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FIBROMIALGIA

Este documento trata sobre la fibromialgia desde una perspectiva psicoanalítica. Describe los síntomas, etiología, clasificación y tratamiento de la fibromialgia, así como su relación con trastornos psiquiátricos. También incluye casos clínicos y un análisis desde un enfoque psicoanalítico.

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FIBROMIALGIA

Este documento trata sobre la fibromialgia desde una perspectiva psicoanalítica. Describe los síntomas, etiología, clasificación y tratamiento de la fibromialgia, así como su relación con trastornos psiquiátricos. También incluye casos clínicos y un análisis desde un enfoque psicoanalítico.

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UNIVERSIDAD ARTURO MICHELENA

FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS Y SOCIALES

ESCUELA DE PSICOLOGÍA

CÁTEDRA: TEORÍA Y PRÁCTICA PSICOANALITICA

APROXIMACION PSICOANALÍTICA DE LA FIBROMIALGIA

Prof: Pablo González Autor:

Nohely Girón 26.715.613

Maria Alexandra Acosta 27.188.272

Jhoan Zarate 26.719.730

Sección 1M

San Diego; septiembre 2019

1
INDICE

Pag.
¿Qué es la fibromialgia? ………………………………………... 3
Etiología Conocida ………………………………………... 3
Clasificación de la fibromialgia ………………………………………... 4
Síntomas ………………………………………... 5
Frecuencia de Aparición ………………………………………... 6
Proceso Diagnóstico ………………………………………... 7
Tratamiento ………………………………………... 9
Perfil de Pacientes con Fibromialgia ………………………………………... 9
Aspectos Psicológicos y ………………………………………... 11
Psiquiátricos
La histeria (y la muerte de la misma) ………………………………………... 12
Aproximación Psicoanalítica ………………………………………... 16
Casos Clínicos ………………………………………... 22
Análisis de los Casos ………………………………………... 23
REFERENCIAS ………………………………………... 25
BIBLIOGRAFICAS

2
¿Qué es la fibromialgia?

El nombre de Fibromialgia deriva de: “FIBROS”: tejidos blandos del cuerpo,


“MIOS”: músculos y “ALGIA”: dolor. Es decir, “Dolor músculo-esquelético”. A esta
definición podemos añadir, “generalizado crónico y de causa desconocida”.

La Fibromialgia significa “dolor en los músculos, ligamentos y tendones”


(partes fibrosas del cuerpo). Hace años este proceso se reconocía con el nombre de
fibrositis, sin embargo no se ha demostrado que haya inflamación periférica, por lo
que se ha adoptado el nombre actual.

La FM fue reconocida en 1992 por la Organización Mundial de la Salud


(OMS) y organizaciones médicas internacionales como una patología de reumatismo
no articular, denominada “síndrome de fibromialgia”, que fue incorporada a la
clasificación internacional de enfermedades. Se caracteriza por un cuadro de dolor
músculo-esquelético crónico y generalizado de origen desconocido, sin que existan
otras patologías o alteraciones que lo expliquen.

La OMS define la entidad clínica como: “aquella alteración o interrupción de


la estructura o función de una parte del cuerpo, con síntomas y signos característicos
y cuya etiología, patogenia y pronóstico pueden ser conocidos o no”.

Estas condiciones se dan en la fibromialgia que presenta síntomas y signos


típicos con una etiopatogenia multifactorial en la que se combinan factores genéticos
y epigenéticos que condicionan una alteración persistente del sistema de
autorregulación y control del dolor y del estrés en el Sistema Nervioso Central.

Etiología Conocida

La fibromialgia es una patología que hoy en día representa un ente ambiguo


para el clínico y un gran enigma aun sin descifrar para quien intentan definir su

3
etiología. A través del tiempo se han tenido muchas creencias y teorías en el ámbito
medico sobre esta enfermedad, las cuales en algunos casos han sido desmentidas o no
se comprueban aun, un claro ejemplo de ello es que por un tiempo fue tachada como
de origen meramente psicosomático.

Hoy en día se habla de que se trata de un proceso reumático crónico y no


inflamatorio de causa idiopática, el cual afecta principalmente a la población
femenina, entre la tercera y quinta década de la vida.

Algunas de las teorías actuales apuntan a un déficit en la modulación del


dolor, ya sea por la hiperexitabilidad de nociceptores periféricos, que se traduciría en
un impulso altamente doloroso captado a nivel de sistema nervioso central,
implicando al receptor NMDA de glutamato (El glutamato es el neurotransmisor
excitatorio por excelencia). Por otra parte, se considera una falla en la inhibición de
impulsos sensitivos dolorosos por un déficit de serotonina.

La investigación pone de relieve algunas de las anormalidades bioquímicas,


metabólicas e inmunológicas asociadas con la fibromialgia. Guías basadas en la
evidencia sugieren que la fibromialgia sea manejada con terapias multidisciplinarias
tales como la medicación, terapia psicológica, educación y ejercicio.

