La memoria de los Nadie.
dos
Las heridas no se curan, sólo se cubren con cicatrices y esperan a
que el tiempo tape la memoria
Antolín Pulido Vázquez
Las heridas no se curan, sólo se cubren con cicatrices y esperan a
que el tiempo tape la memoria
Antolín Pulido Vázquez
Depósito Legal D.L. AB 469-2016
© Antolín Pulido Vázquez, 2015
Ilustraciones y portada:
© Antolín Pulido Vázquez, 2015
PRÓLOGO
Cuando el autor me invitó a escribir el prólogo de la segunda parte de la
trilogía Memoria de los Nadie, pensé; uno de esos analgésicos que toma
Antolín para sobrellevar las secuelas de su vida, hoy; le funcionó mal.
“Pero... si yo; no soy nadie, una humilde lectora, una admiradora si; de tu
obra, de tu talento, de tu vida y tu lucha.”
“Precisamente por eso, contesto; esta trilogía es la Memoria de los Nadie,
escrita por un Nadie.”
Ahí comenzó nuestra discusión,
y claro, perdí.
Vaya por delante entonces que; esté prólogo, está escrito por una Nadie,
no así el libro, el libro nace del talento y la generosidad extrema de un
escritor excepcional.
Excepcional por su veracidad, por su desgarro personal, jirones de piel y
corazón impregnan toda la trilogía, la segunda parte no podría ser de otra
manera.
Excepcional por su talento literario puesto al servicio de los parias de la
tierra, de los más débiles; del dolor y el horror extremo que viven en este
preciso instante seres humanos como nosotros, realidad acallada,
censurada en nuestro mundo anestesiado por el miedo.
Esta segunda parte, es si cabe, todavía más íntima y personal.
Las emociones y las vivencias del autor atrapan con una intensidad
doliente.
Aventura, denuncia, dolor, sexo, alegría, horror, humor, se mezclan. No
queda resquicio para la indiferencia.
Si algo define absolutamente esta segunda parte es el femenino.
La relación del autor con mujeres de todo tipo; fuertes, débiles, madres,
luchadoras, amantes y odiantes, ajenas y cercanas. En un estadio de
igualdad refrescante y necesario.
En particular y en mayúsculas el amor incondicional, desbordante, eterno
a sus Jimenas y a su Marta. Quien lea entendera.
Némesis es el remate, punto y seguido en la denuncia, en el ansía de
verdad, en el conocimiento de la trastienda humana, llena de mierda.
Parafraseando al autor.
“Va por ustedes camaradas”
Puy Armañanzas Arnedillo (Madrid, octubre 2018)
Declaración de principios de un nadie
Mi compromiso siempre ha sido con la acción y la coherencia, con la creatividad y
la justicia social. Nunca fue con el arte. El artisterío pequeño burgués, jamás me
importó una mierda y si le tuve algún interés siempre fue para combatirlo.
Desde hace unos años firmo todas mis creaciones. Tengo una firma humilde, que
siempre cuelgo libre como mis libros e ideas para quien no tenga plata la pueda
descargar gratis y quien pueda la encuentre en papel.
Mis creaciones, dibujos, libros, tallas, teatros, siempre han intentado tener un fin
didáctico o pedagógico y por supuesto ideológico y ético.
Siempre desde la autogestión. Siempre desde la libertad que da ser un indigente.
Pobre de monetario y de salud, pero librepesador y hacedor de actos simbólicos y
reales. Muy reales.
Mis textos siempre los escribo todo de un tirón, nunca repaso, nuca corrijo estilo,
ni faltas. Pido disculpas por si alguien le hace daño a sus ojos mi ortografía de
persona un poco casi límite.
Sin más armas que mis manos y algo de sabiduría prestada por mis nadies caídos
en combate.
Mi otro currículum
Solo soy de esos nadie que morirán en un “accidente”
Estudié en Cuba Pedagogía de la Comunicación, Antropología y
Teatrología Social. (en España sólo tengo EGB)
Fui profesor en algunas cosuchas. Pero sobretodo Mediador en
Conflictos Bélicos. Secuestros. Evacuaciones de niños y esclavos,
Brigadista Internacional, Ayuda de Emergencias, Ayuda Humanitaria,
Cooperación al Desarrollo y unas cuanta s cosuchas más.
A los ocho años un picoleto hijo del fascismo y la incultura, me dio de
hostias en las caballerizas del cuartel de la guardiacivil de Talavera, y le
doy las gracias por ello, me quitó el miedo a morir y me enseñó quien
era el enemigo.
A mi primera mujer la mataron en chile y a la niña que llevaba dentro
(nuestra Gimena) también
Tengo veintiún camaradas muertos/as en las batallas a los que tengo
que agradecer lo que soy.
Estoy viejo y pachuchete. Pero creo que he sido un buen padre de todos
“mis hijos/as”
Firma: antolin pulido vazquez
Escrito por cualquiera de mis nombres con los que he ido combatiendo por este
lugar llamado planeta.
Antolín Pulido Vázquez
Dedicado a las y los veintiún camaradas caídos por el camino. Marta, Margarito,
Sophie, Markus…, grandes personas anónimas que dieron la vida por sus ideales.
Todos ellos siempre fueron y serán mis héroes.
CONTENIDO
LA RISA DEL SOLITARIO POBRE ............................................. 1
NADIES DE ANDAR POR CASA ................................................ 4
LAS ESPERAS ............................................................................. 38
VIDA DE LOCOS, CON ALGUNAS RESPUESTAS, EN
CUARENTA HORAS................................................................... 61
NIÑAS DE BOTADERO.............................................................. 85
UNA TARDE EN EL PLANETA................................................. 94
UN LARGO DÍA ........................................................................ 103
TEORIZANDO CON HANSELMAN ........................................ 133
A MARTA .................................................................................. 152
EL FLOGISTO............................................................................ 155
DANA Y EL TRIÁNGULO AZUL ............................................ 168
PETROGLIFOS DE TORTURAS, MISERIAS Y SOLEDADES184
PIDO PERDÓN .......................................................................... 190
NÉMESIS .................................................................................... 228
1
LA RISA DEL SOLITARIO POBRE
Espero que las melancolías mañaneras sean benévolas con el abajo
firmante y se me tranquilice la ulcera inquieta, que me avisa
siempre de los límites que sobrepaso.
La risa vacilante del solitario casi nunca acaricia las paredes del
refugio eremita.
Tengo ulceras avisadoras, soledades, melancolías. Como puedo
tener tanto siendo tan pobre.
Tengo catorces de abriles en mariposas de acero tricolor, que
esparcen aromas revolucionarios cuando las aprieto en mi mano y
alzo en brindis mi puño al viento.
Tengo versos y huesos en cunetas, que apuntalan las razones del
conocimiento de una lógica que se asientan en axiomas vivenciales
y ajenos para luchas cotidianas y universales.
Tengo contiendas pendientes, que armonizan las evidencias de
injusticias ancestrales y discordancias de última hora.
Tengo casi los mismos propósitos batalladores y taras de viejas
heridas de guerras que pasaron al olvido en tres pases del noticiero.
Tengo llagas supurantes de remates inconclusos, y algunas
cicatrices de balas y metrallas que no quisieron matarme.
Tengo gritos de resistencia y de no pasaran, tierra de nadie y de amo
difuso, donde fusil en mano, luchar a pecho abierto y a rabia
razonada.
Tengo resolución consciente de que las guerras con flores son más
aromáticas, pero la sangre es inevitable para reventar cadenas de
colorines.
1
Tengo un machete abridor de caminos en selvas verdosas y también
urbanitas, donde a puros zarpazos acondicionan el tránsito de los
desheredados.
Tengo balas nominales con direcciones precisas para castradores
con firma, otras con indicaciones de perfiles asesinos y de otros que
se agazapan detrás de las estadísticas.
Tengo guillotinas para las manos invisibles que manipulan
economías, estados y opiniones con globalizadas barbaries.
Tengo tantas cosas, aunque tenga los bolsillos vacíos, las manos
temblonas, algún alma canosa de uso restringido, y una soledad que
hay veces que grita demasiado.
Fuera de afuera, creo que hay un invierno que se está desplegando.
Dentro de adentro, sigue la puta úlcera reivindicando una
tranquilidad y un sosiego que no llego a adquirir.
Detrás de atrás, queda un pasado que intento, con los recuerdos
selectivos, que no sea tan doloroso y punzante.
Delante de enfrente, hay una ventana rociada de polvo y de
cicatrices de años que sólo deja entrar la luz vieja.
Arriba de a lo alto, hay nubes sin desbravar y un cielo vacío de
dioses y de azules.
Debajo de abajo, sólo tierra maldita, húmeda de sudores de
labradores pobres y piedras analfabetas que nunca harán barricadas.
Alrededor de lo circundante, huestes de sumisos serviles contentos
de comer de la basura de los amos.
Hoy hay un ahora que no me reconforta ni el ánimo ni los dolores
de las luchas pasadas. No llego a maldecir el tiempo sufrido, pero
podría renegar de gran parte de mis congéneres. Bípedos llorones,
cobardicas, egoístas y serviles con la mano que los azota. Esquiroles
2
de resignación autoimpuesta, y escondederos en los huecos de
frases hechas para razones inexistentes. Regaladores de tiempo al
circo de los mandantes, abanderados feroces de la incultura, que
nunca lucharían por la humanidad pero matarían por un club
deportivo. Foráneos xenófobos rebosantes de su propia ignorancia,
haciendo apología del analfabetismo y sabedores de las frases de
publicidad barata para chistes misóginos y patéticos. Exhiben sin
pudor su ineptitud que ellos perciben como virtudes, y se envuelven
en risas rancias y casposas.
Creo que por el momento con esto, he logrado calmar la punzante
ulcera y puedo seguir escribiendo.
3
NADIES DE ANDAR POR CASA
La niebla avanzaba sigilosa como un puma en tierras nuevas. Los
machetes sangrantes de verdes heridas reposaban en las manos
callosas de sus amos, seguíamos caminando hacia paredes blancas,
andantes, de donde surgían arboles mudos sin aviso previo. Sólo la
niebla, a veces, silbaba algún viento errático y tímido. Algunos
macheteros pedían a la Pachamama para que no nos trajera lluvias
ni viento que enfriara la humedad, y que las balas no se enamoraran
de nosotros.
El sudor propio se confundía con la niebla y la humedad de lo
verdoso tupido. La selva siempre es poderosa y antojadiza,
cualquier variable le irrita, sabedora de que con un ligero rugido
puede peinar las cumbres de extraños.
Esperábamos ser lo suficientemente cautelosos con la selva y los
mineros, que nuestros andares no despertaran a ningún vigilante
bípedo ni a los centinelas autóctonos, monos, pájaros y árboles.
Hicimos una parada para poder secarnos las manos y sacar el
tabaco, guardado entre bolsas para ponerlo a salvo de las
humedades propias y ajenas. Encendimos los pitillos con mechero,
y ayudamos a la niebla hacerse más blanca y espesa.
Nadie decía nada únicamente los rituales de siempre, de descanso
mudo y vigilancia alerta. La ceguera blanca cansa los ojos, y las
ramas y arbustos se confabulan para crear fantasmas pasajeros.
De improviso, el viento se presentó como un convidado indeseable
y empezó a enfriar sudores, riñones y manos. Los cargadores de los
fusiles supuraban gotas de invierno frío y retomamos el camino para
entrar en calor, pero las espesuras salpicaban las gotas guardadas,
al toque de muerte de las machetadas, las botas negras moteadas de
sangre verdosa y el viento y la caminata les hacían dibujos de líneas
indelebles aceitunadas.
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De repente se oyó a lo lejos una desbandada de aleteos, algún
murmullo confuso y encontramos el campamento antes que el río
que buscábamos, dimos la vuelta sobre nuestros pasos y nos
quedamos como a media hora de la mina. En este momento la niebla
era nuestra aliada y el viento del noreste, que nos rechingaba,
ahorita nos hacía de portavoz y recadero de los ruidos mineros.
Pasamos la noche nublosa en las hamacas, con los ponchos puestos
para resguardarnos de la lluvia y de las hojas, y con las armas
cargadas por si teníamos visitas indeseadas. Reinaldo Cabriles,
hombre fibroso, tremendo revolucionario bolivariano y temeroso de
dioses, hacía la última guardia.
El viento fue llevándose de apoco la niebla, dejándonos al
descubierto de un cielo llenito de ramas y agujeritos con estrellas.
De repente, como salidos de la nada, aparecieron unos hombres de
una tribu cercana, ni los centinelas de la selva ni Reinaldo Cabriles
se habían enterado de su llegada. Quizá algunos árboles sí los
sintieron llegar, pero estarían cansados o durmientes y decidieron
no avisar a nadie, o tal vez fueran familiares suyos.
Todos respondimos como malos anfitriones a su llegada y les
apuntamos con las armas, sólo Amparito Sonsoles supo reaccionar
a tiempo ofreciéndoles una sonrisa y unas palabras susurrantes en
su propio idioma. Todos bajamos las armas avergonzados de
nuestra reacción ante los visitantes y pedimos disculpas con
palabras y miradas. Al parecer iban de batida con sus arcos y
cerbatanas, cuando pasaron por primera vez a nuestro lado nadie se
enteró, y regresaban porque se acercaba un grupo de guardias de las
minas y venían avisarnos.
Sabían quiénes éramos porque reconocieron los brazaletes que
llevaban algunos macheteros y la cruz de ayuda humanitaria que
llevábamos los blanquitos. Por eso no nos mataron.
Recogimos corriendo y marchamos hacia su campamento antes de
que llegaran los vigilantes mineros. La brigada de caza de la tribu
estaba compuesta por un anciano, un adulto y dos jóvenes. El viejo
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era el que más rápido andaba los demás le seguíamos como
podíamos, el adulto nos miraba y se reía por dentro y por fuera, los
jóvenes siempre detrás de nosotros, sólo vigilaban y miraban
nuestras armas.
A unos ratos de marcha agotadora -unas tres horas de tiempo
relojero- llegamos, era más grande de lo que creíamos, convivían
más de cincuenta personas en chozas colocadas en círculo en una
plaza que vivía alrededor de un gran árbol.
Los niños al vernos corrieron hacia sus madres, nos encaminaron
hacia una choza pequeña donde había alguien durmiendo, ni se
despertó al llegar nosotros o eso parecía, y nos dejaron solos con el
durmiente.
Al cabo de un rato de tranquilidad y descanso, donde pudimos
quitarnos las botas y algunas sanguijuelas, encendí un pitillo sin
filtro de tabaco francés Gitanes, el durmiente se incorporó sobre sí
mismo encima de la hamaca quedándose sentado frente a mí; me
solicitó un cigarrillo que le di con gusto, lo cogió entre sus artríticos
dedos, lo fue asentando en el papel y ablandándolo, lo encendió con
un ascua de su hoguerita y se quedó mirando cómo salía el humo de
su boca y ascendía perezoso hasta perderse por las ramas del techo
de la choza.
El despertante fumador era el Chamán de la tribu aunque no lo
pareciera, en su choza no había talismanes ni hierbas puestas a secar
únicamente un pequeño mortero de piedra y algunos restos de
hojarascas secas al lado de su hamaca.
Amparito Sonsoles y Waldo Clodomiro Rondel empezaron hablar
con el Chamán fumador de Gitanes dándoles las gracias por
acogernos y evitar el enfrentamiento prematuro con los vigilantes
mineros. Yo encendí otro pitillo mientras me cambiaba de
calcetines y le ofrecí otro, negó con la cabeza y me preguntó si esos
cigarros los preparaba yo. Le contesté que no, que ya venían así.
Amparito Sonsoles nos hacía de traductora y él no dejaba de mirar
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como fumaba, yo sin apenas hacer caso del pitillo seguía colocando
la mochila.
Después de un rato volvió preguntar qué cuantos cigarros fumaba,
le contesté que unos veinte o treinta. Incrédulo, volvió a preguntar
de nuevo insistiendo a Amparito Sonsoles, le di la misma respuesta.
La siguiente pregunta fue si tenía tiempo de trabajar fumando todos
esos cigarros. La verdad es que no sabía que contestarle, pero le dije
que sí.
Nos llamó una mujer desde fuera para que saliéramos a comer algo.
En la plaza habían hecho una hoguera y estaba casi toda la aldea
sentados y atentos del espectáculo que era ver tres blanquitos y
sobretodo, el pelo de Elisenda María que era de un rojo fuego que
resplandecía al sol cuando se quitaba su vieja gorra de marinera;
herencia de su abuelo materno, viejo capitán atunero vikingo muy
conocido en Noruega y Suecia por sus viajes y sus escritos.
Su familia se marchó a México durante la Segunda Guerra Mundial
huyendo de los nazis, cambiándose de nombres y apellidos pero no
de pelo ni de estatura.
Algunos pequeños lloraban al vernos, por las pintas que teníamos y
por lo raro de nuestra forma de hablar. Nos habían dejado un lugar
para sentarnos cerca de la hoguera, al hacerlo Elisenda María se
quitó la gorra y salió al viento su melena roja, se oyeron risitas y un
murmullo general, que no se produjo al quitarme yo mi vieja gorra
de comandante añejo dejando ver mi pelo encoletado. Carmen iba
con el pelo corto y sólo llevaba un pañuelo a la cabeza que no se
quitó.
Después del espectáculo de Elisenda, no me quito yo el
pañuelo por nada del mundo
Me puntualizó Carmen sonriente, pero con un punto de celos que
resultaba infantil y cómico. Comimos una especie de sopa en
cuencos de calabazas, y de la hoguera debajo de unas grandes hojas
sacaron pequeños monos que tenían asándose en las ascuas. Asados
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y enteros empezaron a desmembrarlos y repartir los trozos, a mí me
tocó un trozo de brazo.
De repente pasaron por mi cabeza docenas de niños requemados
por bombas de fosforo o reventados por minas, Elisenda y Carmen
se dieron cuenta de mi principio de abstracción y Carmen me llamó;
¡Comandante! A comer
Elisenda me colocó un poco la coleta y me puso una sonrisa.
- Comimos bien, estaba bueno aunque recordante.
Después de la comida, Carmen jugaba con los niños y a Elisenda
las mujeres alisaron sus cabellos haciéndole unas trenzas.
Yo fui a encender un cigarro cuando por detrás el Chamán me dio
un toque en el hombro para que le siguiera.
Caminamos hacia un arroyo cercano, buscamos una gran piedra que
sobresalía hacia el arroyo donde había restos de tabaco, piedrecitas
y trocitos de ramas colocados como escritos al aire y nos sentamos.
Sacó de su bolsa tabaco y un pequeño envuelto, en el que había un
ascua que revivió de un par de soplidos, trabajó el tabaco salvaje
despacio, muy tranquilo, parando de vez en cuando a oír el arroyo
y mirar nubes y vientos; siguió hasta convertir ese tabaco
asilvestrado y despeinado en dos puritos envueltos en una hoja que
humedeció con su propia saliva y me ofreció uno de ellos.
Encendimos los rituales hechos cigarros con el ascua que reposaba
junto a nosotros y nos los fumamos silenciosos y tranquilos,
saboreando lo fumeante y el entorno que aspiraba con esmero,
encima de su roca asomada al arroyo y al universo. Regresamos
sonrientes y tranquilos.
¿Ya he dicho que estaba tranquilo?
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Casi todos se habían ido a hacer una siesta, sólo unos jóvenes
estaban en alerta en las ramas altas de algunos árboles.
Amparito nos esperaba en la choza del Chamán, había colocado su
hamaca y la mía junto a la del anciano, las mujeres se había llevado
a Carmen y a Elisenda a dormir con ellas y algunos niños. Pancho,
Waldo y Reinaldo Cabriles estaban entre los árboles durmiendo con
los jóvenes y sobre todo con las jóvenes, al lado de la aldea.
Hicimos una siesta y al abrir un ojo vi que estaba Amparito
Sonsoles esperando mi despertar para hacerme una pregunta.
- Me ha dicho el Chamán que te pregunte que para qué
queremos ir a la mina
- Dile que para ver si es verdad que están contaminando los
ríos y si hay niños trabajando como esclavos
Amparito se lo tradujo como pudo, a lo que contestó el Chamán;
- ¿Que si nosotros cuidamos bien de nuestros niños en
nuestras aldeas?
-Algunas personas sí cuidamos bien de los niños, pero no
todo el mundo… Respondí.
El Chamán contestó algo a Amparito Sonsoles que la hizo reír y
pidió al anciano que se lo volviera a decir por si no lo había
entendido bien.
- Me dice que para tener la boca grande hay que tener el culo
limpio. Es una frase que en algunas zonas de Brasil las
tribus indígenas suelen decir.
Después de reírnos los tres le pedí a Amparito que le dijera que eran
muy sabias sus palabras. A lo cual contesto;
-La verdad no es sabia, sólo es verdad
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Ante tanta verdad desnuda no pude más que salir de la choza a dar
una vuelta por la gran plaza y fumarme otro cigarro.
La tarde pasó sin sobresaltos, las mujeres machacaban verduras y
hojas para el caldo y los niños se acercaban a nosotros cada vez
menos vacilantes.
Saldríamos al día siguiente, preparamos las mochilas y las armas
cuando todavía el sol estaba activo, porque por las tardes se
convertía en un sol tísico de rayos fatigosos que apenas dejaba
verse. Por la noche cenamos en la choza, se había levantado un
viento recio y una lluvia cansina y pasajera había mojado la tierra y
las ganas de celebración.
Elisenda y Amparito Sonsoles linternas en mano y con el permiso
del chamán, habían pasado por varias chozas haciendo revisiones a
los niños y mujeres, los hombres no se dejaron revisar por mujeres
y menos blanquitas, dando pastillas para alguna infección de
heridas y vaginales, al parecer no demasiado importantes.
Por lo general Elisenda María estaba contenta de lo sanos que
estaban en el poblado.
El anciano nos dijo que nos acompañarían dos jóvenes guerreros de
su tribu hasta el río que queríamos encontrar y luego nos llevarían
cerca de la mina, les dimos las gracias por la hospitalidad y pensé
que sobre todo por no habernos matado, cosa que no dije.
Esa noche ventosa dormimos Elisenda y yo en la misma hamaca,
besos, achuchones y a dormir, Amparito Sonsoles y Carmen se
marcaron un polvo rápido y susurrante pero no silencioso. Antes de
la amanecida el Chaman, al calor y la luz del fueguecito, ya había
preparado en unos tarritos unas pinturas con las que nos fue
coloreando las caras y las manos entre oraciones a la Pachamama.
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Cuando terminaron sus rezos con humos aromáticos y purificantes,
llegaron los jóvenes acompañadores con sus arcos y cerbatanas
ligeras. Nos despedimos.
Salimos justo a las primeras claras del día, entre los árboles no había
llegado el amanecer, las ramas altas robaban sin complejo los
primeros rayos. Andábamos tropezándonos con las raíces, con los
árboles y el ramajeo, los jóvenes acompañadores se reían y hacían
cuentos sobre los torpes blanquitos en general y de los más
blanquitos en particular. Después de una larga caminata llegamos
hasta el río que buscábamos donde Amparito Sonsoles y Pancho
Buenasalvas tomaron las muestras de tierra, agua y raíces que
necesitábamos.
Quisimos hacer un descanso al lado del agua pero los jóvenes nos
dijeron que en ese sitio no, era una zona de abrevadero de animales
y jaguares, y el jaguar nunca perdona, cosa que no entendí.
Buscamos otro lugar para hacer la parada, cloramos el agua de las
cantimploras que habíamos cargado en el arroyo del poblado,
descansamos los pies y los riñones de la caminata y las mochilas, y
nos sentíamos muy protegidos de la selva llevando a los dos jóvenes
guerreros.
La Selva siempre es implacable, y los defensores de sus secretos
son casi siempre invisibles, insectos, plantas, que cuando se hacen
presentes ya suele ser demasiado tarde para el visitante, pocas veces
dan segundas oportunidades. Los jóvenes andaban con una
tranquilidad casi insultante, sabedores de estar en su territorio.
Comimos unas galletas reconstituyentes -siempre con sabor a
cartón dulce- y cogimos camino, después de unos trechos los
acompañadores nos marcaron la dirección de la mina, se
despidieron de nosotros con un simple adiós, se dieron la vuelta y
desaparecieron.
Pocos metros después empezamos a oír palabras portuguesas y
españolas, estábamos apenas a unos cincuenta metros de la entrada
del cercado de la mina. Carmen y Reinaldo Cabriles sacaron sus
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cámaras fotográficas, montaron sus miras telescópicas y empezaron
hacer fotografías.
Rodeamos por encima de una loma para tomar más fotos desde
enfrente de la boca minera, donde no hacía falta ponerse prismáticos
para ver niños trabajando, y al fondo en un pequeño valle
deforestado, una pista de aterrizaje donde había una avioneta y un
gran helicóptero ruso de carga.
Fotografiaron todo, guardaron las cámaras y repartieron a cada uno
un carrete de fotos. Salimos despacio de donde estábamos para
adentrarnos otra vez en la espesura, pero al parecer ya estaban en
alerta, habían visto algunos restos que dejamos sin querer en el
campamento nocturno al salir tan precipitadamente dos días atrás.
Al poco nos empezaron a llover balas, nosotros corrimos con todas
nuestras fuerzas hacia el vientre de la selva pero nos seguía cayendo
munición que silbaba a nuestro alrededor fusilando árboles, ramas
y hojas.
Corrimos como locos, Reinaldo Cabriles y yo abríamos sendero a
puro pecho, donde los cortes de espinas y latigazos de ramas nos
iban fustigando el cuerpo y el ánimo, no había tiempo de
machetadas, corrimos por un reguerillo de agua que se adentraba a
la cueva verde de la selva donde siempre hay secretos guardados.
Uno de los secretos fue encontrar los cuerpos de dos vigilantes
mineros que nos esperaban en la retaguardia con dos cerbatanazos
en el cuello, cosa que Reinaldo Cabriles agradeció a los
acompañadores y a los dioses.
Escuchamos la voz de Pancho Buenasalvas, le había dado un flato
y no podía correr más, Reinaldo y yo paramos de la carrera loca que
llevábamos e intentamos tranquilizar la respiración que estaba
cacofónica y de los nervios.
La primera que llegó a nuestro lado fue Amparito Sonsoles que nos
miró, abrió los ojos como focos carcelarios y se desmayó, cuando
íbamos a ver que le había pasado a Amparito nos miramos,
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Reinaldo y yo estábamos llenos de sangre, cara, brazos, cuerpo,
piernas, únicamente la espalda parapetada por las mochilas se
habían librado del fustigamiento. Poco a poco fueron llegando
todos, Waldo ayudaba a Pancho a andar, Elisenda fue ayudar a
Amparito y Carmen, en un pequeño ataque de nervios, empezó a
quitarme la sangre de la cara con un pañuelo limpio y tembloroso.
-Tranquilo cariño, siéntate yo te curo
Me dijo Carmen, mientras le caían lágrimas silenciosas.
Al parecer yo estaba peor que Reinaldo, los cortes eran algo más
profundos aunque todavía no tenía grandes dolores debido a que la
adrenalina la tenía a tope. Entre Carmen y Elisenda me desnudaron,
me hicieron una primera cura de emergencia y me cambiaron de
ropa. Mientras, habían curado a Reinaldo y Pancho había
descansado un poco.
Seguimos el arroyo para no dejar pisadas. Elisenda me dio dos
amoxicilinas de un gramo y un par de nolotiles, yo me empezaba
poner algo febril pero no quise decir nada, esperaba que los
antibióticos empezaran a hacer efecto.
El arroyo desembocó en un río grande cerca de unas cascadas
imposibles de bajar, tuvimos que dar un rodeo considerable,
demasiado para mis piernas y mi fiebre. Únicamente recuerdo que
me acerqué a Elisenda y le dije que me iba a desmayar, por un
instante mientras me caía hacia atrás me dio el sol en los ojos.
Me desperté de madrugada, estaba tapado con toda mi ropa y el
poncho, cerquita del fuego y escoltado por Carmen y Elisenda.
Todo el mundo dormía menos Pancho, que estaba haciendo guardia,
al moverme Carmen y Elisenda se despertaron, Elisenda sentada me
agarró y me incorporó entre sus piernas dándome agua mientras
Carmen preparaba las inyecciones que después me pondría
Elisenda.
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- ¿Cómo te sientes?
Me preguntó una de las dos.
- Bien, sólo algo cansado, ¿qué hora es, como está Reinaldo?
- Ya va a amanecer. Dijo susurrando Pancho.
Había estado unas doce horas sin conocimiento, al parecer había
perdido mucha sangre, tenía las heridas infectadas y la marca de
algún bicho que me había mordido en la mano derecha que estaba
hinchada como un globo. Reinaldo estaba mejor, sólo tenía heridas
superficiales.
Al parecer ya no nos seguían, aunque estábamos dando una vuelta
que nos costaría dos días más de camino. Volví a dormir un ratito
después de las inyecciones que me supo a gloria, los demás se
levantaron para recoger los restos de la acampada y dejar el menor
rastro posibles -dejar ninguno es imposible-, los humanos somos
una especie demasiado olorosa, ruidosa y descuidada para la selva.
Nos faltaban unos cinco días de marcha hasta el pequeño
embarcadero donde nos esperaba un pescador local con su barca
motorizada. Al ponerme de pie fue cuando me di cuenta de lo débil
y cansado que estaba, aunque podía andar y cargar con mis armas y
mi mochila ya aligerada de peso por Carmen. Empezamos la
marcha planteando pequeños objetivos, Carmen y Amparito habían
tomado el mando de la misión, Carmen por experiencia y Amparito
Sonsoles por conocimiento del terreno.
Los dos primeros días fueron muy duros y fatigosos, todo a puro
machete en territorio de hormigas rojas, que temíamos casi más que
a las balas, por las tardes yo necesitaba de un hombro donde
apoyarme para seguir andando, intentaba seguir el ritmo de los
demás pero pocas veces lo conseguía, mis gafas se empañaban
solamente de ver la espesura, la fiebre y el calor húmedo me
deshidrataban tanto que no pude mear en días.
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Poco a poco fui recuperando el cuerpo gracias a los antibióticos,
las heridas se iban cerrando bien aunque de la contienda con las
infecciones me estaba quedando esquelético, con cansancio
agarrado a los huesos y sólo la inercia y las ganas de llegar, me
hacía seguir andando.
Al amanecer del último día de marcha para llegar a la cabaña del
pescador, me desperté con ganas de comer y de camino, ya casi todo
sería de bajada.
Elisenda me preparó un estupendo desayuno con una lata de atún y
galletas de cartón dulce, no podíamos hacer fuego de día el humo
es demasiado evidente en la selva y más en zonas supuestamente
despobladas. Sobre el medio día ya se empezaba a entrever el valle
desnudo de árboles que daba al riachuelo, yo seguía andando sin
mirar demasiado por donde iba, sólo dejándome llevar por los
sonidos de los pisadas y las respiraciones algunas veces jadeantes
de los compañeros.
La aparición del sol sin frontera filtradora de árboles en mi cara me
hizo parar un momento para adaptarme y cambiarme de gafas, justo
cuando paramos para tomar agua y reposar resuello, escuchamos
los motores de un helicóptero lejano, no nos gustó la situación en la
que estábamos pero decidimos seguir a campo abierto hasta el río,
y después vadearlo hasta encontrar al barquero.
En la bajada hubo hasta alguna tímida sonrisa, por fin llegamos al
río y al poco encontramos la cabaña, no había barca en el pequeño
embarcadero ni barquero en la cabaña, estaba todo vacío,
únicamente una pequeña nota de que estuvo dos días atrás y que
quizá regresaría mañana al medio día.
Tiramos las mochilas dentro de la cabaña y nos adueñamos del sitio
con algo de alegría, y sobre todo con preocupación de estar tan
expuestos. Elisenda y Carmen pusieron mi hamaca dentro de la
choza, me lavaron entero y me hicieron una cura, descansamos
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esperando y desesperando la llegada del barquero. Yo me iba
encontrando mejor según iba descansando y durmiendo a sorbitos.
Cuando ya recaía el sol de un rojizo casi sahariano, Elisenda vino
descalza a hacerme una visita, casi todos estaban en la orilla del río,
yo estaba en la hamaca despierto la vi llegar pero no me moví.
Elisenda se puso de rodillas, me puso la mano en la cara y empezó
a mecerme cantando una vieja canción de cuna sueca, yo puse mi
mano sobre la suya apretándola sobre mi cara, después poniendo su
palma sobre mis labios, la empecé a besar con cariño y deseo, ella
retiro su mano cambiándola por su boca, nos besamos sin usura,
acariciándonos como dos condenados a muerte o a vida.
Elisenda se levantó dejando caer sus pantalones, me quitó la
chaqueta que me arropaba, pasó una pierna sobre mí quedando
sentada encima con sus pies descalzos sobre el suelo meciendo y
susurrando la vieja canción de cuna.
Agarró mi polla metiéndosela dentro haciendo con su vagina y sus
labios una ventosa perfecta, le quite los botones de la camisa como
pude, su piel era tan blanca, sus pechos tan redondos y sus pezones
tan salientes como rojizos. La luz entraba solamente por la puerta
entreabierta, pero lo inundaba todo de un rojo cobrizo que
únicamente su pelo, sus labios y sus pezones podían competir con
la ración lumínica del atardecer.
Éramos conscientes del acto y del momento, “era una gloria no ser
inocentes”, mirándonos descarados y jadeantes, mi pene alegre
sintiéndose mecido y acurrucado, ella solícita delicada de ojos
verdes, que miraban los míos marrones con deseo y cariño.
Siguió cantando algo para celebrar la no muerte que el jadeo no le
dejó terminar, sus pecas relucían alegres y deseables. Carmen y
Amparito habían entrado en silencio y estaban sentadas en un
rincón en el suelo, agarradas de la mano mirándonos casi llorando,
de felicidad o de tristeza de vida, nunca lo supe. Yo seguí amándola
sin fronteras, ella me daba todo, la hamaca se hizo cómplice y
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navegaba segura con las olas que levantábamos por envites y
apretones, Elisenda timoneaba con sus pies descalzos y
chupábamos de nuestras bocas, como náufragos sedientos de vida.
Mojados, sudados, mordidos, empapados de caricias.
En una sacudida de espasmo de la petite mort, cayo su cuerpo contra
mi pecho, que aunque herido la acogió gustoso, explotando su pelo
sobre mi hombro.
Al rato sentí a Amparito que nos cubría con la chaqueta y nos ponía
la mosquitera. En duermevela seguimos sobándonos húmedos con
sexo palpitante.
La noche llegó tardía y con algo de viento que se llevaba los
mosquitos y el calor, casi todos pusieron las hamacas en el pequeño
porche de la choza que daba al río. Las guardias las hicieron en una
loma cercana desde donde se veía bien parte del valle.
Carmen decidió tapar las dos ventanas con los ponchos para poder
encender las linternas dentro de la cabaña sin ser vistos. Al
despertarme Elisenda me lavó de nuevo y cambió las gasas que
estaban ya desajustadas de tanto sexo silvestre de pura esencia.
Cuando salimos al porche todos nos miraron y había risitas en el
ambiente, yo digno y serio no dije nada, Elisenda colocándose el
pelo y el pantalón lo dijo todo.
Esa noche decidimos no cenar, para no atraer a bichos del río y del
valle. Esa noche sin luna, Carmen y Amparito pusieron dentro las
hamacas, Reinaldo, Pancho y Waldo las pusieron en el porche,
Elisenda se quedó dormida enseguida, Carmen y Amparito después
de un sexo que intentaron fuera silencioso -sin conseguirlo-
durmieron profundamente.
Waldo hizo la primera guardia, apenas se veía a cinco o seis metros,
sólo el ruido brilloso del río demarcaba el entorno. Salí a fumarme
un cigarro tapado (fumar con el cigarro metido entre los dedos para
que no se vea), la selva siempre tiene zumbido de vida de día y de
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noche. Reinaldo dormía todo estirado en la hamaca, Pancho roncaba
apoyado en la pared de la cabaña al lado de la puerta, abrazando a
su fusil. El aire traía un fresquito con olor a hierba que secaba el
sudor, aromatizando la humedad del río y la madera vieja.
Al apagar el cigarro en el suelo, con mi mano todavía inflamada
por el veneno, empecé a oír ruidos y silencios río arriba, yo creía
que Waldo no lo podía oír por estar a seis metros más alto. Por si
fueran caimanes o algo peor entré a por mí linterna y el fusil, quité
el seguro y salí fuera a esperar, no quería despertar a nadie por si
sólo eran espejismos sonoros míos pero Pancho se desveló al sentir
mis pisadas. De repente vimos y oímos los fogonazos que salían del
fusil de Waldo hacia el río, después encendió la linterna potente de
guardia. Empezamos a disparar al principio únicamente a unas
sombras que luego se convirtieron en dos canoas de vigilantes
mineros.
Pancho y yo salimos corriendo hacia la orilla tableteando
cargadores, Elisenda que ya se había despertado venía detrás de
nosotros para acercarse más a los hijos de puta que nos estaban
abrasando a disparos, pronto salieron Carmen y Amparito hacia un
entrante de la orilla del río y Amparito Sonsoles disparando su
escopeta de repetición de cartuchos del 12 que hacía retumbar el
valle a cada disparo.
Así en fuego cruzado breamos a esos hijos de puta. Cuando se hizo
el silencio encendimos el resto de linternas. Waldo los había visto
como bajaban y esperó a tenerlos a tiro para que no les diera tiempo
de llegar a la orilla. Se veían los cadáveres que bajaban por la
corriente, tres de ellos llegaron hasta al lado de la cabaña, las dos
canoas se quedaron girando en un repecho con dos muertos dentro,
me acercaba a ellos cuando vi a Reinaldo Cabriles que seguía
tumbado en la hamaca, corrí hacia él, al verme me preguntó
tembloroso;
- ¿Qué pasa mi comandante?
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Me arrodillé y al rodearle con los brazos para incorporarle un poco,
sentí su sangre en el costado y también gotear por mi pecho. Le
habían dado un tiro que le entró por el hígado y le salió por debajo
de la axila izquierda. Yo sabía que era mortal, que era cuestión de
segundos, tenía un charco enorme debajo de la hamaca.
-Tranquilo, tranquilo Reinaldo, es sólo una pesadilla.
Duerme, duerme, duérmete un rato y descansa
-Me duele a un costado Comandante Ramón
-No es nada Reinaldo, únicamente una mala postura,
duerme, duerme, duérmete, yo vigilo, tranquilo Reinaldo,
tranquilo
Reinaldo Cabriles, hombre fibroso, gran revolucionario bolivariano
y temeroso de dioses, fue muriendo mientras le mecía en su hamaca
de cuerda plástica empapada de sangre de héroe anónimo. Un gran
profesor de primaria y de a veces, un gran soldado del pueblo.
Apagué la linterna y me quedé de pie meciendo a mi camarada
muerto. Empecé susurrándole de suavito, las pocas estrofas que
recordaba de la internacional.
Arriba, parias de la tierra.
En pie, famélica legión.
De pronto llegaron los demás camaradas. Waldo Clodomiro
Rondel, Amparito Sonsoles Almagro, Pancho Buenasalvas,
Carmen Bermúdez Díaz y Elisenda María Elisabeth Potosí,
cantando y llorando susurradito a coro…
Atruena la razón en marcha,
es el fin de la opresión.
Del pasado hay que hacer añicos,
legión esclava en pie a vencer,
el mundo va a cambiar de base,
Los nada de hoy todo han de ser.
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Agrupémonos todos, en la lucha final.
El género humano, es la Internacional
Agrupémonos todos, en la lucha final.
EL GÉNERO HUMANO, ES LA INTERNACIONAL.
Elisenda encendió un pitillo y me le puso en mis labios mojaditos
de lágrimas. Waldo Cloromiro, fue a recoger la linterna de las
guardias y regresó a su puesto, para que nadie le viéramos llorar.
Pancho sentado en el porche con los pies colgando al río seguía
llorando y metiendo munición en los cargadores. Carmen se sentó
con la espalda contra pared para que Amparito se sentara entre sus
piernas, pusiera su espalda en su pecho y poder abrazarla por detrás.
Elisenda tapó al cadáver de Reinaldo con un poncho abierto y dijo.
- Dejaremos a Reinaldo descansando en la hamaca hasta la
amanecida
Yo bajé al río para sacar los cadáveres de las canoas y entregar los
putos asesinos de niños a la corriente. Les quise ver las caras antes
de ofrecerlos al vientre del río, dos eran blanquitos y los demás
tenían algún rasgo indígena. Es la raza humana la que crea estos
asesinos, pensé, mientras la corriente limpiaba la selva de catarrinos
humanoides.
Até las canoas a un tronco que hacía de pilar al suelo del porche de
la choza, dentro quedaban unas latas de gasolina, cajas de munición
y dos carpetas azules, que cogí para revisarlas por la mañana a la
luz del día. Al subir al porche sólo quedaba de pie Elisenda, que
estaba mirando al horizonte intuido, los demás estaban en sus lloros
y melancolías de ausencias. Le dije a Elisenda
- Si no llega mañana el barquero empezaremos a bajar el río
con las canoas hasta que nos quedemos sin gasolina, este
lugar se va a llenar de joputas cuando vean que no regresan
los que nos mandaron
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- De acuerdo comandante, ahorita relájese un poco, quedan
unas horas hasta el amanecer
Me agarró de la mano menos hinchada y entramos dentro de la
cabaña a descansar un rato. El río y la selva habían recuperado el
murmullo, para ellos los muertos ya eran pasado, Elisenda me
besaba en el cuello y aplastaba su pecho desnudo contra mi espalda
sintiente, así casi dormimos un rato.
Elisenda me despertó con besos de lengua, preguntándome;
- Amor de Comandante, ¿quiere un café calentito? Pancho
ha decidido hacer fuego y ha hecho café para todos
Yo me levanté, preocupado por el fuego y salí al porche. Pancho,
Amparito y Waldo habían lavado el cuerpo de Reinado,
cambiándole de ropa y le habían hecho una mortaja con ponchos y
cuerdas, bajándole a una canoa a la umbría bajo del porche. Incluso
habían lavado un poco el charco de sangre que aun rojizo daba
cuenta de su historia.
- Comandante, no se me ponga de esa cara. Ya sabe el mundo
entero que estamos acá. Así que vamos a tomarnos unos
cafés bien cargaditos para aguantar el día
Dijo Pancho refugiado tras sus grandes gafas de sol.
-Claro Pancho tienes razón, tomemos café y preparémonos
para irnos
Nos tomamos unos cafés con algo de azúcar y nos comimos las
últimas galletas reponedoras de sabor a cartón dulce. Todos
refugiados de la luz y de las miradas tras nuestras gafas de sol.
Carmen recargó de gasolina los motores de las canoas y empezamos
a montar la carga en ellas, dimos los últimos vistazos por si nos
dejábamos algo alrededor de la cabaña.
21
Probamos los motores, nos descalzamos y montamos, siempre hay
que descalzarse, no se puede nadar con las botas puestas, dejando
la cabaña y el valle atrás, ninguno quisimos dar una última mirada.
Pancho conducía la primera canoa donde iba el cuerpo de Reinaldo,
Elisenda y yo, la segunda canoa la manejaba Amparito Sonsoles,
con Carmen y Waldo. Sabíamos que estábamos a unos dos o tres
días hasta la avioneta más próxima, pero el río era traicionero, con
algunos pequeños rápidos que eran algo jodidos de pasar.
Intentaríamos arañar tiempo y con suerte encontrarnos con el
barquero durante el camino, sin perdernos demasiado en las
desembocaduras de los afluentes y casi lo más importante,
encontrar zonas seguras donde pasar las noches.
En zona de buena corriente sin problemas de rápidos apagábamos
los motores para que descansaran ellos y nuestros oídos de ese
sonido pitiante de máquinas de dos tiempos y sacábamos los remos
para hacer de timón y gobernar un poco las canoas. Siempre
debíamos ir por el centro del río, es donde suele haber menos
mosquitos y se está más seguro de caimanes, cerbatanas y balas,
aunque el sol suele ser poco benévolo con los bípedos foráneos.
Las piernas y el culo se nos solía dormir de pasar tantas horas en las
canoas. Encontramos un pequeño arenal en un saliente que estaba
en la umbría, paramos a estirar piernas y descansar del jodido sol.
Estábamos de regusto estirándonos en la arena, pero no muy
seguros porque había huellas recientes de caimanes y lo que menos
queríamos es tener que usar las armas para alertar a toda la selva río
abajo, bastante era con el zumbeante pitido de los motores.
Amparito Sonsoles y Carmen que ya eran como pegatinas, todo el
día pegadas una a la otra, hicieron guardia de bichos y de crecidas
del caudal, los demás descansamos un buen rato sobre la arena. Yo
no estaba del todo tranquilo, empecé a pensar que nunca me gustaba
poner parejas sexuales de guardia pues se suelen despistar mucho,
cuando sentí un tremendo golpe, Amparito Sonsoles acababa de
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desnucar con un remo a una culebra más gorda que mi brazo y de
más de cuatro metros de larga que acababa de salir del agua y que
aún se retorcía furiosa, Amparito saco el machete de su mochila y
le rebanó la cabeza en un golpe certero sin apenas hacer un gesto de
esfuerzo, parecía que estaba esperando que pasara algo para sacar
su rabia y venganza.
Nadie dijo nada, Carmen y Amparito agarraron al monstruo de la
cola y le tiraron al agua, la cabeza siguió en la orilla sin nadie que
la mirara.
Unos ratos después nos fuimos desperezando y decidimos buscar
otro sitio en el río que estuviera menos transitado para poder pasar
la noche, porque lo de dormir iba a ser más complicado. Un ejército
de insectos merodeaba la ya algo pestilente mortaja de Reinaldo
Cabriles. No pusimos los motores, montamos en las canoas y nos
dejamos ir corriente abajo. Los mosquitos seguían persistentes
sobre Reinaldo.
Ratos después encontramos una ladera deforestada, seguro que por
los asesinos madereros, donde había un alto aireado con algunos
árboles jóvenes. Nos pareció buen sitio donde pasar noche, sacamos
las canoas del agua, las atamos a la maleza y las tapamos con
ramajes. Subimos la mortaja de Reinaldo con nosotros, y con él los
tres ejércitos de insectos que llevaba ya velando al fúnebre.
Cuando llegamos al alto entre los arboles jóvenes y vigorosos, se
veía una panorámica altiva y verdosa brillante que nos reconfortó
el ánimo durante un buen rato, era todo tan lindo, exuberante y con
un viento suave de olores florados, no nos lo pensamos más y
empezaron abrir una zanja donde enterrar al compañero Reinal
Cabriles.
Me cubrí la boca y la nariz con una camiseta con algo del perfume
que sabía que tenía Amparito, abrí la mortaja, su cara ya estaba
desfigurada por la humedad y el calor, le saqué la cadena de las
chapas, arranqué una de ellas y se la puse de canto entre los dientes,
apreté con un golpe todo lo más fuerte que pude su cabeza contra
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su mandíbula donde se quedó su chapa incrustada, me guardé la
cadena y la otra chapa para dársela a su familia y cerré la mortaja.
Los compañeros habían hecho un agujero bien hondo para que no
se le comieran las alimañas y habían recogido con cuidado, por lo
que pueda haber debajo, piedras para tapar la tumba. Lo metimos
dentro de su acogedora sepultura terraria mirando al noreste.
Nadie del grupo era religioso por lo que me tocó por rango leer unos
textos de la teología de la liberación que siempre llevaba Reinaldo
en una libreta en su mochila. Cantamos himnos revolucionarios,
pusimos su pistola y su fusil de acompañamiento, lo tapamos con
tierra fértil y piedras encima para protegerlo de los animales y un
signo de respeto antropológico de nuestros ancestros. Así de
humilde y sentido fue el funeral de nuestro compadrito Reinaldo
Cabriles, gran profesor de primaria, hombre fibroso, tremendo
revolucionario bolivariano y temeroso de dioses.
Esa tarde saqué de la mochila de Reinaldo todo lo que llevaba,
separé las pruebas, carretes de fotos y demás cosas que teníamos
que utilizar para los análisis e informes y empecé a ordenar sus
cosas personales dentro de la mochila, ropa, sus botas (para mí
siempre han sido parte fundamental de mis misiones) neceser, una
libreta de notas que no me atreví abrir, algún amuleto y otros objetos
más de uso de supervivencia, encima de todo coloqué su gorra
roidita de años y misiones y dentro puse su cadena con la chapa
como señal inequívoca de su destino.
Sabía que me tocaría dar la noticia y entregar sus objetos personales
a la familia, tenía mujer y dos hijos chiquitos. A Esmeralda, que era
como se llamaba su mujer, solamente la había visto una vez en mi
vida, cuando en una misión fue a despedirle al aeropuerto.
Esmeralda era como su marido profesora de primaria, tenía unos
grandes y lindos ojos indígenas que abría con orgullo de raza y de
historia.
24
No quise pensar más, y menos del momento de enfrentarme a la
situación de informar a una persona de la muerte de su pareja. Es
terrible no hay consuelo posible y la reacciones suelen ser todas
dramáticas, la catalepsia y silencio absoluto, el derrumbamiento
desmayante o la rabia de la impotencia que sacan a puñetazos contra
el mundo. Resoplé e intenté no herirme antes de tiempo.
Pasamos la noche en el pequeño alto con una brisa suave, que nos
ayudó a pasar el trago del funeral y deshinchar los ojos de llantos
sonoros y mudos. Las guardias fueron tranquilas, pudimos
descansar e incluso dormir a ratos, el río producía un murmullo casi
somnoliento y la selva no hizo demasiados ruidos.
El amanecer fue algo nubloso, en el cielo había prendido un
cartelito gris que anunciaba tormenta, y del sur subían unas nubes
que confirmaban lo escrito, tomamos un café frío y nos fuimos
despidiendo de nuestro camarada inerte. De bajada hacia las canoas
el viento ya avisaba lluvias, montamos y empezamos a navegar con
los motores encendidos huyendo de la tormenta, de los rayos y de
la subida del agua.
La tormenta tenía los pies más ligeros que nuestros zumbeantes
motores; empezó a llovernos agua, hojas y ramas amputadas por
las gotas, que silbaban a nuestro alrededor como misiles que
explosionaban contra el río y nuestros ponchos. Los golpes de lluvia
contra las capuchas siempre atruenan y no dejan oír nada más, sólo
esa percusión que con las horas se convierte en maldita.
Seguimos corriente abajo hasta que empezamos a ver que era
demasiado rápida para las canoas y los cansancios que llevábamos.
