Ansiedad Generalizada: Causas y Síntomas
Ansiedad Generalizada: Causas y Síntomas
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una reunión, está realmente preocupada por las consecuencias que podría tener eso que
dijo. Se ha dicho que la preocupación se describe bien con la frase: “¿Qué pasaría
si...?”.
Las personas con TAG se preocupan por cosas que es improbable que sucedan o
que si ocurren son mucho más manejables y menos dramáticas de lo que aquellas
piensan. Los pacientes con TAG presentan preocupaciones relativamente constantes y,
por lo general, únicamente suelen ser capaces de dejar de lado un tema de preocupación
ante la aparición de un nuevo tema de preocupación. Como ha afirmado Deffenbacher
(1997, pág., 242): “El individuo tiende a darle vueltas en su cabeza a estas cuestiones,
siendo incapaz de alcanzar una solución, de tomar decisiones, de llevar a cabo una
actuación decisiva y de vivir con relativa tranquilidad con las consecuencias. Por el
contrario, suelen darle vueltas y más vueltas a, y preocuparse con, las posibilidades
negativas, los errores y equivocaciones potenciales, y los fracasos y dificultades reales
e imaginarios. Es como si estuvieran petrificados en las primeras etapas de una
solución de problemas.” Es muy posible que las preocupaciones estén muy relacionadas
con la intolerancia a la incertidumbre (Dugas y Ladouceur, 1997; Dugas y cols., 1998).
Preocuparse puede tener una función adaptativa al ayudar a prepararnos para situaciones
problemáticas y resolverlas. Pero también puede convertirse en algo excesivo o
desadaptativo. Cinco preguntas útiles para decidir si preocuparse es desadaptativo
son: “a) ¿Se preocupa por cosas sobre las que, según usted reconoce, la mayoría de la
gente no se preocupa ([Link]., pequeñas cosas sobre el manejo de la casa)? b) ¿Encuentra
muy difícil dejar de preocuparse y, en consecuencia, no puede relajarse? c) ¿Su
preocupación raramente da lugar a alcanzar una posible solución para un problema
particular? d) ¿Cree que si no se preocupa, sucederá realmente un acontecimiento
terrible? e) ¿Se preocupa por no preocuparse o se preocupa cuando las cosas le van bien
en la vida?”
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cols. (1998) han clasificado las preocupaciones según se refieran a problemas actuales
(cumplir con los plazos fijados en el trabajo, conflictos interpersonales) o a eventos
futuros improbables (muerte del hijo en un accidente de coche). Por otra parte,
Ladouceur y cols. (2000) han distinguido dos tipos de preocupaciones: a) sobre
situaciones modificables (tratables mediante resolución de problemas) y b) sobre
situaciones no modificables (y que frecuentemente no existen todavía). Como se
discutirá más adelante, los autores citados indican que cada tipo de preocupación
requiere una intervención diferente.
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controlar. Además, exigen la presencia de 4 síntomas de 22 (entre los cuales se incluyen
5 de los 6 síntomas que contiene el DSM-IV). Los 22 síntomas se dividen en:
- Síntomas autónomos (4): palpitaciones o taquicardia, sudoración, temblor o
sacudidas, sequedad de boca (no debida a medicación o deshidratación).
- Relacionados con pecho y abdomen (4): dificultad para respirar, sensación de ahogo,
dolor o malestar en el pecho, náuseas o malestar abdominal ([Link]., estómago revuelto).
- Relacionados con el estado mental (4): sensación de mareo, inestabilidad o
desvanecimiento; desrealización o despersonalización; miedo a perder el control, a
volverse loco o a perder la conciencia; miedo a morir
- Síntomas generales (6): sofocos o escalofríos; aturdimiento o sensaciones de
hormigueo; tensión, dolores o molestias musculares; inquietud o incapacidad para
relajarse; sentimiento de estar al límite o bajo presión, o de tensión mental; sensación de
nudo en la gar-ganta o dificultad para tragar.
- Otros síntomas no específicos (4): respuesta exagerada a pequeñas sorpresas o
sobresal-tos; dificultad para concentrarse o “mente en blanco” debido a la preocupación
o la ansiedad; irritabilidad persistente; dificultad para conciliar el sueño debido a las
preocupaciones.
Al menos uno de los síntomas debe ser del grupo autónomo. El grado de concordancia
entre el DSM-IV y la CIE-10 (Organización Mundial de la Salud, 1992) es
relativamente alto. En el estudio de Andrews, Slade y Peters (1999), el 77% de los casos
con un diagnóstico positivo según uno de estos sistemas tuvo un diagnóstico positivo en
ambos sistemas.
FRECUENCIA
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Considerando los criterios del DSM-IV, en un estudio epidemiológico realizado con
10.641 australianos, se halló una prevalencia mensual y anual del 2,8% y del 3,6%
respectivamente (Hunt, Issakidis y Andrews, 2002). Wittchen y Hoyer (2001) citan un
estudio en que la prevalencia actual fue del 3,7% en Sudáfrica. Prevalencias más bajas
han sido halladas en un estudio realizado en seis países europeos (entre ellos
España) con 21.425 adultos, mediante entrevista y con criterios del DSM-IV
(ESEMeD/MHEDEA 2000 Investigators, 2004). La prevalencia anual del TAG fue
1,0% (0,5% en varones y 1,3% en mujeres) y la vital, 2,8% (2,0% en varones y 3,6%
en mujeres). Loeb, Becker y Altamura (2005) han revisado varios estudios europeos
realizados en Europa; con criterios DSM-IV la prevalencia anual en la mayoría de los
estudios ha estado entre 1,3% y 1,5%; y la vital entre 0,8% y 2,8%.
Alrededor del 60-70% de las personas con TAG son mujeres.
PROBLEMAS ASOCIADOS
Los pacientes con TAG suelen presentar otros trastornos tales como trastorno depresivo
mayor, distimia, trastorno de pánico con o sin agorafobia, fobia social, fobia específica,
abuso o dependencia de alcohol o de sustancias sedantes, hipnóticas o ansiolíticas.
Otros trastornos que aparecen también frecuentemente son aquellos asociados al estrés
([Link]., dolores de cabeza, hipertensión esencial, úlceras, trastorno cardiovascular,
diabetes, insomnio e incluso cáncer) (American Psychiatric Association, 1994/1995;
Gosselin y Laberge, 2003; Rapee, 1995). Los niños y adolescentes con TAG, en
comparación a aquellos con otros trastornos de ansiedad, son los que presentan más
trastornos comórbidos de ansiedad. Son frecuentes, aparte de los trastornos depresivos,
la fobia social, la fobia específica, el trastorno de ansiedad por separación y el trastorno
de pánico; también el trastorno de déficit de atención con hiperactividad (Sandín, 1997).
GÉNESIS Y MANTENIMIENTO
Modelos explicativos del TAG pueden consultarse en Bados (1998), Barlow (1988,
2002), Borkovec (1994), Dugas y cols. (1998), Dugas y Ladouceur (1997), Gosselin y
Laberge (2003), Rapee (1995) y Wells (1995, 1997, 1999). Un ejemplo puede verse en
la figura 1.
Aunque no hay una carga genética para el TAG como tal –o, como mucho, esta no es
muy grande (véase Hettema, Neale y Kendler, 2001)–, es posible que haya una
hipersensibilidad neurobiológica al estrés genéticamente determinada. Esta
vulnerabilidad biológica puede interactuar con una vulnerabilidad psicológica
(sensación de que los eventos amenazantes son impredecibles y/o incontrolables basada
en experiencias evolutivas tempranas), de modo que ante la ocurrencia de eventos
estresantes o problemáticos, la persona puede responder con preocupación y ansiedad;
esta respuesta estará moderada por factores como las habilidades de afrontamiento y
el apoyo social (Barlow, 1988, 2002).
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factores históricos asociados al TAG han sido la pérdida de un progenitor antes de los
16 años, padre alcohólico, maltrato verbal y haber tenido que cuidarse anticipadamente
de los padres y de sí mismos en la infancia. Todas estas variables pueden predisponer al
TAG, aunque, existen otras interpretaciones: el TAG pudo ser anterior a los traumas, la
ansiedad crónica pudo influir en la percepción o reacción a los traumas (aunque la
influencia podría ser bidireccional) o en el informe posterior de los mismos, y las
diferencias en eventos traumáticos pueden no constatarse en estudios prospectivos.
Los sujetos análogos y pacientes con TAG pueden presentar también una vinculación o
apego más inseguro a su principal ser querido en la infancia. Concretamente, han
puntuado más alto en las escalas de sentirse más rechazados por dicho ser querido,
sentimientos fluctuantes hacia el mismo (aprecio, enfado), necesidad de protegerlo y
miedo de perderlo, equilibrio/perdón (“a pesar de todo lo pasado, aún nos llevamos
bien”) y falta de recuerdos sobre la infancia. La existencia de conflicto interno viene
expresada por la relevancia simultánea de enfado y perdón en los sentimientos actuales
hacia el ser querido, lo cual sugiere unas relaciones inseguras y perturbadas con los
seres queridos en la infancia. Sin embargo, los recuerdos sobre la infancia son vagos o
ausentes y, por tanto, no hay informes directos sobre la misma; esto hace pensar en
evitación cognitiva. Otros estudios han mostrado que en comparación a un grupo
control, los pacientes con TAG informan de más problemas familiares durante la
infancia: conflictos con los padres, conflictos entre los padres y falta de atención de los
padres.
Las personas con TAG presentan a menudo características de personalidad tales como
perfeccionismo, dependencia y falta de asertividad (Rapee, 1995), las cuales pueden
haber sido favorecidas por haber sido educados por padres sobreprotectores, muy
exigentes y/o ansiosos. Estas características de personalidad pueden contribuir a una
falta de habilidades para manejar diversas situaciones problemáticas o a
dificultades para aplicar dichas habilidades. Dugas y Ladouceur (1997) han
señalado que, en general, los pacientes con TAG no carecen del conocimiento sobre
cómo solucionar problemas, sino que fallan en la orientación hacia el problema (no
saber reconocer los problemas o ver problemas donde no los hay, hacer atribuciones
inadecuadas sobre los mismos, valorarlos como amenazas y sentirse frustrado y
perturbado al encontrarse con problemas, no creer en la propia capacidad para
resolverlos, no dedicar el tiempo y esfuerzo suficiente a los mismos y mantener un
punto de vista pesimista sobre los resultados; es decir, en general, las reacciones
iniciales afectivas, cognitivas y conductuales a los problemas).
Junto al sesgo atencional, las personas con TAG presentan un umbral más bajo para
percibir ambigüedad y tienden a interpretar la información ambigua como
amenazante (un ruido en la noche significa un ladrón, oír que ha habido un accidente
de coche hace pensar en que un familiar está implicado). De este modo, es más probable
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que las personas con TAG perciban peligros, ya que su atención se centra en los mismos
más fácilmente y es más probable que interpreten los acontecimientos diarios de forma
amenazante (Rapee, 1995).
Por otra parte, Ladouceur, Talbot y Dugas (1997) han destacado la intolerancia a la
incertidumbre y a la activación emocional como fenómenos claves en los trastornos
de ansiedad en general y en el TAG en particular. La intolerancia a la incertidumbre es
considerada como el modo disfuncional en que la persona percibe la información en
situaciones inciertas o ambiguas y responde a esta información con una serie de
reacciones cognitivas, emocionales y conductuales. Más en concreto, la intolerancia a la
incertidumbre es la tendencia general de una persona a considerar inaceptable que un
evento negativo pueda ocurrir, aunque la probabilidad de su ocurrencia sea pequeña
(Buhr y Dugas, 2002). La intolerancia a la incertidumbre contribuye al desarrollo y
mantenimiento de las preocupaciones tanto directamente (mayor atención a eventos
ambiguos, los cuales son percibidos como amenazantes a la vez que se exagera la
probabilidad de la amenaza) como indirectamente, interfiriendo en la aplicación de las
habilidades de solución de problemas (mayores niveles de activación emocional,
reducción de la propia confianza para resolver problemas, percepción de dificultades
cuando no hay realmente problemas, no ser capaz de decidir porque no se encuentra una
solución perfecta, requerir muchos más datos o información antes de tomar una
decisión).
Krohne (1993, citado en Ladouceur, Talbot y Dugas, 1997) sugiere que la intolerancia
a la incertidumbre es el resultado de: a) un umbral más bajo para percibir la
ambigüedad, b) reacciones más fuertes en situaciones ambiguas (experimentar más
incertidumbre, ansiedad y preocupación), y c) anticipar consecuencias amenazantes de
la situación de incertidumbre.
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Las creencias de que las preocupaciones son útiles contribuyen de modo notable al
mantenimiento de estas últimas; dichas creencias se han desarrollado posiblemente a
partir de los efectos percibidos de las preocupaciones ([Link]., una coincidencia
supersticiosa entre preocuparse y la ausencia de resultados negativos) y/o del modelado
o información por parte de personas significativas. Los pacientes con TAG, los cuales
tienden a sobrestimar la utilidad de sus preocupaciones, informan básicamente de cinco
tipos de creencias; las dos primeras se centran en el control del medio externo e
implican probablemente reforzamiento negativo retardado de las preocupaciones,
mientras que las otras tres se centran en el control de las propias emociones y conductas
y proporcionan probablemente un reforzamiento más inmediato. Estas creencias son
informadas más frecuentemente por pacientes con TAG que por personas sin TAG
(Borkovec, 1994; Dugas y Koerner, 2005).
