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Luque Alvarez J - El Huerto Escondido

Este documento es una introducción a un libro titulado "El Huerto Escondido" escrito por Josefa Rosalía Luque Álvarez. En la introducción, la autora habla de dirigirse a un "alma hermana" que busca la verdad, la belleza y el amor puro. Explica que las páginas que siguen expresan sus propias luchas internas, momentos de tristeza y desengaño, pero también visiones de esperanza y amor inspiradas por su fe en Cristo.

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Luque Alvarez J - El Huerto Escondido

Este documento es una introducción a un libro titulado "El Huerto Escondido" escrito por Josefa Rosalía Luque Álvarez. En la introducción, la autora habla de dirigirse a un "alma hermana" que busca la verdad, la belleza y el amor puro. Explica que las páginas que siguen expresan sus propias luchas internas, momentos de tristeza y desengaño, pero también visiones de esperanza y amor inspiradas por su fe en Cristo.

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

El Huerto Escondido

(Hilarión de Monte Nebo)


JOSEFA ROSALÍA LUQUE ALVAREZ

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Para Ti

¡Alma hermana y compañera del Largo Camino!...

Para ti que buscas, sientes y piensas como yo, salen a la luz estos trémolos del laúd interior, ora como
gemidos lastimeros, como súplicas angustiosas, como resignadas plegarias y, sobre todo, como inquietos
aleteos de Psiquis descontenta de las sombras y trabas que la aprisionan y anhelante hasta el delirio de la
Suprema Belleza que presiente y del Eterno Amor que adivina.
Si te has forjado un ideal de perfección, de belleza y de inefable amor que demarque rumbos certeros en tu
camino eterno, como la estrella polar al navegante, comprenderás estas sencillas páginas como te comprendes
a ti misma cuando te agobia la tristeza, cuando te hiere el desengaño, cuando te lastiman las ingratitudes,
cuando te acobarda la incomprensión de los compañeros de viaje, cuando el desamor de los amados te
envuelve en el sudario helado de la soledad y del olvido; y, también, ¿por qué no decirlo?... las comprenderás
cuando entregada a la meditación, con emocionado fervor, sientes el amor inefable de presencias invisibles que
te traen de los cielos superiores mensajes sin ruido, sin voces, sin palabras, como el reflejo de estrellas lejanas
que quisieran acompañar tu soledad, iluminar tus sombras, tus perplejidades y apagar con aguas purifica-doras
tu sed de verdad, de amor, de conocimiento!...
¡Para ti que has visto brillar en tu horizonte esa estrella de primera magnitud, plena de luz y de inefables
ternuras, el Cristo Instructor y Guía de esta humanidad, comprenderás, sí, que el alma se lance en pos de El
como lo más bello, lo más puro, lo más perfecto que haya vivido en carne de hombre sobre esta Tierra!...
Para ti que buscas ansiosamente la flor exótica del amor sin egoísmos, sin interés, sin pedir nada a cambio
del amor con que te das, comprenderás, sí, estos delirios del amor, estos éxtasis de ternura, la entrega
absoluta, la confiada esperanza, floreciendo siempre como eterna rosa viva, a pesar de todas las tristezas, de
todas las ruinas, de todas las certidumbres del humano vivir.
¿Qué más es para ti alma compañera del viaje eterno?...
El deseo intenso y ferviente de que encuentres en las florcillas de mi huerto escondido la esencia de nardos
que necesitas para ungir la cabeza, las manos y los pies del Hombre-Amor, único que puede decirte con su voz
augusta de Verbo de Dios: " ¡Tus pecados te son perdonados porque has amado mucho! ¡Vete en paz!...

LA AUTORA

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Toda alma necesita de otra alma confidente


Cuando no la encontremos en la Tierra, busquémosla
en la inmensidad del infinito y estemos seguros de
que una voz amiga responderá a nuestro llamado.

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Confidencias Intimas
con el
Divino Maestro

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

¡CUANDO NO LO ESPERABA,
TE ENCONTRÉ!...

Sentada estaba yo en el bosque sombrío de la vida, envuelta en densas tinieblas de dudas y de zozobras.
¡Y veía abrirse a mi vista muchos senderos obscuros, tortuosos..., sombríos!
¡Y cuando iba a echarme a andar por uno de ellos, allá, en lo hondo de la .encrucijada, sentí que silbaban
las serpientes de la falsa amistad y retrocedí espantada!
¡Me senté a llorar, a la sombra de un sicómoro, y colgué de sus ramas mi laúd sin armonías y sin cantos!
¡Pero un anhelo desconocido y extraño, un ansia impetuosa como una tempestad me empujaba a andar y
andar!
¿Qué buscaba?... ¡Buscaba luz..., aire!... ¡Buscaba lealtad, sinceridad, amor! ¡Buscaba una vida nueva!
¡Oh!...; ¡yo no sé lo que buscaba!
¡Una y otra vez empecé a andar por aquellos caminos ásperos y solitarios, desnudos y fríos!
¡Y en unos aleteaban graznando los cuervos negros de la adulación y la lisonja interesada, y me helaba la
sangre el cierzo frío del batir de sus alas!
¡En otros silbaban las serpientes de engañadoras promesas, que audaces corrían por una alfombra dé
césped florecido!...
¡En otros aullaban las fieras del fanatismo duro y cruel que parecía proyectar en mi alma la tiniebla
pavorosa de la selva!...
¡Y en los de más -allá, había tanto..., pero tanto lodo de miseria, mezquindades y egoísmos de todo
género, que temía ahogarme lentamente en aquella ciénaga sin salida!
Y la noche avanzaba..., ¡llegaba!... ¡Oh, sí!... ¡La noche de la eternidad, más obscura e incierta que la
noche de mi alma, mientras estaba sentada en el bosque sombrío de la vida, entre dudas y cavilaciones!
¡Y, entonces, oí a mi lado, muy cerca y como dentro de mí misma..., una voz suave cual la melodía de un
arpa que quisiera despertarme de un sueño!
Nadie había en torno mío y la cadencia continuaba vibrando quedo..., suave..., ininteligible al principio...,
hasta que un esfuerzo mental y la ansiedad de la esperanza pudieron descifrar el enigma de aquella suave
melodía que me acariciaba produciéndome un silencioso llorar!
Y eras Tú... ¡Oh, Divino Maestro Jesús!... Eras Tú que me decías con una voz musical:
'' ¡Yo soy la luz de este mundo y el que me sigue no anda en tinieblas!"
¡Y yo corrí hacia esa voz que parecía alejarse indefinidamente cual si fuera a extinguirse, perdida en la
sombra que me envolvía!
¡Mi desesperado anhelo me llevaba al delirio..., al vértigo..., a la locura! ¡Debía encontrarle de nuevo!»..
Mas... ¿dónde?, ¿cómo?... ¡Correr y correr hasta caer desfallecida esperando la muerte en aquella pavorosa
oscuridad!...
¡Pero llegó una hora en que Tú, Maestro mío, tuviste piedad de mi y, acercándote a mi angustia suprema,
me tendiste la suavidad de tu mirada y el calor de tu mano amiga, de la cual me prendí ansiosamente para no
soltarme jamás!...
Y me pareció que comenzaste, desde entonces, a andar a mi lado, mientras seguía resonando en mis
oídos tu voz suave, acariciadora..., tiernísima:
"No temas a la oscuridad que te rodea. ¡Yo soy la luz de este mundo!"
"No temas extraviarte por las escabrosas sendas del bosque sombrío de la vida; Yo soy el camino que
conduce al reino del Amor Inmortal!..."
"No tengas miedo a las luces fatuas que deslumbran y engañan. ¡Yo soy la verdad!"
"No tengas miedo a la muerte. ¡Yo soy la vida eterna!"
Y así, prendida de tu mano como un abrojillo del camino, ¡Oh, Maestro Jesús!..., iré siguiendo a través del
bosque sombrío de la vida, por esta senda que antes era obscura, pero tu luz la ha llenado de la blanca claridad
de los cielos!...
¡Graznan los cuervos sobre mi cabeza, silban en torno mío los reptiles, aúllan a mi paso las fieras, muchas
luces fatuas brillan ante mis ojos como errantes luciérnagas; pero ya no temo los horrores de la soledad, porque

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

tú vas conmigo, Divino Maestro Jesús, y tu amada presencia obra en mi alma inesperadas transformaciones!...
¡Y si tropiezo y caigo en la fatigosa andanza, me ayudas a levantar, y un renovado esfuerzo me anima y
empuja hacia la empinada cuesta que lleva a la cumbre azul serena de la purificación!...
¡Y llevo también una cruz sobre los hombros, que todos la llevamos en esta dura travesía de la vida!...
¡Pero es leve y ligero su peso, Maestro mío, compasivo y bueno!...
¡Porque llevas Tú el peso de mi carga y sólo dejas para mí la suavidad de tu compañía y el embeleso
inefable de tu mirada!
¡Y así voy siguiéndote como bajo el influjo de un encantamiento, sin sentir la fatiga del viaje ni el peso de la
cruz!
Y así voy embelesada siguiéndote. ¡Oh, Maestro Jesús, tan adorable y tan incomprendido de los
hombres!... ¡Y así voy en pos de Ti para siempre!...
¡Oh, sí!... ¡para siempre!... ¡Porque no puede el corazón dejarte después de haberte encontrado!...

BUSCÁNDOTE VOY...

Mi alma busca la tuya, ¡Oh Jesús, Maestro mío!


Mis manos se tienden hacia Vos como al único amparo, al único apoyo capaz de sostenerme en las
tinieblas de la vida.
Y Tú no me rechazas como rechaza mi espíritu a los que caen en profunda miseria como antes de ahora
he caído yo.
Con mi alma cubierta de lepra y de llagas, hace muchos siglos te buscaba y te seguía y nunca jamás tu
alma me dijo: " ¡aléjate de mí, larva impura que manchas cuanto tocas!".
¿Y por qué yo, Maestro, dejo que en lo hondo de mi ser anide, a veces, la repulsión para los que pecan?....
¡Porque soy aún miserable y llena de mezquindad!
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Porque con tanto amarte y seguirte, aún no he comprendido la grandeza de tu Corazón de Hombre-Dios.
¡Porque con tanto escuchar las armonías divinas de tu alma hablándome de ternura y de amor, aún no he
aprendido a amar como Tú!
¡Soy yo, Oh Jesús, Maestro mío, quien necesita ser perdonada una vez más!
¡Mi alma busca la tuya como una tórtola errante y solitaria que, sintiendo rotas sus alas y herido su
corazón, se refugia en Ti, piadoso y bueno, consolador Divino de los que lloran bajo el peso de sus pecados!
¡Maestro Divino!... ¡Maestro Jesús!... ¡Sed conmigo en esta hora en que mi alma te llama, huérfana y sola
en los abismos de la vida terrena adonde tu voluntad y la mía unidas me han hecho nacer para mi purificación
final y en beneficio de los pequeños!...
¡Oh Jesús, Maestro mío! ¡Que yo te sienta junto a mí en las horas de debilidad!...
¡Que yo te sienta junto a mí cuando el cansancio, la decepción y el tedio me acosan con sus rugientes
alaridos!
¡Que mi alma se funda en la tuya, mar inmenso de compasión y de amor, como una gota de agua en el
océano, como chispa en una hoguera, como una ráfaga de perfume en el inmenso oleaje de tu esencia divina!
¡No me apartes, Señor, de Ti, como mi alma egoísta y cruel repudia a veces a las almas cancerosas y
enfermas de los que hoy pecan como he pecado yo en mi larga vida de siglos y siglos!...
¡Oh Divino Maestro Jesús!... ¡La dicha de seguirte de cerca, de oír tu voz, de inundarme con la luz divina de
tu mirada, que es ala que levanta mi espíritu..., es todo cuanto quiero y cuanto pido y cuanto anhelo en esta
vida mía!
¡Oye por piedad, Señor, mi voz que te llama y que te pide, no sólo para sí misma sino para todos, esa luz
de tu mirada, esa suave melodía de tu palabra, ese divino consuelo para todo dolor, de sentirte cerca, de
sentirte en tus piedades, en tus perdones, en tus enseñanzas y, sobre todo, en la inefable ternura de tu alma
excelsa de Hijo de Dios; para estos hermanos nuestros que, junto conmigo o lejos, divididos a veces por el odio
y la repulsión o apartados por la indiferencia y las circunstancias de la vida, corriendo van sin orientación y sin
rumbo cayendo y levantando a lo largo del camino sin fin!...
¡Oh Divino Maestro Jesús!... Si ha sonado la hora de que los hombres te sientan como a su única luz y su
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

único refugio y su único Salvador, consuma tu obra. ¡Oh Señor!, ¡y que la humanidad vea por fin en ti la gloria
de Dios!

¡ESTABA TAN SOLA!...

El viento helado del egoísmo que cruzaba por la arboleda sin vida, sin rumor y sin cantos secaba mis
lágrimas y el sudor que angustias de muerte hacían brotar en mis sienes...
¡Estaba tan sola!...
¡La raíz saliente de un espino secular cuyas ramas parecían crujir remedando mis gemidos prestaba apoyo
a mi cabeza cansada!... ¡Cansada de insomnios febriles, de tormentosos terrores, de quiméricos delirios y de
deslumbramientos penosos!...
¡Estaba tan sola!...
Mis manos se extendían a tientas por el vacío, buscando otra mano que me ayudara a levantar de mi
postración dolorosa y terrible; y mis manos tropezaban con la vileza y la envidia, como las hojas traidoras de los
cardos silvestres que me rodeaban...
¡Estaba tan sola!...
¡Y a causa de mis hondas heridas mis labios estaban abrasados por la fiebre que interiormente me
devoraba, sin que nadie hubiera a mi lado para derramar en mi alma el agua piadosa de los consuelos ni en mis
labios el agua fresca de los manantiales
¡Y pasaban junto a mí los viajeros de la vida, uno, otro y muchos más, y viéndome sumida en hondo
desfallecimiento como un lento morir, pasaban de largo! ¡Aquella fría indiferencia a mi dolor hacía más intensos
mis padecimientos y, a gritos, llamaba a la muerte que pusiera fin a aquella agonía lenta..., lenta!
¡Vae-soli! ¡Ay del que está solo!... murmuró una suave voz en mis oídos ya próximos a cerrarse a todos los
sonidos de la tierra!
Y algo así como la suavidad de estrofas de cristal cantadas por ángeles invisibles me indujo a pensar que
una vida nueva se desarrollaba junto a mí.
¡Y era la omnipotente piedad de tu amor misericordioso, Maestro Jesús, que llegaba a mí derramando
ternuras, piedades, consuelos y perdones como una lluvia de rosas blancas sobre la inmensa soledad de mi
alma!... ¡Como suave raudal de un bálsamo maravilloso sobre las hondas heridas de mi corazón!...
¡Y viniste hacia mí!
¡Y viéndome desfallecida por el cansancio de una vida sin orientación y sin luz, abrasada por la fiebre de
belleza y de amor que me devoraba, cubierta de polvo y lodo de los largos caminos inciertos; movido a
compasión te acercaste comprensivo y bueno sin preguntarme nada, porque todo lo sabías..., porque leías en
mis ojos y traducías la vibración de mi pensamiento y los latidos de mi corazón!...
¡Tu mano piadosa se enlazó a la mía y me guiaste hacia una tibia y apacible morada, a un dulce y
suavísimo nido preparado por Ti para la avecilla enferma de soledad y de abandono!...
¡Y tus manos delicadas como llenas de jacintos en flor derramaban aromoso bálsamo sobre las hondas
heridas de mi alma!...
¡Y al agitar el viento los rizos de tus cabellos y los pliegues de tu manto, soplaban sobre mi frente abatida
frescos céfiros del cielo, y rumores musicales de renuevos de palma aleteaban acariciantes ahuyentando mi
fiebre!...
¡Comprendí que entonces ya no estaba sola!...
¡Y no era ya el viento helado de una noche invernal que secaba mis lágrimas, sino que Tú, piadoso amigo
de todos los .que sufren, buscando a tientas en la oscuridad, venías a mí con la inefable ternura de tu amor
misericordioso!
¡Y tus palabras, Maestro mío, eran oleadas de claridad para mi mente ensombrecida!....
¡Y era tu amor como agua de manantial que nunca se agota, y donde bebió mi alma sedienta hasta la
embriaguez del éxtasis en que se olvidan todas las negruras de la tierra!...
¡Entonces supe que ya no estaba sola!... ¡Y ya no era la raíz nudosa y saliente de un espino secular quien
daba apoyo a mi cabeza ardorosa de delirios y de fiebre, sino que Tú, Maestro Jesús..., modelo santo de amigo
noble y bueno, apoyabas mi frente fatigada en tu pecho dejándome sentir los latidos de tu gran corazón, amante
divino de la humanidad, la proscripta ciega que aún no puede verte, ni comprenderte, ni amarte!...
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

¡Entonces ya no estaba sola!...


¡Mis manos ya no se tendían a tientas por el vacío buscando otra mano que me ayudase a levantar, porque
Tú, piadoso amigo de mi alma solitaria, me extendías las tuyas llenas de rosas blancas de una paz inefable;
llenas de perfume celestial de tus perdones suavísimos!...
¡Qué dulce es al alma la luz tuya, Maestro mío, que sabe curarla de la enfermedad, de la tristeza, del
abandono, del frío desamor de las criaturas, incapaces de comprender las tempestades silenciosas de las
almas que acarician ideales indefinibles e ilimitados, como ilimitados son los infinitos horizontes que vislumbran
tras de cumbres lejanas!
Y al comprender que ya no estaba sola, me abracé sollozando a Ti, como un amigo a su amigo, como un
enfermo a su médico, como un hijo a su padre, y te dije: ¡por piedad, Maestro Jesús!... ¡eterno amor de mi
alma!... no me digas como al enfermo del Evangelio: "Tu fe te ha curado. ¡Vete en paz!..." ¡Oh!..., no me digas
así, por piedad! ¡Yo no quiero irme de tu lado! ¡Yo no me iré jamás!... ¡Oh, no, jamás! ¡Porque ninguna voz me
suena como la tuya!...
¡Ninguna amistad es constante y leal como la tuya! ¡Ningún amor de la Tierra se asemeja al tuyo, que se
me da plenamente sin pedirme nada, sino que oiga, como en eterno arrobamiento de luz, de esperanza y de
paz, la armonía eterna del Amor Universal!...

COMO ARBOLITO EN EL DESIERTO...

¡Así estaba mi alma en el seco y helado desierto de los convencionalismos rutinarios y faltos de sentido
espiritual en que había nacido!
¡Azotado por vientos contrarios, se levantaba apenas de la tierra el tallo débil, enfermizo, anémico!
Como plantado a orillas del Mar Muerto, sus aguas envenenadas corroían su raíz quitando savia a sus
ramas...
¡Infeliz arbolito de arrayán!... ¡Todo te era adverso en el árido y seco desierto de tu vida!
¡El sol abrasador de un ideal presentado al espíritu entre los terrores del Sinaí me consumía; y a través de
esas brumas de fuego, ni una gota de rocío venía a refrescar mi fiebre!
¡Era como un ardoroso otoño, cuyos cálidos vendavales se llevaban una a una las ramas enfermas,
convertidas en amarillenta hojarasca!...
¡Y comprendía que era yo aquella hojarasca que rodando por el suelo, a merced de los vientos ardientes
del desierto, iba a servir de nido a los reptiles escondidos en la grietas de los desnudos peñascos!...
Ningún viajero comprendía que aquel arbolito iba muriendo lentamente de soledad, de abandono, de esa
angustia pesada y silenciosa en que se consumen sin alarde y sin ruido tantas vidas, así animadas como
inanimadas, así vegetales como animales, así orgánicas como inorgánicas... Vive y muere el árbol y la flor, el
ave y el pez, la bestia y el hombre, el insecto y la piedra...; que todo es vida, dolor y muerte en la
inconmensurable Naturaleza, obra de Dios.
¡Mas, nada ve ni sabe el viajero que cruza sin pensamiento y sin reflexión cerca del arbolito de arrayán,
que moría en el desierto sin una gota de agua dulce, y fieramente azotado por los vientos de la incomprensión y
del fanatismo!...
Pero llegó un día... ¡Oh piadoso viajero por el mundo de las almas, Divino Maestro Jesús!... Llegó un día
que al hacer el recorrido por los desiertos solitarios, encontraste este arbolito tuyo que moría lentamente porque
aguas insalubres corroían su raíz, y vientos de fuego secaban su ramaje. Y pusiste con amor tus manos sobre
mí como sobre un enfermo moribundo para darle vida nueva, aliento nuevo y la esperanza de resurgimiento
bajo un clima acariciador...
Y me trasplantaste de aquellas tierras de fuego y arenas que me consumían..., y llevándome a un fresco y
delicioso invernáculo, me decías con inefable ternura: "Yo soy el buen jardinero que siembro la buena simiente
y lo hago nacer y crecer de modo que las avecillas del campo aniden en sus ramas, y las bestias de la selva se
cobijen a su sombra. Y ahora serás como el árbol plantado a la corriente de dulces aguas que a su tiempo dará
flores y frutos; y su hoja en perenne verdor, no caerá ni se marchitará jamás!..."
¡Sólo Tú, Maestro mío, mago Divino del Amor, puedes hacer que así sea; y que el arbolito de mi espíritu
retoñado y florecido al influjo de tus piedades y ternuras, no se agoste ni marchite aunque las escarchas de la
indiferencia, los vientos de la incomprensión, las heladas cenizas del abandono, de la ingratitud, del olvido, de
todo lo que es dolor y angustia para el corazón que siente y ama, lleguen de nuevo un día y de nuevo lo azoten

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

con inaudita crueldad!...


¡Sólo Tú puedes impedir que lo ahoguen las zarzas de la vanidad, y los cardos espinosos de las ruindades
humanas, plantas nativas de los valles terrestres!...
¡Sólo Tú..., hortelano Divino de tus jardines de amor, puedes hacer que sea como un arrayán eternamente
florecido, plantado a la corriente de un arroyuelo rumoroso donde beben las palomas y se reflejan,
silenciosamente, la danza de las estrellas y los resplandores dorados del sol que se hunde en el ocaso!
¡Sólo Tú, jardinero de los campos del Creador, puedes hacer que en esta plantita tuya se abran flores de
vida eterna que suavicen todos los dolores humanos y llenen las almas de suprema aspiración al Infinito!...
¡Flores como pebeteros de oro, ardiendo de fuego purificador que consuma el egoísmo y la ambición, la envidia
y la soberbia, ortigas malignas que separan las almas unas de otras!
Y así... ¡Oh Maestro dulce y bueno!... Cuando al declinar las sombras bajes a este huerto tuyo, puedas
decirme como a la Esposa del Cantar de los Cantares: "he venido a mi huerto y hallo renuevos que son vergel
de granados en flor; con frutos son los manzanos, cipros, nardos y sicómoro, la mirra y el áloe me dan sus
primeros perfumes, y los árboles del Líbano su sombra fresca y acariciadora..."
¡Mirra y áloe, perfume de nardos y bálsamo de esperanza y de consuelo, rayo suave de sol en la tristeza de
la vida eres Tú, Divino Maestro Jesús, para todos los que te aman y te buscan en el dolor de este mundo donde
los caminos están llenos de encrucijadas peligrosas, de precipicios que son como abismos..., de ciénagas que
ahogan y no tienen salida!...
Si mi pobre alma puede vivir y florecer regada y cuidada por Ti, que sea para gloria tuya, Maestro Jesús, y
que cada flor sea un alma que te busque y que te ame...
¡Oh Divino Salvador de todos los náufragos, de todos los abandonados... los olvidados y los proscriptos!...
¡Desierto arenal reseco es todo este mundo, Maestro Jesús, donde las almas se agostan, enloquecidas,
por los vendavales de fuego que corren en todas direcciones!
¡Dame, Señor, la gloria de hacerte conocer y amar de todas las criaturas que pueblan la tierra y cierta estoy
que mi alma florecerá para Ti, como un rosal en primavera!...

¡MAESTRO!... SOLO TÚ

¡Oh mi Divino Maestro!..., mi luz, mi guía...; voz que habla en lo profundo de mí misma y me enseña los
caminos de la Eterna Verdad!
¡Óyeme por piedad!...
Me ocurre, a veces, que el horizonte se torna nebuloso y sombrío y nada veo y nada siento que me aliente
y anime.
¡Paréceme que Tú estás demasiado lejos de mí a causa de mi pequeñez y miseria!...
¡Paréceme que todas las luces se hubiesen apagado en torno mío y que mi alma, como una góndola
perdida en la inmensidad de los mares, flotara sin rumbo fijo a merced de las olas!
¡Paréceme que soy como una avecilla solitaria en medio de una selva inmensamente grande y silenciosa
donde ni un solo rumor me indica la presencia de otro ser como yo, en tal forma que mi voz, al resonar, se
siente repetida sólo por el eco lejano..., lánguido..., pavoroso!...
¡Oh, Maestro compasivo y bueno!... Ten piedad de mí que me siento como sumergida en un infinito abismo,
agobiada de tristeza también infinita, porque me es imposible el consuelo, porque nadie en la Tierra comprende
mi penar, porque mis sombras nadie las puede disipar, sino Tú que sabes de mis angustias, de mis cansancios,
de mis agonías.
Mis afecciones, mis esperanzas, la quintaesencia de mis amores humanos, encerrados fueron el sarcófago
silencioso adonde van a morir todas las afecciones, que cual lucecitas fatuas alumbran a veces el camino de la
vida.
Sólo perdura el amor tuyo, ¡Oh Divino Maestro Jesús!, como eterna irradiación de estrellas; como rastro
que hubiera dejado la luna sobre el lago en la pradera; como suave rumor de una melodía hondamente sentida,
cuya resonancia perdura en el fondo del alma que lucha por retenerla.
¡Oh, amado Señor!... ¡Amor de mis amores!... ¡Amor único y eterno que he resistido a las borrascas y al
tiempo y que se agiganta con los siglos!...
¡Te busco en el dolor, te busco en la alegría..., te busco entre las sombras, en medio de las

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

muchedumbres, en la soledad, en el abandono, en la luz, en la vida, en la muerte y más allá de la muerte!...


¡Hombre Luz!... ¡Hombre
Dios!... ¡Hombre Amor, que mi alma quiere sobre todas las cosas!... Los latidos de mi corazón te nombran.
¡Mis ojos tendidos hacia el espacio inconmensurable te buscan, y cada resplandor de estrellas paréceme
que fuera el divino beso de tu alma a la mía!
Tú has dicho: "no busco adoradores de mi persona, sino continuadores de mi obra". Pero yo en mi
pequeñez y miseria, en mi pobreza espiritual, no soy capaz de proseguir- tus caminos continuando tu obra, si no
es movida, impulsada por la fuerza avasalladora de un amor sin límites, de un amor que jamás dijo "basta"- de
un amor que jamás colma la medida, porque el amor tuyo, Señor, tampoco tiene medida.

TU LO SABES TODO

¡Maestro Jesús!... ¡Amigo único de mi alma solitaria y entristecida!...


¡Tú lo sabes!... ¡Tú lo sabes todo..., absolutamente todo cuanto vive y cuanto muere aquí en el profundo
abismo de mi espíritu continuamente agobiado por el enorme peso de la vida!
¡Todo cuanto vive y cuanto muere cada día, cada hora, cada minuto!
¡Esperanzas que vienen y se van como olas rumorosas y acariciantes que humedecen las arenas por
donde mis pies se deslizan, y huyen después a sepultarse en los abismos del inmenso piélago!...
¡Cuánto vive y cuánto muere dentro del alma, cada día, cada hora, cada minuto!
Afectos, promesas, amistades caducas y efímeras que vienen y que van como luciérnagas engañosas que
se encienden y se apagan en las tinieblas de la noche, dejando al alma desolada, solitaria, sin luz y sin calor,
sumergida en sombras siniestras, heladas y silenciosas.
¿Por qué es todo esto, Maestro mío?
¿Por qué estos abismos entre almas hermanas, entre viajeros que caminamos hacia un mismo punto final?
¿Por qué el alma tiene tanto frío, Maestro, y siente tanta soledad y se sumerge en olas inmensas de
tristeza?
¡Yo sé que Tú, también, Maestro mío, bebiste a grandes sorbos la honda tristeza de la vida terrena, y
padeciste más que yo la incomprensión de los hombres, la inconstancia de sus promesas, la volubilidad de sus
afectos y la pobreza de sus amistades semejantes a mendigas raquíticas y harapientas, siempre tendiendo la
mano a la espera del mendrugo de la recompensa!...
Yo sé que Tú, Maestro mío, has sentido el dolor que fluye como un río caudaloso de esta palabra
pronunciada por un amigo con quien habías partido el pan: "no le conozco...; nunca vi a ese hombre".
Yo sé que Tú has sufrido la angustia profunda, como herida causada por un estilete fino y sutil, de escuchar
con asombrados oídos, que aquellos que contigo compartieron el techo y el fuego del hogar paterno, decían con
reconcentrado disgusto: " ¡es un inútil, un hijo desnaturalizado, holgazán e insensato, con locas pretensiones de
apóstol que guía multitudes!..."
Yo sé que la traición y la ingratitud humanas te atravesaron el corazón de parte a parte, mucho antes de
que la lanza de Longhinos te asestara aquel golpe final.
Yo sé que pasaste por la humanidad haciendo el bien y que la humanidad te colmó de tanta amargura, que
su negro oleaje obscureció la luz de tu radiante fe y exclamaste en pleno martirio:
“¡Padre mío!... ¿Por qué me has abandonado?”
¡Alma pura, inundada de tristeza, de Jesús sacrificado!...
¡Dame luz en la tristeza mía, que obscura es demasiado la noche de mi viaje por estas selvas, que se
saben donde empiezan, pero no donde terminan!...
¡Herido y solitario corazón de Jesús mártir! ¡Deja que escuche en mis hondos silencios tus latidos rítmicos y
suaves como cadencias de tórtolas, porque ellos harán compañía a la soledad profunda de este corazón mío,
herido también agonizante, esperando en vano el latido postrero que tarda aún en sonar!...
¡Lágrimas silenciosas de Jesús solitario, recogidas por las brisas tibias de las tardes galileas, o congeladas
en las pálidas mejillas por los vientos de las noches invernales, decidme si al brotar de esos ojos sin malicia y
sin pecado, erais perlas veladas de tristeza, o savia del alma desbordada en amor, o chispas de estrellas
desprendidas por el éxtasis de internas visiones en horas de luz y de armonías!

