CONCLUSIONES:
- La producción agrícola y ganadera están determinadas por la aptitud de los
suelos y las características climáticas de la región. El 30 por ciento de la superficie
cuenta con suelos de buena calidad agrológica, los que generalmente están
localizados en zonas aluviales y colegiales con riesgos de inundación. Sin
embargo la mayoría de los asentamientos campesinos están en suelos rojos
colimares de uso restringido.
- El clima cálido-húmedo, con permanentes y fuertes lluvias, prácticamente sin
meses secos, representa un adecuado hábitat para insectos, parásitos y demás
agentes patógenos que causan grandes pérdidas a la agricultura y a la ganadería.
- La fauna silvestre y la foresta vegetal están siendo reducidas al avanzar la
frontera agrícola, en forma caótica, sin ningún patrón adecuado de explotación.
- De igual manera la rica fauna acuática está permanentemente amenazada por la
explotación masiva, no selectiva de las especies, muchas de las cuales están en
vías de extinción.
- Los recursos mineros, particularmente los auríferos, aún no se ha programado su
explotación, a pesar de que existen interesantes perspectivas según los estudios
realizados. Esto puede tornarse en otra alternativa para el desarrollo de la región.
- El manejo de los recursos naturales debe realizarse en función de las unidades
ambientales, determinando los conflictos intersectoriales de uso y los mecanismos
requeridos para conservar los ecosistemas.
- Se debe determinar modelos integrados de uso, es decir, generar proyectos
encaminados a la explotación conjunta de varios recursos para cubrir demandas
regionales.