Las preocupaciones pueden tener varios efectos, muchos de los cuales contribuyen a
mantener tanto dichas preocupaciones como la ansiedad (Bados, 1998; Borkovec,
1994):
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- Prevención o reducción del procesamiento emocional de la información
amenazante (el procesamiento emocional se refiere a la activación de las
estructuras de miedo y a la incorporación de información incongruente con el
miedo dentro de las mismas). La preocupación es una solución ineficaz de
problemas que, aunque reduce la ansiedad a corto plazo, sirve para mantener las
interpretaciones de amenaza, la creencia de poco control sobre las mismas y la
ansiedad. La reducción del procesamiento emocional de la información
amenazante se consigue a través de la disminución o supresión de la actividad
autónoma y, por tanto, de los aspectos autónomos de la experiencia de
ansiedad. A su vez, esto puede lograrse a través de la evitación de imágenes
relacionadas con los estímulos temidos, la distracción y el desvío de la atención
hacia pensamientos verbales poco concretos o elaborados respecto a los
antecedentes y consecuencias de la amenaza percibida (de hecho, se evita, en
general, pensar en los peores resultados posibles). Las preocupaciones
consisten básicamente en pensamientos verbales poco concretos y estos tienen
un efecto cardiovascular mucho menor que la imaginación del mismo material
emocional. Así pues, la preocupación puede servir para evitar la imaginación
con el fin de reducir el afecto negativo. Sin embargo, la preocupación crónica
puede facilitar la recuperación de las imágenes aversivas, las cuales tienen que
ser inmediatamente evitadas, con lo cual se crea un círculo vicioso que perpetúa
la preocupación.
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médico por síntomas propios o de familiares cuya importancia se magnifica, pedir
tranquilización a los amigos sobre estos síntomas, limpiar la casa diariamente por si
alguien viene inesperadamente de visita, asegurarse con exceso de que un trabajo está
bien hecho, negarse a leer esquelas o noticias desagradables en el periódico o a hablar
sobre ellas, rehuir conversaciones incómodas, posponer actividades, no aceptar
invitaciones a reuniones sociales, no querer ver ciertos programas de TV, etc. Estas
conductas de preocupación contribuyen a mantener las preocupaciones y las
interpretaciones de amenaza.
Por otra parte, Wells (1995, 1997) ha señalado que con el paso del tiempo los pacientes
desarrollan creencias negativas sobre las preocupaciones. A partir de experiencias
propias (preocupaciones que se van volviendo cada vez más incontrolables y
perturbadoras) y/o de otros (persona significativa que presenta un problema mental
asociado con las preocupaciones), los pacientes tienden a creer que preocuparse es
incontrolable y peligroso (“si no controlo mis preocupaciones, terminarán por
controlarme”, “las preocupaciones me harán perder mi salud mental”). Estas creencias
negativas estimulan lo que Wells (1997) ha denominado preocupaciones Tipo 2 o
preocupaciones sobre la cognición en sí misma, en particular preocupaciones sobre la
ocurrencia de preocuparse (metapreocupaciones); por ejemplo, “me estoy volviendo
loco con preocuparme, no voy a poder seguir funcionando, me voy a poner enfermo”.
Estas metapreocupaciones, o valoraciones negativas sobre preocuparse son más
frecuentes en pacientes con TAG que en sujetos no ansiosos y deben ser distinguidas de
las preocupaciones Tipo 1 o preocupaciones sobre eventos externos y eventos internos
no cognitivos (síntomas físicos). Las creencias negativas y preocuparse sobre
preocuparse tienen una serie de efectos:
- Mayor atención a y mejor detección de pensamientos no deseados, e intentos de
controlarlos. Esto puede llevarse a cabo intentando suprimirlos directamente –lo cual
lleva paradójicamente a su incremento posterior–, distrayéndose, diciéndose cosas
tranquilizadoras o llevando a cabo las preocupaciones dentro de estrictos límites o de
formas especiales que pretenden lograr los beneficios de las preocupaciones al tiempo
que evitan sus peligros.
- Conductas dirigidas a buscar tranquilización y prevenir los peligros asociados con
las preocupaciones tipo 1 y 2, es decir, conductas de preocupación. Así, hacer que la
pareja llame cada cierto tiempo para decir que está bien, llegar a casa más tarde que el
cónyuge para no preocuparse sobre su tardanza o evitar todo aquello que suscita las
preocupaciones.
- Respuestas emocionales y otros síntomas. Incremento de ansiedad y tensión,
disociación, mente acelerada, problemas de concentración, perturbaciones del sueño,
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etc. Estos síntomas pueden ser interpretados como prueba favorable a las creencias
negativas que subyacen a las metapreocupaciones. En aquellos casos en que se diera una
valoración de una catástrofe mental inmediata podrían aparecer ataques de pánico.
Todos estos efectos exacerban los pensamientos intrusos, mantienen las interpretaciones
de amenaza y contribuyen al mantenimiento de las metapreocupaciones. Según Wells,
las metapreocupaciones son las que contribuyen fundamentalmente a transformar las
preocupaciones normales en patológicas.
EVALUACIÓN
Se aconseja llevar a cabo una evaluación multimétodo.
Tras evaluar el TAG y cualesquiera otros trastornos asociados del eje I del DSM-IV,
Van Velzen y Emmpelkamp (1996) recomiendan pasar un cuestionario de trastornos de
personalidad para identificar a pacientes con posibles trastornos de personalidad, los
cuales deberán ser confirmados o no mediante entrevista.
Antony, Orsillo y Roemer (2001), Bobes y cols. (2002) y Muñoz y cols. (2002)
describen una serie de instrumentos junto con sus propiedades psicométricas. Bados
(1998) también presenta información interesante. A continuación se presentan los
métodos e instrumentos más importantes.
ENTREVISTA
Un modelo de entrevista diagnóstica siguiendo los criterios del DSM-IV es la
Entrevista para los Trastornos de Ansiedad según el DSM-IV (ADIS-IV) de Brown,
DiNardo y Barlow (1994). Esta entrevista dura de una a dos horas y evalúa los
diferentes trastornos de ansiedad a un nivel no solamente diagnóstico, Además, contiene
secciones para evaluar los trastornos del estado de ánimo, la hipocondría, el trastorno
por somatización, el trastorno mixto de ansiedad-depresión y los trastornos de
abuso/dependencia de sustancias psicoactivas. En todos estos casos, la evaluación puede
hacerse sólo en el presente o también en el pasado, según el modelo de entrevista que se
emplee de los dos existentes. También se incluyen unas pocas preguntas de cribado
sobre síntomas psicóticos y de conversión, y sobre la historia familiar de trastornos
psicológicos. La última sección aborda la historia de tratamiento psicológico y
psiquiátrico y la historia médica del cliente. Finalmente, se incluyen las escalas de
Hamilton para la ansiedad y la depresión. Una adaptación de esta entrevista para niños y
adolescentes es la Entrevista para los Trastornos de Ansiedad en Niños (ADIS-C) de
Silverman y cols. (1996, citado en Sandín, 1997).
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- Cuando las cosas van bien, ¿todavía encuentra cosas que le preocupan y le ponen
ansioso? ¿Se preocupa por no preocuparse o se preocupa cuando las cosas le van bien en la
vida?
¿Encuentra muy difícil dejar de preocuparse? Si necesita concentrarse en otra cosa, ¿es
capaz de quitarse la preocupación de la cabeza? Si está intentando leer, ver la TV o trabajar,
¿sus preocupaciones le vienen a la mente y le dificultan concentrarse en estas tareas?
¿Cuáles de sus preocupaciones le resultan más difíciles de controlar?
- En los últimos 6 meses ¿cuántos días de cada cien se ha encontrado excesivamente
preocupado o ansioso? ¿Cuánto tiempo hace que dura este periodo actual de preocupaciones
y ansiedad excesivas y difíciles de controlar?
- ¿Qué síntomas nota usted habitualmente en las épocas en que se encuentra agobiado por
las preocupaciones? Durante los últimos 6 meses, ¿ha experimentado usted
frecuentemente…… (mencionar uno a uno los seis síntomas enumerados más abajo) al estar
ansioso o preocupado? ¿Ha experimentado…… (síntoma) la mayoría de los días durante los
últimos 6 meses? ¿Cuán intenso ha sido…… (síntoma)?
a) inquietud o impaciencia, b) cansarse o fatigarse fácilmente, c) dificultades de
concentración o quedarse en blanco, d) irritabilidad, e) tensión muscular, f) perturbaciones
del sueño (dificultad para conciliar o mantener el sueño, o sueño insatisfactorio y no
reparador)?
- ¿Le llevan sus preocupaciones a hacer algo para tranquilizarse o para reducir la ansiedad
que le producen? ¿Qué hace o deja de hacer con el fin de intentar evitar que suceda lo que
teme? (preguntar para cada tipo de preocupación identificado).
- ¿Qué cree que pasaría si no llevara a cabo estas conductas (dirigidas a controlar su
ansiedad o impedir que ocurra lo que teme)? ¿En qué medida cree que pasaría lo que teme
(pueden citarse las consecuencias temidas)?
¿Cree que sus preocupaciones cumplen alguna función útil? ¿Cuál? ¿En qué medida su
preocupación le lleva a encontrar una solución para el problema sobre el que se está
preocupando? ¿Cree que puede pasar algo malo si deja de preocuparse?
- ¿Cree que sus preocupaciones tienen o pueden tener consecuencias negativas? ¿Cuáles?
¿Qué hace para controlar sus preocupaciones? ¿Intenta distraerse o pensar en otras cosas
cuando se siente preocupado?
- Descríbame detalladamente qué sucedió y en qué estuvo pensando la última vez que se
preocupó en exceso. ¿Fue similar a otras veces? Si no es así, ¿en qué fue diferente?
Aparte de las preguntas tendentes a examinar los síntomas del TAG, otros aspectos que la
entrevista debe cubrir son: a) condiciones que agravan o reducen el problema, b) variables
situacionales y personales que lo mantienen, c) interferencia del problema en la vida,
trabajo, estudios, familia y actividades sociales del paciente, d) historia y fluctuaciones del
problema, e) intentos realizados para superar el problema y resultados logrados, f)
motivación, expectativas (de tratamiento y de resultados) y objetivos del paciente, g)
recursos y limitaciones del paciente, y h) otros problemas que pueda presentar el paciente.
Es aconsejable recoger una breve historia médica para comprobar si ciertas condiciones
médicas, medicaciones o drogas pueden ser responsables de los síntomas o estar
contribuyendo a los mismos. Si han pasado dos o más años desde la última revisión médica,
conviene pedir al paciente que se haga una.
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CUESTIONARIOS Y ESCALAS DE VALORACIÓN
Se comentarán a continuación los cuestionarios y escalas de valoración dirigidas a evaluar
la ansiedad general, la preocupación y las variables claves asociadas con el TAG, además
de una escala individualizada de situaciones suscitadoras de ansiedad. Conviene tener en
cuenta que los cuestionarios de ansiedad no tienden a discriminar a los pacientes con TAG
de los pacientes con otros trastornos de ansiedad (salvo los fóbicos específicos). Una buena
batería de cuestionarios podría incluir uno de ansiedad, la Jerarquía Individualizada de
Situaciones Asociadas con la Ansiedad, el Inventario de Preocupación del Estado de
Pensilvania, la Escala de Intolerancia hacia la Incertidumbre, la Escala de las
Consecuencias de Preocuparse (o el ¿Por Qué Me Preocupo?) y el Inventario de Solución
de Problemas Sociales.
Cuestionarios de ansiedad
Inventario de Estado-Rasgo de Ansiedad (State-Trait Anxiety Inventory, STAI;
Spielberger y cols., 1983). Consta de dos formas dirigidas a evaluar el estado y el rasgo de
ansiedad. La forma Estado va dirigida a evaluar el estado de ansiedad y consta de 20 ítems.
El cliente contesta cómo se siente en este momento; para ello emplea una escala de
intensidad de 1 (nada) a 4 (mucho). La forma Rasgo va dirigida a evaluar el rasgo de
ansiedad, esto es, la disposición a responder con ansiedad ante situaciones percibidas como
amenazantes. Consta de 20 ítems y el cliente contesta cómo se siente generalmente; para
ello emplea una escala de frecuencia de 1 (casi nunca) a 4 (casi siempre). Este cuestionario
es de uso muy frecuente, pero presenta al menos dos problemas: a) no considera
explícitamente los aspectos somáticos y conductuales de la ansiedad, y b) parece medir
tanto ansiedad como depresión. Bieling, Antony y Swinson (1998) analizaron
factorialmente el Inventario de Rasgo de Ansiedad y encontraron un factor de orden
superior (afecto negativo) y dos de orden inferior: depresión (13 ítems) y ansiedad (7
ítems); este último no discriminó entre diversos grupos de trastornos de ansiedad. El
instrumento ha sido publicado por TEA en su versión de 1970 (con escalas que van de 0 a
3) y puede consultarse también en Bobes y cols. (2002) y Echeburúa y cols. (1995).
