverente del texto que lee: texto que dispersa yal mismo tiem~
po canaliza las asociaciones ¢ ideas en reglas, en patrones que vienen
de lejos en ja historia del mundo de las narraciones (podriamos agre~
gar el mundo de lo poético aunque Barthes no lo diga) y en nuestra
propia historia de lectores, escritores, pensantes, oyentes y hablantes.
Ninguna lectura es del todo subjetiva o autosuficiente: por lo general
se apoya en reglas no creadas por el autor sino puestas en juego por él
Pero no para quedarse en ellas, Eseribir, como leer, supone riesgos y
no la sumisién a cAnones establecidos. Gomo dice Carlos Fuentes, se
escribe “a contrapelo”, “no para seguir las reglas sino para violarlas”
(LOPEZ, 2008).
Me interesa este acto casi inconciente, cercano a la ensofiacién, que
Barthes describe como “levantar la cabeza” durante la lectura, para
ponerlo en contacto con la sutil idea del ensayista Georges Steiner
(2008) de "oir entre lineas” refiriéndose en este caso no a la lectura
sino ala relacién entre hablantes. Idea que tomé prestada para dar ti-
tulo a estas palabras relacionadas con la escucha-
Dice Steiner (2008) que el lenguaje contiene mundos, es poliglota y
que cuando hablamos, “oimos entre lineas”. E] matiz puesto en el “en-
tre lineas” convierte al oir en “prestar oido” y Jo aproxima al escuchar.
Ese oir transformado supone intencionalidad, conciencia, actividad y
no es s6lo un registro pasivo y a veces distraido de los sonidos del otro.
Pone como ejemplo e! lenguaje de los nifios, cuya enunciacién arti-
culada es “la punta del iceberg de significados sumergidos, implicitos”.
Cuando escuchamos la manera singular en que los niiios nombran el
mundo ponemos en saludable tensién nuestras bras interpretativas,
actitud que puede ser muy interesante y productiva si se la mira desde
la posibilidad y la confianza y no del déficit o la carencia. El habla de
los nifios esta habitada por metaféricos y sorprendentes esfuerzos por
ir més allé de un universo de palabras que comienza a construirse y
fm EWTRE LINERS
ELVALOR DE LA ESCUCHA EN LAS PRACTICRS OE LECTURACecilia Bajour Oi entre lineas: ef valor de ta escucha ea fas prticas de lecture
todavia es pequeno. También por silencios. En el habla de los jévenes
y adultos también siempre hay una convivencia enire lo dicho y lo ca~
lado o sugerido. En contextos heridos por la exclusién o por diversas
formas de violencia, real y simbdlica, en el balance entre el deciry el
callar suele predominar el silencio como refugio, como resistencia o
como enajenacién de la palabra propia. Y aqui vuelvo del habla o de su
ausencia a la lectura, las pongo en contacto. Como trataremos de ver
alo largo de esta charla, para todos, nifios, jévenes y adultos, muchas
veces la lectura compartida de algunos textos, sobre todo los Literarios,
esuna manera de poner de relieve, siempre atentos a la intimidad y al
deseo del otro, la punta del iceberg de lo que sugerimos por medio de
silencios y palabras.
Enfatizo la palabra “compartida” al hablar de la lectura porque lare-
flexion de Barthes sobre quien lee "levantando la cabeza” puede remi-
tir a la representaci6n extendida y algo romantica del lector solitario
que se encuentra olvidado del mundo con el libro y se entrega al rumor
de las asociaciones y hallazgos que el texto le provoea o que él provoea
en el texto. Si bien este encuentro a solas es una de las variables, no
es la Gnica escena posible. Es mas: sabemos que en muchas situacio-
nes el encuentro privado o a solas con la lectura es casi imposible por
condicionamientos materiales 0 culturales. Una gran parte de la po-
blacién no tiene a su aleance la posibilidad de elegir los momentos de
privacidad o de soledad por las circunstancias limitantes a las que la
condenia las politicas de exclusion. También por representaciones de
temor o prejuicio sobre aquel que se recluye a leer como el que “pierde
el tiempo”;."“no hace nada ttil”, “se aparta de los demas”, "se hace el
intéléctual”, éte. (PETIT; 2001)
Es por ese acetito que pondremos en las escenas sociales de lectura
(no opuestas a las solitarias sino en didlogo con ellas) que reinterpre-
to la idea de “levantar la cabeza” a la luz de la metafora de “ofr entre
lineas”. Me interesa la potencialidad de ese cruce para volver a la pre-
gunta inicial sobre el posible parecido entre leer y escuchar. Si en un
encuentro colectivo de lectura la escucha de la que hablaremos en de-
talle se pone en juego gracias a una mediacién que la habilite, la “le-
vantada de cabeza” de cada lector, sus personales asociaciones, ideas,
hallazgos ¢ interpretaciones se podria materializar en un acto en. el que
todos los participantes tienen la posibilidad de socializar significados.
La explicitacién de aquello que ramorea en las cabezas de los lecto-
res, 0 sea, la puesta en escena de la palabra, del silencio y de los gestos
in eNTRE LINEAS
EL VALOR DEA ESCUCHAEN LAS PRACTTOAS DE LECTURA
itQ
ir entre linea: oval de fa eseucha an fas prctias de lectura, Coca Bajar
que suscita el encuentro con los textos me lleva a compartir Ja afir-
macién de Aidan Chambers de que en gran medida el acto de lectura
radica enla conversacién sobre los libros que leemos. En su libro Dime
(CHAMBERS, 2007), imprescindible para pensar el tema de la escu~
cha, incluye el texto de un colega quien cita a Sarah, una nifia de ocho
atios: "Nosotros no sabemos lo que pensamos sobre un libro hasta que
hemos bablado de él”. Dar y eseuchar la palabra sobre lo leido, si nos
detenemos en las palabras de Sarah, seria objetivar el pensamiento.
volverlo visible para uno mismo y para otres. Es como escribir “en vou
alta” la leetura y que otros la vivan como parte del texto que nuestras
cabezas crean cuando leen.
Para quienes son mediadores entre los lectores y los textos es enti-
quecedor pensar como lectura este momento, el de la charla sobre lo
leido, el intercambio acerca de los sentidos que despliega en nosotros
um texto. No se trata entonces de un agregado aleatorio, que puede es-
tar o no, alo que suele ser interpretado como la “verdadera” lectura,
la que oenrre cuando los ojos siguen las lineas y las imagenes 0 cuando
los oidos estén atentos a la puesta oral de un texto por medio de una
lectura en voz alta. Hablar de los textos es volver a leerlos.
El regreso a los textos por medio de la conversacion siempre aporta
algo nuevo. En principio para el que habla, ya que se escucha diciendo
a otros lo que el texto suscité en él y de ese modo ensaya su lectura
como un musico cuando lee una partitura. En ese ensayo uno a veces sé
sorprende por los sonidos de la propia interpretacién. Poner afuera,
para otros, la musica de nuestra lectura puede revelarnos los acentos
que pusimos a lo que leimos, las melodias que evocamos 0 la percep-
cidn de su ausencia, los ruidos o silencios que los textos nos provocan.
Esos sonidos salen y se encuentran con otros: los de las partituras de
los otros lectores. Como en wn ensayo de orquesta el texto crece en.
acordes sonantes y disonantes con ecos a veces insospechados para los
intérpretes. Chambers se refiere a este encuentro con la palabra del
otro, el “hablar juntos” como un momento de "despegue”, de vuelo
hacia lo que hasta el momento de la charla nos era desconocido. La
escucha de Ja interpretacién de los otros se enhebra y entrama con la
propia. Los fragmentos de sentido que originamos en ese encuentro,
cuando entran en contacto con los fragmentos de otros pueden generar
algo nuevo alo que quizas en la lectura solitaria no se habria arribado.
Pero escuchar, asi como leer, tiene que ver con el deseo y con la dis-
posicién a recibir y valorar la palabra de los otros en toda su compleji-
‘OR ENTRE LINAS
ELVALOR BE LA ESCUCHA EN LAS PRACTICAS DE LECTURACecita Gajour Ole entre lingas: el valor de La eseucha en fas prdeticas de fectura
dad, 0 sea, no sélo aquello esperable, tranquilizante o coincidente con
nuestros sentides sino también lo que discute o se aleja de nuestras
interpretaciones 0 visiones de mundo. La eseucha no se resuelve con
la puesta en escena colectiva del decir de cada uno. No es cuestién de
que todos tengan la palabra si esta termina en la burbuja de la auto~
complacencia. Escuchar para reafirmar una verdad que slo se mira
a simisma y que espera la palabra del otro Gnicamente para enalte-
cer la propia es la antitesis del didlogo y suele esconder intenciones
de poder y de control de los sentides puestos en juego. Se trata dem
simulacro de esoucha, una actuacién para mantener las formas. Por el
contrario, la democracia de la palabra compartida implica el encuen-
tro intersubjetivo de voluntades que aceptan al otro en su diferencia y
estan dispuestos a enriquecer su vida, su lectura y su visi6n de mundo
con esa diferencia, aunque no coincida con ella. Construir significa~
dos con otros sin necesidad de cerrarlos es condicion fundamental
de la escucha y esto supone una conciencia de que la construccién de
sentidos nunca es un acto meramente individual.
Esta concepcién dialégica de la escucha forma parte de todo acto de
lectura donde se busque abrir significados y expandirlos cooperativa~
mente. Sin embargo, me interesa especialmente ver qué pasa con la es~
cucha cuando la lectura tiene que ver con la literatura y con otras artes.
En la lectura de textos artisticos las preguntas, la inestabilidad y provi-
soriedad de las respuestas, la posibilidad de crear y recrear mundos a
partir de lo leido, el extraiiamiento frente alo conocido ylo desconocido
se entrelazan mas que en otros discursos con el juego siempre abierto de
las formas. El lenguaje estético se ofrece a los lectores que se acomodan
¢ incomodan ante maneras alternativas, diversas y a veces transgresoras
de nombrar el mundo. Lo que importa alli no es sdlo lo que nos sacude
nuestras valoraciones, ideas 0 experiencias de vida sino eémo lo hace.
Destaco el cémo porque a la hora de pensar en la escucha cuando se
habla de literatura en escenas de lectura escolar o en otros contextos
fuera de la escuela puede quedar soslayado o en un lugar menor ante
la fuerza de los temas 0 ideas suscitados por los textos. Muchas veces
la literatura es vista como el instrumento mas atractivo para hablar so-
bre problemas sociales, cuestiones relacionadas con valores, asuntos
escolares o situaciones personales. Guando esa perspectiva es la que
predomina el lenguaje artistico corre el riesgo de quedar reducido sdlo
aun rol de fachada seductora por la que se entra al tratamiento de di-
versos temas.
fm ENTRE LINEAS
[Link] DELLA ESCUCHA EN LAS PRECTICAS DE CECTIRA
3o
Cit enteelineas: el vator data esoucta en las prdcticas de lectura Ceca Bajour
Los textos literarios nos tocan e interpelan acerca de nuestras vi-
siones sobre el mundo y nos invitan a preguntarnos como viviriamos
lo representado en las ficciones. Esta dimension no es menor ya que
la mayoria de las veces es la puerta de entrada para hablar de lo que
los textos nos provocan. Pero ante todo son una construccién artis~
tica, objetos que dicen, muestran, callan, sugieren de un modo y no
[Link].
El encuentro de los lectores con el arte pasa en gran medida porcdmo
nos sacude el cémo. La escuela es un lugar privilegiado para dar nom-
bres posibles a este terrernoto de los signifcados y disponer nuestros
oidosy los de los otros que leen a encontrarnos con maneras de hablar
sobre los textos artisticos. La escucha de los docentes necesita enton-
ces nutrirse de lecturas y saberes sobre el cémo de la construccién de
rmandos con palabras e imagenes para que los alumnos [Link]
en el arte cotidiano de hablar sobre libros.
