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PE 03 Comprension Rayuela

El documento presenta un extracto de la novela "Rayuela" de Julio Cortázar. El protagonista recuerda a su amiga La Maga y los momentos que compartieron en París, especialmente en el Puente de las Artes. Aunque busca a La Maga en el puente, no la encuentra. Piensa en los lugares que solían frecuentar y recuerda un episodio del pasado cuando destrozaron un paraguas juntos.

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PE 03 Comprension Rayuela

El documento presenta un extracto de la novela "Rayuela" de Julio Cortázar. El protagonista recuerda a su amiga La Maga y los momentos que compartieron en París, especialmente en el Puente de las Artes. Aunque busca a La Maga en el puente, no la encuentra. Piensa en los lugares que solían frecuentar y recuerda un episodio del pasado cuando destrozaron un paraguas juntos.

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ASIGNATURA : Lenguaje y sociedad

Colegio Particular
PROFESORA : Leyla Castillo Cortez COEDUC
CURSO : 3ro Medio
CONTENIDO : Interpretación de texto narrativo
FORMATO : PE 03. Leng3. 09/19

Antes de la lectura:
1. ¿Qué relación crees que tenga el juego de la rayuela o luche con la lectura?
2. En el contexto de 1960, ¿Qué importancia crees que haya tenido para un
latinoamericano viajar a París? Fundamenta.

Rayuela (Julio Cortázar)

¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la Rue de
Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el
río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a
veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el
agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada
cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un
encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas
precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el
tubo de dentífrico.

Pero ella no estaría ahora en el puente. Su fina cara de translúcida piel se asomaría a viejos
portales en el ghetto del Marais, quizá estuviera charlando con una vendedora de papas
fritas o comiendo una salchicha caliente en el boulevard de Sébastopol. De todas maneras,
subí hasta el puente, y la Maga no estaba. Ahora la Maga no estaba en mi camino, y aunque
conocíamos nuestros domicilios, cada hueco de nuestras dos habitaciones de falsos
estudiantes en París, cada tarjeta postal abriendo una ventanita Braque o Ghirlandaio o Max
Ernst contra las molduras baratas y los papeles chillones, aun así no nos buscaríamos en
nuestras casas. Preferíamos encontrarnos en el puente, en la terraza de un café, en un cine-
club o agachados junto a un gato en cualquier patio del barrio latino. Andábamos sin
buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. Oh Maga, en cada mujer
parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que
acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra. Justamente
un paraguas, Maga, te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un
barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo. Lo tiramos porque lo habías
encontrado en la Place de la Concorde, ya un poco roto, y lo usaste muchísimo, sobre todo
para meterlo en las costillas de la gente en el metro y en los autobuses, siempre torpe y
distraída y pensando en pájaros pintos o en un dibujito que hacían dos moscas en el techo
del coche, y aquella tarde cayó un chaparrón y vos quisiste abrir orgullosa tu paraguas

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cuando entrábamos en el parque, y en tu mano se armó una catástrofe de relámpagos fríos Si tomamos el juego como metáfora del proceso que vive el protagonista, ¿en qué
y nubes negras, jirones de tela destrozada cayendo entre destellos de varillas desencajadas, etapa de este dirías que se encuentra? Fundamenta.
y nos reíamos como locos mientras nos empapábamos, pensando que un paraguas
encontrado en una plaza debía morir dignamente en un parque, no podía entrar en el ciclo
innoble del tacho de basura o del cordón de la vereda; entonces yo lo arrollé lo mejor
posible, lo llevamos hasta lo alto del parque, cerca del puentecito sobre el ferrocarril, y
desde allí lo tiré con todas mis fuerzas al fondo de la barranca de césped mojado mientras
vos proferías un grito donde vagamente creí reconocer una imprecación de walkyria. Y en
el fondo del barranco se hundió como un barco que sucumbe al agua verde, al agua verde y
procelosa, a la mer qui est plus félonesse en été qu’en hiver, a la ola pérfida, Maga, según
enumeraciones que detallamos largo rato, enamorados de Joinville y del parque, abrazados
y semejantes a árboles mojados o a actores de cine de alguna pésima película húngara. Y
quedó entre el pasto, mínimo y negro, como un insecto pisoteado. Y no se movía, ninguno
de sus resortes se estiraba como antes. Terminado. Se acabó. Oh Maga, y no estábamos
contentos.

