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Himno del Colegio Herlinda Toral

El documento rinde homenaje a Alfonso Cordero Palacios, un destacado educador ecuatoriano. Cordero Palacios tuvo una larga y distinguida carrera como maestro, rector, director de educación provincial y abogado. Ayudó a mejorar la educación a través de reformas e iniciativas como la fundación de bibliotecas, laboratorios y museos en las escuelas donde trabajó. También se destacó por su servicio público como concejal municipal y presidente de varias organizaciones dedicadas al bienestar social

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Himno del Colegio Herlinda Toral

El documento rinde homenaje a Alfonso Cordero Palacios, un destacado educador ecuatoriano. Cordero Palacios tuvo una larga y distinguida carrera como maestro, rector, director de educación provincial y abogado. Ayudó a mejorar la educación a través de reformas e iniciativas como la fundación de bibliotecas, laboratorios y museos en las escuelas donde trabajó. También se destacó por su servicio público como concejal municipal y presidente de varias organizaciones dedicadas al bienestar social

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PASADO Y PRESENTE

ALFONSO CORDERO PALACIOS

Honrar la memoria de personas que constituyeron paradigma de virtudes, dignas de imitación


por las juventudes presentes y futuras, recordando sus obras y enseñanzas, es obligación tanto
de la historia como de las instituciones culturales y sociales.

La Asociación de Profesores Jubilados del Azuay resolvió rendir homenaje y exaltar la figura
patriarcal del eximio hombre público, lingüística. Filósofo, escritor y maestro, Doctor Alfonso
Cordero Palacios, colocando su retrato en la Galería de hombres ilustres de su sede social y
dedicándole el octavo número de su revista PASADO Y PRESENTE, razón por la cual nos es grato
y honroso a la vez trazar la semblanza de tan egregia personalidad con los atributos que le
consagraron como hombre símbolo de la cultura patria.

Se trata de un exponen robusto del intelecto, las letras nacionales, el magisterio la sociedad y el
hogar que brilla con luz propia; pues se trata de esos seres predestinados al bien que forjaron la
historia de la humanidad y la cultura; de aquellos que guiaron con profundo acierto, con su
palabra y con su ejemplo.

Escritor castizo que lo hace con la sencillez de su generosidad; pero con la erudición de sus
conocimientos e investigaciones.

Poeta delicado, prosista elegante, narrador original, lingüística y critico preciso, perspicaz y
versa, maestro con mística que guio con acierto a las juventudes, las educo con sabiduría,
cordialidad y amistad.

Católico sincero. Orgulloso de sus creencias. Su espíritu tiene definición total, sin fanatismos ni
exageraciones, padre de familia, amoroso de su hogar, con responsabilidad y bondad; es tronco
serio, adusto y cariñoso que prende sus raíces para extenderlas nutrir las ramas del árbol que
necesita crecer en forma estética y normal, en la formación moral e intelectual, de sus vástagos.

Cordero Palacios fue un modelador de espíritus, artífice del alma, que estudio para enseñar,
escribió para enseñar, hablo para enseñar, vivió y murió también para enseñar. Luchaba por
vencer, sin estridencias ni combates agresivos, apaciblemente; nunca en torrentes que brotan
impetuosos sin poder contenerse en su arrollador cauce: más bien con la apacible tranquilidad
del agua mansa que llega a ganar la orilla, para deleitar a quienes la contemplan.

Proviene del virtuoso hogar de Don. Vicente Cordero Crespo y Doña Rosa Palacios. Nace el 16
de abril de 1865 en Cuenca del Ecuador, cuando se afianzaba el poder del Gobierno de
Restauración y comenzaba el Progresismo. Pertenece a la ilustre estirpe del cordero, “que como
ninguna otra ha sido el germen de grandes valores de intelecto, las letras y el magisterio”. Se
nutre de las virtudes que le suministran sus padres hasta realizar estudios de nivel primario en
la escuela del consagrado maestro. D. Ezequiel Crespo, de esta ciudad. Cursa luego la enseñanza
secundaria en el colegio Benigno Malo, antes San Luis, sobresaliendo con las mejores
calificaciones entre sus compañeros. Se gradúa de bachiller en la promoción del año 1903.
Continua con igual lucimiento en las aulas de la Universidad de Cuenca, en donde obtiene el
título de doctor en Jurisprudencia que le confiere la facultad de derecho y ciencias sociales. En
ese lapso de sus estudios concurre, al mando del eminente profesor Doctor Octavio Cordero
Palacios, su hermano que tenía el grado de militar de Sargento Mayor, a la frontera sur con el
pero, cuando parecía inminente la guerra con ese país, y realiza viaje de observación y estrategia
a la dilatada extensión de limites patrios, aprovechando la oportunidad para realizar el
levantamiento de una Carta Topográfico Militar de la provincia de Loja, en el afán de integrarla
a la estructura territorial en forma más precisa y comprobada.