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Otros cuestionarios que sí consideran explícitamente los aspectos somáticos y conductuales
de la ansiedad, además de tener en cuenta cómo se siente el cliente, son la Escala de
Ansiedad Manifiesta de Taylor (1953, Taylor Manifest Anxiety Scale, TMAS), la Escala de
Autovaloración de la Ansiedad de Zung (1971, Self-Rating Anxiety Scale, SRAS) y la Escala
de Hamilton para la Valoración de la Ansiedad (Hamilton, 1959, Hamilton Anxiety Rating
Scale, HARS). La primera de estas tres mide rasgo de ansiedad y las otras dos, estado de
ansiedad. La Escala de Ansiedad Manifiesta de Taylor consta de 50 enunciados cada uno
de los cuales se valora como verdadero o falso. La Escala de Autovaloración de la
Ansiedad de Zung tiene 20 ítems referidos a diversos síntomas de ansiedad, principalmente
somáticos, cuya frecuencia es puntuada por el cliente de 1 a 4. En su versión autoaplicada,
la Escala de Hamilton para la Valoración de la Ansiedad (Con-de y Franch, 1984)
consta de 14 ítems en los que el cliente valora de 0 (nunca) a 4 (siempre) la frecuencia de
distintos aspectos; además de la puntuación total, puede calcularse una para la ansiedad
psíquica y otra para la ansiedad somática. Un problema con esta escala es que correlaciona
bastante alto con la Escala de Hamilton para la Valoración de la Depresión.
La Escala de Ansiedad Manifiesta de Taylor, la Escala de Autovaloración de la Ansiedad de
Zung y la Escala de Hamilton para la Autovaloración de la Ansiedad pueden consultarse en
Conde y Franch (1984), las dos últimas también en su versión de escalas de valoración por
terapeutas mediante entrevista semiestructurada. La Escala de Hamilton para la Valoración
de la An-siedad, la más frecuente, puede verse también en Bobes y cols. (2002) y
Echeburúa (1993a). Con el fin de mejorar la discriminación entre ansiedad y depresión,
Riskind y cols. (1987) han reconstruido las dos escalas correspondientes de Hamilton, la de
ansiedad, comentada aquí, y la de depresión.
Basada en la escala de Hamilton, Bernstein y cols. (1996) han desarrollado la Valoración
de Ansiedad para Niños - Revisada (Anxiety Rating for Children – Revised, ARC-R).
Consta de 11 ítems valorados por el clínico de 0 a 4 a partir de una serie de preguntas sobre
síntomas de ansiedad durante la última semana. Los ítems se distribuyen en dos subescalas:
Ansiedad y Fisioló-gica. Una limitación de este instrumento es que la escala de ansiedad
correlaciona moderadamente con medidas de depresión.
Inventario de Ansiedad de Beck (Beck Anxiety Inventory, BAI, Beck y cols., 1988; Beck y
Steer, 1990). Este es un cuestionario más específico sobre ansiedad diseñado para
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minimizar la presencia de aquellos síntomas relacionados con la depresión. Consta de 21
ítems o síntomas que el cliente valora de 0 a 3 según el grado de molestia que le han
producido durante los últimos 7 días. Empleando una muestra de pacientes con diversos
trastornos de ansiedad, se han identificado cuatro factores que reflejan aspectos subjetivos,
neurofisiológicos, autónomos y de pánico de la ansiedad (Beck y Steer, 1991). Otros
autores han hallado sólo dos factores: subjetivo/cognitivo y somático. Una limitación de
este cuestionario es la sobrerrepresentación de los síntomas físicos de ansiedad y, en
concreto, de los síntomas de los ataques de pánico, por lo que se ha dicho que no mide
realmente ansiedad en general. Puede consultarse en Botella y Ballester (1997), Comeche,
Díaz y Vallejo (1995) y en Echeburúa (1993a, 1993b).
Escalas de Depresión, Ansiedad y Estrés (Depression Anxiety, Stress Scales, DASS, Lovi-
bond y Lovibond, 1995a, 1995b). Se trata de un cuestionario que pretende diferenciar más
clara-mente entre ansiedad y depresión. El cliente valora de 0 a 3 con qué
intensidad/frecuencia ha experimentado durante la semana anterior cada uno de 42 síntomas
emocionales negativos. Existen tres escalas (depresión, ansiedad y estrés) de 14 ítems cada
una y moderadamente correlacionadas entre sí. La escala de depresión evalúa disforia,
desesperanza, desvalorización de la vida, autodesaprobación, falta de interés/implicación,
anhedonia e inacción. La escala de ansiedad enfatiza los síntomas somáticos y subjetivos de
miedo; en concreto, evalúa activación autónoma, efectos musculares esqueléticos, ansiedad
situacional y experiencia subjetiva de ansiedad; sin embargo, la amenaza de un daño futuro
no es considerada. La escala de estrés parece medir activación y tensión persistentes no
específicas con un bajo umbral para llegar a estar perturbado o frustrado; evalúa dificultad
para relajarse, activación nerviosa y facilidad para ponerse perturbado/agitado,
irritable/hiperreactivo e impaciente. Existe también una versión reducida del cuestionario
con 21 ítems, 7 por escala, el cual, según el estudio de Antony y cols. (1998), tiene las
ventajas de ser más breve y presentar una estructura factorial más limpia y menores
correlaciones entre factores. El cuestionario puede consultarse en castellano en Bados
(2000) (hay una versión hispana del DASS-21 en Daza y cols., 2002) y en inglés en Antony,
Orsi-llo y Roemer (2001) y en Lovibond y Lovibond (1995a).
Cuestionarios de preocupaciones
Inventario de Preocupación del Estado de Pensilvania (Penn State Worry Questionnaire,
PSWQ; Meyer y cols., 1990). Consta de 16 ítems destinados a medir la frecuencia con que
una persona se preocupa en general (rasgo de preocupabilidad); como se sabe, las
preocupaciones excesivas se consideran la característica principal del trastorno de ansiedad
generalizada. Sin embargo, esta escala no mide áreas de preocupación. El cliente valora de
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1 a 5 en qué medida el con-tenido de cada ítem es característico de él. El inventario puede
consultarse en Comeche, Díaz y Vallejo (1995) y en Echeburúa (1993a, 1993b). Nuevo,
Montorio y Ruiz (2002) han publicado una adaptación del PSWQ en la que han invertido la
redacción de los cinco ítems redactados en negativo para facilitar su comprensión.
Inventario de Preocupación del Estado de Pensilvania para Niños (Penn State Worry
Questionnaire for Children, PSWQC; Chorpita y cols., 1997). Es una adaptación del
cuestionario anterior para población infantil mayor de 6 años. De los 16 ítems originales, 14
han sido retenidos, ya sea en su forma original o escritos con otras palabras; la escala de
respuesta se ha reducido de 5 a 4 puntos (va de 0 a 3). Muris, Meesters y Gobel (2001)
proporcionan valores normativos para 486 niños holandeses de 8 a 12 años. Los autores
aconsejan descartar los tres ítems inversos en este grupo de edad.
¿Por Qué Me Preocupo? (Why Worry?, WW; Freeston y cols., 1994). Consta de 20 ítems
sobre razones por las que se preocupa la gente y pretende evaluar las creencias que se tienen
sobre la utilidad de las preocupaciones. La persona valora los ítems de 1 a 5 según el grado
en que cree que son ciertos en su caso. Se han identificado dos factores: a) preocuparse es
positivo para hallar soluciones y aumentar el control; y b) preocuparse previene o minimiza
la ocurrencia de consecuencias negativas o distrae de las imágenes amenazantes o de pensar
en cosas peores. El instrumento puede consultarse en la fuente original.
¿Por Qué Me Preocupo - II? (Why Worry Scale II, WWS-II; Dugas, 1998, citado en
Antony, Orsillo y Roemer, 2001). Es una versión revisada del instrumento anterior. Tiene
16
25 ítems valora-dos de 1 a 5 según el grado en que se cree que son ciertos. Este cuestionario
presenta cinco subes-calas con cinco ítems cada una: preocuparse ayuda a resolver
problemas, preocuparse motiva, preocuparse protege de las emociones negativas caso de
que se de un resultado negativo, preocuparse previene los resultados negativos y
preocuparse es un rasgo positivo de personalidad. El WWS-II puede consultarse en inglés
en Antony, Orsillo y Roemer (2001).
17
Cuestionarios sobre otros aspectos relacionados
Escala de Intolerancia hacia la Incertidumbre (Intolerance of Uncertainty Scale, IUS;
Freeston y cols., 1994; Buhr y Dugas, 2002). Consta de 27 ítems, valorados de 1 a 5 según
el gra-do en que el cliente los considera característicos de sí mismo, que versan sobre
reacciones emocionales y conductuales de no estar seguro, cómo ser inseguro refleja el
carácter de una persona, expectativas de que el futuro es predecible, frustración cuando no
lo es, intentos de control del futuro y respuestas todo o nada en situaciones inciertas. Tiene
cinco factores en su versión francesa que corresponden a las siguientes ideas relativas a la
incertidumbre: a) es inaceptable y debe evitarse, b) da una imagen negativa de una persona,
c) provoca frustración, d) induce estrés, y e) inhibe la acción. La versión inglesa posee
cuatro factores consistentes con los anteriores, aunque los autores aconsejan utilizar la
puntuación total. Esta escala no ha sido validada con muestras clínicas. El instrumento
puede consultarse en inglés en Antony, Orsillo y Roemer (2001).
18
del problema, b) generación de soluciones alternativas, c) toma de decisión, y d) ejecución
de la solución y verificación. También puede calcularse una puntuación total del inventario
sumando las medias obtenidas en las cinco escalas. La escala que mejor correlaciona con
medidas de ansiedad o de malestar es la de orientación negativa hacia los problemas. Existe
una versión abreviada del cuestionario con 25 ítems, 5 en cada una de las escalas.
Escala de Indecisión de Frost (Frost Indecisiveness Scale; FIS; Frost y Shows, 1993,
citado en Antony, Orsillo y Roemer, 2001). Evalúa la tendencia a la indecisión y la
facilidad para tomar decisiones. Consta de 15 ítems que la persona valora de 1 a 5 según el
grado en que está de acuer-do con ellos. Presenta dos subescalas: miedo a la toma de
decisiones (9 ítems) y toma de decisiones positiva (6 ítems). El instrumento puede
consultarse en inglés en la fuente original, en Antony, Orsillo y Roemer (2001) y en
Corcoran y Fischer (2000).
Escala de Posposición (Procrastination Scale, PS; Tuckman, 1991, citado Corcoran y Fis-
cher, 2000). Evalúa la tendencia a posponer tareas. Consta de 35 ítems valorados de 1 a 4
según el grado en que la persona los considera propios de sí misma. Existe una versión
abreviada de 16 ítems. El instrumento puede consultarse en Corcoran y Fischer (2000).
19
interés por reducir la posposición en estas áreas (6 ítems) y las razones para posponer las
tareas (26 ítems). Cada ítem es valorado en una escala de 1 a 5. El instrumento puede
consultarse en Corcoran y Fischer (2000).
Ruiz (2000) presenta otro cuestionario de 40 ítems valorados de 1 a 5 según el grado de
acuerdo con los mismos. Existen dos subescalas (perfeccionismo positivo y negativo)
de 20 ítems cada una. No se informa de sus propiedades psicométricas.
Cuestionario de Interferencia. Pueden emplearse diversas escalas (0-5, 0-8, 0-10, etc.) en
las que la persona valora la interferencia producida por sus problemas en su vida en general
y/o la interferencia en áreas más específicas tales como trabajo/estudios, amistades, relación
de pareja, vida familiar, manejo de la casa, tiempo libre pasado con otros, tiempo libre
pasado solo, economía y salud. Ejemplos de este cuestionario pueden verse en Bados
(2000), Botella y Ballester (1997) y Echeburúa (1995). Echeburúa, Corral y Fernández-
Montalvo (2000) presentan datos normativos para su Escala de Inadaptación, en la cual la
persona valora de 0 a 5 la medida en que sus problemas actuales afectan a su vida en
general como a áreas más concretas (trabajo/estudios, vida social, tiempo libre, relación de
pareja y vida familiar). El punto de corte que maximiza la sensibilidad y especificidad es 12
para la escala en su conjunto y 2 (correspondiente a la respuesta “poco”) para los ítems
individuales.
AUTORREGISTROS
Se han empleado diversos modelos de autorregistro durante la evaluación. En uno de ellos
el cliente apunta al final del día según escalas 0-8 su nivel medio de ansiedad, su nivel
máximo de ansiedad, su nivel medio de depresión, su nivel medio de afecto positivo y el
porcentaje del día (0-100%) que pasó preocupado (puede verse en Brown, O'Leary y
Barlow, 2001). En otro autorregistro más inmediato, el cliente apunta cada vez que se
siente preocupado o ansioso ([Link]., cada vez que alcanza un nivel de 4 o más en la escala 0-
8) los siguientes aspectos: factores precipitantes (situacionales, cognitivos o emocionales),
20
nivel de ansiedad y preocupación, pensamientos tenidos y métodos o conductas empleados
para reducir la preocupación o la ansiedad. Butler (1994) ha señalado otros aspectos
interesantes a evaluar: número de contratiempos diarios, grado de malestar asociado con la
preocupación y el nivel de interferencia en la vida diaria a través de calificaciones de
concentración, toma de decisiones, sueño, relajación, placer, etc., según lo que sea
pertinente en cada cliente.
