Pedagogia Terapeutica
Pedagogia Terapeutica
ÍNDICE
1. INTRODUCCIÓN
5. CONCLUSIÓN
6. BIBLIOGRAFÍA
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1. INTRODUCCIÓN
El proceso hasta llegar al concepto de Trastornos Generales del Desarrollo, más concretamente
Autismo, ha supone un arduo camino desde hace muchos años. La dificultad de identificación y
diagnóstico, ha hecho que en multitud de ocasiones hayan sido mal diagnosticados.
Séller en el año 1908 empieza a realizar diferenciaciones entre los distintos tipos de enfermedades
infantiles (habla de demencia)
Bleuler, tres años después; acuña por primera vez a algunos de los casos, el término autista.
Porter en el año 1933 comienza a distinguir la esquizofrenia infantil y sus características propias
mientras que Kaner, 10 años después de este, establece una clínica propia para el autismo
diferenciándolo de la oligofrenia y esquizofrenia.
Es preciso destacar la importancia que tiene este tema para los profesores especialistas, esta
relevancia surge especialmente de su complejidad conceptual y del hecho de que la presencia de
estos alumnos en los centros supone la puesta en marcha de propuestas educativas, en la mayoría
de los casos, altamente individualizadas y que requieren una especial atención por parte de éstos
profesionales.
A fin de evitar la confusión generada por el uso sinónimo de términos que en realidad no lo son, es
preciso clarificar estos conceptos.
El concepto de autismo abarca a una serie de trastornos que afectan las habilidades
comunicativas, la sociabilización y la empatía de la persona. Los autistas tienen una personalidad
replegada sobre sí misma de manera patológica.
Los pacientes que sufren de este síndrome cuentan con una serie de señas de identidad . Los
trastornos autistas, por lo tanto, afectan las interrelaciones y propician conductas repetitivas en
quienes los padecen, ya que necesitan conservar un entorno fijo y estable. Por lo general el autismo
se manifiesta en los primeros años de vida y se mantiene durante toda la existencia ya que no existe
una cura, aunque sí se pueden reducir las conductas anómalas y mejorar la interactividad social. Las
estadísticas señalan que el autismo afecta a entre dos y diez personas por cada 10.000
habitantes, con mayor aparición en los hombres que en las mujeres. Sus causan suelen ser
desconocidas, aunque algunos expertos atribuyen el desarrollo del trastorno a una combinación entre
la genética y ciertos factores del ambiente.
Las manifestaciones más leves del autismo, como el síndrome de Asperger, pueden pasar casi
inadvertidas y ser confundidas con una personalidad excéntrica o un exceso de timidez. Los casos
más severos, en cambio, incluyen la imposibilidad de expresarse mediante el habla y un
comportamiento que no sólo es repetitivo al extremo, sino que también produce daños al propio
paciente y genera agresiones a terceros.
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En la actualidad, el último DSM, modifica el término por el de “Trastornos del Espectro Autista –
TEA”. La experiencia acumulada en los últimos años ha mostrado que existe una gran variabilidad en
la expresión de estos trastornos. El cuadro clínico no es uniforme, ni absolutamente demarcado, y su
presentación oscila en un espectro de mayor a menor afectación; varía con el tiempo, y se ve influido
por factores como el grado de capacidad intelectual asociada o el acceso a apoyos especializados.
El concepto de TEA trata de hacer justicia a esta diversidad, reflejando la realidad clínica y social que
afrontamos. Sin embargo, también ha generado polémica ante quienes ven restrictiva la nueva
clasificación:
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Para poder diagnósticas o valorar la existencia de Trastorno Espectro Autista, el DSM V propone los
siguientes ítems o criterios:
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A. AUTISMO.
Como he mencionado en el punto anterior, el DSM define el autismo como un síndrome. En nuestro
país Riviére (1990) lo define como “el espectro autista” refiriéndose a un conjunto de
manifestaciones comunes, más o menos presentes, en los diferentes casos individuales. Tanto la
intensidad de estas manifestaciones, como la frecuencia de las mismas, es lo que se configura como
un espectro, es decir, un continuo en el que podemos encontrar desde casos que reúnen todas las
características de la forma más significativa, hasta casos en los que los rasgos de autismo son leves,
o acompañan a otro tipo de problemática.
Uno de los rasgos más distintivos de los trastornos del desarrollo es la profunda y generalizada falta
de responsabilidad social, es decir, déficits e el establecimiento de vínculos sociales.