Esa nutricién tiene un umbral ineludible que es la seleccién de los
textos que se pondran en juego en un encuentro social de Lectura lite-
varia. Por ahi se inicia la escucha: alli comienza el oido del mediador
aafinarse. La eleccién de textos potentes, abiertos, desafiantes, que
no se queden en la seduccién facilista y demagégica, que provoquen
preguntas, silencios, imagenes, gestos, rechazos y atracciones., es la
antesala de la escucha.
Mientras elegimos qué leer con otros estamos imaginando por dén-
de podriamos entrar a los textos en las conversaciones literarias, por
donde entraran los demas lectores, qué encuentros y desencuentros
pueden suscitarse al discutir, cémo hacemos para ayudarlos en esos
hallazgos, cémo dejamos abierta la posibilidad de que sea el propio
texto el que los ayude con algunas respuestas 0 que les abra el cami-
no para nuevas preguntas, como hacemos para intervenir sin cerrar
sentidos. Aquies interesante recuperar la metafora de Barthes de “le-
vantar la cabeza” y escribir la lectura de nuestras propias decisiones al
elegir ¢ inventar posibles caminos para conversar sobre los textos con
Jos lectores. Es un ejercicio interesante el de bocetar las preguntas que
potencien la discusidn sobre los libros: en esa practica releemos nues-
tras propias teorias sobre esos libros y decidimos posibies maneras de
poner de relieve lo que nos interesa que los lectores se lleven como
conocimiento o como pregunta.
Cuestiones como estas aparecen con frecuencia en las reflexiones
que los alumnos del Postitulo de Literatura Infantil y Juvenil de la Ciu-
‘OfR ENTRE LINEAS
ELVALOR OE LA ESCUCHA EN LAS PRECTICAS DELECTURACecitia Bejour Gir entre tineas: et valor de fa escucha en fas practicas de fectura
dad de Buenos Aires* escriben sobre el proyecto de lectura con el que
hacen la evaluacién de cierre dela cursada. Se trata de una experiencia
de campo en la escuela o en contextos no escolares tales como come-
dores comunitarios, institutos de minoridad, centros de salud, biblio-
tecas populares, etc.
La preocupacién inieial es, como deciamos, con qué libros salir al
encuentro con los lectores. En la escritura de los proyectos y en los
encuentros de tutorias donde se lee y discute los registros de lo reali-
zado semana a semana durante el trabajo de campo, la efervescencia de
Ja seleccién se cruza con el vértigo de las conjeturas anticipadoras de
las charlas literarias (gc6mo preguntar? zc6mo intervenir? cuando
callar?, entre otras tantas preguntas).
Dos alumnas docentes que trabajaron con alumnos de cuarto gra-
do de una escuela ptiblica de la ciudad de Buenos Aires eligieron para
sui proyecto versiones parddicas de Caperucita Roja tales como la de
Roald Dahl (2008) ilustrada por Quentin Blake de Cuentos en verso para
nirtos perversos, la singular ilustracién de Leicia Gotligowski (2006) so-
bre el original de Perrault, la de Pescetti y 0” Kif (1998) en Coperucita
tal como se la contaron a Jorge. La idea era partir de la lectura de las ver-
siones originales de Perrault y los Hnos Grimm para cotejar, valorar
y reconocer junto con los chicos las transformaciones parédicas y las
relecturas de lo escrito que provocan ciertas ilustraciones.
Una de ellas, Eleonora (2006-2008), fundamenté el proceso de
eleccién de este modo:
“Llevamos “Caperucitas” que por algin motive u otro nos gus~
taban, Estamos convencidas de que para “hacerles legar” a
los chicas estas obras era fundamental que nosotras mismas
estuviéramos implicadas auténticamente con ellas; que nos
gustaran no s6lo por su lectura placentera sino también por
sulectura generadora de tensiones. No pretendiamos “hacerla
facil” ni para ellos ni para nosotras. Esperabamos que se ge~
Be
2, El Postitule de Literatura Infantil y Juvenil fue una carrera de especialicacién publica y
gratuita para docentes de todos los niveles de la Ciudad de Buenos Aires (Escuela de Capa
sitacion. CEPA. dependiente del Ministerio de Educacién de CABA). Entre 2002 y 2011, ako
enque fue cerrado, se dietaron eineo cohortes y recibieron el titulo de especialistas mis de
quinientos docentes
‘OiR ENTRE tiNEAS
ELVALOR OE LA ESCUCHA EH LAS PRECTICAS DE LECTURS
516
(ir entre tineas: el vetor de la escucha en las préetias de lectura Ceca Bajour
neraran conflicts que los hicieran reflexionar, cuestionarse,
ponerse tristes y también irénicos. [...] No queriamos acer-
caries material que, por estar destinado a un publico infantil
hubiera sido modificado y recortado para tomarlo ‘asequible
a este nuevo piblico®. Nuestra idea era que tuvieran que en-
frentarse con algo que no hubiera sido censurado para facilitar
su lectura y eliminarle la tension. Teniamos el firme objetivo
de no facilitarles las cosas y que tuvieran que pensar, sacar
conclusiones y sentirse incémodos y desafiados siempre que
Ia ocasion lo propiciara”.
En las basqueda de estas maestras brilla con fuerza la confianza en
las maneras en que esos alumnos de ocho o nueve atios se las pueden
ver con libros que los desatfian, que no los puerilizan, que los invitan a
ser activos buscadores de como estan hechos los textos y no sélo en re-
constructores de argumentos. Libros que dialogan con su sensibilidad
estética, sobre todo en una etapa de la vida donde todo es inaugura-
cién, prueba, fertilidad, pregunta abierta.
Las anticipaciones de deseos sobre los posibles efectos de los textos
elegidos en los lectores se combinaron en la propuesta comentada con
lareflexién acerca de cémo hacer para privilegiar la escucha en las dis-
cusiones literarias. La preocupacién de las docentes por no monopoli-
zar la palabra y encontrar un equilibrio entre la libertad de opinién, el
derecho de todos a interveniry la busqueda de algunas estrategias para
construir significados se vislumbra en estas palabras de Eleonora:
“Tuvimos que lidiar, por un lado, con la libertad que les diba~
mos para opinar y producir, hacer conjeturas, comparar, anali-
zar y, por otro, con las ganas que tenian de opinar sobre todo y
contar todo lo que se les ocurria y con lo que podian relacionar
Jos textos. [...] Otra cuestion que consideramos que logramos
manejar fue el esperar y no dar todas las respuestas a las pre-
guotas que nos planteaban para que ellos mismos pudieran ir
fe
3. Soriano, Mare. "Adaptacion y divulgecién” en La literatera para nites 7 jévenes. Cula de
exploracién de sus grandes temas. Buenos Aires. Colihue. 1999.
FR ETRE UNEAS
ELVALOR DELA ESCUCHHA EN LAS PRACTICAS DE LECTURACecita Bajour Ol entre tineas: el vaio de fa escucha en las pracliéas de lectura
pensando los posibles desenlaces, interpretaciones y solucio-
nes a sus dudas. Ellos dejaron de hacernos preguntas a noso-
tras y las tban tratando de responder solos, tomando e hilando
lo que los compaiieros decian. Esto parecia producix un efecto
tranquitizador, Fue muy valioso para nosotras poder ver esa di-
namica que se fue creando entre ellos con minimas interven-
ciones auestras. Uno a uno iban aportando mas elementos auna
definicién que resultaba grupal y con toques personales.”
EJ acento puesto en la posibilidad de construir sentidos por parte
de todos los lectores y no en la carencia, la diferencia o los limites
se manifesté con fuerza en un taller de lectura Hevado a cabo por dos
mediadores, Roberto y Mariel, con un grupo de jévenes y adultos con
distintas patologias mentales y motoras en un centro de rehabilitacion
y estimulacién.4 La propuesta consistia en explorar el género maravi~
lloso como camino para poner en juego relaciones de intertextualidad
encuentos populares y diversas versiones contemporaneas. En sutra~
bajo de evaluaci6n final del Postitulo Roberto comenzé preguntandose
si era "posible pensar en un taller de lectura para personas que no estan al-
fabetizadas y que debido a que sus capacidades intelectuales son reducidas
jamés podrian Uegar a estarlo”. La idea de Graciela Montes (2007) de
qué “analfabetos de significacién no hay, somos todos constructores
de sentido” lo Nevé a repensar su idea de alfabetizacion. De alli que en
ja seleccién apost6 a. “textos que por sus caracteristicas ~ tanto formales
como. literarias~ apuntasen a un destinatario amplio. Asi incorporé obras
qué hubiesen sido descartadas si las hubiera juzgado con criterios mds con-
dicionados por ideas preexistentes o prejuicios. Como sostiene la bibliote-
carid y éspecialista francesa Genevidve Paste (1984): “Seleccionar no quiere
decir restringir, sino todo lo contrario. Seleccionar significa valorizar”.
La valorizacién de los lectores traducida en la variedad y calidad de
tina mesa de mas de sesenta libros donde la imagen tenia un rol pre-
ponderanté (sobre todo libros album aunque no sélo) tuvo su correlato
en la sutileza de la escucha de las formas singulares de quienes leian.
oe
4. Sotelo, Roberto. "Todos somos capaces de ejercer nuestro derecho al imaginario a través
de ta Lectura”, (proyecto realizado con Mariel Danzawo). Postitulo de Literatara [nfaatil y
Juvenil. Guarta Gohoste (2006- 2008).
O/R ENTRE LINEAS
ELVRLOR DE LA ESCUCHA £8 LAS PRACTICAS DE LECTURA
ir18
‘ir entra fineas: ef valor deta escucha ea las practioas da tectura Cecilia Bajour
Los vinculos intertextuales entre los textos leidos, pronunciados o su-
geridos al modo que cada uno tiene o puede se hacen visibles en estas
palabras de Roberto:
“En tado momento, por sus comentarios, verbalizaciones mi-
nimas o actitudes (buscar, encontrar, ensefiar, seftalar), los
coordinadores pereibimos que conocen las historias de las
que estames bablando, mis alla de los libros que las contie-
nen. Y ellos, a su modo y con sus posibilidades tan particu~
lares, nos lo hacen saber a cada momento. Pienso que de esta
forma hemos encontrado una manera de dialogar sobre libros
y literatura, y que cada intervencién individual ayuda y enri-
quece esta construccién cultural del imaginario que estamos
haciendo entre todos”.
Si ponemos en didlogo la eleccién de textos desafiantes con modos
de leer también desafiantes, los géneros literarios que se caracterizan
porla incertidumbre o por la ausencia de cierres tranquilizadores sue~
len poner a prueba la predisposicion y flexibilidad de los adultos hacia
Ja escucha de la zozobra.
El temor a dejar zonas ambiguas en la interpretacién impulsa mu-
chas veces a la sobreprotecci6n por medio de la explicacién o de la
reposicién de sentidos alli donde el texto proponia callarse o dudar.
Confiar en que los lectores se pueden encontrar con textos que los de~
jen inquietos o en estado de pregunta es una manera de apostar por los
aprendizajes sobre la ambigtiedad y la polisemia en el arte y en la vida.
No todos los silencios tienen que ser llenados: menos atin aquellos que
constituyen la manera de ser de géneros coms el fantastico, el humor
absurdo, la poesta.
En otro trabajo de campo del Postitulo una maestra realizé una expe-
riencia de lectura con textos humoristicos en un tercer grado de una es~
cuela del oeste de la cindad de Buenos Aires. En uno de los encuentros
propuso el cuento “El seior Lanari” de Ema Wolf [1998]5. El relato cuen-
tala historia de un senior que al salir desu casa comienza a destejerse por-
ie
g- Wolf, Ema, "El sefior Lanari” en Los imposibles. Buenos Aires, Ed. Sudamericana, Col. Pan.
Fauia. 1998.