¿Qué venía yo a hacer al Pont des Arts? Me parece que ese jueves de diciembre tenía
pensado cruzar a la orilla derecha y beber vino en el cafecito de la rue des Lombards donde
madame Léonie me mira la palma de la mano y me anuncia viajes y sorpresas. Nunca te
llevé a que madame Léonie te mirara la palma de la mano, a lo mejor tuve miedo de que
leyera en tu mano alguna verdad sobre mí, porque fuiste siempre un espejo terrible, una 8. ¿Qué simboliza el Pont des Arts (Puente de las artes) en el relato?
espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de
pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el Preguntas de síntesis
tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de
metro. De manera que nunca te llevé a que madame Léonie, Maga; y sé, porque me lo 9. ¿Qué título sería el mejor para el capítulo leído?
10. ¿Qué tema desarrolla el primer capítulo? Fundamenta.
dijiste, que a vos no te gustaba que yo te viese entrar en la pequeña librería de la rue de
Verneuil, donde un anciano agobiado hace miles de fichas y sabe todo lo que puede saberse Preguntas de evaluación
sobre historiografía. Ibas allí a jugar con un gato, y el viejo te dejaba entrar y no te hacía
preguntas, contento de que á veces le alcanzaras algún libro de los estantes más altos. Y te 11. El protagonista relata que lleva a la Maga a ver películas que ella no entiende y que le
calentabas en su estufa de gran caño negro y no te gustaba que yo supiera que ibas a ponerte resultan aburridas, ¿Qué opinas de esa actitud?
al lado de esa estufa. Pero todo esto había que decirlo en su momento, sólo que era difícil
12. ¿Con qué finalidad crees que el autor hace referencia a los nombres de las calles de
precisar el momento de una cosa, y aún ahora, acodado en el puente, viendo pasar una
París y a diversos artistas o movimientos artísticos?
pinaza color borravino, hermosísima como una gran cucaracha reluciente de limpieza, con
una mujer de delantal blanco que colgaba ropa en un alambre de la proa, mirando sus
ventanillas pintadas de verde con cortinas Hansel y Gretel, aún ahora, Maga, me preguntaba
si este rodeo tenía sentido, ya que para llegar a la rue des Lombards me hubiera convenido
más cruzar el Pont Saint-Michel y el Pont au Change. Pero si hubieras estado ahí esa noche,
como tantas otras veces, yo habría sabido que el rodeo tenía un sentido, y ahora en cambio
envilecía mi fracaso llamándolo rodeo. Era cuestión, después de subirme el cuello de la
canadiense, de seguir por los muelles hasta

