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Manual Del Sacristan

El documento describe las funciones y responsabilidades de un sacristán. Un sacristán es un cristiano laico que mantiene la iglesia y prepara los elementos para la liturgia. Su trabajo incluye limpiar, organizar los libros y vestimentas sagradas, y crear un ambiente acogedor para los feligreses. Aunque su papel no es prominente, un sacristán sirve a Dios y a la comunidad a través de su dedicación al cuidado de la casa de Dios.

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  • espiritualidad,
  • servicio,
  • comunicación,
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  • atención,
  • intenciones,
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Manual Del Sacristan

El documento describe las funciones y responsabilidades de un sacristán. Un sacristán es un cristiano laico que mantiene la iglesia y prepara los elementos para la liturgia. Su trabajo incluye limpiar, organizar los libros y vestimentas sagradas, y crear un ambiente acogedor para los feligreses. Aunque su papel no es prominente, un sacristán sirve a Dios y a la comunidad a través de su dedicación al cuidado de la casa de Dios.

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Manual del Sacristán

PRIMERA PARTE Manual del sacristan


SER Y VOCACION DEL SACRISTAN

1.- QUIEN ES EL SACRISTAN

a) El Sacristán es un cristiano con vocación.

El encargado de sacristía, es un cristiano que, en virtud de su Bautismo, presta


un servicio a su comunidad cristiana, encargándose del mantenimiento y aument
o de las cosas sagradas que se usan para el culto de Dios, y de la conservació
n material de la capilla o iglesia. El más que nadie puede exclamar: «Una cosa h
e pedido al Señor; ésa buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi
vida, para gustar de la dulzura del Señor y cuidar de su templo santo» (Sal 27,4)
.

Es ante todo un creyente, que ejerce su propia fe cristiana como homenaje a Di


os. Presta ese servicio a la comunidad, no porque haya sido casualidad del dest
ino, sino porque Dios lo llamó y él respondió a las exigencias de su bautismo y
confirmación. Con Jesús debe decir «Mi alimento es hacer la voluntad de mi Pad
re y llevar a cabo su obra» (Juan 4,34).

Porque cree que celebra algo importante, actúa con dignidad y respeto, sabiendo
que en sus actividades realiza un acto de culto personal a Dios que se nos co
munica y salva en Jesucristo.«Amo, Señor, la belleza de tu casa, el lugar donde
reside tu gloria» (Sal 26,8).

b ) E l S a c r i s t á n e s u n s i g n o
de Cristo Servidor.

Es signo de Cristo, que «no vino a ser servido sino a servir» (Marcos 10,45), y
de la Iglesia que es servidora. Es un laico consciente y responsable, surgido de
la comunidad que trata de vivir el Evangelio y de hacer de la capilla un centro a
ctivo para difundirlo. Al estar metido también en la vida común de la gente, esp
ecialmente el casado, hace superar la separación entre fe y vida, lo espiritual y l
o temporal, el evangelio y los problemas.

Siendo lo sagrado algo perteneciente y reservado a Dios, debe tratarse dignamen


te, sabiendo que«no somos sino siervos inútiles» (Lucas 17,10), meros administr
adores. Como tratamos sus cosas, así tratamos a Dios: respeto, amor, servicio,
generosidad; o bien, irreverencia, orgullo, descuido. Es un honor servir a Dios, d
isponiendo convenientemente, con orden y prontitud, lo que se le encomienda p
ara gloria de Dios.
No solamente celebra su fe, sino también ayuda a otros a celebrar lo mejor posi
ble, disponiendo todo. La disposición misma de las cosas y de los espacio llega
a ser un «signo sacramental» de lo que celebra y de la comunidad.

c) El Sacristán es un «ministro sagrado».

Ejercita un ministerio de apostolado con los demás, ayudándolos a celebrar mejo


r y a que se sientan como en su casa. Aunque su ministerio no es tan importan
te como el del presidente, ni tan significativo como el del lector o comentador, e
s un verdadero ministerio. Presta a la comunidad un servicio permanente y ofici
al que responde a una necesidad; y no sólo prestaciones ocasionales, supletoria
s, nacidas de su iniciativa. De algún modo tiene algún mandato de la Iglesia y ci
erta estabilidad.