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

¡Maestro mío!... ¡Maestro mío!


Las palabras que dijiste un día a aquella mujer que te amaba y que derramó esencia de nardos en tus pies
infatigables: "mucho se te ha perdonado porque has amado mucho"; yo las transformo para Ti, Maestro, y
transformadas las escribo al pie de esta confidencia de mi alma con la tuya.
"Mucho has llorado y padecido ¡Oh excelso espíritu de Jesús-Amador, porque has amado mucho!..."

¡SIEMPRE FUISTE MI MAESTRO!

¡Qué divina enseñanza la tuya y qué éxtasis fue para mi alma cuando llegué a descubrirla!...
¡Jamás podría pintar ni aun con un pincel mago el deslumbramiento de luz que se hizo en mi espíritu
cuando a la vuelta de una página del libro eterno de la vida, me encontré con tus pensamientos geniales, con tu
palabra vibrando como un clarín de oro en la inmensidad!
¡Maestro mío!... ¡Tú lo sabes!...
¡De muchas fuentes había bebido, harta estaba de agua, pero tenía sed!...
Yo sabía muchas cosas porque largos estudios habían consumido mi primera juventud con sus serenos
días y sus noches de placidez sin inquietudes ni zozobras.
Pero me parecía no saber nada que llenara la vacía inmensidad que sentía en mí misma.
Descendía con el geólogo a las entrañas de la tierra, averiguando en qué edades remotas se hubieron
formando aquellos terrenos estratificados por la milenaria sucesión de los siglos.
Con el naturalista recorría la floresta deshojando corolas, abriendo hasta el corazón los tallos, disecando
insectos para encontrar los orígenes y causas de la vida en "aquellos diminutos organismos.
Buscaba con el filósofo la verdad y el porqué de todas las cosas y averiguaba con el historiador los
acontecimientos sucedidos en la Tierra, en el largo y pesado rodar de los siglos.
Mas... ¿qué fue de esas generaciones, de esos hombres célebres que cruzaron por el mundo dejando
rastros profundos de bien o de mal, de progreso o de dolor que aún se recuerdan hoy día?... ¡Misterio!... ¡Nadie
sabe responder!...
Al geógrafo le interrogaba ansiosamente...
Al astrónomo más aún...
¿Qué hay más allá de los límites de esta tierra que habitamos? ¿El vacío?...
¡Cuan terrible es esta palabra vacío!... Mi comprensión de adolescente no podía penetrarla ni asimilarla...
¿Qué son y qué significan esas gotas de luz que bordan como lentejuelas de oro la inmensidad azul que
nos rodea? ¿Son estrellas?...
Pero, ¿por qué y para qué están allí, impávidas..., serenas..., imperturbables en su eterna vida inútil de
simples lentejuelas de oro salpicando el manto color turquí de la noche?...
Y cuando a la escasa luz de mis conocimientos había descubierto, a medias, algunos de los misteriosos
secretos de los seres y de las cosas, me preguntaba desconsolada:
¿Qué saco en limpio de todo esto? ¿Qué me queda, qué descubro, qué tengo, qué poseo más de lo que
antes tenía?
¡Entonces sí que sentía el vacío dentro y fuera de mí!
¡El vacío que era para mí lo irreparable... lo incomprensible!... ¡la eterna esfinge muda ante la cual se
estrellan las avalanchas de arenas arrastradas por el simún, y los interrogantes de los hombres para quienes
permanece impenetrable!
¡Estaba harta de agua, pero tenía sed... mucha sed! Y buscando a diestra y siniestra, por los caminos
sombríos y por las praderas en flor; por los templos con los cirios temblorosos y penumbras perfumadas de
incienso... por los claustros solitarios donde oran y cantan los anacoretas y las monjas; por las chozas de los
campesinos... por los rastrojos sembrados de trigo, por los alfalfares de ondulante verdor donde pastan las
majadas y anidan las codornices... ¡Oh!... ¡por fin te encontré, Maestro Jesús, cual si fueras la irradiación
esplendorosa de cuanta magnificencia existe en la vasta creación Universal.
Y tu voz musical resonando en lo más hondo de mi misma, me decía con suavidad inefable:
"Yo soy tu Maestro y si tú perseveras en escuchar mi palabra, serás mi discípula.

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

"Y si escuchada mi palabra la guardas, tendrás la sabiduría de aquel que edifica su casa sobre la peña,
donde las tempestades ni los vientos la pueden derribar jamás."
¿Y qué palabras son ésas?, interrogué ansiosamente aguzando el oído y acallando hasta la respiración
para oír tu enseñanza.
Y entonces oí tu voz como arrullo de paloma que decía: "Aprende a amar a los damas como te amas a ti
misma.
"Corta las alas de las ambiciones y de los deseos.
"No busques compensación ni gratitud para tus beneficios.
"Hazte pequeña y sencilla como un niño si quieres merecer la Divina Sabiduría.
"Ama a los que te aman y a los que no te aman; perdona al que te hiere; no atesores en la tierra donde un
día todo lo dejarás; llena sí, tu arca de obras de bien y de amor, sé misericordiosa, sufre con el que sufre y seca
el llanto de los que lloran!...
"¡Y así serás bienaventurada!
"¡Y toda la luz de los cielos se encenderá para ti!
"Y podrás leer no sólo en el libro grandioso de la Naturaleza visible, sino en el libro oculto de los secretos
del Infinito.
"Porque Dios da su luz a los limpios de corazón y a los humildes, y la niega a los soberbios.
"Y serás dueña no sólo de los secretos que oculta la tierra en sus entrañas y los astros en sus rutas
eternas, sino que poseerás ampliamente solucionados los más profundos problemas de la eternidad.
¡Si bebes del agua que yo te daré, nunca, jamás, tendrás sed!..."
¡Y yo he bebido, Oh mi amado Maestro, del agua viva que me has ofrecido!
Y ya no tengo sed sino de oírte inmóvil, arrobada, absorta, pendiente de tu palabra y diciéndote como la
contemplativa María da Bethania:
— ¡Maestro!... ¡Maestro!... Estaría una eternidad oyéndote!...
¡Y junto a ti, no tengo ya el corazón cansado!
¡Y ya no ando inquieta buscando saber y más saber, porque Tú me has enseñado la ciencia divina de amar
sin esperar nada!... De darlo todo sin pedir nada a imitación tuya, ¡Maestro mío!
¡Y eso es ya saberlo todo y poseerlo todo!...

A LA PUERTA DEL SANTUARIO

¡Alma mía que buscas!... ¡Alma mía que cantas, que llora, que amas, que vuelas, que vas y que vienes,
que subes y bajas como presa de un delirante afán!...
¡Aquiétate unos momentos y escucha la voz de lo infinito que te habla!
Y entonces oigo una voz muy honda, muy suave y serena que me dice:
"¡Mujer!... ¡El amor causa las más intensas y profundas alegrías... deslumbramiento de dicha, éxtasis de
felicidad!
"¡El amor causa también los más grandes dolores, las más íntimas y crueles torturas, las más
desesperantes y febriles agonías!
"¡Es vida y es muerte; es quietud y agitación; es llamarada de fuego y ráfaga de cierzo helado; es luz y es
tiniebla!...
"¡Pero es así para quien concentra su amor en la materia que vive y que muere, que desea y olvida, que es
lumbre que calienta o escarcha que hiela!...
“¡Mujer!... ¡no concentres tu amor en la materia qué muere, sino que ama lo inmortal y eterno en el infinito
seno de Dios donde únicamente encontrarás todos los amores unidos en tal grado de intensidad y de plenitud
que no es capaz de sentirlo ni de resistirlo ningún alma encarnada en mundos nuevos como éste!"
Y yo reconozco esta voz que habla en el fondo de mi alma y exclamo devorada por una ansiedad febril:
¡Maestro mío!... ¡amor mío!... ¡mis amores humanos han ido quemándose y diluyéndose en un solo amor
grande, inmenso, avasallador!... En un amor que nace en mí misma y sale y va y vuelve y corre como si fuera
un huracán de estrellas que ya me deslumbra con resplandores divinos o a veces me deja en tinieblas porque
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

parece que se va... que se aleja... que huye de mí.


¡Ese amor grande y profundo en el cual se esfumaron todos los amores míos se ha concentrado en ese
algo, alma o luz, voz o eco, irradiación de astro o beso suave que me acaricia en la inmensidad de lo infinito,
más y más vivo a medida que avanza en esta vida mía!... ¡Voz que me habla haciéndome sentir la intensa
felicidad de un cielo... De muchos cielos donde viven las almas la vida que buscan, la vida que sueñan, la vida
del amor verdadero, sin olvidos, sin enfriamientos, sin traiciones ni desvíos!...
Yo sé que ese algo indefinible eres Tú, Maestro mío, a quien adivino astro de luz para mis largos siglos de
tinieblas en la inconsciencia de los orígenes de mi evolución.
¡Acaso fui hierbecilla de los campos sin agua, abrasados por el ardiente sol de los trópicos, y ella conserva
memoria de la caricia del viajero que derrama el cántaro sobre sus hojas resecas, aun a riesgo de perecer él
mismo de sed! Acaso fui una diminuta luciérnaga que flotando por las praderas floridas cayó prisionera entre los
garfios negros del feroz moscardón y renueva su gratitud hacia el dulce peregrino que le dio la libertad
ocultándola entre la corola de una flor gigantesca.
¡Pude ser un pajarillo implume arrojado del nido por las furias del vendaval y un niño piadoso y bueno le
volvió a las tibias lanillas del nido materno!
Pude ser una garza en las ondas azules o rumorosas del lago, que acaso tuvo su tragedia como todo ser
que vive y que muere... la tragedia del cazador que rompió con su flecha las débiles alas dejándola clavada en
las arenas de la orilla... Y siguió a la tragedia el poema idílico del pastorcillo que curando las alas heridas,
compartió con ella las migajas de su pan y el calor de su cabaña...
¡Poemas mil veces repetidos, de la vida y de los seres!
...Interminables leyendas que guardan los siglos para contarlas a todo aquel que les interroga en el
silencioso recogimiento de la contemplación interior cuando el alma pide a gritos el agua de la Verdad, de la
Divina Sabiduría que se da con generosa abundancia, cumpliéndose la palabra de Aquel que trajo la Luz a la
Tierra: "pedid y recibiréis".
¡Heroísmos de amor de los espíritus grandes y fuertes, destinados a ser un día Mesías de los mundos,
conductores de humanidades; de los que impulsan a los seres al cumplimiento de sus grandiosos destinos!
¡Locuras de amor, embriagueces de Divinidad de los Ungidos del Amor Eterno que sólo creen vivir cuando
arrancan pedazos de sí mismos para dar a los amados, en la espontánea ofrenda sin egoísmos y sin cálculos
del que nada pide y nada espera cuando da!...
¡Oh, divina locura!... ¡Oh, celestial quimera!... ¡mil veces divina embriaguez la del alma que no oye más
vibración, ni más canto, ni otra melodía que la del Eterno Amor fluyendo de sí mismo y dando aliento y vida,
origen y fin de .todo cuanto existe en el vasto universo!...
¡Maestro! ¡Maestro Jesús! Muy quedo y suave te llama mi espíritu para decirte con la dulce ternura de una
súplica:
Ábreme Tú la puerta de ámbar y turquesas del templo augusto del Amor, donde todo lo vil y pasajero se
extingue y muere... ¡Donde el turbión de la vida se aniquila y calla! ¡Donde el clamor de las pasiones y los gritos
del egoísmo enmudecen para siempre!
¡Maestro!... ¡Maestro mío!... ¡Acuérdate de mi alma que espera a la puerta; que el frío de la intemperie me
hiela; que las olas embravecidas azotan el peñasco desnudo y árido en que el Amor edificó su templo!...
Acuérdate, Maestro Jesús, que las bestias marinas acechan, que los buitres aletean sobre su cabeza, y
que el alma, aterida de frío y de pavor , agotada por el cansancio, espera a la puerta de ámbar y turquesas del
templo augusto del Divino Amor hacia donde Tú la guiaste a través de los siglos.
Y así junto a esa puerta excelsa y aún cerrada para el alma proscripta en la Tierra, me parece una voz
suave, acompañada de un salterio, más suave aún, que canta:
¡Alma espera!... ¡alma, sufre!... ¡que muy cerca está y a tu lado está el que esperas y buscas en tu andar
desconsolado!...
Y el alma sufre, y el alma espera y llama y busca ante esa puerta que Tú, Divino Maestro mío, mago
sublime del templo del Amor, abrirás un día para mí cuando en el gran libro de las vidas heroicamente
cumplidas, pueda yo escribir con caracteres de fuego como Tú lo hiciste en la hora de tu glorioso holocausto:
¡TODO FUE CONSUMADO!

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

¡TU DIVINO AMOR... SEÑOR!

¡Oh, Maestro mío!


Cuando la tarde se va y comienzan las sombras a diseñarse tenues y fugitivas, como impregnadas de
silencio meditativo y hondo, mi alma vuela hacia Ti buscando entre el suave resplandor de las estrellas, entre
las ondas armoniosas del éter azulado, la vibración de tu voz, la dulce frescura de tu efluvio... el beso de tu
alma a la mía... ¡Oh, eterno amante de las almas que se refugian en tu aura excelsa, radiante, esplendorosa!...
Transplantada en una tierra extraña, como planta exótica y desconocida, encuentro que las noches tienen
demasiadas tinieblas, que son muy opacas las auroras, y brumosas las mañanas y grises, muy grises, las
tardes... y los ocasos tristes como el adiós de seres que nunca volverán a encontrarse.
¡Y por eso te busco con desmedido afán, Maestro mío, estrella polar de mi vida eterna... consuelo en mi
largo camino... lámpara de mi penoso viaje a través de las tinieblas hondas y frías que me hielan el alma,
arrancándome ayes lastimeros como de un niño enfermo que llora en la soledad de una choza abandonada, sin
fuego y sin luz!...
¡Maestro!... ¡Maestro Jesús!...
¡En esta extraña tierra donde tu amor y el mío me han traído, nadie comprende el amor cómo en mi alma
germina, y nace y crece y da flores exuberantes y hermosas!... ¡Flores que viven y sienten, que piensan y
aman, que tienen alas y suben! ¡Que tienen notas armónicas y cantan!...
En este oscuro planeta, nadie siente el amor como aquel amor que Tú me enseñaste un día cuando mi
alma desbordaba de amor ante la ideal belleza de tu frente iluminada, de 'tus ojos que miraban tan suave y tan
hondo, de toda la hermosa majestad de tu persona que irradiaba luz y armonía, como si de rayos de sol se
hubieran tejido tus vestiduras, y tus pasos se deslizaran sobre cuerdas de arpas invisibles...
¡La luz y la armonía emanaban de Ti con profusión infinita!
¿Cómo no amarte si estaba en Ti la más perfecta belleza?
¡Y cuando yo enloquecía en la lucha de adorarte como a Dios o de amarte como a un hombre, Tú me
salvaste de la perturbación del vértigo, enseñándome aquel secreto amor... aquel divino amor que no pide ni
busca exteriores manifestaciones porque crece hacia lo más hondo del alma, en la cual aniquila, quema, diluye
hasta el último eco de materiales deseos, para no dejar más que el sereno resplandor de una llama que no
apagan los vientos, ni las tempestades, ni la vida con sus tiranías, ni la muerte con su libertad!
¿Por qué, Maestro mío, no comprenden los seres de esta Tierra ese divino y secreto amor que se da como
el perfume de una flor, como el rumor de la fuente, como la luz de las estrellas, como la melodía de un arpa,
como el canto de los pájaros y el reír de los niños?
¡Pero si Tú, Divino Maestro Jesús, me hiciste conocer un día ese amor, debe ser porque habrá un país
encantado, un mundo o muchos mundos donde ese amor no sea extranjero sino nativo; donde ese amor no sea
duramente calificado de quimera, de locura, de neurosis, de ilusión!...
¿Qué mundos son aquéllos, Maestro mío, y dónde están?... Y cuándo, dime, cuándo se abrirán sus puertas
de cristal y ámbar para mí?... ¡Pobre avecilla desterrada en esta áspera tierra de los egoístas amores!... ¡Que
son como formidable marejada que pasa por los jardines en flor arrasándolo todo!
¡Que son como manada de elefantes enfurecidos destrozando la selva umbría en desesperada carrera!...
¡Que son como lobos que buscan la presa para devorarla!... ¡Que son como llamarada de incendio, que pasan
por la pradera en flor dejándolo todo reducido a cenizas frías y muertas que no vuelven jamás a vivir!...
¡Maestro!... ¡Maestro Jesús!... ¡Qué hermoso y grande te ve mi espíritu desde aquel día en que me
enseñaste el secreto y divino amor que se da sin pedir nada!...
¡Ese amor que es como perfume de flores, como rumor de aguas cristalinas, como luz de las estrellas,
como sonido de arpas, como cantar de alondra y como el reír de los niños!...
Y oigo tu voz en lo profundo de mí misma, que me dice:
"¡Mujer!... Si me amas como yo te amo, florecerá entre tú y yo una alianza eterna que nada ni nadie podrá
romper .ni aniquilar, porque este amor es un mago divino generador de un fuego intenso qué no quema, de una
luz que no deslumbra, de una dulce cadena que no pesa, y de unas alas tan sutiles y poderosas que levantan a
cumbres que no dan vértigo.
"Ámame así, mujer, porque sólo ese amor tendrá resonancias para mí.
"¡Sólo ese amor levantará un eco sonoro y dulce en mi espíritu y hará vibrar el arpa oculta en mi corazón!...

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

"¡Ámame con ese divino amor, mujer, porque todo otro amor morirá extenuado antes de llegar hasta mí!...
¡Morirá aniquilado, como el canto de un pájaro de improviso muerto por el cazador!... ¡Como luz de una lámpara
apagada por el viento!... ¡Como surco de agua interceptado por una montaña derrumbada!..."
¡Maestro!... ¡Maestro Jesús!... Ábreme la puerta del país encantado donde vive ese divino amor y secreto
amor que no pide ni busca exteriores manifestaciones porque crece y se dilata hacia lo hondo del alma
quemando y diluyendo hasta el último eco de materiales deseos y no deja más que el sereno resplandor de una
lámpara que no apagan los vendavales, ni las tempestades ni las heladas tinieblas del desengaño, ni las
variables mudanzas de la vida, ni la ausencia profunda de la muerte...
¡Oh Divino Amador de los que aman!... ¡Dame unas gotas, no más, de ese divino elixir de tu amor eterno y
seré bienaventurada por los siglos de los siglos!...

ESPERANDO AL AMOR

¡Oh Maestro mío!...


¡De nuevo estoy junto a Ti buscando el calor de tu ternura, porque mi alma está helada al contacto de la
incomprensión y la indiferencia de los que se llaman amigos... compañeros... hermanos!
¿Por qué prisma miran ellos todas las cosas, Señor, que sus conclusiones difieren de las mías tan
irremediablemente... tan absolutamente?...
¿Por qué son las criaturas tan fáciles para olvidar sus promesas, sus alianzas, sus amores, mientras el que
no puede olvidar permanece abandonado, solo con el alma herida de frío y de espanto cual si se viera
suspendida sobre un abismo?
¿Por qué Maestro Jesús?... ¿Por qué?...
Y los ideales más puros y santos, sustentados ayer con vigoroso afán ¿eran tan sólo una1 hoja de papel
escrita hoy y borrada mañana y echada a rodar rota en pedazos arrastrados por los inestables vientos de la
vida?...
¿Por qué, Señor, desde el primer brillar de mi inteligencia y de mi razón comprendí el bien, el amor, la
amistad, la justicia; y lo que entonces amé aún lo amo y estoy cierta que lo amaré hasta el último aliento de mi
vida?
¿Por qué las criaturas cambian de ideales como de vestidos, y rechazan duramente hoy lo que amaron
ayer?
¿No son todas las almas igualmente inmortales y eternas, divinos reflejos de Dios inmutable en todas sus
infinitas perfecciones?
¡Oh Divino Maestro mío!
¡Cómo se queja y solloza el alma a la vista de los mudables sentimientos de las criaturas que, al igual de
los niños inconscientes, destrozan y pisotean el juguete por cuya posesión lloraban desconsoladamente!
Y tu voz, de inconfundible resonancia, me contesta en lo más profundo de mi propio ser:
"¡Mujer!... ¿Por qué tu alma se estremece y tiembla a la vista de la variable voluntad de las criaturas?... Te
asombras y te espantas que hoy quieren lo que rechazaron ayer, y acaso buscarán con ardor mañana lo que
hoy pisotean y desprecian!
"¿Has olvidado que dije que en la "Casa de mi Padre hay muchas moradas"? ¿No has pensado nunca qué
diversos y variados caminos pueden conducir hasta ellas?
"¿No has pensado nunca que no es igualmente bella la simiente del rosal germinando en la tierra, que el
rosal cubierto de corolas brillando en colores a la luz radiante de sol?
"¿No has pensado nunca en que el informe grumo vivo del pichoncito apenas salido del huevo no tiene la
belleza del avecilla pintada que exhala al viento la gloria de sus gorjeos?...
"¡Sólo las almas llegadas a las regiones en que ya se perciben las vibraciones del Amor Divino, que es
Bondad y Justicia, Belleza y Conocimiento, son inconmovibles como las montañas al embate de las olas, como
la invariable luz de un faro en la oscuridad de la noche, como el impasible girar de las estrellas en la inmensidad
del espacio y en el largo encadenamiento de los siglos!
" ¡No puedes desmentir tu origen, Albadina de Venus, nacida en esta tierra siempre bajo la influencia de
aquel planeta que te hace sentir la nostalgia de tu destierro y el intenso efluvio de amor de los jardines de
Odina!...

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

"¡Y pasas tus vidas terrestres mecida por el oleaje azul de tus ensueños que te hicieron llorar y cantar ora
en la oscuridad de negros abismos o en las cumbres coronadas de sol!...
"Es hora de que despiertes a la vida propia de esa tierra cubierta aún de lodazales y de espinas; y bendice
al Eterno Amor que de tanto en tanto deja caer sus raudales sobre ti para apagar tu sed y tus delirios!...
"Bébelos ansiosamente mientras dejas correr a tus pies el amargo oleaje de los egoísmos, las ingratitudes
y la incomprensión de las mayorías de este planeta.
"¿Quieres recoger lirios de los espinos y de los zarzales?
"¿Quieres recoger agua clara y fresca de la ciénaga en que se solazan las bestias?...
"¿Quieres escuchar gorjeos de ruiseñores entre las ruinas donde anidan los búhos y las cornejas?..."
¡Alma venusiana!... Despiértate y no sueñes más mientras duerme esta humanidad en la penosa
inconsciencia de su actual situación!...
¡Canta!... ¡Canta unida a todos los trovadores de Venus que vinieron a esta tierra par inundarla de Amor, de
Paz, de Armonía y de Belleza!
"Mas, no sueñes con que tus cantos encuentren siempre resonancia en las arenas resecas o en los valles
sin sol que este mundo te ofrece en tu vida presente.
"Si esperaste tantos siglos siguiendo al Amor, buscando al Amor en tierra extraña, enloquecida y delirante,
muriendo o viviendo, vencedora o vencida, contemplaste pasar civilizaciones, razas y pueblos, espera un día
más y florecerán mis rosales aún más exuberantes y lozanos de los que forjan tus sueños...
"¡Cómo tú he soñado! ¡Como tú he llorado y buscado y vivido muriendo de amor en esta tierra que riegas
con tu llanto y hollas con tus pasos; mas en un día inolvidable me desperté a la dura realidad y desde esa hora
descanso en una amplia y serena esperanza!
"Piensa que al igual que en Venus florecerán en esta tierra los rosales del Amor que juntamente con todos
los míos sembramos en este globo en la sucesión de los siglos y de las edades...
"Y entonces llamaréis a Venus vuestra madre y a la Tierra vuestra hija.
"Ama el hijo a la madre que le colmó de ternuras y de dicha. Ama la madre al hijo que más le hizo llorar.
"¡Acuérdate siempre!... ¡No lo olvides jamás!... ¡Es nuestra consigna eterna!... Para nosotros, los
Amadores, lo amargo y lo dulce, la derrota o el triunfo, la muerte o la vida... ¡todo!... ¡todo es Amor!..."
¡Oh excelso Maestro Jesús! ¡Estrella polar de todos los Amadores!...
¡Ahora sé y comprendo por qué de diversos y variados prismas, miramos las almas el complicado
engranaje de todas 'las circunstancias y acontecimientos que se suceden incesantemente como las mudables
olas del mar!...
¡Es magia divina de amor y de sabiduría tu palabra, Maestro mío, y a su luz se despejan todos los
horizontes, se desvanecen las negruras de la duda, las vacilaciones de la incertidumbre y el pavor de lo
desconocido!...
¡Déjame Señor, tener la gloria 'de sentir tu palabra y cierta estoy de que iré tras de Ti hasta el último aliento
de mi vida!...

¡HABLAME SEÑOR QUE TE ESCUCHO!

Amado Maestro mío:


La vida humana me lleva de continuo en medio de las criaturas, y cuando torno de nuevo a mi mundo
interior, me acompaña la sensación dolorosa y triste de haber perdido aquellas horas y de no haber recogido
una flor siquiera... ni una sola que pueda satisfacer la íntima ansiedad de mi espíritu.
¿Qué es Maestro mío lo que busca mi alma?
¿Qué es lo que ella necesita?... ¿Qué es lo que anhela conseguir?...
Las criaturas no saben responder a estos interrogantes míos... Respóndeme Tú Señor con la infinita
Bondad de tu alma ungida de piedad y de amor!
¡Tú lo sabes todo, porque eres esencia, reflejo y vibración eterna de la Divinidad!
Hastiada de los efímeros y mezquinos goces de la Tierra, el alma apenada se refugia en sí misma, cierra
sus puertas a todo ruido exterior, y repite una y mil veces: ¡Háblame Tú Maestro mío, porque nadie sino Tú
puedes adivinar lo que se agita en tumultuoso torbellino aquí en lo profundo de mi mundo interior!
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Y cuando la soledad y el silencio adquieren dimensiones de abismo en torno mío, oigo tu voz Maestro
Jesús como un rumor de cadencia lejana que me dice así:
"¡Ama a todas las criaturas y a todos los seres pero sin esperar de ellos nada... absolutamente nada!...
"¡Cuando sales de tí misma al mundo exterior, te acompaña la idea de recoger una flor, un afecto, una
caricia, un consuelo... una esperanza!...
"De ahí que al no encontrar fuera de ti nada de cuanto anhelas, retornas desesperanzada y con una
sensación de vacío, de nulidad en todas las cosas, de absoluta impotencia para traducir a realidades tus sueños
delirantes.
"El alma que ha llegado a esta infinita ansiedad de belleza, de conocimiento de luz y de amor, no puede
encontrar su descanso y su quietud sino en la soledad y el silencio donde la inundará la divina plenitud de
Dios!...
"¡Siempre Dios, hacia arriba y hacia abajo, a la derecha y a la izquierda, en la luz y en la sombra... en el
dolor y en la alegría... en la vida y en la muerte!...
"¡Y si es grande tu ansiedad por llegar a la clara visión de la Divinidad, mayor es aún mi anhelo de que
avancen las almas serenas y fuertes por el hermoso sendero de la Verdad sin velos, a cuyo final está el palacio
encantado de la Sabiduría, eterna guardiana del arcano que van buscando.
"Sintiendo estoy la anhelante súplica próxima a brotar de tus labios: ¡Dame Maestro una migaja de esa
Divina Sabiduría para que pueda llegar al conocimiento de Dios!...
"Óyeme bien y esfuérzate en comprender el sentido de mis palabras:
"Ni yo ni nadie te puede darla clara visión de la Causa Suprema en toda su amplitud y soberana belleza si
no has conquistado con tu esfuerzo, el derecho de penetrar en el Santuario, secreto de lo Absoluto, de lo
Infinito, o sea délo que fue siempre y eternamente será.
"La claridad de la visión divina, corre pareja con la pureza del alma que la busca.
"El amor y el dolor forman unidos, el crisol en que se consumen como a fuego lento todas las
imperfecciones del alma, única valla que le estorba el pleno conocimiento de Dios.
"Inútil será que pidas a los filósofos de la Tierra, la definición de lo que es el Absoluto, la Luz Increada, el
Amor Eterno, el Poder Supremo, porque ellos no pueden ir más allá del círculo estrecho y mezquino de
pobrísimas concepciones que apenas si tienen un tenue reflejo de la realidad...
"La clara visión de la Divinidad se obtiene mediante la purificación del espíritu y a esta purificación se llega
después de largas jornadas de abnegación, de vencimientos de sí mismo, de renunciamientos heroicos, de
ebrias locuras de amor en que olvidada el alma por completo de su intereses individuales y conveniencias
materiales, liega a convertirse en una llama, en una lámpara, en un perfume, en un canto interminable... en una
resonancia suavísima que pasa por la faz de la Tierra acariciando... curando... consolando... vivificando...
"¿No pasé Yo así en siglos lejanos de los tiempos que fueron, pero vivos aún en el recuerdo subconsciente
de todos cuantos me amaron?...
"Veo el desaliento tenderse como una niebla sobre tu faz dolorida, mientras en lo hondo de ti misma me
dices como en un sollozo:
"¡Maestro!... Si para comprender al Supremo Infinito he de esperar a ser como Tú, vale más dejar de ser,
que vivir en continua tiniebla...
"¡No puedes dejar de ser!...
"El Eterno Absoluto no destruye jamás sus creaciones, sino que las impulsa a una eterna transformación
ascendente desde la chispa viva emanada de Sí Mismo hasta la inmensa hoguera capaz de abrasar un
mundo!... ¡Que tal es el alma purificada!...
"¿Piensas acaso que el Eterno Poder crea obra perecedera?...
"Desde el imperceptible átomo dé vida que su aliento soberana esparce en el éter de todos los mundos,
como origen y principio único de toda creación y de toda forma, desde la flor hasta la bestia y desde el gusano
hasta el hombre, no es más que el cumplimiento inexorable de la Ley de Evolución y jamás el aniquilamiento,
pues lo que llamáis muerte es un descanso periódico al principio inteligente que es apartado a intervalos de la
materia, manifestación de su vida, y que a la vez le causa fatiga, lucha incesante, derrotas y dolores.
"Y mientras llega la hora de que puedas rasgar por ti misma el velo que te oculta al Eterno Invisible,
confórmate con el resplandor que emana de su inefable Bondad y de su fecundo e inagotable Amor a través de
los mundos, de Tos seres, de las cosas, a través de ti misma que eres creación suya y que sientes los efluvios
de la Divinidad en las puras manifestaciones del Amor, de la Belleza, de la Armonía incomparable de todo
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

cuanto te rodea en la vasta creación Universal.


