Luque Alvarez J - El Huerto Escondido
Luque Alvarez J - El Huerto Escondido
El Huerto Escondido
1
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
Para Ti
Para ti que buscas, sientes y piensas como yo, salen a la luz estos trémolos del laúd interior, ora como
gemidos lastimeros, como súplicas angustiosas, como resignadas plegarias y, sobre todo, como inquietos
aleteos de Psiquis descontenta de las sombras y trabas que la aprisionan y anhelante hasta el delirio de la
Suprema Belleza que presiente y del Eterno Amor que adivina.
Si te has forjado un ideal de perfección, de belleza y de inefable amor que demarque rumbos certeros en tu
camino eterno, como la estrella polar al navegante, comprenderás estas sencillas páginas como te comprendes
a ti misma cuando te agobia la tristeza, cuando te hiere el desengaño, cuando te lastiman las ingratitudes,
cuando te acobarda la incomprensión de los compañeros de viaje, cuando el desamor de los amados te
envuelve en el sudario helado de la soledad y del olvido; y, también, ¿por qué no decirlo?... las comprenderás
cuando entregada a la meditación, con emocionado fervor, sientes el amor inefable de presencias invisibles que
te traen de los cielos superiores mensajes sin ruido, sin voces, sin palabras, como el reflejo de estrellas lejanas
que quisieran acompañar tu soledad, iluminar tus sombras, tus perplejidades y apagar con aguas purifica-doras
tu sed de verdad, de amor, de conocimiento!...
¡Para ti que has visto brillar en tu horizonte esa estrella de primera magnitud, plena de luz y de inefables
ternuras, el Cristo Instructor y Guía de esta humanidad, comprenderás, sí, que el alma se lance en pos de El
como lo más bello, lo más puro, lo más perfecto que haya vivido en carne de hombre sobre esta Tierra!...
Para ti que buscas ansiosamente la flor exótica del amor sin egoísmos, sin interés, sin pedir nada a cambio
del amor con que te das, comprenderás, sí, estos delirios del amor, estos éxtasis de ternura, la entrega
absoluta, la confiada esperanza, floreciendo siempre como eterna rosa viva, a pesar de todas las tristezas, de
todas las ruinas, de todas las certidumbres del humano vivir.
¿Qué más es para ti alma compañera del viaje eterno?...
El deseo intenso y ferviente de que encuentres en las florcillas de mi huerto escondido la esencia de nardos
que necesitas para ungir la cabeza, las manos y los pies del Hombre-Amor, único que puede decirte con su voz
augusta de Verbo de Dios: " ¡Tus pecados te son perdonados porque has amado mucho! ¡Vete en paz!...
LA AUTORA
2
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
3
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
Confidencias Intimas
con el
Divino Maestro
4
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
¡CUANDO NO LO ESPERABA,
TE ENCONTRÉ!...
Sentada estaba yo en el bosque sombrío de la vida, envuelta en densas tinieblas de dudas y de zozobras.
¡Y veía abrirse a mi vista muchos senderos obscuros, tortuosos..., sombríos!
¡Y cuando iba a echarme a andar por uno de ellos, allá, en lo hondo de la .encrucijada, sentí que silbaban
las serpientes de la falsa amistad y retrocedí espantada!
¡Me senté a llorar, a la sombra de un sicómoro, y colgué de sus ramas mi laúd sin armonías y sin cantos!
¡Pero un anhelo desconocido y extraño, un ansia impetuosa como una tempestad me empujaba a andar y
andar!
¿Qué buscaba?... ¡Buscaba luz..., aire!... ¡Buscaba lealtad, sinceridad, amor! ¡Buscaba una vida nueva!
¡Oh!...; ¡yo no sé lo que buscaba!
¡Una y otra vez empecé a andar por aquellos caminos ásperos y solitarios, desnudos y fríos!
¡Y en unos aleteaban graznando los cuervos negros de la adulación y la lisonja interesada, y me helaba la
sangre el cierzo frío del batir de sus alas!
¡En otros silbaban las serpientes de engañadoras promesas, que audaces corrían por una alfombra dé
césped florecido!...
¡En otros aullaban las fieras del fanatismo duro y cruel que parecía proyectar en mi alma la tiniebla
pavorosa de la selva!...
¡Y en los de más -allá, había tanto..., pero tanto lodo de miseria, mezquindades y egoísmos de todo
género, que temía ahogarme lentamente en aquella ciénaga sin salida!
Y la noche avanzaba..., ¡llegaba!... ¡Oh, sí!... ¡La noche de la eternidad, más obscura e incierta que la
noche de mi alma, mientras estaba sentada en el bosque sombrío de la vida, entre dudas y cavilaciones!
¡Y, entonces, oí a mi lado, muy cerca y como dentro de mí misma..., una voz suave cual la melodía de un
arpa que quisiera despertarme de un sueño!
Nadie había en torno mío y la cadencia continuaba vibrando quedo..., suave..., ininteligible al principio...,
hasta que un esfuerzo mental y la ansiedad de la esperanza pudieron descifrar el enigma de aquella suave
melodía que me acariciaba produciéndome un silencioso llorar!
Y eras Tú... ¡Oh, Divino Maestro Jesús!... Eras Tú que me decías con una voz musical:
'' ¡Yo soy la luz de este mundo y el que me sigue no anda en tinieblas!"
¡Y yo corrí hacia esa voz que parecía alejarse indefinidamente cual si fuera a extinguirse, perdida en la
sombra que me envolvía!
¡Mi desesperado anhelo me llevaba al delirio..., al vértigo..., a la locura! ¡Debía encontrarle de nuevo!»..
Mas... ¿dónde?, ¿cómo?... ¡Correr y correr hasta caer desfallecida esperando la muerte en aquella pavorosa
oscuridad!...
¡Pero llegó una hora en que Tú, Maestro mío, tuviste piedad de mi y, acercándote a mi angustia suprema,
me tendiste la suavidad de tu mirada y el calor de tu mano amiga, de la cual me prendí ansiosamente para no
soltarme jamás!...
Y me pareció que comenzaste, desde entonces, a andar a mi lado, mientras seguía resonando en mis
oídos tu voz suave, acariciadora..., tiernísima:
"No temas a la oscuridad que te rodea. ¡Yo soy la luz de este mundo!"
"No temas extraviarte por las escabrosas sendas del bosque sombrío de la vida; Yo soy el camino que
conduce al reino del Amor Inmortal!..."
"No tengas miedo a las luces fatuas que deslumbran y engañan. ¡Yo soy la verdad!"
"No tengas miedo a la muerte. ¡Yo soy la vida eterna!"
Y así, prendida de tu mano como un abrojillo del camino, ¡Oh, Maestro Jesús!..., iré siguiendo a través del
bosque sombrío de la vida, por esta senda que antes era obscura, pero tu luz la ha llenado de la blanca claridad
de los cielos!...
¡Graznan los cuervos sobre mi cabeza, silban en torno mío los reptiles, aúllan a mi paso las fieras, muchas
luces fatuas brillan ante mis ojos como errantes luciérnagas; pero ya no temo los horrores de la soledad, porque
5
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
tú vas conmigo, Divino Maestro Jesús, y tu amada presencia obra en mi alma inesperadas transformaciones!...
¡Y si tropiezo y caigo en la fatigosa andanza, me ayudas a levantar, y un renovado esfuerzo me anima y
empuja hacia la empinada cuesta que lleva a la cumbre azul serena de la purificación!...
¡Y llevo también una cruz sobre los hombros, que todos la llevamos en esta dura travesía de la vida!...
¡Pero es leve y ligero su peso, Maestro mío, compasivo y bueno!...
¡Porque llevas Tú el peso de mi carga y sólo dejas para mí la suavidad de tu compañía y el embeleso
inefable de tu mirada!
¡Y así voy siguiéndote como bajo el influjo de un encantamiento, sin sentir la fatiga del viaje ni el peso de la
cruz!
Y así voy embelesada siguiéndote. ¡Oh, Maestro Jesús, tan adorable y tan incomprendido de los
hombres!... ¡Y así voy en pos de Ti para siempre!...
¡Oh, sí!... ¡para siempre!... ¡Porque no puede el corazón dejarte después de haberte encontrado!...
BUSCÁNDOTE VOY...
único refugio y su único Salvador, consuma tu obra. ¡Oh Señor!, ¡y que la humanidad vea por fin en ti la gloria
de Dios!
El viento helado del egoísmo que cruzaba por la arboleda sin vida, sin rumor y sin cantos secaba mis
lágrimas y el sudor que angustias de muerte hacían brotar en mis sienes...
¡Estaba tan sola!...
¡La raíz saliente de un espino secular cuyas ramas parecían crujir remedando mis gemidos prestaba apoyo
a mi cabeza cansada!... ¡Cansada de insomnios febriles, de tormentosos terrores, de quiméricos delirios y de
deslumbramientos penosos!...
¡Estaba tan sola!...
Mis manos se extendían a tientas por el vacío, buscando otra mano que me ayudara a levantar de mi
postración dolorosa y terrible; y mis manos tropezaban con la vileza y la envidia, como las hojas traidoras de los
cardos silvestres que me rodeaban...
¡Estaba tan sola!...
¡Y a causa de mis hondas heridas mis labios estaban abrasados por la fiebre que interiormente me
devoraba, sin que nadie hubiera a mi lado para derramar en mi alma el agua piadosa de los consuelos ni en mis
labios el agua fresca de los manantiales
¡Y pasaban junto a mí los viajeros de la vida, uno, otro y muchos más, y viéndome sumida en hondo
desfallecimiento como un lento morir, pasaban de largo! ¡Aquella fría indiferencia a mi dolor hacía más intensos
mis padecimientos y, a gritos, llamaba a la muerte que pusiera fin a aquella agonía lenta..., lenta!
¡Vae-soli! ¡Ay del que está solo!... murmuró una suave voz en mis oídos ya próximos a cerrarse a todos los
sonidos de la tierra!
Y algo así como la suavidad de estrofas de cristal cantadas por ángeles invisibles me indujo a pensar que
una vida nueva se desarrollaba junto a mí.
¡Y era la omnipotente piedad de tu amor misericordioso, Maestro Jesús, que llegaba a mí derramando
ternuras, piedades, consuelos y perdones como una lluvia de rosas blancas sobre la inmensa soledad de mi
alma!... ¡Como suave raudal de un bálsamo maravilloso sobre las hondas heridas de mi corazón!...
¡Y viniste hacia mí!
¡Y viéndome desfallecida por el cansancio de una vida sin orientación y sin luz, abrasada por la fiebre de
belleza y de amor que me devoraba, cubierta de polvo y lodo de los largos caminos inciertos; movido a
compasión te acercaste comprensivo y bueno sin preguntarme nada, porque todo lo sabías..., porque leías en
mis ojos y traducías la vibración de mi pensamiento y los latidos de mi corazón!...
¡Tu mano piadosa se enlazó a la mía y me guiaste hacia una tibia y apacible morada, a un dulce y
suavísimo nido preparado por Ti para la avecilla enferma de soledad y de abandono!...
¡Y tus manos delicadas como llenas de jacintos en flor derramaban aromoso bálsamo sobre las hondas
heridas de mi alma!...
¡Y al agitar el viento los rizos de tus cabellos y los pliegues de tu manto, soplaban sobre mi frente abatida
frescos céfiros del cielo, y rumores musicales de renuevos de palma aleteaban acariciantes ahuyentando mi
fiebre!...
¡Comprendí que entonces ya no estaba sola!...
¡Y no era ya el viento helado de una noche invernal que secaba mis lágrimas, sino que Tú, piadoso amigo
de todos los .que sufren, buscando a tientas en la oscuridad, venías a mí con la inefable ternura de tu amor
misericordioso!
¡Y tus palabras, Maestro mío, eran oleadas de claridad para mi mente ensombrecida!....
¡Y era tu amor como agua de manantial que nunca se agota, y donde bebió mi alma sedienta hasta la
embriaguez del éxtasis en que se olvidan todas las negruras de la tierra!...
¡Entonces supe que ya no estaba sola!... ¡Y ya no era la raíz nudosa y saliente de un espino secular quien
daba apoyo a mi cabeza ardorosa de delirios y de fiebre, sino que Tú, Maestro Jesús..., modelo santo de amigo
noble y bueno, apoyabas mi frente fatigada en tu pecho dejándome sentir los latidos de tu gran corazón, amante
divino de la humanidad, la proscripta ciega que aún no puede verte, ni comprenderte, ni amarte!...
7
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
¡Así estaba mi alma en el seco y helado desierto de los convencionalismos rutinarios y faltos de sentido
espiritual en que había nacido!
¡Azotado por vientos contrarios, se levantaba apenas de la tierra el tallo débil, enfermizo, anémico!
Como plantado a orillas del Mar Muerto, sus aguas envenenadas corroían su raíz quitando savia a sus
ramas...
¡Infeliz arbolito de arrayán!... ¡Todo te era adverso en el árido y seco desierto de tu vida!
¡El sol abrasador de un ideal presentado al espíritu entre los terrores del Sinaí me consumía; y a través de
esas brumas de fuego, ni una gota de rocío venía a refrescar mi fiebre!
¡Era como un ardoroso otoño, cuyos cálidos vendavales se llevaban una a una las ramas enfermas,
convertidas en amarillenta hojarasca!...
¡Y comprendía que era yo aquella hojarasca que rodando por el suelo, a merced de los vientos ardientes
del desierto, iba a servir de nido a los reptiles escondidos en la grietas de los desnudos peñascos!...