Clasificación de la fibromialgia

La revisión sistemática de la literatura ha permitido identificar, por una parte, la


existencia de varias propuestas clasificatorias esencialmente basadas en criterios
psicopatológicos y, por otra parte, la importancia de evaluar las enfermedades
relacionadas con la FM. Según la evidencia analizada, se han identificado los
siguientes subgrupos clasificatorios en el paciente que cumple los criterios vigentes
de 1990:

 Pacientes sin ninguna enfermedad concomitante (FM tipo I)

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 Pacientes con enfermedades crónicas reumáticas y autoinmunitarias (FM tipo
II)
 Pacientes con grave alteración en la esfera psicopatológica (FM tipo III)
 Pacientes simuladores (FM tipo IV).

Síntomas

Los síntomas principales, que pueden o no estar presentes todos en todos los
pacientes, son:

 El dolor localizado, por ejemplo en la zona lumbar, cervical, hombros,


rodillas, muslos y brazos, y suele empeorar con el frío, infecciones, estrés y
falta de sueño.

 Agotamiento o fatiga crónica que oscila durante el día con una intensidad
moderada a severa.

 Trastornos del sueño: dificultades para conciliarlo o interrupciones frecuentes


durante la noche.

 Síndrome del colon irritable, síndrome de vejiga irritable, rigidez del cuerpo
(generalmente matutina), cefaleas, malestar abdominal, parestesias,
entumecimiento y mareos.

 Aunque no es una enfermedad mental, el 30% sufre cuadros como ansiedad o


depresión, y trastornos cognitivos como dificultad para concentrarse o retener
información.

5
 El diagnóstico de enfermedad es eminentemente clínico ya que los resultados
de radiografías, análisis de sangre y biopsias musculares se presentan
normales.

 Es durante el examen físico general, donde la movilidad articular como el


equilibrio muscular y la exploración neurológica se analiza y, si no se
aprecian signos inflamatorios articulares, se está frente a este cuadro.

 Si bien existe una predisposición genética, la enfermedad puede "despertarse"


tras un pico de estrés o una situación traumática, lo que sucede también con
otras enfermedades como la hipertensión, la diabetes y el colesterol.

A pesar de esto, la fibromialgia se confunde con otras enfermedades porque casi


todos sus síntomas son comunes a otras alteraciones sin una causa orgánica conocida.
Es corriente que antes de que se llegue al diagnóstico definitivo se haya acudido a
diferentes médicos de diversas especialidades (digestivo, corazón, psiquiatría, entre
otros). Algunas personas con fibromialgia pueden estar disgustadas porque los
médicos no consideren que esta entidad sea una verdadera enfermedad médica. Es
más, con frecuencia los mismos familiares acaban dudando de la veracidad de las
molestias que el enfermo refiere, puesto que el médico les cuenta que: “los análisis y
las radiografías son normales, consulte con un psiquiatra”. Siendo fundamental el
apoyo familiar, para hacer un afrontamiento positivo de la misma.

Frecuencia de Aparición

La fisiopatología de la fibromialgia implica una serie de factores, incluidas


anomalías en el sistema nervioso autónomo y neuroendocrino, factores genéticos,
variables psicosociales y estrés medioambiental. Estos factores están implicados en

6
otros trastornos que frecuentemente coexisten con fibromialgia y también se
caracterizan por un dolor persistente.

La frecuente comorbilidad de la fibromialgia con trastornos del estado de


ánimo sugiere un papel importante para la respuesta al estrés y anormalidades
neuroendocrinas. El eje hipotálamo-hipófisis es un componente crítico de la
adaptación al estrés. En la fibromialgia la respuesta de adaptación al estrés se ve
perturbada, lo que conduce a la aparición de los síntomas.

Ortiz (2016) realizó un estudio sobre la FM y los trastornos psiquiátricos. Ortiz


expone que durante el último tiempo los estudios arrojaron que existe una relación
entre el SFM y estos trastornos, tales como los desórdenes de depresión y ansiedad,
planteando las siguientes hipótesis:

La primera hipótesis adjudica el cuadro psiquiátrico como


consecuencia de la FM, la segunda como efecto subyacente a la FM y la
tercera propone que ambas entidades (FM y los trastornos psiquiátricos)
se deban a una desconocida etiopatogenia con un tronco común, originada
por una alteración en la señalización de los neurotransmisores.(Ortiz,
2016, p.19).

La prevalencia de esta enfermedad, que constituye un problema frecuente en


la práctica clínica, oscila entre el 0,7 y el 2% de la población y afecta mayormente a
las mujeres. Como es la causa más frecuente de dolor osteomuscular generalizado y
crónico, genera un círculo vicioso negativo que paulatinamente afecta todas las áreas
de desempeño de la persona, incluyendo lo laboral, lo social y familiar.

Proceso Diagnóstico

La fibromialgia se diagnostica sobre la base de los síntomas característicos y la


exclusión de otras enfermedades que pueden conducir al mismo patrón de síntomas.