No es un clérigo ni alguien que recibió una concesión, un premio o un estímulo,


o que halló simplemente un trabajo; sino que es un laico comprometido que de
scubrió en él un don del Espíritu Santo para dar un servicio real a la comunidad
. Eso supone cobrar mayor conciencia de su misión y mayor capacitación para
un mejor servicio.

El testimonio de la palabra y de vida es muy importante para todo cristiano; per


o sobre todo para un encargado de Sacristía. Ya que tiene la misión de preparar
y disponer todo lo necesario para que Dios salve a su pueblo en la acción litúr
gica y el pueblo le rinda honor en el sacrificio de alabanza que merece. Debería
de pertenecer al equipo de Liturgia, para mayor coordinación.

En conclusión, el Sacristán es una persona de capital importancia para que se ll


eve a cabo la obra de Dios. De su manera de ser y de vivir depende que mucho
s se acerquen o se alejen de Dios.

d) El Sacristán no es un mero trabajador

El perfecto cumplimiento del deber santifica al hombre. Hay tres direcciones: a)


Hacia Dios, porque hemos sido creados para alabanza de su gloria. b) Hacia el
prójimo, dando amor, comprensión, ayuda desinteresada, como hijos de Dios: «Q
uien ama a Dios ame también a su hermano» (1 Juan 4,21). c) Hacia sí mismo,
por el «aliento de vida» que hay en nosotros y nos hace tender a Dios y a reali
zar su plan.

El Sacristán trabaja de lleno en su empleo múltiple. Se ocupa en tener todo lo n


ecesario para la celebración y en tener todo en orden en la Iglesia y en la sacri
stía. Pero se le encomiendan muchísimas cosas: mantener en orden y buen esta
do los locales y objetos, la conservación y el cuidado de las cosas, muebles, lu
gares, su limpieza y su justo trato: tener a punto los libros, las vestiduras sagra
das, la iluminación y el sonido, los toques de campana, la colecta, el cambio de
flores, el adorno del templo, abrir y cerrar puertas, controlar monaguillos, etc. N
o lo hace por paga, aunque reciba algún estímulo.
Pueden realizarse mejor estas actividades si no es una sola persona, sino un eq
uipo.

2ª. Parte. Funciones de un bue


n sacristán
«El sacristán… debe disponer con toda
diligencia los libros para la proclamac
ión de la Palabra de Dios y para las o
raciones que hay que decir, las vestid
uras y todas las demás cosas necesari
as para la celebración.

Debe vigilar los toques de las campan


as para las sagradas celebraciones. Cu
ide que se guarde silencio y modestia
en la sacristía… Las cosas necesarias
para la liturgia recibidas del pasado n
o deben ser descuidadas sino conserva
das en condiciones óptimas. Lo nuevo
que se deba adquirir, que sea elegido
según los preceptos del arte contempo
ráneo, dejando de lado el puro afán d
e novedad.

Por lo que toca al ornato del lugar de


las celebraciones sagradas hay que cui
dar ante todo que haya un perfecta li
mpieza del piso, paredes y todas las i
mágenes y demás objetos que se usan
o se exponen. Evítense los extremos
de suntuosidad o tacañería en el ornat
o; por el contrario, síganse las leyes d
e una noble sencillez, urbanidad y el v
erdadero arte.

En las cosas que se van a usar y en e


l modo de disponerlas síganse el inge
nio popular y la tradición local, «con t
al que contribuyan a la debida reveren
cia y al debido honor de los edificios
y ritos sagrados» (SC 123). El ornato
de la Iglesia sea de tal modo que exp
rese el amor y la reverencia a Dios, y
al pueblo de Dios le sugiera el sentido
propio de las fiestas y la alegría y pi
edad del corazón» (Ceremonial de obis
pos 37-38).

3.-MISION DEL SACRISTAN


2.1 Misión grande:

a) Servir la casa de Dios y de la Iglesi


a.
El templo es casa de la comunidad, y tamb
ién signo de Cristo y de la Iglesia, y de no
sotros mismos.

La Iglesia es casa de Dios: «Amo, Señor, l


a belleza de tu casa, el lugar de asiento de
tu gloria» (Sal 26,84). «Mis ojos estarán a
biertos, dice el Señor, y mis oídos atentos,
a la oración que se haga en este lugar; pu
es he elegido y santificado esta casa, para
que permanezca en ella mi Nombre para si
empre» (1 Crónicas 7,15-16). Por eso es i
mportante servir en la casa de Dios.