Ningún viajero comprendía que aquel arbolito iba muriendo lentamente de soledad, de abandono, de esa
angustia pesada y silenciosa en que se consumen sin alarde y sin ruido tantas vidas, así animadas como
inanimadas, así vegetales como animales, así orgánicas como inorgánicas... Vive y muere el árbol y la flor, el
ave y el pez, la bestia y el hombre, el insecto y la piedra...; que todo es vida, dolor y muerte en la
inconmensurable Naturaleza, obra de Dios.
¡Mas, nada ve ni sabe el viajero que cruza sin pensamiento y sin reflexión cerca del arbolito de arrayán,
que moría en el desierto sin una gota de agua dulce, y fieramente azotado por los vientos de la incomprensión y
del fanatismo!...
Pero llegó un día... ¡Oh piadoso viajero por el mundo de las almas, Divino Maestro Jesús!... Llegó un día
que al hacer el recorrido por los desiertos solitarios, encontraste este arbolito tuyo que moría lentamente porque
aguas insalubres corroían su raíz, y vientos de fuego secaban su ramaje. Y pusiste con amor tus manos sobre
mí como sobre un enfermo moribundo para darle vida nueva, aliento nuevo y la esperanza de resurgimiento
bajo un clima acariciador...
Y me trasplantaste de aquellas tierras de fuego y arenas que me consumían..., y llevándome a un fresco y
delicioso invernáculo, me decías con inefable ternura: "Yo soy el buen jardinero que siembro la buena simiente
y lo hago nacer y crecer de modo que las avecillas del campo aniden en sus ramas, y las bestias de la selva se
cobijen a su sombra. Y ahora serás como el árbol plantado a la corriente de dulces aguas que a su tiempo dará
flores y frutos; y su hoja en perenne verdor, no caerá ni se marchitará jamás!..."
¡Sólo Tú, Maestro mío, mago Divino del Amor, puedes hacer que así sea; y que el arbolito de mi espíritu
retoñado y florecido al influjo de tus piedades y ternuras, no se agoste ni marchite aunque las escarchas de la
indiferencia, los vientos de la incomprensión, las heladas cenizas del abandono, de la ingratitud, del olvido, de
todo lo que es dolor y angustia para el corazón que siente y ama, lleguen de nuevo un día y de nuevo lo azoten
8
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
¡MAESTRO!... SOLO TÚ
¡Oh mi Divino Maestro!..., mi luz, mi guía...; voz que habla en lo profundo de mí misma y me enseña los
caminos de la Eterna Verdad!
¡Óyeme por piedad!...
Me ocurre, a veces, que el horizonte se torna nebuloso y sombrío y nada veo y nada siento que me aliente
y anime.
¡Paréceme que Tú estás demasiado lejos de mí a causa de mi pequeñez y miseria!...
¡Paréceme que todas las luces se hubiesen apagado en torno mío y que mi alma, como una góndola
perdida en la inmensidad de los mares, flotara sin rumbo fijo a merced de las olas!
¡Paréceme que soy como una avecilla solitaria en medio de una selva inmensamente grande y silenciosa
donde ni un solo rumor me indica la presencia de otro ser como yo, en tal forma que mi voz, al resonar, se
siente repetida sólo por el eco lejano..., lánguido..., pavoroso!...
¡Oh, Maestro compasivo y bueno!... Ten piedad de mí que me siento como sumergida en un infinito abismo,
agobiada de tristeza también infinita, porque me es imposible el consuelo, porque nadie en la Tierra comprende
mi penar, porque mis sombras nadie las puede disipar, sino Tú que sabes de mis angustias, de mis cansancios,
de mis agonías.
Mis afecciones, mis esperanzas, la quintaesencia de mis amores humanos, encerrados fueron el sarcófago
silencioso adonde van a morir todas las afecciones, que cual lucecitas fatuas alumbran a veces el camino de la
vida.
Sólo perdura el amor tuyo, ¡Oh Divino Maestro Jesús!, como eterna irradiación de estrellas; como rastro
que hubiera dejado la luna sobre el lago en la pradera; como suave rumor de una melodía hondamente sentida,
cuya resonancia perdura en el fondo del alma que lucha por retenerla.
¡Oh, amado Señor!... ¡Amor de mis amores!... ¡Amor único y eterno que he resistido a las borrascas y al
tiempo y que se agiganta con los siglos!...
¡Te busco en el dolor, te busco en la alegría..., te busco entre las sombras, en medio de las
9
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
TU LO SABES TODO
10
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
¡Qué divina enseñanza la tuya y qué éxtasis fue para mi alma cuando llegué a descubrirla!...
¡Jamás podría pintar ni aun con un pincel mago el deslumbramiento de luz que se hizo en mi espíritu
cuando a la vuelta de una página del libro eterno de la vida, me encontré con tus pensamientos geniales, con tu
palabra vibrando como un clarín de oro en la inmensidad!
¡Maestro mío!... ¡Tú lo sabes!...
¡De muchas fuentes había bebido, harta estaba de agua, pero tenía sed!...
Yo sabía muchas cosas porque largos estudios habían consumido mi primera juventud con sus serenos
días y sus noches de placidez sin inquietudes ni zozobras.
Pero me parecía no saber nada que llenara la vacía inmensidad que sentía en mí misma.
Descendía con el geólogo a las entrañas de la tierra, averiguando en qué edades remotas se hubieron
formando aquellos terrenos estratificados por la milenaria sucesión de los siglos.
Con el naturalista recorría la floresta deshojando corolas, abriendo hasta el corazón los tallos, disecando
insectos para encontrar los orígenes y causas de la vida en "aquellos diminutos organismos.
Buscaba con el filósofo la verdad y el porqué de todas las cosas y averiguaba con el historiador los
acontecimientos sucedidos en la Tierra, en el largo y pesado rodar de los siglos.
Mas... ¿qué fue de esas generaciones, de esos hombres célebres que cruzaron por el mundo dejando
rastros profundos de bien o de mal, de progreso o de dolor que aún se recuerdan hoy día?... ¡Misterio!... ¡Nadie
sabe responder!...
Al geógrafo le interrogaba ansiosamente...
Al astrónomo más aún...
¿Qué hay más allá de los límites de esta tierra que habitamos? ¿El vacío?...
¡Cuan terrible es esta palabra vacío!... Mi comprensión de adolescente no podía penetrarla ni asimilarla...
¿Qué son y qué significan esas gotas de luz que bordan como lentejuelas de oro la inmensidad azul que
nos rodea? ¿Son estrellas?...
Pero, ¿por qué y para qué están allí, impávidas..., serenas..., imperturbables en su eterna vida inútil de
simples lentejuelas de oro salpicando el manto color turquí de la noche?...
Y cuando a la escasa luz de mis conocimientos había descubierto, a medias, algunos de los misteriosos
secretos de los seres y de las cosas, me preguntaba desconsolada:
¿Qué saco en limpio de todo esto? ¿Qué me queda, qué descubro, qué tengo, qué poseo más de lo que
antes tenía?
¡Entonces sí que sentía el vacío dentro y fuera de mí!
¡El vacío que era para mí lo irreparable... lo incomprensible!... ¡la eterna esfinge muda ante la cual se
estrellan las avalanchas de arenas arrastradas por el simún, y los interrogantes de los hombres para quienes
permanece impenetrable!
¡Estaba harta de agua, pero tenía sed... mucha sed! Y buscando a diestra y siniestra, por los caminos
sombríos y por las praderas en flor; por los templos con los cirios temblorosos y penumbras perfumadas de
incienso... por los claustros solitarios donde oran y cantan los anacoretas y las monjas; por las chozas de los
campesinos... por los rastrojos sembrados de trigo, por los alfalfares de ondulante verdor donde pastan las
majadas y anidan las codornices... ¡Oh!... ¡por fin te encontré, Maestro Jesús, cual si fueras la irradiación
esplendorosa de cuanta magnificencia existe en la vasta creación Universal.
Y tu voz musical resonando en lo más hondo de mi misma, me decía con suavidad inefable:
"Yo soy tu Maestro y si tú perseveras en escuchar mi palabra, serás mi discípula.
11
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
"Y si escuchada mi palabra la guardas, tendrás la sabiduría de aquel que edifica su casa sobre la peña,
donde las tempestades ni los vientos la pueden derribar jamás."
¿Y qué palabras son ésas?, interrogué ansiosamente aguzando el oído y acallando hasta la respiración
para oír tu enseñanza.
Y entonces oí tu voz como arrullo de paloma que decía: "Aprende a amar a los damas como te amas a ti
misma.
"Corta las alas de las ambiciones y de los deseos.
"No busques compensación ni gratitud para tus beneficios.
"Hazte pequeña y sencilla como un niño si quieres merecer la Divina Sabiduría.
"Ama a los que te aman y a los que no te aman; perdona al que te hiere; no atesores en la tierra donde un
día todo lo dejarás; llena sí, tu arca de obras de bien y de amor, sé misericordiosa, sufre con el que sufre y seca
el llanto de los que lloran!...
"¡Y así serás bienaventurada!
"¡Y toda la luz de los cielos se encenderá para ti!
"Y podrás leer no sólo en el libro grandioso de la Naturaleza visible, sino en el libro oculto de los secretos
del Infinito.
"Porque Dios da su luz a los limpios de corazón y a los humildes, y la niega a los soberbios.
"Y serás dueña no sólo de los secretos que oculta la tierra en sus entrañas y los astros en sus rutas
eternas, sino que poseerás ampliamente solucionados los más profundos problemas de la eternidad.
¡Si bebes del agua que yo te daré, nunca, jamás, tendrás sed!..."
¡Y yo he bebido, Oh mi amado Maestro, del agua viva que me has ofrecido!
Y ya no tengo sed sino de oírte inmóvil, arrobada, absorta, pendiente de tu palabra y diciéndote como la
contemplativa María da Bethania:
— ¡Maestro!... ¡Maestro!... Estaría una eternidad oyéndote!...
¡Y junto a ti, no tengo ya el corazón cansado!
¡Y ya no ando inquieta buscando saber y más saber, porque Tú me has enseñado la ciencia divina de amar
sin esperar nada!... De darlo todo sin pedir nada a imitación tuya, ¡Maestro mío!
¡Y eso es ya saberlo todo y poseerlo todo!...
¡Alma mía que buscas!... ¡Alma mía que cantas, que llora, que amas, que vuelas, que vas y que vienes,
que subes y bajas como presa de un delirante afán!...
¡Aquiétate unos momentos y escucha la voz de lo infinito que te habla!
Y entonces oigo una voz muy honda, muy suave y serena que me dice:
"¡Mujer!... ¡El amor causa las más intensas y profundas alegrías... deslumbramiento de dicha, éxtasis de
felicidad!
"¡El amor causa también los más grandes dolores, las más íntimas y crueles torturas, las más
desesperantes y febriles agonías!
"¡Es vida y es muerte; es quietud y agitación; es llamarada de fuego y ráfaga de cierzo helado; es luz y es
tiniebla!...
"¡Pero es así para quien concentra su amor en la materia que vive y que muere, que desea y olvida, que es
lumbre que calienta o escarcha que hiela!...
“¡Mujer!... ¡no concentres tu amor en la materia qué muere, sino que ama lo inmortal y eterno en el infinito
seno de Dios donde únicamente encontrarás todos los amores unidos en tal grado de intensidad y de plenitud
que no es capaz de sentirlo ni de resistirlo ningún alma encarnada en mundos nuevos como éste!"
Y yo reconozco esta voz que habla en el fondo de mi alma y exclamo devorada por una ansiedad febril:
¡Maestro mío!... ¡amor mío!... ¡mis amores humanos han ido quemándose y diluyéndose en un solo amor
grande, inmenso, avasallador!... En un amor que nace en mí misma y sale y va y vuelve y corre como si fuera
un huracán de estrellas que ya me deslumbra con resplandores divinos o a veces me deja en tinieblas porque
12
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
13
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
14
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
"¡Ámame con ese divino amor, mujer, porque todo otro amor morirá extenuado antes de llegar hasta mí!...
¡Morirá aniquilado, como el canto de un pájaro de improviso muerto por el cazador!... ¡Como luz de una lámpara
apagada por el viento!... ¡Como surco de agua interceptado por una montaña derrumbada!..."
¡Maestro!... ¡Maestro Jesús!... Ábreme la puerta del país encantado donde vive ese divino amor y secreto
amor que no pide ni busca exteriores manifestaciones porque crece y se dilata hacia lo hondo del alma
quemando y diluyendo hasta el último eco de materiales deseos y no deja más que el sereno resplandor de una
lámpara que no apagan los vendavales, ni las tempestades ni las heladas tinieblas del desengaño, ni las
variables mudanzas de la vida, ni la ausencia profunda de la muerte...
¡Oh Divino Amador de los que aman!... ¡Dame unas gotas, no más, de ese divino elixir de tu amor eterno y
seré bienaventurada por los siglos de los siglos!...
ESPERANDO AL AMOR
15
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
"¡Y pasas tus vidas terrestres mecida por el oleaje azul de tus ensueños que te hicieron llorar y cantar ora
en la oscuridad de negros abismos o en las cumbres coronadas de sol!...
"Es hora de que despiertes a la vida propia de esa tierra cubierta aún de lodazales y de espinas; y bendice
al Eterno Amor que de tanto en tanto deja caer sus raudales sobre ti para apagar tu sed y tus delirios!...
"Bébelos ansiosamente mientras dejas correr a tus pies el amargo oleaje de los egoísmos, las ingratitudes
y la incomprensión de las mayorías de este planeta.