48 ENTRE LINEAS
ELVBLOR DE LA ESCUCHA EN LAS PRACITCAS OF LECTURACociia Bajour tr entre lineas: el valor de fa escucha on jas précticas de foctura
que una hebra de su gorro de lana queda atrapada en la mandibula de su
perro. Como era dorningo e iba a llevar merengues a su abuela cuando He-
g6 casi totalmente desiejido a su casa ella comenzé a tejerlo nuevamente.
La logica de lo habitual es transgredida y reemaplazada por otra que carece
de explicaciones como suele suceder con el humor absurdo.
Este fragmento del registro de Karina (2006-2008) de la charla so-
pbreel cuento muestra cémo se despliega la incégnita por la falta de
certezas acerca de dénde fue a parar el personaje cuando se destejid:
“Acd nos traicioné el que escribe, por qué no nos dice nada?”,
dice Sebastian. Les pregunta: ";Por qué necesitan saber dén~
de estaba Lanari?”
Bruno dice: "Es como que acd pasa algo raro. Porque el tipo ya
no est mas pero dice acd que se sentia disminuido [...]”
Macarena: “claro, porque se estaba haciendo invisible...”
Luciano: “pero no sabemos si era invisible... acd dice que se
destejié todo, solamente le quedaron las medias [...]”
Bruno: “pero igual compré merengues (...] asi como estaba [...]”
Pablo: “pero yo digo, gla abuela sabia dénde estaba mientras
no estuvo chi?, 0 siempre estuvo en el mismo lugar y se hizo
invisible?”
Digo yo (Karina, la maestra): “;el resto qué piensa? Me parece
qiié lo qite quiere decir Pablo es que una cosa es ser invisible y
otra cosa es estar destejido [...]”
Micaela:.“y si: [:..} yo no creo que Lanart fuera invisible [...]
“porque era wha lana colgando [...] estaba ahi la lana de lo que
efa antes una persona, pero aliora no era m4s una persona, era
‘una lana, no éra invisible”.
“Es cierto”, digo yo, {qué piensan?.
Brand: {pero como hizo para comprar los merengues?
Lticiano: “los comapré y list. Para inf el cueinto es asi porque sino,
te preguntas cémo se destejié el tipo yya nada tiene sentido [...]”
Enesta discusi6n es interesante como la maestra presta atencién ala
inquietud que suscita el no saber y habilita con sus preguntas las inter~
pretaciones posibles sobre lo incierto pero no las cierra: deja que los
leetores planteen sus hipétesis y teoricen sobre la informacion dada
por el narrador hasta el punto de que uno viva la escasez de datos como
“traici6n” del narrador y otro admita que “el cuento es asi
fie neTRE LINERS
ELVALOR DE LA ESGUCHA E4 LAS PRACTICAS DE LECTURA
ig20
‘ie entre lineas: ef valor de Ia eseucha en las préeticas de fectura Caciia Bajaur
En el encuentro de tutoria donde Karina ley6 este registro conté que
ante la zozobra provocada por la incertidumbre estuvo a punto de propo-
ner una actividad grafica que pusiera algin cierre a lo que se planteaba
como incégnita. Se produjo alli una interesante discusién sobre el por
qué de esa propuesta que buscaba lenar los silencios constitutivos de la
' propuesta artistica de ese texto. Tras ese debate Karina escribié:
“Incluso yo me habia quedado con la sensacién de que quizds
hubiera sido bueno proponerles pensar dénde se habia ido
Lanari mientras estaba destejido. En la tutoria sobre este re-
gistro me di cuenta de mi necesidad de aliviarlos~o de aliviar-
meamimisma-.Y por eso dejé las cosas asf, sin explicacién ni
dibujito que compense”.
Ademias de aprender a escuchar los silencios de los textos y ponerlos
en juego en las experiencias de lectura, los mediadores pueden prestar
fino oido a las particulares maneras de nombrar e hipotetizar sobre los
hallazgos artisticos que tienen los lectores.
Hipétesis no dichas en jerga técnica sobre la literatura y las artes vi-
suales aparecen en palabras, actitudes o gestos sumamente originales de
nifios, adolescentes o adultos que tienen mucho para decir sobre cémo
se hacen los textos si hay alguien que esté dispuesto a escucharlos. Hablu
de una escucha alimentada con teorias ya que para reconocer, valorar y
potenciar los hallazgos constructivos se vuelve productivo el manejo de
algunos saberes tedricos por parte del mediador. No me refiero alo teéri-
co como uso de terminologias o diseursos especificos de la teorialiteraria
ode la retérica de la imagen como etiquetadores “correctos” de hallazgos
interpretativos. La leetura de un poema, por ejemplo, si sdlo es el cami-
no para detectar, aislar, diseccionary mencionar hipérboles, sinestesias,
antitesis, metonimias, etc. deja afuera a la poesia ya los lectores,
Es posible hablar profunda y criticamente de los textos sin hacerlo
“en jerga”. Sin embargo, esta visién no subestima los modos parti-
culares que cada teoria tiene para nombrar los procedimientos de las
distintas artes. Por el contrario, muchas veces una escucha sensible
que valorice los modos de cada lector de referirse al encuentro con
metaforas, perspectivas inusuales, alteraciones temporales, elipsis,
ete, puede ser una ocasién para poner en didlogo estos descubrimien-
tos con algunas denominaciones técnicas. Se trata de un modo de
transmisién cultural y puesta a disposicién de saberes tedricos acerca
(18 ENTRE LINEAS
ELUALOR DELA ESCLCHA EN LAS PRACTIONS OE LECTURACecilia Bajour Gir entre Hoeas: al valor de la escucha en las préctioas de fectura
del arte que no pretende ser “la verdad” acerca de los textos. La teoria
ge pone en juego a partir de lo que los lectores dicen sobre los textos y
no al revés: cuando precede a la lectura condiciona y cierra sentidos.
Mariela, otra maestra interesada en desafiarse a si misma y a los lec-
tores con textos bellos y sin concesiones y deseosa de “estar disponible en
cuerpo y alma.a escuchar”, reflexioné sobre estas cuestiones al escribir su
experiencia de lectura de poesia con chicos de entre trece y veinte afios.
Realizé su proyecto en un centro comunitario que organiza actividades
culturales y recreativas y ofrece merienda y cena para “adolescentes en
riesgo social” en el sur del conurbano de la provincia de Buenos Aires
enun barrio muy golpeado por la exclusion.® Veamos un fragmento del
registro de un encuentro en que propuso la lectura de poesia que escapa
alo convencional en las lecturas del género en esas edades.
“Leé este que suena rarisimo — me pide Susana.
Me pasa de Trilce el Poema II”, le pregunto por qué y me sefiala
cy
6. Duro, Mariela. "Hacen el verso los nitios perversos”, (proyecto realizado para la evalua~
cién fal del Postitulo de Literatura Infantil y Juvenil. Cnarta Cohorte (go06- 2008).
7. Valléjos, Sésar~ Trilee. Poema Lf
‘Tiempo Tiempo.
Mediodia estancade entre relentes.
Bornba aburrida del cuartel achica
tiempo tlempo tiempo tiempo.
Era Era. :
Gallos cancidnait ebcarbando en Vane.
Boca del claro dia que conjaga
era cra ezaera,
Malaria Maftana.
El reposo caliente ain de ser.
Piensa el presente guardame para
manana mahana matiana manana
Nozbre Nombre.
{Qué se Hama cuanto heriza nos?
Sellama Lomismo que padece
nombre nombre nombre nombrE.
‘OfR ENTRE LINEAS: nN
EL VALOR DE LA ESCUCHA EN LAS PRACTICAS DE LECTERA“2
(Of entre iineds: of vafor de a escucha en las ardcticas de tectura Cecilia Bajour
la E mayiscula del final: -es que se puede leer al revés, no ves.
que termina en maytiscula, se lee también asi- y con el dedo
sefiala una posible lectura que no respete la linealidad con-
vencional. Todo ua hallazgo.
Lo leoy Tino interrumpe: - Asi cualquiera escribe con dos pa~
labras y repite, repite, repite- se rien dela “trampa”. Lo vuelvo
a leer en voz alta acentuando las repeticiones: "tiempo tiempo
tiempo tiempo" y las palabras unidas “Lomismo”
-Parece un reloj de un teléfono que dice trece horas, catorce
minutos, cuarenta seguados~ dice Brian- y repite -trece ho-
ras, catorce minutos, cuarenta segundos”.
Me sorprende lo atinado de la asociaciéa tan sintonizada con
el poema y sus repeticiones que tematizan la rutina, el tiempo
indiferenciado en "Lomismo”.
Les pregunto de qué otra manera podria haber dibujado Va-
llejo este texto y me dicen: -En redondo, ~en forma de reloj-.
Me gustan sus ocurrencias y se los demuestro con una sonrisa,
Brisa me trae La hormiga que canta de Laura Devetach y Juan
Lima y me muestra un poema "despatarrado”, quiere leerlo
ella, comienza mientras muestra con el dedo por donde sigue
entre la mezola de letras y hormigas,
Comienzan a traernos los platos de la cena, también mezcla-
dos cireulan los poemas.
~Yo también quiero escuchar~ dice Graciela, la cocinera.”
Mariela no solo propone leer poesia que “suena rarisimo”, iambién
provoca con sus intervenciones que los lectores entren a los poemas
Jugando el juego al que invitan. La pregunta sobre otro modo posible
de dibujar el poema abre el camino a luminosas hipétesis de los chicos
dichas por medio de comparaciones como la de Brian entre la repeti-
cién del poema de Vallejo y la grabacidn de la hora en el teléfono. Por
otra parte valora como los chicos “leen con los dedos”, particularmen-
te en el caso de Brisa con el texto de Devetach (2004) donde Ja pala~
bra “despatarradas” referida a las hormigas es literalizada por el juego
grafico de Lima que las desparrama junto con las silabas del poema.
La escucha de este modo se extiende no s6lo a lo dicho en palabras
sino también a los signos transmitidos por gestos elocuentes. Escu-
char también pasa por leer lo que el cuerpo dice. Asi lo piensa Angeles,
una maestra que hizo una propuesta de lectura de libros de Anthony
‘O1R ENTRE LINEAS
ELVALOR OE LA ESCUCHE EN LAS PRICHTORS DE LECTURACecilia Sajour Or entre tineas: ef valor de a escucha on fas prdctieas de lecture
Browne con chicos que concurren a comedores comunitarios en ba~
rrios pobres del sur de la ciudad de Buenos Aires®,
“Siento como mediadora que hay algo entre ia propuesta de
libros como estos y la gestion de un espacio y un tiempo en
compafiia de otros lectores, que va instalando muy de a poco
Ja posibilidad de des~ cubrir esas otras lecturas, las de los lec-
tores mas silenciosos: lecturas no dichas en palabras sino con
gestos, sefialamientos, miradas. Descubrirlas desde el lugar
del mediador y poder, en algunos momentos, devolverlas al
grupo tal vez en palabras que las valoricen y les hagan un lugar
frente a todos”.
En las palabras de estos mediadores y en sus conclusiones cuando
evaliian el trabajo realizado, la escucha es ante todo una practica que
se aprende, que se construye, que se conquista, que leva tiempo. No
es un don o un talento o una técnica que s¢ resumiria en seguir unos
procedimientos para escuchar con eficacia. Es fundamentalmente una
postura ideolégica que parte del compromiso con los lectores y los
textos y del lugar dado a todos quienes participan de la experiencia de
leer. Por eso la escucha como practica pedagogica y cultural que com-
bina la exigencia con la confianza en la posibilidad de todos los lecto-
res puede tener efectos transformadores en contextos golpeados por
procesos de exclusién econémica y social y por diversas expresiones
de autoritarismo.