7
Aunque la fibromialgia es la más común de las enfermedades crónicas de dolor
generalizado, a menudo es subdiagnosticado. El diagnóstico de la fibromialgia se ha
demostrado que aumenta la satisfacción del paciente y reduce la utilización de
asistencia sanitaria. La evaluación de la fibromialgia se basa en los criterios del
American College of Rheumatology (ACR) 1990.

Los criterios implican:

 Historia de dolor generalizado presente durante al menos tres meses.


 Dolor en ambos lados del cuerpo por encima y por debajo de la cintura.
 Dolor en 11 de los 18 puntos dolorosos a la palpación digital (ambos lados del
cuerpo): occipucio, cervical, trapecios, supraespinosos, segunda costilla,
epicóndilos laterales, glúteo, trocánter mayor, rodillas.

Un punto sensible duele sólo en el área donde se aplica, y no hay dolor referido.
Un instrumento conocido como un dolorimetro se puede utilizar para aplicar
exactamente 4 kg de presión a través de los puntos sensibles durante el examen.

En este sentido, la fibromialgia es una patología que constituye un diagnóstico de


exclusión, por lo que se convierte un reto diagnóstico para el médico tratante. Incluso
se asocia con otros trastornos reumatológicos o psiquiátricos lo que tiende a dificultar
más su correcta identificación. Recientemente ha cambiado el sistema de puntos
dolorosos por un esquema diagnóstico más integral que incluye fatiga, trastornos del
sueño y cognitivos, con lo cual se deja ver la importancia de una adecuada
identificación de la enfermedad y un abordaje multidisciplinario para mejorar la
calidad de vida de estos pacientes.

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Tratamiento

No existe en la actualidad un tratamiento curativo por tratarse de una enfermedad


crónica y progresiva, pero dentro de las opciones de tratamiento se recomiendan:

 Programas de ejercicios aeróbicos


 Ejercicios de fortalecimiento muscular y de estiramiento o flexibilidad
 Técnicas de relajación para aliviar la tensión muscular y la ansiedad
 Programas educativos que ayuden a comprender y controlar la fibromialgia
 Además, se ha comprobado que la terapia cognitivo-conductual, mindfulness,
kinesiología, la terapia ocupacional, la musicoterapia, la terapia recreacional y
la danza terapia son muy efectivas.
 Con respecto al tratamiento farmacológico, hay algunas drogas aprobadas que
han demostrado eficacia en el manejo de los siguientes síntomas: reducción
del dolor y la ansiedad, mejoría del sueño y en la calidad de vida.

Perfil de Pacientes con Fibromialgia

La fibromialgia, una patología con rostro femenino ya que las mujeres son
mucho más vulnerables a padecerla, dibujado en el estudio (denominado EPIFFAC)
que ha llevado a cabo la Fundación de Afectados y Afectadas de Fibromialgia y
Síndrome de Fatiga Crónica.

Ser mujer es, en el caso de la fibromialgia, un factor de riesgo. Son más


vulnerables a padecer una patología cuyos primeros síntomas, según los especialistas,
aparecen, de media, en torno a la edad de los 37 años. Pero, ¿cuál es el perfil tipo del
paciente con fibromialgia? Es una de las preguntas a las que ha tratado de dar
respuesta el estudio realizado por la Fundación de Afectados y Afectadas de
Fibromialgia y Síndrome de Fatiga Crónica. Así, según los resultados, el perfil es el

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de una mujer cuya media de edad se sitúa en torno a los 52 años, casada y con un
nivel bajo de estudios.

No obstante, este estudio, además de mostrar el perfil tipo del paciente de una
patología que se estima que constata un importante impacto social y económico que
puede tener, incide especialmente en la importancia del diagnóstico, el cual puede
llegar a retrasarse hasta siete años. Y no solo se retrasa el diagnóstico certero de la
enfermedad, sino que los pacientes reconocen que en, algunos casos, han necesitado
consultar a más de 5 médicos o facultativos hasta desvelar la verdadera causa de los
síntomas que presentaban.

La mayoría puntúan como nivel moderado en el cuestionario de Impacto de la


fibromialgia (FIQ); tienen patología ansiosa y/o depresiva probable en el 63 y el 53%,
respectivamente, según la Escala hospitalaria de ansiedad y depresión (HADS) y
soporte familiar correcto en el 62%, según el test APGAR familiar.

Del mismo modo, el 94% tienen comorbilidad asociada y solo el 3% no


consumen ningún fármaco para su patología, a la vez que hay un elevado consumo de
fármacos sin evidencia de efectividad en la fibromialgia.

Pese al impacto de la enfermedad, como constata este estudio recién


presentado, más de la mitad de los pacientes considera que la administración no
muestra suficiente sensibilidad. De hecho, no todas las comunidades autónomas –a
través de sus respectivas consejerías de salud- reconocen esta patología y los
problemas asociados que puede conllevar. Esto se traduce en que del 38% de
pacientes que asegura haber solicitado el reconocimiento de la minusvalía, tan solo el
23% de ellos ha obtenido algún grado de invalidez con carácter permanente. Y de este
porcentaje, la mitad lo logró tras recurrir a la vía judicial.