"No te encierres en la mezquina concepción de que Dios es un ser, aun cuando lo imagines dotado de
todas las perfecciones. Todo ser tiene un Creador. Y Dios es el único Increado.
"En el estado actual de las mentalidades terrestres, os cuesta enorme dificultad y hasta imposible de
concebir y comprender ese algo indefinible que no tuvo principio y que es origen de la Vida, deja Luz, del eterno
movimiento en los mundos, en los seres y las cosas...
"Y son, millares de millones de mundo poblados de vida que ruedan en armónico conjunto en la inmensidad
sin límites del espacio infinito.
"¡Alma que buscas, que interrogas y que pides!... ¡Óyeme bien y aquiétate como el niño que llora y se
acalla con una caricia materna!... La Idea que más te acercará a la comprensión del Eterno Invisible es ésta:
Dios es Amor Supremo, Inconmensurable y Eterno. Y cuando más intensa y desinteresadamente amas a todos
los seres que te rodean hasta ser capaz de sacrificarte por ellos, más perfecta es tu semejanza con El, y más
íntima y completa tu posesión de El.
"Tal fue el significado de aquella frase que repetí muchas veces entre vosotros cuando os daba mi último
adiós como hombre: "Si os amáis unos a otros como yo os amo, el Padre y Yo vendremos a vosotros y
haremos nuestra morada en vuestro corazón".
"Cuando el amor a todos los seres te convierta en una llama que da calor, en una lámpara que alumbra, en
un perfume que purifica los sentidos, en una resonancia suavísima, que pasa por la tierra acariciando,
consolando... vivificando... entonces, alma que buscas y que pides, entonces está Dios en ti y tú en El, de la
manera más perfecta que es posible en este mundo de escasa evolución moral y espiritual..."
¡Maestro!... ¡divino Maestro Jesús!... ¡Tu pensamiento ha respondido a mis interrogantes y ha sosegado el
torbellino de mi mundo interior!
¡Eres un resplandor de la Luz Divina, llamarada viva del Eterno Amor, suavísima esencia de la Belleza
Increada, y sólo Tú podías darme en pocas palabras lo que nunca hubiera encontrado en la tierra lejos de Ti!...
¡He comprendido Maestro mío que por eso te llaman Hombre-Dios, porque tu altísima perfección te hace capaz
de amar como sólo el Eterno Amor puede amar!...

¡MAESTRO! ¡ÓYEME!

¡Maestro Jesús que irradias tu Divina claridad sobre todos los seres grandes y pequeños, buenos y malos
que viven en esta Tierra! ¡Óyeme por piedad!
¡Maestro Jesús que comprendes y que sientes la honda agonía de las almas que te buscan sumergidas en
el amargo y turbulento oleaje de la vida humana en este plano donde tan pocos son los seres que comprenden
y sienten el amor! ¡Óyeme por piedad!
¡Tú lo sabes, Maestro Jesús, porque lo has sentido más que yo! Tú sabes que no hay martirio comparable
al que causa el desamor de los seres, el egoísmo de los seres pensando eternamente en sí mismos y olvidando
eternamente a los demás. ¡Oh Divino Amador!... ¡Oh heroico Amador... que entre las selvas impenetrables del
humano egoísmo bajas Tú a amarnos todavía, a querernos todavía... sin parar tu atención en que los seres de
esta Tierra somos fieras que nos damos zarpazos y dentelladas unos a otros, y que no acertamos a ser felices
sino causándonos tormento los unos a los otros!
¡Alma pura de Jesús inundada del Amor Eterno!... ¡Qué amargas agonías solitarias habrá pasado tu
Espíritu en el largo rodar de los siglos en que tu amor te tuvo encadenado a esta humanidad formada de seres
qua han huido de Dios para buscarse a sí mismos en todos los momentos y en todas las cosas, así grandes o
pequeñas, buenas o malas!
¡Alma heroica de Jesús saturada de nobleza y de bondad!... Qué de veces te habrás estrujado y retorcido a
ti misma para envolver en la suavidad de tu tolerancia y tus perdones a esta humanidad terrestre compuesta de
seres que no viven más que para su propia complacencia y su propia voluntad relegando al arca de las cosas
inútiles tu divina palabra: En el amor que os tengáis los unos a los otros conocerán todos que sois mis
discípulos.
¡Alma tierna, delicada y suavísima de Jesús, ungida del Amor, vibrando al más tenue e imperceptible
vagido de las almas pequeñas que te buscan y te aman!
¡Cuántas veces habrás llorado en la soledad y en el silencio viendo la incomprensión de los hombres, su
inaudita inconsciencia que les lleva al dolor, a la tortura, a la miseria y a la muerte, cuando tan fácil es sembrar

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

rosas en el camino de los que pasan, y ocultar las espinas que pueden lastimarles los pies!
¡Oh Maestro Jesús!... ¡Heroico amador de las almas grandes y pequeñas, buenas y malas!... ¡Dame un
rayo de luz de tu lámpara sagrada para avanzar por tu mismo camino bebiendo las aguas salobres de las
egoístas manifestaciones de los seres que sólo comprenden el amor cuando lo reciben como esplendorosa
floración de rosales en plena primavera!
¡Oh alma dulce y misericordiosa de Jesús iluminado por el Amor!... llena mi copa vacía con la tuya
desbordante e inagotable de perdones y de ternuras, de tolerancia y de piedad para la inconsciencia de los
seres que saborean egoístamente la miel sin pensar en los sacrificios de la abejita ignorada que la produce.
¡Maestro!... ¡Maestro Jesús! ¡Desposado con la Inmolación en el templo augusto del Amor Eterno, has
conquistado el sobrehumano poder de amar lo que no merece ser amado, de dar la luz al que busca apagarla,
de verter tu ánfora de aguas cristalinas sobre el que busca la ciénaga y el pantano para solaz y recreo!... ¡de
partir el pan divino de la Verdad con los que buscan los mendrugos sobrantes de los festines de la vida!... ¡los
mendrugos de las propias complacencias, de las vanidades satisfechas como fierecillas que rugen en nuestro
mundo interior!
Maestro Jesús... sin mirar mi debilidad y pequeñez, ¡óyeme por piedad!... ¡yo quiero subir también hasta
ese templo del Amor donde te has inmolado, y quiero coronarme con tus mismas rosas de sangre, y tejer mi
vestidura nupcial como Tú, con las perlas transparentes de las millares de lágrimas que habré llorado, y formar
mi escala de ascensión con las piedras que habré apartado del camino de los demás, con las espinas que
habré recogido y clavado en mi propio corazón para que no lastimen a los demás; con las tablas que habré
arrojado a las olas bravías para que se salven del naufragio los demás!...
¡Oh Maestro!... ¡Maestro Jesús!... ¡no quiero que llegues a mi puerta como divino vagabundo en busca del
Amor y no lo encuentres, sino que antes de haber llamado, hayas visto el resplandor de mi lámpara encendida,
y hayas sentido el perfume de tus rosas de sangre, y el sonido cristalino de las aguas vaciadas de tu copa a la
mía que en abundoso desborde corran y corran para apagar la sed de los sedientos!
¡Oh Divino Amador de los que aman!... ¡Ayúdame a sentir la delicia infinita que se encierra en el sufrir para
que los demás se consuelen, en el levantar enormes moles de piedras para que los demás encuentren liso y
llano el camino, en el abrir hondos surcos en la tierra fría y pedregosa para sembrar de flores y de frutos el largo
camino de los viajeros!
¡Oh Maestro mío!... ¡que ningún vendaval apague mi lámpara encendida por Ti!... ¡que ninguna fiebre agote
el agua de mi copa llenada por Ti!... ¡que las heladas invernales no agosten jamás mi rosal plantado por Ti!...
Con mi lámpara encendida por el amor, con mi copa rebosante de amor, con mi rosal florecido de amor,
quiero llegar, ¡Oh Maestro mío!, hasta el templo augusto del Amor Eterno y oír que tu boca me dice su divino
mensaje:
"¡Bienaventurada tú que has amado por encima de todas las cosas de la Tierra!”

"EL HUERTO DE GETSEMANI"

Bajo la sombra de olivos centenarios que vieron desfilar muchas generaciones y presenciaron muchos
dolores humanos, mi alma te busca, Maestro Jesús, cuando has huido de los hombres para encontrar luz y
fortaleza en el hondo silencio de tu mundo interior.
Un rayo de luna tímido y discreto ilumina tu faz martirizada por la interna visión del holocausto supremo que
se acerca arrancando de tu Corazón aquel grito inolvidable: " ¡Pase de mi este cáliz, Padre mío, pero no se
haga mi voluntad sino la tuya!"
La humanidad en su gran mayoría incomprensiva del modo y forma como se gesta en las grandes almas el
hecho sublime de inmolarse por un ideal, sólo vio en Ti el suplicio final, tres horas de agonía sobre el patíbulo
del Gólgota en medio de atroces torturas físicas. ¡Pero pocos han comprendido la angustia de tu espíritu
clarividente a la vista del supremo sacrificio, muchas horas antes de consumarlo!
Aquella visión horrenda debió estremecer el espíritu y la materia en una conmoción tremenda, en aquel
huerto silencioso, sin más testigos que los olivos centenarios y el rayo de luna tímido y callado acariciando tu
faz contraída por una angustia indescriptible...
Acaso viste surgir como un sombrío abismo la pavorosa visión de la balanza implacable de la Eterna
Justicia, en uno de cuyos platillos estaba la maldad humana, llevada hasta aquel límite en que el mal como
fuerza destructora aniquila toda vida por largas edades; y en el otro estabas Tú, excelso Maestro, como hostia
propiciatoria, pidiendo para Ti toda aquella corriente de destrucción, aniquilamiento y muerte, que la Eterna Ley
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

debía desatar sobre la humanidad prevaricadora y rebelde.


¡Y tu infinita carga de amor, pesó más... inmensamente más que toda la maldad de los hombres!...
¡Y el platillo bajó hasta el fondo!...
¡Te hundiste en el oscuro y siniestro abismo donde el dolor, el oprobio, el abandono y el martirio moral y
físico causan indecible espanto!... ¡infinita angustia!... ¡Y así fuiste el Salvador de esta humanidad terrestre!
¡Todo este drama estupendo se desarrolló en el escenario profundo de tu mundo interno, bajo los olivos
centenarios del Huerto de Gethsemaní, donde habías ido a buscar en el acercamiento a Dios la fuerza para
triunfar!
¡El rayo de luna besó tu frente estremecida!...
¡El soplo de la brisa secó tus lágrimas silenciosas!...
Los pájaros dormidos entre la fronda escucharon tus gemidos y aprendieron las alondras a mezclar en sus
gorjeos el doliente piar de la zozobra y el terror...
Acaso viste en tu clarividencia de iluminado la inconsciente defección de Judas, la negación de Pedro, el
desengaño de todos, el abandono del pueblo que te amaba...
Y apagándose de pronto los luminares que alumbraban tu interno escenario, te llegaste a tus discípulos
que a pocos pasos dormitaban, para decirles:
"Velad y orad para no caer en la tentación, porque el espíritu pronto está, pero la carne es flaca." Y la
flaqueza de la carne les venció para que el Cristo Divino no tuviera en la hora final el consuelo de ver a los Doce
en quienes más confiaba, firmes y valerosos en la hora solemne del holocausto salvador de la humanidad...
Y les viste vencidos por la flaqueza de la carne cuando la fe en Ti les abandonó, y el ave fatídica de la
desesperanza les graznó al oído: "¿Si era el Hijo de Dios, como le deja así perecer entre la infamia y el baldón
como vulgar delincuente?"
¡Y ese horrendo pensamiento, Oh excelso Maestro Jesús, debió ser el golpe de gracia para tu atormentado
corazón!...
He ahí la tentación de la cual querías defenderles cuando les decías en el huerto de tus agonías...: "Velad y
orad para no caer en la tentación"...
Veinte siglos van pasando en marcha lenta y pesada desde aquella hora de tu visión en Gethsemaní; y la
humanidad, incomprensiva en general, no ha visto claro en aquel profundo escenario de tu mundo interno.
¡Pero en nombre de todos los que te hemos comprendido y te hemos amado, mi voz como un sollozo en
las tinieblas se acerca a Ti, Ungido de la Luz y del Amor, porque soy un retazo de la humanidad que redimes y
que salvas con el poder sobrehumano de tu amor misericordioso!...
Y esta voz que es de la humanidad que te busca, te clama en un salmo íntimo, en una elegía profunda,
pidiéndote para sus ansias la paz y la sabiduría...
Y esa parte de la humanidad que comprende la gestación del supremo holocausto en Gethsemaní, te dice
por esta voz mía, que es un gemido en las tinieblas:
"Tengo un gran dolor en lo profundo de mí misma y nadie puede consolarme... ¡Sólo Tú!...
"¡Compadécete de mí cuando abandonada de todos no encuentre una mano compasiva que cure mis
heridas y seque mi llanto!...
"¡Compadécete de mí cuando el desengaño me hunda en un abismo de soledad y desaliento!
"¡Compadécete de mi cuando la fe en el Ideal se oculte a mi alma dejándola sin guía, sin sendero en una
negra noche de dudas y de zozobra!...
"¡Compadécete de mi cuando el ángel de la santa esperanza huya de mi lado dejándome en desesperación
y terror:...
"¡Compadécete de mi, Oh Divino Salvador, cuando inducida por los enemigos del bien y extraviada por el
dolor, acaricie la idea de abandonar tus caminos, pensando erradamente que tu luz no brilla para mi!...
"¡Compadécete, entonces..., Oh Maestro de la Divina Sabiduría, y haz conmigo como si fuera un ave
errante en noche de tempestad, que con sus alas destrozadas se refugia en los pliegues de tu manto, buscando
calor, vida y sosiego!..."
Y esta voz se hace más íntima... como un susurro de insecto en las tinieblas, para decirte:
"¡Hombre-Luz!... ¡Hombre-Amor, Ungido de Dios!... ¡Quiéreme por piedad como al niño que llora!... ¡como
al corderito herido entre zarzales!... ¡como al pájaro errante en noche de tempestad, como a la flor silvestre per-

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

dida en el camino!... ¡Y no me dejes nunca sola, con esa gran soledad del alma que no encuentra ni en los
cielos ni en la tierra quien responda a su llamado!...
"¡Que no huya de mí la Luz de la Fe dejándome sumida en tinieblas!...
"¡Que no huya de mí la esperanza, dejándome en un abismo donde sólo se respira la desesperación y el
hastío!..."
"¡Que no huya de mí el Amor dejándome en un sepulcro de vivos; que eso es la vida humana sin amor, sin
esperanza, sin fe!"
¡Cristo de la piedad, martirizado espiritualmente por la interna visión del Huerto de Gethsemaní, óyeme,
que mi corazón te habla! Es la humanidad creyente en Ti que te pide:
¡Dame la fe esplendorosa y viva que ilumina y guía en las tinieblas!...
¡Dame la esperanza que es impulso y aliento hacia el Ideal!...
¡Dame el Amor que torna dulce todo lo amargo y hace presentir la dicha inefable de la infinita y eterna
claridad!...

¡TU DIVINO SALMO, SEÑOR!...

¡Oh Maestro Jesús... el de los grandes martirios!... ¡El de las heroicas inmolaciones!... ¡El de los
renunciamientos completos, profundos y silenciosos!...
¡Déjame beber en la misma copa que Tú para tener el derecho de llamarte Maestro mío!...
¡En tus caminos de hombre y en tus caminos de apóstol nada más he descubierto que una lucha tenaz y
persistente por quemar como perfume en un pebetero, todo cuanto pudiera ser complacencia a tu corazón de
hombre!...
¿Por qué es esto, Maestro mío?
Era dulce a tu corazón de hijo el resplandor suave de la llama del hogar, el techo que cubrió tu cuna,
saturado de amores y de recuerdos...
Y te arrancaste de improviso y llevado lejos a tierras desconocidas, tal corno una blanca flor arrancada por
el vendaval...
Te he visto en temprana adolescencia arrancarte Tú mismo a las ternuras familiares y acogerte a la
austeridad de los Santuarios Esenios, donde la soledad y el silencio avivaban tus recuerdos y los resplandores
de la contemplación y la luz de la sabiduría poblaban tu alma de poemas inmortales...
¿Por qué es todo esto, Maestro mío?...
¿Por qué tronchabas así las puras y blancas flores del amor de la familia?
Yo he visto más tarde que cegaste apenas nacida la púrpura viva de otros afectos más intensos aún y que
son fibras de la vida en todo ser que reviste la materia propia de este planeta.
¿Es que tu vida es el libro abierto en que debemos leer y aprender y forjar nuestras vidas si queremos subir
a la cumbre en que nos esperas Tú?...
¿Es que debemos quemar también como perfume en un pebetero todo aquello que signifique
complacencias a nuestro corazón?
¿Es que las leyes que rigen un determinado plano de evolución me llevan también a mí por un camino de
desnudez espiritual, sin ensueños y sin alegrías de las muchas que veo pasar a mi vista como mariposas de luz
fugitivas y rumorosas?... ¿Como hadas blancas y musicales que se acercan y huyen, que me sonríen y se
desvanecen cuando el alma se inclina a ellas para acariciarlas?
Y cuando en todo esto medito a la luz de las estrellas, sentada sobre el desnudo peñasco donde no crece
el follaje, ni se abren las flores, ni anidan las gaviotas, ni arrullan las palomas, a la vera de un mar de olas
turbias y bravías oigo tu voz... la voz de tu alma que habla a la mía invitándola a la divina soledad de la cumbre
gris y escueta donde un día se levantó un madero en forma de cruz, donde un mártir sublime extendió sus
brazos para exclamar entre la suprema angustia de aquel a quien todo le fue arrancado, hasta la vida misma:
"¡Padre mío, recibe mi espíritu!... ¡Si, tu espíritu, Maestro mío, desnudo ya de todo y sordo para siempre a
la voz de la Tierra que desaparecía a tu vista como un negro fantasma de iniquidad y de miseria!..."
¡Maestro!... ¡Maestro Jesús!... Oigo más todavía en el silencioso recogimiento de mi oración junto a Ti...
oigo tu voz suave como el rumor del céfiro en las flores antes del anochecer:

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

"El que quiere ser mi discípulo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame."
¡Y entonces siento que el mago importuno del recuerdo, en no sé qué plano áureo y cristalino que existe en
mí misma, empieza a diseñar horizontes de ensueño, verdes colinas, valles deliciosos donde se arrullan las
palomas en el tierno idilio de sus amores; fuentes serenas y claras donde las garzas se contemplan a si mismas
embelesadas, flotando como esperanzas que vienen!... ¡Y me veo yo misma, amada y amante, coronada de
rosas y de lirios, derramando en abundosos raudales mi copa desbordante de amor y de felicidad... la suprema
felicidad que en divino poema bebieron Juno y Vesta, Numú y Vesperina, Anfión y Odina... el amor como canto
de pájaros, como susurros de flores agitadas por el viento, como melodías de arpas eólicas suspendidas del
sauzal sobre el cristal de la fuente!...
¡Oh Maestro Jesús!... Piadoso y bueno, el mago del recuerdo parece decirme: " ¡Alma..., pobre alma! ¡Vive
de la gama sutil de mis creaciones... ¡Vive de las redecillas doradas de mis múltiples colores, de mis cromos
que palpitan aún y que viven!..."
Pero más potente es tu voz, Maestro Mío, que hace llegar a lo hondo de mi ser el salmo sagrado de lo que
es y será el horizonte único de mi subida a la cumbre, después de haber quemado como perfume en un
pebetero todo cuanto causa humanas complacencias a una criatura revestida de carne...
Y tu voz me dice: "La decepción fue para ti el viento helado que sacude las ramas del árbol y las despoja
de sus galas primaverales, acelerando así la hora del fruto codiciado.
"La ingratitud fue para ti la escarcha del invierno que seca el verde ramaje para fortificar la raíz y quemar
las orugas venenosas, de tal manera que al llegar aquella otra primavera de robusta lozanía espiritual tus
plantaciones no sienten el frío de las escarchas ni el azote del vendaval.
"El desamor, la indiferencia, el olvido, el abandono, te arrancaron de golpe a todo ese enjambre de
melodías humanas que poblaban de efímera dicha tu horizonte mental, donde era llegado el momento de
diseñar creaciones reales, verdaderas y eternas.
"El cáliz de la inmolación, del sacrificio, del renunciamiento, y de la negación de ti misma, es amargo como
el acíbar. Pero cuando hayas apurado la última gota, sentirás que el Eterno Amor lo llena hasta desbordar, no
de efímeras satisfacciones sino de una felicidad no soñada, ni comprendida, ni sentida jamás por aquellos que
aún no tuvieron el valor de quemar, como perfume en un pebetero, todo cuanto embriaga el alma de fugaces
satisfacciones.
"¡El alma que busca el amor sin recompensa, el amor sin egoístas satisfacciones, el amor que se dio sin
esperar nada a cambio de lo que da, es así de generoso y callado! ¡Es así de grande y de sereno! ¡Es así de
pleno y sobrehumano que nada saben de él las almas que aún no fueron llamadas a ese altar apartado y
solitario donde arde permanente la llama en que se consume toda la hojarasca de los humanos deseos, para
que no turben la quietud interior de los ungidos del amor!
"No ha de ser el camino de los discípulos diferente de aquel que anduvo el Maestro.
"Si quieres andar por mis caminos, y subir la misma montaña, y beber mis aguas de Vida Eterna, y
coronarte con las rosas del Amor Divino, alma que buscas y que llamas, aniquila hasta el mago del recuerdo,
aduérmelo en el olvido, y deja vivir en la plenitud de la lozanía y del amor, las nuevas creaciones que la Divina
Sabiduría hace surgir en el áureo plano de cristal de sus realidades inmortales."
¡Tal es la voz honda y serena de tu sagrado salmo, Maestro Jesús..., ese que me recitas cuando meditando
a la luz de las estrellas, sola entre el cielo y la tierra busco el porqué de todas las horas dolorosas, pesadas y
crueles que pasaron por mi corazón como ventisqueros de hielo destrozando mis ilusiones y mis ensueños!...
¡Bendito sea tu divino salmo, Maestro Jesús, que cae sobre mi corazón como el rocío sobre una débil
planta agostada por los huracanes o marchita por las escarchas de este largo invierno!...
¡Maestro!... ¡Maestro! Que este sagrado salmo que tu alma canta a la mía, endulce mis sacrificios, haga
suaves mis inmolaciones... y serenos mis renunciamientos para que ellos suban hasta lo infinito como espirales
de incienso quemadas y consumidas por la llama purificadera de lo único que no muere, ni se extingue, ni se
cambia: tu amor inmortal y divino que me lleva de la mano a la posesión de la Eterna Claridad!... ¡Dios!...
¡origen y fin de todo cuanto existe!

LA SELVA OSCURA...

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

¡Oh mi divino Maestro!... ¡Mi luz, mi guía y mi único amparo en el oscuro destierro!
¡Apenas si mi voz acierta a llamarte!... ¡Y mis ojos nublados de llanto no perciben tus arreboles dorados ni
los blancos cendales de tu claridad inmaculada!...
¡La angustia como una ola negra y pesada ahoga mi espíritu agobiado de incertidumbre!...
¡Maestro mío!... ¿Dónde estás oculto que mi alma no puede encontrarte?...
No te veo en este páramo desierto... ¡No te siento ni percibo tu voz, ni el calor de tu irradiación tierna y
dulce como una caricia materna!...
¡La copa del dolor ha desbordado ya entre mis manos, y sus aguas amargas corren y corren como un
caudaloso río inagotable!...
¡Maestro!... ¡Amor mío de muchos siglos de mi eterno camino!... ¡Mi alma, agotada ya sus energías,
quisiera romper el lazo de la vida humana que se hace más angustioso cada día, cada hora, cada minuto!...
Y cuando iba a dar un largo adiós a todas las cosas oigo a lo lejos... allá en lo hondo de mi propio yo, la
tenue vibración de tu divino pensamiento que el amor... el amor tuyo Señor traduce en palabras de consuelo y
esperanza.
"¡Mujer, que abrazada a mi cruz lloras silenciosamente juzgando que será eterna la tiniebla que oscurece el
horizonte!...
"¡Acuérdate que muchas veces dije que la fe traslada las montañas y que el amor salva todos los
abismos!...
"¡Y si montañas y abismos se interponen en tu camino, montañas y abismos salvará nuestro recíproco
amor, si valerosa hasta el fin, no decae tu espíritu en la hora cruel del sacrificio!
"¿Qué es el abandono de las criaturas para el que está amparado por Dios?
"¿Qué es la soledad material para el que abrió su alma a la plenitud divina poblada de almas hermanas que
comprenden y sienten el amor y la amistad?
"¿Mujer débil y triste como alondra solitaria posada sobre una rama desgajada por el huracán y flotando a
merced de las olas bravías y tempestuosas?...
"¿Por qué lloras siempre con ese hondo, silencioso llorar con que durante tantas horas regaste la piedra
aquella que cubrió mi tumba? ¿Con ese largo y silencioso llorar con que durante años humedeciste las arenas
caldeadas del Mar Muerto?... ¡Muerto en verdad como tus ilusiones y esperanzas humanas de aquella lejana
hora, punto inicial de tu progreso como espíritu!...
"¡Como aquél, es éste un punto de luz en el horizonte de tu vida eterna!
"¡Óyeme mujer, que te hablo a ti misma en esta hora de angustiosa zozobra para tu espíritu abatido por el
huracán de los humanos desengaños y sumergido en las arenas movedizas de todo lo inestable, fugaz y
pasajero que te brindó la vida!...
"¡Tengo queja de ti, mujer de mi alianza postrera con esta humanidad que te rodea, porque juzgas del amor
del Maestro como podrías juzgar de los mudables afectos de tus amigos de la Tierra!...
"¡Y porque así lo juzgas te crees sola y abandonada a las furias de la selva negra que atraviesas y de las
olas embravecidas que surcas en busca del Ideal Eterno!...
"¡Mujer!... Si me sintieras a través del amor y de la fe, caminando a tu lado, allanando tus caminos y
abriendo nuevos surcos a la divina siembra, no llorarías con ese hondo llorar del peregrino solitario, en tierras
de eternas nieblas, donde no clarea el sol por las montañas ni resplandecen las estrellas en las noches sose-
gadas...
" ¡Has pedido ser, en esta hora, desposada del Amor Eterno, el cual sólo abre la puerta de cristal y oro de
su divino santuario cuando la esposa se ha engalanado con la vestidura nupcial tejida de abnegaciones
heroicas, de renunciamiento completo y de generoso holocausto!...
“¡Has querido beber mi propio cáliz, y la copa desbordante fue acercada a tus labios!...
"¡Bebe sin miedo, mujer, que en el fondo de esa copa está el néctar divino de la única felicidad que puede
saciar tus anhelos: la inefable belleza de la Luz Eterna y la infinita bienaventuranza que emana de la posesión
perfecta de Dios!...
"¡Has querido para ti los propios estigmas de mi dolor como hombre sacrificado por un sublime ideal de
redención humana; y cruz ha sido para ti el desengaño de todos los afectos humanos; afrentosa flagelación, la
pérdida de bienes, fama y estimación; agonía solitaria y torturante el abandono de los que pasaron por tu lado
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

recibiendo la ofrenda de tus beneficios, las flores suaves de tus afectos y solicitudes!...
"¡Mujer!... levanta del suelo tu frente abatida y piensa a la luz que irradio sobre ti. Ahora, que todo lo has
dado sin reservarte nada para ti; ahora, que todos tus dones fueron ofrendados en divino holocausto al Eterno
Amor, incluso tú misma, entregando vibración tras vibración, latido tras latido, anhelos y pensamientos a Luz
Eterna que tejerá la túnica blanca de la humanidad del porvenir, ¿qué temes? ¿Por qué lloras y gimes si,
cuando todo lo has dado, es llegada para ti la hora de recibir?
"¡El Eterno Dador es quien te devolverá ahora centuplicado tu don; y cada lágrima tuya en el ara del
sacrificio, y cada flor marchita del árbol muerto de tus humanas esperanzas, será para ti como el resplandor de
muchos soles, como el canto triunfal de muchas almas, como la eterna melodía de innumerables voces, ecos,
notas, que se irán desbordando como torrentes en el espacio infinito y que el Eterno Pensamiento traducirá en
estas palabras:
"¡Bienaventurados los que han amado más allá de las cosas que se extinguen y perecen!"...
¡Maestro!... ¡Maestro mío!... He comprendido tu lección envuelta en divino simbolismo, a través del cual me
sonríe tu promesa eterna!...
Has diluido en tu fuego sagrado las últimas cenizas de mis terrenos deseos; y el más completo
renunciamiento a todos los goces humanos, abre por fin la puerta a las divinas compensaciones...
Mi alma, Señor, desde este instante supremo y solemne sólo será una lira invisible en tus manos para
trasmitir a tus amados de esta tierra, los cantares inefables de tus amados de los cielos infinitos...
Penosa y dura fue la subida, Maestro mío; pero si es verdad que he llegado, dame tu paz y tu amor, que es
la única compensación que deseo...