La Iglesia es signo del cristiano, que es te


mplo de Dios en Cristo: «¿No saben que su
cuerpo es templo del Espíritu Santo, que e
stá en ustedes, y que han recibido el don
de Dios y ya no se pertenecen?» (1 Corinti
os 6,19). «Si alguno me ama, cumplirá mi
Palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos
a él y haremos en él nuestra morada» (Ju
an 14,23). Así pues, sirviendo a la Iglesia,
el sacristán significa la dignidad de cada cri
stiano y en la comunidad, pues ellos son el
verdadero templo donde se adora «en espí
ritu y en verdad» (Juan 4,24).
b) Santificarse mediante el trabajo digno.

El trabajo santifica al hombre. «Mi alimento


es hacer la voluntad de mi Padre y llevar
a cabo su obra. Mi Padre trabajaba siempre
y yo también trabajo» (Juan 4,34; 5,17).
«No nos cansemos de obrar el bien, que a
su tiempo nos vendrá la cosecha si no desf
allecemos. Así que mientras tengamos la o
portunidad hagamos el bien a todos, pero e
specialmente a nuestros hermanos en la fe
» (Juan 6, 9-10). «Si nos fatigamos y luch
amos es porque tenemos puesta la esperan
za en el Dios vivo, que es el Salvador de t
odos los hombres, principalmente de los cr
eyentes» (1 Timoteo 5, 10). «No es injusto
Dios para olvidarse de su trabajo y del am
or que han mostrado hacia su Nombre, con
los servicios que ha prestado y prestan a l
a Iglesia» (Hebreos 6, 10). Vale la pena tr
abajar con entusiasmo, más todavía cuando
Dios es el patrón al que se sirve. Para qu
e un día diga: «Bien siervo bueno y fiel, en
tra en el gozo de tu Señor» (Lucas 19,17).

c) Conservar un ambiente de piedad.


Crear un ambiente humano y de hogar par
a quienes se acercan a encontrarse ahí con
Dios y con los hermanos. La belleza interi
or de cada persona se manifiesta por sus o
bras en el trato con los demás, poniendo e
n cada cosa armonía, orden, bondad, etc. L
a casa de Dios ha de mantenerse siempre
en buen estado, cuidando las cosas sagrad
as, procurando su conservación y embelleci
miento, para que ayude a elevar al Señor l
os corazones. El adorno es signo de amor
y reverencia a Dios, y sugiere al pueblo el
sentido de la fiesta y la alegría y piedad de
l corazón.

El buen ánimo en el trabajo, la alegría y se


ncillez, esmero, atraerán a Dios a las perso
nas. «Y Dios, que ve en lo secreto, te reco
mpensará» (Mateo 6,4). «Que deseables so
n tus moradas, Señor de los ejércitos; mi a
lma se consume y anhela los atrios del Señ
or… Hasta el gorrión ha encontrado una cas
a, la golondrina un nido donde colocar sus
polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos
… Dichosos los que viven en tu casa alabán
dote siempre» (Sal 84, 1-4).
2.2 Misión difícil:

Son varias las razones por las cuales no es


fácil el ejercicio del ministerio de sacristán
:

a) Se le deja solo.

La gente en general no tiene conciencia de


que toda la Iglesia es servidora; ni reconoc
en los servicios que prestan a la comunidad
estos ministros de la pastoral. Los sacerdo
tes a veces tienen demasiada cautela o des
confianza, por sus experiencias pasadas con
encargados que se consideraban dueños d
e la capilla u obraban independientes. No h
ay mentalidad ni praxis de corresponsabilid
ad de parte de todos, y de este modo se c
argan en el sacristán.

b) Se le considera lejano o raro.

Hay una tendencia a considerar al Sacristán


como una persona que es casi clérigo; o b
ien que no alcanza a realizar los trabajos d
el común de las personas. Y éstos son dos
peligros en los que puede caer la persona
misma. Muchas veces su función se reduce
al templo, sin proyección a la comunidad y
sin relación al apostolado. Siendo una pers
ona tan visible, sus defectos se hacen muy
notorios, y pueden crear una imagen falsa
en la gente.

c) Su trabajo es poco deseado.

Hay miedo al fracaso, a no saber cumplir c


on sus deberes, a cansarse antes del trabaj
o, a perderse en mil detalles inútiles. Siend
o un servicio a la comunidad, no hay un pa
go adecuado por sus actividades, ni prestac
iones, seguro, etc.; si acaso una motivación
simbólica. Y sí hay trabajo constante. Por
eso ahora están buscando que sea mejor u
n equipo de personas.

d) Acarrea riesgos.