Después de una desembocadura de agua barrosa paramos en una
orilla no demasiado empinada, donde subimos las canoas bien a lo
alto para evitar las inundaciones súbitas que suelen ocurrir en los
ríos selváticos, sacamos el plástico azulón con el que hicimos un
pequeño refugio entre las dos canoas, todavía era de mañana y ya
estábamos bloqueados por el río.
25
El suelo del refugio improvisado se fue llenando de agua y
decidimos montar la pequeña tienda de campaña que llevábamos,
apenas era para tres personas y entraron los cinco.
Yo me quedé haciendo guardia debajo de la lona plástica entre unos
árboles cercanos mirando al este, si teníamos visita humana seguro
no iba a ser por el río con lo que estaba cayendo, la preocupación
tenía que ser con los animales y los rayos de la puta tormenta que
nos jodía. El oído apenas lo podía usar por la escandalera de
percusiones de la lluvia contra la lona, el poncho y las hojas, de la
vista no iba mucho mejor con las gafas siempre llenas de vaho o de
gotas salpiconas.
El fusil siempre preparado, con los dos cargadores encintados y mi
cuarenta y cinco al cinto, sólo con el seguro puesto por si acaso.
Después de un rato apareció Waldo Clodomiro que quería estirar
las piernas.
- ¿Qué tal va comandante?
- Remojadito Waldo, remojadito
- Hoy no creo que haya muchas sorpresas exógenas
Sonreímos los dos mientras nos encendíamos los pitillos bajo la
lona plástica.
-Por cierto Waldo, como sabias en tu guardia de la cabaña
que los que venían eran hostiles
- Ningún amigo va por la noche en plena selva con los
motores de sus canoas apagados, y con saber que no eran
amigos me vale para abrir fuego en zona de conflicto
- Pero podían haber sido neutrales
- ¡Ay mi comandante! se va haciendo usted mayor. Alguien
me dijo hace tiempo en otra selva parecida a esta que en
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zonas donde mueren niños de hambre y de esclavitud, el
concepto neutral no existe. Y esa persona era vos
- Sí Waldo, sí. Me estoy haciendo viejo. Y tú, ¿sigues con tu
limeña?
- Sí compadrito, cada día está más relinda. Ahorita está
preñadita de cinco meses
- ¡Coño! compadre, enhorabuena, te vas a estrenar de papito.
Qué lindo
-De esta ya creo que me dirá que sí al matrimonio, porque
mi doña, todo lo que tiene de linda y buena persona lo tiene
de terca y cabezota, no quiere ni oír hablar de matrimonio,
esto de tener una compañera trotskista y peruana no es fácil.
Creo que esta será mi última misión comandante
-Ser padre le cambia a uno el mundo y las prioridades
- Verla ya con su pancita, esa guatita redondita y muy bonita,
le deja a uno ya con ganas de quedarse en casa. Seguir de
jefe de contabilidad de la fundación donde trabajo cada día
me suena mejor, y después de lo Reinaldo más. Ya voy
cansadito de tanta miseria moral, al final tengo miedo de
que mi corazón se haga de piedra
- Claro que si Waldo, lo primero siempre es antes. Tienes
bien ganada tu felicidad y de veras que me alegro de
corazón que os vaya tan bien
- Y a vos comandante ¿Cómo le va tratando la vida?
En ese momento le dio un apretón al cielo y un rayo cercano petó
un trueno que retumbó la tierra, y las nubes escupieron de aplomo
casi toda su agua.
Waldo riéndose;
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- Le salvó la tormenta de pensar la respuesta
- Mejor Waldo mejor, mis niños es por ahorita los que me
dan la fuerza para seguir, y de veras que hay momentos que
mandaría todo a la pinga. Los apátridas carecemos del
regresar
Después de la exhibición de rayos, truenos, rachas de viento y
batidas de agua, la tormenta se iba retirando hacia las cumbres del
oeste. Las gotas que caían sólo eran ya las que guardan los árboles
y van soltando de apoco con la ayuda de algún viento, así se sienten
grandes imitando al cielo. Salieron casi todos de la pequeña tienda
de campaña, cosa que aprovechó Waldo para intentar hacer una
siesta dentro. Elisenda se acercó a verme, y le dije
- ¿Qué volá asere? Elisenda María Elisabeth Potosí
- Ahí, resolviendo porque no es fácil
Nos reímos por el cubaneo. Ella quitándome la capucha, la gorra y
colocándome un poco los pelos remojados, me dio un beso tónico
reconfortante que me supo a gloria. Y la muy cabrona me susurró
al oído con voz de niña mala;
- ¿Cómo va mi comandante, le queda mucho de guardia?
-Un rato, cabronaza
-¿Si soy mala, me vas a dar una azotada?
En pleno coqueteo con esperanza de resolución, vi que de la ladera
de la loma más próxima se acercaban unos cazadores de alguna
tribu cercana, miré con los prismáticos eran sobre seis o siete,
llevaban arcos pero también armas largas.
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-Tenemos visita. Vienen de alguna tribu cercana, no
hagamos lo que la otra vez, nos acercaremos Amparito y yo
a ver que quieren
Todos se pusieron en alerta con los fusiles preparados pero pegados
a las piernas, yo me quité mi Ak y se lo dejé a Elisenda.
Amparito Sonsoles Almagro se adelantó, aparte de ser una
estupenda bióloga también sabía hablar muchos de los idiomas y
dialectos de casi todas las tribus de la amazonia. Se nos acercó
solamente uno de los visitantes flanqueado por detrás por tres de los
cazadores o guerreros que no sabía en calidad de que venían, luego
descubrimos que era una mezcla de ambas. El interlocutor venía
cabreado hablando en alto, cuando vi que Amparito con un gesto
quitaba el cierre de la funda de su pistola yo hice lo mismo.
Amparito empezó hablar con el portavoz que seguía acercándose de
prisa a nosotros, de un empujón se quitó a Amparito de en medio y
vino derecho a mí, poniéndose de frente y creo que cagándose en
mi puta madre.
-¿Amparito, estás bien?
Amparito levantándose del suelo.
-Sí comandante, tranquilo, dice que estamos en su zona de
caza, que nos vallamos ahora sino nos enterraran aquí
mismo para que nos coman los gusanos de la tierra. Que
hace mucho ruido la lluvia en las telas que ponemos cerca
de los árboles y que te vayas con tus putas a otro sitio
-Dile que nos vamos ya
Cuando Amparito intentó decir que nos íbamos el viejo vocero le
dio con el palo del arco en toda la cara diciéndole “cállate puta”.
Amparito cayó al suelo medio desmayada.
Yo saqué mi cuarenta y cinco apuntado al hijo de perra, me acerque
a Amparito y la ayudé a levantarse. Todos nos apuntaban con sus
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arcos y viejos rifles, incluso aparecieron una docena más de
guerreros, detrás escuchaba como se acercaban los nuestros.
Agarré a Amparito por el cinto con mi mano menos hinchada y
empezamos a retirarnos para atrás, con la otra mano, aún algo
hinchada y temblorosa, seguía apuntando al viejo cabrón.
Sentí como se acercaba Carmen, cogiendo a Amparito y
llevándosela deprisa hasta la orilla. Retrocedíamos de espaldas al
río sin dejar de apuntar a los visitantes que seguían acercándose,
Pancho Buenasalvas empezó arrastrar las canoas hacia el agua con
las mochilas dentro, ayudado por Carmen. Waldo, Elisenda y yo
cubríamos la retirada, se veía que a la mínima que bajáramos la
guardia nos iban atacar. Grité (ordené) a Carmen que se fueran sin
esperarnos en una de las canoa, cosa que sorprendentemente
hicieron sin poner objeciones. La última bajada al río donde dejaron
nuestra canoa atada a unas raíces era de unos cuatro o cinco metros
de alto. Waldo dijo.
- Nos van atacar cuando subamos a la canoa, bajaros los dos
y cuando estéis preparados me cubrís la bajada
- Va a ser que no compadre, no quiero una viuda y un
huérfano más en mi conciencia. Elisenda bájatele
Elisenda me colgó el Ak que le había dejado antes en el hombro y
bajaron. En ese momento creí que la cara de odio del viejo gritón
sería lo último que vería en mi vida, enseguida oí a Waldo gritando
que bajara. Pero de repente me entró un miedo tembloroso que no
me dejaba apenas mover las piernas, tenía más miedo a bajar que a
enfrentarme con ellos sabiendo que moriría.
De pronto ese momento que sabía que alguna vez llegaría llegó, el
momento que tienes más miedo al miedo que a la muerte. Oía como
me gritaban Elisenda, Waldo y el motor chicharreante de la canoa,
yo estaba justo en la caída pero no podía hacer mucho. Estaba casi
inmóvil y de repente hice una de las cosas más idiotas de mi vida,
metí el percutor de la pistola, puse el seguro y la metí en su funda,
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agarré el Ak, poniéndolo en ráfaga, y volví apuntar al viejo gritón,
todavía no sé por qué no me dispararon, baje de espaldas dejándome
resbalar por el barro mojado hasta que llegue al río y me senté en la
canoa.
En ese momento Waldo aceleró el motor y empezaron a
dispararnos, Elisenda fue la primera en apretar el gatillo llevándose
por delante al viejo y dos guerreros jóvenes de una sola ráfaga, yo
disparé pero no sé si di a alguien o no, nos silbaban sus balas y
algunas atravesaron la canoa, Waldo intentaba manejar sorteando
las olas y la mala corriente de la crecida que llevaba el río.
Cuando dejamos de oír sus disparos intentamos tapar con algún
pañuelo los agujeros por donde entraba algo de agua, que bueno
tener pañuelos de tela, pensé yo. Como a unos cien metros vimos la
canoa de los compañeros que habían parado para esperarnos y
estaban ya desesperados, a Amparito ya se le veía algo recuperada,
Elisenda les hizo señal de que todo iba bien y que siguieran. Las
aguas estaban muy movidas y bajaban con trozos de árboles y
ramajes que hacían difícil manejar por el río y además nos quedaba
poco tiempo de luz, pero seguimos corriente bajando ayudándonos
con los motores y los remos.
Pensé en el viejo gritón y la ostia que le había dado a Amparito, los
visitantes no eran ellos, éramos nosotros y lo sabíamos, pero no
dudamos en apretar el gatillo. Algunas veces éramos casi tan hijos
de puta como a los que combatimos, que en este caso no eran los
guerreros de esa tribu. La mierda siempre salpica y nunca sabes
hasta donde llega. El ataque de pánico me había dejado también
algo jodido, ya había tenido algunos episodios de miedo pero eran
diferentes, en éste había pensado muchas veces que me podía pasar
y que tuviera cuidado. En ese momento Elisenda que estaba delante
de mí me salpicó agua a la cara diciendo.
- Este no es momento de pensar mi comandante, sino de
remar
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Le hice caso y seguimos remando, después de pasar por una especie
de rápidos donde no se veían las piedras, el río se abrió y empezó a
frenarse la corriente. Pancho empezó a hacer señales con la mano y
se arrimó a la orilla en una zona peligrosa llena de árboles, paramos
junto a ellos.
- Nos hemos quedado sin gasolina ¿vosotros como vais?
- Nos queda lo que hay en el depósito y un poco en una lata
Le pasamos lo que quedaba en la lata para salir de la zona de árboles
y raíces, apenas quedaban tiempo de luz y empezamos a buscar
algún sitio no muy malo para pasar la noche. Pronto no tuvimos
elección, porque también nos habíamos quedado sin gasolina. Al
parecer aparte de la tienda de campaña y la lona plástica azulona,
nos habíamos dejado alguna lata de gasolina en la última parada.
Paramos en la orilla más suave que vimos y sacamos las canoas,
había algo de madera no muy húmeda, por allí no había pasado la
tormenta, y decidimos hacer una hoguera, la noche sería larga y fría.
Sólo nos quedaban dos hamacas y una mosquitera. Preparamos las
guardias más cortas y de dos en dos, para poder descansar todos un
poco.
La última guardia la hicimos Elisenda y yo, aunque no me gusta
nunca poner a parejas sexuales de guardia. Le dije a Elisenda que
fuera buena y no me pusiera cardiaco, ella asintió con la cabeza y
cumplió su promesa.
Yo andaba algo descompuesto por las medicinas y no me podía
esperar al amanecer para cagar, hay que intentar no cagar de noche
no sabes lo que puedes encontrar en el suelo, algo alejado del
campamento y a oscuras pero no podía más. Me llevé un palo para
rastrillar alguna zona alejada y a contra viento de los compañeros.
Encendí la linterna con los dedos tapando el bombillo para dejar
pasar poca luz, rastrillé el suelo y lo demás fue de corrido. Al
levantarme para colocarme los pantalones vi a lo lejos un pequeño
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resplandor, subí un poco más la loma desde donde se dejó ver más
clara la luz de la población que buscábamos, nos quedaría como
medio día para llegar.
De regreso al campamento, se lo comenté a Elisenda que me besó
alegre y me recordó la deuda pendiente que tenía con ella, yo le
sonreí pero como era noche cerrada y algo neblinosa no lo vio.
Cuando apretó el frío que siempre suele ser el momento anunciador
del amanecer, pusimos bastante leña en la hoguera, con su luz y su
calor empezamos hacer un café acuoso, porque apenas quedaba
polvos instantáneos, azúcar y galletas de cartón azucarado. Sólo una
pócima amarronada pero que estaba calentita, y eso nos repondría
de la noche fría con un cielo algo neblinoso.
El amanecer pintó de colorines malvas a las neblinas lejanas, a la
despertada tomamos la pócima y les conté lo que había visto en la
guardia.
- Creo que llegaremos en unas tres o cuatro horas aunque
como vamos ya tan cansados quizá tardaremos algo más
Desmontamos el menesteroso campamento, bajamos las canoas y
empezamos a remar en un río que ya había recuperado su nivel y
velocidad.
Remamos durante varios ratos largos y cuando vimos las primeras
cabañas a lo lejos paramos a la orilla y recompusimos nuestras
mochilas tirando lo inservible y lo delatante, fusiles, munición,
pistolas, hamacas, etc. a las canoas, quedándonos con lo mínimo.
Waldo se quitó la ropa y las llevó al medio del río donde las hundió
con toda su carga maldita, regresó a la orilla se vistió y seguimos el
sendero andando hasta la población.
Buscamos algún sitio donde ducharnos, descansar y comer algo
decente o por lo menos caliente, encontramos un pequeño hostal
cerca de la pista de aterrizaje. El tipo de recepción estaba detrás de
un pequeño mostrador, vestido con un mono de trabajo escuchando
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un partido de futbol, donde sin inmutarse de nuestra llegada seguía
mirando la radio.
- Queríamos tres habitaciones, ¿tienen camas grandes y agua
caliente?
El tipo sin decir nada y sin mirarnos, puso tres llaves en el
mostrador.
- ¿Tienen algo de comer, a qué hora es el vuelo a la capital?
- No hay vuelo hasta mañana, la comida se lo decís a la
cocinera. Trescientos dólares
Nos dijo sin dejar de mirar la radio. Subimos a las habitaciones que
estaban en la segunda planta, donde sí había camas grandes y agua
caliente. Nos duchamos y descansamos un poco, al rato alguien
llamó a la puerta, yo con mi machete corto en mano pregunté;
- ¿Quién es?
- Soy la cocinera ¿para cuantas personas hago comida?
- Somos seis y con hambre
- En veinte minutos en el comedor y no me gusta esperar
Dijo la cocinera con la misma amabilidad que el tipo de la
recepción. Elisenda se reía de mí, desnudo con el machete corto en
la mano, hablando detrás de la puerta con la cocinera simpática.
- Cálmate mi amor de comandante, vamos a vestirnos y a
bajar a comer, que tengo tanta hambre que el estómago me
grita más que una parturienta primeriza.
- Vale, mi ginecóloga favorita, pero el machete va conmigo
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Bajamos todos a comer, Amparito arrimó una silla más a la mesa,
nadie hizo ningún comentario, la cocinera nos había preparado un
montón de cosas ricas, chanchito frito, arroz, frijoles y muchos
platos más que yo no sabía lo que eran, pero estaban riquísimos.
Después de comer, tomarnos unos cafés -estos de verdad- y unos
tragos de ron casero, nos fuimos algo borrachos a las habitaciones,
Carmen y Amparito subieron las escaleras corriendo y riéndose, yo
no estaba para carreras y subimos agarrados.
Elisenda abría la puerta de la habitación me recordó la deuda que
teníamos pendiente y me susurró al oído.
- Sigo siendo una niña mala, mi amor de comandante
Y uno que es un caballero y siempre paga sus promesas por encima
de todo, pagué mi deuda con la doña sobradamente hasta la cena.
Nadie quiso darse ningún paseo, el tipo seguía en la recepción a la
hora de cenar, esta vez leyendo un periódico, tampoco se dignó a
mirarnos. Cenamos rico y seguimos tomando tragos, con la silla
vacía de nuestro camarada. Como siempre brindamos por los
ausentes y los presentes. Borrachos todos y todas, subimos como
pudimos las escaleras, los últimos tramos todos a cuatro patas.
Cuando llegamos Elisenda y yo a la cama hicimos un amago de
polvo que terminó en vomitona sonora a dúo en el baño, nos dimos
una ducha rápida y caímos en la cama, desnudos y casi moribundos,
sólo nos dio tiempo a poner la mosquitera. En un abrazo etílico
quedamos inconscientes, sin recuerdos dañinos.
A la mañana siguiente nos despertó la cocinera a golpetadas
taladrantes en las puertas.
- ¡A levantarse! el vuelo sale en una hora y el desayuno ya
está preparado
- Me cago en la chingá la madre que parió a la cocinera. Si
sólo son las seis de la mañana
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Dijo Elisenda empezando a vestirse y tomando metamizoles.
Bajamos todos a desayunar con las gafas de sol encajadas y las
mochilas preparadas. Cuando estábamos terminado el desayuno se
nos acercó el tipo de recepción con el mismo mono de trabajo
puesto y un tabaco (puro) en la boca que apestaba por donde pasaba.
- Salimos en un rato, apúrense. Me pagan el vuelo en la
avioneta
Nos dijo con cara de poco amigos. Nos terminamos los cafés y nos
pusimos en marcha hacia la pista, llegamos a los pocos minutos.
Donde nos esperaba con el motor en marcha de una avioneta, que
menos mal que íbamos con resaca y no miramos antes de montar.
Al subir vimos que aparte del asiento del piloto, que como estaba
claro era el tipo simpático de recepción, únicamente había tres
asientos más, un montón de cajas vacías de cartón y unos cuantos
lustros de oxidación. Nos acoplamos como pudimos, y así empezó
un vuelo de cinco horas hasta un pequeño aeropuerto de las afueras
de la capital.
Durante el vuelo no quería pensar en la mierda de misión que había
sido, perdimos a nuestro camarada, matamos a gente de una tribu
exclusivamente por supervivencia y solamente llevamos unas
pruebas que no sabía si valdrían para algo. Puta mierda de vida, y
del joeputa del barquero no supimos nada.
Elisenda me levantó las gafas para ver mis ojos, nos fuimos a
recostar en los cartones del fondo de la avioneta, me agarró la mano
derecha ya sin hinchazón la pasó por debajo de su camisa, la puso
encima de su pecho y se apretó contra mí.
- Por ahorita sólo piensa en mis pezones comandante. Ya se
abrirán solas las heridas sin ayudarlas
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Entregamos las pruebas de agua y tierra que habíamos tomado, las
fotos y alguna documentación que encontramos en las carpetas
azules que cogí de las canoas.
Con los años supe que en el 2003 fue una de las documentaciones
con las que el primer gobierno de Don Luiz Ignácio Lula da Silva,
el 35 presidente de la República Federativa de Brasil se basó para
cerrar unas dieciséis minas sacando a más de ciento ochenta niños
de la esclavitud, aunque algunos ríos se quedaron llenitos de
mercurio y algún metal pesado más.
Como entregué la mochila de Reinaldo Cabriles a su mujer, por
ahorita no soy capaz de escribirlo.
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LAS ESPERAS
- Vamos, no se haga compadrito
- Creo que ni lo recuero, de veras. Eso de que las primeras
veces nunca se olvidan creo que es una falacia. Además no
suelo detenerme a ver si los disparos son certeros. Si somos
los atacantes, que pocas veces lo somos, hay otros
francotiradores mejores, yo soy el que hace bulla en ráfaga.
Bueno, quizá esté mintiendo, si rebuscara en la memoria
seguro que saldría, pero tampoco quiero hacer ese esfuerzo.
Ni la vedad me hizo más libre, ni la memoria me hace más
feliz. ¿Tú lo recuerdas?
- Yo, clarísimo, como el recuerdo de la primera vez que comí
un bistec
Nos reímos a la vez, teníamos la complicidad, entre otras, de
infancias de pobreza y barrios arrabaleros.
- Y seguro que fue porque estabas mala
- Por supuesto, tenía una anemia que casi acaba conmigo.
Cuando me lo comía, mis hermanos me miraban
expectantes, con ojos de envidia y devoción carnívora.
Creo que nunca me perdonaron no compartir con ellos el
trozo de carne de res
En las caras se nos puso una medio sonrisa de melancolía no
buscada que empezaba a deslizarnos hacia algunos lugares que de
seguro iban a doler. De repente me quitó el pitillo de la boca, y en
una calada de tabaco reseco se sacudió la nostalgia. Con una tos
profunda dijo con mucha naturalidad.
- Un primo de mi padre quiso violarme, una tarde que no fui
al colegio porque el arroyo se había desbordado. Le clavé
un lápiz en su ojo derecho, y cuando cayó al suelo gritando
le di con la pala en la cabeza hasta que dejó de chillar y al
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parecer de respirar, ese año cumplía los once. También fue
en ese año en el que besé conscientemente a una niña. Se
llamaba Isidora Patricia de la Torre, era blanquita, rubia
clara y siempre llevaba trenzas
- ¿Entonces, eso de que te gustan tanto las rubitas ya te viene
de chiquita?
Fue la primera gilipollez que me salió para aligerar su declaración
sin titulares. En ese momento una ráfaga de aire nos balanceó el
carro aunque lo habíamos asegurado con el cabrestante a los restos
de un camión pisador de minas. No teníamos nada claro que
fuéramos a aguantar el tornado arenoso y quizá menos, el seguro
ataque de los hijos de puta de los nómadas del norte que con certeza
sabíamos que nos encontrarían antes de que pudieran evacuarnos.
Andrea y yo sentados en el suelo de la parte de atrás del Toyota
esperábamos que sonara una voz en la emisora de radio que nos
tranquilizara la inquietud y la supervivencia.
- ¿No me diga que vos no recuerda cuando quitó por primera
vez la vida a alguien?
- No, no lo recuerdo porque las primeras veces fueron de
lejos y con fusil, los vi caer pero no fui a ver los cadáveres,
me imagino que fue en Nicaragua. La primera vez con
pistola en mano y mirando la cara de quien primero dejé
difunto… Esa, esa vez sí la recuerdo, pero no me apetece
resucitar a ese hijo de puta aunque sea en la memoria, no se
lo merece. Recuerdo que esa noche no tuve más pesadillas
de lo habitual
- ¿Vos, había hablado antes de este tema con alguien?
Jamás hablo de mis viajes con nadie, ni conmigo mismo.
Cuando se termina una misión suelo guardarla en las
estanterías de los libros de no recordar
-Entonces ya esto me confirma que estamos rejodidos
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- Pues sí camarada, estamos jodidillos. Aun teniendo agua,
comida y munición, las perspectivas no son buenas.
Aunque nos mandaran a los pitufos, cosa que no van hacer,
los helicópteros no pueden salir con este tiempo y por tierra
llegarán antes los compañeros. Mientras haya tormenta a
descansar, y cuando termine este infierno empezará el de
veras si nos encuentran los joputas medio tuaregs
cabronazos del norte. A esperar, no sé el qué, pero a esperar
Andrea se recostó contra los sacos para cerrar los ojos un rato. La
arena seguía estrellándose contra los cristales sonando chispeantes,
el polvo y el viento entraban sin permiso por los recovecos de las
gomas secas de las puertas llenándolo todo de una capa ocre que
nos hizo poner los elzam (turbantes) para poder respirar y menguar
los zumbidos de la tormenta y de la emisora.
Las esperas son algo que me suele sacar de mis casillas, sobre todo
cuando hay la certeza de que lo venidero no es nada bueno. Recordé,
no sé por qué, una frase que decía Paco Rabal, buenísimo actor y
persona, “yo sólo cobro por las esperas, actuar lo hago gratis”. Me
reí por el recuerdo tan tonto y tapé con un trapo los Ak que
descansaban ya cargados junto a nosotros. La maldita tormenta nos
protegía de momento, el después ya vendría inexorable, mejor
reposar los ánimos e intentar mantener la mente fría. Bueno, fría
dentro de un Toyota cerrado en pleno siroco rojo en medio del
desierto sahariano…
En lugar de echarme a descansar, me puse como un idiota hablar
conmigo… No sé cuántas veces he creído en algunas misiones que
íbamos a morir, y encima casi nunca era en el instante, las tragedias
se mascaban con tiempo de espera y angustia. Teníamos que esperar
la resolución con demora, casi siempre deseando que fuera súbita y
directa. Siempre fui un egoísta para la muerte, si tenemos que morir
todos quiero ser el primero en fallecer, no quiero ver morir a mis
compañeros, ni torturas previas.
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Por eso suelo llevar una bala en el bolsillo que hasta que no estamos
en zona segura y dejamos las armas no la boto del chaleco. Creo
que sí sería capaz de metérmela en la cabeza cuando vea la situación
finiquitada, nunca aguanté bien el dolor aunque la gente no lo crea.
Al estirar un poco la espalda me di cuenta de la postura absurda en
la que estaba, el dolor de riñones me indicó que dejara de pensar o
por lo menos pensara tumbado.
- ¿Qué tiene dentro de su cabecita comandante?
- Nada Andrea, que parece que el tiempo y la experiencia no
son suficientes para aprender a desconectar
- Descanse comandante, después comeremos algo y nos
ayudará hacer una siesta española, de esas de pijama
- Vaya fama que tienen los españoles
- La que se han ganado con verdadero esfuerzo comandante.
Sólo hay una minoría épica que se revela cada ciento
cincuenta años. Eso sí, cuando lo hacen dan lecciones al
mundo
- ¡Touché! Ahí, me has dado mi laureada historiadora
hispanista. Siempre habéis sido los estudiosos foráneos
quienes han sabido analizar las estridencias de ese puto y
malcriado país, nunca madre y siempre madrastra
De repente, la emisora empezó a balbucear ruidos en intentos
entrecortados de comunicación. Era Yorgos desde alguna emisora
base.
- Breiko breik, breiko para QTC. (Llamando, llamando para
mensaje importante)
- Adelante base. Hay ropa tendida (hay gente escuchando a
mi lado)
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- Por aquí ya ha pasado la tormenta, salimos tres móviles
(tres coches) para el encuentro en 36 horas, estamos 55. 88.
(mucho éxito y besos) Corto
Okapa (de acuerdo) Corto
Estábamos en una zona alta entre lomas, por eso nos pudo llegar la
frecuencia. Era lo único que teníamos a nuestro favor donde nos
habíamos quedado tirados con el carro, además dejó de ser una zona
de paso hace muchos años. Desde arriba podríamos ver, cuando se
fuera la tormenta, un buen tramo de llanura ya sin rodadas recientes,
el viento barre de huellas el desierto cuando le apetece.
- ¿Desde cuándo Yorgos sabe la nomenclatura de las
emisoras de radio?
- Desde hace unos meses, se las aprendió en español, yo ya
apenas las recuerdo, con los satelitales ya no se usan y
menos en zonas donde nadie sabe hablar en español. No se
enteran de lo que hablamos. Pero a él le gusta
- Entonces treinta y seis horas tienen la culpa de que nos
maten los cabrones o salgamos vivos de esta mierda
- - No mi capitana, nadie nos puede decir que no muramos
de otras cosas en esas treinta y seis horas
¡Joder! Ni me gusta que me llames capitana, yo fui grado
de capitán, no de capitana. Ni me gusta que me jodas con
tus respuestas irónicas.
- Suave mi niña, que cuando te pones así, me recuerdas a tu
viejo
- Pero que cabrón eres, no sé por qué te quiero tanto
Me dijo sonriendo la hija única, adoptada desde lo dieciséis años,
del coronel Klaus Bergman de la armada alemana. Un gran tipo
socialdemócrata de casi dos metros, que lo pusieron en la reserva
42
después de sus declaraciones sobre los derechos humanos y las
intervenciones de la OTAN. El día que lo conocí estaba vestido de
militar de faena, me hizo un saludo militar y después me jodió la
mano del apretón en el saludo civil.
Tomamos café y trago, después de una mirada de perdonavidas me
dijo “Comandante Portuga, como muera mi hija en alguna misión
por culpa de una mala decisión suya dese por muerto”, horas
después recordando su cara y su voz me di cuenta que lo dijo de
verdad, el muy cabronazo.
Andrea se estaba poniendo paliducha y de vez en cuando parecía
que tenía alguna clase de dolor, se lo notaba y eso se llevaba el
elzam puesto.
- ¿Te ocurre algo compañera? se te está poniendo una cara
que no sé qué te pasa
- Tengo unas ganas de orinar que ya no puedo más y por lo
que parece falta un buen rato para poder abrir alguna puerta
Saqué la bala solitaria del chaleco y la puse en el suelo del carro.
- El carro está inclinado hacia atrás a la izquierda, quita las
cajas y orina en el fondo, que te va a dar algo
Andrea cortó la boca de una botella de agua y abrió hueco en la
carga.
- No me mire así comandante, yo tengo una buena puntería
miccionando
- Eres fina hasta para mear en un carro durante un siroco en
medio del desierto. Que grande eres compañera
- No me haga reír comandante, que si me rio no apunto
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Después de una larga meada, se lavó las manos como pudo. Yo
preparé unas latas para comer con algo de pan duro que quedaba de
días atrás.
- Cada vez cocina mejor el atún mi comandante
- Gracias mijita y que conste que esto no es nuovelle coisine,
es más una deconstrucción de atún en arena flotante y pan
madurado que hace en boca un ligero rechineo si lo
muerdes. Por ello la recomendación del chef es que no lo
mastiques, mejor lo engullas como si fueras un pavo
Andrea empezó a reírse que casi se atraganta.
- Que sepas que sé que cuando empiezas a ponerte irónico y
gracioso, eso significa que no van demasiado bien las cosas.
Fue uno de los secretos que me contó Marta de ti hace
mucho tiempo. Me contó algunos más, pero esos me los
callo
- No vas a lograr ponerme colorao además no lo verías, llevo
el elzam modo siroco y las gafas de sol montadas
Andrea creo que sonrió, recogió las latas en una bolsa medio viva,
preparó el suelo con una manta y las chaquetas a forma de
almohadas e inició la liturgia de la siesta española, como ella decía.
Recordé cuando mi profesor de antropología cultural nos contaba
los varios tipos de siestas según culturas, y nos contó la que él
denominaba la siesta del “clim, clim”, al parecer era la más corta de
todas.
La hacían los soldados chinos, consistía en dormir sentados en una
silla con unas llaves entre las manos, cuando se dormían
profundamente se les caía las llaves y el ruido que hacían contra el
suelo les hacía despertar de esa micro siesta. Andrea empezó a
roncar. Todo lo fino que tenía en movimientos, formas y
vocabulario, lo perdía durmiendo bocarriba, despatarrada y
roncando como un camionero. En eso le salía el gen mexicano.
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No encontraba mi libreta para escribir algo y saqué de una caja un
folio, pero el siroco me despistó y empecé a tener esos
pensamientos de esperas que casi nunca se recuerdan. Después de
un buen rato perdido quise recobrar mi vida y agité mi cabeza y mi
conciencia. No me gusta que mis pensamientos piensen por mí, me
gusta pensar en primera persona.
Había recortado el folio y sólo tenía una especie de banda con la
que jugueteaban mis manos. El viento seguía insistente como el
ronquido de Andrea. No sé cómo ocurrió, pero pasé de un trozo de
papel a “La Banda de Moebius” y su sensación de infinito o de
idiotez permanente, me fue alejando del desierto incluso de mis
alertas llevándome donde casi siempre término, en un rincón de la
filosofía más requebrante y mortificadora.
Un soplo de Andrea combinado con un quiebro del aire que hizo
balancear el carro, me sentó de nuevo en el Land Cruiser. Viajero
de la tierra, como le gustaba traducir a Margarito. Tomé un trago
largo de aire calentorro arenoso y me recosté junto Andrea a forzar
el sueño. Ella me pasó el brazo por la cintura y así hicimos una
siesta sudorosa española en las tripas de África.
El despertar no fue suave, el siroco se había convertido en golpes
de viento como si el cielo fuera un fuelle con tos. No sabíamos si
eso era un preludio del fin de la tormenta o solamente una variable.
Nos incorporamos a la vez por los topetazos del viento contra el
Toyota, parecía que estuviera alguien llamando para entrar. Algún
miedo nos entró que nos hizo sacar las pistolas, apagamos la radio
y estuvimos expectantes durante un buen rato, al no escuchar nada
nuevo nos relajamos y las volvimos a enfundar.
- Vamos a tener que empezar a descansar por turnos
- Parece que sí, ya empiezan a aparecer signos confusos o
nosotros empezamos a no saber leer el entorno, cosas que
son igual de jodidas
- Lo siento comandante
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Dijo Andrea quitándose el turbante y colocándose la ropa.
- Siento haber dicho que saliéramos directamente, si
hubiéramos esperado al traductor lo mismo no estaríamos
así
- Mira Andrea, al Lam Cruiser en el desierto siempre se le
suele joder la cabeza de la bomba del gasoil, son buenos
carros pero su punto débil es su segundo depósito.
Simplemente hubiera cambiado en que seríamos tres
náufragos en vez de dos
Mientras hablábamos de tonterías el viento se batió en retirada o fue
a molestar a otras zonas más interesantes. Nos dejó con el cielo
medio limpio y el suelo llenito de polvo de aire. Abrimos la puerta
grande trasera cayendo toda la arena atrapada en las gomas, Andrea
montó la pequeña pala de zapadores e hizo un agujero para su
botella-orinal y algo más de basura. Veíamos las espaldas del siroco
y a su lado la atardecida, sólo nos quedaba una hora, del horizonte
al sol había justo cuatro dedos. Preparamos posiciones y decidimos
por donde sería más fácil que nos atacaran, dejamos montados tres
fusiles tapados con unos trapos y la cajita de las granadas de mano
en el miradero. Nos sentíamos como ratones en espera de los gatos
azules del desierto. Saqué un reloj de muñeca de una bolsa de aseo.
Andrea se quedó patidifusa.
- Me está asustando mi comandante, usted con un reloj. O
está de los nervios o usted se está drogando
- Éste, éste es un maléfico aparato, Julio Cortázar decía que
“cuando te regalan un reloj, te regalan un pequeño infierno
florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire”, sólo lo
he cogido para poner la alarma que suene dentro de unas
treinta horas
- ¡Ah!, ya me estaban dando las gastroenteritis de la muerte
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- Se dice, las cagaleras de la muerte, no seas tan fina
- - Hay frases y palabras que con el tiempo ya las voy
perdiendo. No es por finura, es ya por olvido y desarraigo
- Es normal cariño, a D.F. no has regresado desde que tenías
dieciséis años y tu castellano siempre ha sido con gente
apátrida de tierra y de acentos. Llevas muchos años en
Alemania, quizás demasiados, sólo mexicaneabas con
Margarito ya hace tiempo que le mataron.
- ¿Le sigues echando mucho de menos?
- Cada día de todos los días de mi vida recuerdo a mis
Jimenas, a Marta y a Margarito.
La melancolía y el recuerdo se fueron apoderando de toda la loma
donde quedamos tirados por la mierda de la cabeza de la bomba del
Toyota. Las esperas siempre crean huecos que aprovechan los
diablos para rellenarlos de recuerdos, melancolías y demás
pensamientos tormentosos y ensuciantes.
El sol cayó y el frío tomó enseguida posiciones, las estrellas
empezaron a avisar de la noche que íbamos a pasar, fría, airosa y
desesperante. Amanecería sobre las siete de la mañana y nos
quedaría todo un día, hasta la posible llegada sobre las doce de la
noche, de los refuerzos con la bomba y gente armada para
defendernos.
Dejé colgado el reloj de un hueco de la chapa del carro y
empezamos a ponernos la ropa para pasar la gélida noche.
Preparamos unas guardias de unas cuatro horas para todo el tiempo
hasta que llegaran los compañeros que estaban más al norte, y
siguiéramos juntos hasta encontrarnos con los niños o familias para
la evacuación.
Sabíamos que esas aldeas iban a ser zona de conflicto y de ataques
de la aviación de un país europeo amigo de “le fraternité”, que por
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supuesto lo negaría con la pompa y boato que tiene esa república
que algunas veces me parece una monarquía no hereditaria. Primero
arrasan con los aviones los campos sembrados y las poblaciones,
sin infantería para que no tengan ellos bajas. Devastan todo para
que sean zona donde no se puedan abastecer sus enemigos, y si para
ello mueren unos cuantos autóctonos no pasa nada, sólo son unos
pocos oasis de un pequeño río donde vive una gente que jamás leyó
a Voltaire ni a Albert Camus.
Ya se preocuparán de controlar las informaciones, no llegarán ni a
Le Monde Diplomatique. Ese país de le liberté se cargó con
terrorismo de estado un barco de Greenpeace con un activista
dentro, y el mundo se calló como putos pendejos mamporreros
sonrientes de clamor democrático. Lo que pase acá en la zona norte
del Sahel no le importa a nadie una mierda, menos las pocas zonas
con minerales y gas, esas sí son de interés humanitario o mortal
silencioso.
Yo no he dicho que sea Francia en ningún momento, que conste.
Saqué el asiento roto de detrás del carro.
La noche se nos puso encima, con estrellas brillosas y un airecito
con frescor que se llevó el poco resto de calor del siroco. Yo haría
la primera guardia, le pedí a Andrea que no cerrara la puerta,
solamente la dejara entornada para no hacer ruido al cerrarla y
abrirla. Los ruidos por las noches siempre son más grandes y en el
desierto pueden llegar a muchos kilómetros.
Ubiqué el asiento y me senté montando un mantelito delante de mí,
donde fui posando los compañeros de viaje, prismáticos,
kaláshnikov, dos pares de cargadores encintados, una granada de
mano.
A mi alrededor dos Ak montados, la caja de granadas y por supuesto
mi cuarenta y cinco al cinto. Me coloqué apoyando los riñones
desde mi posición de mirador centinela con mirada intuitiva hacia
el valle. Si nos vienen por detrás nos van a joder vivos. Pensé a
sabiendas que las guardias son más efectivas para que descanse el
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compañero que para defendernos, si nos veían estaríamos jodidos,
eso sí, nos llevaríamos unos cuantos por delante, sería el último acto
para el bien de la humanidad o por lo menos de la humanidad
colindante.
La desesperanza te hace convertir el tiempo en horas, y cuando eso
ocurre los ratos son eternos y se pueden esconder detrás de
cualquier minuto. Por eso siempre he pasado de ponerme ese
maldito aparato que llaman reloj, si quiero controlar algo el tiempo,
je, je que ignorante, controlar el tiempo ja, ja, bueno más que
controlar sólo verlo pasar, miro movimientos ya sean de estrellas o
de soles.
Al sur se empezaba a ver la constelación de Escorpio con sus
curvas cerradas, como si fuera una clave de sol para empezar la
partitura de la noche. Sé que sólo son una especie de anamorfosis
estelares, de perspectivas ópticas, pero siempre me hacen algo de
compañía, incluso con un trozo de Orión me hice mi propia
constelación y se la regalé a una chiquilla risueña que veinte pico
años después se convirtió en compañera.
Siempre que estoy en el hemisferio norte busco esa constelación
que es más particular que el patio de mi casa. Algún viento fresquito
venia de vez en cuando a hacerme compañía y despejarme de alguna
modorra, que en las esperas de las guardias se pega como ventosas
a los parpados. Encendía algún cigarro de a ratos sólo por fumar,
aunque se los solía fumar el aire más que yo. Meé dos veces. Algún
paseo en círculo alrededor del carro por cambiar de perspectivas y
regreso al punto vigía.
Oí como se movía Andrea dentro del carro, me acerqué por ver si
le pasaba algo, la puerta se abrió y salió abrigadita con una manta.
Susurramos;
- ¿Qué tal la guardia Comandante?
- Bien, estupendamente aburrida ¿y tú qué haces levantada?
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- Ya han pasado algo más de cuatro horas, mi anárcohorárico
comandante
- Pues todo tuyo, ¿quieres que te prepare algo de tomar?
- No hace falta, tengo una lata de frijoles con haram de jalufo
-(comida prohibida por los musulmanes, cerdo)
- ¡Alegría! Si no son las balas de los Tuareg renegados, serán
los cuchillos de los Yihadistas los que nos corten el cuello.
¿De dónde han salido esas latas?
- No esas latas. Esta lata, que solamente me traje una y me la
voy a comer en un ratito por si acaso
- Muy bien mi chanchita compañera, a cualquier cosa me das
un toque, no lo pienses dos veces ante la duda me llamas
Me metí en el carro, todavía la manta del suelo estaba calentita y
seguía oliendo a Andrea. Me acurruqué con la esperanza que no
tuviera que salir en cuatro horas. Las mantas me acogieron
abrazosas y me dejé hundir sin demasiados pensamientos, incluso
creo que dormí algo y me estiraba como un felino mañanero.
Escuché a Andrea que se acercaba a la puerta.
- ¿Comandante, está despierto?
- Si mi niña, ¿qué pasa?
- Hay luces al noreste de carros y parecen varios
Salí para ver la caravana que se acercaba, encima estaba empezando
a salir la luna, aunque en cuarto menguante era otro punto a tener
en cuenta. Los carros venían por la parte alta del valle, podían ser
unos cuatro o cinco, iban todos con las luces dadas. Los traficantes
solamente llevan luces en noches oscuras y únicamente el primero
y el último.
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- ¡Puta mierda!, no sé quiénes son pero van demasiado
deprisa y demasiado confiados, o son unos suicidas o unos
hijos de puta, y yo voto por lo segundo. Si a la mitad del
trayecto no bajan para el fondo del valle, las vamos a pasar
regular
Nos colocamos en el miradero, repasamos las armas, las nuestras y
las que teníamos colocadas y acercamos algo más la caja de las
granadas.
- Comandante, ¿me da un cigarro?
- Toma mi capitán, enciende los dos en el carro y los traes
tapados.
Andrea me trajo mi cigarro cubierto en su mano y me lo pasó a la
mía, en ese momento nos rozamos y nos sentimos vulnerables. Nos
fumamos los pitillos de pocas caladas y nos pusimos en posición
con el fusil ya apuntando a las luces amenazadoras. Pasarían en el
mejor de los casos a unos doscientos metros de nosotros. Andrea
me dio un beso en los labios.
- Confiemos en la suerte comandante
- Y si no, esperamos a que se acerquen y a saco con todo,
recuerda la última bala. No te dejes coger mi niña
- Lo sé Comandante Portuga
De repente hicimos un silencio a dos mudeces mirando con los
prismáticos y suplicando que descendieran para la zona baja del
valle, pero parecía que no bajaban, ya se veía bien que eran cuatro
carros y muy deprisa, cosa que nos beneficiaba, así menos tiempo
de mirar a su alrededor.
Más cerca de nosotros de lo que esperábamos y deseábamos, fueron
hacia la parte baja del valle. Se empezaban a oír los motores de
51
gasolina de la caravana, carros verdosos y el último un pick up con
una ametralladora montada aunque sin nadie para manejar, cosa que
nos alivió. Pasaron muy cerca, a menos de cien metros, nosotros
aunque estábamos a más de veinte metros de altura del paso,
teníamos la sensación de estar a su lado, no dejamos de apuntarlos
en su pasada pero no pudimos reconocer exactamente quienes eran,
sólo sabíamos que hippies pacifistas no eran y amigos tampoco.
Cuando desaparecieron las luces rojas de sus putos traseros,
resoplamos y desencajamos las contracturas que habíamos hecho en
el seguimiento de nuestras bocachas a sus carros. Nos sentamos de
espaldas al mirador y saqué dos cigarros que nos los fumamos
despacito. La luna ya se estaba situando encima de nuestras cabezas
y hacía que nos viéramos un poquito mejor, éramos sombras ahora
algo más tranquilas.
El tiempo pasaba calmo y parsimonioso, ignorando totalmente
nuestra existencia. El sol brotó penetrante con ganas de carne de
idiotas europeítos, cerré los retrovisores para que no dieran reflejos,
hicimos barro con un poco de tierra y la dimos por los cristales y la
chapa.
El calor iba subiendo por momentos, sacamos dos garrafas de agua
para ponerlas debajo del carro para que no hirvieran, y seguíamos
haciendo las guardias aunque menos estrictas en horario pero
siempre con alguien alerta. Sudábamos y sudábamos, la poca
sombra que daba el carro era insuficiente y el suelo ardía. Tomamos
la pala e hicimos un pequeño refugio en la parte norte debajo del
carro, algo hondo para encontrar un poco de frescor de tierra. Yo
creo que el sol lo hacía premeditadamente, en ese momento creí que
de verdad era “Ra”, era como todos los dioses, cabrón, castrador,
puteante; sus rayos se metían en todas partes.
Intentábamos descansar en intermitencias de ratos sin relojes, el sol
derretía las horas como dibujos de Dalí, y renegábamos del día para
que la noche se sintiera agradecida y llegara antes. Nosotros dos
náufragos en aquella pequeña isla de sombra, era agobiante y de una
claustrofobia abierta al desierto que nos aturdía.
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Propuse a Andrea practicar la táctica de la tanatosis (hacerse el
muerto) para que el sol nos dejara en paz, pero el sol nos ignoró por
completo. Bebíamos agua que potabilizábamos con las asquerosas
pastillas MF 1T que son algo más fuertes para cuidar no entrar en
diarreas, pero aun así los golpes de calor siempre te retuerce las
tripas, te suelta esfínteres y te da una fiebre del copón. Andrea a
media tarde cayó primero, empezó con algo de vómitos y diarrea,
en un regreso de un viaje a cagar líquido.
- Diego, creo que me estoy poniendo mala
No me dio tiempo de levantarme a agarrarla, cayó como un saco de
patatas encima de mi pierna mala, como pude la coloqué debajo del
carro y le fui poniendo trapos húmedos por la frente y las axilas.
Tenía con una fiebre altísima, fui a por un antipirético potente y
algo para cortar la diarrea deshidratadora. Le bajé un poco los
pantalones y se los inyecté en un cachito de culo. La dejé descansar
un rato mientras yo me asomaba a cada tanto a vigilar por el
mirador.
En uno de los regresos estaba relatando algo, yo no sabía si era por
un pequeño delirio o porque estaba soñando, Andrea era
somnílocua (hablar dormidos) y siempre habló mucho. La seguí
poniendo trapos húmedos, en un cambio de postura las tripas se le
apretaron y en una tos se volvió a cagar.
Busqué un pantalón y las bragas limpias más grandes que tenía para
poner unas compresas dentro, la saqué de debajo del carro y le quite
la ropa. ¡Joder con la metamorfosis de los frijoles! La lavé lo mejor
que pude, ella estaba totalmente desmayada y yo cojeante .
Le puse la ropa limpia y media toalla por encima de las bragas y la
volví a meter bajo del carro. Tanto esfuerzo con tanto calor me pasó
factura, tuve que dejar la vigilancia y ponerme tumbado a su lado a
descansar y de vez en cuando humedecer los paños que tenía
puestos en la cabeza y nuca.
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El sol empezaba a caer algo y un pequeño viento calentorro enfriaba
nuestro sudor. Cuando pude salir cogí su pistola del cinturón, la caja
de granadas, un Ak y lo dejé todo apostado a mi lado. Me dejé
hundir al lado de Andrea.
Ratos después me desperté con los labios resecos Andrea seguía
perdida, le di de beber a traguitos, recobró un poco la conciencia y
me dijo que tenía frío, la tapé con una manta. Me levanté
tambaleante y con algo de fiebre, comí una lata de atún y me metí
un analgésico antipirético. Intenté espabilar un poco a Andrea.
- Andrea, Andrea despierta, escúchame un poco, te tengo que
sacar de donde estas y subirte al carro, me tienes que
ayudar, yo solo no podré. Me oyes mi niña
Al ver que ese método de espabilar no funcionaba. Le grité…
- ¡Capitán Bergman! Andrea Virtudes Rosales Sotomayor.
Levántese inmediata mente
- ¿Qué pasa Diego, por qué gritas?
Dijo, la Andrea alemana, y la mexicana
- Ayúdame a sacarte de acá y subirte al carro
Andrea ayudó y lo conseguimos más fácilmente de lo que creíamos.
Bebió un poco y se quedó dormida de nuevo. La tarde ya era rojiza,
recogí un poco el puesto y recoloqué el armamento. Me senté en el
asiento roto de vigía y sin darme cuenta con el airecito de cara me
volví a dormir, esta vez más profundo de lo que creía. Tiempo
después ya con la noche encima, sentí que Andrea me estaba
hablando en susurros.
- Comandante, Diego, Diego. Tenemos visita
- Mierda puta, me dormí. ¿Qué pasa?
54
- Tranquilo están todavía lejos pero vienen de las lomas de
arriba y desde allí se nos ve perfectamente. Me levanté a
mear y te vi durmiendo, te dejé descansar un poco, yo
estaba tomando un poco de aire cuando los vi
- Tú. ¿Cómo te encuentras?
- Sigo muy cansada, pero estoy mucho mejor, ya he visto que
me has tenido que cambiar de ropa, seguro que me cagué
- Ahora ese no va a ser nuestro principal problema
Eran dos coches, los nuestros iban a ser tres y es muy raro que
lleguen tan temprano, encendí la radio por si oíamos algo, pero sólo
se oía el zumbeante ruido de la nada. De repente los coches se
pararon en unas rojizas frenadas y apagaron las luces como a
trescientos metros de nosotros.
- Mi capitán, póngase el cinturón que este va a ser un
momento que recordaremos, no sé cómo ni porqué, pero
huele mal y no son tus pantalones.
Apagamos la radio y nos colocamos en posición, el aire nos traía el
sonido de los motores que se acercaban sin luces. Andrea empezó a
respirar deprisa y resoplar de vez en cuando.
- Tranquila mi niña, ya verás como de esta salimos
- Estoy muy asustada comandante
- Tú estarás asustada, pero yo, estoy acojonado perdido, así
que vamos a tranquilizarnos y si se acercan vamos a
machacarlos
Los motores se acercaban cada vez más, solamente se les veía por
donde iban cuando pisaban el freno y las lucecitas rojas les
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delataban, uno seguía por la parte de arriba y el otro carro se bajó
un poco al valle.
