CONSIDERACIONES AL MARGEN DE LO DECIDIDO.
CAMBIO DE DOCTRINA
EN TORNO A LA INDEXACIÓN JUDICIAL.
Debe señalarse que en nuestro país rige el principio nominalístico
de las obligaciones, según el cual la obligación de pagar una cantidad
de dinero es siempre la de restituir la cantidad numérica expresada en
el contrato, independientemente del aumento o disminución en el
valor de la moneda, dicho principio se encuentra positivizado en el
artículo 1737 del Código Civil .
Así, con respecto al sentido y alcance de dicha norma se ha
señalado que la misma se refiere a toda obligación de pagar sumas de
dinero (también denominadas dinerarias o pecuniarias) , a pesar
de estar ubicada dentro del capítulo referido al préstamo de dinero; y
además, que dicha norma no consagra un principio de orden público,
por lo cual, las partes en un contrato pueden regular la obligación de
pagar dinero con principios distintos al nominalístico.
Por otra parte, ha sido reconocido tanto por la doctrina como por
la jurisprudencia que la INFLACIÓN CONSTITUYE UN HECHO
NOTORIO consistente en la tendencia persistente al incremento del
nivel general de precios o, desde otro punto de vista, como el proceso
continuo en la caída del valor del dinero. Consecuencia de ello, es que
la parte que la alega esté libre de probarlo; sin embargo, la misma
debe ser solicitada por las partes, ya sea en el libelo de la demanda o
en el escrito de reconvención. (Vid. Sentencia de la Sala de Casación
Civil de la extinta Corte Suprema de Justicia de fecha 3 de agosto de
1994 ). Sin embargo, este principio tiene como excepción la adoptada
jurisprudencialmente en el caso de reclamo de conceptos laborales,
cuya indexación o ajuste por inflación no tiene que ser solicitada para
que pueda ser acordado.
Ahora bien, aun cuando en principio y en ausencia de pacto en
contrario, rige para las obligaciones dinerarias el principio
nominalístico; sin embargo, los tribunales venezolanos conscientes del
efecto dañino que produce el fenómeno de la inflación, en virtud de la
pérdida de poder adquisitivo de la moneda, han venido aplicando los
métodos de indexación judicial, con fundamento primordialmente en la
teoría de los mayores daños por la mora del deudor; es decir, se
reconoce que cuando el deudor entra en mora debe compensar al
acreedor más allá de los simples intereses (artículo 1277 del
Código Civil) por el perjuicio adicional que éste sufra a consecuencia
de la inflación.
Así, se ha señalado que en caso de mora del deudor , los daños
y riesgos sufridos por el acreedor como consecuencia del retardo,
corren por cuenta del deudor. (Cfr. Fallo de la Sala Político-
Administrativa de este Tribunal Supremo de Justicia, N° 128,
publicada el 19 de febrero de 2004 , expediente N° 2003-810 ,
caso: Gustavo Briceño Vivas y otros, contra Manuel Piñeiro y otros).-
Ahora bien, en caso de que se trate de una obligación
dineraria, de conformidad con el desarrollo doctrinal y
jurisprudencial, sólo se puede pretenderse la indexación judicial
cuando el deudor se encuentre en mora . Por lo cual, el juez que
conozca del caso para acordar la indexación judicial debe
determinarse entonces, si en el caso de autos esta o no en presencia
de una obligación morosa.
Al respecto señala la doctrina, que la mora del deudor
consiste en el retardo o tardanza culposa en el cumplimiento de la
obligación y que tiene como condición de procedencia, la existencia de
una obligación válida , lo que excluye a las obligaciones nulas,
anulables o naturales; cierta , es decir, que el deudor conozca su
existencia; líquida , porque en ella debe estar determinada la
extensión de las prestaciones debidas; y exigible , en el sentido de
haber sido contraída en forma pura y simple, sin estar sometida a
término o condiciones suspensivas no cumplidas.
Debe analizarse entonces, en el caso si la obligación objeto de la
demanda cumple con las condiciones señaladas para considerar al
deudor en mora.
En consecuencia, si no se considera al deudor como moroso, esto
trae como consecuencia la improcedencia de la solicitud de
indexación, que requiere en las obligaciones dinerarias y a falta de
acuerdo previo expreso entre las partes, de la existencia de mayores
daños causados por la mora del deudor. Así se declara.
Por su parte, esta Sala de Casación Civil, en su fallo de fecha
11 de mayo de 2000, expediente N° 1999-903 , caso:
AUTOCAMIONES CORSA C.A, contra AUTOMÓVILES DE VENEZUELA
COMPAÑÍA ANÓNIMA, en torno a la indexación judicial y su condena
de oficio por parte del juez dispuso lo siguiente:
“...Es menester precisar lo que se entiende por derechos disponibles
e indisponibles, según el autor Piero Calamandrei en su obra de
Derecho Procesal Civil INSTITUCIONES DE DERECHO PROCESAL
CIVIL. Tomo I, expresa lo siguiente:
"Esta situación, en virtud de la cual la entrada en vigor de ciertas normas
jurídicas se hace depender de la voluntad individual, constituye al individuo
en una posición de señorío sobre las normas jurídicas dispuestas para tutela
directa de sus intereses, y, por consiguiente, también sobre las
obligaciones que de estas normas puedan nacer a cargo de otras personas:
el deudor podrá ser constreñido al cumplimiento de su obligación sólo si tal
cumplimiento es querido por el acreedor, con la invocación de la norma
establecida para tutela de su crédito. En este sentido, el derecho subjetivo
señorío del querer: se forma en torno al individuo una esfera de autonomía,
y se podría decir que de soberanía individual, dentro de la el poder de
disponer de los propios intereses y de exigir la satisfacción de los propios
intereses y de exigir la satisfacción de los propios derechos, está
reconocido por la ley solamente a él, de un modo exclusivo: dentro de estos
límites, la ley quiere lo que el individuo quiere, y el Estado no tiene razón
para reaccionar contra la inobservancia de las normas jurídicas, sino en
cuanto el individuo haya reclamado su observancia en tutela del propio
interés”.
“A este poder soberano de disposición que el individuo tiene
sobre la propia "esfera jurídica", que es, además, la esfera de la
libertad individual dentro de la cual el individuo puede, para
tutela de los propios intereses, querer o no querer sin que otro
pueda intervenir para imponerle un diverso comportamiento,
hace alusión al nuevo Código cuando habla de "derechos
disponibles" (ej. Art. 114) y cuando en varios lugares, que a su
tiempo recordaremos, contrapone a las causas sobre "derechos o
relaciones disponibles" (que se podrían considerar como causas
de derecho privado en sentido estricto) todas aquellas otras
causas civiles que conciernen a relaciones no disponibles, o
también (como tradicionalmente se dice) atinentes al orden
público; esto es, relaciones reguladas por normas jurídicas cuya
observancia es sustraída, en medida más o menos amplia, según
los casos, a la libre voluntad de las partes y a la valoración
discrecional que las mismas pueden hacer de sus intereses
individuales...".
Aplicando la doctrina supra transcrita al caso de autos, se observa
que los derechos reclamados tienen que ver con una acción de
resolución de contrato de concesión y daños y perjuicios, la cual
pertenece al denominado derecho privado, que configura un derecho
disponible, pues el Estado no tiene ninguna potestad sobre los
derecho reclamados, motivo por el cual el juez no podía pronunciarse
de oficio sobre la corrección monetaria de las sumas demandadas,
pues sólo, lo puede hacer siempre que la parte actora lo hubiere
solicitado en su escrito libelar, y que se trate de derecho privado o
disponible según quedó asentado en sentencia fecha 26 de mayo de
1999, en el juicio de Michele Viceconte Pinto y otra contra María Olga
García de Amo, que dice:
"Por otra parte, si bien la corrección monetaria puede ser
acordada incluso de oficio por el Tribunal, tal cuestión depende
directamente de la naturaleza de la obligación que se reclama,
es decir, si en la misma están contenidos valores que afecten de
alguna forma el orden público o se trate de derechos disponibles.
el asunto referente a la oportunidad y posibilidad de solicitar la
indexación, se encuentra vinculado con el tipo o la clase de
derecho, que se encuentran debatido en el juicio donde se
requiere la indexación. Así, dependerá, sí se trata de derechos
disponibles o de carácter privado, o de derechos indisponibles,
de orden público o irrenunciables”.
“La respuesta a tal asunto la encontramos desarrollada en la
Jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia. En efecto, en
fallo de fecha 3 de agosto de 1994, en el caso Banco Exterior de
los Andes y España (extebandes) contra Carlos José Sotillo Luna,
se señaló que:
"En primer término, en todas las causas , donde se ventilen
derechos disponibles y de interés privado, el ajuste por inflación
ha de ser solicitado expresamente y necesariamente por el actor
en su libelo de demanda, no pudiendo ser solicitado en otra
oportunidad, a riesgo de incurrir el sentenciador en indefensión
de la parte contraria y, de producir un fallo viciado de
incongruencia positiva y en un caso de ultra o extrapetita, según
sea el caso. Mientras, que en las causas donde se ventilan
derechos no disponibles, irrenunciables, o de orden público, el
sentenciador podrá acordarlos de oficio, aún cuando no haya
solicitado por el actor en su libelo de demanda; como por
ejemplo, en las causas laborales y las de familia".
“Asimismo, ha expuesto la Corte Suprema, cuándo se puede
acordar de oficio la indexación judicial, y en tal sentido ha
sostenido que:
"...se señaló al inicio del presente fallo, que su acordatoria de
oficio, dependerá de si se trata de materia de orden público, o si
se trata derechos disponibles, e irrenunciables o no . En efecto,
no cabe duda a esta Sala que la indexación no puede ser
acordada de oficio por el sentenciado cuando se trate de
intereses o derechos privados y disponibles, lo cual implica que
el actor tendrá que solicitarla expresamente en su libelo de
demanda. Con ello se evita dejar a la parte contraria en un en un
estado de indefensión, al estado de indefensión, al no poder
contradecir y comprobar oportunamente contra la misma, e
igualmente se libra al sentenciador de producir un fallo
incongruente, por otorgar más de lo pedido u otorgar algo no
pedido e incurrir en ultra petita, según sea el caso”. (Omissis)
“Distinto es el caso de los intereses de orden público o de
derechos no disponibles o irrenunciables. En estos casos, el
sentenciador sí puede acordar de oficio la indexación, ya que por
mandato de ley, es un deber tutelar esos derechos..."
En consecuencia, como se trata de una indexación judicial de un
procedimiento de orden privado la misma tenía que ser solicitada por
el actor en el libelo de la demanda, lo cual no ocurrió y por tal
motivo el juez no podía pronunciarse de oficio al respecto, como
efectivamente lo hizo...”.-
Al respecto de lo antes señalado, esta Sala de Casación Civil, en
su fallo de fecha 26 de julio de 2005 , expediente N° 2003-390 ,
caso: TEODORO DE JESÚS COLASANTE SEGOVIA contra BANCO
MERCANTIL, C.A. S.A.C.A., dispuso lo siguiente:
“...En este sentido, la Sala en sentencia Nº 5 del 27 de febrero de
2003, con ocasión del recurso de hecho en el caso Nicola Cosentino
Ielpo y otros contra Seguros Sud América, S.A., expediente Nº 2001-
000554, señaló lo siguiente:
“...La Sala de Casación Civil ha establecido de forma reiterada,
que la inflación es un hecho notorio, y los efectos que produce
sobre el valor adquisitivo de la moneda son hechos que el juez
puede inferir mediante la aplicación de máximas de experiencias.
Asimismo, ha sostenido que la condena de pago de la suma de
dinero reclamada resulta injusta si no es practicado el respectivo
ajuste monetario, pues el deudor no repara el daño si no
restaura a plenitud el patrimonio del acreedor que resultó
afectado por el incumplimiento o el retardo en el cumplimiento
de la obligación. Por esa razón, la Sala ha establecido que el
juez puede acordar de oficio la indexación si la controversia
versa sobre derechos no disponibles e irrenunciables, y en caso
de que el debate judicial consista en intereses y derechos
privados y, por tanto, disponibles, queda a cargo de la parte
solicitar el ajuste monetario.
La indexación judicial solicitada en el libelo de demanda amplía
los límites que deberán ser tomados en cuenta por el Juez al
momento de establecer la condena a pagar.
En efecto, de conformidad con lo previsto en los artículos 339 y
364 del Código de Procedimiento Civil, la demanda y la
contestación constituyen los actos fundamentales en que las
partes delimitan el problema judicial y, por tanto, fijan los
límites para el conocimiento del Juez, y a ellos está sujeta su
actividad de juzgamiento, so pena de infringir el artículo 243
ordinal 5º eiusdem.
En la demanda, el actor expresa su pretensión, lo que comprende
la especificación de su objeto, esto es: del bien jurídico de la
vida que se pretende obtener, que puede ser una cosa material,
mueble o inmueble, o un derecho u objeto incorporal.
De acuerdo con lo previsto en el artículo 340 ordinal 4º del
Código de Procedimiento Civil, el objeto de la pretensión debe
determinarse con precisión: si fuere inmueble, especificando su
situación y linderos; si fuere mueble, especificando sus marcas,
colores, señales y particularidades que permitan determinar su
identidad; y si fuere derechos u objetos incorporales, indicando
los datos, títulos y explicaciones necesarios.
(...Omissis...)
Cabe advertir que a diferencia del Código de Procedimiento Civil
derogado, la ejecución de la sentencia con fuerza de cosa
juzgada que puso fin al juicio, no es motivo de una nueva acción,
(actio iudicati), sino que forma parte del mismo procedimiento
en que luego de concluida la fase cognoscitiva, a instancia de
parte tiene lugar la fase ejecutiva, y la cuantía en ambas etapas
del proceso es la determinada en el libelo.
