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Kresley Cole - Immortals After Dark 15 - Sweet Ruin PDF

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1

Dulce Perdición
SERIE: IMMORTALS AFTER DARK 15
KRESLEY COLE
Un asesino inmortal está atrapado entre el deseo y el deber en esta
nueva y chisporroteante novela de la autora #1 en ventas del New York
Time, Kresley Cole y su serie Inmortales Después Del Anochecer.

Una Expósita Criada En Un Mundo De Seres Humanos.

Al crecer, la huérfana Josephine, no sabía quién o qué era -sólo que


era “mala”, una paria con extraños poderes. Proteger a su hermano
pequeño Thaddeus se convirtió en toda su vida. El día que le fue
arrebatado comenzó la transición de Jo, de chica enfadada... aspirante de
super-heroína... a, finalmente, encantadora villana despiadada.

Un Ejecutor Letalmente Sensual En Una Misión.

Ya sea con el arco o en la cama, él nunca falla en eliminar a su


objetivo. En su punto de mira la Valkyria más antigua con vida. Sin
embargo, antes de que pueda atacar, se encuentra con una criatura
vampírica cuya belleza oculta un corazón negro. Con un mordisco, lo
atraviesa con un doloroso placer, tomando su sangre prohibida -y
poniendo en peligro los secretos de su hermandad.

Una Pasión Sin Límites Que Los Llevará A Una Dulce Perdición...

¿Podría esta exquisita mujer ser una espía enviada por la Valkyria
que él está cazando? Rune sabe que no debe confiar en Josephine, sin
embargo, es incapaz de alejarse de ella. A pesar de los milenios de
conquistas sexuales, no puede ignorar el anhelo desconocido que ella
despierta en lo más profundo de su ser. Cuando Jo revela la identidad del
único hombre por el cual moriría por proteger, ella y Rune se enzarzan en
una desleal batalla de voluntades que enfrentará la lealtad definitiva
contra la lujuria desenfrenada.

2
Indice
Dulce Perdición ....... 2 Veintiséis ............. 170 Cincuenta y Dos .. 329
Uno ......................... 8 Veintisiete ............ 175 Cincuenta y Tres .. 333
Dos ........................24 Veintiocho ............ 180 Cincuenta y Cuatro339
Tres........................28 Veintinueve .......... 189 Cincuenta y Cinco 344
Cuatro....................35 Treinta ................. 194 Cincuenta y Seis .. 347
Cinco .....................42 Treinta y Uno ....... 202 Cincuenta y Siete . 350
Seis ........................52 Treinta y Dos ....... 209 Cincuenta y Ocho 354
Siete .......................56 Treinta y Tres ....... 216 Cincuenta y Nueve 360
Ocho ......................63 Treinta y Cuatro ... 224 Sesenta ............... 366
Nueve .....................68 Treinta y Cinco ..... 229 Sesenta y Uno ...... 370
Diez........................75 Treinta y Seis ....... 236 Sesenta y Dos ...... 376
Once ......................80 Treinta y Siete ...... 244 Sesenta y Tres ..... 381
Doce.......................85 Treinta y Ocho ..... 248 Sesenta y Cuatro.. 385
Trece ......................89 Treinta y Nueve .... 253 Sesenta y Cinco ... 391
Catorce...................95 Cuarenta.............. 260 Sesenta y Seis ...... 401
Quince ................. 102 Cuarenta y Uno .... 265 Sesenta y Siete..... 406
Dieciséis ............... 106 Cuarenta y Dos .... 275 Sesenta y Ocho .... 409
Diecisiete .............. 111 Cuarenta y Tres.... 279 Sesenta y Nueve ... 416
Dieciocho ............. 120 Cuarenta y Cuatro 283 Setenta ................ 422
Diecinueve............ 130 Cuarenta y Cinco . 290 Setenta y Uno ...... 427
Veinte................... 137 Cuarenta y Seis .... 298 Setenta y Dos....... 433
Veintiuno ............. 143 Cuarenta y Siete ... 303 Setenta y Tres ...... 437
Veintidós .............. 147 Cuarenta y Ocho .. 309 Epilogo ................ 445
Veintitrés.............. 154 Cuarenta y Nueve . 314 Agradecimientos... 449
Veinticuatro.......... 160 Cincuenta ............ 318 Serie .................... 450
Veinticinco ........... 165 Cincuenta y Uno .. 323 La Autora ............ 456

3
Dedicado con mucha gratitud a Nancy Tonik, genia de la
producción.
Siempre me ayudas a construir un mejor libro.

4
EXTRAÍDO DE
EL LIBRO VIVIENTE DEL LORE. . .

El Lore
". . . y esas criaturas sensibles que no son humanas se unirán en un solo
estrato, coexistiendo, aún en secreto con el hombre."
• La mayoría son inmortales y puede regenerarse a partir de las lesiones,
asesinados sólo por el fuego místico o la decapitación.

Primordial
"El más poderoso de todos ellos; lleno de poder, magia, y majestuosidad”.
• El primogénito -o la generación más antigua- de una especie.

El Møriør
"En la lengua de los Elserealms, Møriør puede significar tanto 'Docena' como
'Destrucción del Alma.'"
• Una alianza de seres de otro mundo liderados por Orión, el Undoing.
• Ha tomado el control de la mayoría de los planos existentes.

La Nobleza Fey del Dominio Grimm


"Una nobleza de guerreros que gobernaba sobre todos los siervos demonio
en su reino."
• Era féodals, un antiguo término para señores feudales, que llegó a ser
acortado a Fey.
• Su dimensión de origen es Draiksulia, su imperio el Dominio Grimm.

El Fey Oscuro
"Descendencia entre oscuridad y luz. Ruinas malditas entre las hadas”.
• Híbridos nacidos de un fey y un demonio.

5
• Su sangre negra es venenosa, conocida como baneblood.
Las Demonarquías
"Los demonios son tan variados como los grupos humanos…."
• Un conjunto de dinastías demoníacas.
• La mayoría de las razas de demonio pueden teletransportarse o
rastrearse a los lugares que han ido anteriormente.
• Un demonio debe tener relaciones sexuales con una pareja potencial
para determinar si ella es realmente suya -un proceso conocido como
intento.

La Accession
"Y vendrá un tiempo aprobado cuando todos los seres inmortales en el Lore,
desde las Valkyrias, vampiros, Lykae, y facciones demoníacas, las brujas, shifters,
fey, y sirenas… deberán luchar y destruirse unos a otros”.
• Una especie de sistema místico de control y contrapeso para una
población cada vez mayor de inmortales.
• Se produce cada quinientos años. O en este momento…

6
—Quienes se oponen a nosotros conocerán su destino.
-Rune Darklight (alias Rune el Baneblood
Y Rune el Insaciable), asesino y misterioso maestro de los Møriør

—En caso de duda, aprieta hasta que algo se rompa.


-Josephine Doe (alias Lady Shady1)

1 Señorita Sombría.

7
Un o

Traducido por: Alhana


Corregido por: Maxiluna

Condado de Houston, Texas


HACE CATORCE AÑOS

J o se despertó con un sabor a cobre.

Chasqueó los labios, movió la lengua. ¿Hay algo en mi boca?


Sus ojos se abrieron. Se sentó de golpe, y escupió dos piezas de
metal arrugado. ¿Qué diablos es esto?
Agarrando su dolorida cabeza, miró alrededor, arrugando la nariz
ante el olor a antiséptico. ¿Dónde estoy? Su visión era borrosa, la luz
tenue. Pensó que la habitación estaba revestida de azulejos.
Mierda, ¿estaba en un hospital? No era algo bueno. Eso significaba
que ella y Thaddie estaban de regreso en el sistema de adopción y fuera de
las calles. Lo que quería decir que ella lo liberaría de nuevo.
¿Dónde estaba Thaddie? ¿Por qué no podía recordar lo que pasó?
Piensa, Jo. ¡PIENSA! ¿Qué es lo último que recuerdas?
Poco a poco las imágenes del día comenzaron a aparecer….

8
Se está poniendo demasiado caliente para quedarse aquí.
Acercándose a la biblioteca, Jo escaneó las calles en busca del
Monte Carlo2 del jefe de pandilla. Creyó oír su motor recién reemplazado
retumbar a un par de cuadras más allá.
Las calles de este barrio eran un laberinto, el Monte Carlo era un
dragón. Ella era una súper heroína valiente, llevando a su fiel compañero a
su espalda.
Pero anoche no había sido un juego.
Estiró la cabeza para preguntarle a Thaddie, —¿Qué piensas? —Su
pequeño cuerpo estaba asegurado en la Thadmochila -la mochila robada
que había modificado, recortando agujeros para sus piernas. —Los hemos
perdido, ¿verdad?
—¡Perdido! —Agitó su único juguete, su muñeco Spider-Man, para
celebrarlo.
Ella y Thaddie necesitaban esfumarse, tal vez dirigirse a Florida,
para un nuevo comienzo en Key West.
Miró a su alrededor por última vez, luego se deslizó a través de la
puerta trasera de la biblioteca, dejada abierta para ella por la señora
Brayden, bibliotecaria a tiempo parcial/entrometida a tiempo completo,
alias MizB3.
La mujer estaba en el salón, ya acomodada en la silla alta. Su cesta
de picnic estaba llena.
¿Huelo pollo frito?
—Espero que tengan hambre. —Su cabello marrón oscuro hasta los
hombros tenía un toque de gris. Sus ojos eran de color marrón claro detrás
de sus gafas cuadradas. Como de costumbre, llevaba un traje de pantalón
holgado.
No parezcas demasiado ansiosa por el pollo. —Sea lo que sea. —Jo
liberó a Thaddie de la mochila, y luego tomó asiento, acomodándolo en su
regazo. —Supongo que podremos comerlo. —Apoyó las botas de combate
sobre la mesa.

2 El Chevrolet Monte Carlo es un coupé de dos puertas introducido en el año 1970, y fabricado en
más de seis generaciones hasta el modelo del año 2007.
3 Jo hace un juego de palabras con el nombre de la Sra. Brayden -MrsB y lo cambia por el MizB que

significa persona extremadamente obesa. Horriblemente desagradable.

9
MizB suspiró ante el atuendo de Jo: jeans andrajosos, una camiseta
manchada, y una sudadera con capucha negra. La mujer se había ofrecido
a lavarles la ropa, como si Jo y Thaddie tuvieran un armario de otras cosas
para cambiarse mientras esperaban.
—Tenemos que hablar, Jo. —Ella se sentó, pero no descargó la
canasta.
—Uh-uh, Thaddie, parece que estamos a punto de conseguir un
sermón. —Jo le guiñó un ojo. —¿Qué le decimos a MizB cuando nos da un
sermón?
Él sonrió a la mujer, su adorable cara formando hoyuelos, y luego
gritó:
—¡Joeete joeete joeetee!
Jo se rio, pero a MizB no le había hecho ninguna gracia. —
Excelente, Josephine. Ahora tiene una boca de orinal por tu culpa.
—Él no ha alcanzado su pleno potencial para llegar al nivel de
orinal. Oh, pero lo hará. ¡Porque mi hermanito es brillante! Dos años y
medio, y ya es un niño genio.
Al menos, esa es la edad que ella pensaba que tenía. Hace treinta
meses, ella había sido encontrada vagando en las afueras de Houston,
vistiendo una túnica negra y diciendo “galimatías”. Llevaba a Thaddie
entre sus brazos, siseando a cualquier persona que tratara de quitárselo.
Antes de ese día, ella no tenía recuerdos.
Los doctores habían estimado que él era un recién nacido y que ella
tenía ocho años. Un traumatismo craneal figuraba como la causa de su
pérdida de memoria.
Ningún padre había venido a reclamarlos. Malditos.
Sintiendo el hundimiento de su estado de ánimo, Thaddie hizo que
su muñeco Spidey besara la mejilla de Jo. —¡Muack! —Sonrió de nuevo. El
chico adoraba mostrar sus nuevos dientes.
Mientras que Jo rápidamente se burlaba de cualquiera, él
balbuceaba saludos a todo el mundo, invitándolos a jugar con su juguete.
Si alguna vez hubiera tenido un juguete de su propiedad, ella nunca lo
habría compartido con ninguna persona que no fuera Thaddie.
—¿Somos amigos? —Le preguntaba a cualquiera, parpadeando sus
grandes ojos color avellana hacia ellos, y —awws —lo seguirían.
La gente se enamoraba de él tan profundamente mientras odiaban a
Jo y a su “actitud hosca”, “apariencia enfermiza” y “expresión beligerante”.

10
—Él necesita un chequeo médico, —dijo MizB. —Y vacunas. Ambos
lo necesitan.
—Si a Thaddie no le gustara tanto, a estas alturas ya le habría
reventado la boca. Se da cuenta de eso, ¿verdad? —Ella pasó su manga
por debajo de la moqueante nariz de Thaddie. —Él está bien. Lo llevamos
bien. —Jo nunca había tenido la intención de hacerse tan dependiente de
esta mujer.
Hace un año, la pequeña biblioteca había parecido una buena
guarida para pasar el día.
Había planeado robar algunos comics, y lavarse a sí misma y a
Thaddie en el baño como el resto de las personas sin hogar lo hacían.
MizB había dispuesto alimentos para Jo y para Thaddie, luego
retrocedió, como si estuviera atrayendo a gatos salvajes.
Joder si eso no había funcionado. La mujer hacía un sándwich de
atún aceptable.
Habían vuelto al día siguiente, y al siguiente, hasta que Jo confió
realmente lo suficiente en ella para dejarle a Thaddie una hora de vez en
cuando.
Cuando Jo tenía que batallar contra los villanos.
A veces, batallar se ponía peligroso. Echó un vistazo a la ventana.
Demasiado caliente para quedarse aquí. Necesitaría un billete de
autobús. MizB vigilaría a Thaddie, y Jo podría ir a rondar a algunos
turistas. Hacer su parte para hacer sus vacaciones más memorables.
—Así que, ¿vamos a comer, o qué? —Una comida completa para el
camino no estaría mal.
—A su tiempo. —MizB se resistiría hasta que hubiera dicho su
verdad.
Ese pollo olía como crack frito. ¡MizB era una bruja! ¡Una a la que la
heroína y su valiente compañero tenían que resistirse!
Por mucho que a Jo le gustara la comida, odiaba la forma en que
Thaddie la engullía, como si supiera que sólo estaría recibiendo comida de
gasolinera hasta la próxima canasta. La hacía sentir como una mierda.
Entonces, ¿qué era lo que Jo iba a hacer cuando abandonaran esta
ciudad? ¿Quién haría de niñera de Thaddie? ¿Quién los alimentaría todos
los días?
—Puedes estar haciéndolo bien, —dijo MizB. —Pero podrías hacerlo
mejor conmigo y el señor B. —Su marido era un tipo de rostro rubicundo

11
cuya risa sonaba como si viniera de un barril. Recogía a su esposa frente a
la biblioteca y la dejaba cada día, viéndola caminar hacia la puerta como si
fuera una carga preciosa. Estaba claro que no le gustaba su trabajo en
uno de los peores barrios en Texas.
Cuando pensaban que nadie los miraba, unían sus meñiques.
Porque ellos eran herramientas. MizB olía a canela y sol, el señor B. a
aceite de motor y a sol.
Jo no tenía ningún impulso violento duradero hacia ellos -su grado
más alto de aprobación.
MizB continuó: —Pero no podemos adoptarlos a menos que regresen
de nuevo al sistema de acogida.
Sin señales de sus padres, Jo y Thaddie eran adoptables. Los
Brayden habían recibido el visto bueno para la adopción.
Jo no confiaba en el sistema. —¿Y qué pasa si usted y el señor B. no
nos consiguen? ¿Alguna vez le conté de mi primer “padre” adoptivo? Noche
uno, el grandísimo-imbécil metió su mano debajo de mis pantalones -antes
de que el maldito Late Show4 comenzara.
—¡Andisimo bécil! —Thad se hizo eco.
MizB frunció los labios. —Ese hombre es la excepción a la regla. Y
debiste denunciarlo. Otros niños pueden serle enviados.
—No. No hay posibilidad de eso. —Jo había incendiado la casa del
grandísimo-imbécil, utilizando el Zippo plateado que ella le había robado -
antes de que el maldito noticiero nocturno hubiera empezado.
La expresión sobre su rostro mientras él veía su casa arder aún la
hacía reír. Desde su lugar entre los arbustos, Thaddie había aplaudido con
sus manitas. Los incendios eran diversión gratuita. Pregúntale a ese jefe
de pandilla…
—¿Algo que deba saber? —Preguntó MizB.
—Nop. —No habría ningún sistema para ellos. Si los Brayden no
conseguían a los hermanos Doe, Jo y Thaddie serían separados.
Los doctores le habían diagnosticado trastornos que sonaban
acojonantes, y discapacidades; Thaddie estaba en el noventa y nueve por
ciento de todo lo bueno.

4 Late Show es un programa de conversación y variedad, nocturno (late night show) de televisión
estadounidense, emitido por CBS.

12
Sus ojos y piel tenían ictericia5. Thaddie tenía mejillas rosadas y ojos
brillantes. Cada vez que bajaba la capucha de su sudadera, más de su
cabello se caía. El de él caía en rizos.
Por dentro y por fuera, ella era tan mala y defectuosa como Thad era
bueno y perfecto. La única cosa que los hermanos tenían en común era el
color de su iris, ojos color avellana con motas azules.
—Si vienes a nuestra casa, sería para siempre. —MizB parecía más
feroz de lo que Jo alguna vez la había visto. —Nunca dejaremos que nadie
los aleje de nosotros. Seríamos una familia.
La opinión de Jo acerca de la mujer subió una muesca. Aun así,
dijo, —¿Ya terminamos? Carajo, mujer, aliméntanos.
MizB la fulmino con la mirada, pero desempaquetó el contenido de la
cesta. —Necesitas ir a la escuela.
—No, pasó. —Jo no sabía leer. Niños atrapados. Sus torpes intentos
de hacer amigos se habían ido por el desagüe, un pasatiempo que prefería
hacer fuera de un entorno estructurado.
Jo tenía a Thaddie; nada más importaba.
En un tazón para niños, MizB mezcló pedazos de pollo con puré de
patatas.
Thaddie se enderezó, con los ojos fijos en la comida. Su estómago
gruñó; la barbilla de Jo adoptó una mueca obstinada. Nota mental: Robar
más comida en la gasolinera entre cesta y cesta.
Espera… Cuando salieran hacia los Cayos, no habría más cestas.
Él estaba trepando por la silla alta incluso antes de que la mujer
hubiera esparcido pan de maíz desmigajado sobre el revuelto de pollo. No
iba a entregárselo hasta que él aceptara una cuchara para niños que ella
le ofrecía.
—Como te enseñamos, Thaddeus.
—¿Nosotros? —Jo resopló. —Dos manos, diez dedos. ¿Para qué
necesita una cuchara?
Una vez que Thaddie estuvo paleando la comida a su boca, MizB
empezó otra vez. —El señor B. y yo nos despertamos de noche
preocupados por ustedes dos aquí afuera. —Ella y su esposo vivían en un
barrio residencial. Ginormous yard. La mujer le había mostrado a Jo un
mapa, y luego retuvo la barbacoa hasta que Jo pudo recitar la dirección.

5 Coloración amarillenta de la piel y las mucosas que se produce por un aumento de bilirrubina en
la sangre como resultado de ciertos trastornos hepáticos.

13
Si MizB supiera una fracción de lo que sucedía en estas calles…
Pero Jo lo veía todo.
El jefe de la pandilla local era el peor. La gente de la calle lo
llamaban el Muro debido a su complexión esteroidal, pero también porque
le gustaba joder a sus prostitutas desde atrás; en otras palabras, su
espalda estaba siempre contra él. Jo lo apodó Wally6.
Andaba con un par de hermanos llamados TJ y JT. Por razones
inteligentes. Las putas llamaban al hermano mayor Nudillo a sus espaldas
ya que su polla tenía la longitud de un dedo de nudillo a nudillo. El
hermano menor ni siquiera se merecía un apodo de alguna parte del
cuerpo. El cuarto compinche era llamado Nadie. En otras palabras:
“¿Quién lo hizo?” “Nadie”.
Las chicas entraban en la guarida de Wally de una forma, y después
de que los gritos sonaban, salían tambaleándose de una forma diferente.
Lo que fuera que los cuatro estaban haciendo en esa casa hacía que las
chicas abandonaran toda resistencia. Lo cual era imperdonable.
Jo adoraba la lucha. Soñaba con ser una súper-heroína, de cómic –
sólo para tener una excusa para estropearle los planes a la gente. Sin
súper-poderes en el horizonte, se había lanzado a una guerra de guerrillas
de una sola chica, pateando el hormiguero y corriendo.
Había empezado con cosas pequeñas. Una barra de mantequilla por
debajo de la manija de la puerta del coche de Wally. Un poco de
allanamiento de morada para untar el asiento de su inodoro con
pegamento. Luego arena en el tanque de gasolina del Monte Carlo.
Podía aguantar los riesgos, pero tenía un niño en el que pensar.
Entonces, ¿por qué no podía detenerse? Era como si un instinto la obligara
a localizar una presa, acecharla, y entonces hacerle daño.
Había asestado un golpe mucho más grande anoche, poniendo fin a
la puerta giratoria del mal de Wally. Ella sonrió.
Cuando un coche retumbó por una calle lateral cercana, su sonrisa
se desvaneció. Muuuuuy muy caliente. Podía sentir el aliento del dragón.
—Ven, quédate con nosotros, Josephine. Sólo pruébalo, —dijo MizB.
—Hay sólo un número limitado de veces que puedo verte salir de aquí
antes de que yo haga algo.
Jo se quedó inmóvil. Le dirigió a la mujer la misma mirada
atemorizante que le había dirigido a ese grandísimo-imbécil padre
adoptivo, la mirada que consiguió que alejara de un tirón su mano y

6 En ingles Muro es wall, Jo lo modifica por wally que es idiota.

14
retrocediera. —Nos denuncia, y me llevaré a Thaddie justo como siempre lo
hago, y me lo llevaré tan lejos que nunca lo volverá a ver. ¿Estamos claros?
Ya vas a hacer eso, Jo.
¿Cómo reaccionaría MizB? Probablemente eso la quebraría. Lo cual a
Jo no le importaba. En absoluto. El trabajo que Jo era esperar al número
uno.
—No tengo ninguna duda. Es por eso que detengo mis dedos para no
marcar el número de los Servicios de Protección Infantil cada día.
—Yo soy su mamá, —dijo Jo, mientras Thaddie paleaba la comida de
la mujer en su boca.
MizB dijo suavemente: —Una madre querría lo mejor para su hijo.
Parecía razonable, pero en este caso así era la cosa: Jo era salvaje.
No podría vivir bajo el techo de otra persona, siguiendo las reglas de otra
persona.
Las reglas no se aplicaban a Jo y nunca lo habían hecho.
No podría compartir a Thaddie con una mujer que
desesperadamente quería ser su madre.
Él es mío, no de ella. Él era lo primero para Jo.
Pero una pequeña parte de ella le decía, Thaddie no es salvaje. Aún
no. A veces Jo tenía sueños acerca de él con los Brayden. Los tres como
una familia.
Esos sueños le parecían extraños, porque ella no estaba en ellos.
Habiendo tenido suficiente con esto, Jo atrapó una pierna de pollo y
se levantó. —Tengo que largarme. Volveré en una hora o menos. —Ella se
abalanzó para besar a Thaddie. —¡Muack! —Entonces le susurró, —Si la
perra intenta algo, le das.
Él asintió con la cabeza alegremente. Relamiéndose el pan de maíz,
dijo, —Adiós, JoJo.
MizB la acompañó hasta la puerta. —¿Sales a toquetear bolsillos de
nuevo?
—Sí, ¿quiere que agarre algo para usted mientras estoy fuera?
Pero la mujer hablaba realmente en serio. —¿Cómo puedes tocar a
un niño tan inocente y bueno cuando tus manos no están limpias?
Jo metió la pierna de pollo en su boca, levantando ambas manos.
Alrededor del muslo, dijo, —Están tan limpias como pueden estarlo.

15
—Eso no es cierto, Josephine. Creo que has olvidado que sólo eres
una niña pequeña.
—¿Niña pequeña? He sido un montón de cosas, pero esa no es una
de ellas…
En la calle, Jo la imitó, —¿Cómo puedes tocarlo? Blabla BLA blabla.
—Arrancó un bocado de pollo, odiando lo bueno que estaba.
Dobló la esquina. Se detuvo en seco y tragó saliva. El pollo cayó de
sus dedos fláccidos.
Un cañón de pistola apuntaba a su rostro.
Wally.
Detrás de él estaba su trío de amigos gilipollas. Todos viéndose
pirados, con los ojos locos inyectados en sangre.
El pelo largo y fibroso de Wally, se había chamuscado, y el sudor se
vertía por su rostro ampollado. —La gente ha estado diciendo que la chica
pálida espeluznante siempre está jodiendo conmigo. —Sus palabras eran
balbuceos, y el arma temblaba en su mano vendada. —La gente ha estado
diciendo que ella estaba furtivamente rondando mi casa anoche. Así que
voy a preguntarle a la chica pálida espeluznante una vez: ¿por qué mi
maldita casa se incendiaria anoche -con nosotros dentro?
Oh. Mierda. —¿Olvidaste tu hervidor de agua encendido de nuevo?
—Respuesta incorrecta, perra. —Él apretó el gatillo, y todo el mundo
se volvió oscuro.

¡Wally le había disparado a Jo en el rostro! Entonces, ¿cómo estaba


viva? ¿Y dónde estaba?
Maldita sea, su cuero cabelludo picaba como loco. Se rascó…
¡Un pedazo arrugado de metal estaba brotando… brotando de su
frente! Sofocó un grito mientras lo sacaba. Inmediatamente su visión se
aclaró.
Agarró la cosa entre sus dedos. Reconociéndola. ¡Una bala mellada
acababa de salir de su cráneo!

16
Encontró otras atrapadas en su cabello. ¿Arrojadas de su cabeza
también? Las recogió junto con las dos que habían estado en su boca. En
sus palmas ahuecadas sostenía seis balas.
Pero estoy viva. ¿Soy… a prueba de balas?
SOY una súper-heroína. (¡Secretamente ella siempre lo había sabido!)
Guardó las balas, entornando los ojos. Era la hora de la venganza.
Saltó de la mesa, o lo intentó. Flotaba sobre sus pies –sus pies que no
tocaban el suelo.
Abrió la boca mirando hacia abajo, a su cuerpo. Llevaba sus mismas
ropas, pero su tenue contorno parpadeaba. Echó un vistazo a la mesa. En
lo alto de ella, había una bolsa de plástico con la cremallera cerrada hasta
arriba en posición horizontal. ¿Esto era una morgue? Otros cuerpos en
bolsas estaban alineados en las mesas, esperando por lo que fuese que
sucedía en las morgues de mierda.
La comprensión la inundó.
Yo estaba en esa bolsa vacía.
Porque morí.
Soy un… fantasma.
Su mirada se movió deprisa ¿Cómo demonios iba a cuidar de
Thaddie?
Seguramente MizB lo había llevado a su casa después del tiroteo.
El tiroteo de Jo.
¡Wally y su pandilla me mataron! ¡Esos cabrones! Apretó los puños y
gritó. Las luces sobre su cabeza se rompieron, lloviendo vidrio.
¡Perseguiría a Wally hasta que se volviera loco, volvería a todos locos!
Necesitaba lastimarlos… ¡AHORA!
De repente sintió movimiento, como si estuviera siendo arrastrada
por el aire. Parpadeó; su entorno había desaparecido, reemplazado por el
vecindario. Estaba de pie frente a la casa todavía humeante de Wally.
¿Se había… teletransportado aquí? ¡Claro! Porque se suponía que
debía vengarse. Eso es lo que hacían los fantasmas. Una vez que terminara
esto, iría a recoger a Thaddie; encontrarían una espeluznante mansión
abandonada en alguna parte. Vivirían felices para siempre y toda esa
mierda.
Primer paso: saldar la cuenta con Wally. Comenzó a caminar/flotar
sobre las grietas de la acera. ¿Por qué este movimiento parecía tan

17
familiar? ¿Por qué la aparición de su forma fantasmal no la estaba
volviendo loca?
Había algo tan apropiado en su nueva forma, como si ella debiera
estar volviéndose loca con su existencia todos los años anteriores.
Niños sin hogar y fugitivos, otras ratas callejeras como ella, se
asomaban por los cobertizos y coches abandonados. Sonaban jadeos
mientras recorría su camino a lo largo de la calle.
Así que los fantasmas eran visibles para las personas. ¿Conocería a
otros fantasmas?
Oyó los susurros de los niños. Todos sabían que Wally la había
matado. Algunos habían visto como su cuerpo había sido metido en una
bolsa.
Una prostituta en la esquina no la vio venir y caminó hacia atrás
directamente hacia -o a través- de Jo. Sus cuerpos se enredaron, y de
repente Jo estaba dentro de ella, compartiendo sus movimientos mientras
la mujer se estremecía.
Era como si Jo fuera un cangrejo ermitaño con un caparazón en
forma de prostituta. No podía sentir nada a través de la piel de la mujer,
pero podía hacerla moverse.
¡Impresionante!
Cuando Jo salió del caparazón desenredándose a sí misma, la mujer
se dio la vuelta con una mirada de terror en su rostro.
Pasó un momento antes de que ella registrara lo que estaba viendo.
—¡Oh, Dios! —Ésta se tambaleó hacia atrás, haciendo la señal de la cruz.
—¡Moriste! El Muro te disparó.
—Eso no pasó. —La voz de Jo sonaba fantasmal y hueca. —¿Dónde
se está quedando Wally ahora?
La mujer farfulló, —U-unas cuantas casas más abajo de su antigua
guarida.
Jo caminó-flotó en esa dirección. Otros la siguieron a cierta
distancia, con los ojos muy abiertos, como si no pudieran evitarlo.
Encontró el alojamiento, con el dragón custodiando la guarida.
Sonaban voces en el interior, la de Wally entre ellas.
Sus uñas se alargaron y se afilaron. Eran negras, y dolían.
¿Los fantasmas tienen garras?
Trató de teletransportarse a la casa, pero su cuerpo no se movió, por
lo que flotó-caminó hasta el porche, deteniéndose en la puerta principal.

18
¿Podría llamar? Ellos probablemente no le abrirían. Tal vez podría
“fantasmear” por la casa, como lo había hecho dentro del caparazón de
prostituta.
Con un encogimiento de hombros, Jo flotó hacia adelante y pasó a
través de la puerta.
¡Anotación! Allanamiento de morada ahora simplemente sería entrar.
En la guarida, los paquetes de heroína y armas cubrían la mesa de
café. Ya habían reemplazado todas las armas y las drogas. Unas bolsas
con ropa nueva estaban esparcidas por toda la casa.
Estos grandísimos-imbéciles habían instalado unas cuantas puertas.
Incendiar su agujero los había vuelto inteligentes.
Jo apretó los puños. Sólo había venido aquí para asustar a la
pandilla, gimiendo boo-boo y hacerlos correr. Pero la rabia se apoderó de
ella.
Sus garras dolían por desgarrar a alguien.
Cuando las luces parpadearon, Nudillo y los otros dos levantaron la
vista. Viendo a Jo. Sus bocas se movieron sin palabras…
Se abalanzaron por las armas.
Con un grito, ella voló hacia Nudillo. —¿Vas a dispararme? —Lo
acuchilló con sus garras. Medio esperando que sus dedos pasaran a través
de su torso, sin embargo aparecieron cuatro profundos cortes sobre su
vientre.
Ella jadeó. Sus garras goteaban con su sangre. ¿Podría volverse
sólida cuando quería?
Él se agarró su ensangrentado estómago, pero las tripas se le
deslizaban entre sus dedos como anguilas. Sus rodillas se encontraron con
la alfombra mojada de sangre, y luego se derrumbó.
¡Acabo de destripar a un tipo! Los superhéroes no matan a la gente.
Ni siquiera a la gente mala.
Debería estar gritando, sin embargo, todo esto se sentía natural.
Esta soy yo. Soy un fantasma. Lastimo a los tipos malos.
No, yo los cazo.
La comprensión la golpeó. Siempre había estado cazando.
He estado esperando por esto. Toda. Mi. Vida.
JT y Nadie se apresuraron hacia la puerta, apenas consiguiendo
abrirla. Ella flotó tras ellos, capturándolos en el porche. Fácilmente

19
arrastró a ambos hombres adentro. Les guiñó un ojo a los chicos reunidos
en la calle, y luego cerró la puerta.
Ambos gritaron mientras los atacaba. El color rojo cubrió su visión,
una especie de instinto animal tomando el control. Mientras cortaba, la
sangre la salpicó; su cabeza daba vueltas.
Entonces se dio cuenta de que ninguno de ellos se movía. Me cargué
a tres tíos.
Sus orejas se agitaron y oyó un gemido desde un cuarto de atrás.
Wally.
Vayamos por el cuarto. Él debió asomarse y ver a Jo cargarse a su
pandilla.
Ella fantasmeó por la puerta a otra habitación. —Oh, Wall-ee…
Respiraciones ahogadas sonaban debajo de la cama.
Flotó hacia abajo hasta que estuvo directamente a la altura de él. —
¡Psst!
Él giró bruscamente la cabeza y gritó de horror. Como una rata, se
escurrió hacia el otro lado de la cama.
Ella flotó hasta quedar en posición vertical, tomándose su tiempo. Él
apuntó otra gran arma hacia ella y disparó, descargando todas las balas.
Cuando pasaron a través de ella hacia la pared, se meó encima.
Quería mirarlo a los ojos, para hacerle comprender lo que había
hecho.
Se sintió en movimiento, desapareciendo y reapareciendo justo en
frente de él. Práctico. Flotó más alto para atrapar su mirada. —No deberías
haberme disparado.
—N-no volveré a hacerlo, —dijo, lloriqueando.
—Respuesta incorrecta, pendejo. Te veré en el infierno. —Lo haría.
Nadie podía disfrutar de la caza tanto como ella y no terminar allí…
Él balanceó un bate que había ocultado detrás de su espalda; su
mano salió disparada por reflejo, sorprendente.
La sangre brotó de su garganta. El bate cayó cuando él apretó su
cuello.
Chorros carmesí se escaparon, rociándola.
Sus pies tocaron el suelo, su cuerpo solidificándose, como si fuera a
recibir una ducha. Su apetito saltó. Sus dientes le dolían. Podía jurar que
eran más afilados. Mientras él la miraba en estado de shock con los ojos
vidriosos, ella levantó la cara con curiosidad y separó los labios.

20
La primera gota golpeó su lengua. ¡Delicioso! Sus ojos rodaron
mientras la sangre llenaba su boca.
La engulló con un trago. Estoy bebiendo la sangre de Wally. Parte de
ella estaba asqueada, pero a medida que el calor se deslizaba por su
garganta, el poder la inundó.
Sus sentidos volvieron a la vida, sus ojos recogiendo nuevos colores,
como si tuviera la visión infrarroja de los cómics. El murmullo del
alumbrado distante zumbaba en sus oídos. Podía oler la carnada de la
bahía.
Cuanto Wally se derrumbó, oyó su último latido.
Dio un grito cuando su sudadera comenzó a atirantarse sobre su
pecho, su cremallera desgarrándose. La cintura de sus jeans rota en los
costados. ¿Qué me está pasando? Corrió al cuarto de baño, desgarrando
con sus garras la apretada ropa. Estaba ardiendo. ¿Por la sangre?
Buscó la ducha y giró el grifo, tan fría como ella podía aguantarla.
Mientras se lavaba los restos de la pandilla, sus palmas se deslizaron
sobre su piel. Se había vuelto suave como la seda, el color ictérico se había
desvanecido.
Su boca se quedó abierta al mirar su cuerpo. ¡Se había rellenado, ya
no tenía una delgadez enfermiza! No había ningún hueso sobresaliendo.
¡Incluso mejor, ella tenía toneladas de energía! Salió de la ducha y cruzó el
baño dirigiéndose al lavabo caminando dando saltos.
Se quedó mirando su reflejo. Una chica extrañamente bonita con
brillantes ojos negros y un corazón más negro le devolvió la mirada.
Manchas oscuras resaltaban su mirada como un recargado
delineador de ojos, y ahuecaba sus mejillas. Sus labios carnosos eran rojos
como la sangre.
Con tropiezos, intentó regresar a su forma de “fantasma”. Se volvió
completamente invisible, luego se encarnó de nuevo alcanzando un grado
de palidez. ¡Funcionó! Los círculos alrededor de sus ojos se profundizaron
y sus labios palidecieron, pero incluso con esa apariencia era bonita.
¿Para parecer y sentirse así, todo lo que tenía que hacer era robarles
la “sangre vital” a otros?
Había vuelto como fantasma; ahora ella era una bebedora de sangre
también. Un vampiro.
No, no, ella no era una súper-heroína.
Jo mostró un colmillo ante el espejo. Soy una maldita villana.

21
Su corazón se disparó. Esta era la historia de su origen. ¡Iba a ser
una leyenda (Secretamente lo había sabido también)!
Entonces su corazón se hundió. Thaddie. Tengo que llegar junto a él.
Mierda, necesitaba ropa.
Rebuscó a través de las bolsas hasta que encontró las ropas más
pequeñas de JT.
Se puso unos pantalones de chándal, enrollándolos y atándolos
ajustados, entonces tomó un jersey.
Con su venganza hecha, la urgencia de encontrar a su hermano la
abrumó. ¿Podría teletransportarlo a él también?
Imaginó a MizB en alguna casa en los barrios residenciales. Nada. Jo
se esforzó para teletransportarse. No se movió ni una pulgada. Lo hizo, a la
vieja usanza. Salió de la casa, corriendo hacia el barrio que MizB le había
mostrado en un mapa en la biblioteca. Más allá de la interestatal, más allá
de la torre, más allá del estanque…
Justo cuando Jo pensó que había llegado al máximo de su velocidad,
la aumentó. Los árboles y las casas zumbaban. ¡Ella era como un cohete!
En cuestión de minutos, había llegado a las afueras del barrio.
Levantó el rostro para olfatear el viento.
Thaddie. Cerca. Siguió su rastro a una lujosa casa. Afuera, saltó a lo
alto de un árbol, mirando detenidamente a las ventanas. ¡Lo vio! Estaba
dormido en lo que parecía un dormitorio de invitados. Se imaginó sentada
a su lado en la cama; de repente, lo estaba.
Voces adultas murmuraban poco más allá de la puerta. Los
Brayden.
Dios, Thaddie se veía tan pequeño y vulnerable bajo las sábanas, su
muñeco Spidey aferrado en su pequeña mano. ¿Y si hubiera estado en la
Thadmochila cuando Wally había atacado? ¿Y si él hubiera… muerto?
La Jo más emocional llegó, cuando oscilaba más entre fantasma y
corpórea. Tenía que sacar a Thaddie de allí antes de que los Brayden la
vieran.
—Despierta, hermanito, —susurró.
El parpadeó abriendo los ojos, sentándose en la cama.
—Tenemos que irnos, Thaddie.
Sus cejas se juntaron. Oyó la carrera de su latido. —Tú no eres
JoJo.
No podía verse tan diferente. —Soy yo, nene.

22
— No JoJo, no JoJo, —repitió mientras se arrastraba lejos de ella.
—Soy yo. Spidey me conoce. —Tomó el muñeco, para conseguir un
beso en la mejilla.
Thad se lo arrebató, gritando: —¡Tú no eres JoJo! ¡No JoJo! ¡NO
JOJO!
Ella se echó hacia atrás con confusión, sus palmas levantadas; la
puerta se abrió de golpe. Los Brayden.
MizB jadeó ante Jo, y luego se abalanzó sobre Thaddie en la cama.
El señor B. los empujó detrás de él, su fuerte brazo protegiéndolos.
¿De mí?
—Oh, Dios mío, —MizB murmuró, mientras Thaddie la apretaba
como a una cuerda salvavidas. —Moriste.
Jo asintió.
—Hay que avanzar. —El señor B. tragó. —O a-algo.
Los tres parecían… una familia.
La voz de Jo se quebró cuando dijo, —¿Thaddie?
Él no la miró, enterrando su rostro en el cuello de MizB. Jo llegó
hasta él, pero sus dedos pasaron a través de él. Tratando y tratando de
agarrar a su niñito.
Los Brayden lo protegieron, MizB gritando, —¡Aléjate de él, tú,
fantasma o… o demonio! ¡Vuelve al infierno de donde viniste!
¡No, Thaddie es mío! Cuando él gimió como si le doliera, los ojos de
Jo se aguaron. Les dijo a los Brayden, —Conseguiré resolver esto. Pero
volveré por él.
MizB susurró: —No lo hagas.
Jo flotó hacia adelante, anhelando un último roce de los rizos de
Thaddie… pero ella no sintió nada. No lo podía tocar, no lo podía abrazar.
Su Thaddie. Un sollozo escapó de sus labios. Morí después de todo.
Y esto es el infierno.

23
Dos

Traducido por: Alhana


Corregido por: Maxiluna

DIEZ MESES MÁS TARDE

F inalmente llegó el momento de recoger a su niño.

Jo fantasmeó hacia la casa Brayden, parándose fuera de una


ventana, escaneando en su busca entre la gente hacinada en las
habitaciones. Todos estaban vestidos de negro, hablando en voz baja.
Sacaría a Thaddie esta noche, no podía soportar más la separación
sin arrancarse el cabello…
Durante el primer par de meses, ella fantasmeó alrededor de la casa,
cerniéndose sobre él mientras los Brayden lo mimaban con toneladas de
juguetes y un cachorro, y todas las cosas que Jo había querido darle. Su
muñeco Spidey lavado estaba sentado en un anaquel de juguetes,
enterrado entre todos los demás.
Si Thaddie la llamaba, Jo había estado allí en un instante, nunca
mostrándose a sí misma. Sin embargo, al mismo tiempo, su presencia
parecía trastornarlo.
Había encontrado la Thadmochila en un armario y la había robado
otra vez –abrazándola como una idiota.

24
Durante el siguiente par de meses, había tratado de retroceder,
cuidándolo desde la distancia. Otros niños venían a jugar, y él siempre
estaba tan emocionado, finalmente, tenía las “amistades” que había
anhelado. Corriendo alrededor del perfecto patio trasero de los Brayden
con el cachorro en sus talones.
Su hermanito la llamaba cada vez menos.
Mientras Thaddie crecía como la mala hierba y se reía cada vez más,
Jo lo llevaba peor, no más cerca de entenderse a sí misma o de controlarse
-o controlar su efecto fantasma. Claro, podría flotar directamente a su
habitación, pero ¿cómo podía agarrarlo cuando ella era sólo aire?
Decidida a llegar hasta el fondo de su transformación, había
regresado a la ciudad. El banco de sangre del hospital la había atraído.
Después de hartarse de bolsas, había conseguido que su cuerpo volviera a
solidificarse.
Supuso que era lo que los vampiros hacían. A pesar de que eso la
hacía preguntarse por qué todavía podía salir al sol.
Más fuerte gracias a beber, había practicado el cambio de modo
fantasma a cuerpo sólido y de regreso. Con el tiempo, pudo hacer cosas de
fantasma. Cualquier cosa que tomaba se volvía aire como ella, pero se
volvía sólida tan pronto como la soltaba: bolsos de los coches, ropa de las
tiendas, un gato enojado.
Había trabajado duro en ello hasta que se sintió segura de que
podría robar a Thaddie.
Pero en el fondo, sabía que él estaba mejor con dos padres y su
cachorro atesorado. Por lo que había reunido en un cordón las balas
deformadas de su “muerte” para hacer un collar. Si la tentación volvía,
tocaba las balas, recordándose a sí misma que no estaba bien.
MizB había alejado a Jo por una razón. Y la mujer ni siquiera sabía
que Jo era una fantasma/vampiro asesina.
Así que pasaba el rato en la morgue, esperando que alguien como
ella flotara fuera de una bolsa de plástico, pero nunca había sucedido.
Había intentado tanto mantenerse alejada…
Entonces la semana pasada, había visto que el forense trabajaba en
un cadáver.
Era el señor B.
Muerto en un accidente de trabajo. Nunca se levantó, sólo se quedó
muerto.
Era una señal para que Jo volviera. ¿Seguramente?

25
Los Brayden ya no eran mejores que Jo simplemente porque no
estaban ambos, y MizB no estaría en condiciones para criar a un niño por
su cuenta. Jo lamentaba que la mujer perdiera a su marido y a Thaddie
todo al mismo tiempo, pero no podía aguantar esto por más tiempo.
Había decidido dejar que Thaddie asistiera al funeral del señor B. el
día de hoy, pero luego se lo llevaría. Una vez que MizB lo pusiera en la
cama, Jo iría por él. Tenía la Thadmochila con ella y todo.
Ella podría ser tan buena madre como MizB. Podía proteger a
Thaddie, era lo suficientemente fuerte como para levantar un maldito
coche. Rondar a la gente por dinero nunca había sido tan fácil, por lo que
le podría comprar juguetes. Y no había matado a una sola persona, desde
la primera noche. ¡En defensa propia, a veces aplastaba las bolas de los
tipos como uvas -pero cero asesinatos!
Estiró la cabeza. ¿Dónde estaba? El sol no tardaría en ponerse. ¡Ahí
esta!
Estaba corriendo por la habitación, vestido con un trajecito negro
con mechones de pelo de perro en los pantalones.
Observando la mochila y luego a Thaddie, se dio cuenta de que él
nunca cabría. Tal vez podría meter al perro allí.
Tomaría la mano de Thaddie, y los tres juntos en forma fantasmal se
irían lejos.
Él trepó hasta sentarse en el regazo de una mujer mayor. Jo había
visto a la señora de visita antes. Era la madre de MizB, la “Abue” de…
Thaddie. La anciana le estaba explicando que iba a vivir allí de ahora en
adelante y ayudaría con la casa.
¿No era eso conmovedor? Jo apretó la mochila. ¡Él es mío! Sintió su
collar frío y pesado alrededor de su garganta.
Nubes tormentosas se reunieron, los truenos retumbando. Jo miró
al cielo. A diferencia de ella, Thaddie no debería estar bajo la lluvia.
MizB entró en la habitación, con los ojos hinchados. Debía sentirse
como la mierda, pero no estaba llorando, y su vestido y cabello estaban en
perfecto estado.
Thaddie se arrastró del regazo de la anciana al de MizB. Mirándola
fijamente con sus grandes ojos color avellana, le preguntó: —Mamá, ¿a
dónde fue papi?
Jo se balanceó, su aliento salió de golpe de sus pulmones. ¿Mamá?
Las lágrimas brotaron y se derramaron. Nunca había llamado a Jo así.
Si ella se lo llevaba hoy, Thaddie perdería un padre y una madre.