Newman, Consoli y Taylor (1997) han propuesto también dos modelos de autorregistro
cuyo uso, si se desea, puede ser facilitado por un computador de bolsillo. En el primero de
ellos el cliente registra cuatro veces al día (a las 8 h, 16 h, 20 h y al final del día) el
porcentaje del tiempo que ha pasado preocupado, el número de episodios de ansiedad aguda
(>50 sobre 100) y el nivel más alto de ansiedad (estos tres datos referidos a la última hora),
así como el nivel actual de ansiedad (0-10). Al final del día, el cliente registra su nivel de
ansiedad durante el día (0-10), el porcentaje del tiempo que ha pasado preocupado y el nivel
de ansiedad más alto.
Wells (1997) ha propuesto un modelo de autorregistro durante el tratamiento en el que se
apunta fecha, situación, disparador de la preocupación, descripción de la preocupación,
pensamientos negativos sobre la preocupación (preocupación acerca de la preocupación),
tipo e intensidad (0-100) de la reacción emocional, respuesta a la preocupación acerca de la
preocupación y recalificación de la emoción. Craske y Tsao (1999) también indican
aspectos que pueden registrarse.
TRATAMIENTO PSICOLÓGICO
EFICACIA DEL TRATAMIENTO PSICOLÓGICO
En TAG la tendencia es emplear TCC que combina educación sobre la ansiedad y el
TAG, entrenamiento para darse cuenta de los estímulos externos e internos que producen
ansiedad, relajación, reestructuración cognitiva y exposición. Actualmente, también se
pone énfasis en la utilización de la resolución de problemas.
Los dos focos principales del tratamiento del TAG suelen ser las preocupaciones
excesivas e incontrolables y la sobreactivación acompañante (especialmente, la tensión).
21
El entrenamiento en manejo de la ansiedad implica exposición imaginal relativamente
graduada (se comienza por escenas de 50-60 USAs) a situaciones inductoras de ansiedad al
tiempo que uno se concentra durante un cierto tiempo en los síntomas fisiológicos y
cognitivos de ansiedad, dejar de imaginar la escena (o mantenerla en sesiones posteriores) y
emplear habilidades de relajación (escenas de relajación, relajación muscular, relajación
inducida por señal, respiración profunda) para afrontar la ansiedad. En la parte final del
tratamiento se incluye la aplicación de las habilidades de relajación en situaciones temidas
reales.
22
Entrenamiento en relajación
Se basa en el entrenamiento en relajación progresiva de Bernstein y Borkovec
(1973/1983). Se explica al cliente que el fin de la relajación es reducir los síntomas
fisiológicos de la ansiedad y, de este modo, contribuir a la reducción de las preocupaciones.
Se comienza con 16 grupos musculares con entrenamiento en discriminación. Este
consiste en enseñar a discriminar las sensaciones de tensión y relajación en cada grupo
muscular; el objetivo es que el cliente se vuelva más capaz de detectar las fuentes y signos
tempranos de tensión muscular para poder aplicar técnicas de relajación. Tras acabar los 16
grupos, se emplean técnicas de profundización de la relajación como la respiración lenta,
regular y diafragmática con la repetición de la palabra relax al espirar. Todo este
proceso suele durar unos 30 minutos y el terapeuta suele grabar el procedimiento en cinta
para que el cliente pueda practicar con ella dos veces al día. La secuencia de músculos que
se sigue es brazos, piernas, abdomen, pecho, hombros, cuello, cara, ojos y frente.
Tras dominar los 16 grupos musculares, lo cual suele llevar unas 2 semanas, el número de
grupos musculares se reduce a 8 y luego a 4 ([Link]., abdomen, pecho, hombros, frente) con
la finalidad de que la relajación pueda ser aplicada más rápidamente. Los músculos
concretos considerados vienen determinados por las áreas del cuerpo con las que el cliente
tiene más problemas. El siguiente paso es la relajación mediante recuerdo: concentrarse
en los 4 grupos musculares seleccionados y liberar la tensión existente en los mismos
mediante el recuerdo de las sensaciones de relajación logradas en las prácticas anteriores.
Se sigue con la práctica de la respiración lenta y las prácticas en un medio tranquilo, pero se
alienta al cliente a comenzar a practicar brevemente en otros entornos que no susciten
ansiedad (coche, oficina, ciertas colas, viendo TV).
Una vez dominada la relajación mediante recuerdo, se pasa a la relajación suscitada por
señal: hacer 4-5 respiraciones lentas, repetirse la palabra relax u otra similar al espirar y, al
hacer esto, liberar toda la tensión en el cuerpo y concentrarse en las sensaciones de
relajación. Se pide al cliente que practique este tipo de relajación en situaciones inductoras
de tensión o ansiedad. Además, se le dice que continúe periódicamente con el ejercicio de
16 grupos musculares con el fin de potenciar el entrenamiento en discriminación y la
asociación de la señal relax con las sensaciones de relajación.
El entrenamiento en relajación puede inducir ansiedad debido a una especial susceptibili-
dad a ciertas reacciones somáticas y/o al miedo a perder el control. Esta ansiedad inducida
mediante la relajación es más frecuente en clientes que presentan un trastorno de pánico
comórbido y está negativamente asociada con los resultados del tratamiento. Cuando el
terapeuta constate la ocurrencia de dicha ansiedad debe informar al cliente de que se trata de
una reacción temporal y de que irá cediendo con la práctica repetida de la relajación.
Borkovec, Hazlett-Stevens y Diaz (1999) aconsejan alentar a los pacientes a que durante la
relajación dejen pasar las preocupaciones que detecten en vez de intentar suprimirlas
activamente, ya que esto último incrementa el valor ansiógeno de estas y quizá su
frecuencia. Para ayudar aún más en este proceso, se pide a los clientes que pongan en
práctica una estrategia de control de estímulos: posponer las preocupaciones para un
momento y lugar específicos del día para que preocuparse no se asocie con las
circunstancias de la vida diaria. Además, se alienta a los pacientes a que tan pronto como
pospongan una preocupación o apliquen una respuesta de relajación, practiquen el dirigir
su atención a experiencias del momento presente en vez de a los pensamientos acerca del
pasado o futuro presentes en sus preocupaciones.
Reestructuración cognitiva
Sigue los principios de Beck. Se explica el concepto de pensamientos negativos, la
influencia de las situaciones en estos, el impacto de las interpretaciones y predicciones en lo
que sentimos y hacemos, y la necesidad de identificar interpretaciones y predicciones
específicas para poder cuestionarlas. Esto último se consigue mediante preguntas,
23
imaginación o simulación de situaciones y, especialmente, un autorregistro en el que el
cliente apunta cada vez que experimenta un incremento notable de ansiedad los siguientes
aspectos: evento desencadenante, pensamientos automáticos y ansiedad (0-8). Es
importante que las cogniciones identificadas sean específicas (“mi hijo puede tener un
accidente de coche y quedar paralítico o morir” contra “algo malo puede pasarle a mi hijo
cuando sale fuera”).
Un problema frecuente tanto por parte de los clientes como de los terapeutas es no llegar a
identificar aquellos pensamientos que son los responsables principales de las emociones
negativas; en lugar de esto, la atención se centra en cogniciones menos importantes. Dos
maneras de abordar el problema son utilizar la técnica de la flecha descendente y que
terapeutas y clientes se pregunten si los pensamientos identificados producirían el mismo
tipo y grado de emoción en otras personas que hicieran la misma interpretación. Otros
problemas frecuentes en la reestructuración cognitiva, tanto por parte de los pacientes
como de los terapeutas, son el cuestionamiento de pensamientos antes de identificar los
más significativos y el cuestionamiento insuficiente de los pensamientos automáticos
(generación de contraargumentos incompletos o inadecuados).
Se consideran básicamente dos tipos de errores cognitivos: a) Sobrestimación de la
probabilidad de ocurrencia de un evento negativo; por ejemplo, un cliente que, con un
buen expediente laboral y sin motivos fundados, cree que va a ser despedido de su trabajo.
b) Pensamiento catastrófico o tendencia a esperar o interpretar lo peor ([Link]., esperar
consecuencias terribles incluso de sucesos poco importantes) y a ver algo como intolerable
e inmanejable o imposible de afrontar cuando no hay razones suficientes para ello; por
ejemplo, pensar que uno quedaría tan hundido si muriera su cónyuge que no podría
soportarlo y volver a rehacer su vida.
Tras explicar y proporcionar ejemplos de los dos tipos de errores anteriores, es conveniente
que el terapeuta dé algunas razones por las que dichos pensamientos se mantienen a
pesar de que no se cumple lo predicho: la creencia de que se ha tenido suerte hasta el
momento, la creencia de que preocuparse y las conductas de preocupación previenen las
consecuencias negativas y la tendencia a centrarse en los resultados negativos sin considerar
otras alternativas.
El siguiente paso es enfatizar la importancia de cuestionar los pensamientos negativos;
se trata de examinar la validez de las interpretaciones y predicciones hechas con el fin de
sustituirlas por cogniciones más realistas. Este cuestionamiento implica: a) considerar los
pensamientos como hipótesis, b) emplear los datos presentes y pasados para evaluar la
validez de lo que se cree (método socrático) y c) generar predicciones a partir de la
creencia para someterla a prueba (experimentos conductuales). En el caso del
cuestionamiento de la sobrestimación de la probabilidad de un evento negativo se emplean
estos tres tipos de guías para establecer la probabilidad realista de la ocurrencia futura del
evento negativo. Un ejemplo de reestructuración verbal puede verse en la tabla 3 y
ejemplos de experimentos conductuales, en la tabla 4.
Una vez que el cliente ha captado los fundamentos del cuestionamiento de sus cogniciones,
se añaden cuatro columnas a su autorregistro habitual: probabilidad ansiosa (0-100%;
probabilidad percibida del evento negativo cuando uno está ansioso), cuestionamiento
cognitivo (pruebas para lo que pienso, alternativas), probabilidad realista y ansiedad (0-8) al
final del proceso. Si esta ansiedad es 4 o más, se pide al cliente que vuelva a considerar la
peor consecuencia posible implicada en sus pensamientos automáticos y que repita todo el
procedimiento hasta que la ansiedad sea 3 o menos. Ejemplos de autorregistro pueden verse
en Brown, O'Leary y Barlow (2001, pág. 179) y Craske, Barlow y O'Leary (1992, pág. 6-
10).
Para cuestionar los pensamientos catastróficos, se pide al cliente que suponga que lo
peor que teme es cierto y luego que evalúe si realmente es tan malo como parece. Esto
implica reconocer que se tienen medios para manejar los eventos negativos (incluido cuáles
24
son estos medios) y que el impacto de los sucesos negativos no durará siempre, sino que
tendrá una duración limitada. En vez de centrarse continuamente en las consecuencias
negativas de ciertos eventos ([Link]., infarto de corazón), el paciente debe aprender a generar
soluciones a los mismos en el caso improbable de que ocurran. Además, es muy útil que el
paciente genere tantas interpretaciones alternativas como pueda a la peor consecuencia
temida; por ejemplo, explicaciones alternativas a que se va tener un infarto porque el
corazón va muy acelerado son que se está muy nervioso por algo, que se ha tomado café o
que se ha hecho ejercicio.
Conviene señalar que en la descatastrofización no se trata de ver un evento negativo como
poco importante o neutral ([Link]., sería muy perturbador para la mayoría de la gente perder
un hijo), sino de evaluar críticamente su impacto real. Ejemplos de descatastrofización
pueden verse en la tabla 5. Para trabajar la descatastrofización, se pide al cliente que
complete un autorregistro en el que apunta: preocupación, capacidad de afrontamiento (0-
100%) de un evento negativo cuando se está ansioso, medios de afrontamiento y capacidad
realista de afrontamiento una vez considerados los medios anteriores. Un ejemplo puede
verse en Craske, Barlow y O'Leary (1992, pág. 7-9).
Exposición a la preocupación
La exposición a la preocupación incluye los siguientes pasos:
- Identificar las dos o tres áreas principales de preocupación de un paciente y ordenar-
las comenzando por la menos perturbadora o ansiógena.
- Entrenar en imaginación al cliente mediante el empleo de escenas agradables.
- Evocar vívidamente la primera área de preocupación pidiendo al cliente que se
concentre en sus pensamientos ansiógenos mientras intenta imaginar la peor
consecuencia temida que se le ocurra de esa área de preocupación. Así, un paciente que se
preocupa cuando su cónyuge llega tarde del trabajo puede imaginárselo inconsciente y
desplomado sobre el volante del coche. Y una paciente que se preocupa porque una amiga
pase de visita sin avisar y vea la casa sucia y desordenada puede imaginarse que aquella
llamará al resto de las amigas para decírselo y todas se reirán de ella y le perderán el
respeto.
- Una vez que el cliente logra imaginar vívidamente lo anterior, se le pide que vuelva a
reevocar los pensamientos e imágenes y que los mantenga claramente en su cabeza
durante al menos 25-30 minutos. Es conveniente obtener calificaciones periódicas de la
ansiedad del paciente ([Link]., cada 5 minutos) para comprobar si esta se va reduciendo y, si
no es así, para detectar posibles problemas.
- Transcurrido el tiempo anterior, se le pide al cliente que genere tantas alternativas como
pueda a la peor consecuencia anticipada. Por ejemplo, en el caso del cónyuge que se
retrasa puede pensarse en las siguientes explicaciones alternativas: imprevisto en el trabajo,
entretenerse a hablar con alguien, atasco de tráfico, coche estropeado, pequeño choque con
el coche o parar a comprar algo. Y en el caso de la visita inesperada de la amiga puede
pensarse que quizá no notará el desorden; que no le dará importancia; que ha venido a verle
a una, no a la casa; que aunque note los suelos sucios, puede no juzgar-lo tan importante
como para llamar al resto de las amigas; que puede alegrarse de no verle siempre a una
limpiando. Esta generación de alternativas puede hacerse sólo verbalmente o también en la
imaginación.