LA PRESENCIA DIVINA

¡Maestro Jesús, que irradias con infinito amor tu claridad eterna sobre toda criatura que a Ti se llega
pidiéndola!...
Vencida nuevamente por el enorme peso de la vida humana en estos valles terrestres, me acerco a tu
corazón que se desborda de piedad y de amor, para vaciar en Ti mis cansancios, mis desalientos y
vacilaciones.
El horizonte se ha ennegrecido de nuevo, todas mis luces se han apagado como si mil incertidumbres y
dudas, formando sombras en torno mío, me hubieran envuelto en densas tinieblas.
¿Qué hay, Señor, más allá de estas tinieblas que parecen cortarme todos los caminos?
Paréceme que las flores de amor que en tu nombre había sembrado, se tornaron en matorrales de espinas
como guaridas de fieras que llenan el alma de terror y de espanto.
¿Por qué, Maestro mío, del amor no siempre brota el amor?
Tú nos dijiste que a veces tu simiente cae en tierra estéril donde los abrojales la ahogan y la matan; que a
veces la devoran las aves de rapiña, o la pisotean los viajeros inconscientes a lo largo del camino...
¿Dónde, Señor, dónde está la tierra fértil en que germine vigorosa la simiente divina del amor que nos
mandaste sembrar?
¡Sembrar!... ¡Qué duro es sembrar en las rocas muertas donde heladas escarchas la queman y la
consumen, dejando el pesimismo y el desaliento en el alma de tus sembradores!
¡Oh, Maestro Jesús!... ¡Qué débiles sembradores de tu divina simiente son los que has elegido!... ¿Dónde
está oculta la luz, la fuerza, la vigorosa voluntad de continuar tu obra por encima de todos los dolores y de todas
las obscuridades?...
Y cuando la pesada tiniebla parecía invadir como una marejada hasta el recinto de mi oración junto a Ti,
escucho tu voz en lo profundo de mi yo íntimo, como el cantar de un ruiseñor lejano entre la selva impenetrable
y sombría. Y yo reconozco esa voz que acude a calmar la furia de la tormenta en mi mar embravecido. Y el
alma aquietada por tu voz sembradora de paz y de esperanza la escucha anhelante como una cadencia lejana
que dice:
"Si vaciláis y dudáis y tropezáis en los caminos de la vida es porque muy a menudo olvidáis quiénes sois, a
qué habéis venido y hacia dónde camináis... ¡Olvidáis quiénes sois cuando os desalientan los fracasos
materiales o espirituales hasta el punto de creeros solos y olvidados en pleno destierro, como si ninguna voz
respondiera a la vuestra, y como si vuestro pensamiento no despertara vibración ninguna entre las múltiples

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

ondas de las corrientes divinas llenas de vida y energía en el vasto e incomprensible Universo!
"Olvidáis quiénes sois cuando os alejáis unos de otros dejando que los resentimientos o los odios, el
predominio, la vanidad y demás sutiles egoísmos del espíritu se hagan carne en vosotros bajo el manto
encubridor de dignidad ficticia o de justicia imaginaria y equivocada.
"Olvidáis quiénes sois cuando buscáis con desmedido afán las grandezas humanas, el aplauso de las
criaturas y la figuración en el medio ambiente en que actuáis.
"Y olvidáis, en fin, lo que sois y el objeto de vuestra actual estada en la Tierra, y el grandioso ideal de
perfección humana que buscáis desde siglos, cuando os reveláis en contra de hechos y acontecimientos que
son el resultado natural de la misión que habéis pedido y aceptado, la cual os coloca en los senderos de la luz
que os pone al descubierto, sirviendo de blanco a las fuerzas de las tinieblas, eternamente en pugna con la
Verdad y con el Amor.
"Habéis olvidado que mis caminos tienen huellas de sangre y están humedecidos de llanto y flotan en ellos
vibraciones de sollozos y de gemidos. Habéis olvidado que sois seguidores del gran sacrificado y que no podéis
esperar coronas de rosas sino después de haber bebido gota a gota el mismo cáliz que Yo bebiera cuando
sumergido en las tinieblas de mis dolores de hombre decía a mi Padre: "Pase de mi este cáliz; pero no se haga
mi voluntad sino la tuya."
"Cargados estáis de tristeza y de fatiga porque veis levantarse de todos lados, como avalancha formidable,
las corrientes del mal que, enloquecidas por el loco orgullo que las domina, sueñan siempre ganada la batalla y
deshecha y vencida la blanca legión de mis seguidores. No cuentan las fuerzas de las tinieblas con mi llegada
en el momento álgido de las terribles borrascas.
"No cuentan ellas con que el Maestro está en medio de vosotros para deshacerlas y aniquilarlas, porque
tengo en mis manos la fuerza invencible de la Verdad, de la Justicia y del Amor.
"Os repito de nuevo: ¡olvidáis quiénes sois y a qué habéis venido, y por eso hace presa en vosotros el
desaliento y el pesimismo bajo el cual cayeron vencidos tantos y tantos a lo largo del camino... de este camino
mío, donde hay huellas de sangre y vaho de lágrimas, y rumores de sollozos y de gemidos!...
"Que mi alma derramada en amor y ternura sobre las vuestras vierta su divina Luz sobre vosotros para que
seáis conscientes de vuestra misión de esta hora y de las alianzas sublimes que os unieron conmigo desde
largos siglos.
"Pensad en todo momento que la única desgracia verdadera que debéis temer es la de claudicar de
vuestros pactos solemnes en favor de lo único que no cambia, ni varía, ni se, acaba: la Verdad y el Amor, que
es en suma, la felicidad que buscáis.
"Acordaos que estoy en medio de vosotros como sereno espectador de vuestras abnegaciones y
renunciamientos, de vuestras luchas y tristezas, de vuestras angustias y de vuestros triunfos, y que estoy con
mis brazos abiertos y mi corazón de amigo fiel que os llama a descansar en él cuando os sintáis desfallecer..."
¡Maestro!... ¡Maestro mío, amante y amado sobre todas las cosas!...
¡Estabas a mi lado y no descubría tu amada presencia!...Me creía sola entre tinieblas desoladas y frías, y
Tú andabas amorosamente a mi lado!
¡Sálvame, Señor, del desaliento, la desesperanza y la duda! ¡Sálvame de las sombras de la inconsciencia
que me obscurecen el horizonte!... ¡Sálvame de las flores vanas de humanos deseos, que traen soledad, olvido,
abandono y angustia! ¡Sálvame de mí misma y dame el poder de sentir tu divina Presencia dentro de mi propio
ser, y nunca más vacilaré en tu camino!...

VELAD Y ORAD

¡Maestro Jesús, sereno espectador de todas las ansiedades del alma peregrina en los valles terrestres!
Escucha piadosamente mi queja, porque sólo Tú, Señor, puedes llegar a lo más profundo del alma azotada
por mil cavilaciones que vienen y que van sin encontrar respuesta...
Si mi pensar y mi obrar están de acuerdo con tu divina enseñanza de amor, de justicia, de fraternidad, ¿por
qué, Señor, tantos escollos y precipicios en el camino?...
¿Por qué tantas aversiones y antagonismos forman barreras de chispas ardientes en torno mío, y con
torcidas y malignas interpretaciones se manchan de lodo los más puros anhelos?...
Si este obrar es una chispita insignificante emanada de tu luz divina y eterna, ¿por qué provoca el enojo y
la censura, y cien brazos de hermanos armados de látigo se aprestan a la oprobiosa flagelación?
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Acobardada el alma ante la tempestad que ve levantarse cuando esperaba el clarear de una aurora nueva,
se repliega en sí misma como una avecilla herida cuyas alas no tienen fuerza para ensayar nuevos vuelos
abarcando la inmensidad.
Y queda allí aletargada en la inacción, sintiéndose inútil e incapaz de realizar nada que pueda significar el
bien para sus semejantes.
Y el alma agobiada de tristeza y de incertidumbre sólo acierta a refugiarse en Ti para preguntarte: "
¡Maestro!... ¿Estoy en la verdad o en el error? ¿Tengo en mis manos el bien o el mal?
¿Soy acaso víctima de engañosas ilusiones que tejen redes de oro de mi fantasía y que la realidad
convertirá en muertas cenizas que se lleva el viento?...
¡Ten piedad, Maestro mío, del alma acongojada y vencida por la nulidad de sus afanes, de sus esfuerzos...
de sus anhelos!
¡Y hazme sentir tu aliento de fuego que templa el frío de esta helada y desierta soledad!...
¡Oh, Maestro mío, amado sobre todas las cosas!... ¡Cuan suaves vibraciones de amor preceden a tus
palabras que anuncian tu acercamiento!
Y a poco escucho en lo más hondo del alma tu ansiada respuesta:
"¡Qué serena quietud la de este abandono si en medio de él sabes encontrar a Dios!"'
"Y como un día de mi última vida terrestre dije a los míos: cuanto pidieres al Padre en .mi nombre os lo
concederá, es por eso que mi pensamiento llega hasta ti haciéndote sentir hondamente el efluvio del Amor
Eterno para llenar el vacío que deja en todo corazón dé carne la incomprensión y el desamor de los seres que
le rodean.
"Hilos son de la fuerte red de oro que por propia voluntad has querido tejer para esta hora de tu camino
eterno, al unir tu esfuerzo al de todos los míos en la obra de liberación humana terrestre.
"Piensa y medita que no sin dolor y sin fatiga se abren caminos entre las duras rocas de las montañas.
"Abrir santuarios de amor y de fe que den luz y fortaleza a los peregrinos del ideal, desorientados a veces
en las mil encrucijadas del camino eterno, es oponer barrera de bronce a la oscuridad mental y a la ignorancia
promulgadas como ley por los que se han constituido en conductores de la humanidad.
"Y por lógica consecuencia, esa barrera de bronce debe soportar todo el empuje, todo el embate furioso de
las fuerzas predominantes en mundos de escasa evolución moral como la Tierra.
"De ahí el cansancio, el desaliento, la desilusión de los cultivadores de mi huerto, que viéndose arrollados y
dispersados por fuerzas poderosas, se creen víctimas de ilusorias fantasías de grandeza espiritual y de dicha
sobrehumana que nunca llegarán a alcanzar.
"No es a ti sola que te agobian como enorme mole esos sombríos pensamientos de incertidumbre y de
duda.
"Piensa que toda creación exige ordinariamente esfuerzos heroicos, porque significa dar de la propia vida,-
del íntimo ser, y con absoluto desinterés darse a sí mismo sin detenerse a pensar en la dulzura de las
compensaciones ni en las glorias del éxito inmediato.
"Lógico es entonces el abandono, la desconfianza de todos aquellos que no alcanzan aún a vislumbrar el
supremo anhelo del que impulsado por el Amor Eterno y por la Ley ineludible de su propia evolución, se da a sí
mismo en holocausto, transformándose en un rayo de luz, en una gota de agua, o en suave nota de un cantar
ignorado que lleve a los eternos viajeros de la vida al recuerdo de lo que son en el concierto grandioso de la
creación universal.
"¡Alma que ruegas y que buscas!... No de otra forma debías esperar que se desenvolviera tu vida si
deslizas tus pasos sobre los míos en este planeta donde aún no florece el amor, sino en los breves intervalos
de calma que median entre las convulsiones y sacudidas inherentes a la Ley de continua transformación de los
mundos, más violenta y dolorosa cuanto mayor es su inferioridad. .
"Y si cada etapa de vida terrestre mía fue una ofrenda de dolor, un holocausto completo al Amor Eterno,
cuyo impulso seguía, hoy que en espíritu me acerco a tu espíritu y la onda sutil de mis pensamientos forma
contacto con una inteligencia encarnada ¿en quién si no en ella y en los que le forman aura conjunta he de ser
yo sacrificado otra vez?
"La humanidad no puede sacrificarme materialmente otra vez; pero su milenario atraso y egoísmo le hace
encontrar el medio de sacrificarme en mis ideales, sacrificando a los seres que se constituyeron portavoces de
mi enseñanza de fraternidad, de justicia y de amor.
"Lógico es pues que aquellos que más de cerca me siguen, sean los primeros en recibir a pecho
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

descubierto las flechas envenenadas de odio de todos los que se levantan pedestales y acumulan tesoros a
favor de las sombras densas de la ignorancia y el fanatismo en que mantienen a las muchedumbres.
"Y conociendo qué el humano corazón desfallece a menudo cuando busca y no encuentra las flores que
soñó recoger, es que insisto hoy con igual apremio que en horas lejanas con aquellas palabras cuyo significado
pocos llegaron a comprender:
"Velad y orad porque el espíritu pronto está, pero la carne es flaca.
"Muy pocos fueron entre los que me rodeaban y seguían que no vieran conmoverse su fe hasta en los más
profundos cimientos al ver que su Mesías, su Maestro, su Salvador, caía vencido bajo el oprobio más infamante
usado en aquellos tiempos.
"Si es Hijo de Dios —pensaban— ¿cómo le deja su Padre, Poder Infinito, hundirse en ese abismo de
infamia cuando sólo con un rayo de su justicia podía aniquilar a sus enemigos y rodearle de esplendores y
grandezas?
"Y hoy que veo aquel mismo sentir y padecer en mis seguidores de la hora presente ante los
acontecimientos adversos causados por la incomprensión de los hombres, afirmo y digo que los razonamientos
humanos no siempre están de acuerdo con lo que marca la Divina Ley, para ciertas almas y en épocas deter-
minadas.
"¡Alma que interrogas y que pides!...
"¡No te dejes vencer por el desaliento cuando tu aparente inacción o inexplicable quietismo provoque en
torno tuyo pensamientos hostiles, que traducidos en palabras significan ilusión, engaño, desvarío, quimeras
fantásticas de mentalidad enfermiza!...
"Más crueles e hirientes fueron las frases que escuché en mis días terrestres, hasta el punto de que
colmado y desbordante el cáliz de mi corazón de hombre, exclamé en lo alto del cadalso:
"¡Padre mío!... ¿Por qué me has abandonado?
"Se diría que la Eterna Justicia esperaba esta queja de mi alma colmada de angustia para descorrer ante
mí los velos que me ocultaban el esplendor de la realidad y que percibiendo la gloria del Amor Eterno que me
esperaba, pudiera yo decir en el instante de mi partida:
"¡Todo fue consumado! ¡En tus manos entrego mi espíritu!
"¡Alma que buscas y que ruegas!... ¡Si has querido tomar para ti mi enseñanza y mis caminos, debes saber
que tal es la compensación de las criaturas inconscientes y tal es el Amor Inefable del Padre cuando la tarea
fue cumplida y bebido hasta la última gota del cáliz elegido en las épocas solemnes y trascendentales que
llegan para los mundos y para las almas en el correr interminable de la eternidad!...
"Espera pues impasible y serena en el seno de la Providencia Divina, que eternamente vela con la fuerza
invencible de su Ley y que sabe la hora del descanso y glorificación de sus criaturas.
"Aún no has apurado las últimas gotas del vaso amargo de la vida terrestre y por eso repito una y otra vez:
"¡Velad y orad para no caer en la tentación que en esta hora se llama duda, zozobra, desaliento y
desesperanza!
"Ellas invaden el alma como una ola de tinieblas, si desorientada en el penoso viaje deja apagar la luz del
único faro que puede alumbrarle el camino: ¡la oración!
"¡Ora por ti y por todos aquellos que como tú oyeron muchas veces mi voz, y recogieron mi enseñanza, y
vieron florecer en sus corazones mi piedad y mi ternura! ¡Todos somos como uno solo en el infinito seno de
Dios y es su voluntad que lleguemos a El unidos por el Amor los que el Amor engendró para perpetuar
indefinidamente la grandiosa grandeza de su eternidad!
"Y cuando tu esfuerzo y tu abnegación hayan colmado la medida que exige tu ley de esta hora, descansa
en la Suprema Justicia que jamás retrocede en lo que le concierne. Y descansa también en Mi, que ligado estoy
a ti por una alianza de siglos y sé valorar el esfuerzo que cuesta en este plano terrestre el dar un solo paso en
el camino ascendente hacia la cumbre que entrevés en las lejanías del horizonte.
"¡Pocos son los que en este paraje de la Tierra se esfuerzan y sacrifican por la obra de amor del Maestro; y
esa misma escasa minoría deprime dolorosamente tu espíritu deshojando poco a poco el árbol de tus
esperanzas!
"Piensa, mujer, que las obras de Dios, desnudas en absoluto de egoísmos y de interés, jamás arrastran
multitudes en sus comienzos obscuros, plenos de dolores y de sacrificios, porque la humanidad terrestre aún no
llega a comprender el amor que no pide y espera recompensa.
"Y ante esta inconsciencia humana sólo debe brotar del fondo de tu alma la exclamación acerba que brotó
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

de la mía en parecidas circunstancias: ¡Padre!... ¡perdónalos porque no saben lo que hacen!...


"¡Alma que deliras y que sueñas abrasada en la ardiente llamarada de los grandes anhelos!...
"¡Llena con Dios tu inmensa soledad! ¡Llena con su Amor y su Luz inefable el vacío que deja en torno tuyo
la incomprensión, el abandono, el olvido de las criaturas!
"¡Y algo así como un desbordamiento de luz, de flores y armonía, te hará comprender y sentir que no
depende de las criaturas la coronación de tus anhelos, sino de la infinita grandeza del Amor Eterno, cuyos
suaves reflejos alumbran tu soledad!..."
¡Maestro Jesús!... ¡Eres en verdad el Verbo de Dios, su Palabra Eterna, su pensamiento encarnado en Ti!...
¡Nadie como Tú sabe comprender lo que vive y se agita y muere cada día en el fondo del alma que
apartada de las cosas perecederas y vanas contempla el pasaje incesante de almas en busca de pueriles
satisfacciones que a veces duran tanto como un suspiro!...
Y de toda esa multitud afiebrada y ansiosa, sólo tres o cuatro se detienen para decirme:
"¡Yo comparto tus sueños, peregrino triste y solitario!... ¡Yo quiero lo que tú quieres y busco lo que tú
buscas y me consume la misma llamarada ardiente de tus anhelos!..."
Más... ¿de qué me quejo? Tú lo has dicho ya, Maestro mío, y tu palabra es resplandor de Divina Sabiduría.
"La humanidad terrestre aún no llega a comprender la gloriosa felicidad del Amor que se da sin esperar
ninguna recompensa!..."

EL ROSAL DE CRISTO

¡Maestro Jesús!... ¡De nuevo junto a Ti, mi alma busca derramarse a tus pies como un hilillo de agua cuyas
gotas absorban sedientas los rayos de luz de tu mirada, el calor suave de tu aliento, y los latidos de tu inmenso
corazón de Hijo de Dios. Y mi mente absorta toda en Ti, se empapa, se sumerge, se refunde en tu divina
claridad y encuentra fases nuevas en el prisma maravilloso de tu excelsa grandeza! Y me parece casi
incomprensible que tanta fuerza, tanta luz, tanta magnificencia y plenitud de gloria, de belleza y de poner
pudieran hermanarse un día, lejano ya, con las penas acerbas, las angustiosas agonías, los humillantes
oprobios padecidos por Ti revestido de carne y sujeto a las rudas leyes marcadas ala humana naturaleza.
La incomprensión de los hombres debió ser para Ti, Maestro mío, un doloroso tormento.
Sólo un puñado de humildes seres adivinó tras el iris topacio de tus pupilas, la divina grandeza de tu alma
de Mesías, y en la serena vibración de tu palabra el poema eterno de la Verdad y del Amor traído por Ti como
divino mensaje a la humanidad terrestre.
Los grandes, los poderosos, los sabios de la Tierra no supieron leer en tu mi rada, ni encontraron melodías
en tu palabra, ni claridades de sol en tu divina enseñanza.
"Amaos los unos a los otros", decías, como un ruiseñor que canta en la selva al amanecer, y los esclavos
seguían siendo azotados porque pedían un mendrugo más de pan, y los enfermos despreciados como
asquerosas piltrafas de carne inútil, y los mendigos hambrientos buscando en los muladares sucios mendrugos
para saciar su hambre, y los pecadores descubiertos en falta, apedreados, maldecidos, arrojados al abandono,
a la miseria, al dolor y a la muerte.
"Todos sois hijos de vuestro Padre que está en los cielos", decías, soñando ya en la eterna aurora de la
fraternidad humana, de la igualdad de derechos, y de deberes entre los hombres, y aún ahora, después de
veinte siglos de haberte escuchado la humanidad terrestre, el odio, la tiranía, las opresiones del fuerte sobre el
débil continúan con igual intensidad, como si tu divino legado de amor hubiera sido un rosal en flor deshojado
por el otoño y arrastrado por el vendaval.
¿Adonde fue a parar, Maestro mío, tu divino rosal?... ¿dónde?... Y mientras mis pupilas se nublan de llanto
y mi alma de angustia, oigo en lo más íntimo de mi Yo tu palabra suave llena de esperanza, de amor y de fe,
que me dice:
"En tu corazón se refugiaron esos pétalos arrastrados por el viento, y son ellos que te hacen sentir el amor
tal como brotara un día de mi corazón y se derramara sobre la tierra.
"Otros como tú recogieron los pétalos cual gotas de sangre que volaban a merced de los vientos; y esos
pétalos fueron semillas de apóstoles y de mártires que siglos tras siglos han regado de llanto y de sangre mi
rosal olvidado por las muchedumbres, que como majadas de bestezuelas inconscientes, no aciertan más que a
buscar hartura de sus deseos y de sus instintos sin levantar apenas la vista de la tierra que hollan sus pies.

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

"Por la plenitud excelsa del poder de ubicuidad, que por Eterna Ley me asiste, veo y siento a los que me
aman y a los que me olvidan, a los que me buscan y a los que me rechazan con sus obras aunque con sus
labios me llaman; veo los campos de batalla sembrados de esqueletos que fueron hombres capaces de amor,
triturados y deshechos por el odio de otros hombres, también capaces de amor y de fe. Mi vista percibe
claramente todo ese informe montón de ruinas de los que fueron hogares iluminados por el amor de las madres,
de las esposas, de los parvulillos como botones de rosas, promesas de amor y de dicha para la propia
humanidad, que los sacrifica como a indefensos corderos en nombre de un ideal de justicia que la Divina
Justicia rechaza como un sacrílego baldón.
"Caen en confuso tropel de sangre y fuego matadores y víctimas; y de ese informe amontonamiento de
carne humana deshecha veo surgir, al llamado de mis invisibles mensajeros, las almas de mis escogidos, de
mis últimos mártires de esta Tierra, por encima de la cual siguen revoloteando como mariposas de sangre los
pétalos del rosal de mi amor arrastrados por el viento. Una obscura nebulosa con miasmas de putrefacción
sube de la tierra, y mis enviados sufren las náuseas de su acercamiento. Mis miradas traspasan también esa
nebulosa y veo almas como estrellitas radiantes que iluminan las tinieblas, corazones amantes que se abren
como nidos de ternura para cobijar a los hijos de nadie, a los que la humanidad inconsciente llama escoria del
arroyo, basura del muladar...
"Y entonces vuelve a brotar de mi Corazón de Hijo de Dios aquella palabra cálida y vibrante, imborrable y
eterna que está calcada a fuego en los planos más sutiles de todos los mundos:
"El que no ama a sus semejantes como se ama a sí mismo, no entró aún en el camino de salvación".
"Hombre o mujer que te cobijas a la sombra de mi Cruz, detiene un momento tus pasos y medita: tú
aprecias como un tesoro tu vida, tu salud, tus riquezas o posesiones, tu bienestar material, tus goces grandes o
pequeños. El mismo derecho que tú tiene el mendigo que pasa como un fantasma harapiento a tu lado; el
huerfanillo sin techo ni hogar, que vive confundido con los perros de la acera; la viejecilla de llorosos ojos sin
luz, cuyas manos como secas raíces se tienden al vacío para implorar!... ¿Quién eres tú y quiénes son ellos?...
"¡Almas, almas y almas!... ¡hijos de Dios que cumplen expiaciones dolorosas por pecados acaso menores
que los tuyos!
"¡Ciega y enloquecida humanidad que te cobijas bajo el árbol de mi Cruz, que proclamas con los labios mi
doctrina de amor y fraternidad y, como poseída de insensato furor, atropellas vidas y honras, destruyes vergeles
de amor y de fe pisoteando el derecho y la justicia en nombre de un equivocado ideal religioso que nada tiene
de Cristo más que el repudio y la execración!"
¡Maestro!... ¡Maestro!... Esta luz tuya brilla como un sol en la tiniebla de esta vida terrestre... Y si yo veo tu
luz y oigo tu palabra, y comprendo tu sentir, y percibo las palpitaciones de tu gran corazón hecho de amor y de
fe,.. Maestro mío... ¿por qué no lo sienten y lo ven y lo palpan de igual manera todos los hombres que se
cobijan al amparo de tu Cruz y de tu Nombre? ¿Qué hicieron de tu enseñanza?... ¿Qué hicieron de tu palabra,
de tus ejemplos, del resplandor de la vida tuya, que fue como una melodía, como un ánfora de miel derramada
sobre todos, como una interminable caricia sobre todas las frentes abatidas por el dolor y la miseria?
"¡Bienaventurados los misericordiosos", dijiste, y la misericordia es despreciada como una debilidad de
corazón.
"Amaos los unos a los otros", y los hombres se estrujan con odios profundos...
"El que ampara a uno de estos pequeñuelos, a Mí me ampara", decías una vez con la voz temblorosa por
sollozos contenidos; y los huérfanos son arrojados a las cárceles, a los asilos, porque no hay corazones
capaces de cobijarlos...
¡Maestro!... ¡Maestro mío!... conteniendo yo también un hondo sollozo te pregunto a Ti, que todo lo sabes y
todo lo ves:
"¿Dónde están tus discípulos, tus apóstoles, los seguidores de tu doctrina, los que comprenden el amor
como Tú... los enamorados de la Cruz?... ¿dónde están?..."
Un profundo silencio responde a éste interrogante mío, y a poco veo hacerse una nueva claridad en la cual
percibo unos cuantos calvarios con otros tantos crucificados. Es tu respuesta, Maestro mío; bien clara y definida
está: ¡Los que son capaces de amar como Tú, están sacrificados como Tú, porque la Eterna Ley exige que el
amor verdadero probado con el sacrificio, que el dolor en el paroxismo lave y purifique toda maldad humana! Es
el crisol que purifica el oro. Es el vendaval que arrastra toda la inmundicia. Es la segur aplicada a todo tallo
viviente, y que el campo sea libre para una nueva plantación...
¡Maestro!... ¡mi confidencia contigo ha sacudido fuertemente mi ser, pero mi mente iluminada por Ti ha
comprendido todo... absolutamente todo lo que has querido enseñarme!...

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

¡MAESTRO!... ¡DAME TU PAZ!