26
¿Lo estropearía esto más allá de toda esperanza?
Las nubes se abrieron, la lluvia cayendo tan rápido como sus
lágrimas. Las gotas derramándose a través de ella; debió de haber entrado
en modo fantasma sin darse cuenta.
MizB envolvió sus brazos alrededor de él. Los celos arañaron a Jo
cuando se acurrucó contra la mujer con tanta confianza. Jo se encontró
agarrando la Thadmochila contra su pecho.
Manteniendo el labio superior rígido, MizB respondió: —Oh, cariño,
¿recuerdas? Papi se ha ido al cielo para estar con JoJo.
Cuchillada en el estómago. Cuchillada en el estómago. Cuchillada en
el estómago.
Jo estaba parada bajo la tormenta que empeoraba, con el corazón
encogido -había llegado a una conclusión sobre el futuro de Thaddie.
No estaré allí.
Presionó su palma sobre la ventana. Aunque no hubo ninguna
huella, ella quiso que él se girara en su dirección, para verla.
Pero no lo hizo.
Mas lágrimas se vertieron, abrazó la Thadmochila más fuerte. Entre
sollozos, susurró: —Adiós, Thaddie. —Se dio la vuelta, sin idea de a dónde
ir.
Al caer la noche, fantasmeó por la carretera solitaria sólo con la
tormenta como compañera…

27
Tres

Traducido por: Maxiluna


Corregido por: Alhana

Dimensión de Tenebrous,
Castillo Perdishian, capital de Los Elserealms

S eres de poder se agitaban resonando en la fortaleza mientras


Rune Darklight recorría su camino a través del inmenso castillo negro.
Él era el único Møriør que permaneció despierto durante los últimos
cinco siglos y era su tarea despertar a los demás cuando Tenebrous se
hubiera posicionado, a través del tiempo y el espacio, para acercarse a su
destino: Gaia.
También conocida como la Tierra. Rune había emitido la llamada
telepática unos momentos antes.
Con sus botas haciendo clic a través del antiguo suelo de piedra,
entró en la sala -una cámara de guerra con una enorme mesa en forma de
estrella y una pared de cristal a prueba de explosiones.
Al otro lado del cristal, contra una pizarra de negro vacío, las
imágenes de los distintos mundos brillaban, como si fuera un proyector de
cine.

28
Tomó uno de los doce asientos vacíos en la mesa, apoyando sus
botas en la dorada superficie mientras esperaba a sus aliados. O al menos,
esperaba a cinco de ellos. Dos asientos quedaban vacíos, y cuatro Møriør
permanecerían durmiendo; teniendo en cuenta su naturaleza, esperar
para darles rienda suelta sobre Gaia era lo mejor.
Abyssian Infernas, príncipe de Pandemonia, fue el primero en unirse
a Rune.
Sian, como sus compatriotas lo llamaban, tenía más de dos metros
trece de altura y musculo, con cabello largo y negro. Llevaba bandas de
cuero sobre su ancho pecho y un pantalón escocés oscuro.
Rune podía admitir que el príncipe de los infiernos era tan
perversamente guapo como el demonio que lo había engendrado a él.
Sian volvió sus ojos verdes hacia la pared de cristal. —Bueno,
todavía tenemos algunos días antes de salir. Nos da tiempo para
prepararnos. —Él se sentó a la mesa. —No he estado en la Tierra en
mucho tiempo.
—Mucho ha cambiado. Como pronto verás. —Rune había sido los
ojos y oídos de los demás en los últimos cinco siglos, documentando cada
uno de los reinos que había visitado. Una vez que sus aliados fueran
convocados, tendrían que hurgar en sus recuerdos, actualizando su
lenguaje y aprendiendo sobre estos nuevos tiempos en los que se llevaría a
cabo la guerra.
Verían algunas escenas gráficas; Rune había pasado la mayor parte
de sus años atiborrándose de delicadas ninfas.
Por costumbre, sacó una flecha del carcaj atado a su pantorrilla.
Golpeó el dedo índice en la punta de la flecha, recogiendo un poco de
su negra sangre para dibujar símbolos en la vara. Con esas runas
demoníacas, podría enfocar su magia fey, amplificando una flecha regular
en una de poder.
Allixta, la Dama Mayor de las Brujas y la más reciente Møriør, entró,
paseándose hacia la mesa. Cómo podía caminar en un vestido tan ceñido,
desconcertaba a Rune. Una pregunta para la posteridad. —¿Estamos
finalmente aquí? —Curses, su familiar, la seguía detrás. La criatura era de
una raza Elserealm pantera, así que sus grandes bigotes rozaron los
hombros de Allixta.
—Lo suficientemente cerca para despertar, —respondió Rune.
Ajustando el ala de gran tamaño de su sombrero de bruja, se hundió
en su silla.

29
Curses saltó encima de la mesa, reclinó su gigantesca complexión,
entonces le siseo a Rune.
Rune le siseó en respuesta, dejando al descubierto sus colmillos
demoniacos.
—¿Esto es para lo que me he despertado, baneblood? —Allixta miró
hacia su flecha. —¿Por qué derramas tu repugnante veneno en presencia
de los demás? ¿Tienes la intención de ofender?
Rune detuvo su dibujo. Como fey oscuro, tenía una venenosa sangre
negra, mortal, incluso para los inmortales. —Mi querida Allixta, si he
causado ofensa, fue hecha inconscientemente -pero es un hecho
bienvenido.
Blace, el vampiro más antiguo, de repente apareció en su lugar en la
mesa, con una copa de hidromiel con sangre en la mano. Su cabello
castaño oscuro estaba recogido en una cola ordenada, y llevaba un traje
impecable, aunque la camisa, corbata, jubón y calzas eran de siglos atrás.
—Buen despertar, amigo, —dijo Rune. Le gustaba el vampiro. Blace
siempre era un conciliador bienvenido. Era moderado en sí, y por lo
general acertado.
Blace bebió su bebida. —Me pregunto qué lugares nos mostrará esta
vez tu mente.
Darach Lyka, el primer hombre lobo, entró en la cámara, todavía
transformándose de su forma lobuna. El lobo primordial sólo usaba unos
pantalones escoceses y llevaba una túnica arrugada en un puño. Rune
tenía poco en común con el silenciosamente intenso Darach –aparte de un
odio mutuo por Allixta- por lo que Rune lo respetaba.
El mejor rastreador en los mundos, Darach había demostrado ser
invaluable localizando objetos mágicos. Y en las pocas ocasiones en las
que había dominado a su bestia y fue capaz de comunicarse con más
facilidad, había compartido su entusiasta visión, demostrando un cinismo
sorprendente para un hombre que había resucitado de entre los muertos.
Ahora Darach luchaba para recuperar su cuerpo humano,
compactando su cuerpo de hombre lobo de dos setenta y cuatro de altura.
Con los colmillos rechinando, apretó sus puños fuertemente, sus huesos
colocándose en su lugar.
Cada transición le era más difícil. Un día Darach se transformaría en
una bestia y no regresaría jamás. A menos que encontrara una manera de
mantener su forma humana. ¿Tal vez en el reino Gaia?

30
Además de los objetivos generales de los Møriør, cada uno de ellos
codiciaba algo de la Tierra y de sus planos interconectados, y habían
viajado a través del universo para recopilarlos.
La mayoría pensaba que Rune quería el trono de su mundo natal.
No, sus deseos corrían mucho más oscuros que eso. Tan oscuros como su
negra sangre antinatural...
Su señor, Orion “el Undoing7” fue el último en ser convocado. Él era
un ser de origen desconocido, pero Rune creía que era por lo menos un
semidiós.
Tal vez una deidad completa, o incluso una Deidad Mayor.
La apariencia y olor de Orión habían cambiado; los alteraba con
regularidad.
Hoy era un demonio alto y rubio. En su última reunión, había sido
un gigante de cabello negro.
Se trasladó a la pared de cristal sin decir una palabra. Podía
permanecer en silencio durante una década. Ante él, esa línea de los
siempre cambiantes planetas flotaba por la fortaleza pasando uno tras
otro.
Ahora que todos los Møriør habían despertado para la reunión, los
otros comenzaron a cavar en la mente de Rune. Su vínculo mental era tan
fuerte, que podían incluso hablarse entre sí telepáticamente.
Abrió sus recuerdos ampliamente para ellos, ofreciéndoles acceso a
casi todo, por lo menos después del primer milenio de su vida. Trabajó
para ocultar el anterior tiempo de traiciones y violación.
Al cabo de algunos instantes, Blace levantó una ceja aprobadora. —
¿Una docena de ninfas en una noche?
Rune sonrió. Se había acostado con miles de ellas, era uno de los
favoritos a lo largo y ancho de las bandadas de Nymphaes. Eran excelentes
fuentes de información.
—Esa fue sólo la primera ronda. El verdadero libertinaje comenzó un
día después.
Blace sacudió la cabeza con tristeza. —Ah, el vigor de la juventud. —
Rune tenía siete milenios de antigüedad -joven en comparación con Blace.
—Vienes arrastrando tu nombre con honestidad.
Rune el Insaciable. Se pulió sus negras garras. —Provocando
orgasmos y rompiendo corazones por eones.

7 En español Undoing quiere decir, perdición y ruina, que éste es deidad de destrucción. (NdT)

31
Sian dijo, —Dioses compadezco a cualquier mujer que pierda su
corazón por ti. Casi puedo sentir pena por tus compañeras de cama.
—Si una de mis mujerzuelas es tan estúpida como para querer más,
entonces se merece todo el dolor del mundo. —No hacía ningún secreto de
su desapego durante el sexo. Sentía placer físico pero sin conexión, sin
proximidad -sin emociones. Fuera del deporte de la cama, lo hacía.
Conocía el entusiasmo; se excitaba con las batallas inminentes.
Experimentaba la afinidad con los Møriør.
Pero durante las relaciones sexuales... nada.
Lo cual era inquietante, ya que pasaba buena parte de su vida
fornicando.
—¿Mujerzuelas? —Allixta se burló. —Eres un gran puto.
Como esclavo que fue, había conocido su porción de insultos; la
mayoría no le molestaban. Ahora sus garras se afilaban mientras
recordaba las palabras de su reina de hace mucho tiempo atrás: posees la
sensualidad ardiente de las hadas y la intensidad sexual de un demonio...
Tengo una utilidad para ti después de todo.
Antiguas frustraciones hicieron que su tono fuera cortante: —Sobre
el tema de las putas, ¿Estuve alguna vez rondándote para follarte, bruja?
Por mi vida que no lo puedo recordar.
Darach reprimió una risa áspera mientras se ponía la túnica.
Allixta puso su mirada verde a la altura de la del lobo. —¿Algo que
decir, perro callejero? —Luego se giró hacia Rune. —Confía en mí,
baneblood, si pudiera soportar tu corrompido cuerpo el tiempo suficiente
en la cama, nunca lo olvidarías.
Corrompido. Rune detestaba su sangre. Peor aún, ella sabía lo
mucho que la detestaba.
Algunas cosas en su mente eran demasiado prominentes para
disfrazarlas ante las miradas indiscretas.
Metió la mano en el bolsillo, buscando el talismán que siempre
mantenía cerca.
Tallado del cuerno de un ancestro demonio e inscrito con runas que
incluso él no podía descifrar, siempre le ayudaba a centrarse, recordándole
mirar hacia el futuro…
De pronto la cabeza de Sian se giró bruscamente. —¿Mi hermano
está muerto? —El gemelo de Sian, el Padre de los Terrors, había sido tan
horroroso como Sian era físicamente impecable.

32
Rune asintió. —Muerto en una sangrienta competencia deportiva.
Asesinado frente a una multitud vitoreando.
Blace negó con la cabeza. —Imposible. Un primordial como el Padre
de los Terrors no puede morir.
—Fue asesinado -por un simple inmortal, —dijo Rune. —En estos
días en los reinos de Gaia, ya no pelean una especie contra otra;
conforman ejércitos aliados. Y hay más, estos inmortales no sólo matan
primordiales. Asesinan dioses.
Allixta sonrió. —Tal vez tu sangre sucia, finalmente, pudrió tu
cerebro. Las Deidades no pueden ser asesinadas por los inmortales.
Ignorándola se dirigió hacia los otros: —Varios dioses han muerto,
todo en el último año. Incluyendo una de las divinidades de las brujas. —
mientras Allixta farfullaba, Rune dejó salir los nombres de deidades
antiguas, extintas para siempre. Estudió la postura de los hombros de
Orion para detectar signos de tensión.
¿Cómo se sentiría un dios acerca de la muerte de su especie?
Orion se limitó a mirar los mundos parpadeantes que pasaban.
—¿Por qué confiar en esta información de tus... ninfas? —Allixta le
exigió a Rune.
—Porque les pago con suficiencia en su moneda preferida: folladas
duras con una polla gruesa. Da la casualidad que soy rico sin medida.
Antes de que ella pudiera lanzarse por una respuesta mordaz, Blace
dijo, —Estos asesinatos se han producido. Lee sus pensamientos, Allixta.
La información está ahí.
—Parecen conectados, —dijo Sian. —Es como si alguien estuviera
tratando de atraer nuestra atención. Nuestra sola presencia. ¿Quién se
atrevería?
—Una Valkyria llamada Nïx, La Que Todo Lo Sabe, —respondió
Rune. —La primordial de su especie. —De acuerdo con las ninfas, Nïx
había orquestado estos asesinatos. —Ella es una adivina y una dadora de
deseos. Cerca de la Divinidad.
Orion a menudo hacia aliados de enemigos -como hizo con Blace,
Allixta, y dos de los Møriør que aún dormían. ¿Podría el dios reclutar a la
Valkyria?
Orion levantó la palma de su mano en posición horizontal. Las
proyecciones se desaceleraron y se detuvieron en la imagen de un planeta
carmesí. Inclinó la cabeza, viendo cosas que nadie más podía.
Debilidades.

33
Podía ver las vulnerabilidades en un hombre, un castillo, un ejército.
Un mundo entero.
El Undoing curvó lentamente los dedos para hacer un puño. El
planeta empezó a perder forma, derrumbándose, como si él arrugara un
pergamino.
¿Estaba Orion imitando la destrucción? ¿O estaba causándola?
El mundo se redujo y disminuyó, hasta que... desapareció. Todo un
reino -destruido. Sus habitantes muertos.
Orion se giró hacia los demás. Su expresión era contemplativa, pero
sus ojos... oscuros y escalofriantes, como el abismo del que provenía Sian.
Su insondable mirada cayó sobre Rune. —Tráeme la cabeza de la Valkyria,
arquero.
Sin reclutamiento. Sólo muerte. ¿Por qué no tratar de influir sobre
Nïx? Dos asientos permanecían vacíos en la mesa, y una adivina era
siempre un activo. El Lore sostenía que ella era una de los Oráculos más
poderosos jamás vivos.
Lástima que ella no pudiera ver su propio futuro.
Rune restó importancia a su curiosidad. No sentía amor por las
Valkyrias de todos modos.
Eran aliadas incondicionales a los feys, una especie colonizadora de
esclavistas y violadores.
Juzgada por la compañía que mantienes, Nïx.
Rune sabía que rondaba las calles de una ciudad mortal específica -
un lugar listo para el pecado- desde el atardecer hasta el amanecer. Había
una gran bandada de ninfas de agua cerca. Ninfas del bosque también.
Tenían ojos y oídos en todos los estanques, robles y charcos.
En el nombre del deber, bombearé en ellas para obtener información.
Como Rune había contestado tantas veces a lo largo de los milenios dijo:
—Está hecho, mi señor.

34
Cuatro

Traducido por: Maxiluna


Corregido por: Alhana

Nueva Orleans
PRESENTE

—¡O h, dioses, Rune,


PorfavorPorfavorPorfavorohdios, sí, sí, ¡SIIIIII!
estoy tan cerca!

Cuando la súper audición de Jo atrapó a una tercera mujer gritando


de camino al éxtasis, desde el mismo lugar, su curiosidad despertó.
Era momento de acabar con el chico al que estaba estrangulando.
Lo había clavado contra la pared de ladrillo, impasible mientras él se
retorcía.
Éste había venido a su territorio, ¿llevando un bastón de proxeneta?
En la mente de Jo, un bastón de proxeneta señalaba temporada
abierta. Entonces el hijo de puta lo había usado en una prostituta, una
chica más joven que Jo. La chica se acurrucaba en la acera, su mejilla
hinchándose mientras observaba a Jo entregar su castigo.
—¿Volverás aquí? —Le preguntó Jo, aunque él no podía responder.

35
Ella apretaba hasta que las cosas se rompían; la tráquea de este
hombre fue aplastada. —¿Eh?
Mirándola fijamente a los ojos, trató de negar con la cabeza.
—Lo haces. Mueres. ¿Me entiendes? —Él intentó un movimiento de
cabeza. —Y si alguna vez golpeas a una mujer de nuevo, vendré por ti. Te
despertarás conmigo cerniéndome sobre ti en tu cama, tu propia pesadilla.
—Ella mostró sus colmillos y dientes.
Él comenzó a orinarse –riesgos laborales- así que lo arrojó sobre el
estacionamiento adyacente.
La chica miró a Jo. —Gracias, Lady Shady.
Mi apodo. De alguna manera, el alter ego de Jo se había
transformado en alguna rara malvada villana protectora de prostitutas.
Podría ser peor. —Sí. Es divertido.
Mientras Jo se sacudía el polvo de las manos, oyó otro grito. —
¡Rune! ¡Rune! ¡SÍ!
Las tres mujeres extasiadas habían dejado escapar Rune como el
nombre del tipo. Esto tengo que verlo.
Aunque la chica la miraba, Jo entró en modo fantasma. Invisible e
intangible, se dirigió por la calle Bourbon hacia los gritos, sus pies no
tocaban el suelo.
Desde que había llegado a la ciudad hacía unos meses, había estado
haciendo una gran cantidad de espionaje. Las sorprendentes cosas -y
seres- que había presenciado aquí habían encendido una esperanza que
no había sentido en años.
Ya no contemplaba las estrellas, perdiéndose en sueños de tener a
su hermano de regreso con ella. Ya no pasaba días y noches
interminables, fantaseando con cómics o la televisión.
Jo era una fantasía en sí.
Un peatón borracho trastabilló a través de ella, y se estremeció.
También lo hizo ella.
Los turistas eran exuberantes. Sudaban como locos, se atiborraban
de crustáceos y pan de ajo, y bebían alcohol como si el mundo se fuera a
acabar, vomitando como granadas pre-detonadas.
¿Vomitaría si bebía de ellos?
Nunca había mordido a nadie. El olor -de lo que el hombre había
comido para la cena, o el almidón de su cuello, o los animales domésticos
babeantes que había abrazado- la repelía. O peor aún, apestaba a colonia.

36
Colonia Axe.
¿Cómo iba a poner su lengua en la piel saturada con esa basura?
Hasta que alguien inventara un condón de colmillos, continuaría robando
en el banco de sangre.
A unas cuadras de Bourbon, se encontró con un patio de altos
muros. Una fuente de agua chapoteaba dentro. La mujer gritaba aún más
fuerte; el sonido de piel palmeándose se aceleró.
Hmm. Quizás Jo podría poseer a una de las participantes, vivir a
través de ella. Aparte de un estremecimiento inicial, los “caparazones” no
sabían que ella estaba dentro.
O Jo podría revisar sus bolsillos. Su habitación de motel alquilada-
por-semana estaba llena con su botín. Fingía que cada premio robado era
un regalo para ella -un puente para llegar a conocer a alguien mejor- al
igual que ella fingía que cada una de sus posesiones era una visita.
Una conexión.
No habiendo hecho nunca un amigo antes, ¿cómo podría saber la
diferencia?
Sus compulsiones por robar y poseer a otros habían empeorado
últimamente.
Tal vez necesitaba una conexión real. Había tenido tan poca
interacción verdadera que se preguntaba si ella había sido resucitada del
todo.
A veces, tenía pesadillas sobre estar flotando a la deriva. ¿Quién
notaría su ausencia?
Mientras Jo bajaba hacia la entrada del patio, la voz de una cuarta
mujer sonó: —¡Eres tan bueno, Rune! ¡Mis dioses en los cielos! ¡SÍ! ¡Nunca
pares, nunca pares! ¡Nunca, NUNCA!
Jo flotó hacia la agrietada puerta de madera abierta, mirando
alrededor para ver una escena perversa.
Una rubia a medio vestir estaba presionada, contra una pared
cubierta de hiedra del patio, por un hombre moreno alto con los
pantalones a la altura de sus muslos. Las piernas ágiles de la mujer
envueltas alrededor de su cintura mientras él la envestía.
Debía ser Rune. ¿Qué clase de nombre era ese?
Otras tres impresionantes mujeres estaban tendidas desnudas en
un diván, con sus párpados entrecerrados mientras lo observaban
envistiendo a la cuarta.

37
¿Este tipo simplemente las había follada a todas? ¿Las había puesto
en fila y las había dejado sin sentido?
Uff. Olvídate de poseer a cualquiera de ellas.
Jo flotó hacía un lado para verlo mejor. Él parecía estar a finales de
su veintena o a comienzos de los treinta, y al parecer tenía una seria
resistencia. Era atractivo, supuso. Sus ojos eran agradables, del color de
las ciruelas oscuras, y a ella le gustaba su grueso cabello negro. Largo
aunque cortado descuidadamente, con pequeñas trenzas aleatorias. Pero
tenía la nariz torcida, una tosca “característica” de un luchador y una
mandíbula demasiado amplia.
Sin embargo, su cuerpo largo y delgado, era realmente ardiente.
Debía estar cerca de los dos metros quince de altura, se alzaría sobre su
uno setenta y siete, y cada centímetro de él era arrebatador. Una camisa
fina destacaba su ancho pecho y cincelados brazos. Su culo desnudo era
duro como una roca. Sus poderosos muslos llenarían agradablemente esos
pantalones de cuero negro amontonados sobre sus rodillas.
Él tenía un arco colgando de su espalda y un carcaj atado a su
pantorrilla. Una funda de cuchillo estaba colocada en su ampliamente
abierto cinturón.
Ella se encogió de hombros; había presenciado cosas más extrañas
en la calle Bourbon. Si él la sacaba un poco más, ella sería capaz de ver su
polla…
Waww. Alzamiento de cejas por la sorpresa. El más sorprendente
alzamiento-de-cejas jamás visto.
¿Cómo podía aguantar tanto tiempo? Ni siquiera estaba sin aliento.
Tal vez ella tendría más sexo si otros chicos tuvieran su poder de
resistencia. Su puñado de rápidas conexiones al azar no había valido la
pena el precio de un condón.
Mientras observaba a este alto desconocido trabajando su cuerpo -a
veces agitando sus delgadas caderas, otras veces retirándose hasta que
sólo la punta quedaba dentro para golpear de nuevo en su interior- se
preguntó cómo se sentiría su suave y bronceada piel. Olería igual. Cuando
Jo estaba en modo fantasma, su súper-agudo sentido del olfato se
debilitaba.
Apostaría a que Rune no llevaba Axe.
Su mirada fija en el punto del pulso en su cuello. El ritmo lento y
constante era hipnótico.
Palpitación... palpitación... palpitación...
Asombrosamente, el tempo no estaba acelerándose más.

38
¿Cómo reaccionaría si ella atravesara ese punto de pulso con un
colmillo? ¿A qué sabría?
Y todavía estaba en ello. Su resistencia tenía que ser sobrenatural.
Además, las mujeres eran casi demasiado bonitas. Jo sospechaba que
estas personas eran de otro mundo.
Lo que ella llamaba fenómenos.
Desde su oculta posición a lo largo de las calles de Nueva Orleans,
había espiado a personas paranormales que hacían actos inhumanos. Lo
cual la hacía preguntarse… ¿y si ella no era una especie de abominación
que había sido resucitada del infierno? Ella podría ser una entre muchos.
Cogió su collar, tocando la cadena de balas deformes. Nunca se lo
quitaba, aún lo conservaba como una muestra de la noche en la que había
resucitado de entre los muertos.
Pero su descubrimiento de otros fenómenos la había hecho empezar
a replantearse a sí misma y a su mundo.
Su decisión de permanecer lejos de Thad.
Se había acercado a algunos de estos extraños seres con preguntas
en sus labios: ¿qué soy? ¿Cómo he llegado a ser lo que soy? ¿Hay otros
como yo? Sin embargo, ellos habían huido de ella.
Tenía la sensación de que este macho no lo haría. ¡Podía hablar con
él una vez que hubiera terminado! Ella estaría en guardia, por supuesto,
dispuesta a desnudar sus garras y colmillos si las cosas se torcían... Jo
supuso que ella todavía era como un gato salvaje.
Pareciendo perdida, la rubia se inclinó para besarlo, pero él apartó el
rostro. Interesante.
Las otras tres susurraron entre sí:
—También a mí se me olvida a veces.
—¿Te imaginas lo que podría hacer con esa boca? Si sólo...
—¿Por qué tiene que ser él venenoso?
El hombre debía ser capaz de oír sus suaves voces. Éste entrecerró
los ojos, sus labios tensándose con irritación, incluso en pleno embate. Jo
sintió pena por él.
—¿Alguna vez has visto su sangre negra?
—Su pene no es venenoso, y eso es lo que realmente importa.
¿Venenoso? ¿Sangre Negra? ¡Era sin duda un bicho raro!

39
La rubia rebotando con sus embates ahuecó su curtido rostro. —
¡MÁS! ¡Estoy tan cerca! ¡No te detengas, Rune, no te detengas!
Él se detuvo.
—¡Noooo! —Se lamentó la mujer.
—¿Quieres más? No te voy a decepcionar, pichoncita. —Su profunda
voz tenía un acento inusual, Jo no pudo ubicarlo. —Pero no puedes
decepcionarme. Prométeme que harás lo que te he pedido.
¿Estaba usando el sexo para manipular a la chica? Que imbécil.
Dejó de sentir pena por él.
La expresión de la mujer se hizo más frenética. —¡Lo haré! ¡Te lo
juro, LO JURO! ¡Sólo porfavorporfavorporfavorcontinua!
Rune le dio un golpecito bajo la barbilla y le sonrió; ella parecía
derretirse. —Las chicas buenas consiguen su recompensa, ¿no?
Jo se reiría en su cara si hablara con ella de esa manera. La rubia
asintió sin poder hacer nada.
Él reanudó con un fuerte empujón. La mujer se convulsionó en su
gran polla, balbuceando entre gritos.
—¿Esto es lo que quieres, pichoncita? —Le preguntó. —Mi polla es lo
que realmente importa, ¿no es así? No puedes vivir sin ella, ¿verdad?
¡Tan arrogante!
La rubia gimió, sacudiendo la cabeza. Las otras mujeres lo miraban
como si fuera un dios.
El plan de Jo para preguntarle cosas se hacía menos apetecible por
segundos. ¿La haría rogar por la información, o jugaría con ella? Pero ella
se quedó. Quería verlo terminar. Para ver como perdía su férreo control.
Para verlo vulnerable.
Su mirada volvió a ese punto de su pulso. ¿Sería su sangre
verdaderamente negra?
Ella fantaseaba con su sangre recorriendo sus venas, todo ese
hermoso cuerpo.
Sus colmillos se afilaron. Su corazón empezó a latir, su respiración
espectral haciéndose superficial. Luchó por el control. Como siempre, las
emociones intensificadas afectaban a su efecto fantasma, por lo que era
más difícil de permanecer intangible. Si ella se materializaba, aunque
fuera un poco, estos fenómenos podrían ser capaces de sentir su
presencia.

40
Su cuerpo comenzó a flotar hacia abajo como un globo desinflado.
No, aún no.
Probablemente no estaría dispuesto a hablar si descubría que había
espiado su orgía. Tendría que marcharse antes de que se materializara,
para luego, “tropezarse con él” más tarde.
La rubia comenzó a gritar en éxtasis. Aunque Rune estaba
bombeando en ella, y ella estaba teniendo un orgasmo sobre él, él sonrió y
con calma ronroneó, —Me corro.
La mujer lo miraba gimiendo con asombro.
Él se congeló brevemente. Entonces sus caderas pistonearon.
Estocada, estocada, estocada, ESTOCADA, ESTOCADA.
Con una sonrisa, él se quedó quieto. ¿Había acabado? ¡Acababa de
correrse! ¿Jo se había arriesgado a quedarse para esto? Si hubiera
parpadeado, se lo podría haber perdido.
Cuando su mirada cayó a su culo y sus respiraciones se volvieron
aún más superficiales, ella se fue. Por encima de su hombro, ella miró una
última vez hacia el punto de su pulso.
Su ritmo nunca se había acelerado.

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Cinco

Traducido por: Fangtasy


Corregido por: Alhana

B ayas del prado mezcladas con cálida lluvia.

Otra mujer estaba cerca y -dioses todopoderosos, su dulce aroma te


hacía la boca agua.
Rune acababa de fidelizar a su última informante y ya estaba
ideando la búsqueda de su objetivo, la Valkyria. Sin embargo, cuando
detectó el olor de la nueva hembra, se encontró endureciéndose, una vez
más, dentro de la ninfa.
Ésta creyó que su reacción era por ella y le lanzó una sonrisa de
suficiencia.
Inaceptable. Un macho nunca debería perder el control de su cuerpo
durante el sexo. Se retiró bruscamente, haciéndola jadear, y luego la bajó.
Mientras se vestía, ella se tambaleó para unirse a sus amigas. Lo más
probable es que continuaran sin él.
Y allá van. ¿Qué macho podía dejar una maraña de ninfas lascivas?
Él podía. Este era un hecho que acontecía cada noche para él.

42
Además, la hembra baya del prado sin rostro requería una
investigación. Podía confirmar que ésta había estado en el patio -¿una
voyeur?- pero luego había puesto distancia entre ellos.
Si su aspecto era la mitad de bueno que su olor...
Se abrochó su pesado cinturón. Sin mirar atrás, les dijo a las ninfas,
—Me voy, pichoncitas. Pónganse en contacto conmigo tan pronto como Nïx
vaya a su madriguera. Y mantengan un ojo abierto en busca de un
mechón de cabello.
Entre gemidos, una ninfa le preguntó: —¿Por qué estás deseando
pasar más allá de los espectros?
Esos seres horribles defendían Val Hall, la guarida de las Valkyrias,
con un resguardo que era impenetrable, incluso para un Møriør como él.
Pero esta noche había aprendido -a través del balanceo sexual- que había
una especie de llave; si alguien ofrendaba cabello de Valkyria a los
espectros, esas criaturas le permitirían la entrada.
Las ninfas estarían a la búsqueda de un mechón. Mientras tanto, se
ocultarían entre los robles del Val Hall para espiar, alertando a Rune
cuando Nïx regresara.
Hasta entonces, rastrearía las calles en busca de la adivina. Después
seguiría su olor.
Otra ninfa le preguntó: —No le harás daño a Nïxie, ¿verdad?
Ella nunca sentiría nada. Se volvió para sonreír a su bandada. Su
sonrisa, él bien lo sabía, era tan retorcida como su moral, y contenía un
toque sarcástico; las mujeres se humedecían cuando la veían.
Otra pregunta para la posteridad.
—¿Hacerle daño a Nïx? —se burló. —Simplemente quiero
conquistarla. ¿Qué macho no quiere acostarse con una Valkyria?
Ya lo había hecho, por supuesto. Una enorme decepción. Ella se
había encaprichado después, y las orejas puntiagudas -una característica
tan fey- habían sido un revulsivo. Él menospreciaba a los fey, odiando que
sus propias orejas fueran puntiagudas también. Las ninfas también las
tenían así, pero al menos estaban disponibles para pasar un buen rato sin
ningún compromiso.
La conquista era algo que las ninfas entendían. La primera a la que
había dado placer esta noche dijo: —Nïx podría estar fuera, por el Barrio,
incluso ahora. Al menos hasta el amanecer. ¡Buena suerte!

43
Las dejó suspirando ante su sonrisa mientras salía del patio
apresuradamente. Necesitaba estar recorriendo esta ciudad en busca de
su objetivo. Así que ¿por qué estaba corriendo tras la voyeur?
En la calle, los peatones ebrios se arremolinaban a su alrededor.
Mujeres con ojos turbios lo miraban con deseo.
Aunque mitad fey/mitad demonio, él podía pasar por un –muy
grande- humano. Su cabello ocultaba sus orejas, y había grabado unas
runas en el arco y carcaj que llevaba para camuflarlos a los ojos mortales.
Entre los humanos había otros inmortales. La mayoría lo
confundieron con algún fey falto de refinamiento -siempre y cuando no
descubriera los colmillos que había heredado de su madre demonio.
Aunque su sentido del olfato no era tan agudo como el de Darach,
Rune fue capaz de concentrarse en la voyeur que se encontraba a cierta
distancia más adelante. Su mirada se aguzó centrándose en una corta
minifalda negra y un culo increíblemente caliente.
Sus muslos estaban bien formados pero tonificados. Hechos para
envolverse en torno a la cintura de un hombre.
O en torno a sus orejas puntiagudas.
No es que un macho venenoso como Rune pudiera darle placer de tal
manera.
Una larga melena de rizos castaña oscura se ondulaba descendiendo
por su espalda, pareciendo tan sedosa como el visón. Su corto top
ajustado negro de tirantes revelaba una diminuta cintura. Llevaba botas
de combate, y sabía cómo caminar con ellas.
Si sus tetas eran tal desafío a la gravedad como lo era su culo
respingón… Como si ese pensamiento fuese una orden, ella se giró hacia
él, ofreciéndole una vista de su parte delantera.
Primera reflexión: Me gustaría poder saborearla por completo.
Su piel era del alabastro más pálido, y sus grandes ojos avellana
estaban muy sombreados con kohl. Tenía los pómulos pronunciados y una
vivacidad inquietante en su rostro. Pero sus labios rojos eran llenos y
carnales.
Llevaba un extraño collar hecho de trozos irregulares de metal.
Parecía perdida en sus pensamientos, se limpió una mota de algo de su
barbilla.
La mirada de Rune descendió, y casi gimió. Esas tetas. Eran
generosas; iba sin sujetador. Buena chica. Vio esos montículos subir y
bajar con sus pasos confiados –una imagen gloriosa.

44
Aún mejor, sus pezones se tensaban contra su camiseta. Él
apostaría que su actuación había causado esa respuesta.
Inhaló más profundamente. Oh, sí, la había afectado. Cuando olió su
excitación, sus músculos se tensaron, su cuerpo se atirantó fuertemente
como su arco.
Su ombligo tenía un piercing, con una delicada cadena colgando de
un anillo. Lo acariciaría con la nariz. Sin ir más al sur. Si la lamía, ella
conocería el placer por un instante, y luego se convulsionaría
agónicamente.
Sus fluidos corporales eran tan tóxicos como su sangre negra. Sus
colmillos y garras también lo eran.
La única cosa que odiaba más que a los fey era su veneno. Si
mataba a otro, debería ser por elección, no a causa de alguna anomalía de
la naturaleza…
Se apoyó contra el poste de una farola, estudiando a la hembra.
Maquillaje espectral, ropa negra, botas de combate. ¿Qué término
utilizaban los mortales para este estilo? Ah, ella era una gótica. Por qué
alguien le prestaría atención a esa humana lo dejaba perplejo.
Pero con una mirada etérea como la suya, tenía que ser una
inmortal. ¿Tal vez otra ninfa? No, demasiado nerviosa.
¿Tal vez un súcubo? En tal caso, anhelaría el semen, el cual él no
podía darle, incluso si no fuera venenoso. Aun así, no era lo suficiente
asesino. Rune había seducido a su buena porción de seres que se
alimentaban de esperma, prometiéndoles una cabalgada que les haría
castañetear los dientes. Él siempre lo hacía.
Incluso esas mujerzuelas habían querido más de él. Después de irse
a la cama sólo una vez, las hembras no ninfas, sin excepción, se sentían
encaprichadas con él, volviéndose celosas y posesivas.
Durante toda su vida, miles de éstas habían buscado la monogamia
en él. Se estremeció. El concepto era incomprensible para Rune.
La voyeur no poseía ningún secreto que él deseara, y se arriesgaba a
su encaprichamiento. Así que ¿por qué estaba inhalando en busca de más
de su esencia?
¿Qué es ella? Había en él una medida sana de curiosidad fey, y ésta
exigía una respuesta.
Sólo seis metros los separaba.

45
Si ella era una halfling8 como él, entonces ¿cómo es que nunca había
olfateado en todos sus años y viajes su combinación de sangres? Eso no
tenía sentido.
A tres metros de distancia. Rune se movió para bloquearle el paso.
Ella levantó la cara, parpadeando por la sorpresa.
—Hola, pichoncita. Entonces, ¿estabas deseosa de unirte a la fiesta
en el patio? —La hizo retroceder hacia una pared, y, por supuesto, ella se
lo permitió. —Las ninfas habrían estado felices de compartirme. Y hay
suficiente para todas.
Su sorpresa se desvaneció. Ella estiró el cuello para echarle un
vistazo de escrutinio.
—Estabas observándonos, ¿no? —La idea de aquellos ojos
fascinantes captando su actuación endureció su polla aún más. ¿Lo
negaría?
—Lo hice. —La voz de la voyeur era seductora, sin un ápice de
vergüenza.
Aspecto fenomenal. Voz sexy. ¿Tendría orejas curvadas o
puntiagudas? Rezó para que fuera lo primero. —Sé que disfrutaste del
espectáculo.
—Ya lo sabes, ¿no? —Ella inclinó la cabeza, enviando rizos brillantes
en una cascada sobre su hombro. —Estuviste aceptable.
El olor de su cabello lo golpeó como un puñetazo. Bayas del prado.
Habían crecido en las tierras altas de su mundo natal, muy por encima de
los pantanos sofocantes en los que él había trabajado como un joven
esclavo medio muerto de hambre. Su aroma lo había atormentado hasta
distraerlo.
Espera… —¿Has dicho aceptable? Te aseguro que esa palabra nunca
ha sido aplicada a mi actuación. —Observó con fascinación como sus
labios se curvaron.
El inferior tenía una pequeña depresión en el centro que él quería
lamer. Pero que nunca podría.
—“Actuación". —Sus ojos brillaron con viveza. —Exactamente así es
cómo lo describiría.
Maldita sea, ¿qué era ella? Entonces sus cejas se apretaron en un
ceño ante su comentario. Durante los últimos milenios, podía haber
consolidado su repertorio… sexual. Su veneno limitaba sus opciones. Pero
¿su actuación? —No tengo ninguna queja.
8 Criatura que es híbrida de dos especies. Un mestizo.

46
Ella se encogió de hombros, y sus pechos se bambolearon en su
camiseta de tirantes. Él se lamió los labios antes de poder contenerse.
—¿Quieres mi opinión sincera?
¡Como si le importara lo que ella pensara! Sin embargo, su boca ya
estaba diciendo: —Cuéntame.
—Mostraste indicios de diversión a ratos, pero nada por lo que me
hubiera desnudado.
¿Diversión? —Entonces no has visto la escena en la que he
participado.
Ella le dirigió una mueca exagerada. —Mi honestidad hiere tus
sentimientos. Pero no todo era malo. ¿Qué tal esto?: hay un club de sexo
en vivo justo a la vuelta de la esquina -apuesto a que podrías implantar
una noche de competición para amateurs.
Rune se inclinó. —Ah, pichoncita, si eres una experta ante mi
inexperiencia, agradecería cualquier instrucción práctica.
—Aquí tienes un consejo. Tal vez deberías ponerte lo suficientemente
cómodo y quitarte las botas. O, bueno, ¿qué tal quitarte el arco y las
flechas?
—Un consejo muy sensato, pero nunca sé cuándo podría necesitar
mis armas. Incluso cuando follo, todavía sigo escuchando en busca de
enemigos.
—Debes tener un montón de ellos. ¿De qué tipo?
—De todos los tipos. Un número incontable de ellos. En cualquier
caso, soy receloso de despojarme de mi arco; fue un regalo de valor
incalculable. —Hace siglos, Orión había desatado a Darach en un reino
extranjero con escasa orientación. Encuentra el arco Darklight con una luna
negra y un sol blanco grabados sobre su empuñadura. Una semana más
tarde, Darach estaba de vuelta, con los ojos desorbitados, con el arco en la
mano. Orion le había dado el arco a Rune, diciendo: —Tú nueva arma,
arquero…
—¿No tiene precio? —La mirada de la voyeur se trasladó a su arco
con un toque de demasiado interés. —Seguro que odiarías que te lo
robaran.
—Jamás. —¿Por qué se había jactado ante ella acerca de su arma?
La información fluía hacia él, no de él.
Podía hablar durante horas y nunca decir nada significativo.

47
Sin embargo, ¿algo en ella le había hecho alardear? Había poseído a
mujeres más bonitas. Había tenido a semidiosas debajo de él. ¿Por qué la
encontraba tan cautivadora?
¿Tal vez su desdén hacia ti, Rune?
—¿Eres un buen arquero? —Preguntó.
—Soy el mejor de todos los mundos. —¿Cacareando de nuevo?
Aunque eso era cierto.
Inicialmente, Rune se había resistido a aceptar un arma favorecida
por los fey.
La respuesta de Orion: ¿Incluso cuando serás más letal con él que
todos ellos juntos?
—Mundos, ¿verdad? ¿De dónde eres?
—De muy, muy lejos. —Se preguntó qué pensaría ella si le dijera que
su hogar principal se encontraba en una dimensión que se movía. Que
vivía en un castillo místico lleno de primordiales y monstruos.
—¿Quién te enseñó a disparar?
—Aprendí solo. —Decidido a ser digno de la atención de Orión, Rune
había practicado hasta que su cuerda estuvo manchada de negro a causa
de sus dedos sangrantes.
—Si tu actuación va a ser tan predecible, al menos eres bueno en el
tiro con arco. —Ella mordisqueó esa depresión en su labio inferior, y su
polla se crispó dentro de sus pantalones.
Ella necesitaba esa boca besada hasta que su visión se volviera
borrosa. ¡Y él no podía ser el macho que lo hiciera! Sus manos se cerraron
en puños, y dijo entre dientes, —Puedes hablar todo lo que quieras acerca
de mi actuación, pero he hecho que estés mojada. Puedo olerlo.
—Tú tienes una erección. Yo estoy mojada. No significa que lo mío
sea a causa de lo tuyo.
Era concisa, rayando lo agresivo. La deseo. —¿Vamos a hacer esto o
no? El patio espera, y tengo algo que hacer. —¡No tenía tiempo para esto!
Su objetivo podría estar vagando por estas mismas calles. —O podemos
encontrarnos más tarde.
—De ninguna manera, —ella le dijo. —Me gusta un hombre con
pasión. Cuando terminaste allí, no podría decir si conseguiste tu premio o
si ahogaste un estornudo.
Sus ojos se entornaron. —Tengo que mantener las riendas de mí
mismo. Soy mitad demonio/mitad fey, un fey oscuro hasta la médula, —se

48
apartó el cabello hacia atrás para revelar sus orejas puntiagudas. —Y si
pierdo el control, podría causar daños a mis parejas.
Aunque era cierto, él no estaba en peligro de perder el control. No
hay nada en mí que refrenar. Ningún fuego que contener.
En cualquier caso, había aprendido a contenerse por otras razones
también.
Se había dado cuenta a una edad temprana que la dinámica del
poder cambiaba entre compañeros de cama cuando uno se rendía a la
agonía.
El poder lo era todo durante el coito.
—¿Realmente no puedes besar? —preguntó. —Les oí decir que eras
venenoso.
Rune se encogió de hombros, como si esa limitación fuese
insignificante. —Para todos, excepto para los de mi propia especie. —Su
primer asesinato había sido con un beso letal.
Recordó su pasado, apretó los colmillos y empujó la mano de esta
mujer contra su polla. —¿Hay alguna cosa que creas que puedas perder?
Te compensaría por ello con creces.
Ella le dio un ligero apretón, luego retiró la mano -como si se
hubiera dignado a dar constancia de su polla, y sólo porque él había sido
lo suficientemente falto de tacto como para exponerlo así. Su desdén
podría dejar a la vieja reina fey en vergüenza.
—Algunos hombres de las cavernas llevaban grandes palos. Eso no
significa que yo quiera ser apaleada por uno.
Un estremecimiento interior. —Tengo otros trucos en mi bolsa. —Era
bueno con las manos. Una vez que retrajera sus garras venenosas, podría
usar sus dedos para conseguir arrancarle un ronroneo. —Reúnete conmigo
en el patio a medianoche, y haré que veas las estrellas. —Le lanzó su
sonrisa, a la espera de la reacción que siempre cosechaba.
La muchacha cubrió un bostezo.
Su sonrisa se desvaneció.
—Podría encontrarme contigo, —dijo, —si tú accedieras a hablar
conmigo tomando un café.
¿Cómo preludio al sexo? ¿De qué demonios podía hablar con ella,
con una mujer a la que planeaba llevarse a la cama? Entró en modo solo
mi-punto-de-vista.

49
Ella añadió: —No es que sea una gran bebedora de café, pero ¿no es
eso lo que hace la gente?
Su deseo de hablar debía ser una táctica de algún tipo. De lo
contrario, esto significaría que la hembra quería algo de él… ¿distinto del
sexo? No, eso no tenía ningún sentido. —¿De qué hablaríamos? —Él puso
su mano contra la pared sobre la cabeza de ella. —¿Tú me contarás tu
verdad, y yo te contaré una mentira?
Una sombra cruzó su rostro. —Todas mis verdades son mentiras.
La curiosidad lo desbordó. Maldita fascinante mujer. Él se inclinó
hacia delante para apartarle el cabello del hombro. Su pequeña oreja era
benditamente redondeada en la parte superior. Dos pequeños anillos
adornaban el hélix, destacando la perfecta curvatura.
Rune se tragó un gemido. Para un hombre como él, eso no podía ser
más sexy. Quería besar sus orejas, acariciarlas con la nariz y
mordisquearlas. —Mira esos piercings. ¿Hay algunos ocultos en tu cuerpo?
—Sí. —Una sola palabra. Sucinta. Ninguna explicación adicional.
Justo lo suficiente para poner su imaginación a toda marcha. Sus
garras se clavaron en la pared de ladrillo. —Si me reúno contigo, te
seduciré para que hagas algo más que hablar.
Ella exhaló como si hubiera llegado al final de su paciencia con él.
Lo cual, de nuevo, no tenía sentido alguno. Rune provocaba muchas
respuestas en las mujeres: lujuria, posesividad, obsesión. Nunca
exasperación.
—Tienes que estar satisfecho después de cuatro chicas.
—Esas ninfas fueron sólo para entrar en calentamiento. Me llaman
Rune el Insaciable por una buena razón. Nunca estoy satisfecho, —le dijo
con sinceridad, como si esto fuera algo bueno. Él bromeaba con sus
compatriotas, pero en realidad, su existencia podía ser agotadora. Siempre
buscando la próxima conquista, el siguiente secreto…
Había considerado hibernar después de esta Accession.
Luego había recordado que necesitaría al menos quinientos años
para saborear sus victorias.
Se agachó para decir con voz áspera en su adorable oreja: —Tal vez
seas la que me sacie al fin. —Si no había ocurrido en milenios, no
esperaba que sucediera ahora, pero las mujerzuelas se tragaban esa
frasecita. Él planteó esa perspectiva de forma ladina porque a las hembras
del Lore les gustaban los retos.