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Aspectos Psicológicos y Psiquiátricos

Las personas enfermas con FM como en otros trastornos de dolor crónico


padecen las formas más frecuentes de estrés sufrido por los pacientes y que
lamentablemente sigue siendo “uno de los problemas asistenciales más graves de
nuestro tiempo” como en 1974 denunciara Bonica (Bonica, 1974).

Los aspectos emocionales del dolor crónico son inseparables de los aspectos
neurobiológicos, así como de los conductuales y de los cognitivos. El estudio del
dolor solo es posible en el marco de la teoría cognitiva de la emoción que, como se
recordará, propone que las experiencias emocionales resultan de la activación
reticulolimbicocortical, de las atribuciones (cogniciones que el sujeto hace respecto
de su contexto y de los efectos retroinformativos de la conducta), que de forma
magistral expone el Dr. Manuel Valdés (Valdés, 2000).

La expresión de la enfermedad forma parte de cada persona, siendo diferente


dependiendo de quién la padezca. Existen unas formas individuales de reaccionar
ante estímulos externos tanto biológicos como psicológicos. ¿Por qué un paciente
enferma de una forma y no de otra? Todo esto depende de lo que hoy día llamamos
vulnerabilidad. La vulnerabilidad es un concepto interdisciplinario que nos permite
conocer los factores predisponentes que desencadenan o mantienen una enfermedad y
la repercusión psicológica que la misma ejerce sobre cada individuo. La fibromialgia
como ya dijimos se ajusta al modelo biopsicosocial de enfermedad crónica de Engel.

La investigación que sigue esta perspectiva, basada en que el estado de salud


se ve influido por factores biológicos, psicológicos y sociológicos, sería la adecuada.
El dolor puede ser útil, como mecanismo de defensa del organismo o como aviso de
funcionamiento anormal y no fisiológico. Cumple así una misión biológica y
adaptativa.

Es el caso del dolor agudo, que siempre va relacionado con daño orgánico y
tiene carácter temporal. Pero también puede ser innecesario, en el sentido de que no

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desaparece tras extinguirse la causa que lo produce. Se prolonga más allá del proceso
de enfermedad y permanece durante largos períodos de tiempo. Es el dolor crónico.
Este podría ser el caso del dolor experimentado por los pacientes con Fibromialgia.

La mayoría de los estudios psicológicos y psiquiátricos (Gallego y Montaño,


2000) realizados sobre pacientes con fibromialgia han utilizado instrumentos que no
controlan adecuadamente la variable dolor y pueden ser falsamente interpretados
como indicativos de aumento de depresión, histeria o hipocondría. Sin embargo se
sabe que un dolor mantenido durante más de tres meses va a llevar siempre consigo
una respuesta psicológica, y además va a afectar a l calidad de vida del paciente. El
dolor mantenido, produciría de forma secundaria en los pacientes, ansiedad,
depresión y trastornos del sueño. La controversia existente hacia la no especificidad
de los aspectos psicológicos en la fibromialgia puede estar justificada debido a las
propias expresiones clínicas de cada paciente y a las propias características del dolor
que pueden confundir al médico y desmoralizar al propio paciente (Fitter,2001)

La histeria (y la muerte de la misma)

Hay trastornos “psíquicos” derivados de un estado de disfunción orgánica;


esto es fácilmente aceptado por cualquier médico; por el contrario, la inversa, es
decir, el trastorno somático como consecuencia de un sufrimiento psíquico, puede
admitirse solamente en un plano teórico, ya que en el terreno de la práctica se
desencadenan los reflejos curadores del médico y se orientan hacia los trastornos
orgánicos; no se reconoce que la fuerza que los ha engendrado no la disminuye el
tratamiento y que por tanto hallará otras vías de manifestación, quizá más peligrosas
para el sujeto. Los síntomas en cuestión suelen ser designados con un término vago,
cajón de sastre más o menos satisfactorio con el que el médico se descarga de las
preguntas embarazosas.

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Con base en esto, y tomando como explicación previa un parafrasep del
clásico trabajo de Israël "La histeria, el sexo y el médico". Escrito hace más de un
cuarto de siglo, su estilo naturalista permite apreciar su soberbia agudeza clínica y su
deseo de ser comprendido por los médicos. La FM no gozaba entonces del éxito
actual. Y, sin embargo, no resulta difícil pensar en ella al leer unas líneas cuyo
espíritu comparten algunos de los médicos que abanderan un cierto pensamiento
crítico ante este fenómeno desbordante.

Resulta indudable lo controvertido, quizás escandaloso, de una propuesta


como ésta. Sugerir que la histeria pueda estar detrás de una enfermedad (o, al menos,
de un diagnóstico) que aparece con sintomatología somática viene a sonar hoy, como
en los setenta, tal vez como siempre, a deslegitimación del sufrimiento de los
pacientes, a olvido de la realidad biológica, a prepotencia u omnipotencia de lo
psicológico. O, incluso, a falta de piedad. Por varias razones. La primera, porque la
histeria, como concepto teórico y clínico de enorme complejidad, cayó en desgracia
ya hace décadas.