"¿Quieres recoger lirios de los espinos y de los zarzales?
"¿Quieres recoger agua clara y fresca de la ciénaga en que se solazan las bestias?...
"¿Quieres escuchar gorjeos de ruiseñores entre las ruinas donde anidan los búhos y las cornejas?..."
¡Alma venusiana!... Despiértate y no sueñes más mientras duerme esta humanidad en la penosa
inconsciencia de su actual situación!...
¡Canta!... ¡Canta unida a todos los trovadores de Venus que vinieron a esta tierra par inundarla de Amor, de
Paz, de Armonía y de Belleza!
"Mas, no sueñes con que tus cantos encuentren siempre resonancia en las arenas resecas o en los valles
sin sol que este mundo te ofrece en tu vida presente.
"Si esperaste tantos siglos siguiendo al Amor, buscando al Amor en tierra extraña, enloquecida y delirante,
muriendo o viviendo, vencedora o vencida, contemplaste pasar civilizaciones, razas y pueblos, espera un día
más y florecerán mis rosales aún más exuberantes y lozanos de los que forjan tus sueños...
"¡Cómo tú he soñado! ¡Como tú he llorado y buscado y vivido muriendo de amor en esta tierra que riegas
con tu llanto y hollas con tus pasos; mas en un día inolvidable me desperté a la dura realidad y desde esa hora
descanso en una amplia y serena esperanza!
"Piensa que al igual que en Venus florecerán en esta tierra los rosales del Amor que juntamente con todos
los míos sembramos en este globo en la sucesión de los siglos y de las edades...
"Y entonces llamaréis a Venus vuestra madre y a la Tierra vuestra hija.
"Ama el hijo a la madre que le colmó de ternuras y de dicha. Ama la madre al hijo que más le hizo llorar.
"¡Acuérdate siempre!... ¡No lo olvides jamás!... ¡Es nuestra consigna eterna!... Para nosotros, los
Amadores, lo amargo y lo dulce, la derrota o el triunfo, la muerte o la vida... ¡todo!... ¡todo es Amor!..."
¡Oh excelso Maestro Jesús! ¡Estrella polar de todos los Amadores!...
¡Ahora sé y comprendo por qué de diversos y variados prismas, miramos las almas el complicado
engranaje de todas 'las circunstancias y acontecimientos que se suceden incesantemente como las mudables
olas del mar!...
¡Es magia divina de amor y de sabiduría tu palabra, Maestro mío, y a su luz se despejan todos los
horizontes, se desvanecen las negruras de la duda, las vacilaciones de la incertidumbre y el pavor de lo
desconocido!...
¡Déjame Señor, tener la gloria 'de sentir tu palabra y cierta estoy de que iré tras de Ti hasta el último aliento
de mi vida!...
Y cuando la soledad y el silencio adquieren dimensiones de abismo en torno mío, oigo tu voz Maestro
Jesús como un rumor de cadencia lejana que me dice así:
"¡Ama a todas las criaturas y a todos los seres pero sin esperar de ellos nada... absolutamente nada!...
"¡Cuando sales de tí misma al mundo exterior, te acompaña la idea de recoger una flor, un afecto, una
caricia, un consuelo... una esperanza!...
"De ahí que al no encontrar fuera de ti nada de cuanto anhelas, retornas desesperanzada y con una
sensación de vacío, de nulidad en todas las cosas, de absoluta impotencia para traducir a realidades tus sueños
delirantes.
"El alma que ha llegado a esta infinita ansiedad de belleza, de conocimiento de luz y de amor, no puede
encontrar su descanso y su quietud sino en la soledad y el silencio donde la inundará la divina plenitud de
Dios!...
"¡Siempre Dios, hacia arriba y hacia abajo, a la derecha y a la izquierda, en la luz y en la sombra... en el
dolor y en la alegría... en la vida y en la muerte!...
"¡Y si es grande tu ansiedad por llegar a la clara visión de la Divinidad, mayor es aún mi anhelo de que
avancen las almas serenas y fuertes por el hermoso sendero de la Verdad sin velos, a cuyo final está el palacio
encantado de la Sabiduría, eterna guardiana del arcano que van buscando.
"Sintiendo estoy la anhelante súplica próxima a brotar de tus labios: ¡Dame Maestro una migaja de esa
Divina Sabiduría para que pueda llegar al conocimiento de Dios!...
"Óyeme bien y esfuérzate en comprender el sentido de mis palabras:
"Ni yo ni nadie te puede darla clara visión de la Causa Suprema en toda su amplitud y soberana belleza si
no has conquistado con tu esfuerzo, el derecho de penetrar en el Santuario, secreto de lo Absoluto, de lo
Infinito, o sea délo que fue siempre y eternamente será.
"La claridad de la visión divina, corre pareja con la pureza del alma que la busca.
"El amor y el dolor forman unidos, el crisol en que se consumen como a fuego lento todas las
imperfecciones del alma, única valla que le estorba el pleno conocimiento de Dios.
"Inútil será que pidas a los filósofos de la Tierra, la definición de lo que es el Absoluto, la Luz Increada, el
Amor Eterno, el Poder Supremo, porque ellos no pueden ir más allá del círculo estrecho y mezquino de
pobrísimas concepciones que apenas si tienen un tenue reflejo de la realidad...
"La clara visión de la Divinidad se obtiene mediante la purificación del espíritu y a esta purificación se llega
después de largas jornadas de abnegación, de vencimientos de sí mismo, de renunciamientos heroicos, de
ebrias locuras de amor en que olvidada el alma por completo de su intereses individuales y conveniencias
materiales, liega a convertirse en una llama, en una lámpara, en un perfume, en un canto interminable... en una
resonancia suavísima que pasa por la faz de la Tierra acariciando... curando... consolando... vivificando...
"¿No pasé Yo así en siglos lejanos de los tiempos que fueron, pero vivos aún en el recuerdo subconsciente
de todos cuantos me amaron?...
"Veo el desaliento tenderse como una niebla sobre tu faz dolorida, mientras en lo hondo de ti misma me
dices como en un sollozo:
"¡Maestro!... Si para comprender al Supremo Infinito he de esperar a ser como Tú, vale más dejar de ser,
que vivir en continua tiniebla...
"¡No puedes dejar de ser!...
"El Eterno Absoluto no destruye jamás sus creaciones, sino que las impulsa a una eterna transformación
ascendente desde la chispa viva emanada de Sí Mismo hasta la inmensa hoguera capaz de abrasar un
mundo!... ¡Que tal es el alma purificada!...
"¿Piensas acaso que el Eterno Poder crea obra perecedera?...
"Desde el imperceptible átomo dé vida que su aliento soberana esparce en el éter de todos los mundos,
como origen y principio único de toda creación y de toda forma, desde la flor hasta la bestia y desde el gusano
hasta el hombre, no es más que el cumplimiento inexorable de la Ley de Evolución y jamás el aniquilamiento,
pues lo que llamáis muerte es un descanso periódico al principio inteligente que es apartado a intervalos de la
materia, manifestación de su vida, y que a la vez le causa fatiga, lucha incesante, derrotas y dolores.
"Y mientras llega la hora de que puedas rasgar por ti misma el velo que te oculta al Eterno Invisible,
confórmate con el resplandor que emana de su inefable Bondad y de su fecundo e inagotable Amor a través de
los mundos, de Tos seres, de las cosas, a través de ti misma que eres creación suya y que sientes los efluvios
de la Divinidad en las puras manifestaciones del Amor, de la Belleza, de la Armonía incomparable de todo
17
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
¡MAESTRO! ¡ÓYEME!
¡Maestro Jesús que irradias tu Divina claridad sobre todos los seres grandes y pequeños, buenos y malos
que viven en esta Tierra! ¡Óyeme por piedad!
¡Maestro Jesús que comprendes y que sientes la honda agonía de las almas que te buscan sumergidas en
el amargo y turbulento oleaje de la vida humana en este plano donde tan pocos son los seres que comprenden
y sienten el amor! ¡Óyeme por piedad!
¡Tú lo sabes, Maestro Jesús, porque lo has sentido más que yo! Tú sabes que no hay martirio comparable
al que causa el desamor de los seres, el egoísmo de los seres pensando eternamente en sí mismos y olvidando
eternamente a los demás. ¡Oh Divino Amador!... ¡Oh heroico Amador... que entre las selvas impenetrables del
humano egoísmo bajas Tú a amarnos todavía, a querernos todavía... sin parar tu atención en que los seres de
esta Tierra somos fieras que nos damos zarpazos y dentelladas unos a otros, y que no acertamos a ser felices
sino causándonos tormento los unos a los otros!
¡Alma pura de Jesús inundada del Amor Eterno!... ¡Qué amargas agonías solitarias habrá pasado tu
Espíritu en el largo rodar de los siglos en que tu amor te tuvo encadenado a esta humanidad formada de seres
qua han huido de Dios para buscarse a sí mismos en todos los momentos y en todas las cosas, así grandes o
pequeñas, buenas o malas!
¡Alma heroica de Jesús saturada de nobleza y de bondad!... Qué de veces te habrás estrujado y retorcido a
ti misma para envolver en la suavidad de tu tolerancia y tus perdones a esta humanidad terrestre compuesta de
seres que no viven más que para su propia complacencia y su propia voluntad relegando al arca de las cosas
inútiles tu divina palabra: En el amor que os tengáis los unos a los otros conocerán todos que sois mis
discípulos.
¡Alma tierna, delicada y suavísima de Jesús, ungida del Amor, vibrando al más tenue e imperceptible
vagido de las almas pequeñas que te buscan y te aman!
¡Cuántas veces habrás llorado en la soledad y en el silencio viendo la incomprensión de los hombres, su
inaudita inconsciencia que les lleva al dolor, a la tortura, a la miseria y a la muerte, cuando tan fácil es sembrar
18
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
rosas en el camino de los que pasan, y ocultar las espinas que pueden lastimarles los pies!
¡Oh Maestro Jesús!... ¡Heroico amador de las almas grandes y pequeñas, buenas y malas!... ¡Dame un
rayo de luz de tu lámpara sagrada para avanzar por tu mismo camino bebiendo las aguas salobres de las
egoístas manifestaciones de los seres que sólo comprenden el amor cuando lo reciben como esplendorosa
floración de rosales en plena primavera!
¡Oh alma dulce y misericordiosa de Jesús iluminado por el Amor!... llena mi copa vacía con la tuya
desbordante e inagotable de perdones y de ternuras, de tolerancia y de piedad para la inconsciencia de los
seres que saborean egoístamente la miel sin pensar en los sacrificios de la abejita ignorada que la produce.
¡Maestro!... ¡Maestro Jesús! ¡Desposado con la Inmolación en el templo augusto del Amor Eterno, has
conquistado el sobrehumano poder de amar lo que no merece ser amado, de dar la luz al que busca apagarla,
de verter tu ánfora de aguas cristalinas sobre el que busca la ciénaga y el pantano para solaz y recreo!... ¡de
partir el pan divino de la Verdad con los que buscan los mendrugos sobrantes de los festines de la vida!... ¡los
mendrugos de las propias complacencias, de las vanidades satisfechas como fierecillas que rugen en nuestro
mundo interior!
Maestro Jesús... sin mirar mi debilidad y pequeñez, ¡óyeme por piedad!... ¡yo quiero subir también hasta
ese templo del Amor donde te has inmolado, y quiero coronarme con tus mismas rosas de sangre, y tejer mi
vestidura nupcial como Tú, con las perlas transparentes de las millares de lágrimas que habré llorado, y formar
mi escala de ascensión con las piedras que habré apartado del camino de los demás, con las espinas que
habré recogido y clavado en mi propio corazón para que no lastimen a los demás; con las tablas que habré
arrojado a las olas bravías para que se salven del naufragio los demás!...
¡Oh Maestro!... ¡Maestro Jesús!... ¡no quiero que llegues a mi puerta como divino vagabundo en busca del
Amor y no lo encuentres, sino que antes de haber llamado, hayas visto el resplandor de mi lámpara encendida,
y hayas sentido el perfume de tus rosas de sangre, y el sonido cristalino de las aguas vaciadas de tu copa a la
mía que en abundoso desborde corran y corran para apagar la sed de los sedientos!
¡Oh Divino Amador de los que aman!... ¡Ayúdame a sentir la delicia infinita que se encierra en el sufrir para
que los demás se consuelen, en el levantar enormes moles de piedras para que los demás encuentren liso y
llano el camino, en el abrir hondos surcos en la tierra fría y pedregosa para sembrar de flores y de frutos el largo
camino de los viajeros!
¡Oh Maestro mío!... ¡que ningún vendaval apague mi lámpara encendida por Ti!... ¡que ninguna fiebre agote
el agua de mi copa llenada por Ti!... ¡que las heladas invernales no agosten jamás mi rosal plantado por Ti!...
Con mi lámpara encendida por el amor, con mi copa rebosante de amor, con mi rosal florecido de amor,
quiero llegar, ¡Oh Maestro mío!, hasta el templo augusto del Amor Eterno y oír que tu boca me dice su divino
mensaje:
"¡Bienaventurada tú que has amado por encima de todas las cosas de la Tierra!”
Bajo la sombra de olivos centenarios que vieron desfilar muchas generaciones y presenciaron muchos
dolores humanos, mi alma te busca, Maestro Jesús, cuando has huido de los hombres para encontrar luz y
fortaleza en el hondo silencio de tu mundo interior.
Un rayo de luna tímido y discreto ilumina tu faz martirizada por la interna visión del holocausto supremo que
se acerca arrancando de tu Corazón aquel grito inolvidable: " ¡Pase de mi este cáliz, Padre mío, pero no se
haga mi voluntad sino la tuya!"