Al finalizar la generación de alternativas, el cliente completa un autorregistro con los
siguientes datos: tiempo de inicio y terminación, síntomas durante la exposición, contenido
de la preocupación, peor consecuencia temida posible, ansiedad experimentada (0-8), nivel
de imaginación (0-8), posibles alternativas y nivel de ansiedad e imaginación tras generar
estas (ejemplos pueden verse en Brown, O'Leary y Barlow, 2001, pág. 181, y en Echeburúa
y de Corral, 1998, pág. 149). La ansiedad experimentada puede hacer referencia a la
25
máxima ansiedad durante la exposición o a la ansiedad en diferentes momentos a lo largo de
esta ([Link]., al principio, en medio y al final).
- Cuando la exposición no genere más que un nivel ligero de ansiedad (2 o menos en la
escala 0-8) a pesar de varios intentos para imaginar vívidamente la preocupación, se pasa a
la siguiente área de preocupación de la jerarquía. Una vez que el cliente es capaz de
realizar bien el procedimiento en la sesión, lo practicado en esta se asigna como actividad
entre sesiones.
Es muy importante proporcionar a los pacientes una adecuada justificación del
procedimiento. Esto implica discutir el concepto de habituación y explicar por qué esta no
ha ocurrido naturalmente a pesar de las preocupaciones repetidas (por la tendencia a
cambiar de una preocupación a la siguiente sin elaborarlas suficientemente, por la
ocurrencia de las conductas defensivas de preocupación). Además la exposición repetida al
mismo pensamiento y/o imagen preocupante puede facilitar que el cliente desarrolle una
perspectiva más objetiva sobre la preocupación. Finalmente, la exposición a la
preocupación proporciona la oportunidad de aplicar estrategias previamente aprendidas en
el programa de tratamiento (reestructuración cognitiva y, quizás, relajación aplicada).
26
ansiedad y que tras experimentar esta durante unos momentos, aprenda a manejarla
mediante las estrategias aprendidas (relajación y/o reestructuración). No se le dice al
paciente, al menos de entrada, que intente imaginar la peor consecuencia temida ni tampoco
tiene que estar 25-30 minutos imaginando antes de aplicar sus estrategias.
Dugas y Ladouceur (1997) han comentado que la exposición a la preocupación sólo debería
hacerse para las preocupaciones relativas a acontecimientos inmodificables o muy
improbables; para el resto aconsejan algún tipo de resolución de problemas. Además,
piensan que no deben emplearse durante la exposición a las preocupaciones sobre
situaciones inmodificables o muy improbables otras estrategias (aunque sólo sea al final)
tales como la reestructuración cognitiva (generar el mayor número de alternativas posibles a
la peor consecuencia temida) y la relajación, ya que el empleo de dichas estrategias
podría reducir los efectos de la exposición al neutralizar la imagen de temor.
27
A continuación, se comienza por el nivel más bajo de la jerarquía y se pide al cliente que no
lleve a cabo la conducta de preocupación (o que realice la conducta evitada). Antes de
llevar a cabo la prevención de respuesta, terapeuta y paciente anotan las predicciones de
este último respecto a las consecuencias que tendrá dicha prevención. Cumplida esta, se
ayuda al cliente a comparar los resultados habidos con las predicciones previas con el
fin de constatar que las conductas de preocupación no están correlacionadas con una menor
ocurrencia de eventos negativos futuros. Superado un ítem de la jerarquía (2 o menos en la
escala 0-8) mediante el número de prácticas que sea necesario, se procede con el siguiente.
Antes, durante y después de cada práctica el cliente puede manejar la ansiedad mediante
relajación y/o reestructuración cognitiva.
Resolución de problemas
La técnica de resolución de problemas facilita la identificación de soluciones para
problemas existentes y favorece que los clientes piensen de forma diferente sobre
28
situaciones de su vida (en vez de preocuparse exclusivamente), de modo que se promueve la
adopción de perspectivas más realistas y menos catastróficas. Se explica al cliente que dos
dificultades frecuentes a la hora de intentar solucionar un problema son: a) ver el
problema en términos generales, vagos y catastróficos, y b) no generar posibles soluciones.
Para abordar la primera dificultad se enseña al cliente a definir los problemas en términos
específicos y a descomponerlos en partes más pequeñas y manejables; esto se habrá hecho
ya en parte a través de la reestructuración cognitiva. De cara a la segunda dificultad, se
enseña la técnica del torbellino de ideas y la evaluación de las distintas soluciones
generadas con el fin de seleccionar y poner en práctica aquella solución o combinación de
soluciones considerada más apropiada.
Dugas y Ladouceur (1997) han señalado que mucho pacientes con TAG no carecen del
conocimiento sobre cómo solucionar problemas, sino que fallan en la orientación hacia el
problema (no saber reconocer los problemas o ver problemas donde no los hay, hacer
atribuciones in-adecuadas sobre los mismos, valorarlos como amenazas y sentirse frustrado
y perturbado al encontrarse con problemas, no creer en la propia capacidad para resolverlos,
no dedicar el tiempo y esfuerzo suficiente a los mismos y mantener un punto de vista
pesimista sobre los resultados; es decir, en general, las reacciones iniciales afectivas,
cognitivas y conductuales a los problemas). Por ello recomiendan hacer énfasis en esto
último y repasar brevemente las habilidades de solución de problemas. De todos modos, la
intervención a adoptar deberá depender de las necesidades de cada paciente.
Otro punto señalado por Butler (1994) es que el paciente no sólo debe ser capaz de
identificar y definir los problemas y determinar si puede hacer algo al respecto, sino que
también debe decidir en qué momento llevará a cabo el proceso de solución de problemas y,
una vez decidida la solución, cuándo la aplicará. Si hasta que lleguen esos momentos
surgen más preocupaciones relativas al problema, entonces el cliente debe dejarlas pasar,
recordarse que no es el momento y dedicarse a algún tipo de actividad atrayente o que
ocupe la atención ([Link]., alguna afición, música, ejercicio, conversación, imaginación
positiva).
29
colaboración activa, foco en el presente, terapia estructurada y directiva, actividades entre
sesiones son fundamentales, se persigue que paciente sea su propio terapeuta. A
continuación, se revisa y discute el papel de la intolerancia a la incertidumbre en el
TAG y se explica que la meta del tratamiento no es eliminarla, ya que su presencia en la
vida es generalizada, sino reconocerla, aceptarla y desarrollar estrategias de afrontamiento
al afrontar situaciones inciertas o ambiguas. Finalmente, se explican brevemente los
componentes del tratamiento.
Resolución de problemas
Para las preocupaciones sobre situaciones modificables, se propone la resolución de
problemas. El entrenamiento en solución de problemas tiene dos componentes:
- Orientación hacia el problema. El énfasis se pone en este componente que se refiere a
las reacciones afectivas, cognitivas y conductuales del paciente a los problemas, Se
incluyen aquí no saber reconocer los problemas o ver problemas donde no los hay, hacer
atribuciones inadecuadas sobre los mismos, valorarlos como amenazas y sentirse frustrado
y perturbado al encontrarse con problemas, no creer en la propia capacidad para resol-
verlos, no dedicar el tiempo y esfuerzo suficiente a los mismos y mantener un punto de vista
pesimista sobre los resultados. Las reacciones contraproducentes son abordadas mediante la
reestructuración cognitiva y tareas conductuales tales como el empleo de emociones para
reconocer los problemas, el autorregistro de las propias reacciones a los problemas,
preguntar a otros sobre sus problemas para modificar la percepción del problema y situar
los problemas en una dimensión de amenaza-desafío para aprender a valorarlos de forma
menos amenazante.
- Habilidades de solución de problemas: a) definición y formulación del problema de
forma específica, y establecimiento de metas claras y realistas, b) generación de soluciones
alternativas a través del torbellino de ideas, c) toma de decisión, sin buscar una solución
perfecta, y elaboración de un plan de acción, y d) aplicación de la solución y comprobación
de su utilidad. Estas habilidades se repasan brevemente, pero el énfasis se pone en las
reacciones del cliente ante los problemas, reacciones que le impiden aplicar las habilidades
que en muchos casos tiene. Es importante que los pacientes aprendan a centrarse en los
elementos claves de la situación problemática (sin evitarla) y, al mismo tiempo, a pasar por
alto detalles menores (los cuales pueden ser atendidos para reducir la incertidumbre);
después, deben seguir con el proceso de resolución de problemas aunque no estén seguros
de los resultados del mismo.
Cuando se empieza a tratar una preocupación, la intervención debe seguir hasta el
final antes de pasar a otra preocupación, aunque esta última parezca más importante. Si
no se hace así, la persona no aprende a manejar sus preocupaciones, sino a hablar en sesión
30
de lo que le preocupa. Esto reduce su ansiedad temporalmente, pero no soluciona el
problema.
31
en voz alta. En lugar de una cinta, puede emplearse un CD en el que puede repetirse la pista
grabada el número de veces que sea necesario.
A continuación, se informa al paciente de que en breve va a empezar la sesión de
exposición y las características de esta: duración aproximada, continuar hasta que la
ansiedad disminuya, mantener la imagen sin bloquearla ni distorsionarla, no emplear
conductas tranquilizadoras e in-formar del nivel de ansiedad/malestar tras cada repetición
de la imagen. Previamente a la exposición, el cliente contesta un autorregistro en el que
valora el nivel de ansiedad actual, la ansiedad máxima esperada durante la exposición y la
ansiedad esperada después de la exposición.
Llegados a este punto, y si se dispone tiempo suficiente, comienza la exposición que suele
durar de 30 a 60 minutos. El paciente pasa a escuchar la cinta de modo continuo a través
de auriculares al tiempo que intenta mantener la imagen y no emplear estrategias para
reducir la ansiedad. Tras cada repetición de la imagen, el cliente informa de su nivel de
ansiedad. Es conveniente ir apuntando estos niveles en un gráfico.
Si la ansiedad no aumenta en los primeros minutos, se detiene la exposición para
analizar y corregir los posibles motivos; por ejemplo, mala descripción de la imagen,
problemas de imaginación o actividades deliberadas para evitar, eliminar o atenuar la
imagen, incluidas aquí las estrategias de afrontamiento. Si la ansiedad aumenta en los
primeros minutos, no necesariamente de un modo lineal, se sigue con la exposición hasta
que la ansiedad disminuya por debajo (muy por debajo si es posible) del nivel inicial
durante al menos dos presentaciones. Conviene no basarse sólo en el autoinforme del
cliente, sino tener también en cuenta sus respuestas no verbales (respiración, temblor,
expresión facial).
Después, el paciente termina de completar el autorregistro (ansiedad actual, ansiedad
máxima durante la exposición), informa si ha empleado actividades de neutralización de la
imagen o de reducción de la ansiedad –y, de ser así, cuáles han sido y si se ha vuelto a
exponer a la imagen– y describe sus reacciones a la experiencia. Una vez que la exposición
a una imagen funciona en la consulta, lo cual suele requerir al menos dos sesiones, se
manda como tarea para casa una o dos veces al día. Superado un paso, se pasa al siguiente
de la jerarquía.
Una vez que los pacientes son capaces de emplear la exposición sin emplear conductas
tranquilizadoras, se les pide que la lleven a cabo cuando los pensamientos surjan de
forma espontánea. Es decir, deben prestar atención a los mismos y observar cómo
vienen y se van sin hacer nada ante ellos.
32
de este modo se sentiría menos culpable cuando un familiar enfermase (Dugas y Ladouceur,
1997).
Dos ayudas para identificar las creencias sobre la utilidad de cada preocupación específica
son los ítems del cuestionario ¿Por Qué Me Preocupo - II? y preguntarle al paciente qué
pasaría si no se preocupara o se preocupara menos sobre algo en particular. Así, un
paciente puede creer que una determinada preocupación le sirve para evitar ciertas
consecuencias negativas, disminuir su sentimiento de culpa, estar preparado por si ocurre lo
que teme, evitar la frustración, distraerle de pensar en cosas peores, ayudarle a encontrar
una solución y/o motivarle para llevar a cabo alguna acción. Es fácil de entender que un
paciente será más reacio a prescindir de una preocupación si cree que le es útil. Por tanto, el
siguiente paso es cuestionar las creencias que sustentan cada preocupación mediante el
método socrático y la prueba conductual de hipótesis.
Por lo que respecta al método socrático, pueden cuestionarse o reinterpretarse las pruebas
favorables a la utilidad de las preocupaciones y puede pedirse al paciente enumere las
desventajas de preocuparse: este es una causa de malestar, consume mucho tiempo, hace
muy difícil concentrarse, no es realista y no ayuda por tanto realmente a resolver problemas,
etc. También pueden buscarse ejemplos de experiencias pasadas del paciente para ver cómo
lo que realmente ocurrió no se ajustó a las predicciones tenidas. Una estrategia útil es pedir
al cliente que represente el papel de abogado y fiscal; primero defiende la utilidad de
preocuparse y luego debe argumentar en contra de esta utilidad. Después, terapeuta y
paciente discuten cada argumento e intentan evaluar la validez de cada uno. Se enfatiza que
el cuestionamiento de las creencias positivas de preocuparse ayuda a incrementar la
tolerancia hacia la incertidumbre debido a que uno aprende a manejar la incertidumbre de
eventos futuros en vez de intentar controlarlos mediante las preocupaciones.