- Ya no hay duda, por donde vienen no hay apenas paso,
nadie se arriesgaría a pasar y menos de noche con apenas
luna. Carga. Yo abajo, tú arriba
Cargamos todas las armas y las quitamos los seguros, listas para
hacer lo que saben. Estábamos cansados y acojonados con ganas de
que terminara ya esta situación de una puta vez, fuera el resultado
que fuera. Ya cerca de nosotros los motores se pararon, yo pude ver
por la pequeñas luces de freno del carro de abajo que salían unas
cuatro personas con armas largas y del de arriba Andrea creyó ver
otros cuatro o cinco.
Nueve eran muchos si eran buenos lo tendríamos jodido, pero no
dije nada. El viento nos trajo sonidos de algunas pisadas y piedras
moverse, pero al poco se hizo un silencio que asustaba más aún. De
vez en cuando, se veía una pequeña lucecita de alguno que encendía
algún cigarro o pipilla de tabaco que suelen fumar. Tenía toda la
pinta de que fueran mangantes tuaregs más que de Yihadistas.
El tiempo pasaba, la luna cada vez subía más alto, pero estaba tan
menguada que apenas se veía, bueno por lo menos nosotros no
veíamos casi nada en la búsqueda de sus situaciones con los
prismáticos.
- Los tengo localizados. Están a unos cincuenta metros
Me dijo Andrea al oído, sin dejar de apuntarles. El tiempo seguía
pasando y las ganas de que pasara algo de una puta vez nos pasaba
factura. En ocasiones así es cuando te das cuenta de que eres más
europeo de lo que crees, siempre con prisas incluso para morir.
Después de más de una hora o un par de siglos para nosotros, los de
abajo salieron de detrás de la piedras para acercarse, le di un toque
a Andrea.
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- Creo que el baile ya se inaugura. Empieza a disparar cuando
yo tire dos granadas.
Cuando tomaron posiciones empezaron a disparar, yo les tiré las
dos granadas a ojo por donde creía que estaban y sí que tuve que
dar alguno, porque empezaron a gritar y a disparar como locos. Las
balas a ráfagas nos silbaban, levantando arena y polvo a nuestro
alrededor, algunas impactaron en el carro y reventando varias
ventanas.
Andrea no dejaba de disparar a los que estaban arriba en ráfagas
cortas, era una buenísima tiradora, yo seguía tirando granadas a los
de abajo, y disparando cargadores un poco a bulto. Un disparo le
atravesó a Andrea la bota y el pie derecho gritó de dolor y de rabia
como si le hubieran marcado con un hierro.
Desde arriba nos tiraron una granada, que reventó el motor del
carro, nos dejó sin oídos y casi sin conciencia, la metralla de la
granada y de la chapa del Toyota atravesaron casi toda nuestra isla,
llenándonos de polvo, arena y desconcierto. Seguí disparando ya sin
apenas mirar y tirando el resto de las granadas, Andrea seguía sin
dejar de disparar, recargando de forma disciplinada y segura, desde
abajo apenas se veían fogonazos de disparos, porque oír ya no
oíamos poco.
Estaba recargando el fusil cuando aparecieron por encima de
nosotros dos tipos disparando. Andrea gritando de dolor y de ira
acumulada se levantó con un solo pie y les metió el cargador entero,
yo les disparaba también, Andrea incluso ya muertos en el suelo les
siguió disparando con la pistola.
Hicimos un silencio al recargar los dos a la vez, no sabíamos que
pasaba y nos refugiamos detrás de los restos del Toyota, creíamos
que iban a llegar los dos grupos a la vez y nos iban a pillar en medio.
Pero no oíamos nada, sólo los zumbidos mareantes de la onda
expansiva de la puta granada. Andrea vio cómo se encendían las
luces del coche de arriba y salió a disparar con su fusil, yo sabía que
57
era buena tiradora, pero estaba demasiado cansada como para hacer
blanco, pero salí detrás de ella disparando también a las luces de
arriba y las que aparecieron yéndose abajo. Los carros se iban, no
sabíamos el porqué, pero nos daba igual.
Nos dejamos caer para descansar, un dolor desmayante me corrió
por la columna, rodé un poco para ponerme bocabajo, al tocarme la
rabadilla, no sabía si había sido un disparo pero estaba lleno de
sangre, y me dolía de cojones.
Me arrastré un poco hasta llegar donde estaba sentada Andrea la
llamé pero no se movía, estaba desfallecida, veía un poco como sus
labios decían algo que no llegaban a mis oídos, estaba totalmente
tirada con su cuarenta y cinco en la mano. Yo me dejé caer a su lado
y también desenfundé la pistola. Quería desmayarme pero no podía
y el dolor empezó aparecer cada vez más fuerte.
- ¡Joder como odio el dolor!
Todo olía a munición, a goma y aceite quemado del motor del carro,
y también a mierda.
- Creo que esta vez he sido yo quien se ha cagado, no sé si
de diarrea, de miedo, o por las dos cosas
Si algún coche regresará seguro nos podían rematar con un
cortaúñas. Después de un rato de olores, dolores y pensamientos
cruzados, me di cuenta que no me desmayaba y que seguía saliendo
un humo negro del motor que tapaban las pocas estrellas que podía
ver desde mi postura algo retorcida.
- Mierda, tuvimos una espera de asco a que llegaran los hijos
de puta y ahora otra espera de mierda a que llegue Godot,
o los compañeros, o la puta muerte
El aire cambió de dirección y se llevaba el humo hacia el oeste. Yo
tenía miedo de moverme por si tenía alguna bala dentro o un trozo
de metralla. Pero tenía sed, mucha sed y la cantimplora no tenía que
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estar muy lejos, al mover el bazo derecho para tantear, un dolor me
volvió atravesar toda la espalda.
- Lo que hacía falta, que me quede paralítico, eso no podría
aguantarlo. Ja, ja. Bueno con suerte, de ésta me muero
La idiotez que me había dicho a mí mismo, sobre la muerte me
metió el miedo en el cuerpo, y empecé a llorar. Moví a Andrea para
ver si seguía viva, ella se quejó del movimiento, al quitar el brazo
de la espada de Andrea toqué la cantimplora y al intentar cogerla el
puto hombro se me salió quedándome casi inmóvil del dolor y la
postura. En la nada únicamente había silencio, y lo rompió la alarma
del puto reloj durante un rato, ya habían pasado treinta y seis horas
de espera. Y de ese chance me desmayé.
A lo lejos, del fondo del sueño del desmayo, empecé a oír algún
motor que se acercaba, algunas puertas se cerraron de un golpazo,
abrí un ojo, había luz de amanecer, busqué la pistola y abrí el
percutor. ¡Hostia puta! ¿Y cómo sé quiénes vienen?, de pronto
escuché la voz de Kara y de Yorgos que decían;
- ¡Están aquí, están aquí!
Bocabajo puse el percutor y levanté un poco la mano, Yorgos ya
estaba a mi lado, jadeando de la subida, y Kara sólo decía;
- ¡Están vivos, están vivos!
Yorgos me ladeó la cabeza y me dijo agarrándome de la cara.
- Ya hemos llegado comandante
- Habéis tardado mucho, con lo que me rejode esperar
Con las planchas de rescate para sacar los carros de la arena,
hicieron dos camillas, oía a Andrea hablar y cada vez me sentía
mejor. Con la ayuda de Yorgos me incorporé, quería ver las caras
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de los dos hijos de perra muertos que cayeron a nuestro lado.
Andrea estaba recostada contra las piedras.
- Sabe que huele a mierda, mi comandante
- Lo sé, mi capitán, pero mi mierda es de deconstrucción de
atún y no de frijoles con chorizo
Kara mi médica griega estupenda, nos hizo las primeras curas. Lo
peor fue terminar de colocar el hombro. El disparo del pie de
Andrea fue limpio y por suerte le atravesó por completo. Lo de mi
espalda sólo fue un trozo de metralla que me arrancó un cacho de
culo que ya me habían operado antes. Estábamos deshidratados,
pero de este chance habíamos salido. Quitaron todo lo que valía del
carro, dejaron exclusivamente la carcasa con cinco muertos hijos de
perra dentro. Las granadas y nuestra rabia, habían cumplido su
papel.
Andrea y yo nos quedamos en una aldea a mitad de camino donde
nos cuidaron estupendamente.
Yorgos siguió con la misión evacuando a más de doscientas
personas, fue la evacuación más grande que hizo nuestra
organización, con un cien por cien de supervivientes.
Fue algo grande que Andrea y yo no pudimos ver. Pero supimos
aguantar esperas, nada épicas y con olor a mierda.
60
VIDA DE LOCOS, CON ALGUNAS RESPUESTAS EN
CUARENTA HORAS
Morir es fácil, si tienes paciencia siempre llega. Vivir ya es más
complicado, se requieren tener más recursos y es mucho más lento,
normalmente cuanto más lento mejor. Con la muerte siempre te lo
juegas todo a una carta, no hay una segunda oportunidad, por lo
menos a los que no somos religiosos y tenemos una sola vida.
Tener una muerte mala o buena para los pobres depende más del
azar que de la dispersión ante lo finito. Los pobres tienen que
invertir mucho tiempo y salud en conseguir unos mínimos de
decencia vital además, la esperanza de vida es mucho más corta en
la población pobre del mundo. Por eso siempre juegan con ventaja
las familias ricas y negocian como si partiéramos del mismo punto.
Decía Honoré de Balzac que “detrás de toda fortuna, siempre hay
un crimen”
De vez en cuando en la historia se cambia de nomenclatura para que
la gente crea que ha cambiado algo y a los esclavos, ahorita, se los
llaman pobres, “la libre elección de amos, no suprime ni a los amos,
ni a los esclavos” (Marcuse) Los grandes cambios en las culturas y
en las sociedades siempre han partido de minorías con sentido
crítico.
Seguía dando la ponencia, supuestamente sobre antropología social,
ante un gran grupo de personas en el aula magna de la universidad
de una isla, alumnos, personal docente, amigos y otras gentes que
no sabía que hacían por allí.
La verdad es que no tenía ni putas ganas de dar charlas de nada,
siempre he creído tener verdaderas dificultades en explicar lo obvio,
los axiomas se explican por sí mismos y si alguien te pide
explicación sobre ellos, o se está riendo de ti o te está haciendo
trampa.
Como casi siempre que doy una ponencia suelo poner un ladrillo
encima del atril o de la mesa. Yo seguía intentando darles una visión
61
global de este mierdecilla de planeta cada vez menos azul, y ellos
miraban con intención de aprendizaje. ¡Qué fuerte! en Europa jamás
vi esas caras de avidez cognitiva.
Pero de lo que tenía ganas de verdad era de decirles que esto es una
mierda de vida, que o cogemos todos un fusil y a la pinga con los
ricos -amputando a la mano invisible-, o que nos dediquemos al
folleteo, la lírica y las drogas, y que trabajen sólo los empresarios,
a ver como se apañan. Que los trucos de consumismo y
prestidigitación económica se los metan por el culo. Siempre hay
gente que lucha por imponer sus leyes y otros que luchan por eludir
las leyes de los demás.
Yo acababa de llegar de África. Todavía tenía el olor de la pobreza
dentro de mi nuca, y seguro que algo de arena en la mochila y polvo
de tierra maldita en algún pliegue de mi culo. Normalmente las
maldiciones africanas más grandes suelen ser tener alguna materia
prima que a los países poderosos les interese. Países como los cinco
que están en el Consejo Permanente de Seguridad de la ONU con
derecho a veto, y algunos que por detrás los manejan (es un
suponer). Conceptos que les importa un carajo a los niños que
preñados de hambruna veo morir demasiado a menudo. Un antiguo
amigo español ya muerto, siempre decía que en el mundo hay más
tontos que botellines (botellita de cerveza), no sé si hay tantos
tontos, pero listos hijos de puta hay para regalar y de todos los
colores.
Terminé la ponencia y contesté algunas de las preguntas de los
asistentes. Casi siempre me suelen preguntar por el ladrillo y
acostumbro decirles que lo que he intentado explicar en la charla es
como mucho ese ladrillo, el resto de la casa se lo tienen que
imaginar ellos, yo me la imagino amplia, luminosa y con grandes
ventanales. Después de los aplausos y de los parabienes, algunos
sinceros, de las autoridades competentes. Me fui.
Cogí mi bicicleta china y regresé solo a mi humilde apartamentico
detrás del barrio de Miramar. De camino, algunos carros de los
asistentes pasaron a mi lado mirándome curiosos, y algunos con
62
sonrisa de medio lado de un “que se joda y que pedaleé” y
aceleraban con su jinetera al lado. Llegué a mi cuadra ya cayendo
el sol, recé a todos los dioses del fluido eléctrico para que hubiera
luz y subí la bicicleta con ganas de llegar, por entonces todavía
estaba fuerte sin huesos jodeantes.
Aunque era sábado había electricidad, cosa que me alegró, por
poder ducharme con agua caliente y leer sin linterna.
Me dejé caer sobre la vieja mecedora que ya tenía la forma de mis
posaderas, y fui tomando poco a poco un vaso de limonada aguada
y fresquita que me quedaba del día anterior.
Por fin se habían terminado las ponencias de antropología por
ahora. Siempre prefería las charlas en las clases, no en el aula
magna, prefiero ver a los chicos y que ellos me perciban cercano.
Aunque al parecer siempre tenía fama de distante que nunca
entendí. Había un silencio estupendo en el pequeño bloque de
apartamentos.
En la primera planta vivía una ancianita estalinista, simpática y
alegre; algo sorda, colocaba la música a todo trapo en su viejo
tocadiscos ruso, canciones de Carlos Puebla y de Carlos Puebla y
los tradicionales también de Carlos Puebla durante todo el día.
Ella cantaba la segunda voz apasionada y vivenciadora, mientras
asentaba la ropa dobladita en el tendedero. De vez en cuando se
iba unos días a Matanzas a ver a su hermana, días que
aprovechábamos los vecinos para descansar de la música de Don
Carlos Puebla, y en general de cualquier música. A mí siempre me
llamaba Profesor Comandante. Alguien tocó a la puerta.
- ¡Quien sea, se ha equivocado de apartamento o de día o de
hora! ¡Aquí no hay nadie!
Contesté con voz de poco amigo de visitas. Pero quien fuera seguía
insistiendo, pasé de contestar y me tumbé un rato en el colchón
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quitándome las sandalias. Siguieron llamando ahora con más
insistencia. Abrí la puerta de un tirón.
- ¿Quién cojones es? Ya he dicho que no hay nadie
- Soy yo, viejo cascarrabias, que cada vez eres más ermitaño,
insociable y maleducado
- Eso lo dice miss simpatía, que es tan patética que no tienes
otra cosa que hacer un sábado por la tarde que venir a verme
Era Gabriela Anaïs Pozoblanco Ruiz, antigua profesora de filosofía
e insoportable amiga. Tenía la puñetera deficiencia social de decir
siempre la verdad, sin padecer o eso decía, yo no lo tenía tan claro,
el síndrome de Asperger. Era parca en palabras y poco dada a la
amabilidad. Vivía a dos cuadras de casa.
- Si he venido a ver como estabas es porque me manda
Luzmila que está preocupada por ti, porque no le contestas
al teléfono y al parecer te vio con mala cara cuando llegaste
de la misión de África
Me lo decía mientras colgaba el teléfono que estaba tirado en un
rincón y lo ponía sobre la mesita.
- Estoy perfectamente, únicamente quiero ducharme, cenar y
leer algo a solas. Si quieres llama a Luzmila y dile que estoy
estupendo
- La llamas tú y se lo explicas. Te iba a invitar a cenar pero a
tomar vientos, por ser un tremendo marisconzón
Y se fue dando un portazo que hizo retumbar al apartamentico. Yo
seguí tumbado en el colchón, me encendí un cigarrillo popular azul,
que era el que me tocaba ese mes por la bodega, y me hice el
propósito de que al día siguiente tenía que llamar a Luzmila.
Enseguida que se hubieron retirado los asuntos pendientes
cotidianos y fueron llegando los arrastrados de la misión, notaba
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como se iban abriendo inexorables los labios de las heridas no
lamidas.
Las listas de dolor de las muertes recientes siempre arrastran
muertes más lejanas en tiempo, pero cercanas al calvario de
ausencias diarias y habituales. Como curar esas heridas que se
meten directamente en tu biblioteca de espantos y suplicios, que se
quedan agazapadas en las estanterías y cada vez que alguna idiotez
distraída abre alguna ventana, despliegan sus hojas como pájaros
malditos apestando a muerte sentida ahondando en tus angustias y
tormentos.
Es como un pago, una tasa que hay que abonar diariamente por
luchar por lo que uno cree justo. Por eso necesitaba la soledad cada
vez más ávida. El pudor del herido no suele dejar exponer cicatrices
y dolores. Oscuridad, silencio y soledad como parte de una cura que
siempre sería paliativa, una porción de la maldición por ser un mal
animal gregario e insumiso. Oscuridad, silencio y soledad era la
única pócima que conocía, que empapada con agua salada de la que
enrojecen los ojos era un emplaste casero para las cicatrices no
demasiados hondas, a las profundas ya sabía que jamás podría
llegar.
Sonó el viejo teléfono, si no me había levantado a mear y estaba con
la vejiga quejosa, por supuesto no me iba a levantar a coger el
teléfono. Pero el puñetero teléfono seguía y seguía insistiendo, de
un sandaliazo curvado logré tirarlo otra vez de donde le recogió
Gabriela. Después del estruendo de la caída, del aparato empezaron
a salir llamamientos y preguntas que poco a poco se fueron
convirtiendo en gritos y al final, en un listado de insultos bastante
brillantes hasta que únicamente sonó un “cataclass” con unos
pitiditos de fondo.
Seguro que era Luzmila. Que linda que es. En el fondo me gustaba
que se preocupara por mí, pero sólo en el fondo. Me levanté a mear
y seguí durmiendo. Una hora y algo después la puerta empezó a
gritar golpes, yo me desperté al tercero, y me extremé.
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- ¡NO HAY NADIE! ¡VUELVA MAÑANA!
De pronto se abrió la puerta y entró Luzmila con un cabreo del
carajo. Cerrando a portazo gritaba y gritaba, y yo con resaca de
sueño castrado.
- Mira asere, eres un desagradecido come mierda, y que
conste que me importa una pinga que te pudras en tu
soledad roñosa…
- ¿Se puede saber por qué llamas a la puerta si tienes llaves
para entrar?
- Primero, llamo a la puerta porque cortaste los cables de
timbre hace meses y lo segundo, porque la última vez que
entré sin avisar y te desperté me tiraste un machete que me
rozó el trasero que si me pilla me jode
- No te lo tomes como algo personal, pero no quiero ver a
NADIE. Y si te vas a quedar de todas formas, por lo menos
haz café
Le dije mientras me estiraba en el colchón, dándole la espalda. Con
una patada en el culo, que me hizo daño de verdad, me contestó.
- Vaya hospitalidad de mierda ¿y tú eres medio saharaui?
- ¡Que cojones!, yo soy medio de cualquier sitio de donde me
quieran
Luzmila entró en la cocina y empezó hacer café, yo mientras
ganduleaba en el colchón medio aclarándome donde estaba en este
planeta.
- No te queda azúcar prieta
- Pues blanca
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- No hay
- Pues miel
- Tampoco queda
- Pues sacarina
- Para esa mierda lo prefiero solo
- Mira Luzmila, creo que últimamente pasas mucho tiempo
con Gabriela, cada vez te vas pareciendo más a ella. Menos
en las tetas, que las tuyas siguen siendo mucho más bonitas
- Un día de estos te voy a entrar a golpeteadas, o a ostias
como dicen los españoles, y te voy a quitar tanta chulería
- Perdona no es chulería, sólo es causticidad de autodefensa.
De veras que no estoy bien, y no quiero salpicar a nadie con
mi mierda
- Oye chico, demasiado tarde cabronazo
Luzmila recogió el teléfono volviéndolo a poner encima de la
mesita, se remangó la falda y se sentó a mi lado en el colchón.
Tomamos los “tin” de cafés solos a dúo de soledades y en silencio.
Nos dejamos caer para atrás, mirando al techo y al viejo bombillo
que tenía alguna vieja telaraña. No dijimos nada durante un buen
rato, seguíamos mirando el techo.
- Diego, ¿ya te has duchado?
- No. Cuando llegué sudado de la bicicleta tenía ganas,
ahorita menos
- ¿Por qué no me dijiste nada de que ibas a dar una
conferencia?
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- Para qué, sólo era una ponencia antropológica sobre la
dignificación de la vida y gilipolleces como esas. Para
llegar a la conclusión tonta de que suelen ser más
interesantes las liturgias que en los sacramentos
- Yo tenía que ducharme, que en mi casa no hay agua, pero
no me apetece mucho. Si te duchas conmigo te froto la
espalda
- Te recuerdo que la última vez que nos duchamos
terminamos follando y hoy no tengo ganitas de “na”
Luzmila se levantó y preparó la ducha, me ayudó a incorporarme y
me fue quitando la ropa, al caerse mis pantalones nos dimos cuenta
que los tenía manchados de algo de sangre. Después de un rato o
medio siglo, me preguntó;
- ¿Sigues con la regla?
Ella sabía que desde el secuestro y la violación, seguía sangrando
de vez en cuando. Yo con cara de “vamos a dejarlo” asentí con la
cabeza. Ella con cara de “mejor sí. Vamos a dejarlo” me dio un
beso. Nos duchamos. Ella con una esponja espumosa intentó
quitarme toda la mierda que tenía impregnada de la misión africana,
parándose en alguna cicatriz externa y en muchas por dentro.
Yo me giré de espadas a ella para llorar sin que me viera. Ella
abrazadora posó su cara en mi espalda dejando que el agua hiciera
de lágrimas purificantes. Con sus manos me quitó los restos de
espuma de la espalda, me giró y sin mirarme a la cara fue dejando
que el agua se llevara tras de sí los restos del combate.
Apagó el grifo y con la toalla me fue secando del agua y del dolor,
curándome como apósito remediante. Apagó las luces, a oscuras
nos acostamos.
68
Después de estrujarme Luzmila rompió a llorar por los compañeros
muertos y por mi dolor, yo empecé a llorar pero no sabía muy bien
por quien.
Hay veces que no es suficiente con el cuerpo, la razón y con el
empeño para que nos salgan alas huidoras, o para lograr una buena
memoria selectiva. Después de unos ratos de sueños y
desvelamientos, los dos estábamos mirando al techo. Luzmila
como siempre empezó a preguntar;
- ¿Quién eres ahora mismo?
- Soy un apostata y hereje blasfemador. Coleccionador de
anatemas y excomuniones. Que escupe a la cara a todas
las teologías
- ¿Y quién somos ahora mismo?
- Somos los exiliados, los proscritos del paraíso, de ese edén
mórbido, donde se engulle todo lo que la tierra pare y todo
lo que de la tierra se roba
- ¿Y quién son ellos?
- Ellos son los del ansia fagocitadora de entornos y libertades
ajenas
- ¿Y tú que los dices?
- “Qué fácil es protestar contra la bomba que cayó a mil
kilómetros del ropero y del refrigerador”
¿Tú currículum de ahorita mismo?
- Soy un indigente que vive con harapos viejos, sin plata y
sin dientes, en casas ajenas y con enfermedades regaladas a
ostias por hijos de puta asesinos. Carezco de todo glamour
y de follar ya pasaron los tiempos de gloria. Panzón y
cojeante voy afrontando la vida restante con la poca
69
dignidad que me voy rebuscando en los bolsillos y debajo
de los cojines. Justito de memoria como de polla, me aíslo
en rutinas de creación artesanal. Me quedan docenas de
amigos y camaradas difuntos y unos pocos vivos con los
que me comunico cada tanto.
- Y “el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos”, voy
desechando los planes y misiones que ya son imposibles de
hacer y encima pongo escusas, pero son muy buenas, una
de ellas es que creo que estoy muerto.
- ¡Joder Diego no me digas esas cosas!
- ¡Pues no preguntes!
Luzmila tenía la malsana costumbre de jugar a brearme a preguntas,
siempre difíciles y comprometedoras. Al final yo nunca decía las
respuestas que ella pensaba y se cabreaba conmigo. La oscuridad se
hizo más prieta con un tremendo apagón de muchas cuadras, a
nosotros nos daba igual ya nos habíamos duchado y teníamos un
poco de queroseno por si queríamos cocinar agua con algo y la
pequeña radio a pilas imprescindible para la supervivencia, casi
siempre sintonizada en “radio enciclopedia”.
De repente sin aviso, empezó a sonar el teléfono. Ninguno de los
dos se movió y seguimos mirando a un techo intuido.
- Diego. ¿No vas a coger el teléfono?
- No espero a nadie y esta casa creo que está vacía de risas y
llenita de fantasmas
- Pues le cojo yo
- Pues vale, pero yo no estoy
Luzmila se levantó a tientas y a tientas descolgó el pesadito
teléfono.
70
- Es Gabriela que se le ha ido la luz y que no tiene con qué
cocinar ¿que si nos queda queroseno?
- Tú sabrás, yo únicamente soy un mirante intuidor de techos
con viejos bombillos
- Ok Gabriela, vente para acá que sólo hay un ente
inexistente tumbado en un colchón y hacemos algo de cena.
Si tienes, trae un trago de algo
- Gabriela viene para acá. Cenaremos juntos.
Luzmila se levantó para encender unas velas y ponerse el vestido.
Las velas empezaron a crear sombras que los fantasmas
aprovechaban para putearme con los recuerdos que huelen a sangre
quemada y a bebé pobre difunto.
El queroseno me llevaba a las pasadas de aviones defecando
bombas de fosforo o napalm, que los países civilizados reparten
como carbón de Papás Noeles a los niños malos negritos de áfrica.
La rabia se me batía en duelo con el sueño y el sueño le atravesó
con el florete que me hizo hundir los parpados y el cuerpo en el
colchón.
“Disparo. Disparos y gritos… Disparos, gritos y llantos. Disparos,
gritos, llantos y silencios… ¡Comandante vamos a morir, vamos a
morir!... ¡No, hoy no puede ser, hoy no es un bonito día para morir!
No mi comandante, tampoco era un bonito día cuando murió
Margarito y los demás… Tengo miedo, joder no quiero morir, que
cojones pintamos acá Nada compadrito, nada… Esto es una puta
mierda, ni vamos a evacuar a los gabachos secuestrados y como
sigamos así tampoco vamos a salir nosotros
Darío y Josef están muertos, y de Bryan y de Catherine no sabemos
nada, ya solamente quedamos nosotros. ¡A la mierda!
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Ramiro sacó su pistola y se la iba a meter en la boca… ¡Me cago en
Dios! Ramiro, no me dejes solo hijo de puta…Le dije mientas le
daba un golpe en la mano apartando el arma… ¡Esto es una mierda!
¡Esto es una mierda! ¡Mierda y mierda!
El miedo se nos echó encima, nos abrazamos y empezamos a llorar
en un ataque de horror que siempre paraliza los ánimos y hace
convertirnos en el silencio de los corderos. Si te dejas llevar por ese
pánico idiotizante, pones en sus manos tu suicidio, entonces ya han
ganado ellos. Te suicidarán cuando quieran, porque tú cuando
entregas tu vida ya careces de voluntad.
¡Ramiro cojones! Escúchame antes que se te pongan los ojos idos y
sólo oigas al miedo. Si quieres pegarte un tiro pégatele, pero antes
cárgate a unos cuantos, que yo no quiero suicidarme
todavía…¡Mierda comandante! Esto no va a salir bien…Con que
salgamos, es suficiente
Las balas atravesaban las paredes de adobe sin inmutarse.
Estábamos sentados entre unos pocos sacos de grano esperando la
entrada de los salafistas. Esos cabrones de sunnitas que habían
cobrado parte de la recompensa, pero que después de entregar la
prueba de vida, se cargaron a los rehenes franceses y ya se habían
cargado a casi todo el equipo de la misión. Habían jurado por alá
que la entrega sería tranquila. Y en esa zona fronteriza de Darfur no
quería la cruz roja internacional entrar. ¡Génova de los cojones! De
repente empezamos a oír disparos desde las afueras y la respuesta
de los salafistas. Estaban entrando al poblado una avanzadilla de
sudan del sur. Nosotros empezamos también a disparar desde el
ventanuco a los que encima haríamos que llegaran antes a su
paraíso de vírgenes. A Ramiro se le empezó a cambiar la cara por
la de rabia y ganas de lucha, seguimos dando cobertura para que
entraran los combatientes del sur.
Cuando los vimos entrar en la pequeña plaza, empezaron a decir
“sommes amis, nous sommes amis” detrás de nuestra choza salieron
unos niños disparando a los combatientes del sur, que respondieron
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con todas las armas, nos agachamos en la balacera, los niños
cayeron enseguida.
- Ramiro, Ramiro, ya ha terminado todo. Nos hemos
salvado. ¿Ramiro?..
Ramiro estaba muerto con la cabeza agachada, había recibido dos
disparos de “fuego casi amigo” por la espalda. No hay nada épico
en morir aunque sea por un ideal, no existen buenas causas para
morir, pero si para vivir. Yo me quedé otra vez inmovilizado,…
Ramiro muerto, desplomado sobre sí mismo, con los brazos caídos,
casi podía oír cómo se le iba la temperatura, la vida y los
esfínteres…
Después de unos lustros aparecieron Catherine y Bryan, sé que
hablaban pero no les oía, únicamente miraba a mi compañero
muerto sin ningún glamour ni frase arrebatadora, sólo muerto como
una piedra muerta… Me levantaron y me llevaron al único carro
que quedaba operativo. ..Bryan saludaba a los mandos de los
combatientes del sur y no sé qué hacía Catherine.
Salimos de ese poblado en un solo carro, los únicos tres más o
menos supervivientes, al día siguiente sacaron los cadáveres de
nuestros compañeros y los de los tres franceses…Los ángeles
guardianes, serafines y querubes al parecer no suelen ir por estas
tierras… No fue un bonito día para morir, era un día feo, en un sitio
apestoso con un cielo amenazante y decolorado… Los repatriaron
en silencio, ni los cooperantes franceses tenían que estar por esa
zona de áfrica, ni nosotros tampoco…El sistema límbico que está
relacionado con la gestión de las respuestas fisiológicas ante los
estímulos emocionales, placer, miedo, agresividad, etc. creo que
siempre le he tenido hecho una mierda y por entonces se puso peor.
Menos mal que este sistema es de las partes más antiguas de nuestro
cerebro en términos evolutivos y filogénicos, y no necesita que
medien estructuras cerebrales superiores…”
- Diego, Diego. ¿Estás bien?
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Luzmila me zarandeó un poco y me quedé sentado.
- Diego, dime algo carajo
- Estoy bien, estoy bien, sólo que de repente me he ido algún
sitio, como una pesadilla en vela
- Se te ha puesto cara de loco y no decías nada
- Me has preocupado hasta a mí
- Hola Gabriela no te había oído llegar
Yo todavía estaba aturdido por esos lapsus que me dan a menudo
de pérdida de conocimiento y localización. Gabriela se sentó a mi
lado en el colchón y se me quedó mirando con esa cara que pone.
Bueno, con el que creo es el único gesto que tiene su cara y después
de un tiempo de tensión incomoda por lo menos para mí, me dio un
beso y se levantó. Yo no sabía cómo tomármelo, era el primer acto
de afecto que había visto de Gabriela hacia mí, bueno hacia mí y
hacia cualquiera. Una vez que tuvo algo parecido a un novio creo
que vi cómo le daba la mano, pero no lo tengo muy claro.
Me empezaron a salir lágrimas de los ojos, pero no lo asociaba con
que estaba llorando. Luzmila y Gabriela seguían cocinando algo y
hablaban en susurro para que no las pudiera oír. Ya las sombras de
las velas me importaban un carajo, tenía mis adentros llenitos de
sobras mucho más jodidas que esas sombritas que ingenuas se
dejaban mover por fantasmas sin vocación. No sé si he sido libre,
pero nunca quise y creo que tampoco sabría gestionar grilletes. Por
eso, que salgan las lágrimas que quieran, quizá no me curen los
adentros pero por lo menos me lavan los ojos y un par de
ansiedades.
Justo cuando estaba pensando en volverme acostar. Gabriela sale de
la cocina con algo en la mano.
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- Vamos comandante, que la cena está preparada y se enfrían
los frijolitos y el fufú
- Arriba cariño, ahorita estas en zona no hostil
Luzmila me ayudó a levantarme y me llevó hasta la silla. Habían
puesto hasta un mantel en la mesita con tres platos y vasos iguales,
que no sé de donde los sacaron, toda la vajilla que tenía siempre han
sido herencias de amigos de las piezas supervivientes de antiguos
juegos completos. Todo tenía una pinta estupenda, había hasta vino,
pero apenas tenía ganas de comer y eso que el fufú me encanta.
Gabriela se me quedó mirando con su gesto de siempre.
- Dele comandante y haga el puto brindis de siempre que me
encoje el estómago y el alma
- Hoy no tengo ganas de brindar por nada
- Pues hoy te jodes y lo hago yo. “Por los ausentes y los
presentes. Salud para los justos”
Luzmila sonrió por la actitud de Gabriela y empezamos a cenar.
Todo estaba riquísimo, además la tristeza me hace comer despacio,
cosa que me vale para saborearlo mejor. Bebimos la botella de vino
y sacaron dos botellines rellenos de ron chispatren que lo rebajamos
con unos chorros de limón estrujado.
Para rematar nos fumamos un cigarrito de la risa, que no nos dio
demasiada. Así de apoco nos cogimos una curda que terminamos
babosos tirados en el piso. Luzmila empezó con sus preguntas.
- Prepárese comandante que disparo.
¿Qué gente no nos gustan?
- La gente que dice; ven
- ¿Qué gente nos gusta?
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- La que dice; vamos
¿Porque nosotros queremos ser de mayores?
- Monobos (pan paniscus) palpitantes
- Nuestro deseo más febril ¿es?
- Ser buenos, subir al cielo y matar a Dios
- ¿Y la frase del día es?
- Muéstrame a un héroe y te contaré una tragedia. De F. Scott
Fitzgerald
- Joder, joder, joder comandante siempre me jodes con las
respuestas
Y de pronto se escuchó a Gabriela que estaba en una de las sobras
que hacían las velas, decir.
- Pues a mí me gustan las respuestas que da el comandante.
Lo que no me gusta es que nunca me ha mirado el escote,
ni el fondillo. Ni me ha dado un tortazo bien dado, ni azotes
por ser mala y ni me ha tomado encima de la cama
De repente se hizo un silencio, que hasta las velas y los fantasmas
no vocacionales se quedaron inmóviles. No sabía que decir, dos o
tres ratos después aprovechando la luz de un viejo almendrón (carro
de los años cincuenta) que pasó por la calle. Dijo Gabriela.
- Vamos a fumarnos otro cigarrito, que este no nos ha hecho
risa
Luzmila hizo otro cigarrito, que tampoco nos hizo reír demasiado,
y así poco a poco fuimos cayendo a los mundos de las catatonias
inducidas. Nos acostamos los tres en el colchón y las digestiones
del vino, el chispatren y los porros hicieron el resto.
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De mañana nos intentó despertar el sol que arrasaba la habitación.
Pero Luzmila puso una colcha de cortina que atenuaba las pupilas.
Empezamos a dejarnos querer por el colchón en duermevela,
alguien acariciaba a alguien, y empezaba a subir los apretones de
caricias cuando…
“Aprendimos a quererte, desde la histórica altura, donde el
sol de tu bravura, le puso cerco a la muerte. Aquí se queda
la clara, la entrañable transparencia, de tu querida
presencia, comandante Che Guevara…”
Cantado a coro por Carlos Puebla y la anciana vecina del primero,
tan entusiasta como siempre, que quiso empezar así ese día de
domingo. Eso significaba que la vecina ya había regresado y la
electricidad también.
Gabriela se levantó, se puso algo de ropa y vi como salía por la
puerta, dejándola entreabierta. Luego oí algo en el patio, y de
repente se apagó la música. Regresó Gabriela cerró la puerta con
cariño para no hacer ruido, se dejó caer la ropa y volvió acostarse.
Yo me acerqué a su espalda y poniendo mi pierna encima de su
cadera, le pregunté susurradito.
- ¿Has hablado con la ancianita del primero?
- Claro, la he pedido por favor, que hoy no pusiera música
que estábamos los tres muy perjudicados de tomar tragos
- ¿Y ella que te ha dicho?
- ¿Que si era la novia del profesor comandante? La he dicho
que una de ellas. Me ha sonreído y ha quitado la música
- Gracias…
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- Nada de gracias, esto me lo pagas. Esta noche quiero que
seas mío, haciéndome tuya. Llevo mucho tiempo soñando
con este momento. Espero que me azotes duro y con cariño
Ella abrazó a Luzmila y yo a ella, así nos dejamos dormir hasta el
mediodía. Cuando me desperté estaba solo, ya habían recogido y
limpiado todo. Me tomé dos paracetamoles y una ducha, para que
se me pasara la resaca, el sol ya solamente daba de lado y hacia una
luz ocre con la colcha/cortina colgada.
Me senté en la mecedora para la espera de la conquista de los
paracetamoles a mis cefaleas resacosas. Empezó aparecer otra vez
el sueño y me dejé llevar por él.
“Las cenizas de Bryan llegaron por barco al puerto de Finisterre, le
estábamos esperando tres compañeros, su hermano, su mujer
Nekane y su hijo Alex de sólo dos años. Vivian desde hace tiempo
en Finisterre.
A este galés bigotón, bebedor de cerveza e ingeniero naval, le
habían matado en la guerra civil del Congo, en plena evacuación de
niños esclavos de zona minera del coltán. Una brigada de niños
soldados atacaron el segundo convoy y a Bryan como jefe de misión
le cortaron primero las manos a machete y después le remataron con
una ráfaga de cinco tiros en el pecho, matando a todos los niños
evacuados y demás personal local.
Fue una masacre de treinta y dos personas, que no pasaran a los
anales de la historia. Únicamente se salvaron los diecinueve niños
que iban en el convoy de Catherine. Precisamente fue a ella a quien
le tocó comunicárselo a la familia, creo que es de las cosas más
duras que nos tocan hacer a los supervivientes.
Nos dieron la urna mortuoria y nos montamos en el barco de pesca
que teníamos preparado y salimos hacia mar abierto. Cuando ya
apenas se veía la costa, el hermano de Bryan paró los motores y
sacó de una funda su gaita, inflo el fuelle y empezó a tocar una
canción tradicional galesa que Bryan solía cantar cuando estaba
78
muy tomado. Catherine dejó de abrazar a Nekane e intentó decir
algunas palabras pero no pudo, todos nos morimos un poco más
viendo a Catherine intentar hablar de Bryan, Nekane se abrazó de
nuevo a Catherine, yo cogí la urna y miré a Nekane que me asintió
con la cabeza. El hermano de Bryan no dejaba de tocar esa vieja
canción que tantas veces habíamos oído cantar a nuestro camarada.
Abrí la urna y el aire empezó a sacar sus cenizas esparciéndolas por
el aire frío de esa mañana atlante. El mar estaba también de luto,
oscuro y triste. Sólo pude decir.
- Hasta siempre compañero, gracias por compartir con
nosotros tu sonrisa, tus preocupaciones y tus chistes malos.
Te queremos
- Todos tiraron al mar las flores. Nekane puso a Max la gorra
de su padre y le dio unas viejas botas de militar que Bryan
solía llevar para que las tirara también al mar.
- ¡Camaradas! ¡Saluden al amigo combatiente muerto! ¡Por
las Brigadas Internacionales, por la lucha social!
Todos los camaradas nos pusimos en saludo militar, en su grado de
comandante. Estrella de cinco puntas y barra ancha amarilla. Todos
lloramos y moqueamos lo más dignamente que pudimos Estuvimos
así hasta que el hermano creyó que era momento de regresar a
puerto y dejó de tocar la vieja canción tradicional galesa. Agarró el
timón y pegó vuelta, el viento, el mar y las lágrimas nos salaban los
labios y la cara, Nekane (dolores en euskera) abrazaba a Max con
fuerza. Catherine me agarró de la mano, nadie decía nada.
Regresamos a puerto”.
Decidí regresar del recuerdo y fue un regresar triste. Me levanté de
la mecedora que asustada crujió un poco, quité la cortina/colcha, el
sol de tarde y la soledad lo invadió todo. Me di un paseo por la
cocina y vi en el refrigerador los restos de la cena, y me hice un
combinado que me comí en la mesita mientras miraba por el
ventanal, las afueras. Después de disfrutar de la comida y del cielo,
me entró un cansancio al cual contesté con un paseo en la calle. No
79
quería volver a dormir, por si volvieran las pesadillas o los
recuerdos que nunca supe diferenciar sobre ellos.
Las calles estaban llenas de tarde de domingo, niños jugando a
pelota, ancianos apostados en sus mecedoras en portales como
vigías del tiempo y de niños. Bicicletas de casi paseo y carros que
pasan al fondo del fondo.
Las casas decían que estaban visitadas y descansantes, alguna radio
puesta pero sin bulla, y adolescentes que están en la bobería de risas
y ademanes histriónicos demostrando un algo al resto de la pandilla
intentando encandilar a sus amores púber. El paseo me iba sentando
bien, aunque todavía estaban rezumantes los recuerdos. Al pasar
una calle vi un carro que bajaba deprisa y di tres o cuatro zancadas
para pasar la calzada, eso me descolocó la ropa, al colocarme los
pantalones me di cuenta que no tenía en el cinto mi cuarenta y cinco
y casi tuve miedo.
Eso me puso triste y tomé el camino de regreso al apartamentico
sin disfrutar tanto del paseo. Como me jode que una pequeña
anécdota me vire la cabeza. Bueno, está todo demasiado cercano,
siempre está todo demasiado cercano, como un volver a empezar en
un tiovivo de vida de locos con algunas respuestas. Sabemos los
ciclos por los que vamos a pasar, pero cada misión me deja alguna
nueva cicatriz indeleble, que se va sumando a las demás y me va
haciendo una cartografía en la piel que no me gusta ver, ni enseñar.
A unas cuadras de casa reconocí a unas compañeras de universidad
que no tenía ningunas ganas de verlas, bajé la cabeza y empecé
andar algo más rápido, pero me reconocieron.
- Don Diego, Don Diego, ¿dónde va?
- Hola que tal, voy ya para casa, salí a dar un paseo
- Que sepa que nos encantó su ponencia de ayer. Era todo tan
crudo pero a la vez tan verdadero… Bla, bla, bla, es que
tiene usted unas cosas bla, bla y bla…
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Seguía hablando la profesora Fernández Yunque, mientras se
colocaba las cintas del sujetador, para que las tetas se les parecieran
más a unas amígdalas que a unos pechos. Después empezó con las
poses de cabeza de medio lado, forzando cervicales y miradas con
caída de ojos ensayadas en el espejo, pero que la hacían parecer más
límite aun. La verdad es que era guapa con unos ojos negrazos
preciosos, unos pezones punzantes y caderas italianas deseosas,
pero empezaba hablar o a moverse y lo jodía todo.
- La verdad es que no tenía la ponencia muy preparada, estoy
casi recién llegado y algo descolocado de cambio horario y
de continente
- ¿Sí? ¡Vaya!, qué interesante, jamás nos habla de tus
misiones aventureras por áfrica y por el mundo, ¿pero usted
se dedica a dar charlas por esos países también?
- No, suelo ir a otras cuestiones
- Tiene que ser muy enriquecedor eso de conocer otras
culturas, y muy de caridad cristiana, aunque yo no digo que
usted lo seas, bueno lo de cristiano entiéndame. A ver si
quedamos y me cuenta… (Bla, bla, bla, me subo las tetas
más, bla, bla, ahora le toco la mano…)
Creo que la úlcera me empezó a sangrar en ese momento, pero
intenté aguantar. Las otras dos profesoras que la acompañaban, que
tenían similar coeficiente, pero menos interés en comerme la polla,
se estaban dando cuenta de la situación y las veía como miraban al
suelo o a los alrededores con vergüenza ajena.
- Bueno, es que tengo algo de prisa, ha sido un gusto verlas,
un saludo
- Adiós Don Diego
Contestaron las tres a la vez, con sonrisa de dientes, como trillizas
con idiocia congénita. Salí caminando hacia el apartamento. No
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sabía si ducharme de nuevo por si me habían pegado algo las
trillizas idiotecitas, o sólo leer algún libro que me congratulara con
el universo.
Al llegar al bloque boté el cigarro que llevaba antes de ascender al
apartamentico.
- Buenas tardes Profesor Comandante. ¿Qué, de dar un
paseo? ¿La noche de ayer fue dura, eh? Esta mañana conocí
una de sus novias, muy educada y guapa. No le conocía yo
ninguna novia y de repente tiene dos. De todas formas es
usted demasiado solitario y no es bueno para alguien que le
empiezan a salir canas
- Buenas tardes, Doña Angélica sigue estando usted más
joven que nunca. ¿Hicimos mucho ruido anoche?
- No hijo no, si yo estoy medio sorda aunque ponga intención
en oíros, no podría. Me alegro de verte tan bien
acompañado. Si necesitas algo ya sabes dónde estoy
- Gracias Doña Angélica, sigue siendo usted la más guapa
del barrio
- Anda zalamero, ya me previnieron a mí de pequeña de
halagadores como usted
Nos reímos y la despedí con la mano. Cuando entré en el
apartamento el aire estaba levantando papeles y polvo, cerré un
poco el ventanal, busqué un libro para quitarme la urticaria que me
habían dado las trillizas y tomé el primero que vi, me quite la
sandalias, me senté en la mecedora poniendo los pies encima de una
silla y dejándome caer las gafas un poco hacía la punta de la nariz
(joder que rápido estoy perdiendo vista)… empecé a leer.
Poco a poco la luz se iba yendo hacia otras tierras, puse el flexo en
la mesita y seguí leyendo. Qué bueno es algunas veces no tener
memoria, así puedes disfrutar de un buen libro dos o tres veces. Los
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ojos se me cansaron, dejé el libro en la mesita y apagué la luz del
flexo.
La luces de la ciudad se metían por el ventanal, era domingo y las
gentes se recogían temprano para el día siguiente empezar a
resolver la vida algo más descansados. No tenía ganas de pensar en
nada y empecé a inflar un gran vacío desmemoriado como un globo
que ocupara toda la habitación y no dejara entrar ningún recuerdo
ni malo, ni bueno. Sonó la puerta. Yo estaba de espaldas a la
entrada.
- ¡No hay nadie! ¡Es fin de semana y estoy fuera!
- Que sepas que he traído las llaves de Luzmila, si no me
abres las usaré
- Pues si las tienes por qué no las usas coño y así no me
levanto a abrirte
Gabriela abrió, cerrando despacio y poniendo el cerrojo, y yo sin
dejar de mirar al ventanal.
- Hola Gabriela. Se me había olvidado que dijiste que ibas a
venir, no sé si es este buen momento para lo que quieres
- Sé que este es buen momento, hace tiempo que quiero
sentirme dominada y siempre supe que sería contigo.
- Cuando regresas de las misiones siempre te veo cargado de
rabias y de furia que espero, las descargues en mí.
- No digas nada más
La noche fue sudorosa, dura y fatigosa. Los dos conseguíamos
sobradamente lo que queríamos del otro y eso nos hacía ir un paso
más allá, y más allá, hasta que el cansancio nos pudo casi al
amanecer, nos quedamos exhaustos.
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Yo relajado y Gabriela sonriente y jadeante en la certeza, que da
tener razón. Nos quedamos dormidos. La luz empezó a entrar sin la
cortina/colcha puesta. Gabriela disfrutaba de sus marcas de azotes,
y yo de unas horas de sueño reparador y sin pesadillas. Nos
abrazamos, tapándonos la cabeza con la sabana. De repente Doña
Angélica dio por finalizada la tregua. Y Don Carlos Puebla volvió
a cantar a dúo con nuestra vecina alégrela.
“Aprendimos a quererte, desde la histórica altura, donde el sol de tu
bravura, le puso cerco a la muerte. Aquí se queda la clara, la
entrañable transparencia, de tu querida presencia, comandante Che
Guevara…”
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NIÑAS DE BOTADERO
Una se llamaba Cristal y más o menos tenía unos once años, la
pequeña Ariché unos cinco o seis. Vivian en un barrio arrabalero de
una ciudad del nordeste de México, en el estado de Nuevo León.
Su supuesta madre murió del crack y de las ganas que tenia de no
vivir. La llamaban “la risitas”, porque entre otras cosas era
prostituta barata y confidente de la policía. Un camello la rajo la
boca haciéndola más larga, la tuvieron que dar dieciocho puntos.
Luego al camello le mató un coyote (pasador de inmigrantes a
EE.UU.) en una pelea a cuchillo por otra puta.
La Risita hacía mamadas por unos veinte pesos (un dólar) y
chingaba por treinta (un dólar y medio). A Cristal la ponía en el
mercado chupando vergas por cien pesos (cinco dólares) para
comprar algo de crack. Yo conocí a las niñas en el botadero viejo
del norte de la ciudad, eran donde se refugiaban a pasar las noches
cerca de donde descansaban los trabadores del vertedero, allí se
sentían protegidas por el techo y los operarios. Algunas veces les
llevaban algo de comer.
Durante unas semanas estuvieron recogidas en el hospicio de las
hermanas de perpetuo socorro donde un sacerdote salesiano
obligaba a Cristal a que le chupara la polla, mientras él le metía un
dedo en el culo a la niña. Después, de mañana, daba la charla a los
niños sobre Don Bosco y la pureza de la infancia. Una tarde Cristal
agarró a su hermana, saltaron por una ventana y marcharon de
nuevo al botadero viejo.
La pequeña Ariché (nombre tarahumara que significa atardecer)
apenas hablaba, sólo decía algunos monosílabos y lo demás eran
sonido guturales y gritos. Tenía un retraso importante nació
sietemesina, con muy poco peso y su madre en plena crisis de crack.
Nadie creía que se iba a salvar, pero ahí estaba la pequeña, siempre
llenita de mierda, piojos y lombrices. No se dejaba tocar por nadie
exclusivamente por su hermana, aunque no teníamos claro que
fueran hermanas de sangre.
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Ariché se defendía a mordidas y patadas si alguien la tocaba. Nos
contó la asistente social que las intentaron secuestrar para
prostitución o para tráfico de órganos y Cristal le clavó una pluma
en el cuello a quien las vigilaba y se escaparon, cuando llegó la
policía ya se había desangrado. Las niñas en la comisaría central
estaban tan tranquilas, como si no hubiera pasado nada, Ariché
jugando con unas bolsas y Cristal durmiendo en un banco de la sala
de espera.