50
Esta presionó sus cálidas palmas contra su pecho, clavándole las
uñas negras.
—¿Quieres saber una verdad? —Ella le sostuvo la mirada. Sus ojos
eran hipnotizantes, su iris de color avellana salpicados de brillante azul y
ámbar.
¡Finalmente estaban llegando a alguna parte! —Quiero.
En un susurro entrecortado, dijo, —Tal vez me importaría un
maldito comino si estás saciado o no.
La voz más sexy. Palabras maliciosas. —¿Que eres?
—¿Realmente no lo sabes?
Él negó con la cabeza, pero ella ya estaba mirando más allá de él, su
interés desinflado en un instante.
—Ya he terminado aquí. —Ella le dio unas palmaditas en el pecho,
luego se deslizó por debajo de su brazo. —Nos vemos más tarde, Rune.
—Espera, no recuerdo tu nombre.
Caminó hacia atrás, dedicándole una sonrisa deslumbrante. —
porque no te lo dije, aficionado. Sólo los buenos muchachos consiguen
recompensas. —Ella se giró para alejarse de él.
Sus labios se entreabrieron con incredulidad mientras ella se
pavoneaba calle abajo. Haciendo que todos volvieran la cabeza, dejando a
los hombres mortales excitados. Los músculos de Rune se tensaron para
perseguirla, pero él despiadadamente sofocó el impulso.
Se había convertido en el amo de sus impulsos. Durante los
primeros e infernales siglos de su vida, su cuerpo y su mente habían sido
gobernados por otro.
Nunca más.
Pero el daño ya estaba hecho. Se había vuelto tan disociado durante
su abuso temprano que se había sentido como dos seres separados. Y uno
estaba muerto.
Rune había sofocado el fuego dentro de sí mismo durante tanto
tiempo, que lo había extinguido. Y sin embargo, su corazón retumbaba en
sus oídos mientras veía a su voyeur fundirse en la multitud.

51
Se i s

Traducido por: Fangtasy


Corregido por: Nyx

J o aún podía sentir la mirada de Rune en su espalda, por lo que


mantuvo su ritmo casual calle abajo.
¡Acababa de conocer a otro fenómeno! ¡Había hablado con uno!
Pero ni siquiera él sabía lo que era ella. Así que ésta había dado por
terminado su encuentro con el donjuán de los fey oscuros, el cabezota
obsesionado con el sexo. Éste realmente la habría puesto en la fila con las
otras, siendo Jo la quinta de la noche (si no más).
Ahora que sabía qué buscar, encontraría a otras personas de tipo
paranormal, personas con más conocimiento.
A pesar de su arrogancia, ella ardía por mirar atrás. ¿Eran todas las
rarezas del género masculino tan arrogantes? ¿Eran todos tan seductores?
Cuanto más había hablado con él, más atractivo le había parecido.
Había visto ese pulso calmado y regular de su latido cada vez ir más rápido
mientras charlaban. Había captado los indicios de algunos tatuajes
asomando por el cuello de su camisa y los anchos anillos de plata de
aspecto antiguo que llevaba en la mayoría de sus dedos. Cuando había
levantado su cabello para revelar una oreja ligeramente puntiaguda (lo

52
cual era incitante), había visto que los laterales de su cabeza estaban
parcialmente afeitados (también incitante).
Y, buen Dios, aquel hombre podía vestir de cuero. Sus poderosas
piernas magras habían hecho que sus pantalones le quedaran ceñidos
muy acertadamente, como lo había hecho su enorme polla... ¡sobre la cual
él le había puesto su maldita mano! La tentación de continuar frotándola
casi había triunfado.
Incluso si no lo hubiera visto en acción, ella hubiera apreciado su
aspecto: chico malo seductor con una gran y promiscua polla.
Su sonrisa era tan sexy que había tenido que cubrir su jadeo con un
bostezo fingido.
Sin embargo, algo más que su aspecto la atrajo. Bajo el olor a sexo y
ninfas, su esencia innata era irresistible. Como a cuero y hoja perenne.
Tras un ramalazo de eso, había tenido la tentación de besarlo, a
pesar de su veneno. Ella podría haber alzado la mano y agarrar en un
puño su hermoso cabello, tirando de él hacia abajo para besarlo hasta que
sus colmillos rasgaran su lengua.
Whoa. ¿Compartir sangre a través de un beso? Traspié. Nunca había
fantaseado sobre eso antes. Sus colmillos siempre habían permanecido en
estado latente durante sus devaneos sexuales.
Maldita sea, esa imagen era obscenamente caliente. Húmeda al
instante.
Tenía que tomar las riendas de sí misma. Así como las emociones
podían hacerla materializarse, también podían accidentalmente hacerla
adoptar su forma de fantasma, y Rune todavía podría estar observándola.
El seductor había querido saber su nombre. Había querido follarla,
sumarla a la lista de sus conquistas y noquearla como a las ninfas. Había
querido un contacto con ella, aunque fuese breve.
Jo había anhelado un contacto también.
Así que le había robado el contenido de su bolsillo, un objeto
rectangular. Al doblar la esquina, abrió la palma de la mano, observando
su adquisición. Era una especie de hueso grabado.
Qué raro. Él debía valorarlo por alguna razón. No era tan bueno
como el arco "de valor incalculable" al que le había echado el ojo, pero
tendría que conformarse.
¿Notaría él pronto su bolsillo vacío? Sonrió. ¿Cómo de cabreado
estaría porque una pichoncita le hubiera robado?

53
Su sonrisa se desvaneció. Aparte de su nombre y de su cuerpo, él
había querido su verdad.
Podría ponerme en contacto con mi hermano menor en cualquier
momento, irrumpir en su vida posiblemente-imposible-de-mejorar, y me
recibiría con los brazos abiertos. No habría daño alguno infligido a mi niño,
en absoluto. Por ahora, estoy bien. No estoy muriéndome lentamente de
soledad. No me da miedo que pueda desaparecer flotando. No lamento que
nadie siquiera se hubiera dado cuenta de que me he ido.
Sus verdades eran todas mentiras.
Alzó su mano para agarrar su collar. Nunca puedes ir por él.
Nunca. Nunca. Nunca.
Así que ¿por qué seguía buscando excusas para hacer precisamente
eso?
Estaba inquieta, para nada lista para regresar a "casa" a su sórdido
cuarto en el motel Big Easy Sleeps9 (conocido por los habituales como el
Big Sleazy Weeps10).
Necesitaba un chute de su droga favorita. Sólo uno pequeño. Sus
ojos se movían ansiosos. Proveedores. Necesitaba proveedores…
¡Allá! Una pareja de mediana edad dando un paseo cogidos de la
mano.
Perfecto. Fantasmeó invadiendo el cuerpo de la mujer, relajándose
para fluir con ella. Flácidamente. Sin esfuerzo. Como flotar sobre el agua.
Jo fantaseó con que podía sentir la mano áspera del hombre, el calor
irradiando de su cuerpo. Fingió que ella era a quien él amaba.
Los dos caminaban en silencio, pero las vibraciones entre ellos no
eran incómodas o tensas, simplemente eran… apacibles.
Suspiró para sus adentros. La gente daba por sentado la maravilla
de tomarse de la mano.
En el paseo que transcurría a lo largo del río, la pareja se sentó en
un banco. Las estrellas titilaban en lo alto, una media luna baja se
suspendía sobre el agua. Estrofas de jazz eran arrastradas por la brisa.
El hombre retiró su mano. No…

9 The Big Easy es un apodo para la ciudad estadounidense de Nueva Orleáns, Louisiana. Asi que el
nombre del motel seria Durmiendo en Nueva Orleans.
10 La autora hace un juego de palabras que al traducirlas queda como Lamentandose por la mala

calidad.

54
Sólo para envolver su brazo alrededor de su mujer. Tiró de ella más
cerca. Felicidad. Murmuraban en un idioma extranjero, pero Jo no
necesitaba entenderlo. Lo que fuese que dijo hizo que la mujer descansara
su cabeza sobre su hombro, como probablemente había hecho mil veces
antes. Se echó hacia atrás y contemplaron las estrellas.
El pasado de Jo era un misterio, y a veces sentía que las estrellas
contenían las respuestas. Le encantaba contemplar las estrellas. Bueno, lo
hizo durante los primeros diez minutos más o menos. Luego la
comprensión de su falta de amigabilidad la embargaría. Mirar a las
estrellas sola, tenía que ser el pasatiempo más solitario.
Ahora ella tenía compañía. Esta pareja.
Por lo que podría haber sido horas, permanecieron así, perdidos en
su propio pequeño mundo mientras una niebla se extendía desde el
Mississippi.
Nadie había acariciado nunca a Jo. Sin padres, sin novio. Siempre
sola, había descubierto lo mucho que ansiaba esto: un vínculo
inquebrantable entre dos personas.
Amor y un futuro que podía tener en cuenta.
Era una asesina con las manos manchadas de sangre, pero quería
entregar su corazón. Como estos dos habían hecho. Eran compañeros, dos
mitades de un todo más grande. Jo anhelaba a su otra mitad con toda la
desesperación de alguien que siempre había sabido que algo le faltaba.
Se empapó en los sentimientos entre estos dos, como una esponja.
Tal vez era una adicta del amor.
Sin embargo fingir no era tan bueno como el amor real.
Recordar el calor del cuerpo de Rune la afectaba. Cuando se imaginó
compartiendo un beso de sangre con él, temió solidificarse dentro de la
mujer, matándola. Rápidamente se desenredó de ella.
Mientras Jo la miraba, la mujer se estremeció, así que su hombre la
atrajo más cerca.
Jo suspiró. Si tuviera a alguien real para ella, él la abrazaría de esa
manera. Sería el dueño de su corazón, y eso la anclaría a él.
Él nunca la dejaría desaparecer flotando.

55
Si e t e

Traducido por: Fangtasy


Corregido por: Nyx

E xpectación.

Mientras Rune iba a la caza de Nïx a lo largo de la calle más


decadente de la ciudad de Nueva Orleans, la anticipación vibraba en su
interior, parecía crecer como la niebla que se espesaba.
¿Por qué? Él estaba en una misión de rutina, una entre miles.
Durante horas había rastreado, cuestionando a las criaturas
inferiores y mirando a los alfas de otras especies desde su superioridad.
Tal vez él ansiaba una pelea. No había sido criado como un guerrero
de primera línea, pero había aprendido a disfrutar de una buena batalla
con sus compañeros Møriør.
Ellos luchaban juntos sin problemas. Sian se arrojaría a la batalla
para masacrar a las tropas con su poderosa hacha de guerra. Blace usaría
su gran espada y su habilidad sin igual para decapitar a oleadas de
guerreros.
La flecha "bonedeath" de Rune explotaría con unas reverberaciones
tan violentas que los huesos de sus enemigos se desintegrarían, para
nunca sanar.

56
Darach ya se habría abalanzado a la zaga del ejército para rastrear y
mutilar a cualquiera que huyera.
Allixta creaba escudos y neutralizaba la magia de los otros. Rune
supuso que su talento sería útil si los Møriør alguna vez se enfrentaban a
un adversario digno. Hasta ahora, la zorra parecía decente en ese aspecto.
Orion amplificaba los puntos fuertes de todos ellos y los dirigía
contra las vulnerabilidades de sus enemigos.
¿Los Møriør que aún dormían? Bueno, el más débil podría arrasar
una ciudad.
Cuando Orión y los Møriør se oponían a la posibilidad de rendirse, lo
aceptaban. O morían…
Rune sentía que esta expectación no podía deberse a la voyeur. Ella
había atraído su interés sólo porque era una rareza, no una singularidad.
La única mujer a la que no había sido capaz de seducir.
Lo cual decía mucho ya que sus profesiones siempre habían
implicado el sexo. Había empezado joven en el reino fey de Sylvan, porque
su reina había descubierto usos para Rune, el bastardo halfling de su
marido.
La reina Magh La Sagaz había obligado a Rune a convertirse en un
asesino.
Con malicia en sus brillantes ojos azules, ésta había explicado: —
Muchos de mis enemigos podrían ser tentados por una criatura sensual
como tú. Mis asesinos fracasan al intentar burlar a los centinelas, sin
embargo, tú te abrirías paso a cualquier lugar mediante la seducción
donde no hay presencia de guardias: en el dormitorio. Incluso despojado
de tus armas, portarías la muerte en tu propia sangre. Tus escapatorias
serían más fáciles todavía. Con un poco de ayuda, podrías pasar por un
fey pura sangre; ¿quién sospecharía que puedes trazarte como un
demonio?
Manteniendo en secreto su potencial para la magia y el conocimiento
de las runas, había aprendido formas y costumbres fey. Le había sacado
jugo a su lado demonio, aprendiendo a rastrear. La combinación lo había
hecho imparable.
Había tenido tanto éxito como asesino a sueldo que Magh había
ampliado sus obligaciones para convertirlo en el maestro supremo de los
secretos de Sylvan, del espionaje y de los interrogatorios, sin dejar de
matar, por supuesto.

57
Para las tres actividades, había empleado el sexo como un arma,
explotando cruelmente las debilidades o perversiones de sus objetivos.
Éstos habían supuesto un mínimo desafío.
Él entrecerró los ojos, escudriñando las calles en busca de su
voyeur. Tal vez las mujeres del Lore no eran las únicas a las que les
gustaba un desafío.
La medianoche se acercaba. Si él decidía pasarse por ese patio,
¿estaría ella allí? Tal vez ésta todavía tenía la esperanza de encontrarse
con él. Sus labios se tensaron. Para tomar café.
No. Él se negó a perseguirla como un muchacho babeante. Ser
cautivador era tan involuntario como el cautiverio.
Recuerda lo lejos que has llegado, a partir de tales principios
humildes.
Con la ayuda de Orión, le había dado un giro a su vida. El Undoing
no era amigo de Rune, ni una figura paterna (como algunos suponían).
Orion era… una idea. Un sentimiento.
Él representaba el triunfo, algo que Rune no había conocido hasta
que le había jurado lealtad a Orión.
De inmediato Rune demostró ser la perdición de Sylvan. ¿Cómo le
iría a ese reino cuando él asesinara a su actual rey, junto con toda su
línea de sucesión…?
Buscando concentración, alzó la mano en busca de su más preciada
posesión, su talismán, el último regalo de su madre. Ésta había sido una
demonio Runic, perteneciente a una raza que podía manipular la magia a
través de los símbolos. El talismán había estado acompañado por una nota
que había planteado más preguntas que respuestas. Las runas mismas
representaban un rompecabezas que él a menudo contemplaba.
Metió la mano en su bolsillo.
Desaparecido.
¿Desaparecido? Se quedó paralizado. Él nunca lo habría dejado en
ninguna parte; nunca en todos estos eones lo había perdido. Las ninfas no
se habrían atrevido a robarlo.
Comprensión. Sólo una persona se había acercado lo suficiente a él.
En un suspiro, murmuró: —Esa pequeña y hermosa ramera. —¡La
voyeur había saqueado su bolsillo! Oh, era buena. Él había estado duro
como una roca, haciendo que sus pantalones escoceses se ciñeran bien
tensos y sin embargo nunca había percibido su mano sumergiéndose justo
al lado de su polla.

58
Vaya sorpresa.
Que chica tan mala.
Se volvió hacia el patio. Las chicas malas conseguían ser castigadas.
Si ella hubiera robado cualquier otra cosa excepto su más preciada
pertenencia, él podría haber sonreído.

De vuelta en su deteriorada habitación de motel, Jo puso el chisme


de hueso de Rune entre sus otros recuerdos. Éstos se alineaban en la
parte superior de una mesa de picnic que había teletransportado desde un
parque.
Había robado la mayoría de estos artículos de sus caparazones.
Aunque no podía sentir a través de ninguna de las personas, en su mayor
parte Jo llegaba a ser ellos.
Ella había habitado a un violonchelista durante su concierto y
recibió una ovación del público en pie. Había servido café en el Café Du
Monde (y más tarde había castigado a los clientes que habían agarrado
"su" culo). Se había dejado caer en una despedida de soltera y se rio con
otras chicas, fingiendo que eran viejas amigas del campamento.
En una magnífica boda sureña, había sido la novia por un día.
Había bailado en un salón de baile iluminado por la luz de unas velas y
había regalado su liga mientras su nuevo marido la observaba con
adoración. Más tarde, habían sonado unos violines en la noche mientras
su desposado le había hecho el amor a su novia. Él la había mirado a los
ojos con tanta intensidad, Jo había fingido que podía verla.
Lo cual significaba que ella existía.
La voz del novio se había roto cuando él le había ofrecido sus votos a
ella. Moriría por ti. Te amaré sólo a ti el resto de mi vida. Tú lo eres todo.
Jo reverentemente pasó sus dedos sobre las rosas secas procedentes
de su actuación estelar en el concierto. Con ellas, podía pretender que una
vez había sido admirada. Con la tiara de aquella despedida de soltera,
podía fingir que había pertenecido a alguien. Una propina de un dólar del
Café Du Monde le permitía a Jo creer que una vez había sido sólo una
chica normal.

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Enderezó los gemelos robados de su romántico novio. Éstos eran sus
favoritos. Podría frotar sus pulgares sobre ellos y pretender que una vez
había sido amada.
Con una exhalación melancólica, arrastró los pies sobre la alfombra
gastada de su habitación. Le hubiera gustado alojarse en algún lugar
menos de mierda, pero no tenía ningún documento de identificación,
nunca podría conseguir uno.
Porque no podía leer el formulario de solicitud.
Se volvió hacia el conjunto de cajones maltratados. Uno estaba lleno
de recuerdos de Thad, álbumes de recortes y la Thad-mochila. Abrió el
cajón, acariciando con sus dedos el material de nylon. A veces, sus tres
años con Thaddie parecían como un sueño, como si se tratara de algo tan
imaginario como el resto de sus experiencias de vida.
Sacó su más reciente libro de recuerdos, lleno de fotos de él
sosteniendo trofeos o insignias de los Eagle Scout o premios de servicios a
la comunidad.
Dondequiera que terminaba en el Sudeste (no podía alejarse
demasiado de él) había descendido a la biblioteca más cercana para buscar
una computadora. Usando la aplicación de convertir texto en voz, había
averiguado acerca de sus hazañas deportivas, obras de caridad, y sus
diplomas de graduación.
Sabía cuándo su equipo de fútbol iba a los playoffs11 y cuando su…
má había ganado un concurso de cocina de pasteles de nuez.
Jo acechaba su red social tanto que podía decir cuándo estaba
nervioso por un partido importante, o incluso cuando tenía un flechazo. A
través de sus fotos del anuario online, lo había visto crecer hasta
convertirse en un hermoso muchacho de diecisiete años, con una sonrisa
fácil que decía: El mundo va bien.
Era alto y fuerte, a un mundo de distancia del niño pequeño que ella
había llevado a cuestas a todas partes.
Hace catorce años, había hecho una elección desgarradora, pero
obviamente había sido la correcta. Cada día que Jo se mantenía lejos, su
vida parecía volverse cada vez mejor.
Sin embargo, para evitarle a Thad la pena, ella había sufrido,
deseando que cada minuto de su solitaria existencia pasara de prisa. Sólo
dormía durante unas cuatro horas por noche, así que tenía veinte horas
cada día para matar.

11 Eliminatoria.

60
¡Al menos, en Nueva Orleans, había la posibilidad de que hubiera
otros fenómenos!
Un golpe sonó en la puerta.
Ella resopló con irritación. Pocos se atrevían a molestarla.
La primera vez que se había mudado aquí, había sido uno de los
singulares huéspedes del motel. Después de un mes de cacería -
aplastando testículos y "haciendo desaparecer" a los violadores y
combatiendo furtivamente a los proxenetas, las habitaciones se habían
llenado de mujeres, en su mayoría prostitutas, muchas de ellas con niños.
Otro golpe. Jo se trazó a la puerta, retirando el pestillo -por lo
general fantasmeaba pasando a través de ella- y la abrió.
El zalamero propietario del motel. Siempre estaba mirando de reojo a
las mujeres de aquí. Automática libertad bajo vigilancia. Un golpe, y está
acabado.
Su expresión era una mezcla de miedo y lujuria, su atención
profundizando en su cuerpo.
Mientras ella consumiera sangre, Jo conservaría una figura muy
apetecible. Sin ella, se ponía enferma de nuevo.
—¿Qué quieres? —le preguntó. Este tipo ni siquiera la estaba
mirando con consideración; jodidamente seguro que él no estaba
mirándola a los ojos.
Él le preguntó a sus tetas: —¿Me preguntaba si tú, uh, querrías ir a
tomarte una taza de café conmigo?
El café debe ser el tema de la noche. Ella podía beber java12 si tenía
que hacerlo, pero sabía horrible y la hacía tener ganas de hacer pis. Le
gustaba no tener que ir nunca al baño.
El vampirismo tenía beneficios. Nunca te quedas sin papel higiénico,
no hay gripes, no existe el periodo.
Cuando ella no respondió, por fin él se encontró con su mirada. Se
inclinó hasta que estuvieron nariz con nariz. Las sombras alrededor de sus
ojos espantaban a las personas; él no fue la excepción. Jo le dijo: —Estoy
tratando de reunir razones para no matarte; ando escasa de razones.
Tragó saliva con dificultad. —Oh. —Axe sería una mejora en su olor.

12 Java es el café producido en la isla de Java. En algunos países llaman java al café en general. En
otros, java es el café fuerte, negro y muy dulce.

61
Ella arrugó la nariz, su mente a la deriva rememorando la piel de
Rune. Tan tentadora. Pero incluso si Jo quisiera, no podría beber del
venenoso fey oscuro.
El hombre se aclaró la garganta. —¿Tú, uh, tienes el dinero que me
debes?
Jo tenía un montón de dinero en efectivo, apilado en un rincón junto
a sus libros de comics, y podía conseguir más siempre que quisiera.
—Si no lo tienes, tal vez podríamos… llegar a algún acuerdo, —el
dueño añadió.
Sólo por ese comentario no sacaría nada de ella. Eres afortunado de
estar vivo, hombrecito.
Ella le dio su respuesta estándar: —Con tu piel desollada, seré capaz
de terminar mi colcha de pellejo de hombre. —Ella le cerró la puerta en la
cara.
Uno de estos días iba a tener que empezar esa colcha o sólo sería
una mala mentirosa…
Levitó hacia la mini nevera para agarrar una bolsa de sangre. Olía a
humedad y plástico, y si Rune era tóxico, entonces ¿por qué había olido su
carne tan atractivamente? Incluso ahora sus colmillos estaban afilados.
Doliendo.
Había sentido el poder en él, allí para tomarlo. Ese punto de pulso la
había llamado como poco más en su vida lo había hecho
El hecho de que él fuera venenoso para otros no significaba que lo
fuese para ella.
¿Cuándo las reglas se habían aplicado alguna vez a Jo?
Su mirada cayó sobre su chisme de hueso de nuevo. ¿Por qué lo
conservaba? Durante los próximos años, ella se imaginaría posibles
escenarios para eso.
A menos que se encontrara con él en su cita y simplemente se lo
preguntara.

62
Ocho

Traducido por: Fangtasy


Corregido por: Nyx

—E res buena, mujer, te concederé eso, —dijo Rune


cuando entró en el patio.
La voyeur estaba sentada al borde de la fuente, rozando sus
delicados dedos por la superficie del agua, sus uñas negras reluciendo. —
Específica. Soy buena en un montón de cosas.
La mera visión de ella hizo que el calor se precipitase a través de él,
concentrándose en su ingle. Cuando él la había olfateado a un par de
cuadras de distancia, había tenido que hacer un esfuerzo para frenar sus
pasos. —¿Dónde aprendiste a robar así?
Ella arqueó una ceja. —Práctica.
—Nunca te sentí cerca de mí… bolsillo. ¿Eres una ladrona
profesional?
—Supongo que podría decirse que lo hago entre trabajo y trabajo. —
Sus labios se curvaron, como si fuese una broma privada. —Te
presentaste, ¿significa esto que te vas a unir a mí para tomar un café?
—Devuélveme mi pertenencia, —dijo mientras se acercaba a ella, —y
tal vez podría sólo darte unas nalgadas.

63
—Y eso es un no rotundo al java. —Se levantó y cuadró los hombros,
como si estuviera a punto de entrenar.
Qué extraño. Aparte de Allixta, ninguna hembra se le oponía.
Estaban demasiado ocupadas tratando de tumbarlo. —¿Qué podrías
querer de una baratija tan inútil?
La voyeur metió la mano en el bolsillo de su falda, y luego sostuvo en
alto el talismán. —Lo quiero, porque es obvio que tú lo quieres.
La mirada de él se fijó en la pieza. —No tiene ningún valor. —Lo
significaba todo. —Lo tendré de vuelta porque simplemente es mi
pertenencia.
—Mira, esta es la cuestión, ahora es mi pertenencia. Yo lo robé en
buena lid. ¿Para qué sirve, de todos modos?
—No sirve para nada. Como ya he dicho, no tiene ningún valor. —Es
simplemente lo que más me importa de todos los mundos. ¡El descaro de
esta perra!
—¿Qué significan los símbolos?
—Eso no es de tu incumbencia. —¡Él no lo sabía!
Capturada y esclavizada de joven, su madre sólo había recordado
un número limitado de runas para enseñarle a su hijo. Ese talismán había
sido la única posesión que ella había tenido, sin embargo, aun así no
podía leerlo.
A menos que Orión pudiera ayudarlo a descifrar las marcas, Rune
nunca lo sabría, porque la raza de demonios a la que pertenecía su madre
se había extinguido, su tradición perdida.
Todo lo que Orion le había dicho era que la respuesta se hallaba en
Gaia.
La voyeur se metió el talismán en el bolsillo de nuevo. —Yo podría
considerar la posibilidad de devolvértelo si contestaras algunas de mis
preguntas.
Su ira estaba en ciernes. —Tú no pones las reglas.
—Yo las pongo si deseas recuperar tu “baratija”. —Ella le dedicó un
guiño sarcástico.
Su desafío era tan poco familiar y sintió que su polla se agitaba. —
Eres una mocosa descarada, ¿no?
—Descarada es cuando una no puede respaldarlo.
Ella no podía saber que él era un Møriør, pero todavía debía temerle
como un macho mucho más grande que ella. Él la superaba en unos

64
treinta centímetros de altura y en unos sesenta y ocho kilos de peso. —
Estás cavando tu propia tumba. A menos que… —Su mirada se posó sobre
sus labios. —Tal vez tu boca todavía pueda convencerme de no azotar ese
descarado culo tuyo hasta dejarlo desollado.
Ella se rio de él.
Rune se inclinó hacia delante, sintiendo la imperiosa necesidad de
hacerla callar, con su boca sobre la de ella. Besarla para callarla.
¿Cuán callada estaría gritando de agonía? La frustración ardía a
fuego lento.
Con voz cansina, ella dijo: —Supongo que batirte en retirada es otra
opción para ti. Date la vuelta y lárgate. Tal vez la vista de tu culo todavía
pueda convencerme de no azotarlo hasta desollarlo.
Rune caminó más cerca. —¿Eres una loca, entonces? —Los
inmortales de edad avanzada a menudo caían presas de la locura.
—Claro. —Una vez más, parecía divertida. —¿Por qué no?
—Vas a darme mi pertenencia. —Él le enseñó los colmillos. —O te
haré sufrir.
—¿Sufrir? Oh, campeón, —ella rodó su cuello para que crujiera, —
Me encanta una buena pelea.
—Tal desafío contra un macho…
Ella le lanzó un puñetazo al rostro.
Él lo atrapó sin esfuerzo, pero no había esperado otro de inmediato.
Jo le dio un puñetazo en el estómago con una fuerza sorprendente.
Cuando él apretó su puño con su agarre, Jo lo agarró del brazo con
su mano libre. Sus uñas negras se habían alargado y se habían vuelto
afiladas en forma de garras. ¿Era una demonio? ¿Una súcubo?
Ella hundió las garras en su brazo. Era fuerte para ser una mujer.
Aun así, no era nada que no pudiera quitarse de encima.
—Cuidado, chica. Si rasgas mi piel, extraerás mi sucia sangre. —
Baneblood. Su vieja ira hervía. Él la empujó contra la pared, haciendo que
Jo expulsara el aire de sus pulmones.
Rune aprovechó la oportunidad para recuperar el talismán de su
bolsillo, su mano moviéndose a la velocidad del rayo cuando se sumergió
en éste. La sorpresa se registró en su rostro. —¡Eres rápido también!
—Rápido como los fey. No eres rival para mí.
Ella se revolvió contra su agarre. —¿No? —Su cabeza se disparó
hacia adelante, su frente conectando con la de él.

65
—¡Infiernos! —Con ese golpe debería haberse roto el cráneo como un
huevo. Rune sintió sangre, de una herida real, goteando por su frente.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que alguien le había dado un golpe?
—Has desatado mi veneno, muchacha. El tiempo de jugar ha
terminado.
La mirada de Jo se quedó fija en su sangre. —Mira como fluye. —
Ella empezó a jadear, sus pechos presionándose contra su tórax. Él podía
sentir sus pezones endureciéndose hasta convertirse en puntos tiesos.
Él se pasó la manga por la cara, limpiándose la sangre. No era
venenosa al tacto, no la dañaría a menos que se metiera en su organismo,
pero él no correría ningún riesgo.
Ella murmuró, —Las reglas no se aplican…
—¿Qué reglas? —Le preguntó Rune con aire ausente. Los iris de Jo
habían variado pasando del color avellana al ónix, tan negros como la
noche. —Maldita sea, dime lo que eres. —Él se quedó mirando su rostro de
fina estructura ósea, y de nuevo esa necesidad poco familiar de besarla se
amotinó en su interior.
—Tengo sed. —Ella se encaramó sobre él.
Un dolor en su cuello. ¿Colmillos? ¡Vampiro! —¿Qué COÑO estás
haciendo? —El agarró en un puño su cabello para apartarla. —Quieres
morir…
Ella succionó sobre su mordedura.
El placer lo abrasó como un rayo, arrancando un grito de sus
pulmones. —¡AHHHHH! —Su polla se puso dura en el acto,
convulsionándose para correrse. —¡Ah, dioses! —Una vampira se estaba
alimentando de él -de él- y eso era inimaginable. —Estás bebiendo tu
muerte.
—Ummm. —Sus labios color rubí besaron su carne. Cuando su
lengua se lanzó por más de su sabor, los ojos de Rune se pusieron en
blanco.
Nunca… había sentido… tanto… placer. . .
Casi sin sentido, él la dejó hundir sus garras en él, la dejó envolver
sus miembros a su alrededor mientras ella lo hacía su presa. El veneno
debería haberla golpeado. De alguna manera ella no se estaba debilitando;
su cuerpo se volvía más y más fuerte, sus gemidos más altos.
Jo mecía sus caderas contra su torso, presionando su sexo contra él.
El olor de su excitación invadió sus sentidos.

66
Descubre el resto más tarde. Utilizó su agarre sobre su cabello para
empujarla contra su cuello. —Entonces chupa de mi como tenías intención
de hacer, pequeña zorra.
Ella lo hizo, perforándolo más profundamente, gimiendo contra su
carne.
Con cada succión de ella, él se sentía más atolondrado. Resiste. Sus
pelotas se apretaron, su respiración jadeante. ¡Resiste! —¡Vas a hacer que
me corra de esta manera! —Dentro de ella… necesitaba hacerlo dentro de
ella. Estará tan mojada.
Se abrió el cinturón de sus armas. Se esforzó por recordar la
dinámica del poder y del control, sólo logró atacar su bragueta. ¡Necesito
estar en su interior!
Rune gritó cuando su polla hinchada salió disparada. Con los
pantalones escoceses por los muslos, él arqueó sus caderas, enviando su
miembro entre los cuerpos de ambos. Él la había ensartado en sus bragas
de encaje. Sintió su suave y desnudo monte de Venus contra su vara, justo
cuando ella le hizo una lasciva succión.
Ella no puede tener suficiente de mi baneblood.
Ante ese descubrimiento, se estremeció contra ella, se tambaleó.
Estaba a punto de correrse, sin haber decidido hacerlo.

67
Nueve

Traducido por: Fangtasy


Corregido por: Nyx

E l vino negro de Rune golpeó sus venas, llevando el fuego a


cada pulgada de ella. ¡La drogaba, hacía que su cabeza diera vueltas, hacía
que su carne quemara! Borracha de sangre. Ávida de sangre.
¿Cómo había pasado tanto tiempo sin morder a alguien? Sus
pezones perforados endurecidos. Su clítoris palpitaba. Su tanga estaba
empapada.
El calor emanaba de su cuerpo mientras él la embestía con su polla.
Los gemidos de Rune reverberaban en los colmillos doloridos de ella. ¡Él
estaba a punto de correrse! Ella no se quedaba atrás. Jo se apretó contra
él buscando una mayor fricción.
Cuando su falda se arremangó en su cintura, él le agarró el culo, sus
garras clavándose en su piel. —¡Joder, joder, JODER! —Su polla palpitaba
contra ella. —¡No puedo aguantar mucho más tiempo!
Ella gimió, arañando su espalda para acercársele más.
—¡Dréname, entonces! —Su corazón tronaba, bombeando su vino
oscuro para ella. —Toma. Más.
Antes, ella lo había probado ligeramente, sin saber cómo beber.
Ahora su instinto la gobernaba. Extrajo más de él. Con fuerza.

68
—¡Uhhhnnn! —Cada músculo de Rune estaba tenso. —Sí, ¡Chupa!
¡Es como si mi polla fuera a explotar! —Gruñó, gimió, empujando sus
caderas. —Joder sí, tan bueno tan bueno.
Enloquecido, la inmovilizó contra la pared, embistiéndola
frenéticamente, empujando su polla entre sus cuerpos mientras se mecían
el uno contra el otro. Al borde, ella se retorcía para salir a su encuentro.
—¡No puedo contenerme… no puedo contenerme! —Entre jadeos
entrecortados, las palabras de un idioma extranjero se derramaron de su
lengua. ¡Él estaba culminando! ¡No, demasiado pronto!
—¡Ahhh, dioses! —Sus caderas se dispararon entre sus muslos. —
Estoy… Estoy… ¡CORRIÉNDOME! —Su gran cuerpo se convulsionó. Echó
la cabeza hacia atrás para gritar.
Los músculos de su garganta ordeñaron sus colmillos cuando él
gritó hacia el cielo una y otra vez…
Cuando sus caderas gradualmente se desaceleraron, él emitió un
gemido de satisfacción, el sonido de sus gritos todavía se hacían eco en la
noche. En la ciudad.
Ella permanecía en llamas, sutilmente meciéndose contra él,
queriendo que este mordisco nunca finalizara. ¡Lo había hecho, había
bebido de otro! Y su piel bronceada había sido la guinda en la cima de su
exquisita sangre. El acto había sido como el sexo, excepto que éste había
sido bueno. Como el mejor sexo que jamás hubiera imaginado.
Con ese mordisco, ella había conocido la conexión que había soñado.
Él le soltó el cabello, así que Jo a regañadientes retiró sus colmillos
con un último lametón ávido que hizo gemir a Rune.
Recuperando el aliento, él presionó ambas manos contra la pared.
No necesitaba abrazarla; las garras de Jo estaban hundidas en su espalda,
sus miembros envueltos alrededor de él. Un lado del rostro de Jo
descansaba contra el de él
Varios segundos pasaron así. ¿Qué debo hacer? ¿O decir? Ella
esperaba que no siguieran peleándose. La baratija había sido un buen
precio a cambio de su sangre.
Quería librarse de él, y luego beber de nuevo. ¡O ambas cosas a la
vez!
Él echó la cabeza hacia atrás para mirarla, con asombro en cada
línea de su rostro. Sus iris magenta se habían oscurecido y fisuras de color
negro asomaban en forma de horquilla entre ellos. ¿Era eso típico en un
fey oscuro? Muy incitante.

69
Con voz ronca, dijo Rune, —Hiciste que me corriera con tanta fuerza
que pensé que iba a derramar mi semilla.
¿No lo había hecho? Su polla aún pulsaba contra su vientre, pero su
piel estaba seca.
Como si estuviera en trance, él alzó la mano hacia la boca de Jo.
Frotó su pulgar, adornado con un anillo, a lo largo de su labio inferior,
recogiendo gotas de sangre que ella había derramado. Se las ofreció de
nuevo a ella.
Ella embadurnó con la lengua su pulgar. Delicioso.
¿La había arruinado para poder disfrutar de otra sangre?
—Chúpalo, —le ordenó.
Cuando ella atrajo su dedo pulgar en la boca, los párpados de él se
volvieron pesados. —Tan malditamente hermosa. No sé cómo esto es
posible, mujer. Pero los planes que tengo para ti… Te voy a comer viva.
Anteriormente, lo había considerado en cierto modo atractivo. Ahora
que sabía cómo sabía él, sus ásperos rasgos adquirían un aspecto
completamente nuevo. Por no hablar de que él era sobrenaturalmente
fuerte y rápido.
Como yo.
Además, él estaba calándola con fuerza. Jo admitió para sí que ella
también lo estaba calando a él en respuesta. Comprensiblemente, ya que
su gran polla todavía estaba en sus bragas y él la estaba contemplando
con una mirada cautivada.
Después de la noche de bodas que había pasado con el romántico
novio, no había tenido ningún interés en encuentros sexuales casuales.
Ahora se sentía cambiada de nuevo.
No podía vivir sin la conexión que acababa de experimentar con
Rune. No había vuelta atrás para ella.
—¿Hurgaste en mi bolsillo para atraerme aquí? ¿Así podías
alimentarte?
Ella soltó su pulgar. —No, yo no había previsto esto. Sólo quería algo
tuyo.
—¿Por qué?
—Supongo que para conocerte. —Ella lo había conocido de manera
imprevista. Su mirada revoloteó desde sus ojos hasta la marca de su
mordisco.

70
Su mano pasó a lo largo de la cara externa de su muslo. Jo se
estremeció cuando sus dedos trazaron la parte posterior de su tanga. —
Tomaste mi sangre prohibida, y la bebiste. En lugar de morir de dolor,
estás brillando en todo tu esplendor. ¿Has utilizado algún tipo de hechizo?
Ella sabía que su sangre era venenosa, pero no letal. Al menos para
otros. Tal como ella había sospechado, las reglas no se aplicaban a Jo. —
No conozco ningún hechizo. Sobreviví probablemente porque soy
endiabladamente fuerte y todo eso.
—Eso lo eres. —Él ladeó la cabeza, y un mechón negro cayó hacia
adelante.
Jo quería agarrar en un puño su cabello y besarlo hasta que los
labios le dolieran. —¿Nadie te ha mordido antes?
—Ningún otro vampiro se atrevería.
Otro vampiro. Existían más. Yo soy uno de ellos.
¿Cómo se había convertido en uno? ¿Todos los fantasmas se
convertían en vampiros? Ella estaba separando sus labios para
interrogarlo cuando Rune dijo: —Todavía no puedo creer que esto haya
sucedido, y pocas cosas deberían sorprender a un inmortal de mi edad.
¿Inmortal? —¿Cuántos años tienes?
—Siete mil años.
¡Santa mierda! ¿Viviría ella para ser tan vieja? Su mente no podía
asimilar esa cifra
—Tú debes ser antigua también para ser así de fuerte. —Nop. —Es
extraño que no tengas el olor de un vampiro.
—¿A qué crees que huelen los vampiros?
—A agresión y sangre. —Él inclinó su frente contra la de ella. —
¿Estabas muy hambrienta, o disfrutabas de mi sabor? —Su tono era
brusco, casi vulnerable. —¿Cómo puedo… cómo puede mi sangre ser
comparada con la de otros?
—Es asombrosa.
Las comisuras de sus labios se curvaron en una sonrisa arrogante y
sesgada. —Lo que acabamos de hacer es depravado. Los Loreans lo
considerarían un tabú.
¿Loreans? —Vale. Lo que sea.
—Lo que sea, —repitió con un carraspeo. —No sólo no te importa
una mierda sino que estás mirando mi cuello como si quisieras una
segunda ronda.

71
—Y una tercera y una cuarta.
Sus cejas se unieron en un ceño con recelo. —¿Has bebido de otros
de mi clase?
—No, nunca.
—Entonces, ¿por qué lo hiciste? Te advertí de que era venenoso.
Ella se encogió de hombros. —Olías… bien.
—¿Bien? —Dijo la palabra como si estuviera poniéndola a prueba,
tentativamente. —Si me pinchas con esos colmillos de nuevo, te penetraré
con esto. —Él se empujó, frotando su pene sobre su monte de Venus. —
Sólo para que nos entendamos.
—¡Ah! P-parece justo. —Ella no era la única que comparó su
mordisco con el sexo.
Su sonrisa digna de provocar suspiros se profundizó. —Dime tu
nombre.
En un tono sin aliento, dijo, —Josephine. —¿Le acababa de dar su
nombre? Su verdadero nombre.
—Es un placer, Josephine. —Él le arrancó la ropa interior del
cuerpo, limpiamente. Luego se las metió en el bolsillo.
¿Algo para recordarla? ¿Porque él iba a dejarla tirada? Como a esas
otras mujeres, todavía no se había quitado el arco. Ooh, ¿no sería que él
todavía tenía hedor de ninfa sobre él? Y ella no tenía protección. No es que
pudiera quedarse embarazada –no tenía periodos- pero aun así…
—Ahora es tu turno para correrte, —le informó. —Voy a demostrarte
que hago alarde de algo más que indicios de diversión. De hecho, creo que
te prometí que haría que vieras las estrellas.
—Me gustan las estrellas, —murmuró ella.
Él se inclinó. ¿Para besarla? —Mi bolsa de trucos acaba de hacerse
mucho más extensa. Estoy ansioso por explorar esto contigo.
Explorar. Eso sonaba menos a dejarla-tirada. Tal vez debería darle la
oportunidad. Ella se acercó más para salir a su encuentro…
Unas risitas sonaron en la puerta del patio. Rune retrocedió.
Dos mujeres con vestidos de fiesta diminutos les silbaron. Una rubia
y una pelirroja. Como las cuatro con las que él se había visto antes, este
par parecían demasiado perfectas para ser humanas.
—Ah, ninfas de agua, —dijo él.

72
—¡Nosotras escuchamos que estabas en la ciudad, Rune! —dijo la
rubia. —Eso sonaba como si hubieras perdido tu autocontrol siempre-
dispuesto-para-el-amor.
Su amplia mandíbula se apretó. Bueno, a él no le gustó ese
comentario en absoluto. En un tono indiferente, dijo, —Cuando es bueno,
es bueno.
¿Bueno? Y una polla, por favor. Sus oídos todavía resonaban de sus
gritos.
La pelirroja añadió: —Si estás en un estado de ánimo tan deseoso,
podemos unirnos a ella.
¿Hola? Era obvio que estaba ocupado. Pista número uno: ella estaba
sin bragas, con sus piernas envueltas alrededor de él. No es una
casualidad, fenómenos.
—Por supuesto, pichoncitas. Más tarde.
Él no acaba de decir "más tarde".
—Nos encontraremos contigo después de algunas citas amorosas, —
dijo la pelirroja. —Tenemos algo que sabemos te gustará.
—Vuelvan al amanecer, —les dijo.
Cuatro ninfas al atardecer. Una vampira a medianoche. ¿Un par de
ninfas más en la madrugada?
Le lanzaron besos y desfilaron para alejarse.
Devolvió su atención a Jo. —Ninfas: no se puede vivir con ellas…
Acababa de hacer que este tipo se corriera, su pene todavía estaba
acurrucado entre ellos, ¡y él estaba concertando una cita con otras
mujeres! ¡Con… con ninfas! ¡Estúpido!
¿Por qué tendría que hacer eso? Él había reaccionado a ella mucho
más fuerte de lo que lo había hecho a aquellas otras.
¿Algo aún más desconcertante? Su expresión hacia Jo era tierna.
Ella casi podía fingir que él la estaba mirando con consideración. Excepto
por el hecho de que éste tenía la intención de verse con otras.
—Ahora, ¿dónde estábamos?
—Tú estabas arreglando un par de polvos para más tarde. —Sus
garras afiladas.
Él le lanzó una mirada decepcionada. —¿Celosa? Ya estás siendo
posesiva conmigo. —Él también estaba saliendo de una neblina de lujuria,
parecía estar despertando. —No lo hago con mujeres celosas. Por todos los
dioses, vampira, te conozco desde hace un total de quince minutos. —

73
Retiró sus caderas hacia atrás, luego la dejó caer. —Ni siquiera te he
follado todavía. —Él se subió de un tirón los pantalones, vistiéndose tan
rápido que sus movimientos eran un borrón falto de definición.
Ella se bajó bruscamente la falda. —¿Posesiva? Como si yo te
quisiera para mí. —Yo en cierto modo te querría para mi sola. ¡Quiero a
alguien para mí sola! —Tú sólo eres una bolsa de sangre en un paquete
con una polla grande. Quién no duró el tiempo suficiente para hacer que
me corriera. —¡La historia de su vida! Sus labios se retiraron sobre sus
colmillos.
Con un gruñido, él la presionó contra la pared otra vez. —¿Me estás
desnudando tus colmillos? ¿Desafiándome de nuevo? ¡No tienes ni idea de
lo que podría hacerte!
—¿Hacerme a mí? ¿Aparte de dejarme colgada?
—Te alimenté, ¿no? —Él arrastró sus dedos sobre la marca de su
mordedura, y una mirada de comprensión asomó en su rostro. —Me
mordiste, bebiendo mi sangre directamente de mi carne. Algo de lo que
nunca he tenido que preocuparme. La toma de sangre tiene
consecuencias, mujer. Las cuales tú conoces bien.
¡No, ella no las conocía!
Por un breve instante, su expresión se transformó en una de
determinación. Determinación mortal. —Esos planes…
Entonces él le dirigió esa sonrisa, incluso mientras su mano libre
discretamente avanzaba hacia su espada. La conmoción irradió a través de
ella. ¿Él la iba a acuchillar porque había tomado sangre de su cuello?
Un mata-mujeres literal.
¡Grandísimo-imbécil!
Qué lástima que nunca pudiera atraparla.
—Oh bien. Lo hecho, hecho está. —Sus palabras eran frívolas, pero
el timbre de su voz había cambiado.
Como hacía ella cuando estaba a punto de matar a alguien.