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entonces sin pedir permiso me tiré al suelo y empecé a buscar el terrón entre los zapatos de entrar en esa zona de grandes tiendas que se acaba en el Chátelet, pasar bajo la sombra
la gente que estaba llena de curiosidad creyendo (y con razón) que se trataba de algo violeta de la Tour Saint-Jacques y subir por mi calle pensando en que no te había encontrado
importante. En la mesa había una gorda pelirroja, otra menos gorda pero igualmente putona, y en madame Léonie.
y dos gerentes o algo así. Lo primero que hice fue darme cuenta de que el terrón no estaba
a la vista y eso que lo había visto saltar hasta los zapatos (que se movían inquietos como
gallinas). Para peor el piso tenía alfombra, y aunque estaba asquerosa de usada el terrón se Sé que un día llegué a París, sé que estuve un tiempo viviendo de prestado, haciendo lo que
había escondido entre los pelos y no podía encontrarlo. El mozo se tiró del otro lado de la otros hacen y viendo lo que otros ven. Sé que salías de un café de la rue du Cherche-Midi
mesa, y ya éramos dos cuadrúpedos moviéndonos entre los zapatos gallina que allá arriba y que nos hablamos. Esa tarde todo anduvo mal, porque mis costumbres argentinas me
empezaban a cacarear como locas. El mozo seguía convencido de la Párker o el luis de oro, prohibían cruzar continuamente de una vereda a otra para mirar las cosas más
y cuando estábamos bien metidos debajo de la mesa, en una especie de gran intimidad y insignificantes en las vitrinas apenas iluminadas de unas calles que ya no recuerdo.
penumbra y él me preguntó y yo le dije, puso una cara que era como para pulverizarla con Entonces te seguía de mala gana, encontrándote petulante y malcriada, hasta que te cansaste
un fijador, pero yo no tenía ganas de reír, el miedo me hacía una doble llave en la boca del
de no estar cansada y nos metimos en un café del Boul’Mich’ y de golpe, entre dos
estómago y al final me dio una verdadera desesperación (el mozo se había levantado
furioso) y empecé a agarrar los zapatos de las mujeres y a mirar si debajo del arco de la medialunas, me contaste un gran pedazo de tu vida Cómo podía yo sospechar que aquello
suela no estaría agazapado el azúcar, y las gallinas cacareaban, los gallos gerentes me que parecía tan mentira era verdadero, un Figari con violetas de anochecer, con caras
picoteaban el lomo, oía las carcajadas de Ronald y de Etienne mientras me movía de una lívidas, con hambre y golpes en los rincones. Más tarde te creí, más tarde hubo razones,
mesa a otra hasta encontrar el azúcar escondido detrás de una pata Segundo Imperio. Y todo hubo madame Léonie que mirándome la mano que había dormido con tus senos me repitió
el mundo enfurecido, hasta yo con el azúcar apretado en la palma de la mano y sintiendo casi tus mismas palabras. «Ella sufre en alguna parte. Siempre ha sufrido. Es muy alegre,
cómo se mezclaba con el sudor de la piel, cómo asquerosamente se deshacía en una especie adora el amarillo, su pájaro es el mirlo, su hora la noche, su puente el Pont des Arts.» (Una
de venganza pegajosa, esa clase de episodios todos los días.
pinaza color borravino, Maga, y por qué no nos habremos ido en ella cuando todavía era
tiempo.)
DESPUÉS DE LA LECTURA:
Y mirá que apenas nos conocíamos y ya la vida urdía lo necesario para desencontrarnos
Preguntas textuales minuciosamente. Como no sabías disimular me di cuenta en seguida de que para verte como
yo quería era necesario empezar por cerrar los ojos, y entonces primero cosas como estrellas
1. Explica qué rasgos de la Maga justifican que se llame así.
amarillas (moviéndose en una jalea de terciopelo), luego saltos rojos del humor y de las
2. ¿Es posible caracterizar al protagonista como un intelectual? Justifica.
3. ¿Cómo es la relación entre el protagonista y la Maga? horas, ingreso paulatino en un mundo-Maga que era la torpeza y la confusión pero también
helechos con la firma de la araña Klee, el circo Miró, los espejos de ceniza Vieira da Silva,
Preguntas de interpretación un mundo donde te movías como un caballo de ajedrez que se moviera como una torre que
se moviera como un alfil. Y entonces en esos días íbamos a los cineclubs a ver películas
6. ¿Qué quiere decir el autor con “Buscar era mi signo, emblema de los que salen de mudas, porque yo con mi cultura, no es cierto, y vos pobrecita no entendías absolutamente
noche sin propósito fijo”? nada de esa estridencia amarilla convulsa previa a tu nacimiento, esa emulsión estriada
donde corrían los muertos; pero de repente pasaba por ahí Harold Lloyd y entonces te
7. Explica la siguiente afirmación: “Sé que un día llegué a París, sé que estuve un
tiempo viviendo de prestado, haciendo lo que otros hacen y viendo lo que otros ven”. sacudías el agua del sueño y al final te convencías de que todo había estado muy bien, y
8. Observa la imagen de la rayuela o luche. Si te fijas, el juego consiste en saltar de que Pabst y que Fritz Lang. Me hartabas un poco con tu manía de perfección, con tus zapatos
casilla en casilla avanzando de la tierra al cielo. El juego implica un proceso en que el rotos, con tu negativa a aceptar lo aceptable. Comíamos hamburgers en el Carrefour de
jugador puede equivocarse, pero siempre tiene la oportunidad de recomenzar. l’Odéon, y nos íbamos en bicicleta a Montparnasse, a cualquier hotel, a cualquier almohada.
Pero otras veces seguíamos hasta la Porte d’Orléans, conocíamos cada vez mejor la zona
de terrenos baldíos

