Mamífera
de Lauri García Dueñas
ACTO I
Escena 1
Una mujer niña vestida de blanco, en una sala impolutamente blanca, la cama a su derecha está
tendida de forma impecable. Una silla blanca al centro, abajo, una pañalera. A su izquierda, una
mesita de noche blanca con una botella de leche y cinco vasos en la repisa de abajo. Una pañalera. En
la repisa de arriba, una cajita blanca con una pelota blanca adentro. También hay un teclado blanco.
Libros blancos. Y un solo cuadro colgado donde se alcanza a ver una ubre color rosa fucsia.
En la pared de atrás, se proyecta un árbol de limón. Al centro del escenario, hay un vaso con leche
servida.
ELLA: (Simula tirar flechas) Zaz, zum, zaaas zum ¡Ya caíste! (Tira y recoge flechas invisibles.
Alegre.)
De repente, la luz baja de intensidad. Ella se sienta abrazando sus piernas en medio del escenario.
Sonido de helicópteros, balas, bombas.
ELLA: No me gusta estar sola, no me gusta que ella me pegue, no me gusta que me insulte. No sé si mi
padre y mi hermano regresen. Creen que no entiendo lo que pasa, pero sí entiendo y me duele.
Vuelve la luz.
1
ELLA: (Sigue jugando con flechas invisibles y su arco invisible, frunce la boca) Zum, zaz, zum, zas.
¡Ya caíste! Zum, zas.
Agarra un vaso con leche, hace ademán de tomarla, la deja.
ELLA: No me gusta la leche. Nunca me ha gustado.
Sale
Escena 2
Entra un hombre niño descalzo, playera blanca, pantalón de mezclilla azul.
ÉL (jugando con piedras en el suelo, entretenido): No sé por qué Erizo y Tomate ya no regresaron a
jugar, pero no me importa. Quiero estar solo. Me gusta estar solo.
(Sigue jugando)
ÉL (Camina al centro del escenario donde está un vaso con leche y se la bebe de un sorbo): Me gusta
la leche. No sé cómo hay niños que no se la toman.
Escena 3
En medio del escenario, aparecen ambos, cada uno jugando con lo suyo, ella con las flechas, él con
las piedras. De repente, él la empieza a ver con desconfianza.
ÉL: Con qué estás jugando, niña loca.
ELLA: O b v i a m e n t e con mis flechas. ¿No las ves? ¡Ya cayó! (celebra).
2
ÉL: Estás loca. ¡Cuáles flechas! ¡Aquí no hay nada!
ELLA: No has oído que tienes que usar t u i m a g i n a c i ó n, sino no las vas a poder ver, tarado.
ÉL (retador): Es más real jugar con piedras.
ELLA: Pero más aburrido.
De repente, ella se asusta y señala arriba de la cabeza del público. Con pánico.
ÉL: ¡Qué pasa!
ELLA: ¡L a b o l a! (tartamudea)
ÉL (ofendido): ¡Cuál bola, yo no veo nada!
ELLA: ¡LA BOLA DE FUEGO!
ÉL (incrédulo): Yo no veo nada.
ELLA (contemplando al frente, asustada, con los ojos como platos): Es la bola de fuego, dicen que se
les aparece a los niños que van a ser escritores.
ÉL: Ahora sí te chiflaste ¡Escribir! ¡Yo no sé escribir todavía y no quiero aprender! ¡Qué no entienden
que me gusta jugar con p i e d r a s!
ELLA (seria): Vas a ver, un día vas a escribir obras de teatro y nos vamos a volver a encontrar.
ÉL: No creo, no me gustan las niñas como tú.
ELLA: A mí sí me gustan los niños como tú.
Se apaga el árbol de limón.
Transición entre actos
Ambos actores caminan en movimientos directos, cada uno por su lado. Luego toman un libro cada
uno. El hombre limita una parte del escenario con sus piedras. Se encuentran ahí, como en un autobús.