Los mediadores que en experiencias de lectura compartida apren-
den a oir entre lineas construyen puentes y confian en que las voces,
los gestos y los silencios de los lectores merecen ser escuchados. Si
fuera asi, cuando es asi, leer se parece a escuchar.
ee
8. Larcade Posse, Angeles. "Sobre el derecho a encontrarnos y deseubrirnos a través de la
lectura”, (proyecto realizado pare la evaluacién final de! Postitulo de Literatura Infantil y
Juvenil. Guarta Cohorte (2006- 2008)
‘gin enTRe LiNEAS
ELVALOR DE tA ESCUCHA EN LAS PRACTICAS DE LECTURA
BTo
BIBLIOGRAFIA
Acosta, Exsonora. Proyecto Caperuzas de colores. Proyecto realizado con
Daniela Duna. Postitulo de Literatura Infantil y fuvenil. Cuarta Co-
horte, 2006-2008.
Barris, Roan. “Escribir ta lectura”. En: El susurro del lenguoje. Bar-
celona: Paidés, 1994.
Carpact, Karina, Proyecto realizado para la evaluacién final del postinulo de
literatura Infardil y juvenil. Cuarta Cohorte, 2006-2008.
Cuampens, Aipan. Dime. México: Fondo de Cultura Econdmica. Col. Es~
pacios para la Lectura, 2007.
Dan, Roatp. Cuentos en verso para nifios perversos. Buenos Aires. Alfa-
guara. 2008.
Deveracu, Laura; Lima, Juan. La hormiga que canta. Buenos Aires. Libros
del Eclipse. Col. Libros album del Eclipse. Buenos Aires, 2004.
Duro, Manta. Hacen eb verso los nitios perversos. Proyecto realizado
para la evaluaci6n final del postitulo de literatura infantil y juvenil.
Cuarta Cohorte, 2006-2008.
Laacape Posse, Ancetes, Sobre el derecho a encontramos y descubrimos a
traypes de la lecura. Proyecto realizado para la evaluacién final del
postitulo de literatura infantil y juvenil. Guarta Cohorte, 2006-
2008.
Lopes Ocox, Monica. Los escritores somos los maios bichos de la sociedad.
Entrevista a Carlos Fuentes. Revista N., n. 261,27 sep. 2008.
Mowtas, Gractgta. La gran ocasién. La escuela como sociedad de lectura.
Buenos Aires: Plan Nacional de Lectura. Ministerio de Educacién
Ciencia y Tecnologia, 3007. 2. ed. Disponible: [Link]
[Link]/22.1/[Link]
Parte, GENEVIEVE. Si nos dejaran leer. Los ninds y las bibliotecas. Bogota.
CERLALC, Prolectura, Kapelusz, 1984.
Perrault. La Caperucita Roja. Lustraciones de Leicia Gotligowski. Bue-
nos Aires: Libros- album del eclipse, 2006.
Pescerni, Luis Mania. O'Kir. Gaperucita roja, tal coma se la contaron. a Jor~
ge. Buenos Aires. Alfaguara. 1998.
Perit, Micuéie. “;Construir lectores!” En: Leeturas: del espacio intimo
al espacio piblico. México. Fondo de Cultura Econémica. Col. Espa-
cios para la lectura, 2001.Sreiven, Geoxce. Las lenguas de Eros. En: My Uniwritten books (Mis libros
no escritos). Editorial Weidenfeld & Nicolson, 2008. De proxima
aparicion en espafiol.
Soreto, RoseRro. Todos somos capaces de ejercer nuestro derecho al imagina-
rio a través dela lectura. Proyecto realizado con Mariel Danazzo. Pos-
titulo de literatura infantil y juvenil. Cuarta Cohorte, 2006-2008.
Soriano, Marc. “Adaptaciéa y divulgacion”. En: La literatura para nirtos
‘y jévenes. Guia de exploracién de sus grandes temas. Buenos Aires:
Colihue, 1999.
‘Vaitejos, Césan. Trilee. Buenos Aires: Losada, 1993.
Wor, Ema. “El sefior Lanari”. En: Los imposibles. Buenos Aires. Sud-
americana; Col. Pan Flauta, 1998.&
ZQUE TIENE QUE VER
LA PROMOCION DE LA
LECTURA CON LA ESCUELA?
Las bibliotecas escolares en sus diversos modos de sery manifestar-
se suelen ser el foco de muchas de las actividades y experiencias vin~
culadas al concepto de “promocién de la lectura”.
Desde Ja segunda mitad del SXX con desigual desarrollo segin las
circunstancias en que se desenvolvié la escolarizacién comenzaron a
convivir en tensién dos discursos sobre la lectura en las etapas de la
infancia y la adolescencia: el ligado a la lectura de estudio casi siempre
relacionada con la obligatoriedad y el que tiene que ver con la lectura
Libre a la que luego se asocié la idea bastante difusa del placer.
El cruce de ambos discursos fue posible gracias al pacto entre la es-
cuela y otras experiencias externas a ella, principalmente aunque no
de manera exclusiva, por parte de las bibliotecas publicas. La expe-
riencia de algunos bibliotecarios en torno a unas practicas lectoras
cd
1, Texto de la conferencia proauaciada por la autora en el 14° Foro Internacional por el Fo-
mento det Libro y la Lectra, organizado por la Fandacién Mempo Ciardinelli (Domo del
Centenario de la ciudad de Resistencia. Provincia del Chaco, Argentina: 19 al 22 de agosto
de 2009)
i
OUR ENTRE LINEAS
ELVALOR OE LA ESCLCHA EN LAS PRECTICAS DE LECTURAn
Qué thene que vert promacion de fatectura com ia escuela? Cecilia Bajout
caracterizadas por la libertad, el juego y la diversidad de formas de lle~
gada al libro y otros soportes comenzé a formar parte de la vida escolar
transformando algunas pricticas tradicionales del aula e impulsando
nuevas formas de relacionarse con la cultura en la escuela. Como re-
sultado de esa alianza, no sin contradicciones, ensefiara leery promo-
ver la lectura ge convirtieron en dos objetivos escolares entramados en
una relacién ala vez saludable y dificil”.
Pero, gde qué hablamos cuando decimos “promocién de la lectura”
en el marco de la escuela? ;La escuela necesita “promover” la lectura
si precisamente desde que existe esta atravesada por ella mas allé de
cémo lo haga?
Como todo proceso cultural es productivo ¢ interesante mirarlo con,
perspectiva histérica para evitar aplanarlo con generalizaciones 0 pre-
juicios.
Como deciamos, la palabra "promocién” viene con caracter de im-
portada a la escuela ya que no nacié con ella aunque haya sido la que le
dio entrada.
Se trata de un campo de practicas bastante heterogéneas que retine
actores diversos interesados fundamentalmente en la literatura infan-
tily juvenil y otros sistemas culturales ligados a la infancia y la ado-
lescencia, Actores tales como narradores orales, talleristas, feriantes,
escritores, ilustradores, bibliotecarios, etc, que pueden ser indepen-
dientes 0 vinculados a diversas instituciones educativas formales 0 in-
formales o al mercado editorial (para el que la idea de promocién dela
lectura se eruza con la idea de marketing por medio de estrategias y re~
sultados que es interesante mirar en su complejidad tanto como fend-
meno de mercado como de estrategia cultural). Dentro de la escuela,
como planteaba Graciela Montes en el articulo “Ilusiones en conflic~
to”?, hubo y hay maestros y bibliotecarios que quieren intentar otros
caminos en "la vida del leer” y que entonces se posicionan del lado de
la “promocién de!a lectura” propiciande la entrada de esos otros acto-
res culturales. Enlamayoria de los casos estos actores miltiples, tanto
oo
3, Chartier, Aane- Marie, Hébrard. Jean, Lalectura de un siglo otro. Diseursos sobreta lecture
(1980 2000). Barcelona, Gedisa.
3. “lusiones en conflicto”. en La Mancha. Papeles de literatura infantil y juvenél. Buenos Ai-
res. abril de 1997.
‘OR ENTRE LINEAS
ELVALOR DE LA ESCUCHA EM LAS PRACTICAS DE LECTURA.Cecilia Bajaur 2Qué
1¢ que ver la promacidn de la fectura can fa escuela?
de adentro como de afuera de la escuela, plantean modos de relacio-
narse con la lectura que tiene sus caracteristicas propias, que intentan
diferenciarse de algunas practicas y tradiciones pedagégicas y curricu-
Jares muy arraigadas en la escuela asociadas fundamentalmente con lo
normativo, prescriptivo y academicista y que cuando hacen su entrada
confluyen y a Ja vez tensionan con ellas.
La promocién en su version ms simplificada y menos productiva
para lo que nos interesa entrd en muchos casos a la escuela de la mano
de la idea de “animacién” (una palabra que a mi juicio esconde 0 su-
giere la idea de que hay algo, la lectura y los lectores en este caso, alo
que le falta animo, o hay que reanimar). Un “animar a leer” que en
muchas propuestas se presenté o se presenta asociado con una serie
de practicas que intentan espectacularizar el acto de leer, a convertirlo
en un show o en un juego superficial donde muchas veces los libros y
lalectura misma quedan desplazados a un segundo término 0, en casos
mas extremos, casi no aparecen. Esta tendencia, que podriamos la~
mar “activista”, suele partir de premisas negativas que no venun hacer
en el leer, que parten de que sélo lo mostrable es lo que vale o que
piensan que hay que insuflar aires vitales 0 espectaculares en la lectura
como si esta fuera una actividad cataténica o de baja intensidad.
Evitar la tendencia a que predomine la cascara y no la pulpay el caro~
zo cuando de leer se trata no significa dejar de lado maneras renovadas
y badicas de entrar a los textos. Muchas practicas artisticas ligadas a
este campo de la promocién que ponen a la lectura y a los libros en
el centro aportan muchisimas ideas nutritivas. En este terreno otras
artes tales como el teatro, la narracién oral, el cine, las canciones para
nifios, etc, pueden ofrecer nuevas tacticas siempre que valoricen esté-
ticamente y pongan de relieve a los textos.
Un recorrido por las representaciones mas habituales acerca de la
promocién nos lleva con frecuencia a encontrarnos con la que se sos-
tiene en los discursos y pedagogias del placer, que siguen teniendo
mucha fuerza en las pricticas escolares de lecturat.
fe
4- Bombini, Gustavo, “Sabemos poco acerca de la lectura” en “Lenguas Vivas” Publicacion
del Instituto de Ensenanza Superior “Juan Ramén Feenande2”. Aio 2 Numero 2. Buenos Ai-
tes, Octubre- Diciembre, 002.
‘in ENTRE LINEAS
ELVALOR DE LA ESCUCHA EN LAS PRECTICAS DE LECTURA
B4
“MoE tne que ver fa premacin dela lectura con la escutia? Cecta Bajar
Placer que parte de una visién de la lectura como una actividad sa-
grada e intocable. Placer visto como consecuencia del contacto “li-
bre” con los textos, sin intervencién docente, que es considerada
come obstaculo a esa relacién placentera. Placer también vinculado
en forma exclusiva a una manera liviana de leer textos literarios. Esta
" concepeién suele generar falsas oposiciones entre lectura literaria (la
considerada placentera) y lectura de otros textos (ligados al estudio y
al esfuerzo, raramente vinculados con el placer).
En esas visiones lo literario entonces suele divorciarse de la ense~
anza y se afirma como una experiencia que ante todo debe disfrutar-
se, enuna idea de placer en ja que la relacion con la ficcidn debe ser de
entrega y donde es impensable toda propuesta que intente buscar un
didlogo de saberes en el mismo acto de leer. La lectura dista de con-
siderarse un “hacer” cuando predomina la idea de que con la lectura
literaria "no se hace nada”. Entonces la biblioteca se vuelve escenario
de Ja paradoja de que alli se hace algo que en la mayoria de los casos no
es valorado ni percibido como un hacer con consecuencias para el cu-
rriculum escolar. Esto se acentia debido a que la tradicion de registrar
lo hecho para comunicar a los padres o para llevar un control evaluable
de lo realizado (donde el cuaderno o carpeta suelen ostentar la evi-
dencia del hacer) no tiene expresiones tangibles en la biblioteca. salvo
en las acciones de préstamo y devolucién de material que no aleanzan
para lo que tradicionalmente es visto como que “se hizo algo”. Como
ejemplo de tacticas que intentar contrarrestar esta condena a la invi-
sibilidad hay bibliotecarios o maestros que proponen a los nifios que
den cuenta en sus cuadernos de lo actuado en la biblioteca, lo cual si
es una instancia burocratica movida por la exigencia tacita de que toda
actividad escolar debe ser registrada para ser monitoreada por padres
o inspecciones del propio ambito escolar disuelve toda inteneién de
convertir las practicas de lectura en la biblioteca en situaciones signi-
fieativas para la vida lectora de los alumnos.