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que hay más allá del Boulevard Jourdan, donde a veces a medianoche se reunían los del acostumbrado a que me pasaran cosas modestamente excepcionales, y no encontraba
Club de la Serpiente para hablar con un vidente ciego, paradoja estimulante. Dejábamos demasiado horrible que al entrar en un cuarto a oscuras para recoger un álbum de discos,
las bicicletas en la calle y nos internábamos de a poco, parándonos a mirar el cielo porque sintiera bullir en la palma de la mano el cuerpo vivo de un ciempiés gigante que había
ésa es una de las pocas zonas de París donde el cielo vale más que la tierra. Sentados en elegido dormir en el lomo del álbum. Eso, y encontrar grandes pelusas grises o verdes
un montón de basuras fumábamos un rato, y la Maga me acariciaba el pelo o canturreaba dentro de un paquete de cigarrillos, u oír el silbato de una locomotora exactamente en el
melodías ni siquiera inventadas, melopeas absurdas cortadas por suspiros o recuerdos. Yo momento y el tono necesarios para incorporarse ex officio a un pasaje de una sinfonía de
aprovechaba para pensar en cosas inútiles, método que había empezado a practicar años Ludwig van, o entrar a una pissotière de la rue de Médicis y ver a un hombre que orinaba
atrás en un hospital y que cada vez me parecía más fecundo y necesario. Con un enorme aplicadamente hasta el momento en que, apartándose de su compartimento, giraba hacia
esfuerzo, reuniendo imágenes auxiliares, pensando en olores y caras, conseguía extraer mí y me mostraba, sosteniéndolo en la palma de la mano como un objeto litúrgico y
de la nada un par de zapatos marrones que había usado en Olavarría en 1940. Tenían tacos precioso, un miembro de dimensiones y colores increíbles, y en el mismo instante darme
de goma, suelas muy finas, y cuando llovía me entraba el agua hasta el alma. Con ese par cuenta de que ese hombre era exactamente igual a otro (aunque no era el otro) que
de zapatos en la mano del recuerdo, el resto venía solo: la cara de doña Manuela, por veinticuatro horas antes, en la Salle de Géographie, había disertado sobre tótems y tabúes,
ejemplo, o el poeta Ernesto Morroni. Pero los rechazaba porque el juego consistía en y había mostrado al público, sosteniéndolos preciosamente en la palma de la mano,
recobrar tan sólo lo insignificante, lo inostentoso, lo perecido. Temblando de no ser capaz bastoncillos de marfil, plumas de pájaro lira, monedas rituales, fósiles mágicos, estrellas
de acordarme, atacado por la polilla que propone la prórroga, imbécil a fuerza de besar el de mar, pescados secos, fotografías de concubinas reales, ofrendas de cazadores, enormes
tiempo, terminaba por ver al lado de los zapatos una latita de Té Sol que mi madre me escarabajos embalsamados que hacían temblar de asustada delicia a las infaltables
había dado en Buenos Aires. Y la cucharita para el té, cuchara-ratonera donde las lauchitas señoras.
negras se quemaban vivas en la taza de agua lanzando burbujas chirriantes. Convencido
de que el recuerdo lo guarda todo y no solamente a las Albertinas y a las grandes En fin, no es fácil hablar de la Maga que a esta hora anda seguramente por Belleville o
efemérides del corazón y los riñones, me obstinaba en reconstruir el contenido de mi mesa Pantin, mirando aplicadamente el suelo hasta encontrar un pedazo de género rojo. Si no
de trabajo en Floresta, la cara de una muchacha irrecordable llamada Gekrepten, la lo encuentra seguirá así toda la noche, revolverá en los tachos de basura, los ojos vidriosos,