¡Ya lo ves, Maestro mío!... ¡Soy la eterna mendiga que está pidiendo siempre lo que sólo Tú puedes darme:
la paz!
¡Esa paz tuya que se asemeja a un cielo azul salpicado de estrellas lejanas, silenciosas, en una noche
quieta y serena también, dormida en silencio profundo!...
¡Esa paz tuya que es como un lago de cristal en cuya inmóvil superficie se reflejan los resplandores del
ocaso y el suave balanceo de los junquillos en flor!
Vientos huracanados de ambiciones y de egoísmos soplan de los cuatro puntos cardinales.
Se diría que nuestro pequeño planeta fuera a romperse en pedazos como un grumo de tierra aplastado por
el pie de un niño que corre...
¡El odio se ha desatado como una tromba marina en medio de la cual se producen choque formidables, que
siembran la muerte y la desolación!...
¿Hacia dónde volver la vista si no a Ti, Maestro Jesús, que tienes el secreto de la paz, de la esperanza y
del amor?
¡Tú sabes el porqué de todo lo que acontece en medio de esta humanidad que es tu herencia, el eterno
legado del Poder Supremo para Ti, Ungido de la Piedad y del Amor!...
¿Cómo no ser eterna mendiga de Ti pidiéndote paz, consuelo, esperanza y amor para todos los que
sufren?... ¡Para los perseguidos, porque buscan la justicia y la equidad; para los desterrados de su patria y de
su hogar; para los que languidecen entre las rejas de los presidios, doloroso baldón impuesto casi siempre a los
amantes de la justicia y de la fraternidad!
¡Oh, Divino Maestro, visionario sublime, idealista eterno a cuyo excelso sueño de amor fraternal
respondieron los déspotas poderosos con la muerte más infamante!...
¿Qué hora trágica es ésta, Maestro Jesús, tan semejante a aquella de tu doloroso holocausto, en que el
mal lo avasalla todo... se sobrepone a todo; y el bien, la virtud y la nobleza son arrastrados por el fango?
¿Qué tiniebla tan densa es ésta en que todos aparecen cegados por la espantosa influencia del vicio
glorificado y del crimen disfrazado de justicia?
Con el alma temblorosa de congoja y de espanto me acerco a Ti, Señor, para preguntarte, como el
Patriarca Abraham: ¿No enviarás tus rosas blancas de la paz sobre las pocas almas conscientes, amantes de la
verdad, que aún quedan como cirios alumbrando las tinieblas?...
¿Dejarás que tus amigos de todos los siglos sean arrastrados por el fango en que se recrean los
malvados?...
Y desde el fondo del alma se levanta mi voz para pedirte, como eterna mendiga que espera siempre tu don:
¡Salva, Señor, a tus amigos, a tus escogidos, a los que sienten en sí mismos ansias de liberación, de
fraternidad y de justicia!
¡Compadécete de las madres que tiemblan de espanto por la suerte de sus hijos!... ¡Compadécete de los
hogares amenazados por la perfidia y la traición, por el crimen meditado y encubierto; por la falsedad y la
mentira que llevan al caos a los pueblos inconscientes!...
¡Acuérdate, Maestro, de tus días luminosos de Verbo de Dios encarnado, en que ningún engaño quedaba
encubierto y toda maldad aparecía clara ante Ti!...
¡Que tu luz divina haga caer las vendas de todos los ojos, que las tinieblas huyan y se haga la luz, que los
hombres de bien sean reconocidos y guardados por Ti!... ¡Que sepan las muchedumbres dar a cada cosa su
justo valor... que merezcamos todos, Señor, el don divino de la paz, de la esperanza y del amor!...
Y cuando así clamaba mi alma a la puerta de tu Santuario, como un infeliz mendigo que pide siempre, sentí
la suavidad inefable de tu voz, que decía:
"Durante miles de siglos estuve deshojando sobre esta tierra las rosas blancas de la Paz, de la Verdad y
del Amor.
"¡La humanidad las ha pisoteado en el fango y muy pocas de ellas quedaron flotando como mariposas de
luz en los huertos apartados y solitarios... en los vallecitos florecidos y silenciosos... en las montañas donde
cruzan las brisas con resonancias de amor, de consuelo... de esperanza!
"¡Mi Paz, mi Verdad y mi Amor sólo pueden percibirlos las almas de buena voluntad que sinceramente los
buscan, y se abren, como corolas sedientas, al manantial silencioso de mis aguas de vida eterna!
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

"Quien más pide más recibe.


"Quien más busca más encuentra.
"Al que persevera en llamar, al fin se le abre la puerta.
"Los dones de Dios son para todas sus criaturas, pero quien más los anhela con mayor abundancia los
recibe.
"Cómo ha de dar Dios sus dones divinos a aquellos desamorados hijos que nada quieren de El, ni aun
reconocer su existencia, su presencia eterna... su providencia que vela siempre... su amor que les vigila como
dulces ojos de madre siguiendo de lejos o de cerca los pasos inciertos de aquellos desventurados que no saben
lo que hacen cuando le olvidan o le niegan.
"Les brinda la luz de su verdad eterna y se precipitan a las tinieblas porque en medio de ellas oyen el
sonido estridente del oro vaciándose en sus arcas que nunca se llenan...
"Les brinda la miel divina de su paz, si se lanzan con febril anhelo a los mares impetuosos porque en sus
ignorados abismos se esconden tesoros de gran valor que pueden hacerlos poderosos dominadores...
"Les brinda su infinito amor que alienta en todos los mundos y ellos se lanzan a recoger desperdiciables
mendrugos y las bellotas silvestres que alimentan a las bestias...
"¿Qué hará, pues, el Divino Creador con sus criaturas inconscientes?...
"Alma mendiga de paz, de luz y de amor...
"Alma que pides, que buscas y que llamas siempre...
Ora por los que nunca oran...
"Llama por lo que nunca llaman...
"Pide y busca por los que nunca buscan y piden...
"Y cuando más te olvidas de ti misma... cuanto más olvides tus penas y tristezas para escuchar el dolor de
los demás... más se hará sentir de ti la Divina Presencia, el Amor Eterno, la Paz inefable, porque entonces te
habrás convertido en intermediaria de Dios y las criaturas... en el hilo conductor de la Divina Energía del Amor
inconmensurable... de la Eterna Armonía Universal...
"No vaciles en llamar continuamente... No temas buscar y siempre buscar... pedir y siempre pedir.
"El Eterno Dador, jamás se cansa de dar. El manantial divino no se agota jamás...
"La Luz Increada emana de sí misma claridades que nunca se extinguen y sus vibraciones vivifican los
mundos y los seres por toda la eternidad.
"Alma, pide, llama, busca y espera que todas las horas de Dios son para dar más y más...
indefinidamente... sin límite ni medida...
Maestro mío... Maestro Jesús... gracias, gracias a Ti que me abres una vez más el cofre de tus secretos
divinos...
Ya nada mi alma desea sobre la Tierra, pues que me has abierto el camino de la Paz, de la Luz y del
Amor...

EL ABRAZO ETERNO

Maestro Jesús... Cuan pesada es la cruz tuya... esa que llevaste sobre tus hombros un día para morir sobre
ella impulsado por tu heroico amor hacia los hombres de esta Tierra, donde aún eres incomprendido de la gran
mayoría.
¿Por qué, Maestro... por qué los hombres no te comprenden?
¡Te han levantado templos, santuarios magníficos, altares que son tesoros de arte y de riquezas. De todos
los rincones del planeta se levantan para Ti himnos y loores, todos pronuncian tu nombre cien veces
sacrosanto, pero no obstante el odio sigue reinando sobre la Tierra aun entre aquellos que te cantan himnos y
bendicen tu nombre!...
¡Y entre los acordes de esos himnos y de esa bendiciones, los hombres se matan unos a otros, se
despedazan la honra, el más fuerte despoja al más débil; el poderoso atropella con los indefensos y los
pequeños!... Y las doncellas ultrajadas ruedan como piltrafas deshechas por las calles relucientes de las
doradas capitales, y los huerfanitos sin padres, los hijos de nadie, pululan por las aceras, bajo las arcadas de
los puentes, entre los puentes, entre los despojos de covachas abandonadas al igual que los lagartos entre las
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

grietas negruzcas de piedras amontonadas.


Y ancianos despojados impunemente, que padecen hambre y frío y que bajo las bóvedas suntuosas de los
grandes santuarios de la fe cristiana derraman en llanto silencioso sus angustias que duran años...
Y los hombres que cantan himnos y loores: ¡Cristo reina, Cristo impera, Cristo triunfa!...
Y yo digo en lo íntimo de mi espíritu dolorido con la angustia de los que sufren: Cristo padece, Cristo llora,
Cristo muere de nuevo cada día, cada hora, cada minuto en el" dolor, en el tormento, y en la muerte
desesperada y cruel de cada ser humano que muere bajo las armas homicidas de sus propios hermanos, o
muere de hambre y miseria, desposeído por sus hermanos hasta de las raíces que la madre tierra brinda
amorosa a los animalillos de las praderas...
¿No dijo El un día: "Lo que hacéis con cada uno de estos pequeños, conmigo lo hacéis?"
¿No dijo El: "En el amor que os tengáis los unos a los otros conoceré que sois mis discípulos?" ¿No dijo
también El: "Amad aun a vuestros enemigos; porque si sólo amáis a los que os aman, qué mérito tendréis? ¡Los
malvados aman también a los que a ellos aman!..."
Y si todo esto es tu legado de amor, Maestro mío, y los hombres van cada día más lejos de tu mensaje y de
tu corazón, porque te cantan himnos y loores mientras pisotean tu enseñanza y cubren de sangre y de lodo
formado con el llanto de los que padecen, cubren, digo, las palabras tuyas eternas con la eternidad de Dios, que
dicen: "Lo que haces a uno de tus semejantes a Mí me lo haces" ¿Por qué Maestro mío, por qué todo esto?
¿Soy yo que no te comprendo o son los hombres que caminan hacia el abismo donde no estás Tú?...
Pienso y medito y te digo, Maestro, en la honda y serena soledad de mis confidencias íntimas contigo: ¡Yo
te amo!... yo te siento vivir dentro de mí misma, como diluido en cada gota de mi sangre, en cada latido de mi
corazón, en cada gemido de mi pecho, en cada lágrima de mis ojos... en cada ¡ay! que exhalan los labios
trémulos de sollozos y de angustias... Y porque te siento así, grabado a fuego en mi ser, es que tengo fuerzas
para sacrificarme y a los que no me aman; para abrir mis brazos al desvalido, para partir mi pan con el que no lo
tiene, y el techo del hogar con el que padece la orfandad y el desamparo; y la mitad de mi abrigo con el que
sufre el frío de la desnudez y la indigencia! Tu amor, Maestro mío, da fuerzas para todo esto y mucho más... da
fuerzas para perdonar al que nos hiere en lo más íntimo de los humanos afectos; al que olvida, al que
desprecia, al que traiciona; tu amor, Maestro, da fuerzas para seguirle con la mirada del alma en las infaustas
correrías de sus pasos equivocados para decirle con la más honda ternura: " ¡Cuando os canséis de olvidarme,
volved... que os estaré esperando!"... ¡Tu amor, Maestro mío, da fuerzas también para vivir muriendo calladas
angustias, de silenciosos pesares y da fuerzas para morir bendiciendo y amando a los que hacen de nuestra
vida un martirio continuado y lento!...
Y pienso de nuevo y medito, Maestro mío, en la honda y serena soledad mis confidencias íntimas contigo,
que éste es el obrar de tus verdaderos amadores y amigos. Estos son los himnos y loores que Tú quieres ver
palpables y vivos en las acciones, en los pensamientos, en las palabras, en toda la vida de los que quieren ser
reconocidos por Ti como los herederos de tu Reino Inmortal!
Y para ellos, sólo para ellos, será tu palabra eterna:
"¡Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber;
estuve desnudo y me cubristeis; estuve enfermo y abandonado y me curasteis dándome albergue en tu casa y
en tu corazón!... ¡Venid, benditos de mi Padre, porque habéis conquistado el Reino de la Paz y del Amor. No
cuidasteis de amontonar tesoros que la muerte arrebata y los ladrones roban; pero amontonasteis otros tesoros
que no perecen y que nadie puede arrebatar de vuestras manos porque son la eternidad de Dios donde se
encierra no sólo la felicidad pequeña que forja vuestra mente humana, sino la felicidad perfecta y perdurable
que aún no habéis vislumbrado ni en vuestros sueños más sublimes y excelsos!...
"¡Sois benditos, eternamente benditos, porque habéis soportado sobre vuestros hombros todo el peso de
mi Cruz de oprobios y de vejaciones, de pobreza y desamparo, de injusticias y maldades; porque en verdad sois
míos y no del mundo en que vivís, porque sois de Dios y no de los hombres; porque sois aves de paso en
extranjera tierra; porque traéis mí luz y el mundo quiere las tinieblas!..."
¡Oh, Maestro mío! así resuena tu palabra en lo más hondo de mi propio corazón... así veo tus ojos fijos en
mí y llenos de infinita piedad... mientras tus labios murmuran suavísimo rumor de pétalos: "Yo te amo
inmensamente más de lo que tú eres capaz de amar a tus semejantes y viéndote abrazada a mi pesada cruz
abro mis brazos de Hijo de Dios en la infinita inmensidad para decirte: ¡ahora es el Cristo que te abraza por los
siglos de los siglos!..."

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

LA SOLEDAD DE CRISTO

¡Oh Cristo-Hombre-Dios! ¡Ungido divino del Amor, de la Esperanza y de Fe!


¡A las diáfanas claridades de tu luz excelsa de Mesías Instructor de las almas que te escuchan y te siguen,
lo he comprendido todo... todo el profundo secreto cuyo velo final no se me había descorrido aún!... ¡Era tan
espesa la bruma que me envolvía!... ¡Era tan oscuro el turbión que me azotaba con sus olas cenagosas y
heladas!...
¡Oh, Divino Maestro de mi alma solitaria!... ¡Lo he comprendido todo, absolutamente todo!... Como si la voz
tuya venida desde lejanas, inconmensurables distancias, me lo hubiese dicho... en la mística, honda, silenciosa
y cargada de penumbras de tu sagrado recinto:
"¡Padeces y sufres con intensidad de fiebre enloquecedora porque te apoyas en las criaturas antes de
buscar a Dios!... Inconsciente del sublime apostolado del amor sin recompensas, buscas descanso, apoyo,
consuelo y fuerza en las criaturas inestables como las brisas juguetonas que se agitan por las praderas en flor,
inestables como las espumas del mar que van y vienen a merced de las olas que las producen, inestables como
las flores que se abren al amanecer y se agostan al ocaso.
"La palabra final que mis labios de mártir pronunciaron al sentir que la vida se escapaba de mi materia:
¡Todo fue consumado! quiero grabarla en tu Intimo Yo en esta hora la más solemne y acaso la más
dolorosa de tu apostolado de amor.
"Desnudo en absoluto de los humanos afectos, en aquella hora trágica de mi última inmolación, mi alma
sedienta de Infinito, no vio ya criatura alguna en su derredor!... Parecióme que todo absolutamente, se había
hundido en la obscura niebla de mis postreras angustias y que nada más me quedaba que ese insondable
infinito hacia donde me sentía arrastrado por una fuerza irresistible.
"La hora grandiosa y suprema de la absoluta soledad del alma ante lo Infinito, es la culminación del
apostolado del amor sin recompensas elegido por las almas que buscan el Amor por el Amor mismo!..."
¡Oh divino Ungido del Amor Eterno!... Así ha sonado tu voz en lo más íntimo de mi Yo y he comprendido
todo, absolutamente todo el secreto de tus vidas de Mesías, de tus vidas de Instructor, de tus vidas de Redentor
de Humanidades!
¡Soledad excelsa de Cristo sumergido en el eterno infinito! ¡Soledad dolo-rosa de Cristo en medio de la
inconsciencia de las criaturas! ¡Soledad tristísima de Cristo despojada de todo afecto, de todo consuelo
humano, de toda compensación en la Tierra... yo te abrazo para mí como a la más dulce de las madres para
todos los siglos que han de pasar rodando como nubes de cristal ante mi espíritu asombrado y absorto por tu
misma imponente grandeza!
Excelsa figura de Cristo divinizado por el Amor y solo, absolutamente solo a la puerta de la Eternidad en
que ibas a entrar cuando decías: "¡Todo fue consumado!", déjame contemplarte una vez más y que la copie
fielmente mi retina, que la absorba mi mente para siempre... que la beba a sorbos mi recuerdo para que no
busque jamás sobre la tierra las deleznables florcillas de los humanos consuelos, y que cual ave viajero no
detenga por nada mi vuelo hasta posarme sobre la torre de marfil del templo augusto del Amor Eterno.
¡Oh divino y excelso Amador! Ahora se' el secreto de tu fuerza que destruía el dolor entre los hombres, que
curaba a los moribundos y hacía salir de los ataúdes a los que se creían ya muertos!...
¡Era que Tú te habías desposado con la heroica soledad de los Ungidos del Amor y nada buscabas en las
criaturas sino sólo en la grandeza infinita y todopoderosa de Dios!
¡Oh Cristo, Ungido del Amor! Has descorrido para mí el velo final de tus secretos eternos, y de lo más
profundo de mi Yo íntimo se levantan como un eco que ya jamás se extinguirá en mí ser, estas tus palabras
inmortales:
"¡Todo fue consumado!"
Y en el humilde pebetero de las resignaciones completas, arrojaré, Señor, uno a uno los recuerdos de
pasadas grandezas, de efímeras glorias, de dichas fugaces como meteoros que mueren apenas nacidos, para
que mi mente vacía y sola ante lo Infinito, después de haber quemado esa dorada hojarasca, pueda decir
también con la voz serena y firme de las más profundas verdades:
"¡TODO FUE CONSUMADO!"

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

¿QUE ES LA VIDA?...

¿Qué es la vida?... ¡Maestro Jesús... mi Instructor Eterno! ¿A quién he de preguntárselo sino a Ti que por
tu excelso grado de evolución todo lo comprendes y todo lo sabes? ¡Dímelo por piedad!
¿Qué es la vida? ¿De dónde vino? ¿Por qué y para qué vino? ¿Es beneficio la vida, o es una eterna
desgracia la vida?
¡Maestro mío! ¡Veo tanto desastre en torno mío!... Tanto mal, tanta fealdad, tanta miseria, tan horribles
cuadros de espantosas maneras de vida, que casi parecería una horrible blasfemia el pensar que sea ella una
emanación de Dios, Perfección Suprema.
¡Maestro!... ¡Se hace un caos en mi mente. ¡Tiéndeme tu mano!... ¡Envíame un rayo de tu luz piadosa!...
¡Maestro mío!... ¡Todo lo espero de Ti!... ¡Y todo bien me vino por Ti!
"Alma que buscas y pides angustiosamente y que haces de tu oración un ansioso y eterno interrogante."
"¿Qué es la vida y por qué vino y de dónde vino? Con pocas palabras te lo digo:
"La Vida es Dios y Dios es la Vida.
"Pero no confundas la Vida con las horribles deformaciones y degeneraciones que el libre albedrío de los
seres inteligentes perversos, imprime a muchas manifestaciones de vida.
"Parte del principio de que el actual estado de las mentalidades terrestres no alcanzan aún a asimilar la
idea de ese algo que no tuvo principio. Podréis comprender que la Vida no termina jamás, pero no alcanzáis a
comprender que haya existido siempre, desde toda la eternidad. Es como un aro de oro, que llamáis anillo, que
de ninguna parte empieza y en ninguna parte acaba. Es como una esfera diáfana, sutil, transparente, alrededor
de la cual podréis dar infinitas vueltas sin encontrar dónde comienza y dónde termina.
"Es como una espiral inmensa entre cuyas órbitas ilimitadas está encerrado todo el universo de millones de
mundos y que emana sin interrupción ni descanso átomos vivos, gérmenes de nuevos mundos, de nuevos
seres, de nuevas vidas.
"En su incapacidad de comprensión, la humanidad terrestre representada en las Inteligencias que más
ahondaron en esta radiante metafísica, se ha negado hasta hoy a aceptar que todas las inteligencias cuando
llegan a la suprema perfección se sumergen en Ella, son absorbidas por Ella, se confunden con Ella en tal
forma que pasan a ser la inmensa espiral de que te hablaba hace un instante, la misma esfera diáfana y sutil sin
principio ni fin.
"La última evolución, la más superior y perfecta en que las inteligencias conservan la individualidad, es la
que Antiguas Escuelas de Divina Sabiduría han llamado Fuegos Magnos. Más arriba de ellos... ¡alma que
interrogas y que pides! está la Ilimitada Espiral que lo absorbe todo,... ¡la Esfera luminosa y sutil que no
empieza ni acaba en ninguna parte!... Leo en tu ansioso pensamiento esta pregunta:
"Maestro: Cuando Tú te sumerges en ese Gran Todo que es la Vida y el Amor ¿adonde acudiremos por
luz, consuelo y esperanza, las pequeñas almas que venimos siguiendo tus pasos desde hace innumerables
siglos?".
"Ya sabía yo que tu corazón de carne haría esa pregunta. ¡No temas nada! Cálmate, que los Instructores
de mundos no abandonamos al acaso la heredad que a cada uno le ha confiado el Padre Universal, porque
tenemos conciencia de nuestra responsabilidad sobre ella hasta ser llegada la hora en que esa humanidad,
confiada a nuestra tutela, entre en una fase de desarrollo, de conocimiento y de evolución donde haya sido por
completo eliminado el mal, o sea cuando el planeta, después de ciclos y edades incontables, haya terminado su
período de mundo inferior para entrar en el concierto admirable y magnífico de los mundos superiores a los que
yo he llamado siempre Reino de Dios.
"¿Acaso no sabes que todas las inteligencias andamos el mismo camino de imperfección hacia la
perfección? Cuando tú hayas llegado a ser una luz perfecta, no pensarás en ser, según tu propio sentir, como
un abrojillo del camino, prendido de mi túnica de peregrino eterno.
"¡Aquiétate, espera y confía! No se asciende de un salto a las cumbres serenas de luz y de conocimiento.
"Tu mensaje, ya lo sabes desde mucho tiempo, es de paz, de amor. De unificación de las almas que han
llegado a la capacidad de comprender mi enseñanza, sintetizada en estas palabras: " ¡Bienaventurados los
limpios de corazón porque ellos comprenderán a Dios. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos
recibirán misericordia. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de Amor y de Justicia, porque ellos serán
hartos!"
"Pido al Padre, dueño de toda paz, consuelo y esperanza, que sea aliento y vida de mi bendición sobre ti."

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

LOS MUNDOS DE LUZ

"¡Alma que me llamas y me buscas!... Hora es ya de que vueles más alto y te liberes por fin del calvario de
tu propio corazón.
"¡Hora es ya de que las ligaduras humanas tuyas no sean para ti cadenas de hierro que te aprisionen
impidiendo tu vuelo en busca de esa luz inmortal y eterna que presientes!...
" ¡Hora es ya de que en el lago quieto y sereno de tu espíritu no se levanten marejadas, así vayan o
vengan, se enciendan o se apaguen, vivan o mueran las afecciones profundas que un día llenaron de rosados
pétalos la copa de tu corazón!..."
¡La comprensión del Eterno Invisible, hacia la cual caminas, y después de la comprensión el amor, será la
hoguera donde tú misma debes arrojar valientemente todo cuanto turba la serena quietud que necesita tu
espíritu, en esta hora en que por libre voluntad tuya te has convertido en arpa de los invisibles trovadores del
Amor Eterno!
"Entra en tu interior; déjate llevar por las suaves y dulces corrientes que como arroyuelos de luz te irán
marcando el camino hacia el portal grandioso del templo de la Verdad.
"El Amor que oculto vive en ti misma será quien llame a esa puerta.
"Confía y espera, que yo voy cerca de ti hasta que beba tu alma el agua pura de la Divina Sabiduría para
todos aquellos que, abrasados de sed, recorren fatigosamente los caminos polvorientos y resecos de la vida".

TU MAESTRO

(Comienza el desdoblamiento del alma, o éxtasis).


¡Que la Eterna Luz se haga para vosotros y para mí, pequeños seres de esta Tierra, luciérnagas diminutas
en las anchurosas profundidades del Infinito!

¡Gran Dios!
¡Causa Eterna y única de todo lo creado!
¿Cómo podré- yo describir con frases humanas, pobres y mezquinas, tu excelso Reino de Luz, de Paz... de
Gloria y de Amor?
¡Para cantar a Dios, sólo Dios puede dar al labio divinos acentos como da resonancia a las olas y música a
los vientos!...
Seas Tú... ¡Oh, Amor Eterno!, quien te cantes a Ti mismo...
Seas Tu... ¡Oh, Mente Universal!, quien te comprendas a Ti misma.
Seas Tú... ¡Oh, Alma Infinita de la Creación!, quien hagas vibrar esta insignificante chispa de Ti misma, y
que cada vibración sea un llama de luz sobre esta humanidad que duerme...
El Reino de Dios, última Morada de las Inteligencias Perfectas antes de refundirse en la Eterna Luz, está
formado por un universo de soles, cuyos elementos constituyentes son de tal modo sutiles y diáfanos que no
admiten comparación con la materia, ni con la atmósfera, ni con el éter de que están constituidos los globos
similares a nuestra Tierra.
La carrera que a través del Infinito realizaron esos mundos radiantes, entiendo que es idéntica a la que
realiza todo cuanto vive en el Universo, de tal modo que los que hoy son esferas de escasa evolución, en un
lejano porvenir de millares de siglos, alcanzarán la cúspide de su desarrollo y formarán un día parte de esa
indescriptible magnificencia que nuestro Maestro Jesús llamó Reino de Dios y que son las Moradas de los
Espíritus de Luz, Maestros y Conductores de Humanidades, Mensajeros fieles de la Verdad Eterna, lámparas
de Dios sobre las tinieblas de los mundos inferiores que comienzan el camino de su evolución; infatigables
Misioneros del progreso, de la Sabiduría y del Amor.
Progreso, Sabiduría y Amor... ¡He ahí compendiada en tres palabras toda la vida de esas luminosas y
claras inteligencias, cuyos esfuerzos y sacrificios de siglos les elevaron hasta la cumbre serena y gloriosa del
perfecto conocimiento y del más puro Amor!
Sus pensamientos traspasan con más velocidad que el rayo de luz los abismos del espacio infinito en
forma que la inmensa distancia que separa los mundos habitados por ellos no les dificulta el comprenderse los

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

unos a los otros.


¿Cómo comprender, Dios mío, con mi débil mente de criatura terrestre, esa inmensidad de luz, ni esa
vertiginosa rapidez de vibraciones, de sonidos, de ondas, de corrientes de pensamientos; si cada uno de ellos
es una ley y todos en conjunto tienen la capacidad de formar nuevas nebulosas, esparcir como polvo dorado las
constelaciones y nuevos universos de estrellas y mil y mil manifestaciones de vida, de movimiento y de
múltiples energías?
¡Qué divina serenidad!...
¡Qué serena quietud en medio de tan maravillosa actividad!
¡Qué formidable potencia la de sus pensamientos, que cruzan los espacios infinitos en cumplimiento de
eternas alianzas, para remover con esos pensamientos las humanidades estacionadas en los mundos de
purificación y de dolor!
Un rayo de luz diáfano y puro parece llegarme de las alturas del Reino de Dios y me hace comprender
cómo es que se efectúa esa comunicación tan rápida y espontánea de un Instructor o Mesías con otros, a pesar
de las largas distancias que separan los soles habitados por ellos.
El aura y la vibración mental de cada una de aquellas purísimas Inteligencias son de tal magnitud y están
dotadas de tal poder de irradiarse, de dilatarse, que pueden alcanzar a mayor distancia de la que separa un sol
de los otros soles que forman el vasto conjunto de mundos de luz denominados "Reino de Dios" o Moradas de
los Mesías.
Y siendo así que las auras de ellos se tocan y se confunden, es claro y lógico que puedan expresarse sus
pensamientos con igual o mayor facilidad con que nos hablamos y nos comprendemos entre personas que
ocupamos una misma habitación.
Y es así como en una alianza permanente cooperan con la Eterna Energía con la creación, conservación y
renovación de los mundos, los seres y las cosas.
¡Ellos piensan y todos ellos perciben ese pensamiento como si fuera una voz, un sonido, un canto
inconmensurable!...
Y como todos Ellos están en la Verdad y en la plenitud del Conocimiento, todos piensan y comprenden
exactamente igual a la Verdad Suprema, Única, Invariable y Eterna.
Ellos aman, y las grandiosas vibraciones de ese amor son sentidas en todos los mundos grandes o
pequeños donde habitan humanidades capaces de sentir aunque débilmente, las vibraciones de ese amor.
De este modo es que nos llegan a veces a los habitantes de esta Tierra, como tenues reflejos del Amor
Divino que tan hondamente nos conmueven haciéndonos sentir una felicidad desconocida, en los breves
momentos en que nos hacemos superiores a las bajezas materiales, y dejamos al espíritu tender su vuelo en
busca de la Verdad, Sabiduría y Amor.
Según esto, fácil nos será comprender que el amor desinteresado y puro hacia alguna de aquellas
inteligencias purificadas que más unida está a nosotros por alianzas espirituales y afectivas signifique una
fuerza potentísima que nos ayude e impulse a elevarnos nosotros mismos por parecidos e idénticos esfuerzos
que la elevaron a ella hasta su gloriosa y bienaventurada posición.
Y partiendo del principio de que el amor desinteresado y puro impulsa al amante a identificarse con el
amado, resultará lógicamente que este amor acabará por aniquilar nuestras pasiones y desmenuzar como polvo
al viento la densa bruma de nuestras imperfecciones.
¿No es, acaso, así como nos acercaremos más y más al excelso espíritu amado? ¿No es así como le
atraeremos a nosotros con irresistible atracción?
En tan puras y excelsas Inteligencias ha llegado a su plenitud la manifestación de la Divinidad, que en los
demás seres parece dormir oculta por falta de evolución, y, así, la amorosa unión de nuestras almas con uno de
esos espíritus de luz acelera en nosotros la liberación de todo cuanto entorpece y retarda nuestra marcha
ascendente hacia la Eterna Luz. En el Reino de Dios o Moradas de las Inteligencias perfectas es donde tienen
su plena realización las leyes de la solidaridad, que es armonía y amor universal.
Siendo así, de nuestra mayor o menor identificación y unión con tan sublimes y puras Inteligencias
depende nuestro mayor o menor acercamiento y compenetración con la Divina Sabiduría, con la Suprema
Inteligencia, con el Eterno Amor.
¿Acaso podemos quedar entre tinieblas acercándonos con decidida voluntad a una potente lámpara
encendida?
¿Acaso podemos continuar con nuestra alma cubierta de llagas infecciosas si con verdadero deseo de

