UNIVERSIDAD CATÓLICA LUMEN GENTIUM. FACULTAD DE TEOLOGÍA. 3er semestre.
Materia: Cristología. Profesor: Dr. Julián López Amozorrutia. Alumno: Orlando Porta. Mat.: 1483
LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS
LA TRANSFIGURACIÓN DE JESUS.
La transfiguración de Jesús, delante de sus discípulos, es uno de los momentos más
hermosos dentro del Nuevo Testamento, en cierta manera recuerda las epifanías
veterotestamentarias, en las que Dios se manifiesta, sobre todo con Moisés, presentándose a
él con toda su gloria (cf. Ex 24, 12-16). Es un momento especial, en el que se le permite a
alguien ver a Dios tal cual es, es decir, verlo en su gloria. Esta es una experiencia
desbordante, pues el ser humano no es capaz de comprender del todo la grandeza del
acontecimiento, como nos lo deja ver la imagen que Marcos usa en su relato, para describir
el suceso. Por otra parte es una experiencia, que a la vez llena de “temor”, los discípulos
mismos caen al piso, Lucas comenta que los apóstoles “gravati erant somno”, pero a pesar
de ello se mantuvieron despiertos (Lc 9, 32). Cada evangelio presenta de un modo propio el
suceso, aunque es verdad que los textos de Marcos y Mateo, son muy semejantes entre
ellos. No es necesario hacer aquí todo un excursus, sobre la cuestión “sinóptica”, pero
podríamos considerar sin duda una influencia de Marcos sobre Mateo, en este pasaje. Sin
embargo es Lucas el que en varios aspectos, que dentro de poco trataremos, el que más se
distingue de entre los tres relatos. Dentro de estos tres relatos, Mateo es el que presenta la
figura de Jesús como la más relevante, mientras que los otros dos relatos, es decir, Marcos
y Lucas, presentan la figura de Jesús, con una cierta menor relevancia.
A continuación presentaré, los textos según el orden de aparición en el canon
bíblico.
MATEO:
Este relato, nos dice que la transfiguración sucedió, seis días después del discurso de
Jesús sobre las condiciones para seguirlo (cf. Mt 16, 24-28). Toma consigo a Pedro
Santiago y a Juan, de quién especifica que es hermano de Santiago. Los conduce a un alto
monte. Sobre esto hay algunas discusiones, sobre cuál podría ser de hecho el monte al que
subieron, pues, no hay muchos montes altos, la Biblia de Jerusalén, propone, que habría
sido el Sinaí, pues así estaría en concordancia con las manifestaciones teofánicas a Moisés.
Pero esto no está seguro. Es aquí que se llega al punto central, el versículo segundo nos
presenta propiamente la transfiguración. La palabra que se usa en griego es:
ώque viene de meta y morfé, es decir cambiar de forma, que en latín se
tradujo con transfiguratio, que significa los mismo trans-figurar; cambiar de figura. Este es
el punto central del relato. Jesús, cambia de figura, se transfigura, no deja de ser él mismo,
sin embargo tiene un aspecto diferente. No deja de ser quien es, pero se ve de otra manera.
Es este aspecto que los evangelistas tratan de expresar en modos distintos. En Mateo, se
expresa del siguiente modo. El rostro de Jesús brilla “sicut sol” (ὡjὁἥj) y sus
vestiduras eran “alba sicut lux” (ó´ὡj tὸ fj). Este es el modo en el que el evangelista se
expresa ante la gloria de Dios que se manifiesta en la persona de Jesús. Posteriormente
aparecen, Moisés y Elías, conversando con Jesús. Ante esta aparición, Pedro, se dirige a
Jesús de un modo muy especial. Lo llama “úu’ú,rie”, que es uno de los títulos reservados a
Dios. Es en este momento en el que Jesús se manifiesta en su gloria, que Pedro le reconoce
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una divinidad llamándolo de este modo. No es que Jesús reciba su gloria de forma externa,
sino esta gloria proviene de él mismo, le es propia, y por ello el título está en su lugar
propio, pues es a Dios a quien Pedro está hablando. Una voz, que decimos ser la del Padre,
dice de Jesús: “éste es mi Hijo amado en el que me complazco, escúchenlo, “Hic est Filius
meus dilectus, in quo mihi bene complacui; ipsum audite”, es el “ὁ agaphtoj”. En esta
ocasión la gloria no proviene de la nube, en la que también Dios se manifiesta pero en
forma de voz que cubre con su sombra a los discípulos, sino es Jesús el que la manifiesta en
modo visible, brillante. En esto se distingue de la manifestación a Moisés en el Sinaí. Jesús,
se acerca a sus discípulos y después de que estos cayeron con el rostro en tierra, los toca.