La humanidad en su gran mayoría incomprensiva del modo y forma como se gesta en las grandes almas el
hecho sublime de inmolarse por un ideal, sólo vio en Ti el suplicio final, tres horas de agonía sobre el patíbulo
del Gólgota en medio de atroces torturas físicas. ¡Pero pocos han comprendido la angustia de tu espíritu
clarividente a la vista del supremo sacrificio, muchas horas antes de consumarlo!
Aquella visión horrenda debió estremecer el espíritu y la materia en una conmoción tremenda, en aquel
huerto silencioso, sin más testigos que los olivos centenarios y el rayo de luna tímido y callado acariciando tu
faz contraída por una angustia indescriptible...
Acaso viste surgir como un sombrío abismo la pavorosa visión de la balanza implacable de la Eterna
Justicia, en uno de cuyos platillos estaba la maldad humana, llevada hasta aquel límite en que el mal como
fuerza destructora aniquila toda vida por largas edades; y en el otro estabas Tú, excelso Maestro, como hostia
propiciatoria, pidiendo para Ti toda aquella corriente de destrucción, aniquilamiento y muerte, que la Eterna Ley
19
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
20
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
dida en el camino!... ¡Y no me dejes nunca sola, con esa gran soledad del alma que no encuentra ni en los
cielos ni en la tierra quien responda a su llamado!...
"¡Que no huya de mí la Luz de la Fe dejándome sumida en tinieblas!...
"¡Que no huya de mí la esperanza, dejándome en un abismo donde sólo se respira la desesperación y el
hastío!..."
"¡Que no huya de mí el Amor dejándome en un sepulcro de vivos; que eso es la vida humana sin amor, sin
esperanza, sin fe!"
¡Cristo de la piedad, martirizado espiritualmente por la interna visión del Huerto de Gethsemaní, óyeme,
que mi corazón te habla! Es la humanidad creyente en Ti que te pide:
¡Dame la fe esplendorosa y viva que ilumina y guía en las tinieblas!...
¡Dame la esperanza que es impulso y aliento hacia el Ideal!...
¡Dame el Amor que torna dulce todo lo amargo y hace presentir la dicha inefable de la infinita y eterna
claridad!...
¡Oh Maestro Jesús... el de los grandes martirios!... ¡El de las heroicas inmolaciones!... ¡El de los
renunciamientos completos, profundos y silenciosos!...
¡Déjame beber en la misma copa que Tú para tener el derecho de llamarte Maestro mío!...
¡En tus caminos de hombre y en tus caminos de apóstol nada más he descubierto que una lucha tenaz y
persistente por quemar como perfume en un pebetero, todo cuanto pudiera ser complacencia a tu corazón de
hombre!...
¿Por qué es esto, Maestro mío?
Era dulce a tu corazón de hijo el resplandor suave de la llama del hogar, el techo que cubrió tu cuna,
saturado de amores y de recuerdos...
Y te arrancaste de improviso y llevado lejos a tierras desconocidas, tal corno una blanca flor arrancada por
el vendaval...
Te he visto en temprana adolescencia arrancarte Tú mismo a las ternuras familiares y acogerte a la
austeridad de los Santuarios Esenios, donde la soledad y el silencio avivaban tus recuerdos y los resplandores
de la contemplación y la luz de la sabiduría poblaban tu alma de poemas inmortales...
¿Por qué es todo esto, Maestro mío?...
¿Por qué tronchabas así las puras y blancas flores del amor de la familia?
Yo he visto más tarde que cegaste apenas nacida la púrpura viva de otros afectos más intensos aún y que
son fibras de la vida en todo ser que reviste la materia propia de este planeta.
¿Es que tu vida es el libro abierto en que debemos leer y aprender y forjar nuestras vidas si queremos subir
a la cumbre en que nos esperas Tú?...
¿Es que debemos quemar también como perfume en un pebetero todo aquello que signifique
complacencias a nuestro corazón?
¿Es que las leyes que rigen un determinado plano de evolución me llevan también a mí por un camino de
desnudez espiritual, sin ensueños y sin alegrías de las muchas que veo pasar a mi vista como mariposas de luz
fugitivas y rumorosas?... ¿Como hadas blancas y musicales que se acercan y huyen, que me sonríen y se
desvanecen cuando el alma se inclina a ellas para acariciarlas?
Y cuando en todo esto medito a la luz de las estrellas, sentada sobre el desnudo peñasco donde no crece
el follaje, ni se abren las flores, ni anidan las gaviotas, ni arrullan las palomas, a la vera de un mar de olas
turbias y bravías oigo tu voz... la voz de tu alma que habla a la mía invitándola a la divina soledad de la cumbre
gris y escueta donde un día se levantó un madero en forma de cruz, donde un mártir sublime extendió sus
brazos para exclamar entre la suprema angustia de aquel a quien todo le fue arrancado, hasta la vida misma:
"¡Padre mío, recibe mi espíritu!... ¡Si, tu espíritu, Maestro mío, desnudo ya de todo y sordo para siempre a
la voz de la Tierra que desaparecía a tu vista como un negro fantasma de iniquidad y de miseria!..."
¡Maestro!... ¡Maestro Jesús!... Oigo más todavía en el silencioso recogimiento de mi oración junto a Ti...
oigo tu voz suave como el rumor del céfiro en las flores antes del anochecer:
21
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
"El que quiere ser mi discípulo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame."
¡Y entonces siento que el mago importuno del recuerdo, en no sé qué plano áureo y cristalino que existe en
mí misma, empieza a diseñar horizontes de ensueño, verdes colinas, valles deliciosos donde se arrullan las
palomas en el tierno idilio de sus amores; fuentes serenas y claras donde las garzas se contemplan a si mismas
embelesadas, flotando como esperanzas que vienen!... ¡Y me veo yo misma, amada y amante, coronada de
rosas y de lirios, derramando en abundosos raudales mi copa desbordante de amor y de felicidad... la suprema
felicidad que en divino poema bebieron Juno y Vesta, Numú y Vesperina, Anfión y Odina... el amor como canto
de pájaros, como susurros de flores agitadas por el viento, como melodías de arpas eólicas suspendidas del
sauzal sobre el cristal de la fuente!...
¡Oh Maestro Jesús!... Piadoso y bueno, el mago del recuerdo parece decirme: " ¡Alma..., pobre alma! ¡Vive
de la gama sutil de mis creaciones... ¡Vive de las redecillas doradas de mis múltiples colores, de mis cromos
que palpitan aún y que viven!..."
Pero más potente es tu voz, Maestro Mío, que hace llegar a lo hondo de mi ser el salmo sagrado de lo que
es y será el horizonte único de mi subida a la cumbre, después de haber quemado como perfume en un
pebetero todo cuanto causa humanas complacencias a una criatura revestida de carne...
Y tu voz me dice: "La decepción fue para ti el viento helado que sacude las ramas del árbol y las despoja
de sus galas primaverales, acelerando así la hora del fruto codiciado.
"La ingratitud fue para ti la escarcha del invierno que seca el verde ramaje para fortificar la raíz y quemar
las orugas venenosas, de tal manera que al llegar aquella otra primavera de robusta lozanía espiritual tus
plantaciones no sienten el frío de las escarchas ni el azote del vendaval.
"El desamor, la indiferencia, el olvido, el abandono, te arrancaron de golpe a todo ese enjambre de
melodías humanas que poblaban de efímera dicha tu horizonte mental, donde era llegado el momento de
diseñar creaciones reales, verdaderas y eternas.
"El cáliz de la inmolación, del sacrificio, del renunciamiento, y de la negación de ti misma, es amargo como
el acíbar. Pero cuando hayas apurado la última gota, sentirás que el Eterno Amor lo llena hasta desbordar, no
de efímeras satisfacciones sino de una felicidad no soñada, ni comprendida, ni sentida jamás por aquellos que
aún no tuvieron el valor de quemar, como perfume en un pebetero, todo cuanto embriaga el alma de fugaces
satisfacciones.
"¡El alma que busca el amor sin recompensa, el amor sin egoístas satisfacciones, el amor que se dio sin
esperar nada a cambio de lo que da, es así de generoso y callado! ¡Es así de grande y de sereno! ¡Es así de
pleno y sobrehumano que nada saben de él las almas que aún no fueron llamadas a ese altar apartado y
solitario donde arde permanente la llama en que se consume toda la hojarasca de los humanos deseos, para
que no turben la quietud interior de los ungidos del amor!
"No ha de ser el camino de los discípulos diferente de aquel que anduvo el Maestro.
"Si quieres andar por mis caminos, y subir la misma montaña, y beber mis aguas de Vida Eterna, y
coronarte con las rosas del Amor Divino, alma que buscas y que llamas, aniquila hasta el mago del recuerdo,
aduérmelo en el olvido, y deja vivir en la plenitud de la lozanía y del amor, las nuevas creaciones que la Divina
Sabiduría hace surgir en el áureo plano de cristal de sus realidades inmortales."
¡Tal es la voz honda y serena de tu sagrado salmo, Maestro Jesús..., ese que me recitas cuando meditando
a la luz de las estrellas, sola entre el cielo y la tierra busco el porqué de todas las horas dolorosas, pesadas y
crueles que pasaron por mi corazón como ventisqueros de hielo destrozando mis ilusiones y mis ensueños!...
¡Bendito sea tu divino salmo, Maestro Jesús, que cae sobre mi corazón como el rocío sobre una débil
planta agostada por los huracanes o marchita por las escarchas de este largo invierno!...
¡Maestro!... ¡Maestro! Que este sagrado salmo que tu alma canta a la mía, endulce mis sacrificios, haga
suaves mis inmolaciones... y serenos mis renunciamientos para que ellos suban hasta lo infinito como espirales
de incienso quemadas y consumidas por la llama purificadera de lo único que no muere, ni se extingue, ni se
cambia: tu amor inmortal y divino que me lleva de la mano a la posesión de la Eterna Claridad!... ¡Dios!...
¡origen y fin de todo cuanto existe!
LA SELVA OSCURA...
22
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
¡Oh mi divino Maestro!... ¡Mi luz, mi guía y mi único amparo en el oscuro destierro!
¡Apenas si mi voz acierta a llamarte!... ¡Y mis ojos nublados de llanto no perciben tus arreboles dorados ni
los blancos cendales de tu claridad inmaculada!...
¡La angustia como una ola negra y pesada ahoga mi espíritu agobiado de incertidumbre!...
¡Maestro mío!... ¿Dónde estás oculto que mi alma no puede encontrarte?...
No te veo en este páramo desierto... ¡No te siento ni percibo tu voz, ni el calor de tu irradiación tierna y
dulce como una caricia materna!...
¡La copa del dolor ha desbordado ya entre mis manos, y sus aguas amargas corren y corren como un
caudaloso río inagotable!...
¡Maestro!... ¡Amor mío de muchos siglos de mi eterno camino!... ¡Mi alma, agotada ya sus energías,
quisiera romper el lazo de la vida humana que se hace más angustioso cada día, cada hora, cada minuto!...
Y cuando iba a dar un largo adiós a todas las cosas oigo a lo lejos... allá en lo hondo de mi propio yo, la
tenue vibración de tu divino pensamiento que el amor... el amor tuyo Señor traduce en palabras de consuelo y
esperanza.
"¡Mujer, que abrazada a mi cruz lloras silenciosamente juzgando que será eterna la tiniebla que oscurece el
horizonte!...
"¡Acuérdate que muchas veces dije que la fe traslada las montañas y que el amor salva todos los
abismos!...
"¡Y si montañas y abismos se interponen en tu camino, montañas y abismos salvará nuestro recíproco
amor, si valerosa hasta el fin, no decae tu espíritu en la hora cruel del sacrificio!
"¿Qué es el abandono de las criaturas para el que está amparado por Dios?
"¿Qué es la soledad material para el que abrió su alma a la plenitud divina poblada de almas hermanas que
comprenden y sienten el amor y la amistad?
"¿Mujer débil y triste como alondra solitaria posada sobre una rama desgajada por el huracán y flotando a
merced de las olas bravías y tempestuosas?...
"¿Por qué lloras siempre con ese hondo, silencioso llorar con que durante tantas horas regaste la piedra
aquella que cubrió mi tumba? ¿Con ese largo y silencioso llorar con que durante años humedeciste las arenas
caldeadas del Mar Muerto?... ¡Muerto en verdad como tus ilusiones y esperanzas humanas de aquella lejana
hora, punto inicial de tu progreso como espíritu!...
"¡Como aquél, es éste un punto de luz en el horizonte de tu vida eterna!
"¡Óyeme mujer, que te hablo a ti misma en esta hora de angustiosa zozobra para tu espíritu abatido por el
huracán de los humanos desengaños y sumergido en las arenas movedizas de todo lo inestable, fugaz y
pasajero que te brindó la vida!...
"¡Tengo queja de ti, mujer de mi alianza postrera con esta humanidad que te rodea, porque juzgas del amor
del Maestro como podrías juzgar de los mudables afectos de tus amigos de la Tierra!...
"¡Y porque así lo juzgas te crees sola y abandonada a las furias de la selva negra que atraviesas y de las
olas embravecidas que surcas en busca del Ideal Eterno!...
"¡Mujer!... Si me sintieras a través del amor y de la fe, caminando a tu lado, allanando tus caminos y
abriendo nuevos surcos a la divina siembra, no llorarías con ese hondo llorar del peregrino solitario, en tierras
de eternas nieblas, donde no clarea el sol por las montañas ni resplandecen las estrellas en las noches sose-
gadas...