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

curarnos nos ponemos en la vertiente por donde corren las aguas divinas emanadas de aquellos seres
superiores, acueductos por donde el Eterno Invisible derrama su amor, su luz, su piedad infinita sobre todas las
humanidades?
¿Acaso podemos permanecer ajenos a la Armonía Divina si de verdad abrimos nuestra alma a los dulces
gorjeos de esos ruiseñores del Amor Eterno?
Algo así como el deslumbramiento de las Auroras Boreales en las regiones polares me hace entrever la
obra grandiosa de amor, de iluminación, de progreso, realizada por una sola de esas radiantes Inteligencias que
pueblan aquel Reino de Dios, no comprendido ni soñado siquiera por la mayoría de los hombres, y apenas
éstos prestan decididos el concurso de su voluntad.
De diría que "por el resquicio entreabierto, por un velo levantado", según la poética frase de nuestro
hermano Virgilio, alguna ley que nos es desconocida nos permite contemplar la esplendorosa reverberación de
nuestro Mesías Jesús sobre toda la humanidad terrestre, si bien sólo una parte de ella recibe y absorbe, diré
así, los rayos luminosos de esa divina explosión de claridad. Y esa luz es permanente sobre nuestra Tierra, a la
que envuelve en un suave manto de piedad y de amor.
Pero esa luz es más grande que la Tierra y se extiende también sobre Marte y sus satélites, sobre Eros,
sobre Hebes, sobre Iris y llega hasta confundirse con iguales claridades que, emanando de otras Inteligencias
Superiores, van a derramarse en igual forma sobre Venus, la de rosados resplandores, sobre Vegha, de
inmaculada blancura, sobre Alfa y Arturo, dorados como flores de fuego en la profunda inmensidad.
¡Y tu vibración, Oh Maestro Jesús!..., o tu luz, o tu inteligencia derramando chispazos en la mía, parece
decirme que tu amor ilumina las humanidades de esos mundos, y que se confunde en su explosión de claridad
con el amor de muchas otras Inteligencias claras y puras como la tuya, que, a su vez, se derraman sobre otras
y otras humanidades.
Y voy viendo más y más océanos de luz derramándose sobre mundos poblados de seres que sufren o ríen,
lloran o gozan, arrastran cadenas o suben los tronos. Y llego hasta setenta inmensas llamaradas que desde
inconmensurables distancias van a envolver los mundos donde habitan humanidades que les aman,
desconocen o les odian, lo mismo que nuestra Tierra lo hace contigo, Oh Maestro Jesús..., divino iluminador de
nuestras almas, que sin tu claridad y sin tu amor aún no hubiéramos acertado a encontrar este pequeñito y
estrecho sendero por donde vamos buscando la verdad y la dicha.
Observo que el Reino de Dios o Moradas de Luz de los Mesías son astros cuya evolución corre pareja con
la de los purísimos seres que los habitan, y que todas las moradas astrales refulgen en la inmensidad con dos
especies de claridades: la una, casi material y tangible, producida por leyes físicas, como la llama del fuego,
como la luz de un foco eléctrico; la otra, sutil, inmaterial e intangible, luz que no quema y cuyo resplandor puede
compararse a los efectos de luz del arco iris, a las radiantes auroras de los trópicos y del polo.
La primera está explicada por las ciencias físicas y los conocimientos astronómicos. La segunda sólo se
explica por el conocimiento espiritual que nos hace comprender que esa otra claridad más sutil emana de los
Espíritus de Luz o Mesías, que irradian más que soles sobre los mundos cuya evolución dirigen.
Esta última especie de claridad forma como un aura en torno de cada mundo; aura que se ensancha e
ilumina con más vivos fulgores según la intensidad que le imprime a su amoroso pensamiento la elevada
Inteligencia que lo emite, y según también la reciprocidad de iguales pensamientos de amor emitidos por las
humanidades hacia sus respectivos Guías o Instructores.
Quien más piensa en ellos y más les ama, más atrae las potentes energías de aquellas mentes serenas y
lúcidas y, por tanto, más se acerca a la Divina Sabiduría y a la Eterna Verdad; y quien llega a la comprensión y
al conocimiento ha allanado grandemente el camino para alcanzar la perfección.
Paréceme comprender que es en esa forma como se cumple la eterna ley de solidaridad y ayuda mutua
entre las Inteligencias de gran evolución y los más nuevos e imperfectos.
Quien me ilumina en este instante me hace ver un joven, animoso viajero que emprende una larga jornada
a través de las selvas inexploradas. Cuando el día de su propia mentalidad le alumbra y el fuego de su
entusiasmo le calienta, por sí solo camina y salva los tropiezos y las dificultades; pero cuando las noches de los
propios errores derraman sobre él las tinieblas del desaliento, entonces el viajero gime, llora, se queja, pide
auxilio a la Eterna Fuerza que le llamó a la vida, a la Eterna Luz en seguimiento de la cual corre... al Eterno
Amor del cual surgió como chispa y hacia el cual ha de volver convertido en llama viva... Y es en esos
momentos crueles y duros del penoso viaje cuando la Suprema Inteligencia nos hace sentir sus efluvios
salvadores por medio de las puras Inteligencias que, como inmensas llamaradas de luz inmarcesible,
esclarecen los sombríos caminos de la Eterna peregrinación.
Esa queja, ese grito, ese clamor del viajero entre la oscuridad de la selva es a lo que llamamos oración, y
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

es en ese sentido que debemos considerarla razonable, justa y eficaz.


Algo más creo comprender en este vasto e interminable campo, es esta inmensa selva de energías vivas
de fuerzas flotantes de mundos que giran con rapidez vertiginosa en ese algo inconmensurable y sin fin que
llamamos Infinito. Ese algo que parece llegarme de muy lejos es casi todos los nombres de dioses de la antigua
Mitología de todos los países y corresponde a los nombres con que la Astronomía ha designado los soles y las
estrellas, las constelaciones y las nebulosas que ha podido descubrir desde su punto de observación: la Tierra;
y esos nombres corresponden, a su vez, a los Mesías que dirigen, guían y protegen esos mundos.
¿Cómo se explica que esos nombres llegaran a los habitantes de la Tierra? Del mismo modo que llegan
hoy: por la inspiración, por la intuición, por la clarividencia de los augures, pitonisas, sibilas y profetas, que los
hubo en todas las más antiguas civilizaciones, bajo todos los climas y en todas las religiones durante los
millones de años que han transcurrido desde que el reino consciente se albergó en este planeta.
Cuando hace catorce mil años nuestro Mesías se acercó a la Tierra a tomar nuestra misma naturaleza
material, en la que entonces era nuestra Estrella Polar llamada Vegha, se encontraba encarnado también otro
Mesías con el nombre de Vegha, de gran afinidad y amor con el Mesías terrestre, por haber realizado juntos su
evolución en otras moradas que aún hoy subsisten formando parte del gran conjunto de mundos que hemos
llamado Reino de Dios. Ese Mesías era la dulce y purísima Odina, compañera de Anfión, el Rey Santo de
Atlántida, que había llevado por entonces el mensaje de la Luz Eterna hacia aquella morada de mayor evolución
que la Tierra.
Lo que creo haber comprendido en este caso lo refiero también, según mi entender, a casi todos los
mundos que forman el universo de soles y estrellas visibles desde la Tierra. Los mundos que forman el universo
al cual pertenece nuestro sistema: Júpiter y sus lunas, Urano, Neptuno, Saturno con sus anillos y sus satélites,
Mercurio, Venus, Marte, Alfa, Sirio, Arcturo, Andrómeda, Orión, Pléyades y otros, son nombres de Mesías
encarnados como el nuestro en esas moradas y que al comunicarse con su compañero, el Mesías de la Tierra,
daban su nombre de la existencia carnal; y de ahí a veces el origen de los nombres dados a los mundos que
vemos rodar por el espacio o éter que rodea nuestro mundo Tierra.
Comprendo, asimismo, que en el esplendoroso Reino de Dios hay muchos grados de evolución, según la
ancianidad de los espíritus y según sea la heroicidad y grandeza del amor que ellos han dado a las
humanidades que dirigen.
En un detalle anterior hablé del universo al cual pertenece nuestro sistema solar, con lo que he querido
expresar que en la vasta inmensidad donde ruedan los mundos hay agrupaciones de ellos compuestas por
miles y miles de esferas, que corresponden a un grupo de Inteligencias que impulsan su evolución, en conjunto,
por alianzas formadas por ellos en el largo correr de los siglos, mientras realizaban su propia evolución. Esta es
la explicación de aquella divina visión de nuestro hermano Virgilio, en la que nos describe tan maravillosamente
el Consejo de setenta Mesías o Instructores.
¡Cuál será la grandeza del vasto universo, si consideramos que son incontables esas agrupaciones de
millares de mundos, y que cada agrupación está dirigida e iluminada por un conjunto de Espíritus de Luz!
Mas llega una hora... ¡qué hora! No sé si nosotros, pequeñas luciérnagas en este mundo nuevo, podremos
comprender tanta grandeza. Llega una hora en que esas humanidades pasan de la infancia a la juventud y
después al pleno desarrollo en la mayoría de sus individuos, y que dichas moradas han llegado también a la
plenitud de su desarrollo. Entonces la Eterna Ley aparta a los retardados hacia otro mundo inferior, y las
moradas ya evolucionadas en todos sus elementos constitutivos pasan a formar parte del Reino de Dios en sus
gradaciones más inferiores, primero, y más superiores, después, hasta llegar a la Corona Suprema, según la
expresión cabalista, a la Tríada Divina de la antigua mística oriental, a la incomprensible Trinidad de la Teología
occidental, donde las elevadas y purísimas Inteligencias parecen refundirse por la comprensión y por el amor en
una sola Esencia, en una sola Energía, en una sola Inteligencia, en una sola Vibración, en una sola Luz, en un
solo Eterno e inconmensurable Amor.
Porque los seres todos del Universo, según entiendo, a medida que progresamos espiritualmente nos
acercamos unos a otros en el pensar, en el sentir, en el conocimiento y en el amor. Hasta que, llegados a la
plena posesión de la Verdad, de la Luz y del Amor, nos confundimos unos con otros mientras que avanzamos
en la eterna ascensión. Divina y esplendorosa fusión que sólo puede hacerse comprensible con la figura
siguiente:
¡Si cada alma purificada es una luz, y todas las almas caminamos hacia un punto fijo, cuando todas
lleguemos a ese punto, todas las luces no forman más que una sola luz, una sola claridad, un solo, eterno y
divino resplandor!
Bendigamos a la Divina Sabiduría, que nos permite vislumbrar la grandeza del Reino de Dios por un

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

resquicio del mundo espiritual, y hagamos por merecer cada día más, con nuestra abnegación y
desprendimiento y con una íntima unión con nuestro Maestro Jesús, que los cielos infinitos se abran a
momentos para que beba nuestro pobre ser la luz divina de la Verdad Eterna.
Vuelve mi alma con dolor a las frías arenas de la Tierra, y mi primer pensamiento, Señor, es de
agradecimiento y de amor para Ti, que me has permitido vislumbrar las claridades radiantes de las moradas de
la Luz perdurable...
¿Qué goce de la Tierra podrá desear el alma que vislumbró por un instante la dicha suprema que se siente
al contacto con las Inteligencias purificadas, que son lámparas eternas de luz, de amor, de armonía infinita?
¡Oh, Maestro mío!... ¿cuándo será que pueda mi pobre alma escalar esas cumbres, poseer esas
claridades, irradiar esas armonías que forman las puras delicias en que viven eternamente felices los que
triunfaron en todas las miserias de los mundos de expiación y de dolor? Y aunque mi alma clama por esa clari-
dad y esas armonías, me abrazo resignada a la cruz de mi propia debilidad y pequeñez, porque sé, de cierto,
que aún así me amparas y me amas.
¡Y el amor tuyo, divino Maestro mío, me da fuerza y valor para continuar esperando indefinidamente el día
glorioso de las nupcias eternas de mi alma con la tuya!...

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Azucenas de mi Huerto
(Poesía Mística)

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

¡TODO CANTA A DIOS!

Oíd allá en el bosque, meciéndose en las frondas,


La tórtola que arrulla, la alondra, el ruiseñor
Preludian sus cantares
Con trinos melodiosos.
Apenas el oriente se tiñe de arrebol.
¿Qué cantarán las aves,
Qué dirán en sus trinos
Ocultas en la umbría cuando aparece el sol?

¿Serán quizá las rimas


Que expresan sus amores
O acaso la plegaria que elevan al Creador?

Orquesta de huracanes
Y nube enrojecida
Por ráfagas de fuego, eso es la tempestad;

Gemidos de violines
El viento en la arboleda
Y trémolos de flautas, el fresco manantial
Grandiosa sinfonía,
Concierto formidable
Ya manso, ya bravío, modula el ancho mar;

Y es música el balido.
De las majadas mansas
Que en busca de la fuente por las praderas van.

Es música el zumbido
Que exhalan las abejas
Bebiendo de las flores el néctar que da miel;

Es cántico el del agua


Saltando entre las piedras
Y hasta en las tumbas cantan las ramas del ciprés.

Hay música en el ruido


De las abiertas alas
Del cóndor cuando surca la vasta inmensidad;

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Y canta la alameda
Cuando el céfiro la agita,
Y canta la hoja seca que el viento hace rodar.

Y en el reír del niño


Vibrante de alegrías,
Y en el reír del joven vibrante de ilusión
Hay música, lo mismo
Que en el sollozo mudo
Del viejo que ha agotado
La copa del dolor.
Y todos son acordes,
Y todo es armonía
Y arpegios y sonidos y eterna vibración;
¡Es la oración perenne
Que al Infinito ofrendan
Los mundos y los seres que forman su Creación!

¡COMO MIRAN TUS OJOS... SEÑOR!

¡Cómo miran tus ojos!...


¡Cómo miran, Señor,
Cuando en honda oración te encuentra el alma

Que busca tu calor!

¡Señor, tus ojos miran


Como una suave luz
Que parece venir desde muy lejos...

Más allá del azul!


¡Cómo miran tus ojos
Buscando el corazón
Que solloza en las sombras de la vida
Temblando de pavor!

¡Cómo miran tus ojos


Y sonríe la paz
Cual caricia de ángeles muy blancos
Que vienen y que van!

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

¡Cómo miran tus ojos


Con viva claridad
Cual si fueran estrellas encendidas
Con luz de eternidad!

¡Y el alma canta a gloria


Con tu mirar, Señor!...
¡Porque irradian tus ojos cuando miran
Un infinito amor!

¿Quién no busca tus ojos


En la inmensa quietud
De la oración en que se absorbe el alma
Buscando plenitud?...

¡Qué piedad en tus ojos,


Que ternura, Señor,
Cuando el alma llorando sus congojas
Te cuenta su dolor!

¡Cuando miran tus ojos


El alma siente a Dios
Que la inunda de paz y de esperanza,
Que la inunda de amor!

¡Es que son tus miradas como besos,


De un fuego vivo que se enciende más
Cuando el alma se olvida de sí misma
Y sólo sabe amar!...

¡NOTE VAYAS, AMOR!...

¡No te vayas, Amor, aunque a la Tierra


Inundada la veas de maldad,
De venganzas, de crímenes, de odio
Como nunca la vieras en verdad!

No te vayas, Amor, aunque los hombres


Blasfemen como necios contra Ti!..
¿Saben ellos acaso lo que dicen
Sumergidos en loco frenesí?

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

No te vayas, Amor, porque la Tierra


Convertida se encuentra en Un erial
Donde no encuentras los serenos huertos
De frescura, de amores y de paz.

Es verdad que los hombres te olvidaron


Y al dios oro llevaron al altar,
Y rompieron las cuerdas de tus arpas,
Que arrojaron con furia al muladar.

Es verdad que de Ti tan sólo queda


Flotando en el espacio tu cendal,
Tejido con las ansias del que busca,
Entre tantas tinieblas, claridad.

¡No te vayas, Amor, aunque tus fuentes


El hombre de esta Tierra envenenó
De lascivia, traiciones y venganzas,
De cuanto mal para su mal sembró!

Es verdad que las madres olvidaron


Su misión de guardianas del pudor
Y sonrientes dan paso a la avalancha
Que arrasará su huertecillo en flor.

Es verdad que las vírgenes perdieron


El pudor, su defensa natural;
Y arrojaron al fango la diadema
Tejida con capullos de azahar.

Es verdad que los jóvenes se hundieron


En la búsqueda incauta de placer
Y apagaron la luz de los ideales
Y extinguieron la antorcha de su fe.

Es verdad que es un caos esta Tierra


Y un fantasma la humana dignidad
Y es un mito el honor del hombre justo
Y se viste de harapos la lealtad...

Es cierto que los hombres han manchado


De lodo y sangre hasta el sagrado altar,
Donde se ungen las almas consagradas
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

A decir a los hombres la verdad.

Es muy cierto que triunfa la mentira


Y de gloria se cubre al impostor...
Es verdad que se ultraja a la inocencia
Y el crimen se reviste de esplendor...

¡No te vayas, Amor! ¡Oh, no te vayas


Aunque todo este horror sea verdad!...
¿Qué sería del triste peregrino
Que buscándote siempre morirá?

¡No te vayas, Amor, aunque las fieras


Hayan hecho de todo un lodazal,
Que acaso quedará entre la jauría
Algún pájaro azul para cantar!

¡No te vayas, Amor, aunque los cielos


Tiñan de sangre su sereno azul,
Que algún mártir habrá que te reclame
Aunque sea clavado en una cruz!

¡No te vayas, Amor, aunque tus arpas


Estén mudas, colgadas de un sauzal!...
¡No te vayas!... ¡Que siempre alguna mano,
A escondidas sus cuerdas pulsará!

¿Dónde su lumbre encenderá el viajero,


En qué agua clara apagará su sed?...
¿Qué dulce estrella alumbrará su paso,
Por qué sendero llevará su pie?...

¿Qué fresca brisa soplará en su vida?


¿Qué llama suave alumbrará su hogar?
¡Si te escondes, Amor, le das la muerte,
Y es la vida una muerte si te vas!...

¡No te vayas, Amor, y dejes sola


A tu dulce elegida, la virtud,
Arrastrando a lo largo del camino
El peso de su angustia y de su cruz!

Vive soñando que contigo alienta


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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

¡Se siente fuerte si te siente a Ti!...


Va corriendo sobre ásperos guijarros
¡Cual si fueran las flores de un jardín!

No te vayas, Amor!... Oh, no te vayas


De esta tierra cargada de dolor!…
¡Espera un día más, que acaso sea
El que florezca para Ti el Amor!...

¡SEÑOR!... YO VENGO A TI

Al ver que muere la penumbra de oro


Entre pálidos velos de zafir,
Corto aprisa las redes de la vida
Y buscando consuelo vengo a Ti.

Me fatiga el dolor de las criaturas,


Me atormenta su honda incomprensión,
Sus afanes por míseros placeres;
Y Tú esperando sin quejarte... ¡Amor!

Cuando a solas me encuentro en el Santuario


Donde a los que amas les esperas Tú,
Descanso en Ti mi carga de ansiedades...
Y en blancas rosas se tomó mi cruz.

No vibra el alma si no está contigo;


Es penoso arrancarse a tu festín;
A tu lado las horas son tan breves
Que siglos pasaría sin sentir.

Son de acero las redes que en la Tierra


Nos aprisionan a las cosas mil
Que entorpecen sus vuelos a las almas
Que no viven, Señor, más que por Ti.

Hasta la dulce soledad tranquila


Donde siempre te espera el corazón
Llega a veces rugiente la borrasca
Que arrastra a los incautos al turbión.

¡Sálvame, Amor, de la inconsciencia obscura,


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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Que no quede mi lámpara sin luz!...


Es de noche en la Tierra si estás lejos,
Es incierto el andar si faltas Tú.

Todo mal se desborda en este mundo


Como un torrente que no tiene fin.
Yo no quiero ahogarme en ese cieno
Y es por eso ¡Oh, Señor! Que vengo a Ti.

Y me siento segura si a tu lado


Me he refugiado con creciente afán,
Fortaleza de roca es tu presencia
Y ternura infinita es tu piedad.

¡Dulce Amor que me buscas si te busco


Y que todo te das si vengo a Ti;
Te quedas con mis penas cuando lloro
Y todo tu esplendor me das a mi!...

Yo vengo a Ti cuando se muere el día,


Y vengo a Ti cuando clarea el sol
A buscar tu palabra, que me dice:
"El fiel de tu balanza es el amor".

Yo vengo a Ti cuando la luna riela


Como un disco de plata en el azul
Y clavo la mirada en sus cendales
Porque sé que hasta en ellos estás Tú.

Vengo a Ti cuando ruge la tormenta


Y rompe su cadena el huracán,
Y no más al pensarte estás conmigo
Deshojando los lirios de tu paz.

Yo vengo a Ti cuando la duda asalta


Cual pirata mi alcázar interior,
Y escucho que le manda la voz tuya:
"No des un paso porque velo yo".

Yo vengo a Ti cuando mi fe vacila


Sacudida por recia tempestad,
Y tu voz llama al alma que se duerme
Como un niño cansado de llorar.
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

¡Señor, que acallas los dolores grandes


Y coronas de paz el corazón!...
¿Qué poder sobrehumano tienes, dime,
En la magia divina de tu voz?

Y te busco en la luz de las estrellas


Que bordan jeroglíficos sin fin,
Siguiendo de tus órbitas el rumbo
En un campo infinito de zafir.

No comprenden a veces las criaturas


Del alma que te busca, la ansiedad,
Ni aciertan el porqué de sus angustias
Cuando dejan de ver tu claridad.

Es verdad que hay bellezas en la vida


Que son un prisma de colores mil;
Más para el alma que te halló en su senda
Nada supera a lo que encuentra en Ti.

¡Señor... yo vengo a Ti!... Si las praderas


De sus flores me dan el esplendor,
¿A dónde he de llevarlas, si no al ara
Donde el alma te encuentra en la oración?

¡Todo eres Tú, Amor de los que te aman,


Clara fontana de ternura y paz,
Estrella del cansado caminante,
Libro abierto que enseña la verdad!

Llega el dolor con su cortejo oscuro


Llega helada también la decepción,
Más todo ello resbala sobre el alma
Que en su eterno camino te encontró.

Todo eres Tú para el que te ha buscado


Con ansias de beber tu clara luz.
Y te sigue incansable aunque lo lleves
A morir en lo alto de una cruz.

Que la muerte es un éxtasis contigo


Y esplendores de aurora y arrebol,
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Es pasar de un oscuro calabozo


A las moradas de radiante sol.

Es un canto nupcial que no termina,


Es un abrazo que se estrecha más;
¡Morir por Ti, Señor, es confundirse
Con la Eterna Armonía Universal!

¡SEÑOR!... ¡EN TI CONFIO!...

¡Confío en Ti cuando la duda airada


Como un dardo me hiere el corazón,
Y cuando llega la tristeza helada
Confío en Ti, Señor!...

¡Cuando las rosas del amor se mueren


Agostadas por recio vendaval,
Confío en Ti, Señor, que si Tú quieres
Ellas revivirán!...

¡Los cardales silvestres de la vida


Sus espinas me clavan con furor,
Y mi alma temblando estremecida
Confía en Ti, Señor!

Yo sé que en tu presencia toda amores


Nada falta al vehemente corazón;
Frescura de agua clara, luz y flores
Resplandecen en todo su esplendor.

¡Yo bien sé que tu amor vigila atento


Sobre esta chispa que de Dios surgió,
Y es por eso que en todos mis momentos
Confío en Ti, Señor!...

¡Aunque en sombras de muerte yo camine


Doblada de cansancio y de pavor
Tú serás quien mis pasos ilumine
Y el que llene de paz mi corazón!

Tú serás el que guíe mis andanzas


Por todos los caminos... ¡Oh, Señor!
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Ya llevando en el alma la esperanza


O la cruel y tenaz desolación.

¡Confío en Ti cuando camino a ciegas


Entre arenales que calcina el sol!...
¡Tú me das en las dunas o en la vegas
De tus aguas el fresco surtidor!

¡Confiaré en Ti aunque sin pan ni techo


Me viera abandonada en un erial!...
¡Del seco arroyo el pedregoso lecho
Convertirás en pan!...

¡Hasta en la entraña de la roca viva


Abrirás un refugio para mi
Y si va mi barquilla a la deriva
En la espuma del mar me harás vivir!

Dame Señor que pueda prometerte


Esta firme confianza hasta morir.
¡Y que nada, en la vida ni en la muerte
Me separe de Ti!

Y que todas mis grandes alegrías


Lo mismo que el más íntimo dolor
Sea un himno de eternas armonías
Desglosado a tus plantas, ¡Oh Señor!

Y que sean mis lágrimas cual perlas


Que en amor se diluyan junto a Ti...
¡Y que puedan tus manos recogerlas
Y por todos los mundos esparcir!

LA PLEGARIA DEL PERDÓN

¡Llena, Señor, mi alma de perdones!


Que quiero derramar
Sobre todos aquellos que en la vida
Me hicieron sufrir más!

El desamor de los amados duele


Como herida profunda al corazón
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Y quiero perdonarlos
Muchas veces, Señor!...

Que no pierda mi paz por sus olvidos,


Que para ellos florezca siempre igual
La misma ternura
Cual blanco rosal!

¡Llena, Señor, con los perdones tuyos


El vaso frágil de mi corazón!
¡Perdónalos, Señor!... Yo los perdono
Y es ésta mi oración!

La oración del amor que sólo sabe


Amar y perdonar!...
¿Y no fue acaso la plegaria tuya
Señor al expirar?

La oración es la queja que del alma


Se escapa en los momentos de dolor
Y olvidando sus propias ansiedades
Sólo dice: ¡Perdónalos, Señor!

La oración es el llanto que del alma


Va rodando en silencio ante el altar,
Como pétalos blancos que cayeran
De un oculto rosal!

Yo te ofrendo, Señor, lágrimas mudas


Que vierte estremecido el corazón
Cuando ve cómo mueren los afectos
Que fueron su ilusión!...

¡Recíbelos, Señor!... Son la corona


Que deposito a tus sagrados pies.
No tengo sino llanto en esta vida
¡Oh, Señor!... Ya lo ves!

SALÍ A SEMBRAR ROSAS...

Salí a sembrar rosas...


Volví enamorada
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

De todas las rosas que el Cristo me dio...


¡Las unas pintadas
De púrpura vivo,
Las otras rosadas
Y algunas vestidas de niveo color!

Salí a sembrar rosas


Y encontré floridos
Los místicos huertos que el Cristo me dio.

¡Cuánto he bendecido
Su mano divina!
¡Cuánto he recogido
De lo que El sembró!

Sagrados rosales del amor del Cristo


Traigo en mi retina
Cual una visión
Tejida de gasa sutil, diamantina,
Bordada de rosas como una ilusión!...

Los pájaros cantan entre tus rosales


Salmodias sagradas,
Conciertos de amor...
¡Como si un enjambre de místicas hadas

Prendieran sus arpas de cuerda doradas


En las verdes ramas
Del rosal en flor!...

Todo ha florecido
Señor, en tu huerto,
Todo está dorado por rayos de sol,
No hay retoños muertos,
Ni flores marchitas,
¡Todo resplandece con luz de arrebol!

¡UNA VEZ... NADA MAS!...


(Meditación)

Una vez nada más se entrega el alma


Con la dulce y feliz renunciación
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Del que todo lo da y nada espera


¡Sino sólo el Amor!

Una vez nada más se abre en el alma


La flor divina del Eterno Ideal,
Que le dice al oído suavemente,
¡Ya nunca... nunca volverás atrás!

Y florecen entonces los rosales


En un glorioso amanecer de sol...
Y en el místico huerto las campanas
Tocan a fiesta para el corazón!...

Y se encienden las lámparas votivas


Que ningún vendaval puede apagar...
Encendiólas el alma al entregarse
¡Una vez, nada más!...

¿Por qué el alma se entrega en holocausto


Con la dulce y feliz renunciación
Del que todo lo da y nada espera
Sino sólo el Amor?

Porque un día sintió que la subían


Más allá de los velos del azul
Donde todo lo efímero se apaga
Entre el incendio de la Eterna Luz.

¡Porque un día escuchó las melodías


De una voz que en la Tierra nunca oyó!
Más dulce que el cantar de las alondras
Mucho más que el cantar del ruiseñor!...

Y esa voz, en silencio tan profundo


Cual si nada existiera junto a sí
Desgranó como perlas sus palabras:
"El ideal que tú buscas está en Mí!"

"Soy la estrella polar para tu senda,


Soy fresco manantial para tu sed...
Soy saciedad de la esperanza tuya
Y eterna realidad para tu fe!"

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Y el Cristo del Amor y la Esperanza


Con sus brazos abiertos esperó,
Que aquella alma feliz que le buscaba
Se entregara en total renunciación!

No comprenden los hombres la vehemencia


Del alma que escuchó tal vibración
De ese Amor Soberano que la arrastra
Hacia una inmolación.

No comprenden los hombres que es "más fuerte"


El Amor que la muerte!... ¡Mucho más!

¡Que no todas las almas han llegado


A la santa locura del Ideal!...

Les da vértigo el vuelo de las águilas,


Les asusta el afán de un mas allá...
¡Es feliz la torcaza con su nido!...
¡Es feliz el cocuyo en el rosal!...

¿No era Teresa de Jesús dichosa


En el claustro feliz de su niñez,
Entre los brazos de su amante padre
Unido a ella por la misma fe?...

Y aquel Juan de la Cruz ¿no era dichoso


En el hogar tranquilo en que nació?
¿Por qué se aventuraron a lo incierto,
Y al oprobio, a la cárcel y al dolor?...

Los mártires de Cristo hablan muy alto


En los archivos del Eterno Amor;
Mas no todas las almas han llegado
A la heroica y total renunciación!

¿Por qué Elías Profeta bajó al llano


Y enfrentó con Acab y Jezabel?
¿Que le faltaba en el retiro austero
De su vida de estudio en Israel?...

¿Por qué Juan el Bautista ha descendido


De las áridas cumbres de Moab;
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Y su palabra, llamarada ardiente,


Prende fuego en los bosques del Jordán?

¿Y por qué Juana de Arco, pastorcilla,


Dejó el rebaño y se lanzó a la lid,
Arrastrándolo todo, honra y vida,
Hasta la hoguera donde fue a morir?

¡Oh!... No entienden los hombres la vehemencia


Del alma que escuchó la vibración
De ese Amor Soberano que la arrastra
Hacia una inmolación.