Por supuesto que, llevada al extremo, semejante representacién so-
bre la lectura literaria en la escuela favorece la seleccién de determi-
nados textos y determinados modos de leer en ese ambito: la lectura
placentera es aquella en que se toma contacto con textos livianos en
situaciones “de almohadén” en la que los lectores son atravesados en
forma romAntica y magica por la experiencia literaria y donde toda
intervencién del mediador (por ejemplo, del bibliotecario) es vista
como una intrusidn de lo didaetico por sobre la relacidn “libre” que
iA ENTRE LINEAS
ELVALOR DEA ESCUCHA EN £AS PRACTICAS DE LECTURACectia Qajour ;Qué tiene que ver la premoviGn de fa lectura con la escuela?
todo lector deberia tener con los textos para augurarle un posible futu-
ro de vinculos estables con ia lectura.
Pero no siempre las actividades literarias vinculadas a la idea de
promocién que se llevan a cabo en la biblioteca estan atravesadas por
esta vision alivianada de la lectura.
En muchas escuelas los bibliotecarios escolares suelen ser gesto-
res, ya sea por decisién de la conduccién o por propia iniciativa, de
experiencias culturales en relacién con la lectura con una incidencia
potente en la formacién literaria y artistica de los alummos y otros ac-
tores de la cormunidad escolar. Son los encargados de invitar a autores
o narradores orales, realizar ferias del libro, organizar exposiciones
teméaticas, habilitar el espacio de 1a biblioteca para el desarrollo de
actividades artisticas diversas, gestionar visitas a museos u otras ins-
tituciones culturales de la comunidad, etc. Los saberes relacionados
con la gestién cultural sin embargo no forman parte del curriculum
de la formacién de los bibliotecarios escolares por lo cual todas las ac-
ciones ligadas a lo cultural suelen depender para ser llevadas a cabo
con mas o menos éxito de la pura iniciativa de quienes las enearan.
Seria deseable que una tarea tan importante como esta no estuviera
supeditada azarosa y solamente a la voluntad de quienes estan al fren-
te de la biblioteca. Por otra parte, la realizacién de eventos culturales
impacta en la escuela en su conjunto cuando toda la comunidad escolar
se hace cargo y por lo tanto se apropia del diseno y tareas derivadas de
tales eventos. De lo contrario todo el esfuerzo ¢ inventiva dependeria
del bibliotecario y esto contribuiria a la visualizacién de la biblioteca
como una institucién auténoma de la escuela que'se vincula en deter-
minados aspectos y no en otros.
Muchos nittos y, sobre todo los que pertenecen a sectores mas gol-
peados por las diversas crisis econémicas y sociales, tienen oportuni-
dad de inaugurar su relacién con este tipo de experiencias culturales
gracias a las posibilidades generadas por la escuela.
La responsabilidad de la escuela de garantizar a los alumnos expe-
riencias culturales ricas y variadas no tiene por qué plantearse en for-
ma divorciada de la responsabilidad de ensefiar sino todo lo contrario.
Retomamos entonces la idea de que la biblioteca cuando esta en la
escuela esta imbuida de sus principales sentidos y por lo tanto quien
est al frente (io deseable es que sea un maestro que tenga formacién
de bibliotecario escolar) no puede desentenderse de la ensefianza.
Mas claramente, toda tarea realizada por el biblictecario o maestro
OFR ENIRE LINEAS
ELVALOR DE (A ESCUCHA EN LAS PRACTICAS DE LECTURA
rf16
(Qu! tiene que ver fa promocién de fa fectura con fa escuela? Cecifa dajour
responsable de la biblioteca, incluso y sobre todo la promocién de la
lectura, estd inevitablemente atravesada por la ensefianza. Ese es el]
sello que distingue a las bibliotecas escolares de otras hibliotecas.
Desde esta perspectiva, la promocién no es una forma de alejarse
de los objetivos escolares, alivianarlos, o “desescolarizarlos” sino de
darle nuevas formas y significados a las tareas de ensefianza.
La idea de “desescolarizar” la practica de la lectura, sobre todo
literaria, que esta presente en muchos discursos préximos a la pro-
moci6n, partiria de una representacién negativa de la lectura que se
realiza en la escuela: lectura que en esas representaciones es vista
como obligatoria (en gu matiz mds improductivo), aburrida, repetiti-
va, evaluable (en el sentido sancionador de la evaluacion y no enel mas
enriquecedor del término), que implica trabajo (en el sentido mas
abrumador del término trabajo). Desescolarizar desde este punto de
vista entonces vendria a ser una operacién de salvataje de todo lo que
para muchos ha provocado que la lectura y los lectores sean vistos en
estado de crisis. En relacién con esta demanda de “desescolarizacién”
de la lectura, Gustavo Bombini en una charla en la Feria del Libro de
Guadalajara en 2008 decia: “"Ni tanto ni tan poco. Tanto dafio no le
debe haber hecho la escuela a la lectura ni tampoce seré la Gnica res~
ponsable de un complejo estado de cosas que la excede; por otro lado
desescolarizar la lectura — de literatura, en este caso — supondria, en
liviano y gracioso ademan, privar del derecho a un campo de experien-
cia estética a miles y millones de nifos y jévenes que sdlo podran tener
algin contacto con 1o literario en el ambito de la escuela”.
El peligro de lamar a la desescolarizacién de la lectura entonces es~
taria en la negacién de la responsabilidad de la escuela de hacerse car-
go de repensar la ensefianza y la busqueda de nuevos caminos para que
Ja lectura tenga otros significados en Ja vida de los lectores escolares.
Para vencer ese riesgo quizas el cruce entre los aportes interesantes
provenientes del campo de la promocién y la resignificacién de la idea
de “escolar” cargandola con sus mejores resonancias cuando se piensa
en la lectura sea un modo renovado de pensar la tarea de ensefiara leer.
a
;- Bombini, Gustavo. “El maestre como promoter de lecture. Panel Feria del Libro de Gua-
lajaza. Méxien 3 /1z /2008.
OTR ENTRE LINEAS.
ELVALOR DE LA ESCUCHA EN TAS PRACTICAS BE LECTLRALOS RUIDOS DEL HACER
“Encontrar el lenguaje
lallave de los mundos
no para cerrar
sino para abrir”
Juan Luis Martinez?
La invitacién a este encuentro vino con la sugerencia de relacionar
cémo se configura la escucha del mediador de lecturas en practicas
concretas con el impacto vital que ocasiona en los mediador protago-
nizar tales practicas. La propuesta era expandir el concepto de “escu-
cha” trabajado en Oir entre lineas y pensarlo en el campo de la denomi-
nada “promocién de la lectura”.
Mi primera sensacién fue una mezcla de inquietud y desafio. En-
tonces decidi detenerme en las posibles razones de la intranquilidad
cognoscitiva e ideolégica que me producen algunas formulaciones en,
torne ala "promocién de la lectura”. La preocupacién inicial surgié del
oo
1. Texto basado en la Conferencia brindada en el 2° Enenentro de Promotores. Fundacion
Letra Viva. 24. de noviembre de 2009. Bogota.
+. Martinez, Juan Litis, Poemas del otro, Santiago de Chite, Ediciones Universidad Diego Por-
tales. 2006.
9
Oi ENTRE LINEAS
ELVALOR DE LA ESCUCHA EN LAS PRACTICAS OF LECIURA80
Los raidas det hacer Cecilia Bajaur
planteo espectfico sobre el "impacto vital” que la accién de “promover”
la lectura produce en quienes lo hacen. La idea de “experiencia vital”
suele vincularse con una consideracién autosatisfecha de las practicas
de “promoci6n”. Es decir, una autocomplacencia con una labor que
cuando se considera buena de antemano impide o descomplejiza la re-
fiéxion sobre el rol del “promotor” y su hacer en realidades concretas y
en contextos determinados.’ La representacién de "lo vital” s6lo como
lo que lleva a sentirse bien (o no) con lo que uno hace reduce el proble~
maa una dimensién individual de una practica cultural.
En ese sentido, partir de la comunicacién dialégica que esté presen-
te en el acto de escucha en situaciones de lectura me parecié una clave
propicia para resignificar en un sentido social la idea de “impacto vi-
tal”. Escuchar (en el sentido que nos interesa) supone la existenciay
ja valoracion de otros en relacién con el propio hacer.
Pienso esta inquietud inicial como una puerta abierta a reflexionar
sobre una serie no necesariamente organizada de incomodidad o “nu-
dos de intranquilidad” derivados de una serie de practicas complejas
como las que se denominan “promocién de la lectura” caracterizadas
por su diversidad de actores, de métodos, contextos ¢ intenciones.
Ver estas practicas no como ideales sino como reales, compiejas y
posibles puede ayudar a considerarlas desde su riqueza para reflexio-
nar sobre el hacer y sus posibles “ruidos” en una escucha y autoescu-
cha atentas.
Primer nudo. Apasionadamente incémodos
Ya que de lo vital estamos tratando, una primera zozobra tiene que
ver con algunos acentos que escuche en ciertos discursos sobre la
“promocién”, tanto en consiguas que encabezan algunas campatias
como en relatos sebre practicas o en intentos de definir la propia ta~
fe
3. Bn relacién con poner en cuestidn ta idea de la leetura y de las practicas en torno a ella
retomae les planteos de Michéle Peroni en la [ntroduccién a Historias de lecture acerca de “la
problematizacién de las propias eepresentaciones del libro y la lectura. de estos supuestos
previos positivos y normativos que se atribuyen a la lectura” Sobre todo de quienes nos iden-
tificamos como lectores Cen su caso se rehere a la posicién de los soctélogos que encavan.
entrevistas sobre lecturas pero me permito hacerlo extensivo a diversos mediadores entre
Itbrosy lectores).
‘O1R ENTRE LINEAS
ELVALOR DELA ESCHCHA EN LAS PRACTTCAS OE LECTURACoctia Bajour tas ruidos det hacer
rea. Me retiero a los énfasis que tienen que ver con las pasiones.
El propésito no es “enfriar” el entusiasmo indudablemente necesa-
rio y movilizador de estas practicas sino problematizar acerca de dis-
cursos que aluden acriticamente a dicho entusiasmo. Mirar en forma
extrafiada lo que hacemos puede ayudar a que las pasiones sean més
ricas y duraderas.
La recurrencia en el uso de palabras viscerales y con un claro com-
ponente emocional tales como “contagio”, “pasién”, “deseo”, “goz0",
“placer”, “magia” acompafiadas muchas veces de verhos tales como
“transmitir”, “acercar”, “abrir a”, etc, leva a la pregunta sobre qué
idea sobre los lectores subyace en esta representacién calurosa de la
promocién por parte de muchos que se dedican a ella. Sin desdefiar lo
afectivo como parte necesaria de los didlogos culturales, cabria pre-
guntarse si en estas metaforas virales la alusion al “contagio” no parte
de una vision donde hay alguien o algunos poseedores del “virus” de
la lectura que tienen la mision de trasmitir a gente hasta el momento
imaginada como “inmune” una suerte de “epidemia” de mayor o me~
nor alcance. En esos casos, {la “promocién” no estaria pensada quizds
como el remedio ante una falta? ;Cémo se posiciona quien ha tenido la
posibilidad simbélica y real de construiry sentir pasion por un cbjeto
cultural frente a quien no tuvo o deseé hasta el momento de aparicién
de la actividad de “promocién” esa posibilidad o la tuvo a medias por
distintos condicionamientos de orden social y cultural y, por supues-
to, también de orden individual? Por otra parte, 466mo escuchan (o
no) los mediadores las otras pasiones 0 deseos que viven los destina-
tarios de sus propuestas y que no necesariamente tienen que ver con la
lectura 0 con objetos culturales considerados valiosos por los discur-
sos hegeménicos o por quienes gustan de la lectura?