" ¡Has pedido ser, en esta hora, desposada del Amor Eterno, el cual sólo abre la puerta de cristal y oro de
su divino santuario cuando la esposa se ha engalanado con la vestidura nupcial tejida de abnegaciones
heroicas, de renunciamiento completo y de generoso holocausto!...
“¡Has querido beber mi propio cáliz, y la copa desbordante fue acercada a tus labios!...
"¡Bebe sin miedo, mujer, que en el fondo de esa copa está el néctar divino de la única felicidad que puede
saciar tus anhelos: la inefable belleza de la Luz Eterna y la infinita bienaventuranza que emana de la posesión
perfecta de Dios!...
"¡Has querido para ti los propios estigmas de mi dolor como hombre sacrificado por un sublime ideal de
redención humana; y cruz ha sido para ti el desengaño de todos los afectos humanos; afrentosa flagelación, la
pérdida de bienes, fama y estimación; agonía solitaria y torturante el abandono de los que pasaron por tu lado
23
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
recibiendo la ofrenda de tus beneficios, las flores suaves de tus afectos y solicitudes!...
"¡Mujer!... levanta del suelo tu frente abatida y piensa a la luz que irradio sobre ti. Ahora, que todo lo has
dado sin reservarte nada para ti; ahora, que todos tus dones fueron ofrendados en divino holocausto al Eterno
Amor, incluso tú misma, entregando vibración tras vibración, latido tras latido, anhelos y pensamientos a Luz
Eterna que tejerá la túnica blanca de la humanidad del porvenir, ¿qué temes? ¿Por qué lloras y gimes si,
cuando todo lo has dado, es llegada para ti la hora de recibir?
"¡El Eterno Dador es quien te devolverá ahora centuplicado tu don; y cada lágrima tuya en el ara del
sacrificio, y cada flor marchita del árbol muerto de tus humanas esperanzas, será para ti como el resplandor de
muchos soles, como el canto triunfal de muchas almas, como la eterna melodía de innumerables voces, ecos,
notas, que se irán desbordando como torrentes en el espacio infinito y que el Eterno Pensamiento traducirá en
estas palabras:
"¡Bienaventurados los que han amado más allá de las cosas que se extinguen y perecen!"...
¡Maestro!... ¡Maestro mío!... He comprendido tu lección envuelta en divino simbolismo, a través del cual me
sonríe tu promesa eterna!...
Has diluido en tu fuego sagrado las últimas cenizas de mis terrenos deseos; y el más completo
renunciamiento a todos los goces humanos, abre por fin la puerta a las divinas compensaciones...
Mi alma, Señor, desde este instante supremo y solemne sólo será una lira invisible en tus manos para
trasmitir a tus amados de esta tierra, los cantares inefables de tus amados de los cielos infinitos...
Penosa y dura fue la subida, Maestro mío; pero si es verdad que he llegado, dame tu paz y tu amor, que es
la única compensación que deseo...
LA PRESENCIA DIVINA
¡Maestro Jesús, que irradias con infinito amor tu claridad eterna sobre toda criatura que a Ti se llega
pidiéndola!...
Vencida nuevamente por el enorme peso de la vida humana en estos valles terrestres, me acerco a tu
corazón que se desborda de piedad y de amor, para vaciar en Ti mis cansancios, mis desalientos y
vacilaciones.
El horizonte se ha ennegrecido de nuevo, todas mis luces se han apagado como si mil incertidumbres y
dudas, formando sombras en torno mío, me hubieran envuelto en densas tinieblas.
¿Qué hay, Señor, más allá de estas tinieblas que parecen cortarme todos los caminos?
Paréceme que las flores de amor que en tu nombre había sembrado, se tornaron en matorrales de espinas
como guaridas de fieras que llenan el alma de terror y de espanto.
¿Por qué, Maestro mío, del amor no siempre brota el amor?
Tú nos dijiste que a veces tu simiente cae en tierra estéril donde los abrojales la ahogan y la matan; que a
veces la devoran las aves de rapiña, o la pisotean los viajeros inconscientes a lo largo del camino...
¿Dónde, Señor, dónde está la tierra fértil en que germine vigorosa la simiente divina del amor que nos
mandaste sembrar?
¡Sembrar!... ¡Qué duro es sembrar en las rocas muertas donde heladas escarchas la queman y la
consumen, dejando el pesimismo y el desaliento en el alma de tus sembradores!
¡Oh, Maestro Jesús!... ¡Qué débiles sembradores de tu divina simiente son los que has elegido!... ¿Dónde
está oculta la luz, la fuerza, la vigorosa voluntad de continuar tu obra por encima de todos los dolores y de todas
las obscuridades?...
Y cuando la pesada tiniebla parecía invadir como una marejada hasta el recinto de mi oración junto a Ti,
escucho tu voz en lo profundo de mi yo íntimo, como el cantar de un ruiseñor lejano entre la selva impenetrable
y sombría. Y yo reconozco esa voz que acude a calmar la furia de la tormenta en mi mar embravecido. Y el
alma aquietada por tu voz sembradora de paz y de esperanza la escucha anhelante como una cadencia lejana
que dice:
"Si vaciláis y dudáis y tropezáis en los caminos de la vida es porque muy a menudo olvidáis quiénes sois, a
qué habéis venido y hacia dónde camináis... ¡Olvidáis quiénes sois cuando os desalientan los fracasos
materiales o espirituales hasta el punto de creeros solos y olvidados en pleno destierro, como si ninguna voz
respondiera a la vuestra, y como si vuestro pensamiento no despertara vibración ninguna entre las múltiples
24
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
ondas de las corrientes divinas llenas de vida y energía en el vasto e incomprensible Universo!
"Olvidáis quiénes sois cuando os alejáis unos de otros dejando que los resentimientos o los odios, el
predominio, la vanidad y demás sutiles egoísmos del espíritu se hagan carne en vosotros bajo el manto
encubridor de dignidad ficticia o de justicia imaginaria y equivocada.
"Olvidáis quiénes sois cuando buscáis con desmedido afán las grandezas humanas, el aplauso de las
criaturas y la figuración en el medio ambiente en que actuáis.
"Y olvidáis, en fin, lo que sois y el objeto de vuestra actual estada en la Tierra, y el grandioso ideal de
perfección humana que buscáis desde siglos, cuando os reveláis en contra de hechos y acontecimientos que
son el resultado natural de la misión que habéis pedido y aceptado, la cual os coloca en los senderos de la luz
que os pone al descubierto, sirviendo de blanco a las fuerzas de las tinieblas, eternamente en pugna con la
Verdad y con el Amor.
"Habéis olvidado que mis caminos tienen huellas de sangre y están humedecidos de llanto y flotan en ellos
vibraciones de sollozos y de gemidos. Habéis olvidado que sois seguidores del gran sacrificado y que no podéis
esperar coronas de rosas sino después de haber bebido gota a gota el mismo cáliz que Yo bebiera cuando
sumergido en las tinieblas de mis dolores de hombre decía a mi Padre: "Pase de mi este cáliz; pero no se haga
mi voluntad sino la tuya."
"Cargados estáis de tristeza y de fatiga porque veis levantarse de todos lados, como avalancha formidable,
las corrientes del mal que, enloquecidas por el loco orgullo que las domina, sueñan siempre ganada la batalla y
deshecha y vencida la blanca legión de mis seguidores. No cuentan las fuerzas de las tinieblas con mi llegada
en el momento álgido de las terribles borrascas.
"No cuentan ellas con que el Maestro está en medio de vosotros para deshacerlas y aniquilarlas, porque
tengo en mis manos la fuerza invencible de la Verdad, de la Justicia y del Amor.
"Os repito de nuevo: ¡olvidáis quiénes sois y a qué habéis venido, y por eso hace presa en vosotros el
desaliento y el pesimismo bajo el cual cayeron vencidos tantos y tantos a lo largo del camino... de este camino
mío, donde hay huellas de sangre y vaho de lágrimas, y rumores de sollozos y de gemidos!...
"Que mi alma derramada en amor y ternura sobre las vuestras vierta su divina Luz sobre vosotros para que
seáis conscientes de vuestra misión de esta hora y de las alianzas sublimes que os unieron conmigo desde
largos siglos.
"Pensad en todo momento que la única desgracia verdadera que debéis temer es la de claudicar de
vuestros pactos solemnes en favor de lo único que no cambia, ni varía, ni se, acaba: la Verdad y el Amor, que
es en suma, la felicidad que buscáis.
"Acordaos que estoy en medio de vosotros como sereno espectador de vuestras abnegaciones y
renunciamientos, de vuestras luchas y tristezas, de vuestras angustias y de vuestros triunfos, y que estoy con
mis brazos abiertos y mi corazón de amigo fiel que os llama a descansar en él cuando os sintáis desfallecer..."
¡Maestro!... ¡Maestro mío, amante y amado sobre todas las cosas!...
¡Estabas a mi lado y no descubría tu amada presencia!...Me creía sola entre tinieblas desoladas y frías, y
Tú andabas amorosamente a mi lado!
¡Sálvame, Señor, del desaliento, la desesperanza y la duda! ¡Sálvame de las sombras de la inconsciencia
que me obscurecen el horizonte!... ¡Sálvame de las flores vanas de humanos deseos, que traen soledad, olvido,
abandono y angustia! ¡Sálvame de mí misma y dame el poder de sentir tu divina Presencia dentro de mi propio
ser, y nunca más vacilaré en tu camino!...
VELAD Y ORAD
¡Maestro Jesús, sereno espectador de todas las ansiedades del alma peregrina en los valles terrestres!
Escucha piadosamente mi queja, porque sólo Tú, Señor, puedes llegar a lo más profundo del alma azotada
por mil cavilaciones que vienen y que van sin encontrar respuesta...
Si mi pensar y mi obrar están de acuerdo con tu divina enseñanza de amor, de justicia, de fraternidad, ¿por
qué, Señor, tantos escollos y precipicios en el camino?...
¿Por qué tantas aversiones y antagonismos forman barreras de chispas ardientes en torno mío, y con
torcidas y malignas interpretaciones se manchan de lodo los más puros anhelos?...
Si este obrar es una chispita insignificante emanada de tu luz divina y eterna, ¿por qué provoca el enojo y
la censura, y cien brazos de hermanos armados de látigo se aprestan a la oprobiosa flagelación?
25
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
Acobardada el alma ante la tempestad que ve levantarse cuando esperaba el clarear de una aurora nueva,
se repliega en sí misma como una avecilla herida cuyas alas no tienen fuerza para ensayar nuevos vuelos
abarcando la inmensidad.
Y queda allí aletargada en la inacción, sintiéndose inútil e incapaz de realizar nada que pueda significar el
bien para sus semejantes.
Y el alma agobiada de tristeza y de incertidumbre sólo acierta a refugiarse en Ti para preguntarte: "
¡Maestro!... ¿Estoy en la verdad o en el error? ¿Tengo en mis manos el bien o el mal?
¿Soy acaso víctima de engañosas ilusiones que tejen redes de oro de mi fantasía y que la realidad
convertirá en muertas cenizas que se lleva el viento?...
¡Ten piedad, Maestro mío, del alma acongojada y vencida por la nulidad de sus afanes, de sus esfuerzos...
de sus anhelos!
¡Y hazme sentir tu aliento de fuego que templa el frío de esta helada y desierta soledad!...
¡Oh, Maestro mío, amado sobre todas las cosas!... ¡Cuan suaves vibraciones de amor preceden a tus
palabras que anuncian tu acercamiento!
Y a poco escucho en lo más hondo del alma tu ansiada respuesta:
"¡Qué serena quietud la de este abandono si en medio de él sabes encontrar a Dios!"'
"Y como un día de mi última vida terrestre dije a los míos: cuanto pidieres al Padre en .mi nombre os lo
concederá, es por eso que mi pensamiento llega hasta ti haciéndote sentir hondamente el efluvio del Amor
Eterno para llenar el vacío que deja en todo corazón dé carne la incomprensión y el desamor de los seres que
le rodean.
"Hilos son de la fuerte red de oro que por propia voluntad has querido tejer para esta hora de tu camino
eterno, al unir tu esfuerzo al de todos los míos en la obra de liberación humana terrestre.
"Piensa y medita que no sin dolor y sin fatiga se abren caminos entre las duras rocas de las montañas.
"Abrir santuarios de amor y de fe que den luz y fortaleza a los peregrinos del ideal, desorientados a veces
en las mil encrucijadas del camino eterno, es oponer barrera de bronce a la oscuridad mental y a la ignorancia
promulgadas como ley por los que se han constituido en conductores de la humanidad.
"Y por lógica consecuencia, esa barrera de bronce debe soportar todo el empuje, todo el embate furioso de
las fuerzas predominantes en mundos de escasa evolución moral como la Tierra.
"De ahí el cansancio, el desaliento, la desilusión de los cultivadores de mi huerto, que viéndose arrollados y
dispersados por fuerzas poderosas, se creen víctimas de ilusorias fantasías de grandeza espiritual y de dicha
sobrehumana que nunca llegarán a alcanzar.
"No es a ti sola que te agobian como enorme mole esos sombríos pensamientos de incertidumbre y de
duda.
"Piensa que toda creación exige ordinariamente esfuerzos heroicos, porque significa dar de la propia vida,-
del íntimo ser, y con absoluto desinterés darse a sí mismo sin detenerse a pensar en la dulzura de las
compensaciones ni en las glorias del éxito inmediato.