Hacían pedidos y mandados a los mafiosillos locales a cambio de
unos centavos o algo de comida, la ropa y demás cosas las sacaban
de la basura. Siempre iban juntas una detrás de otra, casi siempre
descalzas en calles descalzas. Los días de lluvia solían quedarse
detrás de los almacenes del mercado donde rebuscaban entre las
cajas algo de fruta para comer.
De la procedencia de Cristal nadie sabía nada, de repente apareció
Calvina Bimorí Mendizabal todavía no era la risitas, con una niña
de unos tres años que la puso el nombre de Cristal porque así se
llamaba un culebrón que le gustaba a Calvina Bimorí, por eso todo
el mundo creía que no era hija biológica suya.
Calvina Bimorí era tan gorda que nadie sabía cuándo estaba preñada
y cuando no, normalmente siempre perdía los embarazos de alguna
paliza de cualquier borracho o de sobredosis de alguna mierda.
En el última criatura que perdió, la encontraron tirada detrás del
matadero, medio muerta del desangre con un feto de unos seis
meses entre sus piernas.
Tardó muchos meses en recuperarse, incluso en el hospital hacía
mamadas a los enfermos para sacar plata para las medicinas. Pero
durante ese tiempo cogió la gonorrea en el hospital y tuvo que
mamar más pollas para pagar los antibióticos.
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Desdentada de ostias, caídas y mala alimentación solía sonreír
únicamente por el lado que tenía más dientes. Siempre olía a meado
rancio, había tenido tantos abortos que se la había caído la matriz y
apenas le funcionaban los esfínteres. De vez en cuando la veías
medio desnuda y despatarrada, limpiándose con algún trapo el coño,
los sobacos y por debajo de las tetas.
Las niñas solían estar jugando a su alrededor. Todos los domingos
iban a las chorreras de la fábrica de papel, donde el agua sale algo
limpio, se lavaban la cara y peinaban un poco para asistir a la misa
de doce, en la ermita de los santos custodios.
La risitas, se ponía un pañuelo en la cabeza que alguna vez fue
blanco y se quedaban fuera al lado del ventanal, no las dejaban
entrar por estar llenitas de piojos y mal olientes. Había domingos
que se echaban colonia barata en la cabeza, que únicamente las
producía unos picores terribles y una mezcolanza pestosa
insoportable.
El chile siempre la soltaba el vientre, y pocas veces podía
controlarlo. Pero el ágil era la única cosa que quitaba el sabor acido
a la comida pasada que encontraba en la basura. Las niñas no solían
comer lo que cogía la madre, cuando tenía ataques de ansiedad y no
tenía ninguna mierda que meterse por la nariz o en vena, comía
compulsivamente cualquier cosa que encontraba y daba alguna
golpeada a las niñas, porque sí. Ellas sólo la acompañaban y la
arropaban con algo cuando se desmayaba por enfermedad, anemia,
drogas, o por todo a la vez.
La muerte la tenía desde hacía tiempo en su lista de preferentes. El
atardecer ya estaba preparando la noche. El viento del sur llevaba
polvo que sabía a las fábricas de plásticos de las petroleras y las
calles eran como de cualquier relato de Juan Rulfo. Calvina Bimorí
había conseguido unos cuatrocientos pesos, por las mamadas que
hizo Cristal de mañana a tres gringos borrachos trabajadores de las
petroleras.
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Tomó la plata y buscó a Venancio Pardines, el camello más feo y
contrahecho de todo el valle, pero que de vez en cuando le prestaba
algo de mierda.
Le compró todo lo que la quiso dar por los cuatrocientos pesos y se
fue a empezar a meterse detrás de las cocheras de los guajoloteros
(autobuses) las niñas siempre iban detrás, como dos mosquitas
silenciosas. Sacó una pieza de papel aluminio, las cerillas y el crack,
y empezó a meterse todo lo que pudo dé a puros golpes de humo.
Cayó sobre si misma mientras vomitaba. Las niñas no lo vieron
hasta el amanecer, fueron a llamar a Venancio Pardines para
decirles de su mamá estaba muerta. La enterraron sin caja, sólo con
un sudario en la fosa común del cementerio nuevo, únicamente
asistieron las niñas, Venancio Pardines y la Parisina vieja prostituta,
que había sido Madame. Ni el párroco de la ermita de santo socorro
quiso ir a decirle los últimos rezos. Nadie vio llorar las niñas en
ningún momento.
Cristal tenía unas piernecillas largas y delgaduchas, con las que
andaba dando grandes zancadas, la pequeña la seguía detrás con sus
pequeñas y rechonchas piernecillas con andares de geisha borracha.
Una mañana lluviosa al hijo de Fulgencio Recarero le fallaron los
frenos del carro y en el derrapaje se llevó por delante a la pequeña
Ariché. Del golpetazo se le rompieron el cubito y el radio del brazo
derecho y le tuvieron que extirpar la vesícula.
Los días que estuvo la pequeña en el hospital, Cristal no podía ir a
visitarla porque la buscaban los de asuntos sociales para meterla
junto a su hermana en alguna casa cuna o regresarlas al hospicio de
las hermanas del perpetuo socorro, sitio que conocían muy bien
Ariché y el culo de Cristal.
Estuvo desaparecida durante unas semanas escondida con un grupo
de centroamericanos que iban camino de estados unidos y el coyote
los había abandonado en un apeadero de tren a unas seis millas de
la ciudad.
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Cristal se acercaba algunos días por las vías hasta su barrio donde
recogía algo de comida de la basura y si la parisina estaba muy
tomada la robaba algo de la nevera. Siempre se lo comía todo de
camino, para que no se lo quitaran los sureños.
Una noche que estaba dormida entre unas vigas la arrastraron de
los pies hasta fuera del apeadero, tres mareros salvadoreños la
arrancaron el vestido y la braguita. La violaron por todos los lados
y la dieron una paliza. Cuando despertó de la golpiza y la violación
todavía era de noche y empezó a caminar por las viejas vías en
dirección a su barrio.
Una patrulla de la guardia de carreteras la encontró, llena de
golpetadas y chorreando de sangre entre las piernas, la habían
reventado la vagina y el culo y arrancado varios dientes. En el
hospital coincidió con su hermana donde la arreglaron lo que
pudieron y los servicios sociales las enviaron de nuevo con las
hermanas del perpetuo socorro.
Una tarde que estaban todavía convalecientes tumbadas en el
porche del pabellón de niñas, fue a verlas la madre Aránzazu, monja
superior del centro, una española anciana y achaparradita, que no
había crecido más por la mala sangre que tenía. Se acercó a Cristal
y mirándola con el desprecio que miraba siempre a los pecadores
pobre.
- Ya únicamente te falta engordar doscientas libras y serás
igualita que tu madre. Tan puta y desdentada
Cristal no dijo nada y la pequeña sólo jugaba con una muñeca de
trapo que le había llevado al hospital la parisina. La madre
Aránzazu se fue refunfuñando algo sobre las hijas del pecado y las
hogueras del infierno, son todas unas putas medio indias.
Putona española de la chingada, cuando pueda te sacaré las tripas
por el culo. Pensó Cristal para sus adentros mientras la veía irse
hacia el interior del pabellón
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Todas las mañanas tenían que cantar el himno nacional y rezar un
rosario antes que el padre Pepino les diera el sermón sobre la pureza
de la virgen María y los mandamientos de Dios.
Cristal sólo quería recuperarse para tomar a Ariché y poder escapar
de la cárcel de las putas vestidas de hábitos. Las monjas maltrataban
y maldecían a los niños del hospicio por ser fruto del pecado y tener
tatuada la maldición divina en sus cuerpecillos y a la vez conjuraban
contra el aborto por ser un asesinato de inocentes. El padre Pepino
ya sabía que no podía hacer nada con Cristal por tener la boca
destrozada y el culo desgarrado, tampoco con la pequeña porque no
se dejaría tocar.
Pero de vez en cuando se pasaba por el pabellón de las niñas con
unos pesos, y se llevaba alguna a su despacho para que le chuparan
la polla y después le lamieran bien el corrido.
Una mañana después del rezo, Ariché se escondió en la cocina
dentro de unos armarios, donde guardaban el azúcar y la harina de
las tortillas. Las cocineras la encontraron e intentaron sacarla, pero
no pudieron y llamaron a la madre Aránzazu. Cuando llegó la
superiora, agarró a la niña de la escayola del brazo y estiró para
sacarla, Ariché pegó un grito de dolor y le dio un mordisco en la
mano que le sacó un cacho.
Cristal acudió todo lo deprisa que pudo incluso se le saltaron
algunos puntos del perineo. Al entrar en la cocina encontró a su
hermana con la boca y la cara llena de sangre y harina, masticando
un trozo de mano de zorra española, intentó sacarle el pedazo de
carne de la boca por si se envenenaba, pero no fue posible, la
pequeña gritaba y masticaba a la vez hasta que se lo tragó.
El padre Pepino al ver a la superiora sangrando le dio un tortazo
tan fuerte a la pequeña, que la cabeza la rebotó contra la puerta del
armario y cayó tan de golpe que se rompió la escayola. Las tuvieron
que llevar a las dos de nuevo al hospital. Desde allí después de
mucho insistir los servicios médicos se encargó del caso la fiscalía
de menores. Era un caso complicado, las niñas carecían de cualquier
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acreditación o partida de nacimiento, sabían que Ariché era hija de
Calvina por eso podían ponerle el apellido de la madre, pero de
Cristal nadie sabía nada.
Mientras intentaban arreglarles los papeles, Fulgencio Recaredo
padre del inútil que atropelló a la pequeña, entregó algo de plata por
los gastos del hospital de las niñas y para medicinas.
Los servicios sociales al ver que iban a tardar bastante los trámites
de los papeles y documentación, y no teniendo un lugar donde
acogerlas, decidieron llevarlas a una casa cuna de la ciudad de
Monterrey capital de Nuevo León. El viaje fue muy expectante,
jamás habían salido de su ciudad, llevaban vestidos nuevos y
zapatillas, iban solas en la furgoneta con una acompañante y el
conductor, había zonas montañosas lindas de ver.
Ariché no hacía mucho caso al paisaje, estaba más entretenida con
su muñeca de trapo. A Cristal le encantaba ver montañas verdes,
cuando se acercaron a la capital se quedó alucinada de ver una
ciudad tan grande, parecía que no terminaría nunca, la casa cuna
estaba en un barrio cerquita de un río no muy limpio, la furgoneta
se detuvo y una mujer con sonrisa grande y vestido largo, las estaba
esperando.
- Hola Cristal, hola Ariché, soy la educadora Aldonza
Saldaña y vais a vivir en esta casa cuna de momento, espero
que os guste.
Cristal no dijo nada, agarró a la pequeña de la mano buena y
entraron dentro, las paredes estaban llenas de dibujos y colorines,
había más niños en el patio jugando, algunos tenían la misma
mirada ida que Ariché. Las enseñaron donde iba a ser su habitación,
cada una tendría una cama y el sitio era bonito, después las bajaron
al patio. Doña Aldonza llamó a los niños
- Niños, niños estas niñas se llaman Cristal y Ariché y a partir
de ahorita van a vivir con nosotros, espero que os llevéis
muy bien con ellas y seáis buenos amigos
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Mirando a las niñas les dijo;
- Quedaros por acá jugando un ratito, mientras voy a recoger
vuestros papeles. ¿Vale?
Se quedaron sentadas en un rincón del patio, mirando como jugaban
los demás niños, unos estaban con una pelota, otros al corro y
algunos al fondo estaban con juguetes. Ariché los observaba
extrañada y pero tranquila. Una niña del fondo que tenía los ojos y
la mirada ida, se acercó a Ariché, le tocó la escayola y dijo;
- Nena, pupa
Ariché la dejó que la tocara y sin moverse, digo;
- Pupa
Cristal no decía nada, las niñas seguían mirándose, y se señalaban
con el dedo relatando algo. La niña le quitó la muñeca para mecerla
y Ariché comenzó a gritar, la niña asustada la tiró al suelo y salió
corriendo.
Los días iban pasando, las rutinas y los horarios eran asumidos de
apoco, Cristal empezaba a sentirse segura y empezó hablar algo con
las niñas y las educadoras. Ariché empezaba a dejarse tocar por
algún niño de mirada como la suya. Doña Aldonza seguía siendo
tan paciente y cariñosa como siempre.
Una tarde después de comer. Doña Aldonza mandó llamar a Cristal
a su despacho.
- Mira Cristal ya eres mayorcita y sería bueno que
aprendieras a escribir y estés con más niñas de tu edad en
el colegio, mientras nosotras cuidaremos de tu hermanita.
¿Te parece bien?
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Cristal asintió con la cabeza, incluso creo que puso una sonrisa.
Marchó a la habitación para preparar la mochila del colegio. Esa
noche casi no pudo dormir de la emoción. A la mañana siguiente
después de desayunar le esperaba un autobús escolar que la llevó
hasta el colegio, donde sola sin su hermanita, se sintió una niña más,
entre muchas que estaban aprendiendo cosas.
Era lo más parecido a estar contenta que había vivido en su vida.
Cuando terminaron las clases la fue a recoger un educador, ella
montó contenta en el carro. De regreso a la casa cuna cuando
pasaban el puente del río, un camión manejado por un borracho
chocó con el carro, el choque fue tan fuerte que el carro se precipitó
al río.
Aliché seguía jugando con los niños en el patio de la casa cuna.
93
UNA TARDE EN EL PLANETA
El bar estaba medio vacío de gente y de luz, me escondí en él, para
huir del sol y del mundo. Pedí un trago de ron añejo, la tipa de detrás
de la barra tardó un rato en entender lo que quería, pero al final la
única neurona que tenía no fumada reaccionó y me puso el trago.
La pobre ameba con escote se me quedó mirando con la misma
extrañeza que miraba al mundo o a un crucigrama.
En el fondo de la barra estaba una pareja, que parecían ser amigos
de la camarera y flotar en el mismo planeta.
- O sea, es que, es que hace un calor insoportable
- Es que en Barna es así de húmeda en verano. Chica
Dijeron las dos especímenes de protozoos rubias de bote. El chico
no decía nada sólo miraba su mano y la puerta. Fue cuando me
confirmaron que había entrado en el bar más “rosa” de la zona del
Borne, pero era el único que estaba abierto y creo que lo estaba, -
porque no sabían ni qué hora era, ni de qué día y quizás ni de qué
siglo. Le pedí otro trago a la princesa rosa.
- Ponme otro trago, pero sin hielo y con una rodaja de limón,
si puede ser
- ¿Pero de lo mismo? ¿Y sin hielo me has dicho?
- Sí y si tienes una rodaja de limón me la pones al lado. ¿Me
has entendido?
- Claro le entendido
Me dijo la ameba masca chicle, mientras me ponía un vaso con el
ron, otro con una rodaja de limón dentro y otro sólo con hielos.
- Gracias, talentosa
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Le dije a la superdotada. Ella me sonrió con risa de niña que le han
hecho una aprobación sobre lo bien que hace los palitos en el
cuaderno.
- De nada. ¿Ve, como si lo he entendido?
Desde el fondo se escuchó la voz pito de su congénere femenino.
- Es que Marichu es muy lista… terminó magisterio y sólo
repitió dos años
Yo ya algo calentito de los tragos y el cinismo supurándome por la
piel, dije con mi sonrisa más incisiva…
- Ya lo dijo Isaac Newton “Puedo calcular en movimiento de
los cuerpos celestes, pero no la estulticia de la gente” salud
Y levanté mi vaso para brindar. Las dos neuronas con sujetador de
diseño levantaron sus copas con algo rosa dentro y dijeron algo
confusas, pero a la vez;
-¡Salud!
Y dieron una risita a la vez que tomaban un trago. Era imposible,
para llegar a la ironía necesitarían unos treinta mil años más de
evolución, o sus madre tomaron muchos optalidones en los
embarazos, entonces ya era irreversible. Pensaba mientras miraba
como se deshacían los hielos del vaso sobrante.
- Marichu ponme otro trago
- Aajá
Dijo, mientras estiraba el chicle con los dientes y el dedo. Preparó
otros tres vasos, cada uno con su componente de hielos, rodaja de
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limón y ron. Y me los puso delante con sonrisa de “mira que lista
soy que no ha hecho falta de que digas lo que le tenía que poner”.
- Good boy, good boy. Good rich girl. (Bien perrito, bien
perrito, bien hecho pija) le Dije con mi inglés de mierda. A
lo que ella contestó como si la hubiera dicho un elogio…
- Thank you very munch. (Muchas gracias)
Me reí pero triste, estrujé el limón en el ron y eché el trozo dentro
del vaso, le di un meneo y pegué un lingotazo. Los ojos ya estaban
rojizos de los rones y de las ganas que tenia de morirme un rato, por
eso apuré el vaso, y pedí otro trago. Marichu me puso el trago
compartimentado en los tres vasos correspondientes, uno con
hielos, otro con rodaja de limón y el último con el ron. En ningún
momento se dio cuenta que yo no usaba el hielo para nada. Saqué
un billete grande y se le di.
-Toma y me vas poniendo tragos hasta que se termine
- vale
Dijo ella, siempre sonriente, sin saber bien cómo se hacía la fórmula
de conversión de un billete de cinco mil pesetas en tragos de ron.
Dejó el billete encima de la caja registradora e intentó averiguar
cuántos tragos serían, pero no lo logró porque le faltaban o le
sobraban dedos en el cálculo. Sonrió subiendo los hombros, como
si después de un rato se le ocurría alguna idea para solucionarlo.
Pasó de complicarse la vida y siguió charlando con la pareja del
fondo, el chico seguía mirándose la mano y sonriendo. Las dos
congéneres se fueron un momento al baño y salieron sacudiéndose
la nariz.
Yo intentaba quitarme la saliva de la boca con los tragos, seguí
pidiendo, hasta que la ameba sonriente con un poquito de sangre en
la nariz, me servía los tragos cada vez que los terminaba. Alguien
entró a por tabaco y se marchó, yo no me moví a ver quién era.
96
Al Igual que el número áureo está en casi toda la naturaleza, el
chicle impregna en estas especies que se han desarrollado en las
sociedades capitalistas. Llamadas pijas. Que partieron de la
burguesía para llegar a lo más alto de la nada autocomplaciente.
Hacía sólo dos semanas estaba en otro planeta donde la muerte te
toma los atajos y donde la vida va en serio. Regresábamos de una
entrega de niñas y madres en zona barbuda, evacuamos a treinta y
dos.
El regreso era tranquilo, la zona supuestamente no era hostil.
Nosotros nos adelantamos para ir abriendo pistas e intentamos bajar
por el cauce de un río seco para evitar una cadena de dunas que eran
siempre penosas de pasar. En el carro íbamos Alí que ese momento
manejaba el viejo Nissan seis cilindros, Amal que iba durmiendo en
el asiento de atrás y yo que iba de copiloto manejando la radio.
Detrás a unos diez kilómetros llevábamos dos carros más. La arena
del río estaba bien compacta y adelantaríamos bastante entrando por
esta parte del desierto para desembocar a las llanuras del sur.
El carro solamente llevaba original el motor, lo demás estaba
restaurado de trozos de otros artefactos. Los asientos no sé de donde
eran pero llevaban cinturón de seguridad de avioneta y el
salpicadero eran piezas atornilladas a una madera, que iba atada a
la carrocería. Íbamos tranquilos después de la misión cumplida.
Aunque seguíamos armados, por si acaso. Alí seguía cantando
canciones de música “rai algerie” De repente nos cruzó una ráfaga
de un alto de la orilla del río, que reventó la rueda y le dio Amal en
la pierna derecha, Alí frenó pero chocamos contra un montículo de
arena y restos de alguna crecida, del frenazo y del golpe yo me caí
sobre el salpicadero dándome con la cabeza contra la radio, en eso
escuché los gritos de dolor de Amal y una segunda ráfaga que
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reventó el cristal de mi ventana, yo seguí con la cabeza agachada
hasta que vi como escurría sangre el cristal del parabrisas.
A Alí le habían dado un disparo en la garganta e intentaba taparse
el agujero con las manos pero a cada respiración era un brote de
sangre salpicante, Alí cayó de golpe contra el volante.
Tomé el Ak y me dirigí hacia el cabrón que nos había disparado. Mi
miedo y mi razón me decían que sólo debiera pedir apoyo por la
radio y cuidar de Amal, pero estaba ya muy cansado, después de
una misión se suele estar muy cansado de todo, incluso de
sobrevivir.
Empecé a disparar hacia donde suponía estaba el cabrón que había
matado a Alí con una bala que iba para mí, él se puso de rodillas y
me seguía disparando con ganas.
En un intercambio de disparos no muy certeros escuché que le había
dado. Subí la pequeña pendiente de la orilla del río seco y me le
encontré con un disparo en la barriga. ¿Quién cojones era ese tipo?
¿Por qué cojones nos ha disparado? ¿Qué polla hace por acá y solo?
Cuando vi que intentó coger su pistola le metí el resto del cargador,
si cada cargador tiene treinta proyectiles no sé cuántos le metí a ese
hijo de perra.
No fui humanitario, ni tuve clemencia, le maté como se mata a una
hiena que acaba de robar un niño recién nacido y lleva los restos en
su boca. Ni me detuve a mirar quien era o si había alguien por los
alrededores, fui ayudar a Amal, le habían jodido el peroné. Llamé
por la radio y al poco llegaron los compañeros.
Alguien me empujó y casi me caigo del taburete. El bar seguía igual.
Y ese alguien era mi puta borrachera. Se me acercó la “protozoo”
del fondo de la barra. Y con los tics en la cara de ir hasta el culo de
coca, me preguntó;
- Oye ¿Estás bien? Parece que no te encuentras en buenas
condiciones
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Yo en vez de darle las gracias por su preocupación. En pleno ataque
etílico que arrasa las capacidades de empatía y ascetismo. Le intenté
mandar a la mierda, pero sólo me salió.
- Sabes, la vida es un cúmulo de casualidades que puestas en
orden hacen tu historia. Y el amor es una enfermedad que
produce discapacidad transitoria, y dura lo que dura la
enfermedad
Ella pasó de mis mierdas y se fue al baño a vomitar, cosa que yo
hice un poco después. Muchos años atrás mi compadre Antonio
empezó a decirme que dejara de escribir como un filósofo
atormentado y empezara a escribir como narrador de mis historias.
Pero nunca tuve momento o cojones para hacerlo. El dolor duele
mucho, y aunque lo mojes en alcohol o en cualquier mejunje
aliviador, siempre termina gangrenándolo todo.
El placer es algo muy distinto a la felicidad, por eso los hedonistas
no suelen tener buena cara. Pensaba, mientras vomitaba los rones y
las primeras papillas de mi infancia pobre. Salí del baño y me fijé
que el chico “mira mano” estaba dormido en un rincón, y que la
amiga de Marichu tenía un culo respingón, no sé si bonito, pero sí
respingón.
- Mira amiga de Marichu, a mí siempre me gustaron los culos
de las bailarinas de patinaje sobre hielo
- Sabes, déjame en paz, que llevas todo el tiempo diciendo
cosas como si estuvieras loco y hay veces que no te
encuentro la gracia
- El problema es que no hay gracia que buscar, pero yo te
convido a suicidarte, y a una copa, también
- Vale. Marichu, ponme un vodka con bíter que me invita
este chico
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Marichu le puso la copa y me trajo los tres vasos de mi trago. Puso
música, me daba igual, lo que pusiera me iba a molestar lo mismo.
Siempre creí que llegaría a ser un hijo de puta y hacía tiempo que
lo había conseguido. Todo es tan humano como la guerra, la
crueldad o la venganza, yo ya había llegado tranquilamente a ser
cruel y creer profundamente que el mejor perdón es la venganza.
Echaba de menos mi pistola, siempre es bueno tener un arma a
mano para quitar la vida de cualquier hijo de perra o para quitársela
uno cuando crea que es el momento. Después de ejercer de dios
durante tanto tiempo, decidiendo quien sobrevive y quien no, se te
crea una pátina de suficiencia que como no te laves bien con
estropajo, te termina devorando. Seguía con el sabor del vómito en
la boca y las rodillas. Me hubiera gustado en ese momento escuchar
Underground de Tom Waits.
- Decía el Galiano que la justica son como las serpientes
solamente muerden a los descalzos, que hijo de puta
La amiga de Marichu me parecía que me miraba un poco estrábica,
pero sólo era que quería poner cara interesante y yo estaba algo
perdido y tambaleante.
- Si me invitas a una raya, te chupo la polla
- Ok, pero no tengo farlopa
- Marichu te vende medio por cinco mil
- ¡Marichu! ¡Dame medio!
Marichu se acercó con una diminuta bolsa en la mano, con cara de
“voy hacer negocio pero no chilles tanto”.
- Marichu no te pongas así, por chillar, si estamos solos
Se me quedó mirando con cara de “pero este que dice si yo no he
dicho nada, pero sí lo estaba pensando ¿quizá será vidente?
100
- No, no soy vidente, es que tú eres muy simple. MUY simple
Ella me sonrió con cara de “pues gracias” y su amiga me agarró de
la camisa y me metió dentro del baño de las chicas, allí me quitó la
bolsita y preparó dos rallas con ansia y con ansia se metió la
primera.
- Toma métete tú la otra
- Mientras me buscaba la polla.
- Déjalo princesa, no la vas a encontrar y si la encuentras no
está para nada
Ella insistía en cumplir parte de su trato, y yo me cabreé más.
- ¡Cojones! que te estés quieta, metete la otra raya y déjame
en paz la polla
Y la di una bofetada creo que fue sin querer, pero tampoco me
importaba demasiado, ella se me quedó mirando con asentimiento
y sumisa se metió la otra raya. Se quedó un rato sentada en la taza,
con una sonrisa y agarrándome por el cinturón. Yo salí para la otra
taza y seguí vomitando dolor.
- ¿De verdad no quieres que te la chupe?
Quise llamarla algo que la doliera pero era imposible, era tan corta
y sumisa que cualquier cosa que la dijera se lo iba a tomar a bien.
Le di el resto de la bolsita y salí de los baños.
Llamé a Marichu y le pagué lo que me dijo. Y cuando quise salir
del bar me escurrí y me di un ostiazo contra la máquina del tabaco
en la cabeza justo donde me había dado dos semanas atrás contra la
radio del carro. Después de unos ratos, pude centrarme un poco y
me di cuenta que estaba sentado en un sillón del fondo y que estaba
a mi lado, la amiga de la ameba. Con sonrisa con chicle.
101
- Hola… ¿Ya estás mejor? todavía no se tu nombre
- Me llamo Einstein, Albert Einstein
- Jo, Alberto pues tu nombre me suena
- Claro princesa, tengo un nombre muy normal
Me levanté, di un beso en la frente a la amiga de Marichu y me salí
del bar. La noche había cogido la calle y el aire traía olores del viejo
Mediterráneo artrósico.
102
UN LARGO DÍA
Llegué a la ciudad unas horas antes de lo que creía, ya estaba casi
atardeciendo, esperaba llegar de mañana y volverme a mediodía
pero al parecer había manejado más rápido de lo previsto.
El carro prestado era bueno y su equipo de música estupendo, la
banda sonora del viaje la puso Susanne Ciani y Louis Armstrong.
Me alojé en un pequeño hotel de las afueras. La señora oronda de
recepción me miró extrañada con sus grandes ojos maquillados de
un verde de los años sesenta cuando le dije que quería una
habitación únicamente para una noche y que iba solo. El parqueo
del carro entraba en el precio. Subí las dos mochilas.
La habitación era sobria de un minimalismo casi absoluto. Hice una
llamada a la doctora Baeza que se alegró de oírme y me contó que
haría una visita médica, pero que en un par de horas se acercaría a
verme.
Aproveché para darme una larga ducha, metí la silla plástica que
había en la pequeña terraza en el plato de la ducha y me senté a
disfrutar de una lluvia domesticada.
Este era un viaje que no quería hacer, pero el deber, conciencia y
rango me obligaban a ello. Después de un buen rato dejándome
hacer por el agua, me sequé con unas toallas ásperas pero bien
olientes, me terminé unas tortitas para el viaje que tenía a medias,
me vestí y encendí un Gitanes.
Escondí la pistola debajo de la almohada, sólo había podido
encontrar un veintidós, mejor pesa menos y se hace mejor puntería.
Poco rato después apareció con su batita blanca la doctora Regina
Allison Baeza Caparrós antigua compañera de misiones, excelente
cocinera y bravía manejado el machete corto. Nos abrazamos.
- Hola comandante. Qué bueno volver a verle. Perdone que
me presente así sin arreglar. Por cierto, está algo cambiado
103
- Lo sé, doctorcita, cada vez estoy más viejo y achacoso
- ¡No se me cuida mi comandante!
- Lo justito para seguir en el camino, sólo lo justito. Y
cuéntame, cómo te fueron las operaciones, me comentaron
que todo muy bien, la recuperación dolorosa pero que
quedaste estupenda
- Si todo salió muy bien. No olvidado porque es imposible,
pero estoy mucho mejor cada día
La doctora empezó a desabotonarse la camisa y a quitarse el
sujetador.
- Mira que obra de arte me hicieron
- Madre mía si está perfecto, no se te nota nada y el pezón es
clavadito al otro
A la doctora Baeza en un bombardeo una chapa le cortó más de
medio pecho derecho y un trozo de hombro, después de varias
operaciones de cirugía reconstructora le habían dejado el pecho
igualito que el otro.
El hombro se notaba algo más, pero también era increíble el cambio
de como yo la vi la última vez.
- Como me alegro cariño. Te veo muy bien
- Lo estoy, además he vuelto con Tomás y los niños están
muy contentos también
- Te mereces toda la felicidad que puedas tener
- ¿Para cuánto tiempo vienes?
104
- Mañana me gustaría marchar a medio día
- Vaya, esperaba que estuvieras más tiempo. Entonces no
podrás ver a Tomás y los niños, están pasando unos días en
el pueblo de los abuelos.
- Tengo poco tiempo y muchas ganas de ver a mis niños
también
- Había quedado en cenar con una amiga, ¿pero por qué no
cenas con nosotras?
- No quiero molestar
- Claro que no molestas, además seguro que te gustará. Un
segundo la llamo y te digo
Regina tomó el teléfono de la habitación para llamar a su amiga y
cuando estaba hablando con ella se dio cuenta de la segunda
mochila que todavía estaba llena de barro. A la doctora le cambió
el color de cara, pero siguió poniendo una sonrisa ya muy forzada
pero convincente.
- Hemos quedado a las ocho, en un restaurante, Brenda
trabaja cerca de acá y pasará a recogerte sobre un cuarto
para las ocho. Por cierto ¿por qué has elegido este hotel para
alojarte?
- No lo sé, fue el primero que vi al entrar en la ciudad. ¿Tiene
algo de particular?
- Es un hotel para amantes. Se suele alquilar por semanas
- Vaya qué especializado, y qué amantes con cuanto tiempo
libre
La doctora Regina miró la hora y me dio un beso.
105
- Os espero a las ocho en el restaurante. Mientras voy a
cambiarme que vengo pringadita del trabajo. Ya hablamos
tranquilamente de todo
Regina marchó ligera hacia su casa, siempre fue muy coqueta y
seguro que no la gustó que la viera así sin arreglar. Me tiré a la
cama para seguir haciendo el vago hasta que llegaran a por mí. La
lluvia empezó golpear el tejado de zinc refrescándolo todo. Prendí
el televisor para ver algo o para tener la compañía del ruido, sólo
había culebrones, canales evangelistas y dos películas porno de los
años ochenta. Apagué el televisor, preferí seguir escuchando la
lluvia.
Por la ventana que da al pasillo exterior vi pasar a alguien vestido
de militar con pisada vigilante y que se paraba frente la puerta. Cogí
mi veintidós y me puse detrás, no llamaba ni se movía, agarré el
pomo, abrí de golpe y saqué la veintidós rápido poniéndosela en la
cabeza.
- ¡No te muevas hijo de puta!
El viento nos traía la lluvia hacia nosotros. Era una militar
colocándose la ropa. Empezó a levantar las manos despacito con su
cinturón en una de ellas.
- ¿Quién cojones eres y que haces aquí?
- Soy la sargento mayor Gutierres Bridas, creo que esto en
una confusión, tranquilícese.
- Ahora voy a bajar las manos y me marcho por donde he
venido
Yo seguía apuntándole a la cabeza, la verdad es que estaba muy
calmado, no sabía por qué, pero la doña no me daba mala espina.
La lluvia ya nos tenía remojados a los dos.
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- Estoy muy tranquilo créame doña, y se va a ir, pero con las
manos bien en altito. Ni se le ocurra desenfundar su
cuarenta y cinco
En ese momento de “tierra trágame” caí en cuenta de que esperaba
a mi cicerone que me iba a llevar hasta el restaurante.
- ¿Sargento mayor Gutierres Bridas no se llamará Brenda?
- Brenda Melissa Gutierres Bridas y usted es el comandante
Ramón
Me dijo mientras bajaba las manos y se terminaba de poner el
cinturón. Bajé el arma y la vergüenza me subió hasta las orejas. Me
puse la pistola en la espalda muerto del bochorno.
- Pase sargento mayor Gutierres y discúlpeme. Soy un idiota
sin paliativos.
Ella sonrió y con esa sonrisa me pude quitar parte de los cinco mil
kilos de vergüenza que tenía encima.
- Empecemos de nuevo. Soy Ramón Serna
- Encantada don Ramón, soy Brenda Melisa, amiga de
infancia de la doctora Baeza y de la licenciada Ana
Esmeralda Almagro
- De veras le pido mil excusas
Le entregué una toalla para que se secara un poco el pelo.
- Tranquilo, entiendo la situación. Pero si vamos a cenar
juntos tendremos que dejar de tratarnos de usted. ¿Puedo
pasar al baño?
- Claro, al fondo
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Me di cuenta que era una gilipollez, era la única puerta que había
en la habitación que no fuera la de la calle. La doña salió del baño
con el pelo recogido y ya bien colocado el traje de faena.
- Vamos yendo mi comandante, que ya llegamos tarde. Al
final se me echó el tiempo encima y ni pude cambiarme de
civil
- Se te ve linda así, mi sargento mayor
Bajamos al parquin, deprisa para no mojarnos mucho, donde tenía
una vieja furgoneta Chevrolet. Ella empezó a reírse.
- Creo que te esperabas a alguien con más glamour, como
Regina. A la doctorcita no se le quita la elegancia ni el
encanto ni tirada en fango de chancho
Reímos y yo me agarré al asiento de la velocidad a la que manejaba
la doña.
- Agárrese comandante que vamos con demora
Daba bandazos esquivando los coches y maldiciendo a casi todo los
conductores. Hasta que dio un giro a derecha, y de una frenada dejó
el carro medio aparcado delante de un restaurante que al parecer era
en nuestro. Al entrar me di cuenta que ni la sargento mayor ni yo
estábamos vestidos para la ocasión, era un restaurante de estos
modernos, de diseño, con gente reguapa cenando en grandes platos
con poquito dentro.
Regina ya estaba en el salón, sentadita en una mesa con velas.
Llevaba un lindo vestido verde, peinado perfectamente casual y
unas pinceladas de maquillaje casi imperceptible, pero que le hacía
iluminar más su cara con la luz de las velas.
Brenda y yo nos miramos y nos salió una carcajada que fuimos el
centro de atención durante unos segundos, nos pusimos serios y
108
fuimos hasta la mesa lo más dignos que pudimos aguantándonos las
risas.
- Hola Regina perdona la tardanza, al final salí algo tarde del
cuartel y el primer encuentro entre el comandante y yo nos
costó un poco más de tiempo del que creíamos
- Brenda has armado alguna de las tuyas. Perdona Ramón,
ella es así, es parte de su encanto
- No ha sido nada, sólo una anécdota, ¿cenamos?
- Creí que hoy iba a estar el restaurante sin apenas gente y
encima, te has puesto tan esplendida de vestido y de escote
que nos delata al comandante y a mí como elefantes en
gallinero
- Si no fuera así no seríais vosotros
- Qué quieres decir ¿que no somos elegantes? Porque yo con
tiempo y ganas…, cosa que no suelo tener
Empezaron a discutir sobre la elegancia innata y la adquirida, como
dos niñas cabezonas, en demostración de que en verdad eran amigas
desde infancia.
Pedimos, bueno pidieron ellas, yo no sabía lo que era ningún plato
y siguieron discutiendo sobre lo mismo, sólo las miraba con
atención, no quería que me entrara en la cabeza a lo que había ido
hacer a esa ciudad, prefería dejarme llevar esta noche por aquellas
dos estupendas personas/mujeres y después ayudarme del alcohol y
de diazepanes para poder dormir.
Ellas seguían hablando y discutiendo a pura broma, y no sé en qué
parte de la discusión salió el nombre de Ana Esmeralda y se hizo
un silencio plomizo e indiscreto, me miraron de soslayo y bajaron
los ojos al vacío del fondo de sus platos.
109
Yo no sabía que decir pero apenas pude tragar el trocito de comida
que tenía en la boca. Nos cambió la cara, ni el maquillaje de Regina
podía tapar el dolor que empezaba a extenderse por el mantel.
Brenda forzó una sonrisa no muy buena y dijo…
- Sabe comandante, he escuchado mucho sobre usted y le
había visto en una fotografía
- No te creas nada de lo que te han contado seguro que es
mentira, yo no soy tan cabrón como dicen y lo de la
fotografía es raro, jamás nos hacemos fotos en las misiones,
decidimos prohibirlas
- Estaba en un aeropuerto con Reinaldo y con Ana
Esmeralda, se les ve a los tres rebien. La fotografía sigue
con su marquito en el salón de Ana Esmeralda
- Vale Brenda, dejémoslo de momento
- No, no, dale Brenda prefiero que me lo cuentes así a puro
trago
- Otra cosa que la doctora no se atrevía a decirle, es que el
segundo nombre del hijo pequeño de Reinaldo es como tu
nombre de civil. Por eso todas sabemos cómo te llamas.
Además solemos llamar al niño con el apodo que le
llamaban a usted de joven
- Pobre niño, se reirán de él en el patio del colegio
- Que va, es muy bravo y fajador, siempre tiene señales de
peleas
- Bueno dejémoslo ya y disfrutemos de la cena. Que el
comandante descanse un poco de emociones y que empiece
a bajar un poco la alerta
110
- Eso, que baje un poco la alerta por el bien de todas, porque
tiene un pronto…
Brenda se echó una carcajada, me hizo una mirada coquetona y
cómplice guiñándome un ojo y tirándome un beso.
- ¡Ah, no! Ustedes han llegado tarde porque han chingado.
¿Qué pasa, que querías ganar la apuesta a la primera?
- ¿Qué apuesta?
- No le haga caso comandante, que de tanto inhalar alcoholes
y yodos se le va la cabeza
Pues una apuesta que nos hicimos entre varias amigas, yo -
por entonces estaba separada de Tomás. De una vez que
dijo Reinaldo que a lo mejor venias a descansar unos días
por acá
- ¿Y la apuesta era…?
- Pues cual va a ser, que quien de las cinco se acostaría
primero con usted, de esto hará más de cinco años, pero
sigue en pie todavía
- No sé si alagarme o mandaros a las cinco a la mierda
- ¡Eh…! que yo ya estoy fuera de la apuesta. Brenda está muy
necesitada de cariño, hace ya más de cuatro años que anda
sin novio y sin nada. Yo lo entiendo porque tiene un
carácter insoportable, bueno, si tuviera buen carácter y
fuera cariñosa yo no me hubiera casado con Tomás y
ahorita sería una estupenda lesbiana, eso sí, muy femenina
Sin darse cuenta Brenda se había puesto colorada, tragó saliva
mientras mareaba con el tenedor los restos del plato que pidió, daba
pena comerse ese mini bodegón. Regina seguía mirando con ojitos
tiernos a Brenda.
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- Comandante, ¿a qué hora irá a casa de Ana Esmeralda? Por
cierto ¿sabe usted ir?
- Iré de mañana, no, no se ir, pediré un taxi
- Yo mañana tengo libre, si quiere le acompaño, espero fuera
y cuando usted se vaya me quedo con Ana Esmeralda que
de seguro estará destrozada, ahorita está con pastillas.
¿Entonces no se va a quedar usted al entierro de las cosas
de Reinaldo?
- Que bruta eres Brenda. ¿No puedes preguntar de a poco?
- Tengo miles de cosas que preguntar al comandante y
apenas tengo tiempo, mañana se nos va y de seguro no le
volveremos a ver
- Brenda. No sé si podría soportar otro funeral del
compadrito
Brenda soltó el tenedor ya mareado encima de la servilleta. Miró al
camarero y le hizo una señal.
- No trae una botella de tequila y dos vasitos
- ¿Dos vasitos?
- Si es así de terca, déjala
El camarero trajo la botella de tequila, sal, limón y los dos vasitos.
Brenda nos puso los vasitos y nos lo llenó, ella terminó el vino de
su vaso de un trago y se lo rellenó hasta ribota. Miró al camarero
que la observaba absorto.
- Se lleva los platos, la sal y el limón, eso es para gente que
tiene tiempo para dilapidarlo. Y nos va poniendo tres cafés
solos
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Se quedó pensativa un momento y se puso de pie.
- Mi querida doctorcita revolucionaria Regina Allison Baeza
Caparrós. Mi querido Comandante… ¿cómo era el
brindis…? ¡Ah sí! ¡Por los ausentes y los presentes, por la
justicia social y que se mueran los feos! ¡Salud!
Brindamos. Brenda se metió el tequila de un trago. Nos rellenó otra
vez los vasitos y su vaso.
- Y esta noche mi comandante no sé si ganaré la apuesta, pero
yo la paso con usted
- No le haga caso comandante, pero la verdad es que siempre
tuvo muchas ganas de conocerle
Seguimos tomando tequilas y cafés. Así, tal que de repente, la gente
guapa del restaurante diseñoso ya no estaba, y algunos camareros
habían recogido parte del salón. Yo estaba con unas ganas locas de
mear pero no podía ir hasta el baño, estaba demasiado tomado, pero
no podía más.
- ¿Qué le pasa comandante? Le veo nervioso
- No estoy nervioso, estoy borracho y lo que pasa que me
estoy meando y no puedo levantarme para ir al baño
- No se preocupe, yo le llevo
La sargento mayor me agarró del cinturón del pantalón y de un tirón
me puso de pie, me llevó al baño sin casi pisar el suelo. Me puso en
frente del retrete.
- Vamos mi comandante, ponga los brazos como si le fuera
a cachear y aguante las rodillas
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- ¡Joder! qué control tienes de llevar borrachos al baño mi
sargento mayor
- Mi viejo, aparte de ser un gran guerrillero, putero y fajador,
era un borracho de madre
Me sacó la pinga de un estirón, y agarrándomela con arte me
ordenó;
- Dele compadrito
La meada tardó en salir pero cuando empezó fue mejor que muchos
gustazos que había tenido en mi vida. Brenda sacó un pañuelo de
papel me secó y volvió a poner todo en su sitio. Se lavó las manos
y a mí, la cara y la nuca sacándome al salón ya casi nuevo. Regina
ya esperaba de pie con el bolso en mano. Yo borracho aunque sin
tropezarme le dije;
- ¡Joder! Regina, que guapa que tú estás, te sienta bien volver
estar casada, y que sepas que te han dejado unas tetas
lindísimas y deseables. El camarada Tomás tiene mucha
suerte, díselo. Que te lo ha dicho el comandante.
Regina sonreía y se le iluminaba toda la cara. Entre las dos me
sacaron del restaurante pichiplin y me metieron en el viejo
Chevrolet de Brenda. Yo bajé el cristal de la ventanilla para
despedirme de Regina.
- Mañana a mediodía nos vemos en casa de Ana Esmeralda
y así nos despedimos, sigues siendo mi comandante y la
persona más buena que he conocido, eres un valiente y te
agradecemos todas que vengas en persona a traer la mochila
de Reinaldo
Me dio un beso en la boca con lengua y se marchó corriendo a su
carro, así fue como me di cuenta que seguía lloviendo. Brenda
arrancó, sacó de la cuarenta y cinco de su funda, la cargó y se la
114
enfundó de nuevo, encendió dos cigarros a la vez y me dio uno sin
decir nada.
Esta vez, mucho más despacio, prendió camino al hotel. El viento y
el agua se colaban por la ventanilla que no cerraba bien, yo no
quería despejarme quería llegar borracho y que Brenda se quedara
a cuidar de mis sueños hasta el día siguiente. Pero cada curva y cada
golpe de aire me desvelaban más y más.
Le tome la cajetilla de tabaco que tenía en un bolsillo de la camisa
y rebusqué para encontrar el mechero tocándola la teta derecha. No
pedí, ni permiso ni perdón, encendí otros dos cigarros y le puse uno
a ella. Apenas había nadie en las calles y empezábamos a salir de la
ciudad, Brenda quitó el velcro de la tapa de la funda de su pistola y
yo saqué mi veintidós quitándole el seguro. Por las pintadas se veía
que estábamos en zonas de pandillas.
Me miró y sonrió. Llegamos al hotel parqueó el carro y se bajó
abrirme la puerta.
- Gracias mi doña. Pero estoy bien, demasiado bien diría yo
- Pues por acá no hay donde comprar un trago. Va a tener
que pasar la noche sólo con lo que lleva encima
Subimos por los pasillos exteriores hasta la habitación dejándonos
mojar. Brenda me solicitó la llave sin decir nada, sólo con la mano
abierta. Abrió y me dejó pasar primero.
- Hoy le hago yo la guardia mi comandante
- Gracias Brenda, pero voy a tomarme unos diazepanes para
poder dormir algo
- Sabe, nuca sé cómo llamarle, yo intento llamarle de tú, pero
al final no puedo, y como a mí, veo que le pasa a mucha
gente
115
- Ahorita ni busco, ni encuentro, creo que sólo quiero un
espacio vacío en los sentires
Brenda me ayudó a quitarme la ropa, me puso la veintidós debajo
de la almohada y me dejó caer sobre la cama. Su cuarenta y cinco
la colocó en la mesilla, apagó la luz y se desnudó quedándose en
camiseta y braguitas.
- Sabía que duermo desnudo
Se metió conmigo en la cama y nos arropamos, después de vueltas
de cabeza, me viró el equilibrio y me morí un rato…
“Reinaldo Cabriles seguía tumbado en la hamaca con su
balazo atravesado y al verme me preguntó otra vez
tembloroso;
¿Qué pasa mi comandante?
Seguía un charco de sangre debajo de la hamaca, y triste
volví a decirle;
Tranquilo, tranquilo Reinaldo, es sólo una pesadilla.
Duerme, duerme, duérmete un rato y descansa
Me duele a un costado Comandante
No es nada Reinaldo, duerme, duerme, duérmete, yo vigilo,
tranquilo Reinaldo, tranquilo
Reinaldo Cabriles, moría por segunda vez. Seguí de pie
meciendo a mi camarada muerto. Susurramos todos de
suavito;
Arriba, parias de la tierra. En pie, famélica legión…
Aparecieron Regina, Tomás y Esmeralda con los niños, del
río empezaron a salir caimanes, yo empecé a disparar a
116
ráfaga pero cada vez salían más y más grandes, los niños
empezaron a llorar y todo el mundo a gritar ¡Vienen más,
Vienen más! Me quedé sin munición, saqué la veintidós y
seguía disparando a los caimanes mineros”
- Tranquilo Comandante. Despierte, despierte. Ramón
vamos dime algo
Brenda me estaba despertando. La lluvia se había convertido en
tormenta que atronaba y la habitación temblaba conmigo y
rezumaba sudor como yo.
- Es sólo una pesadilla…
- ¡No digas eso…! Eso es lo que le dije yo a Reinaldo antes
de que muriera a mi lado, desangrándose mientras yo le
mecía en su hamaca
Brenda, silenciosa, me quitaba el sudor con su camiseta y yo
inhalaba para poder quitarme las últimas imágenes de la cabeza.
Ella encendió dos pitillos y me pasó uno, fumamos escuchando la
lluvia y los truenos. Se dejó caer y me abrazó cariñosa. Toco mis
chapas, mis chapas que me demostraban que seguía vivo y que
Reinaldo estaba muerto. Volvió a tocarlas y notó que había tres. Me
las quitó con mimo y respeto, las dejó al lado de su cuarenta y cinco.
- Déjame que cure las añoranzas o por lo menos las mitigue
Agarró mi mano y fue acariciándose con ella despacio, no tenía
ningún apuro. Nos tocamos como dos ciegos en busca de recodos…
La respiración cada vez era más fuerte y más fuerte y nos dejamos
caer por un tobogán de apretones duros, como si quisiéramos
estrujarnos hasta quedarnos líquidos.
Temblaban sus labios como sus pezones, como mis manos y mi
miedo al dolor de recuerdos. Me agarró y me subió encima de ella,
117
metiendo su cara en mi pecho todavía marcado de la selva y sus
dedos en mi espalda, que cuando la penetré sus uñas hicieron surco
dejándome señales que tuve durante meses.
Queríamos algo suave pero la carencia nos llevó hacia las descargas
de cariño y deseo sin herencia. Cabalgamos salvajes y broncos,
como dos indómitos y asilvestrados milicianos en las trincheras la
noche antes del combate.
Sacamos de nuestros morrales lo mucho o poco que teníamos
guardado. Montaraces y bestias en pleno sortilegio laico sin
nigromancias, sólo las ganas de escupir el dolor y sentirse deseado,
bien follado, que quedara mácula para los restos.
Así, amorfinados de sexo candente sin ningún respeto a ningún
dios, ni divino ni pagano, seguimos envistiéndonos y mordiéndonos
como posesos sin conciencia de razón. Parecíamos una escena de
“Ai no korîda”, El imperio delos sentidos, de Nagisa Ösima, pero
con más gritos y jadeos. La danza contra la muerte fue terminando
cuando el agotamiento pasó a extenuación. Desplomados en la
cama alguno de los dos puso la colcha encima, y agarrado a su
pecho me dejé llevar por lo primero que pasara, menos mal que vino
primero el cansancio y el sueño. La mañana nos llegó con agujetas,
dolores y moratones. Brenda levantó la colcha mirándose el cuerpo
y mirando el mío. Me miró a los ojos.
- Mi comandante, no sé qué pasó anoche, creo que no volverá
a pasar nunca. Espero que esto sea un buen final de algo
- Yo tampoco sé lo que pasó, pero fue extraordinario y
disfrutamos de ello
- Sí, sí disfrutamos…
Brenda se empezó a poner colorada, cosa que me hizo gracia. Al
levantarme cansado y doliente aún, se quedó mirando mi espalda.