cantidad de plumas cucharita que había en mi caja de útiles de quinto grado, y acababa convencida de que algo horrible le va a ocurrir si no encuentra esa prenda de rescate, la
temblando de tal manera y desesperándome (porque nunca he podido acordarme de esas señal del perdón o del aplazamiento. Sé lo que es eso porque también obedezco a esas
plumas cucharita, sé que estaban en la caja de útiles, en un compartimento especial, pero señales, también hay veces en que me toca encontrar trapo rojo. Desde la infancia apenas
no me acuerdo de cuántas eran ni puedo precisar el momento justo en que debieron ser se me cae algo al suelo tengo que levantarlo, sea lo que sea, porque si no lo hago va a
dos o seis), hasta que la Maga, besándome y echándome en la cara el humo del cigarrillo ocurrir una desgracia, no a mí sino a alguien a quien amo y cuyo nombre empieza con la
y su aliento caliente, me recobraba y nos reíamos, empezábamos a andar de nuevo entre inicial del objeto caído. Lo peor es que nada puede contenerme cuando algo se me cae al
los montones de basura en busca de los del Club. Ya para entonces me había dado cuenta suelo, ni tampoco vale que lo levante otro porque el maleficio obraría igual. He pasado
de que buscar era mi signo, emblema de los que salen de noche sin propósito fijo, razón muchas veces por loco a causa de esto y la verdad es que estoy loco cuando lo hago,
de los matadores de brújulas. Con la Maga hablábamos de patafísica hasta cansarnos, cuando me precipito a juntar un lápiz o un trocito de papel que se me han ido de la mano,
porque a ella también le ocurría (y nuestro encuentro era eso, y tantas cosas oscuras como como la noche del terrón de azúcar en el restaurante de la rue Scribe, un restaurante
el fósforo) caer de continuo en las excepciones, verse metida en casillas que no eran las bacán con montones de gerentes, putas de zorros plateados y matrimonios bien
de la gente, y esto sin despreciar a nadie, sin creernos Maldorores en liquidación ni organizados. Estábamos con Ronald y Etienne, y a mí se me cayó un terrón de azúcar que
Melmoths privilegiadamente errantes. No me parece que la luciérnaga extraiga mayor fue a parar abajo de una mesa bastante lejos de la nuestra. Lo primero que me llamó la
suficiencia del hecho incontrovertible de que es una de las maravillas más fenomenales de atención fue la forma en que el terrón se había alejado, porque en general los terrones de
este circo, y sin embargo basta suponerle una conciencia para comprender que cada vez azúcar se plantan apenas tocan el suelo por razones paralelepípedas evidentes. Pero éste
que se le encandila la barriguita el bicho de luz debe sentir como una cosquilla de se conducía como si fuera una bola de naftalina, lo cual aumentó mi aprensión, y llegué a
privilegio. De la misma manera a la Maga le encantaban los líos inverosímiles en que creer que realmente me lo habían arrancado de la mano. Ronald, que me conoce, miró
andaba metida siempre por causa del fracaso de las leyes en su vida. Era de las que rompen hacia donde había ido a parar el terrón y se empezó a reír. Eso me dio todavía más miedo,
los puentes con sólo cruzarlos, o se acuerdan llorando a gritos de haber visto en una vitrina mezclado con rabia. Un mozo se acercó pensando que se me había caído algo precioso,
el décimo de lotería que acaba de ganar cinco millones. Por mi parte ya me había una Párker o una dentadura postiza, y en realidad lo único que hacía era molestarme,

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