"Lógico es entonces el abandono, la desconfianza de todos aquellos que no alcanzan aún a vislumbrar el
supremo anhelo del que impulsado por el Amor Eterno y por la Ley ineludible de su propia evolución, se da a sí
mismo en holocausto, transformándose en un rayo de luz, en una gota de agua, o en suave nota de un cantar
ignorado que lleve a los eternos viajeros de la vida al recuerdo de lo que son en el concierto grandioso de la
creación universal.
"¡Alma que ruegas y que buscas!... No de otra forma debías esperar que se desenvolviera tu vida si
deslizas tus pasos sobre los míos en este planeta donde aún no florece el amor, sino en los breves intervalos
de calma que median entre las convulsiones y sacudidas inherentes a la Ley de continua transformación de los
mundos, más violenta y dolorosa cuanto mayor es su inferioridad. .
"Y si cada etapa de vida terrestre mía fue una ofrenda de dolor, un holocausto completo al Amor Eterno,
cuyo impulso seguía, hoy que en espíritu me acerco a tu espíritu y la onda sutil de mis pensamientos forma
contacto con una inteligencia encarnada ¿en quién si no en ella y en los que le forman aura conjunta he de ser
yo sacrificado otra vez?
"La humanidad no puede sacrificarme materialmente otra vez; pero su milenario atraso y egoísmo le hace
encontrar el medio de sacrificarme en mis ideales, sacrificando a los seres que se constituyeron portavoces de
mi enseñanza de fraternidad, de justicia y de amor.
"Lógico es pues que aquellos que más de cerca me siguen, sean los primeros en recibir a pecho
26
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
descubierto las flechas envenenadas de odio de todos los que se levantan pedestales y acumulan tesoros a
favor de las sombras densas de la ignorancia y el fanatismo en que mantienen a las muchedumbres.
"Y conociendo qué el humano corazón desfallece a menudo cuando busca y no encuentra las flores que
soñó recoger, es que insisto hoy con igual apremio que en horas lejanas con aquellas palabras cuyo significado
pocos llegaron a comprender:
"Velad y orad porque el espíritu pronto está, pero la carne es flaca.
"Muy pocos fueron entre los que me rodeaban y seguían que no vieran conmoverse su fe hasta en los más
profundos cimientos al ver que su Mesías, su Maestro, su Salvador, caía vencido bajo el oprobio más infamante
usado en aquellos tiempos.
"Si es Hijo de Dios —pensaban— ¿cómo le deja su Padre, Poder Infinito, hundirse en ese abismo de
infamia cuando sólo con un rayo de su justicia podía aniquilar a sus enemigos y rodearle de esplendores y
grandezas?
"Y hoy que veo aquel mismo sentir y padecer en mis seguidores de la hora presente ante los
acontecimientos adversos causados por la incomprensión de los hombres, afirmo y digo que los razonamientos
humanos no siempre están de acuerdo con lo que marca la Divina Ley, para ciertas almas y en épocas deter-
minadas.
"¡Alma que interrogas y que pides!...
"¡No te dejes vencer por el desaliento cuando tu aparente inacción o inexplicable quietismo provoque en
torno tuyo pensamientos hostiles, que traducidos en palabras significan ilusión, engaño, desvarío, quimeras
fantásticas de mentalidad enfermiza!...
"Más crueles e hirientes fueron las frases que escuché en mis días terrestres, hasta el punto de que
colmado y desbordante el cáliz de mi corazón de hombre, exclamé en lo alto del cadalso:
"¡Padre mío!... ¿Por qué me has abandonado?
"Se diría que la Eterna Justicia esperaba esta queja de mi alma colmada de angustia para descorrer ante
mí los velos que me ocultaban el esplendor de la realidad y que percibiendo la gloria del Amor Eterno que me
esperaba, pudiera yo decir en el instante de mi partida:
"¡Todo fue consumado! ¡En tus manos entrego mi espíritu!
"¡Alma que buscas y que ruegas!... ¡Si has querido tomar para ti mi enseñanza y mis caminos, debes saber
que tal es la compensación de las criaturas inconscientes y tal es el Amor Inefable del Padre cuando la tarea
fue cumplida y bebido hasta la última gota del cáliz elegido en las épocas solemnes y trascendentales que
llegan para los mundos y para las almas en el correr interminable de la eternidad!...
"Espera pues impasible y serena en el seno de la Providencia Divina, que eternamente vela con la fuerza
invencible de su Ley y que sabe la hora del descanso y glorificación de sus criaturas.
"Aún no has apurado las últimas gotas del vaso amargo de la vida terrestre y por eso repito una y otra vez:
"¡Velad y orad para no caer en la tentación que en esta hora se llama duda, zozobra, desaliento y
desesperanza!
"Ellas invaden el alma como una ola de tinieblas, si desorientada en el penoso viaje deja apagar la luz del
único faro que puede alumbrarle el camino: ¡la oración!
"¡Ora por ti y por todos aquellos que como tú oyeron muchas veces mi voz, y recogieron mi enseñanza, y
vieron florecer en sus corazones mi piedad y mi ternura! ¡Todos somos como uno solo en el infinito seno de
Dios y es su voluntad que lleguemos a El unidos por el Amor los que el Amor engendró para perpetuar
indefinidamente la grandiosa grandeza de su eternidad!
"Y cuando tu esfuerzo y tu abnegación hayan colmado la medida que exige tu ley de esta hora, descansa
en la Suprema Justicia que jamás retrocede en lo que le concierne. Y descansa también en Mi, que ligado estoy
a ti por una alianza de siglos y sé valorar el esfuerzo que cuesta en este plano terrestre el dar un solo paso en
el camino ascendente hacia la cumbre que entrevés en las lejanías del horizonte.
"¡Pocos son los que en este paraje de la Tierra se esfuerzan y sacrifican por la obra de amor del Maestro; y
esa misma escasa minoría deprime dolorosamente tu espíritu deshojando poco a poco el árbol de tus
esperanzas!
"Piensa, mujer, que las obras de Dios, desnudas en absoluto de egoísmos y de interés, jamás arrastran
multitudes en sus comienzos obscuros, plenos de dolores y de sacrificios, porque la humanidad terrestre aún no
llega a comprender el amor que no pide y espera recompensa.
"Y ante esta inconsciencia humana sólo debe brotar del fondo de tu alma la exclamación acerba que brotó
27
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
EL ROSAL DE CRISTO
¡Maestro Jesús!... ¡De nuevo junto a Ti, mi alma busca derramarse a tus pies como un hilillo de agua cuyas
gotas absorban sedientas los rayos de luz de tu mirada, el calor suave de tu aliento, y los latidos de tu inmenso
corazón de Hijo de Dios. Y mi mente absorta toda en Ti, se empapa, se sumerge, se refunde en tu divina
claridad y encuentra fases nuevas en el prisma maravilloso de tu excelsa grandeza! Y me parece casi
incomprensible que tanta fuerza, tanta luz, tanta magnificencia y plenitud de gloria, de belleza y de poner
pudieran hermanarse un día, lejano ya, con las penas acerbas, las angustiosas agonías, los humillantes
oprobios padecidos por Ti revestido de carne y sujeto a las rudas leyes marcadas ala humana naturaleza.
La incomprensión de los hombres debió ser para Ti, Maestro mío, un doloroso tormento.
Sólo un puñado de humildes seres adivinó tras el iris topacio de tus pupilas, la divina grandeza de tu alma
de Mesías, y en la serena vibración de tu palabra el poema eterno de la Verdad y del Amor traído por Ti como
divino mensaje a la humanidad terrestre.
Los grandes, los poderosos, los sabios de la Tierra no supieron leer en tu mi rada, ni encontraron melodías
en tu palabra, ni claridades de sol en tu divina enseñanza.
"Amaos los unos a los otros", decías, como un ruiseñor que canta en la selva al amanecer, y los esclavos
seguían siendo azotados porque pedían un mendrugo más de pan, y los enfermos despreciados como
asquerosas piltrafas de carne inútil, y los mendigos hambrientos buscando en los muladares sucios mendrugos
para saciar su hambre, y los pecadores descubiertos en falta, apedreados, maldecidos, arrojados al abandono,
a la miseria, al dolor y a la muerte.
"Todos sois hijos de vuestro Padre que está en los cielos", decías, soñando ya en la eterna aurora de la
fraternidad humana, de la igualdad de derechos, y de deberes entre los hombres, y aún ahora, después de
veinte siglos de haberte escuchado la humanidad terrestre, el odio, la tiranía, las opresiones del fuerte sobre el
débil continúan con igual intensidad, como si tu divino legado de amor hubiera sido un rosal en flor deshojado
por el otoño y arrastrado por el vendaval.
¿Adonde fue a parar, Maestro mío, tu divino rosal?... ¿dónde?... Y mientras mis pupilas se nublan de llanto
y mi alma de angustia, oigo en lo más íntimo de mi Yo tu palabra suave llena de esperanza, de amor y de fe,
que me dice:
"En tu corazón se refugiaron esos pétalos arrastrados por el viento, y son ellos que te hacen sentir el amor
tal como brotara un día de mi corazón y se derramara sobre la tierra.
"Otros como tú recogieron los pétalos cual gotas de sangre que volaban a merced de los vientos; y esos
pétalos fueron semillas de apóstoles y de mártires que siglos tras siglos han regado de llanto y de sangre mi
rosal olvidado por las muchedumbres, que como majadas de bestezuelas inconscientes, no aciertan más que a
buscar hartura de sus deseos y de sus instintos sin levantar apenas la vista de la tierra que hollan sus pies.
28
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
"Por la plenitud excelsa del poder de ubicuidad, que por Eterna Ley me asiste, veo y siento a los que me
aman y a los que me olvidan, a los que me buscan y a los que me rechazan con sus obras aunque con sus
labios me llaman; veo los campos de batalla sembrados de esqueletos que fueron hombres capaces de amor,
triturados y deshechos por el odio de otros hombres, también capaces de amor y de fe. Mi vista percibe
claramente todo ese informe montón de ruinas de los que fueron hogares iluminados por el amor de las madres,
de las esposas, de los parvulillos como botones de rosas, promesas de amor y de dicha para la propia
humanidad, que los sacrifica como a indefensos corderos en nombre de un ideal de justicia que la Divina
Justicia rechaza como un sacrílego baldón.
"Caen en confuso tropel de sangre y fuego matadores y víctimas; y de ese informe amontonamiento de
carne humana deshecha veo surgir, al llamado de mis invisibles mensajeros, las almas de mis escogidos, de
mis últimos mártires de esta Tierra, por encima de la cual siguen revoloteando como mariposas de sangre los
pétalos del rosal de mi amor arrastrados por el viento. Una obscura nebulosa con miasmas de putrefacción
sube de la tierra, y mis enviados sufren las náuseas de su acercamiento. Mis miradas traspasan también esa
nebulosa y veo almas como estrellitas radiantes que iluminan las tinieblas, corazones amantes que se abren
como nidos de ternura para cobijar a los hijos de nadie, a los que la humanidad inconsciente llama escoria del
arroyo, basura del muladar...
"Y entonces vuelve a brotar de mi Corazón de Hijo de Dios aquella palabra cálida y vibrante, imborrable y
eterna que está calcada a fuego en los planos más sutiles de todos los mundos:
"El que no ama a sus semejantes como se ama a sí mismo, no entró aún en el camino de salvación".
"Hombre o mujer que te cobijas a la sombra de mi Cruz, detiene un momento tus pasos y medita: tú
aprecias como un tesoro tu vida, tu salud, tus riquezas o posesiones, tu bienestar material, tus goces grandes o
pequeños. El mismo derecho que tú tiene el mendigo que pasa como un fantasma harapiento a tu lado; el
huerfanillo sin techo ni hogar, que vive confundido con los perros de la acera; la viejecilla de llorosos ojos sin
luz, cuyas manos como secas raíces se tienden al vacío para implorar!... ¿Quién eres tú y quiénes son ellos?...
"¡Almas, almas y almas!... ¡hijos de Dios que cumplen expiaciones dolorosas por pecados acaso menores
que los tuyos!
"¡Ciega y enloquecida humanidad que te cobijas bajo el árbol de mi Cruz, que proclamas con los labios mi
doctrina de amor y fraternidad y, como poseída de insensato furor, atropellas vidas y honras, destruyes vergeles
de amor y de fe pisoteando el derecho y la justicia en nombre de un equivocado ideal religioso que nada tiene
de Cristo más que el repudio y la execración!"
¡Maestro!... ¡Maestro!... Esta luz tuya brilla como un sol en la tiniebla de esta vida terrestre... Y si yo veo tu
luz y oigo tu palabra, y comprendo tu sentir, y percibo las palpitaciones de tu gran corazón hecho de amor y de
fe,.. Maestro mío... ¿por qué no lo sienten y lo ven y lo palpan de igual manera todos los hombres que se
cobijan al amparo de tu Cruz y de tu Nombre? ¿Qué hicieron de tu enseñanza?... ¿Qué hicieron de tu palabra,
de tus ejemplos, del resplandor de la vida tuya, que fue como una melodía, como un ánfora de miel derramada
sobre todos, como una interminable caricia sobre todas las frentes abatidas por el dolor y la miseria?
"¡Bienaventurados los misericordiosos", dijiste, y la misericordia es despreciada como una debilidad de
corazón.
"Amaos los unos a los otros", y los hombres se estrujan con odios profundos...
"El que ampara a uno de estos pequeñuelos, a Mí me ampara", decías una vez con la voz temblorosa por
sollozos contenidos; y los huérfanos son arrojados a las cárceles, a los asilos, porque no hay corazones
capaces de cobijarlos...