En cuanto a los experimentos conductuales, se puede pedir a un paciente que se preocupe
sobre las consecuencias de eventos venideros y que no se preocupe por las consecuencias de
otros. Al registrar los resultados de todos los eventos, el paciente puede poner a prueba su
hipótesis de que preocuparse previene los resultados negativos o protege contra la
decepción si estos ocurren. Para someter a prueba la creencia de que preocuparse mejora la
actuación, se puede pedir al paciente que se preocupe más tiempo y con mayor intensidad
durante un periodo de tiempo determinado. Luego, la calidad de la actuación durante este
periodo es comparada con la de un periodo normal o de no preocupación.
Borkovec, Hazlett-Stevens y Diaz (1999) proporcionan más ideas para tratar las creencias
que pueden sustentar las preocupaciones:
a) Preocuparse evita la ocurrencia de consecuencias negativas o hace menos probable
que ocurran.
Una técnica útil es emplear un diario de los resultados de preocuparse. Se pide al
paciente que apunte sus preocupaciones, los resultados temidos y lo negativos que serían
estos (de 1 a 5, [Link].) caso de que ocurrieran. También debe apuntar los resultados reales
que han ocurrido, si han sido mejores o peores que lo esperado (peores, tan malos, algo
mejores, bastante mejores, mucho mejores) y cuán bien han sabido afrontar los resultados
negativos. Esto permite comprobar que sólo una mínima parte de los resultados negativos
ocurren, que normalmente no son tan malos como se creía y que la mayoría de aquellos que
son negativos son afrontados mejor de lo que se pensaba. Luego, para facilitar el recuerdo
de esta información, se pide al cliente que la revise cada tarde y que la reviva a través de la
imaginación. Esto parece mucho más eficaz que considerarla sólo verbalmente.
33
el grado suficiente y comprobar que preocuparse no afecta a los resultados y que se sienten
mejor cuando reducen la frecuencia de sus preocupaciones.
34
alternativa consiste en establecer contingencias de reforzamiento positivo para motivarse a
realizar la acción, lo cual tiene la ventaja de no generar emociones aversivas. Además,
muchos pacientes que mantienen esta creencia tienden a aplazar sus decisiones. El terapeuta
debe señalar que aunque preocuparse puede tener a veces una función motivacional, no
siempre es útil, puede interferir con otras conductas más adecuadas y existen métodos
alternativos más eficaces de lograr el objetivo ([Link]., resolución de problemas). Se alienta al
paciente a probar los métodos de control negativo y positivo y a comprobar la utilidad y
consecuencias emocionales de cada uno de ellos.
Prevención de recaídas
Se enfatiza la necesidad de seguir practicando las estrategias aprendidas, de perseverar aun
cuando las cosas sean difíciles y de felicitarse por los logros. Se recuerda a los pacientes
que habrá ocasiones en que experimentarán inevitablemente preocupación y ansiedad,
ya que estas son reacciones normales ante las situaciones estresantes. Es importante que
sepan esperar estos aumentos y que apliquen lo que han aprendido cuando ocurran. Es
fundamental distinguir entre un contratiempo (fluctuaciones normales en preocupación y
ansiedad) y una recaída (una vuelta al estado anterior a la terapia).
Algunas pautas útiles para combatir el perfeccionismo patológico son trabajar con el
cliente para que este (Burns, 1980/1990; Mora y Raich, 2005; Ruiz, 2000):
35
valorados que yo; soy tan autocrítico que no puedo admitir mis éxitos ni disfrutar de lo que
hago bien; los errores me hacen sentir sin valor; me deprimo al no poder alcanzar la
perfección; me fijo mucho en los defectos en la gente, por lo que no consigo que me caigan
bien y esto me hace estar más solo; tengo problemas con amigos y compañeros por mi
exigencia y las críticas que les hago; la mayoría de las personas se sienten incómodas con la
gente “perfecta”.
Las conclusiones extraídas pueden escribirse en tarjetas para consultarlas en las situaciones
pertinentes. Recordarse que el perfeccionismo está asociado a la ansiedad, de-presión, falta
de disfrute y problemas con otros, es útil para aquellos que ligan perfeccionismo y felicidad.
Otro ejercicio que puede ayudar es anotar las actividades realizadas, el grado de eficacia (de
0% a 100%) con que se realizó cada una y cuán satisfactoria fue (de 0% a 100%). Esto
permite descubrir que actividades realizadas con poca perfección o consideradas poco
importantes ([Link]., hablar con alguien, pasear) pueden ser más satisfactorias que otras más
perfectas (véase Burns, 1989/1990, cap. 14).
- Preste atención no sólo a sus errores al actuar, sino también a todo lo que hace bien,
y sepa valorar su actuación situando ambas cosas en perspectiva: un error (que, además,
puede ser percibido, en vez de real), o incluso varios, no hunden necesariamente una
actuación. En el caso de errores importantes, el cliente debe aprender a valorarlos en su
justa medida, analizarlos y pensar en soluciones para corregirlos, si es posible, o para
reducir la probabilidad de que se repitan.
36
únicamente en el resultado final. Esto último es especialmente importante cuando el
resultado final no depende sólo de uno mismo ([Link]., la nota obtenida en un examen, el
resultado de una negociación o de una entrevista de selección). Por otra parte, también es
conveniente dedicar un tiempo a realizar actividades gratificantes o satisfactorias ([Link].,
leer una novela, hacer excursiones) que no impliquen la consecución de un logro.
Al actuar de este modo se trata de comprobar lo que realmente sucede: la elevada ansiedad
inicial va disminuyendo, aumenta la satisfacción que uno obtiene de la vida, los errores
permiten aprender, se sigue siendo bien valorado, mejoran las relaciones con los otros, etc.
Cuando se trabaja con pacientes que tienen actitudes perfeccionistas, es importante ser
flexible en las actividades entre sesiones. Es difícil que el paciente vea que buscar la
perfección es contraproducente si al mismo tiempo el terapeuta exige normas de
cumplimiento elevadas. Para evitar la autocrítica, la desmoralización y el abandono de las
actividades, el éxito debe definirse en términos de esfuerzo.
Un componente de tratamiento que puede ser útil y que no está reflejado explícitamente en
ninguna de las intervenciones comentadas es planificar actividades agradables y
placenteras, reducir la tendencia a retraerse que resulta de la fatiga asociada a las
preocupaciones crónicas y a la mala calidad del sueño, recuperar aficiones, mantener los
contactos con los amigos y crearse un repertorio de actividades relajantes y recreativas
(Butler, 1994).
TRATAMIENTO MÉDICO
Es común el empleo de benzodiacepinas y azapironas ([Link]., buspirona, ipsapirona,
gepirona); más recientemente, se han comenzado a investigar los antidepresivos y otros
fármacos. Las revisiones realizadas por Ballenger (2001), Ballenger y cols. (2001), Bobes y
cols. (2002), Davidson (2001), Echeburúa (1993a), Gammans y cols. (1992), Kaplan,
Sadock y Grebb (1994/1996), Ly-diard, Brawman-Mintzer y Ballenger (1996), Rapee
(1995) y Roy-Byrne y Cowley (2002) indican lo siguiente.
Las benzodiacepinas (diacepam, loracepam, alprazolam) son mejores que el placebo a
corto plazo, aunque más en los síntomas somáticos de ansiedad que en los psíquicos; no
parece haber diferencias entre benzodiacepinas. No se recomiendan como tratamiento a
largo plazo debido a efectos de tolerancia, al problema de la dependencia (especialmente en
las de vida media corta) y a sus efectos secundarios (sedación, somnolencia, pérdida de
memoria, disminución del nivel de alerta, potenciación de los efectos del alcohol). Además,
el porcentaje de recaídas al descontinuar las benzodiacepinas es muy alto (63-81%).
Asimismo, el TAG es frecuentemente comórbido con trastornos depresivos, para los cuales
las benzodiacepinas no son un tratamiento adecuado; incluso pueden agravarlos. Las
benzodiacepinas son útiles para las reacciones agudas de ansiedad, dada la rapidez con que
37
actúan, y pueden ser utilizadas de forma episódica o intermitente como terapia adjunta en
agravamientos agudos del TAG o para las perturbaciones del sueño cuando se inicia un
tratamiento con antidepresivos. La Agencia Española del Medicamento aconseja que el
empleo de las benzodiacepinas con fines ansiolíticos se limite a un máximo de 3 meses,
incluido el mes de retirada.
La buspirona (20-60 mg/día), una azapirona, parece tan eficaz como las benzodiacepinas,
aunque no siempre ha resultado superior al placebo. Tarda más que las benzodiacepinas en
hacer efecto (2-4 semanas contra 1), pero tiene menos efectos secundarios (mareo, dolor de
cabeza, náuseas, generalmente débiles) y, en especial, no parece producir sedación ni
dependencia. Por otra parte, tampoco es eficaz contra los trastornos comórbidos, requiere
varias tomas diarias y no está claro que los pacientes estén muy satisfechos con ella en la
práctica clínica cotidiana. Las azapironas son más eficaces con los síntomas cognitivos que
con los somáticos. Su combinación con las benzodiacepinas puede tener un efecto
sinérgico. Si un paciente no ha respondido a las benzodiacepinas recientemente, es difícil
que lo haga a las azapironas.
38
de liberación prolongada son leves (náuseas, somnolencia, sequedad de boca, mareos,
sudoración, estreñimiento, anorexia y disfunción sexual) y es un fármaco bien tolerado.
La eficacia del tratamiento farmacológico del TAG aún no ha sido establecida en pacientes
que presenten trastornos comórbidos, especialmente, depresión mayor (una posible
excepción es la venlafaxina de liberación prolongada). Otro aspecto importante a señalar es
que la respuesta positiva por parte de los grupos placebo en el tratamiento de la ansiedad
generalizada es muy alta: el porcentaje de pacientes tratados que son calificados como muy
mejorados o remitidos es al menos del 30-40%. Esto dificulta por una parte la localización
de fármacos eficaces, pero por otra sugiere la importancia, entre otros, de los factores
psicológicos (Schweizer y Rickels, 1997). Hoy en día los fármacos aconsejados para el
tratamiento del TAG son la venlafaxina y la paroxetina.
En el caso de los niños, Kendall y cols. (1997) citan varios estudios según los cuales ni el
clonacepam ni la imipramina ni la buspirona se han mostrado eficaces; en un estudio no
controlado, la fluoxetina se ha mostrado eficaz.
39
los 6 meses indicaron la superioridad sobre el placebo de los tratamientos con TCC,
especialmente cuando esta se aplicó sola o combinada con diacepam. Este último no fue
más eficaz que el placebo, aunque fue administrado a dosis fija y baja (15 mg).
Los resultados obtenidos por Cáceres y cols. (1996) fueron algo diferentes trabajando en un
contexto comunitario con pacientes que presentaban TAG, trastorno de pánico o trastornos
adaptativos con síntomas ansiosos o mixtos; los tratamientos comparados fueron
intervención cognitivo-conductual, benzodiacepinas y una combinación de ambas, además
de un grupo de lista de espera. Estos autores no hallaron diferencias entre los grupos en
cuestionarios de ansiedad, aunque los tres tratamientos fueron superiores a la lista de espera
en medidas de reactividad fisiológica; sin embargo, de haberse aplicado un análisis de
covarianza, que hubiera sido lo indicado, los dos procedimientos que incluyeron tratamiento
cognitivo-conductual hubieran sido superiores a los otros dos grupos en los autoinformes de
ansiedad.
Trabajando con personas mayores, la mayoría con TAG, Gorenstein y cols. (2002, citado en
Mohlman, 2004) hallaron que la TCC más medicación fue sólo superior a la medicación en
diversas subescalas de psicopatología general, pero no en preocupaciones, ansiedad,
depresión o dependencia de la medicación. En otro trabajo (Bond y cols., 2002), un
tratamiento que incluyó relajación progresiva y reestructuración cognitiva fue igual de
eficaz ya fuera combinado con buspirona o con placebo. Tampoco se diferenció de la
terapia no directiva, combinada esta también con buspirona o placebo.
Las conclusiones tentativas que pueden extraerse de los trabajos anteriores son que la
intervención cognitivo-conductual es superior al tratamiento farmacológico (al menos a
medio y largo plazo), que este no potencia a aquella y que no parece que la TCC aumente la
eficacia de la medicación.
40
-Padres sobreprotectores, muy
exigentes y/o ansiosos
-Apego más inseguro al principal Eventos disparadores
ser querido en la infancia: sentirse (situaciones, sensaciones, pensamientos)
rechazado, sentimientos
ambivalentes
- Enfermedad/daño/muerte, agresión
- conflictos con
física/sexual, Creencias de que preocupaciones son
familiares y amigos en el pasado útiles
Preocupaciones -Evitación supersticiosa de lo que se teme
-Evitación real de lo que se teme
-Evitación de temas emocionales más
profundos
Atención sesgada hacia la amenaza
-Preparación para el afrontamiento
-Interpretación de la información
-Recurso motivacional
ambigua como amenazante
-Intolerancia a la incertidumbre
- Déficits en la solución de
problemas (actitud negativa,
habilidades)
- Percepción de poco control sobre
los acontecimientos amenazantes
Preocupacion
Creencias negativas
- Preocuparse es
incontrolable
-Preocuparse es peligroso
Intentos de control
de las preocupaciones
-Interferencia en la vida laboral, - Supresión directa
social y familiar - Distracción
- Mayor empleo de servicios - Tranquilización
médicos
- Preocuparse dentro de
ti t lí it
41
Tabla 1. Criterios diagnósticos para el Trastorno de Ansiedad Generalizada según el
DSM-IV.