Su capacidad y antecedentes le abonan para ser llamado el desempeño de la docencia en el


Colegio Benigno Malo, en donde trascurre gran parte de vida de misterio en las cátedras de
gramática, perceptiva literaria, cívica, moral, filosofía, lógica y ética.

A solicitud del H. Consejo Directivo y la dirección de educación del Azuay, el Ministerio del Ramo
le nombra como Rector del Benigno Malo, función que ejerce con capacidad, así como con
conocimiento de los problemas y las necesidades de dicho establecimiento educacional.
Efectivamente impulsa reformas educativas, introduce la investigación y la consulta, la
experimentación del conocimiento para lo cual provee de laboratorios, bibliotecas de un Museo
Arqueológica, una imprenta y cancha deportivas. Impulsa la construcción del local con notables
mejorar que facilitan el trabajo dividendo al numeroso alumnado en cursos paralelos. Las giras
de estudio y recreación del cuerpo docente y alumnado son frecuentes a distintos lugares del
país. En la ciudad de Ibarra, en la visita del colegio Teodoro Gómez de la torre se fraterniza con
el desarrollo de conferencias sobre temas de interés histórico y nacional en las que intervienen
catedráticos del establecimiento anfitrión y el visitante.

Imprime en su mandato el celo de la responsabilidad, seriedad y disciplina; pero también es


amigo y consejero del maestro y del alumno Hay armonía en el elemento humano, se forman
comités de trabajo y auxilio y de padres de familia. El periodo de 1940 a 1944 marca un hito de
avanzada en la vida de este prestigioso plantel.

Llamado después a continuar sirviendo a la educación, forma parte del cuerpo docente de
colegios como el Manuela Garaicoa de Calderón, Manuel J. Calle, del Nocturno de Comercio
Antonio Ávila Maldonado, del particular Rafael Borja, el Técnico de Contabilidad y Secretariado
Herlinda Toral, en donde el Doctor Cordero fue su primer rector. En los 5 años que dura su
fructífera gestión directiva de este último plantel, le encamina hacia nuevos horizontes,
ampliados después a límites que tal vez constituyeron “ilusión ayer y realidad hoy”. Maestro de
respeto y aprecio, ejerce su acción educativa acorde con los adelantos de la época, dejando
profunda huella de sus enseñanzas que elevan el establecimiento a niveles de progreso y
superación.

Es el doctor Alfonso Cordero Palacios quien instituye el agasajo de los ancianos de Cristo Rey,
con la presencia de maestros y alumno, que desarrollan programas sociales y recreativos con los
asilados.

Entre enero de 1947 a enero de 1951 ejerce el cargo de Director Provincial de Educación del
Azuay, en cuya función lleva a la práctica, así mismo, notables iniciativos. Su temperamento
delicado y sagaz; su preparación pedagógica y su prestigio como educador, consiguen en seguida
la colaboración entusiasta de maestros del sector urbano y rural, cuerpo de Supervisión, comités
de padres de familia y medios de comunicación colectiva. Muy preocupado de la marcha
educativa, concurre con frecuencia a visitar escuelas para impartir sus sabios consejos, estimular
al maestro en su sacrificado desempeño y empaparse de las necesidades más apremiantes de
esos centros de enseñanza.
Funda el centro folclórico con el propósito de contribuir al estudio y realización de las
tradiciones, las artes, la música, la danza, la lectura comprensiva en los medios ciudadanos y
populares de la región.

Al encontrar que existían números escuelas innominadas sugiere al Ministerio de educación


valiosos nombres de ciudadanos ilustres, que, a su juicio imparcial, pueden ser exhibidos en los
frontispicios de los plantes como sus patronos, para que las virtudes de ellos sean practicadas
por la niñez educanda. Para reafirmas esta petición y hacer realidad su tan elevado propósito
preparo el opúsculo PATRONOS DE ALGUNAS ESCUELAS PRIMARIAS DEL AZUAY, que contienen
los merecimientos de los candidatos sugeridos por el director provincial de educación y que fue
publicado en 1985.

Como abogado se distinguió por su apego a la ley y supo ejercer su profesión con respeto a la
justicia y con elevado espíritu de equidad. El tino y discreción fueron características inmanentes
con las cuales el afronto los problemas que le salían al paso en los juicios de defensa en los que
intervino y que logro fueran resultas en forma humana, justa e imparcial. No pudo faltar su
mediación amigable en toda transacción.

Hombre público y de servicio, es elegido por el pueblo para ejercer numerosas representaciones
ciudadanas, sobre todo en el consejo cantonal de cuenca, como concejal, cuya labor fue
eficiente y leal.