La propia palabra “promocién”™ es incémoda cuando nos hacemos
estas preguntas. Parece sugerir la idea de que se esta invitando a un
movimiento de algo que esta quieto. Como si se partiera de algo que los
lectores no hacen, que esté en estado de detencién, que hay que sacu-
dir para que se mueva para el lado buscado: el dela lectura. Una visién.
dela lectura que a veces es teftida de antemano por unos matices que la
earacterizan como una actividad afiorada, en peligro de extincién, con
cierto toque roméntico y para muchos (aunque no tanto en los tiempos
que corren), prestigioso y prestigiante. ;Acaso no habia lectura antes
de la “promocién”? Asi como nadie entra vacio a un texto, las Hama-
das “practicas de promocién” nunca entran al encuentro de lectores
‘O1R ENTRE LINEAS.
ELVALOR DE LA ESCUCHA EN LAS PRECTICAS DE LECTURA
8182
Los ruiées del hacer Cavite Bajour
vacios. Si estas practicas son pensadas desde el inicio como un vinculo
entre lectores quizds sea posible resignificar la idea de “promocion”
como un didlogo de saberes.
Por otra parte, las practicas demuestran que no todos los encuentros
con la lectura tienen matices idilicos y que si hay romance con [a lec~
tura no necesariamente se tiene de una vezy para siempre. Considerar
ja ausencia de linealidad en las trayectorias lectoras y cuestionarnos
qué ideas sobre la lectura estan detras de la idea de progreso univoco
como motor y norte de los encuentros con la lectura leva a que que
los caminos de la mediacién de lecturas tengan menos presion y mas
libertad para pensar tacticas més flexibles y respetuosas de la diversi-
dad de experiencias de los lectores participantes y de los mediadores
mismos.*
Quiero volver a la idea de no desestimar lo ernocional en las prac-
ticas de mediacién, ya que en toda apropiacién personal de un objeto
cultural suele moverse algo del orden de la pasion. Pasion que segin
como sea vivida 0 pensada (aqui cruzo pensamiento y pasién) puede
aspirar a ser compartida como un bien social u ostentada con rasgos
de narcisismo (que puede generar admiraciones pero no didlogos de~
mocraticos).
Por el contrario, es interesante detenernos a mirar esa emocidn y
preguntarnos cudl es el lugar imaginado para el otro enla practicadela
lectura que pretendemos atravesada por el goce. jAlguien que funcio~
na como destinatario de una actividad de “promocién” se limita sélo a
ser un reeipiente de Ja transmisién cultural ejercida por un poseedor
de los saberes acerca de la lectura y sus sentidos? 70 esta transmisién
es desde el origen un vinculo donde las culturas de quien oficia de me-
Oo
4- Enrelacion con esto también ¢s interesante leer a Michel Peroni y la investigneidn de ta
que da cuenta en Historias de leetura, Trayectorias de viday de lecture. Laexperiencia de lectura
de los entrevistados (presos en una circel de Lyony obreres metalirgicos que se enfrentana
‘una jubilacién anticipada muestran que ante determinadas circunstancias (a veces situacio~
nes limite o sumamente transformadoras de la vida) se encuentran con tiempo y condiciones
para la lectura antes no tenian (o no del mismo modo). Esto na es irreversible, ya que a
‘cambiar la situacién pueden volver a pasar por situaciones de alejamiento de tos libros y la
lectura. Una cixcunstancia de mucha lectura de muchos libros no imptica necesariamente
que toda la vida sea asi (interesante para reflexionar acerca de la categoria de "poco lectores”
discutida por Peroni en este libro (y tratada por Bahloul en Lecturas precarias, Estudio socio-
Ligiea sobre los “poco lectores"), categoria que en La reflexion sobre “promocién de la lectura”
esta implicita o explicitamente en juego).
fp ENTRE LINEAS
ELVALOR DE LA ESCUCHA EN LAS PRICTICAS DE LECTURA7
:
I
Cecilia Bajour Los ruides def hacer
diador y de quienes actian de participantes se ponen en contacto y
dialogan (no siempre apasionadamente, a veces con reticencia, o re~
celo, o timidez)?5 .
Sila lectura es una practica que se realiza socialmente, para que el dia-
logo ocurra hay que prestar oido fino a las particulares maneras en que
jos lectores entran a los textos y generan sociabilidades de diverso tipo
con otros lectores, entre ellos los que son conocidos como "promoto-
res”, Cuando estos adoptan una posicién de alta disponibilidad a lo que
traen los lectores, a sus saberes, a sus modos singulares de vivir la cul-
tura y construir sentidos en las lecturas propuestas lo social de la lectura
puede realizarse y dejar de ser sélo una formulacién o un deseo.
Segundo nudo.
Tensién entre lo planeado y el acontecimiento
Tanto en proyectos institucionales como en iniciativas indepen-
dientes de la llamada“promocién de la lectura” entra en consideracién
Ja filosofia del plan de lo que se va a realizar. ;Qué hay de intranquili-
dad aqui? Las reflexiones alrededor de la visién teérica del plan pue-
oe
5. Enrelaciona ta escucha de los otros en las interacciones culturales donde sujetos sociales
diferentes se ponen en contacto son summamente interesantes las reflexiones de Mirta Gloria
Fernandes sobre una experiencia relatada en su libro gDénde esta el nitto que yo fiat? Adoles-
cencia, literatura e inciustdn social. (Buenos Aires, Ed. Biblos, 2006). Bn el capitulo “Darse
de bruces con el pomberito” relata cémo se conectan y se ponen en tensidn dos universes
disimiles: el de estudiantes de letras que van a hacer sus précticas coordinande talleres de
Tectura literaria optativos en. un instituto de menores judicializadosy el de estos adoleseentes
decutre iy 1g aos, Al aparecer en los encuentros con los libras y textos que evan los prac
ticantes (atravesades por la cultura letrada) la leyenda del pomberito (personaje-de la cultura
popular del norte argentino) relatada por los chicos presos con una defensa apasionada por
su valor de verdad en sus propias vidas, se plantea un debate sobre (como dice Fernandez en
Ia introduceidn) "hasta qué punto esa pugna~ que pone a prueba la actitud de los letrades
hacia las culturas populares ajenas~ siempre determina sentidos para arabos actares. unos
por aprenderse el cuento del pombero que furma tabaeo y atros por comenzar a solicitar “ese
det hombre que se mete en el pescado” en alusién a "Axoiotl” de julio Cortizar 0 “el del que
ella pierde el zapato” (refiriéndose a “La Cenicienta” de Charles Perrault)” Es decir. lo in~
teresante es cémo se posicionan los estudiantes de Letras ante un conocimiento proveniente
dé la cultura popular que no poseen y edmo los chicos encerrados en el Instituto se apropian
de manifestaciones del arte que no suelen entrar en esos contextos sobre tode por repre
sentaciones que los estigmatizan, En ese marco aparecen en tensi6n las representaciones
(apasionadas) sobre qué se considera literatura y qué no. qué es ficoién y qué verdad. 0 sea,
qué estatuto dan Jos practicantes a las creencias cuando se discute sv valor de verdad y cual
eslacuitura considerada legitima y cual no.
‘OfR ENTRE LiNEAS
EL VALOR DE LA ESCUCHA EN LAS PRECTICAS BE LECTURA
8384
Los ruldos del hacer Ceci Bajaur
den ser reveladoras sobre nuestras representaciones sobre !a lectura,
los lectores y los modos de leer. es decir sobre nosotros y los otros.
De ahi deviene la tensién entre lo que pensamos y lo que luego su-
cede en la realidad, mas aun si nos planteamos esas practicas como
transformadoras de un estado de cosas. Imaginar lo que vamos a hacer
esta inevitablemente atravesado por lo que sabemos y podemos y por
nuestra ideologia. También por la disponibilidad, accesibilidad y cali-
dad de los textos que se pondran en juego. Esto no es menor cuando se
trata de proyectos independientes o en contextos institucionales que
subestiman el tema. ;C6mo hacer que nuestro plan (ya se trate de un
encuentro de lectura o de un proyecto complejo que abarque diversas
etapas, tacticas y protagonistas) no sea un producto abstracto, estan-
darizado, despersonalizado, ajeno a la vida, a los protagonists y a las
circunstancias singulares en que cada propuesia tiene lugar?
Los planes que suponen de antemano la prevision y el control de
todo o casi todo lo que podria o deberia llegar a ocurrir terminan ma~-
niatando tanto a los lectores y las lecturas como a los mismos media~
dores quienes de ese modo se quedan a solas con un guién auiémata
que sienten que se les ha convertido en ruido, en obturador de la es-
cucha de lo que realmente acontece. Muchas de esas previsiones, al
no tener en cuenta la singularidad de los encuentros entre los lecto-
res y los textos junto con los hallazgos imprevistos surgidos gracias a
la socializacién de las lecturas ademas pueden derivar en la rutina o
en la burocratizacién de las actividades. Tales previsiones mecanicas
suelen presuponer un conocimiento desde afuera (en tercera perso-
na) y no uno desde adentro (en primera tanto del singular como del
plural, el yo y el nosotros). La perspectiva de la tercera persona a ve~
ces aparece en ciertos planes como preseriptiva, controladora, ajena
al devenir conereto, a la ocurrencia. Muchas veces ese alejamiento
tiene que ver con el temor a que las lecturas y los lectores se vayan
“por la suya”. Otras veces tiene que ver con la necesidad mas a menos
conciente de hacer valer una lectura o un modo de leer pre~ conside~
rado como valido.
En cambio, la perspectiva de la primera persona, la de quien como
mediador se imagina protagonista de un vinculo que devendra en un
“nosotros”, permite pensar a las prdcticas como localizadas, falibles,
dialécticas, abiertas al azar y la sorpresa de lo que traen los lectores.
Si imaginamos una posible lectura con otros como una situacién (es
decir. una practica situada), esto significa que no estamos fuera de ella
fm ERIRE LINAS
ELYALOR OE 1A ESCUGH EN LAS PRECHEAS DE LECTURECecile Bajour Les ruftos del hacer
y que todo lo que hagamos previamente es una guia abierta para actuar
Y que otros actéen en esa situacién, nunca un libreto digitador de lec~
turas y sentidos posibles.
4Ponernos en guardia frente a las planificaciones encorsetadoras
significa que las actividades de lectura tienen que quedar libradas ala
merced caprichosa de las circunstancias y ge toda planeacién quedaria
excluida? Por el contrario, anticiparse a los encuentros supone siem-
pre una previsién de la practica.
Cuanto més prevista estén las propuestas de lectura, mds posibili-
dades tendra el mediador de intervenir ricamente para que las voces
sean escuchadas. La deteccién de lo inesperado surge cuando abrimos
los poros al acontecimiento.
La preparacién de la que estamos hablando se asemeja a la visualiza-
cion conjetural de la imagen del territorio de llegada que tiene quien
prepara un viaje e intenta hacerse de mapas para poder marcar alli
posibles rutas. Rutas marcadas a sabiendas de que no hay un camino
unico para Negar a destino y que, ademés, ese destino es a construir
con otros,
Las cartografias de los encuentros se nutren del cruce de cada tex-
to singular y una vision plastica de las teorias que se pueden suscitar
para fortalecer la riqueza del encuentro de lectura. Hablo de teorfas
enun sentido amplio ¢ interdisciplinario ya que la diversidad de pro-
puestas de lectura y escritura de las practicas de lectura implican el
compromiso del mediador de Hegar lo mejor armado posible a los
encuentros con lectores y textos (de ahi la importancia de propiciar
una formaci6n calificada y sistemitica de quienes encaran esta tarea).