Fuera de los círculos psicoanalíticos (a veces también en ellos) el campo


semántico de la histeria se ha inundado de un componente peyorativo y despectivo
que justifica la agresión al portador; al tiempo que ha perdido su significación clínica
y psicológica. Es patrimonio del lenguaje informal o de la calle y expulsado o
arrinconado (Trastorno Histriónico de la Personalidad) en las modernas nosologías
atomistas, perdiendo su valor estructurante, integrador e iluminador de lo
aparentemente incomprensible. Así, hasta la muerte de la histeria. Utilizarlo como
parte de un discurso pretendidamente serio lo convierte a uno en sospechoso de
acientificismo, esoterismo o sectarismo. Y, sin embargo, es desde la posibilidad de
escuchar a la histeria que se hace (más) posible la comprensión de un conjunto de
quejas somáticas que llevan al sujeto (con toda su subjetividad) a la incapacitación
para una vida normal. Quejas y dolores que se inscriben en una narración biográfica,
que se incluyen en un mundo relacional y que son inseparables de la vida psicológica

13
del individuo. Las clasificaciones diagnósticas atomizadoras responden a una
Medicina de idéntico talante, que conlleva tratamientos asimismo fragmentados y
fragmentarios, con un más que frecuente olvido de la importancia de lo relacional y lo
psicológico.

En la FM, como en la histeria, resulta esencial atender al valor simbólico y


comunicacional del dolor y de la queja. Pero si carecemos de la complejidad
conceptual que la histeria nos aporta, el sufrimiento de los afectados, el soportado por
sus familiares y, especialmente, por sus parejas y que, por otro lado, tampoco debería
ser escuchado con ingenuidad, la crispación y frustración del médico y la
desesperación y extenuación del paciente que se despliegan en el encuentro que tiene
lugar en el escenario de la consulta, todo aquello que debe ser escuchado y
comprendido y que nos permitirá, cuando menos, no dañar, quedará entre brumas.

La sentencia de Lasègue de que "la definición de la histeria no se ha dado ni


se dará nunca" es completada por Israël: "no se ha dado ni se dará nunca... por un
médico". Quizás sea preciso también, para entender la FM, apartarse del modelo
médico, superar el hiato cuerpo-mente y tomar en cuenta ciertos aspectos
psicológicos y relacionales sin renunciar a la riqueza que lo psicodinámico pueda
aportar.

Hoy como ayer, en la FM como en la distonía neurovegetativa. Hoy como


ayer, la imprecisión de los síntomas que no pueden ser objetivados analítica o
radiológicamente. Lo suficientemente preocupantes como para que el entorno se
interese por ellos. Hoy como ayer, el auténtico combate entre la histérica y el médico
se basa en gran parte en el desconocimiento de la importancia del psiquismo para el
ser humano.

Si las histéricas se dirigían a la Medicina no porque se supiesen enfermas sino


porque no sabían a quién confiar sus penas, algo bastante similar sucede en las
consultas médicas, psiquiátricas y psicológicas cuando-si se ofrece un espacio y se

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adopta una actitud que lo haga posible, esto es, si el furor sanandi puede ser contenido
y se presta una cierta atención- se escucha a las pacientes (como en la histeria, son
escasos los varones) diagnosticadas de FM. Rápidamente, los dolores pierden
importancia en su discurso, al tiempo que emergen con pujanza problemáticas
relacionales, frustraciones laborales, insatisfacciones vitales.

Resulta difícil establecer el modo en que un individuo sufriente elige, en su


búsqueda de consuelo, a un confidente en el seno de la comunidad. Pero no es
improbable que si, como es habitual en los contextos urbanos de los países
industrializados, se halla seducido por el constructo de la "Medicina científica", elija
a un médico como interlocutor. Es muy raro que el primer médico encontrado por la
histérica sea un psiquiatra. A causa del polimorfismo de las manifestaciones
histéricas, podrá ser solicitado en primer lugar tanto un médico de cabecera como
cualquier otro especialista; y como la histeria representa un porcentaje importante de
‘toda' la clientela médica, el médico se verá obligado a ocuparse de ella.

Las algias han sido, desde siempre, una de las quejas más presentes en el universo
histérico. Y si antaño fueron las cefaleas las privilegiadas, no resulta demasiado
descabellado sospechar que sea hoy la FM la elegida como ropaje con el que se viste
el sufrimiento emocional para acudir a la cita con el médico. La evolución de los
síntomas fue lo que dio lugar a la afirmación de que las histéricas seguían la moda. Y
resulta absurdo pensar que la histérica posmoderna vaya a adoptar los disfraces de
nuestras abuelas cuando otros diagnósticos pueden resultar hoy mucho más
favorecedores.