Los caminos de Dios son muy secretos


Como es inescrutable su pensar...
¿Qué sabemos nosotros, gusanillos
Del giro eterno de Su Voluntad?...

¡Alma ansiosa de amor y de holocausto


En los altares del Supremo Bien...
Tú escuchaste la voz que oyeron todos
Los mártires gloriosos de la Fe!

¡Y el Hombre-Dios de los amores grandes


Con sus brazos abiertos esperó
Que tu alma feliz que le buscaba
Se entregara en total renunciación!...

El Hombre-Dios, el Visionario Eterno,


Con sus voces sin ruido te dirá
Que a su amor te entregaste para siempre
Una vez, nada más!

YO SOÑÉ...

¡ Yo soñé que unas alas muy blancas


Me subían, Señor, hasta Ti,
Y que nunca ya más a la Tierra
Quería venir!...

Arco iris radiantes formaban


Tus divinos santuarios de amor,
55
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Y entre tantos millares de seres


¿No podía también estar yo?

Miré abierto un pasaje azulado


Que llegaba, Señor, a tus pies;
Y en un ¡ay! de suspiro muy hondo
¡La anchurosa distancia salvé!

— ¡Yo no quiero volver a la Tierra


Yo no quiero estar lejos de Ti!
Le dije tendiendo mis trémulas manos
Que El tomó en las suyas llevándome a Sí.

—"Me diste perfumes de nardos y rosas"


Me dijo secando mi amargo llorar.
" ¡Aun no es llegado tu día de gloria...
Más rosas y nardos me tienes que dar!"

EL PROFETA DE FUEGO

La aurora ha encendido sus lámparas


Y esparce topacios, que asoma ya el Sol
Dorando las cumbres del Monte Carmelo
Que guarda en sus grutas al hombre de Dios.

Austero y adusto como adusto el monte


Que sirve al vidente de albergue y de altar,
Envuelta en silencio su figura humana
Ni llora, ni canta: su vida es pensar.

Los pájaros cantan, pero él no les oye,


Los ciervos retozan, pero él no les ve;
Le atrae con fuerza de imán lo infinito
Y en ansia suprema se sumerge en él.

¡El hombre que piensa! ...Elías Profeta,


El hombre que sueña con mundos de luz,
Y lee los arcanos que escribe el Eterno
Con nubes y estrellas en el ancho azul.

El ve los caminos que siguen los hombres


Desde largos siglos que no volverán...
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Ciudades en ruinas como una hojarasca


Que rueda dispersa por el vendaval.

Y mares que tragan viejos continentes


Y hambrientos devoran oro y oropel
De tronos y cetros, que el orgullo humano
Les rindió engañado su amor y su fe.

El vidente ora, sumido en las grutas


Del Monte Carmelo, sin fuego y sin Luz,
Y ve los secretos que escribe el Eterno
Con nubes y estrellas en el ancho azul.

¡El hombre que piensa!... Elías Profeta,


El hombre que sueña con llenar de Dios
Las almas heladas de los hombres muertos...
¡Muertos a la vida del Eterno Amor!

¡Elías Profeta!... el hombre que sueña de oro


Con almas como arpas de eterno cantar...
Con lámparas vivas que ardiendo y ardiendo
Alumbren las sendas de la humanidad.

Contempla a la aurora con antorchas de oro


Sembrando de rosas el espacio azul
Y sueña con valles cubiertos de lirios
Como almitas blancas radiantes de luz.

Y llena su alma de fe en el futuro,


Deja dilatarse su infinito afán
En sueños ardientes de místico fuego
Que siglos y siglos no habrán de apagar.

¡Vidente de fuego!... Tus líricos sueños


Desbordan de tu alma cargada de fe...
Tan pronto pareces torrente que arrastras,
O un ánfora de oro cargada de miel.

¡Elías Profeta!... Tu alma de bronce


Tiene resonancias de una tempestad,
Que abate a los reyes hinchados de orgullo
Y arrulla al humilde con honda piedad.

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Llevas en tus ojos fuego de infinito


Y son tus palabras antorchas de amor,
Sabes el secreto que guarda cada alma,
Sabes los caminos ocultos de Dios.

Y ves gran vidente brotar a millares


De entre los celajes de un naciente sol
Los hijos de tu alma cual lámparas vivas

Que llevan al mundo la luz y el amor

Visión percibida por tan largo tiempo


Que sobre tu frente la nieve cayó...
¿Qué importa si has visto tan cerca el futuro
Y te ha descubierto sus secretos Dios?

¿No has visto que brotan en áridos yermos


Huertos silenciosos de amor y de paz?
¿Y que entre las rocas de hirsutas montañas
Se abrieron los lirios de la soledad?

Y el éxtasis, dueño de grandes secretos


Que guarda en su Reino el Dios del Amor,
Le cortó la vida en plácido sueño
¡Y Elías Profeta la Tierra dejó!

EL HUERTO SAGRADO

Cortando azucenas la Virgen María


Pensaba en silencio"
¡Qué preciosas son!...

Sus pétalos blancos parecen que cantan


En vagos rumores la gloria de Dios.
¿Quién os ha vestido de tanta blancura
Con gasas de nieve
Con velos de luz?"

Y el Niño la sigue con pasos queditos


Y le dice: "¡Madre,
Más blanca eres tú!

58
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Más bellas las flores cuando tú las miras


Tus manos las riegan...
Las besa tu amor...

Las flores no cantan como tú imaginas


¡Oh, Madre!... que es tu alma
La que canta a Dios!

Dame de tus flores, esas que tú cuidas


Con igual ternura
Que si fuera a mi...

Blancas azucenas, rosas encarnadas


Amor y pureza
Que yo encuentro en Ti!"

La Madre le mira, le sonríe y corta


Las gráciles varas
De azucena en flor,

Y el Niño encantado las pone en su pecho,


Flores de su Madre, El quiere tenerlas
junto al corazón.

Felices las flores —canta el arroyuelo—


Que lleva en sus brazos
El Niño que es Dios.

Flores que ha regado la Virgen María,


Son arpas que cantan
Al Divino Amor.

Felices las flores —murmuran las brisas –


Que cuida la Madre
Del Niño Jesús.

Sus pétalos vibran de dulce armonía,


Su cáliz irradia
Clarísima luz.
Y entré las penumbras del huerto sagrado

Que la Jardinera
Cuida con amor,
59
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Se oye a todas horas un laúd que llora,


Que canta, que ríe,
Que suelta a los vientos su dulce canción.

"Soy flor de tu huerto, Jardinera buena


¡Consuélame, Madre!
Por tu santo amor...

Pon en mí tus ojos misericordiosos,


Que me den tus manos una bendición.
Soy humilde musgo de los senderillos
Que recorre siempre
Tu bendito pie...
Dame de tus aguas, Jardinera buena,
Porque tengo sed.
Soy flor de tu huerto que cual todo muere
También moriré...

¡Acógeme entonces en tus dulces brazos


Y con nueva vida
Sé que viviré!"

La Madre escucha la canción alada


Del tierno laúd...

Y sigue en silencio cortando azucenas


Llenando los brazos del Niño Jesús!

¡SOLO TU!...

Sólo Tú sabes de mis hondas penas,


¡Sólo Tú sabes de mi soledad!...
¿Es porque sientes en tu alma buena
Todas mis tristezas, toda mi ansiedad?

Mi llanto amargo que se lleva el viento


Va a caer a tus plantas ¡Oh, Jesús!
Y yo sé que recoges mi lamento
Y que estás a mi lado... ¡Sólo Tú!

Yo sé que alumbras mi espinosa senda


60
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Con la luz de tu límpido mirar,


Y cuando espero que tu mano tiendas
Ya me estás ayudando a levantar.

Cuando doblo mi frente fatigada


De trepar la montaña con mi cruz,
Yo sé que hablas a mi alma desolada,
Para darle esperanza... ¡Sólo Tú!

Tú sabes la borrasca con que lucho


Sobre las olas de un bravío mar;
Y sé que me oyes cuando digo:
¡Mucho... Mucho padezco porque quiero amar!

¡Oh, divino amador de los que aman,


Astro sereno del que busca luz,
Voz de Dios que responde al que te llama!...
¡Tú sólo sabes consolar, Jesús!

En tu alma vibra la doliente queja,


Que arranca el desengaño al corazón;
¡tú sólo sabes la ansiedad que deja
En el fondo del alma el desamor!

Sólo Tú sabes el secreto mío...


Ese amor de rosal junto a una cruz,
Donde caen las rosas al vacío
Y el viento las deshoja... ¡Sólo Tú!

Ese poema de los blancos lirios


Esparciendo sus pétalos de luz
Sobre el ara callada de martirios
Que no comprende nadie... ¡Sólo Tú!

"Venid conmigo los que vais cargados


De más angustias que podéis llevar;
Sois vosotros los bienaventurados
Porque lloráis... ¡Yo os puedo consolar!

Y es tu voz el cantar de la esperanza,


Agua en que apago mi infinita sed,
Visión azul de eterna bienandanza
Y una estrella polar para mi fe.
61
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Sólo Tú sabes del amor profundo


Que llena con amor su soledad,
Porque anduviste solo por el mundo,
Brindándole tu amor y tu piedad.

Eres el Cristo y el Divino Ungido


De todos los dolores ¡oh Jesús!...
Y sabes cómo duelen los olvidos,
La helada indiferencia... ¡Sólo Tú!

¿Quién sino Tú comprenderá de amores,


Poema vivo del Eterno Amor?
Cristo Ungido de todos los dolores
¿Quién sino Tú comprenderá el dolor?

¡Oh, divino amador de los que aman


Astro sereno del que busca luz!...
¡Voz de Dios que responde al que te llama,
De amores grandes sabes!... ¡Sólo Tú!

¡ME OLVIDASTE, SEÑOR!...


Plegaria de Navidad

¡Me olvidaste, Señor, en este día,


Que todo es alegría
Como un jardín en flor!... ¡Me olvidaste!
Y yo que te esperaba
Creyendo que llegabas
Con luces de arrebol...

Me olvidaste en mi luto y mi tristeza


¡Y mustia mi cabeza
Al polvo se inclinó!...

¡Flor silvestre perdida en el camino,


Donde hosco remolino
Señor, la destrozó!

Te esperaba con ánforas de flores,


Con férvidos amores,
¡Con cuanto guardo en mí!...
62
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

¡Me olvidaste, Señor, en este día


Que mi alma florecía
Tan sólo para Ti!...

Anulé para siempre los rencores


Como infecundas flores
Que sólo vierten hiel...

Acallé para siempre los agravios


Dejando que mis labios
Destilen sólo miel...

Y todo eso por Ti que me olvidaste


Señor, y que pasaste
De largo junto a mí...

No escuchaste mi voz que te llamaba,


Mi amor que sollozaba
¡Señor, sólo por Ti!

En mi alma, ya lo ves, no brillan luces


Y sí tan sólo cruces
En esta Navidad...

¡Olvidaste Señor, mis penas hondas


Y envuelta en negras blondas
Quedó mi soledad!...

Todos cantan, Señor, en este día


La tierna melodía
De un sueño pastoril;

¡Sólo a mí me dejaste entre la obscura


Tiniebla de amargura
Dolorosa y febril!

Acaso nadie como yo anhelaba,


Ni nadie te esperaba
Con más íntimo afán...

¡Mi anhelo descontaba cada día


Por ver si llegaría
63
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Más pronto el de tu amor!...

Que olviden las criaturas, lo comprendo


Y de ello no me ofendo...
¡Es tan flaco el humano corazón!...

Pero que Tú, Señor, así olvidaras


A quien sobre tus aras
Sonriendo se inmoló.

¡Eso nunca, jamás yo lo esperaba


Y amante deshojaba
Todas mis flores para Ti, Señor!...

¿No es acaso tu amor un mar inmenso


Más grande que yo pienso,
Océano sin fin?...

¿Era mucho, Señor, que Tú me dieras


Una gota siquiera...
Sólo una para mí?

Mi vaso de cristal tendí a tu paso,


Cuanto daba mi brazo
Buscando tu raudal...

Y tus aguas corrieron para tantos,


Y mi vaso de llanto
Llenóse a desbordar...

¿Por qué, Señor..., por qué te has olvidado


Y en sombras has dejado
Mi triste corazón?...

¿No te amé cuanto puede la criatura


Sumida en la negrura
De un mundo de expiación?

¿No te amé sin pedirte recompensa


Y con ternura inmensa
Que nunca se apagó?

¿No te dije que yo nada quería


64
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Sino la melodía
Inmortal y divina de tu amor?...

¡Tú sabías, Señor! ¡Tú lo sabías


Que yo sólo vivía
De esta santa ilusión!

Ilusión deslumbrante de terneza,


De divina realeza...
¡Vivir la vida del amor que es Dios!

¿No es bastante perder la madre amada,


Benéfica como hada
Que alumbraba mi andar?

¿No es dolor el partir día tras día


Los que mi alma quería
Y a mi lado no verles nunca más?

Y aún así me olvidaste en Nochebuena


Como planta en la arena
Reseca del erial...

Sin más riego que lágrimas amargas


En esta senda larga
Que corro sin parar...

Mi ardiente fe en Ti, ¿acaso era


Fantástica quimera
Y nada realidad?

¿Puede acaso fallar al navegante


La antorcha deslumbrante
De la Estrella Polar?...

¡Mi alma floreció en renunciamientos,


Y en santos pensamientos
De interna adoración!...

¿No sentiste mi voz como campana


Que suena en la mañana
Llamando a la oración?

65
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Y aún así, mi Señor, Tú me olvidaste


Y sola me dejaste
Sin luz y sin calor...

¡Me olvidaste, Señor, y te esperaba


Soñando que llegabas
Con luces de arrebol!...

LA VIRGEN DE LAS AZUCENAS

Virgencita de la vara de azucenas


¡Virgencita azul!...
¡Tu estático rostro, tus ojos dormidos
Deshojan poemas
Y ensueños divinos
Radiantes de luz!

¿Qué redes de seda tejía tu mente


Mirando a la flor?...
¡No es ella más blanca que la frente tuya;
No es ella más pura que tu corazón!

¡Virgencita dulce de los ojos mansos


Cargados de amor!...
Eres arpa de oro con cuerdas de seda
Jardín silencioso
¡De lirios en flor!...

¡Virgencita de la vara de azucenas...


Si el mundo te viera
Cual te veo yo.
No habría tinieblas de odios profundos,
Ni cárceles negras, ni víctimas tristes,

Ni madres que lloran


Junto a aquellas rejas que causan horror!

El mundo va ciego corriendo al abismo;


No ve tus piedades
Ni ve las congojas
Que deja tras él
Cual rastros sangrientos de mil corazones
66
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Que beben a sorbos acíbar y hiel.


Y aunque son los hombres fieras desbocadas,
Virgencita azul,

Tu estático rostro, tus ojos dormidos


Deshojan poemas
De ensueños divinos
¡De amor y de luz!

LA MONTAÑA DE LAS CRUCES


I
¡La noche!... ¡Libro cerrado
De estupendas concepciones!...
¡La noche!... ¡Templo callado
Donde desfilan visiones!...

¡Noche de frío y obscura


En que ruge la tormenta
Y el alma sedienta apura
El dolor que le atormenta!...

¡Noche hermosa en tus tinieblas


En tu calma o tus furores
Cuando te vistes de nieblas
O de estrellas como flores!

¡Te ama el amor y deshoja


Sus rosas sobre tu manto,
Te ama la angustia que moja
Tu vestidura con llanto!...

¡Te ama el pecador que oculta


Con tus velos su vergüenza
Y en tus sombras se sepulta
El que en sus crímenes piensa!

¡Y te ama el justo que llora


De todos abandonado!...
Soplo fugaz son tus horas
Para el místico arrobado.

¡Yo también, noche callada


67
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

De furores o de calma,
Te ofrezco ya deshojadas
Las rosas blancas del alma!

Tú conoces mi quebranto
Y el peso de mi cadena
Has recogido mi llanto
Y has visto toda mi pena.

¡Oh, noche!... ¡Libro cerrado


De magníficas creaciones!...
¡Eres el templo callado
Donde desfilan visiones!

II
Y envuelta en tus cendales, noche amada,
En las alas del sueño yo subí,
Por un sendero de zarzales negros
A una montaña solitaria y gris.

Y un viento helado cuanto más subía,


Y más oscuro el infinito azul;
Iba a huir con el alma acongojada
Cuando vi la silueta de una cruz.

¿Era un recuerdo de un horrible crimen?


¿Era recuerdo de algún muerto amor?...
¿O era exponente de la fe de un pueblo
Que en aquel monumento la plasmó?

Parecía un recorte de azabache


Estampado en la azul inmensidad.
¡Era inmensa..., era fría..., era de piedra...
Era el alma de aquella soledad!

Gruesos bloques de roca cenicienta


Simulaban el ara de un altar...
"Y la víctima —dije— aquí esperada,
¡Dónde está?"...

¡Era inmensa..., era fría..., era de piedra...


Y era muda también aquella cruz;
Mas sentí como si alguien me dijera:
68
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

"La víctima eres tú!"

Y entonces pude ver que muchas cruces


Se alzaban allí cerca... muchas más.
"¡Horror! —dije en voz baja y temblorosa—,
¿Tantas víctimas hay, para inmolar?"

Y al conjuro de aquel interrogante


Surgieron los penados en montón
Cual si hubieran estado todos ellos
En aquella montaña antes que yo.

¡Y a muchos conocí!... Todos sus nombres


A mi mente acudieron en tropel;
Eran todos amigos los penados
Que se inmolaban en el monte aquel.

Eran todos más fuertes y serenos,


¡Mucho más firmes de lo que era yo!...
Como las cruces, mudos, silenciosos,
Ninguno respondía a mi clamor:

"¿Qué habéis hecho?... ¿Cuáles vuestro pecado?


¿Por qué vais a morir?...
¿No fuisteis bienhechores de los hombres?...
¿No fue un canto de amor vuestro vivir?

¿No consolasteis amarguras tantas?...


¿No partisteis con todos vuestro pan?...
¿No fuisteis siempre copas rebosantes
De ternura y de paz?...

¿Hubo acaso un dolor que no encontrara


Eco vibrante en vuestro corazón?...
¿Qué holocausto no ha sido consumado
Por vuestra abnegación?"...

III
Como las cruces, mudos, silenciosos,
Ninguno respondía a mi clamor,
Pero vi que me hablaban con sus ojos
Que irradiaban amor y compasión.

69
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Y en silencio treparon a las rocas,


Cada cual a clavarse en una cruz...
"¿Quién sube a ésta que dejáis vacía?"
Y una voz a mi lado dijo: ¡Tú!...

Yo volví mi cabeza atormentada


Hacia el lugar en que sonó la voz,
Y mis ojos, Maestro, se encontraron
Con los tuyos cargados de dolor...

"¿Cómo es —dijiste— que vacilas tanto?


¿No es la prenda de amor que Yo te di?
Mas, si ya no la quieres, dame el sitio,
Que yo de nuevo subiré por ti..."

¡Oh, no, Señor! —le dije entre sollozos,


Cayendo de rodillas a sus pies—,
Que si estás a mi lado siempre, siempre
En esta inmensa cruz yo viviré.

Y moriré con las palabras tuyas


Para quienes me hartaron de dolor:
¡No saben lo que hacen cuando hieren!...
¡No lo saben!... ¡Perdónalos, Señor!..."

"Cruz de oprobio es la tuya, cual la mía


—Dijo El—; te lo digo yo en verdad.
El amor te subió a este Calvario
Y el amor sobre él te sostendrá.

El amor verdadero es compasivo,


Es un ánfora llena de piedad;
Nunca el amor se buscará a sí mismo
Porque él todo lo da...

No es amor el amor hecho a medida


De una inconsciente y arbitraria ley;
¡Son tan pocas las almas de esta Tierra
Que saben del amor y de la fe!

Hay quien padece, y los humanos dicen:


Es un justo, subámosle a un altar.
Otros sufren martirios estupendos...
70
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

¡Es un malvado!... ¡atormentadle más!

No es mi Reino, mujer —en este mundo,


Aún no es ésta la patria del Amor
No pidas rosas al zarzal mezquino
Ni a las tinieblas claridad de sol.

¿No viste que pasé por esta Tierra


Haciendo siempre el bien,
Sin aún conseguir ser comprendido
Por esta humanidad que tanto amé?

Por darme a todos, renuncié a la dicha


Que las ternuras de un hogar nos dan...
Y fui calificado aventurero
Sembrador de desorden y maldad.

¿Habrás tú consolado a tantos tristes


Como Yo consolé?...
¿Habrás tú devorado tanta injuria
Como Yo en el olvido sepulté?...

¿Habrás salvado a tantos del abismo


A tantos ciegos habrás dado luz
Como hice Yo en la jornada mía
Que acabó en el Calvario y en la Cruz?

Sembrar amor y recoger traiciones,


Responder con agravio a mi piedad
Colmar de infamia al que la luz le daba...
¡Eso fue para Mí la humanidad!

Cómo, pues, esperabas galardones


Y coronas de mirtos y laurel,
Si vas en seguimiento del que dijo:
Bebe de esta agua y calmarás tu sed.

Agua es ésta que sabe a humillaciones


A desprecios, a oprobio y a baldón,
A olvido silencioso de sí mismo.
Mientras va derramándose en amor.

"Así es el Cristo al que tú vas siguiendo


71
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Así es el Cristo que te quiere a ti;


El que te abre sus brazos y te dice:
¡La Cruz Soy YO! ¿Te espantarás de Mí?"

Ya no vi la montaña cenicienta,
Y la cruz negra ya no estaba más,
Ni los dolientes mártires serenos,
Ni las cruces que viera más allá.

Tú solo estabas, ¡Oh, Maestro mío,


Como un sol de radiante claridad,
Y tus brazos abiertos esperaban
A que en ellos me fuera yo a clavar!

¡Me vi cobarde!... me llené de angustia


Y sollozando me abracé a tus pies...
¡Perdóname, Señor!...

¡Tú sólo puedes Perdóname otra vez!


Si en esa cruz tan pavorosa y negra,'
Maestro, estabas escondido Tú...
¡La quiero para mí! ¡la quiero siempre!
¡Y eternamente viviré en la Cruz!

Y en los velos azules de la noche


Cual un blanco cendal se disgregó
El sueño mío que dejó en mi pecho
Como el eco de una honda vibración.

¡Oh, noche!... Libro cerrado


De magníficas creaciones
Eres el templo callado
Donde desfilan visiones!

¡SEDLO TODO PARA MI!...

¡Sedlo todo para mí, Maestro mío,


En la hosca selva de mi soledad!...
Tiembla el alma de espanto muchas veces
¿Dónde están los que amaba?...¿Dónde están?

Sedlo todo para mí que ya no tengo


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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

De la madre el suavísimo calor,


Ni escucho ya del compañero bueno
La confidente voz...

Todo lo ha devorado aquel silencio


Inmenso como el mar,
Donde sólo la Fe puede asomarse
Con la luz de su lámpara inmortal.

Sedlo todo para mí, Maestro bueno,


Sombra y refugio, fortaleza y paz.
¡Consuelo en la tristeza de mi vida
Y luz en la siniestra oscuridad!

Golondrinas viajeras fuimos todos


De un mismo nido que tejió el amor,
Tu voz les fue llamando uno por uno...
Y de mí te olvidaste... ¡Oh, Señor!

Nada puedo ofrecerle yo a la vida,


Ni ella puede brindarme nada a mí;
De cuánto fui capaz y cuánto tuve
¡Tú lo sabes, Señor..., todo lo di!...

Chispas de idea, pensamiento alado,


Rosas bermejas de vehemente amor,
Gráciles nardos de piedades hondas
Violetas de amistad... ¡Todo, Señor!...

¿Qué más puedo ofrecerle yo a la vida


Ni ella brindarme a mí?...
¡Cuando cae la noche todo duerme
Imagen de un suavísimo morir!... .

Es la noche caída ya en mi vida


¿No es justo acaso que descanse yo?...
Ellos durmieron aquel dulce sueño
¿Y yo no puedo descansar, Señor?

Mientras ellos vivieron yo era fuerte


Para darles aliento en el andar,
Mas ahora que no están a mi lado
¿Qué tengo que esperar?
73
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Les busco a tientas en la sombra muda


De mis lóbregas noches de dolor...
No veo, madre, tus pupilas mansas.
¡Compañero!... no escucho ya tu voz.

¡Sedlo todo para mi, Maestro bueno,


Sombra y refugio, fortaleza y paz,
Consuelo en la tristeza de mi vida
Y luz en la siniestra oscuridad!

Golondrinas viajeras fuimos todos,


Ellos volaron al inmenso azul
Yo quisiera seguirles y me dejas
Suspendida en los brazos de tu Cruz.

Tú quieres que yo viva de esta vida


Que es un lento morir...
¡Porque mueren afectos y esperanzas
Como hojas en otoño, mil a mil!

¡Tú lo quieres, Maestro, Tú lo quieres!


Y a tus plantas estoy
Para decirte en medio de mi llanto:
¡Lo que quieras, Señor, lo quiero yo!

¡QUIERO VERLO TODO!....


(Al Cristo piadoso)

¡Quiero verlo todo cual Tú lo veías,


Y quiero sentirlo con tu corazón!
¡Quiero ir caminando por sobre tus huellas
Recogiendo espigas que tu amor sembró!

¡Quiero verlo todo con los ojos tuyos


Cargados de inmensa divina piedad!...
¡Y que no me espante la miseria humana
Por grande que sea, Señor, su maldad!

¡Quiero verlo todo con los ojos tuyos


Que ven en cada alma reflejos de Dios...
Y curan la llaga que piadosos miran
74
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Y la cubren luego de dulce perdón!...

¡Quiero verlo todo con los ojos tuyos


Llenos de la lumbre de la Eterna Ley
Que marca las rutas y cuenta los pasos
En la marcha lenta de la humana grey!

¡Quiero verlo todo con la mente tuya


Que busca en cada alma lo que puede dar...
Tus ojos no buscan, Señor, en la zarza,
Las blancas corolas que te da el rosal!

Tus ojos no buscan en el cardo agreste


La suave frescura del blanco jazmín,
Ni nunca reclaman del tosco granito
Las luces que brotan del limpio rubí.

¡Señor!... Soy injusta cuando busco ansiosa


Lirios de ternura, rosas de bondad
En los espinillos de duras cortezas
Que nunca supieron lo que es suavidad.

¡Señor!... Soy injusta cuando pido trinos


Al rústico canto de aves de corral;
Y luces de estrellas al cocuyo errante
Que siembra chispitas en las oscuridad

¡Quiero verlo todo con los ojos tuyos


Que auscultan a fondo todo corazón!...
¡La luz de tus ojos como una alborada
Que ahuyentan las sombras de todo dolor!

Quiero verlo todo con los ojos tuyos


Cargados de inmensa, divina piedad,
Y que no me espante la miseria humana
Por grande que sea, Señor, su maldad.

EL POEMA DE MIS SUEÑOS


Diálogo del alma con el Cristo

¡Era de noche!...
Pavorosas sombras
75
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Cubrían de tinieblas el sauzal


y deshojaban sobre el alma mía
las rosas negras de la soledad.

¡Soledad en los cielos!... Las


estrellas escondidas por nubes de crespón
¡Soledad en la Tierra¡...Sólo oía
el latir de mi propio corazón...

Y en las alas del sueño..., ¡blancas alas!,


el alma se voló a la inmensidad
buscando brisas, cantos y armonías
en el seno infinito del Ideal.

Y mi alma sedienta de belleza


una sarta de perlas desgranó...
¡perlas negras de súplicas y quejas,
perlas blancas de interna adoración!...

¡Perlas del alma!..., quejas o plegarías,


¿Al abismo rodáis?... Y una voz
conocida y amada me responde:
"Todas tus perlas las recojo Yo."

¡Maestro!... —dije—. Los vientos arrecian


Y mi lamparilla pueden apagar.
¿He de quedarme, acaso, en las tinieblas,
con las rosas negras de la soledad?

"Lamparilla de amores es la tuya...


¡Lamparilla de amor!...
¿Quién podrá apagarla
si la encendí Yo?...

Los vientos repliegan sus alas


cuando oyen mi voz,
¡Vientos de egoísmo, vientos de furor,
plegad vuestra alas,
que esta lamparilla
la encendió mi amor!..."

Y los cantos del sueño... ¡dulces cantos!


Desgranaban sus notas de cristal!,
76
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

que se rompían con rumor de besos


entre los velos de la inmensidad!...

Y el diálogo del alma continuaba,


sedienta de escuchar
esas voces sin ruido que caían
como pétalos blancos de un rosal.

"Yo soy la luz en que el planeta gira


como pez en el mar.
Y si vas por mis huellas y a mi lado
¿quién apagará tu claridad?..."

"Luciérnaga dorada
con alas de ilusión.
¡Mujer! ¡Eso eras tú ...
antes que tu lámpara encendieras
con hebras de mi luz!...

Me has llamado con ansias,


me has llamado, mujer,
¡y me pides la paz y la esperanza,
y me pides la fe!...

Y todo eso..., en verdad, Yo te lo digo,


ha mucho te lo di.
¡Cuando cayeron como rosas rojas
las gotas de mi sangre sobre ti!...

Y te di la esperanza que fulgura


como estrella polar,
y trasplanté a los jardines tuyos
la dulce madreselva de mi paz.

Tempestades y vientos te azotaron,


tempestades y vientos rugirán,
pero tu lamparilla...,
ésa que Yo encendiera,
¡Jamás se apagará!...

Te asustan las tinieblas y te espantan


las rosas negras de la soledad...
¿Olvidas que soy luz y vas conmigo;
77
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

que no está solo el que conmigo está?...