Cada texto elegido tiene su propia “personalidad”, su clave de entrada
distinta a otros. No hay contrasetias tnicas e ixreversibles para entrar
alos poemas, los cuentos, las novelas, los relatos orales, los guiones
cinematograficos, los libros de divulgacion cientifica, etc. Ademds
cada contexto, cada momento, cada encuentro con otros, cada inter-
vencion insospechada puede abrir iuz a una clave que no habiames
mirado o previsto en los textos elegidos. Un colectivo de lectores que
por su experiencia de vida esta muy préximo a la oralidad como suce-
de, por ejemplo, en determinados contextos rurales, puede invitar a
que los mediadores privilegien zonas de los textos 0 tacticas de lectura
y escritura que valoricen la riqueza de lo oral como fuente de la pala~
bra escrita,
Off ENTRE LINEAS
ELYALOR OE LA ESCUCHA EW LAS PRACTICAS DE LECTURA
8586
os rides del hacer Cacia Bajour
Tercer nudo.
Mostrar el hacer sin transformarlo en espectaculo
Las ocasiones de hacer visible para otros lo que se hace en relacién
con la lectura suelen ser interesantes para considerar cémo las ins-
tituciones y los mediadores negocian y revelan sus representaciones
sobre ja lectura.
En algunos eventos institucionales a veces los modos de comunicar
qué se hizo con la lectura ponen de relieve un descreimiento de que hay
un hacer en el leer. Se intenta forzar una visualizacién de algunos pro-
cesos que quienes trabajan seriamente en relacién con le promocién
saben que son més del orden de lo invisible o de to communicable por
caminos més sutiles, inteligentes y menos pretenciosos que el show. En
esos casos lo que predomina es una necesidad de convertir alalecturay
asus protagonistas en un espectaculo donde el acto de leery los lectores
quedan desnaturalizados detras de una fachada de fiesta sin sustancia.
Fuegos artificiales alrededor del leer que relegan a un segundo plano
a los libros, los lectores y las lecturas concretas detras de disfraces y
mdscaras que, cuando se trata de literatura, se pretenden alusivas a los
mundos ficcionales pero que muchas veces quedan en la superticie y
muestran una vision simplificada y banal del universo literario. O tam-
bién propuestas que configuran el leer como un certamen donde los
lectores tendrian que esmerarse en llegar a una meta en la que importa
cuanto leyé en una determinada cantidad de tiempo y no qué y como.
Asi como cuando hablé de las incomodidades de los discursos pa-
sionales traté de dejar en claro que el entusiasmo y la pasién son nece-
sarios motores siempre y cuando se combinen con el pensar y partan
de una visién democratica de los otros, en este caso me parece impor~
tante recalcar que el alerta sobre convertir la lectura en un show no
implica “entristecerla” o pensar que se trata de un asunto serio, lejano
a las manifestaciones de la alegria, la creatividad y el humor.
En particular, el cruce de la leetura literaria y la de otros textos como
la informaci6n o la divulgacién cientifica con los aportes de otras artes
(como la fotografia, la ilustracion, la narracién oral, el teatro, el cine,
etc) a la hora de divulgar y mostrar lo que se hace puede ser muy inte-
resante y enriquecedor de las lecturas si en egas propuestas se ponen
de relieve los textos y los modos de leer en vez de soslayarlos 0 pensar~
los como meros instrumentos para “divertir” a los lectores, tranquili-
zar conciencias 0 ratificar clichés acerca de la lectura.
ig entRE tineas
ELVALOR DE LA ESCUCHHA EN LAS PRECTICAS OE LECTURA,Cecita Sajour Los rattos det hacer
Hay multiples maneras sustanciosas y profundas de mostrar el hacer
cuando existe una conviccién fuerte de que primero estan los lecto-
res. Hace poco tuve la oportunidad de hacer una visita a la Biblioteca
de Santiago de Chile guiada por su director. Se trata de un proyecto
realmente enfocado desde todo punto de vista a valorizar a todos los
ciudadanos como lectores y dar hospitalidad creativa a su derecho a
serlo. Una visita guiada a una biblioteca también puede leerse como
una narrativa oral de una practica de mediacién donde mas alla de lo
anecdético lo que importa es qué visiones e ideas subyacen en las deci-
siones y hechos que se muestran. En ese sentido, me result especial-
mente significativa la reflexién disparadora del recorrido. B] punto de
partida es que los libros, los materiales y la infraestructura no son lo
principal sino que lo que importa es la gente; entonces, porque impor-
tan los lectores importan los libros, los materiales y la infraestructura.
Esta declaracion de principios donde el énfasis y el compromiso esta
puesto en los sujetos y donde los objetos son valorizados en la medida
en que sirvan a los intereses y necesidades culturales de la gente, des~
pués se pudo ver a cada paso en el relato y la comprobaci6nin situ de las
diversas decisiones de gestidn. Por ejemplo, en lo respectivo al diseio
del edificio y del mobiliario imaginados dinamicamente a partir de la
idea de lectores diversos y necesidades cambiantes. O en lo relative
a las politicas de gestién donde quienes estan a cargo de la direccién
participan periédicamente de las actividades rotando por distintos
sectores de la biblioteca y se hacen cargo de las responsabilidades co-
rrespondientes con la conviccién de que para gestionar hay que parti-
cipar activamente de lo que se gestiona y no mirarlo desde arriba.
Cuarto nudo.
4Cémo narrar y comunicar las practicas de
promocién de modo que aparezca la conceptualizacién
y problematizacién sobre el propio hacer?
La narracién de experiencias en un 4mbito de intercambio con co~
legas como puede ser este que compartimos, supone encontrar las
palabras y los géneros que permitan conceptualizar acerca de las sin-
gularidades, los hallazgos y dificultades que toda practica implica. Al
escapar a las generalizaciones que a veces encapsulan, congelan el ha~
cery le dan un tono siempre igual a si mismo que evita la reflexion, la
Off ENTRE LINERS
EL VALOR OE LA ESCUCHA EN LAS PRACTICAS DE LECTRA
av88
tos ruides del hacer Cacia Bajour
memoria narrada del trabajo cotidiano vuelve la mirada propia y la de
los otros a acciones y momentos que no por pequefios o fugaces son
menos importantes para reconocer cual es la impronta ideoldgica so-
bre la lectura y los lectores que subyace en cada propuesta. Por otra
parte, el ejercicio de narrar la propia practica y compartirla con otros
és una manera de dar valor a experiencias valiosas que muchas veces
se pierden por no poder comunicarlas debido al vértigo de la tarea co-
tidiana o porque escasean espacios para el intercambio sistematico o
Ja publicacién de experiencias.
Hace dos afios tuve la oportunidad de participar como asesora exter-
na en un Simposio de Promotores de lectura organizado por Bibliored
y Asolectura. En esa ocasién, la preocupacién sobre como fortalecer la
escucha entre los propios “promotores” a la hora de relatar en forma
reflexiva sus practicas era uno de los temas que se vislumbraban en et
encuentro como un deseo de muchos de ellos.
Me parece interesante traer la voz de uno de los participantes de di-
cho encuentro, Pacho, “promotor” de la Biblioteca de Ciudad Roma en
Bogota, quien al tratar de pensar sobre su trabajo decia que “uno en su
actividad tiene su propia secuencia de hacer”. Se notaba en este jugoso
intento de definicidn la preocupacién por dar carnadura a la singula~
ridad de los saberes que cada “promotor” pone en juego cuando lleva
adelante sus practivas. Deconstruiry reconstruir para uno mismo y para
otros esas “secuencias de hacer” supone un esfuerzo por narrar a otros
jas microdecisiones que se toman en las propuestas de mediacion.
Gracias a la programacién de visitas a actividades de “promocion”
en algunas bibliotecas de BiblioREd. tuve la oportunidad de visitar la
biblioteca de Ciudad Roma y conocer de cerca algunas de las maneras
de Pacho de llevar adelante su practica. En el Club de lectores que co-
ordina con nifios pequerios de una gama diversa de edades pone en ac-
cién lo que Hama sus “caballitos de batalla”, o sea aquellos textos pro~
bados por él o que les haya funcionado de manera interesante a otros
colegas. No se trata de textos complacientes con los lectores. En vez de
apelar al supuesto éxito de propuestas livianas que capturan el interés
pero no desafian, opta por textos que interpelan a los lectores por des-
bordar de uno u otro modo los limites de lo conocido o tranquilizante.
Reeuerdo una escena en que Pacho lee un nuevo capitulo de una no-
vela de Roald Dahl con nifios lectores que se apropian con absoluto
desenfado del espacio del Club y de la biblioteca publica. Un modo de
pensar la lectura en la que la construccién de seatidos es un asunto a
IR ENTRE LINEAS.
ELVALOR DE LA ESCUCHA EN LAS PRACTICAS DE LECTURA
|
|
ICecilia Bajour Les ruldos det hacer
la vez personal y colectivo. Para eso el promotor apela a la lectura inte~
rrumpida como la forma mAs efieaz de darle relieve a las voces de esos
nifos que manifiestan en voz alta los lazos entre las palabras del texto
y sus propias asociaciones y saberes de vida. Pacho presta oido atento
y amistoso a cada una de esas intervenciones nutridas del imaginario
vital de cada nifto que ha sido motorizado por la novela y las va entra-
mando con momentos interesantes del texto que conoce bien, del que
saca jugo para todas las posibilidades de intereambio y de construc-
cionde conocimientos literarios. Aqui interesa destacar cémo se pone
en juego el orden del conocimiento en un ambito no escolar por otras
vias y por caminos que se diferencian pero a la vez tienen algunos pun-
tos de contactos con la ensefianza tal como se da en la escuela.
Lanarracién de las “secuencias del hacer” en este caso hace visibles
los saberes que tiene un mediador acerca de los textos (por ejemplo las
decisiones acerca de su seleccién y acerca de los modos de intervenir
enlas conversaciones sobre lo leido), sobre los lectores y sobre el con~
texto que sé ponen en juego en una escena de lectura.
En el marco de la reconstruccién reflexiva de las decisiones de la
practica también interesa al narrar las experiencias de mediacién
cémo se negocian los sentidos acerca de la lectura y los lectores cuan-
do entre los mediadores y quienes dirigen las instituciones hay diver-
sidad ideolégica o conceptual acerca de los sentidos de la lectura y las
representaciones sobre los lectores.
La vision acerca de los resultados y los tiempos en relacién con los
“efectos” de la lectura puede ser reveladora de una demanda de efica-
cia que algunas instituciones plantean en los métodos y en la manera
en que se evaliiay se da cuenta de la hecho. En la escuela el peso de las
visiones "elicientistas” es especialmente sufrido por los docentes que
sienten “que no llegan” a cumplir con los programas y los objetivos
requeridos si se dedican a leer teniendo en cuenta otras temporalida-
des y modos que proponen los lectores y los textos. La discusién sobre
cuales son los caminos diddcticos mas interesantes en relacién con
la lectura que eviten la mirada deficitaria sobre los lectores se vuel-
ve necesaria para que quienes dirigen las instituciones y los docentes
no miren y achien para lados opuestos. Discusién que invita a consi-
derar, entre otros aspectos, nuevos modos de reorganizar el trabajo y
los tiempos escolares y renovadas formas de plantear la evaluacion, en
particular los abordajes cualitativos que atienden a la singularidad ya
las posibilidades de cada lector.