74
Die z

Traducido por: Fangtasy


Corregido por: Nyx

R une maldijo para sus adentros. Un vampiro había bebido de su


carne, tomando su sangre y posiblemente sus recuerdos.
Después de todos estos años protegiendo los secretos de los Møriør,
había permitido una brecha de seguridad.
De proporciones épicas.
Eliminar la brecha era la única alternativa. Él lo sabía, y sin
embargo dudó, sus deseos en conflicto con sus deberes. Josephine le
había dado el placer más alucinante que jamás había experimentado.
Ella había tolerado, de alguna manera, su sangre envenenada. Eso
les había proporcionado placer a ambos, y la había alimentado.
Naturalmente quería investigar esto, al menos hasta que se hubiera
cansado de ella, o hasta que hubiera descubierto a otra que pudiera beber
de él. Si existía tal criatura…
Sólo te llevó siete mil años encontrar a esta, baneblood.
Y aunque se encontrara con otra, tal hembra no podría superar el
atractivo de Josephine. En este momento, tenía problemas para estar a la
altura de cualquier mujer que pudiera.

75
No importa qué, decapitar a esta mujer parecía un desperdicio. Su
mano se detuvo ante su espada. —¿Sueñas con los recuerdos de aquellos
de los que bebes? —Tal vez ella no poseía esa capacidad; algunos vampiros
no lo hacían.
—Definitivamente nunca he hecho eso.
Sintió la tentación de creerle. —¿No eres una cosaş? ¿Un lector de
recuerdos transmitidos por la sangre?
—No.
Los vampiros natos eran incapaces de mentir. Cuando se trataba de
expresar una falsedad, éstos experimentaban un dolor severo.
Por supuesto, en el mundo de los inmortales, cada regla tenía una
excepción.
Tal vez debería obligar a Josephine a volver con él a su guarida y
monitorearla. Además de sus opulentas habitaciones en el Castillo
Perdishian, tenía un segundo hogar en el reino de Tortua. Los muros
exteriores estaban bien custodiados, a prueba de fugas.
Él la conservaría por un tiempo, asegurándose de que no
representaba una amenaza.
Sin embargo, ¿qué pasaría si un cosaş bebía de ella?, entonces, ¿qué
pasaría? Aunque no fuera capaz de leer los recuerdos, ella todavía podría
haberlos cosechado.
Rune nunca podría dejarla ir libre por los mundos. ¿Una prisionera
permanente? ¿En su santuario privado?
A menos que se deshiciera de ella.
¡Maldita sea, no tenía tiempo para esto! Su polla lo había metido
directamente en un problema, y no estaba más cerca de matar a Nïx.
Pondría a buen recaudo a la vampira, debatiría sus opciones, y luego
regresaría para buscar a su objetivo hasta la salida del sol.
Envolvió su brazo alrededor de Josephine, aplastándola contra él. —
Te voy a hacer mi prisionera, mujer. Lamentablemente para ambos, serás
mi cautiva por el resto de tu vida, independientemente de lo corta que ésta
podría llegar a ser. Cuanto más tiempo mantengas mi interés, más tiempo
vivirás.
Ella forcejeó contra él. —¡Déjame ir, fenómeno!
Él suspiró con irritación. —Soy, de lejos, demasiado poderoso para
que puedas liberarte. Ni siquiera un demonio milenario puede trazarse
para huir de mi dominio. —Un hecho comprobado.

76
—¿Trazarse?
—No te hagas la ignorante, niñita.
Sus ojos ampliamente abiertos se redujeron a rendijas. —¿Niñita?
Nunca he sido una niñita.
Cuando ella se calmó, la irritación de Rune se volvió desconcierto,
porque ella comenzó a desmaterializarse, similar a trazarse, pero más
lento. —Imposible. —De alguna manera ella estaba evadiendo su agarre
inquebrantable.
Con el rostro aún más pálido, y los ojos aún más oscuros, ella sonrió
con aire de suficiencia ante su incredulidad.
Nunca había conocido a un vampiro que pudiera controlar su
teletransportación a este nivel
—Soy más poderosa de lo que parezco, niñito, —ronroneó. —
Recordaré que planeabas encarcelarme, en el mejor de los casos, y
destriparme en el peor. Cuida tu espalda, porque te estaré vigilando. —
Entonces ella desapareció.

Jo había oído hablar de que algunas citas para tomar un café habían
salido mal, pero ¿en serio? ¡Qué gilipollas!
Después de fantasmear desde su agarre, se había vuelto totalmente
invisible, posándose en la pared opuesta del patio.
Había hablado en serio; tenía la intención de vigilar todos sus
movimientos. Esta noche iba a descubrir más acerca del mundo de Rune.
Acerca de mi mundo.
Este amigo era viejo –¡joder si era viejo! -así que tendría respuestas.
Ella ya había descubierto que era una vampira, y que había otros.
Fey oscuros, ninfas y demonios existían.
En una escala de abominación, un mortal convertido en vampiro
tendría que ser mejor que un demonio, ¿no? Hey, Thaddie, soy una
vampira, pero por suerte -uf- no un demonio.
Una vez más se preguntó si viviría para acumular miles de años de
antigüedad. Ese pensamiento la deprimió.

77
Rune se giró sin moverse de su lugar, su rostro una máscara de
furia. Escupía palabras en ese idioma extraño que había usado antes,
luego se ajustó el arco sobre su hombro. Miró hacia el cielo, como para
medir el tiempo, luego comenzó a alejarse.
Para encontrarme.
Ella lo siguió, fantasmeando de una farola a otra…
Durante horas, lo observó mientras él revisaba cada callejón,
haciendo una pausa, y luego pareciendo rastrear olores callejeros. Habían
llegado muy lejos del barrio, pero estaban casi de vuelta en el patio, donde
había comenzado esta noche.
Hubo un momento en que Rune había lanzado un puñetazo a una
pared de ladrillo de un edificio abandonado. Su fuerza precipitó la
estructura de dos pisos hacia un lado, como si lo hubiera arrancado de
sus cimientos. Sin mirar atrás, se había alejado con paso firme, su mano
ilesa, su fuerza increíble.
Estudiando a Rune más preguntas surgieron. ¿Era tan importante
encarcelarla? ¿Eran sus recuerdos tan valiosos? Y para el caso, ¿podía
soñar con ellos como una cosaş?
Ella nunca lo había hecho. Pero entonces, nunca había tomado
sangre "directamente de la carne."
¡Ahora sólo quería hacerlo de nuevo! Para tener piel alrededor de sus
colmillos doloridos. Para sentir músculos trabajando bajo sus garras
mientras se agarraba a su presa.
Desde su posición en un poste de luz, ella percibió un atractivo
rubio tambaleándose por la calle con sus amigos, cada uno llevando una
gorra de graduación. Estaban hechos polvo, y en sus camisas, en todas, se
leía lo mismo, pero no podía descifrar las palabras.
Quizás se estaban graduando en Tulane. Desde su llegada a Nueva
Orleans, a menudo había visitado el campus. Había visto a los estudiantes
leyendo, como si ese talento no fuera una gran cosa.
El rubio tropezó con sus propios pies, y su mano salió disparada
hacia la farola que ella ocupaba. Sus atractivos dedos se agarraron justo
por encima de sus tetas. Bueno, hola a eso.
Su piel era suave, sus dientes blancos. ¿Cómo sería beber de él?
¿Ganaría recuerdos de fiestas universitarias y de las clases?
Ella tocó con la lengua un colmillo, pero éste permanecía en estado
latente. El corazón le dio un vuelco. No podía imaginarse bebiendo de este
macho. Ni tampoco de ninguno de sus amigos.

78
Además, incluso en su forma de fantasma podía oler el Axe.
Ella suspiró. Trató de decirse a sí misma que estaba llena. Si llegaba
a estar lo bastante hambrienta… Pero sabía la verdad: nada podía
compararse a la sangre negra de Rune. ¿Cómo podría volver a las bolsas
de sangre de su nevera?
Rune, ese hijo de puta, la había arruinado. Rune era la ruina.
Qué apropiado. Sería su nuevo nombre. Ella siseó en su dirección,
haciendo que el rubio de sopetón diese un paso atrás.
En el idioma de los borrachos, dijo, —¿Tíos, esscucharon essoo? El
posste meresssisseó. —Con un encogimiento de hombros, continuaron
tambaleándose.
Aproximándose al patio, Rune se pasó una mano por el rostro, como
maldiciendo el sol naciente.

79
Once

Traducido por: Fangtasy


Corregido por: Nyx

J osephine había desaparecido. Había recorrido las calles tanto


en busca de ella como de Nïx, ampliando su búsqueda en el corazón de la
ciudad, pero nunca captó el olor de ninguna de ellas.
Tal vez su habilidad de rastreo se había oxidado desde su última
Accession. Revolcarse en carne de ninfa podía hacerle eso a un hombre.
Trató de recordar su última sesión de maratón con una bandada o
un cubil de placer, sin embargo, todo lo que conseguía ver era la sonrisa
altanera de Josephine.
Él sabía lo que estaba sucediendo. Los vampiros hembra eran
notoriamente hipnóticos, tan fascinantes como los súcubos. Era un
mecanismo de supervivencia, una herramienta de caza, porque ambas
especies dependían de los cuerpos de otros seres para su sustento.
Esta noche él había sido utilizado como alimento. Debería estar
indignado, pero al rememorar su mordisco se le ponía la polla tan dura
que temía por sus pantalones.
Esas ninfas estaban en lo cierto; había perdido su autocontrol
siempre-dispuesto-para-el-amor.

80
No, no, Josephine lo había hipnotizado. Y con su tanga en su bolsillo
-un recordatorio constante de su aroma, de su excitación- estaba
imprimado de ella. Con el tiempo, se quitaría eso de encima.
Él dejaría de pensar en tomar posesión de sus labios.
Porque él podría tomarlos. Queridos dioses, finalmente podía hacerlo
sin matar. Una ventaja añadida: nunca había anhelado el beso de una
mujer más que el de Josephine, y eso había sido antes de que hubiera
sabido que podía tenerlo.
El amanecer se acercaba. Se rumoreaba que Nïx salía sólo de noche.
La luz enviaría a la vampira a su guarida. No encontraría a ninguna hoy.
Aunque Josephine podía haberse trazado a cualquier lugar del
universo, ella regresaría.
Metió la mano en su bolsillo. Al lado de su tanga rasgada estaba el
collar que había robado, el que ella había tenido en contacto con su labio
cuando él se había encontrado con ella la primera vez. Lo sacó, dándole
vueltas en sus manos. Le había quitado el collar como represalia, sus
dedos eran tan amigos de lo ajeno como los de ella, pero también porque él
había sospechado que la pieza tendría algún significado.
Esos trozos de metal eran balas usadas.
Oh, sí, ella regresaría. Él tenía el cebo; ¿cómo atraparla?
Evidentemente, su agarre no sería suficiente.
Cuando Rune había salido de Tenebrous, se había equipado para
matar a una Valkyria, no para retener a una vampira. No tenía grilletes a
prueba de teletransportaciones con él, ni en su santuario en Tortua.
Las ninfas le habían hablado de una tienda Lore en la ciudad. Si se
encontraba con un par de grilletes allí, atraería a la vampira cerca con el
collar, luego la atraparía.
Una vez que ella fuera su cautiva, él haría todas las cosas prohibidas
con las que había fantaseado.
Arañar, chupar, lamer.
Besar.
Una de sus fantasías más candentes era la más sencilla: tomar la
boca de una mujer y hacerla gemir de placer en vez de dolor
La última vez que había probado los labios de otro había sido un
beso de muerte. Siempre que se imaginaba besando, recordaba aquella
noche.
Rune anhelaba un beso para borrar su pasado.

81
Antes, cuando una de las ninfas se habían abandonado a sí misma y
buscó sus labios, él se había puesto enfermó al recordar, pero había
seguido follando…
Guardó el collar en el bolsillo, sus dedos fueron atraídos por la
tanga de seda de Josephine como si estuviera magnetizada. Con la otra
mano, trazó la marca de su mordedura, casi curada.
Por lo que sabía, Nïx había enviado a la vampira como espía. Las
debilidades de los Møriør eran pocas, pero éstas podrían ser explotadas
por un estratega inteligente. Justo como Orión lo hacía con sus enemigos.
Rune acarició la seda de nuevo. Esta noche se había corrido más
duro de lo que nunca lo había hecho, y aun así, tocar sus bragas le ponía
las pelotas tan azules que cada paso le provocaba dolor. Tal vez debería
liberar parte de la presión, así podría pensar.
Un par de ninfas de agua al amanecer harían el trabajo. Se dirigió
hacia el patio. Él acababa de entrar cuando las ninfas entraron
paseándose justo detrás de él.
¡Exactamente lo que necesitaba, un limpiador para su paladar! Una
rubia y una pelirroja, ideal para conseguir superar a una morena. Creía
que la rubia se llamaba Dew13, la pelirroja Brook14. Se veían bien para un
revolcón.
¿Qué aspecto tendría Josephine cuando estuviera bien complacida?
No la había tenido en consideración en absoluto, como le había señalado.
Pero, ¡gimió bastante lujuriosamente cuando se alimentó de mí!
Se cubrió con el cuello de su camisa la marca de la mordedura. —
¿Se dieron prisa con sus otras citas para encontrarse conmigo? —Por
supuesto que lo habían hecho.
Ellas asintieron con la cabeza. La rubia dijo: —Conocemos trucos
para acelerar las cosas, ya sabes.
Él se había visto obligado a aprender esos mismos trucos también.
Un recuerdo afloró de la reina Magh diciéndole... —Complace a tus clientes,
perro. O perece.
Entre una ola de repulsión, Rune deslumbró a las ninfas con su
sonrisa estudiada. —Puede que nunca utilicen esos trucos conmigo… —Se
quedó mudo, sus orejas moviéndose espasmódicamente. Miró a su
alrededor, sintiendo la cercanía de la vampira. Pero él la hubiera olfateado
si ella estuviera cerca.

13 Rocío en inglés. (Nota de T)


14 Arroyo en inglés. (Nota de T)

82
Maldita sea, ¿por qué no podía dejar de pensar en ella? ¿Podría tener
su poder hipnotizante todavía influenciandolo si ni siquiera estaba aquí?
—Tenemos algo de información para ti, —dijo Brook. —¿Nos pagarás
generosamente por ella?
—En efecto. —Era el maestro de los secretos de los Møriør ahora, y
las ninfas sabían mucho.
—Se trata de la hembra con la que estabas antes, —dijo Dew con
una mirada astuta. —La que escuchamos conmocionando tu mundo.
Brook añadió: —Todo el pueblo lo oyó.
No se molestó en negarlo. —Continúa.
—¿Qué sabes de ella? —le preguntó Dew.
—Muy poco. Cuéntame.
—Creemos, —Brook bajó la voz, —creemos que ella es un vampiro.
—¿Qué te da esa impresión? —preguntó él, fingiendo su ignorancia.
—Ella no huele como tal.
—La hemos visto en una pelea. —Brook se estremeció. —Ella
siseaba, tenía colmillos y sus ojos se volvieron negros. Es por eso que
nunca hemos tratado de seducirla. —Pocas especies dañarían a una ninfa,
pero algunos vampiros ansiaban beber de ellas hasta dejarlas secas.
¿Y si hubieran seducido a Josephine? Se la imaginó durmiendo con
ellas y, por supuesto, con él al mismo tiempo. Imaginar cualquier
combinación de mujerzuelas atractivas ofreciéndole sus atenciones a él y
entre sí, normalmente sería una ensoñación agradable.
Ésta sin embargo lo llenó de irritación. Él sería suficiente para
encargarse de Josephine. Las ninfas simplemente enturbiarían las aguas.
Les señaló, —Ojos negros y colmillos podrían implicar un demonio.
Brook se colocó el cabello detrás de una oreja puntiaguda. —Pero
ella no tiene cuernos o alas.
Dew asintió. —Hemos pasado toda nuestra vida sin ver a una mujer
vampiro, y ahora las calles parecen estar llenas de ellas. Hay una Valkyria
híbrida, y una Dacian, pero ésta está enferma por la plaga de los
vampiros...
—¿Saben dónde vive la mía? —Mía. Casi se echó a reír. Esa era una
palabra que nunca aplicaría a una mujer.
—Creo que en algún lugar de la ciudad, —dijo Dew. —Ella viene al
barrio para rapiñar bolsillos. Es una cleptómana. Una vez la vi

83
deambulando bajo la lluvia torrencial, parecía triste. Parecía desesperada
por robar a alguien.
Josephine había dicho que le había robado a él porque quería
conocerlo. Al parecer, ella conocía a muchos. La muchachita podía hacer
que un hombre se sintiera barato. Si él se lo permitía.
¿Y por qué demonios tendría que estar triste? Ella era una hermosa
y poderosa inmortal.
Dew sonrió con picardía. —Tú quieres repetir con tu vampira,
¿verdad?
¿Repetir? ¿Los colmillos de Josephine perforando su cuello de
nuevo? Mientras ella presionaba sus tensos pezones contra su pecho y le
clavaba las uñas…
Él se encogió de hombros, incluso cuando su polla se convulsionaba
dentro de sus pantalones. —Yo la estoy buscando sólo por negocios. —Una
vez que ella regresara por su collar, todo iría bien. Era hora de quitarse el
sabor de boca. Él cogió a Brook en brazos.
Ella chilló. —Alguien ya está con muchas ganas de correrse.
No necesitaban saber que su erección no era por ellas. —¿Cuándo
no lo estoy?
—¡Rune, tu cuello! —Ella lo miró con los ojos muy abiertos. —¿Tú
has… ella te mordió?
Dew lo manoseó. —¡Déjame ver! —Su mandíbula se descolgó al ver
la marca de la mordida. —Eso es tan sucio. Y caliente.
Dioses, lo fue.
Brook dijo: —Sin embargo, ella no pudo beber tu sangre venenosa,
¿verdad?
—Por supuesto que no. Sólo me pellizcó con sus colmillos.
Dew dijo, —¡Sigue siendo un mordisco! Ella es un ser valiente por
perforar tu piel. ¡Y tú eres un perro sucio por permitírselo! Sabíamos que
entraste en el lado más salvaje, ¡pero eso es pervertido! ¿Podemos mirar la
próxima vez?
—Tal vez. —Él les dedicó su sonrisa ladeada. —Pero sólo si son unas
chicas muy buenas.

84
Doce

Traducido por: Fangtasy


Corregido por: Nyx

M enudo. Guarro.

Jo se quedó boquiabierta desde su posición dentro del muro del


patio. Este hombre era el mayor puto que jamás había visto nunca.
Y un ladrón redomado. El bastardo le había levantado su posesión
más preciada, de su maldito cuello, ¡y ella en ningún momento lo había
notado! Cuando vio su collar en sus manos, casi lo había atacado. Pero no
podía arriesgarse a que la capturara, y no sabía de qué otros trucos era
capaz.
Se vería obligada a esperar aquí hasta que él estuviera tan ocupado
con esas ninfas que no percibiera su propio robo. No le llevaría mucho
tiempo. Las mujeres estaban trepando por él como si fuera una pared de
roca.
Ellas pensaban que era depravado que un vampiro mordiera a un fey
oscuro. Pensaban que ella era una pervertida.
Su estómago se encogió cuando él cogió a Brook en sus brazos y la
mujer envolvió sus piernas alrededor de su cintura.
Jo decidió en ese mismo momento obtener más experiencia sexual.
Si ella hubiera estado en algún lugar por la zona, esto no le molestaría

85
tanto. Esas ninfas no sufrían celos. Rune había dicho "celos" como si fuera
una palabra sucia.
Pero Jo estaba celosa. La conexión que creyó haber experimentado
con él había sido unilateral.
¿Dónde estaba la novedad?
Él palmeó la parte posterior de la cabeza de la ninfa y la atrajo hacia
su cuello, hacia el lado sin marcar. —Aquí, pichoncita, dame un
pellizquito. Tú no vas a rasgar mi piel
Jo se enderezó. ¿Qué demonios?
Él inclinó la cabeza, su cabello cayó hacia un lado, dejando al
descubierto la parte afeitada de su cabeza y su oreja puntiaguda.
Brook dijo: —¿Quieres fantasear que soy la vampira?
Dew se rio.
—Sólo así, —él admitió sin rodeos. —Y me ayudaría si ambas se
calmaran.
¡El descaro de este pendejo! ¿Es que no tenían orgullo estas ninfas?
¿Y por qué habría de estar fantaseando con Jo cuando había pasado de
ella tan rápido?
¿Para contemplar su asesinato?
¡Dios, este hombre la desconcertaba!
Mientras Dew luchaba para desabrocharle el cinturón, Brook le
mordió el cuello.
Rune le ordenó, —Más fuerte, pichoncita.
Sí, Jo había visto cosas extrañas en el curso de su voyerismo, pero
este macho tratando de revivir su mordisco era muy extraño. A pesar de sí
misma, sus colmillos afilados estaban volviéndose puntiagudos.
—Dije más duro, —dejo salir él con los dientes apretados.
Yo lo habría mordido hasta que aullara clamando por misericordia.
Con la boca llena de su piel, la ninfa masculló, —¡toy’ mordaendo
taen guro como pedo!
—Es inútil. —Él hizo un sonido de frustración. —Déjalo, Dew.
Brook liberó su cuello y señaló con su pulgar a la otra ninfa. —Ella
es Dew.
Esa ninfa había conseguido finalmente desabrocharle el cinturón e
iba por su bragueta.

86
—Cómo sea. —Rune flexionó sus garras. —Retírate. Estoy a punto
de sangrar.
—Tan malditamente caliente, —dijo Brook en un suspiro, pero se
echó hacia atrás.
Él se metió la punta de dos de sus garras en los que quedaba de la
mordida de Jo. Perforando su propio cuello, emitió un gemido sin sentido y
sus ojos se cerraron.
Con un gimoteo, Dew a tientas le desabrochó los pantalones.
Mientras su garganta trabajaba, la sangre corría por su cuello. Era
tan malditamente caliente. Esa rica y oscura sangre suya. Tener sólo una
probadita más…
Arruinada.
Pero a diferencia de las ninfas, Jo tenía orgullo. Ella lo quería sólo
por las cosas que le había quitado -y ahora era el momento de atacar.

Su aroma.
Los ojos de Rune de repente se abrieron completamente cuando
captó ese exuberante flujo de bayas del prado. ¿Estaba imaginándolo?
No, Josephine estaba materializándose justo en frente de él. —Oh,
Ruin… —Sus hombros estaban cuadrados, su barbilla en alto. Sus ojos
color avellana brillaban.
Él dejó caer a Brook. Sin mirar hacia abajo, apartó la mano de Dew
de su bragueta.
¿Había visto la vampira sus intentos de imitar su mordida? ¿Su
fantasía con ella mientras utilizaba a dos ninfas como suplentes? Por lo
menos, todavía no había sacado su tanga.
—Pobre Ruin15. A menudo soy imitaba. —Hizo un gesto hacia las
ninfas. —Y nunca duplicada.
¿Por qué se sentía culpable por las mujeres, como si hubiera sido
infiel?

15 Jo le pone de mote Ruin (ruina) a Rune.

87
Él siempre era leal a aquellos que importaban. Josephine no
significaba nada para él. Nada más que un misterio que tenía que resolver,
y una responsabilidad que tenía que manejar.
Una responsabilidad con el más exquisito mordisco.
Con una voz embriagadora como el whisky, ella dijo: —Si no
hubieras decidido capturarme, hubiera mordido y jodido tu cuello hasta
que gritaras.
Chica sucia y pervertida. La quiero AHORA.
Ella sonrió, mostrando esos pequeños colmillos afilados, y su mente
se quedó en blanco. Como si sus piernas supieran más que él, éstas
trastabillaron hacia ella. —Josephine.
Cuando ella levantó su tanga rasgada, sus pasos vacilaron. ¿Ella lo
había burlado de nuevo? Él nunca la había sentido. En ningún momento
la había olfateado hasta ahora.
¿Cómo? ¿Cómo?
Acto seguido ella gesticuló hacia su collar, el cual estaba de vuelta
alrededor de su delgado y pálido cuello.
Rune tragó saliva. Ambos sabían qué había habido más en sus
bolsillos.
Por segunda vez esta noche, ella levantó su talismán con una
sonrisa mezquina.
Engáñala con alguna artimaña. Se encogió de hombros. —Sigue
siendo sólo una baratija, vampira.
—¿Eres un mentiroso encima de todo lo demás, Ruin?
—Se pronuncia Run, —dijo con aire ausente. —No Ru-in.
—Por supuesto, Ru-in. Disfruta del resto de la noche. —Ella inclino
la cabeza hacia las ninfas. —Ladies. —Comenzó a desaparecer.
Él saltó hacia adelante, con los brazos extendidos, pero lo único que
quedaba de ella era el eco de su risa.

88
Trece

Traducido por: Fangtasy


Corregido por: Alhana

A vanzada la mañana, Jo daba vueltas en la cama, decidida a no


pensar en la sangre del fey oscuro. O en cualquier otra cosa de él.
Como su sonrisa -ladeada, con un toque de burla.
O su olor a -cuero y hoja perenne.
Definitivamente -no en su cuerpo largo, alto y con músculos
ondulantes que ella quería morder.
Ya había salido bien librada en la ducha de sus fantasías con él,
incluso había hundido sus colmillos en su propia muñeca. Cuando ella
había probado sus sangres mezcladas, se había corrido una y otra vez,
hasta que se había dejado caer de rodillas en la bañera…
Ahora miraba su baratija, que reposaba sobre su mesilla de noche.
—Grandísimo-imbécil. —Le dio un puñetazo a su almohada.
Al comienzo de la noche, él había estado carente de emociones con
esa ninfa rubia, como un robot. Fríamente le había informado, —Me voy a
correr. —Había bostezado mientras conseguía su recompensa.

89
Con Jo, él había gritado tan fuerte que toda la ciudad lo había oído.
¿Por qué iba a querer estar con otras cuando le había gustado ella mucho
más?
Habían estado bien juntos.
Brevemente. Antes de que hubiera decidido matarla y todo eso.
¿Cuándo sería su turno para encontrar a una pareja que le
sostuviera la mano? Ella estaba empecinada en tener su propio novio, uno
que la mirara a los ojos y le dijera: —Tú lo eres todo.
Pero añorar era un problema. Cada vez que ella estaba llena de
anhelo tal como ahora y se las arreglaba para quedarse dormida, se
arriesgaba a su propio tipo de sonambulismo.
Fantasbulismo16.
Se volvería intangible, hundiéndose atravesando su cama,
atravesando el suelo, y luego adentrándose en él. Nada podría despertarla
antes de que abriera los ojos y viera la total oscuridad, gritando y
escarbando para salir a la superficie.
Si alguna vez se solidificaba bajo tierra, podría morir sepultada.
Peor aún, ¿y si no se hundía? ¿Y si flotaba? Las estrellas parecían
atraerla…
Finalmente Jo se relajó lo suficiente como para quedarse dormida, y
el sueño más extraño surgió. Ella estaba en un campo pantanoso,
trabajando bajo un sol abrasador. Se pasó su antebrazo manchado de
arenisca sobre su rostro empapado en sudor.
No, no era su brazo. No era su rostro.
¿Eran de Rune? De alguna manera ella estaba viendo una escena
desde su punto de vista.
Las campanas del castillo sonaron. Su cabeza se giró hacia el sonido.
Mi padre está muerto. La maldición de la mortalidad que había caído sobre
el líder de Sylvan había acabado incluso con la existencia inmortal de un
regente.
Te lo tienes bien merecido por tratar de colonizar el reino Wiccae,
viejo rey. Rune no sentía ninguna simpatía por el padre distante que le
había perdonado la vida, pero que nunca había honrado a su bastardo
hablándole ni una sola vez.

16 En ingles sonambulismo es sleepwalking –caminar dormido- y Jo hace un juego de palabras


utilizando Sleep-ghost –dormir y fantasma.

90
Los esclavos demonio que trabajaban en estos pantanos hombro con
hombro con Rune le dieron la espalda. Para ellos, un baneblood como él ya
estaba muerto, y en buena hora. Temían su veneno. Se preguntaban por qué
no había sido lapidado hasta la muerte cuando era un niño como todos los
demás halflings fey oscuros.
Tal vez eso hubiera sido una misericordia.
Porque con la muerte del rey viene la mía.
Durante cada día de sus quince años, había sabido que sus días
estaban contados. Pero cuando el rey había caído en batalla, hechizado por
un general warlock17, Rune había pensado que al menos tendría un par de
semanas más para planificar.
Ahora el pánico lo embargaba. ¿Cómo escapar? Los guardias de la
reina demonio pronto vendrían por él.
Por su cabeza.
Sus ojos se movían enérgicamente de un lado a otro. Cruzar los
pantanos sin comida ni agua fresca sería un suicidio. Desnudó una garra,
extrayendo sangre para gravar con su tinta un hechizo de invisibilidad en
su antebrazo. Sus poderes estaban sin desarrollar. Quizás esta vez las
combinaciones rúnicas funcionarían.
Cuando se derramó su sangre negra, los trabajadores se abalanzaron
por sus crías y huyeron, maldiciéndolo a los infiernos.
La frustración hervía dentro de él, y gritó: —¡Nunca quise ser como
soy!
Concentrado. Otro símbolo cuidadosamente elaborado. Justo como su
madre le había enseñado. Sólo quedaba uno…
Guardias reales se trazaron a los campos, capturándolo.
Luchó salvajemente, pero la armadura de los guardias repelía sus
garras y colmillos. Los demonios ya habían hecho la transición a su plena
inmortalidad, eran bestias enormes. Ataron sus manos para evitar sus
garras. Le pusieron un bozal para evitar sus mordiscos.
Llevándome al verdugo.
Sin embargo, una vez que lo habían golpeado hasta hacerlo hundirse
en el barro, no hicieron el viaje de regreso al bloque. Lo llevaron a una casa
de baños, desnudándolo y fregando su piel como si fuera un animal.
Como había pensado a diario desde que podía recordar: Dioses
denme el poder para destruir la casa real de Sylvan. Su colonizador,

17 Hechicero, Brujo, Brujo arcano. NdT

91
esclavista y violador padre había sucumbido, pero ¿qué pasa con el resto de
su execrable linaje? La ahora reina viuda y sus engendros, los
hermanastros de Rune.
Los guardias lo vistieron con pantalones finos, una camisa ondulante,
y zapatos que le hacían daño a sus pies. Dejando las ataduras de sus
manos, le quitaron el bozal, luego lo trazaron a una cámara con eco.
No acostumbrado a ser trazado, Rune se tambaleó sobre sus pies.
¿Era esto… la corte real? Debían haberlo llevado a la capital, al Bosque de
los Tres Puentes. Se quedó boquiabierto ante las riquezas que lo rodeaban.
Una sola hembra lo esperaba: Magh La Sagaz, la reina que lo
detestaba, reprobando su propia vida.
Un simple arañazo en su cuello la postraría de rodillas. Pero no podía
hacer nada con las manos atadas. Los guardias lo bloquearían antes de que
pudiera poner sus colmillos sobre ella.
Ésta estaba sentada sobre su elaborado trono, sus agudos ojos
azules lo estudiaban. —¿Te niegas a inclinarte ante tu regente? —Su corona
era un círculo de oro pulido, y se aposentaba demasiado cómodamente
encima de su regia cabeza rubia.
Hirviendo de rabia, Rune se obligó a inclinarse.
—¿Cuántos años tienes? —le preguntó.
—He sobrevivido a los pantanos durante quince años. —Era fuerte y
curtido, podía hacer el trabajo de dos demonios adultos.
—Tal bravuconería, perro.
—Mi nombre es Rune.
Los ojos de Magh brillaron ante su desafío. —Tu cara no es atractiva.
Y sin embargo, entiendo que hayas hecho muchas conquistas entre las
mujeres de alta cuna de este reino.
Tras recordarle su éxito, apeló a la paciencia que había aprendido
cuando había estado seduciendo a feudales cabezas huecas en busca de
emociones. —Sí, mi reina, ellas me han honrado así. —Rune se había
acostado con todas esas de alta cuna para descubrir el destino de su madre
después de que ésta había sido separada de él. Pero ninguna había sido
capaz de ayudarlo.
—Ah, puedes ser locuaz con la lengua. Debes serlo para convencerlas
para que se arriesguen a tus toxinas. —Ella ladeó la cabeza. —Supongo que
debes abstenerte de ciertos actos.
Besar y besar abajo. Si tan sólo pudiera encontrar a una hembra fey
oscuro para disfrutar. Otra halfling a la que hubieran perdonado la vida.

92
La reina continuó: —Pero ¿qué hay de tus despojos? ¿Eres demoníaco
de esa manera? ¿Tienes el sello místico de los demonios sobre tu miembro?
Apenas podía creerse que estuviera hablando de su simiente con la
reina. —Lo tengo. —Un demonio podía conocer el placer de un orgasmo, pero
no podía derramar el semen. No hasta que no estuviera dentro de su
hembra destinada y su sello desaparecía.
En otras palabras, nunca en su caso.
—Dudo que las abominaciones como tú reciban una compañera, sobre
todo puesto que hemos exterminado a los de tu calaña en Sylvan.
Sus garras le dolían por desgarrar su carne. Pero Rune había temido
lo mismo. ¿Cuántas veces había oído que los fey oscuros eran creaciones
que nunca deberían haber existido, parias desterrados del alcance del
destino?
—Yo quería que mi marido cumpliera con la costumbre y se deshiciera
de ti también. Permitir que un ser tan letal permaneciera con vida, incluso
esclavizado, parecía una tremenda insensatez.
Dioses denme el poder…
—Pero ahora veo más en ti, y casi puedo comprender por qué esas
mujeres idiotas se arriesgan a tu veneno. Tienes la ardiente sensualidad de
los fey y la intensidad sexual de un demonio. —Ella miró más allá de él. —
Parece que tengo un uso para ti después de todo.
Escalofríos se deslizaron por su columna vertebral, y de nuevo se
preguntó si una lapidación no podría haber sido una misericordia…
Los ojos de Jo se abrieron.
Eso no había sido un simple sueño —¡Era un recuerdo de Rune! Lo
había presenciado como si fuese a través de los ojos de él. Ella conocía sus
pensamientos y su idioma como si hubieran sido suyos.
Él había sospechado que Jo leería los recuerdos de su sangre. Ella
debe ser —¿Cómo lo había llamado? —¡Una vampira cosaş!
¿Por qué recuerdo mataría él para evitar que ella lo viera?
Seguramente por ninguna escenas como las que acababa de experimentar.
Ardía por averiguar qué había querido aquella reina sin corazón de
él. ¿Qué utilidad tendría Magh para la sensualidad y la intensidad?
Jo encontró desconcertante que el arrogante Rune hubiese sido un
esclavo. Sintió una involuntaria simpatía hacia él. ¡Cómo odiaba él a los
fey! Y despreciaba su sangre. Había anhelado una hembra de su especie
tanto como ella había deseado un compañero.

93
No es de extrañar que no hubiera derramado su semen sobre Jo. No
es de extrañar que él hubiera estado tan aturdido cuando ella se había
alimentado de él. Rune podría hacer con ella todo lo que había soñado.
Y, no obstante, había decidido matarla.
Dobló sus rodillas apoyándolas contra el pecho, aturdida por todo lo
que había descubierto. Existían mundos enteros de fenómenos.
Reinos Fey y Wiccae. Dimensiones inmortales con intrigas y guerras.
Los demonios podían teletransportarse, o trazarse. Jo supuso que
debería rendirse a la jerga. Trazarse era desaparecer y reaparecer, viajando
a través de la distancia.
Así que, ¿cómo lo llamaban cuando fantasmeaban, se
desmaterializaban o se quedaban colgados de las paredes?
¿Podían ellos hacerlo?
Si existiera un mundo fey, entonces ¿había un lugar para criaturas
como ella? Tal vez su tiroteo no la había convertido. Tal vez ni ella ni
Thaddie jamás habían sido humanos. ¿Y si habían cruzado el espacio
desde algún reino fantástico, tal vez desde una nación de vampiros
fantasmas?
Hace diecisiete años, los doctores habían achacado su pérdida de
memoria a una lesión en la cabeza. Esa podría ser la razón por la que se
había olvidado de su lugar de nacimiento.
Ella se irguió bruscamente en la cama. ¡Si pudiera saberlo con
certeza, tendría que ir por Thaddie, para explicarle sus orígenes y sus
poderes y todo este mundo extraño! Ella fantasmeó con la felicidad; luego
se materializó con el ceño fruncido.
En este momento ella no tenía mucho que explicar.
Rune podría regresar al barrio por la noche. En busca de
información para su captura.
Una realización desagradable surgió: Rune el Insaciable Cabeza culo
podría ser la clave de su reencuentro con Thaddie.

94
Catorce

Traducido por: Fangtasy


Corregido por: Alhana

U n vampiro tiene mi sangriento talismán.

Rune preferiría haber perdido el arco Darklight. Todo el día había


pateado las calles de Nueva Orleans, en busca de cualquier Lore para
interrogarlo acerca de Josephine. La mayoría le echaron un vistazo a su
expresión y huyeron. Incluso las ninfas se habían retirado a los árboles o
al río.
Nadie le robaba a él. Nadie era lo suficientemente rápido, lo bastante
astuto. Simplemente eso no sucedía.
Sin embargo, la vampira lo había hecho.
Dos veces.
Después de que hubiera desaparecido llevándose su collar, su cebo;
él había interrogado a las ninfas en busca de cualquier detalle que pudiera
haber pasado por alto, después había usado esas pistas para tratar de
descubrir su guarida. Había estado tentado a buscar a Darach por sus
habilidades de rastreo de lobo, pero Rune no quería explicarle su nuevo
objetivo. Además, el tiempo transcurría de manera diferente en Tenebrous;
trazarse allí y de regreso le llevaría varios días terrestres.
¡Maldita sanguijuela!

95
Se encontró tocando la marca de su mordedura de nuevo. Un día
después, seguía asombrado de que ella no sólo le hubiera mordió, sino que
se hubiese alimentado de él
Un vampiro consumió mi sucia sangre.
Él atravesó lo que quedaba de su mordedura con las puntas de sus
garras, tratando de recrear una fracción del placer, pero fracasó.
Había reaccionado como un loco, ni siquiera podía recordar lo que le
había dicho a ella. Creía que había hablado en demonish18. Sabía que
había gritado tan fuerte que la garganta le había picado.
Una parte de él se alegraba de su respuesta. ¡Apenas la de un
hombre amortiguado cuyo fuego se había extinguido! Rune había sentido
con Josephine. Algo de su ceniza enterrada debía haber permanecido en lo
profundo de su ser porque estaba… reviviendo.
Su reacción a ella -y la de ella hacia él- le hizo ponderar la más
estúpida y descabellada posibilidad.
¿Y si ella era su compañera?
¿Cuáles eran las probabilidades de que se encontrara con una mujer
cuyo olor lo postrara de rodillas, y que también resultaba ser inmune a su
veneno? Ella le había dicho... tú olías bien.
No, no, no habría una compañera para Rune. Hace miles de años, él
había llegado a la conclusión que los de su tipo no conseguían a su
compañera predestinada, que estaban condenados a estar solos.
Nunca había conocido a un fey oscuro acoplado, nunca había oído
hablar de una segunda generación de su especie. Sus propios años
solitarios habían cimentado esa idea en su mente.
Incluso si él tuviera una compañera, Josephine la vampira no sería
la suya. Él había reaccionado tan violentamente hacia ella y su mordisco
porque ésta lo había cautivado.
Su olor lo atrajo más que el de ninguna otra simplemente porque
tenía el olor más atrayente. Otros hombres en la calle habían respondido
con el mismo ardor.
Ninguno de los otros Møriør tenía pareja. Asumir esa evidente
vulnerabilidad tendría que afectar a la posición de Rune. Estaría
condenado a los infiernos antes de que él renunciara a su puesto en la
mesa.
Un montón de inmortales venderían su alma para ocupar su lugar…

18 Idioma de los demonios.

96
Al caer la tarde, Rune se dirigió a la tienda del Lore que las ninfas le
habían mencionado. Era una tienda destartalada con un símbolo del Lore
en la ventana. El letrero decía: Emporium de Loa.
Tal vez él podría encontrar unas esposas aquí. Definitivamente
podría presionar para obtener información.
Sin afeitar y llevando la ropa de la noche anterior, entró. Una
campana tintineó sobre la puerta. Mercancías para los mortales atestaban
las estanterías. Un mercado Lore debía estar oculto en la trastienda.
Una mujer estaba sentada detrás del mostrador, absorta en un libro.
Su vestido blanco casi puro se aferraba a su piel oscura, revelando una
figura voluptuosa. ¿Loa, la propietaria?
Él arqueó las cejas. Bueno, entonces, este cliente estará bien seguro
de regresar.
Su respuesta fue una prueba más de que no tenía compañera. ¡Si
hubiera encontrado a su hembra predestinada, entonces no estaría
planeando llevarse a la cama a esta lozana tendera a la mayor brevedad
posible! Él le preguntó: —¿Dónde puedo encontrar las esposas,
pichoncita?
Ella no levantó la vista de su libro. —Cuarto trasero. Los pasillos
están marcados.
—¿Supongo que no has conocido a una Lorean llamada Josephine?
Una Morena en torno al metro sesenta y siete de altura. —Cuerpo increíble,
voz embriagadora como el whisky. —Bastante contundente. —Un poco
perra. —Lleva botas de combate y tiene piercings. —Incluso algunos
secretos.
La mujer se lamió el pulgar y pasó una página.
—Ella vive en la ciudad y merodea por el barrio. Pero ella es, en
apariencia, hermética. —Josephine no era la única. Cuando reconoció lo
que era Loa, escondió una sonrisa. Apostaría a que ella no querría que se
supiera.
Sin apartar los ojos del libro, un tomo de neurociencia, Loa dijo: —
Demasiados seres para realizar un seguimiento en esta época del milenio.
La Accession los atrae. Pregunta a los seres inferiores. —Su acento era
lírico y arrastraba las palabras. El acento de Josephine también arrastraba
las palabras, pero de una manera diferente.
—Entre tus mercancías, ¿podría ser que tuvieras un mechón de
cabello de Valkyria? —Las ninfas habían prometido estar a la búsqueda de
uno, pero él no tenía muchas esperanzas. La información procedente de
ellas en el calor del momento, era una cosa…

97
—Tendrías mejor suerte pidiendo “una cabeza de Valkyria” —dijo
Loa.
Él no había pensado que sería fácil. —¿Vendes información?
Ella finalmente levantó la vista. —Por tu aspecto, estoy pensando
que no te puedes permitir la información que tengo en mi catálogo.
¿No? Su riqueza era tan grande que era incalculable. Él le sonrió,
imaginando todas las reliquias que había acumulado a lo largo de los
siglos, los que llenaban su colección privada. Ah, los secretos que
guardaba.
Él se preguntó cómo reaccionaría Josephine a sus tesoros. Sin duda
con asombro puro. ¿Cómo podría no estar impresionada? —Tal vez tienes
razón —le dijo a Loa, volviéndose hacia la trastienda. Él localizó la puerta
oculta y entró.
Distintos aromas lo abrumaron. Cada tipo de criatura en el Lore
debe haber comprado aquí recientemente. Una multitud de signos
empapelaban las paredes: —“¡Ahorros de Accession!” “¡Venta de fuego!”
“¡Muerte masiva = Venta de Inmuebles!”
Afectando a todos los inmortales de los reinos de Gaia, la Accession
era un evento místico que ocurría más o menos cada cinco siglos,
haciendo que los Loreans se pusieran en contacto unos con los otros, para
bien o para mal. Algunos inmortales podrían vincularse; otros lo harían
para ir a la guerra. Por lo general, la mayoría de las facciones luchaban
unas contra otras.
Nïx estaba tratando de cambiar las reglas del juego, transformando
lo que debería ser una guerra interminable de desgaste en una gran
batalla Lore entre alianzas de inmortales.
Los Møriør -una hermandad de asesinos con muy pocas debilidades-
prevalecerían. Ellos siempre lo hicieron. Para sus enemigos, ellos eran los
Portadores de la Fatalidad.
Se adentró más en la trastienda. Los pasillos estaban marcados
ANTICONCEPCION, GLAMOURS, CONJUROS… Levantó una ceja ante
PREPARACIÓN PARA EL APOCALIPSIS. ¿Ya estaban pensando en ello? Se
volvió hacia el pasillo de CAUTIVERIO, a continuación eligió un par de
esposas con una etiqueta que decía:

Místicamente reforzadas haciendo imposible trazarse, probado por la


Casa de las Brujas.
Desde 937

98
Primera clase en maldiciones, maleficios, hechizos y pociones
¡Nosotros No Nos Mal Vendemos!
[email protected]
Miembro LBBB

Esas brujas eran un grupo orgulloso, teniendo en cuenta que nunca


habían recibido permiso de su dama mayor para comenzar esta colonia en
Gaia -y teniendo en cuenta que nunca habían pagado impuestos a
Akelarre, su dimensión de origen.
La mayoría de los Loreans preferirían enfrentarse a una deidad
vengativa que un recaudador de impuestos burocrático.
En el año 937, la cagaron mucho. Allixta llegara inmediatamente.
Examinó las esposas, evaluando la magia que había en ellas. No
estaba mal. Podía personalizarlas con sus propias runas, magnificando y
reconduciendo el poder, tal y como hizo con sus flechas.
Sí, si la pequeña sanguijuela regresaba esta noche, la capturaría.
Una vez que la tuviera bajo su custodia, entonces tal vez podría apartar
sus pensamientos de ella y centrarse en su misión.
En el mostrador, él se guardó las esposas en un bolsillo trasero, y
luego ofreció unas monedas de oro. Había hecho intercambios para
conseguir estas nuevas monedas en los Elserealms, pero seguían siendo
antiguas. No había más remedio que usarlas.
Mientras ofrecía el pago, sus orejas se crisparon. Algo grande se
movía debajo de las viejas tablas del suelo de esta tienda, algo…
deslizándose. Él despreciaba las serpientes. En su interior se estremeció
ante el recuerdo de la shifter19 serpiente que se había visto obligado a
complacer. —Loa, ¿guardas una serpiente ahí abajo?
Ella entrecerró sus ojos ámbar. —Para ser un fey oscuro haces
demasiadas preguntas.
—Paso por un fey pura raza. ¿Cómo lo sabes?
—Tus caninos. Un poco demasiado largos. Me dicen que tienes
sangre de demonio.
—Ah, pero podría ser un medio vampiro.
—Los ojos color ciruela.