Es responsable del patrimonio religioso de


una comunidad, incluyendo el Santísimo Sa
cramento. Además, el excesivo trabajo pue
de hacer disminuir su atención a su familia
y a sus trabajos. Y corre el peligro de famil
iarizarse con lo sagrado al grado de perder
la sensibilidad religiosa o caer en la rutina
y perder el respeto.
e) Es un servidor público.

Muchas personas los rechazan por ser uno


de ellos mismos, por no tener una formació
n de altura, o por no cumplirles sus gustos
. Deben luchar contra muchos caprichos, y
ser firme ante muchos criterios que pretend
en mandarlo. Eso los hace a veces hoscos,
o miedosos.

cualquiera puede ser sacristán, pues e


s tan importante este ministerio, que r
equiere ciertas cualidades, además de
ser muy visible y uno de los contactos
más significativos de toda la comunid
ad.

a) Cualidades humanas:

Por la estabilidad de su servicio comu


nitario y su cercanía a la celebración,
requiere madurez, sentido de responsa
bilidad, puntualidad, espíritu de orden,
dedicación que trabaje con amor y con
humor. Para tratar a tantas personas
requiere además capacidad de relacion
es humanas. Facilidad de comunicación
, paciencia, cortesía en su trato, capac
idad de trabajar en equipo, equilibrio,
con el fin de coordinarse con los enca
rgados del canto, de la liturgia, los sa
cerdotes, los monaguillos, las personas
que van a encargar cosas o pregunta
r horarios, los que no hacen las cosas
como debieran, etc. Cuando está todo
en orden y no pierde el humor ni la c
abeza aún en los ajetreos y las fiestas
, cualquiera se siente estimulado a cel
ebrar mejor.

b) Cualidades Técnicas:

Con un poco de esfuerzo y algo de ca


pacitación debe aprender a manejar bi
en los aparatos de iluminación y sonid
o, tener buen gusto para el arreglo de
l presbiterio y de altares, adornos, flor
es, imágenes. Conocer bien los nombre
s de objetos sagrados y lugares, y su
uso. Además, si se encarga de la nota
ría también, debe saber lo referente a
inscripciones, preparación de sacramen
tos, boletas, actas, etc.
c) Conocimientos litúrgicos:

Ahora que con la reforma litúrgica han


cambiado no sólo los ritos sino la me
ntalidad de celebrar, es preciso que el
sacristán tenga sensibilidad litúrgica y
espiritual. No basta que sepa ejecutar
bien las cosas, sino que sepa por qué
se hacen las cosas, con qué espíritu, s
us características sus variaciones, para
ser creativo en su trabajo. Debe cono
cer lo que es una celebración litúrgica,
sus principales momentos, su alma, la
s características de los tiempos litúrgic
os y las fiestas. Así, sabe qué libros s
e ocupan, qué libros faltan, donde se
hallan los textos, para irlos ofreciendo
a los sacerdotes (así los va educando,
pues a veces ellos no tienen tiempo d
e preparar). Así, no distraerá en las c
elebraciones, pues respeta el ritmo de
la acción sagrada. Supone haber toma
do algún curso de liturgia, y leer las i
nstrucciones del Misal y de los varios
Rituales.

3.4 Calidad laical


El sacristán tiene conciencia de ser un
laico cualificado, y por ello busca vivi
r en medio de la comunidad, comparti
endo su vida, teniendo su aceptación,
con una vida personal y familiar honra
da, normal y equilibrada. Muchas pers
onas alejadas que llegan a ceremonias
especiales se llevarán de la Iglesia la
imagen que les deje el sacristán.

cualquiera puede ser sacristán, pues e


s tan importante este ministerio, que r
equiere ciertas cualidades, además de
ser muy visible y uno de los contactos
más significativos de toda la comunid
ad.

a) Cualidades humanas:

Por la estabilidad de su servicio comu


nitario y su cercanía a la celebración,
requiere madurez, sentido de responsa
bilidad, puntualidad, espíritu de orden,
dedicación que trabaje con amor y con
humor. Para tratar a tantas personas
requiere además capacidad de relacion
es humanas. Facilidad de comunicación
, paciencia, cortesía en su trato, capac
idad de trabajar en equipo, equilibrio,
con el fin de coordinarse con los enca
rgados del canto, de la liturgia, los sa
cerdotes, los monaguillos, las personas
que van a encargar cosas o pregunta
r horarios, los que no hacen las cosas
como debieran, etc. Cuando está todo
en orden y no pierde el humor ni la c
abeza aún en los ajetreos y las fiestas
, cualquiera se siente estimulado a cel
ebrar mejor.

b) Cualidades Técnicas:

Con un poco de esfuerzo y algo de ca


pacitación debe aprender a manejar bi
en los aparatos de iluminación y sonid
o, tener buen gusto para el arreglo de
l presbiterio y de altares, adornos, flor
es, imágenes. Conocer bien los nombre
s de objetos sagrados y lugares, y su
uso. Además, si se encarga de la nota
ría también, debe saber lo referente a
inscripciones, preparación de sacramen
tos, boletas, actas, etc.
c) Conocimientos litúrgicos:

Ahora que con la reforma litúrgica han


cambiado no sólo los ritos sino la me
ntalidad de celebrar, es preciso que el
sacristán tenga sensibilidad litúrgica y
espiritual. No basta que sepa ejecutar
bien las cosas, sino que sepa por qué
se hacen las cosas, con qué espíritu, s
us características sus variaciones, para
ser creativo en su trabajo. Debe cono
cer lo que es una celebración litúrgica,
sus principales momentos, su alma, la
s características de los tiempos litúrgic
os y las fiestas. Así, sabe qué libros s
e ocupan, qué libros faltan, donde se
hallan los textos, para irlos ofreciendo
a los sacerdotes (así los va educando,
pues a veces ellos no tienen tiempo d
e preparar). Así, no distraerá en las c
elebraciones, pues respeta el ritmo de
la acción sagrada. Supone haber toma
do algún curso de liturgia, y leer las i
nstrucciones del Misal y de los varios
Rituales.

3.4 Calidad laical


El sacristán tiene conciencia de ser un
laico cualificado, y por ello busca vivi
r en medio de la comunidad, comparti
endo su vida, teniendo su aceptación,
con una vida personal y familiar honra
da, normal y equilibrada. Muchas pers
onas alejadas que llegan a ceremonias
especiales se llevarán de la Iglesia la
imagen que les deje el sacristán.

CUIDAR Y ATENDER LA SACRISTIA:


La sacristía tiene una dignidad especial, por
ser como la antesala del lugar más sagrad
o. Precisamente eso significa su nombre: sa
cristía = cercano a lo sagrado. Es el lugar
destinado para guardar los objetos y vestid
uras sagradas, y donde ordinariamente se r
evisten los Ministros. Es el lugar donde por
excelencia desarrolla su misión el sacristán.

Según la tradición romana, hay dos sacris-t


ías: la sacristía mayor y la sacristía de trab
ajo. La sacristía mayor es como una capilla
cercana al presbiterio, incluso con un altar
y una imagen a reverenciar, en la cual se
guarda la debida reverencia y silencio. La s
acristía de trabajo es la sala donde se reali
zan las demás funciones de preparación a l
as celebraciones.

a) Sacristía mayor:

La sacristía mayor requiere atención de cap


illa. Debe tener un crucifijo o una imagen q
ue inspire devoción, en lugar central o visib
le. Una pila de agua bendita para signarse
al entrar y salir recordando el propio bautis
mo. La piscina o pequeño lavabo con desag
üe a tierra para el agua de las purificacione
s de vasos sagrados y purificadores. Una c
ampanita para indicar el momento de salir,
o para pedir silencio antes o después de la
s concelebraciones.

Se necesita una mesa para revestirse (se a


comodan las vestiduras según se indica en
el Apéndice 1); algún taburete para prepar
ar el cáliz, con un pequeño armario para c
orporales, purificadores, palias, y purificador
es sucios. Debe estar al alcance la Agenda
Litúrgica o el calendario con indicaciones so
bre las fiestas propias, la libreta de intencio
nes, tarjetitas para la intención de cada Mis
a, sobres para el estipendio; así como habe
r cuadros indicando el nombre del Santo Tit
ular y del Obispo diocesano, las oraciones
de preparación y acción de gracias.