‘OfR ENTRE LNEAS
ELVALOR DE LA ESCUCHA EN LAS PRACTICAS DE LECTURA
8990
Los nuidos de} hacer Cacia Bajour
Esto también ocurre en algunas instituciones no escolares dedicadas
ala mediacién que reclaman a los mediadores que rindan resultados
con los cuales esos organismos pueden mostrar cifras y coberturas. Si
embargo estos datos no siempre atienden a la diversidad de estilos y
de formas de las practicas de mediacién; estilos y formas que muchas
veces tienen que ver con el aporte peculiar de cada mediador, pero
también con la idiosinerasia de contextos diversos donde ocurren las
practicas y con los lectores que nunca son los mismos. La flexibilidad
y sensibilidad para medir y mostrar lo que ocurre con las lecturas y los
lectores en experiencias de mediacién no es sdlo un problema de mé-
todos de organizacién, indudablemente necesarios para gestionar ac-
ciones que garanticen los derechos culturales de los ciudadanos, sino
que fundamentalmente es una cuestién de donde esté puesta la mirada
politica acerca de dichas acciones y su entramado socio- cultural.
Otro de los aspectos en que aparecen disonancias al considerar a los
lectores como sujetos de las practicas de mediacién es el que tiene que
ver con la idea de “interés”. “Tener en cuenta el interés de los nifios
y jovenes” es un discurso muy instalado tanto en Ambitos escolares
como en experiencias fuera de la escuela. Un enunciado con aparien-
cia democratica pero que al ser visto m4s como techo que como piso,
por ejemplo, a la hora de elegir textos y propuestas puede llevar a re-
ducir horizontes, a reproducix y reforzar lo que ya esta y no a expandir
oadesahiar los limites de lo conocido y vivido.
Una experiencia relatada por Luis, un mediador de lectura que tra-
baja en una red de centros comunitarios surgidos de la toma de tierras
en el sur del conurbano en la provincia de Buenos Aires, es muy reve-
ladora de cémo operan estas visiones también entre participantes de
propuestas populares. Muchos de los que trabajan alli son militantes
sociales que vienen de experiencias en comunidades eclesiales de base
vinculadas con la “teologia de la liberaci6n”. En lo educativo adscriben
alas lineas de la educacién popular y las ideas de Paulo Freire y en ese
marco abrieron desde hace cinco atios centros de dia para adolescentes
donde equipos de docentes proponen una experiencia educativa desde
elarte que tiende a la participacién real y protagonismo de los jévenes.
Enel relato de Luis, quien propone la creacién de una hiblioteca como
espacio de lectura y escritura con adolescentes, es posible ver como
esta idea del “interés” puede ser ocasién de debate entre quienes lie-
van adelante estas experiencias sociales. Si bien hay una vision en co-
man en lineas generales en los modes politicos de intervenir, ala hora
(fm ENTRE LiNEAS
ELVALOR DEA ESCUCHA EN LAS PRACTICAS DE LECTURAi
:
Coot Bajour Les ruldos del acer
de pensar la lectura aparecen prejuicios muy arraigados en algunos.
Eseuchernos las propias reflexiones de Luis:
“Cuando ecomencé con el espacio de lectura en uno de los
asentamientos llamado Santa Inés, hubo de parte de los inte-
grantes de la red algunos pruritos: si la actividad era ono una
“propuesta de los adolescentes”, si partia del “interés real de
ellos”, si era un “cierre del dia”, “una sobremesa”...Muchas
dudas, muchos prejuicios, ademas de nada de ayuda y mucho
hoicot (y eso que eran amigos y compaiieras, y siempre pri-
maban las “buenas intenciones”). La lectura era vista como
ajema, poco popular, propia de otras clases. Nada de lo artisti-
co-literario podia ser para disfrute o formacién de “estos pi~
bes”. Para ellos entonces “murga y murales”, 0 la idea de que
“no tienen experiencia previa para inspirarse”. También ha-
bia una fuerte resistencia en un principio de Jos adolescentes
que no querian que él espacio se “escolarizara”. La discusién
fue ardua, habia en los equipos resistencias ale que “viene de
afuera”, los libros sentidos como foréneos, “importados”, y
eso parecia implicar e! riesgo de amenazar la “autorreferen-
cia” tan imperante en el laburo grupal: asambleas, grupos
de “reflexién" (buena palabra para explicar la vuelta sobre si
permanente de algunos espacios que no siempre producen
pensamiento y a veces se vuelven muy narcisistas, sin salidas
creativas). Gon el tiempo y la practica concreta se fueron rela-
jando, viendo y desmitificando, disfrutando. sorprendiéndo-
se de gustos y pasiones desplegadas. En eso andamos... Hubo
también que argumentar (y luego demostrar) que leyendo
historias de mundos bien distantes y ajenos, nada cercanos,
sauchos veces laburaban mucho mds (ya mas profundamente,
con nuevas perspectivas) los contextos propios y las situacio-
nes problematicas propias... incluso el uso del viaje iniciatico,
de los periplos heroicos.., muy inspiradores!”.
En el relato de Luis aparecen muchas ideas interesantes que dan
cuenta de la complejidad sobre como piensan unos y otros acerca del
supuesto “interés” de los jévenes. Bajo la premisa de lo que les inte-
resa a “estos pibes” se vislumbra una tensién entre las ideas de “alta”
o “baja” cultura que cuando se mira en forma dogmatica y prejuiciosa
‘O{R ENTRE LINEAS.
FL VALOR DE LA ESCUCHA EN LAS PRECFICAS DE LECTURA
$i92
tos ruins del hacer Cevila Sajour
termina provocando la exclusion de los lectores de miltiples expe-
riencias. Luis demuestra en su practica como es posible desafiar esos
prejuicios apelando a textos revulsivos y potentes elegidos desde la
confanza en lo que todos los lectores pueden.
uinto nudo:
‘ensiones y cruces entre “promocién” y educacién en
contextos escolares y en contextos fuera de la escuela
Al narrar la escena de lectura de Pacho con los chices de la biblioteca
publica en Ciudad Roma comenté c6rno aparecia por parte del “promo-
tor” la transmisién de saberes sobre la literatura en un contexto no es-
colar. Indudablemente, como suele ocurrir en las practicas de media-
cién, “fuera de la escuela” alli no estaba en juego la “ensevianza” como
misién del encuentro y habia un gran euidado de que no se filtrara lo
més agobiante 0 distorsionado de lo escolar para no ahuyeniar alos lec-
tores. Sin embargo, es innegable que muchisimo del orden del cono~-
cimiento y de los modos de transmisién de la cultura se pone en juego
en toda practica de mediacién de la lectura. Por eso se vuelve necesario
(reafirmo lo que decia antes) que los mediadores puedan legar bien
preparados a los encuentros con los lectores. Su formacién no tendria
que estar supeditada a los eventuales talentos, posibilidades 0 buena
voluntad de los mediadores sino que deberia formar parte de propues-
tas sisteméticas y califcadas por parte de instituciones que consideran
ala mediacién como un conjunto de saberes y practicas que merece una
mirada profunda y multidisciplinaria, bien anclada en lo que sucede en
el terreno y con un perfil transformador y comprometido socialmente
con los contextos en que trabajan y con los destinatarios.
La preocupacién por “desescolarizar™ las practicas de mediacién
aparece tanto en los planteos de mediadores que trabajan en contextos
no escolares como de algunos maestros y bibliotecarios que intentan
buscar caminos diferentes en los modos de leer en la escuela.®
&
6. Sobre la idea de “desescolarizaciéa” de las pricticas de lectura en contexto escolar esoribt
en” Qué tiene que ver la promocién de la tectura con la escuela?” Pag, 72.
OR ENTRE LINERS
ELVALOR DE LA ESCUCHA EN LAS PRACTICAS OE LECTURACeciia Bejour Les ruidas del hacer
Ambos casos tienen en comin una representacién de “lo escolar”
basada en las experiencias mas frustrantes de la escuela que provienen
de didacticas academicistas, bancarias, autoritarias y, en. muchas oca-
siones, elitistas y excluyentes aunque suelan estar enmascaradas en un.
discurso supuestamente homogeneizador.
En los espacios no escolares, todo aquello que suene a “escolar” en
jos sentidos que describi recién, es visto por los mediadores como una
sefial de alarma. Como sabemos, muchas resistencias a los encuentros
con la lectura en situaciones de mediacién provienen de la sensacién.
de fracaso acarreada por una mala experiencia escolar.’
El peligro de las mirada negativas y simplificadoras sobre lo esco-
lar, ademas de quitarle sentidos a la misién de la escuela y provocar
discursos hipercriticos, apocalipticos y desestabilizadores de lo que se
hace alli (lo que refuerza algunas ideas circulantes donde los docen-
tes suelen aparecer casi siempre como culpables de todo aquello que
se cataloga como fracaso) puede levar a generar estériles oposiciones
entre los modos de leer en la escuela y los que ocurren en experiencias
fuera de ella.
fe
7-Bs posible leer un relato de esta resistencia en el reciente libro de Michéle Petit, arte
dea lectura en tiempos de crisis, publicado por Océano Travesia (México, 2009): "Cuando las
animadoras de 4 Gor da Letra llegaron a las favelas y erapezaron a sacar libros de sus bolsas,
muchos jévenes se mostraron desilusionados 0 ald defensiva. Bsos objetos estaban despro-
vistos de sentido; ellos slo hablan conocido la fectura en Ja escuela y ne les traia buenos
recuerdos: "La escucla fae una experiencia carente de significado”, celata Val: "La lectara
se nos presentaba alli como una obligacién, una imposicion, lo tiniea que aprendi fae a me~
marizar textos. el acto de leer no tenia ningén sentido, yo ne hacta ms que descifrar signos.
Yal hacer esto. pronto mi creatividad, la posibilidad y la capacidad de descubrir quedaron
anestesiadas. Durante muchisimos afios. vivi como la Bella Durmiente, no distingufa nada,
no entendia y no decia nada”. (p. 34). Como pudimos ver, también esta resistencia en los
lectores aparece en el relato de Luis de los chicos del asentaraiento.
De todos modos, para conjurar el peligro de generalizar sobre estas visiones negativas
sobre la escuela y la Jectura por parte de los j6venes, me parece interesante traer otra expe-
riencia relatada en el libro de M.G. Fernandez que antes mencioné, En un registro de una
prictica un patante cuenta su primera aproximacion a un grap de chicos def instinuto de
minoridad conel que hard un talter de lectura literaria: destaca como “se frustes” laactividad
que tenia pensada como juege disparador porque los chicos (segin sus palabras con "pro-
bleraas de dispersin”, juicio valorative que los deja afuera de su evidente interés como lec~
tores) querian ver a toda costa qué libros traan en sus mochilas abarrotadas, La posthilidad
de ver esa avides estaba obturada por representaciones prejuiciosas acerea de los chicos yla
poca flexibilidad para torcer el rambo de una actividad que del modo en que estaba planeada
no dejaba resquicio para el acontecimiento. (p. 68)
GIR ENTRE LINEAS
ELVALOR DE LA ESCUCHA EN LAS PRACTICAS DE LECTURA
93Los ruidos de! acer Cecilia 82jour
En vez de estigmatizar lo escolar o proponer un quiebre entre leer y
escribir en la escuela y fuera de ella, es mas productive pensar en los
vasos comunicantes entre los mas democraticos e interesantes para-~
digmas didacticos de transmisin del conocimiento (que siempre tie~
nen que ver con la manera en que los maestros crean reflexivamente
sus “secuencias de hacer”) y la cultura y los aportes de las practicas no
formales que ocurren én distintos contextos con métodosy destinata~
rios diversos.
Aunque momentdéneamente llegan hasta aqui los nudos reflexivos que
al principio Ilamé “de intranquilidad”, queda el camino abierto para
pensar con otros desde un lugar extrafiado las propias practicas. Tran-
sitar la incomodidad es una sefial de que lo ideal deja paso alo posible.
(
quizis sin saberlo
no somos mis que las silabas
de palabras que empezarnos
pero nadie tiene la frase entera
el sentido son solamente fragmentos
de sentido que somos lo que
falta
para hacer la frase es en
elotro el otro el otro
Henri Meschonnic?
8. Meschonnic. Henri. Puesto que sey esa zara. (Traducida: Hugo Savino). Buenos Aires.
Leviatin, 2008.
94 Om ENTRE LINEAS
ELVALOR DE LA ESCUCHA EN LAS PRACTICAS DE LECTURA
|
|
|