¡Maestro!... ¡Maestro mío!... conteniendo yo también un hondo sollozo te pregunto a Ti, que todo lo sabes y
todo lo ves:
"¿Dónde están tus discípulos, tus apóstoles, los seguidores de tu doctrina, los que comprenden el amor
como Tú... los enamorados de la Cruz?... ¿dónde están?..."
Un profundo silencio responde a éste interrogante mío, y a poco veo hacerse una nueva claridad en la cual
percibo unos cuantos calvarios con otros tantos crucificados. Es tu respuesta, Maestro mío; bien clara y definida
está: ¡Los que son capaces de amar como Tú, están sacrificados como Tú, porque la Eterna Ley exige que el
amor verdadero probado con el sacrificio, que el dolor en el paroxismo lave y purifique toda maldad humana! Es
el crisol que purifica el oro. Es el vendaval que arrastra toda la inmundicia. Es la segur aplicada a todo tallo
viviente, y que el campo sea libre para una nueva plantación...
¡Maestro!... ¡mi confidencia contigo ha sacudido fuertemente mi ser, pero mi mente iluminada por Ti ha
comprendido todo... absolutamente todo lo que has querido enseñarme!...
29
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
¡Ya lo ves, Maestro mío!... ¡Soy la eterna mendiga que está pidiendo siempre lo que sólo Tú puedes darme:
la paz!
¡Esa paz tuya que se asemeja a un cielo azul salpicado de estrellas lejanas, silenciosas, en una noche
quieta y serena también, dormida en silencio profundo!...
¡Esa paz tuya que es como un lago de cristal en cuya inmóvil superficie se reflejan los resplandores del
ocaso y el suave balanceo de los junquillos en flor!
Vientos huracanados de ambiciones y de egoísmos soplan de los cuatro puntos cardinales.
Se diría que nuestro pequeño planeta fuera a romperse en pedazos como un grumo de tierra aplastado por
el pie de un niño que corre...
¡El odio se ha desatado como una tromba marina en medio de la cual se producen choque formidables, que
siembran la muerte y la desolación!...
¿Hacia dónde volver la vista si no a Ti, Maestro Jesús, que tienes el secreto de la paz, de la esperanza y
del amor?
¡Tú sabes el porqué de todo lo que acontece en medio de esta humanidad que es tu herencia, el eterno
legado del Poder Supremo para Ti, Ungido de la Piedad y del Amor!...
¿Cómo no ser eterna mendiga de Ti pidiéndote paz, consuelo, esperanza y amor para todos los que
sufren?... ¡Para los perseguidos, porque buscan la justicia y la equidad; para los desterrados de su patria y de
su hogar; para los que languidecen entre las rejas de los presidios, doloroso baldón impuesto casi siempre a los
amantes de la justicia y de la fraternidad!
¡Oh, Divino Maestro, visionario sublime, idealista eterno a cuyo excelso sueño de amor fraternal
respondieron los déspotas poderosos con la muerte más infamante!...
¿Qué hora trágica es ésta, Maestro Jesús, tan semejante a aquella de tu doloroso holocausto, en que el
mal lo avasalla todo... se sobrepone a todo; y el bien, la virtud y la nobleza son arrastrados por el fango?
¿Qué tiniebla tan densa es ésta en que todos aparecen cegados por la espantosa influencia del vicio
glorificado y del crimen disfrazado de justicia?
Con el alma temblorosa de congoja y de espanto me acerco a Ti, Señor, para preguntarte, como el
Patriarca Abraham: ¿No enviarás tus rosas blancas de la paz sobre las pocas almas conscientes, amantes de la
verdad, que aún quedan como cirios alumbrando las tinieblas?...
¿Dejarás que tus amigos de todos los siglos sean arrastrados por el fango en que se recrean los
malvados?...
Y desde el fondo del alma se levanta mi voz para pedirte, como eterna mendiga que espera siempre tu don:
¡Salva, Señor, a tus amigos, a tus escogidos, a los que sienten en sí mismos ansias de liberación, de
fraternidad y de justicia!
¡Compadécete de las madres que tiemblan de espanto por la suerte de sus hijos!... ¡Compadécete de los
hogares amenazados por la perfidia y la traición, por el crimen meditado y encubierto; por la falsedad y la
mentira que llevan al caos a los pueblos inconscientes!...
¡Acuérdate, Maestro, de tus días luminosos de Verbo de Dios encarnado, en que ningún engaño quedaba
encubierto y toda maldad aparecía clara ante Ti!...
¡Que tu luz divina haga caer las vendas de todos los ojos, que las tinieblas huyan y se haga la luz, que los
hombres de bien sean reconocidos y guardados por Ti!... ¡Que sepan las muchedumbres dar a cada cosa su
justo valor... que merezcamos todos, Señor, el don divino de la paz, de la esperanza y del amor!...
Y cuando así clamaba mi alma a la puerta de tu Santuario, como un infeliz mendigo que pide siempre, sentí
la suavidad inefable de tu voz, que decía:
"Durante miles de siglos estuve deshojando sobre esta tierra las rosas blancas de la Paz, de la Verdad y
del Amor.
"¡La humanidad las ha pisoteado en el fango y muy pocas de ellas quedaron flotando como mariposas de
luz en los huertos apartados y solitarios... en los vallecitos florecidos y silenciosos... en las montañas donde
cruzan las brisas con resonancias de amor, de consuelo... de esperanza!
"¡Mi Paz, mi Verdad y mi Amor sólo pueden percibirlos las almas de buena voluntad que sinceramente los
buscan, y se abren, como corolas sedientas, al manantial silencioso de mis aguas de vida eterna!
30
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
EL ABRAZO ETERNO
Maestro Jesús... Cuan pesada es la cruz tuya... esa que llevaste sobre tus hombros un día para morir sobre
ella impulsado por tu heroico amor hacia los hombres de esta Tierra, donde aún eres incomprendido de la gran
mayoría.
¿Por qué, Maestro... por qué los hombres no te comprenden?
¡Te han levantado templos, santuarios magníficos, altares que son tesoros de arte y de riquezas. De todos
los rincones del planeta se levantan para Ti himnos y loores, todos pronuncian tu nombre cien veces
sacrosanto, pero no obstante el odio sigue reinando sobre la Tierra aun entre aquellos que te cantan himnos y
bendicen tu nombre!...
¡Y entre los acordes de esos himnos y de esa bendiciones, los hombres se matan unos a otros, se
despedazan la honra, el más fuerte despoja al más débil; el poderoso atropella con los indefensos y los
pequeños!... Y las doncellas ultrajadas ruedan como piltrafas deshechas por las calles relucientes de las
doradas capitales, y los huerfanitos sin padres, los hijos de nadie, pululan por las aceras, bajo las arcadas de
los puentes, entre los puentes, entre los despojos de covachas abandonadas al igual que los lagartos entre las
31
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
32
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
LA SOLEDAD DE CRISTO
33
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
¿QUE ES LA VIDA?...
¿Qué es la vida?... ¡Maestro Jesús... mi Instructor Eterno! ¿A quién he de preguntárselo sino a Ti que por
tu excelso grado de evolución todo lo comprendes y todo lo sabes? ¡Dímelo por piedad!
¿Qué es la vida? ¿De dónde vino? ¿Por qué y para qué vino? ¿Es beneficio la vida, o es una eterna
desgracia la vida?
¡Maestro mío! ¡Veo tanto desastre en torno mío!... Tanto mal, tanta fealdad, tanta miseria, tan horribles
cuadros de espantosas maneras de vida, que casi parecería una horrible blasfemia el pensar que sea ella una
emanación de Dios, Perfección Suprema.
¡Maestro!... ¡Se hace un caos en mi mente. ¡Tiéndeme tu mano!... ¡Envíame un rayo de tu luz piadosa!...
¡Maestro mío!... ¡Todo lo espero de Ti!... ¡Y todo bien me vino por Ti!
"Alma que buscas y pides angustiosamente y que haces de tu oración un ansioso y eterno interrogante."
"¿Qué es la vida y por qué vino y de dónde vino? Con pocas palabras te lo digo:
"La Vida es Dios y Dios es la Vida.
"Pero no confundas la Vida con las horribles deformaciones y degeneraciones que el libre albedrío de los
seres inteligentes perversos, imprime a muchas manifestaciones de vida.
"Parte del principio de que el actual estado de las mentalidades terrestres no alcanzan aún a asimilar la
idea de ese algo que no tuvo principio. Podréis comprender que la Vida no termina jamás, pero no alcanzáis a
comprender que haya existido siempre, desde toda la eternidad. Es como un aro de oro, que llamáis anillo, que
de ninguna parte empieza y en ninguna parte acaba. Es como una esfera diáfana, sutil, transparente, alrededor
de la cual podréis dar infinitas vueltas sin encontrar dónde comienza y dónde termina.
"Es como una espiral inmensa entre cuyas órbitas ilimitadas está encerrado todo el universo de millones de
mundos y que emana sin interrupción ni descanso átomos vivos, gérmenes de nuevos mundos, de nuevos
seres, de nuevas vidas.
"En su incapacidad de comprensión, la humanidad terrestre representada en las Inteligencias que más
ahondaron en esta radiante metafísica, se ha negado hasta hoy a aceptar que todas las inteligencias cuando
llegan a la suprema perfección se sumergen en Ella, son absorbidas por Ella, se confunden con Ella en tal
forma que pasan a ser la inmensa espiral de que te hablaba hace un instante, la misma esfera diáfana y sutil sin
principio ni fin.
"La última evolución, la más superior y perfecta en que las inteligencias conservan la individualidad, es la
que Antiguas Escuelas de Divina Sabiduría han llamado Fuegos Magnos. Más arriba de ellos... ¡alma que
interrogas y que pides! está la Ilimitada Espiral que lo absorbe todo,... ¡la Esfera luminosa y sutil que no
empieza ni acaba en ninguna parte!... Leo en tu ansioso pensamiento esta pregunta:
"Maestro: Cuando Tú te sumerges en ese Gran Todo que es la Vida y el Amor ¿adonde acudiremos por
luz, consuelo y esperanza, las pequeñas almas que venimos siguiendo tus pasos desde hace innumerables
siglos?".
"Ya sabía yo que tu corazón de carne haría esa pregunta. ¡No temas nada! Cálmate, que los Instructores
de mundos no abandonamos al acaso la heredad que a cada uno le ha confiado el Padre Universal, porque
tenemos conciencia de nuestra responsabilidad sobre ella hasta ser llegada la hora en que esa humanidad,
confiada a nuestra tutela, entre en una fase de desarrollo, de conocimiento y de evolución donde haya sido por
completo eliminado el mal, o sea cuando el planeta, después de ciclos y edades incontables, haya terminado su
período de mundo inferior para entrar en el concierto admirable y magnífico de los mundos superiores a los que
yo he llamado siempre Reino de Dios.
"¿Acaso no sabes que todas las inteligencias andamos el mismo camino de imperfección hacia la
perfección? Cuando tú hayas llegado a ser una luz perfecta, no pensarás en ser, según tu propio sentir, como
un abrojillo del camino, prendido de mi túnica de peregrino eterno.
"¡Aquiétate, espera y confía! No se asciende de un salto a las cumbres serenas de luz y de conocimiento.
"Tu mensaje, ya lo sabes desde mucho tiempo, es de paz, de amor. De unificación de las almas que han
llegado a la capacidad de comprender mi enseñanza, sintetizada en estas palabras: " ¡Bienaventurados los
limpios de corazón porque ellos comprenderán a Dios. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos
recibirán misericordia. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de Amor y de Justicia, porque ellos serán
hartos!"
"Pido al Padre, dueño de toda paz, consuelo y esperanza, que sea aliento y vida de mi bendición sobre ti."
34
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
"¡Alma que me llamas y me buscas!... Hora es ya de que vueles más alto y te liberes por fin del calvario de
tu propio corazón.
"¡Hora es ya de que las ligaduras humanas tuyas no sean para ti cadenas de hierro que te aprisionen
impidiendo tu vuelo en busca de esa luz inmortal y eterna que presientes!...
" ¡Hora es ya de que en el lago quieto y sereno de tu espíritu no se levanten marejadas, así vayan o
vengan, se enciendan o se apaguen, vivan o mueran las afecciones profundas que un día llenaron de rosados
pétalos la copa de tu corazón!..."
¡La comprensión del Eterno Invisible, hacia la cual caminas, y después de la comprensión el amor, será la
hoguera donde tú misma debes arrojar valientemente todo cuanto turba la serena quietud que necesita tu
espíritu, en esta hora en que por libre voluntad tuya te has convertido en arpa de los invisibles trovadores del
Amor Eterno!
"Entra en tu interior; déjate llevar por las suaves y dulces corrientes que como arroyuelos de luz te irán
marcando el camino hacia el portal grandioso del templo de la Verdad.
"El Amor que oculto vive en ti misma será quien llame a esa puerta.
"Confía y espera, que yo voy cerca de ti hasta que beba tu alma el agua pura de la Divina Sabiduría para
todos aquellos que, abrasados de sed, recorren fatigosamente los caminos polvorientos y resecos de la vida".
TU MAESTRO
¡Gran Dios!
¡Causa Eterna y única de todo lo creado!
¿Cómo podré- yo describir con frases humanas, pobres y mezquinas, tu excelso Reino de Luz, de Paz... de
Gloria y de Amor?
¡Para cantar a Dios, sólo Dios puede dar al labio divinos acentos como da resonancia a las olas y música a
los vientos!...