En este sentido, la doctrina del Dr. Leopoldo Márquez Añez
expresa que:
‘...Esta última fase del proceso, hace posible que el mandato
concreto contenido en la sentencia, pueda ser prácticamente
operativo, porque de otro modo, la finalidad del derecho y la
de la jurisdicción misma quedarían frustradas si el Estado no
dispusiese de los medios prácticos para hacer cumplir el
fallo.
Se mantiene así en el Proyecto, la posición que desde
antiguo había tomado el legislador venezolano, de considerar
la ejecución forzada formando parte del ‘Officium Iudicis’ –
del oficio del Juez- y comprendida, por tanto, dentro de la
función jurisdiccional.
Mediante el sistema que se mantiene, la ejecución no es
objeto de una nueva acción (actio iudicati) , como en otros
derechos, ni da origen a una nueva relación jurídica
procesal, sino que constituye el desenvolvimiento final de la
única relación jurídica procesal que se constituye entre las
partes desde el momento mismo en que la demanda judicial
es notificada al demandado...’. (El Nuevo Código de
Procedimiento Civil. Fondo de Publicaciones UCAB.-Fundación
Polar. Pág. 220).
En consecuencia, si el accionante reclama el pago de una cantidad de
dinero, debe establecer los límites de la cantidad requerida, lo que
comprende el ajuste por desvalorización de la moneda. Por esta
razón la petición de indexación hecha en el libelo puede entenderse
perfectamente como delimitación por parte del actor, de los límites
del objeto de la pretensión procesal ...’ (Negritas y cursivas del texto)
(Subrayado de la Sala)...”.
En este orden de ideas, de la doctrina casacionista transcrita
precedentemente, vigente para la oportunidad en que se propuso la
presente demanda, se desprende que la indexación debe ser
solicitada dentro del proceso cuando éstos versen sobre derechos o
intereses privados y disponibles.
Ahora bien, es sabido en el foro que la indexación es una pretensión
subsidiaria; es decir, siempre depende de la principal cuyo
cumplimiento demanda el accionante, cuando se haya solicitado
expresamente y la pretensión del demandante sea declarada con
lugar. Esto dicho en otras palabras significa que, no existe
indexación como pretensión autónoma o principal, dado que –
como se dijo- su naturaleza es siempre de carácter subsidiario,
dependiente de la declaratoria o procedencia del cumplimiento
de la obligación dineraria que se reclama, por lo que es
imposible su pretensión en juicio autónomo donde lo que
únicamente se reclame sea el pago de cantidades de dinero por
concepto de indexación , cuestión esta que acarrearía que la acción
que se intentase con esas características sea declarada inadmisible,
tal como acontece en el caso bajo análisis.
Por su parte, la Sala Constitucional de este Tribunal Supremo de
Justicia, en revisión constitucional del fallo antes citado de esta
Sala, en su sentencia N° 576 , de fecha 20 de marzo de 2006 ,
expediente N° 2005-2216 , caso: TEODORO DE JESÚS COLASANTE
SEGOVIA, dispuso lo siguiente:
“...Al respecto, la Sala observa:
El poder adquisitivo de la moneda es algo inherente o intrínseco a
ella, representa su real valor y como tal no tiene que ver ni con
daños y perjuicios, ni con intereses devengados o por vencerse, ya
que la indemnización de daños y perjuicios se calcula para la fecha
de su liquidación judicial, con el valor que tenga para esa fecha, y la
tasa de interés -con sus posibles fluctuaciones- nada tiene que ver
con el valor real de la moneda.
En consecuencia, y salvo que la ley diga lo contrario, quien pretende
cobrar una acreencia y no recibe el pago al momento del vencimiento
de la obligación, tiene derecho a recibir el pago en proporción al
poder adquisitivo que tiene la moneda para la fecha del mismo. Sólo
así, recupera lo que le correspondía recibir cuando se venció la
obligación y ella se hizo exigible.
Esta realidad referida al poder adquisitivo de la moneda, sólo tiene
lugar cuando existe en un país una tendencia continua, acelerada y
generalizada al incremento del nivel general de precios (que abarca
todos los precios y los costos de los servicios), por lo que ante el
alza de los precios, el poder adquisitivo de la moneda cae. A esta
situación se la llama inflación y ella atiende a un concepto económico
y no jurídico. Por lo tanto, su existencia debe ser reconocida
oficialmente por los entes que legalmente monitorean la actividad
económica, como lo hace en Venezuela, el Banco Central de
Venezuela.
A juicio de esta Sala, la inflación per se como fenómeno económico,
no es un hecho notorio, ni una máxima de experiencia; ella a su vez
difiere de los estados especulativos, o de los vaivenes transitorios de
los precios, y, repite la Sala, su existencia debe ser reconocida por
los organismos económicos oficiales competentes para ello, y cuando
ello sucede es que la inflación se considera un hecho notorio.
Una vez determinada la existencia del estado inflacionario, conocer
su índice es también un problema técnico que debe ser señalado por
los organismos que manejan las variables económicas y que por tanto
puedan precisarlo. No se trata de un problema empírico que puede
ser reconocido aduciendo que se trata de un hecho notorio, lo que no
es cierto, ya que atiende a un concepto económico; ni que se conoce
como máxima de experiencia común, ya que su reconocimiento y
alcance es una cuestión técnica.
Por ello, a juicio de esta Sala, los jueces no pueden, sin base alguna,
declarar y reconocer que se está ante un estado inflacionario, cuando
económicamente los organismos técnicos no lo han declarado, así
como sus alcances y los índices generales de inflación por zonas
geográficas. Conforme al artículo 318 Constitucional, corresponde al
Banco Central de Venezuela lograr la estabilidad de precios y
preservar el valor interno y externo de la unidad monetaria, por lo
que coordina con el Ejecutivo el balance de la inflación (artículo 320
Constitucional), lo que unido a los artículos 50 y 90 de la Ley del
Banco Central de Venezuela, corresponde a este ente establecer
legalmente el manejo, y por tanto la determinación, de las
tendencias inflacionarias.
Reconocido oficialmente por los órganos competentes y autónomos
del Estado (Banco Central de Venezuela), la situación inflacionaria,
aunado a que el fenómeno lo sufre toda la población, éste se
convierte en un hecho notorio, más no la extensión y características
del proceso inflacionario. Por ello, los índices inflacionarios variables
deben ser determinados.
A juicio de la Sala, no pueden los órganos jurisdiccionales, sin
declaratoria previa de los entes especializados, reconocer un estado
inflacionario y sus consecuencias, sin conocer si se estaba ante un
ajuste coyuntural de precios, un desequilibrio temporal en los
mercados específicos (determinados productos), un brote
especulativo, o un pasajero efecto de la relación del bolívar con
monedas extranjeras. Ahora bien, reconocida la inflación, tal
reconocimiento se convierte en un hecho notorio, ya que el mismo se
incorpora a la cultura de la sociedad, pero no toda inflación
desestabiliza económicamente y atenta contra el valor del dinero,
siendo necesario –y ello a criterio del juez- que se concrete un daño
económico, un deterioro del dinero, lo que puede ocurrir cuando el
índice inflacionario supera el cinco por ciento (5%) anual.
El efecto inflacionario radica en que la moneda pierde su poder
adquisitivo, lo que como ya lo apuntó la Sala, es un valor intrínseco
de ella, y por tanto surge la pregunta sí quién pretende el pago de
una acreencia debe invocar o no expresamente se le indexe
judicialmente la suma reclamada o si ello opera de oficio; dando por
sentado que en un Estado social de derecho y de justicia (artículo 2
Constitucional) resulta lesivo que durante la época inflacionaria
impere el artículo 1.737 del Código Civil, el cual establece la entrega
de valor monetario numéricamente expresado para la acreencia,
antes que el pago en dinero del valor ajustado (justo) que resulte de
la inflación existente para el momento del pago.
Ante la anterior declaración, la Sala debe distinguir entre las
obligaciones que atienden a razones de interés social y que
responden a la necesidad de manutención y calidad de vida de la
gente, como son los sueldos, salarios, honorarios, pensiones,
comisiones, etc, que responden al trabajo o al ejercicio profesional,
de aquellas otras que pertenecen al comercio jurídico.
Por motivos de orden público e interés social, dentro de un Estado
Social de Derecho, la protección de la calidad de la vida también
corresponde al juez, y ante la desmejora de las condiciones básicas
provenientes de la privación a tiempo del salario, de los honorarios,
pensiones alimentarías, o de cualquier tipo de prestación del cual
depende la manutención y las necesidades básicas, el juez de oficio –
sin duda en este tipo de acreencias- debe acordar la indexación
(figura distinta a la corrección monetaria).
Este contenido social lo ha reconocido la Constitución artículo 92 en
cierta forma la Sala de Casación Civil, cuando en sentencia de 2 de
julio de 1996, consideró que el reconocimiento de la indexación era
cónsono con “una elemental noción de justicia”.
Sin embargo, cuando las prestaciones demandadas no están
interrelacionadas con nociones de orden público o de interés social,
sino que la pretensión versa sobre derechos subjetivos de los
accionantes, a quienes la ley (el Código de Procedimiento Civil), les
exige señale los límites de la litis tanto en lo fáctico como en el
objeto de la pretensión, considera la Sala que la indexación debe ser
solicitada por quien incoa el cobro, ya que como disposición de un
derecho subjetivo, podría el accionante contentarse en recibir la
misma cantidad a que tenía derecho para la fecha del vencimiento de
la obligación insoluta o para antes de la demanda.
En sentencia del 3 de agosto de 1994 (Caso: Extebandes Vs. Carlos
Sotillo Luna), la Sala de Casación Civil de la extinta Corte Suprema
de Justicia estableció que la inflación debía ser alegada por el
demandante en el libelo o en el escrito de la reconvención para tener
derecho a la indexación, pero este criterio fue posteriormente
abandonado por dicha Sala, precisándose que podía la indexación de
lo demandado solicitarse en los informes del proceso escrito. A juicio
de esta Sala, tal petición sólo puede tener lugar en el proceso donde
se exige el reconocimiento de la acreencia y no fuera de él.
Para determinar en qué oportunidad el acreedor debe solicitar la
indexación, la Sala observa:
Dentro del proceso civil, y en los procedimientos en los que él es
supletorio, el derecho de defensa de ambas partes, se ejerce en
cuanto al fondo de lo controvertido, en la demanda y en la
contestación, formándose en estos actos el thema decidendum, el
cual conforme al artículo 12 del Código de Procedimiento Civil,
vincula al juez sobre los alcances de su fallo, ya que sólo podrá
decidir sobre lo alegado por las partes, no pudiendo suplir
excepciones o defensas no interpuestas.
Este es el principio, con raíces constitucionales, que informa al
proceso civil regido por el principio dispositivo, y que no sufre
distinción alguna en el supuesto que el demandado no conteste la
demanda en el juicio ordinario, ya que el thema decidendum en este
caso está conformado por los hechos de la pretensión y la negativa
de su existencia, que nace como producto de la ausencia de
contestación.
El principio expuesto es congruente con otras normas del Código de
Procedimiento Civil, tales como el artículo 340, el cual en sus
numerales 4 y 7 exige que el actor en su demanda señale el objeto
de la pretensión, mientras que el artículo 364 eiusdem, expresa que
terminada la contestación o precluido el plazo para realizarla, no
podría admitirse la alegación de nuevos hechos, lo que involucra el
alegato de nuevos petitorios, ya que éstos se fundan en hechos que
han debido ser afirmados en sus oportunidades legales.
Este sistema, con efecto preclusivo para las alegaciones de las partes
(pretensión y contrapretensión), es a su vez acogido por el artículo
243 ordinal 5º del Código de Procedimiento Civil, el cual exige que la
sentencia contenga decisión expresa, positiva y precisa con arreglo a
la pretensión deducida (es decir, la contenida en la demanda) y a las
excepciones o defensas opuestas (las esgrimidas en la contestación
por el demandado).
Por lo tanto, fuera de la demanda y la contestación, o de la ficción de
que se dio por contestada la demanda por los efectos que produce la
falta de contestación oportuna, no pueden las partes alegar nuevos
hechos y solicitar sus consecuencias de derecho.
Sin embargo, la Casación Civil ha venido aceptando que en el acto de
informes, fuera de las oportunidades preclusivas para alegar, se
puedan interponer otras peticiones, entre las que se encuentran la
solicitud de indexación de las sumas demandadas “si el fenómeno
inflacionario surge con posterioridad a la interposición de la
demanda, criterio que responde a una elemental noción de justicia,
pues no puede el demandante cargar con el perjuicio que a su
pretensión, se causaría, por hechos económicos cuyas causas le son
ajenas” (Sentencia de la Sala de Casación Civil del 2 de julio de
1996, antes citada en este fallo).
La Casación Civil ha contrapuesto el valor justicia al Derecho de
Defensa, desarrollado en el proceso civil por las oportunidades
preclusivas que tienen las partes para alegar y pedir, y en ese
sentido –para los casos que conoce la Sala de Casación Civil- se trata
de una interpretación de normas y principios constitucionales, que
adelanta dicha Sala en razón del artículo 334 constitucional, lo que,
en principio, obedece a una facultad de dicha Sala, y así se declara.
Debido a esta interpretación, la indexación podrá ser solicitada por el
demandante en oportunidad diferente a la demanda (sentencia
aludida del 2 de julio de 1996), pero siempre dentro del proceso
donde se demanda la acreencia principal, y nunca fuera de él.