19 Cambiaformas.

99
Él le sonrió. —Agudas observaciones. Y yo que pensaba que
estudiadamente me estabas haciendo caso omiso.
—Ninguna amenaza le pasa desapercibida a Loa.
Ella debía poseer una gran riqueza de conocimientos acerca de sus
clientes. Secretos para hacerse con ellos. —¿Cómo sabías lo de los ojos?
No pudiste haber conocido a muchos de nosotros.
Los pocos fey oscuros que había conocido habían nacido cada uno
de una combinación diferente de fey y demonio. Demonio Rage/fey del
hielo, fey del bosque/demonio de humo, y así sucesivamente…
Sus características y nivel de toxicidad habían variado. Pero todos
habían poseído ojos color ciruela.
El semblante de Loa se volvió calculador. —Tal vez he estado viendo
a una mujer fey oscuro en esta misma ciudad. Tal vez ella es bonita, digna
de ser observada.
Él se enderezó, preguntando rápidamente, —¿Cuánto cuesta
comprar una pista sobre ella? —Por alguna razón, el rostro etéreo de
Josephine destelló en su mente.
—¿Por qué debería hacer una transacciones contigo? —preguntó
Loa.
Rune apoyó los antebrazos sobre el mostrador, inclinándose.
Capturando su mirada, él se pasó uno de sus colmillos sobre su labio
inferior. —¿Por qué no habrías de querer hacer algo más conmigo,
pichoncita?
Sus pupilas se dilataron mientras ella se centraba en su boca, su
respiración entrecortada. Loa parpadeó varias veces, y luego lo miró con
enojo. —Eres un baneblood -con un mordisco de vampiro curándose en el
cuello- que está comprando restricciones con oro demasiado antiguo. ¿Qué
podría ser problemático en todo eso? —A pesar de esto, ella estaba
definitivamente interesada.
—Es una historia divertida. —La cual nunca te contaré. —
Deberíamos cenar.
Una ceja arqueada. —¿Deberíamos, entonces?
Rune bajó la voz a un murmullo: —Sí, y mientras estamos allí, te
convenceré de realizar transacciones conmigo. Una y otra vez.
Loa cruzó los brazos sobre sus amplios pechos. —No creo…
—Ah-ah, pichoncita. Conozco a las hembras, y estoy viendo a una
que necesita algo más que una moneda… —Se calló, tensando los
músculos.

100
Sobre todos los demás olores de esta tienda, él captó una esencia.
Valkyria.

101
Quince

Traducido por: Fangtasy


Corregido por: Alhana

T al vez no tengo más orgullo que las ninfas, pensó Jo mientras


miraba su nuevo vestido en el espejo.
Una vaina escarlata. Sin tirantes. Longitud micro mini.
Cuando decidió regresar al barrio para enfrentarse a Rune, estudio
su ropa en los estantes de estilo vintage, pero no había encontrado nada
tan sexy como lo que las ninfas habían llevado.
Inaceptable.
Así que ella se lanzó a una boutique de segunda mano para hacer un
poco de shopping. O más exactamente, para hacer un poco de hurto-
compras. Entonces ella había calentado una taza de sangre para beber
mientras se preparaba. Frunció el ceño. La taza estaba intacta, la sangre
fría. Había pasado de todos modos.
Mientras no gastara demasiada energía, podía saltarse una comida.
Se dio la vuelta ante el espejo, luego de nuevo. Había optado por un
sujetador sin tirantes que realzaba el busto que ocultaba sus piercings de
pezón y levantaba sus tetas casi hasta su barbilla. Se había abombado el
pelo hacia afuera moldeando grandes rizos y remarcó sus ojos con un

102
delineador color ahumado. Un esmalte de uñas claro y brillante hizo que
sus garras negras destellaran. Después de mordisquearse los labios hasta
que estuvieron de color rojo sangre, se había deslizado en unos tacones de
aguja de tiras.
Su collar de balas caía hacia su escote. Un brazalete plateado
rodeaba un brazo desnudo por encima de su codo. Había elegido
pendientes de araña que colgaban de sus lóbulos y sus habituales anillos
sobre su hélix lucían en la parte superior de sus orejas.
Jo había disfrutado de todos sus piercings, incluso del que tenía
más por debajo del cinturón. Cada punzada de dolor le había demostrado
que era de la tierra, encarnada, o algo así. Sus joyas le ayudaban a
recordar eso.
Además, cualquier tipo con el que había estado había perdido la
cabeza cuando los vio. Era un hecho que la lengua haría contacto
directamente.
Se atusó el pelo por última vez y estiró una sonrisa hacia el espejo.
No esperaba que Rune le echara una mirada y pensara, ¿cómo pude haber
pasado de ese culo? ¿Tal vez no debería matarla? Pero ella esperaba que él
tuviera un remordimiento, o dos.
Su mirada revoloteó hasta el chisme de hueso que estaba junto a su
cama. ¿Lo único que sabía con certeza? Que era cualquier cosa menos una
baratija.
No tenía bolsillos para guardarlo, pero estaba recelosa de dejarlo
atrás. Si otros fenómenos tenían sentidos como los suyos, podrían olfatear
su escondrijo. Con un encogimiento de hombros, metió la pieza en el lugar
más seguro en el que pudo pensar, el apretado canalillo entre sus pechos
realzados.
Porque ella nunca le daría a Rune acceso a éste.
Tan preparada como nunca llegaría a estarlo más, Jo se "trazó"
hasta el barrio, dirigiéndose directamente al patio. ¿Realmente quería ver a
Rune hasta las cejas de ninfas? Tal vez aún estaría tratando de revivir su
mordisco, y entonces ella podría reírse de él.
Acercándose a la puerta, se obligó a volverse invisible, pero el patio
estaba vacío. Después de un estudio de la zona de los alrededores, se trazó
a una azotea con vistas a Bourbon. Era una noche muy concurrida de
sábado en el barrio, pero claro, cada noche traía algo diferente aquí:
grupos de turistas, bandas, llamamientos al arrepentimiento.
Con el tiempo, una pareja paseándose debajo de ella cogidos del
brazo atrajo su atención. La mujer bajita con el cabello negro llevaba sólo

103
un zapato. Lo que parecía un murciélago se aferraba a la parte posterior
de su blusa campesina, mirando por encima de su hombro. El rostro de la
mujer era cautivador, sus ojos dorados parecían brillar.
Definitivamente no era humana. ¡Los fenómenos estaban saliendo de
la nada!
Aparte de la rareza de esa mujer, había algo en ella que puso a Jo en
guardia. ¿Simplemente porque ella era paranormal?
Jo desvió su atención al hombre alto que iba con ella, pero su
sombrero de vaquero le bloqueaba la vista de su rostro a Jo. Llevaba botas
shitkickers y tenía una forma de andar fluida y confiada.
La hembra le preguntó: —¿Alguna vez has hecho de cebo? Bueno,
aparte de ser una Lolita masculina. Rowr.
—No puedo decir que lo haya hecho, ma’am. —¿Acento de Texas?
Jo ladeó la cabeza al oír su voz, ante el indicio de sonrisa en su tono.
La pareja dobló la esquina hacia una calle lateral vacía.
En modo fantasma, se trazó a otra azotea para obtener una mejor
vista de él. Cuando vio su rostro, la boca de Jo se secó.
¡Thaddie!
¡Hermano!
Parecía más viejo que el último recorte que había pegado en su libro
de recuerdos, pero ¡era él!
Todo adulto. Ya no era el niño que había ido por ahí en la
Thadmochila y que adoraba a Spidey.
Ella se agarró el pecho ante el dolor agudo que sintió.
¿Por qué estaba él en Nueva Orleans? Tal vez una eliminatoria
deportiva lo había traído a la ciudad. O tal vez era un turista, haciendo
una visita con sus amigos de secundaria.
Entonces, ¿qué estaba haciendo con una no humana? Asociarse con
fenómenos no es aceptable, Thaddeus.
Si él iba a… salir con ellos, entonces ¿Jo había sacrificado una vida
junto a él para nada?
No, ella lo alejaría de esa mujer. Y de esta ciudad. Un enemigo
podría descubrir la conexión de Jo con Thad. Un enemigo como…
Percibió un movimiento por el rabillo del ojo.
Rune. En la azotea del edificio vecino.

104
Su imponente y delgada figura estaba agazapada como la de un
depredador, su cuerpo parecía vibrar, dispuesto. ¿A qué? El negro se
bifurcaba a través de sus ojos.
Miró a Thad y de nuevo a Rune. Amenaza. Ella necesitaba atraer al
fey oscuro lejos de su hermano.
Estaba a punto de trazarse junto a Rune cuando la mano de éste
cayó sobre su carcaj. Él tocó las plumas de sus flechas, como si estuviera
eligiendo una entre ellas. Con una velocidad cegadora, deslizó el arco para
sacárselo de la espalda y colocándolo en su lugar, agarrando el extremo
final de una flecha negra.
Sus ojos se abrieron ampliamente. ¡Él estaba apuntando a Thaddie!
Se concentró en un lugar en el cielo por encima de Rune, trazándose
allí. Hizo un giro de rotación en el aire, lazándose de cabeza hacia él,
materializándose en su camino.
Ella arrastraría al fey oscuro desde el techo hasta el maldito sótano,
y lo enterraría allí.

105
Dieciséis

Traducido por: Fangtasy


Corregido por: Alhana

A punto de acabar con miles de años de vida, Rune se quedó con


la vista fija en su objetivo y tensó la cuerda de su arco.
Había elegido su flecha favorita. Sian entre burlas la llamaba "una-y-
listo." Disparado al cuello de un objetivo, la flecha cercenaría su cabeza
limpiamente.
Rune inhaló sosegadamente. Él estaba a punto de relajar sus dedos
de la cuerda cuando captó el olor de Josephine.
¿Procedía de arriba?
Una fracción de segundo más tarde, oyó su grito indignado.
Ella estaba abalanzándose sobre él como un cohete, con los ojos
negros de rabia. ¿Una aliada de Nïx? ¡Una muy protectora! Por costumbre,
cambió la dirección de su arco hacia la nueva amenaza.
¡Maldita sea!
Sólo tuvo tiempo para retirar su flecha de la cuerda…
Josephine se estrelló contra él.
La fuerza era como la de un meteoro, empujándolo hacia atrás.
BOOM. En una explosión de tejas y madera, el techo se agrietó y se abrió
un boquete debajo de él.

106
Ella lanzó sus garras a su garganta, inmovilizándolo in situ mientras
lo golpeaba en la cara. Él aguantó los furiosos golpes, luchando para
asegurar su arco en su puño.
Ambos se desplomaron en un ático. Jo siguió golpeándolo. Se
estrellaron a través del piso del ático adentrándose en el apartamento que
había debajo de éste.
Nada podría arrancar el arco de Rune de su agarre. Lo que lo dejaba
con una sola mano para defenderse, y mucho menos para alcanzar las
esposas. Sin embargo, no se atrevía a darle un golpe en la cabeza y
noquearla.
Cuando el siguiente piso se rompió, él vio a una familia aturdida
sentada a la mesa cenando, con los tenedores cerniéndose sobre sus
platos.
CRUJIDO. Despeñándose él y Josephine cayeron a un piso inferior.
En ese apartamento, un hombre estaba encima hincándosela a una chica,
con la música a un volumen estruendoso. Nunca alzó la vista.
Envidiable. A Rune le estaba pateando el culo una mujer a la que al
parecer no era capaz de hacerle daño.
BOOM. Otra planta resquebrajada. Su impulso debería estar
desacelerándose, pero con una mirada salvaje en sus ojos, ella los trazó a
ambos, acelerando la velocidad. ¿Pretendía sepultarlo en el suelo?
—¡Detén esto, vampira! Si me trazo en contraposición a ti, saldrás
volando…
Ella le metió un puñetazo en la boca.
Se abrieron paso a través de una última planta, rompiendo una red
de tuberías de agua. La espalda de Rune se estrelló contra el piso del
sótano, abriendo la cimentación de par en par. Ella aterrizó encima de él.
El impacto hizo a Rune expulsar el aire de los pulmones. Inhaló una
bocanada de polvo de cemento y humareda, tosiendo debajo de ella.
Jo se irguió, sentada a horcajadas sobre él, pareciendo evaluar lo
mucho que lo había herido.
El edificio crujió y se tambaleó. Ambos se congelaron. Un segundo
paso. Entonces otro. Permaneció firme.
—¿Qué demonios, mujer? —Josephine seguramente habían
espantado a su objetivo con su grito, y mucho más cuando todo el edificio
se había movido. Se esforzó para detectar el olor de la Valkyria. Nada. —
¡Dioses, maldita sea! —Aunque Nïx no podía prever su propio destino, ella

107
podría tener la capacidad de controlar la cronología del futuro de él.
¿Había conseguido un vistazo de su rostro?
Si era así, Nïx podría predecir dónde iba a golpear cada vez.
Pero esta situación era salvable. Josephine estaba aliada con Nïx, lo
que significaba que podía usar a su nueva prisionera para llegar hasta la
Valkyria. Tal vez Nïx negociaría para conseguir la liberación de Josephine.
Por no hablar de la información que podía exprimirle a la vampira.
He ahí otra excusa para capturarla. Esas esposas en su bolsillo trasero
aguardaban.
Una vez que él la hubiera reducido, la obligaría a devolverle su
talismán, y a continuación, utilizaría uno de sus talentos particulares.
El interrogatorio. —Vas a pagar por este movimiento, vampira.
Ella se echó hacia atrás para darle otro golpe. Con su velocidad, le
agarró el puño. Mientras se lo apretaba, registró su aspecto. La bruma de
las tuberías de agua había humedecido su piel de porcelana, su vestido
corto revelaba mucho de ésta. La vaina escarlata apenas contenía sus
pechos regordetes y se le había arremangado en lo alto de sus muslos.
Llevaba joyas, maquillaje, y tacones que decían fóllame, vestía como
una devoradora de hombres. ¿Vestía cómo? Josephine la vampiresa era la
definición misma de una devoradora de hombres.
La sangre corrió a su polla ante ese pensamiento: Ella me convirtió
en su comida anoche.
Cuando él se endureció debajo de ella, ella se retorció con
indignación, y ese micro dobladillo expuso una visión fructífera.
Su devoradora de hombres había dejado su ropa interior en casa,
dejando al descubierto su coño liso.
Jo-de-me.
Ante esa vista, una neblina encapotó su visión. Ardiendo por su
beso, la agarró de la nuca, atrayéndola hacía él…
¡Zas! Otro golpe en la boca. —¡Naturalmente estás pensando en
sexo!
—¿Después de todos estos preliminares? ¡Claro que lo estoy!
—¿Preliminares? ¡En tus sueños!
Su mirada se sumergió entre sus muslos y de nuevo en su cara. —
Sólo los sueños más dulces.
—Tú eres tal… —Se interrumpió, con sus ojos brillantes fijos en el
labio inferior de Rune.

108
Él se pasó la lengua, saboreando la sangre. Él sonrió triunfal cuando
ella, ensoñadora, se lamió un colmillo. —¿Tiene mi vampira sed de
Baneblood? Ah, ella piensa que soy delicioso. —El deseo de Jo lo hizo
sacar pecho y provocó que su pene se hinchara aún más. —No hay
necesidad de ponerse violenta, mujer. Todo lo que tienes que hacer es
pedirme que te alimente de forma realmente agradable. Una belleza como
tú podría convencerme para hacer casi cualquier cosa en nombre del
placer.
Ella sacudió la cabeza con fuerza, pero su respiración se había
vuelto jadeante, esos pechos cremosos subiendo y bajando antes su
mirada absorta.
Ella claramente luchaba por mantener el control. Lo cual significaba
que él podría usurpárselo. Se inclinó sobre él, agarrando sus hombros, su
vestido deslizándose más arriba.
El olor de su excitación lo arrolló, dejando en blanco su mente. Su
objetivo estaba olvidado, como su misión. Responsabilidades,
vulnerabilidades, dioses, guerras, nada de eso importaba en ese momento.
Sus garras se clavaron en sus hombros. ¿La vampira estaba
inmovilizando a su presa? Esta presa no se iba a ir a ninguna parte.
Él soltó su arco para deslizar su mano entre sus muslos y ahuecar
su suave coño. Rune gimió cuando su palma se encontró con una carne
caliente y generosa. —Mujer, voy a hacer que te corras hasta que no
puedas caminar.
Ella parpadeó. —¿Rune?
Sólo su nombre en su lengua lo hizo estremecerse. —Dame tus
labios, Josephine. —Dioses, él necesitaba su beso…
Jo le apartó la mano y luego le lanzó un puñetazo a la cara. —¡No te
atrevas!
—¡Demonios, mujer! —Rune le agarró las muñecas. —¿Atreverme?
¿Porque soy un fey oscuro? —Y vaya si él no estaba inclinado a hacerlo de
nuevo, tirando de sus muñecas. —Cualquier barrera entre nosotros
desapareció cuando bebiste de mí.
Con las manos capturadas, ella se defendió con las piernas,
apretando sus muslos alrededor de su cintura, clavándole las rodillas en
los costados.
Su plan para apoderarse de su boca y deslizar su polla dentro de ella
no estaba teniendo éxito -por ahora- así que agarró las esposas. Rápido
como un rayo, encadenó una de sus muñecas a la de él.

109
Ella abrió la boca sorprendida al darse cuenta, intentando tele-
transportarse. Incluso hizo aquello de trazarse lentamente otra vez, pero
no se iba a ninguna parte. El metal podía retenerla. Anteriormente,
mientras había estado corriendo tras el olor de Nïx, había grabado runas
en esas esposas, dirigiendo su poder sólo a una. Josephine no podía
trazarse, pero él podía.
Mientras ella se retorcía para liberarse, él alcanzó a ver algo blanco
entre sus pechos. —Y ahí está mi tesoro. —Rune cogió el talismán, pero no
pudo resistirse a un manoseo. Él gimió. Un encaje perfecto en su puño.
Ella le dio una cachetada hasta que la soltó de mala gana,
recogiendo el talismán. De nuevo en su bolsillo a donde pertenecía.
—¡Sácame este grillete, Ruin!
Él se rio de ella. —Ni de broma, pichoncita. —Él tiró de la cadena,
obligándola a acercarse más. —Y es Rune.
Aun así, ella luchó contra él. —¿Qué estás haciendo?
—Exactamente lo que dije ayer por la noche.
Sus ojos se abrieron como platos. —¿Encarcelarme? ¿Hasta qué
decidas matarme?
Rune dijo apretando los dientes... —Hasta que la muerte nos separe,
Josie.

110
Diecisiete

Traducido por: Fangtasy


Corregido por: Alhana

¿R une puede trazarse?

Jo se tambaleó cuando aparecieron en el techo del edificio. Su


teletransportación era más brusca y más aguda que la de ella, como si
hubieran sido disparados por un cañón.
En comparación con su trazado, el de ella era como un cambio de
marcha de un Caddie con el motor finamente puesto a punto. ¡Pero no
podía manejarlo estando atrapada por estas esposas! Incluso su efecto
fantasma había fracasado.
Rune recogió su extravagante flecha al lado del lugar del accidente.
Mientras inspeccionaba la calle vacía, las sirenas sonaban hacia su
ubicación.
Él maldijo por lo bajo. —¿Llamar la atención de los seres humanos?
—Él negó con la cabeza hacia ella. —Mujer atolondrada. —Entonces él los
trazó de nuevo.
Cuando Jo abrió los ojos, estaban en una sala con eco con un suelo
de cristal. Debajo de ellos había otra planta con el piso de vidrio, y así
sucesivamente.
Sus labios se entreabrieron. Cada planta inferior estaba poblada por
todo tipo de criaturas. Central Friki-show.

111
Algunos tenían alas, otros cuatro patas. Ella vio seres con piel
brillante, piel escamosa, piel cubierta de pus. Reconoció a los centauros de
cómics y demonios con cuernos de los recuerdos de Rune.
Las hembras se intercalaban entre los machos. La mayoría de ellas
lucían sus pechos y llevaban menos ropa.
Todo el mundo parecía ebrio, con copas en las manos, tenazas o
tentáculos. Una peculiar música y una fiesta ruidosa sonaban.
—¿Qué es este lugar? —Nada de su voyerismo la había preparado
para escenas como éstas. Cuando vio a seres copulando en todas partes,
su corazón se aceleró. Al menos, esperaba que fuera sexo; de lo contrario
las criaturas estaban apaleándose entre sí hasta la muerte.
—Ah, estás nerviosa por lo que está por venir —Rune murmuró,
confundiendo su estado de alarma. —Deberías. Estás a punto de descubrir
algo en lo que soy muy, muy bueno.
—¿A dónde me has traído? —¿Y cómo iba a volver ella junto a su
hermano?
Desde su resurrección (¿o su transformación?), a menudo se había
preguntado por qué le había sido dada toda esta fuerza y velocidad, todos
sus talentos. Para poder protegerlo.
Si pudiera llegar hasta él.
¿Por qué apuntaría Rune con su arco a Thaddie de todos modos?
¿Cómo había llegado su hermano a meterse en tanto peligro? ¿De tal
hermana, tal hermano? ¿Había pateado él su propio hormiguero?
Se consoló con el conocimiento de que cada segundo que Rune
estaba con ella le daba tiempo a Thad para alejarse más. Tal vez debería
quedarse para distraerlo.
—Estamos en Tortua, un antro de placer —dijo Rune. —Mantengo
una residencia aquí. Este es el observatorio.
¿Estaba alguno de los fenómenos de abajo observando hacia su
vestido?
Leyéndole la mente, Rune dijo, —Cada planta puede ver aquellas de
abajo, pero no las de arriba.
Ella estiró la cabeza hacia arriba. Una cúpula sólida se extendía
sobre sus cabezas.
—Tengo la codiciada planta superior. Bienvenida a tu nuevo hogar.

112
Espera, ¿Rune tenía la intención de mantenerla en un antro de
placer? —En otras palabras, te encantan las casas de putas. Si los fey
oscuros encajan…
Un músculo palpitó en su ancha mandíbula.
Oooh, ¿he metido el dedo en la llaga?
—Una vampira más sabia estaría tratando de convencerme para que
le perdone la vida. No insultándome.
—Tú no me matarás. —¿Cómo podría? Le habían metido seis balas
en la cara. ¿Nada excepto una estaca de madera en el corazón podría
acabar con ella?
—¿No lo haré? —preguntó.
—Te gusta mi mordisco demasiado. —No es que ella fuese a dárselo
de nuevo. No importa lo cerca que hubiera estado de hacerlo en aquel
sótano. Había estado tentada sólo porque no había bebido en veinticuatro
horas, y había utilizado una gran cantidad de energía.
—Podría sustituirlo por el de otra vampira.
Su tono despectivo la puso nerviosa. Ayer por la noche él le había
dicho a Jo que su vida dependía de si lo mantenía interesado.
Había visto la facilidad con la que había pasado de tener una mirada
tierna a tener una letal.
Sin embargo, había una manera segura de protegerse a sí misma de
la muerte y a Thad del asesinato: cargarse a Rune primero. —¿A cuántas
personas has matado? —le preguntó.
—No se puede contar lo incontable.
Figurado. Tendría que sacar lo mejor de él. ¿Resultaría ser tan difícil
de matar como lo había sido ella?
—Ven. —Él se volvió hacia una pared de ladrillo macizo, pulsando
un símbolo tallado en piedra. Los ladrillos desaparecieron para formar una
puerta. ¡Un portal!
Un extraño recuerdo destelló en su conciencia como el resplandor de
un faro, demasiado brillante un instante, y acto seguido apagado hasta el
próximo destello.
Pero se acordó de un lugar de caos total, llamas, y terremotos.
Aunque los vientos habían desdibujado su visión, había visto una pálida
mano levantada hacia el cielo. En lo alto, las estrellas habían surcado la
noche. Detrás de Jo, había habido un muro de portales.
No, eran… agujeros negros.

113
Habían sido dispuestos en niveles uno encima de otro, negro sobre
negro. Como ojos de araña. Alguien había gritado: —¡Es el fin del mundo!
¿Era un recuerdo de Rune? ¿O de ella?
Antes de que Jo pudiera ahondar más, él la forzó a cruzar el portal.
Se cerró detrás de ella con un sonido sibilante.
Un puente de piedra se extendía ante ellos, iluminado por antorchas
y flanqueado por una balaustrada. Más símbolos habían sido tallados en
diversas piedras.
Él abrió el grillete que tenía alrededor de su propia muñeca y agarró
la de ella. ¿Él estaba a punto de liberarla? ¿En serio?
Rune guardó las restricciones en su bolsillo, luego parecía estar a la
espera de su huida. Un placer conocerte, mamón. Ella comenzó a trazarse
al barrio. Había tenido un buen comienzo, hasta que golpeó algún tipo de
límite y rebotó de regreso.
Rune se rio de ella. Sacó esa baratija de su bolsillo, otro punto que
había anotado en su marcador contra ella. Con una sonrisa de burla, lo
arrojó al aire, atrapándolo en su gran palma, luego se lo volvió a meter en
el bolsillo.
—Eres un idiota. —No podía creer que se hubiera enamorado
tontamente de él.
—Tengo protecciones rodeando toda esta residencia. Soy el único
que puede viajar más allá de ellas. Las cosas que hay dentro de mi guarida
permanecen en su interior, incluyendo el sonido de tus gritos, en caso de
que pensaras pedir ayuda. Incluso si alguien te escuchara, no podrían
entrar, porque cualquier cosa que está fuera se queda fuera.
Digamos que tuviera suerte y se cargara a Rune; sin la ayuda o la
capacidad de escapar, se quedaría atrapada aquí.
—Ah, y allá se fue tu ridículo plan de matarme. —Él la arrastró tras
él. —Te veo estudiar todos los ángulos.
Aun no todos los ángulos. ¿Podría ella fantasmear dentro de los
límites? Si fuese así, ¿tal vez podría fantasmear entrando en él? Nunca
podría sacársela de encima. Y, finalmente, tendría que salir de este lugar.
Sus tacones eran ruidosos mientras cruzaban el puente. Ella miró
por la barandilla, viendo sólo oscuridad, tan oscuro como un agujero
negro.

114
Ella se negó a permitir que Rune supiera lo asustada que estaba. —
¿Dónde está Tortua? ¿En el Pacífico Sur o algo así? ¿No filmaron Survivor 20
aquí? El fuego representa la vida.
—Oh, estás a un largo, largo camino de la Tierra, pichoncita. Pero te
va a gustar esto… es una noche perpetua.
No estaba en la Tierra. Ella sólo tendría que… tendría que pensar en
eso más adelante.
Él tocó con su palma abierta un elaborado símbolo sobre un pilar, y
un segundo portal se abrió hacia una gran suite dormitorio.
El acogedor espacio había sido decorado en tonos tierra,
probablemente no se llamaban así aquí y era mil veces mejor que su
propio "hogar". Sin embargo, ella dijo: —No está mal, supongo. Aunque la
suite parece que pertenece al pabellón de caza de alguien de sangre azul,
no al ático del burdel de un sangre negra.
Rune ladeó la cabeza, como si estuviera desconcertado por ella. —
Tengo tu vida en mis manos. Mi afán por conservarla disminuye con cada
insulto.
Entonces flotaré lejos. Ella se estremeció.
En la sala de estar contigua, un fuego crepitaba en una chimenea de
ladrillo. Más símbolos embellecían la piedra allí. En varios lugares de las
paredes, marcas similares se esparcían del mismo modo que lo harían los
interruptores de la luz.
Una enorme cama dominaba la habitación. Unos gruesos postes
soportaban unas pesadas cortinas. La tela estaba recogida, revelando unas
sábanas revueltas. —¿Esa es tu cama? —Ella sólo podía imaginar las
actividades que habían tenido lugar allí. Hace unos instantes, la había
ahuecado entre los muslos en aquel sótano, tratando de besarla, sin
embargo, muy probablemente había disfrutado de una orgía aquí hoy.
—¿Qué pasa con ella?
—Había pensado que sería más grande... —dijo. —Dudo que puedan
caber más de cinco o seis ninfas ahí.
—Depende de lo cómodo que quisiera estar con ellas.
—No esperarás que duerma ahí, ¿verdad?
—¿Y si lo hiciera?

20Survivor es un popular reality estadounidense emitido por el canal CBS en el que un grupo de
americanos son abandonados en un lugar remoto (normalmente una isla), con el fin de ganar un
millón de dólares.

115
Ella lo golpeó con la palma de su mano en la frente. —Olvidé mi luz
ultra violeta y mi traje para materiales peligrosos. Pero tú tienes que tener
condones de cuerpo entero por aquí
Rune se acercó aún más a ella. —¿Condones? Soy medio demonio.
—Se inclinó para decirle: —Incluso si tuviera que usar uno, el tamaño
sería un problema. Como bien recuerdas.
Poniendo los ojos en blanco, ella se alejó de él. Cuando él se acercó,
Jo se sintió débil. ¿Cómo podría todavía desear a un puto como él? ¿Sobre
todo después de que la hubiera amenazado con matarla?
Por su sangre. Sólo por su sangre.
Se acercó a la pared al lado de la cama, presionando un símbolo. En
un instante la cama estaba sin hacer, y al siguiente estaba hecha de
nuevo, luego recién con las sábanas apartadas.
No pierdas la cabeza, Jo. —Práctico.
Él arqueó las cejas. —¿Algún comentario más?
—No por ahora. —Ella se paseó hasta la chimenea para calentarse.
Su vestido estaba todavía mojado, y la mayor parte de su piel húmeda
estaba descubierta. Además, la sed siempre la hacía sentir frío.
Ella volvió su atención a un cómodo sillón situado en frente del
fuego. Junto a éste había un contenedor de plumas y palos de flechas.
Hacía sus flechas allí. Solo. —¿Tu sala de estar sólo tiene una silla?
—¿Era un solitario como ella? No es que le importara.
Lo que fuera que él vio en su expresión lo hizo atirantarse. —Una
amiga ninfa decoró este lugar para mí. La elección de estilo no indica nada
acerca de mí mismo. —Él desabrochó la correa del carcaj que tenía
alrededor de su pierna, poniéndolo contra la pared.
—A-ha. —La elección de estilo debe indicar mucho sobre él.
Se sacó el arco y lo colgó de una alcayata por encima de la
chimenea. —Hay una protección sobre mi arco. Intenta cogerlo y saldrás
arrojada hacia atrás sobre tu culo. Si aún deseas intentarlo, infórmame
para que pueda mirar.
¡Grandísimo imbécil!
—En cualquier caso, se trata de una residencia secundaria.
—El prostíbulo de Ruin para los fines de semana.
Con una mirada irritada, él presionó otro símbolo, y una gran puerta
se abrió para revelar una enorme biblioteca. Los estantes debían tener tres

116
pisos de altura. Todos esos libros eran como cajas fuertes llenos de tesoros
sin fin, y todos excepto ella parecían tener las llaves.
Otro de los símbolos de Rune abrió una segunda habitación contigua
con una gigantesca piscina. Columnas de mármol la rodeaban. Las llamas
de las antorchas cobraron vida, todas al mismo tiempo, sus llamas se
reflejaban en la superficie inmóvil del agua. El vapor emanaba de un
cuarto trasero.
¡Genial!
—Copiado de un diseño romano antiguo. —Él contemplaba todo
como si lo viera por primera vez. —Justo cuando considero que los
mortales carecen por completo de estilo, va y llega un siglo de
exquisiteces…
—¿Cuántas habitaciones tienes?
—Tantas como desee. Es infinito.
Una vez más, práctico. —Así que aquí es donde crees que me
retendrás.
—No es exactamente una penalidad. —Él le lanzó esa mirada de
suficiencia, la que usaba cuando manipulaba a las ninfas con su polla, la
que hacía que quisiera rasgar su cara hasta hacerla tiras.
—No tienes ni idea de cómo es mi casa. —El Big Sleazy Weeps. Ella
levantó la nariz. —En comparación, encuentro esto… pintoresco.
—Por suerte para mí me importa una mierda tus altos estándares. —
Él entreabrió los labios, luego pareció cambiar de opinión acerca de lo que
había estado a punto de decir. —Sígueme. —Se giró hacia una dirección
diferente, abriendo otra área.
Cuando cruzaron el umbral de la puerta, su paso vaciló. Santa
Mierda. Multitud de reliquias llenaban la habitación. Armaduras, estatuas,
joyas, vasijas, armas de todo tipo. —¿De dónde proceden estas cosas?
—He coleccionado estos artículos de valor incalculable a lo largo de
mi vida.
Jo coleccionaba cosas también. Una diferencia. Todo aquí era "de
valor incalculable". Nunca había estado en un museo; quería explorar este
lugar durante días. —¿Coleccionado? ¿O robado?
Él apoyó el hombro contra una pared. —Son botines de guerra.
—¿Eres una especie de soldado?

117
—Supongo que se podría decir que sí. ¿Todavía piensas que mi casa
es pintoresca, vampira? —A él le importaba su opinión, lo que la
sorprendió.
Jo logró hacer un encogimiento de hombros con indiferencia. —Está
bien.
Parecía como si quisiera estrangularla.
—Ahora que me tienes aquí, ¿cuál es tu plan? Mi muerte está en tu
agenda para algún momento en un futuro, ¿no?
Él exhaló. —No. Estaba enojado y quería castigarte por hacerme
errar mi tiro. Una adivina como Nïx no se paseará tan fácilmente bajo mi
punto de mira la próxima vez.
Su cambio de táctica la puso nerviosa…
Espera. ¿Él había estado apuntando a la mujer? ¿Esa chica, Nïx?
¡No a Thad!
Rune se acercó a ella. —Me he dado cuenta que luchar es la última
cosa que quiero hacer contigo. Dejaremos atrás lo que sucedió antes.
Considéralo agua que se lleva la corriente.
—¿Oh en serio?
—¿No me crees? —Él curvó su dedo índice bajo su barbilla.
—¿Hasta que la muerte nos separe?
—Matarte era una opción que consideré y que he descartado
permanentemente.
Por alguna razón, ella le creyó. Al menos en eso.
Él le apartó el cabello húmedo pasándolo por encima de su hombro,
dejando al descubierto su oreja. Sus ojos se encapotaron. Amigo,
realmente admiraba sus orejas. —Podríamos sentarnos ante el fuego y
abrir una botella de vino. Todo lo que tienes que hacer es decirme cuánto
tiempo has estado en la liga de Nïx y las otras Valkyrias.
¿Existían las Valkyrias? Extraño. ¿Por qué no decirle a Rune que ella
nunca había visto antes a esta adivina? Nïx había parecido una amiga
para Thad, pero si es así, ¿por qué la hembra le había estado hablando de
hacer de cebo? ¿Lo había estado conduciendo directamente a una trampa?
¿Qué otra cosa se podía esperar de un fenómeno? Jo se había
encontrado con algunos de ellos, pero hasta ahora no la habían
impresionado.

118
Su primer impulso fue decir: —No conozco a Nïx. Métele una flecha
entre ceja y ceja. —Pero entonces Rune sabría que Jo había estado
protegiendo a Thad.
Ella no podía predecir cómo usaría el fey oscuro una información
como esa en su contra. Y no confiaba en nadie, en las mejores
circunstancias. No, mantendría ese valioso pedazo de información
hermética por ahora.
Lo cual la dejaba con un solo juego: convencer a este macho para
que confiara en ella, y luego convencerlo para que dejara que se marchara.
¿Dormiré con él por mi libertad? Al pensar en su cuerpo sobre el de ella,
envistiéndola, se estremeció de nuevo.
—Debes estar congelándote. Puedes responder a mis preguntas una
vez que entres en calor —dijo, tan considerado como podría ser. —Hay una
bata en el exterior de la cámara del baño. Los azulejos grabados controlan
el agua.
Ella podía manejar al idiota engreído de Rune. El Rune bueno estaba
tirando de ella. Aun así, a Jo no le importaría un poco de tiempo para
reflexionar sobre todo. Aunque había sucedido tanto esta noche, los
hechos eran los siguientes:
Ella y Rune tenían un enemigo en común.
Actualmente estaba mirándola como si quisiera comérsela entera.
Él no estaba tratando de matar a su hermano.
O a ella.
¿Dónde la dejaba este nuevo conocimiento? La Jo idiota estaba
enamorándose de él de nuevo. ¿Y si pudiera construir una relación (de
algún tipo) con él (si renunciaba a las ninfas por completo)?
Y entonces, con Thad posiblemente volviendo a la vida de Jo…
¡Dos relaciones estaban a su alcance! Dos personas para percatarse
si ella desaparecía flotando.
—A menos que prefieras quedarte conmigo mientras ceno. —Su
mirada descendió a su cuerpo. —Sé lo que me gustaría ver en el menú.

119
Dieciocho

Traducido por: Fangtasy


Corregido por: Alhana

E n la mesa delante de la chimenea, Rune comió sin saborear su


comida, su mente fija en la vampira. La que estaba desnuda bañándose en
su sauna.
Si se uniera a ella, probablemente habría sido el baño más
abrasadoramente sexual que jamás hubiera disfrutado.
Dos cosas lo detuvieron. Uno: Probablemente habría sido el baño
más abrasadoramente sexual que jamás hubiera disfrutado. Tenía que
mantener el control. Si ella lo mordía a voluntad…
Dos: Había decidido que tendría que atarla a su cama, para
asegurarse de que no podía morderlo. Tenía la intención de recurrir a su
frialdad habitual cuando tuviera que interrogarla, pero más vale prevenir
que lamentar.
Al contrario de lo que ella pensaba, Rune no entretenía a ninguna
compañera de cama aquí. Era su santuario. Su cama no había sido
equipada con restricciones, por lo que había tenido que darle otro
propósito a los grilletes. Con la tarea terminada, había optado por un
afeitado rápido y una ducha en otro baño.
Apenas podía creer que tenía una mujer en su casa. Si otro Møriør la
descubría, cualquiera de ellos la aniquilaría. Era la aliada de una enemiga,

120
lo que significaba que Josephine era una enemiga de los Møriør también.
Además, era una obligación de seguridad.
Matarla era la opción más lógica. Especialmente una vez que le
hubiera extraído toda la información sobre Nïx.
Sin embargo, el demonio en él se rebeló. Incluso su lado racional fey
exigía que primero explorara por qué Josephine podía beber de él. Y por
qué lo afectaba tan visceralmente.
Todo en ella era diferente. Cuando había hecho aquel comentario
acerca de su silla solitaria, apenas se había contenido para no explicarle
que tenía aliados por los que moriría. Que vivían en comunidad, y que
venía aquí sólo para tomarse un respiro.
Maldita sea, la información fluía hacia él.
No había sentido el impulso de contarle a la encantadora tendera,
Loa, sus secretos. Nunca en toda su vida había divulgado uno. ¿Entonces
por qué el impulso de hacerlo con Josephine?
Tenía poco apetito, nunca había estado tan ansioso por interrogar a
un sujeto. Concéntrate, Rune. Metió la mano en el bolsillo en busca de su
talismán. Lo hizo rodar en su mano, contemplando esos indescifrables
símbolos una vez más.
Había recibido el talismán el día que su padre había muerto, el día
que Magh había hecho el decreto sobre el futuro de Rune. Él había
señalado el fallo en su plan para hacer de él un asesino…
—No puedo trazarme. —Si pudiera, habría escapado hace tiempo.
—Posees sangre de demonio; puedes aprender de mis guardias.
Excelente. Él aprendería a teletransportarse, luego utilizaría esa
habilidad para ser libre. No había pensado que Magh La “Sagaz” fuese tan
estúpida…
—Podría reunirte con tu madre, en caso de que me sirvas bien.
Como si hubiese sido golpeado, se tambaleó sobre sus pies. —¿Ella
todavía… vive? —Durante años había creído que estaba muerta, el destino
más probable para una esclava que había desaparecido durante la noche.
Se imaginó los vivaces ojos azules de su madre. Ésta siempre había tenido
una sonrisa dispuesta para Rune, tratando tan duramente de ocultarle su
miseria. —Tú y tus secuaces la mataron.
—Por mucho que me hubiera gustado, ella vive.
—Yo-yo no te creo. —Dioses denme el poder…

121
—¿No? —Magh chasqueó los dedos. Uno de los guardias se trazó
hasta Rune, entregándole una bolsa pequeña. El material de andar por casa
llevaba rastros del olor de su madre, mezclado con el del miedo.
Él le arrebató la bolsa. Un pergamino había sido doblado alrededor
del talismán de su madre, su única posesión. Abrió la nota, explorando la
escritura familiar y el idioma de los demonios, pero parte de la escritura
estaba manchada, ilegible:

Mi querido hijo, por favor acepta este talismán como muestra de mi amor. Siempre recordaré y
________________________________________.
Yo no conozco las runas, pero creo que e __________________. Debes
______________________________________________ constantemente y
nun ______________________________________.
No permitas que la reina me use para h________. La fuerza y el poder fluyen a través de
nuestro linaje, y los años llevarán a cabo las siguientes tru
_______________________________________________.
Nunca olvides eso. Te quiero mucho y sólo des _______________.

Rune tragó saliva, arrastrando la mirada de la carta hacia Magh. —


¿Dónde está mi madre?
La reina alzó sus cejas rubias. —No te lo puedo decir, de lo contrario
perdería mi poder sobre ti.
—La carta está manchada. —Él sostuvo en alto con tono acusatorio.
—No puedo leer todo.
—La pobre lloró cuando la escribió. Dije que ella vive, no dije que
estuviera feliz por ello. Hay algunos destinos peores que la muerte.
Su aliento lo abandonó. Él haría lo que fuera que esta perra le pidiera
para liberar a su madre.
Y Rune lo hizo.
La antigua reina había estado en lo cierto acerca de sus perspectivas
como asesino, sobre el valor de su naturaleza seductora. Su primer
objetivo había colado a Rune en su santuario, bajando todas sus
protecciones. Un error fatal.
Había sido más venenoso de lo que nadie podría haber soñado.

122
Con el trabajo hecho, Rune había regresado con Magh como un
perro adiestrado, dejando tras de sí un cadáver contorsionado y un charco
de su propio vómito.
Pero después de años de servicio fiel, Magh se rio la última,
vendiéndolo a un prostíbulo…
Un repentino escalofrío se apoderó de él. Miró a su alrededor, con la
impresión de que no estaba solo.
Los segundos pasaron. Otro escalofrío se deslizó por su espalda;
luego esa sensación desapareció. Extraño. ¿Qué podría haberle afectado de
esa manera?
Josephine regresó no mucho después, distrayéndolo de sus
pensamientos. Vestía una bata blanca y su collar. Sus pequeños pies
estaban desnudos. Un anillo de plata minúsculo rodeaba uno de sus
diminutos dedos de los pies.
Su atención vagó hacia arriba. Nada de su maquillaje había sido
lavado. Esas sombras todavía resaltaban sus ojos y sus pómulos, y su piel
translúcida permanecía tan pálida como el alabastro. Ella debía tener un
hechizo para mantenerlo intacto.
Su mirada se quedó fija en los anillos de hélix en la parte superior de
la oreja. Atractiva mujer. —No es frecuente ver a muchos inmortales con
piercings. Por lo menos, no entre los nacidos libres. —Él había estado a
salvo porque nadie disfrutaba extrayendo su sangre.
—¿Por qué?
—Hace mucho tiempo, fueron utilizados para marcar a los esclavos.
—Eso es, iugg. —Ella se sentó a la mesa frente a él, mirándolo a los
ojos con una inesperada franqueza, como si lo estuviera desafiando.
¿Detectó un indicio de superioridad?
Extraño. Él tenía todas las cartas. —¿Cómo fue tu baño?
—La presión del agua estaba bien. Siempre es una ventaja. —El
vapor se elevaba desde su cabello mojado y el fuego ardía, sin embargo,
ella se frotó los brazos para entrar en calor. Debe tener sed.
Él frunció el ceño. Ella había tomado de él hasta llenarse hace
apenas un día, y los vampiros más viejos podían pasar largos períodos de
tiempo sin alimentarse. —¿Has perdido sangre durante el día?
¿Alimentando a otro, tal vez? —Nunca había considerado que ella pudiera
tener un compañero o un niño, porque esas cosas nunca le habían
importado antes con sus sujetos de interrogatorios.

123
Ahora él se encontraba preguntándose si ella había mecido a un
bebé para dormirlo con un biberón caliente con su sangre. Una madre
haría cualquier cosa para volver con su descendencia.
Las madres realizaban sacrificios. Su propia madre ciertamente los
había hecho.
Y un niño significaría un compañero.
—Nunca he alimentado a otra persona. —Así que no hay ningún
niño. ¿Por qué eso habría de aliviarlo tanto?
Él presionó una runa tallada en la mesa, y los platos comenzaron a
desaparecer. Otra runa materializó un servicio de vino.
Ella se echó hacia atrás y se quedó mirando como si fuera una
inculta. ¿Vivía Josephine sin magia? Qué primitivo.
—No sales del reino de los mortales mucho, ¿verdad? —Se sirvió una
copa, ofreciéndosela a ella.
—El vino no es mi fuerte.
—Podría endulzarlo con mi sangre. —Una declaración que nunca
había pensado decir.
Ella inclinó la cabeza, como si no estuviera familiarizada con el
concepto.
—Tengo un aliado vampiro que vive a base de vino con sangre y
aguamiel.
—¿Vampiro?
¿Por qué esa mención habría de hacer que su corazón se acelerara?
La mayoría de los de su especie podían regular sus latidos. Tal vez ella era
más joven de lo que pensaba.
Entonces ¿cómo se había trazado con ese control? Descubriría todos
sus secretos pronto.
—¿No es el aguamiel algo muy antiguo? —preguntó.
Rune tuvo que contener una sonrisa. —Blace es un vampiro muy,
muy viejo. —El más antiguo.
—¿Alguna vez te visita aquí?
—No. Nunca. —Rune había ocultado el conocimiento de la existencia
de este lugar incluso a sus aliados.
—Oh. —Ella parecía decepcionada.
¿Cuál era su interés por otro vampiro? —Tal vez si tú y yo podemos
ser amigos, te lo presentaré.