En algunas personas se da un aislamiento social significativo; otras se muestran pasivas en su
interacción social, presentando un interés escaso y furtivo hacia los demás. Algunas personas pueden
ser muy activas en establecer interacciones sociales, pero haciéndolo de manera extraña, unilateral, e
intrusa; sin considerar plenamente las reacciones de los demás. Todas tienen en común una
capacidad limitada de empatía, pero son capaces, a su manera, de mostrar sus afectos.
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Estas personas encuentran difícil ajustar su comportamiento al de los demás, ya que no entienden
muy bien las convenciones y normas sociales. Suelen tener problemas para compartir el mundo
emocional, el pensamiento y los intereses.
Algunas personas no desarrollan ningún tipo de lenguaje, otras muestran una fluidez engañosa.
Todas carecen de la habilidad de llevar a término un intercambio comunicativo recíproco.
Tanto la forma como el contenido de sus competencias lingüísticas son peculiares y pueden incluir
ecolalia, inversión pronominal, e invención de palabras. Las reacciones emocionales a los
requerimientos verbales y no verbales de lo demás son inadecuadas: evitación visual, incapacidad
para entender las expresiones faciales, las posturas corporales o los gestos, en otras palabras todas
las conductas implicadas para establecer y regular una interacción social recíproca.
En algunos casos el desarrollo del lenguaje parece haberse interrumpido o incluso haber retrocedido.
En otros casos puede asociarse con trastornos del desarrollo del lenguaje receptivo y expresivo.
El repertorio de expresión y regulación de emociones es distinto a lo habitual; algunas veces
aparentemente limitado y otras excesivo. A menudo se detectan graves dificultades para identificar y
compartir las emociones de los demás.
El orden de presentación de las manifestaciones de esta característica es tal que, los que aparecen
en primer lugar son de aplicación a los más jóvenes o a los casos más afectados, mientras que los
enumerados en último lugar se refieren a niños mayores o a los menos afectados.
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Sus intereses, pueden ser muy restringidos para aspectos generales, y excesivos por aspectos
muy concretos, por ejemplo, le puede gustar jugar de una forma determinada y con objeto concreta.
Además, en muchos casos, se da una sensibilidad inusual hacia los estímulos sensoriales -táctiles,
auditivos, visuales-. El niño autista presenta una responsividad alterada frente a la estimulación
sensorial del medio. Estas alteraciones consisten en una infra o super reactividad que le puede llevar
a ignorar estímulos muy intensos y a reaccionar con estrépito ante otros de mínima intensidad. Este
aspecto está relacionado con la hiperselectividad sensorial, cuando se le presentan varios
estímulos, el niño sólo responde a una parte muy limitada de éstos.
Es una de las causas principales de sus problemas de aprendizaje en los niños autistas menos
afectados, ya que el proceso de aprendizaje requiere atender a un amplio rango de estímulos
simultáneamente.
Algunas características pueden ser muy intensas y dominantes en una edad y pueden fluctuar tanto
en naturaleza como en intensidad en otra, y si bien conducen a perfiles clínicos muy diferentes, todos
constituyen expresiones del espectro del mismo síndrome.
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D. Alteraciones cognoscitivas.
Muchos estudios han establecido que hasta un 70% de las personas con autismo presentan, además,
una discapacidad intelectual, que puede oscilar desde tener un Cociente Intelectual en el rango de
ligero a profundo.
La capacidad intelectual en el autismo puede ser armónica o disarmónica, con “picos” aislados de
marcada competencia.
En lo que se refiere al procesamiento de la información, se ha podido comprobar que el niño
autista tiene algún tipo de alteración cognoscitiva relacionada con la atribución de significado a los
estímulos que percibe, así como en la organización de éstos.
El problema no es tanto perceptivo, sino que el problema lo tiene para extraer de la información que
reciben reglas y aspectos fundamentales, lo que le impide mostrar patrones activos de organización
de la información.
B. TRASTORNO DE RETT
El síndrome de Rett es un trastorno del desarrollo genético. A pesar de que casi siempre afecta a las
niñas, se puede observar, en raras ocasiones, en los varones. En la mayoría de los casos, el síndrome
es causado por mutaciones en el cromosoma X en un gen llamado MECP2. Sin embargo, hay niños
que tienen signos y síntomas del síndrome de Rett que no tienen esta mutación genética y otros que
tienen una mutación genética diferente.
El síndrome de Rett fue identificado por el Dr. Andreas Rett, médico austriaco que lo describió por
primera vez en un artículo en 1966. Sin embargo, no fue hasta después del segundo artículo sobre el
trastorno que fue publicado en 1983 que el trastorno se reconoció en general.
