Paloma Cruz
Arnold Hauser, Bajo el signo el cine
Arnold Hauser (1892-1978) fue un historiador del arte que publica en su libro
Historia Social de la Literatura y el Arte (1951) un capítulo titulado “Bajo el signo del
cine”, donde reflexiona sobre este nuevo arte examinándolo desde la temática del tiempo
y comparándolo desde la literatura, con el fin de estudiarlo como fenómeno artístico e
histórico. Para esto, Hauser se remonta hacia los comienzos del siglo XX, después de la
primera guerra mundial (IGM), y explica que los predecesores de las corrientes
principales del arte del nuevo siglo son las vanguardias, y su continuidad en el tiempo se
deben a la constancia de la historia socio-económica del mundo. Cuando estalla la IGM1
acaba el pleno dominio capitalista y con la crisis de 1929 comienzan las reacciones al
quiebre del sistema capitalista y liberal, brotando los partidos políticos radicales Es la
gran “reacción universal contra la ilustración social y democrática” (Hauser, 488). La
intelectualidad se coloca de parte de las formas autoritarias de gobierno y se inicia el
período de “democracia de masas”. Pero la gran reacción del período radica en el campo
del arte, cuando se rechaza el impresionismo naturalista (intento de representación de la
naturaleza) y es cambiado por el arte postimpresionista, el primero en renunciar a toda
ilusión de realidad y en expresarse en la deformación de los objetos naturales (proceso
de “anexion” con el arte). Asimismo, todas las otras vanguardias se apartarán del
impresionismo.
Arnold Hauser caracteriza el arte moderno como antiimpresionista y, además, lo
etiqueta de feo. Su antiimpresionismo radica en la intención de hacer arte desde la
inteligibilidad y no desde las emociones. Su aversión al sensualismo es en tanta que se
niega a usar incluso los medios de expresión convencional e inventa una lengua artificial
propia. Ya desde el dadaísmo se oponen a formas como los clichés lingüísticos, que
impiden la espontaneidad de expresión. El surrealismo también lucha por lograr una
expresión directa con el Método de escritura automática (MAE), y es que la literatura del
[Link] se trata de la renovación del lenguaje en sí mismo mismo. No obstante, Hauser
1 Primera guerra mundial
asegura dejar visión sobre estas vanguardias al evidenciar el problema de su
contradicción, ¿cómo ha de ser uno entendido si se destruyen todos los medios de
comunicación? La importancia histórica del dadaísmo y el surrealismo radica únicamente
en haber sido solución a la literatura después del fin del simbolismo: movimiento que
creía en que “cada idea era expresión de su naturaleza más íntima” (Hauser, 498) , una
creencia en la “magia de la palabra”.
El nuevo siglo se caracteriza por sus antagonismos. El dualismo del ser no es una
concepción nueva en la historia, pero no se experimentaron nunca como en la época
actual. Su principal temática es la unión de las más grandes contradicciones de la vida. El
surrealismo comienza a convertirse en un arte de la paradoja de toda forma, el sueño
como paradoja y la base de su visión será absurdo de la existencia.
Hauser categoriza a Kafka y Joyce como surrealistas, pero en un sentido más
amplio, en cuanto a su interés en esta doble cara de la existencia. El historiador dirá que
Joyce enfatiza su literatura en ininterrupción al movimiento, y se reinterpreta el concepto
bergsoniano del tiempo: acentuándose en la simultaneidad de las ideas de la conciencia y
la relatividad del espacio y el tiempo. Esto será importante para su texto ya que, en este
sentido, la nueva concepción de tiempo coincide con la materia del arte moderno: el
montaje técnico y la mezcla de formas espaciales y temporales será el tema principal del
arte del siglo; el cine juega con este nuevo concepto, y su elemento básico será
simultaneidad.
Hauser compara las otras formas existentes de arte en los siglos de antaño para
demostrar que la movilidad espacio-temporal es la verdadera esencia de la experiencia
cinematográfica y es llevada a su extremo. El teatro carece de la mezcla de lo temporal y
lo espacial como el cine, que se entremezclan hasta el punto de haber una espacialización
del tiempo y una temporalización del espacio; las artes plásticas son estáticas, no tienen
un desarrollo gradual en el tiempo y espacio; el tiempo en la literatura tiene una
orientación definida. En el cine, el espacio pierde su calidad estática, se actualiza y
consigue características temporales: el espectador es libre de escoger una dirección,
procediendo de una fase temporal a otra y desconectando cada una de las escenas,
agrupándolas según los principios del orden espacial. El tiempo, por otro lado, pierde en
este arte joven su ininterrumpida continuidad y su dirección irreversible. Es una
concepción cinemática del tiempo, de carácter subjetivo e irregular comparada con su
concepción empírica, que es todo lo contrario. No solo altera la velocidad de los sucesos,
sino que también el patrón cronométrico es diferente. La espacialización del tiempo
ocurre en la simultaneidad de tramas paralelas, que es lo que provoca el suspenso en el
público. Esta experiencia del tiempo ocurre por la conciencia que se tiene del presente.