124
—¿Y qué haría falta para que llegáramos a ser amigos?
—Tendríamos que establecer cierto grado de confianza entre
nosotros. Intercambiando información acerca de nosotros mismos.
—Eso suena bien. Tengo curiosidad acerca de muchas cosas. Como
esos símbolos que hay por todas partes. ¿Qué son?
Podía ceder un poco para conseguir un poco. —Runas. El pueblo de
mi madre eran demonios rúnicos. Tenían el poder de aprovechar e
intensificar la magia con estos símbolos. Resulta que tengo magia fey
innata dentro de mí.
—¿Así que si tallara esos símbolos, éstos no lavarían mis platos?
—No. La magia debe alimentarlos. —Una magia fuerte. Había
alcanzado los setenta años antes de que él pudiera depender de sus
poderes.
—¿Cuántas runas hay? ¿Cómo las aprendes?
—Antes de morir, mi madre me enseñó tantas como podía recordar.
Pero había miles más. —Cada una consistía en formas bastante básicas en
capas o conectadas de varias intrincadas maneras.
Había memorizado cada una, había sido capaz de dibujarlas con tal
meticuloso detalle que ella había empezado a llamarlo Rune. Él ni siquiera
recordaba su nombre de pila. Ella también le había enseñado a leer y
lenguajes. A la edad de nueve años, ya había dominado tanto el Fey como
el Demoníaco.
—¿Había miles de otras más? ¿A dónde se fueron todos los
símbolos?
—Los Demonios Runic se han extinguido. —Su vieja furia hirvió. En
el momento en que había conseguido librarse de Magh y había salido en la
búsqueda de cualquier Runic, éstos habían sido borrados de la faz de la
tierra. Nunca conocería a su gente.
Un pensamiento surgió, como un bálsamo en su mente. Los Møriør
son mi gente.
Josephine preguntó, —¿No podrías utilizar las runas para
neutralizar tu veneno?
En teoría, las runas podían hacer cualquier cosa. —Si conociera los
símbolos y las combinaciones correctas.
—Háblame más acerca de ellas.

125
Ahora sabía que ella estaba haciendo tiempo. Los ojos de la mayoría
de la gente se ponían vidriosos cuando él empezaba a hablar de este tema
-uno que sólo él amaba.
—Tienes algunas en tu cuerpo, ¿no?
—Las tengo. —Como ella pronto vería. —Unas pocas son símbolos de
protección, y un par de éstas me ayudan a trazarme.
—¿Por qué necesitas ayuda?
El aterrizaje en un blanco móvil como Tenebrous era un reto para
cualquier ser. Además… —Yo no crecí con ese talento. —Los demonios de
Magh le habían enseñado a teletransportarse, arrojándolo repetidas veces
desde una montaña a los rápidos. Con el tiempo, había descubierto la
manera de evitar la caída. —Utilizo algunas runas para comunicación. —
Cada vez que alguien dibujaba los símbolos de contacto de Rune, la banda
tatuada alrededor de su muñeca derecha se iluminaba. Un resplandor azul
significaba que los Møriør lo necesitaban en el castillo; el blanco
significaba que sus espías ninfas lo estaban alertando sobre el regreso de
Nïx a Val Hall. —Este vínculo puede alcanzar hasta los Elserealms.
—¿El qué de quién?
—Else, de otra naturaleza, como sobrenatural y extraño. Esas
dimensiones lo son en gran medida. Mi casa oficial es el Castillo
Perdishian en Tenebrous. Es la capital de los Elserealms y la base de mi
alianza. —No era un secreto.
—¿A qué se parece? ¿Es tu casa de allí mejor que ésta?
¿Mejor que…? ¡Exasperante mujer! —Tal vez te cuente más, cuando
empieces a hablar de ti. Por ejemplo, ¿tienes un compañero o familia?
Un indicio de tristeza cruzó por su cara. —Ninguno. Soy toda una
solitaria.
¿Una vampira solitaria sin siquiera un aquelarre? Tal vez así era
como Nïx la había reclutado. Dos podían jugar a ese juego. Si Rune ponía
a Josephine de su parte, podría llevarle a Orion una mujer vampiro
poderosa, un activo.
—¿Tiene Rune a una señora, a la cual engañas de forma rutinaria?
—preguntó Jo.
Él le dirigió una leve sonrisa. —Soy todo un solitario.
—¿No hay pequeños Runes corriendo por todas partes? ¿Se
necesitaría para eso a otro fey oscuro?
No había ninguna posibilidad de engendrar a su descendencia. Él no
se comprometió con una respuesta sincera. —Los de mi clase somos muy

126
raros en los Elserealms. En Gaia, está mejor aceptado que diferentes
especies se reproduzcan. Incluso feys y demonios.
—¿Has estado con una fey oscura?
—No. —Pero una vez había estado tan cerca. Su primer amo de
burdel, un cerdo sádico, había comprado a dos raras hembras,
prometiéndole una a Rune si satisfacía a un cliente particularmente
perverso durante toda una temporada. Las cosas que hice…
Rune había estado a momentos de besar a la fey oscura, antes de
que lo hubieran apartado de un tirón, y su acuerdo hubiera sido ignorado.
Cómo se había reído el amo.
El imbécil había vendido al par. Cuando fue liberado, Rune las había
buscado en vano.
Sin embargo, por mucho que hubiera ardido por aquel beso, él
ansiaba más el de Josephine. Ese pensamiento le hacía sentirse incómodo,
por lo que dijo, —Tengo una pista sobre una hembra fey oscura en tu
misma ciudad.
El vampiro parecía reflexionar sobre esta información. —¿Así que
nunca has sido capaz de hacer lo que quieras en la cama?
—Correcto. —Anhelaba enlazar su lengua con la de otra persona
mientras intercambiaban gemidos de placer. El hambre de ir abajo en una
mujer por primera vez, para degustar su caliente miel, directamente de la
fuente. Tragó saliva. Él podía hacerlo con esta. —Pero aprendes a perder lo
que no puedes tener. —Una mentira.
Ella soltó una risa amarga. —Mierda.
—Suena como si hablaras por experiencia. ¿Qué añoras que no
puedes tener?
Jo estudió el cinturón de su bata. Un callejón sin salida.
Por ahora. —Háblame de Nïx.
Josephine alzó la cara. —¿Por qué le estás dando caza?
—Soy un asesino de profesión. —Llevaba siendo un asesino por más
tiempo del que había sido un prostituto. —Ella es mi objetivo porque
busca derribarme a mí y a mis aliados. —Derribaría todo el reino de Gaia y
todos sus planos conectados si continuaba sin control.
—¿Quiénes son tus aliados?
—Hermanos. No por sangre, sino por elección. Hemos estado juntos
la mayor parte de mi vida.
—¿Pero no son fey oscuros?

127
—Son inmortales de todas las especies diferentes. —A pesar de que
tenían poco en común en la superficie, cada Møriør buscaba algo en Gaia.
Cuando él les preguntó que deseaban, Blace le había dicho
crípticamente a Rune, —Quiero mi sangre. —Típico de un vampiro,
supuso.
Allixta tenía la intención de encontrar y castigar a las brujas
rebeldes que se habían asentado allí.
Sian se negó a especificar, se limitó a decir: —En Gaia está mi
futuro.
Antes de que ella hubiese sido reclutada por los Møriør, Allixta había
maldecido a Sian con un hechizo que causaba una agonía insoportable.
Entre delirios, el demonio había murmurado sobre una chica fey
traicionera con un ojo de color ámbar y otro violeta.
Quizás Sian anhelaba la venganza. Era el único ser que Rune alguna
vez había conocido que despreciaba a los fey tanto como él los
despreciaba.
¿Y Orion? Su señor pretendía detener un apocalipsis…
—Basta de hablar de mí, Josephine. Ni siquiera sé de dónde
procedes
—De la Tierra, —dijo. —De Texas, inicialmente.
Eso explicaba su acento. —¿No tienes miedo de la plaga que aqueja
a los vampiros en el reino de los mortales? —Ella era probablemente
inmune; había resistido a su veneno con bastante facilidad.
Sin embargo, ella parecía como si nunca hubiera oído hablar de la
enfermedad que había acabado con las hembras de su especie. —Muy
poco me asusta. —Frotó ese collar.
—Esas son balas.
Dejó caer la mano. —¿Y?
¿Las conservaba porque había recibido disparos? Los colmillos de
Rune se afilaron, el demonio que había en él despertando protectoramente.
Su mitad fey se apresuró a señalar que el propio Rune había contemplado
la posibilidad de decapitarla, y aún no había decidido el futuro de
Josephine. —¿Quién te disparó?
—No importa. Fue hace mucho tiempo.
—Esas son balas modernas. ¿Hace cuánto tiempo pudo haber sido?
Ella tensó su barbilla. —Es el pasado.

128
—Me pregunto si tu amiga Nïx se enojó cuando alguien disparó un
arma contra ti. ¿Tal vez un oráculo como ella podría haberte advertido de
lo que sucedería? ¿O estaba ocupada concediendo deseos a los demás?
Josephine simplemente lo miró fijamente.
—Dime cómo conociste a Nïx. —Nada. —¿Tus padres murieron en la
última Accession? ¿Cuál era el nombre de tu familia?
Silencio.
—¿No vas a responder a ninguna de mis preguntas? —Él suspiró y
se levantó. —Tengo otras formas de hacer que hables. En ese sentido, es
hora de irse a la cama…

129
Diecinueve

Traducido por: Fangtasy


Corregido por: Alhana

J o se puso de pie y se giró hacia el fuego, dándole la espalda.


¿Hora de irse a la cama?
Después de la ducha, ella había probado su efecto fantasma, y sí,
ella podía poseerlo, incluso en su súper guarida. Si trataba de forzarla,
tenía un lugar donde podría ocultarse.
Dentro de él.
Él había estado a un mundo de distancia de sus caparazones
anteriores. Había sentido su poder desde su primer encuentro, pero dentro
de él, se había sentido cobijaba por su fuerza. Incluso había percibido su
calor. El latido de su corazón la había arrullado…
¿Se estaba quitando las botas detrás de ella? ¡Se estaba
desnudando!
No te des la vuelta, no te des la vuelta. —¿Cuáles son las otras
formas para hacerme hablar?
—Implican tortura sexual. —Su voz se había vuelto ronca.
¿Eh? —¿Vas a usar látigos y cadenas conmigo?

130
—Sólo si creo que te gustaría eso. —Sonaba como si fuera un hecho
cierto, como si su participación fuese una conclusión inevitable. —En
términos más generales, usaré la negación del orgasmo.
Como lo había hecho cuando manipuló a aquella ninfa. Una vez que
la rubia había accedido a someterse a su voluntad, él la había
recompensado con orgasmos. ¿Las buenas chicas consiguen recompensas?
—Hasta que no me des información sobre Nïx, te mantendré justo al
borde durante horas, durante días incluso si eso es lo que es necesario.
Ella frunció el ceño ante las llamas. ¿Dijo eso como si fuera algo
malo? Antes de ayer por la noche, sus relaciones sexuales siempre habían
terminado con ella dándole instrucciones a su pareja de cómo hacer que se
corriera, con él fracasando en el intento, y con ella diciendo: —¡Oh, por el
jodido amor de Dios! —y luego haciéndolo ella misma.
Resumiendo, su vida sexual ascendía a unos cuarenta minutos,
menos que un episodio de Walking Dead.
Tres chicos. Siete veces. Después, siempre había deseado haberse
quedado viendo la televisión en vez de aquello. Hace un año o algo así
había renunciado al sexo por completo.
Mantenerla justo al borde significaría que Rune realmente la
mantendría al borde. Por horas.
Y cada segundo que ella estaba con él significaba que no saldría de
caza, que no estaba disparando accidentalmente a inocentes conocidos de
una Valkyria.
¿Dónde firmo? Si se acercaba al borde, ella podría seducirlo para que
le permitiera acabar. Puede que no tuviera toneladas de experiencia, pero
sus caparazones la tenían, y había visto a la gente yendo a por ello todo el
tiempo. Si ella resolvía la ecuación de su alucinante reacción a su
mordedura, Jo supuso que podía hacerle perder el control.
De la forma en que lo veía, era básicamente como luchar entre sí,
rebañando en busca de una maniobra maestra, excepto que resultaría
agradable.
¡Ella estaba enardecida! Su única preocupación era que Rune no
aguantaría el tiempo suficiente para que fuera interesante.
—Ah, tu corazón late más rápido, mujer. Tienes razón para temer
esto. Tu vida de secretos está a punto de terminar.
Dios, su voz. Ronca pero retumbante. Sus respiraciones menos
profundas. No mires….
Naturalmente lo hizo. ¿Cuándo había alguna vez dejado de mirar?

131
Él estaba de pie junto a la cama, desabrochándose la camisa. En el
patio, ella había visto su alucinante culo y una vista lateral de su polla.
Después de su encuentro sexual con él, éste se había subido los
pantalones tan rápido que había logrado solamente un vislumbre de todo
su paquete. Pero nunca había visto su tórax.
Su camisa se abrió, revelando runas tatuadas. Una rodeaba su
ombligo, otra se extendía por su clavícula. A medida que su mirada
recorría su pecho y sus duros pectorales, los pezones de Jo se pusieron
rígidos, luchando contra la tela de su bata.
Bajo la luz del fuego, su piel era bronceada, a excepción de algunas
cicatrices de color más claro sobre el pecho y los abdominales. Esas
marcas -en conjunto con sus tatuajes- solo lo hacían parecer más un tipo
duro.
Sus jeans eran de talle caído, dejando al descubierto un rastro de
vello negro descendiendo desde su ombligo.
—Los latidos de mi corazón van más rápido porque estoy lista para
ponerme a trabajar, —dijo, quitándose su collar y dejándolo sobre la mesa.
Lo único que podía decirle sobre Nïx era que no podía decirle nada sobre
Nïx. No obstante, a Jo le gustaba que pusiera toda su atención sobre la
Valkyria, y no sobre Thad. Lo mantendría así. —¿Pero si quieres seguir
hablando en vez de pasar a la acción?
La sorpresa cruzó su expresión. —Y por supuesto te negaré mi
sangre.
Oh. Eso no era tan bueno. Si fuese cualquier otra cosa lo que
estuviera en juego, ella cantaría como un canario por su sangre.
Pero había mucho en juego.
Ella ganaría esta noche. Y cuando lo hiciera, tal vez podría conseguir
su libertad también. Si pudiera hacer que él aceptara una apuesta…
—Ven a la cama, Josephine. Los dos somos adultos. Los dos
sabemos lo que va a suceder. Ni siquiera he mellado mi piel. —Cuando él
se encogió de hombros para sacarse la camisa, su torso se flexionó en una
exhibición digna de babear, cada tendón contrayéndose. Sus hombros
eran anchos, sus brazos largos y fuertes…
Sus ojos se abrieron como platos al ver su brazo derecho. Una
manga tatuada de runas entrelazadas cubría su piel desde su hombro
hasta la muñeca.
Al rojo vivo, Rune. Al. Rojo. Vivo. Sus generosos bíceps se agruparon
cuando tiró su camisa lejos. Mientras su polla se endurecía, sus jeans

132
obligaron a su erección a crecer hacia un lado; ésta se extendía hasta su
cadera.
Él sabía el efecto que estaba teniendo sobre ella, y sus labios se
curvaron en una media sonrisa ladeada... media sonrisa jactanciosa, era
tan diabólicamente sexy que la hizo jadear, la que decía estoy a punto de
hacerle cosas sucias a cada pulgada de tu cuerpo.
Sólo para avivar su necesidad, Rune asomó la punta de la lengua
por la comisura de su boca. Ese pequeño movimiento hizo que los
pensamientos de Jo se apoderan de su boca, que era lo que él sin ninguna
duda había pretendido.
¿Qué haría con esa lengua? ¿Esos labios? ¿Le daría un beso de
sangre?
Los ojos de Rune se oscurecieron hasta alcanzar el magenta más
oscuro mientras pasaba su mirada sobre el cuerpo de Jo, como
planificando todos los lugares que estaba a punto de degustar.
Ella estaba obteniendo una muestra de la sensualidad ardiente de
su mitad fey. A Jo le gustaba. Se encontró sonriéndole en respuesta.
Antes de que ella estuviera demasiado atrapada en la situación,
debería lanzar su apuesta. —¿Quieres hacer una apuesta?
—¿Sobre qué, pichoncita? —Se empezó a desabrochar la abultada
bragueta de sus jeans.
—Vas a tratar de obtener respuestas de mí. Y yo voy a resistirme a
ti. Deberíamos apostar por quién va a ganar
—Tengo miles de años de experiencia con esto. Y nunca nadie se ha
resistido a mí, incluso mientras tenía una mano atada a la espalda.
¿Ahora? No hay ninguna posibilidad de que eso suceda.
—¿Así que has sido un torturador sexual durante miles de años?
—Aparte de un asesino, también soy un maestro de los secretos. A
menudo los adquiero a través de mi propia marca de interrogatorio.
Acéptalo, mujer, tu culo es mío
—Si estás tan seguro, prométeme que me dejará ir si pierdes. —
Entonces podría regresar para encontrar a Thad. Para iniciar su nuevo
trabajo de velar por él.
—¿Qué vas a darme cuando gane, aparte de todos tus secretos?
Para proteger al que amaba, ella soportaría a este tipo. Si fallaba,
entonces ¿realmente importaría cualquier otra cosa? —Lo que quieras.

133
Al fey oscuro obviamente le estaba gustando esa perspectiva. El
color magenta de sus iris comenzó a sangrar a lo largo de la parte blanca
de sus ojos. —Eso es una oferta de gran alcance. No tienes ni idea de los
actos que cometeré con tu cuerpo…

Sus palabras deberían haber intimidado a Josephine; ésta se acercó


más con interés. —¿Qué te impide hacerlo ahora?
—Nunca he forzado a una mujer en mi vida. Nunca he necesitado
hacerlo. No empezaría contigo.
Ella levantó la barbilla. —¿Aceptas la apuesta o no?
—Oh, la acepto.
—¿Cómo puedo estar segura de que no te vas a echar atrás.
—Juraremos por el Lore, por supuesto. —Como todos los inmortales
de los reinos hacían.
—Sí, por supuesto —dijo apresuradamente.
Sus destellos de ignorancia acerca de las cosas más básicas le
desconcertaban. Tal vez estaba alineada con los Forbearers, un ejército de
vampiros masculinos creados a partir de mortales. Eran una masa de
soldados que no tenían ni idea acerca del Lore. Aunque ella no era una ser
humana convertida, podría haber sido criada entre ellos.
Ella hizo un gesto con la mano hacia él. —Tu primero.
—Muy bien. Juro por el Lore liberarte de mí encarcelamiento si
conservas tus secretos. —Su derrota era una idea ridícula, pero le siguió el
juego.
—Bien. Juro por el Lore permitirte hacerme lo que quieras si
consigues mis secretos.
Cualquier cosa que yo quiera. Su polla palpitaba con anticipación.
¿Con qué empezaría? ¿Cómo iba a decidirse? Al hombre famélico se le
presentaba una recompensa…
—Oh, y una cosa más.
—¿Hmm? —Sus ojos perezosamente la devoraban.
—No podemos tener sexo.
Él estrelló su mirada con la de ella. —Repite eso.

134
—No puedo hacerlo esta noche.
¿No estar dentro de ella? Estaba a punto de acabar con esto, pero la
curiosidad pudo más que él. —¿Por qué no?
—Yo sólo tendré sexo en una relación de exclusividad. Tú eres tan
incluyente como un hombre puede serlo. Y no quiero que me dejes
preñada.
—Una mujer vampiro sólo es fértil si ha estado comiendo alimentos
durante algún tiempo. ¿Has estado haciéndolo?
Ella apartó la mirada. ¿No lo negaba? ¿No lo había invitado a tomar
un café? Ella vivía en el mundo de los mortales, podría haber estado
comiendo para mezclarse con los humanos.
Rune tragó saliva. Su cuerpo podría estar listo para recibir simiente.
Escalofrío interior. —En cualquier caso, tengo un sello de demonio. No
puedo eyacular dentro de ti a menos que seas mi compañera. Lo cual es
imposible.
Él sabía que su especie mestiza había sido abandonada por el
destino. Pero si una criatura como él milagrosamente tenía una
compañera, y si Josephine fuese milagrosamente esa mujer, nada podría
ser más desastroso que reclamarla.
Su semen habían estado esperando ser liberado durante siete mil
años, su potencia y su veneno habían sido fortalecidos con la edad, al
igual que el resto de su cuerpo. Una de dos cosas sucedería si él lo
soltaba.
Ella soportaría su veneno más concentrado y se quedaría
embarazada.
O su semen resultarían ser tan mortal, que ella perecería con él
todavía en su interior.
Pero Josephine no era suya. Así que esta conjetura era discutir por
discutir.
Jo lo miró de nuevo. —Define compañera.
—¿Definir uno de los conceptos más universales en el Lore?
—Define un compañero demonio. Podría ser diferente al de un
vampiro. —Ella tenía razón
—Es la única mujer, de cualquier tiempo o cualquier mundo, con la
que un macho demonio es más compatible. El destino la emparejaría a ella
con él, luego los uniría eternamente. Pero, claro está, yo no soy más que
un medio demonio.

135
—Eternamente. —Sus ojos brillaban, como si a ella le gustara cómo
sonaba eso. —¿Así que descubres que una mujer es tuya porque puedes
correrte dentro de ella?
—Un demonio tendría algún indicio antes de la reclamación real. Él
habría reaccionado fuertemente a una mujer específica. Sabría que hay
una buena probabilidad de quemar su sello. Aun así, la mayoría de los
demonios lo intentan con muchas, muchas mujeres diferentes. Es un
proceso conocido como intento.
—Ah, así que lo has estado intentando con las ninfas.
—No, no creo que los fey oscuros tengan compañeros. Somos
anomalías, fuera del alcance del destino
Ese aspecto desafiante estaba de vuelta en su expresión. —Aun así,
quiero ser al cien por cien extra cuidadosa.
Sus puños se apretaron cuando el demonio en su interior se
encendió. —¿Extra cuidadosa? —¿Porque gestar a su descendencia sería
una catástrofe? ¿Pensaba que era demasiado buena para él?
—¿Es sexo todo lo que tienes en tu libro de jugadas? —preguntó Jo.
—Hay un montón de otras cosas que podemos hacernos el uno al otro.
La rica promesa de un montón de otras cosas aplacó a su demonio.
—Entonces estamos de acuerdo.
Ella sonrió. —Impresionante.
¿Impresionante?
Ella corrió a la cama, saltando encima de ésta para tenderse sobre
su espalda. —Vayamos a las preguntas y respuestas.

136
Veinte

Traducido por: Fangtasy


Corregido por: Alhana

J o se puso de costado, con la cabeza apoyada en su mano


mientras observaba a Rune desabrocharse la bragueta.
Apenas podía esperar para verlo desnudo.
Sin apartar sus fascinantes ojos de la cara de Jo, él metió los
pulgares por dentro de la cintura de sus jeans y los deslizó hacia abajo,
más abajo.
Más abajo…
Su polla salió disparada libre, meneándose para deleite de su mirada
absorta. El grueso eje sobresalía del encrespado vello negro. Su piel lisa se
tensaba sobre venas prominentes.
Para hacérsele agua la boca.
Sus oscuras bolas parecían pesadas. Quería ahuecarlas, sopesarlas.
Tirar de ellas y verlo gemir. Su saco escrotal se tensó ante sus ojos.
Él salió de sus jeans y permaneció totalmente desnudo ante ella,
arrogante como siempre.
La visión de su magra y musculosa complexión y su piel tatuada la
dejó estupefacta. Se tomó su tiempo, su mirada vagó desde su sexy

137
cabello, hasta su hermoso rostro y sus penetrantes ojos. De ahí a su pecho
musculoso. Las crestas flexionándose en su torso llamaban a sus garras.
Como si a Rune le gustara tener sus ojos sobre su cuerpo, se puso
aún más duro. La sangre fluyó hacia su polla tan rápido, que ésta se
convulsionó. El amplio glande se tensó hacia ella.
Los colmillos de Jo se afilaron al ver ese eje con venas. Tocó la punta
de uno de sus colmillos con la lengua mientras se imaginaba rasgándolo
allí.
¿Se estremecería el fey oscuro si ella extrajese un hilillo de sangre y
se lo lamiese? Ella nunca había tenido un beso de sangre, pero su mente
ya se había adelantado imaginando una mamada de sangre.
Cuánta diversión iba a tener con este tipo esta noche. Sus labios se
curvaron. La. Mejor. Cita. De. Toda. Su. Vida.
Su voz era ronca cuando dijo: —Te gusta lo que ves. —No era una
pregunta.
Ella asintió con la cabeza alegremente. Justo cuando se dio cuenta
de lo mojada que se había puesto, él inhaló y se tensó. ¿Podía saber él
cómo la afectaba? Por supuesto, la había olido.
—Ya estás lista. —Con una gracia letal, se recostó en el otro lado de
la cama, dos metros y trece centímetros de esculpido físico de un
fey/demonio. Un largo y alto trago de sangre.
Él utilizó una garra para pincharse un dedo, y una gota negra
asomó.
Los ojos de Jo se clavaron en esa gota. Su aroma saturaba el aire,
dejándola delirante
Dobló ese dedo pinchado, llamándola con él. —Ven y tómalo,
pichoncita. —¡Luego se extrajo un hilillo de sangre directamente sobre ese
enloquecedor punto de su pulso en el cuello!
Sus colmillos dolían.
—Mira esos pequeños colmillos tuyos afilándose. Anhelas lo
prohibido, ¿verdad?
Su mirada fija en ese reguero, se puso de rodillas, irguiéndose para
reunirse con él. Ella no podía creer que le estuviera ofreciendo su sangre
tan fácilmente. Se inclinó para lamerlo…
Él la agarró por los brazos con su velocidad sobrenatural y la arrojó
sobre su espalda, asegurando sus muñecas con metal.

138
—¿Qué demonios? —¿Los grilletes de antes? Los había unido a una
cadena que iba desde la pared. Ella luchó para liberarse, pero seguían
siendo irrompibles. —¡Esto no era parte del trato, Ruin!
—Este es mi show, vampira. Sigue mis instrucciones. Y no me llames
Ruin de nuevo
—¡Estúpido!
Su risa oscura envió escalofríos por ella. —¿Quieres replantearte
nuestra apuesta?
—¡Sé volverá mucho mejor cuando yo gane!
—Vampira, voy a hacer que supliques por mí. —Se inclinó hacia
delante, como para comprobar los grilletes, poniendo ese hilillo de sangre
en frente de su cara.
—¡Oooh! ¡Mamonazo!
La sangre se había secado en su pulgar, el olor permanecía. Lo frotó
por su cara, a lo largo de sus pómulos y su mandíbula. Los párpados de Jo
se cerraron, su cabeza dando vueltas.
—A mi vampira le encanta su Baneblood, piensa que es dulce.
Dios, sí. Sí. Sus ojos se abrieron cuando su otra mano se deslizó
hacia su pecho. A través de la gruesa tela de su bata, él amasó una de sus
tetas.
Se sentían hinchadas, doliéndole tanto como sus colmillos.
Ella se humedeció los labios, y él gimió. —Joder, me pones duro
cuando haces eso. —Su acento era más fuerte de lo que nunca lo había
oído.
—¿Me besarás?
—He querido hacerlo. He fantaseado con ello. Pero robarías sangre
de mi lengua, ¿no es así?
No podía negarlo cuando se estaba lamiendo un afilado colmillo
Rune sonaba como si hubiera ahogado un gemido. —Entonces un
beso será tu recompensa por confiar en mí. Una vez que me hayas contado
todo, me apropiaré de tus labios y te daré sangre. Pero no antes. —Él
sacudió la cabeza con fuerza, tratando de alcanzar el cinturón de la bata.
—Estoy ansioso por ver el resto de tu cuerpo.
Ella quería sentir su mirada también, jadeaba con la anticipación.
Lentamente, él la desnudó.
Al ver sus tetas, unas rayas negras se formaron sobre sus ojos. Él
vacilante se sentó sobre sus talones. —¿Tus pezones están perforados?

139
¿Fuiste una esclava del placer? —¿Había habido una nota de esperanza en
su tono?
—No, nunca fui una esclava.
Él se inclinó hacia delante, con la cabeza descendiendo. Puso su
boca justo encima de un pico, por lo que ella pudo sentir su caliente
respiración.
Sus pezones nunca habían estado tan duros. —Oh Dios… —Ella no
sabía dónde mirar, estaba ansiosa por ver cada detalle de él. Sus labios
sensuales. Sus ojos embelesados. ¿Estaban sus manos apretadas en
puños? Su polla palpitaba.
—¿Te has hecho esto a ti misma?
Ella asintió.
—Niña pervertida. —Su lengua rozó un pezón.
Las sensaciones se dispararon a través de ella. —¡Ahh!
Lo humedeció. Sopló sobre él. Ella se arqueó ante la chisporroteante
estimulación.
—¿Quiso algún amante que fueras perforada? —Él separo sus
rodillas. Su tenso eje se balanceó con el movimiento.
—N-no. Me gustan.
Él la miró a la cara, como para medir su veracidad. Le sostuvo la
mirada mientras se inclinaba… mientras tomaba el pezón entre sus
magníficos labios… mientras lo chupaba. Dios, esa ardiente sensualidad
estaba en pleno vigor.
Por encima de su gemido, Jo oyó como sus dientes hacían clic contra
el piercing, lo cual parecía deleitarlo. Él chupó con más fuerza, tirando de
su pezón hasta el punto de causarle incomodidad, como ella siempre había
querido que le hicieran.
Aunque él no la había tocado más abajo de la cintura, se preguntó si
podría correrse así. Estaba empapada, su clítoris palpitaba. Su núcleo
contrayéndose, codiciando algo que lo llenara.
Rune amasó ambos pechos, sus negras garras hundiéndose en ellos.
Había algo en el apretón posesivo sobre su cuerpo que la encendía aún
más. Ella jadeó, peligrosamente cerca de correrse. ¡Acercándose tanto al
borde!
Contra su pezón, Rune murmuró, —Dulce como una baya del prado.
—Dejando ese mojado, se abrió camino a besos hacia el otro pecho. —Ya
estás cerca. —No podía sonar más engreído. —Ni siquiera he tocado tu

140
coño, pero está empapado. —Sus labios estaban justo encima de su otro
pezón.
Ella arqueó esa parte de su cuerpo hacia arriba. —Rune…
—Paciencia, vampira. Tenemos muchos días de esto por delante.
¿Días? Se desmayaría. Moriría. Entraría en combustión.
Rune tocó con la punta de la lengua la cima justo cuando sus dedos
pellizcaron el pequeño piercing en forma de barra con pesas.
—¡Ah, sí! —Su coño se estremeció preparándose, sus propias garras
clavándose en sus palmas. Tan cerca de correrse…
Cuando él lo succionó con tirones hambrientos, los ojos de Jo se
cerraron, y los sonidos la bombardearon. Sus gemidos desesperados. El
tintineo de los grilletes.
La húmeda succión de su boca…
Las emociones aumentadas provocaron su efecto fantasma. Pero ella
no lo temía. Estaba atada por los grilletes, por cada latido y cada punzada
que le decía que era más que aire.
Ella estaba materializada. Carnal. ¿Cómo podría desaparecer
flotando cuando significaría perderse esto?
Una vez que Rune había dejado ambos pezones húmedos e
hinchados, besando descendió a lo largo de su torso hasta su ombligo con
piercing. Con otro gemido, acaricio con la nariz sobre la bola que tenía allí.
Con las caderas meciéndose, ella separó sus rodillas.
Él siseó respirando entrecortadamente. —Huelo tu dulzura. Necesito
verla. —Con un movimiento borroso, rasgó la bata a lo largo de las mangas
y arrancó toda la prenda de su cuerpo.
Cuando la dejó desnuda y jadeante, su mirada descendió de su
rostro hasta sus pechos, a su ombligo, luego a su coño. Él entrecerró los
ojos ante el pequeño anillo en la parte superior de su clítoris, como si no
estuviera viendo correctamente. —Dioses todopoderosos.
Tragó saliva. Antes, ella habría matado por tenerlo entre sus
piernas; ahora estaba nerviosa.
Parecía como si estuviera a punto de consumirla.
Ella levantó las rodillas de manera protectora.
—Ah-ah. —Le había empujado las piernas bien abiertas antes de que
ella pudiera parpadear. —Nunca te cierres a mí. —Como un animal, él se
deslizó entre ellas.

141
Lamiendo sus labios, suavemente separó sus pliegues. Sus fosas
nasales se dilataron y su polla se convulsionó. Él envolvió su gran puño
alrededor de ésta para brindarle una caricia de forma ausente. —Voy a
devorar viva a mi chica pervertida.

142
Veintiuno

Traducido por: Maxiluna


Corregido por: Alhana

E l reluciente sexo de la vampira fue ofrecido como un premio


ante él. A sus palabras, ella rodó sus caderas, tentándolo con sus labios
distendidos, con su intoxícante esencia.
Sonando enloquecido, gruñó, —Perforaste tu coño para mí. —Se
inclinó para juguetear con su lengua en el anillo.
Ella se volvió loca, flexionando sus muslos alrededor de sus orejas.
—¡Sí, Rune! —Sus miradas se encontraron sobre su monte de Venus. Ella
tenía los ojos brillantes, brillando negros. Entre respiraciones, dijo, —Tú.
Estás excitado. Esto es... tan malditamente divertido.
¿Divertido? Ella no pensaría así por mucho tiempo.
A pesar de que podría haber jugado con ese anillo durante décadas,
el olor de su excitación lo llevó hacia su apertura.
Miel. Caliente desde la fuente.
Su primer momento para disfrutar de este acto le era entregado en el
más hermoso coño que jamás había imaginado. Con su boca cubriéndola,
él metió la lengua para su primera probada.
—¡Ahhh! —Ella se retorció en sus ataduras.

143
Sus ojos rodaron hacia atrás en su cabeza. Él clavó sus garras en su
culo, y luego entró en pánico, retrayéndolas.
No, no, mi vampira puede tomarlo. Incluso parecía que le gustaba. Él
flexionó sus garras de nuevo y agarró sus caderas. Ella gimió y se onduló
en su boca.
—Joder, te has puesto tan mojada. Necesitabas esto, ¿no? —¿Cómo
iba a evitar sumergirse en esa apretada y resbaladiza superficie? La
presión en su polla le hizo rechinar los dientes. La corona se hinchó, la
hendidura tan sensible. Sus bolas dolían como si le hubieran sido
arrancadas. ¿Así era como se sentía la subida de la semilla?
¡Agonía! Quiero más.
Él curvó su lengua por otra ración, gimiendo contra su entrada.
Nunca se cansaría de esto. Sus pequeños labios ardieron en oferta. Él
succionó uno, luego el otro.
Ella lo miraba con los ojos entrecerrados. —No has hecho esto antes,
¿verdad?
Él no debería llamar la atención sobre su falta de experiencia con
esto.
—¿Pues, qué piensas?
Dinámicas de poder, se recordó. Pero él quería rugir acerca de su
descubrimiento, compartirlo. —Eres jodidamente adictiva, —dijo con voz
áspera con otra lamida. Y otra. Otra. ¡No puedo conseguir suficiente!
—¡Oh! Qué bueno es. Ohhh.
Me la estoy comiendo, y es éxtasis. La inmovilizó en el colchón
cuando comenzó a darse un festín en serio.
Su cabeza golpeteó, su cabello largo enmarañándose sobre la cama.
Ella estaba a punto de correrse, y a él no le importaba. Nada podría
apartarlo lejos.
—¡Oh Dios, oh Dios! —Ella tiró contra sus esposas, retorciéndose
bajo su beso. —¡Lo estás logrando!
Él miró su cuerpo. Sus tetas perforadas temblaron, con la boca
abierta por sus gritos.
Entre lamidas, dijo, —Déjate ir, Josie. —Sonaba enloquecido. —
Córrete para mí. —Su visión se nubló hasta que ella pareció titilar delante
de él.
—Rune, me estoy... ¡CORRIENDO!
Ella gritó de placer, probó su orgasmo y su mente dio un vuelco.

144
Enterró su rostro entre sus piernas. Gruñendo. Succionando.
Dándose un banquete. Follándola con la lengua. Gimiendo mientras la
consumía.
Su coño era una revelación. Su cuerpo lo era todo.
El palpitar en su longitud lo envió a mover sus caderas, a frotar su
vara, para hundirla, para penetrar su centro húmedo con la polla en lugar
de su lengua. Él folló las sábanas, enterrándose en la cama en un frenesí.
Lo que fuera para ponerle fin a aquella agonizante presión. La fricción
quemando la corona, la hendidura. Sus bolas pesadas contrayéndose.
¿A punto de correrte ya? ¡Contrólalo, sostenlo!
Ella estaba alcanzando la cima de nuevo, y quería más de su
deliciosa miel. —¡OTRA VEZ! —Ordenó, arañando su culo.
Ella obedeció con un grito sin sentido, corcoveando contra su lengua
para dárselo.
Las sensaciones recorrían de arriba para bajo su columna vertebral.
Su eje se sacudió violentamente entre el colchón y su torso. El placer le
azotó, tanto placer... tanto….
Él gimió brutalmente contra su resbaladizo y regordete coño.
LIBERACIÓN TOTAL.
Echó la cabeza hacia atrás. Su grito fue como un maldito bramido de
guerra, cuándo una oleada tras otra se apoderó de su cuerpo, arrojándolo
a un lugar que nunca había estado antes.
Él estaba fuera de control. El control era una broma. Se entregó.
Destrozado.
Su espalda se arqueó, su polla palpitando como si fuera a disparar
semilla. Su corazón-deteniendo los temblores...
Una y otra y otra vez.
Poco a poco esa exquisita presión cedió, y su grito decayó en su
pecho. A medida que el mundo giraba, yació con la cabeza sobre su pálido,
muslo tembloroso, sus respiraciones agitadas. Sólo los dos existían; estaba
seguro.
Se lamió los labios, su sabor probándole que lo que había
experimentado era real. Pasó una hora, un día, un año. No le importaba;
necesitaba descansar. No porque él estuviera saciado -solamente porque
su liberación pareció alterarlo.
—¿Rune?

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Su voz arrastrando las palabras lo despertó. ¿Qué infiernos había
hecho? ¡Tanto que había en juego, y él ni siquiera había podido hacerle
una sola pregunta!
Con esfuerzo, él se sentó. Haciéndolo doblar sus rodillas, pasó su
antebrazo sobre su boca. La había visto desnuda y perdió su maldita
condenada mente, como si no hubiera estado haciendo esto toda su vida.
Como si no se enorgulleciera él mismo por su destreza.
Se había corrido perforando las sábanas. Cómo se habría reído la
vieja reina. Apretó los colmillos. Obtén el control de la situación. Comienza
de nuevo.
Examinó el cuerpo de Josephine para la siguiente ronda. ¿Dónde
estaba su desapego clínico? Por primera vez en su vida, no sabía qué cosa
sexual quería realizar a continuación. Encamarse por deporte siempre
había sido acerca de las limitaciones, -no puedo hacer eso, no puedo tocar
aquello, no puedo poner mi boca allí.
Ahora las opciones eran vertiginosas. Su repertorio no lo había
preparado para esto. —Bien. Tenemos que conseguir salir del camino. —
Su voz sonaba apagada. Tensa. Desde su bramido de guerra.
Todavía jadeante, ella dijo: —Estaba tan cerca de decirte todo. No, en
serio. Lo juro. —Ella le dedicó esa sonrisa deslumbrante. —La próxima vez
estoy segura de que lo haré. ¿Hay que llegar a ella?
Rune iba a hacerla comerse sus palabras. —Acabas de volverme
mucho más decidido, vampira.

146
Veintidós

Traducido por: Maxiluna


Corregido por: Alhana

Q uizás Jo no debió de haberse burlado del fey oscuro. Por más


de lo que tenía que haber sido horas, o incluso días, él se había burlado de
ella sin piedad.
Una y otra vez, la llevó directamente hasta el borde, con paciencia
jugando con ella. Cuando llegaba al borde mismo, él retrocedía. A veces, él
mismo se cortaba, condimentando el aire lo justo para hacerla enloquecer.
Su cuerpo de la cintura para abajo era un dulce dolor. Las esposas
le habían irritado las muñecas. Tenía los ojos llenos de lágrimas de color
rosa, su mente se tambaleaba.
Pero...
Ella era una mujer de carne y hueso, anhelante, vacía, una mujer
cachonda. Y le encantaba.
Liberando su succión sobre su pezón, él se inclinó por encima de
sus pechos, su expresión siniestra. La había interrogado mientras la
atormentaba, sin ningún resultado.
—Debes estar tan sedienta. —Se cortó la yema de su dedo índice.
El olor la golpeó. Su sed la quemó.

147
—Sólo una probada, Rune... —Sus uñas se clavaron en las palmas
de sus manos hasta que su propia sangre se derramó. Con un grito, se
perforó el labio inferior con un colmillo.
—Dime algo sobre Nïx.
Ella sacudió la cabeza.
—No puedo.
Pasó el dedo ensangrentado sobre su pecho, pintándola. Su sangre
estaba ardiendo, una marca sobre su piel. Lo pasó sobre un hinchado
pezón, y ella sólo pudo gemir.
Él bajó por su cuerpo, poniéndose cómodo entre sus muslos una vez
más.
Ella gimió, anticipando lo que se iba a venir, es decir, no sería ella.
—Mira tú exuberante pequeña raja. —Él había descubierto lo que
sus sucias palabras le provocaban. —Mi polla te llenaría a rebosar,
vampira, y gritarías por misericordia. —Le hizo cosquillas en la apertura
con la lengua, besándola al estilo francés. —Por ahora, ¿necesitas mis
dedos follándote, Pichoncita?
—¡Sí, fóllame!
Deslizó uno, y su núcleo necesitado se apretó, su cuerpo tratando de
capturarlo.
—Tu bonito y apretado coño. —Su voz era tan profunda, como el
empuje de un dedo. —Buena insinuación, no follaremos todavía.
Todavía.
Él curvó el dedo dentro de ella.
—Aquí hay algo que disfrutarás. —Él tocó un... punto... específico.
Estallidos de luz aparecieron ante sus ojos. —¡Ohdiosmiosimás! —Lo
había hecho: la hizo ver estrellas.
—Eso es, nena. —Una y otra vez, frotó ese lugar. —Estás tan mojada
para mí. ¿No se siente bien?
—¡Mm-jumm-AHHH!
Él inclinó la lengua sobre su clítoris mientras frotaba el interior.
Una mujer estaba farfullando palabras y sonidos sin sentido. ¿Yo?
En un tono más bajo, dijo. —¿Necesitas más, Josie?

148
Cuando él la llamaba Josie los dedos de sus pies se curvaban. Ella
asintió. Todo lo que soy es necesidad. Ella era necesidad pura en la forma
de Jo.
Introdujo otro dedo dentro de ella. —Tan caliente, suave y
hambrienta. —Cuando él hundió dos dedos, su cabeza explotó, sus brazos
contrayéndose contra las esposas.
—¿Escuchas lo mojada que estás? ¿No harías cualquier cosa por
correrte en mi mano? Sólo dime cómo conociste a Nïx. —Succionó su
tierno clítoris entre sus labios, tirando de él.
Ella abrió la boca, sacudiendo su cabeza.
Succión. —¿Por qué ella tiene como objetivo a mis hermanos? Tirón.
—¿Hermanos?
—¿Cuál es tu relación con las Valkyrias?
Jo asintió.
Él hizo un sonido de frustración. —Eres la criatura más extraña que
he conocido. Deberías despreciarme. Siento cómo se hincha tu pequeño
clítoris, está palpitando contra mi lengua. Tu coño está pidiendo mi polla.
¿Cómo puedes no querer que este dolor termine?
—Nunca termines. Nunca...
—¿No? Entonces no estás lo suficientemente dolorida. —Él comenzó
a introducir un tercer dedo dentro de ella.
La plenitud hizo que sus ojos rodaran hacia atrás en su cabeza. Se
imaginó su polla penetrándola. Tan cerca... tan cerca... Ella movió sus
caderas sobre sus largos dedos, follándose a sí misma con ellos.
Él gimió. —Maldita sea, Josephine, ¿quieres sufrir de esta manera?
¿Te gusta esto?
Ella levantó la cabeza y le dijo con sinceridad: —Tú. Me gustas —
Una lágrima corrió por su mejilla. —Me gustas tanto.

Rune nunca se había torturado a sí mismo torturando a otros.

149
Su eje se sentía como si fuera a explotar. Su corazón no había
dejado de martillear, jadeaba. Ahora sabía lo que todas sus víctimas
habían pasado.
Y nunca tuvo que rasgarse la piel -a menos que lo hubiera querido.
Sin embargo, las muñecas de la vampira estaban sangrando.
—¡Dioses maldita sea, mujer! —Herirla no era parte del plan. Deslizó
sus dedos liberándolos, entonces se levantó de la cama.
Ella tal vez quería que esto no terminara nunca, pero a diferencia de
su cuerpo, el suyo estaba sufriendo más por el deseo frustrado. Lágrimas
rosadas se habían derramado de sus ojos. Tenía la piel pálida por la sed,
ojos negros y vidriosos por ello. Sus colmillos eran afilados como dagas.
Él no pudo evitar hacerle daño. Lo que significaba que ella había
ganado. Soltó una maldición en Demonish y golpeó la pared de piedra
agujereándola. Ella lo había derrotado.
—¿Rune? —Su rostro finamente desmadejado parecía agotado.
Flexionando los dedos, recogió la llave de las esposas, y luego
regresó a la cama para liberarla. Sabía cómo querría ella celebrar su
liberación. Su mirada depredadora se había concentrado en su cuello.
Él la liberó, y ella se levantó sobre sus rodillas. Lo empujó sobre el
colchón y él la dejó. ¿Dónde iba a morderlo primero? Ella probablemente lo
drenaría dejándolo seco. Su polla se sacudió ante la idea, incluso mientras
su mente se rebeló.
Ella ganó.
Se dijo que podría llevarla al borde de nuevo. Pero no tenía ganas de
ello nunca más.
Torturarla me torturó.
Ella estaba a horcajadas sobre él, sentándose directamente encima
de su dolorida vara. Su sexo estaba empapado, atormentándolo con lo que
él no podía tener. ¿Caería sobre él?
Ella parecía estar resistiéndose a ese impulso. ¿Por qué no iba a
moverse sobre su polla? ¡Estaba poniéndose en el borde a sí misma! ¡No la
entiendo!
Se inclinó para sostenerle el rostro con las manos temblorosas. No
tenía idea de lo que estaba pensando. Ella no le transmitía nada.
Se inclinó y apretó los labios contra su mejilla.
Una ráfaga de aire lo abandonó. ¿Por qué haría esto?