Todo ésto puede realizarse en una gran có


moda central. Se requiere además un close
t, y un armario de seguridad, para guardar
las cosas. Los objetos que se usan diario o
frecuentemente se guardan aparte de los q
ue rara vez sirven.

En los cajones de la gran cómoda se guard


an los ornamentos, es decir, los lienzos o v
estiduras preciosas en hilo metálico o rico
bordado. Es mejor tener extendidas estas v
estiduras que dobladas. Las capas y casulla
s pesadas no conviene colgarlas porque ro
mpen o vencen pronto el gancho. Se guard
an de preferencia extendidas, no dobladas,
con una tela adamascada ligera entre ellas.
Así, en la cómoda están las casullas y dal
máticas barrocas, los toldos del varipalio, lo
s mejores humerales, los frontales, mantele
s, conopeos y dalmáticas. Es decir, las cosa
s que deben conservarse mejor o que se u
sen más raramente.

En el closet se cuelgan las casullas y albas


de uso ordinario, de preferencia agrupadas
las albas por tallas y las casullas por color,
poniendo las indicaciones en las perchas.
También están, de preferencia separados, l
as sotanas, cotas, estolones, y las vestidur
as de los acólitos y ministros.

En armario seguro se guardan, como caja f


uerte, los cálices, copones, patenas, llave d
el sagrario, crismeras, relicarios, y todo lo
que requiera mayor seguridad. Puede haber
otro espacio para purificadores y corporale
s limpios y sucios, manutergios limpios y s
ucios, cerillos, mechas, vinajeras, las hostia
s y el vino de consagrar para uso inmediat
o. Y una estantería para la Biblia, el Evang
eliario, los Leccionarios y Misales, los Ritual
es y demás materiales necesarios.

Conviene que haya lugar para lavarse las


manos, con agua caliente y fría; 2 toallas li
mpias colgadas (para sacerdotes y para otr
as personas), jabón y espejo para revisar e
l porte antes de salir. Y un reloj.

La sacristía debe estar aseada y ordenada,


y conservar clima de silencio. De suerte qu
e los sacerdotes en ella puedan celebrar pri
vadamente la Liturgia de las Horas, hacer s
u meditación, preparar la homilía, etc. Es u
n abuso jugar, charlotear o fumar en ella.
No es salón de tertulias, gabinete de lectur
a del periódico, ni lugar de juego para los
acólitos.

Y ahí debe lucir un gran orden y aseo. No


hace falta lujo, pero tampoco guandajez. C
uando las sacerdotes hallan cada cosa en s
u sitio, se encuentran estimulados a realiza
r bien su ministerio. El desaseo y desorden
deterioran las cosas y el ánimo. Libre de to
do trasto viejo, candelero o silla rota, florer
os o imágenes mutiladas, etc.

Es importante darle ventilación, abriendo fr


ecuentemente las ventanas, pero evitando c
orrientes bruscas. Así se conservan mejor l
as cosas. En los cajones, pone rosas secas,
pastilla de alcanfor, o algún desodorante y
protector de polillas.

b) Sacristía de trabajo:

La sacristía de trabajo sirve como pequeña


bodega y área de preparación de cosas. Pu
ede servir de habitación para que los acólit
os, ministros y coro se revistan, teniendo i
ncluso guardería de zapatos (para evitar te
nis o huaraches y tener aseado el calzado).

Requiere una mesa para colocar las cosas


que se preparan. Además, está el brasero
para encender las brasas, el soporte del inc
ensario y la naveta, la cruz alta con su bas
e, los ciriales con su base y ,según la cost
umbre romana, 6 hachones. Tiene el burro
de planchar y la plancha. Conviene un refri
gerador, y lavabo grande con agua fría y c
aliente.

Ahí se guarda la pulidora, aspiradora, mate


rial de limpieza. Se tiene repuesto para vel
as, carbón. Se guarda la base del Cirio Pas
cual, las palmas benditas, las imágenes del
Nacimiento y de algunas fiestas, los motivo
s más delicados de la procesión del Corpus.
Las banderas y estandartes, las astas del
varipalio, tienen un lugar adecuado. Podrían
estar algunas cortinas, candeleros, alfombr
as, floreros, velas, escaleras, gradines. Con
el acomodo y el mobiliario que mejor favor
ezca el trabajo y el orden.

El sacristán barre, trapea y sacude diariam


ente la sacristía. Después del uso de las co
sas las acomoda en el lugar correspondient
e. Lo que no se ocupa de cortinas, candele
ros, floreros, telas, cuadros, alfombras, llev
arlo a la bodega.