118
- Déjalo, me lo imagino, pero creo que tú has salido peor
parada
- Sólo son buenas señales de vida. Nunca las tuve y espero
consérvalas para siempre. Aunque las cicatrices
desaparezcan
Se levantó completamente desnuda, yo la miraba entre sorprendido
y cumplidor. Estaba toda rotulada de mí, de mis dedos, de mis
manos, de mis dientes y de mi barba. Me sonrió complaciente, dio
una vuelta completa exhibiéndose y empezó a vestirse. Miró la
mochila que estaba apoyada en el rincón.
- ¿Es el macuto de Reinaldo?
- Sí. Creo que hoy va a ser de los peores días de mi vida, y
tengo miedo
- Me lo imagino. ¡NO! No quiero imaginármelo de ninguna
forma. No creo que pudiera hacerlo, no soy tan valiente
- Créeme, si pudiera saldría corriendo ahorita mismo y sin
mirar atrás
- ¿Y por qué, no lo haces?
- No puedo, y de verdad que no es por valentía ni por deber,
ni por ninguna mierda de esas. ¡Joder! ¡Mierda puta!
- Tranquilízate Ramón que nos queda mucho día
- ¿Pero qué le digo? ¿Cómo se lo explico? ¿Cómo puedo
contarle lo que siento? ¡Mierda!
Agarré la mochila y la puse encima de la cama, abrí unos de los
bolsillos laterales y saqué su gorra, cogí la cadena con las chapas de
encima de la mesilla, saqué la de Reinaldo y la deposité dentro.
119
Me puse las gafas de sol tomé la mochila y me la coloqué al
hombro. En ese momento dejé de andar y cerré los ojos para tomar
fuerzas, todavía olía la mochila a Reinaldo y a selva. Brenda no
decía nada, sólo estaba firme a mi lado como centinela
acompañante.
El sol caldeaba el asfalto húmedo. Fuimos hasta el viejo Chevrolet
y encendí dos pitillos, le puse uno a Brenda en los labios y otro algo
tembloroso en los míos.
- ¿Ya, mi comandante?
Asentí con la cabeza, arrancó el carro y salimos para la ciudad sin
prisas. Pasamos por los barrios arrabaleros llenos de nada y de
basura, luego por el centro histórico con algún turista despistado,
por la zona nueva lleno de súper carros y apestando a ladrones y al
final llegamos al barrio de Ana Esmeralda. Paramos delante de una
casa blanquita.
- Ella vive en la segunda planta, seguro que está sola, los
niños se los llevó hace tres días una amiga que vive cerca.
Animo comandante. No hace falta que diga mucho, sólo
con su presencia nos vale
- Gracias Brenda
Agarré la mochila, la gorra y miré hacia arriba, donde había un
balcón con un crespón negro y un cielo sin alivio y sin nubes.
Me cambié de gafas y empecé a subir las escaleras, cada vez me
pesaba más la mochila, cada vez me olía más a Reinaldo y a selva.
La rodilla me fallaba y me picaban más las heridas.
Posé mis botas en el descansillo para tomar aire y justo cuando iba
a llamar al timbre, la puerta se abrió. Esmeralda con grandes ojeras
negras y la cara blanca de muerte, estaba delante de mí. Durante
mucho, mucho tiempo, no nos dijimos nada, la mochila se fue
escurriendo de mi hombro y cayó rotunda en el descansillo.
120
- Hola, Ramón. Os he visto llegar, pasa
Mis piernas apenas me hacían caso, un nudo en la garganta y la
ulcera cabrona me dejaban casi inmóvil. Quería abrazarla pero me
resultaba casi imposible abrazarla sin derrumbarme. Agarré la
mochila y con esfuerzo pasé dentro de la casa. Todo estaba a media
luz, las cortinas, las paredes, los muebles, todo tenía mirada triste.
Esmeralda estaba consumidita, llevaba un vestido azul oscuro que
le sobraba por todos lados y pañuelitos de papel metidos en sus
mangas. Yo seguía con la gorra en la mano. Nos sentamos en el
salón, puse la mochila a un lado, la puerta de la terraza estaba
entreabierta y pasaba de vez en cuando un poco de aire que
renovaba algo la atmosfera de duelo y tristeza que tenía la estancia.
- ¿Cómo estás de tus heridas?
- Estoy bien, Esmeralda yo… no sé cómo… bueno lo que
quería decirte…
- Tranquilo Ramón. ¿Quieres tomar algo?
- ¿Me puedes traer un poco de agua?
Esmeralda se levantó despacito y despacito fue hacia la cocina, se
le notaba que estaba derrotada, cansada y con muchas pastillas, para
aguantar en pie. En el salón había restos de algún juguete,
estanterías con cientos de libros, que firmes prefirieron dormir el
sueño de los justos. Enfrente estaba la fotografía que me dijo
Brenda, me levanté para verla. Miré, pero apenas nos reconocí,
estábamos alegres casi insultantes de vida, sin canas en el cuerpo y
en el pelo. Llegó Esmeralda con el vaso de agua.
- ¿Recuerdas ese día?
- Claro, nos íbamos de misión y tú le acercaste hasta el
aeropuerto, fue la primera vez que nos vimos. Estábamos
tan alegres…
121
- Fue la primera vez y única que nos hemos visto hasta ahora.
Ramón, dame su gorra que de tanto aplastarla te vas hacer
daño
Por un tiempo sí sabía que tenía la gorra aplastada en mi mano
todavía algo hinchada del veneno. Me acerqué a Esmeralda, le
agarré la mano y posé la gorra de su compañero bocarriba, saqué su
chapa para que la viera y la volví a poner dentro.
En esos momentos ya se me estaban precipitando las lágrimas por
la cara goteando en mi camisa, ella apretó la gorra en sus manos y
la olió, y en ese momento le fallaron las fuerzas y casi desfallece.
La agarré con fuerza para que no se cayera, me miró a los ojos y me
tocó la cara que estaba mojadita de lágrimas mudas, y en aquel
momento rompió a llorar. La abracé con todas mis ganas, ella estaba
temblorosa y débil. No sabía que decir. No existe ninguna palabra
que reconforte la pérdida de un compañero de camino. Ella se
hundió en mi pecho y yo perdí por un instante los papeles.
- Lo siento Esmeralda, lo siento
- Calla, calla, Ramón no digas nada y abrázame
Estuvimos abrazados un buen rato, hasta que empezó a ponerse más
pálida aún y una lipotimia la dejó sin fuerzas y sin conocimiento.
La cogí en brazos y la tumbé en el sofá poniendo sus pies en alto.
Busqué la cocina, cogí un paño y un tarrito con agua y le fui
humedeciendo la frente y el cuello, al rato volvió en sí. Me miró
con los ojos llenos de preguntas.
- ¿Reinaldo sufrió mucho?
- No mi niña, estaba dormido en la hamaca cuando recibió el
disparo, se despertó del impacto, pero ni se había enterado
que le habían dado un tiro. Le dije que sólo era una
pesadilla, que durmiera, que yo vigilaba, cerró los ojos y
murió. Fue todo muy rápido
122
Entonces ya sí que rompí a llorar con llanto dolorido, me tapé la
cara con las manos y me levanté hacia el ventanal de la terraza, para
que Esmeralda no me viera llorar como un niño. Cuando me
controlé un poco intentando respirar con la nariz llena de mocos,
me volví a sentar a su lado. En la mesita al lado del sofá había otra
foto de Reinaldo y Esmeralda con los niños, no quise seguir
mirándola. Ya algo repuesta, se quedó sentada en el sofá un ratico.
- Espera un momento Ramón, ahora regreso
Despacio marchó por el pasillo, luego la oí entrar en la cocina. La
verdad es que no quería mirar a ningún sitio y ver cosas que me
hicieran daño. Regresó con una bandeja con dos vasos, una botella
de algo, un cenicero y un papel doblado.
- Vamos a tomar algo y fumarnos un cigarro
- No creo que sea buena idea que tomes un trago con las
pastillas
- Ramón, no me puedo suicidar de una, tengo que luchar por
los niños, por eso hoy empezaré a suicidarme de apoco
comenzando a fumar
- Nos sonreímos por la situación tan patética
Tomamos un trago de algo y encendimos los pitillos, ella le dio dos
caladas empezó a toser y lo apagó.
- Creo que tendré que buscar otra droga que me guste algo
más que esta, que es como lamer la suela de una alpargata.
Por cierto toma este dibujo, lo hizo nuestro hijo pequeño
tiene ya ocho años, lo pintó justo antes de que os fuerais a
la misión
123
Cogí el papel doblado pero no sabía qué hacer, si mirarlo o no, lo
fui abriendo de a poco. Miré el dibujo colorido de crayones y
aguanté el derrumbamiento inminente que estaba a punto de pasar.
- Somos la familia contigo en la selva. En esta casa se te
quiere comandante. Sé que salvaste la vida de Reinaldo dos
veces. Y esta vez no pudo ser. Era un cabezota. ¿Para
cuánto tiempo vienes?
- Quería irme esta tarde, no sé si podré aguantar más tiempo,
con este dolor
- Al final eres tan cobarde como Reinaldo en cosas de
quereres
- Sí, creo que sí, creo que no sé enfrentarme a la ausencia de
la poca gente que quiero, puedo pasar sin verlos y sin oírlos,
pero no a su vacío
- Pues te jodes, pero tú esta tarde te quedas al entierro de
parte de sus cosas. Y das un beso a los niños y te haces una
fotografía con ellos. El pequeño Reinaldo de segundo
nombre se llama como el tuyo de verdad. Le gustaba
escuchar las aventuras de su padre contigo en los viajes,
casi todas se las inventaba, pero eran lindísimas
Poco a poco nos fuimos tranquilizando.
- Siento ser yo el que te lo pregunte, pero ¿en qué estado
económico os quedáis?
- No te preocupes ya han hablado Jean Pierre y Jaqueline
conmigo, ya está solucionado lo del seguro, en eso nos
quedamos muy bien. Tranquilo. ¿Brenda sigue abajo? Dile
que suba para que llame a las demás amigas y que
organicen lo de esta tarde. Quiero estar sola para mirar la
mochila despacio. Y tu ve a descansar, que esta tarde te
quedas quieras o no
124
Esmeralda me acompañó hasta la puerta me dio un abrazo y un beso
y se metió en su casa de nuevo. Le comenté a Brenda lo que me
había dicho Esmeralda y subió a verla unos minutos, yo esperé en
el carro. De regreso al hotel Brenda apenas decía nada, llegamos al
parqueo, tomo algo de la guantera y subió conmigo a la habitación.
Muy seria cerró la puerta por dentro, se acercó a mí y me quitó la
pistola, le quitó el seguro y me apuntó con ella.
- ¿Pero estás loca? ¿Se puede saber qué haces?
- Sólo son órdenes mi comandante. Deme las llaves de su
carro. Repito, deme las llaves de su carro
- Vale, vale, ¿esto es una venganza por el recibimiento que
te hice ayer?
- Ya le dicho que sólo son órdenes
Saqué de mi macuto las llaves y se las di, ella se las metió en el
bolsillo y sin dejar de apuntarme…
- Bien mi comandante, dese la vuelta y ponga las manos atrás
- No me gusta nada este juego Brenda
- Le repito que no es un juego
Lo peor de todo es que sabía que no era un juego, que iba muy en
serio, quizá no tanto como para darme un tiro, pero lo suficiente
como para que me dé con la culata y me joda la cabeza. Puse las
manos detrás y ella me puso las esposas.
- Bien ahorita se me tumba a descansar que tengo que hacer
muchas llamadas
Me porté como un niño bueno y me tiré a la cama, ella se acercó y
me dio un beso. Cogió el teléfono y empezó a llamar. Después de
125
un buen rato de llamadas a su cuartel para pedir unos días libres por
asuntos familiares, y llamar a las amigas para organizar el entierro
de las pertenecías de Reinaldo, yo ya estaba con ganas de mear.
- Brenda dale, quítame los grilletes que me estoy meando
Ella sin decir nada encendió un cigarro, me lo puso en la boca, me
ayudó a ponerme de pie y me llevó hasta el baño poniéndome para
mear. Yo a lo puro chavo del ocho, de dije.
- ¿Sabes doña? ¡Ya no me simpatizas…!
Brenda sonrió, me sacudió la polla y me devolvió a la cama. Siguió
haciendo llamadas. Se me acercó por detrás y con la pistola
apuntando me quitó un grillete.
- Ponga las manos por delante comandante
Yo las puse y me volvió a poner los grilletes. Me dejó una cajetilla
de tabaco, mechero y un sanguis de algo.
- Tengo que salir hacer unos recados, tardaré un ratico, así
que se me porta bien y ni se le ocurra salir a la calle con los
grilletes puestos, que acá eso es muy serio y podría tener
problemas.
- Además me llevo su veintidós, en unos quince minutos
llegará una amiga que le hará compañía y cuidadito con
ella, no están simpática como yo.
La mandé a la pinga y ella cerró la puerta con llave. Escuché como
sonaban las ruedas del viejo Chevrolet. No dejaba de pensar en
Esmeralda, en sus niños y en los míos. Cómo reaccionarían si algún
día recibieran la noticia de que me han matado en alguna misión,
ellos no sabían a lo que yo me dedicaba en los viajes. Creían que
iba a ver algunos amigos o a dar clase de teatro. Cómo reaccionarán
el día que se enteren aunque no esté muerto. No sabía que pasaría.
126
Esperaría a que fueran ya mayores. Seguro que lo entenderían
mejor.
Alguien miró por la ventana y sonó la llave en la puerta.
- Permiso mi comandante. Se presenta la agente policía
militar Osorio. Me manda la Sargento mayor Gutiérrez. No
haga boberías y no le pasará nada
Era una agente vestida con traje azul de faena, con un cinturón lleno
de objetos, porra, grilletes, pistola, cargadores, espray, talkíe, y
alguna cosa más, y debajo del cinturón un pedazo culo que sólo lo
equilibraba sus dos grandes tetas.
Tenía también unas manos que si me hubiera dado un guantazo me
habría arrancado las pocas muelas que me quedaban. La verdad es
que tenía cara de pocos amigos. Así, en posición de firmes mirando
hacia la pared de la cabecera de la cama, daba casi miedo.
- Siéntese agente, al parecer Brenda va a tardar un poco
- Estoy bien así gracias
La tipa estuvo inmóvil en su posición durante una hora y pico, sin
hablar, sin mirar hacia ningún sitio, era impresionante yo creía que
ni parpadeaba. Después de un sueñecito para descansar los ojos
llorosos, llegó Brenda vestida ya de civil con unas bolsas. Se
saludaron, se dieron un beso y la agente Osorio se marchó sin ni
siquiera mirarme.
- Muy comunicativa tu amiga
- Ya te dije que anduvieras con cuidado con ella
¿Se puede saber a qué viene este secuestro?
- Son órdenes de la doctora Baeza y la Licenciada Almagro.
Hoy se queda hasta el entierro. Vamos a almorzar algo
127
Sacó de la bolsa algo de pollo frito, frijoles, unas latas de cervezas
y empezamos a comer.
- ¿Me vas hacer comer con las esposas puestas?
- ¿Me da su palabra de comandante miliciano de que no se
irá hasta después del entierro?
- Le doy mi palabra
Brenda sacó la llavecita y me quitó los grilletes, seguimos
comiendo, nos fumamos un cigarro y nos echamos la siesta.
- ¿A qué hora es el entierro?
- Sobre las cuatro, en el cementerio municipal viejo, en la
parte no confesional
- ¿Podríamos ir antes y así hacerme la foto que he prometido
a Esmeralda y despedirme a gusto?
- Está bien comandante
Cogimos su carro y salimos del hotel hacia la casa de Esmeralda,
en la parte de detrás del coche había una mochila militar llena.
Pasamos la ciudad, en la calle ya estaba esperando Regina y dos
amigas más. Me hicieron las presentaciones, Regina me apartó y me
dijo.
- Sube, que están los niños arriba con Esmeralda
Subí los escalones tomando aire, llamé a la puerta y me abrió el
mayor, tenía sobre unos trece años, se parecía cantidad a su padre.
- Hola comandante, como está. Soy Virgilio
- Hola Virgilio, me alegro de conocerte, tu padre me ha
hablado mucho de vosotros
128
Nos dimos un abrazo y entramos en la casa, del salón salió el
pequeño Reinaldo y tocayo mío, vino corriendo y me dio otro
abrazo que me destrozó el ánimo y me partió el corazón en trocitos.
- Hola comandante
- Hola campeón, me gustó mucho tu regalo, es un dibujo
precioso
- Es de las aventuras que me contaba mi padre
Esmeralda apareció con una cajita en las manos. Y me dio un beso.
- ¿Quieres que nos hagamos la fotografía en el salón?
- Claro, Esmeralda como tú quieras
Pasamos al salón donde Virgilio preparó un trípode con una
máquina de fotos. Esmeralda puso en una mesita la mochila de
Renaldo y la caja de madera que había sacado, para que salieran en
la foto, nos pusimos en posición de fotografía, mientras el mayor
enfocaba para poner el disparador automático, el pequeño Reinaldo
levantó la mano…
- Espera un momentito Virgilio
Se fue corriendo y apareció con la vieja gorra de su padre puesta.
Nos cogió de la mano a su madre y a mí.
- Ahora sí, dale al botón Virgilio
El mayor pulsó el botón y vino a ponerse con nosotros, saltaron
seguidas tres fotos con el flas. Yo sentía la pequeña mano del
pequeño Reinaldo que tenía la misma sonrisa de su madre y los ojos
de su padre y me empezaron a temblar los labios, saqué las gafas de
sol y me las puse. El pequeño Reinaldo se puso encima del sofá y
me dio un beso y un abrazo. Salimos para la calle.
129
- Esmeralda, iré al cementerio pero estaré a un lado, no me
encuentro demasiado bien
- Como pueda mi comandante
En la calle ya había mucha gente esperando, yo no pude saludar a
nadie, estaba desolado sin fuerzas y perdido, con unas ganas locas
de romper algo. Apareció Brenda que me agarró de la mano y me
sacó del tumulto. Fuimos al carro y salimos los primeros. Llegamos
al cementerio y nos encaminamos hacia la parte no confesional
donde ya había otro montón de gente con banderas rojas y
bolivarianas.
- Brenda, yo me quedo por esa lomita. Ve tú para delante si
quieres
- Yo me quedo contigo
Subimos a una pequeña lomita cercana. Cada vez iba llegando más
y más gente, lo que iba a ser un acto íntimo se convirtió en toda una
manifestación de respeto y cariño de gente que en silencio gritaba
su disgusto.
Aparecieron Esmeralda llevando la mochila de Reinaldo y ayudada
por Regina, Virgilio llevaba la cajita de madera con cosas que
Esmeralda quería enterrar con la mochila, y el pequeño guerrillero
con la vieja gorra de su padre. Las banderas empezaron a ondear
más altas y revolucionarias que nunca, sólo se oían algunos
sollozos. La doctora Regina Allison Baeza Caparrós, se puso al lado
de la fosa…
- Queridos amigos y camaradas. Hoy venimos a despedir
Reinaldo Cabriles, que ha llegado a ser un soldado del
pueblo
130
Dejaron caer la mochila y la cajita de madera en la fosa. Empezaron
a echar puñaditos de tierra encima. La gente comenzó aplaudir y
levantando el puño, empezaron a cantar a coro.
“El pueblo, unido, jamás será vencido. En pie, cantar, que
vamos a triunfar. Avanzan ya banderas de unidad y tu
vendrás marchando junto a mí y así veras tu canto y tu
bandera florecer, la luz de un rojo amanecer anuncia ya la
vida que vendrá…”
Brenda me cogió del brazo y lloramos sin vergüenza. El pequeño
Reinaldo nos vio y nos saludó con la mano, Virgilio, Esmeralda y
Regina también. Mientras la gente seguía cantando. Nosotros
también nos despedimos con las manos y el puño en alto. Salimos
del cementerio, todavía seguía entrando más gente. Cuando
cogimos el viejo Chevrolet se oía todavía el coro de la gente…
“mil voces de combate se alzaran, dirán canción de
libertad…”
Arrancó y salimos deprisa, al cabo de un rato hizo una parada para
llorar tranquila en medio de una calle llena de firmas pandilleras,
Brenda bajó la cabeza contra el volante para que no la viera. Miró
por el retrovisor y sin levantar la cabeza sacó de la guantera su
cuarenta y cinco y mi veintidós que me la puso encima de las
rodillas y abrió la puerta. Se estaban acercando algunos pandilleros,
uno con una bolsa de pegamento en una mano y un cuchillo en la
otra. Breda apuntándole con la pistola;
- ¿Qué buscas? Hijo de perra. ¿Quieres que te llene de
plomo, baboso de mierda?
- Brenda, Brenda, suave, tranquilízate
Brenda seguía con los ojos llorosos y la rabia en su cara. Los
pandilleros se pusieron bravos y uno de ellos sacó un revólver. Yo
salí del carro apuntándoles también, Brenda le disparó en el pie y
131
los demás tiros al aire, hasta que descargó por completo su pistola.
Los pandilleros salieron corriendo.
- Vamos mi niña, vámonos de aquí
Brenda bajó la pistola. Montamos en el carro y llegamos al hotel.
- ¿Qué vas hacer comandante?
- Yo ya me marcho de la ciudad, necesito salir de acá, no es
por flojera pero no puedo más, necesito descansar unos días
antes de tomar el avión
- Yo tengo la mochila preparada, días de vacaciones y
conozco una zona de descanso estupenda casi fuera del
mundo
Subí a la habitación a coger la mochila, pagué la habitación. Breda
me esperaba ya dentro de mi carro con su mochila detrás. Subí al
carro.
- Ándele mi sargento mayor, pero sin prisas
Arrancamos y tomamos la carretera del valle, encendí dos cigarros
y le puse uno en su boca. Brenda me miró y me tocó la rodilla con
cariño. Prendió la radio, y Joe Cocker nos cantó “With a Little help
from my Friends”.
El pequeño tocayo se convirtió en tremendo abogado y sindicalista
internacional. Virgilio Cabriles es profesor de pedagogía en la
Universidad Nacional, y las cinco chicas se siguen reuniendo todas
las semanas.
132
TEORIZANDO CON HANSELMAN
- ¿Oye compadre, tú que tal sigues disparando?
- Yo estupendamente, ya sabes que lo de disparar se me da
bien, con lo de atinar, con eso sigo con alguna dificultad
- ¿No ibas hacer prácticas de tiro en estos meses?
- No tengo plata para sacarme el permiso de armas en
España, además son carísimas las prácticas en Europa
- ¿Tú conoces al instructor con el que vamos a estar estos
días?
- Ni idea compadre, sé que fue coronel de infantería pero no
sé de qué ejército y que ahora suele dar cursos
internacionales de estrategia y supervivencia, desconozco
porqué ha querido venir de gratis. Es muy amigo del
Coronel Klaus Bergman el padre de Andrea, también lo
conocen Kirsten y François Vicent Bobois, sólo con eso es
aval suficiente
Nos reímos recordando al personaje de François Vicent, y sus
extrañas teorías.
Estábamos en una especie de rancho de la zona norte de Nicaragua
que nos habían dejado para la realización de la formación, curso o
lo que fuera, tampoco lo teníamos claro. Aparecieron más
compañeros y Kirsten con nuestro Coronel.
- ¿Qué tal comandante? Le presento a Patrick Hanselman, va
a ser quien nos dará el curso de formación sobre estrategia
de guerrillas y supervivencia
- Gracias de antemano Coronel Hanselman, por haber venido
a intentar formar a este anárquico grupo que aprendemos a
base de ostias
133
- De verdad que es un honor poder participar de la forma que
sea con su asociación inexistente. Me dio recuerdos para
usted nuestro amigo François Vicent. Sigue en su
restaurante con Mariam
- Tremendo tipo François y tremenda mujer Mariam
Todos pusimos sonrisas de saber de qué estábamos hablando.
Montamos las tiendas de campaña y un pabellón para la formación
teórica, descargamos parte del material de los camiones y nos
pusimos los uniformes de faena que el ejército nicaragüense nos
había regalado. La primera clase sería por la tarde, los camaradas
nicas también se encargaban de la logística alimentaria, por las
mañanas nos dejaban comida, agua y café para todo el día.
El coronel Hanselman era un tipo que a primera vista podría ser
fácilmente tu vecino del tercero, pero si te figabas en las manos y
en la mirada, se notaba que esa persona había quitado y dado
muchas vidas y carecía de cualquier tipo de arrogancia. Cosa que
no sabía si era bueno o no. El coronel empezó su clase.
- La formación sobre combate en guerrilla tiene que ver muy
poco con la formación militar. La épica y caballerosidad
marcial, si es que existió alguna vez, desaparece por la
supervivencia frente a un enemigo superior en número y en
armamento
- Un comando es un pequeño grupo, ejército regular, que se
infiltra y lucha contra una guerrilla o grupo armado
- Una milicia es una unidad, normalmente civil, o grupo
guerrillero que lucha contra un ejército regular o sus
comandos
- Ustedes son más milicias que comandos, aunque tienen que
trabajar como un prontuario de los dos porque luchan
contra ejércitos difusos, o contra grupos paramilitares
134
Margarito me preguntó bajito;
- Compadre ¿Qué pinga es “prontuario”?
- No tengo ni idea, me imagino que la unión de dos
conceptos. Este puto comandante habla español mejor que
nosotros y encima tiene una mata de pelo del copón, que
asco me da
Nos sonreímos los dos, Hanselman seguía dando la clase en un
asqueroso perfecto castellano. En un momento que estaba hablando
de sistémica y esquematización, se me quedó mirando y me
preguntó;
- ¿Cuál es el esquema de trabajo que suelen usar?
- Normalmente, recibimos toda la información de personas
locales. Nosotros creamos equipo en relación al objetivo,
nos agrupamos, actuamos-recogemos, nos dispersamos-
entregamos y desaparecemos dejando la menor huella
posible. Normalmente, hostigamos al enemigo en su propio
terreno. Nuestra baza principal es la sorpresa. Entrando
hasta dentro de su zona de confort
- El esquema es bueno, pero ustedes no son soldados y
poseen una escasa formación bélica. Y si les falla el efecto
sorpresa pueden tener verdaderos problemas
- Hay veces en zonas de la ONU, sólo entramos para
hacernos fuertes en un punto con civiles locales en espera -
que los azules vengan y nos evacuen. Nos la jugamos a una
sola carta, pero de momento nos ha salido más o menos
bien
Hanselman se quedó mirándonos con una cara entre orgullo y
preocupación paternal.
135
- Es demasiado arriesgado, cualquier día tendréis una
matanza. Y no os servirá para nada
Cambió de gesto y prosiguió.
- Decía Henry Kissinger sobre la guerra de Vietnam “Un
ejército pierde si no gana, una guerrilla gana si no pierde”
- Guerra asimétrica es un concepto confuso, todas las guerras
siempre son asimétricas. Quizás no en fuerzas, pero sí en
intereses. Las guerras siempre sirven a intereses espurios
que no suelen coincidir con las explicaciones oficiales.
El coronel hizo un pequeño inciso y sacó de su mochila un cigarrillo
que encendió, y siguió con su clase.
- Ustedes aunque tienen una cierta cadena de mando carecen
de cualquier reglamento interno, donde pongan las
ordenanzas, sanciones y correctivos ante algún acto no
acorde a la orden
- Coronel, le recuerdo que siempre somos un grupo operativo
pequeño y voluntario compuesto por civiles y que nunca
hemos tenido deserciones o sublevaciones. Eso de crear
componentes internos de orden o justica militar no va con
nosotros. Recuerdo que un abogado durante la dictadura me
dijo que; “La justicia militar es a la justica, como la música
militar a la música”
Todos sonreímos. Margarito levantó la mano y el coronel le dio la
palabra.
- Mire mi coronel, usted estará acostumbrado a instruir
personas con formación militar que manejan conceptos
específicos para su labor, pero yo hay veces que no le
entiendo lo que dice, si procurara utilizar términos más
corrientes en español, se lo agradecería
136
Todos los asistentes aplaudieron a nuestro vocero que se atrevió a
decir lo que todos pensábamos.
- Discúlpenme creía que tenía mejor español, intentaré
fijarme más en los conceptos que empleo
- No, no, si el problema es su excelente español, maneja un
vocabulario demasiado extenso, como se lo diría…, que
nos hable como si fuéramos medio mensos o estuviéramos
en un bar tomando un trago
- O ká, compadre, lo intentaré
El curso siguió y nuestro filólogo coronel cumplió con su palabra.
- Las guerras siempre son un buen negocio para unos pocos
“empresarios patriotas”, que son los que nunca participan
en las batallas. En casi todos los países el I+D
(Investigación más Desarrollo) tienen que ver con más de
ochenta por ciento con la ingeniería bélica. Esos avances
científicos cuando ya son obsoletos en el campo bélico lo
pasan al negocio del campo civil para su venta y
distribución, Internet, drones, etc.
- El negocio de la armas es uno de los más lucrativos del
mundo, y es curioso que los mayores productores de ellas
sean los mismos que los cinco países que están en el
Consejo Permanente de las Naciones Unidas y con derecho
a veto.
- Perdonar que me estoy yendo del tema, creo que por hoy ha
sido suficiente. Mañana a las cinco treinta A.M daremos la
primera clase sobre armas, tratará sobre armas cortas y
harán simulacro con munición real. Su adiestradora será la
capitana Dana Braummuller. Experta en manejo de armas
y estrategia de combate de guerrillas
137
Todos lo agradecimos y fuimos a tomar café en la carpa comedor.
Kirsten vino después.
- Me ha dicho el coronel que después querría verte
- Vale, dile que no estaré muy lejos
Seguimos en la carpa comedor fumando y tomando café mezclado
con algún licor sacado de alguna petaca anónima, y de repente
apareció el doctor Elías refunfuñando del humo y riéndose con
Margarito de una gracia que le había contado.
- Mire comandante este witz (chiste) me lo ha contado
Margarito. Nosotros no somos una milicia Parabellum
somos milicianos de la Paraiustitia
- ¿Y te produce risa? Creo que estáis enfermos
Ellos se rieron de mi falta de humor y de ingenio y dirigiéndome a
Margarito…
- ¡Coño compadre! que chiste más malo, cada vez haces
peores cuentos wey
- No le haga asunto doctorcito, lo que le pasa es que hace
mucho que no chinga y se le está poniendo mala sangre
Los dos se fueron como compadres de pupitre haciendo cuentos a
todo el mundo, daba gusto verles disfrutar, sobre todo al cuadrado
del doctor Elías con esa cara de no haber roto nunca un plato. Al
ratico aparecieron unos compañeros con la cena. Se hizo la llamada
a cenar y todo el mundo empezó a comer como si no lo hubiéramos
hecho en días.
Eran como niños maleducados que quitaban la comida al
compañero o jugaban con ella. Yo los miraba feliz de verlos así, de
países, culturas y formas tan distintas, pero tan valientes y buena
gente. Era el único ejército o milicia, según decía el coronel
138
Hanselman, del que me sentía orgulloso de pertenecer, habían
muerto numerosos compañeros y morirían muchos más, pero esa
panda de locos desarraigados y chingones era mi gente.
Seguían bulliciosos y jodedores. Cogí un mango y un trozo de
papaya y salí a dar una vuelta. La noche estaba tupidita de estrellas
y el fresquito empezaba a levantar la humedad de los volcanes y de
la hierba. Me pringué la boca y las manos con el jugo de la fruta y
fui al arrollo a lavarme un poco, cerca vi la luz de un pitillo.
- ¿Amigo o enemigo?
Pregunté en tono de broma, pero no mucha, y espere la respuesta
agarrando una piedra.
- ¡Amigo!, soy Hanselman
Contestó la sombra acercándose despacio, y me lo confirmó la luz
de la noche.
- ¿Nunca se relaja comandante?
- Claro que sí, pero por la noche y en zona que no controlo,
no. Me dijo Kirsten que quería verme
- Sí quería verle, sé que no confía en ningún militar. Kirsten
y Andrea me comentaron algunas de sus frases célebres,
“con las tripas del último cura, teníamos que ahorcar al
último militar”, “siempre han militarizado a los civiles” o
“¿Conseguiremos algún día civilizar a los militares?” La
verdad es que son buenas e ingeniosas
- Sólo son frases coronel, no se me ponga exquisito
El coronel se sonrió.
- No sé por qué tengo la sensación de que nunca confiará en
mí
139
- Porque tiene buena intuición coronel
Pero te basas en algo ¿o es sólo cuestión de principios
antimilitaristas?
- No me sea tan simple Hanselman, como dijo Groucho Marx
“estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”. Un
coronel procedente de Alemania del oeste con una madre
que se apellidaba Oppenheimer o Schwarz, no recuerdo
muy bien no es fácil, y con esos apellidos llegar a oficial
del ejército alemán sin tener algún primo… No sé si en el
Mosad o en el Shabak, pero en el Aman eso seguro. Es lo
malo de los apellidos y en España estamos acostumbrados
a manejar dos
- Veo que vienen con los deberes hechos. Ya me habían
hablado de usted y de cómo puede pasar de ser un “nadie”,
como se autodenomina, a aplastar con la bota sin ningún
miramiento
Dijo Hanselman un poco abrumado por la información.
- Es menos complicado, cuando algo me chirría suelo buscar
el por qué, todos tenemos un pasado, “ante la duda vacío el
cargador”. En Centroamérica están muy metidos
controlando a los palestinos ricos, pero esto nos supone
estar más fichados aún por inteligencias hostiles
- ¿Crees que yo he informado de algo?
- Por favor no me trate como a un gilipollas, me insulta
haciéndome esa pregunta de primero de servicios de
inteligencia. Claro que no ha dicho nada, no hacía falta
- Bueno, si cree eso de mí creo que será mejor que me vaya
mañana por la mañana
140
- ¡Ah, no! usted se comprometió con nosotros a hacer este
curso. Usted lo da entero
- No entiendo por qué, si cree que soy parte hostil ¿por qué
quiere que siga con la formación?
- No he dicho en ningún momento que sea persona hostil, he
dicho que nos pone en el miradero de organizaciones
hostiles, además el daño ya está hecho, por eso saquemos
el máximo partido a su presencia y a la de su equipo. Hay
muchas organizaciones internacionales que saben de
nuestra presencia acá, desde la masonería internacional, a
servicios mexicanos, yanquis, etc. Lo que pasa es que no
les resultamos demasiado incómodos, si no ya no
estaríamos vivos. Vámonos a tomar un trago, seguro que
Margarito ha traído algún tequila rico
- No sé qué decirle
- Pues no diga nada, yo confío en el “quid pro quo”, y
tomemos un trago
Llegamos a la carpa comedor, Margarito me pasó una botella de
tequila y nos tomamos un trago. Veía que Hanselman no tenía
buena cara, incluso estaba incomodo por la situación. Kirsten se
acercó y agarrándome del brazo me llevó a un rincón.
- Sé que pasa algo comandante ¿ha discutido con
Hanselman?, si tiene información de algo que no sepamos
los demás quisiera saberlo. Sabe que siempre estaré con
usted y si tenemos que mandar a la mierda al coronel, me
lo pide y lo hago ahora mismo
- No mi niña, no hace falta todo va bien, únicamente le he
querido dejar un par de cosas claras para que supiera por
dónde anda
- ¿Sólo eso?
141
- Sólo eso, confía en mí todo va bien. Gracias de todas
formas por tu confianza
Por supuesto, usted siempre será mi comandante pase lo
que pase
La di un beso, terminé mi tequila en vaso de papel y me fui a dormir.
Nos habían puesto unos camastros en vez de hamacas. Que
innecesario detalle, pero detalle. Al rato escuche;
- ¿Permesso?
- ¡Avanti caríssima!
- ¿Va a dormir con alguien comandante?
- No tenía nada previsto
- Pues levántese
Me vestí y salimos, Kirsten había preparado dos camastros juntos
en la tienda de las provisiones.
- Sé que le pone muy nervioso dormir con gente alrededor,
por las pesadillas y demás, por eso he preparado esto
- Qué bien, te lo agradezco cantidad
Nos metimos en el camastro nos besuqueamos un poco y dormimos
como dos bebes.
Por la mañana oímos como llegaba el camión con las viandas y la
capitana Dana Braummuller. Kirsten se levantó para recibirla
Al rato apareció con un café calentito y unas pupusas tipo
salvadoreñas, me dio un beso de buenos días, dejó el desayuno en
el suelo y se marchó. Todavía no había salido el sol, sólo estaba
clareando, el olor del café y las pupusas me hicieron levantarme,
me senté en el camastro en calzoncillos y camiseta y empecé a
142
desayunar. Justo cuando ya estaba terminando volvió aparecer
Kirsten con Braummuller.
- Buenos días comandante. Le presento a Dana Braummuller
que será quien nos va a formar sobre manejo de armas y
estrategia de combate de guerrillas
- Capitana
- Comandante. Es un placer poderle conocer en persona
- Es que Dana y yo somos amigas desde el colegio, nacimos
en el mismo barrio en Alemania del este
- Si es amiga de Kirsten doblemente bienvenida y disculpe
por recibirla en calzoncillos
Kirsten se puso colorada y no sé de cuantos colores más, agarró a
su amiga y salieron casi corriendo.
- Lo siento comandante, lo siento
Me reí y me fui vistiendo fumándome el primer pitillo del día, ese
que te jode y te gusta a la vez, creo que un día de estos tendré que
dejar de fumar como dice el doctor Elías, me dije tosiendo con el
pitillo en la boca mientras me ataba las botas.
Fui a la carpa comedor donde estaba todo el mundo ya
desayunando, saludé y fui hacia Dana que estaba con Kirsten que
seguía colorada.
- Buenos días de nuevo Dana, ya ves que gano mucho vestido
y en medio de una tormenta invernal más aún
Di un beso a Kirsten y salí para ir a cagar. Fuera estaba el coronel
Hanselman.
- Buenos días coronel, ¿pasó buena noche?
143
- Buenos días comandante, salvo por algunos ronquidos
bien. Con respecto a lo que hablamos anoche…
Olvídese sólo era una conversación entre conocidos. No le
dé más vueltas. Voy a cagar
Hanselman se quedó un poco desconcertado pero no dijo nada. Las
clases empezaron a tiempo, se repartieron las armas. La capitana
Braummuller versó sobre tácticas de ataque, de retiradas, tipos de
armas cortas, e hicimos prácticas con fuego real de lo aprendido.
Así pasamos toda la mañana, yo ya estaba medio sordo de tanta
balacera y con la rodilla cansina de las prácticas. No se hizo ni un
solo receso. Cuando terminamos y de camino al campamento la
capitana me sonrió.
- No tiene muy buena puntería comandante
- Por eso siempre voy aprovisionado de cargadores, el mal
tino lo compenso con abundancia de ellos, suelo ser el que
hace bulla con el fusil a ráfagas y la pistola, sólo a
distancias cortas no suelo fallar
No sé con qué tono se lo dije pero se quedó un poco parada.
Recogimos las armas y descansamos un poco al sol. Comimos e
hicimos un simulacro de siesta. Por la tarde Hanselman nos estuvo
hablando sobre el libro.
El Arte de la Guerra de Sun Tzun, un tratado sobre táctica militar
escrito en el último tercio del siglo IV antes de nuestra era que
consta de trece capítulos. Ese libro ya lo habíamos leído todos, lo
que sirvió para profundizar más en él. Después yo marché con Jean
Pierre a solucionar algunos temas de papeleos que teníamos
pendientes, y mientras Haselman con la ayuda de Dora y Kirsten
empezaban hacer un brainstorming, lluvias de ideas, herramienta de
búsqueda de ideas que ya está muy superada.
Los estudios recientes demuestran que se generan más ideas
individualmente que en grupo. Pero eso sólo era pedagogía y
144
ciencia frente a la interacción entre iguales en defesa de su propia
vida. Eso sí era mucho más interesante.
Jean Pierre y yo tardamos más de lo que esperábamos y cuando
regresamos ya casi habían terminado. Margarito me preguntó en
alto.
- Hola comandante, hemos estado diciendo frases e ideas
sobre la guerra y eligiendo las mejores. ¿Tienes alguna que
creas que no hemos puesto?
- Había una del español Don Gonzalo Fernández de Córdoba,
El Gran Capitán, en su Tratado de Caballería del siglo XV.
“La Guerra hace los Ladrones y la Paz los Ahorca”. Bueno,
también decía que Dios era español el muy hijo de puta
Nos reímos y Kirsten me pasó una copia de las frases que habían
escogido.
Léetelas y luego nos cuentas que te parecen y a cual votas
◘ No luches demasiado con un enemigo, o terminarás
enseñándole todo lo que sabes sobre el arte de la guerra
◘ Patriota es aquel que ama a su país, nacionalista es el que
odia a todo lo que no sea su país. Que dios se apiade de mis
enemigos porque yo no lo haré
◘ El patriotismo en el campo de batalla consiste en conseguir
que otro desgraciado muera por su país antes de que
consiga que tú mueras por el tuyo
◘ Tu pistola sólo la necesitarás un día en tu vida. Y ese día le
pedirás dos cosas: Que sea lo más grande posible....y que
funcione
◘ La victoria tiene miles de padres, pero la derrota es
huérfana. John Fitzgerald Kennedy
145
◘ Un fanático es alguien que no puede cambiar de mentalidad
y no quiere cambiar de tema. Leonard Spencer Churchill
◘ Ningún plan sobrevive al contacto con el enemigo
◘ El fuego amigo no existe
◘ El problema de coger el camino más fácil es que el enemigo
ya lo ha minado
◘ Cuanto más adelantado estés en tus propias líneas, más
probabilidades tiene tu artillería de acertarte
◘ No te preocupes de la bala con tu nombre. En lugar de ello,
preocúpate de la metralla etiquetada como “al portador”
◘ Un buen plan hoy es mejor que un plan perfecto mañana.
George Patton
◘ Si las órdenes pueden ser malinterpretadas, lo serán
◘ Las balas trazadoras funcionan en ambas direcciones
◘ Si el enemigo está a tiro, tú también lo estás
◘ La táctica es para los aficionados, los profesionales
estudian la logística
◘ Ten en cuenta que tu equipo está hecho por la empresa que
ofertó más bajo en el contrato. - Respeta siempre una
amenaza.
◘ El peso de tu equipo es proporcionalmente el cubo del
tiempo que lo has llevado encima
◘ Nadie tiene tanta furia como alguien que no haya
combatido nunca
146
◘ Todo el arte de la guerra está basado en el engaño. Sun-Tzu
◘ Las granadas que explosionan en 5 segundos, lo hacen en 3
◘ Las radios funcionan perfectamente hasta que necesitas
pedir apoyo
◘ Si te están disparando a ti, siempre es un conflicto de alta
intensidad
◘ El radio efectivo de una granada de mano es siempre mayor
que la distancia que puedes saltar
◘ Lo extraño atrae el fuego enemigo. Tú eres extraño
◘ El enemigo ataca siempre en dos ocasiones: cuando él está
listo y cuando tú no lo estás
◘ En el momento en que pierdas el contacto con el enemigo,
mira detrás de ti
◘ La guerra es una masacre de gente que no se conoce para
provecho de gente que sí se conoce pero que no se masacra
◘ Un general sabio se ocupa de abastecerse del enemigo
◘ Utiliza al enemigo para derrotar al enemigo
◘ Un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla
después, un ejército derrotado lucha primero e intenta
obtener la victoria después
◘ Todo plan tiene que contener una estrategia de retirada
◘ Cuando combatas en una montaña ataca desde arriba hacia
abajo
147
◘ Luchar por la paz es como follar por la virginidad
◘ Cuando tengas dudas, vacía el cargador
- La última me suena de algo. Pero la que creo que es mejor
es “El enemigo ataca siempre en dos ocasiones: cuando él
está listo y cuando tú no lo estás” a esa la doy mi voto
Hanselman fue terminando la clase y la gente empezó a dispersarse
para reposar un poco. Yo me fui a descansar a mi camastro de los
papeles de Jean Pierre y de la paliza de la mañana.
Al poco rato llamaron para la cena. Cenamos tranquilos y casi
todos se fueron a dormir temprano, sólo nos quedamos Margarito,
Kirsten, Dana, Hanselman y yo.
Margarito sacó una botella de tequila empezada, yo estaba con algo
de carraspera en el ánimo y me di un buen trago a pura botella.
Margarito me miró, sacó otra botella y repartió tragos, después de
un rato y alguna botella más Dana sonriendo ingenua me
preguntó…
- ¿Usted comandante al final se llama Diego, Ramón,
Vicente…? Kirsten nunca me lo dijo y es que no sé cómo
llamarle
Se hizo un silencio únicamente roto por la risa de Margarito que
esperaba curioso mi respuesta. El muy cabrón.
- Llámeme temprano para comer y tarde para trabajar y
seguro que no fallará
- Siento si le ha importunado la pregunta
- Las preguntas nunca son inoportunas, no te preocupes
Entonces Haselman, tomando un trago para coger carrerilla…
148
- Es que el comandante es muy cínico y mordaz. Entiéndame
en lo de cínico…
Margarito se partía risueño del duelo que podía empezar en ese
momento y dijo;
- ¡Oh! ¡Oh! Se despertó la fieraaa…
- No soy mordaz, como mucho irónico o un poco caustico,
ya quisiera yo llegar a la heurística y buscar la verdad a
través de la polémica, la creatividad y el pensamiento
divergente. Y sólo utilizo el cinismo para llegar al
estoicismo, como hacían Antístenes, Hiparquía o Diógenes
de Sinope
A Margarito le dio tos de la risa y escupió el trago que estaba
tomando rociándonos a todos.
- ¡Coño compadre!, no te me pongas estupendo que me haces
tener complejo de Don Latino cuando te me pones de Max
Estrella. Y no es sitio ni hora de reivindicar a Don Valle
Inclán
Todos rompimos a reír, Haselman levantando las manos.
- Me rindo comandante
- Después de esto sólo me queda irme a dormir, dijo
Margarito estirándose.
Hanselman también se levantó y marcharon a descansar. Kirsten
mirándome con cara de niña mala…;
-Comandante yo hoy duermo en la tienda con la tropa. Dana
que duerma con usted
Nos dio un beso a cada uno y desapareció. Se hizo un silencio algo
tenso.
149
- Yo no tengo nada que ver con esta encerrona comandante
- No importa estoy demasiado borracho como para darme
por aludido, si me llevas al camastro puedes hacer lo que
quieras, o lo que puedas, capitana
Dana sonriendo me levantó y apagó el grupo electrógeno,
llevándome a oscuras al camastro. Me quitó los pantalones y la
cazadora.
- No se ponga nervioso, ya le había visto en calzoncillos
Me tumbó en el camastro y ella se acostó al lado, me abrazó e
intentamos dormir. El almacén empezó a dar vueltas e intenté
levantarme, a la tercera o a la cuarta lo conseguí, salí a tomar el aire
y a mear. Escuché a Dana que venía por detrás.
- Comandante, está medio desnudo y descalzo venga a la
cama
Me agarró y con cariño me llevó al camastro, yo me dejé hacer.
Cuando me arropaba fue cuando me di cuenta del frío que tenía y
me refugié en su pecho. Y seguro que era esa hora tonta que hay
casi todos los días, empezamos a besarnos y explotó todo lo demás,
nos amaneció desnudos. Unos compañeros nicaragüenses metieron
cajas en el almacén, nosotros nos tapamos la cabeza con la manta y
seguimos abrazados como lapas. La susurré al oído;
- ¿Tú tienes que dar clase está mañana?
- No comandante no tengo nada que hacer esta mañana
- Pues a la pinga, sigamos durmiendo
Pasamos casi toda la mañana ganduleando, hasta que Dana se
levantó, trajo café, algo de fruta, un analgésico “de camello”
alemán, desayunamos y fuimos a lavarnos un poco. Cogimos un par
150
de pistolas y dimos una vuelta por la finca, de regreso nos
encontramos a los compañeros en el receso de mediodía. Margarito,
tosió señalando.
- ¡Ejem! ¡Ejem! ¿Han descansado bien los señores?
- Lo menos que hemos podido, Margarito, lo menos que
hemos podido
Dijo Dana contundente, con una sonrisa delatadora. Yo puse cara
de trayecto de ascensor y no dije nada. Pero estaba claro que
habíamos sido los únicos que follaron esa noche y todo el mundo
tenía una opinión sobre el hecho. Era increíble que un grupo de
milicianos con una o dos edades y breados en docenas de batallas,
pudieran ponerse como niños en campamento de verano.
Jean Pierre me dejó una documentación e informes sobre un nuevo
caso de desaparecidos en Colombia para que le echara un vistazo,
recogí las carpetas y me fui a mi camastro, al almacén, para poder
leerlos tranquilo. Esparcí las fotos, mapas y documentos y fui
tomando notas. Unas pisadas de un hombre de peso se acercaron al
almacén.
- ¿Se puede comandante?
- Un momento…
Era el coronel, recogí toda la documentación en una sola carpeta
que puse en el suelo.
- Adelante coronel
- Si molesto vuelvo después
- No tranquilo, no es nada. Luego sigo revisando papeles,
¿pasa algo?
151
- Sé que soy un pesado y algo reiterativo, pero quisiera seguir
con la conversación que teníamos
- Mire Hanselman, yo tengo poco más que decir del tema. Ya
le dije que los principios nunca son los finales, siempre
suelen ser muy subjetivos. Principios como los de justicia,
proporcionalidad o los de ética social, son conceptos que
sólo manejan quienes los definen a conveniencia. Los que
están en la base de la pirámide de Maslow no tienen esa
oportunidad, porque su favela o su aldea suele ser el único
mapamundi de su vida. La educación casi siempre es
castradora, formando obreros a perfil de lo que solicita el
capital, por eso hay que formarse todo lo que sea posible
para llegar a tener la suficiente conciencia para desechar
casi todo y quedarse con la esencia, con la raíz y un paso
más, pero no dos. Ignoro sus razones vitales que le han
llevado a estar acá, es más, que apenas me interesan si no
nos salpican, sólo el margen del principio de incertidumbre
de Heisenberg, no la parte de la mecánica cuántica, sino por
la que cualquier elemento modifica el entorno por el simple
hecho de estar. No sé si me he explicado, en resumidas,
personalmente me importa usted una mierda
El Coronel Patrick Hanselman se quedó a terminar de dar sus clases
y se marchó con un saludo con taconazo y un “hasta siempre
comandante
A MARTA
En abril de uno nueve noventa y siete. En un momento de
inconsciencia o valentía, escribí una carta a Marta como un humilde
y chiquito réquiem laico para quizá aliviar un poco la pena de su
ausencia. Yo estaba en medio de África, la verdad es que no tengo
152
recuerdo del preciso momento en que me volví loco y empecé a
escribir, sólo sé que revisando viejos disquetes de tres y medio
encontré lo que esculpí en un papel y luego di un brochazo en un
prehistórico ordenador ocho seis.