En la era del capitalismo de ficción la FM (y otros algoritmos diagnósticos


cercanos como el Síndrome de Fatiga Crónica), se ofrece como un destino
especialmente apetecible por su enorme capacidad para proporcionar una identidad,
por un poder estructurante que no aporta toda etiqueta diagnóstica. Gracias a la
presión política y mediática, a la científica y social.

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Aproximación Psicoanalítica

Hay formas del dolor que a veces no podemos reconocer si son nuevas,
novísimas o retornos, con nombres nuevos, de padecimientos clásicos. Las llamadas
fibromialgias son una de estas nuevas/viejas formas del padecimiento localizado en el
cuerpo y abordado primeramente, muchas veces con escaso éxito, por las ciencias
médicas. En este texto la pregunta por el dolor se desplaza al interrogar al dolor en
tanto fenómeno del cuerpo erógeno. El recorrido se nutre de referencias freudianas y
de ejemplos de la práctica, que habilitan a internarse en este enigmático modo del
cuerpo.

Desde hace algunos años, me interroga si la fibromialgia es una de las llamadas


“enfermedades psicosomáticas,” o como muchos la bautizaron, “una histeria
moderna”.

Este signo de pregunta, que al abrirse lleva a poder pensar si en la actualidad,


y dadas las derivaciones, que vamos recibiendo en los consultorios, las pacientes, (y
digo “las”, por el alto porcentaje en mujeres) diagnosticadas con fibromialgia, tienen
algún parentesco, por llamarlo de algún modo, con las histerias descriptas por Freud
en el 1800, o es una enfermedad, definida por síntomas particulares, de origen
actualmente desconocido, (aunque algunas investigaciones la vinculan a una
alteración en la conducción del dolor del Sistema Nervioso) pudiéndose pensar desde
el lado del goce, la holofrase, y la manifestación orgánica que caracteriza al
Fenómeno Psicosomático.

Llegan al consultorio con el diagnóstico del médico traumatólogo, algunas


veces el diagnóstico lo hace el mismo médico clínico, y lo que las pacientes describen
como crónico es el dolor, a veces invalidante, particularmente en articulaciones,
asociado a rigidez por las mañanas, insomnio, dolores de cabeza, otros dolores varios.

El centro del discurso es el dolor, con lo cual invariablemente, para pensarlo,


no puedo dejar de recordar a Freud, en “La interpretación de los sueños”, y

16
anteriormente en el texto “Proyecto de una psicología para neurólogos”, donde
plantea la experiencia mítica del placer, y también del dolor.

Allí mismo dice, también, que para el humano, no hay un dolor “puramente
orgánico”, en tanto va a estar asociado desde el vamos, con una marca psíquica.
Tenemos entonces, el dolor, el padeciente, o sujeto del dolor, quien relata casi a veces
hasta con regodeo, gozoso, sus experiencias.

Pero leamos como lo dice Freud (1926):

El dolor surge cuando un estímulo sobrepasa los medios de


protección y pasa a funcionar como un impulso pulsional continuo contra
los cuales son impotentes los actos musculares que sustraen al estímulo
del lugar sobre el cual él mismo recae”. Así inaugura un capítulo de su
libro “Inhibición, síntoma y angustia.

El dolor se refiere efectivamente, a ese afecto contrario, del “placer”, llamado


“displacer”, y toca de este modo la pulsión, pero también la vivencia de la
enfermedad orgánica. El dolor le permite al sujeto tomar contacto con aquello que
llamamos propiocepción o “sentimiento de sí”.

Freud (1926) también nos dice:

La enfermedad proporcionaría al sujeto, un conocimiento de


partes de su cuerpo, que de otra manera pasarían inadvertidas, por
ejemplo: por afecciones dolorosas, se adquiere un nuevo conocimiento de
los propios órganos, que es tal vez prototípica, de la forma en que se llega
a la representación del cuerpo propio, en general”.

Pero el dolor también muestra ser un lenguaje superyoico. Dice el poeta: “el
hombre tiene lugares, de su pobre corazón, que aún no existen, y en los que entra el
dolor, para que sean.”

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Podemos entonces inferir que existe un sujeto en relación a su dolor, como lo
está en relación a su placer, y he aquí el lugar donde se va a jugar toda la economía
psíquica.

Precisamente, en ese punto del “dolor”, éste asume su dimensión de pasión,


dolor físico y moral, dolor al fin, son para el sujeto, indiscernibles.

Si el dolor, literalmente “se vive” la idea misma de dolor nos conduce a la


primera experiencia del aparato psíquico frente al mundo exterior, un psiquismo
incipiente, un primer origen mítico, en el cual placer y dolor van a dejar su impronta
en el inconsciente, y a partir de allí, serán inseparables del objeto, frente al cual el
sujeto desplegará toda su dramática, es decir, su vida.

La unión con el objeto, inicialmente montada sobre una necesidad, el


hambre, dará apertura a vivencias de placer, y la separación del objeto, montada sobre
un incremento de estímulos tal, vivida como displacer, hará que el inconsciente se
aparte, o se “duela”, es decir, padezca en esa relación.