A juicio de esta Sala, quien pretende que su contraparte sea
condenada, tomando en cuenta la indexación, debe pedirlo en autos
expresamente, ya que a pesar de que puede en ciertas materias
operar de pleno derecho (asuntos de orden público o interés social),
tal ajuste responde a un derecho subjetivo de quien lo pretende, el
cual no puede ser suplido por el juez, máxime cuando la ley (como
luego se apunta en este fallo) trae un régimen de condenas que no es
uniforme, y que por tanto exige peticiones para su aplicación.
Resulta injusto, que el acreedor reciba años después del vencimiento,
el monto exigible de la acreencia en dinero devaluado, lo que lo
empobrece y enriquece al deudor; a menos que exista por parte del
acreedor una renuncia a tal ajuste indexado, la cual puede ser tácita
o expresa, cuando la convención no contiene una cláusula escalatoria
de valor.
En un sistema de derecho y de justicia, resulta un efecto de derecho,
que el acreedor demandante está pidiendo se le resarza su acreencia,
con el poder adquisitivo de la moneda para la fecha del pago real,
que a los fines de la ejecución no es otro que el de fijación o
liquidación de la condena.
Sin embargo, tal efecto de derecho, implícito en cada cobro, no
puede ser pedido en cualquier oportunidad del juicio por el
demandante, ya que el mismo atiende a sus derechos subjetivos,
renunciables, en las materias donde no está interesado el orden
público y el interés social, y por ello debe ser solicitado
expresamente por el accionante.
Esa necesidad de pedir, invariable, sin embargo en un Estado social
de derecho y de justicia, puede sufrir excepciones, en materia de
interés social y de orden público, donde el valor justicia y el de
protección de la calidad de vida impera, y por ello en materia laboral
y de expropiación -por ejemplo- se aplica de oficio la indexación, sin
necesidad de alegación, aunque lo que se litiga son derechos
subjetivos.
La Sala, sin entrar en las disquisiciones doctrinarias que distinguen
equidad de justicia considera que de poder aplicarse de oficio, por
equidad, la indexación, sin que medie para ello petición de parte, lo
sería sólo en los casos de interés social y de orden público, donde
priva la solución socialmente justa que debe imperar en esas
materias, conforme a los principios constitucionales y la realidad
social, que hay que ponderarlas.
El Estado social de derecho, implica que la interpretación y aplicación
del derecho tenga en cuenta la realidad social a fin de no agravar
más la condición de vulnerabilidad en que se encuentran algunos
sectores de la sociedad en relación a otros, o a su calidad de vida.
El Estado social de derecho exige una visión del derecho
compenetrada con la sociedad (el derecho sociológico), a fin de
minimizar en lo posible y mediante la interpretación jurídica, los
desajustes sociales; pero ello no puede atentar contra la seguridad
jurídica, ni contra los principios claves que conducen a esa
seguridad. De allí que la interpretación en cuanto a sus alcances
debe ser en cierta forma restringida, ajustada a los principios
procesales.
Consecuencia de lo expuesto es, que en materia que no afecta el
orden público, ni el interés social, sino a los derechos e intereses
particulares de los ciudadanos, las normas deben aplicarse en el
sentido que exige el artículo 4 del Código Civil, que en el caso del
Código de Procedimiento Civil, es claro con respecto a lo que debe
contener la demanda, la contestación y la sentencia, y que carga al
demandante a pedir en su libelo y no en cualquier momento del
proceso cognoscitivo, la indexación, y claro está, el monto de la
misma como acreencia autónoma, no podrá ser pedido en otro
proceso distinto a aquel donde se demanda la acreencia. Siendo un
hecho notorio, no hay ninguna razón para que no se incluya, con
carácter preclusivo, dentro de la pretensión, la petición de
indexación; y por ello permitir que en oportunidad distinta a la
demanda y a la reconvención, se pida la indexación, es violar el
derecho de defensa del demandado o del reconvenido, quien ajustará
su defensa a la situación alegada y no a otra.
Una solución contraria es en la actualidad una violación del artículo
12 del Código de Procedimiento Civil, ya que el juez estaría supliendo
argumentos al accionante.
Cuando el fenómeno inflacionario comenzaba, y aparecía como
sobrevenido, era aceptable que por razones de justicia –y hasta de
orden público- se permitiera que la indexación se solicitare hasta en
informes; pero en la actualidad –siendo notoria- en un proceso
dispositivo, destinado a ventilar derechos subjetivos, es inconcebible
que fuera de las demandas de interés social, se acuerde de oficio, o
se acepte que se solicite fuera de la pretensión.
El legislador (artículo 38 de Código de Procedimiento Civil), exige al
demandante estime la demanda, cuando la cosa demandada no
conste, pero sea apreciable en dinero, con el fin de fijar la
competencia por la cuantía.
Dicha fijación no limita la condena al monto estimado en el libelo, y
por ello el artículo 249 del Código de Procedimiento Civil, establece
la experticia complementaria del fallo, para el caso que no se
determine en la sentencia la cantidad de la condena por frutos,
intereses o daños, o cuando el juez no pueda hacer la estimación o
liquidación de la indemnización de cualquier especie o la restitución
de frutos.
Tal disposición, al igual que los artículos 527, 528, 529 y 530 del
Código de Procedimiento Civil, demuestran a las claras, que la
estimación que se hace en el libelo no pone topes a la condena, y
que no es el fallo necesariamente, quien determine el monto de los
frutos, intereses o daños, pudiendo éstos, al igual que otras sumas
(artículos 528 o 529 del Código de Procedimiento Civil), ser
establecidas incluso después del fallo, mediante los mecanismos
procesales señalados en dichas normas.
Con este acotamiento quiere la Sala resaltar, que la liquidación de
los montos de la condena pueden, y en algunos casos deben, hacerse
en un complemento de la sentencia, por lo que lo estimado en la
demanda no es mas que un indicativo, y siendo así en relación con
los intereses, los daños y perjuicios, los frutos, etc, nada obsta para
que el monto de lo indexado sea liquidado después del fallo; y para
constatar que la petición de indexación, que se basará en parámetros
no determinados con exactitud para la fecha de la petición, atiende a
una posibilidad que existe en toda demanda, cual es que el monto de
la condena se liquide en un complemento de la sentencia por la vía
de la experticia complementaria del fallo contemplada en los artículos
249 y 527 del Código de Procedimiento Civil, si es que el juez no
pudiera hacerlo en la sentencia.
Por esas razones, la Sala debe puntualizar cuáles son las
obligaciones indexables, lo que viene dado por una situación procesal
ligada al alcance de la condena, y a la oportunidad legal de su
liquidación.
Las condenas tienen diversos regímenes en las leyes. Hay casos en
que la indexación no es posible, ya que la propia ley señala en cual
época debe ser liquidado el valor de la demanda. Así los artículos
1457, 1507, 1514, 1521, 1523 y 1744 del Código Civil, por ejemplo,
señalan que las cantidades a condenarse deben ser calculadas antes
de la fecha de la demanda, por lo que sería imposible indexarlas o
corregirlas para que den un resultado diferente, ya que ello violaría
la ley. Otras normas, como la de los artículos 1466, 1469 y 1584 del
Código Civil, ponen como hito del monto condenable, el valor al
momento de la introducción del libelo. En supuestos como estos no
es posible adaptar las condenas al valor actual de la moneda, en
base a su poder adquisitivo, ya que el legislador, consideró que el
resarcimiento justo se lograba mediante los valores atribuibles a los
bienes resarcibles (incluso dinero) en esas oportunidades, y por tanto
cualquier petición contraria sería ilegal.
En las materias donde la condena puede referirse a cantidades cuyo
monto se determina para la fecha de la sentencia o que se pueden
liquidar en la fase de su ejecución, ya que es en ese momento
cuando se puede determinar la base efectiva del resarcimiento o
condena, hay que distinguir si se trata de asuntos contractuales o
extra contractuales. Si son de los primeros, en una situación
inflacionaria, la pérdida del valor de la moneda equivale a un daño
previsible, a tenor del artículo 1274 del Código Civil, y la
jurisprudencia venezolana ha dejado atrás el principio nominalístico
expresado en el artículo 1737 del Código Civil, procediendo el juez a
ordenar la entrega en dinero del valor equivalente al numéricamente
expresado en el contrato, por lo que la condena del deudor no es a
pagar una suma idéntica a la convenida en el contrato, sino en la de
pagar una cantidad equivalente al valor de la suma prestada
originalmente a la fecha del pago, cuando debido a su mora se hace
necesario demandarlo. Lo importante es el valor real de la moneda
para la época judicial del pago, no siendo posible pretender lo
mismo, cuando las partes del contrato pacten lo contrario, o cuando
judicial o extrajudicialmente se cumpla la obligación.
Fundado en la esencia constitucional, de que Venezuela es un Estado
democrático y social de derecho y de justicia (artículo 2
constitucional); y que el Estado garantiza una justicia idónea y
equitativa (artículo 26 constitucional); que la justicia es un principio
en el cual se fundamenta incluso la seguridad de la nación (artículo
326 eiusdem); que el Estado administra justicia (artículo 257
constitucional); los tribunales de la República, y en particular las
Salas de Casación Civil y Social del Tribunal Supremo de Justicia, han
indexado el pago de las deudas, reconocidas en la sentencia, al valor
del dinero para el momento del pago, que no es otro que el que
determine la ejecución del fallo.
Sin estar autorizado explícitamente por la ley, pero siempre como un
resultado de la aplicación del principio constitucional de justicia, se
ha ajustado la deuda contractual de sumas de dinero al valor real de
la moneda al momento del pago, que no es otro que el momento de
la ejecución.
La situación en materia de daños y perjuicios contractuales o
extracontractuales, tiene otro cariz, ya que los daños (emergente y
lucro cesante) se liquidan efectivamente para el momento del pago,
por lo que es a los precios para esa oportunidad, que se calculan, y
siendo así, teóricamente la indexación no puede tener lugar; como
tampoco puede tener lugar con relación a los daños morales, ya que
ellos los determina el juez también para el momento del fallo,
señalando el monto de los mismos. Se trata de sumas que se calculan
para la fecha del fallo, sin tomar en cuenta los valores anteriores.
Con relación a los gastos demandados aún no pagados a la víctima
(accionante), si en ambos casos (contractual o extracontractual) los
daños han quedado probados, pero no se conoce su monto y deban
ser resarcidos; la experticia complementaria del fallo se hace
obligatoria, y el cálculo de los expertos necesariamente se hará con
base en los precios para la época de dicha experticia, por lo que no
hay realmente una indexación, a pesar que se ha venido usando ese
vocablo para identificar este resarcimiento. Tampoco la habrá, como
ya lo apuntó la Sala, en materia de daños morales o especiales del
artículo 1196 del Código Civil, ya que ellos quedan al arbitrio del
Juez dentro de ciertos parámetros, y éste al establecerlos los
determina tomando en cuenta la realidad para el momento de la
decisión.
El problema radica en los daños cancelados a la víctima (accionante)
antes de la demanda o durante el proceso, que se pagan con la
moneda (y su poder adquisitivo) vigente para la fecha de la
cancelación. ¿Podrán recuperarse indexados para la fecha del pago
por el demandado?.
Se trata de una suma que se pagó con el valor de la moneda para esa
fecha y que no se conocía si se recuperaría o no, ya que ni siquiera
mediaba demanda al respecto, y que -en materia extracontractual- ni
siquiera existía un vínculo entre acreedor y deudor.
En relación a esto, la Sala considera que con respecto a lo pagado se
extinguió la obligación, y mal puede producir efecto posterior la
obligación extinta.
Por otra parte, a juicio de esta Sala, el retardo en el cumplimiento
incide, y es la clave en la indexación judicial. Este retardo no
necesariamente corresponde al deudor, sino que puede ser inducido
por el acreedor cuando abusando de su derecho no demanda en
tiempo prudencial, sino que persigue “engordar” su acreencia.
Debe quedar a criterio del juez, ponderar si el acreedor está o no
abusando de sus derechos, y si no lo está, ordenar el ajuste
monetario de las cantidades ya pagadas, en vista de que en materia
de daños y perjuicios, éstos se liquidan para el momento del pago,
por el valor real que en esa época tiene, y que es lo que
verdaderamente indemniza.
No es que la Sala acoja irrestrictamente la tesis del “mayor daño”, ya
que el valorismo lo aplica el juez independientemente de la culpa del
deudor, sino que en un Estado social de derecho y de justicia, así
como se reconoce un ajuste en la prestación del deudor, el abuso de
derecho no puede alentarse.
Apunta la Sala, que además existen las llamadas obligaciones de
valor, donde el accionante pretende se le indemnice en base a un
valor de referencia o se le reponga el valor de un bien, y donde el
monto en dinero se fija con base en el valor real del bien para el
momento de la condena, hasta el punto que muchas veces -si fuera
posible- se puede reponer la cosa, entregándose una igual para la
fecha de la condena, independientemente de su valor para ese
momento en relación del que tenía para la fecha de la demanda. A
estas obligaciones no les es aplicable indexación alguna, sino el valor
del bien para la época de la condena o de la ejecución.
Establecido lo anterior, debe la Sala puntualizar qué se entiende por
fecha o lugar del pago. Pero antes, la Sala apunta, que si la deuda se
pagó y el derecho por tanto se extinguió, el derecho del acreedor de
que se le indexe el monto debido, ya pagado, se pierde, ya que el
derecho extinguido no produce ningún otro efecto, siendo esto
aplicable incluso a las acreencias que surjan en materias donde está
interesado el orden público o el interés social.