Síndrome de Rett afecta las áreas de la función del cerebro que son responsables para el desarrollo
cognitivo, movimiento, sensorial, emocional, la función motora y autonómica. Estos pueden tener un
impacto en el aprendizaje, el hablar, las sensaciones sensoriales, estados de ánimo, la respiración, la
función cardíaca, también con la masticación, la deglución y la digestión.
La mayoría de los bebés con síndrome de Rett parecen tener un desarrollo típico en los primeros
meses de vida. A los 6 a 18 meses, el desarrollo disminuye y muchos niños tendrán una pérdida de
las habilidades previamente aprendidas. El primer síntoma es a menudo un bajo tono muscular
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(hipotonía) y el contacto visual disminuido. Con el tiempo, las niñas con síndrome de Rett
desarrollan problemas con las habilidades de comunicación y el uso intencional de las manos y
empiezan a realizar movimientos repetitivos de las manos a menudo similares a los movimientos de
lavando. La tasa normal de crecimiento de la cabeza comienza a disminuir. Algunas tienen
convulsiones y/o patrones de respiración irregular durante las horas de despertar. A largo plazo, hay
una disminución en la función motora como la capacidad para caminar en algunas chicas. Los pocos
niños con el síndrome de Rett tienen una variedad de presentaciones clínicas. Los niños con síndrome
de Rett pueden mostrar una amplia gama de discapacidades, que van de leves a severos. La
progresión y la gravedad de la enfermedad depende de una variedad de mecanismos genéticos.
C. TRASTORNO DE ASPERGER
El síndrome de Asperger (SA) define, dentro de los trastornos del espectro autístico, un cuadro
de alteraciones neurobiológicas en las que existen desviaciones o déficits en los siguientes aspectos
del desarrollo:
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Los niños/as con este diagnóstico tienen severas y crónicas incapacidades en lo social, conductual y
comunicacional.
Es un trastorno muy frecuente (de 3 a 5 por cada 1000 nacidos vivos, dato actual estimado) que
tiene mayor incidencia aparente en niños que niñas, aunque es muy probable que exista un
infradiagnóstico del mismo en las mujeres debido a que en las chicas/mujeres la presentación clínica
es diferente.
El síndrome de Asperger ha sido reconocido por la comunidad científica [DSM-4: Diagnostic and
Statistical Manual]), en 1994 e incluído en 2013 como parte del TEA (Trastorno de Espectro Autista).
En la CIE 10 (Clasificacion diagnostica de la O.M.S.) se mantiene como entidad propia. El manual de
la APA más reciente, el DSM-5, mantiene su conceptualización aunque no la etiqueta diagnóstica que
le ha dado nombre hasta ahora. No obstante, sigue siendo poco conocido entre la población general
e, incluso, por muchos profesionales.
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El trastorno desintegrativo infantil es una alteración que se caracteriza por la regresión del niño en
múltiples áreas de su desempeño, tras un período de al menos 2 años de desarrollo normal. Según
los estudios, es un trastorno poco usual y prácticamente desconocido pues se presenta entre 10 y 60
veces menos que el autismo, que es la alteración del desarrollo más conocida.
Por lo general, los niños que padecen este problema tienen un desarrollo aparentemente normal
durante los primeros años de su vida, pero cuando cumplen los 3 o 4 años de edad, comienzan a
experimentar una marcada desintegración de las habilidades motoras, lingüísticas, sociales y del
comportamiento.
Hasta el momento, no se conoce con certeza la causa que provoca el trastorno desintegrativo infantil.
Sin embargo, los expertos están convencidos de que la pérdida de las destrezas adquiridas puede
obedecer a una alteración cerebral como la esclerosis tuberosa o un trastorno convulsivo.
Asimismo, se considera que la existencia de estresores médicos o psicosociales específicos
(nacimiento de un hermano, una enfermedad crónica o una infección aguda) pueden estar
relacionados con el inicio del trastorno o con la agudización de los síntomas. No obstante, en realidad
se trata tan solo de hipótesis porque no se ha encontrado un patrón común que pueda explicar la
aparición del trastorno.
Pérdida de la fluidez del lenguaje y dificultades para expresar lo que desea y para
comprender lo que se le dice.
Incapacidad para ejercer el control vesical o intestinal.
Dificultades para regular la motricidad y coordinación.
Pérdida de las habilidades para el juego en solitario y en grupo.
Problemas para adaptarse socialmente ya que vuelve a aparecer una conducta infantil e
impulsiva, propia de etapas anteriores del desarrollo.
Patrón de intereses y actividades muy limitado y estereotipado.