Pero desde el vamos, un goce lo llevará por estos derroteros donde, en el


mismo cuerpo donde se inscribe el placer, y tenemos allí toda al erogenización del
cuerpo, en sus zonas de borde, también allí, ese cuerpo gozará, y decimos cuerpo,
decimos inconsciente, registro inconsciente de goce, porque ya no podremos separar
cuerpo, goce, de psiquismo en tanto se trata de un cuerpo humano.

Si seguimos con Freud, hay un Principio de Placer, rector del funcionamiento


psíquico inconsciente, el dolor no puede ser sino una objeción interna a la economía
del placer. El dolor es propiamente físico, dado que algo debe sucederle al cuerpo
para que se instale displacer, de la misma manera, decimos que se instala el dolor
moral, que alude a una especie de dolor del ser mismo, si es posible decirlo así: el
dolor físico donde “eso lastima” en el dolor moral, se traduce como “un dolor
inherente al mismo existir”.

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Hablar de dolor, moral, en su sentido eminentemente psíquico, o hablar de
sufrimiento corporal, en ambos casos, nos tenemos que referir a un “sujeto del dolor”,
en tanto ese sentimiento sufriente da cuenta de una falla en la metaforización: todo
dolor va a invadir un campo, que puede permanecer en el ámbito psíquico, como es el
caso de la Melancolía. O puede también pasar al cuerpo, apoderase del cuerpo. El
caso que hoy nos ocupa: la Fibromialgia.

Aún si la lesión no es visible, o no es comprobable en el espacio corporal,


donde “hay dolor, hay que buscar la herida” dice el poeta Gabriel Celaya. No hay
dolor sin displacer, ni desagrado, subjetivo. Y más allá del dolor, como suceso vivido
y sufrido, se abren sus modalidades reflexivas que van desde la pesadumbre hasta la
tristeza. “Tener pesadumbre o tener tristeza, ya estamos en el registro del “dolor
moral”.

Pero, ¿qué ocurre con este cuerpo que envía sensaciones dolientes, que, más
que cuerpo erógeno, preparado para el placer, es cuerpo sufriente, cuerpo entregado al
dolor?

El dolor, en esta polaridad de inscripción desde el masoquismo erógeno,


sería también un registro de cuerpo, donde, más que existir desde el placer de las
zonas erógenas, y gozar con ese goce acotado a éstas; es un cuerpo recortado por el
dolor.

Placer en el dolor es la mezcla pulsional que inaugura el masoquismo


erógeno.

Dice Freud (1923):

La excitación sexual se genera como efecto colateral a raíz de una


gran serie de procesos internos, para lo cual basta que la intensidad de
estos rebase ciertos límites cuantitativos. En el organismo no ocurre nada
de cierta importancia que no ceda sus componentes a la excitación de la

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pulsión sexual, según esto, también la excitación de dolor y la de
displacer tendrían esta consecuencia, dando lugar a una superestructura
psíquica, el masoquismo erógeno.

Cuando se goza con dolor, no es con el propio dolor con lo que se goza, sino
con la excitación sexual concomitante.

Pareciera que la tarea de la libido, sería la de volver inocua a la pulsión de


destrucción, desviándola hacia objetos del mundo exterior, una parte es puesta al
servicio de la función sexual, (sadismo) pero otra parte permanece en el organismo y
allí es ligado libidinalmente, con ayuda del masoquismo erógeno, el placer en el
dolor.

En el ser vivo la libido se enfrenta a la pulsión de destrucción o de muerte que


impera dentro de él, queriendo desagregarlo y llevar a cada uno de los organismos
elementales a lo inorgánico. La tarea de la libido es volver inocua esta pulsión
destructora, la desvía hacia fuera, con ayuda de la musculatura, dirigiéndola hacia los
objetos del mundo exterior, recibe entonces el nombre de “pulsión de destrucción”.

La historia de la humanidad nos enseña que la crueldad y la pulsión sexual se


ligan estrechamente, según algunos autores, esta agresión que va mezclada con las
pulsiones sexuales es en verdad un resto de apetitos canibalísticos; también se ha
sostenido que el dolor contiene en sí y por sí, la posibilidad de una sensación
placentera. (“El problema económico del masoquismo”.)

Del dolor, podemos decir, que se presenta de varias formas: como una
manifestación orgánica, fenómeno psicosomático, o un síntoma histérico, como
hipocondríaco, y que hasta algunos, se nos presentan como verdaderos melancólicos.

El sujeto hablará de su cuerpo doliente porque no conoce otra manera de


hablar de sí mismo, de sus cosas. Toda su vida gira en torno a “su dolor” que no es
otra cosa que su goce, prisionero al fin de una relación autoerótica, con su cuerpo,

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éste sería el escenario a través del cual el sujeto escenifica su historia, su vida. Es el
cuerpo que habita, y que padece, que lo aísla, lo condena.