A. Ansiedad y preocupación excesivas (expectación aprensiva) sobre una amplia
gama de acontecimientos o actividades (como el rendimiento laboral o escolar),
que se prolongan más de 6 meses.
Nota. Tomado de American Psychiatric Association (1995, págs. 447-448). (*) Uso
limitado. TAG - 57
42
Tabla 2. Tratamiento del trastorno de ansiedad generalizada.
Sesión 1
- Obtener la descripción del cliente de su ansiedad y preocupación.
- Hacer una introducción a la naturaleza de la ansiedad y preocupación.
- Describir el modelo de los tres sistemas de respuesta de la ansiedad.
- Dar una visión de conjunto del tratamiento ([Link]., importancia del autorregistro, actividades
entre sesiones, asistencia regular).
- Proporcionar una justificación del tratamiento.
- Actividades entre sesiones: autorregistro.
Sesión 2
- Revisar autorregistros.
- Revisar naturaleza de la ansiedad, modelo de los tres sistemas de respuesta.
- Discutir fisiología de la ansiedad.
- Discutir factores de mantenimiento en el trastorno de ansiedad generalizada (TAG).
- Actividades entre sesiones: autorregistro.
Sesión 3
- Revisar autorregistros.
- Justificación de la relajación muscular progresiva (RMP): 16 grupos musculares.
- Llevar a cabo la RMP en la sesión con grabación de cinta para las prácticas en casa.
- Actividades entre sesiones: autorregistro, RMP.
Sesión 4
- Revisar autorregistros y práctica de RMP.
- Llevar a cabo RMP con 16 grupos musculares y entrenamiento en discriminación.
- Introducción al papel de las cogniciones en la ansiedad persistente ([Link]., naturaleza de los
pensamientos automáticos, solicitud de ejemplos del cliente).
- Describir y cuestionar cogniciones que sobrestiman la probabilidad de eventos negativos.
- Introducir la hoja de autorregistro cognitivo.
- Actividades entre sesiones: autorregistro (ansiedad, registrar y cuestionar cogniciones), RMP.
Sesión 5
- Revisar autorregistros, RMP y cuestionamiento de la sobrestimación de probabilidad.
- Llevar a cabo RMP con 8 grupos musculares y entrenamiento en discriminación.
- Describir y cuestionar cogniciones catastróficas.
- Actividades entre sesiones: autorregistro (ansiedad, registrar y cuestionar cogniciones), RMP.
Sesión 6
- Revisar autorregistros, RMP y cuestionamiento cognitivo (sobrestimación de probabilidad,
descatastrofización).
- Llevar a cabo RMP con 8 grupos musculares y entrenamiento en discriminación; introducir
práctica en generalización.
- Revisar tipos de cogniciones ansiógenas y métodos de cuestionamiento.
- Actividades entre sesiones: autorregistro (ansiedad, registrar y cuestionar cogniciones), RMP.
Sesión 7
- Revisar autorregistros, RMP y cuestionamiento cognitivo.
- Llevar a cabo la RMP con 4 grupos musculares.
- Introducir la exposición a la preocupación ([Link]., entrenamiento en imaginación, jerarquía de
campos de preocupación, exposición a preocupación en la sesión).
- Actividades entre sesiones: autorregistro (ansiedad, registrar y cuestionar cogniciones), RMP,
exposición diaria a la preocupación.
43
Sesión 8
- Revisar autorregistros, RMP, cuestionamiento cognitivo y prácticas de exposición a la
preocupación.
- Introducir relajación mediante recuerdo.
- Revisar la justificación para la exposición a la preocupación.
- Llevar a cabo la exposición a la preocupación en la sesión.
- Actividades entre sesiones: autorregistro (ansiedad, registrar y cuestionar cogniciones),
exposición a la preocupación, relajación mediante recuerdo.
Sesión 9
- Revisar autorregistros, cuestionamiento cognitivo, exposición a la preocupación y relajación
mediante recuerdo.
- Practicar relajación mediante recuerdo.
- Introducir la prevención de las conductas de preocupación ([Link]., justificación, elaboración de
una lista de conductas de preocupación, desarrollo de prácticas de prevención de conductas).
- Actividades entre sesiones: autorregistro (ansiedad, registrar y cuestionar cogniciones),
exposición a la preocupación, prevención de conductas de preocupación, relajación mediante
recuerdo.
Sesión 10
- Revisar autorregistros, cuestionamiento cognitivo, exposición a la preocupación, prevención
de conductas de preocupación y relajación mediante recuerdo.
- Introducir la relajación suscitada por señal.
- Actividades entre sesiones: autorregistro (ansiedad, registrar y cuestionar cogniciones),
exposición a la preocupación, prevención de conductas de preocupación, relajación mediante
recuerdo.
Sesión 11
- Revisar autorregistros, cuestionamiento cognitivo, exposición a la preocupación, prevención
de conductas de preocupación y relajación suscitada por señal.
- Practicar la relajación suscitada por señal.
- Introducir la organización del tiempo o la resolución de problemas.
- Actividades entre sesiones: autorregistro (ansiedad, registrar y cuestionar cogniciones),
exposición a la preocupación, prevención de conductas de preocupación, relajación suscitada
por señal.
Sesión 12
- Revisar autorregistros, cuestionamiento cognitivo, exposición a la preocupación, prevención
de conductas de preocupación y relajación suscitada por señal.
- Generalizar las técnicas de relajación.
- Practicar la organización del tiempo o la resolución de problemas.
- Actividades entre sesiones: autorregistro (ansiedad, registrar y cuestionar cogniciones),
exposición a la preocupación, prevención de conductas de preocupación, relajación suscitada
por señal, práctica de organización del tiempo/resolución de problemas.
Sesión 13
- Revisar autorregistros, cuestionamiento cognitivo, exposición a la preocupación, prevención
de conductas de preocupación, relajación suscitada por señal y práctica de organización del
tiempo/resolución de problemas.
- Practicar la relajación suscitada por señal.
- Revisar habilidades y técnicas.
- Discutir métodos de aplicación continuada de las técnicas consideradas en el tratamiento.
44
Tabla 3. Diálogo entre terapeuta (T) y paciente (P) en el que se muestra una
reestructuración de la sobrestimación e la probabilidad de un evento negativo.
T En uno de sus autorregistros de esta semana apuntó que tuvo miedo de que su hijo
jugara a rugby. ¿Qué es lo que le preocupaba específicamente?
P Que se lesionara gravemente. Su equipo juega en la liga de campeones, de modo que
esos chicos son grandes y fuertes. Mi hijo es bueno, pero no ha jugado durante años.
T ¿Cómo imagina específicamente que su hijo se lesionará?
P Rompiéndose la espalda o el cuello. Algo que dará lugar a parálisis o muerte. Les
sucedió a dos jugadores de la liga nacional de rugby el año pasado, ¿recuerda?
T ¿Qué le sucedió a su hijo cuando jugó el partido?
P Nada, realmente. Llegó a casa con un pulgar dolorido, pero se le pasó al cabo de un
rato. Dijo que logró puntuar y que tuvo una interceptación. Creó que jugó muy bien.
T Así que lo que me está diciendo es que usted había predicho que él se lesionaría
durante el partido, pero que no sucedió. Cuando estamos ansiosos, tendemos a
cometer un error cognitivo común llamado sobrestimación de la probabilidad. En
otras palabras, sobrestimamos la probabilidad de un evento improbable. Mientras se
sentía ansiosa y preocupada, ¿cuál fue la probabilidad en su mente, de 0 a 100, de que
su hijo se lesionaría?
P Alrededor del 75%.
T Y ahora ¿cómo calificaría la probabilidad de que su hijo se lesione en un partido
venidero?
P Bueno, si lo plantea de esta forma, supongo que alrededor de un 50%.
T Esto significa que por cada dos veces que su hijo juegue al rugby se lesionará una vez.
¿Es esto correcto?
P Uhm, no. No creo que sea tan alta. Quizá cerca de un 30%.
T Esto significaría que su hijo se lesionaría una de cada tres veces. Para contrarrestar la
tendencia a sobrestimar la probabilidad de eventos negativos futuros, es útil
preguntarse qué datos del pasado apoyan su creencia ansiosa. ¿Qué datos puede
proporcionar de la historia de juego de su hijo que expliquen su creencia de que se
lesionará en uno de cada tres partidos?
P Bien, ninguna. Se torció un tobillo durante los entrenamientos del verano, pero eso es
todo.
T Así que lo que está diciendo es que usted no tiene muchos datos para probar que su
hijo tenga una probabilidad del 30% de lesionarse en un partido.
P ¿Caramba!, nunca lo había visto de este modo.
T ¿Cuáles son algunas de las alternativas a que su hijo se lesione gravemente en un
partido de rugby?
P Puede no lesionarse en absoluto. Pero sé que debe sentir algún dolor con todos esos
cardenales cubriéndole sus brazos y piernas. Es un estoico, como su padre.
T ¿Qué otras alternativas se le ocurren en vez de pensar en que su hijo se lesione
gravemente?
P Puede tener una pequeña lesión, como un tobillo torcido o algo de esta naturaleza.
T Bien. ¿Y cuál sería la probabilidad de que su hijo tuviera una lesión menor en vez de
una lesión grave?
P Probablemente más alta, 60% o 70%.
T Volviendo a su preocupación original, ¿cómo calificaría la probabilidad de que su hijo
se lesione gravemente durante un partido de rugby?
P Baja, cerca de un 10%.
45
T Así que una de cada 10 veces su hijo se lesionará gravemente cuando juegue al rugby.
¿Cuántas veces ha jugado su hijo al rugby?
P Justo ha comenzado en la universidad este año, pero lleva jugando desde el bachiller
hace tres años. En total, unos 25 partidos.
T ¿Y cuántas veces se ha lesionado gravemente en estos tres años?
P Ninguna. Veo a dónde va. ¡Es tan absurdo tener estos pensamientos irracionales!
T Bien, es comprensible que sus predicciones acerca del futuro estén sesgadas hacia las
posibilidades negativas. Cuando estamos muy ansiosos, nos centramos en las
posibilidades más negativas para prepararnos caso de que sean verdad. Debido a que
usted se preocupa excesivamente, sus pensamientos hacia los sucesos futuros serán
más negativos. Por esto es esencial que usted contrarreste estas sobrestimaciones de
probabilidad cada vez que tenga una preocupación. En su autorregistro, usted indicó
que su ansiedad fue de 6 en la escala 0-8 mientras pensaba en que su hijo podía
lesionarse. ¿Cómo calificaría su ansiedad ahora, después de haber con-trarrestado los
pensamientos?
P Mucho más baja. Alrededor de 3 o así. Pero todavía puede pasarle, quedar paralizado.
Y preocupándome por esta posibilidad, no importa lo poco probable que sea, puedo
prepararme emocionalmente de algún modo, ca-so de que suceda.
T Siempre existe esa posibilidad, aunque pequeña. Sin embargo, cada vez que se dice a
sí misma que “puede suceder todavía”, usted está desechando toda la información que
invalida esa creencia. Se está diciendo a sí misma que las probabilidades de su hijo de
quedar paralítico a raíz de una lesión en un partido de rugby son mucho más altas que
las de los demás. Para contrarrestar esta tendencia, recuerde que sus probabilidades de
una lesión grave son las mismas que las del resto del equipo, cada día. Además,
preocuparse sobre un evento futuro no cambia para nada su probabilidad de
ocurrencia. Lo que la preocupación conseguirá, sin embargo, es hacerle sentir más
ansiosa y perturbada a la vez que le proporcionará una falsa sensación de control
sobre el futuro.
46
Tabla 4. Experimentos conductuales en pacientes con trastorno de ansiedad generalizada.
- Persona que piensa que es una mala madre y que no puede conjugar su trabajo de ama de
casa y trabajadora a tiempo parcial.
Como prueba cita que llevó al niño con el familiar que lo cuida 45 minutos antes que lo
usual para recuperar trabajo perdido. El niño se comportó horriblemente y ella lo atribuyó a
haber jugado poco con él antes de ir a trabajar; además creyó que tenía que abandonar sus
planes para ponerse al día en el trabajo. El terapeuta le señaló que una explicación
alternativa es que el niño tuvo un mal día y se habría comportado mal en cualquier caso.
Para probar esto, la madre accedió a continuar con sus planes de ir a trabajar temprano
durante una semana más. Para su sorpresa, el niño se adaptó muy bien y su creencia de que
era un mala madre se redujo (Clark, 1989).
- Persona que experimenta un hormigueo en los dedos al tocar objetos sólidos y cree que esto
indica algún problema neurológico grave.
Una explicación alternativa es que el hormigueo sea debido al pensamiento de que tiene un
problema neurológico y a un cambio en el umbral táctil producido por dicho pensamiento.
En la prueba conductual comprobó que los amigos a los que pidió que acariciaran
suavemente objetos y se concentraran mucho en ello detectaron sensaciones similares.
