ANÁLISIS Y COMENTARIO DE UNA OBRA DE ARTE: Oración en el huerto [Salzillo 1752] Barroco español
El s.XVII es el siglo más completo del arte español. En conjunto, las artes plásticas culminan en esta época.
Además, el influjo extranjero se muestra muy débil, siendo por tanto un arte puramente nacional. Ninguna
otra nota caracteriza mejor a la escultura española que el realismo. Sin embargo, para hacer más intenso el
peso de este realidad se exacerban las acciones, de manera que la escultura se hace fundamentalmente
expresivista. En este periodo uno de los temas más representados junto al religioso es precisamente el de
la muerte. Casi todas las obras se realizan en madera policromada, adquiriendo una valoración muy alta la
pintura de las imágenes. En definitiva nos encontramos en un momento en que España inmersa en una
profunda crisis económica y social, anula los encargos artísticos de la burguesía y de la aristocracia, que se
conforman con las grandes decoraciones barrocas de pintura. Por tanto es la iglesia el principal cliente, y
las ideas de la Contrarreforma las que la escultura debe manifestar, encargándose retablos, sillerías de
coros, pasos procesionales o imágenes de nuevos santos.
Es precisamente en este contexto en el que se enmarca el paso procesional que tenemos ante nosotros,
realizado por Francisco Salzillo en torno al 1752 y que representa la Oración en el huerto. En España
destacaban dos escuelas de escultura barroca, la andaluza y la castellana, más dramática, sin embargo una
tercera escuela se abrió camino, esta fue la Murciana, a la que pertenecía Salzillo y que creo ya en s.XVIII
una escuela de tendencia italianizante cuyas figuras llenas de movimiento estaban dotadas de una
delicadeza femenina. Entre sus muchas obras, quizás una de las mas salientables es precisamente el paso
procesional de la Oración en el huerto que tenemos ante nosotros y que a continuación analizaremos.
Nos encontramos por tanto ante una escultura exenta realizada en madera policromada encarnada y que
formaba parte de un paso procesional. El conjunto escultórico se puede dividir en dos grupos de figuras, el
primero lo forman el ángel y Cristo y el segundo los tres apóstoles durmiendo. Cada figura es tratada de
forma individualizada. Así, puede apreciarse por una parte, la delicadeza en el trabajo del ángel, en el que
destaca la sensualidad del cuerpo medio desnudo, parecido a las representaciones de San Sebastián.
Por otra, es característica la angustia que desprende el rostro de Cristo, reforzada por el tono amarillento
de la piel y la túnica violeta, en la que podemos ver la técnica del estofado que se trata de una técnica que
utilizando paños de oro sobre la madera para una vez seco sobre la misma, raspar las últimas capas
haciendo dibujos y dejando al descubierto el oro subyacente. Pero volviendo a la figura de Cristo está
representada de rodillas e implorante, como hundido ante el peso del destino que se avecina, con todo el
sufrimiento concentrado en un rostro de mirada suplicante, contrasta a la perfección con la serena belleza
del Ángel, figura que lo conforta, que a su mismo nivel evita que desfallezca, con las alas aún desplegadas,
pues acaba de posarse en la tierra. Respecto a los apóstoles, vemos el realismo popular de sus caras, que
permiten suponer un esmerado estudio de las actitudes, creando además los tres apóstoles una
composición dinámica y al mismo tiempo unitaria respecto al grupo principal.
Dejando el análisis formal y técnico a un lado, para concluir comentaremos la temática, y es que Salzillo
presenta en esta escultura el tema de la Oración en el huerto y es que San Mateo en sus evangelios, dice
que Jesús y sus discípulos fueron a orar al huerto de Getsemaní después de la Última cena. Allí los
apóstoles se quedaron dormidos mientras Jesús sufría la angustia de conocer su destino. La obra tiene un
sentido devoto y didáctico, buscando provocar una emoción al espectador, mayoritariamente analfabeto,
adquiriendo la obra todo su sentido cuando sale en procesión junto con otras representaciones bíblicas el
Viernes Santo, siendo por tanto esta obra todo un ejemplo no solo del barroco español sino de la
propaganda eclesiástica de la reforma católica.