Entonces, en la escucha de los pacientes con el mencionado diagnóstico, hay


una cercanía con el discurso del paciente melancólico, toda su vida, y la de sus seres
cercanos, gira en torno a su dolor, del mismo modo, la presencia tanática de la
insistencia en esta inmovilidad discursiva, hace que la clínica con estos pacientes sea,
muchas veces, ardua para el psicoanalista.

En todos los casos, la escucha es fundamental, no sólo porque no nos


importa tanto el diagnóstico médico, como psicoanalistas, sino cómo el paciente hace
uso del mismo, o es tomado por el discurso médico, o lo ignora, incluso puede dejarlo
a un lado y hablar de otros aspectos de su vida.

Pero lo que se repite en todos los casos es, la presencia “central” del dolor en
sus vidas, y su referencia al cuerpo, donde no hay un registro del placer, sino que es
un cuerpo tomado por el dolor, que puede aumentar, o disminuir, pero no
desaparecer.

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Casos Clínicos

Mujeres ambas, en los 40 años:

En el primer caso luego de unas 3 o 4 entrevistas iniciales, donde relata con


lujo de detalles el dolor, dónde le duele más seguido, la forma del dolor (puntadas,
cosquilleos, oleadas, más intenso, menos intenso, etc.) entumecimiento de
articulaciones y rigidez por las mañanas, que luego iba cediendo durante el día,
insomnio, vértigo (que había cedido con una medicación) relata un episodio, anterior
a la aparición del dolor y su instalación.

Este episodio se trataba de un robo a mano armada, bastante violento y con


toda la familia dentro de la casa (ella, marido y dos hijos pequeños); al irse los
asaltantes, y sin saber por qué, ella corre detrás de ellos, gritándoles que se vayan
lejos, hasta que se da cuenta de la magnitud y peligrosidad de su acto, y de golpe se
queda parada, inmóvil, en medio de la calle, temblando. Con un gran sentimiento de
angustia.

Al poco tiempo se “instala” el dolor, el insomnio. Y comienza su derrotero


por consultorios médicos hasta el diagnóstico.

No puedo dejar de asociar con el “Caso Elizabeth”, de Freud, este “quedarse de pie,
como parada”, y todo el deslizamiento significante de Elizabeth respecto de su
parálisis motriz.

Otra paciente, con el mismo diagnóstico, después de unos meses de concurrir


al consultorio y de brindarme detalles de todos los médicos que visitó, refiere que uno
“por fin” le diagnosticó Fibromialgia, (“y así ella se quedó tranquila y dejó de hacerse
tantos análisis clínicos, porque “algo tenía que tener”).

Luego de unos meses de análisis, comienza a hablar de su historia familiar, de


cómo había tenido fuerte presencia en su vida, el cáncer, porque había afectado a sus

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tíos, a sus abuelos, fallecidos a causa de esta enfermedad. Y que si lo pensaba bien,
siempre la había acompañado “algún dolor”.

De cabeza en la adolescencia, cuenta que, por no tener un cuerpo tan bonito


como las demás, no salía frecuentemente; luego el dolor se incrementa al morir su
madre, “un dolor tan presente como insoportable”. Allí, coincidentemente y
transitando ese duelo, “llega” el diagnóstico tranquilizador.

Análisis de los Casos

Quiero decir, que muchas veces es necesaria una escucha psicoanalítica para
poder deslindar el diagnóstico médico, del padecimiento de quién consulta. Que en
particular, sobre Fibromialgia, aún perdura el interrogante con el cual encabezo estas
líneas; muchas veces puede tratarse de una histeria, un síntoma conversivo, al mejor
estilo freudiano. Y otras veces, podemos pensarla más cercana a un fenómeno
psicosomático, pobreza discursiva, falta de capacidad asociativa (holofrase).

Porque las causas de dolor son independientes de las repercusiones del dolor.
Así, por ejemplo, ante esta misma afección que nos ocupa, algunos pacientes padecen
de la enfermedad como crónica y muy invalidante. Hay otros, que no se presentan
como minusválidos, toleran los dolores y son capaces de continuar con sus tareas
cotidianas.

Por ello, me resulta más útil pensarlo de este modo: más allá del dolor, cuya
existencia y tolerancia es siempre subjetiva, se trata de la posición del paciente frente
a la enfermedad, la posición del sujeto frente al dolor.

Una erogeneidad del cuerpo investida con el dolor, y no con el placer sexual,
un cuerpo que logra así hacerse presente. Un cuerpo que recuerda su base biológica,
organicidad, en lugar de un cuerpo volátil, ligero, gozante.

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¿Más cercano a la rigidez de la muerte, que la movilidad de la vida?

Enfermedad y muerte pueden enlazarse y encastrasre en el cuerpo como un


traje. Sea producto de una represión sexual, o bien un anclaje de la pulsión de muerte
sobre el cuerpo, o un fenómeno psicosomático, como analistas nos seguirá
interrogando el caso por caso.

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