Naturaleza tripartita del hombre
07.09.2011 17:24
¿De que esta compuesto todo nuestro ser?
(1 Tesalonicenses, 5:23) Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser,
espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
¿Sobre que partes de nuestro ser actúa la Palabra de Dios?
La enseñanza bíblica se refiere al ser humano como compuesto por tres partes, o que posee tres
naturalezas diferentes: espíritu, alma, cuerpo.
En el Génesis leemos que Dios hizo al hombre del polvo de la tierra- su naturaleza material- y
sopló sobre él aliento de vida, y desde ese momento fu un alma viviente, su naturaleza
inmaterial.
(Génesis 2:7) Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz
aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.
Aunque nos referimos al espíritu y al alma como partes de nuestro ser, debemos recordar que
son componentes inmateriales, y que por lo tanto, es solamente una manera mas comprensible
de explicar realidades y fenómenos que escapan a nuestros sentidos físicos.
El Espíritu Humano
Es la parte mas interior de nuestro ser, y que nos permite comunicarnos con Dios. Es la parte que
estuvo muerta antes de nuestra conversión y nuevo nacimiento, y esta fue la razón por la cual
antes no podíamos tener comunión con Dios. Dios solo era un concepto o un ideal inalcanzable.
Cuando nos reconciliamos con Dios según Ez. 36:26, Dios nos da un corazón nuevo, nos otorga
un espíritu renacido. Desde allí, nos podemos comunicar con Dios, El ya no es alguien lejano, una
persona desconocida sino que nos relacionamos con Dios en amor.
(Ezequiel, 36:26) Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré
de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.
Nuestro espíritu es también el asiento del Espíritu Santo en nuestro ser desde nuestra
regeneración, y la comunicación es de Espíritu a espíritu.
(Romanos, 8:16) El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
El espíritu debe fortalecerse por medio de la comunión con Dios en oración, la lectura de la
Palabra de Dios y a través de la adoración.
El alma humana
Es la parte intermedia entre el espíritu y el cuerpo físico. Está compuesta por nuestro intelecto,
nuestros sentimientos o emociones y nuestra voluntad. Es la parte de nuestro ser que nos
permite tener conciencia de nosotros mismos. Es lo que nos diferencia psicológicamente unos
de otros.
El alma fue afectada por el pecado, el intelecto fue oscurecido, las emociones fueron dañadas y
la voluntad fue torcida. Y éstos no han renacido en nuestra conversión.
Es el espíritu el que ha renacido, mientras que el alma debe ser renovada por un proceso
continuo, bajo la influencia del Espíritu Santo, del espíritu humano y de la Palabra de Dios. Es
nuestra responsabilidad permitir esa influencia renovadora.
La Palabra de Dios llama “carne” no a nuestro cuerpo físico, sino a esas tendencias del alma
contrarias al deseo del espíritu de agradar a Dios, y sobre todo de sujetarse a El. La esencia del
pecado de Adán sigue vigente en la carne y su asiento es en nuestra alma. El cuerpo físico es
neutro moralmente, pues solo sigue los impulsos de nuestra alma.
La santidad se logra en la medida en que reconocemos que nuestra carne ya murió juntamente
con Cristo en la cruz, y en la medida en que el espíritu va moldeando y sujetando los impulsos
del alma, y conformándolos al carácter de Cristo.
¿Cómo somos transformados?
(Romanos, 12:2) No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de
vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y
perfecta.
¿Por quién somos transformados?
(2 de Corintios, 3:18) Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo
la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el
Espíritu del Señor.
¿Qué hace la Palabra de Dios?
(Hebreos, 4:12) Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de
dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los
pensamientos y las intenciones del corazón.
¿Cuál es la lucha del creyente?
(Gálatas, 5:17) Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la
carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.
¿Cual es la clave de una vida de santidad?
(Romanos, 8:1) Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que
no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
¿Qué debemos reconocer para tener victoria sobre la
carne?
(Gálatas, 2:20) Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y
lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí
mismo por mí.
Las emociones del alma y nuestra vida espiritual:
Hay muchos creyentes que actúan según su alma y no según su espíritu. Esto acarrea altibajos
en la vida cristiana, porque las emociones son naturalmente fluctuantes.
El alma reacciona fácilmente a los estímulos externos y cuando estos varían, las emociones
varían. Fácilmente se pasa de la alegría a la tristeza, del optimismo al pesimismo, de la victoria a
la derrota, del entusiasmo a la depresión, del amor al odio. Si las emociones dominan tu vida
espiritual, nunca tendrás estabilidad. Debes dejarte llevar por el espíritu y no por el alma, deja
que tu alma reaccione a los impulsos de tu espíritu y no al revés. Las emociones producidas por
tu espíritu tendrán su causa dentro de tu ser y no en estímulos externos, y tendrás una vida
espiritual en constante crecimiento. Tampoco debes buscar las
emociones en tu experiencia espiritual, tratando así de satisfacer tu alma, sino la santidad y la
obediencia al Espíritu Santo y a la Palabra de Dios, que es el deseo de tu espíritu. Si lo haces así,
las emociones vendrán como consecuencia, pero según y cuando el Espíritu Santo lo quiera dar.
El cuerpo humano
Es la parte de nuestro ser por medio del cual nos comunicamos con el mundo físico que nos
rodea.
Nuestro cuerpo ha sufrido también las consecuencias del pecado de Adán. Cuando el
desobedeció y comió del árbol- Gn. 2:17-, no murió enseguida. Pero desde ese momento entró
en la raza humana el principio de la muerte, por el cual vienen la debilidad, la enfermedad y la
muerte física. Leer más:
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