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La evidencia científica coincide en establecer que los síntomas de los trastornos del espectro del
autismo son el resultado de alteraciones generalizadas del desarrollo de diversas funciones del
sistema nervioso central. La causa, o causas, están aún por dilucidar. Está claro que no se trata de
una causa biológica única, sino que hay que considerar una etiología multifactorial. En la mayoría de
los casos hay que considerar el papel de factores hereditarios, con una contribución genética
compleja y pluridimensional, que daría lugar a una gran variabilidad en la expresión de las conductas.
Sin embargo, los genes por si solos no pueden explicar todas las variaciones que se dan en las
desviaciones muy precoces. Hay que tener en cuenta la interacción entre el potencial genético y el
entorno biológico a nivel pre y perinatal.
Todo ello parece sugerir la relación entre el síndrome autista y determinadas alteraciones del sistema
nervioso central, aunque no sepamos con certeza, si son alteraciones biológicas, fisiológicas y/o
químicas.
Desde los últimos años, dentro de la corriente de estudio del autismo de la neuropsicología cognitiva,
autores como Frith y Leslie, proponen una “hipótesis” es apoyada por otros autores como Riviére y
Tamarit en España. Frith postula la existencia de algún tipo de mecanismo cognitivo cuya función
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principal sería la de pensar sobre los pensamientos o imaginar el estado mental de los demás. Dicho
mecanismo estaría alterado en la persona autista, provocando problemas de comunicación,
socialización e imaginación. Este mecanismo debería ser innato, lo cual explicaría la precocidad de las
manifestaciones.
Tal mecanismo innato sería esencial, entre otras cosas, en el desarrollo del fenómeno de la
intersubjetividad primaria o atención compartida en los primeros meses de vida, al tiempo que
debería jugar un papel central en la aparición de la capacidad simbólica que, sistemática y
regularmente, aparece en los individuos de todo tipo de culturas en el segundo año de vida,
manifestándose a través de la capacidad de simbolización y de representación mental.
Dicho de otra manera, el niño autista carecería de una “teoría de la mente” que le permite
comprender los estados mentales y ponerse en la situación del otro, ya que tendría afectado el
componente neuropsicológico subyacente a esa capacidad. Su desarrollo, en consecuencia, nos
resulta tan opaco como, por otra parte, nuestro propio mundo mental le resulta a él.
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pistas, no solo para el autismo, sino para otras alteraciones relacionadas con la construcción del
cerebro.
A la hora de hablar de las necesidades educativas especiales más representativas de los alumnos con
nee asociadas a un TGD o TEA, hay que tener en cuenta una serie de aspectos. En primer lugar, las
gran heterogeneidad de las características e intensidad de las mismas. En segundo lugar, estos
niños, como cualquier otro, se encuentran inmersos en un proceso dinámica de evolución individual.
Y por último, las necesidades educativas serán podrán ser más o menos especiales en función del
tipo de respuesta educativa que se le ofrezca al niño.
De acuerdo con Riviére, las principales necesidades educativas se refieren a dos ámbitos
fundamentales:
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De forma global, las dos principales nees dentro de este ámbito son:
Estas necesidades son el marco en el que deberían entenderse otras necesidades educativas
especiales más puntuales. Entre otras, estas necesidades pueden ser:
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Una cuestión fundamental en este sentido, es que las habilidades cognitivas de los niños
autistas no se desarrollan siguiendo una secuencia evolutiva convencional, pudiendo haber
islotes de capacidad en los que el niño actúa por encima de su nivel general.
Para ordenar la exposición de las nees englobadas en este punto, las voy a presentar referidas
a cada uno de los principales procesos cognitivos: percepción, atención, memoria, solución de
problemas, lenguaje y procesamiento sucesivo.
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3. Nees relacionadas con la memoria: Los alumnos con autismo suelen tener una
capacidad de memoria literal y episódica buena. Los problemas más significativos
aparecen en la memoria comprensiva y semántica. Por tanto:
• Desarrollar habilidades de retención y recuperación de información a través de la
memoria semántica o significativa.
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En los casos de estos alumnos, son frecuentes las características contradictorias, lo que hace
especialmente necesaria una valoración cuidadosa tanto de las capacidades y necesidades del
niño, en las que las disarmonías evolutivas y funcionales constituyen la norma y no la
excepción, como del contexto familiar y escolar.