¿Has olvidado que Yo nunca duermo,


y que siempre velará mi corazón?
¿Has olvidado que mi amor de siglos
jamás te abandonó?...

El amor y el dolor, niños con alas,


te abrazan a la vez,
¡y ríes en el éxtasis con uno,
y lloras con el otro!... ¡Oh, mujer!

Ambos son bellos y en sus alas subes


a lo más puro del Eterno Ideal.,..
¡No porque tenga espinas punzaduras
perdería belleza el rosedal!"

Nostalgia de otro mundo y otro cielo


llenan el alma de ansiedad febril.
¡Oh, Maestro! ¡La Tierra es un desierto,
y yo quiero partir!...

Todos se sacian con las aguas turbias


que yo no sé beber...
¿Por qué gozan los otros con esa agua
y yo vivo con sed?

¡Sus oasis son áridos y secos;


helados siempre están!...
¡Efímeras sus flores se marchitan
y todo es tan fugaz!...

"¡Perlas negras y blancas son tus quejas


que recojo, mujer!...
Ven conmigo —te dije—; en mis fontanas
te daré de beber...

¿No te dije que doy el agua viva


de salud inmortal,
y aquel que de esa agua se alimenta
no tendrá sed jamás?...

La ruidosa algazara de las turbas


78
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

que viven del festín,


es hastío y cansancio para el alma
que de otra vida comenzó a vivir.

Por eso dije: " ¡Bienaventurados


los que viven con limpio corazón
y los que buscan la justicia ansiosos
del reino del amor".

Y dije más: " ¡Oh, bienaventurados


los que sienten tan honda la piedad
que les hace olvidarse de sí mismos
y pensar en los demás!"

¿No eres dichosa ayudando al débil


a soportar su cruz?
¿Y no sientes internas alegrías
cuando alumbras a otros con tu luz?

¿No te apasiona hasta el delirio, dime,


de tus ternuras derramar la miel
y beber hasta el fondo de la copa
toda..., toda la hiel?

Todo esto te dice a grandes voces,


¿No lo oyes, mujer?...
Que vas sobre mis huellas, y a mi lado
encuentras alegría en padecer.

¿Quién comprende en la Tierra los poemas


silenciosos y heroicos del amor?
¡Sólo aquel que posee los tesoros
del reinado de Dios!

No son míos, mujer, ¡Oh!, no son míos


los que pasan de largo sin mirar
al hermano caído en el camino
sin poder levantar.

No son míos aquellos que no viven


sino para el festín...
¿No dije yo que para dos señores
no se puede servir?
79
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Los que buscan la Tierra son de tierra,


los que buscan el cielo son de luz;
los placeres mezquinos son orugas...
¡Son estrellas las rosas de mi cruz!...

¿Por qué vives, mujer..., por qué me amas


si no es que buscas diluirte en Dios,
como chispa de luz en una hoguera
donde cada chispa se convierte en sol?

¿Por qué te apenas, dime, cuando miras


el informe tropel
de los que viven nada más que hundidos
en olas de placer?...

Ellos no saben de la dicha tuya,


van retardados sin hallar la luz...
¡No conocen las aguas ni las flores
que has encontrado tú!...

¡Feliz de ti que vas en seguimiento


de una luz que jamás se apagará...

La luz inextinguible y soberana


del amor inmortal..."

Y la estrofa impalpable de mi sueño


desgranaba su nota de cristal
como un susurro de dormidas alas
que de pronto se abrieran a volar.

Y soñé que mi alma preguntaba:


¿Cómo es, Maestro, que te veo aquí?...
¿Cómo es que percibo tus palabras
llegar acariciantes hasta mí?...

"El amor y el dolor, niños con alas,


te abrazan a la vez;
el dolor te desprende de la Tierra
y el amor te da el éxtasis... ¡Mujer!...

Es la escalera de marfil y oro


80
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

que tú llamas ensueño de cristal...


No es un sueño, mujer, es mi promesa
convertida en eterna realidad.

¿No he dicho un día que el que busca encuentra,


y al que llama, la puerta se abrirá?
¿Y si tú me has llamado tantas veces,
Cómo puedo callar?...

¡Has buscado durante tantos siglos


el tesoro inefable del amor
que por fin le has hallado y se desborda
en raudal infinito, porque es Dios!...

No hay distancias ni tiempo entre las almas


que bien saben amar.
No hay ausencia, ni duda ni abandono
ni pueden olvidar...

Se van siguiendo sin cansarse nunca,


como ondas concéntricas de luz,
o reflejos de crepúsculos
eternos en un inmenso azul.

¿Quién puede separar lo que está unido


por el amor que es Dios,
ni separar los átomos dorados
de que se forma el resplandor del Sol?...

¿Quién puede separar a las estrellas


que entrelazadas por los cielos van?
¿Quién puede interrumpir aquellas
rutas que la ley les marcó en la Eternidad?

¡ Las estrellas, los soles y las almas


se parecen!... ¿Lo ves?
Se encontraron, se amaron, se siguieron
en el seno de Dios, ¡sabrás por qué!...

El amor y el dolor, niños con alas,


te han traído hasta aquí,
y si tanto has amado,
¿quién podría separarte de mí?...
81
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

¡No hay distancia ni tiempo entre las almas


que se encontraron en la Eterna Luz,
que de un mismo crepúsculo nacieron
en lo infinito de infinito azul!..."

—No quiero despertarme de este sueño—


Sé que dije en el sueño... ¡Por piedad!...
¿Qué haría yo de nuevo sumergida
en tanta oscuridad?

Y la voz que era amor... ¡Oh, la voz suya


deshojó madreselvas sobre mí!...
"No es un sueño —me dijo— es la promesa
"de amor que yo te di.

Es la vida verdadera que comienza


apenas a clarear
para aquel que se olvida de sí mismo
y piensa en los demás.

¡Son los lirios, mujer, del sacrificio


convertidos en luz,
y el amor es el mago que transforma
en estrellas, la rosas de tu cruz!..."

Y la estrofa impalpable de mis sueños


acalló sus arpegios de cristal,
como un susurro de dormidas alas,
¡cansadas de volar!

¡Soledad en los cielos! ¡Las estrellas


se cubrieron con velos de crespón!...
¡Soledad en la Tierra!. .¡Todo duerme
y hasta apaga su ritmo el corazón!

¡El diálogo del alma ha enmudecido


y todo en el silencio se esfumó,
como pétalos blancos deshojados
que el viento se llevó!...

Y otra vez las arenas de la tierra


y de la vida el turbulento afán
82
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

las cenizas dispersas y apagadas


¡y rosas negras de la soledad!...

¡Pero, no!... ¡que hay un punto fulgurante,


un camino muy largo más allá!...
¡Un nidillo con pájaros que cantan!
¡una cruz entre piedras y un rosal!...

Y frases que son música del alma,


grabadas allí están:
¡Esperanza y paz —dicen las piedras—
y un Amor Inmortal!...

LA INMOLACIÓN

¡Oh, Maestro!... ¡De nuevo he venido


De un vuelo hacia Ti!...
¡Es obscura la Tierra y no puedo
En sus lóbregos valles vivir!

¡Oh, Maestro!... Yo vivo soñando


Que percibo tu acento sutil,
Que me dices innúmeras veces
"Amares sufrir"...

¡Y prefiero sufrir a tu lado,


Y prefiero sufrir junto a Ti!...
Abrazarme a tu cruz de martirio
Y postrada a tus plantas morir!

TERESA DE JESÚS
(En su centenario)

¿Quién ignora tu nombre, quién no te ama


Teresa de Jesús incomparable?...
¿Quién no se une al concierto que te canta?
¡Salve Doctora del Carmelo!... ¡Salve!

Y el mundo cristiano
Ferviente te aclama,
Y sigue tus huellas
83
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Feliz, luminoso, torbellino de almas.

¿A dónde vas, divina aventurera


Arrastrando a tu paso corazones,
Como el aura que cruza por los prados
Llevándose el perfume de las flores?

Te vas a la cumbre
Donde no hay tempestades
Que turben el alma...
¡Oh cumbres azules que sólo tú sabes!

Tus páginas sublimes como esencia


Derramada del hálito divino
Van despertando el corazón humano
En cansados desmayos adormido:
Y la austera ciencia
Te aclamó Doctora...
Que la luz de tu ciencia es de aquellas
Que no tienen sombras.

¿Quién te ha enseñado a penetrar osada


En el hondo misterio de las almas,
Y disecar sus fibras más ocultas
Y adivinar sus infinitas ansias,

Y el secreto mudo
Y el febril anhelo
Que en el pecho hierve
Con frío de nieve y oleajes de fuego?

Como Juan el amado reposaste


Tu cabeza en el pecho en que latía
Aquel divino corazón que amando
Venció a la muerte y nos brindó la vida;

Por eso el misterio


De las almas sabes
Y son tan profundos.
¡Oh, mística alondra, tus dulces cantares!...

Y te busca el asceta en los silencios


De su rústica celda solitaria
84
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Porque siente a tu lado que es más dulce


La amorosa nostalgia de la patria.

¡Y al áspero yermo
Lo encuentra más suave
Siguiendo tus huellas
Cubiertas de rosas y de blanca nieve!

Cada palabra de tus libros de oro


Despierta un eco en el humano pecho,
Y ora levanta llamarada ardiente
O suave brisa de aromado aliento;

¡Sollozan y ríen
Las palabras tuyas
Que, dardos o flechas,
O luces, espantan la sombría duda!

¡Y tienes arpa de oro y has cantado


Con versos que son quejas y latidos,
Y explosiones de amor y ardientes ansias
Y sollozos y éxtasis divinos!

¿Quién podrá, Teresa


Cantar tus cantares?...
¡Qué pocos entienden tu mística clave!...

" ¡Que muero porque no muero!"… Cantabas


En la ansiedad de los delirios tuyos,
Y de tu ardiente corazón caían
Jirones palpitantes en el mudo

Papel que aspiraba


Genial poetisa
Tus versos alados
Que lloran y cantan y de amor deliran!

¡Y tienes lirios blancos de inocencia,


Y tienes rosas del amor sagrado
Y miríadas de estrellas que derraman
En las almas magníficos chispazos.!

¡Yo quiero tus rosas.!


85
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

¡Yo quiero tus lirios!...


¡Quiero tus estrellas!
Y alumbrar con ellas el sendero mío!.

EL CRISTO DE BARBERIS

Soledad silenciosa y mortecina


De aquella tarde nebulosa y gris,
Con un pálido ocaso agonizante
Que destiñe celajes de rubí...

Hay tragedia en los cielos y en las almas


Y en los ojos cansados de llorar;
Hay tragedia en las manos que se cruzan

Y en el último beso que se da...


Una árida montaña y un cadalso,
Una estatua yacente de marfil...
Unas sombras de angustia que sollozan
Y un anhelo supremo de morir...

Vivir la vida sin la vida suya


Seguir andando por donde El no está...
¡Buscarle en todas partes sin hallarle...
No escuchar su palabra nunca más!

Hay tragedia en los cielos y en las almas


Y un silencio de muerte en derredor...
Cual si hubiera el dolor paralizado
Hasta el hondo latir del corazón.

Sólo hay ojos que miran desolados


A la estatua yacente de marfil.
¡Emblema del dolor! con sus heridas
Como flores de rojo carmesí.

¡Han herido sus manos que eran lirios


Perfumados de amores y de paz
Sobre cien cabecitas infantiles
Que no le sentirán ya nunca más!...

Han herido sus píes que caminaban


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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Buscando a todas horas el dolor


¿Quién irá a la pocilga del leproso
Que imploraba su tierna compasión?

¿Quién dirá al pecador que se levante


Del abismo profundo en que cayó
Si los labios del Cristo están cerrados
Y los hombres no entienden de perdón?

Hay tragedia en los cielos y en las almas


Y en los ojos cansados de llorar...
Si El ha muerto ¿qué queda en esta Tierra
Sino el crimen y el odio nada más?...

Y la Madre mirando a lo infinito


Parecería preguntarle a Dios...
¿Qué hicieron los hombres con el Hijo
Que era un reflejo del eterno amor?

La amante Magdalena en la locura cruzan


De su amor que es delirio y ansiedad
Con mirada abismal está pensando
¡Que sus besos le pueden despertar!...

La pequeña María, reverente


Apretando su propio corazón
Con sus manos cruzadas le recita...
"¡Muere también porque murió el amor!"

Y los ojos que miran abismados


A la estatua yacente de marfil
Parecen preguntarle enloquecidos
¿Cómo el Hijo de Dios pudo morir?

Y morir como un vil ajusticiado


Enclavado en lo alto de una cruz,
Entre un pueblo feroz que maldecía
Y un cielo mudo que apagó su luz.

¡Y morir como muere el que no tiene


Ni familia, ni amigos, ni un amor!...
¡Sin oír una frase de consuelo
De parte de los hombres o de Dios!
87
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Y abierto en una herida su costado


Como un cárdeno labio de rubí...
¿Será que quiere que los hombres beban
La miel de sus perdones por allí?

Yace el Cristo en la roca cenicienta


Del sangriento patíbulo a los pies,
Manojo de nenúfares tronchados
Sobre el alba blancura de un mantel.

Su adorable cabeza aletargada


En un sueño que no despertará
Deja ver sus cabellos esparcidos
Que las brisas remueven al pasar.

¡Es la vida en la muerte!... ¡Escena muda


Que desborda en el lienzo su dolor!...
¿Qué horrenda angustia estremeció al artista?
¿En cuáles tintas su pincel mojó?

Plasmó relieves de escultura griega


Y una danza de sombras y de luz
De las cuales emerge vagamente
¡La divina belleza de Jesús!

Hay supremo dolor en esa frente


Que un burlete de espinas lastimó
Hay tortura de nervios que se rompen
En esa manos que crispó el punzón.

Es la augusta Piedad martirizada


Aliento vivo del Eterno Amor
¡Es el Verbo hecho carne de dolores
Pensamiento de Dios, hecho oración!

¡DESDE EL ABISMO TE LLAMO!...


(Invocación a Cristo)

¡Desde el abismo te llamo


Con un profundo clamor,
Cuando los cielos se nublan
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Y entre sombras muere el sol!

¿Por qué, Señor, me dejaste


En este abismo sin luz
Viendo agonizar los astros
Lejos allá en el azul?

¡Desde el abismo te llamo


Cuando contemplo avanzar
La marejada rugiente
Que todo lo arrasará!

¡Huyen los pájaros blancos


A climas de tibio sol
Y queda aquí la jauría
Loca y ebria de furor!

Tus flores son ofrendadas


Por idólatras sin fe
A los ídolos nefandos
Del crimen y del placer.

¡Señor! ¿Por qué me dejaste


Con vida si Tú no estás
En este abismo sombrío
Donde reina la maldad?

¿Qué es el justo en esta Tierra?


¡Un harapo y nada más!...
¡Un montoncito de paja
Que sacude el huracán!

¡Un corazón que se estruja


Comprimido de terror
Sin exhalar una queja...
Que descubra su dolor!...

¡Una libélula errante


Que quiere la libertad
En los espacios dorados
Por la luz crepuscular!...

Mas, la jauría rabiosa


89
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Rompió sus alas de tul...


¿Dónde estás en esta Tierra...,
Señor, dónde está tu luz?

¿Es que he perdido el camino


Donde Tú quieres que esté?...
¿Es que el viento me ha apagado
La lámpara de la fe?

¡Desde el abismo te llamo


Porque no acierto a entender
Que esté el mal glorificado
Y pisoteado está el bien!

¿Es ésta la herencia tuya


Que el Padre te dio, Señor,
Para llevarla .a su Reino
Como en un vuelo de amor?

¡Oh, Señor!... ¡Tus sacrificios


Rosas bermejas de luz
No germinan en la tierra...
Que son para el cielo azul!

¿Qué sabe la fiera hambrienta


De un fresco rosal en flor?
¿Qué saben los sucios puercos
De la luz del arrebol?

¿Qué sabe el reptil taimado,


Buscando a quien devorar,
Del canto de las alondras
En lo alto del pinar?

¿Qué sabe el vicio y el crimen


De las glorias del amor
Que se da día por día
Sin esperar galardón?

¡Desde el abismo te llamo


Sin saber si viva estoy
O encerrada en un sepulcro
Donde no me alumbra el Sol!
90
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Me azotan ráfagas turbias,


De un invisible huracán...,
Y aullidos de fieras oigo
Día y noche ¡nada más!

Es pavorosa negrura,
De un lóbrego anochecer...
¡Señor!... ¡Enciende, te ruego,
Tu luz divina otra vez!...

¡Que vea tus claridades,


Que sienta vibrar tu voz
Como un clarín de victoria
Como una estrella de amor!

¡Desde el abismo te llamo


Con angustiosa ansiedad!
Si estoy viva..., ¡dame vida!
Si estoy muerta, ¡dame paz!

¡TODO ERES TU!

¡Todo eres Tú, amor de mis amores!...


¡Astro sereno de mi cielo azul!
¡Agua clara que sacia mis anhelos!...
¡Señor!... ¡Todo eres Tú!...

Cuando la angustia me desgarra el alma,


Cuando caigo agobiada por mi cruz,
Cuando a obscuras recorro mi camino,
¡Señor!... ¡Todo eres Tú!...

¡No me dejes, te ruego, en abandono!


Cuando en mi cielo se eclipsó la luz
Porque todo es tinieblas a mi lado,
¡Señor!, si no estás Tú.

No me dejes, Señor, sin tu presencia


Caminando ante mí como una luz
Que de siglos yo sigo sin cansancios
¡Porque todo eres Tú!
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Cuando estás a mi lado yo me veo


Flotando en halos de nevado tul
En que has sembrado tus estrellas de oro.
¡Señor, todo eres Tú!...

Pero ¡ay de mí!... cuando me dejas sola


No resisten mis hombros esta cruz...
¡Es tanta la amargura de la vida!
¡Señor, ¿dónde estás Tú?!...

¡No te olvides, Amor, que soy cautiva


En un presidio sin calor ni luz!...
¡No me dejes, te ruego!... que en mi vida,
¡Señor!, todo eres Tú.

LA HORA DEL AMOR


Arrobada el alma por la
presencia divina que siente en sí,
le escucha silenciosamente.

Voz De Cristo

¡Palomita del valle solitaria


Que diste un vuelo hasta mi cumbre azul!
La puerta de mi alcázar está abierta...
¡La he abierto Yo para que entraras tú!...

¡Es la hora solemne y sosegada


En que todo ante ti se acallará,
Los ásperos sonidos de la Tierra
Y la rugiente tempestad del mar!

Es la hora solemne y sosegada


En que se abren los cielos para ti,
Como el velo sagrado de un santuario
Que quiere sus secretos descubrir.

Vistes túnica blanca de pureza


Y corona de lirios y jazmín,
Y el ara santa de los holocaustos
Está llena de rosas carmesí.
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Es ésta la morada esplendorosa


Donde todo secreto has de saber;
Que el Amado no esconde de la Amada
Las purísimas glorias de su edén.

Tú sabes que por siglos te llamaba


Como llama a su amada el ruiseñor,
Que prisionera en redecillas de oro
No respondía a su canción de amor.

Desde la enhiesta torre del alcázar


Miraba hacia el camino con afán
Cuando la aurora deshojaba rosas
O el ocaso tendía su cendal.

Has llegado con blancas vestiduras,


Coronada con rosas de marfil,
Al ara santa de los holocaustos
Que está llena de rosas carmesí.

¡Ven, amada, a decirme si estas rosas


Color de sangre, de tu huerto son!...
¡Frescas, lozanas, aún se sienten en ellas
Todo el perfume de tu corazón!

¡Tuyas son!... ¡Las recogí en un día


Que renunciaste a tu querer, por Mi,
Y hoy brillan de hermosura extraterrestre
Transformadas en gloria para ti!

Rosas rojas de obscuros sacrificios,


De humillantes desprecios y baldón
Soportados por ti en serena calma
¡Sin que nadie lo viera más que Yo!...

Rosas rojas de crueles desengaños,


Que hirieron a puñal tu corazón,
Son gotas de tu sangre, iluminadas
Por la fúlgida luz de tu perdón.

Rosas rojas de duras negaciones


Y de heroicas renuncias que Yo vi...
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

¡Amada mía!... en tu jardín oculto,


¡Sin tú saberlo, Yo las recogí!...

Y aquí te esperan, como Yo te espero,


Convertidas en búcaros de amor
Mientras cantan los ángeles del cielo: "
¡Paz y gloria al heroico vencedor!..."

Comprendo tus miradas silenciosas


¡Dulce gacela de mi huerto en flor!...
Vas mirando las rosas una a una
Y viviendo de nuevo aquel dolor...

Y en el diáfano espejo de tu mente


Se amontonan en sórdido tropel
Las tremendas borrascas que has sufrido
Por conformar tu vida a mi querer.

Tórtola mía del arrullo eterno


¡De sereno y suavísimo mirar!...
Veo en tus ojos asomarse el llanto
¡Y yo no quiero que tú llores más!...

Pasó el invierno con su helada escarcha


Y esfumóse también la oscuridad...
¡Todo florece cuando a Mi has venido
Y los cielos te dan su claridad!

Ven conmigo a la Fuente de Aguas Vivas


Donde guardo tesoros para ti.
No son perlas, brillantes ni rubíes,
Que nada de eso se valora aquí.

El Eterno Poder guarda secretos,


También los tiene el Inmortal Amor,
La fiel Sabiduría los recoge
Y en esta Fuente los custodio Yo.

Pon tu mano en la mía y vamos juntos


Hasta los bordes de la Fuente Azul,
La que oculta en sus cofres de zafiro
¡Todo el secreto de la Eterna Luz!...

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Buscan los hombres el amor, la dicha,


Tienen ansias profundas de saber,
¡Mas no vienen aquí por lo que anhelan
Y a otras fuentes acuden a beber!...

Solos estamos ¡oh .gacela mía!...


¡Al margen de la Fuente del Amor,
Bordeada de jacintos y azucenas,
Y sombreada de arrayán en flor!...

¡Nadie ha venido!... Que hasta aquí no llega


Sino el manso y humilde corazón
Y el que todo lo dio como holocausto
A la inmutable Voluntad de Dios

El que en férvida ofrenda a sus hermanos


Hasta a sí mismo se llegó a olvidar...
Y forjó del Amor su ley suprema,
¡En la vida, en la muerte y mas allá!

¿No dije un día que la Luz Divina


A los soberbios se les negará,
Y la tendrán en cambio los humildes
Como en una explosión de claridad?

Mis palabras no pasan... ¡Tú lo sabes!


Aunque el cielo y la Tierra pasarán,
Que es mi palabra la Verdad Eterna
¡Soy el Verbo de Dios, que es Inmortal.

Solos estamos ¡oh Amada mía!


Al margen de la Fuente del Amor
Bordeada de jacintos y azucenas,
¡Bajo doseles de arrayán en flor!...

¿Ves estas aguas irisadas de oro


Que a intervalos se tiñen de turquí
Y luego de esmeraldas y topacios,
Aureoladas del fúlgido carmín?

¿Ves cómo de ellas se levantan brumas


De transparente resplandor azul,
Luego rosa, plateado, verde y oro
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Y en oleadas se extienden como un tul?

Las Aguas Vivas de la Fuente Eterna


Son el tesoro del Divino Amor
Que fluyen como ríos caudalosos
Y se lanzan en toda dirección.

Si a los cielos elevas tu plegaria


Brotada de tu propio corazón,
Como un grito de tu alma que reclama
La poderosa protección de Dios.

A ti van las oleadas de la Fuente


Convertidas en ancho manantial,
O en hilillo de agua imperceptible
Si no hay en tu plegaria intensidad.

Fue por eso que dije en mi enseñanza


"Que montañas traslada una gran fe"
Y la Esperanza bien fundada, llega,
¡Y el Amor, todo abismo ha de vencer!

Es el cauce dorado donde corren


Las aguas del Divino Manantial
Según que en tu plegaria hayas sentido
Honda Fe y Esperanza y Caridad.

¡Qué grande es el poder, Amada mía,


Que tiene la oración
Cuando no es de los labios solamente
Sino del corazón!...

¡No se engaña a la Fuente de Aguas Vivas


Cual se engaña a la incauta multitud
Con ruidosas plegarias que no llegan
Ni aún a vibrar en el etéreo azul!

Mas puede suceder algunas veces


Que intensa y honda sea tu oración
Y no obstante, el Manantial Divino
No te conceda el suplicado don.

Veo el asombro de tus serenos ojos


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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

¡Mística alondra de mi huerto en flor!...


¡No temas nada, que nada hay oscuro
Para el que ha visto el esplendor de Dios!

El Eterno Poder mira en conjunto


Cuanto encierra su vasta Creación,
Y Percibe de cada criatura
La más débil y tenue vibración.

Ve presentes la dicha y los dolores


Que cada alma por ley debe sentir,
Según que sus acciones se encaminen
Hacia el Amor como supremo fin.

Tu pensamiento, aunque profundo sea,


No puede dominar el porvenir
Y a veces pides lo que a juicio humano
Estaría en la Ley el conseguir.

El Eterno Poder sabe que ignoras


Las causas por que no oye tu clamor,
Y aunque no eres culpable de ignorarlo
No recibes cual pide tu oración.

Y las corrientes de las Aguas Vivas


Se transforman entonces para ti
En una paz dulcísima y serena
Que aun en el dolor te hace feliz.

Y una gran conformidad te invade


Con la excelsa y divina Voluntad
Cual si leyeras el Arcano Eterno
En toda su magnífica verdad.

Y del fondo de tu alma se levanta


Esta firme y profunda convicción:
"En los hechos no veo la respuesta
Porque es otro el designio del Señor"

Una gran claridad se hace en tu mente


Sobre el hecho que impulsa tu oración,
Y tranquila lo dejas al cuidado
¡Del Padre de las almas que es Amor!
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Solos estamos, ¡oh, Amada mía!...


Al borde de la Fuente del Amor,
Entre lirios, violetas y azucenas,
¡Bajo doseles de arrayán en flor!...

Cayendo vas en el divino ensueño


De que unas alas te levantan más,
Y hasta el vago recuerdo de la Tierra
Se evapora en la luz de un ¡más allá!

Ya estás conmigo, tras del velo augusto


Que te separa de lo material...
¡Estás conmigo en el altar secreto
Donde sólo un instante has de morar!

Ya estás conmigo en el ferviente abrazo


Que te convierte en una aspiración,
En un afán de inmolación completa
Sobre el ara sagrada de mi amor.

¡Tórtola mía del mirar profundo!...


En un .rapto de amor te atraje a Mí,
Y te ves confundida con mi esencia
Y olvidada de todo... ¡hasta de ti!

¿Nada me pides ¡oh! Amada mía?


¿Nada quieres de aquel tierno Jesús,
Del Cristo que estudiaste paso a paso
De su cuna en Belén, hasta la Cruz?...

¿Quieres tesoros de profunda ciencia


O el ancho espacio sideral correr?...
¿Quieres ver cómo surgen en miríadas
Los mundos del omnímodo Poder?

¿Quieres ver en los Reinos celestiales


A millares de almas en la Luz?
¿Quieres ver en los cielos superiores
Esas vidas de eterna plenitud?

¿Quieres entrar en el profundo arcano


De la áurea Luz que todo lo auscultó,
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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

Sin dejar el más leve pensamiento


Que cual meteoro en la extensión cruzó?

La Verdad y la Luz, potencias sumas


De la Eterna y Divina Perfección,
Archivan en el Libro de la Vida
Todo cuanto en la Vida es vibración.

¡Habla, tórtola mía, no enmudezcas


En esta hora de divina unión!...

Voz del Alma:

¡Soy pequeña, Señor, para todo eso!


¡Yo sólo quiero tu inmortal Amor!

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Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

ÍNDICE

EL HUERTO ESCONDIDO

Para ti 02
¡Cuando no lo esperaba, te encontré! 05
Buscándote voy... 06
¡Estaba tan sola!... 07
Como arbolito en el desierto... 08
¡Maestro!... Sólo Tú 09
Tú lo sabes todo 10
¡Siempre fuiste mi Maestro! 11
A la puerta del Santuario 12
¡Tu divino amor... Señor! 14
Esperando al amor 15
¡Háblame, Señor, que te escucho! 16
¡Maestro! ¡Óyeme! 18
El huerto de Getsemaní" 19
¡Tu divino salmo, Señor!... 21
La selva oscura 22
La presencia divina 24
Velad y orad 25
El rosal de Cristo 28
¡Maestro!.... ¡Dame tu paz! 30
El abrazo eterno 31
La soledad de Cristo 33
¿Qué es la vid a?... 34
Los Mundos de Luz 35

AZUCENAS DE MI HUERTO
(Poesía Mística)

¡Todo canta a Dios! 41


¡Cómo miran tus ojos... Señor! 42
¡No te vayas Amor! 43
¡Señor!.... Yo vengo a Ti 46
¡Señor!.... ¡En Ti confío! 49
La plegaria del perdón 50
Salí a sembrar rosas 51
¡Una vez... Nada más!... (Meditación) 52
Yo soñé 55
El profeta de Fuego 56

10 0
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido

El huerto sagrado 58
¡Sólo Tú! 60
¡Me olvidaste, Señor!...
(Plegaria de Navidad) 62
La Virgen de las azucenas 66
La montaña de las cruces 67
¡Sedlo todo para mí! 72
¡Quiero verlo todo!... (Al Cristo piadoso) 74
El poema de mis sueños
(Diálogo del Alma con el Cristo) 75
La inmolación 83
Teresa de Jesús (En su centenario) 83
El Cristo de Barberis 86
¡Desde el abismo te llamo!...
(Invocación a Cristo) 88
¡Todo eres Tú! 91
La hora d el Amor 92

10 1

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