Como segunda prueba, el terapeuta le dijo que si la sensación era debida al miedo sobre su
significado, debería reducirse al exponerse a ella repetidamente. De hecho así sucedió
cuando la paciente intentó producir deliberadamente la sensación varias veces al día;
además, cuando esta ocurrió naturalmente, siguió tocan-do los objetos hasta que desapareció
(Clark, 1989).
- Persona que cree que es imposible controlar su ansiedad.
Se le pueden enseñar técnicas de control de ansiedad rápidas y fáciles de aprender
(respiración, distracción).
- Persona que piensa que si no llama con frecuencia a su marido al trabajo, es más fácil que le
pase algo malo ([Link]., ponerse enfermo).
Se obtiene una línea base de la consecuencia negativa predicha. Luego, se pide a la mujer
que llame durante varios días una sola vez, en vez de varias, a su marido al trabajo y que
registre si ocurre o no lo predicho. Luego, se comparan los resultados habidos con las
predicciones previas. Si la predicción “se cumpliera”, habría que analizar la verdadera causa
de haberse puesto enfermo (no haber llamado frecuentemente contra la presencia de un
virus, [Link].). Si la paciente mantiene a pesar de todo que es más fácil que su marido enferme
al no haberle llamado frecuentemente, habría que llevar a cabo un experimento por fases
alternas en las que llamaría frecuentemente o no a su marido y registraría los resultados.
- Persona que se niega a leer noticias desagradables en los periódicos porque si no, cree que le
podrían suceder a ella o a alguien de su familia.
Se obtiene una línea base de acontecimientos negativos que suceden a la familia. Luego se
pide al cliente que lea noticias desagradables y que registre si en su familia ocurren o no los
eventos negativos leídos.
- Persona que es perfeccionista en la limpieza de su casa, porque piensa que si no, sus amigos
le visitarán con menos frecuencia.
Se le pide que reduzca el tiempo dedicado a la limpieza y que observe si esto tiene algún
efecto en la frecuencia de visitas por parte de sus amigos.
- Persona que cree que sus preocupaciones son incontrolables.
Se le puede pedir que haga lo siguiente: a) Al darse cuenta de que está preocupándose,
posponer el preocuparse diciéndose que ya pensará en el problema más tarde. b) Pensar en
un momento del día en el que se permitirá 15 minutos para preocuparse. c) Cuando llegue
este momento, y sólo si piensa que es necesario (hay que apuntar entonces las razones),
permitirse preocuparse durante 15 minutos sólo. La respuesta típica es posponer las
preocupaciones (Wells, 1997).
- Persona que cree que preocuparse indica una anormalidad mental. Se le pide que pregunte a
sus amigos y compañeros para ver si se preocupan y cómo reaccionan ante alguien que se
preocupa.
47
Tabla 5. Diálogos entre terapeuta (T) y paciente (P) en los que se muestra la técnica de
descatastrofización.
48
P No, salvo el azoramiento.
T ¿Por qué esto sería malo?
P Odio quedar azorada de esa manera. La gente pensaría mal de mí y perdería el respeto de los otros.
T Y luego ¿qué?
P Luego perdería a los amigos y me quedaría sola.
T Y luego ¿qué?
P Luego me sentiría triste y desgraciada y llevaría una existencia desdichada.
T Cuénteme cuán capaz sería de afrontar esta posibilidad de 0 a 100%, donde 0 es igual a ser
completamente incapaz de afrontar.
P 5%.
T Ahora, intente pensar en algunas maneras en que usted podría afrontar dicha posibilidad.
P En primer lugar, un verdadero amigo no me perdería el respeto por algo tan trivial como que no
me aceptaran un cheque. Y si pierdo amigos por esto, entonces ¿qué clase de amigos son?
También puedo emplear una tarjeta de crédito o sacar dinero del banco si el doctor no aceptara
tarjetas.
T ¿Cree que sería triste y desgraciada durante el resto de su vida?
P Oh!, en absoluto. Me sentiría mal durante un rato, pero finalmente se pasaría.
T ¿Y cuán probable es que todos sus amigos recuerden un incidente menor como este en los años
venideros?
P No muy probable.
T ¿Se ha sentido azorada anteriormente?
P Demasiadas veces como para contarlas.
T ¿Cuánto dura en promedio el azoramiento?
P Unos pocos minutos como mucho. Un día en raras ocasiones, pero generalmente no más.
T Así, Claire, vea cómo estas imágenes catastróficas aumentan su ansiedad. Para contrarrestar sus
pensamientos catastróficos, escriba sus pensamientos ansiosos y preocupaciones en el
autorregistro como ha estado haciendo para las sobrestimaciones de probabilidad. Luego,
pregúntese: “¿Cuál es la peor consecuencia posible que puede suceder? Si ocurre, ¿qué pasa? ¿Por
qué debe ser grave? ¿Cuán probable es que ocurra? ¿Cómo puedo afrontarlo si ocurre?”. Debería
notar una reducción sustancial de sus niveles de ansiedad cuando emplee sus estrategias cognitivas
regularmente para cada preocupación y pensamiento ansioso.
49
P Cuando lo pienso de esta forma, supongo que es realmente baja, quizá un 10%.
T ¿Está diciéndome que por cada día que usted vive tiene una probabilidad de uno sobre diez de
morir en ese día?
P (Se ríe) No, pienso que es más baja que eso. Quizá 0,1%.
T De acuerdo, ahora hay otras áreas en las que parece haber hecho suposiciones sin tener en cuenta
los datos. ¿Se le ocurre alguna?
P ¿Quiere decir el modo en que se sentirían mis hijos? Creo que se sentirían terriblemente.
T No, no estoy poniendo en duda la tristeza y la pérdida, pero sí su suposición de que sus vidas
seguirán siempre así. Aunque es difícil pensar sobre ello, intente imaginar lo que sucedería con el
transcurso del tiempo. ¿Estarían ellos siempre tan perturbados o finalmente se recuperarían y
tendrían una vida relativamente normal?
P Supongo que finalmente las cosas se normalizarían; y su padre es un buen padre..., podría
cuidarlos probablemente.
T Una vez más, quiero enfatizar que no estamos diciendo que haya una fuerte probabilidad de que
usted muera pronto ni que usted deba pensar sobre ello con una actitud descuidada. Sin embargo,
dándose cuenta de que a pesar de lo negativa que su pérdida sería, sus hijos serían capaces de
sobrevivir y continuar sin usted es un modo muy diferente de ver las cosas a como usted las veía.
¿Está de acuerdo?
P Sí, comprendo. Creo que tiendo a hacer esto con un montón de cosas. Pienso en lo peor y me
centro en ello sin considerar las alternativas.
50
Tabla 6. Guías para la organización del tiempo.
Con mayor o menor frecuencia, la gente se carga con demasiadas tareas a la vez, lo cual suele
ser debido a sentirse personalmente responsable de todo y a querer hacerlo todo perfecto. Esta
sobrecarga genera tensión y preocupación por no poder hacer todo lo que uno se ha propuesto.
Una forma de comprobar si uno tiene un número excesivo de cosas a hacer o si no administra
demasiado bien el tiempo de que dispone es completar cada hora a lo largo de una semana el
registro de ACTIVIDADES DIARIAS. En la primera columna incluya cualquier actividad
realizada a lo largo del día, sin importar si el tiempo dedicado a la misma ha sido grande o
pequeño. En la segunda, las actividades no realizadas a pesar de haber estado programadas para
ese día. Y en la tercera, las cosas que hubiera deseado hacer, pero que ni siquiera tuvo tiempo
para considerar el llevarlas a cabo.
Si aparecen bastantes actividades en la segunda columna (lo que significa que programa muchas
cosas que no tiene tiempo de hacer) y especialmente, si la tercera columna indica que hay
muchas actividades agradables o placenteras que no tiene tiempo de hacer, es probable que
tenga problemas con la organización del tiempo: repase la primera columna para comprobar si
algunas de las actividades que aparecen son innecesarias u ocupan más tiempo del debido. Para
solucionar el problema de organización del tiempo, son útiles las siguientes GUÍAS.
- Establezca las metas que quiere conseguir. Esto puede hacerse día a día, aunque las metas
diarias deben ir reflejando los objetivos que uno desea conseguir a plazo más largo: una
semana, un mes, un año, etc. Tenga en cuenta las cosas que realmente son importantes para
usted en su vida. Si pasa su tiempo resolviendo cosas más o menos urgentes, pero no muy
importantes, estará relegando la consecución de aquello que es realmente importante para
usted.
- Para un día dado, haga una lista de las cosas que tiene que hacer y de las cosas que le
gustaría hacer. Luego, decida la importancia de cada actividad, es decir, establezca
prioridades. Para ello, clasifique las actividades en tres categorías:
+ Actividades A. Tienen prioridad máxima y deben ser hechas ese día. Algunos días
pueden no tener este tipo de actividades.
+ Actividades B. Son muy importantes y deben hacerse pronto, pero no necesariamente
ese día. Estas serán las tareas más comunes y si no se realizan, terminarán por
convertirse en actividades A.
+ Actividades C. Son importantes y finalmente deberán ser llevadas a cabo, pero no
muy pronto.
- Para organizar un día, puede seguir los siguientes pasos. Primero, anote las actividades que
deben realizarse a horas determinadas, tales como recoger a los niños, reuniones, etc.
Luego, comience por las actividades A y prográmelas en momentos en que puedan ser
realizadas. Asigne más tiempo a cada actividad del que inicialmente crea necesario, deje
tiempo para imprevistos e interrupciones. A continuación, programe las actividades B y
concédales tiempo suficiente para ser realizadas total o parcialmente. Finalmente, sitúe las
actividades C en los horarios sobrantes. Si tiene que sacrificar alguna actividad, que sea del
tipo C o B.
+ Si considera que una programación de horarios es algo demasiado restrictivo para usted, haga
simplemente una lista de las actividades A, B y C para el día situadas en tres columnas y táche-
las cuando las realice.
+ No se apresure inmediatamente de una actividad a otra. En lugar de esto, haga una pausa.
Planee descansos breves y momentos para relajarse.
51
+ Si le asaltan pensamientos de no tener tiempo suficiente para completar las actividades que se
ha propuesto, pregúntese qué es lo peor que puede suceder si al final del día le quedan ciertas
cosas por hacer o si algo tiene que esperar hasta mañana. Por ejemplo, ¿qué sucederá realmente
si no termino de limpiar toda la casa o de escribir este informe?, ¿qué es lo peor que puede
ocurrir si me tomo 30 minutos para descansar o relajarme? Así pues, pregúntese qué es probable
que suceda si deja de hacer X; si la respuesta es que poco o nada importante, considere seria-
mente el dejar de hacer X.
+ Aprenda a decir no. Un motivo para no acabar las actividades planeadas es tener que
satisfa-cer las demandas inesperadas por parte de otros. A no ser que la demanda sea una
cuestión fun-damental o insoslayable (por ejemplo, una orden del jefe), usted tiene
derecho a decir que no tiene tiempo y que debe llevar a cabo otras actividades. Aunque
muchas personas piensan que el decir no conduce al rechazo o enfado por parte de los
otros, lo cierto es que si se hace de forma apropiada no tiene estos efectos, sino que suele
contribuir al respeto mutuo.
+ Ajústese al plan previsto. Al llevar a cabo una actividad, aténgase a la misma y no
comience otras actividades asociadas que son innecesarias o no prioritarias. Por ejemplo,
si la actividad era repasar un informe u ordenar una habitación, no caiga en la trampa de
repasar otros informes u ordenar toda la casa.
+ Reduzca el tiempo dedicado a determinadas actividades (hablar por teléfono, ver la
televisión, ducharse...) si considera que es excesivo.
+ Intente acabar la actividad que comienza. No salte de una actividad a otra dejando
detrás un montón de actividades parcialmente realizadas. En general, cada actividad
requiere más tiempo de este modo, ya que usted pierde tiempo comenzando repetidamente
la misma actividad y las actividades inacabadas permanecen en su cabeza e interfieren
con la actividad presente.
+ Tenga cuidado con la dilación (posponer cosas). ¿Se distrae con otras cosas cuando tiene
que realizar ciertas actividades prioritarias? ¿Cuáles son las consecuencias de posponer
estas actividades? ¿Está aplazando algo porque se está fijando una norma demasiado
elevada o porque tiene miedo a no tomar la decisión adecuada? ¿Está siendo poco realista
acerca de lo que puede hacer? ¿Puede hacerlo ahora y quitárselo de encima?
+ Tenga cuidado con el perfeccionismo. ¿Dedica mucho tiempo a realizar las actividades
planeadas porque quiere que sean perfectas? No olvide que todo el mundo comete errores,
que la mayor perfección lograda no compensa muchas veces el tiempo y esfuerzo
invertidos y que el perfeccionismo suele originar problemas en la relación con otras
personas.
- A mitad del día, revise las prioridades y el progreso realizado. Al final del día, recuerde
lo que ha conseguido y felicítese. Revise también cómo van las cosas al final de periodos
más largos: una se-mana, un mes, etc.
52
ACTIVIDADES DIARIAS
Hora ¿Qué hice hoy y cuánto ¿Qué había planeado ¿Qué hubiera querido
tiempo me ha ocupado? hacer, pero no hice? hacer, pero no tuve tiempo
Fecha: de hacer?
7:00
8:00
9:00
10:00
11:00
12:00
13:00
14:00
15:00
16:00
17:00
18:00
19:00
20:00
21:00
22:00
23:00
24:00
53
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