3
Ella está sentada del lado del pasillo, él está a su lado de pie, ambos leen un libro. Mientras leen, él la
mira de reojo y ella también, durante algunos minutos.
ELLA (curiosa): Disculpe que lo interrumpa, quería preguntarle qué libro está leyendo.
ÉL (coqueto): “La última pasión de Antonio Garbo” de José Dimayuga.
ELLA (incrédula): Eso es imposible. Yo estoy leyendo “Las órdenes del corazón” del mismo autor.
ÉL: Bueno, es una posibilidad.
ELLA: ¡Una posibilidad! ¡Nooo, es improbable que dos personas estén leyendo al mismo autor en el
mismo autobús!
ÉL: No tan improbable puesto que ha sucedido.
ELLA: Pues esta coincidencia debe tener un significado. ¿Cuál cree que sea?
ÉL: No creo en las preguntas ni en el significado.
ELLA: Es usted un poco soberbio.
ÉL: Sí. Pero no lo suficiente como para no invitarla a tomar algo.
ELLA (sonrojada): ¿En serio?
ÉL: Yo me bajo en la siguiente parada. ¿Y usted?
ELLA (sonrojada): Yo también me bajo aquí.
ACTO II
Escena 4
Suena un metrónomo. El escenario está totalmente iluminado con luz casi cegadora. En medio, de
nuevo, ELLA, una mujer vestida con pantalón blanco ajustado y camisa blanca está sentada en una
silla al lado de una cama. A su lado, aparece ÉL, un hombre descalzo vestido con pantalón de
mezclilla y playera blanca. Él se hinca a su lado izquierdo. Ella extrae de su calzón un pañuelo azul
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rectangular y lo muestra al público y al hombre. Él abre los ojos como platos y sonríe extasiado. Sale.
ELLA: No sé qué nos dijimos en ese momento, solo sé que los dos estábamos colmados de júbilo, yo
quería tenerlo, él también, era una decisión que nos atravesaba cada uno de nuestros órganos y yo solo
sentía que todo el baño, toda la casa, se llenaba de una luz enceguecedora como en los estadios
deportivos, frente a nosotros estaba un largo y sinuoso camino que iría del goce a la locura, de la locura
al goce. En medio y, sin saberlo, nos partiría y retorcería el miedo, la violencia, la angustia, el
cansancio, la derrota y la dicha más intransferible. Todo lo que implica la palabra hombre, niño. Todo
lo que implica la palabra nacimiento. Desgarradura.
Entra ÉL: Yo no sabía en lo que mi alegría podría transformarse, tal vez, meses después, en mi rostro
impasible frente a una mesa de madera, en la ira muda y sorda, en las horas en el suelo jugando con mi
hijo, el tiempo, el desorden de adentro y de afuera, la caída, el creer que todo lo que nos rodea es solo
caos y que nada tiene sentido. Sí, a veces dijimos que nos equivocamos o el exterior intentó
convencernos de ello. Pero no, no nos equivocamos.
Ambos se tiran en la cama y se agarran de las manos, se abrazan de distintas formas, de cucharita,
uno frente al otro, etc. Se escuchan tenues jadeos y resoplidos.
ÉL (entre sueños): Quiero dormir con usted todas las noches de mi vida.
ELLA: Yo también.
Ella se levanta de la cama y deja al hombre dormido.
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ELLA: Pero no sabía en qué lío me estaba metiendo y las veces que juraría, en vano, que ese sí que te
di había sido el peor error de mi vida. Todo ha sido cuesta arriba. La convivencia, el calor, los humores
y el convertirme en una mamífera practicante. Yo deseaba mucho tener un hijo pero no estaba
preparada. Nadie está preparada para que te partan en dos en una mesa de hospital y te arranquen del
vientre a alguien que has deseado y esperado tanto pero de quien no sabes nada.
Se apaga la luz.
Escena 5
Se enciende una luz fría. Ella está sola en la cama con el vientre descubierto, él la toma de la mano,
está hincado en el suelo a su lado.