150
Entonces ella tiernamente besó su barbilla. La punta de su nariz. Su
frente. Acarició un punto sensible en una de sus orejas.
—¿Estás... dándome las gracias?
Ella se echó hacia atrás. —Sí.
—¿Por hacerte sufrir?
Ella sacudió la cabeza, sus sedosos rizos cayendo en cascada sobre
sus hombros. —Por hacerme sentir viva.
Su mirada cayó a su boca. Tenía que besarla, no podía esperar más.
Le agarró la nuca. —He querido tomar tu boca desde el primer momento
en que te olí.
Una mentira. Lo había querido toda su vida.
¿Besar sin matar?
Ella se lamió los carnosos labios en invitación. —Tómala, Rune.
Tiró de su cabeza, acercándola más. Sus miradas se encontraron.
Cuando sólo una pulgada separaba sus labios, tragó saliva. El momento
estaba cargado. —He esperado mucho tiempo... —Él tiró de ella.
Contacto.
Suaves labios temblorosos contra los suyos. Él se quedó quieto,
disfrutando de este lujo, sus sentidos se embebieron de ella.
En breve, deslizó su lengua en el calor acogedor de su boca. Él sabía
que ella era inmune a él, pero la costumbre lo hizo tensarse.
Como para tranquilizarlo, la lengua de ella se encontró con la suya.
Cuando la giró suavemente, lo sintió en cada pulgada de su cuerpo. Su eje
latía con tanta fuerza, que se elevó.
Ella gimió con placer. Sólo placer.
Los sonidos más eróticos que nunca había oído contrajeron sus
oídos.
Su agarre sobre su nuca se tensó, su mano comenzó a temblar
mientras profundizaba el contacto. Reclamó su boca posesivamente,
retorciendo su lengua contra la de ella hasta que ambos compartieron el
aire de sus pulmones. Hasta que el corazón de ella tamborileaba en su
oído junto con sus propios sonidos.
Este beso era correcto. Los labios de ella eran los correctos.
Había querido tanto esto. Y era la mejor maldita cosa que había
soñado. Él gimió por más.

151
Ella amorosamente acunó su rostro de nuevo, y algo dentro de su
pecho se torció. Sus labios... sus labios le estaban demostrando lo que
necesitaba. Sentir de nuevo.
Esta mujer. Esta vampira. Con su lento, dulce beso.
Él quería demostrárselo también. Demostrarle por qué era un
hombre al que debería desear. Que tenía la fuerza suficiente para los dos.
Ella escucharía este beso, del mismo modo en que lo hacía con su sangre.
Él lamió uno de sus colmillos. En el instante en que su sangre
golpeó su lengua, su cuerpo se puso rígido.
Ambos estaban inmóviles. Latido... latido... latido...
—Ummm. —Ella gritó, lamiéndolo. Regresó una vez más al beso,
dándole a ella tanto como ella le estaba dando a él.
Sin embargo, todavía no se había movido por encima de él. Él la
agarró por las caderas y la atrajo a lo largo de la parte superior de su eje.
Eso fue todo lo que les tomó.
Ella gritó contra su boca. Su orgasmo la hizo chuparle la lengua y
meciéndose sobre él, su liso coño se deslizó desde la base hasta la corona.
Éxtasis.
Se estremeció, a punto de correrse instantáneamente. Razón del por
qué no podía sujetarla hacia abajo y mantenerla ahí, expandiéndose tan
profundo dentro de ella, aumentaron tenuemente.
Ella se echó hacia atrás para levantarse por encima de él, ondulando
las caderas mientras sus ojos se cerraban. Sangre derramándose por la
comisura de sus labios. Enloquezco.
Con voz ronca, dijo.
—Beberás de mí hasta la eternidad, si te dejo. Convirtiéndote en una
pequeña glotona por ella.
—Lo haría, —ella gimió, recogiendo sus cabellos en su cabeza. —
Perforándote día y noche.
—Beberías solo de mí, por siempre.
Se lamió los labios mientras sus manos se sumergieron para
acariciar su cuerpo. —Solo de ti.
—Ya no podrás vivir sin mi beso.
—No puedo... no puedo... —La sangre le goteaba desde la barbilla,
golpeando su pecho. Su sangre vital nunca se había visto más negra que
contra su piel de alabastro.

152
Al igual que el papel con inscripciones de tinta, su carne estaba
marcada por él. Marcada con su olor. Ella era su posesión.
Su obsesión.
Sin embargo, él no sabía nada de ella. Se inclinó hacia delante,
enjaulando su delicada garganta con los dedos. —Dime cualquier cosa,
mujer. Cualquier cosa que no sepa sobre ti.
Aturdida, ella murmuró: —Tu sangre no está contaminada. Puedo
saborear el cielo.
Su aliento abandonó sus pulmones. Sus dedos se aflojaron. Sus
brazos se replegaron. —Muévete sobre mí, entonces —le ordenó. —¡Haz
que me corra!
Mientras ella molía sus caderas, esas ganas de empujar dentro de
ella aumentaron abrumándolo, su cuerpo febril en busca de su liberación.
Justo sobre el borde, se quedó mirando a esta hembra. De cabellos
salvajes, ojos ónix necesitados, labios negro por su sangre. Con su sexo,
ombligo y pezones perforados. Temblorosos y llenos pechos.
Nunca olvidaría esta visión de ella. Ni siquiera si viviera durante
otros siete mil años. Nunca había visto algo tan impresionante.
Ella podría hacerle desear conseguir una compañera.
Pero ella todavía estaba debilitada, no había bebido suficiente. Su
innegable impulso de correrse luchaba contra una necesidad inexplicable
de cuidar de ella. Cortó su cuello y la atrajo hacia él. —Aliméntate. —
Envolvió sus brazos alrededor de ella, esperando por sus colmillos.
—No quiero tomar demasiado.
—¡Bebe! —Le ordenó. —Aliméntate de mi cuerpo hasta que el tuyo
esté saciado.
Él gruñó mientras hundía sus colmillos tan lentamente, penetrando
su carne como si no tuviera prisa.
Con parpados pesados, miró hacia el techo, tratando de procesar
sus acciones, lo que estaba sintiendo. A medida que su mordedura lo hizo
correrse, casi gritó una vez más. En cambio él la agarró fuertemente a él y
la meció mientras ella se alimentaba.

153
Veintitrés

Traducido por: Kralice Khalida


Corregido por: Fangtasy

C on la cabeza sobre el pecho de Rune, y su corazón latiendo


junto a su oreja, Jo trató de mantenerse despierta para responder a todo.
Todo el placer que él le había entregado al interrogarla, y luego
durante las horas después de que ella se hubiera alimentado.
Todas las cosas que habían aprendido, sobre la vida, sobre él, sobre
sí misma.
Antes incluso de haber comenzado le había dicho que los vampiros
tenían que comer para ser fértiles. Nunca había pensado que podría tener
hijos propios. Ahora, existía la posibilidad.
No podía recuperar los últimos catorce años con Thad, pero tal vez
podría tener un hijo que le recordara a él cuando era un bebé. Tal vez un
día Thad sería un tío que adorase a su sobrino.
Una posibilidad. El futuro empezó a desplegarse tan brillantemente
ante ella. Con ese pensamiento en su mente, se deslizó en un sueño
exhausto.
Los sueños surgieron. ¿Más recuerdos de Rune? Vagas impresiones
que se filtraban a través de su conciencia...
—La Reina Magh observándolo vestido con su traje de la corte, su
orgullo por su "arma sexual" una que ella había moldeado.

154
—Su sentido de presentimiento cuando él veía deseo en los ojos de
Magh, y luego su furia hacia él por provocar dicho deseo.
—Sus noches de insomnio previas a su primera misión. Había
viajado con una delegación Sylvan a la nación Wiccae de Akelarre,
haciéndose pasar por el hijo de un embajador fey. Su presencia pretendía
ser una muestra de la buena voluntad de un reino en proceso de
recuperación a otro.
Pero su objetivo no era el que había esperado Rune. Incluso para
salvar a su madre de un destino peor que la muerte, Rune no estaba
seguro de poder seguir adelante con esto.
Porque Magh no tenía interés en asesinar al warlock que había
maldecido a su marido. Ella quería que el warlock viviera para soportar el
dolor de la muerte de su amada hija.
Una muchacha a punto de cumplir la edad de dieciséis años -la edad
de Rune.
—Has sido invitado a la celebración de su cumpleaños. Sedúcela,
perro, —le ordenó Magh. —Haz que te amé, como has hecho con todas las
demás. Entonces golpea. Ella morirá con el corazón lleno de amor, una
mente llena de sueños, y un cuerpo acribillado por tu veneno...
Cumplidos durante la cena, coqueteos murmurados durante el juego
de cartas. No pasó mucho tiempo antes de que la joven bruja estuviese
enamorara de él. Era linda de cara, pero joven para su edad.
¿Alguna vez había sido él tan ingenuo?
Ella le susurró al oído: —Quiero que seas mi regalo de cumpleaños. —
Entonces le dio indicaciones de una alcoba recóndita al lado de su
dormitorio. —Levantaré las medidas de protección para ti.
Él se obligó a sonreír. Ella estaba custodiada como un tesoro por
magia y centinelas warlock. Nada podría alcanzarla, posiblemente.
Nada excepto yo.
Él siguió sus instrucciones, encontrando la alcoba. Allí, se paseó. Si él
salvaba a su madre llevando a cabo los asesinatos de Magh, ¿sería su
madre capaz de perdonarlo? Si él confesaba: "Tomé la vida de una chica
inocente para liberarte", ¿sería esa culpa demasiado para su madre?
Una puerta se abrió deslizándose sigilosamente. Con ojos brillantes,
la bruja se asomó. Se había cambiado de vestido para ponerse su ropa de
dormir y se había soltado el pelo. —Está despejado. —Ella había frustrado
sus propias protecciones, deshaciendo esas defensas como había deshecho
sus trenzas.

155
Ella tomó su mano, guiando a la muerte a su dormitorio.
Su habitación era un palacio por sí mismo, lleno de adornos y joyas de
incalculable valor. Por lo menos sus dieciséis años de vida habían sido de
abundancia.
Ella se acercó a su cama, dando una palmaditas en los cobertores a
su lado.
¿Cómo iba a seguir adelante con esto? —Tal vez vamos demasiado
rápido. Eres joven todavía. —Si él no obedecía a Magh, no podría regresar a
Sylvan. ¿Dónde iba a vivir? ¿Aquí? Tal vez si le decía a la bruja la verdad,
ella se sentiría inclinada a ayudarlo.
¿Y abandonar a mi madre?
—Tonterías, fey. Soy lo suficientemente mayor. A partir de esta noche
especialmente. —Con una voz anhelante, ella dijo: —Sólo una cosa podría
hacer que mi cumpleaños fuera más mágico.
No puedo hacer esto. Mis dioses, no puedo. —Nos encontraremos en
otra ocasión, pichoncita. Conozco el camino a tu dormitorio y vendré cada
noche.
Sus ojos se humedecieron. —Te quiero ahora.
—Estaré aquí durante semanas, todavía.
—Pero ninguna otra noche será mi cumpleaños. —Las lágrimas
rodaron por sus mejillas.
En voz baja, la bruja y Rune continuaron discutiendo.
Finalmente ella dijo: —Gritaré para que acudan los guardias si te vas.
Su mandíbula se aflojó. ¿Son todos los nobles tan deshonestos?
—¡Lo haré! —Ella respiró hondo.
Se abalanzó sobre ella, poniendo su dedo sobre sus labios. Aún podía
aparearse con ella sin matarla. Lo había hecho con todas sus otras
conquistas. Pero aquellas mujeres habían sido más maduras; habían
conocido los riesgos y cómo evitarlos. Esta chica no lo hacía.
Cuando él oyó a los centinelas que cambiaban de turno afuera, miró
por encima del hombro. Debería trazarse lejos. Pero entonces ella sabría lo
que él era. ¿Y a dónde podría ir?
Se volvió de nuevo. —Necesito que me escuches…
Su boca estaba contra la de él. Ella se había lanzado hacia delante,
presionando sus labios abiertos contra los de Rune.
Le había robado un beso.

156
Él la arrojó lejos y se trazó junto a un servicio de vino, llenando a toda
prisa una copa. Tal vez las historias sobre su veneno habían sido
exageradas. ¿Cómo lo sabían? Volvió junto a ella en un instante. —¡Bebe!
Con los ojos muy abiertos por el terror, se atragantó con el líquido. El
veneno ya estaba en su sistema. Sus extremidades contorsionadas, los
músculos agarrotados.
El dolor en su expresión...
Vio cómo su cuerpo cedía su vida, el sonido de los latidos de su
corazón en estado de pánico desvaneciéndose en la nada. La joven bruja
falleció en segundos.
Los cuentos no habían sido exagerados. Rune era más mortífero de lo
que nadie había sospechado nunca.
Él se volvió hacia un lado y vomitó una y otra vez hasta que no quedó
nada en su estómago. Se limpió la boca, la comprensión afloró: había dado
un paso hacia un camino y nunca podría dar marcha atrás…
Jo se despertó, abriendo los ojos, desorientada al no encontrarse en
un dormitorio mágico lleno de adornos de chica y muerte.
Rune estaba acariciando su cabello, su respiración profunda y
regular.
Ella reprimió los escalofríos de ese vívido recuerdo, temiendo que eso
sólo lo haría peor para él. Cuando éste había sido aún más joven de lo que
Thad lo era ahora, Magh lo había forjado convirtiéndolo en un amante letal
con un beso de muerte. Ella había usado a la madre de Rune en su contra,
la madre que había sido todo para él, al igual que Thad lo era todo para
Jo.
¿Qué habría hecho Jo para salvar a su hermano? Cualquier cosa.
Absolutamente cualquier cosa.
¿Quería ella revivir más de estos recuerdos? ¿Sobrevendrían éstos
cada vez que ella tomara la sangre de Rune?
Sus preferencias no importaban. A pesar de que luchó contra el
sueño, ella se adormeció, arrullada por el repiqueteo constante de su
corazón.
Otro sueño comenzó a desarrollarse. Ella estaba en la corte Sylvan.
Podía oír las fuentes de agua, podía oler los arreglos florales de rosas y las
velas de cera. Magh estaba sentada en su trono, mirando a Rune, ahora
un hombre adulto.
Ella lo había convocado porque había llegado a una conclusión: su
utilidad había llegado a su fin...

157
—Has hecho tu trabajo de manera admirable, me quedan pocos
enemigos. Los restantes saben de ti, están en guardia contra un fey
elocuente que desaparece en las sombras.
—¿Y el espionaje? ¿Los interrogatorios?
—El mismo problema. ¿A quién vas a señalar como objetivo?
—Entonces he llegado al final de nuestro acuerdo, —le dijo Rune, el
entusiasmo creciendo en su interior. —Prometisteis reunirme con mi madre.
—Así lo hice, perro, —ella estuvo de acuerdo.
Demasiado fácil. Había pasado suficiente tiempo en compañía de feys
para captar algunas de sus formas nunca racionales, por lo que sabía que
su esperanza era ilógica. Debería esperar el engaño por parte de Magh. En
última instancia, ella lo haría sufrir.
Si la madre de Rune estaba en un campo de esclavos, Magh lo
enviaría allí, esclavizándolo también, pero a él no le importaba. Se imaginó
lo ojos azules afectuosos de su madre, y la sonrisa que siempre tenía
esperándolo.
Juntos, él y su madre escaparían. Ellos comenzarían sus nuevas
vidas. Todos los asesinatos, todo el asco, todo el odio de estos años podría
finalmente llegar a su fin.
Magh chasqueó los dedos para llamar a un guardia. —Llévanos junto
a la madre del perro.
¿Va a haber un reencuentro realmente? ¿Por fin? El corazón de Rune
tronaba mientras se trazaban a un reino envuelto en la noche y azotado por
los vientos. Él entrecerró los ojos contra las ráfagas, sin ver más que un
montículo de tierra que se elevaba.
—Ahí está. — Magh señaló hacia el montículo.
—¿Q-qué estás diciendo?
Sus guardias demonio se trazaron para situarse delante de Magh. —
Ella está enterrada allí, con cientos de otros. Lo ha estado durante siglos.
Un estado de shock lo envolvió.
—Ella era una de las favoritas de mi marido, gozando de su
protección, pero tu posición era precaria. —La voz de Magh sonaba distante.
—Tu madre sabía que yo te tenía en el punto de mira, que no tardaría en
golpear. Me rogó para que perdonara tu vida. Le prometí que lo haría, pero
sólo si ella tranquilamente accedía a abandonarte para abrazar una vida
como una esclava de placer en un burdel lejano. ¡Cualquier cosa para
salvarte! Por desgracia, la pobre no se había congelado en su inmortalidad
aún, lo cual ella debía haber sabido. —Magh suspiró. —Ah, los sacrificios

158
que hacemos las madres. No te preocupes, no pasó mucho tiempo en ese
lugar infernal. Después de un poco de deporte rudo de cama, ella estuvo...
rota. —Magh examinó el extremo de una de sus rubias trenzas. —Su vida
fue corta, su muerte brutal, y ahora sus huesos son nada más que polvo.
Enterrada.
Brutalizada.
Polvo.
Sus pulmones se contrajeron. Sus piernas se doblaron. Cuando se
puso de rodillas ante la fosa común, los guardias de Magh le pusieron un
collar y le ataron las muñecas.
—En la próxima etapa de tu vida, —dijo en un tono alegre. —Tengo
una nueva ocupación para ti, perro.
—Dioses denme el poder, —espetó Rune. El collar le impedía trazarse,
las ataduras le impedían pelear. —Te destruiré, a ti y a toda tu prole.
—Oh, creo que tu próximo empleo te mantendrá demasiado ocupado
para eso…

159
Veinticuatro

Traducido por: Fangtasy


Corregido por: Maxiluna

L a respiración de Josephine era ligera contra el pecho de Rune.


Éste movía sus dedos a través de su cabello, sometiendo a prueba este
"juego postcoital." Él nunca se había quedado cerca después de haber
usado a una mujer sexualmente. Ciertamente, no después de un
interrogatorio.
Mientras acariciaba sus sedosos rizos, olía a bayas del prado de
nuevo, evocando en su mente recuerdos de su infancia. Recordó las veces
que se había escapado brevemente a los altos prados, a un valle angosto
lleno de bayas. Su sabor había sido incluso más dulce que su irresistible
aroma.
Con el azúcar en los labios y la brisa zarandeando las hojas, él había
yacido entre ellas en la gloria, no queriendo volver a los pantanos
sofocantes.
El sabor de Josephine había sido más dulce que nada que hubiera
podido haber imaginado...
A pesar de que había perdido la apuesta contra ella, estaba
sorprendentemente relajado. Ella no había ganado per se; había sido

160
derrotado por su propia pérdida de control. Pero ¿cómo podía culparse a sí
mismo?
Su mordisco le dio una ventaja injusta.
Cuando sus colmillos habían entrado en su carne tan lentamente y
su lengua lo había rozado en preparación, él casi había perdido su mente.
Incluso ahora se estremeció.
Después de que ella se hubiera alimentado, él había estado aturdido,
queriendo sólo explorarla. Durante horas, mientras se habían dado placer
el uno al otro, Rune había escuchado cada interrupción en su aliento.
Había esperado el rubor revelador sobre sus pechos que señalaba la
proximidad de su orgasmo. Había vigilado para ver a sus iris cambiar de
color.
En el pasado, estas reacciones habían sido puntos de referencia para
medir la disposición de un sujeto para hablar.
Esta noche, cada una de sus respuestas había sido un
descubrimiento acerca de una mujer que lo exasperaba, lo vigorizaba, lo
cautivaba.
La había acariciado con la nariz sus orejas hasta que sus pequeños
dedos de los pies se habían curvado. Había lamido esa pequeña depresión
en su labio inferior. Había poseído su boca, a placer, cada vez que el
impulso lo golpeó, tantas veces que sus propios labios estaban
magullados. Él pasó un dedo sobre éstos ahora.
Durante eones, su último beso había sido letal.
No más. No había habido ninguna barrera entre él y Josephine,
entre sus cuerpos, sus deseos.
¿Se había saciado el insaciable Rune? Todavía estaba erecto
deseando más, sin embargo, podría jurar que estaba casi somnoliento. Tal
vez no saciado, pero sí satisfecho.
Una y otra vez, se había preguntado si ella podría ser su compañera.
Si él realmente tenía una. Pero, incluso si ella fuera la suya, nada
cambiaría. No tenía ningún interés en establecerse con una mujer. Los
Møriør todavía necesitaban sus talentos -los cuales incluían extraer
información de sus objetivos- ya sea por medios justos o repugnantes.
Y no iba simplemente a retirar su ardiente necesidad de acabar con
la línea real de Sylvan.
Aunque Magh llevaba mucho tiempo muerta, ella vivía a través de su
vil prole, como en su primer hijo, el rey Saetthan. Sólo quedaban catorce.
La mayoría vivían en Gaia, ocultándose de Rune.

161
Con cada Accession, las cosas ocultas salían a la luz.
Los Møriør le ayudarían a cazar a aquellos feys, tal como Rune
ayudaría en sus esfuerzos a sus aliados. No, él no rendiría sus sueños
cuando estaba tan cerca. Razón por la cual Josephine nunca yacería tan
confiadamente con él de nuevo; tenía planes para usarla contra Nïx. Su
voluntad se llevaría a cabo al fin
Mejor saborear este momento.
Josephine se removió contra él. Al igual que muchos vampiros, tenía
un sueño profundo. Ni siquiera se había despertado cuando él había
grabado una runa temporal de rastreo en su espalda.
Sus ojos se movieron detrás de sus párpados. ¿Soñaría ella con sus
recuerdos? ¿Qué pensaría de su pasado? No se avergonzaba de haber sido
violado y usado.
Sólo que él se había sometido finalmente a aquello...
Las horas pasaron mientras ella seguía dormida. Él se mantuvo
ocupado trazando los contornos de su impresionante rostro y meditando
sobre qué recuerdos podría ver si tenía esa capacidad.
Cuando se despertó, parpadeó abriendo los ojos a través de gruesas
pestañas para revelar esos brillantes ojos color avellana. Ella se incorporó.
—¿De verdad me dejarás ir? Tengo que llegar a… necesito llegar a casa.
Rune se tragó su irritación. Su primer pensamiento fue escapar. Si
hubiera complacido a cualquier otra mujer tan a fondo, no habría sido
capaz de deshacerse de ella.
No así Josephine. —Te hice una promesa.
—Deja que me vista. —Ella saltó de la cama, ofreciéndole una
aturdidora vista de su firme culo, y corrió al baño.
Rune cogió sus jeans, lamentando no haber dicho: "Después de otra
ronda." Él acababa de atarse su arco y su carcaj cuando ella regresó,
abrochándose su collar.
Ella había robado una de sus camisas para llevarla sobre su vestido,
atando los extremos y subiéndose las mangas. Llevaba el pelo recogido en
una coleta descuidada. Aun así, no podía parecer más encantadora.
—¿Estás listo? —le preguntó.
Él la tomó de la mano. —Claro.
Ella miró a sus manos unidas durante varios segundos.
—¿Josephine?
—Uh, sí, ¿puedes trazarme hasta el barrio?

162
Estaría completamente oscuro allí, más o menos la media noche. —
Lo haré. —Un instante más tarde, estaban de pie en una calle secundaria
de Bourbon.
Ella contempló la zona, luego se volvió hacia él. —Así que, estamos
aquí.
—Aquí estamos. Corre, pichoncita, regresa a tu lugar de descanso.
Ella vaciló al soltarle la mano, mirando hacia él. La luz parpadeante
de una lámpara de gas se reflejaba en sus ojos. —¿Esto es todo, entonces?
¿Pasas de pensar en matarme a liberarme?
—Yo creía que eras un riesgo para nuestra seguridad. Ya no lo creo.
—Entiendo. —Ella abrió la boca para decir algo, la cerró, y luego lo
intentó de nuevo: —Sé que eres el rey de usar-y-tirar, pero por todo lo que
vale la pena, me hubiera gustado verte otra vez.
Oh, lo harás. Y en breve. Podría seguir esa runa de rastreo en
cualquier lugar. Él simplemente la estaba utilizando para localizar a Nïx.
Aunque Rune tendría a la vampira de vuelta pronto, todavía era
reacio a dejarla ir. Podrían estar en lados opuestos de una guerra inmortal,
pero no había terminado con esta hembra. Usaría su lengua de oro para
convencerla para que volviera de nuevo a su cama -incluso después de que
él matara a su aliada. Se obligó a soltar su mano. —Tal vez nuestros
caminos vuelvan a cruzarse.
Creyó ver un atisbo de tristeza en sus ojos. —Seguro. Caminos
cruzados. No es gran cosa. —Ella comenzó a alejarse por la calle.
Una vez que ésta había doblado la esquina, él tiró de otra
combinación de runas de su antebrazo, un hechizo de ocultamiento para
esconder su olor y hacerlo invisible.
Rune se trazó a los tejados para perseguirla, viajando de un edificio
a otro. Al principio, ella caminó por el barrio. Luego hizo una pausa, como
si captara un olor. Se echó a correr en un sprint, escudriñando cada calle
al pasar.
No había duda de que estaba frenética por encontrar a Nïx y divulgar
todo lo que había aprendido acerca de Rune. Éste sintió un aguijonazo
inesperado respecto a eso, pero se recordó que todo estaba permitido en el
amor y en la guerra.
Espera -¿no era esa la esencia de la Valkyria? Sí, ahí estaba Nïx,
sigilosamente siguiendo a Josephine, con ese murciélago en su hombro.
Con los ojos fijos en su enemiga, Rune acarició las plumas de sus
flechas, eligiendo su una-y-listo.

163
Rune la colocó y tiró de la cuerda del arco, los dedos llegando hasta
su barbilla. ¿Había habido alguna vez un disparo más fácil?
Sin embargo, su curiosidad fey lo frenó. Tal vez debería escuchar a
escondidas su conversación, para descubrir cuánto sabía Nïx de los planes
de los Møriør. Allí había secretos para tomar. Siempre podía matar a la
Valkyria inmediatamente después.
¿Seguir las instrucciones de Orion al pie de la letra y disparar? ¿O
escuchar?
Los viejos hábitos... Regresó la flecha a su carcaj, luego se dejó caer
al suelo para espiar.

164
Veinticinco

Traducido por: Maxiluna


Corregido por: Alhana

D espués de dejar a Rune, Jo había captado el aroma de Thad,


pero siempre estaba fuera de su alcance.
¿Estaba él en un coche en marcha? ¿En un coche alejándose del
barrio? ¡No, era en la dirección opuesta!
Ella corrió hacia el Mississippi, siguiendo su rastro hacia la parte
industrial junto al río. Las pilas de contenedores ferroviarios bordeaban
una parcela desgastada de cemento. Se trazó más allá de la cerca
perimetral hacia el centro y examinó las sombras. ¿Dónde estaba él?
Había perdido el rastro por completo. —¡Maldita sea! —De alguna
manera lo encontraría.
Si era posible, estaba aún más decidida a llegar a Thad, para
asegurarse de que estaba a salvo. Los recuerdos de Rune de estar
separado de su amada “madre” habían devastado a Jo. Y después de
conocer su muerte, de sentir su dolor... se había despertado con pánico
por encontrar a su propio y amado hermano.
Junto a su preocupación por Thad, le dolía por Rune, el asesino
involuntario que solo había querido salvar a su madre.
¿Que no haríamos por la gente que amamos?

165
Esperaba que Rune hubiera conseguido vengarse de aquella
perversa reina por el asesinato de su madre, si no más. La mención de
Magh de “la nueva ocupación” de Rune le había provocado escalofríos a Jo.
—Oh, Lady Shady.
Jo se dio la vuelta para encontrar a esa mujer de cabello negro de
pie detrás de ella. Nïx. Jo no la había oído acercarse.
Así que este era el objetivo de Rune. —¿Qué quieres? —Jo miró más
allá de ella. —¿Dónde está Thad?
—Tengo a nuestro apuesto muchacho escondido. —Nïx llevaba aquel
murciélago de nuevo. Esta noche ella tenía dos botas. Sus misteriosos ojos
dorados brillaban más que antes.
Su camiseta llevaba algo escrito, pero Jo no podía descifrar las
palabras.
—¿Escondido dónde? —Si era necesario, podría terminar con esta...
Valkyria.
Una brisa soplaba sobre el agua, erizando el salvaje cabello negro de
Nïx. —Está seguro. Bueno, casi seguro. Tal vez, Josephine, si cooperas, te
permitiré verlo.
—¿Permitir? —Esta perra no tenía ni idea. Jo no cooperaba;
apretaba hasta que las cosas se rompían. Ella era una Hulk-rompedora. Si
Nïx no la llevaba a Thad, la Valkyria aprendería una lección que nunca
olvidaría. —¿Cómo sabes mi nombre?
—Soy un oráculo muy importante, una líder del ejército Vertas y una
pronto-a-ser diosa. Sólo tienes una pequeñita tarea por completar. —Ella
se rio. —He estado observándote desde hace algún tiempo. ¡Oh, las cosas
que sé!
—¿Me has espiado a mí?
—¿Has visto esa película Broken Arrow21? Naturalmente que sí es un
clásico del cine. De cualquier forma, nunca dejaría que mis armas
nucleares estuvieran fuera de mi vista. A excepción de cuando lo hago.
Era una demente. —¿Por qué Thad está contigo? ¿Sabe lo que eres?
—Lo sabe. Y sé lo que es él.
La boca de Jo se secó.

21Broken Arrow –Código: Flecha Rota (Alarma Nuclear) es una película de acción de 1996. Tiene
que ver con el robo de dos armas nucleares estadounidenses.

166
—¿Qué crees que es? —¿Es Thad como yo? Sin respuesta. —Todo lo
que necesitas saber es que él es bueno. —Trabaja en caridad, servicio
comunitario, es generoso.
Nix sonrió. —Si tú lo dices.
—¿Qué significa eso?
—Tengo planes para Thaddeus en esta Accession. Todos tenemos
una parte para jugar.
¿Planes? ¿Planes? La Valkyria estaba jodidamente muerta. —Nadie
hace planes para él, nadie. ¿Me sigues? —Ella se acercó a Nïx. —Me
llevarás con él. Ahora.
—Imposible.
Jo se quedó mirando a la hembra más pequeña. —¿Dices que me
conoces? Ah-ah. De lo contrario sabrías que estoy a punto de romper todos
tus huesos, uno por uno, hasta que me digas dónde está.
Nïx permaneció divertida. —¿Romper todos mis huesos? ¿Uno a
uno? —Relámpagos destellaron cerca. —¡Qué fascinante idea!

¿Qué mierda? Desde su escondite encima de una pila de


contenedores ferroviarios, Rune escuchaba con incredulidad.
Cómo de equivocado había estado. Josephine no había estado
protegiendo a Nïx; había estado protegiendo al macho. ¡La vampira había
confundido el objetivo de Rune!
No, ella no estaba ligada con Nïx, pero podría estar enamorada de
Thad. ¿Qué clase de nombre ridículo era ese?
Rune recordó. El macho era alto. Las mujeres lo encontrarían
atractivo. Más que atractivo.
Si Josephine estaba enamorada de otro, entonces todo lo que había
hecho en la cama de Rune había sido una estratagema para volver con
este otro macho.
Rune apretó los colmillos. Se había ofrecido a dejarle hacer cualquier
cosa si ella perdía su apuesta, porque había estado desesperada por volver
al otro. Por lo que Rune entendía, una hembra en realidad podría hacerse
más fuerte si ella le daba su corazón a otra persona para que lo guardara.
Josephine había sabido que no perdería esa apuesta.

167
¡Esa perra! Por primera vez desde que Magh lo había escogido, Rune
había dado placer sin artificios. Sin manipulación. Sin embargo, esta
noche había sido... utilizado.
Me gustas mucho, la vampira había clamado con una lágrima
surcándole la cara. ¡Pura mierda!
Ella y la Valkyria comenzaron a rondarse entre sí. —¿Estás segura
que deseas desafiar a alguien como yo? —Preguntó Nïx. —Eres una muy
tierna y joven criatura. Sólo tienes un cuarto de siglo de antigüedad.
¿¿¿Unjodidocuartoqué??? ¿Josephine sólo tenía veinticinco años?
Él la había llevado a la cama. Él la había devorado y le había dado
una fuente de sangre prohibida. ¡Hablando acerca de tabúes! Dioses, me
enfermo a mí mismo.
—Oh, estoy segura, —dijo Josephine a la Valkyria.
—¿Estamos a punto de descubrirlo? No, no, eso indicaría que en
ambos lados aterrizarían los golpes. Lo que no pasará.
Josephine alzó las cejas. —Sólo recuerda: pudiste haber evitado
esto.
—Muy bien. —Nïx se giró hacia su murciélago. —¡Bertil, observa! —
La criatura alzó el vuelo.
Josephine poseía una fuerza formidable, pero era demasiado joven
para ir en contra de una Valkyria tan antigua. Nïx barrería la calle con
ella.
Rune debería dejarla, para castigar a Josephine por su engaño. Pero
tenía una matanza por hacer. Él preparó su arco.
—Harás cualquier cosa para llegar a Thad, ¿no es así? —Dijo la
Valkyria con voz burlona. —Pero no lo entiendes. Él no es tuyo; es mío. —
Otro relámpago destelló cerca.
El cuerpo de Josephine se sacudió… con furia. ¡Estaban a punto de
malditamente pelear como gatas por el macho! —Eso fue algo totalmente
equivocado de decir, perra. —Ella se abalanzó para taclear a la Valkyria.
—¡Lo sé! —Nïx giró sobre sí, claramente esquivándola. —Siempre has
pensado en él como tuyo, que te pertenece exclusivamente a ti.
Josephine se trazó hacia Nïx, pero la Valkyria anticipó su
movimiento y la evadió.
—Te atraparé. Y entonces voy a romperte.

168
—Josephine, que rara y maravillosa cosa eres. Tal potencial sin
explotar. Eres muerte y de la muerte, todo en uno. Sólo hay un puñado de
tu especie.
¿Divagaciones de una loca? ¿O verdad parcial? Si Josephine era una
rareza con potencial, podría tener más valor para los Møriør de lo que
Rune había sospechado.
Josephine se detuvo en seco. —¡Dime lo que sabes!
—Vienes de un largo, largo, largo, largo, largo, largo, largo, largo
camino de distancia. Te acuerdas de las llamas reemplazando mares. Una
mano sosteniendo la noche. Estrellas rotas y ojos de araña.
Esas palabras hicieron que Josephine palideciera, y se meciera sobre
sus pies.
Es hora de poner fin a esto. El aire crujía con electricidad mientras
tensaba la cuerda de su arco y soltaba su flecha. Una-y-listo...
El final de una larga vida inmortal.
Los rayos se dispararon desde el cielo. Lanzas blancas cruzaron,
formando una jaula para proteger Nïx.
Su flecha se desintegró en cenizas.

169
Veintiséis

Traducido por: Maxiluna


Corregido por: Alhana

J o se dio la vuelta, aturdida. Una enorme jaula de relámpagos


había descendido, atrapándola con la Valkyria.
Primera reflexión: estoy jodida.
Segunda reflexión: Que se joda, soy Jo.
Nïx no parecía darse cuenta de todos los cegadores rayos. —Tú has
conocido una indescriptible belleza. —Sus ojos iban del dorado al plateado
reluciente, coincidiendo con los relámpagos. —En tu camino hasta aquí,
viste cosas que nadie en el universo ha logrado ver.
—¿De qué estás hablando? —La cabeza de Jo de repente se sentía
como si se estuviera dividiendo. Espesas nubes las rodearon. Los vientos
azotaban a través del terreno, balanceando los contenedores ferroviarios y
arrojándolos al río. Una llovizna silbó contra la jaula de relámpagos.
Aquel murciélago chilló cuando se abalanzó y jugó entre los rayos.
Jo ignoró todas las rarezas, centrándose en la Valkyria que se
interponía entre ella y Thad. —¡Me darás respuestas, Nïx! —Se trazó detrás
de la mujer, retrayendo su puño hacia atrás. Mientras Jo se solidificaba en
la tierra de un golpe, Nïx giró. Su propio puño salió disparado, conectando
con el pecho de Jo.

170
El hueso se rompió; el cuerpo de Jo se disparó hacia arriba, el calor
de los rayos entrecruzados escaldándola. Su control vaciló. Aterrizó de
lleno materializándose, estrellándose en el cemento. El pavimento lijando
su cara.
El bramido de un hombre sonó en la distancia. ¿Rune?
—No te levantes, niña, —dijo Nïx. —Esta no es mi primera pelea en
jaula. No será la última.
—¡Jodete! —Jo se trazó en el aire para hacer frente a Nïx. La
Valkyria la esquivó de nuevo.
—Nadie te enseñó a luchar como un inmortal. —Su tono era
cantarín, haciéndolo aún más indignante.
Jo se precipitó hacia delante, barriéndose por debajo del balanceo de
Nïx.
Sólo una finta. La rodilla de la Valkyria se disparó para golpear a Jo
en el rostro. Su pómulo roto; ella voló a través del cemento de nuevo.
Nïx se rio entre dientes. —Todo es acerca de la predicción.
Jo escupió sangre, atacando, pero Nïx era demasiado rápida. Ella
pateó a Jo como un balón.
Enfoque. Velocidad. Dolor. Jo se estrelló en el otro borde de la jaula,
aterrizando de costado. Sus costillas estaban tostadas.
En un instante, Nïx se puso sobre ella. —No te levantes, niñita.
¿Niñita? —¡Ahh! —Jo se sacudió para ponerse en pie, frente a frente
una vez más.
—No conoces ni la mitad de tus talentos. Le temes a uno de los
mejores que tienes. El suelo debe ser tu mejor amigo.
Ella saltó hacia Nïx, ¡tacleándola!
La Valkyria las giró en el aire para inmovilizarla en el suelo.
Jo lo intentó como fantasma. Falló. El dolor le robó incluso más
control. Ella luchó por liberarse, pero Nïx era demasiado rápida,
demasiado fuerte.
Más relámpagos dentados a su alrededor. Uno golpeó detrás de Nïx.
Sin mirar, la Valkyria lo atrapó.
La luz quemó los ojos de Jo, pero ella pudo distinguir a Nïx
moldeando el rayo en una daga.
—¿Por qué nunca te vuelves tangible en una pelea? —Le preguntó la
Valkyria, presionando aquel crepitante calor contra su garganta.

171
Jo no pudo luchar contra el arma en llamas, sólo podía soportarlo.
Por una vez, no era el depredador en la noche. Era la presa.
—¿Por qué no materializarse? —Nïx empujó la hoja más duro, piel
ardiendo. —Contéstame.
Ella me quitará la cabeza. Apuesto a que me mataría. —La única ma-
manera de golpear.
—Tu información es errónea. Te voy a dar un consejo acerca de tus
poderes. Tu mente es tu mejor arma. Úsala para golpear; utilízala para
defenderte. Como esa mujer una vez hizo.
—¿Q-qué mujer? —Otro destello de memoria apareció, el haz del
faro...
—¡Ah, es el Fin del Mundo! —Gritó alguien. El cielo se estaba
cayendo. Deteriorandose. Estrellas heridas cayeron hacia su muerte, tan
brillantes como las chispas de un pedernal.
Jo se aferró al borde de un vórtice, sus garras clavándose en el suelo.
A su alrededor, más agujeros negros silbaban al abrirse, una pared entera
de ellos, negro sobre negro sobre negro.
Como ojos de araña.
Sin idea de hacia donde esos abismos succionadores la llevarían -
tomando de ellos la única oportunidad de supervivencia.
Alguna fuerza implacable estaba aplastando sus dimensiones.
Habían oído rumores de un ser que podía derrumbar reinos usando nada
más que su voluntad.
Pero una pálida mujer con ahumados ojos oscuros se defendía,
tratando de darle soporte al mundo, su delicada mano se elevó para emitir
energía. —¡No puedo flaquear!
El dolor estalló, tirando de regreso a Jo hacia el presente. ¡Nïx le
había roto el brazo!
Ella gritó —¿Por qué?
—Ah, tengo tu atención una vez más. —Nïx sonrió. —No hay que
olvidar que romper huesos fue tu idea. Simplemente estoy rindiéndote
homenaje.
Jo se sintió atrapada en su cuerpo sólido, pero fuera de su mente.
Se imaginó haber escuchado a Rune gritar de nuevo.
—¿Quién es la... mujer? ¿De mi sueño? ¿Dónde...?

172
—Ella jugó su parte, tal y como lo harás tú, —dijo Nïx. —Ellos creen
que conocen mi rol en esto. Creen que me apresuro hacia el apocalipsis.
Ellos piensan que Nïx es destruir. Ellos piensan que Nïx no significa nada.
Jo espetó: —¿Q-quién?
—Los Møriør. Los Portadores de La Fatalidad. Son los hombres del
saco, los que ni siquiera conocen lo que es el terror. Pesadillas hecha
carne. Imagina tener tus propios huesos pulverizados. Probablemente
dolería algo como esto…
CHASQUIDO. Jo gritó cuando Nïx rompió su otro brazo. —¡PARA!
—Su yermo reino se acerca, —la Valkyria continuó, ajena al dolor de
Jo. —Dentro de su castillo... monstruos y demonios. Un dragón que podría
quemar el mundo. Una pesadilla venenosa que se desliza en tus fantasías
secretas. Un demonio malévolo resucitado del infierno. Están empeñados
en esclavizarnos a todos. —Ella se echó a reír. —Aunque suena
terriblemente divertido y emocionante, el Undoing es todo lo contrario. Él
pronto nos tendrá a todos en la palma de su mano.
Nïx se cernía sobre ella con esa afilada y chisporroteante daga, con
el rostro perverso pero hermoso. —Él dice que los mundos son como
esferas de cristal. Cuando él los maneja, deja su huella. A veces sólo el
más leve borrón. —Su expresión se volvió viciosa, alzando la voz a un grito:
—Otras veces, ¡él los destruye-volviéndolos-arena!
Otro relámpago cayó. El cemento explotó; el río estaba hirviendo.
Abrasando los ojos de Jo, el vapor quemó su rostro.
Nïx arrojó lejos la daga y se inclinó para murmurar al oído de Jo. —
Cada uno tiene esas habilidades legendarias. Juntos logran sincronizarlas.
En un campo de batalla, si se interconectan, ganarán. Pero si no podemos
derrotarlos, podemos apaciguarlos.
—N-no entiendo.
La Valkyria le susurró: —Si quieres ver a Thaddeus vivo, aprenderás
todo acerca de Orión.
—Ni siquiera sé... quién es.
—Y sin embargo, él afecta tu vida de muchas maneras. CHASQUIDO.
El fémur izquierdo de Jo. —¡AHHHHHH! ¡P-para! ¿Por qué?
—A veces hay que ser cruel para ser amable.
—¡Estás... loca!
—Bueno, bueno. —Ojos en blanco, Nïx acarició su rostro, sus garras
afiladas cortando las mejillas de Jo. —Shhh. Quiero que seamos amigas.

173
Jo no podía luchar con los miembros rotos. —L-lo lo haré. —Diría
cualquier cosa.
Nïx presionó su dedo índice sobre sus labios. Con la otra mano, la
Valkyria agarró el cuello de Jo y apretó.
Puntos negros rodearon su visión mientras miraba fijamente a los
ojos de este monstruo. Su conciencia se desvaneció.
Delirante. A punto de morir.
¿Quién salvaría a Thad de la Valkyria?

174
Veintisiete

Traducido por: Maxiluna


Corregido por: Alhana

N o puedo llegar a ella. No me quedan flechas...

Cuando todos sus intentos de disparar a través de la jaula fallaron,


Rune había atacado los rayos físicamente, golpeando las rejas hasta que
sus manos estuvieron carbonizadas.
La luz estaba abrasando sus córneas. Cerró los ojos, deseando que
se regeneraran rápidamente. Incapaz de ver, sólo podía luchar, arder y
escuchar.
El chasquido de los huesos de Josephine. Sus respiraciones
estranguladas.
Él rugió con furia, golpeando los relámpagos aún con más fuerza.
Nïx probablemente lo detectaría. Ella podría comenzar a cronometrar su
futuro, lo que reducía sus posibilidades de un asesinato exitoso.
A Rune no le importaba un carajo. Para llegar a Josephine, forcejeó
para romper la jaula…
Los relámpagos comenzaron a disiparse.
Él se pasó la manga por los ojos, parpadeando varias veces para
recuperar su vista. A lo lejos, Nïx había desaparecido, y Josephine yacía
inmóvil en el suelo.

175
Se trazó hacia ella. El daño era aún peor de lo que pensaba. Él cayó
de rodillas al lado de su cuerpo maltrecho.
Huesos rotos, fractura de cráneo. Piel con ampollas y laceraciones.
Él había sufrido bastantes lesiones internas como para reconocerlas
en esta pequeña mujer. Sus órganos internos estaban sangrando. Con una
maldición, la levantó. Su cabeza cayó de manera poco natural. Nïx le había
roto el cuello.
Él gritó en la noche —¡Voy a malditamente matarte, Valkyria! —
Trazó a Josephine a Tortua, a su cama. Cortó sus ropas, haciendo una
mueca ante lo que se reveló.
Si ella era realmente tan joven, y no había hecho su transición
completa a la inmortalidad...
La vampira podría morir. Tan brutalmente como lo hizo mi madre.
Cortó su muñeca para que sangrara goteando entre sus pálidos
labios. Ella ni se despertó, ni tragó. Necesitaba un sanador. ¿Cómo
encontrar uno? ¡Los Inmortales tenían escaso uso para ellos! Todo lo que
tenían que hacer era descansar y esperar a que la regeneración ocurriera.
Las orejas de Rune se crisparon. Su corazón se aceleró cuando los
latidos del corazón de ella se desaceleraron. Tal vez pereciera, antes de que
pudiera volver con ayuda. ¡Piensa, Rune!
En teoría, poseía suficiente magia para curarla, pero necesitaría una
combinación rúnica para acceder a ella, un hechizo de símbolos. ¿Podría
recordar el orden exacto y la forma de las runas?
Había utilizado hechizos de sanación para regenerarse rápidamente
después de una patrona violenta en el burdel, pero eso había sido hace
miles de años atrás.
Devanándose los sesos, recogió la sangre negra de su muñeca.
Apretó el dedo índice en el pecho de ella y deseó que su mente recordara...