“Siempre fui consciente que vivía unos momentos de
felicidad y los saboree en cada instante, ahora te recuerdo y
sólo tengo ganas de llorar, de añoranza y de tristeza. Te
echo tanto, tanto de menos. Te llevo en el pensamiento y el
pensamiento sólo quiere respirar fuerte, acá en la trinchera
las balas silban a mí alrededor. Nada está escrito, pero
parece que lo inevitable se apodera de las estancias como
una pegajosa espera que acrecienta la angustia. Cuando
marcho el corazón se revela. Soy un apátrida, un renegado
con un desarraigo en las venas y sólo tú lo entendías. Joder,
sólo creo que nunca te di las gracias, te tenía que haber dado
un millón de gracias por darme el dolor y la alegría de la
vida. Nunca disfruté tanto de un cariño. Joder, sólo quisiera
abrazarte. Eras grande mi niña, eras muy grande. Lo que
tengo de ti, no se me podrá quitar, lo tengo pringadito en el
alma. Vivo la gran angustia del misterio de tu muerte. Hay
días que te recuerdo y me quedo en “K” en el cero absoluto
de -273,15º. Dicen que el dolor es inevitable pero que el
sufrimiento es opcional, pero como se lo explico a los niños
que tengo en este pequeño campamento de refugiados. Acá
los niños están jodidos y yo me siento mal por no poder
hacer más por ellos, como siempre. Pero me faltas tú para
sacarme del bucle del dolor gratuito. Te quise. Joder que te
quise. Y tú so cabrona decidiste bajarte de la locura y yo te
odio por ello. Me has dejado solo, no te lo perdonaré nunca.
Éramos camaradas, amigos y algunas veces amantes y no
he podido darte tres ostias por dejarnos sin aviso de fuga.
Sólo una puta nota que pone lo que nos querías. Sin mis
Jimenas, sin Margarito y ahora sin ti. Eres una cabrona que
querré toda mi puta vida.”
Después de escribir este dolor, busqué un sitio donde no oliera a
muerte y me senté a leer del libro de Libertad bajo palabra de
153
Octavio Paz, la poesía circular Piedra de Sol que son 584 versos,
los mismos días que Quetzalcóatl (planeta Venus) tarda en dar una
vuelta al sol, que ha Marta le gustaba tanto y Luis Pastor hizo una
lindísima canción con algunos de esos versos.
Pues nada de esa liturgia sirvió para calmar el dolor de su ausencia
y la pena de la muerte, esa noche, de cuatro niños por desnutrición
severa.
Miles de siglos después, me descubrí que sigo de duelo y casi de
luto riguroso por tu culpa y por la de algunos más, y que tengo
llenita el alma de fantasmas que ningún diablo Mephistophelero me
la quiere comprar aunque la pongo de saldo de vez en cuando
convirtiéndome en un Heinrich Faust cualquiera, ni Goethe me
podría salvar de ello.
Por todo lo anterior expuesto egoístamente te digo; querida cabrona
te daría tres ostias.
154
EL FLOGISTO
Apenas nos quedaban pilas para las linternas por eso empezamos a
utilizar las velas en los lugares interiores, las velas no valen para
huir y las linternas sí, estábamos en los restos de una cabaña de
tránsito de los pastores locales que habíamos arreglado un poco para
pasar la noche. Se nos había jodido un carro en plena evacuación y
metimos a los niños como sardinas en lata en los otros dos para que
pudieran seguir camino, nosotros no cabíamos y nos arriesgamos a
ir andando. Dos mochilas con agua, alguna lata, brújula, un pequeño
talkie de sólo cinco kilómetros de cobertura, armamento y carretera
y manta. Digo…, y sabana y saco.
Margarito miraba la vela con verdadero interés, buscaba y buscaba
girándola de un lado para otro, mirando la llama.
- ¡Joder compadre! deja ya mover la vela. ¿Se puede saber
que buscas?
- Busco el flogisto…
- ¿El cualo? Compadre creo que hoy te ha dado demasiado
el sol, o el golpe que te dio el hijo de puta de vigilante en la
cabeza te ha dejado menso
- No hay nada peor que un inculto ilustrado
Dijo Margarito con una suficiencia prepotente que daba náuseas.
- El flogisto, es un principio que se inventó un tal Georg
Stahl que decía ser una sustancia hipotética, que tenían los
cuerpos que podían sufrir combustión. Más o menos sobre
el año 1.715
- Y el flogisto ese, ¿lo sigues buscando? Coño compadre
estás volao
155
- Quizás, pero no tengo otra cosa que hacer. No podemos
hacer fuego para no ser vistos y estoy acojonado por los
bichos que nos van a comer esta noche, así que me
entretengo en la búsqueda del flogisto. ¿Algún problema?
- Pues más vale que descanses, que nos quedan por lo menos
más de setenta kilómetros para estar en zona más o menos
segura, y después que nos encuentren los compañeros
cuando regresen de soltar a los niños
- Eso si no nos comen los bichos esta noche. Que he visto
mierdas como puños por el camino
- Ya te dije que teníamos que haber contratado otro local más
de los que conocen la zona
- No me jodas con esas, ni teníamos plata ni podíamos saber
que nos iban ametrallar el carro, supuestamente sólo tenían
armas cortas. Además dijiste que no querías ser jefe de
misión. Pues te chingas y te callas so pendejo que te va a
dar igual, esta noche nos van a comer los leones o las putas
hienas
- Nos va a morder alguna serpiente y después nos van a
devorar vivos los cocodrilos del río que hemos pasado
- ¿Había cocodrilos en el río? Yo no vi nada
- Yo que sé si había cocodrilos, anda sigue buscando el
flogisto ese y deja de decir memeces
Hicimos alguna guardia y descansamos todo lo que nos dejaban los
miles de ruidos que tiene la sabana por la noche, y todos
acojonadores. Nada más clarear nos hicimos un riquísimo café
soluble sin calentar y sin azúcar.
- ¿Pero no habías cogido tú el azúcar?
156
- Qué coño si no sabía que teníamos café soluble. Tengo unos
caramelos de menta ¿quieres?
Masticamos los caramelos y los escupimos en el café frío soluble.
Todo un deleite que creímos nos iba a dar una diarrea de los mil
demonios, pero no fue así.
Seguimos caminando dirección noroeste, el sol abrazaba y las botas
empezaron a sudar antes que la cabeza. Caminábamos sin hablar
pues no podíamos perder energías todavía estábamos en zona hostil
bípeda, porque en cuadrúpeda estaríamos siempre. Hicimos alguna
parada para fumar, aunque Margarito ya apenas lo hacía. Siempre
uno detrás del otro, el primero vigilaba por dónde íbamos, el
segundo sólo caminaba y así nos íbamos relevando. Teníamos
suerte, los bichitos que nos íbamos encontrando o estaban de paso
o se marchaban al vernos. Algunos son muy bonitos en los
documentales, pero en persona son menos hospitalarios y
muchísimo más grandes.
Sobre el mediodía el sol ya saturaba nuestros sentidos;
descansamos a la sombra de unos anoréxicos arbustos, era lo más
parecido a una sombra que teníamos. Había rodadas antiguas cerca,
eso no nos gustó pero no había más remedio que parar.
- ¿Oye compadre y tú qué opinas del gato de Schödinger?
¿Está dentro de la caja o no?
- Yo opino lo mismo que tu santa madre, que de pequeño te
quedaste mal de la cabeza de la pedrada que te dieron en el
recreo cuando ibas a la academia EXA. El gato puede que
esté en la caja y puede que no, pero… creo que estoy viendo
a una linda gatita que se está acercando
A lo lejos una leona se había subido encima de unas rocas para
tumbarse, era raro, a los leones no les gusta el sol y una leona sola
no era normal.
157
Dejamos la sombra y seguimos andando despacio pero sin pausa lo
más lejos que pudimos de la linda gatita con una cabeza como una
lavadora y que no estaba dentro de una caja, ni su dueño se llamaba
Schödinger.
El cansancio y la falta de agua nos empezaba a pasar factura,
llevaríamos unos veinticinco kilómetros andados, agotados
queríamos parar a descansar. Vimos que no muy lejos había
vegetación verde y eso no podía ser nada bueno, no se puede parar
donde hay agua y menos pasar la noche, todos los animales van a
abrevar a los ríos.
En seguida que cogimos resuello seguimos andando hasta que el
sol nos permitió, la flojera nos empezaba a roer la cabeza y los ojos.
Hay un momento donde las piernas se segregan del cuerpo y andan
solas, como un acto reflejo del sistema vegetativo. El sol iba
cayendo como nuestro punto de equilibrio, no podíamos disparar a
ningún bicho para comer para no hacer ruido, de vez en cuando nos
encontrábamos rodadas más o menos recientes.
Cuando ya no podíamos más, barrimos un poco el suelo entre unas
rocas y cortamos con los machetes ramas de espinos para rodearnos
y hacer un poco de parapeto, también cogimos maderas secas por si
nos amenazaba algún cuadrúpedo nocturno encenderlas y poder
defendernos mejor. Por la noche bajaron las temperaturas pero no
podíamos dormir dentro de los sacos, eso sería como entrar en
nuestra propia trampa nunca podríamos defendernos dentro de
ellos, por eso rajamos los sacos y nos los pusimos por encima como
mantas.
- Sé que no podemos comer nada, porque el olor llegaría muy
lejos, pero tengo un hambre del carajo
- A mí me quedan tres caramelos de menta. Partimos uno por
la mitad ¿y los otros dos para el café del desayuno?
- Dale camarada vamos a cenar un suculento medio caramelo
de menta
158
El aire traía frío y algo de humedad y en una guardia de Margarito,
pasó de más mierdas y encendió un pequeño fueguito.
- Compadre, compadre arrímate al fueguito y entra un poco
en calor.
Yo medio dormido me acerqué al fueguito que aunque chiquito
daba calorcito y ahuyentaba mosquitos. Seguí durmiendo,
Margarito se levantó y apartó una rama espinosa para salir a mear,
no quiso encender la linterna. De pronto se le quitaron las ganas,
vino corriendo, apagó el fueguito a pisotones y me despertó
susurrando.
- Comandante, saca los prismáticos y pásamelos. Creo que a
un kilómetro tenemos compañía, hay una hoguera grande y
parece que hay algún carro, no lo hemos oído porque están
a contraviento. Así qué procura no hacer ruido
- Pues entonces te toca hacer guardia el resto de la noche
- ¿Y eso porqué so chingón?
- Porque no quiero que nos maten por tus ronquidos, so
pendejo
- Ah sí, pos sí, chavito pelao
Estábamos protegidos por las rocas, pero no pudimos dormir
ninguno de los dos esa noche. De amanecida vimos como
levantaban su campamento y marchaban hacia el este. Nosotros nos
hicimos el café con caramelo escupido y tomamos camino,
teníamos que pasar por el campamento de los visitantes nocturnos
y lo que vimos no nos gustó nada, había una bolsa con algo de
pegamento y pisadas de pies pequeños, algunos descalzos, pero
sobre todo botas del treinta y algo y eso sólo podían ser algún grupo
de hijos de perra con niños soldados. Ya nos habíamos enfrentado
a estas situaciones otras veces y sabíamos que tendríamos que
159
defendernos de ellos como de cualquier paramilitar. Seguimos
camino sin decirnos nada, pero diciéndolo todo. Al rato dijo
Margarito…
- Vamos anímate compadre si ellos se han ido para el este,
seguro que no les vemos más
- No nos podemos fiar hermanito, ya sabes que la confianza
mata más que las balas
- ¡No me simpatizas!, dale güevon, hoy ya veo que no se te
pude decir nada
Le sonreí y seguimos caminando a buen paso, hicimos alguna
parada para comer algo y seguir la caminata, al mediodía buscamos
sombra en unos árboles de la ladera de una loma y descansamos
algo.
- No me gusta estar en las laderas desde arriba nos podían
freír, voy a subir a ver qué se ve arribota de la loma
Desde la loma me hizo una señal para que subiera, arriba había
también arbustos para la sombra y se veía gran parte de la planicie,
incluso se entreveía una especie de pista de carros. Eso podía ser
que empezábamos a estar en zona algo más segura, pero no fue así,
al poco apareció un pickup con soldados detrás. Nos tiramos al
suelo pero ya era demasiado tarde ya nos habían visto, iban cinco
chicos detrás y dos adultos delante. Nos fueron rodeando, al parecer
habrían visto nuestras huellas de blanquitos despistados y venían a
por nosotros, no sé muy bien si para robarnos, no sé el qué,
secuestrarnos o simplemente matarnos y divertirse un poco.
Algunos de los chicos parecían que no iban en muy buenas
condiciones, reían a carcajadas y hablaban a gritos como
bromeando mientras cargaban sus Akas, los dos adultos más hijos
de puta, subían más alto con el carro y esperaron cerca de él.
Mandaron a los chicos como peones y ellos enrocados detrás del
carro.
160
- Sabes compadrito, ya que no tenemos santito a quien rezar,
démosles candela
Dijo Margarito mientras apuntaba a los adultos.
- Yo empiezo con los jefes, no soy caballeroso y no voy a
esperar que empiecen ellos.
Y empezó a disparar a los dos adultos alcanzado a uno de ellos y al
carro.
- No me seas chingón, no te cargues el carro que es el único
medio que tenemos para salir de acá
Nos empezaron a caer balas sin demasiada puntería de los chicos,
pero el joputa del mayor nos estaba friendo desde detrás del carro.
Nosotros tampoco teníamos demasiadas balas como para
despilfarrar y disparábamos a pequeñas ráfagas incluso tiro a tiro,
Margarito que tiene mejor puntería que yo se cargó a dos chicos de
una sola ráfaga. Ellos se acercaban demasiado deprisa, iban a puro
macho sin apostarse en ningún sitio, estaban hasta arriba de alguna
mierda. Al final nos los cargamos.
- ¡Dispara al carro, dispara al carro! ¡No te guardes
munición! ¡Dale candela al hijueputa!
Gritaba Margarito mientras se ponía de pie, descargando munición
y rabia de los chicos que habíamos matado, yo le seguí descargando
toda la munición que llevaba y cuando no me quedó más, bajé a por
un Ak de los niños y tres cargadores y desde allí seguí tableando
toda la munición sin querer mirar al niño muerto a mi lado. El hijo
de perra se había escondido detrás del carro, pero Margarito llegó
por detrás y le descerrajó el cargador entero. Salí de la ladera donde
estaban los niños muertos y fui hacia el carro donde estaba
Margarito cogiéndoles munición a los adultos y dos granadas de
mano que había dentro.
161
Tuvimos suerte, el carro no llevaba radio así que no pudieron
comunicar a nadie nuestra posición, estaba ametrallado y le
habíamos reventado las dos ruedas que miraban hacia nosotros, sólo
tenía una rueda de repuesto pero también llave y gato.
Cambiamos la de delante pinchada por la de repuesto, sacamos
todo lo que había dentro que eran piezas mecánicas de algo y
metimos la rueda pinchada. Margarito y yo nos miramos algo
temblorosos aún y fuimos hacia donde estaban los niños, todos
tenían señales de maltrato, Margarito y yo sabíamos diferenciar
perfectamente las de maltrato, las defensivas o las de peleas,
habíamos visto muchas, demasiadas en nuestras misiones.
Arrancamos el carro y salimos para el noroeste, no dijimos nada. El
carro derrapaba por la rueda pinchada de detrás, pero aguantaba, así
fuimos durante bastantes kilómetros hasta que el neumático salto y
nos quedamos clavados. Quitamos la llanta y la cambiamos por la
otra rueda pinchada y así aguantamos varios kilómetros más hasta
que se volvió a reventar.
Con el carro con el culo arrastras y con la reductora puesta lo
llevamos hasta una ladera y lo tiramos, lejos de la seudo pista por
la que íbamos. Recogimos las mochilas y seguimos camino a pie.
Margarito empezó a fumar un cigarrillo después de otro.
- Compadre no sigas fumando así, que nos quedan poco
tabaco
- Tengo dos paquetes más del joputa que he chingao. Creo
que los chavales no tenían más de catorce y quince años
- Déjalo compadre, tenían edad suficiente de matarnos. Y
punto
Seguimos caminado sin mirarnos, no queríamos ver como
llorábamos como dos niños de occidente, lloramos y seguimos
llorando hasta que el sol empezó a desaparecer.
162
Ya habíamos recorrido muchos kilómetros, no sabíamos cuánto nos
quedaba hasta que nos encontraran y encendíamos el talkie cada
hora en punto como habíamos quedado, pero nada.
Preparamos un mini refugio con las ramas punzantes, que siempre
nos jodían las manos al machetearlas, para pasar la noche e hicimos
un fuego, ya nos importaba menos que nos vieran. Seguíamos
teniendo la adrenalina por las nubes y el ánimo de combate con
ganas de descargar ira y rabia. Descansamos algo al lado del fuego
y empezamos a oír los ruidos agudos de las hienas que se estaban
acercando, echamos corriendo al fuego toda la leña que habíamos
cogido y encendimos las linternas, al principio sólo vimos a tres
pero al poco aparecieron unas cuantas más.
Les empezamos a tirar palos encendidos pero les tocaba las narices,
y a las hembras ese pedazo de clítoris que parecen pollas. Apenas
se asustaban del fuego.
Nos pusimos de espaldas uno contra otro y empezamos a disparar
cuando las más valientes ya estaban a unos cinco metros de
nosotros, creíamos que con matar a un par de ellas las demás se
asustarían pero no, no era como salían en los documentales. Las
muy hijas de puta reivindicaban su parte de la cadena trófica y
estábamos en su terreno.
Seguimos disparando a tiro, hasta que la rabia nos salió de los
adentros y empezamos nosotros a acercarnos a ellas y dispararles a
pura ráfaga. Queríamos sangre, queríamos desquitarnos del dolor,
queríamos matar como mata cualquier animal sin moral y sin
remordimientos, matamos a toda la manada.
De repente se hizo un silencio en toda la sabana sólo roto por dos
hienas que todavía respiraban y yo rematé, no para que dejaran de
sufrir, si no por que murieran de una puta vez. Estábamos locos,
borrachos de sangre, muerte y dolor.
- ¡Ahora os vais a reír de vuestra puta madre! ¡So putas!
163
Grité como un loco devorando carne cruda. Yo siempre he tenido
un odio atroz a las hienas aunque sé que son estupendas madres,
pero ya nos habían matado a más de un recién nacido en algunos
poblados. No las soportaba. Con el paso del tiempo me fue dando
igual.
- Hay que ver qué fácil es convertirse en asesino
Dijo sentenciando Margarito.
- Deja de decir obviedades y vámonos de aquí que dentro de
poco estará lleno de leones y carroñeros y no quiero que
nos pillen en medio
Eran las tres y cuarto de la noche y con el jaleo no habíamos
encendido el talkie a las o´clock, tiré mi Ak al fuego que quedaba.
Teníamos poca munición, rellenamos los cargadores de Margarito
con lo que quedaba del mío, seguimos caminado con las linternas
ya con las últimas pilas y mirando de continuo la brújula.
El cielo estaba nubloso como nosotros. Después de una buena
caminata más o menos rápida nos sentamos a descansar, tampoco
nos quedaba mucha agua, dimos los últimos tragos de las
cantimploras, nos fumamos unos cigarros y encendiendo una
fogatilla.
- Creo que vamos jodidos comandante
- Bueno, de peores hemos salido. Después de lo que hemos
tenido que hacer para sobrevivir, no nos vamos a poner
exquisitos ahora. Apretemos los dientes, aguantemos como
marañones
- ¿Cómo Marañones?
- Los marañones eran los soldados de Lope de Aguirre, un
conquistador español y una de las personas más
164
sanguinarias e hija de puta de la historia del mundo, fue el
de la expedición en busca de El Dorado
Cada vez que iba contando quienes eran los marañones, me iba
avergonzando de mí mismo.
- ¿Y tú quieres que seamos como los Marañones?
- No, yo sólo quería que tuviéramos esa voluntad y fuerza de
lucha… Que mierda, a tomar por culo, el genocida Lope de
Aguirre y sus putos marañones
- Ja, ja, hay veces que te sale el español imperialista que
tienes escondido
- ¿Yo imperialista? no me toques los cojones, los
internacionalistas no podemos ser imperialistas. So
mexicano chingón asesino de centroamericanos
- ¡Excusatio non petita, accusatio manifesta!
- No mames, vete a la mierda so joputa. Que sepas que si nos
atacan las fieras te van a comer primero a ti por ser más
grande y chingón
- ¡Rásquese, rásquese, imperialista, que el chile va picoson!
Después de la bronca medio en broma, pero sólo medio, seguimos
andando en la oscuridad de la puta noche nublosa. A las cuatro
o´clock encendí el talkie y escuchamos;
- ¡Breiko, breiko! ¿Hay alguien en escucha?
- Y en espera desde hace una burrada de horas
- ¿Los disparos que oímos erais vosotros? ¿Estáis bien?
- Yo sí estoy bien, Margarito está como una puta cabra
165
- Encender alguna hoguera grande y las linternas, que os
estamos dando vueltas desde hace dos horas que no
encendéis el talkie
Hicimos una hoguera lo más grande que pudimos en lo alto de unas
rocas, nos recogieron en menos de media hora. Ya en el carro,
bebimos un buen trago de agua y un mejor trago de tequila que le
habían traído a Margarito. Salimos de la zona y al nacer el sol vimos
a más cuadrúpedos, que ahora dentro del carro y armados se veían
relindos. Dormimos casi el resto del camino, unos kilómetros antes
de entrar en la capital hicimos una parada para estirarnos un poco y
tomar ánimos para entrar en la civilización. Margarito y yo nos
fuimos a dar un paseo.
- ¿Cómo vas hermano?
Me preguntó Margarito, sólo por preguntar.
- Pues como tú poco más o menos, haciendo hueco para unos
cuantos fantasmas más, que ningún occidentalito civilizado
comprenderá nunca, sentados al lado de sus refrigeradores
y comprando aparatitos llenitos de coltán, verborreando
sobre el pacifismo y la justicia social mientras les regalan
anillos con piedrecitas brillosas a sus doñas, piedritas
llenitas de sangre. Espero que algún día explote toda la
sangre que se ha derramado para conseguir los tesoritos, y
revienten de sangre todos los ordenadores, teléfonos,
tablets y los anillos del mundo. Salpicándolo todo de sangre
de pobre, a ver que dicen los civilizados…
- No sé para qué te pregunto nada después de una misión.
Nunca me alivias y siempre me contradices mas
Dijo Margarito quitándose el cinturón con la pistola, poniéndolo en
el suelo y encendiendo dos cigarros.
166
- Margarito ¿sabes que la investigación del perro de Páulov,
de donde se sacó la ley del reflejo condicionado está mal
dicha? Resulta que es una mala traducción del ruso al
inglés, que en verdad se tendría que llamar la ley del reflejo
condicional, dado que condicionado se refiere a un estado
o situación, mientras que condicional se refiere a una
relación, lo cual era el objetivo de la investigación…
- ¿Y tú sabias que tanto el gorila Koko, como la chimpancé
Washoe, dentro de las investigaciones de la cognición de la
comunicación del lenguaje animal, sabrían mandarte a
tomar por culo perfectamente en lenguaje de signos?
- Pues que sepas que me parece muy interesante, ¿pero tú
crees que lo hacían por un afán comunicativo o sólo
condicionado a un interés?
Margarito se levantó del suelo, pegó el último trago de la botella y
refunfuñando algo sobre cagarse en todos mis ancestros y se fue a
mear a la rueda del carro. Yo le grité con la garganta rota de dolor…
- ¡Miramos las caras de los niños que habíamos matado para
que puedan seguir viviendo como fantasmas identificados
y no se convirtieran en anónimos, que nunca sabemos si son
nuestros!
- ¡Y yo me cago en los hijos de puta de los dioses!
Gritó Margarito mientras disparaba el cargador al cielo.
167
DANA Y EL TRIÁNGULO AZUL
Estábamos en la Vieille Capitale que es como suelen llamar a le
Ville de Quebec. Kirsten y yo bajábamos en un barco por el río San
Lorenzo hasta la desembocadura del río San Carlos, era verano y
hacía una calurosa mañana de unos diecinueve grados, todo el
mundo estaba sofocado de calor, menos nosotros.
- Kirsten, nunca supe porque Dana sabe tanto sobre España,
además habla un castellano muy bueno con acento
mesetario
- ¿No llegó a contárselo?
- Pues no, la vedad es que hablamos poco de nosotros
Kirsten sonrió recordando la primera vez que nos conocimos su
amiga Dana y yo. Hacía ya más de seis años.
- Aquel encuentro fue muy intenso, luego hablamos muchas
veces Dana y yo sobre esos días y no sé qué le hizo o dijo
al Coronel Hanselman, pero quedó muy impresionado con
usted. Siempre se muestra solicito a trabajar con nosotros
en lo que queramos
Ahora era yo el que sonreía recordando esos días.
- Sobre Dana no le digo nada, puede preguntárselo usted
mismo llega mañana a pasar unos días en mi casa
A mí que siempre me gustó el frío me cerré la cazadora medio
pasmado y no quise hacer ningún comentario. Dar una vuelta
turística con sol y sin hielo, era la primera vez que lo hacía en
Quebec, siempre estaba lloviendo, todo helado o con ventisca.
Kirsten llevaba ya muchos años viviendo en la vieja capital, en la
Base Ville (la ciudad baja) que está bajo de los acantilados de Cap
Diamant de la Haute Ville (ciudad alta). En un lindo apartamento
entre le Vieux Québec, precioso centro histórico amurallado
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patrimonio de la humanidad y el puerto. Seguía ejerciendo de
cirujana pediátrica en el Centre d´Hébergement, Hôpital Général de
Québec, en la zona de Notre Dame del Anges y en algún hospital
social más. Siempre manejó bien de plata, esa noche fuimos a cenar
a casa de Jean Pierre y Jaqueline y Kirsten llevo dos botellas de un
buen vino italiano. Comimos y dimos cuenta de las botellas,
melancólicos y con la nostalgia rejodiendo los adentros, recordamos
viejas batallas y a antiguos camaradas caídos en combate.
- Comandante véngase a casa a dormir y así ve mañana a
Dana
- Estoy demasiado melancólico y rechingao como para que
me aguante nadie, no me aguanto ni yo mismo. Creo que
me iré dando un paseo hasta la oficina y me quedaré a
dormir allí en la habitación del fondo
- Esa habitación ya tiene tu nombre, eres el único que la usa.
Te puedes quedar aquí a dormir pero nunca quieres, cada
vez eres más huraño
Dijo Jaqueline haciéndose la ofendida por no quedarme en su casa,
les di a todos un beso y marché a dar un paseo hasta la oficina hogar.
La noche estaba limpia, encendí un cigarrillo, aunque ya cada día
fumaba menos, y metí las manos en los bolsillos, mis botas sonaban
contra los adoquines y las chapas chocaban suaves en mi pecho,
estaba vivo, que bueno era estar vivo, con un aire tan limpio en una
noche tan impoluta.
Los fantasmas me daban un chance para recuperarme de la
añoranza de la juventud batalladora y me dejaban que las canas
salieran como parto sin apenas dolor. Llegué a la oficina hogar, me
quité las botas, descorrí las cortinas para ver las vistas y me acosté
en la cama de los invitados que sólo usaba yo. Leí durante un buen
tiempo un libro que me había regalado Jaqueline, me dormí tarde
pero sin demasiadas pesadillas.
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Por la mañana me despertó la luz de la ventana, que solucioné
levantándome a mear y bajando las persianas. Sonó y sonó el
timbre, pasé de él, todos los que conocía en Quebec tenían llave.
Escuche como abrían la puerta, pisadas y risas entrando en la
habitación. Yo seguía desnudo bocabajo tapado por una sabana.
- ¿Permesso?
- Avanti Kirsten
- Hay alguien que quiere verte, te traemos un buen desayuno.
Aunque sabemos que sólo desayunas un trago de café
El desayuno olía a café, beicon frito, puré de papas y magdalenas.
Abrí el olfato y los ojos y vi una sonrisa con una bolsa de papel en
la mano, cuando me puse las gafas ya vi que era Dana que se sentaba
en la cama a mi lado.
- Hola mi comandante, creo que esta vez no lleva ni los
calzoncillos puestos
Recordando la primera vez que nos vimos.
- Buenos días mis guapísimas germánicas
- Yo sólo vengo a darte un beso, me ha salido una emergencia
y tengo una operación en una hora, os dejo, no os veré hasta
mañana
Dijo Kirsten mientras me besaba con lengua la muy guarra, y se
marchaba sonriente.
- ¿Qué tal se encuentra mi Comandante?
- Voy aguantando ¿y vos?
- Yo estoy de vacaciones y he venido a poder deprimirme sin
consuelo y, pos a puro pecho desgarrao, como hubiera
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dicho Margarito. Hace mucho tiempo que no nos veíamos
y le he recordado mucho, se de usted por Kirsten. Por
cierto, ya me ha dicho que quería saber algo de mí. Es una
larga, larguísima historia y no creo que le guste oírla ahora
con la bajada de ánimo con la que está con lo de Colombia
- No te preocupes, soy un buen escuchador de historias,
sobre todo si son verídicas y de gente que quiero
- Pues desayunemos y se la cuento, o por lo menos lo intento.
Hoy si quiere pasamos el día juntos y espero que la noche
también
- El comandante está como Don Quijote, sin peto y sin
espaldar y a su disposición
- Siempre me gustó León Felipe. Dijo Dana sonriente.
Yo me quedé sorprendido de que esta teutona conociera poesías de
León Felipe. Desayunamos lo que quisimos, me levanté me di una
ducha y me puse cómodo para pasar el resto de mañana escuchando
su historia.
- Estoy expectante y entregado a lo que me quieras contar de
ti, soy todo oídos
- Ya te dije que es algo duro y largo
- Esas son las que más me gustan de oír, son las que nos dan
más lecciones de vida que la filosofía de los libros y frases
pomposas intelectualoides
Dana se recostó en el sillón y yo en el sofá, el sol nos daba una
iluminación perfecta.
- Pues bien, mi abuelo se llamaba Hilario Rodrigo Estremera,
era del partido comunista y el que repartía el Mundo Obrero
en su pueblo, al sur de Teruel. Tras el alzamiento fascista
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del treinta y seis lo movilizaron a Albacete donde en
diciembre del mismo año entró en la XIV Brigada Mixta la
Marsellaíse con voluntarios franceses y belgas de las
Brigadas Internacionales por la Libertad. Estuvieron a las
órdenes de los comandantes Walter y Jules Dumont, fue allí
donde conoció al cabo francés Réne Pinaud haciéndose
camaradas y muy amigos, estuvieron juntos en la batalla del
Jarama, en la ofensiva de Segovia y por último en la batalla
del Ebro, donde la XIV Brigada es casi aniquilada,
disolviéndose y entrando junto con otros alemanes en la XI
Brigada Thälman con el comandante Américo Brizuela,
hasta que después de un ataque mi abuelo queda aislado en
el campo de batalla. Sin poder regresar a su Brigada decide
retornar para su tierra al sur de Teruel, al ver que la zona
está complicada y tras enterarse que murió casi toda su
familia en un bombardeo, marchó para Alicante de donde
creía poder ser evacuado
- Llegó al puerto el veintiocho de marzo del treinta y nueve
con la tropas fascistas pisándole los talones, quería intentar
salir al exilio en el African Trade pero ya había salido hacía
unos días, sólo encontró la posibilidad de embarcar en un
viejo carbonero inglés que se llamaba Stanbrook con una
lista de evacuación de unas dos mil setecientas personas,
entre las cuales no se encontraba él, además estaba
completamente repleto de gente que aprisionada
aguantaban como podía, y parecía que iba a explotar.
Llovía y llovía, en el muelle la noticia de que al medio día
había caído Madrid corrió como la pólvora entre el gentío
- Sobre las once de la noche el barco empezó a rugir motores
y el capitán Archibald mandó soltar amarras, muchos se
quedaban en tierra repitiéndose a sí mismos que no habían
hecho nada y que seguro que nada les pasaría. Otros
intentaron desesperados nadar hasta el barco para
alcanzarlo, pero sólo dos hombres consiguieron llegar y
subir por las maromas, entre ellos estaba mi abuelo. Los
aviones ametrallaban el muelle y bombardeaba la bocana
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del puerto, de desesperación y angustia algunos se tiraron
al mar y un joven brigadista internacional inglés para
suicidarse, se tiró desde la chimenea del barco cayendo
entre la gente, hiriendo a alguna mujer y muriendo en el
acto.
- El barco cambió el rumbo en una maniobra de distracción
que la gente creyó que era una traición del capitán y
empezaron a tirar la documentación al mar, el Capitán
Archibald explicó el porqué de la maniobra y la gente se
tranquilizó. Pudieron zafarse de los aviones y poner rumbo
a Argelia, veintidós penosas horas después llegaron al
puerto de Merz-el-Kebir, puerto militar de Orán
- Después de la salida del Stanbrook en los muelles del
puerto se reunieron más de veinte mil personas, hombres,
mujeres, niños y ancianos esperando huir. Las tropas
fascistas estaban tomado la ciudad de Alicante y se oía la
artillería descargando. No llegó ningún barco de los que se
esperaban. Las gentes que se quedaron en tierra a merced
de las tropas fascistas, comenzaron a gritar de angustia y
dolor, algunos padres desesperados disparaban a su mujer
y a sus hijos y se suicidaban después, otros se volvían locos
y se tiraban al frío mar para morir. A los tres días entraron
las tropas franquistas al puerto, fue aterrador, pasando a
cuchillo y matando a cientos de personas, violando a
mujeres, robando todas las valijas que llevaban y las que se
habían quedado del Stanbrook por falta de sitio. Al resto se
los llevaron para el Campo de los Almendros que estaba en
Alicante y después los trasladaron al Campo de
Concentración de Albatera, en la comarca de la Vega Baja
del Segura donde llegó a haber unos treinta mil presos. Fue
uno de los campos de concentración más duros de la
posguerra, terminando muchos de ellos fusilados o muertos
por el hambre o las enfermedades.
- Uno de los hechos más terribles que se producían eran las
sacas de presos, que consistían en la llegada de falangistas
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de toda España a buscar fugados de sus zonas para
ejecutarlos, si no los encontraban elegían grupos al azar
para fusilarlos igualmente, y así poder hacer prácticas de
tiro los falangistas que no habían estado en el frente
Dana se echó a llorar y yo me hundí con ella, me sonaba todo
demasiado.
- España es un puto país repugnante y asqueroso, donde
jamás se recuerda a sus héroes luchadores por la libertad,
está repleto de calles con nombres fascistas y de
monumentos a la mayor gloria del franquismo. Sin
embargo, no nos dejan sacar a nuestros muertos de las
cunetas. Mierda de gobernantes mierdosos. Mamporreros
de la iglesia
Nos abrazamos y decidimos posponer el dolor de la verdad y del
pasado. Nos cambiamos de ropa y nos fuimos a dar una vuelta al
parque la Llanura de Abraham que era muy lindo, además hacía una
mañana rica en sol y en olores de flores. Apenas dijimos nada
durante el paseo, disfrutamos del verde salpicadito de flores, de ver
niños jugando y novios comiéndose a besos.
- Sabes, cuando Kirsten me habló de ti la primera vez me
sentí un poco aliviada y reconciliada con España, después
poco a poco me fui dando cuenta que tú tampoco eres
español, sólo tienes un trapo tricolor como patria que te
entra en el bolsillo del pantalón
- Sí eso y alguna cosa más guardada en recuerdos. Lo demás
es sólo donde viven mis viejos y mis hijos
Seguimos paseando mirando tranquilidades, sonrisas y besos de
amores púberes y noveles. Paramos en un pequeño kiosco
acristalado donde comimos algo y seguimos aireando nuestras
lágrimas de adentro. Regresamos a lo que ya era nuestro
apartamento y que otros llamaban oficina. Nos pusimos unos tragos,
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nos sentamos de nuevo en nuestro sitio y Dana siguió narrándome
la historia de su abuelo y de mi país.
- Cuando llegaron a la Bocana del puerto de Orán vieron que
todavía estaba el barco African Trade atracado con todo el
mundo dentro. La gente empezó a ponerse nerviosa, no
tenían nada de comer ni beber, haciendo sus necesidades
colgados de las maromas hacia el mar. Llovía y los
milicianos tapaban a los niños con sus capas, pero para lo
único que sirvió fue para llenarlos de piojos. Era una locura
estar tan hacinados en espera tantos días. El día dos de abril
bajaron a las mujeres y a los niños del barco y los llevaron
a la antigua cárcel de Orán. Se quedaron embarcados unos
mil quinientos hombres que pasaron un mes sin apenas
comida ni agua. Los niños de las familias de españoles que
hacía años que vivían en Orán se acercaban en barquitas
para llevarles algo de comer y alguna medicina, mi abuelo
se salvó pero muchos de ellos terminaron con un brote de
tifus y los bajaron del barco. Los franceses no se fiaban de
los españoles creyendo que eran poco menos que diablos
Dana paró un momento se rellenó el vaso y con valentía de
combatiente, siguió contándome.
- En 1940 las tropas nazis toman París, el gobierno
colaboracionista manda controlar a los refugiados
españoles, y en Argelia manda movilizar a más de ocho mil
españoles en el proyecto de unir las colonias subsaharianas
con el Mediterráneo y con el tren Transsaharien
Mediterranée - Niger, haciendo campos de concentración
en varios ramales de la línea férrea. A 750 kilómetros al sur
de Orán estaba Hadjerat M´Guil, el campo más duro de
todos donde estuvo mi abuelo, donde el teniente Santuchi
torturaba hasta la muerte y mandaba a los presos al quinto
bidón, de donde nadie regresaba. Allí se hace amigo del
sargento Federico Moreno y de Cranell que habían sido
compañeros suyo en el barco Stanbrook.
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- En 1942, las tropas anglosajonas liberaron los
campamentos. Mi abuelo como muchos españoles,
marcharon a la zona libre francesa para unirse a la
Resistance ingresando algunos en la Segunda División
Blindada del Ejército Libre, más conocido como La Nueve.
En Francia, en una intervención de su comando en las líneas
nazis es capturado por los alemanes y tras torturarle casi
hasta la muerte, es enviado a Austria al campo de
concentración de Mauthausen que ya era conocido por el
campo de concentración de los españoles. En 1940 los
primeros en llegar fueron unos 7.500 republicanos
españoles procedentes de Francia. A los españoles que
llegaron primero se les aplicó el decreto Nacht und Nebel
(noche y niebla), un eufemismo inspirado en una ópera de
Wagner que significaba que todos morirían en el campo. Al
recinto todavía no habían llegado los judíos ni los rusos y
la locura exterminadora se descargó contra los
republicanos. El director del campo Frank Ziereis les
anunció que “la única salida posible de aquí es por las
chimeneas de los crematorios”
Nos servimos unos tragos más de whisky para poder ir pasando algo
por la garganta que la teníamos atorada, y la boca reseca de
impotencia y recuerdo.
- El viaje a Mauthausen, fue desastroso, muriendo varios
compañeros en el vagón de ganados donde iban pasando
todo tipo de penalidades, sin comida, ni agua y apenas ropa.
La llegada al Campo de Concentración fue una noche
helada y nublosa, los distribuyeron en varios grupos y a mi
abuelo lo pusieron aparte con unos rusos que no sabía muy
bien de donde habían salido, les hicieron quitarse la ropa y
los fumigaron. A mi abuelo le dieron un traje a rayas con
un triángulo azul con una S en medio, a los rusos con un
triángulo rojo y lo llevaron a los barracones de los
españoles. Le pusieron en la misma litera que Francesc
Boix preso número 5.185, les obligaban aprenderse los
números en alemán. Mauthausen eran la unión de varios
176
campos donde había unos 85.000 prisioneros y en el que
murieron más de 250.000, era un Konzentrationslager stufe
III, (Campo de Concentración grado tres) famoso por ser de
los más duros, diseñado para enemigos políticos
incorregibles del Reich, lo que querían era la exterminación
de la Intelligentsia que era un concepto que se manejaba
mucho por entonces, era como para la clase media
compuesta por personas con actividades intelectuales,
mentales y creativas, orientadas al desarrollo de la cultura,
más dirigentes políticos y sociales, todo un peligro para los
nazis
- Con el tiempo le explicaron el porqué del triángulo azul. El
Gobierno del Reich en cuatro ocasiones se puso en contacto
con la dictadura franquista preguntándoles qué hacer con
los españoles prisioneros en los campos de concentración.
Serrano Suñer, cuñado de Franco y Ministro de Asuntos
Exteriores, nunca se dignó a contestar oficialmente, sólo les
dijo que no eran españoles. "Hagan con ellos lo que quieran
porque la nueva patria no les considera españoles”, por eso
se les ponía el triángulo azul de apátridas con la “S” de
Spanier
- En el campamento sobrevivía como podía, cuando subía
piedras y llegaba arriba de la maldita escalera de 186
escalones, seguía la costumbre que tenían los españoles de
decir “Una victoria más”. Se hizo muy amigo del fotógrafo
Francesc Boix, que siempre hacia copias de las fotografías
que hacía para los nazis, esas fotos fueron decisivas para
probar en los juicios de Núremberg la presencia de los
oficiales nazis Albert Speer, Ernst Kaltenbrunner y otros en
Mauthausen, y así demoler sus alegatos de que
“desconocían los campos de exterminio”.
Francesc Boix con Antoni García Alonso y mi abuelo
pudieron sacar por la carpintería la mayoría de las copias de
los negativos, unos dos mil, y después dándoselos a unos
niños del Kommando Porchachers que salían todos los días
177
a trabajar fuera del campo. Según pasaban por un camino
los dejaban caer, recogiéndolos una chica y dándoselos a
Anna Pointner, valiente mujer antifascistas muy
comprometida con la causa que vivía en la ciudad de
Mauthausen, los tuvo escondidos en un muro que daba al
jardín de su casa hasta la liberación. Boix, García y mi
abuelo tras liberarlos fueron a por los negativos. Mi abuelo
siempre contó que Boix y García desde entonces se llevaron
muy mal, no sabía si por cuestiones de celos, pues Boix fue
el único español que declaró en el Juicio de Núremberg.
Allí fue donde mi abuelo conoció a la chica que había
recogido los negativos del camino
- De España huyeron a Francia más de medio millón de
personas, 35.000 participaron en la II Guerra Mundial en el
bando aliado, eran hombres bragados en batallas de
desgaste, acostumbrados al combate contra un ejército
fascista que tenían más armas y recursos. Querían matar
nazis sin personas interpuestas, de ellos acabaron más de
10.000 en campamentos de refugiados, sobreviviendo poco
más de dos mil
- En Francia después del desembarco de Normandía piden al
General Leclerc que tome París, y entran el día 26 de agosto
de 1944 la 9ª Compañía de la 2ª División Blindada de
Francia. Los primeros blindados que entran hasta el centro
de París son los comandados por los camaradas de mi
abuelo, Amado Granell y el sargento Federico Moreno, los
carros llevaban nombres de batallas españolas. El Blindado
Teruel entra de los primeros con la bandera de la República
Española, en el tanque Don Quijote iba el Sargento
Moreno. Después de la toma de París estuvieron buscando
a Hitler en El Nido del Águila y en muchas batallas más.
178
Yo seguía dolorido y embelesado escuchado a Dana, con ese acento
cada vez más de la vieja Castilla y la emoción en su cara y en sus
manos, sujetando el vaso con los hielos ya disueltos en el whisky.
- En el Campo la vida seguía fugaz y dura, mi abuelo perdió
muchos kilos y al parecer los años anteriores a su llegada
fueron peores, los hombres solían tener una media de 42
kilos. Después de la liberación escribió en un papel las
distintas formas de torturas y muerte que vio en
Mauthausen
Trabajábamos como esclavos en las canteras acarreando
piedras de veinte kilos por “la escalera de la muerte” que
tenía 186 escalones. Los internos que ya apenas podían con
las piedras eran empujados desde la parte alta de la
cantera, la llamaban "pared del paracaidista".
Las cámaras de gas, las naves en las que usaban camiones
que iba y venía entre Mauthausen y Gusen, con el tubo de
gases dirigido al interior. En pleno invierno nos daban
duchas heladas durante horas, hasta que moríamos de
hipotermia. En las celdas de castigo los prisioneros no
recibían comida ni bebida y solían morir al cabo de unos
doce días. En correctivo, nos azotaban con 25 latigazos que
teníamos que contar en voz alta y en alemán, si te
equivocabas volvían a empezar. Había fusilamientos
masivos sobre todo de las SS, ahorcamientos y
experimentos médicos. Cuando necesitaban sangre para el
frente del este, desangraban hasta la muerte a cientos de
internos. Además de la alambrada electrificada con 5.000
voltios, sobre las que se lanzaban los que ya no podían
resistir más. Dos mil prisioneros por semana eran privados
de comer hasta la muerte, más los disparos
indiscriminados, porque sí, de cualquier oficial.
- El 5 de mayo de 1945, entró la 11ª División Acorazada de
los aliados en Mauthausen. Las banderas republicanas
habían sustituido a las banderas nazis y la puerta del campo
179
estaba cubierta por una gran pancarta en la que se podía
leer: «Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas
libertadoras». Los combatientes republicanos no pudieron
volver a España o lo hicieron en secreto, la mayoría
quedaron diseminados por Europa como apátridas sin que
nadie les reconociera
- Conoció a Esteban Pérez Pérez, preso nº 5.042, valiente
comunista capturado en Dunkerque, que era de tu tierra, de
un pueblo que se llama Portillo de Toledo, donde jamás
quiso regresar por asco y repulsa. A España bajó en
contadas ocasiones, le daba asco hasta en tiempo de
democracia. Fue miembro del Comité de Resistencia dentro
del campo. Se quedó a vivir en París y se carteó con él hasta
la muerte de mi abuelo. ¿Tú conoces ese maldito pueblo?
- Sí, es un pueblo que está entre Madrid y Toledo. Pero
déjalo, mi tierra está llena de héroes que pasaran al olvido,
la ignorancia prepotente y la sumisión son las
características de la España profunda. Los republicanos
españoles, tanto los que lucharon en la résistance como los
que sobrevivieron a los campos de concentración nazis, son
héroes en toda Europa menos en España. La dictadura los
enterró en el olvido y el esquirol Felipe González terminó
de mandarlos al ostracismo. Hoy en día, se sigue
escupiendo a la cara de la decencia cada vez que en ese puto
país se hacen actos de recuerdo a los judíos europeos menos
a los sefardíes, y olvidándose por completo de los
camaradas republicanos españoles. Fue la única parte de
dignidad que aportó mi puto país en la Segunda Guerra
Mundial
- La chica que cogió los negativos y se los dio a Annita
Pointner se llamaba Therese Freinberger y terminó siendo
mi abuela, una valiente y guapísima austriaca, alta de ojos
verdes, que tocaba el piano como los ángeles. Mi abuelo no
tenía patria donde ir y decidieron bajar a Francia, a
Toulouse, a casa de su amigo Réne Pinaud con el que había
180
estado luchando en España en la XIV Brigada Mixta. En
Toulouse se casaron rodeados de antiguos camaradas. Allí
se enteró de la preparación de la “Operación Reconquista
de España” que estaba preparando la UNE (Unión Nacional
Española), promocionada por el PCE (Partido Comunista
de España) para la toma de España por la Agrupación
Guerrillera Española a través del Valle de Arán. Mi abuelo
se presentó voluntario. Mi abuela Therese, le quitó el
triángulo azul del uniforme rayado que se trajo de
Mauthausen, se lo cosió al nuevo uniforme de guerrillero y
en octubre de 1944, comandados por Vicente López Tovar
en la 7ª Brigada de la 204 División de Guerrilleros y con
una ametralladora Bren toman la ciudad de Viella. Ellos
solamente eran 4.000 guerrilleros frente a una tropa de más
50.000 soldados franquistas entre legionarios, regulares y
guardia civil. El alzamiento popular, que esperaban que se
produjera en España, no se produjo, después de refriegas y
muchas bajas Santiago Carrillo, que luego traicionó a sus
compañeros en la transición, con el General Luis Fernández
ordenan la retirada para evitar una pérdida total de las
unidades guerrilleras
- Mi abuelo regresa a Toulouse donde empieza a ponerse
enfermo y reniega de ese país llamado España, aun así
pasaron una temporada muy feliz. El partido comunista
español en el exilio les pidió que se fueran a vivir a
Alemania donde trabajaron ayudando a los pocos españoles
que seguían allí, la mayoría había bajado a Francia. En
Alemania occidental eran casi mal vistos, por eso se fueron
a vivir a Alemania del este donde les concedieron la
nacionalidad por los méritos en su lucha contra el nazismo.
Mis abuelos trabajaron juntos en temas de formación
agraria, no se separaban nunca, pasaban las veinticuatro
horas del día pegados, y nació mi madre. Le llamaron
Dolores Rodrigo Freinberger, en recuerdo de la Pasionaria
y de esa España valiente y ya inexistente que nunca volverá
en la historia. Siguió renegando de España, pero siempre
cantaba canciones revolucionarias cuando bebía un poco de
181
vino de más. Pero las dos guerras, una chapuza, y sobre
todo por su paso por los campos de concentración, le pasó
factura cayendo enfermo muriendo a los pocos meses
después. Su entierro fue con honores militares, muchos
camaradas y sin ningún dios. Mi madre se quedó a vivir con
mi abuela hasta que conoció al guapo ingeniero agrónomo
Adelfried Braummuller con el que se casó y tuvieron una
niña guapetona que soy yo; Dana Antje Braummuller
Rodrigo, que después de hacer la carrera de químicas se
metió al ejército durante un tiempo, y ahora estoy de
profesora en un Instituto de Secundaria. Pues bien, ya sabes
todo de mi genealogía. Siempre he vivido sola desde que
murió mi madre y no suelo aguantar a la gente, por eso
tampoco tengo clara mi tendencia sexual y odio los
compromisos amorosos.
Yo con los ojos llorosos la invité a que se echara conmigo en el
sofá, nos tumbamos nos arropamos con una pequeña manta de las
líneas aéreas Trans Canadá Air Lines, nos abrazamos y pasamos
toda la tarde en silencio. La noche vino sin avisar, Dana se levantó
hizo café y sacó de su mochila un envuelto de tela que guardaba una
cajita de madera que me dio para que la viera. La abrí y dentro
estaba el Triángulo azul con la “S” del uniforme de su abuelo y otro
trozo de tela con el número 7937.
Siebentausendneunhundertsienenunddreiβig
Esa noche creo que sólo nos besándonos mutuamente cicatrices.
Amaneció en la Ville du Quebec.
El Stanbrook fue hundido por la marina nazi durante la Guerra
Mundial.
El Camarada Don Esteban Pérez Pérez ese valiente desconocido en
su puto y asqueroso país, fue condecorado en el 2013 por el
Presidente de la República Francesa, François Hollande, con la
Gran Medalla al Mérito Militar.