Dios, en su gloria se acerca al hombre y toca su carne para levantarlo y que sus ojos se
levanten para encontrarse nuevamente con Jesús. El final de la perícopa suele ser colocado
en este punto, es decir en el versículo ocho, pero me parece más correcto colocarlo, por
cuanto toca al evangelio de Mateo en el versículo nueve, cuando Jesús les ordena de no
decir nada hasta que “el hijo del hombre resucite de los muertos” (Mt 17, 9).
MARCOS:
Del mismo modo que en Mateo, para Marco han pasado seis días. Toma consigo a
los mismos discípulos. Sin embargo en este caso la transfiguración se narra, de manera algo
distinta. Jesús se transfigura delante de sus discípulos “coram ipsis”. Pero en este caso no
se menciona el rostro de Jesús lleno de gloria, sino se mencionan solamente sus vestiduras,
“vestimenta eius facta sunt splendentia, candida” (, leuka.). Eran tan blancas que
“ningún lavandero en la tierra podría hacerlas tan blancas” (Mc 9, 3). Del mismo modo,
después de la aparición de Moisés y Elías, Pedro se dirige a Jesús, pero en este relato no se
dirige a él del mismo modo que en el relato de Mateo, en esta ocasión Pedro le dice:
“Rabbi”, le llama Maestro, una forma también de respeto, pero que no tiene el mismo peso
que el título Kyrie usado en Mateo. Los discípulos estaban llenos de “temor”. El mensaje
de la voz que sale de la nube, es más corto: “Hic est Filius meus dilectus; audite illum”. Del
mismo modo que en el relato anterior, prefiero terminar la perícopa, un par de versículos
después, es decir en el versículo decimo. Jesús ordena a los discípulos de no decir nada,
hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos, pero además ahora, los
discípulos se preguntan, sobre el significado de la “resurrección de entre los muertos” (Mc
9, 9-10).
LUCAS:
Como lo decía al inicio, el relato de Lucas es el que se distingue más de entre los
tres relatos sinópticos. Para Lucas no son seis, sino ocho los días transcurridos. Toma
consigo a Pedro a Santiago y a Juan, pero en esta ocasión específica, que los conduce al
monte a “orar”. Es durante la oración que la transfiguración tiene lugar, podríamos decir
que es ese momento de íntima unión de Jesús con su Padre, en la oración, que lo
transfigura. “Et facta est, dum oraret, species vultus eius altera, et vestitus eius albus,
reflugens”. Mientras ora, su rostro cambia y sus vestiduras se vuelven blancas, relucientes.
La gloria, en este caso, como en Mateo, no solo es una situación de vestiduras, sino de la
persona misma, es la gloria de Jesús. Moisés y Elías, hablan con él pero en este caso hablan
del “éxodo” que debe cumplirse en “Jerusalén” (cf. Lc 9, 31). A pesar del sueño de los
apóstoles, ellos ven la gloria de Jesús y de Moisés y Elías. Pedro se dirige a Jesús y le dice:
“Ἐpista,ta”” que en griego significa, alguien que está por encima, que vigila a alguien más.
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En latín fue traducido por “Praeceptor”, como decir “Maestro”, casi en el sentido de
Marcos. En este caso la nube no solamente los cubre, sino, los envuelve, y los llena de
temor. El mensaje de la nube es casi idéntico al que aparece en Marcos: “Hic est Filius
meus electus; ipsum audite”, en este caso el adjetivo es “electus” (ἐklelegme,noj). En los tres
casos la voz dice: escuchar a Jesús.
Aún se podría analizar muchísimo, sobre el texto, pero el único punto que quiero
resaltar sobre este texto, es el gran contenido teológico, sobre la naturaleza de Jesús, Hijo
de Dios, que manifiesta a los hombres, la gloria del Padre, que es a la vez, su gloria. Nos
muestra que su naturaleza es la gloria, este texto no es el único en el que manifiesta su
gloria, pero es el único en el que la manifiesta según su ser divino y la manifiesta en su
propia persona, no por medio de un milagro o de otro medio. Es un texto cargado de gran
contenido “estético”, pues nos manifiesta la belleza de Jesús, que no es del todo describible,
pues no alcanzan las palabras para hacerlo.