ELLA: Tengo mucho frío, tengo mucho frío, tengo mucho frío, tengo miedo, Juan, tengo mucho miedo.
ÉL: Aquí estoy, todo va a estar bien, no se preocupe.
ELLA: Me están inyectando algo en la punta de mi espalda, es un líquido que entra en mí y me duele.
Tengo miedo, tengo mucho miedo, no sé a dónde voy. Escucho a los hombres serrucharme el vientre
para sacarlo. No me gusta. No quiero irme lejos de ti ni de él pero siento que me voy a morir.
ÉL: No diga eso, aquí estoy, todo va a estar bien, no se preocupe.
VOZ EN OFF: Imagínate que eres una vela, concéntrate en que tu luz no se apague. Todos somos una
vela.
ELLA: Grito intenso de alivio.
Él corta un hilo rojo sobre el vientre de la mujer. Él le entrega un pañuelo rojo rectangular y ella se lo
coloca en el pecho. Llora de alegría.
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ELLA le dice al bebé-pañuelo: Eres la luz más grande que he conocido.
Ella se incorpora en la cama, se quita la camisa y aparece en un sujetador, manipula sus senos para
amamantar, se acomoda el pañuelo rojo entre ellos, luce incómoda.
ELLA: No sé cómo alimentar a otra persona si no he aprendido a alimentarme a mi misma.
Se apagan las luces.
Escena 6
Hay un llanto de bebé durante toda esta escena. Ambos actores están desordenando la habitación
como buscando algo, se pasan de mano en mano el pañuelo rojo, ambos lucen angustiados.
ELLA: No puedo, no quiero, ya no aguanto, nadie me dijo que esto sería tan difícil, nadie me ayuda lo
suficiente, nadie me mira, nadie pregunta por mí, no puedo ir al baño, no puedo ni bañarme, no tengo
un momento a solas, no los soporto. ¡Me quiero morir! Ya no tengo tiempo para escribir. Ya no soy yo.
Quiero mi tiempo y mi espacio. ¡Quiero estar sola!.
ÉL: No puedo, no quiero, ya no aguanto, nadie nos dijo que esto sería tan difícil, ella siempre está
pensando solo en sí misma. Quiero mi tiempo y mi espacio. Quiero estar solo.
ELLA golpea el piso: ¡Quiero dormir, me quiero morir!
ÉL: Mujer, eres el peor error de mi vida. No sé por qué si soy un ser solitario elegí tener una familia.
ELLA: Tú también eres el peor error de mi vida (Llora). Te odio.
ÉL: Como decía José, no hay que ser mediocres para odiar.
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Transición del enojo a la reconciliación.
Escena 7
Ambos actores se abrazan durante un minuto.
ELLA: Solo nos tenemos a nosotros tres para salir de esta, el afuera es la intemperie, nadie entiende ni
entenderá lo angustiosa que es la crianza, nadie nos donará de su tiempo y su comodidad para criar al
niño.
ÉL: No arriesgaría a mi familia por una nimiedad.
Él sale. Se apaga la luz. Y luego se enciende una luz cenital.
Ella se para frente al público con un vasito de leche y lo empieza a tomar hasta que le queda un bigote
de leche en el labio superior:
ELLA: Creo que si quiero alimentar a alguien tengo que empezar por alimentarme a mí misma. No es
fácil. No he obtenido la ayuda y la empatía que esperaba de quienes supuestamente me aman, mucho
menos de los desconocidos. Pero está bien, una aprende a hacer lo que puede con lo que hay y a tomar
de la gente lo que ésta puede dar. Aunque a veces me enoja que los mamíferos pequeños no reciban
empatía de los grandes. Porque al final, todos somos mamíferos, todos hemos llorado durante horas por
la angustia inicial. Pero nadie quiere consolar a la niña y al niño que nos lloran desde adentro, desde un
pasado remoto. Y, usted, ¿quiere un poquito de leche?
Él sale a la escena.
8
Mamífera y Mamífero reparten la leche a los espectadores en vasos de vidrio sobre una bandeja color
plata.