Tomando en cuenta, que el Código de Procedimiento Civil desarrolla
una etapa procesal de ejecución de la sentencia, y que la ejecución
con el remate de los bienes del deudor equivale procesalmente al
pago, la Sala reputa que el monto del pago se encuentra determinado
por el monto de la ejecución, y que por lo tanto la indexación debe
ser anterior a tal determinación, de manera que la ejecución de la
sentencia la abarque.
La fase ejecutiva no se encuentra abierta indefinidamente para que
dentro de ella se vayan articulando cobros. En esta fase se fija el
monto a pagar, que es el del monto de la ejecución, el cual estará
contenido en el decreto de ejecución (artículo 524 del Código de
Procedimiento Civil), por lo que la indexación debe ser practicada y
liquidada en su monto antes de que se ordene el cumplimiento
voluntario. En consecuencia después de este auto no puede existir
indexación, siendo a juicio de esta Sala, una falta de técnica
procesal, el que existiendo ya en autos los montos del cumplimiento,
se reabran lapsos para indexarlos.
Corresponde a la sentencia determinar el monto líquido de la
condena, de allí que si el juez considera procedente la indexación,
deberá señalar en su fallo tal situación, no fuera de él (ya que ello
no está previsto en el Código de Procedimiento Civil), y ordenar
conforme a los artículos 249 del Código de Procedimiento Civil si
fuera el caso, ó 527 eiusdem, liquidar el monto ejecutable. Sólo
después de estas operaciones dentro del proceso donde surgió la
condena con los respectivos dictámenes es que la sentencia ha
quedado definitivamente firme y se decretará su ejecución si no hay
recursos pendientes.
Si el juez considera que la experticia complementaria (artículo 249
del Código de Procedimiento Civil) del fallo, nada aportará, o
practicada ésta se convence que es imposible probar el número o
valor de las cosas demandadas o el importe de los daños y perjuicios,
procederá a deferir el juramento al actor (artículo 1419 del Código
Civil), y lo que éste jure se tendrá como monto en la condena, salvo
la taxatio o el derecho del juez de moderar lo jurado, conforme al
artículo 1420 del Código Civil; sobre estas sumas, montos de
condena, no hay indexación alguna, y si se decretase se violaría el
debido proceso.
Este principio, que gobierna la ejecución del fallo, sufre excepciones
-previstas expresamente por la ley- cuando la orden de ejecución no
se refiere a cantidades líquidas de dinero, sino a la entrega por el
condenado de alguna cosa mueble o inmueble, o al cumplimiento de
una obligación de hacer o de no hacer (artículos 528 y 529 del
Código de Procedimiento Civil), casos en que si no pudiere ser habida
la cosa mueble o no fuere posible la ejecución en especie de la
obligación de hacer o no hacer, o ella resultase muy onerosa para el
ejecutante, se procederá a estimar el valor de la cosa o a
determinarlo mediante una experticia, procediéndose a la ejecución
de una deuda líquida dineraria, la cual está referida al valor actual
de los bienes o al costo actual de la obligación de hacer o de no
hacer.
Ahora bien, estas excepciones refuerzan la estructura de que el
monto de la ejecución, es el establecido para el cumplimiento
voluntario, y que es sólo dentro de la fase ejecutiva de un proceso
donde se pueden plantear estas situaciones que se desprenden de lo
litigado en él, y nunca mediante una pretensión autónoma referida a
lo subsidiario.
Comenzada la ejecución, por una cantidad ya fijada, esta no puede ir
variándose por motivo de nuevas indexaciones, siendo lo único
posible añadir la tasación de costas prevista en el artículo 33 de la
Ley de Arancel Judicial, cuando ella proceda en la actualidad, bajo la
vigencia del principio de gratuidad de la justicia.
La Sala considera que no ceñirse a estas disposiciones, significa
infringir el derecho de defensa y el debido proceso del ejecutado...”.-
Por su parte y no menos importante, se hace obligatorio citar el
actual criterio de esta Sala al respecto de la indexación judicial , el
cual se ve reflejado en su fallo N° RC-450 , de fecha 3 de julio de
2017 , expediente N° 2016-594 , caso: GINO JESÚS MORELLI DE
GRACIA contra C.N.A. SEGUROS LA PREVISORA, la cual al respecto
dispuso lo siguiente:
“...OBITER DICTUM
Sin perjuicio de haber sido declarada sin lugar la presente
denuncia por cuanto la indexación del pago reclamado fue
expresamente solicitado por el actor en el libelo de demanda,
considera impostergable esta Sala de Casación Civil hacer las
siguientes consideraciones con relación a la indexación judicial
ordenada de oficio por el Juez Civil , esto es, en los casos en
que no haya sido peticionada en el libelo de la demanda,
procediéndose a la revisión del estado de la dogmática y la
jurisprudencia nacional sobre esta institución en función al rol que
desempeñan los jueces en la debida integración de los principios y
garantías estatuidos en la Constitución de la República Bolivariana
de Venezuela, en aras a lograr que la realidad jurídica que rodea la
evolución de las conductas y necesidades sociales, se perciban y
reflejen en los fallos como lógica conclusión de la expresión de la
realidad jurídica y la justicia social de nuestro tiempo.
Ahora bien, e l Código Civil venezolano en su artículo 1.282 dispone
“… Las obligaciones se extinguen por los medios a que se refiere
este Capítulo y por los demás que establezca la Ley… ”, y en ese
orden de ideas, tenemos maneras generales y especiales de que
ello ocurra, como lo son el pago, el cumplimiento de la condición
resolutoria, el término extintivo, el mutuo disenso, la muerte en
las obligaciones personalísimas, la novación, la confusión, la
prescripción, entre otras.
Particularmente, atañe al caso concreto el pago, palabra que viene
del latín pacare , que indica apaciguar, hacer la paz, definido,
asimismo, como el modo natural y por excelencia de extinguir una
obligación por el cumplimiento de lo debido, ya sea que consista en
dar, prestar o hacer, dado que extingue totalmente el vínculo
obligacional con accesorios y garantías, tal y como lo manifiesta
Louis Josserand “…Pagar es ejecutar la prestación misma a que
uno estaba obligado, consista esa prestación en la entrega de una
suma de dinero o de un cuerpo cierto, en un hecho o una
abstención …”. (Josserand, Louis. “Teoría de las Obligaciones”.
Editorial Parlamento LTDA. Santiago de Chile. 2008 .Pág. 519).
El destacado jurista venezolano, José Mélich Orsini , en su libro
“El pago” expresa, “… El Capítulo IV del Título III de nuestro Código
Civil trata en su Sección I “Del Pago” como uno de los medios de
extinción de las obligaciones …”. (Mélich Orsini, José: “El Pago”.
Caracas, Academia de Ciencias Políticas y Sociales, Serie Estudios
Nº 86, 2ª edic., 2010
Para Eduardo Zannoni el pago es “… el cumplimiento de la
prestación que hace el objeto de la obligación, ya se trate de una
obligación de hacer, y una obligación de dar …”. (Zannoni, Eduardo
A. “Elementos de la Obligación”. Editorial Astrea Buenos Aires,
Argentina, 1996, pág. 159).
El connotado civilista español Federico Piug Peña , lo define como
“… el total cumplimiento de la prestación llevado a cabo por el
deudor con ánimo de extinguir el vínculo obligatorio …”. (Puig Peña,
Federico, “Compendio de Derecho Civil Español”. Tomo III.
Obligaciones y Contratos. Pág.312).
Jacques Dupichot , en su obra “Derecho de las Obligaciones”,
indica que el pago, en sentido estricto “… es una convención por lo
cual el deudor (llamado solvens) ejecuta una prestación debida de
cualquier naturaleza, aunque generalmente consiste en entregar
dinero, mientras el acreedor (llamado accipiens) recibe esta
última ...”. (Dupichot, Jacques. Derecho de las Obligaciones.
Editorial TEMIS. Bogotá, Colombia. 1984, págs. 109-110).
Por su parte, nuestro Código Civil en el artículo 1.283 establece:
“...El pago puede ser hecho por toda persona que tenga interés en
ello, y aun por un tercero que no sea interesado, con tal que obre
en nombre y en descargo del deudor, y de que si obra en su propio
nombre no se subrogue en los derechos del acreedor…”.
De las definiciones citadas, se desprende que el pago se define en
líneas generales como el acto mediante el cual el deudor
materializa la exacta satisfacción del interés del acreedor o la
efectiva realización de la prestación debida, lo cual conlleva su
liberación del vínculo obligatorio.
Precisadas las anteriores consideraciones doctrinarias y legal sobre
el pago, es oportuno hacer mención a la noción de procedimiento,
pues el tiempo que dure el mismo tendrá influencia en la
satisfacción de la acreencia. Tal y como lo determina el artículo
332 del Código de Procedimiento Civil: "… El procedimiento
ordinario comenzará por demanda, que se propondrá por escrito en
cualquier día y hora, ante el Secretario del Tribunal o ante el
Juez…", por ende ha de entenderse que la demanda constituye el
paso primigenio del proceso.
El sustento de la demanda, se erige en el ejercicio de la acción y
en hacer valer las alegaciones del demandante dirigidas al juez
para convencerlo de su razón a través de sus pretensiones y la
determinación de su alcance o expectativa a satisfacer, por tal
razón, resulta trascendental su contenido del cual dependerá el
desarrollo del proceso.
De tal manera que, de acuerdo con el principio dispositivo previsto
en el artículo 11 del Código de Procedimiento Civil el juez se
encuentra limitado a decidir solo sobre lo peticionado por el
accionante en el libelo y las defensas contenidas en la
contestación.
En este orden de ideas, es importante destacar que hoy día el
arraigado criterio romanista que considera al proceso como algo
propio del ámbito privado (contrato, cuasi contrato) por considerar
a la acción lo mismo que un derecho sustantivo no puede
sostenerse, por cuanto la prerrogativa del Estado para el ejercicio
de la función jurisdiccional lo impide.
Sobre este aspecto, el prominente jurista Hernando Devis
Echandía ha debatido y sostenido tradicionalmente, que en el
proceso civil hay un importante interés público, por lo que hoy en
día resulta inaceptable por arcaico sostener un concepción
privatista con relación a este, siendo que en realidad sobre el rige
una concepción publicista a lo largo de todo el procedimiento.
En tal sentido, expresó:
“...el proceso civil es un negocio particular y con un fin
privado: la defensa de los intereses de los particulares. Pero
hace más de cincuenta años que la doctrina universal archivó
esa concepción privatista y la sustituyó por la publicista, que
ve en el proceso civil el ejercicio de la jurisdicción del
Estado, tan importante y de tan profundo interés público
como en el proceso penal, e igualmente le señala un fin de
interés público o general: la recta aplicación de la ley
material y la administración de justicia para la paz y la
tranquilidad sociales .
Refutado el viejo concepto privatista del proceso civil, caen
por su base los argumentos de quienes desean mantener
maniatado al juez ante el debate probatorio. Porque si hay un
interés público en que el resultado del proceso civil sea justo
y legal, el Estado debe dotar al juez de poderes para
investigar la verdad de los hechos que las partes afirman en
oposición, y nadie puede alegar un derecho a ocultar la
verdad o a engañar al juez con pruebas aparentes u
omisiones de otras; la imparcialidad del funcionario consiste
en aplicar la ley al dictar sentencia , sin que en su criterio
pesen otras razones que sus conocimientos jurídicos y las
conclusiones a que llegue después del examen de los hechos y sus
pruebas, y sin que la amistad o enemistad, el interés o el afecto,
tuerzan o determinen sus decisiones. Por otra parte, si se concibe
la jurisdicción como un deber del Estado frente al derecho de
acción del particular y no solo como un derecho frente al
deber de los particulares de someterse a ella es apenas obvio
que se otorguen al juez los poderes suficientes para cumplir
adecuadamente con tal deber .
Como lo observa muy bien CARNACINI la disponibilidad del
derecho material discutido en el proceso civil, nada tiene que ver
con la disponibilidad de los medios probatorios para establecerlo;
por lo cual, aun considerando que el proceso civil versa sobre
cuestiones de interés privado y derecho de libre disposición de las
partes (lo que no es cierto en muchos casos) y olvidándose de
que tiene un objeto y un fin de claro interés público (la recta
aplicación de la ley y el ejercicio de la jurisdicción del Estado
a los litigios privados), no puede obtenerse de ello
argumento alguno en contra de las facultades inquisitivas del
juez para llevar al proceso la prueba de los hechos sobre los
cuales debe versar su sentencia …”. (Devis Echandía, Hernando.
“Estudios de Derecho Procesal”. Bogotá, Editorial ABC, Tomo II,
1980, pp. 451 y 452).
De lo anteriormente expresado se desprende que la doctrina
procesal universal y por mas de medio siglo, como lo afirma el
autor citado, concibe que la finalidad del proceso no solo atiende al
carácter individual y privado de los sujetos que actúan en el
mismo, no obstante representa una concepción institucional y
social en virtud de la cual éste debe servir para la consecución de
sentencias “justas”. Dicha noción, se instituye en nuestra
Constitución en el artículo 257, cuando se expresa que: “… El
proceso constituye un instrumento fundamental para la realización
de la justicia… ”.