En 1920 es elegido presidente de la corporación edilicia cuando se celebraba el primer


centenario de la emancipación política de cuenca. A él se le debe la fundación de la parroquia
Huayna Cápac. Para reconocer la obra del gran Inca Tomebambino. En esa misma fecha la
municipalidad exalto el haza del intrépido aviador Elia Liut, que surcara por primera vez el cielo
cuencano en su arriesgado vuelo desde Guayaquil, condecorando a su piloto.

De esa época data la iniciativa de construir el puente del centenario, tomando como modelo
casi fiel copia de un similar de la ciudad de Luxemburgo.

En su empeño por mitigar el dolor de los enfermos gestiono y consiguió la venida de las religiosas
españolas hermanitas de los pobres, haciendo que presente servicios en el asilo de ancianos
cristo rey, fundación de la filántropa doña Florencia Astudillo.

Amante del progreso, integro la junta de beneficencia, después llamada asistencia pública, en
donde se internó por solucionar diferentes problemas, en especial la dotación de mejor
medicamento para los enfermos del Leprocomio de Miraflores,

Con el talentoso y progresista mecenas de la juventud, aunque modesto ciudadano, Don


Antonio Ávila Maldonado, funda y mantiene la asociación de empleados del Azuay, en cuya
entidad es elegido presidente en varios periodos. Allí instaura servicios de cooperativas de
consumo, de fondo mortuorio, cursos de contabilidad y secretariado nocturnos; acondiciona
salas de juegos de salón para el esparcimiento de los asociados y se hace realidad el mausoleo
social en el cementerio, preocupándose de que el bello cristo de Alvarado sea quien presida la
paz de ese sepulcro.

Trabaja activamente con sus directivos para que el lema de la asociación de empleados del
Azuay, UNIÓN Y CONSTANCIA se haga tangible realidad.
Hombre de ciencia y de letras tenía que integrar la casa de la cultura, núcleo del Azuay, en donde
aporto con sus luces valiosas iniciativas para el impulso de la cultura y las artes, en la ciudad que
tiene el cognomento de Atenas del ecuador.

El doctor Alfonso codero palacios tuvo el privilegio de solicitar el traslado al ecuador de los restos
del hermano Miguel de Febrero Cordero, hoy venerado en los altares, y que descansaban en
Barcelona, traslado que se hizo realidad en 1917.

La municipalidad de cuenca, en reconocimiento a los múltiples servicios prestado por el doctor


cordero palacios a su ciudad natal, solicito al gobierno nacional le concediera la condecoración
al mérito en la orden de gran caballero, la que se le fue impuesta en noviembre de 1955, en acto
vestido de solemne apoteosis.

Escritor castizo, literato y poeta de gran prestancia, didacta de excepcional claridad en la


exposición, sobresale en todo género. Hilvana sus escritos como debe hacerse: para estimular y
reconocer los méritos de los demás, nunca para herir a las personas.

Compendia valores universales y nacionales de la literatura, con sus mejores exponentes;


investiga el significado de léxicos y vulgarismos de la región como conocedor profundo de la
obra quichuista del gran Luis Cordero, el presidente, así como por el contacto amigable que
entabla permanentemente con la raza aborigen; adelanta a sus cátedras programas razonados
y viables de ser tratados en las asignaturas; escribe versos que cumplen con la alta finalidad de
transparentar los sentires humanos en lenguaje hecho de belleza e inspiración. Es autor de los
himnos del Colegio Garaicoa, del Herlinda Toral, del Antonio Ávila, del José Peralta de Cañar, de
la Asociación de Empleados del Azuay e incursa también con éxito en género dramático con
piezas que han merecido ser representadas por altas compañías de teatro, aunque otras
permanecen inéditas.

Las obras principales de este inmortal autor son:

Historia de la literatura universal, editada en 1922 y galardonada con medalla de oro por la
municipalidad de cuenca;

Arte y artistas literarios, que aparece en 1955;

Léxico de vulgarismos azuayos que publico la casa de la cultura en 1957 y la reedita


posteriormente;

La moral en obras de la que se han hecho tres ediciones en los años de 1921,19255 y 1931;

Programas razonados de gramática, literatura, filosofía, lógica y ética

Cuenca juzgada por los extraños, obra que recopila los pensamientos de ilustres visitantes de
cuenca;

Biografía anecdótica de Octavio cordero palacios (inédita)

Obras de teatro; Yamandí, las locuras se parecen, los hijos de nadie, corazón leal;

Entre otros poemas citaremos: el trigo, la uva, el sacerdote, la víctima, el victimario, tus ojos, a
mi madre, esposa querida;

En su juventud edito el seminario bien social y colaboro en numerosas revistas periódicos y


emisoras radiales. En el diario el mercurio, de cuenca, mantuvo la columna galería de
mastuerzos, con el seudónimo de matraquista.
Bellos discursos, notas fúnebres, recortes de prensa se conservan en el álbum de recuerdos en
poder de sus hijos y de sus nietos.