Cuando hay vestiduras litúrgicas nuevas avi


sa al Sacerdote para que en la siguiente Mi
sa los bendiga. Requieren bendición tambié
n los ornamentos que sufrieron tales cambi
os o lesiones que dejaron de ser aptos o d
ejaron de ser los mismos, o si fueron empl
eados para usos indecorosos, o expuestos a
venta pública. Los que son inútiles del tod
o, quemarlos y tirar las cenizas en la piscin
a o enterrarlas para no ser pisadas, no usa
rlos para adornar habitación ni para usos p
rofanos.
COORDINARSE
CON LOS RESPONSABLES
DE LAS DIVERSAS ACTIVIDADES

Todo lo que se hacer requiere la informació


n, colaboración eficaz y entusiasta, de varia
s personas. Quien debe estar mejor inform
ado es el Sacristán. Por eso debe pregunta
r y tratar de coordinar. Con puntualidad da
r las llamadas, y elaborar el programa corr
espondiente. Si la Misa tiene intención, indi
carla del modo conveniente.

Hay ciertas fiestas que conviene tener en c


uenta, para posible ramillete espiritual o al
guna ceremonia de solemnización: fiesta pa
tronal de la parroquia, celebración del sant
o del Señor Cura, cursos de formación para
catequistas u otros agentes, campañas de
promoción de cualquier cosa, servicios que
se prestan a la comunidad. Sirve de lazo d
e información entre el pueblo y el sacerdot
e y al revés. Lo mismo, si hay algún enfer
mo que atender, él avisa al sacerdote

a) Sacerdotes.
El presbítero es quien preside la comunidad
y su celebración en la persona de Cristo y
en nombre de la Iglesia, y quien represent
a y significa la unidad en la comunidad. Ani
ma los diversos servicios para que cumplan
su razón de ser al servicio de la comunida
d.

Se pide al sacristán ser muy cortés y respe


tuoso con los sacerdotes, aunque los conoc
e y les tiene confianza, con mayor razón co
n los visitantes. Los orienta en las costumb
res propias de la parroquia, sobre todo en l
a Misa y demás celebraciones.

El sacristán les avisa con amabilidad los act


os programados, o les pregunta sus posibili
dades entiempo oportuno. El sacristán debe
tener bien claro qué se va a hacer, cuánd
o, cómo, y por qué.

El saludo es el primer contacto de cortesía.


Tiene todo dispuesto a los celebrantes par
a que se revistan, con una disposición que
facilite la vestición, y le ayuda a revestirse
(meter el alba en la cabeza, y las mangas
en los brazos; cerrar los cierres o abrochar
botones, corregir los posibles defectos que
él no pueda ver, como si el alba quedó con
parte recogida o arrugada, o arrastrando,
o la casulla torcida).

Le presenta el Misal para que registre, habi


endo de antemano puesto los señaladores e
n el lugar más adecuado (de acuerdo a la
Agenda Litúrgica y al calendario particular).
Le consulta si necesitaalgún otro libro.

Tiene botiquín a la mano por si se ocupa al


guna pastilla para mareo, dolor de cabeza
o muela, alteración de presión; alcohol, etc.
Le ayuda a quitarse las vestiduras litúrgica
s y las guarda.

Le comunica la situación de la parroquia o


la asamblea en tal celebración; le indica la
intención, le señala el nombre del Obispo di
ocesano o del Santo Patrón, le entrega al fi
nal el estipendio, y los recados que pueda
tener.

El Sacristán es un factor importante en la c


onfrontación de ideas y la complementación
de capacidades. Es importante no perder l
a cabeza cuando no le dejan las cosas en s
u lugar o no apreciaron su trabajo. Delicad
eza no significa adulación, ni fidelidad signif
ica servilismo.

b) Equipo de Liturgia.

El Equipo Litúrgico es el responsable de dar


vida a la celebración en la celebración mis
mas, promoviendo la experiencia comunitari
a y la participación. Es un ministerio cualifi
cado de la comunidad que integra los diver
sos actores de la celebración, la música y e
l arte. No están para suplantar, desplazar,
o sobrecargar al sacristán.