182
Y yo sigo con mi tatuaje en el hombro de brigadista internacional
con una banderita de la Republica española.
183
PETROGLIFOS DE TORTURAS, MISERIAS Y
SOLEDADES
Buscando pasado, rebusqué en viejas carpetas algo que no hubiera
suicidado y encontré un texto que Marta seguro recuperó del suelo
o de una papelera. Yo siempre tiraba o quemaba los manuscritos,
no quería dejar petroglifos que me hicieran ser esclavo de lo escrito.
Marta decía que los podía dejar tranquilamente encima de cualquier
mesa, nadie los iba a entender. Isabel siempre contaba que después
de leerlos no sabía que decir o que hacer, que sólo le dejaba un
hueco en el estómago que siempre lo rellenaba alguna ulcera
pasajera. Marta tenía carpetas llenas de mis escritos que a su muerte
Isabel se llevó a no sé dónde, desapareciendo con ella creo que para
siempre. Este folio apareció invernando, creo que se despistó dentro
de algún sitio y siguió anonadado y durmiente hasta que alguna
miliciana republicana lo besó en la boca y lo despertó de su letargo,
como cuentan los buenos y viejos cuentos.
Discutí sobre dejarle vivir, pero son tan pocos los que me quedan
que decidí darle un chance y confiar en lo que me decía Marta;
“Por encima de las asperezas camina el sudor salado del
llanto, y se ensancha hasta que deshace el soporte y cae para
que se pueda enfriar el olvido.
Momentos de astucia reclaman sabores idos,
y atraen a las transgresiones claras del candor cómplice.
Sabores de caleidoscopio olfateo con propósitos de placeres
También había espacios de hollín naranja que rompían
ángulos.
Que proponían intenciones
Escalas proporcionadas al deseo de salida,
Escapan estrepitosamente golpeando los peldaños
sincopados con las prisas del ansia pura.
184
El espejo desata las euritmias del entendimiento
y el concepto huidizo de la obra del paso del tiempo.
Un arte con goteras y olor a diapasón artrósico
va enumerando las razones sesgadas que los espasmos
aprisionan sin compasión, hasta desatar la locura.
El cólera camina con mirada de patio.
La cabeza se ausenta y me quedo solo.
Las razones prietas no son suficientes,
todo se precipita en los huecos
que me hacen un dolor, que no merezco
y lo único que puedo hacer tan viejo que estoy
es repartir las últimas migajas de cariño que me quedan por
dar a una brillantez de revolución vivida.
Vos, me galopáis por las venas y... no sé,
me estoy poniendo nervioso.
Me he cortado el pelo como las embarazadas,
he tatuado una camisa planchando
y he asesinado sin querer a tres platos mientras fregaba
no sé, creo que me estoy poniendo nervioso.
Un grito gigante navega por canales nuevos y miente al
viento para no herir lo hallado.
Es tan difícil razonar lo que ya no se podrá borrar,
pero son tan bonitas las chispas del humo que sube al cielo
de los herejes…
En los sueños, los silencios suaves caminan de puntillas por
el desván y sólo marcan un pequeño diapasón en las siestas
de verano.
185
Quisiera que nos hiciéramos de hielo y tener una pasión
salvaje, gélida y seca, que hiciera temblar lo primitivo pero
sin que nos arranque el corazón. Y si nos lo arrana,
comámoslos.
Erase que se era un espacio condenso pero sin peso
específico, que hizo reventar cientos de constelaciones, todo
iba perfecto en su afán de brillanteces explosivas, hasta que
una intención tan sorprendente como el bolsillo de un
abuelo cruzó la diagonal de la razón y se instaló en la cocina.
La quietud de espera, arremete con la destreza propia del sol
que observo. El puto poder cuando se engendra se ejerce, y
no se apiada de ansias que sobreviven en forma de soledad
furtiva. La piedad sólo se admira cuando se observa no
cuando se crea, pues la sapiencia ejercida desvalija la creación
del desarrollo.
Siento no estar en la luz que estabiliza la pobre energía que
ejecuta la acción o el propósito de ella. Lejos, tan lejos, está
la brillantez de lo sonreído o la simple analítica de lo
observado. Canto y las paredes miran con paciencia la
decadencia del sentido.
Nada sigue en la espera, todos los aspavientos parecen la
coreografía convulsa de un proyecto de ahogado. Se fue el
brillo, la mirada de soslayo desapareció tan despacio que
parece que nunca existió, sólo sonríen las estatuas que
adiestradas, parecen dar lo solicitado.
Aspirar es demasiado cansado, confío en el instinto para
carenciar lo primogénito, que ruina de paciente desesperanza
rodea la lacónica foto que espero recordar.
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Confusa estampa, ese patético que aspira a no padecer dolor
innecesario, dejar fluir, valla consuelo, para quien la sabiduría
sólo aporta desgarro y angustia.
El horror, el vergonzoso horror a la sabiduría innata y a la
diagonal y jodida transversalidad, que algún día asumí sin
recelo y con sonrisa cómplice. Pues bien, los coletazos de la
malcriada cordura desequilibran la poca solidez de mi
análisis, “que se le va hacer”, cuando lo real ha sido vivido,
no puede haber espacio para la melancolía, y si el recuerdo
se transformara en lo hallado, la cordura espantará a la poca
fantasía que pueda comprar.
La luz se descompone y yo galopo descalzo, la emoción
cristaliza el foco y lo estricto se difumina cuando se despliega
al deseo las apariencias desnudas.
Braman las centellas cuando explosionan y las pestañas
chirrían cuando el ojo se delata en sueños de ostras.
Los ojos ya sólo resbalan sobre lo que algún día fue tocable,
caminan en la coreografía del péndulo.
Las sutilezas siempre joden los despertares. ¿Y, que
esperanzas puede admitir un suicida de papel?
“Vacío, todo está lleno de un vulgar y terrible vacío que se
va ensanchando con el respirar sordo de la espera, y espero,
si esperar pudiera, un gritar suave de luz marinera”. Lo
rimado siempre tiene sueños apacibles y vocación de canto.
Las teclas del órgano tenían caries, pero su aliento sonaba a
música celestial.
Si se te muere la sangre de tu sangre, ¿que eres? Las palabras
expresan lo sentido, pero cuando el sentimiento no tiene
palabra, sólo queda el grito y la tristeza para intentar
187
solventar la angustia. El dolor, al hacerse palabra desagua un
poco de pena, pero yo no tengo de eso, solo tengo un terrible
deseo de convertirme en piedra.
Era un día claro, quizá demasiado claro, me levanté
temprano para llevar la bicicleta a agarrarles los ponches.
Vlado, era el mejor ponchero de la habana y Jimena me
agarraba fuerte y apoyaba su cara en mi espalda cuando iba
parrillada en la bicicleta.
Hay una edad en la que se termina toda función natural de
vida, es cuando te mueres sin saberlo, cuando tus hijos
empiezan hacer su vida, el resto que queda, es tiempo
regalado zombi donde solo tu sabiduría y tu perspectiva del
mundo, es lo único que puedes aportar a la tribu.
Tengo un tesoro de conchas y de arenas de colores que no
sé qué hacer con él.”
Siempre que quiero escribir me pierdo por el camino, en
acciones que se quedaron colgadas del techo un miércoles
cualquiera, por ejemplo, y se convierten en pequeñas naves
flotantes que viajan por mi casa y no las veo hasta que en un
espacio concreto y de ánimo preciso, deciden presionar la
intención para desarrollar parte de la solución que no sé si
anhelo.
Despedirme a mí mismo me cuesta, porque la formación de
escrúpulos se va cimentando con la resequez de los años. Los
años me van resecando la piel, la garganta y el ingenio,
dejándome soluciones que tienen propósito de brillantez
pero que sólo son destrezas cotidianas con barnices éticos o
estéticos, no lo sabré nunca.”
Después de leer esta verborrea de filósofo atormentado, como diría
Antonio, me dolió tanto que tuve que ir a vomitar. Lo que más me
188
jodía es que entendía todo lo escrito. Siempre había sido un puto
viejo. Creo que con la ostia que me dio el hijo de puta del picoleto
a los ocho años, me quitó el miedo a morir, pero me inoculó una
vejez que me siguió de por vida. Nunca tuve cojones para matarlo
despacito a base de ostias o con un veintidós de tiros periféricos
sangrantes, y después de un tiempo córtale los cojones y así
convertirme en un torturador y verdugo hijo de puta como él era.
Seguro que habría tenido menos pesadillas que las que he soportado
toda mi vida.
El camarada Don Esteban Pérez Pérez, no regresó nunca a Portillo
de Toledo y a mí, me hubiera gustado no regresar nunca al puto
pueblo de Caesarobriga.
189
PIDO PERDÓN
Mire nunca me gustaron en general los periodistas, y cuando me
dijeron que quería una entrevista primero me reí y después me
cabreé. No sé por qué a mí, que soy el menos simpático del
campamento de refugiados y el que tiene menos ganas de hablar
con desconocidos mercenarios.
- ¿Mercenarios?
Dijo ella casi ofendida, pero sólo casi.
- Los periodistas son a la verdad, como los abogados ricos a
la justicia. Son dos trabajos de ególatras sedientos de
protagonismo que se escudan detrás de la función social de
equilibrar poderes, pero a mí siempre me parecieron
simples niños mal criados con carencia de atención
materna.
- ¿Es usted psicoanalista?
- Pues no, sólo soy un alguien que quiere hacer una siesta
después de quinientos kilómetros por el desierto y enterrar
algunas personas que murieron por no tener un
paracetamol. Así que por favor le pido que salga de mi
haima. No quisiera ser grosero, o sí, si me sigue tocando los
cojones.
- Si solamente será una entrevista, no creo que le cueste
mucho trabajo contestar a unas preguntas, no tendrá usted
la agenda tan llena, además yo soy amiga de una antigua
amante suya, la doctora Pilar Puebla.
Me levanté con cara de “te voy a dar un tortazo, que te voy a quitar
toda la tontería que tienes acumulada en tu puta vida y de una sola
vez” y le dije casi escupiéndole...
190
- Primero, los caballeros carecemos de memoria amorosa
frente a extrañas, repugnantes y cotillas. Segundo, siempre
he creído que cualquier entrevista es una conversación
entre dos mentirosos y tercero, usted aparte de ser una mal
educada bocazas es una hija de puta, que me sale urticaria
solamente de verla. Así qué… ¡se va a la puta calle! ¿O la
sacó a ostias?
La reportera más dicharachera de Barrio Sésamo del barrio de
Salamanca, salió disparada y aturdida por mi respuesta, ¡después de
que se había desabrochado tres botones de la camisa! sugiriendo sus
tetas siliconadas, técnica que no le había fallado nunca.
Carraspeé los esputos que me había provocado la pija de mierda y
los escupí con rabia al desierto, me tiré al piso a descansar los
riñones y la mala leche que me había sacado la puta rubia de bote.
Me eché unos pedos contundentes, sin peligro de sorpresa liquida,
descansándome las tripas. Me quité el cinturón con mi pistola y
dormí un buen rato. Escuché a alguien que entró con pisadas
descalzas, de confianza y que se puso hacer té, eran pisadas de
mujer occidental pero yo sólo me estiré y seguí haciendo el perro
amodorrándome más hasta que me despertara ese té con Naná,
hierbabuena, que olía rico.
- Comandante, comandante. ¿Quiere un té calentito?, he
traído también unas galletitas con uvas pasas
- ¿Galletitas con uvas pasas? Ummm
Tanteé para buscar las gafas sin moverme del sitio, me las puse y
abrí un ojo que se puso contento del té, de las galletitas con pasas y
por la compañía, era la doctora Fiorella Brisantti de la Comisión
Médica ítalo-griega que había llegado hacía dos días.
- Hola Diego como te va, veo que sigues vivo y por lo que he
oído al grupo de periodistas igualito de agradable. ¿Quién
ha venido a tocarte los cojones, la españolita tetona?
191
- Esa misma, pero no hablemos de mierdas mientras
tomamos té con pastitas como los soplapollas británicos.
Bueno y a ti que tal te va, ¿Sigues con Agostina?
- Yo voy bien, sigo en Milano en el hospital, pero Agostina
me agobia mucho y está últimamente muy celosa
- Pues ya sabes lo que siempre digo “Si ese amor te aprieta,
es que no es de tu talla”
- Siempre fuiste un gran pensador de ideas prácticas, cómete
todas las galletas que tengo más. Por cierto ¿esa grabadora
que hay en el suelo es tuya?
- No, yo no tengo de eso. Será de la “journaliste” futura
premio Pulitzer de periodismo. Llévaselo
- ¿Quién yo? Ni de coña, que venga ella a por él y así te
enfadas un rato, que te pones muy atractivo cuando te
enojas
Seguimos tomando té, galletitas con pasas y poniéndonos al día de
nuestras vidas confesables. Fiorella recogió los trastos del té me dio
un beso y marchó a la guardia médica que le tocaba.
El sol huía y la luz se iba yendo con él, me quité la ropa y me lavé
un poco con un trapo húmedo, pues me quedaba poca agua, y me
quedé muy a gustito, con sensación de impoluto, sin la mierda del
viaje. Me vestí con lo más limpio que tenía, encendí un cigarro y
puse la cinta de casete que me había grabado un compañero con
canciones de todo, y salió una canción de Arjona que siempre me
gustó “Quesos, cosas, casas”. Me iba relajando cuando oigo…
- ¿Puedo pasar?
- No. No se puede entrar, hasta que no se termine la canción
Paré la cinta y puse de nuevo la canción y seguí tumbado.
192
“Los negros tienen swing, los blancos pecas
las monjas tienen ganas, los niños sueños
los muertos tienen sed, los vivos culpas
los ricos tienen dietas, los pobres hambre.
y al final, la mierda huele igual,
sea de príncipe o sirvienta.
el soborno tiene clientes, la flor olores
los buenos tienen paz, los malos fiestas
los lunes tienen martes, los viernes risas
el mal tiene un doctor, el tiempo, tiempo
y menos mal el cheque alcanzará para disfrazar las deudas.
Quesos, cosas casas, peros, paras, porqués
quesos para estar vivo
cosas para adornar la casa que crees tuya mientras puedas
respirar!
peros pa complicarte
paras, para explicar por qué
es que estamos jodidos si hay aire pa respirar
por qué si seguimos vivos las ganas de jorobar
El débil tiene trucos, el fuerte excusas
dios tiene sus fans, el mar misterios
el dolor le da el sabor a la tertulia
el amor le pone alas hasta un cerdo
y al final unos sueñan con soñar y otros con no soñar tanto
Quesos cosas casas
peros paras porqués
quesos para estar vivo
cosas para adornar la casa que crees tuya mientras puedas
respirar
peros pa complicarte
paras para explicar por qué es que estamos jodidos
si hay aire pa respirar por qué si seguimos vivos las ganas
de jorobar
El que invento la propiedad privada no era más que un
vendedor
y al mono que soñaba, lo convirtió en consumidor
de quesos cosas casas, de peros paras porqués
193
de oro y bisutería, de ropa y lavandería
de mierda y peptobismol...”
Nadie dijo nada desde fuera, yo creía que se había ido.
- Si todavía hay alguien fuera, que pase
Se movió el trozo de lona que hacía de puerta y entró la periodista.
- Lo primero, cuando una persona entra en una haima,
siempre y digo siempre, se descalza para no meter dentro
su propia mierda. ¿A qué coño has venido?
- Yo solamente venía a por mí grabadora
- A por tu grabadora podías haber enviado a cualquier
“mandao” de tu séquito. Repito ¿a qué coño has venido? Y
que te quites las botas del Capitán Tapioca
Ella se sentó en el suelo encima de su propia arena, se quitó las
botas y las dejo al lado.
- Las botas y la prepotencia se dejan fuera de la haima, al
lado de la puerta
Ella sólo sacó las botas fuera.
- Por cierto, esa canción era muy bonita ¿de quién es?
- De Ricardo Arjona
- No me suena
- Normal, es guatemalteco con premios Grammy a sus
espaldas, pero bueno. Repito ¿que a qué has venido? y no
empieces con conversaciones de acercamiento para seguir
después con las preguntas que querías hacer, porque yo ya
estoy “mu toreao”, con técnicas de mal periodista de
194
primero de carrera. Tu grabadora está debajo del turbante
que tienes a tu derecha. Adiós. Y cierra la puerta al irte
porque va haber haloque
- ¿Haloque?
- ¡Siroco!
Dije mientras le daba la espalda tapándome con una colcha. Ella ni
se despidió, tomó su grabadora y salió dando bufidos, más de
camionera que de chica “in” licenciada del barrio de Salamanca.
Sin querer empecé a recordar el asqueroso viaje que habíamos
hecho ese día. Llegamos tarde a la zona de Mauritania donde
estaban los pastores camelleros esclavos de los señoritos blancos.
Algunos ya habían muerto por las fiebres tan altas de un constipado
cabrón que no sé dónde lo habían cogido, les pusimos antibióticos
y antipiréticos, les dejamos medicinas explicándoles bien cómo
administrarlas y algunos víveres. Los padres de los niños muertos
ni lloraron, sólo los enterramos con gesto triste y no hubo más ná
que decir o hacer.
Me tomé un par o cinco Valiums para olvidarlo y me puse a dormir,
de madrugada me despertó el siroco y tuve que levantarme a tensar
las cuerdas por los vientos y poner más sacos de arena en las
puertas. Oía desde dentro de la haima, arropado con mi manta doble
me sentía resguardado y somnoliente de las pirulas. Volviendo a
dormir al rato.
De mañana fui a desayunar a la zona de los visitantes en la que
siempre había buenos desayunos para los recién llegados, allí estaba
Fiorella con los compañeros cirujanos a los no veía desde hacía
tiempo, nos abrazamos y nos reímos en italiano y en griego mientras
comíamos viandas que habían traído de sus zonas, sobre todo los
quesos, Ummm, eran de babear.
De pronto llegaron los periodistas vestidos de Capitán Tapioca, y
por supuesto, se pusieron a comer la comida de la Comisión
195
Médica. Fiorella al ver el tremendo morro de los “fresas
mierdosos…”
- Señores periodistas, dejen de comer nuestra comida, si
quieren tomar su desayuno está en la última mesa. Y no
sean tan descarados
Marcharon a la última mesa con la cara de desprecio que ponen los
señoritos a la chusma. Nosotros seguimos riéndonos de la vida y de
ellos.
- ¡Joder! y soy yo el que tiene fama de arisco…
- Es que nos dieron un vuelo de mierda, además a tu
siliconada periodista la conozco, es conocida de la doctora
Pilar, la de la Comisión Médica de Canarias, y sobrina de
un diputado del Congreso español
- Pues vale, suficiente para despreciarla aún más
El grupo médico ítalo-griego dormía con los periodistas y al parecer
había un fotógrafo que tenía un dormir con una respiración tan
sonora que no dejaba descansar a nadie, y los médicos tenían que
operar todos los días durante más de catorce horas y necesitaban
descansar.
Fiorella me pidió si podían venir a dormir dos compañeras y ella a
mi haima, me especificó que sólo sería a dormir. Se iban para otro
campamento en tres días, por lo que no me iban a molestar
demasiado. Aunque me jode eso de dormir con alguien, las noches
para mí no son buenos ratos, al final se vino todo el grupo médico.
Fueron educados y respetuosos con mis cosas, apenas molestaron.
Al grupo de mercenarios periodistas de una corporación filofascista
católica española, cada vez se les veía de peor cara por la mañana a
la hora del desayuno.
Esa mañana tenía que salir a un viaje a zona complicada, porque al
parecer habían visto a un grupo de inmigrantes que venían andando
196
atravesando el desierto y a los de Cruz Roja no les salía de los
cojones ir sin escolta, y tramitar esa escolta tardaría dos semanas.
Así pues, mi conductor Ahmed y yo preparamos dos carros y
provisiones. Sin que se enterara la ONG con la que trabajaba nos
fuimos a la zona “delicada” donde nos habían dicho que se hallaban.
Estábamos terminando de cargar todo cuando llegó una doctora
griega con el botiquín que nos habían preparado.
- Buenos días comandante, aquí le traigo el botiquín para la
misión y me ha dicho doña Fiorella que le diga que soy de
fiar, buena médica y de pueblo
Ahmed y yo nos echamos a reír.
- ¿Y eso quiere decir…?
- Que me voy con ustedes, se manejar estupendamente y
disparo aún mejor
- Se lo agradezco de veras pero no puedo responsabilizarme
de usted
- De mí no se responsabiliza nadie desde hace muchos años.
Me autogestiono perfectamente
Me agarró de la mano y me metió dentro de la haima, se levantó la
camisa por la espalda enseñándome las cicatrices de docenas de
latigazos. Yo, todo inconsciente, le di un beso en las cicatrices y le
bajé la camisa colocándosela.
- Ok, ya sé quién eres, sube tu mochila y nos vamos si ya
estas preparada
- Lo estoy comandante
Le expliqué a Ahmed que nos acompañaba la doctora, cosa que le
extrañó pero como siempre, no dijo nada. Fiorella hacía tiempo me
197
había contado que a una camarada suya helénica la habían
secuestrado y torturado, pero que aguantó como una valiente y
seguía yendo en comisiones médicas.
- Bueno camarada, mi nombre por ahora es Diego y el
compañero es Ahmed.
- Mi nombre desde hace cuatro años es Onfalia Nikopolidis,
- Dele Onfalia, en marcha
Escondimos las armas para que no nos las vieran en el punto de
control los azules pitufos y tomamos camino. Era cierto, Onfalia
manejaba como una verdadera piloto de todoterreno, nos íbamos
relevando para que uno siempre descansara. Así y al ritmo que
manejaba nuestra compañera silenciosa y fumadora de cigarros
largos, hicimos una buena tirada, sólo parando para mear y poco
más.
La noche se nos comió y seguimos hasta que las luces de los carros
eran demasiado anunciadoras y no había suficiente luna para
manejar a oscuras.
Juntamos los vehículos y dormimos en ellos, Onfalia seguía sin
apenas hablar y nosotros contagiados de su silencio hicimos lo
mismo. Sorteamos las guardias y a descansar. El sol tenía prisa por
salir, y nosotros por llegar a la zona de unas antiguas pistas
napoleónicas donde había algunos pozos, pero casi todos secos.
Ahmed iba descansando conmigo cuando vi que el carro de Onfalia
me daba las luces, yo paré y ella se acercó.
- Comandante me ha parecido ver algo en dirección este
- ¿Por qué no has usado el Talkie?
- No me fio
198
Arrancó y la seguimos, cuando llegamos era un pequeño grupo de
seis personas, tres adultos y tres adolescentes, que estaban medio
deshidratados pero no demasiado mal, el que era de Senegal hablaba
un poco francés y nos dijo que a unos kilómetros al sur se quedó
un grupo de siete que estaban mal.
Dejamos a Ahmed con ellos y tomamos un carro para buscarlos,
los encontramos gracias a que no había hecho viento y se notaban
de vez en cuando las pisadas del primer grupo. Cuando llegamos
sólo quedaban tres medio muertos, los demás ya habían fallecido.
Onfalia desplegó todo su arte poniendo sueros y demás, los metimos
en el carro, recogimos la documentación que llevaban encima los
muertos, les hicimos fotos de sus caras para futuras identificaciones
y los enterramos mirando hacia la meca por si eran musulmanes,
Onfalia seguía monosilábica y cumplidora.
Regresamos a por el grupo primero, los recogimos y nos fuimos
hacia el cuartel de los pitufos. En el camino nos cercaron tres carros
de supuestos soldados para ver que llevábamos y por si éramos
traficantes, según dijeron. Después de un buen rato de discusiones
con los carros al sol y los heridos dentro, Onfalia cabreada, sacando
el talkie, mi cuarenta y cinco y apuntando a la cabeza del oficial, le
dijo en buen árabe clásico;
- Soy de una comisión médica de la ONU y no os voy a dar
nada de dinero por pasar. Puedo llamar a los cascos azules
y joderos la vida para siempre a vosotros, a vuestras
familias y mandaros a la cárcel donde “os van hacer
mujeres a todos”
Todos sacamos las armas, menos Ahmed que se le cayó de los
nervios. El oficial devolvió a Onfalia los papeles y nos dejaron
pasar. Salimos a toda leche.
- Madre mía, los cojones que tiene esa mujer con lo calladita
que parecía…
199
- Sí los tiene Ahmed, es una combatiente con mucho a sus
espaldas
Llegamos al recinto de los pitufos de mierda y les entregamos a los
migrantes que habíamos encontrado, que por las cosas del destino,
los aceptaron si tener que pegarnos con nadie y regresamos a
nuestra haima. Ahmed marchó a devolver el carro prestado.
- No te voy a decir que te has arriesgado mucho con los
soldados porque yo, ante la situación tan límite, habría
hecho lo mismo. Pero de veras que me acojoné
- Yo también estaba asustada comandante
- Pues no se te notaba nada
Nos sentamos y nos fumamos unos cigarros de esos largos y
asquerosos de la valiente Onfalia Nikopolidis y nos empezámos a
relajar un poco. Me miró con unos ojos muy redondos y con cara
familiar me preguntó;
- ¿El secuestro de Colombia fue el peor que ha tenido?
- Sí, no solamente por el secuestro, sino porqué murieron
muchos compañeros y compañeras, y las torturas me
destrozaron. ¿Y el tuyo fue el de Sudán?
- Fue el que más marcas físicas me dejó, pero no fue el peor
Ya para entonces se había corrido la voz en la zona de tránsito de
los extranjeros del campamento, de lo que habíamos pasado. Y
aparecieron los buitres.
Entraron sin llamar a la haima donde estábamos descansando. Lo
primero que hizo el hijo de puta roncador fue tirarnos unas ráfagas
de fotos con flash y empezaron hacer preguntas morbosas y
asquerosas, sobre muertos sangre y miseria.
200
Onfalia se levantó muy despacito y antes de que yo dijera nada,
metió un gancho al fotógrafo en todo el hígado que lo dobló del
dolor, le quitó la cámara, la tiró para fuera de la haima y sacando
mi cuarenta y cinco le fue dando tiros hasta hacerla cachitos,
después salió y la remató con dos tiros más a quemarropa.
- ¿Alguien quiere alguna respuesta más?
Dijo mi “tímida doctora” en medio de un silencio sepulcral
apuntando a los buitres periodistas. Todos se fueron en silencio
menos el fotógrafo que intentó regañarla por su cámara fusilada,
ella le agarró de los pantalones y lo tiró fuera de la haima, cerró la
lona con los saquitos de arena y se tumbó a mi lado arropándonos
con mi colcha, la besé en la frente y dormimos un buen rato.
Escuché a alguien que se asomó pero no entró, seguimos abrazados
descansando.
Un rato o dos después, escuché alguien que entró y que se puso
hacer té, por supuesto que era Fiorella, me abracé más fuerte a
Onfalia hasta que el té con Naná estuviera a punto.
Fiorella nos despertó con cariñitos y un vasito de té en la mano, ya
era de noche y también nos había traído algo de cenar. En ese
momento, apareció la siliconada de la COPE que esta vez sí pidió
permiso para entrar.
- ¿Puedo pasar?
- Por supuesto que no, estamos follando los tres. Si quieres
algo lo dices desde la puerta
- Quiero que sepáis que cuando lleguemos a España os
vamos a denunciar, no sabéis con quien os estáis
enfrentado, os vamos arruinar las carreras… bla bla blá, el
Vaticano bla, bla blá, soy sobrina del diputado bla bla blá…
201
Me levanté para cerrar la lona, pero de camino cambié de opinión y
le di una- ostia tan buena que la tiré de espaldas. Pero nada, que no
le quité ni una sola tontería, ¡joder! como las tendría de pegadas al
hipotálamo. Ella cuando pudo se levantó y se marchó con sus
garrapatas compañeros.
Poco después llegaron los de la Comisión Médica para dormir, al
día siguiente ya tomaban el avión, con tan mala suerte que también
iban con ellos los reporteros dicharacheros-fascistoides y sobre
todo, ególatras y mal educados. El sonriente anestesista Adrastos
Vasilopoulos, los anestesistas siempre son tipos raros, sacó dos
botellas, una de Tsiroupos y otra de Duzo, que no tenía ni idea de
que eran. Y me dijo.
- Que sepas que le has dado un tortazo tan grande a la
periodista, que se le ha formado un pequeño derrame en la
cara y me ha tocado atenderla a mí. Pero bueno, de ésta por
desgracia no se muere. Tome comandante dele un trago
Poco a poco fui descubriendo a puro trago, lo que tenían las botellas,
nos terminamos los aguardientes y después de risas y algunos
desequilibrios, nos tumbamos a dormir. Onfalia se acostó conmigo
abrazándome, y poniendo mi mano para que le acariciara las
cicatrices de la espalda me dijo al oído toda borracha;
- Onfalia significa “la que tiene el ombligo bonito”. Gracias
comandante
Y nos quedamos dormidos. A la mañana siguiente la Comisión
Médica ya tenía todo preparado para que los recogieran y llevaran
al pequeño aeropuerto. Fiorella con cara de niña buena…
- Sé que no te gustan las despedidas, pero por lo menos sal a
despedirnos a los carros
- Mira cariño tengo una resaca griega del copón y no estoy
para sentimentalismos, estoy más para vomitar y seguir
durmiendo
202
- Vamos no nos hagas ese feo
- Bueno voy, os doy un beso y me regreso
Me terminé de vestir, me cambié las gafas por las de sol y salimos.
Fuera me esperaba Onfalia que me agarró de la cintura y fuimos
juntos hasta los carros donde nos besamos y abrazamos todos. Y
apareció la chupipandi opusdiera con sus maletas de ruedas Louis
Vuitton, muy prácticas para el desierto… La periodista siliconada
con la cara violácea me dijo…;
- Eres un hijo de perra y te acordaras de mí, aunque me
gustaría todavía hacerte una entrevista
- Discúlpeme zorra barata. Un nadie ignoto, como es el que
suscribe, no existe y quien no existe no puede contestar
preguntas, y menos las que denotan una ignorancia supina
de occidental harta de comida deconstruida y que no ha
sentido, en su puta vida, el dolor de la agonía del pobre.
- Perdóneme voy a vomitar, de la peste que da a facha
putrefacta de mierda
Y me marché sin mirar atrás, sólo oía los aplausos de los miembros
de la Comisión Médica y un grito de Onfalia diciendo;
- ¡Nos vemos en el infierno comandante!
Sonreí y sin girarme seguí andando hacia mi haima.
Meses después en España, vino un mes marzo castrado, sediento de
besos y sin flores insolentes, como deben ser las flores de marzo.
Estaba por el Parque del Retiro de Madrid sentado en un banco
haciendo tiempo para una reunión que tenía después en un edificio
cercano, y tomando ese sol paliducho que tienen todas las grandes
ciudades.
203
- Buenos días hijo puta maltratador
Dijo alguien que se acercaba a mí con paso firme, y acompañada de
dos pijos “o seas” con melenita fachorra.
- ¿A ver si ahora tienes cojones de darme un tortazo? Te
podía pillar con un coche y nadie se enteraría
La miré y reconocí enseguida su intelecto con eco y le puse cara
de… “a que me levanto y le doy una patada en tol coño, y a los
demás les parto esas caras pijas hidratadas”, pero recordé que este
era su terreno y era sobrina de un diputado de los cojones. Me metí
el orgullo en el culo y a dije.
- Mira zorra no quiero problemas, así que me dejas en paz o
te parto la cara.
En ese momento vi una pareja de policías municipales paseando por
el parque, y grité;
- ¡Policía, Policía, vengan!
Los policías me oyeron y llegaron enseguida.
- ¿Qué pasa aquí?
Dijo el gordito colocándose la camisa que se le había salido de la
pequeña carrera.
- Estas tres personas me están amenazando de muerte. Ella
es periodista y sobrina de un señor diputado. Quiero que les
detengan, o también puedo llamar a mi abogado para que
les tome el número de sus placas y que saque la noticia de
que la sobrina de un diputado español va amenazando de
muerte y la policía no hace nada al respecto
- Eso es mentira, yo no le he amenazado de muerte
204
Los dos pijos con idiocia permanente no decían nada, estaban
asustados y desconcertados de la situación.
- ¿No me has dicho que me ibas a atropellar con tu coche?
- Pero sólo era una manera de hablar
Marqué el teléfono del abogado de la ONG con la que iba a tener la
reunión y le pedí que viniera para que fuera testigo de lo que estaba
ocurriendo. Juan Carlos llegó en menos de tres minutos mientras los
municipales nos tomaban la documentación, yo saqué el pasaporte
azul de la ONU. Una unidad de proximidad de la policía nacional
se unió a la reunión. Pedí a los nacionales que nos acercaran a
comisaría a poner la denuncia pero nos dijeron que la podíamos
hacer allí mismo, yo le conté a Juan Carlos lo que había pasado y él
mismo redactó la denuncia por amenazas de muerte. Siguieron
interrogándonos por separado, firmamos las denuncias y yo me
marché con Juan Carlos a la reunión.
Como una semana después recibí una llamada de la periodista “o
sea”
- Ya te dije que te ibas acordar de mi so cabrón
Yo colgué y fui a la comisaria con la copia de la denuncia que tenía
de días atrás, llevé el teléfono donde se había quedado marcada la
llamada y el número de móvil con el que habían llamado, y puse
otra denuncia por amenazas. En ese momento volvió a sonar el
teléfono, era el mismo número. Se lo di al comisario para que
descolgara él, y la muy gilipollas empezó a insultarme y
amenazarme con mandar a alguien a partirme la cara. El comisario
todo serio contestó.
- Le habla el comisario bla bla blá de la comisaria bla blá blá,
que sepa que se le está tramitando una denuncia por
amenazas desde esta comisaria
205
Firmé la denuncia y me marché a mi casa. Dos o tres días después
iba en el autobús para Madrid y sonó el teléfono, cuando lo cogí me
contestó una secretaria.
- ¿Don Bla bla blá? Un momento le paso
Me pasó con un señor que resultó ser el padre de la susodicha.
- Le llamo para pedirle disculpas en nombre de mi hija, bla
bla bla, ruego quite la denuncia, bla bla bla ha sido un
desafortunado incidente bla bla bla
- Mire señor, no voy a quitar ninguna de las dos denuncias
que le he puesto, para ver si así se le cura esa incontinencia
verbal y prepotente que tiene y que algún día le va a dar
algún disgusto, sobre todo fuera de España
Se despidió agradeciéndome la charla y asegurándome que jamás
volvería a pasar. No recibí nunca más llamadas suyas.
Junio llegó fajado con el mundo, y en Mauritania necesitaban un
gilipuertas que llevara unas potabilizadoras. Preparé todo para
aguantar el mes seis en el desierto, teníamos que ir a la zona de
Fassala Néré que es el último poblado de la esquina sureste de
Mauritania frontera con Mali, zona de esclavos y traficantes de todo
lo que dé dinero.
Mandamos las tres potabilizadoras hasta el puerto de Mouakchott,
que es de los puertos junto al de Mouâdhibou, de los más mafiosos
de África.
Una vez llegara el contenedor al puerto nos llamarían para tomar
el avión y empezar el proyecto. Preferí no llevar a ninguna mujer a
la misión, solemos tener muchos problemas por esas zonas en los
controles de carretas y a la hora de las negociaciones cuando ven
mujeres occidentales.
206
El proyecto lo subvencionaba una ONG de un sindicato español.
Tuve una estúpida discusión con una gilipollas, que jamás había
estado en zonas de conflicto, sobre el feminismo en el tercer mundo
y la igualdad entre hombres y mujeres. Era la encargada de
proyectos para África porque una vez había ido al “Exótico Túnez”
en un viaje programado de una semana. Esa era toda su experiencia,
¡Ah! y ser la mujer de un gerifalte sindical, que al parecer eso te da
experiencia “cum laude” en cooperación y ayuda humanitaria, quizá
por ciencia infusa. Puse mis condiciones, si no que fuera ella
hacerlo. Al final accedieron.
Llamé al camarada Maximilien Pueyrredón de Toulouse que era
pied noir. Hablaba muy bien árabe clásico, algunos dialectos más y
había vivido en Mouakchott durante un tiempo trabajando para una
ONG francesa, hasta que se dio cuenta que eran simples soplones
de la DGSE (Direction Générale de la Ségurité Extérieure),
servicios secretos franceses con la tapadera de la ONG. Muchas
ONGs del mundo trabajan para los servicios secretos, directa o
indirectamente.
Maximilien había nacido en Argelia, hijo de un antiguo político-
militar fascista francés. Estudió Ingeniería hidráulica en Alemania
y era un tipo batallador que había viajado por casi todo el mundo,
sobre todo en África, Asía y Oceanía, buscando “las grande glorias”
del imperio de la República Francesa, campos de concentraciones,
cárceles de torturas y asesinatos, esclavitud etc. Escribía libros que
nunca quería editar sobre las miserias francesas de sus colonias.
Otra de las cosas que nunca supe como lo hizo es que tenía
pasaporte argelino, francés y tunecino. Y eran legales, nunca había
conocido a nadie con triple nacionalidad.
Llegamos a Mouakchott y fuimos derecho al puerto para ver cuando
iban a dar salida a nuestro contenedor, dejé a Maximilien que
negociara, la poliglotía no es de mis puntos más fuertes, además él
conocía el puerto muy bien, y a algún responsable sobornable
baratito. Los dos todoterrenos nos los dejó un camarada suyo,
incluso a uno le funcionaba el aire acondicionado, y en dos días
207
pudimos sacar las potabilizadoras y las cajas con el material que
habíamos mandado.
El amigo de Maximilien nos hizo también las compras de
combustible, comida, agua embotellada y demás, que a él le salía
más económico porque para los extranjeros siempre es el doble. Mi
compañero pied noir y yo salimos solos de la capital, íbamos a
desviarnos en la provincia Brakna,, en la ciudad de Aleg, hacia el
sur hasta Bogué, pequeño pueblo fronterizo en la ribera del río
Sénégal donde íbamos a recoger a dos antiguos trabajadores de
confianza y conocidos suyos que tenían algún regalo prestado para
nosotros.
Cuando llegamos a Bogué ya era por la tarde y no quedaba mucho
tiempo de luz, aunque el viaje iba a ser casi todo por carretera y
pistas buenas, no queríamos conducir de noche. Buscamos la casa
de Handi que era donde habíamos quedado.
Estaba casi al borde del río, allí nos estaban esperando los hermanos
Soumaré, Handi y Abdul-Basit y sus familias, tras las alegrías del
reencuentro con Maximilien y presentaciones pasamos al salón para
tomar té y cenar algo.
La familia Soumaré eran de las pocas familias blancas del poblado,
eran del norte de Mauritania de una buena tribu pero su padre se
negó a ir a la guerra contra los saharauis y los desterraron a Senegal,
después de la retirada de Mauritania de la guerra regresaron a su
país pero sólo pasaron la frontera, quedándose a vivir a la orilla del
río. Handi, después de cenar un cuscús con pescado, se fue hacia
una habitación del fondo y sacó un macuto militar, mandó a los
niños a acostarse quedando únicamente sus mujeres y la abuela.
- Esto es lo que tenemos, no os lo podemos vender pero sí
prestároslos
Sacó dos Akas algo viejos pero en uso y dos pistolas rusas tokarev.
208
- Estas son las vuestras, las nuestras ya las tenemos
preparadas en los macutos. Vamos a dormir y salimos antes
del amanecer
Cuando nos dejaron solos, pregunté al compañero…
- ¿Tanto armamento para tres potabilizadoras?
- No comandante, tanto armamento para que no nos maten y
si lo intentan, por lo menos, llevarnos algunos al infierno
con nosotros
- Pues sí, tienes razón laïla sa´ida. (Buenas noches)
Laïla sa´ida sadiiq (Buenas noches camarada)
La mujer de Abdul-Basit nos despertó trayendo el desayuno, los
hermanos Soumaré ya estaban cargando más material en los carros,
instalando una emisora base en uno de ellos y haciendo una revisión
a los motores, eran muy buenos mecánicos.
- Ya te dije que son de fiar y muy trabajadores. Por cierto ¿el
sindicato que subvenciona el proyecto es en el que tú estás
afiliado?
- Sí, pero son tan vendidos como todos. Sólo hubo un
secretario general que para mí era toda una referencia viva
de honestidad, él y su mujer Josefina que es una luchadora
incansable con sonrisa limpia, y que nos hacía unos cocidos
estupendos cuando en su casa, de jóvenes, nos escondíamos
de la policía
Nos pusimos los turbantes y nos despedimos de las mujeres, la
abuela nos colocó bien los turbantes, nos puso la mano en la cabeza
y salimos dirección Aleg para retomar la carretera.
Todo iba bien, entramos en la provincia de Assaba y paramos en el
pequeño pueblo de Djoûk a tomar un té en casa de un familiar de
209
los hermanos Soumare y que nos diera sus bendiciones para que el
viaje saliera bien.
El familiar era un viejo chamán que nos acogió con sonrisa de ojos
y de boca sin dientes, nos acariciaba la cara con sus dos manos
retorcidas y ásperas de trabajo duro mientras rezaba a sus dioses
buenos para que nos acompañaran en el camino y pudiéramos dar
agua limpia a la gente esclava para quitarles la sed de beber y de
ánimo.
Nos limpió el alma a todos, terminamos el té y seguimos el camino.
Yo iba con Handi en el carro de la emisora base y Maximilien con
Abdul-Basit. Mi compañero no era demasiado hablador pero sí muy
sonriente, fumador y escuchador de música senegalesa. Carretera y
más carretera de día y de noche. Pasamos la ciudad de Guêrou y
después de pasar Kiffa, Handi cogió la emisora y dijo algo a su
hermano en dialecto senegalés, paramos un momento al lado de la
carretera y sin salir de los carros sacaron sus armas y nos pidieron
que sacáramos las nuestras, pusieron las tokarev a mano. Me miró
Handi sin sonrisa y me dijo en francés.
- Vamos a entrar a la provincia Hodh el Gharbi y esta es zona
no buena
Yo asentí con la cabeza monté mi pistola y seguimos camino
turnándonos de vez en cuando al manejar. Pero cuando íbamos a
entrar en alguna ciudad siempre manejaban ellos. En Tîntâne y en
Ayoûn el Atroûs paramos a rellenar los depósitos y las garrafas de
combustible, Maximilien y yo nos quedábamos en los carros,
callados para no llamar la atención.
Cuando pasamos otro pequeño poblado, Aouînât ez Zbil, ya
solamente manejaban ellos, estábamos en la última provincia.
Handi me dijo mientras yo le encendía un cigarro;
- Hodh el Gharbi era no buena provincia. Hodh ech Chargui,
muy mala
210
Y empezaron a conducir deprisa pasando las ciudades más deprisa
aún. Timbedgha, Néma y allí nos desviamos al sureste por malas
carreteras y pistas, Handi ya no sonreía nada y fumaba un cigarrillo
tras otro.
- Esta es tu zona, aquí sólo haber esclavos y traficantes
asesinos. No os fieis de nadie, únicamente de la persona que
llevas en el papel apuntado
Pasamos Dendâra donde ya veíamos gente armada que se nos quedó
mirando raro y en la salida del siguiente pueblo, Bassikounou, nos
encontramos con un control aparentemente militar. Nosotros
íbamos los primeros y Handi serio;
- Esconde las armas y no digas nada
Hubo un momento que a Handi le vi la intención de pasarse el
control, pero vio que eran muchos militares, que la pista estaba llena
de cepos con pinchos y frenó. Varios soldados nos apuntaban con
sus armas desde la distancia y un oficial se acercó, Handi empezó
hablar con él en un idioma que ni me sonaba, me miró y me dijo.
- Dile algo en español
- ¿Cómo?
Le dije sorprendido.
- Que le digas algo en español
Me repitió Handi medio cabreado y yo, con mi mejor sonrisa,
empecé a decir mis ingeniosas frases…
- Buenos días señor militar, parece que va hacer un buen día
y creo que mis acciones de bolsa van a bajar, la verdad es
que lo que más me gusta es el queso y que me la chupen,
pero ahora decir eso dicen que es de machistas, así que no
lo suelo decir, sólo cuando me cae mal alguien
211
El oficial siguió hablando con Handi ahora ya más relajado, Handi
le dio un par de cartones de tabaco, se dieron la mano y nos retiraron
los cepos de clavos para que pasáramos, yo saludé al oficial con
un…
- ¡Adiós, guapetón!
Handi tomó la radio y explicó a los compañeros lo que había pasado
y lo que le había contado el capitán. Estuvieron un buen rato
hablando por la emisora mientras encendía cigarros, comía galletas,
conducía y me ponía a mí de los nervios.
- ¡Coño Handi! ¿Me quieres decir que narices pasa?
Le dije en español, que él no entendió ni papa, se lo pregunté en mi
estupendo francés y me contestó en su francés cien veces mejor que
el mío.
- Era un control militar de verdad, pero no te puedes fiar,
todo parecía correcto. Le dije que éramos de una ONG
española para hacer agua buena en Fassala Néré, él no se lo
creía por eso te decía que hablaras en español. Al parecer
en la zona de Mali hay detenidos dos españoles y que
tengamos cuidado, que hace unos días dos grupos armados
atacaron varios poblados para quitarles comida y mataron a
dos familias
Llegamos por fin a Fassala Néré, la aparición de nuestros carros
causaron inquietud y curiosidad. Yo no quería poner ninguna
pegatina de la Asociación al carro porque antes eso era una ayuda y
ahora exclusivamente es un imán para atraer ladrones y
secuestradores.
Buscamos a Abdou Sadiiq que al parecer también era como el
medio alcalde del pueblo y lo encontramos en su casa. Abdou nos
recibió con una alegría que nos confundió, le explicamos que sólo
traíamos tres potabilizadoras y se alegró aún más.
212
El sólo esperaba una y creía que no iba a llegar nunca, llevaban
esperándola casi un año, ya habían muerto muchos niños y adultos
de gastroenteritis por el agua no potable de los pozos.
Puso a cuatro adultos armados a cuidar de los carros y nos invitó a
entrar a su casa donde descansamos, pero no quisimos lavarnos con
el agua que tenían en bidones por no saber que gérmenes tenía. Nos
tiramos al piso, trajimos agua embotellada para que nos hicieran té
y también algo de comida. Les explicamos que no podíamos caer
enfermos porque teníamos que enseñarles cómo funcionaban las
potabilizadoras portátiles. Dormimos durante un rato, cuando de
repente empezamos a oír golpes en las paredes del patio, Abdul-
Basit se asomó.
- Están rompiendo la puerta del patio y no sé para qué
Al rato llegó Addou, hablo con los hermanos Soumare y ellos
salieron. Maximilien y yo nos quedamos perplejos cuando
escuchamos que arrancaban nuestros carros y salimos con la
tokarev en mano, al momento nos estábamos partiendo de la risa,
habían roto la puerta del patio para poder meter los carros dentro y
así vigilarlos mejor. Llegó Handi y al verme con la pistola en la
mano…
- Bien comandante, bien. Nunca fiarse de nadie, eso bueno
Merci mon ami
Le dije riéndome de la situación. Los días pasaban tranquilos, el
pueblo estaba bien vigilado y montamos una potabilizadora donde
los pozos cercanos, Maximilien hizo un análisis del agua y al
parecer sólo tenía un patógeno de nombre impronunciable que era
fácilmente tratable, y que nuestras potabilizadoras aniquilarían de
inmediato.
Empezamos a funcionar con la potabilizadora enseñando a casi
todos los adultos su funcionamiento, era sencillo y ellos muy
hábiles y con ganas de conocimientos. Fue una fiesta cuando
213
empezó a salir un gran chorro de agua. Maximilien y yo mojamos a
casi todo el poblado que esperaba expectante, y nos dimos cuenta
que con una potabilizadora tenían más que suficiente para ellos, los
animales y los pequeños huertos.
Seguimos un par de días más en el poblado viendo que todo
funcionara sin problemas. Hicieron una caseta para que hubiera
siempre un vigilante y guardaron el depósito hinchable para cuando
pudieran usarlo, de momento iban a tener agua con garrafas y
bidones.
La tarde antes de nuestra partida nuestro anfitrión Abdou Sadiiq
estaba muy serio, nosotros queríamos descansar para aguantar la
paliza del viaje. Llegó Abdul-Basit y nos dijo que el alcalde quería
hablar con nosotros, salimos al patio donde estaba sentado con su
hijo mayor. Abdul nos haría de traductor para que luego Maximilien
me lo tradujera a mí. Mirándonos serio el alcalde nos empezó
hablar…
- Yo no soy un buen musulmán, pero os quería decir que a
unos treinta kilómetros de aquí hay un poblado, que no sale
en ningún mapa, donde viven los que se escaparon de
esclavos y repudiados de familias, mujeres que son secas
de niños y más gente que mal viven, que tampoco tienen
agua potable, y no tienen ni coches ni un pobre burrito para
poder venir por agua.
Yo ya había visto poblados como ese más al norte, pero también en
zona fronteriza con Mali, y habíamos evacuado algunos.
- No se preocupe, si ustedes tienen suficiente con una
potabilizadora nos pasaremos a echar un vistazo y veremos
qué podemos hacer
- Si os pudierais quedar unos días más y ayudarles Alá os lo
agradecerá. Nos dijo el alcalde.
214
Yo pregunté a los hermanos Soumare si querían quedarse más
tiempo, que les pagaríamos más por la misión.
- No tenemos prisa, nosotros venimos también de una familia
repudiada
De mañana salimos por el desierto con el hijo mayor del alcalde, al
que conocían, y llegamos al poco rato a la maltrecha seudo aldea.
Los niños y las mujeres se escondieron al vernos llegar, sólo un par
de ancianos se quedaron a recibirnos con un cuchillo en la mano. Al
ver que venía el hijo del alcalde Mohamed Sadiiq se tranquilizaron
y llamaron a los demás. Mohamed les explicó para que íbamos y
ellos sólo preguntaban que qué queríamos a cambio, Mohamed
desesperado les explicaba que no queríamos nada.
Fuimos a ver su pozo, era mucho más profundo pero el motor de la
potabilizadora era muy potente, Maximilien hizo el análisis del
agua y tenía el mismo patógeno que la del otro poblado, en esa
mañana montamos la potabilizadora y empezamos a sacar agua.
Maximilien empezó a sollozar al ver a esos pobres parias llorar por
poder beber agua potable y lograr tener algún huerto que no fuera
ese cementerio que veíamos. Les explicamos cómo funcionaba pero
el problema era que no tenían para la gasolina. Nosotros les dejamos
dos bidones para que tuvieran un tiempo, pero Mohamed nos dijo;
- No os preocupéis del combustible nos haremos cargo
nosotros desde el pueblo y así mi padre podrá pagar el
pecado de cuando era joven, que trabajó para un tratante de
esclavos
Les dejamos un depósito, para que pudieran tener agua siempre a
mano, y cargas de filtros. Estuvimos dos días más hasta que todo
estuvo en orden y regresamos a Fassala Néré, donde hicimos una
parada para despedirnos del alcalde y tomamos camino de vuelta.