Sin lugar a dudas, la obra que merece mayor consideración, a mi manera de ver, en estos
tiempos tan controvertidos, es la moral en obras, por las sabias enseñanzas que dimanan de
ella, inmortales para guiar la correcta vida del individuo, la sociedad y el estado y que cumplen
con el papel de orientar nuestros actos hacia la consecución de mejores fines y metas. Con razón
el autor anota en los prólogos: “aspiro a que mis enseñanzas sirvan para hoy y para mañana”:
que no estén condenadas a morir, aunque pueden desaparecer momentáneamente para volver
a imperar en la vida privada y colectiva, en donde tengan mucho que hacer. A lo mejor
“enderezar entuertos”, echar abajo ternas y corruptelas: purificar almas de los pecados
impuestos por el abuso de falsos apóstoles; preconizar la verdad, la honradez, la sinceridad, el
orden el cumplimento de la ley u contribuir al progreso de las naciones y a la estabilidad de los
gobiernos.”

“yo mismo, agrega debo empezar practicándolas, porque habiendo dado preferencia como lo
he hecho al ejercicio del magisterio, como mi ocupación predilecta, corro el riesgo de que mis
discípulos de ahora lleguen a ser profesores de mis hijos y nietos y entonces será cuando ellos
me recriminen el no haber complicado lo que preconice”

Divide su genial obra en capítulos relativos de la moral individual, la moral social y la moral
religiosa. Trata sistemáticamente lo relacionado con los niveles primario, secundario, y superior
y los temas son muy prácticos, así como tomados de la vida real, que debemos conocer, como
son los escolares, los cívicos, los políticos, los del trabajo, los que debemos a los seres
inanimados a la naturaleza, a la conversación y perfeccionamiento de la vida.

Interesante y verídicos ejemplos, asienta el autor sobre lo que vale la sinceridad, la honradez la
lealtad, la bondad, la franqueza, la solidaridad humana, el valor de la amistad, la familia, la
sociedad, la libertad, el respeto a las autoridades, la tolerancia, el reconocimiento de un ser
supremo. Concluye la otra con un importante vocabulario de términos usados en los párrafos y
transcripciones, dando el significado y su procedencia en el empeño metodológico para que sus
enseñanzas sean comprensibles y asimilables.

El 14 de marzo de 1956 ocurre el sensible fallecimiento del doctor Cordero, que enluta no solo
a su familia, sino a toda la sociedad cuenca, a la juventud y a las letras nacionales. Deja su
personalidad una estela de luz y amor, que difícilmente se podrá borrar a través del tiempo y las
edades.

Una prestigiosa escuela prima de niñas, De cuenca esta orgullosa de llevar su nombre como
símbolo de las virtudes que practico y enseño. Asimismo, una calle de la urbe ha perennizado su
recuerdo por resolución de la ilustre municipalidad. Números entidades publicadas y privadas
exornan sus galerías de hombres ilustres con su efigie en todos los hogares de numerosa familia
él preside las actividades de los seres a quienes idolatro el señor doctor Alfonso cordero palacios.

Sus distinguidos hijos y nietos, hombres y mujeres honorables, valiosos elementos de la sociedad
cuencana, progenitores de nuevas familias, son ahora quienes llevan a la practicas esos
principios morales y éticos de los que hemos venido hablando.

Ellos continua con el grato encargo de supervivir lo que el amo y enseño a tener fe en destino
glorioso.
¡que felices estos seres! Concluyo, que dejaron en su HABER tanta NOTA DE CRÉDITO, a
contabilizar en su cuenta personal, grabando estos abonos con carácter indelebles porque les
inmortalizaron, beneficiaron a la colectividad, sembraron enseñanzas, suministraron ejemplos
a quienes los necesitaban para su correcta formación intelectual y moral. Su recuerdo siempre
merecerá veneración; sus consejos y enseñanzas se convertirán en normal de conducta; y las
metas trazadas en la vida alcanzarán perfeccionamiento, lo cual llevara al disfrute de una
felicidad relativa y anhelada.

Yo, que me honre con la amistad del doctor Alfonso Cordero Palacios; recibí sus favores en mi
ejercicio profesional; conocí de su nobleza y bondad y admire sus múltiples virtualidades, hoy
siendo complacencia al haber escrito, a medida de mis modestas capacidades, una nueva
exaltación publica a quien merece todo honor. Aspiro a que la perennidad de su refulgente luz
continúe por siempre alumbrando el camino que todavía nos toca recorrer en este mundo…

Benjamín Llore Mosquera.

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