Jo despertó, parpadeando para enfocarse en su alrededor, su cuerpo


en agonía.
¿Estaba en la casa de Rune? ¡Él había estado en la orilla del río!
Debió de haberla salvado de la Valkyria.

176
Jo levantó la mano hacia su frente, haciendo una mueca. Los
mareos hicieron que la cama se sintiera como que se mecía sobre las olas.
Se atrevió a mirar hacia abajo. Vendajes la cubrían. Extrañas marcas
asomaban por los bordes.
Trató de dar sentido a eso, pero su cabeza se sentía como si hubiera
sido rellenada con algodón, sin embargo, haciendo eco al mismo tiempo.
Cuanto más fijamente se quedaba mirando las vendas, más borrosa era su
visión. Pronto vio doble.
Dos Rune aparecieron junto a la cama. Sus dos rostros parecían
agotados. —Estás despierta. —Se sentó a su lado y levantó su manga. —
Debes beber, —dijo, pero su actitud era fría.
¿Por qué? Ahora sabía que no estaba ligada con Nïx. —¿Cómo me
encontraste?
—Nunca te perdí de vista. Te liberé únicamente para seguirte de
regreso a la Valkyria.
—¿Yo era el cebo?
—Como si no hubieras hecho lo mismo, —dijo, el tono aún más frío.
—Parece que eres bastante buena usando a los demás.
—¿De qué estás hablando?
—Olvídalo. Es necesario que te alimentes de nuevo. —Él le ofreció su
muñeca.
El dolor intensificó sus náuseas. —No puedo. Aún no.
Se encogió de hombros. —Está es tu manera de hacer una
recuperación completa, regenerando todo por tu cuenta. —Él vaciló, y
luego dijo: —Deberías haberme dicho que no conocías a Nïx.
No podía leer su expresión. —¿Habría importado?
—Lo habría hecho, sí. ¿Qué quiso decir cuando te llamó rara?
—No tengo ni idea, — murmuró Jo. —¿Me vendaste?
—Lo hice. Y finalmente conseguiste beber en los últimos dos días.
¿Se había alimentado, y ni siquiera se acordaba? Espera... —¿Dos
días? —¡Tenía que volver con Thad él todavía estaba en poder de esa
mujer! —¿He estado fuera de combate por tanto tiempo? —Ella se sentó, y
la habitación dio vueltas. Todo el dolor en su cuerpo se hizo más nítido. En
respuesta, su mente se fue de paseo. Se dejó caer hacia atrás.
—Tuviste una fractura de cráneo, entre otras cosas. Es demasiado
pronto para que estés levantada.

177
—Oh. —Recuperarse de las balas en el rostro había sido en
comparación más fácil.
—Tendré unos momentos infernales para asesinar a una oráculo
ahora que estará registrando todos mis movimientos. Y lo hizo sonar como
que ya había estado viendo los tuyos.
—Supongo. —El nublado cerebro de Jo no podía recordar las cosas
que dijo Nïx, sólo la patada en el culo que le había dado.
La tomó de la mano, alisando el borde de un vendaje de lino. Sin
levantar la vista, dijo: —El macho por el que ustedes se peleaban.
Thaddeus. Pensaste que yo lo estaba buscando esa noche.
Ella asintió con la cabeza, y luego hizo una mueca ante el profundo
estallido en su cuello. Olas de vértigo se apoderaron de ella. Sus ganas de
vomitar aumentaron.
—Me atacaste con todas tus fuerzas para protegerlo. Realmente
debes preocuparte por él.
Confusión. —Por supuesto que lo hago.
Rune se puso de pie, empezando a caminar. —¿Quién es él? ¿Qué es
el?
Trató de seguir sus movimientos, pero el esfuerzo fue agotador. ¿Qué
es Thad? Ella no lo sabía. ¿Era él como Jo?
Thad era bueno. —Es el mejor hombre que conozco. —Su voz sonaba
más y más distante.
—En nuestra apuesta, pudiste resistirte a mí porque querías volver a
él.
—Aja.
—¿No quieres decirme su especie? ¿Entonces qué es él para ti?
Todo. —Moriría por él. —Sus palabras eran arrastradas.
El negro se bifurcó sobre los ojos de Rune. —¿Lo amas?
—¿Qu…? —Pregunta tonta. —Más que nada.
Rune se sentó en el borde de la cama de nuevo. Abruptamente, se
levantó. Metió la mano en el bolsillo, rodando algo allí una y otra vez. ¿La
baratija? —¿Lo amas tanto que bebiste de mí? ¿Entonces me diste tu
cuerpo por una noche? ¿Cómo se sentiría al saber que no puedes tener
suficiente de mi sangre prohibida?
¿Qué tenía eso que ver con cualquier cosa? —No lo entenderías.

178
Mientras ella se deslizó de nuevo en el sueño, murmuró: —Entiendo
que el demonio en mí exige lo que le corresponde. Me serviré de un harén
de ninfas.

179
Veintiocho

Traducido por: Maxiluna


Corregido por: Alhana

L a cabeza de Rune palpitaba, sus oídos zumbaban.

Josephine lo había utilizado, suspirando su nombre y corriéndose en


su lengua. Ella le había dado su primer beso de verdad. Pero sus
reacciones habían sido fingidas para poder volver con el que amaba.
Amaba. Ella había dado su corazón hace tiempo. Las hembras del
Lore no lo hacían a la ligera. ¿Y yo en realidad había estado preocupado
que consiguiera atarse a mí?
La noche en que ella había anulado su disparo, había estado vestida
como una devoradora de hombres, porque sabía que vería a Thad. El
cuerpo de Rune se había perdido por pertenecerle a alguien más.
Se apretó las sienes. Había planeado ir a la nidada de las ninfas de
los árboles, pero no acababa de decidirse a salir. Su dolor de cabeza
empeoró, y una poco familiar agresión lo agitaba llenándolo. Maldita sea,
esa noche con ella había significado algo para él.
Respiraciones compartidas, descubrimiento, barreras rotas. Había
sido diferente; había sido más. ¿Cuánto había sido real para ella?

180
Él era quien utilizaba. El artificio era su especialidad. Apretó los
colmillos, paseándose por la habitación. Ansiaba el sexo enojado, un buen
odiado polvo. Él quería hacerle daño a Josephine. Lo necesitaba.
Podía volver a Nueva Orleans y acabar con su macho. Desde su
siempre presente carcaj, Rune sacó una flecha gris. El borrador, lo
llamaban. Un disparo en el pecho con ésta, y no habrían demasiadas
piezas para encontrar.
El demonio en él susurró: Hazlo. Entonces mea en su lápida.
El fey en él dijo, ¡ella es demasiado joven para saber qué es el amor.
¡Ella es demasiado joven para ti! Basta con pensar en esto y calmarse.
Ella podría tener un hombre, pero Rune la mantendría para él. No
podía permitirse unaq riesgo en la seguridad como ella mientras estuviera
libre.
Uno de los símbolos en su brazo comenzó a brillar y cosquilleo. Una
alerta. Alguien había traspasado sus guardas perimetrales. Un intruso en
mi santuario.
Se imaginó a Josephine pequeña e indefensa en su cama. El
demonio en él ordenó protección. Sus colmillos se desplegaron, descolgó el
arco, y luego se trazó al observatorio. Su ceño se profundizó. Él tenía un
invitado.
Sian estaba bebiendo de una petaca, mirando hacia una orgía, su
habitual hacha de guerra enfundada a su lado.
A modo de saludo, Rune dijo, —¿Cómo encontraste este lugar? ¿Y
cómo te trazaste y pasaste mis guardas? —Se colgó su arco una vez más.
Sian se aclaró la garganta. —Ocultaste tus conocimientos de este
lugar, pero cuando leí tu mente, descubrí lo suficiente. La impresionante
cara del demonio estaba marcada por la fatiga, sus intensos ojos verdes
inyectados en sangre.
¿Por cuánto tiempo tendría esta apariencia antes de que comenzara
a cambiar? Con la muerte de su hermano gemelo, Sian se había convertido
en el rey de Pandemonia y todos los Infiernos -lo que significaba que se
transformaría de uno de los hombres más físicamente impecables en los
mundos a su estado más monstruoso.
Sian le ofreció la petaca. —¿Cerveza? —La bebida favorita de los
demonios.
Rune encontraba el sabor fuerte, cuando había sido un muchacho,
había bebido sólo para tener más en común con los demonios. El hábito se
le había quedado. De su bolsillo, sacó su propia petaca.

181
La levantó y dio un generoso trago. —¿Qué estás haciendo aquí? —
¿Sian captaría el olor de Josephine en él? ¿Cómo explicaría Rune que olía
a una sola mujer? —Podrías haberte puesto en contacto conmigo. —El
tatuaje de su muñeca estaba oscuro. —Ahora no es un buen momento.
—Debes tener mil ninfas que te necesitan.
Rune lo corrigió: —Mil una. —Pronto. Había pasado dos noches sin
liberación, manteniendo vigilia por una mujer que no lo quería. ¡Dos
noches de abstinencia! Eso era el por qué estaba en conflicto. Rune no era
el único. —Te ves como el infierno, demonio.
—Pronto para ser literal, —dijo Sian en un tono amargo. —Ahora soy
el rey del mismo y debo encajar las piezas.
Rune tenía nada más que simpatía por Sian. Detestaba el cambio,
había sido alterado muchas veces durante su vida, y se negaba a cambiar
otra vez. —¿Cuánto tiempo tienes?
Sian no respondió a eso, centrado en una escena picante abajo, la de
una diablesa con tres hombres en su interior. —Dioses, perderé la
atención de mujeres deseables. Ellas acuden a mí ahora. Pronto, me
mirarán con horror.
Sólo había una cura para un demonio como él, y era tan improbable,
Rune tenía pocas esperanzas por su amigo. —¿Te parecerás a Goürlav? —
El gemelo de Sian había sido un gigante con piel verde y ojos amarillos
entrecerrados, considerado repulsivo por la mayoría.
Bruscamente sacudió la cabeza. —Ya tengo la sensación de los
diferentes cambios. Seré mi propia marca de monstruo. —Él volvió a
beber. —Pregunté por ahí sobre mi hermano, no podía entender por qué
participaría en un concurso por un reino. Él ya tenía la demonarquía de
Pandemonia.
El mundo fuente de todos los demonios. —¿Entonces por qué lo
haría?
—Había en juego una reina, una hechicera que se ofreció
voluntariamente para ser ganada. —Sian se encontró con la mirada de
Rune. —¿No lo ves? Él anhelaba una esposa dispuesta y no podía ver
ninguna otra forma de conseguir una. —Sian tomó un largo trago de su
petaca, luego bajó la mirada hacia ella. —Los espectadores de esa
competición lo consideraban un monstruo, cuando lo único que quería era
una compañera. Pronto, yo seré el que sea horrible y el que anhele. Cómo
se divertiría ella sobre esto.
—¿La chica fey? Con ojos de diferente color.

182
Sian levantó la vista. —Tenemos tan pocos misterios entre todos
nosotros.
—¿Era tu compañera?
—Nunca la traté, así que no puedo saberlo con certeza, —respondió.
—Pero tenía una fuerte sensación de que ella era la mía.
—Dijiste una vez que era traicionera.
—Tan falsa como encantadora. —Sian se frotó la cabeza, un gesto
que hacía a menudo, uno revelador. Un demonio infernal de sangre pura
como él que debía lucir elegantes cuernos negros, pero de los que había
sido despojado cuando era muy joven para regenerarlos. Incluso después
de tanto tiempo, sentía su ausencia. Como miembros fantasmas.
Una característica depredadora y defensiva, los cuernos eran
también órganos sexuales, sensibles al tacto. La amputación sería una
pesadilla.
—Daría cualquier cosa por la venganza. —Sian subió la petaca, la
vació, y luego se pasó la manga por la boca. —No pensemos en el pasado.
He venido a llamarte para la batalla.
¡Incluso mejor que una visita a la nidada!
—¿Contra quién?
—La Demonarquía del Hielo. Han estado haciendo sacrificios a las
antiguas deidades, tratando de despertarlos.
Idiotas. No tenían idea de lo que estaban haciendo. Los Møriør se
topaban con esto a veces, eran lo suficientemente viejos como para
haberse encontrado personalmente con la mayoría de los dioses antes de
que hubieran ido a dormir. Los demonios del hielo jugaban con poderes
más malos con los que el Møriør solo podían soñar ser.
¿Estaba Nïx dirigiendo esa facción, como parte de su ejército Vertas?
Si era así, ella los estaba dirigiendo directamente a un apocalipsis. Sin
embargo, ¿ella culparía a los Møriør y a Orión?
Pocos sabían una verdad fundamental sobre los Møriør: Los
Portadores de La Fatalidad no causaban el apocalipsis; ellos anunciaban
el mismo.
Sian guardó la petaca vacía y se levantó. —Viajé a ese reino hace
siglos. Conozco nuestro lugar de encuentro.
—Entonces llévanos. —Rune agarró uno de sus musculosos
hombros, y el rey de los infiernos los transportó a los confines helados de
los demonios del hielo, aterrizando encima de una plataforma cubierta de
nieve.

183
Vientos helados soplaban. Una luna creciente iluminaba las líneas
de los guerreros por debajo de ellos, quienes se extendían por todo el
camino hasta el horizonte.
Darach, Blace y Allixta ya estaban en la plataforma, junto con su
familiar brujo. Curses con los bigotes congelados en blanco.
Darach parecía a punto de transformarse, con los ojos tan azules
como los glaciares a su alrededor.
Blace parecía tan impasible como siempre. Uno nunca sabía cuándo
se disponía a entrar en la refriega.
Rune miró de Blace a Darach. ¿Habían codiciado cualquiera de los
dos a una hembra por distracción? ¿Preguntándose si ella podría ser su
compañera?
¿O alguno de ellos habría sido utilizado por alguien a quien habían
deseado?
—Oh, es el baneblood, —dijo Allixta mientras luchaba por mantener
su sombrero en contra de los vientos. —El asesino que no puede acabar
con una sola Val... —Se interrumpió cuando Rune colocó una flecha
contra sus labios, los ojos entornados con amenaza.
Silencio, bruja, o mueres esta noche. Él podría estar lo suficiente
demente como para hacerlo.
Aunque sus palmas brillaban con magia defensiva, ella se apartó de
su desafío. Chica inteligente.
Blace les dijo: —No sabemos quién está escuchando en estos
peñascos. Hablen en silencio. —A menudo se comunicaban
telepáticamente, en presencia de otros. <<¿La Valkyria te ha eludido,
Rune?>>
<<Sólo por un momento, vampiro. Tengo esto bajo control.>>
Blace levantó una ceja. <<Entonces ¿Por qué estás tan agitado?>>
¿El vampiro lo conocía muy bien entre los otros, porque raramente lo
sentía él?
<<Si lo estoy, esto será corto.>> Rune celebraría esta victoria con
toda una nidada de ninfas.
Blace sacó su espada y se volvió hacia Sian. <<¿No tienes ninguna
duda acerca de matar a tu propia especie?>> ¿Estaba el vampiro
volviéndose blando en su vejez?
Sian preparó su hacha de guerra. <<Los Møriør son mi propia
especie.>>

184
¡Exactamente los pensamientos de Rune! Sian sabía dónde estaba
su lealtad. ¿Pero Rune le había permitido a Josephine vivir después de que
hubiera tomado su sangre?
Porque ella me hace débil. Había arriesgado su prestigio entre los
Møriør por una mujer que ni siquiera lo quería.
Su alianza lo significaba todo. Rune centró su mirada en los
batallones de guerreros demoníacos de abajo. Cada uno de esos hombres
se empeñaba en derrotar a los hermanos de Rune. Listos para robarles la
victoria de las manos.
Robar el triunfo que he disfrutado desde que llegué a los Møriør.
Allixta preguntó: <<¿Se le dio a este ejército la oportunidad de
rendirse?>>
<<Siempre se les da la oportunidad.>> Sian hizo girar su hacha.
<<Terminemos con esto.>>
Rune asintió. Buen combate, Møriør. Mientras aguardaba a Blace,
Darach y Sian fueron a la carga, los pensamientos de Rune regresaron a
un recuerdo de hacía mucho tiempo.
Él había estado practicando con un objetivo en el patio de
entrenamiento de Perdishian, aumentando su frustración más y más. A lo
lejos, Kolossós, uno de los primeros en unirse a Orión, había estado
arreglando una u otra cosa, por lo que el suelo y el objetivo de Rune, se
estremecían.
Orion había aparecido junto a Rune. —¿Cómo lo llevas, arquero?
—No entiendo por qué no puedo tener una espada y dejar este arco a
otro. —Había apuntado con una flecha hacia Blace, quien estaba peleando
con Sian. —El vampiro me está enseñando.
Si Rune dominaba la esgrima, entonces podría luchar contra su
medio hermano Saetthan en igualdad de condiciones. Saetthan llevaba la
espada de sus antepasados, un arma transmitida a través de
generaciones. El antiguo metal se había forjado en los fuegos de un mundo
naciente: Titania, el segundo de los tres grandes reinos fey.
Saetthan estaba debidamente orgulloso de esa arma. Mientras tanto,
siempre había disfrutado dominando a Rune o cualquier cosa que él
hubiera heredado como el heredero legítimo de Sylvan.
Orion le había dicho: —¿Podrías igualar los talentos de Blace?
¿Convertirte en nuestro espadachín?
Rune mostró destreza. Pero nunca podría ser mejor que Blace.

185
Justo en ese momento Uthyr se había elevado por encima,
desatando un torrente de fuego. El gigantesco dragón había volado hacia
las llamas, calentando y limpiando sus escamas. Otro increíblemente
poderoso Møriør.
Orion lo había mirado con sus insondables ojos, meditando. —¿Por
qué no absorbe el fuego que respira?
Rune había fruncido el ceño. Ya se había sentido como si no
perteneciera aquí. Blace era el vampiro más antiguo, lleno de la sabiduría
que da la edad. Sian era el príncipe de los infiernos, hijo del primer
demonio, y una segunda generación Møriør después de que su padre
muriera.
¿Rune? Un asesino de las sombras y una puta.
—Así como los Møriør son miembros de una entidad, el arco debe
convertirse en una parte de ti. —Paseándose, Orión había dicho: —Retira
el cuero de tus manos.
¿Sus protecciones para el tiro con arco? Rune había dicho. —Las
yemas de mis dedos se trituraran.
Sin darse la vuelta, Orión había hablado en su mente. <<¿Pensaste
convertirte en un arquero sin dolor?>>
Rune despertó de su recuerdo cuando Sian dio su temible rugido.
La batalla comenzaba.
Sian y Blace comenzaron a desgarrar a través de las filas del ejército
con muy poca resistencia. Rune lanzó flechas estratégicamente para
cubrirlos a ambos, a pesar de que no tenían necesidad de ayuda. Desde
más allá del bosque helado, Darach aulló, tras la recién pista de algo.
Dentro de un cuarto de hora, la victoria estaba cerca.
<<¡Dispara la bonedeath, Rune!>> le ordenó Blace. <<Flanco oeste.>>
Rune arrancó una flecha blanca de su carcaj.
Allixta dijo con cautela. <<¿Has configurado esas magias para hacer
a los Møriør inmunes a ella?>> Estaba comprensiblemente nerviosa.
<<Pronto lo descubrirás.>> Rune tensó su arco al límite. Apuntando
hacia una roca en el campo pedregoso. Ajustándola por los vientos,
midiendo la dirección con las puntas sensibles de sus orejas.
Silenciosamente, disparó su flecha.
La flecha se deslizó por el aire. Cuando se clavó en la piedra, la roca
helada explotó.

186
Las ondas de calor y presión se expandieron desde el objetivo,
abrasando la nieve, golpeando a los demonios más cercanos, y luego
barriéndolos por millas.
Alrededor de Sian y Blace, los demonios cayeron de rodillas con
gritos de angustia ya que sus cuerpos se rompían y rompían. Pronto sus
huesos eran polvo, y sólo podían retorcerse en el suelo. Ninguno se
regeneraría; cada uno de ellos convertidos en una carga inmortal de lo que
quedaba de su pueblo.
La batalla había terminado. La bonedeath siempre aseguraba una
decisiva -y bien hablada- victoria.
¡Ver a sus enemigos impotentes retorcerse puso a Rune aún más
inestable! Entendía por qué había que hacer esto; la demostración de la
fuerza haría que sus enemigos se echaran atrás y prevendrían futuros
conflictos. Además, si los Møriør no prevalecían, todos estos demonios
morirían de todos modos.
Pero él no saboreaba esto.
Nïx había descrito a los Møriør como pura maldad, una alianza de
monstruos y demonios. Esa maliciosa Valkyria se había aliado hacía
mucho con los fey; ¿habría considerado a la exteriormente hermosa Magh
un monstruo?
Sian y Blace se trazaron desde la devastación y se reagruparon con
rostros graves. Nadie podría celebrar esto como una victoria.
Rune se colgó el arco. <<Me Pregunto por qué Orion no se limitó a
destruir esta dimensión con la palma de su mano.>>
Queridos dioses, ¿había dicho Rune eso a los demás?
Aparentemente. Orion se materializó en ese momento, clavando su
misteriosa mirada en Rune. Esta noche, el Undoing parecía un demonio -
uno tan espantoso como el gemelo de Sian, Goürlav había sido. Estando
de pie medía más de tres metros y medio de altura, Orion tenía una espesa
piel plateada, dos filas de cuernos y colmillos goteantes. Pero sus
escalofriantes ojos negros eran los mismos. <<Esta Demonarquía tiene
valor estratégico y está llena de recursos. ¿Albergas otras dudas,
arquero?>>
Fingiendo indiferencia, Rune se encogió de hombros. <<Ninguna, mi
Señor. Si mi deber de batalla ha terminado aquí, me gustaría retirarme.>>
<<Por Supuesto>> dijo Orion, con una expresión demoníaca que no
revelaba nada.

187
Rune estaba tentado de volver con Josephine, pero no podía predecir
su comportamiento. Su búsqueda de Nïx no se reanudaría hasta que
cayera la noche en Nueva Orleans. Sólo quedaba una cosa por hacer.
Se trazó hacia las Dryads, su nidada de ninfas favorita. Vivían en un
árbol hueco tan grande como un edificio de apartamentos. Cada ninfa
tenía su propio cuarto, su “nido”. Ellas se extendían por todo el interior de
las extremidades del árbol. El área principal de reunión era un bar en la
base del tronco.
Cuando apareció en el interior, las ninfas aplaudieron su llegada.
Todas estaban en topless, sus cuerpos voluptuosos pintados con diseños
de hojas. Joyas de ámbar las adornaban.
Los otros machos presentes fruncieron el ceño, sabiendo que Rune
los había saltado en la cola.
—Caray, hola, pichoncitas. —Le arrojó a las ninfas su malvada
sonrisa. Se amontonaron a su alrededor, adulándolo, con la esperanza de
ser la elegida.
¡Esto era lo que había necesitado! Ya había follado con la mayoría de
ellas, lo que significaba que ellas ansiaban una repetición.
Josephine, sin embargo, se había despertado de una noche en su
cama con una pregunta en los labios: ¿Realmente me dejarás ir?
Aquí, él era la mejor opción, la última que cualquier mujer
disfrutaría. Aquí, él tenía una preocupación: decidir a qué ninfa honraría
con su polla.
¿Segunda mejor opción? No entre estas bellezas.

188
Veintinueve

Traducido por: Maxiluna


Corregido por: Alhana

—¿R une? —Jo lo llamó cuándo se despertó en la cama


sola. Comprobó su cuerpo, moviendo sus brazos y piernas.
¡Estaba totalmente curada! Era hora de volver a Nueva Orleans.
Sin embargo, Rune no respondió. Se levantó, mirando hacia abajo
hacia sus muchas vendas. Había cuidado de ella. Entonces, ¿dónde
estaba?
Comprobó las otras habitaciones que le había mostrado. No había
rastro de él. Recordaba vagamente hablar con él cuando había estado muy
dolorida, pero no mucho de lo que habían hablado.
Hasta que regresara, estaba atrapada en su casa otra vez. Lo que
significaba que Thad permanecería sin protección, bajo el control de una
perra diabólica. Jo se estremeció al recordar a Nïx rompiendo sus huesos
como ramitas secas.
La Valkyria quería que espiara a un tipo llamado Orion y le
informara. Nïx había dicho que él había afectado su vida de muchas
formas. Eso podía ser cierto, pero Jo no tenía idea de quién era.
Luchando por darle sentido a esa pelea, se dirigió al cuarto de baño.
Mientras se desenvolvía de las capas de vendas, más detalles se filtraron

189
en su conciencia. ¡Rune la había utilizado como cebo para Nïx! Pero
también la había salvado al final. ¿Por qué, si la Valkyria se había detenido
en medio del asesinato?
Había gritado mientras Nïx la torturaba, como si estuviera
desesperado por salvar a Jo. Como si a él no le importara un carajo.
Desnuda, miró hacia abajo a su cuerpo. Runas negras la cubrían. Él
las había elaborado cuidadosamente dándoles formas con su propia
sangre.
Ese delicioso vino.
Arrastró sus dedos sobre cada una, amando las marcas sobre su
piel. Ella habría sanado por su cuenta en unos días, pero él no lo sabía.
Recordó su pánico y el temor retumbando en su voz.
¡El fey oscuro estaba empezando a sentir más por ella!
Después de su noche juntos, los propios sentimientos de Jo
pudieron haberse profundizado en algo más que el enamoramiento. Los
sueños de su pasado la habían afectado también. Al verlo tan vulnerable y
joven, sin embargo, tan arrogante, la había tocado. El amor que había
sentido por su madre la había suavizado.
Abrumada por la decepción cuando la trazó hasta el barrio y le dijo
que corriera a casa a su lugar de descanso.
Ahhh. Eso simplemente había sido parte de su ardid.
En la amplia ducha, presionó algunos azulejos y el agua caliente
salió en cascada desde el techo. Se resistía a borrar sus símbolos, pero
tenía que limpiar las telarañas en su cabeza.
Dio un paso bajo el agua, mirando el desagüe. Lavar la sangre de su
piel coloreó el agua como tinta, y aceleró su apetito. ¿Cuándo Rune
regresara, le daría una compensación mayor? Casi gimió ante la
perspectiva.
¿Podía confiar en él lo suficiente para revelarle el trato con Nïx? Tal
vez él y Jo pudieran trabajar juntos en su mutuo problema con la
Valkyria.
Después de su ducha, Jo se arrellanó en una bata de su armario
para robarle una camiseta. Sus ropas eran ásperas y andrajosas, con
muchos rasgones y desgastadas. Ella amaba su malvado look de me-tiene-
sin-cuidado.
¿Asesino seductor con una gran polla promiscua? Oh sí.
Pero ella no necesitaba estar soñando despierta acerca de un
jugador como él. Nada importaba más que el salvar a Thad de Nïx.

190
Mientras se vestía, Jo repitió cada palabra de la loca. Algunas cosas
sobresalían más que otras.
El suelo debe ser tu mejor amigo... ¿Por qué no te materializas en una
pelea?... Tu mente es tu mejor arma. Úsala para golpear; úsala para
defenderte...
¿Nïx le había dado unas pistas a Jo para ayudarla con su misión de
espionaje? Jo estaba recelosa acerca de la fiabilidad de la Valkyria, sin
embargo, ella sentía que Nïx había dicho la verdad. Grandioso. Ahora todo
lo que Jo tenía que hacer era encontrar la manera de utilizar su mente
para atacar.
La Valkyria también había mencionado a una mujer. ¿Nïx había
estado hablando de la que aparecía en las pesadillas de Jo, la que había
emitido el poder para apuntalar el cielo?
Aunque Jo no era una persona de confianza (eufemismo), tal vez
debería revelarle a Rune todo lo que había aprendido y recordado. Maldita
sea, ¿dónde estaba?
Otro recuerdo la golpeó. Justo antes de que se hubiera desmayado,
él le dijo que se iría a... ¡servirse de un harén de ninfas!
Sus ojos se abrieron como platos. —¡Putón! —Él estaba en la cama
con otra hembra en este mismo momento. O hembras, plural. Al parecer,
Rune no estaba empezando a sentir más por ella.
Ese grandísimo imbécil.
¿Qué había con él y las ninfas? Apretó los puños, y las luces
parpadearon. El mobiliario vibró.
Se quedó sin aliento. Eso no había sucedido desde hacía años en la
morgue. Casi lo había olvidado.
¿Acababa de mover los muebles con su mente? Solo había una
forma de averiguarlo. Regresó al museo de él, lleno de sus preciosas
reliquias. Sus preciosos e incalculables tesoros. ¡Qué mejor lugar para
probar un impredecible poder!
Miró un pequeño florero en la habitación. Inhaló, exhaló, entonces
se imaginó levantándolo...
¡El jarrón se tambaleó!
¡Mierda, era telequinética! Más claramente vio aquella visión del
mundo que se desmorona y la mujer la de ojos oscuros, había estado
usando la mano para controlar su telequinesis.

191
Jo dirigió la palma de su mano hacia el jarrón y trató de levantarlo.
Lo hizo añicos. Oh-oh. Espero que no le gustara eso. Ella se giró hacia otra
antigüedad, una caja de aspecto delicado sobre un pedestal de mármol.
Presionándolo telequinéticamente tendría que ser más fácil de
levantar. Se concentró en el aplanamiento de la caja y agitó la palma de la
mano hacia abajo. La caja y el pedestal estaban aplastados.
¡Impresionante!
Pero ella no estaba enfocándose como lo había hecho esa mujer. Jo
necesita más práctica. La colección de Rune le estaba funcionando como
una gran galería de tiro.
Se volvió hacia un busto de tamaño mediano de un hombre que
había escrito libros que Jo probablemente no podía leer. Estúpido.
¡BOOM! Ella se echó a reír mientras trozos de mármol aterrizaron
por toda la habitación. De acuerdo, no se enfocó, pero el Hulk Destructor,
era más del estilo de Jo de todos modos.
Luego vino la verdadera prueba. ¿Sería capaz de ejercer su
telequinesis, mientras estuviera en modo fantasma?
Desmaterializada. Flotando como una mota de nada, miró de un
tesoro al siguiente. ¿Con cuál de ellos practicar? Él había dicho, estos son
premios de guerra, pero apostaría a que algunos eran regalos de las
mujeres que había follado.
Cuando Jo lo imaginó en la cama con hermosas ninfas, mirándolas
con esos seductores ojos, una ola de energía ardió en su mente.
El sonido de la destrucción sonó en sus oídos. Estrellándose,
rasgando, destrozando. Una vez que el polvo se asentó, parpadeó con
incredulidad. Ella había destrozado todo en la habitación.
Golpear. Aplastar.
Él estaba demasiado orgulloso de su casa, se pondría furioso cuando
viera los daños. Lady Shady miró a su alrededor con un ojo perspicaz.
Haré todo pedazos. Su pago por herir su corazón.
Se volvió hacia la sala contigua para practicar un poco más. Había
sido una asesina antes. Con estos nuevos talentos, ella sería una
invencible.
Frunció el ceño. Nïx lo había hecho sonar como si Thaddie fuera
como Jo. Si era así, ¿cómo podría hacer frente a cambios como estos?
¿Con la ayuda de la Valkyria?

192
Jo se había visto obligada a dejar que MizB criara a Thad; ella se
condenaría si Nïx se hacía cargo de aquí en adelante.
Cambio de planes, Nïx. Jo definitivamente conseguiría acercarse a
Thad, pero no en la forma en que la Valkyria había imaginado. Jo no iba a
espiar a nadie; en su lugar haría lo que hacía mejor.
Antes de que Rune tenga otra oportunidad con Nïx...
Voy a matarla.

193
Treinta

Traducido por: Maxiluna


Corregido por: Sigrún

E l rostro de Rune estaba enterrado entre dos de los mejores


pechos de ninfa del Loredom, con las manos llenas de ellos, estaba
besando su camino hacia un tenso pezón.
Justo lo que necesitaba.
Su pronto-a-ser-quitado pantalón escocés era lo único que le
impedía empujarse dentro de su compañera de cama, Dalliance22.
El término había venido de ella, el epítome de jugueteo amoroso. Ella
lo había sido durante milenios. Tenía largo cabello negro, grandes ojos
grises, y un cuerpo que cualquier hombre mataría por poseer.
Ella arqueó la espalda, preparándose, sus dedos se enredaron en su
cabello. Sus labios se cerraron alrededor de un pezón, pero sus dientes no
chocaron contra ninguna perforación. Ningún metal caliente bromeó con
su lengua.
A menudo imitada, nunca duplicada.
¡Concéntrate en lo que estás haciendo! Sabía lo que a ella le gustaba,
podía satisfacerla durmiendo. Los dos se conocían desde hacía mucho,

22 Baile con Dalli.

194
habían compartido clientes y patrones, follado para el entretenimiento de
los demás en locales exclusivos.
De vez en cuando conectaban por los viejos tiempos. Hoy la había
elegido en lugar de a todo un grupo para él solo.
¿La diferencia entre Dalli y él? Ella había elegido su línea de trabajo
desde el principio.
La noche en que Magh había vendido a Rune a un burdel, acababa
de ver la tumba de su madre, y había quedado devastado al enterarse de
su destino.
Entonces él lo había aprendido.
—Has sido una puta durante tanto tiempo, que pensé que deberíamos
hacerlo oficial, —dijo Magh. —Aquí, complacerás a tus clientes, perro. O
perecerás. Al final de cada noche, un guardia levantará una espada sobre
tu cuello. Si eres una buena puta, podrás conservar tu vida. La primera
queja que reciba de ti será la última. Es mejor que te apures. El amanecer se
acerca, y parece que nadie en tu larga fila... está satisfecho.
La criatura al inicio de la fila había sido horrible, pero había sabido
que de alguna manera tenía que darle placer, enterrar su disgusto e
ignorar la feroz ira que había sentido por la muerte de su madre.
Complacer, o perecer. En los años siguientes, muchos de sus
clientes no habían estado “satisfechos” con nada menos que su cuerpo
golpeado y ensangrentado.
Concéntrate. Pronto Dalli se daría cuenta de su distracción. Volvió a
sus pensamientos sobre la vampira para permanecer duro.
Su mente corría de una imagen de ella a otra. Sus pequeños
colmillos. Sus incomparables curvas parecían hechas solo para él. Su
rostro etéreo cuando estaba a punto de correrse. El parpadeo de sus ojos
color avellana cuando sonreía.
Él la había hecho sonreír. Había sonreído en la cama con él. Le
había dado las gracias.
¡No! La vampira amaba a otro. Todo aquello había sido un acto. Todo
sobre su noche juntos había sido falso.
Dalli se aclaró la garganta y se sentó. —Dije tu nombre dos veces.
Pero ni siquiera estás aquí, ¿verdad? —Él no lo negó. —Siempre sé cuando
estás distraído -tus ojos se vuelven vidriosos. —Ella sabía más acerca
sobre sus primeros siglos que nadie que todavía viviera. Sólo ella sabía que
temía volverse tan desapegado que nunca se sentiría vivo de nuevo.
—¿Cuál es el problema, Dalli? Mi polla está lo suficientemente dura.

195
—Por favor. Te he visto conseguir levantarla para un demonio pus.
Él se echó hacia atrás y se sentó en el borde de la cama, la cabeza
entre sus manos. —Muchas cosas en mi mente. —Se puso de pie y empezó
a caminar con los pies descalzos, en silencio, sobre la alfombra de felpa en
el nido.
Ella se puso la bata de nuevo. —Por favor, ¿dime qué te pasa?
—No importa. —Tal vez en algún nivel había sospechado que no
estaría a la altura. Tal vez había elegido a Dalli porque necesitaba una
amiga más que una follada.
—Es evidente que sí importa. —Los rayos de luz solar se colaron al
interior desde la ventana tallada, capturando sus ojos grises. —¿No confías
en mí?
Sacudió la cabeza. ¿Cómo podría explicar una criatura como
Josephine?
—No te pregunto dónde vas cuando no estás aquí, —dijo Dalli. —No
pregunto qué estás haciendo con tu vida, o qué planes tienes para el
futuro. —Ella sabía que él era un maestro de una sombría alianza secreta,
pero él no le había dado más detalles.
—Es por eso que todavía somos amigos.
Como si él no hubiera hablado, ella continuó: —Nunca te he hecho
esas preguntas, porque pude ver por mí misma que no eras completamente
miserable con tu vida.
Detuvo sus pasos. —¿Por qué habría de estarlo?
Dalli se levantó, dirigiéndose a su servicio de vino a servir unas
copas. —¿Alguien de tu edad sin compañera? ¿Sin descendencia? Eso se
lleva en el alma.
—¿Estás hablando por experiencia? —Ella era casi de su edad, la
ninfa más antigua que había conocido nunca.
—Hoy estamos hablando de ti. Y de cómo ahora te encuentras
completa y absolutamente miserable.
Frunció el ceño. —Sólo quiero tener sexo. Es por eso que estoy aquí.
—Ah, ahh. Esto tiene que ser acerca de una mujer.
—¿Por qué dices eso?
Ella le entregó una copa, luego caminó hasta el sofá con la suya. —
Dame un poco de crédito. —Tomando asiento, ella hizo un gesto para que
se le uniera. —He estado en este juego del deseo por un largo, largo
tiempo.

196
Él enterró los dedos en su cabello. —Hay una chica. Me tiene
completamente perplejo.
—Creo que mejor traes la botella.
Bien pensado. Él la cogió y se unió a ella, colocándola en una mesa
auxiliar ámbar. Se sentó al lado de Dalli. —Sólo la conozco desde hace
cuatro días. —De los millones que había vivido. —En mi vida, eso es un
abrir y cerrar de ojos. —En Dalli eran demasiados.
—¿Crees que esta chica podría ser la elegida?
¿Quizás? No. ¡No! —Nunca tendré una compañera. No esperaba
tener una mujer destinada a mí.
—¿Debido a tu veneno? Sé lo mucho que lo desprecias.
Lo odio malditamente demasiado. Sin embargo, durante un tiempo,
su odio se había desvanecido, -porque Josephine florecería siempre que se
alimentara de él. Ella la había anhelado. ¡Pero él no quería depender de
una vampira sólo porque podía tolerar su odiada sangre!
No quería querer a alguien que amaba a otro.
Incluso si Josephine escogía a Rune en su lugar, ¿qué tipo de futuro
iban a tener? Nunca sería exclusivo con ella, no podía imaginar pasarse los
próximos milenios en la cama con una sola mujer.
Especialmente cuando su valor en los Møriør dependía de que él
durmiera con otras.
Vació su copa y la dejó a un lado. Olvídate de la vampira. —Hagamos
esto. —Frotó la palma de su mano sobre su polla hasta que estuvo lo
suficientemente dura. —¿Te importa si estoy o no comprometido? Haré que
ronronees. Siempre lo hago.
—¿Estás seguro?
Quiero estar dentro de Josephine. En el interior del sedoso calor que
había complacido con su lengua. Quiero ver su reacción cuando entre en
ella por primera vez. —Cien por ciento.
Dalli frunció los labios. —Es mejor que empieces a hablar. Dime su
nombre. Quiero saber todo sobre ella.
Exhaló con resignación. —Muy bien. Su nombre es Josephine. —
Sirvió otro trago para ambos.
—¿Qué pasa con ella? —Preguntó Dalli con emoción. —¿Por qué es
diferente de todas los demás?
¿Cómo poner en palabras lo que sentía? —Es una contradicción
andante. Es poderosa, pero joven. A veces, parece cansada del mundo,

197
pero de nuevo, es tan sangrientamente joven. Es increíblemente reservada,
y sin embargo es abierta hasta el punto de ser cortante. —Él recordó
cuando le dijo: “Tú. Me gustas. Me gustas mucho”. ¿Cómo podía haber
sido tan creíble en su éxtasis?
—¿Cuándo dices joven...?
Él vaciló, luego admitió. —Un cuarto de siglo.
Dalli tosió en su vino.
—Lo sé. Y, maldita sea con todo, Dalli, ella es un vampiro.
—¿Cómo puede ser? Las hembras vampiro son tan raras.
—No sé mucho -cualquier cosa- sobre ella. Pero ella es
definitivamente una vampira.
El entusiasmo de Dalli se desvaneció. —Rune, lo siento mucho. No
es de extrañar que seas miserable. —Ella puso su mano sobre la suya. —
Tal vez tu Josephine pueda beber sangre empaquetada o algo así. No
alimentarse de su pareja sería un sacrificio, pero estoy segura de que
querrá probarla por ti.
Desde el borde de la copa, dijo: —Ella bebe mi sangre negra. No
puede anhelarla más. —Su tono era petulante.
—¿Qué? ¿Cómo es eso posible?
—Dice que es porque ella es “endiabladamente fuerte’’ y todo eso.
Los ojos de Dalli se abrieron felices. —Ya me gusta. ¿Pasó la
transición?
—Recientemente fue herida. La he curado con runas, pero sospecho
que se hubiera regenerado por sí misma. —Todavía no podía creer que
hubiera recordado aquellas combinaciones de runas después de tanto
tiempo. Pero entonces, las había necesitado lo suficiente como en ese
burdel.
—¿No hay fronteras físicas entre ustedes dos? ¿Puedes estar con ella
plenamente?
—Hasta ahora, todo bien. —A pesar de que no había estado dentro
de ella todavía. Si ella era su compañera...
—Esto debe significar que es tuya. ¡La has encontrado, Rune!
¿Entiendes lo bendecido que eres?
Esa palabra nunca había sido utilizada para describir a un ser como
Rune.
Dalli estudió su rostro. —¿Estás... comprometido cuando estás con
ella?

198
—¿Comprometido? Cuando me corrí con ella, grité tan fuerte que me
dolió la garganta. Dije cosas antes de pensarlas. ¡Hablé sangrientamente
en Demoniaco! —Su cabeza cayó hacia atrás contra el sofá, y se quedó
mirando el frondoso techo de hoja. —Perdí totalmente el control. La
primera vez que probé su sexo, mis ojos se voltearon en mi cabeza. —Esos
labios carnosos... ese enloquecedor aro en su clítoris...
Perdido en el recuerdo, dijo. —Ella se puso tan mojada. Cuando se
corrió en mi lengua, fue una deliciosa recompensa para mí. Y dioses
todopoderosos, cuando perforó mi piel con sus pequeños y afilados
colmillos, mi corazón tronó, y mis bolas se contrajeron y dolieron como
nunca antes. Mi polla se sintió como si fuera a explotar...
Dalli se aclaró la garganta.
Él parpadeó, sorprendido de que se hubiera estado acariciando a sí
mismo. Ella sonrió. Él frunció el ceño y tiró de su mano. —Esto es de lo
que estoy hablando, ¡sin control!
—No puedes tener las dos cosas, Rune. No puedes temer perder el
control y volverte desapegado.
Dalli tenía razón.
—Creo que te estás enamorando de ella.
—¿Cómo que enamorado? Mi especie no ama; no somos capaces de
ello. Mucho menos yo, con mi pasado.
Había vivido con la amenaza de aquella espada sobre su cuello siglos
antes de que un maestro justo se hubiera presentado, liberándolo y
ofreciéndole un aumento. Entumecido por las violaciones y ciego a una
alternativa, Rune había dicho: —¿Por qué no? —Él se había considerado a
sí mismo nada más que una puta por monedas.
Sus pensamientos nunca se habían desviado hacia el futuro. Sus
sentimientos se habían atrofiado, tan fríos como la ceniza.
¿Todavía lo estaban? Josephine había conseguido excitarlo, agitarlo
y ponerlo frenético. El frenesí había superado el control. ¿Estaban aquellas
chispas de ceniza dentro de él atrapando la llama?
Con ella, había sido arrojado a un lugar en el que nunca había
estado antes.
Quiero volver allí.
Dalli dijo: —En el pasado tenías que distanciarte para sobrevivir.
Pero ya no.
Para sobrevivir a sus patrones y a Magh. Cuando se enteró de que él
se entregaba voluntariamente para ser utilizado, había estado furiosa.

199
Perversa hasta la médula, lo había recapturado, encarcelándolo en su
calabozo. Ella lo había deseado y se odiaba a sí misma por ello. Entonces
la verdadera tortura había comenzado.
—Detente ahora, —dijo Dalli, reclamando su atención. —Deja de
revivir los días pasados. Puedes comenzar de nuevo con Josephine.
Alguien tan joven te ayudará a ver el mundo de nuevo.
—No quiero volver a empezar. —Magh lo había remodelado tantas
veces que aquel molde debía estar roto. Había pasado de esclavo, a
asesino, a puta involuntaria, a puta voluntaria, a chivo expiatorio. Todo
por culpa de una mujer viciosa. Él había terminado con los cambios.
Sin embargo, ¿no se había considerado él mismo alterado después
de su primer orgasmo con Josephine en su cama?
—Todo esto es discutible de todos modos. —La ceniza dentro de él
había atrapado la llama por la mujer equivocada. —Ella quiere... a alguien
más. —Rune bebió su copa, y luego se puso a caminar de nuevo. —Algún
idiota que usa botas de vaquero. —¿Estaba el macho de Josephine
buscándola? ¿Se estaría preguntando por qué ella no había regresado a su
cama por otra puesta de la luna?
—¿Qué clase de especies es él?
—No lo sé. —Rune se había centrado en su objetivo, había prestado
poca atención al compañero de Nïx, Thaddeus. Incapaz de recordar el olor
del macho, Rune imaginó su apariencia. —Él es grande. Alto de hombros
anchos. —El rostro de ese capullo era mucho más atractivo que el del
propio Rune. Lo que significaba que era aburrido. Dijo entre dientes. —
Atractivo, supongo.
—Suenas celoso.
—No estoy celoso. Estoy