215
A pocos kilómetros de salir del pueblo nos encontramos otro
control militar y nos hicieron parar, esta vez no estaba el capitán, el
oficial era otro militar mayor, nos hizo un saludo militar y Handi
preguntó que si pasaba algo.
- ¿Son ustedes los españoles?
- Sí señor, la misión es española, este es el Jefe de la
Comisión, en el otro coche va otra persona que es francés
- En el control de la frontera por la carretera de Fassala Néré
están detenidas dos españolas. Por si quieren ir a ver qué
pasa están en zona de Mali, en el poblado de Nampala, y no
nos quieren dar ninguna noticia ni sabemos si están vivas
todavía
Estábamos apenas a unos setenta kilómetros. Normalmente yo no
soy patriotero y que fueran españolas o mujeres me daba igual, ellas
sabrán porque se metieron en esa zona tan complicada.
Sean hombres o mujeres, de hecho no soy nada sexista, creo que
soy igual de gilipuertas, solamente que quien tiene poder lo ejerce.
Nos reunimos y decidimos acercarnos a ver qué ocurría, por lo
menos para dar parte a la Embajada española de Mouakchott o en
Bamako. Regresamos al Fassala Néré y hablamos con el alcalde
para informarle de lo que íbamos a hacer.
Decidimos bajar únicamente con un carro, Maximilien, Mohamed
el hijo del alcalde y yo, Handi y Abdul-Basit se enfadaron con
nosotros.
- Mirar esto son cosas de extranjeros y no sabemos si amigos
o enemigos, preferimos no poneros en primera línea, si hay
problemas tomáis el otro coche y avisáis a la Embajada
española de lo ocurrido
Les dije para tranquilizarles, pero no creo que les convencí mucho.
216
Tomamos el carro y bajamos hacia Nampala, que era un pequeño
pueblo de la provincia de Segou en Mali. Sólo llevábamos las
tokarev escondidas debajo de los asientos por si acaso. El paso
fronterizo fue tranquilo tanto por la zona mauritana como la de
malinesa porque conocían a Mohamed. Bajamos al pueblo de
Nampala, a una especie de pequeño puesto militar que estaba a la
salida del poblado, preguntamos por el oficial y salió un militar
mayor con traje de faena pero sin ninguna insignia militar, que con
cara de perros, nos preguntó…
- ¿Son los de la Embajada española?
- Sólo venimos a preguntar por dos españolas, que nos han
informado que esta detenidas aquí
- Por supuesto que están detenidas, se les busca por tenencia
de drogas, han estado paseando desde Bamako hasta acá sin
documentación del coche, han pegado a dos mujeres del
pueblo que les quisieron cachear en el puesto fronterizo,
para no cachearlas nosotros. Si fueran hombres ya los
hubiera fusilado. Cuando las detuvimos ya se callaron y
ahora lo único que hacen es llorar y decir que sus familias
tienen mucho dinero si las soltamos
Yo creí entender lo me dijo el oficial en francés y le pedí que si las
podíamos ver y nos dijo que sí pero que entráramos sólo uno. Saqué
un par de paquetes de tabaco, que le di al oficial, y antes de entrar
nos fumamos un cigarro sentados en la sombra de la entrada. Él me
preguntó.
- ¿Vous êtes militaire?
Y yo le contesté en mi “excelente” francés.
- Je étais commandant, mais je suis maintenant civile
Nos terminamos el pitillo y entramos al recinto. Los soldados de
dentro nos iban saludando militarmente a lo que yo les correspondía
217
igualmente. Llegamos a los calabozos y me encuentro a dos rubias
de bote llenas de mierda con la cara desencajada de llorar.
- ¡Mon Dieu! Si es la reportera gilipollas más subnormal de
Barrio Sésamo del barrio de Salamanca y asesina de
brigadistas. (Que a partir de ahora la llamaremos Maripepi)
Ella no me reconoció, yo llevaba puestas las gafas de sol, mi vieja
gorra de comandante y el pelo casi rapado.
- ¿Eres español? Sácanos de aquí, como sea…
Dijo la Maripepi con una exigencia de condesa mal follá.
- Claro, que tu tío el señor diputado del congreso pagará lo
que pida, eso ya me lo sabía
Le dije mientras me quitaba las gafas de sol, fue cuando me
reconoció.
- Estos hijos de puta nos han tratado como a perros, ¿quién
se han creído que son?
- Son el ejército del país que estas pisando y lo raro es que
no te hayan matado, yo lo hubiera hecho
- Tú porque eres un rojo de mierda. Un caballero nunca pega
a una mujer
- Yo nunca tuve caballo, “o sea”, que de pequeño no me
regalaron un poni, ¡por Dios que trauma! Y doy ostias tanto
a hombres como a mujeres, como a blancos y negros por
igual. ¡Ahí te quedas puta pija de mierda! Soy un
kropotkiniano vengativo y cabrón
- ¡No, por Dios! ¡No nos dejes aquí!
218
Gritó la otra rubia bote que sólo lloraba (a la que llamaremos
Maripuri)
- Encima que venimos hacer un reportaje sobre el conflicto
con los tuareg
- Mira Maripuri los conflictos con los hijos de puta de los
tuareg son al norte de Mali, no me vengáis encima con
mentiras
- La verdad es que nos pillaron en la capital con chocolate y
con unos gramos de cocaína que habíamos traído de
España, el resto del equipo está detenido en Bamako y
nosotras intentamos salir por Mauritania
Dijo la Maripuri echándose a llorar de nuevo.
Salí de la zona de los calabozos que olían a mierda removida y fui
a por Maximilien y Mohamed para entre los tres hablar con el
oficial.
- Señor oficial, sé que esas dos españolas son unas malas
personas y malas creyentes de Dios, pero podíamos hacer
algo para que nos las pudiéramos llevar para Mauritania y
así evitar jaleos, ustedes pueden quedarse con su coche
- Pues claro que nos íbamos a quedar con su coche, dijo el
oficial ya curtido en “negociaciones”
- Bien, nosotros únicamente tenemos una potabilizadora de
agua portátil que es muy cara, se las cambiamos por las dos
mujeres
Mohamed le siguió convenciendo en su dialecto local que él
entendía perfectamente.
- Se las cambio por la máquina de poner limpia el agua y el
depósito que tienen también
219
Yo le dije que eso era mucho dinero por dos mujeres tan flacas y de
tan malaleche, y al final lo dejamos en sólo la máquina de limpiar
agua. Entré para hablar con las pijas de mierdas.
- Estamos negociando cual es vuestro valor, yo puedo
cambiaros por la potabilizadora que tenemos para un
proyecto, pero eso vale mucha plata que no quiero perder
porque os quisierais fumar unos porros. Los esclavos
mauritanos no tienen la culpa de que seáis tan subnormales
hijas de puta. Espero que nos devolváis el dinero que nos
ha costado el proyecto entero
- ¿Qué pasa que tú también quieres sacar tajada de esto, hijo
de puta?
Dijo la desgraciada de Maripepi con mirada de asco hacia mí.
- No hay problema, Maripuri en un par de horas o así te
sacamos. La zorra asquerosa, que se quede en la cárcel de
mujeres de Bamako que es muy bonita
Salí y les dije a Mohamed y a Maximilien que fueran a Fassala Néré
a por la potabilizadora y que vinieran lo más rápido posible, yo me
quedaría en Nampala. El oficial les hizo un pase para el puesto
fronterizo y marcharon rápido. El oficial y yo nos quedamos en su
despacho con el ventilador puesto tomando té y hablando de
mujeres flacas y malas. Cualquier otra conversación hubiera tenido
algún peligro. Yo por supuesto le daba toda la razón, en un receso
fui a ver a las pijas de mierda.
- ¿Qué Maripuri, más tranquila?
- Sáquenos a las dos, por el amor de Dios
- ¿Ya te dijo tu amiguísima que era un rojo de mierda y los
rojos de mierdas sólo quemamos iglesias y fusilamos curas,
monjitas e hijas de puta como ella? La decisión ha sido
220
suya, estaba dispuesto a joder el proyecto para sacaros, y la
ameba esta encima dice que lo hago por la plata. Que se
joda, cualquier esclavo negro de acá vale más que toda su
puta familia junta. Hay tanta miseria en el mundo por gente
como esta garrapata
La mierda de la Maripepi bajaba la cabeza y se callaba ya con algún
temblor de miedo.
El oficial y yo nos fumamos unos cigarros y me enseñó el carro en
el que iban las protozoos, tremendo Range Rover último modelo,
como para pasar desapercibidas. Al poco llegaron Maaximilien y
Mohamed, los soldados bajaron la potabilizadora y entramos a por
las Marispijis
- Maripepi te vas a venir pero a la primera gilipollez que
digas te tiro del carro, y al llegar a España, pagas a mi
asociación el precio del proyecto más las inconveniencias
Abrieron la celda y salimos todos y nada más salir dice Maripepi
- ¿Mi coche se va a quedar aquí?
Le di una ostia que, también esta vez, la tiré al suelo y creo que sí
le quité alguna tontería que tenía pegada al hipotálamo, pero pocas.
- Mi oficial, ¿en el precio también entran los grilletes…...?
El oficial me dio las esposas y las llaves, puse boca abajo a la
ameba, le coloqué los grilletes y la metí en el carro. Maximilien y
Mohamed alucinaron, el oficial sólo se sonrió y me saludo
- Au revoir, bon voyage mon commandant
- Au revoir mon officier
Le dije al militar mafioso y misógino malinés.
221
La Maripepi no dijo nada durante el viaje, cuando llegamos a
Fassala Néré paramos para lavarnos, comer algo y salir volados, le
quité solamente un grillete para que pudiera lavarse y comer. Las
mujeres cogieron a las Marispijis y las ayudaron a lavarse cosa que,
¡Aleluya!, se lo agradecieron. Les dejamos algo de nuestra ropa.
Los hermanos Soumare mientras revisaron los carros y rellenaron
los depósitos, volví a ponerle los grilletes a la Maripepi, nos
despedimos de la familia Sadiiq y tomamos carretera. Las
Marispijis iban con Handi y conmigo, no quería tonterías en el
trayecto. Hasta Néma todo era desierto, pistas más o menos
señaladas y vigilancia expectante por ser la zona más complicada
supuestamente. Cuando pasamos Néma y tomamos la carretera ya
nos tranquilizamos un poco, pero poco, y le quité los grilletes a la
Maripepi que no había dicho ni una sola palabra durante el camino.
Poco después de Timbedgha vimos unos Toyotas blancos con
hombres armados sin uniforme que se nos quedaron mirando, le
pasé la emisora a Handi para que les dijera a los camaradas que
íbamos a acelerar y que no me gustaron los que habíamos visto.
Maximilien contestó que los veía por su retrovisor y empezamos a
correr como locos, adelantando a cualquier carro o burro que
encontrábamos por el camino. Sacamos las armas y la Maripuri se
puso a rezar y a llorar.
- Te quieres callar y dejar de tocar las narices, por lo menos
reza para dentro
Ella dijo un
- Lo siento, es que no sé qué...
- Pues sigue rezando a tus santitos, pero calladita
Y de pronto dijo doña Maripepi
- ¡Yo quiero una pistola!
Handi y yo nos echamos a reír.
222
- ¿Qué, quieres dispararte en un pie? ¿Has cogido alguna vez
una pistola? Pues cállate de una puta vez
Por la emisora Abdul-Basit nos dijo que les estaban disparando y
una de las balas reventó la luna trasera de nuestro carro.
- Tiraros al suelo ¡cojones!
Les dije a la Marispijis, que se quedaban mirando como si fuera una
película y la situación no fuera con ellas. Los Toyota de gasolina
nos sacaron de la carretera. Handi y en el otro carro Maximilien
empezaron a disparar con los Akas, nos pusimos paralelos campo a
través. Ellos eran tres carros con siete u ocho asaltantes. El carro
que manejaba Abdul-Basit pisó una piedra y volcaron, me puse
delante de su carro y salimos Handi y yo disparando, con ganas de
matar.
Al primer Toyota que llegó lo freímos y se estrelló contra una roca,
Maximilien salió del carro volcado con un golpe sangrante en la
cabeza y seguimos disparando. Los otros asaltantes salieron de sus
carros escondiéndose tras los riscos y las lomas y siguieron
disparando, creo que no esperaban que fuéramos armados yendo
con mujeres blancas. Abdul-Basit salió arrastras, tenía algo de dolor
en un costado y siguió arrastrándose sólo con su pistola hasta el
carro que se había empotrado y se escucharon tres tiros, al poco
empezó a disparar con un Ak hacia los que estaba apostados a
nuestra derecha y en fuego cruzado nos los cargamos, alguno
incluso por la espalda, cosa que me importó una mierda, ellos
también lo hubieran hecho. Sólo se oían los gritos histéricos de las
Marispijis
- ¡Nos van a matar! ¡Nos van a matar! ¡Hay Dios mío, nos
van a matar!
Únicamente nos quedaban dos y éramos cuatro, Handi se fue
sigiloso por encima de la loma y cuando íbamos a seguirle
223
escuchamos una ráfaga, vimos bajar a Handi que venía fumándose
un cigarro.
Las Marispijis seguían histéricas sobre todo la Maripepi,
Maximilien la sacó del carro para tranquilizarla pero ella seguía
chillando y empezó a darle golpes, mientras él la sujetaba, me
preguntó.
- ¿Vous me donnez la permission, mon commandant?
- En avant, mon camarade
Y le dio tres tortazos tan bien dados que calmó a la Maripepi y a la
Maripuri a la vez.
Abdul-Basit empezó a quitar la placa de matrícula del carro que
habíamos volcado y se la dio a Handi, que eligió el carro más nuevo
de los asaltantes y se las cambió por las nuestras. Mientras, Abdul-
Basit sacaba todo lo de nuestro carro siniestrado, la emisora base,
macutos, tanques de combustible, etc. y le prendió fuego.
Recogieron las armas de los asaltantes y marchamos hacia la
carretera pisando a fondo.
Maximilien se puso un apósito en la herida de la cabeza y el turbante
encima. Seguimos carretera y carretera de día y de noche hasta
Kiffa, en la provincia de Assaba, donde repostamos combustible.
En la gasolinera nos dimos cuenta que los dos carros tenían agujeros
de bala, pagamos y nos fuimos sin hacer ningún comentario.
El carro de Abdul-Basit nos esperaría a la salida de la ciudad, y
nosotros paramos al lado de una gasolinera grande que había dentro
de la zona centro donde compró masilla y dos botes de pintura.
Seguimos hasta cerca de Guêrou donde paramos para poner la
masilla en los agujeros y un poco de pintura más o menos parecida.
Las Maripijis comieron unas latas de atún, unas galletas energéticas
y bajaron a mear, a ninguna se le ocurrió pedir un café jamaicano.
224
Montaron sin hablar y se quedaron dentro mientras se secaba un
poco la pintura, nos fumamos un cigarro y salimos volaos.
A Abdul-Basit le seguía doliendo el costado, seguro era alguna
costilla rota. Seguimos en carretera hasta llegar al pequeño pueblo
del chaman familia de los hermanos Soumare, donde paramos para
agradecer al viejo sus rezos. Las Maripijis ni se quisieron bajar. El
viejo chaman nos volvió a limpiar toda la mierda espiritual que
llevábamos encima, que era mucha, y le dimos las gracias y un
abrazo.
Desde allí seguimos camino sin parar hasta el hospital que tenía
Médicos sin Fronteras en Mouakchott, donde dejamos un carro y a
Maximilien y a Abdul-Basit para que los miraran.
Mientras, Handi y yo llevamos a las Maripijis al aeropuerto donde
iban a tomar el primer vuelo que salía, que era a Paris. Les dejé plata
sin querer oír nada de lo que quisieran decir y les di una nota donde
ponía el teléfono de Madrid del departamento de cooperación del
sindicato que había subvencionado el proyecto.
- ¡Callaros!, nada de lo que digáis me importa una mierda,
sólo quiero que cumpláis y que la plata llegue para que
sigan los compañeros con el proyecto.
Cuando el vuelo partió regresamos al hospital, habían terminado de
dar unos puntos a Maximilien y hacer unas placas del costado de
Abdul-Basit, que al parecer tenía una costilla rota y otras tres
fisuradas, le vendaron, le dieron calmantes para unas semanas y
quedó en regresar en unos días a revisión.
En agradecimiento por atendernos también les regalamos a Médicos
sin Fronteras el depósito de agua que nos había quedado. Salimos
para Bogué donde nos esperaban ansiosas sus mujeres y familiares.
Descansamos unos días y les dejamos bien de plata por ser tan
buenos camaradas.
225
De regreso en España, tras despedirme del valiente camarada
Maximilien Pueyrredón y darle su merecida plata, fui a llevar el
informe de la realización del proyecto a las oficinas del sindicato.
En el despacho de la encargada de proyectos de África ya no estaba
la inepta sindicalista, estaba otra chica más joven y mucho más
instruida en África y en Cooperación. Le pasé el informe, como
siempre muy escueto, tengo una capacidad innata en sintetizarlos
(siempre me jode redactarlos).
- Ya nos han llamado por teléfono contándonos la segunda
parte que no viene redactada en el informe. ¿Qué tal estas?
- Yo bien, sólo necesito descansar un tiempo
- Les dimos el total de lo que nos había costado el proyecto
y nos han mandado más del triple. ¿Qué hacemos con el
dinero?
- Hacer otros proyectos que os parezca bien
- Quieren contactar contigo, para agradecerte.
- ¡Pasa de esos fascistas! Cuanto más lejos mejor, no quiero
saber nada de esos que fueron y son nuestros torturadores y
asesinos
En el año 2006 yo vivía en los Campamentos de Refugiados
Saharauis, trabajaba en un proyecto de una ONG española que
también tenía el dibujito de la paloma y cuya directora era
eurodiputada del PSOE, llevaba un enorme proyecto de la AECI
casi imposible de realizar y que desarrollé espléndidamente, me lo
agradecieron echándome de la ONG por rojo y comunista. Y mira
que he dicho veces que no soy comunista, que soy Comunista
Libertario, pero no hay manera.
Durante ese año aparecieron unos periodistas de un programa de
televisión que dirigía un antiguo conocido mío, que cantaba con un
tal Reverendo en los tiempos del Madrid de los ochenta. Ese
226
programa iba a llevar ayuda humanitaria al hospital del
Campamento de Ausser, pidieron hablar con los cooperantes que
lleváramos más tiempo viviendo en los campamentos y le dijeron
que hablaran con quien vivía en la última habitación de adobe.
- Puedo pasar, vengo de tele bla, bla
La voz me resultaba conocida y en un momento recordé quien era.
- Creo que no vas a querer pasar… y yo tampoco tengo ganas
de verte
Ella entró y cuando me vio se quedó medio petrificada, sin decir
nada como si hubiera visto a un fantasma. Yo le dije…
- Adiós, hija y sobrina de asesinos de Cristo Rey y amiguitos
de Antonio González Pacheco, más conocido como Billy el
Niño. Ojalá mueras como te mereces
La ameba no dijo nada, se fue e hizo como si no me conociera
durante la semana que estuvo en los campamentos. Luego al
parecer, esa periodista fascista del grupo nazi España 2000, salió en
la tele en un programa de izquierdas bajando de un camión material
humanitario en Ausser. Me he arrepentido docenas de veces haber
salvado a esta futura criminal.
Sé que no hice ningún bien a la humanidad, y por ello. PIDO
PERDÓN, CAMARADAS.
227
NÉMESIS
Siempre he creído que la tortura es la ciencia de la sofisticación del
sometimiento, el tormento infligido a través de métodos e
instrumentos, un juego macabro y exquisito, que hace creer al
prisionero que hay posibilidad de salida mientras le arrancan el
pellejo hasta el derrumbe total despojándole de su integridad.
Donde la humillación es sólo una insignificancia comparada con la
sublimación del calvario y del martirio infligido, cuando el gato se
cansa del entretenimiento y mata al ratón aturdido.
Marco Polo escribía en su Libro de las Maravillas que los chinos
eran maestros en el arte de martirizar con refinada crueldad a sus
prisioneros, y en Roma el Jurista Ulpiano decía que “La quaestio
(tortura) es el tormento del cuerpo para obtener la verdad”. Las
Ordalías eran las pruebas de tortura que utilizaban en la Edad Media
para saber si una persona era culpable o inocente, decía la verdad o
no. Gilipolleces como estas hay a montones en la historia humana.
Los amos de los torturadores y verdugos son los que nos venden el
pacifismo, y la policía nos recuerda todos los días lo malos niños
que somos. Como monjas macabras, con gomas de butano en las
manos sacudiendo a piernecitas de niños rebeldes en cualquier
Compañía de María del mundo.
Paseaba por el Templo de Némesis, en el yacimiento de Ramnunte
del siglo V antes de nuestra era, en la costa Ática cerca de Maratón.
Estaba cerrado al público pero me colé con cara de turista
despistado, el mar se veía limpio y el olor venía a olas que inundaba
todo. Sólo quería descansar de lo asqueroso del mundo pero fue
imposible.
Me senté delante de la estatua de mármol Némesis, que esculpió
Agorácrito alumno de Phidias, diosa alada y coronada, con una rana
en una mano y una rueda en la otra, diosa de la justicia retributiva,
la solidaridad, la venganza, el equilibrio y la fortuna. Y sin saber
por qué recordé las celdas que he visitado, los gritos de dolor y
miedo que oído y visto a lo largo de mi puta vida, las historias que
228
me contaban los camaradas torturados y sobre todo, las que me
contaban sus cicatrices, espaldas astilladas a trallazos, dedos sólo
con muñones por las uñas arrancadas, pezones extirpados por
alicates, testículos reventados a golpes o descargas eléctricas,
ahogamientos o fusilamientos simulados, castraciones por tirones
de cuerdas de nailon y sacaduras de muelas con tenazas.
Las drogas y la brutalidad policial continuamente caen al lado de
los de siempre, porque las drogas nunca son inocentes y los
gobiernos las derivan a su antojo a los grupos que les conviene,
según les interese tener alelado a ese grupo o simplemente muertos
en vida. Elijen drogas concretas para grupos específicos,
discriminándolos a través del precio de la sustancia. Eso lo he visto
en todos los países del mundo, son torturas pacientes y efectivas que
ejercen los estados sobre los grupos que les resultan incómodos. Y
me acordé de las Escuelas de las Américas.
Docenas, cientos de especialidades más, que los torturadores
estudiosos apuntaban en sus cuadernos en las clases con profesores
de los Estados Unidos en el “Western Hemisphere Institute for
Segurity Cooperation” (Instituto del Hemisferio Occidental para la
Cooperación y Seguridad) que funcionaba desde 1946, y una rama
del Instituto de tortura y muerte se rebautizado en 1963 como
Escuela de las Américas, Institución Militar de los Estados Unidos
cuya escuela estaba situada en la Zona del Canal de Panamá, donde
se graduaron más de 60.000 torturadores y asesinos, militares y
policías de 23 países de Latinoamérica. Muchos de ellos policías
españoles que siguen en activo. La escuela se cerró oficialmente el
15 de diciembre del 2000, continuando sus funciones en los Estados
Unidos, la mayor Escuela Fascista de asesinos y torturadores del
mundo. Su principal objetivo era la formación de oficiales para la
lucha contra los grupos de izquierdas de las democracias de
América Latina, bueno más bien contra todo el mundo que no fuera
fascista modelo norteamericano. Ni los mayores dictadores de la
historia tuvieron en su currículo algo, ni siquiera parecido, a esta
esquematización de tortura y asesinato con una duración de decenas
de años. De esta escuela salió lo mejorcito de cada casa. Entre ellos,
229
los condenados por crímenes contra la humanidad, Leopoldo
Fortunato Galtieri, Manuel Antonio Noriega y Manuel Contreras.
Una de las derivaciones de la Escuela de las Américas fue la
Operación Cóndor o Plan Cóndor para Latinoamérica. Ideado por
Henry Kissinger durante la presidencia de Nixon, del muy
demócrata país de los Estados Unidos de América, basada en la
operación nazi Nacht und Nebel, noche y niebla, a escondidas.
Muchos nazis, sobre todo científicos y algunos de los servicios de
inteligencia, fueron llevados a Estados Unidos para que trabajaran
a su servicio por su formación y por su odio a los bolcheviques.
Algunos antiguos médicos nazis participaron en la formación.
Los países que participaron de forma activos en la Operación
Cóndor fueron, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y
Uruguay. De forma esporádica Colombia, Perú, Venezuela y
Ecuador. Eso sí, todos ellos más algunos más de Latinoamérica
participaban de las Escuelas de las Américas.
El Plan Cóndor se convirtió en una Organización Clandestina
Internacional para el terrorismo de estado, colaborando todos los
países en un sistema nazi barnizado por el gobierno de los Estados
Unidos y la CIA, con campos de internamiento, cárceles de
exterminio etc., y creando escuadrones de la muerte en todos los
países. En los manuales de la CIA, que eran los mismos que los de
las Escuelas de las Américas, formaban sobre el grado de Shock que
aguanta el ser humano y cientos de tipos de torturas, unas para
sonsacar información y otras sólo por el placer de martirizar al
enemigo.
Algunos de los formadores eran militares franceses que habían
estado en la guerra de independencia argelina, y habían utilizado
parecidas tácticas de tortura y desaparición de presos con vuelos de
la muerte, etc. El enemigo era todo el mundo que pensara fuera de
sus esquemas, y había que hacerlos desaparecer por el bien de la
sociedad blanca cristiana. El robo de bebes no cristianos era casi un
230
deber divino, en España se siguió usando esa tortura social por la
Iglesia Católica hasta los años ochenta.
La película El nacimiento de una nación, de David Wark Griffith,
sobre la guerra de secesión americana da una visión del modelo
fascista americano. En la película se alaba el heroísmo del Ku Klux
Klan, haciendo hincapié en lo miserable que eran los negros y los
judíos. Meses más tarde se reconstruyó el grupo criminal KKK.
Después apareció el concepto WASP (White Anglo-Saxons and
Protestants), blancos anglosajones y protestantes, como la etnia
blanca de procedencia británica de moral tradicional y buena
posición social americana, los verdaderos americanos, que rechazan
la influencia de cualquier otra etnia o cultura. Ejemplos de ello son
la Asociación del Rifle y cientos de asociaciones más, armadas y de
radicalismo religioso como el Tea Party, grupo de presión
ultraconservador, eufemismo de fascista.
El veintidós de diciembre del uno, nueve, noventa y dos, Martín
Almada con la ayuda del juez José Agustín Fernández encuentran
por casualidad en la comisaria de la localidad de Lambaré de
Paraguay, los archivos escritos por Alfredo Stroessner de la
Operación Cóndor, más conocidos como los Archivos del Terror,
donde están escritas las comunicaciones entre las autoridades
policiales y militares de Paraguay, Argentina, Brasil, Chile y
Uruguay, principalmente entre los años 70/80. Estos archivos
cuentan cómo se planificó el terrorismo de estado desde Estados
Unidos a Sudamérica en cientos de documentos. Se siguen
encontrando más documentos cada vez más espeluznantes, donde
se hablaba de 50.000 asesinatos, 30.000 desaparecidos y 400.000
encarcelados. Se especifican las conexiones con EE.UU y Francia
a través del Ministro de Asuntos Exteriores, con una misión militar
francesa permanente en Chile y Argentina, y antiguos militares de
la guerra de Argelia, en el Estado Mayor Argentino. Valéry Giscard
d´Estaing colaboró muy estrechamente con Jorge Rafael Videla en
Argentina y con Pinochet en Chile, el neofascista Pierre Messmer
era el enlace desde su puesto de Embajador de Francia en Buenos
Aires.
231
En un frío mes de agosto en Montevideo, una noche en la casa que
tenía en el campo la camarada Lolilla la Pasionaria, estuvimos
hablando de los secuestros y torturas que habíamos sufrido, de la
operación Cóndor en Latinoamérica y de la Gladio en Europa. Me
decía.
- Mire comandante, la tortura sistematizada desata primero
infligir dolor cada vez más intenso para destruir al reo y a
su círculo, segundo hacer las torturas públicas para
atemorizar a las demás víctimas, y tercero trasmitir el
mensaje a la sociedad para amedrentarla
Yo no quería hablar de mis secuestros, intenté cambiar de tema y
me fui a dormir temprano, a la mañana siguiente me llevó a un
antiguo almacén donde se reunían viejos camaradas de casi toda
Sudamérica los sábados de mañana. Me presentó a los que no
conocía y tomando mate me empezaron a contar algunas de sus
historias.
- Mire comandante, ya sabemos qué hace poco sufrió un
secuestro de los Paras muriendo muchos camaradas suyos,
entendemos que no tiene ganas de hablar de ello pero le
pido que nos escuche. Con el tiempo lo entenderá
Empezó el camarada Chéssare.
- Al Teniente Benavidez le gustaba hacernos el submarino
seco, (ahogamiento con bolsa de plástico) y el submarino
mojado (meter la cabeza en un tanque de líquido, suele ser
agua salada u orines), también nos tapaban la cara con un
trapo y nos iban echando agua encima para que fuera más
agobiante. Ahora estoy viviendo sólo con un pulmón, me
han dado como mucho un año de vida y como pueda, quiero
ser un verdugo como ellos y matar y matar sin parar hasta
que se me termine esta puta vida.
Todos sabíamos que lo haría, Chéssare Plasencia era uno de los más
valientes y osados hombres que habíamos conocido.
232
- Para mí lo peor eran los aislamientos sensoriales, sin ver, ni
oír, ni tocar, desnudos en celdas jaulas al aire libre sin
dejarnos dormir en ningún momento. Sigo en tratamiento,
aislado del mundo y de la vida
Dijo Priscilo Borrajo, tapándose la cara con las manos.
- Me hicieron el eunuco. Me ataron los testículos y el pene
con una cuerda de naylon que estaba amarrada a una barra
metálica a tres metros de altura, dejándome colgado por los
brazos y así, para que cuando me cansara y me dejara caer,
arrancarme los testículos y el pene
Decía el camarada Arsenio Rialves con su mirada desafiante al
mundo. Dionisio do Campo, de repente empezó hablar desde el
fondo de la habitación del almacén;
- A mi compañera la asesinaron haciéndole bailar la orca,
que consistía en ahorcarla subiéndola a unos cinco
centímetros del suelo para que durante un tiempo tuviera
que dar saltitos para no morir y mientras, le daban con la
picana (porra eléctrica). Al cabo de un rato por agotamiento
empezó a ahogarse, y eso duró más de treinta minutos. En
los ahorcamientos normales suelen morir por rotura del
cuello. Y quiero ser un hijo de puta como ellos, y matar a
sus familias, a sus hijos, a sus nietos y después a ellos con
mis propias manos
Claramontes con la voz quebrada y los ojos rojizos pero ya vacíos
de lágrimas, nos contó…
- A una camarada uruguaya que estaba embarazada le rajaron
la pancita y le sacaron la cabeza del bebé fuera y así,
sangrando, la ahorcaron en el patio de la cárcel dejándola
durante días colgada para que lo viéramos las camaradas
233
- Mira comandante, en el fondo daba igual que cantaras o no,
que delatases a los camaradas o no, sabías que te iban a
matar de todas formas. Somos de los pocos que salimos
algo vivo de la Operación Cóndor. Casi todos estamos
sordos, la mayoría porque nos han hecho el teléfono, son
ostias con la mano ahuecada en los oídos, reventándote los
tímpanos y ocasionándote un dolor punzante insoportable,
sueles desmayarte
Siguió hablando Piero Montalvez con su voz grave y rotunda de
locutor de radio.
- Nos desnudaban y nos daban con el teju ruguai, látigo
trenzado corto de Paraguay, para despellejarnos la piel,
luego nos meaban y nos ataban con cables a un somier
electrificado dándonos descargas, pocos salíamos vivos de
ese suplicio. El muy condecorado torturador Comisario
Eusebio Torres, muy conocido en Paraguay y amigo
Gustavo Stroessner hijo del dictador Alfredo Stroessner, la
mañana del día 8 de marzo de 1988 a la compañera Palmira
Salabria le hizo personalmente cortes con una navaja de
afeitar y después la metieron en una caja de madera y la
echaron dieciséis ratas que habían cogido de los almacenes
de la cárcel, las ratas empezaron a comerla desde el primer
día, cuando abrieron la caja a los tres días apenas quedaban
restos de ella. Ese mismo año el dictador recibió en
Paraguay al Papa Juan Pablo II, quien le dio sus
bendiciones por buen cristiano
- Después de hacerme la pileta (ahogamientos dentro de una
bañera) me empalaron, me ataron a una especie de cruz en
forma de X y me metieron un tubo hueco por el culo, me
dejaron sin comer y apenas beber durante algunos días
hasta que perdí el conocimiento y mucha sangre. Creyeron
que estaba muerto y me tiraron al botadero de la ciudad, allí
me encontró una familia que vivía de recoger cosas y
cuidaron de mí hasta que me pude recuperar. Creo que he
sido de los pocos que salieron vivo del empalamiento
234
Contaba el camarada Pascual Jareño todavía con las manos
temblorosas. Alguien con muletas e hipercifosis que había llegado
después, con la voz casi afásica me dijo…
- Mire comandante, mi nombre es Arcadio Skardich soy
chileno y en la Escuela Naval de Santiago, me paliaron
delante de mis hijos, Víctor de cinco años y Benjamín de
ocho, después trajeron a Violeta mi mujer y la violaron
todos los Pacos delante de mí y de ellos. Los niños gritaron
y gritaron y empezaron a darles patadas para que se
callaran, uno murió desnucado y el otro al día siguiente por
que le habían reventado por dentro. Violeta se ahogó en su
propia sangre mientras la violaban a golpeteadas. A mí no
me quisieron matar, sólo me reventaron las piernas y me
dejaron vivo para que sufriera para siempre…
- Mi nombre es Bernarda, también soy chilena y fui de los
736 que estuvimos en el Estadio Nacional y nos llevaron al
Campo de Concentración de Cochabuco en el desierto de
Atacama, que está a cien kilómetros de Antofagasta donde
vi como enterraron a mi hijo vivo…
No pudo hablar más del dolor, se levantó llorando y salió sola a que
la diera el aire y a arrancarse durante un rato el puñal ardiente que
tenía clavado en el pecho…
Yo no sabía si podría soportar tanto dolor conocido, tanto olor a
muerte impregnado en las tripas y en la cabeza para toda la vida…
Seguían contando algunas de sus historias que no llegarán a tener
reposición, ni reconocimiento, ni justicia. Yo no pude decir nada
durante todo el tiempo, sólo miraba a esos hombres y mujeres
llenitos de grandes secuelas físicas, de salud y sobre todo, ver que
no estaban muy muertos, pero tampoco muy vivos. Nunca los
olvidaré y claro que con el tiempo los entendí.
Yo ya no quería justicia, reclamaba venganza, resarcimiento
macabro y sangriento, y matar a todas sus putas familias. Sacudí mi
235
cabeza para apaciguar al monstruo que llevo dentro, algún día sé
que saldrá, pero no por ahora…
Seguía en el yacimiento de Ramnunte, al lado del templo de
Némesis había un pequeño santuario a Diônysos, dios del vino, la
locura ritual y el éxtasis, patrón de la agricultura y el teatro. Me
senté en unas piedras para respirar hondo, por si se me pegaba algo
de la filosofía de la Grecia Clásica aunque fuera por osmosis, y
después desechar lo aprendido. Quería ser como los Tíasos, los
sequitos de Diônysos, personas juerguistas y borrachas buscando
Ménades, compañeras de orgias. No pensar en nada que no fuera
una bacanal de hedonismo, pero los dioses no quisieron hacer ni
puto caso al falso turista que se había colado en sus horas de
descanso de mortales. Quería sentir bonito, pero la mierda me llegó
recordando el trozo de ponencia que di en Toulouse sobre la
Operación Gladio.
Operación Gladio
El Aula Magna estaba llenita de alumnos de varias carreras, yo
estaba casi con miedo escénico pero mi traductora, una oronda y
risueña pied noire argelina, me sonrió y me dijo.
- ¡Adelante! valiente miliciano español
Miré a los chicos, tomé aire y salí como combatiente con ardor
guerrero.
- Hubo algunas variables de la operación Cóndor enmarcado
en las Escuelas de las Américas en Europa. Empezó en
Italia, se llamó Operación Gladio, para frenar el auge del
Partido Comunista Italiano, partido demócrata de un país
demócrata. La Operación Gladio se convirtió en una Red
Clandestina Secreta Anticomunista que operó por toda
Europa bajo la dirección de la OTAN, la CIA y los
Servicios Secretos británicos del M.I.6. Esta red estaba
formada por muchos nazis de la Segunda Guerra Mundial.
236
- En Italia Licio Gelli, que era el jefe de propaganda de la
logia masónica P2 fue un gran miembro activo de Gladio,
donde también estaban implicadas gran parte de las mafias
italianas y los Bancos del Vaticano y de la Iglesia Católica
que financiaron grupos terroristas. Stefano Delle Chiaie
estaba implicado directamente en la Operación Condor y
Vicenzo Vinciguerra fue el organizador de la Strategia
della Tensione (Estrategia de la tensión). Grupos de
atentados terroristas de la extrema derecha por toda Europa,
sobre todo en Italia, falsamente atribuidos a las Brigadas
Rojas.
- En Grecia participaron con atentados y en el golpe de
estado de 1967. La rama turca se llamó Counter Guerrilla,
con asesinatos y el golpe militar de 1980. En España, en los
casos de Montejurra, Scala y docenas más, asesorando y
armando a toda la ultraderecha española. El brazo armado
de Gladio en Portugal se llamaba Programa Phoenix. En
Francia crearon los OAS Organisation de l´Armée Secréte,
organización terrorista de ultraderecha dirigida por el
general Raoul Saln, contrarios a la independencia de
Argelia, al final se convirtieron en un gran grupo terrorista
anti socialista francés. Mucho de ellos tras su disolución se
refugiaron en España asesorando a grupos nazis españoles,
Pierre Lagaillarde, Jacques Soustelle, Jean Garden, Alin
Sarrien, Raoul Salan y muchos más. En Bélgica con
asesinatos y atentados, uno de los más conocidos fue las
masacres de Bramante. En Alemania fue todavía más
sangrante, quien organizo Gladio en Alemania Occidental
fue Reinhard Gehlen que era el jefe de los servicios
secretos, organizó docenas de atentados, montajes y
asesinatos, estaba dentro de la organización ODESSA que
proporcionaba refugio a los nazis retirados. El acto
terrorista con bomba del 26 de septiembre del 1980 de
Oktoberfest en Múnich fue del Gladio alemán.
237
- En Mozambique es asesinado por Agintes Press, brazo
armado de Gladio, Eduardo Mondlane jefe de FRELIMO
(Frente de Libertaçâo de Moçambique).
- El que fue presidente de Gambia y buen alumno de la
Escuela de las Américas, Yahya Jammeh, fue ayudado
entre otros por grupos de Gladio…
Fue pasando el tiempo y del Aula Magna no se iba nadie, los chicos
atendían emocionados y observadores como bebes descubriéndose
los pies. Yo ya estaba borracho de datos y de emotividades, pero
seguía intentando explicarles nuestra historia como bípedos
humanos…
- Campos de concentración en países democráticos. Un
campo de concentración o campo de internamiento, es un
centro de detención o confinamiento donde se encierra a
personas por su pertenencia a un colectivo o colectivos
genéricos en lugar de por sus actos individuales, sin juicio
previo ni garantías judiciales, aunque puede existir alguna
cobertura legal integrada en un sistema de represión
política. Suelen llamarlo por cuestión de estado
- A diferencia de un campo de prisioneros, que se emplea
como centro de detención de militares enemigos en un
conflicto, un campo de concentración se usa
mayoritariamente para la detención de personas no
combatientes. Son centros usualmente de gran extensión
- Se considera como variante el campo de trabajo, un campo
de concentración donde los reclusos son sometidos a
trabajos forzados, frecuentemente en condiciones
deplorables
- Los Estados Unidos ya tenían experiencia en campos de
concentración durante la guerra filipino-estadounidense
(1899-1902), donde masacraron a la población civil.
Construyeron múltiples campos de concentración
238
infrahumanos y fue tan grande el aniquilamiento de
familias que se llamó el Genocidio Filipino
- Durante la Segunda Guerra Mundial construyeron campos
para familias japonesas sin ningún tipo de discriminación,
sólo por ser descendientes de japonés se les metían en esos
grandes campos de concentración
- Se construyeron diez campos en el territorio americano, se
abrieron en 1942 para los nikkeis, que era como llamaban
a los emigrantes japoneses y a sus descendentes, el campo
de concentración más conocido fue el Campo de Manzanar
donde encarcelaron a más de 110.000 japonenses, el campo
estaba a los pies de la Sierra Nevada en el valle Owens,
California, a 370 kilómetros al noreste de Los Ángeles.
También fue muy conocido el Campo de Jerome, Idaho
estaba en el sudeste de Arkansas cerca del pueblo de
Jerome. Se abrió en octubre de 1942 y funcionó hasta junio
de 1944, fue el último campo en ser abierto y el primero en
cerrarse. Llegó a tener 8.497 prisioneros
- Después descubrieron que eso era muy penoso y desde
entonces se van a cagar a los patios ajenos, montando
campos de concentración y cárceles fantasmas en terceros
países
- La cárcel de Guantánamo es un escupitajo a la cara del
mundo, que como putas baratas miran hacia otro lado y
quitan sonrientes el sudor de la cara al verdugo
- Pero el concepto Campo de Concentración viene de los
británicos. La expresión inglesa concentration camp se
popularizó a raíz de su uso por las autoridades británicas
durante la Segunda Guerra de los Bóer en Sudáfrica (1899-
1902), donde el Mariscal de Campo H.H. Kitchener al ver
que se alargaba la contienda empezó a atacar también a las
mujeres y a los niños metiéndolos en campos de
239
concentración. En la guerra murió también mucha
población negra, sólo Boers murieron 27.000
- Winston Churchill en la Segunda Guerra Mundial, mientras
denunciaba los campos de concentración nazis, estaba
construyendo campos de concentración en Kenia para los
grupos rebeldes de autodeterminación de su Colonia
- La Francia no ocupada y muy democrática, casi presidida
por el diputado fascista Édouard Daladier, cerró la frontera
con España y saco un decreto ley para los extranjeros
indeseables, en especial para los españoles. Por la presión
social abrió las fronteras y los llevó a los campos de
concentración, que quisieron llamarlos de refugiados pero
no fueron así, y crearon los campos de concentración de:
- Recros (Lozere), Bram (Ande), Agde (Hérault), Riversaltes
(Pirineos orientales), Sepfons (Tarn et Garonne), Le Vernet
(Ariège), Gurs (Basses Pyrénées), Argéles sur Mer, Saint-
Cyprien, Prats de Molló, Noe y Barcarés, Latour de Carol,
Barcarés, Rivesaltes y muchos más. En Argelia, Campos de
Concentracion y trabajo en la línea Transsahariana, en
medio del desierto del Sahara para españoles, Madjrate le
Mguiee, Bran Moran, Suzzoni, Relizane, Merijda, Dejelfa,
etc., alguno de estos campos eran casi de exterminio. Todos
esos milicianos tan maltratados por los franceses, tan
democráticos, fueron los que liberaron París dentro de La
Nueve
- Después, durante la guerra de Argelia (1 noviembre 1954-
19 de marzo de 1962) los militares demócratas franceses
hicieron pequeños campos de concentración y casi de
exterminio en Argelia supuestamente para los miembros de
Frente Nacional de Liberación (FLN), donde se practicaron
torturas y fusilamientos indiscriminados organizados por
las OAS, organizaciones terroristas armadas pro-francesas
de extrema derecha
240
Hubo un murmullo general en el aula, mi oronda y simpática pied
noire seguía traduciendo impertérrita e insinuando una sonrisa de
aprobación sobre lo que decía. Seguí con la ponencia.
- Las prisiones secretas de la CIA, también llamadas black
sites, son centros de detención secretos que están fuera del
territorio estadounidense y de su jurisdicción. Las
instalaciones supuestamente son para luchar en guerra
contra el terrorismo, para detener a supuestos combatientes
enemigos o terroristas. En Europa ha habido 1.245 vuelos
secretos y han colaborado 15 países. Todos democratísimos
y defensores de los derechos humanos como Francia,
España, Reino Unido, etc.
- La CIA también tiene cárceles flotantes, son buques civiles
o militares en los que son retenidos prisioneros violando la
legalidad internacional, lejos de legislaciones y de cámaras.
Estos barcos suelen operar itinerantemente en el Océano
Índico, muchos en torno a la isla británica de Diego García.
Los presos son interrogados a bordo de estos buques y
luego los que sobreviven son enviados a cárceles secretas
en terceros países
- Según el informe de la organización de Derechos Humanos
Open Society Justice Initiative (OSJI) asegura que 54
países de este mundo tan humano, colaboran en los
secuestros, detenciones, torturas y asesinatos de la CIA
- Estos países nuestros y vuestros, que se les llena la boca de
los Derechos Humanos, luego se dan vaselina en el trasero
para que los amos económicos nos den por culo. Porque no
os confundáis, todo esto es por intereses económicos y de
poder, de amos difusos con manos invisibles
Los chicos aplaudieron durante un buen rato y salí lo más rápido
posible para que no vieran mi sufrimiento. Mi doña traductora, me
dio tres besos sonoros y me despidió con un.
241
- Hasta siempre mi valiente miliciano español
La tarde se fue echando encima en el templo de Némesis, ya estaba
rodeado de los camaradas con los que estuve en Montevideo y otros
cientos torturados que he tenido el honor de conocer. Todo estaba
lleno de luchadores, combatientes de la dignidad, de la cultura y la
risa, seremos, alegres, valientes y osados, como una romería atea a
la Diosa de la justicia retributiva, la solidaridad, la venganza, el
equilibrio y la fortuna.
Los secuestrados y torturados tenemos que reconstruirnos a base de
encajar andamios, cada uno se los hace del material que puede. Yo
siempre digo que bienaventurados los exiliados porque alguna vez
tuvieron patria. Una Ítaca donde regresar aunque sea mentira, jamás
se regresa al mismo sitio, siempre te roban el tiempo y el recuerdo.
Némesis no dijo nada, sólo quería seguir siendo piedra y ya que
sabía que no tenía ni puta idea de griego clásico, me dijo en latín.
- Ama et god vis fac (ama y haz lo que quieras)
Me subí a la parte más alta del Templo encima de unas losas para
mirar el atardecer de la costa Ática, saqué mi petaca con ron
Matusalén, y viendo todo lleno de mis nadies, de mis más íntimos
nadies tomé aire, les dediqué el atardecer y brindando la faena a mis
camaradas torturados y muertos, les ofrecí mi poca valentía y
sintiéndome bonito, grité;
¡VA POR USTEDES CAMARADAS!
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CÓMO CONSEGUIR LOS LIBROS DE ANTOLIN
PULIDO EN PAPEL
Una vez elegidos los libros deseados (existen pequeñas reseñas
en video en youtube)
Mandas una dirección donde deseas te los envíen (si deseas que
estén dedicados, confirma que personas)
Te mandaremos el pequeño presupuesto de los libros y los gastos
de correos, también un número de cuenta bancaria donde hacer
el ingreso
Los libros de Antolin Pulido valen 15 euros (cada uno) más los
gastos de envío, que suelen ser dos euros (por correo ordinario)
Esta forma es la única que tenemos para que puedas conseguir
sus libros, las librerías se niegan venderlos. (Llámalo censura o
desinterés)
También los puedes conseguir en sus presentaciones y/o
conferencias
Para los/as camaradas que no tengan plata, les recordamos que
los pueden descargar libres y gratis en PDF en Internet.
Hay ocho libros editados
LA MEMORIA DE LOS NADIE, UNO
LA MEMORIA DE LOS NADIE, DOS
LA MEMORIA DE LOS NADIE, TRES
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La trilogía de los nadie, son historias verídicas de las misiones
donde ha estado el escritor, en ayuda humanitaria, brigadista,
cooperante, etc. por Latinoamérica y África principalmente.
Narradas de forma cruda y amena
Temas Niños soldados, mafias farmacéuticas, esclavos,
prostitución infantil, tráfico de órganos, granjas de niñas,
terrorismos estatales, mediación en secuestros, Etc. (es
autobiográfico)
ISLA RESISTENCIA
Novela sobre un grupo de ancianas en un pueblo abandonado de
la sierra. Donde aprenden a ser libres, reconocen su pasado y se
abren al futuro sin prejuicios ni moralinas
(lindo texto, tierno y duro, de superación y autogestión libertaria)
TEXTOS URGENTES DE CUANTAUTOR DE GUARDIA
Libro que consta de tres textos diferentes
UN AÑO DE NADIES
Doce historias de nadie, cada mes un personaje, un lugar, un
mundo
Doce narraciones de doce meses, que no saben hacer un año
NI VIDA NI OBRA DE PETRONILO BAUTISTA
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Historia de un grupo de octogenarios que deciden ayudar a un
camarada en sus últimas voluntades e intentan organizar un
grupo terrorista de abuelos/as, con resultados no muy
satisfactorios (historias tiernas y sarcásticas con un bellísimo
final)
CARAMELOS DE ACERO
Textos sobre la vida de un niño que tiene que salir con su tío al
exilio después de la guerra civil. Nueva identidad, nuevo mundo,
nueva vida. Desarrollándose en su adolescencia, su sexo, su
libertad, personalidad, entre personajes intensos e irónicos
donde aprende a ser un librepensador.
JUSTICIA A TRAGUITOS CARRASPOSOS
Textos crudos con historias de venganzas duras y cotidianas. Libro
áspero y cruel, casi tanto como la realidad que nos rodea sin
quererla ver.
TEATRILLOS CON MEMORIA
Cuatro pequeñas obras de teatro sobre nuestra memoria
histórica. Textos para leer, para representar, hacer lecturas
dramatizadas, narraciones radiofónicas.
El texto “Nadies sin carne pero con huesos” está especialmente
preparado para realizar una lectura (narrada/dramatizada) para
segundo ciclo de la ESO y Bachiller.
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PANFLETOS DE AMOR Y LUCHA
Poesías de combate, justicia social, amor igualitario, y pequeños
cuentos intensos y de fácil lectura sobre realidades sociales
cotidianas y sonrojantes.
Lo puedes solicitar a través de los siguientes correos
[email protected]
[email protected]
P.D. Van a salir cuatro librillos más confeccionados
artesanalmente por el autor
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