La fascinación por la simultaneidad ocurre por el descubrimiento de que uno mismo
experimenta cosas diferentes, inconexas e inconciliables en al mismo tiempo, y asimismo
que hombres diferentes en lugares completamente distintos experimentan las mismas
cosas al mismo tiempo. Este universalismo es lo que la técnica moderna ha dado al
hombre contemporáneo, es la nueva concepción del tiempo y es cómo el arte ahora
describe la vida. La concepción bergsoniana del tiempo se encuentra en todo el arte
contemporáneo.
Según el autor, existe una crisis del cine, que se debe a que los escritores aun no
se han dedicado de lleno al cine por su esencial diferencia: el cine es sometido a una
entidad colectiva, lo que en cierto sentido es una limitación al arte. Hauser,. Entonces,
compara lo que ocurre en este arte con lo ocurrido en la historia social: el choque entre
democracia y dictadura. Y si no puede solucionar en el campo político, menos en el arte.
Pero, más aun, la crisis del cine está relacionada con un problema del público mismo: no
es dirigido a un solo sector, la masa es amorfa y variada. Esto ya que las homogeneidad
se interrumpe con la creciente democratización del arte, concepto que alcanza su
culminación con el cine. Evoluciona por afán de buscar más consumidores y cubrir el
coste de las inversiones, lo cual, afirma Hauser, nos lleva al clásico elemento de tensión
entre calidad y popularidad en el arte. Las masas no reaccionan a lo que es artísticamente
bueno o malo, sino ante impresiones y, se interesan en lo artísticamente valioso con tal de
que el tema sea atractivo. “Solo un arte joven puede ser popular, porque tan pronto como
se hace viejo es necesario estar familiarizado con los estados anteriores de su evolución”
(Hauser, 501) . A partir de esto, Hauser afirma que no es posible para el cine ser un arte
aislado de otras formas artísticas, ya que incluso la trama más sencilla requiere fórmulas
literarias de períodos anteriores.
El desarrollo de la fotografía en movimiento en el cine dependió de la invención
del primer plano y el nuevo método de interpolación descubierto por los rusos: el
montaje. No inventaron la discontinuidad de la escena, pero sí lo restringieron a los
primeros planos y redujeron los montajes separados. De esta manera lograron inventar un
estilo expresionista del cine lo cual hizo posible efectos completamente nuevos,
inalcanzables para cualquier otra forma artística. Así, el cine de todo el mundo ha
adoptado formas básicas del cine ruso, confirmando que la formada puede ser tomada y
usada como recurso puramente técnico, sin el fondo ideológico del que ha surgido.
Hauser pone en analogía el sistema político ruso con el cine, diciendo que ambos son
fenómenos revolucionarios que avanzan por caminos nuevos, sin pasado histórico ni
tradiciones que los aten. Además, el cine es un medio de comunicación popular, ideal
para propagandas. Se caracteriza también por su interés por los hechos y lo real. Esta
tendencia a los hechos evidencia “el hambre de realidad” de la época actual y la
repugnancia a las finalidades artísticas pasadas. Pero esta tendencia a la realidad significa
la renuncia del arte al mismo tiempo. Entre más apegada a hechos reales, menos podría
considerarse arte. Para la Rusia soviética el arte es utilitario y desea eliminar el
esteticismo de la cultura burguesa “el arte por el arte”.
El problema no es ajustar el arte a las masas sino extender el horizonte de las
masas para el arte. Esto se logra a través de la educación del juicio estético, y no con la
simplificación artística. Hauser no cree posible que todos lo disfruten en igual medida
pero al menos habrá mayor participación de las masas. El problema que del monopolio
cultural es lo económico y social, por lo que el autor cree pertinente luchar por la
creación de soluciones.
Ahora bien, a partir del texto de Hauser, es posible inferir que el cine es un
fenómeno dado por condiciones culturales que pueden indiscutiblemente explicarse de
manera histórica. Hauser domina los períodos históricos y artísticos de tal manera que es
posible relacionar las ocurrencias del cine con lo que ocurre en la época contemporánea.
¿Es el cine un invento que sólo podría haber ocurrido bajo las condiciones de aquella
época? Pues, ciertamente cada situación histórica que Hauser menciona puede
relacionarse: el afán por buscar representar la realidad, la relevancia de los sistemas
autoritarios en el cine (la Rusia soviética), la importancia de las vanguardias en el
desarrollo del pensamiento del cinematógrafo, etc… En este sentido, la red de relaciones
en el texto de Hauser está perfectamente construido. Ahora bien, muchos puntos de su
texto son discutibles. ¿Puede el género documental ser considerado arte? Si comparamos
el texto de Hauser con Bazin, podría decirse que sí porque sigue siendo cine, ya que sigue
no representando la realidad en su totalidad, que podría decirse era el fin último del cine
en su invensión. El documental, a pesar de carecer de actores y retratar la realidad sigue
siendo ficción, sigue estando en una pantalla y el público puede connotar que no se trata
de una realidad sino una representación de ella. ¿No es acaso eso lo que hace al arte ser
arte?
Bibliografía
Hauser, Arnold. Historia social de la literatura y el arte. “Bajo el signo del cine”. 1951.