El sacristán tiene también una función en e


sa celebración que ellos animan, y por ello
debe coordinarse con ellos. Conviene que el
sacristán forme parte del equipo litúrgico,
para estar al tanto de las posibilidades que
se operarán y que no le tome de sorpresa
o le moleste. Puede haber así apoyo mutuo
, y no competencia.

Desde el equipo litúrgico se coordinan mejo


r las actividades, grupos apostólicos y la ac
ción de arquitecto, técnico de sonido, elabo
radores de vestiduras litúrgicas y vasos sag
rados, floristas y fotógrafos monaguillos, re
stauradores de imágenes, libros, cantores,
etc. Se trata de ayudarse, no disminuir con
críticas los méritos ajenos, ni poniendo za
ncadilla.

Su relación es de colaboración fraterna en


que cada uno desarrolla sus propias compet
encias, y de sensibilidad ante las necesidad
es de la comunidad por su capacidad de es
cucha y edificación mutua.

c) Equipo pastoral y organizadores de f


iestas, campañas y jornadas anuales.

Esta función es por necesidad práctica de c


oordinación, pues ocuparán muchos servicio
s del sacristán. Cuando organizadores, may
ordomos, colecta-dores, encargados del día,
etc., marchan cada uno por su cuenta, no
puede haber fiesta liberadora ni pastoral ef
ectiva.

Si no hay relación de lo litúrgico con las ac


ciones para conocer la Palabra de Dios y co
n las acciones para promover la unidad, la
caridad y la organización, se hará un caos
que provocará nerviosismos y derrochará e
nergías inútilmente. Se necesita tener un e
quipo, donde está el sacerdote y el sacristá
n, donde se planean y programan todas las
actividades, también las fiestas.

Al Sacristán acuden la mayoría de las perso


nas; no conviene que esté ignorante de los
acuerdos, las actividades, o los horarios;
menos aún que haga las cosas a su modo
sin tomarlos en cuenta.

d) El Pueblo

El Sacristán no debe aislarse de la comunid


ad celebrante, sujeto de la celebración. Pre
sta un servicio en orden a elevar la calidad
de la participación en el ejercicio del Sacer
docio de Cristo.

Convoca a los fieles con las «llamadas» de


la campana; les tiene un espacio limpio y a
gradable para que se sientan en su casa, p
uede ponerles música ambiental, les abre y
cierra las puertas a sus horas, procura ten
er la iluminación y sono-rización adecuada
(que no dependa tanto del paso, sino de la
s necesidades de la calibración o de las per
sonas).
Coordina servicios como colectas, celebracio
nes fuera de la Iglesia, vestición de ministr
os, reparaciones etc.

No olvide que es un servidor público y por


tanto mira el bien común. Es el representa
nte oficial de su comunidad para ese oficio
múltiple. No puede moverse por criterios de
favoritismos, afán de negociar, complejo d
e mártir, mediocridad o rutina.

Ser paciente, recibir con una sonrisa, ser c


ortés sobre todo con las damas, no conside
rando a los demás como «criados», «cosas
» o «rivales».

La sacristía no puede convertirse en «menti


dero público» por la pérdida de trabajo, chi
smorreo, mal gusto, fraude. De la iniciativa
personal y la propia experiencia pueden sa
lir ventajas para todos. La puntualidad falla
da y el trabajo a medias no son justos.

e) El responsable de la Iglesia y perso


nal de la oficina parroquial.
Tiene al corriente los libros, informa periódi
camente al sacerdote (es mejor informar q
ue ser controlado).

Muchas personas acuden al sacristán para


preguntar sobre los trámites de sus sacram
entos o los documentos correspondientes. P
or eso el sacristán debe estar informado y
en comunicación con el personal de la Nota
ría Parroquial. No se trata de una burocraci
a corrupta, sino de cuidar los derechos divi
nos de todo bautizado y de la comunidad.

Sólo quien ha vivido la experiencia de falta


de documentos llega a valorar este trabajo.
Por eso, debe atenderse a las personas co
n atención y respeto, avisando las horas de
oficina, la forma de encontrar a la secretar
ia, o informando sobre los requisitos.

Tiene la libreta de las amonestaciones; de l


as intenciones de Misa, y a veces los borra
dores de los sacramentos o el expediente d
el matrimonio para las firmas de los padrin
os y testigos. Anoten cuidadosamente los d
atos de los servicios que piden y entreguen
los documentos. Eviten confusiones al anot
ar las ceremonias. Los casos extraordinarios
, remitirlos al párroco.

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