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Las peculiaridades del desarrollo de los alumnos autistas descritas a lo largo del tema,
conllevan la necesidad de realizar un proceso muy cuidadoso de valoración que se atenga a
ciertas exigencias, que deben seguirse. Son las siguientes:
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Dado que el autismo es un trastorno profundo del desarrollo, implica una distorsión cualitativa
de las pautas de desarrollo normal. Por tanto una mero valoración psicométrica no basta, es
importante que el evaluador comprenda y defina la lógica subyacente a ese modo diferente de
desarrollo. Sus peculiaridades deben ser explicadas en términos de hipótesis. Por ejemplo:
No basta con valorar las conductas del niño para definir sus necesidades educativas. La
relación entre los comportamientos y los contextos es muy peculiar en el autismo. El análisis
del contexto debe definir:
1. Las relaciones funcionales entre las conductas del niño y las contingencias del
medio.
2. Las oportunidades reales de interacción y aprendizaje.
3. La percepción del niño autista por parte de los que le rodean, y los grados de
ansiedad, asimilación, sentimiento de impotencia, frustración, culpabilidad,
satisfacción en la relación, etc. de las personas que se relacionan con el niño.
4. El grado de estructura, directividad y previsibilidad de los contextos.
5.
E. La valoración de los niños con trastorno profundos del desarrollo no sólo
exige pruebas psicométricas de ciclo corto, sino una observación detallada.
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Debido a los problemas descritos anteriormente para adaptar las pruebas psicométricas
tradicionales, para ser utilizadas con alumnos autistas o con alteraciones profundas del
desarrollo, Rivière ha desarrollado una prueba denominada EDI (Escalas de Desarrollo Infantil)
que puede aplicarse incluso a autistas con un retraso mental profundo.
Esta prueba define el desarrollo hasta los cinco años de edad mental, en ocho áreas
funcionales: imitación, motricidad fina, motricidad gruesa, desarrollo social, lenguaje expresivo
y comunicación, lenguaje receptivo, representación y simbolización y solución de problemas.
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de relación con los que el niño cuenta, y las funciones de las relaciones que realiza por medio
de tales instrumentos.
Hay otros aspectos de las relaciones interpersonales que deben ser valorados, esencialmente
son los siguientes: con qué personas y en qué contextos se establecen las relaciones, con qué
frecuencia y grado de iniciativa por parte del niño, qué finalidades tienen dichas relaciones y
cuáles son sus consecuencias.
Muchos niños autistas, por ejemplo, sólo establecen relaciones con adultos a los que están
vinculados, e ignoran por completo a los niños de su edad.
La valoración de estos aspectos exige de una observación y registro cuidadosa y estructurada.
La evaluación de las necesidades de los niños con autismo debe ir más allá de la superficie
conductual más objetivable. Tiene que implicar un intento de reconstruir un mundo mental,
tratando de definir sus emociones y los contextos en los que se producen. Es importante que
las valoraciones psicopedagógicas no se limiten a los aspectos cognitivos o a las conductas
más obvias.
Junto con la determinación del nivel de competencia de curricular alcanzado por el niño, es
necesario definir la zona de desarrollo próximo del niño y sus posibilidades de aprendizaje. La
valoración psicopedagógica debe culminarse siempre con: una determinación de objetivos
concretos de enseñanza – aprendizaje, criterios para realizar las adaptaciones de objetivos,
estrategias y procedimientos del currículo, consideración de los contextos de aprendizaje y de
las actitudes educativas globales con respecto al niño en el espectro autista.
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5. CONCLUSIÓN.
Este tema goza de gran relevancia e importancia para cualquier especialista educativo. Todo
alumno/a con cualquier Trastorno de Espectro autista se merece que conozcamos su realidad,
sus características, sus necesidades… para que la respuesta educativa sea lo más eficiente y
eficaz posible.
La intervención educativa con este alumnado debe estar encaminada a procurar personas
autónomas, independientes y competentes por sí mismas y en el mayor grado posible.
6. BIBLIOGRAFÍA
LEGISLACIÓN
AUTORES
Frith (1.991) “Autismo” Ed. Alianza – Madrid.
Deborah Deutsh Smith (2003) “Bases psicopedagógicas de la Educación Especial”. Ed.
Pearson – Madrid
Riviére, A.; Martos J. (comp.) (2000) “El niño pequeño con autismo”. III Congreso de
APNA. Madrid: APNA.
Sigman M.; Capps L.(2000) Niños y niñas autistas. Madrid: Morata.
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OTRAS FUENTES
Curso: “Desarrollo normal y autismo”. Ángel Riviere. Celebrado en Santa Cruz de Tenerife.
Septiembre de 1997.
Curso: “Detección y diagnóstico de trastornos del espectro autista”. Salamanca, 16-18 de
Junio de 2005
Jornadas: “Trastornos del Espectro Autista”. Organizado por la Dirección General de
Igualdad y Calidad en la Educación, perteneciente a la Consejería de Educación y Ciencia
de Castilla la Mancha. Guadalajara. Enero de 2006.
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