Sobre esta concepción atinente a la justicia como finalidad del
proceso coincide el procesalista Piero Calamandrei , al afirmar
que:
“...Creo que precisamente éste es el centro del problema: la
finalidad del proceso ; no la finalidad individual que se persigue
en el juicio por cada sujeto que participa en él, sino la
institucional, la finalidad que podría decirse social y colectiva en
vista de la cual no parece concebible civilización sin garantía
judicial (...) el proceso debe servir para conseguir que la
sentencia sea justa , o al menos para conseguir que la sentencia
sea menos injusta, o que la sentencia injusta sea cada vez más
rara ... no es verdad que el proceso no tenga finalidad ... en
realidad finalidad la tiene; y es altísima, la más alta que
pueda existir en la vida: y se llama justicia ” (Calamandrei,
Piero. “Derecho Procesal Civil. Instituciones de Derecho Procesal”.
EJEA, Vol. III, 1973, pp. 208, 211 y 213). (Cursivas del texto,
negrillas de la Sala).
En este sentido, la incidencia fundamental de la realidad económica
en el derecho no puede permanecer inadvertida por los jueces en
el ejercicio de su labor pues, la función trascendental y relevante
que ejecutan en el proceso como intérpretes del derecho,
reconduciendo el nivel abstracto de la norma a lo concreto de la
situación planteada conlleva implícitamente un proceso
investigativo que debe materializarse a través de la exégesis y
ajuste a la realidad social, sin pretensión de irrumpir el campo
legislativo, en aras de concebir el Derecho como un medio para
fines sociales y no como un fin en sí mismo.
Ciertamente en ese orden de ideas, los jueces en el ejercicio de su
función jurisdiccional han estado influidos por esa ineludible
vinculación con la realidad tal y como se refleja en la extensa y
amplia literatura jurídica que manifiesta la imposibilidad del Poder
Judicial de desconocer el contexto político, social, económico e
histórico de su entorno al momento de decidir, pues tal y como lo
afirmara acertadamente, entre otros autores, Jerzy Wróblewski
“… la ideología de la decisión judicial está condicionada por grupos
bastantes complejos de factores que influyen el sistema de derecho
y la organización del aparato estatal en un determinado tipo de
contexto socio-político, en el cual y por el cual los tribunales
operan, y en la actitud valorativa del juez …”. (Wróblewski, J.
“Silogismo Legal y la Racionalidad de la Decisión Judicial”, trad.
por Marisela de Esparza, cuaderno No. 19, Centro de Estudios de
Filosofía del Derecho, Facultad de Derecho-LUZ, Maracaibo, 1977).
Para el Magistrado Emérito Dr. José Manuel Delgado Ocando en
la innegable función social del derecho y la administración de
justicia existen tres aspectos primordiales que deben estar
presentes en la auténtica jurisprudencia que pretenda dar
soluciones a los conflictos jurídico-sociales actuales, como lo son
"… un aspecto normativo exaltado por el positivismo jurídico o
normativismo lógico, un aspecto real exaltado por el realismo
jurídico y un aspecto valorativo exaltado por el derecho natural… ".
(Delgado Ocando, José Manuel; Apuntes de Historia de Filosofía del
Derecho, LUZ, Maracaibo, 1970. Pág. 192.).
De lo expuesto, resulta indudable que l a continuación de la
tradición civilista debe adecuarse al cambio social contemporáneo
como fenómeno natural que se supone conduce hacia los nuevos
tipos, relaciones y circunstancias y que sólo puede tener lugar a
través de un proceso de transformación, el cual no resulta extraño
en este campo, pues tenemos como precedente histórico en la edad
media, según explica el Dr. Paul Koschaker , “… Los comentaristas
[postglosadores] convirtieron los tesoros de la sabiduría jurídica
romana, la técnica del Derecho de Roma, en elementos aplicables a
su época, en parte viva del Derecho de sus tiempos (…) Calasso
también nos señala que los comentaristas sintieron la necesidad de
mantenerse adheridos a la realidad de la vida, para edificar sobre
sólido…”. (P. KOSCHAKER: “Europa y el Derecho Romano”. Editorial
Derecho Privado. Madrid, 1955, p. 150).
La renovación, adecuación y orientación del derecho como producto
de la evolución de las necesidades sociales ha constreñido a los
órganos encargados de impartir justicia a atemperar la rigurosidad
que domina en el profundo sentido privatista del derecho proceso
civil a fin de satisfacer el interés de los justiciables.
Ahora bien, tal y como ha sido señalado por esta Sala de Casación
Civil, en el libelo de su demanda el actor puede solicitar el ajuste
del valor del monto reclamado desde que el deudor incurrió en
mora hasta la fecha de presentación de la demanda e igualmente la
corrección monetaria a que haya lugar por efecto de la devaluación
que sufra la cantidad reclamada durante el transcurso del juicio.
En el primer caso, la indexación es perfectamente determinable por
el actor, la cual debe fijar en atención a los índices especificados
por el Banco Central de Venezuela; pero en el segundo, está
presente la dificultad de determinar el tiempo en que terminará el
juicio. (Vid. Sentencia N° 5 del 27 de febrero de 2003, caso: Nicola
Cosentino Ielpo, Biagio Cosentino Ielpo y Giuseppe Gugliotta
Gugliotta contra la sociedad mercantil Seguros Sud América
Sociedad Anónima, exp. N° 01-554).
En este orden de ideas, resulta incuestionable que la satisfacción
de las deudas pecuniarias adquiere cada vez mayor importancia
práctica trascendental porque usualmente todas las relaciones
contractuales así como los supuestos de responsabilidad
extracontractual y las indemnizaciones por cumplimiento de
contrato tienen por objeto la obtención de una suma de dinero
siendo el principio legal al cual se aferra y que caracteriza dichas
obligaciones dinerarias el nominalista, que consiste en que la
obligación monetaria quedará fijada por el importe exacto de
unidades monetarias que fue estipulado en el título constitutivo de
la obligación, sin tomar en cuenta ningún otro valor que pueda
asignársele.
En contraposición al principio nominalista y atendiendo al
fenómeno de la depreciación del valor de la moneda que se
identifica con la noción de inflación, el principio valorista a fin de
contrarrestar sus nocivos efectos, propugna que las deudas
pecuniarias deben pagarse atendiendo al valor real-actual de la
moneda en curso, tomando en consideración la depreciación que
haya experimentado en el curso del tiempo.
El razonamiento antes señalado, parte de que no puede
considerarse justo o legal que la persona que se desinterese en
pagar oportunamente una deuda, permita obtener al acreedor como
resultado el pago nominal de una deuda mermada logrando, de
esta manera, extinguir la obligación por ella debida,
aprovechándose de la desvalorización de la moneda por el
transcurso del tiempo, además de la duración de las reclamaciones
legales correspondientes.
Tal y como lo señalara el Dr. José Luis Aguilar Gorrondona en su
ponencia “LA INFLACIÓN Y LOS CONTRATOS QUE NO LA PREVEN”
presentada con ocasión a la realización de las XIX Jornadas “J.M.
Domínguez Escovar”, “… Sin salirnos del campo del Derecho
Privado, lo cierto es que la Historia y el Derecho comparado
demuestran que los trastornos provocados por la inflación en el
área contractual frecuentemente crean una presión sobre la
doctrina, la jurisprudencia e incluso los legisladores, para que se
replanteen los principios tradicionales fundamentales del derecho
de los contratos, los cuales si bien no presentan problemas cuando
la moneda es estable, en cambio crean dificultades para resolver
los problemas originados por la inflación en el área contractual …”.
(Aguilar Gorrondona, XIX Jornadas Domínguez Escovar. Inflación y
Derecho. “LA INFLACIÓN Y LOS CONTRATOS QUE NO LA PREVEN”.
Barquisimeto. Venezuela. Pág. 36).
El razonamiento antes señalado, parte de que no puede
considerarse justo o legal que la persona que se desinterese en
pagar oportunamente una deuda logre -aprovechándose de la
desvalorización de la moneda por el transcurso del tiempo así como
la duración de las reclamaciones legales-, extinguir la obligación
por ella debida mediante el pago nominal una deuda mermada.
Con relación específicamente al fenómeno económico conocido
indexación, resultan innegables los criterios jurisprudenciales que
desde hace ya algún tiempo vislumbraban la necesidad de que los
órganos jurisdiccionales tomen en consideración la corrección
monetaria apartándose del rigorismo nominalista que se preceptúa
en el artículo 1.731 del nuestro Código Civil sobre este aspecto, la
extinta Corte Suprema de Justicia (hoy Tribunal Supremo de
Justicia, en Sala de Casación Civil, en sentencia del 30 de
septiembre de 1992, caso: INVERSIONES FRANKLIN y PAÚL S.R.L.,
indicó que la rectificación monetaria procedía, respecto de las
obligaciones monetarias al considerar que “… indexar viene a
constituir la acción encaminada a actualizar el valor del daño
sufrido, al momento de ordenar su liquidación, corrigiendo así la
pérdida del poder adquisitivo de la moneda, por su envilecimiento
como efecto de los fenómenos inflacionarios (…) indexación o
actualización monetaria no es una nueva indemnización de daños y
perjuicios sino que forma parte del cumplimiento de la
obligación principal cuando se incurre en mora …”. (Resaltado
de la Sala).
En este orden de ideas, mediante sentencia de fecha 17 de marzo
de 1993, la Sala de Casación Civil de la otrora Corte Suprema de
Justicia (hoy Tribunal Supremo de Justicia), expresó que en
materia laboral:
"… cuando un patrono incurre en mora en el cumplimiento de
sus obligaciones laborales , particularmente en el pago de las
prestaciones sociales y demás conceptos procedentes y derivados
de la terminación del contrato o relación de trabajo, debe
soportar la consecuencia representad a por la variación en el
valor de la moneda; lo que significa en términos prácticos,
que al pagar en cumplimiento de una sentencia condenatoria,
debe hacerlo a dinero o moneda actualizada, es decir,
reajustada de acuerdo al ritmo de la inflación ...". (Negrillas de
la Sala).
En sintonía con lo expuesto reiteró, la Sala de Casación Civil,
conociendo en materia laboral, de acuerdo con su competencia en
ese momento, en fecha 17 de marzo de 1993, en el caso de
Camillus Lamorell contra Machinery Care, lo siguiente:
“… En sentencia de fecha 30 de septiembre de 1992, la Sala
estableció que siendo la inflación un hecho notorio, el efecto
que produce sobre el valor adquisitivo de la moneda era un
hecho que no podía inferir el Juez mediante la aplicación de una
máxima de experiencia. En el citado fallo, la Sala examinó también
el contenido del artículo 1.737 del Código Civil, y llegó a la
conclusión de que sí podía ocurrir el ajuste monetario de una
obligación que debía ser cancelada en dinero, cuando la
variación en el valor de la moneda ocurre después del
término fijado para el pago, con el objeto de restablecer el
equilibrio roto por el aumento o disminución en el poder
adquisitivo de la misma. Por consiguiente, al igual que el
criterio sostenido en Colombia y en Argentina, es posible
aplicar el método indexatorio en aquellos casos de
obligaciones que deben ser canceladas en dinero, pero
siempre que el deudor haya incurrido en mora …”. (Negrillas de
la Sala).
Asimismo, se expresó en el fallo citado que con la aplicación de la
indexación judicial en materia laboral no solo se lograba el
restablecimiento la lesión que realmente sufría el trabajador
producto de la desvalorización de la moneda por la contingencia de
la inflación, sino también se evitaban los retardos maliciosos en el
proceso.
Conteste con el criterio anterior, la Sala Político Administrativa en
la sentencia de fecha 5 de diciembre de 1996, caso: C.A. DAYCO
CONSTRUCCIONES contra el Instituto Nacional de Obras Sanitarias,
expresó lo siguiente:
“… Se estima en este contexto que la indemnización constituye
una obligación de valor cuyo monto debe ser reajustado
desde la fecha del hecho dañoso hasta el momento del pago
efectivo. También en dicha sentencia se consideró que la
inflación es un hecho notorio, el cual no admite duda, su
conocimiento fáctico se deriva de la experiencia común, que
puede deducir el Juez, por permitírselo así el artículo 12 del
Código de Procedimiento Civil. De todo ello es posible
afirmar que sin una tasación actual, no existiría una
verdadera indemnización …procede la indexación (...) y puede
válidamente exigirse interés por esta misma, mas sin
embargo, no procede el pago de intereses sobre la obligación
de valor una vez indexada …”. (Negrillas de la Sala).
El criterio citado, fue reiterado por esa misma Sala Político-
Administrativa en su fallos de fecha 7 de junio de 1995 caso:
DIMASA; 17 de octubre de 1996, caso: VINCLER C.A., y el 24 de
septiembre de 1998, caso: Sajoven, en los cuales sostuvo, que “…
con la indexación se trata de evitar que el pago se efectúe con un
signo monetario envilecido, en relación a una época en que tenía
un valor adquisitivo superior (…) las deudas de dinero sólo darán
lugar a daños y perjuicios moratorios, con el principio según el
cual la reparación debe ser íntegra, en el sentido de que si la suma
de dinero va perdiendo valor por efecto de la inflación, el Tribunal
deberá acordar su ajuste o corrección monetaria para la fecha de
la sentencia… ”.
En ese sentido, cabe destacar que en la jurisprudencia
latinoamericana existe un amplio consenso en superar el
nominalismo legislativo por considerar que no guarda relación con
la situación inflacionaria que atraviesan nuestros países y en ese
sentido la Corte Constitucional de Colombia, en términos similares
al criterio patrio citado, entre otras, en la sentencia N° C-862 de
2006, precisó que el pago de la actualización monetaria de una
deuda no constituía una alteración sustancial de las obligaciones de
manera retroactiva o la existencia de doble sanción expresando lo
siguiente:
“… CONSIDERACIONES DE LA CORTE
(…Omissis…)
El tema de la actualización de las obligaciones pecuniarias, esto es,
la necesaria protección frente al fenómeno de desvalorización o
depreciación que padecen las monedas de los países, al que no es
inmune Colombia, no ha sido ajeno ni al legislador ni a la
jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia.