Seas Tú... ¡Oh, Amor Eterno!, quien te cantes a Ti mismo...
Seas Tu... ¡Oh, Mente Universal!, quien te comprendas a Ti misma.
Seas Tú... ¡Oh, Alma Infinita de la Creación!, quien hagas vibrar esta insignificante chispa de Ti misma, y
que cada vibración sea un llama de luz sobre esta humanidad que duerme...
El Reino de Dios, última Morada de las Inteligencias Perfectas antes de refundirse en la Eterna Luz, está
formado por un universo de soles, cuyos elementos constituyentes son de tal modo sutiles y diáfanos que no
admiten comparación con la materia, ni con la atmósfera, ni con el éter de que están constituidos los globos
similares a nuestra Tierra.
La carrera que a través del Infinito realizaron esos mundos radiantes, entiendo que es idéntica a la que
realiza todo cuanto vive en el Universo, de tal modo que los que hoy son esferas de escasa evolución, en un
lejano porvenir de millares de siglos, alcanzarán la cúspide de su desarrollo y formarán un día parte de esa
indescriptible magnificencia que nuestro Maestro Jesús llamó Reino de Dios y que son las Moradas de los
Espíritus de Luz, Maestros y Conductores de Humanidades, Mensajeros fieles de la Verdad Eterna, lámparas
de Dios sobre las tinieblas de los mundos inferiores que comienzan el camino de su evolución; infatigables
Misioneros del progreso, de la Sabiduría y del Amor.
Progreso, Sabiduría y Amor... ¡He ahí compendiada en tres palabras toda la vida de esas luminosas y
claras inteligencias, cuyos esfuerzos y sacrificios de siglos les elevaron hasta la cumbre serena y gloriosa del
perfecto conocimiento y del más puro Amor!
Sus pensamientos traspasan con más velocidad que el rayo de luz los abismos del espacio infinito en
forma que la inmensa distancia que separa los mundos habitados por ellos no les dificulta el comprenderse los
35
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
36
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
curarnos nos ponemos en la vertiente por donde corren las aguas divinas emanadas de aquellos seres
superiores, acueductos por donde el Eterno Invisible derrama su amor, su luz, su piedad infinita sobre todas las
humanidades?
¿Acaso podemos permanecer ajenos a la Armonía Divina si de verdad abrimos nuestra alma a los dulces
gorjeos de esos ruiseñores del Amor Eterno?
Algo así como el deslumbramiento de las Auroras Boreales en las regiones polares me hace entrever la
obra grandiosa de amor, de iluminación, de progreso, realizada por una sola de esas radiantes Inteligencias que
pueblan aquel Reino de Dios, no comprendido ni soñado siquiera por la mayoría de los hombres, y apenas
éstos prestan decididos el concurso de su voluntad.
De diría que "por el resquicio entreabierto, por un velo levantado", según la poética frase de nuestro
hermano Virgilio, alguna ley que nos es desconocida nos permite contemplar la esplendorosa reverberación de
nuestro Mesías Jesús sobre toda la humanidad terrestre, si bien sólo una parte de ella recibe y absorbe, diré
así, los rayos luminosos de esa divina explosión de claridad. Y esa luz es permanente sobre nuestra Tierra, a la
que envuelve en un suave manto de piedad y de amor.
Pero esa luz es más grande que la Tierra y se extiende también sobre Marte y sus satélites, sobre Eros,
sobre Hebes, sobre Iris y llega hasta confundirse con iguales claridades que, emanando de otras Inteligencias
Superiores, van a derramarse en igual forma sobre Venus, la de rosados resplandores, sobre Vegha, de
inmaculada blancura, sobre Alfa y Arturo, dorados como flores de fuego en la profunda inmensidad.
¡Y tu vibración, Oh Maestro Jesús!..., o tu luz, o tu inteligencia derramando chispazos en la mía, parece
decirme que tu amor ilumina las humanidades de esos mundos, y que se confunde en su explosión de claridad
con el amor de muchas otras Inteligencias claras y puras como la tuya, que, a su vez, se derraman sobre otras
y otras humanidades.
Y voy viendo más y más océanos de luz derramándose sobre mundos poblados de seres que sufren o ríen,
lloran o gozan, arrastran cadenas o suben los tronos. Y llego hasta setenta inmensas llamaradas que desde
inconmensurables distancias van a envolver los mundos donde habitan humanidades que les aman,
desconocen o les odian, lo mismo que nuestra Tierra lo hace contigo, Oh Maestro Jesús..., divino iluminador de
nuestras almas, que sin tu claridad y sin tu amor aún no hubiéramos acertado a encontrar este pequeñito y
estrecho sendero por donde vamos buscando la verdad y la dicha.
Observo que el Reino de Dios o Moradas de Luz de los Mesías son astros cuya evolución corre pareja con
la de los purísimos seres que los habitan, y que todas las moradas astrales refulgen en la inmensidad con dos
especies de claridades: la una, casi material y tangible, producida por leyes físicas, como la llama del fuego,
como la luz de un foco eléctrico; la otra, sutil, inmaterial e intangible, luz que no quema y cuyo resplandor puede
compararse a los efectos de luz del arco iris, a las radiantes auroras de los trópicos y del polo.
La primera está explicada por las ciencias físicas y los conocimientos astronómicos. La segunda sólo se
explica por el conocimiento espiritual que nos hace comprender que esa otra claridad más sutil emana de los
Espíritus de Luz o Mesías, que irradian más que soles sobre los mundos cuya evolución dirigen.
Esta última especie de claridad forma como un aura en torno de cada mundo; aura que se ensancha e
ilumina con más vivos fulgores según la intensidad que le imprime a su amoroso pensamiento la elevada
Inteligencia que lo emite, y según también la reciprocidad de iguales pensamientos de amor emitidos por las
humanidades hacia sus respectivos Guías o Instructores.
Quien más piensa en ellos y más les ama, más atrae las potentes energías de aquellas mentes serenas y
lúcidas y, por tanto, más se acerca a la Divina Sabiduría y a la Eterna Verdad; y quien llega a la comprensión y
al conocimiento ha allanado grandemente el camino para alcanzar la perfección.
Paréceme comprender que es en esa forma como se cumple la eterna ley de solidaridad y ayuda mutua
entre las Inteligencias de gran evolución y los más nuevos e imperfectos.
Quien me ilumina en este instante me hace ver un joven, animoso viajero que emprende una larga jornada
a través de las selvas inexploradas. Cuando el día de su propia mentalidad le alumbra y el fuego de su
entusiasmo le calienta, por sí solo camina y salva los tropiezos y las dificultades; pero cuando las noches de los
propios errores derraman sobre él las tinieblas del desaliento, entonces el viajero gime, llora, se queja, pide
auxilio a la Eterna Fuerza que le llamó a la vida, a la Eterna Luz en seguimiento de la cual corre... al Eterno
Amor del cual surgió como chispa y hacia el cual ha de volver convertido en llama viva... Y es en esos
momentos crueles y duros del penoso viaje cuando la Suprema Inteligencia nos hace sentir sus efluvios
salvadores por medio de las puras Inteligencias que, como inmensas llamaradas de luz inmarcesible,
esclarecen los sombríos caminos de la Eterna peregrinación.
Esa queja, ese grito, ese clamor del viajero entre la oscuridad de la selva es a lo que llamamos oración, y
37
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
38
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
resquicio del mundo espiritual, y hagamos por merecer cada día más, con nuestra abnegación y
desprendimiento y con una íntima unión con nuestro Maestro Jesús, que los cielos infinitos se abran a
momentos para que beba nuestro pobre ser la luz divina de la Verdad Eterna.
Vuelve mi alma con dolor a las frías arenas de la Tierra, y mi primer pensamiento, Señor, es de
agradecimiento y de amor para Ti, que me has permitido vislumbrar las claridades radiantes de las moradas de
la Luz perdurable...
¿Qué goce de la Tierra podrá desear el alma que vislumbró por un instante la dicha suprema que se siente
al contacto con las Inteligencias purificadas, que son lámparas eternas de luz, de amor, de armonía infinita?
¡Oh, Maestro mío!... ¿cuándo será que pueda mi pobre alma escalar esas cumbres, poseer esas
claridades, irradiar esas armonías que forman las puras delicias en que viven eternamente felices los que
triunfaron en todas las miserias de los mundos de expiación y de dolor? Y aunque mi alma clama por esa clari-
dad y esas armonías, me abrazo resignada a la cruz de mi propia debilidad y pequeñez, porque sé, de cierto,
que aún así me amparas y me amas.
¡Y el amor tuyo, divino Maestro mío, me da fuerza y valor para continuar esperando indefinidamente el día
glorioso de las nupcias eternas de mi alma con la tuya!...
39
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
Azucenas de mi Huerto
(Poesía Mística)
40
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
Orquesta de huracanes
Y nube enrojecida
Por ráfagas de fuego, eso es la tempestad;
Gemidos de violines
El viento en la arboleda
Y trémolos de flautas, el fresco manantial
Grandiosa sinfonía,
Concierto formidable
Ya manso, ya bravío, modula el ancho mar;
Y es música el balido.
De las majadas mansas
Que en busca de la fuente por las praderas van.
Es música el zumbido
Que exhalan las abejas
Bebiendo de las flores el néctar que da miel;
41
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
Y canta la alameda
Cuando el céfiro la agita,
Y canta la hoja seca que el viento hace rodar.
42
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
43
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
¡SEÑOR!... YO VENGO A TI
Y quiero perdonarlos
Muchas veces, Señor!...
¡Cuánto he bendecido
Su mano divina!
¡Cuánto he recogido
De lo que El sembró!
Todo ha florecido
Señor, en tu huerto,
Todo está dorado por rayos de sol,
No hay retoños muertos,
Ni flores marchitas,
¡Todo resplandece con luz de arrebol!
53
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
YO SOÑÉ...
EL PROFETA DE FUEGO
57
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
EL HUERTO SAGRADO
58
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
Que la Jardinera
Cuida con amor,
59
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
¡SOLO TU!...
Sino la melodía
Inmortal y divina de tu amor?...
65
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
De furores o de calma,
Te ofrezco ya deshojadas
Las rosas blancas del alma!
Tú conoces mi quebranto
Y el peso de mi cadena
Has recogido mi llanto
Y has visto toda mi pena.
II
Y envuelta en tus cendales, noche amada,
En las alas del sueño yo subí,
Por un sendero de zarzales negros
A una montaña solitaria y gris.
III
Como las cruces, mudos, silenciosos,
Ninguno respondía a mi clamor,
Pero vi que me hablaban con sus ojos
Que irradiaban amor y compasión.
69
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
Ya no vi la montaña cenicienta,
Y la cruz negra ya no estaba más,
Ni los dolientes mártires serenos,
Ni las cruces que viera más allá.
¡Era de noche!...
Pavorosas sombras
75
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
"Luciérnaga dorada
con alas de ilusión.
¡Mujer! ¡Eso eras tú ...
antes que tu lámpara encendieras
con hebras de mi luz!...
LA INMOLACIÓN
TERESA DE JESÚS
(En su centenario)
Y el mundo cristiano
Ferviente te aclama,
Y sigue tus huellas
83
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
Te vas a la cumbre
Donde no hay tempestades
Que turben el alma...
¡Oh cumbres azules que sólo tú sabes!
Y el secreto mudo
Y el febril anhelo
Que en el pecho hierve
Con frío de nieve y oleajes de fuego?
¡Y al áspero yermo
Lo encuentra más suave
Siguiendo tus huellas
Cubiertas de rosas y de blanca nieve!
¡Sollozan y ríen
Las palabras tuyas
Que, dardos o flechas,
O luces, espantan la sombría duda!
EL CRISTO DE BARBERIS
Es pavorosa negrura,
De un lóbrego anochecer...
¡Señor!... ¡Enciende, te ruego,
Tu luz divina otra vez!...
Voz De Cristo
94
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
99
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
ÍNDICE
EL HUERTO ESCONDIDO
Para ti 02
¡Cuando no lo esperaba, te encontré! 05
Buscándote voy... 06
¡Estaba tan sola!... 07
Como arbolito en el desierto... 08
¡Maestro!... Sólo Tú 09
Tú lo sabes todo 10
¡Siempre fuiste mi Maestro! 11
A la puerta del Santuario 12
¡Tu divino amor... Señor! 14
Esperando al amor 15
¡Háblame, Señor, que te escucho! 16
¡Maestro! ¡Óyeme! 18
El huerto de Getsemaní" 19
¡Tu divino salmo, Señor!... 21
La selva oscura 22
La presencia divina 24
Velad y orad 25
El rosal de Cristo 28
¡Maestro!.... ¡Dame tu paz! 30
El abrazo eterno 31
La soledad de Cristo 33
¿Qué es la vid a?... 34
Los Mundos de Luz 35
AZUCENAS DE MI HUERTO
(Poesía Mística)
10 0
Josefa Rosalía Luque Álvarez _ El Huerto Escondido
El huerto sagrado 58
¡Sólo Tú! 60
¡Me olvidaste, Señor!...
(Plegaria de Navidad) 62
La Virgen de las azucenas 66
La montaña de las cruces 67
¡Sedlo todo para mí! 72
¡Quiero verlo todo!... (Al Cristo piadoso) 74
El poema de mis sueños
(Diálogo del Alma con el Cristo) 75
La inmolación 83
Teresa de Jesús (En su centenario) 83
El Cristo de Barberis 86
¡Desde el abismo te llamo!...
(Invocación a Cristo) 88
¡Todo eres Tú! 91
La hora d el Amor 92
10 1