En la sentencia de casación N° 133 de 21 de noviembre de 2007 se
hicieron las precisiones que pasan a destacarse:
‘... resulta oportuno recordar que el proceso inflacionario, común
en las economías modernas, consistente en el alza sostenida del
nivel general de los precios de los bienes y servicios de la
comunidad, tiene como efecto inmediato la pérdida del poder
adquisitivo de la moneda, por lo que surge la imperiosa necesidad
de reconocer la corrección monetaria de ciertas obligaciones
afectadas por el referido fenómeno, en aras de atenuar sus
evidentes secuelas nocivas, particularmente, la abrogación del
contenido conmutativo de las prestaciones. Justamente, como de
restablecer el equilibrio se trata, esta institución no se justifica per
se, sino en cuanto se aplique -rigiendo el nominalismo- a remediar
situaciones manifiestamente injustas e inequitativas. Así lo ha
reconocido la jurisprudencia, habida cuenta que en todos aquellos
casos en los cuales ha inferido la necesidad de concederla `ha
acudido (…), explícita o implícitamente, a fundamentar tal
reconocimiento, en la equidad, entendida ésta, en acatamiento de
lo previsto por el artículo 230 de la Constitución Política
Colombiana, como un instrumento auxiliar de la interpretación
judicial que permite ahondar en las normas jurídicas en búsqueda
de la ‘justicia del caso en concreto’, de modo que, en esos eventos,
la equidad ha sido la herramienta que le ha permitido a esta
Corporación desentrañar el sentido de las distintas normas
sustanciales, pero sin llegar a desdeñarlas pretextando aplicar sus
propias apreciaciones (…) De ahí que, en las diversas hipótesis en
las cuales ha tenido que condenar al pago de la corrección
monetaria, la Corte, de la mano de la equidad, ha profundizado en
el contenido de las normas que gobiernan algunos casos
particulares, hasta advertir en ellos un sentido que, sin quebrantar
los principios que gobiernan el ordenamiento colombiano en la
materia, consulten con criterios de justicia y conveniencia y
conduzcan a la solución de los graves problemas que en esas
específicas ocasiones produce el fenómeno de la depreciación
monetaria´, sentencia del 29 de noviembre de 1999, expediente
No.5035. (…) Por supuesto que junto con la equidad concurren
otros principios que igualmente justifican, en su caso, la corrección
monetaria, tales como la buena fe, la indemnización plena, la
teoría de la causa, la plenitud del pago, o el de la preservación de
la reciprocidad en los contratos bilaterales. Por tanto, su
fundamento no puede ubicarse exclusivamente en la necesidad de
reparar un daño, punto en el cual hay que recordar que, como lo
ha decantado la jurisprudencia “la pérdida del poder adquisitivo del
dinero no afecta la estructura intrínseca del daño, sino su cuantía’.
(Sentencia del 29 de noviembre de 1999, expediente No.5035).
(…Omissis…)
Es por ello por lo que la Corte ha expresado, que el pago no será
completo, `especialmente respecto de deudores morosos de
obligaciones de dinero, cuando éstos pagan con moneda
desvalorizada, o sea, sin la consiguiente corrección monetaria,
pues en tal evento se trata de un pago ilusorio e incompleto, como
acertadamente lo sostienen la doctrina y la jurisprudencia, no sólo
nacional sino foránea, la cual insiste en que si la obligación no
es pagada oportunamente, se impone reajustarla, para
representar el valor adeudado, porque esa es la única forma
de cumplir con el requisito de la integridad del pago ´ (se
subraya; cas. civ. de 30 de marzo de 1984, CLXXVI, pág. 136. Vid:
Sents. de 24 de abril de 1979, CLIX, pág. 107; de 15 de
septiembre de 1983, CLXXII, pág. 198; de 19 de marzo de 1986,
CLXXXIV, pág. 24; de 12 de agosto de 1988, CXCII, pág. 71 y de
24 de enero de 1990, CC, pág. 20)...” (Resaltado del texto).
De lo expuesto se desprende, que para que el pago produzca
efectos liberatorios como modo de extinguir las obligaciones
debe existir equivalencia cualitativa y no simplemente
cuantitativa , por lo que con la aplicación de la indexación lo único
que se persigue en reconocimiento a los principios universales de
“equidad” e “igualdad de la justicia” es condenar justamente lo
debido adoptándose así la tesis valorista no a través de normas
legislativas, sino por medio de fallos judiciales.
Asimismo, los criterios jurisprudenciales citados, parten de la
premisa de que toda reparación debe ser íntegramente pagada y
que el retardo culposo en el pago de sumas de dinero ha sido
considerado como un daño cierto e indemnizable producto de la
depreciación monetaria, afirmando y sosteniendo la necesidad del
reajuste de la obligación pactada debiendo entonces acordarse la
indexación de la suma debida aceptándose asimismo, la posibilidad
de reclamar conjuntamente la indexación y el pago de intereses
moratorios, con la única limitación de que los intereses deberán
ser calculados sobre el monto original de la obligación debida y no
sobre la cantidad que resulte de la actualización o indexación de
ese monto, pues lo contrario, supondría por una parte, el
desconocimiento de una realidad social y por otra, un
enriquecimiento sin causa del deudor.
De lo anterior se desprende claramente que el tema de la
indexación está estrechamente vinculado a la aplicación de las
teorías nominalistas y valoristas con respecto a las obligaciones,
puesto que si se opta por la primera, tal y como está previsto en la
mayoría de la legislaciones latinoamericanas, la indexación estaría
prácticamente descartada, en cambio sí jurisprudencialmente se
permite la revalorización de las prestaciones se estaría asegurando
a través de un medio adecuado la seguridad jurídica de los
justiciables que en este caso es recibir aquello que realmente se
pactó.
En nuestra jurisprudencia, el principio valorista fue relegado a las
deudas laborales y las de carácter alimentario en virtud del
incumplimiento en su pago por parte del empleador, que en
muchas ocasiones oponía defensas sin ningún fundamento con el
único objetivo de retardar los juicios por años y así lograr pagar la
misma cantidad que hubiese tenido que pagar al momento en que
debían cumplir con la obligación. Sin embargo, dicho criterio no era
aplicado a las causas donde se ventilaran derechos privados y
disponibles, irrenunciables, o de orden público siendo además
requisito indispensable, en los casos permitidos, que el ajuste por
inflación fuese expresamente solicitado en el libelo de la demanda,
tal y como se expresara en sentencia de fecha 3 de agosto de
1994, en el juicio que por cobro de bolívares que incoara el Banco
Exterior de Los Andes y de España, S.A. (Extebandes) contra el
ciudadano Juan Carlos Sotillo Luna, en la cual la Sala de Casación
Civil estableció, lo siguiente:
“… En primer término, en todas las causas, donde se ventilen
derechos disponibles y de interés privado, el ajuste por
inflación ha de ser solicitado expresamente y necesariamente
por el actor en su libelo de demand a, no pudiendo ser
solicitado en otra oportunidad , a riesgo de incurrir el
sentenciador en indefensión de la parte contraria y, de producir un
fallo viciado de incongruencia positiva y en un caso de ultra o
extrapetita, según sea el caso. Mientras, que en las causas donde
se ventilan derechos no disponibles, irrenunciables, o de orden
público, el sentenciador podrá acordarlos de oficio, aun cuando no
haya solicitado por el actor en su libelo de demanda; como por
ejemplo, en las causas laborales y las de familia
(…Omissis…)
(…).se señaló al inicio del presente fallo, que su acordatoria de
oficio, dependerá de si se trata de materia de orden público, o si
se trata derechos disponibles, e irrenunciables o no. En efecto, no
cabe duda a esta Sala que la indexación no puede ser
acordada de oficio por el sentenciado cuando se trate de
intereses o derechos privados y disponibles, lo cual implica
que el actor tendrá que solicitarla expresamente en su libelo
de demanda . Con ello se evita dejar a la parte contraria en un en
un estado de indefensión, al estado de indefensión, al no poder
contradecir y comprobar oportunamente contra la misma, e
igualmente se libra al sentenciador de producir un fallo
incongruente, por otorgar más de lo pedido u otorgar algo no
pedido e incurrir en ultra petita, según sea el caso.
(…Omissis…)
Distinto es el caso de los intereses de orden público o de
derechos no disponibles o irrenunciables. En estos casos, el
sentenciador sí puede acordar de oficio la indexación, ya que
por mandato de ley, es un deber tutelar esos derechos...”.
Esta misma Sala, ampliando el criterio con relación a la
oportunidad para solicitar la indexación precisó, que si el proceso
inflacionario surgía con posterioridad a la interposición de la
demanda la misma podía ser solicitada hasta la etapa de informes,
criterio que fue avalado por la Sala Constitucional en la sentencia
N° 576 del 20 de marzo 2006, expediente N° 05-2216, caso:
Teodoro de Jesús Colasante Segovia, en la cual además se sostuvo
que la inflación constituía un hecho notorio solo cuando ha sido
reconocida por los organismos económicos oficiales competentes,
expresando al respecto lo siguiente:
“… A juicio de esta Sala, la inflación per se como fenómeno
económico, no es un hecho notorio, ni una máxima de experiencia;
ella a su vez difiere de los estados especulativos, o de los vaivenes
transitorios de los precios, y, repite la Sala, su existencia debe ser
reconocida por los organismos económicos oficiales competentes
para ello, y cuando ello sucede es que la inflación se considera un
hecho notorio.
Una vez determinada la existencia del estado inflacionario, conocer
su índice es también un problema técnico que debe ser señalado
por los organismos que manejan las variables económicas y que
por tanto puedan precisarlo. No se trata de un problema empírico
que puede ser reconocido aduciendo que se trata de un hecho
notorio, lo que no es cierto, ya que atiende a un concepto
económico; ni que se conoce como máxima de experiencia común,
ya que su reconocimiento y alcance es una cuestión técnica.
(…Omissis…)
Para determinar en qué oportunidad el acreedor debe solicitar la
indexación, la Sala observa:
(…Omissis…)
Sin embargo, la Casación Civil ha venido aceptando que en el
acto de informes, fuera de las oportunidades preclusivas
para alegar, se puedan interponer otras peticiones, entre las
que se encuentran la solicitud de indexación de las sumas
demandadas ‘si el fenómeno inflacionario surge con
posterioridad a la interposición de la demand a, criterio que
responde a una elemental noción de justicia, pues no puede
el demandante cargar con el perjuicio que a su pretensión,
se causaría, por hechos económicos cuyas causas le son
ajenas ’. (Sentencia de la Sala de Casación Civil del 2 de julio de
1996, antes citada en este fallo).
La Casación Civil ha contrapuesto el valor justicia al Derecho
de Defensa , desarrollado en el proceso civil por las oportunidades
preclusivas que tienen las partes para alegar y pedir, y en ese
sentido –para los casos que conoce la Sala de Casación Civil- se
trata de una interpretación de normas y principios constitucionales,
que adelanta dicha Sala en razón del artículo 334 constitucional, lo
que, en principio, obedece a una facultad de dicha Sala, y así se
declara.
Debido a esta interpretación, la indexación podrá ser solicitada
por el demandante en oportunidad diferente a la demand a
(sentencia aludida del 2 de julio de 1996), pero siempre dentro
del proceso donde se demanda la acreencia principal, y nunca
fuera de él .
A juicio de esta Sala, quien pretende que su contraparte sea
condenada, tomando en cuenta la indexación, debe pedirlo en
autos expresamente, ya que a pesar de que puede en ciertas
materias operar de pleno derecho (asuntos de orden público o
interés social), tal ajuste responde a un derecho subjetivo de quien
lo pretende, el cual no puede ser suplido por el juez, máxime
cuando la ley (como luego se apunta en este fallo) trae un régimen
de condenas que no es uniforme, y que por tanto exige peticiones
para su aplicación(…).
Conforme a lo anterior, el criterio de la Sala de Casación Civil
compartido por esta Sala Constitucional respecto a la
indexación, es que ésta puede ser solicitada fuera de las
oportunidades preclusivas para alegar (demanda o
reconvención), en el acto de informes, si el fenómeno
inflacionario surge con posterioridad a la interposición de la
demanda …” (Negrillas de la Sala).
De los criterios jurisprudenciales citados se desprenden los
notorios avances en procura de ampliar la oportunidad procesal
para que los justiciables puedan solicitar la corrección monetaria
de las obligaciones dinerarias; sin embargo, esta Sala considera
necesario continuar con su labor de interpretación
progresista en protección de los administrados y de
eficiencia en la administración de justicia mediante la
entrega de un servicio de tutela judicial equitativa en su
distribución, pues lo contrario, significaría negar una
realidad económica que afecta a la sociedad en general como
lo es la inflación monetaria y la lesión que esta genera.
Lo cierto es, que en muchos casos la certeza sobre la
dilación de los procesos judiciales incentiva la litigiosidad
motivo por el cual no solo debe incumbir a la parte actora la
solicitud de la indexación de las cantidades reclamadas en las
oportunidades procesales señaladas en los criterios supra
transcritos, sino también en su caso a los juzgadores el
establecer los criterios pertinentes dirigidos a efectuar el
reajuste monetario de las obligaciones que se ven afectadas
por la depreciación de la moneda, aun cuando no haya sido
solicitado, siéndoles dable buscar la equivalencia de la
obligación dineraria envilecida por el transcurso del tiempo y
cuya adopción se sujete a los principios generales del
derecho, particularmente a la equidad, privilegiando así la
concepción publicista del proceso, que sin duda comparte la
Sala.
Conforme a lo reseñado, cabe destacar que el derecho al acceso
efectivo a la administración de justicia contemplado como derecho
fundamental en el artículo 26 de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela debe entenderse no sólo como la
posibilidad de acudir ante las autoridades judiciales para plantear
un problema, sino que su materialización implica que el mismo sea
resuelto justamente.
A partir de esta distinción, la creación de nuevos cauces, formas
procesales y criterios jurisprudenciales acordes con las nuevas
necesidades de los derechos sustanciales en litigio, en pleno
reconocimiento a la consagración constitucional del conjunto de
principios y garantías que despliegan una tendencia a la
optimización del ordenamiento jurídico y valoración de la tutela
judicial efectiva como mecanismo eficaz que permita a los
particulares restablecer una situación jurídica vulnerada e
indefectiblemente conducen a los jueces a determinar el alcance,
contenido y finalidad del derecho positivo tomando en
consideración el amplio espectro que le presentan las corrientes de
pensamiento jurídico y la discusión doctrinal existente, se
armoniza y atempera el criterio jurisprudencial imperante hasta
la fecha en lo concierne a la posibilidad de que los jueces en
acciones de naturaleza privada en las cuales el demand ante
no haya solicitado expresamente en las oportunidades
procesales determinadas por la jurisprudencia la corrección
monetaria y sin que el deudor haya incurrido en mora pueda
acordarla de oficio , a fin de contrarrestar no solo el
fenómeno económico analizado sino también, la disminución
los altos índices de litigiosidad en procura de atenuar el
pago de una deuda por el transcurso del tiempo dada la
lentitud de los procesos judiciales, ampliando de esta
manera los límites que deberán ser tomados en cuenta por el
juez al momento de establecer la condena a pagar. Así se
declara.
Como corolario de lo expresado, esta Sala abandona el
criterio imperante acorde las corrientes jurídicas
contemporáneas que dan preeminencia a una justicia social y
establece que, los jueces podrán en aquellas demandas que
se admitan a partir de la publicación del presente fallo
ordenar la indexación o corrección monetaria –siempre que
ésta sea procedente- de oficio en caso de que el debate
judicial consista en intereses y derechos privados (con
exclusión del daño moral) y, por tanto, disponibles y aun
cuando el demandante no lo haya solicitado expresamente en
las oportunidades procesales determinadas por la
jurisprudencia. Así se decide.
Precisado lo anterior, esta Sala de Casación Civil profundizando en
la importancia de la función reguladora y labor interpretativa del
derecho que bajo el imperio normativo de nuestra Carta Magna de
manera taxativa consagra valores, principios y acciones que
propugnan una nueva noción en lo que respecta a la función de
administrar justicia bajo la concepción Estado Social de Derecho y
de Justicia (art. 257 de la Constitución de la República Bolivariana
de Venezuela) considera que todo juez se halla ante la imperiosa
necesidad de entender y adaptar sus decisiones a la realidad y
contexto social en el cual se desenvuelve.
El proceso como instrumento fundamental para la realización de la
justicia, propone en su justa medida la humanización de la justicia
reformulando la relación del mero aplicador e intérprete de normas
jurídicas a juez defensor de los derechos de los justiciables en
franco y claro reconocimiento de la dignidad humana más próximo
a la justicia material y garante de la vigencia de los derechos
humanos, pues tal y como lo analiza y concibe el maestro
Hernando Devis Echandia “…El proceso judicial de cualquier
clase, exige formas y ritualidades que lejos de ser inconvenientes
representan una garantía importante para el debido ejercicio del
derecho constitucional de defensa. Pero es indispensable
humanizar al máximo sus procedimientos y sus trámites, puesto
que se trata de actuaciones de personas para juzgar a otras
personas cuyos problemas son, por consiguiente, profundamente
humanos. De ahí que deshumanizar el proceso es desnaturalizarlo
y restarle eficacia para cumplir la función social del interés
público, de obtener y tutelar la paz y la armonía sociales y los
derechos fundamentales del ser humano…” . Echandia Devis. “Teoría
General del Proceso”. Editorial Universidad. Tercera edición
revisada y corregida reimpresión. Buenos Aires. 2004. Pág. 77.)
Desde esta óptica nos encontramos ante el reconocimiento y
constitucionalización de la humanización del derecho y la
justicia como valor superior del ordenamiento jurídico,
finalidad que se materializa a través del proceso como medio
y al juez como promotor de los derechos fundamentales del
hombre a fin de obtener el ansiado dinamismo y relación
entre lo jurídico y lo humano que reclaman los justiciables.
Las decisiones judiciales en atención a la doctrina imperante
deben manifestar esa relación de los jueces con la realidad
de los justiciables y dirigidas a la búsqueda de la verdad y la
justicia como bien lo señala el profesor Michele Taruffo , cuando
sostiene que “… En cualquier caso, mi opinión es que el proceso no
solo pretende producir decisiones, sino también decisiones justas.
Como ya he dicho anteriormente, pienso que una decisión solo
puede ser justa si se funda en una determinación verdadera de los
hechos del caso (además de derivar de un proceso correcto y de la
justa interpretación y aplicación de las normas). Por tanto el
verdadero problema no es si se debe o no buscar la verdad de los
hechos en el proceso y tampoco si la verdad puede o no ser
alcanzada en abstracto, sino comprender cuál es la verdad de los
hechos que puede y debe ser establecida por el Juez para que
constituya el fundamento de la decisión…”. (Taruffo Michele. “El
Rol del Juez en el Estado Democrático y Social de Derecho y
Justicia”. Págs. 65, 79, 81, 525).
Ahora bien, no todas las sentencias se materializan dentro del
lapso establecido en el artículo 524 del Código de Procedimiento
Civil “no menor de tres días ni mayor de diez ”, de manera que en
ese supuesto las obligaciones o prestaciones declaradas pueden ser
exigidas por medio de la ejecución forzosa llevándose a cabo las
actuaciones coactivas necesarias para dar satisfacción al derecho
del acreedor, habida cuenta del incumplimiento del deudor (artículo
526 del Código de Procedimiento Civil).
En esta última etapa, ejecución forzosa de la sentencia, es
innegable que una de las realidades más graves que enfrenta
el juez y principalmente el acreedor es que el deudor opone
todo tipo de resistencia a cumplir con la obligación
condenada con el fin de que el transcurso del tiempo obre en
beneficio de sus intereses económicos sin que el juez pueda
intervenir para proteger el derecho de quien ha obtenido una
resolución favorable.
En este orden de ideas, cabe destacar que tanto la doctrina como
la jurisprudencia coinciden en señalar que l a ejecución de la
sentencia como última fase o etapa del proceso forma parte de la
función jurisdiccional del juez por lo que al igual que en el
transcurso del proceso éste debe permanecer vigilante a que el
mandato contenido en ella se cumpla y se haga efectivo para el
titular el derecho declarado, en otras palabras, se ejecute lo
juzgado como garantía de efectividad de la tutela judicial.
Al respecto, tomando en consideración la trasformación que la
estructura jurídica básica demanda en sus necesidades de
incesante crecimiento la Sala Social de este Tribunal Supremo de
Justicia en decisión N° 12 del 6 de febrero de 2001, en el caso del
ciudadano José Benjamín Gallardo González contra Andy de
Venezuela, C.A . sostuvo:
“… una vez que la sentencia definitiva haya quedado firme y
liquidado e indexado como sea el monto de la condena, el Tribunal,
a petición de parte interesada, decretará la ejecución y fijará el
lapso para el cumplimiento voluntario del fallo, en conformidad con
lo establecido en el artículo 524 del Código de Procedimiento Civil.
Si el ejecutado no cumple voluntariamente con la decisión, el
Tribunal ordenará la ejecución forzada y, a petición de parte,
decretará medida ejecutiva de embargo sobre bienes determinados
o librará el respectivo mandamiento de ejecución, para que sea
practicada la medida sobre bienes del deudor, hasta por el doble
del monto de la condena más las costas procesales por las cuales
se siga ejecución, en conformidad con lo dispuesto en los artículos
526 y 527 eiusdem.
Una vez cobrado el monto inicialmente ordenado por el Tribunal,
tendrá derecho el trabajador a solicitar que el Tribunal de la
ejecución, es decir aquél que fue el Tribunal de la causa, calcule
la pérdida de valor de la moneda durante el procedimiento de
ejecución forzosa de lo decidido y ordene pagar la suma
adicional que resulte, la cual asimismo será objeto de
ejecución forzosa en caso de falta de cumplimiento
voluntario, pues sólo así puede el proceso alcanzar su
finalidad de garantizar una tutela jurídica efectiva …”.
(Negrillas de la Sala).
En consecuencia la procedencia de la corrección monetaria
durante ese lapso –lo cual constituye una máxima de
experiencia conteste con la consolidada jurisprudencia de
este máximo Tribunal–, conducen a esta Sala de Casación
Civil a establecer, en atención a uno de los principios
fundamentales del derecho procesal moderno como lo es la
uniformidad de la jurisprudencia, . que en los casos en que
una vez ordenada la indexación o corrección monetaria sin
que sea posible la ejecución voluntaria de la sentencia, es
decir que el pago de lo condenado no se efectúe dentro del
lapso establecido para ello y se proceda a la ejecución
forzosa, el juez estará facultado para ordenar la realización
de nuevas experticias complementarias para el cálculo de la
indexación que se cause producto del tiempo transcurrido
desde el decreto de ejecución forzosa hasta el pago
definitivo, en otras palabras, ordenará nueva indexación
sobre el monto condenado durante el procedimiento de
ejecución forzosa, excluyendo de dicho cálculo, los lapsos
sobre los cuales la causa se hubiese paralizado por acuerdo
entre las partes, hechos fortuitos o fuerza mayor, tales como
vacaciones judiciales y huelga de funcionarios tribunalicios y
tomando como base los índices inflacionarios
correspondientes fijados por el Banco Central de Venezuela.
Así se decide.
Es necesario destacar que esta nueva orientación jurisprudencial
encuentra soporte práctico en el Reglamento del Procedimiento
Electrónico para la solicitud de Datos al Banco Central de
Venezuela publicado en la Gaceta Oficial N° 40.616 del 9 de marzo
de 2015, en el cual se establece la normativa general y de
procedimiento que deben seguir los jueces y juezas que requieran
tramitar los cálculos que sean ordenados en la sentencia por vía
electrónica o mediante oficio.
Al respecto, la Dirección Ejecutiva de la Magistratura mediante el
convenio marco de cooperación suscrito con el Banco Central de
Venezuela en desarrollo del principio de colaboración entre los
órganos del Poder Público consagrado en el artículo 136 de la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela la garantía
de la tutela judicial efectiva y los principios de gratuidad de la
justicia y celeridad procesal, estableció en el mencionado
instrumento que las solicitudes de información requerida por los
tribunales de la República Bolivariana de Venezuela con el objeto
de procurar información estadística, financiera y económica en
tiempo real y de manera confiable para la determinación de
indicadores de precios, cálculos de correcciones monetarias, tasas
de inflación, tasas de interés, tipos de cambio y conversión de
moneda, entre otros, serán realizadas a través del “ Módulo de
Información, Estadística, Financiera y Cálculos ” que a tal efecto
administra el Banco Central de Venezuela.
Asimismo, se prevé en el artículo 10 el “ carácter preferente a
cualquier otra experticia” , motivo por el cual y estando en plena
vigencia el Reglamento del Procedimiento Electrónico para la
solicitud de Datos al Banco Central de Venezuela, los jueces están
en la obligación de agotar el procedimiento previsto para la
realización de los cálculos que requieran, bien sea por vía
electrónica o de oficio. Así se declara .”. (Destacados de la Sala).-
Ahora bien, tomando en consideración todos los
antecedentes doctrinales y jurisprudenciales antes expuestos
en esta decisión, esta Sala ve necesario hacer los siguientes
señalamientos al respecto de la INDEXACIÓN JUDICIAL en los
juicios que corresponde a las materias afines a su competencia,
y al efecto observa:
I.- El poder adquisitivo de la moneda es algo inherente o
intrínseco a ella, y representa su real valor.
II.- Quien pretende cobrar una acreencia y no recibe el pago al
momento del vencimiento de la obligación, tiene derecho a recibir el
pago en proporción al poder adquisitivo que tiene la moneda para la
fecha del mismo. Sólo así, recupera lo que le correspondía recibir
cuando se venció la obligación y ella se hizo exigible.
III.- En tal sentido, los jueces no pueden, sin base alguna,
declarar y reconocer que se está ante un estado inflacionario, cuando
económicamente los organismos técnicos no lo han declarado.
IV.- De igual forma, no pueden los órganos jurisdiccionales, sin
declaratoria previa de los entes especializados, reconocer un estado
inflacionario y sus consecuencias, sin conocer si se estaba ante un
ajuste coyuntural de precios, un desequilibrio temporal en los
mercados específicos (determinados productos), un brote
especulativo, o un pasajero efecto de la relación del bolívar con
monedas extranjeras.
V.- El efecto inflacionario radica en que la moneda pierde su
poder adquisitivo.
VI.- Resulta injusto, que el acreedor reciba años después del
vencimiento, el monto exigible de la acreencia en dinero devaluado, lo
que lo empobrece y enriquece al deudor.
VII.- En un sistema de derecho y de justicia, resulta un efecto
de derecho, que el acreedor demandante está pidiendo se le resarza
su acreencia, con el poder adquisitivo de la moneda para la fecha del
pago real, que a los fines de la ejecución no es otro que el de fijación
o liquidación de la condena.
VIII.- Esa necesidad de pedir, invariable, sin embargo en un
Estado social de derecho y de justicia, puede sufrir excepciones, en
materia de interés social y de orden público , donde el valor
justicia y el de protección de la calidad de vida impera, y por ello en
materia laboral y de expropiación -por ejemplo- se aplica de oficio la
indexación, sin necesidad de alegación, aunque lo que se litiga son
derechos subjetivos.
IX.- El Estado social de derecho, implica que la interpretación y
aplicación del derecho tenga en cuenta la realidad social a fin de no
agravar más la condición de vulnerabilidad en que se encuentran
algunos sectores de la sociedad en relación a otros, o a su calidad de
vida.
X.- El Estado social de derecho exige una visión del derecho
compenetrada con la sociedad (el derecho sociológico) , a fin de
minimizar en lo posible y mediante la interpretación jurídica, los
desajustes sociales; pero ello no puede atentar contra la seguridad
jurídica, ni contra los principios claves que conducen a esa seguridad.
XI.- Lo importante es el valor real de la moneda para la época
judicial del pago.
XII.- Sin estar autorizado explícitamente por la ley, pero
siempre como un resultado de la aplicación del principio constitucional
de justicia, se ha ajustado la deuda contractual de sumas de dinero al
valor real de la moneda al momento del pago, que no es otro que el
momento de la ejecución.
XIII.- El monto del pago se encuentra determinado por el monto
de la ejecución, y que por lo tanto la indexación debe ser anterior a
tal determinación, de manera que la ejecución de la sentencia la
abarque.
XIV.- La indexación debe ser practicada y liquidada en su monto
antes de que se ordene el cumplimiento voluntario.
XV.- La indexación es procedente desde la fecha de la admisión
de la demanda hasta la fecha en que el fallo que la acordó quede
definitivamente firme.
Ahora bien, en el presente económico de la República Bolivariana
de Venezuela, es un hecho público notorio comunicacional, la
GUERRA ECONÓMICA a que está sometido el pueblo venezolano ,
y su influencia en el aumento del costo de los bienes y servicios Y LA
INFLUENCIA DEL FENÓMENO INFLACIONARIO en el valor real y
verdadero de la moneda y su valor representativo como poder
adquisitivo para adquirir bienes y servicios, con la influencia negativa
y cabalgante del aumento de valor de las divisas extranjeras de
común mercado en referencia al bolívar, lo que hace aumentar de
forma irresponsable el valor de los bienes, servicios e insumos, ya
sean de primera necesidad o no.
Este hecho generador de pobreza en el pueblo venezolano,
(fenómeno inflacionario) tiene su reconocimiento en los
decretos dictados por el ciudadano Presidente de la República
Bolivariana de Venezuela y Comandante en Jefe de la Fuerza
Armada Nacional, ciudadano Nicolás Maduro Moros , mediante los
cuales se determina un Estado de Excepción y de Emergencia
Económica en todo el Territorio Nacional , dadas las circunstancias
extraordinarias en el ámbito social, económico y político, que afectan
el Orden Constitucional, la paz social, la seguridad de la Nación, las
instituciones públicas y a las ciudadanas y los ciudadanos habitantes
de la República, a fin de que el Ejecutivo Nacional adopte las medidas
urgentes, contundentes, excepcionales y necesarias, para asegurar a
la población el disfrute pleno de sus derechos, preservar el orden
interno, el acceso oportuno a bienes, servicios, alimentos, medicinas y
otros productos esenciales para la vida; siendo que dichos decretos
dictados por el Ejecutivo Nacional, han sido declarados conforme a
derecho en su constitucionalidad por parte de la Sala Constitucional
de este Tribunal Supremo de Justicia, en diversas sentencias.
Para nadie es un secreto que el valor adquisitivo de la moneda se
ve mermado por el valor adquisitivo de las monedas extranjeras, y
que esto ha causado un daño irreparable a la economía del país y sus
habitantes.
De igual forma, en materia judicial era una práctica común, por
ejemplo, en materia laboral, el hecho de retardar los juicios con la
mayor oposición de tácticas procesales dilatorias, para que al
momento de que culminara el juicio, la acreencia del demandante al
ser declarada en condena, por el efecto del transcurso del tiempo se
viera disminuida a su mínima expresión, y de esta forma el deudor o
condenado, pagara de forma fácil la condena, por un juicio que duró
muchos años en litigio, donde con la pérdida del valor de la moneda,
quedaba esta condena prácticamente siendo inexistente. Situación que
fue corregida por la Sala de Casación Social de este Tribunal Supremo
de Justicia, al ordenar la indexación judicial de oficio en los juicios
laborales. Lo cual en la actualidad a permitido un pago más justo a los
trabajadores, sin importar como débil jurídico el tiempo que tarde el
juicio, pues su reclamación al ser declarada con lugar, tendría una
condena acorde con la realidad del poder adquisitivo de la moneda a
la fecha de pago.
Por lo cual, y conforme al PRINCIPIO OBJETIVO REAL DEL
DERECHO , donde prevalece la realidad sobre la forma, en un estado
democrático de derecho y de justicia social real, se hace imperativo la
actualización del monto de la condena conforme a la realidad
económica del país, en un ajuste equilibrado económico del valor real
de la condena, para combatir los efectos de la GUERRA ECONÓMICA,
LA INFLACIÓN Y LA ESPECULACIÓN DEL MERCADO ECONÓMICO
EXORBITANTE , por el transcurso del tiempo en los procesos
judiciales, que destruye el valor real adquisitivo de la moneda,
favoreciendo de forma clara al deudor o condenado, que se benéfica
de forma indiscriminada del transcurso del tiempo en los juicios.
Todo lo antes expuesto, A JUICIO DE ESTA SALA DETERMINA,
QUE EL PROBLEMA INFLACIONARIO PASÓ DE SER UN PROBLEMA
DE ORDEN PRIVADO A UNO DE ORDEN PÚBLICO , pues tiene
injerencia directa en el libre desenvolvimiento de la economía
venezolana y de sus ciudadanos , en la cual a juicio de esta Sala, se
debe “...hacer triunfar el interés general de la sociedad y del Estado
frente al particular del individuo, para asegurar la vigencia y finalidad
de determinadas instituciones de rango eminente...”. (Cfr. Fallo de
esta Sala N° 848, del 10 de diciembre de 2008 , expediente N°
2007-163, caso: Antonio Arenas y otros, en representación de sus
hijas fallecidas Danyali Del Valle (†), Yumey Coromoto (†) y
Rosangela Arenas Rengifo (†), contra SERVIQUIM C.A., y otra).
En consecuencia, de ahora en adelante y a partir de la
publicación del presente fallo , esta Sala de Casación Civil y los
demás jueces de la República, al momento de dictar sentencia, deben
ordenar DE OFICIO la INDEXACIÓN JUDICIAL del monto de lo
condenado, independientemente de que haya sido solicitado o no en
juicio, desde la fecha de admisión de la demanda, hasta la fecha
en que quede definitivamente firme la sentencia que condena al
pago , para de esta forma mitigar el efecto inflacionario que genera
en la población la guerra económica , y así, el juez pueda ordenar la
entrega en dinero del valor equivalente al numéricamente expresado,
por lo que la condena no es a pagar una suma idéntica a la
exigida, sino en la de pagar una cantidad equivalente al valor
de la suma exigida originalmente a la fecha del pago, que tenga
el mismo valor adquisitivo y que represente el mismo valor de
la cantidad de dinero objeto del litigio a su comienzo y que en
consecuencia sea suficiente para satisfacer una acreencia o
adquirir un bien en las mismas condiciones que se podía en
años anteriores, sin que la pérdida del valor adquisitivo de la
moneda le impida realizar la misma operación comercial.
En tal sentido dicha INDEXACIÓN JUDICIAL debe ser
practicada tomando en cuenta los Índices Nacionales de Precios al
Consumidor (I.N.P.C.) , publicados por el Banco Central de
Venezuela, hasta el mes de diciembre del año 2015, y a partir del
mes de enero de 2016, en adelante, se hará conforme a lo estatuido
en el artículo 101 de la Ley Orgánica de la Procuraduría General
de la República , vista la omisión del Banco Central de Venezuela
de publicar los Índices Nacionales de Precios al Consumidor
(I.N.P.C.), calculada sobre la base del promedio de la tasa pasiva
anual de los seis (6) primeros bancos comerciales del país, a menos
que dichos índices sean publicados con posterioridad , y a tal
efecto el juez en fase de ejecución, podrá: 1.- Oficiar al Banco
Central de Venezuela , con el objeto de que -por vía de
colaboración- determine dicha corrección monetaria, u 2.-
Ordenar que dicho cálculo se haga mediante una experticia
complementaria del fallo , de conformidad con lo estatuido en el
artículo 249 del Código de Procedimiento Civil, con el
nombramiento de un (1) solo perito . Así se decide. (Cfr. Fallos
de esta Sala N° RC-865, de fecha 7 de diciembre de 2016 ,
expediente N° 2015-438 y N° RC-538, de fecha 7 de agosto de
2017, expediente N° 2017-190 ).-
Por último, la INDEXACIÓN en materia de DAÑO MORAL
presenta una particularidad, en la cual, EL JUEZ DE OFICIO ordenará
en la dispositiva del fallo la corrección monetaria del monto
condenado a pagar, PERO SÓLO DESDE LA FECHA EN QUE SE
PUBLICA EL FALLO, HASTA SU EJECUCIÓN , si el condenado no da
cumplimiento voluntario a la sentencia dentro de los lapsos
establecidos al respecto, excluyéndose de dicho cálculo los lapsos
sobre los cuales la causa haya estado paralizada por acuerdo entre las
partes, por hechos fortuitos o de fuerza mayor y por vacaciones
judiciales; debido a que la estimación hecha por el juez es actualizada
al momento en que dicta la sentencia , dado “...que la indemnización o
quantum en materia de daño moral, es del criterio exclusivo y
soberano del juez, quien en definitiva es el que la determina de
acuerdo con su prudente arbitrio, con lo cual los sentenciadores
ostentan la facultad para apreciar si el hecho ilícito generador de
daños materiales puede ocasionar, además repercusiones psíquicas, o
de índole afectiva, lesivas de algún modo al ente moral de la víctima,
y por lo tanto la estimación que al respecto hagan los jueces de
mérito así como la indemnización que acuerden en uso de la facultad
discrecional que les concede el artículo 1.196 del Código Civil, son de
su criterio exclusivo...”, incluyendo su corrección de oficio por
parte de esta Sala de Casación Civil, quien en definitiva fijará el
monto de la condena al conocer del recurso extraordinario de
casación propuesto. Así se decide.- (Cfr. Fallos de la Sala de
Casación Social de este Tribunal Supremo de Justicia , N° 116,
del 17 de mayo de 2000 ; N° 680, del 12 de diciembre de 2002 ;
290, del 14 de abril de 2005 y N° 110, del 11 de marzo de 2005 ,
entre muchas otras, y sentencia de la Sala Constitucional de este
Tribunal Supremo de Justicia, N° 606, de fecha 11 de agosto de
2017, expediente N° 2017-0558 ).-
En tal sentido, la Sala de Casación Social de este Tribunal
Supremo de Justicia, en su doctrina reflejada, entre otros, en su
fallo N° 549 , de fecha 27 de julio de 2015 , expediente N° 2014-
500, caso: Iván Junior Hernández Calderón contra Ford Motor de
Venezuela, S.A. al respecto dispuso lo siguiente:
“...al proferirse la sentencia condenatoria del daño moral, el
deudor debe dar cumplimiento voluntario a la misma, caso
contrario se debe aplicar el método indexatorio por haber
entrado el deudor en mora, ello con sujeción a las reglas
generales de la responsabilidad civil por incumplimiento de
sus obligaciones.
En virtud de lo anteriormente expuesto, de no haber
cumplimiento voluntario la condena por daños moral se
calculará desde la fecha de publicación de la sentencia hasta
la ejecución, excluyendo de dicho cálculo los lapsos sobre
los cuales la causa haya estado paralizada por acuerdo entre
las partes, por hechos fortuitos o de fuerza mayor y por
vacaciones judiciales, como así lo estableció esta Sala de
Casación –Social, en sentencia N° 161 de fecha 2 de marzo
de 2009, caso: Rosario Vicenzo Pisciotta Figueroa contra
Minería M.S., C.A. , refiriéndose a los parámetros y criterios
indexatorios contemplados en la sentencia N° 1.841 de fecha
11 de noviembre de 2008 ...”.
De igual forma en la condena de daño moral, el juez en su
motivación debe tomar en cuenta los siguientes supuestos:
1.- La importancia del daño. 2.- El grado de culpabilidad del
autor. 3.- La conducta de la víctima, sin cuya acción no se hubiera
producido el daño. 4.- La llamada escala de los sufrimientos morales,
valorándolos, pues no todos tienen la misma intensidad, por las
distintas razones que puedan influir en ellos, para llegar a una
indemnización razonable, equitativa, humanamente aceptable. 5.- El
alcance de la indemnización, y 6.- Los pormenores y circunstancias
que influyeron en su ánimo para fijar el monto de la indemnización
por daño moral. Así se decide. - (Cfr. Sentencia de la Sala
Constitucional N° 606 , de fecha 11 de agosto de 2017 ,
expediente N° 2017-0558 y decisión de esta Sala N° 848, del 10
de diciembre de 2008, expediente N° 2007-163 , caso: Antonio
Arenas y otros, en representación de sus hijas fallecidas Danyali Del
Valle (†), Yumey Coromoto (†) y Rosangela Arenas Rengifo (†), contra
SERVIQUIM C.A., y otra).